En los últimos años, Colombia se ha convertido en un destino atractivo para extranjeros, con busca de nuevas experiencias, ya sean laborales, culturales, académicas o que simplemente desean disfrutar de la diversidad cultural, gastronomía y paisajes del país como turistas o como residentes temporales, en la mayoría de los casos.
El aumento de viajeros ingresando a Colombia se ha superado cada año. Incluso, para el año 2024, se recibieron, alrededor de 6.7 millones de visitantes, según el último informe entregado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.
Estas son buenas noticias para el país, que implican, de otra parte, el reto de mejorar las condiciones de seguridad con que se recibe y convive con un un número mayor de visitantes y migrantes, comenzando por los procedimientos para la entrada y salida del país. La opinión pública colombiana conoce este fenómeno a partir de las cifras y otras transformaciones que poco a poco se van dando en distintos aspectos económicos y sociales, no así se conocen las normativas y dispositivos que permiten controlar el ingreso y permanencia de personas foráneas. Existe, por ejemplo, un sistema de clasificación de visas, teniendo en cuenta que este documento es requerido en casos específicos, algunas veces para entrar al país, y otras para una estancia más larga a la establecida de 3 meses.
Particularmente los colombianos estamos acostumbrados a informarnos sobre visados y otros procesos migratorios para llegar a otros países, a menudo como objeto de algunas de las más restrictivas políticas. Sin embargo, también es importante que sepamos sobre los tipos de visas que hay en Colombia, el proceso y requisitos generales de prórrogas y finalmente los aspectos fiscales clave que se deben tener en cuenta al visitar o establecerse en el país, según la Cancillería.
Tipos de visas en Colombia
Se han establecido diferentes tipos de visas, pero las principales son tres:
Visa de visitante (V)
Esta visa está diseñada para extranjeros que ingresan a Colombia de forma temporal y que no tienen planeado quedarse a vivir dentro del país. Con esta visa se les permite realizar turismo, negocios e inversiones, tratamientos médicos, pasantía, voluntariado, prestador de servicios temporales, entre otros.
Por lo general, la visa de visitante se concede por un período máximo de 180 días al año y no otorga permiso de trabajo formal.
Visa de Migrante (M)
Está destinada a los extranjeros que desean residir en Colombia, pero aún no cumplen con los requisitos para obtener una visa de residencia. A esta podrán aplicar las personas que se encuentren casadas o en unión libre con colombianos, trabajadores con contrato, estudiantes de programas académicos de larga duración, padreo o hijo de ciudadano y migrantes bajo el Acuerdo Mercosur.
Este tipo de visa, por lo general tiene vigencia de hasta tres años y le permite al extranjero aplicar a una visa de Residente.
Visa de Residente (R)
Está visa es otorgada las personas que quieren establecerse de manera permanente en el país y se entrega a extranjeros con visa de Migrante por más de cinco años, colombianos que perdieron su ciudadanía y desean recuperarla, padres de niños colombianos por nacimiento y por inversión extranjera directa.
Con esta visa pueden obtener la cédula de extranjería y acceder a los mismos derechos que un ciudadano colombiano, excepto el derecho al voto en elecciones presidenciales
Estos son requisitos necesarios para poder establecerse en el país por periodos largos. Sin embargo, las visas no son la única documentación a la que un extranjero puede acceder para permanecer por más tiempo en el país, al ingresar a Colombia, se le concede al extranjero el Permiso de Ingreso y Permanencia (PIP), que es otorgado por Migración Colombia durante un periodo de 90 días.
Pero si la persona desea extender ese plazo, debe solicitar una Prórroga de Permanencia ante Migración Colombia antes del vencimiento del PIP. Este trámite se realiza de manera virtual, llenando el formulario en la página de la Cancillería. De hecho, si un visitante excede el tiempo de 3 meses y no realiza este trámite, estará sujeto a sanciones económicas y legales.
Ahora bien, Colombia también exige visa de manera obligatoria a ciertos visitantes de países específicos: Argelia, Armenia, Bahréin, Bielorrusia, Egipto, India, Kenia, Marruecos, Nigeria, Pakistán y Vietnam, entre otros. El país brinda diversas opciones para los extranjeros que desean establecerse en el país, pero es importante comprender las normativas tributarias vigentes para evitar penalizaciones y cumplir con los requisitos establecidos por la DIAN durante su estancia en la nación sudamericana.
¿Cuándo un ciudadano extranjero está obligado a pagar impuestos en Colombia?
Según lo establecido por la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), una persona de origen extranjero adquiere la condición de residente fiscal en Colombia al cumplir alguno de los siguientes requisitos:
Si una persona permanece en el país durante más de 183 días calendario dentro de un período de 365 días, ya sea de forma continua o discontinua, entonces a partir del día 184 tendrá la responsabilidad de pagar impuestos sobre sus ingresos y activos a nivel mundial.
El segundo requisito es que, aunque la estancia sea inferior a 183 días en Colombia y se demuestre que el extranjero tiene su residencia principal o actividades económicas en el país, puede ser considerado residente fiscal de todas maneras.
Una vez que un extranjero adquiere la residencia fiscal en Colombia, debe cumplir las mismas obligaciones fiscales que un ciudadano colombiano. Algunos de los impuestos que podrían ser aplicables son:
• El impuesto sobre la renta se aplica a los ingresos generados tanto en Colombia como en el extranjero y se determina según las tasas de impuestos progresivas del país que van desde el 0 al 39%.
• El Impuesto sobre el Patrimonio se aplica a individuos cuyo valor neto supera los $ 7,53 millones de pesos colombianos ($780,000 USD aproximadamente en 2024).
• IVA e impuestos locales: Si el extranjero desarrolla una actividad económica en Colombia, como la venta de bienes o servicios, puede estar sujeto al Impuesto al Valor Agregado (IVA) y otros tributos locales.
En el caso de quienes no cumplan los requisitos de residencia fiscal, la DIAN establece que solo tributarán sobre los ingresos obtenidos en Colombia. En estos casos, las empresas o entidades colombianas que paguen a extranjeros deben hacer las respectivas retenciones en la fuente.
Los trámites migratorios y los requisitos tributarios son de los primeros ámbitos en que se manifiestan los efectos del posicionamiento de Colombia como destino internacional de toda índole. A partir de allí, las consecuencias se trasladan a diversos ámbitos: desde lo económico hasta lo cultural.
El paso constante de turistas es apenas uno de los detalles que han cambiado la rutina de los vecinos de la Comuna 13 y, como todos los demás, tiene su lado positivo y otro negativo. Foto: Lia Da Giau- Make Sense.
Llego a la estación San Javier en plena hora pico, cuando el sentido sur-norte colapsa, ríos de personas se empujan y solo el más hábil logra escapar de la ola. Sin embargo, la estación estaba atiborrada también en sentido norte-sur, con grupos de 5, 10 y hasta 20 turistas descendiendo a la plataforma.
Salgo a la calle 45 y el panorama no es muy diferente. Carros, motos, buses, más carros y motos, se amontonan en calles con semáforos de adorno, pues quien tiene la vía es el más avispado. Turistas caminan torpemente, mientras los habitantes los esquivan como si se tratara de un video juego; taxis, busetas y carros particulares se estacionan donde vean hueco con dirección a las escaleras eléctricas; vendedores ambulantes ofrecen todo tipo de souvenirs kitsch en su última apuesta por llevar pan a sus casas y un grupo de jóvenes de chaleco azul pregonan a todo el que pasa: “Graffiti Tour”.
Dale like, comenta y comparte
Los visitantes vienen de todo el país y rincones del mundo. A través de redes sociales, recomendaciones de amigos y plataformas como Trip Advisor, los turistas conocen la Comuna 13 y los famosos recorridos grafiteros que ofrecen las agencias que operan en el territorio. El interés a lo largo del tiempo de los usuarios por el término de búsqueda Comuna 13, según Google Trends, ha tenido un crecimiento constante, como lo muestra la gráfica a continuación:
Gráfico: Google Trends. Andrea Montoya.
“Turismo en Medellín”, “Qué hacer en Medellín”, “Mejores lugares para visitar en Medellín”, “Medellín turismo cultural”, “Medellín turismo de aventura” y “Tour de Pablo Escobar en Medellín”, fueron los principales términos de búsqueda sobre turismo en Medellín durante el 2021, según información compilada por Chat GPT. Si hiciera el ejercicio de buscar cuáles resultados arroja su buscador con alguno de estos términos, se encontraría con la Comuna 13 en cualquiera de los casos. Sí, yo hice el ejercicio.
Por ejemplo, en Trip Advisor, el recorrido por la Comuna 13 es el segúndo más popular de la plataforma sobre turismo en Medellín, después del recorrido a Guatapé, bajo el término de búsqueda: “Comuna 13 Graffiti Tour y Comida Callejera”, con más de 2,250 opiniones y recomendada por el 99% de los viajeros que interactuaron con la plataforma. El recorrido incluso ganó premio al Traveler´s Choice de este año.
¿Qué es lo que encuentran tan atractivo tanto extranjeros como locales de diferentes zonas del país de la Comuna 13? La alegría y amabilidad de las personas; el arte que rodea todas sus calles con graffitis, pinturas, esculturas, raperos y bailarines de hip hop; la diversidad de oferta de entretenimiento y gastronómico, son las respuestas más frecuentes entre los comentarios de Trip Advisor y las entrevistas con cinco turistas extranjeros como parte de esta investigación.
Cicatrices de la Historia
Las redes sociales y este tipo de plataformas son los principales medios por los cuales los turistas conocen la Comuna 13 y el Graffiti Tour. Dharmik Patelun, por ejemplo, investigó sobre el territorio y encontró que había bandas criminales aún presentes y que estaban planeando hacer un museo conmemorativo de Pablo Escobar con sus pertenencias y objetos alusivos. Además, leyó que no había propiamente un cartel de drogas en el territorio, sino violencia interna por parte de bandas al margen de la ley. Hice una revisión sobre posibles fuentes en las que haya encontrado dicha información y no encontré nada.
Sin embargo, después de visitar el territorio, Dharmik y su esposa quedaron muy sorprendidos: “Creíamos que sería mucho más pequeño el lugar…También, pensamos que las personas serían difíciles, pero ahora que lo visitamos nos damos cuenta que son muchas cosas difíciles por las que han tenido que pasar”. En definitiva, están inspirados por su historia y el progreso que parece tener el sector en términos de seguridad, violencia y delincuencia. Se sintieron seguros durante todo el trayecto y con la motivación de comentar a sus amigos sobre el plan.
Otros como Matthew tenían una idea de la Comuna 13 como un lugar cool, destinado al turismo y para pasar el rato. Después del recorrido, ven llamativa la sensación de tranquilidad y alegría en medio del caos del salpicón de música de múltiples géneros, pregoneros, tiendas, bares, museos, restaurantes, motociclistas, cafés y vendedores de todo tipo. Sin embargo, reconocen que detrás de todo eso hay una historia de transformación profunda y que eso se ve reflejado en el discurso de su guía, los espacios culturales y la experiencia como tal.
Se avecina un tsunami turístico mucho mayor
En 2020, a raíz de la pandemia, las visitas a la Comuna 13 disminuyeron. No obstante, se estima que en 2021, 2.600 personas llegaban a la zona entre semana y los fines de semana aumentaban entre 5.000 y 6.000, según datos de organizaciones turísticas del territorio proporcionadas a El Tiempo.
Ese boom turístico, según el Director del Museo Escolar de la Memoria de la Comuna 13, Manuel López, en una entrevista con Señal Colombia, se debe a “una perversión de las necesidades de la gente”. Con iniciativas como el Museo, que es un ejercicio de memoria colectiva con una mirada más cultural que turística, “quisimos contrarrestar con el museo la explotación comercial, esteticista de los mandatarios, el turismo como una forma de demostrar que la guerra y la violencia sufrida era necesaria para que hoy tuvieran este progreso”. Sin embargo, reconoce que las oportunidades económicas para subsistir son escasas y que hoy el turismo es el principal ingreso de los habitantes de la Comuna 13.
Donde hay empleo, hay oportunidades
Fui a la base de las escaleras eléctricas a buscar un taxi que me regresara a la estación. En medio del caos, sin saberlo, terminé por colarme en una fila de carros tipo Uber que compiten con los taxis a ver quién es el primero en dar con un cliente. Ingresé al primero que abrió la puerta y escuché gritar “estación San Javier”. No usan la plataforma, tienen una tarifa fija hasta allí.
Como buen medellinense, el conductor puso conversación: me preguntó sobre mi visita a “La Trece” y si había ido antes. Le respondí que solo era una estudiante de periodismo haciendo una investigación sobre los cambios en la zona desde la llegada del boom turístico. Solo es poco, pues esa frase le dio puerta para narrarme toda su hoja de vida y lo importante que ha sido para él la llegada del turismo al sector. Músico, empresario, bailarín, grafitero, Uber, guía de turismo y odontólogo en formación, son solo algunas de sus facetas.
“Niña, ¿yo cuándo me imaginé que tendría un carro?” Y que viajaría por Latinoamérica, Estados Unidos y próximamente a Argentina, solo por los contactos que ha conseguido con la música, según me comentó.
Esta mirada representa la vida de solo una parte de la población de la Comuna 13.. Según una investigación hecha por Make Sense a los habitantes de los barrios más alejados de las escaleras eléctricas, el 50.3% afirmó que no depende del turismo como actividad económica para sobrevivir.
Imagen José Andrés Ramírez, Juan José Rios.
¿Hasta cuándo durará el boom turístico de la Comuna 13? Nadie lo sabe. A penas se adelantan investigaciones sobre los efectos colaterales a nivel económico y social que el turismo desenfrenado está trayendo sobre zona. Los números, voz a voz y redes sociales demuestran que es un gran atractivo para lo nacional y lo internacional, pero, ¿serán los comentarios de Trip Advisor suficientes para subsanar las necesidades económicas y políticas de un territorio con una historia como la Comuna 13?
Tras la construcción de las escaleras eléctricas de la comuna 13 en 2011, el barrio Las Independencias se transformó en el eje de todo lo comprendido por la zona. Una comuna compuesta por 21 barrios en los que, llegue o no el turismo, el cambio es un fenómeno latente.
José Andrés Ramírez Canon / Juan José Ríos Arbeláez – periodico.contexto@upb.edu.coEn colaboración con Lia Da Giau y estudiantes de la organización Make Sense.
La que alguna vez fuera considerada como la comuna más violenta de Medellín, ruta de la ilegalidad, fuente de la guerra urbana y más adelante, el epicentro de las operaciones militares de la llamada “seguridad democrática”; hoy se abraza a la resignificación territorial que trajeron los proyectos de urbanización social y se expone al mundo con el cambio de sus valores a través de la memoria, una memoria aun en construcción, con la que se comercia y se conforma uno de los pasajes turísticos más importantes en la ciudad.
Según el Plan estratégico de turismo 2018-2024, la transformación social es uno de los ejes sobre los cuales la ciudad puede establecerse como “un destino líder en innovación y transformación”, de manera que los proyectos de urbanización social que iniciaron con el programa político de Medellín la más educada en 2004, cuyo fin era mejorar la calidad de vida de los habitantes, hoy se adhieren a la estrategia de promoción turística, haciendo que sectores históricamente excluidos en los planes de desarrollo aparezcan como nuevos destinos.
Las primeras acciones de esa urbanización social estuvieron orientadas a la conectividad urbana en materia de movilidad y educación, con la construcción de las líneas del metro cable y la inversión en bibliotecas públicas y parques. Estas intervenciones modificaron la manera en la que se pensaba la ciudad y derivaron en 2011, durante la alcaldía de Alonso Salazar, en las primeras escaleras eléctricas concebidas como solución a la movilidad urbana, trayendo consigo una nueva narrativa en la que se consolidaba Medellín como ciudad innovadora.
En su estancia con organizaciones de la Comuna 13, estudiantes de la organización Make Sense conocieron la percepción de los residentes sobre el turismo en la zona. Fotos: Lia Da Giau.
Unas con otras
Las escaleras pudieron quedarse en eso. En un mecanismo que mejoraba la calidad de vida en una de las siete montañas que conforman Las independencias, y que, de paso, eran la imagen para venderle la ciudad a nuevos inversores. Sin embargo, el proceso artístico y cultural que permeaba a la comunidad como salida de la violencia cambió por completo las dinámicas del barrio popular. La aparición del graffitour como máxima expresión del arte urbano hizo de las escaleras eléctricas y el viaducto Media Ladera un nuevo pasaje comercial en el que se mezclan el arte, la memoria y la gastronomía.
De las siete montañas que conforman el barrio, apenas tres perciben los efectos del turismo masivo que derivó de la oferta en la comunidad. Pero los más de 3 mil millones de pesos* que registró el sector en el último dato de 2018, según datos consolidados por los investigadores Carolina Muñoz y Santiago Rodríguez sobre el mercado de los grafitis, hacen que la expansión del turismo sea un anhelo para los demás habitantes de la comuna 13.
En un artículo para El País, Laura Moreno, afirmaba que este fenómeno comercial suele traer alteraciones en las características del territorio y en las dinámicas propias de la ciudad. La apertura comercial a la memoria, la transformación social, el auge económico y la exploración de alternativas similares han hecho de la comuna 13 un eje de referencia mundial en el turismo urbano y de transformación social. Sin embargo, la promoción de este fenómeno se ha enfocado desde una narrativa económica que apremia los ingresos, sin evaluar el impacto en el tejido social de la comunidad.
La empresa de turismo Zippy Tour, en alianza con la organización Make Sense y un grupo de estudiantes internacionales, realizó una investigación piloto sobre el impacto del turismo en la comuna 13. El estudio tuvo como foco al barrio Las Independencias, haciendo un muestreo a 153 habitantes de la región, abordando temas sobre la calidad de vida de los residentes, seguridad, acceso a servicios, economía, movilidad, manejo de basuras y ruido.
Economía
Al ser preguntados por si consideraban que los visitantes de la comuna estaban informados de su historia, el 39.87% respondía que sí con indiferencia y completaban diciendo: “y si no se la saben acá se las enseñamos”.
La memoria es la fuente del comercio en la comuna. De ella se desprenden los restaurantes, las tiendas de regalos, las cafeterías, las terrazas, los shows folclóricos y los más de 28 operadores turísticos de la ciudad que ofrecen el recorrido por la comuna en más de 6 idiomas. Sin el atractivo de esa memoria resiliente o el morbo histórico del narcotráfico, que sigue atrayendo turistas a la ciudad, no existiría el corredor comercial del cual depende el 37.3% de los encuestados para sus ingresos.
Hasta ahora, ese crecimiento económico no ha derivado en la incursión de inversores ajenos a la comuna. El 60.13% coincidió en que las tiendas y restaurantes de la zona son propiedad de los residentes y no de vecinos nuevos de la comunidad. Sin embargo, esta bonanza de terrazas con bares, restaurantes y tiendas de regalo ha traído un encarecimiento de la vida en arriendos y servicios en los que el 48.4% considera que el turismo ha encarecido su vida y un 55% considera que los precios por los bienes y servicios son injustos.
Sobre la cúspide de la Independencia 2, lejos del Viaducto, por donde apenas se filtraba el ritmo del hip hop, decía Luz Obregón que hasta su casa la vida no había cambiado tanto, salvo por el ruido y la subida de los precios. Cuando hacía la entrevista se cruzó su esposo, que no quiso dar el nombre, y repuso mientras señalaba una botella de Coca-Cola que tenía en la mano: “Dígales, dígales a todos de esos ladrones de ahí abajo en el Viaducto. Esta gaseosa que acá arriba vale dos mil quinientos pesos allá vale cuatro mil”.
El efecto es una consecuencia simple. El turista que viene y va, que paga en dólares lo que consume y puede pagar cualquiera de esas gaseosas a dólar, termina definiendo el precio de los productos para toda la zona. Tanto para turistas como nativos. Ese desequilibrio económico que suscita el turismo configura el fenómeno de gentrificación que ha ganado cada vez mayor terreno en la ciudad, interviniendo el alza de precios en los bienes y servicios.
Seguridad
La seguridad ha sido siempre un foco de discusión en el territorio. Aunque la guerra urbana había quedado atrás, el estigma de lugar inseguro seguía latente en el sector y se fue transformando igual que los procesos sociales de la comuna tras las operaciones militares en 2002.
Teniendo en cuenta que el fenómeno del turismo es relativamente nuevo en la comuna, tiene menos de 10 años, la lucha por transformar su percepción está enfrascada en un halo ambiguo. Algunos medios han informado de la modalidad de vacunación de las bandas urbanas a la cual someten a los operadores de turismo para que puedan ejercer con tranquilidad. Sin embargo, el 62.1% de los encuestados afirman que el turismo ha traído beneficios para la seguridad en el sector, tanto para locales como visitantes.
Basuras
La gestión de residuos en Las Independencias tiene dos modalidades. El corredor comercial que comienza entre la carrera 109 y la calle 38A, se extiende ascendiendo por la carrera 110 hasta llegar a las escaleras eléctricas y termina en el viaducto, es limpiado todos los días, pues es el eje turístico del sector. Mientras que, en el resto del barrio, Emvarias recoge los residuos los miércoles y sábados de cada semana.
Más allá del viaducto Media Ladera, la accesibilidad a Las Independencias es compleja porque sus callejones no están demarcados y ascienden en centenares de escaleras hasta las cimas de las montañas y vuelven a bajar. Esta característica hace que la recolección de residuos en el barrio se dé en diversos puntos y no afuera de cada una de las casas, como pasa en gran parte de la ciudad. Para esto, los residentes suelen pagarles a recolectores que desplazan los residuos a los depósitos que están repartidos en el barrio.
A pesar de que el servicio de aseo diario se limite solo al pasaje comercial, el 56.2% de los encuestados considera que el manejo de basuras en la comunidad es positivo.
Video: José Andrés Ramírez, Juan José Rios – Lia Da Giau.
La masividad de los visitantes cambió el uso de las escaleras eléctricas, según algunos residentes que afirman tener menos acceso a ellas que los turistas. “Lo que nosotros creíamos que era un beneficio para la comunidad, se ha convertido en un caos”, asegura Alba Cardona, residente de la comuna 13 desde hace veintisiete años. “Más que un uso para nosotros, las escaleras se convirtieron en el destino de los turistas y es normal, pero entonces uno ya no se puede mover igual porque hay mucha gente”, sostiene.
Según estadísticas de la Alcaldía, en 2021 transitaban veinticinco mil personas mensuales por el tramo de las escaleras eléctricas y el viaducto que llega hasta la Independencia 3. Por otro lado, la agencia de turismo Zippy Tour calcula que durante temporada baja el promedio de visitantes es entre setenta mil y ochenta mil personas, y en temporada alta la cifra puede llegar a los doscientos cincuenta mil transeúntes, como en diciembre de 2022.
El viaducto Media Ladera compone el tramo de mayor conglomeración en el sector. Por un lado, es el pasaje comercial que contiene restaurantes, bares, tiendas, mercados, grafitis, grupos de danza e improvisación urbana y el mirador hacia la ciudad. Por el otro, la vía del barrio popular que conecta las montañas que conforman Las Independencias.
Esta última condición hace que el tramo no sea enteramente peatonal, puesto que los residentes y los mismos comerciantes se desplazan en motocicletas a lo largo del viaducto para suministrar los locales y movilizarse por el barrio. Manuel Mosquera, comerciante y residente desde hace más de cuarenta años, considera que debe haber un mayor control para que la situación no genere problemáticas. “Los días en semana se transita bien, pero cuando hay mucha gente, los fines de semana, si es interrumpido y puede haber malos entendidos entre los locales y los visitantes, por eso queremos que en esos días no transiten motos”, argumentó.
La aglomeración de turistas, las motocicletas que surten el comercio y las dinámicas locales, impactan la movilidad del sector reduciendo las posibilidades de tránsito en los días donde más visitantes hay. Con respecto a esto, algunos residentes se sienten alarmados ante la incapacidad de actuar durante una emergencia. “Es muy complicado recoger un enfermo, un herido o un muerto… En las escaleras eléctricas hay botiquines y camillas, pero cuando uno va los implementos están malos y no se pueden usar”, dice Alexandra Henao, quien vive en la zona desde hace diecinueve años. El 37.3 % de los encuestados considera que la gestión de tráfico en la comuna es deficiente.
Resultados del sondeo adelantado por los estudiantes de Make Sense con los habitantes de la Comuna 13.
Infografía: José Andrés Ramírez, Juan José Rios.
Ruido
Desde las nueve de la mañana empiezan a recogerse turistas alrededor de las escaleras eléctricas, en un plan que puede extenderse hasta más allá de la media noche.
El carácter artístico y cultural de la comunidad está ligado al hip hop y es posible encontrar diversos grupos de baile e improvisación durante todo el recorrido. Usualmente estos grupos paralizan las vías por medio de su arte y su música, que resuena por todas las calles. Sin embargo, ellos no son la fuente principal de ruido que acosa al sector.
El éxito comercial de la comuna hizo que en poco tiempo los residentes transformaran el entorno y las casas se llenaron de planchas y terrazas con bares. Muchos han visto la oportunidad y consideran seguir la expansión. “Uno canta, el otro rapea, el otro tiene un bar… como que se les olvidó que esto es zona de residencia y como acá la Policía no viene por esos temas, no hay Dios ni ley”, dice Alexandra Henao.
Para Alba Cardona, residente de La Independencia I, el ruido ha sido detonante para que muchas personas se vayan del territorio. “Esa mezcla de sonidos de todas partes genera un murmullo que no para en todo el día”, asevera.
Dentro de las dinámicas del barrio popular, el volumen del sonido siempre ha sido asunto de discusión. Sin embargo, lo que antes era discusión residencial trascendió a lo comercial, en unas dinámicas que perfilan a La Independencia I como un aglomerado de bares, terrazas y cantinas que se juntan una con la otra entre las residencias. El 51.6 % de los encuestados consideran que el ruido impacta en su calidad de vida y es la razón principal para que el 20.9 % quiera mudarse fuera de la comuna 13.
En la presentación de los resultados de esta investigación piloto, Make Sense y Zippy Tour realizaron una charla con diferentes lideres de la comuna 13, en la Universidad Pontificia Bolivariana, donde abordaron los puntos positivos y negativos del turismo que hoy se centra en el sector.
Los ejes de esta discusión se enfocaron en la necesidad de fortalecer la cultura en el sector, ampliar la idea de comuna más allá de la imagen hegemónica atribuida a Las Independencias y poner a la comunidad en el centro de la mesa de discusión sobre el turismo en la ciudad. “En la comunidad hay que preguntar y no informar, y la gente, las instituciones y la academia creen y malcreen que la comuna es San Javier, Las Independencias y ya”, concluía David Correa, líder del laboratorio de innovación social de Las independencias.
La Alcaldía de Medellín refuerza su apuesta por el Plan estratégico de turismo con la formación de 184 guías y la expansión del viaducto a las otras independencias, mientras que se realiza el primer estudio de cargas turísticas del país, para conocer el límite de visitantes en la comuna 13. Al tiempo, la reciente creación de un despacho del alcalde para ese ramo en específico genera expectativas de una labor más efectiva para la regulación.
Por Miguel Ángel Álvarez Mejía – Brandon Adrián Bustos Oliveros
Lo que pasa con las basuras en la carrera 70 es la muestra de lo que ocurre en otros sectores de la ciudad. Varias recolecciones al día, barrido permanente, desechos que siguen acumulados o esparcidos. Detrás del problema de las basuras en Medellín hay una alta dosis de inconsciencia de algunos ciudadanos.
La carrera hacia la consolidación de Medellín como atractivo turístico se ha encontrado en últimos años con las molestias e inconformidades que genera el aumento significativo de basuras en algunas de las vías públicas. Según datos reportados a mitad del año 2023 por la gerencia de la operadora pública de aseo Emvarias, “se tienen identificados 2.200 puntos críticos donde se acopian basuras de forma desordenada y sin ningún tipo de control¨.
Varios de esos puntos críticos están en la comuna 11, Laureles, un territorio que combina los usos residencial, turístico y comercial, atractivo para muchos visitantes. Sin embargo, en los últimos meses, tanto algunos residentes como comerciantes han manifestado un aumento significativo en la cantidad de basura que se encuentra en las vías públicas de la reconocida carrera 70 y sus alrededores; sector tradicional de hoteles, restaurantes y establecimientos nocturnos.
Desde la circular primera hasta la calle 48, turistas, habitantes del sector y comerciantes conviven entre montones de basura que se acumulan varias veces al día en casi todas las esquinas de las 13 cuadras que conforman el emblemático bulevar de la carrera 70, muy visitado durante la Feria de las Flores o durante los encuentros futbolísticos de los equipos de la ciudad, específicamente por los aficionados de Atlético Nacional, que han convertido el lugar en su sitio de encuentro antes y después de los juegos en el estadio, a pocas cuadras de allí.
El manejo de basura ha generado conflictos entre habitantes de calle, comerciantes, autoridades locales y empresas de servicio público. Algunos comerciantes afirman que la proliferación de basuras ha venido en aumento debido a que los habitantes en condición de calle se encargan de esparcirla en búsqueda de comida. Ana María Zuleta, cajera y mesera del establecimiento Los Verdes, afirmó: “Es muy incómodo con los habitantes de calle, que están desesperados porque uno saque la basura, para ver qué comen, dejando todo el reguero por ahí”. Por su parte, los comerciantes entrevistados afirmaron hacer parte de una cultura de reciclaje y tener compromiso con la selección de las basuras.
Sectores diferentes
Pese a que los comerciantes de la carrera 70 zona norte manifestaron su inconformidad ante la crítica situación, algunos de la zona sur, por su parte, expresaron un fenómeno que particularmente caracteriza y marca la diferencia de las demás siete cuadras ubicadas entre la calle San Juan y la circular primera. Katherin Guzmán Rojas, directora operativa del G5, grupo empresarial conformado por La Tienda, Chamaca, Canalón, Rebeca y Wembley, afirmó: “Tú caminas desde San Juan hacia el estadio y la situación con las basuras, la prostitución, los vendedores ambulantes es muy diferente en con respecto a esta zona de la 70. Desde mi perspectiva, son los mismos empresarios quienes han permitido el incremento de la presencia de habitantes de calle gracias al mal uso de los residuos. Es un tema organizacional y administrativo de parte de ellos.”
Por otro lado, en contraste con la versión de los comerciantes, los habitantes de calle aseguran que se ven obligados a esparcir la comida debido a la mezcla de residuos orgánicos con reciclables, lo que dificulta el proceso de selección de residuos que puedan seleccionar para alimentarse. “Los dueños de los negocios son egoístas, ¿qué les cuesta separar la comida del resto de la basura? Les falta un poco más de cultura respecto al reciclaje; los pocos comercios que reciclan es porque nos pagan a nosotros para que lo hagamos con sus desechos”, afirmó Juan Camilo Cardona, habitante de la calle desde hace aproximadamente 12 años. Sin embargo, pese a que según algunos habitantes en condición de calle se quejan de la poca cultura de reciclaje que hay por parte de los comerciantes, sacar la basura a destiempo, es una oportunidad para ellos; Juan Camilo aseguró, “que las empresas de recolección no pasen a recoger la basura es beneficioso para nosotros, porque ese es nuestro trabajo”.
Quienes residen el el sector sufren las consecuencias de las disparidades ente comerciantes y habitantes de calle. A su turno, Luis Fernando Cano, habitante de calle en el sector hace 2 años señaló: “El problema es que no todos los habitantes de calle que son delicados y responsables, no tienen la cultura de destapar, seleccionar y volver a cerrar¨.
Quienes tienen la tarea de limpiar las concurridas calles de la zona tienen su propia visión: “La verdad, la situación es crítica, los comerciantes sacan la basura a lo hora que quieren, los indigentes hacen de las suyas y no se aprecia el trabajo que nosotros hacemos, acá nadie recicla, los comerciantes mezclan la basura”, afirmó una operaria de barrido de la empresa Emvarias, quien pidió la reserva de su identidad.
En 2022, la Alcaldía de Medellín ubicó una serie de contenedores para recolectar la basura de manera organizada, pero meses después desaparecieron. La operaria de barrido de Emvarias indicó: “Los contenedores grandes si estaban, por supuesto; pero los quitaron debido al mal uso”, y desde su perspectiva ante la crítica situación tal cual como ella misma afirma, “la basura no se recicla, por lo que los habitantes de calle incrementan el desorden, yo pienso que la empresa presta el servicio adecuado pero los comerciantes e indigentes son muy desordenados.”
Carrera 70 con circular tercera, febrero 21 de 2024
Falta un ingrediente
John Bedoya, actual jefe de operaciones de Emvarias señaló que en 2022 se buscó, a través de la contenerización, reducir el impacto de los residuos presentados en la vía pública. Se ubicaron exactamente 60 contenedores de 1,100 litros en la carrera 70 y avenida 80.En zonas residenciales, muchos usuarios vieron la estrategia como una herramienta de mejora en su entorno; esto ocurre cuando hay apropiación. Sin embargo, el funcionario explicó que, en sectores comerciales, a pesar de las campañas de pedagogía, no se les dio un buen uso.
A pesar de que los vehículos y el personal de Emvarias redoblan esfuerzos para cumplir con las frecuencias de los recorridos y horarios establecidos en las rutas, la falta de conciencia de algunos ciudadanos echa abajo todo esfuerzo por el correcto manejo de los desechos. Bedoya indicó que“el inadecuado manejo de los residuos es el problema más complejo actualmente; esto se refiere al incumplimiento de los horarios establecidos para la recolección de basura en los establecimientos y a la escasa cultura de reciclaje, lo que fomenta el desplazamiento de habitantes de la calle hacia la carrera 70″.
Según algunos comerciantes, los camiones de basura hacen un recorrido cada 4 horas al día. Por otra parte, agentes de la Policía Nacional en la zona afirmaron que solo se realizan dos veces al día. “Emvarias, como prestador de servicio público de aseo, cumple completamente con las 523 rutas semanales a través de sus 1,150 operarios, mediante las rutas de recolección y transporte de residuos sólidos, así como las acciones de limpieza. Todos los sectores de la ciudad tienen, como mínimo, recolección dos veces por semana, pero en la carrera 70, debido a la gran afluencia de personas y su condición de sector comercial, se lleva a cabo tres veces al día, específicamente por la mañana, tarde y noche, con el objetivo de mitigar el impacto del aumento de residuos sólidos”, indicó Bedoya.
El jefe de operaciones de Emvarias aclara que en algunas ocasiones se han adelantado campañas pedagógicas con los comerciantes en colaboración con la Secretaría de Medio Ambiente y Cultura, con el fin de ser garantes y promotores de la educación sobre residuos para los comerciantes. No obstante, señaló que este es “un problema interminable”. Una de las operarias de barrido de Emvarias afirmó que no ha habido cambios en su quehacer cotidiano, en la frecuencia de barrido: “Yo no he notado ningún cambio, los horarios, las rutas y la responsabilidad es la misma”.
En esta zona concurrida de la comuna 11, la presencia de la seguridad pública es notoria. Jorge Gallo, patrullero adscrito al CAI de La Macarenaafirmó: “Uno trata de hacer el control con los comerciantes, pero ellos deben respetar los horarios para sacar la basura y no cuando se les dé la gana, para ello hay un horario establecido de recolección de basura”.
Todos apuntan a algunos comercios
Residentes, habitantes de calle, autoridades y voces desde el comercio sostienen que el problema radica en la mala gestión de algunos establecimientos comerciales, tanto en la 70 norte como en la 70 sur. Según el artículo 111 del Código de Seguridad y Convivencia, la Policía puede imponer sanciones a quienes hagan una mala gestión de sus residuos. Además de recibir este apoyo, Emvarias adelanta labores de sensibilización y reeducación. Las herramientas existen pero hay consenso en que es necesario redoblar esfuerzos. “Con quienes cometan comportamientos contrarios a la convivencia ciudadana se le toman medidas correctivas, comparendos monetarios o reeducativos emitidos por parte del inspector de policía”, señaló el patrullero Gallo.
Según el jefe de operaciones John Bedoya, Emvarias recolecta en promedio 1.900 toneladas de residuos al día en el distrito de Medellín. Sin embargo, no solo han registrado un aumento significativo en los residuos, sino también en la indisciplina de algunos ciudadanos en el manejo de la basura, especialmente en la disposición para la recogida fuera de los horarios. “Es un tema de corresponsabilidad”, señaló el servidor.
¿Cuándo se hace el barrido de su sector? Averigüe las frecuencias en el aplicativo de Emvarias disponible AQUÍ.
Las voces de los empresarios del sector son diversas; algunos matizan la postura de sus colegas comerciantes: “Yo la verdad no lo veo así tan alarmante, no. Es normal”, afirmó Juan David Roldán, administrador del hotel Villarreal, ubicado sobre la carrera 70 , quien señaló que suele ver a los operarios de Emvarias “por lo menos cada dos días”, a la vez que marca una diferencia clara en el manejo que se le brinda a los residuos dentro del establecimiento y el posterior tratamiento que puedan recibir una vez están fuera del hotel.
La situación de la famosa carrera 70 evidencia un conflicto que existe en otras zonas de Medellín y sus municipios cercanos. En general, la falta de cultura de separación y reciclaje, también de compromiso con los horarios y frecuencia de los recorridos de recolección son algunos de los desafíos que hay que superar para volver a los años de “la tacita de plata”.
Conozca cuándo pasa el camión recolector por su casa, en el mapa interactivo de Emvarias, disponible AQUÍ.
“La verdad la situación es crítica; los comerciantes sacan la basura a lo hora que quieren, los indigentes hacen de las suyas y no se aprecia el trabajo que nosotros hacemos”. Operaria de barrido de Emvarias
En el centro hay un edificio en forma de barco por el que muchos pasan de largo, este navío esconde secretos que ha ido pescando desde sus inicios a mediados del siglo pasado.
Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y de miedos,
aunque el hilo de su discurso sea secreto,
sus reglas absurdas, sus perspectivas engañosas,
y toda cosa esconda otra.
Italo Calvino
De pequeño siempre solía hacer fila con mi mamá para coger el bus de Campo Valdés en la calle Palacé. Algunas veces agarrado de la mano de ella y otras, un poco distraído, con ganas de perderme en la multitud errante del centro. Varias veces me quería escapar por ese cruce entre Palacé y la avenida La Playa —que continúa al occidente como la avenida Primero de Mayo—, siempre me ha generado curiosidad. Es una artería del centro de la ciudad, su sangre la componen los carros, buses y peatones agrestes que buscan una amalgama de direcciones. Grupos de turistas bajan hacia la plazuela Nutibara, para desembocar en la Plaza Botero, otros suben para juniniar, mientras que varios vociferan y ofrecen lo mejor en frutas, verduras, buñuelos, chontaduro y hasta lo último en bluyines de bodega.
Después de recordar los primeros años de infancia y de cómo el centro me tragaba por completo con su hollín de bus, el vocifero de las 10 mandarinas por dos mil y la música decembrina del Loco Quintero o Aicardi, me di cuenta que, en medio del movimiento que genera día a día esta ciudad, hay un edificio.
Es un barco que navega en medio del cemento de la ciudad. Un buque que ha surcado el olvido de una ciudad afanada por el comercio; que va de aquí para allá sin que sepa que hay una nave estacionada en el tiempo y que guarda los secretos de la altamar antioqueña que nunca existió. Se trata del edificio La Naviera, o Edificio Antioquia. Ubicado entre la avenida Palacé y la calle Primero de Mayo hoy renace como un buque al que muchos quieren estar a bordo.
Palacé sigue siendo la misma calle en la que de pequeño cogía el bus de mi barrio. El hollín y el barullo de la calle armonizan una de las entradas del edificio, se trata de una puerta de unos 2 a 3 metros bañada en aluminio, robusta y gorda como pocas en la ciudad. Intento tocar con el puño, pero se hace inútil, pues es tan grueso el portón que hace daño a los nudillos.
Hay seis imágenes que llaman la atención antes de tocarla: la primera muestra un hombre con una maleta que se aleja de un barco; la segunda muestra el vapor, el cielo y un barco en un puerto; las dos del medio dibujan un escudo con una cruz y un ancla; mientras que las dos últimas señalan a tripulantes y barcos conviviendo en lo que alguna vez fue la más próspera empresa de navegación marítima antioqueña.
Este par de puertas que están del lado de la carrera Palacé y otro par al costado de la avenida Primero de Mayo le dan antesala a uno de los edificios más emblemáticos de la historia moderna de esa Medellín con delirios de industrialización y megalomanía del comercio. Al anunciarme con el guardia y al permitirme ingresar al edificio me doy cuenta de que hay grandes joyas que pasan desapercibidas por la bulla del centro.
Esta mole de 8 pisos tiene la forma de la proa de un barco que echó ancla en 1949 con su fundación por parte de la Compañía Naviera Colombiana, una entidad antioqueña que agrupó varias empresas de navegación marítima a principios del siglo XX para impulsar el comercio, el turismo y la competitividad de la industria antioqueña.
En Champanes, vapores y remolcadores Historia de la navegación y la ingeniería fluvial colombiana, de Germán Silva, se cuenta que se trataba de una empresa que con 35 buques a vapor ofrecía viajes de Medellín en tren hasta Puerto Berrío y por el río Magdalena hasta Barranquilla y la costa atlántica del país. Además de ofrecer transporte de mercancías y todo tipo de insumos para la industrialización de principios del siglo pasado.
Para Manuela Bonilla, arquitecta de la Universidad Pontificia Bolivariana. “Esta edificación no se puede entender como una obra arquitectónica aislada, sino como parte de un proyecto urbano alrededor de la plazuela Nutibara. Fue un proyecto impulsado por la Sociedad de Mejoras Públicas que contemplaba el cubrimiento total de la quebrada Santa Elena y la construcción de varias obras arquitectónicas importantes alrededor, como el Hotel Nutibara, para consolidar un nuevo centro urbano que aportara la construcción de una ‘moderna Medellín’”.
Edificios como La Naviera, La Bastilla y Fabricato lideraron esa idea de dejar atrás la arquitectura antigua y republicana que representaba muchos de las edificaciones de esa época, ese afán de destruir y construir lo ‘moderno’ fue la razón por la que muchos edificios en el centro tienen formas parecidas.
Pero al poco tiempo, la tan exitosa empresa de navegación quebró por la desaceleración de la industria marítima en el país y el eventual progreso a mediados del siglo XX con la aviación y nuevas formas de transporte. Por lo que La Naviera pasó a llamarse Edificio Antioquia, administrado por la Gobernación desde 1954. Por sus pasillos se instauraron desde oficinas de las Rentas Departamentales, fiscalía, loterías y en la dictadura de Rojas Pinilla fue residencia del gobernador, brigadier General Pioquinto Rengifo.
Hoy doy los primeros pasos en este buque de historia, todo es ovalado aquí, desde las ventanas en forma de claraboyas hasta las habitaciones que generan una atmósfera de estar a bordo de un barco en medio del cemento citadino.
En 2006 el edificio fue declarado bien de interés cultural de Medellín y pasó a las manos en comodato de la Universidad de Antioquia. Es un edificio que a pesar de su abandono está empezando a recobrar vida. Cuatro facultades reciben clases o hacen presencia en el edificio. En 2021 empezó su renovación a cargo de la Agencia para la Gestión del Paisaje el Patrimonio y las Alianzas Público Privadas, esta le lavó la fachada al ‘buque’, limpió y restauró su interior.
Un recorrido por La Naviera y su Museo de la vida. Fotos: Alejandro Zapata Peña – Estefanía Hernández.
Un Museo de la Vida
Estoy adentro del ‘barco’, la puerta estaba en mantenimiento por lo que los martillos y la reparación se escuchaba en todo la primera planta, el piso rojizo de granito pulido parece un tesoro dentro del propio barco pues, como lo dijo Reinaldo Spitaletta, escritor y periodista —quien me acompañó a desentrañar las verdades de este bote— “este tipo de granito ya es escaso verlo”. Las claraboyas y las lámparas conservan figuras ovaladas y redondas que confabulan con el ambiente marinero que alberga el edificio.
Me encuentro con Yésika López, gestora cultural de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, es la encargada de mostrarnos el interior del edificio y la perla que guarda por dentro: un Museo de la Vida, un espacio que acoge los albores y desarrollos de la medicina en el departamento y el país. Al principio de la exposición se encuentran imágenes del edificio y su historia, mientras que en el costado derecho hay un espacio en el que un portillo, que asemeja la ventana de un barco, tiene en su interior el buque a vapor Medellín, uno de los navíos que alcanzó a tener la Naviera Colombiana, junto a la ventana hay una veintena de barquitos de papel.
Después de una bienvenida entre fechas y acontecimientos importantes del edificio y la academia, subimos a un mezanine, ascendemos por unas escalas prolongadas que nos dan pie a la cara de Héctor Abad Gómez, aquel doctor y especialista en Salud Pública que por la defensa de los derechos humanos fue asesinado en Medellín.
Su rostro se proyecta en uno de los cuadros que hay en la sala de la Academia de Medicina de Medellín, fundada el 7 de julio de 1887 por un grupo de médicos en la ciudad, presidido por el doctor Manuel Uribe Ángel y quienes en sus consignas velaban por “(…) El fin de formar una sociedad que, a la vez que se ocupara en el adelanto de la ciencia, especialmente en sus aplicaciones al país, sirviera al Gobierno de cuerpo consultivo para las numerosas cuestiones de higiene pública y de salubridad general, que con no poca frecuencia se le ofrecen”.
Subimos al nivel 2 en un ascensor al que se le notan los años, huele a 1949 y al dejarlo sus puertas casi se tragan a Spitaletta, quien disimula con suspicacia a pesar del estruendo que varios escuchamos. Sin embargo, esto no es impedimento para conocer de las otras 4 salas que hay en el museo, una de ellas dedicada a la anatomía del cuerpo humano, con el nombre de El cuerpo en escena, se pueden ver facsímiles que retratan en dibujo las arterias, venas, músculos y esqueleto humano. Su autor fue Paolo Mascagnni, quien, durante 30 años dibujó un cadáver de 1,70 metros.
Durante el recorrido también se pueden ver partes de cuerpos humanos conservados con la técnica de la plastinación; los hace ver parecidos a momias, pero con rasgos aún conservados como venas, labios y una piel lánguida entre blanca y amarillezca. Además, narices, cerebros, pies, uñas y demás rasgos son el llamativo de esta sala.
Sin embargo, en otras habitaciones las sorpresas aparecen en forma de videos y testimonios de médicos que ha tenido la facultad de la Universidad de Antioquia. Además, se puede ver instrumentación quirúrgica —que parece elementos para deshuesar a un robusto animal que piezas de medicina—.
Finalmente, una de las salas argumenta que el VIH pudo haber pasado de un chimpancé africano a un ser humano a finales del siglo XIX, se trata de la Sala Vida – Grandes epidemias de la humanidad, dedicada al virus; sus características, datos y cuidados frente a él.
Los pasillos del navío de vez en cuando dejan ver la rosa de los vientos, grabada en algunos puntos, sus ventanas del occidente dejan ver una plaza en movimiento que armoniza con los rayos mañaneros que pegan contra la plazuela Nutibara, los hermanos del ‘buque’, el Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe y el Hotel Nutibara, lo acompañan desde que surcó los primeros años en este mar de cemento.
Entre algunos de quienes han nacido en este siglo y los pequeños que alguna vez caminamos de la mano de nuestras mamás, hay una percepción dañada del Centro, a los que algunos llaman “Peligroso” o “El sopladero de Medellín”… No saben que en varios edificios hay espacios como este museo que acogen y le dan significado a la ciudad. En medio de tanto narcotour bien valen propuestas para darse un “vueltón” por un Museo de la Vida.
La gentrificación ha cobrado relevancia en los últimos meses en Medellín y muchos apuntan a ella como una explicación del aumento en el costo de vida. Estas y otras discusiones en torno a los cambios que ocurren en muchos sectores de Medellín muestran todo lo que falta por entender de este fenómeno, relativamente nuevo en la agenda pública de la ciudad.
Por Camilo Pérez Montoya / camilo.perezm@upb.edu.co
Como un monstruo que se dibuja impreciso sobre la sombra, la gentrificación apareció en la conversación pública de Medellín recientemente. De repente, un término antes poco conocido parecía ser el ideal para nombrar el imprevisto aumento en el costo de la vivienda y de la vida en general. Más aún, los índices del debate en redes apuntaban a nuevos actores en la ecuación: los migrantes.
Así, en los humos de un acalorado debate, el concepto apareció una y otra vez y del mismo modo parece diluirse en la conversación cotidiana, sin saber muy bien a qué se refiere. Porque, a todas estas, ¿Qué es eso de la gentrificación? Escuche algunas respuestas en el siguiente podcast:
Un concepto, cuando menos, complejo
El término viene del inglés. El vocablo gentry, que se empieza a usar en el mundo anglosajón desde el siglo 14, se retoma del francés para referirse a la nobleza, a los de buena familia, los de la alta cuna. Desde la década de 1960, la sociología empieza a hablar del concepto de gentrificación para referirse a los procesos de transformación y renovación en los barrios londinenses que traían consigo el desplazamiento de las clases obreras.
Clemencia Escallón, arquitecta de la Universidad de los Andes y miembro del Observatorio de Vivienda de la misma universidad, asegura que la discusión alrededor de la gentrificación es una cuestión de derechos, el derecho de los habitantes de determinado sector “a una buena localización, derecho a tener acceso a servicios y facilidades urbanas, derecho a estar en un lugar que han construido y en el que tienen un entorno de confianza y de soporte”, precisa Escallón.
El fenómeno del que se habla en Medellín, sin embargo, ha tomado una cara distinta a las acepciones más tradicionales de gentrificación, puesto que la raíz del problema en la ciudad no radica en las renovaciones urbanas que desplazan a los habitantes del sector, sino en un cambio en el uso del suelo o, en palabras más concretas, el aumento del uso de la vivienda turística, fenómeno para el que muchos otros usan el término “turistificación”.
Escallón señala que en el escenario global existen casos parecidos al que, como se alega, se presenta en Medellín. Ciudades como Ámsterdam, Barcelona o París han atravesado procesos similares. En Porto, por ejemplo, “el turismo es violento y estaba pasando que en sectores urbanos en el borde del centro histórico estaban teniendo unas dinámicas terribles. Las personas que estaban en alquiler durante toda su vida en zonas centrales que eran cómodas para el empleo, la movilidad y la empleabilidad se empezaron a ver empujadas y no sabían para dónde irse”, cuenta Escallón y termina señalando que, en casos como este, es la ciudad y la institucionalidad la que debe tomar cartas en el asunto. ¿En qué van los debates sobre vivienda turística y gentrificación en la legislación colombiana?
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La gentrificación no existe como concepto jurídico en Colombia. Sin embargo, para los fenómenos sociales en los que se refleja la gentrificación sí existen leyes que le apuntan a la regulación. Por ejemplo, Maria Alejandra Pérez, abogada de la Universidad de Antioquia con diplomado en Derecho Inmobiliario y Urbanístico, afirma que “hay diferentes situaciones que han llevado a lo que hoy estamos presentando como la disminución de la oferta del mercado de inmuebles para el mercado de arrendamientos”, entre ellas, el uso de la vivienda turística. “No es porque todos los inmuebles ya estén en Airbnb, pero ese sí es parte de si es uno de los factores”, precisa la abogada.
La vivienda urbana en Colombia está regulada por la Ley 820 de 2003, la cual solo rige para arrendamientos mayores a 30 días. Un arrendamiento menor a este tiempo empieza a considerarse como vivienda turística, cuya regulación está estipulada en el Decreto Único Reglamentario del Sector Comercio, Industria y Turismo. La legislación de vivienda turística exige que el arrendatario tenga un registro como operador de turismo expedido por la Cámara de Comercio. Además, si el inmueble es propiedad horizontal, el reglamento de dicha propiedad debe permitir expresamente el arriendo para renta corta.
Respecto a este último requisito, Pérez explica que “hoy en día esa es la parte que difícilmente se cumple ya que es raro que la vivienda turística esté permitida en la propiedad horizontal. Entonces los propietarios lo hacen por debajo y le dicen al administrador que son arriendos de meses, cuando en realidad son de días, y esa es la manera en que se empiezan a saltar la ley”.
El precio de la vivienda urbana, a diferencia del de la turística, solo puede tener un incremento máximo correspondiente al IPC. La vivienda turística, al no tener este tipo de topes, resulta mucho más rentable para los arrendatarios. Incluso, las rentas permanentes se empiezan a ver influenciadas por estas dinámicas del mercado y presentan incrementos por encima de lo permitido. “No creo que estemos ante un fenómeno de gentrificación ya, pero si estamos empezando a ver dinámicas como esta que, de no controlarse, van a llegar a allá”, anota Pérez.
Así, la complejidad legal de la gentrificación radica en que no surge de comportamientos ilegales sino de una tergiversación y aprovechamiento de los vacíos normativos respecto al uso de la vivienda urbana. En busca de evitar dichos comportamientos, el Decreto 1836 de 2021 les exige a los operadores de plataformas electrónicas de servicios turísticos que deberán solicitar a los prestadores, como mínimo, varios datos sobre su actividad económica y entre ellos el número del Registro Nacional de Turismo y, de no tenerlo, los operadores deberán negar o retirar los anuncios de los prestadores.
En sitios como la Comuna 13 se habla de gentrificación. Las famosas escaleras eléctricas son un ejemplo de otro matiz: el de la turistificación, el cambio de las dinámicas territoriales e infraestructuras de uso público hacia usos más orientados al turismo. Foto: Juan José Rios.
Entre el anticolonialismo y la xenofobia
A finales del mes de abril, en redes sociales se popularizó una campaña en contra de la gentrificación. Con carteles pegados en distintos puntos de la ciudad que rezaban “gentrifyer, go home” (vete a casa, gentrificador) o “gentrificación es el nuevo colonialismo”, el video original de la campaña alcanzó las 18 mil reacciones en TikTok y canalizó el sentir que desde semanas anteriores se identificaba en redes sociales. El pico de búsquedas del término gentrificación en Google en Colombia coincide con los días de auge de la campaña.
Detrás de esta manifestación, estuvo Ana María Valle y su equipo. Valle es politóloga de la Universidad Nacional de Colombia y fue secretaria de las Mujeres de la administración de Daniel Quintero. Desde el primer momento, el gesto de Valle y su equipo generó debates en torno a sus verdaderos objetivos en un ambiente preelectoral. Ella sostuvo que la intención era “aprovechar los discursos que se están en redes sociales para crear una conversación alrededor del turismo y las consecuencias de la llegada de nómadas digitales a la ciudad”. El representante a la Cámara por Antioquia Daniel Carvalho, replicó que los discursos políticos que culpaban a los extranjeros de todos los males impiden la proposición de soluciones integrales.
Meses después, los hechos muestran que Valle terminó aspirando al Concejo de Medellín y que la gentrificación y sus signos evidentes son asunto de casi todos los debates y diálogos protagonizados por los candidatos a la Alcaldía de Medellín. Más allá de las agendas electorales, el tema está en discusión.
¿Hay o no hay gentrificación?
La Lonja, gremio del sector inmobiliario en Medellín, asegura que el aumento de los precios de la vivienda en la ciudad responde únicamente a fenómenos de oferta y demanda. “En general, no hemos encontrado crecimientos importantes en la demanda efectiva de vivienda en Medellín o el Valle de Aburrá, por parte de ciudadanos colombianos o extranjeros que impulse los precios de los inmuebles”, respondió el gremio. Por el contrario, señalan que el incremento de los precios está más relacionado con fenómenos como el aumento de la población en la ciudad y la demanda que esto genera.
Por su parte, la Universidad Eafit publicó un análisis académico donde se precisa que la gentrificación ya representa un obstáculo para el acceso a vivienda en el Valle de Aburrá. Para enfrentarlo, se propone que el primer paso para contrarrestar las consecuencias de este proceso es “la creación de un observatorio y [la recolección de] datos rigurosos” que permitan un entendimiento más integral de la problemática y permita tomar acciones sobre ello.
Al respecto, en un debateque tomó lugar en el Concejo de Medellín en el mes de abril, la directora de Planeación Distrital, Jasblleidy Pirazán, aceptó que la falta de acciones por parte de la administración distrital para enfrentar la gentrificación se debe a la falta de datos actualizados que permitan comprender su dimensión. En el mismo debate, los citantes Jaime Cuartas y Aura Arcila reconocieron los beneficios del auge turístico en la ciudad al mismo tiempo que relacionaron el mismo con la turistificación y el desplazamiento de los habitantes locales que esta conlleva.
Aun así, en los anteriores puntos de vista parece haber un lugar común: la gentrificación es una situación de vieja data y hace parte de las dinámicas naturales de cualquier ciudad. Clemencia Escallón aconseja que “la ciudad hay que mirarla con mucho cuidado. No hay que no hay que estigmatizar ningún proceso sino reconocerlo y, en la medida de lo posible, entenderlo para ver qué es lo que hay que hacer”.
El debate alrededor de este fenómeno, entonces, parece indicar que está alejado de los extremos. Según los expertos, comprender la gentrificación es el primer paso para afrontarla y evitar posibles consecuencias mayores como el desplazamiento masivo de habitantes de determinado sector o una crisis en la oferta de vivienda en la ciudad.
Esta es la historia de un viaje a la cuna de la especie de tortuga ribereña única en Colombia y cómo es el camino hacia su hábitat natural.
Valentina Marín / periodico.contexto@upb.edu.co
En ese “rinconcito de Colombia”, golpeado años atrás por el narcotráfico y el paramilitarismo, el plan que nos esperaba no se trataba del turismo morboso en una hacienda o en una cárcel secreta. Esta vez, seríamos testigos de cómo quince tortugas recién nacidas, de manchas amarillas diminutas en su nariz y patas del tamaño del dedo más pequeño del pie emprendieron su recorrido hacia el encuentro con su nuevo hogar entre el río y la selva.
La sensación térmica de 40° centígrados, la ropa pegada por el sudor y la piel grasosa por el bloqueador no fueron impedimento para ver el resurgimiento de una comunidad a través del turismo sostenible, conocer a la guardiana de estas especies salvadas de ser mascotas o una cena familiar y vivir de cerca las lecciones de la naturaleza.
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La cita era muy temprano en la mañana, pero la lluvia, que no había mostrado rastro los días anteriores, decidió estar en todo su esplendor. La reunión de zancudos en nuestra piel como banquete había cesado, pero un árbol caído estaba bloqueando la única vía por la que se llega a la “Estación de la Alegría” o Estación Cocorná, nuestro destino.
—¡Chicos, ya! ¡Nos vamos! —dijo Nicolás, el guía del grupo, haciéndole honor a la emoción que teníamos guardada desde Medellín y que se notó cuando en menos de un minuto yo ya estaba montada en el bus, aunque los viajes en carretera ya no sean mi plan favorito.
Muchos árboles de poca altura y raíces grandes en medio de la sabana, ganado alrededor y campesinos a caballo intentando controlarlo, restaurantes y paraderos para los camioneros, plantas de fábricas gigantes, casitas de una sola pieza, el Hotel Dubái, el Santorini colombiano y hasta la posibilidad de estar en un Safari fueron el as bajo la manga del camino antes de llegar a Santiago Berrio.
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Santiago Berrio es un corregimiento del municipio de Puerto Triunfo. Allí en 1935 encontraron petróleo, instalaron una máquina de extracción y ni una gota le tocó al pueblo. Pero como la naturaleza es generosa, sí les dio el Río Claro Cocorná Sur, fuente de ingresos y principal sustento.
El parque principal no era muy grande. El negocio donde antes se jugaba billar estaba abandonado, casi con el techo destruido, con olor a madera húmeda, rejas oxidadas y las paredes agrietadas. Había pocas casas alrededor, casi todas de madera, con las sábanas extendidas en el balcón y con algunos palos gruesos haciendo las veces de columna; niños de bermuda y sin camisa jugando en el campo de arena que servía de cancha y la única tienda ya tenía tres clientes tomando cerveza.
Leonardo y Darío, dos habitantes de la vereda; vestidos de jean oscuro y camiseta de cuello; uno con sombrero y el otro pelinegro; pero ambos cincuentones y con los cachetes colorados por el sol, eran los conductores. Nos estaban esperando en dos motos Suzuki en los rieles de la estación del ferrocarril y ruta del único y más ágil vehículo en el corregimiento, el cual no tiene forma de tren, pero anda mejor que uno: el motorriel.
Nicolás ya nos había mencionado cómo sería la llegada al tortugario. Sin embargo, ni las fotos ni las palabras lograron pintar en lo que consistía. Si en Cartagena hay carrozas y en Santa Fe de Antioquia mototaxis, en este lugar había dos tablones unidos por una soga desgastada, dos llantas de riel a lado y lado, sillas plásticas para los pasajeros y una soga más para unir la moto y llanta delantera a todo el montaje.
No había de dónde sostenerse, tampoco había techo para protegerse, pero sí una vista panorámica de gallinas descuidadas atravesando la vía, perros con la cola metida entre las patas asustados por el ruido y gatos sentados en las ventanas. Casas de madera sin divisiones ni cortinas, techos de latas, solares enormes y fogones de leña. Niños jugando, madres amamantando a sus hijos y abuelos trabajando la tierra. Carteles con fotografías de políticos cubriendo las tejas y unas cuantas propagandas prometiendo el cuento de “pagar menos impuestos” en los postes de luz. Fueron casi 20 minutos a 40 kilómetros por hora aproximadamente, con el sol penetrando la piel y el viento enredando el cabello.
La protección de especies de fauna local está vinculada a la oferta turística de Puerto Berrío.
Cortesía: Santiago Upegui.
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—Ey, Chavita —saludaron enérgicamente desde la esquina a una señora de poca estatura, camisa manga larga gris, leggins cafés y aretas plateadas en forma de tortuga. Tez morena, cabello negro mezclado con algunas canas y uñas cortas decoradas con el “francés”.
—¡Qué hubo, mi muchachito! —respondió con una sonrisa literalmente de oreja a oreja.
Todos volteamos a verla y cuando con los brazos abiertos nos dijo “mi corazón salta de alegría de tenerlos aquí”, supimos que era la famosa Isabel, a quien solo había que escucharla o mirarla a los ojos para saber que alma, vida y corazón le pertenecen a sus “niñas”, como llama a los huéspedes del tortugario rescatados de ollas calientes, apartamentos, niños antojados y carreteras del país.
Isabel Romero, guardiana de los recursos naturales, es casi el ángel de las tortugas. Creció sin mamá y toda la vida fue criada por su papá, un hombre dedicado a sus hijos y a las tantas mujeres que tuvo. Su última madrastra, como en un cuento infantil, no la quería y la educaron creyendo que su única labor era tener hijos y decirle al esposo cuando llegara de trabajar “venga mijo le limpio los zapatos y le llevo limonada”.
Parte de eso lo cumplió. Tuvo cuatro hijos y hasta en los trabajos de parto le tuvo que pedir permiso a su esposo para ir al hospital porque él creía que lo que ella quería era “mostrar la cola por allá”. Aun así, siempre supo que su destino era diferente, que no pasaría toda la vida detrás de un hombre y se lanzó a crear lo que siempre quiso.
Tiempo después empezó a estudiar, luego de hacerse una promesa y como condición para ser parte de la junta en el Comité de Conservación. El obstáculo ya no era el cuidado de sus hijos y mucho menos las esposas del papá, sino otra vez su esposo que no le daba permiso de ir porque, según él, “ella se iba a conseguir otro macho”. En contra de eso, se matriculó a una técnica en el SENA, presentó su proyecto de grado y consiguió su título. El Centro de Conservación de Tortugas de Río era la materialización de su sueño, lucha incansable, amor a sus “chiquitas” y un toque de desobediencia.
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El Tortugario estaba a unos pasos después del “Túnel del Amor”, un sendero romántico y refrescante en medio del calor. Una tortuga grande hecha en concreto, que cumplía la función de espantar a cualquier tipo de depredador, era la bienvenida a la casa de las “niñas”. Un sendero en piedra, muchos mosquitos y tortugas de diferentes especies caminando a paso lento o nadando eran los anfitriones del Centro. Estábamos junto a una especie que no se encontraba de forma natural en ninguna otra parte del mundo: la Ponodecmis Lewyana.
—Les cuento que esta es la historia de un papá alcahueta, un niño antojado y una mordedura —nos dijo Chava mientras con dificultad se agachaba a buscar dentro del agua una tortuga asustada.
—¡Ay mírela, ahí va! —le avisábamos emocionados cada vez que la veíamos pasar por sus pies.
—¿Será que se fue a callejear? Es que no la he podido encontrar y está cieguita ¡Qué tal que viera! —respondió entre risas tocando el agua hasta que la pudo agarrar.
Ziggy era el nombre de esa pequeñita con machas amarillas y verdes en su cabeza. Las patas traseras estaban tiesas, síntoma de que estaba enferma. Sus ojitos estaban cerrados, o más bien pegados, y cada vez que alguien le pasaba el dedo cerca de su boca intentaba agarrarlo, pero no le atinaba.
Ella era “mordelona” y esa fue la razón por la que ese niño le cogió tanto miedo a su “mascota”. Cualquier día, el papá decidió encerrarla en un cuarto sin saber que al menos tres horas del día debía estar sumergida en agua. Le causó una conjuntivitis incurable y, por su condición, estaba obligada a morir en el tortugario o quedaría indefensa en el medio natural.
Machi y Pancha también tenían su pasado. Ambas eran discapacitadas: Machi por un machetazo que le quitó parte de sus dedos y Pancha porque sus dueños pensaron que era muy divertido ponerla a nadar en una piscina, a pesar de que estaba hecha para todo menos para eso.
Sin embargo, la consentida de la casa era Lupita, la más bebé. Los rostros de ternura y una que otra mano intentando tocarla no se hicieron esperar ante ese caparazón en miniatura. A su corta edad tampoco había corrido con la mejor de la suerte, pero tuvo un final feliz cuando fue rescatada.
Una de las “egresadas” de La Estación de la Alegría. Foto: Santiago Upegui.
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Al compás de “síganme los buenos” y en fila india detrás de Isabel llegamos al auditorio. Un salón grande, casi al aire libre, con las paredes llenas de fotografías de distintas tortugas en diferentes poses y paisajes, una vitrina llena de porcelanas, artesanías y alcancías en todos los tamaños, motivos y colores, y algunos recortes de periódico enmarcados. Ahí me di cuenta de que este lugar tenía su historia por contar y que merecía tener más de esas cinco palabras frías como titular
Entre su “saludo tortugólogo” y algunos secretos, nos contó que la temperatura define el sexo de las tortugas, que el plastrón de los machos es cóncavo y el de las hembras plano, que les encantan las proteínas y los vegetales, que vive enamorada de las más chiquitas y que cuando alguna de ellas la muerde, la perdona. Aunque lo que más llamó mi atención fueron esas dos ventanas, una con cortina rosado bebé y la otra azul oscuro, diferenciadas por dos pedazos de papel impresos en letra Arial mayúscula que decían “machos” y “hembras”.
—Les vamos a mostrar lo más lindo que tenemos aquí —nos invitó emocionada a la ventana de cortina azul cuando su esposo le dio la señal.
La sorpresa era un señor moreno, de manos grandes, bigote abundante y gorra del Junior de Barranquilla destapando con cuidado dos cubetas cuadradas y transparentes, llenas de arena y con seis huevos blancos separados entre sí.
—Cada uno de ellos tiene su partida de nacimiento y fueron salvados de ser pisados por una vaca buscando comida o de la agresiva corriente del río —nos explicó.
La premisa del Centro es no tener fauna en cautiverio, por eso el futuro de esos “niños” y “niñas” sería nacer, coger defensas debajo de la arena, pasar a la piscina de bebés, sanar su ombliguito y esperar a que alguien como nosotros la acompañe hasta el lugar donde debe estar.
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Ese territorio llamado Magdalena Medio ha ocupado los titulares más sangrientos de la prensa. Puerto Triunfo fue casa de uno de los narcotraficantes más peligrosos del mundo, autor de atentados y años violentos en el país, y en una de las orillas del Río Magdalena existió un sitio conocido como “Saca Mujeres” en donde “a los muertos los sacaban amontonados”.
Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, hay un registro de más de 320 cadáveres encontrados en el afluente desde 1982. Sin embargo, las cifras son inciertas porque es difícil encontrar a los muertos en el río y por esa razón “han sido el lugar preferido por los grupos armados”. Incluso, se ha dicho que si esas aguas hablaran, dirían los nombres de todas las víctimas que flotaron, a veces enteras y otras veces no, por sus aguas. El Río Claro Cocorná Sur terminaba su recorrido en el Río Magdalena y ese día sería testigo de la libertad. Era como si la naturaleza tuviera un mensaje.
—Hoy cada uno de ustedes va a ser padrino y madrina de una tortuga que se encuentra a un paso de estar extinta del planeta —nos dijo Yamith, el hijo de Isabel, marcando el inicio de un momento muy importante para todos.
Estábamos bajo un cielo azul clarito y despejado, y al frente del río que en un día sin lluvia es verde azul cristalino. Nos dieron la orden de organizarnos detrás de una línea marcada en la arena a unos cuantos pasos de la orilla. Ese era el punto de inicio de la carrera que estaba a punto de empezar y cada paso que ellas se quedaría guardado en su memoria con el propósito de poder regresar a ese mismo lugar a dejar los huevos de futuras nuevas especies.
En mi cabeza estaban sonando los versos de la canción La Naturaleza, de Los Cafres que dice “la naturaleza te habla y enseña. Su mensaje es claro. No hay por qué entender implícitamente todo…” y estaba segura de que la naturaleza nos estaba hablando cuando ellas, a pesar de tener miedo, confiaron en nosotros sacando su cabeza del caparazón.
Al fin ya la tenía en mis manos, empujando con sus patas traseras y viendo frente a sus ojos la inmensidad que se merecía. Me agaché para que no corriera peligro de caerse mientras Yamith nos decía “repitan después de mí: yo adopto esta tortuga y me comprometo a su cuidado y conservación”. Todos lo hicimos al unísono y luego pasamos al momento más esperado: “pueden soltarla cuando quieran”.
La mayoría se fueron rápido, sin pensarlo y dispuestas a ser las ganadoras. Otras dieron pasos cortos, lentos y devolvieron al sentir que el agua las tocó. Sin embargo, algunas se despidieron. Se quedaron cerca de la orilla, nos hicieron creer que se iban, pero de la nada sacaron su nariz del agua y después se dejaron llevar por la corriente. Ahí fue cuando ocurrió la magia.
A la que me eligió le deseé larga existencia, no caer en el pico de una garza o en las manos de otro papá alcahueta y bajo el atardecer dorado navegando el Río Magdalena me la imaginé nadando libre en ese río sin fin que estaba dejando atrás su historia del pasado para ser ese día un gran anfitrión de la vida.
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Trabajo realizado en el curso Periodismo IV, orientado por la profesora Carolina Calle.
A causa del confinamiento, los dueños de restaurantes, como muchos otros empresarios, debieron hacer un alto en el camino y buscar estrategias factibles para asegurar la estabilidad de sus locales tras el impacto de la pandemia, una interrupción que para el gremio parecía no tener final.
La COVID-19 ha arrasado con planes, sueños, y varios sectores de la economía. El sector gastronómico se ha visto impactado de una manera aparentemente irremediable. Los restaurantes perdieron las posibilidades que representaba para el negocio el recibir comensales para ofrecerles más que servicios de alimentación en los locales.
La Asociación Colombiana de la Industria Gastronómica (Acodrés), informó que, hasta el 6 de julio del 2020, se registraron 27.600 locales que se vieron obligados a cerrar. Un 30 por ciento de los negocios de la industria gastronómica.
El control de aforos es el principal reto para consolidar la nueva oferta de los restaurantes. Foto: Agencia de Turismo De Tour.
En Medellín, muchos empresarios se han visto afectados por el confinamiento, teniendo que acudir a diferentes estrategias para evitar la bancarrota de sus negocios. ¿Cuáles han sido esas estrategias? Con la imposibilidad de abrir sus locales hay muy pocas opciones que se pueden elegir.
Juan Camilo Aristizábal es un emprendedor, dueño de dos cafeterías ubicadas en colegios y, además, un restaurante en un centro comercial que también debió cesar su actividad. Recurrió a los domicilios que incluso él mismo realizaba. También optó por empezar a vender frutas y verduras en un pequeño local, saliéndose por completo de su rol de empresario que ejercía anteriormente.
A su turno, Fredy García Giraldo, dueño de un restaurante en el municipio de Guatapé, llamado El Candil, debió suspender el servicio del que se ha encargado durante 12 años.
El hecho de tener que cerrar sus puertas por obligación jamás había sido una posibilidad para él y, como a muchos otros empresarios, fue algo que lo tomó por sorpresa. La incertidumbre de no saber qué sucedería en la pausa que su negocio estaba atravesando, en la que el inicio tenía fecha clara, pero el final aún era un interrogante sin resolver.
A raíz de la necesidad de todos los empresarios en el pueblo, se realizó una capacitación en el mes de junio, que tuvo como objetivo direccionar la implementación de los protocolos de bioseguridad en los establecimientos del pueblo, ejecutando la estrategia que se llamó “Guatapé Mi Destino Seguro”, con la que se buscó reactivar los comercios y el turismo, el cual es un factor que juega un papel muy importante en el pueblo, donde el cese de todas las actividades que implican un acercamiento social representó un alto en el camino que llegó de repente. Tener que permanecer en casa por tanto tiempo era inimaginable hace unos meses atrás.
Para superar la crisis, Fredy García tuvo una idea que no sólo lo beneficiaría a él sino también a otras personas en Guatapé. La estrategia se llamó “Almuerzos solidarios” y consistía en que alguien donaría el valor de un almuerzo que en el restaurante cuesta $12.000 y Fredy regalaría otro a quien lo necesitara. Sus amigos, familiares y otras personas del pueblo se unieron a la causa para ayudar a Fredy con su negocio y, a la vez, a alguien más. “Fue una estrategia muy interesante porque se estaba haciendo mercadeo, por otro lado, se estaba haciendo una labor social y también tenía la satisfacción de haber sostenido a todos los trabajadores del restaurante, que siempre fue algo complicado”, anota Fredy sobre la idea desarrollada durante cinco meses para el sostenimiento de su negocio, que, gracias al apoyo recibido, fue, por varios días de la cuarentena, el único en actividad. “Los únicos que se veían para arriba y para abajo llevando almuerzos por todo el pueblo éramos nosotros”, cuenta García.
Muchos locales de terrazas de comidas funcionan solo para servicios a domicilio.
Foto: Juan Camilo Aristizábal.
Pese a la recepción que tuvo la estrategia de los “Almuerzos solidarios”, las ganancias fueron pocas. Lo importante es que la estrategia permitió mantener en pie el restaurante y, sobre todo, asegurar el empleo de las personas que durante tanto tiempo han trabajado en él. “Hablé con ellos para que me colaboraran y entendieran la situación por la que estábamos pasando, como se había reducido el trabajo, me tocó pagarles un poquito menos y ellos accedieron”, relató Ferdy García y destacó la solidaridad de sus trabajadores.
En agosto, según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la tasa de desempleo fue del 16,8 por ciento, 6,8 puntos más que en 2019. En efecto, la pandemia y el confinamiento dejaron huellas profundas.
La situación que el mundo entero está atravesando, ha sido un factor que ha impulsado a muchos a asumir retos, nuevas experiencias y decisiones que anteriormente eran impensables.
El cambio en la metodología de atención de los restaurantes es notorio, el aforo de cada uno de los establecimientos se ha visto reducido al 50% y hasta al 30%, lo cual conlleva una reducción en el servicio; pero es clave encontrar una estrategia que pueda beneficiar al negocio y a su vez, a los clientes que, después de haber esperado tanto tiempo para salir de sus hogares, finalmente buscan un poco de la vida normal antes de la pandemia, la misma que poco a poco, se ha visto perdida.
Como parte del sector turístico, han sido uno de los comercios más afectados en el 2020. Sobrellevar la crisis por el nuevo coronavirus fue un desafío y ahora se plantean estrategias para “seguir a flote”.
2019 finalizó con una cifra récord para las agencias de viajes colombianas, las cuales, según el Ministro de Comercio, Industria y Turismo, José Manuel Restrepo, contaron con un crecimiento en el cuarto trimestre del 3,3% respecto a lo que fue el resultado en ese mismo período del 2018 y con un crecimiento total del 3,7 % en ingresos nominales. Un progreso que no se registraba desde hacía 4 años.
El mismo informe del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) expondría cifras opuestas en 2020. Para Gloria Cristina Castaño, dueña de la Agencia de viajes y turismo Guadalcanal, se esperaba superar o igualar las cifras anteriores, pero la pandemia le obligó a tomar medidas decisivas para que su empresa continuara en funcionamiento y sus trabajadores con un sueldo constante.
La reinvención
Ahora bien, ¿cómo lograr conservar un negocio cuyos ingresos provienen de la venta de servicios que se encontraban inhabilitados? Y es que fue debido a la medida del aislamiento preventivo obligatorio, decretada por el presidente de la República Iván Duque y a la clausura de aeropuertos, fronteras, carreteras y demás conexiones turísticas, que se dificultó la venta de tiquetes aéreos, alquiler de hoteles y vehículos, tramitación de visados y paquetes empresariales que ofrece la agencia.
Para salvaguardar su negocio, Gloria Cristina Castaño recurrió en marzo a la creación y venta de una línea de productos de bioseguridad. Sus empleados se encargaron de promocionar los productos por distintas redes sociales para seguir generando flujo de caja: “Yo asumo que fue una respuesta de salvación sacar la línea de bioseguridad. No lo tomo como reinvención, ya que mi pasión y enfoque es el turismo vacacional y ese seguirá siendo nuestro fuerte. Lo asumo más como una respuesta de salvación para poder sacar adelante a todo el equipo y podernos proteger”. Además de cambiar la línea de productos, tuvo que cerrar la sede de su agencia en Sabaneta, para poder conservar la de Envigado.
Viviana Rivera, dueña de la agencia de viajes DeTour, una promotora de servicios turísticos en Guatapé que ofrece planes en familia, pareja o amigos con alojamiento, alimentación, tours y transporte; la crisis sanitaria los “cogió fuera de base” pero no solo a ellos, sino también al municipio donde según su alcalde, Juan Sebastián Pérez, el 92% de sus habitantes vive del turismo.
Al igual que en el caso de Castaño, para Viviana Rivera la reinvención parecía ser la única manera de poder atravesar la crisis económica que solo parecía agravarse más con cada día que pasaba, por lo que surgió la creación de su nueva empresa de marketing y estrategia digital denominada Dmarketing, la cual está enfocada en las plataformas digitales: “Nos ha ayudado a mantener la empresa y a reinventarnos, también nos ayudó el uso de las herramientas tecnológicas que nos permite mejorar muchas plataformas de la operadora y del hotel, la página web de más empresas y conocer a fondo cómo manejar las redes sociales. Una cosa nos llevó a la otra positivamente”.
El desafío económico
<< La Agencia de Viajes y Turismo Guadalcanal se vio obligada a adaptarse a las nuevas necesidades que trajo consigo la pandemia.
Foto: Manuela Echeverri.
Para las dos empresarias, el cese de actividades dejó una gran cantidad de necesidades económicas por suplir y, por tanto, las ayudas para el sector se volvieron de carácter fundamental. Paula Cortés Calle, presidente ejecutiva de la Asociación Nacional de Agencias de Viajes (ANATO) plantea que “el apoyo del Gobierno ha sido importante, pero definitivamente la extensión de la problemática y de la reactivación hizo necesario que el gremio acudiera nuevamente para solicitar un nuevo paquete de alivios, dentro del cual se incluyó un acceso al crédito en condiciones especiales para el sector, pues las medidas que ha tomado el gobierno para apoyar no se han visto reflejadas en la industria a través de la banca”.
Castaño y Rivera agradecen los alivios, tanto como saben que son limitados y que las deudas no desaparecerán pronto. Cristina recibió subsidio de la nómina, de la prima y ayudas de los créditos de Bancóldex con intereses protegidos por el Gobierno; por su parte, Viviana cuenta con compromisos bancarios y créditos que, sin los ingresos de los meses en recesión, todavía no puede saldar.
Un nuevo turismo
Con el levantamiento de la medida del Aislamiento Preventivo Obligatorio y la reapertura del sector turístico por la nueva medida del Aislamiento Selectivo, las agencias empezaron a retomar funciones lentamente. No ha sido fácil recuperar la confianza en sus clientes para volver a viajar, algo que siempre fue visto como cotidiano y ahora parece ser una experiencia desconocida; por ende, para garantizar seguridad, las agencias cuentan con todos los protocolos de bioseguridad avalados por el gobierno y la ANATO.
Y aunque se ha reducido el número de clientela, Rivera añade que aquello les permitirá mejorar sus servicios puesto que se manejará una nueva propuesta de turismo: “Un turismo más personalizado, va a ser favorable porque ya no va a ser un turismo de masas ni del ‘bulto’. Ya va a haber menos personas y, por tanto, mejor atención”. Esta modalidad es propicia para promover el turismo nacional, el cual es el más recomendado por la ANATO y el Fondo de Promoción turística (FONTUR), según su presidenta, Raquel Garavito Chapaval: “Es el momento para invitar a los colombianos a que planeen su retorno a miles de rincones de Colombia”.
Lo que depara el futuro
Por el momento, agencias como la de Gloria Castaño están empezando a vender tiquetes aéreos nacionales e internacionales; señales de una nueva actividad que todavía está despegando y que dependerá de cómo se siga desarrollando la pandemia a escala mundial: “Comenzamos a vender vuelos nacionales, solo a las rutas establecidas y hemos vendido tiquetes internacionales; por ejemplo, a Europa y a Estados Unidos. Muchos de nuestros clientes ya están reprogramando todos sus viajes con los cambios y programas que tenían inicialmente; otros ya están programando sus vacaciones”.
Así pues, las agencias de viajes colombianas siguen sobrellevando los inesperados desafíos a raíz de la COVID-19, acomodándose a las circunstancias del momento, porque era más que claro que la pandemia no estaba incluida en ningún paquete de viajes. Empresarias como Gloria Castaño y Viviana Rivera son de las afortunadas de seguir contando con sus agencias ya que, según Paula Cortés se ha registrado una caída del 40% en el número de agencias de viajes que reportan haber renovado su Registro Nacional de Turismo, por lo que, según dice, es de suma importancia “el Proyecto de la Ley de Turismo, la exclusión del IVA en los paquetes turísticos, hecho que permitirá que estas empresas ofrezcan planes a menor costo para beneficiar a los turistas”.
La tormenta tropical ETA pasó justo cuando el archipiélago se la juega por la implementación responsable y efectiva de los protocolos de bioseguridad para recuperar su vida turística y su economía.
Por: Luisa Sepúlveda.
San Andrés se ha catalogado como uno de los destinos turísticos más apetecibles para viajar, conocer y disfrutar de la experiencia que brinda este paraíso en medio del mar. Desde el 25 de marzo se decretó en toda Colombia el aislamiento preventivo obligatorio, las islas del archipiélago se atuvieron a este mandato y durante los meses de confinamiento si industria turística no tuvo ingresos. Cuando, según datos de la Cámara de Comercio de San Andrés, cerca de 2.500 visitantes nacionales habían regresado desde la apertura, la tormenta ETA llegó para imponer retos mayores a la recuperación.
“Se ha trabajado duro de la mano de la Secretaría de Turismo, para que los establecimientos y los prestadores de servicios turísticos conozcan y puedan aplicar las medidas de bioseguridad. La Secretaría de Turismo lleva varios meses haciendo sensibilizaciones de bioseguridad para que esto pueda llevarse a cabo”, expresó Hans Burtscher, coordinador del área de capacitaciones de la Secretaría de Turismo en San Andrés.
El transporte para actividades recreativas asumió protocolos basados en el control de capacidad.
Foto: Cortesía.
La Isla ha sido uno de los lugares más afectados por la pandemia, puesto que debe sus ingresos en un 90% a las personas que la visitan. Desde el 1 de septiembre el aeropuerto de San Andrés abrió sus puertas con los debidos protocolos de bioseguridad, como el lavado de manos y el distanciamiento social y, si bien se ordenó la prueba de antígeno para descartar posibles contagios del virus que pusieran en riesgo a los habitantes de la Isla, el pasado 24 de septiembre el Ministerio de Salud indicó que la prueba no será requerida a los viajeros para entrar.
La ingeniera ambiental, Zaira Abrahams, está capacitada para hacer seguimiento a los hoteles con el fin de garantizar un paseo bioseguro a los turistas. Afirmó que alrededor de un 30% de los hoteles de la Isla están en funcionamiento, debido a que, el 70% restante no ha contado con la posibilidad de implementar todas las medidas necesarias y requeridas para brindar un servicio de calidad y seguridad a los turistas o están en espera del aval por parte de la Secretaría de Salud para reactivarse y reanudar sus actividades.
Los hoteles pertenecientes a ese 30% mencionado por la ingeniera ambiental, ya cumplen con los requerimientos exigidos para su funcionamiento, como la implementación de los puntos de desinfección en los espacios estratégicos, tapete desinfectante para el calzado, dispensadores de gel antibacterial y alcohol, distanciamiento, además del uso de colchones y almohadas antifluido o con su respectivo forro, también la caneca roja para el deshecho de los tapabocas es un aspecto que han efectuado estos hoteles, entre otras medidas preventivas.
Yasmin Sepúlveda, gerente del Hostal El Vecino, afirma que constantemente se les hace seguimiento a los turistas que se hospedan en el hostal, para que cumplan los protocolos exigidos de cuidado individual; diariamente deben llenar los visitantes una encuesta relacionada con los síntomas que puedan presentar.
También afirmó que desde que reanudaron su actividad en el hostal, exactamente el 5 de octubre, hasta la fecha, han recibido cerca del 10% de huéspedes de lo que era habitual antes de la pandemia. Aun así, desde el primer momento que llegan los turistas, se ponen en práctica las medidas pertinentes, como la toma de temperatura, deben poner su calzado en el tapete desinfectante, las maletas se rocían con solución de hipoclorito de sodio, el debido lavado de manos y luego deben proceder a echarse gel antibacterial y solo una persona puede quedarse en os trámites de recepción.
La Secretaría de Turismo en San Andrés, desde el área de capacitaciones, puso en marcha un curso de servicio al cliente para los prestadores de servicios turísticos en la Isla, con el fin de garantizar un servicio de calidad con los protocolos necesarios, explicó el coordinador del área de Capacitaciones de la Secretaría de Turismo, Hans Burtscher.
Además, la Gobernación del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, mediante un comunicado, informó que desde el pasado 15 de octubre se dio la apertura oficial de las playas de Spratt Bight como prueba piloto, con todos los protocolos de bioseguridad para el disfrute de residentes y turistas.
El gobernador Alen Jay Stephens, junto con varios miembros de su gabinete, hicieron la debida inspección a la playa Spratt Bight; en donde se tomaron algunas medidas y restricciones para ingresar, entre las que se destacan la toma de temperatura, el uso constante de tapabocas excepto al momento de entrar a la playa, y se le exigirá tanto a turistas como a residentes contar con la aplicación CoronaApp para su registro.
<< Desinfección y toma de temperatura. Rutinas en los establecimientos públicos de San Andres.
Julio Iglesias, más conocido como “Tolú” es operador turístico en la Isla, conduce una lancha para transportar a los visitantes a los cayos cercanos a San Andrés. La capacidad máxima de su lancha es de 50 personas, pero en este tiempo debe reducirla a 25 para cumplir con las medidas de cuidado; además, en cada viaje tiene en cuenta la medición de temperatura y el uso de tapabocas antes del abordaje al único cayo abierto al público, Johnny Cay. “Tolú” habla del sacrificio que ello implica, pero defiende su compromiso y el de los demás operadores turísticos de la Isla con un buen servicio a los visitantes que ahora incluye evitar los contagios .
En el único hospital de la Isla, siempre y cuando no sea una emergencia, los pacientes son atendidos de acuerdo con el pico y cédula, deben cumplir con el distanciamiento establecido de un metro y cumplir con la hora acordada de la cita para evitar aglomeraciones en la sala de espera.
Rafael Castaño es comerciante de la isla, afirmó que, aunque para su gremio no hubo capacitaciones sobre los cuidados que deben tener, la Secretaría de Salud visita los establecimientos para asegurar el cumplimiento de las medidas y los protocolos de bioseguridad, exigidos y avalados por el Ministerio de Salud, para poder operar y abrir las puertas de sus negocios: tapete de desinfección con hipoclorito de sodio, distanciamiento de un metro, límite de personas en el recinto, uso de tapabocas obligatorio para personal y clientes, toma de temperatura a cada persona que ingresa y uso obligatorio de antibacterial al entra al establecimiento.
Hace pocos minutos -CDGDR- declara la calamidad Pública en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina tras paso del Huracán #ETA, luego de hacer un recorrido por las principales zonas afectadas y evaluar los daños. pic.twitter.com/Fuld9gNirl
Aunque la cantidad de visitantes sea menor, los prestadores de servicios turísticos continúan adaptándose a una nueva forma de operar. Justo cuando se decía que un nuevo cierre conllevaría una crisis económica más acentuada, la reactivación del turismo en San Andrés y las demás islas del archipiélago fue puesta a prueba por el paso de la tormenta tropical ETA, cuyos vientos, lluvias y marejadas dejaron cerca de 21 familias damnificadas y arrasaron restaurantes, talleres y afectaron carreteras, según informó el Consejo Departamental para la Gestión del Riesgo de Desastres del Archipiélago, en el que se esperan nuevos coletazos, no solo del fenómeno climático, sino de la pandemia por COVID-19.