{"id":201,"date":"2020-11-27T14:18:36","date_gmt":"2020-11-27T14:18:36","guid":{"rendered":"http:\/\/201"},"modified":"2020-11-27T14:18:36","modified_gmt":"2020-11-27T14:18:36","slug":"librero-librero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ncontexto.com\/?p=201","title":{"rendered":"Librero, librero"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Dos testimonios sobre el oficio de habitar la palabra, pasando p\u00e1ginas, revisando historias, recomendando autores&#8230; <\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Por:<\/em><\/strong><em> Paola Ca\u00f1as<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201c&#8230;Hab\u00eda contra\u00eddo contigo compromisos imprudentes y la vida se encarg\u00f3 de protestar: te pido perd\u00f3n, lo m\u00e1s humildemente posible, no por dejarte, sino por haberme quedado tanto tiempo\u201d. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con aquellas \u00faltimas l\u00edneas del libro <em>Alexis o el tratado del in\u00fatil combate<\/em>, el librero Wilson Mendoza descubri\u00f3 que para leer una historia debe dirigirse al punto final y retroceder, solo un poco, hasta los pen\u00faltimos renglones porque all\u00ed encuentra confesiones que lo impulsan a querer apreciar completamente el relato.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;Me gustan los finales&#8221;, nos dijo, mientras con sorpresa abr\u00edamos nuestros ojos que quer\u00edan indagar como detectives por los detalles de la \u201cfracci\u00f3n del para\u00edso\u201d. Como lo defini\u00f3 el librero Luis Alberto Arango, quien entre risas quiso conversar por un momento con Borges.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;Acu\u00e9rdate que \u00e9l se imaginaba el para\u00edso bajo la forma de una biblioteca&#8221;, se\u00f1al\u00f3. Entonces respond\u00ed: &#8220;\u00a1Borges, estamos de acuerdo!&#8221;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aquella ma\u00f1ana soleada, a\u00fan sin esos di\u00e1logos en mi memoria, me dirig\u00ed cerca de la estaci\u00f3n Estadio del metro, espec\u00edficamente a una entrada delimitada por un rect\u00e1ngulo grande de color rojo oscuro, en el que le\u00ed \u201cLibrer\u00eda Gr\u00e1mmata\u201d con letras delgadas como si estuvieran escritas por un l\u00e1piz, tambi\u00e9n gigante, que decidi\u00f3 unir las dos M para que se sostuvieran. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al lado, casi tocando el balc\u00f3n del segundo y \u00faltimo piso de la casa que admiraba en silencio, not\u00e9 la existencia de un barco dibujado, tal vez con el mismo l\u00e1piz, contenido en un cuadrado de color madera claro, que acompa\u00f1aba a las letras: Palinuro, Libros le\u00eddos. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No pude detenerme en los detalles, pues fui interrumpida por alguien que corr\u00eda hacia m\u00ed intentando acortar una distancia nombrada hac\u00eda seis meses en los noticieros. Karol, una amiga cuyo nombre sonoro me hace recordar el mar, me abraz\u00f3 con fuerza olvidando miedos y recomendaciones, emocionada por aquella invitaci\u00f3n que le hab\u00eda hecho para que descubriera un lugar ubicado tan solo a dos cuadras de su casa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_b462785ab94745d09cb32f6fd47ce717~mv2.png\" alt=\"\" width=\"556\" height=\"744\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p>Asombro, asombro, sentimos al entrar juntas a un espacio rodeado por m\u00e1s de 75 mil libros. Protocolos, protocolos, eso experimentamos cuando la primera persona que vimos nos pidi\u00f3 levantar los pies para que cada zapato fuera rociado por un l\u00edquido transparente. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>El paisaje que asombr\u00f3 a las cronistas. <\/em><\/p>\n<p><em>Foto: Paola Ca\u00f1as. &gt;&gt;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Luego de los torpes movimientos que conlleva aquel procedimiento caminamos con una curiosidad que al instante determin\u00f3 los libros que exploramos por unos segundos, retir\u00e1ndolos suavemente de los estantes de madera, tambi\u00e9n de tono claro, cuya \u00fanica diferencia a simple vista se encontraba en los letreros encima de ellos que actuaban como direcciones. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entre la calle del Ensayo y teor\u00eda literaria, cerca de la cuadra de Comunicaci\u00f3n y Periodismo y al lado de la carrera Latinoamericana, encontramos un libro sobre el hor\u00f3scopo chino, cuya pasta azul clara y su dibujo de un peque\u00f1o cerdo que parec\u00eda feliz me hizo abrirlo. Karol se acerc\u00f3 con dudas y al no encontrar inter\u00e9s en este decidi\u00f3 mirar otro libro grande de color naranja. &#8220;Nunca he sabido de d\u00f3nde son esas rocas&#8221;, me dijo mientras lo miraba.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nos sentamos en un mueble oscuro en el centro de muchos colores rodeadas por el intento de empezar a conversar, acab\u00f3 pronto por la llegada de Wilson Mendoza, el librero, que, al notar c\u00f3mo nuestra mirada lo persegu\u00eda, record\u00f3 su cita y tom\u00f3 una silla de madera oscura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con tono firme me pidi\u00f3 que le explicara mejor sobre lo que indagar\u00eda. El librero, interesado por el desarrollo de la entrevista, no le realiza tantas preguntas a las personas que acuden a \u00e9l de forma cotidiana porque sabe que su oficio se sustenta en el di\u00e1logo fluido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;En las librer\u00edas de los centros comerciales no hay tiempo para conversar. En aquellos lugares contratan a vendedores que no eval\u00faan el contenido&#8221;,dijo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Wilson nos cont\u00f3 que en su oficio a veces solo tiene la funci\u00f3n de escuchar y haci\u00e9ndolo se ha dado cuenta de que a las personas les gusta que los libros acompa\u00f1en sus emociones. &#8220;Es que son muy buenos acompa\u00f1antes&#8221;, nos confes\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A \u00e9l, por ejemplo, lo han guiado desde hace 28 a\u00f1os, en los que gran parte de estos trabaj\u00f3 en varias bibliotecas hasta que hace poco realiz\u00f3 lo que \u00e9l define como su proyecto de vida: su propia librer\u00eda; su propio espacio para conversar. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ante mi pregunta por la relaci\u00f3n que tiene con las personas, me dijo que la funci\u00f3n principal de un librero no es ayudarlas, pues aquello se hace de forma inesperada, porque realmente lo que m\u00e1s le gusta es estar entre libros, entre historias. &#8220;Un librero es quien recomienda los libros porque ya los conoce, entonces quiere que otros tambi\u00e9n pasen por ellos&#8221;, defini\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Algo confundidas, le preguntamos entonces si hab\u00eda le\u00eddo todos los libros que nos rodeaban. De forma amable, con un poco de gracia, nos dijo que eso es casi imposible, casi, casi, porque el librero que hace su trabajo con pasi\u00f3n s\u00ed debe leer una parte del contenido de todos los textos, como una sinopsis y una breve biograf\u00eda de cada autor o autora. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me conmovi\u00f3 comprender que cada d\u00eda conoce el mundo por medio de un escritor nuevo porque constantemente nacen editoriales, algo que \u00e9l relaciona como un auge de las librer\u00edas independientes en Colombia que surgen por gusto, no solo enfocadas en vender. &#8220;La lectura te da un espacio en d\u00f3nde habitar y es un espacio muy amable&#8221;, nos explic\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En cuanto al lugar f\u00edsico, al que todos los d\u00edas acude, este se compone de recuerdos que se conectan con la biblioteca del bloque 22 de la Universidad de Antioquia, el primer sitio donde trabaj\u00f3. &#8220;Yo intent\u00e9 buscar algo m\u00e1s peque\u00f1o para hablar con la gente, pero internamente siempre quise buscar algo que fuera similar a donde inici\u00e9 a leer&#8221;, cont\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Otro aspecto que lo convenci\u00f3 de alquilar aquella casa fue el \u00e1rbol grande que con hojas brillantes se ubica al frente y parece cuidar lo que \u00e9l define como su \u201clibrer\u00eda de barrio\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Considerando esto, se inspir\u00f3 para crear una cafeter\u00eda que resguarda a los lectores, incluso a los que no compran nada y le hacen sacar hasta 20 libros de los estantes. Aquello no le hace juzgarlos. Incluso afirma que cosas como esta le han permitido fijarse en los detalles.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;La mejor forma de desarmar a alguien enojado es atenderlo bien. A veces cuando los clientes vienen tristes me doy cuenta de que no buscan un libro, buscan una conversaci\u00f3n&#8221;. Entonces, hacer un perfil del lector para saber qu\u00e9 libros recomendar es dif\u00edcil, porque las personas nos componemos de caracter\u00edsticas inusuales, a veces contradictorias. Como las que sustenta Wilson cuando nos cont\u00f3 que a un m\u00e9dico que conoce no le gusta leer sobre medicina y que a un economista le fascina el psicoan\u00e1lisis.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entre aquellas elecciones reconoce que su observaci\u00f3n le ha permitido saber que existen reglas espec\u00edficas para comprar un libro, por eso le parece importante entregarlos abiertos. Hay quienes se fijan en el tama\u00f1o de las letras, si la edici\u00f3n es especial o si la pasta es dura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;A veces el \u00faltimo paso para que alguien se lleve un libro es acercar su cara y olerlo. Si no les huele bien, no se lo llevan&#8221;, cuenta Wilson. Otras personas se basan en el contenido y leen la primera p\u00e1gina. Las m\u00e1s atrevidas, como las interpret\u00e9, de forma aleatoria leen una frase y as\u00ed toman la decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Concentradas en el di\u00e1logo le preguntamos qu\u00e9 es lo que tiene en cuenta para comprar un libro y as\u00ed fue como nos cont\u00f3 que leyendo los finales decide si quiere conocer el porqu\u00e9 de toda la historia. Con este m\u00e9todo, descubri\u00f3 que aquel hombre que pide perd\u00f3n por haberse quedado tanto tiempo, durante las 69 p\u00e1ginas del relato, se da cuenta de que le atraen los hombres hasta que, finalmente, se lo confiesa a su esposa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por estas caracter\u00edsticas tan diversas le parece justo que las personas se trasladen de acuerdo con sus intereses y as\u00ed ha descubierto la importancia de Palinuro, su vecino.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed llegamos donde Luis Alberto Arango, qui\u00e9n se encontraba en su oficina en el segundo piso y acept\u00f3 hablar con nosotras en su propio mundo de libros le\u00eddos imaginado por el artista Elkin Obreg\u00f3n, al que graciosamente y con admiraci\u00f3n define como un mago, quien en tono de juego comentaba que quer\u00eda tener su propia librer\u00eda de libros viejos, como tambi\u00e9n se les conocen. &#8220;En Europa y Estados Unidos le dicen librer\u00edas de viejo. Son anticuarias de libros&#8221;. Nos confes\u00f3 que con ayuda de Sergio Valencia y H\u00e9ctor Abad Faciolince empezaron este proyecto en el que le toc\u00f3 aprender mucho.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;Si los libros son una mercanc\u00eda para ti esto no sirve. Porque no hay un pregrado de librero, no existe ni podr\u00e1 existir, \u00bfa qui\u00e9n le ense\u00f1an a ser librero?&#8221;, pregunta. Entre las historias de aquel inicio record\u00f3 que en los estantes se encuentra una fotograf\u00eda de la revista Cromos publicada en 2005, dos a\u00f1os despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n de la librer\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;Karol, mir\u00e1 esta foto&#8221;. Asombrada, Karol la mir\u00f3 con detenimiento y se ri\u00f3 ante el comentario inusual de Luis Alberto: &#8220;Elkin aqu\u00ed parece Gandalf, el de <em>El se\u00f1or de los anillos&#8221;<\/em>.<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_af9bdaf832a44785ae9ca08a35733c3b~mv2.png\" alt=\"\" width=\"921\" height=\"689\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p><em>Foto: Paola Ca\u00f1as.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mirando los estantes, nos coment\u00f3 que la librer\u00eda cuenta con literatura universal de la A a la Z, haciendo un garabato con su mano que no comprend\u00ed muy bien, pero que intentaba mostrar el orden en el que se ubican los libros. &#8220;Literatura de Colombia, de la A a la Z, ta, ta, ta&#8230;&#8221;, dijo haciendo el gesto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras nos explicaba esto yo le apuntaba con mi celular grabando cada frase. Pero hubo algo que no pude captar: el asombro que percib\u00ed en sus ojos cuando admiraba los detalles del sitio que todos los d\u00edas recorre y que le ha dado, seg\u00fan \u00e9l, los 17 a\u00f1os m\u00e1s gratificantes de su vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;Hay una querencia por los libros, por qui\u00e9n llega, por los autores. En nuestro caso particular es amor, porque esto no genera plata&#8221;, dijo. Incluso nos confes\u00f3 que en dos ocasiones estuvieron a punto de quebrar. En la primera, unos amigos cercanos los ayudaron y en la segunda, en 2015, tuvieron que dejar su lugar en el centro, cerca de Bellas Artes y alquilar con Wilson la casa donde se encuentran ahora.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A pesar de esto, nos afirm\u00f3 que la librer\u00eda tiene m\u00e1s de 500 amigos, incluso nos dijo que, si nos fijamos en la p\u00e1gina de Facebook o Instagram, podemos encontrar que tienen 3.500 seguidores. Con su celular nos mostraba aquel n\u00famero con emoci\u00f3n mientras Karol tomaba de una mesita cinco portavasos que le llamaron la atenci\u00f3n. &#8220;Son muchas las cervezas que han puesto encima, \u00bfo\u00edste?&#8221;, le dice. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entre sonrisas que se nos desprend\u00edan por su personalidad c\u00e1lida le preguntamos el origen del nombre de la librer\u00eda. Palinuro nos sonaba un poco raro, en cambio para \u00e9l es un t\u00e9rmino cercano. Al parecer, tanto Virgilio como Cervantes mencionaron la palabra en sus obras, pero fue el escritor Fernando del Paso quien lo termin\u00f3 de convencer de proponer el nombre por su libro Palinuro de M\u00e9xico, uno de sus favoritos, el cual se encuentra en una de sus repisas firmado por el autor el mismo a\u00f1o que fundaron la librer\u00eda. &#8220;Toda una haza\u00f1a&#8221;, pens\u00e9. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En comparaci\u00f3n con el trabajo de Wilson, ante Luis Alberto acuden personas con ideas m\u00e1s claras sobre lo que quieren, pero en ocasiones simplemente le recomiendan autores. Es un acto rec\u00edproco, as\u00ed lo define, porque ambos aprenden.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;Uno ama esto porque estamos contenidos en esos amigos que son las palabras. Hay un texto de Neruda muy bello, que se llama&#8230;ese lo deber\u00edan conocer ustedes&#8230;Que se llama\u2026 Juliana, \u00bfrecuerdas el texto de Neruda que trata sobre las palabras?&#8221;, le pregunt\u00f3 a su hija que de forma r\u00e1pida encuentra un video en Youtube.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al ver a\u00fan mi celular apunt\u00e1ndole decide acercarse para que las ideas del escritor queden tambi\u00e9n grabadas. &#8220;Oigan esto, este es Pablo Neruda, el poeta chileno&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mirando a un punto fijo sonre\u00eda por las frases que escuchaba. Nosotras, concentradas ,nos miramos con complicidad ante ideas que nunca hab\u00edamos considerado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;\u00bfY usted ha escrito?2, le pregunt\u00e9 con un poco de confianza luego de escuchar aquel texto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;Tengo tres libritos publicados. Velos, aqu\u00ed est\u00e1n&#8221;, dijo mientras los sacaba de una estanter\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Realmente s\u00ed son <em>libritos<\/em>, porque tienen un tama\u00f1o peque\u00f1o. Uno de ellos nos llam\u00f3 la atenci\u00f3n porque ten\u00eda un dibujo que su hijo menor hizo cuando ten\u00eda cuatro a\u00f1os. &#8220;Me pint\u00f3&#8221;, nos dijo.<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_cb5c8f1f320e4f0d96db55d99cc21654~mv2.png\" alt=\"\" width=\"613\" height=\"703\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p><em>&#8220;Desorden alfab\u00e9tico&#8221;, uno de los &#8220;libritos&#8221; de Luis Alberto. Foto: Paola Ca\u00f1as. &gt;&gt; <\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aquel libro contiene reflexiones sobre las definiciones de palabras arbitrarias. Una de ellas era librero, cuyo texto es de los m\u00e1s largos. Con libertad me dej\u00f3 tomarle una fotograf\u00eda as\u00ed que luego de leerlo con m\u00e1s calma, encontr\u00e9 en este fragmento una esencia:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cUn librero puede salvar vidas. Un buen libro, recomendado a tiempo, puede ser la tabla del n\u00e1ufrago y la isla del ed\u00e9n de un desesperado\u201d. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La idea de publicar este A-Z, como se les conoce, fue de su hija Juliana, quien en Navidad imprimi\u00f3 algunos textos, los uni\u00f3 en forma de libro y se los dio como regalo. Nos cuenta que llor\u00f3 al verlo y se anim\u00f3 a sacar m\u00e1s copias. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tal vez Karol y yo experimentamos la sensaci\u00f3n de que pronto terminar\u00eda la conversaci\u00f3n, incluso est\u00e1bamos caminando hacia la salida, pero una foto de Leila Guerriero nos detuvo de pronto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;Es que su escritura me compr\u00f3&#8221;, admiti\u00f3 cuando le indagamos por qu\u00e9 entre libros le\u00eddos y fotograf\u00edas de escritores un poco viejos ella se encontraba all\u00ed en su foto a color. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;En 2007 le\u00ed un texto sobre ella y me gust\u00f3 tanto que le escrib\u00ed a la revista El Malpensante, donde publicaba. No pens\u00e9 que me contestar\u00eda y como al mes recib\u00ed un correo: \u201cQuerido Luis Alberto, perd\u00f3n por la demora, pero estaba viajando\u2026\u201d \u00a1Dizque perdona la demora!&#8221;, exclam\u00f3 emocionado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando se conocieron en persona, el librero le regal\u00f3 sus tres libritos. \u00c9l tambi\u00e9n tiene sus textos, todos firmados por la periodista argentina. &#8220;Ella goza mucho porque yo le digo: &#8216;Leila, aqu\u00ed est\u00e1 tu club de Leil\u00f3filos'&#8221;. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dicho club, ante nuestra sorpresa, realmente existe, pues cada 15 d\u00edas Luis Alberto, sin falta, le comparte a sus amigos las columnas de opini\u00f3n que ella escribe para El Pa\u00eds de Espa\u00f1a. &#8220;Vea, ellas conocen a Leila, \u00a1eso me alegra m\u00e1s! &#8220;, le dice a su hija emocionado.<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_d0a935e87e454c3ebb1a307f48af38f3~mv2.png\" alt=\"\" width=\"542\" height=\"725\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p>Creo que los tres nos sorprendimos ante la idea de conocer a la misma Leila. Tal vez nos ve\u00edamos distantes a Luis Alberto y sus libros le\u00eddos. Pero entre tantos relatos, al verla, nos reconocimos ante una escritura que nos un\u00eda sin saberlo y que nos permiti\u00f3 habitar aquella \u201cfracci\u00f3n del para\u00edso\u201d. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes de irnos, el librero nos recomend\u00f3 varias de las obras que no conoc\u00edamos de ella. Finalmente nos pregunt\u00f3 de nuevo nuestros nombres asegurando que pod\u00edamos volver cuando quisi\u00e9ramos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&lt;&lt; El rinc\u00f3n para Leila Guerriero. Foto: Paola Ca\u00f1as.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;Ya saben que por aqu\u00ed estamos los Leil\u00f3filos&#8221;, dijo levantando la voz para las que \u00edbamos de salida. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos testimonios sobre el oficio de habitar la palabra, pasando p\u00e1ginas, revisando historias, recomendando autores&#8230; Por: Paola Ca\u00f1as&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[26,42,43,50],"class_list":["post-201","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-este-tiempo","tag-cultura-1","tag-libros","tag-medellin","tag-oficios-1"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/201","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=201"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/201\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=201"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=201"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=201"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}