{"id":128,"date":"2022-04-23T01:12:37","date_gmt":"2022-04-23T01:12:37","guid":{"rendered":"http:\/\/128"},"modified":"2022-04-23T01:12:37","modified_gmt":"2022-04-23T01:12:37","slug":"leyendo-a-la-bastilla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ncontexto.com\/?p=128","title":{"rendered":"Leyendo a La Bastilla"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wix-featured-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_39113afed2d14923a853f4b4ff9d28fd~mv2.jpg\" alt=\"\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5><em>A lo largo de su historia, el Pasaje La Bastilla se ha configurado como un importante espacio dentro de la vida comercial y cultural del \u00c1rea Metropolitana. Muchas cosas se han le\u00eddo en La Bastilla, empezando por los libros que all\u00ed habitan; sin embargo, como si de un texto se tratase, a\u00fan no se ha intentado leer a la misma. A trav\u00e9s de un recorrido por alguno de sus personajes y escenarios m\u00e1s ic\u00f3nicos, intentamos encontrar lo que La Bastilla es. <\/em><\/h5>\n<p>Cristian David Guti\u00e9rrez Mart\u00ednez e Iv\u00e1n Enrique Vega D\u00edaz \/ <a href=\"mailto:Cristian.gutierrez@upb.edu.co\" target=\"_blank\">Cristian.gutierrez@upb.edu.co<\/a> , <a href=\"mailto:ivan.vegad@upb.edu.co\" target=\"_blank\">ivan.vegad@upb.edu.co<\/a> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>El Metro, el tranv\u00eda, La Oriental<\/strong><\/h4>\n<p>Para llegar a La Bastilla, son dos los medios de transporte m\u00e1s convencionales. Por un lado, alg\u00fan colectivo tomado desde cualquiera de los rincones de la ciudad o del \u00c1rea Metropolitana; en este caso, los buses suelen detenerse en alg\u00fan lugar de la larga Avenida Oriental, lugar por excelencia de vendedores ambulantes, habitantes de calle y borrachos. As\u00ed, caminar por la Oriental, pedir un bu\u00f1uelo de quinientos pesos, tomarse un perico o dejarse tentar por los calentados ma\u00f1aneros que ofrecen las panader\u00edas cercanas, es parte fundamental de la experiencia de La Bastilla. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La otra forma es bajarse en el Metro y caminar hasta la calle en cuesti\u00f3n. El tranv\u00eda y el metro son, espec\u00edficamente, los medios que se pueden utilizar en este caso. La estaci\u00f3n San Antonio, lugar donde es necesario bajarse, es la m\u00e1s concurrida de todo el sistema Metro; por ello, bajarse o subirse all\u00ed significa dar empujones, codazos y palmadas para lograr escabullirse entre los dem\u00e1s pasajeros aprisionados. Una vez fuera del veh\u00edculo, el aire del Centro es totalmente perceptible: se\u00f1oras con bolsas de confites, carritos de frutas y vendedores de ropa de dudosa calidad dominan el paisaje. La estaci\u00f3n San Antonio posee algo de belleza por s\u00ed sola; la arquitectura es imponente, las personas filan (a veces) como hormiguitas atemorizadas. Una vez fuera del Metro, La Bastilla est\u00e1 a un par de cuadras. Es solo necesario seguir la l\u00ednea del tranv\u00eda que antes hab\u00edamos montado para llegar a ella. En este caso, el trayecto es un poco m\u00e1s de lo mismo; calor, bullicio y el gent\u00edo caminando hombro a hombro. En este sentido, vivir La Bastilla es tambi\u00e9n caminar por el centro, sentir el sofoco del Metro, percibir el aroma de los mangos con sal expuestos al sol. S\u00ed, para leer La Bastilla hay que, primero, leer un poco de la ciudad que esta habita. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>Adentrarse<\/strong><\/h4>\n<p>Al ser una calle sin fin, como los libros que ac\u00e1 albergan, La Bastilla tiene dos entradas: por la calle 50, y la avenida Ayacucho. Por la 50, y as\u00ed la llamaremos, s\u00f3lo hay un tel\u00e9fono p\u00fablico. Por Ayacucho es un pasaje entre dos tiempos: las mencionadas baldosas lisas, y el suelo cementado y rugoso. Una calle y otra; la que ha aceptado nacer, y la que se niega a morir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>Transe\u00fantes <\/strong><\/h4>\n<p>Por su ubicaci\u00f3n y su cercan\u00eda con otros importantes lugares de la ciudad, en ella los transe\u00fantes son sobre todo personas de paso; se\u00f1ores del com\u00fan que se adentran en la calle, reciben un par de invitaciones, echan un vistazo al entorno poblado de libros y terminan saliendo por el otro extremo. En eso se resume la experiencia de La Bastilla para muchos: una calle bonita que, una vez atravesada, te deja frente al tranv\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n est\u00e1n, claro, los visitantes casuales. Esos que vienen por primera vez, o los que ya se conocen todo el centro y se arriman con una cara disgustada a buscar el librito para sus hijos, el texto que tal profesor exigi\u00f3 o el diccionario que dejaran tirado en un rinc\u00f3n de su cuarto. Porque s\u00ed, La Bastilla hace parte del imaginario colectivo del Valle de Aburr\u00e1 y quiz\u00e1s de todo Antioquia. \u00bfBusca libritos baratos? Vaya al centro y pregunte por La Bastilla. \u00bfTiene que comprar una Constituci\u00f3n? En el Centro Comercial del Libro lo consigue fino. \u00bfEl ni\u00f1o se gradu\u00f3 y dejo algunas gu\u00edas para vender? Vaya a ese rinconcito, all\u00e1 le dan un buen bot\u00edn. Todos han estado en La Bastilla, han o\u00eddo hablar de ella o lo har\u00e1n, m\u00e1s pronto que tarde.  <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>Entre cafetines<\/strong><\/h4>\n<p>El paisaje en La Bastilla es, en su mayor\u00eda, de cafeter\u00edas y quioscos; algunos hay echados a su suerte, restaurantes como <em>El saz\u00f3n de la bastilla<\/em> luchan consigo mismos, pues en La Bastilla poco se llena el est\u00f3mago. El cerebro, y en algunos su coraz\u00f3n, son frascos que se colman con letras, caf\u00e9s y cigarrillo. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>Primero, el olor a libro<\/strong><\/h4>\n<p>La Bastilla es un escenario de ensue\u00f1o para cualquier escritor latinoamericano. El realismo m\u00e1gico y el aroma a libro brotan en sus paredes. Aqu\u00ed, el libro no es un objeto sagrado, por mucho que sea protagonista y desde el comienzo se perciba: libros regados por todo el camino dominan el paisaje. Rotos, descosidos, manchados, salpicados de barro. Los vendedores toman los libros sin ninguna delicadeza y los descargan en cualquier lado, generando sonidos fort\u00edsimos, conmoviendo a todo aquel que ve en este objeto m\u00e1s que hojas con rayones. Es, en definitiva, como caminar por un mar de letras. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entre esta marea destacan un grupo de robustos libros apenas contenidos en cajas desfondadas. A simple vista, se observan algunos libros acad\u00e9micos, did\u00e1cticos, literatura cl\u00e1sica, algo de filosof\u00eda; algunos, buenos t\u00edtulos. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_d2aff1a2be654478bbff273e853a7983~mv2.jpg\" alt=\"\" width=\"1139\" height=\"854\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p><em>Libros tirados a lo largo de la calle del Pasaje La Bastilla. Foto: Iv\u00e1n Vega. <\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por all\u00e1 llama un joven. Con los brazos cruzados y la mirada relajada, invita a mirar sin compromiso. A este improbable vendedor se le entabla charla f\u00e1cilmente. Cuenta que todos esos libritos aparentemente abandonados los vende \u00e9l. No tiene una librer\u00eda, ni siquiera un espacio en el and\u00e9n para tirar sus libros sobre una alfombra. Cuando puede, riega su material a lo largo de la calle; cuando no, hace lo mismo, pero en uno de los lugares aleda\u00f1os. Todos esos t\u00edtulos los recolecta en los barrios, muchas veces regalados; dice que, a veces, hay libros en muy buen estado y la gente piensa en botarlos, pero \u00e9l los rescata. Debe haber algo de po\u00e9tico en eso, una calle llena de libros que impiden el paso, libros que pudieron ser basura, pero, ahora, siguen siendo libros a la espera de un pr\u00f3ximo due\u00f1o. Un libro, m\u00e1s que decoraci\u00f3n, debe ser conocimiento vivo y rotativo. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Qu\u00e9 representativa situaci\u00f3n. En La Bastilla no se le rinde culto al libro, pero, literalmente, est\u00e1 invadida por la presencia de \u00e9l. Se respira, se siente, se huele. De esta calle mana olor a libro. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>La librer\u00eda Par\u00eds<\/strong><\/h4>\n<p>La librer\u00eda Paris es la principal fuente de publicaciones literarias, econ\u00f3micas, pornogr\u00e1ficas y matem\u00e1ticas. Entrar es dificultoso. Dos mesas repletas; una con ochenta (80) ediciones de Malpensante y cientos de revistas de diversos intereses; otra con libros, en su mayor\u00eda de crecimiento personal, ciencias exactas y alguna que otra novela de calidad cuestionable. Al pasar por dichos impedimentos, el espectador se sit\u00faa ante lo que se presenta: cuatro pasillos formados por largos anaqueles, donde se encuentra una sucesi\u00f3n cuasi infinita de libros perdidos de casi todos los autores posibles. Su orden es azaroso. No tiene la minuciosidad de un bibliotecario, pero es cercano, claro, porque tienen algo parecido. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El olvido y la memoria han sido tema de grandes obras literarias. El infortunio del primero, y la grandeza del segundo, se ven reflejados en la librer\u00eda. La capacidad, acaso un don, de recordar todos los t\u00edtulos solo la tiene una se\u00f1ora, cuyo nombre prefiere no dar. Dicha mujer se ha acoplado en el espacio con la perfecci\u00f3n todas las cosas matem\u00e1ticas. Conoce los libros, casi como si le pertenecieran, o incluso como si ella fuese uno. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>El Centro Comercial del Libro y la Cultura <\/strong><\/h4>\n<p>Del otro lado de la calle, un cartel de la alcald\u00eda de Medell\u00edn anuncia el Centro Comercial del Libro y la Cultura. Las puertas met\u00e1licas, verdes y semi recogidas, hacen saber que ese lugar no es para todo el mundo. Los libros son los protagonistas, cuya grandeza puede ser meritoria de una etnograf\u00eda: la condici\u00f3n humana, su grandeza individual y en sociedad, todo ello se encuentras en ese objeto. Pero ese es tema para otro d\u00eda. El ambiente dentro del comercio es especial. Las personas all\u00e1 act\u00faan diferentes, y piensan que quienes entran a La Bastilla son iguales: queremos libros, y ellos los tienen. Dicha raz\u00f3n, fundamentada en una realidad inalterable, es motivo suficiente para preguntar a todo quien entra: \u201c\u00bfqu\u00e9 libro necesita y yo se lo consigo?\u201d. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El tema de los comerciantes ya tendr\u00e1 su respectivo espacio, por el momento hablemos del espacio en d\u00f3nde se dan a ser. Y claro, es fundamental. La filosof\u00eda, por ejemplo, se dice que empez\u00f3 en una plaza de mercado. Los comerciantes de todas partes tra\u00edan sus productos e intercambiaban sus saberes. Esto, en La Bastilla, se nota. Hay libros que no son pensados e impresos en Medell\u00edn, y otros que solo pueden ser de ac\u00e1. La variedad de t\u00edtulos; a veces en cub\u00edculos organizados, o en bodegas desamparadas, nos plantea una infinitud de saberes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una serie de pasillos largos y poco anchos nos hacen pensar que el primer piso es un laberinto, donde dejados a nuestra suerte, tendremos que salir de alguna manera. Leopoldo Marechal dijo alguna vez que \u201cDe todo laberinto se sale por arriba\u201d, por lo que nos plantea una soluci\u00f3n que nos conduce a un segundo piso m\u00e1s vac\u00edo, obra de un Dios que olvid\u00f3 su cielo. Los barandales verdes nos retienen de una posible ca\u00edda, sin embargo, el verdadero problema es el armaz\u00f3n de madera. Los comejenes, ya cansados de los libros, se devoran, a la vista de todos, la estructura del piso. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>Comerciantes de libros y libreros <\/strong><\/h4>\n<p>Hay una librer\u00eda en este piso que destaca del resto y es la de Don Dario. Los libros, colgados en la pared cual guirnalda navide\u00f1a; otros, acomodados dentro de un espacio matem\u00e1ticamente destinado a contenerlos, pero natural en la estructura del edificio. Don Dario, conversador y siempre escuchando la radio, est\u00e1 siempre dispuesto a atender las necesidades de los esperanzados muchachos que buscan un libro, y tambi\u00e9n, de los periodistas. Es una costumbre, dice. Por lo general habla de una cultura del mal, donde el vicio se ha apoderado de la gente. Se proyecta en un futuro incierto, donde el \u00fanico remedio es vivir el diario, pero con la esperanza que cambie. Claro, sin saberlo \u00e9l ayuda a que sea as\u00ed.<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_528e13a104984447ad6dc1cecbf63c60~mv2.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"854\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p><em>Una de las librer\u00edas ubicadas en el segundo piso del Centro Comercial del Libro y la Cultura. Foto: Cristian Guti\u00e9rrez. <\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Don Dario es un librero. Dicho grupo reducido se caracteriza por prometer una lectura. Tanto as\u00ed, que \u00e9l puede vender el mismo libro cincuenta veces, pero lo vende porque su contenido es el que proyecta a sus lectores. A diferencia del comerciante, el cual se encuentra en todas partes, consciente de la dificultad de un buen libro, el librero acerca al lector a su posibilidad. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A la misma casta pertenece Barbara Lins. En su librer\u00eda, <em>La Hojarasca<\/em>, bautizada as\u00ed porque un libro no es m\u00e1s que eso (un mont\u00f3n de hojas), cada cosita est\u00e1 puesta en su lugar, tanto que no parece dedicada a la venta de libros, sino a la colecci\u00f3n de ellos. Para ella, ser librera no es una obligaci\u00f3n, pero agradece la presencia de personas que, adem\u00e1s de vender libros, puedan recomendar y mantener \u00e1vidas charlas acerca de literatura con sus visitantes. La Bastilla es en ella una posibilidad de abrir la imaginaci\u00f3n, de so\u00f1ar con poes\u00eda y devolver a los libros la magia que esconden. Una conversaci\u00f3n con ella, o con cualquier librero de La Bastilla, es salir con una nutrida colecci\u00f3n de t\u00edtulos cuya existencia antes no alcanzabas a sopesar. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>Un poco de historia: basti\u00f3n de poetas y borrachos<\/strong><\/h4>\n<p>El encanto de La Bastilla radica en su esencia: la tertulia en torno al libro. Este reconocido lugar es la combinaci\u00f3n de los libreros de la plaza Rafael Uribe Uribe y el Caf\u00e9 La Bastilla. Don Alberto Aguirre fue el creador de las tertulias. En un pasillo largo del Caf\u00e9, al fondo, una mesa grande con seis sillas era el sitio de culto. Mar\u00eda, la del tinto, era la que les recordaba que estaban en un caf\u00e9 y les tra\u00eda dicho combustible. La lista de personalidades es amplia. Don Dar\u00edo, por ejemplo, nos cuenta que el profesor Memo \u00c1njel llegaba all\u00e1; imita su postura encorvada, paso lento y cara arrugada, dec\u00eda que sal\u00eda con dos bolsas llenas de libros y su cigarrillo. Se r\u00ede a carcajadas, casi con la a\u00f1oranza de esos viejos tiempos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>Y la cultura, \u00bfd\u00f3nde queda? <\/strong><\/h4>\n<p>La Bastilla es un lugar emblem\u00e1tico, de eso no cabe duda, pero es posible que a lo largo de su historia no se le haya dado el car\u00e1cter que merece; eso es al menos lo que sucede en opini\u00f3n de Barbara Lins. Es cierto que la cultura no se construye conscientemente, aun as\u00ed, para que la misma sobreviva, es necesario la creaci\u00f3n de espacios que permitan su existencia. El comercio y el encuentro casual, aunque en cierto modo son tambi\u00e9n creadores de esta, se han tomado esta calle hasta impedir el desarrollo de las actividades culturales que son tan necesarias para la perpetuaci\u00f3n de estos lugares. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La remodelaci\u00f3n permiti\u00f3 en cierta forma la posibilidad de abrir este tipo de espacios. Que lectores, escritores y artistas puedan caminar con relativa tranquilidad por La Bastilla, es ya una posibilidad de que estos acontecimientos florezcan. As\u00ed como los andenes fueron remodelados, qu\u00e9 bueno ser\u00eda hacer del Centro Comercial del Libro y la Cultura un espacio m\u00e1s abierto, permitir que la literatura se escurra por los pasillos, que la m\u00fasica se escuche fuerte, que los poetas puedan recitar sus poemas y los libreros presten atenci\u00f3n. Las lecturas silenciosas, los equipos de sonido despidiendo t\u00edmida m\u00fasica cl\u00e1sica y la estrecha anchura de los pasillos son muestras de que la cultura en este lugar est\u00e1 amainada. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si La Bastilla va a\u00f1o tras a\u00f1o a la Fiesta del Libro, \u00bfpor qu\u00e9 no habr\u00eda de ir la Fiesta del Libro a La Bastilla? \u00bfPor qu\u00e9 no permitirse espacios en que escritores y libreros conversen? \u00bfPor qu\u00e9 no otorgarle algo de majestuosidad al libro? Son algunas de las preguntas que Barbara Lins, de forma elocuente, se hace. Una importante lucha espera a estos libreros de La Bastilla, que esperan hacer de su lugar de trabajo un rinc\u00f3n para el disfrute del arte y la cultura. As\u00ed como la calle se gan\u00f3 su espacio, que se lo gane el primer piso del Centro Comercial, que se lo gane el segundo. Que los libros no se queden escondidos, empolvados, tras los hombros de un viejo librero. \u201cDime qu\u00e9 lees y te dir\u00e9 qui\u00e9n eres\u201d dec\u00eda Garc\u00eda Lorca. Pues bien, leyendo a La Bastilla, s\u00e9 que ella es un lugar que guarda esperanza. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A lo largo de su historia, el Pasaje La Bastilla se ha configurado como un importante espacio dentro de la vida comercial y cultural del&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13],"tags":[26,42,43],"class_list":["post-128","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-rastros","tag-cultura-1","tag-libros","tag-medellin"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/128","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=128"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/128\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=128"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=128"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=128"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}