La agrupación de rock Lilith llega al festival Altavoz 2025 celebrando 25 años de actividad y un rastro imborrable de empoderamiento femenino. Repasamos esta historia con Tatiana González, líder y una de las fundadoras.
“Aquí en Medellín no hay casi bandas de mujeres ¿por qué no creamos una banda de mujeres?”. Así es como Tatiana González recuenta los inicios de Lilith, que desde el 31 de marzo del año 2000 tiene un espacio propio y cada vez más reconocido en una escena históricamente protagonizada por hombres, con letras cargadas de empoderamiento femenino y denuncias sociales.
En la descripción de su Spotify se encuentra consignada la frase que mejor podría definir a la banda: “Lilith es rock. Es convicción. Es poder femenino en escena”. ¿Por qué estas mujeres eligieron el rock? ¿Convicción de qué? ¿Cómo se hace visible ese poder femenino?
“El rock me permite expresar sin fronteras, sin radicalismos, desde lo fuerte, desde lo suave, desde los riffs, desde los beats potentes de batería, desde los teclados suaves y las voces melodiosas. Y hacer catarsis de lo que llevo adentro”, explica la guitarrista Tatiana González.
Tatiana lo expresa con una claridad acorde con una historia de tres álbumes en estudio y múltiples logros y reconocimiento a lo largo de la vida de una agrupación que usa el rock como una herramienta de expresión con los rasgos que convocaron a estas mujeres en un mismo proyecto: “Para nosotras, el rock siempre ha sido de denuncia y de visibilizar, de decir las cosas. A medida que hemos adquirido experiencia (…) sentimos esa responsabilidad social de visibilizar todas esas situaciones que vemos y que queremos expresar como lo son la violencia contra la mujer, el acoso, y la violencia en general, y creemos que el rock es una herramienta muy poderosa para decirlo.”
Según la mitología hebrea, Lilith fue primera esposa de Adán, a quien abandonó por voluntad propia. Acorde con ese deseo de resistirse a cualquier relato hegemónico, desde su fundación, Lilith ha estado cerca de los sonidos fuertes, inspirados en el hard rock y rock alternativo con tintes de metal. Al principio componían en inglés. Tatiana explica que en los inicios estaban convencidas de llegar al mercado anglo. Sin embargo, conforme el tiempo maduró su proyecto, se convencieron de que su espacio estaba primero en la conexión con el público más importante: el local. “Entendimos que nuestro público era Colombia y empezamos a darnos cuenta de que, si componemos en español, conectamos más con la gente y empezamos a ver los resultados”.
Lilith, también es convicción que, según la RAE, es una “idea profundamente arraigada que rige el pensamiento o la conducta”. A juzgar por lo que plantean composiciones como Scream!, Sin Miedo, Palabras o Colombiana: erradicar temores impuestos, cantar sobre emociones, mundos profundamente íntimos con los que muchas personas –no solo mujeres– pueden identificarse. Letras de estas y otras canciones como Stalker, Requiem, Amor/Dolor, demuestran el interés por un profundo mensaje en contra de las violencias contra las mujeres y a favor de la expresión femenina en todos sus espectros.
Lilith: “Más que rock femenino, es rock hecho por mujeres”
Pero su música no es exclusivamente para un público femenino: eso de “rock femenino” a veces se malinterpreta, explica Tatiana. No es rock femenino. Es rock hecho por mujeres, aclara. Aunque sus letras buscan inspirar, hoy su público es mayoritariamente masculino y por esta razón el reto de Lilith es incorporar a ese panorama nuevas voces femeninas para que se atrevan a tomar el escenario. Su estrategia es simple: la voz potente de Laura Azul, los riffs de Tatiana, el bajo de María Clara y el teclado de Marcela alteran la química del cerebro para que despierten las ganas de explorar más sonidos con esa impronta.
La participación del productor y baterista Andrés Giraldo en el grupo es la prueba de los retos de un proyecto de este tipo: los cambios de integrantes. De entrada, los músicos dedicados a este instrumento son escasos y Lilith no ha encontrado la mujer que asuma de forma permanente la percusión. Justamente, en 2020, la vocalista Camila Botero dejó la banda, ad portas de la grabación de Sin Miedo, que se convirtió en el álbum más desafiante y significativo, que terminó con las voces de varias cantantes invitadas para interpretar cada canción. Tatiana lo describió como un proceso “bonito y sororo”, una obra en la que cada voz se adueñó de los temas y disfrutó plenamente del proceso.
Bajo la misma línea de pensamiento que orienta la carrera de Lilith, desde la banda se promovió el MMM Fest –”Más mujeres músicas fest”–, que impulsa la presencia femenina tanto en el escenario como detrás de él. “No faltan mujeres, faltan escenarios”, afirma Tatiana y detalla: “Nuestra meta es llevarlo por Colombia y Latinoamérica para abrir oportunidades y visibilizar el talento femenino”.
Reconocimiento histórico
Por su aporte a la actividad cultural y social de Medellín, por su postura a favor de los derechos de las mujeres, el pasado 11 de junio del presente año, Lilith recibió la Orden al Mérito Débora Arango en la categoría Justicia, un reconocimiento otorgado por el Concejo Distrital. Fiel a la idea de que han consolidado un camino que une el arte y el activismo, Tatiana considera que: “Fue un honor gigantesco (…) sobre todo con la orden al mérito Débora Arango, porque ella también fue una artista disruptiva (…) es una responsabilidad de continuar con nuestro trabajo, no es solo seguir con nuestra música y con nuestro trabajo artístico, sino seguir luchando por los derechos de las mujeres (…) así como también seguir trabajando por la equidad en este medio”, dijo en conversación con el equipo de Contexto.
El poder femenino de Lilith llega al festival Altavoz 2025, donde con el público celebrarán cada proyecto: desde el primer concierto, hasta sus 25 años de labores, que incluyen giras de promoción y circulación fuera del país, videoclips de alta calidad en producción, discos que muestran los giros de su propuesta musical, entre muchas otras cosas, además de una larga lista de mujeres tocadas por su música, cuya participación ha demostrado la validez del poder femenino en el rock, de una voz que ha logrado romper barreras porque se debe gritar el doble, porque la satisfacción al ser escuchadas es mucho mayor; porque se toca y se canta con fuerza, pero sobre todo con amor, como dice Tatiana: “Lo que uno hace con amor sale bien siempre”.
En Medellín persisten desigualdades que afectan especialmente a las mujeres de la ciudad. A pesar de los avances económicos y los esfuerzos de revitalización urbana, ellas siguen enfrentando barreras que limitan su desarrollo y bienestar.
Según Valeria Molina Gómez, secretaria de mujeres del distrito de Medellín, “así ya más de la mitad, del 57% de los hogares en Medellín, sean liderados por mujeres o sea en términos de quienes llevan los recursos en la ciudad de Medellín las mujeres son quienes están ocupadas de eso más que los hombres, pero tenemos más brechas”.
De acuerdo con un estudio de García y Morán acerca de la fuerza de trabajo desde un enfoque de género, que fue publicado en Investigas, revista del Departamento Administrativo Nacional de estad{istica DANE en 2018, “en términos de género, la principal consecuencia de entender el trabajo como sólo el conjunto de actividades que se realizan para el mercado es la visibilización del trabajo no remunerado que realizan principalmente las mujeres para los hogares y la comunidad”.
Aunque el trabajo de las mujeres constituya el principal sustento en la mayoría de los hogares, ellas enfrentan mayores dificultades para acceder a empleos formales y bien remunerados.
Uno de los problemas más persistentes en la lucha por la equidad de género es la brecha salarial. A pesar de los avances en la inclusión laboral, las mujeres en Colombia siguen concentradas en los rangos salariales más bajos. Según el artículo de García y Morán, en 2017 la mayor parte de las mujeres se concentró en los dos rangos más bajos de salarios, el 58,5% de las mujeres ganó menos de un salario mínimo mensual legal vigente (SMMLV), y el 30% recibía entre 1 y 2 SMMIV como ingreso laboral.
Esta disparidad no solo produce una desigualdad económica, sino que también perpetúa un ciclo de limitaciones en el acceso a mejores oportunidades y calidad de vida en pleno Siglo XXI para cuando se tenían como referencia los Objetivos de Desarrollo del Milenio, lo que subraya la necesidad de un refuerzo en las normativas como la LEY 1496 DE 2011acompañados de campañas que aborden el cambio cultural, pues parte del problema todavía radica en la connotación del rol femenino y sus valores asociados. La brecha salarial no es solo una cifra, sino un reflejo de la persistente subvaloración del trabajo de las mujeres en la sociedad colombiana.
Este hecho es algo que la secretaria Molina reconoce como un reto que se debe superar: “Desde la Secretaría de las Mujeres tenemos nuestra política pública de igualdad de género y en esa política […] todavía tenemos las mujeres caminos por recorrer y esto tiene que ver con seis dimensiones una dimensión tiene que ver con todos los temas de autonomía económica de las mujeres y es cómo las mujeres accedemos a recursos a través de empleo y emprendimiento”. Un aspecto crítico es que la autonomía económica de las mujeres no se limita solo al acceso a recursos o a oportunidades de empleo, si no a que las políticas que se enfocan en aumentarlo; pueden pasar por alto la necesidad de garantizar que estos trabajos sean justos y sostenibles.
A pesar de los esfuerzos continuos por diseñar e implementar políticas inclusivas para abordar esta problemática, su persistencia en la sociedad puede atribuirse a diversos factores adicionales, como los detallados por el autor del libro Economía, Globalización y Derecho, y profesor de la cátedra de economía, globalización y derecho de la Universidad Autónoma, Manuel González
El de González es un punto de vista adicional sobre la realidad de la situación: no solo es una cuestión de políticas y regulaciones, sino también de la transformación de las prácticas y percepciones cotidianas. La persistencia de esta brecha sugiere que las soluciones actuales a menudo se quedan al nivel de la superficie, abordando síntomas en lugar de causas. Teniendo en cuenta lo que plantea el economista, para lograr una verdadera igualdad es crucial enfocar las políticas no solo en la equidad de salario, sino en la creación de un entorno laboral que desafíe y cambie los prejuicios que perpetúan estas desigualdades. De acuerdo con González, las políticas inclusivas deben acompañarse de una revisión exhaustiva de los procesos de contratación, promoción y compensación, y de un compromiso de las organizaciones para fomentar una cultura de igualdad.
El acceso a la educación y la formación es otro ámbito en el que las mujeres de Medellín enfrentan desafíos significativos. Como explica Valeria Molina Gómez, “otra de las problemáticas es todo lo que tiene que ver con educación y las brechas que existen en las mujeres ya no en básica, primaria y secundaria y en educación superior, sino en términos de las mujeres en doctorado y en las carreras CTIM de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas… las mujeres no están estudiando mucho eso porque creen que no son buenas, o les han dicho que no son buenas para las matemáticas, para las ciencias.”
Las estadísticas del Ministerio de Educación sobre la participación de las mujeres en la educación superior refuerzan la afirmación que ha planteado la secretaria Molina y que deja al descubierto una dinámica preocupante: aunque las mujeres han logrado una mayoría en el nivel universitario, su representación en programas de posgrados sigue siendo limitada. Esto sumado al hecho de que las carreras menos elegidas por las mujeres colombianas son las ingenierías o las asociadas comúnmente con roles masculinos en la sociedad, lo cual constituye un llamado a la sembrar una verdadera integración de las mujeres en todos los campos del conocimiento, especialmente en aquellos que tradicionalmente han sido dominados por hombres.
Las barreras que inciden en esta situación también operan desde lo individual y están ligadas a estructuras económicas y sociales más amplias: “En términos de la participación social y política de las mujeres, cómo las mujeres participan en el territorio, pero no están en cargos de representación en las juntas de acción comunal, en las juntas administradas locales y en términos del concejo, pues de 21 concejales solamente cuatro son mujeres. Tenemos mucho todavía por recorrer”, afirma Molina Gómez. Esta declaración pone en evidencia una desconexión entre la participación en sus comunidades y su acceso a posiciones de poder formal. El profesor Manuel González también ofrece una perspectiva interesante sobre esta participación:
González enfatiza en que la distribución desigual de mujeres en puestos de trabajo no es solo un reflejo de la discriminación directa, sino también de un sistema que, de manera sutil pero sistemática, canaliza a las mujeres hacia roles con menos protagonismo. Aunque las mujeres suelen ser las principales impulsoras de iniciativas comunitarias y tienen un rol fundamental en el tejido social de los territorios, sus contribuciones rara vez se traducen en reconocimiento o en oportunidades de liderazgo.
Y a su vez se suma a este árbol de problemas un efecto consecuencia de esta causa ¿cómo será el impacto intergeneracional de esta falta de representación? González y Molina coinciden en que cuando las jóvenes ven pocas mujeres en posiciones de poder, pueden interiorizar la idea de que la política y el liderazgo no son espacios para ellas, lo que perpetúa el ciclo de desigualdad. Fomentar la participación política de las mujeres no solo es una cuestión de bien común, sino también una inversión en el futuro, ya que modelos femeninos de liderazgo pueden inspirar a las próximas generaciones a asumir roles de mayor influencia.
En un contexto donde la violencia de género es una realidad alarmante, como revela Molina Gómez con su cifra de más del 82% de los casos violencia intrafamiliar dirigidos contra las mujeres, el impacto de la falta de modelos femeninos en posiciones de poder se agrava. Por ejemplo, las mujeres, atrapadas en roles de cuidado no remunerado, a menudo carecen de las oportunidades necesarias para salir de la pobreza. Esto es lo que dice experto González referente a la decadencia paulatina del empleo formal:
Esta tendencia condiciona las oportunidades de las mujeres para acceder a una seguridad social y una protección laboral adecuadas. La expansión del empleo informal no solo implica una reducción en los derechos laborales y beneficios sociales, adicionalmente invita a mejorar el acceso de las mujeres a empleo formal, que se proporcione apoyo a las trabajadoras en el sector informal para que puedan transitar hacia el empleo formal, y se asegure una protección y dignificación adecuada para todos los trabajadores.
Según la investigación Mujeres y hombres: brechas de género en Colombia, “La segregación ocupacional es marcada: las mujeres son el 94,1% del total de personas ocupadas como trabajadoras o trabajadores domésticos. Ellas son el 63,3% de las personas ocupadas sin remuneración, y menos de una tercera parte (27,1%) de las personas empleadoras”. Este estudio del DANE plantea que una perspectiva nueva para abordar esta problemática podría centrarse en la creación de políticas que reconozcan y valoren explícitamente el trabajo doméstico y de cuidado.
En el Hay Festival Jericó, conversamos con Gioconda Belli sobre el contexto actual de la región y las resistencias latinoamericanas, su obra, y cómo esta va de la mano con su labor activista en Centroamérica.
Esta entrevista es un trabajo en conjunto entre Contexto (UPB), Bitácora (EAFIT) y De la Urbe (UdeA) como parte del cubrimiento de medios universitarios al Hay Festival Jericó 2025, con el apoyo de Comfama.
Valeria Hernández Martínez (Contexto), Natalia Penagos Mesa (Bitácora) y Santiago Bernal Largo (De la Urbe).
El calor en Jericó golpea con fuerza a los más de 13.000 asistentes del Hay Festival 2025, el cual se realiza hace siete años en este municipio del Suroeste antioqueño. El sol se filtra por el pozo de luz del museo MAJA, donde se reúnen periodistas de un sinnúmero de medios de comunicación que esperan su turno para entrevistar a los invitados de la jornada: escritores, artistas y periodistas que se sientan a conversar y cuestionar.
Es inevitable notar la presencia de una imponente mujer en el recinto. Su larga y frondosa cabellera clara resalta en su vestimenta oscura, y un par de lentes de sol adornan su rostro mientras cruza las piernas y bebe un poco de café. Habla en un tono bajo, casi como si sus respuestas fueran un secreto entre ella y el entrevistador. Hace señas para invitarnos a pasar junto a ella en una pequeña mesa y agradece nuestra presencia conjunta. Así empezó nuestra conversación con Gioconda Belli.
Poeta y novelista nicaragüense que, durante la dictadura de Anastasio Somoza, en los años setenta, hizo parte de las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional, lo que la llevó a ser perseguida. Tras el triunfo de la revolución Sandinista hizo parte del Frente de Liberación Nacional de Nicaragua, pero se separó de este en 1993 y tomó una postura crítica frente a las políticas del gobierno. En 2021 se exilió en España y en 2023 la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo le quitó su nacionalidad, por lo que adoptó la chilena en ese momento, y posteriormente, en 2024 la española.
Su obra, influenciada por sus experiencias como activista y marcada por el ambiente político tan complejo de Centroamérica, abarca el feminismo y las luchas por la justicia social. Estas son algunas de las reflexiones que deja Gioconda frente al panorama actual de América Latina al que se enfrentan jóvenes escritores.
Partiendo de la realidad latinoamericana y más específicamente de lo que pasa en Centroamérica, ¿cómo ha influido eso en su obra como escritora?
Yo siempre les recomiendo a los que quieren escribir que lo primero que tienen que hacer es vivir. Entonces, mi trabajo está inspirado en lo que yo he vivido. ¿Y qué es lo que yo he vivido como latinoamericana? Viví una época muy tormentosa, una época de muchos cambios que fueron los 70, los 80, los 90… y entonces esa vivencia me ha dado la clara idea de que en América Latina todavía estamos en cambios geológicos, que todavía estamos en erupción, hay magma.
Todavía estamos en desarrollo y tenemos procesos bien complicados, pero también tenemos pueblos que son maravillosamente ingeniosos, inteligentes y que saben lo que quieren. Entonces pienso que es un reto para la estructura que hay en la mentalidad política de América Latina y que todavía le falta evolucionar mucho.
De la mano de toda esa influencia, ¿qué implican para usted, como mujer, todas esas realidades y todas esas vivencias al momento de escribir?
Bueno, es que me inspiran. Porque la poesía para mí es mágica, es como un algo que se va alimentando de mi propia experiencia y de repente quiere salir en forma de palabras. Entonces, en ese momento lo escribo. Pero, claro, ¿qué implica para mí? Implica tener un corazón, tener la capacidad de sentir y de tener empatía de lo que está pasando. Y eso es una cosa que no se las puedo explicar. La razón que es el detonante para mi literatura creo que ha sido la lectura en gran parte. Todo lo he tenido que experimentar, y creo mucho en la capacidad de la palabra para cambiar el mundo.
Precisamente, ya que hablamos un poco de ese papel, del contexto social y político de Latinoamérica, desde su perspectiva como mujer y como activista, ¿qué papel juega la literatura en la construcción de identidades femeninas y en la lucha contra los estereotipos de género?
Juega un papel sumamente importante, porque, además, las mujeres jóvenes la tienen que seguir haciendo. Y para que persista, también tienen que seguir esa revolución personal, porque ahorita la mujer está sujeta a un montón de demandas consumistas de la sociedad que no nos quiere dejar avanzar, nos tiene miedo.
Entonces, las mujeres tienen la responsabilidad, para mí fundamental, de lo que va a pasar en el futuro en América Latina. Porque si cambia la relación hombre-mujer, va a cambiar la cultura. Y eso es lo que tenemos que hacer que cambie, porque todavía existe esa dominación, esa subordinación de la gente tiene que ver con esa primera subordinación y explotación que es la de la mujer.
¿Cómo cree que su obra ha contribuido a visibilizar esas experiencias de mujeres tanto de Nicaragua como de toda América Latina?
Yo no soy quién para decir cómo ha contribuido, pero sí siento que mis lectoras y mis lectores me han apreciado. Me lo dicen con mucha frecuencia, que lo que yo he hecho les ha hecho sentirse de otra manera, que les ha hecho percibirse a sí mismos de otras maneras. Por ejemplo, los hombres ven a las mujeres de otra manera porque mi posición feminista no es contra los hombres, sino es más bien invitarlos a cambiar el mundo con la mujer. Porque parte de todo lo que nos pasa tiene que ver con esa lucha.
¿Cómo ha sido para usted esa combinación que tiene el activismo feminista y político junto con sus creaciones literarias y de qué manera usted piensa que eso puede impactar a sus lectores?
A mí me parece que el activismo y mi actividad política tiene que ver con quién soy. Yo soy un animal político. Todos somos y todos estamos vinculados a la política, porque es lo que pasa alrededor nuestro y no podemos vivir ignorantes a lo que nos pasa y de la responsabilidad que tenemos de lo que pasa en cercanía nuestra.
Yo creo que muchos nos refugiamos en la indiferencia, en la apatía, en pensar que no podemos cambiar el mundo… y les voy a decir un dicho que es fantástico: “si crees que sos muy pequeño para cambiar el mundo, nunca has estado en la cama con un mosquito.” Y es verdad, si uno pica, pica y pica… Lo que pasa es que queremos resultados demasiado rápido.
Hay que tener la paciencia para darse cuenta de que la historia es muy larga, que los procesos históricos son muy largos y que nuestros sueños a lo mejor no se van a cumplir en nuestra vida, pero que, si se van a cumplir, tiene que ser porque nosotros vamos a trabajar por ellos desde ahora.
En 2023, las denuncias por acoso contra un docente desencadenaron el levantamiento de numerosas voces contra hechos de violencias basadas en género, ocurridos en la Universidad Pontificia Bolivariana, como parte de una movilización que se extendía a otras comunidades universitarias en las que se daba cuenta de hechos semejantes, mediante numerosos testimonios.
El hecho sin duda marcó la vida de la comunidad académica de la UPB. Particularmente mostró nuevas formas de reivindicar los derechos de las y los estudiantes, que entonces plantearon con claridad las situaciones por las cuales sus voces necesitaban ser escuchadas y lograron abrir canales institucionales adecuados, que no solo legitimaran sus planteamientos, sino que les dieran la trascendencia correspondiente.
Las mesas de diálogo sobre violencias basadas en género fueron uno de estos canales abiertos por la comunidad estudiantil en diálogo directo con las directivas de la Universidad y el acompañamiento de la Secretaría de las Mujeres de la Gobernación de Antioquia, para establecer estrategias orientadas a prevenir y atender estas situaciones. Cuatro mesas se abrieron para generar estrategias desde la formación, investigación, protocolo de atención y de campus seguro.
María Alejandra Sierra, estudiante de Comunicación Social – Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana, hizo parte de la creación de estas mesas para el diálogo, con las que se buscó crear un espacio donde las denuncias pudieran escucharse, garantizando un acompañamiento respetuoso a las personas denunciantes. Para esta joven comunicadora, el poner en marcha estos mecanismos y estrategias por y para los mismos estudiantes es de vital importancia en un ambiente moderno y diverso, pero muchas veces atrapado en antiguos prejuicios pues, como ella misma menciona, “muchas veces cometemos actos de acoso por desconocimiento y porque son legitimados por la cultura, porque hacen parte de nuestros códigos sociales… (…) esto puede modificarse a través de la educación”.
Sierra cuenta que estas mesas de diálogo estuvieron acompañada por la Secretaría de las Mujeres y profesionales en el área de la salud mental. Entre septiembre del 2023 y enero del 2024 se concretaron los últimos detalles para su óptimo funcionamiento en el campus y, actualmente, estas mesas y sus protocolos tienen el acompañamiento del área Jurídica y la Rectoría de la Universidad.
Las denuncias y movilizaciones contra el acoso y otras violencias basadas en género, ocurridas en marzo de 2023, generaron en la UPB una nueva conciencia y un nuevo estilo en el debate sobre estas cuestiones. Fotos: Alejandro Zapata Peña.
Lecciones por igual
El trabajo con las mesas se unió a las medidas dispuestas con anterioridad por el área de Bienestar Universitario para la concientización frente a las violencias basadas en género y la creación de estrategias para prevenir, específicamente, todo tipo de acoso. El grupo de estudiantes partícipes de las mesas se propuso llevar sus propuestas, peticiones y denuncias en relación con las problemáticas percibidas en el campus a un espacio de diálogo para darles el tratamiento requerido y llevarlas, de ser necesario, a instancias legales de la mano de las directivas de la Universidad, todo con un lineamiento: velar por el respeto al debido proceso con énfasis en las personas afectadas, según explicaron voceras del área de Bienestar Universitario.
Las denuncias de marzo de 2023 pusieron en evidencia que, en muchas ocasiones, las personas afectadas recurren a medios masivos para compartir sus testimonios, antes que hacerlo mediante establecidos por las normas institucionales. En la UPB el primer reto era renovar la confianza y en ello se involcuraron desde Bienestar Universitario hasta la Vicerrectoría de Investigación, el área Jurídica y Gestión humana, en el liderazgo de las cuatro mesas de diálogo dispuestas.
La mesa de Espacios seguros se encarga de hacer análisis basado en testimonios de estudiantes para hacer cambios dentro del Campus que brinden mayor seguridad a la comunidad universitaria: iluminación, señalización, rutas alternas, entre otros aspectos. Irina Petro de León, participante de este espacio señaló que el acompañamiento de la Dirección administrativa, la Vicerrectoría de asuntos económicos, estudiantes y docentes de diversas facultades y pregrados, entre otros actores, fueron cruciales a la hora concretar el desarrollo de estrategias y planes planteados en su mesa respectiva.
María Alejandra Sierra hace parte de la mesa investigativa, la cual está encargada —como lo dice su nombre— de investigar los hechos de violencia de género en el campus. Señala por su parte que: “El proceso ha sido muy lento. Producir cosas alusivas al tema es demorado y la cabeza de la mesa es la vicerrectora de investigación, quien ha estado muy ocupada desde entonces. Las mesas más activas son las de bienestar y prevención”. Como ella, son muchos los estudiantes que desean tomar la iniciativa y ser partícipes en situaciones que afectan a toda la comunidad estudiantil, sin embargo, cree que hay poco conocimiento por parte de la comunidad estudiantil sobre los canales o espacios a los que pueden acudir o en los que pueden participar y no solo acudir a denunciar.
Se necesitan voces
El equipo encargado para las mesas de diálogo sobre violencias basadas en género por parte de Bienestar Universitario ha elaborado diversas propuestas asociadas a las mesas de diálogo sobre violencias de género que puedan involucrar más a los estudiantes: hace un año, dicha mesa realizó una convocatoria para que grupos de estudio y semilleros de investigación, sin importar el pregrado, aportaran en el desarrollo de las mesas de diálogo y aportaran sus propias producciones y alternativas frente a las problemáticas de violencias dentro del campus, ofreciendo incluso incentivos económicos. Desafortunadamente, sólo un grupo acudió a dicha convocatoria. Asimismo, la mesa de Formación desarrolló una propuesta de diplomatura relacionada con violencias de género, derechos y acciones socioeducativas, propuesta que formulada por una de las profesionales que acompaña el proceso psicólogo-jurídico por el cual pasan las diversas mesas: dicha propuesta aún se mantiene en pie.
De acuerdo con Bienestar Universitario, la UPB ha realizado campañas de concientización y formación al personal administrativo teniendo en cuenta sugerencias estudiantiles, entre ellas, la implementación de nuevas estrategias en el ciclo de formación humanista de la Universidad —para tratar mejor estos temas—, campañas de carnetización en las que se utilizan fotos e información del área de los usuarios de las plataformas institucionales y el cambio de luces en áreas oscuras donde los estudiantes han manifestado incomodidad por el poco campo visual en horas de la noche. Estos cambios en infraestructura se han comenzado a realizar a nivel multicampus, no sólo en la sede de Medellín.
Los cambios en el campus suelen sorprender a los egresados que regresan al campus de la UPB. Uno de ellos fue el traslado de las oficinas de Bienestar Universitario a uno de los bloques centrales, en el primer piso, donde la oferta de servicios esté al alcance de la mayor cantidad de personas posible.Valentina David, psicóloga en Bienestar Universitario, explica: “Con la llegada de este nuevo lugar para bienestar institucional y la nueva línea de violencias basadas en género, se han tenido asuntos importantes también para muchas cosas. Hemos tenido jornadas jurídicas para asesorías a las víctimas. (…) Y la invitación no es sólo de nosotros (Bienestar), sino también desde la Universidad. Queremos que los estudiantes también nos toquen la puerta y nos digan ‘esto hay que hacerlo’.”
El correo electrónico suele ser el canal principal para la difusión de las actividades. De estas y muchas otras más, realmente. Entre la comunidad estudiantil esa es una de las razones por las que a las convocatorias no responden muchas personas, pues los estudiantes no tienden a revisar la agenda por este medio. En contraste, el equipo perteneciente a las mesas se ha percatado de la importancia del bulevar como corazón de la Universidad: la vía peatonal que cruza el campus de norte a sur, entre puestos de estudio y comidas, donde la gente se percata de lo que sucede. Allí han llegado las actividades para hacer conciencia sobre las violencias basadas en género. Clarisa Arango, psicóloga quien ha acompañado las mesas de diálogo por parte de Bienestar Institucional, comenta: “Es responsabilidad de los estudiantes vincularse al habitar el campus (…) Yo creo igual que es un asunto muy institucional, pues se entiende que a veces la prioridad no es mirar el correo de la programación de la U, ¿cierto?”.
Las actividades institucionales para reconocer los derechos de las mujeres se extendieron por todo el mes de marzo de 2024 en la UPB.
Fotos: Clarissa Arango, Alejandro Zapata.
Punto de giro
Las actividades conmemorativas y que rinden reconocimiento a los derechos de las mujeres ya no son cosa del 8 de marzo. La dinámica se extiende a lo largo de todo el mes en ámbitos académico, comunitarios, ente otros. Así ocurrió en marzo pasado entre la comunidad de la UPB, cuando se realizaron charlas, publicaciones digitales, encuentros con egresadas de la Universidad y profesionales en diversas áreas sobre historias y temas que reivindican los derechos de las mujeres.
Las actividades estuvieron abiertas al público e incluyeron espacios como “Hackea tu macho”, para discutir la deuda histórica con las mujeres o publicaciones en redes sociales con diversas definiciones de palabras importantes en la inclusión, interculturalidad y convivencia, en una serie denominada “Moradario”.
Los espacios están…
La sicóloga Valentina David plantea: “Muchas personas dicen que ‘es que no existe el espacio’, pero sí los hay y simplemente la gente no los conoce o no sabe cómo llegar a ellos”. Desde la creación de estos espacios, se ha dado mayor visibilidad a las asesorías psicológicas y al acompañamiento desde Bienestar Institucional a todos aquellos que lo necesiten.
Las violencias basadas en género indudablemente se originan en factores que superan el ámbito de la academia. Pero no por eso las personas dejan de confiar en su papel como agente de solución. Por eso resulta tan importante el trabajo de la UPB y cualquier otra universidad, de la mano de sus estudiantes.
Reconozco que el miedo de ser asesinada por mi misma condición de mujer era de los últimos temores que se me pasaban por la mente; sin embargo, cuando comencé a leer noticias sobre cómo cuerpos de mujeres eran hallados en maletas y el concepto “feminicidio” se hacía cada vez más paisaje, hizo que investigar sobre este tema se convirtiera en una necesidad para mí.
Según el Observatorio Colombiano de Feminicidios entre el 2018 y el 2023 se registraron 3.628 feminicidios en Colombia; en enero de este año, por su parte, ya van registrados 64 feminicidios de los cuales 4 han ocurrido en Medellín. ¿Cuáles son las causas por las cuales el feminicidio continúa perpetuándose?
Comencemos por el principio: ¿Qué es un feminicidio?
El Congreso colombiano decretó en el artículo 104A. Feminicidio, que: Quien causare la muerte a una mujer, por su condición de ser mujer o por motivos de su identidad de género o en donde haya concurrido o antecedido cualquiera de las siguientes circunstancias, incurrirá en prisión de doscientos cincuenta (250) meses a quinientos (500) meses. Algunas de las circunstancias que menciona el artículo tienen que ver con perpetrar un ciclo de violencia física, sexual, psicológica o patrimonial, aprovecharse de las relaciones de poder ejercidas sobre la mujer, haber cometido el delito para generar terror o humillación a un enemigo y que la víctima haya sido privada de comunicación y libertad de locomoción.
Estas cifras demuestran que estructuralmente hay muchas cosas que necesitamos cambiar y dejar de perpetuar. Luis Benítez, licenciado en Ciencias Sociales y Magíster en Problemas económicos, afirma que “a pesar de que supuestamente la sociedad avanza en temas de género, políticas públicas y acciones judiciales, los hechos, las cifras dicen todo lo contrario”. En pocas palabras, el tema nada que retrocede. Pero lo que sí es claro, es que a partir de estos datos se arrojan una serie de avistamientos que podrían responder a las causas por las cuales se dan estos crímenes. Y digo “podrían”, claro, porque este fenómeno va más allá de las cifras.
Sí, hay patrones
Los motivos por los cuales ocurren los feminicidios abarcan desde los discursos que permean el comportamiento de los hombres y las mujeres, hasta las respuestas institucionales que no solo resultan siendo ineficientes, sino que se encuentran cargadas de estereotipos que entorpecen los procesos. Laura Peláez, psicóloga y magíster en derechos humanos y en psicopedagogía, afirma que “hay una raíz patriarcal que todavía impera en nuestras relaciones y que se asume que lo masculino tiene mayor poder sobre lo femenino”, esta sería entonces la base en donde no solo nace la respuesta a las causas del feminicidio, sino que también responde el hecho de que las cifras no hayan disminuido con respecto a años anteriores.
“Nosotros no nacemos hombres, nosotros nos hacemos hombres. ¿Y quién hace los hombres? La cultura. ¿Y qué es la cultura? Todo lo que vivo”. Benítez afirma que es a través de los vínculos, las relaciones, los contextos sociales, el lugar donde se vive, la televisión, la familia, la escuela e incluso la iglesia, en donde el concepto de “hombre” se crea. En nuestra cultura, por ejemplo, existe la idea de que el hombre debe ser inteligente, libre, fuerte, viril, heterosexual y exitoso económica, política y socialmente. De hecho, en otros contextos, el hombre, además, debe estar armado, poseer alto capital económico y cuenta con el derecho de disponer de cualquier mujer.
Entonces, si una y otra vez se refuerza este deber ser, ¿qué pasa? Te lo crees. Y resulta que es en esa construcción sociocultural del concepto “hombre” donde aparece un notable desprecio por lo femenino. La mujer no es inteligente, ni fuerte, ni exitosa, es emocionalmente débil, debe estar a disposición del hombre y permanecer en la casa cuidando y criando a los hijos. Todo esto nos lleva a la actual cultura machista y patriarcal que permea muchas dinámicas sociales, familiares y de pareja, afianzado el rol del hombre como un sujeto hegemónico que asume su masculinidad no solo con la fuerza, sino con la violencia.
Colombia, especialmente Medellín, tienen una cultura permeada por el legado del narcotráfico que promociona estereotipos ligados al género, donde el hombre es fuerte, proveedor y violento, y la mujer es sumisa, llamativa y cosificada. Esta cultura promueve valores machistas que son perpetuados tanto por los hombres como por las mujeres: “ser la mujer del duro implica asumir una posición de dependencia, de riesgo. Pero esa es una aspiración cultivada socialmente, donde, de hecho, las amigas, las familias y las madres lo perpetúan”, explica Peláez que es por eso que allí la violencia es legítima, porque es una manera de ejercer poderío sobre el cuerpo de la mujer. Se normaliza, entonces, que el duro tenga varias mujeres, que agreda sexualmente a menores y que la primera madre que se oponga a sus deseos con sus hijas, se va del barrio.
Empecemos por el hecho de que las violencias de género son independientes de los niveles sociales que puedan tener las personas; sin embargo, Luis Benítez cuenta que cuando se tienen condiciones socioeconómicas de pobreza, también se tienen condiciones socioculturales de pobreza, es decir: “cuando tienes menos recursos, menos acceso a los sistemas de salud, a los sistemas educativos, a los planes de acciones integrales de bienestar, cuando vives en barrios deteriorados donde la delincuencia permea, hay mayores condiciones para que se dé un feminicidio.” Esto no quiere decir que en las condiciones socioeconómicas más altas no ocurran este tipo de cosas, sino que allí, “además de la física pena y vergüenza que representa la denuncia, los hombres tienen el poder de hacer que las acciones judiciales o psicosociales se desestimulen”, afirma Benítez.
Cuando las mujeres carecen de oportunidades a nivel educativo y laboral, se incrementa el factor de riesgo para sufrir violencias basadas en género. Laura Peláez explica que “no es lo mismo cuando hablamos de una mujer que tiene una experiencia formativa que le ha permitido hacer una reflexión y una deconstrucción sobre su vida, sobre su feminidad y sobre sus proyectos, a una mujer que no ha tenido esas oportunidades”. La educación permite en la mujer no solo conocimiento en habilidades blandas y duras, sino el reconocimiento de prácticas violentas que son muchas veces naturalizadas.
Por el ámbito laboral, Benítez afirma que “muchos de los feminicidios están vinculados con el hecho de que la mujer no logra salirse de un entorno tóxico” pues la condición de dependencia generada por la falta de acceso al empleo, la obliga a quedarse allí y a asumir esta serie de prácticas que, a la larga, tiende a desensibilizar.
“Desde que se está midiendo el feminicidio, el patrón es que la pareja sentimental sea la causante del delito”, afirma el licenciado, y es que resulta que dentro del feminismo hay una categoría que se ha estudiado y es la del amor romántico, una de las que más le interesan a Benítez. Esta categoría y forma de amar propia del machismo y patriarcado plantea la siguiente idea: “Estás conmigo, eres mi propiedad y no puedes estar con nadie más”. Las mujeres están subordinadas al hombre o al hogar, no cuentan con voz, poder o reconocimiento; por eso, aquellas que deciden salir de allí, por un lado, vulneran la dignidad del hombre y este entra a vengarse, y por el otro, si deciden separarse no solo rompe el vínculo de amor, sino que fracasa en la construcción de una familia: fracasa como mujer.
Entonces, ¿por qué hacerlo? ¿por qué separarse? “No se vaya a poner en ese peligro que le va a ir peor, además, ¿qué va a pasar con sus hijos? Si usted lo denuncia la va a sacar de la casa”, Benítez afirma que son las madres quienes muchas veces les hablan así a sus hijas. Hay un montón de circunstancias que impiden a la mujer denunciar y salir de ese entorno, desde lo jurídico y socioeconómico hasta lo familiar y la vecindad.
Y las instituciones, ¿pa´ cuando?
Las líneas de atención ayudan a la mujer no solo en aspectos de gestión emocional sino en la asesoría de acciones legales que puedan tomar contra su agresor. Aunque estas líneas hayan podido llegar a prevenir algunos feminicidios, continúan siendo deficientes e insuficientes los departamentos que hacen justicia.
La respuesta institucional es tardía por temas relacionados con la corrupción y poca agilidad en los procesos; pero hay un problema aún mayor, afirma Benítez: “No hay instituciones que tengan una noción clara de lo que es una violencia basada en género” lo que hace que no solo se desconozca esta violencia, sino que no se entienda, por lo que se termina revictimizando a la mujer, justificando la violencia e incluso desconfiando de su testimonio.
Las organizaciones feministas, por su parte, han tenido un importantísimo papel en el tratamiento, gestión, prevención, educación y asesoramiento de las mujeres víctimas de violencia de género. Luz Mery Arias Muñoz, una de las fundadoras de la corporación feminista Vamos Mujer, explica más a fondo sobre el papel de este tipo de organizaciones, su diferencia con respecto a las demás instituciones, las estrategias que utilizan y su impacto en las mujeres:
La dualidad de la denuncia: un asunto entre el reconocimiento y la traición
“Laura, ¿qué significa denunciar?”, le pregunté. Ella se incorporó, tomó el micrófono de mi mano y me respondió: “La denuncia tiene un efecto simbólico. No solamente un efecto legal. Entonces, cuando una mujer decide denunciar, decide hacerse cargo de eso que le está haciendo la pareja o expareja. Ella se reivindica, independiente de que el sistema luego le imponga una pena al agresor, la posibilidad de alzar la voz y de ser capaz de decir ´esto no está bien´, permite sentar un precedente, implica un empoderamiento femenino a nivel simbólico.”
Sin embargo, en la denuncia también ocurre una ruptura, una traición. Cuando la mujer denuncia, culturalmente se piensa que está rompiendo un vínculo amoroso y esto implica renunciar a una tradición marital, familiar y filial, “no es gratuito que la iglesia te diga ‘hasta que la muerte los separe’ ”, afirma Benítez.
Y ahora, ¿qué hacemos?
La psicóloga Laura Peláez afirma que para neutralizar el fenómeno tiene que haber diferentes niveles de cambio: el primero deben ser las respuestas legales; lo segundo, la respuesta institucional y, finalmente, el más difícil, el cambio cultural. Estos niveles de cambio no excluyen la responsabilidad de otras entidades o acciones que se pueden realizar. Por ejemplo, en la educación formal, las universidades deben “formar sujetos sensibles y éticos que puedan responder a estas problemáticas desde un lugar más empático”, dice Laura, o desde la educación informal donde se abran espacios entre amigos y familiares para señalar conductas que no están bien. El papel de los medios de comunicación no se queda atrás, no solo porque visibilizan la noticia de lo que ocurre, sino que también, en términos preventivos, de empoderamiento y reconocimiento pueden hacer algo más. Luis, por su parte, propone un trabajo más intensivo con los hombres: “si nosotros logramos hacer un trabajo psicopedagógico con los hombres, creo que lograríamos disminuir el feminicidio y las tasas de violencia contra las mujeres”. Sin embargo, no hay apoyo, ni económico ni institucional, “el trabajo con hombres en masculinidades en Colombia es muy reciente y escaso, por eso no hay una acción estatal en ese sentido”, cuenta Luis.
“Ser mujer ahora es distinto a ser mujer hace 20 años”, afirma Laura. Hoy en día tenemos una sociedad un poco más sensible, hombres más feministas, investigaciones que hablan al respecto; sin embargo, no sigue siendo un asunto sencillo de abordar. “¿Cuáles son las causas por las cuales el feminicidio continúa perpetuándose?”, me preguntaba en un principio, y después de esta investigación concluí que las razones por las cuales impera el delito del feminicidio varían entre: por un lado, la falta de oportunidades a nivel educativo y laboral de las mujeres. Pues esto no solo les impide reconocerse como víctimas en entornos violentos y denunciar, sino que también llegan a normalizar, justificar y aceptar violencias que tienden a escalar a este delito. Por otro lado, la cultura machista, misógina y patriarcal que se ha construido en la sociedad y que ha permeado la cultura colombiana durante años, primero, no es culpa de los hombres, sino de un sistema que domina y promueve discursos de género en contra de la mujer; esto incluye el legado del narcotráfico, la respuesta generalmente prejuiciosa de las instituciones, el insensible tratamiento de las noticias sobre violencias de género por parte de los medios, el consumo de publicidades tóxicas y el estereotipo que se tiene sobre el rol que debe cumplir cada género.
Afortunadamente, los discursos se crean, se destruyen y se transforman. Los hombres lloran, las mujeres son fuertes, ¿Cuál será ahora el discurso más conveniente para comenzar a tratar este tema de raíz? El miedo no está en la calle, el miedo está en el sistema.
La política… una palabra que da vueltas por todas partes los días de elecciones, cuando las ciudades están inundadas de publicidad, las calles y las personas se visten de los colores y pareciera que toda la discusión orbita alrededor de ese tema, hasta el hastío, porque tanto ruido hace que la “fiesta de la democracia” no entusiasme.
No obstante, la política no deja de ser competencia de todos los ciudadanos. Desde Contexto se hizo una revisión con algunos conocedores del tema para saber cuáles son los diferentes significados de esta, abordar la acción política desde otro ángulo distinto al electoral y ver otras formas de lo político presentes en la ciudad.
Para Miguel Bernal, estudiante de Ciencia Política de la UdeA (Universidad de Antioquia), “la política es la ciencia del poder, estudia las relaciones de poder que hay en la sociedad y cómo se materializan en las instituciones; pero también a nivel interpersonal, cómo pueden aparecer esas relaciones de poder (…), dentro de una de sus definiciones, terminan siendo estamentos o instituciones que aparecen para regular, de cierta manera, los comportamientos y las relaciones entre las personas”.
Por su parte, María Fernanda Mora, también estudiante de Ciencias Políticas de la UdeA, concluye que la política es “la actividad que ejercería una persona que se dedica a trabajar sobre lo público”.
Teniendo eso en mente, quizás lo que más desencanta de la política no es la política en sí misma, sino la politiquería que es “la desviación negativa de la política, es decir, cuando ese ejercicio puro y noble, de velar por los demás se termina perturbando y se guía hacia el engaño, el clientelismo y la corrupción”, dice Mora. Para Bernal es “ese juego sucio en el que se sirve de la demagogia, de mentiras, de pasiones y populismos para obtener adeptos en cuanto a las elecciones, la realización de contratos y de leyes, que se ven atravesadas por unas negociaciones en las que se busca un beneficio propio”.
Entonces parece que lo que se entiende por política en realidad es politiquería. Las personas piensan generalmente que es el acto de votar y –aunque sí lo es– no lo es todo. “Cuando las personas sienten un rechazo hacia la política, lo que están sintiendo es, sobre todo, un rechazo hacia el ejercicio electoral”, dijo Bernal.
En un escenario como este es entendible la apatía y el agotamiento, pero con las respuestas de las personas entrevistadas se entiende que, este término difícil de aprehender, no se agota en las urnas y hay muchas otras formas de ejercerla. Para Hugo Buitrago, docente de la facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB, “la política tiene que ver con mucho más (…) digamos que el accionar en sociedad tendría que ser per se un accionar político”. Lo que indica que todos, se quiera o no, estamos insertos en este panorama.
Otras formas de la político, otras expresiones de lo político
Para Mora “lo político puede ser construido por un actor social, desde un movimiento, por un actor particular, a partir de una demanda, o incluso por las mismas personas que ejercen la política”, señala la estudiante.
“La convivencia implica vivir con el otro, esa sensación de empatía, de otredad, de alteridad(…), son ejercicios políticos que no se dan a partir necesariamente de la proselyte, sino que se dan a partir de la construcción social, de la autogestión, del camino conjunto, de ese reconocimiento, de esos espacios de diálogo que están por fuera de la elección y por fuera de ese entramado político”, afirma el profesor Buitrago.
Con todas estas ideas de lo político, se retrataron algunas de esas acciones sociales, populares, comunitarias; que se dan en la ciudad de Medellín y que tienen una fuerte apuesta política sin estar inmersos en el panorama electoral: El Derecho a No Obedecer, La Red Feminista Abolicionista de Medellín y la Huerta Guacamaya.
Les invitamos a enterarse del quehacer de cada una de estas organizaciones a través de Contexto. Esperamos que esta sea una puerta de entrada para reunir más apuestas políticas desde lo comunitario, que sea un espacio para darles visibilidad y, porque no, que las personas se sientan interesadas en ser partícipes de las iniciativas.
La explotación sexual de niños niñas y adolescentes se nos hizo paisaje, en medio de otros paisajes: el de las medidas aisladas y policivas, el de la evasión de la realidad del trabajo sexual y de las responsabilidades sociales frente a la situación. Este es un recorrido por esos paisajes que los hechos recientes ponen en discusión.
La prostitución es un oficio legal en medio del cual, sin embargo, se camuflan delitos como el de la explotación sexual, en especial la que afecta a niñas, niños y adolescentes. Foto: Mariana Pérez Mesa.
Desde hace varios años, la comuna El Poblado, de la cual hace parte el histórico barrio homónimo de clase alta, está en el foco de la atención pública por la dinámica que le ha dado la oferta de servicios sexuales que hoy ponen este territorio en el lugar más visible de la agenda informativa en el país. De acuerdo con la sentencia T-629 de 2010, en Colombia, la prostitución es legal siempre que sea ejercida por mayores de 18 años. Sin embargo, los debates de los últimos años y el revuelo generado a partir del caso del estadounidense Tomothy Alan Livingston, han puesto en evidencia que entre esas dinámicas asociadas a los servicios sexuales se presenta el delito de la explotación sexual y comercial de niñas, niños y adolescentes (ESCNNA).
Según la Mesa Intersectorial en contra de la ESCNNA en Medellín, espacio independiente en donde se reúnen diferentes organizaciones (públicas y privadas, universidades, entidades oficiales y hasta la Policía de turismo), este fenómeno social se define como:
“la utilización sexual de las niñas, los niños y adolescentes para la obtención de ganancias sexuales, económicas, sociales o políticas, fruto del aprovechamiento de una posición de vulnerabilidad, desequilibrio de poder o confianza de la niña, niño o adolescente respecto del adulto, abusador o explotador. Es un delito que lleva a la cosificación y mercantilización de las niñas, niños y adolescentes, vulnerándoles sus derechos y afectando su dignidad e integridad”.
La investigación y el trabajo que por años han adelantado las personas y organizaciones que hacen parte de la Mesa Intersectorial contra la ESCNNA revelan que esta actividad ilegal además tiene vínculos con el microtráfico, la instrumentalización de niñas, niños y adolescentes para delinquir, el abuso sexual y la trata de personas.
En sus declaraciones a partir del caso del estadounidense Livingston, el Alcalde de Medellín Federico Gutiérrez, señaló que este fenómeno es es un gran reto no solo para la administración, las organizaciones encargadas de atender a las víctimas, sino también para la sociedad. Esta es una postura que reafirman las organizaciones como las que trabajan desde la Mesa Intersectorial, que destacan este como un hecho que arrebata la dignidad a las niñas, niños y adolescentes de la ciudad, con los consecuentes daños físicos, psicológicos y emocionales que dejan secuelas que pueden durar por muchos años. Al tiempo, las tendencias del aumento desenfrenado del turismo y la vida en los entornos digitales se constituyen en agravantes de la situación que ocupa a Medellín y otras ciudades del país.
Las cifras de ESCNNA en Medellín, desde hace diez años, van en aumento. Gráfico1. Fuente: Informe Mesa Intersectorial en contra de la ESCNNA análisis de la Explotación Sexual y Comercial de las Niñas, Niños y Adolescentes en Medellín y recomendaciones de Portal datos abiertos Fiscalía General de la Nación, base de datos conteo de víctimas.
En 2023 las cifras de víctimas de ESCNNA disminuyen, lo que hace creer que las acciones adelantadas en la ciudad tuvieron un impacto positivo, pero, según el fiscal Carlos Augusto Rendón, las rutas de atención fueron casi nulas, se atendieron muy pocas víctimas y, a su vez, hay inconsistencia en las cifras de cada entidad de atención (Fiscalía, ICBF, Unidad de Niñez, Policía, entre otras), afirmó el funcionario que cada una tiene reportes diferentes en el número de atención a víctimas, lo cual además deja dudas sobre la restitución de derechos a cada víctima.
Gráfico 2. Fuente: Informe Mesa Intersectorial en contra de la ESCNNA análisis de la Explotación Sexual y Comercial de las Niñas, Niños y Adolescentes en Medellín y recomendaciones “Casos de víctimas de ESCNNA reportadas por las bases de datos consultadas, período 2020-2022″.
Medidas contra un fenómeno mutante
La lucha frontal contra la ESCNNA fue uno de los primeros anuncios del nuevo gobierno de Medellín, cuyas acciones comenzaron con el Decreto 0082 de 2024 que limita la circulación de menores de 18 años, todos los días, entre las 7:00 de la noche y las 5:00 de la mañana en sectores como Plaza Botero, la comuna 10 Centro, los bulevares de la 33 y la 70, así como el Parque Lleras, que fue objeto de una nueva medida de reducción de horarios para establecimientos nocturnos y prohibición de la oferta de servicios sexuales por un mes.
No obstante, hasta ahora las medidas suscitan numerosas preguntas como por qué restringir los derechos de las víctimas y no del os victimarios o qué ocurre con las otras zonas de Medellín en donde se conocen denuncias de la misma situación y no solo en la noche, pues las plataformas digitales hacen incluso que las personas sean explotadas sin necesidad de exponerse en las calles.
Para Jazmín Santa, miembro del secretariado técnico de la Mesa en contra de la ESCNNA en Medellín y docente investigadora de la Universidad Pontificia Bolivariana, cualquier acción que se haga vale la pena. Señala que, sin embargo, los operativos que se hacen terminan desplazando a las víctimas del sector, pero en el lugar queda el explotador o proxeneta, “no tiene sentido una criminalización de quien ha sido explotado”, señala. Explica que la medida de toque de queda ha hecho que “este fenómeno se movilice a fincas y establecimientos alquilados por medio de AIRBNB en los municipios cercanos como Copacabana, Guatapé y El Peñol”.
Explica la docente que cada administración crea un Plan intersectorial en contra de la ESCNNA en Medellín, con el que se articula el trabajo de Fiscalía, ICBF, Unidad de Niñez, Secretaría de Educación, Personería de Medellín , 123 Social, Área Metropolitana, entre otras entidades. Señala que, sin embargo, este cada vez tiene menos presupuesto y personas conocedoras y apropiadas del asunto. Por ejemplo, a marzo de 2024, cuando ya se habían anunciado las primeras medidas oficiales en la materia, todavía no tenía una cabeza, solo varias personas adelantando acciones en territorio adelantando acciones, sin un líder que sepa y les dirija.
La más reciente notificación
El pasado 27 de marzo, en las horas de la noche, en un operativo de la Policía Nacional desplegado a partir de una denuncia ciudadana, se encontró a un extranjero con dos menores de edad, en el hotel Gotham, ubicado en El Poblado. El señalado responsable de abuso sexual pudo evadir a las autoridades y salir del país dos días después. Por este y otros detalles, el caso desató un mediático debate con respecto al ESCNNA en Medellín, los turistas y la acción o inacción oficial frente al tema. En medio de esas circunstancias, desde el 1 de abril, el alcalde Federico Gutiérrez anunció el plan piloto en el que por un mes se prohíbe la oferta de servicios sexuales en la comuna El Poblado y se restringen los horarios de establecimientos comerciales desde las 10 hasta la 1 de la mañana en los sectores del parque Lleras, Provenza y la calle 10.
El encierro y el “paisaje”
Haciendo un recorrido por el barrio El Poblado, en la noche, más específicamente por el parque Lleras, la calle 10 y Provenza, se aprecian los matices que distinguen cada sector, sus contextos y visitantes. En el parque Lleras la prostitución y la ESCNNA se presentan a ojos de todas las personas y a cualquier hora del día. Mujeres evidentemente menores de edad, en diferentes esquinas o locales, solas o acompañadas entre ellas, hablan y cruzan celulares con hombres evidentemente mayores y foráneos.
En Provenza, las dinámicas son diferentes: la seguridad privada y un consumo mínimo por mesa de unos $200.000 establecen un filtro invisible para los visitantes y sofistican la oferta y demanda de servicios sexuales. En contraste, por toda la calle 10 se logra ver a menores de edad conversando con extranjeros, familias indígenas en estado de mendicidad con niños y hasta bebés que juegan con los residuos que salen de los establecimientos.
Sin embargo, desde hace meses estas zonas están cercadas y en cada ingreso hay, en promedio, dos policías para controlar la entrada y la salida de visitantes. Para entrar al parque Lleras, por la calle 25, al ingreso, y a lo largo del trabajo de observación, únicamente se le hizo la solicitud de documentos a las personas extranjeras, tanto hombres como mujeres. Al ingresar se aprecia una población que puede describirse como un lo que sería un 70-30 entre extranjeros y mujeres, muchas evidentemente menores y que portan cédulas falsas, si no fuera por quienes trabajan en los establecimientos y una que otra pareja local.
-¿Por qué hay tantos policías y en las entradas sobre todo?
– Por seguridad- dice una uniformada.
– ¿No es por el cuidado de los niños, por la explotación sexual?
– Si, también por eso. Pero estamos esperando que el Alcalde quite las vallas, ya solo va a tener más seguridad el sector, pero no control de ingreso en las entradas- explica la mujer con uniforme.
– ¿Que pueden hacer con las familias y más que todo los niños indígenas?
– Nada. Ellos están con sus mamás, tienen una casa. No podemos llamar a Policía de infancia y adolescencia porque están con sus familias. Mientras no estén en las zonas que están cercadas no se puede hacer nada.
-¿Y quiénes tienen permitido ingresar?
-Se deja ingresar ciudadanos colombianos con cédula o tarjeta de identidad a partir de los 16 años. De ahí en adelante, no se deja ingresar.
– ¿Qué pasa con las niñas y jóvenes que usan documentación falsa?
– Se llama al comando y no se deja ingresar, para que verifiquen la identificación, ellos no tienen un lector- responde la policía- y agrega- A los extranjeros se les pide el pasaporte y a las personas venezolanas ls identificación y permiso migratorio.
-¿Y las niñas menores que hay dentro, en este parque? La verdad, vi varias
-Son malas trabajadoras sexuales que tienen identificaciones falsas, pero uno no puede hacer nada porque vienen con identificación- corta la uniformada.
La conversación ilustra las dudas sobre el verdadero control detrás de medidas como el cerramiento y otras similares. La Mesa Intersectorial en contra de la ESCNNA en Medellín presentó el más reciente informe de análisis de la Explotación Sexual y Comercial de las Niñas, Niños y Adolescentes en Medellín y recomendaciones, durante su primera reunión del año, el jueves 22 de enero en el Paraninfo de la Universidad de Antioquia, con una asistencia de más de 40 instituciones, entre ellas Secretaría de Turismo, Defensoría del pueblo, Secretaría de Inclusión Social, estudiantes de la UPB y la Universidad de Antioquia, el Sindicato de trabajo sexual, la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, Espacios de Mujer, concejales, periodistas, entre otros actores. La mayoría de los asistentes llegaban por primera vez al espacio y expresaban su compromiso con la erradicación de la ESCNNA.
Con el fin de convertir las recomendaciones del citado informe en propuesta para el nuevo Plan de Desarrollo de la ciudad, el 5 de marzo se adelantó una sesión plenaria en el Concejo de Medellín. El paisaje del recinto parecía una ilsutración de lo que pasa en la ciudad con este fenómeno: aunque el 90 % de los concejales registraron su asistencia, miembros del secretariado técnico de la Mesa y tres niñas representantes de la Corporación Convivamos intervinieron sobre la importancia de erradicar la ESCNNA, muchos de los cabildantes y hasta el presidente de la corporación dedicaron más atención a sus celulares, computadores, periódicos o al agua y los tintos.
El paisaje de la sesión del 5 de marzo en el Concejo de Medellín. Foto: Mariana Pérez Mesa.
En medio del escándalo, duele Medellín. Sin duda, la tarea no es solo de las autoridades, pero ciertamente los avances empiezan si se reconoce la complejidad del fenómeno, mediante compromisos más claros de quienes tienen no solo la autoridad, sino la esperanza de una generación que crece en medio del paisaje de la explotación abusiva de sus cuerpos.
Líneas para reportar casos de Explotación Sexual y Comercial de Niñas, Niños y Adolescentes:
Irene Solá, artista catalana, ganadora del Premio de Literatura de la Unión Europea en 2020, visita Colombia por primera vez como invitada del Hay Festival que realizado en Jericó, Medellín y Cartagena. Desde Jericó habló sobre los lugares que habitan sus historias, la necesidad de narrar y su proceso de creación. Esta es la conversación exclusiva para la audiencia de Contexto:
“¿Qué poder tiene el contar historias por encima de ser contado en las historias?, a mi el folclor me gusta por entender cómo los distintos grupos hemos mirado el mundo desde hace tanto y hemos intentado contarlo”, empezó diciendo Irene Solá en un conversatorio con la autora Sara Jaramillo Klinkert sobre las historias que habitan los montes, la correlación entre la literatura de ambas autoras, la necesidad de narrar, la presión del éxito editorial y las bases como artista plástica de la novelista nacida en Malla, Cataluña.
Solá, de 33 años, es una artista plástica formada en la Universidad de Barcelona con posteriores estudios en literatura, cine y cultura audiovisual en la Universidad de Sussex. Ha escrito tres novelas: Els dics (2018), Canto yo y la montaña baila (2019), Te di ojos y miraste las tinieblas (2023), traducidas a mas de veinte lenguas por lo que concluye que finalmente “al libro le van a salir patas y cola, y se va a casas y lenguas que no voy a ver ni entender”.
Solá es una artista polifacética. En conversación con la escritora Sara Jaramillo profundizo sobre su faceta con las letras. Foto: @hayfestival
Tras el éxito de Canto yo y la montaña baila (2019), en su última novela cuenta una historia familiar desde un pacto entre una mujer y un diablo de carácter pagano, decantando la narrativa de Solá por el folclor que la abraza.
¿Cómo encuentra Jericó en comparación con los pueblos a los que está habituada?
A pesar de que yo he crecido en un pueblo, no toda la vida he vivido allí. He vivido en grandes ciudades y me gusta vivir en grandes ciudades. Sin embargo, cuando veo a Jericó en comparación con el lugar donde crecí, diría que vengo de un pueblo diseminado. No hay calles. Solamente hay campo y casas y bosque. Mientras que en Jericó hay una plaza de donde hay mucha vida, es el centro de donde aparece mucha actividad.
Con respecto a las grandes ciudades… en la charla hablaba de una búsqueda de universalidad en sus inicios y como esas ciudades hacían parte de eso. ¿Esa búsqueda persiste en los textos?
En un momento dado me doy cuenta de que no hace falta buscar esa universalidad o que cualquier historia es universal y yo puedo contar una historia, la que sea, y situarla donde sea y que esta historia se va a entender desde todas partes. Que no hace falta situarla en una gran ciudad ni buscar universalidad. Sino que si estas escribiendo una historia que a ti te interese profundamente y que sea honesta con tus intereses, creo que eso se puede entender y conectar en todas partes.
Mencionaba a Wolfe, Faulkner, Rulfo como unos de tus referentes literarios más potentes, sin embargo, cada vez hay menos lectores de la novela clásica y nuevos formatos toman fuerza en la narración, ¿cómo aparece eso a la mirada de una artista plástica?
¿Tu crees que cada vez la gente lee menos?, yo no estaría tan segura. Evidentemente hay de todo. Pero yo no pondría en mi boca la idea de que la gente consume solamente reels o tik tok y ya no lee. Considero que hay personas que consumen otros medios y leen a la par. Bueno, no tengo datos a la mano. Pero yo creo que la gente hace muchas cosas y entre esas está leer.
¿Cómo apareció esta necesidad de la escritura dentro de todas las líneas de expresión que podía manejar?
Me di cuenta de que quería usar la palabra como materia prima de la misma manera que estaba usando otros como el video. Y entendía que en mi obra había una necesidad de lo narrativo y las historias. Algo que había comprendido realmente en mi formación de Bellas Artes, era el proceso de realización de una obra y lo que implica dedicarse por un tiempo indefinido, con toda la intensidad posible a realizar un proyecto que nadie te ha pedido que lo hagas.
A los asistentes del Hay Festival en Jericó, Solá les habló de la forma en que trabaja y las rutinas de conexión que exige una creación como un libro. Foto: tomada de @hayfestival
Hablaba de manera enfática sobre el proceso que venía antes de escribir, la investigación…
Que para mi no es antes, ¿eh?, es algo que se da al mismo tiempo.
¿Cómo manejar la extensión que pueda tener esa idea y no permitir que se escape antes de terminar la obra?
Todo forma parte del proceso aunque no forme parte de la misma manera. A veces en tu proceso encuentras caminos y descubres cosas que crees van a formar parte de la novela y que en otro punto te das cuenta de que eso no va ni queda. Pero para mi eso no es malo. Es aprender que va y no va.
¿En el proceso de escritura cómo funciona su método a nivel temporal?
Intento trabajar cada día. Si estoy viajando no siempre se puede estar escribiendo cada día. Pero cuando tengo el tiempo de trabajar debo vivirlo, conectarme tan a menudo como pueda. Porque si pasas días afuera, luego tienes que volver a conectarte.
¿Qué es lo importante de venir a Jericó a un festival como el Hay?
Hay algo paralelo al trabajo de promoción, que es empaparse de un lugar que no conocías antes. Entender cosas que no se entienden solamente desde el cerebro, sino desde las percepciones. Hay muchas cosas que te impregnan. Autores de otros contextos. Yo siempre me llevo libros y comida, para cocinar en mi casa.
¿Y qué creería que le queda a Jericó del Festival?
Bueno, eso tendríamos que preguntárselo a la gente de acá, por supuesto. Porque yo hago parte de toda esta cosa que viene y luego se marcha. Pero es cierto que hablando con las personas que había a mi alrededor, tenía la sensación de que muchos habían asistido históricamente al festival y tenían en su cabeza conversatorios de otros años y autores en el festival.
Solá tiene serias dudas sobre la idea de que hoy se lee menos, señala que este hábito se mueve no solo por los libros. Probablemente por eso que sus historias con patas y cola pasaron a gusto por Las Nubes y El Salvador, los cerros tutelares de Jericó.
*Contexto estuvo en el Hay Festival Jericó 2024 por invitación de Comfama a medios universitarios de Medellín.
En los últimos años el movimiento del ‘body positive’ ha traído consigo cambios en la manera en que en Medellín se asume la necesidad de vestir cuerpos gordos. ¿Cuál es el espacio que tiene la moda plus size en una ciudad donde, según ACI Medellín, en 2019 había 4 726 empresas dedicadas a la confección de prendas de vestir?
La declaratoria que hizo en 2022 la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que anualmente se conmemore el Día Mundial de la Obesidad se ha convertido en una reivindicación de la lucha contra un sistema de creencias que discrimina, violenta, excluye y niega derechos o servicios básicos a cuerpos de mayor tamaño, de allí que se haya renombrado como Día Mundial contra la Gordofobia, en un trabajo colectivo para resignificar el discurso detrás de la celebración, razón por la cual diferentes grupos y activistas se han tomado las redes con testimonios y reflexiones sobre los cuerpos gordos. “El problema nunca ha sido el tamaño de nuestros cuerpos, sino la discriminación y violencia que se naturalizó y que se justifica señalando que es por nuestro bien”, expresa Manuela Ruiz Florez, activista plus size de la ciudad de Medellín, ciudad donde a pesar de un historia textil, aún se deben hacer grandes búsquedas para encontrar ropa en tallas grandes.
Hablamos de la misma Medellín que en una de sus ferias de moda más importantes como Colombiatex de las Américas 2023, según Inexmoda, logró superar las cifras prepandémicas del evento con una asistencia de más de 27 mil personas y que, según Procolombia, solo entre enero y noviembre de 2021 creció en un 50% sus exportaciones de moda por más de US$900 millones, y que aún así, solo hasta ahora puede visualizar los primeros despuntes de moda para tallas grandes en una ciudad donde este nicho está liderado por pequeñas empresas y emprendimientos.
Son pocos los maniquíes disponibles de tallas grandes en la ciudad.
Los que se pueden encontrar son comprados o separados con rapidez debido a la dificultad para encontrarlos.
Foto: Manuela Rendón U.
Dando con la talla
Los maniquíes gordos no se venden igual. Hay que averiguarlos, preguntar por ellos entre vendedores, buscarlos en internet para importarlos o mandarlos a hacer. Cuando se pregunta el porqué dicen que no se venden igual, que preguntan más por tallas regulares, que son muy escasos en el mercado o que solo se maneja la famosa talla única. Los que se encuentran, en menor cantidad que los de talla regular, no abarcan todo el espectro de cuerpos grandes que existen y sus materiales no siempre tienen la misma calidad.
Pocas veces se ve un maniquí gordo en una vitrina. A los maniquíes delgados se les ve haciendo poses, con la mano en la cintura, con la cadera ladeada o las piernas cruzadas; a los gordos no, son estatuas rígidas sin horma que pocas veces son estéticas y no se prestan para otros ambientes como la alta costura, la exhibición o la fotografía.
Frente a esta necesidad del mercado se han presentado proyectos éticos y sostenibles como el de Ester Gómez donde todos los cuerpos entran a discusión. Su emprendimiento llamado Maniquí Verde, un espacio donde se crean figurines a partir de materiales reciclables pero duraderos, ha sido el aliado de varias marcas de la ciudad para exhibir y fotografiar prendas en figurines gordos. “Quería hacer la diferencia. Investigué el mercado y faltaba la variación de tallas así que hice la diferencia también con la función práctica y estética de estos maniquíes para la alta costura, la decoración, la fotografía y la exhibición de prendas” manifestó la creadora, demostrando así que la sostenibilidad y la inclusión pueden ir de la mano en medio de la industria manufacturera.
La primera tienda donde encontré un maniquí gordo fue en Cedemoda, el centro comercial a cielo abierto de Medellín, donde empresas textiles de la ciudad tienen sus puntos de venta de prendas, insumos y textiles. En medio de sus calles encontré el primer maniquí gordo vestido con ropa de la temporada; sin embargo, la tienda estaba separada en dos secciones: las prendas de talla regular y las prendas de talla grande, las cuales llegaban solo hasta la 3XL.
—Es para separar los públicos —dijo la vendedora. Y procedió a mostrarme la página web de las tallas grandes y todas las opciones que allí se encontraban.
Algunos comerciantes de la ciudad han encontrado la forma de ingresar al nicho de mercado sin perder la segmentación original de su público. Con los mismos diseñadores y los mismos insumos han creado marcas hermanas pensadas para diferentes tallas y cuerpos; ambas marcadas por las tendencias del momento y los colores de moda. Los mismos tonos pasteles de las tallas S y M se utilizan para las camisas y vestidos 2XL y 3XL.
El segundo maniquí se encontraba a tres cuadras del Parque Berrío, en la tienda Santa Fresa, una tienda que funciona principalmente por medios virtuales pero que posee un pequeño showroom en Medellín. La tienda maneja desde la talla 14 hasta la 20 y su especialidad son las camisas y los vestidos.
Natalia, la asesora, me pasa un vestido talla 16 que me resulta muy ajustado en el área del pecho, pero a diferencia de una tienda de tallas regulares, hay más opciones y estilos que pueden servirme y no debo conformarme con la talla más grande que tengan disponible. Me acomodo en un vestido talla 18, del que Natalia me enseña más referencias, colores y diseños; no debo adaptarme, eso me ha quedado claro y la rubia me lo hace saber:
—No te preocupes, dale hasta que te acomodes.
Natalia me pide mi número para avisarme de los nuevos vestidos y anota mi talla para tenerlo en cuenta, me muestra cómo le queda la camisa que me gustó a la modelo de la marca y me explica desde cuántas prendas consigo un precio al por mayor. Su maniquí viste un deportivo verde con beige y lo han vestido con la talla idónea de ropa; es más gordo que el figurín anterior, tiene los brazos rellenos y el estómago ancho, puedo verme por primera vez en un maniquí que no me resulta grotesco o exagerado.
Como Santa Fresa hay muchas marcas que se distribuyen y dan a conocer a través de plataformas digitales, lo que las ha ayudado a llegar a públicos específicos y a zonas del país donde nunca antes habían llegado, para consumidoras como Leidy Johana Colorado, la búsqueda de tiendas y ropa por Instagram le han facilitado la compra porque “me metía a buscar cualquier cosita y me aparecían muchas sugerencias. Entonces ya con la publicidad uno busca una cosa y le aparecen muchas más. Así conocí muchas, muchas páginas, con ropa muy bonita, con una gama mucho más amplia de tallas y mucho más fácil para adquirir las prendas”.
El tercer maniquí lo encontré al frente a la antigua Beneficencia de Antioquia, hoy el edificio de la Lotería de Medellín. Un almacén de Gorditas y Gorditos Sexy da a la calle, en su vitrina hay un ejército de figurines gordos, todas con pelucas baratas pero vestidas con diferentes prendas. Al lado de la entrada hay un cartel donde se recuerdan a sí mismos las tallas. Para ellas una talla 14 equivale a una XL y una talla 18 equivale a una talla 3XL; para ellos los números cambian: una talla 42 se entiende como una XL mientras una talla 56 se considera 8XL.
La asesora me ofrece agua fría mientras busca entre los estantes jeans de mi talla.
—¿Hay para mí? —pregunto. Pues como muchas otras he adquirido la mala costumbre de preguntar si hay ropa de mi talla antes de entrar.
—Sí, claro que sí, ¿en qué estilito lo buscas? —me pregunta. Me muestra jeans tiro alto, bota campana, con estampados y descosidos. Con el pasar de los años la marca ha evolucionado y ha ingresado a su inventario ropa más juvenil y a la moda. Sin embargo gran parte de sus estanterías aún están dedicadas a los diseños más conservadores y sencillos que comunmente conocemos como señoreros, los cuales están dirigidos a lo que aún es su público principal; camisas holgadas, con mangas largas y boleros en los bordes se mezclan con jeans con mariposas y manchas de pintura.
—¿El vestido lo tendrás en otro color? —pregunto pues solo lo he visto en naranja y rosa.
—Solo en colores de temporada —responde la asesora. Y acierta, pues en el centro de la ciudad se observan camisas y camisetas azul rey, rosa, naranja o verde, los colores que marcarán, por un par de semanas, la tendencia de moda en la zona, inclusive en las tiendas donde todo puede valer entre $10.000 y $20.000.
A la entrada de la tienda hay dos jóvenes. Uno está parado sobre una escalera vigilando a todos los compradores mientras el segundo anima a todo aquel que pase por la acera para entrar al negocio. Es una tienda de ropa de todo a $10.000 y $20.000, las vendedoras organizan mercancía y caminan entre cajas mientras asesoran clientes. No hay nada por talla, solo por diseño o color.
—¿Manejas solamente tallas únicas?
—¿Qué tallita estarías buscando?
—Como para mí —respondo.
—Solo esas de allá arriba —y me señala una hilera de camisas anchas, de licra, llenas de brillantes y estampados que chillan contra los vestidos colores pastel y los buzos tipo crop top que cuelgan en las demás hileras.
Inclusive en espacios donde la ropa es mas asequible, no es fácil encontrar la misma oferta y variedad para tallas grandes puesto que no entran en los estándares de la conveniente talla única que tanto habita el centro de la ciudad.
Elena plus clothing, Áttika Closet y Nation Plus Denim son algunas de las marcas que le apuestan al diseño exclusivo para tallas grandes buscando responder a las necesidades específicas de la gente gorda.
Foto: Manuela Rendón Uribe.
Un trabajo delicado
Entre los factores que pueden afectar una experiencia de compra para mujeres gordas no solo se encuentra que los cuerpos se sientan representados en los diseños y los maniquíes. También está el trato de los vendedores, la experiencia con el espacio y la poca estandarización de tallas en la industria hasta el punto que las marcas consideran que abastecen la demanda plus size de la ciudad ofreciendo ropa que llega hasta la talla 14 o 16.
Para Eliana Hérnandez, creadora de Gorditas Modernas Boutique, la venta a una mujer gorda debe ser una venta que debe hacerse de manera muy precavida. “Son personas muy delicadas. Es una venta que hay que hacer con muchísimo tacto, encontrar como la terminología adecuada para saber llegar a ese corazón que está aporreado por una industria que nos ha aporreado de una manera demasiado evidente, entonces es empezar también como a hacer un trabajo de amor, de sanación y de irlas como enrutando a ellas en lo que realmente deben usar y sobre todo en qué talla deben usar”.
En el espacio de Eliana todo es grande. Los vestieres, las habitaciones, los sofás, la oferta de ropa y las ganas de ver a sus clientes más allá de una transacción. Es un espacio pensado para mujeres gordas que buscar una experiencia segura y cómoda de compra: “antes de ver las personas como clientes, vemos la necesidad de un ser humano, un ser humano que ha sido flagelado, que ha sido estigmatizado. Entonces queremos que cada una de las niñas, chicas, mujeres que vengan a nuestro espacio se sientan demasiado cómodas, confortables, que sientan que el espacio que están pisando, que están ocupando, realmente es un espacio que merecen y que no están ocupando un espacio que le está haciendo falta a otra mujer, porque si tú te das cuenta normalmente cuando uno llega a un local comercial, uno siente que eso tiene como un espacio el cual ya tú no cabes, como que no es apto para muchas personas”.
Eliana remarca algo importantísimo para las experiencias de compra: el trato del vendedor. Debe ser empático, que escuche activamente al cliente y que entienda sus necesidades, sus miedos, sus inseguridades y lo ayude a sentirse cómodo en una experiencia que puede generar ansiedad o para clientas como Jessica Mileydy, inclusive resultar negativa. “No compraba, o sea, no salía. Odiaba, literal, salir a comprar ropa, porque pues siempre era como una negativa. ‘No, para ti no hay talla’, o me mostraban la ropa de señoras pues de 80 años y obviamente uno no la desmerita, pero yo en ese momento no tenía 80, ahora tampoco. Entonces no veo por qué tendría que vestirme así, horrible. Siempre fue muy maluco para la ropa interior, para los jeans, para las blusas, para todo en general”.
Lo más importante para consumidoras como Mileydy y vendedoras como Eliana es que el vendedor sea conocedor del producto que vende, las hormas, los estilos, los tipos de cuerpo y lo más importante es que entienda que no buscamos ocultar el cuerpo sino favorecerlo.
Aunque el panorama reafirma la idea de que la moda para mujeres gordas aún es un nicho bastante pequeño en comparación a las grandes industrias de la moda en la ciudad, las marcas emergentes y el cambio de discurso y perspectiva ha permitido que las usuarias finalmente desarrollen un estilo propio, aunque no tengan a la mano la misma oferta que pueden tener otros tipos de cuerpo. Para Mileydy, aceptarse como es la ha llenado de tranquilidad y amor propio: “cuando encontré la ropa también decidí aceptar mi cabello, que yo me lo alisaba siempre y ya dije: ‘No más’ esta soy yo: soy gorda, soy crespa; así voy a ser y ya es mi estilo. Ya no me pongo nada ancho, me pongo crop tops que pensé que jamás en la vida yo me voy a poner algo así. Entonces ya no me tengo que ocultar y ya no me tengo que acomodar a la ropa, sino la ropa a mí, si no me sirve una talla, pues pido otra y ya, ya no es el problema porque ya no me pego a la talla, ya no estoy como traumatizada de que ‘ay no, es que tengo que ponerme un 20 entonces subí 80 kilos’. No. Eso ni siquiera tiene que ver con el peso, tiene más que ver con la tela, con la horma de la prenda entonces ya entendí que no soy una talla”, afirme la crespa con seguridad.
Por: Natalia Higuita y Valeria Ríos / periodico.contexto@upb.edu.co
“Nosotros somos culpables de muchos errores y muchas faltas, pero nuestro peor crimen es el abandono de los niños negándoles la fuente de la vida”(Gabriela Mistral, 1948).
El abandono de niños, niñas y adolescentes no dio tregua en pandemia. La protección integral de sus derechos también fue atacada por el Covid-19 y las crecientes desigualdades sociales que generó. Hoy el amparo de la niñez y la juventud sigue siendo un reto para el país, pues en 2021 se afirmó que Colombia era el quinto país con mayor número de huérfanos a causa del fallecimiento de padres, cuidadores y adultos significativos a raíz del coronavirus, según un estudio publicado por la revista médica británica, The Lancet, que comparó más de 20 países entre inicios de marzo de 2020 y finales de abril del 2021, temporada en la que se registraron los picos más altos de contagios y muertes por el virus.
El abandono deja huellas que suponen retos mayores para el cuidado de la salud mental de los niños, niñas y adolescentes. Foto: Natalia Higuita.
Se estima que fueron 33.293 menores los que perdieron durante este tiempo a su tutor legal, ya fuese madre, padre, abuela y/o abuelo, de acuerdo a cifras de The Lancet. Estos se vieron entonces obligados a cargar con el título de “huérfano” y, por ende, a correr el riesgo de estar bajo un cuidado alternativo inadecuado (sin entrar todavía en las repercusiones físicas, psicológicas, emocionales y sociales) o, en el mejor de los casos, llevados por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar –ICBF–.
Así ocurrió entre marzo y noviembre de 2020 con los 372 niños, niñas y adolescentes acogidos por dicha institución, según informó el diario El Espectador. Antioquia fue el departamento que más abandonos infantiles presentó, seguido de Bogotá, Valle del Cauca, Cundinamarca y Caldas. Algunos menores fueron dejados en estas circunstancias por los motivos ya mencionados; la mayoría, por el contrario, hacen parte del incremento del maltrato infantil que contempla actos como el abuso sexual, daño físico, verbal o psicológico, realizados, con alta frecuencia, dentro de los propios hogares, de acuerdo a informes de Medicina Legal.
Sin embargo, no hay que encapsularlo a la sola situación de orfandad. Existen otras opciones: no se sabe cómo mantenerlos, no hay recursos para hacerlo o simplemente, no se quieren sostener. En palabras de Adrián Echeverry, miembro de la Corporación PAN, el abandono “es una conducta que históricamente está bastante registrada, ya que permanece, de alguna forma, en los imaginarios y representaciones socialesque los adultos hoy guardan en su quehacercotidiano de crianza”.No hay que ir muy lejos, simplemente recordar comentarios o chistes como el del padre o madre que fueron a la tienda por cigarrillos o leche y nunca volvieron.
Bajo estas historias populares están las situaciones que conducen al desamparo de un menor de edad y son diversas, más aún con la pandemia: escasez de recursos económicos, incapacidad o falta de apoyo para la crianza del niño, niña o adolescente –NNA– y la pérdida por muerte de sus cuidadores primarios son solo algunos ejemplos.
¿El Estado como madre? El cambio y continuación de la desventura
*(Todos los nombres que serán mencionados en este capítulo fueron modificados para proteger la identidad de las fuentes y, en el caso de los menores de edad, no perjudicar su sano desarrollo).
Hijos del Estado: así son llamados los niños, niñas y adolescentes que se encuentran en manos de Bienestar Familiar. Podría afirmarse que incluso contratan niñeras: para estancias cortas, las madres de paso, encargadas de ser el primer contacto con los menores, mientras se resuelve un hogar sustituto que les reciba; después, como ya se infiere, están las madres sustitutas, encargadas de cuidarles durante meses o años, según sea el caso: hasta que se dé su adopción, se cambie a otro hogar sustituto por nula adaptabilidad o supremo apego –lo cual afecta las adopciones– o, en su defecto, se resuelva su situación legal por cumplimiento de la mayoría de edad. Y, por último, como afirma Gloria Botero, madre sustituta desde hace 20 años, están los internados: “Ahí es donde caigan, donde haya cupo. O sea, si hubo en Hogares Claret, allá lo metieron; si hubo en esos de Niquitao, allá lo metieron; si hay por Puentes, allá fue”.
Así sucedió con Daniel Bedoya, de 8 años. Ya iba para uno de esos internados porque era un “inadaptado”, ya había pasado por varios hogares sin éxito y ninguna madre sustituta lo quería recibir.“Desde que tenía 5 años era uno de los carritos de San Javier, el que llevaba la marihuana, el que cargaba armas… En una de esas lo cogió la Policía y lo tramitaron al ICBF. Cuando yo lo recibí me tocaba esconder todos los cuchillos de la casa. A veces hasta me daba cuenta de que me robaba”, cuentaGloria recordando aquellos días. Inclusive, en una ocasión casi la echan del barrio porque en el colegio Daniel le quitaba la lonchera todos los días a la hija de uno de los duros de Manrique. Por esa razón la amenazaron.
De ahí vino la habladera constante con él y los consejos hasta los 16 años, porque ni lo adoptaron ni salió por mayoría de edad. Odiaba ser hijo del Estado. Le aburría la sobreprotección y, como buen adolescente, anhelaba la libertad: salir a fiestas de 15 u otras rumbas sin la compañía de Gloria; acostarse, si se le antojaba, a medianoche, y no a las 10, como ordena Bienestar; amanecer donde un amigo o en la casa de la hija de Gloria, a quien tomaba como otra hermana y vivía, además, justo al frente; salir de paseo cuando la idea surgiera, pero tampoco se podía –como mínimo se debe redactar el permiso con ocho días de antelación–; tener celular, redes sociales, publicar lo que vio o dejó de ver en el día; empezar a trabajar como mesero a una cuadra de la casa, en el negocio familiar de comidas rápidas, pero como ya se intuye, tampoco era debido, porque en menores de edad no es querer emprender sino “mendigar”, como asegura Gloria que le respondieron. Por algo le pasaban la manutención mensual, pero ese era otro complique.
$250 000 recibe un niño recién ingresado al programa de hogares sustitutos –lo cual resulta complejo porque hay algunos que llegan con casi nada: unos calzoncillos rotos y una chaqueta, como fue el caso de Emiliano, quien llegó hace un mes al hogar de Gloria por Código Fucsia–; al cumplir el mes le empiezan a girar los $500 000, que es la cuota mensual normal para cada menor. Por semestre llegan los bonos para comprarles ropa. “Eso es muy poquito. Por A o por B me toca sacar muchas veces de mi bolsillo o del millón mensual que me consignan por el cuidado de los niños”, dice Gloria para señala que ahí también hay fallas.
Se refiere a la manera en que les pagan a las madres sustitutas. El salario mínimo mensual legal vigente que se paga por tener la cantidad normal de niños en sus casas, es decir, tres. Sin embargo, si solo se está a cargo de dos, el monto empieza a bajar y se ubica en un aproximado de $600 000, pero si por algún motivo llega a tener cinco, como ya le ha ocurrido antes –muy común durante pandemia y cuando se trata de hermanos y hermanas–, la cifra no sube, permanece intacta en el mismo millón.
Desde la institución siempre se dice que los niños son hijos del Estado. En palabras de Gloria, tienen la etiqueta de “mírame y no me toqués”. La directriz es que nunca les puede faltar nada. “Pero uno se pregunta, ¿no es lógico que, si los prefieren, mandaran al menos un mercado cuando estuvimos todos en cuarentena?”. Gloria alega que de parte del GobiernoNacional el costal cargado de alimentos nunca llegó y que ni a los niños ni a las madres sustitutas se les incrementó el ingreso: “Yo creo que ni sabían qué era una madre sustituta”. Lo cierto es que desde Buen Comienzo sí le llegaron pequeños mercados, pero se debió a que los niños que tenía en el momento estaban aún en la guardería. Y si bien, estos mercados fueron distribuidos desde el Gobierno para menores inscritos en varias instituciones públicas de educación primaria, no se trataba de ofrendas especiales para los hijos del Estado: “Pero vea el atrevimiento, sí hacían las videollamadas de las visitas mensuales y me decían: ‘¿Me abres la nevera, por favor?’ y me tocaba mostrar toda la comida que tenía”. Debía haber carne, legumbres, frutas y lácteos.
Pero como toda madre, el Estado también tiene sus matices. Si desde el colegio son buenos estudiantes, se les paga la carrera y universidad que prefieran. Ha habido casos de estudios en aviación –la excepción– y, se pueden encontrar en el ICBF fisioterapeutas, abogados y médicos que crecieron bajo sus lineamientos. Cuando son muy pocas las posibilidades de adopción, porque ya están muy grandes, entran a un programa que se llama Sueños de Vida, donde les dan la oportunidad de salir del país y residir en vacaciones con alguna familia interesada en adoptar. Si hay conexión, se quedan; si no, la rutina en Colombia les espera.
—¿Y Daniel porque no quiso?
—Cualquier adolescente puede entrar en ese programa, ¿pero uno qué tanto le puede pedir a un niño que ya viene aporreado por la vida? Eso tampoco es tan fácil.
Dos décadas lleva cuidando Gloria a los hijos del Estado; unos más rebeldes, ensimismados, dolidos o furiosos que otros, pero todos con algún problema, como lo confiesa ella misma, añadiendo que ha visto y escuchado de todo. Hoy vive con su esposo y cuida a Emiliano, de seis años y a un par de hermanos que llegaron a inicios de año: Alejandro, de 10 y Martín, de ocho.
Sea que los adopten o cambien de hogar, Gloria, como cualquier otra madre sustituta o de paso, nunca ni jamás puede volver a preguntar o saber de ellos.
Infografía: Natalia Higuita, Valeria Rios.
Entornos inseguros: el pan de cada día
Si bien es cierto que los hogares comúnmente representan un lugar “seguro”, también se han convertido en el escenario donde los NNA son más vulnerados y esto aumentó en pandemia debido al confinamiento. Por supuesto, el acceso restringido a lugares de recreación, la omisión de visitas a familiares, el cierre de colegios, la imposibilidad de ir a las clases de baile los sábados o de natación los domingos, y la prohibición general para salir a lugares públicos fueron algunas de las principales causales para que no pudiesen buscar ayuda.
De hecho, es de conocimiento que, durante esa época, la convivencia fue un factor decisivo y complejo, no solo por el desconocimiento que quizá se tenía de quién era realmente el otro, qué le gustaba o qué lo enojaba, sino por el estrés, mal humor y frustración que pudieron experimentar algunos padres y madres al no tener las herramientas suficientes para guiar, enseñar y ayudarles a sus hijos e hijas con las labores escolares; pues, en definitiva, descubrieron que nunca se habían dado a la tarea, ya que todo estaba delegado a los maestros y cuidadores. Esto fue, como lo menciona Adrián, “un terreno perfecto y fértil para que apareciera el maltrato, el golpe, el grito, la indiferencia, el abuso sexual y la negligencia”.
Como consecuencia, según el Centro Nacional de Consultoría, en 2020, fueron39 982 niñas, niños y adolescentes los que ingresaron a un Proceso Administrativo de Restablecimiento de Derechos en el ICBF –0,5 % más que durante el año 2019–. Dicho trámite parte de la verificación por parte de una autoridad competente que analiza si los derechos de los NNA están siendo respetados o si, por el contrario, se están viendo amenazados. Posterior a esto, es el ICBF quien determina la modalidad a la que ingresa, según las circunstancias que se hayan encontrado.
Así pues, por fortuna o infortunio, los menores saben cuándo entran, pero no cuándo ni bajo qué circunstancias salen. Mientras los asuntos legales avanzan, es el Instituto quien debe brindar acompañamiento psicosocial para guiarles en la construcción de sus proyectos de vida, así como verificar que constantemente reciban alimentación, salud y educación. Por ello, las visitas mensuales que reciben, sin previo aviso, las madres sustitutas, para ver cómo marchan todos y todo en casa.
Infografía: Natalia Higuita, Valeria Rios.
Las secuelas imborrables del abandono
Ahora bien, si a las secuelas del abandono se refiere, debe advertirse que gran parte de los niños que son abandonados a temprana edad “indudablemente pueden sufrir problemas de adaptación, porque cuando alguien es abandonado o abandonada siente que no hace parte de algo y le cuesta a veces admitir que está acompañado. Tienen problemas de tipo emocional-afectivo, porque, en ocasiones, al recibir amor y tener compañía permanente, los invade el sentimiento de que no son merecedores de esto; incluso, son personas más propensas y vulnerables a todo tipo de adicciones. Les cuesta terminarlas cosas, dejan procesos, trabajos y relaciones iniciadas, porque no son capaces de realizar cierres adecuados en sus ciclos de vida”, comenta AndrésRamírez.
Asimismo, esta situación incide en otros ámbitos como el incremento de la desnutrición en aquellos que vagan en las calles o sin paradero fijo, pues son niños, niñas y adolescentes que pasan de comer dos o tres veces al día, a la incertidumbre de si habrá un plato de comida después del desayuno, bien sea porque quienes se hacen cargo de manera improvisada no tienen posibilidades económicas de sostenimiento o porque cada día y noche aparece la necesidad de pedir para poder sobrevivir.
Además de la deserción a partir de la contingencia, después de ser abandonados no hay quién garantice que los NNA continúen sus estudios. Aún más, si a ello se suman las posturas individualizadas de los mayores que terminan por afectarlos, tal y como lo comentaAdrián en posición de los padres: “Desde mi perspectiva adultocéntrica no es importante que mi niño esté estudiando, sea atendido en salud, que coma o se quede solo todo el día porque yo tengo que trabajar, entonces estos elementos, que también hacen parte de la historia personal de cada adulto, tienen que ver con las decisiones que se toman”.
Así pues, toda decisión trasciende y en estos casos, ya sea que los menores queden en las callosas manos de las calles o en las del Estado, repercuten en su desarrollo físico, emocional y psicológico, no solo a temprana edad, sino también y muy especialmente a futuro. Todos, aunque con pasados distintos, comparten la misma realidad y se enfrentan cada mañana con sus demonios internos, insertados por otros.
“Es muy duro. Hace poquito estaban los niños jugando aquí enseguida donde mi vecino que es un exmilitar que tiene una voz y un mando fuerte. Otro amiguito chiquitito le estaba pegando a la niña de él y me imagino que le dijo: ‘A las mujeres se les respeta y no se les pega’. Ese niño, Alejo, se quedó como pensando y al rato respondió: ‘Es verdad, porque así fue como mi papá mató a mi mamá’”,narró Gloria, con algo de dolor, pues no es la única historia que ha oído así.
Hoy Alejandro se mantiene de pelea en pelea con Martín, porque es el hermano grande y, al fin y cabo, son los mayores quien en su mente detentan el poder.
Hace una semana el antiguo carrito de San Javier, Daniel, que va todos los sábados a “darle vuelta” a Gloria, le aseguró: “Cucha, no se quede con ese niño usted que se descuida y él que le pega.”