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  • La seguridad de las universitarias, tarea pendiente

    En vísperas de las conmemoraciones por los derechos de las mujeres, voceros de la Policía Nacional y la Secretaría de Seguridad de Medellín conversaron con la comunidad universitaria convocada en la UPB sobre las rutas de denuncia y autoprotección para las estudiantes.

     

    “Trata de usar ropa discreta. No hay nada más incómodo que distraer la atención de tus compañeros de clase y profesores, para eso te sugerimos evitar utilizar escotes profundos, faldas cortas o ropa muy ajustada al cuerpo”. Estas sugerencias contenidas en una comunicación que llegó a los estudiantes por medios institucionales de la Universidad Pontificia Bolivariana, suscitó una notoria polémica en su momento.

     

    De aquel episodio queda también Bolívar en falda, “un colectivo feminista que busca erradicar todas las formas de violencia basadas en género dentro de los espacios universitarios”, según explicó Tatiana Lozano, una de sus representantes. El grupo lo integran las mismas mujeres que hace más de un año quisieron reaccionar ante el mensaje que motivó las excusas de la Universidad. En la actualidad, ellas adelantan acciones de educación y sensibilización por los derechos de las mujeres, con prioridad en los campus universitarios.

     

    Justo un año después, fue en estos espacios donde precisamente ocurrió otro episodio notorio que afectó a las universitarias, cuando desde diferentes sedes universitarias de la ciudad se conocieron denuncias de un ciudadano aparentemente extranjero que acosó y agredió a varias estudiantes, luego de abordarlas para pedir una orientación.

     

    Este último episodio motivó a que las estudiantes organizadas buscaran la asesoría de la Secretaría de Seguridad de Medellín y la Policía Nacional, para brindarle a las jóvenes universitarias herramientas y líneas de acción ante situaciones de acoso y agresión, pues, como lo expresaron varias asistentes antes de que se iniciara el conversatorio, es difícil saber qué hacer con relación al accionar legal en estos casos.

     

    Voceros de la Policía Nacional, la Secretaría de Seguridad, la Personería y la UPB, se hicieron presentes en el encuentro convocado por el colectivo Bolivar en falda para hablar sobre las herramientas de seguridad y denuncia del acoso contra las mujeres. Foto: Laura Trujillo.

     

     

    El intendente José Palomino, en representación de la Policía Nacional, brindó una charla inicial sobre seguridad y autocuidado; seguridad no únicamente entendida como la percepción de protección y confianza dentro de los diferentes entornos (especialmente el universitario), sino también desde el conjunto de normas que amparan a la ciudadanía en situaciones de acoso.

     

    Palomino compartió consejos de protección personal referidos a la “previsión, prevención y protección del individuo en el entorno”. Específicamente hizo precisiones sobre el artículo 27 de la Ley 1801, el famoso Código de Policía, que se refiere a la prohibición del porte de armas no letales, las cuales, según el uniformado podrán llevarse a consideración del policía que haga el pertinente proceso de revisión de las mismas, siempre y cuando existan antecedentes que pongan en riesgo la seguridad de quien las porta. El Intendente Palomino reiteró la importancia del conocimiento de la ubicación por parte de la víctima a la hora de realizar una denuncia, y que puede hacerlo a través de la línea 123, en contacto con el cuadrante policial correspondiente, o mediante la aplicación móvil Polis, de la Policía Nacional.

     

    ¿Sirven tantas herramientas?

    No obstante, testimonios como el de la estudiante Jimena Tintinago, ponen en duda la eficiencia del actuar institucional. Tintinago señaló que entidades como la Policía solo actúan cuando una situación se vuelve lo suficientemente grande como para que tenga reconocimiento a nivel regional y “se les salga de las manos”, más por lo que supone para su reputación. Por ello, explicó, los problemas que pasan cotidianamente suelen encontrar más difusión y reconocimiento en los medios digitales como las redes sociales.

     

    Jaime Andrés Orozco Gómez, coordinador de seguridad de la UPB intervino para referirse a las los casos ocurridos en febrero pasado y señaló lo difícil que fue el proceso y las diferentes trabas que encontraron a la hora de acompañar a las estudiantes acosadas dentro del campus universitario a hacer efectiva denuncia en la Fiscalía, luego de que varios estamentos de la Policía se negasen a atender los casos. Opinó que la masiva difusión de los episodios en redes sociales, más que resultar como una herramienta efectiva de transmisión de la información para promover el cuidado colectivo, imposibilita la oportuna detención de los implicados que quedan advertidos de que han sido reconocidos y se sabe qué sitios frecuentan.

     

    Representantes de la Secretaría de Seguridad, la Personería de Medellín y la misma UPB enunciaron en la conversación herramientas que resultan útiles a la hora de reportar situaciones de acoso y abuso en cuestiones de género.

     

    Algunas virtuales como Seguridad en Línea, que opera para toda el Área Metropolitana, brinda la posibilidad de interponer denuncias colectivas — únicamente de casos reiterativos—, para enviar los reportes a las autoridades correspondientes y comenzar a realizar la respectiva investigación, por lo que se presenta como una solución a largo paso, cuyos avances permiten ser monitoreados a través de la plataforma, que además garantiza la total anonimidad de la denuncia y brinda otras herramientas como un botón de pánico para ponerse en contacto de manera discreta e inmediata con personas cercanas, como familiares y amigos, a quienes le llegará información correspondiente a la ubicación del usuario.

     

    De la misma manera, el portal web A denunciar de la Policía Nacional y la Fiscalía General de la Nación, brinda un sistema nacional de denuncia virtual, que se comienza a tramitar de manera más directa e inmediata con relación a lo penal.

     

    Cuando se necesita una atención más inmediata, la aplicación móvil Tepillé posibilita realizar una grabación en situación de emergencia y en tiempo real, que les llegará a las autoridades y será admitida como material probatorio de validez real, al no comprometer la cadena de protección de vídeos que garantiza su legitimidad.

     

    Por otra parte, si se trata de una trasgresión a los Derechos Humanos, la Personería de Medellín tiene dispuesta una unidad permanente en la Casa de la Justicia del Bosque, frente al Parque de los Deseos, que se encuentra operando las 24 horas del día y los 7 días de la semana.

     

    De la misma manera, el Metro de Medellín ha dado respuesta a las diferentes denuncias de acoso dentro del sistema, al permitirles a las víctimas activar la palanca de emergencia para reportar el caso y así facilitar mejores posibilidades de detener al agresor.

     

    En cuanto a las medidas que ofrece la UPB específicamente, Jaime Andrés Orozco recomendó revisar que no haya hombres en los baños de mujeres, situación que, según indicó es la más frecuente entre las que se presentan; recomendó no sentir temor o vergüenza de “hacer escándalo”, sin dejarse intimidar por agresiones verbales y buscar al personal de seguridad para que asista la situación, tarea para lo cual, aseguró, hay personal preparado. En la Universidad opera la Línea Segura de Atención 3116344203, que permite reportes inmediatos en cualquier momento.

     

    El Intendente Palomino recomendó que en casos de acoso, la persona afectada alerte sobre la situación para que haya testigos de lo sucedido con los cuales se dirija a informar y denunciar lo sucedido.

     

    Organizadoras del encuentro que, aparte de las decenas de personas presentes en el aula, convocó más de mil personas en su transmisión por internet, valoraron la oportunidad de conocer de primera mano las herramientas mencionadas y plantear directamente sus interrogantes sobre la acción institucional, que, en concepto de las voceras de Bolívar en falda, sigue teniendo “muchos aspectos pendientes por mejorar para que el acoso a las mujeres sea visto y atendido como el problema que es”.

     

  • La caída del Mónaco y las conversaciones pendientes

    La demolición del emblemático edificio del narcotraficante Pablo Escobar ha suscitado discusiones que, para los estudiosos del tema, no deben detenerse con la caída del edificio. Está implicada la memoria como reto para toda la sociedad.

     

    La decisión del gobierno local, liderada por el alcalde Federico Gutiérrez y respaldada por Acuerdo del Concejo de Medellín es la demolición del edificio Mónaco, ubicado en el barrio Santa María de los Ángeles, construido y ocupado por Pablo Escobar Gaviria desde 1986 hasta 1988, año en que los hermanos Rodríguez Orejuela, jefes del cartel rival de Cali, detonaron un carro bomba con 80 kilos de dinamita frente al inmueble.

     

    En tan solo cinco meses se elevaron los ocho pisos de la edificación, incluyendo el penthouse, dos piscinas y canchas de tenis. A pesar del atentado del 88, y siete más que ocurrieron después de ese, el Mónaco siguió en pie. Hasta el viernes 22 de febrero.

     

    Después comenzará la construcción de un parque memorial a las víctimas del terrorismo desatado por el narcotráfico: policías, jueces, periodistas y civiles. Se planea trasladar allí la sala Medellín 70, 80, 90 del Museo Casa de la Memoria.

     

    ¿Qué hacemos con Pablo?

     

    De izquierda a derecha (en el sofá): Alfonso Buitrago, Lina Botero,Gilmer Mesa, Marta Villa, Carlos Mario Gallego.

    Foto: @LunesdeCiudad.

     

    La pregunta la propuso la iniciativa Lunes de Ciudad, un espacio para el debate sobre asuntos de interés público, en tertulias convocadas por organizaciones de la sociedad civil, la academia y el sector privado y que también se ha realizado en otras ciudades del país y del mundo. El conversatorio a propósito de la demolición del Mónaco se hizo la noche del 18 de febrero, en la sede de la caja de compensación familiar Comfama, en el Claustro San Ignacio.

     

    En la conversación participaron Marta Villa Martínez, historiadora de la Universidad Nacional y actual directora de la corporación Región; una organización civil que asumió, entre muchas cosas, de la construcción de paz colectiva y de la movilización ciudadana a favor de la paz.

     

    También intervino Carlos Mario Gallego, periodista y caricaturista ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, cofundador de Tola y Maruja y, en su momento, periodista del periódico Medellín Cívico, dirigido por Hernando Gaviria, tío de Pablo Escobar Gaviria.

     

    Participó también Gilmer Mesa, filósofo de la Universidad Pontificia Bolivariana y escritor de la galardonada novela La Cuadra, en la que hace referencia al asesinato de su hermano, atribuido al narcotráfico, y a su adolescencia con temor en la ciudad más violenta del mundo para el año de 1991.

     

    En representación de la Alcaldía de Medellín estuvo Lina Botero Villa, secretaria de Cultura Ciudadana, dependencia que lidera toda la intervención en relación con el edificio Móncao y los proyectos sucesivos para la consolidación del memorial a las víctimas de la violencia del narcotráfico.

     

    El cronista y profesor universitario Alfonso Buitrago moderó la discusión, que para algunos de los participantes fue tardía y en la que se tocaron puntos como si se debe o no demoler el Mónaco, si es pertinente seguir hablando de Escobar y, si lo es, ¿cómo hacerlo?

     

    “El silencio siempre será un derecho, pero hay hipocresía en él. Hay hipocresía en el silencio por que Pablo Escobar nos interpela como ciudad, sus vínculos con el poder político, con la iglesia, con la sociedad hacen de el un personaje del cual hay que seguir hablando”, aseguró Marta Villa durante el conversatorio en en el que todos los participantes coincidieron en la necesidad de reconocer que Escobar existió, de hablar del tema, pero realizando una deconstrucción de su figura mediante la reflexión constante sobre ella.

     

    Discusiones en torno al edificio y más allá

     

    De las dos horas que duró la reunión, se destaca el debate abierto entre Lina Botero, representante de la administración del alcalde Federico Gutiérrez y Marta Villa, directora de la Corporación Región, quien cuestionó la poca participación ciudadana en la decisión de qué hacer con el edificio, apreciación que relacionó con el aplazamiento de proyectos como la segunda etapa del Museo Casa de la Memoria, que viene planteándose desde la regencia de Aníbal Gaviria. De acuerdo con Villa, la intervención del edificio en el barrio Santa María de Los Ángeles no hacía parte del Plan de Desarrollo de Medellín, motivo por el cual requirió al gobierno de la ciudad para que se abran las cuentas de los costos totales de esta ejecutoria.

     

    Con respecto a demoler o no demoler el edificio Mónaco, en la discusión surgieron diferentes preguntas como ¿por qué demolerlo justo ahora? ¿Cómo se decidió hacerlo hacerlo?

     

    La directora de la Corporación Región señaló que se trata de un proyecto del alcalde, no de un proyecto colectivo. La Secretaria de Cultura Ciudadana refirió en concepto técnico que calculó en 30 mil millones de pesos las inversiones que requeriría la rehabilitación de la estructura del edificio.

     

    Por su parte, Gilmer Mesa mostró su inconformidad con la decisión de realizar un parque memorial. Para él, la mejor muestra de que Medellín sigue después de Escobar sería dejar la estructura, porque asegura, con respecto a los narcotours, que estos recorridos seguirán mostrando el sitio, aunque ya no esté el edificio.

     

    Para Marta Villa, directora de Región, la demolición crea la ilusión de que la historia es cosa del pasado,: por su parte, la secretaria de Cultura Ciudadana, Lina Botero, consideró que tumbarlo es poner a las víctimas en conversación, un homenaje.

     

    Los debatientes abordaron el tema del simbolismo, lo que representa el edificio Mónaco para la ciudad. Resaltaron que este no es el lugar más significativo del narcotraficante que cambió la historia y la imagen de Medellín. Algunos de ellos coincidieron en que había algo de ironía en realizar un memorial a las víctimas justo en el lugar en donde Escobar fue también víctima de sus rivales.

     

    “El cambio de relatos se logra pidiendo la legalización de las drogas”, apuntó Carlos Mario Gallego, añadiendo que si los estupefacientes hubieran estado legalizados en los años ochenta, no habría existido el Escobar que conocemos, porque lo más probable es que el narcotráfico no hubiera sido un negocio rentable.

     

    El conversatorio concluyó que debemos seguir hablando de Escobar, pero para reflexionar e intentar cambiar la forma en que lo percibimos como ciudad. Para los participantes quedan más preguntas que respuestas sobre el porqué de la demolición: ¿Por qué ahora y no hace treinta años? ¿Faltó participación ciudadana o fue una decisión de Alcalde? ¿Cómo darle voz a las víctimas? Estudiantes, profesores, ciudadanos que asistieron al conversatorio aplaudieron el cierre de la sesión en que se anotó que la discusión debe continuar.

     

    Un periodista, una servidora pública, un escritor, una investigadora social, un humorista, fueron los convocados a responder la pregunta ¿Qué hacemos con Pablo? Foto: Salomé Habib.

     

     

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  • El arte que rodea al Museo de Antioquia

    La actual sede del Museo de Antioquia se encuentra sobre la Plaza Botero, entre las carreras Carabobo y Cundinamarca, un espacio que ha acogido pinturas, esculturas y demás piezas artísticas de distintos creadores locales y extranjeros desde el 15 de octubre del 2000, cuando la edificación patrimonial, antiguo Palacio Municipal, pasó a ser baluarte del arte en Antioquia.

     

    Hoy, 18 años después, el museo está quizá en su mejor momento, no solo goza de afluencia, variación en programación y calidad en las colecciones, sino que se ha integrado al entorno; se olvidó de las cerraduras y es ahora una casa de puertas abierta, tal como reza el eslogan de Museo 360, macroproyecto que desde 2016 busca generar acciones de impacto en el centro de Medellín.

     

    En la página web del museo se puede encontrar el mapa: con viñetas de colores y acotaciones revelan cada una de las salas que hay en los tres pisos de la edificación; baños, escaleras, cafés, tienda, centro de atención de primeros auxilios, rutas de evacuación y patios, están demarcados por íconos y figuras que orientan al visitante.

     

    Lo imprimo y saco de mi maleta un marcador rojo, le quito la tapa y amenazo al Bond aún caliente. Con un pulso casi quirúrgico, delineo la planta baja del museo, lo hago dejando un espacio de aproximadamente cinco milímetros entre la ilustración y la línea roja: parto de la entrada principal hacia la derecha, cruzo la esquina que da sobre la avenida León de Greiff hasta el siguiente giro, en línea recta atravieso la parte trasera del edificio hasta voltear en la calle Calibío, donde delineo hasta la esquina próxima que me lleva al lugar en el que partió el marcador; uno los trazos y obtengo un contorneado del Museo de Antioquia. Lo hago como preparación a la visita que haré, una en la que por primera vez no será en las salas de adentro –como lo suelo conocer– sino afuera, en su fachada: una experiencia de 360 grados.

     

    “Somos un museo que está en pleno corazón del centro de la ciudad de Medellín”, comenta Julián Zapata, curador asistente de Museo 360. Y es a partir de esto que el “Museo de Antioquia se empezó a entender como un espacio que no puede ser ajeno a todos los fenómenos sociales que ocurren al rededor del edificio.”

    Cuando por fin hicieron acto de consciencia, empezaron a abrir las puertas y ventanas del museo, todo aquello que estaba antes cerrado al público y que ni siquiera podía ser usado por las personas que trabajan al interior. Teniendo los espacios disponibles, comenzaron a generar propuestas que conectaran al museo “con la calle, el exterior, la gente de afuera”.

     

    Carolina Chacón, curadora jefe del macroproyecto, cuenta que este contenido se comenzó a pensar con distintos tipos de formatos, “a través de prácticas artísticas contemporáneas que no están basadas en objetos, pinturas, esculturas, sino que su materialidad pasan a ser los cuerpos, las acciones, el tiempo, el espacio específico”. De esta premisa nacieron distintos proyectos que se fueron sumando a la gran propuesta del museo que tiene como finalidad agruparlos.

     

    La consentida, por ejemplo, es la selección de una obra expuesta en el museo que se escoge para ser exhibida en la Sala Cundinamarca, un espacio en el que sus amplios ventanales permiten que sea vista desde afuera, desde la carrera que lleva su mismo nombre. Lo que se busca es crear una conexión entre los distintos públicos del mismo, que tanto el transeúnte afanado o tranquilo, como el visitante local o extranjero, puedan apreciar las obras en una sala que cuenta con todos los parámetros de conservación y seguridad necesarias. Obras como Horizontes de Francisco Antonio Cano, Monalisa niña de Fernando Botero, El pueblo y el guayacán de Ethel Gilmour, entre muchas otras, han pasado por esta sala y han podido ser vistas por personas que tal vez nunca hayan entrado al museo.

     

    Otro proyecto que nace sobre la misma carrera, es decir, sobre la parte trasera de la edificación, es Residencias Cundinamarca. En este espacio, artistas o colectivos podrán realizar una residencia en el Museo de Antioquia y crear así una propuesta de integración y visibilización con alguna de las comunidades o grupos sociales que habitan el entorno. Su esencia es tanto artística como educativa.

     

    La esquina también es otro de los espacios que se creó como un lugar de socialización. A través de performances e intervenciones artísticas, el Museo de Antioquia le da vida a su esquina entre Cundinamarca y Calibío cada quince días. Allí se reta y hace frente a los problemas –que luchan entre ser estigmas o realidades– de seguridad en el sector, lo que dificulta el encuentro nocturno de quienes habitan el centro de la ciudad.

     

    A estos proyectos se le suman Vive la Plaza, en el que colectivos podrán hacer una intervención artística en la Plaza Botero; Diálogos con sentido, un espacio pedagógico en el que niños del centro de la ciudad potenciarán sus habilidades y aprenderán a autorreconocerce como sujetos activos dentro de la sociedad; Vitrinas Cundinamarca, exposiciones inspiradas en la célebre Zona Roja de Ámsterdam; y Biblioteca de Saberes vivos, una gran huerta en la que se establece una relación entre comer, leer y escribir: sembrar se convierte en el mejor pretexto para contar historias.

     

    Recorrer caminando la fachada del edificio, o dar un giro de 360 grados en su eje, demora alrededor de tres minutos con treinta segundos; solo si se hace a un ritmo tranquilo, pero no lento, con pasos firmes y sin detallar. Pero si se quiere apreciar toda la oferta cultural y artística que el Museo de Antioquia tiene para ofrecer con su macroproyecto, el tiempo invertido sería de mañanas, tardes o noches enteras, semanas o meses. La finalidad es que quienes habitan y frecuentan este sector del centro de Medellín puedan tener a su disposición eventos, presentaciones o exhibiciones en cualquier momento de su jornada; que puedan ser integrados y que se sientan parte fundamental de uno de los símbolos más importantes de la cultura antioqueña. Una oferta tan variada que los 4.504 m2 de la edificación no alcanza a abarcar, por lo que se extiende a otros escenarios de la ciudad.

     

    El cabaret de ‘las guerreras’

    Son las 7:50 p.m. y el Teatro Pablo Tobón Uribe se va llenando poco a poco. Las personas ingresan y se acomodan en las sillas dispuestas a apreciar la función que está a punto de comenzar. Caen las luces y una mujer, que se encontraba tendida en una esquina del escenario –inmóvil– desde que abrieron las puertas, comienza a arrastrarse, a moverse al ritmo de los sonidos virtuales que se escuchan de fondo. Inicia la primera escena de Nadie sabe quién soy yo, y de ella le siguen siete escenas más: son en total ocho mujeres, es decir, ocho historias.

     

    Este performance en formato de cabaret es uno de los proyectos que nació en Residencias Cundinamarca. El Museo de Antioquia invitó a la artista bogotana Nadia Granados para que realizara una residencia en el nuevo espacio dispuesto por el museo, por lo que integró a varias prostitutas del sector de la Veracruz, vecinas de la zona, a participar en su proyecto artístico que “busca tumbar todos los estereotipos que existen alrededor de las mujeres que ejercen el trabajo sexual”, esos prejuicios que “todos tenemos por más mente abierta” que presumamos, según Carolina Chacón.

     

    Se pasean en el escenario contando sus historias: cómo vender mechones de cabello puede ser la solución para ganar algo de dinero y así apaciguar el hambre, la manera en la que la sociedad establece estereotipos de cuerpos femeninos y excluye los “desmoldados”, la explotación laboral, el abuso doméstico con sus maridos y el impacto que ha tenido sobre ellas la violencia en el país.

     

    “Es muy fácil llegar a la prostitución, pero es difícil salir de allí”, dice Luz Mery Giraldo, líder de Las guerreras del centro, nombre que adoptaron en su proceso de convertirse en una corporación. “El nombre nace de una compañera que yo tuve. Cuando iba a trabajar de madrugada, ella me decía: ‘hoy toca guerreármela’… y así nos toca a nosotras, es la guerra por el peso”.

     

    Días antes de la presentación, Luz Mery, quien ha dedicado más de 17 años a trabajar por la comunidad de mujeres que ejercen el trabajo sexual, anunciaba enérgicamente la realización del performance: “Mi sueño es conquistar al mundo con mis obras, siendo vocera de muchas mujeres que están en situación de vulnerabilidad, porque… Nadie sabe quién soy yo.” El video, publicado por la cuenta oficial de Instagram de la corporación (lasguerreras.del.centro), suma hoy casi cuatrocientas visualizaciones.

     

    En la misma cuenta de la red social, en la tarde de la presentación en el Pablo Tobón, iniciaron una transmisión en vivo de su llegada al Teatro. Mientras ingresaban, me incorporé a las tres personas que veían a través de la pantalla la entrada de ‘las guerreras’ a su campo de batalla o, sin el innecesario lenguaje bélico, a los camerinos. Aunque ya se habían presentado en otros teatros de la ciudad como La Hora 25, El Trueque y El Matacandelas, la emoción por estar en el Pablo Tobón era notoria. “Qué es esto tan bello”, “mirá, mirá esos espejos”, “yo creo que me voy a quedar a vivir acá…”, son algunos de los comentarios que entre risas, gritos y euforia se escucharon en la transmisión de Instagram cuando Melissa Toro, directora de la corporación, creyó necesario grabar el momento.

     

    Luz Mery se me acerca al finalizar la entrevista y al oído me dice que tiene un poema que quiere compartirme. “Yo también escribo”, comenta orgullosa. Lo tituló Prostitución: esclavitud – explotación, y en él plasma lo que para ella significa el ejercicio del trabajo sexual, del cual también cree que ni siquiera debe recibir ese tecnicismo, pues “ni prestaciones sociales se reciben, no hay un salario fijo.”

     

    Mujer pobre, enmudecida y opacada.

    ¿Dónde está tu juventud?

    Brindando estás en copa rota

    por esa piel que ya no es.

     

    Hoy recuerdas esa noche

    en donde fuiste presa frágil

    de aquel lobo feroz,

    y desde entonces tu sonrisa…

    la tornaste en llanto.

     

    Prisionera sigues,

    del vicio idolatrada.

    Doblemente explotada

    y por la sociedad,

    doblemente olvidada.

     

    Y es en el final del poema en donde es más notorio el impacto que el proyecto ha tenido. Desde que iniciaron su proceso con el Museo de Antioquia, la prostitución en el centro de Medellín –un fenómeno social con el que se convivía a diario pero era ignorado– se ha visibilizado. A través de la intervención se le ha mostrado a gran cantidad de personas en teatros con aforo completo, en prensa y redes sociales, lo que de verdad significa ser prostituta.

     

    El año pasado el performance ganó el premio Obra 2017 del periódico de arte y cultura, Arteria, con el 45, 9% de los votos. Distinción que se suma al éxito que han tenido en todos los teatros en los que se han presentado y la buena acogida por parte del público. Este proyecto fue posible gracias a “un proceso de intercambio entre las ideas escénicas, visuales y la estética de la artista, con las historias de las mujeres. Todo se fue dando a medida que fueron encontrando espacios de conversación muy personales e íntimos”, como lo cuenta Chacón antes de la función.

     

    Estas mujeres le han dado un nuevo significado a su vida, se han demostrado a sí mismas que es posible pasar de trabajar en el catre oxidado, a brillar en el escenario. Que los sueños se pueden cumplir, tal como María Flórez lo hizo: “Yo nunca me imaginé que podía montarme en un teatro a hablar y que a la gente le gustara, ahora soy famosa, una artista.”

     

    En la esquina también se llora

    María Natalia Ávila, artista bogotana, convirtió el espacio del museo entre Cundinamarca y Calibío en una cantina, con su proyecto Las divas también lloramos: amor, humor y desamor, en el que a partir de una “banda sonora interpretada por divas de la música de despecho” establece lazos con las historias de amor de quienes participan, como lo dice el pasacalles que anuncia la intervención.

     

    La propuesta que esta vez reunió al público en La esquina, fue la de un proceso de intercambio. No me concede la entrevista hasta que yo me tome un “aguardientico”, me dice la artista; luego de haberlo hecho, me pide que la espere pues hay una larga fila de personas detrás de la mesa principal deseando hablar con ella. Una señora, de edad avanzada, tiene en su mano un perrito desgastado de peluche, lo mira y zarandea. “Este chandosito me lo dio el primer novio”, dice la señora mientras María la escucha atenta; “tome”, culmina y se lo entrega. La artista lo recibe con una sonrisa, lo deposita en una caja que tiene al lado y le enseña distintas piezas gráficas que hay en la mesa: serigrafías, pegatinas, botones y fanzines.

     

    “La gente puede venir y traer cartas, credenciales, fotos… objetos que tienen que ver con el desamor de los que la gente quiere salir”, comenta la artista. Y como “a veces quemarlos o botarlos es una acción violenta a la que uno no se atreve”, ella los recibe y a cambio, el despechado, podrá quedarse con alguna de las piezas gráficas de su creación; objetos que, en este caso, sí “tienen afecto”.

     

    De fondo suena La cuchilla de Las Hermanas Calle y un grupo de mujeres –de pie– corean juntas la canción. En el lugar hay por lo menos más de veinte personas y son las 9:30 p.m., una hora en la que estar en el centro de Medellín puede significar, para muchas personas, un acto arriesgado. El sitio está decorado con afiches de distintas cantantes latinoamericanas que han dedicado su vida a cantarle al amor y desamor. Al lado de la mesa principal hay una Paquita la del Barrio a escala que parece vigilar la fila hacia María, mientras las personas esperan por el encuentro, van a la figura de cartón y se toman una foto con la cantante mexicana.

     

    Estar en el Museo de Antioquia, para la artista, significa “la posibilidad de acceder a más personas, que el proyecto pueda hacerse efectivo, y eso es increíble”, así como también lo es la convocatoria de público en ese horario.

     

    Museo 360 es también un museo de jornada continua en el que el momento del día no es un impedimento para la formación y encuentro entre públicos; es la prueba fehaciente de que con el arte se puede hacer frente a la inseguridad y violencia.

     

    Aunque el intercambio de objetos solo fue por una noche, su propuesta artística se extiende a Vitrinas Cundinamarca, en donde láminas cubren cinco vidrieras de la parte trasera del museo con imágenes de artistas como Chavela Vargas, Liz Freitez, Lolita Flores, entre otras, acompañadas de frases de sus canciones.

     

    Noventa años de historia

    Desde finales de la década de los años veinte del siglo pasado, se hacía notoria la necesidad de tener una sede de gran albergadura para la administración local, pero solo fue hasta el 7 de diciembre de 1931 cuando el Concejo de Medellín propuso la iniciativa de creación de un edificio que acogiera la Alcaldía y Concejo de la ciudad. Al año siguiente se abrió un concurso en el que arquitectos y empresas constructoras podían enviar sus propuestas. La firma H.M Rodríguez e hijos fue la ganadora.

     

    La construcción de la edificación se terminaría en 1937 y serviría como Palacio Municipal hasta 1988, año en que el edificio pasó a manos de Empresas Públicas de Medellín, compañía que se ubicaría allí solo hasta el año 2000 cuando el inmueble pasó a ser la sede principal del Museo de Antioquia.

     

    El edificio patrimonial, declarado Monumento Nacional por medio del Decreto 1802 de 1995, conserva entre sus paredes noventa años de historia, y su vigencia es evidente. Ha sobrevivido a esa “falsa idea de progreso” como el escritor y periodista Darío Ruiz Gómez le llama al construir y reconstruir permanente en el que vive el centro de la ciudad.

     

    Esa vitalidad tan solo es posible si se ejecuta una renovación, y no necesariamente a partir de una obra de desplome. Museo 360 ha significado para el Museo de Antioquia, y su edificación principal, un nuevo aire. Para Luis Felipe Saldarriaga, arquitecto de Patrimonio Cultural de la Gobernación de Antioquia, la mejor manera de otorgarle a estas edificaciones patrimoniales vigencia es articulándolas “con la cultura y la educación, e incrementando programas de formación y difusión de ese patrimonio cultural en todos los ámbitos.”

     

    Premisa que el Museo de Antioquia ha entendido y que gracias a eso hoy es posible no solo conocer los espacios que tiene a su disposición en el interior, sino también en su fachada: vidrieras, columnas, rejas y cercas que cuentan una parte importante de nuestra historia como sociedad, y que sirven –a través del macroproyecto– como el mejor escenario para que la misma se visibilice y resalte: pasar del contorneado en el papel, a caminar por las calles del centro de Medellín.

     

     

  • UN SUEÑO LEJOS DE CASA

     

    Historias de los hogares por los que pasan los que desean convertirse en figuras del fútbol.

     

    Desde la alimentación adecuada, hasta un ambiente propicio para el uso adecuado del tiempo libre, son los elementos que inciden en el desarrollo de los futbolistas y que se pretende garantizar en las casas que sirven como hogar a los que llegan desde zonas periféricas del país a las ciudades principales. Foto: Nathalia Galeano.

     

     

    El fútbol representa una gran industria comercial en el mundo, sin embargo, poco se conoce de la raíz de este, de las canteras y de los formadores de los grandes jugadores. Ningún futbolista se hace solo y para llegar a la competencia profesional debe pasar por unos momentos difíciles y otros más gratificantes.

     

    La formación de los deportistas comienza desde que son muy pequeños, al menos desde los cinco años, y, aunque se entrenen todos los días, nada les garantiza que van a ser futbolistas profesionales. En Colombia existe un modelo de formación de futbolistas bajo el que los clubes de las ciudades potencia en fútbol, como Cali, Medellín y Bogotá, toman jugadores de las regiones periféricas y los llevan a vivir en las llamadas en casas club o casas hogar.

     

    Club Deportivo Estudiantil es uno de los equipos que desde el 2009 le apostó a fundar una casa club, que, como lo explica Alejandro Salazar, coordinador general del club, “nace con la necesidad de tener jugadores fuera de Antioquia de alto nivel futbolístico que pudiera hacer el club más competitivo”. Esta idea se inició en una casa en Guayabal donde alojaban cinco jugadores de la Costa, pero que debido a la lejanía de los lugares de entrenamiento duró pocos meses. Más adelante se mudaron a La Floresta, pero cuando les pidieron la casa, se trasladaron a Santa Lucía y entre más pasaba el tiempo, más jugadores llegaban de diferentes lugares del país. En este momento, gracias a la venta de jugadores a Europa, Estudiantil adquirió su casa propia en San Javier y tiene alojados a 26 deportistas.

     

    Yoni Mosquera es un joven que hace parte del Club Deportivo Estudiantil, con apenas 16 años ha sido dos veces campeón nacional con la Selección Antioquia y ha participado de un Suramericano Sub 17 en Argentina con la Selección Colombia. Este deportista nacido en Apartadó, llegó a Medellín con la ilusión de ser un futbolista profesional cuando tenía 14 años. Esta aventura comenzó cuando Jorge Zapata, un scouter, lo vio jugar en los Juegos Intercolegiados de Andes, le hizo la invitación para que se fuera a vivir en la casa club de Estudiantil y pudiera entrenar y jugar con el equipo. “Yo no me quería venir porque a mí no me gustaba vivir en casa club, pero me puse a pensar, <<a mi lo que me gusta es el fútbol y yo quiero salir adelante’. Tomé la decisión de venirme para acá>>, según cuenta Yoni.

     

    La casa club es una vivienda de dos plantas de 480 metros cuadrados, con nueve habitaciones, cinco baños, dos salas, comedor, balcón, un garaje adaptado como oficina y bodega y un patio adecuado como consultorio médico. En esta los deportistas también tienen un grupo de profesionales, médico, fisioterapeuta y psicólogo, que visitan la casa permanentemente para atender las necesidades físicas y mentales de los jóvenes.

     

    En este lugar también les brindan a los jugadores las tres comidas diarias, la posibilidad de estudiar y una señora que cocina y está pendiente de ellos, como lo describe Alejandro Salazar: “tienen prácticamente los mismos beneficios que tienen en la casa, aunque a veces creemos que tienen hasta más”. Y es que detrás de esto hay una realidad que se traspone a los espectáculos que se presentan en la televisión.

     

    Muchos jóvenes salen de sus casas a equipos como Estudiantil porque en sus propios hogares no tienen el sustento económico para sacar adelante su carrera como futbolistas. “Muchos de los muchachos que hay acá no tenían para tres platos de comida en el día, si acaso uno o dos. Aquí tienen siempre sus tres platos”, asegura Salazar. Por esto, aunque parezca difícil, para estos la casa club es la mejor opción de lograr su anhelo.

     

    Rivaldo Correa, actualmente jugador del Deportivo Independiente Medellín, es uno de los jóvenes proyecto que salió del equipo y llegó al profesional y así cuenta su experiencia: “me vine para Medellín decidido por un todo y llegué a la casa club de Estudiantil. Sabía que tenía que venir a cumplir mi sueño”. El futbolista de 19 años nacido en Santa Marta no solo cree que valió la pena dejar su ciudad, sino que vivir con sus otros compañeros fue un aprendizaje para él.

     

    La casa club de Estudiantil tiene algunos elementos para la preparación física de los residentes, cuyas horas de descanso son tan importantes como las de entrenamiento. Foto: Nathalia Galeano.

     

    La convivencia de los muchachos en la vivienda exige de una paciencia constante pues llegan de diferentes ciudades y regiones: Guachené, Cali, Bucaramanga, Cartagena, Santa Marta, Popayán, Turbo, Quibdó, Apartadó, Vigía del Fuerte, Pereira y Tumaco. A pesar de tener costumbres y pensamientos distintos, como también manifestó Rivaldo, “éramos como hermanos, todos nos apoyábamos”.

     

    La estancia en la casa club puede comenzar desde los 9 años y termina cuando un equipo profesional ficha al jugador o cuando cumplen los 19 años y deben ser transferidos a otros clubes que tengan categorías mayores. En el segundo caso, Estudiantil trata de mantenerlos en competencia hasta poder ubicarlos, pero al final los jugadores deciden hasta cuando intentarlo, la mayoría quedan jugando en equipos de segunda división y los demás solo se retiran y deciden estudiar alguna carrera profesional.

     

    Otros de los futbolistas destacados que ha tenido esta cantera y que han sido impulsados desde la casa club de Estudiantil son: Roger Martínez, del Club América de México; Edward Bolaños, del Sociedad Deportiva Ponferradina (España); Pedro Barrios (Liga de Eslovenia); Jefferson Valdeblanquez y Jhonny Meza de Rionegro Águilas, entre otros.

     

    El desarrollo de los jugadores no solo se da en lo futbolístico, sino también a nivel personal y académico. A todos los jóvenes se le exige estudiar, y aunque para asegurar la estadía en la casa club principalmente deben mantener un alto rendimiento deportivo, cuando no responden en las otras dos áreas también los pueden expulsar de la casa y devolverlos con sus familiares.

     

    La ilusión de cumplir un sueño lejos de casa es lo que les da la fuerza a los niños que viajan para progresar. Este esfuerzo no es solo es de ellos, que tienen que entrenar fuerte todos los días, sino de los padres que desde sus hogares los apoyan. Lo que se ve en los estadios y la televisión es solo una parte de la historia porque detrás de esto hay millones de jóvenes que no alcanzaron su sueño y que tuvieron que darles un rumbo diferente a sus vidas porque el fútbol no da oportunidad a todos.

     

     

  • NI CHICHA NI LIMONADA, UN BEBÉ DE LA NADA

     

    El testimonio de Marta Cecilia Morales invita a pensar que el parto es apenas una parte de la maternidad.

     

     

     

    “¿No ve que es un bebé? Y está vivo, está vivo”, me repetía el doctor. Entonces yo me acerqué, lo miré, era chiquitico y muy feíto; nació de apenas 28 semanas, y aunque yo no sabía que había estado embarazada, era mío.

     

    Todo comenzó con el burro. Cada vez que necesitaba colgar la ropa, me subía en él para montarme en el lavadero y poner los ganchos, pero ese 10 de agosto de 2001, cuando hube terminado y puse un pie sobre él para bajarme, cedió y caí de nalgas. Pasaron una, dos, tres… muchas horas, anocheció, se hicieron las cuatro de la mañana y yo sentía un dolor insistente, no dormía. “Eso es que se le va a venir esa pelota de sangre que tiene en la barriga”, me dijo entonces el costeño y, antes de regresar al trabajo, me pidió que fuera al hospital con alguien porque él no podía.

     

    En ese momento, yo estaba esperando dos llamadas: la de la cita para operarme y no tener más hijos (¿pa’ qué más con Juan Esteban, de 17 años, y Luisa, de 18 meses?) y la de una ecografía, porque no enfermaba y, aunque planificaba y no tenía los síntomas, me habían diagnosticado un posible embarazo ectópico. Así que cogí los papeles de todos los exámenes que me habían hecho, tomé un taxi con mi vecina, llegamos a las 8:30 a.m., me ingresaron en maternidad, me dolía atrás y adelante, me evaluaron, me prepararon para un parto, yo no entendía nada, no estaba embarazada, pero en menos de una hora, a las 9:25 a. m., nació Juan Carlos.

     

    “¿Usted es la acompañante de Marta Morales? Haga el favor de traer la ropita para el bebé”, llamaban a mi amiga en la sala de espera, pero ella pensó que era un error hasta que llegó a mi lado, en la camilla, me vio llorando y preguntó qué estaba pasando: “Vieja, es que tuve un niño, está con los médicos”. “¿Dónde? ¿Usted qué va a hacer?”, como todos los que harían a partir de ahora, no me creía… ¿Yo qué iba a hacer? Pues tenerlo. Me limpié las lágrimas y le di una sola instrucción: que no le dijera a nadie, excepto a aquel, el costeño, para que se viniera de una vez.

     

    Por ser prematuro, mi niño vivió dos meses en una incubadora, con una cámara de oxígeno en su cabeza para que se le maduraran los pulmoncitos, y se alimentó por sonda de leche donada porque a mí no me bajaba nada. Lo visitábamos cada día, pero no lo podíamos tocar, mientras, yo escuchaba al costeño rezarle a mi diosito para que no se llevara al niño y que, si lo hacía, fuera rápido para no apegarse a él. Aun así, a los 15 días, se agravó, le hicieron una herida (que yo creo que le dejaron abierta y le jalaron un tendón porque Juan es fruncido en la nalga, tiene un hueco) y le sacaron unas muestras de la cadera y la mano, entonces me dijeron que tenía artritis séptica.

     

    “Ese niño está muy delicado, no le va a vivir y si lo hace, no caminará”, me decían los doctores. Por eso no le quise contar a nadie sobre Juan, yo lo visitaba en secreto de mi familia y esperaba, esperaba… Pero pasaron las semanas, Juan creció, subió de peso y me lo entregaron. Esa primera noche en la casa fue muy difícil, el niño me dio mucha brega porque le hacía falta la incubadora, pero eso sí, yo no quise dormir con él, nunca me ha gustado dormir con niños; así que lo acomodé sobre una almohada, dentro de la bañera de Luisa, porque él era chiquitico (tanto, que no sé por qué me dolió así) y esa la puse al lado de la niña, en la cuna de ella.

     

    Yo no sé cómo hacen las mujeres que tienen gemelos, trillizos… ¡Virgen Bendita!… cuatrillizos, quintillizos… ¡Virgen Bendita! Cuidar a dos bebés fue difícil, pero me colaboraron mucho (“¿Qué más se le va a hacer?”, me decían): el costeño me traía arrumes de pañales (él siempre quiso que Luisa fuera hombre, tener un hijo), mis hermanas me traían lechita e incluso una de ellas, la madrina de Juan, le compró su ropita y se ofreció a adoptarlo porque, al principio, yo no quería al niño. Los primeros días yo estuve muy aburrida, no estaba preparada para tener otro hijo, estuve con una psicóloga tres veces, pero dejé de ir porque era bobada; yo había sido una entre cien mujeres a las que no le sirven las pastillas de planificación, pero no podía hacer nada, excepto cuidar del niño que Dios me dio.

     

    Entonces cuidaba a los bebés, hacía oficio en la casa, despachaba al costeño antes de trabajar, me hice operar, me la pasaba explicándole a los demás, incluida mi mamá, que el niño era mío y, en esas, mantenía en el hospital cuando se me ponía malo: a los 15 días de traérmelo, volvió a la incubadora porque le dio neumonía. Pero, con el tiempo, todo se hizo más fácil: la niña entró ligerito al jardín, a los dos años, Juan dormía mucho por la droga, no daba lidia, y mi hijo mayor empezó a ayudarme con sus hermanos.

     

    Fue por Juan Esteban que supimos que Juan tenía los piececitos garetos; él jugaba con el bebé y le estiraba las piernitas, pero entonces paró, se puso serio y dijo: “Ma, este negrito le salió con un pie más corto que el otro”. “Juan Esteban, deje de burlárseme del niño”, le reproché aunque me quedó la duda; así que esa misma semana, que tenía control, fui y el doctor lo confirmó: hasta ese momento, tenía una diferencia de dos centímetros en cada pie y podía empeorar. Por ser tan pequeño, al principio solo usó una coca entre las piernas para separárselas y un tacón en el zapato izquierdo para nivelarlo, pero cuando cumplió los 4 años, hubo que operarlo.

     

    Esa primera cirugía fue muy brava: lo enyesaron del abdomen hasta abajo y solo le dejaron el hueco para orinar, también tenía una varilla entre los pies. Parecía una momia y pesaba como una roca, apenas se le podía bañar la cabecita. Y aunque le enderezaron los pies, que tiraban de pa’ un lado, le hicieron otra operación seis años después; esa fue distinta, lo dejó un tiempo en silla de ruedas y con una platina a la que se le zafa un tornillo y le molesta. Por eso, me puse a pelear para que haya una tercera, puse una tutela, y aunque muchos médicos dicen que no se le miden a otra cirugía, que es delicado tratar el fémur, Juan la necesita y yo voy a luchar con esos hijuepuercas.

     

    Desde eso, han sido siete años que luchamos y esperamos por la cita de la cirugía, Juan ya tiene 17, es muy encerrado (tal vez porque nunca lo acostumbré a salir para no enfermarlo), saca siempre las mejores notas (y cuando no, se enoja con todos), no le gusta el fútbol (a pesar de que antes le tenía la silla, la toalla y las fiestas de cumpleaños adornadas con el rojo) y casi no come carne (aun cuando de pequeño le gustaba la sangre de la morcilla). Y, aunque haya crecido y cambiado, todo es como en el inicio, Juan y yo estamos esperando una llamada, pero ahora es diferente: lo hacemos juntos.

     

     

  • EN MEDELLÍN CRECEN TODAS LAS FORMAS DE LUCHA

    Las artes marciales mixtas conocidas como MMA que son sus siglas en inglés, son un deporte de combate y contacto que reúne varias técnicas y estilos dentro del mismo enfrentamiento; inicialmente los combates estaban protagonizados por deportistas de distintas disciplinas, un boxeador contra un judoka o un karateca contra un luchador, por ejemplo…

     

    La veladas de combate sirven ahora para que los deportistas se clasifiquen a eventos internacionales .

    Foto: Último Guerrero en Pie.

     

    Este deporte gana cada vez más atención en Colombia y particularmente en Medellín. Sus orígenes fueron a principios del siglo XX en Brasil en la década de 1920 con el Vale Tudo que significa todo se vale y era una modalidad poco regulada, que rozaba la ilegalidad, pues los peleadores se podían valer de cualquier técnica en el momento de la pelea y los enfrentamientos podían ser entre deportistas que dominaban diferentes artes marciales. La práctica se extendió definitivamente en 1960 en Estados Unidos, gracias al Gracie Challenge, un reto en el que los pioneros del Jiu Jitsu brasileño llegaron de ese país para retar a otros practicantes de deportes de contacto a un enfrentamiento para demostrar que su arte marcial era más efectiva en esas circunstancias; posteriormente en 1990, la familia Gracie importó esta modalidad y la convirtió en la marca UFC (Ultimate Fighting Championship), que tuvo en 1993 se realizó el primer evento oficial en Denver, Colorado que tuvo como pelea estelar la de Royce Grace y el boxeador Art Jimmerson.

     

    En la expansión por diferentes países y acumulando más adeptos, llego el turno de Colombia. Las artes marciales ya se practicaban al amparo de entidades oficiales y organizadas muchas de ellas en ligas formalmente constituidas, como sucede con deportes como el Boxeo, Karate, Taekwondo, Kung Fu y Lucha Olímpica. En Medellín, no hace más de doce años que, con la llegada de pioneros en la materia como Will Pulgarín, con su conocimiento en el Jiu Jitsu en grado de cinturón negro, se formó el primer equipo de Artes Marciales Mixtas, conformado por Jaime Agudelo, Wilber Molina, entre otros.

     

    La primera generación de estos peleadores incluye deportistas como Ignacio Márquez, Oter Castaño, Carlos Cardona y Rubén Villa, quienes dirigidos por el profesor Jaime Agudelo empezaron a abrirse paso y a dar a conocer el deporte en pequeños eventos en el Valle de Aburrá. La primera velada de combates en la que ellos estuvieron fue en una discoteca del Barrio Colombia, en la Comuna 14 de Medellín. Iniciar no fue tan fácil, según cuenta el profesor Agudelo: encontrar patrocinio, aprender sobre la adecuada organización de los eventos que se hacían como intermedio de las jornadas en las discotecas y por eso los combates a veces tenían que esperar casi hasta la hora de cierre de los establecimientos.

     

    Por situaciones como esas, los eventos en discotecas no duraron más que uno o dos años, según Jaime Agudelo. El trago y los combates eran una mezcla que debilitaba las barreras del respeto y la tolerancia hacia los deportistas. A mediados del 2011 comenzó el proyecto denominado Ultimo Guerrero en Pie –UGP-, como organización promotora de eventos, con lo cual el deporte mejoró en reconocimiento, condiciones de seguridad y regulación para los peleadores profesionales y aficionados. Curiosamente, desde el primer evento en 2012, el principal apoyo ha sido el de las Hermanas Franciscanas en el Colegio Palermo San José en El Poblado, cuyas instalaciones han servido para realizar entre cuatro y cinco veladas cada año, con creciente apoyo del público. La última ocasión se contaron cerca de 2 000 asistentes al coliseo de ese colegio.

     

    Las siguientes generaciones de peleadores fueron dirigidas y guiadas por aquellos que entraron a la jaula por primera vez en Medellín. Entre las nuevas figuras están Sebastián Piedrahita “Pitbull”, Estefano Santa Cruz, Daniel Holguín, Esteban Rave, Ángelo Ospina, el bogotano John Zarate The problema, entre otros que tienen rutinas de alto rendimiento y demuestran mayor dominio de las disciplinas que conforman las artes marciales mixtas.

     

    También existe un grupo de peleadores colombianos que tiene proyección internacional entre quienes están Sabina Mazo y Alejandra Lara, que se destacan en la organización Bellator MMA en California, y Julio Arce, debutante en la reconocida UFC.

     

    Medellín cuenta con academias privadas, muy completas y aptas para preparar nuevos peleadores como MMA Colombia, conformada por el profesor Jaime Agudelo en el sector la Aguacatala, Submission Clan donde da clases Wilber Molina en Belen, Muay Thai Medellín, donde se formó Sabina Mazo en el sector Las Palmas, entre otros centros de entrenamiento que han creado Oter Castaño enfocado en el Jiu Jitsu brasileño e Ignacio Márquez, enfocado en la Lucha Olímpica y Grecorromana y entidades públicas como la Liga de Boxeo, la Liga de Lucha de Antioquia, entre otras, ubicadas en el sector estadio en Medellín.

     

    Las Artes marciales mixtas despiertan en las personas pasión, alegría, expectativa y en ocasiones, un poco de miedo. Asistir a una velada de peleas es una gran descarga de adrenalina, los asistentes apoyan a los peleadores; la familia, equipo de entrenamiento y los alumnos se unen gritando hasta el final de cada encuentro, esperando la victoria. Lo más notable es que, sin importar el resultado, todos los peleadores gozan de gran respeto y reconocimiento. Aunque en Antioquia y el resto de Colombia sigue faltando más apoyo y una divulgación que desmonte el imaginario violento que prima sobre él, las Artes marciales mixtas continúan, ejemplo de lo cual es el UGP 11, de nuevo, en el Coliseo del Colegio Palermo San José.

     

     

     

     

  • LA MELODÍA DE ARBOLEDA

    “Cuando cae la noche ella cubre el mundo, una oscuridad impenetrable…un frío se eleva del suelo y contamina el aire, de repente, la vida tiene un nuevo significado…”

    Traducción al español de la canción Dunkhelheit de Burzum.

     

     

    16 de septiembre de 2018, 6:00 am, Juan Camilo Arboleda se preparaba para la vigesimocuarta versión de la Media Maratón de Medellín. A 50 metros de la línea de meta habría sufrido un paro cardiorrespiratorio y varios corredores le ayudaron a finalizar la carrera, pero no pudieron evitar su fallecimiento.

     

    Después de escuchar y leer sobre él, comprendí que un buen disco de Black metal es la metáfora adecuada para la vida de Juan Camilo Arboleda: mística, crítica y compleja por metódica, en medio del caos aparente del Metal. En la academia y la música estuvieron las principales facetas del profesor fallecido en aquella carrera (las circunstancias las detalla una investigación de sus colegas de De la Urbe), y allí se encuentran sus principales legados.

     

     

     

    ¿Quién era Juan Camilo Arboleda?

    Docente e integrante del Comité de Carrera de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Antioquia, y a su vez coordinador del área digital del medio universitario De la urbe, orientaba cursos como Reportería y Redacción IV, fue uno de los principales líderes del proceso de autoevaluación y reacreditación del pregrado de periodismo en alta calidad. Como parte de su labor fue uno de los impulsores del proyecto Periodismo de Hoy, una plataforma para la capacitación de periodistas, que posterior a su puesta en marcha fue financiada por el Ministerio de las TIC.

     

    Junto con su colega y amigo Juan David Alzate, docente de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia y magister en Historia del Arte, Juan Camilo emprendió en 2005 un proyecto tan grande como apasionante para un amante del rock más pesado: contarle a la ciudad por medio de cifras y datos exactos, la historia del metal en Medellín. El interés mutuo por un periodismo musical verídico y auténtico dio como resultado un programa radial llamado Melodías en acero, transmitido por la emisora de la Universidad Nacional.

     

    Con la idea de hacer algo diferente a la que consideraba como una promoción y difusión frecuentemente vanagloriosa del rock, los dos realizadores plantearon con su trabajo que la música debe no solo difundirse sino también analizarse y mirarse con sentido crítico. Así, a finales de 2006 recibieron el reconocimiento a su trabajo con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

     

    Juan David Alzate narra que su relación con Camilo era única y sincera: “Era una relación de corrección constante; para algunos odiosa, pero para mí no, y es que en el fondo ¿uno para qué necesita un amigo? No para que te de la palmadita en la espalda sino para que te muestre el vacío, era una relación de lealtad, soy leal a decirte la verdad”.

     

    Para Juan David, Camilo era un hombre que simple y sencillamente emanaba misterio, un metalero crítico y arraigado a la escuela del Black Metal, una persona seria, enfocada y analítica. El término a utilizar para describir su forma de ser quizá no sería la simpatía; la empatía encajaba a la perfección.

     

    La crítica que Camilo hacía al periodismo cultural y musical era la misma que tenia del periodismo en general: la falta de datos, la adjetivación por ausencia de los mismos. Arboleda planteaba la importancia de la correcta verificación para poder hacer un análisis pertinente de la música. Igualmente comprendía que dentro de este tipo de periodismo había momentos de promoción, pero señalaba que hay muchos mitos sobre el rock en Medellín, relatos que oscurecen el panorama del rock.

     

    Tanto Arboleda como Alzate tuvieron una conexión diferente: “se vuelve tan normal trabajar con él que, por ejemplo, en estos últimos días pensaba ‘yo como hago para trabajar sin este man’, entonces ha sido un volver a nacer y ha sido interesante también porque, aunque parezca una contradicción, había una relación de dependencia, pero también del reconocimiento de las capacidades de cada uno; éramos una maquinita, se fue una de las bielas del motor, pero el motor sigue funcionando”.

     

    Un apartado la tesis de maestría en Estudios Humanísticos que Arboleda presentó en 2013, planteó:

    “El metal trabaja con aspectos transgresores, en ocasiones provocadores, frente a los valores convencionales que prevalecen en la sociedad. Pero tal y como lo vivió el rock, el metal trasciende el campo sonoro, expresa también una forma de conocimiento y una historia de apropiación y de disenso. Alrededor de él se ha generado una identidad que bien vale la pena entrar a concebir como una práctica, toda vez que nos permitirá ganar en comprensión al considerar las diversas dimensiones que la componen.”

     

    Al filo del metal

    La música siempre fue determinante para la vida de Camilo, como una brújula que lo guiaba por el mundo y sus senderos. En 2007 se creó un proyecto que pretendía unificar el circuito del metal y sus distintas variaciones: Metal Medallo. Jaime Ocampo, líder de la agrupación Athanator fue el gestor y tanto Juan Camilo como Juan David, colaboraron desde Melodías en acero para fomentar estas iniciativas musicales.

     

    Sus preferencias musicales lo llevaron siempre a los rincones más oscuros del metal, un espacio donde se movía a la perfección y su amor por este género llevó a Juan Camilo a experimentar con su propia interpretación de este, como tecladista y posteriormente vocalista de Exordium, una banda de Black Metal formada en el año 2002, inspirada en las diferentes sonoridades nórdicas, que reflejaban sus ideales místicos, oscurantistas y poéticos.

     

    Una reseña del único disco publicado de la banda que se lee en el portal web Rockombia describe: “Mística musical con que se crea y deconstruye el mundo. Poética insana que suprime el valor de toda imagen y palabra para enaltecernos en la tierra de los corderos de dios… lugar de fuego y destrucción”. Por otra parte, el website Metal Archives, repositorio que compila datos y reseñas de bandas de todas las vertientes del Metal en el mundo, enuncia que Juan Camilo Arboleda, dentro de su agrupación, se identificaba con el nombre de Mortizum, alter ego que creó por su afición a los solistas Mortiis y Burzum.

     

    Arboleda era un gran apasionado de la música y de saber cuestionarla, mirar el otro lado de las cosas y confrontarlo era algo que, como académico y como persona, bien se le daba según sus amigos. No expresaba afinidades por algún partido político, pero se oponía a ideales hegemónicos en lo religioso y sociales. Juan David Alzate narra que Camilo se consideraba abiertamente satanista, pero su postura nunca fue religiosa, sino filosófica, aquella que plantea que el hombre es lo suficientemente fuerte para ser sí mismo, y que al fin y al cabo lo más importante siempre será tomar una posición en pro del humanismo.

     

    El profe “Satanás”

    Por otra parte, como docente, Juan Camilo era visto por sus alumnos como una figura de respeto, temido en ocasiones por su rigurosidad al calificar, pero respetado por cumplir correctamente con la labor de enseñarle al estudiante con claridad, donde tenía su error y cómo podía mejorar.

     

    Así mismo lo describe Raul Osorio Vargas, comunicador social y profesor de la Universidad de Antioquia, colega y amigo, quien dice de Arboleda que era un hombre disciplinado, sistemático, riguroso y comprometido con sus trabajos: “Era un devorador de textos, al tiempo que era un hombre práctico que reflexionaba profundamente en las teorías del conocimiento en el área de comunicación…era muy crítico con respecto a las narrativas que se hacen frente al periodismo”.

     

    Narra Osorio con nostalgia que Camilo era un hombre muy sensible, y que no era fácil romper esa barrera de la confianza con él, mas no por engreído, sino por centrado, asegura el profesor; pero cuando dicha barrera se rompía, Arboleda solía ser una persona muy afectuosa, con un humor extraordinario, único y ácido.

     

    “Yo nunca percibí que fuera radical frente a algo, o tal vez porque él era muy respetuoso sobre las ideologías de los otros, nunca hablamos explícitamente de política, nunca percibí eso de él, era un hombre crítico, nunca le oí un comentario sobre algún candidato o nunca percibí que fuera de izquierda o de derecha. Eso sí, era radical con respecto a la música o al metal; sí sentía que cierto tipo de música le podría parecer absurda, pero no era un hombre odioso en la crítica, era un conocedor”, relata Osorio.

     

    Sobre la pérdida de Camilo, el profesor Raúl Osorio señala: “Es un vacío muy grande y creo que será muy difícil de llenar ese vacío desde el punto de vista intelectual”. Señala que los aportes de Arboleda al estudio de las narrativas periodísticas y al periodismo musical fueron bastante relevantes.

     

    Otras metas

    Después de su maestría, Arboleda se encaminó al doctorado en Humanidades en la Universidad EAFIT en 2015. Jorge Iván Bonilla, profesor del Departamento de Comunicaciones de la institución, magister en Comunicación y doctor en Ciencias Humanas y Sociales, había sido profesor de Arboleda mientras realizaba su maestría y se convirtió en el director de su tesis doctoral.

     

    La propuesta se refiere a las narrativas del mal en el periodismo colombiano, una mirada a través de ciertos cronistas reconocidos, en perspectiva de la no ficción y de una manera bastante crítica: la hipótesis de Arboleda es que había más una celebración del escritor netamente por las firmas, que conduce a la deshumanización de las historias.

     

    Como candidato a doctor, Arboleda trabajaba en el asunto desde diciembre de 2017 y, antes de la fecha pactada había entregado el segundo capítulo de sus tesis, con el objetivo de poder adelantar con más tiempo un próximo capítulo y mantenerse un paso adelante de su propio trabajo. El profesor Bonilla había expresado desde un principio a su dirigido lo valioso que sería publicar ese trabajo.

     

    Jorge Iván Bonilla revela que Juan Camilo siempre estaba muy pendiente de las observaciones que se le realizaban en materia de cambios, cada vez que en esa labor recibía referencias de un autor o un referente, no solo lo analizaba, sino que lo reseñaba y lo adaptaba críticamente en su trabajo. “No había que empujarlo, Camilo caminaba solo”, comenta Bonilla sobre lo que considera un disfrute, que le permitió forjar más una relación de colegaje con su dirigido.

     

    “Él era un hombre tranquilo. Cuando lo conocí, lo conocí con su figura de metalero más acentuada. El Camilo que yo conocí en la maestría era un Camilo bastante metalero, el Camilo de hoy era una que, sin dejar de lado ese estilo del metal, estaba más en un tránsito hacia un Camilo académico”, explica Bonilla.

     

    El 16 de septiembre pasado terminó abruptamente un trabajo de aportes a la academia, al crecimiento de la música en Medellín y a la formación de futuros periodistas. Quienes reconocen esa herencia coinciden en que casi todas sus tareas estaban terminadas. Dejar un norte claro para la transformación de un laboratorio de periodismo en su universidad y su propia tesis doctoral, dan fe de ello.

     

    Una figura con el misticismo que rodea a la del profesor Arboleda, la del músico, la del estudioso, le da credibilidad a los que algunos de sus allegados interpretan como mensajes más allá de su existencia, de la pasión y el método que profesaba en las marcas de su cuerpo: hay que saber culminar las cosas, hasta para morir, hay que dejarlo todo preparado. Incluso aquella mañana de septiembre tuvo que atravesar la línea de llegada antes de marcharse tranquilamente, no sin antes verificar el tiempo de carrera en su cronómetro.

     

     

  • Un soldado, una mina, un doctor

     

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    Edwin Restrepo es una de las 11.617 víctimas de las minas antipersonas que, según el Centro Nacional de Memoria Histórica, se han registrado hasta la fecha. Es por la pérdida de alguna extremidad que algunos soldados se sienten sin esperanzas para seguir con su vida, por el contrario, Edwin se esforzó y pudo sacar adelante sus sueños. Hoy contará su historia, la de su superación y la de un encuentro memorable con el papa Francisco.

  • Memoria de la Fiesta (12) (Video)

     

    Video

     

    Medellín celebró la versión número 12 de la Fiesta del Libro y la Cultura que tuvo a México como país invitado. Personas con edades, oficios e intereses diversos se congregaron nuevamente en el sector de Carabobo Norte en torno a la lectura, los libros y la memoria, tema central del certamen para 2018. Organizadores y asistentes comparten su testimonio de esta celebración de las letras, la memoria y la cultura literaria mejicana.

     

     

  • CAMPOAMOR TIENE MUSEO MUNDIALISTA Y UN LÍDER QUE CUMPLE SUEÑOS

    “Mi nombre es servicio, mi apellido es honesto, vivo en el barrio Campoamor y trabajo por la paz del mundo”, así se presenta ante la gente Javier Rodas, un soñador incansable que se dedica al servicio y crecimiento del deporte en su barrio Campoamor, su meta es hacer realidad el sueño de jóvenes deportistas, que todos sean partícipes de eventos deportivos y hacerlos visibles ante la comunidad.

     

    Las dificultades que todo niño soñador y sin suficientes recursos tiene, pueden ser superadas. No tener con qué comer, jugar descalzo con su pelota y sus padres luchando por sostenerlo a él y a sus hermanos no fue impedimento para que Rodas tuviera la iniciativa de lanzarse y apostar todo por el fútbol, deporte que hoy día le ha dado reconocimiento en su barrio y experiencia laboral.

     

    Campoamor su casa

    El barrio Campoamor es conocido por ser una comunidad hecha por obreros, operarios y trabajadores inalcanzables, toda su historia está escrita por familias numerosas caracterizadas por su generosidad, persistencia, amabilidad y lo más importante, la cercanía que todos se tienen.

     

    Rodas no contaba con el apoyo de su padre, pues no le gustaba que sus hijos practicaran fútbol, o mucho menos que lo vieran como un estilo de vida, como la profesión que les daría un hogar y la estabilidad personal. Ante esta problemática, todos sus hermanos lucharon por lo que les gustaba e hicieron realidad el sueño de jugar algún deporte, hasta sus hermanas, limitadas por el machismo de la época en donde una mujer no podía hacer lo mismo que los hombres, lograron jugar diferentes deportes, incluso fútbol.

     

    Más que un trofeo, la meta principal de Javier Rodas es hacer feliz a su comunidad, así como lo es él, brindando ayuda a los más necesitados. FOTO Mariana González Múnera.

     

    Aporte a la niñez

    Su carrera inició en el equipo representativo de su barrio Campoamor, el trayecto por la Pony Fútbol y por diferentes equipo infantiles de Antioquia donde vivió la dura experiencia de que no es fácil salir adelante en el fútbol cuando no se tiene la ayuda suficiente para debutar en un equipo profesional, sin embargo, pudo jugar a sus 17 años en el Envigado Fútbol Club y haciendo parte de equipos como Once Caldas, intermunicipales, equipo Dinastía, equipo de Supía y entrenar con Atlético Nacional.

     

    Tras su paso por diferentes equipos profesionales, surgió la curiosidad por los temas en relación con el cuerpo humano y su anatomía, esto lo llevó a estudiar semiología, anatomía, asistió a seminarios, estudió deportes y realizó diferentes cursos específicos que giran siempre en torno al deporte. “Cuando yo jugaba con el equipo de Envigado, me llamaban para revisar a cualquiera que se caía y yo sin saber nada, pero me causaba mucha curiosidad y por eso empecé a estudiar la anatomía del cuerpo humano y ahora esa es la razón de ser”. Por eso tomó la decisión de liderar un proyecto de apadrinamiento, llamado el Plan abrígame, que busca ayudar a niños soñadores de escasos recursos del departamento de Antioquia.

     

    Esta labor consiste en brindar apoyo a 50 niños de escasos recursos en épocas navideñas por medio de padrinos que regalan juguetería, balones de fútbol, ropa y cobijas. Rodas viene llevando a cabo esta iniciativa hace aproximadamente 10 años y quiere lograr, desde este año, que muchos más niños puedan recibir este tipo de ayuda. Sin embargo, se requieren más de 100 padrinos, los cuales él mismo intenta reunir para aportarle a este proyecto de inclusión y motivación. “La gente se hace fácil al querer motivar a los niños y brindarles un apoyo distinto al que suelen tener en su día a día, en sus familias y en sus sueños deportivos”, expresa Rodas cuando habla de la importancia de tener presente a personas que quieren intervenir y materializar los sueños a estos niños.

     

    La formación deportiva es fundamental para el proceso de crecimiento, Javier Rodas busca darle apoyo intensivo al deporte en su barrio, Campo Amor. FOTO Mariana González Múnera.

     

    Proyecto de alegría

    En Campoamor, Rodas creció como persona y lo hizo ser lo que es ahora, su casa, que es el lugar de atención y servicio, lleva el nombre de este lugar: Centro Terapéutico Campoamor, además, la calle en donde está situada su casa la bautizó con el nombre de “La Cuadra de la alegría”, esto se debe a que él quiere que todos participen en los eventos deportivos que el realiza. A esto se le suma el museo mundialista, que se realizó por segunda vez consecutiva, esta vez con el Mundial Rusia 2018. Rodas expresa que “el museo mundialista tiene una colección de fotos y artículos referentes al barrio y su historia deportiva, y que merece ser conocida porque somos una fuente principal en la historia del fútbol antioqueño”. Otra iniciativa que puso en práctica fueron las diferentes actividades lúdicas que coincidían con las fechas de los partidos de la Selección Colombia.

     

    La Cuadra de la Alegría pasó por un proceso de decoración con los colores y símbolos patrios, aludiendo a la participación de Colombia en el pasado Mundial de Rusia 2018. En la calle está pintada la camiseta de la Selección. “Lo que se pretendió hacer fue que todo el barrio Campoamor se uniera a la fiesta del Mundial, formando parte de la mancha amarilla como muestra de apoyo a nuestra Selección, también, ubiqué una pantalla gigante para ver los partidos, comida y juegos, todo esto hizo parte del proyecto y del museo mundialista”.

     

    El Profe, como es conocido Javier Rodas, hace parte de la dirigencia de la acción comunal de su barrio, y coordina la sección de deportes de este mismo. Los frutos de esta iniciativa se están viendo, pues su dedicación y empeño en hacer las cosas le ha demostrado a la gente que vale la pena pensar en las demás personas, “trabajando por la paz del mundo”, como expresa Rodas, quien simplemente está cumpliendo sus sueños.