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  • Ser médico rural en Colombia: ¿la mejor de las experiencias o el peor de los castigos?

    Paulina Serna Lopera / paulina.serna@upb.edu.co

     

    Hacer el rural o no es un discusión abierta en los profesionales de la salud. Un sorteo es clave en la decisión. Con él se define la posibilidad de un sueldo decente, la explotación laboral, vivir en condiciones precarias y, en ocasiones, francamente peligrosas. ¿Cómo son las condiciones del servicio social obligatorio de medicina en Colombia? ¿Qué se puede hacer para mejorarlas?

     

    Numerosos profesionales también hacen trbajo voluntario en zonas apartadas. Un ejemplo es el Grupo Piraguas, conformado por estudiantes y profesores de Medicina de la UPB. Foto: Cortesía.

     

    En Colombia, el servicio social (SSO) obligatorio deben prestarlo todos los estudiantes del área de la salud al finalizar su carrera. Según el Ministerio de Salud, bacteriólogos, médicos, enfermeros y odontólogos, tienen el también llamado rural, como requisito para obtener la autorización del ejercicio profesional.

    Sin embargo, la discusión reciente son los cuestionamientos a las condiciones en las que cumple ese servicio. Mientras para algunos es una oportunidad de obtener experiencia y brindar servicio a la comunidad, para otros es considerado un castigo que deja en evidencia las facetas más precarias del sistema de salud colombiano.

    El primer sorteo del 2023 fue, según la Directora de Desarrollo de Talento Humano en Salud, Edilma Marlen Suárez, probablemente el último con personas eximidas. Aunque resulte complejo entender cómo funciona, la dinámica de los últimos 74 años ha sido dejar al azar, con unas cuantas variables, la posibilidad ser eximido o no.

    Los decretos y las leyes han cambiado con el pasar de los años. Para entenderlo mejor, una línea del tiempo:

    Infografía: Paulina Serna.

    Suerte con la salud

     

    El sorteo funciona así: se asignan las plazas, que siempre son menores a los estudiantes inscritos y, a partir de esto, se hace el sorteo. Las probabilidades de ser eximido son mayores si el profesional es víctima de violencia, cabeza de familia o discapacitado, por ejemplo. El dilema es que no es una opción, de no cumplir existe una sanción de 9 meses; tiempo en el que el profesional no puede ejercer su labor.

    De los 5 779 estudiantes registrados en el primer sorteo de 2023, 3 147 eran eran de Medicina. Por su parte, de las 1 313 plazas disponibles, 1 027 fueron para los doctores. La cifra es clara: Medicina tiene la mayor demanda. Desde 2013, Alejandro Gaviria, ministro de Salud entonces, expresó la necesidad de garantizar la disponibilidad de médicos en zonas de difícil acceso, también llamadas zonas rojas.

    El rural, según Minsalud, brinda a los profesionales de la salud la oportunidad de ejercer su profesión de manera digna y remunerada, para garantizar el derecho fundamental a la salud de todas y todos los colombianos. Para asegurar que se amparen los derechos de parte y parte, existe una serie de decretos que prometen asegurar la protección del médico:

     

    Infografía: Saulina Serna.

    Los estudiantes de los primeros semestres parecen comprender el porqué del rural. Vanesa Matute y Laura Mariana Pérez, estudiantes de Medicina de la UPB, contaron que desde la universidad les recalcan que la mejor forma de aprender como médico es, muchas veces, desde la necesidad: “Lo que pasa es que nos enseñan a ser médicos del Pablo Tobón, como si tuviéramos todos los recursos, y no es así… Por eso es necesario el rural”.

    Como ellas, muchos podrían decir lo mismo. Elizabeth Montes, que presta su servicio rural en Concordia – Antioquia, expresó que ha sido una de las mejores experiencias de su vida, que los pagos son justos y el ambiente laboral sano. La frase “todos los médicos deben hacer el rural porque es una experiencia preciosa de aprendizaje”, que se difundió a principio de año en Twitter, solo parece aplicar para quienes los entes territoriales tienen control y supervisión de los recursos y condiciones en las que se labora.

    Contrario a lo que Minsalud plantea, para los estudiantes que ya conocen de antemano las experiencias en el SSO, las razones de emplear rurales parecen ser otras: “ellos dicen: pagamos menos y trabajan más”, “nos explotan, somos los que hacemos las autopsias, los traslados primarios… las jornadas laborales más largas”.

    En Twitter, a raíz del último sorteo, comenzó una oleada de testimonios que iban desde quejas por el pago retrasado y el no estar cubiertos por una ARL, hasta amenazas por parte de grupos armados. Ornella Pimienta, médico general que ejerció el rural en Sucre, dijo: “Casi me muero, casi me matan, me pusieron a hacer necropsias a la fuerza con una hojilla de bisturí como única herramienta en un cuarto sucio, sin ventilación, sin refrigeración al mediodía a 37 grados de temperatura…”

    Esto llevó, entre las respuestas del hilo, a recordar el caso de Edgar Torres Prestan, quien en 2013 decidió realizar su año rural en una población del Chocó, donde fue secuestrado a los pocos días de haber llegado. Ante esto, Edwin Agudelo, médico rural en el municipio de Nariño – Antioquia, dijo que cuando llegó estaban en paro armado: “Me tocaba del trabajo a la casa y de la casa al trabajo… pero me tocaba. Es más una cuestión de ética el poner la vida del otro sobre la mía”.

    Si bien es cierto que todo lo que se hace desde la Medicina es en pro de mejorar la salud del paciente, dice Rubén Darío Restrepo, médico general, que les limitan al querer trabajar con medicamentos y exámenes que son necesarios: “a veces ni algodones ni jeringas tenemos. El sistema de salud está colapsado y el problema viene desde arriba”, dijo refiriéndose al Estado.

    En el mejor de los casos hay sistema. María del Mar Quintero, quien prestó su servicio en Tamalameque – Cesar, contó que para el 2023 sigue siendo por escrito y que la historia clínica toda se hace a mano. Lo más preocupante, dice ella, es que un centro solo tenga médicos rurales debido al pago inoportuno. “A los días de hacer la entrevista nos enteramos que el hospital cerró al entrar en revisión fiscal”, contó.

    Lo otro es que no hay respuesta. Ante las quejas de los rurales, “oídos sordos”. Los hospitales responden que es lo que hay. Sin embargo, un grupo de médicos, que tienen como vocera a Manuela Serna, expresaron que el Ministerio de Salud y todos los entes relacionados deberían, obligatoriamente, visitar las plazas: “solo de esta forma entenderán que es imposible asegurar una buena atención porque no se cuentan con los recursos necesarios”.

     

    Un sistema que enferma

    El impacto emocional que generan estas situaciones repercuten en el bienestar del profesional. En la búsqueda de historias encontramos la frustración y la ansiedad como factor común en los profesionales de la salud. La falta de empatía por parte de los mismos colegas también agrava el problema; que existan opiniones buenas no invalida la indignación de quienes no las hayan tenido.

    El portal Protección Médico integral recalca que ante las irregularidades observadas en contra de los profesionales de la salud, es necesario proteger los derechos fundamentales a la vida, a la salud, al mínimo vital, al trabajo y a una vida digna. Todo esto apunta a que deben cumplirse las normas de contratación laboral, con salarios justos para la actividad especial que desarrollan. Sin embargo, esto no sería posible si no se mejora la gestión de los recursos y el acompañamiento que desde la misma universidad deberían tener.

    El servicio social obligatorio de Medicina en Colombia es una actividad importante no solo para las comunidades, es determinante para la formación de los estudiantes de Medicina, pero las condiciones en las que se realiza pueden ser mejoradas para garantizar la seguridad y el bienestar emocional de todos los actores del sistema, así como su formación como médicos competentes y comprometidos con la sociedad; condiciones de saludable equilibrio.

     

  • Cuando comprar también es sanar

    Manuela Rendón Uribe / manuela.rendonu@upb.edu.co

     

    En los últimos años el movimiento del ‘body positive’ ha traído consigo cambios en la manera en que en Medellín se asume la necesidad de vestir cuerpos gordos. ¿Cuál es el espacio que tiene la moda plus size en una ciudad donde, según ACI Medellín, en 2019 había 4 726 empresas dedicadas a la confección de prendas de vestir?

     

    La declaratoria que hizo en 2022 la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que anualmente se conmemore el Día Mundial de la Obesidad se ha convertido en una reivindicación de la lucha contra un sistema de creencias que discrimina, violenta, excluye y niega derechos o servicios básicos a cuerpos de mayor tamaño, de allí que se haya renombrado como Día Mundial contra la Gordofobia, en un trabajo colectivo para resignificar el discurso detrás de la celebración, razón por la cual diferentes grupos y activistas se han tomado las redes con testimonios y reflexiones sobre los cuerpos gordos. “El problema nunca ha sido el tamaño de nuestros cuerpos, sino la discriminación y violencia que se naturalizó y que se justifica señalando que es por nuestro bien”, expresa Manuela Ruiz Florez, activista plus size de la ciudad de Medellín, ciudad donde a pesar de un historia textil, aún se deben hacer grandes búsquedas para encontrar ropa en tallas grandes.

     

    Hablamos de la misma Medellín que en una de sus ferias de moda más importantes como Colombiatex de las Américas 2023, según Inexmoda, logró superar las cifras prepandémicas del evento con una asistencia de más de 27 mil personas y que, según Procolombia, solo entre enero y noviembre de 2021 creció en un 50% sus exportaciones de moda por más de US$900 millones, y que aún así, solo hasta ahora puede visualizar los primeros despuntes de moda para tallas grandes en una ciudad donde este nicho está liderado por pequeñas empresas y emprendimientos.

     

    Son pocos los maniquíes disponibles de tallas grandes en la ciudad.

    Los que se pueden encontrar son comprados o separados con rapidez debido a la dificultad para encontrarlos.

    Foto: Manuela Rendón U.

     

    Dando con la talla

    Los maniquíes gordos no se venden igual. Hay que averiguarlos, preguntar por ellos entre vendedores, buscarlos en internet para importarlos o mandarlos a hacer. Cuando se pregunta el porqué dicen que no se venden igual, que preguntan más por tallas regulares, que son muy escasos en el mercado o que solo se maneja la famosa talla única. Los que se encuentran, en menor cantidad que los de talla regular, no abarcan todo el espectro de cuerpos grandes que existen y sus materiales no siempre tienen la misma calidad.

     

    Pocas veces se ve un maniquí gordo en una vitrina. A los maniquíes delgados se les ve haciendo poses, con la mano en la cintura, con la cadera ladeada o las piernas cruzadas; a los gordos no, son estatuas rígidas sin horma que pocas veces son estéticas y no se prestan para otros ambientes como la alta costura, la exhibición o la fotografía.

     

    Frente a esta necesidad del mercado se han presentado proyectos éticos y sostenibles como el de Ester Gómez donde todos los cuerpos entran a discusión. Su emprendimiento llamado Maniquí Verde, un espacio donde se crean figurines a partir de materiales reciclables pero duraderos, ha sido el aliado de varias marcas de la ciudad para exhibir y fotografiar prendas en figurines gordos. “Quería hacer la diferencia. Investigué el mercado y faltaba la variación de tallas así que hice la diferencia también con la función práctica y estética de estos maniquíes para la alta costura, la decoración, la fotografía y la exhibición de prendas” manifestó la creadora, demostrando así que la sostenibilidad y la inclusión pueden ir de la mano en medio de la industria manufacturera.

     

    La primera tienda donde encontré un maniquí gordo fue en Cedemoda, el centro comercial a cielo abierto de Medellín, donde empresas textiles de la ciudad tienen sus puntos de venta de prendas, insumos y textiles. En medio de sus calles encontré el primer maniquí gordo vestido con ropa de la temporada; sin embargo, la tienda estaba separada en dos secciones: las prendas de talla regular y las prendas de talla grande, las cuales llegaban solo hasta la 3XL.

     

    —Es para separar los públicos —dijo la vendedora. Y procedió a mostrarme la página web de las tallas grandes y todas las opciones que allí se encontraban.

     

    Algunos comerciantes de la ciudad han encontrado la forma de ingresar al nicho de mercado sin perder la segmentación original de su público. Con los mismos diseñadores y los mismos insumos han creado marcas hermanas pensadas para diferentes tallas y cuerpos; ambas marcadas por las tendencias del momento y los colores de moda. Los mismos tonos pasteles de las tallas S y M se utilizan para las camisas y vestidos 2XL y 3XL.

     

    El segundo maniquí se encontraba a tres cuadras del Parque Berrío, en la tienda Santa Fresa, una tienda que funciona principalmente por medios virtuales pero que posee un pequeño showroom en Medellín. La tienda maneja desde la talla 14 hasta la 20 y su especialidad son las camisas y los vestidos.

     

    Natalia, la asesora, me pasa un vestido talla 16 que me resulta muy ajustado en el área del pecho, pero a diferencia de una tienda de tallas regulares, hay más opciones y estilos que pueden servirme y no debo conformarme con la talla más grande que tengan disponible. Me acomodo en un vestido talla 18, del que Natalia me enseña más referencias, colores y diseños; no debo adaptarme, eso me ha quedado claro y la rubia me lo hace saber:

    —No te preocupes, dale hasta que te acomodes.

     

    Natalia me pide mi número para avisarme de los nuevos vestidos y anota mi talla para tenerlo en cuenta, me muestra cómo le queda la camisa que me gustó a la modelo de la marca y me explica desde cuántas prendas consigo un precio al por mayor. Su maniquí viste un deportivo verde con beige y lo han vestido con la talla idónea de ropa; es más gordo que el figurín anterior, tiene los brazos rellenos y el estómago ancho, puedo verme por primera vez en un maniquí que no me resulta grotesco o exagerado.

     

    Como Santa Fresa hay muchas marcas que se distribuyen y dan a conocer a través de plataformas digitales, lo que las ha ayudado a llegar a públicos específicos y a zonas del país donde nunca antes habían llegado, para consumidoras como Leidy Johana Colorado, la búsqueda de tiendas y ropa por Instagram le han facilitado la compra porque “me metía a buscar cualquier cosita y me aparecían muchas sugerencias. Entonces ya con la publicidad uno busca una cosa y le aparecen muchas más. Así conocí muchas, muchas páginas, con ropa muy bonita, con una gama mucho más amplia de tallas y mucho más fácil para adquirir las prendas”.

     

    El tercer maniquí lo encontré al frente a la antigua Beneficencia de Antioquia, hoy el edificio de la Lotería de Medellín. Un almacén de Gorditas y Gorditos Sexy da a la calle, en su vitrina hay un ejército de figurines gordos, todas con pelucas baratas pero vestidas con diferentes prendas. Al lado de la entrada hay un cartel donde se recuerdan a sí mismos las tallas. Para ellas una talla 14 equivale a una XL y una talla 18 equivale a una talla 3XL; para ellos los números cambian: una talla 42 se entiende como una XL mientras una talla 56 se considera 8XL.

    La asesora me ofrece agua fría mientras busca entre los estantes jeans de mi talla.

     

    —¿Hay para mí? —pregunto. Pues como muchas otras he adquirido la mala costumbre de preguntar si hay ropa de mi talla antes de entrar.

     

    —Sí, claro que sí, ¿en qué estilito lo buscas? —me pregunta. Me muestra jeans tiro alto, bota campana, con estampados y descosidos. Con el pasar de los años la marca ha evolucionado y ha ingresado a su inventario ropa más juvenil y a la moda. Sin embargo gran parte de sus estanterías aún están dedicadas a los diseños más conservadores y sencillos que comunmente conocemos como señoreros, los cuales están dirigidos a lo que aún es su público principal; camisas holgadas, con mangas largas y boleros en los bordes se mezclan con jeans con mariposas y manchas de pintura.

     

    —¿El vestido lo tendrás en otro color? —pregunto pues solo lo he visto en naranja y rosa.

    —Solo en colores de temporada —responde la asesora. Y acierta, pues en el centro de la ciudad se observan camisas y camisetas azul rey, rosa, naranja o verde, los colores que marcarán, por un par de semanas, la tendencia de moda en la zona, inclusive en las tiendas donde todo puede valer entre $10.000 y $20.000.

     

    A la entrada de la tienda hay dos jóvenes. Uno está parado sobre una escalera vigilando a todos los compradores mientras el segundo anima a todo aquel que pase por la acera para entrar al negocio. Es una tienda de ropa de todo a $10.000 y $20.000, las vendedoras organizan mercancía y caminan entre cajas mientras asesoran clientes. No hay nada por talla, solo por diseño o color.

     

    —¿Manejas solamente tallas únicas?

    —¿Qué tallita estarías buscando?

    —Como para mí —respondo.

    —Solo esas de allá arriba —y me señala una hilera de camisas anchas, de licra, llenas de brillantes y estampados que chillan contra los vestidos colores pastel y los buzos tipo crop top que cuelgan en las demás hileras.

     

    Inclusive en espacios donde la ropa es mas asequible, no es fácil encontrar la misma oferta y variedad para tallas grandes puesto que no entran en los estándares de la conveniente talla única que tanto habita el centro de la ciudad.

     

    Elena plus clothing, Áttika Closet y Nation Plus Denim son algunas de las marcas que le apuestan al diseño exclusivo para tallas grandes buscando responder a las necesidades específicas de la gente gorda.

    Foto: Manuela Rendón Uribe.

     

    Un trabajo delicado

    Entre los factores que pueden afectar una experiencia de compra para mujeres gordas no solo se encuentra que los cuerpos se sientan representados en los diseños y los maniquíes. También está el trato de los vendedores, la experiencia con el espacio y la poca estandarización de tallas en la industria hasta el punto que las marcas consideran que abastecen la demanda plus size de la ciudad ofreciendo ropa que llega hasta la talla 14 o 16.

     

    Para Eliana Hérnandez, creadora de Gorditas Modernas Boutique, la venta a una mujer gorda debe ser una venta que debe hacerse de manera muy precavida. “Son personas muy delicadas. Es una venta que hay que hacer con muchísimo tacto, encontrar como la terminología adecuada para saber llegar a ese corazón que está aporreado por una industria que nos ha aporreado de una manera demasiado evidente, entonces es empezar también como a hacer un trabajo de amor, de sanación y de irlas como enrutando a ellas en lo que realmente deben usar y sobre todo en qué talla deben usar”.

     

    En el espacio de Eliana todo es grande. Los vestieres, las habitaciones, los sofás, la oferta de ropa y las ganas de ver a sus clientes más allá de una transacción. Es un espacio pensado para mujeres gordas que buscar una experiencia segura y cómoda de compra: “antes de ver las personas como clientes, vemos la necesidad de un ser humano, un ser humano que ha sido flagelado, que ha sido estigmatizado. Entonces queremos que cada una de las niñas, chicas, mujeres que vengan a nuestro espacio se sientan demasiado cómodas, confortables, que sientan que el espacio que están pisando, que están ocupando, realmente es un espacio que merecen y que no están ocupando un espacio que le está haciendo falta a otra mujer, porque si tú te das cuenta normalmente cuando uno llega a un local comercial, uno siente que eso tiene como un espacio el cual ya tú no cabes, como que no es apto para muchas personas”.

     

    Eliana remarca algo importantísimo para las experiencias de compra: el trato del vendedor. Debe ser empático, que escuche activamente al cliente y que entienda sus necesidades, sus miedos, sus inseguridades y lo ayude a sentirse cómodo en una experiencia que puede generar ansiedad o para clientas como Jessica Mileydy, inclusive resultar negativa. “No compraba, o sea, no salía. Odiaba, literal, salir a comprar ropa, porque pues siempre era como una negativa. ‘No, para ti no hay talla’, o me mostraban la ropa de señoras pues de 80 años y obviamente uno no la desmerita, pero yo en ese momento no tenía 80, ahora tampoco. Entonces no veo por qué tendría que vestirme así, horrible. Siempre fue muy maluco para la ropa interior, para los jeans, para las blusas, para todo en general”.

     

    Lo más importante para consumidoras como Mileydy y vendedoras como Eliana es que el vendedor sea conocedor del producto que vende, las hormas, los estilos, los tipos de cuerpo y lo más importante es que entienda que no buscamos ocultar el cuerpo sino favorecerlo.

     

    Aunque el panorama reafirma la idea de que la moda para mujeres gordas aún es un nicho bastante pequeño en comparación a las grandes industrias de la moda en la ciudad, las marcas emergentes y el cambio de discurso y perspectiva ha permitido que las usuarias finalmente desarrollen un estilo propio, aunque no tengan a la mano la misma oferta que pueden tener otros tipos de cuerpo. Para Mileydy, aceptarse como es la ha llenado de tranquilidad y amor propio: “cuando encontré la ropa también decidí aceptar mi cabello, que yo me lo alisaba siempre y ya dije: ‘No más’ esta soy yo: soy gorda, soy crespa; así voy a ser y ya es mi estilo. Ya no me pongo nada ancho, me pongo crop tops que pensé que jamás en la vida yo me voy a poner algo así. Entonces ya no me tengo que ocultar y ya no me tengo que acomodar a la ropa, sino la ropa a mí, si no me sirve una talla, pues pido otra y ya, ya no es el problema porque ya no me pego a la talla, ya no estoy como traumatizada de que ‘ay no, es que tengo que ponerme un 20 entonces subí 80 kilos’. No. Eso ni siquiera tiene que ver con el peso, tiene más que ver con la tela, con la horma de la prenda entonces ya entendí que no soy una talla”, afirme la crespa con seguridad.

     

     

  • La plata para los colegios de Medellín, enredada en investigación por alimentos escolares

    Alejandro Zapata Peña / alejandro.zapatap@upb.edu.co

     

    Por información de la Alcaldía de Medellín, Contexto conoció en detalle cómo se invirtieron dineros que fueron aprobados desde 2017 para ejecutar en las plantas físicas de instituciones que, en algunos casos, apenas están en obra.

     

    Se trata de 8 mil seiscientos millones que la Secretaría de Educación de Medellín tenía destinados para infraestructura educativa los cuales fueron trasladados al Programa de Alimentación Escolar (PAE), contrato que está siendo investigado por presunta corrupción, según informó ese despacho en respuesta a un derecho de petición.

     

    El caso está en manos de la Contraloría y la Fiscalía General de la Nación por la presunta celebración de contrato sin cumplimiento de requisitos legales, peculado por apropiación en tentativa, interés indebido en la celebración de contrato y peculado por apropiación consumado en favor de terceros, que implica a la exsecretaria de Educación, Alexandra Agudelo, a la exdirectora de Buen Comienzo, Lina Gil y al exrepresentante legal de la Corporación Colombia Avanza, Henry Paulison Gómez.

     

    Entre 2019 y 2022 la Alcaldía proyectó 45 mil millones de pesos para invertir en colegios públicos. Sin embargo, estos dineros no se pudieron ejecutar por la terminación de un convenio interadministrativo entre el Gobierno Nacional y la Alcaldía de Medellín.

     

    Para ver el contexto de la alianza público privada y el contrato interadministrativo, lea Las inversiones en los colegios públicos de Medellín: una tarea que se cae a pedazos.

    Según el documento de la entidad territorial, parte del dinero para las vigencias 2019 y 2021, fue destinado para la construcción de jardines y centros infantiles como el de Loreto y San Antonio de Prado, adjudicados al programa Buen Comienzo.

     

    Otra parte se destinó para la Secretaría de Infraestructura Física en el mejoramiento y mantenimiento de espacios públicos, además de construcción, adecuación y mantenimiento de puentes peatonales, ciclorutas, entre otros.

     

    Mientras que el dinero proyectado para la alianza público privada que correspondía al año 2022 con un total de 17.754 millones de pesos, fue agregado a los nuevos dineros para la inversión que se está ejecutando este año y en 2024 para el Plan Maestro de Infraestructura Educativa.

     

    Plan de Intervención de la Infraestructura Educativa

     

    Ante el llamado insistente de la ciudadanía y las constantes evidencias del deterioro en muchas instituciones educativas de la ciudad, el Concejo de Medellín aprobó el 18 de agosto del año pasado 319 mil 047 millones de pesos en vigencias futuras para invertir en 2023 y 2024. A este proyecto lo denominó el Plan Maestro de Infraestructura Educativa con el cual se pretende intervenir en 411 plantas físicas de la ciudad.

     

    El Plan establece lo que se puede entender como distintos niveles de intervención en los colegios, según se explica en las consideraciones técnicas de la Secretaría de Educación.

     

    Restitución parcial: En este caso se reconstruyen espacios que ya existen y se hace mantenimiento a lugares que son riesgosos para la comunidad educativa.

     

    Mantenimiento integral: En este nivel se atiende a la mayoría de la planta física realizando mantenimientos preventivos y correctivos. Para restituciones parciales e integrales se cuenta con 99 mil 987 millones de pesos que serán invertidos en 34 escuelas

     

    Mantenimiento general: Esta modalidad se enfoca en la conservación de las áreas educativas en torno a preservar y alargar la vida útil de aquellos espacios. 219 mil 060 millones de pesos estarán destinados para 364 establecimientos educativos que requieren de esta modalidad.

    Captura de pantalla de presentación del Plan de Intervención de Infraestructura Educativa.

    Dentro de los mantenimientos integrales se visualizan las instituciones educativas que hicieron parte de la alianza público privada, entre las 13 instituciones suman casi 57 mil millones de pesos.

    Resaltan las instituciones educativas Marco Fidel Suárez (comuna 11) y el Gilberto Alzate Avendaño (comuna 4) con 13 mil y 12 mil millones respectivamente. Sin embargo, no todo este dinero que aparece en la tabla será invertido en su totalidad, “El Estado tiene que sacar mucho, para todo lo que es la parte de diseños y tributación. Realmente quedan 8 mil 500 millones para la intervención real”, según confirmó, Humberto Bermúdez, rector de la Institución Educativa Gilberto Alzate Avendaño.

     

    ¿Y las obras?

     

    El estado de avance en cada institución es diferente. Son 411 intervenciones contempladas y cada una es una realidad diferente. Por ejemplo, la Institución Educativa Javiera Londoño Sevilla tenía en abril tres salones cerrados por su mal estado. El centro educativo es una de las sedes incluidas en restitución parcial y mantenimiento. Los salones sellados esperaban una demolición. En esta institución, que cuenta con 279 millones de pesos para inversión en 2023, ocho meses de plazo para los diseños y licencias y cuatro meses para la construcción, parte de la planta física es patrimonio de la Universidad de Antioquia, es decir está bajo tutela de la Universidad, por lo que varios lugares de la institución deben contar con el permiso de cualquier tipo de intervención por parte de la Universidad por lo que según, Antonio Londoño, coordinador, se necesitan permisos especiales y eso retarda el proceso.

     

    En el caso de la Institución Educativa Ciro Mendía, ubicada en la comuna 2, Santa Cruz, hay 1.173 millones para ejecución este año. “Se nos habló en diciembre, vino una representante de Infraestructura, que este muro [uno que en abril estaba a punto de caer sobre la cancha del colegio) iba a ser prioridad en enero”, indicó un docente de la institución, quien pidió no revelar su identidad. Esta situación da una idea de los tiempos y procesos de estas obras.

     

    Maratón de construcciones

     

    Hoy la actual administración se apura por entregar 411 establecimientos educativos con mejoras y reparaciones. Después de 3 años de mandato no agilizó el proceso de intervención a la infraestructura de colegios que venían cada vez más mal.

     

    Por el cierre de un contrato que no surtió efecto, se retrasó el proceso de inversión pública en los colegios que más lo necesitaban.

     

    “Es un aspecto que viene dándose hace unos años, que además para esto se pidieron unas vigencias futuras y estamos viniendo a los colegios y no han empezado las obras”, estableció Mónica Ospina, directora de Medellín Cómo Vamos.

     

    De acuerdo con la misma entidad, la mala infraestructura educativa es un problema que tiene raíces muy profundas en la ciudad ya que a lo largo de los últimos 10 años la inversión en infraestructura en colegios públicos ha disminuido. No obstante, la lupa tendrá que estar en la actual administración y en el cómo se va a entregar el Plan Maestro de Infraestructura Educativa a la Alcaldía entrante.

     

    Más detalles de esta historia en la serie de videos en nuestro canal de YouTube.

    Video

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    Este es un trabajo realizado desde el semillero de Periodismo urbano de la Facultad de Comunicación Social - Periodismo, orientado por el profesor Juan Esteban Mejía Upegui.

  • El silencioso drama del ruido

    Por: Karen Bueno Estrada y Susana Katich Restrepo

     

    Paradójicamente, la contaminación acústica es un problema del que poco se habla. sus efectos son múltiples y a quienes más los padecen, poco se les escucha.

     

    En el Área Metropolitana del Valle de Aburrá los ciudadanos son testigos de los relatos que día a día gritan en los callejones paisas. La música del vecino, la nueva discoteca o el trabajo de los constructores en las calles cercanas al barrio; suelen ser el pan de cada día en cada esquina de la región, que, sin más, habita con una sobreestimulación sensorial normalizada.

     

    Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se entiende por ruido cualquier sonido o vibración molesta que no permite el desarrollo de las actividades rutinarias. Sus múltiples fuentes comienzan desde el tráfico automovilístico y aéreo, las obras en construcción, el ocio nocturno y el sonido excesivo de los animales que, hoy por hoy, sobrepasan los 65dB (decibelio) establecidos como parámetros saludables.

     

    Daniel Carvalho,congresista y magíster en gobierno y políticas públicas de EAFIT y en urbanismo del IFU de París; menciona que “estamos sometidos a unos ruidos muy altos, hay una especie de cultura del ruido que viene de establecimientos o de personas que hacen para el ciudadano un tema casi que imposible de solucionar”. Prueba de esto es el Análisis de ruido ambiental para los barrios de los municipios del Valle de Aburrá (2020), un informe que buscó comparar los niveles de ruido de los diferentes espacios y cuyo resultado fue negativo por sus altas emisiones acústicas en sectores como Medellín, Sabaneta e Itagüí.

     

    Mapa de contaminacIón acústica del Valle de Aburrá. Con información del Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Véalo también AQUÍ. Diseño: Karen Bueno, Susana Katich.

     

    ¿Y quién se preocupa por el ruido?

     

    El brrrum, brrrum de las motos por Manrique la 45, la intensidad del taladro en la Avenida Oriental, el pitido de los buses en la Avenida 33 y la lista de reproducciones de salsa, reggaeton y bachata de El Lleras y la 70, son muchos de los sonidos que retumban en los oídos de los antioqueños.

     

    Sin embargo, pese a esta problemática latente, las estrategias del control de ruido y contaminación auditiva han sido casi nulas e ignoradas por las instituciones gubernamentales. El representante a la Cámara Carvalho, habla sobre la importancia de una ley que promueva a nivel nacional un control permanente en una tragedia que tiene voz propia desde hace mucho tiempo.

     

    Temas como la intolerancia y violencia, factores de salud a corto y largo plazo y el desplazamiento por saturación de sonido, son las principales alarmas que tienen en el ojo del huracán a la política pública, cuya falencia siempre ha radicado en reglamentos inexistentes, confusos y pocos acertados.

     

    Los residuos que deja el ruido son un efecto que no se siente inmediatamente y solo se percibe cuando es acumulativo en los espacios que habitamos, los cuales tienen movimiento a través de las diferentes actividades económicas. Camilo Quintero, abogado y líder de temas ambientales menciona que, “es necesario fortalecer y aumentar los temas presupuestales, los programas técnicos y reconocer las múltiples causas del ruido en temas laborales, residenciales, de ocio, etc”.

     

    Alternativas como la protección de determinadas zonas, reglas que contemplen medidas preventivas y correctivas y la distancia obligatoria de zonas con altos focos de ruido son acciones que todavía en Colombia no se han aplicado lo suficiente. “Lo que se busca es que haya una actuación integral para lograr prevenir, logrando un ruido moderado y soportable que no sobrepasen los niveles permitidos por la norma de la OMS”, enuncia Quintero.

     

    Avenida Oriental, uno del os sitios donde se manifiestan las fuentes y hábitos de ruido más frecuentes en Medellín. Foto realizada por: Susana Katich Restrepo

     

     

    Seguridades ausentes y vacíos pedagógicos

     

    El ruido se puede calcular de dos formas, la primera se hace por medio de un sonómetro, un instrumento que sirve para medir y comparar sonidos del ambiente. En la segunda se utiliza la misma herramienta, pero enfocada en cómo es el ruido que percibe la persona. Hasta la misma voz pueden interferir en el ruido, sumado a la música, las conversaciones, en lugar, el televisor, entre otros elementos que todos juntos conllevan a la contaminación acústica.

    De acuerdo con la aplicación Decibel X, una app de medición de ruido y sonidos, se establecen los siguientes niveles de pérdida auditiva:

     

    Ilustración: Karen Bueno, Susana Katich.

     

    Cuando el ruido pasa de los 80 decibeles ya está haciendo daño. Cuando después de los 80 decibeles con 15 minutos que lo tengamos en el oído, ya está mal. Entonces se debe tener presente los niveles de ruido que pueden producir los aeropuertos, los conciertos, las discotecas, los centros comerciales, hasta donde nos ubicamos y cómo empezamos a hablar con las demás personas casi a gritos. Por ejemplo, un avión llega más o menos a los 120 decibeles, al igual que un celular puede alcanzar altas unidades si el volumen es muy alto. Se recomienda graduar el volumen y no estar expuesto al ruido por más de 15 minutos.

     

    Como resultado de esa falta de control, existe la posibilidad de trabajar e intervenir la fuente para disminuir o atenuar el ruido que produce, por medio de barreras u otros mecanismos. Desde la infraestructura se pueden lograr acciones posibles de intevención sobre los corredores de alta mixtura, haciendo referencia a los lugares donde suele haber más ruido. Hay soluciones que son de alta dificultad para la infraestructura, Carvalho concluyó que,“la única que yo creo letalmente es hacer obligatoria la insonorización de los lugares que producen ruido”.

     

    Además, el abogado Quintero menciona que en su mayoría de veces el Estado sólo tiene como herramienta de acción a la Policía, la cual todavía no tiene la capacidad de tratar integralmente las temáticas de contaminación por ruido como asunto público. “Digamos en mi experiencia, ellos no sienten que se les dé una instrucción; entonces pasa la moto ruidosa y no la para, el vecino ruidoso o la discoteca ruidosa y tampoco hacen caso porque están acostumbrados al delincuente, al ladrón y a otros tipos de delitos, pero no tiene como tal esa interiorización sobre ruido”, comparte el abogado.

     

    En este caso, las autoridades se han acercado a algunos establecimientos para medir el ruido con un sonómetro y regular la bulla del lugar. Pero, cuando suena una canción buena, ahí mismo suben el volumen y el control se pierde totalmente, afectando no solo a las personas presentes sino que también a los vecinos del sector. En definitiva, se puede concluir que los mismos ciudadanos son los desordenados, la ley existe pero por este tipo de escenarios ahí mismo se quebranta.

     

    Por salud: es quererse y ser consciente

     

     

    Cada día llega un paciente al consultorio de Lina Isabel Osorio y Clara Mónica García, fonoaudiólogas y especialistas en audiología de Envigado. Desde un inicio y con la historia clínica, ya se logra identificar una pérdida auditiva por exposición al ruido. Fábricas, maquinarias, hasta claves morse, son algunos de los antecedentes que encajan, especialmente en los adultos mayores, en los pacientes de Medellín. Empresas de textiles y metalmecánica que otrora hicieron grande la economía de la región, fueron el lugar de trabajo por varios años de muchos pacientes que buscan una revisión por el deterioro en su audición.

     

    Osorio resalta que, todos los días llegan consultas asociadas a la contaminación acústica: “Yo trabajo con ruido, en una fábrica o en un taller, con un taladro, […], me dicen”. Esto se comprende en un abanico extenso de posibilidades sobre pacientes expuestos a constantes sonidos, que en su momento no tuvieron la posibilidad ni el conocimiento de cuidar sus oídos.

     

    “La pérdida auditiva es una enfermedad silenciosa”, afirmó la fonoaudióloga García, mientras seguía contando que las personas llegan al consultorio con la queja de, “yo escucho pero no entiendo”. Esto se debe a la pérdida en las frecuencias agudas (más cercano al oído externo), traducidas en las primeras frecuencias que se deterioran por el ruido. Esto quiere decir, que en las personas, de un día para otro pueden presentar indicios de esa pérdida, porque cuando les hablan no entienden algunas palabras y es algo que los ciudadanos no le prestan la atención adecuada a su cuidado auditivo.

     

    Los principales efectos a corto y largo plazo de la pérdida auditiva por la contaminación acústica son la disminución de la audición, el estrés, los dolores de cabeza, la irritación y el mal genio, los problemas gástricos, la pérdidas de memoria y el tinnitus (pitido o zumbido en el oído). Además de los síntomas, las fonoaudiólogas también se soportan en un examen llamado, audiometría, el cual evalúa la audición y arroja unos datos que determinan si hay un bajón en una frecuencia y cual tipo de pérdida está presentando el paciente.

     

    Asimismo, el deterioro de los procesos cognitivos también hace parte de estos efectos. Los procesos de atención y concentración se ven afectados porque la persona ya no logra entender muchas cosas, hasta el punto de aislarse y perjudicar su desarrollo mental. Por esta razón, la pérdida auditiva es reconocida como una enfermedad silenciosa. Esto se da porque la persona de un día a otro no se da cuenta de la pérdida hasta que no le digan, “oiga, usted no está oyendo”. Esto significa que el estado de su audición logró reservarse hasta el punto de no prestarle la atención adecuada y el cuidado auditivo a los oídos.

     

    Adicionalmente, las profesionales en audiología, enfatizaron que para la pérdida auditiva por ruido, ya no existe ningún tratamiento. Es quererse y ser consciente, es por su salud que la sociedad debe cuidarse personalmente de esta problemática que afecta día a día a los medellinenses. El cuidado personal se resume en la limpieza de los oídos, su aseo y la implementación de protectores auditivos que atenúan el ruido cuando se está expuesto a este o hay un gran riesgo de pérdida auditiva por el trabajo o alguna actividad extracurricular.

     

    Por otra parte, se debe mencionar que el ruido es una sensación subjetiva. García explicó que, “la sensibilidad auditiva en todas las personas es diferente”, por la forma en que cada uno percibe los sonidos de una manera diferente. Es complicado determinar que mientras más exposición, más años y más tiempo haya estado expuesto al ruido, es más propenso a que tenga pérdidas auditivas. Todo está en las individualidades de los casos, su afectación y sus mismas habilidades que se pueden ver diferenciadas en una persona mayor y un jóven que tiene nuevas capacidades o adaptaciones.

     

    La educación es un factor crucial en el cuidado y la prevención de esta enfermdad. Falta enfatizar sobre este problema de salud pública desde la casa, la cultura, el colegio, las universidades y las mismas empresas que deben velar por la calidad de vida de sus trabajadores. Actualmente, la sociedad está expuesta a seguir con más ruido de máquinas, tráfico, ocio,vendedores ambulantes, entre otros factores.

     

    Finalmente, la pérdida auditiva también afecta generalmente el círculo familiar y social, el volumen del televisor está muy alto o no logran entender las conversaciones en una reunión hasta aislarse y llegar hasta un estado de depresión o ansiedad, especialmente en los adultos mayores. Además, hay que empezar a inculcar la educación y prevención en cada profesión, desde los músicos, los deportistas, a los pilotos o los odontólogos.

     

    Iniciativas para medir el ruido

     

    La descontaminación ambiental por ruido ha sido para el municipio de Envigado uno de los principales asuntos considerados como problemáticas directas para los habitantes. Iniciativas como La Vida y el Ruido con el apoyo del programa Ciudad Sana y Segura, han permitido abrir espacios para la creación de propuestas que ayuden a aliviar la carga auditiva en entornos urbanos.

     

    Maria Clara Rivera, estudiante de Historia y habitante del sector, expresa que el mayor objetivo es concientizar a las personas sobre la contaminación auditiva. “La solución la vemos en la calle, en las basuras, pero nos cuesta mucho entender como ciudadanos la contaminación auditiva como un fenómeno que nos impacta”.

     

    Recientemente desde este proyecto se realizó una encuesta sobre la percepción del ruido con el propósito de recopilar información sobre la afectación de la calidad de vida entre habitantes de 18 y 80 años. El resultado arrojó que el 82% desconoce las políticas municipales para mitigar la contaminación acústica, mientras que, el 92% manifestó que se sentía afectado por el fenómeno.

     

    Talleres, espacios de reunión y realización de encuestas han sido las principales herramientas que les ha permitido ser un tema de interés público en el municipio. “Nosotros esperamos seguir en la segunda fase del proyecto. Estamos atentos a oficializar un evento que sea el Día de la Escucha con la cual se busca crear una metodología de intervención poblacional para trabajar el impacto”, culmina Rivera, con el ánimo de seguir avanzando en este camino que ha construido, junto a toda las redes de apoyo que le han dicho sí.

  • Los rebeldes. Relato de dos alfares

     

    Dos historias que nacen y crecen en el barro,

    dos formas de convertir la vida en un acto de resistencia.

     

    Por: Federico Hoyos Gutiérrez y Maria José Ánjel Cantero

     

    En un edificio de apartamentos en el sector de El Poblado hay una habitación que dejó de serlo; ahora es un taller de cerámica. Tarde fresca. La ventana está abierta. El viento balancea las cortinas de lino, cuya delgadez permite adivinar el paisaje urbano y el declinar de los colores que llevan el día hacia la noche. El piso es de madera, embellecido por las vetas.

     

    Hay dos máquinas de torno y dos estanterías; una repleta de utensilios de barro, otra con esmaltes, pinceles, paletas de colores, moldes, rodillos, espátulas, estecas, desvastadores, hilos de nailon y hasta una pistola de calor.

     

    También hay una tabla de yeso, la misma donde Mariana Carreño Uribe amasa un pedazo de arcilla como si fuera un pan. Lo rueda hacia adelante y hacia atrás. Lo comprime y lo alarga con la palma de las manos, lo golpea, lo estruja, lo aplasta y vuelve a empezar. El proceso ha de repetirse una y otra vez hasta asegurarse de que no hayan burbujas de aire que podrían hacer estallar en pedazos a la futura pieza durante la cocción en el horno.

     

    Mariana se sienta frente a la máquina de torno, coloca la masa de arcilla en el centro, pisa el pedal y el torno comienza a girar. “El torno se mueve en espiral. Las hojas nacen en forma de espiral, los huracanes y las galaxias son en forma de espiral… Entonces tú estás creando con el movimiento del universo”, dice la ceramista.

     

    Es una mujer de veinticinco años. Viste de overol y anda descalza. Su piel es de un blanco rosáceo. Su rostro pálido se colorea apenas le preguntan sobre su oficio como ceramista. Sus brazos están tatuados con figuras de volutas florales. El iris de sus ojos es gris como la arcilla que acarician sus manos. Un piercing cuelga de su nariz. Los rizos de su cabello castaño son tan movedizos como su espíritu.

     

    El primer paso para dar forma a cualquier pieza de barro es el centrado. Mariana utiliza la base de la palma de las manos haciendo presión uniforme hacia abajo hasta generar una forma completamente simétrica. Su cerebro pregunta y ordena, sus manos responden y hacen.

     

    “Cualquier cosa que uses en la vida tiene profundidad, diámetro y altura. Eso es lo que vamos a hacer en este momento”, dice Mariana con la paciencia de un maestro.

     

    Primero, la profundidad. Usa los dedos pulgares para ahuecar la arcilla. Luego, el diámetro. Toma una esponja, la remoja y esparce un poco de agua por la pieza que gira incesantemente en el torno. Al humedecerla, la hace más maleable, el barro se vuelve más obediente. “El barro es como las personas, necesita que lo traten bien”, escribió Saramago en La caverna.

     

    Coloca la palma de la mano por fuera de la pieza y el dedo pulgar dentro del hueco de la misma. Empuja lenta y consistentemente el pulgar, como si quisiera juntarlo con la palma de las manos. Y así, con movimientos y caricias tan ligeros como una seda, el hueco que hace segundos era diminuto, se ha hecho grande. Hecho el diámetro, Mariana procede a pulir el fondo de la pieza con la espuma.

     

    Finalmente viene la altura. Con el movimiento delicado de los nudillos hacia arriba, comenzando por la base, va levantando las paredes de la pieza, estirándola hasta alcanzar la altura deseada.

     

    Con las puntas de los dedos índice y corazón ejerce una presión firme pero suave hasta modelar y definir los bordes de lo que será un jarrón. “No es solo una pieza, es un contenedor de emociones”, insiste Carreño.

     

    Es momento del arte, llega la impronta del artista. Aquí es cuando las manos de Mariana juegan con el jarrón, haciéndole una especie de cinturas y barrigas a la pieza.

     

    “Cuando estoy ahí (en el torno) estoy siendo mi yo más auténtica. No tengo nada que esconder, soy completamente sincera conmigo. Es como entrar en una meditación. Es una comunicación, un baile”.

     

    Mariana suelta el pedal, el huracanado torno deja de girar. El jarrón queda tan perfecto que dan ganas de ponerle flores. Pero el barro aún está crudo. Hay que rociar la pieza con una pistola de calor, esperar un tiempo prudente a que se seque para luego cocerla en un horno eléctrico a 1200 ºC.

     

    Ama Estudio Cerámico, así se llama el taller de Mariana Carreño, en donde esta ceramista “hace el amor” con el barro, según explica.

    Fotos: Federico Hoyos – María José Ánjel.

     

    Punto de inflexión

     

    Para Mariana, el barro significa el antes y el después de su existencia. De chiquita le encantaba jugar con plastilina, sin embargo sus padres trataron de alejarla de su lado artístico y llevarla por las sendas de una profesión más intelectual.

     

    Mariana era una chica sin norte claro. Cargada de miedos e inseguridades, cursó estudios de Negocios Internacionales, Psicología y Comunicación Social, dejándolos inconclusos todos. “Yo no sabía qué hacer con mi vida, era una persona muy oscurita, un poco deprimida… Yo no daba ni un peso por mí”, confiesa.

     

    Decidió cambiar de aires. Se fue de intercambio para Canadá, hizo cursos de maquillaje y se metió a clases de escultura, arte del que se enamoró perdidamente. Cuando regresó a Colombia, se inscribió a un taller de cerámica. La primera vez “Me fue pésimo. No di pie con bola en el el torno, pero yo dije: ‘este es mi lugar’ ”.

     

    En tiempos pandémicos compró una máquina de torno, luego otra y se pasó los meses del confinamiento practicando, dialogando con la arcilla. Con la complicidad silenciosa del tiempo y la paciencia, sus destrezas mejoraron hasta que se independizó de su maestra y fundó su propio taller de cerámica.

     

    Las vivencias moldean los pensamientos como las manos al barro. Mariana nunca se imaginó que se convertiría en profesora. Actualmente cuenta con 13 alumnos. Da clases de lunes a sábado. Su interés no es formar ceramistas, sino ayudar a sus pupilos a canalizar sentimientos y emociones mediante la elaboración de piezas que les sobrevivan a ellos. El taller se llama Ama Estudio Cerámico. ¿La razón? “Uno viene acá a hacer el amor con el barro”, dice Mariana.

     

    Frente a la pregunta inevitable de cómo se siente al ejercer un oficio que cada vez es menos popular, la ceramista contesta: “Nosotros, los rebeldes, no dejamos que la cerámica muera”.

     

    Rebeldía rima con maestría

     

    En medio de la reserva natural La Providencia, ubicada en el municipio de Guatapé, vive otro rebelde de la cerámica: José Ignacio Vélez Puerta. Tiene rostro de barba plateada que dibuja una sonrisa de hombre feliz. “Lo que yo hago siempre está muy ligado a lo que yo amo”, afirma. Viste suéter de rayas horizontales, bluyines, tenis de cuero y un delantal gris. Lleva puesto un sombrero de paja, parecido al de Tom Sawyer.

     

    Su casa y su taller, de paredes de tapia y arquitectura campesina, están rodeados por árboles que él y su esposa han sembrado durante veinticinco años: saucos, guamos, chaparros, guayacanes, chagualos, guacamayos, aguacateros, ojos de pava y árboles siete cueros.

     

    Antes de abrir las puertas del taller, José Ignacio se quita el sombrero, con el respeto de un feligrés que entra en el templo. Se pone las gafas. Conversa mientras restaura el asa de un jarrón, actividad que realiza con la precisión de un cirujano. A los 63 años cada una de las falanges de sus dedos está cargada de enseñanzas y recuerdos.

     

    “En cerámica no hay basura”. José explica que una pieza de cerámica puede triturarse, convertirse en arena, mezclarse y reciclarse con la arcilla cruda, lo cual da como resultado el chamote, un compuesto que permite construir piezas con mayor resistencia y durabilidad.

     

    Desde los doce años tomó la decisión irrevocable de ser artista. Primero incursionó en el dibujo, luego en la pintura, después en el grabado, en la escultura y, finalmente, en la cerámica. A los diecisiete se enamoró del torno gracias a Pablo Jaramillo, profesor suyo en la Universidad Pontificia Bolivariana.

     

    Fueron tres experiencias que orientaron su trayectoria como artista de la cerámica: su formación en la escuela de Porta Romana en Florencia (Italia) y en la Escuela de Artes de Segovia (España). En Sargadelos, Galicia, conoció a Arcadio Blasco, quién se convertiría en su maestro. Bajo la guía de Blasco comprendió que la cerámica podía sacarse de los espacios cotidianos del hogar y trasladarlos a espacios urbanos.

     

    Coherente con su rebeldía, se graduó como diseñador industrial con una tesis en contra de esa profesión: Utensilios inmuebles de zonas rurales colombianas. El trabajo, realizado con su esposa, consistió en rescatar los objetos que los campesinos colombianos hacían en su casa por la necesidad que obliga, en muchos casos, las condiciones de pobreza y olvido estatal.

     

    Un artista amante del oficio

     

    José Ignacio se autodefine como un artista cerámico. Para él no hay distinción entre el artesano, el artista y el diseñador; son tres actividades que se funden en una sola. Según Vélez “el oficio es necesario para realizar cualquier trabajo artístico”. Él mismo saca la tierra, la mezcla con agua, la bate, amasa la pasta, tornea las piezas, las seca y las pone a cocer en el horno. Al entrar en contacto con el calor, las moléculas de barro se vitrifican e impermeabilizan, y algunas se inmortalizan.

     

    Su obra es tan amplia que podría hacerse un museo con ella. Los cortes de tierra, las montañas, las texturas, las raíces y las nubes han sido la fuente de inspiración de sus creaciones, entre las que se encuentran desde tazones diminutos hasta esculturas de mastodónticas proporciones. Todas las ideas tienen el mismo punto de partida: una libreta y un lápiz para dibujar bocetos cuyos trazos reciben inspiración de las Musas.

     

    A finales de los 80 llegó a El Carmen de Viboral, lugar que lo transformó a él y que él también transformó. Contrario a lo que se ha pensado, este municipio no tenía una vocación alfarera, sino industrial. Fue José Ignacio quién le enseñó a los carmelitanos los secretos del barro: a tornearlo, a modelarlo, a decorarlo y, sobre todo, a diseñarlo. Una de las satisfacciones más grandes de Vélez es el hecho de haber contribuido a conceptualizar el arte cerámico en este municipio del oriente antioqueño.

     

    En El Carmen está la impronta de José Ignacio. Fue él quien diseñó la Calle de las Arcillas, la de la Cerámica y el parque principal. Sin embargo, un gobernante miope, carente de cultura (y quizá también de inteligencia) no permitió que apareciera el nombre de José Ignacio en esos lugares. Pese a ello, la posteridad no es una prioridad para este artista cerámico. Vélez deja claro que: “Mi proyecto fundamental no es El Carmen, es mi vida”.

     

    Un recorrido por los espacios y herramientas del arte de José Ignacio Vélez, quien no solo es artista cerámico, sino también pintor. La maestría se hala en los detalles del proceso de sus obras, desde el horno de leña, pasando por las herramientas y esmaltes, hasta los primeros acabados de cada pieza y los distintos resultados finales. Fotos: María José Ánjel – Federico Hoyos.

     

    El camino se hace al andar

     

    Vive tranquilo porque se levanta todos los días a trabajar. No es religioso, pero sí espiritual. “Amo a Buda, adoro a Lao Tsé y adoro a Jesús”. No le tiene miedo a la muerte. Se refiere a ella con la serenidad de un estoico.

     

    Maria Patricia se llama su esposa, compañera de sus días. José le llama por su apodo: Tati. Ella tiene la piel bronceada. Algunas canas se le asoman sobre el cabello, negro como el azabache. También es diseñadora industrial, también es manual y también es artista. A diferencia de José, no se dedica a la cerámica, sino al tejido. Quizá ella misma haya bordado las figuras florales que adornan su camisa azul celeste que lleva puesta. Maria Patricia también tiene su taller en medio de la reserva natural. Allí hay un telar. Lo quiere tanto como su marido al horno.

     

    José sale del taller y se dirige al lugar sagrado de todo alfarero: el horno. A diferencia del de Mariana, este no es eléctrico, sino de leña. Está vacío pero, al cerrar los ojos, es posible imaginarlo con las puertas cerradas y las piezas arcillosas adentro recibiendo la primera llama de leña, las primeras vaharadas de calor rodeándolas como una caricia, el aire arremolinándose, el centelleo titilante de la brasa, el deslumbramiento y las llamaradas del fuego, el humo saliendo a borbotones por la chimenea. Para un alfarero en general, y para un artista cerámico en particular, alejarse del horno es como alejarse de la vida. Lo más bello de este oficio no es solamente sopesar lo acontecido, sino también lo que ha de acontecer.

     

    Frente a la pregunta de por qué prefiere el fuego al momento de cocer las piezas, responde: “Las cosas salen más lindas. Es como si uno tuviera un diálogo con la pieza”. Cuenta José que este horno fue construido con materiales de otro horno: el de Samuel Pareja, ceramista carmelitano. Por eso Vélez lo cuida con un cariño casi humano. Un homenaje a esos hornos que estuvieron y dejaron de estar, porque los derribaron sin piedad. Hay que volver a Saramago: el Nobel portugués decía que destruir una creación ajena sería borrar de la faz de la tierra a su creador.

     

    El material plástico de la naturaleza

     

    La arcilla es el resultado de la descomposición de ciertas rocas que se encuentran en las montañas. Las lluvias provocan la erosión de éstas y las partículas arcillosas son arrastradas por los ríos. Este material, crudo y maleable, capaz de adoptar una infinidad de formas que sólo la imaginación puede limitar, está compuesto de alúmina, sílice potasio, sodio, hierro, calcio, feldespato, y muchos otros componentes que no alcanzaría el espacio para nombrarlos todos.

     

    “La cerámica es el término empleado para referirse a toda pieza de arcilla que ha pasado por un proceso de cocción y que, al perder el agua, se transforma químicamente en un material pétreo, incapaz de volver al estado arcilloso original”, afirma Claudia Lam Onuma en el libro Cerámica a mano.

     

    Existen innumerables tipos de cerámica, pero hay tres muy comunes: la terracota: opaca y porosa, su estructura química se compone de óxido ferroso, que le proporciona el color rojizo. La temperatura de cocción está entre los 700 y 900 ºC. El gres: de color grisáceo, opaco y pétreo. Su temperatura de cochura llega hasta los 1250 ºC. Y la porcelana, cerámica translúcida que se cuece hasta los 1300 ºC.

     

    José Saramago escribió que las palabras no son cosas pero las designan lo mejor que pueden. El término cerámica proviene del griego keramikos, que significa ‘alfarería’. Sin embargo, “la práctica de elaborar figuras, vasijas y otros objetos de arcilla es mucho más antigua que la palabra”, cuentan Liz Wilhide y Susie Hodge en el libro Cerámica, un recorrido por la historia, las técnicas y los ceramistas más destacados.

     

    El nexo entre el hombre y el pasado

     

    La cerámica ha sido fiel compañera de la humanidad durante siglos en la vida doméstica: platos, tazas, vasijas, cuencos, jarrones, teteras, botijos, cántaros, macetas… Muchas de estas piezas no las vimos nacer y tampoco las veremos morir.

     

    “Donde hay humanos, hay cerámica”, explica la historiadora Maria Alejandra González. Todas las civilizaciones han tenido contacto con la arcilla debido a que se trata de la exploración de un material procedente de la tierra, de la cual proviene la vida.

     

    Se ha dicho que en tiempos antiquísimos, de los que no queda ni registro ni memoria, Dios modeló al hombre con el barro de la tierra que él mismo había creado. Y después, con un soplo en la nariz, le otorgó la respiración y la vida. “Nada sale de la nada”, afirma el filósofo y escritor Memo Ánjel, citando a Aristóteles.

     

    No hay certeza sobre cuál fue la primera civilización en descubrir el arte cerámico. Cada hallazgo ofrece nuevas pistas y reescribe la historia. Las objetos más antiguos encontrados hasta el momento son las llamadas Venus, unas estatuillas oscuras, hechas de barro y polvo de huesos que datan entre los años 29000 y 25000 A.C., cuyo hallazgo aconteció en la República Checa en 1925. Hasta hoy, su significado ritual continúa siendo un enigma. Aproximadamente entre los años 6000 – 2400 antes de nuestra era, se produjo la invención del torno en Mesopotamia.

     

    González explica que la cerámica comenzó a tener un uso cotidiano en el Neolítico, especialmente para la cocción de alimentos y la fermentación de los licores, acontecimientos que favorecieron el sedentarismo, las congregaciones sociales y los ritos religiosos en las comunidades humanas.

     

    Los chinos jugaron un papel preponderante en la evolución del arte cerámico. Durante la Dinastía Tang (618 – 907 d. C.) se popularizó el té, y en consecuencia, aumentó la demanda de juegos de porcelana para servir esta bebida. La Ruta de la Seda fomentó el comercio con Occidente. Así fue como la porcelana llegó al Viejo Continente y conquistó la mirada de los europeos, quienes inicialmente no sabían cómo fabricar este material.

     

    Pasaron muchos años hasta que en 1709, un alquimista alemán de nombre Johann Friedrich Bötger, en medio de alambiques inciertos y con el propósito de hacer oro, descubrió por accidente la fórmula de la porcelana auténtica.

     

    Hace 15 siglos muchas civilizaciones precolombinas cocían el barro en hornos abiertos, hechos de piedra. Un ejemplo de ello son los mochicas, pueblos indígenas que habitaron en la costa septentrional del Perú. Ellos construyeron con barro fascinantes inventarios de la flora y la fauna, pero también de su mundo real e imaginario.

     

    “El alfarero mochica moldeaba en su materia plástica todo lo que veían sus ojos de artista creador: los hombres y los animales, los pájaros y las frutas, las legumbres y los objetos más comunes de la vida diaria”, escribió el periodista ecuatoriano Jorge Carrera Andrade en un reportaje para la revista El correo de la UNESCO, en 1955. La civilización mochica supo vivir en paz con sus vecinos y dedicar tiempo a la agricultura, la construcción de acueductos y el cultivo de las artes plásticas.

     

    A su manera, los mochicas eran cronistas de la cerámica. “Cada objeto de arcilla es un documento fidedigno”, apuntó Jorge Carrera. Arqueólogos han descubierto vasijas antropomórficas donde se reflejan los conocimientos de anatomía que poseían los artistas mochicas, además de la gran “penetración psicológica” y diversidad humana: figuras de magnates ataviados con cetro y corona, agricultores negroides con labios prominentes y nariz aguileña, hasta la figura de un mendigo tatuado y tuerto atacado en el cuello por un puma. También elaboraban cálices y sonajeros para las festividades religiosas.

     

    El regreso de los rebeldes

     

    El escritor Memo Ánjel ha dicho que las cosas existen cuando se tocan porque el tacto es el más honesto de los sentidos. La dirección e intensidad de la luz afectan la percepción visual de los objetos, la ira y el enamoramiento distorsionan las palabras que se escuchan, el hambre confunde el olfato y exalta el gusto. En otras palabras, el tacto no sucumbe ante los caprichos del espíritu.

     

    Para los rebeldes de la cerámica, como José Ignacio Vélez y Mariana Carreño, el ser humano siempre tendrá que volver a sus principios para recordar de dónde viene, reconectarse con su ser interior, y así, renacer.

     

    Según Vélez, “En el mundo cerámico están los otros tres elementos que conocemos en el mundo occidental: el agua, es quien hace fluir esa tierra; el aire, es quien la hace permanecer y el fuego, que convierte esos cuatro elementos en algo eterno dispuesto a habitar el planeta por siempre. Eso que es la materia, convierte los sueños en realidad”.

     

    Dicen por ahí que del trabajo del hombre dan razón sus manos.

     

     

     

     

  • El problema de las ratas

     

    Muchas zonas de Medellín enfrentan el reto de controlar el flujo de roedores. Los riesgos van, desde encontrarlos por el camino, hasta una enfermedad de la cual hubo varios casos en los últimos años. Este es un alcance de los problemas con la basura en la que era llamada “Tacita de plata”.

     

    Juan José Yath Granados / juan.granadosg@upb.edu.co*

     

    El problema está hecho de ciclos que se repiten en cada rincón de Medellín, mala disposición de residuos genera presencia de vectores, como las ratas, que agravan la presencia de residuos, los cuales siguen llegando porque se considera que, por la presencia de los animales, estos sitios están en abandono. Dibujo: Juan José Yath

     

    Encontrarse una rata al caminar por algún anden de Medellín se ha vuelto tan usual como las historias de personas afectadas por esta situación. Aparecen así casos como el de Lina Rodríguez, quien atiende en un pequeño quiosco de surtidos al lado de la estación Exposiciones. Ella contó que una vez un grupo de estos animales llegó hasta su negocio: “No más en estos días que fue festivo me dañaron todo el surtido. Yo no sé por dónde se metió una rata y se dio la gran vida en mi chuzo”, dijo la mujer. Cerca de donde estaba parada hay un hueco en medio de las baldosas y ahí se pueden ver estos roedores por la noche.

     

    Otro ejemplo es en el Parque de El Poblado, donde los roedores también esperan a que oscurezca para salir de sus madrigueras. No hace falta tener una vista aguda para notar sus cuerpos pasar de una jardinera a otra. Cualquier persona sentada en un banquillo estaría tranquila sin saber que una rata pudo estar a solo centímetros de su lugar.

     

    Tener el disgusto de ver una rata mientras uno disfruta del paisaje o come algo acaba siendo el menor de los problemas. Estos animalitos son potenciales propagadores de un mal llamado leptospirosis, que causa infecciones letales en el hígado, los riñones o el corazón, según la organización Centros para el Control y la Prevención de enfermedades (CDC). Lo que provoca esta enfermedad es una bacteria que se llama Leptospira, que no es muy conocida por la gente en general, en parte, porque los síntomas son parecidos a los del dengue y ciertos tipos de fiebres. En Medellín se han reportado varios casos en los últimos años. Durante la pandemia tuvo una disminución en afectados para luego repuntar en 2021, y llegó al pico en 2022. Si bien los datos de enero y febrero de 2023 parecen prometer una disminución de registros, como se puede ver en la siguiente tabla, el riesgo continúa.

     

    Las cifras preliminares de la Alcaldía de Medellín muestran un incremento en los casos de leptospirosis en la ciudad.

     

    Es inevitable hablar de la denominación de “Tacita de plata” que todavía permanece en las añoranzas de muchas personas en Medellín. Sin embargo, ¿hubo realmente una época en que le quedara bien esa denominación? Iván López, profesor de Historia en la Universidad Pontificia Bolivariana, considera que se trata más de un mito debido a que la ciudad siempre ha lidiado con problemas de salubridad más allá de los roedores.

     

    Los textos que cuentan el pasado de esta región destacan los aportes del movimiento higienista al abogar por un territorio con buenas condiciones de aseo para sus habitantes. Además, la Sociedad de Mejoras Públicas impulsó la cultura del civismo desde inicios del siglo pasado. Este aspecto se volvió característico de Medellín y ayudó a inculcarle a la población el cuidado de las zonas públicas, pero las contribuciones no fueron iguales en cada barrio. Los libros también registran lo que pasó en Moravia, que fue un basurero hasta la creación del relleno sanitario en los 80. Algunos lugares donde todavía se acumula basura recuerdan los antecedentes de este barrio.

     

    Así se ven las madrigueras en las que viven las ratas. En uno de los sitios visitados pos Contexto, se estimó 47 de estas en solo 35 metros cuadrados de área. Foto: Juan José Yath.

     

    Tras la cola de la rata

    En la actualidad la Secretaría de Salud implementa una campaña para controlar la cantidad de roedores en las calles. Cualquier persona que use una zona pública con presencia de ratas puede solicitar que una brigada revise el lugar. En una de estas jornadas, uno de estos grupos se dirigió a Manrique para atender una llamada. El sitio era un pequeño punto verde en medio de un cruce de carriles. El personal llegó y revisó las posibles partes donde estos animales podían hacer su refugio. Jorge Alberto Vélez, un veterinario que trabaja para la Alcaldía, echó un vistazo a la zona y concluyó que en los 35 metros cuadrados que más o menos conformaban el espacio había 47 madrigueras.

     

    En las jornadas de inspección, las brigadas ubican veneno en los agujeros que pueden servir de resguardo para las ratas. Para ello, usan una sustancia llamada Ratunet. Un solo gramo de este químico podría matar a un roedor grande que lo consuma, según Vélez. Los cadáveres de animales que quedan a la intemperie son recogidos luego por trabajadores de Emvarias y los que permanecen en las madrigueras se deben dejar descomponiéndose ahí mismo por el riesgo de infección que puede haber en quien los retire, explicó Cindy Castañeda, otra integrante de la brigada.

     

    Los operativos para examinar y poner veneno en las zonas afectadas buscan exterminar la mayor parte de roedores para mantener a raya la población. En casos como los del Parque Belén, la gente que pasa mucho tiempo ahí reconoce las mejoras en el control de la plaga. Ovidio Cano tiene un pequeño puesto de dulces cerca del parque y resalta el logro: “Aquí pasaban las ratas como un verraco. Ya no, ya las ratas no se volvieron a ver aquí. Ya en la quebrada, es otro negocio muy distinto”.

     

    En efecto, uno puede llegar al parque de noche y a duras penas ver una rata por las jardineras, pero el panorama cambia al avanzar. La razón se debe de hecho a uno de los más importantes factores ligados al problema de los roedores en Medellín: la basura. Castañeda afirma que esta relación se da porque los desechos, sobre todo orgánicos, significan una buena fuente de alimentos para que las ratas prosperen y se proliferen. Es por eso que, llegando hasta una canalización cercana al parque, la plaga emerge de la oscuridad cuando algún vecino tira una bolsa de residuos. El cúmulo de desperdicios está justo al lado de la matera de madera donde hicieron sus hoyos de refugio junto a las matas. Es cuestión de solo desplazarse unos pasos para observar el grupo de al menos cuatro que revisa las cosas nuevas que alguien arrojó.

     

    Este ciclo se repite en miles de rincones en Medellín, incluso en zonas donde se pensaría que el concreto hace más difícil que se construyan madrigueras, como se pudo ver en una zona de Prado Centro, donde a simple vista se pudo reconocer seis madrigueras, en un pequeño espacio. Cerca de los sitios revisados siempre se hallaban además bolsas de residuos acumuladas. La situación empeora cuando pasan personas que abren y hurgan los bultos de basura para luego dejar los desechos tirados en el suelo.

     

    La acumulación de desperdicios se debe en parte a quienes los sacan a horas en que no pasan los carros recolectores, explicó el contralor auxiliar ambiental de Medellín, Carlos Enrique Henao. Esto hace que las sobras pasen más tiempo expuestas a que los roedores las rebusquen. En un recorrido por La 70 y Suramericana se puede ver que algunos establecimientos de comida los que más incurren en la mala disposición de residuos, paradójicamente los más vulnerables a los efectos de la proliferación de ratas y otros vectores. Es por eso que las brigadas también hacen charlas de educación sobre el manejo adecuado de los residuos en los barrios.

     

    Cindy Castañeda reveló que en aquellos lugares donde tiene éxito la pedagogía, el número de solicitudes para poner veneno disminuye, comentó Castañeda. Así las cosas, la solución al problema de las ratas está primero en el comportamiento de los humanos.

     

    Desafortunadamente, paisajes como estos son comunes en las calles de la ciudad. Especialmente en ellos se ven las intervenciones de las brigadas que con venenos como el de los cubos azules de la imagen, intervienen para diezmar la población de ratas. Fotos: Juan José Yath.

     

    *Estudiante del programa de Estudios Literarios. Este trabajo es resultado del Semillero de Periodismo Urbano, orientado por el profesor Juan Esteban Mejía Upegui.

  • De la carta al emoji: ¿La era digital degrada o complementa el lenguaje?

    Estamos en un episodio de la humanidad en donde la digitalización del mundo gana cada vez más fuerza y la percepción de la realidad que tenemos se modifica a la par. Es natural que la forma en la que nos comunicamos también se transforme, respondiendo a una suma de cambios en el entorno social y los avances tecnológicos.

     

    Por: Helena Botero Mejía / helena.botero@upb.edu.co

     

    El lenguaje, entendido como el conjunto de recursos que tiene el ser humano para comunicarse con otros, es un organismo vivo: está en constante transformación, adaptándose siempre a la sociedad que hace uso de él. Los recursos a los que acude, comprendidos como signos, tienen la función de lograr un entendimiento común, pues dentro de un contexto determinado, el mensaje busca ser lo más claro posible y convertir un pensamiento o sentimiento en una expresión que pueda transmitírsele a otro.

     

    Hace unos años, el concepto de esfera digital era mucho más preciso, todavía podríamos marcar las barreras entre esta y otras que define, por ejemplo, el debate voz a voz sobre temas públicos o la que definen nuestros asuntos íntimos como la sexualidad o los hábitos alimenticios. Sin embargo, hoy esas líneas divisorias se hacen difusas y las plataformas digitales se hacen escenario de confluencia de todas estas esferas, para construir una idea diferente de lo que es la realidad y desdibujar los límites sobre los aspectos de la vida que son íntimos, privados y quizá los que deben (o no) ser públicos.

     

    Por otro lado, cada vez más personas utilizan aplicaciones móviles y pasan un mayor tiempo en ellas. Según estadísticas de Hootsuite y We Are Social, para enero de 2022 se estimaba que las redes sociales tenían un total de 4,62 mil millones de usuarios, equivalente al 58,4% de la población mundial, quienes invertirían, además, un aproximado de 2 horas y 27 minutos al día en estas plataformas.

     

    Estos canales de información y de comunicación tienen una serie de nuevos códigos, formatos, elementos y estructuras que responden a unas nuevas necesidades y contextos, pues permiten que confluyan elementos visuales, auditivos y textuales, construyendo una percepción mucho más inmersiva en la información que se difunde y que nutre la conversación. Mediante emojis, stickers, gifs, notas de voz, imágenes y videos complementamos nuestro discurso y decidimos cómo expresarnos.

     

    En la digitalidad, es posible “hablar” más allá de la palabra. Foto: Comunicaciones UPB.

     

    En red, ¿enredados?

    “Hay toda una conjunción entre lo oral, lo escrito, lo textual y lo icónico en una misma plataforma, en un mismo medio de comunicación, los cuales anteriormente estaban más divididos: aquí la palabra, allí la imagen, aquí lo textual, allá lo visual. Ahora existe esa convergencia”, apunta Jorge Iván Bonilla, Comunicador Social – Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana, Doctor en Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia, Magister en Comunicación de la UPB y jefe del Departamento de Comunicación Social de la Universidad EAFIT.

     

    De la misma manera, Paola Hincapié, Comunicadora Social – Periodista de la UPB, docente de la institución y directora de estrategias de comunicación y social media en Agencia El Grifo, señala la importancia que toma la imagen en estas nuevas formas de interacción y comunicación: “Hoy somos supremamente visuales, y es algo coherente porque nos estamos comunicando a partir de pantallas, la imagen se convierte en esa parte lógica, o más cómoda, para trasmitir algo. Cuando uno hace referencia a un meme, o a un sticker, varios en la sala pueden saber a qué se refiere, sin verlo. Entonces eso a lo que está llevando es a que obviamente empezamos a tener una rutina frente a la apatía al texto. No es que sea algo ‘apocalíptico’, no creo que muera el texto, pero sí que empiece a reducirse masivamente el gusto por el texto extenso”.

     

    El “meme”, que Richard Dawkins denominó “el gen egoísta”, haciendo alusión a comportamientos humanos que se propagan a pesar de no tener sentido en una perspectiva evolutiva (puesto que son aquellos que no le apuntan a la propagación de los genes), es un término que se popularizó mucho más al referirse a una imagen graciosa y viral, la cual hoy hace parte también de los códigos utilizados para comunicarnos entre nosotros. Sobre esta forma comunicativa, Juan Esteban Villegas Restrepo, Doctor en literatura de la Universidad de Antioquia, Magíster en literatura latinoamericana y española de Rutgers University y Profesional en literatura e idiomas de Montclair State University, opina que: “Si bien puede ser muy gracioso, lo que hace es reducir la capacidad de pensar las cosas. Te da una cosa y no te da la posibilidad de problematizar o de ver más allá de lo que dice. Ha empobrecido la capacidad argumentativa de nosotros como hablantes”.

     

    El problema podría ser que, en muchos casos, debido a que los formatos de estas plataformas promueven contenidos más cortos, hay una reacción inmediata solo la superficie de un tema. Sucede, por ejemplo, en Twitter, que es una red social muy reactiva y emocional, como la describe Paola Hincapié y, así como la mayoría de las veces no hay un trabajo reflexivo extenso y previo antes de compartir una opinión o información (la mayoría de las veces), tampoco lo hay al momento de reaccionar a algo que vemos. No hay misma dinámica en todas las plataformas, pero leer para responder y reaccionar se presta para muchos malentendidos y discusiones aque se salen fácilmente de cauce.

     

    “Like”

    Silvana Serra, Doctora en fonoaudiología, profesora e investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba, en su TED Talk: ¿La comunicación en riesgo por el uso de las tecnologías? refiriéndose a la variedad de códigos y formatos con los que contamos hoy, afirma que: “Estamos en una zona y tiempo de oportunidades. Y, claramente, nos define como ciudadanos de una época en la que no es una era de ausentes – presentes, sino que tienen la clara convicción de qué herramientas quieren usar para resolver las dificultades. Que también involucra a la idea de que comunicándome me identifico y pertenezco a un colectivo determinado”.

     

    Otro de los temas tratados en la charla de Silvana Serra es el del uso de emojis, mensajes de voz, imágenes y demás códigos que incluimos o utilizamos para dar un mensaje, pues hay una decisión consciente, intencional y estratégica en el momento en el que decidimos enviar un mensaje de voz en lugar de un mensaje de texto, en si incluir o no íconos, dependiendo de la seriedad de la conversación y todas esas son alternativas y herramientas con las que contamos para liberar la “tensión” que representa la necesidad de comunicación de los seres humanos. Esto hace de la palabra solo un recurso más, entre tantos, para expresar un suceso, un pensamiento, una emoción.

     

    Asimismo, es importante tener presente que la posibilidad de contar con un dispositivo móvil todo el tiempo, conectado a internet, acumulando información y con varias conversaciones al tiempo, es una muestra de la celeridad con la que se vive en la era digital. Sucede entonces que las formas de comunicación también le apuntan a lograr un mayor impacto en menos tiempo, los textos deben ser claros, breves y lo suficientemente persuasivos o impactantes, porque además compiten con el resto de información que pueda aparecer en la pantalla del receptor, quien bien sabemos que puede estar haciendo otras tantas cosas en el momento de recibir un mensaje.

     

    Ahora bien, cuando la inmediatez prima sobre la reflexión previa en la elaboración de un contenido o en la redacción de un mensaje, es entonces natural que se pasen por alto algunas normas de escritura, ya sea confiándose en el corrector automático, acudiendo a formas de acortar las palabras o simplemente no dándoles tanta importancia, pues no siempre se cuenta con el tiempo necesario para elaborar lo que se comparte. Frente a eso se ha expresado un poco de preocupación, pues algunos piensan que esto puede contribuir a la degradación del lenguaje o a perpetuar su “mal uso”.

     

    Explicamos emociones haciendo alusión a memes, a chistes en Internet, a referencias de TikTok, a una imagen viral, nos desahogamos en historias en Instagram, contamos nuestras intimidades en audios de WhatsApp, ponemos fotos de nuestros logros en estados… Cada vez nos valemos de nuevos métodos, pues tenemos una variedad amplia de medios cuando de llegar a los otros se trata, porque contamos con una tecnología llena de posibilidades. La experiencia de comunicación es cada vez más inmersiva, personalizada y mediada por una tecnología que también nos lee a nosotros, luego cambia y también nos cambia.

     

    “Ola ke ase”

    En el curso de verano en la Universidad Complutense de Madrid, en el 2017, Darío Villanueva, director de la RAE en ese entonces, habló de las abreviaciones, y de que no son un recurso reciente y no tendrían que ser un motivo para temer el deterioro del lenguaje, pues los manuscritos medievales las llevaron y, si venimos a una época más cercana, los telegramas también, ambas por cuestiones de tiempo y dinero. Sin embargo, apuntó que no le preocupaba una posible degradación de la lengua por el uso de estos usos nuevos de la comunicación “si, por supuesto, el sistema educativo explica, justifica y ejercita en los ciudadanos el uso de la lengua estándar a un nivel culto que es el que corresponde a las personas educadas”.

     

    Además de eso, habría que preguntarse si el uso de nuevos códigos que buscan reemplazar los gestos y elementos de la comunicación presencial podría “degradar” el lenguaje, o si la rapidez con la que se responde afectaría la calidad del mensaje, pues es claro que cada vez se utiliza menos la palabra escrita. A veces la mirada es un tanto apocalíptica, pero es importante evaluar que la transformación del lenguaje y su estudio no son asuntos nuevos, la historia nos ha demostrado que la palabra siempre estará supeditada al uso que se le da, y muchísimas de las que utilizamos hoy provienen de vocablos fruto de migraciones, y en algún momento fueron consideradas incorrectas.

     

    Frente a lo que pudiera pasar en el futuro, Jorge Iván Bonilla describe un posible “efecto Babel” en el que conviven múltiples lenguajes y formatos, en el que este se contamina de una manera positiva, dejando de ser tan “sacralizado y puro” y dándole paso a que cada vez más personas hagan parte de la conversación: “Es una babel en la que conviven y compiten una serie de sujetos que anteriormente no eran tenidos en cuenta y que eran excluidos del diálogo, de la palabra, del debate público”. Igualmente, advierte sobre el riesgo de que esta variedad de formatos complique o entorpezca el ecosistema del lenguaje, llevando a las confusiones del dictamen bíblico.

     

    Paola Hincapié, desde su mirada al usuario que hoy hace parte de la esfera digital, piensa que tendrán más fuerza la imagen y el sonido que el texto, en una relación en que el individuo está más metido en sí mismo: “Todo lleva a lo inmersivo, cada vez exigiremos más sentir el contenido”. Sin embargo, no cree que el libro muera, sino que, por el contrario, será un recurso de desconexión frente a todas estas nuevas formas y que, además, por temas ambientales, también acabará siendo un lujo.

     

    Como en una plana

    Con una mirada un poco más histórica, encontrando transformaciones del lenguaje en hitos como la Gramática de la lengua española de Nebrija en 1492 y más tarde los vocablos utilizados por Cervantes en el Quijote, en 1605 y después el manual de Andrés Bello, publicado en 1843, Juan Esteban Villegas cree que los tiempos son cíclicos, que en algún momento agotaremos una forma para volver a otra anterior, pero incluye: “Ahora bien, no sé si otros desde otra perspectiva lo verán y dirán que ya estamos condenados única y exclusivamente al terreno de lo visual y ahí se quedará. (…) Volveremos a lo que era antes y eso va a cambiar y nos seguiremos moviendo así”. Finalmente enfatiza en que se habla de un fenómeno mutable, y que es difícil afirmar una predicción de una manera estricta.

     

    Si algo queda claro es que estamos viviendo una serie de cambios en la manera de interactuar entre nosotros, que estas herramientas vienen con la posibilidad de expresarnos de nuevas formas y que todo esto se adhiere a nuestra comunicación. Y la forma de hablar estará siempre conectada a la forma que pensar; un mundo y una realidad que son pensados distinto, serán expresados distinto. El lenguaje es solo una muestra de que lo que está cambiando es mucho mayor, y que, aunque podamos valernos de la historia para analizar algunos aspectos, también es necesario entender que eso tiene un límite y que la tecnología y los avances vienen con muchos elementos que no tienen precedentes.

     

    La mutabilidad del lenguaje nos enseña que es herramienta, pero es también reflejo del funcionamiento de la sociedad y, sobre todo, del pensamiento. A lo mejor sí usemos cada vez menos palabras para comunicarnos, y que con pocas logremos hacernos entender por otros; sin embargo, a esas palabras debemos sumarle las demás posibilidades a las que recurrimos, pues hacen parte también del lenguaje, y sin saberlo estamos aprendiendo signos que nos permiten entender y hacernos entender.

     

    Decir que el lenguaje se degrada es una visión que deja por fuera muchos detalles de lo que está pasando y decir que se transforma es hacer alusión a la característica más elemental de este; lo que está sucediendo va mucho más allá y muestra que medir esta transformación es tomar solo un fragmento de algo más grande, pues tanto las maneras en que nos acercamos a los otros, como nuestra comprensión del mundo y el cómo enfrentamos la realidad, están cambiando. Estamos inmersos en un modo de habitar la realidad que no tiene precedentes, tenemos además un mundo que se adapta a nosotros porque nos lee y tiene los instrumentos para hacerlo.

     

     

     

  • La voz de la flauta

    Sobre la mesa de bitácoras de viaje hay un café que ya está frío. Es el de Carlos Mario Palacio. Ingeniero mecánico, empresario, sobreviviente de cáncer oral recurrente, senderista, practicante de rafting y flautista los lunes y viernes. 

     

    Por Juan José Ríos Arbeláez / juan.riosa@upb.edu.co

    Foto: Cortesía

     

    “Si me lo bogo como ustedes, me ahogo”, explica mientras señala la tacita blanca con bordes azules. Pero igual se goza el tinto, frío y oscuro, con paciencia, sin sorber, ayudándose de la gravedad.

     

    Hoy llegó temprano, cargando una pila de libros documentales tan pesados que hasta la flauta dulce se le cayó por el pasillo. Se adivina una sonrisa detrás del tapabocas, que cubre casi todo, pero a la luz están los ojos invictos.

     

    Saludó de puño al músico y maestro Carlos Andrés Mira, se susurraron unas risas al oído unos segundos y después se fue a depositar los libros de sus viajes sobre una mesa en el patio de la casa cultural.

     

    Una mañana de 1985, mientras se cepillaba los dientes se raspó un “chichón” debajo de la lengua. Fue al dentista, que le dijo que no tenía ningún chichón y lo remitió a la estomatóloga para realizar estudios. Dice que una semana después le extrajeron una masa del tamaño de una pelota de ping-pong. Y dimensiona la medida con los dedos de la mano derecha. Ya sin tapabocas, sentado en la mesa, todavía sorprendido por el tamaño del tumor. Cuando le diagnosticaron por primera vez el cilindroma de piso de boca (un cáncer de boca inusual, diferente al circoma, que causa más del 90% de diagnósticos del cáncer oral en el mundo) tenía treinta años.

     

    Al año siguiente le reincidió el tumor en la glándula sublingual izquierda. Se sometió a una nueva extracción, a un estudio de piso bucal, a un estudio en la lengua; que lo dejó con parálisis parcial en la misma. Y comenzó el proceso de radioterapia. “Me quemaron vivo”, dice. “Me quemaron todito en 16 sesiones de radioterapia”, que como consecuencia le dilataron en un 40% las cuerdas vocales y lo dejaron sin volumen de voz.

     

    La tasa de supervivencia general a 5 años para las personas con cáncer oral es del 66%. Un estudio de la Revista Colombiana de Cancerología proyectó que entre 2015 y 2050, de mantenerse la tendencia actual de exposición al alcohol, tabaco e infección del Virus de Papiloma Humano, se presentarán 107 882 casos nuevos de cáncer oral en Colombia. Las cifras contrastan con el hecho de que apenas el 29% de casos son diagnosticados en etapas tempranas.

     

    Con la lengua parcialmente paralizada, las cuerdas vocales dilatadas y el esófago rígido como un tubo, Carlos Mario dejó de hablar. Acudió a muchos especialistas, se sometió a diferentes procesos, pero sin importar si se trataba de audiólogos, fonólogos u otorrinolaringólogos; el veredicto solía ser el mismo: que ya no iba a poder hablar. Que no podía soltar la lengua, que no iba a salir del engarrotamiento, que el daño en las cuerdas era irreparable. Que no había nada por hacer. “Logré susurrar un poco, con el tiempo. No se me entendía nada. Aun así, seguí con la vida, diseñando metales, haciendo deporte, trabajando…”, concluye tranquilamente Palacio.

     

    Después de los dos cánceres, la amenaza de enfermedad no menguó y desde 2010 tuvo problemas en la próstata. No era cáncer, pero el sometimiento prolongado a los antibióticos le quitó la capacidad auditiva. En 2014 le realizaron un implante coclear para escuchar y en medio del procedimiento dañaron uno de los 25 nervios involucrados con la deglución (tragar alimentos), lo que le causó repetidas neumonías en los años que siguieron, hasta que en 2017 suspendió totalmente la alimentación oral y la remplazó con ENSURE a través de una sonda PEG.

     

    Ahora la está usando. Es el almuerzo, son las dos de la tarde. El patio de la escuela está fresco a la sombra. “Véalo, egoísta. Come solo, al lado de uno”, dice jocosamente el maestro Mira. Carlos lo ve y se ríe. Enseña la dentadura perfecta. Tiene la camisa levantada, abre la válvula y pasa la sonda, le pone un poco de agua y vierte el ENSURE, naranja y viscoso. Dos tarros por cada comida, cinco comidas diarias. Así desde hace cinco años.

     

    Flauta dulce

    Hace veinte minutos debió haber empezado la lección. “La conversada también es parte de la clase”, dice el Maestro Mira. “Tal vez la más importante”, remata Carlos Palacio, desde la mesa de libros. Hay una camaradería latente en el ambiente, inherente a Texturas y Armonías, la casa creativa y escuela musical donde se enfría el café del flautista.

     

    Durante 34 años fue mudo, sujeto al lenguaje de señas. Estuvo más cerca de dejar de escuchar que de volver a hablar y lo que escuchaba una y otra vez eran pronósticos pesimistas, de rigor fatalista, mientras seguía con su vida, con un chirrido fatigante que le asfixiaba a cada intento de hablar. En 2019 conoció a Alejandra Buriticá, una directora de orquesta que le propuso trabajar con técnica vocal. Lo hicieron hasta el inicio de la pandemia, sin presentar evolución, hasta que Carlos Mario se mudó a La Ceja y le recomendaron al musico y director de orquesta Carlos Andrés Mira, que ya había tenido procesos con alumnos con alguna discapacidad.

     

    Dice el maestro Mira que tuvo que salirse de la escuela para escucharlo la primera vez que hablaron. “Es una escuela de música, al fin y al cabo, y el hombre se esforzaba por hablar y yo no le escuchaba nada”.

     

    Empezaron el proceso de técnica vocal a finales de 2020, con un aliciente: la flauta dulce. “Solo por hacerlo más didáctico. No por nada más, porque se trabaja más allá de cualquier proceso musical”, afirma enfáticamente Mira. “No es que haya vuelto a hablar por la flauta; esa es una excusa para los trabajos de respiración, de abdomen al diafragma, de hacer sonidos que permitan ejercicios técnicos, para la repetición y que se haga todo de una forma más lúdica que en la Técnica Vocal tradicional”.

     

    Ya decía antes Palacio que no estaba allí para dominar el círculo de quintas o comprender los préstamos modales. Poco le importa si las notas sostenidas no se mezclan con las bemoles, cuando es su calidad de vida la que se nutre del sonido.

     

    ¿Cuáles son las técnicas milagrosas que ningún especialista atinaba a pensar?, ¿Cómo hizo para poder hablar con alguien a una distancia de 10 metros, cuando hace dos años la distancia mínima era de 30 centímetros? Unos minutos después, en el aula de pianos junto a Mira, se le escuchaba maullando repetidamente como un gato: “Miau, miau, miau…”, al ritmo de los bajos tonos del piano. Y después soplaba la flauta. Emitiendo notas flojas, largas, estallidos de viento desmesurados y luego débiles. Se exigía. Entonaba el canto de la alegría. Volvía a soltar la flauta y hacía ejercicios de pronunciación para la R. 

     

    Termina la clase. Le rindió poco porque la ocupó toda en chachara y una entrevista. Ya volverá el viernes. Estaba feliz mostrando los libros de sus viajes, las fotos en Guaviare, cruzando el río Guayabero, en las cascadas de La Macarena; contando que su otorrino no daba crédito a sus oídos en la última visita, que había pasado de entender un 40% hasta un 80% en el año y medio que llevaba de proceso. Fue mudo y volvió a hablar. Está más vivo que todos. El rojo pasión de la camisa le hace justicia. Se fue de afán, tenía una cita. Dicen que la semana pasada, con 69 años, encontró de nuevo al amor.

     

  • Fuera de cuadro: la salud mental en el modelaje webcam

    Cabe mucha imaginación en lo que puede hacer y decir un modelo webcam para conectar con el usuario al otro lado de la pantalla, más que ofrecer un acto sexual y lograr la excitación, la clave está en entregar algo distinto, en generar conexiones que trasciendan el entretenimiento y la excitación, en conseguir ser recordado y fidelizar a una audiencia impredecible, con necesidades que van más mucho más allá del placer físico. Es por esto que es un trabajo en el que no solo se trabaja con el cuerpo, es determinante lo que se logre desde la mente.

     

    Helena Botero Mejía / helena.botero@upb.edu.co

     

    “Son usuarios que en su mayoría buscan distraerse, tienen todo el dinero del mundo, pero no son felices”, explica Jack Taylor, como lo conocen los tippers y quien prefiere no compartir su nombre real. Tippers es el nombre que tienen los usuarios fidelizados, la palabra viene del extranjerismo proveniente de la palabra “tip” (propina) y se refiere a aquellos cuyos niveles de consumo representan un ingreso notorio. Taylor cuenta que uno de sus tippers es un abogado exitoso, viaja recurrentemente y aunque “lo tiene todo, no es feliz” y encuentra en Jack un oyente, una persona dispuesta a escucharlo en días difíciles.

     

    Colombia es el segundo país con más modelos webcam en el mundo, la industria representa alrededor de 150 mil empleos entre modelos, monitores, personal de aseo, administrativos, propietarios y otros, según informó Juan Carlos Rivera, director general de Lalexpo (Latin America Adult Business Exposition) a Forbes Colombia. Es importante agregar que ya existe una estructura tributaria definida, y que el oficio tiene una participación en impuestos importante para el país.

    Collage: Elena Botero Mejía.

    Alto contraste

     

    Aunque el objetivo principal sea ofrecer un contenido para adultos y cumplir fantasías provenientes de parafilias (los mal llamados “fetiches”), las relaciones que se construyen entre modelos y usuarios en muchas ocasiones van más allá de eso. Es común encontrar que shows privados se conviertan en largas sesiones de conversación en donde los modelos juegan un papel de oyentes y se entregan como humanos; también hay casos en los que a modelos les pagan por pasar largos ratos solo sonriendo, parpadeando, entre otras cosas.

     

    Este relacionamiento entre quien ofrece el show y los usuarios, sumándole la incertidumbre de un trabajo que en una hora puede librar un mes y en un día entero no producir un solo dólar, son solo dos de los factores que pueden afectar la salud mental de quien está entregando un show. Ofrecer un servicio que implica la mercantilización del cuerpo puede despertar una serie de pensamientos nocivos, eso sin contar que en algunos casos pueda ser sometido al juicio y al rechazo. Si bien es una labor en la que se involucra principalmente el cuerpo, también está directamente relacionado con muchas cosas que pueden pasarle a la mente.

     

    Esteban Klavier es psicólogo y gerente de la academia Estrellas Webcam, una organización dedicada a preparar a los estudios en temas que van desde lo administrativo, el desempeño y actuación de los modelos, mejorar el inglés dentro de las plataformas, hasta en temas de maquillaje y uso de los juguetes sexuales. Esteban resalta la importancia de contar con un psicólogo en los estudios, pues es vital a la hora de cuidar de la salud mental de quienes hacen parte de este servicio.

     

    Hablando específicamente de los modelos, en algunos casos puede ser muy difícil enfrentar el desnudo y la corporalidad, pues debido a la cultura y a cómo esta nos formaliza, no se ve el desnudo como algo normal, explica Esteban Klavier y agrega la importancia de la relación con el cuerpo y la sexualidad. Si una persona ha vivido, por ejemplo, situaciones de abuso o abandono previamente, esto podría despertarse en las transmisiones.

     

    Dentro de las problemáticas más comunes que encuentra Klavier, manifiesta: “Puede ser la generación de estrés, la depresión, la tristeza completa y todo el tiempo. Se pueden generar siempre y cuando las personas no puedan entender lo que está sucediendo frente a la cámara y ya el desarrollo de diferentes traumas si no se sabe que está sucediendo con los clientes”. Por lo que es muy importante tener desde el principio un acompañamiento y conversación para que el modelo se eduque más en el tema y cuente con las herramientas necesarias para afrontar los momentos difíciles.

     

    Otro aspecto que menciona es el de tramitar las emociones que quedan después de un momento complicado en la trasmisión “Se generan unas cuestiones (frente a lo desconocido, poco normalizado) que, si no se llevan a través de la palabra a otro lugar, eso a través del cuerpo se refleja. Desde el psicoanálisis lo que no se tramita a través de la palabra se vuelve enfermedad”. Nunca se sabe con qué se pueda encontrar el modelo al otro lado de la pantalla, y así como existirán usuarios que logren subirle la autoestima y entiendan que están frente a un ser humano; también existen personas malintencionadas que con sus comentarios y peticiones podrían afectar notoriamente a la persona que ofrece el show.

     

    Mecanismos de control

     

    La relación con quien cumpla la función de monitor en el estudio es fundamental, pues en los casos en los que no se cuente con el apoyo de un psicólogo, son estas personas quienes deberán cumplir la función de escuchar y apoyar a los modelos. Un monitor está encargado de supervisar las transmisiones, revisar que los recursos técnicos funcionen correctamente, estar pendiente de las conversaciones entre modelos y usuarios para manejar cualquier complicación, ofrecer un acompañamiento;,entre otras cosas.

     

    Lisette Noreña es monitora de un estudio webcam en Medellín y simultáneamente está realizando sus prácticas como comunicadora social en el sector público, asegura que, para cumplir con su trabajo, una persona debe tener “una mente demasiado abierta, con la disposición de ver el mundo y la realidad de otra manera”, y agrega que “deben ser personas que generen confianza y comodidad (…) y lo más importante, ser muy empáticos con las modelos y usuarios”. Lo demás son aspectos un poco más técnicos como dominar el inglés y saber manejar varias funciones en un computador al mismo tiempo.

     

    Lisette explica que, aunque suele tener una relación cercana y de confianza con la mayoría de las modelos (en el estudio que trabaja únicamente hay mujeres), con algunas de ellas la relación se reduce a temas laborales, por lo que el acompañamiento se ciñe estrictamente a asuntos de la transmisión. “Hay niñas muy influenciables que siempre buscan la aprobación y aceptación de su circulo familiar y social y, cuando no la reciben, se sienten mal y decepcionadas. De la misma forma, hay niñas que son empoderadas y decididas, que por más comentarios negativos o cosas que reciban no les importa, tienen sus metas claras y saben lo que quieren”.

     

    Diferentes registros

     

    Si bien el modelaje webcam hoy no despierta el tabú de hace algunos años, todavía hay personas que no se sienten cómodas expresando que se dedican a ello, o que siguen recibiendo comentarios negativos de parte de su circulo social más cercano. Daniel Betancourt es modelo hace dos años y aunque no suele ocultarlo, sí ha notado que dentro de su círculo cercano “muchos son muy doble cara con ese tema”, pues en sus gestos y comentarios sugiriéndole que busque otras oportunidades, nota la inconformidad y un falso apoyo.

     

    Daniel, como muchas personas, llegó a la profesión después de probar varios trabajos en los que el pago no correspondía al esfuerzo y tiempo que les dedicaba, varios amigos le sugirieron en tono de burla que probara el modelaje hasta que al fin “le fue sonando la idea cada vez más”, buscó estudios cercanos a su casa y “lo demás es historia”. Admite que le gustaría estudiar una carrera, que ahora no lo hace porque no tiene los recursos, pero que de todos modos no planea dedicarse a esto para siempre.

     

    Aunque él esté seguro de que recibiría apoyo del estudio en temas personales si así lo pidiera, afirma que siempre ha sido una persona que prefiere guardarse sus problemas y manejarlos por su cuenta. “Al principio fue muy difícil porque yo siempre he tenido problemas de autoestima y ansiedad, y ese trabajo los aumentó aún más porque te hace dudar de ti mismo. Cosas como preguntarte si sí eres suficiente o así. La ansiedad me comía y de verdad me sentía muy nervioso y presionado. Con el tiempo como que aprendí a manejar ese tipo de pensamientos y ya trato de evitarlos, me acostumbré a la presión de trabajar haciendo eso”, cuenta Daniel.

     

    Ponerse frente a la cámara de una forma tan íntima y sin saber quién ve al otro lado, puede despertar conflictos. Sin embargo, es una oportunidad para que las personas exploren su sexualidad, según el sicólogo Esteban Klavier, quien se refiere especialmente a las mujeres, que en algunos casos se empoderan y se responsabilizan de su sexualidad. El modelaje webcam tiene espacio para todos, no hay que tener un físico específico, una belleza establecida ni una edad determinada; para cada persona hay un usuario y cuando se conecta con el correcto, se ven casos en los que los elogios y el buen trato consiguen elevar la autoestima de la persona frente a la cámara.

     

    El peso de la billetera

     

    El tema del dinero es otro asunto notable en el que los modelos necesitan cierto acompañamiento, Lisette cuenta que en el estudio suelen pedirle ayuda a la hora de tomar alguna decisión, “Más cuando son niñas que no han tenido nada y pasar a tenerlo todo”. Esteban Klavier dice que al principio el derroche es un asunto muy común, pues por lo general no tienen con educación financiera, entonces: “…Van y se lo gastan en fiesta. Y la drogadicción puede empeorar lo que pueda pasar mentalmente”, por lo que es necesario evaluar las decisiones y hábitos que toma un modelo por fuera de su trabajo, pues estarán conectados con su bienestar mental.

     

    Aun cuando es difícil establecer lo que podría ganarse un webcammer, pues el éxito que tengade penderá de las horas trabajadas, si cuenta con usuarios fijos, la porción que tomará el estudio, entre muchas otras cosas. Es un hecho que esta es una profesión en la que puede hacerse mucho más dinero que en otras, y que, en países de pocas oportunidades y altas tasas de desempleo como Colombia, se acude a ella por cuestión de necesidad más que otra cosa. Frente a ello, Esteban Klavier piensa que es necesario tener un plan a futuro, buscar formas de invertir el dinero y pensar en estudiar.

     

    En abril de 2021 se reconocieron los derechos laborales de modelos webcam en Colombia a raíz de un caso de una mujer que fue desvinculada en estado de embarazo y quien presentó una tutela. El 26 de julio de 2022 se propuso un proyecto de ley con la intención de regular los contratos de los modelos, precisamente buscando que estas personas que llegan al oficio en un estado de vulnerabilidad y desconocimiento no acepten acuerdos que violen sus derechos.

     

    Según el sicólogo Esteban Klavier, es imprescindible que las personas entiendan que desempeñan una labor profesional, que deben adoptar un papel que no es el suyo para evitar el sentimiento de que son cosas y para que el desgaste del relacionamiento con el usuario sea el mínimo. Esto lo sostiene Jack, quien asegura que: “Hay que meterse en el papel. Por fuera, mi nombre real es X, pero dentro del estudio soy Jack. A él le gustan los hombres y las mujeres, él coquetea con hombres”.

     

    Sin embargo, Jack agrega que hay una presión que recae sobre los hombres al no poder fingir como podría hacerlo una mujer: “Yo he tenido esa presión de que en ese momento tengo que ponerme erecto y no puedo. Y el usuario está ahí esperando, o ha pagado porque eso suceda, pero no sucede entonces el usuario se va, se pone de mal genio. Hay unos que son muy lindos, muy buenas personas, le ayudan a uno, pero hay unos que no, que paila”, admite que le preocupa bastante el tema de las calificaciones, por lo que se esfuerza al máximo para que el cliente se vaya contento, prometiéndole mejorar.

     

    Salud ocupacional

     

    El acompañamiento del estudio se vuelve clave a la hora de manejar las emociones, Jack trabajó unos meses en Bogotá antes de llegar a establecerse en Medellín, y es ahora que nota la diferencia entre un estudio que se preocupa por las personas y otro al que solo le importaban los ingresos. Además, en el momento se encuentra viviendo con la administradora del estudio y otros encargados, lo que le ha permitido construir una buena relación y estar rodeado de otros modelos con quienes comparte su tiempo.

     

    Desde que llegó, en el estudio le sugirieron que hiciera público que se dedicaba al modelaje, tomó la decisión de ser honesto con su familia y amigos y se sintió aliviado: “Al no saber ellos en lo que yo trabajaba realmente como que me hacía sentir que tenía dos vidas; la que ellos creían que era y la verdadera. Cuando yo me solté y dije la verdad, sentí que solté una carga pesada”. Esteban Klavier confirma que lo mejor es que los estudios se encarguen de educar a los familiares, de permitirles incluso visitarlos en lugar de esconderles la realidad. Esto con el fin de que los webcammers tengan una mejor relación con su trabajo y encuentren ese apoyo necesario de sus seres queridos.

     

    Igualmente, los espacios que promuevan el relacionamiento entre modelos resultan beneficiosos, y estos van desde un sitio donde puedan tomar el descanso juntos hasta salidas y reuniones en las que puedan crear vínculos y fortalecer sus relaciones. En algunos casos, los modelos pueden ser personas muy solas, y crear ese círculo cercano puede ser un apoyo muy positivo; sin embargo, habrá quienes no se sientan del todo cómodos en esta clase de espacios, como es el caso de Daniel, quien prefiere asistir únicamente a lo laboral: “La verdad no me gusta relacionarme con ellos. Yo solo voy a lo mío y pues con los jefes y dueños de la casa me llevo bien, porque con ellos sí he interactuado mucho más”.

     

    Lisette piensa que la salud mental es un trabajo “50/50”, el estudio debe buscar siempre la tranquilidad del modelo y estar ahí para ayudar en caso de problemas, a pesar de ello, no todos se sentirán igual de cómodos compartiendo situaciones personales y en muchos casos, no estará al alcance del estudio ayudarles. En donde ella labora cuentan con una psicóloga que asiste a hacer conversatorios con las modelos y a quien se le pide una cita que va por cuenta del estudio en el momento en el que alguna lo requiera, todo esto con el fin de que ellas vean un lugar seguro en el cual sentirse escuchadas.

     

    Por lo general, los estudios cuentan con una serie de filtros a la hora de reclutar nuevas personas, Esteban Klavier, quien además tiene su propio estudio, asegura que es necesario incluir en estos, pruebas psicotécnicas que determinen si un futuro modelo podría manejar correctamente diversas situaciones y si no carga con asuntos pasados que corran el riesgo de empeorar a través de la profesión. Todas las empresas, sin importar a qué se dediquen, deberían buscar el bienestar laboral.

     

    Entre los riesgos para la salud mental en el trabajo que la Organización Mundial de la Salud enuncia, se encuentran: cargas o ritmo de trabajo excesivos; horarios excesivamente prolongados, antisociales o inflexibles; apoyo limitado por parte de colegas o supervisión autoritaria; violencia, acoso u hostigamiento y demandas conflictivas para la conciliación de la vida familiar y laboral. Estas son situaciones comunes que se pueden encontrar al dedicarse a esto, sin embargo, varían entre estudios y que en un sitio donde se le dé un manejo serio y profesional al tema, no tendrían por qué suceder.

     

    Daniel y Jack se enfrentaron a diferentes dificultades en el momento que decidieron ser modelos, y confirman que no es un oficio que le recomendarían a todo el mundo. Para Jack, debe ser “una persona de mente abierta y muy segura de sí misma”, para él no fue difícil enseñar su cuerpo y conectar con su desnudez, “No se lo recomendaría a una persona que tuviera baja autoestima, que no se quiera lo suficiente. De pronto le dé muy duro, como puede que suceda lo contrario…”. Daniel, por su lado, ratifica que debe ser una persona segura de sí misma, que no se ofenda con facilidad puesto que puede recibir todo tipo de comentarios, además de ser alguien paciente, persistente y valiente. No se lo recomendaría a alguien que sufriera de problemas mentales severos, porque siente que el trabajo podría empeorarlos.

     

    De igual forma, hábitos como hacer ejercicio, alimentarse sanamente, dormir bien y contar con un círculo de apoyo, tener un plan a futuro, alejarse de las drogas, ir a terapia y fomentar la conciencia sobre uno mismo pueden ayudar internamente a cualquier persona, no solo a los modelos, para tener salud mental. Así lo sugiere Esteban Klavier, que con años de experiencia y su inclinación por el psicoanálisis, tiene experiencia en la industria, sobre todo cuando del manejo de las emociones se trata.

     

    Es necesario ampliar la conversación, acabar con mitos que se han construido en torno a la industria y seguir promoviendo su regulación y profesionalización. Todo esto con el fin de que los modelos habiten entornos seguros y de apoyo, donde se les acompañe en la toma de diferentes decisiones y puedan tramitar las emociones que despierte una profesión que un día puede subir el ánimo y la autoestima, y al otro despertar un trauma difícil de combatir.

     

    Contrario a lo que muchos puedan pensar, un modelo webcam no trabaja solo con el cuerpo, también debe usar su mente para enganchar a un usuario con altas expectativas. Es una labor en la que existe una competencia altísima, a nivel internacional, y que, así como puede cambiarle el estilo de vida a una persona en un día, asimismo puede tenerla trabajando 8 horas sin que reciba ninguna remuneración. Toda esa presión, a la que en algunos casos se le suma la desesperación de la necesidad y la soledad, tiene efectos muy profundos en las personas y será una responsabilidad de los estudios entregar los espacios y herramientas para acompañar esos momentos. Además, una mala actitud en muchos casos puede llevar al fracaso del show y, nuevamente, a la frustración económica.

     

    Abrir la mente y entender que este oficio es cada vez más común, para desprenderse de estigmas, es ayudar a que quienes deciden trabajar en él no se sientan solos, no encuentren la necesidad de aislarse y enfrenten sus retos laborales de la mano de personas que ofrezcan un acompañamiento sincero y humano para todo lo que se puedan encontrar al otro lado de la pantalla y en las luchas internas que la cámara no puede captar.

  • Tono ocupado. Salud mental en los call centers

     

    Desde el año 2020 y a raíz de la llegada de la Pandemia por el Covid-19, el sector de los call centers encontró una oportunidad para crecer en el confinamiento y las necesidades de muchas personas en medio de una ola de despidos o reducción de ingresos. Pero poco se habla del desgaste al que se exponen quienes atienden las dudas y especialmente los reclamos de los clientes. ¿Qué pasa con la salud mental de estas personas?

     

    Mariana Montaño Acevedo / mariana.montano@upb.edu.co

     

    Según el DANE, para septiembre de 2020 las actividades de centros de llamadas presentaron un aumento del 31,4% en sus ingresos totales, del 22,3% en el personal ocupado, y del 5,5% en los salarios. Además, se encuentra que el sector BPO (Business Process Outsourcing) creó durante la pandemia alrededor de 20 000 nuevos empleos, 45% correspondientes a la industria de Contact Centers.

     

    El negocio es la tercerización de procesos como la contratación de actividades y funciones comerciales a un proveedor externo, generalmente a menores costos para las compañías, producto de la ubicación de estas operaciones en lugares donde los costos de las mismas son menores: salarios, alquiler de planta y equipos, por ejemplo. Hoy en día, este negocio representa el 2,8% de participación dentro del PIB nacional y emplea al 1,16% de la población colombiana, según datos de la Asociación Colombiana de BPO-BPrO.

     

    Una de las funciones que la mayoría de empresas ponen en manos de terceros es el servicio al cliente y cada vez son más las que buscan implementar este modelo de negocio. En Colombia existen actualmente más de 600 empresas dedicadas a prestar servicios de BPO, y en ellas bachilleres, estudiantes universitarios y egresados recientes de pregrado encontraron una alternativa de ingreso que se acomoda a la falta de oportunidades laborales a las que se está enfrentando este segmento de la población. En consecuencia, el 80% de las actividades de servicio al cliente, ventas, soporte técnico, entre otras labores que se pueden desempeñar en un call center, son realizadas por jóvenes menores de 30 años y 35% por bachilleres.

     

    El trabajo remoto masificado durante la pandemia también estimuló el auge de los call centers. Imagen de referencia: Mariana Montaño.

     

    Del atractivo dicho al agobiante hecho

     

    Como un caso particular dentro de este grupo poblacional está Antonia Achury Calderón, una estudiante universitaria de sexto semestre de Administración de Empresas al momento de ser entrevistada y que durante seis meses experimentó lo que es trabajar en el área de servicio al cliente de una central de llamadas. “Yo terminé en un call center por culpa de las pocas oportunidades de empleo que hay para los estudiantes en este momento; y si a eso se le suma que mi fuente de ingresos era mi papá, quien muere de Coronavirus, allí encontré una de las pocas ofertas con un buen salario que me permitían sobrevivir en una ciudad nueva”.

     

    De otro lado, este tipo de empleo suele ser atractivo para jóvenes que buscan una oportunidad de trabajar y estudiar simultáneamente, teniendo en cuenta que las ofertas incluyen descripciones como “flexibilidad horaria para estudio” y “horarios laborales de 8 horas, 6 horas y 4 horas diarios”.

     

    “Desde el momento en el que me contrataron dejaron en claro que me iban a respetar los horarios de la universidad; pero cuando comencé fue muy traumático porque me dijeron que para poder coordinar el trabajo y el estudio no iba a tener ningún día libre, cuando en la oferta inicial que me hizo la empresa me ofrecían dos días de descanso”, declara Antonia.

     

    Es entonces como, luego de definir un horario que le permitiera cumplir con sus labores y además asegurar espacios de descanso, Antonia advirtió que, teniendo en cuenta su estilo de vida colmado de responsabilidades, cumpliendo con horarios de hasta 12 horas diarias, aunados a la alta carga académica a la que debía responder; su situación no sería sostenible por mucho tiempo.

     

    “Yo tengo ansiedad y depresión diagnosticadas, y el cansancio que se me estaba acumulando, sumado al estrés que me representaba cumplir con tantas labores en la semana, me comenzaron a desencadenar síntomas como ataques de pánico. En ese momento tomé la decisión de renunciar”, relata Antonia.

     

    Un estudio realizado por la Fundación Universitaria Los Libertadores sobre riesgos psicosociales y estrés en los trabajadores de Call Center, encontró que en Bogotá el 37 % de los trabajadores presentan muy alto nivel de estrés y en Medellín, la cifra es del 24%.

     

    Un régimen laboral exigente

     

    Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define el estrés como “el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara el organismo para la acción”. En términos globales, se trata de un sistema de alerta biológico necesario para la supervivencia. Esto, en un nivel bajo, impulsa a la persona a realizar sus actividades cotidianas, pero luego de someter al organismo a altos y constantes niveles de estrés, el cuerpo entra en un estado de alerta constante que lo lleva a niveles de agotamiento en los que se puede llegar a desarrollar alteraciones emocionales como depresión y ansiedad, o incluso, enfermedades psicosomáticas.

     

    Para la psicóloga María Camila Ríos, el trabajo en call center tiene unas implicaciones psicológicas evidentes y es necesario que las empresas tengan en cuenta los factores de riesgo a los que se puede enfrentar un empleado de estos lugares. “Hay una alta posibilidad de que los trabajadores de un Call Center se expongan a condiciones tales de estrés que los lleven a un estado de burnout”, asegura la profesional.

     

    El burnout fue definido por las doctoras Cristina Maslach y Susan Jackson en su estudio Maslach Burnout Inventory Manual, como “un síndrome de estrés crónico que se manifiesta en las profesiones de servicios caracterizadas por una atención intensa y prolongada a personas que están en una situación de necesidad o de dependencia”, es decir, las labores que implican que el empleado esté sometido durante horas a la atención de personas generalmente problemáticas o que buscan satisfacer alguna necesidad, suelen llevarlo a estados de frustración y desmotivación que lo “queman”.

     

    El trabajo de servicio al cliente, específicamente en call centers, encaja a la perfección con la descripción: extensos horarios de trabajo en los que el operario está sometido a horas de recibir generalmente quejas, insultos, reclamos y problemas que realmente no tienen una resolución que esté en sus manos.

     

    “Los empleados están escuchando críticas y clientes enojados repetitivamente, lo que los puede llevar a generar pensamientos de menosprecio hacia sus propias capacidades. Además se enfrentan a la presión de cumplir con las métricas de cumplimiento establecidas y eso puede estar sumado a un ambiente de trabajo hostil… Son bastantes los factores estresantes que están influyendo constantemente en el estado de ánimo del operario”, afirma Ríos.

     

    El ambiente evidentemente propicia un estado de bruma constante en el que, según la psicóloga Ríos, es indispensable el papel del empleador a la hora de implementar medidas que ayuden a contrarrestar todos aquellos factores de riesgo que son inevitables a la hora de trabajar en un centro de llamadas.

     

    El artículo 56 tipificado en el Código Sustantivo del Trabajo, expresa que el empleador tiene la obligación de hacer todo lo posible para garantizarle espacios de trabajo al empleado, que además de ser físicamente seguros, lo aíslen de riesgos psicosociales o factores de estrés laboral. De acuerdo con esto, desde Seguridad y Salud en el trabajo se debe asegurar la implementación de mecanismos encaminados a la prevención de enfermedades de salud mental.

     

    Herramientas para afrontar el reto

     

     

    << Modelos de trabajo remoto plantean numerosos debates sobre las responsabilidades de los empleadores. Imagen de referencia: Mariana Montaño.

     

     

    Daniela Fernanda Jauregui, profesional en Salud Ocupacional, enumera algunas de las posibles herramientas a implementar y que de hecho, actualmente se están ejecutando en ciertas compañías de servicio al cliente: “es necesario un plan de capacitación anual en el que se vean reflejadas actividades direccionadas a la prevención del riesgo psicosocial, de la mano de profesionales en psicología clínica que brinden la asesoría adecuada. Un ejemplo de ello es la creación de programas de vigilancia epidemiológica de riesgo psicosocial, para que el personal haga una autovaloración de su condición mental”.

     

    Además, Daniela sugiere que crear campañas en colaboración con empresas prestadoras de servicios de salud que promuevan un estilo de vida saludable y brinden también acompañamiento psicológico, son una nueva y posible manera de trabajar en estos factores de riesgo desde la prevención. “Las pausas activas, las reuniones en las que se pregunta a los agentes sobre el ambiente laboral, las celebraciones, las bonificaciones, los convenios con gimnasios, entre otras estrategias, van encaminada a la motivación y cuidado del personal”.

     

    En el sector de servicios BPO del país aún queda mucho camino por recorrer en cuanto a hallar el equilibrio entre cumplir con las metas establecidas y contrarrestar el estrés que esto puede conllevar para sus empleados; pero teniendo en cuenta que actualmente las enfermedades de salud mental se han convertido en un problema de salud pública y que la tasa de deserción en los Contact Center solo va en aumento, las empresas se han visto obligadas a darse a la tarea de comenzar a preocuparse por las condiciones en las que se encuentra su talento humano.