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  • Movilidad social en Medellín, entre brechas y esperanzas

    Ana Sofía Araque Panesso / ana.araque@upb.edu.co

     

    Hablar de movilidad social es hablar de oportunidades. ¿Qué tan posible es que un joven nacido en un barrio popular de Medellín logre ascender en la escala social? ¿Y qué tan probable es que retroceda? En una ciudad atravesada por la desigualdad, las respuestas no siempre son alentadoras.

     

     

    Del concepto a la realidad en Medellín

    La movilidad social, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, se refiere al aumento equitativo de las oportunidades de las personas en salud, educación e ingreso a lo largo de su vida y entre generaciones. Medellín, a pesar de sus avances en infraestructura y reputación de “ciudad innovadora”, sigue enfrentando profundas brechas que ponen en duda la promesa de que aquí cualquiera pueda “salir adelante”.

     

    Desde 2014, el Índice de Progreso Social (IPS) mide la calidad de vida en la ciudad. Y lo que muestra no es homogéneo: mientras algunas comunas disfrutan de altos niveles de bienestar, otras siguen rezagadas. Por ejemplo, en 2019, menos del 35% de los jóvenes entre 18 y 24 años de Villa Hermosa o la zona nororiental asistían a la universidad, frente al 69% en comunas como El Poblado y Laureles. En otras palabras: el simple hecho de nacer en un barrio u otro puede marcar de entrada las posibilidades de movilidad social.

     

     

    Retrocesos en calidad de vida

    El Informe de Calidad de Vida 2020-2023 refuerza esta preocupación. Aunque la ciudad no registró un deterioro general en ingresos, la gestión pública mostró grietas: alta rotación en el personal, pérdida de cooperación público-privada y decisiones poco sustentadas en evidencia. Esto, en últimas, se traduce en algo concreto: pérdida de confianza. De hecho, la credibilidad en la Alcaldía y en la mayoría de las instituciones públicas cayó a niveles históricos, con un 23% de la población expresando descontento frente al manejo de los recursos.

     

    Esa desconfianza no es un asunto menor. Cuando las instituciones no generan credibilidad, los ciudadanos perciben que la movilidad social está bloqueada. ¿De qué sirve esforzarse en estudiar o emprender, si el sistema que debería garantizar equidad no logra sostenerlo?

     

    La perspectiva sociopolítica también ofrece claves para entender la movilidad social en el Valle de Aburrá. Carlos Nelson Durango Durango, juez tercero civil municipal de Envigado, explica que, aunque su ejercicio está en un municipio vecino, las dinámicas de Medellín no pueden separarse de las del área metropolitana. Desde su visión, fenómenos como el desempleo, la falta de educación y la violencia inciden de manera directa en el estancamiento de la movilidad social.

     

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    A esto se suma un dato doloroso: entre 2020 y 2023, el 28% de los hogares en Medellín reportó no poder acceder a tres comidas diarias, el porcentaje más alto en 18 años. Aunque la pandemia explica parte de esta crisis, el hecho de que la cifra se mantuviera pese a la reactivación económica demuestra que el problema es estructural. La movilidad social, en estos casos, no solo se detiene, retrocede.

     

     

    Educación y salud: las puertas que no siempre se abren

    Si hay dos pilares fundamentales para ascender socialmente, son la educación y la salud. Pero ambos muestran señales de deterioro en Medellín.

     

    La Encuesta de Percepción Ciudadana 2024 reveló que la satisfacción con la educación cayó a su mínimo histórico (64%). No es solo un asunto de calidad académica, sino de condiciones físicas de las sedes: techos que gotean, aulas hacinadas, falta de recursos. En salud, la percepción de los ciudadanos también es negativa. No solo disminuyó la proporción de personas que consideran buena su salud física y mental, sino que persiste la inconformidad con la calidad del servicio.

     

    Para profundizar en este panorama, la mirada de los expertos resulta clave. John Jairo Bohórquez Carrillo, médico egresado de la Universidad de Antioquia, magíster en Administración en Salud y actual presidente de la Academia de Medicina de Medellín, ha dedicado más de dos décadas al estudio de la humanización en medicina. Desde su experiencia, subraya cómo la desigualdad en el acceso a la educación, la precarización laboral en el sector salud y las brechas estructurales del país impactan directamente en la movilidad social.

     

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    Sin embargo, no todo es pesimismo. En la misma Encuesta de Percepción Ciudadana 2024 hay datos que muestran un leve aumento en la percepción positiva sobre la facilidad para emprender y conseguir empleo, aunque los niveles siguen siendo bajos. Tal vez ahí hay una chispa de optimismo: el reconocimiento de que, a pesar de las dificultades, existe un deseo de buscar oportunidades. Además, el médico Bohórquez resalta que no todo depende de la riqueza económica: cuidar la salud también puede empezar desde hábitos sencillos y accesibles, lo que él llama las “A” de la salud: aire, agua, alimentación, actividad física, amor, autoestima, autoeducación. Estos factores, aunque parezcan básicos, demuestran que la movilidad social puede apoyarse no solo en los ingresos, sino también en la capacidad de las personas para construir bienestar desde lo cotidiano.

     

     

    ¿Es posible la movilidad social en Colombia?

    Según el Índice de Progreso Social global de 2019, Colombia ocupó el puesto 56 entre 149 países. No es el peor escenario, pero tampoco uno para enorgullecerse.

     

     

    La desigualdad sigue siendo el gran obstáculo. Mientras unos pocos concentran la riqueza, la mayoría de la población enfrenta dificultades para acceder a derechos básicos: los mayores rezagos están en sostenibilidad ambiental, acceso a la información y a la educación, seguridad personal, agua y saneamiento básico, según el Índice de Progreso Social para Medellín. La ciudad refleja esta paradoja: tiene sectores con altos niveles de bienestar y modernidad, pero convive con barrios en donde las brechas parecen insuperables.

     

    La movilidad social en la ciudad no es imposible, pero sí profundamente desigual. Depende del barrio en el que se nace, de las redes familiares y de la capacidad de las instituciones para trabajar de manera articulada. La gran pregunta que queda en el aire es si Medellín está dispuesta a cerrar esas brechas para que el “progreso” no sea un privilegio de unos pocos, sino una oportunidad real para todos.

     

    En últimas, la movilidad social no puede entenderse solo como un asunto de ingresos o patrimonio. Está atravesada por la educación, la salud, la vivienda, la seguridad y hasta la confianza en las instituciones. Cada una de estas aristas define las posibilidades de ascenso o estancamiento, y juntas demuestran que hablar de movilidad social es hablar, en realidad, de la calidad misma de la vida en sociedad.

     

     

  • La construcción informal en Medellín: entre licencias, reconocimientos y operativos

     

    Por: Estefanía Hernández Ruiz / estefania.hernandezr@upb.edu.co

     

    Al Barrio La Francia, ubicado en la comuna 2 de Medellín, llegó Edwin Goez junto con su padre cuando tenía casi 13 años. Llegó para construir una vivienda de un piso en el terreno que poseían. Cuando Goez creció, su padre le permitió construir un segundo piso y a su hermano le dejó construir el tercero. Ninguno de los tres niveles contaba con una licencia de construcción. Solo fue hasta la década de los 90 que legalizar surgió como un tema de conversación entre ellos porque, como dice él, “en las comunas de la zona nororiental nadie se preocupaba por legalizar una propiedad, simplemente lo que necesitaban es tener un lugar para meterse”. Y aún parece que sigue siendo así. En Medellín, a mediados del año pasado, la alcaldía tuvo 1.200 informes técnicos con reportes de edificaciones ilegales y, en lo corrido de 2025, ha suspendido 255 obras.

     

    La licencia de construcción es un documento que otorga el permiso para edificar y urbanizar. En otras palabras, certifica que un inmueble puede ser construido en cierta zona y con ciertas dimensiones (área en metros cuadrados o número de pisos) que son establecidas en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT). El POT es, como su nombre lo indica, un plan o una ruta de acción realizada por cada municipio para estipular los proyectos ambientales, sociales, económicos, culturales y geográficos que desarrollará a largo plazo en los diferentes sectores.

     

    El “largo plazo” se traduce en tres periodos constitucionales completos que equivalen aproximadamente entre 12 y 16 años y cada cuatro se realiza una revisión que permite repasar avances, estudiar nuevos riesgos, encontrar oportunidades de mejora y luego tomar decisiones a medida que se presentan transformaciones en el territorio. Es por eso que, si las construcciones están registradas y legalizadas, las entidades públicas pueden planear de manera efectiva las acciones que ejecutarán en todos los rincones de la ciudad.

     

    La licencia de construcción es uno de los cinco tipos de licencias urbanísticas que existen en Colombia, de acuerdo con el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio. Las demás tipologías incluyen licencia de urbanización, de parcelación, de subdivisión y de intervención y ocupación del espacio público. Como tal, la licencia de construcción también se subdivide dependiendo del procedimiento requerido. Puede ser solicitada para realizar una obra nueva, una modificación, una ampliación, una adecuación, un reforzamiento estructural, una demolición o, incluso, una reconstrucción del inmueble. Los encargados de conferir dichas licencias son las curadoras y los curadores urbanos de cada municipio, quienes son personas particulares elegidas por concurso de méritos que realizan una función pública, pues procuran mantener ordenado el territorio.

     

    Las Estadísticas de Licencias de Construcción (ELIC) del DANE mostraron que el año pasado se redujo el área aprobada de licencias a nivel nacional en un 24,1% respecto a 2023 y Antioquia restó 3,9 puntos porcentuales a dicha variación. En concordancia con esto, la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), presentó en el informe de la actividad edificadora que, también en el 2024, las construcciones iniciadas (obras nuevas) en el país disminuyeron y se perdieron en promedio 23 mil empleos en el sector construcción.

     

    Sin embargo, según el mismo informe, Antioquia fue el departamento que más metros cuadrados licenció en el mismo año. Pero, a pesar de esto, en algunos municipios del departamento como Medellín, se continúan presentando construcciones ilegales que omiten el requisito esencial: la licencia. De acuerdo con la Alcaldía de Medellín, a mediados del año pasado recibió 1.200 informes técnicos con reportes de edificaciones ilegales, donde identificó 65 puntos críticos en 15 comunas.

     

    Luisa Fernanda Amaya, arquitecta y coordinadora del Taller de Servicio Civil de la Universidad Pontificia Bolivariana, manifiesta que legalizar una vivienda es importante porque sin una licencia no es posible obtener las escrituras de la construcción, lo cual no permitiría venderla o heredarla. Además, mencionó que para acceder a subsidios o a préstamos de los bancos, también es indispensable contar con la respectiva licencia de construcción.

     

    En este contexto, vale decir que la licencia no solo garantiza la legalidad de la vivienda sino también la seguridad de las personas que la habitan. Las prácticas de construcción informal pueden desencadenar en una serie de problemas estructurales y, debido a que algunas construcciones ilegales no tienen en cuenta qué lugares son clasificados como zonas de riesgo en el POT, pueden presentar deslizamientos de tierras, inundaciones, entre otros. Es por eso que la Secretaría de Seguridad y Convivencia y la Secretaría de Gestión y Control Territorial han llevado a cabo operativos para identificar e intervenir este tipo de construcciones al margen de la ley. Solo hasta febrero del 2025, estas secretarías han ejecutado 18 operativos, en los cuales han emitido 23 órdenes de Policía, han suspendido 255 obras y removido 90 construcciones.

     

    Al respecto, declaraciones del secretario de Seguridad y Convivencia, Manuel Villa Mejía, recogidas en un boletín de la Alcaldía, precisan que: “Estas acciones son fundamentales para el ordenamiento territorial y la seguridad ciudadana, ya que las construcciones ilegales no solo afectan el espacio público y la infraestructura de la ciudad, sino que también ponen en riesgo la vida de quienes los habitan”.

     

    Además, las construcciones irregulares se han extendido hasta los cerros tutelares, los cuales son esenciales porque actúan como reguladores climáticos y albergan la fauna y la flora de la ciudad. De acuerdo con la Alcaldía de Medellín, se han realizado 161 recorridos este año en cerros como Pan de Azúcar, El Volador, La Asomadera, El Picacho, Nutibara y Santo Domingo. De esta manera, han recuperado el espacio público y adelantado 41 remociones de este tipo de inmuebles que no cumplen las normas y afectan dichas zonas de protección ambiental.

     

    Los operativos son amparados bajo el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, a partir del artículo 135 donde se empieza a desarrollar el capítulo sobre “Los comportamientos que afectan la integridad urbanística”. Allí se estipula que las sanciones frente a las construcciones ilegales pueden ir desde suspender la obra o cobrar multas hasta ordenar su demolición. No obstante, la facultad que tienen las autoridades para imponer dichas sanciones termina cuando la construcción cumple tres años después de ser finalizada. Nótese que, aunque los curadores urbanos son quienes autorizan las licencias, no son ellos los encargados de ejercer control: las secretarías y las inspecciones de policía son las responsables de vigilar y sancionar a las construcciones informales.

     

    Explorando el siguiente mapa interactivo se puede conocer detalles de algunos operativos realizados contra las construcciones informales en la ciudad de Medellín y en sus alrededores:

     

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    En algunas ocasiones, las consecuencias de las edificaciones ilegales también pueden afectar a los vecinos. Celeni Gallego residía en su casa propia de tres pisos con mansarda. En esta última se ubicaba el patio, el cual tenía un techo corredizo. Unos días después, sus vecinos construyeron más pisos y una ventana corrediza quedó apuntando al patio de ella. Es decir que era posible que, desde la casa de los vecinos, alguien ingresara por el patio a su vivienda. Al notar esto, Gallego decidió interponer una querella, que es una notificación a las autoridades de un delito, similar a una denuncia pero con posibilidad de conciliar. En medio de las investigaciones, se descubrió que sus vecinos no contaban con una licencia de construcción, pues si hubieran tenido el documento, el curador urbano encargado de expedirla y de hacer las respectivas revisiones a los planos, posiblemente hubiera notado dichas ventanas, ya que afectaban de forma directa a las propiedades aledañas.

     

    Las viviendas que se han construido sin licencia, como la de los vecinos, pueden ser legalizadas bajo la figura de reconocimiento.  La ley 1848 de 2017 establece que las construcciones informales que se realizaron antes del año 2012 tienen la oportunidad de ser reconocidas “siempre y cuando cumplan con el uso previsto por las normas urbanísticas vigentes”.

     

    La curadora cuarta, Janeth Arango, magister en Procesos Urbanos y Ambientales, que a propósito es la primera abogada en ejercer este cargo en Medellín, que generalmente es designado para arquitectos o ingenieros, calcula que alrededor del 70 u 80% de los despachos reciben temas de reconocimiento porque, como dice ella, “estamos habitando una ciudad consolidada”. Con esto se refiere a que Medellín ya es una ciudad construida, que tiene poco suelo para seguir desarrollándose y, por lo tanto, lo que pretenden hoy en día los titulares de viviendas que ya se construyeron sin los requisitos adecuados es buscar un reconocimiento para entrar al tráfico inmobiliario. Ella explica que, para acceder a esta legalización, la vivienda debe ser sometida a un peritaje para evaluar que cumpla con las condiciones de sismo resistencia y demás determinadas por la ley.

     

    Entonces, ¿qué pasa con las viviendas informales construidas después del 2012? Según Arango, a estas viviendas se les exigen los mismos requisitos que a una obra nueva, debido a que no les aplica el reconocimiento porque no cumplen con la norma, no las cubre la ley 1848.

     

    Por su parte, la curadora segunda Ángela Restrepo, arquitecta especializada en gestión y procesos urbanos y en derecho urbano, agrega que solo hay una posibilidad para que una construcción informal realizada después de 2012 pueda aplicar al reconocimiento y es con una orden administrativa de la inspección de policía. A través de la orden, la inspección puede dar un plazo para que se adecúe la construcción a los requisitos urbanísticos. “Lo que pasa es que esa orden tiene que ir acompañada de una multa, porque una cosa es la sanción y otra cosa es lo que se debe hacer para corregir esa situación ilegal que se generó”, dice Restrepo. No obstante, se presentan resistencias para pagar la multa y cumplir la sanción, es por eso que, en ocasiones, las personas prefieren mantener su inmueble ilegal.

     

    “Nos estamos llenando de construcciones ilegales y cada vez son más y más y más […] Si tuviéramos un control efectivo, no tendríamos tantas viviendas y edificaciones irregulares; aquí, a media cuadra, hicieron una edificación irregular a los ojos nuestros, de seis pisos, y no pasó nada”

    -Ángela Restrepo, curadora segunda.

     

    La arquitecta urbanista, consultora en planificación y ordenamiento territorial Lina Beatriz Méndez, le explicó a Contexto los matices de legalizar las casas luego de ser construidas, las posibles causas y riesgos de este fenómeno social y las estrategias que podría impulsar el distrito de Medellín:

     

    Una de las estrategias de reasentamiento que menciona Méndez es la iniciativa de viviendas de interés social (VIS). Según las ELIC del DANE, en diciembre de 2024 se autorizaron 2.024.822 metros cuadrados para edificación de vivienda, de los cuales el 41,3% corresponden a vivienda de interés social (835.414 metros cuadrados). Esta cantidad de metros se traduce en 12.797 viviendas de interés social, que reflejan una disminución del 31,1% respecto al número de unidades aprobadas para este tipo de vivienda en diciembre de 2023.

     

    Engaños con los títulos

     El abuelo de Ana Arango tenía un terreno en lo que se conoce hoy como Guayabal, comuna 15 de Medellín. Allí construyó su casa y otras seis más para su familia. Sin escrituras, sin licencia. Sus hijos se criaron allá y, luego de que nació Ana Arango continuaron residiendo también en aquel lugar. Cuando ella se casó, hizo un segundo piso y fue en ese tiempo cuando trató, por primera vez, de sacar una escritura del terreno.

     

    Ella cuenta que un señor que había conocido en Dabeiba se ofreció a ayudarle y descubrió que su abuelo tenía otro terreno en Belén. Este señor, cuenta Arango, tramitó y se robó la escritura de Belén pero le entregó la de Guayabal. Por lo tanto, ella recurrió a buscar un abogado para que le ayudara a legalizar las viviendas construidas allí y, para empezar a trabajar, él le pidió un millón. “Yo qué iba a saber de eso, lo pedí prestado y se lo di, pero no volvió a aparecer y un día me dijo: Ana ¿sabes qué? Eso está muy difícil, no voy a poder seguir con ese caso”. Lo mismo le pasó con otros dos abogados: ambos le llevaron un recibo que les dan en los despachos de los curadores para demostrarle a ella que entregaron algunos papeles y para que ella les hiciera un pago. Luego, no la volvieron a actualizar de ningún trámite y, dice ella, prácticamente se desaparecieron.  

     

    La curadora cuarta dice que son comunes este tipo de estafas. Explica que hay una etapa inicial llamada insistencia y, en ella, se permite que las personas lleven casi cualquier papel como radicado. Y ahí es cuando la oficina de la curadora les debe entregar el recibo. El mismo recibo que los abogados le presentaron a Ana Arango para que les hiciera un pago pero que, al final, no garantiza que empezaron correctamente un proceso. Para evitar este tipo de situaciones, la curadora cuarta recomienda a las familias que estén al tanto de sus propios trámites y que no es necesario que contraten personas externas para hacer las solicitudes. En esto coincide la curadora segunda, quien ofrece asesoría gratuita y permanente en su despacho. Además, sugiere que, si las personas quieren contratar a alguien para realizar los trámites, es ideal que sea un arquitecto, un ingeniero o un profesional para que pueda comprender lo conversado en la asesoría y que posteriormente pueda realizar los planos requeridos.

     

    Otra opción, si se requiere una licencia o se desea legalizar una vivienda, es el Taller de Servicio Civil ubicado en la oficina 220 del bloque 10 de la Universidad Pontificia Bolivariana. Allí ofrecen asesoría en el reconocimiento de construcciones, sellos de propiedad horizontal y expedición de licencias de construcción para ampliar, adecuar, modificar, demoler o construir una obra nueva. La asistencia de esta unidad va dirigida a residentes del área urbana o del Área Metropolitana del Valle de Aburrá con estratificación socioeconómica de nivel 1, 2 o 3 y a las instituciones sin ánimo de lucro con proyección social.

     

    Para profundizar en las funciones de curadores, licencias urbanísticas, datos técnicos, vigencias o leyes, puede visitar la cartilla proporcionada por el Colegio Nacional de Curadores Urbanos en este enlace.

     

    Las licencias de construcción se convierten no solo en un requisito para edificar y urbanizar, sino también en un rastro de la forma en que se está densificando y ordenando cada municipio. Permiten que las alcaldías ubiquen y tengan conocimiento de cómo se está disponiendo el territorio para que puedan crear leyes acordes a las necesidades de sus habitantes. Además, se pueden comparar con una madre, que sabe dónde están seguros sus hijos y los aconseja para que no pongan en peligro sus vidas ni las de otros. Una construcción irregular e un riesgo potencial para quienes la habitan y para quienes están alrededor, más en tiempo de lluvias como las que han vuelto comunes Medellín.

     

  • “¿No era abril, aguas mil?”  Cambio climático en Medellín

     

    Por: María José Restrepo Vanegas y Valeria Uribe Rengifo  / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    En años recientes, hemos observado cómo el cambio climático ha pasado de ser una amenaza lejana para transformarse en una realidad tangible en nuestra vida cotidiana. Las noticias relacionadas con inundaciones repentinas, oleadas de calor agobiantes y tormentas intensas ya no son la excepción, sino la norma en numerosas regiones del mundo. El aumento de eventos climáticos extremos no es una percepción subjetiva, todo lo contrario, es una realidad cada vez más presente. Según La NASA, el año 2023 fue el más caluroso registrado en la historia, con una temperatura media global de 1.18°C por encima del promedio del siglo XX. 

     

     

    Antes de profundizar en el debate acerca del cambio climático, es vital hacer una diferenciación relevante: a pesar de estar vinculados, el cambio climático y el calentamiento global no son sinónimos. Frecuentemente, estos términos se emplean de manera equivocada, lo que puede generar malentendidos. Para esclarecer esta distinción, Carolina Warren, egresada de Ingeniería Ambiental en la EIA (Escuela de Ingenieros de Antioquia), proporciona una explicación de ambos fenómenos. 

     

     

    Por su parte, Ghisliane Echeverry, directora del IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales), en una entrevista con noticias CM&, planteó que el cambio climático es el calentamiento de la temperatura media y sucede por la emisión de los gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, metano, etc.) y lo que hacen es intensificar este efecto que es natural y debe ocurrir. Sin embargo, debido a la acumulación de gases en la atmósfera, la radiación que normalmente sería emitida queda atrapada, lo que provoca un aumento gradual de la temperatura. Echeverry indica que “es como si nos estuviésemos cocinando de a poquitos” y esto ha estado aumentado desde hace algunas décadas.  

     

    “El calentamiento excepcional que estamos experimentando no es algo que hayamos visto en la historia de la humanidad”, dijo Gavin Schmidt, director del GISS (Instituto Goddard de Estudios Espaciales). “Se debe principalmente a nuestras emisiones de combustibles fósiles, y estamos observando sus impactos en las olas de calor, las lluvias intensas y las inundaciones costeras”. 

     

    ¿Qué es temperatura media? ¿Qué pasa si aumenta? 

     La temperatura media se calcula de los promedios estadísticos obtenidos entre las temperaturas máximas y mínimas registradas. Esa temperatura media incluye la superficie de todos los océanos y las regiones cercanas a los polos. En estos momentos, la temperatura de la tierra gira en torno a los, 13.9 grados Celsius. Pero, según Echeverry, el año pasado hubo un aumento de 1.4 grados de temperatura media y lo ideal es que este no supere los 1.5 grados de temperatura media.  

     

    El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia, IDEAM, indica que: “Hablar de la temperatura media del planeta, no es hablar de la sensación térmica que podemos tener en una región, donde nos resultaría muy sencillo mantener nuestra calidad de vida y confort, soportando un cambio de 18ºC a 20 o 22ºC, algo que con sólo quitarse el saco o tomarse una bebida helada podríamos resolver. Un cambio en la temperatura media del planeta implica un cambio profundo y severo en un sistema calibrado con rangos óptimos de funcionamiento.” 

     

    Del mismo modo, un incremento en la temperatura media mundial podría desestabilizar los sistemas climáticos, que están concebidos para funcionar dentro de umbrales ideales. Esta modificación va más allá de la percepción directa del calor e impacta los balances ecológicos y atmosféricos en la tierra. Las repercusiones de este desequilibrio son graves y empeorarían los fenómenos climáticos. 

     

    Un estudio publicado en Nature Climate Change reveló que las olas de calor extremas son ahora 5 veces más probables debido al cambio climático inducido por el ser humano y, por otro lado, El IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) reporta que, por cada 1°C de aumento en la temperatura global, la atmósfera puede retener aproximadamente 7 % más humedad, lo que intensifica las precipitaciones.   

     

    ¿Cómo se evidencian las repercusiones del cambio climático en la ciudad de Medellín? 

    Según un informe del IDEAM y la Universidad Nacional, “al estar localizado en la franja ecuatorial, el territorio colombiano está en el área de influencia de la ZCIT (zona de convergencia intertropical). Esto es un factor determinante en la distribución espacio – temporal de la precipitación, de la nubosidad y de otras variables climatológicas.”  

     

    Según el Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá (SIATA), una precipitación es cualquier forma de agua que cae de la atmósfera y llega a la superficie de la tierra, estas formas de agua son la lluvia, la nieve y el granizo. Asimismo, este fenómeno se puede presentar con una intensidad baja, moderada, entre moderada y alta, alta y fuerte, tal como lo indica el SIATA.  

     

    Las precipitaciones se forman debido al vapor de agua en las nubes que se condensa y se vuelve lo suficientemente pesado para caer. La cantidad y tipo de precipitación varía según la región, la estación y las condiciones climáticas. 

     

    Según el Instituto Panamericano de Geografía e Historia, “El país con mayor precipitación es Colombia con 3.240 mm por año. El lugar más húmedo del planeta es Puerto López, en Colombia, con una precipitación anual de 12.892 mm.” 

     

    ¿Cómo funcionan las dinámicas de las precipitaciones en Medellín? 

     

    En Medellín, es posible evidenciar que las precipitaciones son mayores en algunos meses que en otros. En el siguiente gráfico se puede evidenciar la tendencia en Medellín a precipitaciones, por meses.  

     

    Las olas de calor 

    Las olas de calor es un fenómeno climático que se caracteriza por períodos de temperaturas anormalmente altas y prolongadas. Luego de que se registran temperaturas máximas y mínimas que superan las habituales, debe durar por lo menos tres días consecutivos para poder hablar de una ola de calor. Es necesario tener en cuenta que estos períodos empiezan y culminan de forma abrupta. 

     

    Usualmente este fenómeno se acompaña de humedad y es ocasionado por el cambio climático. “Las olas de calor responden a situaciones meteorológicas dominadas por la invasión de masas de aire muy cálido o bien por la permanencia durante mucho tiempo de una de estas masas de aire, la presencia de una dorsal o de un anticiclón en superficie”, explica Mar Gómez, física y meteoróloga y coordinadora del área de meteorología de la plataforma El Tiempo, en un informe patrocinado por el grupo BBVA.

     

    La cuestión, según explica Gómez, es que el cambio climático las está haciendo cada vez más frecuentes y extremas. Por eso desencadenan riesgos para la salud humana, especialmente en grupos vulnerables como, aumento del consumo de energía, impacto en la producción agricultura, la sostenibilidad de los ecosistemas y el incremento del riesgo de incendios forestales. 

     

     

    Ahora bien, cuando se contrastan ambos fenómenos, es posible percibir que son un proceso cíclico, uno lleva al otro. Las olas de calor desencadenan la evaporación de fuentes hídricas lo que da paso a la acumulación de gotas de agua en las nubes, cargándolas y provocando las precipitaciones. 

     

    Lo anterior se puede explicar con el ciclo del agua, pues cuando las corrientes térmicas elevan la temperatura, esto agudiza la evaporación de fuentes de agua, tales como ríos, lagos y mares. Este vapor hídrico se eleva a la atmósfera y se enfría, ocasionando su condensación en forma de gotas de agua que se congregan formando nubes. Conforme las nubes se saturan de agua, el proceso finaliza con precipitaciones (lluvia o nieve), restituyendo el agua a la superficie del planeta. 

     

    Según el Instituto Panamericano de Geografía e Historia “El país con mayor precipitación es Colombia con 3.240 mm por año. El lugar más húmedo del planeta es Puerto López, en Colombia, con una precipitación anual de 12.892 mm.” En Medellín, el descontrol de estos fenómenos debido al cambio climático que eleva las temperaturas, desencadena impactos en la biodiversidad, la infraestructura y el crecimiento económico. 

     

    Los siguientes gráficos enseñan la temperatura media anual de Medellín entre los años 1979 y 2023, demostrando la manifestación del cambio climático en Medellín, elevando las temperaturas.  

     

    Actualmente, Medellín se enfrenta a un doble desafío climático importante: la expansión de las islas de calor en la ciudad y la potencial amenaza del fenómeno de La Niña, acompañado de las islas de calor, eventos típicos de las urbes grandes, que causan un incremento constante de las temperaturas durante la noche. Este aumento de la temperatura afecta de manera adversa el bienestar y la salud de los habitantes, especialmente en barrios como Castilla y Buenos Aires, donde, según el SIATA, las edificaciones y la poca vegetación impiden que la temperatura se regule.   

     

    Al mismo tiempo, según la WMO (Organización Mundial de Meteorología), la recurrencia de los fenómenos de El Niño y La Niña en el país hace vital que la ciudad implemente estrategias de mitigación para las islas de calor, las precipitaciones y se prepare para los efectos de estos fenómenos, fortaleciendo los sistemas de prevención de desastres y adoptando una planificación urbana que considere tanto los desafíos climáticos actuales como futuros. 

     

    El clima de Medellín y sus cambios plantean las necesidades para construir una planificación urbana completa y flexible; con estrategias definidas para enfrentar esta situación, que deben incluir la enseñanza y la participación de los ciudadanos desde programas de concientización y procesos de adaptación a nivel comunitario. 

     

     

     

  • Los desafíos de las mascotas en espacios residenciales

     

    Isabella Giraldo Vélez / isabella.giraldov@upb.edu.co

     

    En los últimos años, la relación entre los habitantes de Medellín y sus mascotas ha crecido, como parte de una tendencia nacional: según una encuesta publicada en marzo de 2024 por Cifras y Conceptos, en colaboración con la Universidad de los Andes y el Instituto Humboldt, “si en 2011 el 38% de los hogares colombianos tenía mascotas, para 2018 la cifra había aumentado al 50%, y en 2024 se estima que el 57% de los hogares en el país tienen al menos una mascota”.

     

    Este crecimiento en la tenencia de mascotas implica dinámicas retadoras de convivencia, principalmente en los entornos residenciales y en ámbitos como la adaptación de espacios públicos y privados para la seguridad de los animales, bajo la responsabilidad de los dueños y con factores como el comportamiento de las mascotas, ruidos, higiene y normas.

     

     

    Por muchas razones, se sigue la misma huella

    La líder de la fundación de rescate animal Dos Almas, María Fernanda Moreno, desde sus 15 años encontró su vocación por los animales. La pérdida de un familiar la llevó a un estado de depresión y encontró respaldo emocional en su perro, cuya compañía no solo mejoró su calidad de vida, sino que también la impulsó a construir su organización sin ánimo de lucro, que actualmente se concibe como “santuario de animales y refugio de humanos”.

     

    “Las mascotas son más que compañeros, son fuentes de amor incondicional que pueden transformar nuestras vidas de maneras profundas. Son miembros de la familia que brindan un apoyo incondicional en su forma más genuina. Son seres que no necesitan de palabras para aportar bienestar”, sostiene Moreno.

     

    Desde esa posición y como resultado de todo este trayecto, María Fernanda Moreno se ha relacionado con los animales en todos los aspectos: conoce sus comportamientos, necesidades, relacionamiento y, sobre todo, las dificultades que representan en la coexistencia con otros dueños y mascotas. La experta en el tema reconoce que Medellín es una ciudad cada vez más petfriendly o amigable con las mascotas, impulsada por el crecimiento en las industrias de alimentos y juguetes. En estos y otos negocios, los colombianos invierten al año 3 billones de pesos, según un informe de Forbes en 2022. Tanto la publicación como la experta, atribuyen como causa de esta transformación a los cambios demográficos, el aumento de población joven con cultura autónoma y empoderada que reconoce la importancia de las mascotas para la salud física y emocional.

     

    Además, un estudio de Fenalco Antioquia reveló en 2021 que los antioqueños aumentaron la adopción y compra de mascotas de manera exponencial durante la pandemia: en 8 de cada 10 hogares habitaban perros o gatos mayormente. Fue un incremento del 15%. No obstante, la soledad y el tiempo en casa que llevaron a este crecimiento, se dio por terminada con el fin de la pandemia y el regreso a la rutina, lo que aumentó el nivel de abandono de los peludos.

     

     

    En un análisis de esta coyuntura, el Ministerio de Salud señaló que: “La tenencia responsable de mascotas es el conjunto de condiciones, obligaciones y compromisos que el dueño de una mascota debe asumir para asegurar el bienestar de esta, no es solo satisfacer las necesidades básicas de la mascota, sino que también como lo indica la frase, se es el responsable de todos los actos que ellos realicen”. Y, como añade Moreno, las personas no están preparadas para las responsabilidades que implica tener una mascota.

     

    Hoy, las mascotas son parte clave de la vida diaria y su presencia es casi que paisaje en zonas comunes y espacios públicos como restaurantes, centros comerciales. En conjuntos residenciales, de una normativa de prohibición, que caracterizaba la convivencia durante los años 70, 80 y 90, se pasó a una la cultura del cuidado de los animales que se ha instaurado en la cotidianidad, debido a la mayor concientización de los beneficios que trae consigo la presencia de los compañeros de cuatro patas. El Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos publicó en 2018 un estudio que: “Se ha demostrado que la interacción con animales disminuye los niveles de cortisol (hormona relacionada con el estrés) y disminuye la presión arterial”.

     

    Adaptación de espacios

    Sin embargo, no todo el panorama es propicio para la tenencia de los peludos. Si bien el avance ha sido significativo, resalta María Fernanda Moreno que aún falta mucho camino por recorrer, especialmente en la adecuación de zonas residenciales, como espacios reducidos, compartidos para otros fines y el conocimiento y difusión de los reglamentos para mascotas en los conjuntos.

     

     Indira Vergara tiene en su vida a Lupita y sugiere que los espacios de su unidad residencial no son aptos para el esparcimiento de su mascota: “No hay delimitación, el mismo parque es para niños y perros, además, queda muy cerca del parqueadero”. Sebastián Aguirre manifiesta la misma dificultad y también comenta que la zona verde destinada para las mascotas en su conjunto fue reducida a la mitad por una reja, para controlar la salida de las mascotas, según argumentó la administración y planteó que las mascotas “no tienen espacio para correr, a fuerzas caben tres perros en la zona”.

     

    Moreno comenta que las urbanizaciones no están listas para albergar la cantidad de mascotas que hay, especialmente en Medellín, a la que describe como una ciudad social y con un clima que permite varios paseos al día. Pero explica que, en contraste, las zonas sin delimitación, espacios estrechos y la falta de difusión de los reglamentos y normativas, crea condiciones hostil para los animales y facilita tensiones entre vecinos y animales.

     

    Factores recurrentes de discordia como los malos olores y el ruido, son particularmente molestos en apartamentos donde las paredes delgadas no logran contener el sonido. Sobre este y otros rasgos de la urbanización actual, María Fernanda Moreno añade la falta de zonas adecuadas para que los perros liberen su energía y eviten así el estrés que incrementa los ladridos y el comportamiento destructivo.

     

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    Clic en los íconos de la imagen para conocer sobre la normas que regulan la tenencia de mascotas.

     

    Conflictos

    Lupita es una perra criolla de 5 años y tamaño mediano, que, según dice Indira Vergara, su responsable, “es parte de la familia, es una alegría y también una gran responsabilidad”.

     

    Vergara lidió con problemas de convivencia en su conjunto residencial, debido, según dice, a la tenencia de más de una mascota por dueño. Relata que, al soltar los perros que viven juntos, estos se comportan como una manada, y tienden a atacar al que está solo. Lo que ocurrió con Lupita en repetidas ocasiones y le impidió paseos tranquilos.

     

    Manuel Salazar tuvo a Rocky, un criollo de dos años, que siempre fue reactivo y conflictivo. En los años que habitó en el conjunto residencial causó repetidos disgustos entre los vecinos. Uno de los episodios más delicados fue cuando empujó a una mujer que padecía de osteoporosis; en otra situación mordió a un niño en el talón y le ocasionó heridas que requirieron sutura. Sucesos que llevaron a que Rocky no pudiera vivir más en dicho vecindario. “El que falló fui yo, era muy nuevo en esto de tener mascotas y no tuve las suficientes precauciones”, reconoce Manuel.

     

    Manuel reconoce su impericia, pero la mayoría de los casos terminan en abandonos. “El tamaño del fenómeno es impresionante. En nuestra fundación, hemos visto un aumento considerable en las adopciones, pero también en los casos de abandono. Muchas veces, las personas no están preparadas para las responsabilidades que implica tener una mascota, lo que puede derivar en conflictos con sus vecinos. Es vital que se trabaje en la educación y concientización sobre lo que significa realmente cuidar de un animal en un entorno urbano,” comenta María Fernanda. El auge de mascotas ha resaltado la necesidad de una mayor sensibilización y mejores regulaciones para evitar problemas de convivencia.

     

    Así lo relata Maribel Vélez, la acompañante de Nena, una perra Sabueso Fino Colombiano, de tamaño grande, con un temperamento activo, de juego, sin embargo, ansioso y temeroso. Ambas residen en un conjunto residencial en Medellín, el cual consta de veinte viviendas, de las cuales, quince tienen mascotas, específicamente caninos. Vélez considera que los perros deben salir sueltos para que tengan un momento pleno de esparcimiento y puedan derrochar su energía. Uno de sus vecinos no comparte dicha propuesta, pues sus tres perros son de conducta agresiva y prefiere evitar posibles riñas.

     

    Sebastián Aguirre, es dueño de Nineta, una perra de raza American Bully y con cuatro años, que reside en una unidad residencial de Medellín. Aunque su temperamento es tranquilo, activo, y pacifico, Sebastián comenzó a tener inconvenientes con un vecino que le reclamaba el uso del bozal para Nineta. El episodio terminó es un proceso judcial del que aguirre terminó absuelto por falta de pruebas. No bostante, él afirma: “Nunca sacamos a Nineta sin correa, por el respeto a las personas que piensan que ella es brava por su raza”.

     

     

    Lo que dice la normativa actual:

     

    Si bien en Medellín, la tenencia de mascotas en zonas residenciales está regulada por varias normativas que buscan garantizar una convivencia pacífica y segura, la bse es el Código Nacional de Policía y Convivencia (Ley 1801 de 2016), que establece algunas de las reglas fundamentales que deben seguir los propietarios de mascotas, tales como: uso de correa y bozal, higiene y limpieza, manejo de ruidos molestos, zonas de esparcimiento, entre otros. El desafío radica en que su cumplimiento no es homogéneo: las formas de educación, rutinas, creencias y perspectivas se modifican en todas las personas, y sus mascotas están a merced de estas variables, por lo tanto, la convivencia de tantas formas en un mismo espacio tiende a ser complicada.

     

    En 2017, el Ministerio de Salud definió la tenencia responsable de mascotas como el “Conjunto de obligaciones que contrae una persona cuando decide aceptar y mantener una mascota o animal de compañía y que consisten, entre otras, en proporcionarle alimento, albergue y buen trato, brindarle los cuidados indispensables para su debido bienestar y no someterlo a sufrimientos evitables”.

     

    En 1997, la Corte Constitucional dictaminó que “la tenencia de mascotas domésticas es parte del derecho al desarrollo de la personalidad y a la intimidad personal y familiar.” Específicamente, en los artículos II y III del Código Nacional de Policía y Convivencia (Ley 1801 de 2016) se establecen medidas enfocadas a la buena convivencia entre propietarios de mascotas y sus vecinos, lo cual incluye definir comportamientos, medidas y medios por parte de las administraciones de los conjuntos para la tenencia de mascotas y propiciar en la comunidad comportamientos que favorezcan la convivencia en áreas comunes.

     

    Desafíos y soluciones

    La apertura de más espacios pet-friendly, la implementación de programas de educación para dueños y vecinos, y la promoción de prácticas responsables son algunas de las soluciones que se recogen entre quienes han dado testimonio aquí.

    Sus experiencias también señalan que el urbanismo de Medellín debe considerar la inclusión de zonas verdes dedicadas específicamente para mascotas, donde los animales puedan moverse libres y socializar sin generar inconvenientes a los demás residentes. No obstante, como lo evidencian los testimonios de Indira, Manuel, Maribel y Sebastián, la tenencia de una mascota supone desafíos de convivencia en los entornos residenciales de Medellín.

    Desde las regulaciones legales y el valor sentimental que han adquirido las mascotas en la actualidad, es posible lograr un equilibrio que permita disfrutar de la compañía de nuestras mascotas sin sacrificar la tranquilidad y el bienestar de los vecinos.

     

    María Fernanda Moreno, de la fundación de rescate animal Dos almas, resume la situación así: “La tenencia de mascotas es un compromiso a largo plazo, que requiere no solo amor, sino una gran responsabilidad. Medellín tiene el potencial para fortalecer los ámbitos de la convivencia con mascotas que aun generan problemas, por la concientización recientemente generada de que son seres sintientes, capaces de llevar bienestar a los hogares y al alma de cada persona”.

  • Esto pasa con los suelos afectados por incendios

    Los incendios forestales en el Valle de Aburrá y en el resto del país son un fenómeno cuya alerta puede variar por factores como el clima, pero su amenaza ambiental se mantiene. Una quema no se limita a dañar un puñado de árboles, sino que sus efectos pueden perdurar por mucho tiempo, afectando la salud del entorno y de las personas. 

     

    Por Juan José Yath Granados / juan.granadosg@upb.edu.co

     

    En los años ochenta y noventa, un cuerpo de bomberos voluntarios en la comuna 1 de Medellín respondía el llamado de algún fuego sin control en los bosques. Con pocos recursos, la agrupación sirvió a la comunidad por muchos años hasta su disolución en el nuevo milenio. Sin embargo las alertas se mantienen, como un incendio forestal ocurrido en agosto de 2023 dentro de la misma comuna.  

     

    La problemática de las quemas en el bosque no solo afecta a un municipio, sino a todo el país. Según la organización Global Forest Watch , Colombia ha perdido 370 mil hectáreas de cobertura arbórea por incendios forestales entre 2001 y 2023. La situación fue tal que, en el caso del Valle de Aburrá, la corporación Área Metropolitana publicó el día 23 de septiembre de 2023 un comunicado que explicaba la situación de emergencia del problema. 150 hectáreas de bosques fueron arrasadas por el fuego. Dicha organización registró este año varias quemas en sitios como el Cerro Quitasol (Bello), la Vereda Chorrera (Barbosa) o por la Autopista Norte.   

     

    El regreso de las lluvias en el mes de noviembre rebajó el peligro, pero ya a nivel nacional el IDEAM reportó en su informe técnico diario que el 18 de enero de 2025 los departamentos que estaban en alerta roja por riesgo de incendios eran: Amazonas, Antioquia, Arauca, Bogotá D.C., Boyacá, Caquetá, Casanare, Cesar, Cundinamarca, Guainía, Guaviare, Huila, La Guajira, Magdalena, Meta, Norte De Santander, Putumayo, Santander, Vaupés y Vichada. La persistencia de este riesgo se demuestra en varias zonas del país con cicatrices de suelo quemado, por lo que vale preguntarse ¿qué es lo que rodea estos eventos ambientales? ¿Qué viene luego de que ocurren?

     

    ¿Cómo se forma y qué conlleva un incendio forestal?  

    Un ecosistema húmedo tropical no suele encenderse por sí mismo por su alta humedad y vegetación densa, pero es muy sensible a los incendios por cualquier chispa o señal de temperatura intensa. Alexander Ariza, ingeniero forestal, explica que la vegetación puede ser combustible para un incendio. Por ejemplo, las hojas y ramas caídas, al contacto con el fuego, arden fácilmente y expanden las llamas a más organismos en un efecto dominó que termina por dejar una gran herida en el ambiente.   

     

    Los incendios forestales en sí no tienen por qué ser sinónimos de tragedia, ya que es un proceso natural en muchos entornos. De hecho, hay casos en que un fuego promueve la renovación de plantas o disminuye el material combustible, evitando futuras quemas de gran magnitud, explica Ariza. Sin embargo, el ser humano ha alterado estos ciclos al aumentar la frecuencia y el nivel de daño de estos fenómenos. Un fuego descontrolado y violento puede traer consecuencias más allá del desanimo por ver un paisaje carbonizado. En el siguiente interactivo se muestran algunas de los efectos de los incendios forestales (Dale clic a los círculos brillantes para ampliar la información):

     

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    Interactivo hecho con información del Ingeniero forestal Alexander Ariza, la FAO y la OCDE

     

    ¿Cómo se recupera una zona afectada por incendios?  

    Cuando el fuego se termina, el mismo ecosistema se puede recuperar por sí mismo, dependiendo de qué tan severo fue el incendio, lo que se conoce como resiliencia. Si la quema fue intensa y alcanzó temperaturas altísimas, es necesaria la intervención del ser humano en un proceso llamado restauración ecológica, como explica el ingeniero forestal Alexander Ariza. La idea con esta iniciativa es asegurarse de que el ecosistema afectado regrese a su estado anterior al incendio. No se trata solo de sembrar plantas para llenar de verde el suelo, sino de comprender el cuerpo de flora y fauna que compone el ambiente para saber cómo tomar acciones.   

     

    “Los procesos de restauración ecológica tienen en cuenta el tipo de vegetación presente, es decir, no podemos restaurar un suelo que ha sido quemado en una zona con cualquier especie, tienen que ser especies propias del sitio, a eso se le conoce como especies endémicas”, explica Ariza a Contexto y añade que cada organismo cumple un rol en el balance de su ecosistema. Si se incluye alguna planta que no haga parte de esta estructura, el entorno se podría deteriorar aún más, sin tener las mismas condiciones de antes. 

     

    Fotos de una zona afectada por un incendio forestal en el barrio Batallón Girardot en Medellin. Fotos tomadas durante la evaluación del terreno. Area Metropolitana del Valle de Aburrá.

     

    La restauración ecológica es un proceso muy largo y requiere de constante monitoreo de las zonas afectadas para recopilar datos e información sobre cómo avanza el proceso y si se llega a las metas esperadas.  Estos procedimientos, son explicados más a fondo en el libro “Monitoreo a Procesos de Restauración Ecológica Aplicado a Ecosistemas Terrestres”, desarrollado por el Instituto Humbolt y en el que participó el Dr. Ariza. El texto habla de muchos aspectos a tener en cuenta para la restauración del suelo luego de sufrir distintos fenómenos como incendios forestales. Algunas recomendaciones son establecer desde el principio un plan de monitoreo con objetivos definidos. Además, aconseja incluir a comunidades que viven cerca de los sitios afectados en la restauración para que participen en la iniciativa y aprendan de los procesos.  

     

    Por otro lado, el mismo libro reconoce que Colombia no suele realizar restauraciones completas a pesar de la cantidad de casos de incendios que ocurren cada año. Los autores Carolina Murcia, Manuel R. Guariguata y Elena Montes comentaron la falta de recursos y de planeación de los procesos en 2018 (cuando se publicó el texto). Ariza confirmó lo mismo en 2024. Esta clase de campañas se reservan a zonas de gran importancia para la biodiversidad del país. “Realmente los procesos de restauración solo se hacen en donde los ecosistemas son, por sus características naturales, críticos, como un Parque Nacional Natural, o una reserva de la biosfera”, Comenta Ariza. 

     

    Por el lado del Valle de Aburrá, Área Metropolitana aplicó el Protocolo de Evaluación de Impacto Ambiental 9 veces desde el período de 2023 hasta fines de mayo de 2024. Este derrotero busca informar sobre el impacto que tuvo el fuego y así definir los pasos a seguir para una futura restauración. Esta medida aplica a “todos aquellos incendios de gran magnitud, que comprometen ecosistemas estratégicos o que ocurren en la interfaz con las áreas pobladas”, como explica la entidad en respuesta a un derecho de petición. Un ejemplo fueron los procesos realizados luego de una quema en el Cerro Quitasol en 2017, que incluyó un plan de monitoreo del área para analizar poco a poco cómo iba avanzando la recuperación.    

     

    ¿Cuáles son los posibles efectos a largo plazo de los incendios forestales?  

    Cuando un ecosistema que necesita restauración no la recibe, existe el riesgo de que no se recupere correctamente. El suelo puede terminar con una especie de capa que no le permite absorber los nutrientes y el agua de la lluvia, esto hace que poco a poco baje su calidad y erosione. Cuando este se degrada, las especies nativas no son capaces de crecer de nuevo, por lo que todo el ecosistema se desmorona, lo que lleva a la pérdida de bosque.

    En Colombia, muchas zonas que solían ser extensiones de diversos arboles terminaron como pastizales porque no hubo una recuperación completa del suelo. Un informe del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas SINCHI mostró, por ejemplo, que el bosque pasó de representar el 81,65 de la Región Amazónica en 2020 al 81,06 para 2022 (284.286 hectáreas menos). Mientras que el pastizal, en ese mismo período, aumentó su área del 8,87 al 9,28, lo mismo que las tierras degradadas, del 0,16 al 0,40.   

     

    Por otro lado, el fuego descontrolado está relacionado al aumento de temperatura y al cambio climático debido a que el humo de los incendios contiene gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono. “Un mayor aumento de la temperatura o periodos climatológicos más severos como son los fenómenos del niño y la niña provocan o tienen una relación directa con el aumento de la severidad y de la frecuencia de los incendios, sobre todo en zonas donde estos no eran frecuentes”, Menciona Ariza.  

     

    Medellín ha visto poco a poco un cambio en el clima que podría influir en el riesgo de incendios. El servicio meteorológico Meteoblue reportó aumentos en la temperatura anual de la ciudad desde 1979 hasta 2023. Según la gráfica, la escala era mayor o menor entre un año y otro. Sin embargo, mientras que en el sigo XX se registraron en ciertas épocas menos 18 grados centígrados, el nuevo milenio mostró casos en que la temperatura rebasaba los 20 grados.  

     

    Los incendios también liberan material particulado. Estos contaminantes se concentran sitios como Medellín, los cuales quedan a veces atrapados en una formación tan estrecha como es el Valle de Aburrá, lo que pone en riesgo el bienestar de la población. La corporación Área Metropolitana explica que, en meses como marzo y noviembre, las nubes están a baja altura. Por lo que el calor de la radiación solar no logra elevar tan fácilmente las partículas por arriba de las montañas para que se vayan con las corrientes del aire. 

     

    ¿Qué medidas existen para controlar el problema de incendios forestales? 

    Las posibles amenazas que provoca el fenómeno del fuego son de las razones por las que existen sistemas de recopilación de datos sobre zonas afectadas por quemas, como comenta Jesús Adolfo Anaya, doctor en teledetección:  “Nosotros lo que hacemos es observar la ocurrencia de los incendios y hacer, digamos, un registro en dónde ocurrió el incendio, qué área tiene, qué intensidad tuvo”.  

     

     El doctor Anaya explica que es difícil conocer el por qué se provoca cada uno de los incendios forestales. Sin embargo, destacan razones como expandir la zona de pastizal para ganadería, o para limpiar de árboles un terreno potencial para construir casas. Es así, por ejemplo, que el Boletín del IDEAM sobre la detección temprana de deforestación señala que los incendios son parte de las causas en algunos focos de perdida de bosques, especialmente en zonas del Meta. Los datos de la publicación son del primer trimestre del 2024 y hacen evidente el papel de la ganadería y del acaparamiento de tierras en estos fenómenos. El fuego es a veces la solución fácil para arrebatarle espacio a los ecosistemas naturales. Por lo que es necesario que las ciudades tengan un constante sistema que detecte aumentos de temperatura o zonas de quema, como una señal de incendio. 

     

    La cuestión con las quemas no solo depende del municipio, sino también del sector que se trate. Adolfo Taborda fue parte del Cuerpo de Bomberos Voluntario del barrio Santo Domingo Savio en la comuna 1 de Medellín, mencionado al inicio del texto. Ejerció desde 1985 hasta principios de los noventa. Luego trabajó como socorrista de 1993 y se desvinculó luego del terremoto de Armenia en 1999. Participó en la atención de diferentes catástrofes, incluyendo incendios, los cuales ocurrían cada quince días durante el período en que ejerció su labor, fuesen forestales o en zonas urbanas. En ambos trabajos hizo parte de organizaciones que no recibían fondos del gobierno, así que él y su equipo se financiaban por sí solos. Aún sin tener las mejores herramientas, se encargaban de mitigar el fuego antes que nadie, como explica a Contexto: “cuando el Cuerpo Oficial de Bomberos llegaba, nosotros ya habíamos acabado casi toda la quema”. 

     

    Taborda socorría más que todo los fuegos ocurridos alrededor de Popular, pero también en otras partes del Valle de Aburrá. Hizo parte del equipo que combatió un incendio en el Salado, Envigado, en los noventa, que tomó casi veinte días extinguir, así como en una ladera cerca de Santa Elena en los años 2000. Una de sus más agradables experiencias al enfrentar quemas era el salvar vidas, pero no solo de personas o de árboles: “lo más hermoso eran los animales silvestres que salvábamos”. 

     

    Las causas más comunes de las quemas en Popular, según Taborda, eran para arrasar terrenos en laderas que luego serían ocupados como viviendas. Además, también ocurrían casos de descontrol del fuego en sitios donde se encendían llantas de vehículos, que muchas veces eran usados para construir edificaciones.  

     

    En la actualidad, la comuna 1 casi no sufre incendios forestales porque es un territorio que ha sido en gran medida acaparado por el casco urbano, en parte por los sitios arrasados para construir viviendas. Son pocas las zonas verdes que se encuentran. Ahora, las quemas más frecuentes son de tipo estructural, las que ocurren en edificios y casas. Popular pasó de recibir incidentes por fogatas descontroladas y bosque carbonizados, a más casos de fuego por pipetas de gas en las casas o chispas que escapan de basura ardiendo.  

     

    Taborda hace parte de la corporación de Con-vivamos, donde se encarga de coordinar labores que beneficien la paz con el territorio en la zona nororiental de Medellín, que incluye la comuna 1. Una de sus iniciativas es enseñar sobre la prevención de fuegos incontrolados. Que los incendios forestales ya no sean una gran preocupación en Popular evidencia el retroceso de sus zonas naturales, justo como ocurre en otros territorios del país luego de quemas provocadas por manos humanas. 

     

    Los incendios son una problemática que afecta tanto la biodiversidad del país, como la población en corto y largo plazo. Las soluciones tienen que ser un esfuerzo conjunto entre el Estado y la ciudadanía. El primero se debe encargar de aminorar los aportes al cambio climático y de la intervención sobre quienes suelen provocar los incendios forestales, además de reforzar los planes de restauración para evitar el deterioro de los ecosistemas. Por su parte, las personas de a pie les queda más que todo seguir las indicaciones para evitar el riesgo de quemas. Urge saber lo que puede ocurrir por una simple colilla de cigarro o fogata mal apagada en medio de la hojarasca.  

  • Con retoques con sal de mar: postales de Santa Cruz de Islote

    Por Valeria Hernández Martínez / valeria.hernandezm@upb.edu.co

     

    Las lanchas llenas de turistas desembarcan en un pequeño muelle de tablas de madera levemente separadas que permiten ver hacia abajo un mar cristalino y lleno de diminutos peces. Los clavos carcomidos por la humedad y el salitre adornan y mantienen en pie los pocos metros de la plataforma, en cuyo final hay una persona entregando recortes de fomi rosado que cumplen el rol de boleta de entrada a Santa Cruz del Islote, la isla artificial más densamente poblada del mundo. 

     

     

    Se trata de una isla perteneciente al departamento de Bolívar –a pesar de situarse más cerca de Sucre–, cuyo nombre real es Isla de San Bernardo. Mide 10.000 metros cuadrados y, a junio de 2024, cuenta con 816 habitantes: 99 familias, 146 viviendas, una institución educativa, un puesto de salud, cuatro tiendas, diez calles y una iglesia conforman la pequeña, pero unida comunidad del islote.  

     

    Cindy Morelos es una de las 28 guías turísticas de la isla y es quien acompañará el recorrido de mi grupo el día de hoy. Nos saluda jovialmente, mientras dejamos atrás en el muelle a aquellos turistas quienes no tuvieron interés en descender de sus lanchas. Cindy comienza el recorrido hablando sobre la información básica del islote, añadiendo que es importante consultar con las personas y niños antes de tomar fotografías con sus rostros.  

     

    Dirige al grupo a una pequeña plaza, de, aproximadamente, no más de dos metros cuadrados, situada en frente del Centro Educativo Santa Cruz del Islote, en el cual cursan 225 estudiantes. Un par de niños corretean, cuchichean y ríen por lo bajo entre sí al acercarse juguetonamente al que seguramente era uno de los muchos grupos de turistas que ven a diario usando sombreros ostentosos, gafas oscuras y trajes de baño. El chancleteo proveniente de su juego de fútbol se hace cada vez menos audible mientras se quedan quietos para escuchar a Cindy contar aquella historia que ya saben de memoria. 

     

    “Contábamos con un conjunto de paneles solares, pero en estos momentos se encuentran dañados, así que en horas de la tarde, usamos motores. Se prenden desde las 6 de la tarde hasta las 6 de la mañana al día siguiente”, comenta Cindy. No puedo evitar notar que de su cuello cuelga un delicado collar dorado con su inicial. Se acomoda un poco el cabello antes de proseguir: “En el tema del agua, cuando estamos en escasez, nosotros mismos nos encargamos de recoger el agua directamente desde Cartagena. Una empresa (Veolia) tiene unos chicos trabajando acá. Se encargan de recoger toda la basura tres veces a la semana, luego, ellos mandan una embarcación más grande cada 15 o 20 días”. 

     

    Algunas fachadas son una declaración de principios de los isleños. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

     El cariño por su comunidad es notorio en la voz de Cindy al explicar que no es necesaria la presencia de agentes de policía ni de inspectores, puesto que para ello siempre han tenido en mente la sabiduría y opinión de los adultos mayores, quienes obran como mediadores de conflictos en la mayoría de problemas presentados en el islote. “Acá todo el mundo se conoce y todos nos consideramos familia”, añade, para reafirmar su idea de la buena convivencia de la comunidad. 

     

    Levanto la vista para ver un par de niños sacar sus cabezas curiosas por las rendijas y ventanas de los pisos superiores de la escuela del islote. Su fachada se tiñe de colores vívidos y murales con mensajes que no logro descifrar si se dirigen a la comunidad isleña o a aquellos turistas que arribamos a diario: “La basura no vuelve sola. Es parte de tu equipaje, ¡llévatela!”, y un pequeño mapa pintado a mano del archipiélago de San Bernardo ilustra las 10 islas que pertenecen al mismo. Se trata de Múcura, Maravilla, Tintipán, Mangles, Panda, Ceycen, Palma, Cabruna, Boquerón, y por supuesto, el Islote. Debajo del improvisado mapa, cuyo alrededor lo adornan ilustraciones de fauna marina, se lee el mensaje “Sin manglar no hay ecosistema, sin ecosistema no hay vida”.  

     

    Toda la isla es el laboratorio en el que aprenden los niños de la institución educativa local. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

    “Esta callecita por la que acaban de ingresar tiene por nombre ‘la calle del adiós’. Lleva ese nombre porque cuando se nos muere algún ser querido, le damos el recorrido a la isla, le rezamos en la Santísima Cruz que tenemos de aquel lado”, prosigue Cindy, provocando que giremos en todas direcciones en busca de dicha cruz. No hace falta examinarla por un prolongado periodo de tiempo. “Luego, por aquí lo sacamos, por el muelle. Se lleva hacia la isla de Tintipán donde está el cementerio”. 

     

    Los lugares en el islote son reducidos, pero eso no impide que encuentren alternativas para compartir en comunidad. La religión es un pilar importante, por ende, las plazas más grandes, como aquel espacio frente a la institución educativa, son el epicentro de festividades como el 3 de mayo, día de la Santísima Cruz, el 16 de julio, día de la Vírgen del Carmen, el 11 de noviembre, donde comienzan las celebraciones de los carnavales de Cartagena, y por supuesto, las festividades más grande: las decembrinas, como el día de las velitas, las novenas y navidad. 

     

    Los callejones son angostos y las casas de adobe se adornan por letreros que anuncian ventas de comida, jaulas con loros y pájaros inquietos cuyas plumas están constantemente erizadas, y murales elaborados con gran nivel de detalle por artistas locales en pro de avivar los espacios, tanto para los locales como los más de 500 turistas que visitan el islote a diario. 

     

     

    Un santuario en el escaso espacio público y un grupo de pericos que vive en la misma estrechez de sus tenedores. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

    No puedo evitar detallar un mural en particular mientras nos desplazamos. Se trata de una pared cuya pintura se cae a cascarones en la parte inferior. Aparenta ser una ventana modificada para ser sellada con ladrillos pintados de tonalidades coloridas. A su alrededor, la pared blanca se adorna con los nombres de las islas pertenecientes al archipiélago y las huellas de las manos, de acuerdo a Cindy, de los estudiantes de la institución educativa del islote. Lo más destacable son las frases pintadas sobre los ladrillos de la ventana: “yerda”, “espeluque”, “ve a ver esa vaina”, “ajá” y demás llaman mi atención. 

     

    Cindy nota mi interés y pide al grupo detenerse frente al mural. Explica que se trata de frases típicas pertenecientes a la jerga del islote. Asumo el significado de algunas, sin embargo, desconozco la mayoría. Cindy explica que alguien “hueso” es aquel que es aburrido o que trae mala suerte, “vololó” se usa para denominar a un problema difícil y “¿estás socroso?” cuestiona la pulcritud o la higiene de una persona. Las contagiosas carcajadas no tardan en surgir progresivamente en el grupo y un par de personas se acercan a tomarse fotos señalando la frase que hallaron más graciosa o aquella con la que se sienten más identificados. 

     

    Hace más de 200 años, los primeros habitantes llegaron a poblar el islote. De acuerdo con Cindy, eran comunidades de pescadores afrodescendientes de langostas y cangrejos —bastante abundantes en la zona—, apellidados “los Julios y los César”. Estos pescadores llegaron en primera instancia a habitar la isla de Tintipán, pero descansaban en la formación rocosa de a ratos durante el día. Con el tiempo, comenzaron a percatarse de la ausencia de mosquitos en la formación rocosa lo que los llevó a construir poco a poco pequeñas estructuras rellenas con piedras, caracoles y escombros para reubicar a sus familias. Actualmente, la comunidad se sustenta a base del turismo, la pesca, sus comercios y su atracción principal: un acuario improvisado que permite a sus visitantes nadar con tiburones gato. 

     

    Extrañamente, Cindy nos dirige al último punto del recorrido, donde tendremos unos minutos libres antes de volver a abordar las embarcaciones para el regreso. Atónita, miré mi reloj: ¡sólo habían pasado 15 minutos desde nuestro desembarque!, en realidad sí que era rápido recorrer el diminuto islote.  

     

    El grupo se escabulle entre angostos callejones, donde los locales nos miran pasar desde las ventanas de sus aposentos, y esquivamos uno que otro perro cuyo sueño parece no ser perturbado por el bullicio. El marco de una puerta, bastante recóndita, anuncia la entrada al acuario del islote. Se trata de una especie de sótano adaptado para ser un espacio amplio, manteniendo su esencia rústica. Un par de hamacas cuelgan del techo, y la entrada a lo que parece ser una vivienda en los pisos superiores es visible. Un muro se tiñe de azul por completo, mostrando el mensaje “I love Santa Cruz del Islote” pintado junto a un par de elementos alusivos a la vida marina, y un par de turistas me piden tomarles una fotografía frente a este al notarme detallándolo con la mirada. 

     

    El acuario de Santa Cruze Islote. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

    Me acerco a la pequeña —y única— mesa de souvenirs del acuario, y probablemente, de las únicas en el islote. Conchas de caracoles, imanes con los nombres de las islas del archipiélago, bisutería y algunas otras manualidades elaboradas por los locales son expuestas en un pequeño par de mesas. En un inicio, no hay nadie a la vista atendiendo, o al menos hasta que tomo un imán en mis manos. Un hombre se acerca a recitarme los precios de cada cosa como si de un poema se tratara y veo que trae la ropa algo húmeda: huele a sal de mar. Termino por comprar un imán que sé lucirá muy bien en la nevera de mi hogar de regreso en Medellín.  

     

    Cindy nos indica que el acuario es un espacio colmado de tortugas marinas, tiburones, peces de distintas especies y rayas. Son unos pequeños espacios cercados por tablas de madera en el agua de mar que bordea la isla. Unas escaleras improvisadas dan ingreso a los turistas intrigados quienes se animan a nadar con los animales, quienes son resguardados por varios trabajadores de turno. Hoy, el encargado es García: un hombre de tez morena y un poco alto, cubre su cuerpo con una licra negra que lo protege del sol y usa gafas para poder ver el entorno submarino a su alrededor. 

     

    Tiburón gato y peces de varias especies en el acuario del islote. Foto: Valeria Hernández Martínez 

     

    Hay una barca sobre la orilla, estacionada junto a la entrada de una casa, como si de un garaje se tratara. En ella, unos pares de zapatos puestos, probablemente para secarse al sol. Otras barcas se apilan sobre ellas alrededor, y me produce curiosidad ver una cubeta con vísceras de pescado fresco depositada tan despreocupadamente cerca del borde del agua.  

     

    Entro en el agua y García se hunde para levantar uno de los tiburones que nadan arrastrándose sobre la arena del fondo para que quede casi hasta el nivel de la superficie del agua, siendo visible para que los turistas lo vean y lo acaricien. García se hunde de a ratos debajo del tiburón, para no interferir en las fotografías. Me comenta que los tres tiburones llevan un par de años viviendo en el acuario y que no representan una amenaza para los turistas debido al “adiestramiento” que les brindan para no tener un comportamiento hostil. Responde un poco distante y evade tener mayor conversación conmigo: lo comprendo, puesto que puede tratarse de un tema un poco controversial. 

     

    Facetas de tierra de pescadores. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

    La lancha en la que arribamos hace menos de una hora se asoma para detenerse en un pequeño muelle improvisado junto al acuario, y los guías turísticos nos llaman pidiéndonos embarcar de nuevo. Adentro, un par de compañeros del grupo que no se animaron a bajarse se asoman para buscar caras conocidas y pedirles que se sienten junto a ellos. Doy un último vistazo antes de abordar: Cindy charla y se ríe junto a quienes parecen ser la familia que vive en los pisos superiores al acuario, un pescador se sienta junto a la cubeta con pescado para seguir escarbando la carne tierna con ayuda de un cuchillo (y a veces, sus propias manos) y García sale del agua con lentitud. 

     

    Quiero tener la imagen más vívida posible del panorama tan único y con una esencia magnífica del islote mientras la lancha enciende sus motores. Veo más barcos acercándose al muelle por donde ingresamos y personas adentrándose a conocer una de las antípodas más mágicas que esconde el país, sintiéndome satisfecha. Cierro los ojos, y me digo a mí misma que me quedaré con lo último que vea del islote una vez los abra: un marco de puerta sale directo al mar —sin tierra, sin arena, nada. Sólo agua un par de metros más abajo—. Tiene una tabla de madera en la parte baja, que impide salir a un perro erguido en dos patas que ladra a las lanchas que pasan. Me río para mis adentros, y pienso “ojalá los ojos tomaran fotos”. 

     

  • ¡Ladridos en el aula! La tendencia en las universidades de Medellín

    Stephanía Zapata Hincapié / stephania.zapataupb.edu.co

    Según la Secretaría de Salud de Medellín, en 2023 se efectuaron más de 843.000 diagnósticos relacionados con la salud mental (290.000 asociados a estrés, 190.000 a trastornos mentales y del comportamiento y 187.000 por trastornos de humor). En un intento por abordar el creciente problema de salud mental entre los estudiantes universitarios, varias instituciones en Medellín han adoptado una medida fuera de lo habitual: permitir que los perros de apoyo emocional acompañen a sus tutores en los campus.

     

    Si bien esta iniciativa ha sido recibida con entusiasmo por muchos, plantea interrogantes sobre sus efectos sobre la dinámica y la convivencia en el entorno universitario. Además, surgen preguntas: ¿Qué es un perro de apoyo emocional?  ¿Dónde se origina el concepto?

     

    Aunque no se define una fecha exacta, se aproxima a 1976 el momento en que la enfermera Elaine Smith, propuso la idea de un acompañamiento terapéutico que involucraba a los caninos para el soporte emocional de las personas.

     

    Los defensores de la determinación en las universidades destacan los numerosos beneficios que los perros de apoyo emocional pueden reportar a los estudiantes. Santiago Jaramillo, estudiante de Ingeniería mecánica de la Universidad EAFIT enfatiza la importancia de incorporar perros de apoyo emocional a la vida el campus universitario. Para él, la presencia de los canes es una estrategia efectiva para fomentar actitudes positivas y mantener altos niveles de energía.

     

    Nicholas Epley, profesor de Ciencias del Comportamiento, en su libro titulado “Mindwise”, sostiene que se ha demostrado que la presencia de estos animales puede reducir los niveles de estrés, ansiedad y depresión, proporcionando un apoyo valioso ante desafíos académicos y personales. Además, la interacción con los perros puede fomentar la socialización entre los estudiantes, creando un ambiente más acogedor y comunitario en el campus, como se puede observar en las sedes de varias universidades de Medellín en las que con cada vez más frecuencia se ve a los estudiantes y profesores conviviendo y a veces interactuando con los perros de apoyo emocional.

     

    Una de las principales preguntas que surge es cómo las universidades se prepararán para estas novedades en sus campus en los que entonces se debe considerar áreas designadas para que los perros puedan descansar y jugar de manera segura, así como también se debe establecer normas claras sobre dónde y cuándo se permitirá la presencia de los perros en el campus. 

     

    Nicolás Umaña y Zeus comparten con sus compañeros y amigos en el campus de la Universidad EAFIT en Medellín.

    Foto: Stephanía Zapata Hincapié.

     

    Algunas universidades ya han tomado medidas para adaptar sus espacios. Por ejemplo, la Universidad de Antioquia implementó un protocolo para regular la presencia de perros de asistencia médica y de apoyo emocional en sus campus, con el objetivo de atender las necesidades de quienes requieren la compañía de estos animales para su bienestar físico o mental. La Resolución Rectoral 50912, emitida el 19 de diciembre de 2023, establece normas y requisitos para que las personas puedan acceder a los espacios de la institución con sus mascotas. Entre las medidas se encuentra la creación de áreas especiales para que los perros disfruten de espacios abiertos y seguros en el campus, siempre bajo la supervisión y responsabilidad de sus dueños. 

     

    Entre los requisitos más importantes que se pueden destacar de las regulaciones en la Universidad de Antioquia están:  

    • Tener un certificado médico o psicológico que justifique la necesidad del perro. 
    • Tener un certificado de adiestramiento y vacunación del perro. 
    • Cumplir con las normas de seguridad y convivencia establecidas en el protocolo. 
    • Llevar al perro con collar, correa y placa de identificación en todo momento. 
    • Respetar los derechos de las demás personas que comparten los espacios de la Universidad, especialmente de aquellas que puedan tener alergias, fobias o preferencias respecto a los animales. 

     

    Asimismo, las universidades CES y EAFIT han establecido normas estrictas para garantizar el bienestar de los perros y su integración positiva en la vida universitaria. Estas medidas incluyen la verificación de certificados médicos y de adiestramiento, así como la educación continua sobre la importancia de los perros de apoyo emocional en el campus. 

     

    En la Universidad Privada Boliviana, se requiere una solicitud previa a través del área de Bienestar Universitario para una evaluación profesional para determinar la necesidad del acompañamiento y la idoneidad de la relación entre estudiante y perro. 

     

    Similar a la obtención de una licencia para pisar el campus, los perros de apoyo emocional también deben presentar su documentación: un certificado médico emitido por psiquiatras o psicólogos, identificación del animal y un carné de vacunas completo. 

     

    Escuche aquí los testimonios y opiniones sobre los animales de apoyo emocional en las universidades

     

     

    Nuevos personajes en el campus

    En los corredores de la Universidad EAFIT, una figura destaca entre la multitud con una presencia tan reconfortante como notoria: es Zeus, un perro pastor alemán que acompaña fielmente a Nicolás Umaña, una singular dupla que encarna una historia de vínculo inquebrantable y superación personal que ha capturado la atención de la comunidad estudiantil y más allá. 

     

    Nicolás encontró en Zeus mucho más que un simple compañero canino. Decidió compartir su hogar con un perro que ya tenía ocho años y medio, que se convirtió en un pilar tras la muerte del padre de Nicolás. Zeus no solo brindó consuelo incondicional, sino que se convirtió en una fuerza motivadora para la recuperación emocional. 

     

    Con dedicación y paciencia, Nicolás adiestró a Zeus para que respondiera a comandos específicos, otorgándole una conciencia única de su entorno y necesidades. Este adiestramiento, respaldado por el permiso expedido por un psicólogo, certificó la condición de Zeus como perro de apoyo emocional, respaldo esencial para el bienestar de Nicolás. 

     

    Sin embargo, su presencia en la universidad no ha estado exenta de desafíos. A pesar de contar con todos los permisos requeridos, Nicolás tuvo que esperar que la universidad hiciera la respectiva verificación psicológica y la demostración de la no agresividad de Zeus ante un adiestrador. 

     

    En su día a día, a ambos se les puede encontrar en el transporte público, bajo miradas de todo tipo, muchas desde el desconocimiento del trabajo de los perros de apoyo emocional, ya sea porque los rechazan o porque ven allí la oportunidad de simplemente poder llevar un animal de compañía a todas partes. Sin embargo, es importante destacar que el Decreto 1079 de 2015 permite el transporte de animales de compañía siempre que se cumplan las condiciones y requisitos correspondientes. 

     

    En su defensa de este derecho, Nicolás no solo aboga por sí mismo, sino por todos aquellos que encuentran en sus compañeros caninos un apoyo vital en su lucha contra las adversidades. Su historia es un recordatorio conmovedor de la fuerza del vínculo humano-animal y la importancia de la inclusión en todas sus formas. 

     

    ¡Ladridos en el aula! La tendencia en las universidades de Medellín

     

    Según Paulina González, psicóloga de la Fundación Tregua, el contacto con los caninos promueve el aumento tanto de la serotonina, conocida coloquialmente como la hormona de la felicidad, como de la oxitocina, conocida también como hormona del amor. De ese modo, González resalta la importancia del rol de los perros de apoyo emocional como “biorreguladoras anímicos y reguladores del ritmo cardíaco”.

     

    Paula Castelblanco, Magíster en Psicología Cognitiva y del Aprendizaje, explica que los perros de apoyo emocional constituyen un respaldo fundamental para la salud mental de sus dueños, poseen el privilegio de viajar en la cabina de aviones en vez de la bodega y de acompañar en una variedad de espacios, tales como universidades, colegios, oficinas, supermercados, entre otros. Estos animales están capacitados para brindar apoyo terapéutico en casos de ansiedad, estrés, problemas conductuales, autismo, y otras condiciones similares. 

     

    La integración de perros de apoyo emocional en el entorno universitario no solo representa una tendencia en alza, sino también un testimonio del compromiso de las instituciones académicas con el bienestar integral de sus estudiantes. Manejada con rigor y conciencia, incluso de quienes deben entender que estos perros están en labores de cuidado, su presencia en el campus no solo proporciona consuelo y compañía, sino que también fomenta un sentido de comunidad y conexión emocional con los demás.  

  • Por el bulevar de la 70 pasan los desafíos con la recolección de basura en la comuna 11

    Por Miguel Ángel Álvarez Mejía – Brandon Adrián Bustos Oliveros

     

    Lo que pasa con las basuras en la carrera 70 es la muestra de lo que ocurre en otros sectores de la ciudad. Varias recolecciones al día, barrido permanente, desechos que siguen acumulados o esparcidos. Detrás del problema de las basuras en Medellín hay una alta dosis de inconsciencia de algunos ciudadanos.

     

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    La carrera hacia la consolidación de Medellín como atractivo turístico se ha encontrado en últimos años con las molestias e inconformidades que genera el aumento significativo de basuras en algunas de las vías públicas. Según datos reportados a mitad del año 2023 por la gerencia de la operadora pública de aseo Emvarias, “se tienen identificados 2.200 puntos críticos donde se acopian basuras de forma desordenada y sin ningún tipo de control¨.

     

    Varios de esos puntos críticos están en la comuna 11, Laureles, un territorio que combina los usos residencial, turístico y comercial, atractivo para muchos visitantes. Sin embargo, en los últimos meses, tanto algunos residentes como comerciantes han manifestado un aumento significativo en la cantidad de basura que se encuentra en las vías públicas de la reconocida carrera 70 y sus alrededores; sector tradicional de hoteles, restaurantes y establecimientos nocturnos.

     

    Desde la circular primera hasta la calle 48, turistas, habitantes del sector y comerciantes conviven entre montones de basura que se acumulan varias veces al día en casi todas las esquinas de las 13 cuadras que conforman el emblemático bulevar de la carrera 70, muy visitado durante la Feria de las Flores o durante los encuentros futbolísticos de los equipos de la ciudad, específicamente por los aficionados de Atlético Nacional, que han convertido el lugar en su sitio de encuentro antes y después de los juegos en el estadio, a pocas cuadras de allí.

     

    El manejo de basura ha generado conflictos entre habitantes de calle, comerciantes, autoridades locales y empresas de servicio público. Algunos comerciantes afirman que la proliferación de basuras ha venido en aumento debido a que los habitantes en condición de calle se encargan de esparcirla en búsqueda de comida. Ana María Zuleta, cajera y mesera del establecimiento Los Verdes, afirmó: “Es muy incómodo con los habitantes de calle, que están desesperados porque uno saque la basura, para ver qué comen, dejando todo el reguero por ahí”. Por su parte, los comerciantes entrevistados afirmaron hacer parte de una cultura de reciclaje y tener compromiso con la selección de las basuras.

     

     

     

    Sectores diferentes 

    Pese a que los comerciantes de la carrera 70 zona norte manifestaron su inconformidad ante la crítica situación, algunos de la zona sur, por su parte, expresaron un fenómeno que particularmente caracteriza y marca la diferencia de las demás siete cuadras ubicadas entre la calle San Juan y la circular primera. Katherin Guzmán Rojas, directora operativa del G5, grupo empresarial conformado por La Tienda, Chamaca, Canalón, Rebeca y Wembley, afirmó: “Tú caminas desde San Juan hacia el estadio y la situación con las basuras, la prostitución, los vendedores ambulantes es muy diferente en con respecto a esta zona de la 70. Desde mi perspectiva, son los mismos empresarios quienes han permitido el incremento de la presencia de habitantes de calle gracias al mal uso de los residuos. Es un tema organizacional y administrativo de parte de ellos.”

     

    Por otro lado, en contraste con la versión de los comerciantes, los habitantes de calle aseguran que se ven obligados a esparcir la comida debido a la mezcla de residuos orgánicos con reciclables, lo que dificulta el proceso de selección de residuos que puedan seleccionar para alimentarse. “Los dueños de los negocios son egoístas, ¿qué les cuesta separar la comida del resto de la basura? Les falta un poco más de cultura respecto al reciclaje; los pocos comercios que reciclan es porque nos pagan a nosotros para que lo hagamos con sus desechos”, afirmó Juan Camilo Cardona, habitante de la calle desde hace aproximadamente 12 años. Sin embargo, pese a que según algunos habitantes en condición de calle se quejan de la poca cultura de reciclaje que hay por parte de los comerciantes, sacar la basura a destiempo, es una oportunidad para ellos; Juan Camilo aseguró, “que las empresas de recolección no pasen a recoger la basura es beneficioso para nosotros, porque ese es nuestro trabajo”. 

     

    Quienes residen el el sector sufren las consecuencias de las disparidades ente comerciantes y habitantes de calle. A su turno, Luis Fernando Cano, habitante de calle en el sector hace 2 años señaló: El problema es que no todos los habitantes de calle que son delicados y responsables, no tienen la cultura de destapar, seleccionar y volver a cerrar¨.

     

    Quienes tienen la tarea de limpiar las concurridas calles de la zona tienen su propia visión: “La verdad, la situación es crítica, los comerciantes sacan la basura a lo hora que quieren, los indigentes hacen de las suyas y no se aprecia el trabajo que nosotros hacemos, acá nadie recicla, los comerciantes mezclan la basura”, afirmó una operaria de barrido de la empresa Emvarias, quien pidió la reserva de su identidad.

     

    En 2022, la Alcaldía de Medellín ubicó una serie de contenedores para recolectar la basura de manera organizada, pero meses después desaparecieron. La operaria de barrido de Emvarias indicó: “Los contenedores grandes si  estaban, por supuesto; pero los quitaron debido al mal uso”, y desde su perspectiva ante la crítica situación tal cual como ella misma afirma, “la basura no se recicla, por lo que los habitantes de calle incrementan el desorden, yo pienso que la empresa presta el servicio adecuado pero los comerciantes e indigentes son muy desordenados.”

     

     

    Carrera 70 con circular tercera, febrero 21 de 2024

     

     

    Falta un ingrediente

    John Bedoya, actual jefe de operaciones de Emvarias señaló que en 2022 se buscó, a través de la contenerización, reducir el impacto de los residuos presentados en la vía pública. Se ubicaron exactamente 60 contenedores de 1,100 litros en la carrera 70 y avenida 80. En zonas residenciales, muchos usuarios vieron la estrategia como una herramienta de mejora en su entorno; esto ocurre cuando hay apropiación. Sin embargo, el funcionario explicó que, en sectores comerciales, a pesar de las campañas de pedagogía, no se les dio un buen uso.

     

    A pesar de que los vehículos y el personal de Emvarias redoblan esfuerzos para cumplir con las frecuencias de los recorridos y horarios establecidos en las rutas, la falta de conciencia de algunos ciudadanos echa abajo todo esfuerzo por el correcto manejo de los desechos. Bedoya indicó que “el inadecuado manejo de los residuos es el problema más complejo actualmente; esto se refiere al incumplimiento de los horarios establecidos para la recolección de basura en los establecimientos y a la escasa cultura de reciclaje, lo que fomenta el desplazamiento de habitantes de la calle hacia la carrera 70″.

     

    Según algunos comerciantes, los camiones de basura hacen un recorrido cada 4 horas al día. Por otra parte, agentes de la Policía Nacional en la zona afirmaron que solo se realizan dos veces al día. “Emvarias, como prestador de servicio público de aseo, cumple completamente con las 523 rutas semanales a través de sus 1,150 operarios, mediante las rutas de recolección y transporte de residuos sólidos, así como las acciones de limpieza. Todos los sectores de la ciudad tienen, como mínimo, recolección dos veces por semana, pero en la carrera 70, debido a la gran afluencia de personas y su condición de sector comercial, se lleva a cabo tres veces al día, específicamente por la mañana, tarde y noche, con el objetivo de mitigar el impacto del aumento de residuos sólidos”, indicó Bedoya.

     

    El jefe de operaciones de Emvarias aclara que en algunas ocasiones se han adelantado campañas pedagógicas con los comerciantes en colaboración con la Secretaría de Medio Ambiente y Cultura, con el fin de ser garantes y promotores de la educación sobre residuos para los comerciantes. No obstante, señaló que este es “un problema interminable”. Una de las operarias de barrido de Emvarias afirmó que no ha habido cambios en su quehacer cotidiano, en la frecuencia de barrido: “Yo no he notado ningún cambio, los horarios, las rutas y la responsabilidad es la misma”.

     

    En esta zona concurrida de la comuna 11, la presencia de la seguridad pública es notoria. Jorge Gallo, patrullero adscrito al CAI  de La Macarena afirmó: “Uno trata de hacer el control con los comerciantes, pero ellos deben respetar los horarios para sacar la basura y no cuando se les dé la gana, para ello hay un horario establecido de recolección de basura”.

     

    Todos apuntan a algunos comercios

    Residentes, habitantes de calle, autoridades y voces desde el comercio sostienen que el problema radica en la mala gestión de algunos establecimientos comerciales, tanto en la 70 norte como en la 70 sur. Según el artículo 111 del Código de Seguridad y Convivencia, la Policía puede imponer sanciones a quienes hagan una mala gestión de sus residuos. Además de recibir este apoyo, Emvarias adelanta labores de sensibilización y reeducación. Las herramientas existen pero hay consenso en que es necesario redoblar esfuerzos. “Con quienes cometan comportamientos contrarios a la convivencia ciudadana se le toman medidas correctivas, comparendos monetarios o reeducativos emitidos por parte del inspector de policía”,  señaló el patrullero Gallo.

     

    Según el jefe de operaciones John Bedoya, Emvarias recolecta en promedio 1.900 toneladas de residuos al día en el distrito de Medellín. Sin embargo,  no solo han registrado un aumento significativo en los residuos, sino también en la indisciplina de algunos ciudadanos en el manejo de la basura, especialmente en la disposición para la recogida fuera de los horarios. “Es un tema de corresponsabilidad”, señaló el servidor.

     

    ¿Cuándo se hace el barrido de su sector? Averigüe las frecuencias en el aplicativo de Emvarias disponible AQUÍ.

     

    Las voces de los empresarios del sector son diversas; algunos matizan la postura de sus colegas comerciantes: “Yo la verdad no lo veo así tan alarmante, no. Es normal”, afirmó Juan David Roldán, administrador del hotel Villarreal, ubicado sobre la carrera 70 , quien señaló que suele ver a los operarios de Emvarias “por lo menos cada dos días”, a la vez que marca una diferencia clara en el  manejo que se le brinda a los residuos dentro del establecimiento y el posterior tratamiento que puedan recibir una vez están fuera del hotel.

     

    La situación de la famosa carrera 70 evidencia un conflicto que existe en otras zonas de Medellín y sus municipios cercanos. En general, la falta de cultura de separación y reciclaje, también de compromiso con los horarios y frecuencia de los recorridos de recolección son algunos de los desafíos que hay que superar para volver a los años de “la tacita de plata”.

     

     

    Conozca cuándo pasa el camión recolector por su casa, en el mapa interactivo de Emvarias, disponible AQUÍ.

     

     

    “La verdad la situación es crítica; los comerciantes sacan la basura a lo hora que quieren, los indigentes hacen de las suyas y no se aprecia el trabajo que nosotros hacemos”. Operaria de barrido de Emvarias

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • La política y lo político: más allá de las elecciones

     

     

    Géiner Alexis Rojas Vahos , Jose Andrés Ramírez Cañón / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    La política… una palabra que da vueltas por todas partes los días de elecciones, cuando las ciudades están inundadas de publicidad, las calles y las personas se visten de los colores y pareciera que toda la discusión orbita alrededor de ese tema, hasta el hastío, porque tanto ruido hace que la “fiesta de la democracia” no entusiasme.   

     

    No obstante, la política no deja de ser competencia de todos los ciudadanos. Desde Contexto se hizo una revisión con algunos conocedores del tema para saber cuáles son los diferentes significados de esta, abordar la acción política desde otro ángulo distinto al electoral y ver otras formas de lo político presentes en la ciudad. 

     

     

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    Para Miguel Bernal, estudiante de Ciencia Política de la UdeA (Universidad de Antioquia), “la política es la ciencia del poder, estudia las relaciones de poder que hay en la sociedad y cómo se materializan en las instituciones; pero también a nivel interpersonal, cómo pueden aparecer esas relaciones de poder (…), dentro de una de sus definiciones, terminan siendo estamentos o instituciones que aparecen para regular, de cierta manera, los comportamientos y las relaciones entre las personas”.  

     

    Por su parte, María Fernanda Mora, también estudiante de Ciencias Políticas de la UdeA, concluye que la política es “la actividad que ejercería una persona que se dedica a trabajar sobre lo público”.   

     

    Teniendo eso en mente, quizás lo que más desencanta de la política no es la política en sí misma, sino la politiquería que es “la desviación negativa de la política, es decir, cuando ese ejercicio puro y noble, de velar por los demás se termina perturbando y se guía hacia el engaño, el clientelismo y la corrupción”, dice Mora. Para Bernal es “ese juego sucio en el que se sirve de la demagogia, de mentiras, de pasiones y populismos para obtener adeptos en cuanto a las elecciones, la realización de contratos y de leyes, que se ven atravesadas por unas negociaciones en las que se busca un beneficio propio”.  

     

    Entonces parece que lo que se entiende por política en realidad es politiquería. Las personas piensan generalmente que es el acto de votar y –aunque sí lo es– no lo es todo. “Cuando las personas sienten un rechazo hacia la política, lo que están sintiendo es, sobre todo, un rechazo hacia el ejercicio electoral”, dijo Bernal.  

     

    En un escenario como este es entendible la apatía y el agotamiento, pero con las respuestas de las personas entrevistadas se entiende que, este término difícil de aprehender, no se agota en las urnas y hay muchas otras formas de ejercerla. Para Hugo Buitrago, docente de la facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB, “la política tiene que ver con mucho más (…) digamos que el accionar en sociedad tendría que ser per se un accionar político”. Lo que indica que todos, se quiera o no, estamos insertos en este panorama.  

     

    Otras formas de la político, otras expresiones de lo político

     

    Para Mora “lo político puede ser construido por un actor social, desde un movimiento, por un actor particular, a partir de una demanda, o incluso por las mismas personas que ejercen la política”, señala la estudiante.   

     

    “La convivencia implica vivir con el otro, esa sensación de empatía, de otredad, de alteridad(…), son ejercicios políticos que no se dan a partir necesariamente de la proselyte, sino que se dan a partir de la construcción social, de la autogestión, del camino conjunto, de ese reconocimiento, de esos espacios de diálogo que están por fuera de la elección y por fuera de ese entramado político”, afirma el profesor Buitrago.   

     

    Con todas estas ideas de lo político, se retrataron algunas de esas acciones sociales, populares, comunitarias; que se dan en la ciudad de Medellín y que tienen una fuerte apuesta política sin estar inmersos en el panorama electoral: El Derecho a No Obedecer, La Red Feminista Abolicionista de Medellín y la Huerta Guacamaya.

     

    Les invitamos a enterarse del quehacer de cada una de estas organizaciones a través de Contexto. Esperamos que esta sea una puerta de entrada para reunir más apuestas políticas desde lo comunitario, que sea un espacio para darles visibilidad y, porque no, que las personas se sientan interesadas en ser partícipes de las iniciativas.     

     

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  • Ciclismo urbano, entre los Países Bajos y la Capital de la montaña

     

    Valentina Álvarez Colorado / valentina.alvarezco@upb.edu.co

     

    ¿Qué uso se le da a las bicicletas en dos proyectos de ciudad que buscan la movilidad limpia? Hacemos un comparativo entre los planes de Utrecht, en los Países Bajos y Medellín, destacada en los últimos años por sus apuestas de urbanismo y promoción de la movilidad sostenible.

     

    Una de las ciudades más amigables para las bicicletas se encuentra en Europa: Utrecht, en Países Bajos, tiene una población que ronda los 350.000 habitantes y una red de ciclovías que se extiende por más de 320 kilómetros y conecta a sus habitantes con todos los puntos de la ciudad y sus alrededores.

     

    Utrecht Bicicleta es uno de los sistemas de bicicletas públicas más grandes y avanzados del mundo, cuenta con más de 4.000 unidades disponibles para uso público en más de 300 estaciones en toda la ciudad, cuyo gobierno invirtió 30 millones de euros y 5 años en la construcción del mayor aparcamiento para bicicletas del mundo, con 12.500 espacios. El propósito es fomentar el uso de este medio de transporte, ya que según la alcaldesa Sharon Dijksma, “los ciudadanos no solo serán más saludables, sino más felices”.

     

    Uno de los parqueaderos de bicicletas que son comunes en Utrecht. Foto: Valentina Álvarez Colorado.

     

    En Utrecht, la bicicleta es algo más que una simple elección de transporte. Es un estilo de vida arraigado en la cultura local y una opción que ofrece una serie de beneficios tanto para los habitantes como para el entorno en el que viven. Una de las razones principales por las que las personas en Utrecht prefieren usar bicicletas es la completa infraestructura ciclista que la ciudad ofrece: una amplia red de carriles para bicicletas, calles compartidas y aparcamientos dedicados, que hacen que moverse en bicicleta sea conveniente y seguro, sin los problemas de tráfico y estacionamiento que a menudo se asocian con los vehículos motorizados. Además, Utrecht es una ciudad compacta, lo que significa que muchas distancias se pueden recorrer fácilmente en bicicleta. Los habitantes disfrutan de la comodidad y rapidez que ofrece este medio de transporte para desplazarse por la ciudad, sin atascos de tráfico y con menores tiempos de viaje. La bicicleta se convierte en una opción práctica y eficiente para llegar a destino.

     

     

     

     

    La cultura ciclista en Utrecht es una parte integral de la identidad de la ciudad. Desde una edad temprana, se inculca a los niños la importancia de usar la bicicleta como un medio de transporte sostenible y saludable. Esta mentalidad arraigada en la comunidad ha creado una cultura en la cual el uso de la bicicleta es considerado algo natural en la vida diaria.

     

    La inclinación por las bicicletas se basa en una combinación de factores, que van desde una infraestructura bien desarrollada y distancias cortas, hasta conciencia clara sobre los beneficios para la salud, el bienestar y el compromiso con la sostenibilidad ambiental.

     

    << Foto: Valentina Álvarez Colorado.

     

     

     

    Medellín, En Cicla

    Por otro lado, Medellín, en el noroeste de Colombia, también ha mostrado avance en el uso de las bicicletas en los últimos años, gracias en parte a la construcción de ciclovías y fortalecimiento de esta cultura. En 2016 se abrió un sistema de bicicletas públicas, conocido como “EnCicla”, que cuenta con más de 1.200 unidades disponibles en más de 70 estaciones en toda la ciudad.

     

    A medida que la ciudad ha trabajado para mejorar la infraestructura para bicicletas y fomentar su uso, ha visto resultados notables. En 2019, el número de viajes en bicicleta había aumentado en un 20% en los últimos cinco años. Como refuerzo a la cultura ciclista, la ciudad ha sido sede de varios eventos importantes, incluyendo la Vuelta a Colombia y la Copa Mundo de Ciclismo BMX Supercross.

     

    Andrés Mesa Martinez, Profesional Universitario de la Subdirección de Movilidad del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, ofreció detalles del uso de este medio de transporte en Medellín:

     

    ¿Qué beneficios se han observado desde la implementación del sistema de bicicletas públicas “EnCicla” en términos de movilidad y sostenibilidad?

     

    “Desde la implementación del sistema de bicicletas públicas “EnCicla” en Medellín, se han observado varios beneficios en términos de movilidad y sostenibilidad como por ejemplo la reducción del tráfico, una mayor eficiencia en los desplazamientos, porque las bicicletas permiten un desplazamiento más ágil y rápido en comparación con otros medios de transporte, especialmente en áreas urbanas congestionadas, también se ha visto mejoría de la calidad del aire… Algo importante, es que el fomento del uso de bicicletas ha incentivado a la población a adoptar estilos de vida más activos y saludables, promoviendo la actividad física y reduciendo los problemas de salud relacionados con el sedentarismo.”

     

     

    ¿Qué programas o iniciativas se están llevando a cabo para promover la cultura de la bicicleta en la ciudad?

     

    Sí, de hecho en Medellín se están llevando a cabo varios programas e iniciativas para promover la cultura de la bicicleta. Tenemos:

     

    Expansión de la red de ciclovías. Se ha trabajado en la construcción y ampliación de la infraestructura en la ciudad, proporcionando rutas seguras y conectadas para los ciclistas.

     

    Promoción de eventos ciclísticos: Se organizan eventos como el Día sin Carro y la Semana de la Bicicleta, que promueven su uso como medio de transporte y concientizan sobre sus beneficios.

     

    Educación vial. Se realizan campañas de educación vial para ciclistas y conductores, con el objetivo de mejorar la convivencia en las vías y garantizar la seguridad de los ciclistas.

     

     

    El sistema EnCicla trata de sobreponerse a una tendencia de deterioro originada por varios factores y que tuvo un pico en 2020, lo cual ha mermado su capacidad operativa. No obstante, la conciencia de los usuarios más asiduos mantienen viva la demanda. Foto: Contexto

     

     

    ¿Cuáles son los desafíos actuales que enfrenta Medellín en el fomento del uso de bicicletas y cómo se están abordando?

     

    “A pesar de los avances en el fomento del uso de bicicletas, Medellín aún enfrenta desafíos en esta área. Algunos de los desafíos actuales incluyen la Infraestructura insuficiente, porque  aunque se han construido ciclovías, aún se requiere una mayor expansión y conexión de la red para cubrir más áreas de la ciudad.”

     

    Tanto Utrecht como Medellín han experimentado beneficios en términos de reducción del tráfico, eficiencia en los desplazamientos, mejora de la calidad del aire y promoción de estilos de vida saludables. A pesar de los desafíos persistentes, ambas ciudades confían en fortalecer aún más la cultura de la bicicleta y promover la movilidad sostenible, en beneficio de sus habitantes y el medio ambiente.

     

     

    Infografía: Valentina Álvarez Colorado.