Categoría: Rostros

  • Un adulto distinto, con el teatro o sin él

     

    La vida de John Fredy Bedoya Castaño, director y profesor de teatro por más de 25 años, es un viaje por el cosmos de las artes escénicas y la experiencia de vida de muchos jóvenes en los barrios populares de Medellín.

     

     

     

    Desde sus 13 años Fredy Bedoya se ha encontrado con la destreza de hacer teatro en los diferentes barrios populares de la ciudad. No le importa si es en las afueras de un colegio, una cancha de fútbol o una manga, con tal de hallar un grupo de jóvenes entusiasmados, no dudará de estar ahí para transmitirles el encanto de articular gestos, emociones y sensaciones ante un público.

     

    Criado en el barrio Loreto —comuna 9 de Medellín—, Bedoya aprendió a distinguir que otro tipo de actividades, distintas a estar en las esquinas delinquiendo, le llamaban más la atención. Junto con él, muchos amigos empezaron a apostarle al arte que nace y se configura en los jóvenes; que son aquellos chicos y chicas fervorosos de estudiar y compaginar a sus hábitos cotidianos la producción escénica. Corporación Nuestra Gente, ubicada en la comuna 2 ­—Santa Cruz— es uno de esos lugares en el cual Fredy expresa y comparte con todo su hervor la magia de proponer espacios distintos; rebosantes de aprendizaje y emociones.

     

    Teatro, comunidad y juventud. Elementos que se conjugan en la apuesta de Nuestra Gente y que han dejado huella en la Comuna 2 y en la ciudad. Foto: Nuestra Gente.

     

    ¿Qué siente al estar dirigiendo adolescentes en el ámbito teatral?

     

    Yo me emociono. Para mí, hacer teatro es de emoción. Tengo dificultades con el tema de ser profesor, porque realmente no quiero asumir esa responsabilidad de serlo, pero cuando estoy con los grupos, lo que trato es que entiendan que esto lo tiene que atravesar a uno por el corazón, entonces si yo quiero que ellos entiendan que esto es emoción, que esto es deseo, que esto es ganas, eso me tiene que pasar a mí. Si yo les digo con un libro, vean: “el teatro es el deseo… según fulanito de tal es una emoción…” No, no, no, según fulanito no; según como lo vivamos, y lo tenemos que vivir desde la experiencia emotiva y apasionada, para mí el teatro es eso y estar con los jóvenes es eso. Yo me siento Drácula porque yo no los pongo a hacer nada que no sepa hacer, en unos años voy a estar sentado. Pero ahora que tengo el ánimo y que el cuerpo todavía me responde, hago con ellos todos los ejercicios.

     

    Si no me emociono haciendo teatro, enseñando teatro, explicando teatro, investigando cómo hacer una escena, si no me emociono en esa acción, ¿cómo le voy a pedir a ellos que se emocionen? Disfruto, me río, gozo y paso muy bueno. Disfruto mucho porque me siento Drácula. Drácula necesitaba beber sangre para estar siempre inmortal y joven, siento que compartir con ellos —no me hace inmortal—, pero sí me hace sentir joven, joven en cuanto al ánimo, joven en cuanto al deseo, a las ganas, una cosa será el cuerpo en unos años, pero otra cosa va a ser ese espíritu que ellos me regalan en cada ensayo, trabajar con jóvenes es eso; es que a veces nos puteamos, pero nos abrazamos también. La energía de ellos es poderosa.

     

    Teniendo en cuenta estos sentimientos, ¿qué opina de que los jóvenes practiquen teatro?

     

    Para mí ha sido muy natural que los jóvenes lo practiquen. Cuando yo empiezo a hacer teatro lo hago con jóvenes de barrio en una apuesta muy social­ —digamos que era para nosotros en el barrio­—. Nos presentábamos en una esquina, en una cancha, no teníamos un teatro, ni nos presentábamos dentro de los colegios. El teatro que hacíamos era callejero, era presentar en cualquier parte. Siempre con ese sentido de lo social. Es una posibilidad de que un niño juegue de otra manera, no siempre a la guerra y con carritos, sino que haga unos juegos donde él a partir del juego se reconozca a él y reconozca a otros, eso empieza a ser muy importante. A los jóvenes les empieza a pasar lo mismo, solo cuando estás ahí y ves los cambios de un joven que está en un grupo en el cual se manejan valores distintos, intereses distintos a los del dinero, el vicio, la corrupción, hace jóvenes distintos, el teatro te propone otros mundos posibles.

     

    Siendo los jóvenes protagonistas, ¿cuáles son los principales retos con los chicos y chicas que empiezan en este arte?

     

    Ser joven hoy en día es más difícil porque tienes muchas cosas que te distraen, el mundo ha inventado un montón de cosas que te distraen, y recuerdo cuando era joven. Me distraje jugando fútbol; no tenía Play, Xbox, no tenía internet. El mundo va cambiando y los retos también. Cuando llegué a esta casa ­ [Corporación Nuestra Gente] los jóvenes tenían una carencia económica enorme, teníamos a niños que se iban a la escuela sin desayunar, muchas veces venían y aquí almorzábamos, lo cual era su primer alimento del día, había esa carencia.

     

    Por otra parte, hacíamos ejercicios en los cuales les preguntaba qué se veían haciendo en 5 años, y decían que querían trabajar, pero ¿quién dictaba eso?, La necesidad. El 90% de ellos no veía la posibilidad de seguir estudiando, se proyectaban terminando el colegio y saliendo a trabajar. El teatro sirvió para ir cambiando el chip. De pronto, pasado ese tiempo, todos se fueron a estudiar, esa fue de las alegrías más grandes que he sentido en mi vida a partir de un proceso.

     

    Para mí es un logro, una maravilla, siempre lo he recalcado cuando vienen a visitarme, el logro más grande que hemos tenido desde el 2008 es que hoy los jóvenes que vienen a Nuestra Gente, todos desean estudiar, todos ven la universidad como una opción, eso ha cambiado las condiciones de vida de muchos de ellos.

     

    A su vez hablamos de dificultades, ¿cuáles cree que acechan a los chicos en esta ciudad?

     

    La violencia. Te pongo el ejemplo de cinco compañeros. Ellos eran de la calle, de la esquina, sardinitos, como si no tuvieran papá y mamá, hacían lo que les daba la gana, les encantaba el fútbol, mantenían esta casa azotada a piedra, quebraban los vidrios, porque no eran parte de la casa. Un día una compañera los vio arrojando piedras y en ese instante los convenció de unirse a un grupo que estaba yo empezando a desarrollar. Desde eso empezaron a asistir, eso sí, todo el día jugaban fútbol, estaban en las calles y yo decía: “Están tan cerca del espacio de la violencia”, tan cerca al espacio de la banda, del crimen, del bandido, ellos van a terminar allá. Pero los empezamos a “robar” de esos espacios, —de esos cinco tres muy encarretados—, de ellos, solo uno cayó en las redes de la violencia.

     

    Siendo tan evidente la violencia como un problema, ¿cómo afrontar este inconveniente?

     

    El teatro no salva, lo que te posibilita es encontrarte con otra gente. Es el encuentro con los otros. Esos pelaos que no veían la posibilidad de estudiar, terminaron estudiando, ellos que estuvieron tan cerquita de ese otro mundo, lograron aquí encontrar otra posibilidad gracias al encuentro con el otro. Vos venís aquí y encuentras un grupo, empiezas a encontrar por ejemplo identidad con Sara, a Sara le gusta leer, Sara te presta el libro y empiezas a leer, ella te invita a eventos culturales, te dice: “¿Vamos a la universidad que hay un concierto?”. Es decir, empieza a ver un contagio bacano, que hace que entre ella y vos se transformen, solo que el teatro te da, te empuja, te invita.

     

     

     

     

     

     

    << La casa amarilla, sede de Nuestra Gente, es punto de referencia barrial y de toda la ciudad. Foto: Nuestra Gente.

     

     

     

     

     

     

    Hablando de la parte económica, según el subsecretario de Cultura y Ciudadanía, Álvaro Narváez Díaz, hay 2 200 millones para el programa de Salas Abiertas este año, ¿es suficiente este presupuesto entre 20 a 30 espacios teatrales de la ciudad?

     

    Cada vez es más poquito, mermó el presupuesto. Pero hay cada vez más salas. Eso está bien que haya salas. Hace un rato decías que las salas están cerradas, pareciera que a nadie le importara que las salas de teatro estén cerradas, pero ¡qué miseria el pueblo que no tenga una sala de teatro abierta! Sería muy triste. Uno celebra que cada vez haya más salas de teatro, sabe lo duro que se le viene al que arma una sala de teatro, es muy duro mantener una sala abierta, una cosa muy compleja, pero necesaria. Juntar al menos 10 personas es muy duro.

     

    Cuando hablamos del tema del dinero uno piensa que todos tenemos derechos a tener el sueño de una sala, pero el sueño de una sala tiene que ser el sueño de una ciudad. Un niño de aquí de Nuestra Gente decía hace días: “si Medellín tuviera en todos los barrios una casa amarilla o una casa como Nuestra Gente, de verdad que Medellín sería una ciudad de progreso, una ciudad diferente”. Yo le creo a él, pero eso tendría que tener una voluntad política de parte de los gobiernos, diferente a la que tienen, porque ahora lo que tienen es un presupuesto que funciona como una gran bolsa de la que todos tienen que comer de ahí, lo peor es que no todos alcanzan a comer. No se puede negar, Salas Abiertas es una ayuda muy tremenda, si nosotros nos quedamos sin Salas Abiertas un año sería un golpe muy bajo.

     

    ¿Cómo incentivar a los jóvenes a estudiar este arte?

     

    Aquí llegó un chico. Lo aprendí a querer mucho, él llegó y no se hacía querer, llegó porque su novia estaba aquí, entonces él quería hacer teatro con su novia, fue buen estudiante, empezó a encarretarse con el teatro, el teatro lo empezó a absorber, empezó a sentir responsabilidad con el grupo, a veces peleaba con el grupo, comentaba: “Solo quiero estudiar para mandar, para que me hagan caso”.

     

    El chico se gradúa y se regresa para su pueblo, tiempo después me llama y me dice que le ayude, y yo: “¿Con qué?” y él dice que quiere desde el arte hacer un proyecto para contrarrestar el tema de los suicidios en el pueblo. Él, que solo estaba preocupado por trabajar y mandar, pasó por un espacio que lo sensibilizó de una manera, se le abrió el mundo. Es un adulto distinto, como él hay muchos.

     

    Yo fui joven y siempre entendí que ser joven es un pasito, que hay un momento en el que voy a dejar de ser joven, siento que, si un joven se acerca al arte y logra construir desde ahí identidades, símbolos, amigos, si logra hacer eso —ese paso de la juventud— es de una firmeza enorme. Eso te va a ser un adulto distinto, te dediques o no al teatro.

     

     

     

  • Las poderosas que socorren a los trabajadores informales por la pandemia

    En el marco de la emergencia del COVID-19, el colectivo Putamente Poderosas adelantaron una colecta para que las trabajadoras sexuales y trabajadores informales del Centro de Medellín puedan confinarse en casa. ¿Qué es lo que busca esta agrupación de mujeres?

     

    El trabajo sexual en Colombia está amparado por la Sentencia T-736/15. Sin embargo, no existe ninguna ley o decreto que regule la actividad de las trabajadoras sexuales, lo que les impide acceder a beneficios como seguridad social, salud o subsidios. En este limbo jurídico, Putamente Poderosas se levanta como un colectivo que está dedicado al trabajo social y acompañamiento a trabajadoras sexuales, que busca la dignificación de la vida de estas mujeres y del término “puta” que tradicionalmente se les ha atribuido. Melissa Toro es una de sus líderes y fundadoras que desde su gestión busca engrandecer la vida de estas mujeres dedicadas al llamado oficio más viejo del mundo y que por ello han sufrido discriminación.

     

    ¿Cómo se formó el colectivo?

     

    Somos cinco fundadoras de Putamente Poderosas. Adquirimos experiencia en dos años y medio con las Guerreras del Centro y nosotras éramos el equipo detrás. El año pasado, a finales de noviembre, decidimos que las Guerreras podían caminar solas, hacer sus trabajos solas. Nuestros intereses eran muy diferentes y no queríamos quedarnos solo en ocho u once mujeres, sino poder impactar a un público más allá de ellas.

     

    Putamente Poderosas surge a partir del proceso de apoyo a otro colectivo conocido como Las Guerreras del Centro.

    Foto: Cristhian Agudelo.

     

    En sus redes sociales, dicen que buscan resignificar la palabra puta y la vida de las trabajadoras sexuales en Medellín. ¿Qué resignificación desean darle a esa palabra?

     

    La palabra puta siempre ha estado alineada a un tabú muy grande y a barreras superfuertes socialmente hablando. Nosotros lo que queremos es mostrar la otra cara y entender que las putas son seres comunes y silvestres como nosotras; son mujeres creadoras, mujeres con ideas maravillosas, son mujeres que sus contextos y sus realidades las han puestos en donde están, porque la mayoría de trabajadoras sexuales están en contexto de prostitución porque la vida que les ha tocado las ha llevado ahí: por falta de educación, de oportunidades o porque han sido violentadas, violadas o desplazadas. Nos quisimos llamar Putamente Poderosas porque “putamente” significa “muy, mucho, bastante. Algo expansivo” y es lo que nosotros queremos mostrar con esa palabra y desde lo que nosotras como gestoras podemos ser.

     

    ¿Qué estrategias o actividades implementan para lograr esa resignificación?

     

    Tenemos talleres como una actividad muy linda que tenemos en Comfama todos los miércoles a las 5:30 de la tarde que se llama Puta, cadeneta y chisme, donde enseñamos diferentes dinámicas manuales. En el primer bimestre, vamos a hacer la técnica del collage, ya que por medio de él estamos resignificando la palabra puta, donde hablamos de putas, hablamos con putas y hablamos para mostrarle a la sociedad lo que no se ha permitido. Lo que nosotros intentamos ser esa plataforma y ese enlace entre las prostitutas, el Estado y la misma ciudadanía.

     

    También estamos planeando un espacio literario donde vamos a trabajar la escritura y la literatura. Estamos también diseñando una marca de joyería donde tres de las diseñadoras son prostitutas.

     

    ¿Cómo se pueden medir los resultados de esas estrategias?

     

    Más que medir resultados, es ver las transformaciones de vida que están sucediendo en ellas y ver también la respuesta de la gente, la ciudadanía, el público que nos ve, la respuesta a las redes sociales. Esos pueden ser los medidores de las estrategias.

     

    ¿Con cuántas mujeres trabajan?

     

    En este momento, estamos trabajando con ocho mujeres fijas con las que estamos teniendo estos procesos y acompañamientos. Pero por la campaña que lanzamos por el COVID-19 hemos impactado a demasiadas mujeres que están en contexto de prostitución.

     

    ¿Qué tipo de mujeres son, en qué condiciones sociales viven?

     

    Son mujeres que no han tenido acceso a educación, que viven en inquilinatos o algunas viven en casas arrendadas, viven en barrios lejos del sector del centro; son mujeres cabezas de familia: la que menos hijos tiene, tiene tres hijos. Toda su vida la han destinado a estar paradas en una esquina a que las compren, para ellas no ha existido una realidad más allá que vender su cuerpo.

     

    ¿Cuáles son los mayores retos o complicaciones que implica ser trabajadora sexual en Medellín?

     

    El mayor reto es que no hay leyes que cobijen a las trabajadoras sexuales, ellas no tienen ninguna garantía para ejercer este oficio aquí, es algo que es legal pero no está regularizado. Ellas no tienen subsidios ni ayudas ni tarjetas alimenticias ni subsidios de vivienda, no tienen acceso a una salud o a una pensión. Más que todo es esa seguridad de hacer lo que ellas hacen. Los feminicidios que más suceden en Medellín pasan en el centro, porque es eso: la mataron por puta y no pasa nada. Por eso creo que lo más complejo es la seguridad de ejercer ese oficio.

     

    En el Código de Policía hay artículos que exigen que las trabajadoras sexuales tengan un carné de sanidad expedido por una autoridad de salud y que solo pueden operar en ciertas zonas señaladas en el Plan de Ordenamiento Territorial. Según la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe, estos dos artículos son un impedimento para el ejercicio libre de las trabajadoras sexuales y contribuyen a la violencia institucional hacia las trabajadoras sexuales, ¿es así?

     

    Muchas veces ya no tienen ese carné. La carnetización sucedía años atrás e inclusive les tocaba hacer filas gigantes, hacerse las pruebas de que estuvieran sanas y les regalaban las pruebas de VIH. Y sí, yo pienso que una de las cosas que se deben hacer principalmente es educar a estas personas —Espacio Público, Policía Nacional— sobre el trato de ellas, no solo de las trabajadoras sexuales sino de los trabajadores informales, y que no es un trato cualquiera sino que debería ser un trato especial.

     

    Las integrantes de Putamente Poderosas lideraron una campaña de recolección de ayudas para trabajadoras sexuales y trabajadores informales del Centro con ocasión de las medidas adoptadas ante la pandemia por Coronavirus.

    Foto: Sergio González.

     

    La campaña que adelantan en este momento es un ejemplo de las actividades que ustedes emprenden para lograr su propósito. ¿Cómo ha avanzado la campaña, qué resultados han tenido, cómo ha respondido la gente?

     

    La campaña ha sido magnífica y se ha visto reflejada la solidaridad de las personas, y siento que hemos tenido una operación muy efectiva y que la gente está muy contenta con los resultados que estamos teniendo. Hasta el momento hemos recaudado más de 30 millones, se han hecho dos entregas oficiales, todos los dineros y mercados han sido destinado, hemos entregado sobres con 100 mil pesos a más de 100 personas, otros de 60 mil pesos a más de 140 personas y hemos entregado en total 300 mercados (lea AQUÍ el informe publicado por el colectivo al 8 de abril de 2020). La capacidad de impacto ha sido muchísima y hemos estado sorprendidas por todo esto, ha sido muy bonito porque hemos tenido un acompañamiento muy fuerte de la Secretaría de Inclusión, la Secretaría de Espacio Público, de la Policía Nacional que nos han apoyado en esta idea de poder llegar, sensibilizar y entregar un subsidio — porque no basta con solo el mercado, debe ser un complemento entre subsidio y alimento—. Estamos en la tercera etapa y vamos a continuar, porque esto apenas acaba de empezar.

     

    ¿Cómo se ve Putamente Poderosas de aquí a tres, cinco años; cuál es esa visión?

     

    La visión es que tenemos que ser políticamente poderosas, creo que es una parte a donde tenemos que apuntar juntamente. Yo cierro los ojos y sueño que de este colectivo tiene que salir la secretaria de las Prostitutas, un sindicato donde cada año haya una marcha por los derechos de estas mujeres; que empecemos a tener una sensibilización y concientización tan fuertes que ellas entiendan que están en sus derechos de reclamar lo que les corresponde y de hacerle un llamado, un grito al Estado de que por fin las escuche y las haga parte de la sociedad.

     

    Para la entrega de ayudas durante la pandemia Putamente Poderosas recibió apoyo de dependencias municipales y la ciudadanía. Foto: Sergio González.

     

     

  • El Mono con máscara de escritor. Una conversación con Daniel Tobón Arango

    Una conversación en los intersticios de la rutina laboral de un joven escritor que revela cómo se abre camino una carrera en torno a las letras y en la Medellín de hoy.

     

     

    Daniel Tobón es filólogo. Se estrenó en 2009 con “El Valle Encantado del Aburrá”, ha sido columnista y promotor de lectura. Su cuento “Sueño dorado” fue seleccionado en el concurso ¿Cuál es tu cuento con el fútbol? de la Editorial UPB en 2017. Foto: Archivo de Daniel Tobón Arango.

     

    Me recibió en donde trabaja, la Sala de Literatura de la Biblioteca de San Javier, allí estaba en un ambiente de paz, silencio y tranquilidad, sensaciones muy acordes con lo que transmite cuando habla. Consiguió este trabajo con el fin de sacar un libro adelante y le ha gustado mucho, jocosamente dice – si hubiera sabido que trabajar no era tan maluco, hubiera empezado a trabajar hace mucho-. Allí está en contacto con muchos libros todo el tiempo, lee tranquilo y se oxigena en la escritura.

     

    Estuvo muy inquieto preguntando de qué se trataba la entrevista, sin percatarse de que la entrevista ya había empezado. Al principio asumí que estaba nervioso o que las entrevistas de personalidad le generaban cierta ansiedad.

     

    Desde el principio develó que su sueño es que los escritores no paguen de su bolsillo, sino que publiquen por mérito.

     

    Justo cuando nos estábamos acomodando para la entrevista, llegó su compañera de trabajo, María Paula. Ella tuvo voz en la entrevista, él la involucró en varios momentos, con respeto y cierta complicidad de colega conquistador.

     

    Ahora mencionaste algo sobre las mujeres, ¿cuál es tu percepción al respecto?

    Como diría Paulina Vega, es una pregunta muy difícil.

     

    Tobón tiene un humor fino, natural y fluido, lo particular es que un simple comentario suyo tiene una carga de reflexión, sátira o crítica que genera risa y admiración.

     

    Este siglo y el siglo XX y todo este asunto de la liberación femenina ha hecho que se den cuenta de que tienen gran poder.

     

    Hace 200 o 300 años era muy difícil encontrar mujeres que escribieran, o escribían con seudónimos de hombres. La primera escritora de Antioquia fue Ana María Martínez de Nisser, escribió un diario de una guerra y denuncia asuntos en los que las mujeres de cierta forma no podían participar. Luego en el Siglo. XX, María Cano fue la primera mujer líder social en Antioquia, luchó por los derechos de las mujeres. Y cuando una niña hablaba con rebeldía de política le decían: ‘¡usted es una mariacanito!’, de forma despectiva.

     

    Voy a hacerte un par de preguntas y me contestas lo que se te venga a la mente.

    ¡Qué susto esas cosas así! Esas que son todas psicoanalíticas.

     

    ¿Rasgo más característico tuyo?

    ¡Juepucha! Soy muy descomplicado y relajado con la vida.

     

    ¿Mayor defecto?

    No tener la capacidad para definir mi mayor defecto. No sé definir mis defectos, no me gusta pensar en eso.

     

    ¿Mayor cualidad?

    Hablar mierda. La palabra. Si quieres, pones hablar mierda, no tengo problema jajaja.

     

    ¿Empleo soñado?

    Escribir junto al mar. Viajar y escribir, en el mar o en el campo. Puede mutar el paisaje, pero es escribir.

     

    ¿Dónde quisieras vivir?

    Me gustaría viajar por muchos lugares y escribir en tiempos determinados, conocer Grecia, Florencia, Austria. Pero al final, a mí me gusta Colombia, me gusta Medellín y estar en contacto con mi realidad, siento que no me iría de aquí. Por más caos que vivamos, Medellín me gusta mucho. Es una relación de amores y de odios, odio muchas cosas que pasan, pero al mismo tiempo me desprendo de eso. Aunque de pronto para vivir tranquilo, viviría en San Bernardo del Viento a orillas del mar jajaja.

     

    Pasemos al tema de los libros favoritos.

    Un libro que quiero mucho es La divina comedia, fue el que me empujó a escribir, fue el que me impulsó. Lo leí a los 19, me ayudó a escribir mi primer libro. También El Amor en los Tiempos del Cólera de García Márquez, Cien Años de Soledad, Frankenstein de Mary Shelley, Siddhartha de Hermann Hesse y cualquier libro de Shakespeare.

     

    Como escritor, prefiere la novela, se siente más cómodo con ella, le permite experimentar y escribir sobre muchas cosas.

     

    Intenta no tener muchas cosas favoritas, no casarse o comprometerse con algo a que sea su favorito. La vista es el sentido que más aprovecha, disfruta mirar cada cosa con detalle.

     

    Si pudieras elegir algún súperpoder, ¿cuál sería?

    Sería muy bueno volar. El asunto de volar sería viajar, o sea, mi súperpoder es volar o teletransportarme como Gokú (su caricatura favorita, entre todas las favoritas que tiene).

     

    No tiene seudónimo. Le dicen el Mono en su unidad, pero siempre firma con su nombre completo.

     

    ¿Cómo recuerdas la infancia?

    Tuve una infancia feliz con un amigo de verdad, nunca tuve amigos imaginarios, he sido súper racional, cero fantasía. Tal vez por eso no creo en nada.

     

    Otro compañero entró a la oficina y se quedó mirándonos, a lo que Daniel le dijo: “parce, la fama jajaja”. María Paula concluyó: “uno no sabe con quién trabaja, marica”.

     

    Bromeamos un rato sobre su fama, aunque Daniel siente que es un desconocido y que sólo lo conocen sus amigos. Cuando la gente se le acerca a preguntarle sobre algo que escribió, le da mucha pena. Encuentra mucha tranquilidad en otras cosas, para que no me quedaran dudas de eso, citó a Jorge Enrique Abello: “la fama es la antesala del olvido”.

     

    Definitivamente es un hombre sensible y emotivo, al hablar de sus mascotas, salen a flote sentires profundos e íntimos, sus ojos se aguan cuando habla de su Negrita, una gata muy especial para él; advierto que va a llorar. Desistí del tema.

     

    – Jugaba con las botas puestas y la capa del zorro. Siempre he vivido en la misma Unidad, entre Poblado y Aguacatala, soy de la generación que creció en unidades cerradas y no en barrios. Mi infancia fue muy tranquila y feliz. Me gusta la persona que soy hoy y eso es gracias a las cosas buenas y malas. Aunque uno también se pone muchas máscaras -.

     

    Su mamá le leía cuentos de Rafael Pombo y él se los aprendía de memoria, pero leer no estaba en sus preferencias, era muy dedicado a jugar fútbol. La lectura llegó un poco tarde, terminando el colegio, motivado por su profesora de español que lo acercó a la universalidad de la escritura.

     

    He visto que, aparte de la escritura, incursionas en la caricatura, desde la crítica y la sátira. ¿Te consideras un crítico de la sociedad?

    Esa es mi forma de contribuir, mi forma de hacer política, de cambiar el mundo. Esa es la ilusión de uno desde la escritura y desde los dibujitos. No todos podemos participar en política, cada quien aporta desde su campo y los dibujitos, aunque parezcan muy infantiles, tienen mucho contenido.

     

    En cuanto a las posibilidades para crecer como autor de creaciones literarias, ¿qué ofrece Medellín?

    Nadie va a hacer las cosas por uno, lo más importante es creer en uno mismo. Vivimos en un país donde poca gente lee y el reto está en ser un poquito emprendedor, en mi caso, vender mis propios libros y tratar de posicionarme. Por eso el sueño de la editorial. La gente es muy cerrada y desconfiada de lo local, muchas veces necesita que una multinacional o una gran empresa legitime las cosas. Cuando publiqué mi primer libro, la gente lo primero que miraba el logo de la editorial, yo sabía que eso iba a pasar y por eso me inventé un logo.

     

    El Valle Encantado del Aburrá fue tu primer libro, ¿cómo es tu relación con él?

    Es una relación de amor y vergüenza, fue lo primero que escribí, considero que es muy tierno. Es ver a un Daniel de hace 10 años, ver cómo ha cambiado, apenas estaba aprendiendo a escribir y no había escrito nunca, a uno le da un poquito de pena y de timidez. Cuando uno escribe está expuesto, entrega el alma y muestra cosas muy profundas, me siento un poquito vulnerable y desnudo.

     

    El Valle Encantado del Aburrá tiene 226 páginas y 38 capítulos, está inspirado en la obra maestra de Dante Alighieri y la escribió en 2009, aunque no la publicó hasta 2017.

     

    En 2010, haciendo el pregrado de Filología Hispánica en la Universidad de Antioquia, en uno de los paros que duró 4 meses, escribiste el segundo libro, a su vez primera novela, Un Amor de Mierda.

     

    Quise intentar acercarme a lo que es el amor y el dolor luego de haber perdido al amor. No solamente fue de experiencias personales, sino que hice algunas lecturitas sobre qué es el amor, todo ese tipo de cosas y eso salió. Traté de escribirlo como si fuese una especie de conversación de una forma muy simple y contundente.

     

    El término Mierda tiene muchas connotaciones y en ese libro también, especialmente desde los prejuicios y sus significados.

     

    Para escribir le basta tener consciencia de la realidad, suele partir de lo que siente, lo que le duele y lo que especula. En general cree que puede escribir sobre cualquier cosa.

     

    Le da miedo dejar de ser Daniel y perder la memoria. Justo contándome esto, María Paula intervino y nos contó que el señor que había acabado de salir, tenía Alzheimer y llegó buscando un libro que le recomendaron para evitar perder la memoria ” y se llevó el Otoño del Patriarca, marica”. Ambos quedaron desconcertados, fue un comentario interno de colegas.

     

    Daniel Tobón, el Mono de cabello rizado, rostro pulido y mirada reflexiva, transmite una mezcla de inocencia y sabiduría que le dan un toque de hombre interesante. Cuando transcribí la entrevista, supe que no es tímido, ni las entrevistas de personalidad le causan tantos nervios o ansiedad como lo pensé en un principio, simplemente es reservado.

     

    Considera que la felicidad es una palabra complicada y significa que no te duele nada, que no sufres y a él le duele el mundo, le duele Colombia. Así que no se siente feliz, sino contento.

     

     

     

     

     

  • Soledad en la fiesta brava

     

    Han pasado 40 años desde aquel domingo 20 de enero de 1980, cuando la historia de “la fiesta brava” de Sincelejo se partió en dos. Las cifras de lo que pasó solo pudieron ser claras días después: 500 muertos y más de 2.000 heridos en una tarde trágica. Queda el recuerdo que, al menos fugazmente, se evoca en cada corraleja. Este es el relato del que era entonces un joven espectador: Ubaldo José Ramos Tuirán.

     

    Principalmente en enero, numerosos pueblos de la Costa y las sabanas del Caribe, incluso en el Bajo Cauca antioqueño, celebran tardes de corralejas. Aquí las de Ciénaga de Oro 2020. Foto: María Alejandra Durango.

     

    Por aquellos días se escuchaba cantar a todo pulmón por las calles sucreñas aquel porro sabanero del compositor Rubén Darío Salcedo que dice: “Ya viene el 20 de enero, la fiesta de Sincelejo”. Lo que nunca esperábamos aquellos que con alegría cantamos ese porro del alma, era que la vida de cientos de personas se apagaría en aquella fecha.

     

    El único muerto de la casa iba a ser yo. De todos los hermanos, fui el único al que llevaron a la tarde de toros más trágica en la historia de las fiestas patronales. Yo era un muchacho de 10 años, corroncho y entusiasmado por ir a las fiestas de Sincelejo. Ya se pondrán imaginar la emoción que me dio cuando Jorge, el hermano de mi padrastro Hugo, me invitó a una tarde de toros.

     

    Cuando llegamos, a eso de las dos y media, ya estaba prendida la fiesta. En la parte baja había un picó y mucha gente esperando para subir a los palcos. Las personas se notaban felices: todos tomando ron o bailando; los niños correteaban de un lado a otro y los más grandes estábamos a la expectativa de que los toros fueran buenos.

     

    Las nubes de ese domingo eran aviso del aguacero que vendría más tarde; sin contar con el que había pegado en la mañana. El frío de una lluvia en verano es un atisbo de lo que será el invierno y, en la sabana, el invierno siempre pega fuerte.

     

    En ese momento, todos intentábamos encontrar un lugar donde refugiarnos. Jorge y yo fuimos a uno de los palcos más cercanos, pero lo que nos dijeron fue: “Váyanse para el otro lado que aquí ya no se va a dejar subir a más nadie”. En medio de la molestia por tenerme que mojar no imaginaba que esa respuesta fue mi oportunidad de salvar la vida unas horas más tarde.

    Las corralejas se realizan en ruedos con palcos de construcción artesanal y suelen ser muy concurridas.

    Foto: María Alejandra Durango.

     

    Ya estando arriba, pudimos ubicarnos en un buen sector: justo al lado del lugar donde nos negaron la entrada. Los palcos eran de tres pisos, quizá los de arriba eran más costosos porque a nosotros solo nos dio para quedarnos en el primero. Como un muchachito de pueblo, yo estaba más asombrado por la multitud de gente que por los mismos toros. Veía cómo las mujeres bailaban al son de la banda y los señores guapirreaban a garganta viva cada que una banderilla traspasaba el cuero áspero y rudo del animal que estaba en ruedo.

     

    Como siempre, la gente va a las corralejas a gozar, a pasarla bueno; nunca nadie pudo haber imaginado que un par de horas después de las risas y el baile, estarían llorando a sus amigos y familiares o estarían ayudando a sacar los muertos de una catástrofe sin precedentes.

     

    A eso de las cuatro de la tarde, las nubes negras que estuvieron todo el día rondando la ciudad descargaron las primeras gotas de lluvia; pero la fiesta no paró por el agua. Fue el sonido sordo de los palcos al venirse abajo lo que enmudeció por un momento todo el lugar.

     

    Aquella imagen de la gente feliz que bailaba, tomaba ron y guapirreaba se congeló en el tiempo; los toros que estaban en la plaza quedaron pasmados; nadie se movió durante un segundo; las trompetas, bombos y platillos dejaron de sonar; la lluvia se hizo más fuerte; todos miramos el espacio vacío entre un palco y otro; ahí lo supe, supe que aquel palco en el que no me dejaron entrar, ya no estaba. Y entonces empezó mi odisea.

     

    La multitud que estaba en los puestos superiores empezó a bajar envuelta en pánico, lágrimas y gritos. Nunca olvidaré lo que sentí cuando miré a mi lado y Jorge ya no estaba. Es como aquel dicho que dice: “Sálvese quien pueda”. La persona que me llevó se perdió, buscando salvarse. Todo el mundo corre es a salvarse la vida y los demás quedan ahí, yo quedé solito.

    Foto: María Alejandra Durango Mercado

     

    En aquellos minutos sentí que moría. La gente grande me estripaba en su lucha por salir y yo ya estaba asfixiado. No sé por qué, sería el mismo Dios, pero se me dio por irme al ladito de las primeras tablas y allí me guindé hasta caer a la plaza de toros. Pasé por debajo de las tablas y no miré nunca atrás. Decidido encontrar a Hugo, mi padrastro, comencé a caminar alrededor de toda la corraleja; yo no estaba pendiente de lo que pasó sino de encontrarlo a él: no tenía más salvación.

     

    Mientras caminaba, vi la gente bajando aturdida y llena de pánico; unos metros más y me encontraría con una de las escenas más duras que un niño puede ver: del montón de escombros vi cómo sacaban a un señor gordo, de pantalones de tirantes. Un hombre sostenía con esfuerzo sus piernas y otro sostenía sus brazos. Su cara se convirtió en la cara de la muerte para mí, los ojos cerrados y las proporciones tan grandes quedaron en mi cabeza, es el único muerto que recuerdo.

     

    Entre escombros, llantos, gritos, personas mutiladas, muertas, heridas, hijos, padres, madres y amigos; me encontraba yo solo, me encontraba perdido. No miré nada de la desgracia, yo tenía una misión: encontrar a Hugo, así que me di media vuelta y seguí mi camino alrededor de la corraleja.

     

    Cuando me alejaba de la escena, recuerdo que entre todos los llantos hubo uno en especial que nunca olvidé; era el de una muchacha que lloraba como si no hubiera mañana porque no encontraba a su papá. Ella gritaba desgarradoramente porque su papá no se podía mojar: “Él tiene una inyección, no se puede serenar. Mi papá no se puede serenar”. Estaba perdida, como yo.

     

    Seguí caminando unos minutos más y en una calle, de esas que te llevan fuera de la plaza, vi a Hugo; pensé estar a salvo y me acerqué. Cuando él me vio creí que iba a estar tan contento como yo, pero no. Hugo me miro y me dijo: “Espérame aquí”, entonces se fue y ahí sentí, por primera vez en toda la tarde, que iba a llorar.

     

    Para mí los 30 minutos en los que Hugo no estuvo fueron segundos de reflexión, aún no creo que fue capaz de dejarme solo. Esperé mientras veía a las personas correr y llorar. Toda esa escena se pintó como un recuerdo lejano y doloroso; pero yo estaba ahí, solito, en la orilla de una calle, viviendo mi tragedia. “Vamos”, fue lo único que dijo cuando volvió.

     

     

    GLOSARIO:

    Corroncho: Palabra propia del argot de la costa caribe colombiana usada para referirse de manera despectiva a todas las personas ordinarias, que no tienen cultura, costumbres, modales, educación o estudios.

     

    Picó: Del inglés pick-up. Se refiere a un equipo de sonido de proporciones descomunales con el cual se amenizan las fiestas en los pueblos de la región caribe.

     

    Guapirreo: Grito de alegría y emoción. Usado en las canciones de porro y para la comunicación entre personas del campo que se hallan a largas distancias.

     

    El paisaje, las costumbres y los oficios del campo Caribe se resumen en las tardes de corralejas. Foto: María Alejandra Durango Mercado.

     

     

     

  • El porro paisa, presente

     

    Video

    Un ritmo con sus orígenes en la región Caribe adquirió un aire particular en Medellín, sede de las disqueras y emisoras que le dieron impulso, puerto de llegada y plaza de presentación para sus figuras representativas. La capital antioqueña dejó una huella en el porro, placer de la juventud de ayer, que sigue poniendo a bailar a la juventud de hoy. Conozca la historia y las manifestaciones del porro, ritmo muy decembrino, en la ciudad de hoy.

     

    Reportaje de Vanesa De la Cruz.

    Montaje: Yuri Morelos.

  • “Si una mujer avanza, ningún hombre retrocede”: Dora Cecilia Saldarriaga

    Bordeada por montoncitos de personas que se arriman a las sombrillas de puestos de venta ambulante y al techo del centro de atención de Sabia Salud EPS, se abre la fachada de la Élite de la Moda. Sin embargo, esta no es forma de entrar al edificio amarillo; si está usted perdido, uno de los hombres detrás del escaparate de empanadas y pasteles de pollo fritos bien podría indicarle con un movimiento de manos que se dirija a la solitaria rampa en dirección a la Avenida Colombia hasta rodear las vitrinas repletas de maniquíes y arrumes de ropa que decoran los laterales y el frente del centro comercial.

     

    Entre locales de textiles y calzado, que en su mayoría todavía duermen por el letargo matutino de las 10 a. m., se llega a una cafetería vacía guardada por un vigilante despistado con legañas en los ojos y en el fondo, a la derecha, a un corto pasillo que termina en unas escalas y dos ascensores. Más allá de la ropita para el bebé, de los artículos para el hogar o de la cancha sintética de la que se gloria tener el centro comercial, espera silenciosa tres pisos más arriba la oficina de maestros de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma Latinoamericana.

     

    Abogados, sociólogos, licenciados y filósofos se reúnen detrás de una puerta de cristal; la excoordinadora y aún integrante del Observatorio de Género de la universidad es una de esas personas. Antecedida por una mujer de contextura bajita y rechoncha, Dora Cecilia Saldarriaga Grisales atraviesa el portal entre el mundo exterior y tantos saberes normativos y jurídicos acumulados; ambas se despiden entre risas y frases sin terminar como lo harían un par de viejas amigas que no han terminado de ponerse al tanto de sus vidas en los últimos años.

     

    La quinta mujer de derecha a izquierda es Dora Cecilia Saldarriaga, la primera candidata en la lista de Estamos Listas. Foto: Instagram Estamos Listas.

     

    —Estamos hablando, Martica. —Alcanza a decir antes de regresar a la oficina y recibir a cambio una sonrisa de los labios morenos de su compañera.

     

    La mujer de la que se acaba de despedir Dora Cecilia es Marta Restrepo López, una de las cinco voceras del movimiento político Estamos Listas, del que, a propósito, la abogada también hace parte. Dentro de una lista de catorce nombres, la mayoría de ellos femeninos, el de ella es el primero que figura como candidata al Concejo de Medellín.

     

    —Muchos partidos vinculan a las mujeres para cumplir con la cuota de género, pero ¿dónde las ubican en términos de la lista? —ya sentada detrás de una mesa blanca al fondo de la oficina, Dora Cecilia dibuja movimientos con sus manos como queriendo reforzar sus palabras—. En estos momentos tenemos el movimiento Estamos Listas, que es un tema de innovación política y que, de alguna manera, va a incidir en que otras mujeres puedan participar ya que estos son espacios muy masculinizados en términos de tiempo, de disposición y de expresión.

     

    Marta Restrepo López, Gloria Elena Castaño, Piedad Toro, Gloria Amparo Henao y Gloria María Bustamante son las mujeres líderes de esa novedosa iniciativa que ha dado tanto de qué hablar en la prensa local; partiendo de un largo recorrido en organizaciones sociales, en el 2018 ellas concluyeron que, a pesar de estar trabajando en entornos políticos, quienes realmente tomaban las decisiones eran aquellos que participaban en el ámbito electoral.

     

    Así, decidieron llamarse a sí mismas mujeres y agruparse en círculos de confianza que se extendieran en la ciudad; en menos de un año, pasaron de ser cinco para constituir 2.039 búhas —nombre con el que se identifican por el símbolo de la organización— que buscan hacerse con los escaños del Concejo de Medellín. Ese espacio que, según un informe de la Secretaría de Mujeres de Antioquia, solo ha sido ocupado durante los años de 2016 al 2019 por un 14,6% de mujeres en todo el Valle de Aburrá.

     

    La excoordinadora del Observatorio de Género destaca la necesidad de la participación femenina en los cargos de mando político: — Por lo general, nosotras ubicamos a la vida en el centro y eso nos permite poner la lupa en asuntos que no están en la agenda política: el trabajo de cuidado, el desarrollo sostenible y la educación no sexista —Entonces hace una pequeña pausa reflexiva, mira sus manos y se ríe, una expresión gestual que es acompañada graciosamente por sus jóvenes ojos marrones—. Es que lo personal es político, eso es lo que nosotras hacemos; llevar lo político a lo cotidiano y, así mismo, intervenir para que, desde lo cotidiano, las mujeres lleguen a la política.

     

    Para personas como Dora Cecilia Saldarriaga, hablar de mujeres es hablar de autonomía y, por ello, sin importar la decisión que se tome —si quedarse en casa, al cuidado de los niños, o participar en espacios públicos al tiempo que se tiene una familia—, se deben garantizar unas condiciones que le permita a la mujer actuar y desarrollarse de forma equitativa al hombre. De esta forma, de acuerdo con Aura López, en la medida en que tomemos conciencia de nuestra propia libertad para decidir, las mujeres estaremos cambiando el mundo. Y cuando el mundo cambia, las leyes, naturalmente, cambian también.

     

    Desde las figuras de Betsabé Espinal —quien lideró huelgas en 1920 desde los 24 años de edad— y de María Cano hasta la creación de organizaciones como la Unión de Ciudadanas de Colombia (1957) y la Corporación Mujeres que crean (1990), el Movimiento social de mujeres en Medellín impulsó la formulación de políticas públicas para, entre otras cosas, promover la participación, el empoderamiento y la incidencia de las mujeres en los espacios e instancias de toma de decisión y control de los recursos.

     

    De esta forma, aunque la población femenina ha alcanzado garantías legales además de las normas constitucionales (pactos internacionales de derechos, convenciones, leyes y sentencias), aún parece ser largo el camino que tiene por delante.

     

    —Qué bueno sería que una mujer diga: “ay, qué bueno votar por ella”, pero no sucede; aún no somos conscientes de que cuando una gana, ganamos todas. Nosotras somos el 52% de la población y no significa que el machismo solo esté concentrado en los hombres, también hay mujeres que, por efectos del patriarcado, pueden irse en contra de sí mismas.

     

    Estamos Listas comenzó con la iniciativa de cinco mujeres que, después de trabajar mucho tiempo en organizaciones sociales, decidieron tener su propio rostro e imagen en la política electoral. Foto: Instagram de Estamos Listas.

     

    La candidata por Estamos Listas se acomoda el corto cabello rubio hacia el lado derecho de su rostro y observa disimuladamente su reloj de mano antes de continuar: —Por eso nuestro mayor reto es llegar a los espacios de poder y, una vez lleguemos, estoy convencida de que haremos un gran trabajo. No va a ser la voz de una, dos, tres o cuatro mujeres; seremos un gran grupo de trabajo en el Concejo, y eso inclusive rompe con el sistema tradicional de la política. Aquí hay amas de casa, afros, indígenas —Dora Cecilia golpea la mesa al ritmo de cada nueva palabra—, lesbianas, trans, mujeres rurales, académicas; somos las mujeres de la ciudad y cuando miran las mujeres, no se excluyen a los otros.

     

    Los pendientes rojos de Dora Cecilia Saldarriaga Grisales danzan mientras extiende sus brazos para tomar la planilla de firmas que siempre lleva consigo —como es de esperar, al contrario de cualquier partido político, Estamos Listas participará en el certamen electoral por la Ley 130 de 1994— y ella concluye: —Si una mujer avanza, ningún hombre retrocede.

     

     

    VOLVER: La política para las mujeres…

     

     

     

     

  • UPB lamenta el fallecimiento de uno de sus referentes: Gildardo Lotero Orozco

    Entre la comunidad de la Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín, es unánime el sentimiento de pesar ante el fallecimiento del profesor Gildardo Lotero Orozco, que se conoció en la mañana de este 19 de marzo.

     

    Profesores y egresados de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB en Medellín recordaron el trabajo de Lotero Orozco, uno de sus profesores eméritos.

     

    “A Gildardo lo recuerdo como Maestro. Fue único en su estilo: irónico, de un fino humor negro, conocedor como ninguno de la Lengua Española, riguroso en su manejo. Y ante todo, un gran ser humano que nos enseñó el valor de la palabra”, expresó Juan Carlos Ceballos, docente e investigador de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo, de la cual fue decano encargado Lotero Orozco.

     

    Reconocido como una de las voces históricas de la UPB, el profesor Gildardo Lotero fue autor, entre otros libros, de los dos tomos de La Pontificia Bolivariana, texto histórico publicado en el cincuentenario de la Institución.

     

    Gildardo Lotero Orozco es reconocido como profesor y mentor de generaciones de comunicadores y periodistas. Foto: UPB.

     

     

    Considerado como uno de los pioneros de las discusiones que sobre ética y periodismo que se dieron en el país durante los años noventa, junto al profesor Juan José García posada y el periodista Javier Darío Restrepo, Lotero Orozco, también ex director del Centro de Humanidades y ex decano de la Facultad de Filosofía de la UPB, es recordado por su rigor académico y su caballerosidad en el trato con estudiantes y colegas, según anotó la profesora Erika Jaillier Castrillón.

     

    En notas de prensa y publicaciones en redes sociales, egresados y colegas de la docencia y el periodismo ponderaron los aportes de Gildardo Lotero Orozco al pensamiento universitario y la formación de profesionales en cursos de expresión escrita, Literatura, Semiología, fundamentación social, de Ética general y profesional. La Agencia de Noticias UPB recuerda con cariño el rigor en sus clases: “Sus estudiantes lo llamaban jocosamente como “Tildardo” o Atila, el rey de los “unos””.

     

    “Lamento profundamente el fallecimiento de mi querido profesor Gildardo Lotero. Gracias por tantos consejos y enseñanzas”, expresó la Comunicadora Susana Mejía Matallana, en uno de los grupos de la plataforma Facebook en que se leen comentarios que lamentan el fallecimiento del docente. “Una gran pérdida para nuestro gremio”, añadió la comunicadora Claudia Vélez.

     

    A su turno, la directora de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo, María Victoria Pabón Montealegre señaló: “Es un día triste para nuestra Facultad de Comunicación Social- Periodismo, se fue un gran maestro”.

     

    Otra de las referencias son los debates de las clases Ética Profesional, en las que, bajo la metodología de seminario alemán, el profesor Lotero Orozco exigía y fomentaba deliberaciones respetuosas e informadas entre sus estudiantes, entre quienes se hizo conocido por señalar con frecuencia la importancia del componente ético y humano del perfil de todo profesional.

     

    “Lo recordaremos por la pasión con la que ejercía la docencia, por su generosidad para compartir el conocimiento entre los jóvenes de muchas generaciones en la UPB y por su permanente defensa del buen uso del español. Que en paz descanse, maestro”, expresó Claudia Sánchez Aguiar, coordinadora de la Especialización en Comunicación y Periodismo Digital de la UPB.

     

    El profesor Federico Medina Cano -otro de los referentes de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB en Medellín-, expresó: “Cada conversación que teníamos con Gildardo era una fiesta. De todo hablábamos: de la vida cotidiana, de los hijos, de los proyectos familiares, del futuro y los tiempos que vendrán, de la jubilación. Cada opinión estaba acompañada de una nota oportuna. Era para nosotros una persona muy cercana. Realmente sentimos su desaparición”.

     

    Sobre esta amistad, Marta Ligia Sánchez, esposa de Medina, sostuvo que su esposo Federico y Gildardo Lotero “compartieron largas horas de buenas tertulias con ese humor que nunca lo abandonó”, dijo al referirse a Lotero Orozco, quien disfrutaba de su jubilación, dedicado a su afición a la lectura, el café, la comida paisa y la música clásica.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • NI CHICHA NI LIMONADA, UN BEBÉ DE LA NADA

     

    El testimonio de Marta Cecilia Morales invita a pensar que el parto es apenas una parte de la maternidad.

     

     

     

    “¿No ve que es un bebé? Y está vivo, está vivo”, me repetía el doctor. Entonces yo me acerqué, lo miré, era chiquitico y muy feíto; nació de apenas 28 semanas, y aunque yo no sabía que había estado embarazada, era mío.

     

    Todo comenzó con el burro. Cada vez que necesitaba colgar la ropa, me subía en él para montarme en el lavadero y poner los ganchos, pero ese 10 de agosto de 2001, cuando hube terminado y puse un pie sobre él para bajarme, cedió y caí de nalgas. Pasaron una, dos, tres… muchas horas, anocheció, se hicieron las cuatro de la mañana y yo sentía un dolor insistente, no dormía. “Eso es que se le va a venir esa pelota de sangre que tiene en la barriga”, me dijo entonces el costeño y, antes de regresar al trabajo, me pidió que fuera al hospital con alguien porque él no podía.

     

    En ese momento, yo estaba esperando dos llamadas: la de la cita para operarme y no tener más hijos (¿pa’ qué más con Juan Esteban, de 17 años, y Luisa, de 18 meses?) y la de una ecografía, porque no enfermaba y, aunque planificaba y no tenía los síntomas, me habían diagnosticado un posible embarazo ectópico. Así que cogí los papeles de todos los exámenes que me habían hecho, tomé un taxi con mi vecina, llegamos a las 8:30 a.m., me ingresaron en maternidad, me dolía atrás y adelante, me evaluaron, me prepararon para un parto, yo no entendía nada, no estaba embarazada, pero en menos de una hora, a las 9:25 a. m., nació Juan Carlos.

     

    “¿Usted es la acompañante de Marta Morales? Haga el favor de traer la ropita para el bebé”, llamaban a mi amiga en la sala de espera, pero ella pensó que era un error hasta que llegó a mi lado, en la camilla, me vio llorando y preguntó qué estaba pasando: “Vieja, es que tuve un niño, está con los médicos”. “¿Dónde? ¿Usted qué va a hacer?”, como todos los que harían a partir de ahora, no me creía… ¿Yo qué iba a hacer? Pues tenerlo. Me limpié las lágrimas y le di una sola instrucción: que no le dijera a nadie, excepto a aquel, el costeño, para que se viniera de una vez.

     

    Por ser prematuro, mi niño vivió dos meses en una incubadora, con una cámara de oxígeno en su cabeza para que se le maduraran los pulmoncitos, y se alimentó por sonda de leche donada porque a mí no me bajaba nada. Lo visitábamos cada día, pero no lo podíamos tocar, mientras, yo escuchaba al costeño rezarle a mi diosito para que no se llevara al niño y que, si lo hacía, fuera rápido para no apegarse a él. Aun así, a los 15 días, se agravó, le hicieron una herida (que yo creo que le dejaron abierta y le jalaron un tendón porque Juan es fruncido en la nalga, tiene un hueco) y le sacaron unas muestras de la cadera y la mano, entonces me dijeron que tenía artritis séptica.

     

    “Ese niño está muy delicado, no le va a vivir y si lo hace, no caminará”, me decían los doctores. Por eso no le quise contar a nadie sobre Juan, yo lo visitaba en secreto de mi familia y esperaba, esperaba… Pero pasaron las semanas, Juan creció, subió de peso y me lo entregaron. Esa primera noche en la casa fue muy difícil, el niño me dio mucha brega porque le hacía falta la incubadora, pero eso sí, yo no quise dormir con él, nunca me ha gustado dormir con niños; así que lo acomodé sobre una almohada, dentro de la bañera de Luisa, porque él era chiquitico (tanto, que no sé por qué me dolió así) y esa la puse al lado de la niña, en la cuna de ella.

     

    Yo no sé cómo hacen las mujeres que tienen gemelos, trillizos… ¡Virgen Bendita!… cuatrillizos, quintillizos… ¡Virgen Bendita! Cuidar a dos bebés fue difícil, pero me colaboraron mucho (“¿Qué más se le va a hacer?”, me decían): el costeño me traía arrumes de pañales (él siempre quiso que Luisa fuera hombre, tener un hijo), mis hermanas me traían lechita e incluso una de ellas, la madrina de Juan, le compró su ropita y se ofreció a adoptarlo porque, al principio, yo no quería al niño. Los primeros días yo estuve muy aburrida, no estaba preparada para tener otro hijo, estuve con una psicóloga tres veces, pero dejé de ir porque era bobada; yo había sido una entre cien mujeres a las que no le sirven las pastillas de planificación, pero no podía hacer nada, excepto cuidar del niño que Dios me dio.

     

    Entonces cuidaba a los bebés, hacía oficio en la casa, despachaba al costeño antes de trabajar, me hice operar, me la pasaba explicándole a los demás, incluida mi mamá, que el niño era mío y, en esas, mantenía en el hospital cuando se me ponía malo: a los 15 días de traérmelo, volvió a la incubadora porque le dio neumonía. Pero, con el tiempo, todo se hizo más fácil: la niña entró ligerito al jardín, a los dos años, Juan dormía mucho por la droga, no daba lidia, y mi hijo mayor empezó a ayudarme con sus hermanos.

     

    Fue por Juan Esteban que supimos que Juan tenía los piececitos garetos; él jugaba con el bebé y le estiraba las piernitas, pero entonces paró, se puso serio y dijo: “Ma, este negrito le salió con un pie más corto que el otro”. “Juan Esteban, deje de burlárseme del niño”, le reproché aunque me quedó la duda; así que esa misma semana, que tenía control, fui y el doctor lo confirmó: hasta ese momento, tenía una diferencia de dos centímetros en cada pie y podía empeorar. Por ser tan pequeño, al principio solo usó una coca entre las piernas para separárselas y un tacón en el zapato izquierdo para nivelarlo, pero cuando cumplió los 4 años, hubo que operarlo.

     

    Esa primera cirugía fue muy brava: lo enyesaron del abdomen hasta abajo y solo le dejaron el hueco para orinar, también tenía una varilla entre los pies. Parecía una momia y pesaba como una roca, apenas se le podía bañar la cabecita. Y aunque le enderezaron los pies, que tiraban de pa’ un lado, le hicieron otra operación seis años después; esa fue distinta, lo dejó un tiempo en silla de ruedas y con una platina a la que se le zafa un tornillo y le molesta. Por eso, me puse a pelear para que haya una tercera, puse una tutela, y aunque muchos médicos dicen que no se le miden a otra cirugía, que es delicado tratar el fémur, Juan la necesita y yo voy a luchar con esos hijuepuercas.

     

    Desde eso, han sido siete años que luchamos y esperamos por la cita de la cirugía, Juan ya tiene 17, es muy encerrado (tal vez porque nunca lo acostumbré a salir para no enfermarlo), saca siempre las mejores notas (y cuando no, se enoja con todos), no le gusta el fútbol (a pesar de que antes le tenía la silla, la toalla y las fiestas de cumpleaños adornadas con el rojo) y casi no come carne (aun cuando de pequeño le gustaba la sangre de la morcilla). Y, aunque haya crecido y cambiado, todo es como en el inicio, Juan y yo estamos esperando una llamada, pero ahora es diferente: lo hacemos juntos.

     

     

  • LA MELODÍA DE ARBOLEDA

    “Cuando cae la noche ella cubre el mundo, una oscuridad impenetrable…un frío se eleva del suelo y contamina el aire, de repente, la vida tiene un nuevo significado…”

    Traducción al español de la canción Dunkhelheit de Burzum.

     

     

    16 de septiembre de 2018, 6:00 am, Juan Camilo Arboleda se preparaba para la vigesimocuarta versión de la Media Maratón de Medellín. A 50 metros de la línea de meta habría sufrido un paro cardiorrespiratorio y varios corredores le ayudaron a finalizar la carrera, pero no pudieron evitar su fallecimiento.

     

    Después de escuchar y leer sobre él, comprendí que un buen disco de Black metal es la metáfora adecuada para la vida de Juan Camilo Arboleda: mística, crítica y compleja por metódica, en medio del caos aparente del Metal. En la academia y la música estuvieron las principales facetas del profesor fallecido en aquella carrera (las circunstancias las detalla una investigación de sus colegas de De la Urbe), y allí se encuentran sus principales legados.

     

     

     

    ¿Quién era Juan Camilo Arboleda?

    Docente e integrante del Comité de Carrera de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Antioquia, y a su vez coordinador del área digital del medio universitario De la urbe, orientaba cursos como Reportería y Redacción IV, fue uno de los principales líderes del proceso de autoevaluación y reacreditación del pregrado de periodismo en alta calidad. Como parte de su labor fue uno de los impulsores del proyecto Periodismo de Hoy, una plataforma para la capacitación de periodistas, que posterior a su puesta en marcha fue financiada por el Ministerio de las TIC.

     

    Junto con su colega y amigo Juan David Alzate, docente de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia y magister en Historia del Arte, Juan Camilo emprendió en 2005 un proyecto tan grande como apasionante para un amante del rock más pesado: contarle a la ciudad por medio de cifras y datos exactos, la historia del metal en Medellín. El interés mutuo por un periodismo musical verídico y auténtico dio como resultado un programa radial llamado Melodías en acero, transmitido por la emisora de la Universidad Nacional.

     

    Con la idea de hacer algo diferente a la que consideraba como una promoción y difusión frecuentemente vanagloriosa del rock, los dos realizadores plantearon con su trabajo que la música debe no solo difundirse sino también analizarse y mirarse con sentido crítico. Así, a finales de 2006 recibieron el reconocimiento a su trabajo con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

     

    Juan David Alzate narra que su relación con Camilo era única y sincera: “Era una relación de corrección constante; para algunos odiosa, pero para mí no, y es que en el fondo ¿uno para qué necesita un amigo? No para que te de la palmadita en la espalda sino para que te muestre el vacío, era una relación de lealtad, soy leal a decirte la verdad”.

     

    Para Juan David, Camilo era un hombre que simple y sencillamente emanaba misterio, un metalero crítico y arraigado a la escuela del Black Metal, una persona seria, enfocada y analítica. El término a utilizar para describir su forma de ser quizá no sería la simpatía; la empatía encajaba a la perfección.

     

    La crítica que Camilo hacía al periodismo cultural y musical era la misma que tenia del periodismo en general: la falta de datos, la adjetivación por ausencia de los mismos. Arboleda planteaba la importancia de la correcta verificación para poder hacer un análisis pertinente de la música. Igualmente comprendía que dentro de este tipo de periodismo había momentos de promoción, pero señalaba que hay muchos mitos sobre el rock en Medellín, relatos que oscurecen el panorama del rock.

     

    Tanto Arboleda como Alzate tuvieron una conexión diferente: “se vuelve tan normal trabajar con él que, por ejemplo, en estos últimos días pensaba ‘yo como hago para trabajar sin este man’, entonces ha sido un volver a nacer y ha sido interesante también porque, aunque parezca una contradicción, había una relación de dependencia, pero también del reconocimiento de las capacidades de cada uno; éramos una maquinita, se fue una de las bielas del motor, pero el motor sigue funcionando”.

     

    Un apartado la tesis de maestría en Estudios Humanísticos que Arboleda presentó en 2013, planteó:

    “El metal trabaja con aspectos transgresores, en ocasiones provocadores, frente a los valores convencionales que prevalecen en la sociedad. Pero tal y como lo vivió el rock, el metal trasciende el campo sonoro, expresa también una forma de conocimiento y una historia de apropiación y de disenso. Alrededor de él se ha generado una identidad que bien vale la pena entrar a concebir como una práctica, toda vez que nos permitirá ganar en comprensión al considerar las diversas dimensiones que la componen.”

     

    Al filo del metal

    La música siempre fue determinante para la vida de Camilo, como una brújula que lo guiaba por el mundo y sus senderos. En 2007 se creó un proyecto que pretendía unificar el circuito del metal y sus distintas variaciones: Metal Medallo. Jaime Ocampo, líder de la agrupación Athanator fue el gestor y tanto Juan Camilo como Juan David, colaboraron desde Melodías en acero para fomentar estas iniciativas musicales.

     

    Sus preferencias musicales lo llevaron siempre a los rincones más oscuros del metal, un espacio donde se movía a la perfección y su amor por este género llevó a Juan Camilo a experimentar con su propia interpretación de este, como tecladista y posteriormente vocalista de Exordium, una banda de Black Metal formada en el año 2002, inspirada en las diferentes sonoridades nórdicas, que reflejaban sus ideales místicos, oscurantistas y poéticos.

     

    Una reseña del único disco publicado de la banda que se lee en el portal web Rockombia describe: “Mística musical con que se crea y deconstruye el mundo. Poética insana que suprime el valor de toda imagen y palabra para enaltecernos en la tierra de los corderos de dios… lugar de fuego y destrucción”. Por otra parte, el website Metal Archives, repositorio que compila datos y reseñas de bandas de todas las vertientes del Metal en el mundo, enuncia que Juan Camilo Arboleda, dentro de su agrupación, se identificaba con el nombre de Mortizum, alter ego que creó por su afición a los solistas Mortiis y Burzum.

     

    Arboleda era un gran apasionado de la música y de saber cuestionarla, mirar el otro lado de las cosas y confrontarlo era algo que, como académico y como persona, bien se le daba según sus amigos. No expresaba afinidades por algún partido político, pero se oponía a ideales hegemónicos en lo religioso y sociales. Juan David Alzate narra que Camilo se consideraba abiertamente satanista, pero su postura nunca fue religiosa, sino filosófica, aquella que plantea que el hombre es lo suficientemente fuerte para ser sí mismo, y que al fin y al cabo lo más importante siempre será tomar una posición en pro del humanismo.

     

    El profe “Satanás”

    Por otra parte, como docente, Juan Camilo era visto por sus alumnos como una figura de respeto, temido en ocasiones por su rigurosidad al calificar, pero respetado por cumplir correctamente con la labor de enseñarle al estudiante con claridad, donde tenía su error y cómo podía mejorar.

     

    Así mismo lo describe Raul Osorio Vargas, comunicador social y profesor de la Universidad de Antioquia, colega y amigo, quien dice de Arboleda que era un hombre disciplinado, sistemático, riguroso y comprometido con sus trabajos: “Era un devorador de textos, al tiempo que era un hombre práctico que reflexionaba profundamente en las teorías del conocimiento en el área de comunicación…era muy crítico con respecto a las narrativas que se hacen frente al periodismo”.

     

    Narra Osorio con nostalgia que Camilo era un hombre muy sensible, y que no era fácil romper esa barrera de la confianza con él, mas no por engreído, sino por centrado, asegura el profesor; pero cuando dicha barrera se rompía, Arboleda solía ser una persona muy afectuosa, con un humor extraordinario, único y ácido.

     

    “Yo nunca percibí que fuera radical frente a algo, o tal vez porque él era muy respetuoso sobre las ideologías de los otros, nunca hablamos explícitamente de política, nunca percibí eso de él, era un hombre crítico, nunca le oí un comentario sobre algún candidato o nunca percibí que fuera de izquierda o de derecha. Eso sí, era radical con respecto a la música o al metal; sí sentía que cierto tipo de música le podría parecer absurda, pero no era un hombre odioso en la crítica, era un conocedor”, relata Osorio.

     

    Sobre la pérdida de Camilo, el profesor Raúl Osorio señala: “Es un vacío muy grande y creo que será muy difícil de llenar ese vacío desde el punto de vista intelectual”. Señala que los aportes de Arboleda al estudio de las narrativas periodísticas y al periodismo musical fueron bastante relevantes.

     

    Otras metas

    Después de su maestría, Arboleda se encaminó al doctorado en Humanidades en la Universidad EAFIT en 2015. Jorge Iván Bonilla, profesor del Departamento de Comunicaciones de la institución, magister en Comunicación y doctor en Ciencias Humanas y Sociales, había sido profesor de Arboleda mientras realizaba su maestría y se convirtió en el director de su tesis doctoral.

     

    La propuesta se refiere a las narrativas del mal en el periodismo colombiano, una mirada a través de ciertos cronistas reconocidos, en perspectiva de la no ficción y de una manera bastante crítica: la hipótesis de Arboleda es que había más una celebración del escritor netamente por las firmas, que conduce a la deshumanización de las historias.

     

    Como candidato a doctor, Arboleda trabajaba en el asunto desde diciembre de 2017 y, antes de la fecha pactada había entregado el segundo capítulo de sus tesis, con el objetivo de poder adelantar con más tiempo un próximo capítulo y mantenerse un paso adelante de su propio trabajo. El profesor Bonilla había expresado desde un principio a su dirigido lo valioso que sería publicar ese trabajo.

     

    Jorge Iván Bonilla revela que Juan Camilo siempre estaba muy pendiente de las observaciones que se le realizaban en materia de cambios, cada vez que en esa labor recibía referencias de un autor o un referente, no solo lo analizaba, sino que lo reseñaba y lo adaptaba críticamente en su trabajo. “No había que empujarlo, Camilo caminaba solo”, comenta Bonilla sobre lo que considera un disfrute, que le permitió forjar más una relación de colegaje con su dirigido.

     

    “Él era un hombre tranquilo. Cuando lo conocí, lo conocí con su figura de metalero más acentuada. El Camilo que yo conocí en la maestría era un Camilo bastante metalero, el Camilo de hoy era una que, sin dejar de lado ese estilo del metal, estaba más en un tránsito hacia un Camilo académico”, explica Bonilla.

     

    El 16 de septiembre pasado terminó abruptamente un trabajo de aportes a la academia, al crecimiento de la música en Medellín y a la formación de futuros periodistas. Quienes reconocen esa herencia coinciden en que casi todas sus tareas estaban terminadas. Dejar un norte claro para la transformación de un laboratorio de periodismo en su universidad y su propia tesis doctoral, dan fe de ello.

     

    Una figura con el misticismo que rodea a la del profesor Arboleda, la del músico, la del estudioso, le da credibilidad a los que algunos de sus allegados interpretan como mensajes más allá de su existencia, de la pasión y el método que profesaba en las marcas de su cuerpo: hay que saber culminar las cosas, hasta para morir, hay que dejarlo todo preparado. Incluso aquella mañana de septiembre tuvo que atravesar la línea de llegada antes de marcharse tranquilamente, no sin antes verificar el tiempo de carrera en su cronómetro.

     

     

  • Un soldado, una mina, un doctor

     

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    Edwin Restrepo es una de las 11.617 víctimas de las minas antipersonas que, según el Centro Nacional de Memoria Histórica, se han registrado hasta la fecha. Es por la pérdida de alguna extremidad que algunos soldados se sienten sin esperanzas para seguir con su vida, por el contrario, Edwin se esforzó y pudo sacar adelante sus sueños. Hoy contará su historia, la de su superación y la de un encuentro memorable con el papa Francisco.