Por: María Alejandra sierra Lara / maria.sierral@upb.edu.co
Llegar de repente, quedarse, gustar, ganar, dudar, irse y regresar. Son muchos los vaivenes que puede tener la vida de una joven voleibolista.
Leer la historia de Natalia Turizo es vivir a fondo la emoción de un match point. Su carrera como voleibolista en la posición de central del equipo de la Universidad de Antioquia es un relato sobre los regalos inesperados, los deseos y la dicha de estar donde se quiere estar.
Natalia nos contó su historia y aquí la presentamos para que la disfrute como si la misma Natalia la hubiera escrito para usted.
Haga clic en la imagen y lea el e-book en la plataforma ISSUU:
Estudiantes y profesores suman habilidades a la capacidad de generar negocios de los dos certámenes más importantes en el sector textil y moda del país .
Sara Rodríguez Lopera / sara.rodriguezlo@upb.edu.co
Es reconocida la historia de la relación entre la UPB e Inexmoda, organización promotora de Colombiatex y Colombiamoda, los dos principales certámenes de la moda y el sector textil en el país. La Universidad coordinó por años el Pabellón de Conocimiento, la Facultad de Ingeniería Textil también ha hecho presencia en Colombiatex y la de Diseño de Vestuario presenta sus propuestas en las pasarelas de Colombiamoda. La reactivación por la pandemia fue la ocasión para adelantar un nuevo convenio entre Inexmoda y la Facultad de Negocios Internacionales de la UPB para el acompañamiento de los participantes en las ferias en lo correspondiente a compras internacionales, entendimiento del mercado, traducción, estudio de productos y de oferta exportable.
Estudiantes de la Facultad de Negocios Internacionales de la UPB en labores de promoción de negocios en Colombiamoda y Colombiatex. Foto: Cortesía.
Volver a la pasarela
La segunda ola de la pandemia por la Covid-19 hizo que Inexmoda decidiera unir Colombiatex y Colombiamoda en una misma ocasión. Habitualmente, la primera feria se hacía en enero y la otra en julio.
Bajo esa fusión continuó el vínculo con la UPB, cuya Facultad de Diseño de Vestuario llegó a sus 20 años y presentó de nuevo su trabajo en la pasarela de Colombiamoda, pero esta vez con la participación de 21 egresados: “Hicimos un proyecto especial, basado no en un asunto académico, sino en un asunto de marcas ya reconocidas en el mercado”, aseguró Rafael Bernal, docente de la Facultad hace 28 años y encargado de la puesta en escena, quien explicó que este año se dio prioridad a la presencia en pasarela, sobre otras participaciones habituales como la de un stand en el recinto ferial. En los 10 desfiles anteriores, el protagonismo era para los proyectos de los estudiantes bolivarianos; pero este año se invirtió la proporción y 21 egresados de diferentes cohortes presentaron sus creaciones en esta ocasión especial: 20 años de la Facultad y una selección de 21 graduados; 2021.
Las convocatorias para participar se abrieron en marzo. El grupo de unos 27 proyectos postulados se depuró por cuestiones de tiempo y ejercicio, porque para la fecha del certamen no estarían listos, entre otros factores por los cuales “marcas muy importantes y buenas no estuvieron, pero igual es más por el ejercicio”, aseguró Bernal.
Por la calidad de las propuestas, la actividad fue calificada com exitosa, explicó Bernal. Una vez seleccionadas las marcas, continuó una serie de asesorías para revisar el paso a paso del proyecto, qué querían y cómo lo querían mostrar, si era el lanzamiento de una colección o un remake (nueva versión), de lo que ya tenían. “El ejercicio fue tratar un concepto de normalidad, de esta nueva normalidad”, cuenta Bernal sobre las 21 propuestas ya tenían su propio lenguaje y estilo.
Prendas como vestidos de baño, ropa interior, ropa casual y ropa deportiva se vieron en la pasarela; con la excepción, esta vez, del tapabocas, accesorio que ya tuvo su auge el año pasado y que se incluyó en las propuestas de algunas marcas junto con elementos similares como las máscaras, pero ya como parte de la propuesta creativa.
En la muestra hubo marcas debutantes y otras que ya tenían recorrido en la pasarela universitaria de Colombiamoda. “La pasarela UPB siempre ha sido muy ganadora y siempre ha estado llena”, explicó el profesor Bernal. En versiones anteriores de Colombiamoda, había dos pasarelas para mil personas cada una. Este año solo hubo una para 430 personas y los cupos se llenaron de inmediato.
Las condiciones de la pandemia pusieron algunos obstáculos como la imposibilidad de examinar la calidad de la tela en algunos proyectos que debieron trabajar con sus asesores a la distancia; además, por cuestiones de aforo en el backstage, los diseñadores no pudieron acompañar a sus modelos y algunas cosas solo se solucionaron en el momento de recibir la ropa para el fitting (la medición final de las prendas de los modelos seleccionados). “Yo era con la cámara mostrándole al diseñador y él decía: “no, pónganle eso más arriba” o “no, es que eso va así”, cuenta Rafael Bernal.
Como espectadores de los desfiles, los estudiantes de Diseño de Vestuario pudieron acercarse al portafolio de perfiles profesionales que tiene la carrera, y, observar el potencial de las marcas que han crecido como una inspiración.
Propuestas presentadas en la Pasarela UPB de Coombiamoda. De izquierda a derecha y arriba hacia abajo: ropa de Orozco, vestidos tejidos de Oropéndola, ropa de 747 Siete Cuatro Siete, ropa deportiva de Laguna, lencería para hombres de BabyBoy, lencería para mujeres de Nu Lingerie. Fotos: Cámara Lúcida para Inexmoda y UPB.
Moda y Negocios Internacionales
El trabajo de la Universidad Pontificia Bolivariana en Colombiamoda tuvo este año nuevas facetas: “Nosotros como Escuela de Economía, Administración y Negocios, arrancamos desde el semestre pasado a trabajar con ellos, pero en un tema más de acompañamiento en compras internacionales”, contó Jorge Alberto Calle, decano de la unidad académica.
La llegada de esta Escuela al trabajo con Inexmoda tuvo como antecedentes la participación de Calle en una conferencia sobre actividades económicas dirigidas a personas mayores o silver economy, tema en el cual el académico vio una propuesta interesante para implementar en el sector de la moda; además de algunas ponencias en el Pabellón del Conocimiento sobre asuntos como las migraciones y su relación con la moda.
“Me interesé mucho en conocer de cerca el sector moda y empezamos a trabajar en la identificación de intereses comunes y llegamos a una persona llamada Paola Lince (directora de talento humano de Inexmoda). Con ella logramos identificar un punto común en el cual ella quería, con una institución, estar en disposición de trabajar con sus compradores internacionales y nosotros teníamos el interés de darle una oportunidad a nuestros estudiantes de tocar el sector real a través de ese relacionamiento. Entonces unimos los puntos y concretamos esta acción”, explicó el decano Calle.
La Escuela de Economía, Administración y Negocios preparó a los estudiantes en cuestiones de intercambio cultural y negocios; e Inexmoda abrió la plataforma de clientes y compradores para ello, en lo que Calle describe como un laboratorio controlado. “El beneficio para Inexmoda, es que esa plataforma de compradores y clientes se vea respaldada por un talento humano calificado al poderlos acompañar (a los clientes) en su proceso de compra.”, explicó Calle.
Andrés Escobar y Edward Andrés Tamayo, docentes de la Facultad de Negocios Internacionales de la UPB, fueron los encargados de liderar este nuevo convenio. Su tarea era asesorar, guiar y acompañar a los estudiantes que participarían.
Los profesores explican que la trayectoria previa con Inexmoda y el crecimiento de la carrera de Negocios Internacionales en los últimos 14 años de historia, fueron credenciales suficientes para que el instituto organizador de Colombiatex y Colombiamoda, buscara ahora el apoyo de la UPB en otro frente de trabajo.
Veinte estudiantes conformaron el grupo conformado en 2020 y se formaron en competencias de negociación, manejo de bases de datos, atención al público, servicio al cliente, entendimiento de zonas geográficas y usos de horarios. Sin embargo, la segunda ola de la pandemia obligó el aplazamiento de Colombiatex a 2021 y ante el inicio de prácticas y la graduación de varios participantes, el grupo y el convenio quedaron en pausa.
Cuando Inexmoda identificó la posibilidad de tener una feria presencial en junio, la actividad se retomó; pero solo quedaba la mitad del grupo inicial de estudiantes y una nueva convocatorio se abrió con unas competencias específicas: tener un alto nivel de bilingüismo, haber visto algunos cursos como Introducción a los Negocios Internacionales, Gestión Intercultural, Finanzas de la Economía, Precios y Mercadeo. Dos profesores y 18 estudiantes entre cuarto y séptimo semestre conformaron el nuevo grupo que se capacitó en asistencia en evaluación de negocios, negociación de precios, traducción, apoyo comercial, cálculos de precios al cambio de monedas, entre otras
Los profesores Tamayo y Escobar, acompañaron a los estudiantes sin necesidad de intervención. “Ni siquiera hubo la necesidad de entrar a corregir a un estudiante, (…) los chicos se desenvolvieron muy bien”, relata el profesor Escobar para calificar el trabajo de sus estudiantes y destacó los resultados de la preparación, que se hizo en un modelo de alternancia, con un gran componente virtual, a pesar de que ellos hicieron una labor presencial.
Los estudiantes que participaron recibieron capacitación en asuntos socioculturales, relevantes para las negociaciones que podrían acompañar. Foto: Cortesía.
Los profesores integraron la experiencia al trabajo en las clases como contenido y como actividad evaluada. Los estudiantes lograron certificarse como participantes del evento, lo que enriquecerá sus perfiles y sus hojas de vida, en opinión de los docentes, quienes revelaron además que la investigación de marcas, el comportamiento del consumidor en ferias comerciales y mercadeo de moda están entre los temas que marcan el horizonte de la relación entre Inexmoda y la Escuela de Economía, Aministración y Negocios, el nuevo ingrediente del aporte de la UPB al sector moda de la ciudad, pues “tienen la intención de seguir trabajado con nosotros”, afirmó Escobar tras recibir el reconocimiento de Inexmoda por el nuevo aporte de la Universidad.
“Yo pensé que no iba a volver a ver a mis hijos, pero uno quiere salir para que lo ayuden o algo, uno no se quiere tampoco dejar morir”. Del fraude en el servicoo de energía se hablan con cifras generalmente, este relato muestra la faceta humana del problema, que incluye notas muy negativas. Testimonio de Juan Daniel Germán Hernández, exinspector de fraudes en Electricaribe.
María Andrea Gil Serna / periodico.contexto@upb.edu.co
¿Le soy sincero? Cuando me dijeron para hacer esto… A mí alguien me pregunta ¿cómo te pasó eso? Y yo evado, ¿sí me entiende? No me gusta recordar porque fue algo muy traumático.
Eso fue en junio del 2015, yo era inspector de Electricaribe y me movía en todo lo que era Córdoba Sur. A eso de la una de la tarde llegué yo a una finca como a dos o tres kilómetros antes de Buena Vista, entré y encontré una irregularidad, le tomé foto porque el procedimiento mío era tomarle evidencia fotográfica y pasarla a la empresa.
Actualmente son pocos los rastros que se ven del episodio que a Juan Daniel casi le cuesta la vida. Foto: Cortesía. >>
Al momento de salir, yo prendí mi moto y vi que el señor de la casa, un señor alto y moreno de 65 años aproximadamente, salió y se fue adelante, como era puro potrero yo tenía que pasar por una puerta y cuando lo vi ahí parado en esa puerta, yo le dije: “Que calor, ¿cierto jefe?” y él me respondió: “Mjm”, pero nunca pensé que fuera a hacerme cualquier cosa, entonces me dijo: “bueno, entrégueme el celular” con un machete en la mano y yo le contesté: “no te lo puedo entregar porque este es el trabajo mío”. Sin decir más palabras me tiró un machetazo a la cabeza y yo levanté las manos, con las manos me protegí y me cortó en el antebrazo, de ahí yo me tiré de la moto y me fui por la orilla a agarrar un palo para defenderme y ¡qué va! Ya la mano no me funcionaba, ya la tenía echada para atrás.
Yo salí corriendo para la casa de él, comencé a pedir auxilio y el señor detrás de mí. Yo le decía: “yo tengo hijos pequeños, yo no hago este trabajo porque quiera, sino porque es el trabajo que tengo, ¿qué culpa tengo yo de que este sea el trabajo mío? Vea, si quiere le entrego el celular, déjeme ir” y él: “¡Te voy a matar malparido, te voy a matar!”
Cuando llegué a la casa de él, que era cercada con una malla, me la cerraron. Después salió el hijo, un hombre alto y grueso que dijo: “no le dé porque ya hizo bulla, vamos a sacarlo de aquí de la finca que él se va a morir de todas maneras”. Me comenzaron a empujar y me llevaron hasta la moto, el hijo me dijo: “vea que le estoy ayudando”, en el trayecto el señor decía: “¡No! Vamos a picarlo, vamos a desaparecerlo aquí en la finca”, pero el hijo insistía que no porque ya los vecinos sabían que yo estaba ahí.
Pensé que iba a morir ese día, en lo único que pensaba era en mis hijos porque estaban muy pequeñitos y no los quería dejar así, me acordé de mi mamá que está muerta, comencé a pedirle a Dios que me diera otra oportunidad, que me permitiera ver criar a mis hijos.
Así me monté en la moto, el hijo me la prendió y me fui. A 500 metros de llegar a la carretera se me puso la vista oscura y me desplomé, cuando ya reaccioné, yo dije: “si me quedo aquí, me desangro, me muero, como sea tengo que salir hasta la carretera” y salí gateando, me atravesé en la carretera nacional y venía un carro, pero cuando me vio me sacó el zigzag y siguió derecho, después venía una moto, ese fue el que paró como con miedo, me montaron en un taxi y me llevaron al Hospital San Nicolás. Cuando llegué a Planeta Rica, llegué sin conocimiento, yo oía por allá lejos cuando la enfermera gritaba: “se nos fue, se nos fue” y el médico decía: “líquido, líquido”.
De ahí me mandaron a Montería, la primera noticia que me dieron cuando llegué a la Clínica Central fue que me iban a amputar la mano, pero la Salud Ocupacional de la empresa y otros amigos dijeron: “no, no, no, vamos a hacer las vueltas para mandarlo a Medellín”.
Esa noche me operaron la vena arteria porque el señor me la cortó, me cortó los tendones y también los nervios. Cuando desperté de la cirugía, mi esposa estaba al lado mío y me sentía tranquilo, ese día nos dimos cuenta de que ella estaba en embarazo, yo pensaba: “casi me muero sin saber que iba a tener otro hijo”.
Al día siguiente me mandaron para Medellín, mi esposa iba en la ambulancia conmigo, ella estuvo ahí todo el tiempo. En el trayecto de Montería a Medellín tenía la hemoglobina en 6 y los médicos de Montería cometieron el error de mandarme así, cuando llegué a la Clínica Medellín de Occidente, llegué sin conocimiento y me entraron a reanimación, me cambiaron las vendas de las heridas, me pusieron tres litros de sangre y al día siguiente estaba mucho mejor.
Estuve 18 días internado en la clínica, me hicieron como cinco o seis cirugías de reconstrucción de tendones, de nervios y en los dedos de la mano derecha, hoy en día tengo unos dedos como torcidos y no tengo sensibilidad en la mano, pero por lo menos la muevo. Cuando recuerdo todo esto me da ira con ese señor. Yo le pido a Dios todos los días que me ayude a perdonarlo para no tener ningún rencor con él, que lo perdone a él y que me ayude a borrar esas secuelas. Yo trato más bien de olvidar eso.
—
Trabajo realizado para el curso Periodismo III, orientado por la profesora Claudia Sánchez Aguiar.
Cinco personas, cinco restaurantes, cinco historias de migración diferentes reunidas en Medellín para narrar a través de sus platos y pasión por la cocina el testimonio de una experiencia de tradición de un país.
Medellín es una ciudad de migraciones y, cada vez más, de migrantes. Este especial multimedia recoge historias, lugares y sabores que hablan de esos viajes, del intercambio de culturas que se puede saborear en muchos lugares Del Valle de Aburrá.
Clic en la imagen para navegar el especial multimedia:
—
Trabajo realizado en el curso Núcleo II (Narrativas) y sus laboratorios, orientados por los profesores Ana María López, Daniel Santiago Cortés y Joaquín Gómez Meneses.
El deporte se vive en la ciudad de Medellín, este transforma la vida de sus habitantes y se desarrolla como puente que ayuda a hacer efectivos los procesos de integración y socialización entre los jóvenes de la ciudad, inspirados con valores olímpicos como amistad, excelencia, respeto, colaboración, equidad y juego limpio. Durante los últimos nueve años, en los mandatos de Aníbal Gaviria Correa, Federico Gutiérrez Zuluaga y el actual alcalde Daniel Quintero Calle, el deporte y la recreación se han enmarcado como componentes fundamentales en sus Planes de Desarrollo para el progreso de Medellín. En este reportaje, varios testimonios de jóvenes dan cuenta de las posibles transformaciones que el deporte ha logrado en sus vidas.
Clic en la imagen para navegar el reportaje multimedia:
—
Trabajo realizado para el curso Periodismo IV, orientado por la profesora Jazmín Santa.
Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, rosado, son las luces que se alzan sobre la Vía Primavera cerca al Parque Lleras de Medellín, iluminando la entrada a un lugar que promete fantasía y en donde las personas pueden expresarse libremente sin sentirse juzgadas.
Tras subir las coloridas escaleras, da la bienvenida una pintura en la que, sobre un fondo de animal print rosado con morado, se dibuja un arcoíris saliendo de unas piernas con tacones rojos y medias de malla, sobre estas el nombre “Chiquita” un café bar inigualable, icono de la cultura Drag en Medellín.
Llama la atención desde la entrada, el techo en mirella dorada, las paredes cubiertas en estampados de leopardo y decoradas con estatuas poco convencionales de perras, cebras, zorras y cisnes en ropa interior dentro de corazones gigantes y brillantes. Peluche, más brillo y animal print recubriendo cada centímetro del bar. Al fondo, la tarima dispuesta para las mágicas drag queens, encargadas de hacer realidad la fantasía con sus shows, talentos, vestuarios y maquillajes.
Siendo las seis de la tarde de un jueves se comienzan a preparar para darle inicio al show en Bar Chiquita; empezando por cubrirse las cejas para dibujar unas nuevas, seguir con el maquillaje del rostro y luego volver a los ojos para agregarles color y drama. Escoger el vestuario, que muchas veces es diseñado y confeccionado por ellas mismas, añadir accesorios y ponerse los tacones, unos stilettos de entre unos 10 y 12 centímetros, es parte de su proceso en el que todo cambia: el rostro, la voz y la expresión corporal. El resultado: más poder y confianza en sí mismas.
El presentador de la noche sube al escenario y comienza el show.
—Buenas noches para todos, todas y todes, bienvenidos a una noche más de fantasía en Bar Chiquita, el día de hoy contaremos con la presencia de tres maravillosas Drag Queens. Para empezar, con ustedes Gretha White interpretando “Welcome to Burlesque”, de Cher.
Baja Gretha por la escalera en espiral, los reflectores la siguen, comienza a dramatizar la canción. Sus movimientos reflejan poder, drama, seguridad. Sus labios, al son perfecto de la letra, crean la ilusión de que Gretha es ahora Cher.
Show a little more
Show a little less
Add a little smoke
Welcome to Burlesque…
Para Walter, comenzar a ser Gretha surgió como un accidente hace tres años y cuatro meses atrás, pues iba a una fiesta de Halloween en Chiquita, para la que se quería hacer drag, pero la forma en que la gente la recibió fue tan exitosa que no pudo dejar de hacerlo y así este pequeño accidente le permitió descubrir su esencia, se convirtió en el marica que siempre quiso ser, rompió esos estereotipos que tenía en la cabeza y logró ver el mundo mucho más grande de lo que es.
En este punto de su carrera, ver a Gretha es una gran inversión, su tarifa está entre 350 mil a un millón de pesos. Ser drag se ha convertido en su principal fuente de ingreso, pero no todo es fantasía de colores y diversión. Para ser reconocida como lo es hoy ha tenido que destinar esfuerzo, tiempo y dinero. Sobre todo, este último. Ser drag es algo costoso: una peluca vale cerca de cien mil pesos o unos zapatos valen como mínimo cincuenta mil. En la vestimenta se puede gastar más de ciento cincuenta mil pesos en los materiales, aunque como es diseñador de modas, él mismo los crea por completo, y en maquillaje ha gastado cerca de seiscientos mil pesos. Además, estar trepada no solo cuesta en plata, sino también esfuerzo físico.
***
La palabra DRAG viene del acrónimo Dressed As Girl y Queen viene de reina, en inglés. Es un acto artístico performático, donde los personajes son creados y representados de manera exagerada.
Históricamente, ha existido el drag queen, el origen de este arte está vinculado con espectáculos satíricos de la época victoriana, burlesque, en la que drag (arrastrar en inglés) hacía referencia a las faldas y vestidos largos que usaban los actores masculinos, en épocas en que las mujeres no podían desarrollar diversos roles en la sociedad debido a la cultura patriarcal, por lo que hombres hacían los papeles masculinos y femeninos en las obras de teatro.
Juan Camilo Hoyos Muñoz ha sido activista de los derechos LGTBIQ+ por más de nueve años, es artista drag queen, locutor, estudiante de comunicación social y periodismo en la Universidad Uniminuto y trabajador del proyecto de salud en atención para pacientes con VIH, tuberculosis y COVID para la ciudad de Medellín y el Área Metropolitana. Él cuenta y aclara no solo términos, sino también la transición histórica de la cultura drag.
“Los drag queen son una movilización social y política en una expresión un poco más extravagantes, existe desde 1850, cuando los hombres personificaban a las mujeres, ya que las mujeres no podían entrar al teatro, ni pisar las tablas del teatro, por ello entre los hombres las personificaban. El drag permite no hacer una burla por la mujer, si no permite que se llegue al lado social de cualquier comunidad, a cualquier territorio y sobre todo, siempre que se respete esa lucha por toda nuestra sigla poblacional (sic)”.
Poco o nada tiene que ver con la identidad de género o sexualidad de una persona, puede ser un hombre heterosexual, homosexual, bisexual. Su objetivo va más allá, busca generar un impacto social, cultural, educativo y enviar un mensaje de diversidad.
En la personificación femenina, el maquillaje no lo es todo, la actitud y los gestos faciales y corporales no se logran de la noche a la mañana, nadie más que ellos saben lo que significa subirse a un escenario, dar un espectáculo transformados completamente y la gloria momentánea de ser visto o admirado. Pero al final de estas transformaciones ¿un drag se siente hombre o mujer? La psicóloga Diana María Osorio, experta en psicología de género asegura: “La sexualidad de un drag queen sobre el escenario es icónica, casi igual que un travesti puede presentarse una expresión de transexualidad que se manifiesta a través del disfraz. Un drag queen puede ser un hombre homosexual, bisexual o heterosexual, que simplemente crea y se expresa a través de un personaje que presenta ante la sociedad.”
Además, Hoyos Muñoz hace un preciso énfasis en que “Un drag se trasviste, sí, porque se transforma para llegar a ese personaje, más no quiere decir que soy gay, lesbiana o travesti…Desde el lado propositivo, es superimportante porque los niños, las niñas, se sorprenden; los jóvenes, los adolescentes, los papás, las mamás, el adulto mayor, gente y personas que reconocen que realmente nosotros estamos haciendo un sinfín de cambios sociales a la transformación desde la educación, esa misma pedagogía del amor y esa misma pedagogía con la empatía social (sic)”.
La preparación para treparse a su personaje es todo un ritual basado en un proceso creativo que implica inspiración. Myth la encuentra en la comida, en un buen tinto, en un espacio agradable rodeado por sus brochas, música y buena iluminación. Una vez consagra su tiempo a sentirse cómodo, descarga su imaginación en un papel y crea su próximo look de drag. Myth empezó siendo un personaj e que exageraba sus facetas y sus atributos corporales, pero con el tiempo y la experiencia ha empezado a pulirse. Sus trajes son mandados a hacer para cada ocasión, comprados o intervenidos por él mismo; e indica que todo su mundo drag queen está basado en la recursividad y creatividad.
El 5 de abril del 2018, Mitchael Steven Velásquez despertó en la madrugada queriendo convertirse en una persona diferente y transformar su aspecto en alguien totalmente nuevo. Sacó sus brochas de maquillaje y algunos productos para empezar a hacer de su piel un lienzo que lo llevarían a dejar huella en muchos escenarios; y guardó la fecha en lo más profundo de su corazón. Noches después de treparse por primera vez, decidió crear su personaje Myth, que es la simplificación de su nombre, y que en inglés significa mito; encantado con esa definición entendió que estaba en este mundo para impactar vidas.
—Empecé a hacer parte de la cultura Drag una noche del 2018, le tengo mucho aprecio porque fue una fecha en la que decidí personificar a Myth en mi habitación y poco a poco me fui adentrando en eventualidades de ciudad de las mesas diversas. La primera que me abrió las puertas fue la mesa diversa de la Comuna 4 que me invitó a hacer parte de un show/certamen; lo que me dio ánimo para participar de proyectos hasta ahorita que me he estado manteniendo vigente.
Como él existen muchos otros que transformaron sus vidas al empezar a hacer parte de este mundo. Agattha, burda, exagerada y extravagante, como ella se describe, se caracteriza por desorbitar con su belleza, sus uñas largas, sus voluptuosas partes que sobre salen, enmarcadas por los brillantes y largos trajes que usa al momento de treparse. Desde muy pequeña vio la luz de la felicidad, gracias al programa RuPaul’s Drag Race, un programa con un formato dinámico en el que sus participantes Drags se enfrentan una serie de desafíos, guiados y aconsejados por RuPaul. Agattha encontró en este programa un escape para sus momentos de ansiedad y depresión, y cuenta que cambió los antidepresivos por pelucas, tacones y maquillaje. Valora mucho su proceso que inició hace más de dos años y que cade vez a nivel estético y artístico perfecciona su personaje.
“Pelucas, tacones, maquillaje, escarcha, colores, es un mundo fantástico, pero también es un mundo en el que se necesita el apoyo de los y las mamás y papás, hermanos, hermanas, familias, colegios, el mundo, para que realmente reconozca el arte en el que existen. Que seamos valorados y valoradas, es importante que se reconozca el arte y aquellos artistas que están detrás de todo este sin fin de cosas importantes porque tenemos una vida, somos seres humanos y hacemos arte para sobrevivir en una ciudad como Medellín y en un país como Colombia”, añadió Juan Camilo.
Cada uno de estos personajes creados ha tenido que pasar por un proceso de aceptación familiar, social e incluso personal. Como lo describe Myth, nacer como drag en la habitación es fácil, lo difícil es salir y crecer en el mundo real. Para él fue un proceso lleno de amor y aceptación por parte de su familia, porque sus padres ya conocían su orientación sexual y su trabajo artístico en el mundo del teatro.
Sin embargo, no todos cuentan con la fortuna de surgir de manera tan sencilla . Daniel Múnera, quien encarna a Kholette Sky drag, tuvo que manejar el shock de su familia, e l de su círculo social y el propio, al verse tan maquillado frente a l espejo . Daniel hizo un trabajo cauteloso que constó de explicarles a sus papás que no iba a empezar a hacer una transición para convertirse en una chica trans, sino que iba a incursionar en grupos de performances creadores de personajes, y afortunadamente, los padres de Daniel adoptaron a Kholette como otro miembro de su familia, y según explica, se llena de alegría al saber que se puede trepar y destrepar cómodamente en su casa.
Ahora, Myth no solo se ha tomado escenarios y ha destacado con sus espectáculos, sino que gracias a la transformación a sus personajes drag que les permite la liberación y el empoderamiento de sus capacidades, lograron que varios performances drags se tomaran las protestas en apoyo al paro nacional.
—En esta fotografía, quise representar una pureza… la marcha pacífica por medio del trepe. Mi performance este día fue caminar y hacer parte de la marcha con todo el respeto del caso, y ver lo bonito del acompañamiento de los demás… Ni siquiera tuvimos que gritar porque para todas las personas que estaban marchando como nosotras, nuestra presencia decía más que mil palabras.
La necesidad de crear un espacio para Drag Queens hizo que, en 2016, Juan Jiménez y su grupo de fundadores crearan Oh My drag, un lugar para que la gente pueda ir a expresarse libremente, disfrutar de este entretenimiento y romper los paradigmas que se tienen de los drags. Estos eventos han tenido una gran acogida por parte del público local, estos buscan reunir a los amantes del Drag y mostrar un espectáculo con artistas locales e internacionales. Sus inicios se remontan al año 2016 en pequeños eventos realizados en Bogotá, que permitieron ganar terreno a nivel local y trasladar el espectáculo a diferentes partes del país. Sus promotores preparan con anticipación los eventos mediante un proceso organizado y priorizan la difusión del evento por medio de las redes sociales.
Antes era extraño ver a un Drag queen de fiesta, las calles de Medellín estaban llenas de susurros sobre los transformistas, quienes individualmente eran más vulnerables a las miradas reprobatorias, de asco, homofobia y confusión.
El 18 de febrero del 2017, la discoteca Alta Gama, ubicada junto al Parque Lleras, estuvo con su aforo al máximo, unas 400 personas permanecieron en la fiesta hasta las cuatro de la mañana. Esa noche hubo una docena de performances que buscaban una cultura drag en la ciudad, fue allí cuando afloró el primer colectivo de cultura drag queen en la capital antioqueña. Una imagen positiva para la ciudad, en donde se vivificaba el ambiente drag.
Dalphi D’Bones, Bárbara Queen, Jano Von Skorpio, Juli Santa Putricia, Megan Way, Dalila Velvet, Ciara Queen, foto tomada de https://www.instagram.com/culturadragmed/?hl=es-la
“Somos doce discípulos, pero maricas y trepados, brincando de pronombre y género”, así lo define Jano Von Skorpio o Juan Esteban Velásquez, el líder de este colectivo.
***
Cada drag tiene un discurso diferente y lo expresa a través de su personaje con un toque de humor y sarcasmo, pero ante la sociedad todos los discursos son los mismos: la libre expresión y ser fuente de inspiración.
Este movimiento tiene muchos aspectos desde los cuales se promueven unos valores en específico, en el caso de Juan Camilo por una situación en particular:
—Yo promuevo la cultura drag desde el respeto, desde la pedagogía del amor, desde el impacto de la resiliencia, y hago esto es porque cuando tenía catorce años me dieron un disparo por ser homosexual y por hoy llevar el color o los colores de mi bandera. El orgullo del arte por mi población permite que se genere un movimiento de conciencia social y política en revolución, pero una revolución pacífica.
Y a lo anterior se suma que palabra empoderamiento es el lazo que une esta cultura diversa y llena de conocimiento, incluso se asocia la palabra puta como una de las más significativas valiosas e importantes, tanto como para saber que para ser drag queen no se necesita más que un por qué y un para qué que te catapulte a la cima.
—La palabra empoderamiento es tener la valentía, como digo yo en muchas de mis presentaciones, que vivo en las putas porque es que puta no es una palabra que tendría que ser peyorativa, la palabra puta es valiente que se enfrenta, que se empodera a ese mismo rechazo. Nadie tiene que tener unas características como tal para ser drag, todos y todas pueden ser drag queen desde el arte de la expresión social, sólo que para llegar a ser un drag queen tenemos que tener ese por qué y el para qué de estar en el mundo desde esa misma extravagancia, de esa misma personificación para poder impactar al mundo y dar sí o sí una lucha de más de cincuenta años por el movimiento histórico mundial de lo que somos como lesbianas, gays, bisexuales, trans, inter y queen.
Las personas pertenecientes al arte drag queen han roto estereotipos impuestos por las sociedades alrededor del mundo. Este nuevo lenguaje empleado por ellos busca lograr el reconocimiento artístico de las personas que los observan e impulsar a todas, incluso las que no pertenecen a su comunidad, a no temer del qué dirán y tener libertad de pensamiento.
Diana María Osorio ha trabajado con hombres que practican el arte drag queen desde hace cinco años y asegura que no solo ella los ha ayudado a sanar, mejorar su autoestima y personalidad, sino que ellos también se han convertido para ella en un apoyo, han llenado su vida de aprendizajes y de nuevas maneras de ver el mundo.
“Estos personajes no solo luchan en contra de su vida cotidiana, los pensamientos conservadores de las personas, la falta de libertad de expresión, etc., sino que luchan también por los de las demás personas, inspiran y ayudan a amarse y amar los pensamientos propios. El drag te da resistencia y empoderamiento para afrontar las situaciones, son un apoyo, hasta para mí. He aprendido mucho de mis pacientes y es triste saber que este movimiento surge por situaciones de marginalidad social, discriminación.”, añadió la psicóloga Diana María Osorio.
En pleno siglo XXI, con evoluciones tecnológicas, sociales y humanas es óptimo generar mayor inclusión a aquellos géneros que han sido rechazados y poco escuchados, humanos talentosos y temerarios a perseguir su esencia, por ello se debe visibilizar un mundo que todos deberíamos conocer antes que negar.
Y así, siendo las dos de la mañana, el bar Chiquita comienza a bajar su intensidad, el arcoíris disminuye y la gente comienza a salir de la fantasía que les atrapó la noche, se apaga la música y el hogar de muchos drags cierra sus puertas, para volver con más al día siguiente. Estos drags forman parte de una familia que tiene su hogar en Bar Chiquita, en cada rincón mágico de Medellín y como ellos, muchos drags que quieren luchar por un mundo más colorido y con menos barreras, así, sin dejar de soñar y sin tener que aparentar para encajar.
—
Trabajo realizado para el curso Periodismo IV, orientado por la profesora Jazmin Santa Álvarez.
Una investigación permitió analizar los principales factores que influyen en la manera como las pymes de la ciudad de Medellín articulan se apoyan en las redes sociales para sus labores de mercadeo y para consolidar su identidad empresarial, como elementos distintivos que las consoliden y las conviertan en proyectos exitosos.
¿Cuales son esos factores? ¿Cómo se apoyan las pymes de Medellín en las redes sociales? ¿Cuáles fueron los casos estudiados?
Clic en la imagen para descargar el informe de investigación completo.
—-
Trabajo realizado para el curso Investigación II, orientado por la profesora Ana María López Carmona.
Las empresas de intermediación digital se han convertido en una fuente de trabajo para los colombianos. Sin embargo, estas dinámicas laborales traen consigo una serie de retos legislativos, dado que en el país no existe una normatividad especial que se encargue de regular estos nuevos modelos de negocio.
Natalia Ceballos y Felipe Restrepo / periódico.contexto@upb.edu.co
Rappi es una plataforma digital colombiana que busca servirles a sus usuarios en la compra y entrega de bienes mediante una aplicación móvil. Esta se caracteriza por la supuesta flexibilidad laboral que le brinda a sus rappitenderos, pero también por las numerosas quejas que estos mismos realizan a la empresa por la falta de garantías laborales. Lo anterior se debe a que Rappi no reconoce a sus tenderos como empleados, sino como ‘colaboradores independientes’ y los ejecutivos argumentan que la plataforma sirve únicamente como intermediaria entre el cliente y el rappitendero. No obstante, los domiciliarios consideran que sí sostienen una vinculación directa con la empresa y por eso, deben ser reconocidos como trabajadores de esta.
Ilustración: Natalia Ceballos . Felipe Restrepo.
Por lo tanto, el problema radica en que Rappi, al no reconocer una relación laboral con los colaboradores, no se ven en la obligación legal de afiliar a los tenderos a la seguridad social. La ausencia de un contrato laboral explícito hace que estos trabajadores digitales sean considerados parte de la informalidad del país, pues no cuentan con los derechos laborales de un trabajador habitual. Esta situación no es nueva, puesto que Rappi desde sus inicios tuvo claro cómo quería operar y relacionarse con sus ‘emprendedores independientes’.
Rappi nació en Bogotá en 2015 y a los pocos meses de operación ya era reconocida a nivel nacional. Y es que el modelo de negocio que esta introdujo al mercado era algo completamente nuevo para el público. La plataforma no solamente les ofrecía a sus usuarios pedir comida de restaurantes a domicilios, sino también la posibilidad de realizar retiros de dinero, mandar paquetes o hacer el mercado. Tanto fue el éxito de la aplicación que, para el 2017, Rappi ya contaba con más de diez mil rappitenderos y con una inversión de Silicon Valley que le permitió expandirse a otros países latinoamericanos.
Desde el 2018 y hasta el día de hoy, el número de rappitenderos sigue aumentando debido a lo fácil que es afiliarse a la empresa, pues solo solicitan un documento de identificación. A pesar de su popularización, los domiciliarios empezaron a protestar por la vulneración de sus derechos laborales, buscando la posibilidad de regularizar la situación de las plataformas digitales en el país.
Este modelo de trabajo se ha convertido en uno de los mayores retos en materia de derecho laboral y seguridad social en Colombia. Tanto así, que el artículo 205, publicado en 2019, del Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, buscaba regular y garantizar un trabajo digno a las personas que realizan esta labor, mediante un proyecto de ley. A pesar de que hubo varios intentos cursando en el Congreso de la República, ninguno ha logrado radicarse como ley. Asimismo, la ex ministra de Trabajo, Alicia Arango, después de varias reuniones con los dueños de Rappi, se pronunció frente al tema diciendo que el “sistema de contratación de Rappi es legal, pero tremendamente injusto”.
El siguiente año, nació la organización y primer sindicato de domiciliarios en el país, Unidapp: Unión de Trabajadores de Plataformas, la cual cuenta con más de mil miembros. Este movimiento, además de convocar a marchas, también se encarga de realizar incidencia jurídica con el fin de mejorar las condiciones laborales en uno de los países más desiguales de América Latina. En Colombia, según una encuesta realizada por la Universidad del Rosario a 318 rappitenderos, un 53% de ellos no están afiliados al sistema de salud, el 45% vive en estrato 2 y casi el 93% no cotizan pensión.
Juan Carlos Zuluaga, venezolano que trabaja con Rappi hace más de dos años, es una clara representación de estas estadísticas. Zuluaga nació hace 29 años en Mérida y vino a Colombia en busca de mejores condiciones de vida. Al llegar, se enteró por medio de un familiar que para ser rappitendero solo necesitaba, en su caso particular, el permiso de permanencia y asistir a una capacitación en la sede central de la ciudad. Casi 30 meses después de su llegada, ha logrado remuneraciones mensuales que se aproximan a los dos millones de pesos. Pero esto le implica laborar diez horas diarias, los siete días de la semana, pedir baños prestados y trabajar permanentemente a la intemperie. Además, ellos deben asumir los gastos de la gasolina, el plan de datos de su celular e incluso los implementos propios de Rappi como el maletín. Por lo tanto, sus ganancias representan una disminución significativa y si no fuera por el trabajo de su esposa que permite vincularlo a la EPS, a él también le tocaría cubrir este gasto adicional.
Juan Carlos es consciente de que puede activar o desactivar su disponibilidad en la aplicación cuando desee, pero siente que es necesario trabajar un mínimo de horas específicas para subsistir diariamente. Por el otro lado, los ejecutivos de Rappi sostienen que el trabajo en la plataforma no se da por jornadas, sino de manera flexible, lo que le permite al domiciliario trabajar cuando quiera. Además, su discurso plantea que los rappitenderos trabajan en la aplicación porque esta funciona como una fuente complementaria para sus ingresos, más no como su única fuente de estos. No obstante, la independencia que Rappi les promete a sus trabajadores es cuestionable, pues el 81,4% de los 318 rappitenderos encuestados por la Universidad del Rosario se ganan la vida solamente haciendo domicilios en esta aplicación de forma precaria. Y es que para que un rappitendero pueda garantizarse el salario mínimo, debe trabajar más de 10 horas diarias, cuando en Colombia, la jornada laboral no debe superar las 8 horas.
Además de sentir la necesidad de cumplir con un horario mínimo de trabajo, los domiciliarios deben aceptar los términos y condiciones establecidos por la plataforma digital. Al hacer esto, los rappitenderos dependen exclusivamente de la aplicación móvil para poder trabajar, pues deben esperar a que esta les asigne un pedido y también bloquean, sancionan y monitorean al prestador del servicio. En este sentido, el trabajador estaría cumpliendo órdenes y horarios (existe tiempo límite para la entrega de pedidos) establecidos por parte de la plataforma, lo cual se puede traducir en subordinación.
Como lo explica Karina Zuluaga, abogada de la Universidad EAFIT, dicha subordinación es uno de los elementos necesarios para reconocer legalmente una vinculación laboral. El segundo es la remuneración, que en otras palabras viene siendo el salario que reciben como retribución del servicio. Y el tercero es la actividad personal del trabajador, es decir, la exigencia de que la labor a ejercer sea realizada única y exclusivamente por la persona contratada.
El hecho de que Rappi no reconozca una relación laboral con sus tenderos significa que estos no van a estar afiliados a la seguridad social por parte de la empresa. Según Gabriela Pérez, abogada especialista en Derecho Laboral y Seguridad Social de la Universidad Externado, si los rappitenderos se asumen como independientes, deben responder por su propia seguridad social, lo cual rebaja sus ingresos mensuales.
Esta ha sido una de las razones para que los tenderos salgan a reclamar garantías laborales, pues sienten que su labor cumple con las condiciones necesarias para reconocer un contrato de trabajo. Sin embargo, los ejecutivos de Rappi prefieren tratar a los domiciliarios como ‘emprendedores independientes’ porque consideran que ninguno de los tres elementos se cumple para vincularlos laboralmente. Esto es una forma en la que la empresa deslaboraliza a sus trabajadores, dejándolos desprotegidos y aumentando la precariedad laboral. La deslaboralización es una forma de subcontratación que le permite a la empresa eludir responsabilidades legales y reducir gastos administrativos, pero para los trabajadores significa inestabilidad y ausencia de contrato de trabajo.
En resumen, la facilidad en la contratación, la precarización en las jornadas y la falta de garantías laborales son las principales razones por las que se considera que Rappi vulnera los derechos de los trabajadores. Además, no es justo que, bajo el título de flexibilidad, se normalice la explotación laboral en las clases bajas que, por necesidad, se deben ver sometidos a estas condiciones.
También hay que considerar que el Gobierno no ha realizado una buena gestión sobre la legislación laboral de las aplicaciones digitales como Rappi. Debido a retrasos con la pandemia y otros asuntos nacionales, el proyecto que busca garantizar mejores condiciones laborales a estos trabajadores se retrasó y, por ende, siguen siendo vulnerados hoy en día.
En Colombia, el significado del concepto ‘contrato de trabajo’ es antiguo, lo cual hace que las nuevas modalidades de empleo no tengan regulación establecida. Esto evidencia la necesidad de adoptar una normatividad más flexible que tome en cuenta a las nuevas categorías laborales que surgen a partir de las tecnologías cambiantes. Lo ideal sería que la vinculación laboral se diera siempre a través de un contrato de trabajo, pero en Colombia esto no sucede, pues esto trae altas cargas económicas para las empresas. No se trata entonces de disfrazar contratos de trabajo, pero sí de que el gobierno se encargue de definir la relación laboral que los trabajadores tienen con la empresa de intermediación digital. Por esto, es necesario que la legislación colombiana encuentre otras alternativas y nuevas modalidades de contratación que permitan dinamizar el empleo a través de plataformas digitales, para así asegurar condiciones dignas de trabajo.
—
Trabajo realizado para el curso Periodismo V, orientado por el profesor Juan Esteban Mejía.
Fueron precisamente los sonidos armónicos de sus cuerdas, combinados con el de su melodiosa voz, los protagonistas de aquella noche del miércoles 15 de julio de 1998, fecha del concierto de lanzamiento de su álbum Lo que amo, en el Teatro Metropolitano José Gutiérrez Gómez, de Medellín.
Entre los espectadores estaba Lina María González, una joven simpática, esbelta y sonriente. Lo que ni ella ni John sabían era que el destino quería unirlos desde esa noche para siempre. “Mi mamá fue literalmente obligada. Una amiga le dijo: ‘Tenés que ir. Si querés, comprá la boleta más barata’”, cuenta Gabriela Torres, hija de John Jairo y Lina. “Eso hizo mi mamá, compró la más barata y se hizo bien atrás, en el ‘gallinero’. Al principio estaba muy aburrida”. Pese a que el recinto estaba a reventar, había algunos puestos libres más adelante y, en el intermedio del concierto, su amiga le dijo: ‘Váyase pa’delante, allá en esos puestos que sobraron’.
<<La tradición como elemento de contrastes está en las bases de la obra de John Jairo Torres. Foto: Cortesía.
De repente, el aburrimiento de Lina se transformó en un mar de lágrimas al escuchar Tu llegada, una canción que John Jairo compuso cuando nació Catalina, su primera hija. “Mi mamá se puso a llorar, le llegó muchísimo la música de mi papá. Al final, la amiga de mi mamá le dijo: ‘¿Quieres conocer a John Jairo?’”. Lina accedió y se fue con ella y otra amiga a saludarlo… “La amiga de mi mamá quería presentarle a mi papá la otra amiga, no a mi mamá”. Sin embargo, John se enamoró perdidamente de Lina desde el primer instante que la vio, “tanto así, que ni siquiera se acuerda de la otra amiga.”, dice Gabriela. “Al mes de conocidos, mi papá le hizo la primera canción a mi mamá (Mi alma gemela)”.
Para entonces, John Jairo ya se había divorciado de Maria Eugenia Bayona, la fuente de inspiración de obras como No es tan fácil y Fantasmas. “Las canciones tristes de John Jairo vienen de esa época, y las alegres vienen de su segundo matrimonio con Lina”, recuerda Jaime Betancur, amigo de John desde hace más de dos décadas. “Él ha pasado por muchas etapas de la vida, por eso es tan buen compositor. El noventa porciento de lo que produce es muy bueno y, lo demás, muy aproximadamente bueno”, agrega.
De aspecto bonachón, tez blanca, cabello negro entremezclado con canas, nariz gruesa y redondeada. Sus ojos cafés reflejan una mirada sincera y penetrante. Sus 188 centímetros de estatura le permitieron ser un habilidoso basquetbolista en la adolescencia.
Nacido un Día de Brujas de 1958 en el Seguro Social de Itagüí, es tecnólogo en Sistemas de Cedesistemas y gestor cultural de la Universidad EAN. No obstante, “la música es la que ensancha su espíritu y la que purifica las aguas cristalinas de su inspiración”, como escribió alguna vez Rubén Darío Barrientos. Desde la cuna, su corazón palpita al ritmo de bambucos, pasillos, guabinas, danzas y valses.
Es hijo de doña Gabriela de la Pava, mujer sabia y serena; y de don Heroel Torres, hombre de carácter fuerte, con quien mantuvo una relación difícil durante algún tiempo. Paradójicamente era don Heroel quien le regalaba instrumentos, pero no quería que fuese músico. Las diferencias entre ambos se subsanaron con una composición conciliatoria: una danza titulada Para decirte te quiero. Dice Betancur que “llegó el momento de la vida en que él (Heroel) estaba enfermo y John Jairo le quiso escribir una canción diciéndole que ‘no quisiera perderte sin decirte te quiero’”.
Su abuelo tiplista, Antonio ‘el Negro’ Torres, fue quien le legó la vena artística. A los ocho años incursionó en la guitarra. En ese entonces le decía a su profe, Rodolfo Marín, que había escuchado por radio los que en verdad eran sus primeros poemas musicalizados.
Aquí, Joh Jairo Torres celebra su reconocimiento a Canción Inédita. Foto: Cortesía.>>
Prolífico compositor, su repertorio supera las 200 obras escritas, muchas de ellas interpretadas y grabadas por reconocidos artistas. Ha triunfado en diversos eventos tales como el Festival Mono Núñez, el Festival Nacional del Pasillo Colombiano, el Concurso Nacional de Duetos de Ibagué y el Concurso Nacional del Bambuco Luis Carlos González, por tan solo nombrar algunos. “No me quiero perder ningún festival, ni concierto”, afirma John Jairo.
“Es un defensor incansable de nuestra música”, dice Carlos Andrés Mesa, licenciado en Dirección Musical. En marzo de 1998, la Cámara de Representantes le condecoró con la Orden de la Democracia en grado de Caballero “por su labor en la creación y difusión de la música colombiana”. El municipio antioqueño de San Pedro de los Milagros “instituyó el Concurso Nacional del Bambuco John Jairo Torres de la Pava”.
Jairo Moreno, excuñado de John, resalta que él “tuvo muy claro siempre que si queríamos rescatar y manejar una música colombiana folclórica que perdurara, teníamos que hacer que los jóvenes se involucraran con esas músicas”. Una de las condiciones que puso Torres cuando asumió la dirección ejecutiva de Antioquia le Canta a Colombia en 2007, era que los niños también pudieran participar en el festival. Cuando fue director artístico y presentador del programa televisivo Serenata, les exigía a los artistas que la mitad de su repertorio fuera de músicas andinas colombianas.
Pese a que su rostro ya no aparece en las pantallas, todavía hay muchos que le demuestran simpatía en la calle y le piden que les cante un pedacito de alguna de sus canciones. “Mis fans son, en este momento, mayores de setenta”, bromea John Jairo.
Está en contra de los estereotipos, de que haya que ponerse sombrero, salir de ruana, de carriel y alpargatas para pararse a cantar en un escenario. Esa fue la idea que lo sedujo a escribir Quién dijo, el icónico bambuco que despertó amores y odios, pero que, al fin y al cabo, lo catapultó como cantautor. John Jairo es un convencido de lo que hace. En la fiesta de premiación del Mono Núñez de 1987, “aposté 30 mil pesos con el que ganó ese año la obra inédita a que yo ganaba el año siguiente”; y así ocurrió: fue precisamente Quién dijo la canción que le dio el triunfo en ese festival.
John Jairo Torres de la Pava interpreta “Quién dijo”. Video: Teatro Metropolitano.
Dice la verdad sin tapujos. Un reconocido artista de antaño le dijo alguna vez: ‘Tus canciones son muy bonitas, pero eso no es comercial. Eso no le gusta al pueblo’. Y John Jairo le contestó: ‘Mis canciones no las van a olvidar los que las han oído. En cambio, de las tuyas, mañana no se va a acordar nadie’.
Torres de la Pava tiene muchos conocidos, pero pocos amigos. Eso sí, los que tiene son entrañables. “A mí me han tocado muchas tertulias que casi siempre son en la casa de Lina y John. Ellos tienen un grupito de amigos que son Jaime Betancur, Gustavo Díez y Alfonso Grosso (acompañados de sus esposas Esperanza, Davinia y María Elena, respectivamente). John es el líder del equipo. Es el que pone el tema de conversación.”, cuenta Pedro Pablo Zuluaga, novio de Gabriela. Se reúnen a reírse y a contar historias, al sabor de unas copas de aguardiente. “En cualquier momento llega alguno y dice: ‘¡Vamos a tocar!’. Y John saca su guitarra”, una Yamaha traída desde Japón. “La cuida como un tesoro… solamente la saca cuando ellos van y, de vez en cuando, me la presta por ahí a mí”, dice Zuluaga. “A él le han ofrecido plata por ella, la que quiera… le han ofrecido cambiarle la guitarra, pero él no la cambia por nada del mundo”, agrega.
Gustavo Díez, hombre carismático y locuaz, es el guitarrista de cabecera de John Jairo. Dice que las anécdotas con él dan para escribir un libro. ‘Tavo’ describe a su amigo como “una teta auténtica”. Mamagallista y dicharachero, “siempre está echándole vainas a todo el mundo… Es insoportable en el estudio de grabación (risas)” y “Termina por imponer su criterio frente a lo que él quiere que se haga”. Díez destaca que las diferencias de pensamiento nunca han sido un obstáculo para ser amigos. “Yo le digo a John: ‘Una de las razones por las que más te quiero a ti es que cuando esté verraco contigo te lo puedo decir en la cara y no me da miedo’. No nos guardamos nada”.
Como auténtico perfeccionista, le sacan de quicio las cosas mal hechas. “No admite el fracaso”, recalca Díez. “Él es muy nerd. No descansa hasta hacer las cosas bien. Me acuerdo muchísimo cuando hizo la segunda carrera (Gestión Cultural), que se despertaba como a las tres de la mañana a estudiar… Se acostaba muy tarde por hacer trabajos”, recuerda Gabriela.
No está satisfecho con lo que ha logrado; aún tiene varios pendientes. “Me falta componer mi mejor canción, me falta escribir mi mejor libro, me falta conocer a mis nietos…” Está finalizando su tercer libro y planea montar un podcast y un canal de YouTube. “Me apasiona mucho la comunicación”, enfatiza John Jairo.
No tiene peros ni reparos a la hora de darle gusto al paladar. “Come mucho, como yo”, dice Gaby, jocosamente. “Le encanta la carne. Intentó ser vegetariano, pero no le dio”. No puede vivir sin Coca-Cola y sin comer leche en polvo.
Dicen que es reticente a dar consejos, pues considera que la vida la vive cada uno. Que lo entristece la injusticia y la indiferencia… y, según Díez, que “le da mucho terror el escenario antes de tocar”. Pero cuando está parado en él, echa su alma a volar.
—
Trabajo realizado en el curso Periodismo III, orientado por l profesora Claudia Patricia Sánchez Aguiar.
Desde el 28 de abril, decenas de fotógrafos han salido a las calles para registrar los hechos que se desarrollan en el marco del Paro Nacional, sus registros fotográficos son elementos fundamentales para entender el ambiente caótico que vivimos. ¿Cuál es el papel del fotoperiodismo en las protestas? ¿Qué anima a los fotógrafos a realizar su labor? ¿Qué problemáticas enfrentan los fotoperiodistas por estos días?
Cuando el ambiente en las calles es tenso y las noticias falsas abundan en las redes, los registros fotográficos se hacen claves para entender lo que ocurre. Desde el 28 de abril, las protestas contra decisiones gubernamentales han generado choques con fuerzas del Estado y otros grupos, que derivaron en caos y desinformación. Con el ánimo de mostrar en detalle lo que ocurre, decenas de personas se vuelcan a las calles con cámaras, la mayoría de las cuales cabe en los bolsillo de quienes asumen el papel de periodistas.
El fotoperiodismo surgió en 1880, cuando el Daily Graphic de Nueva York comenzó a utilizar fotografías en el periódico. Desde entonces, la imagen se ha convertido en un elemento fundamental para entender los hechos que se presentan, al punto que hoy se pueden encontrar reportajes conformados enteramente por imágenes, casi sin necesidad de palabras para ilustrar la realidad.
En la necesidad de relatar los hechos con la contundencia y elocuencia de una imagen, han surgido propuestas como la de la Agencia Colectiva Amalias, un grupo de mujeres de distintas ciudades que a través de la fotografía, pretende reclamar espacios comúnmente masculinos y a su vez contar la realidad social del país a través de sus registros. “Tres Ojos”, como se hace llamar para proteger su identidad, es una de las mujeres pertenecientes a este colectivo. “El tercer ojo es el ojo de la conciencia”, dice ella, “lo cual en mis fotos trato de reflejar”; a través de su labor, esta fotógrafa busca mostrar la realidad de lo que sucede en las noches de Bogotá.
<< Manifestantes bogotanos sosteniendo un par de escudos. Foto: @tresojos666
Tres Ojos cuenta que fotografiar lo que acontece en las protestas no es una labor fácil. En sus sesiones se ha tenido que enfrentar a imágenes y situaciones difíciles, e incluso ataques directos en contra de la prensa: “Una vez nos cayó un gas a toda la prensa y lo único que hizo el ESMAD fue atravesarse en nuestro camino mientras decían ‘eso ahóguense’”, cuenta la reportera gráfica. A pesar de todo lo anterior, Tres Ojos dice que ver a jóvenes luchando sin importar si pueden salir heridos, le da ánimos para continuar informando desde las calles aquello que sucede en la Capital.
Muchos de estos fotorreporteros deciden hacer una labor independiente de algún medio; este es el caso de Mateo Builes, conocido como Teo Builes Itg, oriundo de la ciudad de Bello, quien ha registrado desde actos culturales, hasta crudos enfrentamientos desarrollados las últimas semanas en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Aunque en tiempos anteriores Teo no se había dedicado a la fotografía periodística, él se sintió en la responsabilidad de utilizar sus herramientas para concientizar a su entorno más cercano acerca de lo que sucedía en las protestas; así, se vio motivado para salir a las calles y servir como prensa alternativa.
Mateo cuenta que hacer fotografía en el contexto del paro es una tarea difícil: “Son muchas horas caminando, el cansancio, la fatiga, la sed… de hecho he tenido quemaduras en mi piel, no solo por el sol, sino también por los gases”, dice. La labor se hace más difícil cuando no hay el respaldo de algún medio, pero por fortuna entre fotógrafos independientes se crean grupos con el fin de protegerse mutuamente y capturar sin manipulaciones los hechos que se desarrollan.
Manifestantes reunidos en la estación Estadio del Metro de Medellín. Foto: @teoitg
“Me anima saber que he logrado transmitir emociones, he logrado transmitir sensaciones; he mostrado la furia, la ira, la rabia del momento. He podido llegar a personas a las que jamás creí que iba a llegar”, dice Teo. “Mi trabajo es informar, pero desde el arte”. Así, como el de Mateo, son varios los casos de personas comunes que, impulsadas por su necesidad de informar, deciden salir a la calle y poner sus equipos al servicio de quienes creen que necesitan saber lo que ocurren en las calles.
Martín Ángel, conocido en redes como Neoyuzek, ha participado también en las manifestaciones, informando a través de fotografías tomadas en Popayán y otros sectores del departamento del Cauca. Aunque Martín trabaja como fotoperiodista, él expresa que salir a las calles es también una muestra de que los fotógrafos no pueden ser indiferentes a la situación del país. “Tenemos esta generación de prensa y periodistas independientes que se viene forjando hace pocos años, personas que salen a hacer trabajo de campo y con su celular registran toda esta situación. Es algo que antes era impensable, ahora tienes horas y horas de registro en vivo que dan otra visión de la situación actual”, expresa Martín Ángel, al describir la ola de fotoperiodismo que el Paro Nacional impulsó.
Hombre sosteniendo la bandera de Colombia en medio de una protesta en el departamento del Cauca.
Foto: @neoyuzek
Pese a que Martín pretende capturar escenas que informen a la ciudadanía de forma imparcial, afirma que en muchas oportunidades no hay garantías para desarrollar la labor de prensa: “Me han amenazado, insultado y agredido”, cuenta el fotógrafo. Por lo anterior, Martín dice que en Colombia es necesario concientizar más acerca de la labor de la prensa, pues además de ser infravalorados económicamente, los fotoperiodistas sienten que tener un distintivo de prensa representa muchas veces un riesgo que los hace objeto de agresiones.
Según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), para el 25 de mayo eran 165 los casos de agresión en contra de periodistas en el marco del paro nacional, 89 agresiones más que las ocurridas en las protestas del 2019 en sus primeros 40 días. De estas 165 agresiones, 87 fueron cometidas por miembros de la fuerza pública, presentándose incluso 16 casos de disparos directos en contra de la prensa. Esta violencia puede afectar especialmente a los fotoperiodistas, pues su labor exige un gran acercamiento al lugar de la noticia, y es posible que se agudice más cuando quien hay detrás de la cámara es un fotógrafo independiente sin ningún distintivo de un medio reconocido, a pesar de estar amparados por leyes y tratados, algunos de alcance internacional.
Jonathan Bock, director de la FLIP, piensa que la situación en el país para la prensa es preocupante: “Las jornadas de protestas sociales que se han llevado a cabo desde el 28 de abril han expuesto la vulnerabilidad y desprotección de los periodistas en el país. La libertad de expresión y prensa se ha visto gravemente afectadas por el alto nivel de violencia que se ha vivido en Colombia en los últimos días. Es urgente que se implementen acciones diferenciadas para garantizar su seguridad. El trabajo de una prensa libre es un imperativo para salvaguardar el Estado democrático” señaló en un informe de la organización que lidera.
Los repetidos actos de violencia han causado que un grupo de fotoperiodistas y reporteros lanzaran el 1 de junio un comunicado en el cual exigen garantías por parte del Estado y de los grupos en choque durante las protestas para ejercer libremente la labor fotoperiodística, además hicieron un llamado a la Comunidad internacional para que se creen condiciones que permitan el libre ejercicio de la prensa. El comunicado cuenta con 104 firmas, muchas de ellas provenientes de fotógrafos independientes.
Fotógrafos reunidos en una protesta cerca al Parque de los Deseos. Los registros fotográficos han jugado un papel fundamental en las protestas llevadas a cabo desde el 28 de abril. Foto: @teoitg
El fotoperiodismo siempre ha estado ahí para contar lo que las palabras no alcanzan relatar. Las protestas del último mes dejan un balance que señala además un largo recorrido para reivindicar su labor, liberarla de estigmatizaciones que los han convertido en objetivo agresiones y que el contenido que publican sea valorado de manera acorde a lo que implica buscarlo.