Justicia menstrual y educación sexual son dos cuestiones prioritarias en la agenda para una sociedad que tiene la urgencia de garantizar el ejercicio pleno de todos sus derechos a las mujeres. Estos asuntos son visibles gracias a la movilización en torno a ellos que ha cobrado fuerza recientemente y este especial multimedia ahonda en las explicaciones sobre la relación de estos asuntos y de los activismos que reivindican su importancia, con fenómenos estructurales que la sociedad toda debe afrontar.
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Trabajo realizado para el curso Periodismo V, orientado por el profesor Gabriel Jaime Lotero.
Ya casi son tres meses desde que nuestra realidad cambió. Dejamos de salir y tuvimos que encerrarnos en nuestras casas, los abrazos quedaron prohibidos y las video llamadas se convirtieron en nuestra mejor compañía. Mucho se ha hablado de todos los riesgos y obstáculos que ha traído esta pandemia para todos, pero lo que aún no entendemos es que estamos en el momento preciso en que nuestra salud mental se puede deteriorar. El “Estudio de Solidaridad” de Profamilia, que contó con la ayuda del Imperial College of London, encontró que el 75 % de los 3.549 encuestados habían sufrido afectaciones a su salud mental. De ellos el 54 % sintió nervios, el 53 % cansancio, el 46 % impaciencia y el 34 % rabia o ira.
^^ La salud mental necesita también cuidado preventivo. Ilustración: Freepik.es.
Pero ¿qué es lo que hace que esta cuarentena nos afecte? En un primer lugar, debemos tener en cuenta que vivimos en una sociedad donde la salud mental ha estado en un segundo plano, no se le da importancia y se ignoran muchas señales de alerta. Es por esto que Liliana María Vásquez Peláez, directora del programa de televisión Salud para el Alma de Teleantioquia, dijo que “como es un tema al que no se le pone atención, estar encerrados, estar en aislamiento puede poner en evidencia alteraciones emocionales que no hemos considerado, asuntos trascendentales que no los hemos evaluado y que los habíamos confundido con el trabajo, con la familia o con el transporte”.
Además, afirmó que este es un momento que nos puede servir para conocernos mejor al evidenciar los asuntos de la salud mental que pasaban desapercibidos. Y que pueden desembocar en un problema si no son tratados de la manera correcta.
En segundo lugar, estamos en un momento en que somos bombardeados por información las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Abundan las noticias falsas buscan generar pánico y desesperación entre sus lectores. No fue hace mucho que por las redes sociales circuló la supuesta noticia de un niño que se había suicidado en Cauca a causa de la cuarentena, fue compartida por la cuenta de twitter @TodosporCali_ y mostraba la supuesta carta de suicidio del menor. Pero no tardó en ser desmentida por las autoridades de la zona y la Revista Semana.
“La sobreinformación y sobre todo la sobreinformación de mentiras y de un montón de cosas que no comprendemos lo que puede generar es ansiedad, miedo, conductas obsesivo-compulsivas, pánico y miedo social”, explicó Vásquez. Una de las principales recomendaciones presentadas por diferentes organizaciones como el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, el Colegio Colombiano de Psicólogos e incluso la misma Organización Mundial de la Salud, es a que las personas limiten el acceso a la información para no saturarse. Además de recurrir siempre a fuentes confiables para informarse y evitar compartir información no verificada.
Otra de las recomendaciones en las que coinciden es en que no debemos perder la conexión con nuestros seres queridos. Aunque para muchos esta cuarentena ha sido un periodo difícil respecto a la convivencia con quienes viven ha sido un reto. Para Vásquez “jamás la convivencia hará daño, siempre y cuando sea una convivencia conversada, atendida y con acuerdos. Que la convivencia sea favorecedora es un factor de protección porque tengo con quien conversar, relacionarme, hablar y sentir”.
Es por esto que en estos momentos debemos apoyarnos en los otros, permitirnos sentir porque este es un momento en que todos somos vulnerables emocionalmente “y esta situación de aislamiento, de tensión, de incertidumbre, de miedo puede hacer mella o puede afectar a cualquiera de nosotros”, aseguró Vásquez.
La salud mental de la que tanto hablamos, pero que poco atendemos, es uno de los factores que también está en la cuerda floja en estos momentos, incluso cuando esto pase. Según el artículo de la revista Semana, Ansiedad y miedo en tiempos de cuarentena: cómo controlarlos¸ cuando se supere la contingencia lo más probable es que nos enfrentemos al estrés postraumático, trastorno de ansiedad y depresión. Pueden durar hasta tres años después de terminar la cuarentena.
Hay que tener en cuenta lo anterior, además de las diferentes publicaciones que vemos a diario sobre cuidar nuestra mente, todas las líneas de ayuda que abrieron al público e incluso el programa de Teleantioquia Salud para el Alma (que fue creado para hablar de salud mental durante la cuarentena). Porque estamos en el momento preciso para que nuestra salud mental se deteriore y es tiempo de prestarle atención.
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Columna realizada en el curso Periodismo VI, orientado por el profesor Javier Restrepo.
Su vulnerabilidad frente al virus no es el único riesgo que corren. La depresión, el desempleo, la pobreza y la falta de protección son otros problemas que aquejan a los ancianos y se han agudizado durante la contingencia sanitaria.
Un estudio publicado el 3 de abril por científicos chinos, analizó los casos de muertes por coronavirus en la ciudad de Wuhan. Al finalizar expresa: “En resumen, la mayoría de los casos de muerte por COVID-19 fueron hombres mayores de 50 años, con enfermedades crónicas no transmisibles como hipertensión, diabetes y enfermedades coronarias. Los pacientes murieron principalmente por insuficiencia orgánica múltiple”.
Un poco de su origen
El COVID-19, al igual que el SRAS (Síndrome respiratorio agudo grave), pertenece al grupo de los denominados coronavirus descubiertos en la década de los 60. Se presenta con la misma sintomatología que una gripe severa y resulta ser más peligroso en ancianos con otras complicaciones de salud y pacientes con enfermedades crónicas.
¿A qué se debe?
Este virus tiene más riesgo en las personas de la tercera edad por los cambios del sistema inmunológico que, a medida que las personas envejecen, se debilita. Esto reduce la capacidad de atención para dar respuesta a la infección, dándole ventaja a cualquier enfermedad viral o bacteriana.
La razón de este deterioro se debe a que “nosotros como seres humanos llegamos a una etapa donde nuestro cuerpo ya no sigue renovando las células. En su lugar las células van envejeciendo, esto es lo que pasa con los adultos mayores”, explicó Julieth Fernanda López, enfermera jefe de la Clínica Somer de Rionegro.
Además de tener el sistema inmune humano más inconsistente, en este grupo poblacional son frecuentes las enfermedades crónicas y la inmunodepresión. Cuando un anciano tiene problemas de salud latentes, estos le impiden al organismo combatir y recuperarse de las enfermedades que contrae.
Las afecciones médicas preexistentes de la persona definirán el alcance del virus. Según un análisis de la Organización Mundial de la Salud, OMS, las personas con enfermedades como el asma, la diabetes o las cardiopatías tienen más probabilidades de enfermarse gravemente cuando adquieren la infección.
Con estos antecedentes, las personas de la tercera edad también tienen una menor reserva fisiológica, pulmonar, cardiaca, nutricional. Lo que afecta directamente el tratamiento de ellos durante el contagio.
Por ende, la edad y la condición de vida impulsarán la susceptibilidad ante el COVID-19. Maria Alejandra Henao, estudiante de último año de Medicina de la Universidad CES dijo que, como muchos adultos mayores pueden tener enfermedades de base, poseer un buen soporte social, correcta administración de los medicamentos, una buena clase funcional, hábitos de vida saludable y actividad física, pueden influir en hacerlos pacientes menos frágiles frente al coronavirus.
La salud mental de los adultos mayores, un factor principal. Foto: Juliana Orozco Alzate.
¿Cómo evitar el contagio y qué se ha hecho para ayudarlos?
A pesar de todos los riesgos que corren estas personas, es posible impedir que contraigan el virus si se mantienen las medidas de protección y se obedece a la cuarentena obligatoria que el Gobierno ha establecido, especialmente para los mayores de 70 años. El cuidado parte del hogar y “se les debe proteger generando condiciones favorables para la satisfacción de las necesidades básicas”, aseguró Resfa María Sierra, gerontóloga del municipio de Marinilla.
Esta situación entra en conflicto con el hecho de que en Colombia no todos los adultos mayores son pensionados ni poseen subsidios o ingresos económicos. Muchos se ven en una situación precaria para acceder al sistema de salud o en condiciones de pobreza. Por esto, durante la contingencia se observan personas de la tercera edad en las plazas de mercado, en las tiendas, en la calle, que deben de salir a trabajar para poder alimentarse, pagar arriendo y tener un sustento diario.
Otro elemento agravante es el hacinamiento en el que algunos viven, que propicia condiciones que aumentan el riesgo de contagio. “Estos factores marcan la diferencia en cuanto si se contagia una persona adulta que no tenga buenas condiciones de vida, que tenga que salir a trabajar, a una persona adulta que se pueda quedar en su casa porque tiene una pensión u otras condiciones económicas que le permiten guardarse. Además de tener un mejor acceso a los servicios de salud y así, control de sus enfermedades”, expresó López.
Aun así, el Gobierno, los municipios, entidades y algunas EPS, han dirigido ayudas e implementado estrategias que contribuyen a la protección contra el COVID-19 y otras que subsanan las condiciones que se han generado a raíz de este, dándoles garantías a los ancianos para asegurar su vida:
El Programa Social al Adulto Mayor “Colombia Mayor” tiene como fin aumentar la protección de los adultos mayores desamparados, sin pensión, que viven en la indigencia o la extrema pobreza, por medio de un subsidio económico. Este programa implementó una estrategia con el apoyo asignado para los meses de abril y mayo de 2020 por un valor de 160 mil pesos. Consistió en un pago excepcional de una sola diligencia que se hizo desde el 6 de abril hasta el 30 de mayo, del cual se ordenó un pago adicional tras la extensión del aislamiento decretada por el Gobierno hasta el 1 de junio.
El municipio de Marinilla contrató a una empresa llamada Mensajería Exprés para que estas personas reciban los medicamentos en sus casas y se les realice el pago de sus servicios públicos, tanto en el área rural como urbana.
De igual manera, algunas personas de la tercera edad están siendo priorizadas por su condición económica y están recibiendo alimentos en sus viviendas. También hay estrategias a través de medios como el Canal Comunitario, donde se desarrollan actividades para que ellos puedan ejercitarse en sus hogares. Así mismo, se hacen charlas por parte de psicólogos, contó Sierra.
Desde el área de la salud se están brindando asesorías telefónicas, consultas virtuales, controles a través de la telemedicina, con el fin de que estas personas no asistan a los centros hospitalarios, donde corren más riesgo de contagiarse por las aglomeraciones.
Con los adultos más vulnerables del municipio de Rionegro se están realizando llamadas periódicamente con el fin de interactuar, conocer sus condiciones y dar soluciones, desde la salud y el bienestar a las problemáticas que se les puedan presentar; además, se les entregan paquetes nutricionales acompañados de cartillas y colores para que estos se entretengan. También, con apoyo del IMER (Instituto Municipal de Educación Física) se han establecido estrategias en temas de hábitos saludables y rutinas de ejercicios.
Cambios en la cotidianidad, ¿cómo manejar la situación en los hogares?
La salud mental de los adultos mayores es otro factor que entra en juego, puesto que también son más frágiles en este sentido. El cambio de vida genera estrés, incertidumbre, miedo y angustia por el futuro, preocupación, cuadros depresivos y sobre todo ansiedad, debido a que toca adaptarse a una situación para la que no había alguna preparación, según Soraida Gómez, psicóloga de la Universidad Católica de Oriente.
Algunos ancianos son activos, se relacionan constantemente y a diario realizan actividades en el exterior como salir al parque, hacer gimnasia o juegos de mesa. Al no poder hacerlas, esto les genera diversas afectaciones mentales, así como dificultad para adaptarse en sus hogares a las nuevas condiciones de encierro, lo cual provoca que intenten salirse de esta zona de contención.
Por esto, es importante hacer uso de las estrategias que se han creado para que ellos realicen actividades desde sus hogares. Así mismo, quienes viven en compañía de otras personas, estas deben propiciar espacios para jugar, compartir, intercambiar, esto hace que el confinamiento sea más llevadero.
Infografía: Juliana Orozco Alzate.
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Informe especial elaborado en el curso Periodismo II,
orientado por la profesora Claudia Sánchez Aguiar.
Hechos cotidianos y pensamientos que se cruzan en la rutina del encierro de una joven periodista. Huellas de la pandemia en la vida de las personas a su alrededor.
En una tarde veraniega como esta se conoció en Medellín la noticia del primer caso de Covid-19 en Colombia.
Foto: Melissa Gómez.
El comienzo del fin
Ya estábamos informados y advertidos sobre su existencia, pero como todo en nuestro país, fue tomado como una broma. Risas iban y venían, memes, charlas constantes e incredulidad sobre el verdadero impacto que podría generar este minúsculo pero poderoso virus en los colombianos. Solo íbamos a entenderlo cuando tuviéramos que lidiar con él frente a frente.
El 7 de marzo de 2020 todo transcurría común y corriente: las personas corrían a sus trabajos, no dormían lo suficiente, trabajaban de más, no quedaba tiempo para mirar el paisaje, ni hablar con el vecino; mirarse a los ojos había pasado de moda, también disfrutar de un atardecer, el tiempo no era suficiente; hasta que algo detuvo el reloj: todos los afanes y ocupaciones tomaron un segundo lugar. Las redes sociales, televisores, periódicos y radios anunciaban la tan esperada, pero aterradora noticia: “Se reportó el primer caso de COVID-19 en Colombia”. Desde ese día, todo empezó a ser diferente, las risas y burlas frente al virus comenzaron a convertirse en caras de preocupación a medida que pasaban los días, aquel pequeñín se apoderaba poco a poco de todos los rincones de Colombia y el mundo.
Según la página web oficial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) esta infección suele venir acompañada con fiebre y síntomas respiratorios (tos y disnea o dificultad para respirar). En los casos más graves, pueden causar neumonía, síndrome respiratorio agudo severo, insuficiencia renal, e incluso, la muerte. El virus resultó ser mucho más fuerte de lo que estaban esperando, la impaciencia y el miedo se apoderaron de las personas.
Algunas de las recomendaciones comenzaron a circular desde la OMS y otras entidades como el Ministerio de Salud y Protección Social para no propagar la infección: la buena higiene de manos y respiratoria (cubrirse la boca y la nariz al toser y estornudar). Asimismo, evitar el contacto estrecho con cualquier persona que presente signos de afección respiratoria, como tos o estornudos. Admito que pensé más de una vez que estaba contagiada, pues no sabía si los estornudos se debían a mis constantes alergias por el polvo y las lanas o si el COVID-19 estaba haciendo estragos en mi sistema inmunológico. Mi familia comenzaba a mirarme como un bicho raro.
Pasaban las horas y fueron aumentando rápidamente los contagiados y muertos a causa del COVID-19 y con esto las restricciones del Gobierno Colombiano frente a su población: cierre de fronteras marítimas, fluviales, áreas, terrestres y cualquier tipo de conexión física con el exterior, aislamiento obligatorio, cierre de universidades, colegios y entidades importantes, pico y cédula para evitar aglomeración de personas y aún más contagios. Todo tipo de medidas fueron tomadas por parte de las figuras de poder del país y comenzó a reinar el caos en las cabezas, los miedos a los que muchos temían enfrentarse un día tomaron forma y salieron de sus escondites, soledad, incertidumbre, ansiedad, depresión, quietud, hambre, desigualdad y la madre de todos los miedos, la muerte.
Las calles comenzaron a verse más solas al pasar de los días, el silencio que siempre había anhelado escuchar al fin ocurrió, pero en unas circunstancias que jamás hubiera deseado. No había carros, ni motos, no había gritos en las calles, solo el sonido del balanceo de los árboles con el viento y los pájaros revoloteando por todos lados, demostrándonos que son ellos los verdaderos dueños de este espacio. La naturaleza por fin fue liberada de nosotros y nuestro bullicio constante. La vida, el destino, el karma o tal vez Dios nos pusieron un pare a todos los seres humanos, un pare para enseñarnos que no somos tan poderosos e invencibles como creemos.
Día número “no sé qué” de cuarentena
“¿Ya se lavó las manos?”, esos fueron los buenos días, buenas tardes y buenas noches de mi madre durante todos los días de cuarentena que llevábamos. Graciosamente fueron más duros los primeros días en cuanto a la relación con mi familia y el encierro. Con el pasar de los días ya no había peleas ni gritos, mi mamá seguía regañando, pero en una intensidad mucho menor; y mi hermano, de tan solo 15 años, con los andrógenos en pleno despertar y pasando por la etapa de la “aborrescencia”, empezaba a adaptarse a esta nueva realidad. Todos estábamos más tranquilos, en calma, respetuosos, aprendiendo a conocernos y a convivir, un privilegio que no muchas familias tienen.
<< La ventana y el balcón han sido el único espacio de contacto con la realidad. Foto: Melissa Gómez Vanegas.
Daniela, una de mis mejores amigas, vive sola aquí en Medellín con su hermana mayor, hace más de 2 años. Su madre, Adriana Zapata, se fue en busca de mejores oportunidades a Estados Unidos. Adriana reside en la ciudad de Orlando, en el estado de Florida, no es indocumentada, entró al país con una visa adjudicada por la embajada de Estados Unidos solicitada en Bogotá. Esto le permite identificarse cuando le piden algún documento y tener muchos más beneficios que aquellos que no tienen pasaporte, como por ejemplo acceder a salud, abrir cuentas en bancos o rentar cuartos. Eso sí: no puede recibir ningún servicio del país, pues su único pecado es que entró al mismo con la excusa de ser turista, pero se quedó a cumplir el sueño americano.
Me tomé el atrevimiento de preguntarle cómo estaba, que tal la estaba pasando con esta situación catastrófica que pintaban los medios de comunicación con el coronavirus. Me respondió con toda la tranquilidad del caso a través de una nota de voz por WhatsApp: “Mija, no es cierto todo lo que andan diciendo los medios de comunicación y algunas personas por ahí, aquí no dejan morir a nadie. De hecho, hay servicios de hospitales que atienden a personas indocumentadas y en mi condición y no tienen que pagar de inmediato, después de ser atendido, medicado y enviado a su casa la cuenta llega a su dirección con facilidades de pago. Acá no dejan morir a nadie, independiente de que no tenga seguro o dinero”. Me dio muchísimo alivio escuchar eso, pero me llené de muchas más dudas.
Ella, como si me leyera la mente comenzó a responder una por una mis inquietudes, me comentó que seguía trabajando común y corriente, pero teniendo los cuidados necesarios, cubriéndose con tapabocas y guantes a donde saliera. Y como no tiene carro propio, tiene que tomar el transporte público, pero todo allí es muy organizado: un asiento ocupado y el siguiente no, uno ocupado y el otro no, al igual que la cabina del conductor, que está completamente aislada y sellada para evitar contagios. Además de todo esto, el gobierno decretó transporte público gratuito hasta el mes de junio. Este testimonio me abrió un panorama completamente diferente al que me habían creado.
Al parecer, la vida de Adriana no marcha tan mal hasta el momento, pues en reiteradas ocasiones me aclaró: “No le tengo miedo al coronavirus, pero lo respeto. Solo espero poder seguir con salud para aportarles a mis hijas económicamente y volver a verlas en un futuro no muy lejano”.
La vida y la muerte en una misma realidad
Hace poco, el compartir con nuestros seres queridos era algo usual o por lo menos lo era para mí. En mi familia somos muy unidos y vivimos todos en el mismo conjunto residencial, lo que hace usual compartir un algo, una visita o reunirnos para cantar los cumpleaños. Hace poco cumplió años la esposa de uno de mis tíos, todos nos conectamos por videollamada a la hora usual en la que solíamos cantar todos los cumpleaños, siete de la noche. Cantamos con la misma alegría de siempre el “cumpleaños feliz”, pero esta vez sin torta y sin abrazos; fue nostálgico ver cómo simulaban abrazos a través de la pantalla y saber que estábamos tan cerca pero tan lejos, separados por apenas algunos muros y pisos de distancia. Por fortuna, nosotros estábamos celebrando la vida, así fuera de esa manera tan distante, a diferencia de otros a quienes les ha tocado enfrentar la muerte de un ser querido en este aislamiento obligatorio.
Este, por desgracia, fue el caso de una de mis compañeras de grupo de la Universidad. María Alejandra Espitia, quien en una de las clases virtuales expresó lo triste que se estaba sintiendo por la pérdida de su tío abuelo, el que más quería. Después de clase, sentí la necesidad de preguntarle qué había pasado y si estaba bien, pues hablar con alguien en un momento de tristeza puede ser útil. Me comentó que le decía por amor Juancho y sus amigos más cercanos lo llamaban El mago Fedor, pero su nombre real era Federico Martínez. Tenía aproximadamente 70 años y, por desgracia, había comenzado a sufrir de alzhéimer, pero fue mucho más astuto que la enfermedad, pues cargaba siempre con él una libreta donde tenía anotadas todas y cada una de las cosas verdaderamente importantes para él, entre ellas los nombres de sus familiares y sus características físicas.
Don Federico se encontraba viviendo con una de sus hijas en Bogotá cuando el confinamiento comenzó, de un momento a otro empezó a bajarle la presión, por lo que tuvieron que llevarlo al hospital y allí de inmediato lo dejaron en la Unidad de Cuidados Intensivos. Estuvo dos días con la presión muy baja, “parecía como si una vela se estuviera apagando de a pocos. Al final, murió tranquililito”, me contó María Alejandra.
Para su desgracia, todos sus familiares viven en diferentes lugares del país y debido a las circunstancias, ninguno pudo tomar un avión y dirigirse a despedirse como lo deseaban. “Una de las cosas que más me rompió el corazón, fue que su hija logró grabar un video de su ataúd solito. La iglesia estaba completamente sola, solo estaba ella, fueron imágenes muy fuertes para toda la familia”, esas palabras me hicieron sentir temor.
Al parecer, el calvario no acababa allí puesto que además no había cupos en los cementerios hasta junio o julio, lo que los obligó a cremar el cuerpo de Juancho. Él nunca quiso ser cremado y lo expresó reiteradamente a su familia, pero las circunstancias no le permitieron cumplir su último deseo.
Los rituales fúnebres han cambiado drásticamente. Nada de salas de velación, nada del último adiós, nada de despedir al ser querido. Afrontar una pérdida en tiempos de aislamiento debe ser algo completamente diferente y aún más doloroso, porque lo primordial en el momento es prevalecer la salud de los que están vivos y evitar contagiar a más personas. María mencionó por último: “como familia no hemos podido tener ese espacio para llorar, reír y hacer memoria de él, todavía es difícil entender que murió”.
Aislamiento = Recogimiento
Todos estos cambios en nuestros hábitos, rutinas y costumbres han causado cuestionamientos y reflexión sobre lo que hemos estado haciendo bien y mal al pasar de los años, sobre lo poco que hemos valorado a quienes nos rodean y lo que nos rodea. Lo mucho que hemos dejado de lado el sorprendernos con la sencillez y lo que todos los días nos brinda la vida: una flor, un atardecer, la sonrisa de un niño, el canto de los pájaros, las caricias del viento, un instante con nuestras familias. Intercambiamos lo que nos hacía sentir vivos por una esclavitud constante con el consumismo y materialismo, una competencia infinita con el otro por el que más tiene o pretende vivir mejor.
“ (…) No las cosas excepcionales, sino lo infinitamente pequeño y sutil: no el movimiento, sino el descanso que hay en el movimiento, porque cuando las observamos calmadamente, todas las cosas obtienen plenitud (…) ” , Luis Racionero.
Opté por llamar este encierro recogimiento. La perspectiva del mundo cambia al poder tener acceso a lo que realmente necesitamos, nos encontramos con nosotros mismos, muchas cosas vanas dejan de importar y al tener tanto tiempo de sobra ,comenzamos a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Aquella ropa cara, carros lujosos, cadenas, lociones, zapatos y demás objetos, dejaron de ser una catapulta imaginaria para todos aquellos que se creían mejores que los demás solo por poseerlos, porque encerrados en casa no tienen a quien presumírselos. Es allí cuando la pregunta ganadora invade las mentes: “¿Qué más tengo para aportar que mis bienes materiales?”. Ahí también empiezan a cobrar valor las verdaderas amistades, la familia, la solidaridad, el buen trato y sobre todo, la labor de todas aquellas personas que fueron mucho tiempo insignificantes para la sociedad y ahora son los héroes del país por arriesgar sus vidas ejecutado su oficio: personal de limpieza, domiciliarios, campesinos, vigilantes, conductores de transporte público, policías, militares, medios de comunicación y muchos más.
Lastimosamente no todo es reflexión y aprendizaje para las personas de nuestro país, pues en realidad no todos tienen la misma rentabilidad económica para subsistir en cuarentena. De hecho más del 46% de la población colombiana vive del empleo informal, según el Dane. Es decir, aproximadamente 23 millones 632 mil personas no tienen certeza sobre cómo subsistir durante esta cuarentena, algo realmente preocupante. Durante una entrevista realizada vía Instagram el 4 de abril, Angélica Lozano, Senadora del partido Alianza Verde, dijo: “esta cuarentena nos muestra la desigualdad absoluta en nuestro país y la importancia de reinventar nuestras formas desde lo social, lo económico, lo ambiental y lo humano”.
Se siente alivio pero al tiempo impotencia saber que nuestras familias son privilegiadas al continuar trabajando en casa, virtualmente, pero puede haber vecinos que tal vez estén pasando una mala situación ya que no contaron con la misma suerte y que existen millones de personas en Colombia que están aguantando hambre en este momento. Nos encontramos en una encrucijada.
Imagino que la pregunta común es: ¿Salgo a trabajar para comer y corro el riesgo de infectarme o me quedo en casa sin ingresos y muero de hambre? Con dolor en el alma, la verdad es que, al fin y al cabo, cualquiera de las dos opciones llevarían al mismo fin.
“El mundo como lo conocemos después de esta tragedia no será igual”, repite constantemente mi madre en tono de aviso. “Hay que comenzar a adaptarse a lo que viene”, reitera. Solo espero que así sea, que todo haya que volver a reinventarlo y por fin hacer las cosas correctamente. Con humildad, amor, solidaridad, perdón y sobre todo respeto por la madre naturaleza.
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Trabajo realizado en el curso Periodismo IV, orientado por la profesora Adriana López. Este y otros textos se encuentran en el blog de la autora.
Desde el miércoles 25 de marzo se declaró la cuarentena obligatoria como medio de protección ante la pandemia del coronavirus en Colombia. Como muchos ya lo hemos percibido, este aislamiento ha afectado el trabajo y rutina de muchos sectores, a estos se suman aproximadamente 41.041 establecimientos de educación preescolar que, según el DANE, existen en el territorio nacional. Una gran cantidad de infantes están aprendiendo hoy desde sus casas.
La educación ha entrado a trabajar aún más en conjunto con el sector de la salud, puesto que son las instituciones educativas las encargadas de orientar también a sus estudiantes frente a las prevenciones que demanda esta pandemia, incluso desde los hogares. Para la comunidad infantil es indispensable el acompañamiento educativo y, tanto los colegios como las guarderías, cumplen un papel de segundo hogar, donde se dan pasos clave en el proceso vital de una persona, que definen grandes rasgos afectivos, cognitivos y corporales, en otras palabras, definen la vida de los más pequeños.
Para casi el millón trescientos mil estudiantes de preescolar que según la UNESCO hay en Colombia, se requieren entornos de aprendizaje seguros y saludables; estos espacios deben permitir aprender a ser, convivir, hacer y conocer; desarrollar capacidades para la comunicación, interacción y contacto con el otro y el entorno. Si este proceso se ve afectado, podría haber consecuencias que impedirían un mejor desarrollo para el niño y, en una escuela, estos procesos son guiados por el acompañamiento de un docente y la posibilidad de contacto e interacción física con el otro.
Sin embargo, debido a la contingencia, la educación preescolar se ha visto en el deber de seguir fortaleciendo vínculos entre profesores y alumnos mediante la virtualidad. Asimismo, las instituciones educativas se convirtieron en agentes que previenen la propagación del virus. UNICEF ha publicado una cartilla sobre prácticas de cuidado, higiene personal y crianza, además de actividades de juego, arte, comunicación, consejos para disminuir la ansiedad y evitar el contagio que son clave para las instituciones académicas. Según la OMS, los niños son especialmente vulnerables a las enfermedades infecciosas; los detalles del documento dejan ver que, cuando se habla del bien y la salud de los estudiantes, se debe tener mucha precaución con la información.
¿Cuál es el papel del “jardín”?
“Generar empatía, saber su situación, escucharlos para entonces saber qué están viviendo”, es la metodología y acompañamiento que aplica la Supervisora administrativa de Comfama, Jineth Gaviria, hacia sus alumnos, desde párvulos a transición. El proceso de atención y apoyo a sus estudiantes ha sido continuo y esta situación les ha permitido a los docentes enterarse un poco más a profundidad de las situaciones de cada niño, pues el apoyo familiar es indispensable en estos momentos. Para un niño de cero a 6 años es imposible manejar por sí solo las plataformas virtuales para su aprendizaje, cuenta Gaviria.
La rectora del Colegio Palermo de San José, Hermana Adela María Duque Pineda, también se adaptó a las circunstancias y creó un espacio de encuentro virtual llamado “Venga y le Cuento”, donde se discuten temas para afianzar el proceso actual de los alumnos con los padres de familia. “Palermo es humanizante por todas sus vertientes, está basado en la formación del ser y eso significa que la persona es el centro de la formación, tanto el niño como su hogar; así que nuestro papel es tranquilizar”, dice la directiva.
Tanto Duque como Gaviria concuerdan en que las condiciones de estas semanas propician situaciones de descuido y violencia intrafamiliar en los hogares, gracias al aumento de estrés. Coinciden también en que los centros educativos deben hacer parte cada vez más activa de la atención en estos casos. Resaltan las profesionales que las mismas familias son las que dan la pauta o límite para que los docentes conozcan a profundidad la intimidad de la familia. Se procura que la prioridad sean siempre los niños, su bienestar y educación.
Aunque pueden ser más adaptables al uso de los dispositivos tecnológicos, los niños en edad preescolar necesitan acompañamiento constante en sus actividades. Foto: Contexto.
La mirada del docente
Sandra Pérez y Mónica Giraldo, licenciadas en educación preescolar y profesoras de Comfama, afirman que han cambiado toda su metodología para lograr un efectivo trabajo con sus pequeños. señalan sin embargo que: “Nunca se va a poder comparar con el niño el beso y el abrazo que comunican, ponerse a su altura para poder saber sus necesidades, entender a los niños que aún no hablan por medio de sus gestos y sus ojos”, argumenta Pérez. Además, los talleres, actividades, videos y canciones que envían a sus familias para realizar con los alumnos, se envían desde la intención, porque no todas las familias se comprometen a realizarlas, indica Giraldo.
Gracias a la autoexigencia que debe haber dentro de los hogares, se esperaría que se estimara más la labor de los educadores. Con la metodología virtual, estos trabajadores experimentan un aumento de estrés gracias a inconvenientes con las plataformas digitales, por buscar reinventarse para crear estrategias nuevas pero efectivas que lleguen a cada alumno y también por lo difícil que es evaluar un proceso formativo en ellos, basándose solo en evidencias enviadas por las familias que sí estén comprometidas, como lo expresa Sandra Pérez, pues ha tenido casos de familias que no reportan un proceso de acompañamiento a sus hijos y esto le genera preocupación.
Así se vive desde los hogares
Las medidas de prevención y otros asuntos relacionados con la pandemia por Covid-19 han entrado en los currículos escolares. Foto: Consejería Presidencial para la Niñez y la Adolescencia.
Contexto sondeó la opinión de algunos padres de familia de preescolar en el Colegio Palermo de San José en Medellín, sobre la efectividad de las clases virtuales para los pequeños. Varias de las respuestas, entre ellas la de Carolina Estrada, madre de familia, se inclinaron hacia lo difícil que es lograr una atención total del niño hacia la pantalla, otras personas como la familia Saldarriaga Londoño señalaron que deberían tener más de un solo encuentro a la semana con los profesores. La familia Bernal Tangarife relató a partir de su experiencia que no sólo generaban estrés las tareas, aunque eran sencillas, sino el espacio encerrado en contraste con la energía del niño. Todos concordaron en resaltar el papel del docente, que consideran indispensable.
La gran novedad para las familias es cambiar sus rutinas: tener que lidiar con sus labores de trabajo, las responsabilidades en el hogar y el estudio de los hijos al mismo tiempo todos los días. El ambiente familiar se ha convertido en una oportunidad para experimentar y crear hábitos nuevos, pues el acompañamiento familiar es indispensable en las labores de la escuela.
Paola Andrea Patiño es una madre que desde su hogar acompaña la educación virtual de su hija Celeste de 5 años y señala que ahora trata de quemar las energías de su hija con actividades motivadoras que también la distraigan del encierro pero en la seguridad de su hogar, además se comunican también con sus familiares y amigos, hacen encuentros virtuales que generan efectos positivos en la niña.
“La educación es desde el hogar y, aunque se han brindado diversos canales de comunicación entre las instituciones y las familias, es responsabilidad de cada padre y madre hacer un trabajo más exhaustivo sobre el autocuidado, estar atentos a la conexión con las clases virtuales, variar las actividades que puedan desarrollar la motricidad, atención y coordinación guiadas de las indicaciones de los profesores, pero sobre todo, comprender que el estilo y ritmo de aprendizaje de cada niño es diferente y requieren de su acompañamiento”, añade Patiño, quien además de ser madre, es docente en educación media.
Docentes, directivas y familias están en la tarea de contribuir al proceso formativo de los niños que, como todos, sufren de un aprendizaje en un confinamiento que puede no ser de total entendimiento para ellos. La perspectiva de estos educadores varía, puesto que cada niño y cada hogar son una situación diferente, pero concuerdan en que existe un interés común por generar un beneficio en sus niños y contribuir con su desarrollo.
Según los testimonios aquí recogidos, estos días de aislamiento son una muestra de que la educación en guarderías y colegios se encarga de brindar no solo herramientas, sino compañía y afecto, que se interesa por el bienestar de los niños y que además busca mejorar y aportar de forma positiva en la vida de los pequeños. La educación virtual ha sido un cambio del panorama estudiantil, pero sigue siendo una necesidad para todos como sociedad.
Lea también de la serie La educación desde el encierro:
La virtualidad no funciona igual en todos los sectores económicos. Este recorrido muestra contrastes en su aplicación en sectores como el educativo respecto de otros sectores como la publicidad. Datos que revelan lo que implica el nuevo lugar que tienen las tecnologías digitales como apoyo a la producción y testimonios sobre los cambios de las rutinas de trabajo.
La tecnología se ha encargado de desaparecer diversas barreras y configurar un “espacio” para todos, al facilitar la información y rapidez de la comunicación. Durante el confinamiento, en diversos ámbitos pasó de ser cuestionada y desdeñada, a cobrar un nuevo valor como elemento de apoyo a las actividades humanas.
Más de 180 países están atravesando una emergencia sanitaria de impactos sin precedentes. La situación atípica producida por el virus SARS-CoV-2 y la enfermedad que produce (COVID-19), ha traído consecuencias que influyen en las actividades cotidianas en todo el mundo. El sector productivo, la economía, el sector de la salud, los colegios y universidades, el ámbito laboral y los eventos sociales, entre otros, se han visto afectados y obligados a acatar los protocolos que han dictado los gobiernos con el fin de combatir la pandemia. En el caso de Colombia, el presidente Iván Duque decretó el Aislamiento Preventivo Obligatorio con 34 excepciones, de las cuales se excluyen cerca de 6 millones de personas que actualmente trabajan desde casa.
De acuerdo con esto, el Gobierno Nacional invitó a implementar el teletrabajo y el uso de herramientas virtuales como una alternativa durante el confinamiento, pues no implica aglomeración de personas ni interacciones presenciales, lo que ayuda a evitar la exposición al virus. Estas medidas se han convertido en un reto para continuar con la rutina a la que están acostumbrados miles de colombianos.
Virtualidad y aprendizaje: ¿compatibles?
Los colegios y universidades están realizando sus clases virtualmente con la ayuda de diferentes plataformas digitales, lo que ha limitado el aprendizaje, la interacción y las diferentes actividades que se hacían en esos espacios a una reunión por videollamada.
Esta metodología de trabajo ha traído ventajas y desventajas; y estas últimas engloban factores como la falta de capacitación de los docentes y estudiantes, la diferencia de condiciones por falta de recursos, además de que las plataformas suelen colapsar por la congestión de la red.
Yurby Álvarez, profesional en Microbiología y docente de la Universidad Francisco de Paula Santander Ocaña, hace énfasis en el compromiso que tiene como trabajadora de la educación para hacer llegar el conocimiento a sus estudiantes de la manera más clara y precisa. “El mayor reto ha sido tratar de mantener activos a los estudiantes en el momento de las clases virtuales y mantener el contacto directo con ellos a través de todas las herramientas que tenemos. Otra dificultad ha sido la desigualdad de condiciones que encuentro en mis estudiantes ya que no todos tienen acceso a un computador o a conexión de internet. Yo tengo grupos de 22 estudiantes y alcanzo a conectarme máximo con 7 u 8 por clase”, dice la docente.
Asimismo, los estudiantes también han compartido sus pensamientos y experiencias respecto a la modalidad virtual. El tema de las clases virtuales es algo con lo que no todos están familiarizados, por lo que llevar este proceso ha presentado varios inconvenientes.
“Aprender por medio de una clase virtual no se compara con la presencialidad ni con la interacción entre las personas”, cuenta Johan Achury, estudiante de Derecho de la Universidad de Antioquia. De igual modo, el joven comenta que el cambio de entorno —de un aula a un lugar en la casa— también influye en el aprendizaje, puesto que a veces en el hogar se pueden presentar distracciones que interfieren en la explicación de algún tema. Además, laboratorios o actividades al aire libre que, como parte importante de la formación académica se hacían dentro de las instituciones educativas, no se han podido practicar.
El trabajo virtual varía sus dinámicas según el sector productivo al que corresponda. Foto: Daniela Morales.
El teletrabajo: ¿eficiencia o una pérdida de tiempo?
El mercado laboral también se ha visto sometido a los cambios repentinos en las rutinas. Según el Ministerio de Trabajo, más de 100 empresas protegieron el empleo de 41 871 colombianos, utilizando diferentes estrategias en medio de la cuarentena como el trabajo en casa, teletrabajo, garantía y restablecimiento de contratos laborales, vacaciones anuales o anticipadas, jornadas flexibles, aseguramiento de un mínimo vital, entre otros.
Es complicado determinar si el uso de los dispositivos digitales y los servicios que ofrece la virtualidad han repercutido de manera completamente positiva o por el contrario han traído consecuencias negativas sobre los deberes laborales, porque cada caso es particular. Para muchos, el trabajo remoto ofrece más beneficios, como el ahorro de tiempo y dinero que antes se perdía en el desplazamiento hacia los lugares de trabajo.
Por ejemplo, Juan David Cardona, Publicista y Community Manager de la agencia DDB Colombia, afirma que la pandemia y las medidas tomadas para laborar en la cuarentena no lo afectan porque está a “una llamada, un mensaje de WhatsApp o un correo electrónico de distancia”.
No obstante, para otras personas esta opción ha resultado tediosa y poco eficiente, incluso por las mismas razones que otros consideran como ventaja. El espacio en la casa no es el apropiado para realizar las tareas, la interacción personal se hace necesaria, la conectividad a veces tiende a ser lenta y la comunicación no se logra efectivamente. Martha Liliana Álvarez, profesional del Grupo de Asistencia Técnica del ICBF Norte de Santander, a pesar de haberse adaptado a esta nueva modalidad, encuentra ciertos factores que impiden que el trabajo desde casa sea reconfortante. “Se nos olvida muchas veces hacer las pausas activas que en la oficina uno tenía. Estamos terminando una reunión cuando ya empezó la otra. Ya no miramos horarios, se hacen las 8 de la noche y seguimos trabajando”.
Una alternativa no tan viable
Mientras unos pueden hacer home office, a otros se les hace imposible, como ocurre con los trabajadores vinculados a actividades del sector salud, cadena de producción y comercialización de bienes básicos, servicio público, el sistema financiero y seguridad, entre otros encargados de actividades esenciales.
“Aquí los que hacen teletrabajo son las personas que no atienden al público, los del centro de operaciones que son los que verifican créditos, algunos están en teletrabajo, lo que es la parte jurídica está en teletrabajo. Es por secciones. Pero realmente los que tenemos atención al público no”, comenta Beatriz López, Asesora Comercial de la Cooperativa financiera Cotrafa, quien desde que empezó la cuarentena no ha dejado de dirigirse a su oficina para trabajar, —a veces bajo horarios flexibles— en la sede Avenida Oriental de Medellín.
La cuarentena inteligente
Desde el pasado 27 de abril, se han sumado 12.000 empresas del sector de la construcción y la manufactura que empezaron a laborar bajo estrictos protocolos de seguridad, con el fin de reactivar la economía del país.
A partir del 11 de mayo comenzaron a operar otros sectores de la manufactura relacionados con muebles, vehículos, maquinaría, papelerías, librerías y algunos sectores del comercio al por mayor, entre otros. José Manuel Restrepo, Ministro de Comercio, Industria y Turismo, resaltó que, si bien el Gobierno Nacional da el permiso y las instrucciones para reiniciar estas actividades, son los gobernantes locales quienes “tienen la llave de la gradualidad” y pueden indicar cómo se va dando el proceso ya que conocen el contexto de su realidad.
Los gobernantes tienen indudablemente una gran responsabilidad en sus manos en estos momentos de incertidumbre. La coyuntura del COVID-19 los ha obligado a actuar al paso acelerado con el que va el virus y a tomar decisiones convenientes para garantizar la protección del pueblo colombiano. La virtualidad tiene sus beneficios y sus complicaciones; hay personas que están familiarizadas y para otros quizá es difícil de manejar, pero por ahora la mejor opción es adaptarse y hacer uso de ella tanto para clases como trabajo remoto, quienes puedan, y respetar las instrucciones del aislamiento.
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En épocas de aislamiento, la música cobra un papel fundamental para preservar la salud mental de las personas. No se trata simplemente de una actividad artística y un medio de entretenimiento, sino también de un lenguaje que comunica, evoca y refuerza emociones.
¿Cómo se produce la música?
En fracciones de segundo, los sistemas de nuestro cuerpo son capaces de recoger las señales acústicas -es decir, de sonido- y enviarlas al cerebro, para que este las decodifique y les dé significado.
Daniel Joseph Levitin, psicólogo cognitivo, neurocientífico y músico estadounidense, afirma que “lo increíble de la música es que no existe fuera del cerebro. Una sola nota empieza cuando las vibraciones viajan por el aire, lo que hace que el tímpano vibre. Dentro del oído, las vibraciones se convierten en impulsos nerviosos que viajan al cerebro donde se perciben como varios elementos de la música, por ejemplo, tono y melodía. Cuando esos elementos se recombinan, forman un patrón que reconocemos como música. En otras palabras, el cerebro procesa los sonidos que creemos percibir en un todo perceptual que llamamos música”.
El poder de esta expresión artística para sensibilizarnos tiene una explicación: la música es capaz de atraer la atención de una manera más potente que otros estímulos sensitivos. Josefa Lacárcel Moreno, investigadora de la Universidad de Murcia, plantea que “el oído es el más cualificado de los estímulos sensoriales cerebrales. De estos: el 20% corresponden a la vista, el 30% corresponden al gusto, olfato y tacto, el 50% corresponden al oído, que despierta e impulsa al cerebro, además de protegerlo contra el deterioro”.
La música en vivo refuerza la experiencia sensorial que beneficia las funciones cerebrales. Foto: UPB Colombia.
La relación entre la música y la salud mental
“Es un colchón de salvación para no darse tan duro contra el mundo”, dice Carlos Andrés Mesa, director musical y especialista en Guitarra Clásica de la Universidad de Antioquia. Para él, el arte de la musa Euterpe es un elemento “vital” para el ser humano que “nos permite hacer la realidad un poco más llevadera y nos saca del confinamiento mental en el que estamos inmersos, que es incluso más peligroso que el físico”.
Durante la cuarentena, existe una mayor propensión a manifestar sentimientos de soledad, ansiedad y depresión. Para Astrid Arrieta Morales, presidenta de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, “el 40% de la población tiene mayor probabilidad de padecer algún tipo de problemas relacionados con la salud mental y se van a duplicar las cifras de padecimientos como la depresión”.
Es importante tener presente que “cuando nos acompaña la depresión es porque andamos muy atentos a lo que nos ocurrió en el pasado. Cuando nos acompaña la ansiedad es porque estamos muy atentos a lo que pasará en el futuro. La soledad aparece cuando no sabemos estar con nosotros mismos. El confinamiento genera precisamente esa necesidad de mirar hacia adentro y encontrarnos con las cosas que no son tan fáciles de abordar en nuestro ser interior. Todo esto se puede explicar de esta manera si no existe un trastorno de salud mental de base”, afirma la psicóloga Ana Mercedes Restrepo.
Las patologías mencionadas anteriormente “pueden desencadenar en crisis agudas, afectando la salud mental del individuo y demás personas alrededor de este, alterando la dinámica familiar y de pareja, si se cuenta con ella”, reafirma la psicóloga y especialista en trabajo social familiar, Claudia Elena Arteaga Valderrama.
“Cuando un ser humano tiene la habilidad, está en el aprendizaje y entra en contacto con el instrumento musical, este le permite de alguna manera contactarse consigo mismo para permitirse sentir, canalizar y hacer catarsis con las emociones que lo acompañan”, agrega Restrepo.
Carlos Andrés Mesa cuenta que el entrenamiento musical no solo lo mantiene mentalmente sano a él, sino también a otros miembros de su familia. “Las amigas de mi hija le escriben diciéndole que se están enloqueciendo, que andan muy aburridas en la casa. Le preguntan que si también está aburrida, y ella les dice que no, porque ella está en un ambiente muy diferente en el que todo el tiempo está tocando el violín, escuchando música o bailando ballet… Las amiguitas de ella están que se enloquecen, pero es porque en sus hogares no les ofrecen ese espacio para que estimulen el cerebro desde otro punto de vista, en este caso con la música”.
Un arte mágico
Debido al abrupto cambio de rutinas que implica el confinamiento, Carlos se dedica a estudiar música todo el día, desde las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche. Se sumerge en una realidad totalmente diferente, tanto que a veces “ni me acuerdo de qué es lo que está pasando afuera del mundo”.
“No es lo mismo estar sentado viendo televisión y pensando en tantas cosas. Mientras vos estás tocando un instrumento, por tu cabeza solo pasan notas y melodías. Se rompe el mundo exterior y se queda la música. Ella te transporta a otra dimensión y cuando terminas de tocar, vuelves al espacio donde estabas”. Ese, según Mesa, es el efecto más “teso” que tiene este arte.
En 2011, un estudio realizado por la Universidad McGill de Canadá descubrió que escuchar e interpretar música incrementa la producción de dopamina en el cerebro. Este químico contribuye al mejoramiento del estado de ánimo, ofreciendo una sensación de placer.
“Cuando estás haciendo algo divertido, en este caso interpretar un instrumento, de entrada, esa información llega al cerebro y se activa la dopamina, un neurotransmisor que nos permite sentir placer, motivación, seguridad, tranquilidad y bienestar. Incluso está demostrado que ayuda en la toma de decisiones y en la liberación del estrés. La dopamina también potencializa los procesos de aprendizaje”, dice Restrepo.
Según Arteaga, esta sustancia “regula funciones importantes en nuestro cuerpo como la memoria, el sueño, el movimiento, el estado de ánimo, entre otros. El exceso o falta de dopamina puede ocasionar problemas en la salud como Parkinson y/o esquizofrenia”.
“Con la música también hay una muy bonita liberación de serotonina y endorfinas. La serotonina genera cosas muy interesantes. Es conocida como la hormona de la felicidad”, dice Restrepo. “En este caso, la música se va a parecer a otras cosas, como por ejemplo comer chocolate, hacer ejercicio o estar enamorado”, dice Jairo Moreno Ramírez, profesor del colegio San José de Las Vegas.
De acuerdo con Arteaga, además de las anteriores sustancias químicas que se generan en el organismo como efecto de la actividad musical, otra hormona que se libera es la oxitocina, la cual “nos lleva a sentir confianza con nosotros mismos y con los demás”.
“Yo pongo los dedos en el piano y van saliendo noticas, y esas noticas pareciera que son una cosa. Y puede que sean una cosa, pero es el alma la que está sonando… Tuvimos la fortuna de haber sido tocados por el hada de la música”, dice Moreno, quien a pesar de que al momento de compartir su testimonio para este reportaje llevaba 50 días solo en su casa, manifiesta que la música lo llena espiritualmente: “Me nutre, me abraza, me asombra”, dice. La mayor parte del tiempo se le va componiendo canciones y dictando clases virtuales desde su lugar preferido, su estudio de grabación, al cual considera como un “santuario”.
“Cuando escuchamos o hacemos música, hacemos que en nuestro ser y en nuestra alma se evoquen emociones y recuerdos, los cuales se conectan con las emociones y viceversa. Al llegar el mensaje musical, el cerebro lo recibe, lo interpreta y detonará en cada persona cosas distintas. La música comunica, hace recordar y sentir cosas”, concluye Restrepo. “Es algo que no se puede hacer sin el alma, sin el corazón”, enfatiza Moreno.
La relación entre la música y las emociones es evidente, según Arteaga, ya que esta “puede influir de una manera positiva o negativa según el trastorno y el tipo de música que se escuche, es decir que para una persona con ansiedad no es recomendable cierto tipo de música como el rock pesado o el heavy metal, ya que genera mayor ansiedad. Las personas que presentan trastorno de depresión deben escuchar un tipo de música alegre. En estos casos se recomienda música relajante, clásica, ya que pueden relacionar lo que están escuchando con la situación que están viviendo”.
¿Puede la música hacernos más sociables?
“Cuando se libere esta situación, cuando la gente pueda reunirse, la música va a convertirse en un imán muy teso para reunir a la gente que hoy está con mucho miedo”, dice Carlos Andrés Mesa, guitarrista clásico.
Arteaga agrega que el contacto frecuente con la música “ayuda a tener habilidades sociales, fortalece los vínculos con los demás personas, desarrolla la capacidad de sensibilidad, fomenta la disciplina, reduce los niveles de estrés y fortalece la autonomía”.
Stefan Koelsch, profesor de Psicología de la Música de la Universidad de Berlín, resalta la capacidad de la música para generar sentimientos de imitación y empatía. “Mientras hacemos música, volvemos a vivir todas esas experiencias y ponemos en marcha todas esas funciones sociales, es decir, averiguamos qué quiere el otro o qué intenta o qué desea o qué cree, sin que nos lo diga explícitamente. Hay experiencias emocionales en las que después de hacer música juntos, todos nos sentimos felices mientras antes, en cambio, quizás estábamos enfadados”.
El resultado de todo ello es una especie de cohesión social donde “nos gustamos más que antes, estamos más unidos que antes, confiamos más los unos en los otros, pensamos que el otro nos ayudará cuando nos sintamos solos o tengamos un problema”, enfatiza el investigador alemán.
La unidad social que provoca la música se debe a la universalidad de este arte. “Todos tenemos música, porque todos somos música. La respiración tiene un ritmo, el corazón produce ritmo, la circulación produce ritmo, nuestro acento tiene melodía… Somos músicos de nacimiento, así no lo asumamos”, manifiesta Moreno.
“La música es el arte más global. No la podemos evitar, es inherente al ser humano. Todas las personas que hay en el mundo se conectan con la música de diferentes formas”, dice Mesa Cano. “Si tú estás por ahí en algún lugar, lo primero que el cerebro hace es silbar, cantar una canción, palmotear un ritmo o sonar algo. No tienes que ser músico para eso. Es una de las artes más sublimes; está impresa en nuestra piel y la encuentras en cualquier momento. Antropológicamente hablando, lo primero que surgió fue el sonido”.
La sincronía con un ritmo y una melodía se produce al interpretar y escuchar y es prueba de los efectos sensoriales de la música. Foto: UPB.
¿Nos hace más inteligentes?
El entrenamiento musical frecuente implica la interacción de diversas estructuras cerebrales que favorecen el desarrollo cognitivo. Es utilizado en bebés y niños para la estimulación del aprendizaje. Según Anita Collins, experta en educación neuromusical, “tocar un instrumento involucra prácticamente todas las áreas del cerebro a la vez, en especial las cortezas visuales, auditivas y motoras”.
Collins también asevera que reproducir música “aumenta el volumen y la actividad del cuerpo calloso, elemento que sirve como puente entre los dos hemisferios (izquierdo y derecho)”. Mientras mayor sea el tamaño de esa estructura, más rápido se produce el intercambio de información interhemisférica. En pocas palabras, la práctica musical desarrolla ambos hemisferios de manera simultánea.
Esto permite entender porqué los que interpretan algún instrumento con frecuencia son capaces de resolver problemas de manera más creativa tanto en entornos académicos como sociales, a la par que crean, recorren y recuperan recuerdos con mayor rapidez y eficacia. “Tocar música es el equivalente cerebral de un entrenamiento de cuerpo completo en el gimnasio”, concluye la investigadora.
“Tienes que estar pendiente de que tu sonido y tus golpes estén en el lugar indicado, que estés tocando la nota que es, los acordes que son, y a la vez leyendo la partitura, mientras escuchas lo que está haciendo el resto. Es un proceso muy grande, como una especie de rompecabezas”, afirma Simón Henao Zuluaga, estudiante de música de Eafit y docente de batería en la academia Musicreando. Para él, la música es como aprender otro idioma puesto que “tienes que aprender a leerlo, escribirlo, hablarlo y convivir con él”.
Por ello, Moreno considera a este arte como “la disciplina más completa de la humanidad”.
La terapia musical
Esta manifestación artística también es utilizada como un valioso recurso para mejorar la calidad de vida de los pacientes a través de la musicoterapia. Según la World Federation of Music Therapy (WFMT), “la musicoterapia consiste en el uso de la música y/o de sus elementos musicales (sonido, ritmo, melodía, armonía) por un musicoterapeuta, con un paciente o grupo, en el proceso diseñado para facilitar y promover la comunicación, el aprendizaje, la movilización, la expresión, la organización u otros objetivos terapéuticos relevantes, con el fin de lograr cambios y satisfacer necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas. La musicoterapia busca descubrir potenciales y restituir funciones del individuo para que este alcance una mayor organización intra e interpersonal y, consecuentemente, una mejor calidad de vida a través de la prevención y rehabilitación en un tratamiento”.
La musicoterapia se ha constituido en los últimos años como un método bastante efectivo para el tratamiento de patologías tales como el autismo y la afasia (pérdida o trastorno de la capacidad del habla). De acuerdo con un informe del Centro Alemán de Investigación de la Musicoterapia, “la música implica comunicación y, como tal, se puede emplear para entrenar habilidades de comunicación no verbal, lo que puede ser muy útil en el caso de alteraciones conductuales y autismo”.
Si bien la terapia musical no ha demostrado resultados concluyentes en el tratamiento de pacientes con demencia, los neurólogos españoles Gema Soria Urios, Pablo Duque y José García, afirman que “la práctica de la musicoterapia con las personas con demencia nos ha permitido ver que la música influye en su comportamiento y su humor, ya que puede hacer que estén más tranquilas”.
¿Nos sonará igual después de la cuarentena?
Carlos Mesa prevé un auge muy grande de la música. “Cuando se libere esta situación, cuando la gente pueda reunirse, la música va a convertirse en un imán muy teso para reunir a la gente que hoy está con mucho miedo. Miedo de acercarse al otro, de saludarlo, de hablarle… En este momento, todo el mundo sospecha dónde estuvo el otro y si esa persona los va a enfermar o no. Para romper esos temores, creo que va a ser infalible la utilización de la música. La música te lleva a bailar con el otro, a cogerlo, a tomarlo de la mano. Seguramente vamos a presenciar el surgimiento de grandes orquestas después de esta coyuntura”.
Como dice la canción de la compositora española Lucía Gil que se ha hecho famosa por estos días, difundida mediante las diferentes redes sociales y plataformas digitales, “volveremos a juntarnos, volveremos a brindar. Un café queda pendiente en nuestro bar.” Llegará ese momento en el que “romperemos ese metro de distancia entre tú y yo, ya no habrá una pantalla entre los dos”.
Jairo Moreno considera que las diferentes manifestaciones de las estéticas musicales se han hecho presentes de una manera vistosa en todo el mundo, desde muchos puntos de vista. Desde los músicos mismos que en España y en Italia han salido a los balcones a tocar su chelo o su guitarra. Sin embargo, para él, este arte “no necesita más relevancia de la que tiene. Seguirá siendo lo que es, una compañía impresionante, parte de la ropa de la humanidad, parte de lo que nos ponemos todos los días. Más bien, yo lo que creo es que la gente después de esto va a aprender a valorar las cosas que se habían vuelto paisaje”.
La figura de los artistas se convierte en una ícono evocador de las emociones suscitadas por sus composiciones. Otro elemento clave de la experiencia en vivo. Foto: UPB.
El concierto de la esperanza
El pasado 1 de mayo, se transmitió por la televisión nacional un concierto llamado “Colombia cuida a Colombia”, con el fin de llevar un momento diferente a cada hogar, además de recaudar donaciones destinadas a las personas más necesitadas. Esta iniciativa ha logrado entregar alrededor de 10 mil toneladas de alimentos, beneficiando cerca de 1.3 millones de personas en condición de vulnerabilidad, en más de 150 municipios del país.
Entre los artistas que participaron en el evento estuvo Fonseca, quien interpretó una de sus más recientes producciones, la canción titulada “Lo que ayer era normal”, en la cual sus versos expresan algunas de las situaciones y emociones que muchos pueden estar sintiendo en esta época de crisis:
“Ahora es que entiendo lo que el tiempo vale,
Y vale más cuando tú lo compartes,
¿Cómo no nos dimos cuenta antes?
Cierra los ojos, para encontrarnos frente a frente,
Y que este abrazo, dure en el alma para siempre.
Nunca sentí, esta necesidad urgente
De que supieras, lo importante que es tenerte.
Esta lejanía, duele cada día…”
Porque para el artista bogotano, “Lo que ayer era normal, hoy es lo más grande de esta vida”.
“El arte es eso: lo que nos hace llorar, reír, recordar muchas cosas y nos aísla un poco de la realidad que estamos viviendo, que es muy dura, pero es una realidad en la que si nos quedamos de brazos cruzados, nos vamos a enloquecer”, puntualiza Henao.
“Soportaré los golpes y jamás me rendiré… Me volveré de hierro para endurecer la piel, Y, aunque los vientos de la vida soplen fuerte. Soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie”. Así versa la icónica canción “Resistiré”, relanzada en el mes de abril e interpretada en esta ocasión por artistas como David Bisbal, Álex Ubago, Rosana, Carlos Baute, Manuel Carrasco, Melendi, entre otros, como mensaje de resiliencia frente a las peripecias que hoy experimenta el mundo.
Además, por estos días, algunos artistas como Residente, sacan canciones que acompañan la coyuntura actual, tratando de acercarse a las personas por medio de la música. ‘Antes que el mundo se acabe’ envía un mensaje de amor y esperanza para hacer más llevadera la situación. “Ni la pandemia más fuerte que anda matando personas me separa de ti, por eso contigo la distancia social no funciona. Y si estás lejos no importa, porque la luz de la tarde nos une”.
Lo que queda claro es que hoy más que nunca, la gente se aferra a la música como herramienta para escapar de la monotonía y el encierro, para hallar en sus melodías sosiego a partir del mero hecho de sentir.
La vida en los centros de bienestar para adultos mayores durante el confinamiento por el nuevo coronavirus no ha sido precisamente agradable. A pesar de los esfuerzos de algunos cuidadores por sobrellevar la situación con alegría, algunos centros de este tipo luchan por sobrevivir en medio de la pandemia en medio de un mayor nivel de riesgos y diversas formas de olvido, que no distinguen condición social.
El inicio de una nueva forma de confinamiento “inteligente” incluye el anuncio de que los adultos mayores seguirán obligados a permanecer aislados. Cuidados especiales, explican algunos; un atropello al libre albedrío de los que precisamente son más expertos, opinan otros. El debate sobre la situación de estas personas durante la pandemia se avivó con las imágenes de un anciano vendedor callejero, detenido en las calles de Bogotá, en un procedimiento de fuerza desproporcionada, como lo sostuvieron la alcaldesa Claudia López y el comandante de la Policía Metropolitana. El cuidado de los adultos mayores ha sido un elemento clave de la emergencia sanitaria en varios países y en nuestro país está compuesto de facetas diferentes que muestran el impacto social de la llegada del virus.
Descuido mundial
<< Un hogar geriátrico en Quebec se convirtió en triste ejemplo de los riesgos de abandono de los adultos mayores en la pandemia. Foto: Radio Canada.
Cifras oficiales citadas por la BBC, indican que en España se cuentan por docenas las muertes en las residencias para adultos mayores, muchos de los cuales se encuentran en condiciones deplorables, como se pudo constatar en abril pasado durante inspecciones de la Unidad Militar de Emergencias (UME) cuando acudía a desinfectar uno de los asilos y encontró cadáveres de algunos ancianos abandonados en las camas del lugar, mientras los demás residentes se encontraban conviviendo con los cuerpos.
Los hogares geriátricos ya no dan abasto, de hecho, durante el mes de abril, uno de cada tres muertos a causa de coronavirus en España, vivía en un centro de este tipo. Por todo esto, las autoridades, aseguran que están haciendo todo lo posible para asistir estos lugares, no solo para desinfectarlos, sino también para brindarles implementos médicos.
En el ancianato Herron en Quebec, encontraron a 31 adultos mayores muertos en los primeros días de la emergencia por la Covid-19. Según el diario Montreal Gazette, los funcionarios de entidades sanitarias gubernamentales que participaron en el rescate encontraron pacientes que parecían no haber sido alimentados en varios días, pañales llenos de excremento y enfermos en el piso. De estos 31 casos, se confirmaron 5 muertes por coronavirus.
Un pequeño hogar para ancianos llamado Centro de Cuidados de la Vida, de Kirkland, en el Estado de Washington, se convirtió en un foco de propagación cuando el virus comenzaba a esparcirse por Estados Unidos: en las últimas semanas de febrero el establecimiento reportó mediante llamadas al 911 que estaba siendo golpeado por otra gripe.
Los equipos médicos fueron enviados como se hace de manera rutinaria, pero lo que no sabían, es que estaban ante casos de Covid-19 que ocasionaron que, en pocos días, docenas de personas en este pequeño suburbio de Seattle entraran en cuarentena, incluyendo estudiantes universitarios, policías y bomberos.
Italia es uno de los países en peor estado a causa de la Covid-19, los ancianatos tuvieron que cerrar sus puertas, enfermeros y asistentes médicos tuvieron que recluirse con sus pacientes para protegerlos a ellos, a sí mismos y a sus familias.
Zlatka Vargova-Carai, residente de Roma que internó a su tía en Cagliari Casa di Riposo, en la isla Cerdeña. Afirmó que “en las casas de reposo se come, duerme (tanto el personal que solo sale para abastecer el lugar, como los residentes) y se paga la mensualidad”, sin embargo, afirma que el gobierno “no ha cerrado las visitas familiares a tiempo, por lo que, lograron entrar muchos portadores del virus a estos establecimientos, causando la muerte de muchísimos ancianos de adentro”.
Vargova – Carai afirma también que, en el caso del ancianato de su tía y unos que otros asilos italianos, “han cerrado a tiempo las visitas familiares, además de que entre pacientes tampoco pueden visitarse, por lo que,algunos como su tía que se encuentra en privado, están muy bien porque tienen jardines y parques: están bien, pero sin visitas”.
Los refuerzos en Colombia
Colombia cuenta con diferentes iniciativas para la protección del adulto mayor. De acuerdo con el Fondo de Solidaridad Pensional (FSP), “El Programa de Protección Social al Adulto Mayor “Colombia Mayor”, busca aumentar la protección a los adultos mayores que se encuentran desamparados, que no cuentan con una pensión o viven en la indigencia o en la extrema pobreza; por medio de la entrega de un subsidio económico”. EL FSP, vinculado al Ministerio de Trabajo, cuenta con el principal objetivo de destinar subsidios a grupos de poblaciones sin acceso a los Sistemas de Seguridad Social por sus condiciones económicas.
No obstante, los hogares y centros de cuidado para la vejez no hacen parte del programa puesto que no pueden ser tratados como particulares y las personas que se encuentran internadas, se enfrentan con los retos de la soledad al no poder ver a sus familias y del abandono gubernamental al no ser tenidos en cuenta en medio de una pandemia que los pone en un riesgo mayor que al resto de la población.
Según el censo realizado por el DANE en 2018, en Colombia hay 48.258.494 personas aproximadamente, de las cuales 329.093 habitan en Lugares Especiales de Alojamiento (LEA) como cárceles, asilos, entre otros. 9.1% tienen 65 años o más, lo que genera una gran necesidad de protección a los LEA y al porcentaje de adultos mayores que habitan en estos hogares.
Antioquia y el reto de salud física y mental
Las comodidades de recintos como el Refugio Bernarda Uribe de Restrepo en Envigado son un complemento de la compañía que necesitan las personas mayores. Foto: Refugio Bernarda Uribe de Restrepo.
En la comodidad de un complejo para seniors o en la austeridad de un hogar auspiciados con dineros de los gobiernos locales, el aislamiento va haciendo mella. Las estrictas medidas que, al menos hasta fines de abril mantuvieron a raya el virus en estos lugares, también aumentan la soledad.
El Hogar Girasol en San Antonio de Prado, Antioquia, es uno de los de los 1.216 hogares para ancianos en Colombia que se vio obligado a tomar medidas preventivas debido a la llegada de la Covid-19 al país: la restricción de visitas y el refuerzo en la limpieza fueron unas de las primeras prevenciones que tomó el establecimiento con el comienzo del aislamiento preventivo decretado por el Gobierno.
A pesar de los esfuerzos, muchos ancianos, al ver que sus familias ya no los visitaban, se desesperaron, incluso algunos se tornaron violentos; tenían días en los que su estado de ánimo se vio afectado por el hecho de no poder ver a sus seres queridos, no entendían qué estaba sucediendo y fue por medio de las noticias que comprendieron que se trataba de un nuevo virus exportado y que la tasa de mortalidad en los adultos mayores era más alta, por lo que terminaron cediendo.
Gracias a las distracciones que les brindan las trabajadoras del asilo, los adultos del Hogar Girasol han logrado entretenerse para no generar estrés y depresión como consecuencia de la situación. Con el confinamiento se suspendieron muchas de las actividades que se realizaban con frecuencia, como las visitas domiciliarias de los médicos, actividades con los voluntarios y religiosas que ofrecían la comunión cada 8 días, con las enfermeras y auxiliares, se han visto obligadas a realizar turnos de 12 y 24 horas, cuando antes laboraban normalmente en turnos de 8 horas.
Sin embargo, económicamente el hogar ha tenido inconvenientes debido al incumplimiento de los pagos por parte de las personas encargadas de los ancianos y el aumento en el precio en algunos productos de comida, implementos de limpieza y medicamentos que son necesarios para el tipo de labor que desempeñan. “No obstante, la institución logra sostenerse pagando los gastos básicos a medida que ingresa dinero y tratando en lo posible de no acumular gastos de un mes para él otro”, aseguró Estella Montaño Acevedo, gerontóloga y directora del Hogar Girasol. Las principales causas de atraso en los pagos por parte de los familiares de los internos, se debe a que algunos de los acudientes toman el dinero de la pensión de los abuelos y lo utilizan para cubrir sus gastos personales, dejando en último lugar las necesidades del usuario que reside en la institución.
Mientras tanto, en el Refugio Bernarda Uribe Restrepo de Envigado, se vive una situación muy similar a la del Hogar Girasol, con la única diferencia de que los ancianos solo salen de sus habitaciones al restaurante para comer y dar un paseo al día por el establecimiento, todo esto con el distanciamiento adecuado para evitar contagio. Los únicos que tienen autorizado salir del asilo son los miembros del personal médico, que lo hacen para abastecerse tanto de comida, como de medicamentos. Los habitantes de este refugio se comunican con sus familiares mediante videollamadas desde dispositivos brindados por los trabajadores del lugar.
El Ancianato Nazareth en Sabaneta, el cual se hace cargo del cuidado de 57 abuelos, es uno de los muchos centros de bienestar en Antioquia que se vio obligado a suspender sus actividades y el ingreso de personas externas al hogar. La jefa de enfermería Girlesa Quintero, aseguró que “los adultos mayores que se encuentran en el establecimiento son conscientes de lo que estamos viviendo y lo han sabido llevar de muy buena manera”. Los 22 trabajadores que se encuentran laborando estuvieron internos el primer mes del confinamiento obligatorio; entre estos se encuentran practicantes, enfermeras, terapeutas físicos, nutricionistas, cocineras y personal de servicios generales. Para abastecerse, el establecimiento pide los alimentos a domicilio y los desinfectan en la portería, la medicina de los abuelos corresponde llevarla al centro la respectiva EPS de cada uno.
Los residentes de Senior’s Club San Lucas, en Medellín, se han visto obligados a permanecer encerrados en sus apartamentos desde que el establecimiento comenzó a tomar las medidas decretadas por el Gobierno Nacional en la semana del 15 de marzo. “La residencia nos mandó un comunicado en donde nos informaban que no podíamos salir y que muchas de las zonas comunes quedaban cerradas hasta nuevo aviso, además debemos mantener una distancia prudente y no podemos realizar visitas entre los que vivimos acá”, comenta Consuelo Peláez, habitante de este centro de bienestar, un complejo de apartamentos en los que se encuentran aislados sus habitantes desde el inicio del confinamiento.
El Club ha buscado la manera de seguir atendiendo y ayudando a sus adultos mayores, por lo que servicios básicos de restaurante y enfermería siguen laborando, incluso a algunos de sus trabajadores les fueron cedidos apartamentos para residir de manera temporal y evitar el riesgo de contagio. Consuelo, en la comodidad solitaria de su apartamento, busca distraerse de diversas maneras, como, por ejemplo, cocinar, escuchar música, tejer, limpiar y desempolvar, hablar con sus amigas y familiares por teléfono y con sus vecinas desde el balcón o la puerta de su hogar.
La Política Colombiana de Envejecimiento Humano y Vejez afirma que “las políticas públicas orientadas a garantizar un envejecimiento activo buscan promover condiciones que permitan a las personas tener una vida larga, satisfactoria y saludable”. Sin duda, la emergencia sanitaria ha puesto a prueba este propósito mientras la vida que hoy llevan los adultos mayores es un recordatorio de que la gestión de servicios de salud no es solamente evitar el contagio de la Covid-19.
Impactos locales de la crisis global. Una mirada desde dos puntos diversos de la geografía nacional que deja en evidencia los rasgos de cada región y los problemas del centralismo predominante en el país.
Las crisis por la pandemia han marcado con huella imborrable la vida de todas las personas a lo largo y ancho del globo. En medio de la aflicción y la alerta por lo que sigue siendo una amenaza incógnita sobre la salud integral, sino también sobre los hábitos y costumbres de una sociedad que ha visto de frente muchos de sus peores problemas en estas semanas, como ha sucedido en nuestro país con el hambre, la falta de servicios públicos y la escasez de hospitales e insumos médicos.
Colombia es uno de los países latinoamericanos menos afectados, a juzgar por las cifras de personas enfermas y fallecidas, respecto de lo que pasa con vecinos como Brasil o socios comerciales como México y Chile. Desde el 18 de marzo, el presidente Iván Duque anunció un conjunto de medidas que el Gobierno Nacional ha precisado, para contrarrestar el virus en medio de la declaratoria de Estado de Emergencia.
Algunas de las medidas consisten en la provisión de recursos para el sistema de salud para los requerimientos en materia hospitalaria; giros adicionales para más de 10 millones de colombianos beneficiarios de Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Colombia Mayor y otros que ahora necesitan ayuda al quedarse sin fuentes de ingresos; servicio gratuito de agua para un millón de familias que carecían de ello por falta de pago; devolución del IVA para la población más vulnerable del país y créditos mediante el Fondo Nacional de Garantías para el acceso financiero de las pequeñas y medianas empresas.
Aún cuando se anunció para el 31 de mayo el fin de la cuarentena obligatoria, todavía es incierto el comportamiento del virus; más en contextos en los que el riesgo se mezcla con otros problemas. Riohacha, Buenaventura, Montería, Valledupar, Sincelejo, Ciénaga, para mencionar solo ciudades capitales e intermedias son ejemplos de localidades donde la pandemia y las medidas de prevención llegó mientras persisten situaciones de hambre, falta de aguas limpias e instalaciones de salud adecuadas. Realidades que como la de Leticia, principal foco del virus por estos días debido a la debilidad de su sistema sanitario, contrastan con las de grandes capitales que incluso se proyectan como modelos o respaldo para otras regiones como Medellín o Bogotá.
Cisneros, con la “rienda cortica”
Por su historia con el ferrocarril, Cisneros es uno de los principales puntos de referencia del Nordeste antioqueño.
Foto: Juan Guillermo Arenas.
Este municipio ubicado al nordeste del departamento de Antioquia limita al norte con el municipio de Yolombó y al sur con Santo Domingo, con una superficie de 46 kilómetros y una altitud de 1050 metros sobre el nivel del mar.
El 3 de febrero de 1910, fue fundado por Francisco Javier Cisneros, el ingeniero cubano gestor del Ferrocarril de Antioquia, cuya obra dio paso al mercado de las industrias y comercios de Medellín, transformando el territorio habitado años atrás por indígenas Tahamíes, en una ruta para las actividades económicas.
Su categoría como municipio fue tomada en 1923 y desde entonces sus actividades financieras han crecido en sectores como el turismo, la agricultura de caña de azúcar y café, la ganadería de leche y carne, la minería de oro y plata y, por supuesto, el comercio que beneficia a sus 9.775 habitantes, según cifras del censo de 2018.
Ante la pandemia por coronavirus, el alcalde del municipio ha impuesto medidas de aislamiento para toda la población, apoyado en la vigilancia y gestión de la Policía Nacional. Los controles estrictos no impidieron que el virus se presentara. Álvaro Helvert Isaza Cadavid, conductor de la ambulancia del municipio, fue testigo de excepción en la llegada del virus en esta pequeña localidad del nordeste antioqueño.
Un paciente procedente de la vereda La Manuela del vecino municipio de Santo Domingo, fue trasladado en una de las ambulancias de la compañía minera Antioquia Gold, el pasado siete de abril al hospital E.S.E. San Antonio Cisneros; su ingreso se dio en las horas de la mañana con un registro de síntomas de dolor abdominal.
Al momento del ingreso se realizó la respectiva valoración por parte del equipo médico en servicio. Después de diversos análisis se llegó al diagnóstico de una hernia inguinal, razón por la cual debía ser trasladado a la ciudad de Medellín, donde se cuenta con mayor capacidad para un diagnóstico preciso y los procedimientos quirúrgicos adecuados para el caso que se había identificado al momento. El paciente en cuestión fue trasladado en las horas de la tarde y recibido en el hospital La María, con todas las precauciones necesarias.
Un día después de la operación de hernia, el paciente comenzó a presentar dificultad respiratoria y reveló que días antes había fiebre y gripe. Los médicos encargados procedieron a realizar una prueba de rayos x que mostró que los pulmones estaban congestionados. La prueba para COVID-19 que se realizó de inmediato dio positivo, lo que obligó a envíar la información al hospital remitente, a 86 kilómetros de camino.
Las cinco personas que tuvieron contacto con el paciente fueron puestas en cuarentena, la empresa VINUS (vías del Nus) se dio a la tarea de realizar la desinfección tanto del hospital como de las calles del municipio.
La noticia también tuvo efectos indeseados, como actos de acoso al personal médico, originados en el temor de la comunidad. Ane la situación, la gerente del hospital, Claudia Lucía Barrera, hizo un llamado al respeto, con el apoyo de medios locales de comunicación como Mi Cisneros. “Algunos establecimientos se negaron a atender al equipo médico. Esto me causó mucho dolor y por dicha razón me ofrecí públicamente con un amigo a gestionar las necesidades de compras de estas personas; al fin de cuentas, somos la prensa al servicio de la comunidad, tenemos la ventaja de estar libres las 24 horas para informar, con la característica de reciprocidad que apoya a todo el personal de comercio, autoridades y Alcaldía”, relató Juan Guillermo Arenas Marín, director del medio informativo.
Los rumores hablaban de confinamiento del hospital y azuzaban los ánimos a partir de algunas inconformidades que surgieron por las medidas de cuarentena. Los chismes hicieron más difícil el trabajo de las autoridades.
Juan Camilo Ortiz Pérez, coordinador médico del hospital de Cisneros explica:
“Cuando se tuvo la información de que el paciente atendido dio para positivo, de inmediato les informamos a todas las personas que tuvieron contacto con él por más de 15 minutos; en este caso fueron cinco funcionarios y la persona que lo acompañaba. Se les dice que deben estar en cuarentena, que vamos a realizar el seguimiento”. El equipo constató la información sobre el paciente para verificar si era el mismo diagnóstico de la persona que había dado positivo para el virus y evitar un error del momento.
“Durante los días de aislamiento preventivo obligatorio se hizo un seguimiento forzoso, yo fui el encargado de hacerlo vía telefónica y se les preguntó si tenían tos, fiebre, dificultad para respirar, fatiga o incluso síntomas menos comunes como diarrea; nadie presentó síntomas. Con esta información se diligenció una ficha que es tipo encuesta y se enviaba todos los días a la Dirección Departamental de Salud Pública, donde están los encargados de hacer los seguimientos de los casos”, reveló Ortiz.
En aquellos siete días se realizaron las pruebas de COVID-19, la espera fue corta y al cabo de tres días los resultados esperados dieron negativo. Sin embargo, el proceso de prueba no terminó ahí, puesto que la cuarentena debía durar 14 días , ya que muchas veces suelen salir “falsos negativos”. Ese fenómeno suele ocurrir cuando el paciente tiene una carga viral muy baja, por lo tanto, los 14 días son lo más recomendable para estudiar los síntomas del paciente y descartar de un vez los posibles microorganismos.
Un martes llegó el paciente al hospital en Medellín, el miércoles se efectuó la prueba y en cuatro días se conocieron los resultados positivos del virus. “No es muy común que un paciente manifieste el virus tan rápido; es posible, pero creemos que el paciente ya traía el virus con antelación y no contagió a nadie porque no presentó secreciones respiratorias”, señaló Juan Camilo Ortiz.
“Nosotros como colombianos somos muy olímpicos y creemos que el virus no puede llegar a nosotros, pero el virus ya no es algo que esté tan lejos. Ya he tenido la oportunidad de salir a varios sectores del municipio para atender pacientes y puedo notar como muchas personas no se cuidan de manera adecuada. Sin embargo, creo que el 90% de la población se cuida bien, pero no nos podemos relajar porque ese 10% nos puede contagiar”, añadió el coordinador médico de la localidad que reportó ya un nuevo caso, esta vez en un poblador local.
La cosa se puso seria en San Juan del Cesar
Las calles vacías son una novedad tardía en la localidad, que tomó de otra forma las restricciones tras el primer caso confirmado de Covid-19. Foto: Yusselys Daza.
Ubicado en el departamento de La Guajira, el municipio San Juan del Cesar se sitúa en el valle del río Cesar, entre la sierra nevada de Santa Marta y la serranía del Perijá.
El territorio, a 56 kilómetros de distancia de Valledupar, capital del vecino departamento del Cesar, y a 87 de su propia capital departamental, Riohacha, está conformado por 35 barrios, 10 corregimientos y 24 veredas, en una superficie de 1.415 kilómetros cuadrados y una altitud de 250 metros sobre el nivel del mar.
Alguna vez la zona fue habitada por los indígenas Tupes, Coyaimas, Conopans y Marocazos, no fue reconocida como San Juan del Cesar hasta 1701, a la llegada del sargento español Félix Arias. Históricamente, la región formó entre los españoles y criollos un nuevo sistema cultural, social y económico, basado en la agricultura y ganadería que actualmente sigue destacándose en las actividades de sus pobladores.
Además, cuenta con un desarrollo industrial para productos lácteos; la creación de artesanías como mochilas, alpargatas, güaireñas y la actividad comercial, con más de 285 establecimientos y 536 empleos directos con establecimientos de calzado, muebles, electrodomésticos, medicamentos, materiales de construcción, insumos de ganadería y agricultura, etc.
Las medidas para el cuidado ante el coronavirus han dejado sin movimiento económico al territorio y ha reducido el sustento de la población que habita allí. Los casos reportados en zonas vecinas y los rumores sobre episodios locales contrastan con el incumplimiento que ocasionalmente se nota entre algunos pobladores. Entre el temor y la resistencia a la norma han vivido los 38.751 habitantes esta cuarentena.
“La Guajira no está preparada para los efectos graves de esta pandemia, las instituciones de salud no cuentan con lo necesario para poder afrontar las complicaciones de estas infecciones”, expresó el Doctor Moisés Daza Mendoza, Ginecólogo y propietario de la clínica Someda (Sociedad Médica Humanizada), en San Juan del Cesar.
Son varios los médicos de la localidad que tratan de llamar la atención de los habitantes, para que sean conscientes del cuidado que se debe tener mediante las precauciones e indicaciones que informa el Gobierno. A pesar de esto, muchos salen a la calle porque necesitan conseguir el diario y otros, no pocos, porque aún no toman con seriedad la situación.
El pasado 27 de abril ingresó al Hospital San Rafael una bebé indígena de la etnia Wiwa, de ocho meses de nacida, con un cuadro respiratorio agudo, por lo que, a raíz de su diagnóstico, el caso fue atendido como sospechoso de coronavirus y se le realizó la prueba de Covid – 19 para confirmar o descartar el contagio, teniendo en cuenta los lineamientos del Ministerio de Salud.
La niña estuvo hospitalizada en la UCI alrededor de cinco horas, donde falleció. Se realizaron todas las indicaciones para sepultar su cuerpo, manteniendo los protocolos de bioseguridad. No obstante la comunidad cercana al cementerio no permitió el sepelio y otros habitantes comenzaron a exigir que cerraran las entradas del pueblo, protestando además por la falta de agua potable, pues aunque la cobertura es del 82,09%, el líquido llega cada 4 días, situación que se suma al hecho de que, según el DANE, el 56,2% vive del sustento diario.
El primer caso positivo que pudo confirmarse fue el 23 de abril, cuando ingresó al Hospital San Rafael una señora de 81 años, con artritis degenerativa y secuelas de Enfermedad Cerebrovascular, que se agravaron por síntomas de problemas respiratorios de dos semanas de evolución. Las pruebas para SARS COVID – 19 confirmaron la sospecha previo al fallecimiento de la paciente.
El 29 de abril, el gobernador de la Guajira Nemesio Roys Garzón, anunció en su cuenta de Twitter la segunda muerte por coronavirus en el departamento: “Lamentamos el fallecimiento de la persona de 81 años con Covid -19 reportada el 28 de abril. El deceso ocurrió en una clínica de Valledupar, a la cual fue remitida en días pasados. Extiendo mi solidaridad con sus familiares en este difícil momento”.
Sin rumores de por medio, la noticia hizo que los sanjuaneros asumierna con más seriedad la situación. La Policía Nacional se desplegó con patrullajes por todo el pueblo para que se cumplieran los decretos y se adelantaron labores de desinfección y fumigación en todas las áreas del municipio, que hoy sigue confinado con sus problemas pendientes.
Así como los sanjuaneros y los cisnereños, el país entero también está en el reto de sobrellevar la situación con los recursos disponibles. La decisión de una apertura constituye una solución, pero también un riesgo, especialmente en las poblaciones más vulnerables.
Hace pocas semanas, parecía inimaginable pensar que un virus originado en un país aparentemente lejano como China, nos cambiaría la vida de una manera tan abrupta. Una enfermedad inicialmente considerada por muchos como una “gripita”, ha puesto a nuestra salud en jaque.
Escribo desde Medellín, a unos 15.776 kilómetros de Wuhan, una ciudad desconocida para nosotros hasta hace tres meses, cuando empezó a nombrarse en los noticieros de todo el planeta. Pues fue allí, y se dice con más certeza que en un mercado de animales silvestres, donde surgió el Covid-19, la enfermedad que se convirtió en pandemia y hoy nos tiene a casi todos confinados en nuestras casas durante 24 días al momento de escribir. Digo casi todos, porque los trabajadores de la salud, por ejemplo, continúan laborando incansablemente para protegernos, arriesgando su vida y la salud de sus familias.
No es la institución en que trabaja el protagonista de esta historia, pero también la Clínica Universitaria Bolivariana experimenta los retos que impone la pandemia y su equipo humano ha reaccionado con la solidaridad gremial que expresa en este mensaje. Video: Youtube UPB.
Los temores
“Yo creo que es distinto lo que se siente, cuando la gente que uno ama tiene que salir a exponerse a este virus. Cuando alguien se dedica a la profesión que ama, en una situación como estas, es imposible que el miedo no lo tome por sorpresa”, dice mi madre con los ojos encharcados al referirse a mi papá, médico de 57 años del que se enamoró hace 25. Desde entonces, nunca se han separado.
“Le echo la bendición siempre que sale para el trabajo, le digo que se encomiende a Dios, pero siento que así él no lo demuestre, se va temeroso”, dice mamá.
No es nada fácil atender pacientes en medio de una crisis sanitaria sin precedentes, en la cual el nefasto coronavirus ha infectado a más de 2,2 millones de personas en el mundo y le ha quitado la vida a unas 150 mil. Leyendo la prensa, me doy cuenta de que en nuestro país, al momento en que esto escribo, ya son 3.233 los casos, 308 de ellos en Antioquia y 179 de esos aquí en Medellín. Mi padre es consciente de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra y ha sido franco en reconocer la posibilidad de morir, la cual, aunque no es muy alta (pues sólo el 3,5% de casos de Covid-19 son fatales), no por ello deja de asustarme.
“Todos los días me voy a enfrentar contra la muerte. ¿Será que por la alta carga de exposición al virus me voy a infectar, me va a dar de una forma grave y me voy a morir? Todas esas inquietudes están en los médicos”, reflexiona mi papá.
A pesar del clima de incertidumbre en el que vivimos, mi padre no ha perdido su exquisito sentido del humor. “Vámonos a vivir al Chocó”, decía jocosamente cuando aún no se habían reportado casos de coronavirus en ese departamento.
Mi progenitor es un apasionado por su profesión. Las pocas canas que resaltan en su castaña cabellera son reflejo de los 33 años de experiencia como galeno, 27 de esos como anestesiólogo. “Si volviera a nacer, volvería a ser médico”, me dice sin titubear. Estudió Medicina con mucho esfuerzo, a punta de préstamos y cuando le preguntan por su alma máter, manifiesta con orgullo: “soy bolivariano”.
De lunes a viernes, a las 6 de la mañana, mi padre parte desde nuestro apartamento hacia su lugar de trabajo, una prestigiosa institución prestadora de salud, donde labora desde hace unos 25 años. Se trata de una entidad de cuarto nivel de atención, que asiste pacientes con cuadros de muy alta complejidad.
“Aunque tenga la fortuna de trabajar en una institución con procedimientos tan seguros, enmarcados dentro de las normas de higiene y seguridad, eso no te libera del miedo que como ser humano puedas sentir”, dice mamá.
“Pa, ¿cómo está el ambiente en el hospital?”.
“Pesado. Todo el mundo a la expectativa; cursos por todas partes de cómo cuidarse, de cómo ponerse los elementos de bioseguridad,.. Video va, video viene… Como quien dice: ‘no se vaya a infectar, güevón, cuidado’. Eso estresa, y se espera que en las próximas semanas se llene el hospital con pacientes de Covid-19.”
“Seguro que ya debe haber pacientes contagiados allá, ¿te han dicho cuántos?”, le pregunto con curiosidad a mi padre.
“Esa información es reservada, Fede. Las historias clínicas son confidenciales y sólo puede acceder a ellas el médico tratante. Pero amigos intensivistas me han dicho que hay 5 pacientes en la nueva UCI que abrieron exclusivamente para los pacientes de coronavirus. Sé que hay varios en urgencias esperando resultados…”
Por estos días el hospital está en un 50 por ciento de ocupación, sólo se están atendiendo procedimientos urgentes y las cirugías electivas están canceladas. “Por precaución, el hospital no permite el ingreso de visitantes ni de acompañantes en áreas con pacientes portadores de Covid-19. Ya nos dijeron a los anestesiólogos que, si el hospital se llena con pacientes de coronavirus, los tenemos que asistir.”
“¿Tenés miedo?”
“Claro… Miedo a contraer una forma grave de la enfermedad, es decir, aquella que necesita soporte ventilatorio. Aproximadamente el 5% de pacientes de Covid-19 son conectados a ventilador, y el 90% de ese 5% fallecen, porque tienen los pulmones vueltos mierda. Afortunadamente al 80% de los infectados por coronavirus les da de una forma leve y al 15% restante, de una forma moderada. También tememos que se acaben los equipos de bioseguridad, de ver reducidos nuestros ingresos y algunos, de quedar sin trabajo, como por ejemplo aquellos que laboran en centros estéticos y su contrato es por prestación de servicios”.
Los pacientes que requieren soporte ventilatorio son quienes requieren de cuidados intensivos. El problema es que en Antioquia actualmente hay apenas 510 camas de UCI, las cuales en su mayoría están ocupadas por pacientes que padecen otras patologías como infartos, politraumatismos o aneurismas, por ejemplo. El riesgo es que, si se llega a desbordar la crisis, no habría espacios suficientes para atenderlos, y el número de fallecidos sería inmenso. Según cifras del Ministerio de Salud, de las 5.300 camas de UCI que hay en nuestro país, apenas 2.650 están disponibles para asistir a pacientes con Covid-19.
La realidad
Al comienzo de la crisis, el hospital donde labora mi padre contaba con 40 camas de Unidades de Cuidado Intensivo, pero gracias a donaciones del empresariado antioqueño, se lograron incorporar desde el primero de abril 30 nuevas camas nuevas de UCI para tratar a los infectados con Covid-19.
Sin embargo, hay una cosa clara: la tecnología es una extensión de la inteligencia humana. “Un error que he visto en los medios, Fede, es que piensan que un ventilador es igual a una UCI. Ojalá fuera así. Una UCI es una infraestructura de médicos, de equipos interdisciplinarios que soportan un paciente críticamente enfermo. No es únicamente un ventilador. Si eso fuera así, cualquiera alquilaba dos casas allí en la esquina y montaba una UCI. Cuando dicen que van a poner una UCI gigante en Plaza Mayor, me río, eso no es posible. ¿Dónde están los resonadores, los tomógrafos, los endoscopios, el laboratorio, el banco de sangre? Esos equipos sólo están en los hospitales. El ventilador es un elemento fundamental, pero no lo es todo”.
“¿Pa, y qué es lo que hace un anestesiólogo?”, pregunto desde mi ignorancia.
“Dormir a los pacientes y conectarlos a un ventilador. Somos la segunda línea después de los intensivistas para el manejo de los ventiladores. El anestesiólogo es como decir el intensivista del quirófano. Es el que le suministra la anestesia al paciente, es el responsable de monitorear los signos vitales durante la cirugía y además es el que maneja la vía aérea del paciente, el que lo intuba y lo extuba”.
Al notar mi interés, mi padre continúa la explicación, haciendo el máximo esfuerzo por utilizar términos sencillos: “Para colocar el paciente en un ventilador, primero tienes que sedarlo, relajarlo… Luego tienes que colocarle un tubo, que va de la boca a la tráquea, con un aparatico que se llama laringoscopio. Y ese tubo es la interfaz que hay entre el ser humano y el ventilador. Colocar ese tubo no es tan fácil. Más de la mitad de los médicos en todo el mundo no saben intubar. Y esa es la diferencia entre la vida y la muerte. Para nosotros es fácil porque lo hacemos día a día, pero para un médico que no esté muy familiarizado, es un gallo”, agrega. “En ese lapso entre dormir al paciente e intubarlo, se puede vomitar. Porque como está relajado, no traga ni toce, entonces hay que hacer una serie de maniobras y tener ciertos equipos; aspiradores, por ejemplo. El manejo de la vía aérea es un capítulo inmenso de la medicina”.
Intubar pacientes infectados con el Sars-CoV-2, es un procedimiento supremamente riesgoso para los anestesiólogos, pues cuando el paciente está en ventilación mecánica, bota ciertos aerosoles, es decir, micropartículas que viajan en el aire, las cuales tienen una alta carga viral y pueden ingresar fácilmente a la vía aérea del médico que está asistiendo al enfermo. “Una cosa es verlo en televisión, y otra muy distinta es cuando uno se pone el traje de bioseguridad y le dicen: ‘aquí está el paciente, intúbelo’, sabiendo que ese bicho puede entrar a su vía respiratoria. Hay médicos y enfermeras que lloran del susto”.
“Cada vez que tenemos contacto con un paciente infectado, nos tenemos que poner una bata anti-fluidos y anti-aerosoles por encima de la pijama quirúrgica, tapabocas N-95, gafas, gorro y visera, que es una especie de acetato para cubrir la cara. Y aún así, no estamos cien por ciento protegidos contra el virus”.
Cuando se utilizan los quirófanos del hospital para intervenir a pacientes contaminados con el virus, hay que esperar una hora para limpiar el recinto y luego otra hora más para volver a utilizarlo. “En ambientes cerrados y saturados como el hospital, el virus puede permanecer hasta dos horas”.
Mi padre termina su jornada a las siete de la noche. Anteriormente se demoraba hora y media en llegar a casa, debido a los interminables tacos de nuestra ciudad. En tiempos de cuarentena, el trayecto que emprende desde el hospital hasta nuestro apartamento, le toma poco más de quince minutos. Mi reloj marca las siete y veinte cuando escucho el timbre. Abro la puerta y me invade una sensación de alivio al ver la silueta de mi papá.
“¡Qué hubo mi Fede!”, me saluda efusivamente, mientras se quita los zapatos, se los entrega a mi madre junto con su mochila, para que ella proceda a atomizarlos con hipoclorito de sodio. Luego, entra directo al baño a ducharse, y aunque la ropa que trae puesta no es la que usa al interior del quirófano, de igual forma, se procede a lavarla de inmediato. Después de ese protocolo que realizamos a diario con el fin de protegernos, ahora sí nos podemos saludar y compartir las anécdotas del día.
“… Es triste ver como discriminan al personal médico y paramédico por temor a contagiarse, sin tener en cuenta que ellos son los que están salvando la vida de tantas personas y que tienen que tener un protocolo de protección individual para no ser portadores del virus y por ende, no transmitírselo a nadie”, manifiesta mi madre con indignación.
Dualidad
Los aplausos, silbidos, el sonido de las vuvuzelas, pitos y los versos de canciones icónicas como Color Esperanza y Esta vida, indican que ya son las ocho de la noche. Inmediatamente, mis padres, mi hermano y yo, nos sumamos a la ovación. Desde el sábado 21 de marzo, diariamente se rinde un corto pero sentido homenaje a los trabajadores de la salud, nuestros héroes.
Lastimosamente, todo esto contrasta con las actitudes discriminatorias de algunas personas hacia el personal de la salud en el transporte público y en los supermercados. “En un pueblo donde hay tanta gente ignorante, es triste ver como discriminan al personal médico y paramédico por temor a contagiarse, sin tener en cuenta que ellos son los que están salvando la vida de tantas personas y que tienen que tener un protocolo de protección individual para no ser portadores del virus y por ende, no transmitírselo a nadie”, manifiesta mi madre con indignación.
Pasadas las diez de la noche, antes de dormir, me acercó a la habitación de mis papás y les doy un beso en la mejilla, deseando poder hacer lo mismo el día siguiente.