Etiqueta: Migraciones

  • Visa Colombia. Una faceta poco vista de la migración

     

    Ana Favila Salgado Osuna / ana.salgado@upb.edu.co

     

    En los últimos años, Colombia se ha convertido en un destino atractivo para extranjeros, con busca de nuevas experiencias, ya sean laborales, culturales, académicas o que simplemente desean disfrutar de la diversidad cultural, gastronomía y paisajes del país como turistas o como residentes temporales, en la mayoría de los casos.

     

    El aumento de viajeros ingresando a Colombia se ha superado cada año. Incluso, para el año 2024, se recibieron, alrededor de 6.7 millones de visitantes, según el último informe entregado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. 

     

    Estas son buenas noticias para el país, que implican, de otra parte, el reto de mejorar las condiciones de seguridad con que se recibe y convive con un un número mayor de visitantes y migrantes, comenzando por los procedimientos para la entrada y salida del país. La opinión pública colombiana conoce este fenómeno a partir de las cifras y otras transformaciones que poco a poco se van dando en distintos aspectos económicos y sociales, no así se conocen las normativas y dispositivos que permiten controlar el ingreso y permanencia de personas foráneas. Existe, por ejemplo, un sistema de clasificación de visas, teniendo en cuenta que este documento es requerido en casos específicos, algunas veces para entrar al país, y otras para una estancia más larga a la establecida de 3 meses. 

     

     

    Particularmente los colombianos estamos acostumbrados a informarnos sobre visados y otros procesos migratorios para llegar a otros países, a menudo como objeto de algunas de las más restrictivas políticas. Sin embargo, también es importante que sepamos sobre los tipos de visas que hay en Colombia, el proceso y requisitos generales de prórrogas y  finalmente los aspectos fiscales clave que se deben tener en cuenta al visitar o  establecerse en el país, según la Cancillería.

     

    Tipos de visas en Colombia 

    Se han establecido diferentes tipos de visas, pero las principales son tres: 

     

    Visa de visitante (V)

    Esta visa está diseñada para extranjeros que ingresan a Colombia de forma temporal y que no tienen planeado quedarse a vivir dentro del país. Con esta visa se les permite realizar turismo, negocios e inversiones, tratamientos médicos, pasantía, voluntariado, prestador de servicios temporales, entre otros. 

     

    Por lo general, la visa de visitante se concede por un período máximo de 180 días al año y no otorga permiso de trabajo formal. 

     

    Visa de Migrante (M)

    Está destinada a los extranjeros que desean residir en Colombia, pero aún no cumplen con los requisitos para obtener una visa de residencia. A esta podrán aplicar las personas que se encuentren casadas o en unión libre con colombianos, trabajadores con contrato, estudiantes de programas académicos de larga duración, padreo o hijo de ciudadano y migrantes bajo el Acuerdo Mercosur. 

     

    Este tipo de visa, por lo general tiene vigencia de hasta tres años y le permite al extranjero aplicar a una visa de Residente. 

     

    Visa de Residente (R) 

    Está visa es otorgada las personas que quieren establecerse de manera permanente en el país y se entrega a extranjeros con visa de Migrante por más de cinco años, colombianos que perdieron su ciudadanía y desean recuperarla, padres de niños colombianos por nacimiento y por inversión extranjera directa.  

     

    Con esta visa pueden obtener la cédula de extranjería y acceder a los mismos derechos que un ciudadano colombiano, excepto el derecho al voto en elecciones presidenciales 

     

    Estos son requisitos necesarios para poder establecerse en el país por periodos largos. Sin embargo, las visas no son la única documentación a la que un extranjero puede acceder para permanecer por más tiempo en el país, al ingresar a Colombia, se le concede al extranjero el Permiso de Ingreso y Permanencia (PIP), que es otorgado por Migración Colombia durante un periodo de 90 días. 

     

    Pero si la persona desea extender ese plazo, debe solicitar una Prórroga de Permanencia ante Migración Colombia antes del vencimiento del PIP. Este trámite se realiza de manera virtual, llenando el formulario en la página de la Cancillería. De hecho, si un visitante excede el tiempo de 3 meses y no realiza este trámite, estará sujeto a sanciones económicas y legales. 

     

     

     

    Ahora bien, Colombia también exige visa de manera obligatoria a ciertos visitantes de países específicos: Argelia, Armenia, Bahréin, Bielorrusia, Egipto, India, Kenia, Marruecos, Nigeria, Pakistán y Vietnam, entre otros. El país brinda diversas opciones para los extranjeros que desean establecerse en el país, pero es importante comprender las normativas tributarias vigentes para evitar penalizaciones y cumplir con los requisitos establecidos por la DIAN durante su estancia en la nación sudamericana.  

     

    ¿Cuándo un ciudadano extranjero está obligado a pagar impuestos en Colombia? 

    Según lo establecido por la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), una persona  de origen extranjero adquiere la condición de residente fiscal en Colombia al cumplir alguno de los siguientes requisitos:  

     

    Si una persona permanece en el país durante más de 183 días calendario dentro de un período de 365 días, ya sea de forma continua o discontinua, entonces a partir del día 184 tendrá la responsabilidad de pagar impuestos sobre sus ingresos y activos a nivel mundial.  

     

    El segundo requisito es que, aunque la estancia sea inferior a 183 días en Colombia y se demuestre que el extranjero tiene su residencia principal o actividades económicas en el país, puede ser considerado residente fiscal de todas maneras. 

     

    Una vez que un extranjero adquiere la residencia fiscal en Colombia, debe cumplir las mismas obligaciones fiscales que un ciudadano colombiano. Algunos de los impuestos que podrían ser aplicables son:  

     

    • El impuesto sobre la renta se aplica a los ingresos generados tanto en Colombia como en el extranjero y se determina según las tasas de impuestos progresivas del país que van desde el 0 al 39%. 

    • El Impuesto sobre el Patrimonio se aplica a individuos cuyo valor neto supera los $ 7,53 millones de pesos colombianos ($780,000 USD aproximadamente en 2024). 

    • IVA e impuestos locales: Si el extranjero desarrolla una actividad económica en Colombia, como la venta de bienes o servicios, puede estar sujeto al Impuesto al Valor Agregado (IVA) y otros tributos locales. 

     

    En el caso de quienes no cumplan los requisitos de residencia fiscal, la DIAN establece que solo tributarán sobre los ingresos obtenidos en Colombia. En estos casos, las empresas o entidades colombianas que paguen a extranjeros deben hacer las respectivas retenciones en la fuente. 

     

    Los trámites migratorios y los requisitos tributarios son de los primeros ámbitos en que se manifiestan los efectos del posicionamiento de Colombia como destino internacional de toda índole. A partir de allí, las consecuencias se trasladan a diversos ámbitos: desde lo económico hasta lo cultural.

     

  • Los matices del turismo en la comuna 13

     Tras la construcción de las escaleras eléctricas de la comuna 13 en 2011, el barrio Las Independencias se transformó en el eje de todo lo comprendido por la zona. Una comuna compuesta por 21 barrios en los que, llegue o no el turismo, el cambio es un fenómeno latente. 

     

    José Andrés Ramírez Canon / Juan José Ríos Arbeláez  – periodico.contexto@upb.edu.co En colaboración con Lia Da Giau y estudiantes de la organización Make Sense.

     

    La que alguna vez fuera considerada como la comuna más violenta de Medellín, ruta de la ilegalidad, fuente de la guerra urbana y más adelante, el epicentro de las operaciones militares de la llamada “seguridad democrática”; hoy se abraza a la resignificación territorial que trajeron los proyectos de urbanización social y se expone al mundo con el cambio de sus valores a través de la memoria, una memoria aun en construcción, con la que se comercia y se conforma uno de los pasajes turísticos más importantes en la ciudad.  

     

    Según el Plan estratégico de turismo 2018-2024la transformación social es uno de los ejes sobre los cuales la ciudad puede establecerse como “un destino líder en innovación y transformación”, de manera que los proyectos de urbanización social que iniciaron con el programa político de Medellín la más educada en 2004, cuyo fin era mejorar la calidad de vida de los habitantes, hoy se adhieren a la estrategia de promoción turística, haciendo que sectores históricamente excluidos en los planes de desarrollo aparezcan como nuevos destinos. 

     

    Las primeras acciones de esa urbanización social estuvieron orientadas a la conectividad urbana en materia de movilidad y educación, con la construcción de las líneas del metro cable y la inversión en bibliotecas públicas y parques. Estas intervenciones modificaron la manera en la que se pensaba la ciudad y derivaron en 2011, durante la alcaldía de Alonso Salazar, en las primeras escaleras eléctricas concebidas como solución a la movilidad urbana, trayendo consigo una nueva narrativa en la que se consolidaba Medellín como ciudad innovadora. 

     

    En su estancia con organizaciones de la Comuna 13, estudiantes de la organización Make Sense conocieron la percepción de los residentes sobre el turismo en la zona. Fotos: Lia Da Giau.

     

     

    Unas con otras

    Las escaleras pudieron quedarse en eso. En un mecanismo que mejoraba la calidad de vida en una de las siete montañas que conforman Las independencias, y que, de paso, eran la imagen para venderle la ciudad a nuevos inversores. Sin embargo, el proceso artístico y cultural que permeaba a la comunidad como salida de la violencia cambió por completo las dinámicas del barrio popular. La aparición del graffitour como máxima expresión del arte urbano hizo de las escaleras eléctricas y el viaducto Media Ladera un nuevo pasaje comercial en el que se mezclan el arte, la memoria y la gastronomía. 

     

    De las siete montañas que conforman el barrio, apenas tres perciben los efectos del turismo masivo que derivó de la oferta en la comunidad. Pero los más de 3 mil millones de pesos* que registró el sector en el último dato de 2018, según datos consolidados por los investigadores Carolina Muñoz y Santiago Rodríguez sobre el mercado de los grafitis, hacen que la expansión del turismo sea un anhelo para los demás habitantes de la comuna 13.  

     

    En un artículo para El País, Laura Moreno, afirmaba que este fenómeno comercial suele traer alteraciones en las características del territorio y en las dinámicas propias de la ciudad. La apertura comercial a la memoria, la transformación social, el auge económico y la exploración de alternativas similares han hecho de la comuna 13 un eje de referencia mundial en el turismo urbano y de transformación social. Sin embargo, la promoción de este fenómeno se ha enfocado desde una narrativa económica que apremia los ingresos, sin evaluar el impacto en el tejido social de la comunidad.  

     

    La empresa de turismo Zippy Tour, en alianza con la organización Make Sense y un grupo de estudiantes internacionales, realizó una investigación piloto sobre el impacto del turismo en la comuna 13. El estudio tuvo como foco al barrio Las Independencias, haciendo un muestreo a 153 habitantes de la región, abordando temas sobre la calidad de vida de los residentes, seguridad, acceso a servicios, economía, movilidad, manejo de basuras y ruido. 

     

    Economía 

    Al ser preguntados por si consideraban que los visitantes de la comuna estaban informados de su historia, el 39.87% respondía que sí con indiferencia y completaban diciendo: “y si no se la saben acá se las enseñamos”. 

     

    La memoria es la fuente del comercio en la comuna. De ella se desprenden los restaurantes, las tiendas de regalos, las cafeterías, las terrazas, los shows folclóricos y los más de 28 operadores turísticos de la ciudad que ofrecen el recorrido por la comuna en más de 6 idiomas. Sin el atractivo de esa memoria resiliente o el morbo histórico del narcotráfico, que sigue atrayendo turistas a la ciudad, no existiría el corredor comercial del cual depende el 37.3% de los encuestados para sus ingresos. 

     

    Hasta ahora, ese crecimiento económico no ha derivado en la incursión de inversores ajenos a la comuna. El 60.13% coincidió en que las tiendas y restaurantes de la zona son propiedad de los residentes y no de vecinos nuevos de la comunidad. Sin embargo, esta bonanza de terrazas con bares, restaurantes y tiendas de regalo ha traído un encarecimiento de la vida en arriendos y servicios en los que el 48.4% considera que el turismo ha encarecido su vida y un 55% considera que los precios por los bienes y servicios son injustos. 

     

    Sobre la cúspide de la Independencia 2, lejos del Viaducto, por donde apenas se filtraba el ritmo del hip hop, decía Luz Obregón que hasta su casa la vida no había cambiado tanto, salvo por el ruido y la subida de los precios. Cuando hacía la entrevista se cruzó su esposo, que no quiso dar el nombre, y repuso mientras señalaba una botella de Coca-Cola que tenía en la mano: “Dígales, dígales a todos de esos ladrones de ahí abajo en el Viaducto. Esta gaseosa que acá arriba vale dos mil quinientos pesos allá vale cuatro mil”. 

     

    El efecto es una consecuencia simple. El turista que viene y va, que paga en dólares lo que consume y puede pagar cualquiera de esas gaseosas a dólar, termina definiendo el precio de los productos para toda la zona. Tanto para turistas como nativos. Ese desequilibrio económico que suscita el turismo configura el fenómeno de gentrificación que ha ganado cada vez mayor terreno en la ciudad, interviniendo el alza de precios en los bienes y servicios. 

     

    Seguridad 

    La seguridad ha sido siempre un foco de discusión en el territorio. Aunque la guerra urbana había quedado atrás, el estigma de lugar inseguro seguía latente en el sector y se fue transformando igual que los procesos sociales de la comuna tras las operaciones militares en 2002. 

     

    Teniendo en cuenta que el fenómeno del turismo es relativamente nuevo en la comuna, tiene menos de 10 años, la lucha por transformar su percepción está enfrascada en un halo ambiguo. Algunos medios han informado de la modalidad de vacunación de las bandas urbanas a la cual someten a los operadores de turismo para que puedan ejercer con tranquilidad. Sin embargo, el 62.1% de los encuestados afirman que el turismo ha traído beneficios para la seguridad en el sector, tanto para locales como visitantes.  

     

    Basuras 

    La gestión de residuos en Las Independencias tiene dos modalidades. El corredor comercial que comienza entre la carrera 109 y la calle 38A, se extiende ascendiendo por la carrera 110 hasta llegar a las escaleras eléctricas y termina en el viaducto, es limpiado todos los días, pues es el eje turístico del sector. Mientras que, en el resto del barrio, Emvarias recoge los residuos los miércoles y sábados de cada semana.

     

    Más allá del viaducto Media Ladera, la accesibilidad a Las Independencias es compleja porque sus callejones no están demarcados y ascienden en centenares de escaleras hasta las cimas de las montañas y vuelven a bajar. Esta característica hace que la recolección de residuos en el barrio se dé en diversos puntos y no afuera de cada una de las casas, como pasa en gran parte de la ciudad. Para esto, los residentes suelen pagarles a recolectores que desplazan los residuos a los depósitos que están repartidos en el barrio. 

     

    A pesar de que el servicio de aseo diario se limite solo al pasaje comercial, el 56.2% de los encuestados considera que el manejo de basuras en la comunidad es positivo.  

     

    Movilidad 

     

    Movilidad, contraste del colorido turístico de la Comuna 13

    Video: José Andrés Ramírez, Juan José Rios – Lia Da Giau.

     

    La masividad de los visitantes cambió el uso de las escaleras eléctricas, según algunos residentes que afirman tener menos acceso a ellas que los turistas. “Lo que nosotros creíamos que era un beneficio para la comunidad, se ha convertido en un caos”, asegura Alba Cardona, residente de la comuna 13 desde hace veintisiete años. “Más que un uso para nosotros, las escaleras se convirtieron en el destino de los turistas y es normal, pero entonces uno ya no se puede mover igual porque hay mucha gente”, sostiene. 

     

    Según estadísticas de la Alcaldía, en 2021 transitaban veinticinco mil personas mensuales por el tramo de las escaleras eléctricas y el viaducto que llega hasta la Independencia 3. Por otro lado, la agencia de turismo Zippy Tour calcula que durante temporada baja el promedio de visitantes es entre setenta mil y ochenta mil personas, y en temporada alta la cifra puede llegar a los doscientos cincuenta mil transeúntes, como en diciembre de 2022. 

     

    El viaducto Media Ladera compone el tramo de mayor conglomeración en el sector. Por un lado, es el pasaje comercial que contiene restaurantes, bares, tiendas, mercados, grafitis, grupos de danza e improvisación urbana y el mirador hacia la ciudad. Por el otro, la vía del barrio popular que conecta las montañas que conforman Las Independencias.  

     

    Esta última condición hace que el tramo no sea enteramente peatonal, puesto que los residentes y los mismos comerciantes se desplazan en motocicletas a lo largo del viaducto para suministrar los locales y movilizarse por el barrio. Manuel Mosquera, comerciante y residente desde hace más de cuarenta años, considera que debe haber un mayor control para que la situación no genere problemáticas. “Los días en semana se transita bien, pero cuando hay mucha gente, los fines de semana, si es interrumpido y puede haber malos entendidos entre los locales y los visitantes, por eso queremos que en esos días no transiten motos”, argumentó.  

     

    La aglomeración de turistas, las motocicletas que surten el comercio y las dinámicas locales, impactan la movilidad del sector reduciendo las posibilidades de tránsito en los días donde más visitantes hay. Con respecto a esto, algunos residentes se sienten alarmados ante la incapacidad de actuar durante una emergencia. “Es muy complicado recoger un enfermo, un herido o un muerto… En las escaleras eléctricas hay botiquines y camillas, pero cuando uno va los implementos están malos y no se pueden usar”, dice Alexandra Henao, quien vive en la zona desde hace diecinueve años. El 37.3 % de los encuestados considera que la gestión de tráfico en la comuna es deficiente.  

    Resultados del sondeo adelantado por los estudiantes de Make Sense con los habitantes de la Comuna 13.

    Infografía: José Andrés Ramírez, Juan José Rios.

     

    Ruido 

    Desde las nueve de la mañana empiezan a recogerse turistas alrededor de las escaleras eléctricas, en un plan que puede extenderse hasta más allá de la media noche.  

     

    El carácter artístico y cultural de la comunidad está ligado al hip hop y es posible encontrar diversos grupos de baile e improvisación durante todo el recorrido. Usualmente estos grupos paralizan las vías por medio de su arte y su música, que resuena por todas las calles. Sin embargo, ellos no son la fuente principal de ruido que acosa al sector. 

     

    El éxito comercial de la comuna hizo que en poco tiempo los residentes transformaran el entorno y las casas se llenaron de planchas y terrazas con bares. Muchos han visto la oportunidad y consideran seguir la expansión. “Uno canta, el otro rapea, el otro tiene un bar… como que se les olvidó que esto es zona de residencia y como acá la Policía no viene por esos temas, no hay Dios ni ley”, dice Alexandra Henao. 

     

    Para Alba Cardona, residente de La Independencia I, el ruido ha sido detonante para que muchas personas se vayan del territorio. “Esa mezcla de sonidos de todas partes genera un murmullo que no para en todo el día”, asevera. 

    Dentro de las dinámicas del barrio popular, el volumen del sonido siempre ha sido asunto de discusión. Sin embargo, lo que antes era discusión residencial trascendió a lo comercial, en unas dinámicas que perfilan a La Independencia I como un aglomerado de bares, terrazas y cantinas que se juntan una con la otra entre las residencias. El 51.6 % de los encuestados consideran que el ruido impacta en su calidad de vida y es la razón principal para que el 20.9 % quiera mudarse fuera de la comuna 13. 

     

    En la presentación de los resultados de esta investigación piloto, Make Sense y Zippy Tour realizaron una charla con diferentes lideres de la comuna 13, en la Universidad Pontificia Bolivariana, donde abordaron los puntos positivos y negativos del turismo que hoy se centra en el sector. 

     

    Los ejes de esta discusión se enfocaron en la necesidad de fortalecer la cultura en el sector, ampliar la idea de comuna más allá de la imagen hegemónica atribuida a Las Independencias y poner a la comunidad en el centro de la mesa de discusión sobre el turismo en la ciudad. “En la comunidad hay que preguntar y no informar, y la gente, las instituciones y la academia creen y malcreen que la comuna es San Javier, Las Independencias y ya”, concluía David Correa, líder del laboratorio de innovación social de Las independencias. 

     

    La Alcaldía de Medellín refuerza su apuesta por el Plan estratégico de turismo con la formación de 184 guías y la expansión del viaducto a las otras independencias, mientras que se realiza el primer estudio de cargas turísticas del país, para conocer el límite de visitantes en la comuna 13. Al tiempo, la reciente creación de un despacho del alcalde para ese ramo en específico genera expectativas de una labor más efectiva para la regulación.

  • La política y lo político: más allá de las elecciones

     

     

    Géiner Alexis Rojas Vahos , Jose Andrés Ramírez Cañón / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    La política… una palabra que da vueltas por todas partes los días de elecciones, cuando las ciudades están inundadas de publicidad, las calles y las personas se visten de los colores y pareciera que toda la discusión orbita alrededor de ese tema, hasta el hastío, porque tanto ruido hace que la “fiesta de la democracia” no entusiasme.   

     

    No obstante, la política no deja de ser competencia de todos los ciudadanos. Desde Contexto se hizo una revisión con algunos conocedores del tema para saber cuáles son los diferentes significados de esta, abordar la acción política desde otro ángulo distinto al electoral y ver otras formas de lo político presentes en la ciudad. 

     

     

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    Para Miguel Bernal, estudiante de Ciencia Política de la UdeA (Universidad de Antioquia), “la política es la ciencia del poder, estudia las relaciones de poder que hay en la sociedad y cómo se materializan en las instituciones; pero también a nivel interpersonal, cómo pueden aparecer esas relaciones de poder (…), dentro de una de sus definiciones, terminan siendo estamentos o instituciones que aparecen para regular, de cierta manera, los comportamientos y las relaciones entre las personas”.  

     

    Por su parte, María Fernanda Mora, también estudiante de Ciencias Políticas de la UdeA, concluye que la política es “la actividad que ejercería una persona que se dedica a trabajar sobre lo público”.   

     

    Teniendo eso en mente, quizás lo que más desencanta de la política no es la política en sí misma, sino la politiquería que es “la desviación negativa de la política, es decir, cuando ese ejercicio puro y noble, de velar por los demás se termina perturbando y se guía hacia el engaño, el clientelismo y la corrupción”, dice Mora. Para Bernal es “ese juego sucio en el que se sirve de la demagogia, de mentiras, de pasiones y populismos para obtener adeptos en cuanto a las elecciones, la realización de contratos y de leyes, que se ven atravesadas por unas negociaciones en las que se busca un beneficio propio”.  

     

    Entonces parece que lo que se entiende por política en realidad es politiquería. Las personas piensan generalmente que es el acto de votar y –aunque sí lo es– no lo es todo. “Cuando las personas sienten un rechazo hacia la política, lo que están sintiendo es, sobre todo, un rechazo hacia el ejercicio electoral”, dijo Bernal.  

     

    En un escenario como este es entendible la apatía y el agotamiento, pero con las respuestas de las personas entrevistadas se entiende que, este término difícil de aprehender, no se agota en las urnas y hay muchas otras formas de ejercerla. Para Hugo Buitrago, docente de la facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB, “la política tiene que ver con mucho más (…) digamos que el accionar en sociedad tendría que ser per se un accionar político”. Lo que indica que todos, se quiera o no, estamos insertos en este panorama.  

     

    Otras formas de la político, otras expresiones de lo político

     

    Para Mora “lo político puede ser construido por un actor social, desde un movimiento, por un actor particular, a partir de una demanda, o incluso por las mismas personas que ejercen la política”, señala la estudiante.   

     

    “La convivencia implica vivir con el otro, esa sensación de empatía, de otredad, de alteridad(…), son ejercicios políticos que no se dan a partir necesariamente de la proselyte, sino que se dan a partir de la construcción social, de la autogestión, del camino conjunto, de ese reconocimiento, de esos espacios de diálogo que están por fuera de la elección y por fuera de ese entramado político”, afirma el profesor Buitrago.   

     

    Con todas estas ideas de lo político, se retrataron algunas de esas acciones sociales, populares, comunitarias; que se dan en la ciudad de Medellín y que tienen una fuerte apuesta política sin estar inmersos en el panorama electoral: El Derecho a No Obedecer, La Red Feminista Abolicionista de Medellín y la Huerta Guacamaya.

     

    Les invitamos a enterarse del quehacer de cada una de estas organizaciones a través de Contexto. Esperamos que esta sea una puerta de entrada para reunir más apuestas políticas desde lo comunitario, que sea un espacio para darles visibilidad y, porque no, que las personas se sientan interesadas en ser partícipes de las iniciativas.     

     

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  • El cambio de mirada que necesita la presencia indígena en Medellín

    Por: Nicolás Tamayo / nicolas.tamayo@upb.edu.co.

     

    En septiembre de 2022 la Personería de Medellín reveló que 582 personas de comunidades indígenas se encuentran en situación de mendicidad en las calles de la ciudad. Este es un compendio de las razones, los detalles y los agravantes de este fenómeno que llama también a un cambio de mirada.

     

    Algunos de los sectores más concurridos de la ciudad en los últimos años se han visto habitados por indígenas, particularmente mujeres. Unas venden artesanías que hacen durante sus jornadas en los andenes, otras piden limosna en puntos estratégicamente visibles de El Poblado, Belén, Laureles y el Centro, casi en grupos con otras mujeres y niños incluso de pocos meses de nacidos, cuya presencia ya se ha convertido en paisaje para los transeúntes locales.

     

    Medellín y los indígenas

     

    En Medellín hacen presencia cerca de 34 pueblos: Pastos, Embera Chamí, Embera Dobida, Senú, Inga, Embera Katío, Nasa-Paez, Kichua, Misak-Guambiano, Nutabe, Kamétsa, Wayúu, Yanacona, Cubeo, Curripaco, Gunadule, Macuna, Puinave, Quillasingas, Siona, Wounann, Yamesies, Kokonuco, Wiwa, Arhuaco, Awa, Cherokee, Pijao, Uwa, Yariguies, Maya, Chibcha, Guanal y Muisca. Sin embargo, según un diagnóstico realizado por el Grupo Especial de Asuntos Étnicos y Migrantes de la Personería de Medellín en 2021, este número podría ascender a 60 pueblos, contando 26 que se encuentran en condición de informalidad.

     

    Estos pueblos están organizados en nueve cabildos en contexto de ciudad que surgieron para legitimar los procesos indígenas en Medellín como una nueva forma organizativa para estas comunidades. Siete de los nueve cabildos reconocidos están adelantando procesos de formalización para adquirir una estructura que le permita tener avales por parte del Estado. Actualmente hay dos que ya consiguieron el aval del Ministerio del Interior: Zenú y Quichuas.

     

    El cabildo más representativo que existe en Medellín es el Chibcariwak, que está vigente hace 47 años y es un referente a nivel nacional en materia de organización indígena en contextos de ciudad. Desde su concepción, se ha estructurado como un cabildo multicultural y multiétnico que recoge y atiende asuntos relativos a población Kichua, Embera y Zenú. Solo de este cabildo se han desprendido otros cinco que vienen desarrollando sus procesos de organización desde el 2017.

     

    A raíz de la numerosa presencia de la comunidad indígena en la ciudad, hace dos años la actual administración municipal creó la Gerencia Étnica de Medellín, una dependencia de la Secretaría de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos que se encarga de la coordinación de planes, programas, proyectos y políticas públicas alrededor de la población indígena que habita la capital antioqueña.

     

    Los indígenas en las calles

     

    La presencia de indígenas en situación de mendicidad en Medellín tiene antecedentes de más de dos décadas. Sin embargo, desde hace algunos años comenzó a tornarse más y más evidente en lugares como la Avenida El Poblado, la Avenida 70, la Calle 10, el Parque de Belén e inmediaciones de las estaciones San Antonio y Parque Berrío, con el factor adicional del alto flujo de turistas. Este es un indicio de que el problema es sistemático y va más allá de la mendicidad.

     

    La instrumentalización de los indígenas en Medellín se ha convertido es un secreto a voces entre quienes habitan cotidianamente los sectores de permanencia de estas personas que viene siendo intervenido por las dependencias municipales correspondientes en función de mitigar progresivamente el fenómeno.

     

    Según la Gerente Étnica Yaisa Palacios Navia, el aumento en la presencia de indígenas en Medellín y, derivado de ello, el aumento de casos de situación de mendicidad e instrumentalización es reflejo directo de las problemáticas sociales que se viven en el país. “A raíz del desplazamiento forzado, el narcotráfico, las bacrim, entre otros problemas, muchos indígenas, sobre todo de los pueblos Embera, han tenido que desplazarse de sus regiones de origen hacia Medellín, que se ha convertido en una ciudad receptora de la problemática”, explica Palacios Navia.

     

    Según la Línea de base sobre el estado de los derechos étnicos de la población indígena en el municipio de Medellín realizada en 2019, en la ciudad hay un aproximado de 6 128 indígenas. De estos, se calcula que hay unos 238 niños, niñas y adolescentes, sin embargo, se prevé que el subregistro sea alto, como en efecto lo dan a entender las cifras de septiembre de la Personería que hablan de 245 niños, niñas y adolescentes, en situación de mendicidad.

     

    La Gerente explicó que la situación se hace aún más compleja para los indígenas tras su llegada a la ciudad, que suele ser repentina. “Cuando llegan a la ciudad no cuentan con una red de apoyo que les permita asentarse y encontrar un lugar seguro donde hospedarse; llegan a Niquitao huyendo de problemáticas muy complejas y llegando a otras incluso más complejas. Bandas, Instrumentalización, consumo de psicoactivos, vulneración de los Derechos Humanos de niños, niñas y adolescentes, mendicidad, y como si fuera poco, no hablan español”, explica la Gerente Étnica.

     

    Estas personas provienen de diferentes regiones en cerca de 20 departamentos del país, entre los cuales destacan 9: Antioquia, Nariño, Caldas, Chocó, Córdoba, Putumayo, Cauca, Valle del Cauca y Risaralda de donde proviene el 91,6% del total de migraciones a la capital de Antioquia.

    Infografía: Nicolás Tamayo Escalante.

     

    Un problema sistemático

     

    Durante los últimos meses la Gerencia Étnica ha hecho acompañamiento presencial a las comunidades indígenas, haciendo visitas a los lugares en los que se ubican estos grupos de mujeres y niños a vender o pedir limosnas. Las jornadas de trabajo hasta las 3 de la mañana, según los horarios de las zonas de fiesta y vida nocturna en Medellín, les han permitido identificar la sistematicidad de la problemática.

     

    La Gerente Étnica Yaisa Palacios Navia explicó que en sectores clave se identifican, por ejemplo, 4 grupos en una sola cuadra, esto alrededor de las diez de la noche”, lo que supone muchos riesgos para los niños que hacen parte de ellos.

     

    “Nosotros pasamos a hacerles una serie de preguntas con las que buscamos acercarnos a ellos y comprender su situación. Ante preguntas simples como su nombre o su lugar de residencia estas personas suelen responder, de memoria, monosilábicos —no sé—. Sus respuestas en general están muy limitadas y planificadas, tienen un libreto que les dan las personas que las instrumentalizan. Incluso tenemos conocimiento de que varias de las niñas que están inmersas en esta red ya cuenta con horarios, dicen —Mañana tengo que trabajar a las 8— muchas de ellas ya lo ven como un trabajo”, explica Palacios.

     

    Cuando una persona trata de entablar algún tipo de conversación, de hacerles preguntas o incluso cuando permanecen por mucho tiempo junto a estas personas, la reacción es de un nerviosismo evidente, que da la impresión inmediata de que quieren que las personas se alejen de ahí cuanto antes. No se ha logrado identificar con pruebas contundentes la supuesta instrumentalización.

     

    El aumento de visitantes extranjeros agrava la situación. Según datos de Migración Colombia, a principios de septiembre Medellín superó a Cartagena como la segunda ciudad con mayor ingreso de turistas. La capital antioqueña reportó la llegada de 340 000 viajeros entre enero y julio de 2022. Con el auge del turismo en la ciudad, un elemento muy particular ha hecho más rentable la mendicidad e instrumentalización de indígenas, las limosnas que reciben han pasado de ser pesos colombianos a dólares, por lo cual el recaudo neto de los indígenas durante su permanencia en las calles de las zonas turísticas ha aumentado exponencialmente.

     

    La directora de Barrio Provenza, Juanita Cobollo, ha denunciado ante la Gerencia Étnica que las niñas indígenas en El Poblado se han convertido en objeto de abuso sexual y suministro de sustancias. Por otro lado, comerciantes del sector de Manila han presenciado casos en los que indígenas en situación de mendicidad de la zona son recogidos por vehículos. En este punto, la Gerente advirtió que ante la llegada de la temporada decembrina y con ello, el aumento de turistas en Medellín, aumentan las posibilidades para que se presenten estos problemas.

     

    El concepto de población flotante hace referencia a que los individuos o comunidades están en constante movimiento, por lo cual no es posible caracterizarlos dentro de las categorías que se tienen establecidas en la ciudad y, mucho menos, ligarlos a lugares o zonas de residencia para hacer un acompañamiento continuo y efectivo.

     

    Medellín es particularmente atractiva puesto que es uno de los pocos distritos del país que cuenta con recursos destinados para la atención especializada y el acompañamiento de las personas que migran a la ciudad. Las soluciones oficiales han contemplado planes de arriendo, mercado y planes de retorno. Según cifras de la Gerencia Étnica, recientemente se acompañó el retorno de 78 indígenas a sus lugares de origen. En estos planes participan la Secretaria de No Violencia con la Unidad de Derechos Humanos y la Unidad para la Atención a Víctimas del Conflicto, en articulación con el Grupo Especial de Asuntos Étnicos y Migrantes de la Personería de Medellín para la recepción de declaraciones y la caracterización de la población. Es más de lo que existe en muchas otras ciudades, pero evidentemente no es un solución definitiva.

     

    Según la Gerencia Étnica, desde el distrito se han generado campañas de sensibilización y procesos de acompañamiento psicosocial a esta población, sin embargo, los esfuerzos han sido insuficientes puesto que se realiza la caracterización de 200 personas y al día siguiente pueden llegar 5 o 6 familias integradas por 10 personas más, según fuentes de la Gerencia Étnica. La institucionalidad de la ciudad se ha ido transformando para atender las demandas de la realidad social, sin embargo, falta mucho para la atención óptima de esta problemática.

     

    ¿Qué hay detrás de todo esto?

    La migración de indígenas a Medellín y las sub problemáticas asociadas son fenómenos con varias aristas por considerar a la hora de explicar qué hay detrás de todo.

     

    La desatención en los territorios es causal de la migración hacia las ciudades. La violencia sistemática y el conflicto armado deja en medio del fuego cruzado a los indígenas, por lo cual poder permanecer en las regiones resulta especialmente difícil, en medio de condiciones de pobreza, violencia y abandono del Estado.

     

    En muchos otros casos, los indígenas se movilizan, no porque existan amenazas de grupos armados, sino por la simple presencia de los mismos en zonas aledañas a sus resguardos, pues usualmente les impiden, por ejemplo, cultivar, lo cual a largo plazo les obliga a movilizarse. El encuentro con personas ajenas al contexto de las comunidades deriva también en problemas de alcoholismo, drogadicción y violencia intrafamiliar; otro motivo que impulsa a las mujeres indígenas y sus hijos a tener que huir de sus territorios escapando de maridos maltratadores.

    Al interior de las comunidades también hay problemáticas que inciden en el desplazamiento la ciudad, principalmente de mujeres y niños. Foto: Nicolás Tamayo.

     

    Del territorio a la ciudad: contrastes

     

    La calidad de vida, sus condiciones como habitantes y las oportunidades de los indígenas en contexto de ciudad son extremadamente diferentes a las características con las que viven en sus territorios de origen. Olga Lucía Arbeláez, coordinadora del área de etnoeducación de la Facultad de Educación y Pedagogía de la Universidad Pontificia Bolivariana, afirmó que las condiciones de ciudad son sumamente desfavorables para los indígenas.

     

    Según explicó Arbeláez, las comunidades indígenas tienen estructuras muy delimitadas y establecidas históricamente, concretamente, tienen legislaciones propias que difieren de las establecidas en la ciudad: “Las condiciones del contexto de ciudad no son favorables, mucho menos para una población flotante teniendo en cuenta que el contexto de ciudad dificulta los procesos de integración y acompañamiento. Así haya cabildos de ciudad, los contextos más reales de la vida propia de un indígena están en los resguardos afuera de las ciudades, en el campo, en la tierra propia, donde puedan tener sus chagras y el cuidado de sus animales. Una de las características del indigenismo es poder tener contacto con la tierra y con el entorno natural y de animales que hacen parte de su cosmovisión”, explica.

     

    Y añade que: “Al analizar la situación de la población flotante, nadie sale de su tierra, espacio vital o contexto natural por voluntad, si se tienen las condiciones y recursos, y se puede desarrollar la vida a plenitud, nadie recurre a desplazarse a un contexto que le es desconocido”.

     

    La licenciada en Etnoeducación aportó además una simplificación del panorama al que se enfrentan los indígenas en su llegada a Medellín: “La cosmovisión de los indígenas no gira de acuerdo a la cosmovisión de la ciudad, les ha tocado adaptarse a ella. No hablan español, no trabajan y no estudian, ¿Qué opciones les quedan en Medellín para suplir sus necesidades?”.

     

    ¿Qué se está haciendo para intervenir los problemas?

     

    Lo primero que hay que tener claro es que las problemáticas relativas a las condiciones de vida de los indígenas son un asunto de país. A partir de la creación de la Ley 55 de 1905, en la cual se reconocieron los resguardos indígenas en Colombia, se han creado 17 leyes, 20 decretos, 2 resoluciones y 11 sentencias que están enfocados en el acompañamiento, reconocimiento o favorecimiento legislativo de las comunidades indígenas.

     

    En Medellín existe el acuerdo 130 de 2019, que fundamenta todas las labores de intervención y acompañamiento que se efectúan. A partir de ese documento desde la administración municipal se han estado tomando diferentes medidas para tratar de cubrir la mayor cantidad de ángulos posibles de esta problemática.

     

    En toda la ciudad se hacen jornadas de atención, acompañamiento y salud en las que además se hace registro de los menores de edad. De estas jornadas participan funcionarios del ICBF, quienes se encargan de darle prioridad a la restitución de derechos de los niños, niñas y jóvenes indígenas, según lo establece la Ley 1098 de infancia y adolescencia. La policía de infancia y adolescencia quien culmina el proceso y conduce a los niños a los hogares de restablecimiento de derechos.

     

    Adicionalmente, la Unidad de Niñez de la Secretaría de Inclusión Social tiene un equipo desplegado en todo el municipio para la atención a los menores. Actualmente se han caracterizado 230 niños que residen en Niquitao, uno de los principales sitios de habitación de los indígenas en Medellín, según la caracterización de la Gerencia Étnica, gracias a la cual se articulan esfuerzos con programas como Buen Comienzo para definir alternativas de acompañamiento educativo a los niños, niñas y jóvenes con materiales e intérpretes en lenguas nativas. Todo para garantizar condiciones diferenciales que permitan la permanencia de los niños en la educación y ayudar así desmontar la circunstancia de no tener con quién dejar a los niños que terminan en las calles.

     

    Desde la perspectiva de los cabildos en contexto de ciudad, el Gobernador del Cabildo Embera, Haverman Peña Caizamo, comentó que la organización colabora con la población indígena con certificados para acceder a servicios educativos pues estas personas no tienen la obligación de presentar fichas de Sisbén puesto que son población de especial protección. El cabildo también les ayuda en los procesos de gestión de certificados para el registro civil de los menores y certificados para atención de salud. Pero todavía cunde el desconocimiento sobre estos beneficios y eso muestra a vulnerabilidad que persistes sobre estas personas.

    Urge un cambio de mirada

     

    A través de los sistemas de vigilancia las autoridades tratan de identificar a las personas que instrumentalizan a los indígenas y atacar el problema desde sus orígenes, justamente otro de ellos son las percepciones de la mayoría sobre el asunto. Así lo explica la Gerente Palacios:

     

    “En la ciudad las personas han confundido las cosas. Todo indígena que ven está afeando la ciudad o es una persona vulnerable, o está en ejercicio de mendicidad y no es así en todos los casos. Los habitantes de la ciudad han maximizado y generalizado las problemáticas reflejándolas en todo indígena que habita la ciudad. Sí hay vulneración de derechos. Sí hay ejercicio de mendicidad e instrumentalización, pero no todos los indígenas en la ciudad se encuentran en esta situación”, explica.

     

    En relación con ello, llama a una actitud más responsable en las acciones cotidianas: “Las personas sienten lástima por ellos cuando no debería ser así, es fundamental que los habitantes de la ciudad adopten una postura integradora con la comunidad indígena y dejen de discriminarlos solo por usar sus atuendos tradicionales o por sus rasgos físicos”, indica.

     

    ¿Cómo se debería abordar este tema?

     

    La profesora Olga Arbeláez explicó que es incorrecto aceptar que los indígenas están en Medellín en conocimiento de las condiciones de vida que tienen en su habitar la ciudad. Según la etnoeducadora, “es prioritario recuperar la familia, analizar las condiciones en las que están viviendo y procurar por facilitarles el retorno a sus territorios. La problemática de la mendicidad y la instrumentalización no debe enfocarse únicamente a los indígenas, la problemática debe abordarse holísticamente desde esas dos aristas y posteriormente abordarla con los enfoques particulares de cada comunidad”.

     

    El consenso en torno a cómo debería abordarse la situación de los indígenas en el contexto de ciudad es optar por abordajes pedagógicos, para esto es preciso acercarse a la comunidad para entender por qué son población flotante en las ciudades: conocer la estructura, conocer la comunidad, hacer un análisis retrospectivo de por qué migran.

     

    Señala la etnoeducadora que, a nivel pedagógico es preciso crear un sistema que permita entender quién es el otro y qué necesidades tiene, además, cuáles son las formas de acercarse a suplir dichas necesidades. Los pueblos indígenas tienen legislación propia, así que es necesario averiguar cuáles son las políticas propias de los resguardos para adecuar las políticas públicas de la ciudad y así darles una oferta de acompañamiento amplia y acorde a las necesidades de estas comunidades. En concreto, los proyectos de ciudad se deben aproximar en sus formas y metodologías a los implicados principales de estas políticas, que en este caso son los indígenas.

     

    La Secretaria de Inclusión Social adelanta la campaña No Limosna, con la que se busca hacer pedagogía para que los locales y extranjeros no den limosna y así prevenir la instrumentalización, la iniciativa incluye una oferta de oportunidades académicas y laborales. Según la dependencia, hasta ahora más de 1 300 personas salieron de la situación de mendicidad.

     

    Según la Gerente Étnica Yaisa Palacios, las acciones como estas deben continuar mostrando cómo son las costumbres de los cabildos más allá de la mendicidad que ve la gente ve en la cotidianidad. A su turno, la docente Arbeláez señaló que es posible que la existencia de políticas públicas no sea suficiente para darle solución a estas problemáticas: “En un Estado Social de Derecho se podría esperar que todo se regule a través de políticas públicas, pero la realidad de los grupos sociales rebasa estas políticas. El asunto es de la presencia del Estado en todas las regiones, ofreciéndole a todos los ciudadanos, sin importar su etnia, los derechos básicos, cumpliendo las obligatoriedades de proteger a la población, ofreciéndole una calidad de vida y unas condiciones de vida dignas”. Y añade: “Me parece mejor que el punto de partida sea pensar ¿Cómo se dignifica la vida en los territorios?”.

     

    Hace dos años se creó en Medellín la Mesa Permanente de Concertación Indígena, un espacio mixto de participación y concertación de estrategias, planes, programas y proyectos para la población indígena, cuyas metodologías, según la Personería de Medellín, se basan en pedagogías ancestrales e interculturales promovidas por las autoridades de los pueblos indígenas residentes en Medellín y ejecutadas por un equipo conformado principalmente por integrantes de esta comunidad. Al parecer, existen las estructuras para sacar adelante las soluciones, la cuestión es qué tanto funcionan ante un problema que rebasa los límites de la ciudad y los ritmos de su administración pública.

     

     

  • El invierno deja huellas cada vez más profundas en Antioquia

    Duvian Arleison Castrillón, quien murió sepultado por un alud cuando transitaba por la vía que comunica los municipios de remedios y Segovia, en el Nordeste Antioqueño, es el caso número 61 de personas fallecidas en situaciones asociadas al incremento de las lluvias durante el año 2022 en este departamento.

     

    Crecientes súbitas, avenidas torrenciales, vendavales y caída de estructuras, son el tipo de situaciones en las que se han presentado la mayoría de estas muertes, la parte más sensible de una situación que también incluye daños en viviendas y vías; estos últimos, que afectan especialmente zonas como el Suroeste, donde se prepara la cosecha cafetera, en medio de la incertidumbre sobre cómo sacar millones de sacos a los pueblos y a los puertos.

     

    En Medellín, la transformación del paisaje por el aumento desmedido de la construcción en zonas de laderas es el rasgo más visible del contexto en el que impactan los fenómenos climáticos que llevaron al aumento de las lluvias durante el presente año. Los habitantes de la capital de la montaña se han acostumbrado a los fuertes aguaceros a media tarde y a los trancones que les siguen, en los cuales son parte del paisaje los vehículos de emergencia que corren a atender caídas de árboles, inundaciones, deslizamientos y daños en viviendas de todo tipo y estrato, porque los efectos se han sentido desde la comuna 2, Santa Cruz, hasta la 14, El Poblado.

     

    Pérdidas humanas y daños materiales están entre los efectos inmediatos, pero las lluvias están dejando huellas más profundas en las vidas de los antioqueños, al punto que están incidiendo en movimientos migratorios al interior de la ciudad.

     

    Video

     

    Ante los acontecimientos de los últimos días, queremos compartir con ustedes el relato detallado de la situación, recogido en ese reportaje realizado con el apoyo de Mutante.org. Haga clic en la imagen para leerlo.

     

     

    En la siguientes imágenes, acérquese a los lugares y los rostros que tienen estas vidas que se viven entre la zozobra y los escombros, en medio de las lluvias.

     

    1. Tarcisio Agudelo señalando la quebrada La Iguaná desde el segundo piso de su casa la cual quedó destrozada desde el pasado 17 de mayo.

    2. Las grietas, al interior de la casa de Tarcisio Agudelo, cubrían la mayoría de la vivienda que permanecía con orden de desalojo desde 2018 por parte del Dagrd.

    3. Fachadas de las casas, en estado de evacuación, al costado sur de la quebrada La Iguaná, comuna 13 (San Javier).

    4. Muchas de las casas del sector (El Pesebre) quedan al costado de la quebrada, permitiendo que al subir el caudal haga estragos en las casas.

    5. Al interior de la vivienda de Luz Daza, en medio de escombros y barro, la única esperanza y signo de fe es la virgen.

    6. Varias de las viviendas del sector El Pesebre colindando con la quebrada La Iguaná que arrastra escombros y piedras generando tensión en los habitantes cuando llueve.

    7. Vista del río Aburrá desde la casa de Martín Berrío, ubicada en el sector de La Primavera, municipio de Barbosa.

    8. Martín Emilio Berrío mira a la cámara frente a una de las casas que está al borde del río entre tierra y arena.

    9. Una de las viviendas abandonadas al costado del río Aburrá en el sector de La Primavera, Barbosa.

    10. Varias casas de cuatro pisos con los cimientos en una de las piedras que ayuda a contener el caudal de la quebrada La Iguaná, sector Los Búcaros, barrio El Pesebre.

    11. Bienvenida de la casa de Luz Daza tras una de las constantes inundaciones de su casa, barrio El Pesebre.

    12. Vivienda de Luz Daza con marcas de humedad. Al costado los escombros que usa para subir el nivel del piso de su casa.

    Fotografías: Alejandro Zapata Peña.

     

     

     

     

  • El francés, un idioma que deja huella en Medellín

    El francés es un idioma que ha tocado la vida de muchos colombianos que alguna vez lo estudiaron en el colegio o para viajar al exterior, también de algunos que nacieron con él. En Medellín, sus promotores lo han hecho una herramienta que contribuye a la construcción de ciudadanía a través del arte, el cine y la música en diferentes barrios, pero también con la inclusión de la comunidad francesa. Es la tarea que ha emprendido la Alianza Francesa en la capital de Antioquia.

     

    Thomas Arango López / thomas.arango@upb.edu.co

     

    “Bonjour, comment ça va ?, Qu’est que vous avez faitez le weekend?”, es lo que se oye cuando empieza la clase al entrar a uno de los salones que tienen el mapa de Francia y fotografías de alguna de sus ciudades. Se enciende el monitor que proyecta en la pared el libro de texto con el cual se trabaja y, luego de haber escuchado la canción algún artista francófono, visualizado el tráiler de una película que tuvo eco en el cine francés o leído el fragmento de un texto que puede ser icono en la voz de Víctor Hugo, se empiezan a socializar los ejercicios pendientes y se abre con la nueva temática que bien puede ser una base gramatical o un sujeto que nos puede hablar de la gastronomía en Lyon.

    Fachada exterior de la alianza francesa sede San Antonio. Por: Alianza Francesa

     

    El francés no solo es uno de los idiomas más populares globalmente, de los más hablados, de los oficiales de la ONU o el que necesitas para trabajar, estudiar o vivir en un país francófono. Es también aquel que tiene. un particular un impacto cultural, desde la literatura, la música, la pintura, la gastronomía y más. Bajo estos principios se orienta la Alianza Francesa, un instituto que impulsa la lengua y la cultura de ese país en el extranjero desde su fundación en París en 1883. En la actualidad tiene más de 1072 sedes, en al menos 135 países, las cuales funcionan bajo un enfoque cultural y lingüístico para los interesados en el idioma francés, involucrando un contexto histórico y académico. En Colombia está presente en al menos 13 ciudades diferentes: Armenia, Bogotá, Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Cartagena, Cúcuta, Santa Marta, Manizales, Pereira, Popayán y Medellín. En la capital antioqueña hace vínculo con centros culturales y realiza proyectos en conjunto con otras organizaciones e instituciones para llevar dicho idioma a muchos más curiosos.

     

    La Institución propone continuamente múltiples eventos de interés social ligados al ámbito cultural y aunque no son la única red extranjera en la ciudad, su objetivo es el trabajo en equipo con las otras alianzas francesas del país, la Embajada de Francia en Colombia, institutos de lengua francesa, colegios y universidades que ofrecen el francés o empresas de origen francés cuyos empleados requieren conocimiento de este idioma.

     

    El toque francés

    Invitaciones de la programación cultural. Por: Alianza Francesa

     

    La pandemia que llegó a Colombia en 2020 fue un evento que afectó gravemente los planes de trabajo a nivel cultural y educativo de la Alianza, pero desde los últimos meses de 2021 y el inicio de 2022, los eventos y actividades al interior y exterior de la institución han vuelto para abrir el pensamiento a una nueva cultura.

     

    En Medellín han trabajado con la participación de las personas locales desde el arte y sus diferentes expresiones como muestras de danza y teatro, la proyección de películas de cine francés, mercados gastronómicos para experimentar desde el gusto y otras actividades para promover el idioma como conferencias y clubes de conversación. En especial, dos actividades anuales hacen reconocida a la institución, La Fête de la musique, como celebración internacional que la Alianza acoge con enfoque en la lengua francesa y promueve con diferentes concursos y presentaciones. Y el festival de cine francés, como un evento que promueve las producciones que han tenido eco en escenarios como Cannes o expresan la cultura europea o de la ciudad canadiense de Quebec.

     

    La gestión cultural y artística impacta de manera positiva las zonas y barrios donde la Alianza tiene sus sedes. Un caso puntual, es la de San Antonio, al centro de la ciudad, un entorno marcado por la inseguridad, la violencia, la soledad y demás situaciones negativas. Allí han intervenido con la belleza y los colores de murales artísticos. La institución realiza una programación que estimula la sensibilidad al arte y la cultura, con presencia en eventos como la Fiesta del Libro y la Cultura, festivales escolares y universitarios, en colaboración con espacios como la Cámara de Comercio de Medellín, diferentes sedes de Comfama, el Teatro Metropolitano y parque cultural Otraparte,.

     

    Además, la Alianza cuenta con dos galerías, una de ellas es Oliver Debre, dedicada al arte contemporáneo que existe hace más de 20 años; la segunda es La Otra, con exposiciones más alternativas que desde 2022 han estado dirigidas por Diego Cano, pintor colombiano, y Duván Valderrama, encargado de la parte de difusión. Las fachadas externas del edificio sede de la Alianza han sido intervenidas por artistas extranjeros, francófonos y colombianos, como otra manera de permear el espacio con nuevas ideas. En su última propuesta, tres mujeres son las autoras de la obra sobre las fachadas de la sede en San Antonio.

     

    El francés como lengua deja un impacto, pero la cultura de Francia, su historia y hábitos lo hacen de forma más visible. Entre los estudiantes, un interés importante es la emigración a Francia y Canadá con motivos académicos, laborales o de vivienda. Los libros de texto para enseñanza suelen abrir el espectro a la cultura francófona con sus roles en Europa y el mundo, del mismo modo que su participación en el campo de la investigación y la innovación. Pero es la experiencia de los docentes lo que suma al aprendizaje; los testimonios de profesores locales que vivieron, estudiaron o viajaron a Francia, en compañía de la realidad autentica de los franceses nativos y su vida en los países francófonos, son puntos que animan a perseverar en la lengua.

     

    “Je pense que savoir parler français est un atout dans le monde professionnel. Il y a des millions de personnes francophones dans le monde dans des dizaines de pays. Si votre profession vous amène à voyager ou travailler à l’international, vous serez probablement amené à discuter avec des personnes francophones”.

    “Yo creo que saber hablar francés es una ventaja en el mundo profesional. Hay millones de francófonos en el mundo, en decenas de países. Si su profesión lo lleva a viajar o trabajar internacionalmente, probablemente tendrá que hablar con personas de habla francesa”.

     

    Así lo destaca uno de los docentes, nativo de la ciudad de Toulouse. El aprendizaje de una nueva lengua, sea el francés o alguna otra, permite conocer una nueva cultura, una nueva manera de pensar y promover el sentido crítico.

     

    La comunidad francesa

    Para sorpresa de muchos, la francesa es una comunidad que poco a poco ha crecido y aunque no se ubica en un barrio específico, ni se conocen entre todos ellos, tras la salida de muchos por la pandemia del 2020, han vuelto a ser numerosos y su presencia en entornos turísticos, recreativos y culturales es evidente. Muchos de los nativos franceses han creado sus propios emprendimientos, otros se han empleado en empresas locales y los demás hacen parte de industrias internacionales o trabajan de manera remota. Los franceses se consideran a sí mismos fuertes trabajadores y complementan las dinámicas de trabajo en la ciudad y en el país en general. Ellos mismos destacan cómo cuando un extranjero llega a un nuevo territorio, aporta desde su cultura, su lengua, sus costumbres económicas y tradiciones habituales, mejorando el movimiento local; después de todo, como afirma Margaux Cannamela, gestora cultural de la Alianza Francesa y nativa de la ciudad de París, “No debo imponer algo en el país que no es el mío, el objetivo es trabajar juntos y cooperar para aportar a los valores locales”.

     

    El orgullo de la Alianza Francesa

    Sesión de lectura sinfónica. Por: Alianza francesa

     

    A criterio de los docentes, la Alianza Francesa en Medellín es una de las sedes con mejor calidad académica en el país. La motivación de los aspirantes por el aprendizaje de la lengua francesa es un gran apoyo y la relación previa entre el español y francés al ser ambas lenguas romances, da una mayor facilidad que ayuda a que el instituto no deje de crecer.

     

    Estos testimonios muestran cómo el francés sigue en pie, pero evidentemente hay un cuadro comparativo con la lengua inglesa. El inglés tiene un mayor número de hablantes y, desde una mirada pedagógica, presenta más facilidad en el aprendizaje, hablando de sus condiciones sintácticas y gramaticales, los francoparlantes no lo ven como un verdadero reto. Desde que el francés dejó de ser una lengua enseñada en el sistema educativo colombiano de manera obligatoria, bajó su cantidad de hablantes y adicionalmente, en el contexto global, al inglés ser prioridad, el francés se volvió menos útil. En la actualidad, el inglés tiene un público más general y vale como conocimiento necesario a nivel laboral y académico. Pero, para sorpresa de muchos y orgullo de la Alianza Francesa, en Colombia y Medellín ya se ha convertido en una lengua para un público específico, que no la aprende por obligación; se trata de personas con motivaciones de emigrar, trabajar o hacer estudios superiores en el exterior, ser asistentes de lengua o ser del grupo de apasionados por la cultura francesa a quienes esta les parece interesante, cuentan con tiempo libre para divertirse aprendiéndola y son quienes mantienen vivo el idioma.

     

    “Cette anné l’Alliance Française c’est une alliance vivant”. / “Este año la Alianza Francesa es una alianza viva”, así lo define Margaux Cannamela, al decir que la institución trabajará en temas científicos, culturales e históricos, abriendo puertas en el exterior. Adicionalmente, se ha vinculado al distrito San Ignacio, una alianza de espacios culturales en el Centro de la ciudad y desde febrero de 2022 abrió a más personas la mirada intelectual del francés.

    Se cierran los libros de texto, pregunta el profe de nuevo si hay dudas, se dejan los deberes para las siguientes clases y se muestra la programación cultural de la Alianza y otros eventos próximos. Algunos se paran a hablar con el profe, otros toman sus bolsos y se van. El monitor se apaga. Las luces se hacen tenues. Todo lo que se habla dentro de los cuartos es en francés y al salir de los edificios, los estudiantes no saben si seguir aparentando que son francófonos o volver al español. “A demain” o “Bonne soirée”, terminan diciendo al partir.

  • Subiendas que angustian a Bolombolo

    Desde 2010, los habitantes de Bolombolo, corregimiento de Venecia en el Suoreste de Antioquia, han visto cómo las crecientes de su vecino, el río Cauca, se han hecho más frecuentes. El “reloj biológico” se ha descompuesto y las personas que viven en las riberas de una de las corrientes de agua más importantes de Colombia ya no saben a qué atenerse.

     

    Las lluvias de las primera semana de abril en zonas aguas arriba, ocasionaron inundaciones que obligaron a 12 familias a buscar refugio donde amigos y parientes, en este corregimiento de clima cálido; mientras muchas otras personas de se han acostumbrado a vivir con sus enseres al hombro.

     

    La suerte de los habitantes de Bolombolo es también la de otras poblaciones por donde pasa el Cauca hacia el gran Magdalena: Caucasia, una de las ciudades más importantes de Antioquia o algunas zonas rurales de Fredonia, por ejemplo.

     

    Bolombolo – cuando el cambio climático de obliga a emigrar, es un documental que relata en la voz de los habitantes del corregimiento, cómo ha cambiado la vida con los comportamientos inesperados del río Cauca; historias que parecen hacerse cada vez más recurrentes. Una realización de Marlon Gutiérrez Arévalo, Ana Daniela Villalba Acosta y Miguel Chavarriaga Vanegas.

     

     

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  • Bocados de Corea en Medellín

    El viajero y chef Brandon Lee es un joven coreano que sueña con expandir la comida coreana en Colombia gracias a su restaurante Oppa Asado Coreano.

    Miguel Arango Rúa / miguelarangor@upb.edu.co

     

    Corea del Sur y Colombia son dos países separados por 15 mil kilómetros de distancia, pero unidos por la historia. En 1951, en el conflicto que derivó en los dos coreas que hoy existen, el Batallón Colombia hizo presencia para contener el avance de las tropas del norte.

     

    Hoy, más de 50 años después de este acontecimiento, Colombia y Corea del Sur se vuelven a unir, pero esta vez bajo las banderas de la gastronomía y la cultura que lleva consigo Sangmin Lee, más conocido en Medellín como Brandon, un viajero que encontró en la capital antioqueña un lugar para echar raíces y fundar su restaurante coreano: Oppa Asado.

     

    Foto: Miguel Arango Rúa. Brandon Lee decidió fundar su restaurante luego de recorrer más de 60 países.

     

    De mochilero a cocinero

    Brandon Lee nació y creció en la ciudad surcoreana de Chuncheon, en una familia con una difícil situación económica, que llevó a sus miembros a separarse. Por eso, Lee describe su infancia como un periodo de independencia, de explorar y pasar tiempo fuera de casa.

     

    Sin embargo, su adolescencia fue muy diferente. “La mayoría fue estudio. Mi último año de colegio iba a clase casi 360 días. Había ‘vacaciones’, pero también clases opcionales que se volvían obligatorias”, comentó Lee, en referencia a la alta exigencia del sistema escolar de Corea del Sur.

     

    El profesor Hyunsu Hwang, comenta en un artículo sus 20 años de experiencia docente y afirma que los estudiantes del país asiático pueden pasar entre 13 y 15 horas diarias en el colegio y llegan a sus hogares pasadas las 10 de la noche. Los índices de suicidio también reflejan esta situación: en 2019 el índice fue de 28,6 por cada 100.000 habitantes, según informes de la OCDE, una de las tasas más altas del mundo.

     

    Una vez graduado de secundaria, Brandon viajó a Seúl para estudiar Negocios Internacionales en la Universidad Kyung Hee. La decisión de inscribirse en esa carrera estuvo influenciada por su deseo de tener estabilidad financiera, además de la posibilidad de intercambio con otras culturas, a la medida de la afinidad de Lee con la cultura de Estados Unidos y la música, su otra gran pasión, aparte de la gastronomía.

     

    Luego de terminar la universidad y trabajar por un tiempo, Brandon Lee decidió salir a explorar el mundo. En casi dos años de mochilero recorrió Europa, Asia, Estados Unidos y Sudamérica. Conoció a Colombia y, al llegar a Medellín, sintió la mordedura del agotamiento: “Todo llegó al mismo tiempo. Estaba cansado, pero no quería regresar a mi país. En ese momento estaba en Colombia. Me gusta el país y la ciudad, me llamó la atención el ambiente y la gente, sobre todo comparado con la cultura de Corea”, relató.

     

    Durante su estancia en Medellín, el surcoreano fue acogido por una pareja de abogados para los cuales cocinaba y que le dieron la idea de abrir un restaurante. Interesado en comenzar una vida en la capital antioqueña y en expandir la cultura coreana en Colombia, Brandon reunió sus ahorros y comenzó las gestiones para abrir su negocio. Además, consciente de que su nombre de Sangmin era difícil de pronunciar para los paisas, Lee adoptó el apodo de Brandon a manera de broma, para que hiciera juego con su apellido al recordar al famoso actor, hijo de la leyenda de las artes marciales y el cine, Bruce Lee.

     

    Una embajada gastronómica en Medellín

    El primer paso para fundar Oppa fue entrenar durante más de un año y perfeccionar la preparación de los platillos coreanos tradicionales que había heredado de su madre, una chef profesional. Luego vinieron los trámites legales. Al ser extranjero, Lee se chocó en varias oportunidades con las barreras de la burocracia colombiana. Le tomó trabajo encontrar un local, no tenía fiador que lo respaldara y el contratista con el que había pactado adecuar el local lo estafó.

     

    Y es que montar un negocio en Colombia no es fácil. De acuerdo con el reporte de 2019 del Global Entrepeneurship Monitor (GEM), el país cuenta con bajos índices en infraestructura legal y comercial (4,3 puntos de un promedio global de 4,9), dinámica del mercado interno (4,2 de un promedio mundial de 5,2) y transferencia de investigación y desarrollo (3,3 puntos, comparado con un promedio global de 4).

     

    Los obstáculos, sin embargo, no desanimaron a Lee. Por el contrario, lo motivaron. Fue así como el 23 de octubre de 2017, Oppa Asado Coreano, ubicado cerca al Primer Parque de Laureles, le abrió sus puertas al público. “Estaba muy nervioso porque nunca había cocinado para intercambiar dinero. Debía cocinar con la misma calidad y velocidad. Si lo pienso, fue exitosa la inauguración. Cuando abrimos a las siete de la noche ya había fila para entrar”, recordó Lee.

    Foto: cortesía de Brandon Lee. El restaurante tomó el nombre de la palabra coreana Oppa, que se utiliza en aquel país para referirse a un hombre mayor.

     

    Inicialmente, el menú del restaurante solo contaba con un plato: el bulgogi, hecho con ternera y salsa de soya, y que guarda una relación especial con Brandon, pues este es el platillo usado en Corea para festejar algún acontecimiento. Con el tiempo, y a medida que los clientes pedían más variedad, Lee añadió opciones como rollos coreanos, ramen y costillas.

     

    Pero todo cambió con la llegada de la pandemia. La cuarentena hizo que Oppa Rollo Coreano, una extensión del restaurante que Brandon había fundado en el barrio Provenza, se fuera a la quiebra. Además, en marzo de 2020, Oppa Asado fue víctima de un atraco. En aquel momento, Brandon pensó en decirle adiós a su sueño de traer la gastronomía coreana a Medellín. “Ahí me rendí. La razón por la que seguí fue por mis trabajadores, ellos me motivaron a continuar”, comentó el coreano, quien decidió seguir adelante a pesar del robo y de una larga cuarentena, a la cual logró sobrevivir gracias a los domicilios y al apoyo de los fieles clientes de Oppa, quienes llegaron a crear una página en Facebook para recaudar fondos.

     

    Además, durante los momentos más agudos de la pandemia, Oppa repartió almuerzos en hospitales. Después, con el final de las cuarentenas, llegó un nuevo periodo de crecimiento para el joven asiático, quien, en agosto de 2021, fundó Oppa Helado Coreano, un nuevo local donde se prepara el bingsu, el helado tradicional coreano de textura fina como la nieve.

     

    Un futuro lleno de comida y música

    En los cinco años que lleva en Medellín, Brandon no ha parado de soñar. “Quiero ser la primera franquicia de comida coreana en Colombia. Quiero que la gente, cuando vea Oppa, lo reconozca inmediatamente y que cada sede tenga su especialidad. Mi sueño es que la gente confíe en la marca, que piensen en comida coreana y piensen en Oppa”, declaró.

     

    Foto: cortesía de Brandon Lee. “La gente usa marcas coreanas, pero no lo saben. Me incentiva que más gente conozca más de mi país”, declaró Brandon.

     

    Aunque no hay muchas cifras al respecto, La Barra, revista colombiana de cocina, estimó hace más de diez años que el segmento de comida asiática contaba con uno de los porcentajes de consumidores más altos del mercado, con 64 %. En 2018, la publicación confirmaría esta tendencia de crecimiento, gracias a más de 100 locales orientales en Colombia, nacionales y extranjeros. Y el número crece constantemente, por lo que puede verse al recorrer focos de la gastronomía en Medellín como Provenza o Laureles.

     

    Los planes del joven emprendedor, sin embargo, no solo están reducidos a la gastronomía. En su futuro, la música también es un ingrediente principal. A finales de 2021 Brandon lanzó su proyecto musical, donde canta al son de ritmos colombianos.

     

    A pesar de todas las barreras que tuvo que superar, Lee persiste en ser el puente entre dos culturas, mediante lazos forjados a través de la comida. “Generé amistad con los clientes, a los cuales llamo amigos de Oppa. Son muy buena gente, apoyan mucho el local. Si pienso desde el primer día, el restaurante ha mejorado en cantidad y calidad de platos. Cada año lo que quiero es avanzar”, resumió Lee, cuyo emprendimiento le dejó a Medellín un pedacito de Corea.

     

    ¿Qué fue precisamente lo que a Lee le gustó de Colombia? ¿Qué opina de la gastronomía colombiana? Escúchelo en sus palabras en el siguiente podcast:

     

  • Las transformaciones de la Medellín rural: URBANIZACIÓN SIN CIUDAD

    Todos alguna vez hemos visto un mapa de Medellín, ese croquis que parece sin forma, pero que en las dinámicas cotidianas cobra sentido. La cabecera urbana de la ciudad se encuentra entre cinco corregimientos: Santa Elena al oriente y San Cristóbal, Altavista, San Sebastián de Palmitas y San Antonio de Prado al occidente, como una protección verde —del doble de su tamaño— a sus costados, mientras lo urbano continúa en Bello, Itagüí y Envigado. Sin embargo, la urbanización de Medellín no solo se ha limitado a la centralidad o a sus fronteras con otros municipios.

     

    Daniela Morales Medina, egresada de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo; Estefanía Cardona Espejo, Juliana Duque Cardona, Liceth Torres y Daniela Uribe Naranjo, estudiantes de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo.

     

    Desde hace más de 50 años la forma de habitar el campo ha cambiado y, sobre todo, en Medellín. La idiosincrasia de la ruralidad en los centros poblados corregimentales y sus veredas se ha transformado en función de las nuevas posibilidades económicas que ofrece el desarrollo urbanístico. Para la coordinadora de la maestría en Urbanismo de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Pontificia Bolivariana, Diana Álvarez, “quizá el cambio más estructural en estos territorios sea la interpretación del suelo con valor de uso, propio de las economías agrícolas/solidarias, a un suelo con valor de cambio, propio de las economías de la sociedad industrial/capitalista”.

     

    La canalización de la quebrada de Santa Elena, la construcción del Metro de Medellín con sus intervenciones en el Tranvía de Ayacucho, el Túnel de Occidente y los metrocables de Santo Domingo, además del proyecto de Parques Bibliotecas en los corregimientos, han sido solo algunos de los tantos hitos en los que la ciudad ha conversado con la ruralidad de sus periferias, convirtiéndolas en receptoras de grandes poblaciones. Sin embargo, según Nelson Agudelo, magíster en Urbanismo, el actual Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de la ciudad no tuvo previsto este fenómeno.

     

    Por el contrario, el modelo de ciudad propuesto en el POT del 2014 de Medellín se basó en la premisa de “crecer hacia adentro”, planteamiento que consiste en renovar todas las zonas y suelos subdesarrollados que no están generando grandes garantías para la ciudad, buscando convertirlos en espacios de vivienda. Incluso, de acuerdo con el arquitecto, la Administración municipal escasamente ha cumplido con el 30 % o 40 % del POT del 2014.

     

    Para Gloria Patricia Zuluaga, docente de Desarrollo Rural de la Universidad Nacional, una de las principales causas de esta problemática es la especulación urbana que genera el aumento acelerado de la población. Explica que, en parte, sí existe un fenómeno natural de migración de ciudadanos de diferentes partes de Antioquia, Colombia y otros países a Medellín, pero según la magíster, las parcelaciones y venta de lotes en los corregimientos han comenzado un incremento en el costo de vida y el comercio de los lugares. Lo anterior, no solo ha cambiado radicalmente las condiciones de vida de los habitantes rurales, sino también de los citadinos. Por ejemplo, históricamente, todos los corregimientos de Medellín han sido despensas agrícolas, cárnicas y lácteas del Valle de Aburrá, pero esta actividad se ha reducido y reemplazado por priorizar el aumento de los comercios, zonas de descanso y entretenimiento, lo que implica un riesgo en la seguridad alimentaria de toda la ciudad.

     

    No obstante, el ciclo no finaliza ahí. Según la docente, cuando los residentes urbanos de Medellín, “saturados y cansados de las denominadas disfunciones urbanas como el tráfico, la contaminación y la inseguridad”, deciden irse a vivir al campo, se mudan de residencia, pero no de actividad económica. No hacen el cambio porque quieran ejercer la agricultura, sino porque quieren ambientes de naturaleza para descansar. Aquí es cuando comienza, en palabras de Zuluaga, una “urbanización sin ciudad”.

     

    Nuevas obras de infraestructura, valorización de predios, tributos más costosos y servicios públicos más altos son algunos de los cambios que ha generado la subdivisión predial. Es decir, una autorización previa para dividir materialmente uno o varios predios ubicados en suelo rural, en los territorios, y que se ha manifestado en el desplazamiento de familias campesinas, disfunciones en la seguridad alimentaria y aumento en la huella ambiental de la ciudad. Sin embargo, es importante conocer cómo han vivido estas transformaciones los habitantes de cada zona.

     

    En la siguiente infografía, haga un recorrido por el panorama de las transformaciones en cada uno de los corregimientos de Medellín:

     

    Retratos de una ciudad viva… y que hay que cuidar

     

    Desde Santa Elena (foto: Manuel Theo Dover Polanía) se ve la ciudad creciendo por las laderas del Oriente y Occidente. En Altavista, las huertas escolares son una apuesta por la preservación de las tradiciones y la seguridad alimentaria (foto: Marisol Garcés). En San Antonio de Prado (foto: Álex Betancur), las viejas edificaciones contrastan con las construcciones para más personas en el mismo espacio. En San Cristóbal (foto: Daniela Uribe), desde hace años el tráfico vehicular es parte de la vida cotidiana, llena de contrastes con la historia campesina.

     

     

    Las ciudades son territorios vivos. Para la muestra, vemos a una Medellín que sigue creciendo y cambiando. El proceso de transformación urbanística que atraviesa la capital antioqueña nos impacta a todos los que la habitamos, incluidos aquellos que por décadas han ocupado las tierras que cultivaron y cuidaron, como nuestros antepasados. Las raíces campesinas y arrieras de los habitantes de los corregimientos de Medellín peligran ante el acelerado crecimiento de las construcciones.

     

    Como explica Nelson Agudelo, Medellín tiene el espacio, un Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y estudios de capacidad de soporte poblacional, pero no hay regulación por parte de la administración municipal. Según el experto, la ciudad tiene la capacidad de abrir espacios adecuados en el interior del valle para recibir a las personas, pero no está pasando.

     

    La situación actual de la población de los corregimientos es un reto, una invitación para que Medellín, como manifestó Gloria Patricia Zuluaga, se vea y se proyecte en toda su municipalidad. Además, que piense más allá de su núcleo urbano, articulando cada uno de los corregimientos como parte fundamental de un desarrollo sostenible Una ciudad que pueda seguir creciendo, pero cuidando su ruralidad y a sus campesinos.

  • ¿POR QUÉ ES TAN CONFLICTIVA LA HISTORIA DE AFGANISTÁN?

    Mariana Zapata García / mariana.zapataga@upb.edu.co

     

    Bajo el título “Afganistán: El cementerio de los imperios”, la Universidad Pontificia Bolivariana, organizó una conferencia que ofrece una perspectiva histórica de un territorio protagonista del presente, a raíz de la toma del poder por parte del movimiento talibán y los conflictos en torno a la salida de tropas extranjeras de ese país.

     

    La charla fue orientada por Claudia Avendaño y Ramón Maya, historiadores y profesores de la Universidad, quienes hicieron un recorrido por temas como la geografía de Afganistán y su papel en los conflictos recientes y actuales, los viajes de Alejandro Magno, el imperio mongol, la disputa del territorio entre el imperio británico y el imperio zarista, el papel de Estados Unidos en su historia más reciente, entre otros temas.

     

    “Es muy difícil entender la historia de una cultura si no entendemos la geografía”, la frase del profesor Ramón Maya abrió la conversación y marcó el desarrollo de la conferencia a lo largo de la cual se demostró la importancia de conocer el espacio de los hechos; sus vecindades, su importancia en el entorno y aspectos como su economía, a partir de los cuales se construye la historia. La cultura, de la religión, el papel de las mujeres en la sociedad afgana, hicieron parte de la lista de asuntos abordados en la charla sobre la lección geopolítica que viene desde Afganistán.

     

    La conferencia completa está en la página de Facebook de UPB Colombia y puede verse aquí:

     

    Video