{"id":209,"date":"2020-11-20T18:53:09","date_gmt":"2020-11-20T18:53:09","guid":{"rendered":"http:\/\/209"},"modified":"2020-11-20T18:53:09","modified_gmt":"2020-11-20T18:53:09","slug":"la-casa-de-las-dos-palmas-la-casa-de-los-abuelos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ncontexto.com\/?p=209","title":{"rendered":"La casa de las dos palmas, la casa de los abuelos"},"content":{"rendered":"<p><em>Juan Manuel Cano \/ juan.canol@upb.edu.co <\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>&#8220;La casa de la infancia, la casa natal (&#8230;) un recuerdo nutrido por la imaginaci\u00f3n y los sue\u00f1os&#8221;, dice Gaston Bachelard y bajo esa exploraci\u00f3n se encuentra este homenaje a la casa de los abuelos; que recorre y se pregunta por esos d\u00edas y esos tiempos de migraci\u00f3n, de inicios, de levantar una vida y una familia&#8230; Tantas historias registradas entre tapias, umbrales y parcelas. <\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_3d4d4cddb5aa4141b3f92f05d2d149ad~mv2.png\" alt=\"\" width=\"464\" height=\"533\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La 44-45 de aquella calle empinada en la monta\u00f1a nororiental del valle guard\u00f3 consigo cinco generaciones. Les ense\u00f1\u00f3 a caminar, a mamar, a besar y m\u00e1s luego a engendrar a hijos, hijas, nietos y bisnietos. Aguant\u00f3 lloriqueos, enfermedades y enga\u00f1os; soport\u00f3 los gritos agudos de ni\u00f1os correteando por sus vest\u00edbulos. Abraz\u00f3 no solo a una familia, sino a toda una estirpe.  <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&lt;&lt; Foto: Juan Manuel Cano L.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mi bisabuelo, que para entonces no lo era, huy\u00f3 tras la promesa irrestricta de un hombre que amenaz\u00f3 con matarlo debido a un l\u00edo de reses y parcelas. Tras de \u00e9l, abandonaron el pueblo su esposa, su padre y sus hijos. Llegaron a Medell\u00edn cargando en sus hombros las escasas pertenencias portables con las que contaban y la incertidumbre de un futuro no prometido.  <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Suelo imaginarlo \u2014y personificarlo, pues ni siquiera existe de \u00e9l registro fotogr\u00e1fico\u2014 cruzando por primera vez el umbral alto, marr\u00f3n y ornamentado con espirales de madera, que tantas veces me recibi\u00f3 con agrado. Sonr\u00edo mientras imagino a mi abuela y sus hermanos, peque\u00f1os y curiosos, descubriendo la que ser\u00eda su nueva morada. Imagino a la joven pareja sinti\u00e9ndose vulnerable en una tierra que no conocen, sin dinero y ante la hostilidad de una urbe industrial abri\u00e9ndose paso.  <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aquellos a\u00f1os, evidentemente, no son los de mis recuerdos. Del tiempo en que tengo noci\u00f3n como visitador recurrente de la casa de mi bisabuela, ya todo hab\u00eda pasado. O bueno, casi todo. Aquellas paredes elevadas hab\u00edan atestiguado el descorche del frasco con veneno que, un lustro despu\u00e9s de haber llegado, mi bisabuelo tom\u00f3 en el patio mientras su esposa e hijos realizaban las compras del mercado, y que lo dej\u00f3 tendido en una silla sobre el sol inclemente de la una de la tarde. Adem\u00e1s de la muerte por viejo del tatarabuelo, que dej\u00f3 tras de \u00e9l la tristeza de su cama vac\u00eda. Y el entierro de los huesos de Milor, un pastor alem\u00e1n querido por todos, junto al palo de mango del solar polvoriento.   <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mi parte en la Historia corresponde al \u00faltimo rastro de los Uribe Rodr\u00edguez en la 44-45 de aquella calle empinada. A\u00f1os de mi ni\u00f1ez que tienen como banda sonora los bambucos, pasillos y boleros de <em>El cofrecito de los recuerdos<\/em> de Radio Reloj y que est\u00e1n ambientados con las historias sobre guacas, brujas y duendes de mis t\u00edos abuelos. A\u00f1os en los que la rinitis pact\u00f3 con mi nariz y ojos d\u00edas cargados de mocos, l\u00e1grimas y estornudos, ante la complicidad de un techo h\u00famedo que se derrumbaba a pedazos.  <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De esa casa me queda el recuerdo punzante de mi bisabuela, nonagenaria y medio ciega, que jugaba cartas con el mismo \u00edmpetu que le permiti\u00f3 por d\u00e9cadas criar, amar y educar a ocho hijos, sin mayor apoyo que el de la soledad de su viudez; el canto alegre y repetitivo de la lora que ten\u00edan por mascota; y el calor de esa sala en donde festej\u00e1bamos cumplea\u00f1os y navidades. Me emociona la imagen viva que tengo de las dos palmas en el jard\u00edn de la entrada, aquellas con las que mi t\u00eda fantaseaba se\u00f1al\u00e1ndolas como la inspiraci\u00f3n de Manuel Mej\u00eda Vallejo para la creaci\u00f3n de su novela costumbrista.  <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fue entonces el m\u00edo un paso fugaz por aquella casa que pudo acoger a cinco, pero no a seis o siete u ocho generaciones. Ante la partida de la matrona, a escasos meses de cumplir cien a\u00f1os, sus hijos decidieron recibir en partes iguales el cuantioso pago del primer inversionista que se present\u00f3. Viendo \u2014en donde hab\u00eda memoria\u2014 tan solo hierro, adobes y cemento.  <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Manuel Cano \/ juan.canol@upb.edu.co &#8220;La casa de la infancia, la casa natal (&#8230;) un recuerdo nutrido por la imaginaci\u00f3n y los&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[17,19,43,45],"class_list":["post-209","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-opini-c3-b3n","tag-somosmascomunicacionupb","tag-arte","tag-medellin","tag-memoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/209","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=209"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/209\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=209"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=209"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=209"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}