Categoría: Rastros

  • Cinco estrellas, cientos de opiniones, miles de recomendaciones  y muchos más problemas: bienvenido a la Comuna 13

    Un recorrido virtual y físico por el turismo en la Comuna 13… y sus matices.

     

    Andrea Montoya Posada / andrea.montoya@upb.edu.co

     

    El paso constante de turistas es apenas uno de los detalles que han cambiado la rutina de los vecinos de la Comuna 13 y, como todos los demás, tiene su lado positivo y otro negativo. Foto: Lia Da Giau- Make Sense.

     

    Llego a la estación San Javier en plena hora pico, cuando el sentido sur-norte colapsa, ríos de personas se empujan y solo el más hábil logra escapar de la ola. Sin embargo, la estación estaba atiborrada también en sentido norte-sur, con grupos de 5, 10 y hasta 20 turistas descendiendo a la plataforma.  

     

    Salgo a la calle 45 y el panorama no es muy diferente. Carros, motos, buses, más carros y motos, se amontonan en calles con semáforos de adorno, pues quien tiene la vía es el más avispado. Turistas caminan torpemente, mientras los habitantes los esquivan como si se tratara de un video juego; taxis, busetas y carros particulares se estacionan donde vean hueco con dirección a las escaleras eléctricas; vendedores ambulantes ofrecen todo tipo de souvenirs kitsch en su última apuesta por llevar pan a sus casas y un grupo de jóvenes de chaleco azul pregonan a todo el que pasa: “Graffiti Tour”.   

     

    Dale like, comenta y comparte 

    Los visitantes vienen de todo el país y rincones del mundo. A través de redes sociales, recomendaciones de amigos y plataformas como Trip Advisor, los turistas conocen la Comuna 13 y los famosos recorridos grafiteros que ofrecen las agencias que operan en el territorio. El interés a lo largo del tiempo de los usuarios por el término de búsqueda Comuna 13, según Google Trends, ha tenido un crecimiento constante, como lo muestra la gráfica a continuación: 

    Gráfico: Google Trends. Andrea Montoya.

     

    “Turismo en Medellín”, “Qué hacer en Medellín”, “Mejores lugares para visitar en Medellín”, “Medellín turismo cultural”, “Medellín turismo de aventura” y “Tour de Pablo Escobar en Medellín”, fueron los principales términos de búsqueda sobre turismo en Medellín durante el 2021, según información compilada por Chat GPT. Si hiciera el ejercicio de buscar cuáles resultados arroja su buscador con alguno de estos términos, se encontraría con la Comuna 13 en cualquiera de los casos. Sí, yo hice el ejercicio. 

     

    Por ejemplo, en Trip Advisor, el recorrido por la Comuna 13 es el segúndo más popular de la plataforma sobre turismo en Medellín, después del recorrido a Guatapé, bajo el término de búsqueda: “Comuna 13 Graffiti Tour y Comida Callejera”, con más de 2,250 opiniones y recomendada por el 99% de los viajeros que interactuaron con la plataforma. El recorrido incluso ganó premio al Traveler´s Choice de este año.  

     

    ¿Qué es lo que encuentran tan atractivo tanto extranjeros como locales de diferentes zonas del país de la Comuna 13? La alegría y amabilidad de las personas; el arte que rodea todas sus calles con graffitis, pinturas, esculturas, raperos y bailarines de hip hop; la diversidad de oferta de entretenimiento y gastronómico, son las respuestas más frecuentes entre los comentarios de Trip Advisor y las entrevistas con cinco turistas extranjeros como parte de esta investigación.  

     

    Cicatrices de la Historia  

    Las redes sociales y este tipo de plataformas son los principales medios por los cuales los turistas conocen la Comuna 13 y el Graffiti Tour. Dharmik Patelun, por ejemplo, investigó sobre el territorio y encontró que había bandas criminales aún presentes y que estaban planeando hacer un museo conmemorativo de Pablo Escobar con sus pertenencias y objetos alusivos. Además, leyó que no había propiamente un cartel de drogas en el territorio, sino violencia interna por parte de bandas al margen de la ley. Hice una revisión sobre posibles fuentes en las que haya encontrado dicha información y no encontré nada.  

     

    Sin embargo, después de visitar el territorio, Dharmik y su esposa quedaron muy sorprendidos: “Creíamos que sería mucho más pequeño el lugar…También, pensamos que las personas serían difíciles, pero ahora que lo visitamos nos damos cuenta que son muchas cosas difíciles por las que han tenido que pasar”. En definitiva, están inspirados por su historia y el progreso que parece tener el sector en términos de seguridad, violencia y delincuencia. Se sintieron seguros durante todo el trayecto y con la motivación de comentar a sus amigos sobre el plan.   

     

    Otros como Matthew tenían una idea de la Comuna 13 como un lugar cool, destinado al turismo y para pasar el rato. Después del recorrido, ven llamativa la sensación de tranquilidad y alegría en medio del caos del salpicón de música de múltiples géneros, pregoneros, tiendas, bares, museos, restaurantes, motociclistas, cafés y vendedores de todo tipo. Sin embargo, reconocen que detrás de todo eso hay una historia de transformación profunda y que eso se ve reflejado en el discurso de su guía, los espacios culturales y la experiencia como tal.  

     

    Se avecina un tsunami turístico mucho mayor 

    En 2020, a raíz de la pandemia, las visitas a la Comuna 13 disminuyeron. No obstante, se estima que en 2021, 2.600 personas llegaban a la zona entre semana y los fines de semana aumentaban entre 5.000 y 6.000, según datos de organizaciones turísticas del territorio proporcionadas a El Tiempo

     

    Ese boom turístico, según el Director del Museo Escolar de la Memoria de la Comuna 13, Manuel López, en una entrevista con Señal Colombia, se debe a “una perversión de las necesidades de la gente”. Con iniciativas como el Museo, que es un ejercicio de memoria colectiva con una mirada más cultural que turística, “quisimos contrarrestar con el museo la explotación comercial, esteticista de los mandatarios, el turismo como una forma de demostrar que la guerra y la violencia sufrida era necesaria para que hoy tuvieran este progreso”. Sin embargo, reconoce que las oportunidades económicas para subsistir son escasas y que hoy el turismo es el principal ingreso de los habitantes de la Comuna 13.  

     

    Donde hay empleo, hay oportunidades 

    Fui a la base de las escaleras eléctricas a buscar un taxi que me regresara a la estación. En medio del caos, sin saberlo, terminé por colarme en una fila de carros tipo Uber que compiten con los taxis a ver quién es el primero en dar con un cliente. Ingresé al primero que abrió la puerta y escuché gritar “estación San Javier”. No usan la plataforma, tienen una tarifa fija hasta allí. 

     

    Como buen medellinense, el conductor puso conversación: me preguntó sobre mi visita a “La Trece” y si había ido antes. Le respondí que solo era una estudiante de periodismo haciendo una investigación sobre los cambios en la zona desde la llegada del boom turístico. Solo es poco, pues esa frase le dio puerta para narrarme toda su hoja de vida y lo importante que ha sido para él la llegada del turismo al sector. Músico, empresario, bailarín, grafitero, Uber, guía de turismo y odontólogo en formación, son solo algunas de sus facetas.  

     

    “Niña, ¿yo cuándo me imaginé que tendría un carro?” Y que viajaría por Latinoamérica, Estados Unidos y próximamente a Argentina, solo por los contactos que ha conseguido con la música, según me comentó.  

     

    Esta mirada representa la vida de solo una parte de la población de la Comuna 13.. Según una investigación hecha por Make Sense a los habitantes de los barrios más alejados de las escaleras eléctricas, el 50.3% afirmó que no depende del turismo como actividad económica para sobrevivir.  

    Imagen José Andrés Ramírez, Juan José Rios.

     

    ¿Hasta cuándo durará el boom turístico de la Comuna 13? Nadie lo sabe. A penas se adelantan investigaciones sobre los efectos colaterales a nivel económico y social que el turismo desenfrenado está trayendo sobre zona. Los números, voz a voz y redes sociales demuestran que es un gran atractivo para lo nacional y lo internacional, pero, ¿serán los comentarios de Trip Advisor suficientes para subsanar las necesidades económicas y políticas de un territorio con una historia como la Comuna 13?  

     

     

  • Los matices del turismo en la comuna 13

     Tras la construcción de las escaleras eléctricas de la comuna 13 en 2011, el barrio Las Independencias se transformó en el eje de todo lo comprendido por la zona. Una comuna compuesta por 21 barrios en los que, llegue o no el turismo, el cambio es un fenómeno latente. 

     

    José Andrés Ramírez Canon / Juan José Ríos Arbeláez  – periodico.contexto@upb.edu.co En colaboración con Lia Da Giau y estudiantes de la organización Make Sense.

     

    La que alguna vez fuera considerada como la comuna más violenta de Medellín, ruta de la ilegalidad, fuente de la guerra urbana y más adelante, el epicentro de las operaciones militares de la llamada “seguridad democrática”; hoy se abraza a la resignificación territorial que trajeron los proyectos de urbanización social y se expone al mundo con el cambio de sus valores a través de la memoria, una memoria aun en construcción, con la que se comercia y se conforma uno de los pasajes turísticos más importantes en la ciudad.  

     

    Según el Plan estratégico de turismo 2018-2024la transformación social es uno de los ejes sobre los cuales la ciudad puede establecerse como “un destino líder en innovación y transformación”, de manera que los proyectos de urbanización social que iniciaron con el programa político de Medellín la más educada en 2004, cuyo fin era mejorar la calidad de vida de los habitantes, hoy se adhieren a la estrategia de promoción turística, haciendo que sectores históricamente excluidos en los planes de desarrollo aparezcan como nuevos destinos. 

     

    Las primeras acciones de esa urbanización social estuvieron orientadas a la conectividad urbana en materia de movilidad y educación, con la construcción de las líneas del metro cable y la inversión en bibliotecas públicas y parques. Estas intervenciones modificaron la manera en la que se pensaba la ciudad y derivaron en 2011, durante la alcaldía de Alonso Salazar, en las primeras escaleras eléctricas concebidas como solución a la movilidad urbana, trayendo consigo una nueva narrativa en la que se consolidaba Medellín como ciudad innovadora. 

     

    En su estancia con organizaciones de la Comuna 13, estudiantes de la organización Make Sense conocieron la percepción de los residentes sobre el turismo en la zona. Fotos: Lia Da Giau.

     

     

    Unas con otras

    Las escaleras pudieron quedarse en eso. En un mecanismo que mejoraba la calidad de vida en una de las siete montañas que conforman Las independencias, y que, de paso, eran la imagen para venderle la ciudad a nuevos inversores. Sin embargo, el proceso artístico y cultural que permeaba a la comunidad como salida de la violencia cambió por completo las dinámicas del barrio popular. La aparición del graffitour como máxima expresión del arte urbano hizo de las escaleras eléctricas y el viaducto Media Ladera un nuevo pasaje comercial en el que se mezclan el arte, la memoria y la gastronomía. 

     

    De las siete montañas que conforman el barrio, apenas tres perciben los efectos del turismo masivo que derivó de la oferta en la comunidad. Pero los más de 3 mil millones de pesos* que registró el sector en el último dato de 2018, según datos consolidados por los investigadores Carolina Muñoz y Santiago Rodríguez sobre el mercado de los grafitis, hacen que la expansión del turismo sea un anhelo para los demás habitantes de la comuna 13.  

     

    En un artículo para El País, Laura Moreno, afirmaba que este fenómeno comercial suele traer alteraciones en las características del territorio y en las dinámicas propias de la ciudad. La apertura comercial a la memoria, la transformación social, el auge económico y la exploración de alternativas similares han hecho de la comuna 13 un eje de referencia mundial en el turismo urbano y de transformación social. Sin embargo, la promoción de este fenómeno se ha enfocado desde una narrativa económica que apremia los ingresos, sin evaluar el impacto en el tejido social de la comunidad.  

     

    La empresa de turismo Zippy Tour, en alianza con la organización Make Sense y un grupo de estudiantes internacionales, realizó una investigación piloto sobre el impacto del turismo en la comuna 13. El estudio tuvo como foco al barrio Las Independencias, haciendo un muestreo a 153 habitantes de la región, abordando temas sobre la calidad de vida de los residentes, seguridad, acceso a servicios, economía, movilidad, manejo de basuras y ruido. 

     

    Economía 

    Al ser preguntados por si consideraban que los visitantes de la comuna estaban informados de su historia, el 39.87% respondía que sí con indiferencia y completaban diciendo: “y si no se la saben acá se las enseñamos”. 

     

    La memoria es la fuente del comercio en la comuna. De ella se desprenden los restaurantes, las tiendas de regalos, las cafeterías, las terrazas, los shows folclóricos y los más de 28 operadores turísticos de la ciudad que ofrecen el recorrido por la comuna en más de 6 idiomas. Sin el atractivo de esa memoria resiliente o el morbo histórico del narcotráfico, que sigue atrayendo turistas a la ciudad, no existiría el corredor comercial del cual depende el 37.3% de los encuestados para sus ingresos. 

     

    Hasta ahora, ese crecimiento económico no ha derivado en la incursión de inversores ajenos a la comuna. El 60.13% coincidió en que las tiendas y restaurantes de la zona son propiedad de los residentes y no de vecinos nuevos de la comunidad. Sin embargo, esta bonanza de terrazas con bares, restaurantes y tiendas de regalo ha traído un encarecimiento de la vida en arriendos y servicios en los que el 48.4% considera que el turismo ha encarecido su vida y un 55% considera que los precios por los bienes y servicios son injustos. 

     

    Sobre la cúspide de la Independencia 2, lejos del Viaducto, por donde apenas se filtraba el ritmo del hip hop, decía Luz Obregón que hasta su casa la vida no había cambiado tanto, salvo por el ruido y la subida de los precios. Cuando hacía la entrevista se cruzó su esposo, que no quiso dar el nombre, y repuso mientras señalaba una botella de Coca-Cola que tenía en la mano: “Dígales, dígales a todos de esos ladrones de ahí abajo en el Viaducto. Esta gaseosa que acá arriba vale dos mil quinientos pesos allá vale cuatro mil”. 

     

    El efecto es una consecuencia simple. El turista que viene y va, que paga en dólares lo que consume y puede pagar cualquiera de esas gaseosas a dólar, termina definiendo el precio de los productos para toda la zona. Tanto para turistas como nativos. Ese desequilibrio económico que suscita el turismo configura el fenómeno de gentrificación que ha ganado cada vez mayor terreno en la ciudad, interviniendo el alza de precios en los bienes y servicios. 

     

    Seguridad 

    La seguridad ha sido siempre un foco de discusión en el territorio. Aunque la guerra urbana había quedado atrás, el estigma de lugar inseguro seguía latente en el sector y se fue transformando igual que los procesos sociales de la comuna tras las operaciones militares en 2002. 

     

    Teniendo en cuenta que el fenómeno del turismo es relativamente nuevo en la comuna, tiene menos de 10 años, la lucha por transformar su percepción está enfrascada en un halo ambiguo. Algunos medios han informado de la modalidad de vacunación de las bandas urbanas a la cual someten a los operadores de turismo para que puedan ejercer con tranquilidad. Sin embargo, el 62.1% de los encuestados afirman que el turismo ha traído beneficios para la seguridad en el sector, tanto para locales como visitantes.  

     

    Basuras 

    La gestión de residuos en Las Independencias tiene dos modalidades. El corredor comercial que comienza entre la carrera 109 y la calle 38A, se extiende ascendiendo por la carrera 110 hasta llegar a las escaleras eléctricas y termina en el viaducto, es limpiado todos los días, pues es el eje turístico del sector. Mientras que, en el resto del barrio, Emvarias recoge los residuos los miércoles y sábados de cada semana.

     

    Más allá del viaducto Media Ladera, la accesibilidad a Las Independencias es compleja porque sus callejones no están demarcados y ascienden en centenares de escaleras hasta las cimas de las montañas y vuelven a bajar. Esta característica hace que la recolección de residuos en el barrio se dé en diversos puntos y no afuera de cada una de las casas, como pasa en gran parte de la ciudad. Para esto, los residentes suelen pagarles a recolectores que desplazan los residuos a los depósitos que están repartidos en el barrio. 

     

    A pesar de que el servicio de aseo diario se limite solo al pasaje comercial, el 56.2% de los encuestados considera que el manejo de basuras en la comunidad es positivo.  

     

    Movilidad 

     

    Movilidad, contraste del colorido turístico de la Comuna 13

    Video: José Andrés Ramírez, Juan José Rios – Lia Da Giau.

     

    La masividad de los visitantes cambió el uso de las escaleras eléctricas, según algunos residentes que afirman tener menos acceso a ellas que los turistas. “Lo que nosotros creíamos que era un beneficio para la comunidad, se ha convertido en un caos”, asegura Alba Cardona, residente de la comuna 13 desde hace veintisiete años. “Más que un uso para nosotros, las escaleras se convirtieron en el destino de los turistas y es normal, pero entonces uno ya no se puede mover igual porque hay mucha gente”, sostiene. 

     

    Según estadísticas de la Alcaldía, en 2021 transitaban veinticinco mil personas mensuales por el tramo de las escaleras eléctricas y el viaducto que llega hasta la Independencia 3. Por otro lado, la agencia de turismo Zippy Tour calcula que durante temporada baja el promedio de visitantes es entre setenta mil y ochenta mil personas, y en temporada alta la cifra puede llegar a los doscientos cincuenta mil transeúntes, como en diciembre de 2022. 

     

    El viaducto Media Ladera compone el tramo de mayor conglomeración en el sector. Por un lado, es el pasaje comercial que contiene restaurantes, bares, tiendas, mercados, grafitis, grupos de danza e improvisación urbana y el mirador hacia la ciudad. Por el otro, la vía del barrio popular que conecta las montañas que conforman Las Independencias.  

     

    Esta última condición hace que el tramo no sea enteramente peatonal, puesto que los residentes y los mismos comerciantes se desplazan en motocicletas a lo largo del viaducto para suministrar los locales y movilizarse por el barrio. Manuel Mosquera, comerciante y residente desde hace más de cuarenta años, considera que debe haber un mayor control para que la situación no genere problemáticas. “Los días en semana se transita bien, pero cuando hay mucha gente, los fines de semana, si es interrumpido y puede haber malos entendidos entre los locales y los visitantes, por eso queremos que en esos días no transiten motos”, argumentó.  

     

    La aglomeración de turistas, las motocicletas que surten el comercio y las dinámicas locales, impactan la movilidad del sector reduciendo las posibilidades de tránsito en los días donde más visitantes hay. Con respecto a esto, algunos residentes se sienten alarmados ante la incapacidad de actuar durante una emergencia. “Es muy complicado recoger un enfermo, un herido o un muerto… En las escaleras eléctricas hay botiquines y camillas, pero cuando uno va los implementos están malos y no se pueden usar”, dice Alexandra Henao, quien vive en la zona desde hace diecinueve años. El 37.3 % de los encuestados considera que la gestión de tráfico en la comuna es deficiente.  

    Resultados del sondeo adelantado por los estudiantes de Make Sense con los habitantes de la Comuna 13.

    Infografía: José Andrés Ramírez, Juan José Rios.

     

    Ruido 

    Desde las nueve de la mañana empiezan a recogerse turistas alrededor de las escaleras eléctricas, en un plan que puede extenderse hasta más allá de la media noche.  

     

    El carácter artístico y cultural de la comunidad está ligado al hip hop y es posible encontrar diversos grupos de baile e improvisación durante todo el recorrido. Usualmente estos grupos paralizan las vías por medio de su arte y su música, que resuena por todas las calles. Sin embargo, ellos no son la fuente principal de ruido que acosa al sector. 

     

    El éxito comercial de la comuna hizo que en poco tiempo los residentes transformaran el entorno y las casas se llenaron de planchas y terrazas con bares. Muchos han visto la oportunidad y consideran seguir la expansión. “Uno canta, el otro rapea, el otro tiene un bar… como que se les olvidó que esto es zona de residencia y como acá la Policía no viene por esos temas, no hay Dios ni ley”, dice Alexandra Henao. 

     

    Para Alba Cardona, residente de La Independencia I, el ruido ha sido detonante para que muchas personas se vayan del territorio. “Esa mezcla de sonidos de todas partes genera un murmullo que no para en todo el día”, asevera. 

    Dentro de las dinámicas del barrio popular, el volumen del sonido siempre ha sido asunto de discusión. Sin embargo, lo que antes era discusión residencial trascendió a lo comercial, en unas dinámicas que perfilan a La Independencia I como un aglomerado de bares, terrazas y cantinas que se juntan una con la otra entre las residencias. El 51.6 % de los encuestados consideran que el ruido impacta en su calidad de vida y es la razón principal para que el 20.9 % quiera mudarse fuera de la comuna 13. 

     

    En la presentación de los resultados de esta investigación piloto, Make Sense y Zippy Tour realizaron una charla con diferentes lideres de la comuna 13, en la Universidad Pontificia Bolivariana, donde abordaron los puntos positivos y negativos del turismo que hoy se centra en el sector. 

     

    Los ejes de esta discusión se enfocaron en la necesidad de fortalecer la cultura en el sector, ampliar la idea de comuna más allá de la imagen hegemónica atribuida a Las Independencias y poner a la comunidad en el centro de la mesa de discusión sobre el turismo en la ciudad. “En la comunidad hay que preguntar y no informar, y la gente, las instituciones y la academia creen y malcreen que la comuna es San Javier, Las Independencias y ya”, concluía David Correa, líder del laboratorio de innovación social de Las independencias. 

     

    La Alcaldía de Medellín refuerza su apuesta por el Plan estratégico de turismo con la formación de 184 guías y la expansión del viaducto a las otras independencias, mientras que se realiza el primer estudio de cargas turísticas del país, para conocer el límite de visitantes en la comuna 13. Al tiempo, la reciente creación de un despacho del alcalde para ese ramo en específico genera expectativas de una labor más efectiva para la regulación.

  • El Trapiche y Cabildo, los peajes que dificultan la vida de los habitantes de Barbosa y Girardota

     

    Al norte del Área Metropolitana del Valle de Aburrá se ubican dos peajes que representan dificultades para las comunidades aledañas a ellos, desencadenado protestas y plantones pacíficos que tienen el fin de trasladar ambas casetas de pago fuera de la zona en la que se encuentran.

     

    Por Sofía Cadavid Foronda / sofia.cadavid@upb.edu.co

     

    A mediados de 1996, los peajes de El Trapiche y Cabildo comenzaron a funcionar con el fin de financiar los proyectos de la modernización de las vías nacionales, y la creación de una doble calzada desde el municipio de Bello hasta la vereda Hatillo, en Barbosa. La concesión privada de creación de ambos peajes se realizó con la entidad Hatovial S.A.S, la cual acordó que desde la fecha de inicio de cobro en El Trapiche y Cabildo se daría un plazo de 25 años para dejarlos en funcionamiento y finalmente retirarlos, perola fecha estipulada se cumplió en 2021 y las comunidades aledañas a ellos se siguen viendo afectadas por ambos peajes.

     

    En 2022, luego de que los alcaldes de los municipios del norte de Área Metropolitana del Valle de Aburrá (Copacabana, Girardota y Barbosa) entablaran conversaciones con el Gobierno nacional sobre las dificultades que generan ambos peajes, se acordó que El Trapiche y Cabildo serían trasladados para el 2023. Sin embargo, estas casetas de cobro siguen funcionando y las comunidades aledañas, especialmente de Barbosa y ciertas veredas de Girardota, se siguen viendo afectadas por los pagos que deben realizar cada que deben entrar o salir de su municipio.

     

    Peaje El Trapiche, ubicado en la doble calzada Niquía – Hatillo a la altura de la vereda La Palma, Girardota. Foto por: Mintransporte.

     

    ¿Qué son los peajes y para qué funcionan en Colombia?

    Los peajes son casetas que tienen como fin cobrar un recaudo a los automóviles que circulan por las vías primarias y secundarias del país, con el objetivo de recaudar dinero destinado al mantenimiento y mejoramiento de las carreteras existentes, y asimismo para la creación de nuevas vías que mejoren la movilidad nacional. Según la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), en Colombia hay 119 peajes en funcionamiento que son concesionados por esta entidad, y que pretenden unir el campo con la ciudad por medio de proyectos carreteros que beneficien a las comunidades ubicadas alrededor de dichas construcciones. Dentro de los beneficios que mencionan, se encuentra una mayor competitividad económica y productividad, junto con la integración regional, cultural y social del territorio.

     

    Los proyectos actuales que se financian con los recaudos de los peajes son las construcciones de vías de cuarta generación (4G), cuyos planes comenzaron en 2013, y las de Concesión Bicentenario o quinta generación (5G), que comenzaron a ser construidas a partir de 2020. Según la ANI, lo que buscan estos tipos de vías es disminuir el tiempo en carretera en promedio un 30% y, por consiguiente, reducir los costos de viajes y operación vehicular aproximadamente un 20%. De igual forma, como indica el portal Autofact, al mejorar la infraestructura de las vías, la comunicación y la economía de las regiones mejora, a la par que se reducen las emisiones de dióxido de carbono (CO2).

     

    En Colombia, los peajes se encuentran aparados por la Ley 105 de 1993, la cual indica que se reglamentan a las entidades nacionales y territoriales para la planeación de proyectos en el sector transporte. En 2002 el artículo 21 de esta ley fue modificado, de manera que se estableció que como método de financiamiento de la construcción, mantenimiento y mejoramiento de las vías, se cobraría por el uso de ellas, estipulando precios a cada peaje de acuerdo con estudios socioeconómicos de la población alrededor de ellos, y de la afluencia de vehículos que por allí circulan.

     

    ¿Qué comunidades son afectadas por los peajes El Trapiche y Cabildo?

    El peaje El Trapiche se ubica en la doble calzada Niquia – Hatillo, a la altura de la vereda La Palma, Girardota, mientras que el de Cabildo se encuentra en la vereda San Diego de dicho municipio. Dada la posición de ambas casetas de cobro, las poblaciones directamente afectadas son las veredas San Andrés, La Palma, Mercedes Abrego, El Socorro, Potrerito y San Diego de Girardota, y de lleno la comunidad de Barbosa, que para entrar al municipio sí o sí, debe pasar por alguno de los dos peajes, que para los vehículos de clase I tiene una tarifa se encuentra de $16.700.

     

    Ubicación de los peajes El Trapiche y Cabildo. Elaboración propia.

     

    Según el secretario de gobierno de Girardota, Joan Saldarriaga, las personas que habitan estos sectores viven mayormente en condiciones de ruralidad y además, algunas veredas son separadas por el Río Medellín y la autopista. Si se suman estas condiciones con ambos peajes, se obtiene como resultado la poca comunicación de los habitantes de la zona con el resto del municipio, ya que estas personas tratan de desarrollar su vida sin tener que pasar de manera recurrente por El Trapiche o Cabildo.

     

    De otra parte, los pobladores de estas veredas se dedican principalmente a las labores agrícolas, siendo ellos quienes surten en mayor parte los víveres del municipio. Esta situación tiene como consecuencia que el precio de los víveres dentro de Girardota incremente, ya que los costos del transporte particular de los agricultores llegan hasta los $32.000, con los cuales llevan los productos desde sus cultivos hasta la zona urbana para finalmente comercializarlos.

     

    Ubicación de las veredas girardotanas afectadas por los peajes El Trapiche y Cabildo. Elaboración propia.

     

    Por otra parte, la comunidad más afectada es de Barbosa, un municipio en el que habitan casi 60.000 personas, y que comprende 206 kilómetros cuadrados, divididos en una zona urbana de 3 kilómetros cuadrados y los 203 restantes están compuestos por 56 veredas y 9 parajes, como indica el presidente del concejo municipal, Diego Castaño. De esta población, el 60% vive con lo necesario en su día a día, mientras que aproximadamente 400 familias o el 25% los habitantes del municipio se encuentran bajo la línea de la pobreza.

     

    En Barbosa la principal actividad económica de las familias es la agricultura, con seis productos característicos: café, mora, fresa, papa, frijol y caña de azúcar, trabajo que se complementa con la industria pesquera, especialmente truchera que representa un atractivo para los visitantes del municipio. Al igual que en Girardota, estas personas son las más afectadas por los peajes, ya que en algunos casos los comerciantes tienen que atravesar El Trapiche o Cabildo para poder vender sus productos en el casco urbano.

    Mapa del municipio de Barbosa, el mayor afectado por los peajes El Trapiche, Cabildo y la talanquera de Vara Linda. Gráfico por: Biblioteca Pública Isolda Echavarría, Barbosa.

     

    ¿Por qué las comunidades exigen el traslado de los peajes El Trapiche y Cabildo?

    La veeduría no mas peajes ha sido la principal promotora del traslado de los peajes existentes dentro del área metropolitana del Valle de Aburra, un proceso que tiene antecedentes desde mediados de los 2000, cuando un comité anterior reclamaba el desmonte del llamado “peajito social” entre los municipios de Bello y Copacabana, además de El Trapiche y Cabildo. Este movimiento se reavivó en el 2016, cuando las comunidades afectadas comenzaron a hablar explícitamente sobre las inconformidades que tenían con respecto a las tres casetas de cobro, amparándose no solo en las afectaciones económicas que les generaban a los municipios, sino también en temas del diseño de las vías y de reglamentación de estas.

     

    A partir de 2019, los alcaldes de Bello, Copacabana, Girardota y Barbosa comenzaron a hacer más eco en el movimiento ciudadano y establecieron conversaciones con el Gobierno Nacional, la ANI y VINUS S.A.S (Concesión Vías del Nus) sobre el retiro definitivo del “peajito” de Bello y el traslado de El Trapiche y Cabildo. Sin embargo, antes de que se pudiera desmontar la caseta de cobro que se ubicaba entre Bello y Copacabana, esta fue quemada por un grupo de manifestantes el 30 de abril en medio del contexto de la protesta social de 2021.

     

    Ese peaje, que surgió como medida provisional en 2004, fue finalmente retirado a finales de 2021, pero los peajes El Trapiche y Cabildo continúan funcionando hasta el día de hoy, a pesar de que en el marco del diálogo para el cambio de lugar de ambos peajes, se acordó que los dos se trasladarían a inicios de 2023. Al ver incumplido el acuerdo al que llegaron, las comunidades afectadas, especialmente los barboseños, han realizado plantones y manifestaciones pacíficas en las que exigen volver a ser escuchados.

     

    “Peajito social”, que se encontraba ubicado entre los municipio de Bello y Copacabana en la noche del 30 de abril de 2021.

    Foto por: captura video ciudadano.

     

    Diego Castaño, presidente del concejo de Barbosa, expresa que el traslado de El Trapiche y Cabildo no se busca únicamente por las afectaciones en la economía del municipio, ya que allí intervienen otros factores claves como lo son el POT y el mapa de riesgos del mismo), sino que también consideran que las obras realizadas con los recursos recolectados se encuentran mal diseñadas. Esto se evidencia en la falta de hidrantes y puentes peatonales, en los retornos ubicados en pendientes que generan alta accidentalidad y la lenta respuesta que tiene la ANI cuando suceden siniestros viales, haciendo que los bomberos de Barbosa o Girardota sean quienes atiendan estas emergencias cuando no debería ser así.

     

    A esta situación se suma el hecho de que en una vía terciaria de Barbosa llamada Vara Linda, se estableció una talanquera en la que los vehículos deben pagar $14.500 para circular. Diego Castaño indica que, a pesar de que el cobro representa un obstáculo en materia económica, en Vara Linda se reconoce la necesidad del peaje para contener el deterioro de esta vía terciaria por los automóviles que buscan evitar el pago en El Trapiche o Cabildo.

     

     

    Línea del tiempo con los puntos clave de la evolución de la lucha por no tener más peajes dentro del Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Elaboración propia.

     

    El 1 de febrero de 2024, la veeduría No más peajes convocó nuevamente a la comunidad para un plantón desde las 5:00 de la mañana. al frente de ambos peajes, para exigir al Gobierno Nacional y a la ANI que los escuchen nuevamente y trasladen las casetas de cobro. La manifestación se extendió hasta el viernes 2 de febrero, en horas de la tarde, cuando finalmente llegó una respuesta por parte de las directivas para tener una reunión en la que se concreten propuestas y acciones que les den fin a las inconformidades de la comunidad.

     

    En una entrevista con Teleantioquia noticias, Óscar Gutiérrez, el vocero de la veeduría No más peajes, mencionó que en el encuentro con la ANI y las directivas nacionales se habló de tres puntos clave: la reducción de la tarifa diferenciaria, el traslado de El Trapiche y Cabildo en un plazo de 15 meses y el retiro de la talanquera Vara Linda. A partir de dicha reunión se estableció una mesa continua de diálogo, en la cual hay reuniones cada dos semanas para discutir sobre las propuestas que tiene la comunidad, y los avances que tienen sobre cada una de ellas el gobierno nacional y la ANI.

     

    De momento, estas negociaciones han logrado que la tarifa diferencial baje de los $3.300 a los $2.000, y que dentro de ella se incluyan los vehículos de categorías III, IV y V, quienes pagarán un 35% del cobro total de los peajes. El presidente del concejo de Barbosa sostiene que esta tarifa no es lo que el municipio necesita, a pesar de que la comunidad ve un alivio en ello. Se otorgaron 5.000 cupos para las personas de Barbosa que tienen vehículo particular, las empresas asentadas allí y sus trabajadores, pero al cierre de esta nota apenas se habían tramitado alrededor de 600 exenciones.

     

    De estos 600 vehículos, solo una pequeña parte es de los pobladores de Barbosa, ya que hay personas que no habitan o trabajan en la zona sino que apenas tienen algún terreno allí. Según los controles vehiculares que realizan dentro de Barbosa, alrededor de 450 automóviles inscritos en la tarifa diferencial pasan por los peajes El Trapiche o Cabildo solo una vez al mes.

     

    Es así como los pobladores de Barbosa y Girardota siguen a la espera de que ambos peajes sean trasladados, ya que El Trapiche y Cabildo cumplieron con su cometido de recaudar los fondos para el mantenimiento de las vías de ambos municipios y para la construcción de la doble calzada Niquía – Hatillo, que a pesar de las fallas que tiene, funciona y ha mejorado la vida de las comunidades.

     

  • Historia de otro entusiasmo: Biblioteca Popular Betsabé Espinal

    La mediación es un problema de comunicación, por lo tanto de poder”.

    J.M. Barbero

     

    El conflicto en torno a la estación el Bosque o la Biblioteca popular Betsabé Espinal, ilustra que la movilización social de 2021 estuvo motivada, entre otras razones, por un reclamo sobre las formas de habitar las ciudades y un debate sobre cuáles de ellas pueden existir. En este espacio de Carabobo Norte, por ejemplo, se confrontan la que reivindica un sector de la juventud que demanda espacios y la de una oficialidad que termina oponiéndosele. Este es un repaso de la situación.

     

    Juan José Rios Arbeláez / juan.riosa@upb.edu.co

     

    “190 eventos, poco más de un año de apropiación, cinco reuniones con el Parque Explora y la Alcaldía de Medellín, contactos con el IPC, universidades, Comfama y esto hemos conseguido: una extensión”, dicen los jóvenes de la Biblioteca Popular Betsabé Espinal, mientras señalan el cable que cuelga de la rendija del muro posterior del Parque Explora, que da con la antigua estación de ferrocarril El Bosque. De esa extensión toman la luz cuando el cielo oscurece, cargan los celulares o el bafle que acompaña la clase de yoga, el taller de grafiti y los días de rap.

     

    Es junio de 2023 y en la biblioteca Betsabé Espinal están dictando un taller de dibujo. “Gangsta” es quien tiene más experiencia en el campo y da instrucciones desde el muro norte del Parque Explora. Lo acompañan cinco o seis integrantes más de la biblioteca, junto con un grupo de jóvenes de Moravia que se han acercado a aprender de perspectiva. El paisaje lo completan los donantes: miembros del Parque Explora, Comfama y docentes universitarios que han traído cuadernos y lápices para la comunidad de Moravia. Están mediando un proceso que inició en 2021 y que se dilatará hasta una nueva alcaldía y tres secretarías de cultura más.  

     

    El paro nacional de 2021 fue una movilización que se extendió por el país como respuesta a reclamos sociales, económicos y políticos que se dieron en el contexto de la pandemia del Covid-19, pero que traían a cuestas un descontento social que se había manifestado a menor escala en noviembre de 2019. Si bien las acciones en cada territorio estaban motivadas por un descontento ante la actuación estatal, no existía una dirección que encabezara el movimiento y en cada ciudad se vivieron diferentes manifestaciones. Desde niveles simbólicos y pacíficos hasta los enfrentamientos más violentos y represivos por parte de la fuerza pública y la población civil.

     

    Poco después del estallido social del 28 de abril se constituyó el campamento del renombrado “Parque de la resistencia”, oficialmente Parque de los Deseos. “Medellín fue la lucha más larga en la calle. La menos violenta, la más performática”, asegura Yisus, miembro de la biblioteca, reconocido por ir a las protestas con un cartón, una bata verde y una cruz. “Yo me cansé del accionar policial y el accionar de la gente en esa obra de sangre. De ese chiste en el que no se lleva a nada, de violencia por violencia”, reflexiona sobre la creación de su performance pacifista en medio de las movilizaciones.

     

    Esa necesidad de actuar más allá de los reclamos y tensiones llevó a Tatiana López a promover la creación de una biblioteca popular como forma participativa dentro del campamento que habitaba el Parque de la Resistencia. Insistió tanto hasta que una parte definitiva del grupo le hizo caso.

     

    Tomaron una caja del programa Palabras Rodantes que estaba en el parque y comenzaron a recibir donaciones, rotar libros y a impartir talleres de lectura, escritura y derechos para todas las personas que se acercaban al campamento.

     

    En el lugar habitaban los hijos de los vendedores ambulantes, niños de las calles que solían tener que arreglárselas con la imaginación y ante la menor oportunidad se devoraban libros. “Uno en particular terminaba libro cada día o dos. Me decía que le diera otro y que otro. A veces yo ni le creía, pero él se llevaba feliz esas sagas de libros gordos entre las manos y volvía por más”, recuerda López, vocera de la Biblioteca. 

     

    Para Didier Álvarez, bibliotecólogo y docente de la Universidad de Antioquia, no es fortuita la iniciativa juvenil con respecto a las bibliotecas. Afirma que “se presenta la biblioteca como una alternativa, como un incentivo a la participación y eso es lo que hace de este proyecto algo popular”.

     

     

     

     

    En esta galería:

    Vista a la antigua estación de ferrocarril El Bosque desde el Parque Norte, con la intervención sobre el drywall separador. 11 de abril de 2024.

    Las laminas de drywall que cierrar la estación de ferrocarril El Bosque son el lienzo de la expresión de los colectivos que proponen una nueva apropiación del espacio. 24 de marzo de 2024.

     

    La ocupación

    Como parte del sistema de ferrocarriles de Antioquia, la estación El Bosque hace parte del patrimonio nacional protegido desde 1996. Su predio pertenece al municipio, sin embargo, el Parque Explora ejerce sobre el mismo un comodato desde 2006.

     

    El 28 de junio de ese año las protestas terminaron en un enfrentamiento con el Esmad en el norte de la ciudad. Según integrantes del grupo que disputaba la zona, la estación del ferrocarril fungía como sitio estratégico entre los avances y repliegues que cada bando ejercía, suponiendo un resguardo para quién tomara el lugar. Esa tarde una menor de edad fue violada en la estación de El Bosque, presuntamente por un agente del Esmad, según denuncias de grupos de manifestantes y socorristas, recogidas por la entonces concejala Dora Saldarriaga y replicadas en las versiones de varios medios de comunicación sobre los hechos.

     

    La concejala Saldarriaga hizo un seguimiento del caso y confirmó la ineficiencia del Código Fucsia, tras asegurar haber “sido testigo de procesos reiterados de revictimización hasta confirmar el caso de abuso sexual”. Saldarriaga se puso en contacto con la empresa que opera las cámaras de seguridad del Parque Norte que alegaron que no había acceso al material debido a que las cámaras habían sido robadas y dañadas en su totalidad.

     

    Ese día no había jóvenes de la biblioteca en el enfrentamiento de la estación. Todos se encontraban en el campamento de la resistencia, pero el rumor se expandió en poco tiempo. Un grupo de manifestantes vandalizó y quemó el lugar en señal de repudio a los hechos denunciados y el espacio mantuvo en pie a pesar de los daños.

     

    A pesar de los enfrentamientos y disturbios que ocurrían tras cada protesta, la biblioteca seguía en pie. No tenía nombre y estaba golpeada por los intentos de desalojo hacia los campamentos. Las donaciones de libros superaban la capacidad de quienes ya apostaban por una biblioteca popular en el sitio y se hacía cada vez más difícil sostener la idea de este proyecto. “Había visto algo en internet sobre las ocupaciones anarquistas en Francia. Una forma de resignificar los espacios. Ellos ponían afuera unas banderas que decían: ocupa y resiste”, recuerda López, sobre las primeras ideas de ocupación que tuvieron.

     

    “Hay una resignificación del espacio que de alguna forma agredió a la sociedad, pero también una resignificación a la biblioteca. Una lucha por la mirada de lo que ha sido la educación”, expresa Didier Álvarez con respecto a las luchas simbólicas que subyacen en el proceso y crean tensión por el ejercicio político.

     

    Paralelamente, la movilización ocupaba un CAI en Cali para convertirlo en biblioteca, al igual que otros más en Bogotá. Viendo que no tenían espacio para meter los materiales y eran desalojados de los campamentos, Tatiana López le pidió a su grupo un mes de respaldo para ocupar la estación y tomarla como sede desde el 6 de octubre de 2021.

     

    La olla comunitaria se consolidó como emblema en el antiguo edificio ferroviario. Continuaron los espacios de lectura, hicieron velatones por cada víctima de la violencia estatal, clases de yoga, grafiti, fotografía, rap, cursos pre universitarios con los que accedieron 17 personas a la Universidad de Antioquia en dos ocasiones y nombraron el proyecto bajo un libro que habían encontrado en el edificio: Betsabé Espinal. A quien definen como la niña descalza que puso en apuros a la oligarquía antioqueña en los años 20.

     

    La ocupación se prolongó durante un año y estuvo plagada de dificultades e intermitencias. El hecho de que cada esfuerzo naciera desde el altruismo contrastaba con el desempleo en el grupo, que resentía el estigma de la primera línea. La cúpula del Parque Explora terminó resintiendo la toma del espacio, las noches prolongadas, los muros pintados y removieron al vigilante que custodiaba la estación. Los libros fueron robados y la ocupación nocturna de los habitantes de calle dificultaba el hábitat del espacio. A finales de 2022 el grupo llegó a un acuerdo con la Alcaldía para activar la póliza de restauración del patrimonio y posteriormente retomar el lugar para las actividades. Todo quedó en palabras.

     

     

     

    En esta galería:

    Una bandera de Colombia con el mensaje: “Solo el pueblo salva al pueblo”, sobre la valla que anuncia la instalación de la sede de lectura infantil de Buen Comienzo en la antigua estación de ferrocarril. Festival “Al calor de la olla”, 27 de abril.

     

    Performance: Traficante de cocos, durante el festival “Al calor de la olla” que conmemora el estallido de 2021. Tomado: 27 de abril de 2024.

     

    Huerta de la Biblioteca Popular Betsabé Espinal. 27 de abril de 2024.

     

    Montaje del festival “Al calor de la olla”, conmemorativo al tercer aniversario del 28A. Tomado el 27 de abril de 2024.

    Los jóvenes de la biblioteca Betsabé Espinal antes de una actividad, con el mural que pintaron a sus espaldas. 5 de julio de 2023.

     

    Intervención sobre las láminas de drywall que contienen la estación de ferrocarril El Bosque. 24 de marzo de 2024

     

    Con una valla respondió la administración de Federico Gutiérrez a la petición pública que hizo el ministro de cultura, Juan David Correa, para sostener el proyecto de la biblioteca Betsabé Espinal. Tomado el 26 de abril de 2024.

     

     

    Mediaciones

    Al final de abril de 2023 el edificio seguía cerrado. Se había estipulado que la entrega sería en marzo pero todavía faltaban adecuaciones en los baños. Durante todo este tiempo la biblioteca continuó su ejercicio en la manga contigua a la estación, fiel a su promesa de los miércoles, sábados y domingos. No hubo mayores afanes hasta una publicación del periódico Q´hubo el 17 de abril, donde informaban la próxima apertura del inmueble patrimonial. El entonces secretario de cultura, Álvaro Narváez, manifestó su apoyo para que “la comunidad se apropie del lugar y se convierta en un sitio cultural activo”.

     

    La noticia despertó la presión de grupos y colectivos que habían acompañado el proceso y se instauró una mesa de diálogo entre la Alcaldía de Medellín, Parque Explora y la biblioteca. “Aquí se han acercado entidades diciendo que nos pueden ayudar. Está bien, pero aquí lo que queremos es autogestión”, señala Yisus, sobre uno de los puntos clave en la negociación.

     

    Pacho y Jaime están prendiendo a leña la lentejada, mientras miran a los donantes que han venido con ropa de turistas. Se ríen un rato. “Esos de la alcaldía no vienen sino a ofrecer boletas”, aseguran. Son dos jóvenes de Moravia. Ninguno tiene más de veinte años. Ninguno es de la primera línea, “ni Petro nos dio ningunos 50 mil por protestar hace dos años”, dicen.

     

    Al principio dicen con seguridad que todas las actividades que hacen son importantes y dejan huella, que están allí porque “esto también es otro frente de la lucha de la revolución”, pero después, con más confianza, Pacho confiesa que, de no ir a la biblioteca, no tendría nada más que hacer.

     

    Los representantes del Parque Explora y otras entidades, así como los académicos se marchan antes de que caiga el sol. No alcanzan a probar las lentejas que alimentarán al transeúnte hambriento que encuentre alivio en la biblioteca. A pesar de la tarde, la clase y los lápices; la mesa de diálogos está tensa: “Creen que somos niños, que no sabemos lo que hacemos o queremos y no saben que muchos no se van a dejar sacar tan fácil”, dijo Jaime recogiendo sus cosas.

     

    Cambio de administración

    Finalmente, las mesas de dialogo fueron infructuosas. El Parque Explora alegaba que no tenía la potestad de ceder a las exigencias de la biblioteca, mientras que los jóvenes acusaban la dilación del procedimiento y la falta de reconocimiento por parte de la institución privada. “Nosotros sabemos que el edificio es patrimonio y no se trata de ocupar y decir que es nuestro y que no jodan. Lo que queremos es que sea educación popular por el pueblo y para el pueblo”, señala Yisus.

     

    Lo que siguió fue el contacto con el ministro de cultura Juan David Correa, que intermedió verbalmente con la alcaldía saliente de Daniel Quintero para asumir el comodato. Ambas partes estuvieron interesadas y realizaron minutas del contrato, según Correa, pero no llegaron a concretar nada finalmente.

     

    El nuevo periodo de alcaldía de Federico Gutiérrez, bajo el lema de recuperar Medellín, supuso un nuevo comienzo en las negociaciones que envuelven al predio. El interlocutor delegado por Gutiérrez fue el secretario de cultura, Manuel Córdoba, quien se mostró dispuesto a la conformación de juntas y el trabajo de la mano del Ministerio. Sin embargo, fue relevado de su cargo poco tiempo después, el 14 de febrero de 2024, tras admitir en un evento que no “sabía muy bien qué era una biblioteca”. En marzo de 2024, Gutiérrez y Correa tuvieron un espacio de diálogo sobre el asunto. En una carta al alcalde de Medellín remitida el 20 de marzo, el Ministro señaló que: “Me gustaría proponerle un diálogo público sobre la entrega de responsabilidad a los ciudadanos”. A esta comunicación no hubo respuesta.

     

    Un mes después llegó la que fue interpretada como una respuesta del alcalde de Medellín, en forma de una valla que anunciaba una sede de lectura de Buen Comienzo en la antigua estación del ferrocarril.

     

    Al momento Santiago Silva ya había asumido la Secretaría de Cultura y fue requerido sobre el asunto a instancias de la alianza Sumando Voces, que aglutina a decenas de organizaciones de la sociedad civil en la formulación de propuestas y la interlocución para la construcción del Plan de Desarrollo. En respuesta, el secretario fijó para el 8 de mayo una reunión en la que el tema de la biblioteca popular estaría en la agenda.

     

    Según el portal El Armadillo, otro despacho involucrado en el proceso es el de Ricardo Jaramillo, secretario de juventud, cuya postura estuvo marcada por el señalamiento al grupo juvenil como parte de la “primera línea” y como “politizados” en su ejercicio.

     

    Qué dice la biblioteca

    Un año atrás, la historiadora y maestra en geografía humana, Ana María Restrepo, encontraba en estos procesos algo “muy diciente de cómo se constituyen las ciudadanías. Del autoritarismo de no dar lugar a estos jóvenes que no se están apropiando del espacio para algo privado, sino para algo de la ciudad”.

     

    Gutiérrez reconoció que fue respetuoso el diálogo con el Ministerio de Cultura, pero, consecuente con el discurso que expresó en 2021 sobre el paro y en una rueda de prensa el pasado lunes 29 de abril, expresó su desacuerdo con la iniciativa y quienes la promueven: “Van y queman cualquier casa en Medellín y después dicen que la quieren para ellos”. Indicó que el espacio se destinaría a un jardín de lectura infantil del programa Buen Comienzo, por considerar que la población del sector lo necesita: “Este es un sitio público y lo que hace la administración es recuperarlo”. En la misma declaración reconoció el clima de respeto en el diálogo con el Ministerio y detalló: “Yo con lo que no he estado de acuerdo es con que me hicieran la solicitud de que lo tuviéramos que entregar como un símbolo a los de la Primera línea que lo habían quemado”. Tatiana López, vocera de la biblioteca, asegura que “el ataque (a la estación) no lo hizo un grupo específico como dice el alcalde. Incluso, las que lo vandalizaron fueron mujeres que se indignaron por la violación”, explicó.

     

    “No sé si lo que molesta es que la biblioteca recuerda un momento de oposición importante”, había dicho la historiadora Restrepo meses antes de que Federico Gutiérrez asumiera la alcaldía y cuando se debatía en torno a la quema de un bien patrimonial como expresión de rechazo a los hechos de violencia sexual que se denunciaron.

     

    Lo cierto es que Moravia requiere un espacio de atención para los jóvenes y es una realidad que admiten todas las partes. “A mí me dicen que Moravia tiene muchos sitios públicos por el Jardín Botánico, el Planetario y el Parque Explora. Pero lo público no es para todos, no es popular”, decía Tatiana López, durante el festival que celebraba el tercer aniversario del estallido de 2021.

     

    De cualquier manera, el anuncio del espacio de lectura infantil de Buen Comienzo deja a un lado cualquier acción que emprenda la biblioteca. “Así, si nosotros luchamos por el lugar somos los malos que no permiten espacio para los niños”, dice Yisus, quien continua: “Eso es como lo que hicieron en Parque de la Resistencia, a unos metros de acá, donde también pusieron un Buen Comienzo. Y después vienen y dicen que nosotros instrumentalizamos niños, cuando en Moravia hay tantos espacios donde pueden ejercer acción”.

     

    Hace más de un año que la estación ha sido restaurada y sigue encerrada en el drywall que narra con pintura morada la historia de una violación de la que aún no se conocen responsables. Los jóvenes de la biblioteca han habitado el prado aledaño como su sede. Sembraron plátano y banano, tienen dos huertas y han terminado de pintar el mural posterior del Parque Explora, “los espacios están siendo habitados y construidos todo el tiempo. Así me he pensado este mural, como algo en construcción, como arte abierto para el público”, dice Gangsta cuando mira la historia que pintaron a brocha, cuyo centro es la olla comunitaria.

     

    El 27 de abril el colectivo promotor de la Biblioteca Popular Betsabé Espinal organizó el festival “Al calor de la olla” como conmemoración al estallido social de 2021. Grupos culturales de Moravia y voluntarios subieron al escenario entre bailes, cantos y poesía. Reprodujeron un cortometraje sobre el estallido, se encomendaron a la olla comunitaria, al performance pacifista de Yisus y reflexionaban: “No va a ser necesario que venga ningún Buen Comienzo. Aquí Buen Comienzo hay desde hace más de tres años. Hay mucho espacio en Moravia de acá para arriba”.

     

  • La Naviera: un navío que surca un mar de cemento

     

    Por Alejandro Zapata Peña / alejandro.zapatap@upb.edu.co

    Con la colaboración de Estefanía Hernández *

     

    En el centro hay un edificio en forma de barco por el que muchos pasan de largo, este navío esconde secretos que ha ido pescando desde sus inicios a mediados del siglo pasado.

     

     

    Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y de miedos,

    aunque el hilo de su discurso sea secreto,

    sus reglas absurdas, sus perspectivas engañosas,

    y toda cosa esconda otra.

     

    Italo Calvino

     

    De pequeño siempre solía hacer fila con mi mamá para coger el bus de Campo Valdés en la calle Palacé. Algunas veces agarrado de la mano de ella y otras, un poco distraído, con ganas de perderme en la multitud errante del centro. Varias veces me quería escapar por ese cruce entre Palacé y la avenida La Playa —que continúa al occidente como la avenida Primero de Mayo—, siempre me ha generado curiosidad. Es una artería del centro de la ciudad, su sangre la componen los carros, buses y peatones agrestes que buscan una amalgama de direcciones. Grupos de turistas bajan hacia la plazuela Nutibara, para desembocar en la Plaza Botero, otros suben para juniniar, mientras que varios vociferan y ofrecen lo mejor en frutas, verduras, buñuelos, chontaduro y hasta lo último en bluyines de bodega.

     

    Después de recordar los primeros años de infancia y de cómo el centro me tragaba por completo con su hollín de bus, el vocifero de las 10 mandarinas por dos mil y la música decembrina del Loco Quintero o Aicardi, me di cuenta que, en medio del movimiento que genera día a día esta ciudad, hay un edificio.

     

    Es un barco que navega en medio del cemento de la ciudad. Un buque que ha surcado el olvido de una ciudad afanada por el comercio; que va de aquí para allá sin que sepa que hay una nave estacionada en el tiempo y que guarda los secretos de la altamar antioqueña que nunca existió. Se trata del edificio La Naviera, o Edificio Antioquia. Ubicado entre la avenida Palacé y la calle Primero de Mayo hoy renace como un buque al que muchos quieren estar a bordo.

     

    Palacé sigue siendo la misma calle en la que de pequeño cogía el bus de mi barrio. El hollín y el barullo de la calle armonizan una de las entradas del edificio, se trata de una puerta de unos 2 a 3 metros bañada en aluminio, robusta y gorda como pocas en la ciudad. Intento tocar con el puño, pero se hace inútil, pues es tan grueso el portón que hace daño a los nudillos.

     

    Hay seis imágenes que llaman la atención antes de tocarla: la primera muestra un hombre con una maleta que se aleja de un barco; la segunda muestra el vapor, el cielo y un barco en un puerto; las dos del medio dibujan un escudo con una cruz y un ancla; mientras que las dos últimas señalan a tripulantes y barcos conviviendo en lo que alguna vez fue la más próspera empresa de navegación marítima antioqueña.

     

    Este par de puertas que están del lado de la carrera Palacé y otro par al costado de la avenida Primero de Mayo le dan antesala a uno de los edificios más emblemáticos de la historia moderna de esa Medellín con delirios de industrialización y megalomanía del comercio. Al anunciarme con el guardia y al permitirme ingresar al edificio me doy cuenta de que hay grandes joyas que pasan desapercibidas por la bulla del centro.

     

    Esta mole de 8 pisos tiene la forma de la proa de un barco que echó ancla en 1949 con su fundación por parte de la Compañía Naviera Colombiana, una entidad antioqueña que agrupó varias empresas de navegación marítima a principios del siglo XX para impulsar el comercio, el turismo y la competitividad de la industria antioqueña.

     

    En Champanes, vapores y remolcadores Historia de la navegación y la ingeniería fluvial colombiana, de Germán Silva, se cuenta que se trataba de una empresa que con 35 buques a vapor ofrecía viajes de Medellín en tren hasta Puerto Berrío y por el río Magdalena hasta Barranquilla y la costa atlántica del país. Además de ofrecer transporte de mercancías y todo tipo de insumos para la industrialización de principios del siglo pasado.

     

    Para Manuela Bonilla, arquitecta de la Universidad Pontificia Bolivariana. “Esta edificación no se puede entender como una obra arquitectónica aislada, sino como parte de un proyecto urbano alrededor de la plazuela Nutibara. Fue un proyecto impulsado por la Sociedad de Mejoras Públicas que contemplaba el cubrimiento total de la quebrada Santa Elena y la construcción de varias obras arquitectónicas importantes alrededor, como el Hotel Nutibara, para consolidar un nuevo centro urbano que aportara la construcción de una ‘moderna Medellín’”.

     

    Edificios como La Naviera, La Bastilla y Fabricato lideraron esa idea de dejar atrás la arquitectura antigua y republicana que representaba muchos de las edificaciones de esa época, ese afán de destruir y construir lo ‘moderno’ fue la razón por la que muchos edificios en el centro tienen formas parecidas.

     

    Pero al poco tiempo, la tan exitosa empresa de navegación quebró por la desaceleración de la industria marítima en el país y el eventual progreso a mediados del siglo XX con la aviación y nuevas formas de transporte. Por lo que La Naviera pasó a llamarse Edificio Antioquia, administrado por la Gobernación desde 1954. Por sus pasillos se instauraron desde oficinas de las Rentas Departamentales, fiscalía, loterías y en la dictadura de Rojas Pinilla fue residencia del gobernador, brigadier General Pioquinto Rengifo.

     

    Hoy doy los primeros pasos en este buque de historia, todo es ovalado aquí, desde las ventanas en forma de claraboyas hasta las habitaciones que generan una atmósfera de estar a bordo de un barco en medio del cemento citadino.

     

    En 2006 el edificio fue declarado bien de interés cultural de Medellín y pasó a las manos en comodato de la Universidad de Antioquia. Es un edificio que a pesar de su abandono está empezando a recobrar vida. Cuatro facultades reciben clases o hacen presencia en el edificio. En 2021 empezó su renovación a cargo de la Agencia para la Gestión del Paisaje el Patrimonio y las Alianzas Público Privadas, esta le lavó la fachada al ‘buque’, limpió y restauró su interior.

     

     

    Un recorrido por La Naviera y su Museo de la vida. Fotos: Alejandro Zapata Peña – Estefanía Hernández.

     

    Un Museo de la Vida

     

    Estoy adentro del ‘barco’, la puerta estaba en mantenimiento por lo que los martillos y la reparación se escuchaba en todo la primera planta, el piso rojizo de granito pulido parece un tesoro dentro del propio barco pues, como lo dijo Reinaldo Spitaletta, escritor y periodista —quien me acompañó a desentrañar las verdades de este bote— “este tipo de granito ya es escaso verlo”. Las claraboyas y las lámparas conservan figuras ovaladas y redondas que confabulan con el ambiente marinero que alberga el edificio.

     

    Me encuentro con Yésika López, gestora cultural de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, es la encargada de mostrarnos el interior del edificio y la perla que guarda por dentro: un Museo de la Vida, un espacio que acoge los albores y desarrollos de la medicina en el departamento y el país. Al principio de la exposición se encuentran imágenes del edificio y su historia, mientras que en el costado derecho hay un espacio en el que un portillo, que asemeja la ventana de un barco, tiene en su interior el buque a vapor Medellín, uno de los navíos que alcanzó a tener la Naviera Colombiana, junto a la ventana hay una veintena de barquitos de papel.

     

    Después de una bienvenida entre fechas y acontecimientos importantes del edificio y la academia, subimos a un mezanine, ascendemos por unas escalas prolongadas que nos dan pie a la cara de Héctor Abad Gómez, aquel doctor y especialista en Salud Pública que por la defensa de los derechos humanos fue asesinado en Medellín.

     

    Su rostro se proyecta en uno de los cuadros que hay en la sala de la Academia de Medicina de Medellín, fundada el 7 de julio de 1887 por un grupo de médicos en la ciudad, presidido por el doctor Manuel Uribe Ángel y quienes en sus consignas velaban por “(…) El fin de formar una sociedad que, a la vez que se ocupara en el adelanto de la ciencia, especialmente en sus aplicaciones al país, sirviera al Gobierno de cuerpo consultivo para las numerosas cuestiones de higiene pública y de salubridad general, que con no poca frecuencia se le ofrecen”.

     

    Subimos al nivel 2 en un ascensor al que se le notan los años, huele a 1949 y al dejarlo sus puertas casi se tragan a Spitaletta, quien disimula con suspicacia a pesar del estruendo que varios escuchamos. Sin embargo, esto no es impedimento para conocer de las otras 4 salas que hay en el museo, una de ellas dedicada a la anatomía del cuerpo humano, con el nombre de El cuerpo en escena, se pueden ver facsímiles que retratan en dibujo las arterias, venas, músculos y esqueleto humano. Su autor fue Paolo Mascagnni, quien, durante 30 años dibujó un cadáver de 1,70 metros.

     

    Durante el recorrido también se pueden ver partes de cuerpos humanos conservados con la técnica de la plastinación; los hace ver parecidos a momias, pero con rasgos aún conservados como venas, labios y una piel lánguida entre blanca y amarillezca. Además, narices, cerebros, pies, uñas y demás rasgos son el llamativo de esta sala.

     

    Sin embargo, en otras habitaciones las sorpresas aparecen en forma de videos y testimonios de médicos que ha tenido la facultad de la Universidad de Antioquia. Además, se puede ver instrumentación quirúrgica —que parece elementos para deshuesar a un robusto animal que piezas de medicina—.

     

    Finalmente, una de las salas argumenta que el VIH pudo haber pasado de un chimpancé africano a un ser humano a finales del siglo XIX, se trata de la Sala VidaGrandes epidemias de la humanidad, dedicada al virus; sus características, datos y cuidados frente a él.

     

    Los pasillos del navío de vez en cuando dejan ver la rosa de los vientos, grabada en algunos puntos, sus ventanas del occidente dejan ver una plaza en movimiento que armoniza con los rayos mañaneros que pegan contra la plazuela Nutibara, los hermanos del ‘buque’, el Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe y el Hotel Nutibara, lo acompañan desde que surcó los primeros años en este mar de cemento.

     

    Entre algunos de quienes han nacido en este siglo y los pequeños que alguna vez caminamos de la mano de nuestras mamás, hay una percepción dañada del Centro, a los que algunos llaman “Peligroso” o “El sopladero de Medellín”… No saben que en varios edificios hay espacios como este museo que acogen y le dan significado a la ciudad. En medio de tanto narcotour bien valen propuestas para darse un “vueltón” por un Museo de la Vida.

     

     

    Video

    Video: Alejandro Zapata – Estefanía Hernández

     

    *Trabajo desarrollado en Semillero de Periodismo Urbano, bajo la orientación del profesor Juan Esteban Mejía Upegui.

  • Ciclismo urbano, entre los Países Bajos y la Capital de la montaña

     

    Valentina Álvarez Colorado / valentina.alvarezco@upb.edu.co

     

    ¿Qué uso se le da a las bicicletas en dos proyectos de ciudad que buscan la movilidad limpia? Hacemos un comparativo entre los planes de Utrecht, en los Países Bajos y Medellín, destacada en los últimos años por sus apuestas de urbanismo y promoción de la movilidad sostenible.

     

    Una de las ciudades más amigables para las bicicletas se encuentra en Europa: Utrecht, en Países Bajos, tiene una población que ronda los 350.000 habitantes y una red de ciclovías que se extiende por más de 320 kilómetros y conecta a sus habitantes con todos los puntos de la ciudad y sus alrededores.

     

    Utrecht Bicicleta es uno de los sistemas de bicicletas públicas más grandes y avanzados del mundo, cuenta con más de 4.000 unidades disponibles para uso público en más de 300 estaciones en toda la ciudad, cuyo gobierno invirtió 30 millones de euros y 5 años en la construcción del mayor aparcamiento para bicicletas del mundo, con 12.500 espacios. El propósito es fomentar el uso de este medio de transporte, ya que según la alcaldesa Sharon Dijksma, “los ciudadanos no solo serán más saludables, sino más felices”.

     

    Uno de los parqueaderos de bicicletas que son comunes en Utrecht. Foto: Valentina Álvarez Colorado.

     

    En Utrecht, la bicicleta es algo más que una simple elección de transporte. Es un estilo de vida arraigado en la cultura local y una opción que ofrece una serie de beneficios tanto para los habitantes como para el entorno en el que viven. Una de las razones principales por las que las personas en Utrecht prefieren usar bicicletas es la completa infraestructura ciclista que la ciudad ofrece: una amplia red de carriles para bicicletas, calles compartidas y aparcamientos dedicados, que hacen que moverse en bicicleta sea conveniente y seguro, sin los problemas de tráfico y estacionamiento que a menudo se asocian con los vehículos motorizados. Además, Utrecht es una ciudad compacta, lo que significa que muchas distancias se pueden recorrer fácilmente en bicicleta. Los habitantes disfrutan de la comodidad y rapidez que ofrece este medio de transporte para desplazarse por la ciudad, sin atascos de tráfico y con menores tiempos de viaje. La bicicleta se convierte en una opción práctica y eficiente para llegar a destino.

     

     

     

     

    La cultura ciclista en Utrecht es una parte integral de la identidad de la ciudad. Desde una edad temprana, se inculca a los niños la importancia de usar la bicicleta como un medio de transporte sostenible y saludable. Esta mentalidad arraigada en la comunidad ha creado una cultura en la cual el uso de la bicicleta es considerado algo natural en la vida diaria.

     

    La inclinación por las bicicletas se basa en una combinación de factores, que van desde una infraestructura bien desarrollada y distancias cortas, hasta conciencia clara sobre los beneficios para la salud, el bienestar y el compromiso con la sostenibilidad ambiental.

     

    << Foto: Valentina Álvarez Colorado.

     

     

     

    Medellín, En Cicla

    Por otro lado, Medellín, en el noroeste de Colombia, también ha mostrado avance en el uso de las bicicletas en los últimos años, gracias en parte a la construcción de ciclovías y fortalecimiento de esta cultura. En 2016 se abrió un sistema de bicicletas públicas, conocido como “EnCicla”, que cuenta con más de 1.200 unidades disponibles en más de 70 estaciones en toda la ciudad.

     

    A medida que la ciudad ha trabajado para mejorar la infraestructura para bicicletas y fomentar su uso, ha visto resultados notables. En 2019, el número de viajes en bicicleta había aumentado en un 20% en los últimos cinco años. Como refuerzo a la cultura ciclista, la ciudad ha sido sede de varios eventos importantes, incluyendo la Vuelta a Colombia y la Copa Mundo de Ciclismo BMX Supercross.

     

    Andrés Mesa Martinez, Profesional Universitario de la Subdirección de Movilidad del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, ofreció detalles del uso de este medio de transporte en Medellín:

     

    ¿Qué beneficios se han observado desde la implementación del sistema de bicicletas públicas “EnCicla” en términos de movilidad y sostenibilidad?

     

    “Desde la implementación del sistema de bicicletas públicas “EnCicla” en Medellín, se han observado varios beneficios en términos de movilidad y sostenibilidad como por ejemplo la reducción del tráfico, una mayor eficiencia en los desplazamientos, porque las bicicletas permiten un desplazamiento más ágil y rápido en comparación con otros medios de transporte, especialmente en áreas urbanas congestionadas, también se ha visto mejoría de la calidad del aire… Algo importante, es que el fomento del uso de bicicletas ha incentivado a la población a adoptar estilos de vida más activos y saludables, promoviendo la actividad física y reduciendo los problemas de salud relacionados con el sedentarismo.”

     

     

    ¿Qué programas o iniciativas se están llevando a cabo para promover la cultura de la bicicleta en la ciudad?

     

    Sí, de hecho en Medellín se están llevando a cabo varios programas e iniciativas para promover la cultura de la bicicleta. Tenemos:

     

    Expansión de la red de ciclovías. Se ha trabajado en la construcción y ampliación de la infraestructura en la ciudad, proporcionando rutas seguras y conectadas para los ciclistas.

     

    Promoción de eventos ciclísticos: Se organizan eventos como el Día sin Carro y la Semana de la Bicicleta, que promueven su uso como medio de transporte y concientizan sobre sus beneficios.

     

    Educación vial. Se realizan campañas de educación vial para ciclistas y conductores, con el objetivo de mejorar la convivencia en las vías y garantizar la seguridad de los ciclistas.

     

     

    El sistema EnCicla trata de sobreponerse a una tendencia de deterioro originada por varios factores y que tuvo un pico en 2020, lo cual ha mermado su capacidad operativa. No obstante, la conciencia de los usuarios más asiduos mantienen viva la demanda. Foto: Contexto

     

     

    ¿Cuáles son los desafíos actuales que enfrenta Medellín en el fomento del uso de bicicletas y cómo se están abordando?

     

    “A pesar de los avances en el fomento del uso de bicicletas, Medellín aún enfrenta desafíos en esta área. Algunos de los desafíos actuales incluyen la Infraestructura insuficiente, porque  aunque se han construido ciclovías, aún se requiere una mayor expansión y conexión de la red para cubrir más áreas de la ciudad.”

     

    Tanto Utrecht como Medellín han experimentado beneficios en términos de reducción del tráfico, eficiencia en los desplazamientos, mejora de la calidad del aire y promoción de estilos de vida saludables. A pesar de los desafíos persistentes, ambas ciudades confían en fortalecer aún más la cultura de la bicicleta y promover la movilidad sostenible, en beneficio de sus habitantes y el medio ambiente.

     

     

    Infografía: Valentina Álvarez Colorado.

     

  • En la UPB hay un patrimonio alado, de todos

     

    “La naturaleza es sabia. Las aves se saben cuidar solas. Más bien, cuidemos nosotros el entorno en el que vivimos”. Carlos Iván Restrepo, ornitólogo. 

     

     

    Por Ana Sofía Araque y Valeria Hernández / periodico.contexto@upb.edu.co

     

     

    Con los años crece el valor ambiental que tiene para la ciudad el Eco Campus de la UPB en Medellín. Foto: Ana Sofía Araque.

     

    Desde su fundación en el año 1936, la Universidad Pontificia Bolivariana ha pasado por una serie de transformaciones físicas y espaciales en su infraestructura, que no solo han influido en la urbanización del campus universitario, sino que se han combinado con el cuidado de la flora y fauna del lugar, acercando estas últimas a quienes visitan y conviven en el que es considerado un pulmón del occidente de Medellín. El espacio físico ha evolucionado desde sus edificaciones hasta sus alrededores y zonas verdes que contribuirían en el uso sostenible del territorio. 

     

    Las primeras décadas de la Universidad estuvieron inmersas dentro de la planeación y construcción de nuevos bloques y espacios de estudio, así como la búsqueda de características que diferenciaran a la institución desde la configuración de su espacio. Más tarde, durante los años 2001 y 2009, el campus buscó formas de estructurarse de manera integral: ya no solo se trataba de la ocupación, edificación y movilidad, sino, de tener presente el cuidado del medio ambiente. 

     

    La sostenibilidad del territorio se ha vuelto parte de la relación humana y urbana de la Universidad. Así es como el término “Eco Campus” surge, como señal de que este espacio cumple funciones ecológicas gracias a sus árboles y zonas verdes y los aportes de los mismos a la diversidad en fauna y flora que habitan esta zona de la ciudad.  

     

    Esa condiciones permiten la acogida de 77 especies de aves: 59 habitan el campus y 18 migran desde distintos lugares del continente americano. Quienes convivimos en el Eco Campus de la UPB en Laureles hemos sentido la fortuna de apreciar de cerca especies que en otros espacios de la ciudad paenas podemos divisar a lo lejos. Cada avistamiento trae esa sensación de estar en un lugar propicio para estos encuentros, de vivir un privilegio.

     

     

    El recorrido a través del campus 

     

    En una mañana de abril, la Universidad Pontifcia Bolivariana le abrió las puertas a Carlos Iván Restrepo, uno de sus egresados y director ejecutivo de la Sociedad Antioqueña de Ornitología, quien con 40 años de experiencia en el estudio de las aves, lideraría un recorrido para observar las especies que habitan el Eco Campus.

     

    Eran las 8:00 a. m. y todos los que seríamos testigos de la experiencia estábamos en disposición de recibir lo que sería para la mayoría el primer curso sobre aves. Era fundamental tener en cuenta características propias de las especies para saberlas identificar en el recorrido que se haría más tarde.  

     

    El grupo, a pesar de ser pequeño, mostraba gran interés por el tema, tan pronto se comenzó a hablar sobre detalles como el pico, el color, el tamaño, el sonido y la forma, para distinguir los individos que iban apareciendo mientras el guía hacía su exposición. 

     

    Carlos Iván Restrepo explicaba que al ser Colombia el país con mayor diversidad de aves en el mundo, no es para nada extraño avistar diversas especies en lugares con amplios espacios verdes, como lo es el campus bolivariano. Si bien, muchas veces estas suelen pasar desapercibidas al incorporarse al entorno natural de la universidad y en las rutinas de los seres humanos, es importante detenerse a pensar en los roles que cumplen en los ecosistemas como los que puede haber en cada zona verde de la ciudad.  

     

    Tras una hora de charla introductoria, comenzó su recorrido por las zonas verdes ubicadas entre el bloque 10 y el bloque 11, con el objetivo de identificar las aves utilizando, no solo la vista, sino también la escucha, puesto que también se enseñó al grupo sobre los tipos de sonidos emitidos por las aves: vocales, aquellos que son emitidos por la tráquea y mecánicos, producidos cuando el animal hace contacto con un elemento externo, como golpear troncos con el pico o sacudirse en el agua. Estos ruidos ayudarían a localizar dónde se encontraban las distintas especies. 

     

     

     

     

    El célebre Petirrojo, ave insignia de la UPB, resalta por su colorido entre las zonas verdes del Eco Campus Laureles y es tan vistoso como esquivo para las instantáneas. Fotos: Ana Sofía Araque.

     

    El día, totalmente despejado, iluminó el paisaje y todos los expedicionarios estaban atentos, en total silencio y calma, tratando de que la emoción no jugara en su contra. Un minuto después, un primer sonido atrapó la atención del grupo.  

     

    Las miradas se posaron completamente en un color rojo intenso que volaba de una rama a otra con gran velocidad. Así es como la primera especie del recorrido se dejaba ver: el individuo, conocido como Petirrojo, era un macho, pues su color vivo es aquel que le sirve para atraer a las hembras. Su plumaje carmesí llamó inmediatamente la atención de los presentes, quienes no contruvieron exclamaciones de asombro, mientras el pajarito iba de un sitio a otro en cortos periodos de tiempo, saltaba entre las ramas, pero cantaba poco, lo que sorprendió a los observadores, quienes esperaban oír al ave emblemática de la Universidad; pero se dieron cuenta de que era tarde, pues el guía explicó que suelen cantar en horas tempranas del alba y es considerada como un ave mañanera. 

     

    Mientras aves como canarios, tórtolas y sirirís se posaban en las zonas verdes del campus, el ornitólogo Restrepo comentaba acerca de sus características: los patrones en su plumaje, el tamaño de sus picos y los diversos sonidos que emitían. Al mismo tiempo, el grupo se quedaba observando de arriba hacia abajo y esperaba que cualquier ave se posara para capturar una imagen de la misma. 

     

     Después de alrededor de diez minutos, el grupo siguió su recorrido hacia el bulevar de comidas; lugar que, por su ubicación y tamaño, se encontraba lleno de personas. Ese detalle complicó en cierto grado el captar los sonidos de las aves; aun así, se podían escuchar a aquellas cuyos cantos eran más fuertes, como los sirirís, al igual que el movimiento de las ramas donde algunas especies se posaban. 

     

    Mientras caminaban, Carlos Iván Restrepo explicó que el mes de abril representa el final de la época de anidación para las aves, al igual que uno de los meses en los que se puede ver la mayor cantidad de aves migratorias en el año. Termina el invierno y llega la primavera, sin duda, un clima favorable para que las aves migren hacia los cálidos países del sur para procrear y encontrar mayor cantidad de recursos. Por esta razón, se concentra un mayor número de especies en el país. 

     

    Al pasar por la biblioteca y las zonas verdes del bloque 12, la siguiente parada fue al frente del bloque rectoral y el Aula Magna. Allí se escucharon distintos sonidos vocales como cantos y llamados, pero también sonidos mecánicos como el picoteo de los pájaros carpinteros, difíciles de registrar en imágenes por la altura a la que permanecen y su habilidad para esconderse entre los árboles grandes del campus, pero su rastro sí pudo verse en el que había construido usando un tronco en mal estado, que es más fácil de perforar y en el que se alojancon más frecuencia los insectos que sirven de alimento.  

     

    En este punto, el sol y el calor cada vez se sentían más entre los caminantes que, al acercarse a los parqueaderos cerca de la entrada al colegio UPB, pudo tener una vista más general de los lugares recorridos y reconocer cómo la diversidad de árboles distribuidos por todo el campus permitía ver aves diferentes en los distintos momentos del recorrido y otras que habitan varios puntos del campus, el célebre petirrojo, por ejemplo, se vio tanto en el bloque 10 como en la parte trasera del bloque 7.  

     

     

    Esta especie, conocida como Canarios costeños, también es otro ingrediente vistoso en el paisaje del Eco Campus de la UPB.

    Foto: Ana Sofía Araque.

     

    Al terminar el recorrido y regresar al bloque 10, casi tres hors después de haber comenzado el encuentro, ya era claro el papel de las aves en el ecosistema del campus de la UPB, entre otros, que dispersan semillas y regulan las poblaciones de insectos, así como también polinizan y fertilizan gran parte de la vegetación. Más allá de plumajes llamativos y coloridos o melodiosos cantos, las aves son increíblemente diferentes entre sí y fundamentales para la vida en la ciudad y la cotidianidad en el Eco Campus UPB.  

     

     

    Los visitantes al Eco Campus también están familiarizados con los territoriales Alcaravanes, conocidos como Teros en el sur de América, En la parte superior de untrocno podado se observa el orificio abierto por un caprinetaro, al que se escucha trabajar en las tardes apacibles del Eco Campus UPB. Fotos: Ana Sofía Araque Panesso.

     

     

     

  • La guerra fragmentaria del ELN

     

    La guerrilla más antigua de América sostiene hoy el octavo intento de paz con el Estado colombiano. Los territorios que ocupa este grupo armado son claves para entender cómo opera y qué busca una de las organizaciones armadas más fuertes del país.

     

    Por Alejandro Zapata y Valeria Hernández / periodico.contexto@upb.edu.co

    Colaboración con el Semillero de Periodismo Urbano, orientado por el profesor Juan Esteban Mejía Upegui.

     

    El 3 de agosto de 2023 el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Gobierno firmaron el cese al fuego con más duración en la historia de los diálogos entre el Estado colombiano y dicha organización armada. Son 180 días de Cese al Fuego Bilateral Nacional y Temporal hasta el 29 de enero de 2024. De otro lado, el diálogo contempla una participación de la sociedad a través del Comité Nacional de Participación, organismo por el cual 81 voceros diseñarán y promoverán la intervención de la sociedad.

     

    Han sido seis intentos de diálogos de paz entre las dos partes, que comprometen la soberanía de cinco regiones donde el grupo guerrillero ha tenido una presencia muy variada: sur de Bolívar, Arauca, Catatumbo, Suroccidente —Cauca y Nariño— y Chocó. Acciones políticas, sociales, extorsiones, economías ilícitas, constreñimiento electoral, plantaciones de coca y la minería han marcado el relato de estas regiones bajo el control eleno.

     

    Los diálogos de paz están encaminados en ofrecer garantías y alternativas en estas cinco regiones en las que el conflicto armado ha permeado las dinámicas sociales, culturales y políticas. Para comprenderlo, Contexto le ofrece un análisis regional del accionar del ELN en cada uno de estos espacios para poder entender los retos y amenazas que enfrenta la actual mesa de negociación de paz.

     

    Los orígenes y transformaciones elenas

     

    El ELN es un grupo de extrema izquierda cimentado en el marxismo-leninismo, movimiento del siglo XIX que busca, a grandes rasgos, el empoderamiento de la clase obrera, minimizar la brecha social entre ricos y pobres y que el Estado debe ser el dueño de las industrias.

     

    << Miembros del ELN durante sus primeras acciones en 1964. Foto: Rebelion.org

     

    En un principio se consideró una organización revolucionaria y de carácter altruista, asegura Carlos Velandia, exmiembro de la Dirección Nacional del ELN y gestor de paz. Se autodenomina como una guerrilla con valores inspirados en la revolución cubana. Entre sus ideas están la justa distribución de tierras, abogar por un Estado comunista en el que se distribuyan de manera equitativa los recursos.

     

    Otra de ellas es la prioridad que asume la sociedad sobre el Estado, es decir, prevalecen más los procesos sociales en las regiones, que una ayuda estatal tardía y desorientada. Esta percepción se enlaza con la apropiación de las regiones para la defensa del territorio en temas ambientales, políticos y sociales. Por último, se destaca la postura incialmente férrea y prohibicionista en relación con las drogas, particularmente la cocaína.

     

    Sin embargo, hoy se percibe una guerrilla volcada al uso de cultivos ilícitos, en los que se incluye la coca, señala Velandia. Además de fuentes de financiación como la explotación ilegal de madera y, a lo largo de su historia, sabotajes a la red de oleoductos, que terminan en grandes daños al medioambiente.

     

    La génesis de sus líderes

     

    El libro ¿Por qué es tan difícil negociar con el ELN?, elaborado por el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), reconstruye el inicio del grupo en el Magdalena Medio y los Santanderes. Asimismo, excombatientes de otros grupos armados como el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) y el Frente Unido (FU) se incorporaron a las filas elenas.

     

    Muchos de estos ideales se encaminaron por el auge de la Revolución Cubana. Como se indica en el artículo Juventudes universitarias de izquierda. De la lucha ideológica a la violencia política, de los investigadores Alvaro Acevedo Tarazona y Juliana Villabona Ardila, de la Universidad Industrial de Santander, líderes como Fabio Vásquez Castaño, pertenecientes a diversos movimientos del Partido Comunista Colombiano, viajaron a Cuba, becados por Fidel Castro e iniciaron su actividad guerrillera en la cordillera de Escambray.

     

    A estos se sumaron estudiantes de la Universidad Industrial de Santander (UIS) y de la Asociación de Universitarios de Santander (AUDESA). Bajo el lema “Ni un paso atrás, liberación o muerte”, el Ejército de Liberación Nacional nació el 4 de julio de 1964, luego de tener su primera marcha guerrillera.

     

    Entre la sotana y el fusil

     

    A comienzos de los sesenta, la pobreza y el subdesarrollo adquirieron niveles muy altos en Colombia y América Latina, por ello, sacerdotes en varias de las ciudades con más índices de escasez, empezaron a hacer presencia a partir del trabajo con las comunidades.

     

    << El sacerdote católico Camilo Torres Restrepo tuvo una activa vida política y una corta trayectoria en las tropas del ELN. Murió en combaste contra el Ejército Nacional en Sanvicente del Chucurí, el 15 de febrero de 1966. Foto: Radio Nacional de Colombia.

     

    Mientras tanto en Colombia, las principales ciudades se habían llenado de barrios de invasión, producto de la violencia y pobreza rural. “La Revolución cubana se convirtió en ejemplo para los sectores radicales de América Latina y en Colombia, cuyos cambios sociales y económicos habían sido rápidos pero donde la política parecía congelada por el bipartidismo y un clericalismo decimonónicos, y logró simpatía de amplios sectores estudiantiles y sindicales que clamaban por cambios rápidos y profundos para resolver problemas sociales cada vez más graves”, escribió Jorge Orlando Melo en Historia mínima de Colombia.

     

    Asdrúbal Rincón, sacerdote y licenciado en Historia de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, cuenta cómo uno de los fundadores de la Teología de la Liberación, Gustavo Gutiérrez, empezó a hacer trabajo social en las favelas de Río de Janeiro. “La Teología de la Liberación consiste en liberar al pobre de las opresiones del Estado y de la pobreza”, sin embargo esta concepción se permeó de ideales de izquierda que la Iglesia católica empezó a rechazar.

     

    Por esos años, un grupo de sacerdotes creían que la única manera de liberar al pobre era por medio de la revolución. “Empezaron a mostrar imágenes de Jesús como un guerrillero, como otro Che Guevara que liberaba al pobre de los ricos y entonces algunos sacerdotes decidieron irse para el monte”, añade Rincón.

     

    Así es como nacieron grandes figuras para el ELN, que en diferentes épocas hicieron parte de la organización, como el renombrado cura bogotano Camilo Torres Restrepo.

     

    También llegaron eclesiásticos españoles que desde Europa vieron y siguieron la revolución latinoamericana. Dos de ellos, Manuel Pérez Martínez, conocido como el Cura Pérez y Domingo Laín Sáenz, contribuyeron al proceso fundacional. A los dos españoles les siguieron más clérigos, seminaristas y hasta monjas que se adhirieron al ideal del cristianismo y marxismo.

     

    El ELN acuñó el perfil de organización político militar para mezclar la lucha armada con lo político y organizacional. En una de las entrevistas al gestor de paz Carlos Velandia en el libro ¿Por qué es tan difícil negociar con el ELN? , se mencionó que el debate al interior de la organización era: “Oiga, somos una fuerza guerrillera pero aquí lo que se necesita es una fuerza política que conduzca lo armado”.

     

    Por eso mismo se empezaron a crear mecanismos políticos al interior de la organización armada como el Congreso Nacional del ELN que nace en 1986, se celebra cada 10 años y crea un espacio por el cual se conforma el perfil militar, político y financiero de la organización.

     

    En el Congreso fueron clave aquellos clérigos, estudiantes de las universidades y representantes de organizaciones campesinas que dieron paso a la Dirección Nacional, allí se eligió a 17 representantes, mientras que de este organismo se erigió el Comando Central constituido por los máximos 5 jefes de la guerrilla.

     

    ‘Las tres varitas mágicas’

     

    La idea de formar tres expresiones organizativas, en las que se incluye el Congreso Nacional, nace de las “Tres varitas mágicas” que planteaba el maoísmo y que perfeccionó el leninismo. “El Partido Comunista, cuya función era dirigir el proceso revolucionario; el Ejército Rojo, para la estrategia armada, y el Frente Político, que agrupaba a todas las fuerzas descontentas con el régimen imperante”, aseguró Otty Patiño, actual líder negociador del Gobierno, en el artículo Las tres varitas mágicas para El Tiempo.

     

    Conforme a estas tres ideas, los frentes de guerra regionales y frentes guerrilleros han consolidado un brazo fuerte para la lucha armada del ELN.

     

    Un ejemplo claro por su poderío organizacional, militar y político es el Frente de Guerra Oriental Manuel Vásquez Castaño, en el que está el Frente Domingo Laín, en Arauca donde hay cuatro frentes más, dos compañías y otras estructuras locales.

     

    De acuerdo con el libro ¿Por qué es tan difícil negociar con el ELN? El Frente de Guerra Oriental (FGO) es la estructura más activa y numerosa del ELN, e incluso ha logrado abarcar un amplio control sobre la frontera con Venezuela. Sus principales fuentes de ingresos son las extorsiones a petroleras, comerciantes y ganaderos. Además el pategrillo, combustible artesanal que sirve como químico para la cocaína y hasta cobro por flujo de migrantes. De acuerdo con la investigación, esta estructura ha utilizado a Venezuela como una fuente de ingresos y un lugar de asentamiento y refugio. Se han apoderado de varias regiones del país e incluso de las zonas fronterizas con Colombia.

     

    Gustavo Aníbal Giraldo Quinchía, conocido como ‘Pablito’ es líder del Frente de Guerra Oriental (FGO) y fue designado tercero al mando del Comando Central (COCE) en junio de 2021. Es una figura que representa las diversas posturas que existen al interior del ELN frente a la solución negociada al conflicto. Foto: Cartago TV Informe. Licencia Creative Commons.

     

    Sur de Bolívar: minería, coca y negociaciones

     

    Al ser una región rica en oro, los actores armados se han disputado el territorio para ejercer control económico de la explotación y comercialización ilícita de la minería.

     

    El medio de comunicación Rutas del Conflicto, en asocio con la Universidad del Rosario, relata la historia del grupo armado en esta región e indica que el ELN llegó a finales de 1970 y fue la primera guerrilla en arribar al Sur de Bolívar. Allí mismo surgieron los frentes Héroes, Mártires y Alfredo Gómez Quiñónez, los cuales se encargaron de regular tanto la minería, como el diario vivir de los habitantes.

     

    El portal periodístico también indica que el grupo se benefició de la producción y comercialización ilegal de cultivos de cocaína en la región. Se consolidó allí porque el Comando Central (COCE) estaba ubicado en la Serranía de San Lucas a finales de los noventa.

     

    En el año 2000, el ELN propone crear una zona de distensión para dar inicio a posibles diálogos de paz con el gobierno de Andrés Pastrana. Este proceso fracasó y la zona de encuentro fue abolida por el presidente, lo que hizo que continuaran los conflictos en la zona y se acrecentaran disputas con el paramilitarismo.

     

    Arauca, el fortín político del ELN

     

    De acuerdo con la Corporación Nuevo Arco Iris y su libro La Frontera Caliente entre Colombia y Venezuela, Arauca es el gran fortín del Eln, controla gran parte de la institucionalidad y la vida cotidiana. En 2006, este grupo tuvo la estrategia de influenciar líderes y políticos regionales en vez de tomarse el poder mediante las armas. También reemplazó las funciones estatales como la administración de justicia y recaudación de impuestos.

     

    Esto lo logró gracias a un repliegue que priorizó los espacios urbanos. Para estos años, la guerrilla se encontraba en una serie de cambios en su estructura a nivel interno. Tomó iniciativas como la fundación del Frente de Guerra Urbano Nacional (FGUN), el cual realizaba ataques terroristas de alto impacto.

     

    Mientras que el ELN controlaba las economías ilegales de la región, entró en conflicto con otros grupos armados como las FARC, aún así, algunas de estas disputas finalizaban por alianzas y negociaciones.

     

    Entre 2005 y 2010, las tensiones por la ampliación de cultivos de coca en el piedemonte aumentaron, por lo que llevó al ELN a tener una mayor presencia.

    Catatumbo: un resguardo para la guerra

     

    La región del Catatumbo está ubicada en el nororiente colombiano, en el departamento de Norte de Santander. Dicha zona limita con Venezuela, lo que hace que se convierta en un corredor estratégico entre ese país y las economías ilícitas que abundan en el territorio.

     

    “Su posición geográfica la convierte en un área supremamente estratégica por su condición de frontera y su salida al Cesar, que le permite articularse a un corredor estratégico que transcurre por el Magdalena medio y el sur de Bolívar hasta el nororiente antioqueño y el Urabá”, anota Henry Ortega Palacio, politólogo de la Universidad Javeriana en su texto Un ELN entre lo societal y militar: dinámicas y lógicas territoriales del conflicto en el Catatumbo.

     

    En términos económicos, el Catatumbo cuenta con petróleo, minerales y suelos con considerable capacidad productiva para variedad de cultivos de uso lícito e ilícito.

     

    En el Catatumbo hay un ELN que es relevante en la región. Llegó en una época en la que movimientos campesinos y estructuras sociales ya existían en el territorio y se apoyó en ellos. Con el paso del tiempo el grupo se afianzó y pudo generar vínculos con las sociedades y familias de la zona, sobre todo en la parte alta.

     

    Hoy generan una situación de dominio sobre el territorio, además someten a la gente, constriñen sus derechos y sus libertades al actuar como una fuerza de ocupación y regular la economía. Funcionan como Estado, porque el Gobierno no está, según señala Carlos Velandia.

     

    Suroccidente: entre lo social y lo político

     

    El ELN en el suroccidente (Cauca y Nariño) ha tomado una posición social y política altamente arraigada en la población. Como lo recalca Daniel Amaya, politólogo con énfasis en paz y resolución de conflictos de la Pontificia Universidad Javeriana, en su texto El frente de guerra Suroccidental: entre el arraigo social y la reconfiguración militar, la falta del Estado a nivel histórico ha hecho que las diferentes comunidades consigan amparo en el grupo armado. Asimismo, ha sido una zona en la que se ha aliado con las extintas FARC, pero también ha tenido enfrentamientos de distinta índole.

     

    Estas confrontaciones son una preocupación constante en el actual cese al fuego, pues si bien no se viola el acuerdo entre el Estado y la guerrilla, otros grupos generan zozobra en la población.

     

    Así lo anota Fredy Chaverra, politólogo con maestría en Ciencia Política. “Posiblemente puede peligrar el cese al fuego bilateral porque el ELN continúa una confrontación abierta con otros actores armados, que no necesariamente compromete a la Fuerza Pública”, dijo a Contexto. Esto complejiza el monitoreo de lo pactado entre esa guerrilla y el Gobierno.

     

    Chocó: entre desplazamientos y extractivismo

     

    Ólmer Muñoz, experto en seguridad y conflicto y profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana, dice que el grupo armado en el suroccidente del país encontró una nueva fuerza, puesto que en esa región no era robusto.

     

    En 2020, los indígenas Wounaan fueron afectados por la presencia elena en la región, debido a la guerra con el Clan del Golfo. Han sido víctimas de violencia como desplazamientos forzados, secuestros y masacres.

     

    “Son acciones típicas del ELN la extracción de minería ilegal, el secuestro y la extorsión. Además, negocian el tránsito de personas y de drogas, a pesar de que no lo ha admitido”, añadió Muñoz. El docente comenta que la mesa de diálogos en varias ocasiones ha sido saboteada por los mismos grupos del ELN, porque consideran que el gobierno no suplirá lo que ellos demandan.

     

    Antioquia: un puente de confrontaciones

     

    Esta región surge como el principal corredor entre el oriente y el occidente colombiano. Subregiones como el Bajo Cauca, el Norte y el Urabá han pertenecido a las FARC, pero, por su desmovilización, ahora varios municipios tienen presencia elena. Es una zona caracterizada por la alta minería y a su vez comparte las mayores vías para el narcotráfico, esto lleva a que los grupos armados de hoy —Clan del Golfo, disidencias de las FARC y el ELN — estén en constante lucha territorial.

     

    Germán Valencia, doctor en Estudios Políticos y profesor titular del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, apunta que el ELN en esta región combate de varias formas: “Es un nudo donde hay tres grandes actores peleándose el alma y a veces se unen entre unos para ayudarse, como las antiguas FARC, las disidencias y el ELN que se unen un poco para pelear a veces con las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) —Clan del Golfo— y ahí es donde está esa guerra”, dijo a Contexto.

     

    Apuntes para la actual mesa de negociación

     

    A partir de la instauración del Comité Nacional de Participación, Hugo Buitrago, director de la Unidad de Paz de la Universidad de Antioquia y delegado de las universidades en el Comité, señala la importancia de este organismo: “Ese es un reto enorme y fundamental porque le ha de imprimir, si logramos eso, un carácter completamente novedoso a esta negociación. No sería una negociación entre el Estado colombiano, una élite y la guerrilla del ELN, que también representa otra élite, sino que la tercera parte vinculante sería la sociedad”, explicó Buitrago.

     

    Él hace énfasis en que esta negociación no va ligada a una eventual desmovilización y desarme del ELN. “El problema de fondo es que esta negociación conduzca a un proceso que permita resolver los problemas estructurales de desigualdad, participación política, el uso y tenencia de la tierra, que son los tres grandes factores que han sido los causantes de la violencia estructural de este país”, puntualizó el vocero de las universidades.

     

    Fernán González, investigador del Cinep por más de 45 años, hace referencia a que uno de los mayores errores en los diálogos que ha sostenido el Gobierno con el ELN es “tratar de equiparar el ELN con las FARC, como si fueran un hermano menor”.

     

    Además puntualizó que en los diálogos es menester un enfoque regional que abarque las zonas afectadas por el conflicto. Buscar soluciones regionalizadas, qué representa el ELN en ellas y responder a esas necesidades locales distintas.

     

    El ELN representa solo uno de los múltiples grupos armados en el territorio colombiano y la actual mesa de negociación con dicha guerrilla es un paso más hacia la paz.

     

    El conflicto armado colombiano abarca diferentes matices y nuevas formas de accionar desde sus territorios. Por eso uno de los retos de la actual mesa de negociación es recopilar los apuntes desde la sociedad civil en las distintas regiones. Sin embargo, las propuestas que llegarán desde allí deberán compaginarse con las posturas del Gobierno.

     

    Lea también:

     

    "Antioquia en los planes del ELN", en la edición 58 del periódico Contexto

     

     

     

     

  • Los cementerios de Medellín, espacios de muerte y vida

     

    La historia de la ciudad ha estado condensada en las necrópolis, lugares que eran reflejo de la estratificación social y hoy se han convertido en espacios de inclusión.

     

    Por: Estefanía Hernández Ruiz / estefania.hernandezr@upb.edu.co

     

    Los cementerios de Medellín le han dado un nuevo significado a la muerte, un elemento que ha ido transformando su sentido paralelamente con la sociedad. Ellos son los responsables de albergar a las personas que ya pasaron por el mundo, que contribuyeron a la ciudad y hospedan a aquellos que dejaron huella en los que aún viven. Estos lugares han sobrevivido a cargar con el peso de la muerte, a ser el mayor miedo de algunas personas, los protagonistas de relatos terroríficos, pero, esencialmente, han sido los testigos de la historia paisa. Ahora, los estigmas están desapareciendo. Por esto, hoy día las necrópolis impulsan diferentes proyectos para hacer ver a la sociedad que, al contrario de lo que se ha pensado, son espacios culturales, patrimoniales y de vida.

     

    Alguna persona que camine por las calles del barrio La América puede pasar por el lado de un cementerio sin darse cuenta, pues su colorida fachada con murales es algo inusual en estos espacios. Tampoco es de extrañar que alguien se encuentre en internet con una invitación del Parque Cementerio Campos de Paz para realizar un recorrido guiado, donde se reconoce el legado de quienes descansan allí. Mucho menos se espera que un camposanto, como el San Pedro, sea un museo y dé a conocer los grandes mausoleos de figuras públicas que propulsaron el desarrollo urbano de Medellín. Así mismo se encuentra el Jardín Cementerio Universal, que surgió como un espacio de inclusión y que trabaja constantemente por reivindicar la memoria, reparar víctimas y no repetir la violencia que ha vivido la capital de Antioquia. Incluso, estas zonas de descanso eterno han dirigido charlas para discutir sobre la muerte y el duelo, ¿cuándo habían surgido conversaciones abiertas acerca de estos temas? La concepción del fin de la vida ha cambiado.

     

    “Los cementerios, esencialmente, han sido los testigos de la historia paisa”. Foto: Estefanía Hernández.

     

    La religión católica estaba profundamente arraigada en diferentes esferas y ámbitos de la vida pública de la ciudad. Medellín heredó de la colonia europea su devoción hacia el credo y sus costumbres funerarias. Así mismo, las clases sociales se diferenciaban entre alta, media y baja, la brecha entre políticos y artesanos era notoria y permanecía en el descanso eterno. La estratificación social en vez de desaparecer, prevalecía.

     

    Antes de que el rey español Carlos III ordenara por razones de salubridad, en 1787, construir los cementerios extramuros, es decir, a las afueras de la ciudad, los enterramientos tenían lugar dentro de las iglesias. Eran cementerios intramuros. Allí, las personas trataban de sentarse más cerca al altar durante las eucaristías porque luego, a quienes pudieran pagar “el derecho de asiento y sepultura”, los enterraban debajo del puesto que ocuparon en vida. Casi siempre las personas adineradas eran quienes tenían la capacidad de pagarlo y creían que les llegaba la bendición primero que al resto de asistentes. Según esa idea, rápidamente, recibirían la salvación y el perdón de sus pecados. Diego Bernal Botero es profesor de Historia en la Universidad Pontificia Bolivariana y secretario permanente de la Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales. Él explica que cuando ya no cabían más los difuntos en el templo, se realizaba “la monda”, que consistía en quitar las baldosas, cavar una fosa común más profunda y arrastrar todos los cuerpos allí.

     

    Medellín atiende a esa orden de construir cementerios extramuros 22 años después, cuando en 1809 se bendice la primera necrópolis ubicada por fuera de un templo, llamada San Benito. Así lo registra Gloria Mercedes Arango, socióloga y magister en Historia de Colombia, en su texto “Los cementerios en Medellín 1786- 1940”. Las personas tardaron en comprender que la descomposición de los cuerpos en el templo se volvía nociva para la salud y Bernal comenta que mostraron un poco de resistencia a ser inhumados fuera del lugar. La renuencia a abandonar la costumbre se evidenció en las capillas de San Juan de Dios, el Carmen y San Benito, que en 1824 continuaban enterrando difuntos. Así pues, en 1826 el congreso formuló una ley para prohibir entierros en las iglesias, pero Santander la vetó y en 1846 fue aprobada otra que ordenaba que todos los fallecidos fueran sepultados en camposantos.

    Un mito popular cuenta que estas tres imágenes del artista Vieco, ubicadas en el Cementerio Museo San Pedro salen a caminar todas las noches para dar la bienvenida a los nuevos difuntos. Foto: Estefanía Hernández.

     

    El primer cementerio privado de Medellín fue fundado en 1842 por el médico Pedro Uribe Restrepo y miembros de la élite, porque el San Lorenzo, un camposanto abierto desde 1828, no cumplía con normas sanitarias. El panteón nació bajo el nombre de San Vicente de Paúl. En 1871, fue bautizado nuevamente como San Pedro porque así se llamaba la única galería que existía en ese momento y así era distinguido por los habitantes. La guía cultural Daniela Córdoba cuenta que los fundadores lo construyeron “ornamentado, bonito y simétrico”. Aunque no era su intención inicial, el lugar pronto se posicionó entre la sociedad como “el cementerio de los ricos”. La cercanía, ya no al altar, sino a la capilla, seguía siendo esencial para los devotos. En este punto, liberales y conservadores discutían sobre quién debía llevar el mando de los sitios sagrados públicos. Los primeros, un poco más laicos, preferían a las autoridades locales y los segundos, a la iglesia. La ley de separación de relaciones iglesia-Estado de 1853 confirió a las autoridades la administración de las necrópolis. Según Arango, la iglesia recuperó el control en 1855, bajo el gobierno de Manuel María Mallarino.

    Extracción del acta de fundación donde se menciona la importancia de la salubridad para el bien general de la población.

    Foto: Estefanía Hernández.

     

    ¿Y los no católicos?

    La presencia de extranjeros que no profesaban el culto católico comenzó a ser recurrente en la ciudad. Como lo plasma el acta de fundación del San Pedro, se debía determinar un área para su sepultura pues, al morir, no tenían dónde ser inhumados con igual honra que los fieles religiosos, afirma Bernal.

     

    Arango registra que, desde 1835, el gobierno republicano autorizó la entrega de un terreno para la construcción de una necrópolis y una capilla para que los extranjeros no católicos celebraran sus propias ceremonias. Por el contrario, la diócesis determinó en 1871 que las personas de cultos distintos fueran enterradas en un espacio cercano pero diferente al camposanto, en el muladar. Era un sitio anexo al cementerio católico, ni bendito ni sagrado, destinado a los pecadores, los suicidas, los no bautizados, los herejes y todo aquel que era indigno de ser inhumado en el lugar santo. La figura del muladar era tan fuerte que, en el San Pedro, las puertas de ingreso eran separadas, una para el católico y otra para el laico, al igual que las estaciones del tranvía.

     

    En 1891, el general estadounidense Edward A. Wild muere en Medellín por una enfermedad, luego de ser convencido por su compañero de guerra, Anthony Jones, de viajar a Colombia para construir el ferrocarril de Antioquia. Como no era católico, pero sí célebre, la iglesia no lo podía enterrar en el muladar ni le podía hacer misa, entonces el San Pedro empezó a promover un sector laico para inhumar dignamente, manifiesta Bernal. El cementerio respondió a una necesidad, configuró un asunto que se venía discutiendo hacía décadas y les brindó acogida a los extranjeros que, aunque no practicaban el catolicismo, tenían derecho a ser sepultados decentemente al morir.

    Mausoleo ubicado en el Cementerio Museo San Pedro, perteneciente a la Familia Saldarriaga Duque, dueños de Pintuco.

    Foto: Estefanía Hernández.

     

    En este sentido, las clases altas podían construir un mausoleo en el San Pedro para que reposara toda su familia. De esta manera, sus apellidos relucían en la entrada del recinto y eran reconocidos por la comunidad. Al contrario, las clases bajas esperaban ser enterradas, a duras penas, en el “cementerio de los pobres”. El San Lorenzo fue apodado así por estar en “El Camellón de la Asomadera”, donde habitaban los artesanos. Por otro lado, las personas “indignas” no podían ser despedidas en ningún camposanto porque no cumplían con la doctrina religiosa. Para ellos estaban destinados los muladares, y así quedaban discriminados incluso luego de su muerte.

     

    De esta forma, los cementerios separaban ricos, pobres e indignos: después de morirse no se libraban de las clases sociales. Estas se hacían más fuertes puesto que determinaban dónde y cómo pasarían la eternidad. Por lo tanto, la muerte era concebida como un asunto de riquezas, que distinguía si las acciones en vida del difunto lo hacían digno o no y la manera de percibirla era influenciada por la religión católica.

     

    Un destello de unificación

    La construcción del cementerio parroquial de La América fue aprobada en 1898, después de que Rafael Velásquez, uno de los primeros pobladores de La Granja, como se conocía la zona en ese entonces, realizara la petición. De hecho, La Granja no era un barrio sino un corregimiento de Medellín, con fincas y jardines. Lo mismo sucedía con los terrenos donde se encuentra hoy ubicado el cementerio Universal, eran campestres y solían llamarse Rancho Largo. La finca Rancho Largo fue adquirida en 1927 por la municipalidad, cuando decidió que debía crear una necrópolis en la que todos los ciudadanos tuvieran lugar, independientemente de sus creencias o clase social.

     

    Han pasado 125 años desde que fue aprobada la construcción del cementerio parroquial de La América. Foto: Estefanía Hernández.

     

    Para estos años se empezaba a notar un cambio en el concepto de muerte. Bernal dice que, en 1930, Enrique Olaya Herrera, presidente de Colombia que perteneció al Partido Liberal, propuso dos opciones para garantizar digna sepultura a todos los ciudadanos. La primera era que los municipios construyeran su propio panteón y, la segunda, que cada municipio se pusiera de acuerdo con la iglesia para admitir a personas no católicas y eliminar el concepto de muladar. Es así como el 20 de julio de 1933, el municipio puso la primera piedra del cementerio Universal de Medellín y su diseño quedó a cargo de Pedro Nel Gómez por medio de un concurso público. Andrés Arredondo, antropólogo y encargado del tema de la memoria en el Universal, expone que este lugar se constituyó como un punto de inclusión, que recibió a todo el mundo sin distinción.

     

    Agroarte Colombia, un colectivo integrado por vecinos del barrio San Javier, registra que aún en 1939 el cementerio parroquial de La América estaba llevando a cabo sus inhumaciones en la tierra. Más tarde, en 1953, el arquitecto Gustavo Moreno Llano fue el encargado de reformar totalmente el sitio debido a que no contaba con el edificio que vemos actualmente. Así, en 1955 el camposanto fortaleció el alquiler de lotes en la comunidad.

     

    Murales del cementerio parroquial de La América. Foto:Estefanía Hernández.

     

    Hasta entonces, la iglesia católica no permitía la cremación puesto que concebía el fuego como un componente del infierno y el purgatorio, pero en el concilio vaticano II de 1962 a 1965, se flexibilizó. A propósito de la estratificación, Bernal señala que la cremación comprende, de alguna manera, un mismo ritual para ricos y pobres, por lo que es un factor unificador. Lo que difiere es lo que se hace con las cenizas. Posteriormente, el cementerio Campos de Paz fue fundado en 1969 y la Arquidiócesis lo bendijo el 31 de agosto de 1970.

     

    “Capilla La Asunción” y “El Hombre en Busca de Paz”, obras artísticas del Parque Cementerio Campos de Paz.

    Foto propia.

     

    En 1979, el cementerio Universal cayó en crisis tras un profundo deterioro debido al mal manejo administrativo y conforme estaba siendo distinguido como “el cementerio de los pobres”, el Concejo municipal decide llamarlo “Jardín Cementerio”. El Concejo tenía la finalidad de volverlo más “competitivo” y de este modo comienza a cambiar la imagen del recinto, incursionó en servicios exequiales y ratificó su posición incluyente para la ciudadanía. Pese a la nueva narrativa que adquirió el Universal, Arredondo expresa que Medellín mantuvo la concepción de que es la necrópolis de los pobres. La verdadera intención del Universal ha sido reivindicar la inclusión.

     

    “Mausoleo Ausencias que se Nombran” construido en honor a las víctimas de desaparición forzada. Foto: Estefanía Hernández.

     

    Luego, la violencia procedente del narcotráfico que invadió Medellín impuso, de alguna manera, distintas prácticas rituales que produjeron un nuevo estigma para los cementerios, que se volvían lugares peligrosos en medio del crimen. A partir de esta época, fue más necesario que antes replantear cómo se estaba concibiendo la muerte, teniendo en cuenta los procesos habituales de duelo que pasaban los habitantes de la ciudad. Por dicha criminalidad, numerosos paisas tuvieron que enterrar a sus familiares en el Universal, que registró una ola de inhumaciones en 1985 según Memorias y Patrimonio de Medellín, un programa de la Alcaldía. Pronto, el Instituto de Medicina Legal determinó que el panteón alojaría a Personas no Identificadas (PNI), por lo que se invierte en 1995 para reparar su infraestructura y se convierte en un espacio crucial en medio de la violencia.

     

    Dice Arredondo que durante esta época se crearon prejuicios y mitos acerca de prácticas clandestinas o satánicas dentro del Universal. Por lo tanto, el estigma sobre este recinto laico posiblemente aumentó y la perspectiva cambió.

     

    Entre tanto, las películas también han abierto las puertas a historias de fantasmas que espantan a medianoche, animas que cuidan el lugar y zombis que vuelven a la vida. Ellas introdujeron una tendencia hacia lo tenebroso, haciendo a los cementerios focos de terror y, posteriormente, han sido apoyadas por el turismo dark o turismo oscuro que se enfoca en sucesos de tragedia y dolor.

     

    El Jardín Cementerio Universal aloja tumbas esperando a ser nombradas, almas por ser reconocidas. Foto: Estefanía Hernández.

     

    Diferentes proyectos, mismo objetivo

    En 1998 el San Pedro se estableció como museo de sitio, un espacio para conservar el patrimonio cultural. El lugar no solo transformó su nombre a Cementerio Museo San Pedro, sino también su modo de acercarse a la gente, dándoles valor a las historias de los difuntos que aloja. Catalina Velásquez, fundadora y presidenta de la Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales, fue la gestora de la declaración del camposanto. Ella señala que empezó a construir narrativas desde diferentes saberes, para dar a conocer los múltiples relatos que tiene el recinto por contar y no ser reconocido solamente como un espacio de llanto y dolor.

     

    Asimismo, cuenta que el camposanto estaba localizado en una comuna protagonista de la guerra urbana y que sería difícil cambiarle la mirada a una ciudad en la que hubo tantas víctimas de dicha guerra. Velásquez necesitaba buscar alternativas para interpretar nuevamente los espacios de muerte. Ella se encontró con que, aparte de protegerlo, les aportó a los habitantes otras miradas sobre el dolor y la tragedia en una de las ciudades más violentas del mundo, como estaba catalogada Medellín. Desde ahí empieza el proyecto del Cementerio Museo San Pedro, que se ha destacado por las visitas guiadas, la Noche de Luna Llena y Floristeros del más allá. Estas actividades buscan transmitir a los visitantes sentido de pertenencia y el legado de antiguos habitantes. En 1999 es declarado por el Ministerio de Cultura como bien de interés cultural, y se ha constituido en un lugar que trabaja tanto para los muertos como para los vivos, al ser patrimonial, ritual y artístico.

     

    Cada mausoleo va conformando la historia del cementerio y de Medellín. Foto: Estefanía Hernández.

     

    El Centro Nacional de Memoria Histórica documenta bque la Operación Orión se llevó a cabo en el 2002, cuando fuerzas gubernamentales entraron a la Comuna 13 para capturar a supuestos colaboradores de la guerrilla. Sin embargo, hubo irregularidades y víctimas habitantes del sector. Este suceso, cercano al cementerio parroquial de La América, dejó profundas heridas en la comunidad, al igual que otras operaciones que tuvieron lugar allí. Por un aumento en la cantidad de fallecidos, el panteón requirió una ampliación en el 2005. De esta manera, Agroarte Colombia vio la necesidad de transformarlo en un sitio de memoria y esclarecimiento para las víctimas por medio de actividades que formen sentido de pertenencia, dando paso a Galería Viva.

     

    Esta iniciativa “ha logrado cambiar el paradigma del terror, el rencor, y el miedo como principal factor de desarticulación comunitaria”. Así lo exponen las placas ubicadas en el cementerio que resumen el propósito de Galería Viva. La Red Territorial de Memorias de la Comuna 13 también ha participado junto a Agroarte en esta labor de reconocer vivencias pasadas para empoderar a la comunidad y buscar la verdad para curar las heridas. Luis Fernando Álvarez, “AKA”, líder en el proceso de Galería Viva, apunta que no quieren que el lugar sea revictimizante, sino que junte a la gente del territorio y refleje lo que pasa en la ciudad. El colectivo ha llevado a cabo actividades en el recinto centradas en la gestión del dolor por medio de las plantas y el arte, por lo que el camposanto está rodeado de naturaleza y murales. El “AKA” explica que todo fue un proceso, empezaron sembrando 200 botellas en la fachada con algunos rostros de víctimas y cada actividad la han relacionado con lo religioso debido a que el cementerio es parroquial. En una ocasión, los vecinos les pidieron pintar a un sepulturero que se accidentó y falleció, lo cual les permitió empezar a realizar representaciones artísticas dentro del sitio y ganarse el cariño de la comunidad. A partir de eso, la organización ha usado el arte y la agricultura para contribuir, desde el camposanto, al acompañamiento del duelo, la memoria y la reconstrucción de la verdad.

     

    “Esta es una pintura frente al tema de los duelos compartidos, sobre una colcha de retazos” -AKA. Colectivo AgroArte. Foto:Estefanía Hernández.

     

    Por su lado, el Jardín Cementerio Universal cumplió 90 años en julio de 2023. Desde que nació, empezó a transformar el significado de la muerte, tratando de erradicar las discriminaciones por raza, credo o clase social. Tal como lo afirma Andrés Arredondo, el Universal se ha convertido en un lugar significativo para la lucha contra la desaparición forzada y el olvido. En este sentido, la Unidad Municipal de Atención y Reparación a Víctimas del Conflicto Armado planteó en 2010, la construcción de un espacio de reparación simbólica para las víctimas sin identificar y desaparecidas. En el 2016, la Fiscalía General de la Nación y el Instituto de Medicina Legal empezaron a buscar personas no identificadas (PNI) que podrían estar inhumadas allí y en el 2017 fue fundado el mausoleo “Ausencias que se nombran”. El panteón fue concebido gracias a la lucha de las víctimas y, según Arredondo, fue destinado para inhumar las personas víctimas de desaparición forzada que fueron plenamente identificadas, reivindicando su nombre, su memoria y su identidad. El Jardín Cementerio Universal, ideal para avistar aves, ha acogido a difuntos que no les permitieron el ingreso a otras necrópolis por alguna condición y ha sido un colaborador clave en la reconstrucción de la memoria paisa.

     

    Cartel en pro de la verdad ubicado en el Jardín Cementerio Universal. Foto: Estefanía Hernández.

     

    El Parque Cementerio Campos de Paz no se quedó atrás, pues desde el 2022 está llevando a cabo el proyecto In Memoriam, liderado por Diego Bernal y el grupo de investigación “Ni ángeles, ni perros”. Dicho proyecto consiste en una constante investigación histórica donde revisan la colección funeraria, hacen perfiles históricos de las personas inhumadas allí y realizan recorridos abiertos y gratuitos. La idea es que los ciudadanos se acerquen al camposanto y se quiten los estigmas de la muerte. Los coordinadores de esta iniciativa realizan cada mes un trayecto con diferentes temáticas. Por ejemplo, en marzo tuvo lugar “Entre sueños y pasiones: mujeres, un recorrido por sus vidas y legados”. En abril, el recorrido fue sobre “Glorias del deporte: disciplina, sacrificios y logros que nos inspiran”. De esta forma, han empezado a activar el patrimonio y a darle espacio a las historias que han pasado por la ciudad, que yacen en el Parque Cementerio y que dejaron legado en sus seres queridos. Además, realizan talleres, grupos de apoyo, conversatorios, e incluso, cine foros, centrados en acompañamiento al duelo, donde cada actividad es guiada por psicólogos y especialistas que orientan a la comunidad.

     

    “Entre sueños y pasiones: mujeres, un recorrido por sus vidas y legados” en el Parque Cementerio Campos de Paz. Foto: cortesía.

     

    Así tuvo paso el renacimiento de la muerte en los cementerios, que empezaron a trabajar por reactivar el patrimonio, construir la memoria, acompañar el duelo, y mostrar la vida que puede dejar la muerte. Dichos sitios han ido más allá de lo que se ha entendido como el fin de la vida y aunque empezaron siendo la ciudad de los difuntos, hoy en día son un espacio también para los vivos. Son un recinto para quienes quedan afrontando el duelo, los que quieren aprender más de su territorio y honrar a los que han sido víctimas de la violencia que ha vivido Medellín. Además, son lugares que cada día esperan a ser visitados para mostrar la historia de la ciudad, sus errores y el pasado que no se debe repetir. También evocan el presente, dan cuenta de qué está sucediendo en la ciudad, cómo se están reparando actualmente a los habitantes y qué se está haciendo para sanar las heridas que han estado abiertas por algunos años. El futuro está instaurado en el trabajo que realizan estos sitios persistentemente para no olvidar la historia y para que cada generación se proyecte con base en las que reposan en los panteones de la ciudad. Son el pasado, el presente y el futuro. Hoy en día, los cementerios de Medellín son lugares llenos de vida.

     

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    Investigación periodística realizada desde el Semillero de Periodismo Urbano, bajo la orientación del profesor Juan Esteban Mejía Upegui.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • El café café

    Federico Hoyos Gutiérrez y Maria José Ánjel Cantero

    “Nadie duda que el honor no se deba en parte a la feliz revolución del tiempo, al gran hecho que creó nuevas costumbres y modificó incluso los temperamentos: el advenimiento del café”.
    Jules Michelet

     

     

    El sol centellea, hace un calor como aquel que le derritió los sesos a Don Quijote. Velos de nubes pintan el cielo. Los cerros se miran unos a otros en la lejanía. La camioneta de José Fernando Montoya Ortega serpentea por una carretera destapada y levanta polvaredas a su paso mientras sube por el lomo de la montaña con destino a su finca. No hay barandas, el campero anda al borde del precipicio. En algunos tramos del camino los árboles forman túneles fantasmagóricos.

     

    Al mirar hacia abajo se ven los meandros de la quebrada Sinifaná. El horizonte se desequilibra con la cima puntiaguda del cerro Tusa, aquella que inspiró el logo de la Federación Nacional de Cafeteros; también con el Cerro Plateado, tutelar de Salgar; el Cerro Bravo, de Fredonia y la Piedra Pelona, de Amagá, municipio donde queda la finca de José Fernando: se llama La Dorada.

     

    La finca está a 1830 metros sobre el nivel del mar, en la vereda Pueblito de San José. Una casa artesanal, hecha con pilares de guadua y techo de caña brava, en medio de un lote de catorce hectáreas, seis de ellas pobladas por un bosque protegido, abundante de guayacanes, piñones, cerezos, guaduales, nogales, ciruelos, y un sembrado de platanales. José parquea su camioneta y apaga el motor. Se escucha el canto de los pájaros, el relincho de los caballos, el graznido de los gansos y el cacareo de las gallinas.

     

    Los vientos silbantes se cruzan y generan cambios de temperatura. Unos vienen del Cauca; otros, de la cuenca de la quebrada Sinifaná y del Alto de Minas. Aquí son veraniegos los días y otoñales las noches.

     

    El clima nunca ha sido de fiar. Cada vez son más frecuentes las procesiones de nubes que dejan su impronta con lluvias y rocíos en los cafetos: los protagonistas de la finca. Están esparcidos alrededor, en la ladera de la montaña. Son tantos que contarlos resulta imposible, ubicados a diferentes alturas; unos a 1800 metros, y los de más abajo, a 1500.

     

    Caminante se hace camino al andar

     

    Después de desayunar chocolate, huevos revueltos y arepa, José Fernando inicia el recorrido por los senderos laberínticos entre cafetales. Lleva puesto un sombrero y camina con bastón de alpinista mientras explica los secretos del café. Lo acompañan dos perros: Vida y Alegría. Los caninos olfatean el suelo como si estuvieran leyendo un pergamino.

     

    Los cafetales están en una pendiente inclinada, semejante a una pared. El sendero es del ancho de los pies y las piedras traviesas obligan a caminar con lentitud. En las orillas de la senda se siembra vetiver, una planta con raíces profundas que amarran la tierra y evitan la erosión de la misma, además de liberar un olor agradable que coloniza el lugar. Las gotas de sudor comienzan a perlar el rostro y los mosquitos aparecen.

     

    Caminante se hace camino al andar, canturrea José. Tiene ojos color miel, pelo blanco y manos arrugadas como la corteza de un árbol. Su cuerpo habla con gestos acompasados para no incomodar al viento. Es sociólogo de profesión y caficultor por afición. Ejerció la docencia por más de cuarenta años y ocupó durante dos periodos la vicerrectoría académica de la Universidad Pontificia Bolivariana: de 1984 a 1992 y nuevamente entre 2005 y 2010. Se jubiló hace siete años y ahora se dedica completamente a la caficultura, obsesión que comparte con su esposa Blanca Ochoa, de quien sobresalen unas cuantas canas perdidas entre sus castaños cabellos.

     

    El café comienza su andadura con el mimo del germinador. Lo primero es el chapoleo, el sembrado de las semillas de café en bolsas con tierra abonada. Por tratarse de una planta muy delicada, hay que cultivar la chapola —nombre que recibe el cafeto cuando tiene pocos meses de crecimiento— cuando no sea época de sequía intensa. Las chapolas son dispuestas durante cuatro meses en una almaciguera, espacio pequeño donde las semillas adquieren las condiciones óptimas para su crecimiento, hasta alcanzar el tamaño apropiado para ser trasladadas al lugar definitivo donde se desea plantar el café.

     

    “Sólo las que tengan la raíz derechita y que no vayan a tener quebrados ni nada se pasan al germinador. Y el germinador con un palo y un ahoyador las va sembrando, les pone tierra y sombra”, cuenta Luis Gonzalo Mejía, ingeniero civil y caficultor aficionado.

     

    Finca La Dorada, ubicada en el municipio antioqueño de Amagá. Foto: Federico Hoyos

     

    “La tierra da comida y paciencia”

     

    Juan Carlos Rojas Gómez es uno de los veinte recolectores de La Dorada. Sobre la espalda carga el sol y en la cintura un canasto. Su rostro está bronceado como una nuez. Viste de gorra, camisa de rayas, bluyines y botas de caucho. Mira con una sonrisa que hace centellear fugazmente el blanco de sus ojos. Trabaja de seis de la mañana a cuatro de la tarde. Bebe un café antes de empezar la jornada. Al despuntar el día toma la taza, como si tomara una parte del alba.

     

    Sus ojos y sus manos solo piensan en esos surcos donde ostentan los cafetos en coro, con sus flores blancas olor a jazmín y hojas verde oscuras, tan brillantes como si las aceitaran de noche. Cafetos o cafetales: esos árboles donde nacen frutos verdes que trabajan en silencio, absorbiendo la humedad y los olores del campo. Tardan alrededor de ocho meses en madurar, se vuelven rojos y adquieren el tamaño de una cereza.

     

    Dentro de esos frutos se contienen los granos diminutos del café crudo, la materia prima para elaborar esa bebida negra que cuenta con más de novecientas sustancias químicas, entre ellas la cafeína: aquella que despierta la mente, restaura el espíritu e incita a la conversación.

     

    No todos los granos maduran al mismo tiempo. Hay que recogerlos manualmente, uno a uno, sin lastimar las ramas. Juan desviste los cafetales con la rapidez de un relámpago. Desgrana el árbol como tocando un arpa. Cada una de las falanges de sus manos parece tener un cerebro propio para identificar las pepas maduras y dejar las verdes tranquilas, hasta que llegue el momento de su recolección. “La tierra da comida y paciencia”, asevera este caficultor de 39 años, de los cuales ha dedicado más de la mitad al campo.

     

     

     

    << Juan Carlos Rojas, caficultor de la finca La Dorada.

    Foto: Federico Hoyos – María José Ánjel.

     

    ¿Quién es un caficultor?

     

    Según la Federación Nacional de Cafeteros, es aquel que posee un área de tierra igual o superior a media hectárea y que, además, tiene como mínimo 1.500 árboles de café sembrados en ese terreno.

     

    Las personas que cumplen con estas dos condiciones reciben una cédula cafetera, es decir, un documento de identificación gremial y de transacciones bancarias. Cuando la persona no cumple con esas condiciones, tiene derecho a una tarjeta cafetera que también le permite acceder en igualdad de condiciones a todos los servicios de la Federación. La única diferencia es la restricción de no poder elegir ni ser elegida en los cargos representativos de los diferentes comités municipales, departamentales y nacionales asociados a la FNC.

     

     

    No todos son iguales

     

    El antropólogo Pompeyo José Parada Sanabria, en una de sus investigaciones para la Revista Colombiana de Sociología, establece cinco perfiles de caficultores colombianos. Existen, por ejemplo, los pequeños propietarios, en quienes “predomina una estructura de la propiedad compuesta esencialmente por el minifundio y son altamente dependientes del trabajo manual y familiar”. Este grupo concentra el 95% del total de caficultores del país.

     

    También se encuentran los jornaleros, quienes no son necesariamente caficultores, sino que en épocas de cosecha “venden su fuerza de trabajo a vecinos o fincas cafeteras de mayor tamaño para solventar, subsanar y asegurar gastos familiares”.

     

    Otro perfil son los recolectores urbanos, quienes habitan en las cabeceras municipales y centros poblados. “Su trabajo es complementario a las actividades y aspiraciones del habitante urbano”. Estas personas asumen la recolección de café como una alternativa para huir al fantasma del desempleo citadino.

     

    Existen los llamados “caucanos”, procedentes de los departamentos del sur del país. “Su traslado a las zonas cafeteras centrales está dado en función de una estrategia de ahorro que les permita invertir su salario en las pequeñas fincas que poseen. Su trabajo y rendimiento es apetecido y valorado en las fincas cafeteras”.

     

    Finalmente están los andariegos: “una población flotante que se mueve de región en región, de municipio en municipio, generalmente a la caza de cosechas y oportunidades de trabajo”. Estas personas no tienen contrato de trabajo, ni seguridad social ni cuentas bancarias. Pactan con la palabra, sobreviven al día y su patrimonio cabe en un morral.

     

     

     

    Vista del Cerro Tusa, inspiración del logo de la Federación Nacional de Cafeteros.

    Foto: Federico Gutiérrez, María José Ánjel Cantero >>

     

     

    Los enemigos del café

     

    Mucho se huele y se degusta el café, poco se sabe de aquellas manos que se lastiman para recogerlo. Uno de los enemigos de los recolectores son las orugas peluche, también conocidas como gusanos pollo. Blancas como motas de algodón, las orugas peluche dejan de ser bellas cuando pican.

     

    Los cafetos les tienen pavor a los hongos de la roya. Por eso la genética los ha hecho resistentes a ellos. También temen a la broca, un insecto que horada las semillas y se cría en las cerezas caídas. Esa plaga es culpable de la desaparición de miles de hectáreas de cafetales en Colombia, especialmente en tiempos secos.

     

    Por eso un caficultor no solo debe saber de café, sino que también debe cuidar de sus árboles como si fueran sus propios hijos. Para ello realiza tareas como la poda, fertilización y control de plagas y así mantiene la salud de los cafetos. “Si sabemos una sola cosa, nos estancamos”, dice Eduardo Granados Tangarife, otro de los recolectores de La Dorada, de 52 años y piel tostada, como los granos que se producen en la finca.

     

    El canasto que Juan Carlos lleva atado a su cintura se llena con 12 kilos. Cuando el balde está repleto, procede a depositar los granos cosechados en un costal de fique. En épocas de cosecha Juan puede recoger hasta 250 kilos en un día, mientras que en épocas normales recolecta entre 50 y 70 kilos, aproximadamente.

     

    La producción cafetera en Colombia tiene dos ciclos al año. La cosecha principal corresponde a los meses entre septiembre y diciembre, y la llamada “mitaca” o “traviesa”, de menor producción, se da entre abril y junio.

     

    José Fernando explica que cuando un caficultor de su finca cosecha más de 50 kilos diarios, se le pagan mil pesos por kilo recolectado, mientras que si recoge menos de esa cantidad, se le paga un salario de 47 mil pesos por jornada.

     

     

    << Eduardo Granados Tangarife, caficultor de La Dorada. Foto: Federico Gutiérrez, María José Ánjel C.

     

    Rentabilidad en declive

     

    El café es un commodity, es decir, una materia prima como el acero, el cobre o el petróleo. En 1989 se acabó el Pacto Internacional del Café, un acuerdo de cooperación entre los países productores firmado en 1962 para limitar la producción y estabilizar los mercados. A partir del 89, el café se cotiza en la bolsa de valores de Nueva York, generando una volatilidad en los precios que, sumada a los efectos del cambio climático, se convierte en un dolor de cabeza para los productores.

     

    De acuerdo con la Organización Internacional del Café (OIC), en el mundo hay 25 millones de productores y 125 millones de personas que dependen directa o indirectamente de este. Latinoamérica es la cuna del café al producir el 70% del total mundial.

     

    Pese a que Colombia es el tercer productor en el mundo, después de Brasil y Vietnam, la industria cafetera dejó de ser la espina dorsal del desarrollo económico nacional. Nuestro país tiene 590 municipios cultivadores de café. Se calcula que de esta actividad dependen cerca de 560.000 familias. Esta industria representa el 15% del PIB agropecuario y demanda alrededor de 2.5 millones de empleos directos e indirectos, según el Ministerio de Agricultura.

     

    La mayor parte de los cultivadores “representan más de un cuarto de la población rural en Colombia, se ubican a lo largo y ancho del territorio nacional, desde la frontera con el Ecuador en Nariño hasta las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta, con presencia de cultivos del grano en 22 departamentos sumando en estos un total de 877.143 hectáreas cultivadas y distribuidas en aproximadas 664.062 fincas”; afirma el sociólogo William David Martínez Chimbi, en un artículo de investigación para la Universidad Externado.

     

    Los caficultores colombianos están agremiados a través de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC). Cada libra exportada aporta seis centavos de dólar que son destinados al Fondo Nacional del Café, una cuenta parafiscal administrada por la FNC. Estos recursos se invierten en procesos de investigación científica, extensión agropecuaria, desarrollo social, promoción del café colombiano y garantía de compra para garantizar un mayor margen de ganancias para los recolectores.

     

    Antioquia representa el 15% de la producción nacional. De sus 125 municipios, 94 son cultivadores y el valor de su cosecha representa 1,3 billones de pesos anuales. En el departamento existen cuatro cooperativas de caficultores, entidades con patrimonio y personería jurídica que, bajo el patrocinio de la FNC, ofrecen los programas de beneficio social a los caficultores asociados. Entre ellas está la la Cooperativa de Caficultores de Antioquia, a la cual pertenecen José Fernando y los empleados de su finca. “La unión hace la fuerza”, afirma.

     

    José Fernando Montoya Ortega, entre los caminos laberínticos de La Dorada. Foto: Federico Hoyos Gutiérrez – María José Ánjel Cantero.

     

    Un paso a la vez

     

    Después de tres horas y cuatro kilómetros recorridos entre los cafetos de La Dorada, el cuerpo suda a mares, la sangre late en los oídos y se entrecorta la respiración. “La clave es un paso a la vez. Quién no afronta la dificultad nunca podrá encontrar la felicidad”, dice José Fernando. Al levantar la mirada aparece, coqueta, la fachada de la finca como un premio al esfuerzo del caminante.

     

    Montoya suspira. Ha vuelto a casa. Se refugia en los brazos de Blanca. “Uno se muere, pero no se siente”, bromea. Es momento de restaurar el estómago. El almuerzo es sopa de verduras, acompañada de pollo a la plancha, arroz, plátano maduro y ensalada. Para calmar la sed, una cerveza con una corona de espuma, servida en un vaso de cristal.

     

    Del cafeto a la taza

     

    La época de los arrieros y las mulas quedó cubierta por el polvo del olvido. Ahora los costales de café llegan a la finca gracias a la garrucha, un sistema de transporte con un mecanismo de cuerdas de acero con extensión de 400 metros que, con ayuda de poleas, es capaz de llevar hasta 120 kilos de carga por trayecto sobre la ladera.

     

    Los granos son depositados en una máquina despulpadora que les quita la cáscara rojiza, desprendiéndolos de la mitad de su peso. La pulpa, rica en antioxidantes, minerales, proteínas y fibra, se utiliza como abono para la huerta de la finca.

     

    Los granos despulpados se dejan fermentar durante 24 horas en un tanque. Luego se lavan en un canal de correteo, donde se clasifican y seleccionan los granos de acuerdo a su peso. Se separan los de óptima calidad y los de segunda, a los que se les conoce como pasilla. Los granos finos son más densos y se quedan en el fondo del canal de correteo, mientras que los de menor calidad permanecen en la superficie. A los primeros se les conoce como café excelso, porque son almendras que cuentan con todos los atributos físicos y sensoriales (y son dignos de exportación).

     

    Los granos selectos se secan a una temperatura de 40 ºC. Luego se procede a la trilla, proceso industrial en el cual se le retira la cáscara al café pergamino, convirtiéndolo en café verde.

     

    Los granos verdes se tuestan a 180 ºC. Con la complicidad del calor, el café se vuelve café, se altera su composición química y se despiertan una pirotecnia de sabores y aromas, entre ellas las más de 55 sustancias volátiles que hacen que, servido en la taza, su olor colonice las narices de quienes lo consumen.

     

    Finalmente, llega el momento del empaquetado. El café de La Dorada se vende en envolturas de color oro. Tiene un sabor de cuerpo balanceado, con notas frutales, florales y cacao.

     

    De cada saco exportado se destinan seis centavos de dólar para financiar el Fondo Nacional del Café. Foto: Federico Hoyos – María José Ánjel C.

     

    Una biografía del café

     

    Decía Umberto Eco que las palabras son signos, y que estas son a su vez signos de signos. Café es la palabra para designar un lugar, una fruta y una bebida, la más consumida universalmente después del agua.

     

    Según la Organización Internacional del Café, diariamente se consumen alrededor de 2.500 millones de tazas de ese líquido oscuro que, en palabras de José Martí, “es jugo rico, fuego suave, sin llama y sin ardor, aviva y acelera toda la ágil sangre de mis venas. Tiene un misterioso comercio con el alma; dispone los miembros a la batalla y a la carrera; limpia de humanidad el espíritu; aguza y adereza las potencias”.

     

    Esta bebida tiene sus orígenes en Etiopía, entre los siglos XII y XIII. La tribu nómada de los Kaffa dejaba a su paso plantaciones de café. En los monasterios islámicos los monjes sufíes se percataron de que sus cabras comenzaban a saltar después de comerse las cerezas de los cafetos.

     

    Los monjes empezaron a hacer ensayos con las frutas. Las tostaban, las molían y mezclaban con miel. Como si fueran tocados por la magia, se les aceleraba el corazón, empezaban a ver cosas, el cerebro se les ponía lúcido y se sentían más jóvenes que nunca. Así que los monjes comenzaron a beber infusiones durante las oraciones de madrugada.

     

    El café pasó de Etiopía a Yemen, de ahí a Egipto y en 1554 llegó a Constantinopla. Se dice que en la capital del Imperio turco los imanes (equivalente del islam a los sacerdotes cristianos) se enojaban porque muchos fieles dejaban de ir a rezar a las mezquitas por quedarse tomando tinto.

     

    Esta bebida tiene propiedades terapéuticas, entre ellas la detención de la salida de lágrimas. Homero lo sabía muy bien cuando escribió La Odisea. En el Canto IV, Helena de Troya toma café para no llorar ante la muerte de Ulises.

     

    El filósofo y galeno árabe Avicena (980-1037), llamado “el príncipe de los médicos” y considerado como uno de los más sabios de Oriente, introdujo el café en el segundo libro del Canon de Medicina, describiéndolo como una sustancia vegetal a la que llamó bunchum. Fue el primero en referirse a ella como un estimulante y por ello la recomendó especialmente a los militares y a los hombres pensantes.

     

    Una de las leyendas recogidas por sir Thomas Herbert, viajero inglés del siglo XVII, en su obra Relación de algunos viajes por diversas partes de Asia y África, cuenta que el arcángel Gabriel era un cafetero celestial. Un día en el que el profeta Mahoma se encontraba terriblemente cansado, se le apareció este ángel y le hizo tomar una bebida negra que expulsaba un humo serpenteante, la cual le ayudó al profeta a recobrar fuerzas para seguir escribiendo los versos del Corán.

     

    En el mundo católico muchos enemigos del café escribían cartas al papa Clemente VIII pidiéndole que prohibiera esta bebida de musulmanes, es decir, de infieles. Santiago Lascasas Monreal en el libro Biografía del café dice que el sumo pontífice se negó tajantemente, declarando que “sería una pena privar a los cristianos de una bebida tan deliciosa”.

     

    “La afición al café de algunos papas fue muy grande, hasta tal punto que en 1740, Benedicto XIV se hizo construir un café de estilo inglés en los jardines del Palacio del Quirinal, lugar donde se refugiaba para descansar de sus obligaciones”, escribe Lascasas Monreal.

     

    Otro amante del tinto fue el compositor alemán Ludwig van Beethoven, quien tenía la impajaritable costumbre de prepararlo él mismo, sin confiarle a ningún criado esta tarea. Dicen que utilizaba 60 granos por taza, los cuales contaba y recontaba muchas veces.

     

    En 1683, tropas del ejército turco-otomano sitiaron la ciudad de Viena. Al retirarse, los invasores dejaron al olvido un enorme cargamento de café. Un espía polaco al servicio de los austríacos, llamado Kolschizky, descubrió el cargamento y como pago por sus servicios le permitieron quedárselo. Kolschizky había vivido en Turquía y conocía de primera mano los secretos de esta bebida. Ni corto ni perezoso, aprovechó su descubrimiento para fundar uno de los primeros establecimientos de café en la capital austríaca, llamado Zur Blauden Flasche (La Botella Azul).

     

    Según Lascasas, “Kolschizky modificó la forma turca de saborear el café endulzándolo con miel y colándolo para evitar que los posos aparecieran en la taza, además de añadirle leche. También se le atribuye la invención del cruasán al haber encargado a un panadero que le hiciera un dulce con la forma de la media luna turca, es decir el «cuarto creciente» o croissant en francés.”.

     

    El café llegó por barco. Primero, al puerto de Venecia en el siglo XVII, y desde ahí a todos los rincones del Viejo Continente, hasta desembarcar en América hacia el siglo XVII gracias a los holandeses, quienes no querían depender más del comercio de los árabes. Ellos lo introdujeron en el territorio que hoy es Surinam y serían los franceses y españoles quienes a principios del siglo XVIII lo expandieron por Brasil y Colombia.

     

    El matrimonio entre Colombia y el café tiene 300 años de historia, cuando los misioneros jesuitas trajeron las primeras matas en el siglo XVIII. Cuenta la leyenda –leída en la página web de la FNC– que el aumento de producción de café en estas tierras se remonta a 1834, “gracias al sacerdote jesuita Francisco Romero en un pueblo de Norte de Santander llamado Salazar de las Palmas. Cuando sus fieles se confesaban, el sacerdote les imponía como penitencia para redimir sus culpas, sembrar café”.

     

    En 1835 ya se exportaban desde la aduana de Cúcuta los primeros sacos producidos en el oriente del país y para 1850 la caficultura se expandió a departamentos como Cundinamarca, Antioquia y Caldas.

     

    Lo que fue será

     

    En La Dorada el cielo se pinta con el declinar de los colores que desequilibran el día y se rinden ante la noche. Decía Manuel Mejía Vallejo que el futuro es un regreso, porque seremos lo que hemos sido. El café siempre será café.

     

    Un paseo por La Dorada

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    Infografía: Federico Hoyos Gutiérrez – María José Ánjel Cantero