Etiqueta: Opinión

  • Sociedad Amigos del Arte: el legado de una ciudad moderna

    Han pasado 84 años desde que se habló por primera vez en el Instituto de Bellas Artes sobre crear una sociedad promotora de conciertos que cambió significativamente la historia de la capital antioqueña, pues fue la puerta de entrada a la modernidad.

     

    El Teatro Junín (en el lugar que hoy ocupa el edificio Coltejer) fue uno de los escenarios principales de la oferta artística y cultural promovida por la Sociedad Amigos del Arte. Foto: Gabriel Carvajal (s.f.). Archivo BPP.

     

    La Sociedad Amigos del Arte de Medellín fue homóloga a la Sociedad Amigos de la Música de Bogotá, la base de un proyecto modernizador de ciudad, en momentos en que la Dirección Nacional de Bellas Artes promovía reformas en la práctica y la educación musical en Colombia. Su titular, Gustavo Santos, propuso al docente Carlos Posada Amador y a Antonio Cano, Director del Instituto de Bellas Artes, una sociedad para apoyar el II Congreso de Música celebrado en Medellín en 1937, idea que impulsó la realización de conciertos mensuales en los teatros de la ciudad.

     

    Tres de los más icónicos fueron el Circo Teatro España, ubicado entre las carreras Girardot y Córdoba y en medio de las calles Perú y Caracas; tenía capacidad para 6.000 espectadores de obras de teatro, circo, ballet, conciertos, cine mudo y carreras; además de corridas de toros para 4.000 personas. El Teatro Bolívar, construido en 1909 en tapias de caña brava, acogió en 1943 al maestro y violinista checoslovaco Joseph Matza, el primer director de la Banda Sinfónica de la Universidad de Antioquia. Asimismo, el Teatro Junín, diseñado por Agustín Goovaerts en 1922 y promovido por Gonzalo Mejía, empresario y productor de la película, “Bajo el cielo antioqueño”, tenía capacidad para 40.000 espectadores y recibió a la cantante Marian Anderson en 1955 y al bailarín Lew Christensen en 1958. Medellín era unos de los corredores de arte más importantes del continente.

     

    A comienzos de la década de los 20, Medellín tenía entre 120.000 y 150.000 habitantes y aunque el aforo de estos recintos era proporcionalmente mayor al que hoy existe, estos se llenaban gracias a la oferta de boletas a precios asequibles para todo público.

     

    Para amantes del cine mexicano, español y argentino, el Teatro Junín y Alameda eran siempre una buen opción; para el Cine continuo estaban los teatros Cinelandia y Aladino. Los amantes del cine erótico tenían al Sinfonía y Guadalupe; para el cine francés y europeo estaba el Teatro Opera, y para las superproducciones, el teatro Metro Avenida era un especialista.

     

    La Sociedad Amigos del Arte también motivó a cantantes, bailarines, músicos y pintores colombianos. Por ejemplo, Débora Arango recibió el primer premio en la Exposición Artistas Profesionales de Medellín, en 1939.

     

    Los artistas más destacados del momento estaban en la nómina de invitados a los espectáculos promovidos por la Sociedad Amigos del Arte. Foto: Colección Patrimonial Universidad EAFIT.

     

    La Sociedad Amigos del Arte difundió la música instrumental centroeuropea de los siglos XVIII y XIX, ayudó a potenciar la enseñanza de la música en los centros educativos del país como el Conservatorio Nacional en Bogotá, dirigido por Guillermo Uribe Holguín. Medellín tuvo nuevos espacios para escuchar música, nuevas orquestas, grupos musicales y congresos de música, docentes extranjeros que transformaron la educación musical, hasta grabaciones de discos extranjeros, con la radiodifusión en pleno auge; todos fueron elementos que cambiaron el modo de vivir en la ciudad.

     

    Toda esta cultura artística nos regaló la mejor idea de ciudad. Aunque la SAA desapareció en 1962 ante la falta de miembros fieles y público para los conciertos, su legado permitió que las clases sociales pasaran a un segundo plano, pues gente acomodada, campesinos y obreros, disfrutaron sin distingo del gusto por el arte. Así lo confirma uno de sus asiduos visitantes, German Jiménez Gil, hoy Jefe Comercial de Cotrafa en la Zona Centro, quien recuerda cómo una tarde de películas con amigos era parte de su vida.

     

    La mayoría de las personas que construyeron este legado no viven hoy en día, pero es nuestra labor como ciudadanos rememorarlo para contarlo.

     

  • Cuarentena con razón. Opiniones jóvenes sobre la pandemia

    Es innegable que la pandemia por coronavirus significa un giro en la historia. La cuarentena, las decisiones estatales e individuales para hacer frente a la emergencia sanitaria dejarán impactos profundos que se verán con el tiempo. ¿Qué dicen de todo esto las nuevas generaciones? ¿Qué ha llamado su atención? ¿Qué les preocupa? ¿Qué esperan después de los tiempos de prevención, de enfermedad, de emergencia?

     

    La situación de los más vulnerables, las lecciones que debeos aprender sobre esta experiencia, los cambios en su entorno inmediato, entre los puntos de reflexión del os jóvenes periodistas en este especial. Foto: Alcaldía de Medellín.

     

    Contexto comparte con sus lectores una selección de textos realizados por periodistas en formación que nos muestran el significado de la emergencia sanitaria global para los principales convocados a todo lo que sigue después de superarla.

     

     

    “Tal vez la pandemia por coronavirus que vivimos hace parte de ese grupo de situaciones en las que no hay mal que por bien no venga, porque nos reunió en casa, nos puso a reparar vínculos…”

     

    Un virus moral – Julián David Henao Castaño

     

     

    “Sin embargo, gracias a esto, el pueblo está más unido. Alcaldía, bomberos, policías y demás trabajan con un mismo objetivo: detener el coronavirus.”

    No se pudo evitar lo inevitable – Néstor David Gómez Salazar

     

     

     

    “En momentos como este, los habitantes necesitan de la solidaridad de los otros, es cuando la ciudad necesita estar unida, debemos de ayudar a aquellos que son más vulnerables, no solo a padecer el virus, sino con aquellos que son vulnerables a padecer los efectos secundarios de este.”

     

    Cuarentena, el drama de los más vulnerables – Juan Camilo Hernández Hernández

     

     

    “Esto es un problema de todos, debemos ser responsables y dejar de pensar por solo un momento en nosotros primero, pues de nada sirve que estemos bien si el otro no lo estará, puesto que podrá contagiar a los demás. Como dicen por ahí: “la unión hace la fuerza”.”

     

     

    No es coeficiente intelectual, sino inteligencia emocional

    Sara Vélez Guerra

     

    “Es importante recalcar que, en tiempos de crisis, y sobre todo ahora tratándose de una emergencia sanitaria, todos tenemos una responsabilidad social que debemos asumir y cumplir. Hay que dejar ese individualismo y egoísmo y empezar a ponernos en los zapatos del otro.”

     

    La empatía en tiempos de crisis – Daniela Morales Álvarez

     

     

    “Se esperaría que la consecuencia de esta pandemia sea no volver a lo mismo cuando todo acabe, es decir, dejar la preocupación superficial y afán de consumo, que si se genera un cambio y es bueno, que sea permanente.”

    Una realidad para transformar – Laura Idárraga Giraldo

     

     

     

     

     

     

     

     

  • La empatía en tiempos de crisis

    Debido a la crisis sanitaria por la que está pasando el mundo con el Covid-19, el presidente Iván Duque decretó aislamiento obligatorio en todo el país desde el 25 de marzo hasta el 26 de abril, señalando que se trata de “una medida para la salud y para la vida”. Dicho decreto presenta 34 excepciones, entre las que se encuentran asistencia médica y adquisición de bienes de primera necesidad. Igualmente, quien no acate estas instrucciones será sancionado de acuerdo con el artículo 368 del Código Penal, el cual afirma que: “El que viole medida sanitaria adoptada por la autoridad competente para impedir la introducción o propagación de una epidemia, incurrirá en prisión de cuatro (4) a ocho (8) años.”

     

    Ahora, si bien la manera más efectiva para combatir el virus es el aislamiento social, ¿es posible aplicar esta medida en la Colombia desigual en la que vivimos?

     

    Hasta los animales callejeros han sido objeto de las medidas tomadas durante la emergencia sanitaria.

    Foto: Alcaldía de Medellín.

     

    Aun estando en toque de queda, cientos de colombianos salieron a las calles, entre esos muchos trabajadores informales que, en diferentes ciudades del país, fueron trabajar normalmente o a exigir ayudas al Gobierno, sin tener presente las decisiones tomadas por este último frente a la amenaza del Covid-19. Ante esto, las críticas no se hicieron esperar, porque es cierto que salir a las calles es una irresponsabilidad y es ponerse en riesgo a sí mismo y a los demás. Sin embargo, es fácil echar culpas y criticar esta situación cuando se está en una posición de privilegio; es fácil decir “yo me quedo en casa” para el que tiene un trabajo estable y un sueldo mensual, además de estar en condiciones para acatar el aislamiento. Pero hay que dejar un poco de lado ese egocentrismo y el “primero yo, segundo yo y tercero yo”, y entender que afuera de la burbuja hay una realidad desigual en la que viven otras personas que no cuentan con las mismas condiciones ni pueden acceder a cosas tan básicas como un mercado. Un poquito de empatía, por favor.

     

    “La medida es necesaria”, ¡claro que es necesaria! Es lo mejor que se puede hacer para reducir el riesgo de contagio. No obstante, implementar un aislamiento obligatorio en Colombia y lograr que toda la población lo asuma de manera apropiada es más complejo de lo que pensamos, porque esto no se trata simplemente de poner un hashtag en redes. No podemos olvidarnos de la desigualdad y pobreza que vive el país, o de que el desempleo está alrededor del 13%, ni podemos ignorar que hay personas dependientes de sus ventas diarias para conseguir los alimentos que llevan al hogar (donde en muchos casos son más de 4 personas), y que no pueden permitirse quedarse en su casa mientras escasea la comida y aumentan las deudas. Estas personas -entre ellas los vendedores ambulantes- no salen porque quieren o porque están en contra de esta medida, lo hacen porque se ven obligados, y sí, son conscientes del riesgo al que se exponen al salir de casa, pero también expresan que, si se encierran, no van a tener con qué vivir.

     

    Es obligación del Estado proveer las condiciones adecuadas para que todos los colombianos podamos responder correctamente a esta cuarentena, y aunque al principio las decisiones fueron tomadas buscando un bien general, pero ignorando necesidades particulares, ahora se está mostrando apoyo a la gente en condición de vulnerabilidad. Se han visto ayudas con el fin de garantizar, por lo menos, un ingreso para el sustento de los colombianos vulnerables durante estos días. El Primer Mandatario anunció un auxilio económico de $160 mil pesos para los trabajadores informales debido a la emergencia. Asimismo, la Alcaldía de Bogotá destinará un monto de $423 mil pesos para familias que se encuentren en condición de pobreza, y un auxilio de $178 mil para hogares vulnerables que no puedan acceder a una canasta mínima de alimentación; todo esto con el propósito de seguir debidamente el proceso durante la cuarentena.

     

    Es importante recalcar que, en tiempos de crisis, y sobre todo ahora tratándose de una emergencia sanitaria, todos tenemos una responsabilidad social que debemos asumir y cumplir. Hay que dejar ese individualismo y egoísmo y empezar a ponernos en los zapatos del otro. Con un Estado presente y el esfuerzo de todos, seguro que podremos manejar bien la crisis y pasará pronto, en lo posible. Es hora de demostrar nuestra solidaridad y empatía.

     

     

  • Cuarentena, el drama de los más vulnerables

     

    Dada la cuarentena nacional obligatoria, decretada por el Gobierno Nacional para encarar la propagación del Covid-19, miles de familias en Medellín quedaron perplejas. Los vendedores ambulantes, las personas que viven de lo producido en el día, el desempleo y los altos índices de pobreza fueron una alarma para que el alcalde Daniel Quintero tomase ciertas medidas respaldando a la mayor cantidad de personas.

     

    Según el DANE, en Medellín y su área metropolitana unas 792.000 personas son trabajadores informales. En medio de la ya decretada cuarentena por la vida, la duda de qué comer, dónde quedarse y qué hacer, pasa por la cabeza de estas personas. Pero ¿qué está haciendo la Alcaldía por ellas?

     

    Al trabajo que hace el gobierno local para el control de la epidemia se suma la mitigación de los efectos sociales y económicos en las familias más vulnerables. Foto: Alcaldía de Medellín.

     

    El 26 de marzo, en un pronunciamiento vía Twitter, el alcalde se refirió por primera vez a este tema:, “Estamos elaborando brigadas para poder ayudar a las diferentes personas en el Valle de Aburrá, para esto, la Secretaría de inclusión social ha apoyado con medidas de apoyo, brindando un techo e insumos a los diferentes habitantes”, Daniel Quintero también afirmó que apuesta por la solidaridad de los paisas, felicitando a iniciativas como Jóvenes en acción, una fundación que entrega dinero e insumos a los vendedores ambulantes en la (desolada) ciudad.

     

    La secretaria de Inclusión Social, Mónica Alejandra Gómez, dijo por medio de la página oficial de la Alcaldía que las instalaciones Centro Día, abrieron otros sitios en el sector conocido como el Bazar de los Puentes para la atención integral de habitantes de calle, migrantes y residentes de inquilinatos; también expresó “En las carpas se ofrece, cada día, 3.400 alimentaciones completas en dos servicios: desayuno y almuerzo-comida. Además, 15 educadores se rotan en tres turnos para acompañar a la población con pautas de protección y prevención. A partir del martes, se integrará el equipo de médicos, cuidadores, digitadores, expertos en sistemas de información, entre otros profesionales.”

     

    En momentos como este, los habitantes necesitan de la solidaridad de los otros, es cuando la ciudad necesita estar unida, debemos de ayudar a aquellos que son más vulnerables, no solo a padecer el virus, sino con aquellos que son vulnerables a padecer los efectos secundarios de este. Pasar hambre, tener frío, vivir en la incertidumbre de no saber qué hacer, son apenas unos pocos de ellos. Por eso vale la pena unirnos a los mecanismos de ayuda dispuestos por personas e instituciones de toda la ciudad, entre ellos, los liderados por el gobierno local. Ningún esfuerzo es poco.

     

     

  • No se pudo evitar lo inevitable

     

     

    Es increíble cómo calles que anteriormente estaban llenas de personas yendo para sus lugares de trabajo, dando una vuelta conversando con sus amigos o incluso paseando a sus mascotas, hoy no son solo más que calles deshabitadas, son calles fantasmas.

     

    Parque principal de El Santuario, Antioquia. Foto: Alcaldía de El Santuario.

     

    Ese es el caso de un pueblo ubicado en el Oriente antioqueño llamado El Santuario. Con cerca de 30.000 habitantes, es un municipio caracterizado por su increíble movimiento en el sector textil y agropecuario; o bueno, lo era. Desde que se confirmó el pasado sábado 14 de marzo el primer caso de coronavirus en el Oriente antioqueño en la ciudad de Rionegro, la Alcaldía de El Santuario velozmente tomó cartas sobre el asunto y acogió de manera inmediata el Decreto N’. 064 el 16 de marzo de 2020, tomando así las recomendaciones del Ministerio de Salud y Protección Social con el fin de mitigar los riesgos de contagio en la población santuariana.

     

    En el transcurso de la semana, las medidas se fueron intensificando cada vez más, al punto de optar también por el simulacro de cuarentena desde el día viernes 20 de marzo hasta el día martes 24 del mismo mes, cuarentena que después se extendería hasta el lunes 13 de abril respaldada por el Gobierno Nacional. El lunes 23 de marzo en horas de la noche el alcalde también decidió cerrar las fronteras con los municipios aledaños para prevenir que el virus fuera importado.

     

    Lo frustrante de todo esto es, que pese a todas las labores de prevención que se realizaron lo que más se temía sucedió: alguien infectado con coronavirus en el municipio de El Santuario. Un joven de 15 años proveniente de Frontino, quien por el receso escolar vino al pueblo a pasar vacaciones al lado de su mamá traía consigo el virus. Después de manifestar los síntomas y hacerse los respectivos exámenes médicos se confirmó el martes 24 de marzo que este joven era positivo para Covid-19. Desde ese momento los rostros de los habitantes se notaban agobiados, se podía evidenciar ese pánico en los pobladores santuarianos, pues cosas que hacían antes con normalidad hoy son casi que prohibidas. La gente que anteriormente se saludaba en los supermercados al hacer las compras para abastecer sus hogares en medio de esta crisis ya solo se mira, son desconfiadas a la hora de tocar un producto y de recibir el dinero, en los hogares ya se evita en la mayor medida de lo posible el contacto con los familiares y se juzga de manera inmediata a alguna persona que medio tosa, se percibe la angustia que sienten porque son conscientes de que en cualquier momento puede aparecer un nuevo caso, o peor aún, pueden ser ellos.

     

    Sin embargo, gracias a esto, el pueblo está más unido. Alcaldía, bomberos, policías y demás trabajan con un mismo objetivo: detener el coronavirus. Pues saben que con la ayuda de la Virgen de Chiquinquirá y el Corazón de Jesús podrán superar esta y cualquier adversidad, tienen presente que son personas que pueden lograr lo que sea si trabajan en equipo y que ,a pesar de no poder ir a misa por la cuarentena, todos los días le piden a Dios que la situación mejore lo más pronto posible, deseando que después de la tormenta finalmente llegue de nuevo la calma que por tanto tiempo tuvieron.

     

     

  • Una realidad para transformar

    No somos inmunes al miedo, a la ignorancia y mucho menos al Covid-19. Estamos viviendo días de pánico que nadie esperaba pero que a todos incumben. Se afectaron los empleos, la economía, las relaciones internacionales, nos abastecemos, nos aislamos, nuestro mayor contacto es por redes sociales; le creemos al miedo y, además, los que no estamos contagiados suponemos ser inmunes a esta pandemia, y nadie está exento. Parecemos en un futuro distópico, es decir, “una sociedad ficticia indeseable en sí misma”, la diferencia es que es real y es ahora.

     

    Hemos llegado al punto de depender de un distanciamiento social para poder sobrevivir y seguir relacionándonos. Es irónico cómo debemos entrar en soledad para unirnos todos hacia una misma causa. Lo particular es que no es si se quiere, no es voluntario; es una obligación, como si se tratara de una realidad “de vida o muerte”. La pandemia ha sido de las pocas situaciones que trata con igualdad a la población, no sabe de clase sociales, no tiene distinción entre ricos y pobres. Por esto, es tan peligrosa como justa.

     

    Y no hace falta buscar profundamente para darse cuenta que es algo que nos está cobijando a todos. Las consecuencias del mal comportamiento de la población bajo las normas de aislamiento impuestas no solo por el Gobierno sino también por la OMS, son evidentes en el aumento de la cantidad de infectados y hasta muertes. Pareciera que incluso con una emergencia mundial, el rebelde que sale de su casa, considera su propio mundo más relevante que en el que vive realmente. Les dicen egoístas.

     

    Sin embargo, se unieron artistas, empresas, organizaciones, se crearon campañas, fundaciones y hasta hospitales destinados estrictamente para el trato de esta situación. Fue necesario recibir un golpe de la realidad para abrir los ojos y ser conscientes de la importancia del bien común por sobre todo lo material. Se esperaría que la consecuencia de esta pandemia sea no volver a lo mismo cuando todo acabe, es decir, dejar la preocupación superficial y afán de consumo, que si se genera un cambio y es bueno, que sea permanente.

     

    Nos contagiamos de Covid-19 pero también de algo positivo: se expandió la creatividad. Ahora el que no sabía cocinar intentó algo nuevo en la cocina, el que había dejado de pintar desempolvó sus pinceles de nuevo, el que había dejado el libro a medias lo acabó y empezó el siguiente. En tiempos de tragedia se volvió necesario volver a lo simple y cercano, lo superficial y material ahora está en un tercer plano, nos tocó ponerle pausa a la carrera en la que vivíamos y apreciar el tiempo en soledad.

     

     

    El trabajo en línea y otras formas de coordinar nuestra labor hacen parte de las transformaciones producto del aislamiento. Foto: Alcaldía de Medellín.

     

     

  • Un virus moral

     

    Si bien se dice que no hay mal que dure 100 años, ni persona que lo tolere, definitivamente esta cuarentena para muchos ya parece un siglo. Sin embargo, nuestro deseo de sobreponernos es admirable. Esta situación nos demuestra cuán importante es el valor de la libertad, del cual perdimos el sentido real. Tal vez lo vivíamos escogiendo ir a un centro comercial o un restaurante para comer; pero hoy lo entendemos verdaderamente cuando añoramos la posibilidad de abrazar con tranquilidad a alguien, sentarse al menos en la acera a tener una charla con un amigo o visitar a los abuelos. Nos damos cuenta que perdimos el sentido de compartir, disfrutar con nuestros seres queridos o amigos, del valor de las cosas simples.

     

    La pandemia ha puesto nuestros ojos y pensamientos en personas y situaciones que solíamos pasar por alto.

    Foto: Alcaldía de Medellín.

     

    Albert Camus, en el libro La Peste, hace referencia a que las peores epidemias no son biológicas sino morales. Que en tiempos de crisis, de encierro sale lo peor del ser, pero también lo mejor y aprendemos de ello. El truco está en no seguir cometiendo los mismos errores que nos llevaron a donde estamos en este momento. Este encierro nos ha demostrado lo frágiles que somos, además, que quienes sacrifican su bienestar por el de los demás para cuidarnos, son los verdaderos héroes de la historia. Estos días de confinamiento nos muestran también que todo vuelve a donde empezó: la naturaleza reclama lo suyo, baja la contaminación, vuelven los peces a los canales de Venecia, los animales corren por la calle sin temor a ser arrollados por un carro, vuelve la calma y esta vuelve porque nosotros ahora somos nosotros los animales encerrados.

     

    Tal vez la pandemia por coronavirus que vivimos hace parte de ese grupo de situaciones en las que no hay mal que por bien no venga, porque nos reunió en casa, nos puso a reparar vínculos, permitió que la tierra tomara un muy profundo respiro y pudiera volver a retoñar, mientras valoramos sencilleces como salir, caminar, desempolvar los juegos de mesa y compartirlos en familia. Estamos aprendiendo a las malas que esta humanidad, más que un virus biológico, tiene virus morales y era momento de parar y reparar tanto desde lo ambiental, lo familiar, lo personal y lo moral. Por nuestro propio bien y el de todos, es mejor que se vean los resultados.

     

     

  • Cambalache // Una suegra en la vice

    Es un gran avance tener algunas mujeres candidatas a la vicepresidencia de Colombia, no obstante, para futuras elecciones propongo que cada candidato postule en ese cargo a su suegra, sería un hecho histórico para ellas y un hecho histérico para nosotros.

     

    Si bien los hombres tenemos ciertos inconvenientes con las mamás de nuestras novias ­—sobre todo si tenemos varias suegras y por ende varias novias­—, casi siempre uno termina queriéndolas más a ellas que a las mismas hijas. En casos extremos, algunos hombres pasan de novios a padrastros sin mayor explicación. Al final de cuentas, toda suegra es inocente ­—de chisme, magia negra, vudú, brujería, volar en escobas…— hasta que se demuestre lo contrario.

     

    Tener a la suegra en el segundo cargo más importante del país no es una prueba de afectos sino de resistencia, y más cuando ella podría remplazar al presidente en caso de incapacidad del mismo, aunque… bueno, en algunos casos esa ley no aplica: Pastrana fue incapaz de gobernarnos en cuatro años y nadie le dijo nada.

     

    La suegra, además, sería una muy buena compañía para la primera dama, siempre y cuando no sepa que existe una segunda, una tercera, una cuarta… No alcanzaría la burocracia participativa ni la paciencia para tal problemón. Y si hay hijos de por medio, no existe mejor combinación que suegra-abuela, entre otras muchas cosas, porque siempre van a decir que el niño o la niña se parece bastante a uno, aunque el papá sea el vecino.

     

    Las funciones de un vicepresidente son tan limitadas como las capacidades del presidente. La ley estipula algunas tareas que, en manos de una mujer que a la vez sea la suegra del primer mandatario, serían todo un éxito. Habría que agregarle a eso que las suegras son como los venezolanos en Colombia: aparecen por toda parte. Entonces, ante cualquier dificultad, sin importar su índole, aparecerían a ayudar y, mientras el jefe mayor preside a los ministros, ella prescinde de ellos.

     

    Estoy seguro que si Samper hubiese tenido a su suegra en la vicepresidencia durante el proceso 8.000, el que hubiera renunciado sería él. O si Juan Manuel Santos, en vez de Germán Vargas Lleras hubiese tenido a la mamá de Tutina en ese puesto, las viviendas de interés social serían entregadas barridas, trapeadas y con cortinas para estrenar. En ese caso, ella no saldría a buscar votos, como sí lo hace Vargas Lleras, con un programa del gobierno que tanto critica y del cual fue parte. Del vicepresidente de Uribe ni hablar. Yo no sé por qué nadie le ha cuestionado el poner a un menor de edad en semejante cargo, la ley de infancia y adolescencia debería proteger más a Pachito Santos.

     

    Considero que mi propuesta es muy buena. A pesar de ello, lamentaría profundamente si el novio de las hijas de Paloma Valencia y María Fernanda Cabal quiere ser presidente de la república, una de estas dos en la vicepresidencia monta sindicato, hace motines y le cambia la cerradura a la Casa de Nariño para que la máxima autoridad no entre a dirigir.

     

    *Los contenidos publicados son responsabilidad del autor y corresponden a sus opiniones.

     

     

     

     

  • Opinión // Deseos en faldas

     

    Ojalá me hubiese puesto la falda al entrar a la universidad; poner el carné, cruzar el torniquete y subir la falda entre las piernas, luego caminar tranquila y segura, porque hay otras cuantas chicas que visten igual que yo.

     

    De pequeña me enseñaron a colocarme un short bajo el “yomber” del colegio por miedo a que algún –o alguna –bromista decidiera subirlo, tanto así que para el día de mi graduación aún los utilizaba. Nunca fue una elección, fue una costumbre que en algún momento consideré decisión propia con el fin de combatir mi inseguridad.

     

    Soy una mujer caderona, insegura y caderona, ponerme pantalones cortos o minifaldas son batallas contra mi autoestima y el qué dirán. Jamás valorarán mis intentos frente al espejo de sentirme segura antes de salir de casa, o el miedo que me produce andar sola frente a un bar, tal vez por eso convertí mi guardarropa en pantalones y camisas, porque de nada me serviría salir confiada a la calle si mientras espero el bus un hombre me chifla desde la otra acera.

     

    El día que decidí apoyar #UPBenfalda no lo pensé demasiado, tenía una motivación y, por extrañas razones, me sentía bonita con aquella falda frente al espejo. Pero no me sentí tranquila hasta pasar la portería de la universidad: en el camino dos hombres me lanzaron miradas mientras esperaba el bus; en la estación de Metro otro hombre se hizo exactamente detrás de mí al abrirse las puertas; ya sentada, un joven levantó su celular cada vez que ligeramente movía las piernas y lo dejó estático al bajarme en mi estación.

     

    Me aterró el hecho de sentirme culpable de sus miradas, estúpidamente agradecí que no hubiera pasado a mayores, pero estar en el campus rodeada de mujeres vestidas similar a mí me hizo comprender que no es nuestra culpa distraer, y que sentirnos victimarias cuando somos las víctimas no es normal.

     

    Si en la calle no puedo sentirme bien, el campus –por lo menos –debería ser mi lugar seguro, donde sintiera tanta tranquilidad, que mi falda o mi short fueran algo secundario. Ojalá, en vez de recomendarme evitar, les recomendaran respetar, para vestirme pensando en cómo me siento y no en cómo me tratarán. No es mucho lo que exijo ahora, quiero sentirme segura, ponerme una falda y que alguien me diga que luzco bonita, no que tres hombres en la calle me digan que quieren hacerme en la noche; pero qué puedo hacer si mi universidad me sugiere una vestimenta en vez de trabajar por nosotras.

     


    LA FALDA FUE EL MOTIVO

    Un comunicado con el que se pretendía ofrecer recomendaciones sobre la forma de vestir, durante las jornadas de clases, y que fue publicado en uno de los boletines electrónicos para los estudiantes de la Universidad Pontificia Bolivariana, suscitó una controversia, que desde el seno de la comunidad universitaria, alcanzó a la opinión pública de la ciudad y del país, especialmente, por vía de las plataformas digitales.

    Como respuesta a esta situación, a modo de protesta, en el campus se observaron a algunos hombres y a mujeres vestidos con falda; además, los estudiantes se manifestaron con varios letreros y con diferentes publicaciones digitales.

    Las expresiones motivadas por aquel contenido, que después las directivas de la Universidad reconocerían que fue erróneo, eran un nuevo episodio de una discusión de interés público sobre los derechos y la libertad, relacionados con la identidad de las personas, particularmente, con la de las mujeres.

    Desde Contexto abrimos varios espacios para la expresión de la comunidad universitaria sobre el debate en torno al vestuario, y sobre las cuestiones que aquel episodio debía convocarnos. Entre el 12 y el 20 de febrero, se hizo la convocatoria por medios electrónicos, y directamente se invitó a varios estudiantes, cercanos al debate, para que enviaran sus columnas.

    Compartimos con ustedes las opiniones recibidas en nuestra Edición 64. Lea las columnas recibidas aquí:

     

     

    Todo basado en prejuicios / Lady Johana Orozco Ortiz

     

     

     

     

  • Opinión // TODO BASADO EN PREJUICIOS

    Todos somos conscientes del escándalo que se generó en la Universidad Pontificia Bolivariana a raiz de una comunicación electrónica sobre el vestuario adecuado para asistir a clases, pero realmente, ¿qué nos queda de esto? Más allá de criticar, señalar y juzgar el comunicado del cual ya todos tenemos conocimiento debemos preguntarnos ¿qué viene ahora para la imagen de la Universidad?

     

    Pudimos observar que el boom de todo este problema se dio mediante las diferentes redes sociales, pero también logramos ver que desde la prensa hubo fuertes declaraciones señalando el comunicado como retrógrado y machista, y dando a entender que la Universidad le está suministrado a sus estudiantes parámetros sobre cómo se debe asistir a la institución. El mensaje ocasionó que se despertara una protesta al interior del plantel educativo: asistir de falda a las clases, lo cual tuvo una mayor acogida por parte del género femenino, ya que las chicas se sintieron cohibidas para ejercer un derecho que la misma Constitución les otorga y es el del libre desarrollo de la personalidad (Atículo 16), pero también pudimos observar que algunos chicos se unieron a esta campaña para defender a sus compañeras de un machismo que esta inpregnado en la circular dada a conocer el 7 de febrero.

    Así que está en nosotros como comunidad educativa preguntarnos, ¿en qué fallamos?, creo que la falla radica en recurrir a los prejuicios estéticos que se tienen del vestuario sin buscar soportes teóricos que nos argumenten las concepciones establecidas sobre un “buen” manejo de las prendas de vestir.

     

    Debemos conocer cuál es el límite de nuestros saberes previos antes de dar una opinión y más si ésta involucra a la cantidad de personas que alberga una universidad como es la Pontifica Bolivariana, porque esto no solo crea una dispersión al interior, sino que la imagen ante un mundo en pleno Siglo XXI, con un pensamiento tan liberado, nos hace quedar como una institución arcaica que sostiene un pensamiento que se dejó atrás hace más de un siglo. Así que, en vez de avanzar en la imagen que se tiene de nosotros, estamos retrocediendo.

    La invitación es para que revisemos qué comunicados sacamos, qué impresiones estamos dejando, y en qué tipo de saberes estamos formando, si en el de los prejuicios o en el de los argumentos claros y contundentes.

     


    LA FALDA FUE EL MOTIVO

    Un comunicado con el que se pretendía ofrecer recomendaciones sobre la forma de vestir, durante las jornadas de clases, y que fue publicado en uno de los boletines electrónicos para los estudiantes de la Universidad Pontificia Bolivariana, suscitó una controversia, que desde el seno de la comunidad universitaria, alcanzó a la opinión pública de la ciudad y del país, especialmente, por vía de las plataformas digitales.

    Como respuesta a esta situación, a modo de protesta, en el campus se observaron a algunos hombres y a mujeres vestidos con falda; además, los estudiantes se manifestaron con varios letreros y con diferentes publicaciones digitales.

    Las expresiones motivadas por aquel contenido, que después las directivas de la Universidad reconocerían que fue erróneo, eran un nuevo episodio de una discusión de interés público sobre los derechos y la libertad, relacionados con la identidad de las personas, particularmente, con la de las mujeres.

    Desde Contexto abrimos varios espacios para la expresión de la comunidad universitaria sobre el debate en torno al vestuario, y sobre las cuestiones que aquel episodio debía convocarnos. Entre el 12 y el 20 de febrero, se hizo la convocatoria por medios electrónicos, y directamente se invitó a varios estudiantes, cercanos al debate, para que enviaran sus columnas.

    Compartimos con ustedes las opiniones recibidas en nuestra Edición 64. Lea las columnas recibidas aquí:

     

     

    ¿Por qué callar? / Valentina Cardona Ortiz.