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  • El arte de ser un bocafloja

     

    Por Isabella González Estrada / isabella.gonzaleze@upb.edu.co*

     

    Aldo Villegas (12 de julio de 1978), conocido artísticamente como bocafloja, es un poeta, artista de la palabra hablada (Spoken Word), Hip Hop y comunicador social mexicano. Es reconocido como el precursor en la utilización de la cultura Hip Hop en Latinoamérica como una herramienta de concientización social y política, especialmente en comunidades marginadas.

     

    Inició su carrera en los años 90 con los grupos Lifestyle y Microphonk, y como solista ha lanzado álbumes como Pienso, luego existo (2003), Jazzyturno (2004) y Existo; dirigió el documental Nana Dijo (2016), un análisis visual sobre la diáspora africana en América Latina y el racismo estructural en la región.

     

    En el Hay Festival 2025 en Jericó, estuvo en conversación con Daniel Rivera Marín, periodista y autor del libro de crónicas “Volver para qué”, sobre su evolución artística y su libro más reciente, Del mondongo al ojalá (2024), en el que reúne microrrelatos, poesía y fotografías. Además, realizó un concierto en el parque principal de Jericó, donde fusionó la palabra hablada (Spoken Word) y el Hip Hop.

     

    En esta entrevista para la audiencia de Contexto tuvimos la oportunidad conversar sobre la importancia del arte urbano en la memoria histórica, los desafíos de ser un artista crítico del sistema y su conexión con América Latina, valorando experiencias descentralizadas como la del Hay Festival Jericó.

     

    ¿Qué es para usted ser un bocafloja?

    Bueno, más que otra cosa es la posibilidad de utilizar el lenguaje y el discurso como una plataforma de comunicación efectiva. Sin restricción o sin límite en el ejercicio expresivo como tal. Bocafloja surgió hace muchos años en una canción cuando, muy al inicio de mi carrera, formaba parte de otros grupos. Después cuando salí como proyecto solista fue que lo utilicé como mi nombre.

    ¿Cómo es ser un bocafloja hoy en día, le ha traído problemas?

    Siempre todo lo que nosotros hablamos tiene un impacto y una implicación. Uno responde, al final del día, a una agenda y uno tiene que asumir ese nivel de responsabilidad y conciencia sobre lo que está diciendo, siempre tiene un peso. Además, que, cuando algo sale de nosotros, una vez que la gente lo escucha, eso que decimos tiene la posibilidad de tener vida propia y ellos pueden hacer una relectura, y no necesariamente corresponde a lo que uno está tratando de comunicar. He tenido experiencias muy positivas, otras no tan positivas, pero ese es el riesgo calculado de hacer el tipo de música que estoy comprometido a hacer.

     

    ¿Cómo llegó a estas otras maneras de expresión artística: la poesía, la literatura y la fotografía?

    Bueno, con la cuestión de la poesía y la literatura creo que hay un vínculo innegable respecto rap, porque como tal tiene en sí mismo una vena literaria y una vena poética. Obviamente, rompe con los estándares clásicos de hacer poesía. Es como un tipo de poesía que está vinculada con otro tipo de experiencias y con otro tipo de ejecución. Rompe un poco con lo, a veces, demasiado soberbio y soso que pudiera ser la poesía clásica.

    Pero el explorar otros formatos como la fotografía, el cine documental o los proyectos literarios tiene que ver con la necesidad de igual comunicar a públicos más amplios y hacer notar que nosotros también podemos producir en ese tipo de espacios. O sea, que la poesía no es una práctica limitada a los grandes eruditos de la poesía clásica y toda esa historia. También hay poesía en todos lados.

    ¿Cuáles han sido como para usted esas influencias o esos exponentes que lo llevaron a converger como tantos formatos en lo que usted expresa?

    Yo leí grandes influencias, que son autores del Caribe, como Frantz Fanon y Walter Rodney enfocados en la producción artística y cultural del sur global como una experiencia epistémica; también James Baldwin de los Estados Unidos. Mucha de la literatura negra del mundo ha sido superimportante en mi formación intelectual y poética, incluso, la misma música, el mismo rap también me introdujo a un montón de experiencias discursivas y literarias que me obligó a investigar este tipo de cosas.

    En Medellín, Colombia, el mural titulado “Las Cuchas Tienen Razón” fue creado por colectivos artísticos para rendir homenaje a las madres buscadoras, mujeres que han dedicado sus vidas a encontrar a sus seres queridos desaparecidos durante el conflicto armado. Este evento reabrió el debate sobre el papel del arte urbano en la construcción de memoria histórica y su capacidad para desafiar las narrativas oficiales. ¿Cómo ve usted el papel del arte urbano, como el grafiti y el muralismo, en el contexto latinoamericano para desafiar narrativas hegemónicas y preservar la memoria histórica?

    Tiene que ver con la necesidad de ocupar el espacio público como un derecho social humano básico. Es la posibilidad de comunicar y utilizar el espacio público para plasmar una idea que impacte de forma colectiva el tejido social. Entonces creo que un muralista requiere de ese tipo de ejercicios que pueden implicar transgresiones a nivel sistémico.

    El hecho de que haya una reacción por parte de la comunidad para volverlo a pintar habla ya de un proceso de organización política. Ahí ya hay un montón de valor, porque políticamente se están organizando para utilizar el arte como un vehículo para llevar un mensaje.

    Y lo más interesante que a mí me parece de todas esas experiencias es no solo los artistas o la comunidad directamente relacionada con los muralistas que vean en esa pieza, sino personas que van caminando que no tienen quizás conocimiento de lo que está sucediendo y que gracias a ese impacto visual empiezan a hacer un ejercicio crítico de cuestionamiento sobre qué es lo que está pasando. Ahí ya hay un proceso de politización, creo que eso a mí es lo que más me gusta y le encuentro el valor.

    ¿Cuáles son los desafíos de ser un artista que incomoda al sistema?

    El desafío es a veces sentirte periferizado: la exclusión, la falta de acceso, la falta de visibilidad, la distribución desigual de poder, de acceso de todo en todos sentidos. No es algo fácil, no es algo sencillo.

    Por eso yo soy un firme creyente que es importante no solamente buscar la ruta de la hegemonía para ocupar ciertos espacios, sino crear nuevos modelos de acceso al poder. Una lógica distinta que busque otras rutas, que no busca ocupar, necesariamente, esos espacios hegemónicos o como se dice popularmente, no obsesionarnos en querernos sentar en la mesa de ellos, sino en crear nuestra propia mesa y dialogar a partir de esos otros espacios.

     

     

    A pesar de que radicas en E.E.U.U, ¿por qué América Latina es tu fuente de inspiración?

    Yo creo que eso es parte de mi identidad, de alguna manera. Creo que América Latina como región está hermanada también con un montón de otras experiencias del sur global. A veces cuando he tenido la oportunidad de estar, por ejemplo, como en el norte de África, Egipto, en Marruecos, veo que al final del día somos como la misma gente. Por ejemplo, cuando viví en Nueva York, mi forma de navegar el espacio era, prácticamente, con todas las comunidades migrantes. Es como una manera de sentirte en casa fuera de casa, creo que es parte del del compromiso histórico que vamos cargando hacia donde nos movamos.

    ¿Qué se lleva de Jericó?

    Me gustaron muchas cosas, sobre todo, me pareció superinteresante el hecho de que las actividades se dieran en el contexto del centro de la ciudad, un espacio público donde las familias están caminando, es como una experiencia intergeneracional, eso es superlindo.

    Es un lugar superbello, la comunidad parece ser muy receptiva, muy abierta. Y sobre todo creo que lo que más me llevo es la posibilidad de haber experimentado este ejercicio de descentralizar el arte y la cultura, el hecho de que solo se quede restringido al a los grandes enclaves citadinos. O sea, como pensar que el arte colombiano es Bogotá, Medellín y Cartagena, sino que hay un montón de otras cosas pasando en otros espacios que traen otras narrativas, otro ímpetu, otra energía y eso para mí es mucho más valioso, mucho más este atractivo y más inspirador.

     

     

     

    *Contexto estuvo en el Hay Festival Jericó 2025 por invitación de Comfama a medios universitarios de Medellín.

     

  • Con retoques con sal de mar: postales de Santa Cruz de Islote

    Por Valeria Hernández Martínez / valeria.hernandezm@upb.edu.co

     

    Las lanchas llenas de turistas desembarcan en un pequeño muelle de tablas de madera levemente separadas que permiten ver hacia abajo un mar cristalino y lleno de diminutos peces. Los clavos carcomidos por la humedad y el salitre adornan y mantienen en pie los pocos metros de la plataforma, en cuyo final hay una persona entregando recortes de fomi rosado que cumplen el rol de boleta de entrada a Santa Cruz del Islote, la isla artificial más densamente poblada del mundo. 

     

     

    Se trata de una isla perteneciente al departamento de Bolívar –a pesar de situarse más cerca de Sucre–, cuyo nombre real es Isla de San Bernardo. Mide 10.000 metros cuadrados y, a junio de 2024, cuenta con 816 habitantes: 99 familias, 146 viviendas, una institución educativa, un puesto de salud, cuatro tiendas, diez calles y una iglesia conforman la pequeña, pero unida comunidad del islote.  

     

    Cindy Morelos es una de las 28 guías turísticas de la isla y es quien acompañará el recorrido de mi grupo el día de hoy. Nos saluda jovialmente, mientras dejamos atrás en el muelle a aquellos turistas quienes no tuvieron interés en descender de sus lanchas. Cindy comienza el recorrido hablando sobre la información básica del islote, añadiendo que es importante consultar con las personas y niños antes de tomar fotografías con sus rostros.  

     

    Dirige al grupo a una pequeña plaza, de, aproximadamente, no más de dos metros cuadrados, situada en frente del Centro Educativo Santa Cruz del Islote, en el cual cursan 225 estudiantes. Un par de niños corretean, cuchichean y ríen por lo bajo entre sí al acercarse juguetonamente al que seguramente era uno de los muchos grupos de turistas que ven a diario usando sombreros ostentosos, gafas oscuras y trajes de baño. El chancleteo proveniente de su juego de fútbol se hace cada vez menos audible mientras se quedan quietos para escuchar a Cindy contar aquella historia que ya saben de memoria. 

     

    “Contábamos con un conjunto de paneles solares, pero en estos momentos se encuentran dañados, así que en horas de la tarde, usamos motores. Se prenden desde las 6 de la tarde hasta las 6 de la mañana al día siguiente”, comenta Cindy. No puedo evitar notar que de su cuello cuelga un delicado collar dorado con su inicial. Se acomoda un poco el cabello antes de proseguir: “En el tema del agua, cuando estamos en escasez, nosotros mismos nos encargamos de recoger el agua directamente desde Cartagena. Una empresa (Veolia) tiene unos chicos trabajando acá. Se encargan de recoger toda la basura tres veces a la semana, luego, ellos mandan una embarcación más grande cada 15 o 20 días”. 

     

    Algunas fachadas son una declaración de principios de los isleños. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

     El cariño por su comunidad es notorio en la voz de Cindy al explicar que no es necesaria la presencia de agentes de policía ni de inspectores, puesto que para ello siempre han tenido en mente la sabiduría y opinión de los adultos mayores, quienes obran como mediadores de conflictos en la mayoría de problemas presentados en el islote. “Acá todo el mundo se conoce y todos nos consideramos familia”, añade, para reafirmar su idea de la buena convivencia de la comunidad. 

     

    Levanto la vista para ver un par de niños sacar sus cabezas curiosas por las rendijas y ventanas de los pisos superiores de la escuela del islote. Su fachada se tiñe de colores vívidos y murales con mensajes que no logro descifrar si se dirigen a la comunidad isleña o a aquellos turistas que arribamos a diario: “La basura no vuelve sola. Es parte de tu equipaje, ¡llévatela!”, y un pequeño mapa pintado a mano del archipiélago de San Bernardo ilustra las 10 islas que pertenecen al mismo. Se trata de Múcura, Maravilla, Tintipán, Mangles, Panda, Ceycen, Palma, Cabruna, Boquerón, y por supuesto, el Islote. Debajo del improvisado mapa, cuyo alrededor lo adornan ilustraciones de fauna marina, se lee el mensaje “Sin manglar no hay ecosistema, sin ecosistema no hay vida”.  

     

    Toda la isla es el laboratorio en el que aprenden los niños de la institución educativa local. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

    “Esta callecita por la que acaban de ingresar tiene por nombre ‘la calle del adiós’. Lleva ese nombre porque cuando se nos muere algún ser querido, le damos el recorrido a la isla, le rezamos en la Santísima Cruz que tenemos de aquel lado”, prosigue Cindy, provocando que giremos en todas direcciones en busca de dicha cruz. No hace falta examinarla por un prolongado periodo de tiempo. “Luego, por aquí lo sacamos, por el muelle. Se lleva hacia la isla de Tintipán donde está el cementerio”. 

     

    Los lugares en el islote son reducidos, pero eso no impide que encuentren alternativas para compartir en comunidad. La religión es un pilar importante, por ende, las plazas más grandes, como aquel espacio frente a la institución educativa, son el epicentro de festividades como el 3 de mayo, día de la Santísima Cruz, el 16 de julio, día de la Vírgen del Carmen, el 11 de noviembre, donde comienzan las celebraciones de los carnavales de Cartagena, y por supuesto, las festividades más grande: las decembrinas, como el día de las velitas, las novenas y navidad. 

     

    Los callejones son angostos y las casas de adobe se adornan por letreros que anuncian ventas de comida, jaulas con loros y pájaros inquietos cuyas plumas están constantemente erizadas, y murales elaborados con gran nivel de detalle por artistas locales en pro de avivar los espacios, tanto para los locales como los más de 500 turistas que visitan el islote a diario. 

     

     

    Un santuario en el escaso espacio público y un grupo de pericos que vive en la misma estrechez de sus tenedores. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

    No puedo evitar detallar un mural en particular mientras nos desplazamos. Se trata de una pared cuya pintura se cae a cascarones en la parte inferior. Aparenta ser una ventana modificada para ser sellada con ladrillos pintados de tonalidades coloridas. A su alrededor, la pared blanca se adorna con los nombres de las islas pertenecientes al archipiélago y las huellas de las manos, de acuerdo a Cindy, de los estudiantes de la institución educativa del islote. Lo más destacable son las frases pintadas sobre los ladrillos de la ventana: “yerda”, “espeluque”, “ve a ver esa vaina”, “ajá” y demás llaman mi atención. 

     

    Cindy nota mi interés y pide al grupo detenerse frente al mural. Explica que se trata de frases típicas pertenecientes a la jerga del islote. Asumo el significado de algunas, sin embargo, desconozco la mayoría. Cindy explica que alguien “hueso” es aquel que es aburrido o que trae mala suerte, “vololó” se usa para denominar a un problema difícil y “¿estás socroso?” cuestiona la pulcritud o la higiene de una persona. Las contagiosas carcajadas no tardan en surgir progresivamente en el grupo y un par de personas se acercan a tomarse fotos señalando la frase que hallaron más graciosa o aquella con la que se sienten más identificados. 

     

    Hace más de 200 años, los primeros habitantes llegaron a poblar el islote. De acuerdo con Cindy, eran comunidades de pescadores afrodescendientes de langostas y cangrejos —bastante abundantes en la zona—, apellidados “los Julios y los César”. Estos pescadores llegaron en primera instancia a habitar la isla de Tintipán, pero descansaban en la formación rocosa de a ratos durante el día. Con el tiempo, comenzaron a percatarse de la ausencia de mosquitos en la formación rocosa lo que los llevó a construir poco a poco pequeñas estructuras rellenas con piedras, caracoles y escombros para reubicar a sus familias. Actualmente, la comunidad se sustenta a base del turismo, la pesca, sus comercios y su atracción principal: un acuario improvisado que permite a sus visitantes nadar con tiburones gato. 

     

    Extrañamente, Cindy nos dirige al último punto del recorrido, donde tendremos unos minutos libres antes de volver a abordar las embarcaciones para el regreso. Atónita, miré mi reloj: ¡sólo habían pasado 15 minutos desde nuestro desembarque!, en realidad sí que era rápido recorrer el diminuto islote.  

     

    El grupo se escabulle entre angostos callejones, donde los locales nos miran pasar desde las ventanas de sus aposentos, y esquivamos uno que otro perro cuyo sueño parece no ser perturbado por el bullicio. El marco de una puerta, bastante recóndita, anuncia la entrada al acuario del islote. Se trata de una especie de sótano adaptado para ser un espacio amplio, manteniendo su esencia rústica. Un par de hamacas cuelgan del techo, y la entrada a lo que parece ser una vivienda en los pisos superiores es visible. Un muro se tiñe de azul por completo, mostrando el mensaje “I love Santa Cruz del Islote” pintado junto a un par de elementos alusivos a la vida marina, y un par de turistas me piden tomarles una fotografía frente a este al notarme detallándolo con la mirada. 

     

    El acuario de Santa Cruze Islote. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

    Me acerco a la pequeña —y única— mesa de souvenirs del acuario, y probablemente, de las únicas en el islote. Conchas de caracoles, imanes con los nombres de las islas del archipiélago, bisutería y algunas otras manualidades elaboradas por los locales son expuestas en un pequeño par de mesas. En un inicio, no hay nadie a la vista atendiendo, o al menos hasta que tomo un imán en mis manos. Un hombre se acerca a recitarme los precios de cada cosa como si de un poema se tratara y veo que trae la ropa algo húmeda: huele a sal de mar. Termino por comprar un imán que sé lucirá muy bien en la nevera de mi hogar de regreso en Medellín.  

     

    Cindy nos indica que el acuario es un espacio colmado de tortugas marinas, tiburones, peces de distintas especies y rayas. Son unos pequeños espacios cercados por tablas de madera en el agua de mar que bordea la isla. Unas escaleras improvisadas dan ingreso a los turistas intrigados quienes se animan a nadar con los animales, quienes son resguardados por varios trabajadores de turno. Hoy, el encargado es García: un hombre de tez morena y un poco alto, cubre su cuerpo con una licra negra que lo protege del sol y usa gafas para poder ver el entorno submarino a su alrededor. 

     

    Tiburón gato y peces de varias especies en el acuario del islote. Foto: Valeria Hernández Martínez 

     

    Hay una barca sobre la orilla, estacionada junto a la entrada de una casa, como si de un garaje se tratara. En ella, unos pares de zapatos puestos, probablemente para secarse al sol. Otras barcas se apilan sobre ellas alrededor, y me produce curiosidad ver una cubeta con vísceras de pescado fresco depositada tan despreocupadamente cerca del borde del agua.  

     

    Entro en el agua y García se hunde para levantar uno de los tiburones que nadan arrastrándose sobre la arena del fondo para que quede casi hasta el nivel de la superficie del agua, siendo visible para que los turistas lo vean y lo acaricien. García se hunde de a ratos debajo del tiburón, para no interferir en las fotografías. Me comenta que los tres tiburones llevan un par de años viviendo en el acuario y que no representan una amenaza para los turistas debido al “adiestramiento” que les brindan para no tener un comportamiento hostil. Responde un poco distante y evade tener mayor conversación conmigo: lo comprendo, puesto que puede tratarse de un tema un poco controversial. 

     

    Facetas de tierra de pescadores. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

    La lancha en la que arribamos hace menos de una hora se asoma para detenerse en un pequeño muelle improvisado junto al acuario, y los guías turísticos nos llaman pidiéndonos embarcar de nuevo. Adentro, un par de compañeros del grupo que no se animaron a bajarse se asoman para buscar caras conocidas y pedirles que se sienten junto a ellos. Doy un último vistazo antes de abordar: Cindy charla y se ríe junto a quienes parecen ser la familia que vive en los pisos superiores al acuario, un pescador se sienta junto a la cubeta con pescado para seguir escarbando la carne tierna con ayuda de un cuchillo (y a veces, sus propias manos) y García sale del agua con lentitud. 

     

    Quiero tener la imagen más vívida posible del panorama tan único y con una esencia magnífica del islote mientras la lancha enciende sus motores. Veo más barcos acercándose al muelle por donde ingresamos y personas adentrándose a conocer una de las antípodas más mágicas que esconde el país, sintiéndome satisfecha. Cierro los ojos, y me digo a mí misma que me quedaré con lo último que vea del islote una vez los abra: un marco de puerta sale directo al mar —sin tierra, sin arena, nada. Sólo agua un par de metros más abajo—. Tiene una tabla de madera en la parte baja, que impide salir a un perro erguido en dos patas que ladra a las lanchas que pasan. Me río para mis adentros, y pienso “ojalá los ojos tomaran fotos”. 

     

  • Libia Restrepo: la profesora de la Historia humana

     

    Por María Camila Aguirre Gil / maria.aguirreg@upb.edu.co

     

    Libia Restrepo nunca fue una historiadora común y corriente. Cada vez que alguien mencionaba su nombre en los pasillos de la Universidad Pontificia Bolivariana, siempre surgía una palabra: pasión. Esta pasión la llevó a desentrañar los misterios de la historia de Antioquia, a explorar, por ejemplo, cómo la Medicina y la Arquitectura se vinculaban con la vida de las personas y a poner toda su alma en cada investigación que emprendía. 

     

    Nacida con el don de la curiosidad, Libia estudió historia en la Universidad Nacional en Medellín, donde también obtuvo su maestría. Se dedicó a explorar temas poco convencionales para un historiador, como la medicina forense y los crímenes de Antioquia en el siglo XIX. Pero no veía su objeto de estudio como sólo de ciencia y hechos fríos, ponía de por medio un profundo interés en las historias humanas que se esconden detrás de cada pieza de información.  

     

    Uno de sus mayores orgullos fue su trabajo sobre el Ferrocarril de Antioquia y el desarrollo de la práctica médica en la región. Pero quizás fueron sus investigaciones sobre la Basílica Metropolitana de Medellín las que más reflejaron su personalidad: Libia Restrepo no se limitó a describir muros de ladrillo o torres imponentes; encontró vida en cada piedra, en cada rincón inacabado del edificio. “¿Por qué nunca se termina?”, se preguntó sobre la catedral, reflejando un poco lo que sentía por su amor por la historia: interminable. 

     

    La profesora Libia Restrepo lideró el proyecto editorial Joyas Facsimilares, derivado de la donación que hizo el expresidente Belisario Betancur a la UPB. Aquí, durante la presentación del libro con el exmandatario y el exrector de la UPB Julio Jairo Ceballos Sepúlveda en 2016.

    Fotos: Universidad Pontificia Bolivariana.

     

    La vida de en la academia no fue fácil Para Libia Restrepo. En la Universidad Pontificia Bolivariana, donde trabajó desde 1993, fue pionera en el desarrollo áreas como la paleografía, disciplina que ella misma impartía. “Si algo nos enseña la historia es a ser humildes”, siempre les decía a sus alumnos, quienes, según ella, eran lo único que extrañaba tras su jubilación en 2019. 

     

    Después de décadas de formación y enseñanza, la salud empezó a complicarse cada vez más. Su corazón se convirtió en “vidrio”, como ella lo describió en conversaciones con sus antiguos compañeros; un corazón frágil que, sin embargo, siguió latiendo por la investigación. Incluso en sus momentos de mayor calma, la profesora Restrepo estaba ocupada completando su trabajo en la catedral. Su último libro, Obispos, torres y cañones, es una mirada única a la historia de este edificio, escrita capítulo a capítulo, como si cada obispo representara un bloque en esta colosal estructura que, como su vida, nunca parecía terminar del todo. 

     

    Libia Restrepo amaba tanto su trabajo que era difícil separarla de él. La emisora ​​Radio Bolivariana, a la que consideraba “su otra casa”, dejó de escuchar su voz cuando su salud ya no le permitía seguir participando. Pero, aunque su voz se debilitó, su legado se mantuvo fuerte. Incluso después de su jubilación, muchos la recordaban con cariño y respeto. Se destacó por sus anécdotas y su capacidad para cautivar a cualquier público. El Consejo Académico de la Universidad le otorgó el “Espíritu Bolivariano”, un reconocimiento a su compromiso, y el Rector Julio Jairo Ceballos fue quien se lo entregó. En cada rincón de la universidad, Libia dejó una huella imborrable, no sólo en las aulas sino también en el corazón de quienes tuvieron la suerte de conocerla.  

     

    En definitiva, lo que hizo única a Libia Restrepo no fue sólo su intelecto, sino también su capacidad para humanizar la historia. En cada examen encontraba algo que le encantaba, como si la historia la hubiera elegido a ella para contarla. Porque, como decía con una sonrisa: “Con cada examen que hago, me enamoro de mis alumnos”. Libia Restrepo fue mucho más que una historiadora: fue una narradora de vidas, un alma incansable que nunca dejó de buscar respuestas y una maestra que tocaba no sólo las mentes sino también los corazones. 

     

     

    Jaime Andrés Vásquez Jaramillo – Docente de la Universidad Pontifica Bolivariana. Fue estudiante y luego colega de la profesora Restrepo. Escuche la entrevista en que hace semblanza de esta mujer para la Historia.

     

     

     

    Escuche también las realizaciones de la profesora Restrepo para Radio Bolivariana:

     

    🎧📲Historia de Antioquia

    🎧📲Historia de la Medicina

    🎧📲De Papiros y Cálamos (La Historia del Libro)

    🎧📲Las Mujeres en la Historia

    🎧📲Historia de la Universidad Pontificia Bolivariana

  • Postales de los tiempos cotidianos

     

    Por: Valeria Bilbao Córdoba y María Clara Ortiz Ossa. Edición Contexto / periodico.contexto@upb.edu.co 

     

    “Los ritos, actos repetidos invariablemente, son una forma de honrar o reconocer la importancia y el significado de un momento en específico (…) Quiero mantener la memoria de estas técnicas y eso es lo que me llena”.  Carlos Felipe Ramírez Mesa. 

     

    El que habla es Carlos F. Ramirez, más conocido como “Cafera “, destacado investigador y creador artístico que ha dedicado su carrera a explorar las profundas intersecciones entre la fotografía, el archivo, la visualidad y diversos campos del pensamiento y el lenguaje. Desde 2014, ha viajado por todo el mundo, reviviendo y perfeccionando procesos fotográficos analógicos, históricos, con un enfoque particular en el colodión húmedo.  

     

    Por años, Cafera ha logrado plasmar en sus obras la belleza que oculta lo cotidiano, lo cual acaba de compartir en la exposición: Todo acto es un ritual, en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. Mediante la fotografía en película y colodión húmedo, una técnica del siglo XIX, da cuenta de los actos que conforman la memoria individual y colectiva, las creencias, experiencias, gustos y oficios que materializan la cotidianidad.  

     

    Carlos Felipe Ramírez combina su trabajo como fotógrafo y realizador audiovisual con la docencia. Foto: Cortesía.

     

    “El día a día se encuentra lleno de pequeños rituales, si se presta atención. La cantidad de procesos involucrados en las acciones diarias como servirse un café, secar el arroz y sentarse a la mesa se convierten en paisaje. Lo cotidiano es merecedor de verdad o asombro”, explicaba el texto introductorio de la exposición. 

     

    ¿Qué lo hizo inclinarse a su carrera como fotógrafo?  

     

     “Desde que tengo memoria, llevo una cámara en la mano. Esa cámara era de mi abuela. Los álbumes que ven en la exposición no son míos, sino que pertenecen a mi abuela, quien me sentaba a ver el álbum familiar con tarjetas de visita y empezaba a mostrarme retratos de todos mis antepasados. La fotografía siempre ha estado en mi”.  

     

    Hablando de su formación artística, ¿por qué decidió enfocarse en técnicas antiguas, sabiendo que hoy en día hay miles de posibilidades para retratar personas y espacios?  

     

    “Como siempre estuvo en mi la fotografía, se volvió un paisaje. Un día, mientras estudiaba guion en Los Ángeles, llevaba mi cámara digital y tomé más de 10.000 fotos; cuando me senté a ver todo lo que había capturado, nada me gustaba. El acto fotográfico me dejó de llenar. Luego me empecé a devolver a cuando mi papá me enseñó a hacer en cuarto oscuro, blanco y negro, cómo revelar una imagen; y empecé a retroceder bastante y ya llevo 10 años trabajando y especializándome en estas técnicas antiguas”. 

     

    ¿Cómo surgió la idea de hacer la exposición con base a lo ritual y a lo cotidiano?  

     

    “Se dio gracias a un momento muy coyuntural de nuestras vidas [refiriéndose a Camila, su compañera] donde nos fuimos a vivir juntos, nos casamos y empezamos a tener unas conversaciones trascendentales sobre nuestros ritos, los espacios que empezamos a habitar y los recuerdos más importantes”. 

     

     

    << Todo acto es un ritual, en la Biblioteca Pública Piloto. Foto: Contexto.

     

    ¿Qué siente al ver plasmados estos rituales que pueden ser tan personales en la exposición?  

     

     “Yo siento que es como un filtro de mis vivencias personales, para lograr que sean lo más genéricas posibles y que el espectador resuene con ellas. Cuando se empieza a mostrar detalles tan íntimos en una exposición, nos hacemos vulnerables a la idea o concepción que los demás pueden tener de cada uno”.  

     

    ¿Por qué los círculos son elemento clave en la exposición? 

     

    “Es una forma primogénita del rito, como se puede ver desde el fuego al ser una manera natural, porque en la naturaleza no hay línea recta, las cosas biológicas son muy circulares. Así por medio de los círculos se da un acto de fe”.  

     

    ¿Por qué ritualizar la rutina? 

     

    “La rutina está compuesta de micro ritos de los cuales no nos damos cuenta o que tal vez ya están demasiado interiorizados. La manera en que desarrollamos nuestro día es un rito, pero lo volvemos paisaje. Por ejemplo, las cosas que son súper bacanas y que tienen magia, comienzan a perderla. Esto es un llamado a que todos esos pequeños lugares, acciones y cosas que cuando se vuelven rutina, pierden también el encanto, pierden lo que les da sentido”.  

     

    ¿De que se trata la técnica fotográfica del colodión húmedo? 

     

    “Es coger nitrocelulosa (explosivo plástico), ponerlo en eter y nitrato de plata en una superficie no porosa (vidrio o aluminio), aplicarla, de nuevo colocarla en nitrato de plata y dispararlo en una cámara de placas para dejarlo 16 minutos como máximo y revelarla para que no se dañe la imagen y así obtenerla”. 

     

    ¿Por qué utilizar técnicas antiguas? 

     

    “Yo podría estar tomando fotos en digital como actualmente se hace, pero el hacer fotografía con técnicas del siglo XIX, es la razón más grande por la cual quiero mantener la memoria y porque es lo que verdaderamente me llena”.  

     

    La experiencia de Todo acto es un ritual incluye propuestas en video y paisaje sonoro. Foto: Contexto.

     

    ¿Tiene otro proyecto en mente o que ya esté realizando?  

     

     “Dos charlas, un taller, la siguiente serie que apenas estoy escribiéndola, estoy haciendo un montón de cosas audiovisuales profesionales y unos tres videojuegos. Uno no deja de vivir la experiencia creativa, siempre es el proceso de uno y a veces también son momentos de silencio. Llevaba 2 años sin exponer”.  

     

    A veces hay muchos prejuicios frente a las personas que se dedican al arte, ¿usted qué les diría a esas personas que desaniman a los futuros artistas con estos comentarios?  

     

     “El artista en los últimos tiempos se poetizó mucho, siempre han sido personas muy tesas en su oficio. Usted tiene que ser juicioso, trabajar el arte como si fuera una oficina y buscar sus maneras de querer hacerlo, esa es la diferencia de quien lo hace por hobbie y quien es artista de verdad. Yo no me considero artista, yo soy fotógrafo. Del arte sí puede vivir la gente, pero no es fácil”.  

     

     

    La propuesta ded Cafera incluyed también objetos que rafirman el sentido de la reflexión sobre lo cotidiano. Foto: Contexto. >>

     

     

     

    La persistencia de Cafera es prueba de su compromiso con un trabajo que no es simplemente una reproducción del pasado, sino una reflexión profunda sobre la visualidad, la memoria y el presente que hay en lo cotidiano. En un tiempo donde lo efímero predomina, especialmente en la imagen, este fotógrafo recuerda que la imagen, al igual que la vida misma, es un acto ritual lleno de significado y propósito.  

     

  • IA, la llave de un debate que no es tan “fácil”

    Periodistas de la cadena Caracol consultaron a una herramienta de inteligencia artificial cuál es la carrera “más fácil” de estudiar en Colombia. La respuesta apuntó a Comunicación Social y abrió el debate que incluyó la réplica del ejercicio por parte otros medios como InfoBae. El debate que abre la IA no es tan “fácil” porque las habilidades que se esperan de los comunicadores en la actualidad van más allá de la tecnología.

     

    Por: Valentina Hincapié Cano, Daniela Restrepo Flórez y Stephanía Zapata Hincapié / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Un estudio reciente de la Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN) revela un decrecimiento en la población de estudiantes de educación media. Esta situación constituye una señal de la importancia de que los sistemas educativos puedan adaptarse al contexto actual, caracterizado por rápidas transformaciones.   

    Estudiantes matriculados por nivel educativo. Reporte de Educación superior #No. 20. Asociación Colombiana de Universidades – Ascun.

    Febrero de 2024.

     

    La evolución tecnológica, representada en hechos como la proliferación de plataformas digitales, muchas de las cuales se sustentan en la gestión de comunidades de usuarios digitales, es un factor de alta incidencia en el mundo laboral actual. “A raíz de la pandemia, la transformación digital se ha acelerado exponencialmente (…) y esto ha servido para favorecer e impulsar la integración regional, el comercio intrarregional y las cadenas de valor”, concluye un informe sobre transformación digital, derivado de la Cumbre Iberoamericana de 2021 en Andorra. El documento da referencia de fenómenos en marcha como el de la globalización y el surgimiento de nuevas oportunidades en lo digital, que exige de los profesionales de la comunicación una combinación de habilidades técnicas, humanas y blandas que les permitan adaptarse a los nuevos desafíos y oportunidades. 

     

    Los comunicadores sociales hacen parte del gran número de profesionales cuyo quehacer es interpelado de forma directa por estos cambios. A menudo aparecen en diversos tipos de sondeos y proyecciones sobre labores humanas “amenzadas” por las tecnología, con la inteligencia artificial generativa entre ellas. Pero una mirada más detenida cambia significativamente el panorama.

     

    Según Juan Fernando Muñoz, profesor y comunicador social- periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana, las prácticas, las teorías y la tecnología han tenido transformaciones y cambios en el tiempo: “Hemos pasado de una comunicación análoga a una comunicación del broadcasting y el networking, es decir del establecimiento de redes sociales y el internet. Se ha pasado de la tradición oral, a la escrita, y de allí al ejercicio audiovisual. Diferentes posibilidades que la tecnología ofrece como la cuarta revolución en donde se habla de la inteligencia artificial, la robotización, big data, entre otros”, explica Muñoz. 

     

    La tecnología refuerza habilidades y capacidades existentes, lo que posibilita al profesional buscar nuevos alcances en su trabajo. Foto: UPB.

     

    En este contexto, el dominio de herramientas digitales es esencial para los comunicadores sociales y periodistas. Software de edición de texto y video, plataformas de redes sociales, herramientas de análisis de datos y plataformas de gestión de contenido, son solo algunas de las herramientas que deben dominar para crear, gestionar y difundir contenido de manera efectiva. Según el Centro de Innovación Periodística (CIP), el 90% de los empleadores en el campo de la comunicación consideran esenciales las habilidades digitales para sus empleados. Entre las herramientas más demandadas se encuentran las que se utilizan para: 

    • Edición de texto y video: Microsoft Word, Adobe Photoshop, Final Cut Pro, etc. 
    • Redes sociales digitales: Facebook, Twitter, Instagram, LinkedIn, etc. 
    • Análisis de datos: Google Analytics, Tableau, etc. 
    • Gestión de contenido: WordPress, Drupal, etc. 

     

    Las personas especializadas en periodismo de datos o desarrollo web encontrarán una ventaja significativa en los conocimientos básicos de programación. La optimización de motores de búsqueda (SEO) y el marketing de motores de búsqueda (SEM) son conocimientos cruciales ahora que uno de los principales retos es generar contenidos con mayor visibilidad para llegar a una audiencia más amplia, según una encuesta del Tow Center for Digital Journalism y el Consejo internacional para el periodismo.

     

    La demanda de profesionales de la Comunicación con habilidades específicas como las descritas, es cada vez mayor. A medida que desarrollos como la inteligencia artificial (IA) transforman la manera en que vivimos, trabajamos y consumimos información, las habilidades humanas, a menudo denominadas “habilidades blandas” o “habilidades duraderas”, se han vuelto aún más cruciales. 

     

    En los comunicadores de hoy son claves las habilidades para la gestión de grupos y equipos de trabajo, más allá de la tecnología.

    Foto: Grupo de Investigación Urbana- UPB.

     

    Desde 2016, el Foro Económico Mundial hace seguimiento a las que considera habilidades clave para el futuro del mundo laboral y entre ellas se incluyen el pensamiento crítico y la resolución de problemas, además del aprendizaje activo, la capacidad de recuperación, la tolerancia al estrés y la flexibilidad.

     

    La Coordinación de prácticas de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Pontificia Bolivariana semestralmente evalúa con los empleadores el desempeño del os estudiantes en práctica desde las dimensiones del ser, el estar y el hacer. Según la coordinadora Niny Johanna Villada, las fortalezas de la primera de estas tres dimensiones es determinante para las otras dos y dichas fortalezas se relacionan con el proceso de adaptación a entornos laborales, lo que reta especialmente las llamadas habilidades blandas.

     

    Manuela Sánchez Restrepo, psicóloga y pedagoga encargada del área de recursos humanos de una reconocida empresa, expresa que: “Se requieren personas con habilidades blandas que quieran aprender, que puedan aportar cosas nuevas a la organización y puedan diferenciarse y dejar una huella a la organización a la que lleguen”, habla también de la importancia de aprender a reconocer errores para aprender de ellos, dado que,  es necesario también decir “no sé, enséñame por favor”. 

     

    Más allá de las herramientas digitales, este tipo de aptitudes resultan fundamentales para el éxito de cualquier comunicador social o periodista. Constituyen las bases de una comunicación efectiva, tanto oral como escrita, que es a su turno el fundamento de la profesión.  

     

    La creatividad, la innovación y el pensamiento crítico les permiten crear contenido original, analizar información de manera objetiva y evaluar fuentes con precisión. Las habilidades interpersonales, como el trabajo en equipo, la colaboración y la construcción de relaciones sólidas, son esenciales para desenvolverse en un entorno de trabajo dinámico y colaborativo. La adaptabilidad y la flexibilidad son claves para enfrentar los constantes cambios de la industria y aprender nuevas habilidades de manera rápida y efectiva.  

     

    Habilidades profesionales clave. Proyecciones a 2025, según el Foro Económico Mundial.

     

    Con tantas aptitudes, actitudes y conocimientos que piden las empresas y los empleadores, ¿si es posible para los graduados de Comunicación Social y periodismo encontrar empleo en Colombia?  Un sondeo del diario económico La República, complementado con datos de las principales universidades del país, revela que aproximadamente el 68% de las personas graduadas de carreras como Comunicación Social y Periodismo, logran emplearse y tener compensaciones desde los 2 salarios mínimos mensuales legales vigentes.

     

    Laura Idarraga Giraldo, estudiante en práctica de la Universidad Pontificia Bolivariana, enfatizó en que: “Es muy necesaria la teoría, pero para salir al mundo profesional todo lo teórico se debe llevar a lo práctico”. En su opinión, “el país está muy corto de oportunidades y más si eres un profesional recién salido de la universidad”. Reconoce que esta es una dinámica que no es nueva, pero considera que “pueden existir otras oportunidades, como trabajar de forma remota, facilitando quedarse en Colombia a trabajar”. 

     

    Idárraga recomienda aprender de adaptación: “Actualmente las empresas muestran un gran interés hacia las personas que dan el primer paso, que lo intentan y que expanden su mente al buscar diferentes alternativas que solucionen un determinado problema”. 

     

    El desarrollo de conocimientos especializados puede ser una ventaja significativa. Coincide la estudiante Idárraga con la sicóloga Sánchez Restrepo en que, cualquiera sea el caso, no pierden vigencia los principios éticos como parte de los valores fundamentales que distinguen a un buen profesional, como prenda de confianza en contextos cambiantes y flexibles, en los que la tecnología nos propone dinámicas de mayor autonomía.   

  • Desde una mirada blanca: crónica sobre una crónica de los saberes ancestrales indígenas

     

    Sara Rodríguez Lopera  / sara.rodriguezlo@upb.edu.co

     

    Estoy segura de que, por lo menos una vez en la vida, has ido a una feria artesanal y pedido rebaja: “Si le compro un bolso y dos manillas, ¿me le encima un llavero?”, diría cualquiera, ¿no? Lo curioso es que la artesana no gana ni la mitad de lo que realmente vale el producto y tú, comprándole sus artesanías, no le estás haciendo ningún un favor: “Que peca’o, ayudémosle, venga comprémosle algo”. Pero no te preocupes, yo hacía y pensaba exactamente lo mismo, de hecho, me adjudicaba la responsabilidad de dizque “continuar con su tradición” de “no dejarla morir” … Luego me daría cuenta de que esto no dependía de mi compra, sino de su cultura. Específicamente, de sus saberes ancestrales.  

     

    “¿Los saberes ancestrales permanecen por su cultura o por la fuente de ingresos que generan?”, me pregunté. Comencé a buscar en artículos científicos, páginas web de turismo, trabajos de grado. Pura información basada en una perspectiva blanca y colonial, como siempre se ha escrito y leído la historia, por eso, encontré términos como “revalorizar” o “sacar de la pobreza”. Sin embargo, me di cuenta de que la respuesta no la encontraría en internet, sino afuera, en la Sierra Nevada de Santa Marta, en La Guajira, en Córdoba y en el Mercado San Alejo. 

     

    Mis términos no encajaban con sus significados. Por eso, dejando atrás días de rastreo documental, comencé por el principio: ¿Qué es un saber ancestral? Un saber ancestral es un conjunto de saberes o prácticas tradicionales que han sido transmitidas de generación en generación dentro de una comunidad indígena. Estos saberes son las costumbres que dejaron sus ancestros y que se ven representadas desde un saludo a un mayor hasta la alimentación, el vestido, la danza, los rituales espirituales, la medicina y las artesanías. Y ojo, esta definición la pude construir gracias al testimonio de tres indígenas que conoceremos más adelante, nada de artículos científicos, investigaciones o algo por el estilo.  

     

    La permanencia de los saberes ancestrales está directamente relacionada con su transmisión. Puede ser a través de la tradición oral o por acto imitativo: “No todos los niños del mundo juegan como los niños occidentales. Si yo le regalo un Hot Wheels a un niño de una comunidad, él no sabe qué hacer con ese carrito, porque el juego para él es acompañar al papá al sembrado, a pescar o a cazar. Es de esa manera que se transmiten los saberes ancestrales”. Gregorio Henríquez, antropólogo e indígena miembro de la comunidad Wayuu, en la Guajira, del clan Epinayú, me hablaba sobre cómo algunos de estos saberes son concebidos o elegidos. Por ejemplo, “Nadie se vuelve chamán porque levantó la mano y dijo ‘yo quiero ser chamán’ ”, el tema de la medicina ancestral tiene que ver con un elemento específico que signa a la persona como chamán, como un sueño o una visión. Por el contrario de otros saberes, como teñir textiles, elaborar máscaras o tejer mochilas, sí puede ser una elección por gusto o talento.  

     

    Los saberes ancestrales están relacionados con la madre tierra, con la ley de origen de los indígenas. Es la base de su cultura, de su existencia. “Los saberes ancestrales son parte del alma de la comunidad, por eso, cuando se pierde un saber es como si arrancáramos hojas de un libro”, afirma Gregorio. Los indígenas preservan sus saberes ancestrales para no desaparecer, para no tener una crisis de identidad en medio de un mundo tan globalizado y moderno. Yo, por lo menos, seguía sin entender: ¿Por qué insistir tanto en preservar eso tan antiguo? “Mantener esos vínculos con el pasado nos dicen de dónde venimos, para entender lo que somos hoy y que nos permita proyectarnos a dónde queremos llegar”, me respondió Gregorio. “Básicamente son las bases”, le dije, y él asintió, satisfecho. Pensar nuestra historia y nuestro patrimonio como un activo es algo que aún no terminamos de concebir los blancos.  

     

    Pero… No creas, esa base indígena se tambalea de vez en cuando. Los saberes ancestrales se han ido transformando por varios factores como la influencia de la modernidad, la globalización, el cambio climático, la violencia, el turismo, las redes sociales y demás. “Los mestizajes se nos cuelan, a nuestro territorio llegan otras costumbres”, me contaba Bellanira por teléfono “Nosotros estamos enfocados en esa juventud, ´que no se nos contaminen´ decimos”. Bellanira Esther Izquierdo, lideresa y representante de las mujeres de la Comunidad de Jewrwa, de la etnia Arahuaca de la Sierra Nevada de Santa Marta, me explicaba que, más que un problema, este tipo de cambios representaban un reto para la comunidad “tenemos que concientizar a nuestros jóvenes que eso no es lo de nosotros”, refiriéndose específicamente a las redes sociales. 

    Clic en la imagen para escuchar el testimonio

     

    Gregorio, quizás un poco más abierto a tomar esos cambios a su favor, proponía que “se puede estar en diálogo sin perder lo que somos”, pues, aunque haya elementos que puedan mejorar sus ritmos de producción y ayuden a optimizar recursos, eso no le quita “artesanalidad” a sus elaboraciones. Sin embargo, no se puede dejar atrás que hay factores que quizás impactan de manera más directa sobre esos saberes. Por un lado, cuando se habla de violencia se refiere al desplazamiento forzado y esto hace que la conexión con el territorio, comunidad y tradiciones se rompa. El turismo, por su parte, llega a invadir y a tomar por la fuerza el espacio privado si no está lo suficientemente informado. El cambio climático desvía los saberes ancestrales relacionados con la agricultura, los fenómenos de el Niño y la Niña no estaban en sus planes. Así mismo, las redes sociales influencian a los jóvenes a tener otro tipo de tradiciones, como decía Bellanira, que no están relacionadas con su comunidad. “Frenar los procesos de aculturación implica apropiarse del conocimiento y saberes de la ciencia y tecnología” afirma Gregorio, por eso no descarta la idea de que el joven indígena pueda ser, en un futuro, generador de contenido valioso en las redes sociales para difundir su conocimiento y costumbres hacia el resto del mundo.  

     

    Bueno y, entonces, ¿por qué venden sus saberes ancestrales si esto no contribuye a preservar su cultura? Simple: es una fuente más de recursos económicos. “Es mi sustento día a día”, dice sin más Liliana, indígena de la Casta Epiayú y perteneciente también a la etnia Wayuu. En algunas ocasiones, incluso, comunidades recogen el dinero obtenido de la venta de artesanías y lo llevan a un fondo común para enviar a los jóvenes a estudiar a otras regiones o para apoyar iniciativas de la misma comunidad como el sostenimiento de las emisoras, entre otras. El problema aquí es que la artesanía continúa viéndose como un arte menor. Pero la artesanía no es sinónimo de pobreza. La artesanía es elaborada por alguien con un pensar y un sentir que le da un valor agregado superior al de un proceso de manufactura. 

     

    Clic en la imagen para escuchar el testimonio

     

    “Hace aproximadamente 40 años mi familia se dedica a la venta de nuestras artesanías al turismo”, me contaba Liliana a través de un audio por WhatsApp. Si es una sola persona la que teje la mochila se puede demorar 1 semana, pero si es un trabajo en equipo, hasta 3. “Por ejemplo, si vamos a tejer una docena de mochilas nos unimos, compramos los materiales y nos repartimos: tú haces las gazas, tú el cuerpo, otra adelanta el forro y así sucesivamente”. Liliana reconoce que los precios han variado con el tiempo, pues anteriormente una “pelotica” de hilo salía en 1.000 pesos, pero ahora valen 3.000. Las mochilas están hechas de 25 peloticas de hilo y son vendidas, aproximadamente, en 70 u 80 mil pesos… Si hacemos cuentas, ¿cuánto ganan?  

     

    Infografía: sara Rodríguez Lopera

     

    Ahora hablemos de su sistema de venta; o, mejor dicho, de su sistema de intercambio con el intermediario. “Nuestro territorio queda a 3 horas pueblo” me contaba Bellanira, “entonces que pasa: que vienen muchos intermediarios a traernos víveres como la sal o el aceite y lo cambian con nuestras artesanías”. Recuerdo que al escuchar esto pensé “¿será esto justo?” y como si Bellanira hubiera leído mis pensamientos a los más de 500km de distancia que nos separan me dijo “yo digo que no es justo. Me las cambian [las artesanías] con víveres y a un precio menor” ¿Quién se está beneficiando ahí? Y bueno, no digo que sea el caso de todos los intermediarios; sin embargo, en la Guajira y en Córdoba, tienen la misma famita: Gregorio, en la Guajira, dice que una mochila en el territorio puede costar 50, 70 o hasta 100 mil pesos, pero si lo compra el intermediario, afuera las puedes ver a 130, 140 y hasta 180 mil pesos. En Tuchin, Córdoba, se maneja el tema del sombrero vueltiao. Una familia (de 6 u 8 personas) en una semana hace un sombrero fino para venderlo en 60 o 70 mil pesos, pero los intermediarios al comprarlos salen y los venden a 300 y 500 mil pesos.  

     

    “Nosotras por eso estamos hablando de una empresa propia a futuro. Para nosotras mismas poder vender nuestro trabajo, nuestras artesanías y ponerle el verdadero valor con que se hace”, me decía Bellanira, “¿y qué hace falta?” le pregunté, “Plata”, me respondió ella. Plata. Todo es plata. Plata que llueve en la ciudad pero que ni gotas quedan para los territorios. Plata para proveer de alimento y suministros a familias indígenas que, cuando escasea el cultivo del guineo o café y baja la venta, el hilo y la aguja se convierten en las únicas herramientas para poder sobrevivir. Aun así, como decía anteriormente, no es el caso de todos los intermediarios: Jorge Carmona, trabajador independiente y vendedor de mochilas arahuacas, es uno de los que por lo menos conoce el valor cultural y, por tanto, económico del producto.  

     

    Caminando por los corredores que forman los toldos en el Parque de Bolívar todos los primeros sábados de cada mes, me encontraba en el Mercado San Alejo buscando algo bonito para colgarme en el cuello. Sin embargo, entre tantas opciones, un toldo que nada tenía que ver con mis intenciones llamó mi atención: repartidas por todo el stand, don Jorge exhibía y ofrecía las mochilas típicas arahuacas. “¿Usted las hace?” le pregunté, “No, las hacen las mujeres artesanas de la Sierra Nevada de Santa Marta”. A partir de entonces se desplegó la otra parte de la historia, continuamos la conversación por WhatsApp: “Mi madre (QEPD) vendió artesanías en general, incluyendo las mochilas arahuacas. Fue una actividad económica para el sostenimiento de nuestro hogar”, Jorge me contó que desde allí nació su interés por su venta, “es un gusto para mí poder ofrecerles a las personas productos hechos a mano, donde se plasma mucha energía y sobre todo la creatividad”, las mochilas arahuacas le atraen, además, por su especial componente cultural y representación de un país. Es así como desde hace 15 años vende exclusivamente este producto.  

     

    Jorge le compra, con dinero, las mochilas a la comunidad donde pertenece Bellanira. Los precios a los que ofrece las mochilas afuera varían de acuerdo con el tamaño y las comercializa en ferias de ámbito local y nacional, principalmente en el Mercado San Alejo, en los parques de Belén y Sabaneta, en el almacén de Jumbo, en la Feria de las flores y en cualquier otra que se le presente.  Jorge me contaba que muchos de sus compradores reconocían ese valor cultural que trae consigo la mochila, pero que otra parte, aunque no la conocía, se mostraba interesado por hacerlo. “Se vuelve un intercambio interesante. Además de que estoy vendiendo estoy transmitiendo cultura”, afirma. Bellanira agradece profundamente el apoyo de Jorge con su compra, sin embargo, le sigue faltando algo: “A mí sí me gustaría tener una persona o alguien que conociera más de nuestro trabajo y se le diera un valor en verdad a nuestras artesanías como artesanos y como artesanías tradicionales”.  

     

    Y tengamos en cuenta que, aun vendiendo la mayor parte de sus artesanías, no conocemos toda su historia completa. Resulta que toda esa cultura, esa artesanía, ese conocimiento ancestral, a penas y es una parte de lo que si quiera los indígenas muestran y/o venden. “El tejido de las mochilas es un saber ancestral que es propio de nosotras las mujeres arahuacas, no solamente los que don Jorge vende”, Bellanira me contaba que son alrededor de 30 tejidos y puntadas propias que tiene la comunidad y que no conocemos los de afuera. Aquellas que salen al mercado están bajo el permiso de los mayores, MAMɄS, sabedores y hombres que portan el poporo.  

     

     

     

     

    El tejido ya estaba antes de que llegáramos. El tejido es, además de mochilas: vestiduras, manillas y chumbes. Nuestra moneda no compra, vale o si quiera cuenta al lado de la tradición. El tejido no muere, pero tampoco se termina de valorar. “Yo diría que un 50% o 60%”, calificaba Bellanira. “Yo creo que un 70% valoran nuestros saberes ancestrales”, afirmaba Liliana, “ya sea por falta de conocimiento o porque no tienen ese amor, esa iniciativa de querer saber cómo la cultura es de suma importancia”. Y aún así, cuán orgullosos nos sentimos cuando Gabo rindió tributo a América Latina y al Caribe al ganar el Premio Nobel de Literatura o cuando el sombrero Vueltiao fue declarado símbolo cultural de la nación en 2004 … Pero ¿comprar a un precio justo? ¿aprender de nuestra cultura? ¿escuchar al artesano? Jamás.  

     

    Y ojo, que no se confunda la mochila de patrones o figuras geométricas con la mochila que tiene en su cuerpo la cara de Frida Kahlo, la lengua de los Rolling Stones o el escudo del Nacional. Aunque el tejido al final se distingue, se ha visto sumamente permeado por la globalización. Terminamos de alguna u otra manera apoyando lo que no es, modificado a nuestro gusto, con colores, formas y tamaños, la mochila occidental, la que nada tiene que ver con la original. “Se van a volver es vallas ambulantes”, dice Gregorio, “la globalización está convirtiendo casi que al producto artesanal en una especie de coleccionismo”. El antropólogo me contaba de marcas que llegaban a comprar mochilas indígenas, les cosían un logo y se las adjudicaban como creaciones propias. Es más, me decía que en algún momento una entidad había llegado a su territorio con el fin de “certificar” a los artesanos, “¿y quienes son ustedes para decirme si mi mochila está o no calificada?”, se preguntaba. Esa necesidad de nosotros de certificarlo todo, de hacerlo más “original”, más mejor. Básicamente, más igual: más nada.  

     

    Se pierden personas, pero no saberes. La transmisión de los saberes ancestrales a la siguiente generación es lo que permite la supervivencia de ellos. Se puede aprender del tejido, crear uno nuevo, incluso imitarlo, pero el sistema de pensamiento que trae consigo la mochila indígena, jamás. En cada mochila está plasmado el estado de ánimo de la persona, su percepción de la naturaleza, “y eso jamás se va a poder imitar”, afirma Gregorio. Pero ¿las próximas generaciones indígenas sí están interesadas en continuar con la tradición?

     

    Conozcamos ahora a Alfonso Manuel Méndez, locutor e investigador de la seguridad y soberanía alimentaria, altamente relacionado con la agricultura y por ende conocedor de primera mano del proceso de construcción del sombrero vueltiao en Tuchín, Córdoba.  “Ese es un tema que nos preocupa mucho a nosotros porque la tendencia del indígena es migrar a la ciudad y convertirse en independientes o en empleados de un almacén”, me contaba Alfonso que el indígena se ve envuelto en un mar de expectativas frente a la gran polis: “los indígenas se van porque no les dan [los compradores] el valor a sus artesanías. Se ilusionan por todas las oportunidades que supuestamente le ofrece la ciudad”.

     

    Así mismo, Bellanira me contaba que entre más crecía la comunidad, más relacionamiento tenían sus jóvenes con los jóvenes blancos y así es más fácil o llevar sus costumbres a su territorio o irse tras ellos a la ciudad. La incidencia de las redes sociales es más grande de lo que se piensa, pero los discursos que se han llevado desde tiempo atrás no mejoran la situación: “uno encuentra que hay comunidades que tienen muchos problemas con los jóvenes para aceptarse como indígena. No quieren manejar su lengua, incluso la niegan”, Gregorio afirma que al indígena se le ha visto como un estorbo, un guerrillero, una persona maliciosa, “de ahí viene el término de malicia indígena”. El joven se ve inmerso una serie de rechazos, estereotipos y miedos culturales que lo hacen negar su indigenismo.  

     

    ¿Entonces no quieren conservar sus saberes ancestrales? Claro que sí, solo que en medio de la discusión hay una serie de desafíos que los mayores, mayoras y autoridades indígenas deben afrontar. “Ese es nuestro reto: que nuestros hijos lleven muy bien desde su pensamiento y sangre el conocimiento” Bellanira me intenta explicar, desde su mejor español y mi peor ignorancia, que eso está en ellos: lo llevan desde el vientre, como madres que dan vida, alimentan y nutren a sus hijos del conocimiento de su territorio. Por eso no es difícil. “En términos generales los jóvenes hoy están más apropiados, más orgulloso y más comprometidos en mantener sus comunidades”, afirma Gregorio. Desde hace más de 500 años los indígenas se están organizando, resisten. Nosotros les hemos cobrado vidas, territorio, participación. No los hemos dejado en paz. Y, aun así, ellos continúan, sus bases crecen y las de nosotros se desmoronan.  

     

    Medellín es una colcha de retazos: apropiamos culturas que no nos pertenecen y pretendemos comprar, a un precio absurdo, la poca que nos queda. Se nos olvida lo que hay aquí. Lo que consideramos “típico”, como la bandeja paisa, surge apenas en los 60. Nuestros héroes representan las élites urbanas capitalistas, la participación del negro y del indígena ha sido negada en la construcción de nación. “También construimos la historia de Colombia y también narramos la historia de Colombia. Pero si a la gente nunca se la enseñaron, hoy la labor de las comunidades es narrarla”, dice el antropólogo. La labor aquí es del sistema, de nosotros como ciudadanos escuchar, aprender y volver a conocer la historia, nuestra historia. ¿Recuerdas por qué los indígenas preservan sus saberes ancestrales? Para saber de donde vienen, entender lo que son hoy y proyectarse hacia donde quieren llegar.  

     

    Sentada desde mi casa, con una taza de café al lado e Internet estable escribo la historia de aquellos que la hacen día a día desde la Sierra Nevada de Santa Marta, Córdoba y la Guajira. Aquellos que la tejen, la viven y la conmemoran. A mí solo me quedan palabras para contarlas, pero sigo siendo solo una espectadora. Esto no termina aquí, hay mucha tela por cortar, o, mejor dicho, mucho hilo por tejer. Cuando decidí investigar sobre este tema, no sabía nada y ahora declaro que sé aún menos. Somos responsables de preservar esto, de cuidarlo como parte de nuestra identidad. Y cuidarlo implica el respeto, la memoria y el valor por la artesanía en términos de precio y propiedad intelectual, una correcta apropiación social del conocimiento.  

     

    “¿Deseas agregar algo más?” es una pregunta que le suelo hacer a las personas que entrevisto cuando termino de hacer mis preguntas. Casi ninguna me suele decir o hacer algo más que un gesto de negación. Sin embargo, Bellanira, entre graznidos de gallinas y una señal intermitente, sí tenía algo más por decir:   

    “Mi recomendación es que ojalá esta conversación usted la conserve y de pronto de allí le saque lo que usted necesita. Yo como mayor, persona mayor lideresa, somos muy celosos con nuestro conocimiento. Gracias porque pude compartir algo, un poquito de nuestros conocimientos, de nuestros saberes. Entonces en usted va a quedar algo muy interesante, muy valioso de nuestro territorio. Consérvelo.” 

     

    Mitos y Realidades sobre los saberes ancestrales  

     

     

     

  • Cinco estrellas, cientos de opiniones, miles de recomendaciones  y muchos más problemas: bienvenido a la Comuna 13

    Un recorrido virtual y físico por el turismo en la Comuna 13… y sus matices.

     

    Andrea Montoya Posada / andrea.montoya@upb.edu.co

     

    El paso constante de turistas es apenas uno de los detalles que han cambiado la rutina de los vecinos de la Comuna 13 y, como todos los demás, tiene su lado positivo y otro negativo. Foto: Lia Da Giau- Make Sense.

     

    Llego a la estación San Javier en plena hora pico, cuando el sentido sur-norte colapsa, ríos de personas se empujan y solo el más hábil logra escapar de la ola. Sin embargo, la estación estaba atiborrada también en sentido norte-sur, con grupos de 5, 10 y hasta 20 turistas descendiendo a la plataforma.  

     

    Salgo a la calle 45 y el panorama no es muy diferente. Carros, motos, buses, más carros y motos, se amontonan en calles con semáforos de adorno, pues quien tiene la vía es el más avispado. Turistas caminan torpemente, mientras los habitantes los esquivan como si se tratara de un video juego; taxis, busetas y carros particulares se estacionan donde vean hueco con dirección a las escaleras eléctricas; vendedores ambulantes ofrecen todo tipo de souvenirs kitsch en su última apuesta por llevar pan a sus casas y un grupo de jóvenes de chaleco azul pregonan a todo el que pasa: “Graffiti Tour”.   

     

    Dale like, comenta y comparte 

    Los visitantes vienen de todo el país y rincones del mundo. A través de redes sociales, recomendaciones de amigos y plataformas como Trip Advisor, los turistas conocen la Comuna 13 y los famosos recorridos grafiteros que ofrecen las agencias que operan en el territorio. El interés a lo largo del tiempo de los usuarios por el término de búsqueda Comuna 13, según Google Trends, ha tenido un crecimiento constante, como lo muestra la gráfica a continuación: 

    Gráfico: Google Trends. Andrea Montoya.

     

    “Turismo en Medellín”, “Qué hacer en Medellín”, “Mejores lugares para visitar en Medellín”, “Medellín turismo cultural”, “Medellín turismo de aventura” y “Tour de Pablo Escobar en Medellín”, fueron los principales términos de búsqueda sobre turismo en Medellín durante el 2021, según información compilada por Chat GPT. Si hiciera el ejercicio de buscar cuáles resultados arroja su buscador con alguno de estos términos, se encontraría con la Comuna 13 en cualquiera de los casos. Sí, yo hice el ejercicio. 

     

    Por ejemplo, en Trip Advisor, el recorrido por la Comuna 13 es el segúndo más popular de la plataforma sobre turismo en Medellín, después del recorrido a Guatapé, bajo el término de búsqueda: “Comuna 13 Graffiti Tour y Comida Callejera”, con más de 2,250 opiniones y recomendada por el 99% de los viajeros que interactuaron con la plataforma. El recorrido incluso ganó premio al Traveler´s Choice de este año.  

     

    ¿Qué es lo que encuentran tan atractivo tanto extranjeros como locales de diferentes zonas del país de la Comuna 13? La alegría y amabilidad de las personas; el arte que rodea todas sus calles con graffitis, pinturas, esculturas, raperos y bailarines de hip hop; la diversidad de oferta de entretenimiento y gastronómico, son las respuestas más frecuentes entre los comentarios de Trip Advisor y las entrevistas con cinco turistas extranjeros como parte de esta investigación.  

     

    Cicatrices de la Historia  

    Las redes sociales y este tipo de plataformas son los principales medios por los cuales los turistas conocen la Comuna 13 y el Graffiti Tour. Dharmik Patelun, por ejemplo, investigó sobre el territorio y encontró que había bandas criminales aún presentes y que estaban planeando hacer un museo conmemorativo de Pablo Escobar con sus pertenencias y objetos alusivos. Además, leyó que no había propiamente un cartel de drogas en el territorio, sino violencia interna por parte de bandas al margen de la ley. Hice una revisión sobre posibles fuentes en las que haya encontrado dicha información y no encontré nada.  

     

    Sin embargo, después de visitar el territorio, Dharmik y su esposa quedaron muy sorprendidos: “Creíamos que sería mucho más pequeño el lugar…También, pensamos que las personas serían difíciles, pero ahora que lo visitamos nos damos cuenta que son muchas cosas difíciles por las que han tenido que pasar”. En definitiva, están inspirados por su historia y el progreso que parece tener el sector en términos de seguridad, violencia y delincuencia. Se sintieron seguros durante todo el trayecto y con la motivación de comentar a sus amigos sobre el plan.   

     

    Otros como Matthew tenían una idea de la Comuna 13 como un lugar cool, destinado al turismo y para pasar el rato. Después del recorrido, ven llamativa la sensación de tranquilidad y alegría en medio del caos del salpicón de música de múltiples géneros, pregoneros, tiendas, bares, museos, restaurantes, motociclistas, cafés y vendedores de todo tipo. Sin embargo, reconocen que detrás de todo eso hay una historia de transformación profunda y que eso se ve reflejado en el discurso de su guía, los espacios culturales y la experiencia como tal.  

     

    Se avecina un tsunami turístico mucho mayor 

    En 2020, a raíz de la pandemia, las visitas a la Comuna 13 disminuyeron. No obstante, se estima que en 2021, 2.600 personas llegaban a la zona entre semana y los fines de semana aumentaban entre 5.000 y 6.000, según datos de organizaciones turísticas del territorio proporcionadas a El Tiempo

     

    Ese boom turístico, según el Director del Museo Escolar de la Memoria de la Comuna 13, Manuel López, en una entrevista con Señal Colombia, se debe a “una perversión de las necesidades de la gente”. Con iniciativas como el Museo, que es un ejercicio de memoria colectiva con una mirada más cultural que turística, “quisimos contrarrestar con el museo la explotación comercial, esteticista de los mandatarios, el turismo como una forma de demostrar que la guerra y la violencia sufrida era necesaria para que hoy tuvieran este progreso”. Sin embargo, reconoce que las oportunidades económicas para subsistir son escasas y que hoy el turismo es el principal ingreso de los habitantes de la Comuna 13.  

     

    Donde hay empleo, hay oportunidades 

    Fui a la base de las escaleras eléctricas a buscar un taxi que me regresara a la estación. En medio del caos, sin saberlo, terminé por colarme en una fila de carros tipo Uber que compiten con los taxis a ver quién es el primero en dar con un cliente. Ingresé al primero que abrió la puerta y escuché gritar “estación San Javier”. No usan la plataforma, tienen una tarifa fija hasta allí. 

     

    Como buen medellinense, el conductor puso conversación: me preguntó sobre mi visita a “La Trece” y si había ido antes. Le respondí que solo era una estudiante de periodismo haciendo una investigación sobre los cambios en la zona desde la llegada del boom turístico. Solo es poco, pues esa frase le dio puerta para narrarme toda su hoja de vida y lo importante que ha sido para él la llegada del turismo al sector. Músico, empresario, bailarín, grafitero, Uber, guía de turismo y odontólogo en formación, son solo algunas de sus facetas.  

     

    “Niña, ¿yo cuándo me imaginé que tendría un carro?” Y que viajaría por Latinoamérica, Estados Unidos y próximamente a Argentina, solo por los contactos que ha conseguido con la música, según me comentó.  

     

    Esta mirada representa la vida de solo una parte de la población de la Comuna 13.. Según una investigación hecha por Make Sense a los habitantes de los barrios más alejados de las escaleras eléctricas, el 50.3% afirmó que no depende del turismo como actividad económica para sobrevivir.  

    Imagen José Andrés Ramírez, Juan José Rios.

     

    ¿Hasta cuándo durará el boom turístico de la Comuna 13? Nadie lo sabe. A penas se adelantan investigaciones sobre los efectos colaterales a nivel económico y social que el turismo desenfrenado está trayendo sobre zona. Los números, voz a voz y redes sociales demuestran que es un gran atractivo para lo nacional y lo internacional, pero, ¿serán los comentarios de Trip Advisor suficientes para subsanar las necesidades económicas y políticas de un territorio con una historia como la Comuna 13?  

     

     

  • Ebanistería de El Retiro, ¿saber ancestral en alerta roja?

    Por: Laura Gregory Berrio / laura.gregory@upb.edu.co

     

    Un cambio generacional y en la riqueza forestal en la región, están entre los factores que ponen en riesgo la tradición ebanista que ha hecho famosa esta población del Oriente antioqueño cercano.

     

    El municipio de El Retiro, ubicado en el oriente antioqueño a tan solo una hora de la ciudad de Medellín, ha construido a lo largo de los años una reputación única por su tradición artesanal en la elaboración de muebles y objetos de madera. Esta práctica y saber ancestral, transmitida de generación en generación por familias dedicadas a la ebanistería, representa una pieza fundamental en el patrimonio cultural e identidad de la región.

     

    Actualmente existen alrededor de 100 talleres y negocios dedicados a la carpintería y ebanistería en el municipio, que involucran a cerca de 400 familias que dependen directamente de esta actividad.

     

    Esta tradición encuentra sus raíces en la abundancia de bosques y reservas forestales que rodean el municipio como la Reserva Forestal Nare con 4.165 hectáreas (casi el 17% del territorio municipal) y la Reserva Bilógica El Silencio con un área de conservación de 171 hectáreas en las que se pueden encontrar especies de árboles como: el ébano, el roble y el pino.

     

    A pesar de su importancia cultural y económica, la ebanistería en El Retiro atraviesa hoy un momento crítico. El desinterés por aprender y dar continuidad a estos oficios artesanales vinculados a la madera pone en riesgo que esta tradición milenaria se pierda con el tiempo.

     

    << La tecnificación de los talleres es una de las alternativas para fortalecer el oficio de los ebanistas. Foto: Laura Gregory.

     

    Iván Darío Echeverri, líder de la corporación CorreCaminos y también de la región, lamenta este fenómeno y comparte su preocupación por el futuro de este arte tradicional: “Cuando era joven, la ebanistería era una parte fundamental en la vida del pueblo. Todos queríamos aprender a trabajar la madera, pero ahora ellos están más interesados en trabajar en la ciudad o en actividades más modernas y esa falta de interés pone en peligro nuestra tradición”, expresa con nostalgia.

     

    Frente a esta problemática, diversas organizaciones locales han asumido el reto de reposicionar la ebanistería tradicional y motivar a las nuevas generaciones a reapropiarse de sus raíces artesanales. Una de las iniciativas que se están impulsando es permitir que los visitantes y turistas del municipio puedan ir a los talleres de ebanistería para fabricar sus propios implementos y vivir la experiencia artesanal de manera indirecta.

     

    Según Yolanda de Echeverri, ya hay muchas empresas turísticas que los están buscando para llevar a estos grupos de visitantes a los talleres en El Retiro. “Se están pensando planes para que las personas puedan venir y tener un ‘parche’ para el fin de semana fabricando sus propias piezas de madera con la guía de artesanos locales”, señala.

     

    Esta iniciativa busca no solo promover el turismo en la región, sino también generar ingresos adicionales para los ebanistas y difundir el valor cultural de esta tradición artesanal que lleva más de 60 años en la región. Al vivir la experiencia de cerca, se espera que más jóvenes del municipio se sientan atraídos por aprender a dar continuidad a estos oficios.

     

    Sin embargo, en un entorno donde actividades urbanas, la vida fácil y los lujos tecnológicos resultan más atractivos, las nuevas generaciones se alejan de los caminos artesanales que fueron recorridos por sus antepasados. Ese es el verdadero reto que se presenta actualmente y es ¿cómo demostrar que la ebanistería no es solo un arte valioso en términos culturales, sino también una actividad económica viable a largo plazo?

     

    Correcaminos es un proyecto de formación que busca preservar los saberes de la ebanistería tradicional. Foto: Laura Gregory >>

     

     

    La llegada de gigantes empresariales como Ikea o Homecenter a Colombia, planeta una preocupación adicional, ¿cómo pueden los artesanos locales competir en un mercado dominado por la producción en masa y los estándares internacionales? Esta es una pregunta que resuena en las mentes de quienes luchan por preservar la esencia y la autenticidad de la ebanistería en El Retiro.

     

    Además de las iniciativas mencionadas anteriormente, el SENA está desempeñando un papel fundamental en la producción de programas de capacitación y desarrollo dirigidos a jóvenes y adultos interesados en adentrarse en el mundo de la ebanistería.

     

    Estos programas, desarrollados en colaboración con expertos locales y organizaciones del sector, ofrecen oportunidades de aprendizaje práctico y teórico con el objetivo de cultivar nuevas generaciones de artesanos de la madera.

     

    David Castañeda, quien ha liderado diversas iniciativas de fortalecimiento del sector del mueble y la madera, destacó la importancia de los programas de capacitación en colaboración con el SENA y otras entidades. Señaló que estos programas como Pinochitos, en asociación con la corporación CorreCaminos, están dirigidos a niños que comienzan a explorar el mundo de la ebanistería y las herramientas. Estas iniciativas tienen como objetivo preservar la tradición milenaria de este oficio en El Retiro y fomentar el interés de las nuevas generaciones en la artesanía local.

     

    Desarrollar marcas o sellos que posicionen el origen de la artesanía en madera es otra de las estrategias para preservar la ebanistería de El Retiro. Foto: Laura Gregory >>

     

    También, se han establecido alianzas estratégicas con entidades gubernamentales, organizaciones no gubernamentales y empresas del sector privado para brindad apoyo financiero y técnico a algunos talleres y negocios de ebanistería, como lo es la corporación CorreCaminos. Estas colaboraciones incluyen la facilitación de acceso a recursos, mejora de infraestructura, entre otros.

     

    Estas alternativas, combinadas con el esfuerzo y la dedicación de los artesanos locales, están contribuyendo a revitalizar la ebanistería en El Retiro y a asegurar su continuidad con el tiempo. Sin embargo, el camino hacia la preservación de esta valiosa tradición sigue siendo un desafío constante que requiere compromiso y la colaboración de todos los actores involucrados.

  • Los paisajes de la Explotación Sexual Comercial de la niñez

    Por Mariana Pérez Mesa / periodico.contexto@upb.edu.co

    La explotación sexual de niños niñas y adolescentes se nos hizo paisaje, en medio de otros paisajes: el de las medidas aisladas y policivas, el de la evasión de la realidad del trabajo sexual y de las responsabilidades sociales frente a la situación. Este es un recorrido por esos paisajes que los hechos recientes ponen en discusión.

     

     

     

    La prostitución es un oficio legal en medio del cual, sin embargo, se camuflan delitos como el de la explotación sexual, en especial la que afecta a niñas, niños y adolescentes. Foto: Mariana Pérez Mesa.

     

     

    Desde hace varios años, la comuna El Poblado, de la cual hace parte el histórico barrio homónimo de clase alta, está en el foco de la atención pública por la dinámica que le ha dado la oferta de servicios sexuales que hoy ponen este territorio en el lugar más visible de la agenda informativa en el país. De acuerdo con la sentencia T-629 de 2010, en Colombia, la prostitución es legal siempre que sea ejercida por mayores de 18 años. Sin embargo, los debates de los últimos años y el revuelo generado a partir del caso del estadounidense Tomothy Alan Livingston, han puesto en evidencia que entre esas dinámicas asociadas a los servicios sexuales se presenta el delito de la explotación sexual y comercial de niñas, niños y adolescentes (ESCNNA).

     

    Según la Mesa Intersectorial en contra de la ESCNNA en Medellín, espacio independiente en donde se reúnen diferentes organizaciones (públicas y privadas, universidades, entidades oficiales y hasta la Policía de turismo), este fenómeno social se define como:

    “la utilización sexual de las niñas, los niños y adolescentes para la obtención de ganancias sexuales, económicas, sociales o políticas, fruto del aprovechamiento de una posición de vulnerabilidad, desequilibrio de poder o confianza de la niña, niño o adolescente respecto del adulto, abusador o explotador. Es un delito que lleva a la cosificación y mercantilización de las niñas, niños y adolescentes, vulnerándoles sus derechos y afectando su dignidad e integridad”.

     

    La investigación y el trabajo que por años han adelantado las personas y organizaciones que hacen parte de la Mesa Intersectorial contra la ESCNNA revelan que esta actividad ilegal además tiene vínculos con el microtráfico, la instrumentalización de niñas, niños y adolescentes para delinquir, el abuso sexual y la trata de personas.

     

    En sus declaraciones a partir del caso del estadounidense Livingston, el Alcalde de Medellín Federico Gutiérrez, señaló que este fenómeno es es un gran reto no solo para la administración, las organizaciones encargadas de atender a las víctimas, sino también para la sociedad. Esta es una postura que reafirman las organizaciones como las que trabajan desde la Mesa Intersectorial, que destacan este como un hecho que arrebata la dignidad a las niñas, niños y adolescentes de la ciudad, con los consecuentes daños físicos, psicológicos y emocionales que dejan secuelas que pueden durar por muchos años. Al tiempo, las tendencias del aumento desenfrenado del turismo y la vida en los entornos digitales se constituyen en agravantes de la situación que ocupa a Medellín y otras ciudades del país.

     

     

     

    Las cifras de ESCNNA en Medellín, desde hace diez años, van en aumento. Gráfico1. Fuente: Informe Mesa Intersectorial en contra de la ESCNNA análisis de la Explotación Sexual y Comercial de las Niñas, Niños y Adolescentes en Medellín y recomendaciones de Portal datos abiertos Fiscalía General de la Nación, base de datos conteo de víctimas.

     

     

    En 2023 las cifras de víctimas de ESCNNA disminuyen, lo que hace creer que las acciones adelantadas en la ciudad tuvieron un impacto positivo, pero, según el fiscal Carlos Augusto Rendón, las rutas de atención fueron casi nulas, se atendieron muy pocas víctimas y, a su vez, hay inconsistencia en las cifras de cada entidad de atención (Fiscalía, ICBF, Unidad de Niñez, Policía, entre otras), afirmó el funcionario que cada una tiene reportes diferentes en el número de atención a víctimas, lo cual además deja dudas sobre la restitución de derechos a cada víctima.

     

     

     

    Gráfico 2. Fuente: Informe Mesa Intersectorial en contra de la ESCNNA análisis de la Explotación Sexual y Comercial de las Niñas, Niños y Adolescentes en Medellín y recomendaciones “Casos de víctimas de ESCNNA reportadas por las bases de datos consultadas, período 2020-2022″.

     

    Medidas contra un fenómeno mutante

    La lucha frontal contra la ESCNNA fue uno de los primeros anuncios del nuevo gobierno de Medellín, cuyas acciones comenzaron con el Decreto 0082 de 2024 que limita la circulación de menores de 18 años, todos los días, entre las 7:00 de la noche y las 5:00 de la mañana en sectores como Plaza Botero, la comuna 10 Centro, los bulevares de la 33 y la 70, así como el Parque Lleras, que fue objeto de una nueva medida de reducción de horarios para establecimientos nocturnos y prohibición de la oferta de servicios sexuales por un mes.

     

    No obstante, hasta ahora las medidas suscitan numerosas preguntas como por qué restringir los derechos de las víctimas y no del os victimarios o qué ocurre con las otras zonas de Medellín en donde se conocen denuncias de la misma situación y no solo en la noche, pues las plataformas digitales hacen incluso que las personas sean explotadas sin necesidad de exponerse en las calles.

     

    Para Jazmín Santa, miembro del secretariado técnico de la Mesa en contra de la ESCNNA en Medellín y docente investigadora de la Universidad Pontificia Bolivariana, cualquier acción que se haga vale la pena. Señala que, sin embargo, los operativos que se hacen terminan desplazando a las víctimas del sector, pero en el lugar queda el explotador o proxeneta, “no tiene sentido una criminalización de quien ha sido explotado”, señala. Explica que la medida de toque de queda ha hecho que “este fenómeno se movilice a fincas y establecimientos alquilados por medio de AIRBNB en los municipios cercanos como Copacabana, Guatapé y El Peñol”.

     

    Explica la docente que cada administración crea un Plan intersectorial en contra de la ESCNNA en Medellín, con el que se articula el trabajo de Fiscalía, ICBF, Unidad de Niñez, Secretaría de Educación, Personería de Medellín , 123 Social, Área Metropolitana, entre otras entidades. Señala que, sin embargo, este cada vez tiene menos presupuesto y personas conocedoras y apropiadas del asunto. Por ejemplo, a marzo de 2024, cuando ya se habían anunciado las primeras medidas oficiales en la materia, todavía no tenía una cabeza, solo varias personas adelantando acciones en territorio adelantando acciones, sin un líder que sepa y les dirija.

     

    La más reciente notificación

    El pasado 27 de marzo, en las horas de la noche, en un operativo de la Policía Nacional desplegado a partir de una denuncia ciudadana, se encontró a un extranjero con dos menores de edad, en el hotel Gotham, ubicado en El Poblado. El señalado responsable de abuso sexual pudo evadir a las autoridades y salir del país dos días después. Por este y otros detalles, el caso desató un mediático debate con respecto al ESCNNA en Medellín, los turistas y la acción o inacción oficial frente al tema. En medio de esas circunstancias, desde el 1 de abril, el alcalde Federico Gutiérrez anunció el plan piloto en el que por un mes se prohíbe la oferta de servicios sexuales en la comuna El Poblado y se restringen los horarios de establecimientos comerciales desde las 10 hasta la 1 de la mañana en los sectores del parque Lleras, Provenza y la calle 10.

     

    El encierro y el “paisaje”

    Haciendo un recorrido por el barrio El Poblado, en la noche, más específicamente por el parque Lleras, la calle 10 y Provenza, se aprecian los matices que distinguen cada sector, sus contextos y visitantes. En el parque Lleras la prostitución y la ESCNNA se presentan a ojos de todas las personas y a cualquier hora del día. Mujeres evidentemente menores de edad, en diferentes esquinas o locales, solas o acompañadas entre ellas, hablan y cruzan celulares con hombres evidentemente mayores y foráneos.

     

    En Provenza, las dinámicas son diferentes: la seguridad privada y un consumo mínimo por mesa de unos $200.000 establecen un filtro invisible para los visitantes y sofistican la oferta y demanda de servicios sexuales. En contraste, por toda la calle 10 se logra ver a menores de edad conversando con extranjeros, familias indígenas en estado de mendicidad con niños y hasta bebés que juegan con los residuos que salen de los establecimientos.

     

    Sin embargo, desde hace meses estas zonas están cercadas y en cada ingreso hay, en promedio, dos policías para controlar la entrada y la salida de visitantes. Para entrar al parque Lleras, por la calle 25, al ingreso, y a lo largo del trabajo de observación, únicamente se le hizo la solicitud de documentos a las personas extranjeras, tanto hombres como mujeres. Al ingresar se aprecia una población que puede describirse como un lo que sería un 70-30 entre extranjeros y mujeres, muchas evidentemente menores y que portan cédulas falsas, si no fuera por quienes trabajan en los establecimientos y una que otra pareja local.

     

    -¿Por qué hay tantos policías y en las entradas sobre todo?

    – Por seguridad- dice una uniformada.

    – ¿No es por el cuidado de los niños, por la explotación sexual?

    – Si, también por eso. Pero estamos esperando que el Alcalde quite las vallas, ya solo va a tener más seguridad el sector, pero no control de ingreso en las entradas- explica la mujer con uniforme.

    – ¿Que pueden hacer con las familias y más que todo los niños indígenas?

    – Nada. Ellos están con sus mamás, tienen una casa. No podemos llamar a Policía de infancia y adolescencia porque están con sus familias. Mientras no estén en las zonas que están cercadas no se puede hacer nada.

    -¿Y quiénes tienen permitido ingresar?

    -Se deja ingresar ciudadanos colombianos con cédula o tarjeta de identidad a partir de los 16 años. De ahí en adelante, no se deja ingresar.

    – ¿Qué pasa con las niñas y jóvenes que usan documentación falsa?

    – Se llama al comando y no se deja ingresar, para que verifiquen la identificación, ellos no tienen un lector- responde la policía- y agrega- A los extranjeros se les pide el pasaporte y a las personas venezolanas ls identificación y permiso migratorio.

    -¿Y las niñas menores que hay dentro, en este parque? La verdad, vi varias

    -Son malas trabajadoras sexuales que tienen identificaciones falsas, pero uno no puede hacer nada porque vienen con identificación- corta la uniformada.

     

    La conversación ilustra las dudas sobre el verdadero control detrás de medidas como el cerramiento y otras similares. La Mesa Intersectorial en contra de la ESCNNA en Medellín presentó el más reciente informe de análisis de la Explotación Sexual y Comercial de las Niñas, Niños y Adolescentes en Medellín y recomendaciones, durante su primera reunión del año, el jueves 22 de enero en el Paraninfo de la Universidad de Antioquia, con una asistencia de más de 40 instituciones, entre ellas Secretaría de Turismo, Defensoría del pueblo, Secretaría de Inclusión Social, estudiantes de la UPB y la Universidad de Antioquia, el Sindicato de trabajo sexual, la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, Espacios de Mujer, concejales, periodistas, entre otros actores. La mayoría de los asistentes llegaban por primera vez al espacio y expresaban su compromiso con la erradicación de la ESCNNA.

     

    Con el fin de convertir las recomendaciones del citado informe en propuesta para el nuevo Plan de Desarrollo de la ciudad, el 5 de marzo se adelantó una sesión plenaria en el Concejo de Medellín. El paisaje del recinto parecía una ilsutración de lo que pasa en la ciudad con este fenómeno: aunque el 90 % de los concejales registraron su asistencia, miembros del secretariado técnico de la Mesa y tres niñas representantes de la Corporación Convivamos intervinieron sobre la importancia de erradicar la ESCNNA, muchos de los cabildantes y hasta el presidente de la corporación dedicaron más atención a sus celulares, computadores, periódicos o al agua y los tintos.

     

     

    El paisaje de la sesión del 5 de marzo en el Concejo de Medellín. Foto: Mariana Pérez Mesa.

     

    En medio del escándalo, duele Medellín. Sin duda, la tarea no es solo de las autoridades, pero ciertamente los avances empiezan si se reconoce la complejidad del fenómeno, mediante compromisos más claros de quienes tienen no solo la autoridad, sino la esperanza de una generación que crece en medio del paisaje de la explotación abusiva de sus cuerpos.

     

    Líneas para reportar casos de Explotación Sexual y Comercial de Niñas, Niños y Adolescentes:

    ·         122 (Fiscalía)

    ·         141 (ICBF)

    ·         123 (Polícia)

     

  • La Facultad de soñar

    En el Día del periodista se posesionó el nuevo director de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB en Medellín. De la conversación con una de las estudiantes, surge un retrato de este profesor, de su sello y de los sueños que tiene para la comunidad que llega a liderar.

     

    Valentina Cardona Ortiz / valentina.cardonao@upb.edu.co

     

    En una facultad en la cual las historias son el motor que impulsa una vocación -la de contar- es importante destacar aquellas que aportan al crecimiento de una comunidad unida por sus sueños y proyectos profesionales. Una de esas historias es la de Juan David Suárez y sus sueños nos incluyen a los estudiantes y profesores, sus anhelos se sincronizan con nuestra educación y sus metas también orientan el camino que vamos a recorrer. 

     

    Como el nuevo director de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo, Juanda, como lo llaman sus estudiantes, tiene claro que en el contexto de la educación universitaria y en particular en áreas de la Comunicación, ocurren hechos que pueden ser considerados como crisis y que también se pueden considerar transformaciones. Desde el cargo que asumió en diciembre pasado y en el que se posesionó formalmente el 9 de febrero,  busca aportar a través de la confianza y el respeto a un equipo docente, administrativo y estudiantil al que se une como un líder y como un par (Así lo registró el portal institucional de la UPB). Para Juan David Suárez, “el respeto está siempre ligado a la autoridad en el sentido en que es el único medio para legitimarla” y es, según dice, la única forma de crear un vínculo cercano con una comunidad con la que se siente comprometido y a la que agradece su confianza para llevar a cabo tan importante labor. 

     

    Su trayectoria profesional, que abarca la práctica periodística, la docencia y la ejecución de cargos administrativos en el sector educación, fue uno de los mayores alicientes para su elección como director. No obstante, los valores que proyecta y en los cuales cree firmemente, lo ponen hoy en una posición desde la que espera aportar a la formación de los futuros comunicadores sociales y periodistas que saldrán al mundo a “narrar y a contar historias que no se limiten al ejercicio informativo, sino que también contribuyan a la construcción de país”, señala. 

     

    La faceta familiar y profesional dialogan estrechamente en la visión que tiene Juan David Suárez sobre el futuro de la Facultad de comunicación Social – Periodismo. Fotos: Comunicaciones UPB.

     

    Un profesor de la casa 

    La honestidad y la confianza son pilares y guías para este hombre que declara con orgullo su mayor logro: ser el papá de Pablo y de Isabella, en cuyas vidas ha fomentado los mismos valores que le inculcó su padre. Y es que su papel como educador no se centra en las aulas de clase ni tampoco en la oficina de dirección, su pedagogía nace en su propio hogar y es desde allí que surge lo que luego transmite a sus colegas y estudiantes.

     

    Para Juan David, “el hogar es el grado cero de la educación”, lo cual se hace aún más evidente en la calidad humana que impacta la práctica profesional. La academia en sí misma tiene la obligación de aportar a la construcción humana de los estudiantes, pero esto solo se logra si estos tienen las bases y el interés de asimilar tanto los conocimientos técnicos como las competencias blandas y sociales. Es así como el director ve la necesidad de potenciar aún más la dimensión humana, la tolerancia y el trabajo en equipo, lo cual también se busca con el plan de estudios del programa, en el que estos valores son fundamentales. 

     

    Los primeros retos de la nueva dirección 

     

     

     

    Y el momento de la verdad, como él mismo lo llama, está por llegar. El plan de estudios de Comunicación Social – Periodismo ya no es nuevo, pronto tendrá su primera cohorte de graduados, luego de años de cuidadoso desarrollo y una implementación que, bajo el liderazgo de la directora María Victoria Pabón Montealegre, tuvo que hacerle frente además a un contexto inédito: una pandemia, cuyos efectos todavía estamos conociendo. 

     

    << Así fue la inducción del semestre 2024-1, liderada por el director Juan David Suárez Vera. Foto: Contexto.

     

     

    El director señala que pronto se podrá evaluar desde la labor en las empresas y en el diálogo con los estudiantes y egresados, el carácter humano y profesional de los estudiantes del nuevo plan de estudios, que ya están comenzando sus prácticas. La evaluación de la transición del plan 11 al 12 es para el nuevo director una prioridad; su atención está dirigida al éxito de este cambio y está dispuesto a realizar los ajustes que correspondan para la consecución de un pensum que cumpla con todas las demandas del mercado y con las condiciones necesarias para la formación de profesionales integrales y humanos, rasgo fiel a la trayectoria de nuestra Facultad y a su reconocimiento en el país y en el mundo.

     

    El escritorio del director es el retrato de esta y otras prioridades. Allí están los planes de estudio de la carrera y las notas de todas las tareas que marchan con el equipo de profesores, pero está además la firmeza de su mirada al hablar de su visión para la Facultad. En su mirada fija al hablar, con esa voz que también se escucha a veces presentando músicas de todo tipo en la radio de nuestra Universidad (porque también es un melómano), se hace visible la transparencia de sus palabras. Con calidez, cordialidad y sin titubeos, el director habla de que se sueña la internacionalización de nuestra carrera, que quiere trabajar por contribuir al crecimiento de esta a través de la integración de una segunda lengua y de la doble titulación con universidades extranjeras. Son sus sueños en los que estamos nosotros, los comunicadores sociales y periodistas en formación que hoy desafiamos el caos, armados unos de papel y lápiz, otros de una pantalla táctil, pero ninguno sin preguntas.