Categoría: Editoriales

  • Carta abierta de los docentes internos de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB

    Medellín, 10 de mayo de 2021

     

    La facultad de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín quiere compartir con la comunidad en general la siguiente reflexión a raíz de la forma cómo, en los últimos días, los medios de comunicación nacionales han procesado, para la Sociedad, los acontecimientos que está viviendo Colombia:

     

    El vértigo de los acontecimientos, la coyuntura y la zozobra que deviene de la incertidumbre, quizá hace que las cosas básicas y simples se pierdan en la memoria, y que se desdibujen, en medio de un panorama atiborrado, las funciones que nuestras vocaciones nos han llamado a asumir dentro de la sociedad.

     

    Incursos en los días turbulentos que enfrenta el país, en medio del agotamiento tras más de un año de lejanía social por causa de la pandemia y las movilizaciones surgidas de las problemáticas socioeconómicas agudizadas durante ésta, nos enfrentamos a nuevas acciones violentas que se suman a esas otras, regadas, inmersas y obstinadas que afectan día a día a esas regiones colombianas que no siempre parecen asumirse como parte constitutiva de quienes somos.

     

    En este marco del miedo, la desconfianza y el desconocimiento del otro (mujer, afro, indígena, migrante, joven, institucionalidad, policía, soldado, ese otro que termina siendo parte de uno, de nosotros); el llamado que se hace a los periodistas, a los medios de comunicación y comunicadores, debiera ser sencillo: volver a lo básico de nuestro quehacer.

     

    Pero, ¿qué entender por lo básico? Lo primero sería la sinceridad con quien nos escucha. Determinar claramente lo que obedece a una opinión, a la que se tiene derecho y que por supuesto nutre el debate, diferenciada de los hechos narrados en clave de la información periodística, una información que se brinda a partir de la vinculación de múltiples fuentes, con diversos puntos de vista, que se contrasta con los hechos presentados a partir de la recolección de datos. La mezcla indistinta de supuestos y opiniones con hechos noticiosos termina favoreciendo el apasionamiento irreflexivo, la asunción de una sola opinión, como la verdad, anula la voz del otro y favorece que éste, en efecto, sea anulado.

     

    Comunicadores sociales, periodistas y, en general, la academia, debemos estar también en función de facilitar el acceso a la información, estudiar y entender cómo los fenómenos que se viven en la actualidad son una forma de expresión de los actores sociales ¿qué nos están queriendo decir?, ¿dónde está el mensaje que no entendemos para que la resolución de los conflictos a los que se debe se dé de manera pacífica?, ¿cuáles son las expresiones y canales adecuados que fortalecerán los diálogos para la consolidación de una ciudadanía que asuma su convivencia en paz y democracia?

     

    Mucho queda por preguntarnos y por entender, por ejemplo: el rol de los medios y plataformas sociales en estos días signados por la ausencia del cara a cara, sus potencialidades para la democratización de la información y los riesgos que presentan por mensajes simplistas y homogeneizantes; las reacciones suscitadas por esta falta del abrazo y la caricia como formas esenciales de la comunicación del amor, la solidaridad y la amistad; los mecanismos que permitan el reconocimiento de tantos otros, diferentes, pero constituyentes de este espacio llamado Colombia.

     

    Las facultades de comunicación somos las primeras llamadas a atender estas preguntas y sin duda alguna es nuestra responsabilidad recordarles a nuestros estudiantes, docentes y egresados el compromiso que asumimos con nuestra sociedad en el fortalecimiento de sus relaciones, de las decisiones que tomarán a futuro, en la consolidación de la democracia. Por eso mismo, también, debemos decirlo en voz alta de tanto en tanto para recordárnoslo también a nosotros, porque sí, porque debemos volver a lo básico.

     

    Los docentes internos de la facultad de Comunicación Social – Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín.

     

    Aspecto de las protestas del 4 de diciembre de 2019 en Medellín. Foto: Martín Villaneda.

     

  • Sí a las nuevas voces. No a la nueva sangre

    Joaquín Gómez Meneses / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Un medio universitario como Contexto no es solo una escuela de periodistas. Por años, este proyecto académico y periodístico también ha sido tribuna para observar el lugar que tiene la juventud en la vida de la ciudad, en la dinámica del mundo.

     

    En los últimos años hemos visto su protagonismo en las manifestaciones que reclaman cambios en los destinos del país: desde el simbolismo y las nuevas formas de elevar voces de protesta, hasta el núcleo de expresiones violentas desde todas las orillas, las cuales nos llenan de dolor y no cesaremos en deplorar.

     

    En 2019, participamos en el proyecto #DiarioDelParo, una experiencia que acercó a nuestros periodistas universitarios a las causas de la movilización, al relato de las marchas y los excesos que en ellas ocurrieron, a la agenda de conversaciones sin epílogo hasta la irrupción de la pandemia por Covid-19. Todo bajo una premisa de nuestras labores de formación e información: el deseo de entender.

     

    Como académicos, como formadores de personas facultadas para comunicar, nos corresponde la esperanza, como empeño, como causa. Por ello creemos en el deseo que, a pesar de los riesgos de una pandemia, convocó a cientos de miles a manifestar su descontento en las calles. Muchos de los estudiantes y profesores que conformamos este equipo vivimos esas circunstancias, además las conocemos y las contamos en nuestra labor periodística.

     

    Gracias a las sesiones de clase, a los consejos de redacción, sabemos que son incesantes las preguntas jóvenes sobre los problemas que persisten y frente a los que parece no haber más que resignación. Gracias a esa escucha entendemos que el fenómeno de protestas de nuestro país es un rechazo a la indiferencia, a la indolencia; un mensaje con el que la juventud de hoy es particularmente contundente.

     

    El objetivo de expresarlo se logró con creces. Ya se abrieron los espacios en que son decisivos los argumentos y, fieles al espíritu de la academia, queremos subrayar la importancia del diálogo para construirlos. Ahora más que nunca, se necesita que este sea edificante, que nos muestre caminos más efectivos que los de la fuerza que nos horroriza durante estos días y con la que nos hemos encargado de aplazar por décadas las soluciones necesarias, porque las agresiones a periodistas, el abuso de autoridad, el daño a bienes materiales, las golpizas y mucho menos los asesinatos, no han resuelto los problemas por los que alzamos nuestra voz.

     

    La conmoción de estos días nos llama a entender que, si tenemos un país de conflictos, es porque es diverso y, bajo esa condición, es insostenible proceder por la fuerza. Las nuevas generaciones del país tienen más que nuestra atención. En lo que a este proyecto académico toca, tienen nuestra fe en lo que sus acciones nos puedan enseñar en adelante. Desde nuestra experiencia, reiteramos el llamado al diálogo, el que implica escuchar, expresarse para el otro, preguntarse, construir. A nuestro alcance está disponer este espacio, al que son bienvenidos todos los aportes.

     

    Imagen de las movilizaciones por la paz en octubre de 2016. Foto: Enrique Mena.

     

     

  • YA CIRCULA LA EDICIÓN 55 DE CONTEXTO

     

     

    En la conmemoración de los 80 años de la Universidad Pontificia Bolivariana y en la coyuntura del debate nacional en torno al acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC, esta edición de Contexto presenta historias y temas que ilustran el modo en que las decisiones individuales proyectan los rumbos que constituyen la realidad común; desde las personas que conviven con una salud frágil, hasta los excombatientes que deciden poner fin a la guerra por su cuenta.

     

    Desda la Escuela de Ciencias sociales, las principales conclusiones del más reciente Simposio de Ciencias Sociales, espacio que proyectó reflexiones sobre el lugar de los individuos en el contexto del debate en torno a la paz, con la universidad como escenario. En el editorial, una reflexión sobre las huellas que ha dejado la guerra y las que ahora deja la búsqueda de la paz.

     

    En esta edición de Contexto, conozca las rutas que hoy recorre el ciclista Marlon Pérez, a propósito de los recientes triunfos deportivos olímpicos, paralímpicos y en la Vuelta a España; recorra la historia del Centro Comercial del Libro en el tradicional sector de La Bastilla, conozca la lógica que guía la labor de los testigos de Jehová y vea algunas de las postales del Cementerio Libre de Circasia.

     

    Encuentre su ejemplar de Contexto en bibliotecas públicas, universitarias y centros culturales de Medellín o léalo ahora mismo haciendo click aquí.

  • MOVERSE PARA QUE EL AGUA FLUYA

     

     

    Los discursos de la contaminación, la sequía y El Niño se están volviendo paisaje. De tantos hechos lamentables que se muestran en los medios alrededor de la escasez de agua y las muertes asociadas a la sed de algunos, los otros, en su mayoría citadinos —quienes aún tenemos la dicha de abrir la llave y ver fluir el líquido sin mayor misterio— quedamos en una etérea frontera entre sentir pesar y ser un sujeto pasivo o actuar y ser activos ante la sed del mundo. Sin embargo, actuar desde el hogar se queda corto.

     

    El problema del agua trasciende los usos domésticos y estos, al tiempo, lo empeoran. Discursos tradicionales como cerrar la llave al cepillarse los dientes, tomar duchas rápidas, reutilizar el agua de la lavadora y evitar consumos innecesarios son aptos, pero insuficientes. No se trata solo de ahorrar el líquido en casa, a pequeña escala, sino de optimizar su uso y cuidar el recurso en otros usos como el pecuario, agrícola, industrial, recreativo y minero: a gran escala.

     

    Entre estos, quizá los más preocupantes son los asociados a la contaminación. A principios de febrero, un grupo de organizaciones del Chocó denunciaron que en los últimos dos años 37 niños fallecieron por consumir agua contaminada con mercurio (usado para la minería). ¿De qué sirve cerrar la llave y guardar el recurso para el uso humano cuando otros se encargan de contaminarlo y, literalmente, asesinar a las personas para quienes se pretende conservarlo?

     

    Por otro lado, empresas del Estado como Ecopetrol también son responsables de que este recurso natural pierda su calidad. El 4 de febrero de este año, por ponencia del magistrado Alberto Rojas, la Corte Constitucional ordenó la suspensión temporal de la explotación de pozos petroleros en Orito (Putumayo) por, entre otras razones, la alteración de las fuentes de agua y el manejo indebido de residuos tóxicos durante su labor. La suspensión tiene vigencia hasta que la organización llegue a acuerdos con la comunidad indígena Awá, quienes están en la zona desde 1960 y han defendido su territorio y los recursos que hay en él.

     

    Son mayores las afectaciones hechas a gran escala que los daños a pequeña escala. Entonces, ¿debemos ser sujetos pasivos o activos ante los problemas asociados al agua? Pues bien, actuar es muestra de responsabilidad social y sentido de lo humano, pero es el momento de hacerlo desde contextos “pequeños” para que en los grandes se haga justicia con un recurso natural que es de todos.

    Ya conocemos las responsabilidades, llegó el momento de tomar responsabilidades: respetar el agua y movilizarse en la esfera pública en busca de justicia y regulaciones en su uso.

     

    Texto publicado en la edición 52 de Contexto.

  • DEBATES QUE EL PERIODISMO NECESITA

     

     

    Los tres primeros meses de 2016 han transcurrido con numerosos debates en torno al trabajo de los medios de comunicación, en relación con varios acontecimientos de la realidad nacional. Son

    tantos los puntos de vista, tan diversos los tonos de las reacciones y tan vertiginoso el desarrollo de los acontecimientos, que se hace difícil abordar una discusión de fondo.

     

    Cuando parece que la prioridad es dejar por cualquier medio una constancia de nuestra postura frente a los hechos y no tanto asumir que con ello, la misma puede ser discutida, resultan indispensables los espacios que abran el intercambio de ideas en un clima de moderación,

    que ayude a encontrar propuestas, salidas y alternativas de construcción.

    Desde este espacio ya hemos planteado lo dañino que resulta la generalización, cuando se plantean críticas a “los medios” o a “la prensa”, sin especificar, porque lo que se busca es señalar, no interpelar para proponer una discusión.

    Precisamente el tono y el desarrollo que se ha generado frente a los acontecimientos de la realidad nacional, que involucran el trabajo de los medios de comunicación, no ha contribuido mucho a que se desmonte dicha generalización como base de las posturas, sobre todo, las críticas.

    Y es ahí donde la universidad está llamada a abrir esos espacios de discusión, asistida por la razón que caracteriza la búsqueda incesante desde el trabajo académico, el constante cuestionarse, con el deber ser como faro y no como pedestal.

    El hecho de que la ciudadanía y la audiencia de los medios de comunicación hablen con propiedad y suficiencia sobre el trabajo de los medios y la prensa, es reciente, pero también es real, y, por momentos, abruma. Ante esa circunstancia, antes que juzgar esas posturas (que sí merecen un análisis), nos corresponde plantear otra discusión, en otro tono, y, por supuesto, con los fundamentos de la formación profesional en periodismo. La formación de periodistas profesionales en Colombia, particularmente en nuestra región, ha tenido facetas diversas, algunas

    de ellas han sido lugares comunes nocivos, que nos han condicionado, anquilosado y han dejado el contacto con el medio profesional en un letargo del que es necesario sacudirse.

     

    Tan dañinas son las posturas, que a ultranza desde las aulas descalifican a “los medios manipuladores”,que reclutan a profesionales para condenarlos a una carrera en la banalidad y la degradación de sus capacidades;como dañinas son las actitudes delos editores y directores que se jactan de“aterrizar” a los jóvenes periodistas, porque en los afanes de la redacción, “ahora sí van a saber en qué se metieron”.

     

    Precisamente son los hechos los que hablan de una periodista de uno de los diarios más reconocidos del país acusada de plagio, de los efectos de la publicación de un video, que fue interpretado como prueba de corrupción en la Policía, de periodistas sometidos a acoso judicial sin el respaldo de sus medios; los que hacen necesario y urgente ese debate. A estos motivos se suman otras realidades consuetudinarias, como las condiciones laborales de los periodistas: la remuneración de su trabajo, las cargas laborales propias de sus puestos, la cada vez más evidente cercanía de los avatares de la política local al devenir de los medios en nuestra región, y, en general, todas las condiciones que intervienen en la calidad del ejercicio profesional.

     

    ¿Qué situaciones condicionan el ejercicio libre, responsable y equilibrado del periodismo en nuestra región? Aún más importante: ¿Qué alternativas se pueden construir para promoverlo en las condiciones actuales?

     

    El diálogo debe ser abierto, franco, diverso, respetuoso para que sea constructivo. Cada edición de Contexto es una señal de la disposición de esta casa de estudios a propiciar esa discusión, no es menor el gesto de proponer una alternativa para informar a la ciudadanía y lo sabemos, como sabemos lo importante que es ser una entre muchas voces que, como se ha dicho antes y como lo diría en sus reflexiones, el recientemente fallecido sacerdote jesuita Horacio Arango Arango, es necesario que escuchemos hasta poderlas entender.