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  • El mercado gris: la cara oculta del negocio con los diplomas

    Escándalos recientes y visibles en el sector público han puesto en evidencia una práctica que se origina en esguinces a la norma y cuyos efectos no se dimensiones por completo. Los atajos para cumplir los requisitos de titulación abren la puerta a casos de mala práctica profesional, corrupción en lo público y lo privado y, según se ya se conoce, reservas o dificultades para la convalidación o reconocimiento de los títulos que sí se obtienen debidamente.

     

    Por: Susana Arcila Jiménez y Camila Rojas Hernández / periodico.contexto@upb.edu.co

     

     

    Del fraude académico al problema nacional 

    En Colombia, las primeras alertas sobre la falsificación de diplomas surgieron mucho antes de convertirse en noticia recurrente. Desde los años noventa, las autoridades educativas comenzaron a notar un patrón inquietante: títulos de bachillerato y certificados universitarios presentados por aspirantes a cargos públicos que no coincidían con los registros oficiales. Según publicaciones de prensa y reportes institucionales de la época, el ICFES y el Ministerio de Educación empezaron a detectar irregularidades en documentos académicos utilizados en concursos de mérito y procesos de ascenso en la función pública. 

     

    Aquellas alertas iniciales marcaron el comienzo de un problema que, con el paso del tiempo, se transformó en un fenómeno estructural. Lo que en principio parecía un caso aislado de falsificación terminó revelando una práctica extendida que combina corrupción, negligencia institucional y vacíos legales. Las universidades y entidades estatales, apoyadas en el principio de buena fe sobre los documentos que recibían, dejaron pasar irregularidades que hoy ponen en entredicho la legitimidad del sistema educativo y la transparencia del Estado. 

     

    Panorama a nivel nacional 

    Se habla de un mercado negro de documentos fraudulentos que se compran y venden como cualquier mercancía. Pero existe otro fenómeno que se basa en la corrupción de los sistemas administrativos o la vulneración de los protocolos de titulación: esguinces a la norma para hacer una carrera con atajos. De eso se trata el denominado mercado gris, detrás del cual se afecta la transparencia del Estado y su solidez. Esta situación ha facilitado, por ejemplo, que individuos sin la formación requerida accedan a cargos que implican la gestión de recursos públicos bajo engaños. 

     

    De acuerdo con un informe publicado en 2022 por la Fiscalía General de la Nación, la entidad logró la judicialización de cuatro presuntos integrantes de una red señalada de obtener ilegalmente diplomas entre otros documentos. El material de prueba, reveló que, al parecer, cobraban entre 8 y 26 millones de pesos por un “paquete” que incluía diploma de bachiller o títulos universitarias y técnicos, con las respectivas actas de grado, certificaciones e incluso informes de calificaciones con promedios entre 3.5 y 4.0. 

     

    El reporte también señaló que en algunos casos los investigados habrían intervenido dentro de entidades públicas para que ciertos proyectos y contratos se asignaran a personas específicas. Por esta actividad presuntamente exigían recibir el 10% del contrato asignado. 

     

    Asimismo, se han reportado múltiples denuncias contra funcionarios públicos en diferentes entidades públicas y gubernamentales. En 2023, la Procuraduría General de la Nación destituyó e inhabilitó por seis años a Daniela Jaramillo Arbeláez, funcionaria de Migración Colombia por posesionarse con un título falso. La ex-funcionaria aseguraba haber obtenido su título como profesional en Derecho de la Pontificia Universidad Javeriana; sin embargo, la institución confirmó que no habría culminado sus estudios.  

     

    Caso similar ocurrió a mediados del 2024, la Procuraduría destituyó e inhabilitó por 12 años a María Constanza Zuleta Obando, presuntamente profesional especializada de la oficina de asesora jurídica del Ministerio de Justicia y del Derecho, por posesionarse y permanecer en el cargo con documentación falsa.  

     

    En lo que va corrido del año se han sumado nuevos casos que evidencian las fallas en los mecanismos de verificación académica. El más reciente fue la denuncia pública realizada por la representante a la Cámara Jennifer Pedraza, quien señaló presuntas irregularidades en el proceso de nombramiento de Juliana Guerrero como viceministra de la Juventud. Durante su intervención en la plenaria, Pedraza enfatizó que al realizar la búsqueda del certificado del Saber Pro de Guerrero en la página oficial del ICFES, no aparecen resultados. Ante las declaraciones, Guerrero argumentó que: “la Universidad me dio la posibilidad de graduarme”. 

     

    Posteriormente, el abogado de la Fundación Universitaria San José, Juan David Bazzani, corroboró a Noticias Caracol que no pudo comprobar si la implicada presentó el examen ICFES Saber Pro, requisito clave para la obtención del título universitario. Además, la institución educativa decidió destituir al secretario general, Luis Carlos Gutiérrez junto a su equipo de trabajo y abrió una investigación interna tras el debate público generado por la denuncia de Pedraza.  

     

    Debido a las acusaciones, el 8 de octubre el Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (ICFES), emitió un certificado confirmando que Juliana Guerrero no presentó las pruebas Saber Pro, ni Saber TyT, lo que pone en evidencia las fallas de verificación que aún persisten en el sistema educativo colombiano e inconsistencias y rupturas en los procesos de selección del sector público. 

     

    ¿Por qué se le conoce como mercado gris y no mercado negro? 

    Posiblemente has escuchado acerca del mercado negro, pero muy pocas veces sobre el mercado gris. No son los mismo, pero ambos conceptos hacen referencia a fenómenos vinculados con la ilegalidad. 

     

     

    En cuanto al mercado gris en Antioquia, dos historias han marcado el debate público sobre la validez de los títulos académicos y la confianza institucional: el caso de César Suárez Mira y el de Julián Bedoya. Ambos procesos judiciales mostraron cómo la falsificación o la manipulación de documentos puede escalar desde un trámite aparentemente menor hasta un escándalo de legitimidad política y académica. 

     

    El caso Suárez Mira: un diploma de bachiller en entredicho 

    En diciembre de 2016, el exalcalde de Bello César Suárez Mir, fue capturado por el CTI de la Fiscalía, acusado de presentar un diploma de bachiller falsificado para aspirar a cargos públicos. La investigación determinó que el documento carecía de registro en el ICFES, lo que alimentó las sospechas sobre su autenticidad. 

     

    En 2019, el Juzgado 20 Penal del Circuito de Medellín lo condenó a seis años y diez meses de prisión domiciliaria por falsedad en documento público. Sin embargo, el Tribunal Superior de Medellín revocó el fallo en 2020 y lo absolvió, al considerar que no había evidencia concluyente sobre su participación directa en la falsificación. 

     

    La sentencia dejó al descubierto una falla estructural: el sistema judicial colombiano no siempre dispone de mecanismos técnicos suficientes para probar la falsedad documental. En este punto, el abogado y docente penalista Nicolás Ortega Tamayo explica la raíz jurídica del problema: “El diploma se expide en virtud de una función pública; por tanto, habrá falsedad en documento público cuando se altere su contenido o su origen”. 

     

    En el caso Suárez Mira, la dificultad no radica solo en demostrar que el diploma era falso, sino en establecer la intencionalidad penal. Como señala Ortega, anteriormente esa confianza institucional, sumada a la escasa verificación técnica, terminó favoreciendo la absolución. 

     

    El episodio marcó un antes y un después en el Valle de Aburrá. En Bello, la población interpretó la decisión judicial como una muestra de la distancia entre la justicia formal y la percepción ciudadana de corrupción. Aún con el caso cerrado, la duda sobre la legitimidad de los títulos en la política local persistió. El estado procesal actual es: cerrado; absuelto en 2020 por el Tribunal Superior de Medellín.  

     

    El caso Bedoya: la tormenta en la Universidad de Medellín 

    Ahora bien, para el caso del entonces senador Julián Bedoya Pulgarín, hay que remontarse al 2019, cuando obtuvo su título de abogado en una de las universidades más reconocidas de la ciudad. Poco después, comenzaron a conocerse denuncias de docentes y administrativos que alertaban sobre irregularidades en el proceso académico: exámenes de suficiencia aprobados en periodos atípicamente cortos, reingresos acelerados al programa y requisitos omitidos. 

     

    En 2022, la propia Universidad —ya bajo una nueva rectoría— presentó una demanda de nulidad del título ante el Consejo de Estado, reconociendo la existencia de anomalías. En 2024, el exrector Néstor Hincapié Vargas fue condenado por falsedad ideológica en documento público, al comprobarse su aval sobre procedimientos irregulares. Finalmente, en 2025, el Consejo de Estado suspendió provisionalmente los efectos del diploma de Bedoya, decisión que sigue vigente mientras avanza el proceso judicial. 

     

    La controversia convirtió a la Universidad de Medellín en el epicentro de una crisis reputacional sin precedentes, y a Bedoya en caso emblemático del mercado gris académico: un espacio en el que las instituciones legítimas terminan siendo instrumentalizadas por intereses políticos. Sobre este caso, el periodista judicial Nelson Matta, quien cubrió parte de la investigación, afirmó: “Lo que vemos es que hay un entramado grande entre partidos políticos e instituciones educativas para lograr gestionar de manera expresa unos títulos y de forma fraudulenta para poder posesionarse en distintos cargos del servicio público”. 

     

    La frase resume una de las dimensiones más sensibles del fenómeno: la falsificación como herramienta de poder. Matta agrega que, detrás de estos procesos, “el caso Bedoya muestra que mientras haya utilidad política, habrá protección y silencio”, una advertencia que conecta la esfera académica con la lógica clientelista. El caso Bedoya se evidenció, además de fallas de control académico, una ausencia de protocolos nacionales de verificación para las universidades privadas.  

     

    Desde la perspectiva jurídica, Ortega plantea que las instituciones deben responder con mayor firmeza: 

    “Las universidades deben reportar a la Fiscalía y crear mecanismos de detección, prevención y control de irregularidades.” Ese deber de denuncia, aunque obligatorio, rara vez se ejerce de manera preventiva, lo que explica el porqué casos como este se descubren cuando ya han estallado públicamente. El estado procesal del caso Bedoya es: en curso; título suspendido provisionalmente desde 2025 por el Consejo de Estado. 

     

    Vacíos legales y contradicciones normativas  

    A pesar de que la falsificación de documentos es un delito tipificado en el código penal colombiano, aún existen vacíos legales y contradicciones normativas que dificultan la prevención, el control y la sanción de estas prácticas. 

     

    Nicolás Ortega Tamayo, desde su experiencia como penalista, explica que en lo judicial, lo primero que debe establecerse es la naturaleza del documento.  Si el caso está relacionado con diplomas universitarios, los cuales son emitidos en virtud de una función pública como lo es la educación, y el documento fue suplantado o carece de causa legítima de existir, se denomina falsedad material de documento público.  Por otro lado, si el documento no fue expedido, pero se utiliza a sabiendas de falsedad, se incurre en el delito de uso de documento público falso

     

    Pero ¿cómo logran escalar estos casos sin ser previamente revisados y/o verificados? Ortega señala que las instituciones públicas y privadas actúan bajo el principio de buena fe, confiando en que la información suministrada por el aspirante al cargo es veraz. Añade que, aunque deberían existir controles más rigurosos, en muchos casos resulta difícil para las entidades prever este tipo de irregularidades, lo que posibilita el fraude. 

     

    Asimismo, los mecanismos actuales que posee el Sistema Nacional de Información para la Educación Superior en Colombia (SNIES) y el Ministerio de Educación, también se quedan cortos. Ortega menciona que el aparato estatal y gubernamental no es suficiente, “cada empresa debería iniciar mecanismos robustos de detección de estas posibles irregularidades”.  Esto evidencia la necesidad de fortalecer los procesos de verificación para garantizar la transparencia en el acceso a cargos públicos y privados. 

     

    Los hechos demuestran que aún existen ambigüedades en las normativas y en los procesos de convalidación de títulos, así como la falta de  implementación de mecanismos estructurales que permitan prevenir este tipo de irregularidades.  

     

    Ciudadanía en riesgo: efectos de los títulos falsos 

    La ciudadanía es la principal afectada. Cada diploma falso o irregular no solo abre la puerta a que una persona ocupe un cargo sin preparación, sino que debilita la credibilidad del sistema educativo entero. Para la gente común, la consecuencia es clara: funcionarios públicos sin formación real pueden tomar decisiones o ejercer prácticas que afectan la dignidad y el bienestar de los ciudadanos. El ejemplo más recurrente gira en torno a las responsabilidades de profeisonales del sector salud, pero un administrador mal preparado puede llevar una empresa a la quiebra o dar mal uso a recursos públicos, un comunicador mal preparado ahonda fenomenos de desinformación, ni qué decir de los efectos en ámbitos como el de la Ingeniería, la Química, el desarrollo de software o el diseño .

     

    “Por ejemplo, si hay una persona que llega por rosca a un hospital, no es idóneo y le acomodaron los títulos educativos para que pueda estar ahí, esta persona puede tomar decisiones que podrían afectar las vidas de los pacientes de ese hospital”, agrega Nelson Matta. 

     

     El escándalo también genera desconfianza hacia quienes sí cumplieron con todos los requisitos, pues la sospecha se generaliza. O octubre de 2025, el Ministerio de Educación reportó 500 casos de fraude en procesos de convalidación de títulos, estadística que levanta sospechas en organismos homólogos en el exterior que lo pensarán dos veces antes de reconocer un título expedido en Colombia, lo cual afecta a las instituciones de educación, especialmente en sus planes de programas a distancia o abiertos a intercambios.

     

    Esto no solo afecta la legitimidad de las instituciones educativas, sino también de los entes gubernamentales encargados de monitorear y verificar dicha información. A largo plazo, esta pérdida de confianza provoca que la ciudadanía deje de creer en la transparencia y veracidad de quienes lideran las instituciones públicas: “Hay personas que están ocupando unos cargos demasiado importantes a nivel municipal, regional o nacional. Y es importante que estemos todo el tiempo auscultando la idoneidad de esos funcionarios porque sus malas decisiones pueden terminar afectando la economía, el empleo y la salud”, concluye el periodista. 

     

    De otra parte, analistas jurídicos consulados por Contexto coincidieron en señalar que la situación puede abrir una línea de jurisprudencia en que no solo se sancione a quienes tramitan fraudulentamente un diploma, sino que convierte a las instituciones en víctimas que buscarán trasladar los perjuicios a las personas implicadas. Es decir, se multiplican las causas penales.

     

    En Colombia, el acceso a la información sobre la validez de los títulos aún es limitado y poco difundido. Muchos ciudadanos desconocen que existen entidades que se encargan de registrar y monitorear estos documentos. El Ministerio de Educación Nacional cuenta con el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES), una base pública donde se pueden consultar las instituciones y programas acreditados. Sin embargo, este sistema no siempre refleja los casos de falsificación o irregularidades internas, pues su función principal es registrar información académica, no sancionatoria. 

     

    Un fenómeno opaco, pero visible

    El seguimiento periodístico ha sido decisivo para visibilizar lo que muchos denominaron un “mercado gris” del conocimiento. El periodista judicial Nelson Matta, explicó que el problema no se limita a falsificaciones burdas, hechas en impresoras de barrio. Hay una zona gris o como él lo llama, más bien un agujero profundo y oscuro en la que intervienen universidades, funcionarios y abogados que legitiman títulos con procesos irregulares. Esa es la parte más peligrosa, porque opera dentro de la legalidad aparente. 

     

    Matta también señaló que los periodistas enfrentan dificultades para acceder a documentos oficiales que confirmen o desmientan irregularidades: “Las universidades tienden a blindarse bajo el argumento de la confidencialidad académica, lo que termina protegiendo a los responsables. En muchos casos, solo tras una orden judicial se puede acceder a actas de grado o expedientes”. 

     

    A partir de testimonios como estos, se hace evidente que la prensa ha funcionado como mediadora entre la justicia y la ciudadanía, convirtiendo los archivos y sentencias en relatos comprensibles. Mientras la burocracia se demora en actuar, los medios abren espacio a la discusión pública. Más allá del escándalo, el cubrimiento periodístico permite revelar patrones comunes: redes de intermediarios, negligencia institucional y ausencia de control sobre títulos con valor oficial. En ese sentido, la investigación periodística no solo denuncia y advierte a las instituciones que el silencio no exime de responsabilidad. 

     

    La Fiscalía General de la Nación y la Procuraduría General son las entidades competentes para recibir denuncias sobre falsedad documental o ejercicio fraudulento de una profesión. En el ámbito universitario, las propias instituciones tienen la obligación legal de certificar la autenticidad de sus títulos y de remitir a las autoridades competentes cualquier hallazgo de falsificación o irregularidad. Sin embargo, en muchos casos el temor a los efectos reputacionales ralentiza los procesos.

     

     

  • El primer cuarto de siglo de la plaza que le dio forma a Ciudad Botero

    La Plaza Botero nació como símbolo de una transformación urbana y logró el propósito de atraer visitantes del país y del mundo, pero se convirtió en el espacio que habitan quienes trabajan y viven de ella, lo que la vuelve en una fuente de historias de la ciudad desde hace 25 años.

     

    Juan José Yath / juan.granadosg@upb.edu.co

     

    Entrar a la Plaza Botero desde el viaducto del metro es ser recibido por algunas de las 23 esculturas que hay del artista que da nombre al lugar. Junto a ellas, hay puestos de comerciantes extendidos en diferentes zonas de la plaza. Los productos van desde souvenirs, imágenes de las pinturas de Botero, surtidos de comida, fotografías y hasta personas de restaurantes cercanos para mostrar la carta de los almuerzos.

     

    La explanada quedó donde años atrás había negocios tradicionales del centro, principalmente litografías y algunos billares reconocidos, una manzana completa que desapareció como parte de un proceso de transformación que buscaba una nueva ciudad, una tocada por el arte y específicamente la obra del de uno de los nombres más reconocidos en la materia: Fernando Botero.

     

    Al Museo de Antioquia ya le había hecho varias donaciones, hasta que a finales del siglo XX se decidió a entregar parte importante de su obra para que fuera expuesta en su país. Su propuesto tuvo más eco en Bogotá que en su región natal y fue cuando ya se hablaba de las obras que iban para la capital, cuando gestores culturales y empresarios de la región, liderados por Pilar Velilla, pusieron el entonces llamado Museo de Zea a disposición de la idea del artista pictórico colombiano con más proyección internacional.

     

    Que la obra de Botero tuviera un espacio adecuado, derivó en el cambio de sede y de nombre de la institución, llamada desde entonces Museo de Antioquia. En la antigua sede del gobierno municipal se transformaron oficinas y salas de reuniones en galerías de arte. Los negocios y paseos comerciales de la manzana en frente dieron paso al museo a cielo abierto que es hoy la plaza.

     

    La plaza de la que nació Ciudad Botero hace un cuarto de siglo

     

    Un lugar de trabajo

    Lo que se concibió primero como un atractivo turístico se pensó también como un espacio que daría oportunidades de sostenimiento económico. Ninguna proyección seguramente contemplaría el modo en que hoy decenas de personas trabajan al tiempo que disfrutan en primera fila la forma en que la plaza y sus esculturas cautivan a los visitantes.

     

    Marco Antonio Londoño es Guía turístico de Ciudad Botero, quien en sus descansos se sienta cerca a los comerciantes para hablar, en medio de la costumbre de ver personas de distintos orígenes, no solo fuera de Medellín y Antioquia, sino del país. “Es un museo abierto al mundo”, como la describe.

     

    “Hay personas con las que yo he tenido la oportunidad de compartir, que son personas que vienen desde países que yo nunca he escuchado y vienen solamente con un propósito, interactuar con las esculturas”, resalta Londoño.

     

    Muchos de los trabajadores de la plaza están organizados y amparados por una organización llamada Asobotero. Alberto Ávila es su representante legal, la persona que habla en nombre de sus compañeros con los que a menudo conversa. Enfatiza que uno de los compromisos que tiene el colectivo es mantener la plaza limpia, ya que no solo es un campo de baldosas y esculturas, sino que cuenta con zonas verdes a su alrededor con diferentes tipos de plantas, además de fuentes que le dan variedad al paisaje.

     

    En su posición de representante y también de líder social, Ávila reconoce el impacto económico en sus compañeros agremiados: “La plaza de Botero ha sido una rentabilidad muy, muy buena para nosotros los vendedores e independientes, con la cual nosotros salimos de un día a día a trabajar y la plaza de Botero ha sido una bendición y es un legado muy hermoso que nos dejó el maestro Fernando Botero”.

     

    Su rutina transcurre a veces en uno de los puestos comerciales con bancas del sector. Trata de gestionar las necesidades de sus compañeros con quienes comparte el día a día. Una de ellas es que “en vez de pronto de desestimar al ventero, ubicarlos, organizarlos y ponerles un módulo a los venteros que tienen el manejo dentro de la plazoleta. Darles un trato digno y algo bonito para ellos, como son los módulos que siempre estamos pidiendo”, dice Ávila.

     

    Unos metros más allá, en uno de los bancos públicos junto a un árbol, se sienta con frecuencia Claudia Ocampo, al lado de sus termos con tinto que vende a quienes circulan. Ella antes se dedicaba a vender café y periódicos junto a un semáforo, un trabajo agotador que le obligaba a estar todo el día parada bajo el sol. Es una época que ahora ella cuenta con el árbol dándole sombra.

     

    Además de los tintos, Ocampo ejerce como trabajadora sexual. Los ingresos que ella recibe en total varían con el día. “Pues hay veces bien, otras veces mal. No sé, que a veces viene mucha gente, otra vez no viene casi. El tiempo, a veces la lluvia no deja trabajar”, menciona Ocampo.

     

    Sin embargo, reconoce que gana más que cuando trabajaba al lado del semáforo. Desde el banco donde se sienta se puede ver las esculturas de un hombre y una mujer que se miran de frente, llamadas “Adán y Eva”. Cuando su hijo era pequeño, los dos pasaban a veces por la plaza luego de recogerlo de una guardería cercana y, al pasar por la escultura de la pareja, el niño decía que eran papá y mamá, un recuerdo con su hijo que ella atesora. De eso hace 15 años.

     

    Caminando en dirección a los bordes del Museo se sienta Marisol Rueda junto a otros compañeros con los que pasa el rato. Ella también es trabajadora sexual y desde su ubicación tiene la vista de casi todo el parque, incluyendo una fuente y la ahora peatonal Carrera Carabobo, por la que no dejan de circular en ida y vuelta una mezcla entre turistas, ciclistas y peatones que hacen diligencias o trabajan en los alrededores. A Rueda le gustan las esculturas y cómo los turistas llegan y disfrutan de ellas, junto a lo organizado que es el parque, comparado con otras zonas del Centro.

     

    “Este parque me parece que es como un parque muy organizado, porque, si van al parque de Berrío, eso allá es como si fueran cantinas, ese desorden, eso allá con esas chazas, todo el mundo bebiendo, eso no parece como un parque allá, me parece horrible. Entonces, el parque más organizado es el Botero”, menciona Rueda.

    “Bueno, y no me gusta que estén sacando a las mujeres que están trabajando acá, porque igual no nos están dando nada y esto es un parque normal […] Entonces, si no quieren que uno no esté acá, pues que le den algo a uno”, menciona. Entre las personas que se dedican al trabajo sexual se han producido roces, especialmente entre personas nacionales y migrantes, como uno de los principales problemas de convivencia en el sector.

     

    Escenas y detalles de la vida en Plaza Botero, el eje de Ciudad botero. Fotos: Juan José Yath

     

    Otros trabajadores del sector

    Aun así, trabajar en Ciudad Botero le ha brindado a Rueda y a sus compañeros diferentes beneficios, desde la entrada gratuita al Museo, hasta participar en varios proyectos que maneja esta entidad. Uno de ellos es La Banca Azul, una iniciativa de mediación de lectura, escritura y oralidad, con apoyo de la Fundación para educación y la cultura MUV. Se encuentra al lado de las escaleras hacia el museo. La figura que la simboliza es de una bancacicleta para representar los vehículos de venta ambulante. La persona que lo coordina es Juan David Lopera, quien también es coordinador de gestión del conocimiento del área de educación del museo. Su compromiso por el contacto con las personas de la plaza le ha vuelto muy cercano a varios de quienes trabajan allá, por lo que no se puede pasar por la plaza sin al menos hacer varios saludos cordiales en el proceso: es uno de los puentes entre quienes habitan el espacio y el Museo.

     

    “[En La Banca Azul] se median procesos de lectura, escritura de oralidad en diálogo con las colecciones y obras del museo, tanto las obras de arte de la colección como las obras y materiales que están disponibles en la biblioteca. Entonces por eso me parece importante que vengamos acá, porque acá es donde tú vas a tejer el diálogo con algunas de las personas que constantemente habitan, viven y también sobreviven en la plaza Botero”, explica Lopera.

     

    Rueda es una de las que participan seguido en las actividades, que le da la bienvenida a quienes se mantienen en la plaza, así como a turistas o visitantes que se interesen al ver una carpa con un vehículo parecido a una bicicleta llevando una vitrina de libros. Es un pequeño espacio que integra a las comunidades una o dos veces por semana por medio del arte para leer, conversar e incluso realizar escritos. En una de las jornadas tocaron el tema de la fantasmagoría y colgaron textos e ilustraciones hechas a mano por los participantes.

     

    Erika Petro también es mediadora en el equipo de la Banca. Parte del trabajo es estar en la plaza y recibir a quienes vengan para las actividades, a la vez que observa sus alrededores y ve el flujo de personas de diferentes lugares, clases sociales, profesiones, etc. Es entonces un espacio de convergencia, “para leer lo que sucede con toda la diversidad, porque como confluye tanta gente, confluyen historias de diferentes clases sociales, de diferentes lugares del valle, como que es un lugar de encuentro […] El hecho de que el proyecto se dé en la plaza Botero nos da la perspectiva y la posibilidad de hacer lectura, escritura y oralidad con gente de una diversidad, pues, muy plural.

     

    El Museo de Antioquia también organiza el evento Vive la Plaza, que durante varios días ofrece eventos para integrar a la población alrededor de la plaza, lo cual también genera roces por el uso del espacio que usualmente ocupan los venteros. Desde talleres, música y películas, hasta conversatorios abiertos al público hacen parte de la agenda.

     

    En su labor de coordinador con el equipo de educación, Lopera también frecuenta la Casa del Encuentro, antigua sede del Museo, separada solo por un corredor. Allí se encuentra una biblioteca abierta al público y un centro de documentación sobre diferentes temas. El equipo realiza diferentes talleres en los que también participan quienes habitan de alguna forma la plaza.

     

    Vilma Beatriz Saraque, conocida también como “La Pinky”, es partícipe de los talleres, especialmente el de derechos humanos. Ella es trabajadora sexual y a veces pasa por la plaza, porque frecuenta más la cercana Iglesia de la Veracruz. Considera que estas actividades han sido un espacio de aprendizaje y ayuda para ella, quien ha sido víctima de violencia y discriminación en diferentes momentos. Cuenta que, con la formación que recibe, ella aboga por un mayor respeto entre todos, así como mejor escucha.

     

    Para la Pinky estas habilidades son un reto en su condición. “Porque por la noche no se ve aquí nadie, muy pocos [policías] y siempre lo miran a uno como el ave rapiña”. No obstante, sus gestos dan cuenta de su buen humor, así como el toque de estilo que le dan sus gafas sin lentes.

     

    Dentro del equipo de educación también se encuentra como mediador Juan Carlos Gómez, quien denomina este trabajo como el ser un “puente”. Ese nexo para hacer que personas que transitan de forma permanente o pasajera por la plaza se conecten con las obras del museo. Él también es conocedor de lo que significó la plaza para el sector.

     

    “Cuando llega Ciudad botero, no solamente transforma el espacio público, sino que también transforma las dinámicas de comunicación que tiene el museo con sus alrededores. A partir de ese momento se empieza a ejecutar el programa Museo 360 que se pregunta quiénes son los vecinos, cómo los podemos impactar”.

     

    En sus 3 años trabajando en el museo, Juan Carlos aprendió de los puntos de vista de personas con distintos trasfondos con las que tiene contacto dentro de la plaza. “Habitar y persistir en la plaza con los programas del Museo me ha permitido personalmente ser mucho más empático y tener una dosis de humanidad en estos discursos, los planes académicos que tienen que ver con las artes”, cuenta. Gómez ha sido testigo de los contrastes entre lo que era la plaza ahora de cómo era años atrás. Conserva el recuerdo de pequeño de pasar por la carrera Carabobo en bus cuando todavía circulaban vehículos.

     

    En cuanto al futuro, el Museo tiene pensado expandir Ciudad Botero hasta el espacio del parqueadero de la entidad y con ello tener mayor conexión con otras plazuelas del sector. “Crear entonces un espacio público continuo que trate comunicarse con la plaza Zea [Francisco Antonio Zea] y posteriormente sobre otras plazas que miran hacia la Plaza Minorista […] Es pensar una extensión de la Plaza Botero hacia ese costado occidental”, señala la directora María del Rosario Escobar.

     

    Ciudad Botero es entonces un espacio de convergencia de diferentes orígenes, de diversas polémicas en torno a cuestiones que a todos interesan. Esa notoriedad quedó en evidencia durante el encerramiento de 2023, un mal llamado “abrazo” que rodeó la plaza con vallas para disminuir la inseguridad. Para entrar tocaba pasar por un control de la Policía y el aspecto o las supuestas intenciones podían generar prejuicios y, tal vez, la negación de la entrada.

     

    En su visión de futuro, la directora Escobar ratifica la condición actual de la plaza, de ser “abierta, libre y democrática “. Y aunque reconoce que pueden controlar todas estas situaciones sin el apoyo de los organismos públicos, el Museo actúa para mantener el carácter de referente turístico y cultural, que incluiría proporcionar un espacio cómodo para estar. En ese propósito han logrado sumar a la comunidad alrededor.

     

    Razón le da el hecho de que las tensiones no han frenado a la plaza de ser uno de los puntos de visita más populares en la capital antioqueña. Un lugar que, como dice Érica sirve “para leer a Medellín, al Valle de Aburra”, e incluso, “leer a Colombia”.

     

     

     

     

     

  • Movilidad social en Medellín, entre brechas y esperanzas

    Ana Sofía Araque Panesso / ana.araque@upb.edu.co

     

    Hablar de movilidad social es hablar de oportunidades. ¿Qué tan posible es que un joven nacido en un barrio popular de Medellín logre ascender en la escala social? ¿Y qué tan probable es que retroceda? En una ciudad atravesada por la desigualdad, las respuestas no siempre son alentadoras.

     

     

    Del concepto a la realidad en Medellín

    La movilidad social, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, se refiere al aumento equitativo de las oportunidades de las personas en salud, educación e ingreso a lo largo de su vida y entre generaciones. Medellín, a pesar de sus avances en infraestructura y reputación de “ciudad innovadora”, sigue enfrentando profundas brechas que ponen en duda la promesa de que aquí cualquiera pueda “salir adelante”.

     

    Desde 2014, el Índice de Progreso Social (IPS) mide la calidad de vida en la ciudad. Y lo que muestra no es homogéneo: mientras algunas comunas disfrutan de altos niveles de bienestar, otras siguen rezagadas. Por ejemplo, en 2019, menos del 35% de los jóvenes entre 18 y 24 años de Villa Hermosa o la zona nororiental asistían a la universidad, frente al 69% en comunas como El Poblado y Laureles. En otras palabras: el simple hecho de nacer en un barrio u otro puede marcar de entrada las posibilidades de movilidad social.

     

     

    Retrocesos en calidad de vida

    El Informe de Calidad de Vida 2020-2023 refuerza esta preocupación. Aunque la ciudad no registró un deterioro general en ingresos, la gestión pública mostró grietas: alta rotación en el personal, pérdida de cooperación público-privada y decisiones poco sustentadas en evidencia. Esto, en últimas, se traduce en algo concreto: pérdida de confianza. De hecho, la credibilidad en la Alcaldía y en la mayoría de las instituciones públicas cayó a niveles históricos, con un 23% de la población expresando descontento frente al manejo de los recursos.

     

    Esa desconfianza no es un asunto menor. Cuando las instituciones no generan credibilidad, los ciudadanos perciben que la movilidad social está bloqueada. ¿De qué sirve esforzarse en estudiar o emprender, si el sistema que debería garantizar equidad no logra sostenerlo?

     

    La perspectiva sociopolítica también ofrece claves para entender la movilidad social en el Valle de Aburrá. Carlos Nelson Durango Durango, juez tercero civil municipal de Envigado, explica que, aunque su ejercicio está en un municipio vecino, las dinámicas de Medellín no pueden separarse de las del área metropolitana. Desde su visión, fenómenos como el desempleo, la falta de educación y la violencia inciden de manera directa en el estancamiento de la movilidad social.

     

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    A esto se suma un dato doloroso: entre 2020 y 2023, el 28% de los hogares en Medellín reportó no poder acceder a tres comidas diarias, el porcentaje más alto en 18 años. Aunque la pandemia explica parte de esta crisis, el hecho de que la cifra se mantuviera pese a la reactivación económica demuestra que el problema es estructural. La movilidad social, en estos casos, no solo se detiene, retrocede.

     

     

    Educación y salud: las puertas que no siempre se abren

    Si hay dos pilares fundamentales para ascender socialmente, son la educación y la salud. Pero ambos muestran señales de deterioro en Medellín.

     

    La Encuesta de Percepción Ciudadana 2024 reveló que la satisfacción con la educación cayó a su mínimo histórico (64%). No es solo un asunto de calidad académica, sino de condiciones físicas de las sedes: techos que gotean, aulas hacinadas, falta de recursos. En salud, la percepción de los ciudadanos también es negativa. No solo disminuyó la proporción de personas que consideran buena su salud física y mental, sino que persiste la inconformidad con la calidad del servicio.

     

    Para profundizar en este panorama, la mirada de los expertos resulta clave. John Jairo Bohórquez Carrillo, médico egresado de la Universidad de Antioquia, magíster en Administración en Salud y actual presidente de la Academia de Medicina de Medellín, ha dedicado más de dos décadas al estudio de la humanización en medicina. Desde su experiencia, subraya cómo la desigualdad en el acceso a la educación, la precarización laboral en el sector salud y las brechas estructurales del país impactan directamente en la movilidad social.

     

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    Sin embargo, no todo es pesimismo. En la misma Encuesta de Percepción Ciudadana 2024 hay datos que muestran un leve aumento en la percepción positiva sobre la facilidad para emprender y conseguir empleo, aunque los niveles siguen siendo bajos. Tal vez ahí hay una chispa de optimismo: el reconocimiento de que, a pesar de las dificultades, existe un deseo de buscar oportunidades. Además, el médico Bohórquez resalta que no todo depende de la riqueza económica: cuidar la salud también puede empezar desde hábitos sencillos y accesibles, lo que él llama las “A” de la salud: aire, agua, alimentación, actividad física, amor, autoestima, autoeducación. Estos factores, aunque parezcan básicos, demuestran que la movilidad social puede apoyarse no solo en los ingresos, sino también en la capacidad de las personas para construir bienestar desde lo cotidiano.

     

     

    ¿Es posible la movilidad social en Colombia?

    Según el Índice de Progreso Social global de 2019, Colombia ocupó el puesto 56 entre 149 países. No es el peor escenario, pero tampoco uno para enorgullecerse.

     

     

    La desigualdad sigue siendo el gran obstáculo. Mientras unos pocos concentran la riqueza, la mayoría de la población enfrenta dificultades para acceder a derechos básicos: los mayores rezagos están en sostenibilidad ambiental, acceso a la información y a la educación, seguridad personal, agua y saneamiento básico, según el Índice de Progreso Social para Medellín. La ciudad refleja esta paradoja: tiene sectores con altos niveles de bienestar y modernidad, pero convive con barrios en donde las brechas parecen insuperables.

     

    La movilidad social en la ciudad no es imposible, pero sí profundamente desigual. Depende del barrio en el que se nace, de las redes familiares y de la capacidad de las instituciones para trabajar de manera articulada. La gran pregunta que queda en el aire es si Medellín está dispuesta a cerrar esas brechas para que el “progreso” no sea un privilegio de unos pocos, sino una oportunidad real para todos.

     

    En últimas, la movilidad social no puede entenderse solo como un asunto de ingresos o patrimonio. Está atravesada por la educación, la salud, la vivienda, la seguridad y hasta la confianza en las instituciones. Cada una de estas aristas define las posibilidades de ascenso o estancamiento, y juntas demuestran que hablar de movilidad social es hablar, en realidad, de la calidad misma de la vida en sociedad.

     

     

  • Entrenadores de ley, el nuevo requerimiento

    Juanita Pava Muñoz / juanita.pava@upb.edu.co

     

    El 23 de mayo de 2025 entró en vigor en Colombia la Ley del Entrenador, una normativa que busca regular el ejercicio de esta profesión en el país. La Ley 2210 de 2022, establece que todos los entrenadores que no cuenten con la tarjeta profesional deberán suspender sus labores, con el fin de garantizar la calidad en la formación deportiva. Ante esta situación, la Alcaldía de Medellín, en alianza con el Instituto de Deportes y Recreación (INDER) y la Universidad de Antioquia, han lanzado un programa de capacitación dirigido a entrenadores deportivos, habilitando inicialmente 400 cupos. El objetivo es prepararlos para el examen de idoneidad que deben presentar ante el Colegio Colombiano de Entrenamiento Deportivo (COCED).

     

    La Ley busca dignificar y acreditar a los entrenadores deportivos en Colombia, según han expresado voceros del Ministerio del Deporte. La norma aprobada señala que todos los entrenadores en Colombia deberán tener su tarjeta profesional para ejercer a nivel técnico, tecnológico o profesional. Este proceso de acreditación exige la profesionalización de los educadores deportivos. “Importante ir a las aulas”, dice Luis Enrique Vásquez, asesor jurídico deportivo. 

     

    Después de 13 años en los que la Ley fue devuelta en repetidas ocasiones en el trámite legislativo, en 2022 se convirtió en una realidad que reconoce el propósito y la naturaleza del entrenador deportivo, resalta la importancia de este dentro de la comunidad a la que sirve y los efectos de las actividades asociadas a las ciencias del deporte y la actividad física. En esta Ley el Estado reconoce la labor de los entrenadores y la necesidad de garantizar una cualificación en los conocimientos para su ejercicio.  

     

    La Ley incluye un régimen de transición de tres años, es decir: 2025 es el plazo para su obligatoriedad. La certificación se puede obtener de 2 maneras: ser profesional en el campo del deporte, la educación física y la recreación y hacer un registro ante el COCED. Para aquellos entrenadores que no tienen formación profesional en el campo, existe la opción de presentar un examen de idoneidad ante el Colegio Colombiano de Educadores Físicos y Profesiones Afines (COLEF), cuya aprobación otorga un certificado válido por cinco años durante los cuales se deberá acceder a la formación profesional. Si después de ese tiempo no se ha completado la formación, se podrá solicitar una prórroga de cinco años adicionales para obtener la tarjeta profesional, de acuerdo con el Coordinador Diego Montoya, de la Universidad de Manizales.  

     

    Edwin Flórez Carvallo, Coordinador de la estrategia Clubes de Deportes del Inder de Medellín considera que esta estrategia brinda oportunidades de cualificación a los entrenadores no titulados, que, además, pertenecen a alguno de los clubes con reconocimiento vigente otorgado por el Inder. Además, menciona que la cualificación es una iniciativa del Distrito y no es una obligación para cumplir con lo exigido por la Ley que se expidió en 2022, para lo cual están habilitados organismos como el COLEF y el COSED.  

     

    De acuerdo con los plazos de la Ley, desde el año 2022 los entrenadores que no tienen titulación en deporte o en áreas afines debían estar en el proceso de preparación para la prueba de idoneidad, con un periodo de gracia de tres años, anota el Coordinador Flórez, qien subraya que esa responsabilidad de acreditarse concuerda justamente con la intención de elevar el nivel técnico de los entrenadores deportivos. Explicó además que desde el INDER se implementan estrategias internas en cumplimiento de la Ley del entrenador.  

     

     

    El vocero del INDER Medelli´n explica que la capacitación ofrecida es una refuerzo voluntario para el cumplinmiento de la norma, que la entuidad ofreció cono apoyo a los entrenadores que hacen parte de los 353 clubes reconocidos por esa entidad en la ciudad, a través de la categorización realizada por la entidad en el año 2024.  

     

    Cambios en el trabajo

    La Ley establece criterios específicos para que los entrenadores puedan ejercer legalmente en el país. Entre estos requisitos se encuentra la obligatoriedad de la tarjeta profesional, si bien esta exigencia no es nueva en otros ámbitos laborales, su aplicación en el sector deportivo ha causado polémica, pues muchos entrenadores han trabajado durante años sin esta documentación y podrían quedar inhabilitados para seguir ejerciendo. Por su parte, la Ley contempla la implementación de un examen de idoneidad, el cual busca certificar las competencias técnicas y pedagógicas de los entrenadores, sirviendo como filtro para garantizar que quienes ejerzan la profesión cuenten con los conocimientos adecuados para la formación de atletas y deportistas.

     

    La Constitución Política de Colombia reconoce al deporte como derecho. Además, la Carta internacional de la educación física y del deporte de la Unesco del año 2015 en el artículo 7 señala: “Las actividades de enseñanza, entrenamiento y administración relacionadas con la educación física, la actividad física y el deporte deben encomendarse a un personal cualificado”, a lo que el Comité Olímpico Colombiano (COC) ha manifestado que  el ejercicio torpe de una actividad puede producir efectos nocivos a la salud y, por ende, a la seguridad e integridad del ser humano. Lo que indica que un ejercicio mal formulado u orientado conlleva un riesgo que puede ser mitigado si se tienen entrenadores idóneos.

     

    Algunas implicaciones de la norma se enuncian a continuación:

     

    Algunas voces críticas de la nueva norma acusan una posible discriminación a partir de la titulación profesional. Sin embargo, el texto de la Ley cita jurisprudencia de la Corte Constitucional: “El objetivo de la reglamentación de profesiones no es consagrar privilegios en favor de determinados grupos sociales, sino controlar los riesgos sociales derivados de determinadas prácticas profesionales” y se apoya en la manera en que se especifican los procesos de acreditación y la forma de acceder a ellos.

     

     

  • El juego del camino pensional

    Por Marcela Urdaneta Henao / marcela.urdaneta@upb.edu.co

     

    En el Congreso se aprobó una reforma pensional, que el Ejecutivo sancionó para que entrara en vigencia en julio de 2025, pero el poder judicial ordenó devolver la iniciativa al legislativo por errores de trámite. Además por la falta de varias herramientas jurídicas que permiten que la reforma funcione. Por ejemplo: el decreto que faculta al Banco de la República para manejar dineros para las pensiones. Es como irse de vacaciones en carro pero sin saber si todos pueden irse a descansar y con un conductor sin licencia.

     

    Mientras tanto, la realidad se impone: pensionarse en Colombia es un trecho largo y muchas veces difícil. ese trecho no es un camino solo, hay muchos y cada uno depende de la realidad de cada persona, de su oficio, de sus condiciones de trabajo.

     

    El juego del camino pensional

     

    En esta multimedia interactiva te mostramos varios de esos caminos y te invitamos a jugar para que conozcas cuáles son las rutas más frecuentes hacia la pensión, que para muchos colombianos es como un sueño. También tienes el espacio para compartir tu historia y que así conozcamos cómo es en Colombia el camino pensional.

     

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  • La seguridad social de los jóvenes freelance

    Por Marcela Urdaneta Henao / marcela.urdaneta@upb.edu.co

     

    Freelance es el nombre que hoy tienen los trabajadores por encargo, personas que ofrecen servicios basadas en habilidades y conocimientos específicos. Las cifras demuestran que son parte importante del panorama laboral en Colombia y los efectos del mismo en la economía del país.

     

    La mayoría de estos trabajadores son personas jóvenes. ¿Cómo se garantiza su seguridad social? El siguiente es un reportaje interactivo que recoge cifras, testimonios y datos que detallan los contrastes de esta situación.

     

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  • La Pascasia, un sueño colectivo de cuatro pisos

    Ana Sofía Araque Paneso / ana.araque@upb.edu.co

     

    Así como sucede con las personas, los espacios también evolucionan, crecen y se transforman. Se transforman para ser testigos de las ocurrencias humanas y de sus nuevos objetivos. Aunque los cambios traen nostalgia, cuando se observan los resultados de un sueño materializado, el nuevo entorno cobra un sentido de pertenencia y La Pascasia, la casa cultural de la corporación Común y Corriente, es un ejemplo de ello.

     

    La historia de La Pascasia

    Antes de que existiera la casa, primero estaba una empresa sin ánimo de lucro llamada Común y Corriente que fue la que buscó construir un espacio como centro cultural. La idea nació de unos amigos músicos que querían tener un espacio para hacer conciertos y porque en su momento se identificó que sería bueno tener un espacio independiente para ellos y otros artistas. A su vez, se buscaba un espacio que juntara diferentes disciplinas artísticas como la música, la literatura o las artes plásticas; y se generara un diálogo entre ellas. Jaime Suárez, uno de los corporados explicó que “Común y Corriente es una corporación de artistas que desarrolla proyectos artísticos y culturales que intentan derivarse en un beneficio para la sociedad; ya sea que los artistas tengan unas mejores posibilidades de compartir su trabajo de creación o que los proyectos lleguen al público adecuado en el que se dé un espacio de reflexión”.  

     

    Así pues, el nacimiento del centro cultural, en el 2016, tomó fuerza cuando se instalaron en una casa del centro de Medellín. La adecuaron de acuerdo con sus necesidades y el grupo de amigos, que se conocieron estudiando música, se amplía y se convierten en los 10 corporados de Común y Corriente. El lugar, entonces, recibió el nombre de La Pascasia y pasó de ser el hogar tradicional y antioqueño de una familia que vivió durante varias generaciones allí, a convertirse en una casa cultural; pues, además de los conciertos, se incorporó una galería, un teatro, un café y oficinas para sus creadores.

     

    Juan Felipe Restrepo Cano, un estudiante de periodismo que fue testigo de la magia de La Pascasia desde sus inicios, contó que era una casa patrimonial del centro que con el tiempo fue mutando. “Cuando entrabas, lo primero que te encontrabas era un patio central donde transcurría todo. Un patio que tenía un árbol en la mitad donde había unas especies de muros simulando el corredor de una casa campesina… entrar a esa casa era como olvidarse un poco de que estabas en una ciudad”. 

     

    Patio central de la sede antigua de La Pascasia. Foto: Juan Felipe Restrepo.

     

     La Pascasia recibió su nombre debido a que se encontraba ubicada en la carrera Pascasio Uribe en la comuna 10, La Candelaria; y durante siete años los corporados y el público se encontraron allí nutriendo la casa de lecturas, conversaciones, bailes y exposiciones. Jaime Suárez expresó que el tener este proyecto en el centro era muy importante porque permitía tener conexión a todo su ecosistema cultural y aportar más a eso. Incluso Restrepo confirmó lo dicho por el corporado al haber mencionado que: “Cuando eran los días de orquesta, uno llegaba a allá y a veces no se podía entrar; la fila llegaba hasta las torres de Bomboná de gente esperando a que a alguien le diera por salir. Eso hablaba mucho de lo que se convertía La Pascasia en Medellín”. 

     

    Un día de orquesta en la sede antigua. Foto: Juan Felipe Restrepo.

     

    ¡Hora de mudarse!

    Para 2022, la Corporación consideraba pertinente tener un espacio más grande, que les permitiera incorporar más elementos a su centro cultural, así que ese mismo año empieza la compra de un lugar mucho más amplio a solo dos cuadras de la sede original, diagonal al teatro Matacandelas. Se trata de un edificio de cuatro pisos que antes era un club-sauna gay llamado El Club de Tobi y que, por las circunstancias de la pandemia, cerró en el 2020.

     

    El anuncio oficial de su traslado fue el 22 de julio del 2023, que también contenía la noticia sobre la ayuda económica necesaria para iniciar la remodelación del edificio. Para eso, todos los que quisieran ayudar a que La Pascasia cumpliera un sueño más, podían hacerlo con $20.000. En su página web, para explicar su situación al público, mencionaron que “para hacer tantas ociosidades se necesitan muchos holgazanes. Sí, no fue fácil, pero logramos conseguirlos, y ahora somos muchos. Más aún, cuando consideramos que usted también es uno de nosotros”. El pedido fue bien recibido y para el 10 de octubre de 2023, comenzaron la remodelación y anunciaron que el nuevo edificio de La Pascasia, además de contar con galería, restaurante y una nueva librería, da cabida a proyectos de artistas visuales, músicos, colectivos audiovisuales y periodísticos. Con esfuerzo y manos a la obra, el 17 de febrero de 2024 hicieron oficialmente su apertura.

     

    Al respecto del traslado, el corporado Jaime Suárez dijo de manera segura y con orgullo que: “El tránsito hasta acá no fue inmediato, pero ahora lo más importante es que en este nuevo lugar no solamente nos están visitando las personas que están desde la casa anterior, sino que también veo muchas caras nuevas…lo que hace el proyecto es la gente, entonces yo creo que aquí estamos bien”. 

    Adentro de la nueva Pascasia

    Durante el día, cuando se llega a la calle 47, es inevitable observar el edificio, pues logra distinguirse de los demás. Su color verde esmeralda con toques de rosado que bordean sus ventanas hace que quienes pasen por allí, incluso inmersos en sus propios mundos, alcen la cabeza y contemplen la vida del edificio en su calle. 

     

     

    << Edificio La Pascasia. Foto: Ana Sofía Araque Panesso

     

    Al acercarse a la puerta, por sus rejas se deja entrever un pasillo largo. Al principio es oscuro, pero, a la mitad del recorrido la luz del sol lo deja ver con claridad. Al llegar en la mañana, cuando el público no está mirando, cuando el espectáculo aún no empieza, se siente una atmósfera tranquila y agradable. Al avanzar por el pasillo, lo primero que se ve es un jardín y, al mirar al techo, se puede ver todos los pisos junto con unas pinturas que complementan la decoración. El lugar huele a nuevo por todas partes, la pintura fresca, la madera, la luces; todo se observa en perfectas condiciones. Al lado del jardín esta la librería, un espacio silencioso y propicio para la concentración y desconexión con el ruido de la ciudad.

     

     

     

     

     

     

    Librería de La Pascasia. Foto: Ana Sofía Araque Panesso.

     

    Siguiendo el recorrido natural que propone el lugar, la luces se tornan rojas; inmediatamente el ambiente cambia: así sea de día, una energía nocturna empieza a emerger. Se encuentran los comedores estilo vintage con más pinturas que hacen parte no solo de la decoración, sino que son piezas exposición y se ofrecen al mejor postor; al lado hay un bar. Los trabajadores están, cada uno, inmersos en sus deberes; preparando todo para la hora del almuerzo y el evento en la noche.  

     

    El comedor y la barra están concebidos como puntos de encuentro para los visitantes y no solo como dotaciones del lugar.

    Fotos: Ana Sofía Araque.

     

     Una vez terminado el pasillo, la visión panorámica se amplía. Se trata del lugar donde se desarrollan los eventos, así que es un salón que cuenta con un espacio en forma de rectángulo destinado para el público y al fondo una tarima. Una vez ahí, se pueden ver los detalles: el telón, el jardín que hay detrás y los instrumentos puestos en su lugar a la espera de los intérpretes que les saquen las mejores notas. 

     

    El escenario de La Pascasia acoge una amplia gama de géneros musicales. Foto tomada por: Ana Sofía Araque Panesso.

     

    Un espacio para compartir el arte

    En la red de trabajo de La Pascasia está Mateo López, el Community Manager. Él explicó que el tener un edificio permitía que los enfoques de la Corporación se vieran más en cuanto al espacio que tiene cada uno; no solo La Pascasia como centro cultural, sino toda la organización: el sello de Música Corriente, el sello editorial Verso Libre y la galería de arte Un Ojo Común. También, aclaró que el lugar no sólo sirve para los proyectos propios de la corporación, sino que cuenta con espacios para alquilar, ya sea para eventos, actividades académicas o reuniones empresariales. Incluso, existen entidades que se encuentran allí; como la tienda de discos Surco Récords, la oficina del portal El Armadillo, dos productoras audiovisuales llamadas Mamut y Rara, un estudio de música y dos artistas plásticos independientes. Mateo, también aclaró que para conseguir el edificio fue necesario la ayuda del público, pero no fue la única fuente de apoyo. Ayudaron empresas como Confiar, Comfama, SURA, el teatro Matacandelas, entre otras más.

     

    Dentro de los planes a futuro, el corporado Jaime Suárez reconoce que falta mucho, pero tiene claros los objetivos a mediano plazo. “Estamos en el proceso de tener un auditorio multipropósito, es decir que se pueda tener desde conciertos hasta conversaciones o proyecciones de cine; y tener la galería de arte. Ahora hay una muestra pequeña, pero no es la manera en la que nosotros hacemos exposiciones. También se está buscando crear los medios para que todas las personas, incluyendo a las que tienen movilidad reducida, sean bienvenidas a recorrer todo el lugar”. 

     

    El objetivo es que La Pascasia sea considerado un espacio para el arte y que el centro de Medellín cuente con un lugar dispuesto a compartirla. Como lo dice la misma corporación: “Casa que, aunque actúa como sede de los artistas de la corporación Común y Corriente, obra en trance de la generosidad de todo aquel que crea un mundo propio con el deseo de compartirlo”.

     

     

    Así se creció La Pascasia

     

  • Fórmulas locales para la salud mental en el trabajo remoto

    Carolina Correa Zuluaga / carolina.correaz@upb.edu.co

     

    La llegada de la pandemia del COVID-19 trajo cambios fundamentales en las rutinas de producción. El trabajo remoto, que alguna vez fue una opción para algunos, se convirtió en la norma para millones de empleados en todo el mundo; si bien este modelo ha permitido que muchas actividades económicas continúen, también ha expuesto importantes desafíos, particularmente en lo que respecta a la salud mental de los trabajadores. En este reportaje se destaca cómo Bancolombia y Comfama, dos organizaciones colombianas reconocidas, abordan el impacto del trabajo remoto en la salud mental de sus empleados. 

     

    Uno de los impactos más significativos del trabajo remoto es el aislamiento social, ya que la falta de interacción cara a cara puede provocar sentimientos de soledad y alienación. Según estudios realizados por múltiples organizaciones, los trabajadores remotos experimentan mayores niveles de ansiedad y depresión. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), realizó entregas entre abril y junio de 2023 la encuesta Pulso Social del DANE, en la que evaluó la calidad de vida y la percepción sobre el mercado laboral colombiano. En ella participaron más de 30,000 personas en 23 ciudades capitales, y sus resultados revelaron que muchos empleados sienten que la falta de contacto humano está afectando su bienestar emocional. 

    La infraestructura pública cada vez más tiene espacios para el trabajo remoto. Este en el Aeropuerto Internacional Matecaña, en Pereira.

    Foto: Aerocivil.

     

    Límites y contrastes

    Si bien el trabajo remoto ofrece flexibilidad, también difumina la línea entre el trabajo y la vida personal, situaciones que resultan en más horas de trabajo y niveles elevados de estrés. Los informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), destacan la importancia de establecer límites claros y rutinas diarias para mitigar estos efectos, más este contexto que agrava en hogares sin un espacio de trabajo adecuado, lo que puede aumentar el malestar y el estrés. 

     

    El estilo de vida sedentario es otro desafío que conlleva el trabajo remoto, debido a que a falta de ejercicio y actividad física pueden provocar problemas de salud física y mental. Los expertos recomiendan descanso regular y actividad física para mitigar estos efectos. La poca actividad puede generar un círculo vicioso que afecta la salud física y mental de los empleados. 

     

    La comunicación virtual llega a ser menos eficiente y más laboriosa que las interacciones cara a cara. Demasiados correos electrónicos y reuniones virtuales pueden provocar fatiga digital, que ya es común en el trabajo remoto. Mantener una comunicación clara y frecuente con los colegas es fundamental para reducir el estrés y mejorar la colaboración. 

     

    Según Laura Franco Arango, empleada de Bancolombia, la organización ha tomado medidas para abordar los desafíos de la salud mental en el contexto del trabajo remoto, destacando varias iniciativas. La compañía enfatiza la necesidad de crear entornos de trabajo seguros que promuevan el bienestar de los empleados, lo que incluye proporcionar herramientas y recursos adecuados para facilitar el trabajo desde casa. Además, invierte en mejorar su infraestructura tecnológica para garantizar que los empleados tengan conectividad y equipos informáticos adecuados. 

     

    Asimismo, Bancolombia promueve la flexibilidad laboral, permitiendo a los empleados equilibrar mejor su vida personal y profesional, lo cual es crucial para reducir el estrés y mejorar la salud emocional. La capacidad de ajustar los horarios de trabajo a las necesidades personales ha sido bien recibida por los empleados, quienes reportan una mayor satisfacción laboral.  

     

    El trabajo remoto extiende los compromisos de las empresas para garantizar los medios técnicos requeridos para el normal desarrollo de las actividades por parte de sus trabajadores. Foto: Carolina Correa.

     

    Las oficinas remotas

    En cuanto al acceso a plataformas de apoyo, la empresa ha explorado el uso de herramientas digitales para brindar apoyo en salud mental a los empleados, diseñadas específicamente para ayudar a gestionar el estrés y otros problemas asociados con el trabajo remoto. Además, Bancolombia ha implementado programas de capacitación que proporcionan a los empleados las habilidades necesarias para enfrentar estos desafíos. 

     

    La promoción de actividades físicas, permite ayudar a mejorar la salud mental y reducir la incidencia de problemas como la presión arterial alta y la depresión. La empresa organiza desafíos de bienestar, que incluyen ejercicio y pausas activas, para animar a los empleados a mantenerse activos durante la jornada laboral. Por último, Bancolombia ha tomado medidas para cuidar el bienestar emocional de sus empleados, reconociendo que un entorno laboral cómodo y de apoyo es clave para mantener la productividad y la satisfacción laboral mediante programas de bienestar que abordan la salud mental de manera integral. 

     

    Por su parte, según Laura Suescún Ramírez, empleada de Comfama, esta organización también ha desarrollado diversas iniciativas para promover la salud mental de sus empleados en el contexto del trabajo remoto. Comfama permite negociar horarios entre empleadores y empleados, lo que facilita adaptarse a las necesidades individuales y familiares, ayudando así a mantener un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal, crucial para el bienestar emocional. 

     

    Para facilitar la colaboración, Comfama brinda a sus trabajadores computadoras portátiles, acceso a internet seguro y herramientas de comunicación, ya que para prevenir problemas de salud mental como la irritabilidad y el estrés, es fundamental contar con el equipo adecuado. Además, han implementado programas de bienestar y apoyo psicológico que garantizan acceso a recursos que fomenten el bienestar emocional, como relajaciones guiadas y asesoría psicológica. 

     

    La empresa proporciona información y capacitación sobre cómo manejar los desafíos del teletrabajo, equipando a los empleados para enfrentar situaciones difíciles y mantener una buena salud mental. La formación incluye talleres sobre gestión del estrés y la promoción de la salud mental en el trabajo. Finalmente, su programa “Red de Amor, Cuidado y Salud Mental” busca acompañar a las empresas y sus líderes en el fortalecimiento de la salud mental de los empleados mediante estrategias de apoyo psicológico y bienestar emocional, promoviendo así un ambiente laboral saludable que prioriza esta importante dimensión. 

     

    La promoción de la salud mental es una parte esencial de los programas completos que ambas organizaciones han creado. Al brindar herramientas y recursos que permiten a los trabajadores administrar su bienestar psicológico y emocional, estos programas se relacionan con la administración del trabajo. 

     

    La capacitación es un componente clave en la integración de la salud mental en la gestión laboral. Bancolombia y Comfama ofrecen talleres y recursos educativos que ayudan a crear conciencia sobre el bienestar emocional y proporcionan herramientas prácticas para su manejo en el día a día. 

     

    El trabajo remoto ha puesto de relieve la importancia de la salud mental en el ambiente laboral y ha cambiado la forma en que las empresas funcionan. Las organizaciones pueden enfrentar los desafíos que presenta esta modalidad de trabajo de manera proactiva, como se puede ver en Bancolombia y Comfama. Dichas compañías están estableciendo un precedente en la promoción del bienestar emocional de su personal mediante programas que fomentan la flexibilidad, la capacitación y el apoyo psicológico. 

     

    Es fundamental que más organizaciones aborden dinámicamente los problemas de salud mental y creen ambientes laborales seguros y saludables para sus trabajadores, ya que el trabajo remoto se está consolidando como una realidad a largo plazo. En un ambiente laboral en constante cambio, la salud mental es una parte crucial del bienestar individual; además, es esencial para la productividad y el éxito organizacional. 

     

  • Historias al paso por la Avenida Jardín

    Juan José Yath Granados /  juan.granadosg@upb.edu.co

     

    Comercio, movilidad y paisaje son rasgos clave  de la Avenida Jardín. Una vía dentro de la comuna de Laureles que congrega establecimientos de distintos tipos, combinados con presencia de árboles y jardines que es característica de esta parte de la ciudad y representa lo que fue el proyecto residencial con que se concibió Laureles en un principio, el cual hoy integra además el turismo y los negocios. Miradas y voces  que conviven en la avenida y  conocen lo que es Jardín y el movimiento que hay en su corta extensión. 

     

    En una intersección de avenidas hay dos opciones de camino. Uno de ellos lleva a una calle breve, de solo dos cuadras. Sin embargo, este pequeño espacio merece mucha observación: en un momento se observa un restaurante de platos exóticos, giras un poco la cabeza para estar frente a una cadena de comida y luego observas  la magnitud de las ramas que dan  sombra a los andenes. Es inevitable. 

     

    La avenida Jardín se extiende desde una rotonda sin andén que divide otras calles, forma un cruce con la mencionada Nutibara y termina una cuadra después con el Segundo Parque de Laureles. Esta vía fue parte del proyecto con el que se ideó lo que es actualmente la comuna que da nombre al parque. El sector fue planeado con un diseño alejado del estilo tradicional de otras zonas de la ciudad. Pedro Nel Gómez, el arquitecto original a cargo del proyecto, lo pensó como un espacio donde primara el paisaje, el verde de los árboles y grandes espacios para el caminante. En un principio, se pensó como un barrio residencial para familias obreras, pero al final, una emergente clase media – alta fue quien lo habitó en su mayoría. Hechos como estos ayudaron a construir la imagen de Laureles como la “zona de ricos” en Medellín.  

     

    El surgimiento de tantos negocios en la avenida quizás ha hecho que se merme la imagen de barrio residencial. Pero eso no quita que aún conserve elementos de su planeación original como los amplios espacios para caminar y los pulmones verdes en forma de árboles. La concepción de Laureles desde su planeación la documenta Sandra Milena Bedoya Mira en el texto   “Cooperativas de vivienda y conformación de un barrio para los grupos medios en Medellín. Laureles (1940-1970)”.  

     

    La avenida aglutina comercio, vida e historias. Incluso las personas que se mantienen cerca de estas calles calle tienen cosas que contar sobre uno de los sectores más representativos de Laureles. En la rotonda,  frente al inicio del separador  de las calzadas en que se divide la avenida Jardín,  varios domiciliarios se parchan a descansar y conversar mientras esperan una notificación de su aplicativo de trabajo,  junto a un pequeño puesto de surtido. Uno de ellos es Rafael, de los que más conoce el sector, quien  cuenta que es una zona bastante buena para su trabajo porque a cada rato le llegan pedidos de los diferentes restaurantes a los lados de la vía.  

     

    “Laureles como tal es lo mejor. Es el área desde donde me buscan todas las aplicaciones, bien sea de transporte, de domicilio. Para trabajar, siempre hay venta, siempre hay movimiento, especialmente en esta área [la Avenida Jardín]. Pero en general todo Laureles tiende a ser así. Bien sea la 70, parte de la 80…”, dice Rafael en medio de bromas de sus compañeros, cuyos cajones para  los pedidos tienen marcas distintas. 

     

    Al avanzar por las calles se ven los primeros restaurantes. Frente a ellos hay jardineras con distintos tipos de plantas que adornan el andén. Sin embargo, al observar de cerca, aparecen junto a las envolturas y otros residuos de distinto tamaño que hacen un rastro que va hasta una caneca de acero repleta de desechos.  

     

    La gran cantidad de negocios en la zona hace que estos contenedores se llenen rápido. Emilce, operaria del personal de aseo en las calles, pasa a limpiar y  cuenta que no son solo residuos de los restaurantes lo que termina en las canecas: ella ha visto desde escombros, hasta pañales de adulto mayor. Los habitantes de calle, venteros, incluso los mismos domiciliarios, mantienen el sitio sucio al botar cualquier sobrante en el suelo.  

     

    “Mantengamos el jardín limpio, toda la naturaleza limpia para que veamos la ciudad bonita, porque si nosotros limpiamos y ellos hacen y hacen nunca se va a ver la ciudad bonita”, comenta Emilce mientras saca la basura de una caneca verde donde se botan los desechos de mascotas. 

     

    No obstante el problema con  las basuras en la zona, Emilce también aprecia lo que es Laureles, al que ella llama su segundo hogar, el espacio donde labora desde hace casi trece años. Cerca de ella o pasan algunos cuidadores de autos,  los reconoce y se saluda cordialmente con algunos.  

     

    Un sábado cualquiera, por ejemplo,  quienes pasen por la avenida Jardín en carro y necesitan a alguien que lo cuide  pueden acabar en conversa Ángelo. Aunque lleva dos años en la zona , también considera a Laureles su segunda casa. Conoce a muchos de quienes trabajan allí  y por eso valora el sentimiento de comunidad que hay.  

     

    “Esto es como una familia, es que acá todos nos conocemos con todos. Ya uno ya conoce la del restaurante, la mesera, el dueño, todo”, dice Ángelo, quien, además del tiempo trabajando, tiene recuerdos de hasta veinte años atrás sobre la avenida. Esas memorias le dan conciencia del cambio que tuvo al volverse más comercial. Reconoce que esto ha permitido que florezcan negocios y con ellos muchos empleos. 

     

    Pero unas por otras: las filas de autos que se parquean en la calzada hacen aún más estrechos los caminos por donde conducir: “Se volvió una especie de parqueadero, aunque no lo es, es algo ilegal porque estamos en una vía principal, esto dejó de ser casas y se convirtió en esto”, reconoce Ángelo. 

     

    Postales de las historias al paso en la Avenida Jardín. Fotos : Juan José Yath.

     

    La segunda mitad de la avenida Jardín repite el patrón de plantas en el andén, así como el movimiento del naranja y el rojo en los chalecos de los cuidadores de carros. Cerca del fin de la vía se encuentra Gerley, un guardia de seguridad de un edificio cerca del Segundo Parque de Laureles. Lleva seis años trabajando en el sitio. Además de estar pendiente del edificio, ha observado el cambio en la avenida hacia amplios andenes y más jardines con plantas de mayor tamaño. La avenida conserva su imagen verde por los todavía numerosos árboles que decoran las medianas, un detalle que la vuelve atractiva, junto a los restaurantes y la seguridad, que Gerley considera buena.  

     

    “Digo yo que esta avenida es patrimonio de laureles. Mire esas bellezas de árboles, la gente viene aquí solo por ver la imponencia a esos árboles que hay aquí”, opina Gerley en un espacio de relajo, junto a su taza de café. 

     

    Frente a Gerley, está el final del separador, a una calle del parque. Ahí, se asienta de domingo a domingo un puesto de surtido y aguacate. Flor, la dueña, lleva 22 años en la avenida. Mientras habla, cuenta las monedas de la caja y menciona los cambios dentro del sitio. Aunque esté a solo una calle de su compañero Gerley, ella reconoce que la avenida es más peligrosa que otras zonas de Medellín. Lo más importante es no “dar papaya” con los celulares, sobre todo en horas de la noche. Aun así, tampoco niega el potencial comercial de la Avenida. 

     

    “Esta avenida yo la describiría como con mucho comercio, mucho trabajo, Gracias a Dios, para las personas. Es un ambiente muy bueno para las personas que quieran venir a comer, a disfrutar un rato con la familia”, dice Flor. 

     

    Quienes terminen de recorrer la avenida quizás quieran llegar hasta el Segundo Parque de Laureles, ya sea para descansar, o para que la familia pase el rato en los juegos, como es el caso de Anyelina. Ella es de Republica Dominicana y lleva un año viviendo en Medellín. Junto a su esposo y sus hijos, van seguido a la avenida Jardín para lo que llama “estar en ambiente”, ir a compartir y a pasar el rato. En su experiencia, no le parece peligroso el sitio, ni siquiera de noche. Y, si bien hay congestión en el tránsito, no le afecta al caminar por los andenes. Aun así, ni la avenida ni Laureles son lugares que ella elegiría para vivir, justo por el ruido que genera el movimiento del comercio. 

     

    “La verdad, me gusta para visitarlo, lo que he visto de laureles me gusta que tiene el ambiente en cuanto a que uno tiene bastante que ofrecer en comida, pero no me gusta para vivir porque, así como hay tantas cosas, no me gusta el ruido a la hora en que trabajo”, explica Anyelina. 

     

    La clave de la Avenida Jardín es que es del tipo de lugares donde no solo basta con moverse, sino pararse a observar a quienes construyen su vida, lo que unos llaman como la familia. Hay más para observar y entender en los veinte minutos que puede tomar el caminarla, pero son muchos los recorridos que por allí se pueden hacer, cada uno con una historia diferente.  

     

    Un mapa de Jardín al paso 

    Dale clic a los íconos de ojo para recorres puntos clave en este viaje por la avenida Jardín.  

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  • La verdadera oportunidad que ofrece la inteligencia artificial

     

    Por: María José Restrepo Vanegas / mariaj.restrepov@upb.edu.co 

     

    “Cada máquina tiene inteligencia artificial. Y cuanto más avanzada se pone una máquina, más avanzada será la inteligencia artificial. Pero una máquina no puede sentir lo que está haciendo. Solo sigue las instrucciones – nuestras instrucciones – de los seres humanos”. Abhijit Naskar 

     

    La inteligencia artificial (IA) está cambiando el panorama laboral del país, como si se transformara la esencia misma del trabajo, mediante un conjunto de oportunidades y desafíos que nos invitan a conocer más sobre este mundo que es más cercano de lo que creemos.  

     

    Las empresas colombianas están adoptando estas tecnologías disruptivas, en lo que parece una nueva era de eficacia mediante la automatización de las tareas diarias. Por ejemplo, Artextil es una empresa colombiana que ha encontrado en la inteligencia artificial una ayuda para producir nuevos diseños. Su líder, Carlos Aristizábal, tomó la vocería cuando estas innovaciones causaron sensación durante la feria Colombiatex 2023. Entonces, explicó cómo a través de los comandos (prompts) surgen diseños a la medida de los clientes, “con su ADN de marca. La explosión de la inteligencia artificial es tan grande que los procesos siguientes también requieren ir a la misma velocidad”, así lo auguraba entonces en declaraciones a El Tiempo.  

     

    Artextil implementó el programa AVAT/art, con el que se pueden ver en realidad aumentada los diseños para producción. De acuerdo con proyecciones de Microsoft, en 2026 el 82 % de las grandes empresas colombianas aumentarán su inversión en tecnología para incorporar la IA en sus procesos. 

    “¿Cómo no aprovechar esta moda y hacer con inteligencia artificial algunos de nuestros colaboradores en su versión dino? ¿Sabes que con inteligencia artificial estamos haciendo algo más que Dinosaurios? Estamos cambiando la forma de hacer las cosas. ¡Pronto más noticias!”.

    Con esta imagen de un famoso reto viral en Internet,   Artextil hizo su declaración de intenciones ante la llegada de la IA. 

     

    Por su parte, Ecopetrol, en alianza con Accenture, compañía global de servicios en estrategia y consultorías; Claro, operador de telecomunicaciones en Latinoamérica y Microsoft, realizaron una prueba con tecnologías 5G aplicadas al análisis en línea para operaciones de mantenimiento en la Refinería en Barrancabermeja, con el uso de dispositivos para asistencia remota en mantenimiento, sin riesgos de fuga de información.  

     

    Gracias a las redes 5G y aplicativos soportados en IA, se pudo efectuar en Barrancabermeja una “parada de planta”, es decir: detener temporalmente toda o parte de la producción de la refinería para hacer mantenimiento, reparación, inspección, ajustes o mejoras, según explica la firma consultora Drixit en su portal oficial

     

    Al reseñar la operación, Microsoft explicó en un boletín oficial las dimensiones de la innovación hecha en instalaciones petroleras colombianas: “Con la tecnología 5G se pueden realizar procesos de asistencia remota en tiempo real. En una parada de planta hubo ahorros de más de US$1 millón por su uso”. 

     

    Según explicó Ecopetrol, el procedimiento consistió en el mantenimiento operativo en tiempo récord en la planta HDT (hidrotratadora), con dispositivos seguros de realidad aumentada. Antes del uso de esta tecnología, el procedimiento tomaba de 3 a 8 días y se requería el desplazamiento de personal especializado desde otros países. 

     

    Mantenimiento remoto de la refinería en Barrancabermeja Foto: Ecopetrol 

     

    Durante el procedimiento en Barrancabermeja hubo acceso a información, imágenes y comunicación en tiempo real para recibir asistencia desde Estados Unidos y guiar al personal de la planta para identificar alternativas y encontrar respuesta al mantenimiento en unas pocas horas. 

     

    En estos casos, las transformaciones desde la tecnología no son solo una tendencia habitual, sino el inicio de una nueva era en el ámbito laboral que abre en las empresas colombianas la posibilidad de implementar, desde asistentes virtuales que brindan apoyo a los empleados con tareas administrativas, hasta sistemas de análisis de datos que posibilitan una planificación estratégica más eficiente.  

     

    Sin embargo, la inteligencia artificial despierta preguntas sobre el impacto que tendrá en los puestos de trabajo tradicionales y la urgencia de que los jóvenes se capaciten para adaptarse a estas nuevas herramientas.  

     

    Si es artificial, ¿es inteligente?  

    El interés por la IA llevó a lugares visibles del debate numerosas definiciones construidas sobre esta tecnología durante las últimas décadas en un artículo orientado a responder preguntas básicas sobre inteligencia artificial, el profesor John McCarthy de la Universidad de Stanford señala que: “Es la ciencia e ingeniería de hacer máquinas inteligentes, especialmente programas informáticos inteligentes. Se relaciona con la tarea similar de usar equipos para comprender la inteligencia humana, pero la IA no tiene que ajustarse a los métodos biológicos observables”. Esta definición combina aspectos matemáticos, filosóficos y de ciencia y además sugiere que la inteligencia artificial no puede definirse como algo puramente tecnológico, sino que también se ve permeado por el componente humano.  

    El doctor en ingeniería Leonardo Betancur Agudelo, señaló: “La IA no puede vivir sola, necesitas darle datos”. Estas tecnologías necesitan “alimentarse” todo el tiempo y esto no significa que no puedan valerse por sí solas; a lo que se refiere Betancur es que, para que una inteligencia artificial pueda funcionar correctamente, el ser humano debe ser partícipe de su creación y funcionamiento. 

     

    Tipos de inteligencia artificial 

    Docusign, empresa dedicada a la gestión de documentos de empresas en la nube, no se puede definir con exactitud cuántos tipos de esta tecnología existen, pero propone distinguir cinco principales:  

    • Sistemas expertos. Diseñados para imitar la toma de decisiones y el razonamiento humano en áreas específicas. 
    • Redes neuronales artificiales. Inspiradas en el sistema nervioso central de los animales y diseñadas para reconocer patrones. 
    • Deep Learning. Permite el reconocimiento de voz, imagen y procesamiento del lenguaje natural. 
    • Robótica. Máquinas para la realización de tareas cotidianas. 
    • Agentes inteligentes. Sistemas que perciben su entorno y actúan de manera autónoma para lograr objetivos específicos. 

     

    Uso responsable y ético en la IA 

    La ética, guía que nos permite saber cómo actuar en sociedad, también aplica en la relación con la inteligencia artificial. Según la profesora María Alejandra Echavarría, el reto es que en esta relación no se vulnere ningún derecho humano: 

     

     

    Imagen realizada por Openart.ai plataforma de generación de imágenes a base de texto. Prompt: María José Restrepo 

     

     

    “La IA no es un ser vivo preparado durante miles de millones de años de evolución para participar en la batalla por la supervivencia de los más aptos, como lo son los animales y como somos nosotros. Son computadoras matemáticas, códigos, construidas por personas, propiedad de personas, utilizadas por personas, controladas por personas. La idea de que en algún momento desarrollará una mente propia y decidirá que tiene motivaciones que lo llevan a intentar matarnos es una señal de mano supersticiosa.” 

    Esteban Ierardo, filósofo y docente argentino. 

     

    ¿Nos quitará el trabajo? 

    Según un estudio publicado en 2023 por encargo de la compañía IBM, “el despliegue constante de la IA continúa en Latinoamérica a pesar de las barreras”. Señala el documento que un 23 % de empresas colombianas ya utiliza inteligencia artificial en sus procesos de producción, mientras que otro 47 % está explorando el uso de estas tecnologías.   

     

    Camilo Clavijo, country mánager de HubSpot, empresa estadounidense de desarrollo y comercialización de productos de software, señaló que: “En Colombia estiman que las empresas pueden ahorrar por lo menos de una a tres horas aplicando la IA”.  

     

    El sector agrícola es otro de los escenarios en los que se ha puesto la inteligencia  artificial al servicio de la producción en Colombia, específicamente para analizar los resultados y planes de fertilización de los cultivos, como ocurrió con un proyecto desarrollado entre Agrosavia, corporación estatal dedicada a la investigación para el sector agrícola, el Ministerio de las TICs e IBM con el propósito de construir modelos predictivos para fertilizar cultivos. 

     

    Casos como este demuestran el potencial de la inteligencia artificial en la optimización de muchos procesos, potencial que llega a otros trabajos y espacios, como lo explica el doctor en Ingeniería Leonardo Betancur Agudelo: 

     

    Al igual que el doctor Betancur, el consultor en inteligencia artificial Carlos Mario Estrada señala que todos los trabajos que sean operativos y repetitivos reciben los primeros impactos de la inteligencia artificial, anota que en China ya comenzó la fabricación masiva de humanoides y que empleos como las entregas a domicilio sean reemplazados por drones o robots. 

     

    En ese contexto, una pregunta se vuelve clave: ¿Qué nos diferencia de la IA? ¿Qué buscan las empresas hoy en día? 

    A diferencia de la IA, el cerebro humano puede actuar de manera impredecible, pero también reconocer una perspectiva ética y responsable socialmente ante el mundo. 

     

    El experto Carlos Mario Estrada, habla sobre siete competencias socioemocionales que hoy en día son importantes en el mundo laboral: trabajo en equipo, adaptación al cambio, pensamiento crítico, comportamientos éticos, expresión oral y escrita, puntualidad e inteligencia emocional.

     

    Estrada considera que estas competencias emocionales son esenciales en una sociedad inundada por los datos, la información, los algoritmos y la tecnología, en la que son indispensables seres conscientes de su posición crítica y racional ante el mundo.  

     

    Imagen realizada por Openart.ai plataforma de generación de imágenes a base de texto. Prompt: María José Restrepo 

     

    ¿Convivir o desafiar?  

    Pareciera que la humanidad pierde de a pocos la partida entre las necesidades que apoya la IA y los desafíos que plantea, pero las aplicaciones de esta tecnología que ya se hacen en lo industrial, incluso en medio de los afanes de la productividad, son también oportunidades para subrayar qué distingue a los seres humanos de los “imbéciles digitales”.