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  • Desde urabá hasta Aquí y ahora

     

    Paisajes y recuerdos de Urabá hacen parte del camino recorrido por los mellizos Villegas, jóvenes cuyo talento está detrás de Lucas Arnau, figura del pop colombiano.

     

    La música de los mellizos Villegas se nutre de los parajes que han recorrido en el desarrollo de sus talentos. Foto: Cortesía.

     

    La suave brisa, los rayos del sol y los peculiares sonidos del vecindario, atraviesan las ventanas en tiempos de cuarentena. Dos fanáticos, sentados desde la comodidad de su hogar, oprimen el botón de llamada. Ansiosos ante el momento, contesta uno de los mellizos Villegas, Alejandro. La conversación empieza a tomar rumbo mientras los fanáticos y los mellizos se imaginan viajando por la región de Urabá y cantando: “Voy en un viaje cósmico y galáctico, mágico y romántico, sobre el mar azul…”, como se oye en Cósmico y Galáctico.

     

    En la travesía los acompañan montañas verdes, rostros de indígenas Emberá, túneles de naturaleza, ganado y plantaciones bananeras. El viaje soñado empieza por el occidente, pasa por San Jerónimo, Santa Fe de Antioquia y Cañasgordas. Más adelante se encuentran en Dabeiba y llegan a Mutatá, la entrada al Urabá Antioqueño. Luego Chigorodó y por último Apartadó, donde nacieron Alejandro y Fernando Villegas en 1984.

     

    Un 11 de septiembre de 1984 nacen los mellizos Villegas en el municipio líder de Urabá, por su actividad comercial: Apartadó. Sus padres, se habían movido desde Bogotá y Medellín hacia la mágica región, conocida como la mina de oro o la tierra prometida. Una tierra abundante en oro verde (banano) y reservas de petróleo. La mejor esquina de América, “Tierra, tierra, tierra prometida, de América Latina, tierra del sabor Urabá…”, cantaban los Villegas en Tierra Prometida.

     

    Una educación mágica

     

    Una educación única y tradicional llenó de magia los corazones de los mellizos, “yo quiero esa magia, que se encuentra en tu corazón…”, cantaban los Villegas en Magia. Afrodescendientes, costeños e indígenas, el salón de clase en que estos niños crecieron era una mezclas que representaba la multiculturalidad de Urabá. Fer y Alejo, eran los únicos “europeos” (blancos) en el salón de clase.

     

    En las aulas eran ingredientes importantes el arte y la danza, la música en todos sus géneros, los colores y los sabores del Caribe. Una educación que fusionaba las emociones y momentos maravillosos en La Casa de la Cultura local, epicentro del Urabá alegre, bailador y artístico que sobresale en ritmos y vibras que deleitan el alma de los más pequeños. Mentes y corazones abiertos, recorrían cada rincón del lugar, enseñando la esencia de cada instrumento, como los de viento y el baile y la música, como el Mapalé, el Hip hop y el Bullerengue.

     

    “Cree, cree que cuando crees, creas …”, cantaban los Villegas en Cósmico y Galáctico. Tenían catorce años de felicidad y música, olas y amistad… catorce años al empezar un viaje que despertaría sus y empezaría a construir sus sueños; sueños presentados en los actos cívicos desde el alma y habilidad de los chicos: “… Sueños, sueños, tu eres el dueño, de todos tus sueños”, cantaban los Villegas en Tierra prometida. La guitarra y la batería fueron sus primeras amistades en la música; dedicación y tiempo fueron elementos clave para crecer y disfrutar todos los días del parche bonito en La Casa De la Cultura.

     

    Las estrellas de rock de Urabá

     

    Los Villegas han usado además las cuerdas de la guitarra para transmitir la esencia de cada lugar. “…Tus ideas son como gotas de este mar, son tu tiquete para navegar, a un mundo mágico …”, cantaban también en Cósmico y Galáctico, creyéndose el cuento de ser músicos, los que armaron su primera banda de rock y transformaron un espacio en su casa finca en la sala de sus ensayos, un universo mágico. El nivel subió, la dedicación aumentó y los ensayos tomaron gran parte de sus días.

     

    Sobredozis, un nombre peculiar para el momento, pero emocionante para la evolución del new metal que llegaba a Urabá. La emisora del pueblo los contactó para una entrevista. El locutor los trasformó en estrellas de rock y se impresionó con sus canciones, una experiencia para nuevas oportunidades. Los invitaron al festival Urabá vibra en Medellín y al año siguiente se tomaron la tarima de Urabá vibra en Bogotá. La fama aparecía poco a poco, mientras se hacían conocer, pero todos los sueños estaban pesando en el bolsillo.

     

    Un cambio trascendental

     

    ‘Si creyeron que llegaron a la punta de la montaña, no. Hay otra puntica más para seguir’, reza una frase que los Villegas recuerdan de sus inicios. Su vida se trasladó hacia Bogotá, en busca de nuevos proyectos. Grabaron su primer sencillo y participaron en espectáculos extraordinarios. Compraron una casa y la adecuaron en la sala de ensayo para la banda, pero necesitaban “sobrevivir” a la agitada vida de Bogotá. Rentaban el espacio, compartían con diferentes músicos y enseñaban sus conocimientos. Se crearon nuevas experiencias musicales y se convirtieron populares en el negocio. Pero todos sus sueños se fueron derrumbando a cambio de dinero y la banda desapareció.

     

    Fer empezó a trabajar en La Hamburguesería y Alejo era ingeniero de sonido en el mismo restaurante, un trampolín para conocer más gente del gremio. Efectivamente; conocieron muchas bandas, managers, ingenieros y cantantes, pero el dinero y los reconocimientos pasaron a ser su principal felicidad y armonía. “Todo viene y todo se va, todo sube y tiene que bajar, las cosas pasan cuando tienen que pasar, en el momento indicado, ahí va a estar”, cantaban los Villegas en Magia. Un sentimiento revolcó sus corazones y decidieron dedicarse completamente a la música.

     

    Precisamente el cumpleaños de los mellizos, un 11 de septiembre, el productor de Fanny Lu contacta a Fer para participar en un espectáculo junto a ella y otros artistas. Alejandro se involucró en el trabajo como un rayito de luz extra y aquel fue un punto clave en la ruta para que se cumplieran los sueños de los hermanos. “Traje serenata cósmica y galáctica, mágica y romántica, con ukulele y mucho Caribe”, cantaban los Villegas en Cuando te miro a los ojos.

     

    Momentos extraordinarios acompañados de música

     

    Tomaron contacto con Lucas Arnau, cantautor colombiano de pop latino. En 2015 fueron invitados a participar en su álbum Buen camino, compuesto por duetos con Adriana Lucia, Silvestre Dangond, Amaury Gutiérrez, entre otros. La producción fue nominada al Latin Grammy como mejor álbum tropical contemporáneo, acreditando la producción de los mellizos en De la mano. Primera nominación para Lucas y los Villegas.

     

    En su traslado en 2016 a Medellín el viaje continuó con Arnau para un nuevo álbum: Teatro, en 2017. La colaboración de 6 canciones, entre ellas Cósmico y Galáctico y Labios Rojitos, fascinó al público. Una vez más fueron nominados al Latin Grammy, como mejor álbum tropical contemporáneo.

     

    Los mellizos urabaenses, compositores y productores independientes, están a la espera de propuestas concordantes con su pensamiento. Ya están en su primer parto: Aquí y Ahora 11:11, once canciones, con once versiones acústicas, de su primera producción en desarrollo; un álbum recargado de pensamientos positivos y el despertar conciencia, mediante los colores del caribe.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • La incertidumbre de un médico en tiempos de coronavirus

    Hace pocas semanas, parecía inimaginable pensar que un virus originado en un país aparentemente lejano como China, nos cambiaría la vida de una manera tan abrupta. Una enfermedad inicialmente considerada por muchos como una “gripita”, ha puesto a nuestra salud en jaque.

     

    Escribo desde Medellín, a unos 15.776 kilómetros de Wuhan, una ciudad desconocida para nosotros hasta hace tres meses, cuando empezó a nombrarse en los noticieros de todo el planeta. Pues fue allí, y se dice con más certeza que en un mercado de animales silvestres, donde surgió el Covid-19, la enfermedad que se convirtió en pandemia y hoy nos tiene a casi todos confinados en nuestras casas durante 24 días al momento de escribir. Digo casi todos, porque los trabajadores de la salud, por ejemplo, continúan laborando incansablemente para protegernos, arriesgando su vida y la salud de sus familias.

     

    Video

    No es la institución en que trabaja el protagonista de esta historia, pero también la Clínica Universitaria Bolivariana experimenta los retos que impone la pandemia y su equipo humano ha reaccionado con la solidaridad gremial que expresa en este mensaje. Video: Youtube UPB.

     

    Los temores

     

    “Yo creo que es distinto lo que se siente, cuando la gente que uno ama tiene que salir a exponerse a este virus. Cuando alguien se dedica a la profesión que ama, en una situación como estas, es imposible que el miedo no lo tome por sorpresa”, dice mi madre con los ojos encharcados al referirse a mi papá, médico de 57 años del que se enamoró hace 25. Desde entonces, nunca se han separado.

     

    “Le echo la bendición siempre que sale para el trabajo, le digo que se encomiende a Dios, pero siento que así él no lo demuestre, se va temeroso”, dice mamá.

     

    No es nada fácil atender pacientes en medio de una crisis sanitaria sin precedentes, en la cual el nefasto coronavirus ha infectado a más de 2,2 millones de personas en el mundo y le ha quitado la vida a unas 150 mil. Leyendo la prensa, me doy cuenta de que en nuestro país, al momento en que esto escribo, ya son 3.233 los casos, 308 de ellos en Antioquia y 179 de esos aquí en Medellín. Mi padre es consciente de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra y ha sido franco en reconocer la posibilidad de morir, la cual, aunque no es muy alta (pues sólo el 3,5% de casos de Covid-19 son fatales), no por ello deja de asustarme.

     

    “Todos los días me voy a enfrentar contra la muerte. ¿Será que por la alta carga de exposición al virus me voy a infectar, me va a dar de una forma grave y me voy a morir? Todas esas inquietudes están en los médicos”, reflexiona mi papá.

     

    A pesar del clima de incertidumbre en el que vivimos, mi padre no ha perdido su exquisito sentido del humor. “Vámonos a vivir al Chocó”, decía jocosamente cuando aún no se habían reportado casos de coronavirus en ese departamento.

     

    Mi progenitor es un apasionado por su profesión. Las pocas canas que resaltan en su castaña cabellera son reflejo de los 33 años de experiencia como galeno, 27 de esos como anestesiólogo. “Si volviera a nacer, volvería a ser médico”, me dice sin titubear. Estudió Medicina con mucho esfuerzo, a punta de préstamos y cuando le preguntan por su alma máter, manifiesta con orgullo: “soy bolivariano”.

     

    De lunes a viernes, a las 6 de la mañana, mi padre parte desde nuestro apartamento hacia su lugar de trabajo, una prestigiosa institución prestadora de salud, donde labora desde hace unos 25 años. Se trata de una entidad de cuarto nivel de atención, que asiste pacientes con cuadros de muy alta complejidad.

     

    “Aunque tenga la fortuna de trabajar en una institución con procedimientos tan seguros, enmarcados dentro de las normas de higiene y seguridad, eso no te libera del miedo que como ser humano puedas sentir”, dice mamá.

     

    “Pa, ¿cómo está el ambiente en el hospital?”.

     

    “Pesado. Todo el mundo a la expectativa; cursos por todas partes de cómo cuidarse, de cómo ponerse los elementos de bioseguridad,.. Video va, video viene… Como quien dice: ‘no se vaya a infectar, güevón, cuidado’. Eso estresa, y se espera que en las próximas semanas se llene el hospital con pacientes de Covid-19.”

     

    “Seguro que ya debe haber pacientes contagiados allá, ¿te han dicho cuántos?”, le pregunto con curiosidad a mi padre.

     

    “Esa información es reservada, Fede. Las historias clínicas son confidenciales y sólo puede acceder a ellas el médico tratante. Pero amigos intensivistas me han dicho que hay 5 pacientes en la nueva UCI que abrieron exclusivamente para los pacientes de coronavirus. Sé que hay varios en urgencias esperando resultados…”

     

    Por estos días el hospital está en un 50 por ciento de ocupación, sólo se están atendiendo procedimientos urgentes y las cirugías electivas están canceladas. “Por precaución, el hospital no permite el ingreso de visitantes ni de acompañantes en áreas con pacientes portadores de Covid-19. Ya nos dijeron a los anestesiólogos que, si el hospital se llena con pacientes de coronavirus, los tenemos que asistir.”

     

    “¿Tenés miedo?”

     

    “Claro… Miedo a contraer una forma grave de la enfermedad, es decir, aquella que necesita soporte ventilatorio. Aproximadamente el 5% de pacientes de Covid-19 son conectados a ventilador, y el 90% de ese 5% fallecen, porque tienen los pulmones vueltos mierda. Afortunadamente al 80% de los infectados por coronavirus les da de una forma leve y al 15% restante, de una forma moderada. También tememos que se acaben los equipos de bioseguridad, de ver reducidos nuestros ingresos y algunos, de quedar sin trabajo, como por ejemplo aquellos que laboran en centros estéticos y su contrato es por prestación de servicios”.

     

    Los pacientes que requieren soporte ventilatorio son quienes requieren de cuidados intensivos. El problema es que en Antioquia actualmente hay apenas 510 camas de UCI, las cuales en su mayoría están ocupadas por pacientes que padecen otras patologías como infartos, politraumatismos o aneurismas, por ejemplo. El riesgo es que, si se llega a desbordar la crisis, no habría espacios suficientes para atenderlos, y el número de fallecidos sería inmenso. Según cifras del Ministerio de Salud, de las 5.300 camas de UCI que hay en nuestro país, apenas 2.650 están disponibles para asistir a pacientes con Covid-19.

     

    La realidad

     

    Al comienzo de la crisis, el hospital donde labora mi padre contaba con 40 camas de Unidades de Cuidado Intensivo, pero gracias a donaciones del empresariado antioqueño, se lograron incorporar desde el primero de abril 30 nuevas camas nuevas de UCI para tratar a los infectados con Covid-19.

     

    Sin embargo, hay una cosa clara: la tecnología es una extensión de la inteligencia humana. “Un error que he visto en los medios, Fede, es que piensan que un ventilador es igual a una UCI. Ojalá fuera así. Una UCI es una infraestructura de médicos, de equipos interdisciplinarios que soportan un paciente críticamente enfermo. No es únicamente un ventilador. Si eso fuera así, cualquiera alquilaba dos casas allí en la esquina y montaba una UCI. Cuando dicen que van a poner una UCI gigante en Plaza Mayor, me río, eso no es posible. ¿Dónde están los resonadores, los tomógrafos, los endoscopios, el laboratorio, el banco de sangre? Esos equipos sólo están en los hospitales. El ventilador es un elemento fundamental, pero no lo es todo”.

     

    “¿Pa, y qué es lo que hace un anestesiólogo?”, pregunto desde mi ignorancia.

     

    “Dormir a los pacientes y conectarlos a un ventilador. Somos la segunda línea después de los intensivistas para el manejo de los ventiladores. El anestesiólogo es como decir el intensivista del quirófano. Es el que le suministra la anestesia al paciente, es el responsable de monitorear los signos vitales durante la cirugía y además es el que maneja la vía aérea del paciente, el que lo intuba y lo extuba”.

     

    Al notar mi interés, mi padre continúa la explicación, haciendo el máximo esfuerzo por utilizar términos sencillos: “Para colocar el paciente en un ventilador, primero tienes que sedarlo, relajarlo… Luego tienes que colocarle un tubo, que va de la boca a la tráquea, con un aparatico que se llama laringoscopio. Y ese tubo es la interfaz que hay entre el ser humano y el ventilador. Colocar ese tubo no es tan fácil. Más de la mitad de los médicos en todo el mundo no saben intubar. Y esa es la diferencia entre la vida y la muerte. Para nosotros es fácil porque lo hacemos día a día, pero para un médico que no esté muy familiarizado, es un gallo”, agrega. “En ese lapso entre dormir al paciente e intubarlo, se puede vomitar. Porque como está relajado, no traga ni toce, entonces hay que hacer una serie de maniobras y tener ciertos equipos; aspiradores, por ejemplo. El manejo de la vía aérea es un capítulo inmenso de la medicina”.

     

    Intubar pacientes infectados con el Sars-CoV-2, es un procedimiento supremamente riesgoso para los anestesiólogos, pues cuando el paciente está en ventilación mecánica, bota ciertos aerosoles, es decir, micropartículas que viajan en el aire, las cuales tienen una alta carga viral y pueden ingresar fácilmente a la vía aérea del médico que está asistiendo al enfermo. “Una cosa es verlo en televisión, y otra muy distinta es cuando uno se pone el traje de bioseguridad y le dicen: ‘aquí está el paciente, intúbelo’, sabiendo que ese bicho puede entrar a su vía respiratoria. Hay médicos y enfermeras que lloran del susto”.

     

    “Cada vez que tenemos contacto con un paciente infectado, nos tenemos que poner una bata anti-fluidos y anti-aerosoles por encima de la pijama quirúrgica, tapabocas N-95, gafas, gorro y visera, que es una especie de acetato para cubrir la cara. Y aún así, no estamos cien por ciento protegidos contra el virus”.

     

    Cuando se utilizan los quirófanos del hospital para intervenir a pacientes contaminados con el virus, hay que esperar una hora para limpiar el recinto y luego otra hora más para volver a utilizarlo. “En ambientes cerrados y saturados como el hospital, el virus puede permanecer hasta dos horas”.

     

    Mi padre termina su jornada a las siete de la noche. Anteriormente se demoraba hora y media en llegar a casa, debido a los interminables tacos de nuestra ciudad. En tiempos de cuarentena, el trayecto que emprende desde el hospital hasta nuestro apartamento, le toma poco más de quince minutos. Mi reloj marca las siete y veinte cuando escucho el timbre. Abro la puerta y me invade una sensación de alivio al ver la silueta de mi papá.

     

    “¡Qué hubo mi Fede!”, me saluda efusivamente, mientras se quita los zapatos, se los entrega a mi madre junto con su mochila, para que ella proceda a atomizarlos con hipoclorito de sodio. Luego, entra directo al baño a ducharse, y aunque la ropa que trae puesta no es la que usa al interior del quirófano, de igual forma, se procede a lavarla de inmediato. Después de ese protocolo que realizamos a diario con el fin de protegernos, ahora sí nos podemos saludar y compartir las anécdotas del día.

     

    “… Es triste ver como discriminan al personal médico y paramédico por temor a contagiarse, sin tener en cuenta que ellos son los que están salvando la vida de tantas personas y que tienen que tener un protocolo de protección individual para no ser portadores del virus y por ende, no transmitírselo a nadie”, manifiesta mi madre con indignación.

     

    Dualidad

     

    Los aplausos, silbidos, el sonido de las vuvuzelas, pitos y los versos de canciones icónicas como Color Esperanza y Esta vida, indican que ya son las ocho de la noche. Inmediatamente, mis padres, mi hermano y yo, nos sumamos a la ovación. Desde el sábado 21 de marzo, diariamente se rinde un corto pero sentido homenaje a los trabajadores de la salud, nuestros héroes.

     

    Lastimosamente, todo esto contrasta con las actitudes discriminatorias de algunas personas hacia el personal de la salud en el transporte público y en los supermercados. “En un pueblo donde hay tanta gente ignorante, es triste ver como discriminan al personal médico y paramédico por temor a contagiarse, sin tener en cuenta que ellos son los que están salvando la vida de tantas personas y que tienen que tener un protocolo de protección individual para no ser portadores del virus y por ende, no transmitírselo a nadie”, manifiesta mi madre con indignación.

     

    Pasadas las diez de la noche, antes de dormir, me acercó a la habitación de mis papás y les doy un beso en la mejilla, deseando poder hacer lo mismo el día siguiente.

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Sociedad Amigos del Arte: el legado de una ciudad moderna

    Han pasado 84 años desde que se habló por primera vez en el Instituto de Bellas Artes sobre crear una sociedad promotora de conciertos que cambió significativamente la historia de la capital antioqueña, pues fue la puerta de entrada a la modernidad.

     

    El Teatro Junín (en el lugar que hoy ocupa el edificio Coltejer) fue uno de los escenarios principales de la oferta artística y cultural promovida por la Sociedad Amigos del Arte. Foto: Gabriel Carvajal (s.f.). Archivo BPP.

     

    La Sociedad Amigos del Arte de Medellín fue homóloga a la Sociedad Amigos de la Música de Bogotá, la base de un proyecto modernizador de ciudad, en momentos en que la Dirección Nacional de Bellas Artes promovía reformas en la práctica y la educación musical en Colombia. Su titular, Gustavo Santos, propuso al docente Carlos Posada Amador y a Antonio Cano, Director del Instituto de Bellas Artes, una sociedad para apoyar el II Congreso de Música celebrado en Medellín en 1937, idea que impulsó la realización de conciertos mensuales en los teatros de la ciudad.

     

    Tres de los más icónicos fueron el Circo Teatro España, ubicado entre las carreras Girardot y Córdoba y en medio de las calles Perú y Caracas; tenía capacidad para 6.000 espectadores de obras de teatro, circo, ballet, conciertos, cine mudo y carreras; además de corridas de toros para 4.000 personas. El Teatro Bolívar, construido en 1909 en tapias de caña brava, acogió en 1943 al maestro y violinista checoslovaco Joseph Matza, el primer director de la Banda Sinfónica de la Universidad de Antioquia. Asimismo, el Teatro Junín, diseñado por Agustín Goovaerts en 1922 y promovido por Gonzalo Mejía, empresario y productor de la película, “Bajo el cielo antioqueño”, tenía capacidad para 40.000 espectadores y recibió a la cantante Marian Anderson en 1955 y al bailarín Lew Christensen en 1958. Medellín era unos de los corredores de arte más importantes del continente.

     

    A comienzos de la década de los 20, Medellín tenía entre 120.000 y 150.000 habitantes y aunque el aforo de estos recintos era proporcionalmente mayor al que hoy existe, estos se llenaban gracias a la oferta de boletas a precios asequibles para todo público.

     

    Para amantes del cine mexicano, español y argentino, el Teatro Junín y Alameda eran siempre una buen opción; para el Cine continuo estaban los teatros Cinelandia y Aladino. Los amantes del cine erótico tenían al Sinfonía y Guadalupe; para el cine francés y europeo estaba el Teatro Opera, y para las superproducciones, el teatro Metro Avenida era un especialista.

     

    La Sociedad Amigos del Arte también motivó a cantantes, bailarines, músicos y pintores colombianos. Por ejemplo, Débora Arango recibió el primer premio en la Exposición Artistas Profesionales de Medellín, en 1939.

     

    Los artistas más destacados del momento estaban en la nómina de invitados a los espectáculos promovidos por la Sociedad Amigos del Arte. Foto: Colección Patrimonial Universidad EAFIT.

     

    La Sociedad Amigos del Arte difundió la música instrumental centroeuropea de los siglos XVIII y XIX, ayudó a potenciar la enseñanza de la música en los centros educativos del país como el Conservatorio Nacional en Bogotá, dirigido por Guillermo Uribe Holguín. Medellín tuvo nuevos espacios para escuchar música, nuevas orquestas, grupos musicales y congresos de música, docentes extranjeros que transformaron la educación musical, hasta grabaciones de discos extranjeros, con la radiodifusión en pleno auge; todos fueron elementos que cambiaron el modo de vivir en la ciudad.

     

    Toda esta cultura artística nos regaló la mejor idea de ciudad. Aunque la SAA desapareció en 1962 ante la falta de miembros fieles y público para los conciertos, su legado permitió que las clases sociales pasaran a un segundo plano, pues gente acomodada, campesinos y obreros, disfrutaron sin distingo del gusto por el arte. Así lo confirma uno de sus asiduos visitantes, German Jiménez Gil, hoy Jefe Comercial de Cotrafa en la Zona Centro, quien recuerda cómo una tarde de películas con amigos era parte de su vida.

     

    La mayoría de las personas que construyeron este legado no viven hoy en día, pero es nuestra labor como ciudadanos rememorarlo para contarlo.

     

  • La fe no se contagió del virus

     

    Relato de rutinas parroquiales y oficios religiosos “a lo que da la conexión”. Así se vivió una Semana Santa inédita al oriente de Medellín.

     

    Soledad y silencio de domingo, vientos fríos provenientes de Santa Elena se perciben en el ambiente y la diversidad sonora de aves deleitando con su singular silbido el oído de todo un barrio. Rayos de luz de un sol dominguero tropiezan con las campanas de una de las parroquias del sector en la iglesia San Joaquín y Santa Ana ubicada, al oriente de Medellín, en el barrio Quinta Linda.

     

    << Con este parlante se hace el rezo del Angelus por el personal de salud en el mundo. Foto: Alejandro Zapata.

     

    Construida en julio del año 2000, nunca antes se vio obligada a cerrar en plena Semana Mayor sus metálicas rejas que hacen de puertas. El innombrable virus no solo ha atacado al sector económico y político sino también la vida cultural y religiosa de la comunidad, obstaculizando, descomponiendo y haciendo imposible cualquier integración eucarística y sacramental en las parroquias. La restricción la ratificó la Arquidiócesis de Medellín, de acuerdo con lineamientos del Gobierno Nacional.

     

    Ornamentos parroquiales en pandemia

     

    Organizando el altar con dos cirios blancos rodeados por varias ramas, adecuando algunos telones de tintes rojos, disponiendo todos los ornamentos en escena, se encuentra el presbítero Silvio Peña, encargado de celebrar la misa. Más atrás lo acompaña un Jesús simpático que cabalga un burro con un rostro extraño y dos tiras amarradas a su hocico, no muy grande, con rasgos poco definidos y piel grisácea. Aquel Jesús —de los tantos que hay—, particularmente sostiene en su brazo izquierdo un ramo, aludiendo al Domingo de Ramos que en épocas de Semana Santa evoca cientos de rostros alrededor del templo, pero esta vez dejó las bancas de la iglesia como un completo desierto.

     

    Simultáneamente, cerca al altar, se sitúan dos objetos para nada acordes con la ornamentación eclesiástica y bastante extraños para el clérigo: un par de teléfonos celulares listos para filmarlo mientras ofrece la palabra a los devotos.

     

    Al cura el virus le ha llegado como un baldado de agua fría. La Semana Santa y el significado de la gente en las bancas es muy valioso para él. Se dispone a iniciar la “Eucaristía virtual” y junto a él, Diego Mejía, sacristán de la parroquia, se encuentra organizando los últimos detalles técnicos para la transmisión vía Facebook Live e Instagram. Una vez adecuado todo para la emisión Diego camina con paso acelerado, falta poco para las 12:00 del día, se dirige hacia la parte trasera del convento donde se encuentran las campanas, con contundencia agita la cuerda que sostiene el badajo de la campana para hacerla sonar, haciéndole saber a los vecinos el comienzo de la misa.

     

    Ese toqueteo de campanas desde el 11 de marzo se viene presentando de acuerdo con las invitaciones desde la Santa Sede en la Ciudad del Vaticano a rezar el Ángelus por los afectados del COVID-19.

     

    Los cristales de las cámaras de los teléfonos parecieran ser un par de ojos que apuntan directamente a la mirada inquieta del presbítero al retumbar en su mente que una Semana Santa totalmente inusual está por comenzar. Para él, un Domingo de Ramos —en sus más de 45 años como padre ordenado— nunca había sido tan extraordinario a tal caso de presentar la misa a través de dispositivos electrónicos.

     

    El reto tecnológico puso a prueba la vocación de los religiosos. Foto: Alejandro Zapata.

     

    La angustia de los párrocos

     

    Al padre Silvio le inquieta no ver a la gente en las bancas:

    “Es difícil, el alma del sacerdote es la gente, yo no soy padre si no tengo gente, ¿a quién le iré a celebrar la misa?, ¿A quién voy a confesar? Es complicado.

     

    “Sabía que hoy mi iglesia no abriría, mi mente y corazón cayeron en una notable percatación (SIC) de que mi parroquia estaría vacía, nadie a quien aconsejar, sin ningún niño para bendecir, ningún penitente para absolver, pocas manos que apretar, ¡nada! Estos días he celebrado la misa solo, sabiendo que hay almas hambrientas de la Eucaristía, entonces me pregunté, ¿cómo es posible ser sacerdote sin pueblo? ¿cómo es posible ser iglesia sin la comunidad alrededor?

     

    “Todo esto es complejo, hace días vengo viendo la televisión y veo muchas noticas de cómo cuidar la salud física, pero… ¿dónde queda la salud espiritual? Veremos qué podemos hacer desde aquí”.

     

    Algunas de las estrategias

    El párroco no se queda lamentándose. En su mirada aún se perciben destellos de fe y esperanza. Está en constante búsqueda de alternativas. Desde hace un par de días junto con la ayuda de Diego sitúan un altavoz, no muy grande, con dos antenas que permiten desde un micrófono transmitir la aguda voz del clérigo a la hora de predicar la palabra.

     

    El parlante está en el atrio del convento, un lugar que después de varias baldosas se avista un terreno colmado de pasto y árboles que armonizan con el sector. El sonido alcanza máximo hasta una cuadra del barrio. Algunos de los transeúntes, todos con tapabocas, poco a poco observan el parlante y se acercan a persignarse, echarse una bendición o simbólicamente hacer un gesto que demuestre su absoluta devoción.

     

    A lo largo de las calles se siente el pálpito de un sector bastante devoto: balcones adornados con figuras de Jesucristo que sujeta ramos trayendo a la memoria junto con algunos telones de color borgoña y rojo el aroma al inicio de Semana Santa. Ese rojo, según los colores litúrgicos, es el del Espíritu Santo que en la mayoría de miradores no falta.

     

    Transcurren los días lunes, martes, miércoles y se repite el toque de campanas, el color morado es omnipresente al interior de la capilla, en estos encuentros no más de cuatro personas completamente distanciadas se disponen con sus respectivos tapabocas a recibir las palabras del evangelio. Diego, después de tocar las campanas, minuciosamente se asegura que los dos móviles que apuntan directamente al sacerdote, el altar y la Biblia, estén transmitiendo en vivo.

     

    Nuevos caminos hacia la fe

    Aquellos días, entre Facebook Live e Instagram, las predicaciones del padre Silvio llegaron a captar la atención de 140 espectadores que, desde ordenadores, teléfonos celulares, tabletas y demás dispositivos se conectaron. Las habitaciones, las salas e incluso las cocinas se convierten en pequeñas parroquias a donde llegaron las ondas de sonido y las transmisiones que propagan las oraciones del párroco. Diego Díaz Uribe, delegado arzobispal para Comunicaciones de la Arquidiócesis de Medellín asegura que en el municipio existieron alrededor de 340 parroquias que celebraron las Eucaristías sin la presencia de los fieles y solo fueron transmitidas por los distintos medios digitales.

     

    Lucía Hincapié es una de las creyentes más fervorosas del barrio, para ella el triduo (Jueves, Viernes y Sábado Santo) es de los momentos más especiales del año y no puede perder las palabras del padre Silvio. Es por eso que su hija Martha no dejó de configurarle el teléfono celular para escuchar la misa como si estuviera junto al padre. Las arrugas de Luci hacen notar sus 91 años, de los cuales en ninguno de estos había vivido un episodio tan trágico para la Iglesia católica, para el mundo, para ella.

     

    El mismo Viernes Santo, la Vigilia Pascual de la noche del sábado y el Domingo de Resurrección, fueron para doña Lucía y millones de feligreses una nueva experiencia de fe, con métodos, medios e ideas inéditos en la historia del clero y en la Semana Mayor, todo para que un virus no arrebatara la fe.

     

     

     

  • Una Semana Santa en el exilio

     

    Un testimonio vía wi-fi de una Semana Santa inédita en la historia de la Iglesia Católica: reflexión y oración a 3,25 mega bytes por segundo, en el término de la distancia impuesta por la pandemia de coronavirus.

     

    El rey David, segundo rey de Israel, recibió directamente de Dios los planos para construir el Templo de Jerusalén. No fue él, sino su hijo Salomón quien en el cuarto año de su reinado llevaría a cabo la construcción de un nuevo Tabernáculo donde la nación hebrea podría confluir a adorar la presencia del Dios de los judíos. Este, imponente, se levantó sobre el Monte Moriá con todo el esplendor que Salomón le agregó: madera de cipreses, cedros y olivos silvestres talladas con decorados y puertas, pisos y paredes cubiertas de oro macizo.

     

    La opulencia del Templo fue siglos después opacada por la invasión babilónica a Israel y, a manos de Nabucodonosor, el Templo con la ciudad fueron destruidos y el pueblo expulsado a una tierra que no correspondía a la que su Dios había prometido. Esa fue una de las tantas veces en que el pueblo judeocristiano no pudo congregarse en el lugar que habían erigido para la invocación de su dios.

     

    La Semana Santa de 2020 se une a los momentos históricos donde la iglesia, considerada como el cuerpo y no el edificio, ha tenido que disgregarse. Esta vez, la primera luna llena de primavera, que tradicionalmente da el inicio a la mayor festividad del cristianismo, marcó el comienzo de una semana que transcurriría entre más pena que gloria y de forma diferente a lo habitual. La Semana Mayor vendría a un mundo convulsionado por una pandemia que obligó a la población mundial a confinarse. Para el día donde los ramos conmemoraban la entrada triunfal del Mesías, ya el mundo sumaba más de un millón cien mil casos confirmados y alrededor de sesenta y dos mil setecientas muertes, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.

     

    A puertas cerradas

     

    Al mundo llegaron imágenes de la basílica de San Pedro como nunca antes de había visto en la Semana Mayor para los católicos. Foto: Vatican.va.

     

    Rodeado de una Italia herida y agrietada por un verdugo microscópico que le pasaba un saldo de 15362 fallecidos, el papa Francisco ofició su misa de Domingo de Ramos encerrado en la Basílica de San Pedro. Esto, observando las indicaciones de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en el decreto En tiempos de Covid-19 que ordenó que los ritos de esta semana fueran oficiados sin el pueblo, “evitando la concelebración y omitiendo el saludo de paz”. Asimismo, el lavatorio de los pies, la misa crismal y las demás procesiones debían ser omitidos y/o pospuestos para fechas más indicadas.

     

    El esplendor y la monumentalidad de la Basílica de San Pedro hacían resaltar la soledad con la que Francisco y un séquito de religiosos desfilaban para iniciar la eucaristía. El octogenario obispo de Roma vestía de rojo, como es lo usual para las celebraciones de Semana Santa y Pentecostés, y lo adornaba el palio arzobispal, distintivo de los obispos y que predica el cuidado de un pastor que carga sus ovejas al hombro. En su mano, un báculo que termina en un crucifijo, que también evoca el cayado del pastor que da aliento al salmista en el bien conocido Salmo 23 y sobre su cabeza, la mitra simple que imita la indumentaria de los primeros sacerdotes hebreos.

     

    El papa bendijo los ramos con el hisopo empapado de agua bendita y balanceó el incensario sobre el altar y la Escritura. El texto que abrió la celebración fue aquel donde el apóstol Mateo narraba la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén sobre un burro y entre una multitud que tendía una alfombra de ramas para él y clamaba a las alturas ¡hosanna!, porque su salvación había llegado de los cielos. A la voz de Mateo, se unieron en la liturgia de la Palabra la del profeta Isaías desde las montañas de Israel, la del salmista y rey David desde su trono en Jerusalén y la del apóstol Pablo desde las celdas de Roma para la tierra de Filipos.

     

    Una voz que clama en el caos

     

    << Presidiarios, capellanes, voluntarios, víctimas de convictos, médicos, guardianes de las cárceles italianas prepararon las reflexiones para el Via Crucis celebrado en una Plaza de San Pedro solitaria. Foto: Vatican.va.

     

     

    El mundo ansiaba un mensaje de esperanza, una palabra de aliento que podía venir de la boca del líder de la religión más confesada en el mundo. Ese día, la lectura del Evangelio según San Mateo retrataba la última cena de Jesús con sus discípulos: un momento de suma tensión donde Jesús lava los pies de sus amigos, comparten el pan y Jesús revela quién lo va a traicionar. Los momentos en el Getsemaní antes de que fuera capturado enseñan a un Jesús humano, más parecido a nosotros: está angustiado por la muerte y clama vehemente a su padre que lo libre si así es su voluntad. Era un Jesús en crisis, como lo estaba el mundo en ese momento. El relato avanzó hasta que Jesús da su último respiro en la cruz y ahí, guardando respeto por el sacrificio expiatorio del Hijo del Hombre, todas las aproximadamente treinta personas en el recinto se arrodillaron y guardaron silencio.

     

    De ese relato, el papa da un parte de esperanza para la familia humana alrededor del mundo: “Hoy, en el drama de la pandemia, ante tantas certezas que se desmoronan, frente a tantas expectativas traicionadas, con el sentimiento de abandono que nos oprime el corazón, Jesús nos dice a cada uno: ¡Ánimo, abre el corazón! ¡Ánimo, sentirás el consuelo de Dios que te sostiene!”. Era un llamado a ver al Jesús que humillado sirvió a la humanidad, uno que sufrió la traición, el abandono y la deslealtad y que entiende el sufrimiento humano.

     

    Inspirados en ese Jesús, Francisco animó a vivir una vida de servicio, asegurando que “la vida no sirve sino se sirve, porque la vida se vive desde el amor”. Un servicio y una conmiseración necesarias en tiempos de pandemia y un servicio que para el papa resalta a los verdaderos héroes, a los que no han temido entregarse por los demás porque son valientes para amar. Ese Domingo de Ramos, Francisco le recordó a un mundo despojado de su cotidianidad, que la alegría más grande radica en el amar.

     

    Una semana para la historia

     

    Para cuando terminó esa Semana Santa, en la que nadie se dio la paz ni recibió la comunión, la cifra de infectados según la OMS estaba por alcanzar el millón setecientos mil. Francisco ofició la misa de Domingo de Resurrección tal como lo hizo el primer día de la semana; en las lecturas se conmemoraba dos sermones del apóstol Pablo avivando a la incipiente iglesia con la esperanza del Cristo resucitado y lo mismo hizo el papa.

     

    La homilía no la compartió durante la misa, sino durante la bendición Urbi et Orbi que generalmente se reserva para Navidad y Domingo de Pascua, pero que ya días antes, por las situaciones excepcionales que pasaba el planeta, la había proferido. La de ese día proclamaba con alegría que Jesús había resucitado: “Esta buena noticia se ha encendido como una llama nueva en la noche, en la noche de un mundo que enfrentaba ya desafíos cruciales y que ahora se encuentra abrumado por la pandemia que somete a nuestra gran familia humana a una dura prueba”.

     

    Invitó al mundo a contagiarse de esa esperanza que el cristianismo proclamaba en su conmemoración más importante, contagiarse de corazón a corazón y dejar que el sufrimiento de Cristo sane las heridas de una humanidad desolada. Además, recordó que no es tiempo para ser indiferentes a la realidad del mundo: hizo llamados al alto al fuego mundial, al fin de la guerra en Siria, Yemen, Irak y el Líbano; a la paz entre Israel y Palestina y al fin del sufrimiento en Venezuela.

     

    En la segunda bendición Urbi et Orbi en menos de un mes, el Sumo Pontífice no solo envió un mensaje para reconfortar los espíritus en medio de la pandemia, sino que volvió a poner en la agenda conflictos y problemas cuya gravedad no se atenúa ante la emergencia sanitaria mundial. Foto: Vatican.va.

     

    Francisco cerró la Semana Santa de 2020 sin multitudes en la Plaza de San Pedro, con un pueblo silente detrás de las cámaras que transmitían para el mundo entero, un pueblo en el exilio como Israel en Babilonia, pero reafirmando el mensaje de Jesús como uno que puede seguir arrojando luz sobre un mundo que constantemente se enfrenta a las tinieblas, y esta vez las de una pandemia que vino a socavar nuestra frágil realidad.

     

     

     

     

  • Recuperar el foco en los deportistas, la nueva premisa de Indeportes

    Durante el pasado periodo de gobierno, el Instituto Departamental de Deportes de Antioquia (Indeportes) atravesó una de las más graves crisis de su historia. Un escándalo por una presunta red de corrupción que habría desfalcado a la entidad en al menos de 5.124 millones de pesos, según la Fiscalía, y una cadena de errores administrativos que culminó con la pérdida del título en los pasados Juegos Nacionales, después de 12 años de supremacía, fueron el cierre de un ciclo que dejó sinsabores en cientos de entrenadores y deportistas de alto rendimiento.

     

    Bajo ese contexto, el pasado 1 de enero, el gobernador Aníbal Gaviria posesionó a Sergio Roldán Gutiérrez como gerente de Indeportes Antioquia. El nuevo funcionario, abogado especialista en planeación urbana y quien por primera vez asume un cargo relacionado con el sector deportivo, conversó con CONTEXTO sobre los retos de la entidad de cara a los próximos cuatro años.

     

    Con base en la información que ustedes recabaron durante el proceso de empalme ¿cómo califica la gestión de la pasada administración?

     

    A nosotros no nos toca calificar la gestión. Dirigir algo en lo público es muy difícil, implica un montón de trámites. Yo creo que todo se resume en que hay que poner mayor supervisión en los procesos. Esa es la enseñanza que nos deja de tema. Uno cree que las instituciones están como por inercia moviéndose y no, hay que tener una persona que tenga la capacidad de direccionar lo que pasa.

    Las ligas e Indeportes Antioquia suscribieron en enero pasado un pacto de buena voluntad para fortalecer el trabajo coordinado en pro del deporte regional. Foto: Indeportes Antioquia.

     

    Bajo su mirada ¿a qué se debió la pérdida del liderato de Antioquia en los Juegos Nacionales?

     

    Son muchos factores. Por un lado creo que Indeportes perdió el foco, se concentró en infraestructura cuando el foco es el deportista y su proceso. También se descuidó la redacción de la carta fundamental de los juegos. Colombia dejó politizar el deporte y entonces entre dos actores políticos definieron eso como quisieron. Los Juegos Nacionales, como se han venido dejando manipular por un montón de situaciones políticas y técnicas ya no son un fogueo. Nosotros tenemos deportistas que ganan seis o siete medallas de oro, es decir, que no hay fogueo. Su fogueo es en los juegos panamericanos, suramericanos, iberoamericanos y en los olímpicos.

     

    ¿Qué otros errores influyeron?

     

    También hubo un proceso administrativo muy débil con respecto a uno de los elementos en los altos logros que es el hospedaje, eso implica el tiempo de descanso y la nutrición completa. Ahí hubo muchos errores. Entonces, como el tema se empezó a desarrollar mal desde el principio y acabó mal.

     

    Durante el pasado gobierno una decisión muy criticada por los entrenadores fue la suspensión del servicio de alimentación en la villa olímpica Antonio Roldán ¿que pasará con eso?

     

    Hemos estado trabajando a todo precio para reactivar eso, incluso haciendo un montón de movimientos presupuestales para poder lograrlo. El objetivo es que el atleta que esté en la villa esté tranquilo y con todo resuelto. Con la rutina de entrenamiento, con el entrenador y la comida y que cada mes se le desembolse el incentivo para que pueda mandar a la casa algo. Ese es el compromiso de nosotros y estamos trabajando en eso.

     

    ¿Y que pasará con los entrenadores?

     

    Yo tomé la decisión de contratar directamente con los entrenadores del departamento. Hasta este momento son casi 200 entrenadores contratados directamente por Indeportes que empezaron en este mes de marzo. Indeportes no fue capaz de resarcir el daño causado a ellos pagando las mesadas que ellos dejaron de percibir el año pasado, porque jurídicamente no hubo una salida. Pero en este momento tenemos muchas cosas resueltas, volvimos a abrir la villa con todo adentro y le desembolsamos los incentivos a los deportistas. De afuera es muy fácil juzgar y preguntar, pero todo eso nunca se había hecho tan rápido y tan eficiente.

     

    ¿Cuál es la estrategia para revertir la fuga de talentos que tanto afectó a la delegación de Antioquia durante los pasados Juegos Nacionales?

     

    Desde afuera todo el mundo juzga, mira y hace sus comentarios un poquito irresponsables. Tener una medalla de oro en los Juegos Nacionales implica más o menos siete años de formación en los clubes, ligas y equipos de alto rendimiento que están vinculados a Indeportes. Entonces cuando alguien gana oro y viene un departamento que no tiene capacidad de formarlos y los compra ¿qué hace uno ahí? Yo creo que esa pelea no se tiene ni que dar.

     

    ¿Por qué no se tiene que dar esa pelea?

     

    Primero porque el gobierno nacional permite eso y segundo porque hay deportistas de alto nivel que, pese a las dificultades, siguen aquí. La estrategia será darle la oportunidad a los que tienen plata para que saquen oro, porque están en el proceso de formación. Yo esa puja no la voy a dar.

     

    ¿Eso quiere decir que se van a fortalecer los incentivos a los deportistas?

     

    Es que los tienen. Lo que pasa es que hubo un periodo de dirección de Indeportes donde hubo muchos atrasos e irregularidades con ese tema. Hay gente que se pregunta cómo es que no se apoya un deportista si ganó una medalla de oro. Eso ni siquiera es responsabilidad mía, eso lo tendrían que hacer las ligas. Pero como ellas no hacen su trabajo, en vez de ir a buscar plata a donde deben ir a buscarla, vienen y me buscan a mí, a Indeportes, para que yo les patrocine lo que les toca hacer a ellos. El incentivo funciona cuando cada quien hace su trabajo. Si la liga hace su trabajo, funciona. Si el club hace su trabajo, funciona. El trabajo será la articulación de todo ese el subsistema de deporte del departamento, que todos aporten en igualdad de condiciones.

     

    ¿Usted cree que las ligas deben organizarse más?

     

    Yo creo que sí. La liga no puede venir a decirme a mí “págueme dos entrenadores y apóyeme en este evento”, cuando su trabajo es ir a gestionar eso. No lo hacen y su recurso es remitirse a Indeportes, diciéndole: “Si usted no me dá entoces me voy para Valle, si usted no me ayuda esto lo hago en tal parte”, como si esto fuera una actividad comercial. Esto es una actividad social y el trabajo de nosotros es fomentar el deporte. Hay muchas ligas haciendo un trabajo muy bien hecho, pero hay otras que no están haciendo absolutamente nada.

     

    Hace un momento usted planteaba que uno de los errores de Indeportes fue haberse concentrado en la infraestructura ¿por qué?

     

    Yo creo que sí. Se forzó a dos empresas muy importantes de Antioquia a meterse en unos proyectos que no teníamos, desde la sensatez, ni siquiera porqué pensar en hacerlos. Había que resolver otras cosas primero. A mi no me corresponde decir si me gusta o no el Central Park, si estoy de acuerdo o no, ahí está y hay que seguir. Pero yo me pregunto: si Indeportes no tiene un solo escenario deportivo, ni uno, ¿por qué se concentra en eso? ¿En un escenario de 150 mil millones de pesos? ¿Por qué? Ese no es el foco. Indeportes tiene una unidad de infraestructura, que ha diseñado y supervisado gran parte de los escenarios deportivos de Antioquia, pero Indeportes no construye.

     

    La prioridad será el apoyo y promoción al trabajo de los deportistas. Las contingencias por la pandemia de coronavirus hace todavía más urgente esta tarea. Aquí, integrantes de la selección de tiro con arco durante la más reciente parada nacional. Foto: Indeportes Antioquia.

     

    En resumen, ¿cuáles son los proyectos principales que van a impulsar durante estos cuatro años?

     

    Tenemos como línea principal la potenciación del rigor en la formación de alto nivel. La multiplicación de la atención y la cobertura en fomento. Y la generación de unidades de negocio que sean capaces de sostener parte del valor que implica el mantenimiento de los escenarios deportivos.

     

     

     

     

     

     

  • Un adulto distinto, con el teatro o sin él

     

    La vida de John Fredy Bedoya Castaño, director y profesor de teatro por más de 25 años, es un viaje por el cosmos de las artes escénicas y la experiencia de vida de muchos jóvenes en los barrios populares de Medellín.

     

     

     

    Desde sus 13 años Fredy Bedoya se ha encontrado con la destreza de hacer teatro en los diferentes barrios populares de la ciudad. No le importa si es en las afueras de un colegio, una cancha de fútbol o una manga, con tal de hallar un grupo de jóvenes entusiasmados, no dudará de estar ahí para transmitirles el encanto de articular gestos, emociones y sensaciones ante un público.

     

    Criado en el barrio Loreto —comuna 9 de Medellín—, Bedoya aprendió a distinguir que otro tipo de actividades, distintas a estar en las esquinas delinquiendo, le llamaban más la atención. Junto con él, muchos amigos empezaron a apostarle al arte que nace y se configura en los jóvenes; que son aquellos chicos y chicas fervorosos de estudiar y compaginar a sus hábitos cotidianos la producción escénica. Corporación Nuestra Gente, ubicada en la comuna 2 ­—Santa Cruz— es uno de esos lugares en el cual Fredy expresa y comparte con todo su hervor la magia de proponer espacios distintos; rebosantes de aprendizaje y emociones.

     

    Teatro, comunidad y juventud. Elementos que se conjugan en la apuesta de Nuestra Gente y que han dejado huella en la Comuna 2 y en la ciudad. Foto: Nuestra Gente.

     

    ¿Qué siente al estar dirigiendo adolescentes en el ámbito teatral?

     

    Yo me emociono. Para mí, hacer teatro es de emoción. Tengo dificultades con el tema de ser profesor, porque realmente no quiero asumir esa responsabilidad de serlo, pero cuando estoy con los grupos, lo que trato es que entiendan que esto lo tiene que atravesar a uno por el corazón, entonces si yo quiero que ellos entiendan que esto es emoción, que esto es deseo, que esto es ganas, eso me tiene que pasar a mí. Si yo les digo con un libro, vean: “el teatro es el deseo… según fulanito de tal es una emoción…” No, no, no, según fulanito no; según como lo vivamos, y lo tenemos que vivir desde la experiencia emotiva y apasionada, para mí el teatro es eso y estar con los jóvenes es eso. Yo me siento Drácula porque yo no los pongo a hacer nada que no sepa hacer, en unos años voy a estar sentado. Pero ahora que tengo el ánimo y que el cuerpo todavía me responde, hago con ellos todos los ejercicios.

     

    Si no me emociono haciendo teatro, enseñando teatro, explicando teatro, investigando cómo hacer una escena, si no me emociono en esa acción, ¿cómo le voy a pedir a ellos que se emocionen? Disfruto, me río, gozo y paso muy bueno. Disfruto mucho porque me siento Drácula. Drácula necesitaba beber sangre para estar siempre inmortal y joven, siento que compartir con ellos —no me hace inmortal—, pero sí me hace sentir joven, joven en cuanto al ánimo, joven en cuanto al deseo, a las ganas, una cosa será el cuerpo en unos años, pero otra cosa va a ser ese espíritu que ellos me regalan en cada ensayo, trabajar con jóvenes es eso; es que a veces nos puteamos, pero nos abrazamos también. La energía de ellos es poderosa.

     

    Teniendo en cuenta estos sentimientos, ¿qué opina de que los jóvenes practiquen teatro?

     

    Para mí ha sido muy natural que los jóvenes lo practiquen. Cuando yo empiezo a hacer teatro lo hago con jóvenes de barrio en una apuesta muy social­ —digamos que era para nosotros en el barrio­—. Nos presentábamos en una esquina, en una cancha, no teníamos un teatro, ni nos presentábamos dentro de los colegios. El teatro que hacíamos era callejero, era presentar en cualquier parte. Siempre con ese sentido de lo social. Es una posibilidad de que un niño juegue de otra manera, no siempre a la guerra y con carritos, sino que haga unos juegos donde él a partir del juego se reconozca a él y reconozca a otros, eso empieza a ser muy importante. A los jóvenes les empieza a pasar lo mismo, solo cuando estás ahí y ves los cambios de un joven que está en un grupo en el cual se manejan valores distintos, intereses distintos a los del dinero, el vicio, la corrupción, hace jóvenes distintos, el teatro te propone otros mundos posibles.

     

    Siendo los jóvenes protagonistas, ¿cuáles son los principales retos con los chicos y chicas que empiezan en este arte?

     

    Ser joven hoy en día es más difícil porque tienes muchas cosas que te distraen, el mundo ha inventado un montón de cosas que te distraen, y recuerdo cuando era joven. Me distraje jugando fútbol; no tenía Play, Xbox, no tenía internet. El mundo va cambiando y los retos también. Cuando llegué a esta casa ­ [Corporación Nuestra Gente] los jóvenes tenían una carencia económica enorme, teníamos a niños que se iban a la escuela sin desayunar, muchas veces venían y aquí almorzábamos, lo cual era su primer alimento del día, había esa carencia.

     

    Por otra parte, hacíamos ejercicios en los cuales les preguntaba qué se veían haciendo en 5 años, y decían que querían trabajar, pero ¿quién dictaba eso?, La necesidad. El 90% de ellos no veía la posibilidad de seguir estudiando, se proyectaban terminando el colegio y saliendo a trabajar. El teatro sirvió para ir cambiando el chip. De pronto, pasado ese tiempo, todos se fueron a estudiar, esa fue de las alegrías más grandes que he sentido en mi vida a partir de un proceso.

     

    Para mí es un logro, una maravilla, siempre lo he recalcado cuando vienen a visitarme, el logro más grande que hemos tenido desde el 2008 es que hoy los jóvenes que vienen a Nuestra Gente, todos desean estudiar, todos ven la universidad como una opción, eso ha cambiado las condiciones de vida de muchos de ellos.

     

    A su vez hablamos de dificultades, ¿cuáles cree que acechan a los chicos en esta ciudad?

     

    La violencia. Te pongo el ejemplo de cinco compañeros. Ellos eran de la calle, de la esquina, sardinitos, como si no tuvieran papá y mamá, hacían lo que les daba la gana, les encantaba el fútbol, mantenían esta casa azotada a piedra, quebraban los vidrios, porque no eran parte de la casa. Un día una compañera los vio arrojando piedras y en ese instante los convenció de unirse a un grupo que estaba yo empezando a desarrollar. Desde eso empezaron a asistir, eso sí, todo el día jugaban fútbol, estaban en las calles y yo decía: “Están tan cerca del espacio de la violencia”, tan cerca al espacio de la banda, del crimen, del bandido, ellos van a terminar allá. Pero los empezamos a “robar” de esos espacios, —de esos cinco tres muy encarretados—, de ellos, solo uno cayó en las redes de la violencia.

     

    Siendo tan evidente la violencia como un problema, ¿cómo afrontar este inconveniente?

     

    El teatro no salva, lo que te posibilita es encontrarte con otra gente. Es el encuentro con los otros. Esos pelaos que no veían la posibilidad de estudiar, terminaron estudiando, ellos que estuvieron tan cerquita de ese otro mundo, lograron aquí encontrar otra posibilidad gracias al encuentro con el otro. Vos venís aquí y encuentras un grupo, empiezas a encontrar por ejemplo identidad con Sara, a Sara le gusta leer, Sara te presta el libro y empiezas a leer, ella te invita a eventos culturales, te dice: “¿Vamos a la universidad que hay un concierto?”. Es decir, empieza a ver un contagio bacano, que hace que entre ella y vos se transformen, solo que el teatro te da, te empuja, te invita.

     

     

     

     

     

     

    << La casa amarilla, sede de Nuestra Gente, es punto de referencia barrial y de toda la ciudad. Foto: Nuestra Gente.

     

     

     

     

     

     

    Hablando de la parte económica, según el subsecretario de Cultura y Ciudadanía, Álvaro Narváez Díaz, hay 2 200 millones para el programa de Salas Abiertas este año, ¿es suficiente este presupuesto entre 20 a 30 espacios teatrales de la ciudad?

     

    Cada vez es más poquito, mermó el presupuesto. Pero hay cada vez más salas. Eso está bien que haya salas. Hace un rato decías que las salas están cerradas, pareciera que a nadie le importara que las salas de teatro estén cerradas, pero ¡qué miseria el pueblo que no tenga una sala de teatro abierta! Sería muy triste. Uno celebra que cada vez haya más salas de teatro, sabe lo duro que se le viene al que arma una sala de teatro, es muy duro mantener una sala abierta, una cosa muy compleja, pero necesaria. Juntar al menos 10 personas es muy duro.

     

    Cuando hablamos del tema del dinero uno piensa que todos tenemos derechos a tener el sueño de una sala, pero el sueño de una sala tiene que ser el sueño de una ciudad. Un niño de aquí de Nuestra Gente decía hace días: “si Medellín tuviera en todos los barrios una casa amarilla o una casa como Nuestra Gente, de verdad que Medellín sería una ciudad de progreso, una ciudad diferente”. Yo le creo a él, pero eso tendría que tener una voluntad política de parte de los gobiernos, diferente a la que tienen, porque ahora lo que tienen es un presupuesto que funciona como una gran bolsa de la que todos tienen que comer de ahí, lo peor es que no todos alcanzan a comer. No se puede negar, Salas Abiertas es una ayuda muy tremenda, si nosotros nos quedamos sin Salas Abiertas un año sería un golpe muy bajo.

     

    ¿Cómo incentivar a los jóvenes a estudiar este arte?

     

    Aquí llegó un chico. Lo aprendí a querer mucho, él llegó y no se hacía querer, llegó porque su novia estaba aquí, entonces él quería hacer teatro con su novia, fue buen estudiante, empezó a encarretarse con el teatro, el teatro lo empezó a absorber, empezó a sentir responsabilidad con el grupo, a veces peleaba con el grupo, comentaba: “Solo quiero estudiar para mandar, para que me hagan caso”.

     

    El chico se gradúa y se regresa para su pueblo, tiempo después me llama y me dice que le ayude, y yo: “¿Con qué?” y él dice que quiere desde el arte hacer un proyecto para contrarrestar el tema de los suicidios en el pueblo. Él, que solo estaba preocupado por trabajar y mandar, pasó por un espacio que lo sensibilizó de una manera, se le abrió el mundo. Es un adulto distinto, como él hay muchos.

     

    Yo fui joven y siempre entendí que ser joven es un pasito, que hay un momento en el que voy a dejar de ser joven, siento que, si un joven se acerca al arte y logra construir desde ahí identidades, símbolos, amigos, si logra hacer eso —ese paso de la juventud— es de una firmeza enorme. Eso te va a ser un adulto distinto, te dediques o no al teatro.

     

     

     

  • ¿CUÁL ES EL FRENO DE ENCICLA?

     

    El sistema de bicicletas públicas EnCicla completó ocho años de operación y 12.564.093 préstamos a enero de 2020. Sin embargo, en los últimos meses, los usuarios se han quejado por los constantes fallos en el sistema y su plan de expansión lleva cinco prórrogas y un año y medio de retraso.

     

    Por: Sebastián Carvajal Bolívar / sebastian.carvajalb@upb.edu.co

     

    Hernán Arbeláez está afiliado a EnCicla desde hace seis años. Para él, el sistema es “excelente” porque le permite ahorrar pasajes, no contamina el medio ambiente y hace ejercicio mientras se moviliza por la ciudad.

     

    Él es uno de los 9.000 usuarios que en promedio utilizan las bicicletas diariamente. En total, el sistema suma 96.695 personas inscritas a enero de 2020, de los cuales 51.796 están activos. Esto muestra el éxito que ha tenido EnCicla entre los habitantes del Valle de Aburrá, como una opción para movilizarse a lo largo de la ciudad.

     

    Ante la demanda en el uso de EnCicla y siguiendo el Plan Maestro de la Bicicleta, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, entidad encargada de su funcionamiento, firmó en diciembre de 2017 el contrato 988 con Labici América S.A.S. Su objeto era ampliar la red y poner en funcionamiento 79 estaciones automáticas, por un valor de $6.993.894.059 y un plazo de ejecución de 12 meses.

     

    Las nuevas estaciones y la renovación del software debían estar listas para diciembre de 2018. Sin embargo, hoy el contrato tiene cinco prórrogas y una modificación. A febrero de este año tenía una ejecución física del 46 % y financiera del 47 %. La nueva fecha de terminación era el 28 de mayo , pero debido a la crisis ocasionada por el coronavirus, el contrato fue suspendido el 24 de marzo “por término que dure el aislamiento preventivo obligatorio ordenado por el Gobierno Nacional” .

     

    EnCicla ha fortalecido el uso de la bicicleta en la rutina diaria de los medellinenses y resulta un modelo clave a futuro, por su compatibilidad con las prevenciones propias en tiempos de pandemia. Foto: Sebastián Carvajal Bolívar.

     

    ¿Qué fue lo que pasó?

    “El problema más importante que está viviendo EnCicla es el incumplimiento del contratista, un contratista español”, afirmó el concejal por la Alianza Verde Daniel Duque, quien le ha hecho seguimiento a la situación.

     

    Duque explicó que el contratista es el dueño del software y hardware del sistema y, por tanto, el Área Metropolitana no puede contratar a otra empresa distinta para culminar las obras. Incluso esta opción fue analizada antes de firmar la tercera prórroga, pero la entidad concluyó que no tendría los mecanismos ni estaría en la capacidad de buscar a otro contratista capaz de suplir las necesidades de la ampliación.

     

    Además, para ese momento, el Área Metropolitana ya había celebrado dos contratos, uno para la adecuación de obras civiles por $1.925.866.192 y otro para la adquisición de dos mil bicicletas nuevas por $3.662.444.090. De no dar cumplimiento al contrato con Labici América S.A.S se habría causado un detrimento cercano a los 7 mil 500 millones de pesos.

     

    Entre las razones que se evidencian en las prórrogas del contrato para argumentar las demoras por parte de la empresa están las dificultades en la elaboración de los componentes tecnológicos y los retrasos en los procesos de nacionalización con la DIAN para la posterior instalación de las estaciones.

     

    Para evitar que el contrato sufra más ampliaciones, las autoridades están buscando medidas jurídicas para que Labici América S.A.S cumpla con sus obligaciones.

     

    “Lo que estamos tratando de hacer es buscar una acción de cumplimiento para que por las buenas podamos solucionar los problemas, si no tocará buscar otras medidas jurídicas que vengan al caso para que estos señores cumplan de manera rigurosa (con el contrato)”, concluyó Duque.

     

    Fallas en el software

    Desde hace varios meses, los usuarios del sistema se están quejando por los inconvenientes que tienen al momento de prestar las bicicletas.

     

    Natalia Velásquez, una joven que usa frecuentemente EnCicla, dice que “las plataformas virtuales muchas veces se encuentran malas, cuando uno viene (el sensor) no lee la tarjeta o cuando uno la va a prestar no ingresa (al sistema) o también cuando uno va a pedirla en las estaciones manuales no hay bicicletas”.

     

    El activista y promotor del uso de la bicicleta en Medellín, Daniel Suárez, ha sido uno de los principales críticos de los fallos en el sistema y desde sus redes sociales y otros espacios de encuentro ciudadano ha manifestado sus inconformidades con EnCicla.

     

    Suárez explica que el problema que tiene el sistema es que, “desde su software, la capacidad que tiene el sistema ya no permite recibir cierta cantidad de bicicletas en sus estaciones, (…) si hay un mínimo de ‘bicis’ no permite desanclarlas y si hay un máximo, a veces no permite anclarlas, lo que genera que el usuario tenga que moverse a otras estaciones cercanas y algunas van presentado las mismas fallas, lo que termina por afectar la operación del sistema”.

     

    El contrato 988 de 2017, además de contemplar la expansión del sistema, también incluyó la actualización de las estaciones existentes para ese momento y con ello la adaptación de 1.300 puntos de anclaje. Este proceso se realizó en noviembre de 2018 pero, según la primera prórroga del contrato, presentó fallas y, por tanto, requirió de un proceso de estabilización y ajuste de las estaciones y bicicletas del sistema.

     

    Los ajustes se ejecutaron en los meses posteriores, pero los problemas continuaron. A pesar de reprogramar sistema y ajustar los mecanismos de lectura, la inestabilidad persistió e incluso aparecieron bicicletas fantasmas y préstamos infinitos.

     

    Esta actualización del software es otra de las razones que explica el retraso del plan de expansión y expone los fallos actuales en el sistema de préstamos.

     

    Luisa Fernanda Vargas, vocera del sistema de bicicletas públicas EnCicla, aclara que el Área Metropolitana ha tomado algunas medidas para mitigar los fallos de conexión. “Hemos redistribuido nuestro personal de forma tal que en las estaciones automáticas en las que sabemos que hay préstamos en la mañana o en la tarde hay receptores, tratamos de que el personal haga prestamos manuales en estos lugares donde sabemos que la oferta y la demanda es mucha”.

    Las principales cifras de EnCicla. Infografía: Sebastián Carvajal Bolívar.

     

    Lo que se ha alcanzado y lo que falta

    Hasta el momento EnCicla ha puesto en operación 47 estaciones nuevas, para un total de 99 en Medellín, Envigado y Sabaneta. Se esperaba que las restantes fueran entregadas antes del 10 de mayo, según el compromiso que asumió el contratista con el Área Metropolitana. Por la crisis actual, eso está en veremos.

     

    Además, la entidad tiene almacenas 824 bicicletas nuevas en el Parque de las Aguas, que se espera entren a operar a medida que se entreguen las nuevas estaciones, “porque si las ponemos a operar en este momento habría sobreoferta de bicicletas y poca oferta de sitios de anclaje”, argumentó Vargas ante los cuestionamientos sobre la inoperatividad de estas.

     

    Según la funcionaria, estas no están en mal estado, puesto que están diseñadas para estar al sol y al agua. “Cada 15 días tratamos de llevar a nuestro personal para que le haga un mantenimiento básico”, finalizó.

     

    Ventajas del sistema

    Entre el 27 de enero y el 25 de febrero de este año, 30.364 usuarios hicieron préstamos de bicicletas en la ciudad. De ellos el 38,3 % fueron estudiantes y el 60 % corresponden a personas de estratos dos y tres, según datos de EnCicla.

     

    “Es muy útil, a mí me ha ahorrado mucho tiempo en los desplazamientos entre le bus, la universidad, del trabajo a la universidad y, en muchas ocasiones, se demora menos que un bus”, opina la estudiante Estébana Orozco sobre el sistema. Como ella, son muchos los usuarios que destacan las bondades de utilizar EnCicla diariamente.

     

    Alejandro Restrepo, doctor en urbanismo y profesor titular de la Universidad Pontificia Bolivariana resalta que el sistema ha permitido tres aspectos importantes en la ciudad.

     

    El primero es la equidad en el uso de transporte público al entregar este medio de forma gratuita, segundo la complementariedad de las estaciones de EnCicla con el Metro y demás medios de transporte público y, por último, la articulación de los espacios culturales, educativos, residenciales y públicos a través de las bicicletas.

     

    Para Restrepo, hacen falta dos cosas fundamentales para que el sistema mejore. El primero es un cambio cultural en la concepción del sistema y que involucra a todos los usuarios. “Es muy importante que la ciudadanía entienda que es un servicio público, que se le está prestando de forma gratuita y que cada uno debe de cuidar esos elementos como un patrimonio colectivo, que nos pertenecen a todos”.

     

    Lo segundo tiene que ver con la infraestructura y la posibilidad de seguir ampliando la red. “Creo firmemente que la ciudad puede recibir muchas más estaciones sobre todo por los territorios ligeramente más planos. Cada una de esas estaciones de la línea A y B del Metro debería tener EnCicla y el centro de la ciudad puede perfectamente tener más estaciones, así como también en puntos estratégicos para ir complementando este sistema de movilidad sostenible”.

     

    Según el Plan Maestro Metropolitano de la Bicicleta del Valle de Aburrá 2030, se espera que para ese año el 10 % de los viajes que se realizan diariamente en la metrópoli se hagan en bicicleta. Para esto, el Área Metropolitana contempla una serie de medidas en las que se incluye la mejora en la infraestructura física, la articulación del trasporte público y la continua expansión de EnCicla.

     

    Para que esto sea una realidad y que el sistema siga beneficiando a los habitantes de Medellín y su Área Metropolitana, es necesario que se superen los fallos de conexión en el sistema y que el plan de expansión finalice en los plazos acordados con contratista.

     

     

     

     

     

     

     

  • El fantasma del tráfico animal

     

    Para la fauna silvestre en Antioquia, el tráfico ilegal es una amenaza constante; las medidas de protección, limitadas en el territorio; el destino de los animales recuperados, incierto, y los recursos invertidos, insuficientes frente a un enemigo que avanza sin retroceder.

     

    Admirada, observada, deseada, protegida, traficada y vulnerada: la fauna silvestre en Antioquia pasa de mano en mano, de casa en casa, de un encierro a otro en turbios procesos de captura, comercio y tenencia ilegal. Aunque hoy, a su espalda, interceden un manojo de leyes y una multitud de corporaciones, su amenaza luce invariable y se traduce en nuevos retos. Lo cierto es que el cautiverio no termina en el rescate o entrega a las autoridades ambientales, pues, como un fantasma, deja marcas y limitaciones para el ejemplar.

     

    Animales silvestres que son tomados como objetos, humanos o mascotas; que son transportados y comercializados con indiferencia; que son alimentados con chocolate, pan y arepa; que son vestidos, nombrados y domesticados. Para muchos, la fauna silvestre en Antioquia no es ni fauna ni silvestre, es lo que la ambición, el capricho y la cultura inconsciente quieren hacer de ella. Sin embargo, una vez en cautiverio, la reincorporación de fauna no es tan sencilla como abrir la jaula y liberar al ejemplar, pues sus condiciones físicas y comportamentales difícilmente serán las más saludables a la hora de regresar al hábitat.

     

    Contrario a lo que algunos puedan creer, el tráfico ilegal de fauna silvestre, el tercero más rentable después del de drogas y armas, no se limita a zonas rurales lejanas, pues incluso a la urbe nos llegan los ecos de ronroneos, graznidos y otros sonidos de animales en su momento comercializados y, a veces, maltratados. Ellos, algunos liberados y otros cuidados en colecciones vivas, son el motivo de esta historia.

     

    Un animal cautivo no puede simplemente “soltarse”. Infografía: Laura Wagner.

     

    Calles limpias

    Entre locales de cacharrería de la Plaza Minorista José María Villa, se abre un pasaje iluminado con filas de jaulas amontonadas de lado a lado, habitadas por marañas de pelos negros, blancos y café, e inquietas y ruidosas bolas de plumas. En medio del movimiento de hombres y mujeres apresurados por el inicio de la jornada, se elevan coros de cacareos, graznidos, maullidos y ladridos; familiares expresiones sonoras de animales domésticos y ornamentales. Aquí, la ausencia de fauna silvestre, antes tan comercializada, no representa más que la imposición enfática de la ley 1333 de 2009, la cual indica las sanciones en materia ambiental.

     

    “Hace tres años más o menos, vendíamos de todo, pero ya no dejan: cerraron un montón de lugares y pusieron multas”, explica una mujer de corta estatura antes de blanquear sus ojos, regresar a su local, el primero a mano izquierda, y comentar: “Yo no sé para qué se pusieron a prohibir eso si son solo animales, ni que vendiéramos marihuana”.

     

    Entre las sanciones establecidas por la ley, se contemplan multas de hasta 5.000 salarios mínimos, cierres de establecimientos y trabajo comunitario. No obstante, estas pueden ser eximidas con la entrega voluntaria de ejemplares en buen estado de salud, condición que no se cumple en todos los casos porque, en medio del transporte y cuidado doméstico, los animales son víctimas de desnutrición, lesiones y maltratos.

     

    Patas torcidas, alas cortadas, dientes extraídos y colas mochas; aún cuando el animal es recuperado por alguna autoridad ambiental, sus nuevas limitaciones le impiden regresar a su hábitat y lo fijan a la estancia en colecciones de zoológicos y parques. Por ello, leyes como la 1774 del 2016 establecen penas de prisión de 12 a 36 meses por maltrato.

     

    Un comercio subterráneo

    Aunque en la actualidad el comercio y tenencia ilegales parecen haber perdido terreno, lo cierto es que solo cambiaron de escenarios y modos de acceso. Hoy, entidades ambientales corroboran que el número de animales que recuperan no varía con los años: anualmente llegan alrededor de 700 individuos a Cornare, cerca de 1200 a Corantioquia y 5 o 6 mil al AMVA.

     

    “De la misma forma que tenemos más conciencia ambiental, se han abierto otros canales de comercio de fauna silvestre; por ejemplo, hay grupos de Instagram y Facebook para hacerlo. Es muy difícil combatirlo, ni siquiera sé si hay suficientes recursos, pero sin duda hay que seguir”, concluye Darwin Ruiz, zootecnista del Parque Zoológico de Santa Fe.

     

    Una marca perenne

    Amontonadas en una esquina, seis tortugas morrocoy se confunden con el color grisáceo de los muros de cemento del Parque Zoológico de Santa Fe. Su sutil camuflaje y quietud espectral les permite pasar inadvertidas para un gran número de turistas, abuelos y padres con niños al hombro que buscan llevarse grandes impresiones y buenas fotografías a casa. Incluso los pocos que observan la mencionada esquina corren el riesgo de pasar por alto la dimensión real de estas colecciones vivas, de no ser conscientes de ese fantasma del tráfico ilegal del que tantos animales, en total 942 en el zoológico, no pudieron desprenderse.

     

    En el caso de las tortugas, la marca está en sus caparazones: más o menos protuberantes en cada escudo, a causa de las malas dietas durante su cautividad. Piramidismo. Así es llamada la enfermedad que, además de la deformación, conlleva afectaciones pulmonares, artritis e incluso parálisis; todas ellas, condiciones que imposibilitan su reincorporación y, por ende, según la ley 2064 del 2010, las confinan a colecciones vivas de tenedores legales de fauna.

     

    Del hábitat a la jaula del traficante, del transporte clandestino a los sitios de comercio, del patio trasero de una casa a los hogares de paso de las autoridades, de los Centros de Atención y Valoración de Fauna Silvestre (CAV)… ¿a dónde? En el mejor de los casos, de vuelta al ecosistema; si el individuo está limitado fisiológica o conductualmente, a un parque, zoológico o zoocriadero; de lo contrario, si el estado de salud es grave, se practica la eutanasia. Según Andrés Gómez, zootecnista del grupo de fauna del AMVA, de un 3 a 7% de animales recuperados llegan a esto. No hay razón para polemizar, es el fantasma del tráfico ilegal; a fin de cuentas, es sabido que, por cada individuo extraído del hábitat, diez mueren en el camino.

     

    ¿Capacidad de carga?

    Quelonios o tortugas, psitácidas o loras y una gran variedad de mamíferos son las familias de fauna silvestre que más se recuperan en el AMVA (Área Metropolitana del Valle de Aburrá) del tráfico ilegal. Sin embargo, el 80% de ejemplares no pueden ser liberados en la zona porque no pertenecen al Área Metropolitana, por lo que las autoridades antioqueñas tienen dos opciones: articular procesos de reincorporación con las otras 32 entidades ambientales del país o, en el caso de los individuos exóticos, no procedentes de Colombia, integrarlos a colecciones. En Antioquia, además del Parque Zoológico de Santa Fe, el Parque Temático Hacienda Nápoles y el Parque Explora son los destinos de miles de animales rescatados.

     

    << Mafias internacionales están detrás del tráfico de animales silvestres. Foto: Área Metropolitana.

     

     

    No obstante, el problema está en la relación entre el número de ejemplares recuperados y la capacidad de dichos parques y CAVs para recibirlos. Desde tortugas, primates, felinos y otros, el Parque Zoológico tiene un plan de colección de máximo 1100 individuos, cantidad exactamente igual a la capacidad del CAV del AMVA. Hoy, esta entidad junto a Corantioquia y Cornare, esperan no tener que ampliar sus capacidades, mas afirman que es un tema preocupante.

     

    “Hay loras que han pasado 15 o 20 años en un centro de valoración y nunca serán liberadas ni entregadas a zoológicos”, ejemplifica y finaliza Darwin Ruiz.

     

    Procesos de readaptación, procesos inciertos

    Los CAV son el destino primario de los ejemplares recuperados del tráfico ilegal: sean manejados en Antioquia por Corantioquia, Cornare, Corpourabá o Área Metropolitana, tienen una misma regulación, la ley 2064 del 2010, y, por ende, fines similares. Primero, revisar y atender médicamente a cada individuo; luego, estabilizar sus niveles de estrés con dietas y acomodamiento adecuados, y, por último, incentivar comportamientos naturales necesarios para su supervivencia en el hábitat.

     

    No toda la fauna recuperada es apta para su liberación tras dichas etapas, incluso, según Ana María Castaño, subdirectora de Ecosistemas de Corantioquia, hay individuos reincorporados que son reintroducidos a procesos de readaptación más largos, pues reinciden en sus conductas domésticas. En el CAV del AMVA, por ejemplo, un 25% de animales no cumplen las condiciones físicas y comportamentales para ser reubicados. Mientras que, en el único programa de rehabilitación del Parque Zoológico de Santa Fe, hay una mortandad anual del 50% de monos aulladores rojos por las deficiencias físicas con las que llegan.

     

    Lo cierto es que, una vez extraído el individuo, hay diversas afectaciones: en el ecosistema, que requiere de su función biológica, como la dispersión de semillas con sus excrementos; la especie, pues algunas se reproducen en condiciones muy específicas, y el individuo, porque su readaptación es muy demandante e incierta. En esta, durante semanas o años, los animales son enseñados a retomar o aprender por primera vez su conducta natural, ya que la mayoría genera improntas en el hombre ante la carencia materna.

     

    El caso Júpiter

    “Es haberme quitado un hijo de 19 años, verlo crecer, ser un hijo, un joven y un adulto, y después separarnos”, lamenta Ana Julia Torres, anterior cuidadora del famoso león Júpiter, un mes antes de la muerte de este. El rostro de la mujer, semioculto por la gorra roja que lleva puesta, aparece en un video del 27 de febrero de 2020 mientras que, intercalados, suceden los planos de un felino agonizante antes de ser trasladado del zoocriadero Los Caimanes, en Córdoba, al refugio de animales del Departamento de Gestión del Medio Ambiente en Cali.

     

    Neumonía, tumores en hígado y pulmones y afectaciones hepáticas: sin la atención médica veterinaria necesaria y confinado a una jaula mucho más pequeña que la de Villa Lorena, su anterior hogar, Júpiter había entrado en estado crítico y perdido más de 200 kilos en un año. No obstante, a pesar de las conocidas objeciones de Ana Julia Torres por su separación de Júpiter, en realidad el cierre de su refugio, de casi 30 años de historia, respondió al incumplimiento de las normas de tenencia de fauna silvestre: 200 ejemplares no estaban registrados, algunos eran tratados como mascotas o bebés e incluso el león Júpiter presentaba una inexplicable diarrea crónica.

     

    De esta forma, sin excusar la deficiente atención y cuidados en los que incurren los tenedores de fauna legales mal regulados, Iván Darío Soto, coordinador del Laboratorio de Genética Animal de la Universidad de Antioquia, recuerda a modo de conclusión:

    “La gente se pregunta por qué los rescatamos si ellos se veían muy felices en sus casas, pero es que esos animales nunca debieron estar allí en primer lugar; desde la biología, su comportamiento y forma física no están en función de estar fuera del hábitat”.

     

    Breves contraindicaciones de la tenencia ilegal

    Además de las implicaciones en fauna, la tenencia ilegal de ejemplares silvestres involucra importantes riesgos en salud para quienes conviven con estos cual mascotas o seres humanos. No es en vano que los estudios de biovigilancia centrados en la búsqueda del origen del coronavirus SARS relacionaran estrechamente el virus con los murciélagos de herradura e, incluso, según el medio The Conversation, que el propio covid-19 o SARS CoV-2 tuviera un 96% de similitud con la muestra de un virus en estos ejemplares. Ello, a pesar de que la procedencia del último no haya sido confirmada.

     

    “Muchas veces, las personas ignoran el riesgo de la zoonosis, que son las enfermedades que pueden transmitir los seres humanos a los animales, y viceversa”, explica Andrés Gómez, zootecnista del AMVA, y ejemplifica: “Las loras pueden transmitir clamidia; los murciélagos, rabia; las tortugas, salmonela; el burro, lepra”.

     

    Conservación urbana

    Ojillos negros muy juntos, melenas cafés detrás de las orejas y graciosas colas largas de extremos peludos, los monos titís gris de la Universidad de Antioquia dan brinquitos desde el ramaje alto, imperturbables al ruido a sus pies. En medio de la urbe, la tropa representa una nueva apuesta a la conservación de fauna en la ciudad, tras haber sido rescatada y sujeto de procesos de readaptación por el AMVA.

     

    De acuerdo con las estimaciones de David Echeverry, coordinador de Bosques y Biodiversidad de Cornare, no es de sorprender que, a pesar de los años, primates como los monos de la ciudadela universitaria reincidan en comportamientos aberrantes, como bajar a tierra y recibir alimentos, debido a que su proceso de deshumanización es uno de los más difíciles. Contrario al de las tortugas, serpientes y anfibios, que se supera en el 100% de los casos, y al de las psitácidas, que tiene una tasa de éxito del 70 al 80%.

     

    Además de los retos de supervivencia, la tropa de monos titís en la Universidad de Antioquia supone también una solución de reincorporación a la progresiva disminución de hábitats naturales por la sobrepoblación humana. El profesor Iván Darío Soto concluye:

    “Antes, la conservación urbana de fauna estaba prohibida, pero ahora, con el AMVA, hemos convenido en que es una necesidad”.

     

    “Nadie puede asegurar que, una vez liberado, el individuo no va a ser traficado de nuevo. Lo que sí podemos es educar y sensibilizar a las comunidades en el entorno”.

    – Ana María Castaño, subdirectora de Ecosistemas de Corantioquia.

     

    Otras alternativas

    “Bienvenidos al mundo natural”, anuncia una mujer en un vídeo al abrir la rejilla y dar paso a unos dubitativos monos aulladores rojos que, tras kilómetros de viaje en carretera, a canoa y mula, se enfrentan a un hábitat desconocido, la Hacienda Miraderos en Venecia, Antioquia. Múltiples ojos y cámaras apuntan a ellos con atención hasta que se pierden de vista. Las imágenes corresponden al 2013; las autoridades, el Parque Zoológico de Santa Fe con apoyo de Corantioquia y el AMVA.

     

    Como el único proyecto de este tipo en el Zoológico de Santa Fe, desde el 2006 el Programa de Conservación, Recuperación y Rehabilitación del Mono Aullador Rojo ha recibido hasta 294 individuos y liberado 162. De acuerdo con el zootecnista Darwin Ruiz, las reincorporaciones se realizan en la actualidad de forma blanda, con procesos paulatinos de adaptación al entorno, y tras haber terminado procesos de rehabilitación de dos a cuatro años. Ello, sin mencionar las investigaciones y análisis de impacto ambiental en el territorio.

     

    Las liberaciones son el último paso de un proceso largo y difícil. Foto: Área Metropolitana del Valle de Aburrá.

     

    Muchos esfuerzos para pocas garantías

    Mas, según Brian Bock, profesor de Biología de la conducta de la Universidad de Antioquia, hay dos graves inconvenientes frente a la liberación de fauna rescatada: primero, la poca seriedad de algunas corporaciones al ejecutar reincorporaciones en reservas naturales a pesar del riesgo de contaminar o infectar a las poblaciones nativas. Y, segundo, la precariedad del seguimiento y monitoreo efectuados una vez reintroducido el ejemplar.

     

    “No contamos con muchas herramientas relacionadas con el manejo de información que nos permita ejercer una vigilancia mayor o mejorar el tráfico ilegal”, reconoce David Echeverry, vocero de Cornare. Él aclara que, a falta de recursos para hacer marcaje y seguimiento satelital, se consulta a la comunidad cercana sobre sus observaciones de los individuos.

     

    Así, debido al costo de los equipos tecnológicos, el seguimiento a ejemplares termina siendo el último gran obstáculo que sortear. El caso del AMVA, se reduce a tres cifras: 20 millones de pesos, 4500 animales y 5 mil millones de pesos. La primera es el valor de un collar de telemetría, de medición de datos; la segunda, los individuos reintroducidos por año, y la tercera, el presupuesto anual. Por lo tanto, de ejecutarse un seguimiento por individuo, se requerirían alrededor de 9 mil millones de pesos. Pero incluso de tenerlos, Ana María Castaño, subdirectora de Ecosistemas de Corantioquia, enfatiza a modo de conclusión:

    “Nadie puede asegurar que, una vez liberado, el individuo no va a ser traficado de nuevo. Lo que sí podemos es educar y sensibilizar a las comunidades en el entorno”.

     

     

     

  • Las poderosas que socorren a los trabajadores informales por la pandemia

    En el marco de la emergencia del COVID-19, el colectivo Putamente Poderosas adelantaron una colecta para que las trabajadoras sexuales y trabajadores informales del Centro de Medellín puedan confinarse en casa. ¿Qué es lo que busca esta agrupación de mujeres?

     

    El trabajo sexual en Colombia está amparado por la Sentencia T-736/15. Sin embargo, no existe ninguna ley o decreto que regule la actividad de las trabajadoras sexuales, lo que les impide acceder a beneficios como seguridad social, salud o subsidios. En este limbo jurídico, Putamente Poderosas se levanta como un colectivo que está dedicado al trabajo social y acompañamiento a trabajadoras sexuales, que busca la dignificación de la vida de estas mujeres y del término “puta” que tradicionalmente se les ha atribuido. Melissa Toro es una de sus líderes y fundadoras que desde su gestión busca engrandecer la vida de estas mujeres dedicadas al llamado oficio más viejo del mundo y que por ello han sufrido discriminación.

     

    ¿Cómo se formó el colectivo?

     

    Somos cinco fundadoras de Putamente Poderosas. Adquirimos experiencia en dos años y medio con las Guerreras del Centro y nosotras éramos el equipo detrás. El año pasado, a finales de noviembre, decidimos que las Guerreras podían caminar solas, hacer sus trabajos solas. Nuestros intereses eran muy diferentes y no queríamos quedarnos solo en ocho u once mujeres, sino poder impactar a un público más allá de ellas.

     

    Putamente Poderosas surge a partir del proceso de apoyo a otro colectivo conocido como Las Guerreras del Centro.

    Foto: Cristhian Agudelo.

     

    En sus redes sociales, dicen que buscan resignificar la palabra puta y la vida de las trabajadoras sexuales en Medellín. ¿Qué resignificación desean darle a esa palabra?

     

    La palabra puta siempre ha estado alineada a un tabú muy grande y a barreras superfuertes socialmente hablando. Nosotros lo que queremos es mostrar la otra cara y entender que las putas son seres comunes y silvestres como nosotras; son mujeres creadoras, mujeres con ideas maravillosas, son mujeres que sus contextos y sus realidades las han puestos en donde están, porque la mayoría de trabajadoras sexuales están en contexto de prostitución porque la vida que les ha tocado las ha llevado ahí: por falta de educación, de oportunidades o porque han sido violentadas, violadas o desplazadas. Nos quisimos llamar Putamente Poderosas porque “putamente” significa “muy, mucho, bastante. Algo expansivo” y es lo que nosotros queremos mostrar con esa palabra y desde lo que nosotras como gestoras podemos ser.

     

    ¿Qué estrategias o actividades implementan para lograr esa resignificación?

     

    Tenemos talleres como una actividad muy linda que tenemos en Comfama todos los miércoles a las 5:30 de la tarde que se llama Puta, cadeneta y chisme, donde enseñamos diferentes dinámicas manuales. En el primer bimestre, vamos a hacer la técnica del collage, ya que por medio de él estamos resignificando la palabra puta, donde hablamos de putas, hablamos con putas y hablamos para mostrarle a la sociedad lo que no se ha permitido. Lo que nosotros intentamos ser esa plataforma y ese enlace entre las prostitutas, el Estado y la misma ciudadanía.

     

    También estamos planeando un espacio literario donde vamos a trabajar la escritura y la literatura. Estamos también diseñando una marca de joyería donde tres de las diseñadoras son prostitutas.

     

    ¿Cómo se pueden medir los resultados de esas estrategias?

     

    Más que medir resultados, es ver las transformaciones de vida que están sucediendo en ellas y ver también la respuesta de la gente, la ciudadanía, el público que nos ve, la respuesta a las redes sociales. Esos pueden ser los medidores de las estrategias.

     

    ¿Con cuántas mujeres trabajan?

     

    En este momento, estamos trabajando con ocho mujeres fijas con las que estamos teniendo estos procesos y acompañamientos. Pero por la campaña que lanzamos por el COVID-19 hemos impactado a demasiadas mujeres que están en contexto de prostitución.

     

    ¿Qué tipo de mujeres son, en qué condiciones sociales viven?

     

    Son mujeres que no han tenido acceso a educación, que viven en inquilinatos o algunas viven en casas arrendadas, viven en barrios lejos del sector del centro; son mujeres cabezas de familia: la que menos hijos tiene, tiene tres hijos. Toda su vida la han destinado a estar paradas en una esquina a que las compren, para ellas no ha existido una realidad más allá que vender su cuerpo.

     

    ¿Cuáles son los mayores retos o complicaciones que implica ser trabajadora sexual en Medellín?

     

    El mayor reto es que no hay leyes que cobijen a las trabajadoras sexuales, ellas no tienen ninguna garantía para ejercer este oficio aquí, es algo que es legal pero no está regularizado. Ellas no tienen subsidios ni ayudas ni tarjetas alimenticias ni subsidios de vivienda, no tienen acceso a una salud o a una pensión. Más que todo es esa seguridad de hacer lo que ellas hacen. Los feminicidios que más suceden en Medellín pasan en el centro, porque es eso: la mataron por puta y no pasa nada. Por eso creo que lo más complejo es la seguridad de ejercer ese oficio.

     

    En el Código de Policía hay artículos que exigen que las trabajadoras sexuales tengan un carné de sanidad expedido por una autoridad de salud y que solo pueden operar en ciertas zonas señaladas en el Plan de Ordenamiento Territorial. Según la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe, estos dos artículos son un impedimento para el ejercicio libre de las trabajadoras sexuales y contribuyen a la violencia institucional hacia las trabajadoras sexuales, ¿es así?

     

    Muchas veces ya no tienen ese carné. La carnetización sucedía años atrás e inclusive les tocaba hacer filas gigantes, hacerse las pruebas de que estuvieran sanas y les regalaban las pruebas de VIH. Y sí, yo pienso que una de las cosas que se deben hacer principalmente es educar a estas personas —Espacio Público, Policía Nacional— sobre el trato de ellas, no solo de las trabajadoras sexuales sino de los trabajadores informales, y que no es un trato cualquiera sino que debería ser un trato especial.

     

    Las integrantes de Putamente Poderosas lideraron una campaña de recolección de ayudas para trabajadoras sexuales y trabajadores informales del Centro con ocasión de las medidas adoptadas ante la pandemia por Coronavirus.

    Foto: Sergio González.

     

    La campaña que adelantan en este momento es un ejemplo de las actividades que ustedes emprenden para lograr su propósito. ¿Cómo ha avanzado la campaña, qué resultados han tenido, cómo ha respondido la gente?

     

    La campaña ha sido magnífica y se ha visto reflejada la solidaridad de las personas, y siento que hemos tenido una operación muy efectiva y que la gente está muy contenta con los resultados que estamos teniendo. Hasta el momento hemos recaudado más de 30 millones, se han hecho dos entregas oficiales, todos los dineros y mercados han sido destinado, hemos entregado sobres con 100 mil pesos a más de 100 personas, otros de 60 mil pesos a más de 140 personas y hemos entregado en total 300 mercados (lea AQUÍ el informe publicado por el colectivo al 8 de abril de 2020). La capacidad de impacto ha sido muchísima y hemos estado sorprendidas por todo esto, ha sido muy bonito porque hemos tenido un acompañamiento muy fuerte de la Secretaría de Inclusión, la Secretaría de Espacio Público, de la Policía Nacional que nos han apoyado en esta idea de poder llegar, sensibilizar y entregar un subsidio — porque no basta con solo el mercado, debe ser un complemento entre subsidio y alimento—. Estamos en la tercera etapa y vamos a continuar, porque esto apenas acaba de empezar.

     

    ¿Cómo se ve Putamente Poderosas de aquí a tres, cinco años; cuál es esa visión?

     

    La visión es que tenemos que ser políticamente poderosas, creo que es una parte a donde tenemos que apuntar juntamente. Yo cierro los ojos y sueño que de este colectivo tiene que salir la secretaria de las Prostitutas, un sindicato donde cada año haya una marcha por los derechos de estas mujeres; que empecemos a tener una sensibilización y concientización tan fuertes que ellas entiendan que están en sus derechos de reclamar lo que les corresponde y de hacerle un llamado, un grito al Estado de que por fin las escuche y las haga parte de la sociedad.

     

    Para la entrega de ayudas durante la pandemia Putamente Poderosas recibió apoyo de dependencias municipales y la ciudadanía. Foto: Sergio González.