El periodista español Alberto Arce fue finalista en la categoría Texto del Premio Gabriel García Márquez por su trabajo “Los piratas del chavismo: así es la nueva guerra del Caribe” en el cual, junto con el reportero gráfico Rodrigo Abd, recorrieron el estado de Sucre en Venezuela para retratar el estado de una actividad económica como la pesca en un momento de crisis económica y política de dicho país. Aquí el testimonio recogido durante el Festival Gabo 2017.
”La gente piensa que la escritura es un tipo sentado solo en una habitación frente a una máquina de escribir al que le viene la inspiración y lo suelta porque es un genio. Eso no tiene nada qué ver. En la elaboración de un reportaje, la escritura –en mi caso– 5% es ese paso, el 95% es la reportería en el terreno, y esto es lo que más me gusta y me enseña. Para esto es muy importante el equipo con el fotógrafo, y cada día discutimos sobre lo que hemos visto durante el día. Eso es la escritura, es un proceso vivo que va desde el principio hasta el final. Es la toma de decisiones de cómo me comporto en cada momento”.
“Esto no tiene nada qué ver con una gente que se sienta a que los inspiren las musas. Esto tiene que ver con personas que se ensucian, caminando por la calle, hablando y preguntando, sorprendiéndose y contradiciéndose. Y por eso es importante el equipo, hacer todo esto con el equipo; además existe ese mito de que el fotógrafo es una persona que va detrás del reportero y ya. No, ambos son reporteros”.
“También hay que sorprenderse. Si tú ya lo sabes todo, nunca en tu vida vas a aprender nada. Hay que tener curiosidad genuina por la vida. Y como periodista hacer una observación participante. Si ellos comen pescado, tú también comes. O sea, yo no puedo pedirle a alguien que me cuente su historia si me creo mejor que él, porque si me creo así, ¿por qué esa persona confiaría en mí para representar su historia correctamente? Lo que hay que hacer es saber estar en los sitios con respeto. No necesariamente creo que involucrarse. Mi labor es entender, y eso aplica a la vida, a ser persona. Yo creo que puntualmente en el tema de Venezuela por parte del periodismo hace falta dejarse de etiquetas, de solo entender la realidad de esa forma”.
“Convencer a los editores de hacer una historia como esta es prácticamente imposible, lo que tienes que hacer es hacerlo, y cuando ya lo has hecho le dices: ‘mira, tengo esto, ¿me lo quieres publicar?’. Por eso yo creo que hay que tener olfato, por eso ser genuinamente curioso, eso significa detectar qué cosas creo que son interesantes y que podrían coincidir con el criterio de más gente”.
“A las nuevas generaciones de periodistas les haría falta recuperar un poco más de pasión por conocer. Vivimos en una cultura del ruido y la inmediatez, y creo que hay que ser más reflexivo, plantearse más preguntas, no juzgar, no odiar tanto, aprender a hablar con los diferentes. Eso es una actitud vital. Es que persona y periodista es lo mismo, no se puede ser periodista si no se es persona. Nunca dejas de ser persona”.
“Esto no tiene nada qué ver con una gente que se sienta a que los inspiren las musas. Esto tiene que ver con personas que se ensucian, caminando por la calle, hablando y preguntando, sorprendiéndose y contradiciéndose”.
Panama Papers fue el nombre asignado a la filtración más grande hecha a través de una fuente anónima que se autonombró John Doe. Este personaje le compartió a dos periodistas alemanes del medio Süddeutsche Zeitung 11.5 millones de archivos. Esta cantidad de documentos de toda índole (fotos,números bancarios, de pasaporte, entre muchos otros) están condensados en 2.6 TB de información. Para ello se unieron con el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación y con otros 370 periodistas de alrededor de 80 países para poder lidiar con la cantidad de datos que obtuvieron.
Marina Walker, subdirectora del Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación, junto a Rigoberto Carvajal, el experto en data de la misma organización, fueron quienes dictaron el taller. Durante las 4 horas que duró compartieron la experiencia del trabajo colaborativo como el principal reto para todos los colaboradores del trabajo, además exhortaron la importancia de emprender trabajos en conjunto a través de la data que ofrece Internet.
Las lecciones fueron las siguientes:
El paradigma del lobo estepario, reportero tradicional representados por Carl Bernstein y Bob Woodward, debe ser superado para conseguir trabajar por medio de una red en la que el ego de la primicia queda supeditada a la colaboración de todos los implicados.
Las gráficas y bases de datos hay que aprender a leerlas. Allí hay muchas historias interesantes por contar. Es importante dejar volar la curiosidad.
El trabajo colaborativo no es solo entre periodistas, hay que conjugar la reportería y capacidad de contar historias con la sistematización, organización, sistemas de seguridad y protección de la información y las capacidades técnicas con que cuentan los expertos en data e informática.
Es importante, desde ya, comenzar a crear una red de trabajo entre periodistas en que la confianza y el compromiso son los pilares para lograr un excelente trabajo de impacto.
La información está colgada en la red, hay que saber identificarla y filtrar cuál de ellas debe ser de conocimiento público para darla a conocer para una sociedad más informada.
Germán Andino es un dibujante mexicano que, a través del cómic, contó la historia de un joven involucrado con las pandillas en Honduras, acudiendo al formato de cómic no ficción. Su trabajo fue el ganador del Premio Gabriel García Márquez en la categoria de Innovación. Durante el Festival Gabo 2017 compartió el testimonio sobre su trabajo.
“El periodismo para mí es solamente una herramienta, yo me considero más un dibujante incluso que un ingeniero de sistemas informático, que fue lo que estudié. Hay todo un trabajo de reporteo detrás de mi trabajo que soporta todo lo que dibujo y escribo, aunque mi enfoque nunca fue el del reportero tradicional; es decir, sí verifico fuentes y todo lo que se hace para no cometer errores, pero no he corrido con las prisas del periodismo. He tenido tiempo para cosas en las que tal vez el periodismo no se detiene”.
“Yo creo que la objetividad como tal no existe. Todo lo que haces pasa por tu filtro mental que le agrega la subjetividad, y empecé a trabajar el tema de pandillas porque estas empezaron a salir en mi barrio, y luego cuando yo me fui me sentí como extraído de lo que pudo haber sido para mí la relidad de pandillero. El intentar mantener la honestidad va también porque conozco la historia. Yo creo que el involucramiento en mi caso me ayudó a contar la historia, y creo que hay que involucrarse con la historia, el periodista no tiene que ser una persona que se mantiene al margen de la historia y que está solo como un visitante externo viendo lo que sucede; hay que involucrarse porque así se conoce lo que se está contando. Aunque sí, hasta cierto punto yo también sentía que tenía que alejarme porque ya estaba afectándome. La cosa está en discernir cuándo se debe tomar distancia y no emitir juicios erróneos”.
“El cómic como formato de no ficción no es tan nuevo, lo que pasa es que se ha mantenido como un objeto de librero. Y ahora irrumpe en las redacciones tradicionales este formato. Pero este aporta que la imagen, en combinación con el texto, genera un lenguaje propio, que no es ni el del texto ni el de la fotografía, y son formas diferentes de contar las mismas cosas. Me parece que el cómic tiene a veces una mayor profundidad y requiere más del lector que cualquier otro medio. Yo creo que el formato sí tiene muchas posibilidades frente a los públicos, porque engancha; yo desde que leí el primero me enganché y no he parado de leer comics. Podría convertirse en una nueva forma tradicional de periodismo. Aunque es difícil al principio que la gente entienda: yo contarle al director del equipo de El País lo que quería hacer era complicado, yo creo que no lo entendimos hasta que no nos sentamos a ver cómo era. Al ser un formato nuevo tiene problemas para ser introducido en las audiencias, pero tiene mucho potencial”.
“… hay que involucrarse porque así se conoce lo que se está contando.”
En formatos, estructuras, soportes para las nuevas historias y métodos de investigación, el periodismo hoy se transforma. Medellín tiene la fortuna de contar desde hace cinco años con el certamen sobre periodismo más importante en Iberoamérica, que ofrece la posibilidad de escuchar las experiencias de quienes gestan historias que han revelado facetas desconocidas del presente y han influido en el rumbo de los acontecimientos en la actualidad. Aquí compartimos algunas de las lecciones del Festival Gabriel García Márquez de Periodismo en 2017.
El lobo estepario al periodismo colaborativo y de impacto global fue uno de los talleres que ofreció la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) entorno a la cuarta versión del Festival de Periodismo celebrada consecutivamente en Medellín.
Germán Andino es un dibujante mexicano que, a través del cómic, contó la historia de un joven involucrado con las pandillas en Honduras, acudiendo al formato de cómic no ficción. Su trabajo fue el ganador del Premio Gabriel García Márquez en la categoría de Innovación. Durante el Festival Gabo 2017 compartió el testimonio sobre su trabajo.
El periodista español Alberto Arce fue finalista en la categoría Texto del Premio Gabriel García Márquez por su trabajo “Los piratas del chavismo: así es la nueva guerra del Caribe” en el cual, junto con el reportero gráfico Rodrigo Abd, recorrieron el estado de Sucre en Venezuela para retratar el estado de una actividad económica como la pesca en un momento de crisis económica y política de dicho país. Aquí el testimonio recogido durante el Festival Gabo 2017.
Desde hace cinco años, el Festival Gabo, reúne lo mejor del periodismo iberoamericano en torno a talleres, conversatorios y conferencias que buscan acercar el público a las nuevas tendencias y trabajos innovadores que puedan inspirar a nuevos talentos a guiarse por un mejor camino. En la última versión del certamen, periodistas de medios y proyectos como En Malos Pasos, Efecto Cocuyo, La Pulla y Pacifista contaron cómo es cubrir Latinoamérica, una región violenta, y cómo lograr sortear la censura, conseguir fondos, y otras realidades que enfrentan los periodistas del continente. Camilo Jiménez, director editorial de Vice Colombia y Pacifista, un proyecto propio de la plataforma, contó cómo lograr una propuesta diferente para públicos jóvenes que parecen tan apáticos a temas más profundos.
Desde hace cinco años, el Festival Gabo, reúne lo mejor del periodismo iberoamericano en torno a talleres, conversatorios y conferencias que buscan acercar el público a las nuevas tendencias y trabajos innovadores que puedan inspirar a nuevos talentos a guiarse por un mejor camino. En la última versión del certamen, periodistas de medios y proyectos como En Malos Pasos, Efecto Cocuyo, La Pulla y Pacifista contaron cómo es cubrir Latinoamérica, una región violenta, y cómo lograr sortear la censura, conseguir fondos, y otras realidades que enfrentan los periodistas del continente. Camilo Jiménez, director editorial de Vice Colombia y Pacifista, un proyecto propio de la plataforma, contó cómo lograr una propuesta diferente para públicos jóvenes que parecen tan apáticos a temas más profundos.
¿Cómo nace la iniciativa?
Nace como un proyecto propio de Vice Colombia, en 2014, cuando estábamos buscando ideas de un proyecto que pudiera ser la oferta de Vice Colombia para la paz. Pacifista nació en la redacción. Lo que ocurrió es que al momento de buscar fondos, los primeros que encontramos fueron unos que estaba ofreciendo de manera abierta la oficina del Alto comisionado para la Paz. De ahí surgió una alianza de financiación que nos permitió trabajar de una manera independiente, autónoma y crítica al proceso. Esa financiación se acabó hace dos años y medio y desde eso Pacifista no recibe dinero del gobierno.
Suena romántico, e inocente, pero, ¿ustedes desde su iniciativa han pensado en querer cambiar el mundo?
No creo que sea algo inocente o alejado de la realidad. Finalmente, si te fijas, una muy buena parte de la humanidad está intentando hacer eso; el problema es que mucha gente trata de hacerlo para su propio beneficio, o con intenciones no tan benévolas, pero finalmente vemos organizaciones en el mundo entero que están tratando de cambiar la realidad por una buena causa. El periodismo, casi que por definición, en sí mismo es un oficio que busca eso: cambiar las cosas. El problema es que no tiene tanto poder como sí podrían tener otras áreas del conocimiento. Por lo tanto, Pacifista al considerarse un medio periodístico independiente y crítico, sí está intentando cambiar las cosas. ¿Qué puede cambiar el periodismo? Yo creo que siendo muy modestos, nosotros podemos cambiar la forma en como las personas ven el mundo. Con esto no estoy diciendo que nosotros queramos lavar cerebros, sino que queremos formar opinión, es decir, ayudarle a la gente a entender qué sucede en su entorno y qué puede hacer para que las cosas mejoren.
¿Qué es fundamental para un medio que quiera propiciar una cultura más crítica en las personas?
Básicamente dos cosas: por un lado, los medios periodísticos deben saber que no pueden perder sus raíces, y eso es algo que se aprende en la universidad o en la práctica. Las raíces del periodismo son cosas muy básicas, el compromiso hacia la ciudadanía, hacia la verdad, o al menos hacia la verificación y un compromiso a la justicia, no en el sentido de querer reemplazar a la justicia, porque no es ni debería ser nuestra tarea, sino en el sentido de darles siempre una oportunidad de hablar a las personas, de contrastar, de escuchar al denunciado, buscar los grises en los asuntos. Debemos ser fieles a la verdad y recordar que nuestro compromiso directo e inicial es con las personas, no con las empresas.
¿Cómo darle voz a todos en países, como los latinoamericanos, que son tan violentos y en los que suele haber autocensura?
Uno como periodista necesita hacer tres cosas: ser justo, ser veraz y estar comprometido con el ciudadano. Estas tres cosas empiezan a tambalear cuando uno no puede ejercer su oficio como debería hacerlo.
Yo siento que las circunstancias que están definiendo la realidad de los medios en Colombia están haciendo que seamos menos veraces, menos comprometidos con los ciudadanos, y lamentablemente estamos dejando de ser justos.
En medio de estas circunstancias uno puede seguir siendo un buen periodista si uno, así como los
católicos no olvidan el padre nuestro, se toma el tiempo de reflexionar todos los días reflexionar sobre sus principios. Si todos hacemos eso, los medios van a mejorar a pesar de las circunstancias. Como dijo Daniel Coronell, el país tiende a tener mejores periodistas que medios, yo creo que eso debería ser una base para seguir fortaleciendo los excelentes profesionales que hay en el país.
¿Hay espacio para libertad de expresión?
Es una pregunta cuya respuesta debe ser cuidadosa, porque uno no puede generalizar. Tú comparas la situación nuestra con Alemania, y está difícil, no solo por las presiones de seguridad, sino también las presiones financieras han afectado el nivel de libertad que tenemos para trabajar, pero si tu comparas la situación de Colombia con Venezuela, Cuba o lugares donde casi que ni existe el periodismo, como Corea del Norte, obviamente Colombia no está tan mal.
Depende del punto desde el que uno esté mirando las cosas, y yo creo que eso siempre es saludable para no perder la claridad y la capacidad para ver que las cosas no están tan mal; pero que no estén tan mal, no quiere decir que estén súper bien.
En Colombia tenemos problemas de libertad de expresión y eso no es una opinión, hay investigaciones que lo demuestras, estudios realizados por organizaciones como la FLIP. La libertad de expresión sigue siendo muy afectada en este país, especialmente en poblaciones rurales donde ha habido un abandono por parte del estado y poco interés por parte de los medios grandes por apoyar iniciativas. Tenemos zonas silenciadas, donde no hay medios de comunicación o donde los únicos medios de comunicación del ejército o las fuerzas armadas.
Sin embargo, por un lado tenemos medios que no pueden ejercer la libertad como quisieran, y por el otro tenemos una situación novedosa y es la capacidad de participar de manera más libre plataformas digitales. Todas son cosas que contribuyen a equilibrar la balanza en la libertad de expresión.
Como conclusión todavía hay mucho que hacer, y no es solo responsabilidad del estado sino también de los medios de comunicación.
¿Cuál es la clave para impactar cuando se quiere ser menos sensacionalista?
La clave está se encuentra justamente resolviendo el problema que plantea la pregunta. El impulso de impactar muchas veces está afectando la necesidad y el deber de ser serios, ecuánimes y periodísticos, entonces la solución está en buscar una formula que nos permita impactar sin afectar la calidad. Ahí no hay todavía una respuesta a esa pregunta, nadie ha encontrado la fórmula mágica.
Por experiencia, como editor de Vice Colombia y Pacifista, es que parte de la respuesta puede encontrarse en algo muy básico: en el oficio del periodismo, en las premisas fundamentales de la profesión: contar la verdad, ser justos, ser independientes y pensar siempre en los derechos de los ciudadanos. Es algo que no nos va a quitar nadie.
Por otro lado, hay que saber llegar y para eso, uno tiene que tener estrategia y conocimientos. La fórmula trae por un lado, el periodismo, que sean raíces muy fuertes y muy vivas, en las redacciones, pero por otro lado requiere que estemos muy actualizados, preparados por todos los medios que puedan tenerse y sobre todo con los conocimientos más actuales para actuar con estrategia, para saber exactamente como tener una estrategia digital, crear una comunidad.
“El periodismo, casi que por definición, en sí mismo es un oficio que busca eso: cambiar las cosas”.
Durante la 10a. Fiesta del Libro y la Cultura, la Red de Medios Universitarios de Medellín, convocó a jóvenes periodistas que hicieron sus inicios en los medios de sus Facultades para que compartieran reflexiones e historias sobre la importancia que tuvo esta experiencia en el curso de su vida profesional.
El conversatorio se llevó a cabo en el auditorio del Planetario de Medellín. Foto: @alejocalleCS
Juan David Ortiz, periodista del portal ¡Pacifista! de Vice; Juan Fernando Rojas, periodista de El Colombiano; Alejandro Calle, gestor de Ciudad Sur, conversaron con Carlos Mario Correa, periodista y profesor de la Universidad EAFIT, estuvieron en la cita que puso sobre la mesa la historia, los retos y el futuro del periodismo universitario.
Desde la plataforma Twitter, Contexto ofrece el siguiente resumen de la conversación, una memoria útil para los estudiantes, docentes e interesados en la mirada fresca y reflexiva del periodismo universitario.
En esta edición, ofrecemos un análisis a propósito del aire en Medellín, un informe que busca comprender el fenómeno de las autodenominadas autodefensas gaitanistas, gracias a la colaboración de nuestros colegas de De la Urbe en la Red de Medios Universitarios de Medellín.
Lea también una conversación con Alberto Donadio, uno de los principales periodistas investigativos de Colombia. Conozca también la historia de los pequeños floricultores de La Ceja y Santa Elena, quienes enseñan perseverancia y convicción con los modos tradicionales en el cultivo de flores tipo exportación. Entérese de las alternativas de los productores agrícolas apegados al trabajo orgánico para tener quién compre su producción, defender su modo de subsistencia, nuestro acceso a alimentos saludables y la preservación de nuestra tradición culinaria. Descubra los sabores del Perú en el rincón de una plaza de mercado y el oficio de los batallones desminado humanitario.
Encuentre la edición impresa de Contexto en bibliotecas públicas, universitarias de Medellín y las principales ciudades de Colombia, así como en centros culturales de la capital de Antioquia. También puede leerla en nuestro espacio en ISSUU.
En su más reciente libro sobre el asesinato del ministro Rodrigo Lara Bonilla, uno de los pioneros del periodismo investigativo en Colombia vuelve a cuestionar la versión oficial de los hechos, señala vacíos significativos en la investigación tras los cuales se esconde la posibilidad de un crimen de oficial. En conversación con los estudiantes de periodismo de la UPB, se refirió a los detalles de su investigación.
El 30 de abril de 1984, un sicario contratado por Pablo Escobar disparó contra el vehículo en que viajaba el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla. Los tiros se hicieron contra el lado derecho del vehículo, en el que viajaba el funcionario, intensamente amenazado por sus denuncias sobre el crecimiento del narcotráfico y la actividad criminal del jefe del cartel de Medellín. El vehículo y la moto del sicario se movían a 80 kilómetros por hora, esa fue la versión que quedó en la investigación penal.
Pero nunca se supo que cadáver de Lara tenía un orificio de entrada en su lado izquierdo, en el pecho y que el chofer del vehículo no sufrió ni un rasguño. El escolta sentado delante del ministro apenas sufrió una herida leve, a pesar de las ráfagas de ametralladora del sicario. A pesar del fuerte tiroteo descrito por los agentes del DAS, la ventanilla de la puerta del chofer no se rompió. Estos detalles, consignados en un dictamen del doctor Máximo Duque Piedrahita, ex director del Instituto de Medicina Legal y revelados en la investigación de Donadio, plantean un giro grueso de la historia.
En su libro explica que Domingo, el conductor de Lara Bonilla no fue llamado oportunamente a indagatoria.
Porque apenas ahora se va a reabrir la investigación y muy previsiblemente van a ser llamados él y todos los escoltas; el caso va a cambiar de rumbo a raíz del dictamen de Máximo Duque. Pero eso todavía no se refleja en las acusaciones de la Fiscalía, se espera que eso se refleje próximamente. El paso más importante es que ese escolta y los otros sean llamados y se les confronte con las dudas que hay y con las hipótesis que un experto señala que indican que ellos tuvieron que haber facilitado el crimen. Si no fue así, que den una explicación satisfactoria para el proceso y para todo el país.
Mire le explico cómo la contradicción no es contradicción: no creo que lo puedan hacer. ¿Cómo ellos van a explicar que solo hubo ataque por el lado derecho y no hubo sicario por el lado izquierdo? En este momento no veo cómo puedan explicarlo. ¿O por qué seis de ellos dicen que el carro continuó su marcha y uno dice que está detenido? Entre ellos mismos, a los dos días del crimen, se están contradiciendo. ¿Por qué se contradicen? ¡Porque no se prepararon bien para contar la historia que iban a contar!
Luego otro misterio: había tres, dos escoltas, atrás, que no estaban en el lugar del atentado. Ellos también declaran que el carro siguió su marcha. Entonces, ¿por qué todas esas cosas no se aclararon en su momento?
Según cuenta en su libro, esos detalles se supieron al día siguiente, pero cuando se les preguntó en el hospital, los escoltas no hablaron ¿preestablecieron un orden para decir las cosas al siguiente día?
Correcto. Pasa algo muy sospechoso y es que la primera declaración de ellos es colectiva. Mandan una carta en la cual la firman todos, y a su jefe en el DAS, que es el director de orden público, no es cada uno, aunque cada uno estaba en un punto y en un momento distinto, tenían una visión distinta, eran testigos de hechos distintos.
Teniendo en cuenta que eran los mejor preparados del momento, ¿Por qué no reaccionaron los escoltas y ninguno le alcanza a disparar o a herir a los atacantes?
Con un agravante: no se investigó cuanta munición tenían ellos. Ellos dicen que dispararon ahí y luego que dispararon en la persecución. ¿Cuánta munición gastaron en eso? Habría que averiguar si era cierto el testimonio. En el revolver o en el arma, ellos tenían munición para estar disparando pasando la Avenida Niza con Avenida Boyacá, que son bastantes cuadras. Además, la versión de ellos es la verdad revelada y nadie analizó detalladamente qué armas tenían, eso no se sabe.
¿El Mercedes Benz Blanco en que viajaba el ministro tenía algún blindaje?
No, el automóvil no tenía blindaje.
¿Cree que las investigaciones que se han realizado o que se están realizando han ayudado a esclarecer los casos represados en los juzgados? En episodios como el de Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro Leongómez o Luis Carlos Galán, las investigaciones periodísticas han ayudado a esclarecer alguno de estos casos.
Sí, pero ayudan más cuando la investigación periodística se hace a partir del expediente. Yo no sé si en el caso de Bernardo Jaramillo o en los otros casos los periodistas están trabajando con el expediente que ellos tienen o con fuentes que lo conocen. Cosa muy distinta es recibir información de oídas sobre lo que dice el expediente a tener uno y saber qué dicen los testimonios, que muestran las fotos. Yo no sé si en esos casos las familias tienen el expediente.
En el caso de Rodrigo Lara, no tenían el expediente, tenían el interés de llegar al expediente pero no lo han leído completamente; no tienen el dominio absoluto de la investigación, lo tienen la fiscal y el auxiliar de la fiscal. Todo depende del nivel de información que cada cual este manejando.
Con lo que se sabe de otros magnicidios de la época de Lara Bonilla, hay patrones y actores implicados que son coincidentes. En muchos de estos casos se acusa a Pablo Escobar como autor, pero hay también personajes de la política y funcionarios del Estado a quienes no se ha investigado: Santofimio, Maza Márquez…
Bueno, en el caso de Santofimio sí se ha investigado, condenado y llegado a una caución y a una condena. La condena de él por la muerte de Galán, del concejal y el escolta está basada en la declaración de Popeye, pero yo no podría decir que es un testimonio pues no hay las pruebas, pero sí hay una cantidad de otras pruebas secundarias que muestran que él estaba al servicio de Pablo Escobar, eso es un hecho. Además hay que tener en cuenta una cosa fundamental: cuál es la trayectoria, cuáles son los antecedentes del personaje, porque acusar a una persona que tiene una trayectoria limpia toda su vida porque un sicario de Escobar dice que participo en un crimen, es gravísimo; pero acusar a alguien como Santofimio que tiene prontuario criminal, que ha hecho cosas en otros ámbitos, no de sangre, pero sí de otros delitos y se sabe todo lo que hizo, es cosa distinta.
Al testimonio de Popeye se le da más credibilidad cuando dice que es Santofimio el que le dice a Escobar que hay que matar a Galán, porque si no lo mata, cuando llegue a la presidencia va a extraditar a Escobar para cobrar el crimen de Lara Bonilla. Con todo lo que se sabe públicamente desde los años 70 de las falsificaciones de Santofimio, esta condena de la Corte Suprema tiene muchísima credibilidad.
Pero hay personas como el narcotraficante Carlos Lehder, que ha testificado varias veces en contra de personas de la política que afirma haber conocido, pero pareciera que tal vez por los acuerdos que él tiene con los Estados Unidos se hicieran inválidas sus colaboraciones ante el Gobierno colombiano.
No. Si eso es cierto, pueden ser veraces unas versiones de otros asesinos narcos que no han sido atendidos.
Planteo esto porque Lehder ha sido uno de los procesados por narcotráfico a quienes el gobierno colombiano no ha ayudado para nada…
Eso requeriría una voluntad de análisis frio de todas las cosas, independientemente de otras consideraciones, y eso no es así. Ningún Gobierno quiere abrir más frentes de los que ya están.
“La Kika”, que está condenado en Estados Unidos a tres cadenas perpetuas en New York, seguramente algo de lo que él dice, pues se la pasa mandando cartas, puede ser cierto y merecería ser investigado y ser tenido en cuenta, pero a un tipo que se bajó de un avión, la justicia también pierde interés en escucharlo. Pero es muy difícil tener toda la información. Además, muchas de esas cosas no son comprobables ¿por qué? No sé; y se decían de palabra. Entonces quienes participaban en Tranquilandia (N del E: complejo cocalero del cartel de Medellín, ubicado entre Caquetá y Meta), aparte de los que cogieron: los Ochoa, el Mexicano y Escobar, mucha otra gente de Antioquia seguramente tendría negocios allá pero de eso no hay documentos, pasan de agache.
Lea más:
¿Qué reflexiones hace Alberto Donadio sobre el periodismo investigativo de hoy?
¿Cómo ha cambiado el periodismo investigativo en los últimos años?
Pasó de un periodismo en que se denunciaban cosas, por decirlo así, de cuello blanco, a cosas que son de sangre o sea masacres, asesinatos. Todo lo que hace María Teresa Ronderos con Verdad Abierta es eso, pero es concentrándose ya en un tipo de violaciones a la ley que implica derramamiento de sangre, o sea armas.
Eso no era así en Colombia. En el año setenta, Colombia era un país muy pacífico y la guerrilla hacía golpes pero muy lejos. Los ochenta empiezan de una manera muy distinta por el narcotráfico, entonces eso cambia y luego toda la corrupción de antes tiene el fuego de la plata que se consigue con el narcotráfico, todo el paramilitarismo tiene el auxilio económico de la plata del narcotráfico, la guerrilla también, entonces cambió totalmente la estructura de lo que está pasando.
En estos momentos las investigaciones periodísticas más notables se hacen de manera individual y no desde ninguna gran empresa periodística.
O por ONG… La verdad ya no hay mucho interés. El interés se limita a reproducir lo que otros dicen, pero no a asumir internamente la investigación para hacer una revisión porque eso implica riesgos e implica inversión de plata, tiempo y es más fácil no hacerla.
¿Cree usted que existe entre la prensa y el Gobierno un acuerdo para presentar o no presentar la información?
Sí, pero no porque haya una conspiración, sino porque es la vía fácil para el Gobierno, para los medios. (…) Casi todas las tragedias de todo tipo tienen una cara humana que normalmente no se muestra. Ahora que hizo este trabajo en Semana Silvia Camargo, sobre el impacto de la violencia en la salud mental de la gente, gracias a una beca del Carter Center de Atlanta, uno se pregunta: ‘a ver, esta señora de Córdoba con una cantidad de niños… llegan los paramilitares y les toca irse de la finca con la ropa que tienen puesta y llegan a Montería.’ Ella (Silvia) está contando todas esas historias ahora años después porque la televisión, en ese momento no fue a Montería, que no era peligroso. No estamos hablando de ir a denunciar a Mancuso, comprobar si esa masacre es de Mancuso o de Castaño, no, se trata de hablar con esas víctimas. ¿Por qué tenemos que esperar tantos años para que la gente cuente eso? Había muchísimas familias en cada masacre que se iban a la capital y que allá se podían entrevistar, no había que ir hasta la vereda donde era peligroso, ¿por qué no lo hicieron? (…)
Lo mismo está pasando ahora con Reficar: usted no puede decir que la prensa le está tapando el escándalo al Gobierno., pero está presentándolo con una cantidad de información técnica que es muy difícil de penetrar. El primer comunicado de la Contraloría dijo que ellos tenían información de que a una secretaria bilingüe de Reficar le pagaban treinta millones en el mes y ningún medio en Colombia ha ido a buscar a esa señora, que es la cara del escándalo. De contratos y la modalidad que se pagaba sobre el trabajo ejecutado, eso no lo entiende nadie (…). Entonces le dan todo el despliegue: Uribe ataca a Santos y le dice ‘fue usted el que lo ejecutó. Yo lo firmé pero usted lo ejecutó’. Eso se va lejos, pero aterrice la noticia como ahí está…
O sea que como consecuencia de eso, ¿cree usted que la inmediatez hace que en estos momentos no se confronten las fuentes?
No, la inmediatez no. Es más bien el hecho de uno periodista y como medio, naufragar en el mar de noticias y en la confusión que cada escándalo tiene, en lugar de concentrarse en lo que es, en lo que le dice al lector todo: una foto, una historia, algo que el lector entienda, porque de lo contrario la gente dice: ‘ah, ya. Yo ya ví lo de Reficar’… Pero uno se cansa de seguir eso, a menos que uno sea periodista y esté pendiente de cada detalle. La gente lo lee una vez o dos veces y ya, a otro robo.
Podríamos decir que se trabaja con más con pasión que razón…
Y terminan los medios de plataforma y se la prestan a todo el mundo para que opinen del tema. Entonces el Contralor que hace la denuncia tal vez habrá hecho una investigación buena, pero también quiere sacar dividendos políticos y entonces no sabemos si está contando todo, si hay cosas que él sabe y no las quiere contar porque no le conviene… Luego el Gobierno que se defiende, se atacan entre dos presidentes, después sale Semana diciendo: ‘la Contralora Sandra Moreli le puso el visto bueno a todas esas cuentas’, entonces le prestan la plataforma, pero el medio no es el que decide, eso exige más trabajo.
En cambio, muy fácil, los involucrados en estos asuntos dicen: ‘yo tengo El Colombiano, tengo Semana, tengo El Tiempo, y entonces mis periodistas ¿qué van a hacer?’. ‘Ah, que este dijo tal cosa sobre Reficar, sáqueselo; ‘que el otro le reviró, sáqueselo’. El periódico se vuelve pasivo, el piloto de la información no es el director, ni el editor, ni el redactor, sino otros. Es como si vos ponés una cartelera y todos los estudiantes de la Bolivariana publican: ‘busco perro’, ‘vendo perro’… Entonces la cartelera todo el mundo la usa. A eso se han reducido los medios.
Con Daniel Samper, con quien usted trabajó en El Tuiempo, uno ve el juego de la información con el humor, la sátira para poder sacar así la información.
Es que la calidad de los medios ha bajado muchísimo. Ha subido mucho la capacidad tecnológica, las fotos y todas esas cosas, pero el contenido se ha deteriorado en los últimos cuarenta años.
Vladdo fue el que denunció lo de Interbolsa de primero, un tipo que es un caricaturista. ¿Por qué él? ¿Y no hay dizque un periódico económico que es Portafolio? ¿Y Dinero? Ellos nada, es que el periodismo de escritorio no sirve.
En esa investigación, por ejemplo, también juegan los diferentes saberes. Es necesario tener abogados, economistas…
Y si los hay, hablan con una terminología muy técnica que la gente no sigue (…). El periodismo debe ser una cosa ágil, amena, rápida, que la gente lo vea ya, no que le toque pensar, trabajar, porque no tiene tiempo. A lo que están hablando de Reficar yo le puedo dedicar dos minutos al día, pero estoy trabajando, estoy recogiendo a mi señora, debo recoger a los niños, pagar la mensualidad de los colegios, yo no puedo seguir ese escándalo, pero sí quiero estar informado.
Además, se usan en todos los medios las mismas fuentes, la gente que habla siempre es la misma y no se están buscando otros puntos de vista.
Exacto, repiten y repiten. Además, hay otra falla: hombre, cualquier organización sea un periódico, sea una universidad, sea una empresa de aviación, es obvio que debe tener una pirámide, en la base hay una gente y, a medida que se va achicando, hay menos gente aquí arriba (dibuja una pirámide imaginaria en el aire y señala la parte más alta). (…)
Aquí, los periódicos y los medios los hacen solamente los de aquí (señala la base de la pirámide) y no tienen ningún estímulo para quedarse, saben que se van y que vienen otros muchachos a reemplazarlos, entonces esto no puede funcionar. Hay arriba un director, pero él no busca las noticias. Si no hay un estímulo económico además laboral y estabilidad, uno no puede contratar muchachos jóvenes recién egresados con la idea de dejarlos ir, uno los va a contratar porque son los mejores y los va a tener. (…) Aquí es: gente trabajando por un millón de pesos, por dos millones de pesos, tratando temas muy delicados, y, tan pronto ven la oportunidad de un mejor trabajo en cualquier parte, vuelan.
Muchos estudiantes tampoco se inclinan por el periodismo porque les parece que no es rentable…
No hay estímulos, no hay un reto y tampoco hay sueldos. O sea, la gente aspira legítimamente, en cualquier profesión, a comprar un apartamento, un carro y a vivir más o menos con un sueldo. Si eso lo puede conseguir en cualquier otra actividad, se va para allá. En cambio, aquí (en el periodismo) no pueden conseguir algo porque es uno quedarse diez años en un periódico en donde siempre le van a pagar lo mismo y ni siquiera puede pagar la cuota de un apartamento.
En la columna de María Jimena Duzán sobre el caso de Vicky Dávila, comenta que cada vez es más mala la percepción que hay sobre el papel de los periodistas y los medios, señala que se nos acusa de promover odios ¿qué labor como periodistas estamos cumpliendo si ya no nos quieren leer?
El periodismo es de cabeza fría. Usted puede ser lo más político, radical, lo que sea, pero ya cuando usted va a presentar su trabajo, es con términos neutrales, que convenzan aún a sus enemigos, no con política ni con frases apasionadas, esas usted se las guarda para otra ocasión. Esto requiere más trabajo. El problema es también del trabajo.
¿Entonces ya no se quiere pensar?
No solamente pensar. Trabajar y hacer el trabajo de reportería, verificar los datos… eso es muy verraco, eso exige tiempo, paciencia, dedicación. Los medios deben entender eso para tener gente que pueda trabajar, no viviendo en ese ambiente, a la carrera, entregando cosas. A la carrera usted puede cubrir un choque aquí en la Avenida Nutibara, pero no una noticia.
¿Qué consejo usted les daría a aquellos jóvenes que desean hacer periodismo investigativo?
Que se cambien de profesión (sonríe).
La primera parte de esta entrevista fue publicada en la edición número 53 de Contexto. Encuéntrela AQUÍ.