Etiqueta: Opinión

  • Opinión // ¿POR QUÉ CALLAR?

     

    “No deseo que las mujeres tengan más poder sobre los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas”

    -Mary Shelley

     

    No es para nadie un secreto que en un mundo patriarcal, dominado por hombres, las mujeres no tenemos una fácil labor a la hora de defender nuestras igualdades y reclamar lo que por derecho nos pertenece. Para muchos (y muchas), la estigmatización contra el genero femenino no es vista como una problemática social pues, desafortunadamente, el machismo es un fenómeno arraigado y persistente al cual nos hemos acostumbrado. No obstante, también somos muchas, incluso me atrevería a decir que la mayoría, las que no estamos de acuerdo con el trato de inferioridad y de degradación que constantemente recibimos.

     

    Es de esta forma, que las movilizaciones en contra de los comportamientos que someten a las mujeres han empezado a tener eco en todos los rincones del mundo. Muchas de las mujeres que por muchos años han hecho parte de un mundo de y para los hombres, han decidido romper el silencio, pronunciarse, denunciar, decir “me too”, yo también. Lamentablemente, aún quedan muchas que por miedo permanecen en la penumbra y en la tortura del silencio, que prefieren someterse antes que asumir el riesgo de salir a un mundo desconocido en donde exponerse puede matarlas. Literalmente.

     

    En Colombia, entre 2010 y 2015, 875.437 mujeres fueron víctimas de acceso carnal violento, no obstante, el 24% de ellas se abstuvieron de denunciar por miedo a las represalias. Lo más lamentable es que las estadísticas aumentan paulatinamente y, aunque el código penal colombiano asegura el castigo penal a aquellos que incurran en violencia sexual, los casos de impunidad son más que los penalizados.

     

    La normalización del machismo genera repercusiones en todos los ámbitos de la vida de las mujeres, desde el desarrollo de su personalidad hasta el desempeño de su profesión. Según el último reporte del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, “por cada ocho mujeres con estudios superiores en Colombia, hay siete hombres que han alcanzado el mismo nivel educativo”. No obstante la tasa de desempleo en las mujeres es de 11,6%, casi el doble que la de los hombres que es del 6,6%, lo que significa que, aunque son más las mujeres que llegan a una educación superior, son los hombres los que de quedan con la mayoría de los empleos y en muchos casos los que reciben hasta un 20% más de salario en cargos en los que ambos desempeñan las mismas funciones. Estas estadísticas ponen a Colombia en el puesto 92 en el ranking de los 155 países que mayor desigualdad de género presentan.

     

    Es verdad que hay quienes dicen que el movimiento feminista no es más que una exageración o una estupidez pero, ¿no es una estupidez tener que anotar las placas del taxi al que nos montamos para mandárselas a algún amigo o pariente por si algo nos sucede, o tener que avisarle a los demás cuando llegamos a nuestra casa después de una salida con amigos? Si es que llegamos. Eso sí que es una estupidez. Me perdonarán ustedes si mis palabras carecen de sutileza pero es que la realidad en la que vivimos no es para nada sutil.

     

    Y para hacer más énfasis en caso de que no esté claro el hecho de que el machismo es una realidad, los invito a que busquen en el Diccionario de la Real Academia Española el significado de la palabra FÁCIL. Una de las definiciones es: “Dicho especialmente de una mujer: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales”. ¿No es indignante? ¿Una mujer es fácil por la forma en que decide o no manejar su sexualidad? ¿No debería ser eso una decisión personal que no tiene por qué ser juzgada por nadie y menos por la institución oficial que regula nuestra forma de expresarnos?

     

    Es por esto que no debemos guardar más silencio, quedarnos calladas ya no es una alternativa, somos nosotras mismas las que debemos luchar por nuestros derechos, por ser escuchadas, por exigir la libertad sobre nuestros ideales y sobre nuestros cuerpos. Los paradigmas sociales arraigados pueden ser extremadamente difíciles de cambiar, pero para dar el primer paso somos nosotras las que debemos cambiar la forma en que nos vemos y nos hacemos ver. En nuestras manos está el demostrar que ser mujer no es una debilidad, que ser mujer es un gran privilegio que no debe ser menospreciado de ninguna forma. Si la única forma de conseguir el cambio es expresar abiertamente lo que pensamos, sentimos y merecemos, entonces, ¿por qué callar?


    LA FALDA FUE EL MOTIVO

    Un comunicado con el que se pretendía ofrecer recomendaciones sobre la forma de vestir, durante las jornadas de clases, y que fue publicado en uno de los boletines electrónicos para los estudiantes de la Universidad Pontificia Bolivariana, suscitó una controversia, que desde el seno de la comunidad universitaria, alcanzó a la opinión pública de la ciudad y del país, especialmente, por vía de las plataformas digitales.

    Como respuesta a esta situación, a modo de protesta, en el campus se observaron a algunos hombres y a mujeres vestidos con falda; además, los estudiantes se manifestaron con varios letreros y con diferentes publicaciones digitales.

    Las expresiones motivadas por aquel contenido, que después las directivas de la Universidad reconocerían que fue erróneo, eran un nuevo episodio de una discusión de interés público sobre los derechos y la libertad, relacionados con la identidad de las personas, particularmente, con la de las mujeres.

    Desde Contexto abrimos varios espacios para la expresión de la comunidad universitaria sobre el debate en torno al vestuario, y sobre las cuestiones que aquel episodio debía convocarnos. Entre el 12 y el 20 de febrero, se hizo la convocatoria por medios electrónicos, y directamente se invitó a varios estudiantes, cercanos al debate, para que enviaran sus columnas.

    Compartimos con ustedes las opiniones recibidas en nuestra Edición 64. Lea las columnas recibidas aquí:

     

    Deseos en faldas / Manuela Rendón Uribe

     

     

     

     

  • El valor del oficio

     

    ¿Cuántos colombianos sacarían dinero de sus bolsillos para acceder a noticias ilimitadas en las plataformas virtuales? Hace algunos unos días, el diario El Espectador anunció su apuesta a la suscripción digital, lo que quiere decir que, debemos costear nuestro acceso a la información periodística de calidad. De esta forma El Espectador será el primer medio de comunicación del país en implementar esta modalidad, y solo es cuestión de tiempo para que otros más se sumen.

     

    Es común que se comente sobre la suscripción a plataformas como Netflix o Spotify, incluyendo los servicios de televisión digital. Sin embargo es extraño para algunas personas, pensar en pagar por leer noticias en internet.

     

    Hacer buen periodismo cuesta, así lo dijo Fidel Cano el director de El Espectador, como una especie de llamado a darle valor a lo que hacemos como periodistas, y a lo que consumimos como lectores. Es tener en cuenta el análisis, la investigación, el contraste y la profundidad que se le aplica a los hechos noticiosos, para darles un valor y un reconocimiento, pues el modelo de financiación basado en la publicidad no está funcionando. Plataformas como Facebook e Instagram ofrecen costos más bajos para la promoción de las empresas. Sin embargo, es válido preguntarse por cuáles contenidos se deben cobrar y cuáles no, y qué criterio los clasifica como gratuitos o no.

     

    La prensa se encuentra en una transición que puede resultar dolorosa para aquellos que guardan aquel gusto por los medios tradicionales. Sin embargo, no considero que se le reste valor al ejercicio periodístico, al igual que David Levy, considero que el producto de calidad es el periodismo, y no solo la información o la plataforma en que se presenta, además se debe rescatar la gran oportunidad que presenta Internet , pues esta es infinita y, en cambio, el papel tiene límites.

     

    Nunca tantas personas habían tenido acceso a la información como ahora, pues después de Gutenberg, la Internet ha sido el invento más revolucionario en los tiempos modernos. En todo caso, de la imprenta nace la prensa, y el papel que los periódicos han jugado en la historia es innegable.

    El Espectador lleva varios años implementando cambios producto de su llegada a las plataformas digitales.

    Foto: Felipe Altamar (@felipealtamar)

     

     

  • Cambalache // Sin anticonceptivos mi voto es por Ordoñez

     

     

    Y dice el Génesis: “En el primer día Dios encendió la luz y Ordoñez ya estaba ahí. Y Alejandro lo puso a trabajar seis días seguidos por prestación de servicios, bajo sus órdenes y con la amenaza de destituirlo.” Así empezó todo.

     

    La historia sigue: “Al sexto día Ordoñez ordenó: ‘Dios, haga al hombre’, y apareció Iván Duque de sombrero aguadeño y poncho terciado, haga de cuenta el mayordomo del Paraíso; y tras él, Álvaro Uribe dándole cuerda. Dios, al ver que Alejandro puso cara de enfado y estaba a disgusto, creó a Martha Lucía Ramírez —aún no se sabe si salió de la costilla de Iván o fue producto de un huevito de Uribe—; y tras ella, Andrés Pastrana estorbando. Martha Lucía, sin desempacar, ya estaba echando cantaleta.”

     

    “Y vio Dios que las cinco creaturas ni se querían ni se entendían y sentenció: ‘Defiéndanse como puedan, me voy a descansar ¡Renuncio!’ Y al séptimo día Dios descansó.” Desde ese entonces los cinco prometen que el Paraíso no se convertirá en una Venezuela.

     

    Algunos historiadores ubican a nuestro hoy precandidato presidencial, Alejandro Ordoñez, en otros pasajes bíblicos. Dice la escuela de pensamiento burocrático que él fue la undécima plaga de Egipto, dicen los activistas que fue el autor intelectual de lo sucedido en Sodoma y Gomorra, y dice Ordoñez que todo es un montaje del santomadurocastrochavismojar que quiere impedir su llegada a la Casa de Nariño.

     

    Yo le creo al doctor Alejandro, un hombre que además de pantalones, tiene cargaderas para manejar el país… y para sostener sus pantalones ­­—¡ya me abroché las mías! ­—. En la consulta de derecha, aunque escriba con la izquierda, votaré por él. Aquí algunas razones para elegirlo como candidato, pues si él llega a ser presidente, seguro esto sucederá:

    • El kamasutra pasará a ser un instructivo de yoga, contorsionismo, acrobacia o cualquier otro ejercicio de flexibilidad corporal.
    • Los vibradores serán utilizados como batidoras y solo servirán para hacer jugos, tortas, tortillas… y todo aquello que tenga que ver con cocina, pero no con comida.
    • No va a aumentar la edad de jubilación, porque si la aumenta, tendría que trabajar otros cuatro años para pensionarse.
    • Repartirá cavernas y cuevas de interés social.
    • Los que sufren de eyaculación precoz, en las ideas retardatarias de Ordoñez encontrarán la solución a su problema.
    • El Minuto de Dios pasará a llamarse el Minuto de Ordoñez y dará salmos y frases bíblicas a las bendecidas y afortunadas para sus selfis.
    • En el fútbol prohibirá la marcación hombre a hombre.

    Y, por último:

    • El núcleo de su Plan de Gobierno es la familia, por ello, pondrá a toda la suya a trabajar en su mandato. ¡Ah!, y a la mía también.

    Por ello y mucho más, mi voto en la Gran consulta por Colombia es por Ordoñez; de los tres, es el único que no tiene titiritero ni ventrílocuo. Ya conocemos sus intereses oscuros, ya sabemos de su vocecita cansona y de su risita maquiavélica.

     

    Que él sea el candidato oficial de la derecha: en el nombre de Ordoñez, del padre, del hijo y del espíritu santo ¡Amén!

     

     

    *Los contenidos publicados son responsabilidad del autor y corresponden a sus opiniones.

     

     

  • Cambalache // ¡Aprenda a vender su voto!

     

     

    La política es el único matrimonio en el cual, sin usted divorciarse, tiene que hacer repartición de bienes… y de males.

     

    Cada vez somos más los interesados en lo que nos pueda brindar la política; algunos se preocupan por el cambio y la transformación social; a otros, como yo, nos preocupa que el sándwich traiga “mermelada” de piña o que las tejas vengan con goteras incluidas. Si al leer esta última afirmación se ha escandalizado, por favor abandone de inmediato esta columna y por ahí derecho, abandone el país; si por el contrario le ha generado gracia, siga leyendo para que cuando venda su voto no se deje tumbar por quien luego lo va a tumbar a usted, y al que luego vamos a querer tumbar (como Peñalosa).

     

    La generación de mis padres se conformaba con muy poco, tal vez por eso eligieron a Andrés Pastrana de presidente. Nosotros somos más cansones a la hora de pedir e igual de pendejos a la hora de votar, es un problema de generación en degeneración, y por eso, como país hemos avanzado poco pero como pedigüeños mucho.

     

    Estudios del Instituto Chan-Chú-Yo en Shangai, muestran que, de cada cuatro colombianos, seis son candidatos a la Cámara o al Senado (¿Esos dos restantes serán venezolanos? ¿Mienten las estadísticas al igual que los políticos? No lo sé, ¡confiemos en los estudios!). Entonces, como la lista de postulados es larga, la lista de pedidos tiene que ser igual.

     

    Dejemos de conformarnos con un pastel de arequipe y un juguito de cajita, por eso es que seguimos siendo tercermundistas. No toleremos el sancocho con jugo de guayaba, pidamos almuerzo tipo buffet y que todo nos lo sirvan en bandejita de plata. Que en los cocteles y fiestas, los licores sean importados. Tampoco aceptemos la camisa con el estampado del logo del partido y las cara de los candidatos, eso solo queda sirviendo de pijama o trapo de cocina. Exijámosles que utilicen anti-bacterial cada que vayan a dar la mano; es la única manera de asegurarnos que las tienen limpias. Apenas los políticos cumplan con nuestras peticiones, muy atentamente escucharemos sus postulados; si los mandan por una cadena de Whatsapp, mucho mejor.

     

    “Estudios del Instituto Chan-Chú-Yo en Shangai, muestran que, de cada cuatro colombianos, seis son candidatos a la Cámara o al Senado…”

     

    Unámonos como sociedad para exigir lo que por tanto tiempo se nos ha negado, tenemos derecho a buenas prebendas. Ellos, cuando llegan al poder, se olvidan de nosotros. Mientras, es mejor consolarse sacando pedazos de punta de anca de una muela coca, que padecer gastritis producto de una lechona. Pensemos como sociedad y a conciencia en cómo vender bien nuestro voto.

     

    La idea es simple: pedir cosas muy buenas y muy costosas para vencer y quebrar a los políticos mucho antes de que lleguen a las urnas, así nos aseguraremos de que al día de las elecciones solo van a llegar dos tipos de candidatos: o los muy platudos, o los que realmente trabajan comprometidos por sus comunidades y por el país.

     

     

  • El vestir en Medellín

     

    Superficial es aquel que no entiende la importancia de lo superficial

    Oscar Wilde

     

    La moda es un consumo colectivo, quizá el más grande del mundo. Nos vestimos para decir quiénes somos, quiénes queremos ser, cómo nos sentimos. Nos vestimos no solo para estar cómodos, sino para que al mundo le quede claro qué queremos día a día.

     

    Según la diseñadora Juanita Saldarriaga, estamos en una sociedad donde nos visten minutos después de nacer. El hecho de vestirnos es estar listos para enfrentarnos al mundo. Por la ciudad van una cantidad de rostros, desconocidos, itinerantes, personas de quienes no sabemos su historia, lugar de destino, ni intenciones. Pero pueden atraparnos solo con la mirada, o ponernos a mil con los gestos; un extraño nos puede intimidar, encantar, alejar porque sus cuerpos nos cuentan una historia sin haberlos escuchado.

     

    Las identidades surgen de la interacción con el otro, de las experiencias colectivas, del contacto directo con otros cuerpos, también del contexto, los valores de la época y la herencia histórica y cultural.

     

    Los jóvenes colombianos están fuertemente influenciados y sectorizados por géneros musicales u otras actividades con las que tienen afinidad. Como afirma Laura Hernández estudiante de Diseño de Modas, “al estar en un país donde los sonidos tropicales y urbanos se han mezclado, la mayoría de ellos se ven inspirados por exponentes de la música que les gusta”.

     

    Asimismo, están los jóvenes que se desligan de cierta forma de los parámetros que la cultura popular propone. Cada día son más. Pues parece que no se rigen por lo que abunda en el país. Observan a otros personajes, géneros y movimientos internacionales para crear sus códigos. Sin embargo, dice Laura que en los últimos años ha venido una tendencia de “mirar hacia los orígenes”, así que este grupo tiene una especie de división, donde encontramos individuos con un estilo ecléctico: combinan aquello que aceptan de lo internacional con lo folclórico.

     

    Con el narcisismo contemporáneo, por un lado, se busca la aprobación general, e integrarse en un grupo, a la vez que busca diferenciarse de su individuación. La moda guarda dos deseos que se encuentran: las ganas de ser socialmente aceptado y las ganas de diferenciarse los demás.

     

    Nuestra ciudad es muestra de ello. Según el profesor de Diseño de Vestuario Carlos Cano, Medellín es una ciudad seguidora, es decir, que fácilmente sigue las modas, está en constante cambio. También se afirma que se encuentran cuatro expresiones del vestir: primero está el joven que conoce y tiene formación en el mundo de la moda, que no necesariamente tiene que ser diseñador, un joven amante de la moda, que conoce y se actualiza, que a como dé lugar consume diseño de autor, que sabe consumir moda. Un segundo joven que consume fast fashion pero con criterio, es el que recorre tiendas como Bershka, Mango, Forever 21, y no diseño de autor porque no tiene el dinero. Estos dos grupos son influenciados por los blogs, revistas y la televisión, que han homogeneizado los patrones del vestir, un estilo de vida a seguir. El tercero es el que es masivo de marca, que compra en Americanino, Tennis, Chevignon. Y el cuarto, es el masivo que no tiene dinero para comprar ropa de marca.

     

    El Hueco empezó a hacerse el sector comercial más rico de Medellín, no sólo por su multiculturalidad, sino porque es donde más dinero se mueve. Los “Informes de tendencias” muestran unos signos estéticos, Cano cuenta que lo que hace la gente del Hueco es copiar el signo sin entender el concepto de tendencia del que sale. Aunque hay ejemplos que contradicen esto: el descaderado y el levanta colas salieron de allí, es un 90%, copia 10% diseño. Esta estrategia les funciona por dos razones: porque copian el signo y porque éste realmente está de moda. Concluye Cano que la mayoría de la gente no tiene criterio de diseño para consumir moda, lo único que entiende es que es barato y está a la mano y por eso lo consumen.

     

    En Colombia no sabemos consumir diseño, no somos formados en el concepto de la moda. Los referentes de los jóvenes son los de la cultura popular.

     

    En Medellín hay gente que diseña como Mon&Velarde, Taller de vestuario y Animalista, lo que pasa es que a esto lo llamamos diseño de autor, pero la diferencia es que ahí si se diseña y no hay copia.

     

    En conclusión, de cuatro perfiles de jóvenes que tienen relación con la moda, los dos primeros son los que se preocupan por los “Informes de tendencia”, y consumen colombiano y europeo. A los otros dos el criterio se los da la marca o el almacén que estén consumiendo, y quienes compran en el Hueco consumen colombiano y chino.

     

    El diseño de modas no diseña ropa, diseña cuerpos. Maneras en las que el cuerpo se manifiesta. Detrás de la moda hay una pregunta por el cuerpo, expresa Carlos. Los colombianos somos alegres, intensos, coloridos, con curvas, rasgos de negros, indígenas y mestizos. Somos amor y gozadera

     

    Todos estamos llamados a expresar individualidad, aspectos que queremos mostrar al mundo. La moda es un medio de comunicación en el que siempre estamos reflejando gustos, actitudes y humores.

     

    Lo maravilloso del vestuario es que tiene un elemento emancipador, nos recuerda que la identidad es un asunto de ponerse y quitarse. Es superficial. Porque es la licencia que tenemos para no ser trascendentales, para estar ligeros existencialmente.

     

    La moda sí le aporta a la sociedad. No todo en la vida tiene que estar justificado, pensamos que la identidad es un asunto rígido y que se debe moldear, pero hay una gran importancia de la banalidad en la vida, de lo contrario seríamos seres muy densos.

  • Más allá del Sí y del No

     

    El del 2 de octubre de 2016 fue el segundo plebiscito en la historia de Colombia. Foto: Registraduría Nacional del Estado Civil.

    El del 2 de octubre de 2016 fue el segundo plebiscito en la historia de Colombia.

    Foto: Registraduría Nacional del Estado Civil.

     

     

    El pasado domingo 2 de octubre se le preguntó a los 34’899.945 colombianos habilitados para votar ¿Apoya usted el acuerdo para la terminación del conflicto y construir una paz estable y duradera? Únicamente el 37,43% respondió a esta pregunta, con un resultado sorpresivo tanto para los promotores del Sí como los del No. El 50, 21% de los votantes apoyaron el No, imponiéndose sobre 49, 78% del Sí.

     

    Como era de esperarse, durante la jornada electoral y cuando se conoció el resultado definitivo, en las redes sociales comenzaron las reacciones por parte de la población ante la insospechada respuesta. Inevitablemente el ambiente se movió entre la abrumadora abstención del 62,7% y una incertidumbre que hasta el día de hoy no se ha despejado. Sentimientos de indignación, tristeza, desconsuelo e incluso ira de quienes optaron por el Sí, se manifestaron a través de diversas publicaciones; de igual manera, los del No alzaron su voz, felices por la posible renegociación de lo pactado en La Habana, alegando que no se había llegado al mejor acuerdo posible.

     

    Tampoco tardaron en pronunciarse entre ese domingo y el lunes las fuerzas políticas, el Gobierno, los promotores del No, los jefes negociadores de las FARC y la comunidad internacional. En la medida que los medios de comunicación, tan cuestionados por su papel durante la pedagogía de los Acuerdos, sacaban nuevas noticias, se hacía evidente el debate social en las redes, apelando al sentimiento y a las afecciones personales por encima del conocimiento de lo pactado y razones relacionadas directamente con la coyuntura tan difusa en el país.

     

    El espacio en Facebook y Twitter que podría ser tan apropiado para construir un diálogo entre todos los miembros de la sociedad, con posturas simpatizantes o contrarias, se pierde por la incapacidad para el diálogo que se hace evidente en la polarización que vive Colombia. Se comenzó un nuevo tipo de guerra en nombre de la paz, dejando sobre la mesa el debate que también circula en redes respecto a la naturalización de la violencia con una imagen diciendo: “El nivel de la discusión de los del Sí y los del No demuestra que el problema de este país no es la guerrilla, es su gente”.

     

    Afortunadamente, las marchas multitudinarias que se vivieron el 5 de octubre en Bogotá, en Medellín el 7 de octubre, y en otras ciudades del país, nos hacen pensar que en Colombia se desea la solución dialogada del conflicto armado con las FARC. La participación de simpatizantes del Sí, del No e incluso de los que se abstuvieron de votar, demuestra que la paz no es un asunto de partidos ni de dirigentes políticos, que durante sus campañas, más que representar los intereses del país, dividieron la opinión con desinformación, discursos demagógicos y populistas de ambas partes.

     

    La paz está en manos de los colombianos, más allá del Sí o el No en el plebiscito, su construcción con acciones cotidianas en el trabajo, la universidad, la vida en el calle e incluso las conversaciones en redes sociales, puede tener la resonancia para generar el verdadero cambio.

     

     

     

  • LA INGENUIDAD DE CREER EN LA DEMOCRACIA

     

     

    La democracia es la ilusión que nos regalaron los países industrializados y de economías poderosas. Nadie nos dijo que escuchar y aprender cómo funcionaba esta forma de gobierno no garantizaba la efectividad de esta. Como siempre, se espera más de lo que realmente llega, tal como abrir un regalo y encontrar unos teni-tacón en vez de los anhelados tenis de correr.

     

    Nos enseñaron que la democracia, ya fuera participativa, representativa o deliberativa era la respuesta universal a los problemas de un país.

    -¡Gobierno de la multitud!, dijeron los griegos.

    -¡Si nos libró de la monarquía nos puede salvar de todo!, afirmaron los franceses.

    – ¡Todos los países americanos deben tener gobiernos democráticos, nada de dictaduras!, dijeron los estadounidenses y ahora conocemos el suceso histórico llamado Operación Cóndor.

     

    La democracia se expandió por el mundo cual potencia imperial, siendo el pensamiento occidental una especie de auditor que, sin observar realmente el contexto, intervino en lo político, económico, militar y social.

     

    La teoría suena muy bonito hasta que choca con la práctica. Pretender que el andar de la democracia vaya al mismo paso del de todos los países es como creer que un pantalón talla 4 le entra a una mujer caderona de 60 kilos. Simplemente no es posible.

     

    Un ejemplo común y silvestre es el contexto propio. En un país como Colombia, gobernado por la élite de siempre, con medios de comunicación bajo la mano opulenta de los gobernantes, con ciudadanos desinteresados por las cuestiones públicas, despreocupados por su país y ocupando el puesto 94 de los 175 países corruptos en el informe de Transparency International de 2015, es bien difícil que la democracia sea su heroína.

     

    Sin embargo, en los colegios y escuelas a lo largo del territorio colombiano aún se sigue enseñando, ya sea por ignorancia o ingenuidad, que este es el modelo que merece Colombia. A mí me lo enseñaron, y hablar en contra de la maravillosa democracia puede ser a veces pecado capital.

     

    No malinterpreten. El participar y escoger quién nos gobierna es ya de por sí un paso gigantesco para que las igualdades y equidades se planten en un Estado. Sin embargo, considero que para que funcione realmente es necesario hacer ajustes.

     

    Primero, es fundamental que los fenómenos colombianos se traten antes de intentar ceñir unas dinámicas que no fueron hechas a las medidas de nuestro país. Si bien este vocablo propone una forma de vida, un vivir en armonía con la opinión del otro, está ha demostrado que el gobierno de la mayoría no siempre es palabra de Dios.

     

    Texto publicado en la Edición 52 de contexto.

  • MOVERSE PARA QUE EL AGUA FLUYA

     

     

    Los discursos de la contaminación, la sequía y El Niño se están volviendo paisaje. De tantos hechos lamentables que se muestran en los medios alrededor de la escasez de agua y las muertes asociadas a la sed de algunos, los otros, en su mayoría citadinos —quienes aún tenemos la dicha de abrir la llave y ver fluir el líquido sin mayor misterio— quedamos en una etérea frontera entre sentir pesar y ser un sujeto pasivo o actuar y ser activos ante la sed del mundo. Sin embargo, actuar desde el hogar se queda corto.

     

    El problema del agua trasciende los usos domésticos y estos, al tiempo, lo empeoran. Discursos tradicionales como cerrar la llave al cepillarse los dientes, tomar duchas rápidas, reutilizar el agua de la lavadora y evitar consumos innecesarios son aptos, pero insuficientes. No se trata solo de ahorrar el líquido en casa, a pequeña escala, sino de optimizar su uso y cuidar el recurso en otros usos como el pecuario, agrícola, industrial, recreativo y minero: a gran escala.

     

    Entre estos, quizá los más preocupantes son los asociados a la contaminación. A principios de febrero, un grupo de organizaciones del Chocó denunciaron que en los últimos dos años 37 niños fallecieron por consumir agua contaminada con mercurio (usado para la minería). ¿De qué sirve cerrar la llave y guardar el recurso para el uso humano cuando otros se encargan de contaminarlo y, literalmente, asesinar a las personas para quienes se pretende conservarlo?

     

    Por otro lado, empresas del Estado como Ecopetrol también son responsables de que este recurso natural pierda su calidad. El 4 de febrero de este año, por ponencia del magistrado Alberto Rojas, la Corte Constitucional ordenó la suspensión temporal de la explotación de pozos petroleros en Orito (Putumayo) por, entre otras razones, la alteración de las fuentes de agua y el manejo indebido de residuos tóxicos durante su labor. La suspensión tiene vigencia hasta que la organización llegue a acuerdos con la comunidad indígena Awá, quienes están en la zona desde 1960 y han defendido su territorio y los recursos que hay en él.

     

    Son mayores las afectaciones hechas a gran escala que los daños a pequeña escala. Entonces, ¿debemos ser sujetos pasivos o activos ante los problemas asociados al agua? Pues bien, actuar es muestra de responsabilidad social y sentido de lo humano, pero es el momento de hacerlo desde contextos “pequeños” para que en los grandes se haga justicia con un recurso natural que es de todos.

    Ya conocemos las responsabilidades, llegó el momento de tomar responsabilidades: respetar el agua y movilizarse en la esfera pública en busca de justicia y regulaciones en su uso.

     

    Texto publicado en la edición 52 de Contexto.

  • ¿PAZ O VENGANZA?

     

    Evelyn Zuluaga Quiceno

     

    A los colombianos nos mueven las pasiones. Preferimos saber que un delincuente sufrió su castigo, mientras por dentro algo en el corazón arde, en vez de hacerlo reparar los daños a las víctimas para que el daño no se repita. Por eso nos cuesta tanto entender la justicia transicional que se propone en La Habana. ¿No sería mejor que los guerrilleros estuvieran reconstruyendo los pueblos que destrozaron en vez de estar encerrados haciendo “nada” en una celda?

     

    La justicia penal convencional (retributiva) plantea que el delito es una lesión de una norma jurídica en donde la víctima principal es el Estado y con la privación de libertad es suficiente para atender el problema. Pero debemos entender que en el Proceso de Paz se les está dando prioridad a las víctimas del conflicto y para construir paz es mucho más lógico utilizar justicia restaurativa, donde los guerrilleros deben cumplir sus penas haciendo trabajos que beneficien a la persona o a la comunidad que damnificaron.

     

    Este tipo de justicia tiene una tasa de reincidencia del 30 %, muy inferior al 70 % de la justicia convencional, según la experiencia de varios países que la han aplicado, ya que permite el reingreso de los guerrilleros a la sociedad como personas cooperadoras y productivas, sabiendo hacer algo más que solo llevar un fusil. Esto no significa reemplazar por medidas más ligeras y beneficiosas para los criminales, sino implantar una justicia que mire al futuro y no al pasado.

     

    Para construir un nuevo país donde la paz sea duradera, la justicia transicional debe atender las demandas de verdad, reparación, justicia y garantías de no repetición, pero sobre todo lograr que los ciudadanos acepten la reconciliación con los actores armados y que estos estén dispuestos a reparar, aunque sea simbólicamente, las heridas de miles de víctimas. Ya hemos visto cómo las FARC ha comenzado su tarea con el histórico encuentro en Bojayá, Chocó, donde se reunieron con los sobrevivientes de la masacre que tuvo lugar en mayo de 2002 para pedir que algún día fueran perdonados.

     

    Pronto los colombianos tendrán la voz para decidir si aceptan las condiciones que propone el acuerdo, y aunque todavía no se tiene claro el mecanismo con el que se va a refrendar la paz, la sociedad entera debe empezar a reflexionar si quiere construir una paz duradera en el tiempo o continuar con la perpetuación de las venganzas que han hecho desangrar al país por décadas.

     

    Texto publicado en la edición 52 de Contexto.

     

     

  • DEBATES QUE EL PERIODISMO NECESITA

     

     

    Los tres primeros meses de 2016 han transcurrido con numerosos debates en torno al trabajo de los medios de comunicación, en relación con varios acontecimientos de la realidad nacional. Son

    tantos los puntos de vista, tan diversos los tonos de las reacciones y tan vertiginoso el desarrollo de los acontecimientos, que se hace difícil abordar una discusión de fondo.

     

    Cuando parece que la prioridad es dejar por cualquier medio una constancia de nuestra postura frente a los hechos y no tanto asumir que con ello, la misma puede ser discutida, resultan indispensables los espacios que abran el intercambio de ideas en un clima de moderación,

    que ayude a encontrar propuestas, salidas y alternativas de construcción.

    Desde este espacio ya hemos planteado lo dañino que resulta la generalización, cuando se plantean críticas a “los medios” o a “la prensa”, sin especificar, porque lo que se busca es señalar, no interpelar para proponer una discusión.

    Precisamente el tono y el desarrollo que se ha generado frente a los acontecimientos de la realidad nacional, que involucran el trabajo de los medios de comunicación, no ha contribuido mucho a que se desmonte dicha generalización como base de las posturas, sobre todo, las críticas.

    Y es ahí donde la universidad está llamada a abrir esos espacios de discusión, asistida por la razón que caracteriza la búsqueda incesante desde el trabajo académico, el constante cuestionarse, con el deber ser como faro y no como pedestal.

    El hecho de que la ciudadanía y la audiencia de los medios de comunicación hablen con propiedad y suficiencia sobre el trabajo de los medios y la prensa, es reciente, pero también es real, y, por momentos, abruma. Ante esa circunstancia, antes que juzgar esas posturas (que sí merecen un análisis), nos corresponde plantear otra discusión, en otro tono, y, por supuesto, con los fundamentos de la formación profesional en periodismo. La formación de periodistas profesionales en Colombia, particularmente en nuestra región, ha tenido facetas diversas, algunas

    de ellas han sido lugares comunes nocivos, que nos han condicionado, anquilosado y han dejado el contacto con el medio profesional en un letargo del que es necesario sacudirse.

     

    Tan dañinas son las posturas, que a ultranza desde las aulas descalifican a “los medios manipuladores”,que reclutan a profesionales para condenarlos a una carrera en la banalidad y la degradación de sus capacidades;como dañinas son las actitudes delos editores y directores que se jactan de“aterrizar” a los jóvenes periodistas, porque en los afanes de la redacción, “ahora sí van a saber en qué se metieron”.

     

    Precisamente son los hechos los que hablan de una periodista de uno de los diarios más reconocidos del país acusada de plagio, de los efectos de la publicación de un video, que fue interpretado como prueba de corrupción en la Policía, de periodistas sometidos a acoso judicial sin el respaldo de sus medios; los que hacen necesario y urgente ese debate. A estos motivos se suman otras realidades consuetudinarias, como las condiciones laborales de los periodistas: la remuneración de su trabajo, las cargas laborales propias de sus puestos, la cada vez más evidente cercanía de los avatares de la política local al devenir de los medios en nuestra región, y, en general, todas las condiciones que intervienen en la calidad del ejercicio profesional.

     

    ¿Qué situaciones condicionan el ejercicio libre, responsable y equilibrado del periodismo en nuestra región? Aún más importante: ¿Qué alternativas se pueden construir para promoverlo en las condiciones actuales?

     

    El diálogo debe ser abierto, franco, diverso, respetuoso para que sea constructivo. Cada edición de Contexto es una señal de la disposición de esta casa de estudios a propiciar esa discusión, no es menor el gesto de proponer una alternativa para informar a la ciudadanía y lo sabemos, como sabemos lo importante que es ser una entre muchas voces que, como se ha dicho antes y como lo diría en sus reflexiones, el recientemente fallecido sacerdote jesuita Horacio Arango Arango, es necesario que escuchemos hasta poderlas entender.