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  • Cuando a las historias les salen patas, cola y van por el monte

    Juan José Rios Arbeláez / juan.riosa@upb.edu.co

     

    Irene Solá, artista catalana, ganadora del Premio de Literatura de la Unión Europea en 2020, visita Colombia por primera vez como invitada del Hay Festival que realizado en Jericó, Medellín y Cartagena. Desde Jericó habló sobre los lugares que habitan sus historias, la necesidad de narrar y su proceso de creación. Esta es la conversación exclusiva para la audiencia de Contexto:

     

    “¿Qué poder tiene el contar historias por encima de ser contado en las historias?, a mi el folclor me gusta por entender cómo los distintos grupos hemos mirado el mundo desde hace tanto y hemos intentado contarlo”, empezó diciendo Irene Solá en un conversatorio con la autora Sara Jaramillo Klinkert sobre  las historias que habitan los montes, la correlación entre la literatura de ambas autoras, la necesidad de narrar, la presión del éxito editorial y las bases como artista plástica de la novelista nacida en Malla, Cataluña.

     

    Solá, de 33 años, es una artista plástica formada en la Universidad de Barcelona con posteriores estudios en literatura, cine y cultura audiovisual en la Universidad de Sussex. Ha escrito tres novelas: Els dics (2018), Canto yo y la montaña baila (2019), Te di ojos y miraste las tinieblas (2023), traducidas a mas de veinte lenguas por lo que concluye que finalmente “al libro le van a salir patas y cola, y se va a casas y lenguas que no voy a ver ni entender”.

     

    Solá es una artista polifacética. En conversación con la escritora Sara Jaramillo profundizo sobre su faceta con las letras. Foto: @hayfestival

     

    Tras el éxito de Canto yo y la montaña baila (2019), en su última novela cuenta una historia familiar desde un pacto entre una mujer y un diablo de carácter pagano, decantando la narrativa de Solá por el folclor que la abraza.

     

    ¿Cómo encuentra Jericó en comparación con los pueblos a los que está habituada?

    A pesar de que yo he crecido en un pueblo, no toda la vida he vivido allí. He vivido en grandes ciudades y me gusta vivir en grandes ciudades. Sin embargo, cuando veo a Jericó en comparación con el lugar donde crecí, diría que vengo de un pueblo diseminado. No hay calles. Solamente hay campo y casas y bosque. Mientras que en Jericó hay una plaza de donde hay mucha vida, es el centro de donde aparece mucha actividad.

     

    Con respecto a las grandes ciudades… en la charla hablaba de una búsqueda de universalidad en sus inicios y como esas ciudades hacían parte de eso. ¿Esa búsqueda persiste en los textos?

    En un momento dado me doy cuenta de que no hace falta buscar esa universalidad o que cualquier historia es universal y yo puedo contar una historia, la que sea, y situarla donde sea y que esta historia se va a entender desde todas partes. Que no hace falta situarla en una gran ciudad ni buscar universalidad. Sino que si estas escribiendo una historia que a ti te interese profundamente y que sea honesta con tus intereses, creo que eso se puede entender y conectar en todas partes.

     

    Mencionaba a Wolfe, Faulkner, Rulfo como unos de tus referentes literarios más potentes, sin embargo, cada vez hay menos lectores de la novela clásica y nuevos formatos toman fuerza en la narración, ¿cómo aparece eso a la mirada de una artista plástica?

    ¿Tu crees que cada vez la gente lee menos?, yo no estaría tan segura. Evidentemente hay de todo. Pero yo no pondría en mi boca la idea de que la gente consume solamente reels o tik tok y ya no lee. Considero que hay personas que consumen otros medios y leen a la par. Bueno, no tengo datos a la mano. Pero yo creo que la gente hace muchas cosas y entre esas está leer.

     

    ¿Cómo apareció esta necesidad de la escritura dentro de todas las líneas de expresión que podía manejar?

    Me di cuenta de que quería usar la palabra como materia prima de la misma manera que estaba usando otros como el video. Y entendía que en mi obra había una necesidad de lo narrativo y las historias. Algo que había comprendido realmente en mi formación de Bellas Artes, era el proceso de realización de una obra y lo que implica dedicarse por un tiempo indefinido, con toda la intensidad posible a realizar un proyecto que nadie te ha pedido que lo hagas.

     

    A los asistentes del Hay Festival en Jericó, Solá les habló de la forma en que trabaja y las rutinas de conexión que exige una creación como un libro. Foto: tomada de @hayfestival

     

    Hablaba de manera enfática sobre el proceso que venía antes de escribir, la investigación…

    Que para mi no es antes, ¿eh?, es algo que se da al mismo tiempo.

     

    ¿Cómo manejar la extensión que pueda tener esa idea y no permitir que se escape antes de terminar la obra?

    Todo forma parte del proceso aunque no forme parte de la misma manera. A veces en tu proceso encuentras caminos y descubres cosas que crees van a formar parte de la novela y que en otro punto te das cuenta de que eso no va ni queda. Pero para mi eso no es malo. Es aprender que va y no va.

     

    ¿En el proceso de escritura cómo funciona su método a nivel temporal?

    Intento trabajar cada día. Si estoy viajando no siempre se puede estar escribiendo cada día. Pero cuando tengo el tiempo de trabajar debo vivirlo, conectarme tan a menudo como pueda. Porque si pasas días afuera, luego tienes que volver a conectarte.

     

    ¿Qué es lo importante de venir a Jericó a un festival como el Hay?

    Hay algo paralelo al trabajo de promoción, que es empaparse de un lugar que no conocías antes. Entender cosas que no se entienden solamente desde el cerebro, sino desde las percepciones. Hay muchas cosas que te impregnan. Autores de otros contextos. Yo siempre me llevo libros y comida, para cocinar en mi casa.

     

    ¿Y qué creería que le queda a Jericó del Festival?

    Bueno, eso tendríamos que preguntárselo a la gente de acá, por supuesto. Porque yo hago parte de toda esta cosa que viene y luego se marcha. Pero es cierto que hablando con las personas que había a mi alrededor, tenía la sensación de que muchos habían asistido históricamente al festival y tenían en su cabeza conversatorios de otros años y autores en el festival.

     

    Solá tiene serias dudas sobre la idea de que hoy se lee menos, señala que este hábito se mueve no solo por los libros. Probablemente por eso que sus historias con patas y cola pasaron a gusto por Las Nubes y El Salvador, los cerros tutelares de Jericó.  

     

    *Contexto estuvo en el Hay Festival Jericó 2024 por invitación de Comfama a medios universitarios de Medellín.

     

  • Los retos de informar por [el] deporte

     

    Laura Rendón Zuleta / laura.rendonzu@upb.edu.co

     

    La actividad de los deportes y sus equipos o figuras más célebres ocupan un lugar de referencia en la sociedad actual. Para ello es clave el papel del periodismo y los medios. Al tiempo, en el ámbito de varias disciplinas se habla cada vez más de un producto cuya calidad hay que cuidar con estrategias de mercadeo, contrataciones y organización de competencias. En la era de la información digital y las redes sociales, este ámbito no está exento de los desafíos que plantea la desinformación. Recogimos los análisis de varias figuras de los medios y el deporte.

     

    La posible llegada del jugador chileno Arturo Vidal o del técnico histórico Ricardo Gareca al club América de Cali es la reedición de las complejas “novelas” que al inicio de cada torneo se conocen por los medios en Colombia, como la que en su momento rodeó la contratación de Juan Fernando Quintero por el Club Atlético Junior y los persistentes rumores sobre un posible fichaje de Falcao García por Millonarios. No solo en Colombia, la agenda informativa de los espacios deportivos incluye reportes, a veces demasiado minuciosos, en los que a menudo hay desmentidos de la información contradictoria y confusa proveniente en su mayoría de las redes sociales, que también genera dudas sobre la integridad de la información deportiva. 

     

    El manejo de estas situaciones llama a reflexionar cómo, incluso como simples aficionados a un deporte, enfrentamos la proliferación de noticias falsas, rumores infundados y la falta de verificación de datos, hechos que han planteado interrogantes acerca de la forma en que se comunica y se recibe la información deportiva. Abrios la discusión con tres periodistas deportivos: Óscar Tobón, periodista deportivo de Win Sports; Juan Felipe Cadavid, periodista de Caracol Radio; y Víctor Romero, periodista deportivo de ESPN. 

     

    Desinformación en el periodismo deportivo: la perspectiva de los periodistas 

     

    Antes del inicio del segundo semestre de la liga colombiana en 2023, el periodista José Daniel Castro dio por sentado que Alejandro Restrepo sería el nuevo técnico del Deportivo Independiente Medellín. Sin embargo, su afirmación fue refutada por otros periodistas, como Felipe Sierra de Win Sports, quien desmintió este rumor al señalar que Restrepo tenía negociaciones con otro club del país. Posteriormente, el presidente del Medellín, Daniel Ossa, salió a desmentir la supuesta negociación.  

     

     

     

    Este caso, que no es único, es un ejemplo de cómo los rumores y la información no verificada pueden propagarse rápidamente en el ámbito deportivo. Algunas causas las explora el periodista Juan Felipe Cadavid: “La desinformación no es un problema exclusivo de la era actual, sino que ha existido en el periodismo deportivo a lo largo del tiempo. Sin embargo, en la actualidad, con el acceso generalizado a la información a través de Internet, se ha vuelto más evidente. Hace 40, 30 o 20 años los oyentes, televidentes y lectores dependían principalmente de los periodistas colombianos como fuente de información, lo que limitaba la difusión de la desinformación”.  

     

    Cadavid enfatiza en que, para un periodista, la disponibilidad masiva de información en la era digital le facilita identificar cuándo se produce desinformación. Además, considera que los periodistas, en su afán de ser los primeros en informar en las redes sociales, a veces descuidan la rigurosidad en su trabajo, lo que puede llevar a la propagación de información incorrecta. 

     

    Por otro lado, Víctor Romero plantea que: “Debemos comenzar por abordar la formación del periodista, ya sea aquel que representa a un medio de comunicación o trabaja de manera independiente. Es esencial evaluar cómo se capacita y adquiere la información, ya que el fenómeno de las noticias falsas y la desinformación surge cuando un periodista no está debidamente actualizado o carece de las bases necesarias para abordar una noticia. Esto incluye aspectos como la selección adecuada de fuentes, la evaluación crítica de información y la constante actualización sobre los temas que cubre. Estos elementos son fundamentales para entregar información precisa y verificada a un público específico”. 

     

    Romero también menciona la multiplicidad de fuentes de información en la actualidad como un factor que contribuye a la desinformación. Con la presencia de diversos medios de comunicación, se reafirma un desafío adicional para los periodistas: filtrar y verificar la información antes de transmitirla al público sin determinar sesgos o rasgos informativos.  

     

    Fuentes confiables y credibilidad 

     

    En un mundo inundado de información, es fundamental para los periodistas deportivos asegurarse de que las fuentes que consultan sean confiables y de calidad. El periodista Óscar Tobón considera que la construcción de relaciones sólidas con fuentes confiables es esencial y demanda tiempo y esfuerzo porque implica estar presente en el campo, asistir a entrenamientos y permitir que los equipos y las personas se conozcan tanto a nivel profesional como personal. Explica que esta interacción continua crea una base de credibilidad que es fundamental a medida que la fuente proporciona información, que, no obstante, siempre se busca verificar a través de otras fuentes. Señala que así se establece un vínculo más sólido con la fuente. Señala además que nunca se debe revelar la identidad de una fuente y lo ilustra con un caso:  

     

    “Una vez recibí una llamada de Germán Ezequiel Cano, con quien tenía una estrecha relación, al igual que con su representante. En ese momento, el Medellín estaba llevando a cabo sus entrenamientos en la base aérea, un lugar altamente restringido y de difícil acceso para el público en general. Durante uno de esos entrenamientos, ocurrió un incidente, creo que fue una lesión.  

     

    Me llamaron para informarme sobre lo que había sucedido, siendo una de mis fuentes la que proporcionó la información. Sin perder tiempo, publiqué la noticia en mi cuenta de Twitter y posteriormente la compartí en mi programa de radio, cuando trabajaba en Wbeimar [lo dice]. Al rato, recibí una llamada de Germán Cano. 

     

    Con cierta inquietud, Germán me preguntó: ‘Eh, Oscar, ¿quién te proporcionó la información sobre lo que ocurrió en el entrenamiento?’. Mi respuesta fue firme: ‘Hermano, no puedo revelar la identidad de mi fuente’. Germán insistió: ‘Necesito que me lo digas’. Mi respuesta fue la misma: ‘Germán, no puedo hacerlo. La fuente es confidencial y no puedo traicionar esa confianza’. La tensión en la conversación aumentó cuando Germán amenazó con dejar de darme información si no le revelaba la fuente. Ante su ultimátum, decidí mantener mi integridad periodística y respondí: ‘Como prefieras, Germán. Si eso significa que no volveremos a hablar y no obtendré más notas de ti, así será’ “.  A pesar de que las colaboraciones periodísticas entre Tobón y Cano cesaron un tiempo, su amistad perduró y con el tiempo se restableció el lazo periodístico.

     

    Juan Felipe Cadavid destaca que la base del periodismo ha sido la construcción de relaciones con fuentes confiables y la confrontación de información. Sostiene que ha desarrollado relaciones sólidas con fuentes en las que confía, aunque siempre mantiene la práctica de corroborar la información cuando se trata de fuentes menos conocidas. Cadavid insiste en que es importante ser crítico y verificar, pero también reconoce la existencia de fuentes de confianza que han ganado ese estatus con el tiempo. 

     

    Víctor Romero considera que la verificación es clave. Esto implica consultar con múltiples fuentes y obtener diferentes puntos de vista, especialmente cuando se trata de noticias importantes. Explica que esto es similar a cuando una persona entra a un vestuario de fútbol y contempla una camiseta en exhibición: puede mirar la parte frontal y captar lo que se muestra en ella, como el escudo o los colores. Sin embargo, para una visión completa, alguien más proporcionará detalles sobre el reverso de la camiseta, como el número, el apellido del jugador. Así explica que siempre hay la necesidad de varios puntos de vista para informar y formar así una historia. 

     

    Entre rapidez y precisión 

     

     

    Los profesionales del periodismo deportivo coinciden en la importancia de que se formen colegas capaces de procesar con rigor la información que reciben de sus fuentes y a la vez crear ángulos novedosos para enfocar sus contenidos. Desde la Raya es un semillero de nuevos periodistas del deporte que se ocupa de retos como estos. Foto: Desde La Raya

     

    La competencia por informar rápidamente puede llevar a errores en la información. En este contexto, Oscar Tobón, comparte su enfoque sobre cómo encontrar el equilibrio adecuado entre la rapidez y la precisión:  

     

    “Por ejemplo, cuando me informan sobre un posible traspaso de un jugador al Medellín, pregunto a fuentes oficiales y también a fuentes no oficiales, que en ocasiones ofrecen información más fiable. La clave es la verificación. Antes de publicar cualquier información, consulto múltiples fuentes y confirmo los detalles”. Sobre el papel de las redes sociales habla de un problema que llama “periodismo de periodistas”: “Alguien ve algo publicado y simplemente lo replica. O le da retweet o copia y pega, que esto sí es un horror. Hay colegas que simplemente la información que da uno, ellos la dicen”. Tobón cuenta que ha recibido reclamos de colegas que “se quedan sin información porque uno no la da”.

     

    Juan Felipe Cadavid señala que existen ciertos temas en los que prefiere no involucrarse, especialmente “aquellos que son altamente cambiantes y complejos, como los fichajes en el mundo deportivo. En estas situaciones, es crucial mantener una distancia reflexiva. Los fichajes, por ejemplo, es un tema donde tú le vendes el alma al empresario que te cuenta muchas veces lo que beneficia sus intereses. Son temas muy variables. Un negocio que parecía prometedor a las 10:00 de la mañana podría dar un giro completo a las 12 del día. Por eso, priorizo la gestión de fuentes confiables y, cuando siento que una fuente no es lo suficientemente sólida, opto por no informar hasta que cuente con información adicional verificable”. 

     

    La presión por ser el primero en dar una primicia puede ejercer una fuerza abrumadora sobre los periodistas, ante lo cual tomar decisiones es complicado, concluye Cadavid: 

     

     “Todos los periodistas deportivos hemos enfrentado situaciones en las que la presión por ser los primeros en informar ha afectado la precisión de lo que decimos. Recientemente, viví una situación así cuando estaba viendo la conferencia de prensa de los jugadores del América de Cali. En un primer momento, se anunció que Lucas González dejaría el equipo. Actué de inmediato y compartí la noticia en mis redes sociales sin esperar a que finalizara la conferencia. Sin embargo, posteriormente, los jugadores rectificaron y dijeron que González seguiría dirigiendo al equipo por algunos partidos más. Ante esto, decidí ser transparente y publiqué una serie de mensajes explicando la secuencia de los eventos. Asumí la responsabilidad por mi error y enfrenté el escrutinio público. En estas situaciones, creo que lo más importante es mantener la integridad y la honestidad con nuestros seguidores y lectores”. 

     

    Óscar Tobón, también compartió: “Hubo una ocasión en la que esta urgencia por dar la noticia me llevó a una situación complicada. Publiqué que Andrés Cadavid se unía al Medellín después de haber supuestamente pasado exámenes médicos. Para mi sorpresa, el mismo jugador me contactó negando la veracidad de la información. Mantuve mi confianza en mi fuente, pese a que Cadavid insistía en que mi fuente era muy mala, sin embargo, la situación se complicó aún más cuando Colón de Santa Fe exigió más dinero por el préstamo del jugador debido a la filtración de la noticia. En ese momento, sentí una verdadera presión, ya que temía quedar en entredicho. A pesar de esto, creo que en los años que llevo en esto he tratado de equivocarme lo menos posible al verificar cuidadosamente la información”. 

     

    Víctor Romero destaca que este tipo de situaciones también puede involucrar a fanáticos, entrenadores o periodistas que, por diversas razones, buscan dañar la reputación de una persona. En este contexto, la información errónea puede propagarse rápidamente en las redes sociales, lo que dificulta a muchas personas discernir entre lo real y lo falso. Por eso, es fundamental contar con filtros y mecanismos para evitar la propagación de desinformación en el periodismo deportivo y en la información en general. 

     

    La audiencia responsable

     

    Santiago Estrada Sánchez, un apasionado hincha del Deportivo Independiente Medellín, vive inmerso en el mundo digital en busca de las últimas noticias sobre su equipo favorito. Utiliza activamente Twitter y es miembro de grupos de Facebook dedicados al club. Sin embargo, su experiencia en la búsqueda de información deportiva es un viaje lleno de altibajos. A menudo, se ve inundado con rumores y especulaciones sobre fichajes y negociaciones, se debate entre la emoción de las posibles noticias positivas y la incertidumbre sobre si las fuentes son fiables. Como Santiago, muchos aficionados al deporte enfrentan este dilema en la era de la información digital y las redes sociales. 

     

    Estrada coincide con periodistas a los que sigue como Óscar Tobón en que cada periodista y persona construye su propia credibilidad con el tiempo y para los profesionales esto supone tomar decisiones difíciles. Tobón cita como ejemplo la decisión que tomó de abandonar un medio digital partidario en el que trabajó, por lo que consideraba un sesgo sensacionalista inconveniente en los contenidos, el cual repercutía negativamente en la relación con los jugadores y demás fuentes.

     

    Tobón resalta que los periodistas tienen la responsabilidad de influir en la opinión pública de manera ética. Reconoce que las personas, especialmente aquellas con menos conocimiento en un tema, pueden ser altamente influenciables. Por lo tanto, enfatiza la necesidad de la responsabilidad en la información que se publica, se comparte y se consume. Más allá de la búsqueda de popularidad en redes sociales, Tobón sugiere que la integridad periodística debe prevalecer, priorizando la calidad del trabajo sobre la búsqueda de atención efímera. 

     

    Al respecto, Víctor Romero coincide en que la formación y la calidad profesional son fundamentales para reducir la desinformación en el periodismo deportivo. Destaca la importancia de invertir más en periodistas capacitados que puedan filtrar y verificar la información de manera efectiva. Insiste en la necesidad de mantener altos estándares éticos y no sacrificar la calidad por la rapidez en la cobertura de noticias deportivas, como parte e un esfuerzo que convoca a la industria de los medios y también a los consumidores de noticias para preservar la integridad de la información en el mundo del deporte. 

     

  • Inteligencia artificial: ¿génesis o apocalipsis?

    Pablo Montoya Escobar / pablo.montoyam@upb.edu.co*

    *Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto.

    La inteligencia artificial se ha presentado como una amenaza desde sus primeras apariciones en el mundo de la ficción; desde la fuerza imparable de la creación del Dr. Frankenstein, hasta los robots rebeldes de Asimov, cualquier ente creado por el hombre pero que obre por su propia voluntad ha representado un miedo irracional a caer bajo la dominación de estas criaturas. Ahora, en la segunda década del siglo XXI, la inteligencia artificial ya no solo vive en los mundos distópicos de la ciencia ficción, sino que está presente en la cotidianidad en más aspectos de los que podríamos pensar.
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    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

     

     

    ¿Cuáles son los riesgos?

    Aunque no represente la misma amenaza que Skynet, las inteligencias artificiales del mundo contemporáneo no son completamente inofensivas. Más que actuar de manera hostil desde su propio libre albedrío, los avances tecnológicos y herramientas que han brindado las I.A. permiten que se abran brechas cada vez más rápido en lo que respecta a seguridad informática, lo que pone en riesgo a los usuarios de internet.

     

    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

    Quizás la amenaza más evidente que supone la inteligencia artificial hoy en día es la de la desinformación. Con el boom de las redes sociales, también vino el boom de las noticias falsas, las redes sociales permitían difundir de manera masiva información manipulada, que en muchos casos podía llegar a presentar incluso riesgos democráticos o sociales por el contenido de esta. En ese entonces podía bastar con una breve búsqueda en Google para desmentir lo que se presentaba, pero hoy, con el uso de herramientas que hacen uso de I.A. se vuelve cada vez más difícil discernir entre la realidad y la ficción.

     

    Herramientas para generar textos permiten la creación de campañas de desinformación masivas, los deepfakes y las plataformas de creación de imágenes a base de texto como Midjourney han permitido crear imágenes y videos casi imposibles de diferenciar de la realidad, son los casos de las recientes imágenes del “arresto” de Donald Trump, la creación de un anuncio por el partido de oposición polaco en el que se recrea la voz del primer ministro o el video de Zelenski haciendo un llamado a que el pueblo Ucraniano se rindiera ante las tropas rusas. Si bien estos casos representan la manera en la que se difunde desinformación nociva a gran escala, estás mismas herramientas se pueden utilizar para suplantar la identidad y atentar contra el buen nombre de ciudadanos comunes de formas antes inconcebibles: llamadas de extorsión usando la voz de familiares o la difusión de fotos íntimas generadas por computadora son ejemplo del peligro de la I.A. para los usuarios de internet.

    En el imaginario popular, los hackers son individuos retraídos con la capacidad de acceder a cámaras de seguridad o redes gubernamentales solo con digitar rápidamente una serie de números y letras incomprensibles que se presentan en una pantalla de color verde neón, pero el proceso del hacking es en realidad mucho más tedioso a lo que se presenta en Hollywood, o tal vez lo era. Las I.A. han facilitado en gran medida el proceso de los hackers y ha diversificado su arsenal de armas digitales.

     

    Si bien no está en el punto de suplantar la creatividad de los seres humanos, la I.A. ha hecho que procesos que antes pudieron tardar horas para una persona, se realicen en cuestión de segundos; el desarrollo de redes neuronales permite analizar las acciones de individuos de maneras tan precisas que incluso se ha llegado a un algoritmo que permite robar contraseñas con simplemente escuchar los sonidos producidos al teclear. Otro caso un poco más alarmante es la creación de nuevos malware con la ayuda de la I.A. que cuentan con la capacidad de adaptarse a diferentes antivirus, robar grandes bases de datos personales y volverse más poderosos con el tiempo, incluso se han dado casos en los que se han creado virus solamente con brindarle un prompt u orden a Chat GPT.

    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

    Pero ¿qué significa todo esto? ¿Debemos resignar a nuestra humanidad y prepararnos para vivir dentro de la Matrix? ¿Hay alguna solución a la inminente conquista de las maquinas pensantes? El futuro no es tan oscuro como los párrafos anteriores hayan podido indicar, así como la I.A. es utilizada con fines nefastos, también puede ser utilizada para proteger los derechos de los humanos. Antes de comprender el cómo se puede utilizar a las I.A. en pro de la humanidad es necesario comprender el funcionamiento de estas. ​​​​​​​

     

    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

    ¿Qué es una inteligencia artificial?

    Primero, es necesario desmitificar un poco el concepto de inteligencia artificial. Esta no es “inteligente” en el sentido estricto de la palabra; por lo general, cuando nos referimos a inteligencia artificial hablamos de un software que ha sido diseñado y entrenado para cumplir tareas específicas; las inteligencias artificiales generales (todavía una hipótesis en el mundo tecnológico) son aquellas que tanto tememos, las que desarrollan consciencia y capacidades superiores a los humanos. Por ahora, sigamos con las inteligencias artificiales.

    Un ejemplo cotidiano de cómo se entrena a una I.A. son los CAPTCHA, esas pruebas que muchas veces saltan en la pantalla y piden identificar semáforos, hidrantes o motocicletas para confirmar que el usuario es un humano; paradójicamente son utilizados con el fin de entrenar algoritmos, en este caso usados para vehículos autónomos. Básicamente es así como se crean diferentes I.A, Chat GPT se entrena con textos, MidJourney con imágenes e ilustraciones, Amper con música.

    Así que es necesario comprender que detrás de las I.A no hay un ser consciente que da respuestas producto de su conocimiento, sino más bien es un programa que recibe datos y calcula la respuesta adecuada según la instrucción dada.

     

    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

    ¿Cómo la IA puede protegernos?

    Aunque existan quienes usen la I.A. con fines maliciosos, es necesario resaltar las formas en las que esta es usada para proteger a los usuarios de internet.

    Con el boom de las I.A, el mercado está en una constante búsqueda por aprovechar al máximo las posibilidades que brindan estas tecnologías, y aquí está incluida el área de seguridad informática. Son muchos los algoritmos que se han creado para combatir softwares maliciosos y proteger la privacidad de los usuarios.

    En el caso de los malware, las inteligencias artificiales operan escaneando permanentemente grandes cantidades de datos en busca de discrepancias que puedan indicar la presencia de algún riesgo para el usuario. Estas no solo funcionan al momento de descargar un archivo, sino que también monitorean la forma en la que se comporta el programa al momento de ser ejecutado. Al momento de identificar una anomalía la I.A se encarga de proceder de distintas maneras según el caso, ya sea alertando al usuario, poniendo el archivo en cuarentena o simplemente eliminándolo.

    Otra forma en la que se puede usar para proteger los derechos informáticos, es a través de la encriptación de datos, es decir transformar la información a un formato ilegible incluso para otras I.A. Si bien estas no son directas “responsables” del proceso de encriptación, son herramientas utilizadas para reforzar la fuerza de estos algoritmos, generando claves seguras, analizándolos en busca de anomalías o brechas en el sistema y mitigando ataques que se lleven en contra del sistema. De esta manera se mantienen seguras las bases de datos de compañías que manejan información delicada y también la información de usuarios archivadas e plataformas como redes sociales y bancos.​​​​​​​

     

    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

    El mundo esta cambiando, la tecnología parece desarrollarse cada vez más rápido y es inútil resistirse al hecho de que la humanidad tendrá que convivir con la inteligencia artificial en muchos aspectos de la cotidianidad. Este cambio probara ser complicado, muchas labores serán automatizadas y otras nuevas surgirán, será esencial comprender a la I.A de modo que se pueda aplicar en áreas que faciliten la vida personal y laboral. La línea de la propiedad intelectual será cada vez más borrosa, no sería raro encontrarse con un nuevo libro de Shakespeare o un nuevo álbum de Queen, e incluso se puede dar el caso de que las nuevas celebridades sean avatares virtuales que conecten de una manera más cercana con el público.La educación y la conciencia sobre la seguridad en línea serán pilares fundamentales para navegar con éxito en este nuevo paradigma tecnológico y garantizar que la convivencia con la I.A sea beneficiosa y enriquecedora para la sociedad en su conjunto.

     

    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

    ¿Qué discusiones abre la inteligencia artificial para la propiedad intelectual y los derechos de autor cuando logra emular las voces de los artistas? Escuche aquí cómo suena este dilema.

     

     

    ** Versión original publicada en el blog del autor para el curso Proyecto I.

  • El arte de mover las fichas

     

    Vivir y financiar las apuestas creativas en Medellín es, como en los juegos de mesa, una actividad donde no importan las cartas con la que se comienza, sino cómo se juegan. Las diferentes propuestas que se pueden encontrar en la ciudad no se sostienen por sí solas y es cuestión de cada jugador encontrar su propio recorrido a la meta.

     

    Por Manuela Rendón Uribe / manuela.rendonu@upb.edu.co

     

    Sección de la exhibición colectiva ‘La belleza será convulsa o no será’ del MAMM. Foto por Manuela Rendón

    Sacar pares para empezar a jugar

    No existen dos jugadores que empiecen la partida desde el mismo punto de salida. Algunos cuentan con estudios técnicos o profesionales que les otorgaron herramientas, conexiones o aprendizajes que han hecho más llevadero el viaje, otros por su parte, llegaron al arte por vías más empíricas y experimentales.

     

    Dentro del circuito del arte en la ciudad podemos encontrar publicistas, ilustradores, tatuadores, artistas plásticos, fotógrafos, artistas visuales, diseñadores gráficos, comunicadores sociales e inclusive profesores o ingenieros, todos viendo el concepto del arte desde sus propias perspectivas que les permiten llegar a una conclusión general sobre este: ya sea desde la técnica, el mensaje o el talento, el arte es algo de lo que se puede vivir si se sabe jugar la mano que le toca. Otras cartas importantísimas en la baraja deben ser la dedicación, el conocimiento de la industria, la presencia, la exposición, y, sobre todo, entender que detrás del arte hay un negocio que se mueve y tiene sus propios trucos y atajos.

     

    Las fichas y las casillas

    Pero no todos los jugadores observan el tablero de la misma forma. Carlos Daniel Álvarez (también conocido como @carlosdaniel.jpg en redes sociales) es un artista visual que ha expuesto en espacios como el Museo de Antropología y Artes de Jericó (MAJA), el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) y el Salón Nacional de Artistas y que, como trabajo oficial, se dedica a pasear perros, hacer domicilios y trabajar en plataformas de transporte como Picap.

     

    La gente se extraña cuando escucha esta mezcla: un artista visual con exposiciones en grandes centros culturales que por amor y placer vive de pasear perros y llevar gente en su moto. “El arte es algo que me pasa mientras hago mi vida”, dice.

     

    Nos hemos encontrado cerca de Unicentro después de un largo día de trabajo. Con los años ha adquirido la disciplina de sacar a caminar a sus clientes por dos horas tres días a la semana. Lunes, miércoles y viernes. Esta costumbre le ha permitido ampliar su conocimiento de la ciudad y tomar las fotografías por las que es reconocido.

     

    Sus dos exposiciones en el MAMM ocurrieron tiempo después de presentarles su portafolio, no fue una oportunidad instantánea, sino algo que se presentó por su persistencia en redes y la calidad de su trabajo, detalles que llamaron la atención de los museos para sus grandes exposiciones temporales.

     

    No todas sus muestras han sido financiadas por centros culturales, menciona Daniel. Cuando los museos cuentan con bolsas de financiación para los montajes y la producción es más fácil para los artistas obtener una ganancia del pago; cuando no, la producción corre a expensas de los artistas que deben hacer uso de créditos, ahorros o recaudaciones para lograr su exposición.

     

    ¿Cuáles son las cartas que Daniel adicionaría a la baraja de cualquier artista en la ciudad? Tener un excelente portafolio, una rutina, un objetivo, y ser persistente con la exposición en redes sociales.

     

     

    << Obtenido de @carlosdaniel.jpg en Instagram.

    Aunque el portafolio es esencial para cualquier artista, la búsqueda de nuevas oportunidades y el trabajo colectivo son, para Nube, artista plástica de la Universidad de Antioquia, la base del arte en la ciudad.

     

    Nube se llama Laura Henao, y durante ocho años hizo parte del colectivo de la Editorial Zarigüeya y la Librería Mutante, espacios que a través de la venta de obras autopublicadas, ahorros y becas internacionales logró sostener durante años su espacio en el pasaje La Bastilla y su casa para artistas en el centro de la ciudad.

     

    Para Nube es importantísimo aprovechar los recursos que ofrece la institucionalidad sin caer completamente en ella. “Nosotros sostuvimos la librería durante un año con nuestro propio trabajo. Nos parecía importante tener un espacio físico que fuera coherente con lo que buscábamos, que era permitir que los artistas obtuvieran el cien por ciento de comisiones sobre su trabajo”.

     

    La idea de Mutante obtuvo más fuerza cuando, después de meses viviendo de impartir talleres y una ardua investigación a través de conocidos e Internet, encontraron la beca internacional Prince Claus Seed Awards la cual les otorgó un beneficio aproximado a los $80.000.000, con los cuales sostuvieron y gestionaron la casa Mutante por más de un año y a todos los artistas residentes que aprovecharon su proyecto.

     

    Sin embargo, y como sucede en Medellín, muchos proyectos se vuelven insostenibles con el tiempo y tras la separación del equipo, Nube se dedicó a la ilustración de manera independiente gracias a todos los contactos en proyectos que generó durante los años de trabajo y gestión en Mutante. Al día de hoy Laura es profesora de arte en una empresa de carácter social en la ciudad. “Me cansé del rebusque, de la precariedad que hay en ciertos proyectos y de lo indigno que puede ser a veces el arte. Ahora soy profesora, lo que había sido siempre mi sueño y estoy muy feliz”.

     

     

    Obtenido de @_nube en Instagram>>

     

    En sus tiempos libres, Nube se dedica a tatuar sus diseños en una de las habitaciones de Un Nuevo Error, un espacio para artistas y no artistas en Belén, que en el transcurso de esta reportería cumplió cinco años de funcionamiento. “Preferimos llamarnos ingenuos”, dice Alejandro Metaute, cofundador de la Casa Error donde la principal característica es la autogestión y el autosustento. “La idea es que la casa se sustente sola con los proyectos y los eventos que se hacen dentro de ella, sin poner de nuestro bolsillo; si alguien hace un taller, recibir una comisión, prestarles el espacio a colectivos o hacer un evento y cobrar las polas,” afirma Metaute, dando así una respuesta o solución a uno de los grandes problemas del arte en Medellín como lo es la precarización en la financiación de espacios creativos de la ciudad.

    Los espacios de Un nuevo error están abiertos para charlas, talleres y exposiciones.
    Imagen tomada de @unnuevoerror en Instagram.

     

    ¿Cuáles son las cartas que Nube adicionaría a la baraja? Pagos justos. Pagarse y reconocer el arte como un trabajo que debe ser cobrado y pagado de manera digna. Saber manejar los tiempos, el dinero y los ritmos de trabajo.

     

    No pausar partida ni salirse sin guardar

    Varios artistas coinciden en la importancia de tener presencia en redes sociales, saber de marketing, administración de empresas, finanzas básicas e inclusive legislación sobre derechos de autor. Pero en lo que más han coincidido es sobre la importancia de presencia en el circuito.

     

    María Paulina Restrepo se hace llamar ‘La señora que dibuja’ en redes sociales. Es ilustradora desde hace más de quince años y su fuerte es la ilustración infantil. “Claro que se puede vivir del arte”, dice. Lo más importante es darse a conocer y no desaparecer de la industria. “Yo no empecé viviendo de esto, me tomó más de cinco años poder vivir del arte, pero sé que ha sido porque me he desaparecido y no he sido constante con mi trabajo”.

     

    En medio de la entrevista, María Paulina cuenta lo difícil que ha sido lidiar con su salud mental en medio de una industria que no siempre maneja pagos a tiempo y donde la demanda de trabajos es incierta. “Ya tengo clientes fijos, pero me tomó tiempo establecerme, antes tenía otros trabajos al mismo tiempo e ilustraba lo que los demás necesitaban y no lo que yo quería. Sé de colegas que les tomó menos tiempo, pero considero que todos manejamos tiempos y procesos distintos y esto no está mal”.

    Entre las obras de las que más orgullosa se siente está El Gato Mambrú, un cuento infantil financiado gracias al Estímulo para la Creación de Obra Literaria para Público Infantil del Museo de la Casa de la Memoria, el cual le otorgó un premio económico por su obra con el que debía de sacar el proyecto Mambrú adelante y subsistir por un par de meses.

     

    El Gato Mambrú narra la historia de un gato pequeño que es obligado a irse para la guerra a combatir.

    Imagen tomada de @lasenoraquedibuja en Instagram. >>

     

    ¿Cuáles son las cartas que María Paulina agregaría la baraja? Siempre estar presente (ya sea en la web o en eventos del gremio), movilizar y buscar nuevos espacios para sus obras y no desestimar el poder que el voz a voz tiene en el circuito.

     

    Rifas, juegos y espectáculos

    No a todos los jugadores se les entregan los mismos billetes al iniciar la partida, o se les paga cada vez que pasan por la salida de nuevo. Aunque el arquetipo del artista que proviene de un entorno económico estable aún ronda por ahí, la verdad es que cada día son más los artistas que buscan diferentes oportunidades, espacios y convocatorias que les permitan financiar su arte a largo plazo.

     

    Algunas de las convocatorias más conocidas son la Convocatoria de Fomento y Estímulos para el Arte y la Cultura en la ciudad de Medellín; las convocatorias de Circulación Artística, Encuentros y Festivales Artísticos y Culturales, y el Portafolio Departamental de Estímulos para el departamento de Antioquia y el Programa Nacional de Estímulos para el resto de Colombia, todas disponibles en la red pero no accesibles para todos los artistas de la ciudad y el país.

     

    Aunque las convocatorias son muy claras con sus requisitos, inscripciones, documentación, fechas de desembolso y cronogramas, son los recursos a distribuir los que hacen el trámite complejo o poco rentable para muchos artistas. En muchos de los procesos el desembolso solo se hace a un proyecto ganador por categoría o inclusive región, generando así un desbalance entre la cantidad de proyectos presentados y la cantidad financiada, y aunque las cuantías a desembolsar siempre van por encima del salario mínimo legal vigente, a la hora de repartirla entre los diferentes costos, inversiones y participantes, la ganancia puede bajar considerablemente de modo que el artista debe buscar una nueva oportunidad o convocatoria en otro sector para financiar su próxima idea.

    Tabla tomada del Manual para la Convocatoria del Programa Nacional de Estímulos 2023.

     

    Para artistas como Gelatina, una ingeniera industrial por diploma pero fanzinera por vocación, las convocatorias pueden ayudar por un par de meses pero no pueden ser la única fuente de sustento: “Eso rinde dos o tres meses, y uno también trata de invertirlo en otros proyectos, pero vivir de incentivos es imposible, es una ayuda”, afirma, pues siendo ganadora en dos ocasiones diferentes de estímulos de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín, ha tenido que invertir la mitad del desembolso en la elaboración, edición, producción, distribución y exhibición de la obra terminada. “Se puede [vivir del arte] pero no es la regla, hay personas que deciden tener vidas muy complicadas por dedicarse al arte y hay otros que logran tener suerte, talento y contactos que le permiten poder vivir del cuento”. Afirma la fanzinera, pues, entre rifas, trabajos freelance y creación de contenido para redes se encuentra financiando su próximo gran proyecto.

     

    ¿Qué incluiría Gelatina a la baraja? Saber de mercadeo, entender tendencias, expandir la oferta y ahorrar.

     

     

    << Aunque la creación de fanzines es un proceso relativamente barato, los gastos no permiten financiar un proyecto más allá de un par de meses. Imagen tomada de @gelatinacomicstar en Instagram.

     

    Con el panorama de estímulos públicos trazado de esta forma, son muchos los artistas que prefieren la ruta de las convocatorias de índole privado como lo son la Convocatoria Nuevos Talentos en el Arte de la Cámara de Comercio (la cual ofrece formación y aprendizaje sobre la industria del arte en la ciudad con estrategias como las Maletas Culturales) o la Bienal de Arte Joven de Comfenalco (que ofrece premios a más de un proyecto a la vez) o pasan directamente a recurrir de la autofinanciación por medio de rifas, sorteos, crowdfunding, o donaciones para sacar sus obras adelantes.

     

    Pese a que son cada vez más escasos, la lámina de los mecenas aún es vigente en el mercado de los artistas. Difíciles de encontrar, existen mecenas dispuestos a apoyar financieramente a sus artistas consentidos en diferentes proyectos, residencias o exhibiciones. Para los no afortunados de encontrar esta rareza, aún estarían disponibles mecenazgos más actuales como lo son plataformas como Ko-fi y Patreon, donde un grupo de personas puede apoyarlos económicamente a cambio de contenido exclusivo.

     

    ¡Tapo!

    A Alejandro Montoya Fuentes lo reconocen más fácil como Alejo Fuentes porque así aparece en sus redes sociales. Fue ilustrador sin pago, luego director creativo de SADOI Toys y actualmente se encuentra incursionando en el arte plástico.

     

    —Nada Manu, ando buscando trabajo ahora mismo.

    — ¿Qué estás buscando?

    —Algo corporativo, muy rutinario, que me permita sacarle tiempo y energía a mis obras.

     

    Desde que lo conozco, Alejandro ha sido estudiante, ha trabajado en las comunicaciones de universidades públicas y dirigido estrategias en empresas prestadoras de servicios de Internet en la ciudad. Aunque aún puede considerarse como un artista emergente, no se ha decantado por vivir del arte completamente.

     

    —Yo me lo he pensado, pero todavía no me lo puedo permitir del todo. Por eso ando buscando algo que me permita tener un ingreso fijo mientras hago mis cosas.

     

    El artista participó con tres de sus obras en la Bienal de Arte Jóven de Comfenalco. Imagen tomada de @alejomfuentes en Instagram. >>

     

    Montoya ha trabajado con entidades privadas que necesitan ilustraciones y arte para sus propias campañas, artistas del género urbano que buscan portadas para sus nuevos lanzamientos y revistas culturales que requieren la portada de su próxima edición. Aunque son comisiones que hace por decisión y gusto, todos estos ingresos representan una manera de financiar las obras que requieren un mayor músculo financiero para su producción y elaboración; con trabajos como estos ha financiado obras plásticas como El Rey David donde la elaboración de varias piezas sin financiación hubiese sido casi imposible.

     

    —De veinte que hice, un comprador de arte se llevó nueve.

    —Imagino que las revenderá.

    —Obvio, y más caras.

     

    El verdadero interés de este artista es poder financiar, a través de un arte más asequible para sus seguidores, proyectos más grandes como esculturas u obras que requieren más materiales y tiempo de elaboración, uno de estos, para el momento en que el reportaje fue escrito, se encuentra en exhibición y venta en Bunker Galería, espacio que se quedaría con un porcentaje de la venta, si esta se realiza.

     

    Espacios como La Bruja Riso y Bombón Oficina de Cosas le han permitido a los artistas de la ciudad mostrar su trabajo en exposiciones colectivas o individuales. Imagen tomada de @alejomfuentes en Instagram. >>

     

    La zona segura que ofrece el ingreso fijo no es algo fácil de encontrar dentro del circuito del arte, siendo los primeros meses del año más lentos debido a que la mayoría de desembolsos de convocatorias se generan en los siguientes trimestres del año.

     

    ¿Qué cartas le ofrece Alejandro a la baraja de los artistas? Conocer y separar los nichos. Buscar oportunidades que, si no ofrecen un pago, por lo menos otorguen una exposición significativa del trabajo. Y, sobre todo, aprender a cobrar.

     

    Cóbrales $10.000 cada vez que caigan aquí

    ¿Qué pasa entonces con los espacios y actividades que no les generan ganancias económicas a los artistas? Según Juli Zapata Rincón, curadora en el Museo de Antioquia, aunque los museos casi siempre logran garantizar el pago de regalías a los artistas, su papel en el mercado va más allá. “Son validadores de obras y artistas” puesto que, entre más conocido y expuesto sean, más relevante resulta su obra para los ojos de los espectadores. Algunas de las propuestas que el Museo de Antioquia ofrece para los artistas son residencias, exposiciones temporales o convocatorias abiertas para alguna de sus escuelas y cursos.

     

    Juli también es docente de cátedra de Variables Económicas en el Mercado del Arte en el ITM (Instituto Tecnológico Metropolitano) y se enfrenta semestre a semestre a nuevas generaciones de artistas a los que explica cómo, dónde y de qué manera se pueden financiar y gestionar propuestas artísticas en la ciudad. “Una de las ventajas en el arte es que es un campo muy abierto y brinda muchos espacios más allá de la creación”, está consciente de que dentro de la carrera se encuentran estudiantes interesados en ser artistas, gestores, curadores y muchos otros papeles necesarios en la cadena del arte y debe enseñarles cómo funciona el negocio.

     

    ¿Qué cartas aconsejaría Juli adicionar a la baraja? Un excelente portafolio, aprovechar los espacios y dinámicas alrededor de la creación artística en la ciudad y consumir arte para educar el ojo.

     

    Terna, terna, cuarta

    El último jueves de cada mes, el Palacio Nacional abre sus puertas desde las 7:00 de la noche para dar inicio a la Noche de Galerías, un espacio donde las galerías del tercer, cuarto y quinto piso del Palacio se abren al público en horario nocturno para atraer curiosos, fanáticos del arte y posibles compradores. Hay música en vivo, se ofrece vino y otros licores y los artistas exhiben sus mejores obras al público sin costo extra alguno.

     

    En una de las esquinas del cuarto piso, hay una galería con música en vivo y una mesa con aperitivos y vinos. Es la noche es la más importante para muchos artistas en la ciudad, entre ellos el asistente de iluminación H. Carvajal, que en el evento de hoy inaugura su obra en la galería Duke Pimienta como fotógrafo. “El asunto es dividir la carrera de uno en dos aspectos. El primero es el laboral y el otro netamente artístico. Ya cuando llega el punto en que coinciden y el artístico empieza a financiar es una belleza. Pero el punto para llegar ahí es difícil, es muy complejo porque a veces uno duda, uno quiere dejar el proceso, decantarse por cosas más seguras, pero no, en el fondo algo lo sigue llamando a uno. Uno es terco.”

     

    La obra de Carvajal se caracteriza por hablar de su intimidad. Foto por Juan José Cadavid.

     

    Aunque la venta de las obras no está asegurada, tener un espacio físico de referencia, codearse con más artistas de la ciudad y contar con el respaldo de organizaciones como Amor y Arte Fundación son algunas de las atracciones que posee el hacer parte de este conglomerado de galerías y artistas de la ciudad.

     

    Pero no cualquiera puede exponer aquí. Los artistas deben de pasar por un proceso de calidad y exhibir sus obras con parámetros museográficos definidos. Para artistas jóvenes como Mara Botero, el espacio en el Palacio Nacional le permitiría darse a conocer y validar su obra como artista visual. Por ahora, su pago por el espacio serán dos obras mensuales, la cuales entrarían al mercado del arte en la ciudad para ser vendidas o revendidas por expertos en el rubro.

     

    Sin embargo, el pago con obras no puede ser su única fuente de financiación para sus proyectos artísticos. Además de estos, Botero es maestra de arte y planea crear merchandising con sus obras: pequeños productos como botones, camisas, posters, postales y artesanías donde pueda plasmar su mensaje. “Vivir del arte es lo que he intentado, pero ese arte toca transformarlo a la enseñanza para poder tener más ingresos y ya para vivir de obras es un proceso que apenas estoy intentando, pero creo que si es posible si se le mete todo el amor, inversión y tiempo para poder ver resultados con el tiempo”.

     

     

    Obra de Mara Botero. La Noche de Galerías del mes de mayo sería su primera exposición en el Palacio Nacional. Imagen tomada de @mara_botero en Instagram. >>

     

    ¿Qué le adicionaría Rubén Agudelo, subdirector ejecutivo de Amor y Arte Fundación a la baraja de los artistas paisas? Trabajo en equipo, verse a sí mismos como una empresa y mejorar la técnica artística.

     

    La meta del dónde, por qué y con quién

    Aunque el juego es el mismo para todos los jugadores, la manera en que artistas y colectivos buscan y encuentran fondos en la ciudad, varía según el nicho al que pertenezcan. Para artistas plásticos como Hebert Rodríguez, el hecho de que un artista decida crear productos asequibles para el público no lo separa de su proceso artístico: “Lo importante es que el artista tenga claro qué es lo que quiere decir y saber dónde, por qué y con quién decirlo”.

    Exposición temporal del MAMM ‘Temporada de eclipses’ por Luisebastián Sanabria. Para incentivar el aforo y la exhibición de las exposiciones, el día inaugural la entrada es libre con aporte voluntario. Foto por Manuela Rendón

     

    Unos le llaman ‘estar atento a las convocatorias’, otros lo mencionan como ‘no quedarse quietos’, otros como ‘darse a conocer’ y otro grupo lo llama ‘rebusque’, sea como sea, todos los artistas llegan a la misma celda del juego: es imposible financiar proyectos en Medellín de una sola forma, lo que en muchos casos genera deterioro en la calidad de vida de los artistas, la necesidad de contar con más de un ingreso o proyecto a la vez y la precarización de su profesión. Aunque el futuro del juego se vea incierto siempre hay un par de jugadores listos para darle otra vuelta al tablero.

     

     

     

  • Reír para pensar: un recorrido a las distintas posturas del humor

     

    Actualmente, al humor se le han exigido unas transformaciones debido a las dinámicas actuales de consumo de información. Una comedia ahora se personifica en el artista, su público y un contexto social que mide el sentido de la risa.

     

    Por: Karen Vanesa Bueno Estrada – Susana Katich Restrepo / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Definir el humor es un trabajo casi limitante. No se puede precisar porque no es solo una cosa y hay casi una infinidad de relatos diversos y complejos dentro de esta palabra. Es algo que no tiene forma y, aunque tenga sus bases, se ha transformado con el tiempo y espacio. No obstante, sí hay una característica que ha perdurado en todos los formatos, relatos y formas de hacer humor: el objetivo de alivianar la cotidianidad.

     

    A pesar de mencionar que el humor es abstracto, incompleto y somero, muchos autores se han dado a la tarea de definirlo en algún punto. Rúben Dario Ruiz Vega, menciona en su ensayo Los límites del humor…¿Existen?, que el humor es “la capacidad para percibir algo como gracioso, lo cual activa la emoción de la hilaridad que se expresa a través de la sonrisa o risa”.

     

    Es un ritual que comienza a través de una emoción placentera que da como finalidad una expresión de sonrisa y una carcajada intensificada que, hasta en los momentos más arriesgados para el humano, es una necesidad irremplazable. Como lo menciona Freud en su libro El chiste y su relación con lo inconsciente (1905), el humor es “la más elevada operación defensiva frente a la posibilidad de sufrimiento. Se caracteriza por ser liberador, grandioso y patético”.

     

    En sus diferentes tratados, el filósofo Henri Bergson, relata que la risa es una reacción intrascendente, tan humana que no puede hacerse con base en juicios morales, es decir, una palabra que no transita entre el bien y el mal. Por otro lado, Andreu Buenafuente, uno de los referentes de humor español, expresó en una entrevista para el proyecto Mejor conectados de Movistar, que “la comedia es una forma de contar la vida sin tanta impostura, adquiriendo una capacidad de sacar de túneles, pozos o cuevas a las personas a través de una risa”.

     

    Por tanto, el humor es un eje liberador para el hombre desde la cotidianidad hacia los diferentes contextos sociales y culturales en que nos desenvolvemos. Sin embargo, ¿hasta qué punto se debe llegar para hacer reír a alguien?, ¿el humor es controlable? o, por el contrario, ¿no se debe limitar?

     

     

    Humor en el ámbito digital y las redes sociales

     

    Actualmente el humor digital se ha convertido en la principal herramienta de comunicación. Los diferentes universos en las redes sociales han permeado el humor como un arma poderosa en los relatos que hoy conceden a la tecnología y que van más allá del mero entretenimiento. Temas controversiales como la política, la religión, la sexualidad, entre otras más, han sido acogidas en sus líneas y tipos de producciones que otorgan, generando no solo un impacto en la sociedad, sino también una conexión y fidelización con los públicos.

     

    A través de él, hemos transformado nuestras visiones y narrativas del mundo en toda la saturación de memes, sátiras, parodias y personajes que hacen de su arte un símbolo de expresión fresca y genuina en los ámbitos socioculturales. Pese a ello, romper el hielo, aliviar el estrés y compartir experiencias, se ha vuelto una odisea completa en una cultura del internet que hoy por hoy invita a reírse de manera informada y respetuosa en dichas plataformas, donde la libertad de expresión no parece tener límites.

     

    Por eso, ahora la sociedad le pide a los ‘influencers’ contenidos de valor basado en conocimiento, que por el contrario muchas veces lo light o lo efímero sobresale por encima de la realidad y lo divertido por medio de las plataformas. En este caso, muchas de estas personas salen a decir cualquier cosa, sin conectar con el público y generando choques.

     

    El humor en las redes sociales ha apostado por compartir con sinceridad y honestidad la figura de diversas personas que se dedican a esto, directamente mostrándose como ejemplo de lo que ellos quieren sentir y disfrutar. Hay muchas formas de hacer reír por medio de diferentes productos y canales, como los videos y las fotografías, los podcast o las canciones, los memes y las caricaturas, hasta los shows en vivo y el stand up comedy, que al fin de cuentas, se han trasladado todos al entorno digital.

     

    James Alzate, trovador ,y Juandy, creadora de contenido digital, comparten sus ideas y experiencias sobre lo que es el humor.

     

     

     

    El humor se ha transformado desde diferentes perspectivas en un producto expresado con unas características particulares. Actualmente, uno de los más grandes cambios en el humor es lo digital y cómo el público lo está consumiendo a través de las redes sociales. En general existen muchos tipos de humor, que en definitiva se identifican y se diferencian por medio del canal qué se quiere transmitir la información.

     

    La censura en la era digital del humor

     

    “El mejor termómetro para una sociedad es el sentido del humor”, expresa James Alzate, Rey nacional la trova de la Feria de Manizales 2023, mientras reflexiona acerca del poder en el humor y sus limitantes en la sociedad.

     

    Desde pequeño se interesó por el arte y la cultura, empezando por el teatro hasta llegar a la trova gracias a Germán Carvajal, quien era su profesor. Durante 2005 y 2006 participó del proyecto “La familia Flores”, una iniciativa para promocionar la feria, que terminó en más de una década representando al personaje Cartucho. Desde ese momento, James comenzó a trovar y nunca se alejó de esta composición.

     

    Composición: Karen Bueno – Susana Katich

     

    Para James, lo digital en el humor es un simple apellido que acompaña algo que ya existía, un humor que ha evolucionado en la masificación de las redes y sus particularidades. Sin embargo, el trovador destaca el lado riesgoso de este panorama: “Cuando hay tantos espacios y canales de comunicación cualquier persona sale y dice cualquier cosa”. Es decir que, los humoristas tienen una responsabilidad ante sus comentarios por estos medios, “es más un llamado a la ética de lo que hacen y cómo lo hacen”, expresa Alzate.

     

    Un acto humorístico fácilmente llega a lo digital desde el mismo instante en que que se graba cualquier evento de comedia dentro de un bar, teatro, café, entre otros espacios que sin estas herramientas no tendrían la misma proyección. Ejemplos de ellos son espectáculos como Perros criollos o Del Humor y Otros Demonios, el contraste es que hay un público que paga por una boleta, firmando un tipo de contrato, como lo explica James, quién destaca que al comprar esa entrada, las personas están pagando por algo que ya deben saber a lo que van. Por su parte, en las redes sociales el panorama está abierto a cualquier interpretación sin ese preámbulo.

     

    Estos rasgos describen los riesgos del entorno digital, tanto para el humorista como para la sociedad. Dentro de una puesta en escena, el humorista y el público hacen un pacto de complicidad humorista positiva, en cambio dentro de las redes existe el riesgo de “la vulneración de unos derechos sobre una población que tiene unas luchas reivindicativas”, menciona James.

     

    Desde su perspectiva como creador humorista, Alzate sostiene que no solo existe ese riesgo de la diversificación del humor a lo digital, también entra en discusión lo peligrosas que pueden llegar a ser la censura y la cancelación. Recientemente, este concepto ha tomado protagonismo en lo digital por el efecto que puede llegar a producir la audiencia al consumir cualquier tipo de contenido. En consecuencia, la amenaza está realmente en la segmentación de los públicos, quiénes al exigir lo contrario a la reflexión, le dan paso al humorista para que radicalice más su discurso.

     

    Por eso, James Alzate insiste en que “hay que exigirle a los humoristas una mayor ética y no viceversa, no socialmente censurar a los humoristas o sea que cada uno sea dueño de sus límites y reconozca hasta dónde puede llegar”. En efecto, cada quién acomoda su narrativa según lo que le conviene, pero finalmente, en vez de generar una unión en la conversación, el público se pone en la posición de oprimir y quitar la libertad de expresión del otro. El joven rey de la trova cita como ejemplo el portal Actualidad Panamericana, quienes han llegado a “un humor mucho más consensuado” por la cancelación que han tenido en las redes sociales, concluye Alzate, e interpreta como desalentadores los cambios que le han restado un poco el chiste en este tipo de humor.

     

    Una revolución a través de los trazos

     

    Malbuena desde pequeño siempre se ha interesado por el arte. Su lugar preferido en el descanso siempre fue el salón, un espacio solo para él y sus garabatos. Actualmente, a sus 26 años, se encuentra estudiando Diseño Gráfico, sin dejar de largo su trayectoria como un joven revolucionario e interesado en las dinámicas políticas y sociales.

     

    Composición: Susana Katich – Karen Bueno.

     

    Desde 2015 comenzó en el mundo del activismo político, pero no de la manera convencional, sino a través de la caricatura, un formato donde la sátira y crítica se expresan sin miedo a nada. Fue así como en el Paro Nacional de 2021, Valbuena tomó fuerza entre aquellas voces que no desean ser silenciadas. Por medio de sus redes pudo desarrollar con fuerza los reclamos de todo un pueblo colombiano que estaba siendo censurado.

     

    Es un propósito que hoy en día mantiene en un vínculo amoroso por sus creaciones que brindan de una manera más digerible el contexto violento e injusto del país. “Siempre he pensado que este tipo de trabajos de humor gráfico no van a tener gran relevancia para hacer una revolución o transformar la conciencia colectiva de todo un país, pero sirven para un modo de reflexión, es un escape triste de la realidad que uno vive. Creo que te permite dar un respiro de todo lo agobiante que vives de distintas maneras”, menciona.

     

    Sin embargo, no todo ha sido color de rosa, porque a pesar de hacerse popular por la dura crítica hacia el Gobierno de Iván Duque, los comentarios de odio en las redes sobresalieron al manifestar desacuerdos con el Gobierno actual de Gustavo Petro. Fue un golpe que lo afectó pero que, pese a todo, le permitió dar un nuevo inicio a lo que hoy se ha convertido en su público: un espacio para confrontar y dialogar de temáticas incómodas.

     

     

    Los esfuerzos de Malbuena apuntan a un humor cero facilista y que va mucho más allá de ofender con estereotipos o problemas personales que solo nacen de la vulnerabilidad, como él lo menciona: “Hay humor para todo…Por ejemplo a mí me gusta el humor negro, es un tipo de humor que consumo por mi cuenta y nunca lo hago público pero lo disfruto. El humor no debe tener ningún limitante pero en mi caso siempre hay líneas rojas”.

     

    Por ello, manifiesta la importancia de abrir espacios en las dinámicas que envuelve el humor, en una actualidad que vive y se comunica a través de él de distintas maneras. “Cuando se toman posiciones muy radicales o extremas, se debe ir al debate, porque son temas que se deben hablar y cuestionar. Yo creo que no se debe cancelar a nadie por su opinión porque estamos en una democracia”, expresa el bogotano, con un timbre de voz elocuente y tranquilo.

     

    Tragedia, realidad y dolor: la esencia del stand up comedy

     

    Le apasiona la radio, la comedia, el cine y el teatro. Ella es Estefanía Useche, una comediante que actualmente se dedica al stand up comedy desde su cotidianidad en Medellín. “Está la forma en la que desde tu tragedia puedes aterrizar la información a la gente y cómo logras contarla”, explica la habitante de Bello, quien desde su humor sutil y picante se pone de ejemplo ante diferentes asuntos que la rodean en su día a día.

     

    Ser de Bello, haber tenido un Twingo, montar en taxi y pertenecer a la comunidad LGTBIQ+, son algunas de las temáticas que utiliza Estefanía como decisión personal, basado en lo que ella quiere sentir y finalmente disfrutar. El humor se ha transformado en un instrumento para llevar la información desde una crítica social acompañada de una postura individual. Esta fue la forma de empezar a contar las historias de una manera más entretenida y estructurada, dando origen a la creación de los monólogos humorísticos.

     

    Composición: Karen Bueno – Susana Katich

     

    “A mí no me gusta hacer comedia a costillas del dolor del otro”, menciona la comediante mientras enfatiza cómo la postura de ella, al igual que la de todos los comediantes, se puede convertir en un instrumento de información con la posibilidad y el permiso de ponerse como ejemplo ante muchos temas difíciles desde sus propias vidas y tragedias. La esencia del stand up comedy, al igual que la de cualquier persona, se resume en la realidad y el dolor.

     

    Además de la comedia, Estefanía es comunicadora social y periodista de Uniminuto, premiada como la mejor egresada de su facultad. Desde su profesión, sin limitar las cinco principales formas de ejercer la carrera, ella también desempeña la tarea de observar. Desde un parque o cualquier otro lugar o situación, esto se convierte en fuente de información al ver qué pasa en frente de sus ojos para transformarlo en material de comedia.

     

    Sin embargo, entre más íntimo se haga el humor, más funciona para el público que también vive cualquier situación similar. Ser de Bello se convirtió en un puente para “matar esos prejuicios”, aunque en un comienzo la gente se ofendió pero terminó siendo un forma de comparación donde las personas se divertían, expresa ella. Incluso, el humor es la posibildad de ser sinceros y honestos, sin caer en un bucle o burbuja de esconderse detrás del papel del comediante.

     

    A fin de cuentas, para Estefanía es innecesario entrar en la discusión de explicar su comedia ante quienes no entienden el humor y suelen ofenderse. Esto se reduce a sacar la realidad a un contexto divertido, algo que la inteligencia artificial todavía no podría reemplazar por la cuota de humanidad que utiliza el humor, la esencia del stand up comedy.

     

    Finalmente, ponerse como ejemplo logra empatizar con el público, quien se puede sentir identificado. La comedia es la forma de hacer reflexión y voltear el panorama ante esas situaciones de la cotidianidad. Useche afirma que la dificultad más grande es que “no nos enseñaron a reír de lo cotidiano, constantemente había una castración ante la comedia”, concluye, con la idea de que cada día se aprende a desbloquear nuevas formas de hacer reír desde la tragedia o lo inesperado.

     

    Una muestra genuina de los 2000

     

    No hay día en que Juandy no se muestre como ella es. A través de sus relatos de desamor, su vida con el centro de Medellín, sus reinados de moda y su encanto por las telenovelas viejas la han posicionado como una digna tía que hoy en día reina en las redes sociales, como una mujer auténtica que da inspiración a su comunidad de cibernautas.

     

    Composición: Susana Katich – Karen Bueno

     

    Juandy comunica por medio de sus contenidos un humor negro, pero más encaminado a mostrar lo gracioso y lo honesto de su propia tragedia, que termina siendo una conexión transparente y liviana con un público que se siente identificado y cercano con lo que comparte en su día a día.

     

    Su humor sarcástico ha logrado conectar con una audiencia que justamente se siente representada en esa imagen que muestra. Desde la personificación y lo divertido de su humor, Juandy ha identificado situaciones donde “la gente no encuentra la manera de unir las palabras o exponer algo”, menciona con un sentimiento de orgullo ante lo que ha logrado sus contenidos. De hecho, para ese tipo de público que no sabe cómo expresar lo que siente, la risa se convierte en un medio para alcanzar esa representación de sí mismo, siendo “la sátira un buena herramienta comunicativa en el humor para lograr llegar un poco más a la gente”, agrega.

     

    Reírse de la complejidad siempre ha sido algo característico en los años que lleva compartiendo sus narrativas de vida. Desde los once se ha construido a través de los recuerdos de infancia de muchos de nosotros. Artistas, series, accesorios y ropa se visten en aquella personalidad espontánea que ríe en la trágica ciudad de las montañas, sin necesidad de atacar y sacar de los dolores ajenos unas risas pasajeras. “Yo creo que hay que saber cuándo sí y cuándo no. Antes de dar una información hay que corroborar, porque uno no opina de lo que no sabe”, expresa con un tono paciente.

     

    Para Juandy la moda y sus referentes han sido un acercamiento a crear esa identidad que le apasiona y la representa. “Siempre he sido muy fiel a mí misma, siempre he sido muy yo”, enfatiza al conversar sobre su autenticidad y originalidad dentro de una red saturada de personajes y contenidos. Para ella, la moda y las tendencias “dosmileras” fueron una canal para crear, tomar y hacer de esos gustos, una persona auténtica que disfruta cuando le llega a otras personas que se inspiran de ella. Esto la hace entender que su audiencia está disfrutando y le está gustando lo que les llega finalmente.

     

    Referentes como Britney Spears, Paris Hilton, Anahí y Mia Colucci, han sido el camino que Juandy ha tomado para mostrarse como realmente se siente y disfruta, pero Britney Spears será un referente que siempre estará en el primer lugar como su favorita. Con estas referencias, ella consigue retratar el humor desde un ámbito íntimo, dinámico y cercano que inspira a los demás a alzar su voz de una manera auténtica, como siempre lo han querido.

     

    Los retos del humor en las plataformas digitales

     

    La comedia y el mercadeo se han convertido actualmente en una compañía de negocios para muchas empresas que quieren prosperar. Es un eje central que genera emoción, recuerdo y ayuda a la estrategia de muchas marcas, las cuales han buscado un campo de éxito a través de la temática humorística.

     

    Paola Hincapié, docente de la Universidad Pontificia Bolivariana y directora de contenidos de El Grifo, se ha interesado en investigar las comunicaciones a través de la tecnología y sus tendencias; las cuales permean constantemente nuestras relaciones no solo como audiencias sino también como personas de la cotidianidad.

     

    Composición: Susana Katich – Karen Bueno.

     

    Las herramientas que las marcas pueden utilizar no son las más efectivas en algunas ocasiones en las que no hay conexión con el tipo de público en las redes. Hincapié señala que: “El humor puede hacer parte de la estrategia pero a veces, teniendo en cuenta la coherencia de la marca, no puede estar en gran porcentaje”.

     

    Un ejemplo claro es Billie, una cuenta dedicada a la promoción de rasuradoras, que, con base en las contratendencias, convierte la experiencia del vello como un espacio para reír a través del empoderamiento y el feminismo. Es una forma diferente de expresar la belleza, a través de un trato divertido pero respetuoso que incluye a todas las usuarias en temáticas que a veces son incómodas y caóticas. “Me encanta poner de ejemplo esta marca porque es coherente con los tiempos de hoy y comprende las tendencias que hay. No señala a la nena que no se quiere motilar sino que la reconoce; generan conversación y un juego lindo y divertido”, resalta Paola.

     

    A partir de este ejemplo, Paola menciona la importancia de entender el humor y su complejidad como una perspectiva que no se puede tomar a la ligera. “El humor termina siendo una herramienta que ayuda a la conexión de las audiencias pero el humor no es fácil, digamos que hacer una conexión en ese sentido implica un talento y una habilidad, que se empieza a perfilar desde la comunicación”.

     

    La cultura de la cancelación, ha sido el miedo latente de muchas empresas, las cuales, a pesar de su deseo de ganar corazones, han hecho todo lo contrario al no conocer las macrotendencias, como un elemento clave que hace entender el entorno y los límites que este expone en los universos digitales.

     

    “El tema de la cancelación siempre ha existido y es una consecuencia de las tendencias que estamos teniendo ahora. Por eso es importante que la marca tenga claro su valor diferenciador, sus audiencias y que siempre esté comunicando su valor para que puedan ser audiencias coherentes. Tú nunca te puedes fijar en la competencia y es uno de los cambios que ha tenido el marketing”. expresa Paola, sobre la importancia de investigar el comportamiento del consumidor en un mundo cada vez más acelerado y de cambios repentinos.

     

    De remate

     

    Desde internet y las redes sociales, los límites del humor se cruzan con el algortimo, que arroja todo tipo de contenido, aunque no sea de agrado para el usuario. En realidad, el humor desde el entorno digital está generando pequeños nichos de consumo en las audiencias, imposibilitando crear conversaciones incómodas o reflexivas que son necesarias para la construcción y sentido del humor dentro de estas plataformas.

     

    Para el trovador James Alzate, el humor finalmente termina siendo a la larga un producto, con su línea gráfica, su público objetivo, su mensaje, sus estrategias digitales, entre otros factores que se dedican a llevar el mensaje a su usuario o cliente final. Esto, en definitiva, termina siendo limitante ante una diversificación y masificación de contenidos en la red que solamente le están hablando a su nicho específico, como en su momento lo fue Juanpis González.

     

    Los límites del humor terminan siendo un paradigma ético que no debe censurar, sino, por el contrario, abrir nuevos espacios que permitan exponer la voz y posición del otro, como propósito de aprendizaje y entendimiento en espirales violentos y caprichosos que hoy tenemos el derecho de manejar como usuarios en nuestros diferentes contextos.

     

     

     

  • Convocadxs: una selección que siempre será ganadora

    Manuela Mesa, Paulina Serna, Isabel Salazar, Laura Cortés y Alejandro Ramírez / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Hay deportistas para quienes la competencia no solo continúa fuera del tiempo de juego, sino que se hace más retadora. Contexto presenta Convocadxs, un álbum interactivo con una fascinante colección de historias sobre deportistas que, más que vencer sus contrincantes, desean superarse a sí mismos y echar abajo toda barrera de exclusión.

     

    Además, tú también estás convocadx y podrás tener tu espacio en esta selección que siempre será vencedora.

     

    Explora el álbum aquí:

     

     

  • El café café

    Federico Hoyos Gutiérrez y Maria José Ánjel Cantero

    “Nadie duda que el honor no se deba en parte a la feliz revolución del tiempo, al gran hecho que creó nuevas costumbres y modificó incluso los temperamentos: el advenimiento del café”.
    Jules Michelet

     

     

    El sol centellea, hace un calor como aquel que le derritió los sesos a Don Quijote. Velos de nubes pintan el cielo. Los cerros se miran unos a otros en la lejanía. La camioneta de José Fernando Montoya Ortega serpentea por una carretera destapada y levanta polvaredas a su paso mientras sube por el lomo de la montaña con destino a su finca. No hay barandas, el campero anda al borde del precipicio. En algunos tramos del camino los árboles forman túneles fantasmagóricos.

     

    Al mirar hacia abajo se ven los meandros de la quebrada Sinifaná. El horizonte se desequilibra con la cima puntiaguda del cerro Tusa, aquella que inspiró el logo de la Federación Nacional de Cafeteros; también con el Cerro Plateado, tutelar de Salgar; el Cerro Bravo, de Fredonia y la Piedra Pelona, de Amagá, municipio donde queda la finca de José Fernando: se llama La Dorada.

     

    La finca está a 1830 metros sobre el nivel del mar, en la vereda Pueblito de San José. Una casa artesanal, hecha con pilares de guadua y techo de caña brava, en medio de un lote de catorce hectáreas, seis de ellas pobladas por un bosque protegido, abundante de guayacanes, piñones, cerezos, guaduales, nogales, ciruelos, y un sembrado de platanales. José parquea su camioneta y apaga el motor. Se escucha el canto de los pájaros, el relincho de los caballos, el graznido de los gansos y el cacareo de las gallinas.

     

    Los vientos silbantes se cruzan y generan cambios de temperatura. Unos vienen del Cauca; otros, de la cuenca de la quebrada Sinifaná y del Alto de Minas. Aquí son veraniegos los días y otoñales las noches.

     

    El clima nunca ha sido de fiar. Cada vez son más frecuentes las procesiones de nubes que dejan su impronta con lluvias y rocíos en los cafetos: los protagonistas de la finca. Están esparcidos alrededor, en la ladera de la montaña. Son tantos que contarlos resulta imposible, ubicados a diferentes alturas; unos a 1800 metros, y los de más abajo, a 1500.

     

    Caminante se hace camino al andar

     

    Después de desayunar chocolate, huevos revueltos y arepa, José Fernando inicia el recorrido por los senderos laberínticos entre cafetales. Lleva puesto un sombrero y camina con bastón de alpinista mientras explica los secretos del café. Lo acompañan dos perros: Vida y Alegría. Los caninos olfatean el suelo como si estuvieran leyendo un pergamino.

     

    Los cafetales están en una pendiente inclinada, semejante a una pared. El sendero es del ancho de los pies y las piedras traviesas obligan a caminar con lentitud. En las orillas de la senda se siembra vetiver, una planta con raíces profundas que amarran la tierra y evitan la erosión de la misma, además de liberar un olor agradable que coloniza el lugar. Las gotas de sudor comienzan a perlar el rostro y los mosquitos aparecen.

     

    Caminante se hace camino al andar, canturrea José. Tiene ojos color miel, pelo blanco y manos arrugadas como la corteza de un árbol. Su cuerpo habla con gestos acompasados para no incomodar al viento. Es sociólogo de profesión y caficultor por afición. Ejerció la docencia por más de cuarenta años y ocupó durante dos periodos la vicerrectoría académica de la Universidad Pontificia Bolivariana: de 1984 a 1992 y nuevamente entre 2005 y 2010. Se jubiló hace siete años y ahora se dedica completamente a la caficultura, obsesión que comparte con su esposa Blanca Ochoa, de quien sobresalen unas cuantas canas perdidas entre sus castaños cabellos.

     

    El café comienza su andadura con el mimo del germinador. Lo primero es el chapoleo, el sembrado de las semillas de café en bolsas con tierra abonada. Por tratarse de una planta muy delicada, hay que cultivar la chapola —nombre que recibe el cafeto cuando tiene pocos meses de crecimiento— cuando no sea época de sequía intensa. Las chapolas son dispuestas durante cuatro meses en una almaciguera, espacio pequeño donde las semillas adquieren las condiciones óptimas para su crecimiento, hasta alcanzar el tamaño apropiado para ser trasladadas al lugar definitivo donde se desea plantar el café.

     

    “Sólo las que tengan la raíz derechita y que no vayan a tener quebrados ni nada se pasan al germinador. Y el germinador con un palo y un ahoyador las va sembrando, les pone tierra y sombra”, cuenta Luis Gonzalo Mejía, ingeniero civil y caficultor aficionado.

     

    Finca La Dorada, ubicada en el municipio antioqueño de Amagá. Foto: Federico Hoyos

     

    “La tierra da comida y paciencia”

     

    Juan Carlos Rojas Gómez es uno de los veinte recolectores de La Dorada. Sobre la espalda carga el sol y en la cintura un canasto. Su rostro está bronceado como una nuez. Viste de gorra, camisa de rayas, bluyines y botas de caucho. Mira con una sonrisa que hace centellear fugazmente el blanco de sus ojos. Trabaja de seis de la mañana a cuatro de la tarde. Bebe un café antes de empezar la jornada. Al despuntar el día toma la taza, como si tomara una parte del alba.

     

    Sus ojos y sus manos solo piensan en esos surcos donde ostentan los cafetos en coro, con sus flores blancas olor a jazmín y hojas verde oscuras, tan brillantes como si las aceitaran de noche. Cafetos o cafetales: esos árboles donde nacen frutos verdes que trabajan en silencio, absorbiendo la humedad y los olores del campo. Tardan alrededor de ocho meses en madurar, se vuelven rojos y adquieren el tamaño de una cereza.

     

    Dentro de esos frutos se contienen los granos diminutos del café crudo, la materia prima para elaborar esa bebida negra que cuenta con más de novecientas sustancias químicas, entre ellas la cafeína: aquella que despierta la mente, restaura el espíritu e incita a la conversación.

     

    No todos los granos maduran al mismo tiempo. Hay que recogerlos manualmente, uno a uno, sin lastimar las ramas. Juan desviste los cafetales con la rapidez de un relámpago. Desgrana el árbol como tocando un arpa. Cada una de las falanges de sus manos parece tener un cerebro propio para identificar las pepas maduras y dejar las verdes tranquilas, hasta que llegue el momento de su recolección. “La tierra da comida y paciencia”, asevera este caficultor de 39 años, de los cuales ha dedicado más de la mitad al campo.

     

     

     

    << Juan Carlos Rojas, caficultor de la finca La Dorada.

    Foto: Federico Hoyos – María José Ánjel.

     

    ¿Quién es un caficultor?

     

    Según la Federación Nacional de Cafeteros, es aquel que posee un área de tierra igual o superior a media hectárea y que, además, tiene como mínimo 1.500 árboles de café sembrados en ese terreno.

     

    Las personas que cumplen con estas dos condiciones reciben una cédula cafetera, es decir, un documento de identificación gremial y de transacciones bancarias. Cuando la persona no cumple con esas condiciones, tiene derecho a una tarjeta cafetera que también le permite acceder en igualdad de condiciones a todos los servicios de la Federación. La única diferencia es la restricción de no poder elegir ni ser elegida en los cargos representativos de los diferentes comités municipales, departamentales y nacionales asociados a la FNC.

     

     

    No todos son iguales

     

    El antropólogo Pompeyo José Parada Sanabria, en una de sus investigaciones para la Revista Colombiana de Sociología, establece cinco perfiles de caficultores colombianos. Existen, por ejemplo, los pequeños propietarios, en quienes “predomina una estructura de la propiedad compuesta esencialmente por el minifundio y son altamente dependientes del trabajo manual y familiar”. Este grupo concentra el 95% del total de caficultores del país.

     

    También se encuentran los jornaleros, quienes no son necesariamente caficultores, sino que en épocas de cosecha “venden su fuerza de trabajo a vecinos o fincas cafeteras de mayor tamaño para solventar, subsanar y asegurar gastos familiares”.

     

    Otro perfil son los recolectores urbanos, quienes habitan en las cabeceras municipales y centros poblados. “Su trabajo es complementario a las actividades y aspiraciones del habitante urbano”. Estas personas asumen la recolección de café como una alternativa para huir al fantasma del desempleo citadino.

     

    Existen los llamados “caucanos”, procedentes de los departamentos del sur del país. “Su traslado a las zonas cafeteras centrales está dado en función de una estrategia de ahorro que les permita invertir su salario en las pequeñas fincas que poseen. Su trabajo y rendimiento es apetecido y valorado en las fincas cafeteras”.

     

    Finalmente están los andariegos: “una población flotante que se mueve de región en región, de municipio en municipio, generalmente a la caza de cosechas y oportunidades de trabajo”. Estas personas no tienen contrato de trabajo, ni seguridad social ni cuentas bancarias. Pactan con la palabra, sobreviven al día y su patrimonio cabe en un morral.

     

     

     

    Vista del Cerro Tusa, inspiración del logo de la Federación Nacional de Cafeteros.

    Foto: Federico Gutiérrez, María José Ánjel Cantero >>

     

     

    Los enemigos del café

     

    Mucho se huele y se degusta el café, poco se sabe de aquellas manos que se lastiman para recogerlo. Uno de los enemigos de los recolectores son las orugas peluche, también conocidas como gusanos pollo. Blancas como motas de algodón, las orugas peluche dejan de ser bellas cuando pican.

     

    Los cafetos les tienen pavor a los hongos de la roya. Por eso la genética los ha hecho resistentes a ellos. También temen a la broca, un insecto que horada las semillas y se cría en las cerezas caídas. Esa plaga es culpable de la desaparición de miles de hectáreas de cafetales en Colombia, especialmente en tiempos secos.

     

    Por eso un caficultor no solo debe saber de café, sino que también debe cuidar de sus árboles como si fueran sus propios hijos. Para ello realiza tareas como la poda, fertilización y control de plagas y así mantiene la salud de los cafetos. “Si sabemos una sola cosa, nos estancamos”, dice Eduardo Granados Tangarife, otro de los recolectores de La Dorada, de 52 años y piel tostada, como los granos que se producen en la finca.

     

    El canasto que Juan Carlos lleva atado a su cintura se llena con 12 kilos. Cuando el balde está repleto, procede a depositar los granos cosechados en un costal de fique. En épocas de cosecha Juan puede recoger hasta 250 kilos en un día, mientras que en épocas normales recolecta entre 50 y 70 kilos, aproximadamente.

     

    La producción cafetera en Colombia tiene dos ciclos al año. La cosecha principal corresponde a los meses entre septiembre y diciembre, y la llamada “mitaca” o “traviesa”, de menor producción, se da entre abril y junio.

     

    José Fernando explica que cuando un caficultor de su finca cosecha más de 50 kilos diarios, se le pagan mil pesos por kilo recolectado, mientras que si recoge menos de esa cantidad, se le paga un salario de 47 mil pesos por jornada.

     

     

    << Eduardo Granados Tangarife, caficultor de La Dorada. Foto: Federico Gutiérrez, María José Ánjel C.

     

    Rentabilidad en declive

     

    El café es un commodity, es decir, una materia prima como el acero, el cobre o el petróleo. En 1989 se acabó el Pacto Internacional del Café, un acuerdo de cooperación entre los países productores firmado en 1962 para limitar la producción y estabilizar los mercados. A partir del 89, el café se cotiza en la bolsa de valores de Nueva York, generando una volatilidad en los precios que, sumada a los efectos del cambio climático, se convierte en un dolor de cabeza para los productores.

     

    De acuerdo con la Organización Internacional del Café (OIC), en el mundo hay 25 millones de productores y 125 millones de personas que dependen directa o indirectamente de este. Latinoamérica es la cuna del café al producir el 70% del total mundial.

     

    Pese a que Colombia es el tercer productor en el mundo, después de Brasil y Vietnam, la industria cafetera dejó de ser la espina dorsal del desarrollo económico nacional. Nuestro país tiene 590 municipios cultivadores de café. Se calcula que de esta actividad dependen cerca de 560.000 familias. Esta industria representa el 15% del PIB agropecuario y demanda alrededor de 2.5 millones de empleos directos e indirectos, según el Ministerio de Agricultura.

     

    La mayor parte de los cultivadores “representan más de un cuarto de la población rural en Colombia, se ubican a lo largo y ancho del territorio nacional, desde la frontera con el Ecuador en Nariño hasta las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta, con presencia de cultivos del grano en 22 departamentos sumando en estos un total de 877.143 hectáreas cultivadas y distribuidas en aproximadas 664.062 fincas”; afirma el sociólogo William David Martínez Chimbi, en un artículo de investigación para la Universidad Externado.

     

    Los caficultores colombianos están agremiados a través de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC). Cada libra exportada aporta seis centavos de dólar que son destinados al Fondo Nacional del Café, una cuenta parafiscal administrada por la FNC. Estos recursos se invierten en procesos de investigación científica, extensión agropecuaria, desarrollo social, promoción del café colombiano y garantía de compra para garantizar un mayor margen de ganancias para los recolectores.

     

    Antioquia representa el 15% de la producción nacional. De sus 125 municipios, 94 son cultivadores y el valor de su cosecha representa 1,3 billones de pesos anuales. En el departamento existen cuatro cooperativas de caficultores, entidades con patrimonio y personería jurídica que, bajo el patrocinio de la FNC, ofrecen los programas de beneficio social a los caficultores asociados. Entre ellas está la la Cooperativa de Caficultores de Antioquia, a la cual pertenecen José Fernando y los empleados de su finca. “La unión hace la fuerza”, afirma.

     

    José Fernando Montoya Ortega, entre los caminos laberínticos de La Dorada. Foto: Federico Hoyos Gutiérrez – María José Ánjel Cantero.

     

    Un paso a la vez

     

    Después de tres horas y cuatro kilómetros recorridos entre los cafetos de La Dorada, el cuerpo suda a mares, la sangre late en los oídos y se entrecorta la respiración. “La clave es un paso a la vez. Quién no afronta la dificultad nunca podrá encontrar la felicidad”, dice José Fernando. Al levantar la mirada aparece, coqueta, la fachada de la finca como un premio al esfuerzo del caminante.

     

    Montoya suspira. Ha vuelto a casa. Se refugia en los brazos de Blanca. “Uno se muere, pero no se siente”, bromea. Es momento de restaurar el estómago. El almuerzo es sopa de verduras, acompañada de pollo a la plancha, arroz, plátano maduro y ensalada. Para calmar la sed, una cerveza con una corona de espuma, servida en un vaso de cristal.

     

    Del cafeto a la taza

     

    La época de los arrieros y las mulas quedó cubierta por el polvo del olvido. Ahora los costales de café llegan a la finca gracias a la garrucha, un sistema de transporte con un mecanismo de cuerdas de acero con extensión de 400 metros que, con ayuda de poleas, es capaz de llevar hasta 120 kilos de carga por trayecto sobre la ladera.

     

    Los granos son depositados en una máquina despulpadora que les quita la cáscara rojiza, desprendiéndolos de la mitad de su peso. La pulpa, rica en antioxidantes, minerales, proteínas y fibra, se utiliza como abono para la huerta de la finca.

     

    Los granos despulpados se dejan fermentar durante 24 horas en un tanque. Luego se lavan en un canal de correteo, donde se clasifican y seleccionan los granos de acuerdo a su peso. Se separan los de óptima calidad y los de segunda, a los que se les conoce como pasilla. Los granos finos son más densos y se quedan en el fondo del canal de correteo, mientras que los de menor calidad permanecen en la superficie. A los primeros se les conoce como café excelso, porque son almendras que cuentan con todos los atributos físicos y sensoriales (y son dignos de exportación).

     

    Los granos selectos se secan a una temperatura de 40 ºC. Luego se procede a la trilla, proceso industrial en el cual se le retira la cáscara al café pergamino, convirtiéndolo en café verde.

     

    Los granos verdes se tuestan a 180 ºC. Con la complicidad del calor, el café se vuelve café, se altera su composición química y se despiertan una pirotecnia de sabores y aromas, entre ellas las más de 55 sustancias volátiles que hacen que, servido en la taza, su olor colonice las narices de quienes lo consumen.

     

    Finalmente, llega el momento del empaquetado. El café de La Dorada se vende en envolturas de color oro. Tiene un sabor de cuerpo balanceado, con notas frutales, florales y cacao.

     

    De cada saco exportado se destinan seis centavos de dólar para financiar el Fondo Nacional del Café. Foto: Federico Hoyos – María José Ánjel C.

     

    Una biografía del café

     

    Decía Umberto Eco que las palabras son signos, y que estas son a su vez signos de signos. Café es la palabra para designar un lugar, una fruta y una bebida, la más consumida universalmente después del agua.

     

    Según la Organización Internacional del Café, diariamente se consumen alrededor de 2.500 millones de tazas de ese líquido oscuro que, en palabras de José Martí, “es jugo rico, fuego suave, sin llama y sin ardor, aviva y acelera toda la ágil sangre de mis venas. Tiene un misterioso comercio con el alma; dispone los miembros a la batalla y a la carrera; limpia de humanidad el espíritu; aguza y adereza las potencias”.

     

    Esta bebida tiene sus orígenes en Etiopía, entre los siglos XII y XIII. La tribu nómada de los Kaffa dejaba a su paso plantaciones de café. En los monasterios islámicos los monjes sufíes se percataron de que sus cabras comenzaban a saltar después de comerse las cerezas de los cafetos.

     

    Los monjes empezaron a hacer ensayos con las frutas. Las tostaban, las molían y mezclaban con miel. Como si fueran tocados por la magia, se les aceleraba el corazón, empezaban a ver cosas, el cerebro se les ponía lúcido y se sentían más jóvenes que nunca. Así que los monjes comenzaron a beber infusiones durante las oraciones de madrugada.

     

    El café pasó de Etiopía a Yemen, de ahí a Egipto y en 1554 llegó a Constantinopla. Se dice que en la capital del Imperio turco los imanes (equivalente del islam a los sacerdotes cristianos) se enojaban porque muchos fieles dejaban de ir a rezar a las mezquitas por quedarse tomando tinto.

     

    Esta bebida tiene propiedades terapéuticas, entre ellas la detención de la salida de lágrimas. Homero lo sabía muy bien cuando escribió La Odisea. En el Canto IV, Helena de Troya toma café para no llorar ante la muerte de Ulises.

     

    El filósofo y galeno árabe Avicena (980-1037), llamado “el príncipe de los médicos” y considerado como uno de los más sabios de Oriente, introdujo el café en el segundo libro del Canon de Medicina, describiéndolo como una sustancia vegetal a la que llamó bunchum. Fue el primero en referirse a ella como un estimulante y por ello la recomendó especialmente a los militares y a los hombres pensantes.

     

    Una de las leyendas recogidas por sir Thomas Herbert, viajero inglés del siglo XVII, en su obra Relación de algunos viajes por diversas partes de Asia y África, cuenta que el arcángel Gabriel era un cafetero celestial. Un día en el que el profeta Mahoma se encontraba terriblemente cansado, se le apareció este ángel y le hizo tomar una bebida negra que expulsaba un humo serpenteante, la cual le ayudó al profeta a recobrar fuerzas para seguir escribiendo los versos del Corán.

     

    En el mundo católico muchos enemigos del café escribían cartas al papa Clemente VIII pidiéndole que prohibiera esta bebida de musulmanes, es decir, de infieles. Santiago Lascasas Monreal en el libro Biografía del café dice que el sumo pontífice se negó tajantemente, declarando que “sería una pena privar a los cristianos de una bebida tan deliciosa”.

     

    “La afición al café de algunos papas fue muy grande, hasta tal punto que en 1740, Benedicto XIV se hizo construir un café de estilo inglés en los jardines del Palacio del Quirinal, lugar donde se refugiaba para descansar de sus obligaciones”, escribe Lascasas Monreal.

     

    Otro amante del tinto fue el compositor alemán Ludwig van Beethoven, quien tenía la impajaritable costumbre de prepararlo él mismo, sin confiarle a ningún criado esta tarea. Dicen que utilizaba 60 granos por taza, los cuales contaba y recontaba muchas veces.

     

    En 1683, tropas del ejército turco-otomano sitiaron la ciudad de Viena. Al retirarse, los invasores dejaron al olvido un enorme cargamento de café. Un espía polaco al servicio de los austríacos, llamado Kolschizky, descubrió el cargamento y como pago por sus servicios le permitieron quedárselo. Kolschizky había vivido en Turquía y conocía de primera mano los secretos de esta bebida. Ni corto ni perezoso, aprovechó su descubrimiento para fundar uno de los primeros establecimientos de café en la capital austríaca, llamado Zur Blauden Flasche (La Botella Azul).

     

    Según Lascasas, “Kolschizky modificó la forma turca de saborear el café endulzándolo con miel y colándolo para evitar que los posos aparecieran en la taza, además de añadirle leche. También se le atribuye la invención del cruasán al haber encargado a un panadero que le hiciera un dulce con la forma de la media luna turca, es decir el «cuarto creciente» o croissant en francés.”.

     

    El café llegó por barco. Primero, al puerto de Venecia en el siglo XVII, y desde ahí a todos los rincones del Viejo Continente, hasta desembarcar en América hacia el siglo XVII gracias a los holandeses, quienes no querían depender más del comercio de los árabes. Ellos lo introdujeron en el territorio que hoy es Surinam y serían los franceses y españoles quienes a principios del siglo XVIII lo expandieron por Brasil y Colombia.

     

    El matrimonio entre Colombia y el café tiene 300 años de historia, cuando los misioneros jesuitas trajeron las primeras matas en el siglo XVIII. Cuenta la leyenda –leída en la página web de la FNC– que el aumento de producción de café en estas tierras se remonta a 1834, “gracias al sacerdote jesuita Francisco Romero en un pueblo de Norte de Santander llamado Salazar de las Palmas. Cuando sus fieles se confesaban, el sacerdote les imponía como penitencia para redimir sus culpas, sembrar café”.

     

    En 1835 ya se exportaban desde la aduana de Cúcuta los primeros sacos producidos en el oriente del país y para 1850 la caficultura se expandió a departamentos como Cundinamarca, Antioquia y Caldas.

     

    Lo que fue será

     

    En La Dorada el cielo se pinta con el declinar de los colores que desequilibran el día y se rinden ante la noche. Decía Manuel Mejía Vallejo que el futuro es un regreso, porque seremos lo que hemos sido. El café siempre será café.

     

    Un paseo por La Dorada

    Haga un recorrido virtual por La dorada y los paisajes y rutinas del café.

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    Infografía: Federico Hoyos Gutiérrez – María José Ánjel Cantero

  • Muerte en un tiroteo de rutina

    Hace nueve años mataron al soldado Vallejo y todavía no se sabe por qué. Las circunstancias del combate fueron inusuales, así lo cuenta el testimonio de Johan Van Den Enden, su “compañero rana”. Aún así, el caso se archivó sin dar respuesta a los implicados.

     

    Juan José Rios Arbeláez / juan.riosa@upb.edu.co

     

    A mediados de marzo de 2013, el Batallón de Infantería #2 de Cartagena nos envió en un patrullaje de rutina a los Montes de María, en Sucre. Yo hice parte del grupo de 22 soldados que realizaban expedición como práctica de salida.

     

    Habían pasado cinco meses desde que me había presentado a la Base Naval #3 de Barranquilla y había pasado por tres meses de entrenamiento en la Base de Infantería de Sucre; luego tuve un traslado al Batallón #2 de Cartagena, y de un momento a otro, de nuevo aquí, a Sucre, en los Montes de María.

     

    “Nuestra zona” estaba compuesta por numerosas montañas verdes y áreas extensas a menos de mil metros de altura sobre el nivel del mar, montecitos redondos y alargados que parecen formar raíces inmensas, donde hace un calor que se siente el el aire cada vez que se respira.

     

    El paisaje de los Montes de María, la zona de patrullaje de Van den Enden y Vallejo. Foto: Sociedad Concesionaria Vial Montes de María.

     

    Caminábamos y el cielo era gris, pero no era frío. Parecía advertir que, cuando las nubes se abrieran, un sol rabioso nos iba a chamuscar. Hicimos dos paradas administrativas durante el patrullaje: una a las seis de la mañana; otra a las nueve y media de la mañana; y ahora habíamos encontrado un río en medio de una zona plana, ideal para la tercera parada, a las doce del día, para descansar y comer.

     

    A mi lado se encontraba Diego Leonardo Vallejo Morales, un soldado que había entrenado conmigo en la Base de Infantería desde el ingreso. Vallejo no le hablaba a nadie; era un tipo problemático, serio, fuerte. Se había peleado con su “compañero rana” a los puños y yo fui el sustituto. Desde ese momento todo lo hicimos siempre juntos: dormir, entrenar, mear y ‘darnos en la jeta’. Lo que fuese lo hacíamos juntos porque éramos dos tipos muy parecidos.

     

    En el argot militar, el “compañero” rana es una pareja inseparable que se asigna a efectos de la seguridad durante las operaciones. La táctica se inspira en la reproducción de las ranas Arlequín, en la cual el macho pasa hasta 5 días pegado al lomo de la hembra fecundando los huevos. Imagen de referencia: patrullaje de comandos Jungla. Ejército de Colombia.

     

    Apenas se hizo un perímetro de seguridad de 400 metros, nos relajamos sobre la manga, bajo la sombra. Estábamos en una gran superficie plana, alrededor de las montañas pero lejos de ellas. El cielo se había abierto hacía unas horas y nos quemaba con una luz que obligaba a mirarse los pies. Unos se quitaron todo y se metieron al río, otros se acostaron bajo los árboles a dormir. Yo me quité la guerrera y comencé a desarmar mi arma para realizarle mantenimiento. Vallejo me vio y me preguntó por lo que hacía, me dijo que era apenas para que nos prendieran a plomo, se rio y se fue a recostar sobre un tronco.

     

    Pasados diez minutos, mientras terminaba de limpiar el fusil, escuché un disparo de una AK-47. Pasaron varios segundos, mientras me preguntaba quién podría haber disparado esa arma, hasta que se escucharon otros dos disparos seguidos y de golpe entendí que era imposible que alguno del batallón hubiese podido disparar ese fuego, [el fusil AK-47] es un arma soviética y el Ejército colombiano compra armas americanas o israelíes.

     

    Los disparos se intensificaron mientras todos los soldados nos cubríamos en el suelo. Me escondí tras un tronco mientras intentaba armar el fusil y engrasar nuevamente las partes que había limpiado hacía unos minutos. Pasó minuto y medio mientras terminaba de armarlas y me di cuenta que Vallejo estaba al lado mío.

     

    El combate continuó, los insurgentes disparaban desde una zona al mismo nivel de altura, lejana, ideal para la ventaja que tenían sus armas contra las nuestras.

     

    Durante el tiroteo, Vallejo y yo nos conversamos. Cada tanto echaba la mano hacia atrás para tocarlo y preguntarle cómo se encuentra; “manazos” duros, para sentirlo porque no lo podía ver. En una de esas mando la mano y no lo siento. Miro al suelo, a mi derecha y estaba ahí, tirado en el piso con el arma en la tierra. El combate terminó después de otro eterno minuto. Ellos eran menos, nos habían hostigado pero dejaron de disparar por que se vieron en inferioridad.

     

    Todavía aturdido por el ruido, me volteé a ver a Vallejo y sabía que estaba muerto. Fui al suelo y lloré, lloré de verdad. Vallejo se había convertido en mi amigo, en mi “compañero rana”; todo lo hacía con él y lo confiaba a él. Diego entró a la institución temiendo por su vida, había estado en el mundo del narcotráfico de Cartago, lo habían amenazado de muerte y entró a la institución para salvarse. Murió a los cinco meses, en una operación de rutina, apenas rozado por una bala que parece que la hubieran bañado en cianuro, porque cuando lo encontramos, apenas tenía un rasguño al costado del cuello, como si la muerte lo hubiera besado.

     

  • Ser médico rural en Colombia: ¿la mejor de las experiencias o el peor de los castigos?

    Paulina Serna Lopera / paulina.serna@upb.edu.co

     

    Hacer el rural o no es un discusión abierta en los profesionales de la salud. Un sorteo es clave en la decisión. Con él se define la posibilidad de un sueldo decente, la explotación laboral, vivir en condiciones precarias y, en ocasiones, francamente peligrosas. ¿Cómo son las condiciones del servicio social obligatorio de medicina en Colombia? ¿Qué se puede hacer para mejorarlas?

     

    Numerosos profesionales también hacen trbajo voluntario en zonas apartadas. Un ejemplo es el Grupo Piraguas, conformado por estudiantes y profesores de Medicina de la UPB. Foto: Cortesía.

     

    En Colombia, el servicio social (SSO) obligatorio deben prestarlo todos los estudiantes del área de la salud al finalizar su carrera. Según el Ministerio de Salud, bacteriólogos, médicos, enfermeros y odontólogos, tienen el también llamado rural, como requisito para obtener la autorización del ejercicio profesional.

    Sin embargo, la discusión reciente son los cuestionamientos a las condiciones en las que cumple ese servicio. Mientras para algunos es una oportunidad de obtener experiencia y brindar servicio a la comunidad, para otros es considerado un castigo que deja en evidencia las facetas más precarias del sistema de salud colombiano.

    El primer sorteo del 2023 fue, según la Directora de Desarrollo de Talento Humano en Salud, Edilma Marlen Suárez, probablemente el último con personas eximidas. Aunque resulte complejo entender cómo funciona, la dinámica de los últimos 74 años ha sido dejar al azar, con unas cuantas variables, la posibilidad ser eximido o no.

    Los decretos y las leyes han cambiado con el pasar de los años. Para entenderlo mejor, una línea del tiempo:

    Infografía: Paulina Serna.

    Suerte con la salud

     

    El sorteo funciona así: se asignan las plazas, que siempre son menores a los estudiantes inscritos y, a partir de esto, se hace el sorteo. Las probabilidades de ser eximido son mayores si el profesional es víctima de violencia, cabeza de familia o discapacitado, por ejemplo. El dilema es que no es una opción, de no cumplir existe una sanción de 9 meses; tiempo en el que el profesional no puede ejercer su labor.

    De los 5 779 estudiantes registrados en el primer sorteo de 2023, 3 147 eran eran de Medicina. Por su parte, de las 1 313 plazas disponibles, 1 027 fueron para los doctores. La cifra es clara: Medicina tiene la mayor demanda. Desde 2013, Alejandro Gaviria, ministro de Salud entonces, expresó la necesidad de garantizar la disponibilidad de médicos en zonas de difícil acceso, también llamadas zonas rojas.

    El rural, según Minsalud, brinda a los profesionales de la salud la oportunidad de ejercer su profesión de manera digna y remunerada, para garantizar el derecho fundamental a la salud de todas y todos los colombianos. Para asegurar que se amparen los derechos de parte y parte, existe una serie de decretos que prometen asegurar la protección del médico:

     

    Infografía: Saulina Serna.

    Los estudiantes de los primeros semestres parecen comprender el porqué del rural. Vanesa Matute y Laura Mariana Pérez, estudiantes de Medicina de la UPB, contaron que desde la universidad les recalcan que la mejor forma de aprender como médico es, muchas veces, desde la necesidad: “Lo que pasa es que nos enseñan a ser médicos del Pablo Tobón, como si tuviéramos todos los recursos, y no es así… Por eso es necesario el rural”.

    Como ellas, muchos podrían decir lo mismo. Elizabeth Montes, que presta su servicio rural en Concordia – Antioquia, expresó que ha sido una de las mejores experiencias de su vida, que los pagos son justos y el ambiente laboral sano. La frase “todos los médicos deben hacer el rural porque es una experiencia preciosa de aprendizaje”, que se difundió a principio de año en Twitter, solo parece aplicar para quienes los entes territoriales tienen control y supervisión de los recursos y condiciones en las que se labora.

    Contrario a lo que Minsalud plantea, para los estudiantes que ya conocen de antemano las experiencias en el SSO, las razones de emplear rurales parecen ser otras: “ellos dicen: pagamos menos y trabajan más”, “nos explotan, somos los que hacemos las autopsias, los traslados primarios… las jornadas laborales más largas”.

    En Twitter, a raíz del último sorteo, comenzó una oleada de testimonios que iban desde quejas por el pago retrasado y el no estar cubiertos por una ARL, hasta amenazas por parte de grupos armados. Ornella Pimienta, médico general que ejerció el rural en Sucre, dijo: “Casi me muero, casi me matan, me pusieron a hacer necropsias a la fuerza con una hojilla de bisturí como única herramienta en un cuarto sucio, sin ventilación, sin refrigeración al mediodía a 37 grados de temperatura…”

    Esto llevó, entre las respuestas del hilo, a recordar el caso de Edgar Torres Prestan, quien en 2013 decidió realizar su año rural en una población del Chocó, donde fue secuestrado a los pocos días de haber llegado. Ante esto, Edwin Agudelo, médico rural en el municipio de Nariño – Antioquia, dijo que cuando llegó estaban en paro armado: “Me tocaba del trabajo a la casa y de la casa al trabajo… pero me tocaba. Es más una cuestión de ética el poner la vida del otro sobre la mía”.

    Si bien es cierto que todo lo que se hace desde la Medicina es en pro de mejorar la salud del paciente, dice Rubén Darío Restrepo, médico general, que les limitan al querer trabajar con medicamentos y exámenes que son necesarios: “a veces ni algodones ni jeringas tenemos. El sistema de salud está colapsado y el problema viene desde arriba”, dijo refiriéndose al Estado.

    En el mejor de los casos hay sistema. María del Mar Quintero, quien prestó su servicio en Tamalameque – Cesar, contó que para el 2023 sigue siendo por escrito y que la historia clínica toda se hace a mano. Lo más preocupante, dice ella, es que un centro solo tenga médicos rurales debido al pago inoportuno. “A los días de hacer la entrevista nos enteramos que el hospital cerró al entrar en revisión fiscal”, contó.

    Lo otro es que no hay respuesta. Ante las quejas de los rurales, “oídos sordos”. Los hospitales responden que es lo que hay. Sin embargo, un grupo de médicos, que tienen como vocera a Manuela Serna, expresaron que el Ministerio de Salud y todos los entes relacionados deberían, obligatoriamente, visitar las plazas: “solo de esta forma entenderán que es imposible asegurar una buena atención porque no se cuentan con los recursos necesarios”.

     

    Un sistema que enferma

    El impacto emocional que generan estas situaciones repercuten en el bienestar del profesional. En la búsqueda de historias encontramos la frustración y la ansiedad como factor común en los profesionales de la salud. La falta de empatía por parte de los mismos colegas también agrava el problema; que existan opiniones buenas no invalida la indignación de quienes no las hayan tenido.

    El portal Protección Médico integral recalca que ante las irregularidades observadas en contra de los profesionales de la salud, es necesario proteger los derechos fundamentales a la vida, a la salud, al mínimo vital, al trabajo y a una vida digna. Todo esto apunta a que deben cumplirse las normas de contratación laboral, con salarios justos para la actividad especial que desarrollan. Sin embargo, esto no sería posible si no se mejora la gestión de los recursos y el acompañamiento que desde la misma universidad deberían tener.

    El servicio social obligatorio de Medicina en Colombia es una actividad importante no solo para las comunidades, es determinante para la formación de los estudiantes de Medicina, pero las condiciones en las que se realiza pueden ser mejoradas para garantizar la seguridad y el bienestar emocional de todos los actores del sistema, así como su formación como médicos competentes y comprometidos con la sociedad; condiciones de saludable equilibrio.

     

  • Los rebeldes. Relato de dos alfares

     

    Dos historias que nacen y crecen en el barro,

    dos formas de convertir la vida en un acto de resistencia.

     

    Por: Federico Hoyos Gutiérrez y Maria José Ánjel Cantero

     

    En un edificio de apartamentos en el sector de El Poblado hay una habitación que dejó de serlo; ahora es un taller de cerámica. Tarde fresca. La ventana está abierta. El viento balancea las cortinas de lino, cuya delgadez permite adivinar el paisaje urbano y el declinar de los colores que llevan el día hacia la noche. El piso es de madera, embellecido por las vetas.

     

    Hay dos máquinas de torno y dos estanterías; una repleta de utensilios de barro, otra con esmaltes, pinceles, paletas de colores, moldes, rodillos, espátulas, estecas, desvastadores, hilos de nailon y hasta una pistola de calor.

     

    También hay una tabla de yeso, la misma donde Mariana Carreño Uribe amasa un pedazo de arcilla como si fuera un pan. Lo rueda hacia adelante y hacia atrás. Lo comprime y lo alarga con la palma de las manos, lo golpea, lo estruja, lo aplasta y vuelve a empezar. El proceso ha de repetirse una y otra vez hasta asegurarse de que no hayan burbujas de aire que podrían hacer estallar en pedazos a la futura pieza durante la cocción en el horno.

     

    Mariana se sienta frente a la máquina de torno, coloca la masa de arcilla en el centro, pisa el pedal y el torno comienza a girar. “El torno se mueve en espiral. Las hojas nacen en forma de espiral, los huracanes y las galaxias son en forma de espiral… Entonces tú estás creando con el movimiento del universo”, dice la ceramista.

     

    Es una mujer de veinticinco años. Viste de overol y anda descalza. Su piel es de un blanco rosáceo. Su rostro pálido se colorea apenas le preguntan sobre su oficio como ceramista. Sus brazos están tatuados con figuras de volutas florales. El iris de sus ojos es gris como la arcilla que acarician sus manos. Un piercing cuelga de su nariz. Los rizos de su cabello castaño son tan movedizos como su espíritu.

     

    El primer paso para dar forma a cualquier pieza de barro es el centrado. Mariana utiliza la base de la palma de las manos haciendo presión uniforme hacia abajo hasta generar una forma completamente simétrica. Su cerebro pregunta y ordena, sus manos responden y hacen.

     

    “Cualquier cosa que uses en la vida tiene profundidad, diámetro y altura. Eso es lo que vamos a hacer en este momento”, dice Mariana con la paciencia de un maestro.

     

    Primero, la profundidad. Usa los dedos pulgares para ahuecar la arcilla. Luego, el diámetro. Toma una esponja, la remoja y esparce un poco de agua por la pieza que gira incesantemente en el torno. Al humedecerla, la hace más maleable, el barro se vuelve más obediente. “El barro es como las personas, necesita que lo traten bien”, escribió Saramago en La caverna.

     

    Coloca la palma de la mano por fuera de la pieza y el dedo pulgar dentro del hueco de la misma. Empuja lenta y consistentemente el pulgar, como si quisiera juntarlo con la palma de las manos. Y así, con movimientos y caricias tan ligeros como una seda, el hueco que hace segundos era diminuto, se ha hecho grande. Hecho el diámetro, Mariana procede a pulir el fondo de la pieza con la espuma.

     

    Finalmente viene la altura. Con el movimiento delicado de los nudillos hacia arriba, comenzando por la base, va levantando las paredes de la pieza, estirándola hasta alcanzar la altura deseada.

     

    Con las puntas de los dedos índice y corazón ejerce una presión firme pero suave hasta modelar y definir los bordes de lo que será un jarrón. “No es solo una pieza, es un contenedor de emociones”, insiste Carreño.

     

    Es momento del arte, llega la impronta del artista. Aquí es cuando las manos de Mariana juegan con el jarrón, haciéndole una especie de cinturas y barrigas a la pieza.

     

    “Cuando estoy ahí (en el torno) estoy siendo mi yo más auténtica. No tengo nada que esconder, soy completamente sincera conmigo. Es como entrar en una meditación. Es una comunicación, un baile”.

     

    Mariana suelta el pedal, el huracanado torno deja de girar. El jarrón queda tan perfecto que dan ganas de ponerle flores. Pero el barro aún está crudo. Hay que rociar la pieza con una pistola de calor, esperar un tiempo prudente a que se seque para luego cocerla en un horno eléctrico a 1200 ºC.

     

    Ama Estudio Cerámico, así se llama el taller de Mariana Carreño, en donde esta ceramista “hace el amor” con el barro, según explica.

    Fotos: Federico Hoyos – María José Ánjel.

     

    Punto de inflexión

     

    Para Mariana, el barro significa el antes y el después de su existencia. De chiquita le encantaba jugar con plastilina, sin embargo sus padres trataron de alejarla de su lado artístico y llevarla por las sendas de una profesión más intelectual.

     

    Mariana era una chica sin norte claro. Cargada de miedos e inseguridades, cursó estudios de Negocios Internacionales, Psicología y Comunicación Social, dejándolos inconclusos todos. “Yo no sabía qué hacer con mi vida, era una persona muy oscurita, un poco deprimida… Yo no daba ni un peso por mí”, confiesa.

     

    Decidió cambiar de aires. Se fue de intercambio para Canadá, hizo cursos de maquillaje y se metió a clases de escultura, arte del que se enamoró perdidamente. Cuando regresó a Colombia, se inscribió a un taller de cerámica. La primera vez “Me fue pésimo. No di pie con bola en el el torno, pero yo dije: ‘este es mi lugar’ ”.

     

    En tiempos pandémicos compró una máquina de torno, luego otra y se pasó los meses del confinamiento practicando, dialogando con la arcilla. Con la complicidad silenciosa del tiempo y la paciencia, sus destrezas mejoraron hasta que se independizó de su maestra y fundó su propio taller de cerámica.

     

    Las vivencias moldean los pensamientos como las manos al barro. Mariana nunca se imaginó que se convertiría en profesora. Actualmente cuenta con 13 alumnos. Da clases de lunes a sábado. Su interés no es formar ceramistas, sino ayudar a sus pupilos a canalizar sentimientos y emociones mediante la elaboración de piezas que les sobrevivan a ellos. El taller se llama Ama Estudio Cerámico. ¿La razón? “Uno viene acá a hacer el amor con el barro”, dice Mariana.

     

    Frente a la pregunta inevitable de cómo se siente al ejercer un oficio que cada vez es menos popular, la ceramista contesta: “Nosotros, los rebeldes, no dejamos que la cerámica muera”.

     

    Rebeldía rima con maestría

     

    En medio de la reserva natural La Providencia, ubicada en el municipio de Guatapé, vive otro rebelde de la cerámica: José Ignacio Vélez Puerta. Tiene rostro de barba plateada que dibuja una sonrisa de hombre feliz. “Lo que yo hago siempre está muy ligado a lo que yo amo”, afirma. Viste suéter de rayas horizontales, bluyines, tenis de cuero y un delantal gris. Lleva puesto un sombrero de paja, parecido al de Tom Sawyer.

     

    Su casa y su taller, de paredes de tapia y arquitectura campesina, están rodeados por árboles que él y su esposa han sembrado durante veinticinco años: saucos, guamos, chaparros, guayacanes, chagualos, guacamayos, aguacateros, ojos de pava y árboles siete cueros.

     

    Antes de abrir las puertas del taller, José Ignacio se quita el sombrero, con el respeto de un feligrés que entra en el templo. Se pone las gafas. Conversa mientras restaura el asa de un jarrón, actividad que realiza con la precisión de un cirujano. A los 63 años cada una de las falanges de sus dedos está cargada de enseñanzas y recuerdos.

     

    “En cerámica no hay basura”. José explica que una pieza de cerámica puede triturarse, convertirse en arena, mezclarse y reciclarse con la arcilla cruda, lo cual da como resultado el chamote, un compuesto que permite construir piezas con mayor resistencia y durabilidad.

     

    Desde los doce años tomó la decisión irrevocable de ser artista. Primero incursionó en el dibujo, luego en la pintura, después en el grabado, en la escultura y, finalmente, en la cerámica. A los diecisiete se enamoró del torno gracias a Pablo Jaramillo, profesor suyo en la Universidad Pontificia Bolivariana.

     

    Fueron tres experiencias que orientaron su trayectoria como artista de la cerámica: su formación en la escuela de Porta Romana en Florencia (Italia) y en la Escuela de Artes de Segovia (España). En Sargadelos, Galicia, conoció a Arcadio Blasco, quién se convertiría en su maestro. Bajo la guía de Blasco comprendió que la cerámica podía sacarse de los espacios cotidianos del hogar y trasladarlos a espacios urbanos.

     

    Coherente con su rebeldía, se graduó como diseñador industrial con una tesis en contra de esa profesión: Utensilios inmuebles de zonas rurales colombianas. El trabajo, realizado con su esposa, consistió en rescatar los objetos que los campesinos colombianos hacían en su casa por la necesidad que obliga, en muchos casos, las condiciones de pobreza y olvido estatal.

     

    Un artista amante del oficio

     

    José Ignacio se autodefine como un artista cerámico. Para él no hay distinción entre el artesano, el artista y el diseñador; son tres actividades que se funden en una sola. Según Vélez “el oficio es necesario para realizar cualquier trabajo artístico”. Él mismo saca la tierra, la mezcla con agua, la bate, amasa la pasta, tornea las piezas, las seca y las pone a cocer en el horno. Al entrar en contacto con el calor, las moléculas de barro se vitrifican e impermeabilizan, y algunas se inmortalizan.

     

    Su obra es tan amplia que podría hacerse un museo con ella. Los cortes de tierra, las montañas, las texturas, las raíces y las nubes han sido la fuente de inspiración de sus creaciones, entre las que se encuentran desde tazones diminutos hasta esculturas de mastodónticas proporciones. Todas las ideas tienen el mismo punto de partida: una libreta y un lápiz para dibujar bocetos cuyos trazos reciben inspiración de las Musas.

     

    A finales de los 80 llegó a El Carmen de Viboral, lugar que lo transformó a él y que él también transformó. Contrario a lo que se ha pensado, este municipio no tenía una vocación alfarera, sino industrial. Fue José Ignacio quién le enseñó a los carmelitanos los secretos del barro: a tornearlo, a modelarlo, a decorarlo y, sobre todo, a diseñarlo. Una de las satisfacciones más grandes de Vélez es el hecho de haber contribuido a conceptualizar el arte cerámico en este municipio del oriente antioqueño.

     

    En El Carmen está la impronta de José Ignacio. Fue él quien diseñó la Calle de las Arcillas, la de la Cerámica y el parque principal. Sin embargo, un gobernante miope, carente de cultura (y quizá también de inteligencia) no permitió que apareciera el nombre de José Ignacio en esos lugares. Pese a ello, la posteridad no es una prioridad para este artista cerámico. Vélez deja claro que: “Mi proyecto fundamental no es El Carmen, es mi vida”.

     

    Un recorrido por los espacios y herramientas del arte de José Ignacio Vélez, quien no solo es artista cerámico, sino también pintor. La maestría se hala en los detalles del proceso de sus obras, desde el horno de leña, pasando por las herramientas y esmaltes, hasta los primeros acabados de cada pieza y los distintos resultados finales. Fotos: María José Ánjel – Federico Hoyos.

     

    El camino se hace al andar

     

    Vive tranquilo porque se levanta todos los días a trabajar. No es religioso, pero sí espiritual. “Amo a Buda, adoro a Lao Tsé y adoro a Jesús”. No le tiene miedo a la muerte. Se refiere a ella con la serenidad de un estoico.

     

    Maria Patricia se llama su esposa, compañera de sus días. José le llama por su apodo: Tati. Ella tiene la piel bronceada. Algunas canas se le asoman sobre el cabello, negro como el azabache. También es diseñadora industrial, también es manual y también es artista. A diferencia de José, no se dedica a la cerámica, sino al tejido. Quizá ella misma haya bordado las figuras florales que adornan su camisa azul celeste que lleva puesta. Maria Patricia también tiene su taller en medio de la reserva natural. Allí hay un telar. Lo quiere tanto como su marido al horno.

     

    José sale del taller y se dirige al lugar sagrado de todo alfarero: el horno. A diferencia del de Mariana, este no es eléctrico, sino de leña. Está vacío pero, al cerrar los ojos, es posible imaginarlo con las puertas cerradas y las piezas arcillosas adentro recibiendo la primera llama de leña, las primeras vaharadas de calor rodeándolas como una caricia, el aire arremolinándose, el centelleo titilante de la brasa, el deslumbramiento y las llamaradas del fuego, el humo saliendo a borbotones por la chimenea. Para un alfarero en general, y para un artista cerámico en particular, alejarse del horno es como alejarse de la vida. Lo más bello de este oficio no es solamente sopesar lo acontecido, sino también lo que ha de acontecer.

     

    Frente a la pregunta de por qué prefiere el fuego al momento de cocer las piezas, responde: “Las cosas salen más lindas. Es como si uno tuviera un diálogo con la pieza”. Cuenta José que este horno fue construido con materiales de otro horno: el de Samuel Pareja, ceramista carmelitano. Por eso Vélez lo cuida con un cariño casi humano. Un homenaje a esos hornos que estuvieron y dejaron de estar, porque los derribaron sin piedad. Hay que volver a Saramago: el Nobel portugués decía que destruir una creación ajena sería borrar de la faz de la tierra a su creador.

     

    El material plástico de la naturaleza

     

    La arcilla es el resultado de la descomposición de ciertas rocas que se encuentran en las montañas. Las lluvias provocan la erosión de éstas y las partículas arcillosas son arrastradas por los ríos. Este material, crudo y maleable, capaz de adoptar una infinidad de formas que sólo la imaginación puede limitar, está compuesto de alúmina, sílice potasio, sodio, hierro, calcio, feldespato, y muchos otros componentes que no alcanzaría el espacio para nombrarlos todos.

     

    “La cerámica es el término empleado para referirse a toda pieza de arcilla que ha pasado por un proceso de cocción y que, al perder el agua, se transforma químicamente en un material pétreo, incapaz de volver al estado arcilloso original”, afirma Claudia Lam Onuma en el libro Cerámica a mano.

     

    Existen innumerables tipos de cerámica, pero hay tres muy comunes: la terracota: opaca y porosa, su estructura química se compone de óxido ferroso, que le proporciona el color rojizo. La temperatura de cocción está entre los 700 y 900 ºC. El gres: de color grisáceo, opaco y pétreo. Su temperatura de cochura llega hasta los 1250 ºC. Y la porcelana, cerámica translúcida que se cuece hasta los 1300 ºC.

     

    José Saramago escribió que las palabras no son cosas pero las designan lo mejor que pueden. El término cerámica proviene del griego keramikos, que significa ‘alfarería’. Sin embargo, “la práctica de elaborar figuras, vasijas y otros objetos de arcilla es mucho más antigua que la palabra”, cuentan Liz Wilhide y Susie Hodge en el libro Cerámica, un recorrido por la historia, las técnicas y los ceramistas más destacados.

     

    El nexo entre el hombre y el pasado

     

    La cerámica ha sido fiel compañera de la humanidad durante siglos en la vida doméstica: platos, tazas, vasijas, cuencos, jarrones, teteras, botijos, cántaros, macetas… Muchas de estas piezas no las vimos nacer y tampoco las veremos morir.

     

    “Donde hay humanos, hay cerámica”, explica la historiadora Maria Alejandra González. Todas las civilizaciones han tenido contacto con la arcilla debido a que se trata de la exploración de un material procedente de la tierra, de la cual proviene la vida.

     

    Se ha dicho que en tiempos antiquísimos, de los que no queda ni registro ni memoria, Dios modeló al hombre con el barro de la tierra que él mismo había creado. Y después, con un soplo en la nariz, le otorgó la respiración y la vida. “Nada sale de la nada”, afirma el filósofo y escritor Memo Ánjel, citando a Aristóteles.

     

    No hay certeza sobre cuál fue la primera civilización en descubrir el arte cerámico. Cada hallazgo ofrece nuevas pistas y reescribe la historia. Las objetos más antiguos encontrados hasta el momento son las llamadas Venus, unas estatuillas oscuras, hechas de barro y polvo de huesos que datan entre los años 29000 y 25000 A.C., cuyo hallazgo aconteció en la República Checa en 1925. Hasta hoy, su significado ritual continúa siendo un enigma. Aproximadamente entre los años 6000 – 2400 antes de nuestra era, se produjo la invención del torno en Mesopotamia.

     

    González explica que la cerámica comenzó a tener un uso cotidiano en el Neolítico, especialmente para la cocción de alimentos y la fermentación de los licores, acontecimientos que favorecieron el sedentarismo, las congregaciones sociales y los ritos religiosos en las comunidades humanas.

     

    Los chinos jugaron un papel preponderante en la evolución del arte cerámico. Durante la Dinastía Tang (618 – 907 d. C.) se popularizó el té, y en consecuencia, aumentó la demanda de juegos de porcelana para servir esta bebida. La Ruta de la Seda fomentó el comercio con Occidente. Así fue como la porcelana llegó al Viejo Continente y conquistó la mirada de los europeos, quienes inicialmente no sabían cómo fabricar este material.

     

    Pasaron muchos años hasta que en 1709, un alquimista alemán de nombre Johann Friedrich Bötger, en medio de alambiques inciertos y con el propósito de hacer oro, descubrió por accidente la fórmula de la porcelana auténtica.

     

    Hace 15 siglos muchas civilizaciones precolombinas cocían el barro en hornos abiertos, hechos de piedra. Un ejemplo de ello son los mochicas, pueblos indígenas que habitaron en la costa septentrional del Perú. Ellos construyeron con barro fascinantes inventarios de la flora y la fauna, pero también de su mundo real e imaginario.

     

    “El alfarero mochica moldeaba en su materia plástica todo lo que veían sus ojos de artista creador: los hombres y los animales, los pájaros y las frutas, las legumbres y los objetos más comunes de la vida diaria”, escribió el periodista ecuatoriano Jorge Carrera Andrade en un reportaje para la revista El correo de la UNESCO, en 1955. La civilización mochica supo vivir en paz con sus vecinos y dedicar tiempo a la agricultura, la construcción de acueductos y el cultivo de las artes plásticas.

     

    A su manera, los mochicas eran cronistas de la cerámica. “Cada objeto de arcilla es un documento fidedigno”, apuntó Jorge Carrera. Arqueólogos han descubierto vasijas antropomórficas donde se reflejan los conocimientos de anatomía que poseían los artistas mochicas, además de la gran “penetración psicológica” y diversidad humana: figuras de magnates ataviados con cetro y corona, agricultores negroides con labios prominentes y nariz aguileña, hasta la figura de un mendigo tatuado y tuerto atacado en el cuello por un puma. También elaboraban cálices y sonajeros para las festividades religiosas.

     

    El regreso de los rebeldes

     

    El escritor Memo Ánjel ha dicho que las cosas existen cuando se tocan porque el tacto es el más honesto de los sentidos. La dirección e intensidad de la luz afectan la percepción visual de los objetos, la ira y el enamoramiento distorsionan las palabras que se escuchan, el hambre confunde el olfato y exalta el gusto. En otras palabras, el tacto no sucumbe ante los caprichos del espíritu.

     

    Para los rebeldes de la cerámica, como José Ignacio Vélez y Mariana Carreño, el ser humano siempre tendrá que volver a sus principios para recordar de dónde viene, reconectarse con su ser interior, y así, renacer.

     

    Según Vélez, “En el mundo cerámico están los otros tres elementos que conocemos en el mundo occidental: el agua, es quien hace fluir esa tierra; el aire, es quien la hace permanecer y el fuego, que convierte esos cuatro elementos en algo eterno dispuesto a habitar el planeta por siempre. Eso que es la materia, convierte los sueños en realidad”.

     

    Dicen por ahí que del trabajo del hombre dan razón sus manos.