Libia Restrepo nunca fue una historiadora común y corriente. Cada vez que alguien mencionaba su nombre en los pasillos de la Universidad Pontificia Bolivariana, siempre surgía una palabra: pasión. Esta pasión la llevó a desentrañar los misterios de la historia de Antioquia, a explorar, por ejemplo, cómo la Medicina y la Arquitectura se vinculaban con la vida de las personas y a poner toda su alma en cada investigación que emprendía.
Nacida con el don de la curiosidad, Libia estudió historia en la Universidad Nacional en Medellín, donde también obtuvo su maestría. Se dedicó a explorar temas poco convencionales para un historiador, como la medicina forense y los crímenes de Antioquia en el siglo XIX. Pero no veía su objeto de estudio como sólo de ciencia y hechos fríos, ponía de por medio un profundo interés en las historias humanas que se esconden detrás de cada pieza de información.
Uno de sus mayores orgullos fue su trabajo sobre el Ferrocarril de Antioquia y el desarrollo de la práctica médica en la región. Pero quizás fueron sus investigaciones sobre la Basílica Metropolitana de Medellín las que más reflejaron su personalidad: Libia Restrepo no se limitó a describir muros de ladrillo o torres imponentes; encontró vida en cada piedra, en cada rincón inacabado del edificio. “¿Por qué nunca se termina?”, se preguntó sobre la catedral, reflejando un poco lo que sentía por su amor por la historia: interminable.
La profesora Libia Restrepo lideró el proyecto editorial Joyas Facsimilares, derivado de la donación que hizo el expresidente Belisario Betancur a la UPB. Aquí, durante la presentación del libro con el exmandatario y el exrector de la UPB Julio Jairo Ceballos Sepúlveda en 2016.
Fotos: Universidad Pontificia Bolivariana.
La vida de en la academia no fue fácil Para Libia Restrepo. En la Universidad Pontificia Bolivariana, donde trabajó desde 1993, fue pionera en el desarrollo áreas como la paleografía, disciplina que ella misma impartía. “Si algo nos enseña la historia es a ser humildes”, siempre les decía a sus alumnos, quienes, según ella, eran lo único que extrañaba tras su jubilación en 2019.
Después de décadas de formación y enseñanza, la salud empezó a complicarse cada vez más. Su corazón se convirtió en “vidrio”, como ella lo describió en conversaciones con sus antiguos compañeros; un corazón frágil que, sin embargo, siguió latiendo por la investigación. Incluso en sus momentos de mayor calma, la profesora Restrepo estaba ocupada completando su trabajo en la catedral. Su último libro, Obispos, torres y cañones, es una mirada única a la historia de este edificio, escrita capítulo a capítulo, como si cada obispo representara un bloque en esta colosal estructura que, como su vida, nunca parecía terminar del todo.
Libia Restrepo amaba tanto su trabajo que era difícil separarla de él. La emisora Radio Bolivariana, a la que consideraba “su otra casa”, dejó de escuchar su voz cuando su salud ya no le permitía seguir participando. Pero, aunque su voz se debilitó, su legado se mantuvo fuerte. Incluso después de su jubilación, muchos la recordaban con cariño y respeto. Se destacó por sus anécdotas y su capacidad para cautivar a cualquier público. El Consejo Académico de la Universidad le otorgó el “Espíritu Bolivariano”, un reconocimiento a su compromiso, y el Rector Julio Jairo Ceballos fue quien se lo entregó. En cada rincón de la universidad, Libia dejó una huella imborrable, no sólo en las aulas sino también en el corazón de quienes tuvieron la suerte de conocerla.
En definitiva, lo que hizo única a Libia Restrepo no fue sólo su intelecto, sino también su capacidad para humanizar la historia. En cada examen encontraba algo que le encantaba, como si la historia la hubiera elegido a ella para contarla. Porque, como decía con una sonrisa: “Con cada examen que hago, me enamoro de mis alumnos”. Libia Restrepo fue mucho más que una historiadora: fue una narradora de vidas, un alma incansable que nunca dejó de buscar respuestas y una maestra que tocaba no sólo las mentes sino también los corazones.
Jaime Andrés Vásquez Jaramillo – Docente de la Universidad Pontifica Bolivariana. Fue estudiante y luego colega de la profesora Restrepo. Escuche la entrevista en que hace semblanza de esta mujer para la Historia.
Escuche también las realizaciones de la profesora Restrepo para Radio Bolivariana:
A Javier Naranjo le pidieron ser profesor estando en su taberna, mientras atendía a uno de los papás del Colegio El Triángulo, en el barrio Gualanday de Rionegro. Los papás solían frecuentar ese lugar: se tomaban sus tragos y conversaban con Javier. Fue así como supieron que al tabernero le gustaba leer y escribir y entonces uno de sus clientes, que pertenecía a la junta directiva del colegio, le propuso dictar unas clases: “como te gusta la agropecuaria, vení organizá una huerta órganica”, dijo el papá; “como te gusta la fotografía, vení montamos un cuarto oscuro”; “y como leés y te encanta la lectura, mirá a ver cómo podés desarrollar algo que se llama creación literaria”.
Javier había estudiado dos años de antropología en la Universidad de Antioquia, pero en ese momento había muchos paros y dejó la carrera a medias. Desde pequeño le interesaban las plantas, así que terminó estudiando una tecnología en agropecuaria. Se fue a trabajar al Vaupés, en los límites entre Brasil y Colombia; allá, al amparo de los árboles, escribió sus primeros poemas. El oficio de la fotografía, dice él, era algo como la magia: entrar al cuarto oscuro y revelar las fotografías lo convertía en una suerte de alquimista. Pero la creación literaria… no sabía qué era eso.
Así que decidió inventar. Creó un taller libre, en que los estudiantes se sentaban en la manga y conversaban, leían y, lentamente, introdujo el ejercicio de la escritura. Aunque trabajaba con estudiantes de todos los grados, notó que había algo especial en las narraciones de los más pequeños. Cuando llegó el Día del Niño, Javier le propuso a sus estudiantes que definieran la palabra “niño”. “Un niño es un amigo, tiene el pelo cortico, juega bolas. Puede jugar y puede ir al circo”, respondió uno. “Tiene huesos, tiene ojos, tiene nariz, tiene boca, camina y come y no toma ron y se acuesta más temprano”, propuso otra. Con respuestas como estas, Javier comenzó a construir Casa de las Estrellas: el universo contado por los niños, un libro en que infantes antioqueños definían, en sus palabras y al estilo de un diccionario, las palabras que él les proponía.
Taller de creación literaria dirigido por Javier Naranjo en Caracolicito, departamento del Cesar. Para presentar su labor, Javier prefiere talleres antes que charlas y exhibiciones de libros. Foto: Archivo Javier Naranjo.
Taller de creación literaria dirigido en la vereda Nazareth, de El Retiro, Antioquia. Foto: Archivo Javier Naranjo.
“Más o menos a los doce años alguna cosa se pierde”, explica, “no sé si se pierde el asombro, no sé si se si ya hemos incorporado a esa edad lo que nos dicen que debe ser el mundo… Algo se pierde, de ese desenfadado, de esa tranquilidad, de ese asombro y sobre todo de ese nombrar por primera vez”. Las palabras de Javier dan cuenta de un hombre que cree y, de cierta manera, envidia la particular voz poética de la infancia.
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Javier vive en una vereda de El Carmen del Viboral, el mismo pueblo de José Manuel Arango, quien en tres versos condensó como ningún otro la añoranza de la infancia (Infancia / vuelta a encontrar, al morder una fruta / en su sabor olvidado). Los días los dedica a cuidar de su jardín. Entre tanto, junto a su esposa Orlanda, continúan impartiendo talleres de creación literaria en diversos lugares de Antioquia. Aunque el trabajo con los niños es, quizás, su irremediable sello, ahora enfatizan también en adultos y adolescentes que, desde sus cuerpos en apariencia maduros, narran y rememoran lo lúcido de la niñez.
Al inicio, Javier no pretendía hacer un libro, aunque sí tuvo la sensibilidad para notar que en las definiciones de sus estudiantes había algo que merecía ser recogido. La idea de compilarlas en un libro apareció después de que El Espectador y una revista de Argentina publicaran algunas de las definiciones. “Me voy maravillando cada vez más, por ejemplo, cuando un niño dice que adulto es ‘alguien que en toda cosa que hable primero ella’ (…) o que una niña diga que sombra ‘son los movimientos de cada persona en la oscuridad’. ¡Eso es poesía pura!”. Finalmente, en 1999, la Universidad de Antioquia publicó la compilación. El resultado es un libro que respira infancia incluso en el título: Casa de las estrellas, fue la definición que uno de los niños entregó a la palabra “universo”.
Presentación del libro Casa das Estrelas en favela da Maré, Río de Janeiro. Foto: Archivo Javier Naranjo.
Desde entonces, Javier ha adelantado varios proyectos que, a través de la creación literaria, extienden el modelo propuesto en Casa de las estrellas. Los niños piensan la paz, por ejemplo, es un proyecto promovido por el Banco de la República en el que Javier Naranjo recorrió 22 municipios del país a lo largo de dos años, recogiendo historias de vida de más de 800 niños alrededor de la violencia, la guerra y la paz. “Sacaban cinco palabras de una bolsa y escogían una para contar su historia de vida, o de la familia, o del barrio, pero una historia verdadera”, explica.
Los niños piensan la paz, publicado en 2015, es un trabajo que, de alguna forma, narra nuestra historia desde un lugar distinto al habitual: no desde el estado ni la academia, sino desde la niñez. “Ahí está la historia del país, en estos niños que cuentan que la violencia empieza en casa, que la guerra empieza en casa, que es en la familia donde se instala una guerra inicial y llenos de dolor, de odio, de imposibilidades de hablar, salimos a expandir la guerra afuera”, señala Javier.
Los niños piensan la paz, editado en 2015 por el banco de la república. Foto: Cristian Gutiérrez.
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“Así estemos hablando con adolescentes y con adultos, nunca hemos dejado de hablar con niños”, expresa. Entonces, demostrando que su biblioteca no es decorativa, comienza a citar poetas que reproducen esa lógica: Manoel de Barros, Mário Quintana… “Fernando Pessoa, por ejemplo con un heterónimo como Alberto Caeiro, que era pastor y es una belleza…”.
En su opinión, es indiferente si lo que los niños hacen en sus talleres es literatura o no: “No importa si le otorgamos ese calificativo (…), llámese como se llame, son capaces de expresiones de profunda revelación de la condición humana, de la condición del ser”.
“Como los niños apenas vienen al mundo y se están incorporando a la realidad, es como si ellos estuvieran conectados a una especie de cordón umbilical al alma del mundo, al anima mundi”, reflexiona Javier, haciendo honor a su profesión, “y el alma del mundo es lo que ellos nos anuncian cuando en sus palabras precarias, porque no dominan el lenguaje, son capaces de asociaciones maravillosas”.
Lo anterior, dice, parece sugerir que los niños nacen aparejados con la poesía, lo cual lo hace pensar a uno que la poesía está en lo esencial, al estilo de Pessoa o Whitman. “Eso me ha llevado a conclusiones en el sentido de que, aquellos que se creen dueños de lo poético, o que se creen poetas muy grandotes y muy sabios están equivocados, siento que la poesía está en el mundo y que los niños son capaces de traernos noticias de ella”. Y no escatima palabras para elogiar a sus infantes poetas: “gracias a sus palabras, donde se mezclan oralidad y escritura, traen unas cosas increíbles. Entonces yo me deslumbré con eso”.
La obra de Javier Naranjo da cuenta de la filosofía de un hombre que cree en el poder transformador de la palabra, y en la oportunidad de que los niños se apropien de ella para conmovernos con sus frescas, sabias y despreocupadas visiones del mundo. Actualmente, junto a su esposa, Javier está desarrollando un libro de dos tomos en el que, de nuevo, recogerá las narraciones de niños, niñas, adolescentes y adultos, esta vez alrededor de preguntas más amplias sobre el cuerpo, la tristeza, la alegría y otros tantos temas. La premisa del libro es la misma de todos sus talleres: “no somos psicólogos, pero hemos encontrado en el lenguaje, en la palabra, una herramienta poderosísima para expresarse y que sea una suerte de bálsamo que ayuda a cicatrizar algunas heridas”.
Infancia viene del vocablo latín infans, que significa “incapaz de hablar”. En una sociedad en la que incluso los diccionarios parecen negar y relegar la relevancia social de la niñez, Javier intenta demostrar, día tras día, que el sentido también se construye con los niños. “Si el lenguaje es la casa del ser, como dice Heidegger, pues ellos vienen a mostrarnos algunas de esas habitaciones cuando por primera vez son habitadas”.
“Yo nunca he tenido afán, y no porque me crea inmortal, sino porque creo que las cosas tienen que crecer de una manera como orgánica, no forzada (…). Mejor dicho, yo no estoy haciendo una carrera literaria. Me enorgullece y me da muchísima más alegría lo que he recogido con comunidades que lo que yo mismo escribo. Eso se va haciendo paralelo a lo otro, pero me da mucha más alegría esto que he ido recogiendo”, concluye Javier, con la mesura de un hombre que se sabe satisfecho.
“Los ritos, actos repetidos invariablemente, son una forma de honrar o reconocer la importancia y el significado de un momento en específico (…) Quiero mantener la memoria de estas técnicas y eso es lo que me llena”. Carlos Felipe Ramírez Mesa.
El que habla es Carlos F. Ramirez, más conocido como “Cafera “, destacado investigador y creador artístico que ha dedicado su carrera a explorar las profundas intersecciones entre la fotografía, el archivo, la visualidad y diversos campos del pensamiento y el lenguaje. Desde 2014, ha viajado por todo el mundo, reviviendo y perfeccionando procesos fotográficos analógicos, históricos, con un enfoque particular en el colodión húmedo.
Por años, Cafera ha logrado plasmar en sus obras la belleza que oculta lo cotidiano, lo cual acaba de compartir en la exposición: Todo acto es un ritual, en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. Mediante la fotografía en película y colodión húmedo, una técnica del siglo XIX, da cuenta de los actos que conforman la memoria individual y colectiva, las creencias, experiencias, gustos y oficios que materializan la cotidianidad.
Carlos Felipe Ramírez combina su trabajo como fotógrafo y realizador audiovisual con la docencia. Foto: Cortesía.
“El día a día se encuentra lleno de pequeños rituales, si se presta atención. La cantidad de procesos involucrados en las acciones diarias como servirse un café, secar el arroz y sentarse a la mesa se convierten en paisaje. Lo cotidiano es merecedor de verdad o asombro”, explicaba el texto introductorio de la exposición.
¿Qué lo hizo inclinarse a su carrera como fotógrafo?
“Desde que tengo memoria, llevo una cámara en la mano. Esa cámara era de mi abuela. Los álbumes que ven en la exposición no son míos, sino que pertenecen a mi abuela, quien me sentaba a ver el álbum familiar con tarjetas de visita y empezaba a mostrarme retratos de todos mis antepasados. La fotografía siempre ha estado en mi”.
Hablando de su formación artística, ¿por qué decidió enfocarse en técnicas antiguas, sabiendo que hoy en día hay miles de posibilidades para retratar personas y espacios?
“Como siempre estuvo en mi la fotografía, se volvió un paisaje. Un día, mientras estudiaba guion en Los Ángeles, llevaba mi cámara digital y tomé más de 10.000 fotos; cuando me senté a ver todo lo que había capturado, nada me gustaba. El acto fotográfico me dejó de llenar. Luego me empecé a devolver a cuando mi papá me enseñó a hacer en cuarto oscuro, blanco y negro, cómo revelar una imagen; y empecé a retroceder bastante y ya llevo 10 años trabajando y especializándome en estas técnicas antiguas”.
¿Cómo surgió la idea de hacer la exposición con base a lo ritual y a lo cotidiano?
“Se dio gracias a un momento muy coyuntural de nuestras vidas [refiriéndose a Camila, su compañera] donde nos fuimos a vivir juntos, nos casamos y empezamos a tener unas conversaciones trascendentales sobre nuestros ritos, los espacios que empezamos a habitar y los recuerdos más importantes”.
<<Todo acto es un ritual, en la Biblioteca Pública Piloto. Foto: Contexto.
¿Qué siente al ver plasmados estos rituales que pueden ser tan personales en la exposición?
“Yo siento que es como un filtro de mis vivencias personales, para lograr que sean lo más genéricas posibles y que el espectador resuene con ellas. Cuando se empieza a mostrar detalles tan íntimos en una exposición, nos hacemos vulnerables a la idea o concepción que los demás pueden tener de cada uno”.
¿Por qué los círculos son elemento clave en la exposición?
“Es una forma primogénita del rito, como se puede ver desde el fuego al ser una manera natural, porque en la naturaleza no hay línea recta, las cosas biológicas son muy circulares. Así por medio de los círculos se da un acto de fe”.
¿Por qué ritualizar la rutina?
“La rutina está compuesta de micro ritos de los cuales no nos damos cuenta o que tal vez ya están demasiado interiorizados. La manera en que desarrollamos nuestro día es un rito, pero lo volvemos paisaje. Por ejemplo, las cosas que son súper bacanas y que tienen magia, comienzan a perderla. Esto es un llamado a que todos esos pequeños lugares, acciones y cosas que cuando se vuelven rutina, pierden también el encanto, pierden lo que les da sentido”.
¿De que se trata la técnica fotográfica del colodión húmedo?
“Es coger nitrocelulosa (explosivo plástico), ponerlo en eter y nitrato de plata en una superficie no porosa (vidrio o aluminio), aplicarla, de nuevo colocarla en nitrato de plata y dispararlo en una cámara de placas para dejarlo 16 minutos como máximo y revelarla para que no se dañe la imagen y así obtenerla”.
¿Por qué utilizar técnicas antiguas?
“Yo podría estar tomando fotos en digital como actualmente se hace, pero el hacer fotografía con técnicas del siglo XIX, es la razón más grande por la cual quiero mantener la memoria y porque es lo que verdaderamente me llena”.
La experiencia de Todo acto es un ritual incluye propuestas en video y paisaje sonoro. Foto: Contexto.
¿Tiene otro proyecto en mente o que ya esté realizando?
“Dos charlas, un taller, la siguiente serie que apenas estoy escribiéndola, estoy haciendo un montón de cosas audiovisuales profesionales y unos tres videojuegos. Uno no deja de vivir la experiencia creativa, siempre es el proceso de uno y a veces también son momentos de silencio. Llevaba 2 años sin exponer”.
A veces hay muchos prejuicios frente a las personas que se dedican al arte, ¿usted qué les diría a esas personas que desaniman a los futuros artistas con estos comentarios?
“El artista en los últimos tiempos se poetizó mucho, siempre han sido personas muy tesas en su oficio. Usted tiene que ser juicioso, trabajar el arte como si fuera una oficina y buscar sus maneras de querer hacerlo, esa es la diferencia de quien lo hace por hobbie y quien es artista de verdad. Yo no me considero artista, yo soy fotógrafo. Del arte sí puede vivir la gente, pero no es fácil”.
La propuesta ded Cafera incluyed también objetos que rafirman el sentido de la reflexión sobre lo cotidiano. Foto: Contexto.>>
La persistencia de Cafera es prueba de su compromiso con un trabajo que no es simplemente una reproducción del pasado, sino una reflexión profunda sobre la visualidad, la memoria y el presente que hay en lo cotidiano. En un tiempo donde lo efímero predomina, especialmente en la imagen, este fotógrafo recuerda que la imagen, al igual que la vida misma, es un acto ritual lleno de significado y propósito.
Estoy segura de que, por lo menos una vez en la vida, has ido a una feria artesanal y pedido rebaja: “Si le compro un bolso y dos manillas, ¿me le encima un llavero?”, diría cualquiera, ¿no? Lo curioso es que la artesana no gana ni la mitad de lo que realmente vale el producto y tú, comprándole sus artesanías, no le estás haciendo ningún un favor: “Que peca’o, ayudémosle, venga comprémosle algo”. Pero no te preocupes, yo hacía y pensaba exactamente lo mismo, de hecho, me adjudicaba la responsabilidad de dizque “continuar con su tradición” de “no dejarla morir” … Luego me daría cuenta de que esto no dependía de mi compra, sino de su cultura. Específicamente, de sus saberes ancestrales.
“¿Los saberes ancestrales permanecen por su cultura o por la fuente de ingresos que generan?”, me pregunté. Comencé a buscar en artículos científicos, páginas web de turismo, trabajos de grado. Pura información basada en una perspectiva blanca y colonial, como siempre se ha escrito y leído la historia, por eso, encontré términos como “revalorizar” o “sacar de la pobreza”. Sin embargo, me di cuenta de que la respuesta no la encontraría en internet, sino afuera, en la Sierra Nevada de Santa Marta, en La Guajira, en Córdoba y en el Mercado San Alejo.
Mis términos no encajaban con sus significados. Por eso, dejando atrás días de rastreo documental, comencé por el principio: ¿Qué es un saber ancestral? Un saber ancestral es un conjunto de saberes o prácticas tradicionales que han sido transmitidas de generación en generación dentro de una comunidad indígena. Estos saberes son las costumbres que dejaron sus ancestros y que se ven representadas desde un saludo a un mayor hasta la alimentación, el vestido, la danza, los rituales espirituales, la medicina y las artesanías. Y ojo, esta definición la pude construir gracias al testimonio de tres indígenas que conoceremos más adelante, nada de artículos científicos, investigaciones o algo por el estilo.
La permanencia de los saberes ancestrales está directamente relacionada con su transmisión. Puede ser a través de la tradición oral o por acto imitativo: “No todos los niños del mundo juegan como los niños occidentales. Si yo le regalo un Hot Wheels a un niño de una comunidad, él no sabe qué hacer con ese carrito, porque el juego para él es acompañar al papá al sembrado, a pescar o a cazar. Es de esa manera que se transmiten los saberes ancestrales”. Gregorio Henríquez, antropólogo e indígena miembro de la comunidad Wayuu, en la Guajira, del clan Epinayú, me hablaba sobre cómo algunos de estos saberes son concebidos o elegidos. Por ejemplo, “Nadie se vuelve chamán porque levantó la mano y dijo ‘yo quiero ser chamán’ ”, el tema de la medicina ancestral tiene que ver con un elemento específico que signa a la persona como chamán, como un sueño o una visión. Por el contrario de otros saberes, como teñir textiles, elaborar máscaras o tejer mochilas, sí puede ser una elección por gusto o talento.
Los saberes ancestrales están relacionados con la madre tierra, con la ley de origen de los indígenas. Es la base de su cultura, de su existencia. “Los saberes ancestrales son parte del alma de la comunidad, por eso, cuando se pierde un saber es como si arrancáramos hojas de un libro”, afirma Gregorio. Los indígenas preservan sus saberes ancestrales para no desaparecer, para no tener una crisis de identidad en medio de un mundo tan globalizado y moderno. Yo, por lo menos, seguía sin entender: ¿Por qué insistir tanto en preservar eso tan antiguo? “Mantener esos vínculos con el pasado nos dicen de dónde venimos, para entender lo que somos hoy y que nos permita proyectarnos a dónde queremos llegar”, me respondió Gregorio. “Básicamente son las bases”, le dije, y él asintió, satisfecho. Pensar nuestra historia y nuestro patrimonio como un activo es algo que aún no terminamos de concebir los blancos.
Pero… No creas, esa base indígena se tambalea de vez en cuando. Los saberes ancestrales se han ido transformando por varios factores como la influencia de la modernidad, la globalización, el cambio climático, la violencia, el turismo, las redes sociales y demás. “Los mestizajes se nos cuelan, a nuestro territorio llegan otras costumbres”, me contaba Bellanira por teléfono “Nosotros estamos enfocados en esa juventud, ´que no se nos contaminen´ decimos”. Bellanira Esther Izquierdo, lideresa y representante de las mujeres de la Comunidad de Jewrwa, de la etnia Arahuaca de la Sierra Nevada de Santa Marta, me explicaba que, más que un problema, este tipo de cambios representaban un reto para la comunidad “tenemos que concientizar a nuestros jóvenes que eso no es lo de nosotros”, refiriéndose específicamente a las redes sociales.
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Gregorio, quizás un poco más abierto a tomar esos cambios a su favor, proponía que “se puede estar en diálogo sin perder lo que somos”, pues, aunque haya elementos que puedan mejorar sus ritmos de producción y ayuden a optimizar recursos, eso no le quita “artesanalidad” a sus elaboraciones. Sin embargo, no se puede dejar atrás que hay factores que quizás impactan de manera más directa sobre esos saberes. Por un lado, cuando se habla de violencia se refiere al desplazamiento forzado y esto hace que la conexión con el territorio, comunidad y tradiciones se rompa. El turismo, por su parte, llega a invadir y a tomar por la fuerza el espacio privado si no está lo suficientemente informado. El cambio climático desvía los saberes ancestrales relacionados con la agricultura, los fenómenos de el Niño y la Niña no estaban en sus planes. Así mismo, las redes sociales influencian a los jóvenes a tener otro tipo de tradiciones, como decía Bellanira, que no están relacionadas con su comunidad. “Frenar los procesos de aculturación implica apropiarse del conocimiento y saberes de la ciencia y tecnología” afirma Gregorio, por eso no descarta la idea de que el joven indígena pueda ser, en un futuro, generador de contenido valioso en las redes sociales para difundir su conocimiento y costumbres hacia el resto del mundo.
Bueno y, entonces, ¿por qué venden sus saberes ancestrales si esto no contribuye a preservar su cultura? Simple: es una fuente más de recursos económicos. “Es mi sustento día a día”, dice sin más Liliana, indígena de la Casta Epiayú y perteneciente también a la etnia Wayuu. En algunas ocasiones, incluso, comunidades recogen el dinero obtenido de la venta de artesanías y lo llevan a un fondo común para enviar a los jóvenes a estudiar a otras regiones o para apoyar iniciativas de la misma comunidad como el sostenimiento de las emisoras, entre otras. El problema aquí es que la artesanía continúa viéndose como un arte menor. Pero la artesanía no es sinónimo de pobreza. La artesanía es elaborada por alguien con un pensar y un sentir que le da un valor agregado superior al de un proceso de manufactura.
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“Hace aproximadamente 40 años mi familia se dedica a la venta de nuestras artesanías al turismo”, me contaba Liliana a través de un audio por WhatsApp. Si es una sola persona la que teje la mochila se puede demorar 1 semana, pero si es un trabajo en equipo, hasta 3. “Por ejemplo, si vamos a tejer una docena de mochilas nos unimos, compramos los materiales y nos repartimos: tú haces las gazas, tú el cuerpo, otra adelanta el forro y así sucesivamente”. Liliana reconoce que los precios han variado con el tiempo, pues anteriormente una “pelotica” de hilo salía en 1.000 pesos, pero ahora valen 3.000. Las mochilas están hechas de 25 peloticas de hilo y son vendidas, aproximadamente, en 70 u 80 mil pesos… Si hacemos cuentas, ¿cuánto ganan?
Infografía: sara Rodríguez Lopera
Ahora hablemos de su sistema de venta; o, mejor dicho, de su sistema de intercambio con el intermediario. “Nuestro territorio queda a 3 horas pueblo” me contaba Bellanira, “entonces que pasa: que vienen muchos intermediarios a traernos víveres como la sal o el aceite y lo cambian con nuestras artesanías”. Recuerdo que al escuchar esto pensé “¿será esto justo?” y como si Bellanira hubiera leído mis pensamientos a los más de 500km de distancia que nos separan me dijo “yo digo que no es justo. Me las cambian [las artesanías] con víveres y a un precio menor” ¿Quién se está beneficiando ahí? Y bueno, no digo que sea el caso de todos los intermediarios; sin embargo, en la Guajira y en Córdoba, tienen la misma famita: Gregorio, en la Guajira, dice que una mochila en el territorio puede costar 50, 70 o hasta 100 mil pesos, pero si lo compra el intermediario, afuera las puedes ver a 130, 140 y hasta 180 mil pesos. En Tuchin, Córdoba, se maneja el tema del sombrero vueltiao. Una familia (de 6 u 8 personas) en una semana hace un sombrero fino para venderlo en 60 o 70 mil pesos, pero los intermediarios al comprarlos salen y los venden a 300 y 500 mil pesos.
“Nosotras por eso estamos hablando de una empresa propia a futuro. Para nosotras mismas poder vender nuestro trabajo, nuestras artesanías y ponerle el verdadero valor con que se hace”, me decía Bellanira, “¿y qué hace falta?” le pregunté, “Plata”, me respondió ella. Plata. Todo es plata. Plata que llueve en la ciudad pero que ni gotas quedan para los territorios. Plata para proveer de alimento y suministros a familias indígenas que, cuando escasea el cultivo del guineo o café y baja la venta, el hilo y la aguja se convierten en las únicas herramientas para poder sobrevivir. Aun así, como decía anteriormente, no es el caso de todos los intermediarios: Jorge Carmona, trabajador independiente y vendedor de mochilas arahuacas, es uno de los que por lo menos conoce el valor cultural y, por tanto, económico del producto.
Caminando por los corredores que forman los toldos en el Parque de Bolívar todos los primeros sábados de cada mes, me encontraba en el Mercado San Alejo buscando algo bonito para colgarme en el cuello. Sin embargo, entre tantas opciones, un toldo que nada tenía que ver con mis intenciones llamó mi atención: repartidas por todo el stand, don Jorge exhibía y ofrecía las mochilas típicas arahuacas. “¿Usted las hace?” le pregunté, “No, las hacen las mujeres artesanas de la Sierra Nevada de Santa Marta”. A partir de entonces se desplegó la otra parte de la historia, continuamos la conversación por WhatsApp: “Mi madre (QEPD) vendió artesanías en general, incluyendo las mochilas arahuacas. Fue una actividad económica para el sostenimiento de nuestro hogar”, Jorge me contó que desde allí nació su interés por su venta, “es un gusto para mí poder ofrecerles a las personas productos hechos a mano, donde se plasma mucha energía y sobre todo la creatividad”, las mochilas arahuacas le atraen, además, por su especial componente cultural y representación de un país. Es así como desde hace 15 años vende exclusivamente este producto.
Jorge le compra, con dinero, las mochilas a la comunidad donde pertenece Bellanira. Los precios a los que ofrece las mochilas afuera varían de acuerdo con el tamaño y las comercializa en ferias de ámbito local y nacional, principalmente en el Mercado San Alejo, en los parques de Belén y Sabaneta, en el almacén de Jumbo, en la Feria de las flores y en cualquier otra que se le presente. Jorge me contaba que muchos de sus compradores reconocían ese valor cultural que trae consigo la mochila, pero que otra parte, aunque no la conocía, se mostraba interesado por hacerlo. “Se vuelve un intercambio interesante. Además de que estoy vendiendo estoy transmitiendo cultura”, afirma. Bellanira agradece profundamente el apoyo de Jorge con su compra, sin embargo, le sigue faltando algo: “A mí sí me gustaría tener una persona o alguien que conociera más de nuestro trabajo y se le diera un valor en verdad a nuestras artesanías como artesanos y como artesanías tradicionales”.
Y tengamos en cuenta que, aun vendiendo la mayor parte de sus artesanías, no conocemos toda su historia completa. Resulta que toda esa cultura, esa artesanía, ese conocimiento ancestral, a penas y es una parte de lo que si quiera los indígenas muestran y/o venden. “El tejido de las mochilas es un saber ancestral que es propio de nosotras las mujeres arahuacas, no solamente los que don Jorge vende”, Bellanira me contaba que son alrededor de 30 tejidos y puntadas propias que tiene la comunidad y que no conocemos los de afuera. Aquellas que salen al mercado están bajo el permiso de los mayores, MAMɄS, sabedores y hombres que portan el poporo.
El tejido ya estaba antes de que llegáramos. El tejido es, además de mochilas: vestiduras, manillas y chumbes. Nuestra moneda no compra, vale o si quiera cuenta al lado de la tradición. El tejido no muere, pero tampoco se termina de valorar. “Yo diría que un 50% o 60%”, calificaba Bellanira. “Yo creo que un 70% valoran nuestros saberes ancestrales”, afirmaba Liliana, “ya sea por falta de conocimiento o porque no tienen ese amor, esa iniciativa de querer saber cómo la cultura es de suma importancia”. Y aún así, cuán orgullosos nos sentimos cuando Gabo rindió tributo a América Latina y al Caribe al ganar el Premio Nobel de Literatura o cuando el sombrero Vueltiao fue declarado símbolo cultural de la nación en 2004 … Pero ¿comprar a un precio justo? ¿aprender de nuestra cultura? ¿escuchar al artesano? Jamás.
Y ojo, que no se confunda la mochila de patrones o figuras geométricas con la mochila que tiene en su cuerpo la cara de Frida Kahlo, la lengua de los Rolling Stones o el escudo del Nacional. Aunque el tejido al final se distingue, se ha visto sumamente permeado por la globalización. Terminamos de alguna u otra manera apoyando lo que no es, modificado a nuestro gusto, con colores, formas y tamaños, la mochila occidental, la que nada tiene que ver con la original. “Se van a volver es vallas ambulantes”, dice Gregorio, “la globalización está convirtiendo casi que al producto artesanal en una especie de coleccionismo”. El antropólogo me contaba de marcas que llegaban a comprar mochilas indígenas, les cosían un logo y se las adjudicaban como creaciones propias. Es más, me decía que en algún momento una entidad había llegado a su territorio con el fin de “certificar” a los artesanos, “¿y quienes son ustedes para decirme si mi mochila está o no calificada?”, se preguntaba. Esa necesidad de nosotros de certificarlo todo, de hacerlo más “original”, más mejor. Básicamente, más igual: más nada.
Se pierden personas, pero no saberes. La transmisión de los saberes ancestrales a la siguiente generación es lo que permite la supervivencia de ellos. Se puede aprender del tejido, crear uno nuevo, incluso imitarlo, pero el sistema de pensamiento que trae consigo la mochila indígena, jamás. En cada mochila está plasmado el estado de ánimo de la persona, su percepción de la naturaleza, “y eso jamás se va a poder imitar”, afirma Gregorio. Pero ¿las próximas generaciones indígenas sí están interesadas en continuar con la tradición?
Conozcamos ahora a Alfonso Manuel Méndez, locutor e investigador de la seguridad y soberanía alimentaria, altamente relacionado con la agricultura y por ende conocedor de primera mano del proceso de construcción del sombrero vueltiao en Tuchín, Córdoba. “Ese es un tema que nos preocupa mucho a nosotros porque la tendencia del indígena es migrar a la ciudad y convertirse en independientes o en empleados de un almacén”, me contaba Alfonso que el indígena se ve envuelto en un mar de expectativas frente a la gran polis: “los indígenas se van porque no les dan [los compradores] el valor a sus artesanías. Se ilusionan por todas las oportunidades que supuestamente le ofrece la ciudad”.
Así mismo, Bellanira me contaba que entre más crecía la comunidad, más relacionamiento tenían sus jóvenes con los jóvenes blancos y así es más fácil o llevar sus costumbres a su territorio o irse tras ellos a la ciudad. La incidencia de las redes sociales es más grande de lo que se piensa, pero los discursos que se han llevado desde tiempo atrás no mejoran la situación: “uno encuentra que hay comunidades que tienen muchos problemas con los jóvenes para aceptarse como indígena. No quieren manejar su lengua, incluso la niegan”, Gregorio afirma que al indígena se le ha visto como un estorbo, un guerrillero, una persona maliciosa, “de ahí viene el término de malicia indígena”. El joven se ve inmerso una serie de rechazos, estereotipos y miedos culturales que lo hacen negar su indigenismo.
¿Entonces no quieren conservar sus saberes ancestrales? Claro que sí, solo que en medio de la discusión hay una serie de desafíos que los mayores, mayoras y autoridades indígenas deben afrontar. “Ese es nuestro reto: que nuestros hijos lleven muy bien desde su pensamiento y sangre el conocimiento” Bellanira me intenta explicar, desde su mejor español y mi peor ignorancia, que eso está en ellos: lo llevan desde el vientre, como madres que dan vida, alimentan y nutren a sus hijos del conocimiento de su territorio. Por eso no es difícil. “En términos generales los jóvenes hoy están más apropiados, más orgulloso y más comprometidos en mantener sus comunidades”, afirma Gregorio. Desde hace más de 500 años los indígenas se están organizando, resisten. Nosotros les hemos cobrado vidas, territorio, participación. No los hemos dejado en paz. Y, aun así, ellos continúan, sus bases crecen y las de nosotros se desmoronan.
Medellín es una colcha de retazos: apropiamos culturas que no nos pertenecen y pretendemos comprar, a un precio absurdo, la poca que nos queda. Se nos olvida lo que hay aquí. Lo que consideramos “típico”, como la bandeja paisa, surge apenas en los 60. Nuestros héroes representan las élites urbanas capitalistas, la participación del negro y del indígena ha sido negada en la construcción de nación. “También construimos la historia de Colombia y también narramos la historia de Colombia. Pero si a la gente nunca se la enseñaron, hoy la labor de las comunidades es narrarla”, dice el antropólogo. La labor aquí es del sistema, de nosotros como ciudadanos escuchar, aprender y volver a conocer la historia, nuestra historia. ¿Recuerdas por qué los indígenas preservan sus saberes ancestrales? Para saber de donde vienen, entender lo que son hoy y proyectarse hacia donde quieren llegar.
Sentada desde mi casa, con una taza de café al lado e Internet estable escribo la historia de aquellos que la hacen día a día desde la Sierra Nevada de Santa Marta, Córdoba y la Guajira. Aquellos que la tejen, la viven y la conmemoran. A mí solo me quedan palabras para contarlas, pero sigo siendo solo una espectadora. Esto no termina aquí, hay mucha tela por cortar, o, mejor dicho, mucho hilo por tejer. Cuando decidí investigar sobre este tema, no sabía nada y ahora declaro que sé aún menos. Somos responsables de preservar esto, de cuidarlo como parte de nuestra identidad. Y cuidarlo implica el respeto, la memoria y el valor por la artesanía en términos de precio y propiedad intelectual, una correcta apropiación social del conocimiento.
“¿Deseas agregar algo más?” es una pregunta que le suelo hacer a las personas que entrevisto cuando termino de hacer mis preguntas. Casi ninguna me suele decir o hacer algo más que un gesto de negación. Sin embargo, Bellanira, entre graznidos de gallinas y una señal intermitente, sí tenía algo más por decir:
“Mi recomendación es que ojalá esta conversación usted la conserve y de pronto de allí le saque lo que usted necesita. Yo como mayor, persona mayor lideresa, somos muy celosos con nuestro conocimiento. Gracias porque pude compartir algo, un poquito de nuestros conocimientos, de nuestros saberes. Entonces en usted va a quedar algo muy interesante, muy valioso de nuestro territorio. Consérvelo.”
En el Día del periodista se posesionó el nuevo director de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB en Medellín. De la conversación con una de las estudiantes, surge un retrato de este profesor, de su sello y de los sueños que tiene para la comunidad que llega a liderar.
En una facultad en la cual las historias son el motor que impulsa una vocación -la de contar- es importante destacar aquellas que aportan al crecimiento de una comunidad unida por sus sueños y proyectos profesionales. Una de esas historias es la de Juan David Suárez y sus sueños nos incluyen a los estudiantes y profesores, sus anhelos se sincronizan con nuestra educación y sus metas también orientan el camino que vamos a recorrer.
Como el nuevo director de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo, Juanda, como lo llaman sus estudiantes, tiene claro que en el contexto de la educación universitaria y en particular en áreas de la Comunicación, ocurren hechos que pueden ser considerados como crisis y que también se pueden considerar transformaciones. Desde el cargo que asumió en diciembre pasado y en el que se posesionó formalmente el 9 de febrero, busca aportar a través de la confianza y el respeto a un equipo docente, administrativo y estudiantil al que se une como un líder y como un par (Así lo registró el portal institucional de la UPB). Para Juan David Suárez, “el respeto está siempre ligado a la autoridad en el sentido en que es el único medio para legitimarla” y es, según dice, la única forma de crear un vínculo cercano con una comunidad con la que se siente comprometido y a la que agradece su confianza para llevar a cabo tan importante labor.
Su trayectoria profesional, que abarca la práctica periodística, la docencia y la ejecución de cargos administrativos en el sector educación, fue uno de los mayores alicientes para su elección como director. No obstante, los valores que proyecta y en los cuales cree firmemente, lo ponen hoy en una posición desde la que espera aportar a la formación de los futuros comunicadores sociales y periodistas que saldrán al mundo a “narrar y a contar historias que no se limiten al ejercicio informativo, sino que también contribuyan a la construcción de país”, señala.
La faceta familiar y profesional dialogan estrechamente en la visión que tiene Juan David Suárez sobre el futuro de la Facultad de comunicación Social – Periodismo. Fotos: Comunicaciones UPB.
Un profesor de la casa
La honestidad y la confianza son pilares y guías para este hombre que declara con orgullo su mayor logro: ser el papá de Pablo y de Isabella, en cuyas vidas ha fomentado los mismos valores que le inculcó su padre. Y es que su papel como educador no se centra en las aulas de clase ni tampoco en la oficina de dirección, su pedagogía nace en su propio hogar y es desde allí que surge lo que luego transmite a sus colegas y estudiantes.
Para Juan David, “el hogar es el grado cero de la educación”, lo cual se hace aún más evidente en la calidad humana que impacta la práctica profesional. La academia en sí misma tiene la obligación de aportar a la construcción humana de los estudiantes, pero esto solo se logra si estos tienen las bases y el interés de asimilar tanto los conocimientos técnicos como las competencias blandas y sociales. Es así como el director ve la necesidad de potenciar aún más la dimensión humana, la tolerancia y el trabajo en equipo, lo cual también se busca con el plan de estudios del programa, en el que estos valores son fundamentales.
Los primeros retos de la nueva dirección
Y el momento de la verdad, como él mismo lo llama, está por llegar. El plan de estudios de Comunicación Social – Periodismo ya no es nuevo, pronto tendrá su primera cohorte de graduados, luego de años de cuidadoso desarrollo y una implementación que, bajo el liderazgo de la directora María Victoria Pabón Montealegre, tuvo que hacerle frente además a un contexto inédito: una pandemia, cuyos efectos todavía estamos conociendo.
<<Así fue la inducción del semestre 2024-1, liderada por el director Juan David Suárez Vera. Foto: Contexto.
El director señala que pronto se podrá evaluar desde la labor en las empresas y en el diálogo con los estudiantes y egresados, el carácter humano y profesional de los estudiantes del nuevo plan de estudios, que ya están comenzando sus prácticas. La evaluación de la transición del plan 11 al 12 es para el nuevo director una prioridad; su atención está dirigida al éxito de este cambio y está dispuesto a realizar los ajustes que correspondan para la consecución de un pensum que cumpla con todas las demandas del mercado y con las condiciones necesarias para la formación de profesionales integrales y humanos, rasgo fiel a la trayectoria de nuestra Facultad y a su reconocimiento en el país y en el mundo.
El escritorio del director es el retrato de esta y otras prioridades. Allí están los planes de estudio de la carrera y las notas de todas las tareas que marchan con el equipo de profesores, pero está además la firmeza de su mirada al hablar de su visión para la Facultad. En su mirada fija al hablar, con esa voz que también se escucha a veces presentando músicas de todo tipo en la radio de nuestra Universidad (porque también es un melómano), se hace visible la transparencia de sus palabras. Con calidez, cordialidad y sin titubeos, el director habla de que se sueña la internacionalización de nuestra carrera, que quiere trabajar por contribuir al crecimiento de esta a través de la integración de una segunda lengua y de la doble titulación con universidades extranjeras. Son sus sueños en los que estamos nosotros, los comunicadores sociales y periodistas en formación que hoy desafiamos el caos, armados unos de papel y lápiz, otros de una pantalla táctil, pero ninguno sin preguntas.
Irene Solá, artista catalana, ganadora del Premio de Literatura de la Unión Europea en 2020, visita Colombia por primera vez como invitada del Hay Festival que realizado en Jericó, Medellín y Cartagena. Desde Jericó habló sobre los lugares que habitan sus historias, la necesidad de narrar y su proceso de creación. Esta es la conversación exclusiva para la audiencia de Contexto:
“¿Qué poder tiene el contar historias por encima de ser contado en las historias?, a mi el folclor me gusta por entender cómo los distintos grupos hemos mirado el mundo desde hace tanto y hemos intentado contarlo”, empezó diciendo Irene Solá en un conversatorio con la autora Sara Jaramillo Klinkert sobre las historias que habitan los montes, la correlación entre la literatura de ambas autoras, la necesidad de narrar, la presión del éxito editorial y las bases como artista plástica de la novelista nacida en Malla, Cataluña.
Solá, de 33 años, es una artista plástica formada en la Universidad de Barcelona con posteriores estudios en literatura, cine y cultura audiovisual en la Universidad de Sussex. Ha escrito tres novelas: Els dics (2018), Canto yo y la montaña baila (2019), Te di ojos y miraste las tinieblas (2023), traducidas a mas de veinte lenguas por lo que concluye que finalmente “al libro le van a salir patas y cola, y se va a casas y lenguas que no voy a ver ni entender”.
Solá es una artista polifacética. En conversación con la escritora Sara Jaramillo profundizo sobre su faceta con las letras. Foto: @hayfestival
Tras el éxito de Canto yo y la montaña baila (2019), en su última novela cuenta una historia familiar desde un pacto entre una mujer y un diablo de carácter pagano, decantando la narrativa de Solá por el folclor que la abraza.
¿Cómo encuentra Jericó en comparación con los pueblos a los que está habituada?
A pesar de que yo he crecido en un pueblo, no toda la vida he vivido allí. He vivido en grandes ciudades y me gusta vivir en grandes ciudades. Sin embargo, cuando veo a Jericó en comparación con el lugar donde crecí, diría que vengo de un pueblo diseminado. No hay calles. Solamente hay campo y casas y bosque. Mientras que en Jericó hay una plaza de donde hay mucha vida, es el centro de donde aparece mucha actividad.
Con respecto a las grandes ciudades… en la charla hablaba de una búsqueda de universalidad en sus inicios y como esas ciudades hacían parte de eso. ¿Esa búsqueda persiste en los textos?
En un momento dado me doy cuenta de que no hace falta buscar esa universalidad o que cualquier historia es universal y yo puedo contar una historia, la que sea, y situarla donde sea y que esta historia se va a entender desde todas partes. Que no hace falta situarla en una gran ciudad ni buscar universalidad. Sino que si estas escribiendo una historia que a ti te interese profundamente y que sea honesta con tus intereses, creo que eso se puede entender y conectar en todas partes.
Mencionaba a Wolfe, Faulkner, Rulfo como unos de tus referentes literarios más potentes, sin embargo, cada vez hay menos lectores de la novela clásica y nuevos formatos toman fuerza en la narración, ¿cómo aparece eso a la mirada de una artista plástica?
¿Tu crees que cada vez la gente lee menos?, yo no estaría tan segura. Evidentemente hay de todo. Pero yo no pondría en mi boca la idea de que la gente consume solamente reels o tik tok y ya no lee. Considero que hay personas que consumen otros medios y leen a la par. Bueno, no tengo datos a la mano. Pero yo creo que la gente hace muchas cosas y entre esas está leer.
¿Cómo apareció esta necesidad de la escritura dentro de todas las líneas de expresión que podía manejar?
Me di cuenta de que quería usar la palabra como materia prima de la misma manera que estaba usando otros como el video. Y entendía que en mi obra había una necesidad de lo narrativo y las historias. Algo que había comprendido realmente en mi formación de Bellas Artes, era el proceso de realización de una obra y lo que implica dedicarse por un tiempo indefinido, con toda la intensidad posible a realizar un proyecto que nadie te ha pedido que lo hagas.
A los asistentes del Hay Festival en Jericó, Solá les habló de la forma en que trabaja y las rutinas de conexión que exige una creación como un libro. Foto: tomada de @hayfestival
Hablaba de manera enfática sobre el proceso que venía antes de escribir, la investigación…
Que para mi no es antes, ¿eh?, es algo que se da al mismo tiempo.
¿Cómo manejar la extensión que pueda tener esa idea y no permitir que se escape antes de terminar la obra?
Todo forma parte del proceso aunque no forme parte de la misma manera. A veces en tu proceso encuentras caminos y descubres cosas que crees van a formar parte de la novela y que en otro punto te das cuenta de que eso no va ni queda. Pero para mi eso no es malo. Es aprender que va y no va.
¿En el proceso de escritura cómo funciona su método a nivel temporal?
Intento trabajar cada día. Si estoy viajando no siempre se puede estar escribiendo cada día. Pero cuando tengo el tiempo de trabajar debo vivirlo, conectarme tan a menudo como pueda. Porque si pasas días afuera, luego tienes que volver a conectarte.
¿Qué es lo importante de venir a Jericó a un festival como el Hay?
Hay algo paralelo al trabajo de promoción, que es empaparse de un lugar que no conocías antes. Entender cosas que no se entienden solamente desde el cerebro, sino desde las percepciones. Hay muchas cosas que te impregnan. Autores de otros contextos. Yo siempre me llevo libros y comida, para cocinar en mi casa.
¿Y qué creería que le queda a Jericó del Festival?
Bueno, eso tendríamos que preguntárselo a la gente de acá, por supuesto. Porque yo hago parte de toda esta cosa que viene y luego se marcha. Pero es cierto que hablando con las personas que había a mi alrededor, tenía la sensación de que muchos habían asistido históricamente al festival y tenían en su cabeza conversatorios de otros años y autores en el festival.
Solá tiene serias dudas sobre la idea de que hoy se lee menos, señala que este hábito se mueve no solo por los libros. Probablemente por eso que sus historias con patas y cola pasaron a gusto por Las Nubes y El Salvador, los cerros tutelares de Jericó.
*Contexto estuvo en el Hay Festival Jericó 2024 por invitación de Comfama a medios universitarios de Medellín.
La actividad de los deportes y sus equipos o figuras más célebres ocupan un lugar de referencia en la sociedad actual. Para ello es clave el papel del periodismo y los medios. Al tiempo, en el ámbito de varias disciplinas se habla cada vez más de un producto cuya calidad hay que cuidar con estrategias de mercadeo, contrataciones y organización de competencias. En la era de la información digital y las redes sociales, este ámbito no está exento de los desafíos que plantea la desinformación. Recogimos los análisis de varias figuras de los medios y el deporte.
La posible llegada del jugador chileno Arturo Vidal o del técnico histórico Ricardo Gareca al club América de Cali es la reedición de las complejas “novelas” que al inicio de cada torneo se conocen por los medios en Colombia, como la que en su momento rodeó la contratación de Juan Fernando Quintero por el Club Atlético Junior y los persistentes rumores sobre un posible fichaje de Falcao García por Millonarios. No solo en Colombia, la agenda informativa de los espacios deportivos incluye reportes, a veces demasiado minuciosos, en los que a menudo hay desmentidos de la información contradictoria y confusa proveniente en su mayoría de las redes sociales, que también genera dudas sobre la integridad de la información deportiva.
El manejo de estas situaciones llama a reflexionar cómo, incluso como simples aficionados a un deporte, enfrentamos la proliferación de noticias falsas, rumores infundados y la falta de verificación de datos, hechos que han planteado interrogantes acerca de la forma en que se comunica y se recibe la información deportiva. Abrios la discusión con tres periodistas deportivos: Óscar Tobón, periodista deportivo de Win Sports; Juan Felipe Cadavid, periodista de Caracol Radio; y Víctor Romero, periodista deportivo de ESPN.
Desinformación en el periodismo deportivo: la perspectiva de los periodistas
Antes del inicio del segundo semestre de la liga colombiana en 2023, el periodista José Daniel Castro dio por sentado que Alejandro Restrepo sería el nuevo técnico del Deportivo Independiente Medellín. Sin embargo, su afirmación fue refutada por otros periodistas, como Felipe Sierra de Win Sports, quien desmintió este rumor al señalar que Restrepo tenía negociaciones con otro club del país. Posteriormente, el presidente del Medellín, Daniel Ossa, salió a desmentir la supuesta negociación.
Si nada extraordinario sucede, Alejandro Restrepo Mazo sería el técnico del @DIM_Oficial para la próxima temporada. Lo acompañaría Juan Sebastián Botero en la asistencia técnica. ✅ pic.twitter.com/8jor2yM2A5
— José Daniel Castro Bedoya (@jdcastrob) May 18, 2023
Este caso, que no es único, es un ejemplo de cómo los rumores y la información no verificada pueden propagarse rápidamente en el ámbito deportivo. Algunas causas las explora el periodista Juan Felipe Cadavid: “La desinformación no es un problema exclusivo de la era actual, sino que ha existido en el periodismo deportivo a lo largo del tiempo. Sin embargo, en la actualidad, con el acceso generalizado a la información a través de Internet, se ha vuelto más evidente. Hace 40, 30 o 20 años los oyentes, televidentes y lectores dependían principalmente de los periodistas colombianos como fuente de información, lo que limitaba la difusión de la desinformación”.
Cadavid enfatiza en que, para un periodista, la disponibilidad masiva de información en la era digital le facilita identificar cuándo se produce desinformación. Además, considera que los periodistas, en su afán de ser los primeros en informar en las redes sociales, a veces descuidan la rigurosidad en su trabajo, lo que puede llevar a la propagación de información incorrecta.
Por otro lado, Víctor Romero plantea que: “Debemos comenzar por abordar la formación del periodista, ya sea aquel que representa a un medio de comunicación o trabaja de manera independiente. Es esencial evaluar cómo se capacita y adquiere la información, ya que el fenómeno de las noticias falsas y la desinformación surge cuando un periodista no está debidamente actualizado o carece de las bases necesarias para abordar una noticia. Esto incluye aspectos como la selección adecuada de fuentes, la evaluación crítica de información y la constante actualización sobre los temas que cubre. Estos elementos son fundamentales para entregar información precisa y verificada a un público específico”.
Romero también menciona la multiplicidad de fuentes de información en la actualidad como un factor que contribuye a la desinformación. Con la presencia de diversos medios de comunicación, se reafirma un desafío adicional para los periodistas: filtrar y verificar la información antes de transmitirla al público sin determinar sesgos o rasgos informativos.
Fuentes confiables y credibilidad
En un mundo inundado de información, es fundamental para los periodistas deportivos asegurarse de que las fuentes que consultan sean confiables y de calidad. El periodista Óscar Tobón considera que la construcción de relaciones sólidas con fuentes confiables es esencial y demanda tiempo y esfuerzo porque implica estar presente en el campo, asistir a entrenamientos y permitir que los equipos y las personas se conozcan tanto a nivel profesional como personal. Explica que esta interacción continua crea una base de credibilidad que es fundamental a medida que la fuente proporciona información, que, no obstante, siempre se busca verificar a través de otras fuentes. Señala que así se establece un vínculo más sólido con la fuente. Señala además que nunca se debe revelar la identidad de una fuente y lo ilustra con un caso:
“Una vez recibí una llamada de Germán Ezequiel Cano, con quien tenía una estrecha relación, al igual que con su representante. En ese momento, el Medellín estaba llevando a cabo sus entrenamientos en la base aérea, un lugar altamente restringido y de difícil acceso para el público en general. Durante uno de esos entrenamientos, ocurrió un incidente, creo que fue una lesión.
Me llamaron para informarme sobre lo que había sucedido, siendo una de mis fuentes la que proporcionó la información. Sin perder tiempo, publiqué la noticia en mi cuenta de Twitter y posteriormente la compartí en mi programa de radio, cuando trabajaba en Wbeimar [lo dice]. Al rato, recibí una llamada de Germán Cano.
Con cierta inquietud, Germán me preguntó: ‘Eh, Oscar, ¿quién te proporcionó la información sobre lo que ocurrió en el entrenamiento?’. Mi respuesta fue firme: ‘Hermano, no puedo revelar la identidad de mi fuente’. Germán insistió: ‘Necesito que me lo digas’. Mi respuesta fue la misma: ‘Germán, no puedo hacerlo. La fuente es confidencial y no puedo traicionar esa confianza’. La tensión en la conversación aumentó cuando Germán amenazó con dejar de darme información si no le revelaba la fuente. Ante su ultimátum, decidí mantener mi integridad periodística y respondí: ‘Como prefieras, Germán. Si eso significa que no volveremos a hablar y no obtendré más notas de ti, así será’ “. A pesar de que las colaboraciones periodísticas entre Tobón y Cano cesaron un tiempo, su amistad perduró y con el tiempo se restableció el lazo periodístico.
Juan Felipe Cadavid destaca que la base del periodismo ha sido la construcción de relaciones con fuentes confiables y la confrontación de información. Sostiene que ha desarrollado relaciones sólidas con fuentes en las que confía, aunque siempre mantiene la práctica de corroborar la información cuando se trata de fuentes menos conocidas. Cadavid insiste en que es importante ser crítico y verificar, pero también reconoce la existencia de fuentes de confianza que han ganado ese estatus con el tiempo.
Víctor Romero considera que la verificación es clave. Esto implica consultar con múltiples fuentes y obtener diferentes puntos de vista, especialmente cuando se trata de noticias importantes. Explica que esto es similar a cuando una persona entra a un vestuario de fútbol y contempla una camiseta en exhibición: puede mirar la parte frontal y captar lo que se muestra en ella, como el escudo o los colores. Sin embargo, para una visión completa, alguien más proporcionará detalles sobre el reverso de la camiseta, como el número, el apellido del jugador. Así explica que siempre hay la necesidad de varios puntos de vista para informar y formar así una historia.
Entre rapidez y precisión
Los profesionales del periodismo deportivo coinciden en la importancia de que se formen colegas capaces de procesar con rigor la información que reciben de sus fuentes y a la vez crear ángulos novedosos para enfocar sus contenidos. Desde la Raya es un semillero de nuevos periodistas del deporte que se ocupa de retos como estos. Foto: Desde La Raya
La competencia por informar rápidamente puede llevar a errores en la información. En este contexto, Oscar Tobón, comparte su enfoque sobre cómo encontrar el equilibrio adecuado entre la rapidez y la precisión:
“Por ejemplo, cuando me informan sobre un posible traspaso de un jugador al Medellín, pregunto a fuentes oficiales y también a fuentes no oficiales, que en ocasiones ofrecen información más fiable. La clave es la verificación. Antes de publicar cualquier información, consulto múltiples fuentes y confirmo los detalles”. Sobre el papel de las redes sociales habla de un problema que llama “periodismo de periodistas”: “Alguien ve algo publicado y simplemente lo replica. O le da retweet o copia y pega, que esto sí es un horror. Hay colegas que simplemente la información que da uno, ellos la dicen”. Tobón cuenta que ha recibido reclamos de colegas que “se quedan sin información porque uno no la da”.
Juan Felipe Cadavid señala que existen ciertos temas en los que prefiere no involucrarse, especialmente “aquellos que son altamente cambiantes y complejos, como los fichajes en el mundo deportivo. En estas situaciones, es crucial mantener una distancia reflexiva. Los fichajes, por ejemplo, es un tema donde tú le vendes el alma al empresario que te cuenta muchas veces lo que beneficia sus intereses. Son temas muy variables. Un negocio que parecía prometedor a las 10:00 de la mañana podría dar un giro completo a las 12 del día. Por eso, priorizo la gestión de fuentes confiables y, cuando siento que una fuente no es lo suficientemente sólida, opto por no informar hasta que cuente con información adicional verificable”.
La presión por ser el primero en dar una primicia puede ejercer una fuerza abrumadora sobre los periodistas, ante lo cual tomar decisiones es complicado, concluye Cadavid:
“Todos los periodistas deportivos hemos enfrentado situaciones en las que la presión por ser los primeros en informar ha afectado la precisión de lo que decimos. Recientemente, viví una situación así cuando estaba viendo la conferencia de prensa de los jugadores del América de Cali. En un primer momento, se anunció que Lucas González dejaría el equipo. Actué de inmediato y compartí la noticia en mis redes sociales sin esperar a que finalizara la conferencia. Sin embargo, posteriormente, los jugadores rectificaron y dijeron que González seguiría dirigiendo al equipo por algunos partidos más. Ante esto, decidí ser transparente y publiqué una serie de mensajes explicando la secuencia de los eventos. Asumí la responsabilidad por mi error y enfrenté el escrutinio público. En estas situaciones, creo que lo más importante es mantener la integridad y la honestidad con nuestros seguidores y lectores”.
Óscar Tobón, también compartió: “Hubo una ocasión en la que esta urgencia por dar la noticia me llevó a una situación complicada. Publiqué que Andrés Cadavid se unía al Medellín después de haber supuestamente pasado exámenes médicos. Para mi sorpresa, el mismo jugador me contactó negando la veracidad de la información. Mantuve mi confianza en mi fuente, pese a que Cadavid insistía en que mi fuente era muy mala, sin embargo, la situación se complicó aún más cuando Colón de Santa Fe exigió más dinero por el préstamo del jugador debido a la filtración de la noticia. En ese momento, sentí una verdadera presión, ya que temía quedar en entredicho. A pesar de esto, creo que en los años que llevo en esto he tratado de equivocarme lo menos posible al verificar cuidadosamente la información”.
Víctor Romero destaca que este tipo de situaciones también puede involucrar a fanáticos, entrenadores o periodistas que, por diversas razones, buscan dañar la reputación de una persona. En este contexto, la información errónea puede propagarse rápidamente en las redes sociales, lo que dificulta a muchas personas discernir entre lo real y lo falso. Por eso, es fundamental contar con filtros y mecanismos para evitar la propagación de desinformación en el periodismo deportivo y en la información en general.
La audiencia responsable
Santiago Estrada Sánchez, un apasionado hincha del Deportivo Independiente Medellín, vive inmerso en el mundo digital en busca de las últimas noticias sobre su equipo favorito. Utiliza activamente Twitter y es miembro de grupos de Facebook dedicados al club. Sin embargo, su experiencia en la búsqueda de información deportiva es un viaje lleno de altibajos. A menudo, se ve inundado con rumores y especulaciones sobre fichajes y negociaciones, se debate entre la emoción de las posibles noticias positivas y la incertidumbre sobre si las fuentes son fiables. Como Santiago, muchos aficionados al deporte enfrentan este dilema en la era de la información digital y las redes sociales.
Estrada coincide con periodistas a los que sigue como Óscar Tobón en que cada periodista y persona construye su propia credibilidad con el tiempo y para los profesionales esto supone tomar decisiones difíciles. Tobón cita como ejemplo la decisión que tomó de abandonar un medio digital partidario en el que trabajó, por lo que consideraba un sesgo sensacionalista inconveniente en los contenidos, el cual repercutía negativamente en la relación con los jugadores y demás fuentes.
Tobón resalta que los periodistas tienen la responsabilidad de influir en la opinión pública de manera ética. Reconoce que las personas, especialmente aquellas con menos conocimiento en un tema, pueden ser altamente influenciables. Por lo tanto, enfatiza la necesidad de la responsabilidad en la información que se publica, se comparte y se consume. Más allá de la búsqueda de popularidad en redes sociales, Tobón sugiere que la integridad periodística debe prevalecer, priorizando la calidad del trabajo sobre la búsqueda de atención efímera.
Al respecto, Víctor Romero coincide en que la formación y la calidad profesional son fundamentales para reducir la desinformación en el periodismo deportivo. Destaca la importancia de invertir más en periodistas capacitados que puedan filtrar y verificar la información de manera efectiva. Insiste en la necesidad de mantener altos estándares éticos y no sacrificar la calidad por la rapidez en la cobertura de noticias deportivas, como parte e un esfuerzo que convoca a la industria de los medios y también a los consumidores de noticias para preservar la integridad de la información en el mundo del deporte.
Vivir y financiar las apuestas creativas en Medellín es, como en los juegos de mesa, una actividad donde no importan las cartas con la que se comienza, sino cómo se juegan. Las diferentes propuestas que se pueden encontrar en la ciudad no se sostienen por sí solas y es cuestión de cada jugador encontrar su propio recorrido a la meta.
Por Manuela Rendón Uribe / manuela.rendonu@upb.edu.co
Sección de la exhibición colectiva ‘La belleza será convulsa o no será’ del MAMM. Foto por Manuela Rendón
Sacar pares para empezar a jugar
No existen dos jugadores que empiecen la partida desde el mismo punto de salida. Algunos cuentan con estudios técnicos o profesionales que les otorgaron herramientas, conexiones o aprendizajes que han hecho más llevadero el viaje, otros por su parte, llegaron al arte por vías más empíricas y experimentales.
Dentro del circuito del arte en la ciudad podemos encontrar publicistas, ilustradores, tatuadores, artistas plásticos, fotógrafos, artistas visuales, diseñadores gráficos, comunicadores sociales e inclusive profesores o ingenieros, todos viendo el concepto del arte desde sus propias perspectivas que les permiten llegar a una conclusión general sobre este: ya sea desde la técnica, el mensaje o el talento, el arte es algo de lo que se puede vivir si se sabe jugar la mano que le toca. Otras cartas importantísimas en la baraja deben ser la dedicación, el conocimiento de la industria, la presencia, la exposición, y, sobre todo, entender que detrás del arte hay un negocio que se mueve y tiene sus propios trucos y atajos.
Las fichas y las casillas
Pero no todos los jugadores observan el tablero de la misma forma. Carlos Daniel Álvarez (también conocido como @carlosdaniel.jpg en redes sociales) es un artista visual que ha expuesto en espacios como el Museo de Antropología y Artes de Jericó (MAJA), el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) y el Salón Nacional de Artistas y que, como trabajo oficial, se dedica a pasear perros, hacer domicilios y trabajar en plataformas de transporte como Picap.
La gente se extraña cuando escucha esta mezcla: un artista visual con exposiciones en grandes centros culturales que por amor y placer vive de pasear perros y llevar gente en su moto. “El arte es algo que me pasa mientras hago mi vida”, dice.
Nos hemos encontrado cerca de Unicentro después de un largo día de trabajo. Con los años ha adquirido la disciplina de sacar a caminar a sus clientes por dos horas tres días a la semana. Lunes, miércoles y viernes. Esta costumbre le ha permitido ampliar su conocimiento de la ciudad y tomar las fotografías por las que es reconocido.
Sus dos exposiciones en el MAMM ocurrieron tiempo después de presentarles su portafolio, no fue una oportunidad instantánea, sino algo que se presentó por su persistencia en redes y la calidad de su trabajo, detalles que llamaron la atención de los museos para sus grandes exposiciones temporales.
No todas sus muestras han sido financiadas por centros culturales, menciona Daniel. Cuando los museos cuentan con bolsas de financiación para los montajes y la producción es más fácil para los artistas obtener una ganancia del pago; cuando no, la producción corre a expensas de los artistas que deben hacer uso de créditos, ahorros o recaudaciones para lograr su exposición.
¿Cuáles son las cartas que Daniel adicionaría a la baraja de cualquier artista en la ciudad? Tener un excelente portafolio, una rutina, un objetivo, y ser persistente con la exposición en redes sociales.
<< Obtenido de @carlosdaniel.jpg en Instagram.
Aunque el portafolio es esencial para cualquier artista, la búsqueda de nuevas oportunidades y el trabajo colectivo son, para Nube, artista plástica de la Universidad de Antioquia, la base del arte en la ciudad.
Nube se llama Laura Henao, y durante ocho años hizo parte del colectivo de la Editorial Zarigüeya y la Librería Mutante, espacios que a través de la venta de obras autopublicadas, ahorros y becas internacionales logró sostener durante años su espacio en el pasaje La Bastilla y su casa para artistas en el centro de la ciudad.
Para Nube es importantísimo aprovechar los recursos que ofrece la institucionalidad sin caer completamente en ella. “Nosotros sostuvimos la librería durante un año con nuestro propio trabajo. Nos parecía importante tener un espacio físico que fuera coherente con lo que buscábamos, que era permitir que los artistas obtuvieran el cien por ciento de comisiones sobre su trabajo”.
La idea de Mutante obtuvo más fuerza cuando, después de meses viviendo de impartir talleres y una ardua investigación a través de conocidos e Internet, encontraron la beca internacional Prince Claus Seed Awards la cual les otorgó un beneficio aproximado a los $80.000.000, con los cuales sostuvieron y gestionaron la casa Mutante por más de un año y a todos los artistas residentes que aprovecharon su proyecto.
Sin embargo, y como sucede en Medellín, muchos proyectos se vuelven insostenibles con el tiempo y tras la separación del equipo, Nube se dedicó a la ilustración de manera independiente gracias a todos los contactos en proyectos que generó durante los años de trabajo y gestión en Mutante. Al día de hoy Laura es profesora de arte en una empresa de carácter social en la ciudad. “Me cansé del rebusque, de la precariedad que hay en ciertos proyectos y de lo indigno que puede ser a veces el arte. Ahora soy profesora, lo que había sido siempre mi sueño y estoy muy feliz”.
Obtenido de @_nube en Instagram>>
En sus tiempos libres, Nube se dedica a tatuar sus diseños en una de las habitaciones de Un Nuevo Error, un espacio para artistas y no artistas en Belén, que en el transcurso de esta reportería cumplió cinco años de funcionamiento. “Preferimos llamarnos ingenuos”, dice Alejandro Metaute, cofundador de la Casa Error donde la principal característica es la autogestión y el autosustento. “La idea es que la casa se sustente sola con los proyectos y los eventos que se hacen dentro de ella, sin poner de nuestro bolsillo; si alguien hace un taller, recibir una comisión, prestarles el espacio a colectivos o hacer un evento y cobrar las polas,” afirma Metaute, dando así una respuesta o solución a uno de los grandes problemas del arte en Medellín como lo es la precarización en la financiación de espacios creativos de la ciudad.
Los espacios de Un nuevo error están abiertos para charlas, talleres y exposiciones. Imagen tomada de @unnuevoerror en Instagram.
¿Cuáles son las cartas que Nube adicionaría a la baraja? Pagos justos. Pagarse y reconocer el arte como un trabajo que debe ser cobrado y pagado de manera digna. Saber manejar los tiempos, el dinero y los ritmos de trabajo.
No pausar partida ni salirse sin guardar
Varios artistas coinciden en la importancia de tener presencia en redes sociales, saber de marketing, administración de empresas, finanzas básicas e inclusive legislación sobre derechos de autor. Pero en lo que más han coincidido es sobre la importancia de presencia en el circuito.
María Paulina Restrepo se hace llamar ‘La señora que dibuja’ en redes sociales. Es ilustradora desde hace más de quince años y su fuerte es la ilustración infantil. “Claro que se puede vivir del arte”, dice. Lo más importante es darse a conocer y no desaparecer de la industria. “Yo no empecé viviendo de esto, me tomó más de cinco años poder vivir del arte, pero sé que ha sido porque me he desaparecido y no he sido constante con mi trabajo”.
En medio de la entrevista, María Paulina cuenta lo difícil que ha sido lidiar con su salud mental en medio de una industria que no siempre maneja pagos a tiempo y donde la demanda de trabajos es incierta. “Ya tengo clientes fijos, pero me tomó tiempo establecerme, antes tenía otros trabajos al mismo tiempo e ilustraba lo que los demás necesitaban y no lo que yo quería. Sé de colegas que les tomó menos tiempo, pero considero que todos manejamos tiempos y procesos distintos y esto no está mal”.
Entre las obras de las que más orgullosa se siente está El Gato Mambrú, un cuento infantil financiado gracias al Estímulo para la Creación de Obra Literaria para Público Infantil del Museo de la Casa de la Memoria, el cual le otorgó un premio económico por su obra con el que debía de sacar el proyecto Mambrú adelante y subsistir por un par de meses.
El Gato Mambrú narra la historia de un gato pequeño que es obligado a irse para la guerra a combatir.
Imagen tomada de @lasenoraquedibuja en Instagram. >>
¿Cuáles son las cartas que María Paulina agregaría la baraja? Siempre estar presente (ya sea en la web o en eventos del gremio), movilizar y buscar nuevos espacios para sus obras y no desestimar el poder que el voz a voz tiene en el circuito.
Rifas, juegos y espectáculos
No a todos los jugadores se les entregan los mismos billetes al iniciar la partida, o se les paga cada vez que pasan por la salida de nuevo. Aunque el arquetipo del artista que proviene de un entorno económico estable aún ronda por ahí, la verdad es que cada día son más los artistas que buscan diferentes oportunidades, espacios y convocatorias que les permitan financiar su arte a largo plazo.
Algunas de las convocatorias más conocidas son la Convocatoria de Fomento y Estímulos para el Arte y la Cultura en la ciudad de Medellín; las convocatorias de Circulación Artística, Encuentros y Festivales Artísticos y Culturales, y el Portafolio Departamental de Estímulos para el departamento de Antioquia y el Programa Nacional de Estímulos para el resto de Colombia, todas disponibles en la red pero no accesibles para todos los artistas de la ciudad y el país.
Aunque las convocatorias son muy claras con sus requisitos, inscripciones, documentación, fechas de desembolso y cronogramas, son los recursos a distribuir los que hacen el trámite complejo o poco rentable para muchos artistas. En muchos de los procesos el desembolso solo se hace a un proyecto ganador por categoría o inclusive región, generando así un desbalance entre la cantidad de proyectos presentados y la cantidad financiada, y aunque las cuantías a desembolsar siempre van por encima del salario mínimo legal vigente, a la hora de repartirla entre los diferentes costos, inversiones y participantes, la ganancia puede bajar considerablemente de modo que el artista debe buscar una nueva oportunidad o convocatoria en otro sector para financiar su próxima idea.
Tabla tomada del Manual para la Convocatoria del Programa Nacional de Estímulos 2023.
Para artistas como Gelatina, una ingeniera industrial por diploma pero fanzinera por vocación, las convocatorias pueden ayudar por un par de meses pero no pueden ser la única fuente de sustento: “Eso rinde dos o tres meses, y uno también trata de invertirlo en otros proyectos, pero vivir de incentivos es imposible, es una ayuda”, afirma, pues siendo ganadora en dos ocasiones diferentes de estímulos de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín, ha tenido que invertir la mitad del desembolso en la elaboración, edición, producción, distribución y exhibición de la obra terminada. “Se puede [vivir del arte] pero no es la regla, hay personas que deciden tener vidas muy complicadas por dedicarse al arte y hay otros que logran tener suerte, talento y contactos que le permiten poder vivir del cuento”. Afirma la fanzinera, pues, entre rifas, trabajos freelance y creación de contenido para redes se encuentra financiando su próximo gran proyecto.
¿Qué incluiría Gelatina a la baraja? Saber de mercadeo, entender tendencias, expandir la oferta y ahorrar.
<< Aunque la creación de fanzines es un proceso relativamente barato, los gastos no permiten financiar un proyecto más allá de un par de meses. Imagen tomada de @gelatinacomicstar en Instagram.
Con el panorama de estímulos públicos trazado de esta forma, son muchos los artistas que prefieren la ruta de las convocatorias de índole privado como lo son la Convocatoria Nuevos Talentos en el Arte de la Cámara de Comercio (la cual ofrece formación y aprendizaje sobre la industria del arte en la ciudad con estrategias como las Maletas Culturales) o la Bienal de Arte Joven de Comfenalco (que ofrece premios a más de un proyecto a la vez) o pasan directamente a recurrir de la autofinanciación por medio de rifas, sorteos, crowdfunding, o donaciones para sacar sus obras adelantes.
Pese a que son cada vez más escasos, la lámina de los mecenas aún es vigente en el mercado de los artistas. Difíciles de encontrar, existen mecenas dispuestos a apoyar financieramente a sus artistas consentidos en diferentes proyectos, residencias o exhibiciones. Para los no afortunados de encontrar esta rareza, aún estarían disponibles mecenazgos más actuales como lo son plataformas como Ko-fi y Patreon, donde un grupo de personas puede apoyarlos económicamente a cambio de contenido exclusivo.
¡Tapo!
A Alejandro Montoya Fuentes lo reconocen más fácil como Alejo Fuentes porque así aparece en sus redes sociales. Fue ilustrador sin pago, luego director creativo de SADOI Toys y actualmente se encuentra incursionando en el arte plástico.
—Nada Manu, ando buscando trabajo ahora mismo.
— ¿Qué estás buscando?
—Algo corporativo, muy rutinario, que me permita sacarle tiempo y energía a mis obras.
Desde que lo conozco, Alejandro ha sido estudiante, ha trabajado en las comunicaciones de universidades públicas y dirigido estrategias en empresas prestadoras de servicios de Internet en la ciudad. Aunque aún puede considerarse como un artista emergente, no se ha decantado por vivir del arte completamente.
—Yo me lo he pensado, pero todavía no me lo puedo permitir del todo. Por eso ando buscando algo que me permita tener un ingreso fijo mientras hago mis cosas.
El artista participó con tres de sus obras en la Bienal de Arte Jóven de Comfenalco. Imagen tomada de @alejomfuentes en Instagram. >>
Montoya ha trabajado con entidades privadas que necesitan ilustraciones y arte para sus propias campañas, artistas del género urbano que buscan portadas para sus nuevos lanzamientos y revistas culturales que requieren la portada de su próxima edición. Aunque son comisiones que hace por decisión y gusto, todos estos ingresos representan una manera de financiar las obras que requieren un mayor músculo financiero para su producción y elaboración; con trabajos como estos ha financiado obras plásticas como El Rey David donde la elaboración de varias piezas sin financiación hubiese sido casi imposible.
—De veinte que hice, un comprador de arte se llevó nueve.
—Imagino que las revenderá.
—Obvio, y más caras.
El verdadero interés de este artista es poder financiar, a través de un arte más asequible para sus seguidores, proyectos más grandes como esculturas u obras que requieren más materiales y tiempo de elaboración, uno de estos, para el momento en que el reportaje fue escrito, se encuentra en exhibición y venta en Bunker Galería, espacio que se quedaría con un porcentaje de la venta, si esta se realiza.
Espacios como La Bruja Riso y Bombón Oficina de Cosas le han permitido a los artistas de la ciudad mostrar su trabajo en exposiciones colectivas o individuales. Imagen tomada de @alejomfuentes en Instagram. >>
La zona segura que ofrece el ingreso fijo no es algo fácil de encontrar dentro del circuito del arte, siendo los primeros meses del año más lentos debido a que la mayoría de desembolsos de convocatorias se generan en los siguientes trimestres del año.
¿Qué cartas le ofrece Alejandro a la baraja de los artistas? Conocer y separar los nichos. Buscar oportunidades que, si no ofrecen un pago, por lo menos otorguen una exposición significativa del trabajo. Y, sobre todo, aprender a cobrar.
Cóbrales $10.000 cada vez que caigan aquí
¿Qué pasa entonces con los espacios y actividades que no les generan ganancias económicas a los artistas? Según Juli Zapata Rincón, curadora en el Museo de Antioquia, aunque los museos casi siempre logran garantizar el pago de regalías a los artistas, su papel en el mercado va más allá. “Son validadores de obras y artistas” puesto que, entre más conocido y expuesto sean, más relevante resulta su obra para los ojos de los espectadores. Algunas de las propuestas que el Museo de Antioquia ofrece para los artistas son residencias, exposiciones temporales o convocatorias abiertas para alguna de sus escuelas y cursos.
Juli también es docente de cátedra de Variables Económicas en el Mercado del Arte en el ITM (Instituto Tecnológico Metropolitano) y se enfrenta semestre a semestre a nuevas generaciones de artistas a los que explica cómo, dónde y de qué manera se pueden financiar y gestionar propuestas artísticas en la ciudad. “Una de las ventajas en el arte es que es un campo muy abierto y brinda muchos espacios más allá de la creación”, está consciente de que dentro de la carrera se encuentran estudiantes interesados en ser artistas, gestores, curadores y muchos otros papeles necesarios en la cadena del arte y debe enseñarles cómo funciona el negocio.
¿Qué cartas aconsejaría Juli adicionar a la baraja? Un excelente portafolio, aprovechar los espacios y dinámicas alrededor de la creación artística en la ciudad y consumir arte para educar el ojo.
Terna, terna, cuarta
El último jueves de cada mes, el Palacio Nacional abre sus puertas desde las 7:00 de la noche para dar inicio a la Noche de Galerías, un espacio donde las galerías del tercer, cuarto y quinto piso del Palacio se abren al público en horario nocturno para atraer curiosos, fanáticos del arte y posibles compradores. Hay música en vivo, se ofrece vino y otros licores y los artistas exhiben sus mejores obras al público sin costo extra alguno.
En una de las esquinas del cuarto piso, hay una galería con música en vivo y una mesa con aperitivos y vinos. Es la noche es la más importante para muchos artistas en la ciudad, entre ellos el asistente de iluminación H. Carvajal, que en el evento de hoy inaugura su obra en la galería Duke Pimienta como fotógrafo. “El asunto es dividir la carrera de uno en dos aspectos. El primero es el laboral y el otro netamente artístico. Ya cuando llega el punto en que coinciden y el artístico empieza a financiar es una belleza. Pero el punto para llegar ahí es difícil, es muy complejo porque a veces uno duda, uno quiere dejar el proceso, decantarse por cosas más seguras, pero no, en el fondo algo lo sigue llamando a uno. Uno es terco.”
La obra de Carvajal se caracteriza por hablar de su intimidad. Foto por Juan José Cadavid.
Aunque la venta de las obras no está asegurada, tener un espacio físico de referencia, codearse con más artistas de la ciudad y contar con el respaldo de organizaciones como Amor y Arte Fundación son algunas de las atracciones que posee el hacer parte de este conglomerado de galerías y artistas de la ciudad.
Pero no cualquiera puede exponer aquí. Los artistas deben de pasar por un proceso de calidad y exhibir sus obras con parámetros museográficos definidos. Para artistas jóvenes como Mara Botero, el espacio en el Palacio Nacional le permitiría darse a conocer y validar su obra como artista visual. Por ahora, su pago por el espacio serán dos obras mensuales, la cuales entrarían al mercado del arte en la ciudad para ser vendidas o revendidas por expertos en el rubro.
Sin embargo, el pago con obras no puede ser su única fuente de financiación para sus proyectos artísticos. Además de estos, Botero es maestra de arte y planea crear merchandising con sus obras: pequeños productos como botones, camisas, posters, postales y artesanías donde pueda plasmar su mensaje. “Vivir del arte es lo que he intentado, pero ese arte toca transformarlo a la enseñanza para poder tener más ingresos y ya para vivir de obras es un proceso que apenas estoy intentando, pero creo que si es posible si se le mete todo el amor, inversión y tiempo para poder ver resultados con el tiempo”.
Obra de Mara Botero. La Noche de Galerías del mes de mayo sería su primera exposición en el Palacio Nacional. Imagen tomada de @mara_botero en Instagram. >>
¿Qué le adicionaría Rubén Agudelo, subdirector ejecutivo de Amor y Arte Fundación a la baraja de los artistas paisas? Trabajo en equipo, verse a sí mismos como una empresa y mejorar la técnica artística.
La meta del dónde, por qué y con quién
Aunque el juego es el mismo para todos los jugadores, la manera en que artistas y colectivos buscan y encuentran fondos en la ciudad, varía según el nicho al que pertenezcan. Para artistas plásticos como Hebert Rodríguez, el hecho de que un artista decida crear productos asequibles para el público no lo separa de su proceso artístico: “Lo importante es que el artista tenga claro qué es lo que quiere decir y saber dónde, por qué y con quién decirlo”.
Exposición temporal del MAMM ‘Temporada de eclipses’ por Luisebastián Sanabria. Para incentivar el aforo y la exhibición de las exposiciones, el día inaugural la entrada es libre con aporte voluntario. Foto por Manuela Rendón
Unos le llaman ‘estar atento a las convocatorias’, otros lo mencionan como ‘no quedarse quietos’, otros como ‘darse a conocer’ y otro grupo lo llama ‘rebusque’, sea como sea, todos los artistas llegan a la misma celda del juego: es imposible financiar proyectos en Medellín de una sola forma, lo que en muchos casos genera deterioro en la calidad de vida de los artistas, la necesidad de contar con más de un ingreso o proyecto a la vez y la precarización de su profesión. Aunque el futuro del juego se vea incierto siempre hay un par de jugadores listos para darle otra vuelta al tablero.
Actualmente, al humor se le han exigido unas transformaciones debido a las dinámicas actuales de consumo de información. Una comedia ahora se personifica en el artista, su público y un contexto social que mide el sentido de la risa.
Definir el humor es un trabajo casi limitante. No se puede precisar porque no es solo una cosa y hay casi una infinidad de relatos diversos y complejos dentro de esta palabra. Es algo que no tiene forma y, aunque tenga sus bases, se ha transformado con el tiempo y espacio. No obstante, sí hay una característica que ha perdurado en todos los formatos, relatos y formas de hacer humor: el objetivo de alivianar la cotidianidad.
A pesar de mencionar que el humor es abstracto, incompleto y somero, muchos autores se han dado a la tarea de definirlo en algún punto. Rúben Dario Ruiz Vega, menciona en su ensayo Los límites del humor…¿Existen?, que el humor es “la capacidad para percibir algo como gracioso, lo cual activa la emoción de la hilaridad que se expresa a través de la sonrisa o risa”.
Es un ritual que comienza a través de una emoción placentera que da como finalidad una expresión de sonrisa y una carcajada intensificada que, hasta en los momentos más arriesgados para el humano, es una necesidad irremplazable. Como lo menciona Freud en su libroEl chiste y su relación con lo inconsciente (1905), el humor es “la más elevada operación defensiva frente a la posibilidad de sufrimiento. Se caracteriza por ser liberador, grandioso y patético”.
En sus diferentes tratados, el filósofo Henri Bergson, relata que la risa es una reacción intrascendente, tan humana que no puede hacerse con base en juicios morales, es decir, una palabra que no transita entre el bien y el mal. Por otro lado, Andreu Buenafuente, uno de los referentes de humor español, expresó en una entrevista para el proyecto Mejor conectados de Movistar, que “la comedia es una forma de contar la vida sin tanta impostura, adquiriendo una capacidad de sacar de túneles, pozos o cuevas a las personas a través de una risa”.
Por tanto, el humor es un eje liberador para el hombre desde la cotidianidad hacia los diferentes contextos sociales y culturales en que nos desenvolvemos. Sin embargo, ¿hasta qué punto se debe llegar para hacer reír a alguien?, ¿el humor es controlable? o, por el contrario, ¿no se debe limitar?
Humor en el ámbito digital y las redes sociales
Actualmente el humor digital se ha convertido en la principal herramienta de comunicación. Los diferentes universos en las redes sociales han permeado el humor como un arma poderosa en los relatos que hoy conceden a la tecnología y que van más allá del mero entretenimiento. Temas controversiales como la política, la religión, la sexualidad, entre otras más, han sido acogidas en sus líneas y tipos de producciones que otorgan, generando no solo un impacto en la sociedad, sino también una conexión y fidelización con los públicos.
A través de él, hemos transformado nuestras visiones y narrativas del mundo en toda la saturación de memes, sátiras, parodias y personajes que hacen de su arte un símbolo de expresión fresca y genuina en los ámbitos socioculturales. Pese a ello, romper el hielo, aliviar el estrés y compartir experiencias, se ha vuelto una odisea completa en una cultura del internet que hoy por hoy invita a reírse de manera informada y respetuosa en dichas plataformas, donde la libertad de expresión no parece tener límites.
Por eso, ahora la sociedad le pide a los ‘influencers’ contenidos de valor basado en conocimiento, que por el contrario muchas veces lo light o lo efímero sobresale por encima de la realidad y lo divertido por medio de las plataformas. En este caso, muchas de estas personas salen a decir cualquier cosa, sin conectar con el público y generando choques.
El humor en las redes sociales ha apostado por compartir con sinceridad y honestidad la figura de diversas personas que se dedican a esto, directamente mostrándose como ejemplo de lo que ellos quieren sentir y disfrutar. Hay muchas formas de hacer reír por medio de diferentes productos y canales, como los videos y las fotografías, los podcast o las canciones, los memes y las caricaturas, hasta los shows en vivo y el stand up comedy, que al fin de cuentas, se han trasladado todos al entorno digital.
James Alzate, trovador ,y Juandy, creadora de contenido digital, comparten sus ideas y experiencias sobre lo que es el humor.
El humor se ha transformado desde diferentes perspectivas en un producto expresado con unas características particulares. Actualmente, uno de los más grandes cambios en el humor es lo digital y cómo el público lo está consumiendo a través de las redes sociales. En general existen muchos tipos de humor, que en definitiva se identifican y se diferencian por medio del canal qué se quiere transmitir la información.
La censura en la era digital del humor
“El mejor termómetro para una sociedad es el sentido del humor”, expresa James Alzate, Rey nacional la trova de la Feria de Manizales 2023, mientras reflexiona acerca del poder en el humor y sus limitantes en la sociedad.
Desde pequeño se interesó por el arte y la cultura, empezando por el teatro hasta llegar a la trova gracias a Germán Carvajal, quien era su profesor. Durante 2005 y 2006 participó del proyecto “La familia Flores”, una iniciativa para promocionar la feria, que terminó en más de una década representando al personaje Cartucho. Desde ese momento, James comenzó a trovar y nunca se alejó de esta composición.
Composición: Karen Bueno – Susana Katich
Para James, lo digital en el humor es un simple apellido que acompaña algo que ya existía, un humor que ha evolucionado en la masificación de las redes y sus particularidades. Sin embargo, el trovador destaca el lado riesgoso de este panorama: “Cuando hay tantos espacios y canales de comunicación cualquier persona sale y dice cualquier cosa”. Es decir que, los humoristas tienen una responsabilidad ante sus comentarios por estos medios, “es más un llamado a la ética de lo que hacen y cómo lo hacen”, expresa Alzate.
Un acto humorístico fácilmente llega a lo digital desde el mismo instante en que que se graba cualquier evento de comedia dentro de un bar, teatro, café, entre otros espacios que sin estas herramientas no tendrían la misma proyección. Ejemplos de ellos son espectáculos como Perros criollos oDel Humor y Otros Demonios, el contraste es que hay un público que paga por una boleta, firmando un tipo de contrato, como lo explica James, quién destaca que al comprar esa entrada, las personas están pagando por algo que ya deben saber a lo que van. Por su parte, en las redes sociales el panorama está abierto a cualquier interpretación sin ese preámbulo.
Estos rasgos describen los riesgos del entorno digital, tanto para el humorista como para la sociedad. Dentro de una puesta en escena, el humorista y el público hacen un pacto de complicidad humorista positiva, en cambio dentro de las redes existe el riesgo de “la vulneración de unos derechos sobre una población que tiene unas luchas reivindicativas”, menciona James.
Desde su perspectiva como creador humorista, Alzate sostiene que no solo existe ese riesgo de la diversificación del humor a lo digital, también entra en discusión lo peligrosas que pueden llegar a ser la censura y la cancelación. Recientemente, este concepto ha tomado protagonismo en lo digital por el efecto que puede llegar a producir la audiencia al consumir cualquier tipo de contenido. En consecuencia, la amenaza está realmente en la segmentación de los públicos, quiénes al exigir lo contrario a la reflexión, le dan paso al humorista para que radicalice más su discurso.
Por eso, James Alzate insiste en que “hay que exigirle a los humoristas una mayor ética y no viceversa, no socialmente censurar a los humoristas o sea que cada uno sea dueño de sus límites y reconozca hasta dónde puede llegar”. En efecto, cada quién acomoda su narrativa según lo que le conviene, pero finalmente, en vez de generar una unión en la conversación, el público se pone en la posición de oprimir y quitar la libertad de expresión del otro. El joven rey de la trova cita como ejemplo el portal Actualidad Panamericana, quienes han llegado a “un humor mucho más consensuado” por la cancelación que han tenido en las redes sociales, concluye Alzate, e interpreta como desalentadores los cambios que le han restado un poco el chiste en este tipo de humor.
Una revolución a través de los trazos
Malbuena desde pequeño siempre se ha interesado por el arte. Su lugar preferido en el descanso siempre fue el salón, un espacio solo para él y sus garabatos. Actualmente, a sus 26 años, se encuentra estudiando Diseño Gráfico, sin dejar de largo su trayectoria como un joven revolucionario e interesado en las dinámicas políticas y sociales.
Composición: Susana Katich – Karen Bueno.
Desde 2015 comenzó en el mundo del activismo político, pero no de la manera convencional, sino a través de la caricatura, un formato donde la sátira y crítica se expresan sin miedo a nada. Fue así como en el Paro Nacional de 2021, Valbuena tomó fuerza entre aquellas voces que no desean ser silenciadas. Por medio de sus redes pudo desarrollar con fuerza los reclamos de todo un pueblo colombiano que estaba siendo censurado.
Es un propósito que hoy en día mantiene en un vínculo amoroso por sus creaciones que brindan de una manera más digerible el contexto violento e injusto del país. “Siempre he pensado que este tipo de trabajos de humor gráfico no van a tener gran relevancia para hacer una revolución o transformar la conciencia colectiva de todo un país, pero sirven para un modo de reflexión, es un escape triste de la realidad que uno vive. Creo que te permite dar un respiro de todo lo agobiante que vives de distintas maneras”, menciona.
Sin embargo, no todo ha sido color de rosa, porque a pesar de hacerse popular por la dura crítica hacia el Gobierno de Iván Duque, los comentarios de odio en las redes sobresalieron al manifestar desacuerdos con el Gobierno actual de Gustavo Petro. Fue un golpe que lo afectó pero que, pese a todo, le permitió dar un nuevo inicio a lo que hoy se ha convertido en su público: un espacio para confrontar y dialogar de temáticas incómodas.
Los esfuerzos de Malbuena apuntan a un humor cero facilista y que va mucho más allá de ofender con estereotipos o problemas personales que solo nacen de la vulnerabilidad, como él lo menciona: “Hay humor para todo…Por ejemplo a mí me gusta el humor negro, es un tipo de humor que consumo por mi cuenta y nunca lo hago público pero lo disfruto. El humor no debe tener ningún limitante pero en mi caso siempre hay líneas rojas”.
Por ello, manifiesta la importancia de abrir espacios en las dinámicas que envuelve el humor, en una actualidad que vive y se comunica a través de él de distintas maneras. “Cuando se toman posiciones muy radicales o extremas, se debe ir al debate, porque son temas que se deben hablar y cuestionar. Yo creo que no se debe cancelar a nadie por su opinión porque estamos en una democracia”, expresa el bogotano, con un timbre de voz elocuente y tranquilo.
Tragedia, realidad y dolor: la esencia del stand up comedy
Le apasiona la radio, la comedia, el cine y el teatro. Ella es Estefanía Useche, una comediante que actualmente se dedica al stand up comedy desde su cotidianidad en Medellín. “Está la forma en la que desde tu tragedia puedes aterrizar la información a la gente y cómo logras contarla”, explica la habitante de Bello, quien desde su humor sutil y picante se pone de ejemplo ante diferentes asuntos que la rodean en su día a día.
Ser de Bello, haber tenido un Twingo, montar en taxi y pertenecer a la comunidad LGTBIQ+, son algunas de las temáticas que utiliza Estefanía como decisión personal, basado en lo que ella quiere sentir y finalmente disfrutar. El humor se ha transformado en un instrumento para llevar la información desde una crítica social acompañada de una postura individual. Esta fue la forma de empezar a contar las historias de una manera más entretenida y estructurada, dando origen a la creación de los monólogos humorísticos.
Composición: Karen Bueno – Susana Katich
“A mí no me gusta hacer comedia a costillas del dolor del otro”, menciona la comediante mientras enfatiza cómo la postura de ella, al igual que la de todos los comediantes, se puede convertir en un instrumento de información con la posibilidad y el permiso de ponerse como ejemplo ante muchos temas difíciles desde sus propias vidas y tragedias. La esencia del stand up comedy, al igual que la de cualquier persona, se resume en la realidad y el dolor.
Además de la comedia, Estefanía es comunicadora social y periodista de Uniminuto, premiada como la mejor egresada de su facultad. Desde su profesión, sin limitar las cinco principales formas de ejercer la carrera, ella también desempeña la tarea de observar. Desde un parque o cualquier otro lugar o situación, esto se convierte en fuente de información al ver qué pasa en frente de sus ojos para transformarlo en material de comedia.
Sin embargo, entre más íntimo se haga el humor, más funciona para el público que también vive cualquier situación similar.Ser de Bellose convirtió en un puente para “matar esos prejuicios”, aunque en un comienzo la gente se ofendió pero terminó siendo un forma de comparación donde las personas se divertían, expresa ella. Incluso, el humor es la posibildad de ser sinceros y honestos, sin caer en un bucle o burbuja de esconderse detrás del papel del comediante.
A fin de cuentas, para Estefanía es innecesario entrar en la discusión de explicar su comedia ante quienes no entienden el humor y suelen ofenderse. Esto se reduce a sacar la realidad a un contexto divertido, algo que la inteligencia artificial todavía no podría reemplazar por la cuota de humanidad que utiliza el humor, la esencia del stand up comedy.
Finalmente, ponerse como ejemplo logra empatizar con el público, quien se puede sentir identificado. La comedia es la forma de hacer reflexión y voltear el panorama ante esas situaciones de la cotidianidad. Useche afirma que la dificultad más grande es que “no nos enseñaron a reír de lo cotidiano, constantemente había una castración ante la comedia”, concluye, con la idea de que cada día se aprende a desbloquear nuevas formas de hacer reír desde la tragedia o lo inesperado.
Una muestra genuina de los 2000
No hay día en que Juandy no se muestre como ella es. A través de sus relatos de desamor, su vida con el centro de Medellín, sus reinados de moda y su encanto por las telenovelas viejas la han posicionado como una digna tía que hoy en día reina en las redes sociales, como una mujer auténtica que da inspiración a su comunidad de cibernautas.
Composición: Susana Katich – Karen Bueno
Juandy comunica por medio de sus contenidos un humor negro, pero más encaminado a mostrar lo gracioso y lo honesto de su propia tragedia, que termina siendo una conexión transparente y liviana con un público que se siente identificado y cercano con lo que comparte en su día a día.
Su humor sarcástico ha logrado conectar con una audiencia que justamente se siente representada en esa imagen que muestra. Desde la personificación y lo divertido de su humor, Juandy ha identificado situaciones donde “la gente no encuentra la manera de unir las palabras o exponer algo”, menciona con un sentimiento de orgullo ante lo que ha logrado sus contenidos. De hecho, para ese tipo de público que no sabe cómo expresar lo que siente, la risa se convierte en un medio para alcanzar esa representación de sí mismo, siendo “la sátira un buena herramienta comunicativa en el humor para lograr llegar un poco más a la gente”, agrega.
Reírse de la complejidad siempre ha sido algo característico en los años que lleva compartiendo sus narrativas de vida. Desde los once se ha construido a través de los recuerdos de infancia de muchos de nosotros. Artistas, series, accesorios y ropa se visten en aquella personalidad espontánea que ríe en la trágica ciudad de las montañas, sin necesidad de atacar y sacar de los dolores ajenos unas risas pasajeras. “Yo creo que hay que saber cuándo sí y cuándo no. Antes de dar una información hay que corroborar, porque uno no opina de lo que no sabe”, expresa con un tono paciente.
Para Juandy la moda y sus referentes han sido un acercamiento a crear esa identidad que le apasiona y la representa. “Siempre he sido muy fiel a mí misma, siempre he sido muy yo”, enfatiza al conversar sobre su autenticidad y originalidad dentro de una red saturada de personajes y contenidos. Para ella, la moda y las tendencias “dosmileras” fueron una canal para crear, tomar y hacer de esos gustos, una persona auténtica que disfruta cuando le llega a otras personas que se inspiran de ella. Esto la hace entender que su audiencia está disfrutando y le está gustando lo que les llega finalmente.
Referentes como Britney Spears, Paris Hilton, Anahí y Mia Colucci, han sido el camino que Juandy ha tomado para mostrarse como realmente se siente y disfruta, pero Britney Spears será un referente que siempre estará en el primer lugar como su favorita. Con estas referencias, ella consigue retratar el humor desde un ámbito íntimo, dinámico y cercano que inspira a los demás a alzar su voz de una manera auténtica, como siempre lo han querido.
Los retos del humor en las plataformas digitales
La comedia y el mercadeo se han convertido actualmente en una compañía de negocios para muchas empresas que quieren prosperar. Es un eje central que genera emoción, recuerdo y ayuda a la estrategia de muchas marcas, las cuales han buscado un campo de éxito a través de la temática humorística.
Paola Hincapié, docente de la Universidad Pontificia Bolivariana y directora de contenidos de El Grifo, se ha interesado en investigar las comunicaciones a través de la tecnología y sus tendencias; las cuales permean constantemente nuestras relaciones no solo como audiencias sino también como personas de la cotidianidad.
Composición: Susana Katich – Karen Bueno.
Las herramientas que las marcas pueden utilizar no son las más efectivas en algunas ocasiones en las que no hay conexión con el tipo de público en las redes. Hincapié señala que: “El humor puede hacer parte de la estrategia pero a veces, teniendo en cuenta la coherencia de la marca, no puede estar en gran porcentaje”.
Un ejemplo claro es Billie, una cuenta dedicada a la promoción de rasuradoras, que, con base en las contratendencias, convierte la experiencia del vello como un espacio para reír a través del empoderamiento y el feminismo. Es una forma diferente de expresar la belleza, a través de un trato divertido pero respetuoso que incluye a todas las usuarias en temáticas que a veces son incómodas y caóticas. “Me encanta poner de ejemplo esta marca porque es coherente con los tiempos de hoy y comprende las tendencias que hay. No señala a la nena que no se quiere motilar sino que la reconoce; generan conversación y un juego lindo y divertido”, resalta Paola.
A partir de este ejemplo, Paola menciona la importancia de entender el humor y su complejidad como una perspectiva que no se puede tomar a la ligera. “El humor termina siendo una herramienta que ayuda a la conexión de las audiencias pero el humor no es fácil, digamos que hacer una conexión en ese sentido implica un talento y una habilidad, que se empieza a perfilar desde la comunicación”.
La cultura de la cancelación, ha sido el miedo latente de muchas empresas, las cuales, a pesar de su deseo de ganar corazones, han hecho todo lo contrario al no conocer las macrotendencias, como un elemento clave que hace entender el entorno y los límites que este expone en los universos digitales.
“El tema de la cancelación siempre ha existido y es una consecuencia de las tendencias que estamos teniendo ahora. Por eso es importante que la marca tenga claro su valor diferenciador, sus audiencias y que siempre esté comunicando su valor para que puedan ser audiencias coherentes. Tú nunca te puedes fijar en la competencia y es uno de los cambios que ha tenido el marketing”. expresa Paola, sobre la importancia de investigar el comportamiento del consumidor en un mundo cada vez más acelerado y de cambios repentinos.
De remate
Desde internet y las redes sociales, los límites del humor se cruzan con el algortimo, que arroja todo tipo de contenido, aunque no sea de agrado para el usuario. En realidad, el humor desde el entorno digital está generando pequeños nichos de consumo en las audiencias, imposibilitando crear conversaciones incómodas o reflexivas que son necesarias para la construcción y sentido del humor dentro de estas plataformas.
Para el trovador James Alzate, el humor finalmente termina siendo a la larga un producto, con su línea gráfica, su público objetivo, su mensaje, sus estrategias digitales, entre otros factores que se dedican a llevar el mensaje a su usuario o cliente final. Esto, en definitiva, termina siendo limitante ante una diversificación y masificación de contenidos en la red que solamente le están hablando a su nicho específico, como en su momento lo fue Juanpis González.
Los límites del humor terminan siendo un paradigma ético que no debe censurar, sino, por el contrario, abrir nuevos espacios que permitan exponer la voz y posición del otro, como propósito de aprendizaje y entendimiento en espirales violentos y caprichosos que hoy tenemos el derecho de manejar como usuarios en nuestros diferentes contextos.
Hace nueve años mataron al soldado Vallejo y todavía no se sabe por qué. Las circunstancias del combate fueron inusuales, así lo cuenta el testimonio de Johan Van Den Enden, su “compañero rana”. Aún así, el caso se archivó sin dar respuesta a los implicados.
Juan José Rios Arbeláez / juan.riosa@upb.edu.co
A mediados de marzo de 2013, el Batallón de Infantería #2 de Cartagena nos envió en un patrullaje de rutina a los Montes de María, en Sucre. Yo hice parte del grupo de 22 soldados que realizaban expedición como práctica de salida.
Habían pasado cinco meses desde que me había presentado a la Base Naval #3 de Barranquilla y había pasado por tres meses de entrenamiento en la Base de Infantería de Sucre; luego tuve un traslado al Batallón #2 de Cartagena, y de un momento a otro, de nuevo aquí, a Sucre, en los Montes de María.
“Nuestra zona” estaba compuesta por numerosas montañas verdes y áreas extensas a menos de mil metros de altura sobre el nivel del mar, montecitos redondos y alargados que parecen formar raíces inmensas, donde hace un calor que se siente el el aire cada vez que se respira.
El paisaje de los Montes de María, la zona de patrullaje de Van den Enden y Vallejo. Foto: Sociedad Concesionaria Vial Montes de María.
Caminábamos y el cielo era gris, pero no era frío. Parecía advertir que, cuando las nubes se abrieran, un sol rabioso nos iba a chamuscar. Hicimos dos paradas administrativas durante el patrullaje: una a las seis de la mañana; otra a las nueve y media de la mañana; y ahora habíamos encontrado un río en medio de una zona plana, ideal para la tercera parada, a las doce del día, para descansar y comer.
A mi lado se encontraba Diego Leonardo Vallejo Morales, un soldado que había entrenado conmigo en la Base de Infantería desde el ingreso. Vallejo no le hablaba a nadie; era un tipo problemático, serio, fuerte. Se había peleado con su “compañero rana” a los puños y yo fui el sustituto. Desde ese momento todo lo hicimos siempre juntos: dormir, entrenar, mear y ‘darnos en la jeta’. Lo que fuese lo hacíamos juntos porque éramos dos tipos muy parecidos.
En el argot militar, el “compañero” rana es una pareja inseparable que se asigna a efectos de la seguridad durante las operaciones. La táctica se inspira en la reproducción de las ranas Arlequín, en la cual el macho pasa hasta 5 días pegado al lomo de la hembra fecundando los huevos. Imagen de referencia: patrullaje de comandos Jungla. Ejército de Colombia.
Apenas se hizo un perímetro de seguridad de 400 metros, nos relajamos sobre la manga, bajo la sombra. Estábamos en una gran superficie plana, alrededor de las montañas pero lejos de ellas. El cielo se había abierto hacía unas horas y nos quemaba con una luz que obligaba a mirarse los pies. Unos se quitaron todo y se metieron al río, otros se acostaron bajo los árboles a dormir. Yo me quité la guerrera y comencé a desarmar mi arma para realizarle mantenimiento. Vallejo me vio y me preguntó por lo que hacía, me dijo que era apenas para que nos prendieran a plomo, se rio y se fue a recostar sobre un tronco.
Pasados diez minutos, mientras terminaba de limpiar el fusil, escuché un disparo de una AK-47. Pasaron varios segundos, mientras me preguntaba quién podría haber disparado esa arma, hasta que se escucharon otros dos disparos seguidos y de golpe entendí que era imposible que alguno del batallón hubiese podido disparar ese fuego, [el fusil AK-47] es un arma soviética y el Ejército colombiano compra armas americanas o israelíes.
Los disparos se intensificaron mientras todos los soldados nos cubríamos en el suelo. Me escondí tras un tronco mientras intentaba armar el fusil y engrasar nuevamente las partes que había limpiado hacía unos minutos. Pasó minuto y medio mientras terminaba de armarlas y me di cuenta que Vallejo estaba al lado mío.
El combate continuó, los insurgentes disparaban desde una zona al mismo nivel de altura, lejana, ideal para la ventaja que tenían sus armas contra las nuestras.
Durante el tiroteo, Vallejo y yo nos conversamos. Cada tanto echaba la mano hacia atrás para tocarlo y preguntarle cómo se encuentra; “manazos” duros, para sentirlo porque no lo podía ver. En una de esas mando la mano y no lo siento. Miro al suelo, a mi derecha y estaba ahí, tirado en el piso con el arma en la tierra. El combate terminó después de otro eterno minuto. Ellos eran menos, nos habían hostigado pero dejaron de disparar por que se vieron en inferioridad.
Todavía aturdido por el ruido, me volteé a ver a Vallejo y sabía que estaba muerto. Fui al suelo y lloré, lloré de verdad. Vallejo se había convertido en mi amigo, en mi “compañero rana”; todo lo hacía con él y lo confiaba a él. Diego entró a la institución temiendo por su vida, había estado en el mundo del narcotráfico de Cartago, lo habían amenazado de muerte y entró a la institución para salvarse. Murió a los cinco meses, en una operación de rutina, apenas rozado por una bala que parece que la hubieran bañado en cianuro, porque cuando lo encontramos, apenas tenía un rasguño al costado del cuello, como si la muerte lo hubiera besado.