{"id":426,"date":"2017-08-23T16:12:53","date_gmt":"2017-08-23T16:12:53","guid":{"rendered":"http:\/\/426"},"modified":"2017-08-23T16:12:53","modified_gmt":"2017-08-23T16:12:53","slug":"2017-08-23-carlos-ossa-el-poeta-de-las-escalinatas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ncontexto.com\/?p=426","title":{"rendered":"Carlos Ossa\nEL POETA DE LAS ESCALINATAS"},"content":{"rendered":"<p><em>Hace m\u00e1s de quince a\u00f1os que Carlos Ossa abri\u00f3 una oficina en el edificio Coltejer. El poeta llega hasta all\u00ed todos los d\u00edas para pensar y escribir.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entonces, se arm\u00f3 de valor y le pregunt\u00f3, dejando todo prejuicio a un lado, lo que se hab\u00eda cuestionado desde que se sent\u00f3 a su lado. No entend\u00eda c\u00f3mo alguien pod\u00eda vivir de la literatura sin ser un escritor famoso.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY vos de qu\u00e9 es lo que viv\u00eds? \u2014Pregunt\u00f3 el joven periodista sin pudor alguno.<\/p>\n<p>El poeta lo mir\u00f3 y call\u00f3 por unos segundos, el ruido de los carros que pasaban por la avenida La Playa desapareci\u00f3. Todo fue silencio, silencio que fue interrumpido por la risa del poeta, que se ech\u00f3 a re\u00edr y mir\u00f3 al periodista, que ten\u00eda cara de ingenuo, y sosten\u00eda firmemente una peque\u00f1a libreta azul, que perfectamente pod\u00eda cargar en su bolsillo, y un lapicero Bic, a la espera de la respuesta para escribir r\u00e1pidamente, con una letra que solo \u00e9l entender\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQue de qu\u00e9 vivo?, pues de milagro \u2014respondi\u00f3, y los dos comenzaron a re\u00edr sin importar nada<\/p>\n<p>de lo que pasaba a su alrededor.<\/p>\n<p>\n<strong>Primera escena<\/strong><\/p>\n<p>Al periodista le contaron sobre un hombre que era poeta, que ten\u00eda una oficina en el edificio Coltejer y abr\u00eda todos los d\u00edas de diez de la ma\u00f1ana a cinco de la tarde. Lleg\u00f3 a \u00e9l, luego de que le mostraran una carta que hab\u00eda escrito sobre el cierre de la librer\u00eda Nueva, en julio de 2015, que titulaba: \u201cCerrar librer\u00edas, \u00a1qu\u00e9 verg\u00fcenza social!\u201d y estaba firmada por un tal Carlos Ossa. Se la hab\u00eda dado un viejo librero de La Bastilla, don Augusto, quien le dijo que ese hombre se la pasaba<\/p>\n<p>todos los d\u00edas ah\u00ed, pensando, escribiendo, conversando, viendo pasar la ciudad, que esa era su oficina y ah\u00ed lo pod\u00eda encontrar. \u201cEl hombre tiene una prosa muy interesante, vale la pena conocerlo y, por supuesto, vale la pena leerlo\u201d, asegur\u00f3 don Augusto.<\/p>\n<p>Le pareci\u00f3 una historia llamativa, un poco loca, pero que val\u00eda la pena conocer al poeta. Adem\u00e1s, \u00bfc\u00f3mo dudar de la palabra de don Augusto?, si este se la pasaba leyendo todos los d\u00edas y hab\u00eda recorrido las l\u00edneas de las obras m\u00e1s importantes de la literatura universal.<\/p>\n<p>\n<strong>Segunda escena<\/strong><\/p>\n<p>Pasaron los d\u00edas y fue a conocer a Carlos Ossa. Era casi mediod\u00eda y hac\u00eda calor, las calles estaban llenas de transe\u00fantes, que no ten\u00edan tiempo de mirar lo que pasaba a su alrededor, todos ten\u00edan af\u00e1n.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 al edificio y comenz\u00f3 a mirar las caras, pero ninguno ten\u00eda cara de poeta. \u201c\u00bfC\u00f3mo es una cara de poeta? \u00bfAcaso todos eran como Gonzalo Arango o Le\u00f3n de Greiff?\u201d, se pregunt\u00f3, pero no ten\u00eda ni idea, sigui\u00f3 mirando las escalas del Coltejer, las que dan con Jun\u00edn, al frente de la difunta Nueva, pero no hab\u00eda ning\u00fan hombre con cara de poeta.<\/p>\n<p>Decidi\u00f3 ir a las que dan con la avenida La Playa y tampoco vio alguna cara de poeta. En ese momento dijo, que si Carlos Ossa exist\u00eda, seguramente deber\u00eda de estar escribiendo o leyendo, eso quer\u00eda decir que no estaba.<\/p>\n<p>Camin\u00f3 hasta La Bastilla, pasando por la calle del Tuvo (le dicen as\u00ed, porque todo el que est\u00e1 ah\u00ed alguna vez tuvo mujer, tuvo casa y tuvo plata), para ir a hablar con don Augusto, solo \u00e9l le pod\u00eda dar raz\u00f3n del poeta. Nada pas\u00f3, el librero no estaba, qued\u00f3 en las mismas.<\/p>\n<p>Dio una vuelta por Jun\u00edn, para matar el tiempo, pero no encontr\u00f3 nada para hacer. Volvi\u00f3 a las escalas, las que dan con La Playa y vio a un hombre que no estaba la primera vez. Estaba sentado de carrizo y miraba atentamente todo lo que pasaba a su alrededor, se notaba que no se le escapaba ning\u00fan detalle. \u201cEse debe ser\u201d, exclam\u00f3.<\/p>\n<p>Ten\u00eda que estar seguro, no quer\u00eda hablar con la persona equivocada. Se acerc\u00f3 a un vendedor de loter\u00eda y habl\u00f3 con \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014Buenas se\u00f1or, le pregunto, estoy buscando a un tal Carlos Ossa, \u00e9l es poeta y me dicen que se hace aqu\u00ed todo el d\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Ese es que est\u00e1 all\u00e1 sentado \u2014dijo el lotero, mientras se\u00f1alaba al mismo hombre que el periodista hab\u00eda observado.<\/p>\n<p>Se dirigi\u00f3 lentamente hacia el poeta y mientras sub\u00eda las escalas, prepar\u00f3 la presentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Buenos d\u00edas, \u00bfCarlos?<\/p>\n<p>\u2014Mucho gusto, Carlos Ossa.<\/p>\n<p>\u2014Mucho gusto, soy periodista y don Augusto, de La Bastilla, me habl\u00f3 de usted, me dijo que usted<\/p>\n<p>era poeta.<\/p>\n<p>\u2014Eso dice la gente, dicen que yo soy el poeta de las escalinatas \u2014respondi\u00f3 el poeta mientras se re\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Es para ver si me da una entrevista, me contaron sobre usted y quiero escribir su historia.<\/p>\n<p>El poeta volvi\u00f3 a re\u00edrse, mir\u00f3 a su alrededor, mir\u00f3 los carros que pasaban, los vendedores ambulantes y exclam\u00f3: \u201cPues bienvenido, sentate\u201d. De inmediato el periodista tom\u00f3 asiento, se puso c\u00f3modo en la oficina y sac\u00f3 de su bolsillo una libreta y un lapicero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_4a3f6c37e7804e9cbf8ae2b3779aedf7~mv2_d_5792_4000_s_4_2.jpg\" alt=\"\" width=\"5792\" height=\"4000\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p><em>Una postal que para muchos desaparece en la rutina del Centro: Carlos Ossa en su escenario de trabajo. <\/em><\/p>\n<p><em>Foto: Mateo Garc\u00eda Agudelo.<\/em><\/p>\n<p>\n<strong>Tercera escena<\/strong><\/p>\n<p>Era 1960 y seguramente, en Puerto Berr\u00edo hac\u00eda calor. Carlos Ossa, que naci\u00f3 en Remedios hace 73 a\u00f1os, llevaba algunos a\u00f1os viviendo en este lugar y la relaci\u00f3n con la literatura se hac\u00eda cada vez m\u00e1s estrecha. Carlos vio la necesidad de escribir inspirado por las lecturas que ven\u00eda haciendo. El reposo del guerrero, de Christiane Rochefort, fue una de estas. \u201cCuando uno se integra con la lectura, aparece el deseo de escribir lo propio\u201d, coment\u00f3 Ossa.<\/p>\n<p>Y as\u00ed fue, el deseo se convirti\u00f3 en realidad y comenz\u00f3 a escribir, sin dejar a un lado la lectura. Por<\/p>\n<p>esa \u00e9poca fue que se conform\u00f3 el Grupo Puerto, unos amigos medio bohemios y medio intelectuales, que deseaban ser escritores.<\/p>\n<p>\n<strong>Cuarta escena<\/strong><\/p>\n<p>Puerto Berr\u00edo, Antioquia, enero de 1964. Al caluroso Puerto lleg\u00f3 el fundador del Nada\u00edsmo, Gonzalo Arango. Estaba de paso, pero se qued\u00f3 cuando le contaron que exist\u00eda un grupo de muchachos afiebrados por la literatura.<\/p>\n<p>Para entonces, el Grupo Puerto, lo \u00fanico que hab\u00eda hecho era un manifiesto en rechazo a los que comentaban que eran los loquitos del Puerto. Eso llam\u00f3 la atenci\u00f3n de Gonzalo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Carlos recuerda que era un hombre muy generoso en todo sentido, adem\u00e1s, \u201cno hac\u00eda alarde<\/p>\n<p>de nada, parec\u00eda como uno m\u00e1s de nosotros, nos hac\u00eda sentir bien\u201d. Hablaron de poes\u00eda y literatura, ellos estuvieron muy emocionados, pues, \u201cnosotros los le\u00edamos mucho a ellos \u2014a los nada\u00edstas\u2014, compr\u00e1bamos todos los suplementos, para saber qu\u00e9 estaban haciendo\u201d. Gonzalo Arango los ley\u00f3 y les dijo que iban por buen camino, los anim\u00f3 a escribir.<\/p>\n<p>El poeta nada\u00edsta \u201cfue un azar maravilloso, de esos regalos que da la vida, porque con eso no contaba nadie, ni \u00e9l ni nosotros. Nos estimul\u00f3 mucho, que sigui\u00e9ramos escribiendo, que ve\u00eda talento en todo el grupo\u201d.<\/p>\n<p>Finalizaba la d\u00e9cada del 70 y Carlos Ossa, a sus 35 a\u00f1os, lleg\u00f3 a Medell\u00edn. Las posibilidades econ\u00f3micas en el Puerto estaban ahogadas y en la capital paisa pod\u00eda encontrar algo mejor, adem\u00e1s de mejores posibilidades en cuanto sus aspiraciones literarias. Si hab\u00eda vivido por<\/p>\n<p>la literatura, ahora quer\u00eda vivir de la literatura.<\/p>\n<p>\n<strong>Quinta escena<\/strong><\/p>\n<p>Encontr\u00f3 trabajo como revistero, pero no aguant\u00f3 tanta presi\u00f3n. Para lo \u00fanico que ha servido toda<\/p>\n<p>la vida es para escribir, por eso declam\u00f3 alguna vez: \u201cSoy un fracaso en los aspectos pr\u00e1cticos de la vida\u201d. Fue heladero, revistero, bibliotecario y otros oficios relacionados con el arte de escribir. \u00c9l es un trashumante de los oficios.<\/p>\n<p>Ha publicado m\u00e1s de 23 t\u00edtulos, siete de poes\u00eda, siete de narrativa y otros que no tienen un g\u00e9nero definido. Su primera publicaci\u00f3n fue Poemas del Grupo Puerto, en 1980, desde ah\u00ed no dej\u00f3 de hacerlo, todos los hace por su cuenta, los vende \u00e9l mismo y unos amigos libreros le ayudan.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Sexta escena<\/strong><\/p>\n<p>La llegada a la ciudad le permiti\u00f3 hacerse un espacio como escritor. Comenz\u00f3 a colaborar con algunos medios, como el suplemento de El Colombiano y la Revista Universidad de Antioquia, pero la cosa no termin\u00f3 muy bien.<\/p>\n<p>\n<strong>S\u00e9ptima escena<\/strong><\/p>\n<p>Conoci\u00f3 una Medell\u00edn bohemia, la ciudad de la noche que lo fue arrastrando lentamente, trago tras trago. Tal vez ah\u00ed terminaron todas sus posibilidades, porque desapareci\u00f3 del mapa literario de la ciudad. Lleg\u00f3 a raspar hielo, para pagar un cuarto en el que viv\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Octava escena<\/strong><\/p>\n<p>Dej\u00f3 la bohemia, esa vida qued\u00f3 atr\u00e1s y volvi\u00f3 al arte de escribir. Tal vez era demasiado tarde. Casualmente por esos mismos a\u00f1os, terminando el siglo, lleg\u00f3 por azar al edificio Coltejer. Y ah\u00ed estaba \u00e9l, m\u00e1s de 15 a\u00f1os despu\u00e9s, hablando con un periodista sobre literatura y poes\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Entonces, \u00bfvos c\u00f3mo defin\u00eds la poes\u00eda? \u2014Pregunt\u00f3 el periodista.<\/p>\n<p>\u2014 Siempre he dicho que definir ha sido de dioses y si hay algo dif\u00edcil de definir es la magia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cualquier atrevimiento que uno intente con la definici\u00f3n se quedar\u00e1 corto, y no solamente corto, sino que no da la idea exacta de lo que es esa realidad po\u00e9tica \u2014dijo el poeta de una manera muy rom\u00e1ntica.<\/p>\n<p>\n<strong>Novena escena<\/strong><\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana cualquiera, el periodista lo fue a buscar. El poeta no estaba, pero sab\u00eda exactamente en qu\u00e9 lugar se encontraba. Fue al viejo Club Uni\u00f3n y lo encontr\u00f3 en la cafeter\u00eda escribiendo. No lo quiso saludar, no pod\u00eda interrumpir su trabajo, mejor se fue a andar por ah\u00ed, para luego ir a visitarlo a la oficina.<\/p>\n<p>Y es que Carlos escribe en el Centro Comercial Uni\u00f3n, aproximadamente dos horas diarias. A las ocho en punto est\u00e1 ah\u00ed, es un lugar tranquilo, silencioso. \u201cPorque todo sue\u00f1o, el m\u00e1s desatinado, el m\u00e1s fantasioso, el m\u00e1s inveros\u00edmil, es siempre una realidad que espera su turno\u201d, escribi\u00f3 alguna vez.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>D\u00e9cima escena<\/strong><\/p>\n<p>M\u00e1s de un a\u00f1o hab\u00eda pasado desde su primer encuentro; los dos, por azar de la vida, se siguieron viendo cada vez que el periodista iba al centro, las escalas del Coltejer se volvieron una parada obligada para \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Era una tarde de noviembre de 2016 y hac\u00eda calor. El periodista lleg\u00f3 a buscar al poeta, pero no lo<\/p>\n<p>encontr\u00f3. No sab\u00eda qu\u00e9 hacer, se sent\u00f3 a esperarlo, la oficina todav\u00eda no cerraba sus puertas y hab\u00eda posibilidades de tener un encuentro con el poeta. Al frente de esta se gritaba a todo pulm\u00f3n: \u201cSiete maduros por dos mil, tra\u00eddos desde Armenia\u201d. Esos gritos se combinaban con la voz de Rodolfo Aicardi, que sonaba a lo lejos, anunciando que diciembre estaba a punto de llegar.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 media hora, el sol se vio amenazado por una leve llovizna, que oblig\u00f3 a los transe\u00fantes a sacar sus paraguas y justo cuando se iba a marchar, apareci\u00f3 el poeta.<\/p>\n<p>\u2014Mi querido periodista \u2014exclam\u00f3 alegremente.<\/p>\n<p>\u2014Carlos, \u00bfc\u00f3mo va todo?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hablaron unos momentos de la vida, de la ciudad, del periodismo, de literatura, de Roberto Bola\u00f1o.<\/p>\n<p>El periodista deb\u00eda romper el hielo, para poderle decir cu\u00e1l era el verdadero motivo de su visita.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo te parece que voy a volver a escribir sobre vos?<\/p>\n<p>\u2014No jod\u00e1s hombre, \u00bfotra vez?, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s vas a decir? \u2014dijo el poeta con una voz burlesca.<\/p>\n<p>\u2014Algo me inventar\u00e9.<\/p>\n<p>\n<strong>Ep\u00edlogo (o continuaci\u00f3n de la introducci\u00f3n)<\/strong><\/p>\n<p>Las risas terminaron, los dos se pusieron serios. Otra vez imper\u00f3 el silencio, los carros dejaron de pasar. El poeta mir\u00f3 al periodista y exclam\u00f3, o declam\u00f3: \u201caunque parezca irreal, vivo de la literatura, gracias a algunas colaboraciones que me generan un salario\u2026 pero, un salario de poeta\u201d.<\/p>\n<p>Las risas volvieron y ah\u00ed comenz\u00f3 la historia. El periodista se march\u00f3 y el poeta se qued\u00f3, porque<\/p>\n<p>apenas era mediod\u00eda y la oficina no se cierra hasta las cinco de la tarde.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace m\u00e1s de quince a\u00f1os que Carlos Ossa abri\u00f3 una oficina en el edificio Coltejer. El poeta llega hasta all\u00ed todos los d\u00edas para pensar y&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[26,43,52,54],"class_list":["post-426","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-rostros","tag-cultura-1","tag-medellin","tag-periodismo","tag-rostros"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/426","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=426"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/426\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=426"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=426"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=426"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}