La mayoría de nuestros días evadimos las situaciones que nos incomodan. Postergamos los deberes, las salidas que nos dan pereza y sobre todo nos abstraemos de nosotros mismos. No me gusta la oscuridad ni el silencio por que son momentos que me permiten estar conmigo. La falta de rutina me ha llevado a preguntarme cuáles son los motivos por los que me levanto de la cama. La ausencia de una agenda y el ruido que la acompaña me han obligado a escuchar todos los pensamientos que quiero callar. Ya no puedo distraerme con el cronograma que era mi día a día, ahora tengo que encararme. El confinamiento me ha llevado a descubrirme, ha puesto a prueba la fragilidad que tiene mi alegría y me ha comprobado que sigo siendo un cuerpo y una mente en guerra.
El lunes es parecido al miércoles. El martes al jueves y el viernes a cada uno de los cuatro días anteriores. ¿Sábado y domingo?, sigo pensando que en esos días brilla un poquito más el sol. De resto un poco de lo mismo.
Me levanto a las 7:50 de la mañana, aunque, si me da pereza, apago el despertador y dejo que el azar ponga límite a mi sueño. No todos los días me baño, lo acepto. Voy por un vaso a la cocina, lo lleno de agua y me lo tomo en el balcón. La luz aún me molesta en los ojos y el sonido de unos pocos carros pasando me recuerda que es otro día. Me tomo el agua despacio, como si fuera un vino o un costoso cóctel. En ese rato pienso: ¿qué fue lo que soñé?, ¿por qué soy así?, ¿la tarea es para hoy o es para mañana?, ¿sí le respondí el mensaje a Gabriel?, ¿qué clases tengo hoy? Todo va pasando como un tren de no sé cuántos vagones que no se detiene a saludar. Pero hay una pregunta diferente, hay una que puedo palpar…
Me siento en el escritorio y empiezo a estudiar. Cada tanto mi papá me llama para que lo ayude con “esas cosas tecnológicas”, claro, yo le ayudo. Dos horas, tres horas, cuatro horas, seis, ocho, diez. ¡Carajo! ¿Podrías por favor detenerte por un momento y dejarme ser?, me cuestiono mientras envío ese trabajo que me arrebató todo el día para solo dejarme con algunos fragmentos del día que verdaderamente me pertenecieron. Le envió un mensaje a mi novia diciéndole que estoy bien, que acabé el trabajo, que la extraño -de verdad la extraño-. Me levanto del escritorio, voy a la habitación de mis papás y me tiro en la cama, tratando de dejar el estrés en la mesa del escritorio, pero el muy desgraciado se me pega de la espalda. Luego me siento en el balcón a tomar el aire (ahora que se puede) y pienso, aunque no quiera, pienso… pero no lo que quiero, más bien lo que me toca. Me despido de mis padres y me acuesto en un terremoto de pensamientos que luego se reflejarán en los sueños. Me persigno, pido ayuda y me duermo.
Mi día no se escaparía mucho del dibujo en blanco y negro de un artista que ilustra la portada de un cuento aburrido.
¿Qué hará hoy mi mamá de almuerzo?
Esa es la pregunta que faltaba y la que le da color al dibujo, la que permite que el lunes sea lunes y domingo, domingo.
Desde eso de las 10 se empieza a escuchar el ruido de las ollas. ¿Qué hacemos hoy?, a veces me pregunta y con mi silencio, ya sabe que quiero dejarme sorprender porque me gustan sus sorpresas. Hay concentración hasta que el olor llega, ese mismo que anuncia un festín, descanso y reunión.
Un poco pasadas las doce mi mamá empieza desde la cocina a pedir que ponga la mesa y yo corro a hacerlo porque sé que esa es mi humilde ofrenda para hacerme digno de aquello que mis papilas anhelan.
Lunes de frijolitos, martes de lentejas rancheras, miércoles de pasta, jueves de mondongo, viernes de sudado y domingo de… descanso, ese día pedimos domicilio. Cada día hace algo diferente y cada día me gusta.
Nos sentamos los tres en el comedor: papá, mamá e hijo; una copia no tan sagrada de la sagrada familia. Damos gracias por eso que a tantos les falta y me llevo el primer bocado a la boca.
No sé cuál sea la cura del COVID-19, pero al menos la de mi cuarentena me la da mi mamá cuando me sonríe mientras pregunta… ¿Está bueno el almuercito?
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Trabajo realizado en el curso Periodismo y literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.
La libertad desde mi punto de vista no es simplemente el hecho de salir a la calle. La libertad desde el encierro la he experimentado de diferentes maneras, lo que me ha permitido reflexionar y tener el control de mis emociones sin reprimirlas. Ser libre implica vivir y sentir, por eso narraré desde la luz, desde lo positivo y bello que tiene mi día a día en esta cuarentena: dibujar, crear, pintar, meditar, disfrutar de la “soledad”. Esas son formas de libertad.
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Trabajo realizado en el curso Camarografía e iluminación, orientado por el profesora Carlos Sánchez Pizarro.
La naturaleza está más allá de lo que nosotros creamos. Ella, por si sola, tiene los medios para restaurarse y demostrarnos continuamente que no tenemos el control. Esta pandemia fue una de las tantas demostraciones físicas que nos reitera la necesidad del cambio colectivo de conciencia, de volver a los esencial, a la naturaleza, del poder sentirnos, compartir en familia y no vivir en desigualdad. Esto es un llamado a ser conscientes y coherentes en lo que hacemos en nuestro paso por la tierra.
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Trabajo realizado en el curso Camarografía e iluminación, orientado por el profesor Carlos Sánchez Pizarro.
Colombia lleva más de 30 días de confinamiento. Un mes que para algunas familias colombianas ha sido de unión familiar, de descanso, de pasar momentos divertidos compartiendo juntos. Pero desafortunadamente no todos tenemos la misma suerte de vivir en armonía con nuestros seres queridos. La violencia intrafamiliar, ese virus silencioso que ataca a las familias de puertas para adentro.
Un informe del observatorio colombiano de las mujeres señala que se han presentado 1.011 denuncias en 10 días; es decir, 101 llamadas diarias a la línea 155, creada para orientar a mujeres víctimas de violencia. Bogotá registra el mayor número de llamadas (42 %), Antioquia (11 %), Valle del Cauca (9 %), Cundinamarca (6 %) y Santander (4 %). Las mujeres somos las más perjudicadas en este aislamiento preventivo, pero ser las más vulnerables a estos hechos no nos convierte en las únicas afectadas de las familias. Los niños, tema de gran preocupación por los entes de control, son la otra parte vulnerable en la violencia intrafamiliar, ellos son, de acuerdo con el informe del observatorio, agredidos física y psicológicamente por otros miembros de su familia.
Es el aislamiento una medida para evitar que el virus se propague, pero ¿cómo evitamos que millones de familias se agredan entre ellas durante estos días de estrés y encierro? Debemos actuar en consecuencia para evitar que mujeres sean asesinadas y maltratadas, que los niños dejen de ser violentados y haya paz en las familias; suficiente tenemos con vivir preocupados y con miedo a que la covid-19 toque a nuestros hogares y acabe con nuestras vidas. Según la Academia Nacional de Medicina, Colombia debe lograr un cambio cultural profundo, iniciado desde las etapas primeras de la vida, para que la violencia deje de ser culturalmente aceptada para solucionar los conflictos. Solo así se podrá desarrollar una cohorte de colombianos solidarios, no violentos, que puedan vivir en paz.
Vivir en aislamiento es todo un reto para las familias afectadas por la violencia intrafamiliar; las mujeres no saben qué puede acabar con sus vidas primero, si quedarse en casa esperando a ser asesinadas por sus parejas o salir a la calle y exponerse a que el coronavirus las contagie. Hay que actuar. Es el momento de acabar con la violencia en nuestro país, de cuidarnos y estar juntos para ganarle la batalla al verdadero virus.
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Columna realizada en el curso Introducción a la Comunicación, orientado por el profesor Luis Fernando Gómez. Publicada en la sección Taller de Opinión del diario El Colombiano.
Ya casi son tres meses desde que nuestra realidad cambió. Dejamos de salir y tuvimos que encerrarnos en nuestras casas, los abrazos quedaron prohibidos y las video llamadas se convirtieron en nuestra mejor compañía. Mucho se ha hablado de todos los riesgos y obstáculos que ha traído esta pandemia para todos, pero lo que aún no entendemos es que estamos en el momento preciso en que nuestra salud mental se puede deteriorar. El “Estudio de Solidaridad” de Profamilia, que contó con la ayuda del Imperial College of London, encontró que el 75 % de los 3.549 encuestados habían sufrido afectaciones a su salud mental. De ellos el 54 % sintió nervios, el 53 % cansancio, el 46 % impaciencia y el 34 % rabia o ira.
^^ La salud mental necesita también cuidado preventivo. Ilustración: Freepik.es.
Pero ¿qué es lo que hace que esta cuarentena nos afecte? En un primer lugar, debemos tener en cuenta que vivimos en una sociedad donde la salud mental ha estado en un segundo plano, no se le da importancia y se ignoran muchas señales de alerta. Es por esto que Liliana María Vásquez Peláez, directora del programa de televisión Salud para el Alma de Teleantioquia, dijo que “como es un tema al que no se le pone atención, estar encerrados, estar en aislamiento puede poner en evidencia alteraciones emocionales que no hemos considerado, asuntos trascendentales que no los hemos evaluado y que los habíamos confundido con el trabajo, con la familia o con el transporte”.
Además, afirmó que este es un momento que nos puede servir para conocernos mejor al evidenciar los asuntos de la salud mental que pasaban desapercibidos. Y que pueden desembocar en un problema si no son tratados de la manera correcta.
En segundo lugar, estamos en un momento en que somos bombardeados por información las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Abundan las noticias falsas buscan generar pánico y desesperación entre sus lectores. No fue hace mucho que por las redes sociales circuló la supuesta noticia de un niño que se había suicidado en Cauca a causa de la cuarentena, fue compartida por la cuenta de twitter @TodosporCali_ y mostraba la supuesta carta de suicidio del menor. Pero no tardó en ser desmentida por las autoridades de la zona y la Revista Semana.
“La sobreinformación y sobre todo la sobreinformación de mentiras y de un montón de cosas que no comprendemos lo que puede generar es ansiedad, miedo, conductas obsesivo-compulsivas, pánico y miedo social”, explicó Vásquez. Una de las principales recomendaciones presentadas por diferentes organizaciones como el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, el Colegio Colombiano de Psicólogos e incluso la misma Organización Mundial de la Salud, es a que las personas limiten el acceso a la información para no saturarse. Además de recurrir siempre a fuentes confiables para informarse y evitar compartir información no verificada.
Otra de las recomendaciones en las que coinciden es en que no debemos perder la conexión con nuestros seres queridos. Aunque para muchos esta cuarentena ha sido un periodo difícil respecto a la convivencia con quienes viven ha sido un reto. Para Vásquez “jamás la convivencia hará daño, siempre y cuando sea una convivencia conversada, atendida y con acuerdos. Que la convivencia sea favorecedora es un factor de protección porque tengo con quien conversar, relacionarme, hablar y sentir”.
Es por esto que en estos momentos debemos apoyarnos en los otros, permitirnos sentir porque este es un momento en que todos somos vulnerables emocionalmente “y esta situación de aislamiento, de tensión, de incertidumbre, de miedo puede hacer mella o puede afectar a cualquiera de nosotros”, aseguró Vásquez.
La salud mental de la que tanto hablamos, pero que poco atendemos, es uno de los factores que también está en la cuerda floja en estos momentos, incluso cuando esto pase. Según el artículo de la revista Semana, Ansiedad y miedo en tiempos de cuarentena: cómo controlarlos¸ cuando se supere la contingencia lo más probable es que nos enfrentemos al estrés postraumático, trastorno de ansiedad y depresión. Pueden durar hasta tres años después de terminar la cuarentena.
Hay que tener en cuenta lo anterior, además de las diferentes publicaciones que vemos a diario sobre cuidar nuestra mente, todas las líneas de ayuda que abrieron al público e incluso el programa de Teleantioquia Salud para el Alma (que fue creado para hablar de salud mental durante la cuarentena). Porque estamos en el momento preciso para que nuestra salud mental se deteriore y es tiempo de prestarle atención.
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Columna realizada en el curso Periodismo VI, orientado por el profesor Javier Restrepo.
Un relato corto a partir del ejercicio de observar y entender.
Hago lo que hago porque me gusta. Hago lo que hago para saciar una curiosidad monstruosa. Y hago lo que hago para tratar de entender”. Leila Guerriero.
La vida se mira por la ventana de una finca. Los perezosos pastos solo se mueven cuando los golpea el viento. Las palomas son las cantantes que despiertan al sol. Las gallinas actúan de comadres que solo hablan cuando ponen un huevo y están a punto de tirarse del nido. El gato es el vigilante, aunque durante el día se duerme. La quebrada es la mejor atleta, nunca se detiene y siempre llega a la meta. Los orgullosos patos estiran el pescuezo y miran con cierto asco. A las antisociales vacas solo les interesa comer y luego se encierran. Los cerdos son los que amenizan las parrandas, sin importar que a veces desafinen. El perro es el periodista que tiene información del patrón, pero cuando muerde la mano se queda sin comer. El que vive en la casa tiene un tapabocas, tose sin fuerza y se toca la garganta. Abre la ventana y se queda entretenido en la novela mientras muere lentamente.
^^En el campo la vida está rodeada de metáforas. Foto: Contexto.
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Relato elaborado en el curso Periodismo y Literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.
Sobran adjetivos para referirnos a lo que está sucediendo en el mundo, pero si digo miedo y caos, bastan para enmarcarlo. Con la aparición del covid-19 la vida se ha vuelto de color gris para la raza humana. Sin embargo, no todo ha sido malo. Llevamos años hablando de contaminación ambiental, años realizando campañas, foros, actividades para concientizar a las personas que debemos cuidar el planeta, pero nada ha sido suficiente para crear conciencia; hoy pareciera que la naturaleza nos estuviera cobrando el daño que le hemos hecho. La tierra está desintoxicándose. Mientras estamos encerrados en cuarentena protegiéndonos de un virus, la polución ha disminuido en muchos países, los animales disfrutan tranquilamente de su espacio, no hay residuos en las calles, millones de kilómetros de selva empiezan a recuperarse. El mundo ha vuelto a respirar. Esto nos debe llevar a pensar ¿quién es el verdadero virus? ¿somos los seres humanos una plaga? La pandemia acabará, y entonces volveremos a salir de casa, y si aprendimos la lección esta situación deberá marcar un cambio en nuestras vidas, nuestro país y los gobiernos. Que no sea temporal este respiro que le hemos dado a la naturaleza.
De otro lado, pero en el mismo cuadro, mientras el mundo se toma un descanso, aparecen los aprovechados: un tapabocas que costaba $600 ahora tiene un valor de $3.000 -si lo consigue-. Me lleva a pensar que no servimos como sociedad. Nos quejamos de la corrupción, pero cuando nos dan tiro, empezamos a aprovecharnos de cualquier situación.
Es la otra cara de la moneda, esa que muchos se esfuerzan en no mirar, pero que ahí está. Mientras unos gozan de un encierro privilegiado, otros no tienen dónde dormir; mientras algunos suben un tutorial gourmet a sus redes sociales, otros desearían tener algo para comer; mientras unos gozan de servicios de salud prepagados, a otros solo les queda rezar para que el virus no les llegue. Es momento de empezar a mejorar como humanidad, reconocer que lo material no es lo importante, que el dinero es papel, que el planeta, la salud y nuestras familias, es lo que realmente vale la pena cuidar. Si la pandemia no nos cambia como personas habrá sido un tiempo dolorosamente perdido.
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Esta columna fue realizada en el curso Introducción a la Comunicación, orientado por el profesor Luis Fernando Gómez Velásquez. Publicada en la sección Taller de Opinión de El Colombiano.
Este grupo de videocolumnistas plantea sus puntos de vista sobre las incongruencias que se hacen visibles ante la emergencia sanitaria: entre la caridad, las agresiones al personal médico, los problemas estructurales como el desempleo y el abandono de ciertos territorios, la depredación del medioambiente. ¿Volveremos a lo mismo después del confinamiento? ¿Qué es lo que realmente debemos corregir?
Con un repaso de datos y antecedentes, este grupo de videocolumnistas repasa una de las facetas más lamentables de la emergencia sanitaria en Colombia: las irregularidades en compras y contratación públicas para atender la propagación del virus. Los números y los hechos generan tanto temor como el virus.