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  • Estado soberano, república independiente… una discusión que va y vuelve en Antioquia

    Por: Alejandro Jaramillo Vergara / alejandro.jaramillove@upb.edu.co

     

    La idea de la existencia de un estado antioqueño con mayor autonomía, o incluso una total independencia del gobierno colombiano, no es solo una vieja discusión que recientemente desempolvó el actual gobernador de Antioquia Andrés Julián Rendón con su propuesta de un referendo de autonomía fiscal regional con el que se propone la redistribución de los impuestos recaudados desde cada departamento y no desde el Gobierno nacional; incluso propone la creación de un fondo de compensación regional, para favorecer a los departamentos con menos recaudación tributaria.

     

    Esta propuesta no es la primera de este estilo en lo que refiere a esta política del departamento antioqueño.  Antioquia nación como un estado soberano y desde el mismo siglo XIX se han abierto discusiones que plantean que Antioquia sea algo más que un departamento, desde su nacimiento como federación en 1856, reconocido por la Constitución colombiana como tal dos años después y más cuando pasó a ser un departamento en 1886.

     

    Una región clave

    Antioquia cuenta con una superficie total de 63.612 kilómetros cuadrados y es el sexto departamento con más territorio en Colombia, con una extensión parecida a la de países independientes como Letonia, Sri Lanka o Lituania. Según las proyecciones del DANE en 2024, el departamento cuenta con la segunda mayor población del país: cerca de 6,90 millones de personas, que representan el 13.1% de la población total del país.

     

    Las cifras del DANE de 2023 también revelaron que estas condiciones llevaron a Antioquia a aportar 231.052 de millones de pesos al Producto Interno Bruto (PIB) de la nación, equivalentes al 15.1% de lo producido en todo el país, un aporte inferior solo al de Bogotá. Según datos del IDEA, Antioquia en 2023 aportó poco más de 14 billones de pesos de los casi 97 billones recaudados en impuestos en todo el país. Además, Antioquia, a través de las Empresas Públicas de Medellín (EPM), es también la encargada de generar el 27.7% de la energía de toda Colombia, según datos de la Alcaldía de Medellín en 2023 y también según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, la región representó el 12,75% de las exportaciones nacionales entre 2013 y 2022.

     

    La región no solo ha ocupado un lugar similar de liderazgo a lo largo de la historia del país, sino que han sido varios los procesos políticos que apuntan a su independencia: durante los primeros años del siglo XIX, la entonces Nueva Granada experimentó el proceso de guerras entre centralistas y federalistas para decidir cómo iba a ser administrado el país, en un periodo conocido como la Patria Boba, lleno de incertidumbre y luchas que terminaron decidiendo el futuro del país pues además de los dos bandos en contienda el clima de tensión lo aumentaban quienes le rendían lealtad a la corona española del rey Fernando VII, que aún tenía gran poder en la zona.

     

    Inicialmente, en 1811, Antioquia se declaró un estado soberano luego del grito de independencia de España.

    Según la Academia Antioqueña de Historia, bajo este contexto, en 1812, se unió a las Provincias Unidas de la Nueva Granada, junto con Tunja, Valle del Cauca, Cartagena, entre otros; juntos hacen parte de la primera república independiente en el país, pero aún sometida al régimen común de la Nueva Granada. Esta realidad contrastaba también con la idea del entonces autoproclamado estado soberano de Cundinamarca, que solo contaba con las provincias de Cundinamarca, Mariquita y Chocó. Esto solo duró hasta 1813 como una república federal de provincias que antes habían estado bajo el dominio español.

     

     

    Más adelante, el 11 de agosto de 1813, Antioquia se declara absolutamente libre de España y designa a Juan del Corral como su primer presidente-dictador, que, con acto administrativo, buscaba proteger a Antioquia de una reconquista española y decretaba a la entonces provincia como un estado independiente.

     

     

    Pero este primer intento de independencia antioqueña no duró mucho, ya que, en 1816, los españoles reconquistaron la región y el sueño de un estado antioqueño libre se apagó. Ya en 1819, luego de la Batalla de Boyacá y la proclamación de Colombia como república unitaria independiente, Antioquia fue nuevamente anexada a Colombia luego que el coronel José María Córdova recuperó la provincia de los españoles.

     

    Desde su independencia Colombia actuó como un régimen centralizado, hasta que en 1858, en tiempos de la Confederación Granadina, Mariano Ospina Rodríguez promovió una reforma constitucional para declarar un régimen federal. Esta reforma no fue aplicada en su momento debido al levantamiento revolucionario y posterior toma del poder de Tomás Cipriano de Mosquera, que luego, en 1863, convocó a una Asamblea Nacional Constituyente en Rionegro y declaró los Estados Unidos de Colombia como un país federal. 

    Durante este régimen de casi 23 años, las provincias fueron totalmente autónomas, hasta el punto de que el gobierno central en Bogotá era de tendencia liberal, mientras que los gobernantes antioqueños tendían a ser conservadores.

     

    En este periodo, Antioquia, a pesar de ser una provincia con dificultades económicas y sociales relacionadas con la incomunicación agudizada por la geografía, logró grandes avances en educación, en salud y obras públicas; como también la construcción del ferrocarril de Antioquia, la creación de la Universidad de Antioquia y la Escuela de Artes y Oficios (Actualmente Instituto Pascual Bravo), o también la atracción a varios grupos religiosos, que crearon los primeros colegios privados de la región. Todo esto de la mano de algunos gobernantes, entre los que se destacan Pascual Bravo, Pedro Justo Berrio o Marceliano Vélez.

     

    El federalismo en el país duró hasta la toma de poder de Rafael Núñez en 1886, que luego de otra Asamblea Nacional Constituyente, proclamó el régimen centralista que rige hasta el día de hoy. Esto se debió a que, a pesar de lograr avances en ciertos sectores de la economía en las provincias, el régimen federal no tuvo el éxito esperado, pues se desarrolló muy poca infraestructura nacional y las provincias con menos recursos se quedaban ampliamente atrás.

    Luego de estos procesos con los que Antioquia conoció qué era ser algo más que un departamento, la región no volvió a experimentar, al menos de manera formal, otra situación que no sea como un departamento de un gobierno centralizado de Colombia.

     

    En agosto de 2024, Luis Fernando Múnera López, presidente de la Academia Antioqueña de Historia fallecido en 2025, repasó para Contexto algunos momentos históricos en los que Antioquia ha visto la posibilidad de ser estado soberano o autónomo.

     

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    Los múltiples debates sobre descentralización, soberanía o federalismo han llevado a los antioqueños a preguntarse por su lugar en el país. Según los expertos, debates como el de la autonomía fiscal (que hace fila para debatirse en el Congreso) y las ideas que lo respaldan no han sido, ni serán novedad, aún más cuando provienen del descontento o rivalidad con gobiernos centrales de paso.

     

    Este tema, por supuesto, genera una gran polémica. La importancia de Antioquia para el país lo ratifica y la idea de una descentralización fiscal, como la liderada por el gobernador Rendón, abriría muchas puertas de debate que implican a todos los departamentos en un cambio de esta magnitud, más allá del disenso con un gobierno central.

     

  • 40 años de la señal que nos cambió la vida

    La televisión colombiana acaba de cumplir 70 años. En 2025 es el momento de celebrar 40 años de televisión regional en el país, con Teleantioquia, más precisamente, señal pionera que hoy busca alternativas de expansión.

     

    Por Mariana Giraldo Correa / mariana.giraldoc@upb.edu.co

     

    La televisión colombiana ha sido un hito en el desarrollo socio-cultural, político, económico y tecnológico del país, marcando un antes y un después en la forma en que se comunican e informan las comunidades. Desde sus inicios, ha reflejado y moldeado la identidad nacional, sirviendo como un espejo de las realidades sociales y como motor de cambio en los procesos educativos, culturales y de participación ciudadana. 

     

    El domingo 13 de junio de 1954 a las 7de la noche, se realiza la primera transmisión televisiva, en la que se usaron equipos de transmisión alemanes y cámaras estadounidenses, en una producción a blanco y negro en la que el teniente general Gustavo Rojas Pinilla se dirigió al pueblo colombiano en honor a uno de los eventos de la “Fiesta Cívica Nacional”, que se preparaba en homenaje a su primer año en el poder. La transmisión no sólo representó un avance técnico, sino que también significó un paso simbólico hacia la modernización del país. Colombia, al unirse al selecto grupo de países latinoamericanos que ya contaban con esta tecnología, empezaría a recorrer un camino que transformaría para siempre la manera en que se informaba, educaba y entretenía a su población. 

     

     

    A medida que la televisión se expandía por el territorio colombiano, su impacto se hizo notar en distintos aspectos de la vida diaria. Luis Fernando Gutiérrez Cano, docente investigador de la Universidad Pontificia Bolivariana, enfatiza en el impacto inicial de la televisión en Colombia desde su llegada en 1954, destacando, desde otra perspectiva, cómo “transformó el consumo de información y entretenimiento al centralizar estos medios en el hogar, además de ofrecer programación educativa y cultural, aunque limitada en su capacidad pedagógica”. En este contexto, se reconoce que la primera transmisión posicionó a Colombia como un pionero precursor en la región de Antioquia, introduciendo una herramienta poderosa para la modernización y el acceso a la información​. 

     

    Esa capacidad de transmitir imágenes en tiempo real, produjo que las noticias llegarán a los hogares a una velocidad sin precedentes, cambiando la forma en que la ciudadanía se relaciona con la actualidad nacional e internacional. Programas de entretenimiento, telenovelas y contenidos educativos se convirtieron en parte integral de la cultura popular, a lo largo y ancho del país. De otra parte las noticias llegaban al público a través de  noticieros cinematográficos, lo que implicaba largos tiempos de espera, dado que las filmaciones debían ser procesadas y distribuidas físicamente. La llegada de la televisión revolucionó este modelo al acortar significativamente los tiempos de difusión.  

     

    Los noticieros televisivos de la época combinaban imágenes pregrabadas con narradores en vivo que relataban los hechos desde los estudios. Este avance técnico no solo aceleró la difusión de noticias, sino que también transformó el formato y la narrativa, adaptándose a la inmediatez y el lenguaje visual de la televisión. En Colombia, la aparición de programas como El Reportero Esso consolidó esta nueva forma de informar, conectando al público con los acontecimientos de una manera más directa y transformando la televisión en una herramienta clave para la comunicación masiva. 

     

    Teleantioquia: ventana regional hacia el mundo 

     

     

     

    La creación de Teleantioquia, el primer canal regional de Colombia, fue el resultado de un esfuerzo conjunto liderado por personalidades influyentes de Antioquia, tanto del ámbito político como cultural. Gobernantes locales, como los integrantes de la Asamblea Departamental de Antioquia, jugaron un papel crucial en gestionar los recursos y las autorizaciones necesarias para este proyecto. La iniciativa también recibió apoyo del Ministerio de Comunicaciones y de figuras clave en el gobierno nacional, quienes vieron en este canal una oportunidad para descentralizar la televisión colombiana, hasta entonces dominada por emisoras de Bogotá, puesto que antes de la creación de este canal regional, compañías como Producciones PUNCH y RTI Colombia operaban en franjas horarias asignadas por el Estado, pero la programación y el control de contenidos seguían siendo dominados por los canales nacionales.

     

    Dicho proceso implicó debates en la Asamblea Departamental, donde se promovió la idea de un canal que reflejara las necesidades y la identidad cultural de Antioquia. Finalmente se formalizó la constitución del canal,  Teleantioquia, como el primer medio regional de televisión en Colombia. Este avance requirió una inversión inicial de 100 millones de pesos y dos pasos fundamentales: la firma de las escrituras y la creación de la sociedad de Televisión de Antioquia. 

     

    El proyecto contó con el respaldo crucial de la ministra de Comunicaciones, Noemí Sanín, y del ex-presidente Belisario Betancur; ambos antioqueños y comprometidos con la descentralización de los medios en el país. Tras meses de preparación y organización, el canal inició transmisiones el 11 de agosto de 1985, una fecha elegida simbólicamente por coincidir con el aniversario de la independencia de Antioquia, consolidando así su identidad regional desde su lanzamiento. 

     

    El Asesor Urquijo Morales afirma que esa primera transmisión por Teleantioquia “fue y es un hito importante en la región, en la cultura, en la identidad, en la representación de los grupos sociales de las regiones; es un impacto muy grande que tenemos que ver no a la luz de ahora sino a la luz de lo que había en ese momento, que eran dos canales centrales, estatales que, aunque Teleantioquia es estatal; eso generó la primera vitrina que tienen las regiones para mostrar sus propias identidades y de aquí en adelante se formaron los otros siete canales regionales”. 

     

     

    Este canal permitió la producción de contenidos locales que abordaban temas específicos de la región, como su historia, costumbres y realidades. Además, su creación inspiró la formación de otros canales regionales en Colombia, lo que trajo una mayor diversidad en la oferta televisiva y reflejó las particularidades de cada zona del país. Las producciones locales , que han contribuido a reflejar la identidad cultural de Antioquia, incluyen dramatizados como Cosiaca, una serie que a la fecha se encuentra en producción y que busca recrear la vida y obra de un personaje emblemático antioqueño de finales del siglo XIX. Este proyecto, respaldado por una inversión significativa del Ministerio TIC, es un ejemplo del compromiso del canal con la calidad narrativa y visual, al tiempo que resalta aspectos históricos de la región. Igualmente, programas como Serenata, Venga a mi pueblo, De fiesta por Antioquia y El Taller han destacado por su enfoque en las tradiciones y eventos locales, fortaleciendo el sentido de pertenencia y el reconocimiento de las raíces culturales entre los antioqueños.  

     

    Este impulso en las comunicaciones también estimuló el desarrollo de la industria audiovisual en Colombia. Los avances tecnológicos se complementaron con la creación de talentos locales, que con el tiempo no solo influirían en el contenido nacional, sino que también tendrían un impacto en las producciones internacionales. El asesor de la comisión de regulación de comunicaciones (CRC) en el área de contenidos audiovisuales, Sergio Andrés Urquijo Morales, menciona que: “Los canales regionales están haciendo un esfuerzo muy grande por proyectarse y Teleantioquia también es un pionero en esto, junto con otros canales como Telepacífico y Canal Capital, por proyectarse a las nuevas plataformas, a los nuevos servicios audiovisuales, a las redes sociales, a las nuevas audiencias y eso es muy difícil, es un gran desafío, porque la televisión abierta y la regional específicamente la tenemos muy identificada con poblaciones mayores o adultas, entonces digamos que el desafío es vencer esa idea que se tiene de lo regional como algo para personas más tradicionales y encontrar un nicho importante en la juventud y en las nuevas generaciones, y eso pasa por las nuevas plataformas y los servicios”. 

     

    Alternativas a futuro 

    Actualmente, Teleantioquia continúa en evolución para convertirse no solo en un referente de la televisión regional, sino en un pionero de la convergencia entre los medios tradicionales y digitales. Hoy en día, el canal ha logrado expandir su alcance más allá de la televisión convencional, gracias a la incorporación de plataformas digitales como Teleantioquia Go, que permite a los antioqueños acceder a contenidos locales desde cualquier lugar, en cualquier momento. Esta evolución también se ve reflejada en el impulso de producciones locales que no solo mantienen la esencia de la región, sino que amplían las posibilidades de consumo de contenido en línea. 

     

    A través de sus redes sociales como Facebook, Instagram, X y YouTube, Teleantioquia facilita la interacción directa con su audiencia, lo que le ha permitido fortalecer su vínculo con el público, atraer nuevas audiencias y diversificar su oferta. 

     

    El docente Luis Fernando Gutiérrez Cano destaca que la televisión en Antioquia “debería enfocarse más en representar a diversos sectores sociales y minorías de la región, incluyendo campesinos, afrodescendientes e indígenas, para ofrecer una imagen más completa de la realidad antioqueña actual”. Aunque reconoce el rol de Teleantioquia en fortalecer la identidad regional, señala la falta de representaciones amplias y contenidos que resuenen con todas las comunidades y generaciones. Para asegurar la sostenibilidad del canal, Gutiérrez propone invertir en contenidos innovadores que capten el interés de las nuevas generaciones y reflejen sus realidades, además de incorporar espacios de co-creación juvenil que revitalicen la programación frente a la competencia global. 

     

    En la misma línea, Sergio Andrés Urquijo Morales resalta la importancia de incluir a las nuevas audiencias en los procesos creativos, afirmando que “no se trata solo de decidir qué hacer para los jóvenes, sino de traerlos al proceso, junto con representantes de redes sociales y plataformas, para entender qué quieren ver y cómo lo quieren consumir”. Además, subraya la necesidad de abarcar a toda la población, involucrando a grupos étnicos, rurales, y especialmente a niños y adolescentes, quienes frecuentemente no encuentran contenido que les interese en televisión. “Esta audiencia, aunque más digital, no rechaza la televisión; simplemente no ve propuestas pensadas para ellos”, afirma. Urquijo también enfatiza el potencial de formatos como concursos, desafíos y retos, así como la integración de contenidos educativos y de interés general adaptados a redes sociales y transmedia. Así mismo, resalta que, la atención a una audiencia adulta no debe descuidarse, pues representa una fortaleza de los canales regionales. “Esa audiencia merece ser entendida y atendida. No es una debilidad, es una gran fortaleza”, afirma. 

     

     

    El periodismo y las noticias son pilares fundamentales para informar a las audiencias, independientemente de su contexto. Noticieros como Teleantioquia Noticias  siguen siendo una fuente confiable de información para los antioqueños, con un enfoque regional que abarca temas locales, nacionales e internacionales. Por su parte, una propuesta local como el programa Nos Cogió la Noche, emitido por el canal privado Coosmovisión,  demuestra la importancia de espacios para el análisis y debate de temas de interés público, política y sociedad, fomentando la diversidad de voces y perspectivas. Además, la programación cultural y deportiva mantiene un fuerte vínculo con la identidad regional, destacándose eventos como la Feria de las Flores, que continúan siendo ampliamente populares. 

     

    Pero la televisión regional enfrenta retos económicos y tecnológicos significativos. Según el docente Luis Fernando Gutiérrez Cano, no es un secreto que Teleantioquia depende, en gran medida, del presupuesto estatal y “necesita innovar para atraer nuevas audiencias en un panorama dominado por la cibercultura y las plataformas de streaming”. Así mismo, el asesor de la CRC Urquijo Morales señala que: “La regulación actual no tiene competencia sobre lo digital” y explica que esto limita el aprovechamiento de servicios como plataformas OTT y medios digitales. Urquijo señala que la ley TIC de 1978 no consideró adecuadamente estas nuevas herramientas, dificultando el desarrollo de estrategias digitales para maximizar el impacto de Teleantioquia. 

     

    A pesar de estas limitaciones, Urquijo también destaca que los avances como la resolución 74-23 de 2024, “buscan reducir la carga regulatoria del canal, permitiendo mayor autonomía en la comercialización de sus contenidos y flexibilizando las repeticiones de programas. Esto no solo genera más ingresos, sino que también brinda a Teleantioquia oportunidades para reestructurar su programación y adaptarse mejor a las demandas de sus audiencias”. 

     

     

     

    El reto de la financiación 

    Gabriel Levy, asesor del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, subraya que en cuanto al financiamiento, Teleantioquia enfrenta desafíos para mantener una sostenibilidad estable. Para 2024, el canal tenía un presupuesto proyectado de 113,560 millones de pesos, con una asignación del Fondo Único de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (FUTIC) que representa un 13.5% de los recursos asignados a los operadores públicos. A pesar de este apoyo, Levy explica que el fondo es “medianamente concursable”, con un mínimo garantizado para cada canal y el resto distribuido según el desempeño. De los 250 mil millones de pesos disponibles anualmente, la mayor parte se destina al Sistema de Medios Públicos Nacional, mientras que los canales regionales reciben entre 9 y 15 millones de pesos para la producción de contenidos. 

     

    Sobre la expansión de contenidos digitales el asesor Levy también destaca que las estrategias deben implementarse de manera adecuada para que los medios, incluido Teleantioquia, funcionen de manera más expansiva y eficaz. No obstante, también asegura que “la esencia de Teleantioquia, su ADN, no debe perderse. Para lograrlo, es necesario innovar en los formatos y narrativas, adaptándolos a cada plataforma”. Según Levy, “la Transmedialidad sería la solución más adecuada, porque permite que las piezas se expandan conforme a la lógica de cada plataforma, sin que la pantalla principal de televisión pierda la esencia de lo que es”. 

     

    Teleantioquia sigue siendo una fuerza vital en la cultura y la información de la región y con su enfoque en la innovación digital, la producción de contenido local y la cobertura de eventos regionales, el canal se adapta continuamente a las demandas del mercado mediático actual. Como lo destaca Gabriel Levy, asesor del MinTic: “Uno observa que Teleantioquia es el canal que más aceptación tiene. Por supuesto, esto varía entre administraciones, pero en general, se ha mantenido como el canal regional que más se ve en su propia región. Y eso responde también a un sentido de regionalismo fuerte que tienen los ciudadanos”. Esa fortaleza a través de los años demuestra que los antioqueños se sienten orgullosos de su canal. 

  • Un viaje al pasado del Perro Negro

    Un nombre célebre hoy, en tiempos de la “capital mundial del reguetón”, lo fue también en los primeros años de la “bella villa”, en tiempos del viajo Perro Negro. Las plazas de mercado, el licor, las balas y los bailes convivían en un mismo sitio al ritmo de Carlos Gardel y Daniel Santos. Un recorrido histórico de la mano del testimonio del periodista y escritor Reinaldo Spitaletta.

     

    Por: Juan Felipe Ruíz Ríos / juanfelipe.ruiz@upb.edu.co

     

    En la primera mitad del siglo XX, Medellín y Colombia vivieron grandes cambios en su infraestructura y en su crecimiento a nivel territorial y económico. El surgimiento de las diferentes comunas en la ciudad de Medellín, la llegada del Ferrocarril y la consolidación de muchas de las grandes empresas del país como Postobón, Fábrica de Licores de Antioquia, Coltabaco, etc. El auge de industrias como la minería influyó en los espacios y en las características de la ciudad, por ejemplo, la Plaza de Cisneros, que recibió a muchas personas que migraban de otros lugares del país. Hubo un lugar que presenció todos estos cambios, desde el abastecimiento de los comerciantes y obreros, hasta la diversión de los ciudadanos; a continuación, su historia.

     

     

    Abierto en 1917, Perro Negro era, en un principio, una tienda de abarrotes donde se vendía dinamita, escopetas, revólveres, y quienes venían de paso, podían tomarse unos aguardientes y seguir su camino; es más, en un inicio el lugar no tenía ese nombre. Surgió en la Plaza de Cisneros, ubicada en la zona de Guayaquil, en donde queda actualmente el Edificio Vázquez. Aquí durante estas épocas, los comerciantes iban y venían, bajaban mercaderes de los pueblos, salían los ciudadanos a abastecerse y, en general, era una zona con una gran afluencia de personas, esto gracias al ferrocarril que contribuía a que se viera este movimiento.

     

    Esto dijo el escritor y periodista Reinaldo Spitaletta: “Arturo Velázquez, el dueño de Perro Negro, antes de crear el bar tenía una tienda donde vendía un montón de mercancías, pero una particularidad es que también vendía municiones. Medellín era una tierra de cazadores y se vendía todo tipo de armamento como escopetas, dinamita y balas.” 

     

    Con la llegada de empresas mineras extranjeras al país, principalmente desde Europa; hizo que varios sitios de la ciudad comenzaran a vender productos con alta demanda como la dinamita, y Perro Negro no fue la excepción. Los mineros y demás personas compraban lo necesario y, como en aquel entonces las distancias se hacían más largas, Medellín y la zona de Guayaquil era un lugar de paso para los forasteros que iban a trabajar a las minas y solamente se abastecían y buscaban divertirse un rato con un par de copas.

     

    La minería en Antioquia fue tomando fuerza desde el siglo XIX, principalmente por la fundación de la Sociedad Minera “El Zancudo”, que permitió la explotación de diversos recursos minerales como lo es el oro, ya que gracias a “El Zancudo” se crearon empresas como la Frontino Gold Mines en el municipio de Segovia, que se financiaba de capital inglés y francés. La magnitud de esta sociedad minera era tanta que, incluso, tuvo su propio banco en el año 1887, en su época de mayor bonanza; según un capítulo del programa Nuestra tierra, memorias pendientes. Del canal Teleantioquia.

     

    Por otro lado, en el siglo XX y de la mano de la construcción del Ferrocarril de Antioquia, la minería en Antioquia se expande a extraer materiales diferentes al oro, como el cemento, con la creación de la Compañía Cementos Argos en el año 1934, que contribuyó a la expansión y explotación económica de este producto. Todos estos cambios y los auges de estas industrias protagonizaron que, no solo los más importantes comerciantes, sino que, de mismo modo, los obreros de las empresas emergentes pasaran por el sector de Guayaquil, siendo así una zona de dominio popular. Todo esto según un artículo de La red cultural del Banco de la República

      

    ¿Por qué se llamó Perro Negro?

    “A mí me contaron la historia que Arturo Velázquez, de cuando en vez se quedaba bebiendo hasta las altas horas de la noche en su local. Un día, mientras iba para su casa, cuentan que se encontró con un perro negro que le mostró los dientes y le gruñó pegándole una asustada muy verraca. Llegó a su casa y le contó a su esposa lo que pasó con el perro a lo que ella le dijo “Es que vos sos muy malo vendiendo esas municiones pa’ que se mate la gente. Eso fue el diablo que se te apareció”. Entonces él se quedó pensando y le puso de nombre al local Perro Negro convirtiéndolo en un bar”, comentó Reinaldo Spitaletta.

     

    Evolución urbana

    La ciudad con el tiempo cambió su infraestructura, se empezaron a construir barrios al oriente y al occidente, en los cuales empezaron a migrar las personas que vivían en el centro. Barrios como Castilla, Manrique, Robledo y San Javier durante los años 40 empezaron a poblarse; así, creció Medellín en todos sus extremos, ubicándose la zona céntrica como un lugar de comercio, turismo y, obviamente, ocio. Perro Negro comenzó a ser reconocido como una cantina, más que como una tienda de abarrotes. Pero no fue hasta el año 1955 que éste se convirtió oficialmente en bar, según una nota que realizó el periodista Mauricio López Rueda.

     

    El lugar continuó vendiendo dinamita y algunas armas bajo cuerda, pero el negocio de cantina funcionaba, mucho más con la construcción de lugares como el Hotel Nutibara y el aeropuerto Olaya Herrera, que aumentaron la llegada de turistas a la zona y atraían a la clientela al sitio.

     

    “El bar fue cogiendo fama por muchas cosas, buenas y malas. Ahí se armaban peleas y el bar era muy peligroso, entonces fue teniendo una imagen medio prohibida y de lugar maldito. Entonces ese era una especie de “prueba de hombría y de valentía” para muchos malevos, porque en el imaginario de la gente se creía que allá solo entraba el que fuera capaz de tener riñas con el que fuera”, declaró Spitaletta.

     

    Periodo de decadencia 

    Perro Negro mantuvo sus puertas abiertas durante un buen tiempo, fue testigo de la llegada del narcotráfico a Medellín, ésta no vino sola, durante la década de los sesenta y setenta, la zona de Guayaquil y Medellín en general se llenaron de inseguridad, espantando a los clientes y a los pocos que aún vivían en el sector. El bar presenció también el ascenso y caída del Cartel de Medellín, incluso se llega a comentar que Pablo Escobar llegó a frecuentar el sitio.

     

    Y así fue como Perro Negro vivió gran parte de las épocas de la ciudad, desde sus inicios, sus momentos más violentos y los más prósperos. El bar cerró en 1997 por situaciones económicas y por el deterioro del propio Edificio Vázquez.

     

    Según Reinaldo Spitaletta: “En esa época el edificio se estaba cayendo. Era una mezcla de muchas cosas, había inquilinatos, prostíbulos de mala muerte y oficinas de sicariato gracias a esos tiempos que vivió Medellín.”

     

     

    Por medio de la ley 397 de 1997 se dio el proceso de declaratoria de bienes de interés cultural de carácter nacional a los edificios Vázquez y Carré, lo cual inició una restauración de los lugares de la mano de Comfama y otras entidades, llevándose así por delante al bar Perro Negro. Comfama manejó el lugar durante un tiempo, realizando varias actividades para los beneficiarios de la caja de compensación. Sin embargo, en el año 2021 el lugar pasó a dominio de la Alcaldía de Medellín, pero se siguen realizando actividades a nivel cultural de mano de la Secretaría de Cultura y otras entidades que tienen actividad en el sitio.

     

     

     

    La importancia de Perro Negro es vigente hasta la actualidad, ya que existe una discoteca en el sector de Provenza, en El Poblado, que tiene el mismo nombre y ha tomado fama últimamente. No obstante, siempre será importante recordar los orígenes de los lugares representativos que ha tenido Medellín a lo largo de la historia, lugares como Perro Negro, que vio crecer a una ciudad en todas sus facetas, desde la prosperidad, la pobreza y la violencia, vio pasar a gente de toda categoría y almacenará historias que quedarán guardadas en la memoria de los ciudadanos.

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  • Libia Restrepo: la profesora de la Historia humana

     

    Por María Camila Aguirre Gil / maria.aguirreg@upb.edu.co

     

    Libia Restrepo nunca fue una historiadora común y corriente. Cada vez que alguien mencionaba su nombre en los pasillos de la Universidad Pontificia Bolivariana, siempre surgía una palabra: pasión. Esta pasión la llevó a desentrañar los misterios de la historia de Antioquia, a explorar, por ejemplo, cómo la Medicina y la Arquitectura se vinculaban con la vida de las personas y a poner toda su alma en cada investigación que emprendía. 

     

    Nacida con el don de la curiosidad, Libia estudió historia en la Universidad Nacional en Medellín, donde también obtuvo su maestría. Se dedicó a explorar temas poco convencionales para un historiador, como la medicina forense y los crímenes de Antioquia en el siglo XIX. Pero no veía su objeto de estudio como sólo de ciencia y hechos fríos, ponía de por medio un profundo interés en las historias humanas que se esconden detrás de cada pieza de información.  

     

    Uno de sus mayores orgullos fue su trabajo sobre el Ferrocarril de Antioquia y el desarrollo de la práctica médica en la región. Pero quizás fueron sus investigaciones sobre la Basílica Metropolitana de Medellín las que más reflejaron su personalidad: Libia Restrepo no se limitó a describir muros de ladrillo o torres imponentes; encontró vida en cada piedra, en cada rincón inacabado del edificio. “¿Por qué nunca se termina?”, se preguntó sobre la catedral, reflejando un poco lo que sentía por su amor por la historia: interminable. 

     

    La profesora Libia Restrepo lideró el proyecto editorial Joyas Facsimilares, derivado de la donación que hizo el expresidente Belisario Betancur a la UPB. Aquí, durante la presentación del libro con el exmandatario y el exrector de la UPB Julio Jairo Ceballos Sepúlveda en 2016.

    Fotos: Universidad Pontificia Bolivariana.

     

    La vida de en la academia no fue fácil Para Libia Restrepo. En la Universidad Pontificia Bolivariana, donde trabajó desde 1993, fue pionera en el desarrollo áreas como la paleografía, disciplina que ella misma impartía. “Si algo nos enseña la historia es a ser humildes”, siempre les decía a sus alumnos, quienes, según ella, eran lo único que extrañaba tras su jubilación en 2019. 

     

    Después de décadas de formación y enseñanza, la salud empezó a complicarse cada vez más. Su corazón se convirtió en “vidrio”, como ella lo describió en conversaciones con sus antiguos compañeros; un corazón frágil que, sin embargo, siguió latiendo por la investigación. Incluso en sus momentos de mayor calma, la profesora Restrepo estaba ocupada completando su trabajo en la catedral. Su último libro, Obispos, torres y cañones, es una mirada única a la historia de este edificio, escrita capítulo a capítulo, como si cada obispo representara un bloque en esta colosal estructura que, como su vida, nunca parecía terminar del todo. 

     

    Libia Restrepo amaba tanto su trabajo que era difícil separarla de él. La emisora ​​Radio Bolivariana, a la que consideraba “su otra casa”, dejó de escuchar su voz cuando su salud ya no le permitía seguir participando. Pero, aunque su voz se debilitó, su legado se mantuvo fuerte. Incluso después de su jubilación, muchos la recordaban con cariño y respeto. Se destacó por sus anécdotas y su capacidad para cautivar a cualquier público. El Consejo Académico de la Universidad le otorgó el “Espíritu Bolivariano”, un reconocimiento a su compromiso, y el Rector Julio Jairo Ceballos fue quien se lo entregó. En cada rincón de la universidad, Libia dejó una huella imborrable, no sólo en las aulas sino también en el corazón de quienes tuvieron la suerte de conocerla.  

     

    En definitiva, lo que hizo única a Libia Restrepo no fue sólo su intelecto, sino también su capacidad para humanizar la historia. En cada examen encontraba algo que le encantaba, como si la historia la hubiera elegido a ella para contarla. Porque, como decía con una sonrisa: “Con cada examen que hago, me enamoro de mis alumnos”. Libia Restrepo fue mucho más que una historiadora: fue una narradora de vidas, un alma incansable que nunca dejó de buscar respuestas y una maestra que tocaba no sólo las mentes sino también los corazones. 

     

     

    Jaime Andrés Vásquez Jaramillo – Docente de la Universidad Pontifica Bolivariana. Fue estudiante y luego colega de la profesora Restrepo. Escuche la entrevista en que hace semblanza de esta mujer para la Historia.

     

     

     

    Escuche también las realizaciones de la profesora Restrepo para Radio Bolivariana:

     

    🎧📲Historia de Antioquia

    🎧📲Historia de la Medicina

    🎧📲De Papiros y Cálamos (La Historia del Libro)

    🎧📲Las Mujeres en la Historia

    🎧📲Historia de la Universidad Pontificia Bolivariana

  • La guerra fragmentaria del ELN

     

    La guerrilla más antigua de América sostiene hoy el octavo intento de paz con el Estado colombiano. Los territorios que ocupa este grupo armado son claves para entender cómo opera y qué busca una de las organizaciones armadas más fuertes del país.

     

    Por Alejandro Zapata y Valeria Hernández / periodico.contexto@upb.edu.co

    Colaboración con el Semillero de Periodismo Urbano, orientado por el profesor Juan Esteban Mejía Upegui.

     

    El 3 de agosto de 2023 el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Gobierno firmaron el cese al fuego con más duración en la historia de los diálogos entre el Estado colombiano y dicha organización armada. Son 180 días de Cese al Fuego Bilateral Nacional y Temporal hasta el 29 de enero de 2024. De otro lado, el diálogo contempla una participación de la sociedad a través del Comité Nacional de Participación, organismo por el cual 81 voceros diseñarán y promoverán la intervención de la sociedad.

     

    Han sido seis intentos de diálogos de paz entre las dos partes, que comprometen la soberanía de cinco regiones donde el grupo guerrillero ha tenido una presencia muy variada: sur de Bolívar, Arauca, Catatumbo, Suroccidente —Cauca y Nariño— y Chocó. Acciones políticas, sociales, extorsiones, economías ilícitas, constreñimiento electoral, plantaciones de coca y la minería han marcado el relato de estas regiones bajo el control eleno.

     

    Los diálogos de paz están encaminados en ofrecer garantías y alternativas en estas cinco regiones en las que el conflicto armado ha permeado las dinámicas sociales, culturales y políticas. Para comprenderlo, Contexto le ofrece un análisis regional del accionar del ELN en cada uno de estos espacios para poder entender los retos y amenazas que enfrenta la actual mesa de negociación de paz.

     

    Los orígenes y transformaciones elenas

     

    El ELN es un grupo de extrema izquierda cimentado en el marxismo-leninismo, movimiento del siglo XIX que busca, a grandes rasgos, el empoderamiento de la clase obrera, minimizar la brecha social entre ricos y pobres y que el Estado debe ser el dueño de las industrias.

     

    << Miembros del ELN durante sus primeras acciones en 1964. Foto: Rebelion.org

     

    En un principio se consideró una organización revolucionaria y de carácter altruista, asegura Carlos Velandia, exmiembro de la Dirección Nacional del ELN y gestor de paz. Se autodenomina como una guerrilla con valores inspirados en la revolución cubana. Entre sus ideas están la justa distribución de tierras, abogar por un Estado comunista en el que se distribuyan de manera equitativa los recursos.

     

    Otra de ellas es la prioridad que asume la sociedad sobre el Estado, es decir, prevalecen más los procesos sociales en las regiones, que una ayuda estatal tardía y desorientada. Esta percepción se enlaza con la apropiación de las regiones para la defensa del territorio en temas ambientales, políticos y sociales. Por último, se destaca la postura incialmente férrea y prohibicionista en relación con las drogas, particularmente la cocaína.

     

    Sin embargo, hoy se percibe una guerrilla volcada al uso de cultivos ilícitos, en los que se incluye la coca, señala Velandia. Además de fuentes de financiación como la explotación ilegal de madera y, a lo largo de su historia, sabotajes a la red de oleoductos, que terminan en grandes daños al medioambiente.

     

    La génesis de sus líderes

     

    El libro ¿Por qué es tan difícil negociar con el ELN?, elaborado por el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), reconstruye el inicio del grupo en el Magdalena Medio y los Santanderes. Asimismo, excombatientes de otros grupos armados como el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) y el Frente Unido (FU) se incorporaron a las filas elenas.

     

    Muchos de estos ideales se encaminaron por el auge de la Revolución Cubana. Como se indica en el artículo Juventudes universitarias de izquierda. De la lucha ideológica a la violencia política, de los investigadores Alvaro Acevedo Tarazona y Juliana Villabona Ardila, de la Universidad Industrial de Santander, líderes como Fabio Vásquez Castaño, pertenecientes a diversos movimientos del Partido Comunista Colombiano, viajaron a Cuba, becados por Fidel Castro e iniciaron su actividad guerrillera en la cordillera de Escambray.

     

    A estos se sumaron estudiantes de la Universidad Industrial de Santander (UIS) y de la Asociación de Universitarios de Santander (AUDESA). Bajo el lema “Ni un paso atrás, liberación o muerte”, el Ejército de Liberación Nacional nació el 4 de julio de 1964, luego de tener su primera marcha guerrillera.

     

    Entre la sotana y el fusil

     

    A comienzos de los sesenta, la pobreza y el subdesarrollo adquirieron niveles muy altos en Colombia y América Latina, por ello, sacerdotes en varias de las ciudades con más índices de escasez, empezaron a hacer presencia a partir del trabajo con las comunidades.

     

    << El sacerdote católico Camilo Torres Restrepo tuvo una activa vida política y una corta trayectoria en las tropas del ELN. Murió en combaste contra el Ejército Nacional en Sanvicente del Chucurí, el 15 de febrero de 1966. Foto: Radio Nacional de Colombia.

     

    Mientras tanto en Colombia, las principales ciudades se habían llenado de barrios de invasión, producto de la violencia y pobreza rural. “La Revolución cubana se convirtió en ejemplo para los sectores radicales de América Latina y en Colombia, cuyos cambios sociales y económicos habían sido rápidos pero donde la política parecía congelada por el bipartidismo y un clericalismo decimonónicos, y logró simpatía de amplios sectores estudiantiles y sindicales que clamaban por cambios rápidos y profundos para resolver problemas sociales cada vez más graves”, escribió Jorge Orlando Melo en Historia mínima de Colombia.

     

    Asdrúbal Rincón, sacerdote y licenciado en Historia de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, cuenta cómo uno de los fundadores de la Teología de la Liberación, Gustavo Gutiérrez, empezó a hacer trabajo social en las favelas de Río de Janeiro. “La Teología de la Liberación consiste en liberar al pobre de las opresiones del Estado y de la pobreza”, sin embargo esta concepción se permeó de ideales de izquierda que la Iglesia católica empezó a rechazar.

     

    Por esos años, un grupo de sacerdotes creían que la única manera de liberar al pobre era por medio de la revolución. “Empezaron a mostrar imágenes de Jesús como un guerrillero, como otro Che Guevara que liberaba al pobre de los ricos y entonces algunos sacerdotes decidieron irse para el monte”, añade Rincón.

     

    Así es como nacieron grandes figuras para el ELN, que en diferentes épocas hicieron parte de la organización, como el renombrado cura bogotano Camilo Torres Restrepo.

     

    También llegaron eclesiásticos españoles que desde Europa vieron y siguieron la revolución latinoamericana. Dos de ellos, Manuel Pérez Martínez, conocido como el Cura Pérez y Domingo Laín Sáenz, contribuyeron al proceso fundacional. A los dos españoles les siguieron más clérigos, seminaristas y hasta monjas que se adhirieron al ideal del cristianismo y marxismo.

     

    El ELN acuñó el perfil de organización político militar para mezclar la lucha armada con lo político y organizacional. En una de las entrevistas al gestor de paz Carlos Velandia en el libro ¿Por qué es tan difícil negociar con el ELN? , se mencionó que el debate al interior de la organización era: “Oiga, somos una fuerza guerrillera pero aquí lo que se necesita es una fuerza política que conduzca lo armado”.

     

    Por eso mismo se empezaron a crear mecanismos políticos al interior de la organización armada como el Congreso Nacional del ELN que nace en 1986, se celebra cada 10 años y crea un espacio por el cual se conforma el perfil militar, político y financiero de la organización.

     

    En el Congreso fueron clave aquellos clérigos, estudiantes de las universidades y representantes de organizaciones campesinas que dieron paso a la Dirección Nacional, allí se eligió a 17 representantes, mientras que de este organismo se erigió el Comando Central constituido por los máximos 5 jefes de la guerrilla.

     

    ‘Las tres varitas mágicas’

     

    La idea de formar tres expresiones organizativas, en las que se incluye el Congreso Nacional, nace de las “Tres varitas mágicas” que planteaba el maoísmo y que perfeccionó el leninismo. “El Partido Comunista, cuya función era dirigir el proceso revolucionario; el Ejército Rojo, para la estrategia armada, y el Frente Político, que agrupaba a todas las fuerzas descontentas con el régimen imperante”, aseguró Otty Patiño, actual líder negociador del Gobierno, en el artículo Las tres varitas mágicas para El Tiempo.

     

    Conforme a estas tres ideas, los frentes de guerra regionales y frentes guerrilleros han consolidado un brazo fuerte para la lucha armada del ELN.

     

    Un ejemplo claro por su poderío organizacional, militar y político es el Frente de Guerra Oriental Manuel Vásquez Castaño, en el que está el Frente Domingo Laín, en Arauca donde hay cuatro frentes más, dos compañías y otras estructuras locales.

     

    De acuerdo con el libro ¿Por qué es tan difícil negociar con el ELN? El Frente de Guerra Oriental (FGO) es la estructura más activa y numerosa del ELN, e incluso ha logrado abarcar un amplio control sobre la frontera con Venezuela. Sus principales fuentes de ingresos son las extorsiones a petroleras, comerciantes y ganaderos. Además el pategrillo, combustible artesanal que sirve como químico para la cocaína y hasta cobro por flujo de migrantes. De acuerdo con la investigación, esta estructura ha utilizado a Venezuela como una fuente de ingresos y un lugar de asentamiento y refugio. Se han apoderado de varias regiones del país e incluso de las zonas fronterizas con Colombia.

     

    Gustavo Aníbal Giraldo Quinchía, conocido como ‘Pablito’ es líder del Frente de Guerra Oriental (FGO) y fue designado tercero al mando del Comando Central (COCE) en junio de 2021. Es una figura que representa las diversas posturas que existen al interior del ELN frente a la solución negociada al conflicto. Foto: Cartago TV Informe. Licencia Creative Commons.

     

    Sur de Bolívar: minería, coca y negociaciones

     

    Al ser una región rica en oro, los actores armados se han disputado el territorio para ejercer control económico de la explotación y comercialización ilícita de la minería.

     

    El medio de comunicación Rutas del Conflicto, en asocio con la Universidad del Rosario, relata la historia del grupo armado en esta región e indica que el ELN llegó a finales de 1970 y fue la primera guerrilla en arribar al Sur de Bolívar. Allí mismo surgieron los frentes Héroes, Mártires y Alfredo Gómez Quiñónez, los cuales se encargaron de regular tanto la minería, como el diario vivir de los habitantes.

     

    El portal periodístico también indica que el grupo se benefició de la producción y comercialización ilegal de cultivos de cocaína en la región. Se consolidó allí porque el Comando Central (COCE) estaba ubicado en la Serranía de San Lucas a finales de los noventa.

     

    En el año 2000, el ELN propone crear una zona de distensión para dar inicio a posibles diálogos de paz con el gobierno de Andrés Pastrana. Este proceso fracasó y la zona de encuentro fue abolida por el presidente, lo que hizo que continuaran los conflictos en la zona y se acrecentaran disputas con el paramilitarismo.

     

    Arauca, el fortín político del ELN

     

    De acuerdo con la Corporación Nuevo Arco Iris y su libro La Frontera Caliente entre Colombia y Venezuela, Arauca es el gran fortín del Eln, controla gran parte de la institucionalidad y la vida cotidiana. En 2006, este grupo tuvo la estrategia de influenciar líderes y políticos regionales en vez de tomarse el poder mediante las armas. También reemplazó las funciones estatales como la administración de justicia y recaudación de impuestos.

     

    Esto lo logró gracias a un repliegue que priorizó los espacios urbanos. Para estos años, la guerrilla se encontraba en una serie de cambios en su estructura a nivel interno. Tomó iniciativas como la fundación del Frente de Guerra Urbano Nacional (FGUN), el cual realizaba ataques terroristas de alto impacto.

     

    Mientras que el ELN controlaba las economías ilegales de la región, entró en conflicto con otros grupos armados como las FARC, aún así, algunas de estas disputas finalizaban por alianzas y negociaciones.

     

    Entre 2005 y 2010, las tensiones por la ampliación de cultivos de coca en el piedemonte aumentaron, por lo que llevó al ELN a tener una mayor presencia.

    Catatumbo: un resguardo para la guerra

     

    La región del Catatumbo está ubicada en el nororiente colombiano, en el departamento de Norte de Santander. Dicha zona limita con Venezuela, lo que hace que se convierta en un corredor estratégico entre ese país y las economías ilícitas que abundan en el territorio.

     

    “Su posición geográfica la convierte en un área supremamente estratégica por su condición de frontera y su salida al Cesar, que le permite articularse a un corredor estratégico que transcurre por el Magdalena medio y el sur de Bolívar hasta el nororiente antioqueño y el Urabá”, anota Henry Ortega Palacio, politólogo de la Universidad Javeriana en su texto Un ELN entre lo societal y militar: dinámicas y lógicas territoriales del conflicto en el Catatumbo.

     

    En términos económicos, el Catatumbo cuenta con petróleo, minerales y suelos con considerable capacidad productiva para variedad de cultivos de uso lícito e ilícito.

     

    En el Catatumbo hay un ELN que es relevante en la región. Llegó en una época en la que movimientos campesinos y estructuras sociales ya existían en el territorio y se apoyó en ellos. Con el paso del tiempo el grupo se afianzó y pudo generar vínculos con las sociedades y familias de la zona, sobre todo en la parte alta.

     

    Hoy generan una situación de dominio sobre el territorio, además someten a la gente, constriñen sus derechos y sus libertades al actuar como una fuerza de ocupación y regular la economía. Funcionan como Estado, porque el Gobierno no está, según señala Carlos Velandia.

     

    Suroccidente: entre lo social y lo político

     

    El ELN en el suroccidente (Cauca y Nariño) ha tomado una posición social y política altamente arraigada en la población. Como lo recalca Daniel Amaya, politólogo con énfasis en paz y resolución de conflictos de la Pontificia Universidad Javeriana, en su texto El frente de guerra Suroccidental: entre el arraigo social y la reconfiguración militar, la falta del Estado a nivel histórico ha hecho que las diferentes comunidades consigan amparo en el grupo armado. Asimismo, ha sido una zona en la que se ha aliado con las extintas FARC, pero también ha tenido enfrentamientos de distinta índole.

     

    Estas confrontaciones son una preocupación constante en el actual cese al fuego, pues si bien no se viola el acuerdo entre el Estado y la guerrilla, otros grupos generan zozobra en la población.

     

    Así lo anota Fredy Chaverra, politólogo con maestría en Ciencia Política. “Posiblemente puede peligrar el cese al fuego bilateral porque el ELN continúa una confrontación abierta con otros actores armados, que no necesariamente compromete a la Fuerza Pública”, dijo a Contexto. Esto complejiza el monitoreo de lo pactado entre esa guerrilla y el Gobierno.

     

    Chocó: entre desplazamientos y extractivismo

     

    Ólmer Muñoz, experto en seguridad y conflicto y profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana, dice que el grupo armado en el suroccidente del país encontró una nueva fuerza, puesto que en esa región no era robusto.

     

    En 2020, los indígenas Wounaan fueron afectados por la presencia elena en la región, debido a la guerra con el Clan del Golfo. Han sido víctimas de violencia como desplazamientos forzados, secuestros y masacres.

     

    “Son acciones típicas del ELN la extracción de minería ilegal, el secuestro y la extorsión. Además, negocian el tránsito de personas y de drogas, a pesar de que no lo ha admitido”, añadió Muñoz. El docente comenta que la mesa de diálogos en varias ocasiones ha sido saboteada por los mismos grupos del ELN, porque consideran que el gobierno no suplirá lo que ellos demandan.

     

    Antioquia: un puente de confrontaciones

     

    Esta región surge como el principal corredor entre el oriente y el occidente colombiano. Subregiones como el Bajo Cauca, el Norte y el Urabá han pertenecido a las FARC, pero, por su desmovilización, ahora varios municipios tienen presencia elena. Es una zona caracterizada por la alta minería y a su vez comparte las mayores vías para el narcotráfico, esto lleva a que los grupos armados de hoy —Clan del Golfo, disidencias de las FARC y el ELN — estén en constante lucha territorial.

     

    Germán Valencia, doctor en Estudios Políticos y profesor titular del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, apunta que el ELN en esta región combate de varias formas: “Es un nudo donde hay tres grandes actores peleándose el alma y a veces se unen entre unos para ayudarse, como las antiguas FARC, las disidencias y el ELN que se unen un poco para pelear a veces con las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) —Clan del Golfo— y ahí es donde está esa guerra”, dijo a Contexto.

     

    Apuntes para la actual mesa de negociación

     

    A partir de la instauración del Comité Nacional de Participación, Hugo Buitrago, director de la Unidad de Paz de la Universidad de Antioquia y delegado de las universidades en el Comité, señala la importancia de este organismo: “Ese es un reto enorme y fundamental porque le ha de imprimir, si logramos eso, un carácter completamente novedoso a esta negociación. No sería una negociación entre el Estado colombiano, una élite y la guerrilla del ELN, que también representa otra élite, sino que la tercera parte vinculante sería la sociedad”, explicó Buitrago.

     

    Él hace énfasis en que esta negociación no va ligada a una eventual desmovilización y desarme del ELN. “El problema de fondo es que esta negociación conduzca a un proceso que permita resolver los problemas estructurales de desigualdad, participación política, el uso y tenencia de la tierra, que son los tres grandes factores que han sido los causantes de la violencia estructural de este país”, puntualizó el vocero de las universidades.

     

    Fernán González, investigador del Cinep por más de 45 años, hace referencia a que uno de los mayores errores en los diálogos que ha sostenido el Gobierno con el ELN es “tratar de equiparar el ELN con las FARC, como si fueran un hermano menor”.

     

    Además puntualizó que en los diálogos es menester un enfoque regional que abarque las zonas afectadas por el conflicto. Buscar soluciones regionalizadas, qué representa el ELN en ellas y responder a esas necesidades locales distintas.

     

    El ELN representa solo uno de los múltiples grupos armados en el territorio colombiano y la actual mesa de negociación con dicha guerrilla es un paso más hacia la paz.

     

    El conflicto armado colombiano abarca diferentes matices y nuevas formas de accionar desde sus territorios. Por eso uno de los retos de la actual mesa de negociación es recopilar los apuntes desde la sociedad civil en las distintas regiones. Sin embargo, las propuestas que llegarán desde allí deberán compaginarse con las posturas del Gobierno.

     

    Lea también:

     

    "Antioquia en los planes del ELN", en la edición 58 del periódico Contexto

     

     

     

     

  • El Clan del Golfo en Colombia, un reto para la “Paz total”

     

    El Clan del Golfo, también llamado Autodefensas Gaitanistas de Colombia, es una de las organizaciones criminales más poderosas del país; para comprenderla es importante conocer el origen de estos fenómenos. Inicialmente, en los años 60 nacen las guerrillas colombianas, grupos insurgentes con ideologías políticas y sociales populares. Se empezaron a radicar en zonas como Córdoba, Sucre, Urabá y el sur del país, lugares caracterizados por ser ganaderos, mineros y agroindustriales.

     

    Paulina Serna Lopera y Maria Paula Colorado Villa / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Según el Centro Nacional de Memoria Histórica en la Cátedra Basta Ya: Orígenes, dinámicas y crecimiento del conflicto armado “las guerrillas han tenido tres etapas a lo largo de este medio siglo. La primera, de nacimiento y anclaje en sus territorios hasta finales de los años 70. La segunda, a principios de los años 80 cuando se proponen acumular fuerzas combinando todas las formas de lucha con miras a una insurrección y a la toma del poder. La tercera ocurre durante los siguientes 20 años, cuando abandonan los espacios políticos y buscan a través de las armas el colapso del Estado, y de las élites económicas y políticas regionales y nacionales, por la vía exclusivamente violenta”. Como respuesta, sectores de las Fuerzas Armadas de Colombia, todavía permeados por los ideales radicales del Frente Nacional, tomaron medidas igual de violentas para combatir a estos grupos. Además, los enfrentamientos tomaron fuerza con la aprobación de “la Ley 48 de 1968 que autorizaba las autodefensas de civiles auspiciadas por las fuerzas militares, y que fueron la semilla de los grupos paramilitares”, afirma el CNMH.

     

    El paramilitarismo surge a finales de los años 70 como una lucha de los sectores radicales de las élites para evitar cualquier tipo de competencia política de izquierda, en este caso, representada por las guerrillas, además defendían a los terratenientes de las extorsiones y secuestros realizados en la época. El CNMH plantea que estos primeros grupos “nacen con el enemigo adentro: el narcotráfico, (…) un núcleo central de estas autodefensas, en el Magdalena Medio, derivó en un grupo paramilitar cuando ganaderos, políticos y narcotraficantes buscaban contrarrestar la expansión territorial de las FARC, sabotear sus intenciones electorales y bloquear las reformas estructurales que se llevarían a cabo ante un eventual acuerdo con las guerrillas”.

     

    El Urabá ha sido un punto importante en el conflicto, pues allí se han radicado diferentes grupos armados. La influencia de grupos guerrilleros en el sector se dio en los 80, cuando ayudaban a los sindicatos de trabajadores bananeros: Sintrabanano y Sintagro, quienes se fusionaron luego en Sintrainagro. Según el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales –Clacso-, los trabajadores laboraban en condiciones inhumanas pues “las relaciones laborales se configuran en medio de la precaria presencia institucional del Estado por su lejanía con respecto a los trabajadores, el desconocimiento de los empresarios bananeros de la normatividad laboral vigente y la precariedad de las condiciones laborales. Esto creó las condiciones para que la acción de los sindicatos se diera en coordinación con grupos guerrilleros y siguieran sus orientaciones”. Los sindicalistas se levantaron ante esta situación, sin embargo, también fueron perseguidos y asesinados. Durante años seguía su lucha, acompañada de masacres a sus líderes y la presencia de grupos armados en el territorio bananero.

     

    Por su parte, el negocio del narcotráfico como es ahora, se considera la herencia del Cartel de Medellín y el Cartel de Cali, quienes tuvieron auge en los 90. En esta misma época la máxima expresión del paramilitarismo como se conoce hoy aparece con las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá al mando de Carlos Castaño, quienes tras años de violencia derrotaron a las FARC en Urabá, explica el CNMH. Luego, se agruparon como Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), seguían los mismos ideales pero también se sostenían por medio del narcotráfico. Como dice Natalia Chaparro en El Crimen en la globalización contemporánea: el caso del “Clan del Golfo” en Colombia, “este grupo financió su lucha armada contra las guerrillas y su ejercicio de poder, a través de la extorsión, del secuestro y principalmente del narcotráfico, consolidando rutas propias y un mercado estable a nivel transnacional.” Los enfrentamientos constantes, además del crecimiento del narcotráfico promovido también por los diferentes grupos paramilitares y guerrilleros, desembocaron en minería ilegal, extorsiones, secuestros, masacres y demás acciones que afectan a la población civil.

     

    Aunque los Carteles desaparecen, el narcotráfico toma cada vez más poder, pues se considera la fuente principal de ingresos en grupos insurgentes y contrainsurgentes quienes luchan por el dominio de los territorios como el Urabá y otros donde pueden asentarse, liderar el negocio y a su vez expandir sus ideologías.

     

    Dentro de las organizaciones paramilitares se generaron disputas especialmente entre el Bloque Metro, representado por Carlos Castaño y el Bloque Cacique Nutibara con nexos con la oficina de envigado, más cercano a Vicente Castaño. Se vivió un “conflicto entre un modelo clásico y político de paramilitarismo (presuntamente encarnado por el Bloque Metro) y un modelo corrompido por el narcotráfico (presuntamente encarnado por el Bloque Cacique Nutibara y otros)”, explica Juan Diego Restrepo en su libro Las vueltas de la Oficina de Envigado.

     

    Es decir, para Carlos Castaño era contradictorio trabajar en alianza con el narcotráfico que representaba lo que en principio se consideraba una de las problemáticas Nacionales con las que pretendían acabar. Estas disputas terminaron en el asesinato de Carlos el 16 de abril de 2004, según el portal Verdad Abierta, testimonios de exparamilitares como Elkin Casarrubia Posada, afirman que Vicente Castaño, su hermano, ordenó matarlo.

     

    Capturas e incautaciones en operativo contra el Clan del Golfo en Tarazá, Antioquia, en enero de 2021. Foto: Fuerza Aeroespacial Colombiana.

     

    Los orígenes del Clan

    Ahora bien, los inicios del Clan del Golfo, encabezado por Vicente Castaño, se remontan específicamente al año 2006 con la desmovilización de las AUC, sin embargo, desde una mirada más profunda es una consecuencia de la historia del narcotráfico y el paramilitarismo en Colombia. Lo que le ha permitido sobrevivir durante tantos años ha sido su capacidad de expansión, por medio de alianzas estratégicas con otros grupos delincuenciales, desde las bandas de los barrios hasta otros más organizados como la Oficina de Envigado.

     

    En su prólogo al libro Las vueltas de la Oficina de Envigado, la periodista MaríaTeresa Ronderos expone que: “Luego de los acuerdos de Santa Fe de Ralito entre el gobierno Uribe y las AUC, cuando Murillo Bejarano oficialmente desmontó sus bloques paramilitares, no se acabó la Oficina. Mientras entregaban armas en las pantallas de la televisión (…) la Oficina seguía tras bambalinas operando el crimen de la ciudad, entonces ya sin contrincantes.”

     

    La desmovilización de las AUC no dejó solo a una disidencia, sino que el poder del negocio y el dominio sobre los territorios en los que tenía presencia se disputaba entre Maximiliano Bonilla Orozco, alias “Valenciano”, y Ericson Vargas Cardona, alias “Sebastián”. Valenciano quedó a cargo de las rutas de narcotráfico en “ciudades clave para el tráfico de drogas como Montería, Cartagena, Barranquilla, Riohacha, Valledupar y San Andrés”; para tomar fuerza generó alianzas con Los Paisas y diferentes bandas armadas del sur del Valle de Aburrá. Por su parte, Sebastián, para competir contra Valenciano armó tropas con gran cantidad de desmovilizados de las AUC, bandas del norte del Valle de Aburrá y posteriormente se alió con Los Rastrojos. Al final, ambos se debilitaron y el poder quedó entre La Oficina y Los Urabeños, quienes en el 2013 intentaron llegar a un acuerdo para coexistir en los territorios, pero tan solo meses después, en el 2014, rompieron el pacto y volvieron a confrontarse con menos intensidad, así lo explica Restrepo, periodista e investigador.

     

    Luego de la muerte de Vicente Castaño en 2007, Daniel Rendón Herrera, alias “Don Mario”, empezó a liderar a los entonces llamados “urabeños”, quienes a mediados de los 2000 fueron considerados por las autoridades como un tipo de BACRIM (Bandas Criminales), dedicados principalmente al narcotráfico y a la minería ilegal. Víctor Barrera, investigador del CINEP, explica que esta denominación se da luego de los acuerdos de Ralito como una forma de aclarar que la desmovilización paramilitar había sido un éxito y los grupos que quedaban eran delincuencias comunes, pues a nivel judicial acaparar al Clan del Golfo en esta denominación le restaba estatus político y a su vez limitaba las respuestas defensivas del estado quienes solo podían accionar por medio de la policía. Según Aura Hernández, Alejandra Ripoll, y Juan C. García, investigadores de relaciones internacionales y estudios políticos, en su artículo “El Clan del golfo”: ¿el nuevo paramilitarismo o delincuencia organizada? publicado en 2018, este tipo de organizaciones surgieron por “la ausencia de un plan de contingencia estatal efectivo pos desmovilización de los grupos paramilitares”, específicamente de las AUC entre el 2003 y 2006.

     

    Posteriormente en el 2016 la organización, ahora llamada Clan del Golfo, es considerada por el Estado como un Grupo Armado Organizado (GAO), lo cual permite que las Fuerzas Armadas se encarguen de combatirlos. Barrera comenta que esta iniciativa empieza a discutirse en 2011 con el proyecto de ley presentado por el excongresista Juan Lozano, debido al impacto violento que estaban teniendo en los territorios y la poca eficiencia de las acciones defensivas de la Policía que no podían ser proporcionales a la amenaza según el estatus de la organización. En el artículo 2 de la Ley 1908 de 2018, definen a los Grupos Armados Organizados como “aquellos que bajo la dirección de un mando responsable, ejerzan sobre una parte del territorio un control tal que les permita realizar operaciones militares sostenidas y concertadas”, es decir, estas organizaciones se caracterizan por usar la violencia armada contra instituciones del Estado, civiles o contra grupos armados, generan más que disturbios y tensiones internas, y tienen un mando definido que dirija a sus miembros.

     

    Con la captura de Don Mario en el 2009, siguió al mando Dairo Antonio Úsuga, alias “Otoniel”. Este cabecilla se enfrentó al operativo Agamenón I y II considerado “el más grande en toda la historia en contra de una organización criminal y en articulación y con la unión de esfuerzos de diferentes actores del sistema nacional e internacional”, explica Jhonatan Salazar, magister en relaciones internacionales. En junio de 2017 inició la operación Agamenón II, para la cual según la Fundación Ideas para la Paz “se destinaron cerca de 250 soldados de la Séptima División del Ejército. Asimismo, se incrementó el pie de fuerza policial a 2.500 uniformados y se aumentó el radio de acción de la operación a los departamentos de Chocó, Córdoba, Cauca y Bolívar”. Esta estrategia tuvo fin luego de 6 años con la captura de alias Otoniel en 2021, ese mismo año “se capturaron 2.139 integrantes de esta organización. A esta cifra se le suman los logros reportados entre 2015 y 2020, donde se adelantaron 4.013 capturas y 146 neutralizaciones (bajas), entre las cuales se encuentran las de 33 cabecillas”, afirma INDEPAZ.

     

    Como una hidra

     

    Actualmente, el Clan del Golfo se encuentra al mando de Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias “Chiquito malo”, como explica Natalia Chaparro, profesional en relaciones internacionales y estudios políticos, en su tesis El Crimen en la globalización contemporánea: el caso del “Clan del Golfo” en Colombia, se denominan a sí mismos como “una organización Político Militar de resistencia civil en armas, de carácter social, transitoriamente en la ilegalidad, defensora de la población vulnerable víctima del conflicto social armado”, sin embargo, su ideología política no trasciende en la práctica más allá de las actividades violentas e ilegales que realizan con fines económicos.

     

    Los líderes que han pasado de generación en generación y de un grupo armado a otro, permiten que exista una continuidad del negocio. Los momentos en diversos territorios de Colombia en los que políticos y empresarios han acudido a la ilegalidad por medio de estas estructuras criminales, les da fuerza, contactos y alianzas. Víctor Barrera explica que el Clan del Golfo no incide profundamente en los procesos electorales a favor de un sector político determinado, sino que apoyan al candidato que lo solicite y pueda asegurarles que al ser elegido les permitirá seguir realizando sus acciones ilegales en los territorios. Además, realizan soborno con dinero a funcionarios públicos, miembros de la policía y ejército.

     

    Para INDEPAZ en el Informe sobre presencia de grupos armados en Colombia 2021-2022, el Clan del Golfo es considerado el grupo armado más grande del país, para el 2022 “se identificó actividad de este grupo en 326 municipios -incluyendo municipios advertidos por la Defensoría-, la más alta registrada durante los dieciséis años del seguimiento realizado por Indepaz” lo que hace casi impredecible su forma de operar. Investigaciones de USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) mencionan que lo hacen como grupos estructurados en red con determinados papeles internos, su fuerza radica en las alianzas estratégicas que le permiten tener control sobre diversos territorios.https://view.genial.ly/6467eb6d2007eb001844503d/interactive-content-estructura-del-clan-del-golfo

     

    Esta gráfica describe la forma organizativa que ha tomado el Clan del Golfo a la actualidad. Clic en la Imagen para navegar la infografía. Paulina Serna – María Paula Villa.

    Según esta estructura, cada uno de los cabecillas cuenta con una organización autónoma, con capacidad militar y conocimiento territorial excepcional que les ha permitido diversificar las actividades criminales, de las cuales provienen significativas utilidades para su mantenimiento. Como expone el Centro Nacional De Memoria Histórica, sus líderes y cabecillas no son indispensables para la supervivencia de la organización, haciendo difícil para el Estado establecer los nexos y conexiones que existen entre los diferentes tipos de organizaciones. “El Clan del Golfo es una organización sofisticada que tiene una estructura estable, un ancla en negocios legales como la ganadería y un portafolio amplio de actividades criminales que incluyen la extorsión o la venta de servicios de coerción”, dice Víctor Barrera, investigador del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), en Bogotá.

     

    Las Autodefensas Gaitanistas de Colombia operan por medio de una “tercerización criminal”, se contactan con grupos delincuenciales de diferentes barrios y comunas para formar alianzas que promueven el microtráfico, la extorsión y los homicidios. Según Chaparro, “la forma en que el Clan del Golfo recluta a estos grupos bien puede ser eliminando al jefe de la pandilla de su interés y enviando un mensaje a sus miembros para que se adhieran a su organización, o a través del reclutamiento de 3 o 4 personas con un pasado criminal para formar una nueva banda delincuencial, donde ofrecen de 1 a 2 millones por cada persona adicional que se integre al grupo en cuestión”. No tienen una ideología que cohesione a sus miembros, “la permanencia de sus integrantes obedece, más que todo, a una lógica económica, ya que integran esta agrupación a cambio de un sueldo”, dice la Fundación Ideas para la Paz.

    En el recuento realizado por INDEPAZ, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia se encuentran presentes tanto en los territorios selváticos como en zonas rurales y urbanas, teniendo su estructura de “mando y control” en el Urabá antioqueño, con operaciones que se extienden desde el Bajo Cauca antioqueño, el Valle de Aburrá, Chocó, Córdoba, Guaviare y Vichada, Norte de Santander, la Costa Caribe, Putumayo, Magdalena Medio, Buenaventura, hasta la frontera con Ecuador. Como explica Chaparro, la organización cuenta con dos tipos de componentes: el primero es el componente armado, compuesto por el Urabá antioqueño y chocoano, sur de Córdoba y zonas urbanas y semiurbanas del Bajo Cauca, y el segundo es el componente de subcontratación, que está distribuido en otras regiones del país.

    Presencia AGC en Colombia en 2022. Mapa: Indepaz.

     

    Es de resaltar el caso de Medellín, “donde han logrado pasar de alianzas con la Oficina y otros grupos, a tener presencia propia en varias comunas y a participar en la matriz cívico-militar que regula la violencia y el orden en la ciudad. Según datos de la Fiscalía y la Policía Nacional, para el 2017, el Clan del Golfo poseía el control del 30 % de las bandas que operan en Medellín y en el resto del Valle de Aburrá, y controlaban con sus bandas a La Estrella, Caldas, el barrio La Sierra (de Medellín) y Barbosa”, explica INDEPAZ.

     

    Según el informe Desafío a la Paz Total, su estrategia es ubicar su gestión y producción en zonas de bajo riesgo, donde poseen un control relativo del entorno institucional, mientras buscan unos mercados preferentes en zonas de demanda más rica, a fin de cobrar precios más altos. Por su parte, su estructura base se encuentra en Urabá. Sin embargo, en muchas regiones la banda opera con estructuras descentralizadas que están armadas y que no necesariamente siguen las directrices de alias “Chiquito malo”. .

     

    En Medellín, por ejemplo, contrataron pandillas locales para enfrentarse y ganar territorio de la debilitada “Oficina de Envigado”. Así mismo, reclutan a colaboradores para que informen sobre los movimientos de las fuerzas de seguridad en zonas claves como puertos marítimos en la Costa Caribe y lugares donde se compra la base de coca como Tarazá y Caucasia, en Antioquia. Barrera explica que las AGC usan un modelo de subcontratación que no es ocasional sino que es un intercambio donde se distribuyen responsabilidades entre las dos agrupaciones porque resulta más eficiente para ambas partes, no pierden su individualidad y buscan lugares donde existan intereses estratégicos. Menciona el ejemplo de Nariño con alias Matamba quien “trabajaba para el Clan del Golfo, pero no era el Clan del Golfo, tenía una estructura mutada de redes de corrupción, de redes logísticas de transporte y de mercancías que ponía al servicio del Clan del Golfo a cambio de mayor capacidad militar en el territorio y los apoyos que requería ocasionalmente”.

     

    Olmer Muñoz, experto en seguridad, defensa nacional y seguridad urbana, habla sobre la criminalidad en Medellín con relación al Clan del Golfo, la subcontratación y las situaciones sociales que inciden en esta problemática:

     

    La presencia del Clan del Golfo en Colombia ha resultado en un aumento de violencia en las áreas donde opera la organización. Por ejemplo, en el paro armado realizado por esta organización durante 6 días consecutivos en mayo de 2022, según la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), en el informe Desafíos a las Garantías de no repetición. Un balance general de las acciones violentas cometidas por el clan del golfo durante seis días de paro armado, mayo de 2022, se registraron por lo menos “398 hechos de violencia que sucedieron en 194 municipios de 13 departamentos”, que hacen alusión a homicidios, secuestros y extorsiones. Ejecutaron 26 homicidios a líderes sociales, políticos y demás personas de las regiones en municipios de Antioquia, Bolívar, Cesar, Chocó, Córdoba, Magdalena, Santander, Sucre, La guajira; y 165 acciones en contra del libre tránsito y expresión en 139 municipios de Antioquia, Córdoba, Atlántico, Bolívar, Cesar, Chocó, Magdalena, Santander, Sucre, Valle del Cauca, Norte de Santander y La Guajira, lo cual afectó la economía en los territorios y la movilidad de ciudadanos incluso para ir a trabajar o estudiar. El siguiente mapa da cuenta de las acciones criminales vividas en cada departamento:

     

    Clic en la imagen para navegar la infografía. Elaboración: Paulina Serna – María Paula Villa.

    El Clan del Golfo afecta negativamente el desarrollo económico y social del país. Una de las razones es que se ha infiltrado en instituciones gubernamentales y empresas privadas en Colombia, lo que ha llevado a un aumento de la corrupción y la impunidad. Además, llegan a distintos lugares donde existen oportunidades estratégicas para asuntos logísticos, un punto en común es que son territorios periféricos en los que logran tener mayor control. Víctor Barrera habla de una problemática que se da en estos sectores, pues la droga que no sale del país se mueve internamente a través del microtráfico, un negocio rentable para las AGC pero que tiene consecuencias sociales negativas como el aumento en niveles de drogadicción y plazas de droga en el sector. Explica que, con el tiempo, el consumidor se vuelve alguien peligroso para la comunidad y para el mismo Clan del Golfo, quienes terminan castigando a los jóvenes asociados a la problemática.

     

    El actual gobierno sancionó la modificación y prórroga de la Ley 418 de 1997, con el enfoque de Paz Total. En ella se define “la política de paz como una política de Estado. Será prioritaria y transversal en los asuntos de Estado, participativa, amplia, incluyente e integral, tanto en lo referente a la implementación de acuerdos, como con relación a procesos de negociación, diálogo y sometimiento a la justicia. Los instrumentos de la paz total tendrán como finalidad prevalente el logro de la paz estable y duradera, con garantías de no repetición y de seguridad para todos los colombianos”. Esta ley se encarga entonces de brindar las normas bajo las cuales se llevan a cabo los procesos de búsqueda de convivencia y justicia en el país.

     

    Este discurso ha estado presente desde su campaña en el gobierno Petro, y ahora por medio de la JEP y demás entidades encargadas, trabajan para establecer diálogos y acuerdos con los diferentes grupos armados. En el caso del Clan del Golfo, se habla de “firmar términos de sometimiento a la justicia”, debido a sus características como organización criminal. Esto implica unas garantías y deberes específicos, pues, a diferencia de otras organizaciones que hacen parte del proceso de paz y realizan negociaciones, ellos deberán “entregarse y aceptar su responsabilidad penal por todos los delitos que hayan cometido”, además serán procesados igual que otros grupos delincuenciales y deberán procurar ser desmantelados. El problema surge en la disposición de las AGC para aceptar estos términos pues, como otros actores del conflicto armado, para ellos es más factible hacer parte de las negociaciones de paz.

     

    Además, Barrera comenta algunos retos para la Paz total: el primero es que “estas AGC no tienen la misma cohesión de antes”, es decir, comprometerse a algún acuerdo sería más difícil de garantizar pues ahora están repartidos en diferentes subgrupos de narcotráfico que no necesariamente siguen las órdenes del actual cabecilla. En segundo lugar “es un reto político que trae costos muy altos” y el tercer reto es que “no hay una ley de sometimiento que se haya aprobado en el Congreso; va a ser muy difícil que salga una ley de sometimiento atractiva para ellos, y que además no depende del Gobierno sino de la Fiscalía y el Congreso”. También es un grupo que necesita un manejo especial y riguroso. Sin embargo, “una ley de sometimiento no puede presentarte para un grupo específicamente” sino que debe seguir funcionando en el tiempo para otros actores del conflicto armado.

     

    En el siguiente podcast, el investigador Luis Fernando Trejos habla sobre el Clan del Golfo, el proceso de paz y explica elementos claves de actualidad sobre esta organización criminal:

     

     

    La multiplicidad de frentes en los que este grupo infiltra su accionar e impone dinámicas criminales. aumenta la posibilidad de violaciones a los derechos humanos de los civiles, lo que debilita la capacidad del Estado para proporcionar garantías básicas a los ciudadanos, lo que deteriora las relaciones de confianza de la población en las instituciones gubernamentales y amenaza la estabilidad del país. El gran reto del Gobierno es garantizar que, por medio de unas estrategias efectivas para la Paz total, se lleve un seguimiento y se lleguen a acuerdos claros con esta organización, para darle fin a la guerra que por años se ha prolongado en Colombia y que continúa multiplicándose.

     

     

  • La privación de la libertad: una decisión humana que no da frutos en Colombia​​

    Matías Orduz Machado / matias.orduz@upb.edu.co

    El sistema penitenciario y carcelario en Colombia ha estado en crisis desde su creación. Los problemas de orden, administración y fondos parecen parte de su naturaleza y han hecho que la justicia pierda credibilidad. En febrero de 2023, el Ministerio de Justicia y el Ministerio de Interior presentaron al Congreso de la República la reforma del sistema penitenciario, con la cual buscan fortalecer la justicia restaurativa, agilizar la concesión de beneficios judiciales y reacomodar las penas máximas y sus objetivos.

     

    ¿Qué recorrido ha atravesado el país en temas carcelarios para llegar hasta este punto? ¿Cuáles son los problemas que tiene la privación de la libertad desde su raíz?

     

    En este reportaje multimedia realizado para el curso de Laboratorio de producción periodística y publicado en el sitio personal del autor, conozca los antecedentes históricos, los datos clave y las explicaciones de los expertos sobre los problemas a los que parece condenado el sistema carcelario colombiano.

     

     

  • Una historia del Deporte rey en Colombia

    Por Juan Esteban Raigoza, Manuela Echeverry, Juanita Zapata, Tomás Fernández / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    El fútbol es una disciplina deportiva que hoy en día también convoca pasiones, intereses económicos y conflictos sociales. Por ejemplo, los jugadores son figuras presentes hasta en las conversaciones cotidianas: desde la cafetería, las universidades, los colegios, el transporte público, las filas de los trámites y muchos más espacios en donde hoy se sabe y se vive el fútbol. La gran cantidad de contenido deportivo al que hoy nos exponemos a diario es solo una evidencia de cómo día a día el fútbol se afirma en su trono como deporte rey en las preferencias del público en todo el mundo.

     

    ¿Cómo se dio ese ascenso al trono en Colombia? De la mano Willy, un jugador que encarna todos los momentos del balompié colombiano, recorra todo un mundo virtual que le permitirá conocer cómo este deporte se convirtió en una industria capaz de movilizar una innumerable cantidad de influencias.

     

    Clic en la imagen para navegar el especial:

     

     

     

     

     

  • El cuidador de la Corona de Córdova

     

    En una bolsa de manila llegó al custodio de Álvaro Arteaga una guirnalda elaborada en 18 quilates de oro. Era la corona de José María Córdova. Empoderado por el alcalde Hugo Castaño, Arteaga depositó la pieza en la caja fuerte del Museo de Arte Religioso, donde la exhibió durante más de veinte años.

     

    Juan José Ríos Arbeláez / juan.riosa@upb.edu.co

     

    Se dice que la suntuosidad de la corona movió a que Bolívar a regalarla a Sucre, quien a su vez declinó recibirla y la entregó a Córdova como verdadero merecedor del reconocimiento. Foto: Wikimedia Commons.

     

    En la nave central de la Concatedral de San Nicolás el Magno de Rionegro se siente fresco, casi frío cuando penetran unas ráfagas de viento desde la plazoleta. Las ventanas son altas y dejan que se cuele una diáfana luz teñida de azul gaseoso. Afuera, el parque arde, lo delata Córdova requemado sobre su caballo de lanceros, inmortalizado por Rodrigo Arenas Betancourt desde mediados de los sesenta.

     

    Por la nave derecha del recinto reverbera el eco de las pisadas, aminoradas por las contadas plegarías de nueve o diez creyentes que se tomaron las bancas. Bajo los nichos de santos, cerca de la tumba del dictador Juan del Corral, se abre una puerta que adivina a un hombre menudo, de escasos cabellos plateados recogidos en coleta. Es Álvaro Arteaga, historiador del municipio desde hace más de cincuenta años, encargado del Museo de Arte Religioso de Rionegro.

     

    Tras el arco del retablo espera otro aire, de historia condensada en el olvido, polvoriento a la luz, olor a guardado. Al costado derecho, en el primer rincón de la sala, contra la pared y sobre una mesa coja de madera las primeras alhajas de metal, dispuestas en oxidación. En esta sala, el suelo abandonó el semblante de baldosa curtida de gris para convertirse en baldosín granate, casi impecable si se compara con el de la catedral.

     

    -¿Espera más personas?, le pregunté, pensando en posibles interrupciones.

    -Casi nadie viene – respondió, negando con la cabeza, como restándole importancia a la cosa. – Si mucho, tres o cuatro personas por día, la semana pasada vinieron tres.

     

    El Museo de Arte Religioso de Rionegro es uno de los más ricos en su género en Colombia. La colección comprende pinturas y esculturas, en mayor cantidad de la escuela Quiteña; orfebrería, ornamentos, retratos, libros, instrumentos, un solideo usado por un papa, los báculos de los cinco obispos nacidos en Rionegro, ofrendas del siglo XVIII, capas tejidas con hilos de oro y cuantas coronas de vírgenes pudo comprar la opulencia cristiana hace más de dos siglos.

     

    Entran tres mujeres. Álvaro sale a atenderlas al instante. Las invita a la primera sala, les indica el recorrido por el segundo piso y vuelve sonrojado y con una risa de lado a lado. “Ya se libró la semana”, dice con una carcajada. Al principio parecía que se le ahogaba la voz, pero luego entonaba fuerte, con un seseo inconfundible de paisa de pueblo. Luego lanzaba una sarta de palabras y se emocionaba hablando de historia, condenando bandidos y bajando a Bolívar de su “pedestal”.

     

    Llegan cinco jóvenes con el uniforme del Colegio Las Cuchillas de San José, lo saludan eufóricos, se ríen y charlan, luego se sientan en el piso mientras él los instruye. Cuando Álvaro regresa le pregunto:

    -¿Quiénes son los muchachos?

    -Los estudiantes de Las Cuchillas que vienen a prestar el servicio social. La alfabetización que llamaban.

    -¿Y qué los pones a hacer?, le pregunté.

    Me hizo una mueca en el aire, de desconcierto.

    -Pues ahí los ponemos a limpiar, a que organicen, a que cuiden mientras entran las personas porque uno nunca sabe. A que escuchen también, a ver si de pronto se les queda algo de tanto escuchar lo mismo.

    -También aprenden, ¿no?, le dije. Afirmando más que preguntando y se burló con una carcajada sorda.

    -Eso no aprenden nada, a los jóvenes como ustedes no les interesa eso.

     

    Antes que nada, Álvaro no se considera historiador porque como tal no lo es, nunca estuvo en la academia ni se acogió a metodologías ni generó constantes productos académicos o dirigió investigaciones. En Colombia, la profesionalización de la disciplina histórica se dio en la década del sesenta y los limitados programas académicos hasta 1990 hicieron que la mayoría de aspirantes a la profesión migraran a diferentes países donde se establecieron.

     

    Arteaga se acercó a la historia por un motivo muy simple: “En los sesentas un niño no tenía nada que hacer en Rionegro, terminé de acólito”, cuenta Álvaro, con las manos en los bolsillos de una chaqueta caqui, luego va a resolver dudas a las tres visitantes, que se contoneaban viendo las joyas artesanas y la explicación bañada de sátira que les daba el guía.

     

    “En esa época el cura era Samuel Álvarez y era el putas. Se metía al consejo, mandaba todo lo que usted quiera, la máxima autoridad. Entonces metido acá, de acólito, atrás me fueron gustando todos esos monumentos, esos muñecos, todo lo que había, aunque esto era muy diferente pues… Yo me mantenía aquí y un día, cuando comenzó Coltejer, unos sacristanes que acá se ganaba una miseria se fueron para allá. Entonces, no había quien trabajara aquí en el museo y como a mí me gustaba todo lo religioso yo quería quedarme”, cuenta Álvaro, y sigue: “Entonces acá arriba, en una de las que hoy son salas de exhibición, dormía uno de esos sacristanes y yo le dije que yo me quedaba acá y que dormía ahí, pero él me dijo: es que su papá es muy bravo, su papá no lo deja. Mi papá era liberal de esos de extremo, anticlericales… pero me dejó venir al fin y al cabo, y ahí cogí el museo. Hace cincuenta y tres años”.

     

    Casi todos estudiantes de Las Cuchillas de San José siguen tirados en el piso con los bolsos puestos. Están vestidos de sudadera impermeable color verde y una camiseta blanca. Dos de ellos pasan los trapos con acidia sobre los marcos de exhibición, como si estuvieran sacudiendo mugre. El custodio Arteaga se dispone a mostrarnos las únicas dos piezas del museo que se podrían considerar obras de arte, en palabras del guía. Un cuadro del pintor ecuatoriano Víctor Mideros, elaborado utilizando únicamente las yemas de sus dedos. Y un cristo tallado en marfil, hecho por un autor anónimo.

     

    Imagen de los actos de traslado de las joyas a su actual sitio de exhibición.

    Foto: Pa’ que vea Oriente. Vea la galería completa AQUÍ.

     

    La Corona de Córdova

    El nueve de septiembre de 1799 nació en una vereda de Rionegro José María Córdova; en el mismo lugar donde está establecido el municipio de Concepción en la actualidad. Está transformación ha generado diferentes disputas a lo largo de los años entre los historiadores de los municipios por el lugar natal del libertador. A los siete años, la familia de Córdova migra a San Vicente y posteriormente se asientan en Santiago de Arma Rionegro, donde El héroe de Ayacucho pasa el resto de su niñez y juventud antes de partir a la campaña libertadora.

     

    Desde los dieciséis años Córdova participó en las batallas más decisivas de la independencia: la de rio Palo en 1815, la de Cuchilla de Tambo en 1816, la de Apure en 1819, la de Chorros Blancos en 1820 (vital para imponerse en Boyacá). Posteriormente, el 9 de diciembre de 1924 se proclama como el héroe de Ayacucho en una de las más grandes batallas de la historia, acorralando al Virreinato español en Perú.

     

    Arteaga se emociona hablando de Córdova, la explicación es casi dramatúrgica, “el verdadero libertador de Antioquia”, enorgullecido, levantando los brazos. Se presume que la de Ayacucho, era una batalla perdida desde el planteamiento: los españoles estaban en la parte alta de la cordillera y los independentistas miraban desde abajo, en la planicie. Pero Córdova se anuncia diciendo: “armas a discreción, paso de vencedores”, el Custodio afirma con toda certeza que se trata de la primera vez que se dice esta frase en una batalla y espera que le crea, y embiste con éxito a las tropas del Virrey obligando a los realistas a capitular.

     

    Sucre confesó como consecuencia de la batalla 370 muertos y 609 heridos. Mientras que el Ejército Realista estimó 1800 muertes y 700 heridos. Dice Arteaga que al finalizar la batalla, el Comandante Sucre se quita las charreteras (que son los bordados que llevan los militares en los hombros de sus chaquetas), se las pone a Córdova y lo nombra General de División.

     

    Un año más tarde, cuando Bolívar entra a La Paz, es proclamado como libertador y lo coronan con una guirnalda elaborada en 18 quilates de oro y más de doscientos diamantes. Está compuesta por dos hojas entrelazadas, una de laurel y la otra de palma. Símbolos de la cultura griega y de la cultura judía, debido al fanatismo religioso que abundaba en Bolivia.

     

    La coronación concluyó con largas fiestas. En medio de la noche, Bolívar quiso reconocer la labor de Sucre y le otorgó la corona. Este la rechazó y respondió diciendo que quien la merecía realmente era Córdova, pues había sido el héroe de la batalla clave. Cuenta la leyenda, porque ninguno se anima a asegurar, que entre Sucre y Bolívar coronaron a Córdova en medio de esa noche de fiesta. Un mes después, en Septiembre de 1825, José María le regala la corona a la Ciudad de Santiago de Arma Rionegro, por medio de una carta en la que nombra al municipio como su tierra natal.

     

    Durante 58 años la diadema se pasó entre las manos de las familias prestantes y celebres del municipio, hasta la fundación del Banco Oriente en 1883. El banco se comprometió al cuidado y exposición del tesoro histórico dedicado a la ciudad. A partir de 1964, el Banco de Oriente pasó a tener numerosas transformaciones que terminaron derivando en su compra por parte del Banco Santander, quien seguía cuidando la corona en 1999.

     

    Un día, Arteaga entraba y salía de la catedral del parque cuando se encontró con una fila de camiones que estaban siendo cargados de cajas por trabajadores del banco. Cuando fue a preguntar si habían cerrado el banco, le respondieron que iban a terminar con el museo. En ese entonces, Álvaro ya llevaba más de veinticinco años metido en el museo, no había muchas más personas interesadas por la historia en el pueblo. Se metió a lo oficina del gerente del banco.

     

    -Señor, disculpe, ¿por qué se acabó del museo?

    -¿Y quién es usted?

    -Yo soy Álvaro Arteaga, el que maneja allí el Museo de Arte Religioso.

    -Vea, muy fácil. Yo tengo orden desde gerencia nacional de enviar todas estas cosas a Bogotá. No sé qué harán con eso. Tenga la bondad y retírese.

     

    Álvaro, que toda la vida había sido gomoso con la historia, salió corriendo para la Alcaldía donde Hugo Castaño. Entró rápido, sin cita, como a la oficina de un amigo. Porque era un amigo.

     

    -Hugo, se están llevando el museo del Banco de Oriente.

    -¿CÓMO ASÍ?, saltó el ex alcalde y se paró de la silla.

     

    Después, Arteaga pasó a notificar en la Personería y luego en Procuraduría – Explica dónde quedaban las dos en esa época. – Hicieron un reclamo para identificar cuáles de las piezas eran propiedad del pueblo de Rionegro, entre las que figuraba la corona, un retrato de José María pintado sobre marfil, un relicario que tenía Fanny Henderson; novia de Córdova, y otras piezas. Se realizó un acta de entrega, firmada por los funcionarios públicos. Desde ese momento, Álvaro Arteaga pasó a ser el custodio de la corona, pensando el Museo de Arte Religioso como lugar propicio para su cuidado.

     

    Los estudiantes de Las Cuchillas de San José siguen impertérritos, aunque a veces sueltan lentas carcajadas. “Ya, vea la hora, acabamos”, dice uno, señalando la muñeca sin reloj. Álvaro se ríe, los ignora. Las tres visitantes terminan el recorrido y se despiden. El guía les ofrece cartoncitos con fotos de la Corona de Córdova y las invita a ir al MAR, donde ahora se exhibe la corona, bajo la plazoleta principal. Les explica que tenía tantos cartoncitos desde que la tenía como custodio que todavía no se le han terminado, entonces que no ve de otra que seguir entregándolos.

     

    En noviembre de 2017, la alcaldía de Andrés Julián Rendón presentó al nuevo parque de Rionegro, bautizado como la Plaza de la Libertad. Tras dos años de remodelación, se entregó un espacio público con zona verde, comercial y de descanso; rodeado por más de 60 árboles. La inversión fue cercana a los 22.000 millones de pesos y en el 2018 se estrenó el Museo de Arte de Rionegro (MAR), donde la administración pretendía exhibir los objetos históricos del municipio.

     

    La última carta que envió la alcaldía, en ese entonces, era una amenaza al Obispo y al encargado del Museo de Arte Religioso con demandarlos penalmente si no entregaban la corona junto con otras 32 piezas. “El obispo llamó, hubo reunión del sanedrín a nivel diocesano y finalmente me dijeron que tenía que entregar la corona, porque ellos no se planteaban entrar en una disputa legal”, explica calmado Arteaga, y luego se altera como si estuviera en la sala donde discutió hace tres años: “¿Pero es que quién de ustedes recibió algo?, ¿cuál de ustedes firmó algún acta?, fui yo quien recibió todo eso”.

     

    A finales de diciembre de 2019, el destino de la corona fue devuelto al municipio, mismo al que Córdova había regalado siglos atrás. Arteaga batalló hasta el final, reunió 6 300 firmas para evitar que trasladaran el tesoro histórico, pero la carta escrita por José María era irrefutable, la corona era del pueblo (más bien del alcalde de turno). El custodio argumentaba que el Museo de Arte Religioso había hecho de buena manera la tarea de exhibir y cuidar las piezas, además del evidente abandono que tuvo el municipio con la corona durante más de veinte años.

     

    -¿Por qué les dio el despertar por la corona después de tanto tiempo?

    -El ego de ese tipo, ¿qué más va a ser?, responde moviendo las manos, mostrándome la obviedad de la pregunta y luego complementa:

    -Pero él quería… él quería llevar a Álvaro Uribe allá, para que visitara su museo y ahí lo tiene. ¿Ya lo vio?

    -Sí, ya estuve. Está la corona. ¿Y las otras 32 piezas?

    -Ahí tiene papito, -responde con ironía.- Están guardadas. Que para la casa de la convención, que le están escribiendo el guion desde hace cuatro años y vea que nada.

     

    Los estudiantes de Las Cuchillas de San José comienzan a marcharse lentamente, Álvaro les dice que salgan de a dos y que no interrumpan la eucaristía que acaba de comenzar. Antes les había dicho que mañana les firmaba las horas de trabajo de hoy. No hicieron nada en toda la tarde. Tal vez, el cuidador tenía razón cuando dijo que a los jóvenes no nos interesaba nada de eso. Aunque no podría culparlos, la cátedra de Historia dejó de ser una materia autónoma en 1984 y en 1994 desapareció del plan de estudios de formación básica educativa en el estado social de Colombia.

     

    No fue sino hasta el 20 de enero de 2020 que se implementó la ley 1874 de 2017, en la que se establece que Historia de Colombia debe ser obligatoria en todos los colegios del país. ¡La historia de la nación!, veinticinco años fuera del aula de clases. Me volteo y le pregunto a Álvaro por el pasado. Cierra los ojos y responde, sereno, pero con pasión: “Si no sabemos la historia perdemos nuestra identidad, y si perdemos la identidad… es tierra de nadie”.

     

     

  • ¿POR QUÉ ES TAN CONFLICTIVA LA HISTORIA DE AFGANISTÁN?

    Mariana Zapata García / mariana.zapataga@upb.edu.co

     

    Bajo el título “Afganistán: El cementerio de los imperios”, la Universidad Pontificia Bolivariana, organizó una conferencia que ofrece una perspectiva histórica de un territorio protagonista del presente, a raíz de la toma del poder por parte del movimiento talibán y los conflictos en torno a la salida de tropas extranjeras de ese país.

     

    La charla fue orientada por Claudia Avendaño y Ramón Maya, historiadores y profesores de la Universidad, quienes hicieron un recorrido por temas como la geografía de Afganistán y su papel en los conflictos recientes y actuales, los viajes de Alejandro Magno, el imperio mongol, la disputa del territorio entre el imperio británico y el imperio zarista, el papel de Estados Unidos en su historia más reciente, entre otros temas.

     

    “Es muy difícil entender la historia de una cultura si no entendemos la geografía”, la frase del profesor Ramón Maya abrió la conversación y marcó el desarrollo de la conferencia a lo largo de la cual se demostró la importancia de conocer el espacio de los hechos; sus vecindades, su importancia en el entorno y aspectos como su economía, a partir de los cuales se construye la historia. La cultura, de la religión, el papel de las mujeres en la sociedad afgana, hicieron parte de la lista de asuntos abordados en la charla sobre la lección geopolítica que viene desde Afganistán.

     

    La conferencia completa está en la página de Facebook de UPB Colombia y puede verse aquí:

     

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