Categoría: Rostros

  • EL JUNÍN DE LOS FLORISTAS

     

    – Estoy triste.

    – Parece que estamos tristes.

    – De verdad.

    – ¿Cómo cuánto?

    – Mucho.

    – Veinte centavos por tu tristeza.

    – Vale más.

    – ¿Podría vivir en ella?

    – Y hacer una gran urbanización.

    – Veinte, ni un centavo más.

    – Es tuya.

    – ¿Ves cómo todo puede conseguirse con dinero?

    – ¿Tienes mucho dinero?

    – Puedo conseguir grandes extensiones de tristeza.

     

    Las muertes ajenas, Manuel Mejía Vallejo

     

     

     

    Las abejas y avispas rondan las casetas como guardianas de las flores y esos aromas se mezclan con el olor de la fruta de carreta, el sudor de quienes pasan y los locales que emanan el aroma del pollo y el pan. Ante el fuerte sol algunas flores que empezaron la mañana no sobreviven la jornada. En la tarde huele a flores muertas.

     

    Ni la Alicia de Lewis Carroll vio en el jardín de las maravillas las bellezas de Junín: Astromelias, Rosas, Girasoles, Margaritas, Lirios, Claveles, Aves del paraíso, follaje, Heliconias, Pinochos, Cartuchos y Agapantos. Este pasaje recibió su nombre en honor a la batalla del 6 de agosto de 1824 donde Perú consiguió su libertad ante los españoles. La carrera 49 reviste de flores su centro, desde La Playa hasta Caracas se ubican pequeños locales dedicados a la venta de ramilletes y ramos.

     

    Los floristas parecen suspendidos en el tiempo; sus movimientos son lentos y discretos, así debe ser el trato para las delicadas damas que reposan en grandes contenedores de agua. Cuatro de los hombres que consagran sus días a esperar compradores llevan en el oficio varias décadas y otros heredaron la labor de unos padres dedicados a la fugaz belleza de las flores. Estos personajes son quienes han forjado la imagen de la ciudad florecida de otros tiempos, de una Medellín ahora lejana.

     

    Alrededor de los años 60 la Secretaría de Comercio y Turismo trajo a campesinos de los corregimientos de Santa Elena y San Cristóbal para ubicarlos en pequeños quioscos situados en Junín; al inicio estaban desde La Playa a Maracaibo y luego se extendió hasta Caracas. Como el caso de los esposos Maria Clementina Grajales, florista, y Juan Francisco Osorio, transportador de flores; tenían su finca en Santa Elena y decidieron tomar la oportunidad para mejorar sus ingresos.

     

    Ambos criaron a cinco hijos a punta de flores; enseñaron el cuidado y la delicadeza de estas plantas. Ahora es su hijo, Gabriel Jaime Osorio Grajales, un hombre de voz resonante y rostro pulido, quien releva a su madre. Tras algunos quebrantos de salud Maria Clementina falleció en el año 2000 y en 2016 Juan Francisco, ahora con 91 años, dejó de conducir el camión.

     

    De esa migración también participó Jesús Alberto Monsalve Ortiz proveniente de San Cristóbal, un hombre de voz grave, ojos pequeños y piel morena. Hace 46 años está ahí, en el mismo sitio. Su local es el primero en sentido sur-norte, está a un costado del edificio Coltejer. Su día comienza muy temprano: a las 4 a.m. está en la Placita de Flores para surtir. Ese centro de acopio lo vio crecer, pues desde niño iba a ver cómo las cortaban, qué le echaban al agua para conservarlas… así, entre ensayo y error comprendió la técnica que le daría el sustento de su familia por 46 años y contando.

     

    Durante la segunda mitad del siglo XX los sitios más exclusivos de la zona eran el Teatro Junín, el Hotel Europa y el Club Unión, así que la clase alta de Medellín se paseaba entre las tiendas, tomaban café o se sentaban para encontrarse con los amigos, en fin, venían a juniniar. Los jóvenes obsequiaban flores a la joven pretendida, el hombre halagaba a la esposa amada o a la dulce hermana y todos hacían el gasto por la madre adorada; era un presente de gran valor sentimental.

     

    En 1967 se demolió del Teatro Junín para dar paso al edificio Coltejer. Ese fue el inicio de un cataclismo cultural para el centro de la ciudad. Gabriel Jaime rodeado de bullicio, de apariencia impecable y con el más puro indignamiento dice: “el teatro Junín lo cambiaron por un mamotreto, era un emblema cultural, artístico y arquitectónico, ¿cómo cambian una joya por un mamotreto?”. Con nostalgia recuerda lo distinto que fue Junín, sus ojos revelan los recuerdos de un joven que veía el mundo cambiar de manera estrepitosa. Él culpa a los grandes poderes de la época y la corrupción de las administraciones pasadas.

     

    A pesar de las peripecias los floristas han seguido de pie. Rodrigo de Jesús Hernández, de 77 años, también ha hecho un relevo generacional ya que trabaja con su hija, se rotan los turnos para que la jornada no le quede muy pesada a Rodrigo; él insiste en trabajar: “toda mi vida ha sido con flores y no me cambio por nada; con esto crie mi familia, los trece hijos, y no solo cuando las cultivaba en Santa Elena sino vendiéndolas aquí”, dice con orgullo.

     

    Tras la construcción de San Diego, el primer centro comercial de Medellín, en 1972, algunas de las tiendas del pasaje se trasladaron y, desde luego, muchos clientes fueron tras ellas. Ese mismo auge del comercio aumentó la ambición de los mandatarios y de los intereses privados, ante ello Junín y el centro no volvieron a ser los mismos; el dinero avasalló la cultura.

     

    ***

    A las 10:00 a.m. el sol es tibio y generoso, se aspira un bouquet exquisito, parece transcurrir con la ligereza del inicio de la semana, además, va al ritmo del tango, Gardel suena en el equipo de un vendedor de CDS (…) Por una cabeza, todas las locuras, su boca que besa, borra la tristeza, calma la amargura…

     

    Heriberto de Jesús Grajales Grisales lleva 27 años en su puesto, estuvo rodeado de flores desde su nacimiento debido a que sus padres las cultivaban en Santa Elena y las vendían en la antigua Plaza Cisneros, luego de cerrar llegaron a la Placita de Flores. El hombre cree que la peatonalización de Junín no ha sido muy efectiva: “se pasan carros, motos, bicicletas y por eso se dañan las losas del piso, por eso lo van a volver a intervenir y eso sí lo afecta a uno, afecta las ventas”, afirma.

     

    Este era un sitio de acogida y encuentro, ahora solo es un lugar de paso. Las voces de estos hombres coinciden; el dinero ya no alcanza para los gastos y día tras día es más complicado llegar al mínimo de ventas. Gabriel Jaime, con el sol en su blanca cabellera dice con resignación y esperanza: “es lo que sabemos hacer y tenemos que persistir a pesar de las circunstancias”.

     

    El calor de la tarde sofoca y cambia el ánimo de los transeúntes, se pisan los talones en buscan de sombra congestionándose a los costados y así, en esa rutina, va terminado un día más en Junín. La ciudad, aquella Medellín innovadora no creció al ritmo paciente y natural de las flores.

     

     

     

     

     

  • Una vida del arte emberá

     

     

     

    Ana Alicia Arias Tequia vende las manillas, collares y aretes que junto a su esposo Libardo Rivera Murillo, tejen durante la semana. Ana es una indígena emberá katío del resguardo Alto Andágueda del municipio Bagadó, Chocó, que llega a Medellín en el año 2011 buscando mejores condiciones de vida, tras ser desplazada de su resguardo por el conflicto armado interno en Colombia y vivir aproximadamente 3 años en Pereira. Esta multimedia ilustra la historia de vida de esta heredera de artes ancestrales en una ciudad tan indomable como la selva más exuberante que para ella es el hogar.

     

     

     

     

     

     

     

  • Un deporte en 3D

    Para ella, el agua es existencia, es pasión, es lo “más profundo de su alma”; gracias a los recuerdos de su infancia y trayectoria, el agua pasó a ser su piel, su complemento, ese que ha marcado notablemente su vida y que a diario le evoca sonrisas y triunfos.

     

    Sale de su vivienda, ubicada en el barrio La Floresta, en la carrera 85 # 46 con 35. ¡Sí! Un apartamento, un segundo piso. Ese que está al lado del “Parque La Floresta”, que para ella, “es de los más bonitos que hay en Medellín”.

     

    Los árboles recrean un buen ambiente y paisaje, en compañía de los niños y demás familias que usan dicho espacio, para “mecatear, caminar o pasar la tarde”. Todo es para ella “un paraíso” que puede deleitar por ese ventanal grande, que permite además dejar entrar los rayos de luz a su hogar.

     

    Pero su vista se torna pesada, al recordar dos personajes que le irrumpen su paz: “una señora que tiene alzhéimer, y grita todo el día; y, un niño malcriado que solo vive peleando con su mamá”.

    El reloj marca las 7:20 cuando abandona aquel cuadrado verde, de un tono pastel que contrasta con el verde pasto de los árboles. Cruza las calles rápidamente y camina hasta llegar a su segunda casa, esa que alberga un sinfín de historias, aventuras, risas, llantos, exigencias y unas que otras rabietas.

     

    15 minutos dura su recorrido. Ese que mientras lo realiza, lleva bajo su mano derecha dos aletas azules, que ella llama “sus nuevos pies”, y dentro de su mochila negra de ‘Adidas’, reposa toda su “vestimenta o traje” para dar inicio a su fiesta.

     

    Como de costumbre, se sienta con sus compañeros en el suelo de una cafetería, ya en proceso de terminar sus servicios y cerrar; allí en un ‘círculo’, antes de iniciar sus rutinas, comparten sus historias del día. Cotilleos, risas, chismes o “les tengo la primicia” se oyen cruzar constantemente entre ellos. Pero su algarabía termina, cuando ven pasar a su entrenador en pantaloneta de baño, que es ya para ellos, la señal de que ha terminado el “recreo” y es hora de comenzar la función, de recrear su otra vida, y sumergirse en su pasión: el agua.

     

    El rugby subacuático femenino de Colombia ha tenido recientes figuraciones notables en lo internacional. Aquí, la selección sub-21, triunfadora en el Campeonato Nórdico Abierto de Rugby Subacuático de 2015.

    Foto: Facebook sub21uwrcolombia.

     

     

    ***

    En compañía de las caricias del viento, una gran luna, y el cantar de uno que otro pájaro, que entre la oscuridad no alcanzaba a identificar, me encontraba allí, justo en frente de la ventana. Aún estaba sola; el agua guardaba la calma, y corría por sí sola. Profunda, azul, profunda. Así era, así la observaba, así me sentía. Ansiosa, por ver tal ‘espectáculo’, con la cámara sobre mis manos, esperaba el momento en que comenzaran a aparecer, como ‘pecezuelos’, todos los jugadores.

     

    ¡Y vaya! Primera cosa sorprendente: la cancha. 5 de ellos, descendían a la par con una lámina dividida en dos; a ambos lados, una cesta rígida. La acomodaron y esta quedó completamente sumergida.

     

    Inmediatamente, solo veía por la ventana, aletas y más aletas. Estaban posicionándose para comenzar el calentamiento. Aquella agua que en un principio solo era calma, se turbó y ahora se movía al compás de las aletas, y pequeñas burbujas salían del snórkel de cada participante. Duró 20 minutos, y como lo explicaba Jorge Franco, entrenador de la Categoría Sub 21, “se habían trabajado apneas, velocidad y resistencia, con diferentes series de ejercicios que nosotros vamos coordinando, dándoles las respectivas salidas, y, finalmente realizar los juegos-partidos”.

    Dos equipos. Dos colores. Azul oscuro o negro y blanco. Así estaban divididos aquella noche cálida de jueves.

    ***

    ¿Y quién era ella? ¿Quién era ese número 28?

     

    Una joven. María Camila Henao Marín. Estudiante de segundo semestre de odontología, amante de la música, soñadora, entusiasta y entregada con su familia.

     

    Su historia comenzó aquel 21 de septiembre de 2006, a los 10 años. Pequeña e ingenua, esta chica había iniciado uno de sus grandes anhelos: pertenecer a un grupo de Nado Sincronizado, aquel que ya no era un simple deporte, sino que se había convertido en su más grande pasión.

     

    Día a día, esta joven con su fuerte entrenamiento y dedicación incrementaba su nivel, a tal punto de ser partícipe en grandes competencias, dentro y fuera del país (Bogotá, Cali, Pereira, Perú…), realizando “Solos”, “Equipos” y “Dúos”, de los cuales siempre resultaba triunfante.

     

    Cada oportunidad de crecer la llenaba de gozo y plenitud, pues el esfuerzo que este requería era desmedido; sus entrenamientos diarios sobrepasaban las 6 horas y las rutinas eran complejas. Pese a esto, aquel 20 de marzo de 2012, se vio en la ardua situación de abandonar su sueño, pues las múltiples responsabilidades y cargas estudiantiles, impedían su entrenamiento.

     

    Una en frente de la otra. Ella, siempre con su perspicaz sonrisa, y su mirada profunda. Yo, observando cada detalle y peculiaridad de esta ‘jovencita de 19 años’, que una vida particular tenía. Mientras disfrutábamos de un helado, comenzamos a interactuar y platicar sobre su historia. ¡Sí! sobre su vida, aquella que nunca había planteado mirar, desde afuera. Esa que ahora yo, estaba retratando.

     

    -¿Cuál es el papel qué desempeñas dentro del equipo?- pregunto, observando la pulsera de plata que lleva puesta, y que tiene como dije un delfín.

    -Yo soy portera. Desde que entré mi entrenador me perfiló a eso. No creía que fuera capaz, por mi tamaño y mi peso, pero hasta hora me he desempeñado muy bien.

    -¿Y por tu experiencia, cuál consideras es la principal fortaleza, o cuál debe ser el perfil de una portera?

    -¡Eh…! Bueno… La portera tiene que ser un poco agresiva- deja soltar una pequeña sonrisa, y continúa- la verdad eso a mí, me ha costado bastante, y me ha costado varios regaños, porque eso no hace parte de mi personalidad en la vida cotidiana. Como el deporte es de contacto, tú literalmente le tienes que dar ‘pata’, a todo el que veas que se acerca. Es una actitud más brusca, determinante, fuerte, y de mucha agilidad para girar en el arco.

    -¿Y por qué Rugby Subacuático, y no otro deporte?

    Mira sus manos, mira a su alrededor, y por variar, deja escapar una sonrisa. Piensa durante un par de segundos, y una vez aclaradas sus ideas, dice

    -Cuando estaba en Nado sincronizado, y decidí salirme, me quedé medio año sin hacer nada, intentando buscando otro deporte, porque eso lo tenía muy claro, yo quería seguir con mi disciplina deportiva, pero nada me llamaba la atención. Y decía ‘yo no me puedo quedar sin agua’, pero pensaba: ¿Clavados? No, ya estoy muy grande para eso; Polo, no me llamaba la atención, y rugby al verlo tan diferente, me llamó demasiado la atención. Era algo que yo ni siquiera conocía, y tenía dos conocidos en el deporte que me ayudaron a comenzar, por medio de unos semilleros. Vi que me estaba gustando mucho…

    La interrumpo, y lanzo una pregunta de inmediato

    -¿Pero… no es un cambio bastante fuerte? ¿De nado a rugby?

    -Totalmente. A medida que estaba más inmersa en el deporte, comenzaron a salirme morados en todo el cuerpo, ya la delicadeza del nado sincronizado y toda la parte artística se iba perdiendo. Pero ahí me quedé, seguí intentándolo, hasta llegar al grupo élite, y se ha convertido en una adicción, porque todos los días uno quiere aprender algo nuevo, quiere que lo corrijan, que el entrenador diga ‘muy bien’ o ‘muy mal’, pero que a fin de cuentas, lo importante es seguir intentándolo.

    -¿Y cómo fue ese medio año sin estar en tu pasión, en tu medio, tu columna vertebral si así le podemos llamar? ¿Sentías que te faltaba algo?

    -Era muy duro, porque como te digo, desde pequeña siempre he tenido esa disciplina. Ese medio año sin hacer nada, yo iba a estudiar, llegaba a casa y ya el tiempo no me rendía en absoluto. Las tareas que hacía en dos horas, ya me demoraba todo el día…Cambia mucho la vida.

     

    ***

    Este deporte, como lo confirmaba el entrenador, Jorge Franco, “es el único que se juega en las tres dimensiones: largo, ancho y alto”. Estando allí de nuevo, comprendía mejor la dinámica y los rolesde todos estos jóvenes; ya reconocía quién era quién, porteros, guardas, delanteros… Yo podía sentir e imaginar, los roces de las aletas y el agarre con las manos, esa opción que se tenía de quitar el balón, lo hacía un poco brusco. Tanto mujeres como hombres, se encontraban en el terreno de juego. Iban y venían como tiburones en busca de su presa, que era entonces esa pelota color marrón, rellena de solución salina.

     

    Un juego que no solo requiere de entrenamiento bajo el agua, sino también físico. Un entrenamiento de pesas, en el que se trabaja la potencia, la fuerza de los hombros, brazos, piernas y espalda.

     

    “Acá te dicen que no te van a poner bonito, que te van a poner mejor- dice esta joven, mientras juega con sus dedos, y un anillo de gema negra, que desliza suavemente, y vuelve a ubicar en su sitio. Lo ideal sería las 5 veces a la semana, durante una hora. Yo lo he estado haciendo 3 y 4 veces a la semana, pero tengo días en que por el estudio, no puedo hacerlo, entonces vengo un sábado y trato de compensarlo”.

     

    Para el número 28 del equipo, el agua ha sido su vida, su medio de escape, de descanso. Para ella, su deporte, y más que eso, su pasión, es una forma de salir de todo lo cotidiano, de lo que le rodea, de tal vez, alguna preocupación o problema que tenga. Cuando desciende al agua, siente que está en otro mundo, su mundo, en el que se siente en paz, y guarda todo, en lo profundo de su alma.

     

     

     

  • Una vida tras el éxito paralímpico de Colombia

    En Colombia, a noviembre del año 2015, había un millón doscientos veintitrés mil trecientos setenta y ocho personas en el Registro de Localización y Caracterización de Personas con Discapacidad del entonces llamado Ministerio de Salud y Protección Social; una cifra significativa para un país con 48 millones de habitantes, pero más significativa cuando en tema de deportes hay un grupo que se extiende cada vez más.

     

    El crecimiento de esta tendencia se manifiesta también en Colombia, demostrado en la participación de 39 deportistas que viajaron a Río de Janeiro para los Paralímpicos 2016 y que demostraron que la discapacidad solo está en la mente, que querer es poder y que el deporte es para todos, obteniendo 17 medallas, logro nunca visto en estas modalidades. La delegación de nuestro país logró ser la segunda mejor en toda América del Sur, solo superada por Brasil, país anfitrión, y por encima de países más competitivos como Argentina y Chile.

     

    Yesenia Restrepo junto a su esposo Joe y su hija. Una familia rebosante de capacidades. Foto: María Camila Pizano

     

    La participación de estos deportistas en Río le abrió la puerta a Colombia en el mundo de los deportes bajo condiciones de discapacidad, al ponerloen la mira de estas competencias al pasar de dos medallas en los juegos Paralímpicos Londres 2012 a las 17 medallas en los Paralímpicos Río 2016.

     

    Esta historia sin precedentes tiene 39 episodios, uno en cada deportista; uno de ellos es la vida de Yesenia Restrepo, quien trajo en sus manos una medalla de bronce de los Juegos Paralímpicos Río 2016.

     

    Apenas comenzaba el año 2005, cuando unos fuertes dolores de cabeza confundieron a Yesenia, acudió al médico, pero ellos diagnosticaron estrés. Restrepo sabía que no se trataba de eso, pero quiso no pensar mucho, sin imaginar que la historia se tornaría más difícil, cuando diez días después regresó el dolor, esta vez más intenso. Ya en urgencias se dio cuenta que era tarde, la piel había comenzado a estirarse e hincharse, igual que sus ojos, quedó hospitalizada pero ya no había nada por hacer, sus nervios ópticos estaban muertos. La vida se oscurecía, la luz se iba apagando y solo estarían los recuerdos de las imágenes que vio hasta sus 23 años.

     

    Yesenia tenía a su hija muy pequeña en ese momento, la preocupación era su pan de cada día y veía una salida muy difícil. Gracias al apoyo de algunos compañeros de la empresa donde laboraba, comenzó la rehabilitación y el estudio del braile. Y la vida no se queda con nada, y grandes sorpresas comenzaban a llegar. Fue en el año 2007 que el deporte comenzó a ser luz y un nuevo camino por andar para Yesenia, cuando conoció a Joe González, un deportista en silla de ruedas. Lograron hacer amistad y él la inició en el deporte al reconocer las cualidades y capacidades que tenía para explotar.

     

    Pronto el amor unió estas dos historias de vida. En julio del mismo año se hicieron novios, y la exigencia por parte de Joe para que Yesenia entrenara era más fuerte y finalmente en noviembre del mismo año, tejieron sus vidas para siempre. Hoy llevan 10 años de casados, de complicidad y de complementarse, pues los pies de Joe están en Yesenia y el él, ella tiene sus ojos.

     

    Comenzó para Yesenia un nuevo proyecto de vida, un camino que nunca se imaginó recorrer y triunfos que hoy agradece, pues es el deporte el que la tiene donde está, aprendió a valorar su discapacidad y comprobó que no es ningún obstáculo. Desde ese momento ha sido varias veces medalla de oro en los Juegos Nacionales, medalla de plata en los Juegos Parapanamericanos en Toronto-Canadá en el 2015 y ganadora del oro en el Open Caixa de Atletismo.

     

    Llegan los Juegos Paralímpicos Río 2016 y Yesenia sabía que este era el momento de hacer una historia diferente a la de Londres 2012, donde fue víctima de un fuerte virus que afectó totalmente su rendimiento, pero aprendió de los Juegos Paralímpicos pasados que lo primordial es la seguridad y estar tranquila de lo que sabe y tiene. Quería la medalla en lanzamiento, no la logró, pero tampoco estuvo lejos, obtuvo el quinto puesto y con orgullo el diploma Paralímpico en lanzamiento de disco.

     

    Y luego la medalla de bronce en relevos femenino 4×100 clase T 11-13. Obtener esta medalla para Yesenia fue muy meritorio, porque se preparó al lado de su guía, Juan David Cortés, este fue el premio mayor a la constancia y la dedicación.

     

    Yesenia agradece su discapacidad y lo que ella trajo en sus manos, un matrimonio, conocer tantos lugares del mundo, no tener miedo a nada, convertirse en una gran deportista profesional y ser una mujer plenamente feliz.

     

     

  • Abandonarse entre objetos

    El síndrome de Diógenes encierra el contraste entre rodearse de cosas y, al mismo tiempo, vivir aislado de los demás. Ahora que la televisión internacional nos acerca historias como estas, las voces y el testimonio gráfico de un caso al sur del Valle de Aburrá, permite asomarse al drama detrás de este trastorno del comportamiento.

     

    La fachada color crema y verde claro se ve desdibujada con las pilas de basura que logran cubrir hasta una parte de la puerta. Cartón, madera, botellas, traperas viejas, comida en mal estado y bolsas son la decoración del pasillo. El olor a pestilencia incrementa al acercarse. Adentro no se ve el piso ni se puede identificar en qué se camina. La basura logra ir hasta el techo en algunas partes. No hay servicio de agua ni de luz, pero igualmente los moscos, zancudos, cucarachas, ratas, dos gatos y dos gallos viven en esa casa donde apenas queda espacio para dos ancianos, de 80 y 98 años.

     

    En medio de toda la basura sale una de las mascotas y también se le dificulta moverse por el lugar. Foto: Laura Restrepo P.

     

    El dueño de la casa, Luciano Gutiérrez, es un quijote al que le hace falta la armadura. Los personajes comparten el bigote y un pensamiento diferente; el uno veía gigantes y el otro recolecta basura de manera compulsiva. El Sancho Panza de Luciano, es su tía, Ana de Jesús Gutiérrez, quien a pesar de no estar de acuerdo con la situación nunca sería capaz de dejar a su sobrino.

     

    Desde hace 12 años empezó a acumular todo tipo de objetos en su casa y el barrio Restrepo Naranjo de Sabaneta, se vio afectado por plagas y malos olores. La situación ocasionó las quejas de sus vecinos. “No nos podemos descuidar con las bolsas de basura porque se las lleva y las entra a la casa”, expresa su vecina de al lado, Cristina Vélez.

     

    En la mayoría de la casa la basura llega hasta el techo obstruyendo el paso. Foto: Laura Restrepo Posada.

     

    En 2008 se iniciaron las intervenciones en la vivienda de Luciano y Ana de Jesús por parte de la Secretaría de Familia, Medio Ambiente y Salud, por medio de las cuales le ofrecieron un acompañamiento psicológico, apoyo económico con el subsidio Colombia Mayor, control de plagas, revisiones médicas, inscripción en el almuerzo comunitario y limpiezas al hogar de donde se han logrado sacar hasta tres volquetadas de basura.

     

    A pesar de los beneficios que se ofrecen la situación no ha mejorado, para algunos antes empeora pues varios señalan que los esfuerzos han sido intermitentes. “Es un círculo vicioso, cada secretaría le pasa el problema a la otra y no salen haciendo nada”, declara Luz Estela Álvarez, otra habitante del barrio Restrepo Naranjo.

     

    Al respecto, el técnico Marlon Pareja, de la Secretaría de Medio Ambiente, explica que son muchos los trámites que se deben hacer para preparar una limpieza, ya que solo hay una volqueta en el municipio y una limitación en las toneladas que pueden sacarse.

     

    En la Secretaría de Familia aclararon que no se ha iniciado de nuevo el proceso de acompañamiento porque esperan respuesta de las directivas de esa dependencia.

     

    La cama de Ana también está llena de ropa, cajas y sobras de comida. Foto: Laura Restrepo Posada.

     

    Entre tanto, algunos vecinos intentan ayudar con las limpiezas. Por ejemplo, en la casa de Luciano Gutiérrez intervino la Asociación de Recicladores de Sabaneta.“El problema se volvió de salud pública, ya que una rata mordió a una niña del frente”, indica la representante de la Asociación, Ana Cecilia Hernández, para quien el trabajo tiene que ser con todas las secretarías.

     

    El psicólogo Juan David Restrepo, al enterarse del caso y analizar las características de Luciano opina que: “está en una neurosis, con un carácter obsesivo compulsivo, que obedece a sus ideas e imaginarios mediante sus acciones, por esto debe tratarse de una manera muy comprensiva, sin obligarlo para que no recaiga”.

     

    Ana de Jesús, la tía de Luciano, por su edad, solo sale de casa los domingos para ir a misa. Foto: Laura Restrepo Posada.

     

    A pesar de las quejas, recomendaciones y labores realizadas por parte del Municipio y los vecinos Luciano continúa su actividad de acumulador. Alega que todo es reciclaje, que es una propiedad privada y que no tiene dónde más almacenarlo que su casa ya desdibujada por las pilas de cartón que cubren hasta la puerta.

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Carlos Ossa EL POETA DE LAS ESCALINATAS

    Hace más de quince años que Carlos Ossa abrió una oficina en el edificio Coltejer. El poeta llega hasta allí todos los días para pensar y escribir.

     

    Entonces, se armó de valor y le preguntó, dejando todo prejuicio a un lado, lo que se había cuestionado desde que se sentó a su lado. No entendía cómo alguien podía vivir de la literatura sin ser un escritor famoso.

    —¿Y vos de qué es lo que vivís? —Preguntó el joven periodista sin pudor alguno.

    El poeta lo miró y calló por unos segundos, el ruido de los carros que pasaban por la avenida La Playa desapareció. Todo fue silencio, silencio que fue interrumpido por la risa del poeta, que se echó a reír y miró al periodista, que tenía cara de ingenuo, y sostenía firmemente una pequeña libreta azul, que perfectamente podía cargar en su bolsillo, y un lapicero Bic, a la espera de la respuesta para escribir rápidamente, con una letra que solo él entendería.

    —¿Que de qué vivo?, pues de milagro —respondió, y los dos comenzaron a reír sin importar nada

    de lo que pasaba a su alrededor.

    Primera escena

    Al periodista le contaron sobre un hombre que era poeta, que tenía una oficina en el edificio Coltejer y abría todos los días de diez de la mañana a cinco de la tarde. Llegó a él, luego de que le mostraran una carta que había escrito sobre el cierre de la librería Nueva, en julio de 2015, que titulaba: “Cerrar librerías, ¡qué vergüenza social!” y estaba firmada por un tal Carlos Ossa. Se la había dado un viejo librero de La Bastilla, don Augusto, quien le dijo que ese hombre se la pasaba

    todos los días ahí, pensando, escribiendo, conversando, viendo pasar la ciudad, que esa era su oficina y ahí lo podía encontrar. “El hombre tiene una prosa muy interesante, vale la pena conocerlo y, por supuesto, vale la pena leerlo”, aseguró don Augusto.

    Le pareció una historia llamativa, un poco loca, pero que valía la pena conocer al poeta. Además, ¿cómo dudar de la palabra de don Augusto?, si este se la pasaba leyendo todos los días y había recorrido las líneas de las obras más importantes de la literatura universal.

    Segunda escena

    Pasaron los días y fue a conocer a Carlos Ossa. Era casi mediodía y hacía calor, las calles estaban llenas de transeúntes, que no tenían tiempo de mirar lo que pasaba a su alrededor, todos tenían afán.

    Llegó al edificio y comenzó a mirar las caras, pero ninguno tenía cara de poeta. “¿Cómo es una cara de poeta? ¿Acaso todos eran como Gonzalo Arango o León de Greiff?”, se preguntó, pero no tenía ni idea, siguió mirando las escalas del Coltejer, las que dan con Junín, al frente de la difunta Nueva, pero no había ningún hombre con cara de poeta.

    Decidió ir a las que dan con la avenida La Playa y tampoco vio alguna cara de poeta. En ese momento dijo, que si Carlos Ossa existía, seguramente debería de estar escribiendo o leyendo, eso quería decir que no estaba.

    Caminó hasta La Bastilla, pasando por la calle del Tuvo (le dicen así, porque todo el que está ahí alguna vez tuvo mujer, tuvo casa y tuvo plata), para ir a hablar con don Augusto, solo él le podía dar razón del poeta. Nada pasó, el librero no estaba, quedó en las mismas.

    Dio una vuelta por Junín, para matar el tiempo, pero no encontró nada para hacer. Volvió a las escalas, las que dan con La Playa y vio a un hombre que no estaba la primera vez. Estaba sentado de carrizo y miraba atentamente todo lo que pasaba a su alrededor, se notaba que no se le escapaba ningún detalle. “Ese debe ser”, exclamó.

    Tenía que estar seguro, no quería hablar con la persona equivocada. Se acercó a un vendedor de lotería y habló con él.

    —Buenas señor, le pregunto, estoy buscando a un tal Carlos Ossa, él es poeta y me dicen que se hace aquí todo el día.

    —Ese es que está allá sentado —dijo el lotero, mientras señalaba al mismo hombre que el periodista había observado.

    Se dirigió lentamente hacia el poeta y mientras subía las escalas, preparó la presentación.

    —Buenos días, ¿Carlos?

    —Mucho gusto, Carlos Ossa.

    —Mucho gusto, soy periodista y don Augusto, de La Bastilla, me habló de usted, me dijo que usted

    era poeta.

    —Eso dice la gente, dicen que yo soy el poeta de las escalinatas —respondió el poeta mientras se reía.

    —Es para ver si me da una entrevista, me contaron sobre usted y quiero escribir su historia.

    El poeta volvió a reírse, miró a su alrededor, miró los carros que pasaban, los vendedores ambulantes y exclamó: “Pues bienvenido, sentate”. De inmediato el periodista tomó asiento, se puso cómodo en la oficina y sacó de su bolsillo una libreta y un lapicero.

     

    Una postal que para muchos desaparece en la rutina del Centro: Carlos Ossa en su escenario de trabajo.

    Foto: Mateo García Agudelo.

    Tercera escena

    Era 1960 y seguramente, en Puerto Berrío hacía calor. Carlos Ossa, que nació en Remedios hace 73 años, llevaba algunos años viviendo en este lugar y la relación con la literatura se hacía cada vez más estrecha. Carlos vio la necesidad de escribir inspirado por las lecturas que venía haciendo. El reposo del guerrero, de Christiane Rochefort, fue una de estas. “Cuando uno se integra con la lectura, aparece el deseo de escribir lo propio”, comentó Ossa.

    Y así fue, el deseo se convirtió en realidad y comenzó a escribir, sin dejar a un lado la lectura. Por

    esa época fue que se conformó el Grupo Puerto, unos amigos medio bohemios y medio intelectuales, que deseaban ser escritores.

    Cuarta escena

    Puerto Berrío, Antioquia, enero de 1964. Al caluroso Puerto llegó el fundador del Nadaísmo, Gonzalo Arango. Estaba de paso, pero se quedó cuando le contaron que existía un grupo de muchachos afiebrados por la literatura.

    Para entonces, el Grupo Puerto, lo único que había hecho era un manifiesto en rechazo a los que comentaban que eran los loquitos del Puerto. Eso llamó la atención de Gonzalo.

     

    Carlos recuerda que era un hombre muy generoso en todo sentido, además, “no hacía alarde

    de nada, parecía como uno más de nosotros, nos hacía sentir bien”. Hablaron de poesía y literatura, ellos estuvieron muy emocionados, pues, “nosotros los leíamos mucho a ellos —a los nadaístas—, comprábamos todos los suplementos, para saber qué estaban haciendo”. Gonzalo Arango los leyó y les dijo que iban por buen camino, los animó a escribir.

    El poeta nadaísta “fue un azar maravilloso, de esos regalos que da la vida, porque con eso no contaba nadie, ni él ni nosotros. Nos estimuló mucho, que siguiéramos escribiendo, que veía talento en todo el grupo”.

    Finalizaba la década del 70 y Carlos Ossa, a sus 35 años, llegó a Medellín. Las posibilidades económicas en el Puerto estaban ahogadas y en la capital paisa podía encontrar algo mejor, además de mejores posibilidades en cuanto sus aspiraciones literarias. Si había vivido por

    la literatura, ahora quería vivir de la literatura.

    Quinta escena

    Encontró trabajo como revistero, pero no aguantó tanta presión. Para lo único que ha servido toda

    la vida es para escribir, por eso declamó alguna vez: “Soy un fracaso en los aspectos prácticos de la vida”. Fue heladero, revistero, bibliotecario y otros oficios relacionados con el arte de escribir. Él es un trashumante de los oficios.

    Ha publicado más de 23 títulos, siete de poesía, siete de narrativa y otros que no tienen un género definido. Su primera publicación fue Poemas del Grupo Puerto, en 1980, desde ahí no dejó de hacerlo, todos los hace por su cuenta, los vende él mismo y unos amigos libreros le ayudan.

     

    Sexta escena

    La llegada a la ciudad le permitió hacerse un espacio como escritor. Comenzó a colaborar con algunos medios, como el suplemento de El Colombiano y la Revista Universidad de Antioquia, pero la cosa no terminó muy bien.

    Séptima escena

    Conoció una Medellín bohemia, la ciudad de la noche que lo fue arrastrando lentamente, trago tras trago. Tal vez ahí terminaron todas sus posibilidades, porque desapareció del mapa literario de la ciudad. Llegó a raspar hielo, para pagar un cuarto en el que vivía.

     

    Octava escena

    Dejó la bohemia, esa vida quedó atrás y volvió al arte de escribir. Tal vez era demasiado tarde. Casualmente por esos mismos años, terminando el siglo, llegó por azar al edificio Coltejer. Y ahí estaba él, más de 15 años después, hablando con un periodista sobre literatura y poesía.

    —Entonces, ¿vos cómo definís la poesía? —Preguntó el periodista.

    — Siempre he dicho que definir ha sido de dioses y si hay algo difícil de definir es la magia.

     

    Cualquier atrevimiento que uno intente con la definición se quedará corto, y no solamente corto, sino que no da la idea exacta de lo que es esa realidad poética —dijo el poeta de una manera muy romántica.

    Novena escena

    Una mañana cualquiera, el periodista lo fue a buscar. El poeta no estaba, pero sabía exactamente en qué lugar se encontraba. Fue al viejo Club Unión y lo encontró en la cafetería escribiendo. No lo quiso saludar, no podía interrumpir su trabajo, mejor se fue a andar por ahí, para luego ir a visitarlo a la oficina.

    Y es que Carlos escribe en el Centro Comercial Unión, aproximadamente dos horas diarias. A las ocho en punto está ahí, es un lugar tranquilo, silencioso. “Porque todo sueño, el más desatinado, el más fantasioso, el más inverosímil, es siempre una realidad que espera su turno”, escribió alguna vez.

     

    Décima escena

    Más de un año había pasado desde su primer encuentro; los dos, por azar de la vida, se siguieron viendo cada vez que el periodista iba al centro, las escalas del Coltejer se volvieron una parada obligada para él.

     

    Era una tarde de noviembre de 2016 y hacía calor. El periodista llegó a buscar al poeta, pero no lo

    encontró. No sabía qué hacer, se sentó a esperarlo, la oficina todavía no cerraba sus puertas y había posibilidades de tener un encuentro con el poeta. Al frente de esta se gritaba a todo pulmón: “Siete maduros por dos mil, traídos desde Armenia”. Esos gritos se combinaban con la voz de Rodolfo Aicardi, que sonaba a lo lejos, anunciando que diciembre estaba a punto de llegar.

    Pasó media hora, el sol se vio amenazado por una leve llovizna, que obligó a los transeúntes a sacar sus paraguas y justo cuando se iba a marchar, apareció el poeta.

    —Mi querido periodista —exclamó alegremente.

    —Carlos, ¿cómo va todo?

     

    Hablaron unos momentos de la vida, de la ciudad, del periodismo, de literatura, de Roberto Bolaño.

    El periodista debía romper el hielo, para poderle decir cuál era el verdadero motivo de su visita.

    —¿Cómo te parece que voy a volver a escribir sobre vos?

    —No jodás hombre, ¿otra vez?, ¿qué más vas a decir? —dijo el poeta con una voz burlesca.

    —Algo me inventaré.

    Epílogo (o continuación de la introducción)

    Las risas terminaron, los dos se pusieron serios. Otra vez imperó el silencio, los carros dejaron de pasar. El poeta miró al periodista y exclamó, o declamó: “aunque parezca irreal, vivo de la literatura, gracias a algunas colaboraciones que me generan un salario… pero, un salario de poeta”.

    Las risas volvieron y ahí comenzó la historia. El periodista se marchó y el poeta se quedó, porque

    apenas era mediodía y la oficina no se cierra hasta las cinco de la tarde.

     

     

  • Los juglares del nuevo siglo

    Tire los dados, arranca “Cacao”. Suena el tiple, trove trove compañero, el tema es: ¿a quién le daría un Premio Nobel de la Paz?

     

    “Yo se lo daría a Hitler

    aunque piensen que jamás,

    porque gracias a ese tipo

    muchos descansaron en paz”

     

    Con esa trova, en una noche del Viernes del Trovador en Astrocol (Asociación de Trovadores Colombianos), Fabio Franco “Cacao”, descrestó al jurado y al público exigente que decidió por tema impuesto El Premio Nobel de Paz, después de cantar el “trove trove compañero”, con unos segundos para entrar al pie del tiple y realizar el primer verso, “Cacao” inició la ronda sin pensar mucho la trova, solo la dijo, simplemente la improvisó.

     

    “Cacao” nació en Támesis Antioquia, es hijo del trovador “Catula”, quién fue su gran impulsador para comenzar a ser un poeta repentista e hizo su primera tanda de trovas con él, ya es trovador por más de 20 años, tiene dos hijas, es humorista del grupo Cark-jada al lado de su amigo y compañero “Carriel”, Rey Nacional de la Trova Ciudad de Medellín 2007 y Rey Nacional de Astrocol 2007, y profesor de grandes trovadores como “Lokillo”, que ahora trabaja como humorista en medios de alcance nacional.

     

    Él es uno de los grandes impulsadores de la trova para los jóvenes, también un trovador que se transforma con el pasar de tiempo y sobretodo, las exigencias que debe tener el repentista actualmente para ser participante de los festivales que se hacen en todo el país. Tiene una carrera muy larga con la trova, vive de hacer humor por medio de las rimas improvisadas, participa activamente de los festivales y realiza programas de televisión para el Oriente antioqueño.

     

    “El cacao representa a mi pueblo”, dice. Su apodo fue muy importante porque fortaleció su carrera artística: “yo me subo a una tarima a trovar y no siento que solamente soy yo, siento que estoy representando a un pueblo”, tanto así que cuando “Cacao” va a Támesis, la gente le agradece y le reitera que en cada trova que hace, deja el nombre del pueblo por lo alto.

     

    “Yo soy de los que sostengo que todos los trovadores somos locos… es que, si usted no es loco, no sirve para trovar”, explica.

     

    “Contéstame Salvo Ruíz,

    que te voy a preguntar:

    ¿cómo pariendo la Virgen

    doncella pudo quedar?”

     

    “Óigame doctor Restrepo

    Que le voy a contestar:

    tire una piedra en el agua,

    se abre y se vuele a cerrar…

    Así pariendo la Virgen,

    doncella pudo quedar”

     

    Las leyendas de la trova nacieron en Concordia, suroeste antioqueño. Antonio José Restrepo “Ñito Restrepo” y Salvador Ruíz “Salvo Ruíz”, en el siglo 19 llevaron la trova a los pueblos de Antioquia, se convirtieron en los primeros trovadores de la trova paisa. “Ñito”, universitario, amante de la poesía y la rima, “Salvo”, un campesino y creador de la trova antioqueña como género musical popular.

     

    La palabra trovar viene del verbo latino tropare, que significa inventar, hablar, encontrar, donde también viene del verbo topar y el sustantivo tope, que es “por salir al encuentro de alguien”, es decir, el trovador sale al encuentro de ideas para poder crear la mejor rima.

     

    Los juglares y trovadores ya existían en la Edad Media, fueron unos de los primeros oficios que promovieron las manifestaciones culturales poéticas y dramatúrgicas, el trovador tenía un estatus de caballeresca, fueron los poetas de la época; a diferencia de los juglares que eran los recitadores populares, contratados por los trovadores para que interpretaran sus creaciones poéticas.

     

    Ellos son algunos de los jóvenes trovadores de hoy. Foto: Sielo Posada.

     

    León Felipe Duque, originario de Marinilla, periodista, investigador sobre las músicas tradicionales y actualmente con estudios en Antropología, hizo su trabajo de grado llamado: Del campo a la ciudad: historia de la trova antioqueña en Medellín.

     

    Su investigación se relaciona con antecedentes como que a principios del Siglo XX, Medellín se estaba trasformando por el desarrollo industrial de la ciudad, por lo tanto, la mano de obra era vital y los campesinos comenzaron a migrar a la ciudad en busca de trabajo y mejoras para su vida. La trova en Medellín se comienza a fortalecer en 1975, cuando se hace el primer festival del género en el Parque Norte. Augusto Vásquez Díaz, admirador del repentismo, decidió organizar un lugar donde la trova tuviera un espacio para ser compartida y poder juntar a los trovadores campesinos con los citadinos, dejando como el primer rey del certamen a un oriundo de Támesis apodado “Becerra”.

     

    Hay diferentes estilos de trova, pero en Colombia, especialmente en Antioquia, se utiliza desde los inicios a la cuarteta, cuatro versos octosílabos, donde riman el segundo y el cuarto de manera consonante; aunque anteriormente la trova no era tan rigurosa como lo es hoy. Los festivales fueron puliendo la manera de trovar, en temas y técnica, la exigencia es mayor.

     

    “Así mismo es una madre

    con su rugir tan prolijo

    cuando un violento se acerca

    hasta el lecho de su hijo”

     

    Eduar Velásquez “Mecato” entonó estas rimas en una de las nuevas modalidades abiertas en el Festival Nacional Ciudad de Medellín del año 2013, inspirado en una| imagen de un león comiéndose a su amo, con la presión de sacar la mejor voz, expresarse bien ante el público y esperar no embarrarla. Considera que esa fue el verso más recordado en su carrera como trovador.

     

    “Mecato” tiene 26 años, vivió y creció en Itagüí, estudió Producción Multimedia, es un apasionado por la música, lanzó su primer disco de salsa hace 8 meses, llamado ¿Y para qué?, también escribe libretos, lleva trovando 8 años y sigue con la meta de ser rey nacional en la Feria de las Flores de Medellín.

     

    Su apodo viene por el gusto a los dulces y la comida chatarra. Cuando iba a las prácticas con otros trovadores, siempre mantenía mecato, dulces, chocolates, papitas y chicles en los bolsillos, y así fue como quedó “Mecato”.

     

    Eduar Velásquez al ser músico y cantante, cree que la voz y la afinación al cantar la trova, la hace más interesante ante el público. Anteriormente, a los trovadores, no les interesaba tener una voz artística o afinada para improvisar. “Todos nacemos con un talento especial, por eso somos tan diferentes”, responde “Mecato” cuando se le pregunta si cree que el trovador nace o se hace, él pone como ejemplo a un trovador de antaño apodado “Ladrillo”, de estilo único y natural: baila, hace chistes dentro de la trova, es uno de los que se ha mantenido intacto en el Festival, aunque añade diciendo que “ahora es difícil encontrar un trovador con esencia a trova”, es decir, uno que cuando se suba a la tarima sepa y se escuche a pueblo, a montañas, a poesía, a más Ñito y Salvo.

     

    “Mecato” caracteriza su trova como una controversia, donde siempre va a la pelea que le proponga el otro, le gusta defender sus ideas por medio de la trova, claro está que según el contexto responde a su compañero, a esto se le suma la voz tan melodiosa que tiene al interpretar una trova.

     

    “El día que yo me muera

    dirá el epitafio mío,

    aquí yace Cardamomo

    y aquí ya-ce mucho frío”

     

    El tema impuesto para esa noche era sobre los epitafios. Orlando Velásquez, un hombre serio, respetable, calmado e inteligente, se ha dedicado toda la vida a investigar sobre la trova y a buscar oportunidades con los nuevos talentos que han aparecido desde que inició con Los Marinillos, grupo humorístico de los años 90, hasta ahora con el apogeo del humor de “Lokillo”.

    Actualmente es el presidente de la junta directiva de Astrocol, gran admirador de la trova, recuerda cómo el trovador “Cardamomo”, con picaresca y humor, hace unos versos divertidos sobre el epitafio, algo tan serio y triste para algunos.

     

    Él cuenta que los trovadores actuales “dejan de un lado la profundidad de la trova y se dedican a construir versos supuestamente bonitos”, hay unos que les interesa es complacer y animar al público. Insiste en que la trova tiene ese encanto de la espontaneidad y la comunicación con el público que hace que se converse entre público y trovadores, de eso se trata el ejercicio de trovar. “Ahora el trovador no es crítico, es gobiernista, se apoya según el gobierno que esté mostrando, no analiza, no busca, simplemente repite lo que escucha en la radio y televisión”, critica Velásquez.

     

    La poesía lírica se ha perdido, esa espontaneidad, esa fluidez con la que el campesino habla, el trovador no es franco, es directo y repetitivo, no está diciendo nada nuevo y diferente de lo que se ha dicho, reitera el líder de Astrocol. Tal vez este sea uno de los problemas que afronta el trovador contemporáneo: innovar, decir algo que no se haya dicho, queda como reto principal.

     

    Astrocol es la Asociación de Trovadores Colombianos, lleva 38 años trabajando con los trovadores de la ciudad y del campo. Como evento principal, organizan el Festival Nacional de Astrocol y el Rey de Reyes que es donde los repentistas que han sido reyes de los festivales nacionales, troven y se confronten con otros que también lo hayan sido.

     

    La Asociación ha logrado que el Gobierno Nacional declarara la trova y el verso improvisado como Patrimonio Artístico y Cultural de la nación por medio de la ley 1174 de 2007, que dice en su primer artículo “Declárese el repentismo en sus diferentes formas y estilos literarios, como patrimonio artístico, social y cultural de la Nación.”

     

    El Festival Nacional de la Trova Feria de las Flores es el más importante por la proyección que ofrece a sus participantes. Foto: Sielo Posada.

     

    La Asociación creó la Escuela Nacional de la Trova y el Verso Improvisado, organiza el Festival Nacional Infantil, creó la Escuela Iberoamericana del Verso y la Asociación de Internacional de Formadores en el Verso improvisado. Para Astrocol, los trovadores de antaño son muy importantes, por eso, para el Festival Nacional Astrocol, se separó en categorías a los trovadores para que los que son mayores de 50 años, pasaran a la final, las eliminatorias de realizan en diferentes municipios de Antioquia.

     

    La organización busca que el trovador joven se forme, pero no solo para ser trovador, sino también para ser poeta como los de la vieja escuela. “El vicio que debería coger un trovador es el de la lectura”, y en efecto, muchos de los trovadores de la nueva generación se apasionan por leer y conocer más sobre la historia del país y del mundo, según cuenta Orlando.

     

    “Gabo en su pentagrama

    era tan imaginario,

    que en vez de notas

    ponía letras del abecedario.”

     

    “Es muy difícil escoger una trova porque es son como los hijos de uno, uno a todos los quiere”, dice James Estiven Alzate “Cartucho”, carmelitano de 20 años, estudiante de Comunicación Social – Periodismo, trovador hace 5 años y ex integrante de la Familia Flores, hacía el papel del hijo menor de la familia llamado como su apodo “Cartucho”, en la celebración de La Feria de las Flores de Medellín. Sus primeros acercamientos a la trova fueron como “Cartucho”, que de vez en cuando trovaba como parte de la puesta en escena de su personaje.

     

    Su llegada a la trova fue influenciada por su hermano mayor, quien tomaba en Marinilla unos cursos de trova, así que James decidió aprender allí algunos aspectos que le dieran más bases en la trova, le fue tomando gusto y siguió practicando hasta conseguir ser uno de los trovadores más jóvenes que ha llegado a una final del 12 Festival Nacional de la Trova de la Feria de la Flores.

     

    “Si no es el mejor tiene que ser muy bueno o uno de los mejores.”, dice “Cartucho” al explicar lo importante que es entrenar, leer y conocer el contexto de la ciudad y el país, porque así, es que se hacen los buenos trovadores.

     

    “Cartucho” no se dedica de lleno a la trova, por el contrario, para él la trova es un hobbie que le ha dado la oportunidad de estar en la Universidad, de conocer expresidentes, exministros, de hacer amigos que nunca imaginó.

     

    “Me parece que la trova llega a un momento que limita mucho, porque son 4 versos, o la trova debletiada 8 versos, pero de ahí para allá no hay nada, en el Festival de la Trova de la Feria de las Flores para adelante no hay nada, no hay un viaje, un reconocimiento, un cargo honorario, un lugar donde se dedique a la investigación de la trova porque esa es una de las grandes dificultades del Folklor, los impedimentos que tiene.”, dice James al responder: ¿cómo ve la trova más allá del Festival?

     

    James cree que la trova da pie a otras cosas, como la creación de libretos y humor, ser escritor, ser un buen empresario, como los casos de Carlos Ignacio Gallego, el presidente del grupo Nutresa, Luis Fernando Macías, escritor, Eugenio Prieto que es el director de Área Metropolitana, Álvaro Vásquez, político, Germán Carvajal, director del Teatrico, Pucheros y Juan Pablo, libretistas, LoKillo, humorista, y el trovador – periodista que próximamente será “Cartucho”.

     

    Toca tiple y guitarra, ha estado ensayando el piano y lo ha combinado con la trova, dice que suena bastante bien. El sueño de James es cantar la trova con una sinfónica o con una estudiantina “ya lo hizo Jorge Velosa, ¿por qué nosotros no?”

     

    El recurso literario que más utiliza en la trova son las metáforas, o ponerles puntuación a los versos, comas, puntos, dos puntos. Es difícil creerlo y realizarlo, pero James es de uno de los que cree que la trova tiene puntuación.

     

    En la generación de “Cartucho” hay un respeto de la trova, una mística por la trova, “los trovadores hemos vuelto a ser más importantes por el festival de la feria, hemos ganado ese espacio de reconocimiento, tenemos ideas y discurso para defender y es más una apreciación cultural.”

     

     

    “La nostalgia del abuelo

    que se saboreaba un tinto,

    y hoy llega el año noventa

    y ve que todo es distinto”

    Cesar Augusto Betancourt “Pucheros”. Tema impuesto: la nostalgia.

     

    El Festival Nacional de la Feria de las Flores de Medellín comenzó en el año 2005, con el objetivo de cambiarle la cara a la trova, donde la familia fuera el principal público, que el niño y el adulto mayor puedan estar, que no esté ligado con el licor, algo más cercano a la cultura de la ciudad.

     

    Desde este punto la trova se convierte en un atractivo para las personas de la ciudad en el marco de la Feria de las Flores, por eso el trovador va siendo un personaje cultural con más renombre en la ciudad.

     

    “La trova, le trova al contexto”, dice León Felipe Duque y explica que es inevitable que los contenidos de la trova cambien, ahora se interpretan las rimas desde un escenario que está delante de mil personas, dice Duque que ya no es en una cantina, o en el pueblo; es en una ciudad y eso hay que aceptarlo como investigador, ya no hay vacas, no hay cafetales. Explica que hubo cambios en el contenido y los temas, ahora es del campo a la ciudad.

     

    La preocupación por musicalizar la trova fue creciendo. Antes era tiple y canto, ahora hay bajo, batería y clarinete para cantar los versos de los trovadores, lo que le dio más fuerza a la trova. La expresión corporal de los trovadores está tomando más importancia, el trovador debe ser un artista completo, debe tener una buena corporalidad.

     

    Ahora los jurados que califican el festival tienen experiencia en aspectos como el teatro, el canto, la literatura; anteriormente hacían el juzgamiento los mismos trovadores, pero también se encontraban políticos en campaña, gobernantes ansiosos de popularidad y reinas de belleza elegidas en los pueblos. La trova ya es más intelectual, requiere de una formación diferente a la anterior que apuntaba a la espontaneidad como base del talento.

     

    “Al Che Guevara le hicieron

    lo que a Jesús en Belén,

    que vino para hacer bien

    pero mal lo recibieron”

     

    León Felipe Duque recuerda mucho una trova que escuchó en Cuba, con el tema del Che Guevara, los comandantes, y la política que se estaba viviendo en este lugar. La frase “hasta siempre comandante” era el pie forzado de la trova, se memorizó los primeros cuatro versos de una décima, él dice que es una trova redonda, que no le falta una palabra. “Creo que eso es lo que debe hacer un trovador, al final de todos los esfuerzos que se hacen para que los trovadores se perfeccionen y busquen llegar a una trova mejor elaborada, es a eso, a que uno pueda llegar y tomar lo que dice el trovador, escribirlo, cerrar ese libro y mandarlo a imprimir”, explica.

     

    William Giraldo “El Mosco” un marinillo, ingeniero de sistemas, trovador desde muy pequeño, ahora director del Festival Nacional de la Trova Ciudad de Medellín, cuenta que su pueblo era muy tradicional en cuanto a la trova. Justamente viendo a los Marinillos fue que le comenzó a gustar el repentismo. El día que se descubrió como trovador fue en tercero de primaria aprendiéndose el “Rin Rin Renacuajo”, pero no se lo aprendió del todo, terminó improvisando desde la mitad, tuvo la fortuna de que nadie se enteró de lo que él estaba haciendo.

     

    Si hay problemas en la trova es que es muy efímera, las trovas pasan, pero queda muy poco registro de ellas. Ahora es más citadina, antes se exaltaba más el campo, al orgullo paisa, hoy es más universal, integra al diferente y no se aprovecha de esto, pero al final la trova conserva raíces, lo que ha cambiado son los personajes, ese es el principal cambio que William ha visto, “al principio era muy difícil ver niños de 16 – 17 años en el festival, y si participaban no eran muy exitosos, ahora hay un montón de niños que vienen entrenando desde los 8 o 9 años y que vienen en escuelas”.

     

    15 años estuvo dedicado a la trova William, participó en el Festival Ciudad de Medellín en el 2007, no ha dejado de trovar, ahora no compite por cuestiones de tiempo porque llevar las riendas de un Festival de la Feria de las Flores no es nada fácil.

     

    Ser director del Festival Nacional de la Trova ha sido uno de los trabajos que menos está acorde con su carrera, pero por pasión y tradición sí lo está, todo comenzó siendo asistente en el 2007 de uno de los directores en ese tiempo, Leonardo Jiménez, con el tiempo Leonardo y Germán Carvajal se fueron dedicando a otros proyectos, quedando William al frente del Festival, ahora es quien vela porque el certamen se haga en las mejores condiciones, intercomunica a los trovadores con las entidades patrocinadoras, escribe las presentaciones de los trovadores y el libreto, él visualiza hacia dónde se quiere llevar a la trova en la ciudad.

     

    El festival tiene varias etapas. Primero, las audiciones donde participan los trovadores nuevos o los que se han retirado un tiempo de la trova; la segunda parte es la clasificatoria, donde están los trovadores que participaron en el festival del año anterior y los que pasaron las audiciones, la tercera parte son las semifinales que se realizan el primer fin de semana de la Feria de las Flores, allí participan los que tuvieron el mejor desempeño de las clasificatorias, y la cuarta es la final del Festival Nacional de la Trova de la Feria de las Flores, donde sale el rey nacional.

     

    “Aquí nadie quiere a Ingrid

    esa vieja es un horror,

    se la mandamos a Francia

    de Colombia con amor.”

     

    En el Parque de los Deseos, durante el Festival Nacional de la Trova Feria de las Flores de 2010, se conoció la demanda de Ingrid Betancur al Estado Colombiano por su cautiverio. La tanda se hizo con pie forzado: el jurado pone el último verso de la cuarteta y de ahí el trovador debe hacer una trova que tenga que ver con el tema y la rima, en este caso el pie forzado fue “de Colombia con amor”.

     

    La trova más elemental y sencilla para Mateo Jiménez “Dinamita”, se convirtió en la mayor ovación que ha recibido en un Festival Nacional de la Trova. Tiene 24 años, es estudiante de Ciencias Políticas, profesor de trova en la Corporación Trovemos y Rey Nacional de la Feria de las Flores en el 2013. Sus inicios llegaron gracias al gusto de su padre por el repentismo, además en el colegio Calasanz, donde estudió, tuvo su primer acercamiento a un trovador y como uno primerizo.

     

    Reitera Jiménez que la esencia de la trova no se ha perdido, ha cambiado, ahora es más urbana que rural, no pierde esas características de la esencia, pero ha evolucionado, ahora la trova está llegando a otro tipo de espacios, a otro tipo de gente, “todavía falta más de conquista de espacio, la trova debe hacerse al trono que merece como reina de las artes en Antioquia”.

     

    La metáfora es el recurso que más se le da a “Dinamita” para crear la trova. El ser rey de la trova ha sido muy satisfactorio tanto para él, como para las personas que lo rodean. Ha tenido numerosas victorias dentro de ese festival, el compromiso es mayor porque ser el rey requiere dejar en alto las habilidades en los festivales más importantes del país: “Ser rey es como un plus que uno siente en el interior”, dice Mateo con seguridad que ha demostrado con triunfos sucesivos.

     

    “Dinamita” se refiere a la Corporación que dirige: “Trovemos es un grupo de amigos con un sueño en común en el que convergen las ideas para llegar al camino de devolverle la trova lo que nos ha dado y entregarle un poco de lo que nosotros creemos que debe ser la trova”.

     

    En un año y medio que lleva Trovemos ya tiene una escuela de niños y de adultos, hay un buen posicionamiento en las redes sociales, “hemos realizado muchos eventos que enaltezca la cultura, la trova y que le aporte desde todos los puntos de vista”. Ahora tienen un CD que se llama Que troven los niños, que muestra las diferentes modalidades de trova en Colombia, está realizado por 15 niños y los 3 líderes de Trovemos.

     

    “Yo soy un puente extendido

    entre dos generaciones,

    al que el tiempo y el olvido

    carcomieron sus tablones”

    Fernando “El godo” Echeverry, habla de la vejez en una trova poética.

     

    Las temáticas y el contexto de la trova van a seguir cambiando, el mundo está en constante movimiento, y aunque la trova sea netamente campesina, se va trasformando según la aptitud que tengan los trovadores de las generaciones venideras. Las características técnicas son muy rigurosas, los trovadores esperan que los jurados exijan más a ellos, aunque hay otros que proponen mayor libertad en la expresión de las trovas, sin tantas reglas, para que los trovadores de antaño regresen a los escenarios.

     

    Cada vez hay más trovadores, por ende, hay muchas escuelas de trova regadas por todo el departamento y festivales como el de Medellín, que pervive como un referente que además dignifica a los trovadores por la amplia proyección de su talento.

     

    “Debemos apuntar valorar más y hacer más por la trova. Todos los trovadores tienen el nombre de la trova, hay que seguirlo cuidando. ¿Qué más podría ser un arte si no es la suma de aquellos expositores?”, dice Dinamita.

     

     

  • Memoria visual de Antioquia TRAS LA PISTA DE UNA HUELLA LUMINOSA

    El 28 de febrero del año 2017 se cumplieron 75 años sin ese hombre que entregó su vida a la tarea de capturar la historia, ese de ascendencia liberal y de descendencia artística; ese de mirada acuciosa y aguda: Melitón Rodríguez. Fotografías que complementan el reportaje publicado en la edición 58 de Contexto que puede leerse AQUÍ.

     

     

     

  • El sentir de un animalista arrepentido

    “No me alcanzará la vida para agradecerle a ‘Terciopelo’ el favor que me hizo”, piensa Álvaro Múnera Builes, ex torero, concejal de Medellín y ahora símbolo de la defensa de los animales, al referirse al toro que le dio un rumbo diferente a su vida, cuando el 19 de noviembre en 1985 le propició una cornada y lo dejó parapléjico. Hoy Múnera, conocido como ‘El Pilarico’ desde su vida taurina defiende con fuertes argumentos la importancia de proteger a los animales.

     

    Lunes, 10 de la mañana. Me dirijo al Concejo de Medellín, con expectativa e intriga, con la curiosidad que se necesita para conocer a alguien como Álvaro Múnera Builes, una persona con alta convicción dentro de su lucha animalista.

     

    El ingreso es sencillo, me abren la puerta de la oficina e inmediatamente se presentan ante mis ojos muchas imágenes de animales, hay gatos, tigres, delfines, perros, elefantes, micos, caballos; también grandes carteles que rechazan la tauromaquia.

     

    Me perdí en ese ambiente, en lo cálida que resultaba ser esa oficina del concejo. Tomé asiento por unos minutos y llegó Álvaro Múnera, en su silla de ruedas y con una gentileza que se percibe fácilmente. Comenzamos la entrevista y parecía que no estábamos solos, nos acompañaban los animales plasmados en las paredes.

     

    La historia de vida de Álvaro Múnera es un símbolo de la causa animalista en Medellín. Foto: Blog Amigos del Toro

     

    A usted lo reconocen como “El Pilarico”, ¿cómo surge este apodo?

    “Desde que yo tenía más o menos 9 años, me mudé con mi familia al barrio La Pilarica, empecé a torear a esa edad y todos mis amigos del barrio iban a verme, para que a ellos los identificaran como mis amigos, empezaron a gritar ‘Pilarico, Pilarico’, y así me quedé”.

     

    ¿Cómo nació su afición por las corridas de toros?

    “Yo heredé la afición taurina de mi padre, para él los toros eran su vida y nos llevaba a mis hermanos y a mí desde los 4 años a todas las corridas, yo crecí con eso, era pan de cada día en mi casa”.

    La historia de vida de Álvaro Múnera es un símbolo de la

    causa animalista en Medellín. Foto: Blog Amigos del Toro

     

     

    Cuénteme de las sensaciones que tuvo al recibir la cornada por parte del toro que lo dejó parapléjico y lo alejó de su vida como torero a los 18 años.

     

    “Cuando el toro me cogió, me partí la quinta vértebra cervical, tuve trauma craneoencefálico y lesión medular completa. Yo sentí un corrientazo frío y el cuerpo se me perdió, no podía ni ver, ni hablar, solo escuchar; incluso pensé que estaba muerto”.

     

    ¿Cuándo y dónde comenzó a cambiar su percepción sobre las corridas de toros?

    “Yo estuve primero en recuperación en España, allí el proceso no avanzaba, a los 4 meses me trasladaron a Miami, mi transformación se da en ese lugar, cuando llego a un país que no concibe que todavía exista un pueblo que se divierta torturando y matando animales. Yo enfrento esos pensamientos cuando, al contarle a las personas lo que me pasó, me miran como si fuera un psicópata, un asesino, un violador…todo influyó para darme cuenta de que el equivocado era yo”.

     

    ¿Tiene algún momento o alguna frase que considere que lo ha marcado para siempre durante su estadía en Miami?

    “Sí. Una vez una compañera del hospital me invitó a comer a su casa con toda su familia; cuando llegamos donde una tía de ella, mi compañera le dijo: ‘Tía, él es Álvaro Múnera, un torero que vino de España y se accidentó, quedó en silla de ruedas por una cornada’. De manera inmediata esa señora se quedó mirándome con unos ojos brillantes e intimidantes y, sin pensarlo dos veces, me dijo: ‘¿Sabe qué? Me alegra mucho que esté en esa silla de ruedas, ojalá nunca se levante de ahí, usted es un bárbaro, cruel, asesino’. Yo no le respondí, pero sí interioricé eso y le di toda a razón, porque así es, hay crímenes que no tienen forma de ser reparados y esos son los que yo he cometido”.

     

    Con la mirada siempre esquiva, tal vez reflejando timidez a pesar de su condición de político, iba respondiendo mis preguntas y dándole un tono muy conversacional al asunto, me hablaba como si me conociera desde hace un buen tiempo.

     

    Entrando en otros aspectos, ¿qué es para usted la política, cómo la concibe?

    “Para mí la política es una fábrica para materializar sueños. Hay gente que trabaja mucho para llegar acá, nosotros llegamos acá para trabajar mucho, a pesar de las críticas”.

     

    Hablando de críticas, a usted los taurinos lo catalogan de “traidor” por unirse a la causa animalista y defenderla en su carrera política, ¿ha tenido que enfrentarse directamente con ellos? ¿Cuál es su pensamiento al respecto?

    “Todo el tiempo. Incluso me han amenazado de muerte, no me han matado porque no le quieren poner un mártir a esta causa. Cuando tomé la decisión de hacer pública mi conversión y mi ‘salida del clóset antitaurino’ (sonríe), los amantes de las corridas me empezaron a ver como su enemigo y como un traidor, pero les doy la razón porque eso fue lo que hice, traicionar la crueldad”.

     

    ¿Cuáles han sido los momentos más difíciles en esta lucha por el bienestar animal?

    “Los debates con los caballistas por la eliminación de las cabalgatas en la Feria de Flores y el proceso de erradicación de los cocheros. Recibimos muchas críticas e insultos”.

     

    Era momento de darle un giro diferente a la conversación, quería conocer otros aspectos de Álvaro Múnera, quería entrar a conocer su carácter, su personalidad y sus gustos.

     

    Cuénteme, ¿cuál es su recuerdo más emocionante?

    “Yo tengo una hija llamada Isabel. La adopté con mi esposa y ahora tiene 12 años, el día en que me la entregaron fue el día más feliz, no tengo cómo describirlo”.

     

    ¿A Isabel, le ha inculcado ese amor por los animales?

    “Sí, ella inclusive se hizo vegetariana desde los 6 años gracias a mi ejemplo”.

     

    ¿Alguna frase que lo identifique?

    “Una de Gandhi: ‘La cultura de un pueblo y su progreso moral deben medirse según el trato que le dan a sus animales’”.

     

    ¿Qué lo hace feliz, aparte de luchar por el bienestar de los animales?

    “Espiritualmente es eso y nada más, para mí lo más grande es la causa animalista; materialmente me gusta y disfruto mucho del fútbol americano, en Estados Unidos me hice fanático enfermo de los Delfines de Miami, gozo bastante con sus partidos, eso es casi que una religión”.

     

    Para finalizar ¿qué significa para Álvaro Múnera esa silla de ruedas?

    “Significa un maestro impresionante porque tú ves el mundo muy distinto, aprendes a valorar, esta silla de ruedas me enseñó a asumir como propio el dolor ajeno y también me bajó del pedestal de orgullo en el que estaba”.

     

    El Concejal Defensor de los Animales, con un poco de angustia, asegura que ni viviendo dos veces puede devolverles a ellos todo el bienestar que les quitó en su época de equivocadas decisiones, continúa con la firme creencia de que es posible un gobierno que los incluya y promueva su protección, continua siendo un animalista que con acciones intenta aminorar su “deuda de vida”.

     

     

     

  • “Yo soy un poeta binacional”: Juan Calzadilla

    El primer homenajeado con el premio León de Greiff al Mérito Literario es el poeta venezolano Juan Calzadilla. El reconocimiento busca darle relieve a la obra poética, a su papel en las sociedades, a su valor como testimonio de su tiempo. Apuntes sobre la obra del poeta desde los jurados, los lectores y desde él mismo. Cubrimiento especial de la Fiesta del Libro en Contexto.

     

    Juan Calzadilla ganador del premio León de Greiff al Mérito Literario. Foto por: Yorley Ruiz

    Juan Calzadilla, ganador del premio León de Greiff al Mérito Literario 2016. Foto: Yorley Ruiz

     

    Por primera vez, en el marco de la Fiesta del Libro y la Cultura en Medellín fue entregado el Premio León de Greiff al Mérito Literario. El poeta venezolano Juan Calzadilla fue merecedor del galardón que busca reconocer la vida y obra de un escritor; en los años pares se premiará a un poeta y en los impares a narradores (cuento o novela).

     

    Durante la ceremonia, Julio Acosta Arango, vicerrector de la Universidad Eafitt, una de las entidades aliadas que hace posible el premio, expresó: “Nuestra intención con este premio es acercar a los lectores a la obra de un poeta y para que a su vez esas mismas letras sirvan de faro”. Acosta destacó la importancia de la poesía y la literatura para la vida de los seres humanos.

     

    Por otro lado, Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín, coincidió en el valor de la literatura en las sociedades y reconoció que esta ciudad que es más acción que contemplación guarda un espacio importante para la figura del poeta.

     

    De derecha a izquierda: Julio Acosta Arango, vicerrector de Eafit; Amalia Londoño, secretaria de cultura de Medellín; Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín; Juan Calzadilla, ganador del permio. Foto por: Yorley Ruiz.

    De derecha a izquierda: Julio Acosta Arango, vicerrector de Eafit; Amalia Londoño, secretaria de cultura de Medellín; Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín; Juan Calzadilla, ganador del premio. Foto: Yorley Ruiz.

     

     

    Con su voz pausada e ideas claras Juan Calzadilla, el galardonado, recordó la poesía de los años 70 donde, según él no había distinción entre países, se entendía más bien como un solo universo, para ilustrarlo habló sobre el Nadaísmo en Colombia y sobre el movimiento vanguardista El Techo de la Ballena en Venezuela, donde los poetas iban de un lado para otro y colaboraban entre sí, por ello recalcó que: “Yo no soy un poeta nacional, tampoco soy un poeta colombiano, por supuesto, soy un poeta binacional, si quieren, mejor bifronterizo”. Calzadilla reconoció más similitudes que diferencias entre la poesía Latinoamérica e incluso propuso que se hiciera del Premio León de Greiff una escuela donde se tratan temas de la poesía a la luz de las letras del poeta antioqueño.

     

    Calzadilla, un hombre que actualmente tiene de 85 años de edad, comenzó su carrera como escritor siendo periodista, más adelante como cofundador de la vanguardia venezolana El Techo de la Ballena mostró sus inclinaciones artísticas y activistas frente a la situación social de su país, además su sátira y verso libre le permitieron definir un estilo propio como se evidencia en su primera publicación en 1954 con un libro llamado Primeros Poemas. Como artista plástico y crítico de arte, en 1997 recibió el Premio Nacional de Arte de Venezuela. A pesar de que Juan Calzadilla no se reconozca así mismo como un poeta profesional ni como un crítico de arte, su trabajo le ha aportado a su país de una manera significativa, tanto así que ahora, rompiendo fronteras, es visible para toda Latinoamérica.

     

    Juan Calzadilla, un artista integral, poeta, ensayista, crítico, entre otros, busca con el premio lograr más lectores para sus textos y reconoce la importancia de la nueva antología de su obra llamada Precipicio sin bordes, con prólogo escrito por Juan Manuel Roca y publicado por el Fondo Editorial Universidad Eafitt, ya que esta permitirá una visibilidad mayor no solo de su poesía sino de otros poetas de su país.

     

    Jurado del premio León de Greiff, de derecha a izquierda: Juan Camilo Suárez Roldán, Juan Calzadilla, Piedad Bonnett, Alberto Barrera Tyszka y Juan Manuel Roca. Foto: Yorley Ruiz.

    Jurado del premio León de Greiff, de derecha a izquierda: Juan Camilo Suárez Roldán, Juan Calzadilla, Piedad Bonnett, Alberto Barrera Tyszka y Juan Manuel Roca. Foto : Yorley Ruiz.

     

    El papel del poeta en el siglo XXI

     

    Como parte de los jurados del premio León de Greiff, Piedad Bonnett y Juan Manuel Roca le contaron a Contexto la importancia del poeta y la poesía para el siglo XXI. Bonnett señaló que pese a que no es tan diferente al poeta del tiempo de los griegos y del Renacimiento, la diferencia está en su época, ya que: “Lleva la lengua a un extremo de ruptura que es capaz de descubrir lo que de alguna manera ahí estaba para siempre”. El poeta, según la mirada de Bonnett es el que permite encontrar sentido donde aparentemente no está, se convierte en un vocero de la belleza e incluso de la fealdad, como el poeta contemporáneo, que expresa lo humano.

     

    Roca por otro lado explicó que las humanidades y las artes son necesarias para una sociedad porque permite el ‘mestizaje’, el cruce de caminos que dan paso a la preocupación por el otro; además expresa que una sociedad que no esté interesada por las humanidades y las artes es “una sociedad hueca, vacía, deshabitada, es una sociedad que sin duda está dirigida a lo peor en el futuro”.

     

    Según ellos, Juan Calzadilla, como ejemplo para Latinoamérica de poeta contemporáneo y de artista integral, muestra con su obra cómo las letras, el arte y las humanidades en general son de gran importancia para las sociedades que, superando sus conflictos y diferencias, se unen para hablar de lo humano, que de muchas formas influye en lo social.

     

     

    Firma del libro Precipicios sin Bordes. Antología Personal de Juan Calzadilla al final de la ceremonia de premiación en medio de un coctel ofrecido por los creadores del premio. Foto: Yorley Ruiz.