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  • Formación más integral y para proyectos propios, propuestas del nuevo pénsum en Comunicación Social

     

    Por: Carolina Meneses Botero / carolina.meneses@upb.edu.co

     

    “La realidad no es fragmentada; si hay integralidad en el conocimiento, también debe haber integralidad en el proceso formativo”, explica la profesora María Victoria Pabón Montealegre sobre la nueva malla curricular que propone una nueva unión de saberes con la cual los nuevos estudiantes de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín tendrán la posibilidad de aprender la aplicabilidad de las diferentes líneas de la profesión.

     

    María Victoria Pabón, directora de la Facultad de Comunicación Social-Periodismo de la UPB en Medellín y Juan José Osorio, docente miembro de su Comité de Currículo, cuentan cómo fue el proceso para diseñar el pensum que transformará el perfil del comunicador social-periodista de la universidad sin dejar atrás esa característica principal que define la identidad del egresado bolivariano: la integralidad.

     

    Además, explican cómo con el nuevo currículo se aplicarán las nuevas estrategias de formación que proponen más responsabilidad y participación del estudiante en el proceso de aprendizaje, porque “el contenido no es el rey, sino que el estudiante es quien decide qué se hace con ese contenido”, afirmó Maria Victoria Pabón.

    La deliberación y formulación de la nueva malla curricular fue un proceso que tomó cerca de cuatro años.

    Foto: José Luis Vahos.

     

    Conozca el principio de la transformación

     

    La directora de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB en Medellín, quien además preside la Asociación colombiana de facultades y programas universitarios de Comunicación – AFACOM, explicó la principal motivación para diseñar el nuevo currículo:

     

    “La Universidad nos pidió hacer una revisión curricular y en el 2016 comenzamos a hacer un ejercicio de consulta en la que nos preguntamos qué cambios se veían en la sociedad, qué cambios se veían en el ejercicio de la comunicación y el periodismo y qué cambios se tenían que generar en la formación. Los resultados arrojaron que, claramente, se estaban dando cambios sociales que estaban generando transformaciones en el ejercicio del comunicador-periodista. Eso nos llevó a entender que el tercer elemento que había que cambiar era el proceso formativo”.

     

    El profesor Juan José Osorio explicó cómo se desarrolló la propuesta desde el Comité de Currículo, encargado de la estructura de asignaturas y contenidos: “Hicimos una consulta por grupos focales: egresados, estudiantes de los últimos semestres, empresas de la ciudad de diferentes enfoques y profesores internos y externos. Esto se hizo para averiguar qué se necesitaba cambiar dependiendo las necesidades del medio”.

     

    Según la directora de la Facultad, el proceso integral del comunicador fue uno de los principales hallazgos de la consulta: “Todas las personas consultadas destacaron que el egresado bolivariano se puede mover en cualquier campo de acción, por lo que definimos que no se podía cambiar la formación integral. Y lo segundo fue entender que la realidad no es fragmentada; si hay integralidad en el conocimiento, también debe haber integralidad en el proceso formativo”.

     

     

    Entérese de los principales cambios estructurales

    El nuevo plan de estudios vincula competencias y capacidades que combinan diversas áreas de la Comunicación desde la formación de los nuevos profesionales. Foto: José Luis Vahos.

     

    El profesor Osorio explicó que la integralidad que venía proponiéndose en la formación de los comunicadores sociales – periodistas de la UPB necesitaba ajustes. Ofrecía cuatro líneas diversas, pero “evaluaban las materias de periodismo por un lado, las de audiovisual por otro y así con todas las líneas. En la revisión descubrimos que estas labores no se hacen de manera separada”.

     

    Sobre esa base, para la construcción del nuevo pensum, “lo que hicimos fue disgregar todos los campos y definir qué era lo que queríamos que tuviese ese nuevo profesional y las nuevas competencias del egresado, respondiendo al modelo pedagógico de la Universidad. Para la definición de los cursos, sus contenidos y la metodología, se conformaron equipos de profesores para conversar sobre los contenidos que se tenían en cada materia del pensum anterior. Eso nos permite que no se repita información y que, si se repite, sea con una intención clara”.

     

    Según la profesora Pabón Montealegre, se definió que cada semestre tuviera un núcleo acompañado de laboratorios y talleres, como “corazón” de cada semestre, que se acompaña de otras asignaturas que desarrollan diferentes habilidades del estudiante dependiendo de la etapa en la que se encuentre.

     

    El nuevo pensum propone cuatro etapas: explorar el mundo, leer el mundo, conceptualizar el mundo y contar el mundo. “Es una división que se hace desde lo pedagógico, a lo que le llamamos intencionalidades formativas”. Según la directora de la Facultad, cualquiera que vea el plan comprende que hay un proceso que fomenta competencias específicas en cada etapa de la carrera.

     

    Vea aquí la nueva malla curricular

     

    “Hay un cambio sustancial porque el estudiante va a tener mucha más responsabilidad en este plan de estudios al ser protagonista de su proceso de aprendizaje, y el profesor se convierte en un asesor de ese proceso”, subrayó Pabón Montealegre y explicó: “Primero, pasamos al modelo pedagógico integrado; segundo, se pasa a un modelo de capacidades y competencias. El contenido no es el rey, sino que el estudiante es quien decide qué se hace con ese contenido”.

     

    “Se fortalece la integración, se implementa la integración de saberes y el trabajo interdisciplinario y colaborativo; tratando de comprender que la comunicación social y el periodismo ya no se ven como cosas separadas, sino que se comprenden como un todo. Y, ese todo no se puede estudiar por partes, sino que, a medida que se comprenden problemáticas sociales, posibilidades expresivas y maneras de análisis, se va a comprender que ese todo tiene diferentes aplicabilidades”, explicó el profesor Juan José Osorio.

     

    En esas condiciones, el estudiante podrá enfocar su trabajo en su línea de interés a lo largo de la carrera en la que, como cuenta el profesor Osorio, se elimina un semestre, “pero a partir de la mitad de la carrera se pueden elegir electivas que sean del interés del estudiante, entonces, se pueden coger materias que sean de las especializaciones que ofrece la universidad, y, si se gradúa con tres electivas que sean de la misma especialización, con un semestre más se pueden ver las materias faltantes y salir con el título de especialista”.

     

    Esta integración con la oferta de posgrados está pensada en fortalecer el interés que los estudiantes irán definiendo desde los primeros semestres. “Dentro del plan de estudios sí hay temarios básicos fundamentales que le apuntan a las áreas más convencionales que se han tenido en la facultad y obviamente la fundamentación teórica. (…) La cosa es que no se verá materia por materia, sino que se verá esa agrupación de saberes con una línea base”, explica el profesor Juan José Osorio.

     

    El vocero del Comité de Currículo puso un ejemplo común: “A todos los estudiantes les ha pasado que encuentran a alguien que le gusta el periodismo quejándose por la utilidad de la clase de Comunicación para el Desarrollo o al revés, entonces en el nuevo pensum se ven nuevos escenarios que hacen que esos cursos que son requisitos no sean completamente específicos y rígidos, sino que se puedan orientar dependiendo de los intereses de los estudiantes porque todos son compatibles”.

     

     

    Así se está dando la transición entre currículos

    Los profesores serán orientadores del trabajo de los estudiantes. Además trabajarán en equipo en torno a núcleos y laboratorios, en los que se privilegia la experimentación y el trabajo por proyectos.

    Foto: José Luis Vahos.

     

    Siempre que hay un plan de transformación debe haber un plan de transición. Según los voceros de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo, solo pueden hacer transición los estudiantes que estaban en primero y segundo semestre académico en el segundo semestre del 2020. “Es importante aclarar que se tiene una estrategia para que ellos no pierdan la calidad del aprendizaje y el dinero que ya pagaron. Todas esas materias ya se les reconocieron, pero no como materias principales que hacen parte de los núcleos y ejes fundamentales, sino como parte de las materias complementarias y optativas de diferentes semestres”, explicó el profesor Osorio.

     

    Sobre la transición hacia un trabajo de los profesores enfocada en la asesoría, mediación y acompañamiento, Juan José Osorio explicó que resulta fundamental la disposición de los docentes: “Se están haciendo unas estrategias que envuelven los contenidos, las formas de trabajo y las actividades que definen cómo trabajaremos y que acompañarán el trabajo a partir del primer semestre del 2021”.

     

    De acuerdo con la directora de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo, con este nuevo pénsum, el comunicador social – periodista que egresa de la UPB en Medellín sigue siendo un profesional integral: “Los cambios más significativos tienen que ver con que, antes el egresado era quien unía los conocimientos en el mundo laboral, y con este pensum, el egresado ya va a estar acostumbrado a unir las diferentes áreas. (…) El nuevo egresado va a ser mucho más fuerte como gestor de proyectos porque las finanzas se verán desde el principio. Nosotros queremos formar un comunicador social periodista que pueda hacer empresa y que no depende tanto de un medio de comunicación tradicional o de una empresa, sino que pueda gestionar sus propios proyectos”.

     

     

  • Un adversario de la informalidad

    Por: Alejandro Zapata Peña y Camilo Pérez Montoya

     

    El mundo despertó este 2020 junto con un nuevo enemigo que iguala a la familia humana en una misma lucha: prevenir el contagio por el SARS-CoV-2 al costo de evitar la vida social y el ritmo frenético al que la sociedad estaba acostumbrada. El reto desde entonces ha sido salvaguardar la vida no solo de las personas, sino también de los estados. Esto ha llevado a que en los últimos meses los gobiernos hayan centrado su atención y esfuerzos en el sector económico puesto que, según el Fondo Monetario Internacional, el crecimiento económico a escala global para este año se estima en un – 4,9 %.

     

    Dentro de este panorama, el sector informal de la economía se constituye como uno de los más afectados. Para la Organización Internacional del Trabajo se estima que de los 2000 millones de trabajadores informales que hay en el mundo, cerca de 1600 millones están siendo afectados por las medidas de aseguramiento implementadas por varios de los estados. «“Morir de hambre o por el virus” es el dilema que enfrentan muchos trabajadores de la economía informal», asevera la OIT en su informe sobre la crisis por la COVID-19 y la economía informal.

     

    De acuerdo a cifras del DANE de la Gran Encuesta Integrada de Hogares GEIH (febrero 2020), en Medellín la tasa de desempleo es de 40.8 %. Dentro de aquel porcentaje se encuentran Egidio Peña y Luz Mila Ossa que con su emprendimiento han construido 42 años de tradición zapatera y seguidamente Clara Montoya, que junto a su familia ha levantado un negocio de comidas rápidas en el barrio Manrique, el cual ha perdurado como uno de los más exitosos del sector. Sus historias le ponen rostro al reto que ha representado la coyuntura para los trabajadores informales, el vaivén y los esfuerzos por sobrevivir a la pandemia.

     

    Máquinas bajo sábanas

    Un buen tiempo se silenciaron estas máquinas en el taller de Creaciones Elizabeth. Foto: Camilo Pérez.

     

    “El arte más olvidado y despreciado”, así denomina Peña a la actividad que por más de 40 años le ha dado de comer a su esposa y a sus hijos. En tiempos de confinamiento: suelas, plantillas, empeines y demás fragmentos del zapato parecen estar desapercibidos en el corto pero fructuoso taller situado en la comuna 9 (Buenos Aires), al oriente de la ciudad. Los dos se encuentran lijando en el taller una silla de madera destinada para su hija Elizeth, no es la primera vez en los últimos meses que se ven obligados a ocuparse de otro tipo de oficios diferentes al de estar pegando, cosiendo y ensamblando calzado.

     

    Ellos hacen parte de los 1600 millones de trabajadores que hoy en el mundo están obligados a producir o vender menos a lo que estaban habituados. Corría el año de 1985 y Creaciones Elizeth, —como llamaron su microempresa— producía la suma de 500 pares de zapatos elaborados a su totalidad y paso a paso cada semana, en ese entonces la microempresa fue altamente reconocida por la gran calidad de zapatos que fabricaba la pareja junto a sus 25 trabajadores, llegando así a ganarse Ossa el reconocimiento a la mejor microempresaria de Antioquia.

     

    La suerte que hoy corre Peña y Ossa en cuanto a la manufactura del calzado no es la mejor, las cerca de seis máquinas con las cuales fabricaban el zapato completo, hoy permanecen bajo sábanas, “Aquí no apoyan al pequeño, nunca lo apoyan, lo tratan de asfixiar y ahogar”, son algunas de las frases en las que enfatiza Peña al estar lijando la silla de su hija con mirada concentrada y cavilando qué le deparará el futuro de su negocio en plena coyuntura pandémica.

     

    A lo largo de la pandemia de 20 a 50 pares semanales de tan solo la parte superior del calzado es lo que logran producir, de este rendimiento gran cantidad va a parar a vendedores de locales comerciales del centro de la ciudad, —uno de los sectores últimamente más afectados por cierres y contagios—. Tanto para Peña como Ossa las esperanzas de una reapertura fija del comercio están intactas para poder así tratar de alcanzar aquellos números de zapatos que producían antes de todo el desbarajuste.

     

    Con el miedo en un lado y la necesidad en el otro

     

     

    “Como si estuviera por allá encerrado”, así describió Clara Montoya la calidad de la llamada telefónica cuando se disponía a contar la historia de su negocio, casi haciendo una metáfora de la situación actual. Desde hace 15 años, doña Clara junto con otros socios, entre ellos su hija, trabaja en su negocio de comidas rápidas ubicado en el barrio Manrique Oriental. Con sus empanadas, papas y pasteles se han hecho reconocidos entre la comunidad que, asegura Montoya, gusta mucho de su producto.

     

    << Con menores volúmenes de ventas, este nogocio en Manrique se ha mantenido en pie.

    Foto: Alejandro Zapata.

     

    “Hay que volear mucho, pero da para que le quede a uno algo… Eso antes de la pandemia”, expresa Clara refiriéndose a un tiempo de abundancia del que ya se dista mucho, puesto que durante el confinamiento muchas han sido las consecuencias. Los clientes tradicionales del negocio tienen miedo de salir a comprar y no cuentan con los mismos recursos de antes para hacerlo, puesto que el desempleo ha aumentado y “la gente va a preferir comprar un paquete de arepas que un pastel”, dice Juan Pablo, el hijo de Clara.

     

    El negocio ha podido seguir funcionando gracias a un permiso expedido en la acción comunal del barrio. Montoya y su familia intentan mantener las medidas de seguridad como el lavado de manos; el uso del antibacterial, guantes, tapabocas y distanciamiento social, asimismo usan cintas señalizadoras para separar a la gente. Sin embargo, el trato con las personas se ha vuelto más complicado, puesto que en el intento de cumplir con las medidas de seguridad y a la vez brindar un buen servicio, las personas se molestan por lo que ven como trabas para comprar el producto.

     

    A las dificultades se le suman las constantes intervenciones de la policía para establecer controles en las actividades del negocio a pesar del permiso con el que cuentan. Son frecuentes los llamados de atención por el funcionamiento durante el confinamiento y la aglomeración, y constante la amenaza de un comparendo. Continuar trabajando representa un riesgo y un miedo constante que esta madre de dos hijos describe como una confusión horrible, pero que aún así está dispuesta a tomar porque “usted sabe que uno tiene que reinventarse”, dice ella.

     

    Para Clara Montoya las medidas que ha tomado el Gobierno no responden a las necesidades de negocios como el suyo. Ella y su hijo concuerdan en que la apertura parcial de la economía emprendida desde la Administración Nacional han estado encaminadas a otro tipo de comercio, pero no a ayudar a las personas que no tienen un trabajo estable, quienes como ellos deben continuar laborando atenidos a las diferentes consecuencias de desacatar la ley.

     

    El negocio conocido como Empanadas de Trasmayo ha tenido que despedir a los tres trabajadores con los que contaba antes de la coyuntura por la COVID-19. “Ahora solo trabajamos nosotros (ella y sus hijos) para lo poquito que se hace, a veces no se vende todo”, asegura Montoya. A pesar de todo, Clara es consciente del enemigo al que se está enfrentando: sabe que el riesgo de contagio es real y que la clausuración de la economía responde a un intento por salvaguardar el bienestar general.

     

    Clara Montoya reconoce que recuperarse de los efectos de la pandemia será un proceso difícil, sin embargo, invocando la gloria de su Dios, expresa la vibrante esperanza de que una vez se reabra la economía puedan empezar a reconstruir lo que perdieron. Ella y su hijo saben que “eso no va a ser para mañana ni para pasado mañana”, pero está expectante de que para el bien de todo el mundo la situación empiece a ofrecer un mejor semblante.

     

    Los Peña y los Montoya reflejan el drama de un sector económico golpeado por una situación que socava las bases del trabajo informal. El sentimiento es compartido: la añoranza de épocas no muy lejanas donde sus negocios daban los frutos del trabajo de muchos años, la sensación del abandono estatal en medio de la zozobra y la expectativa de un mejor porvenir. Son estos los pensamientos que abundan en el quehacer de muchos de los trabajadores informales que en medio de la pandemia articulan diferentes estrategias para sobrevivir a una lucha entre el temor y la carencia.

     

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  • LOS GRITOS DEL SILENCIO

    Hay luchas que no se ven mediante ojos ajenos, que son silenciosas y hasta quitan el aliento. Caminos que terminan abruptamente cuando el cuerpo es joven pero el motor se apaga, por una historia rota, un sueño lejano o una guerra sin fin. Hay pesadillas de las que aún es posible despertar si el guía del camino es el adecuado, pero sobre todo si en una pequeña parte de la noche, aún se anhela un rayo de sol.

    Por: Sara Escudero y Tatiana González

    Siempre se ha dicho que las personas vienen y van, que el ciclo de la vida consiste en nacer, desarrollarse y fallecer, pero ¿qué sucede con aquellas personas que lo alteran y, simplemente, un día deciden desaparecer? ¿Aquellos que les falta el sueño, aquellos que albergan miedo en su mente y corazón, aquellos que disimulan la ansiedad y la depresión, aquellos que, abrumados por las dificultades, deciden quitarse la vida?

    El suicidio es un fenómeno global que afecta cerca de 800.000 personas en todas las regiones del mundo según la Organización Mundial de la Salud – OMS. En Colombia, es la cuarta causa de muerte más frecuente según la Alcaldía de Medellín. Sin embargo, con el 2020 llegó un enemigo más para aquellas personas, un organismo microscópico que resultó ser más fuerte que nadie, pues cuenta con el superpoder de ser invisible al ojo humano y con la capacidad de acabar con la única vida que cuentan en el juego al que llaman “pandemia”. Este enemigo, conocido como Coronavirus, llegó a complicar la situación con pánico, estrés, depresión y ansiedad en medio de un encierro que parece no tener fin y una enfermedad que cambió nuestro estilo de vivir.

    Así fue como Carlos perdió a su hijo de tan solo 16 años, quien con una sonrisa y una carta de despedida decidió saltar a un vacío de silencio y oscuridad en medio de una crisis mundial.

    UN POEMA QUE ABRIÓ UN CANDADO Y CERRÓ UNA VIDA
    Era la tercera vez que el señor Carlos entraba a la reunión virtual de La Cajita de Colores, un espacio liderado por el doctor Jorge Gómez Calle tras la iniciativa de la Gobernación de Antioquia, para a personas de Colombia y el mundo a afrontar y a entender el proceso de duelo tras la pérdida de un ser querido en medio de la pandemia por el coronavirus.

    La esposa de Carlos había participado desde el primer día que iniciaron las charlas, pero fue en esta ocasión cuando él tomó la palabra y contó su historia.

    Aquella noche del 24 de julio del 2020 se encontraba al lado de su mujer y su hija, terminando el rosario por el alma de su hijo de 16 años, quien se había quitado la vida hacía 24 días. Cuando comenzó a recordar la última vez que vio a su hijo, su rostro expresaba dolor. Según él, era un niño ansioso que se vio mucho más afectado por cuestiones de la pandemia y el encierro.

    Al ver que su hijo se comportaba un poco extraño, por prevención, Carlos tomó la decisión de cerrar con candado en el lugar donde vivían todas las terrazas, pero el día que esto ocurrió la actitud del joven se mostraba normal. Fueron a hacerle unos exámenes de sangre por la mañana y el resto de la tarde transcurrió como si nada.

    —Papi déjame cerrar la terraza —le dijo su hijo—. Confía en mí.

    Carlos le dijo que no confiaba y que, por favor, le diera la tranquilidad de hacerlo él mismo para poder leer el poema que su hijo les había hecho sin preocuparse. Al cerrar la terraza se fue a su habitación donde se encontraba ya su esposa y leyeron la primera línea del poema. “Esta es mi carta de suicidio”. Inmediatamente, ambos padres salieron corriendo y se encontraron con su hijo mirándolos desde el vacío de su balcón en la urbanización donde residían en Bogotá. Era una altura de once pisos. Él les sonrió y se lanzó.

    La expresión de Carlos manifestaba el dolor y las dudas que sentía, pero, más que todo, una necesidad de ser fuerte por su familia, a pesar de culparse de lo que pasó. Recibieron el apoyo de muchos amigos y conocidos, pero lejos de su familia que vive Venezuela.

    Heridas difíciles de sanar
    El señor Carlos aún no ha podido asimilar todo lo que esta situación entraña. Por esto es necesario entender más a fondo esta situación. El Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, en el Boletín de salud mental, afirma que el suicidio se define como la “muerte derivada de la utilización de cualquier método […] con evidencia, explícita o implícita, de que fue auto-inflingida y con la intención de provocar el propio fallecimiento”; fue entonces cuando Carlos se quebrantó porque su hijo simplemente no aguantó más.

     

    Sin embargo, hay que tener en cuenta que muchas familias en el mundo estuvieron al borde de esta situación, con la diferencia de que aún no han perdido a sus seres queridos. De esta manera, el intento suicida es incluso mayor. Según el Ministerio de Salud, se estima que el “4.9 % de la población en Colombia ha intentado suicidarse en algún momento de su vida y esto consiste en una “conducta potencialmente lesiva autoinflingida y sin resultado fatal”.

    Ni los primeros ni los últimos
    Desde el momento en que nacemos, conocemos la felicidad, el amor, la tristeza, la ira y las situaciones buenas y malas que rodean la vida. Sin embargo, el poder sobrellevar estas situaciones lo aprendemos con el paso de los años, pero llega un punto de debilidad, un punto donde creemos que nada tendrá solución y pensamos en una vida triste y sin razón. Es en este momento cuando una pequeña idea para acabar con el sufrimiento puede ser fatal para los seres que dejamos atrás. Este proceso de aprendizaje existe desde hace muchos años y, por lo tanto, esta problemática no es nueva.

    Desde el año 1999, el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses comenzó a revelar cifras de los fallecimientos autoinfligidos en Colombia. Hasta ese momento esta problemática no era una prioridad, pero el aumento constante de aquellas personas que un día decidieron desaparecer, con el paso de los años permitió exteriorizar la situación y darle relevancia. La Alcaldía de Medellín afirma que desde el año 2000 hasta el 2006 la tendencia de mortalidad en Colombia por suicidio era descendente, pero en este punto y hasta la actualidad los números muestran un incremento constante de familias que lloran y se preguntan a diario qué hicieron mal.

    El Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Lesiones de Causa Externa del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia reportó 18.618 suicidios ocurridos desde el 2006 hasta el 2015, en promedio se presentaron 1.862 casos por año.

    Los problemas que las personas enfrentan son muchos, todo depende de la calidad de vida, de las oportunidades que recibe, de la felicidad que lo rige y de la fortaleza para enfrentar los malos momentos. Sin embargo, nadie dijo que esto fuera tarea fácil y, al parecer, a los paisas se les complicó más las cosas. En Medellín, el panorama no era nada bueno, desde el año 2000 hasta el 2010 esta ciudad “ha presentado tasas de mortalidad por suicidio superiores que la tasa promedio del país y similares a las de Antioquia, encontrando que el 38 % de los casos de Antioquia los aporta las personas de Medellín”.

    Para el 2017, la cifra de suicidios tuvo una reducción de 100 casos, mientras que el intento de suicidio aumentó llegando a 25.835, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE); al parecer, el destino tiene un papel importante en estos casos, a veces ofrece una segunda oportunidad y deja ver la precaria situación que viven muchas personas para tomar una decisión como esta. Según la Alcaldía de Medellín, en esta ciudad “en promedio se presentan 1.100 intentos de suicidio y 120 muertes por esta causa anualmente”.

    Para el año 2019, el Instituto Nacional de Salud reportó 30.539 casos de intento de suicidio, lo que demuestra un aumento constante de lo que podríamos llamar un intento de desaparición auto-infligida, es claro que la situación sigue siendo problemática.

    Una enfermedad silenciosa, sin preferencias
    De todos los problemas que en la vida debemos afrontar, hay unos que representan un dolor más fuerte para el corazón, un dolor que parece no tener un fin, un dolor que lleva a tomar una decisión como el suicidio. El Ministerio de Salud y Protección Social asegura que los intentos de suicidio presentados en el año 2017 fueron resultados de situaciones como conflictos amorosos, problemas económicos, problemas escolares y maltrato físico, psicológico o sexual respectivamente. Enfrentar estas situaciones no solo altera los sentimientos sino también la salud, aquella que no se trata con inyecciones u hospitalizaciones, aquella que se deteriora y genera trastornos psiquiátricos como el depresivo y el abuso del consumo de sustancias psicoactivas que aceleran el pensar en la opción del suicidio.

    Ante la pregunta: ¿quiénes sufren más de este mal silencioso? Se debe decir que el suicidio afecta a toda la población, sin embargo, la población más vulnerable, según un informe de la Alcaldía de Medellín, es la de los hombres, pues tienen el número más alto de suicidios en el país e incluso en Antioquia y Medellín. Pese a esto, las mujeres también se ven afectadas con esta situación siendo las que más intentos de suicidio han cometido, abarcando más del 50 % de las cifras anuales. La OMS afirma que “la frecuencia del intento de suicidio es 20 veces mayor que la del suicidio consumado” y el grupo de edad más afectado va desde los 15 hasta los 34 años.

    Se sabe que en Colombia “las personas que padecen trastornos mentales y del comportamiento y aquellas que tienen trastornos por consumo de alcohol u otras sustancias psicoactivas, tienen mayor probabilidad de presentar conducta suicida, al igual que quienes han tenido eventos críticos en su vida, como pérdidas de un ser querido, del empleo, han tenido experiencias relacionadas con conflictos, “peleas con los padres, separación, rompimiento con la pareja, cambio de vivienda”, madre con trastornos mentales, historia familiar de suicidios, maltrato, desastres, violencia y abuso sexual; personas con factores genéticos o biológicos que se asocian con mayor frecuencia del evento; entre otros”.

    Una batalla invisible
    En diciembre de 2019 llegó un enemigo más a esta situación. Para el 11 de marzo de 2020, el brote pandémico ya había llegado a 100 países en todo el mundo. Fue así como se comenzó a vivir una situación que muchas generaciones jamás se hubieran imaginado, desde entonces se declaró como pandemia. En Colombia, el mayor miedo llegó el 6 de marzo de 2020 con el primer caso confirmado con la enfermedad y para el 25 de este mismo mes el Gobierno Nacional decretó cuarentena obligatoria para evitar que la propagación aumentara. Los riesgos para la salud mental que ya venían haciendo mella aumentaron con el encierro.

    Jeff Huarcaya-Victoria, en su texto Consideraciones sobre la salud mental en la pandemia de Covid-19, asegura que las emociones negativas, como la ansiedad y la depresión, se incrementaron con la situación. La desinformación, los mitos, el distanciamiento entre las personas por la cuarentena, entre otras cosas, incrementaron el deterioro en la salud mental de las personas, generando problemas psicológicos y mentales.

     

    Como con todas las situaciones difíciles de la vida, hay una que predomina más que otras y Huarcaya define cuáles son las principales afecciones mentales que presentan los individuos en medio de la pandemia.
    En primera instancia, asegura este experto, la ansiedad no se hace esperar, esta “ocurre cuando algunos cambios o sensaciones corporales son interpretados como síntomas de alguna enfermedad”. El enemigo de esta historia, más conocido como la Covid-19, generó miedo en las personas pues todos los días aumentaban los números de fallecidos por la enfermedad, lo que dio paso a esta condición. Esta sensación que daña los sentimientos positivos, que los satura y que llena de tristeza el corazón influye negativamente en la capacidad para tomar decisiones y en el comportamiento de las personas.

    Por otro lado, está la depresión que se relaciona con situaciones como la pérdida de algún ser querido por la Covid-19, con problemas de salud, con el diagnóstico de personas cercanas y con el impedimento de relacionarse socialmente por la cuarentena.

     

    Las reacciones de estrés son otro factor que influye en el deterioro de la salud mental en medio de la pandemia. Un estudio realizado en China en 52.730 personas reveló que esta condición se presentaba más entre los rangos de edad de 18 a 30 años, por el acceso a la información suministrada por las redes sociales, y las personas mayores de 60 años al ser los más afectados con la Covid-19.

    Así mismo, hay que resaltar también que ciertas felicidades de la vida contribuyen a disminuir el riesgo de padecer aquellas enfermedades silenciosas que pueden terminar en un suicidio. Para Huarcaya, “el vivir en un área urbana, tener estabilidad económica familiar y vivir con los padres fueron factores protectores frente a la ansiedad. No obstante, el tener un conocido diagnosticado con la Covid-19 empeora los niveles de ansiedad”.

    Los héroes también lloran mientras salvan vidas
    ¿Quién ayuda a quienes nos ayudan? ¿Quién ayuda al personal de salud que se encuentra expuesto al virus y son quienes mejor conocen la delicadeza del contagio? Teniendo en cuenta el aumento del estrés laboral, el miedo a las circunstancias, el poco sueño, entre otros factores, la salud mental de tantos médicos, auxiliares y enfermeras se ha venido deteriorado.

    Lina María Álvarez, psicóloga especialista en seguridad laboral de SURA, comenzó, desde el mes de abril, un acompañamiento a nivel nacional de teleconsultas para las personas que se han visto afectadas por la Covid-19; esto con el fin de ayudarlos a manejar la angustia, el temor, la ansiedad e incluso la depresión. Con un promedio entre ocho a once consultas diarias, como balance: la mayoría de los pacientes dieron positivo a la prueba y tuvieron que aislarse indefinidamente.

    Tras el inicio del confinamiento obligatorio en el mes de marzo, los casos positivos de Covid-19 fueron aumentando en varias regiones del país, obligando al gobierno nacional y local a tomar medidas y precauciones para evitar que la población se contagiará y se generará una cadena de pacientes esperando una cama en las UCI, las cuales son limitadas, y, así mismo, a crear conciencia sobre la responsabilidad social que se tiene como individuo en la comunidad ya que el enemigo es invisible y se mueve además de rápido con facilidad.

     

    Más de 18 horas extras de trabajo, la angustia de saber que están constantemente expuestos al virus, conocer la complejidad de este, saber las dificultades por las que pasan muchos de los pacientes, más la angustia de estos y sus familiares, conforman un escenario que ha superado la ficción.

    Para salvaguardar la salud mental del personal de salud, entidades como SURA han tomado la iniciativa de crear una red de apoyo telefónica con especialista en psicología y psiquiatría para apoyar, escuchar y fortalecer, desde el distanciamiento social, las necesidades emocionales que presentan los médicos, enfermeras y auxiliares del sistema de salud a nivel nacional.

    Fue desde el 26 de marzo del año 2020 que la psicóloga Lina María Álvarez inició el acompañamiento en salud mental por teleconsulta a las personas que se habían visto afectadas por el encierro en la cuarenta, también quienes dieron positivo para coronavirus y al personal de salud.

    —Este proceso ha sido de muchos retos y desafíos, porque es entrar en realidades muy complejas. Finalmente, uno ve una parte de su vida reflejada en el otro, al compartir experiencias que de alguna forma tocan las emociones de uno y lo impactan —explica Álvarez.

    Así mismo, para ella fue un proceso de aprendizaje y para sus colegas debido a las circunstancias dadas por la cuarentena y las medidas de distanciamiento ya que debían prepararse para los casos más crudos, difíciles o extremos. La contención de comportamientos depresivos, ansiosos, maníacos, ataques de ira y desesperación o posibles intentos de suicidio o violencia fueron los más comunes. Aunque estos dos últimos se han presentado con poca frecuencia, cuando aparecen, se ha involucrado a las autoridades pertinentes y se ha intervenido bajo los protocolos del Ministerio de Salud y Protección Social y los lineamientos de la administración local.

    En las consultas diarias la mayoría de estas llamadas pertenecen al personal de salud de cualquier ciudad del país que, por motivos de contagio o estrés, necesitan acompañamiento en salud mental. Para esta psicóloga, atender a esta población ha sido todo un reto debido a que son personas con mucha carga emocional y laboral, y que se sabe de antemano lo expuestos y vulnerables que están ante circunstancias difíciles, como la de la pandemia.

     

    Por otra parte, muchos centros no cuentan con el equipo de atención necesario para recibir a los pacientes y ayudarlos debidamente, lo que genera una sensación de impotencia y estrés sobre los médicos.

    Otra situación que genera miedo en el personal médico es que no todos han recibido los elementos de protección para evitar contagiarse. Se sabe que están en riesgo debido a que tienen contacto directo y constante con personas que poseen el virus, pero, aun así, se espera que por parte del centro de salud y las ARL se les brinde el equipo idóneo para la realización de su labor sin ningún riesgo. La psicóloga Álvarez cuenta que cuando ha atendido a médicos que han sido contagiados por el coronavirus, “ellos mismo me han manifestado el miedo que sienten por la enfermedad, porque de alguna forma son muy conscientes del riesgo de los síntomas. Ellos necesitan ser escuchados, porque cargan y guardan muchas cosas que poco a poco se les van sumando hasta que colapsan. Como todos, ellos lloran y sienten que a veces no pueden más”.

    Entre cardiólogos, anestesiólogos, internistas, enfermeras, personal administrativo, auxiliares, entre otros, se han enfrentado directamente contra un enemigo invisible. El salvar vidas y cuidar de los enfermos dentro de esta pandemia los ha llevado al rechazo y a la discriminación por parte de muchas personas que, por miedo, ignorancia, desespero o desconocimiento, reaccionan de forma impulsiva y hasta violenta. Incluso en el lugar en donde viven, muchos de ellos han sido vulnerados por sus propios vecinos.

    —Cuando el médico cucuteño Roberto Claro falleció por Covid-19, al día siguiente atendí a una pareja de médicos, ambos contagiados, que fueron cercanos a él. La esposa me dijo que lloró bastante y que aún no podía creerlo. Era uno de los mejores médicos del país. Es duro para ellos, porque saben que están en riesgo constante y que, fácilmente, al siguiente puede ser uno de ellos” —agregó Lina María Álvarez.

    El objetivo de la línea en salud mental de SURA es brindar equilibrio, ser compañía y apoyo para quienes más lo necesitan en medio de la pandemia, sea por cuestiones de contagio, personales, soledad, entre otras circunstancias que pueden afectar o alterar las emociones de las personas.

    Cabe resaltar que, según los boletines brindados por el Ministerio de Salud y Protección Social, a los profesionales de la línea de SURA, el cuidado de las emociones y sus manifestaciones han pasado a ser un tema de atención prioritaria en medio de la pandemia, debido a todas las medidas que se han tomado que han

    transformado las dinámicas personales y sociales. Por esto, las campañas a nivel nacional y local sobre el cuidado de la salud mental han aumentado.

    La inteligencia emocional y el control de los impulsos en tiempos de crisis son clave para la supervivencia y la plenitud del ser humano en medio de las dificultades ya que las repercusiones no son netamente mentales, sino que también se pueden dar manifestaciones físicas o somatizaciones que limiten la realización de la persona en sus ambientes y espacios.

    Para algunos, el golpe es más fuerte
    Cuando el ser humano enfrenta circunstancias o eventos amenazantes que ponen a prueba la forma en la que afronta o ve la realidad, desde lo emocional se puede experimentar una sensación de crisis y alteración, debido a que es algo que se sale del control propio e incluso es difícil de comprender porque le da un giro de 180 grados a la vida y las dinámicas de las personas.

    Según una comunicación del Ministerio de Salud y Protección Social, con la llegada de la Covid-19 en el 2020, un mar de emociones sacudió a la población, retándola a enfrentarse a una realidad difícil y casi ficticia para la que nadie estaba preparado. Estos cambios, que de alguna forma han sido inmediatos y radicales, han generado múltiples reacciones en las personas, llevándolas a estados de alteración emocional, perturbación, sensaciones de cansancio, agotamiento, desamparo, confusión, ansiedad, afección del funcionamiento de sus relaciones laborales, familiares y sociales, y síntomas físicos asociados al síndrome ansioso y depresivo generado.

    La intensidad varía dependiendo del individuo, desde el impacto hasta los trastornos mentales previos que potencializan o no la emoción. Puede llegar a ser crítico cuando la persona pone en riesgo su vida acudiendo al suicidio y al amenazar la integridad de los demás. Según los datos brindados por el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública – SIVIGILA (Vigilancia rutinaria histórica 2007-2019 y Boletines Epidemiológicos Semanales de 2020), en la semana epidemiológica 8 a la 16, se presentaron un total de 8.431 casos los casos de intento de suicidio en el 2020; una disminución en comparación con el 2019, año en el que durante las mismas semanas se presentaron un total de 9.013 casos en el país.

    No todos los casos quedan en la intención o el intento fallido de hacerse daño. Las muertes por suicidio registradas en el Sistema Integrado de Información de la Protección Social-SISPRO indican que para el 2019, entre enero y abril, fueron 909 personas las que perdieron la vida bajo esta condición, cifra mayor en comparación con el 2020, en los mismos meses, con 798 fallecidos. No obstante, la llegada y la influencia del coronavirus al país ha encendido las alarmas para el desarrollo de acciones que ayuden a la prevención de la conducta suicida en medio de la cuarentena, generando estrategias que fortalezcan la salud mental de las personas frente a los cambios en las dinámicas sociales e individuales.

     

    Importancia a lo importante
    Los trastornos mentales han sido catalogados con el pasar de los años de diferentes maneras, han sido llamados posesión, brujería, actuación, locura, entre otros calificativos. La invisibilidad de los síntomas los ha llevado al olvido en muchas sociedades y épocas, debido a que como no hay una manifestación física directa es poca la credibilidad que ha recibido, y mucho menos la atención y la importancia.

    Lenta y progresivamente, los estudios sobre estas temáticas han aumentado, otorgándoles una posición en las ciencias de la salud y en la conciencia de la población. Pero, a pesar de que se ha avanzado bastante en comparación con la antigüedad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha presentado un problema crónico, incluso desde antes de la llegada de la Covid-19, en la financiación que los países han realizado a las entidades y programas de salud mental. Menos del 2 % del presupuesto nacional de 130 naciones se ha destinado a esta causa tras el estudio que realizaron.

    Debido al contagio por coronavirus se pueden presentar también complicaciones neurológicas y mentales que pueden ser delicadas para el paciente, entre estas está el delirio, accidentes cerebrovasculares y agitación, según la Organización Mundial de la Salud.

    “Una buena salud mental es absolutamente fundamental para la salud y el bienestar en general”, así lo manifestó el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS. Y es que, la sintomatología de los trastornos mentales no es invisible, ya que las repercusiones de un desorden mental, sin la atención y los cuidados adecuados, puede manifestarse a partir de somatizaciones físicas que pueden causar dolor y malestar constante en el cuerpo.

    Los centros y los servicios de atención a la salud mental se vieron fuertemente afectados por la crisis actual, ya que, si antes de todo esto no tenían los medios o los recursos financieros y estructurales suficientes para atender debidamente a la población, tras la llegada de la Covid-19, el colapso de atención fue mayor. Según el estudio de la OMS en los 130 países se pudo evidenciar que más del 60 % de los países señaló perturbaciones de los servicios de salud mental destinados a las personas vulnerables. Además, más de un tercio señaló perturbaciones en las intervenciones de emergencia, incluidas las destinadas a personas afectadas por convulsiones prolongadas y síndromes de abstinencia severos relacionados con el consumo de drogas y estados delirantes, “que con frecuencia son la señal de graves trastornos médicos subyacentes” dice el estudio.

    Se han tomado diversas alternativas para sobrellevar las problemáticas en la atención en tiempos de pandemia, las teleconsultas han sido una opción determinante para varios países, de tal forma que no se arriesgue la salud física tanto del paciente como la del profesional. Además, teniendo en cuenta las medidas de bioseguridad establecidas en cada territorio y el distanciamiento social, muchas instituciones han considerado la atención por llamada, la solución más sensata.

     

    Por otra parte, Colombia es uno de los países que ha implementado la teleconsulta, un servicio de telemedicina como medida de intervención. En el caso de la ciudad de Medellín, hace poco se presentó una estrategia por parte del Metro en alianza con Alcaldía de Medellín y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá debido a que el bienestar emocional de las personas se vio directamente afectado tras la llegada del coronavirus. Bajo estas circunstancias y en conmemoración del mes del cuidado y la prevención de la salud mental, crearon un espacio en la estación San Antonio llamado El Escuchadero, cuya finalidad es que las personas que hacen uso de este medio de transporte, se acerquen voluntariamente si desean ser escuchados.

    Una luz al final del túnel
    Hay un inicio y un final en la historia de cada persona, uno que para aquellos que creen en el destino está predeterminado. Pero hay quienes retan esta ley y buscan adelantar, bajo sus propios medios, procesos como el de la muerte para acabar con dolores que no les permite, según ellos, vivir con plenitud. Según el psicólogo antioqueño Jaime Carmona Parra, en uno de sus trabajos para la Universidad Luis Amigó, afirma que “concebir la subjetividad humana como una estructura de auto-interacciones permite entender que en su interior puedan presentarse conflictos, incluso auténticas batallas interiores, que pueden implicar gastos enormes de energía y derivar en patologías graves y, por supuesto, en suicidios. La capacidad de conciliar y facilitar la coexistencia más o menos armónica y pacífica entre las diferentes personalidades es un indicador de salud mental”.

    Entender el comportamiento humano es todo un reto, pero lentamente se han logrado avances que le permiten a los especialistas, acercarse a la realidad de muchos individuos que pasan por situaciones conflictivas, pero sobre todo cómo y mediante cuáles estrategias mitigar el riesgo del suicidio y mucho más ahora en tiempos de pandemia.

     

    Tras la llegada de la Covid-19, el Ministerio de Salud y Protección Social estableció una serie de lineamientos para salvaguardar la salud mental de la población en medio de la crisis. Teniendo en cuenta que, las realidades son diferentes en cada departamento, ciudad, sector y comunidad, el Gobierno Nacional, permitió que cada administración local, siguiendo los protocolos generales, adoptará las medidas de prevención de acuerdo a las necesidades de las personas. Con respecto a las medidas para la prevención del suicidio, se realizó de la misma manera.

    Según la Resolución 518 de 2015, del Ministerio de Salud y Protección Social, de la mano de las autoridades y las instituciones gubernamentales, por medio de procesos de vigilancia en la salud pública, coordinación intersectorial, desarrollo de capacidades y participación social se busca la identificación temprana y el cómo abordar a las personas que están en riesgo de cometer suicidio. Así mismo, cómo será el proceso de ayuda y rehabilitación para la persona, y el de educación, comunicación e información de la comunidad frente a esta situación.

    Teniendo en cuenta los protocolos de bioseguridad, se espera que de la mano de el Plan de Beneficios en Salud (PBS) de las Entidades Promotoras de Salud (EPS) y de las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS), se fortalezca el acompañamiento en las comunidades y que estas mismas estén preparadas dentro de sus servicios para valorar las conductas riesgosas, incluyendo el suicidio. La idea con esto es que por medio de educación constante y los programas de prevención, mejore la calidad de vida de las personas.

    Pero aún…
    Tristemente, aunque se han presentado estrategias para mitigar el impacto de pandemia en la salud mental de las personas y de alguna forma evitar el suicidio, la situación actual también es desalentadora, incluso desde el mismo distanciamiento, por la soledad que se puede sentir. Así mismo, las garantías económicas, laborales, en salud, seguridad, entre otras, para sobrellevar la crisis por parte de algunas instituciones y el Gobierno Nacional no son suficientes, y la calidad de vida de las personas se ha visto afectada. Por otra parte, las camas de las unidades hospitalarias fueron adoptadas solo para pacientes Covid, muchas personas que buscaban ayuda inmediata por alteraciones emocionales severas en urgencias, tuvieron que recurrir a la teleconsulta y con un apoyo familiar, mas no profesional, para manejar la crisis directamente.

    También la red de apoyo con la que cuente una persona puede ser un factor de riesgo o un factor protector.Llo cierto es que no contar con el apoyo de alguien puede ser fatal. Si ese círculo cercano es uno de los generadores de crisis, la persona, abrumada, en medio de la desesperación y la emoción, puede entrar en un estado de riesgo. Si la red de apoyo es una compañía constante, de ánimo y de escucha, el impacto en la persona es positivo.

    La salud mental es clave para que el ser humano se desarrolle plenamente en la sociedad y como persona. Permite la sostenibilidad y el equilibro en todos los ámbitos que se le presenten, incluso, como ya se mencionó, es crucial para el bienestar de la salud física. Lo que pasó de ser un tabú años atrás, se ha convertido en un arma clave para el funcionamiento del mundo. Por ello, es necesario cuidar de esta bajo la supervisión adecuada, ya que, de no ser así, las repercusiones y consecuencias son varias, algunas permanentes e incluso fatales.

     

    Es posible prevenir el suicidio si se dejan de lado los mitos, si se educa a la sociedad desde la empatía, el respeto y la responsabilidad social. El suicida pide ayuda en silencio, es responsabilidad de todos detectar tempranamente esos gritos y, ahora, en pandemia, mucho más.

    Trabajo realizado para el curso Periodismo V, orientado por la profesora Jazmín Santa Álvarez.

     

  • Cuarentena criminal

    Por: Valentina Aramburo y Juan Manuel Cano

     

    El aislamiento social a causa de la COVID-19, durante los primeros meses del año, hizo que los gobiernos decretaran cuarentenas para sus habitantes. Mientras tanto, las bandas criminales que delinquen en las comunas de Medellín continuaron activas.

     

    Clic en la imagen para navegar el especial multimedia que relata en detalle algunos de los fenómenos protagonizados por la delincuencia en Medellín durante la cuarentena.

    Trabajo para el curso Periodismo V, orientado por la profesora Jazmin Santa.

     

     

  • Nuevos emprendimientos en cuarentena

    Por: Mariana Arcila y Andrea Patiño

     

    Los emprendimientos durante la pandemia aumentaron significativamente gracias al auge de las redes sociales y a la necesidad de migrar hacia la virtualidad. Especialmente en lo laboral, el teletrabajo se convirtió en una obligación para muchas empresas. Este trabajo multimedia ahonda en las motivaciones de estos emprendedores digitales y en el porqué de hacerlo durante el confinamiento.

     

    Clic en la imagen para navegar el especial.

     

    Trabajo realizado para el curso Periodismo V, orientado por el profesor Gabriel Lotero Echeverri.

     

     

     

     

  • Yo soy el otro

     

    El ser humano se construye a sí mismo a partir de los otros, sus enseñanzas y ejemplos. Este fotomontaje explora la premisa: “Sin el otro yo no sería yo y tú no serías tú”.

     

    Por: Federico Hoyos Gutiérrez / federico.hoyos@upb.edu.co

     

    El ser humano necesita del otro. Es una verdad ineludible. Sin embargo, a muchos les cuesta asumirla, puesto que están sumergidos en una realidad protagonizada por la masificación de las pantallas, el narcisismo y el egocentrismo.

     

    La humanidad es sociable por naturaleza y es precisamente en la sociabilidad donde se produce la comunicación, que no es más que el bello arte de poner cosas en común para nutrirse de los demás. En otras palabras: todo proceso comunicativo implica reconocer y dignificar la alteridad.

     

    Todas las personas con las que nos topamos durante nuestro trasegar por la vida influyen de alguna manera en nosotros. El homo sapiens es un proceso de construcción colectiva. Somos el reflejo de los demás.

     

    Toda acción y creación humana requieren de un referente. Como muestra de un botón, hubiera sido imposible realizar la imagen post-fotográfica que les presento a continuación sin conocer el legado de los googlegramas del catalán, Joan Fontcuberta.

     

    Sin el otro yo no sería yo y tú no serías tú.

     

     

    Trabajo para el curso Imagen II, orientado por el profesor Hebert Rodríguez .

     

     

  • EPM, ¿una secretaría de despacho más?

    ¿Qué está pasando con esta empresa pública? Esta videocolumna expresa puntos de vista para le análisis sobre la situación de EPM, las decisiones de la junta directiva, el alcalde y los exalcaldes, especialmente en lo relacionado con Hidroituango.

     

    Por: Isabel Uribe, Valentina Blandón y Sebastián Carvajal

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    Trabajo para el curso Periodismo VI, orientado por la profesora Ana Cristina Aristizábal Uribe.

     

  • El medio ambiente en redes sociales

    Por: Daniela Morales Medina / daniela.moralesm@upb.edu.co

     

    El medio ambiente se ha vuelto un tema cada vez más relevante y del que se habla en redes sociales. De allí la pregunta: ¿Cuáles y cómo son los propósitos que encaminan a las juventudes a actuar por su futuro?

     

    Clic en la imagen para navegar la multimedia:

    Las redes sociales se han convertido en un factor clave en la formación de conciencia ambiental.

    Foto: Virtual Climate Strike.

     

    Trabajo para el curso Periodismo Electrónico, orientado por el profesor Gabriel Lotero Echeverri.

     

  • Comer, asolearse, dormir, repetir

    La infancia. Los días que se cuentan desde la memoria con los matices, los olores y la música de esos años. Una casa con patio, con macetas. Tomar el sol desde ese patio… “Y después de una larga sesión de bronceo, un jugo de guayaba dulce, muy dulce”.

     

    Por: Laura Giraldo Peláez / laura.giraldop@upb.edu.co

     

    Diecisiete escalones para llegar a la puerta de madera pintada de verde. Mi abuela siempre en la cocina. Es lo primero que se ve al entrar. ¿El menú? Carne con arroz, huevo frito y papas, por favor. Todos los días.

     

    Siempre al segundo escalón para disfrutar del manjar junto a mis primos. Todo en su respectivo orden: primero el arroz con el huevo, luego las papas y por último la carne. Así me enseñó Juan Antonio: lo mejor para el final.

    Cuando subíamos, cada uno lavaba su plato con la esponja gastada.

     

    Al lado de la cocina, la sala. Dos ventanales grandes por los que entraba mucha luz. Un televisor que normalmente estaba en el canal 9, sin importar qué estuvieran dando. Yo llegaba a la hora de “Muy buenos días”, y me lo veía todo mientras comía galletas Ducales repletas de mantequilla La fina, que era la más suave.

     

    Un computador de mesa frente a la sala: “abuela, media hora por favor, solo media”. Así nos pasábamos 2 o 3 horas pegados de juegos Friv. ¿Dolor de cabeza? Claro. Al rato entonces nos íbamos para el patio que quedaba en la parte de atrás a tomar el sol.

     

    Tres largas horas echados en el patio de baldosas rojas con piedritas pequeñas. Nos quedábamos dormidos y despertábamos con la camiseta emparamada de sudor y con las marcas de las piedras en los brazos y las piernas.

     

    Matas, muchas matas en ese patio: rosas, margaritas, orquídeas… Macetas por aquí, macetas por allá. ¿Jugar con un balón? Ni riesgos. Si dañábamos una matera no volveríamos a ver la luz del sol. Después de una larga sesión de bronceo, un jugo de guayaba dulce, muy dulce. Quedábamos tan deshidratados que no nos quedaba otra que acostarnos de nuevo.

     

    En la habitación de la abuela estaba el baño. El sanitario verde oscuro al que siempre caía porque me quedaba grande, un lavamanos altísimo. Me empinaba para prender la pila y coger el jabón que estaba dentro de una cajita plástica que era de lo menos higiénico, pues se inundaba de agua y todo se convertía en una juagadura de burbujas con mugre.

     

    Había una puerta plástica, pero de las corrugadas; imposible abrirla sin hacer un gran bullicio.

    Al salir del baño, la cama, arriba dos cuadros: el sagrado corazón y la cara de mi tío Camilo; de los pocos recuerdos que nos quedan de él.

     

    Otro televisor, también en el 9. Nos dedicábamos a ver la película que estuvieran pasando hasta que llegara la abuela a regañarnos por subir los pies con zapatos a la cama.

     

    La vida en la casa de la abuela era simple: comer, asolearse, dormir, repetir.

     

    Juan Antonio y Laura en 2011. En los días de sol e infancia. Foto: Cortesía.

     

    Trabajo para el curso Periodismo y Literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

  • Carlos Castro Saavedra: el poeta que logró unir al mundo en una “Plegaria desde América”

    Por: Maria Clara Castro / maria.castroo@upb.edu.co

     

    ¿Quién era Carlos Castro Saavedra? Esta producción multimedia explora a este personaje, su obra y relación con el conflicto armado y la violencia en Colombia.

     

    Haga clic en la imagen para navegar la multimedia:

    Fotografía: Archivo Fotográfico Biblioteca Pública Piloto.

    Trabajo para el curso Periodismo Electrónico, orientado por el profesor Gabriel Lotero Echeverri.