· Las actividades culturales diseñadas en formatos cortos atrajeron al público a la virtualidad.
· Para los centros culturales, formar alianzas fue fundamental para seguir a flote.
Por: Miguel Arango Rúa / miguel.arangor@upb.edu.co
De entre todos los sectores económicos que se vieron paralizados debido a la pandemia, el cultural fue uno de los más afectados. En 2020, la Industria de producción de eventos y espectáculos, calculó que en Colombia la coyuntura sanitaria le provocaría pérdidas al sector de la llamada economía naranja por más de 253 billones de pesos (haga clic aquí para ver más cifras). Actores, productores, gestores culturales, cantantes y productores de eventos, entre otros, se vieron muy afectados a pesar de que la cuarentena elevó la demanda por los servicios de entretenimiento en casa.
El gremio le ha solicitado ayudas al gobierno y se ha visto obligado a trasladar sus propuestas artísticas a la virtualidad. A pesar de que este panorama pudiera parecer desolador, el sector cultural en Medellín ha hecho gala de su creatividad, explorando propuestas exitosas para introducirse en las casas y corazones de la capital antioqueña. Aquí le explicamos algunos de los proyectos que más frutos han cosechado.
Almas al desnudo es una creación artística hechas durante el confinamiento de 2020. Fue ganadora de los estímulos a la creación del Centro de Desarrollo Cultural de Moravia. Puede verse AQUÍ. Foto: captura de pantalla Youtube Centro de Desarrollo Cultural de Moravia.
Iniciativas públicas siguieron floreciendo en la pantalla
El Centro Cultural de Moravia, corazón artístico de la Comuna 4, se repensó en la virtualidad como un canal de televisión, transmitiendo sus contenidos en franjas a través de Instagram y Facebook, como lo explicó María Juliana Yepes, una de las gestoras del lugar. Programas como Palo de lluvia, Palabras interesantes, además de obras teatrales y conversatorios sobre diversos temas, se pudieron vivir desde la comodidad del hogar. También, las alianzas con otras instituciones y los grupos de WhatsApp formaron parte de la estrategia para la generación y difusión del contenido.
En total, unas 500 actividades fueron realizadas en 2020 por el Centro Cultural de Moravia, de acuerdo con Yepes. Entre estas, se destaca la colaboración con institución con el University College of London, con el que se realizó un encuentro virtual sobre transformación urbana, donde participaron expertos de 13 países y cuyo resultado fue el Atlas de Patrimonio Vivo, un catálogo de estrategias para apoyar el cambio cultural. Adicionalmente, se realizó una alianza con la Cinemateca Municipal de Medellín para la transmisión de películas.
Ayudar a cerrar la brecha digital también fue uno de los retos que asumió el Centro Cultural durante la pandemia. Viendo que varias personas de la Comuna 4 tenían dificultades en el acceso a internet, se creó un grupo en WhatsApp, aprovechando que esta es uno de las plataformas más utilizadas por el público. Sin embargo, la gestora María Juliana Yepes destacó que no sirvió solo para la difusión, pues también hubo espacios de interacción en el chat, donde los participantes podían, por ejemplo, enviar fotografías de sus proyectos. En ese propósito de aumentar la cobertura también fueron esenciales los enlaces comunitarios, personas líderes en la población que se encargaban de replicar la información por todo el territorio. El equipo promotor de la estrategia recalcó el reto de no saturar al público y diseñar los contenidos de acuerdo con las necesidades específicas de cada lugar.
Otra parte importante del traslado de la agenda cultural de Medellín a la virtualidad fue incentivar a la gente a crear, cosa que se hizo mediante el programa de Estímulos al Arte y la Cultura. Aquí, la institución invitó a pensar la pandemia con proyectos musicales, de danza, literarios, audiovisuales y teatrales que contaran cómo se vivió el distanciamiento social.
Las estrategias de la Secretaría de Cultura de Medellín también estuvieron muy alineadas con las convocatorias para otorgar estímulos, para los que se destinaron cerca de 13.343 millones de pesos en 2020, según cifras oficiales. Gracias a esa inversión, se pusieron en marcha 891 proyectos creativos en toda la ciudad. Pese a que estos concursos ya se venían haciendo desde años anteriores, durante el aislamiento tomaron más relevancia por el incentivo monetario que ofrecen.
A pesar de las inversiones desde el sector oficial, el secretario de cultura, Álvaro Narváez, destacó que “no es solamente responsabilidad del Estado sacar adelante la cultura, sino también de la ciudadanía. Una ciudad sensible es una ciudad más culta”. Y es que para reactivar la industria creativa, la Alcaldía decidió apostarle a una nueva carta: el presupuesto participativo, donde los medellinenses deciden en conjunto con las autoridades cómo asignar parte de los recursos públicos destinados a sus comunas. Históricamente, la capital antioqueña le ha dado más peso a los rubros de educación y deportes, pero en este 2021 la ciudadanía votó para otorgarle 16.000 millones de pesos a proyectos creativos, todo un récord, según el propio Narváez.
Adicionalmente, la Secretaría de Cultura actualmente busca fomentar la formación artística por medio de procesos para acompañar el aprendizaje de músicos. También la Alcaldía busca apoyar la conectividad, abriendo centros especiales donde artistas que no tengan un computador o dispositivo para grabar, puedan acercarse para realizar sus contenidos audiovisuales y en línea.
Entrevista de Valentina Muñoz a Alberto Sierra, director del grupo de Teatro Azul Crisálida.
Organizaciones privadas hacen todo y más
Sin importar si un centro cultural fuese público o privado, todos tuvieron que encontrar una forma de adaptarse a la virtualidad, algunos con mayor facilidad que otros. El Café Rojo, espacio cultural del centro de Medellín, demostró que es posible encontrar nuevas maneras de llegarle a los espectadores a pesar de las dificultades.
Adriana Hernández, su directora, puso sobre la mesa una apuesta interesante: las píldoras culturales. A través de Instagram, el centro transmite Íntimamente, un programa de tres minutos y medio donde se canta, se declama un poema o se lee un fragmento literario. Aquí se aplica el dicho, “lo breve, si bueno, dos veces bueno”, pues la idea detrás de esta estrategia, al igual que un buen amante, es dejar al espectador con ganas de más.
La financiación, sin embargo, sigue siendo un tema preocupante para los privados. A diferencia de las entidades públicas, que se sostienen gracias a la inversión estatal, centros como el Café Rojo tienen que valerse por sus propios medios. La directora Hernández contó que, a comienzos del aislamiento, la Alcaldía llamó a su fundación para hacer una encuesta y ofrecer apoyo, pero este último no se materializó.
Para solventar el problema económico, Hernández resaltó lo importante que es formar alianzas y buscar patrocinios. Las convocatorias de la Secretaría de Cultura son una buena alternativa, pero desde el Café Rojo se está ideando un proyecto de poetizas y declamadoras colombianas que espera obtener el padrinazgo de la Secretaría de la Mujer de Medellín.
Estos convenios con la administración municipal también le han sido de gran ayuda al Teatro La Hora 25, quienes durante el aislamiento aplicaron a las convocatorias de la Alcaldía. Para continuar llevando la cultura a las Comunas 12 y 13, esta institución se unió a la Red de Creación Escénica. Gustavo Estrada, miembro del equipo directivo, contó que implementaron una metodología basada en laboratorios de creación en casa. Con ella, animaron a los estudiantes a que exploraran su hogar como nueva forma de hacer teatro.
La cuarentena brindó la oportunidad perfecta para repensar lo cotidiano. Además, la participación en eventos de ciudad como el FestivalHito virtual de 2020 le permitió al Teatro La Hora 25 tener una puesta en común con otros centros culturales de la ciudad. La circulación de experiencias fue fundamental para la dinamización del arte en pandemia.
El grupo de teatro Azul Crisálida retomando ensayos en la Universidad Pontificia Bolivariana con todas las medidas de bioseguridad. Foto: cortesía de Azul Crisálida.
Los aprendizajes comunes
Escuche aquí las experiencias de Música Corriente, La Pascasia
y el centro cultural del Banco de la República en Medellín:
En definitiva, la cuarentena en Medellín, más que una crisis, fue un periodo de enseñanza para los centros culturales de la capital antioqueña. Sin importar si son públicas o privadas, las entidades aprendieron que los contenidos virtuales, la nuevas formas de narrar en diversas plataformas, entre otras posibilidades para explorar, son importantes para captar la atención de los espectadores, además de una buena producción que ayude a garantizar la calidad.
En una exploración no hay un solo camino al éxito. En el corazón de las iniciativas aquí reseñadas y cientos más que hacen parte de esa búsqueda, están el amor por el arte y deseo de transformar la vida de las personas. Esa búsqueda sin tregua será objeto de discusión pública en el concejo de la ciudad en los próximos días, mientras gestores culturales, artistas y el públicos desde sus casas, esperan que se respalde con más decisión la tarea del artes de transformar vidas, más allá de la llegada del ya no tan nuevo coronavirus.
El mundo despertó este 2020 junto con un nuevo enemigo que iguala a la familia humana en una misma lucha: prevenir el contagio por el SARS-CoV-2 al costo de evitar la vida social y el ritmo frenético al que la sociedad estaba acostumbrada. El reto desde entonces ha sido salvaguardar la vida no solo de las personas, sino también de los estados. Esto ha llevado a que en los últimos meses los gobiernos hayan centrado su atención y esfuerzos en el sector económico puesto que, según el Fondo Monetario Internacional, el crecimiento económico a escala global para este año se estima en un – 4,9 %.
Dentro de este panorama, el sector informal de la economía se constituye como uno de los más afectados. Para la Organización Internacional del Trabajo se estima que de los 2000 millones de trabajadores informales que hay en el mundo, cerca de 1600 millones están siendo afectados por las medidas de aseguramiento implementadas por varios de los estados. «“Morir de hambre o por el virus” es el dilema que enfrentan muchos trabajadores de la economía informal», asevera la OIT en su informe sobre la crisis por la COVID-19 y la economía informal.
De acuerdo a cifras del DANE de la Gran Encuesta Integrada de Hogares GEIH (febrero 2020), en Medellín la tasa de desempleo es de 40.8 %. Dentro de aquel porcentaje se encuentran Egidio Peña y Luz Mila Ossa que con su emprendimiento han construido 42 años de tradición zapatera y seguidamente Clara Montoya, que junto a su familia ha levantado un negocio de comidas rápidas en el barrio Manrique, el cual ha perdurado como uno de los más exitosos del sector. Sus historias le ponen rostro al reto que ha representado la coyuntura para los trabajadores informales, el vaivén y los esfuerzos por sobrevivir a la pandemia.
Máquinas bajo sábanas
Un buen tiempo se silenciaron estas máquinas en el taller de Creaciones Elizabeth. Foto: Camilo Pérez.
“El arte más olvidado y despreciado”, así denomina Peña a la actividad que por más de 40 años le ha dado de comer a su esposa y a sus hijos. En tiempos de confinamiento: suelas, plantillas, empeines y demás fragmentos del zapato parecen estar desapercibidos en el corto pero fructuoso taller situado en la comuna 9 (Buenos Aires), al oriente de la ciudad. Los dos se encuentran lijando en el taller una silla de madera destinada para su hija Elizeth, no es la primera vez en los últimos meses que se ven obligados a ocuparse de otro tipo de oficios diferentes al de estar pegando, cosiendo y ensamblando calzado.
Ellos hacen parte de los 1600 millones de trabajadores que hoy en el mundo están obligados a producir o vender menos a lo que estaban habituados. Corría el año de 1985 y Creaciones Elizeth, —como llamaron su microempresa— producía la suma de 500 pares de zapatos elaborados a su totalidad y paso a paso cada semana, en ese entonces la microempresa fue altamente reconocida por la gran calidad de zapatos que fabricaba la pareja junto a sus 25 trabajadores, llegando así a ganarse Ossa el reconocimiento a la mejor microempresaria de Antioquia.
La suerte que hoy corre Peña y Ossa en cuanto a la manufactura del calzado no es la mejor, las cerca de seis máquinas con las cuales fabricaban el zapato completo, hoy permanecen bajo sábanas, “Aquí no apoyan al pequeño, nunca lo apoyan, lo tratan de asfixiar y ahogar”, son algunas de las frases en las que enfatiza Peña al estar lijando la silla de su hija con mirada concentrada y cavilando qué le deparará el futuro de su negocio en plena coyuntura pandémica.
A lo largo de la pandemia de 20 a 50 pares semanales de tan solo la parte superior del calzado es lo que logran producir, de este rendimiento gran cantidad va a parar a vendedores de locales comerciales del centro de la ciudad, —uno de los sectores últimamente más afectados por cierres y contagios—. Tanto para Peña como Ossa las esperanzas de una reapertura fija del comercio están intactas para poder así tratar de alcanzar aquellos números de zapatos que producían antes de todo el desbarajuste.
Con el miedo en un lado y la necesidad en el otro
“Como si estuviera por allá encerrado”, así describió Clara Montoya la calidad de la llamada telefónica cuando se disponía a contar la historia de su negocio, casi haciendo una metáfora de la situación actual. Desde hace 15 años, doña Clara junto con otros socios, entre ellos su hija, trabaja en su negocio de comidas rápidas ubicado en el barrio Manrique Oriental. Con sus empanadas, papas y pasteles se han hecho reconocidos entre la comunidad que, asegura Montoya, gusta mucho de su producto.
<< Con menores volúmenes de ventas, este nogocio en Manrique se ha mantenido en pie.
Foto: Alejandro Zapata.
“Hay que volear mucho, pero da para que le quede a uno algo… Eso antes de la pandemia”, expresa Clara refiriéndose a un tiempo de abundancia del que ya se dista mucho, puesto que durante el confinamiento muchas han sido las consecuencias. Los clientes tradicionales del negocio tienen miedo de salir a comprar y no cuentan con los mismos recursos de antes para hacerlo, puesto que el desempleo ha aumentado y “la gente va a preferir comprar un paquete de arepas que un pastel”, dice Juan Pablo, el hijo de Clara.
El negocio ha podido seguir funcionando gracias a un permiso expedido en la acción comunal del barrio. Montoya y su familia intentan mantener las medidas de seguridad como el lavado de manos; el uso del antibacterial, guantes, tapabocas y distanciamiento social, asimismo usan cintas señalizadoras para separar a la gente. Sin embargo, el trato con las personas se ha vuelto más complicado, puesto que en el intento de cumplir con las medidas de seguridad y a la vez brindar un buen servicio, las personas se molestan por lo que ven como trabas para comprar el producto.
A las dificultades se le suman las constantes intervenciones de la policía para establecer controles en las actividades del negocio a pesar del permiso con el que cuentan. Son frecuentes los llamados de atención por el funcionamiento durante el confinamiento y la aglomeración, y constante la amenaza de un comparendo. Continuar trabajando representa un riesgo y un miedo constante que esta madre de dos hijos describe como una confusión horrible, pero que aún así está dispuesta a tomar porque “usted sabe que uno tiene que reinventarse”, dice ella.
Para Clara Montoya las medidas que ha tomado el Gobierno no responden a las necesidades de negocios como el suyo. Ella y su hijo concuerdan en que la apertura parcial de la economía emprendida desde la Administración Nacional han estado encaminadas a otro tipo de comercio, pero no a ayudar a las personas que no tienen un trabajo estable, quienes como ellos deben continuar laborando atenidos a las diferentes consecuencias de desacatar la ley.
El negocio conocido como Empanadas de Trasmayo ha tenido que despedir a los tres trabajadores con los que contaba antes de la coyuntura por la COVID-19. “Ahora solo trabajamos nosotros (ella y sus hijos) para lo poquito que se hace, a veces no se vende todo”, asegura Montoya. A pesar de todo, Clara es consciente del enemigo al que se está enfrentando: sabe que el riesgo de contagio es real y que la clausuración de la economía responde a un intento por salvaguardar el bienestar general.
Clara Montoya reconoce que recuperarse de los efectos de la pandemia será un proceso difícil, sin embargo, invocando la gloria de su Dios, expresa la vibrante esperanza de que una vez se reabra la economía puedan empezar a reconstruir lo que perdieron. Ella y su hijo saben que “eso no va a ser para mañana ni para pasado mañana”, pero está expectante de que para el bien de todo el mundo la situación empiece a ofrecer un mejor semblante.
Los Peña y los Montoya reflejan el drama de un sector económico golpeado por una situación que socava las bases del trabajo informal. El sentimiento es compartido: la añoranza de épocas no muy lejanas donde sus negocios daban los frutos del trabajo de muchos años, la sensación del abandono estatal en medio de la zozobra y la expectativa de un mejor porvenir. Son estos los pensamientos que abundan en el quehacer de muchos de los trabajadores informales que en medio de la pandemia articulan diferentes estrategias para sobrevivir a una lucha entre el temor y la carencia.
Hay luchas que no se ven mediante ojos ajenos, que son silenciosas y hasta quitan el aliento. Caminos que terminan abruptamente cuando el cuerpo es joven pero el motor se apaga, por una historia rota, un sueño lejano o una guerra sin fin. Hay pesadillas de las que aún es posible despertar si el guía del camino es el adecuado, pero sobre todo si en una pequeña parte de la noche, aún se anhela un rayo de sol.
Por: Sara Escudero y Tatiana González
Siempre se ha dicho que las personas vienen y van, que el ciclo de la vida consiste en nacer, desarrollarse y fallecer, pero ¿qué sucede con aquellas personas que lo alteran y, simplemente, un día deciden desaparecer? ¿Aquellos que les falta el sueño, aquellos que albergan miedo en su mente y corazón, aquellos que disimulan la ansiedad y la depresión, aquellos que, abrumados por las dificultades, deciden quitarse la vida?
El suicidio es un fenómeno global que afecta cerca de 800.000 personas en todas las regiones del mundo según la Organización Mundial de la Salud – OMS. En Colombia, es la cuarta causa de muerte más frecuente según la Alcaldía de Medellín. Sin embargo, con el 2020 llegó un enemigo más para aquellas personas, un organismo microscópico que resultó ser más fuerte que nadie, pues cuenta con el superpoder de ser invisible al ojo humano y con la capacidad de acabar con la única vida que cuentan en el juego al que llaman “pandemia”. Este enemigo, conocido como Coronavirus, llegó a complicar la situación con pánico, estrés, depresión y ansiedad en medio de un encierro que parece no tener fin y una enfermedad que cambió nuestro estilo de vivir.
Así fue como Carlos perdió a su hijo de tan solo 16 años, quien con una sonrisa y una carta de despedida decidió saltar a un vacío de silencio y oscuridad en medio de una crisis mundial.
UN POEMA QUE ABRIÓ UN CANDADO Y CERRÓ UNA VIDA
Era la tercera vez que el señor Carlos entraba a la reunión virtual de La Cajita de Colores, un espacio liderado por el doctor Jorge Gómez Calle tras la iniciativa de la Gobernación de Antioquia, para a personas de Colombia y el mundo a afrontar y a entender el proceso de duelo tras la pérdida de un ser querido en medio de la pandemia por el coronavirus.
La esposa de Carlos había participado desde el primer día que iniciaron las charlas, pero fue en esta ocasión cuando él tomó la palabra y contó su historia.
Aquella noche del 24 de julio del 2020 se encontraba al lado de su mujer y su hija, terminando el rosario por el alma de su hijo de 16 años, quien se había quitado la vida hacía 24 días. Cuando comenzó a recordar la última vez que vio a su hijo, su rostro expresaba dolor. Según él, era un niño ansioso que se vio mucho más afectado por cuestiones de la pandemia y el encierro.
Al ver que su hijo se comportaba un poco extraño, por prevención, Carlos tomó la decisión de cerrar con candado en el lugar donde vivían todas las terrazas, pero el día que esto ocurrió la actitud del joven se mostraba normal. Fueron a hacerle unos exámenes de sangre por la mañana y el resto de la tarde transcurrió como si nada.
—Papi déjame cerrar la terraza —le dijo su hijo—. Confía en mí.
Carlos le dijo que no confiaba y que, por favor, le diera la tranquilidad de hacerlo él mismo para poder leer el poema que su hijo les había hecho sin preocuparse. Al cerrar la terraza se fue a su habitación donde se encontraba ya su esposa y leyeron la primera línea del poema. “Esta es mi carta de suicidio”. Inmediatamente, ambos padres salieron corriendo y se encontraron con su hijo mirándolos desde el vacío de su balcón en la urbanización donde residían en Bogotá. Era una altura de once pisos. Él les sonrió y se lanzó.
La expresión de Carlos manifestaba el dolor y las dudas que sentía, pero, más que todo, una necesidad de ser fuerte por su familia, a pesar de culparse de lo que pasó. Recibieron el apoyo de muchos amigos y conocidos, pero lejos de su familia que vive Venezuela.
Heridas difíciles de sanar
El señor Carlos aún no ha podido asimilar todo lo que esta situación entraña. Por esto es necesario entender más a fondo esta situación. El Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, en el Boletín de salud mental, afirma que el suicidio se define como la “muerte derivada de la utilización de cualquier método […] con evidencia, explícita o implícita, de que fue auto-inflingida y con la intención de provocar el propio fallecimiento”; fue entonces cuando Carlos se quebrantó porque su hijo simplemente no aguantó más.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que muchas familias en el mundo estuvieron al borde de esta situación, con la diferencia de que aún no han perdido a sus seres queridos. De esta manera, el intento suicida es incluso mayor. Según el Ministerio de Salud, se estima que el “4.9 % de la población en Colombia ha intentado suicidarse en algún momento de su vida y esto consiste en una “conducta potencialmente lesiva autoinflingida y sin resultado fatal”.
Ni los primeros ni los últimos
Desde el momento en que nacemos, conocemos la felicidad, el amor, la tristeza, la ira y las situaciones buenas y malas que rodean la vida. Sin embargo, el poder sobrellevar estas situaciones lo aprendemos con el paso de los años, pero llega un punto de debilidad, un punto donde creemos que nada tendrá solución y pensamos en una vida triste y sin razón. Es en este momento cuando una pequeña idea para acabar con el sufrimiento puede ser fatal para los seres que dejamos atrás. Este proceso de aprendizaje existe desde hace muchos años y, por lo tanto, esta problemática no es nueva.
Desde el año 1999, el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses comenzó a revelar cifras de los fallecimientos autoinfligidos en Colombia. Hasta ese momento esta problemática no era una prioridad, pero el aumento constante de aquellas personas que un día decidieron desaparecer, con el paso de los años permitió exteriorizar la situación y darle relevancia. La Alcaldía de Medellín afirma que desde el año 2000 hasta el 2006 la tendencia de mortalidad en Colombia por suicidio era descendente, pero en este punto y hasta la actualidad los números muestran un incremento constante de familias que lloran y se preguntan a diario qué hicieron mal.
El Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Lesiones de Causa Externa del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia reportó 18.618 suicidios ocurridos desde el 2006 hasta el 2015, en promedio se presentaron 1.862 casos por año.
Los problemas que las personas enfrentan son muchos, todo depende de la calidad de vida, de las oportunidades que recibe, de la felicidad que lo rige y de la fortaleza para enfrentar los malos momentos. Sin embargo, nadie dijo que esto fuera tarea fácil y, al parecer, a los paisas se les complicó más las cosas. En Medellín, el panorama no era nada bueno, desde el año 2000 hasta el 2010 esta ciudad “ha presentado tasas de mortalidad por suicidio superiores que la tasa promedio del país y similares a las de Antioquia, encontrando que el 38 % de los casos de Antioquia los aporta las personas de Medellín”.
Para el 2017, la cifra de suicidios tuvo una reducción de 100 casos, mientras que el intento de suicidio aumentó llegando a 25.835, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE); al parecer, el destino tiene un papel importante en estos casos, a veces ofrece una segunda oportunidad y deja ver la precaria situación que viven muchas personas para tomar una decisión como esta. Según la Alcaldía de Medellín, en esta ciudad “en promedio se presentan 1.100 intentos de suicidio y 120 muertes por esta causa anualmente”.
Para el año 2019, el Instituto Nacional de Salud reportó 30.539 casos de intento de suicidio, lo que demuestra un aumento constante de lo que podríamos llamar un intento de desaparición auto-infligida, es claro que la situación sigue siendo problemática.
Una enfermedad silenciosa, sin preferencias
De todos los problemas que en la vida debemos afrontar, hay unos que representan un dolor más fuerte para el corazón, un dolor que parece no tener un fin, un dolor que lleva a tomar una decisión como el suicidio. El Ministerio de Salud y Protección Social asegura que los intentos de suicidio presentados en el año 2017 fueron resultados de situaciones como conflictos amorosos, problemas económicos, problemas escolares y maltrato físico, psicológico o sexual respectivamente. Enfrentar estas situaciones no solo altera los sentimientos sino también la salud, aquella que no se trata con inyecciones u hospitalizaciones, aquella que se deteriora y genera trastornos psiquiátricos como el depresivo y el abuso del consumo de sustancias psicoactivas que aceleran el pensar en la opción del suicidio.
Ante la pregunta: ¿quiénes sufren más de este mal silencioso? Se debe decir que el suicidio afecta a toda la población, sin embargo, la población más vulnerable, según un informe de la Alcaldía de Medellín, es la de los hombres, pues tienen el número más alto de suicidios en el país e incluso en Antioquia y Medellín. Pese a esto, las mujeres también se ven afectadas con esta situación siendo las que más intentos de suicidio han cometido, abarcando más del 50 % de las cifras anuales. La OMS afirma que “la frecuencia del intento de suicidio es 20 veces mayor que la del suicidio consumado” y el grupo de edad más afectado va desde los 15 hasta los 34 años.
Se sabe que en Colombia “las personas que padecen trastornos mentales y del comportamiento y aquellas que tienen trastornos por consumo de alcohol u otras sustancias psicoactivas, tienen mayor probabilidad de presentar conducta suicida, al igual que quienes han tenido eventos críticos en su vida, como pérdidas de un ser querido, del empleo, han tenido experiencias relacionadas con conflictos, “peleas con los padres, separación, rompimiento con la pareja, cambio de vivienda”, madre con trastornos mentales, historia familiar de suicidios, maltrato, desastres, violencia y abuso sexual; personas con factores genéticos o biológicos que se asocian con mayor frecuencia del evento; entre otros”.
Una batalla invisible
En diciembre de 2019 llegó un enemigo más a esta situación. Para el 11 de marzo de 2020, el brote pandémico ya había llegado a 100 países en todo el mundo. Fue así como se comenzó a vivir una situación que muchas generaciones jamás se hubieran imaginado, desde entonces se declaró como pandemia. En Colombia, el mayor miedo llegó el 6 de marzo de 2020 con el primer caso confirmado con la enfermedad y para el 25 de este mismo mes el Gobierno Nacional decretó cuarentena obligatoria para evitar que la propagación aumentara. Los riesgos para la salud mental que ya venían haciendo mella aumentaron con el encierro.
Jeff Huarcaya-Victoria, en su texto Consideraciones sobre la salud mental en la pandemia de Covid-19, asegura que las emociones negativas, como la ansiedad y la depresión, se incrementaron con la situación. La desinformación, los mitos, el distanciamiento entre las personas por la cuarentena, entre otras cosas, incrementaron el deterioro en la salud mental de las personas, generando problemas psicológicos y mentales.
Como con todas las situaciones difíciles de la vida, hay una que predomina más que otras y Huarcaya define cuáles son las principales afecciones mentales que presentan los individuos en medio de la pandemia.
En primera instancia, asegura este experto, la ansiedad no se hace esperar, esta “ocurre cuando algunos cambios o sensaciones corporales son interpretados como síntomas de alguna enfermedad”. El enemigo de esta historia, más conocido como la Covid-19, generó miedo en las personas pues todos los días aumentaban los números de fallecidos por la enfermedad, lo que dio paso a esta condición. Esta sensación que daña los sentimientos positivos, que los satura y que llena de tristeza el corazón influye negativamente en la capacidad para tomar decisiones y en el comportamiento de las personas.
Por otro lado, está la depresión que se relaciona con situaciones como la pérdida de algún ser querido por la Covid-19, con problemas de salud, con el diagnóstico de personas cercanas y con el impedimento de relacionarse socialmente por la cuarentena.
Las reacciones de estrés son otro factor que influye en el deterioro de la salud mental en medio de la pandemia. Un estudio realizado en China en 52.730 personas reveló que esta condición se presentaba más entre los rangos de edad de 18 a 30 años, por el acceso a la información suministrada por las redes sociales, y las personas mayores de 60 años al ser los más afectados con la Covid-19.
Así mismo, hay que resaltar también que ciertas felicidades de la vida contribuyen a disminuir el riesgo de padecer aquellas enfermedades silenciosas que pueden terminar en un suicidio. Para Huarcaya, “el vivir en un área urbana, tener estabilidad económica familiar y vivir con los padres fueron factores protectores frente a la ansiedad. No obstante, el tener un conocido diagnosticado con la Covid-19 empeora los niveles de ansiedad”.
Los héroes también lloran mientras salvan vidas
¿Quién ayuda a quienes nos ayudan? ¿Quién ayuda al personal de salud que se encuentra expuesto al virus y son quienes mejor conocen la delicadeza del contagio? Teniendo en cuenta el aumento del estrés laboral, el miedo a las circunstancias, el poco sueño, entre otros factores, la salud mental de tantos médicos, auxiliares y enfermeras se ha venido deteriorado.
Lina María Álvarez, psicóloga especialista en seguridad laboral de SURA, comenzó, desde el mes de abril, un acompañamiento a nivel nacional de teleconsultas para las personas que se han visto afectadas por la Covid-19; esto con el fin de ayudarlos a manejar la angustia, el temor, la ansiedad e incluso la depresión. Con un promedio entre ocho a once consultas diarias, como balance: la mayoría de los pacientes dieron positivo a la prueba y tuvieron que aislarse indefinidamente.
Tras el inicio del confinamiento obligatorio en el mes de marzo, los casos positivos de Covid-19 fueron aumentando en varias regiones del país, obligando al gobierno nacional y local a tomar medidas y precauciones para evitar que la población se contagiará y se generará una cadena de pacientes esperando una cama en las UCI, las cuales son limitadas, y, así mismo, a crear conciencia sobre la responsabilidad social que se tiene como individuo en la comunidad ya que el enemigo es invisible y se mueve además de rápido con facilidad.
Más de 18 horas extras de trabajo, la angustia de saber que están constantemente expuestos al virus, conocer la complejidad de este, saber las dificultades por las que pasan muchos de los pacientes, más la angustia de estos y sus familiares, conforman un escenario que ha superado la ficción.
Para salvaguardar la salud mental del personal de salud, entidades como SURA han tomado la iniciativa de crear una red de apoyo telefónica con especialista en psicología y psiquiatría para apoyar, escuchar y fortalecer, desde el distanciamiento social, las necesidades emocionales que presentan los médicos, enfermeras y auxiliares del sistema de salud a nivel nacional.
Fue desde el 26 de marzo del año 2020 que la psicóloga Lina María Álvarez inició el acompañamiento en salud mental por teleconsulta a las personas que se habían visto afectadas por el encierro en la cuarenta, también quienes dieron positivo para coronavirus y al personal de salud.
—Este proceso ha sido de muchos retos y desafíos, porque es entrar en realidades muy complejas. Finalmente, uno ve una parte de su vida reflejada en el otro, al compartir experiencias que de alguna forma tocan las emociones de uno y lo impactan —explica Álvarez.
Así mismo, para ella fue un proceso de aprendizaje y para sus colegas debido a las circunstancias dadas por la cuarentena y las medidas de distanciamiento ya que debían prepararse para los casos más crudos, difíciles o extremos. La contención de comportamientos depresivos, ansiosos, maníacos, ataques de ira y desesperación o posibles intentos de suicidio o violencia fueron los más comunes. Aunque estos dos últimos se han presentado con poca frecuencia, cuando aparecen, se ha involucrado a las autoridades pertinentes y se ha intervenido bajo los protocolos del Ministerio de Salud y Protección Social y los lineamientos de la administración local.
En las consultas diarias la mayoría de estas llamadas pertenecen al personal de salud de cualquier ciudad del país que, por motivos de contagio o estrés, necesitan acompañamiento en salud mental. Para esta psicóloga, atender a esta población ha sido todo un reto debido a que son personas con mucha carga emocional y laboral, y que se sabe de antemano lo expuestos y vulnerables que están ante circunstancias difíciles, como la de la pandemia.
Por otra parte, muchos centros no cuentan con el equipo de atención necesario para recibir a los pacientes y ayudarlos debidamente, lo que genera una sensación de impotencia y estrés sobre los médicos.
Otra situación que genera miedo en el personal médico es que no todos han recibido los elementos de protección para evitar contagiarse. Se sabe que están en riesgo debido a que tienen contacto directo y constante con personas que poseen el virus, pero, aun así, se espera que por parte del centro de salud y las ARL se les brinde el equipo idóneo para la realización de su labor sin ningún riesgo. La psicóloga Álvarez cuenta que cuando ha atendido a médicos que han sido contagiados por el coronavirus, “ellos mismo me han manifestado el miedo que sienten por la enfermedad, porque de alguna forma son muy conscientes del riesgo de los síntomas. Ellos necesitan ser escuchados, porque cargan y guardan muchas cosas que poco a poco se les van sumando hasta que colapsan. Como todos, ellos lloran y sienten que a veces no pueden más”.
Entre cardiólogos, anestesiólogos, internistas, enfermeras, personal administrativo, auxiliares, entre otros, se han enfrentado directamente contra un enemigo invisible. El salvar vidas y cuidar de los enfermos dentro de esta pandemia los ha llevado al rechazo y a la discriminación por parte de muchas personas que, por miedo, ignorancia, desespero o desconocimiento, reaccionan de forma impulsiva y hasta violenta. Incluso en el lugar en donde viven, muchos de ellos han sido vulnerados por sus propios vecinos.
—Cuando el médico cucuteño Roberto Claro falleció por Covid-19, al día siguiente atendí a una pareja de médicos, ambos contagiados, que fueron cercanos a él. La esposa me dijo que lloró bastante y que aún no podía creerlo. Era uno de los mejores médicos del país. Es duro para ellos, porque saben que están en riesgo constante y que, fácilmente, al siguiente puede ser uno de ellos” —agregó Lina María Álvarez.
El objetivo de la línea en salud mental de SURA es brindar equilibrio, ser compañía y apoyo para quienes más lo necesitan en medio de la pandemia, sea por cuestiones de contagio, personales, soledad, entre otras circunstancias que pueden afectar o alterar las emociones de las personas.
Cabe resaltar que, según los boletines brindados por el Ministerio de Salud y Protección Social, a los profesionales de la línea de SURA, el cuidado de las emociones y sus manifestaciones han pasado a ser un tema de atención prioritaria en medio de la pandemia, debido a todas las medidas que se han tomado que han
transformado las dinámicas personales y sociales. Por esto, las campañas a nivel nacional y local sobre el cuidado de la salud mental han aumentado.
La inteligencia emocional y el control de los impulsos en tiempos de crisis son clave para la supervivencia y la plenitud del ser humano en medio de las dificultades ya que las repercusiones no son netamente mentales, sino que también se pueden dar manifestaciones físicas o somatizaciones que limiten la realización de la persona en sus ambientes y espacios.
Para algunos, el golpe es más fuerte
Cuando el ser humano enfrenta circunstancias o eventos amenazantes que ponen a prueba la forma en la que afronta o ve la realidad, desde lo emocional se puede experimentar una sensación de crisis y alteración, debido a que es algo que se sale del control propio e incluso es difícil de comprender porque le da un giro de 180 grados a la vida y las dinámicas de las personas.
Según una comunicación del Ministerio de Salud y Protección Social, con la llegada de la Covid-19 en el 2020, un mar de emociones sacudió a la población, retándola a enfrentarse a una realidad difícil y casi ficticia para la que nadie estaba preparado. Estos cambios, que de alguna forma han sido inmediatos y radicales, han generado múltiples reacciones en las personas, llevándolas a estados de alteración emocional, perturbación, sensaciones de cansancio, agotamiento, desamparo, confusión, ansiedad, afección del funcionamiento de sus relaciones laborales, familiares y sociales, y síntomas físicos asociados al síndrome ansioso y depresivo generado.
La intensidad varía dependiendo del individuo, desde el impacto hasta los trastornos mentales previos que potencializan o no la emoción. Puede llegar a ser crítico cuando la persona pone en riesgo su vida acudiendo al suicidio y al amenazar la integridad de los demás. Según los datos brindados por el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública – SIVIGILA (Vigilancia rutinaria histórica 2007-2019 y Boletines Epidemiológicos Semanales de 2020), en la semana epidemiológica 8 a la 16, se presentaron un total de 8.431 casos los casos de intento de suicidio en el 2020; una disminución en comparación con el 2019, año en el que durante las mismas semanas se presentaron un total de 9.013 casos en el país.
No todos los casos quedan en la intención o el intento fallido de hacerse daño. Las muertes por suicidio registradas en el Sistema Integrado de Información de la Protección Social-SISPRO indican que para el 2019, entre enero y abril, fueron 909 personas las que perdieron la vida bajo esta condición, cifra mayor en comparación con el 2020, en los mismos meses, con 798 fallecidos. No obstante, la llegada y la influencia del coronavirus al país ha encendido las alarmas para el desarrollo de acciones que ayuden a la prevención de la conducta suicida en medio de la cuarentena, generando estrategias que fortalezcan la salud mental de las personas frente a los cambios en las dinámicas sociales e individuales.
Importancia a lo importante
Los trastornos mentales han sido catalogados con el pasar de los años de diferentes maneras, han sido llamados posesión, brujería, actuación, locura, entre otros calificativos. La invisibilidad de los síntomas los ha llevado al olvido en muchas sociedades y épocas, debido a que como no hay una manifestación física directa es poca la credibilidad que ha recibido, y mucho menos la atención y la importancia.
Lenta y progresivamente, los estudios sobre estas temáticas han aumentado, otorgándoles una posición en las ciencias de la salud y en la conciencia de la población. Pero, a pesar de que se ha avanzado bastante en comparación con la antigüedad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha presentado un problema crónico, incluso desde antes de la llegada de la Covid-19, en la financiación que los países han realizado a las entidades y programas de salud mental. Menos del 2 % del presupuesto nacional de 130 naciones se ha destinado a esta causa tras el estudio que realizaron.
Debido al contagio por coronavirus se pueden presentar también complicaciones neurológicas y mentales que pueden ser delicadas para el paciente, entre estas está el delirio, accidentes cerebrovasculares y agitación, según la Organización Mundial de la Salud.
“Una buena salud mental es absolutamente fundamental para la salud y el bienestar en general”, así lo manifestó el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS. Y es que, la sintomatología de los trastornos mentales no es invisible, ya que las repercusiones de un desorden mental, sin la atención y los cuidados adecuados, puede manifestarse a partir de somatizaciones físicas que pueden causar dolor y malestar constante en el cuerpo.
Los centros y los servicios de atención a la salud mental se vieron fuertemente afectados por la crisis actual, ya que, si antes de todo esto no tenían los medios o los recursos financieros y estructurales suficientes para atender debidamente a la población, tras la llegada de la Covid-19, el colapso de atención fue mayor. Según el estudio de la OMS en los 130 países se pudo evidenciar que más del 60 % de los países señaló perturbaciones de los servicios de salud mental destinados a las personas vulnerables. Además, más de un tercio señaló perturbaciones en las intervenciones de emergencia, incluidas las destinadas a personas afectadas por convulsiones prolongadas y síndromes de abstinencia severos relacionados con el consumo de drogas y estados delirantes, “que con frecuencia son la señal de graves trastornos médicos subyacentes” dice el estudio.
Se han tomado diversas alternativas para sobrellevar las problemáticas en la atención en tiempos de pandemia, las teleconsultas han sido una opción determinante para varios países, de tal forma que no se arriesgue la salud física tanto del paciente como la del profesional. Además, teniendo en cuenta las medidas de bioseguridad establecidas en cada territorio y el distanciamiento social, muchas instituciones han considerado la atención por llamada, la solución más sensata.
Por otra parte, Colombia es uno de los países que ha implementado la teleconsulta, un servicio de telemedicina como medida de intervención. En el caso de la ciudad de Medellín, hace poco se presentó una estrategia por parte del Metro en alianza con Alcaldía de Medellín y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá debido a que el bienestar emocional de las personas se vio directamente afectado tras la llegada del coronavirus. Bajo estas circunstancias y en conmemoración del mes del cuidado y la prevención de la salud mental, crearon un espacio en la estación San Antonio llamado El Escuchadero, cuya finalidad es que las personas que hacen uso de este medio de transporte, se acerquen voluntariamente si desean ser escuchados.
Una luz al final del túnel
Hay un inicio y un final en la historia de cada persona, uno que para aquellos que creen en el destino está predeterminado. Pero hay quienes retan esta ley y buscan adelantar, bajo sus propios medios, procesos como el de la muerte para acabar con dolores que no les permite, según ellos, vivir con plenitud. Según el psicólogo antioqueño Jaime Carmona Parra, en uno de sus trabajos para la Universidad Luis Amigó, afirma que “concebir la subjetividad humana como una estructura de auto-interacciones permite entender que en su interior puedan presentarse conflictos, incluso auténticas batallas interiores, que pueden implicar gastos enormes de energía y derivar en patologías graves y, por supuesto, en suicidios. La capacidad de conciliar y facilitar la coexistencia más o menos armónica y pacífica entre las diferentes personalidades es un indicador de salud mental”.
Entender el comportamiento humano es todo un reto, pero lentamente se han logrado avances que le permiten a los especialistas, acercarse a la realidad de muchos individuos que pasan por situaciones conflictivas, pero sobre todo cómo y mediante cuáles estrategias mitigar el riesgo del suicidio y mucho más ahora en tiempos de pandemia.
Tras la llegada de la Covid-19, el Ministerio de Salud y Protección Social estableció una serie de lineamientos para salvaguardar la salud mental de la población en medio de la crisis. Teniendo en cuenta que, las realidades son diferentes en cada departamento, ciudad, sector y comunidad, el Gobierno Nacional, permitió que cada administración local, siguiendo los protocolos generales, adoptará las medidas de prevención de acuerdo a las necesidades de las personas. Con respecto a las medidas para la prevención del suicidio, se realizó de la misma manera.
Según la Resolución 518 de 2015, del Ministerio de Salud y Protección Social, de la mano de las autoridades y las instituciones gubernamentales, por medio de procesos de vigilancia en la salud pública, coordinación intersectorial, desarrollo de capacidades y participación social se busca la identificación temprana y el cómo abordar a las personas que están en riesgo de cometer suicidio. Así mismo, cómo será el proceso de ayuda y rehabilitación para la persona, y el de educación, comunicación e información de la comunidad frente a esta situación.
Teniendo en cuenta los protocolos de bioseguridad, se espera que de la mano de el Plan de Beneficios en Salud (PBS) de las Entidades Promotoras de Salud (EPS) y de las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS), se fortalezca el acompañamiento en las comunidades y que estas mismas estén preparadas dentro de sus servicios para valorar las conductas riesgosas, incluyendo el suicidio. La idea con esto es que por medio de educación constante y los programas de prevención, mejore la calidad de vida de las personas.
Pero aún…
Tristemente, aunque se han presentado estrategias para mitigar el impacto de pandemia en la salud mental de las personas y de alguna forma evitar el suicidio, la situación actual también es desalentadora, incluso desde el mismo distanciamiento, por la soledad que se puede sentir. Así mismo, las garantías económicas, laborales, en salud, seguridad, entre otras, para sobrellevar la crisis por parte de algunas instituciones y el Gobierno Nacional no son suficientes, y la calidad de vida de las personas se ha visto afectada. Por otra parte, las camas de las unidades hospitalarias fueron adoptadas solo para pacientes Covid, muchas personas que buscaban ayuda inmediata por alteraciones emocionales severas en urgencias, tuvieron que recurrir a la teleconsulta y con un apoyo familiar, mas no profesional, para manejar la crisis directamente.
También la red de apoyo con la que cuente una persona puede ser un factor de riesgo o un factor protector.Llo cierto es que no contar con el apoyo de alguien puede ser fatal. Si ese círculo cercano es uno de los generadores de crisis, la persona, abrumada, en medio de la desesperación y la emoción, puede entrar en un estado de riesgo. Si la red de apoyo es una compañía constante, de ánimo y de escucha, el impacto en la persona es positivo.
La salud mental es clave para que el ser humano se desarrolle plenamente en la sociedad y como persona. Permite la sostenibilidad y el equilibro en todos los ámbitos que se le presenten, incluso, como ya se mencionó, es crucial para el bienestar de la salud física. Lo que pasó de ser un tabú años atrás, se ha convertido en un arma clave para el funcionamiento del mundo. Por ello, es necesario cuidar de esta bajo la supervisión adecuada, ya que, de no ser así, las repercusiones y consecuencias son varias, algunas permanentes e incluso fatales.
Es posible prevenir el suicidio si se dejan de lado los mitos, si se educa a la sociedad desde la empatía, el respeto y la responsabilidad social. El suicida pide ayuda en silencio, es responsabilidad de todos detectar tempranamente esos gritos y, ahora, en pandemia, mucho más.
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Trabajo realizado para el curso Periodismo V, orientado por la profesora Jazmín Santa Álvarez.
El aislamiento social a causa de la COVID-19, durante los primeros meses del año, hizo que los gobiernos decretaran cuarentenas para sus habitantes. Mientras tanto, las bandas criminales que delinquen en las comunas de Medellín continuaron activas.
Clic en la imagen para navegar el especial multimedia que relata en detalle algunos de los fenómenos protagonizados por la delincuencia en Medellín durante la cuarentena.
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Trabajo para el curso Periodismo V, orientado por la profesora Jazmin Santa.
Los emprendimientos durante la pandemia aumentaron significativamente gracias al auge de las redes sociales y a la necesidad de migrar hacia la virtualidad. Especialmente en lo laboral, el teletrabajo se convirtió en una obligación para muchas empresas. Este trabajo multimedia ahonda en las motivaciones de estos emprendedores digitales y en el porqué de hacerlo durante el confinamiento.
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Trabajo realizado para el curso Periodismo V, orientado por el profesor Gabriel Lotero Echeverri.
Esta investigación ofrece un panorama general histórico-cultural del racismo estructural en la población Afro. La mirada se sitúa en Medellín a raíz de la contingencia de salud pública (por la COVID-19) que condiciona de forma diferente a las personas negras.
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Trabajo para el curso Periodismo V, orientado por el profesor Gabriel Lotero.
Por: Ana María Gaviria Ramírez/ana.gaviria@upb.edu.co
El aislamiento ha empeorado el estado de la salud mental, especialmente en los jóvenes. Armando es un ejemplo de hasta dónde pueden llegar estos síntomas.
Ese sábado, 3 de septiembre del 2020, a las 10:30 p.m., Armando Díaz se dirigía a guardar el taxi que acompañó sus luchas y desdichas. El pequeño carro amarillo que escuchaba los continuos reproches, pero que ahora atesoraba para sus amigos la personalidad máscara que ocultaba la ansiedad.
Las 10:30 p.m. era la hora de irse a descansar. El trabajo del día, las horas esperando en una calle concurrida del parque de Copacabana alguna carrera habían hecho estragos en su cuerpo y mente. En su casa, en el barrio Fátima del mismo municipio, lo esperaban Daniela, su cuñada; José, su hermano y, Carmen, su mamá; personas que, aunque acostumbradas a su personalidad callada y misteriosa, estaban contentas con su llegada.
<< Los problemas de salud mental se viven en silencio, en medio de la rutina.
Foto: Daniela Gómez Isaza.
La noche de ese sábado, Armandito —como le decía Daniela de cariño— entró a la casa, probó algún bocado de comida y, como era costumbre, decidió quedarse un par de horas jugando en su celular un popular juego llamado Free Fire. Este pasatiempo, tanto para él como para la mayoría de los jóvenes de su edad, 20 años, se había convertido en un espacio de conectividad y dispersión con amigos durante la pandemia causada por el SARS-CoV-2.
El miércoles 25 de marzo de ese mismo año, día en que comenzó la cuarentena obligatoria en Colombia. El encierro, las clases virtuales, la falta de interacción física y emocional dejaron estragos en la población y, tal como lo indica la Personería de Medellín, desde el 14 de mayo aumentaron las llamadas al 123 por temas relacionados con el suicidio. Pasaron de un promedio de 650 mensuales a recibir 5.850, esto corresponde a un aumento del 300%.
Una llamada pudo ser la solución. Armando es un ejemplo de lo difícil que es tener una cifra exacta, pues algunos de los potenciales casos se abstienen de pedir ayuda. Sin embargo, Natalia López Delgado, subsecretaria de Salud Pública de Medellín, advirtió, a través de la oficina de prensa de la Alcaldía, que la Línea Amiga para la salud mental se encontraba disponible las 24 horas, los siete días de la semana.
La noche siguió corriendo para Armando. Luego de terminar lo que él llamaba una “partida” en el tan mencionado juego se acostó a dormir. No sin antes dejar un breve mensaje de buenas noches para su novia Natalia, joven con la que llevaba aproximadamente cuatro años de noviazgo.
Ella estuvo presente durante varios intentos de suicidio que experimentó el joven; uno de ellos en el 2013, cuando él tenía 17 años. Su familia lo encontró convulsionando en la sala de la casa. Inmediatamente fue llevado a la Clínica Bolivariana de Medellín donde estuvo en coma durante cinco días. Al despertar, Natalia decidió terminar la relación, pues se encontraba expuesta a múltiples dudas. La noticia fue abrumadora para Armando y, entendiendo los antecedentes junto con el mal manejo de las emociones, apareció aquel impulso que lo llevó a intentar lanzarse del quinto piso de la clínica. A lo mejor para él era menos doloroso el duro pavimento que amortigua la caída que una ruptura amorosa de quien consideraba la mujer perfecta. La pronta respuesta de las enfermeras que cuidaban de él impidió el acto.
Las decisiones de los jóvenes en momentos de presión son precipitadas. Al final la pareja solucionó las diferencias. Para ese sábado de septiembre la relación seguía, pero ese mensaje de buenas noches contenía las últimas palabras que Natalia leería de quien ella consideraba el amor de su vida.
A la mañana siguiente la normalidad se interrumpió en la casa de los Díaz. Una pequeña frase, de aquellas que muy poco se atienden pero que retumban para siempre en la madre de Armandito.
—Mamá, estoy aburrido.
Así, la casa se quedó en silencio. Sin embargo, basados en la personalidad de Armando y su continua inconformidad con lo que lo rodeaba, su familia ignoró la queja.
—Está listo el desayuno, gritó Daniela.
No hubo respuesta. El ambiente era tenso. Esa mañana no hubo huevos calientes sobre el comedor, más bien, por el afán de salir a realizar las comprar rutinarias, Carmenza, José y Daniela se apuraron en comer un pequeño pan con algo de café tibio. Armando no estaba interesado en recibir bocado de comida, ni mucho menos en ser partícipe de las compras.
Sobre las 10:30 a.m. su mamá, hermano y cuñada se aproximaron a la puerta con la intención de salir un par de horas a comprar un tarro de pintura, necesario para poner un poco más bonita la casa.
—No quiero ir, me quedaré jugando Free Fire, dijo Armando.
Fueron las últimas palabras que oyeron de él. Un par de minutos después se aproximan hacia la salida. Revisaron que nada les faltara: las llaves, el dinero, entre muchas otras cosas.
No pasó más de hora y media. Daniela, Carmenza y José volvieron a la casa. Daniela se dirigió abrir la puerta. La abrió y vio a Armando. Colgado. Él había utilizado una fuerte cuerda que encontró para quitarse la vida en el marco de la puerta de su habitación. Ya no importó la pintura. Ahora, entre gritos, llantos, llamadas y desespero, corrieron a bajar el cuerpo amoratado. Tenían la esperanza de salvarlo.
Se dirigieron inmediatamente al Hospital Santa Margarita del Municipio de Copacabana, en aquel taxi amarillo. Al llegar al hospital la mirada de los médicos decía que la vida de Armando se había ido. Lo reanimaron sin tener resultado. Por razones de bioseguridad, la familia tuvo que esperar afuera. Carmenza, aferrada a la gran reja blanca que enmarcaba la entrada al lugar, se daba golpes continuos repitiendo la dolorosa frase: “Es mi culpa, yo no lo escuché”.
Después de ahí, llegó la parte más difícil: afrontar la perdida. Entre música y pitos de sus colegas taxistas fue despedido a las afueras de su casa. Daniela, su cuñada, no soportó la presión que significaba volver a aquel lugar y recordar una y otra vez la imagen que presenciaron hacía solo un par de horas. Decidió irse a vivir nuevamente con su mamá, aunque aún, entre llantos, recuerda al ausente joven.
Carmenza y José siguen sin asimilar el suceso. Están abrumados por el vacío que ha quedado en sus vidas. Además, cuando las puertas se cierran les recuerda una y otra vez aquel suceso que marcará sus recuerdos para siempre.
La cuarentena ha afectado a los jóvenes. El Ministerio de Salud afirmó que, en la población entre 12 y 23 años, el 52,9 % tiene uno o más síntomas de ansiedad y el 19,7 % manifiesta cuatro o más síntomas de depresión. Manuela Molina, psicóloga de la Universidad de Antioquia, dijo que los intentos de suicidio han aumentado en Colombia, sobre todo en el periodo de cuarentena, por la ruptura de la cotidianidad. Además de haber sido imprevista para todos.
Son pocos los esfuerzos en Colombia para prevenir y tratar los casos de suicidio. La salud mental nunca ha sido prioritaria en los sistemas sociales y educativos. La pandemia ha fomentado los síntomas de dichas enfermedades. Armando es un ejemplo de esta problemática, que viven muchos jóvenes.
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Trabajo preparado para el curso Periodismo I, orientado por la profesora Diana Milena Ramírez H.
Nicolás Jaramillo Gómez, cardiólogo, es uno de tantos médicos que ha se ha expuesto, constantemente, al contagio de Covid-19. En este testimonio cuenta sus razones para hacerlo y reflexiona en torno a lo que ha significado la pandemia para él y cómo ha ido cambiando con el pasar de los meses. “Esto me gusta y sé que lo tengo que hacer. Es cuestión de lo que yo siento, no me cuesta mucho”, dice.
El 6 de marzo de 2020 se registró el primer caso de COVID-19 en la capital de Colombia. A partir de la fecha, el país se encuentra en una incansable batalla por combatir el virus. Somos el personal de salud quienes diariamente arriesgamos nuestra vida por salvar la de los demás, trabajamos horas extra bajo condiciones adversas y exponiéndonos al contagio.
Es una experiencia muy compleja. Comenzamos con un momento crítico en que la gente se llenó de pánico y nosotros también. Yo pensaba: ‘bueno, ¿qué me puede pasar a mí?’ Y no tanto a mí, sino que podría estar contaminando a mi familia. La decisión de trabajar con el virus la fui tomando en el camino y poco a poco me iba adaptando a una rutina diferente.
En el hospital
Al llegar, hay que hacer un cambio absoluto de ropa, para ponernos unos uniformes con ciertas características y usar permanentemente las mascarillas; en un principio las N95[1], que, por la misma pandemia y el susto, empezaron a escasear y a volverse costosas, por lo que continuamos usando las generales, que dan una protección más o menos del ochenta por ciento, bien usadas. Fuera de eso, se nos proporcionaron los protectores de plástico o acetato que cubren toda la cara.
En la sala de hemodinamia[2] usamos petos de protección porque trabajamos con radiación, por lo que el calor es infernal. También las gafas plomadas y las de protección general, más los lentes recetados que se empañan todo el tiempo, son desesperantes. Nos sentimos asfixiados con los protectores de nariz y de boca, sentimos que no nos llega la respiración y perdemos la capacidad de hablar. Nadie entiende lo que estoy diciendo y tampoco le entiendo al enfermo; me la paso gritando, es horrible. A todo esto, se le suma la tensión que genera el paciente, que es bien complicado.
Poco a poco íbamos perdiendo el miedo y el respeto a ciertas medidas de seguridad que en un comienzo eran demasiado estrictas. Me sangraban las manos de tantas lavadas que me hacía. La cara también se me volvió nada, porque las mascarillas maltratan mucho cuando las estamos usando de doce a veinticuatro horas continuas. Pero al principio nadie se atrevía a quitárselas, es decir, era un acabose. Contaminarse con COVID-19 realmente asustaba.
Cuando tomamos la decisión de atender a un paciente positivo para el virus, se hace una parafernalia impresionante; se bloquean todas las salidas para que nadie se cruce con esa persona, quien viene en una urna de aislamiento. Mientras sucede toda esta procesión, los médicos debemos esperar. Para atender a estas personas, solo se pueden dejar los elementos estrictamente necesarios y sacar el resto. Si hay que intubar al paciente, nos tenemos que salir todos, porque es el momento más crítico para la aspersión del virus; tenemos que esperar quince minutos, como mínimo, a que caiga y se asiente. Todo este proceso demanda tiempo. Sin embargo, nos hemos ido acostumbrando y empezamos a estar más tranquilos, incluso pensamos: “Si me va a dar, pues que me dé”.
Las relaciones humanas
Mi relación con los pacientes ha cambiado. Por un lado, la siento más estrecha que antes, incluso siempre trato de empezar conversando con ellos, por lo que he extendido los horarios de atención un cuarto de hora más. La gente va mucho en la búsqueda del conversar, del charlar, que se le escuche, que se le tenga en cuenta, que se le oigan las quejas, precisamente por la soledad en la que están. Me he vuelto un compañero fundamental para ellos. Por el otro lado, me da tristeza la lejanía, ahora son codazos los que me doy con los pacientes. Anteriormente era la palma, el cariño, el amor, que se ve que se necesita. Eso golpea.
El vínculo con mis compañeros de trabajo también es muy distinto. Ahora somos cinco los que estamos en la modalidad presencial, frente a dieciocho o veinte que están desde la virtualidad. No es lo mismo la discusión, la cercanía, el compartir. Fuera de eso, el espacio en el que almorzábamos todos juntos, donde hablábamos y jodíamos, se ha reducido a máximo tres personas por comedor. Tristemente todo se vuelve más frío.
El paciente no tiene la culpa de tener coronavirus o estar bien enfermo. Después de todo, estoy inmerso en la pandemia gracias al apoyo de mi familia, en especial el de Gloria, mi esposa. Ella me acompaña en la decisión porque disfruto mucho lo que hago y sé que es lo tengo que hacer. Se trata de lo que yo siento, no me cuesta mucho.
[1] Las mascarillas N95 son nombradas así, debido a que filtran el (95%) de las partículas del ambiente, por lo que son las más adecuadas para el uso del personal de salud cuando hay contacto directo con el COVID-19. [2] Subespecialidad de la cardiología que se basa en el tratamiento y diagnóstico de afecciones cardiovasculares, a través de técnicas guiadas por rayos X.
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Trabajo realizado para el curso Periodismo III, orientado por Claudia Sánchez Aguiar.
Las clases mediadas por la tecnología se convirtieron en una forma de contener y prevenir el contagio a causa del nuevo coronavirus. No obstante, la educación a distancia es una metodología empleada en Colombia desde 1947 y comenzó para la alfabetización integral de los campesinos colombianos, como señala la Universidad Católica del Norte en su artículo “Evolución de la educación superior a distancia: desafíos y oportunidades para su gestión”. En el momento actual es importante revisar algunos aspectos que permiten visualizar dificultades en la implementación de un modelo educativo virtual de calidad en nuestro país.
Las cifras del Sistema Nacional de Información de Educación Superior (SNIES) indican que la educación virtual pasó de 16.042 alumnos en el año 2012 a 200.742 en el año 2018, cifra que permite pensar que la decisión del Ministerio de Educación Nacional frente al sector educativo fue pertinente. Sin embargo, al revisar la conectividad existente encontramos que en el país una de cada dos personas no tiene acceso a internet, según un informe del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC).
El cambio en la modalidad educativa resalta la importancia de la colaboración entre los padres y el colegio para el proceso de los estudiantes. Foto: Isabela Henao.
En las zonas rurales de Colombia, las cifras de la conectividad se vuelven mucho más alarmantes. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) indica que aproximadamente solo un 26% de los estudiantes en zonas rurales tiene conectividad. Wilfer Ruiz, profesor de la Institución Educativa Belisario Betancur sede El Cedro, en el municipio de Amagá, manifestó no poder tener encuentros sincrónicos con sus estudiantes por la falta de este recurso, siendo WhatsApp el único medio de comunicación que tiene con sus alumnos.
Por su parte, el analfabetismo digital es un fenómeno latente, que puede darse por la falta de acceso a los recursos, pero también por la dificultad de aprender el manejo de las nuevas herramientas. Un análisis del Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana evidenció que en Colombia el 76% de los directivos informaron que el número de dispositivos digitales para la enseñanza existentes es insuficiente. Adicionalmente, que el 23% de los docentes en colegios públicos son mayores de 60 años. Una encuesta realizada por el MinTIC en el 2017 arrojó que el “46% de la población mayor a 55 años manifiesta no usar internet porque no saben cómo usarlo”.
La inequidad entre la población estudiantil es otra falencia de la educación colombiana que se ha hecho notar con mayor fuerza a raíz de la pandemia. “En sectores como El Poblado (zona de estrato económico alto), los estudiantes ya tienen conectividad casi del 100 por ciento, pero en barrios populares la conectividad es muy reducida, en un 60 por ciento”, explicó Albeiro Victoria, presidente de la Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA).
Juan Carlos Ceballos, docente de la facultad de Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Pontificia Bolivariana, señaló que “el término equidad en todos los sentidos es clave, tanto para la educación en general como en el acceso a las tecnologías y manejo de la información. Esta debe establecerse con políticas públicas muy claras que la garanticen”. Adicionalmente, resaltó que en Colombia falta el fortalecimiento de la equidad en todos los aspectos: en la formación de los profesores, en el acceso por parte de los estudiantes a bibliotecas muy bien dotada y a equipos de cómputo.
Son innegables las diversas realidades que han afrontado los estudiantes de nuestro país. Vanesa Úsuga, estudiante de décimo grado de la Institución Educativa Rosario (colegio público del país), mencionó que ha tenido grandes problemas de conexión, además siente que no ha aprendido durante este tiempo, pues fuera de sus limitaciones al acceso de internet, también sus maestros han presentado inconvenientes durante los encuentros sincrónicos y muchos se han limitado a solo enviarles trabajos sin ningún tipo de retroalimentación.
Por otro lado, Carolina Londoño, estudiante de décimo del Colegio María Auxiliadora Norte (Institución Educativa de carácter privado), manifestó que, aunque al principio fue un poco tedioso el proceso de cambio de la presencialidad a la virtualidad, el Colegio supo actuar para optar por metodologías más adecuadas y su rendimiento académico no se ha visto afectado.
Esta inequidad permanente en el País es uno de los factores causantes de la deserción de aproximadamente 8.241 estudiantes durante la pandemia, según estimaciones de la Secretaría de Educación de Medellín. Para afrontar esta situación, tanto la Secretaría como los colegios han tenido que implementar diversas estrategias.
El paisaje de las aulas durante 2020, un signo de las transformaciones de la educación bajo la pandemia. Foto: Isabela Henao >>
Carlos Adiel Henao, rector de la Institución Educativa Escuela Normal Superior de Medellín, indicó que ha sido todo un reto acompañar la deserción que se ha presentado en el primer semestre de Formación Complementaria, pues en este aproximadamente un 35% de los estudiantes ha tomado la decisión de suspender su proceso formativo. Ante esta situación “se ha tenido que pensar en acompañamiento tanto grupal como individualizado, casi que una consejería o un padrinazgo directo con cada uno de los maestros en formación para mostrarles por qué es importante mantenerse en el proceso”.
Sin embargo, la educación virtual no solo ha implicado un gran compromiso de los profesores, directivos y estudiantes, sino que los padres de familia han entrado a jugar un papel fundamental. Saray Acosta, profesora del Colegio Chicos Ingeniosos, -el cual adopta un modelo constructivista, método que permite que los estudiantes construyan su propio saber, hacer y ser- señaló que el rol de los padres es sumamente importante para un correcto desarrollo de las clases virtuales, pues es notorio cuando sus alumnos están en un ambiente acogedor y con acompañamiento constante, debido a que se evidencia en diversas situaciones como lo son el entrar a clases sincrónicas y el cumplimiento con la entrega de trabajos.
Este nuevo reto para las familias a implicado un proceso de adaptación en diversos aspectos. Mónica Gutiérrez, madre de familia de Sarah Sierra, estudiante de quinto de primaria del Colegio Carpinelo, mencionó que “al principio tuvimos que prepararnos buscando ayuda en videos, para poder saber cómo eran los pasos para que Sarah tuviera todas sus clases virtuales. También nos tuvimos que adaptar, desocupando una habitación para tener un estudio donde todos estuviéramos cómodos y en un ambiente tranquilo. Además, nos vimos en la necesidad de comprar un nuevo computador”.
Sin embargo, aunque el padre de familia es esencial para el éxito en la educación virtual, entran a jugar sus propios valores como la honestidad. “El hecho de que el papá sea honesto y no le haga la tarea al hijo también influye. Deben permitir que este piense de manera crítica, pues ello se nota en los resultados”, señala la docente Saray Acosta.
La COVID-19 puso en evidencia la importancia del buen funcionamiento de la triada de la educación (conformada por maestro, alumno y padre de familia), pues esta permite un correcto desarrollo del proceso de enseñanza – aprendizaje. Adicionalmente, se encargó de mostrarnos las enormes brechas existentes en la educación virtual en Colombia, las cuales hay que solucionar con urgencia para poder que esta se le garantice de calidad a toda la población.
Como en el resto del país, los pequeños negocios son parte clave en la dinámica económica de la capital del Cesar. Tras la cuarentena han hecho frente al desempleo, la baja en la demanda de productos y servicios, así como a los problemas de financiación. Hasta la tradición cultural de la región es un recurso para revitalizar la economía.
Por: Luisa M. Ochoa Medina / luisa.ochoa@upb.edu.co
Con el inicio de la cuarentena obligatoria en Colombia, el 24 de marzo de 2020, los ciudadanos han vivido el impacto económico que ha generado la pandemia con el que, hasta hoy, muchos sectores han continuado con el cierre absoluto o con una disminución en la productividad. Pero la capital mundial de vallenato, Valledupar, ha demostrado creatividad y progresos gracias a la producción agropecuaria, el turismo, el emprendimiento, la innovación, el comercio y la actividad cultural en torno a su música tradicional.
Estadísticas que tienen un papel fundamental son las del desempleo, muchas personas han quedado desempleadas y otras han conseguido recursos monetarios a partir de los emprendimientos. Así lo señala el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas -DANE-, que dijo que para el mes de agosto de 2020, la tasa de desempleo del total nacional fue 16,8%, lo que significó un aumento de 10,8% frente al mismo mes del año anterior.
Además, según la Encuesta de Desempeño Empresarial -EDE- que realizó ACOPI -Asociación Colombiana de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas- en julio de este año, indicó que el 86,2% de estas estructuras no contrató personal durante el segundo trimestre de 2020, mientras que el 12,1% manifestó que generó entre 1 y 5 puestos de trabajo.
Karen Torres es la administradora de un local comercial de accesorios para teléfonos celulares en Valledupar. Ella asegura que desde que comenzó la pandemia, no ha despedido a ninguno de sus tres empleados puesto que, por el excelente desempeño de estos, ha hecho el esfuerzo de pagarles sus salarios a partir de las utilidades que gana.
Negocios como el de Karen Torres dependen mucho de que las finanzas de las personas puedan cubrir gastos más allá de lo esencial. Foto: Cortesía.
La antes mencionada EDE, también reveló que, de 253 empresas encuestadas en el país, solo el 7,3% de estas manifestó haber realizado alguna inversión durante el segundo trimestre de 2020. Por esto, la pandemia ha causado desconfianza en muchos microempresarios para invertir, como Ismael Ropero, tendero en Valledupar, quien afirma que “para invertir hay que tener claro el mercado. Pero al ser un mercado nuevo no se pueden destinar todas las ganancias en el negocio, por lo que he comenzado a invertir con porcentajes entre el 25% y el 50%”.
En materia de financiación de las Mipymes, el Ministerio de Trabajo en su sitio web publicó que, con la Resolución 2121 expedida el 15 de octubre de 2020, se ordenó la transferencia de los recursos provenientes del Fondo de Mitigación de Emergencias -FOME-, en el presupuesto del Ministerio, traducidos en 220 mil subsidios derivados de recursos de parafiscales y 320 mil auxilios con recursos del Gobierno Nacional -en total, 62 mil 933.280 millones de pesos- que ya están entregando las Cajas de Compensación a los beneficiarios que están en lista de espera.
Sin embargo, los emprendedores valduparenses, en su mayoría, aseguran que se les dificulta acceder a créditos del Gobierno, pues manifiestan que estos son destinados a, más que todo, pequeñas y medianas empresas, por lo cual han tenido que buscar otros recursos aparte de los que brinda el Estado para mantener estables sus ventas y/o aumentarlas. “Mis fuentes de financiación durante la pandemia han sido mis ahorros, ingresos y el apoyo de una cooperativa de préstamos para microempresas”, comenta Milena Rodríguez, vendedora de productos cárnicos.
Pero respecto a esta situación en la que el Gobierno Nacional dice que entrega ayudas a las mipymes y las microempresas manifiestan que el Estado no los ha podido auxiliar como quisieran, José Ignacio Díez, economista agrícola de la Universidad Nacional de Colombia y docente de la Universidad Pontificia Bolivariana -ambas en Medellín-, explica que “una razón es que a los microempresarios les da mucho miedo el Estado porque es corrupto, tiene problemas, es ineficiente… Entonces les es difícil acceder a todos estos beneficios de subsidios, préstamos, oportunidades, etc. Por esto, el Gobierno le tiene que llegar más a cada microempresario, esté o no formalizado, y mostrarle todas estas herramientas que ofrece para que reactiven la economía”.
El agro es clave en la reactivación de la economía valduparense. Estos productos ponen en marcha numerosos comercios en la ciudad. Foto: Cortesía.
Otros aspectos afectados por la llegada de la COVID-19 fueron la producción y las ventas. De acuerdo con la Encuesta de Desempeño de ACOPI, durante el segundo trimestre de 2020, en lo que respecta a producción, el 88,8% de las empresas encuestadas manifestó una disminución. En cuanto a ventas, solo el 3,8% señaló un aumento. Además, durante el segundo trimestre de 2020, la percepción de aumento de la producción y ventas pasaron de representar el 31% y 46%, respectivamente, de los empresarios en 2019-IV al 4% en 2020-II.
A partir del 31 de agosto de 2020, día en que finalizó el aislamiento obligatorio en el país, los comerciantes valduparenses, dependiendo del bien o servicio prestado, han empleado distintas formas de adquirir su mercancía. Unos se abastecen yendo personalmente a una plaza mayorista, como Yolima Abello, vendedora de frutas y verduras, y otros recibiendo los productos que reparten las empresas nacionales a través de transportadoras, como Mayelis Puentes, vendedora por catálogo.
Por otro lado, el Gobierno Nacional y sus instituciones muchas veces han demostrado confianza en las mipymes para seguir con la reactivación económica. “Se ha demostrado que estas son importantes debido a que les generan empleo a grandes empresas, ya sea porque les compran materias primas, le terminan o adelantan procesos a las grandes corporaciones, etc. Las mipymes están generando más del 60% del empleo en Colombia. Y puede que las grandes empresas también lo hagan, pero es el componente social el imprescindible y el que va a resolver el problema”, analiza José Ignacio Díez.
Y efectivamente. Muchos emprendedores valduparenses han mostrado seguridad al vender pues consideran que esto da confianza e incentiva a los clientes a comprar. Una manera de hacerlo es haciendo publicidad por redes sociales y demostrándoles la satisfacción de otros consumidores a los nuevos compradores. Sin embargo, otros sienten melancolía ante la apertura de supermercados y centros comerciales, ya que sus ventas han disminuido.
Para la administración del alcalde de Valledupar, José Santos Castro González, es primordial fortalecer la educación, sostenibilidad y visión empresarial de uno de los sectores más importantes de este municipio: las empresas creativas y culturales. Por ello, junto a Bancóldex -Banco de Comercio Exterior de Colombia- y a la Oficina de Cultura de Valledupar, empezó a ofrecer un curso virtual nombrado “Estructuración de modelos de negocios para empresas creativas y culturales”, el cual es gratuito e incluye un certificado de participación por asistir las 25 horas que este requiere, distribuido en dos meses a partir del 7 de octubre de 2020.
Giovanni Ochoa Carreño, profesional de Consultoría y Formación de la empresa Bancóldex, afirma que “este curso presenta al empresario los fundamentos para la elaboración de un modelo de negocio, tomando como referente el modelo CANVAS, desarrollado por Alexander Osterwalder y los temas que trata son: conceptos básicos sobre modelo de negocio, cómo generar una propuesta de valor, componentes y diseños de un modelo de negocio, cómo validar el modelo de negocio, guía para la presentación de un modelo de negocio”.