Etiqueta: salud

  • Convocadxs: una selección que siempre será ganadora

    Manuela Mesa, Paulina Serna, Isabel Salazar, Laura Cortés y Alejandro Ramírez / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Hay deportistas para quienes la competencia no solo continúa fuera del tiempo de juego, sino que se hace más retadora. Contexto presenta Convocadxs, un álbum interactivo con una fascinante colección de historias sobre deportistas que, más que vencer sus contrincantes, desean superarse a sí mismos y echar abajo toda barrera de exclusión.

     

    Además, tú también estás convocadx y podrás tener tu espacio en esta selección que siempre será vencedora.

     

    Explora el álbum aquí:

     

     

  • Ser médico rural en Colombia: ¿la mejor de las experiencias o el peor de los castigos?

    Paulina Serna Lopera / paulina.serna@upb.edu.co

     

    Hacer el rural o no es un discusión abierta en los profesionales de la salud. Un sorteo es clave en la decisión. Con él se define la posibilidad de un sueldo decente, la explotación laboral, vivir en condiciones precarias y, en ocasiones, francamente peligrosas. ¿Cómo son las condiciones del servicio social obligatorio de medicina en Colombia? ¿Qué se puede hacer para mejorarlas?

     

    Numerosos profesionales también hacen trbajo voluntario en zonas apartadas. Un ejemplo es el Grupo Piraguas, conformado por estudiantes y profesores de Medicina de la UPB. Foto: Cortesía.

     

    En Colombia, el servicio social (SSO) obligatorio deben prestarlo todos los estudiantes del área de la salud al finalizar su carrera. Según el Ministerio de Salud, bacteriólogos, médicos, enfermeros y odontólogos, tienen el también llamado rural, como requisito para obtener la autorización del ejercicio profesional.

    Sin embargo, la discusión reciente son los cuestionamientos a las condiciones en las que cumple ese servicio. Mientras para algunos es una oportunidad de obtener experiencia y brindar servicio a la comunidad, para otros es considerado un castigo que deja en evidencia las facetas más precarias del sistema de salud colombiano.

    El primer sorteo del 2023 fue, según la Directora de Desarrollo de Talento Humano en Salud, Edilma Marlen Suárez, probablemente el último con personas eximidas. Aunque resulte complejo entender cómo funciona, la dinámica de los últimos 74 años ha sido dejar al azar, con unas cuantas variables, la posibilidad ser eximido o no.

    Los decretos y las leyes han cambiado con el pasar de los años. Para entenderlo mejor, una línea del tiempo:

    Infografía: Paulina Serna.

    Suerte con la salud

     

    El sorteo funciona así: se asignan las plazas, que siempre son menores a los estudiantes inscritos y, a partir de esto, se hace el sorteo. Las probabilidades de ser eximido son mayores si el profesional es víctima de violencia, cabeza de familia o discapacitado, por ejemplo. El dilema es que no es una opción, de no cumplir existe una sanción de 9 meses; tiempo en el que el profesional no puede ejercer su labor.

    De los 5 779 estudiantes registrados en el primer sorteo de 2023, 3 147 eran eran de Medicina. Por su parte, de las 1 313 plazas disponibles, 1 027 fueron para los doctores. La cifra es clara: Medicina tiene la mayor demanda. Desde 2013, Alejandro Gaviria, ministro de Salud entonces, expresó la necesidad de garantizar la disponibilidad de médicos en zonas de difícil acceso, también llamadas zonas rojas.

    El rural, según Minsalud, brinda a los profesionales de la salud la oportunidad de ejercer su profesión de manera digna y remunerada, para garantizar el derecho fundamental a la salud de todas y todos los colombianos. Para asegurar que se amparen los derechos de parte y parte, existe una serie de decretos que prometen asegurar la protección del médico:

     

    Infografía: Saulina Serna.

    Los estudiantes de los primeros semestres parecen comprender el porqué del rural. Vanesa Matute y Laura Mariana Pérez, estudiantes de Medicina de la UPB, contaron que desde la universidad les recalcan que la mejor forma de aprender como médico es, muchas veces, desde la necesidad: “Lo que pasa es que nos enseñan a ser médicos del Pablo Tobón, como si tuviéramos todos los recursos, y no es así… Por eso es necesario el rural”.

    Como ellas, muchos podrían decir lo mismo. Elizabeth Montes, que presta su servicio rural en Concordia – Antioquia, expresó que ha sido una de las mejores experiencias de su vida, que los pagos son justos y el ambiente laboral sano. La frase “todos los médicos deben hacer el rural porque es una experiencia preciosa de aprendizaje”, que se difundió a principio de año en Twitter, solo parece aplicar para quienes los entes territoriales tienen control y supervisión de los recursos y condiciones en las que se labora.

    Contrario a lo que Minsalud plantea, para los estudiantes que ya conocen de antemano las experiencias en el SSO, las razones de emplear rurales parecen ser otras: “ellos dicen: pagamos menos y trabajan más”, “nos explotan, somos los que hacemos las autopsias, los traslados primarios… las jornadas laborales más largas”.

    En Twitter, a raíz del último sorteo, comenzó una oleada de testimonios que iban desde quejas por el pago retrasado y el no estar cubiertos por una ARL, hasta amenazas por parte de grupos armados. Ornella Pimienta, médico general que ejerció el rural en Sucre, dijo: “Casi me muero, casi me matan, me pusieron a hacer necropsias a la fuerza con una hojilla de bisturí como única herramienta en un cuarto sucio, sin ventilación, sin refrigeración al mediodía a 37 grados de temperatura…”

    Esto llevó, entre las respuestas del hilo, a recordar el caso de Edgar Torres Prestan, quien en 2013 decidió realizar su año rural en una población del Chocó, donde fue secuestrado a los pocos días de haber llegado. Ante esto, Edwin Agudelo, médico rural en el municipio de Nariño – Antioquia, dijo que cuando llegó estaban en paro armado: “Me tocaba del trabajo a la casa y de la casa al trabajo… pero me tocaba. Es más una cuestión de ética el poner la vida del otro sobre la mía”.

    Si bien es cierto que todo lo que se hace desde la Medicina es en pro de mejorar la salud del paciente, dice Rubén Darío Restrepo, médico general, que les limitan al querer trabajar con medicamentos y exámenes que son necesarios: “a veces ni algodones ni jeringas tenemos. El sistema de salud está colapsado y el problema viene desde arriba”, dijo refiriéndose al Estado.

    En el mejor de los casos hay sistema. María del Mar Quintero, quien prestó su servicio en Tamalameque – Cesar, contó que para el 2023 sigue siendo por escrito y que la historia clínica toda se hace a mano. Lo más preocupante, dice ella, es que un centro solo tenga médicos rurales debido al pago inoportuno. “A los días de hacer la entrevista nos enteramos que el hospital cerró al entrar en revisión fiscal”, contó.

    Lo otro es que no hay respuesta. Ante las quejas de los rurales, “oídos sordos”. Los hospitales responden que es lo que hay. Sin embargo, un grupo de médicos, que tienen como vocera a Manuela Serna, expresaron que el Ministerio de Salud y todos los entes relacionados deberían, obligatoriamente, visitar las plazas: “solo de esta forma entenderán que es imposible asegurar una buena atención porque no se cuentan con los recursos necesarios”.

     

    Un sistema que enferma

    El impacto emocional que generan estas situaciones repercuten en el bienestar del profesional. En la búsqueda de historias encontramos la frustración y la ansiedad como factor común en los profesionales de la salud. La falta de empatía por parte de los mismos colegas también agrava el problema; que existan opiniones buenas no invalida la indignación de quienes no las hayan tenido.

    El portal Protección Médico integral recalca que ante las irregularidades observadas en contra de los profesionales de la salud, es necesario proteger los derechos fundamentales a la vida, a la salud, al mínimo vital, al trabajo y a una vida digna. Todo esto apunta a que deben cumplirse las normas de contratación laboral, con salarios justos para la actividad especial que desarrollan. Sin embargo, esto no sería posible si no se mejora la gestión de los recursos y el acompañamiento que desde la misma universidad deberían tener.

    El servicio social obligatorio de Medicina en Colombia es una actividad importante no solo para las comunidades, es determinante para la formación de los estudiantes de Medicina, pero las condiciones en las que se realiza pueden ser mejoradas para garantizar la seguridad y el bienestar emocional de todos los actores del sistema, así como su formación como médicos competentes y comprometidos con la sociedad; condiciones de saludable equilibrio.

     

  • Cuando comprar también es sanar

    Manuela Rendón Uribe / manuela.rendonu@upb.edu.co

     

    En los últimos años el movimiento del ‘body positive’ ha traído consigo cambios en la manera en que en Medellín se asume la necesidad de vestir cuerpos gordos. ¿Cuál es el espacio que tiene la moda plus size en una ciudad donde, según ACI Medellín, en 2019 había 4 726 empresas dedicadas a la confección de prendas de vestir?

     

    La declaratoria que hizo en 2022 la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que anualmente se conmemore el Día Mundial de la Obesidad se ha convertido en una reivindicación de la lucha contra un sistema de creencias que discrimina, violenta, excluye y niega derechos o servicios básicos a cuerpos de mayor tamaño, de allí que se haya renombrado como Día Mundial contra la Gordofobia, en un trabajo colectivo para resignificar el discurso detrás de la celebración, razón por la cual diferentes grupos y activistas se han tomado las redes con testimonios y reflexiones sobre los cuerpos gordos. “El problema nunca ha sido el tamaño de nuestros cuerpos, sino la discriminación y violencia que se naturalizó y que se justifica señalando que es por nuestro bien”, expresa Manuela Ruiz Florez, activista plus size de la ciudad de Medellín, ciudad donde a pesar de un historia textil, aún se deben hacer grandes búsquedas para encontrar ropa en tallas grandes.

     

    Hablamos de la misma Medellín que en una de sus ferias de moda más importantes como Colombiatex de las Américas 2023, según Inexmoda, logró superar las cifras prepandémicas del evento con una asistencia de más de 27 mil personas y que, según Procolombia, solo entre enero y noviembre de 2021 creció en un 50% sus exportaciones de moda por más de US$900 millones, y que aún así, solo hasta ahora puede visualizar los primeros despuntes de moda para tallas grandes en una ciudad donde este nicho está liderado por pequeñas empresas y emprendimientos.

     

    Son pocos los maniquíes disponibles de tallas grandes en la ciudad.

    Los que se pueden encontrar son comprados o separados con rapidez debido a la dificultad para encontrarlos.

    Foto: Manuela Rendón U.

     

    Dando con la talla

    Los maniquíes gordos no se venden igual. Hay que averiguarlos, preguntar por ellos entre vendedores, buscarlos en internet para importarlos o mandarlos a hacer. Cuando se pregunta el porqué dicen que no se venden igual, que preguntan más por tallas regulares, que son muy escasos en el mercado o que solo se maneja la famosa talla única. Los que se encuentran, en menor cantidad que los de talla regular, no abarcan todo el espectro de cuerpos grandes que existen y sus materiales no siempre tienen la misma calidad.

     

    Pocas veces se ve un maniquí gordo en una vitrina. A los maniquíes delgados se les ve haciendo poses, con la mano en la cintura, con la cadera ladeada o las piernas cruzadas; a los gordos no, son estatuas rígidas sin horma que pocas veces son estéticas y no se prestan para otros ambientes como la alta costura, la exhibición o la fotografía.

     

    Frente a esta necesidad del mercado se han presentado proyectos éticos y sostenibles como el de Ester Gómez donde todos los cuerpos entran a discusión. Su emprendimiento llamado Maniquí Verde, un espacio donde se crean figurines a partir de materiales reciclables pero duraderos, ha sido el aliado de varias marcas de la ciudad para exhibir y fotografiar prendas en figurines gordos. “Quería hacer la diferencia. Investigué el mercado y faltaba la variación de tallas así que hice la diferencia también con la función práctica y estética de estos maniquíes para la alta costura, la decoración, la fotografía y la exhibición de prendas” manifestó la creadora, demostrando así que la sostenibilidad y la inclusión pueden ir de la mano en medio de la industria manufacturera.

     

    La primera tienda donde encontré un maniquí gordo fue en Cedemoda, el centro comercial a cielo abierto de Medellín, donde empresas textiles de la ciudad tienen sus puntos de venta de prendas, insumos y textiles. En medio de sus calles encontré el primer maniquí gordo vestido con ropa de la temporada; sin embargo, la tienda estaba separada en dos secciones: las prendas de talla regular y las prendas de talla grande, las cuales llegaban solo hasta la 3XL.

     

    —Es para separar los públicos —dijo la vendedora. Y procedió a mostrarme la página web de las tallas grandes y todas las opciones que allí se encontraban.

     

    Algunos comerciantes de la ciudad han encontrado la forma de ingresar al nicho de mercado sin perder la segmentación original de su público. Con los mismos diseñadores y los mismos insumos han creado marcas hermanas pensadas para diferentes tallas y cuerpos; ambas marcadas por las tendencias del momento y los colores de moda. Los mismos tonos pasteles de las tallas S y M se utilizan para las camisas y vestidos 2XL y 3XL.

     

    El segundo maniquí se encontraba a tres cuadras del Parque Berrío, en la tienda Santa Fresa, una tienda que funciona principalmente por medios virtuales pero que posee un pequeño showroom en Medellín. La tienda maneja desde la talla 14 hasta la 20 y su especialidad son las camisas y los vestidos.

     

    Natalia, la asesora, me pasa un vestido talla 16 que me resulta muy ajustado en el área del pecho, pero a diferencia de una tienda de tallas regulares, hay más opciones y estilos que pueden servirme y no debo conformarme con la talla más grande que tengan disponible. Me acomodo en un vestido talla 18, del que Natalia me enseña más referencias, colores y diseños; no debo adaptarme, eso me ha quedado claro y la rubia me lo hace saber:

    —No te preocupes, dale hasta que te acomodes.

     

    Natalia me pide mi número para avisarme de los nuevos vestidos y anota mi talla para tenerlo en cuenta, me muestra cómo le queda la camisa que me gustó a la modelo de la marca y me explica desde cuántas prendas consigo un precio al por mayor. Su maniquí viste un deportivo verde con beige y lo han vestido con la talla idónea de ropa; es más gordo que el figurín anterior, tiene los brazos rellenos y el estómago ancho, puedo verme por primera vez en un maniquí que no me resulta grotesco o exagerado.

     

    Como Santa Fresa hay muchas marcas que se distribuyen y dan a conocer a través de plataformas digitales, lo que las ha ayudado a llegar a públicos específicos y a zonas del país donde nunca antes habían llegado, para consumidoras como Leidy Johana Colorado, la búsqueda de tiendas y ropa por Instagram le han facilitado la compra porque “me metía a buscar cualquier cosita y me aparecían muchas sugerencias. Entonces ya con la publicidad uno busca una cosa y le aparecen muchas más. Así conocí muchas, muchas páginas, con ropa muy bonita, con una gama mucho más amplia de tallas y mucho más fácil para adquirir las prendas”.

     

    El tercer maniquí lo encontré al frente a la antigua Beneficencia de Antioquia, hoy el edificio de la Lotería de Medellín. Un almacén de Gorditas y Gorditos Sexy da a la calle, en su vitrina hay un ejército de figurines gordos, todas con pelucas baratas pero vestidas con diferentes prendas. Al lado de la entrada hay un cartel donde se recuerdan a sí mismos las tallas. Para ellas una talla 14 equivale a una XL y una talla 18 equivale a una talla 3XL; para ellos los números cambian: una talla 42 se entiende como una XL mientras una talla 56 se considera 8XL.

    La asesora me ofrece agua fría mientras busca entre los estantes jeans de mi talla.

     

    —¿Hay para mí? —pregunto. Pues como muchas otras he adquirido la mala costumbre de preguntar si hay ropa de mi talla antes de entrar.

     

    —Sí, claro que sí, ¿en qué estilito lo buscas? —me pregunta. Me muestra jeans tiro alto, bota campana, con estampados y descosidos. Con el pasar de los años la marca ha evolucionado y ha ingresado a su inventario ropa más juvenil y a la moda. Sin embargo gran parte de sus estanterías aún están dedicadas a los diseños más conservadores y sencillos que comunmente conocemos como señoreros, los cuales están dirigidos a lo que aún es su público principal; camisas holgadas, con mangas largas y boleros en los bordes se mezclan con jeans con mariposas y manchas de pintura.

     

    —¿El vestido lo tendrás en otro color? —pregunto pues solo lo he visto en naranja y rosa.

    —Solo en colores de temporada —responde la asesora. Y acierta, pues en el centro de la ciudad se observan camisas y camisetas azul rey, rosa, naranja o verde, los colores que marcarán, por un par de semanas, la tendencia de moda en la zona, inclusive en las tiendas donde todo puede valer entre $10.000 y $20.000.

     

    A la entrada de la tienda hay dos jóvenes. Uno está parado sobre una escalera vigilando a todos los compradores mientras el segundo anima a todo aquel que pase por la acera para entrar al negocio. Es una tienda de ropa de todo a $10.000 y $20.000, las vendedoras organizan mercancía y caminan entre cajas mientras asesoran clientes. No hay nada por talla, solo por diseño o color.

     

    —¿Manejas solamente tallas únicas?

    —¿Qué tallita estarías buscando?

    —Como para mí —respondo.

    —Solo esas de allá arriba —y me señala una hilera de camisas anchas, de licra, llenas de brillantes y estampados que chillan contra los vestidos colores pastel y los buzos tipo crop top que cuelgan en las demás hileras.

     

    Inclusive en espacios donde la ropa es mas asequible, no es fácil encontrar la misma oferta y variedad para tallas grandes puesto que no entran en los estándares de la conveniente talla única que tanto habita el centro de la ciudad.

     

    Elena plus clothing, Áttika Closet y Nation Plus Denim son algunas de las marcas que le apuestan al diseño exclusivo para tallas grandes buscando responder a las necesidades específicas de la gente gorda.

    Foto: Manuela Rendón Uribe.

     

    Un trabajo delicado

    Entre los factores que pueden afectar una experiencia de compra para mujeres gordas no solo se encuentra que los cuerpos se sientan representados en los diseños y los maniquíes. También está el trato de los vendedores, la experiencia con el espacio y la poca estandarización de tallas en la industria hasta el punto que las marcas consideran que abastecen la demanda plus size de la ciudad ofreciendo ropa que llega hasta la talla 14 o 16.

     

    Para Eliana Hérnandez, creadora de Gorditas Modernas Boutique, la venta a una mujer gorda debe ser una venta que debe hacerse de manera muy precavida. “Son personas muy delicadas. Es una venta que hay que hacer con muchísimo tacto, encontrar como la terminología adecuada para saber llegar a ese corazón que está aporreado por una industria que nos ha aporreado de una manera demasiado evidente, entonces es empezar también como a hacer un trabajo de amor, de sanación y de irlas como enrutando a ellas en lo que realmente deben usar y sobre todo en qué talla deben usar”.

     

    En el espacio de Eliana todo es grande. Los vestieres, las habitaciones, los sofás, la oferta de ropa y las ganas de ver a sus clientes más allá de una transacción. Es un espacio pensado para mujeres gordas que buscar una experiencia segura y cómoda de compra: “antes de ver las personas como clientes, vemos la necesidad de un ser humano, un ser humano que ha sido flagelado, que ha sido estigmatizado. Entonces queremos que cada una de las niñas, chicas, mujeres que vengan a nuestro espacio se sientan demasiado cómodas, confortables, que sientan que el espacio que están pisando, que están ocupando, realmente es un espacio que merecen y que no están ocupando un espacio que le está haciendo falta a otra mujer, porque si tú te das cuenta normalmente cuando uno llega a un local comercial, uno siente que eso tiene como un espacio el cual ya tú no cabes, como que no es apto para muchas personas”.

     

    Eliana remarca algo importantísimo para las experiencias de compra: el trato del vendedor. Debe ser empático, que escuche activamente al cliente y que entienda sus necesidades, sus miedos, sus inseguridades y lo ayude a sentirse cómodo en una experiencia que puede generar ansiedad o para clientas como Jessica Mileydy, inclusive resultar negativa. “No compraba, o sea, no salía. Odiaba, literal, salir a comprar ropa, porque pues siempre era como una negativa. ‘No, para ti no hay talla’, o me mostraban la ropa de señoras pues de 80 años y obviamente uno no la desmerita, pero yo en ese momento no tenía 80, ahora tampoco. Entonces no veo por qué tendría que vestirme así, horrible. Siempre fue muy maluco para la ropa interior, para los jeans, para las blusas, para todo en general”.

     

    Lo más importante para consumidoras como Mileydy y vendedoras como Eliana es que el vendedor sea conocedor del producto que vende, las hormas, los estilos, los tipos de cuerpo y lo más importante es que entienda que no buscamos ocultar el cuerpo sino favorecerlo.

     

    Aunque el panorama reafirma la idea de que la moda para mujeres gordas aún es un nicho bastante pequeño en comparación a las grandes industrias de la moda en la ciudad, las marcas emergentes y el cambio de discurso y perspectiva ha permitido que las usuarias finalmente desarrollen un estilo propio, aunque no tengan a la mano la misma oferta que pueden tener otros tipos de cuerpo. Para Mileydy, aceptarse como es la ha llenado de tranquilidad y amor propio: “cuando encontré la ropa también decidí aceptar mi cabello, que yo me lo alisaba siempre y ya dije: ‘No más’ esta soy yo: soy gorda, soy crespa; así voy a ser y ya es mi estilo. Ya no me pongo nada ancho, me pongo crop tops que pensé que jamás en la vida yo me voy a poner algo así. Entonces ya no me tengo que ocultar y ya no me tengo que acomodar a la ropa, sino la ropa a mí, si no me sirve una talla, pues pido otra y ya, ya no es el problema porque ya no me pego a la talla, ya no estoy como traumatizada de que ‘ay no, es que tengo que ponerme un 20 entonces subí 80 kilos’. No. Eso ni siquiera tiene que ver con el peso, tiene más que ver con la tela, con la horma de la prenda entonces ya entendí que no soy una talla”, afirme la crespa con seguridad.

     

     

  • El silencioso drama del ruido

    Por: Karen Bueno Estrada y Susana Katich Restrepo

     

    Paradójicamente, la contaminación acústica es un problema del que poco se habla. sus efectos son múltiples y a quienes más los padecen, poco se les escucha.

     

    En el Área Metropolitana del Valle de Aburrá los ciudadanos son testigos de los relatos que día a día gritan en los callejones paisas. La música del vecino, la nueva discoteca o el trabajo de los constructores en las calles cercanas al barrio; suelen ser el pan de cada día en cada esquina de la región, que, sin más, habita con una sobreestimulación sensorial normalizada.

     

    Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se entiende por ruido cualquier sonido o vibración molesta que no permite el desarrollo de las actividades rutinarias. Sus múltiples fuentes comienzan desde el tráfico automovilístico y aéreo, las obras en construcción, el ocio nocturno y el sonido excesivo de los animales que, hoy por hoy, sobrepasan los 65dB (decibelio) establecidos como parámetros saludables.

     

    Daniel Carvalho,congresista y magíster en gobierno y políticas públicas de EAFIT y en urbanismo del IFU de París; menciona que “estamos sometidos a unos ruidos muy altos, hay una especie de cultura del ruido que viene de establecimientos o de personas que hacen para el ciudadano un tema casi que imposible de solucionar”. Prueba de esto es el Análisis de ruido ambiental para los barrios de los municipios del Valle de Aburrá (2020), un informe que buscó comparar los niveles de ruido de los diferentes espacios y cuyo resultado fue negativo por sus altas emisiones acústicas en sectores como Medellín, Sabaneta e Itagüí.

     

    Mapa de contaminacIón acústica del Valle de Aburrá. Con información del Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Véalo también AQUÍ. Diseño: Karen Bueno, Susana Katich.

     

    ¿Y quién se preocupa por el ruido?

     

    El brrrum, brrrum de las motos por Manrique la 45, la intensidad del taladro en la Avenida Oriental, el pitido de los buses en la Avenida 33 y la lista de reproducciones de salsa, reggaeton y bachata de El Lleras y la 70, son muchos de los sonidos que retumban en los oídos de los antioqueños.

     

    Sin embargo, pese a esta problemática latente, las estrategias del control de ruido y contaminación auditiva han sido casi nulas e ignoradas por las instituciones gubernamentales. El representante a la Cámara Carvalho, habla sobre la importancia de una ley que promueva a nivel nacional un control permanente en una tragedia que tiene voz propia desde hace mucho tiempo.

     

    Temas como la intolerancia y violencia, factores de salud a corto y largo plazo y el desplazamiento por saturación de sonido, son las principales alarmas que tienen en el ojo del huracán a la política pública, cuya falencia siempre ha radicado en reglamentos inexistentes, confusos y pocos acertados.

     

    Los residuos que deja el ruido son un efecto que no se siente inmediatamente y solo se percibe cuando es acumulativo en los espacios que habitamos, los cuales tienen movimiento a través de las diferentes actividades económicas. Camilo Quintero, abogado y líder de temas ambientales menciona que, “es necesario fortalecer y aumentar los temas presupuestales, los programas técnicos y reconocer las múltiples causas del ruido en temas laborales, residenciales, de ocio, etc”.

     

    Alternativas como la protección de determinadas zonas, reglas que contemplen medidas preventivas y correctivas y la distancia obligatoria de zonas con altos focos de ruido son acciones que todavía en Colombia no se han aplicado lo suficiente. “Lo que se busca es que haya una actuación integral para lograr prevenir, logrando un ruido moderado y soportable que no sobrepasen los niveles permitidos por la norma de la OMS”, enuncia Quintero.

     

    Avenida Oriental, uno del os sitios donde se manifiestan las fuentes y hábitos de ruido más frecuentes en Medellín. Foto realizada por: Susana Katich Restrepo

     

     

    Seguridades ausentes y vacíos pedagógicos

     

    El ruido se puede calcular de dos formas, la primera se hace por medio de un sonómetro, un instrumento que sirve para medir y comparar sonidos del ambiente. En la segunda se utiliza la misma herramienta, pero enfocada en cómo es el ruido que percibe la persona. Hasta la misma voz pueden interferir en el ruido, sumado a la música, las conversaciones, en lugar, el televisor, entre otros elementos que todos juntos conllevan a la contaminación acústica.

    De acuerdo con la aplicación Decibel X, una app de medición de ruido y sonidos, se establecen los siguientes niveles de pérdida auditiva:

     

    Ilustración: Karen Bueno, Susana Katich.

     

    Cuando el ruido pasa de los 80 decibeles ya está haciendo daño. Cuando después de los 80 decibeles con 15 minutos que lo tengamos en el oído, ya está mal. Entonces se debe tener presente los niveles de ruido que pueden producir los aeropuertos, los conciertos, las discotecas, los centros comerciales, hasta donde nos ubicamos y cómo empezamos a hablar con las demás personas casi a gritos. Por ejemplo, un avión llega más o menos a los 120 decibeles, al igual que un celular puede alcanzar altas unidades si el volumen es muy alto. Se recomienda graduar el volumen y no estar expuesto al ruido por más de 15 minutos.

     

    Como resultado de esa falta de control, existe la posibilidad de trabajar e intervenir la fuente para disminuir o atenuar el ruido que produce, por medio de barreras u otros mecanismos. Desde la infraestructura se pueden lograr acciones posibles de intevención sobre los corredores de alta mixtura, haciendo referencia a los lugares donde suele haber más ruido. Hay soluciones que son de alta dificultad para la infraestructura, Carvalho concluyó que,“la única que yo creo letalmente es hacer obligatoria la insonorización de los lugares que producen ruido”.

     

    Además, el abogado Quintero menciona que en su mayoría de veces el Estado sólo tiene como herramienta de acción a la Policía, la cual todavía no tiene la capacidad de tratar integralmente las temáticas de contaminación por ruido como asunto público. “Digamos en mi experiencia, ellos no sienten que se les dé una instrucción; entonces pasa la moto ruidosa y no la para, el vecino ruidoso o la discoteca ruidosa y tampoco hacen caso porque están acostumbrados al delincuente, al ladrón y a otros tipos de delitos, pero no tiene como tal esa interiorización sobre ruido”, comparte el abogado.

     

    En este caso, las autoridades se han acercado a algunos establecimientos para medir el ruido con un sonómetro y regular la bulla del lugar. Pero, cuando suena una canción buena, ahí mismo suben el volumen y el control se pierde totalmente, afectando no solo a las personas presentes sino que también a los vecinos del sector. En definitiva, se puede concluir que los mismos ciudadanos son los desordenados, la ley existe pero por este tipo de escenarios ahí mismo se quebranta.

     

    Por salud: es quererse y ser consciente

     

     

    Cada día llega un paciente al consultorio de Lina Isabel Osorio y Clara Mónica García, fonoaudiólogas y especialistas en audiología de Envigado. Desde un inicio y con la historia clínica, ya se logra identificar una pérdida auditiva por exposición al ruido. Fábricas, maquinarias, hasta claves morse, son algunos de los antecedentes que encajan, especialmente en los adultos mayores, en los pacientes de Medellín. Empresas de textiles y metalmecánica que otrora hicieron grande la economía de la región, fueron el lugar de trabajo por varios años de muchos pacientes que buscan una revisión por el deterioro en su audición.

     

    Osorio resalta que, todos los días llegan consultas asociadas a la contaminación acústica: “Yo trabajo con ruido, en una fábrica o en un taller, con un taladro, […], me dicen”. Esto se comprende en un abanico extenso de posibilidades sobre pacientes expuestos a constantes sonidos, que en su momento no tuvieron la posibilidad ni el conocimiento de cuidar sus oídos.

     

    “La pérdida auditiva es una enfermedad silenciosa”, afirmó la fonoaudióloga García, mientras seguía contando que las personas llegan al consultorio con la queja de, “yo escucho pero no entiendo”. Esto se debe a la pérdida en las frecuencias agudas (más cercano al oído externo), traducidas en las primeras frecuencias que se deterioran por el ruido. Esto quiere decir, que en las personas, de un día para otro pueden presentar indicios de esa pérdida, porque cuando les hablan no entienden algunas palabras y es algo que los ciudadanos no le prestan la atención adecuada a su cuidado auditivo.

     

    Los principales efectos a corto y largo plazo de la pérdida auditiva por la contaminación acústica son la disminución de la audición, el estrés, los dolores de cabeza, la irritación y el mal genio, los problemas gástricos, la pérdidas de memoria y el tinnitus (pitido o zumbido en el oído). Además de los síntomas, las fonoaudiólogas también se soportan en un examen llamado, audiometría, el cual evalúa la audición y arroja unos datos que determinan si hay un bajón en una frecuencia y cual tipo de pérdida está presentando el paciente.

     

    Asimismo, el deterioro de los procesos cognitivos también hace parte de estos efectos. Los procesos de atención y concentración se ven afectados porque la persona ya no logra entender muchas cosas, hasta el punto de aislarse y perjudicar su desarrollo mental. Por esta razón, la pérdida auditiva es reconocida como una enfermedad silenciosa. Esto se da porque la persona de un día a otro no se da cuenta de la pérdida hasta que no le digan, “oiga, usted no está oyendo”. Esto significa que el estado de su audición logró reservarse hasta el punto de no prestarle la atención adecuada y el cuidado auditivo a los oídos.

     

    Adicionalmente, las profesionales en audiología, enfatizaron que para la pérdida auditiva por ruido, ya no existe ningún tratamiento. Es quererse y ser consciente, es por su salud que la sociedad debe cuidarse personalmente de esta problemática que afecta día a día a los medellinenses. El cuidado personal se resume en la limpieza de los oídos, su aseo y la implementación de protectores auditivos que atenúan el ruido cuando se está expuesto a este o hay un gran riesgo de pérdida auditiva por el trabajo o alguna actividad extracurricular.

     

    Por otra parte, se debe mencionar que el ruido es una sensación subjetiva. García explicó que, “la sensibilidad auditiva en todas las personas es diferente”, por la forma en que cada uno percibe los sonidos de una manera diferente. Es complicado determinar que mientras más exposición, más años y más tiempo haya estado expuesto al ruido, es más propenso a que tenga pérdidas auditivas. Todo está en las individualidades de los casos, su afectación y sus mismas habilidades que se pueden ver diferenciadas en una persona mayor y un jóven que tiene nuevas capacidades o adaptaciones.

     

    La educación es un factor crucial en el cuidado y la prevención de esta enfermdad. Falta enfatizar sobre este problema de salud pública desde la casa, la cultura, el colegio, las universidades y las mismas empresas que deben velar por la calidad de vida de sus trabajadores. Actualmente, la sociedad está expuesta a seguir con más ruido de máquinas, tráfico, ocio,vendedores ambulantes, entre otros factores.

     

    Finalmente, la pérdida auditiva también afecta generalmente el círculo familiar y social, el volumen del televisor está muy alto o no logran entender las conversaciones en una reunión hasta aislarse y llegar hasta un estado de depresión o ansiedad, especialmente en los adultos mayores. Además, hay que empezar a inculcar la educación y prevención en cada profesión, desde los músicos, los deportistas, a los pilotos o los odontólogos.

     

    Iniciativas para medir el ruido

     

    La descontaminación ambiental por ruido ha sido para el municipio de Envigado uno de los principales asuntos considerados como problemáticas directas para los habitantes. Iniciativas como La Vida y el Ruido con el apoyo del programa Ciudad Sana y Segura, han permitido abrir espacios para la creación de propuestas que ayuden a aliviar la carga auditiva en entornos urbanos.

     

    Maria Clara Rivera, estudiante de Historia y habitante del sector, expresa que el mayor objetivo es concientizar a las personas sobre la contaminación auditiva. “La solución la vemos en la calle, en las basuras, pero nos cuesta mucho entender como ciudadanos la contaminación auditiva como un fenómeno que nos impacta”.

     

    Recientemente desde este proyecto se realizó una encuesta sobre la percepción del ruido con el propósito de recopilar información sobre la afectación de la calidad de vida entre habitantes de 18 y 80 años. El resultado arrojó que el 82% desconoce las políticas municipales para mitigar la contaminación acústica, mientras que, el 92% manifestó que se sentía afectado por el fenómeno.

     

    Talleres, espacios de reunión y realización de encuestas han sido las principales herramientas que les ha permitido ser un tema de interés público en el municipio. “Nosotros esperamos seguir en la segunda fase del proyecto. Estamos atentos a oficializar un evento que sea el Día de la Escucha con la cual se busca crear una metodología de intervención poblacional para trabajar el impacto”, culmina Rivera, con el ánimo de seguir avanzando en este camino que ha construido, junto a toda las redes de apoyo que le han dicho sí.

  • El problema de las ratas

     

    Muchas zonas de Medellín enfrentan el reto de controlar el flujo de roedores. Los riesgos van, desde encontrarlos por el camino, hasta una enfermedad de la cual hubo varios casos en los últimos años. Este es un alcance de los problemas con la basura en la que era llamada “Tacita de plata”.

     

    Juan José Yath Granados / juan.granadosg@upb.edu.co*

     

    El problema está hecho de ciclos que se repiten en cada rincón de Medellín, mala disposición de residuos genera presencia de vectores, como las ratas, que agravan la presencia de residuos, los cuales siguen llegando porque se considera que, por la presencia de los animales, estos sitios están en abandono. Dibujo: Juan José Yath

     

    Encontrarse una rata al caminar por algún anden de Medellín se ha vuelto tan usual como las historias de personas afectadas por esta situación. Aparecen así casos como el de Lina Rodríguez, quien atiende en un pequeño quiosco de surtidos al lado de la estación Exposiciones. Ella contó que una vez un grupo de estos animales llegó hasta su negocio: “No más en estos días que fue festivo me dañaron todo el surtido. Yo no sé por dónde se metió una rata y se dio la gran vida en mi chuzo”, dijo la mujer. Cerca de donde estaba parada hay un hueco en medio de las baldosas y ahí se pueden ver estos roedores por la noche.

     

    Otro ejemplo es en el Parque de El Poblado, donde los roedores también esperan a que oscurezca para salir de sus madrigueras. No hace falta tener una vista aguda para notar sus cuerpos pasar de una jardinera a otra. Cualquier persona sentada en un banquillo estaría tranquila sin saber que una rata pudo estar a solo centímetros de su lugar.

     

    Tener el disgusto de ver una rata mientras uno disfruta del paisaje o come algo acaba siendo el menor de los problemas. Estos animalitos son potenciales propagadores de un mal llamado leptospirosis, que causa infecciones letales en el hígado, los riñones o el corazón, según la organización Centros para el Control y la Prevención de enfermedades (CDC). Lo que provoca esta enfermedad es una bacteria que se llama Leptospira, que no es muy conocida por la gente en general, en parte, porque los síntomas son parecidos a los del dengue y ciertos tipos de fiebres. En Medellín se han reportado varios casos en los últimos años. Durante la pandemia tuvo una disminución en afectados para luego repuntar en 2021, y llegó al pico en 2022. Si bien los datos de enero y febrero de 2023 parecen prometer una disminución de registros, como se puede ver en la siguiente tabla, el riesgo continúa.

     

    Las cifras preliminares de la Alcaldía de Medellín muestran un incremento en los casos de leptospirosis en la ciudad.

     

    Es inevitable hablar de la denominación de “Tacita de plata” que todavía permanece en las añoranzas de muchas personas en Medellín. Sin embargo, ¿hubo realmente una época en que le quedara bien esa denominación? Iván López, profesor de Historia en la Universidad Pontificia Bolivariana, considera que se trata más de un mito debido a que la ciudad siempre ha lidiado con problemas de salubridad más allá de los roedores.

     

    Los textos que cuentan el pasado de esta región destacan los aportes del movimiento higienista al abogar por un territorio con buenas condiciones de aseo para sus habitantes. Además, la Sociedad de Mejoras Públicas impulsó la cultura del civismo desde inicios del siglo pasado. Este aspecto se volvió característico de Medellín y ayudó a inculcarle a la población el cuidado de las zonas públicas, pero las contribuciones no fueron iguales en cada barrio. Los libros también registran lo que pasó en Moravia, que fue un basurero hasta la creación del relleno sanitario en los 80. Algunos lugares donde todavía se acumula basura recuerdan los antecedentes de este barrio.

     

    Así se ven las madrigueras en las que viven las ratas. En uno de los sitios visitados pos Contexto, se estimó 47 de estas en solo 35 metros cuadrados de área. Foto: Juan José Yath.

     

    Tras la cola de la rata

    En la actualidad la Secretaría de Salud implementa una campaña para controlar la cantidad de roedores en las calles. Cualquier persona que use una zona pública con presencia de ratas puede solicitar que una brigada revise el lugar. En una de estas jornadas, uno de estos grupos se dirigió a Manrique para atender una llamada. El sitio era un pequeño punto verde en medio de un cruce de carriles. El personal llegó y revisó las posibles partes donde estos animales podían hacer su refugio. Jorge Alberto Vélez, un veterinario que trabaja para la Alcaldía, echó un vistazo a la zona y concluyó que en los 35 metros cuadrados que más o menos conformaban el espacio había 47 madrigueras.

     

    En las jornadas de inspección, las brigadas ubican veneno en los agujeros que pueden servir de resguardo para las ratas. Para ello, usan una sustancia llamada Ratunet. Un solo gramo de este químico podría matar a un roedor grande que lo consuma, según Vélez. Los cadáveres de animales que quedan a la intemperie son recogidos luego por trabajadores de Emvarias y los que permanecen en las madrigueras se deben dejar descomponiéndose ahí mismo por el riesgo de infección que puede haber en quien los retire, explicó Cindy Castañeda, otra integrante de la brigada.

     

    Los operativos para examinar y poner veneno en las zonas afectadas buscan exterminar la mayor parte de roedores para mantener a raya la población. En casos como los del Parque Belén, la gente que pasa mucho tiempo ahí reconoce las mejoras en el control de la plaga. Ovidio Cano tiene un pequeño puesto de dulces cerca del parque y resalta el logro: “Aquí pasaban las ratas como un verraco. Ya no, ya las ratas no se volvieron a ver aquí. Ya en la quebrada, es otro negocio muy distinto”.

     

    En efecto, uno puede llegar al parque de noche y a duras penas ver una rata por las jardineras, pero el panorama cambia al avanzar. La razón se debe de hecho a uno de los más importantes factores ligados al problema de los roedores en Medellín: la basura. Castañeda afirma que esta relación se da porque los desechos, sobre todo orgánicos, significan una buena fuente de alimentos para que las ratas prosperen y se proliferen. Es por eso que, llegando hasta una canalización cercana al parque, la plaga emerge de la oscuridad cuando algún vecino tira una bolsa de residuos. El cúmulo de desperdicios está justo al lado de la matera de madera donde hicieron sus hoyos de refugio junto a las matas. Es cuestión de solo desplazarse unos pasos para observar el grupo de al menos cuatro que revisa las cosas nuevas que alguien arrojó.

     

    Este ciclo se repite en miles de rincones en Medellín, incluso en zonas donde se pensaría que el concreto hace más difícil que se construyan madrigueras, como se pudo ver en una zona de Prado Centro, donde a simple vista se pudo reconocer seis madrigueras, en un pequeño espacio. Cerca de los sitios revisados siempre se hallaban además bolsas de residuos acumuladas. La situación empeora cuando pasan personas que abren y hurgan los bultos de basura para luego dejar los desechos tirados en el suelo.

     

    La acumulación de desperdicios se debe en parte a quienes los sacan a horas en que no pasan los carros recolectores, explicó el contralor auxiliar ambiental de Medellín, Carlos Enrique Henao. Esto hace que las sobras pasen más tiempo expuestas a que los roedores las rebusquen. En un recorrido por La 70 y Suramericana se puede ver que algunos establecimientos de comida los que más incurren en la mala disposición de residuos, paradójicamente los más vulnerables a los efectos de la proliferación de ratas y otros vectores. Es por eso que las brigadas también hacen charlas de educación sobre el manejo adecuado de los residuos en los barrios.

     

    Cindy Castañeda reveló que en aquellos lugares donde tiene éxito la pedagogía, el número de solicitudes para poner veneno disminuye, comentó Castañeda. Así las cosas, la solución al problema de las ratas está primero en el comportamiento de los humanos.

     

    Desafortunadamente, paisajes como estos son comunes en las calles de la ciudad. Especialmente en ellos se ven las intervenciones de las brigadas que con venenos como el de los cubos azules de la imagen, intervienen para diezmar la población de ratas. Fotos: Juan José Yath.

     

    *Estudiante del programa de Estudios Literarios. Este trabajo es resultado del Semillero de Periodismo Urbano, orientado por el profesor Juan Esteban Mejía Upegui.

  • La voz de la flauta

    Sobre la mesa de bitácoras de viaje hay un café que ya está frío. Es el de Carlos Mario Palacio. Ingeniero mecánico, empresario, sobreviviente de cáncer oral recurrente, senderista, practicante de rafting y flautista los lunes y viernes. 

     

    Por Juan José Ríos Arbeláez / juan.riosa@upb.edu.co

    Foto: Cortesía

     

    “Si me lo bogo como ustedes, me ahogo”, explica mientras señala la tacita blanca con bordes azules. Pero igual se goza el tinto, frío y oscuro, con paciencia, sin sorber, ayudándose de la gravedad.

     

    Hoy llegó temprano, cargando una pila de libros documentales tan pesados que hasta la flauta dulce se le cayó por el pasillo. Se adivina una sonrisa detrás del tapabocas, que cubre casi todo, pero a la luz están los ojos invictos.

     

    Saludó de puño al músico y maestro Carlos Andrés Mira, se susurraron unas risas al oído unos segundos y después se fue a depositar los libros de sus viajes sobre una mesa en el patio de la casa cultural.

     

    Una mañana de 1985, mientras se cepillaba los dientes se raspó un “chichón” debajo de la lengua. Fue al dentista, que le dijo que no tenía ningún chichón y lo remitió a la estomatóloga para realizar estudios. Dice que una semana después le extrajeron una masa del tamaño de una pelota de ping-pong. Y dimensiona la medida con los dedos de la mano derecha. Ya sin tapabocas, sentado en la mesa, todavía sorprendido por el tamaño del tumor. Cuando le diagnosticaron por primera vez el cilindroma de piso de boca (un cáncer de boca inusual, diferente al circoma, que causa más del 90% de diagnósticos del cáncer oral en el mundo) tenía treinta años.

     

    Al año siguiente le reincidió el tumor en la glándula sublingual izquierda. Se sometió a una nueva extracción, a un estudio de piso bucal, a un estudio en la lengua; que lo dejó con parálisis parcial en la misma. Y comenzó el proceso de radioterapia. “Me quemaron vivo”, dice. “Me quemaron todito en 16 sesiones de radioterapia”, que como consecuencia le dilataron en un 40% las cuerdas vocales y lo dejaron sin volumen de voz.

     

    La tasa de supervivencia general a 5 años para las personas con cáncer oral es del 66%. Un estudio de la Revista Colombiana de Cancerología proyectó que entre 2015 y 2050, de mantenerse la tendencia actual de exposición al alcohol, tabaco e infección del Virus de Papiloma Humano, se presentarán 107 882 casos nuevos de cáncer oral en Colombia. Las cifras contrastan con el hecho de que apenas el 29% de casos son diagnosticados en etapas tempranas.

     

    Con la lengua parcialmente paralizada, las cuerdas vocales dilatadas y el esófago rígido como un tubo, Carlos Mario dejó de hablar. Acudió a muchos especialistas, se sometió a diferentes procesos, pero sin importar si se trataba de audiólogos, fonólogos u otorrinolaringólogos; el veredicto solía ser el mismo: que ya no iba a poder hablar. Que no podía soltar la lengua, que no iba a salir del engarrotamiento, que el daño en las cuerdas era irreparable. Que no había nada por hacer. “Logré susurrar un poco, con el tiempo. No se me entendía nada. Aun así, seguí con la vida, diseñando metales, haciendo deporte, trabajando…”, concluye tranquilamente Palacio.

     

    Después de los dos cánceres, la amenaza de enfermedad no menguó y desde 2010 tuvo problemas en la próstata. No era cáncer, pero el sometimiento prolongado a los antibióticos le quitó la capacidad auditiva. En 2014 le realizaron un implante coclear para escuchar y en medio del procedimiento dañaron uno de los 25 nervios involucrados con la deglución (tragar alimentos), lo que le causó repetidas neumonías en los años que siguieron, hasta que en 2017 suspendió totalmente la alimentación oral y la remplazó con ENSURE a través de una sonda PEG.

     

    Ahora la está usando. Es el almuerzo, son las dos de la tarde. El patio de la escuela está fresco a la sombra. “Véalo, egoísta. Come solo, al lado de uno”, dice jocosamente el maestro Mira. Carlos lo ve y se ríe. Enseña la dentadura perfecta. Tiene la camisa levantada, abre la válvula y pasa la sonda, le pone un poco de agua y vierte el ENSURE, naranja y viscoso. Dos tarros por cada comida, cinco comidas diarias. Así desde hace cinco años.

     

    Flauta dulce

    Hace veinte minutos debió haber empezado la lección. “La conversada también es parte de la clase”, dice el Maestro Mira. “Tal vez la más importante”, remata Carlos Palacio, desde la mesa de libros. Hay una camaradería latente en el ambiente, inherente a Texturas y Armonías, la casa creativa y escuela musical donde se enfría el café del flautista.

     

    Durante 34 años fue mudo, sujeto al lenguaje de señas. Estuvo más cerca de dejar de escuchar que de volver a hablar y lo que escuchaba una y otra vez eran pronósticos pesimistas, de rigor fatalista, mientras seguía con su vida, con un chirrido fatigante que le asfixiaba a cada intento de hablar. En 2019 conoció a Alejandra Buriticá, una directora de orquesta que le propuso trabajar con técnica vocal. Lo hicieron hasta el inicio de la pandemia, sin presentar evolución, hasta que Carlos Mario se mudó a La Ceja y le recomendaron al musico y director de orquesta Carlos Andrés Mira, que ya había tenido procesos con alumnos con alguna discapacidad.

     

    Dice el maestro Mira que tuvo que salirse de la escuela para escucharlo la primera vez que hablaron. “Es una escuela de música, al fin y al cabo, y el hombre se esforzaba por hablar y yo no le escuchaba nada”.

     

    Empezaron el proceso de técnica vocal a finales de 2020, con un aliciente: la flauta dulce. “Solo por hacerlo más didáctico. No por nada más, porque se trabaja más allá de cualquier proceso musical”, afirma enfáticamente Mira. “No es que haya vuelto a hablar por la flauta; esa es una excusa para los trabajos de respiración, de abdomen al diafragma, de hacer sonidos que permitan ejercicios técnicos, para la repetición y que se haga todo de una forma más lúdica que en la Técnica Vocal tradicional”.

     

    Ya decía antes Palacio que no estaba allí para dominar el círculo de quintas o comprender los préstamos modales. Poco le importa si las notas sostenidas no se mezclan con las bemoles, cuando es su calidad de vida la que se nutre del sonido.

     

    ¿Cuáles son las técnicas milagrosas que ningún especialista atinaba a pensar?, ¿Cómo hizo para poder hablar con alguien a una distancia de 10 metros, cuando hace dos años la distancia mínima era de 30 centímetros? Unos minutos después, en el aula de pianos junto a Mira, se le escuchaba maullando repetidamente como un gato: “Miau, miau, miau…”, al ritmo de los bajos tonos del piano. Y después soplaba la flauta. Emitiendo notas flojas, largas, estallidos de viento desmesurados y luego débiles. Se exigía. Entonaba el canto de la alegría. Volvía a soltar la flauta y hacía ejercicios de pronunciación para la R. 

     

    Termina la clase. Le rindió poco porque la ocupó toda en chachara y una entrevista. Ya volverá el viernes. Estaba feliz mostrando los libros de sus viajes, las fotos en Guaviare, cruzando el río Guayabero, en las cascadas de La Macarena; contando que su otorrino no daba crédito a sus oídos en la última visita, que había pasado de entender un 40% hasta un 80% en el año y medio que llevaba de proceso. Fue mudo y volvió a hablar. Está más vivo que todos. El rojo pasión de la camisa le hace justicia. Se fue de afán, tenía una cita. Dicen que la semana pasada, con 69 años, encontró de nuevo al amor.

     

  • Fuera de cuadro: la salud mental en el modelaje webcam

    Cabe mucha imaginación en lo que puede hacer y decir un modelo webcam para conectar con el usuario al otro lado de la pantalla, más que ofrecer un acto sexual y lograr la excitación, la clave está en entregar algo distinto, en generar conexiones que trasciendan el entretenimiento y la excitación, en conseguir ser recordado y fidelizar a una audiencia impredecible, con necesidades que van más mucho más allá del placer físico. Es por esto que es un trabajo en el que no solo se trabaja con el cuerpo, es determinante lo que se logre desde la mente.

     

    Helena Botero Mejía / helena.botero@upb.edu.co

     

    “Son usuarios que en su mayoría buscan distraerse, tienen todo el dinero del mundo, pero no son felices”, explica Jack Taylor, como lo conocen los tippers y quien prefiere no compartir su nombre real. Tippers es el nombre que tienen los usuarios fidelizados, la palabra viene del extranjerismo proveniente de la palabra “tip” (propina) y se refiere a aquellos cuyos niveles de consumo representan un ingreso notorio. Taylor cuenta que uno de sus tippers es un abogado exitoso, viaja recurrentemente y aunque “lo tiene todo, no es feliz” y encuentra en Jack un oyente, una persona dispuesta a escucharlo en días difíciles.

     

    Colombia es el segundo país con más modelos webcam en el mundo, la industria representa alrededor de 150 mil empleos entre modelos, monitores, personal de aseo, administrativos, propietarios y otros, según informó Juan Carlos Rivera, director general de Lalexpo (Latin America Adult Business Exposition) a Forbes Colombia. Es importante agregar que ya existe una estructura tributaria definida, y que el oficio tiene una participación en impuestos importante para el país.

    Collage: Elena Botero Mejía.

    Alto contraste

     

    Aunque el objetivo principal sea ofrecer un contenido para adultos y cumplir fantasías provenientes de parafilias (los mal llamados “fetiches”), las relaciones que se construyen entre modelos y usuarios en muchas ocasiones van más allá de eso. Es común encontrar que shows privados se conviertan en largas sesiones de conversación en donde los modelos juegan un papel de oyentes y se entregan como humanos; también hay casos en los que a modelos les pagan por pasar largos ratos solo sonriendo, parpadeando, entre otras cosas.

     

    Este relacionamiento entre quien ofrece el show y los usuarios, sumándole la incertidumbre de un trabajo que en una hora puede librar un mes y en un día entero no producir un solo dólar, son solo dos de los factores que pueden afectar la salud mental de quien está entregando un show. Ofrecer un servicio que implica la mercantilización del cuerpo puede despertar una serie de pensamientos nocivos, eso sin contar que en algunos casos pueda ser sometido al juicio y al rechazo. Si bien es una labor en la que se involucra principalmente el cuerpo, también está directamente relacionado con muchas cosas que pueden pasarle a la mente.

     

    Esteban Klavier es psicólogo y gerente de la academia Estrellas Webcam, una organización dedicada a preparar a los estudios en temas que van desde lo administrativo, el desempeño y actuación de los modelos, mejorar el inglés dentro de las plataformas, hasta en temas de maquillaje y uso de los juguetes sexuales. Esteban resalta la importancia de contar con un psicólogo en los estudios, pues es vital a la hora de cuidar de la salud mental de quienes hacen parte de este servicio.

     

    Hablando específicamente de los modelos, en algunos casos puede ser muy difícil enfrentar el desnudo y la corporalidad, pues debido a la cultura y a cómo esta nos formaliza, no se ve el desnudo como algo normal, explica Esteban Klavier y agrega la importancia de la relación con el cuerpo y la sexualidad. Si una persona ha vivido, por ejemplo, situaciones de abuso o abandono previamente, esto podría despertarse en las transmisiones.

     

    Dentro de las problemáticas más comunes que encuentra Klavier, manifiesta: “Puede ser la generación de estrés, la depresión, la tristeza completa y todo el tiempo. Se pueden generar siempre y cuando las personas no puedan entender lo que está sucediendo frente a la cámara y ya el desarrollo de diferentes traumas si no se sabe que está sucediendo con los clientes”. Por lo que es muy importante tener desde el principio un acompañamiento y conversación para que el modelo se eduque más en el tema y cuente con las herramientas necesarias para afrontar los momentos difíciles.

     

    Otro aspecto que menciona es el de tramitar las emociones que quedan después de un momento complicado en la trasmisión “Se generan unas cuestiones (frente a lo desconocido, poco normalizado) que, si no se llevan a través de la palabra a otro lugar, eso a través del cuerpo se refleja. Desde el psicoanálisis lo que no se tramita a través de la palabra se vuelve enfermedad”. Nunca se sabe con qué se pueda encontrar el modelo al otro lado de la pantalla, y así como existirán usuarios que logren subirle la autoestima y entiendan que están frente a un ser humano; también existen personas malintencionadas que con sus comentarios y peticiones podrían afectar notoriamente a la persona que ofrece el show.

     

    Mecanismos de control

     

    La relación con quien cumpla la función de monitor en el estudio es fundamental, pues en los casos en los que no se cuente con el apoyo de un psicólogo, son estas personas quienes deberán cumplir la función de escuchar y apoyar a los modelos. Un monitor está encargado de supervisar las transmisiones, revisar que los recursos técnicos funcionen correctamente, estar pendiente de las conversaciones entre modelos y usuarios para manejar cualquier complicación, ofrecer un acompañamiento;,entre otras cosas.

     

    Lisette Noreña es monitora de un estudio webcam en Medellín y simultáneamente está realizando sus prácticas como comunicadora social en el sector público, asegura que, para cumplir con su trabajo, una persona debe tener “una mente demasiado abierta, con la disposición de ver el mundo y la realidad de otra manera”, y agrega que “deben ser personas que generen confianza y comodidad (…) y lo más importante, ser muy empáticos con las modelos y usuarios”. Lo demás son aspectos un poco más técnicos como dominar el inglés y saber manejar varias funciones en un computador al mismo tiempo.

     

    Lisette explica que, aunque suele tener una relación cercana y de confianza con la mayoría de las modelos (en el estudio que trabaja únicamente hay mujeres), con algunas de ellas la relación se reduce a temas laborales, por lo que el acompañamiento se ciñe estrictamente a asuntos de la transmisión. “Hay niñas muy influenciables que siempre buscan la aprobación y aceptación de su circulo familiar y social y, cuando no la reciben, se sienten mal y decepcionadas. De la misma forma, hay niñas que son empoderadas y decididas, que por más comentarios negativos o cosas que reciban no les importa, tienen sus metas claras y saben lo que quieren”.

     

    Diferentes registros

     

    Si bien el modelaje webcam hoy no despierta el tabú de hace algunos años, todavía hay personas que no se sienten cómodas expresando que se dedican a ello, o que siguen recibiendo comentarios negativos de parte de su circulo social más cercano. Daniel Betancourt es modelo hace dos años y aunque no suele ocultarlo, sí ha notado que dentro de su círculo cercano “muchos son muy doble cara con ese tema”, pues en sus gestos y comentarios sugiriéndole que busque otras oportunidades, nota la inconformidad y un falso apoyo.

     

    Daniel, como muchas personas, llegó a la profesión después de probar varios trabajos en los que el pago no correspondía al esfuerzo y tiempo que les dedicaba, varios amigos le sugirieron en tono de burla que probara el modelaje hasta que al fin “le fue sonando la idea cada vez más”, buscó estudios cercanos a su casa y “lo demás es historia”. Admite que le gustaría estudiar una carrera, que ahora no lo hace porque no tiene los recursos, pero que de todos modos no planea dedicarse a esto para siempre.

     

    Aunque él esté seguro de que recibiría apoyo del estudio en temas personales si así lo pidiera, afirma que siempre ha sido una persona que prefiere guardarse sus problemas y manejarlos por su cuenta. “Al principio fue muy difícil porque yo siempre he tenido problemas de autoestima y ansiedad, y ese trabajo los aumentó aún más porque te hace dudar de ti mismo. Cosas como preguntarte si sí eres suficiente o así. La ansiedad me comía y de verdad me sentía muy nervioso y presionado. Con el tiempo como que aprendí a manejar ese tipo de pensamientos y ya trato de evitarlos, me acostumbré a la presión de trabajar haciendo eso”, cuenta Daniel.

     

    Ponerse frente a la cámara de una forma tan íntima y sin saber quién ve al otro lado, puede despertar conflictos. Sin embargo, es una oportunidad para que las personas exploren su sexualidad, según el sicólogo Esteban Klavier, quien se refiere especialmente a las mujeres, que en algunos casos se empoderan y se responsabilizan de su sexualidad. El modelaje webcam tiene espacio para todos, no hay que tener un físico específico, una belleza establecida ni una edad determinada; para cada persona hay un usuario y cuando se conecta con el correcto, se ven casos en los que los elogios y el buen trato consiguen elevar la autoestima de la persona frente a la cámara.

     

    El peso de la billetera

     

    El tema del dinero es otro asunto notable en el que los modelos necesitan cierto acompañamiento, Lisette cuenta que en el estudio suelen pedirle ayuda a la hora de tomar alguna decisión, “Más cuando son niñas que no han tenido nada y pasar a tenerlo todo”. Esteban Klavier dice que al principio el derroche es un asunto muy común, pues por lo general no tienen con educación financiera, entonces: “…Van y se lo gastan en fiesta. Y la drogadicción puede empeorar lo que pueda pasar mentalmente”, por lo que es necesario evaluar las decisiones y hábitos que toma un modelo por fuera de su trabajo, pues estarán conectados con su bienestar mental.

     

    Aun cuando es difícil establecer lo que podría ganarse un webcammer, pues el éxito que tengade penderá de las horas trabajadas, si cuenta con usuarios fijos, la porción que tomará el estudio, entre muchas otras cosas. Es un hecho que esta es una profesión en la que puede hacerse mucho más dinero que en otras, y que, en países de pocas oportunidades y altas tasas de desempleo como Colombia, se acude a ella por cuestión de necesidad más que otra cosa. Frente a ello, Esteban Klavier piensa que es necesario tener un plan a futuro, buscar formas de invertir el dinero y pensar en estudiar.

     

    En abril de 2021 se reconocieron los derechos laborales de modelos webcam en Colombia a raíz de un caso de una mujer que fue desvinculada en estado de embarazo y quien presentó una tutela. El 26 de julio de 2022 se propuso un proyecto de ley con la intención de regular los contratos de los modelos, precisamente buscando que estas personas que llegan al oficio en un estado de vulnerabilidad y desconocimiento no acepten acuerdos que violen sus derechos.

     

    Según el sicólogo Esteban Klavier, es imprescindible que las personas entiendan que desempeñan una labor profesional, que deben adoptar un papel que no es el suyo para evitar el sentimiento de que son cosas y para que el desgaste del relacionamiento con el usuario sea el mínimo. Esto lo sostiene Jack, quien asegura que: “Hay que meterse en el papel. Por fuera, mi nombre real es X, pero dentro del estudio soy Jack. A él le gustan los hombres y las mujeres, él coquetea con hombres”.

     

    Sin embargo, Jack agrega que hay una presión que recae sobre los hombres al no poder fingir como podría hacerlo una mujer: “Yo he tenido esa presión de que en ese momento tengo que ponerme erecto y no puedo. Y el usuario está ahí esperando, o ha pagado porque eso suceda, pero no sucede entonces el usuario se va, se pone de mal genio. Hay unos que son muy lindos, muy buenas personas, le ayudan a uno, pero hay unos que no, que paila”, admite que le preocupa bastante el tema de las calificaciones, por lo que se esfuerza al máximo para que el cliente se vaya contento, prometiéndole mejorar.

     

    Salud ocupacional

     

    El acompañamiento del estudio se vuelve clave a la hora de manejar las emociones, Jack trabajó unos meses en Bogotá antes de llegar a establecerse en Medellín, y es ahora que nota la diferencia entre un estudio que se preocupa por las personas y otro al que solo le importaban los ingresos. Además, en el momento se encuentra viviendo con la administradora del estudio y otros encargados, lo que le ha permitido construir una buena relación y estar rodeado de otros modelos con quienes comparte su tiempo.

     

    Desde que llegó, en el estudio le sugirieron que hiciera público que se dedicaba al modelaje, tomó la decisión de ser honesto con su familia y amigos y se sintió aliviado: “Al no saber ellos en lo que yo trabajaba realmente como que me hacía sentir que tenía dos vidas; la que ellos creían que era y la verdadera. Cuando yo me solté y dije la verdad, sentí que solté una carga pesada”. Esteban Klavier confirma que lo mejor es que los estudios se encarguen de educar a los familiares, de permitirles incluso visitarlos en lugar de esconderles la realidad. Esto con el fin de que los webcammers tengan una mejor relación con su trabajo y encuentren ese apoyo necesario de sus seres queridos.

     

    Igualmente, los espacios que promuevan el relacionamiento entre modelos resultan beneficiosos, y estos van desde un sitio donde puedan tomar el descanso juntos hasta salidas y reuniones en las que puedan crear vínculos y fortalecer sus relaciones. En algunos casos, los modelos pueden ser personas muy solas, y crear ese círculo cercano puede ser un apoyo muy positivo; sin embargo, habrá quienes no se sientan del todo cómodos en esta clase de espacios, como es el caso de Daniel, quien prefiere asistir únicamente a lo laboral: “La verdad no me gusta relacionarme con ellos. Yo solo voy a lo mío y pues con los jefes y dueños de la casa me llevo bien, porque con ellos sí he interactuado mucho más”.

     

    Lisette piensa que la salud mental es un trabajo “50/50”, el estudio debe buscar siempre la tranquilidad del modelo y estar ahí para ayudar en caso de problemas, a pesar de ello, no todos se sentirán igual de cómodos compartiendo situaciones personales y en muchos casos, no estará al alcance del estudio ayudarles. En donde ella labora cuentan con una psicóloga que asiste a hacer conversatorios con las modelos y a quien se le pide una cita que va por cuenta del estudio en el momento en el que alguna lo requiera, todo esto con el fin de que ellas vean un lugar seguro en el cual sentirse escuchadas.

     

    Por lo general, los estudios cuentan con una serie de filtros a la hora de reclutar nuevas personas, Esteban Klavier, quien además tiene su propio estudio, asegura que es necesario incluir en estos, pruebas psicotécnicas que determinen si un futuro modelo podría manejar correctamente diversas situaciones y si no carga con asuntos pasados que corran el riesgo de empeorar a través de la profesión. Todas las empresas, sin importar a qué se dediquen, deberían buscar el bienestar laboral.

     

    Entre los riesgos para la salud mental en el trabajo que la Organización Mundial de la Salud enuncia, se encuentran: cargas o ritmo de trabajo excesivos; horarios excesivamente prolongados, antisociales o inflexibles; apoyo limitado por parte de colegas o supervisión autoritaria; violencia, acoso u hostigamiento y demandas conflictivas para la conciliación de la vida familiar y laboral. Estas son situaciones comunes que se pueden encontrar al dedicarse a esto, sin embargo, varían entre estudios y que en un sitio donde se le dé un manejo serio y profesional al tema, no tendrían por qué suceder.

     

    Daniel y Jack se enfrentaron a diferentes dificultades en el momento que decidieron ser modelos, y confirman que no es un oficio que le recomendarían a todo el mundo. Para Jack, debe ser “una persona de mente abierta y muy segura de sí misma”, para él no fue difícil enseñar su cuerpo y conectar con su desnudez, “No se lo recomendaría a una persona que tuviera baja autoestima, que no se quiera lo suficiente. De pronto le dé muy duro, como puede que suceda lo contrario…”. Daniel, por su lado, ratifica que debe ser una persona segura de sí misma, que no se ofenda con facilidad puesto que puede recibir todo tipo de comentarios, además de ser alguien paciente, persistente y valiente. No se lo recomendaría a alguien que sufriera de problemas mentales severos, porque siente que el trabajo podría empeorarlos.

     

    De igual forma, hábitos como hacer ejercicio, alimentarse sanamente, dormir bien y contar con un círculo de apoyo, tener un plan a futuro, alejarse de las drogas, ir a terapia y fomentar la conciencia sobre uno mismo pueden ayudar internamente a cualquier persona, no solo a los modelos, para tener salud mental. Así lo sugiere Esteban Klavier, que con años de experiencia y su inclinación por el psicoanálisis, tiene experiencia en la industria, sobre todo cuando del manejo de las emociones se trata.

     

    Es necesario ampliar la conversación, acabar con mitos que se han construido en torno a la industria y seguir promoviendo su regulación y profesionalización. Todo esto con el fin de que los modelos habiten entornos seguros y de apoyo, donde se les acompañe en la toma de diferentes decisiones y puedan tramitar las emociones que despierte una profesión que un día puede subir el ánimo y la autoestima, y al otro despertar un trauma difícil de combatir.

     

    Contrario a lo que muchos puedan pensar, un modelo webcam no trabaja solo con el cuerpo, también debe usar su mente para enganchar a un usuario con altas expectativas. Es una labor en la que existe una competencia altísima, a nivel internacional, y que, así como puede cambiarle el estilo de vida a una persona en un día, asimismo puede tenerla trabajando 8 horas sin que reciba ninguna remuneración. Toda esa presión, a la que en algunos casos se le suma la desesperación de la necesidad y la soledad, tiene efectos muy profundos en las personas y será una responsabilidad de los estudios entregar los espacios y herramientas para acompañar esos momentos. Además, una mala actitud en muchos casos puede llevar al fracaso del show y, nuevamente, a la frustración económica.

     

    Abrir la mente y entender que este oficio es cada vez más común, para desprenderse de estigmas, es ayudar a que quienes deciden trabajar en él no se sientan solos, no encuentren la necesidad de aislarse y enfrenten sus retos laborales de la mano de personas que ofrezcan un acompañamiento sincero y humano para todo lo que se puedan encontrar al otro lado de la pantalla y en las luchas internas que la cámara no puede captar.

  • Tono ocupado. Salud mental en los call centers

     

    Desde el año 2020 y a raíz de la llegada de la Pandemia por el Covid-19, el sector de los call centers encontró una oportunidad para crecer en el confinamiento y las necesidades de muchas personas en medio de una ola de despidos o reducción de ingresos. Pero poco se habla del desgaste al que se exponen quienes atienden las dudas y especialmente los reclamos de los clientes. ¿Qué pasa con la salud mental de estas personas?

     

    Mariana Montaño Acevedo / mariana.montano@upb.edu.co

     

    Según el DANE, para septiembre de 2020 las actividades de centros de llamadas presentaron un aumento del 31,4% en sus ingresos totales, del 22,3% en el personal ocupado, y del 5,5% en los salarios. Además, se encuentra que el sector BPO (Business Process Outsourcing) creó durante la pandemia alrededor de 20 000 nuevos empleos, 45% correspondientes a la industria de Contact Centers.

     

    El negocio es la tercerización de procesos como la contratación de actividades y funciones comerciales a un proveedor externo, generalmente a menores costos para las compañías, producto de la ubicación de estas operaciones en lugares donde los costos de las mismas son menores: salarios, alquiler de planta y equipos, por ejemplo. Hoy en día, este negocio representa el 2,8% de participación dentro del PIB nacional y emplea al 1,16% de la población colombiana, según datos de la Asociación Colombiana de BPO-BPrO.

     

    Una de las funciones que la mayoría de empresas ponen en manos de terceros es el servicio al cliente y cada vez son más las que buscan implementar este modelo de negocio. En Colombia existen actualmente más de 600 empresas dedicadas a prestar servicios de BPO, y en ellas bachilleres, estudiantes universitarios y egresados recientes de pregrado encontraron una alternativa de ingreso que se acomoda a la falta de oportunidades laborales a las que se está enfrentando este segmento de la población. En consecuencia, el 80% de las actividades de servicio al cliente, ventas, soporte técnico, entre otras labores que se pueden desempeñar en un call center, son realizadas por jóvenes menores de 30 años y 35% por bachilleres.

     

    El trabajo remoto masificado durante la pandemia también estimuló el auge de los call centers. Imagen de referencia: Mariana Montaño.

     

    Del atractivo dicho al agobiante hecho

     

    Como un caso particular dentro de este grupo poblacional está Antonia Achury Calderón, una estudiante universitaria de sexto semestre de Administración de Empresas al momento de ser entrevistada y que durante seis meses experimentó lo que es trabajar en el área de servicio al cliente de una central de llamadas. “Yo terminé en un call center por culpa de las pocas oportunidades de empleo que hay para los estudiantes en este momento; y si a eso se le suma que mi fuente de ingresos era mi papá, quien muere de Coronavirus, allí encontré una de las pocas ofertas con un buen salario que me permitían sobrevivir en una ciudad nueva”.

     

    De otro lado, este tipo de empleo suele ser atractivo para jóvenes que buscan una oportunidad de trabajar y estudiar simultáneamente, teniendo en cuenta que las ofertas incluyen descripciones como “flexibilidad horaria para estudio” y “horarios laborales de 8 horas, 6 horas y 4 horas diarios”.

     

    “Desde el momento en el que me contrataron dejaron en claro que me iban a respetar los horarios de la universidad; pero cuando comencé fue muy traumático porque me dijeron que para poder coordinar el trabajo y el estudio no iba a tener ningún día libre, cuando en la oferta inicial que me hizo la empresa me ofrecían dos días de descanso”, declara Antonia.

     

    Es entonces como, luego de definir un horario que le permitiera cumplir con sus labores y además asegurar espacios de descanso, Antonia advirtió que, teniendo en cuenta su estilo de vida colmado de responsabilidades, cumpliendo con horarios de hasta 12 horas diarias, aunados a la alta carga académica a la que debía responder; su situación no sería sostenible por mucho tiempo.

     

    “Yo tengo ansiedad y depresión diagnosticadas, y el cansancio que se me estaba acumulando, sumado al estrés que me representaba cumplir con tantas labores en la semana, me comenzaron a desencadenar síntomas como ataques de pánico. En ese momento tomé la decisión de renunciar”, relata Antonia.

     

    Un estudio realizado por la Fundación Universitaria Los Libertadores sobre riesgos psicosociales y estrés en los trabajadores de Call Center, encontró que en Bogotá el 37 % de los trabajadores presentan muy alto nivel de estrés y en Medellín, la cifra es del 24%.

     

    Un régimen laboral exigente

     

    Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define el estrés como “el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara el organismo para la acción”. En términos globales, se trata de un sistema de alerta biológico necesario para la supervivencia. Esto, en un nivel bajo, impulsa a la persona a realizar sus actividades cotidianas, pero luego de someter al organismo a altos y constantes niveles de estrés, el cuerpo entra en un estado de alerta constante que lo lleva a niveles de agotamiento en los que se puede llegar a desarrollar alteraciones emocionales como depresión y ansiedad, o incluso, enfermedades psicosomáticas.

     

    Para la psicóloga María Camila Ríos, el trabajo en call center tiene unas implicaciones psicológicas evidentes y es necesario que las empresas tengan en cuenta los factores de riesgo a los que se puede enfrentar un empleado de estos lugares. “Hay una alta posibilidad de que los trabajadores de un Call Center se expongan a condiciones tales de estrés que los lleven a un estado de burnout”, asegura la profesional.

     

    El burnout fue definido por las doctoras Cristina Maslach y Susan Jackson en su estudio Maslach Burnout Inventory Manual, como “un síndrome de estrés crónico que se manifiesta en las profesiones de servicios caracterizadas por una atención intensa y prolongada a personas que están en una situación de necesidad o de dependencia”, es decir, las labores que implican que el empleado esté sometido durante horas a la atención de personas generalmente problemáticas o que buscan satisfacer alguna necesidad, suelen llevarlo a estados de frustración y desmotivación que lo “queman”.

     

    El trabajo de servicio al cliente, específicamente en call centers, encaja a la perfección con la descripción: extensos horarios de trabajo en los que el operario está sometido a horas de recibir generalmente quejas, insultos, reclamos y problemas que realmente no tienen una resolución que esté en sus manos.

     

    “Los empleados están escuchando críticas y clientes enojados repetitivamente, lo que los puede llevar a generar pensamientos de menosprecio hacia sus propias capacidades. Además se enfrentan a la presión de cumplir con las métricas de cumplimiento establecidas y eso puede estar sumado a un ambiente de trabajo hostil… Son bastantes los factores estresantes que están influyendo constantemente en el estado de ánimo del operario”, afirma Ríos.

     

    El ambiente evidentemente propicia un estado de bruma constante en el que, según la psicóloga Ríos, es indispensable el papel del empleador a la hora de implementar medidas que ayuden a contrarrestar todos aquellos factores de riesgo que son inevitables a la hora de trabajar en un centro de llamadas.

     

    El artículo 56 tipificado en el Código Sustantivo del Trabajo, expresa que el empleador tiene la obligación de hacer todo lo posible para garantizarle espacios de trabajo al empleado, que además de ser físicamente seguros, lo aíslen de riesgos psicosociales o factores de estrés laboral. De acuerdo con esto, desde Seguridad y Salud en el trabajo se debe asegurar la implementación de mecanismos encaminados a la prevención de enfermedades de salud mental.

     

    Herramientas para afrontar el reto

     

     

    << Modelos de trabajo remoto plantean numerosos debates sobre las responsabilidades de los empleadores. Imagen de referencia: Mariana Montaño.

     

     

    Daniela Fernanda Jauregui, profesional en Salud Ocupacional, enumera algunas de las posibles herramientas a implementar y que de hecho, actualmente se están ejecutando en ciertas compañías de servicio al cliente: “es necesario un plan de capacitación anual en el que se vean reflejadas actividades direccionadas a la prevención del riesgo psicosocial, de la mano de profesionales en psicología clínica que brinden la asesoría adecuada. Un ejemplo de ello es la creación de programas de vigilancia epidemiológica de riesgo psicosocial, para que el personal haga una autovaloración de su condición mental”.

     

    Además, Daniela sugiere que crear campañas en colaboración con empresas prestadoras de servicios de salud que promuevan un estilo de vida saludable y brinden también acompañamiento psicológico, son una nueva y posible manera de trabajar en estos factores de riesgo desde la prevención. “Las pausas activas, las reuniones en las que se pregunta a los agentes sobre el ambiente laboral, las celebraciones, las bonificaciones, los convenios con gimnasios, entre otras estrategias, van encaminada a la motivación y cuidado del personal”.

     

    En el sector de servicios BPO del país aún queda mucho camino por recorrer en cuanto a hallar el equilibrio entre cumplir con las metas establecidas y contrarrestar el estrés que esto puede conllevar para sus empleados; pero teniendo en cuenta que actualmente las enfermedades de salud mental se han convertido en un problema de salud pública y que la tasa de deserción en los Contact Center solo va en aumento, las empresas se han visto obligadas a darse a la tarea de comenzar a preocuparse por las condiciones en las que se encuentra su talento humano.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • A la sombra del cuidador

    Desde la perspectiva de quienes más apoyan y suelen recibir menos respaldo, este es un relato enmarcado en cifras y los análisis de una realidad creciente, que pasa de soslayo en pleno debate por las reformas del sistema sanitario: la salud mental.

     

    Salomé Conde, Samuel Portela / periodico.contexto@upb.edu.co *

     

    Antonia giró la llave del agua caliente y entró a la ducha. Mientras su piel se ponía rojiza por el agua hirviendo, lanzó el primer llanto. El cansancio, que en un inicio era mental, ahora también lo sentía físico, le dolía el cuerpo y estaba fatigada casi todo el tiempo. Los momentos del baño, que hacía un tiempo habían dejado de ser diarios, eran los únicos en los que podía expresar lo agotada que estaba, el único momento en el que se permitía llorar solo si ponía música alta.  

     

    Mientras se bañaba tocaron a la puerta, era Federico, su hermano mayor.  

    — Antonia, no te enojes —dijo en voz baja.  

    Cerró la llave, salió de la ducha y pausó la música en su celular para escucharlo mejor.  

    —¿Qué hiciste? —dijo irritada.  

    —Me tomé muchas pastillas del tarro que tengo de Valcote. Llévame a urgencias.  

     

    Antonia inmediatamente se dirigió al cuarto para ponerse algo de ropa y le avisó por mensaje de texto a su hermana Lucía lo que había ocurrido. Fue a la cocina donde se encontraba su madre haciendo el almuerzo para informarle que se iría con Federico porque había intentado suicidarse y debía ser atendido lo más rápido posible, así que pidió un carro y se dirigió a la urgencia de su EPS.

     

    Durante el camino, Federico empezó a sentirse mareado, por lo que cuando llegaron al centro de salud ya se le hacía difícil estar de pie. Al acercarse a la puerta fueron atendidos por un vigilante que pedía explicar el motivo de la consulta.  

     

    —Se tomó muchas pastillas psiquiátricas como intento de suicidio —expresó Antonia entre lágrimas y ansiosa.  

    —Número de documento —dijo secamente.  

    Ingresó los datos en una pantalla que tenía a su lado y le entregó el ficho del turno.  

    —Cuando sea su turno, lo revisa un médico general para que le indique que tipo de urgencia es y sea atendido. Como él es mayor de edad, debes esperar afuera.  

    —Es paciente psiquiátrico, no puede estar solo —explicó Antonia para que el vigilante le pusiera la manilla que lo identificaba como tal y así le permitieran estar junto a él en la sala de espera.  

     

    Pasaba el tiempo y Federico cada vez estaba más mareado. Cinco…diez…quince minutos… y no era atendido.  

    —Toni, yo solo quiero sentirme bien. Lo siento por hacerles esto. ¿Ya me van a atender?, me siento muy mal —decía llorando.  

     

    Ella se acercó nuevamente al vigilante y le dijo desesperada que por favor lo atendieran rápido porque debían limpiarle el estómago lo más pronto posible.  

     

    —Tienes que esperar como todos —respondió.   

    Al poco tiempo sonó su nombre por un parlante e ingresaron a uno de los consultorios. Había dos enfermeras, una de ellas, se notaba, era nueva en el puesto.   

    —Paciente de 22 años diagnosticado con trastorno obsesivo compulsivo, trastorno afectivo bipolar, trastorno límite de la personalidad y tabaquismo —comenzó diciendo la enfermera jefa después de ingresar su número de identificación al sistema.  

     

    Durante la consulta, ella formuló preguntas concretas de lo que había sucedido, qué medicamento ingirió, a qué horas lo hizo y por qué. Cada respuesta de Federico la utilizaba para indicarle a su compañera cómo era el funcionamiento del sistema en el computador, qué debía poner en cada casilla y cuál era el procedimiento a seguir en esos casos. Pocas veces lo miró a los ojos.  

     

    —Debes esperar a que te llamen nuevamente y te asignen una camilla —mencionó finalmente la enfermera y les indicó que ya podían retirarse.  

    Nuevamente tomaron asiento. Mientras tanto, Lucía iba en camino para acompañarlos en la espera.  

    —Me sentía muy triste Toni, sin saber qué hacer. Me siento inservible, no aporto en nada, ya no soportaba más sentirme así — dijo Federico mientras movía sus piernas ansiosas de lado a lado.  

    —Estamos contigo, pero debes tomarte la medicina, no vas a mejorar nunca si no llevas de forma responsable tu tratamiento. Debes poner de tu parte también —le expresó Antonia mientras le rodeaba la espalda con su brazo y le daba pequeñas caricias.  

     

    Lucía llamó a Antonia que ya estaba en la puerta para que saliera y ella pudiera entrar a la sala de espera. Cuando salió se abrazaron y decidieron que Lucía se quedaría esa noche con él. A los dos días Federico fue internado durante dos semanas en un centro psiquiátrico.  

     

    “Antonia llevaba semanas sin descansar bien, normalmente en las noches Federico no dormía, solía escuchar música y caminar por toda la casa. En algunas ocasiones conversaba solo y gritaba enojado, como si aquellas voces que decía oír lo molestaran todo el tiempo”. Foto: Salomé Conde. 

     

    El diagnóstico de los números   

     

    Durante el Foro Salud Mental en Colombia: retos y desafíos del 2021, la procuraduría entregó el balance del país en el tema, para 2020 hubo 26.132 intentos de suicidios, informó el Instituto Nacional de Salud. Y solo en el primer trimestre de 2021 se reportaron 1482 suicidios, un incremento del 24% en comparación con el mismo periodo del año 2020. Además, para 2017 una de cada diez personas padeció un trastorno mental en el país, esboza el documento Conpes 3992 del Departamento Nacional de Planeación.   

     

    En 1998 se formula la primera política de salud mental en el país. Luego, en 2005, se reformula y es en 2013 cuando se expide la ley 1616 de Salud Mental. Finalmente, el 7 de noviembre del 2018 el Ministerio de Salud y Protección adopta la política de Salud Mental por medio de la Resolución 4886, efectuando así la primera meta del Plan de Acción sobre Salud Mental 2013-2020 radicado por la OMS, “quien recomienda la orientación de los programas de promoción y prevención, el fortalecimiento de los servicios de salud, la optimización de los sistemas de información y promover la rehabilitación, con el objetivo de disminuir la estigmatización, la exclusión social y la discriminación”, según recoge un artículo de la Universidad CES del 2021.  

     

    El teléfono sonó, por el número que aparecía en pantalla, Antonia intuyó que era Federico el que llamaba desde el centro psiquiátrico.  

     

    —Hola, ¿cómo va todo?  

    —Hola, ya pueden recogerme, me van a dar de alta —dijo Federico.  

    —¿Cómo así? Solo ha pasado como una semana, debes quedarte un tiempo más para que te niveles con la medicación —expresó Antonia exaltada.  

    —Me dijeron que podía solicitar el egreso voluntario, entonces debes venir por mí para que firmes, pero no le digas a Lucía, necesito que me ayudes con esto o me mato acá —dijo con un tono amenazante.  

    —No te puedo ayudar con eso, no está bien, y por favor no digas que te vas a matar —mencionaba Lucía apunto de tener una crisis de ansiedad.  

    —Si no vienes por mí, soy capaz de matarme. Ya no quiero estar acá, me estoy volviendo loco. Tú ni te imaginas que es estar en este lugar —continuaba Federico con un tono agresivo.  

    —Entiende que es por tu bien, voy a ver qué puedo hacer, después te llamo —dijo atemorizada y con el dolor que solía sentir en el pecho cada vez que su hermano la confrontaba y amenazaba cuando requería algo de ella. Colgó inmediatamente y llamó a Lucía para contarle lo que había sucedido.  

     

    Al día siguiente llegaron al centro a llevarle ropa limpia a Federico. Mientras esperaban en la recepción, uno de los doctores se acercó con el papel del consentimiento informado para el egreso voluntario y les dijo que debían firmarlo para que le pudieran dar de alta. Antonia y Lucía se negaron a hacerlo porque solo llevaba una semana hospitalizado y por situaciones vividas antes, consideraban que era una persona peligrosa que ponía en riesgo su propia vida y la de ellas.  Estuvieron discutiendo alrededor de vente minutos hasta que finalmente el doctor aceptó su decisión y se retiró con el papel.  

     

    Alrededor de media hora después, Antonia recibió una llamada de la psiquiatra del centro en la que le manifestó que estaba contemplando la idea de pronto darle de alta a Federico.  

     

    —Doctora, hace poco expresó ideas suicidas, solo ha pasado una semana de hospitalización, es imposible que ya esté estable. Estos meses ha tenido comportamientos muy violentos hacia nosotras y mi mamá, es peligroso para nosotras, necesitamos que se estabilice bien con la medicación.   

    —Háblame un poco de esos comportamientos —dijo tranquilamente la psiquiatra.  

    —Lleva varios meses sin querer tomarse la medicación, hemos intentado hablar con el haciéndole entender que es por su bien, pero no le importa, suele enojarse cuando le hablamos de ese tema. Con el tiempo empezó a tratarnos mal, invalida nuestros sentimientos, nos grita y tiene comportamientos que ponen en peligro su vida y la de nosotras. Hace unas semanas, mientras preparaba el almuerzo, él me estaba acompañando en la cocina, en un momento corrió hacia mí para quitarme el cuchillo con el que estaba cortando unas verduras y mientras me miraba fijamente empezó a cortarse el costado de las costillas, a lo que yo grité, entonces lo soltó inmediatamente y lanzó una carcajada. Sabemos que requiere atención urgente en donde lo obliguen a medicarse, nosotras no podemos hacerlo, no nos escucha y finalmente no estamos capacitadas para eso —expresó Antonia desesperada.  

     

    —Me parece curioso que te escucho hablar a ti y no encuentro relación entre lo que dices y su comportamiento, él ha estado tranquilo y muy juicioso, entonces encuentro una inconsistencia entre los testimonios de tu hermana y tú y su comportamiento —respondió la doctora.   

    —¿Qué me está insinuando? —dijo Antonia indignada. 

    —No estoy insinuando nada, pero me parece curioso que no coincide lo que me estás contando con lo que yo veo. Él está tranquilo así que voy a darle de alta. 

    —No me parece correcto, usted me pidió que le contara acerca de sus comportamientos, le cuento y me está dando a entender que no es cierto lo que digo, ¿Usted cree que a nosotras no nos duele que él esté así? Por eso estamos buscando ayuda —reclamó Lucía enojada. 

    —Le voy a dar de alta —dijo secamente la doctora. 

    —¿Es en serio? ¿Para qué me hizo sentir que podía contarle esto si no me iba a creer? ¿Le va a dar de alta, en serio? expresó Antonia casi llorando. 

    —Sí, le voy a dar de alta, Antonia —dijo la psiquiatra con tono retador. 

    —Ok, entonces procederé de forma legal- le respondió y colgó inmediatamente. 

    A los minutos ella la llamó nuevamente, pero en medio de la crisis de ansiedad que estaba atravesando, le pidió a Lucía que contestara. 

     

    Después de varios minutos al teléfono, llegaron al acuerdo de que lo dejarían más tiempo mientras las hermanas acomodaban a su madre en otro lugar ya que la convivencia entre Federico y ella se había vuelto muy conflictiva y eso les hacía daño a ambos.  

     

    A la semana el centro psiquiátrico les avisó que ya podían pasar por Federico. 

     

    El frente legal de la lucha

     

    Gladys Ariza Sosa, doctora en salud pública y profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia (U de A), explica que existe varios mecanismos para exigir la debida atención en salud cuando se está vulnerando el derecho a esta, y que aplica tanto en casos de salud física como mental. En primera instancia, se puede presentar una PQRS en la IPS o EPS. De no ser suficiente, radicar una queja ante la Superintendencia Nacional de Salud, o en caso de que se requiera mayor prontitud, poner una acción de tutela. Si existió negligencia en la atención del servicio de salud y esto dejó secuelas en el paciente, se puede instaurar una demanda por responsabilidad civil, concluye Ariza Sosa.

     

    Ariza expone además que hay bastantes tutelas por el hecho de que no se brindan los tratamientos adecuados y apropiados a las personas que lo requieren. Esto indica que “las normas existentes no se cumplen a cabalidad” y es que “cuando se hizo un análisis del cumplimiento de las metas de resultados de la dimensión de convivencia y salud mental del Plan Nacional de Salud Pública que recién terminó, se encontró que solo se ha cumplido el 27% en metas de resultados”, enfatiza Gladys.   

     

    Respecto a esta problemática, un estudio realizado por Dora Hernández y Cristian Sanmartín-Rueda de la Universidad de Antioquia en 2018, analiza, por medio de entrevistas a expertos en el tema, la paradoja que suscita la atención pública en salud mental, debido a que se fundamenta en el cumplimiento de los derechos humanos, pero en la práctica se encontró una primacía de lo administrativo, otorgando mayor relevancia a la rentabilidad financiera del sistema, que al cumplimiento efectivo de la atención a la salud mental de los pacientes.

     

    “El mayor desarrollo se ha orientado hacia la calidad de los procesos administrativos y financieros, cuya implementación en muchas ocasiones no tiene en cuenta a la persona que solicita el servicio”, sentencia el estudio. Además, los 23 profesionales entrevistados por los autores del artículo concluyeron “los derechos humanos, enunciados en la Constitución Política y en la normatividad en general, en la práctica quedan supeditados al cumplimiento de requisitos administrativos que en su intención defienden intereses económicos particulares”.

     

    Esto explicaría cifras como las presentadas por la Procuraduría en el Foro de Salud Mental en Colombia, en las que manifiesta que más del 50 por ciento de las EPS no atienden de forma integral a los usuarios como lo estipula la ley 1616 de 2013, representando los tratamientos integrales solo el 5 por ciento de la atención en salud mental. Asimismo, “la modalidad de contratación de manera integral en salud mental es una de las menos utilizadas, correspondiendo solo al 4 %, siendo otras las más utilizadas, por ejemplo, por evento, lo cual encarece los servicios y no garantiza la atención integral de los usuarios”, afirmó Diana Margarita Ojeda, procuradora delegada para la salud, la protección social y el trabajo decente.   

     

    De acuerdo con la doctora Ariza, en lo concerniente a las personas que conviven con un paciente psiquiátrico “tanto en la ley de Salud Mental como la Política de Salud Mental de nuestra red de salud pública se tiene en cuenta la dimensión colectiva de la salud mental, y se menciona por lo menos a los familiares y cuidadores. En el hecho de que tienen que garantizárseles el derecho a la participación social”, sin embargo, “esto no se ve reflejado en la práctica”, termina por sentenciar Ariza.   

     

    Antonia llevaba semanas sin descansar bien, normalmente en las noches Federico no dormía, solía escuchar música y caminar por toda la casa. En algunas ocasiones conversaba solo y gritaba enojado, como si aquellas voces que decía oír lo molestaran todo el tiempo. 

     

    Una vez Antonia escuchó a Federico maldecir e insultar a alguien mientras se desplazaba por toda la casa pisando fuerte. Antonia asustada cerró la puerta de su habitación y se quedó sentada en la cama en compañía de sus perros. 

     

    Federico continuaba maldiciendo mientras tiraba al piso lo que estaba a su alcance. En un momento, Antonia temerosa se asomó al pasillo sin salir completamente de su habitación y le preguntó qué le sucedía. 

     

    —Nada, no te importa —respondió mientras miraba qué podía golpear. 

    Antonia se encerró nuevamente y llamó a Lucía para que la acompañara porque se sentía desprotegida estando sola con él. 

     

    A medida que pasaba el tiempo a Antonia le pesaba más la situación con su hermano, había desarrollado un miedo a estar en su casa sola con él, así que cuando volvía de la universidad se encerraba en su habitación y no salía hasta el día siguiente cuando nuevamente debía ir a clases, dejó de alimentarse bien y con el tiempo empezó a enfermar y desarrollar ideas suicidas. 

     

    Las personas que padecen una enfermedad mental son muy variadas, existen muchas patologías y síntomas en el espectro de la salud mental.  

     

    La cocina, un lugar importante en la rutina de cuidados de Federico, se había convertido en un lugar de riesgo para Antonia. Foto: Salomé Conde.

     

    Historias particulares

     

    Según apunta Juan Londoño, psiquiatra y docente de la Facultad de Medicina de la U de A, existen múltiples trastornos mentales y eso hace que cada condición tenga un patrón distinto. Hablando de los trastornos más graves y comunes, está la depresión, que se presenta como una dificultad para hacer las cosas, una frecuente baja motivación para realizar actividades, lo que genera dificultad para responder adecuadamente a las actividades laborales, familiares y sociales. Esta problemática se ahínca por el hecho que desde afuera puede percibirse como si la persona tuviera una actitud perezosa.   

     

    Están también los trastornos psicóticos, explica Londoño, que son aquellos en los que se afecta la relación con la realidad, como por ejemplo la esquizofrenia. Los síntomas principales de este trastorno son tener percepciones sobre estímulos que no están, sentir que le hablan cuando no hay ninguna voz o ver cosas cuando no hay ningún estímulo visual que las genere. También se presentan los delirios, ideas delirantes, que no son ciertas, pero que por alguna razón el cerebro las da por sentadas. Esto afecta al familiar, porque el paciente psiquiátrico puede creer que el familiar quiere hacerle daño, y es muy difícil, afirma el psiquiatra Londoño, porque, aunque el familiar o cuidador ve que no hay ninguna voz o nada, la persona tiene una incapacidad para reconocer que estos síntomas son simplemente productos de procesos mentales propios.

     

    Se encuentra además el trastorno bipolar que se caracteriza por episodios depresivos, que son semanas enteras de estar triste, aburrido y con ganas de hacer nada, entre otros síntomas. O episodios de manía, que es cuando una persona tiene en vez de estar a bajo, es un aumento muy marcado del estado de ánimo.  

     

    Según Valentina Cardona, psicóloga con maestría clínica, las características principales en casi todas las condiciones mentales es la ausencia de sueño, sobrepasar las normas que le pone la familia, el componente delirante, la agresividad, que es lo que hace que las familias tomen una decisión diferente en el manejo del paciente y también el exceso de sueño en el caso de los trastornos del estado de ánimo. Menciona a su vez que en algunos casos no quieren salir de la casa ni de la habitación, se quedan encerrados y el autocuidado es deficiente. 

     

    Las familias no están preparadas para ver sufrir a un familiar, asevera Cardona, “es muy triste porque esta enfermedad no mata como un cáncer, sino que va consumiendo las relaciones familiares, se va convirtiendo en esa dinámica que pierde los lazos, porque el paciente usualmente se desconecta de la realidad familiar para vivir su propia realidad”.   

     

    En consecuencia, la convivencia con un paciente psiquiátrico puede ser causar el síndrome del cuidador cansado, afirma Valentina Cardona, el cuidador empieza a reflejar un agotamiento supremamente fuerte, la persona se enferma orgánicamente, no únicamente en el aspecto mental. “La familia con esa carga emocional al ver el cambio en la conducta del paciente, necesita indiscutiblemente una terapia individual o familiar, para identificar qué herramientas tienen que adquirir para el manejo de la mejor manera del paciente”, enfatiza.   

     

    Lamentablemente las EPS no brindan la orientación necesaria a los cuidadores permanentes, que requieren para comprender el diagnóstico del paciente psiquiátrico. “Desde las EPS se hace muy poco, si pides una cita con psicología te la dan a los tres meses y la otra tres meses después con otro terapeuta diferente, entonces no va a haber una continuad en ese proceso que es fundamental”, concluye la psicóloga.   

     

    Por esto mismo es importante que el familiar que está a cargo del paciente pueda contar con espacios a solas, que realice ejercicios y busque relaciones diferentes. Si se queda todo el tiempo con el paciente es dañino y perjudicial.   

     

    El psiquiatra Londoño, señala además que el cuidador puede tener afectaciones a su propia salud mental, dependiendo el caso, puede desarrollar trastornos depresivos, de ansiedad y empezar consumir sustancias como forma de escapar de la realidad que implica cuidar a este tipo de pacientes.

     

    También sufren afectaciones desde el estigma que hay hacia las personas con trastornos mentales. Son prejuicios creados por los medios de comunicación o la forma en cómo fuimos criados, lo que crea una carga psicológica por el hecho de cuidar a alguien con estas circunstancias. Adicionalmente, el hecho de tener familiares con estas condiciones abre la posibilidad de una susceptibilidad heredada a los trastornos mentales. Que también pueden surgir si, además de lo anterior, hay un aumento de estrés físico o emocional, según afirma Londoño. 

     

    Hacía más de un año Antonia y sus hermanos habían perdido a su padre. Después de su muerte, Federico cayó en una depresión silenciosa que con los meses fue más evidente, dejó su tratamiento psiquiátrico y al tiempo presentó un brote psicótico que lo dejó con secuelas, desde ese momento nunca volvió a ser Fede, el que tanto Antonia amaba. 

     

    Desde pequeños lograron una conexión que, aunque no lo exteriorizaban en palabras, ambos sabían que no la tenían ni la iban a tener con alguien más. Fede la hacía sentir protegida y ella lo apoyaba en cada decisión que tomaba. 

     

    Durante la cuarentena obligatoria por la pandemia del COVID 19, Fede pasó por un episodio depresivo fuerte. En el lugar donde estaban pasando con su familia el aislamiento, él encontró una gatica huérfana, pero no tenía cómo costear los gastos que requería para que sobreviviera y su papá no estaba de acuerdo en se la quedara.

     

    —Anto, tengo que contarte algo. La noche que encontré a Olivia había decidido suicidarme, pensaba hacerlo con una sobredosis de mi medicina psiquiátrica, pero luego escuché unos maullidos y la encontré sola y desprotegida y sentí que debía cuidarla, ella me devolvió las ganas de vivir —expresó Federico conmovido. 

     

    Antonia experimentó por primera vez uno de sus mayores miedos, sentir que podía perder a la persona que más amaba, porque, aunque llevaba tiempo diagnosticado psiquiátricamente, nunca había manifestado ideas suicidas. 

    —Tengo un dinero ahorrado, así que no importa si mi papá no quiere que la tengas, yo te daré todo el dinero que necesites para que la salves, ambos necesitan cuidarse —le manifestó Antonia mientras intentaba no quebrarse en llanto. 

     

    Fueron semanas en las que Fede se esforzó mucho para atender a Olivia, finalmente después de pasar los momentos más cruciales, la gata sobrevivió y se convirtió en uno de sus mayores apoyos emocionales, lo mismo él para ella. 

     

    Durante los primeros meses del duelo por la muerte de su padre, a Antonia principalmente la cuidó Fede, para ese momento no vivían con Lucía ni su madre. Él se encargaba de pagar las deudas, preguntarle cómo le había ido en la universidad todas las noches y acompañarla cuando debía trasnochar haciendo una entrega. También la acompañó en sus episodios depresivos mientras se acostumbraba a la ausencia del papá y veía, aunque no le gustaba mucho, una novela argentina junto a ella solo por compartir a su lado. 

     

    Un día sentado en un andén en el parque de El Poblado y con trago encima, Fede lloró a su padre, algo que no hacía en meses porque no sabía cómo afrontar el duelo. 

     

    —Tú para mí eres un diamante que debo cuidar —le dijo a Antonia. 

    Ella solo sonrió un poco sonrojada. 

    —Me conmovió algo que me dijiste hace días, dijiste que yo era como tu papá y mamá ahora que ellos ya no están —lo dijo con la voz quebrada a punto de llorar. 

    —Lo eres, Fede. Eres quien me protege —expresó Antonia tímidamente.  Lo abrazó para sostener su llanto y Fede le dijo cuánto la amaba y que por ella hacía lo que fuera con tal de que estuviera bien.  Esa noche fue la última vez que Antonia logró tener una conversación de ese tipo con su hermano estando completamente consciente. 

     

    Meses después de que Federico fue dado de alta del centro psiquiátrico, la relación con Antonia se había convertido en algo imposible y muy peligroso para ambos. No podían contar con la ayuda del servicio público y la opción privada era demasiado costosa. Luego de revisar varias alternativas con la ayuda de su tía, Antonia y Lucía encontraron la Fundación Hogar la Villa, un lugar de reposo para pacientes psiquiátricos, que ofrecía un tratamiento más humano y a menor costo. Decidieron organizar una rifa de beneficencia para recaudar fondos y poder internarlo el tiempo que se requiriera.

     

    Llevaban dos semanas sin verlo, Lucía y Antonia fueron a visitarlo en compañía de su tía paterna. Cuando entraron a la fundación, Federico las alcanzó a ver desde una mesa en la que se encontraba sentado, así que bajó una pequeña loma y se dirigió a abrazarlas. 

     

    La tía sacó del carro un pequeño guacal donde estaba Olivia. 

    —Mira hijo, te trajimos a tu gatita para que te acompañe el tiempo que estés acá —dijo sonriendo. 

    —¡Olivia! Gracias, en serio —expresaba mientras abrazaba el guacal. 

     

    Se dirigieron a su habitación y le ayudaron a ubicar a la gata y a guardar una ropa que les había faltado empacar cuando lo internaron en el lugar de reposo. Estuvieron compartiendo junto a él alrededor de una hora y media hasta que la enfermera les avisó que ya era la hora del almuerzo, por lo que el tiempo de la visita había terminado. 

     

    Cuando ya estaban en el portón de la finca, Federico se despidió con un abrazo. 

     

    —¿Cuánto tiempo estaré acá? —mencionó mirando a la tía.  

    —No sé hijo, eso depende de lo que digan las doctoras y cómo evoluciones, te quiero ver sano y fuerte —le dijo de forma animada mientras le daba un abrazo. 

    —Fede, el próximo sábado que volvamos te voy a traer un lienzo y tus óleos para que pintes estos paisajes tan lindos que hay acá —dijo Antonia mientras le daba el abrazo de despedida. 

     

    Mientras el carro avanzaba, desde la ventana Antonia podía ver a Federico subiendo la loma para volver a aquella mesa donde lo vio al llegar. Volteó la mirada y lanzó una pequeña sonrisa dentro de sí, porque después de tantos meses de angustia, la vida le había devuelto algo que creía haber perdido, esperanza. 

     

    El Hogar La Villa alberga no solo a Federico, sino las esperanzas de sus cuidadoras en torno a una mejor calidad de vida. Foto: Salomé Conde.

     

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    ¿Cómo se manifiestan los problemas de salud mental? ¿Qué es el síndrome del cuidador cansado? Escuche respuestas en detalle en el siguiente podcast:

     

     

     

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    *Reportaje ganador en la muestra Visión 2023.

  • Abandono infantil: ¿un juego sucio en aumento?

    Por: Natalia Higuita y Valeria Ríos / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    “Nosotros somos culpables de muchos errores y muchas faltas, pero nuestro peor crimen es el abandono de los niños negándoles la fuente de la vida”(Gabriela Mistral, 1948).

     

    El abandono de niños, niñas y adolescentes no dio tregua en pandemia. La protección integral de sus derechos también fue atacada por el Covid-19 y las crecientes desigualdades sociales que generó. Hoy el amparo de la niñez y la juventud sigue siendo un reto para el país, pues en 2021 se afirmó que Colombia era el quinto país con mayor número de huérfanos a causa del fallecimiento de padres, cuidadores y adultos significativos a raíz del coronavirus, según un estudio publicado por la revista médica británica, The Lancet, que comparó más de 20 países entre inicios de marzo de 2020 y finales de abril del 2021, temporada en la que se registraron los picos más altos de contagios y muertes por el virus.

     

    El abandono deja huellas que suponen retos mayores para el cuidado de la salud mental de los niños, niñas y adolescentes. Foto: Natalia Higuita.

     

    Se estima que fueron 33.293 menores los que perdieron durante este tiempo a su tutor legal, ya fuese madre, padre, abuela y/o abuelo, de acuerdo a cifras de The Lancet. Estos se vieron entonces obligados a cargar con el título de “huérfano” y, por ende, a correr el riesgo de estar bajo un cuidado alternativo inadecuado (sin entrar todavía en las repercusiones físicas, psicológicas, emocionales y sociales) o, en el mejor de los casos, llevados por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar –ICBF–.

     

    Así ocurrió entre marzo y noviembre de 2020 con los 372 niños, niñas y adolescentes acogidos por dicha institución, según informó el diario El Espectador. Antioquia fue el departamento que más abandonos infantiles presentó, seguido de Bogotá, Valle del Cauca, Cundinamarca y Caldas. Algunos menores fueron dejados en estas circunstancias por los motivos ya mencionados; la mayoría, por el contrario, hacen parte del incremento del maltrato infantil que contempla actos como el abuso sexual, daño físico, verbal o psicológico, realizados, con alta frecuencia, dentro de los propios hogares, de acuerdo a informes de Medicina Legal.

     

    Sin embargo, no hay que encapsularlo a la sola situación de orfandad. Existen otras opciones: no se sabe cómo mantenerlos, no hay recursos para hacerlo o simplemente, no se quieren sostener. En palabras de Adrián Echeverry, miembro de la Corporación PAN, el abandono “es una conducta que históricamente está bastante registrada, ya que permanece, de alguna forma, en los imaginarios y representaciones socialesque los adultos hoy guardan en su quehacercotidiano de crianza”.No hay que ir muy lejos, simplemente recordar comentarios o chistes como el del padre o madre que fueron a la tienda por cigarrillos o leche y nunca volvieron.

     

    Bajo estas historias populares están las situaciones que conducen al desamparo de un menor de edad y son diversas, más aún con la pandemia: escasez de recursos económicos, incapacidad o falta de apoyo para la crianza del niño, niña o adolescente –NNA– y la pérdida por muerte de sus cuidadores primarios son solo algunos ejemplos.

     

    ¿El Estado como madre? El cambio y continuación de la desventura

    *(Todos los nombres que serán mencionados en este capítulo fueron modificados para proteger la identidad de las fuentes y, en el caso de los menores de edad, no perjudicar su sano desarrollo).

     

    Hijos del Estado: así son llamados los niños, niñas y adolescentes que se encuentran en manos de Bienestar Familiar. Podría afirmarse que incluso contratan niñeras: para estancias cortas, las madres de paso, encargadas de ser el primer contacto con los menores, mientras se resuelve un hogar sustituto que les reciba; después, como ya se infiere, están las madres sustitutas, encargadas de cuidarles durante meses o años, según sea el caso: hasta que se dé su adopción, se cambie a otro hogar sustituto por nula adaptabilidad o supremo apego –lo cual afecta las adopciones– o, en su defecto, se resuelva su situación legal por cumplimiento de la mayoría de edad. Y, por último, como afirma Gloria Botero, madre sustituta desde hace 20 años, están los internados: “Ahí es donde caigan, donde haya cupo. O sea, si hubo en Hogares Claret, allá lo metieron; si hubo en esos de Niquitao, allá lo metieron; si hay por Puentes, allá fue”.

     

    Así sucedió con Daniel Bedoya, de 8 años. Ya iba para uno de esos internados porque era un “inadaptado”, ya había pasado por varios hogares sin éxito y ninguna madre sustituta lo quería recibir.“Desde que tenía 5 años era uno de los carritos de San Javier, el que llevaba la marihuana, el que cargaba armas… En una de esas lo cogió la Policía y lo tramitaron al ICBF. Cuando yo lo recibí me tocaba esconder todos los cuchillos de la casa. A veces hasta me daba cuenta de que me robaba”, cuentaGloria recordando aquellos días. Inclusive, en una ocasión casi la echan del barrio porque en el colegio Daniel le quitaba la lonchera todos los días a la hija de uno de los duros de Manrique. Por esa razón la amenazaron.

     

     

    De ahí vino la habladera constante con él y los consejos hasta los 16 años, porque ni lo adoptaron ni salió por mayoría de edad. Odiaba ser hijo del Estado. Le aburría la sobreprotección y, como buen adolescente, anhelaba la libertad: salir a fiestas de 15 u otras rumbas sin la compañía de Gloria; acostarse, si se le antojaba, a medianoche, y no a las 10, como ordena Bienestar; amanecer donde un amigo o en la casa de la hija de Gloria, a quien tomaba como otra hermana y vivía, además, justo al frente; salir de paseo cuando la idea surgiera, pero tampoco se podía –como mínimo se debe redactar el permiso con ocho días de antelación–; tener celular, redes sociales, publicar lo que vio o dejó de ver en el día; empezar a trabajar como mesero a una cuadra de la casa, en el negocio familiar de comidas rápidas, pero como ya se intuye, tampoco era debido, porque en menores de edad no es querer emprender sino “mendigar”, como asegura Gloria que le respondieron. Por algo le pasaban la manutención mensual, pero ese era otro complique.

     

    $250 000 recibe un niño recién ingresado al programa de hogares sustitutos –lo cual resulta complejo porque hay algunos que llegan con casi nada: unos calzoncillos rotos y una chaqueta, como fue el caso de Emiliano, quien llegó hace un mes al hogar de Gloria por Código Fucsia–; al cumplir el mes le empiezan a girar los $500 000, que es la cuota mensual normal para cada menor. Por semestre llegan los bonos para comprarles ropa. “Eso es muy poquito. Por A o por B me toca sacar muchas veces de mi bolsillo o del millón mensual que me consignan por el cuidado de los niños”, dice Gloria para señala que ahí también hay fallas.

     

    Se refiere a la manera en que les pagan a las madres sustitutas. El salario mínimo mensual legal vigente que se paga por tener la cantidad normal de niños en sus casas, es decir, tres. Sin embargo, si solo se está a cargo de dos, el monto empieza a bajar y se ubica en un aproximado de $600 000, pero si por algún motivo llega a tener cinco, como ya le ha ocurrido antes –muy común durante pandemia y cuando se trata de hermanos y hermanas–, la cifra no sube, permanece intacta en el mismo millón.

     

    Desde la institución siempre se dice que los niños son hijos del Estado. En palabras de Gloria, tienen la etiqueta de “mírame y no me toqués”. La directriz es que nunca les puede faltar nada. “Pero uno se pregunta, ¿no es lógico que, si los prefieren, mandaran al menos un mercado cuando estuvimos todos en cuarentena?”. Gloria alega que de parte del GobiernoNacional el costal cargado de alimentos nunca llegó y que ni a los niños ni a las madres sustitutas se les incrementó el ingreso: “Yo creo que ni sabían qué era una madre sustituta”. Lo cierto es que desde Buen Comienzo sí le llegaron pequeños mercados, pero se debió a que los niños que tenía en el momento estaban aún en la guardería. Y si bien, estos mercados fueron distribuidos desde el Gobierno para menores inscritos en varias instituciones públicas de educación primaria, no se trataba de ofrendas especiales para los hijos del Estado: “Pero vea el atrevimiento, sí hacían las videollamadas de las visitas mensuales y me decían: ‘¿Me abres la nevera, por favor?’ y me tocaba mostrar toda la comida que tenía”. Debía haber carne, legumbres, frutas y lácteos.

     

    Pero como toda madre, el Estado también tiene sus matices. Si desde el colegio son buenos estudiantes, se les paga la carrera y universidad que prefieran. Ha habido casos de estudios en aviación –la excepción– y, se pueden encontrar en el ICBF fisioterapeutas, abogados y médicos que crecieron bajo sus lineamientos. Cuando son muy pocas las posibilidades de adopción, porque ya están muy grandes, entran a un programa que se llama Sueños de Vida, donde les dan la oportunidad de salir del país y residir en vacaciones con alguna familia interesada en adoptar. Si hay conexión, se quedan; si no, la rutina en Colombia les espera.

     

    —¿Y Daniel porque no quiso?

     

    —Cualquier adolescente puede entrar en ese programa, ¿pero uno qué tanto le puede pedir a un niño que ya viene aporreado por la vida? Eso tampoco es tan fácil.

     

    Dos décadas lleva cuidando Gloria a los hijos del Estado; unos más rebeldes, ensimismados, dolidos o furiosos que otros, pero todos con algún problema, como lo confiesa ella misma, añadiendo que ha visto y escuchado de todo. Hoy vive con su esposo y cuida a Emiliano, de seis años y a un par de hermanos que llegaron a inicios de año: Alejandro, de 10 y Martín, de ocho.

     

    Sea que los adopten o cambien de hogar, Gloria, como cualquier otra madre sustituta o de paso, nunca ni jamás puede volver a preguntar o saber de ellos.

    Infografía: Natalia Higuita, Valeria Rios.

    Entornos inseguros: el pan de cada día

     

    Si bien es cierto que los hogares comúnmente representan un lugar “seguro”, también se han convertido en el escenario donde los NNA son más vulnerados y esto aumentó en pandemia debido al confinamiento. Por supuesto, el acceso restringido a lugares de recreación, la omisión de visitas a familiares, el cierre de colegios, la imposibilidad de ir a las clases de baile los sábados o de natación los domingos, y la prohibición general para salir a lugares públicos fueron algunas de las principales causales para que no pudiesen buscar ayuda.

     

    De hecho, es de conocimiento que, durante esa época, la convivencia fue un factor decisivo y complejo, no solo por el desconocimiento que quizá se tenía de quién era realmente el otro, qué le gustaba o qué lo enojaba, sino por el estrés, mal humor y frustración que pudieron experimentar algunos padres y madres al no tener las herramientas suficientes para guiar, enseñar y ayudarles a sus hijos e hijas con las labores escolares; pues, en definitiva, descubrieron que nunca se habían dado a la tarea, ya que todo estaba delegado a los maestros y cuidadores. Esto fue, como lo menciona Adrián, “un terreno perfecto y fértil para que apareciera el maltrato, el golpe, el grito, la indiferencia, el abuso sexual y la negligencia”.

     

    Como consecuencia, según el Centro Nacional de Consultoría, en 2020, fueron39 982 niñas, niños y adolescentes los que ingresaron a un Proceso Administrativo de Restablecimiento de Derechos en el ICBF –0,5 % más que durante el año 2019–. Dicho trámite parte de la verificación por parte de una autoridad competente que analiza si los derechos de los NNA están siendo respetados o si, por el contrario, se están viendo amenazados. Posterior a esto, es el ICBF quien determina la modalidad a la que ingresa, según las circunstancias que se hayan encontrado.

     

    Así pues, por fortuna o infortunio, los menores saben cuándo entran, pero no cuándo ni bajo qué circunstancias salen. Mientras los asuntos legales avanzan, es el Instituto quien debe brindar acompañamiento psicosocial para guiarles en la construcción de sus proyectos de vida, así como verificar que constantemente reciban alimentación, salud y educación. Por ello, las visitas mensuales que reciben, sin previo aviso, las madres sustitutas, para ver cómo marchan todos y todo en casa.

     

    Infografía: Natalia Higuita, Valeria Rios.

    Las secuelas imborrables del abandono

     

    Ahora bien, si a las secuelas del abandono se refiere, debe advertirse que gran parte de los niños que son abandonados a temprana edad “indudablemente pueden sufrir problemas de adaptación, porque cuando alguien es abandonado o abandonada siente que no hace parte de algo y le cuesta a veces admitir que está acompañado. Tienen problemas de tipo emocional-afectivo, porque, en ocasiones, al recibir amor y tener compañía permanente, los invade el sentimiento de que no son merecedores de esto; incluso, son personas más propensas y vulnerables a todo tipo de adicciones. Les cuesta terminarlas cosas, dejan procesos, trabajos y relaciones iniciadas, porque no son capaces de realizar cierres adecuados en sus ciclos de vida”, comenta AndrésRamírez.

     

    Asimismo, esta situación incide en otros ámbitos como el incremento de la desnutrición en aquellos que vagan en las calles o sin paradero fijo, pues son niños, niñas y adolescentes que pasan de comer dos o tres veces al día, a la incertidumbre de si habrá un plato de comida después del desayuno, bien sea porque quienes se hacen cargo de manera improvisada no tienen posibilidades económicas de sostenimiento o porque cada día y noche aparece la necesidad de pedir para poder sobrevivir.

     

    Además de la deserción a partir de la contingencia, después de ser abandonados no hay quién garantice que los NNA continúen sus estudios. Aún más, si a ello se suman las posturas individualizadas de los mayores que terminan por afectarlos, tal y como lo comentaAdrián en posición de los padres: “Desde mi perspectiva adultocéntrica no es importante que mi niño esté estudiando, sea atendido en salud, que coma o se quede solo todo el día porque yo tengo que trabajar, entonces estos elementos, que también hacen parte de la historia personal de cada adulto, tienen que ver con las decisiones que se toman”.

     

    Así pues, toda decisión trasciende y en estos casos, ya sea que los menores queden en las callosas manos de las calles o en las del Estado, repercuten en su desarrollo físico, emocional y psicológico, no solo a temprana edad, sino también y muy especialmente a futuro. Todos, aunque con pasados distintos, comparten la misma realidad y se enfrentan cada mañana con sus demonios internos, insertados por otros.

     

    “Es muy duro. Hace poquito estaban los niños jugando aquí enseguida donde mi vecino que es un exmilitar que tiene una voz y un mando fuerte. Otro amiguito chiquitito le estaba pegando a la niña de él y me imagino que le dijo: ‘A las mujeres se les respeta y no se les pega’. Ese niño, Alejo, se quedó como pensando y al rato respondió: ‘Es verdad, porque así fue como mi papá mató a mi mamá’”,narró Gloria, con algo de dolor, pues no es la única historia que ha oído así.

     

    Hoy Alejandro se mantiene de pelea en pelea con Martín, porque es el hermano grande y, al fin y cabo, son los mayores quien en su mente detentan el poder.

     

    Hace una semana el antiguo carrito de San Javier, Daniel, que va todos los sábados a “darle vuelta” a Gloria, le aseguró: “Cucha, no se quede con ese niño usted que se descuida y él que le pega.”