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  • El dilema de comprar un libro en Colombia

    Cristian David Gutiérrez Martínez / Cristian.gutierrez@upb.edu.co  

     

    Este es el dilema de comprar un libro hoy

    Así comienza el dilema de comprar un libro hoy en Colombia. Video: Cristian Gutiérrrez.

     

    Casa Tomada es una librería bogotana que abrió en el 2008. Se definen a sí mismos como un espacio para el encuentro y la conversación en torno a la cultura del libro, y con razón: sus pasillos han sido recorridos por los más reconocidos escritores del país. Mi conversación con Ana María Aragón, directora de la librería, es interrumpida cada tantos minutos por la llegada de un lector/consumidor; aunque apenas son las diez de la mañana, y hay un librero para apoyar a Ana María mientras se desarrolla la entrevista, el flujo de compradores empieza a activarse y ella se mantiene atenta para asesorar a los visitantes en su experiencia de compra.  

     

    El escenario que observo respalda las cifras de la Cámara Colombiana del Libro que, en su último informe de 2023, reporta que las librerías físicas son, aún, con buena diferencia, los lugares predilectos a los que ingresan los libros producidos por las editoriales. No obstante, y a pesar de las buenas ventas, Ana María Aragón, que además es presidente de la Asociación Colombiana de Libreros Independientes (ACLI), percibe como una amenaza para las librerías físicas, y especialmente independientes, la irrupción en el mercado del libro colombiano de plataformas de venta en línea

     

    Estas plataformas ofrecen precios considerablemente más bajos, un catálogo más amplio de libros incluyendo títulos importados que no se consiguen en librerías colombianas, y envíos rápidos y baratos con cobertura en zonas apartadas del país. En resumen: una accesibilidad y facilidad que las librerías locales, por sus condiciones y naturaleza, difícilmente pueden ofrecer.  

     

    Varios de sus colegas en el gremio librero comparten la misma sensación, y se ancla en un debate que lleva varios años en remojo: la supuesta competencia desleal con que se posicionan estas plataformas de comercio electrónico de libros, y el paulatino hundimiento que estarían provocando a las librerías físicas e independientes.  

     

    Aunque la discusión es compleja, mientras escucho a Ana María no puedo olvidar mi posición como lector/consumidor de libros; como un joven universitario de clase media baja que acaba un libro por semana, que mensualmente separa una parte sus ingresos para abastecerse con nuevas lecturas y, aun así, a menudo pasa semanas releyendo títulos empolvados de la biblioteca, o prestando libros con amigos porque el presupuesto mensual se fue todo en una sola edición de Nadar de noche, de Juan Forn. Varias veces me he sumido en un dilema de ese orden: apoyar la librería local, aunque me quede sin plata para el tinto, o comprar más barato en internet, aún con los dilemas éticos que ello representa para mí.  

     

    Al parecer, en este panorama, los lectores/consumidores se sumen en una encrucijada. ¿En qué posición quedan los lectores en el contexto actual del mercado del libro en Colombia?  

     

    Lo bueno y lo feo de las plataformas digitales 

    Luis Miguel Mesa, conocido en redes como @ElEstanteLiterario, es booktuber, promotor de lectura y consumidor de libros. Es cliente ocasional de plataformas de comercio electrónico de libros y, por invitación de uno de sus empleados, conoce la bodega en Bogotá desde la cual Buscalibre.com despacha libros a todo el país. Aunque reconoce a las librerías como espacios únicos, se posiciona en el debate partiendo de una premisa: las librerías son un negocio y, como tales, deben promover espacios que inviten a los clientes a quedarse: “Si tú tuvieras solo libros sería muy complicado, por ejemplo nadie se sienta en la Librería Nacional, aunque sirve, para otras cosas. Son diferentes modelos, y creo que todos pueden convivir desde que sepan comunicarle al cliente qué son”.  

    En este sentido, piensa que plataformas de comercio electrónico son una opción aceptable para un sector de los consumidores:  

     

    Lo bueno y lo feo de las plataformas digitales

     

    Además, Luis Miguel explica que las plataformas digitales no solo ofrecen ventajas para los compradores, sino también para los promotores de lectura y creadores de contenido, lo cual los posiciona también como opciones favorables para recomendar a sus públicos: “Tú creas una cuenta en su programa de afiliados y a través de unos enlaces que compartes, ganas un porcentaje de las ventas que se hagan a través de ese enlace (…) si la Librería Nacional o Ex Libris hicieran algo así, yo las promovería, pero no lo tienen”.  

     

    Este fenómeno lo describe Sandra Cara, directora de Corda Ediciones, ex directora de la Universidad de las Ciencias y las Artes del Libro y profesional con más de treinta años en la industria del libro mexicana. Como parte de su profesión ha estudiado las plataformas de comercio electrónico de libros: “Surgen como una evolución natural de los hábitos de consumo (…) un cambio en la forma de ofertar por un lado, las posibilidades de acceder a los mercados o a estos puntos de distribución, pero también en los hábitos de consumo”.  

     

    Así, nuevos factores empiezan a entrar en juego al decidir una compra: “No solamente era la venta de ir habitualmente en esta zona de confort en la que cayeron las librerías, que ibas, comprabas y te salías con tu libro. Entonces surge esta opción en línea virtual en donde va acompañada de muchas cosas: va acompañada de la comodidad, va acompañada de los tiempos, la oportunidad de no tenerte que desplazar, que te lleguen en un tiempo récord, que puedas acceder a libros que están en distintos rincones del mundo y te llegan al día siguiente a tu puerta”.  

     

    Sin embargo, ventajas de las plataformas de comercio electrónico son, para algunos, competencia desleal que afecta a las librerías locales. Paula Andrea Marín es docente de la Universidad de Antioquia, ex investigadora del Instituto Caro y Cuervo y una de las mayores conocedoras de la historia e industria del libro en Colombia. Paula Andrea explica que el problema de estas plataformas en el contexto colombiano se resume, sobre todo, en un asunto de precios: “Si Buscalibre vende sus libros con un cierto porcentaje de descuento y, además, si yo supero cierto monto, ya me mandan el libro gratis a la casa. Eso deja en desventaja a las librerías independientes y a las editoriales independientes”.  

     

    Como explica Sandra Cara, es un círculo vicioso que excluye una y otra vez a los actores más pequeños de la cadena del libro, incluyendo también a las editoriales:  

     

    Los que quedan por fuera de la cadena del libro

     

    A menudo los lectores escogerán la opción que mejor se ajuste a su bolsillo, aun siendo conscientes de las implicaciones detrás, como explica Luis Miguel Mesa: “Al final, al consumidor siempre le interesa la conveniencia, sobre todo en situaciones donde el libro no es un objeto de primera necesidad”.  

     

    En este contexto, ¿cómo asegurar una competencia justa y equitativa entre todos los actores de la cadena del libro? Ana María Aragón y Paula Andrea Marín coinciden: una Ley de Precio Único del libro. Paula Andrea, que como investigadora del Instituto Caro y Cuervo trató el tema, explica de qué se trata:  

     

    ¿Cómo asegurar una competencia justa y equitativa entre todos los actores de la cadena del libro?

     

    En su opinión, la Ley de Precio Único, que se ha propuesto fallidamente en Colombia y ya existe en países como España, Argentina y México, favorecería a todos los actores porque implica que las editoriales deben fijar un solo precio para todos sus clientes, de modo que la librería pequeña que compra 10 ejemplares pueda ser igualmente competente que la plataforma grande que adquiere un lote de 1.000. A partir de ese escenario, cada librería o plataforma decidiría cuál es su agregado para ser competente: cómo promocionar el libro, cuál es el margen de ganancia o cómo gestionar sus envíos.  

     

    De esta manera, la discusión sobre las librerías físicas y las plataformas de comercio electrónico ya no estaría alrededor de la supuesta competencia desleal sobre los precios, sino que cada actor elegiría dónde y cómo comprar de acuerdo con sus gustos y necesidades particulares. Pero, entonces, en un contexto hiperconectado, y en el que la pandemia aceleró la digitalización de los comercios de todo tipo, ¿qué función cumplen las librerías físicas? 

    Librerías, animales raros, mutables, valiosos 

    Sobre su novela, El último Día de Terranova, que cubre la historia de una librería con más de sesenta años que está a punto de cerrar, decía el escritor Manuel Rivas que “Hay mucha gente que vive sin libros y no les pasa nada, pero la ciudad no existiría sin librerías. Las librerías son una metáfora del lugar humano, en el que se da la relación presencial”.  

     

    Al enunciarlo, Rivas pone sobre la mesa la naturaleza histórica de las librerías, que producen y guardan, en sus libros y conversaciones, buena parte de la cultura literaria que se desarrolla en una ciudad. Estas palabras decoran a Ítaca Librería, un espacio que es y a la vez no, que se sale de la convencionalidad de la industria librera en Colombia y del que Rodnei Casares, su creador, hizo un espacio que conserva la razón primigenia de las librerías, sin hacer oídos sordos a las tendencias del mercado y deseos del consumidor actual.  

     

    Con Rodnei converso en Laureles, en una de las salas de la Casa Cultural Tinto de Verano, en la que coexisten varias iniciativas culturales, incluyendo la sede física de Ítaca. Por lo demás, el encuentro podría darse en el Centro, en el Pasaje La Bastilla; o en San Ignacio, en la Librería de la UdeA; incluso vía Internet, donde nació su librería. Su lema es “Somos la nueva forma de recorrer una librería”, y la razón está en que Ítaca no existe en un solo lugar, sino allí donde estén los lectores: por eso, en su nacimiento, era una librería exclusivamente virtual; por eso su servicio insignia no es la venta de libros, sino tours por librerías del Centro de Medellín y el Oriente Antioqueño.

     

    Detrás de esa idea, a la que periódicamente asisten decenas de curiosos, está la innovadora convicción de que actualmente, para una librería física, el libro no se comercializa solo por ser libro, sino por la magia que los espacios pueden impregnar en ellos.  

     

    “No sé, han sido más de treinta, ya no sé cuántos he hecho, lo que sí sé es cuántas personas han venido, y hasta el día de hoy se han sumado más de mil personas a esos tours (…). Eso habla de una comunidad a la que le interesa ir a librerías, no solamente les interesa ir a mirar, a conocerlas, sino a comprar, porque la mayoría de esa gente consume no en una sino en varias de las librerías que visitamos”, comenta Rodnei. Ello, dice, comprueba que no todos los lectores/consumidores actuales están interesados en comprar a través de plataformas digitales, sino que hay un sector del mercado que aún se interesa en vivir la experiencia de la librería física.  

     

    Es en este sentido que aparece aquello que podría nombrarse como “valor agregado” y que propicia que las librerías físicas, especialmente las independientes, ya no sean solo puntos de venta, sino, en palabras de Sandra Cora, “centros culturales”, en los que se presenta programación de todo tipo, manteniéndose competentes y atrayendo a nuevos públicos. Rodnei Casares lo explica:  

     

    Otras formas de atraer público a las librerías

     

    Además de la oferta cultural, la adecuación de los espacios y la ampliación de los productos que ofrecen, uno de los grandes retos que enfrentan las librerías físicas es promocionar y expandir su oferta a través de canales digitales. Rodnei Casares cita a Buzk.co como el mejor ejemplo de una librería colombiana que logró expandirse a través del marketing digital y el posicionamiento de marca. Las librerías, como cualquier otro negocio, dice Rodnei, deben conectar con el lector/consumidor desde sus elementos identitarios.  

     

    Además, el diseño de plataformas para comercializar libros online y enviarlos a distintas zonas del país es primordial. Aunque la mayoría de las librerías implementaron canales digitales a partir de la pandemia, muchas aún poseen catálogos deficientes, desactualizados y con poca usabilidad. Un sistema unificado de información sobre librerías, titulado “Colombia Lee”, pretende contribuir a la solución de este problema, pero aún está en desarrollo.  

     

    Una buena parte del gremio librero está dispuesto a hacer las actualizaciones necesarias para que las librerías físicas continúen siendo competentes, aunque aún existen resistencias por parte de algunos actores. Por ejemplo, una investigación publicada por Paula Andrea Marín y Ana María Agudelo en 2022, arrojó que aún algunas librerías no programan eventos culturales, ni ofrecen talleres o clubes de lectura, ni poseen un café que invite al cliente a permanecer en el espacio.  

     

    Reflexiones como estas son especialmente relevantes en un contexto como el colombiano, en que hay apenas una librería por cada 78.910 habitantes, estando la mayoría concentradas en corredores comerciales-educativos-culturales que a veces no son accesibles para algunos sectores de la población. Esta realidad contrasta con ciudades libreras como Madrid, en donde, según investigaciones realizadas por Paula Marín, hay una librería en cada barrio. Paula, Rodnei y Sandra coinciden en que esfuerzos comunes entre colegas serían fundamentales para promocionar e incentivar las librerías físicas. Espacios como el Encuentro Nacional de Librerías, en el marco de la 18.ª Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, pueden contribuir en este objetivo. 

     

    Las librerías, como lo propuso Manuel Rivas, son y seguirán siendo lugares importantes y concurridos, en donde discurre buena parte de la vida cultural de la ciudad. Pero las dinámicas que proponen las tecnologías digitales, y que se impulsaron con la pandemia, exigen transformaciones para las librerías tradicionales. Casos como el de Ítaca Librería son ejemplos de una innovación en la oferta que se traduce en mayor competitividad. Ahí hay una clave para los lectores/consumidores: escoger la librería/marca que mejor se ajuste a los deseos y necesidades propios. Sin embargo, quedan aún preguntas en remojo, ¿qué posición tomar frente a la competencia desleal? ¿Cómo conjugar todos estos factores para tomar una única decisión de compra? 

    Comprar un libro: un dilema personal y subjetivo, siempre 

    Hace un par de años encontré, en el catálogo virtual de una librería local, un libro ilustrado que me interesaba. La edición original del libro es japonesa, y fue traducido al español por una editorial mexicana sin filiales en Colombia. Pensé: aquel libro recorrió miles de kilómetros para llegar a esa librería en particular y, así, posiblemente terminar en mis manos.  

     

    Cuando me contacté con la librería, supe que los títulos que incluían en su catálogo digital no necesariamente estaban en stock, sino disponibles bajo pedido. La librera me explicó que habían encargado un lote de libros importados que incluían aquel que yo buscaba, y prometieron avisarme cuando llegara. Los libros ilustrados, aunque pequeños, suelen ser más caros que los demás; además, por ser una librería independiente, suelen hacen pedidos pequeños que les impiden ofrecer descuentos. Ambos factores provocaban que el libro se encareciera, pero permanecí a la espera, con la intención de comprarlo particularmente en ese lugar.  

     

    Las semanas pasaron y el mensaje no llegó. Por pura curiosidad busqué el nombre del libro en Internet: El-gato-que-buscaba-un-nombre. Encontré un par de librerías bogotanas que también vendían el libro: entre el precio base, los costos de importación y el envío a Medellín, el precio se elevaba a un punto que yo no podía costear. Entonces, encontré un sitio que, en todo, simulaba la estética de plataformas como Amazon y Mercado Libre, pero exclusivamente dedicado a libros. El precio era el mismo que en la librería independiente que consulté al comienzo, pero el libro estaba en stock y llegaría a mi casa en menos de veinte días. Antes de eso, me había encontrado un par de veces con publicidades de Buscalibre, pero nunca les presté suficiente atención. Únicamente cuando mis necesidades de compra lo requirieron, me dirigí hacia ese servicio hasta entonces desconocido.  

     

    Esta historia resume la posición con que, como lectores/consumidores, asumimos la variedad de ofertas que existen en la industria del libro colombiana: elegimos la opción que mejor se ajuste a nuestros deseos e ideales, pero también aquella que resuelva nuestra necesidad puntual. Paula Andrea Marín que, además de investigadora, es lectora/consumidora, lo explica así: “A veces tenemos mucho miedo de Buscalibre o de Amazon, pero nos olvidamos de que tanto las plataformas como los lugares físicos cumplen con funciones diferentes, y cada persona, me incluyo, tiene libros que puede comprar por Buscalibre y libros que puede encontrar en la librería física (…). Diversificamos nuestro consumo de libros dependiendo de nuestra economía, de nuestra facilidad, de en qué momento de la vida estamos…”. 

     

    En el fondo, un problema que continúa latente es el de la competencia desleal. Si un factor tan importante como el precio está en permanente desigualdad, aunque las demás librerías implementen estrategias de otro tipo, difícilmente habrá competencia justa. En Colombia se ha intentado impulsar una Ley de Precio Único en varios momentos, pero nunca ha llegado a buen puerto, en parte por la oposición de algunos actores en la cadena del libro. Paula Andrea Marín piensa que esa resistencia tiene que ver, en parte, con una confusión por parte de algunos agentes de la red editorial, que malinterpretan esta ley como una imposición en que las editoriales no podrían cambiar el precio de un libro en ningún momento.  

     

    Aunque esa puede ser una de las razones, lo cierto es que un taller de discusión adelantado por el Instituto Caro y Cuervo muestra que existen también argumentos de otro tipo: algunos encuentran imprecisiones y fallos en la formulación de las leyes y, sobre todo, piensan que una Ley de Precio Único no solucionaría ninguno de los problemas de promoción de lectura que sufre el país. No apunta a un problema cultural ni educativo, sino exclusivamente comercial.  

     

    Sandra Cara, que es editora y académica en México, donde ya se implementa una Ley de Precio Único del libro, ofrece una perspectiva interesante: no basta con una ley, debe haber también veeduría gubernamental, ciudadana y gremial: “El precio único es algo que existe, que se da, pero que coexiste con las prácticas desleales.

     

    Desgraciadamente existen, aunque son vistas, aunque son visibilizadas, no son reguladas de la forma en que se tendrían que regular”. Así, Sandra concluye con que no solo debe haber leyes, sino iniciativas políticas de varios tipos que permitan subsistir a los actores más pequeños de la cadena.  

     

    Si el problema, como lo testimonia Sandra Cara, no se soluciona únicamente legislando, sino también asumiendo una postura desde la praxis, entonces nos adentramos de lleno a un último factor que como lectores/consumidores deberíamos tener en cuenta: asumir una posición ética al comprar libros. Ana María Aragón, como librera, sentencia con sobriedad que el lector/consumidor debe elegir siempre la opción que favorezca la la diversidad y la competencia leal. Luis Miguel Mesa en cambio, como booktuber, asume una posición distinta: cada uno elige sus propias luchas, y como lectores/consumidores no estamos en la obligación de asumir la lucha de la competencia justa, especialmente en un contexto en el que el libro es un producto poco asequible.  

     

    Lo cierto (y en eso, en general, coinciden casi todos los entrevistados) es que cada lector/consumidor es libre de elegir de acuerdo con su propio razonamiento. El reto para las librerías de cualquier tipo es implementar estrategias para atraer públicos teniendo en cuenta los criterios mencionados. ¿Y los lectores? Es sencillo: al final, cada uno decide dónde y de qué forma comprar.  

     

  • El plan de leer en Medellín

     

     

    Paola Cañas Tamayo / Daniela Uribe Naranjo

     

    En la oferta cultural de Medellín numerosos proyectos promocionan la lectura y la escritura en la población joven. Se destacan el Sistema de Bibliotecas Públicas, los Eventos del Libro y, por supuesto, su respectiva política pública: el Plan Ciudadano de Lectura, Escritura y Oralidad (Plan LEO).

     

    Las palabras fueron el tema de la Fiesta del Libro en 2021. Fotografía: Paola Cañas.

     

    Los colores de los libros resaltan entre los tonos neutros de la madera de las repisas, las luces cálidas acompañan el ambiente sugiriendo una lectura creativa y experiencial con todos los sentidos. Entre la diversidad de propuestas por vivir aventuras lectoras se asoman las invitaciones para relatar lo que se siente pues, usualmente, después de leer se busca escribir desde una perspectiva propia del mundo, ejercitando la capacidad para transmitir ideas en el papel y en voz alta.

     

    La aventura más visible suele ser la Fiesta del Libro, que este año realiza su edición número 16. La fiesta, un concepto dado para enfatizar en la promoción de la lectura más que en la venta de libros, se ve reflejado en el ambiente que ya es famoso entre los visitantes al Jardín Botánico y a los demás Eventos del libro, reconocidos por incluir talleres, carpas (una de ellas el bibliocirco de Comfenalco), el cuentódromo y lecturas en voz alta; así como una gran variedad de conferencias, charlas, conversatorios y lanzamientos de libros.

     

    Desde 2019 el principal de los Eventos del libro ocupa 184 000 m², que incluyen los espacios de Carabobo, Parque Explora, Parque de los Deseos o de la Resistencia y el Centro Cultural de Moravia, así lo explicó Sebastián Trujillo, subsecretario de Bibliotecas, Lectura y Patrimonio, quien comenta que en ese mismo año asistieron 500 mil personas. En 2020, el evento se realizó de forma virtual, debido a la pandemia del Covid-19, y aún así alrededor de 303 mil personas se conectaron e interactuaron en las transmisiones. En 2021, las actividades se limitaron solo al Jardín Botánico por la crisis económica que todavía golpea al país y a las finanzas de los eventos públicos.

     

    Según Trujillo, la apuesta de Medellín por convertirse en una ciudad lectora empezó con el establecimiento del proyecto Parques Biblioteca hace más de 15 años. Los Eventos del Libro también hicieron parte de este interés, pues desde el 2007 la Alcaldía decidió realizar un espacio similar a una feria del libro.

     

    Los otros dos eventos son la Feria Popular Días del Libro en el barrio Carlos E. Restrepo y la Parada Juvenil de la Lectura. Los Eventos del Libro son liderados actualmente por Ana Piedad Jaramillo, con un equipo de trabajo que durante todo el año estructura estrategias para acercar a la ciudadanía con la lectura y la escritura.

     

    Otra de las grandes apuestas, que es constante durante todo el año, es el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín. A pesar de que el sistema como tal fue constituido hace relativamente poco, con el Acuerdo 048 del 2006, desde el siglo XIX, exactamente en el año 1870 se creó la Biblioteca Pública del Estado, según la cronología presentada por la página web de LEO.

     

    Salón La Piloto durante la Fiesta del Libro y la Cultura en 2021. Fotografía: Paola Cañas.

     

    En total, el Sistema de Bibliotecas Públicas cuenta con 36 unidades de información, de las cuales 22 son consideradas bibliotecas y, con la consolidación del Acuerdo 048, son administradas por la Biblioteca Pública Piloto, una entidad descentralizada del orden municipal, fundada en el año 1952 por la Unesco y el Gobierno colombiano. La Piloto cuenta con otras cuatro filiales en San Javier – La Loma, Campo Valdés, San Antonio de Prado y Castilla.

     

    Todas cuentan con diferentes servicios, incluso actividades itinerantes, la más reconocida en este sentido ha sido la Biblioteca España, pues al no contar con una infraestructura, su equipo de trabajo se ha puesto en la tarea de llevar la lectura a diferentes lugares.

     

    Por su parte, el Plan Ciudadano de Lectura, Escritura y Oralidad (Plan LEO), es una política pública que acompaña los proyectos que pretenden relacionar a la ciudadanía con actividades lectoras. Así mismo, de este ecosistema LEO hacen parte todas las organizaciones orientadas al tema, todo emprendimiento, fundación, biblioteca, editorial y evento.

     

    También desarrolla proyectos como el Fondo Editorial, que publica libros ganadores de becas, el Seminario Abierto del Observatorio de Lectura y los estímulos de literatura que se otorgan para novelas, cuentos, poesías, textos periodísticos, ensayos y novelas gráficas, y hasta para las bibliotecas comunitarias. Según el subsecretario, este año los estímulos para las organizaciones son de 480 millones de pesos.

     

    El órgano que asesora a esta política pública es el Comité Interinstitucional del Plan Ciudadano de Lectura, Escritura y Oralidad, compuesto por 24 aliados, algunos de ellos son: la Escuela Interamericana de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia, la Biblioteca Pública Piloto, la Universidad Pontificia Bolivariana, las cajas de compensación Comfama y Comfenalco, Fundación Ratón de Biblioteca, Prensa Escuela, el Sistema de Bibliotecas Públicas y los Eventos del Libro.

     

    Natalia Duque, profesora de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia y miembro del Comité Interinstitucional del Plan LEO, resalta que el interés de la ciudad por la promoción de la lectura y escritura no es reciente. Duque explica que el fomento de la lectura viene desde los años 70 e incluso menciona a las lecturas en voz alta que realizaba María Cano (1887-1967) a quienes no sabían leer, un ejercicio que cuenta como promoción de lectura.

     

    Carpa de la Escuela Interamericana de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia, unidad académica que desde 1956 se encarga de fortalecer el desarrollo de las bibliotecas, la lectura, los archivos y la cultura de la información en la ciudad. Foto: Daniela Uribe Naranjo.

     

    Por otro lado, Didier Álvarez, profesor asociado de la Universidad de Antioquia y exmiembro del Comité Interinstitucional del Plan LEO, quien evidenció el desarrollo de las bibliotecas por 40 años, afirma que el ámbito bibliotecario ha tenido un papel importante en el impulso de iniciativas de lectura, escritura y, de forma reciente, la oralidad. El profesor ha sido bibliotecario desde 1979 y comentó un poco del desarrollo que ha visto en la ciudad.

     

    Para la década del 70 se crearon las bibliotecas de las cajas de compensación, primero Comfama y luego Comfenalco, quienes iniciaron el movimiento bibliotecario público. Sobre todo Comfenalco, que instaló un modelo moderno y exitoso que puso a la ciudad en una sintonía cosmopolita respecto a lo que se estaba haciendo internacionalmente. Después, a mediados de los 80, se desarrollaron las bibliotecas escolares y se creó la primera red de bibliotecas público – escolares del municipio, que después pasaron a formar parte del sistema actual.

     

    Resalta que el Comité es una instancia política de discusión, no un espacio en el que se deben evidenciar los juegos de poderes y en ese argumento se apoya para sostener que una de sus falencias es centrar todo el apoyo a los Eventos del Libro, pues sostiene que las organizaciones que establecen acuerdos de cooperación con la municipalidad deberían ser las encargadas, mientras el Comité se centra en su tarea política de asesoramiento.

     

    Así mismo, comenta que el Plan LEO necesita discutirse constantemente, desde perspectivas políticas, pedagógicas, estéticas y éticas. Destacó que la pandemia supuso numerosos retos como el de continuar con los proyectos que se han establecido para acercar a los jóvenes con el lenguaje. «Las bibliotecas públicas y escolares deben renovar las relaciones con los jóvenes. Es hora de poner en discusión lo que hacen las bibliotecas con este público», sostuvo.

     

    Talleristas de Prensa Escuela liderando actividades de conversación con jóvenes en la Fiesta del Libro y la Cultura. Foto: Paola Cañas.

     

    Técnicas de seducción

    Prensa Escuela, un proyecto que hace parte del Comité Interinstitucional, es liderado por El Colombiano como uno de sus programas de responsabilidad social, cuyo objetivo es formar a la ciudadanía de forma responsable, por medio del uso adecuado de la información de actualidad; así lo expone Clara Tamayo, una de las coordinadoras, quien resalta que es fundamental que un maestro pueda contextualizar los procesos de aprendizaje de sus estudiantes por medio de contenidos periodísticos.

     

    Este programa surgió en Colombia en el año 1993 como una iniciativa de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación y la Cultura (OEI) apoyado por el Ministerio de Educación y de lo que en ese momento era la Asociación Nacional de Diarios de Colombia, que hoy es la Asociación de Medios Informativos.

     

    Actualmente, la realización de talleres con la comunidad estudiantil, es una de las principales estrategias desarrolladas gracias al apoyo de la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad de San Buenaventura.

     

    Tamayo también comenta que el reto más grande que tienen es brindar elementos a los jóvenes para que construyan sus propios criterios, resaltando la importancia de hacerse responsable de lo que se opina. «La información juega un papel fundamental en el proceso de formación política de una persona, el reto es cómo hacerlos conscientes de eso».

     

    La empatía también juega un papel fundamental en este proceso de formación, debido a que por medio del conocimiento de historias diferentes, que se comparten en los medios de comunicación, se pueden comprender las situaciones diversas a las que se enfrenta una persona, lo que genera una mayor conciencia de las dificultades y problemáticas evidenciadas en la ciudad.

     

    Complementando con la lectura crítica que propone Prensa Escuela, Tatiana Sierra, promotora de lectura de Comfama, expresó con entusiasmo la necesidad de no solo leer libros, sino leer el entorno y el mundo en general. Desde Comfama y, de hecho, desde las bibliotecas del sistema proponen una lectura del cine, de las personas, del ambiente e, incluso, de parar un momento para mirar las formas de las nubes, también como una forma de leer.

     

    Así mismo, comentó sobre su experiencia dando talleres en los colegios: «A mucha gente no le gusta leer y les da pena confesarlo (…), les pregunto a los chicos y chicas a quién le gusta leer y el 80 % levanta la mano, yo les digo: “No, relajados, de verdad”, y quedan tres con la mano levantada. Se debe desestigmatizar eso, porque yo siento que leer es como una cosa que se ve muy alta para los intelectuales», planteó Sierra.

     

    Una de las tácticas es acompañar a las personas, si a la gente no le gusta leer, le preguntan las razones y piensan en qué hacer para que lea y no solo libros, sino desde otras maneras, comprendiendo que cada quien tiene su ritmo y sus propios gustos.

     

    Por ello, cuentan con diferentes actividades que pretenden aproximar a los jóvenes con el mundo de la lectura, como los clubes de cine, tertulias, clubes de poesías, costureros, la Biblioteca Móvil que se desplaza por varios municipios, las bibliotecas humanas, que permiten el espacio de conversación con personas conocedoras de los libros y clubes de lectura crítica de la prensa.

     

    Por otro lado, explicó que una de las estrategias que más les ha funcionado han sido los bonos de lectura, los cuales permiten a los beneficiarios de la caja de compensación comprar libros con descuentos, el valor que se brinda es de acuerdo con la categoría a la que se pertenezca y pueden reclamarlo en Eventos del Libro, donde Comfama hace presencia.

     

    Una mirada similar ofrecen Ana Carolina Montoya y Elizabeth Matallana, promotoras de lectura de la Biblioteca Pública Piloto. Elizabeth, quien ha trabajado con niños y adolescentes, comentó: «Hemos pensado que la lectura no puede ser un asunto reservado para unos pocos de una manera quieta, inmóvil, aburrida, sino que siempre hemos pensado que la lectura debe ser un asunto de experiencia».

     

    A su vez, Ana Carolina Montoya narra una de las dinámicas que hasta ahora les ha funcionado mejor: «Lo que hacemos en los clubes de lectura es que cuando vamos a abordar, por ejemplo, una crónica, hacemos que esa crónica que los chicos leen trascienda a experiencias de exploraciones vitales. Si leímos algo sobre los mercados que hay debajo la estación Prado del metro, además de leerla, ir a visitar ese lugar, para que este atraviese los órganos de nuestros sentidos, lo visual, lo olfativo, el tacto, lo auditivo y conversar sobre lo que les llamó la atención».

     

    Explica que también invitan al escritor de la crónica, que es algo que impacta mucho a los jóvenes, pues el texto deja de ser algo abstracto y hace que piensen: «Yo viví un montón de cosas con este texto y me proporcionó un montón de cosas, de exploraciones que no se me van a olvidar y que pude conocer más de mi ciudad, de su idiosincrasia a partir de esa crónica».

     

    Por supuesto, cada público tiene sus características y retos. En cuanto a las dificultades de trabajar con el público joven, Tatiana Sierra manifiesta que es complejo captar su atención, pero argumenta que se debe a la transición de edad. Elizabeth Matallana resalta el aspecto de la constancia, pues un club de lectura puede comenzar con quince adolescentes, pero a las sesiones solo asisten de a cuatro, cinco o seis y no siempre son los mismos.

     

    Sobre el tema, la psicóloga Lina Medina, quien trabaja con adolescentes en la Institución Educativa Presbítero Juan J. Escobar, explica esta transición que se vive en la juventud. En un primer momento, hace alusión a los cambios hormonales y físicos, además de que en la adolescencia se crean nuevas estructuras neuronales, por lo que psicológicamente comienzan a tener un pensamiento más crítico, porque captan más información de su entorno y la procesan mejor.

     

    Es una etapa compleja porque están aprendiendo todo el tiempo y sus cambios los lleva a tener emociones muy variadas en un solo día. Adicionalmente, se debe mencionar que la adolescencia no es igual para todos, para algunos puede ser temprana o tardía, así que ni los mismos chicos crecen al mismo tiempo.

     

    Igualmente, Medina identifica a las actividades de lectura y escritura como componentes importantes a la hora de realizar terapia psicológica. Por un lado, la lectura desarrolla la inteligencia, ayuda a adquirir vocabulario y, por lo tanto, será más fácil para la persona expresar una emoción o un deseo. Con la escritura se tiene un esfuerzo mayor, pues es más complejo y refuerza el desarrollo neuropsicológico. Así mismo, Lina le recomienda a sus pacientes lecturas que pueden ir de acuerdo con su situación para que reflexionen sobre su propia vida y, a veces, cuando es difícil expresar en voz alta lo que quieren decir, acudan a la escritura.

     

    Si bien alentar a los jóvenes a participar de las actividades puede ser complejo, no significa que no se interesen por las mismas. De hecho, Ana Carolina Montoya y Elizabeth Matallana mencionaron algunas de las estrategias que les han funcionado para que los adolescentes se sientan más atraídos.

     

    En primer lugar, es importante conversar sobre sus intereses para identificar qué temáticas les gustaría explorar o profundizar. «Hemos encontrado que les gusta mucho el manga y establecen así su estilo de vida, desde su estética, su apariencia y algunas formas de comunicarse», describe.

     

    Además del manga se sienten atraídos por el terror, la ciencia ficción y la novela policíaca, aunque no son los únicos temas y cada quien tiene sus particularidades. En concordancia con lo anterior, en la Piloto abrieron el Club de Lectura Medianoche, precisamente para tratar las temáticas. El club se reúne los jueves a las 7:00 p. m. con sesiones virtuales y presenciales.

    La virtualidad se volvió un nuevo escenario de los Eventos del Libro. Captura de pantalla durante una conversación sobre la literatura de Carolina Andújar, el 16 de septiembre de 2021. Foto: captura por Daniela Uribe.

     

    Durante la sesión del Club de Lectura Medianoche, liderada por Cristian Jaramillo de Fantasmagoría, se discutió sobre bandas de rock, metal y punk, hasta teorías de conspiración, como por ejemplo, que Kubrick grabó el aterrizaje falso a la Luna. Esto último animó a los jóvenes a participar de la conversación. Una de las reflexiones que realizó Jaramillo es que el terror es más que saltar en el asiento, sino también hacer sentir incomodidad, así como también existen diferentes experiencias con el horror: «¿Cómo nos va a dar terror lo anglosajón, un Michael Myers, cuando se escucha que aquí en el Éxito estaban picando gente?», planteó.

     

    Como se ha podido evidenciar, existe una gran diversidad de metodologías y propuestas para promocionar la lectura y la escritura en todas las edades, desde la sala infantil hasta proyectos como los Abuelos Cuenta Cuentos del Sistema de Bibliotecas. En la misma medida funciona para los jóvenes, que, de acuerdo con varios de los entrevistados, son actividades de mucho valor para estos, aunque ninguno tenga una herramienta de medición o cifras en las cuales sustentarse. Incluso, el subsecretario comenta que especialmente en los Eventos del Libro es imposible desagregar el público de tal forma, pero que sí perciben un gran interés por parte de los adolescentes.

     

    La Fiesta del Libro y la Cultura también promueve espacios de relacionamiento entre los actores del sector de editorial. Foto: Paola Cañas.

     

    Finalmente, Ana Carolina Montoya habla de uno de sus más grandes objetivos: buscan que los jóvenes tengan otra fuente de información y comiencen a construir su propia conciencia crítica. Señala que: «Un joven que lee sabe cómo están manejando sus comunidades, entonces empieza a conocer su historia, causas y efectos. Lo más bonito es que empieza a verse en un espejo muy particular, como a conocerse a sí mismo en unas proporciones que no le ofrecerían otros medios».

     

    ¿Cuál es el movimiento independiente

    que hay en Medellín en torno a los libros?

     

     

     

     

  • Leyendo a La Bastilla

     

    A lo largo de su historia, el Pasaje La Bastilla se ha configurado como un importante espacio dentro de la vida comercial y cultural del Área Metropolitana. Muchas cosas se han leído en La Bastilla, empezando por los libros que allí habitan; sin embargo, como si de un texto se tratase, aún no se ha intentado leer a la misma. A través de un recorrido por alguno de sus personajes y escenarios más icónicos, intentamos encontrar lo que La Bastilla es.

    Cristian David Gutiérrez Martínez e Iván Enrique Vega Díaz / Cristian.gutierrez@upb.edu.co , ivan.vegad@upb.edu.co

     

    El Metro, el tranvía, La Oriental

    Para llegar a La Bastilla, son dos los medios de transporte más convencionales. Por un lado, algún colectivo tomado desde cualquiera de los rincones de la ciudad o del Área Metropolitana; en este caso, los buses suelen detenerse en algún lugar de la larga Avenida Oriental, lugar por excelencia de vendedores ambulantes, habitantes de calle y borrachos. Así, caminar por la Oriental, pedir un buñuelo de quinientos pesos, tomarse un perico o dejarse tentar por los calentados mañaneros que ofrecen las panaderías cercanas, es parte fundamental de la experiencia de La Bastilla.

     

    La otra forma es bajarse en el Metro y caminar hasta la calle en cuestión. El tranvía y el metro son, específicamente, los medios que se pueden utilizar en este caso. La estación San Antonio, lugar donde es necesario bajarse, es la más concurrida de todo el sistema Metro; por ello, bajarse o subirse allí significa dar empujones, codazos y palmadas para lograr escabullirse entre los demás pasajeros aprisionados. Una vez fuera del vehículo, el aire del Centro es totalmente perceptible: señoras con bolsas de confites, carritos de frutas y vendedores de ropa de dudosa calidad dominan el paisaje. La estación San Antonio posee algo de belleza por sí sola; la arquitectura es imponente, las personas filan (a veces) como hormiguitas atemorizadas. Una vez fuera del Metro, La Bastilla está a un par de cuadras. Es solo necesario seguir la línea del tranvía que antes habíamos montado para llegar a ella. En este caso, el trayecto es un poco más de lo mismo; calor, bullicio y el gentío caminando hombro a hombro. En este sentido, vivir La Bastilla es también caminar por el centro, sentir el sofoco del Metro, percibir el aroma de los mangos con sal expuestos al sol. Sí, para leer La Bastilla hay que, primero, leer un poco de la ciudad que esta habita.

     

    Adentrarse

    Al ser una calle sin fin, como los libros que acá albergan, La Bastilla tiene dos entradas: por la calle 50, y la avenida Ayacucho. Por la 50, y así la llamaremos, sólo hay un teléfono público. Por Ayacucho es un pasaje entre dos tiempos: las mencionadas baldosas lisas, y el suelo cementado y rugoso. Una calle y otra; la que ha aceptado nacer, y la que se niega a morir.

     

    Transeúntes

    Por su ubicación y su cercanía con otros importantes lugares de la ciudad, en ella los transeúntes son sobre todo personas de paso; señores del común que se adentran en la calle, reciben un par de invitaciones, echan un vistazo al entorno poblado de libros y terminan saliendo por el otro extremo. En eso se resume la experiencia de La Bastilla para muchos: una calle bonita que, una vez atravesada, te deja frente al tranvía.

     

    También están, claro, los visitantes casuales. Esos que vienen por primera vez, o los que ya se conocen todo el centro y se arriman con una cara disgustada a buscar el librito para sus hijos, el texto que tal profesor exigió o el diccionario que dejaran tirado en un rincón de su cuarto. Porque sí, La Bastilla hace parte del imaginario colectivo del Valle de Aburrá y quizás de todo Antioquia. ¿Busca libritos baratos? Vaya al centro y pregunte por La Bastilla. ¿Tiene que comprar una Constitución? En el Centro Comercial del Libro lo consigue fino. ¿El niño se graduó y dejo algunas guías para vender? Vaya a ese rinconcito, allá le dan un buen botín. Todos han estado en La Bastilla, han oído hablar de ella o lo harán, más pronto que tarde.

     

    Entre cafetines

    El paisaje en La Bastilla es, en su mayoría, de cafeterías y quioscos; algunos hay echados a su suerte, restaurantes como El sazón de la bastilla luchan consigo mismos, pues en La Bastilla poco se llena el estómago. El cerebro, y en algunos su corazón, son frascos que se colman con letras, cafés y cigarrillo.

     

    Primero, el olor a libro

    La Bastilla es un escenario de ensueño para cualquier escritor latinoamericano. El realismo mágico y el aroma a libro brotan en sus paredes. Aquí, el libro no es un objeto sagrado, por mucho que sea protagonista y desde el comienzo se perciba: libros regados por todo el camino dominan el paisaje. Rotos, descosidos, manchados, salpicados de barro. Los vendedores toman los libros sin ninguna delicadeza y los descargan en cualquier lado, generando sonidos fortísimos, conmoviendo a todo aquel que ve en este objeto más que hojas con rayones. Es, en definitiva, como caminar por un mar de letras.

     

    Entre esta marea destacan un grupo de robustos libros apenas contenidos en cajas desfondadas. A simple vista, se observan algunos libros académicos, didácticos, literatura clásica, algo de filosofía; algunos, buenos títulos.

     

    Libros tirados a lo largo de la calle del Pasaje La Bastilla. Foto: Iván Vega.

     

    Por allá llama un joven. Con los brazos cruzados y la mirada relajada, invita a mirar sin compromiso. A este improbable vendedor se le entabla charla fácilmente. Cuenta que todos esos libritos aparentemente abandonados los vende él. No tiene una librería, ni siquiera un espacio en el andén para tirar sus libros sobre una alfombra. Cuando puede, riega su material a lo largo de la calle; cuando no, hace lo mismo, pero en uno de los lugares aledaños. Todos esos títulos los recolecta en los barrios, muchas veces regalados; dice que, a veces, hay libros en muy buen estado y la gente piensa en botarlos, pero él los rescata. Debe haber algo de poético en eso, una calle llena de libros que impiden el paso, libros que pudieron ser basura, pero, ahora, siguen siendo libros a la espera de un próximo dueño. Un libro, más que decoración, debe ser conocimiento vivo y rotativo.

     

    Qué representativa situación. En La Bastilla no se le rinde culto al libro, pero, literalmente, está invadida por la presencia de él. Se respira, se siente, se huele. De esta calle mana olor a libro.

     

    La librería París

    La librería Paris es la principal fuente de publicaciones literarias, económicas, pornográficas y matemáticas. Entrar es dificultoso. Dos mesas repletas; una con ochenta (80) ediciones de Malpensante y cientos de revistas de diversos intereses; otra con libros, en su mayoría de crecimiento personal, ciencias exactas y alguna que otra novela de calidad cuestionable. Al pasar por dichos impedimentos, el espectador se sitúa ante lo que se presenta: cuatro pasillos formados por largos anaqueles, donde se encuentra una sucesión cuasi infinita de libros perdidos de casi todos los autores posibles. Su orden es azaroso. No tiene la minuciosidad de un bibliotecario, pero es cercano, claro, porque tienen algo parecido.

     

    El olvido y la memoria han sido tema de grandes obras literarias. El infortunio del primero, y la grandeza del segundo, se ven reflejados en la librería. La capacidad, acaso un don, de recordar todos los títulos solo la tiene una señora, cuyo nombre prefiere no dar. Dicha mujer se ha acoplado en el espacio con la perfección todas las cosas matemáticas. Conoce los libros, casi como si le pertenecieran, o incluso como si ella fuese uno.

     

    El Centro Comercial del Libro y la Cultura

    Del otro lado de la calle, un cartel de la alcaldía de Medellín anuncia el Centro Comercial del Libro y la Cultura. Las puertas metálicas, verdes y semi recogidas, hacen saber que ese lugar no es para todo el mundo. Los libros son los protagonistas, cuya grandeza puede ser meritoria de una etnografía: la condición humana, su grandeza individual y en sociedad, todo ello se encuentras en ese objeto. Pero ese es tema para otro día. El ambiente dentro del comercio es especial. Las personas allá actúan diferentes, y piensan que quienes entran a La Bastilla son iguales: queremos libros, y ellos los tienen. Dicha razón, fundamentada en una realidad inalterable, es motivo suficiente para preguntar a todo quien entra: “¿qué libro necesita y yo se lo consigo?”.

     

    El tema de los comerciantes ya tendrá su respectivo espacio, por el momento hablemos del espacio en dónde se dan a ser. Y claro, es fundamental. La filosofía, por ejemplo, se dice que empezó en una plaza de mercado. Los comerciantes de todas partes traían sus productos e intercambiaban sus saberes. Esto, en La Bastilla, se nota. Hay libros que no son pensados e impresos en Medellín, y otros que solo pueden ser de acá. La variedad de títulos; a veces en cubículos organizados, o en bodegas desamparadas, nos plantea una infinitud de saberes.

     

    Una serie de pasillos largos y poco anchos nos hacen pensar que el primer piso es un laberinto, donde dejados a nuestra suerte, tendremos que salir de alguna manera. Leopoldo Marechal dijo alguna vez que “De todo laberinto se sale por arriba”, por lo que nos plantea una solución que nos conduce a un segundo piso más vacío, obra de un Dios que olvidó su cielo. Los barandales verdes nos retienen de una posible caída, sin embargo, el verdadero problema es el armazón de madera. Los comejenes, ya cansados de los libros, se devoran, a la vista de todos, la estructura del piso.

     

    Comerciantes de libros y libreros

    Hay una librería en este piso que destaca del resto y es la de Don Dario. Los libros, colgados en la pared cual guirnalda navideña; otros, acomodados dentro de un espacio matemáticamente destinado a contenerlos, pero natural en la estructura del edificio. Don Dario, conversador y siempre escuchando la radio, está siempre dispuesto a atender las necesidades de los esperanzados muchachos que buscan un libro, y también, de los periodistas. Es una costumbre, dice. Por lo general habla de una cultura del mal, donde el vicio se ha apoderado de la gente. Se proyecta en un futuro incierto, donde el único remedio es vivir el diario, pero con la esperanza que cambie. Claro, sin saberlo él ayuda a que sea así.

    Una de las librerías ubicadas en el segundo piso del Centro Comercial del Libro y la Cultura. Foto: Cristian Gutiérrez.

     

    Don Dario es un librero. Dicho grupo reducido se caracteriza por prometer una lectura. Tanto así, que él puede vender el mismo libro cincuenta veces, pero lo vende porque su contenido es el que proyecta a sus lectores. A diferencia del comerciante, el cual se encuentra en todas partes, consciente de la dificultad de un buen libro, el librero acerca al lector a su posibilidad.

     

    A la misma casta pertenece Barbara Lins. En su librería, La Hojarasca, bautizada así porque un libro no es más que eso (un montón de hojas), cada cosita está puesta en su lugar, tanto que no parece dedicada a la venta de libros, sino a la colección de ellos. Para ella, ser librera no es una obligación, pero agradece la presencia de personas que, además de vender libros, puedan recomendar y mantener ávidas charlas acerca de literatura con sus visitantes. La Bastilla es en ella una posibilidad de abrir la imaginación, de soñar con poesía y devolver a los libros la magia que esconden. Una conversación con ella, o con cualquier librero de La Bastilla, es salir con una nutrida colección de títulos cuya existencia antes no alcanzabas a sopesar.

     

    Un poco de historia: bastión de poetas y borrachos

    El encanto de La Bastilla radica en su esencia: la tertulia en torno al libro. Este reconocido lugar es la combinación de los libreros de la plaza Rafael Uribe Uribe y el Café La Bastilla. Don Alberto Aguirre fue el creador de las tertulias. En un pasillo largo del Café, al fondo, una mesa grande con seis sillas era el sitio de culto. María, la del tinto, era la que les recordaba que estaban en un café y les traía dicho combustible. La lista de personalidades es amplia. Don Darío, por ejemplo, nos cuenta que el profesor Memo Ánjel llegaba allá; imita su postura encorvada, paso lento y cara arrugada, decía que salía con dos bolsas llenas de libros y su cigarrillo. Se ríe a carcajadas, casi con la añoranza de esos viejos tiempos.

     

    Y la cultura, ¿dónde queda?

    La Bastilla es un lugar emblemático, de eso no cabe duda, pero es posible que a lo largo de su historia no se le haya dado el carácter que merece; eso es al menos lo que sucede en opinión de Barbara Lins. Es cierto que la cultura no se construye conscientemente, aun así, para que la misma sobreviva, es necesario la creación de espacios que permitan su existencia. El comercio y el encuentro casual, aunque en cierto modo son también creadores de esta, se han tomado esta calle hasta impedir el desarrollo de las actividades culturales que son tan necesarias para la perpetuación de estos lugares.

     

    La remodelación permitió en cierta forma la posibilidad de abrir este tipo de espacios. Que lectores, escritores y artistas puedan caminar con relativa tranquilidad por La Bastilla, es ya una posibilidad de que estos acontecimientos florezcan. Así como los andenes fueron remodelados, qué bueno sería hacer del Centro Comercial del Libro y la Cultura un espacio más abierto, permitir que la literatura se escurra por los pasillos, que la música se escuche fuerte, que los poetas puedan recitar sus poemas y los libreros presten atención. Las lecturas silenciosas, los equipos de sonido despidiendo tímida música clásica y la estrecha anchura de los pasillos son muestras de que la cultura en este lugar está amainada.

     

    Si La Bastilla va año tras año a la Fiesta del Libro, ¿por qué no habría de ir la Fiesta del Libro a La Bastilla? ¿Por qué no permitirse espacios en que escritores y libreros conversen? ¿Por qué no otorgarle algo de majestuosidad al libro? Son algunas de las preguntas que Barbara Lins, de forma elocuente, se hace. Una importante lucha espera a estos libreros de La Bastilla, que esperan hacer de su lugar de trabajo un rincón para el disfrute del arte y la cultura. Así como la calle se ganó su espacio, que se lo gane el primer piso del Centro Comercial, que se lo gane el segundo. Que los libros no se queden escondidos, empolvados, tras los hombros de un viejo librero. “Dime qué lees y te diré quién eres” decía García Lorca. Pues bien, leyendo a La Bastilla, sé que ella es un lugar que guarda esperanza.

     

     

  • Antecedentes y huellas del libro y la lectura en el Valle de Aburrá

     

    Desde su creación, la Fiesta del Libro y la Cultura es un acontecimiento de suma importancia para los habitantes del área metropolitana. ¿Cómo evoluciónó? ¿Cómo creció? ¿Qué otras actividades similares se realizan en la región a partir del esperado certamen septembrino?

     

    Cristian David Gutiérrez Martínez/ cristian.gutierrez@upb.edu.co

     

    Los años 80 y 90 fueron una época difícil para la historia de Medellín. Impulsada por promotores independientes y organizaciones como la Biblioteca Publica Piloto, la lectura parecía verse opacada por la violencia y la criminalidad. Medellín tocó fondo, sí, pero incluso entonces había quienes se resistían a esa suerte: escritores, poetas, filósofos, profesores, libreros, gestores culturales, líderes comunitarios y personas comunes y corrientes que tuvieron la capacidad de pensar una nueva ciudad, mediante la construcción de un nuevo plan de desarrollo. Producto de este cambio en la visión de la ciudad, surgió la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

     

    Primeras páginas

    Medellín fue siempre una ciudad relacionada a la lectura. Como cuenta Reinaldo Spitaletta, “es una ciudad con tradición de lectura, de publicaciones desde el siglo XIX. Una ciudad con periódicos, con revistas de carácter cultural y de otra indolente. Además, recordemos que tuvo grandes empresas productoras de libros, como editorial Bedout que duró muchísimos años en la divulgación de textos de todas las literaturas del mundo”. Estos hechos facilitaron la aparición de ferias del libro en distintos espacios públicos de la ciudad.

     

    Antes de la Fiesta del Libro, se presentaron algunos antecedentes notables en el afán por impulsar la industria y fomentar la lectura. En 1971, el entonces alcalde de Medellín, Óscar Uribe Londoño, inauguró 40 casetas para la venta de libros usados en la plazuela Uribe Uribe. En el Parque Berrío, se realizó durante varios días una feria del libro con un fin más que todo comercial, así lo cuenta Spitaletta: “Se llenaba de quioscos, puesticos con libros (…). Había una gran diversidad, el Parque Berrio se llenaba de estos puestos y la gente se paseaba todo el día por allí. Era un momento también de encuentro”. Otros lugares en los que se desarrollaron ferias del libro en la ciudad fueron el Parque de Bolívar y El Pasaje La Bastilla, que sigue convocando a lectores y escritores.

     

    El primer evento del libro organizado de manera masiva en la ciudad fue la Feria del Libro de Medellín, realizada en el Palacio de Exposiciones desde 1993 hasta 2005. Aunque su enfoque continuaba siendo mayormente comercial, esta feria significó un importante cambio, pues ahora había un espacio organizado para el evento y además había presencia de reconocidos escritores, conferencias y lanzamientos de libros. En 1996, apenas en su cuarta versión, el techo de uno de los pabellones se desplomó durante un aguacero y las pérdidas golpearon con fuerza el bolsillo de los promotores y expositores. Esta y otras circunstancias, entre ellas el declive en los niveles de asistencia, plantearon la necesidad de revaluar el certamen. Jorge Melguizo, Secretario de Cultura Ciudadana en 2006 llamó a una pausa en la actividad para pensar, en compañía de más de cuarenta entidades y gestores independientes del sector cultural, una fiesta en torno al libro y la cultura que lo rodea.

     

    La Fiesta del Libro y la Cultura es, además, un motivo que lleva a miles a conocer el sector de Carabobo Norte, cerca al barrio Moravia. Foto: Diego Aristizábal.

     

    Nuevo capítulo

    La primera Fiesta del Libro se hizo en 2007. Fuertes lluvias que cayeron sobre el entonces recién intervenido Jardín Botánico, no impidieron la visita de más de 90 mil asistentes que recorrieron puestos de venta, pero también presentaciones artísticas, conversatorios con personajes del sector editorial y actividades de promoción de lectura, con un claro mensaje: la entrada ya la había pagado la ciudadanía con sus impuestos. La nueva propuesta y su mensaje tuvieron tal acogida, que la Fiesta del Libro y la Cultura se convirtió en un importante evento para la vida cultural del Valle de Aburrá, con cientos de editoriales y librerías, invitados de talla internacional y por lo menos tres millones de asistentes al 2017, personas que año tras año deciden reunirse alrededor de las letras, en lo que se ha perfilado como uno de los acontecimientos más esperados para los habitantes de la región.

     

    “La Fiesta del Libro es un acontecimiento muy importante para todos. Impulsa las ventas y construye mercado alrededor de los libros, sí, pero también crea un espacio adecuado para que las personas se encuentren con la cultura, para que disfruten de actividades que normalmente uno no se encuentra en la calle. La Fiesta nos permite salir de la monotonía y por eso creo que todos la admiramos tanto”, analiza Marta, una vendedora de libros del Pasaje La Bastilla, asistente de la Fiesta del Libro desde hace varios años.

     

    Secuelas de esta historia

    Más eventos surgieron para afianzar los logros y llevar la cultura del libro y la lectura más allá del Jardín Botánico, reconocida ya como sede para el encuentro con las letras en Medellín: La Feria Popular Días del Libro, realizada habitualmente en mayo en el barrio Carlos E. Restrepo y que cada año inaugura los Eventos del Libro de Medellín, y la Parada Juvenil de la Lectura, celebrada en el mes de julio como preámbulo a la Fiesta del Libro y que este año recibió a su público en la Casa de la Literatura San Germán.

     

    Además de estos Eventos del Libro de Medellín, algunos otros municipios del Área Metropolitana tienen eventos homólogos, que son impulsos locales a la imaginación, la creatividad, el amor por la lectura y las letras. A continuación, interactúe con un recorrido histórico y geográfico por la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín y otros eventos del libro realizados en el Valle de Aburrá.

     

    Click en la imagen para realizar un recorrido histórico por la Fiesta del Libro y la Cultura:

     

    Click en la imagen para realizar un recorrido geográfico por la Fiesta del Libro y la Cultura:

    Click en la imagen para realizar un recorrido geográfico por algunos otros eventos del libro realizados en la región:

     

  • Carlos Castro Saavedra: el poeta que logró unir al mundo en una “Plegaria desde América”

    Por: Maria Clara Castro / maria.castroo@upb.edu.co

     

    ¿Quién era Carlos Castro Saavedra? Esta producción multimedia explora a este personaje, su obra y relación con el conflicto armado y la violencia en Colombia.

     

    Haga clic en la imagen para navegar la multimedia:

    Fotografía: Archivo Fotográfico Biblioteca Pública Piloto.

    Trabajo para el curso Periodismo Electrónico, orientado por el profesor Gabriel Lotero Echeverri.

     

     

  • Librero, librero

    Dos testimonios sobre el oficio de habitar la palabra, pasando páginas, revisando historias, recomendando autores…

     

    Por: Paola Cañas

     

    “…Había contraído contigo compromisos imprudentes y la vida se encargó de protestar: te pido perdón, lo más humildemente posible, no por dejarte, sino por haberme quedado tanto tiempo”.

     

    Con aquellas últimas líneas del libro Alexis o el tratado del inútil combate, el librero Wilson Mendoza descubrió que para leer una historia debe dirigirse al punto final y retroceder, solo un poco, hasta los penúltimos renglones porque allí encuentra confesiones que lo impulsan a querer apreciar completamente el relato.

     

    “Me gustan los finales”, nos dijo, mientras con sorpresa abríamos nuestros ojos que querían indagar como detectives por los detalles de la “fracción del paraíso”. Como lo definió el librero Luis Alberto Arango, quien entre risas quiso conversar por un momento con Borges.

     

    “Acuérdate que él se imaginaba el paraíso bajo la forma de una biblioteca”, señaló. Entonces respondí: “¡Borges, estamos de acuerdo!”

     

    Aquella mañana soleada, aún sin esos diálogos en mi memoria, me dirigí cerca de la estación Estadio del metro, específicamente a una entrada delimitada por un rectángulo grande de color rojo oscuro, en el que leí “Librería Grámmata” con letras delgadas como si estuvieran escritas por un lápiz, también gigante, que decidió unir las dos M para que se sostuvieran.

     

    Al lado, casi tocando el balcón del segundo y último piso de la casa que admiraba en silencio, noté la existencia de un barco dibujado, tal vez con el mismo lápiz, contenido en un cuadrado de color madera claro, que acompañaba a las letras: Palinuro, Libros leídos.

     

    No pude detenerme en los detalles, pues fui interrumpida por alguien que corría hacia mí intentando acortar una distancia nombrada hacía seis meses en los noticieros. Karol, una amiga cuyo nombre sonoro me hace recordar el mar, me abrazó con fuerza olvidando miedos y recomendaciones, emocionada por aquella invitación que le había hecho para que descubriera un lugar ubicado tan solo a dos cuadras de su casa.

     

    Asombro, asombro, sentimos al entrar juntas a un espacio rodeado por más de 75 mil libros. Protocolos, protocolos, eso experimentamos cuando la primera persona que vimos nos pidió levantar los pies para que cada zapato fuera rociado por un líquido transparente.

     

    El paisaje que asombró a las cronistas.

    Foto: Paola Cañas. >>

     

    Luego de los torpes movimientos que conlleva aquel procedimiento caminamos con una curiosidad que al instante determinó los libros que exploramos por unos segundos, retirándolos suavemente de los estantes de madera, también de tono claro, cuya única diferencia a simple vista se encontraba en los letreros encima de ellos que actuaban como direcciones.

     

    Entre la calle del Ensayo y teoría literaria, cerca de la cuadra de Comunicación y Periodismo y al lado de la carrera Latinoamericana, encontramos un libro sobre el horóscopo chino, cuya pasta azul clara y su dibujo de un pequeño cerdo que parecía feliz me hizo abrirlo. Karol se acercó con dudas y al no encontrar interés en este decidió mirar otro libro grande de color naranja. “Nunca he sabido de dónde son esas rocas”, me dijo mientras lo miraba.

     

    Nos sentamos en un mueble oscuro en el centro de muchos colores rodeadas por el intento de empezar a conversar, acabó pronto por la llegada de Wilson Mendoza, el librero, que, al notar cómo nuestra mirada lo perseguía, recordó su cita y tomó una silla de madera oscura.

     

    Con tono firme me pidió que le explicara mejor sobre lo que indagaría. El librero, interesado por el desarrollo de la entrevista, no le realiza tantas preguntas a las personas que acuden a él de forma cotidiana porque sabe que su oficio se sustenta en el diálogo fluido.

     

    “En las librerías de los centros comerciales no hay tiempo para conversar. En aquellos lugares contratan a vendedores que no evalúan el contenido”,dijo.

     

    Wilson nos contó que en su oficio a veces solo tiene la función de escuchar y haciéndolo se ha dado cuenta de que a las personas les gusta que los libros acompañen sus emociones. “Es que son muy buenos acompañantes”, nos confesó.

     

    A él, por ejemplo, lo han guiado desde hace 28 años, en los que gran parte de estos trabajó en varias bibliotecas hasta que hace poco realizó lo que él define como su proyecto de vida: su propia librería; su propio espacio para conversar.

     

    Ante mi pregunta por la relación que tiene con las personas, me dijo que la función principal de un librero no es ayudarlas, pues aquello se hace de forma inesperada, porque realmente lo que más le gusta es estar entre libros, entre historias. “Un librero es quien recomienda los libros porque ya los conoce, entonces quiere que otros también pasen por ellos”, definió.

     

    Algo confundidas, le preguntamos entonces si había leído todos los libros que nos rodeaban. De forma amable, con un poco de gracia, nos dijo que eso es casi imposible, casi, casi, porque el librero que hace su trabajo con pasión sí debe leer una parte del contenido de todos los textos, como una sinopsis y una breve biografía de cada autor o autora.

     

    Me conmovió comprender que cada día conoce el mundo por medio de un escritor nuevo porque constantemente nacen editoriales, algo que él relaciona como un auge de las librerías independientes en Colombia que surgen por gusto, no solo enfocadas en vender. “La lectura te da un espacio en dónde habitar y es un espacio muy amable”, nos explicó.

     

    En cuanto al lugar físico, al que todos los días acude, este se compone de recuerdos que se conectan con la biblioteca del bloque 22 de la Universidad de Antioquia, el primer sitio donde trabajó. “Yo intenté buscar algo más pequeño para hablar con la gente, pero internamente siempre quise buscar algo que fuera similar a donde inicié a leer”, contó.

     

    Otro aspecto que lo convenció de alquilar aquella casa fue el árbol grande que con hojas brillantes se ubica al frente y parece cuidar lo que él define como su “librería de barrio”.

     

    Considerando esto, se inspiró para crear una cafetería que resguarda a los lectores, incluso a los que no compran nada y le hacen sacar hasta 20 libros de los estantes. Aquello no le hace juzgarlos. Incluso afirma que cosas como esta le han permitido fijarse en los detalles.

     

    “La mejor forma de desarmar a alguien enojado es atenderlo bien. A veces cuando los clientes vienen tristes me doy cuenta de que no buscan un libro, buscan una conversación”. Entonces, hacer un perfil del lector para saber qué libros recomendar es difícil, porque las personas nos componemos de características inusuales, a veces contradictorias. Como las que sustenta Wilson cuando nos contó que a un médico que conoce no le gusta leer sobre medicina y que a un economista le fascina el psicoanálisis.

     

    Entre aquellas elecciones reconoce que su observación le ha permitido saber que existen reglas específicas para comprar un libro, por eso le parece importante entregarlos abiertos. Hay quienes se fijan en el tamaño de las letras, si la edición es especial o si la pasta es dura.

     

    “A veces el último paso para que alguien se lleve un libro es acercar su cara y olerlo. Si no les huele bien, no se lo llevan”, cuenta Wilson. Otras personas se basan en el contenido y leen la primera página. Las más atrevidas, como las interpreté, de forma aleatoria leen una frase y así toman la decisión.

     

    Concentradas en el diálogo le preguntamos qué es lo que tiene en cuenta para comprar un libro y así fue como nos contó que leyendo los finales decide si quiere conocer el porqué de toda la historia. Con este método, descubrió que aquel hombre que pide perdón por haberse quedado tanto tiempo, durante las 69 páginas del relato, se da cuenta de que le atraen los hombres hasta que, finalmente, se lo confiesa a su esposa.

     

    Por estas características tan diversas le parece justo que las personas se trasladen de acuerdo con sus intereses y así ha descubierto la importancia de Palinuro, su vecino.

     

    Así llegamos donde Luis Alberto Arango, quién se encontraba en su oficina en el segundo piso y aceptó hablar con nosotras en su propio mundo de libros leídos imaginado por el artista Elkin Obregón, al que graciosamente y con admiración define como un mago, quien en tono de juego comentaba que quería tener su propia librería de libros viejos, como también se les conocen. “En Europa y Estados Unidos le dicen librerías de viejo. Son anticuarias de libros”. Nos confesó que con ayuda de Sergio Valencia y Héctor Abad Faciolince empezaron este proyecto en el que le tocó aprender mucho.

     

    “Si los libros son una mercancía para ti esto no sirve. Porque no hay un pregrado de librero, no existe ni podrá existir, ¿a quién le enseñan a ser librero?”, pregunta. Entre las historias de aquel inicio recordó que en los estantes se encuentra una fotografía de la revista Cromos publicada en 2005, dos años después de la fundación de la librería.

     

    “Karol, mirá esta foto”. Asombrada, Karol la miró con detenimiento y se rió ante el comentario inusual de Luis Alberto: “Elkin aquí parece Gandalf, el de El señor de los anillos”.

    Foto: Paola Cañas.

     

    Mirando los estantes, nos comentó que la librería cuenta con literatura universal de la A a la Z, haciendo un garabato con su mano que no comprendí muy bien, pero que intentaba mostrar el orden en el que se ubican los libros. “Literatura de Colombia, de la A a la Z, ta, ta, ta…”, dijo haciendo el gesto.

     

    Mientras nos explicaba esto yo le apuntaba con mi celular grabando cada frase. Pero hubo algo que no pude captar: el asombro que percibí en sus ojos cuando admiraba los detalles del sitio que todos los días recorre y que le ha dado, según él, los 17 años más gratificantes de su vida.

     

    “Hay una querencia por los libros, por quién llega, por los autores. En nuestro caso particular es amor, porque esto no genera plata”, dijo. Incluso nos confesó que en dos ocasiones estuvieron a punto de quebrar. En la primera, unos amigos cercanos los ayudaron y en la segunda, en 2015, tuvieron que dejar su lugar en el centro, cerca de Bellas Artes y alquilar con Wilson la casa donde se encuentran ahora.

     

    A pesar de esto, nos afirmó que la librería tiene más de 500 amigos, incluso nos dijo que, si nos fijamos en la página de Facebook o Instagram, podemos encontrar que tienen 3.500 seguidores. Con su celular nos mostraba aquel número con emoción mientras Karol tomaba de una mesita cinco portavasos que le llamaron la atención. “Son muchas las cervezas que han puesto encima, ¿oíste?”, le dice.

     

    Entre sonrisas que se nos desprendían por su personalidad cálida le preguntamos el origen del nombre de la librería. Palinuro nos sonaba un poco raro, en cambio para él es un término cercano. Al parecer, tanto Virgilio como Cervantes mencionaron la palabra en sus obras, pero fue el escritor Fernando del Paso quien lo terminó de convencer de proponer el nombre por su libro Palinuro de México, uno de sus favoritos, el cual se encuentra en una de sus repisas firmado por el autor el mismo año que fundaron la librería. “Toda una hazaña”, pensé.

     

    En comparación con el trabajo de Wilson, ante Luis Alberto acuden personas con ideas más claras sobre lo que quieren, pero en ocasiones simplemente le recomiendan autores. Es un acto recíproco, así lo define, porque ambos aprenden.

     

    “Uno ama esto porque estamos contenidos en esos amigos que son las palabras. Hay un texto de Neruda muy bello, que se llama…ese lo deberían conocer ustedes…Que se llama… Juliana, ¿recuerdas el texto de Neruda que trata sobre las palabras?”, le preguntó a su hija que de forma rápida encuentra un video en Youtube.

     

    Al ver aún mi celular apuntándole decide acercarse para que las ideas del escritor queden también grabadas. “Oigan esto, este es Pablo Neruda, el poeta chileno”, dijo.

     

    Mirando a un punto fijo sonreía por las frases que escuchaba. Nosotras, concentradas ,nos miramos con complicidad ante ideas que nunca habíamos considerado.

     

    “¿Y usted ha escrito?2, le pregunté con un poco de confianza luego de escuchar aquel texto.

     

    “Tengo tres libritos publicados. Velos, aquí están”, dijo mientras los sacaba de una estantería.

     

    Realmente sí son libritos, porque tienen un tamaño pequeño. Uno de ellos nos llamó la atención porque tenía un dibujo que su hijo menor hizo cuando tenía cuatro años. “Me pintó”, nos dijo.

    “Desorden alfabético”, uno de los “libritos” de Luis Alberto. Foto: Paola Cañas. >>

     

    Aquel libro contiene reflexiones sobre las definiciones de palabras arbitrarias. Una de ellas era librero, cuyo texto es de los más largos. Con libertad me dejó tomarle una fotografía así que luego de leerlo con más calma, encontré en este fragmento una esencia:

     

    “Un librero puede salvar vidas. Un buen libro, recomendado a tiempo, puede ser la tabla del náufrago y la isla del edén de un desesperado”.

     

    La idea de publicar este A-Z, como se les conoce, fue de su hija Juliana, quien en Navidad imprimió algunos textos, los unió en forma de libro y se los dio como regalo. Nos cuenta que lloró al verlo y se animó a sacar más copias.

     

    Tal vez Karol y yo experimentamos la sensación de que pronto terminaría la conversación, incluso estábamos caminando hacia la salida, pero una foto de Leila Guerriero nos detuvo de pronto.

     

    “Es que su escritura me compró”, admitió cuando le indagamos por qué entre libros leídos y fotografías de escritores un poco viejos ella se encontraba allí en su foto a color.

     

    “En 2007 leí un texto sobre ella y me gustó tanto que le escribí a la revista El Malpensante, donde publicaba. No pensé que me contestaría y como al mes recibí un correo: “Querido Luis Alberto, perdón por la demora, pero estaba viajando…” ¡Dizque perdona la demora!”, exclamó emocionado.

     

    Cuando se conocieron en persona, el librero le regaló sus tres libritos. Él también tiene sus textos, todos firmados por la periodista argentina. “Ella goza mucho porque yo le digo: ‘Leila, aquí está tu club de Leilófilos’”.

     

    Dicho club, ante nuestra sorpresa, realmente existe, pues cada 15 días Luis Alberto, sin falta, le comparte a sus amigos las columnas de opinión que ella escribe para El País de España. “Vea, ellas conocen a Leila, ¡eso me alegra más! “, le dice a su hija emocionado.

    Creo que los tres nos sorprendimos ante la idea de conocer a la misma Leila. Tal vez nos veíamos distantes a Luis Alberto y sus libros leídos. Pero entre tantos relatos, al verla, nos reconocimos ante una escritura que nos unía sin saberlo y que nos permitió habitar aquella “fracción del paraíso”.

     

    Antes de irnos, el librero nos recomendó varias de las obras que no conocíamos de ella. Finalmente nos preguntó de nuevo nuestros nombres asegurando que podíamos volver cuando quisiéramos.

     

    << El rincón para Leila Guerriero. Foto: Paola Cañas.

     

    “Ya saben que por aquí estamos los Leilófilos”, dijo levantando la voz para las que íbamos de salida.

     

  • El Mono con máscara de escritor. Una conversación con Daniel Tobón Arango

    Una conversación en los intersticios de la rutina laboral de un joven escritor que revela cómo se abre camino una carrera en torno a las letras y en la Medellín de hoy.

     

     

    Daniel Tobón es filólogo. Se estrenó en 2009 con “El Valle Encantado del Aburrá”, ha sido columnista y promotor de lectura. Su cuento “Sueño dorado” fue seleccionado en el concurso ¿Cuál es tu cuento con el fútbol? de la Editorial UPB en 2017. Foto: Archivo de Daniel Tobón Arango.

     

    Me recibió en donde trabaja, la Sala de Literatura de la Biblioteca de San Javier, allí estaba en un ambiente de paz, silencio y tranquilidad, sensaciones muy acordes con lo que transmite cuando habla. Consiguió este trabajo con el fin de sacar un libro adelante y le ha gustado mucho, jocosamente dice – si hubiera sabido que trabajar no era tan maluco, hubiera empezado a trabajar hace mucho-. Allí está en contacto con muchos libros todo el tiempo, lee tranquilo y se oxigena en la escritura.

     

    Estuvo muy inquieto preguntando de qué se trataba la entrevista, sin percatarse de que la entrevista ya había empezado. Al principio asumí que estaba nervioso o que las entrevistas de personalidad le generaban cierta ansiedad.

     

    Desde el principio develó que su sueño es que los escritores no paguen de su bolsillo, sino que publiquen por mérito.

     

    Justo cuando nos estábamos acomodando para la entrevista, llegó su compañera de trabajo, María Paula. Ella tuvo voz en la entrevista, él la involucró en varios momentos, con respeto y cierta complicidad de colega conquistador.

     

    Ahora mencionaste algo sobre las mujeres, ¿cuál es tu percepción al respecto?

    Como diría Paulina Vega, es una pregunta muy difícil.

     

    Tobón tiene un humor fino, natural y fluido, lo particular es que un simple comentario suyo tiene una carga de reflexión, sátira o crítica que genera risa y admiración.

     

    Este siglo y el siglo XX y todo este asunto de la liberación femenina ha hecho que se den cuenta de que tienen gran poder.

     

    Hace 200 o 300 años era muy difícil encontrar mujeres que escribieran, o escribían con seudónimos de hombres. La primera escritora de Antioquia fue Ana María Martínez de Nisser, escribió un diario de una guerra y denuncia asuntos en los que las mujeres de cierta forma no podían participar. Luego en el Siglo. XX, María Cano fue la primera mujer líder social en Antioquia, luchó por los derechos de las mujeres. Y cuando una niña hablaba con rebeldía de política le decían: ‘¡usted es una mariacanito!’, de forma despectiva.

     

    Voy a hacerte un par de preguntas y me contestas lo que se te venga a la mente.

    ¡Qué susto esas cosas así! Esas que son todas psicoanalíticas.

     

    ¿Rasgo más característico tuyo?

    ¡Juepucha! Soy muy descomplicado y relajado con la vida.

     

    ¿Mayor defecto?

    No tener la capacidad para definir mi mayor defecto. No sé definir mis defectos, no me gusta pensar en eso.

     

    ¿Mayor cualidad?

    Hablar mierda. La palabra. Si quieres, pones hablar mierda, no tengo problema jajaja.

     

    ¿Empleo soñado?

    Escribir junto al mar. Viajar y escribir, en el mar o en el campo. Puede mutar el paisaje, pero es escribir.

     

    ¿Dónde quisieras vivir?

    Me gustaría viajar por muchos lugares y escribir en tiempos determinados, conocer Grecia, Florencia, Austria. Pero al final, a mí me gusta Colombia, me gusta Medellín y estar en contacto con mi realidad, siento que no me iría de aquí. Por más caos que vivamos, Medellín me gusta mucho. Es una relación de amores y de odios, odio muchas cosas que pasan, pero al mismo tiempo me desprendo de eso. Aunque de pronto para vivir tranquilo, viviría en San Bernardo del Viento a orillas del mar jajaja.

     

    Pasemos al tema de los libros favoritos.

    Un libro que quiero mucho es La divina comedia, fue el que me empujó a escribir, fue el que me impulsó. Lo leí a los 19, me ayudó a escribir mi primer libro. También El Amor en los Tiempos del Cólera de García Márquez, Cien Años de Soledad, Frankenstein de Mary Shelley, Siddhartha de Hermann Hesse y cualquier libro de Shakespeare.

     

    Como escritor, prefiere la novela, se siente más cómodo con ella, le permite experimentar y escribir sobre muchas cosas.

     

    Intenta no tener muchas cosas favoritas, no casarse o comprometerse con algo a que sea su favorito. La vista es el sentido que más aprovecha, disfruta mirar cada cosa con detalle.

     

    Si pudieras elegir algún súperpoder, ¿cuál sería?

    Sería muy bueno volar. El asunto de volar sería viajar, o sea, mi súperpoder es volar o teletransportarme como Gokú (su caricatura favorita, entre todas las favoritas que tiene).

     

    No tiene seudónimo. Le dicen el Mono en su unidad, pero siempre firma con su nombre completo.

     

    ¿Cómo recuerdas la infancia?

    Tuve una infancia feliz con un amigo de verdad, nunca tuve amigos imaginarios, he sido súper racional, cero fantasía. Tal vez por eso no creo en nada.

     

    Otro compañero entró a la oficina y se quedó mirándonos, a lo que Daniel le dijo: “parce, la fama jajaja”. María Paula concluyó: “uno no sabe con quién trabaja, marica”.

     

    Bromeamos un rato sobre su fama, aunque Daniel siente que es un desconocido y que sólo lo conocen sus amigos. Cuando la gente se le acerca a preguntarle sobre algo que escribió, le da mucha pena. Encuentra mucha tranquilidad en otras cosas, para que no me quedaran dudas de eso, citó a Jorge Enrique Abello: “la fama es la antesala del olvido”.

     

    Definitivamente es un hombre sensible y emotivo, al hablar de sus mascotas, salen a flote sentires profundos e íntimos, sus ojos se aguan cuando habla de su Negrita, una gata muy especial para él; advierto que va a llorar. Desistí del tema.

     

    – Jugaba con las botas puestas y la capa del zorro. Siempre he vivido en la misma Unidad, entre Poblado y Aguacatala, soy de la generación que creció en unidades cerradas y no en barrios. Mi infancia fue muy tranquila y feliz. Me gusta la persona que soy hoy y eso es gracias a las cosas buenas y malas. Aunque uno también se pone muchas máscaras -.

     

    Su mamá le leía cuentos de Rafael Pombo y él se los aprendía de memoria, pero leer no estaba en sus preferencias, era muy dedicado a jugar fútbol. La lectura llegó un poco tarde, terminando el colegio, motivado por su profesora de español que lo acercó a la universalidad de la escritura.

     

    He visto que, aparte de la escritura, incursionas en la caricatura, desde la crítica y la sátira. ¿Te consideras un crítico de la sociedad?

    Esa es mi forma de contribuir, mi forma de hacer política, de cambiar el mundo. Esa es la ilusión de uno desde la escritura y desde los dibujitos. No todos podemos participar en política, cada quien aporta desde su campo y los dibujitos, aunque parezcan muy infantiles, tienen mucho contenido.

     

    En cuanto a las posibilidades para crecer como autor de creaciones literarias, ¿qué ofrece Medellín?

    Nadie va a hacer las cosas por uno, lo más importante es creer en uno mismo. Vivimos en un país donde poca gente lee y el reto está en ser un poquito emprendedor, en mi caso, vender mis propios libros y tratar de posicionarme. Por eso el sueño de la editorial. La gente es muy cerrada y desconfiada de lo local, muchas veces necesita que una multinacional o una gran empresa legitime las cosas. Cuando publiqué mi primer libro, la gente lo primero que miraba el logo de la editorial, yo sabía que eso iba a pasar y por eso me inventé un logo.

     

    El Valle Encantado del Aburrá fue tu primer libro, ¿cómo es tu relación con él?

    Es una relación de amor y vergüenza, fue lo primero que escribí, considero que es muy tierno. Es ver a un Daniel de hace 10 años, ver cómo ha cambiado, apenas estaba aprendiendo a escribir y no había escrito nunca, a uno le da un poquito de pena y de timidez. Cuando uno escribe está expuesto, entrega el alma y muestra cosas muy profundas, me siento un poquito vulnerable y desnudo.

     

    El Valle Encantado del Aburrá tiene 226 páginas y 38 capítulos, está inspirado en la obra maestra de Dante Alighieri y la escribió en 2009, aunque no la publicó hasta 2017.

     

    En 2010, haciendo el pregrado de Filología Hispánica en la Universidad de Antioquia, en uno de los paros que duró 4 meses, escribiste el segundo libro, a su vez primera novela, Un Amor de Mierda.

     

    Quise intentar acercarme a lo que es el amor y el dolor luego de haber perdido al amor. No solamente fue de experiencias personales, sino que hice algunas lecturitas sobre qué es el amor, todo ese tipo de cosas y eso salió. Traté de escribirlo como si fuese una especie de conversación de una forma muy simple y contundente.

     

    El término Mierda tiene muchas connotaciones y en ese libro también, especialmente desde los prejuicios y sus significados.

     

    Para escribir le basta tener consciencia de la realidad, suele partir de lo que siente, lo que le duele y lo que especula. En general cree que puede escribir sobre cualquier cosa.

     

    Le da miedo dejar de ser Daniel y perder la memoria. Justo contándome esto, María Paula intervino y nos contó que el señor que había acabado de salir, tenía Alzheimer y llegó buscando un libro que le recomendaron para evitar perder la memoria ” y se llevó el Otoño del Patriarca, marica”. Ambos quedaron desconcertados, fue un comentario interno de colegas.

     

    Daniel Tobón, el Mono de cabello rizado, rostro pulido y mirada reflexiva, transmite una mezcla de inocencia y sabiduría que le dan un toque de hombre interesante. Cuando transcribí la entrevista, supe que no es tímido, ni las entrevistas de personalidad le causan tantos nervios o ansiedad como lo pensé en un principio, simplemente es reservado.

     

    Considera que la felicidad es una palabra complicada y significa que no te duele nada, que no sufres y a él le duele el mundo, le duele Colombia. Así que no se siente feliz, sino contento.

     

     

     

     

     

  • Leer con todos los sentidos

    El poder de las historias hace que haya muchas formas de leer, incluso para quienes no ven con sus ojos o no escuchan con sus oídos. Relatos que ilustran algunas formas de lo que se conoce como lectura accesible y que tuvieron espacio en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

     

     

    Medellín, 14 de septiembre de 2016. 8:00 de la noche.

    Concierto experimental Paisajes sonoros

     

    Comienza la función: “Advertimos que vamos a estar a oscuras totalmente, por lo tanto, las personas que por limitaciones físicas o psicológicas no puedan permanecer 40 minutos a oscuras, tal vez no podrán estar en la actividad”, dice el maestro de ceremonias antes de apagar las luces.

     

    Se apagan las luces y de pronto la única utilidad de nuestros ojos es percibir un pequeño bombillo rojo, tal vez de una alarma o sensor, y un destello azul, un poco más grande, que permite ver la silueta de los objetos después de unos minutos en la oscuridad.

     

    Alguien nota aquella pequeña luz que nos permite ver y la apaga. Ahora somos presos de nuestro cerebro. No podemos ver, escribir o hablar. Solo estamos ahí, quietos, en medio de las imágenes que nuestra mente va creando con cada uno de los sonidos que se escuchan en la sala.

     

    Imposible no reconocer el metro, los chorros de agua, la gente hablando, la selva tropical, la motosierra o la lluvia. El cerebro viaja por el mundo mientras el cuerpo sigue inmóvil, en la misma silla del auditorio Aurita López.

     

    De pronto, la mente se pierde, empieza a divagar entre pensamientos sueltos. Como cuando pasamos los ojos sobre las palabras sin leer, los oídos percibían los sonidos sin interpretarlos. Luego, un ruido fuerte capta nuestra atención y retornamos al viaje de los audios que nos llevan a nuevos mundos.

     

    Una gotera de agua cae, tal vez en un charco; vuelve a caer, una y otra vez. Ahora hay un gran lodazal, algo se mueve dentro de él. Como una figura mitológica, algo emerge desde el fondo, un extraterrestre, un anfibio, un reptil, no se sabe. Tal vez otros vean algo diferente mientras escuchan.

     

    La luz se enciende, la función ha terminado. El contenido Éter se prepara para la segunda función de la noche y el público sale rápidamente de la sala luego de que los ojos se adaptaran nuevamente a la luz.

     

    Medellín, 14 de septiembre de 2016. 3:00 de la tarde.

    Obras breves para gente brava

     

    Bibliocirco de Comfenalco. Las personas ingresan por el costado izquierdo de la carpa, se acomodan en las graderías de aluminio y se sientan a esperar la siguiente actividad.

    Muchos jóvenes y niños entran ayudados por sus guías o padres, que sirven de ojos para los que no ven.

     

    Kevin se sienta en una esquina derecha de la primera fila y comienza a mover las manos para ubicarse en el espacio. Su madre, Sor, las toma y comienza a comunicarse en lenguaje de señas. Su piel es ahora su único contacto con el mundo exterior. Nació sordo y luego quedó ciego, así que necesita de un intérprete constante que le hable a través de la piel para no perderse en un mundo diseñado para los ojos y los oídos.

     

    Hoy están aquí para hacer parte de la presentación de “Obras breves para gente brava”, una serie de 7 obras de teatro corto traducidas al braille, que serán interpretadas por personas con discapacidad visual mientras el público aparta los ojos de la escena tras un antifaz para dormir.

     

    El espacio se llena con niños, jóvenes y ancianos que vinieron a conocer la literatura de manera divertida. La actividad es para todos. Como parte del día de la lectura accesible, hay intérpretes permanentes para las personas sordas y traducciones en braille para las invidentes.

     

    Ya van 10 años en los que se reúnen niños, adultos y ancianos bajo la carpa roja con amarillo para disfrutar de cuentos, obras de teatro, shows circenses y horas de lectura.

    Y tres años desde que Comfenalco se unió con la Alcaldía para dedicar un día entero a la población con diferentes discapacidades.

     

    La luz se torna rojiza bajo la carpa mientras desde las 12 del día trascurren las actividades del Bibliocirco. Un baile del Comité de Rehabilitación, cuyas canciones son traducidas al lenguaje de señas para quien no las pueda escuchar; una obra del Colectivo Clown, para que los niños aprendan a reciclar; una serie de obras leídas en braille y Alicia buscando a su amigo Conejo, hicieron parte de las actividades del día, de las cuales se beneficiaron más de 500 personas con discapacidades sensoriales.

     

    Al final del día, bajo las nubes de la noche, el proyector lanza un rayo de luz para proyectar Los colores de la montaña en la tarima SURA. Es una película en formato accesible, que no solo cuenta con subtítulos y un intérprete de señas en la pantalla, sino también con una voz que cuenta los hechos que se desarrollan en la pantalla.

     

    Quienes no pueden ver con sus ojos, quienes no pueden escuchar con sus oídos, quienes tienen capacidades diversas, encontraron en la Fiesta del Libro y la Cultura un espacio para sentarse a leer con todos.

     

    Video

     

     

  • “Yo soy un poeta binacional”: Juan Calzadilla

    El primer homenajeado con el premio León de Greiff al Mérito Literario es el poeta venezolano Juan Calzadilla. El reconocimiento busca darle relieve a la obra poética, a su papel en las sociedades, a su valor como testimonio de su tiempo. Apuntes sobre la obra del poeta desde los jurados, los lectores y desde él mismo. Cubrimiento especial de la Fiesta del Libro en Contexto.

     

    Juan Calzadilla ganador del premio León de Greiff al Mérito Literario. Foto por: Yorley Ruiz

    Juan Calzadilla, ganador del premio León de Greiff al Mérito Literario 2016. Foto: Yorley Ruiz

     

    Por primera vez, en el marco de la Fiesta del Libro y la Cultura en Medellín fue entregado el Premio León de Greiff al Mérito Literario. El poeta venezolano Juan Calzadilla fue merecedor del galardón que busca reconocer la vida y obra de un escritor; en los años pares se premiará a un poeta y en los impares a narradores (cuento o novela).

     

    Durante la ceremonia, Julio Acosta Arango, vicerrector de la Universidad Eafitt, una de las entidades aliadas que hace posible el premio, expresó: “Nuestra intención con este premio es acercar a los lectores a la obra de un poeta y para que a su vez esas mismas letras sirvan de faro”. Acosta destacó la importancia de la poesía y la literatura para la vida de los seres humanos.

     

    Por otro lado, Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín, coincidió en el valor de la literatura en las sociedades y reconoció que esta ciudad que es más acción que contemplación guarda un espacio importante para la figura del poeta.

     

    De derecha a izquierda: Julio Acosta Arango, vicerrector de Eafit; Amalia Londoño, secretaria de cultura de Medellín; Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín; Juan Calzadilla, ganador del permio. Foto por: Yorley Ruiz.

    De derecha a izquierda: Julio Acosta Arango, vicerrector de Eafit; Amalia Londoño, secretaria de cultura de Medellín; Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín; Juan Calzadilla, ganador del premio. Foto: Yorley Ruiz.

     

     

    Con su voz pausada e ideas claras Juan Calzadilla, el galardonado, recordó la poesía de los años 70 donde, según él no había distinción entre países, se entendía más bien como un solo universo, para ilustrarlo habló sobre el Nadaísmo en Colombia y sobre el movimiento vanguardista El Techo de la Ballena en Venezuela, donde los poetas iban de un lado para otro y colaboraban entre sí, por ello recalcó que: “Yo no soy un poeta nacional, tampoco soy un poeta colombiano, por supuesto, soy un poeta binacional, si quieren, mejor bifronterizo”. Calzadilla reconoció más similitudes que diferencias entre la poesía Latinoamérica e incluso propuso que se hiciera del Premio León de Greiff una escuela donde se tratan temas de la poesía a la luz de las letras del poeta antioqueño.

     

    Calzadilla, un hombre que actualmente tiene de 85 años de edad, comenzó su carrera como escritor siendo periodista, más adelante como cofundador de la vanguardia venezolana El Techo de la Ballena mostró sus inclinaciones artísticas y activistas frente a la situación social de su país, además su sátira y verso libre le permitieron definir un estilo propio como se evidencia en su primera publicación en 1954 con un libro llamado Primeros Poemas. Como artista plástico y crítico de arte, en 1997 recibió el Premio Nacional de Arte de Venezuela. A pesar de que Juan Calzadilla no se reconozca así mismo como un poeta profesional ni como un crítico de arte, su trabajo le ha aportado a su país de una manera significativa, tanto así que ahora, rompiendo fronteras, es visible para toda Latinoamérica.

     

    Juan Calzadilla, un artista integral, poeta, ensayista, crítico, entre otros, busca con el premio lograr más lectores para sus textos y reconoce la importancia de la nueva antología de su obra llamada Precipicio sin bordes, con prólogo escrito por Juan Manuel Roca y publicado por el Fondo Editorial Universidad Eafitt, ya que esta permitirá una visibilidad mayor no solo de su poesía sino de otros poetas de su país.

     

    Jurado del premio León de Greiff, de derecha a izquierda: Juan Camilo Suárez Roldán, Juan Calzadilla, Piedad Bonnett, Alberto Barrera Tyszka y Juan Manuel Roca. Foto: Yorley Ruiz.

    Jurado del premio León de Greiff, de derecha a izquierda: Juan Camilo Suárez Roldán, Juan Calzadilla, Piedad Bonnett, Alberto Barrera Tyszka y Juan Manuel Roca. Foto : Yorley Ruiz.

     

    El papel del poeta en el siglo XXI

     

    Como parte de los jurados del premio León de Greiff, Piedad Bonnett y Juan Manuel Roca le contaron a Contexto la importancia del poeta y la poesía para el siglo XXI. Bonnett señaló que pese a que no es tan diferente al poeta del tiempo de los griegos y del Renacimiento, la diferencia está en su época, ya que: “Lleva la lengua a un extremo de ruptura que es capaz de descubrir lo que de alguna manera ahí estaba para siempre”. El poeta, según la mirada de Bonnett es el que permite encontrar sentido donde aparentemente no está, se convierte en un vocero de la belleza e incluso de la fealdad, como el poeta contemporáneo, que expresa lo humano.

     

    Roca por otro lado explicó que las humanidades y las artes son necesarias para una sociedad porque permite el ‘mestizaje’, el cruce de caminos que dan paso a la preocupación por el otro; además expresa que una sociedad que no esté interesada por las humanidades y las artes es “una sociedad hueca, vacía, deshabitada, es una sociedad que sin duda está dirigida a lo peor en el futuro”.

     

    Según ellos, Juan Calzadilla, como ejemplo para Latinoamérica de poeta contemporáneo y de artista integral, muestra con su obra cómo las letras, el arte y las humanidades en general son de gran importancia para las sociedades que, superando sus conflictos y diferencias, se unen para hablar de lo humano, que de muchas formas influye en lo social.

     

     

    Firma del libro Precipicios sin Bordes. Antología Personal de Juan Calzadilla al final de la ceremonia de premiación en medio de un coctel ofrecido por los creadores del premio. Foto: Yorley Ruiz.

     

     

     

     

     

     

  • “Mirando al Poniente” de la literatura extremeña

    Medellín (España) cuenta con más un millón de habitantes, de los cuales, el 34%, ha decidido tomar el camino del arte literario como su vocación, según registros de la Universidad de Extremadura. Cubrimiento especial de la Fiesta del Libro y la Cultura 2016.

     

     

    Miembros de la delegación de Medellín, españa, en la Fiesta del Libro 2016. Foto: Yorley Ruiz.

    De derecha a izquierda: Antonio María Flórez, Manuel Simón Viola y Eduardo Moga. Foto: Yorley Ruiz.

     

     

    Desde el reconocimiento histórico hasta el desarrollo de una potencia literaria en toda una región”, así definieron Eduardo Moga, director Editora Regional de Extremadura, Manuel Simón Viola, profesor español, y Antonio María Flórez, escritor, representantes de la delegación de Medellín de Extremadura, ciudad invitada a la Fiesta del Libro y la Cultura de este año, al papel que cumple hoy la producción de literatura en su región.

     

    En esta décima entrega de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, se recuerda cómo une la historia a dos pueblos totalmente distintos: Medellín, Colombia y Medellín, España. Así parece recordarlo Antonio Flórez, integrante de la delegación ibérica, quien en el conversatorio ‘Mirando al Poniente; literatura extremeña actual’, afirmó que “a estas ciudades les une un legado gastronómico y cultural, además de la huella histórica de un conquistador”.

     

    Breve historia

     

    La Región de Extremadura, ubicada al suroeste de la península Ibérica, fue lugar de atraso socio- histórico hasta 1975 con la caída de la dictadura de Francisco Franco. A partir de este momento, empieza una nueva época de transformaciones estructurales que afectaron, principalmente, el desarrollo creativo de la literatura. “La consolidación de una comunidad autónoma, con antecedentes de pobreza y mal comunicada con los centros de producción cultural, facilitó la aparición de una ola de autores extremeños que reivindicaron el talento de una región conocida como ‘el Desierto Verde’, este nombre debido a sus extensas llanuras verdes casi inhabitadas”, afirmó Manuel Viola en su intervención.

     

    Autores como Félix Grande (poeta), Álvaro Valverde (poeta), Antonio Méndez (escritor), Susana Martín Qijón, entre otros, son los exponentes de medio siglo de literatura extremeña, que se toma gran parte del continente europeo y que se pretende expandir con el proyecto ‘Mirando al Poniente’, que se presenta en esta versión de la Fiesta del Libro.

    Mirando al Poniente, revista de literatura extremeña. Foto:  Yoley Ruiz

    Mirando al Poniente, revista de literatura extremeña. Foto: Yoley Ruiz

     

    Nuevas miradas

     

    El director de la Editora Regional de Extremadura, Eduardo Moga, de origen catalán, y ponente de esa mirada ajena al mundo extremeño y cautivado por el mismo, afirmó que antes de llegar a esta región, tenía una visión “nula e inexistente” ante los procesos literarios que Extremadura emprendía. “Fui ignorante de la realidad extremeña… solo tenía esa concepción de región periférica pobre… al vincularme a esta zona, logré conocer ese tejido literario, que sorprende por esa vitalidad y rompimiento de esquemas, que sus autores presentan… superé mi ignorancia.”, dijo Moga.

     

    Por otro lado, la literatura actual extremeña está buscando esa proliferación de talentos, que le apunten a una nueva forma de creación, una creación más atractiva frente a la forma de insertarle a la obra un poco de la vida del autor. “Un oficio con agilidad, posición, mundos singulares y únicos, son lo que se necesita para reescribir el concepto de literatura que ha distinguido a la Extremadura de este siglo”, concluye Antonio Flórez, tras mostrar la evolución de los géneros literarios negros, ensayos, narrativos, entre otros.

     

    Conjuntamente a esa búsqueda de la que se habla, los expositores resaltan el apoyo estatal frente a la consolidación de la Editora de la región, el desarrollo de un pacto tácito frente a las secuelas de las guerras civiles españolas y esa exaltación del talento extremeño ante la salida al mercado editorial, puesto que estas situaciones han facilitado la explotación y aparición de grandes contenidos que enriquecen, aún más, la memoria escrita de la Extremadura literaria.

    La Fiesta del Libro y la Cultura le ha dado reconocimiento a la Zona Norte de Medellín, Colombia. Foto: Yorley Ruiz

     

    “Escribir bien para leer bien… y arriesgarse a probar lo nuevo” es finalmente, la reflexión que deja esta conversación de la literatura contemporánea de Extremadura, una literatura que invita descubrir nuevos mundos por medio de nuevas historias. Ante esto, la posición de la literatura colombiana y latinoamericana no se queda atrás. Eduardo Moga se refiere a la creación literaria de estas regiones como “una forma conflictiva de producir, pero un conflicto que desafía al mismo lenguaje y eso es lo que la hace interesante y llamativa. La literatura en estas tierras busca explorar nuevos ángulos a partir de sus conflictos, como ejemplo de eso tenemos a García Márquez”, dijo.