{"id":87,"date":"2023-08-17T17:21:23","date_gmt":"2023-08-17T17:21:23","guid":{"rendered":"http:\/\/87"},"modified":"2023-08-17T17:21:23","modified_gmt":"2023-08-17T17:21:23","slug":"el-cafe-cafe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ncontexto.com\/?p=87","title":{"rendered":"El caf\u00e9 caf\u00e9"},"content":{"rendered":"<p><em>Federico Hoyos Guti\u00e9rrez  y Maria Jos\u00e9 \u00c1njel Cantero<\/em><\/p>\n<p><strong><em>\u201cNadie duda que el honor no se deba en parte a la feliz revoluci\u00f3n del tiempo, al gran hecho que cre\u00f3 nuevas costumbres y modific\u00f3 incluso los temperamentos: el advenimiento del caf\u00e9\u201d.<\/em><\/strong><br \/>\n<strong>Jules Michelet<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_2ce9604c56e44b079f807df5a43c91e2~mv2.jpg\" alt=\"\" width=\"1920\" height=\"1080\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El sol centellea, hace un calor como aquel que le derriti\u00f3 los sesos a Don Quijote. Velos de nubes pintan el cielo. Los cerros se miran unos a otros en la lejan\u00eda. La camioneta de Jos\u00e9 Fernando Montoya Ortega serpentea por una carretera destapada y levanta polvaredas a su paso mientras sube por el lomo de la monta\u00f1a con destino a su finca. No hay barandas, el campero anda al borde del precipicio. En algunos tramos del camino los \u00e1rboles forman t\u00faneles fantasmag\u00f3ricos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al mirar hacia abajo se ven los meandros de la quebrada Sinifan\u00e1. El horizonte se desequilibra con la cima puntiaguda del cerro Tusa, aquella que inspir\u00f3 el logo de la Federaci\u00f3n Nacional de Cafeteros; tambi\u00e9n con el Cerro Plateado, tutelar de Salgar; el Cerro Bravo, de Fredonia y la Piedra Pelona, de Amag\u00e1, municipio donde queda la finca de Jos\u00e9 Fernando: se llama La Dorada. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La finca est\u00e1 a 1830 metros sobre el nivel del mar, en la vereda Pueblito de San Jos\u00e9. Una casa artesanal, hecha con pilares de guadua y techo de ca\u00f1a brava, en medio de un lote de catorce hect\u00e1reas, seis de ellas pobladas por un bosque protegido, abundante de guayacanes, pi\u00f1ones, cerezos, guaduales, nogales, ciruelos, y un sembrado de platanales. Jos\u00e9 parquea su camioneta y apaga el motor. Se escucha el canto de los p\u00e1jaros, el relincho de los caballos, el graznido de los gansos y el cacareo de las gallinas. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los vientos silbantes se cruzan y generan cambios de temperatura. Unos vienen del Cauca; otros, de la cuenca de la quebrada Sinifan\u00e1 y del Alto de Minas. Aqu\u00ed son veraniegos los d\u00edas y oto\u00f1ales las noches. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El clima nunca ha sido de fiar. Cada vez son m\u00e1s frecuentes las procesiones de nubes que dejan su impronta con lluvias y roc\u00edos en los cafetos: los protagonistas de la finca. Est\u00e1n esparcidos alrededor, en la ladera de la monta\u00f1a. Son tantos que contarlos resulta imposible, ubicados a diferentes alturas; unos a 1800 metros, y los de m\u00e1s abajo, a 1500.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Caminante se hace camino al andar<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de desayunar chocolate, huevos revueltos y arepa, Jos\u00e9 Fernando inicia el recorrido por los senderos laber\u00ednticos entre cafetales. Lleva puesto un sombrero y camina con bast\u00f3n de alpinista mientras explica los secretos del caf\u00e9. Lo acompa\u00f1an dos perros: Vida y Alegr\u00eda. Los caninos olfatean el suelo como si estuvieran leyendo un pergamino.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los cafetales est\u00e1n en una pendiente inclinada, semejante a una pared. El sendero es del ancho de los pies y las piedras traviesas obligan a caminar con lentitud. En las orillas de la senda se siembra <em>vetiver<\/em>, una planta con ra\u00edces profundas que amarran la tierra y evitan la erosi\u00f3n de la misma, adem\u00e1s de liberar un olor agradable que coloniza el lugar. Las gotas de sudor comienzan a perlar el rostro y los mosquitos aparecen. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Caminante se hace camino al andar, canturrea Jos\u00e9. Tiene ojos color miel, pelo blanco y manos arrugadas como la corteza de un \u00e1rbol. Su cuerpo habla con gestos acompasados para no incomodar al viento. Es soci\u00f3logo de profesi\u00f3n y caficultor por afici\u00f3n. Ejerci\u00f3 la docencia por m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os y ocup\u00f3 durante dos periodos la vicerrector\u00eda acad\u00e9mica de la Universidad Pontificia Bolivariana: de 1984 a 1992 y nuevamente entre 2005 y 2010. Se jubil\u00f3 hace siete a\u00f1os y ahora se dedica completamente a la caficultura, obsesi\u00f3n que comparte con su esposa Blanca Ochoa, de quien sobresalen unas cuantas canas perdidas entre sus casta\u00f1os cabellos. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El caf\u00e9 comienza su andadura con el mimo del germinador. Lo primero es el chapoleo, el sembrado de las semillas de caf\u00e9 en bolsas con tierra abonada. Por tratarse de una planta muy delicada, hay que cultivar la chapola \u2014nombre que recibe el cafeto cuando tiene pocos meses de crecimiento\u2014 cuando no sea \u00e9poca de sequ\u00eda intensa. Las chapolas son dispuestas durante cuatro meses en una almaciguera, espacio peque\u00f1o donde las semillas adquieren las condiciones \u00f3ptimas para su crecimiento, hasta alcanzar el tama\u00f1o apropiado para ser trasladadas al lugar definitivo donde se desea plantar el caf\u00e9. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cS\u00f3lo las que tengan la ra\u00edz derechita y que no vayan a tener quebrados ni nada se pasan al germinador. Y el germinador con un palo y un ahoyador las va sembrando, les pone tierra y sombra\u201d, cuenta Luis Gonzalo Mej\u00eda, ingeniero civil y caficultor aficionado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_a6197d5fe80640a6b041b25dbb3f417e~mv2.jpg\" alt=\"\" width=\"883\" height=\"492\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p><em>Finca La Dorada, ubicada en el municipio antioque\u00f1o de Amag\u00e1. Foto: Federico Hoyos<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>\u201cLa tierra da comida y paciencia\u201d <\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Juan Carlos Rojas G\u00f3mez es uno de los veinte recolectores de La Dorada. Sobre la espalda carga el sol y en la cintura un canasto. Su rostro est\u00e1 bronceado como una nuez. Viste de gorra, camisa de rayas, bluyines y botas de caucho. Mira con una sonrisa que hace centellear fugazmente el blanco de sus ojos. Trabaja de seis de la ma\u00f1ana a cuatro de la tarde. Bebe un caf\u00e9 antes de empezar la jornada. Al despuntar el d\u00eda toma la taza, como si tomara una parte del alba. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sus ojos y sus manos solo piensan en esos surcos donde ostentan los cafetos en coro, con sus flores blancas olor a jazm\u00edn y hojas verde oscuras, tan brillantes como si las aceitaran de noche. Cafetos o cafetales: esos \u00e1rboles donde nacen frutos verdes que trabajan en silencio, absorbiendo la humedad y los olores del campo. Tardan alrededor de ocho meses en madurar, se vuelven rojos y adquieren el tama\u00f1o de una cereza. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dentro de esos frutos se contienen los granos diminutos del caf\u00e9 crudo, la materia prima para elaborar esa bebida negra que cuenta con m\u00e1s de novecientas sustancias qu\u00edmicas, entre ellas la cafe\u00edna: aquella que despierta la mente, restaura el esp\u00edritu e incita a la conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No todos los granos maduran al mismo tiempo. Hay que recogerlos manualmente, uno a uno, sin lastimar las ramas. Juan desviste los cafetales con la rapidez de un rel\u00e1mpago. Desgrana el \u00e1rbol como tocando un arpa. Cada una de las falanges de sus manos parece tener un cerebro propio para identificar las pepas maduras y dejar las verdes tranquilas, hasta que llegue el momento de su recolecci\u00f3n. \u201cLa tierra da comida y paciencia\u201d, asevera este caficultor de 39 a\u00f1os, de los cuales ha dedicado m\u00e1s de la mitad al campo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_b8d16d1150a640c093dc1afc88ec886a~mv2.jpg\" alt=\"\" width=\"278\" height=\"494\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>&lt;&lt;<\/strong> <em>Juan Carlos Rojas, caficultor de la finca La Dorada. <\/em><\/p>\n<p><em>Foto: Federico Hoyos &#8211; Mar\u00eda Jos\u00e9 \u00c1njel.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>\u00bfQui\u00e9n es un caficultor?<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seg\u00fan la Federaci\u00f3n Nacional de Cafeteros, es aquel que posee un \u00e1rea de tierra igual o superior a media hect\u00e1rea y que, adem\u00e1s, tiene como m\u00ednimo 1.500 \u00e1rboles de caf\u00e9 sembrados en ese terreno. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las personas que cumplen con estas dos condiciones reciben una c\u00e9dula cafetera, es decir, un documento de identificaci\u00f3n gremial y de transacciones bancarias. Cuando la persona no cumple con esas condiciones, tiene derecho a una tarjeta cafetera que tambi\u00e9n le permite acceder en igualdad de condiciones a todos los servicios de la Federaci\u00f3n. La \u00fanica diferencia es la restricci\u00f3n de no poder elegir ni ser elegida en los cargos representativos de los diferentes comit\u00e9s municipales, departamentales y nacionales asociados a la FNC.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>No todos son iguales <\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El antrop\u00f3logo Pompeyo Jos\u00e9 Parada Sanabria, en una de sus investigaciones para la Revista Colombiana de Sociolog\u00eda, establece cinco perfiles de caficultores colombianos. Existen, por ejemplo, los peque\u00f1os propietarios, en quienes \u201cpredomina una estructura de la propiedad compuesta esencialmente por el minifundio y son altamente dependientes del trabajo manual y familiar\u201d. Este grupo concentra el 95% del total de caficultores del pa\u00eds.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se encuentran los jornaleros, quienes no son necesariamente caficultores, sino que en \u00e9pocas de cosecha \u201cvenden su fuerza de trabajo a vecinos o fincas cafeteras de mayor tama\u00f1o para solventar, subsanar y asegurar gastos familiares\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Otro perfil son los recolectores urbanos, quienes habitan en las cabeceras municipales y centros poblados. \u201cSu trabajo es complementario a las actividades y aspiraciones del habitante urbano\u201d. Estas personas asumen la recolecci\u00f3n de caf\u00e9 como una alternativa para huir al fantasma del desempleo citadino. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Existen los llamados \u201ccaucanos\u201d, procedentes de los departamentos del sur del pa\u00eds. \u201cSu traslado a las zonas cafeteras centrales est\u00e1 dado en funci\u00f3n de una estrategia de ahorro que les permita invertir su salario en las peque\u00f1as fincas que poseen. Su trabajo y rendimiento es apetecido y valorado en las fincas cafeteras\u201d. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Finalmente est\u00e1n los andariegos: \u201cuna poblaci\u00f3n flotante que se mueve de regi\u00f3n en regi\u00f3n, de municipio en municipio, generalmente a la caza de cosechas y oportunidades de trabajo\u201d. Estas personas no tienen contrato de trabajo, ni seguridad social ni cuentas bancarias. Pactan con la palabra, sobreviven al d\u00eda y su patrimonio cabe en un morral.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_e32f866c277046a1bcf4e334d2d9bd29~mv2.jpg\" alt=\"\" width=\"279\" height=\"492\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Vista del Cerro Tusa, inspiraci\u00f3n del logo de la Federaci\u00f3n Nacional de Cafeteros. <\/em><\/p>\n<p><em>Foto: Federico Guti\u00e9rrez, Mar\u00eda Jos\u00e9 \u00c1njel Cantero<\/em> <strong>&gt;&gt;<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Los enemigos del caf\u00e9<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mucho se huele y se degusta el caf\u00e9, poco se sabe de aquellas manos que se lastiman para recogerlo. Uno de los enemigos de los recolectores son las orugas peluche, tambi\u00e9n conocidas como gusanos pollo. Blancas como motas de algod\u00f3n, las orugas peluche dejan de ser bellas cuando pican.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los cafetos les tienen pavor a los hongos de la roya. Por eso la gen\u00e9tica los ha hecho resistentes a ellos. Tambi\u00e9n temen a la broca, un insecto que horada las semillas y se cr\u00eda en las cerezas ca\u00eddas. Esa plaga es culpable de la desaparici\u00f3n de miles de hect\u00e1reas de cafetales en Colombia, especialmente en tiempos secos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por eso un caficultor no solo debe saber de caf\u00e9, sino que tambi\u00e9n debe cuidar de sus \u00e1rboles como si fueran sus propios hijos. Para ello realiza tareas como la poda, fertilizaci\u00f3n y control de plagas y as\u00ed mantiene la salud de los cafetos. \u201cSi sabemos una sola cosa, nos estancamos\u201d, dice Eduardo Granados Tangarife, otro de los recolectores de La Dorada, de 52 a\u00f1os y piel tostada, como los granos que se producen en la finca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El canasto que Juan Carlos lleva atado a su cintura se llena con 12 kilos. Cuando el balde est\u00e1 repleto, procede a depositar los granos cosechados en un costal de fique. En \u00e9pocas de cosecha Juan puede recoger hasta 250 kilos en un d\u00eda, mientras que en \u00e9pocas normales recolecta entre 50 y 70 kilos, aproximadamente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La producci\u00f3n cafetera en Colombia tiene dos ciclos al a\u00f1o. La cosecha principal corresponde a los meses entre septiembre y diciembre, y la llamada \u201cmitaca\u201d o \u201ctraviesa\u201d, de menor producci\u00f3n, se da entre abril y junio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Fernando explica que cuando un caficultor de su finca cosecha m\u00e1s de 50 kilos diarios, se le pagan mil pesos por kilo recolectado, mientras que si recoge menos de esa cantidad, se le paga un salario de 47 mil pesos por jornada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_997ea272618240dfa71b0cd17593c7c6~mv2.jpg\" alt=\"\" width=\"268\" height=\"492\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>&lt;&lt;<\/strong> <em>Eduardo Granados Tangarife, caficultor de La Dorada. Foto: Federico Guti\u00e9rrez, Mar\u00eda Jos\u00e9 \u00c1njel C.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Rentabilidad en declive<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El caf\u00e9 es un <em>commodity<\/em>, es decir, una materia prima como el acero, el cobre o el petr\u00f3leo. En 1989 se acab\u00f3 el Pacto Internacional del Caf\u00e9, un acuerdo de cooperaci\u00f3n entre los pa\u00edses productores firmado en 1962 para limitar la producci\u00f3n y estabilizar los mercados. A partir del 89, el caf\u00e9 se cotiza en la bolsa de valores de Nueva York, generando una volatilidad en los precios que, sumada a los efectos del cambio clim\u00e1tico, se convierte en un dolor de cabeza para los productores. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De acuerdo con la Organizaci\u00f3n Internacional del Caf\u00e9 (OIC), en el mundo hay 25 millones de productores y 125 millones de personas que dependen directa o indirectamente de este. Latinoam\u00e9rica es la cuna del caf\u00e9 al producir el 70% del total mundial.   <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pese a que Colombia es el tercer productor en el mundo, despu\u00e9s de Brasil y Vietnam, la industria cafetera dej\u00f3 de ser la espina dorsal del desarrollo econ\u00f3mico nacional. Nuestro pa\u00eds tiene 590 municipios cultivadores de caf\u00e9. Se calcula que de esta actividad dependen cerca de 560.000 familias. Esta industria representa el 15% del PIB agropecuario y demanda alrededor de 2.5 millones de empleos directos e indirectos, seg\u00fan el Ministerio de Agricultura. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La mayor parte de los cultivadores \u201crepresentan m\u00e1s de un cuarto de la poblaci\u00f3n rural en Colombia, se ubican a lo largo y ancho del territorio nacional, desde la frontera con el Ecuador en Nari\u00f1o hasta las monta\u00f1as de la Sierra Nevada de Santa Marta, con presencia de cultivos del grano en 22 departamentos sumando en estos un total de 877.143 hect\u00e1reas cultivadas y distribuidas en aproximadas 664.062 fincas\u201d; afirma el soci\u00f3logo William David Mart\u00ednez Chimbi, en un art\u00edculo de investigaci\u00f3n para la Universidad Externado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los caficultores colombianos est\u00e1n agremiados a trav\u00e9s de la Federaci\u00f3n Nacional de Cafeteros (FNC). Cada libra exportada aporta seis centavos de d\u00f3lar que son destinados al Fondo Nacional del Caf\u00e9, una cuenta parafiscal administrada por la FNC. Estos recursos se invierten en procesos de investigaci\u00f3n cient\u00edfica, extensi\u00f3n agropecuaria, desarrollo social, promoci\u00f3n del caf\u00e9 colombiano y garant\u00eda de compra para garantizar un mayor margen de ganancias para los recolectores.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antioquia representa el 15% de la producci\u00f3n nacional. De sus 125 municipios, 94 son cultivadores y el valor de su cosecha representa 1,3 billones de pesos anuales. En el departamento existen cuatro cooperativas de caficultores, entidades con patrimonio y personer\u00eda jur\u00eddica que, bajo el patrocinio de la FNC, ofrecen los programas de beneficio social a los caficultores asociados. Entre ellas est\u00e1 la la Cooperativa de Caficultores de Antioquia, a la cual pertenecen Jos\u00e9 Fernando y los empleados de su finca. \u201cLa uni\u00f3n hace la fuerza\u201d, afirma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_68f8fe1f116241a092c4ff839f0edea0~mv2.jpg\" alt=\"\" width=\"883\" height=\"494\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p><em>Jos\u00e9 Fernando Montoya Ortega, entre los caminos laber\u00ednticos de La Dorada. Foto: Federico Hoyos Guti\u00e9rrez &#8211; Mar\u00eda Jos\u00e9 \u00c1njel Cantero.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Un paso a la vez<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de tres horas y cuatro kil\u00f3metros recorridos entre los cafetos de La Dorada, el cuerpo suda a mares, la sangre late en los o\u00eddos y se entrecorta la respiraci\u00f3n. \u201cLa clave es un paso a la vez. Qui\u00e9n no afronta la dificultad nunca podr\u00e1 encontrar la felicidad\u201d, dice Jos\u00e9 Fernando. Al levantar la mirada aparece, coqueta, la fachada de la finca como un premio al esfuerzo del caminante.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Montoya suspira. Ha vuelto a casa. Se refugia en los brazos de Blanca. \u201cUno se muere, pero no se siente\u201d, bromea. Es momento de restaurar el est\u00f3mago. El almuerzo es sopa de verduras, acompa\u00f1ada de pollo a la plancha, arroz, pl\u00e1tano maduro y ensalada. Para calmar la sed, una cerveza con una corona de espuma, servida en un vaso de cristal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Del cafeto a la taza<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La \u00e9poca de los arrieros y las mulas qued\u00f3 cubierta por el polvo del olvido. Ahora los costales de caf\u00e9 llegan a la finca gracias a la garrucha, un sistema de transporte con un mecanismo de cuerdas de acero con extensi\u00f3n de 400 metros que, con ayuda de poleas, es capaz de llevar hasta 120 kilos de carga por trayecto sobre la ladera. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los granos son depositados en una m\u00e1quina despulpadora que les quita la c\u00e1scara rojiza, desprendi\u00e9ndolos de la mitad de su peso. La pulpa, rica en antioxidantes, minerales, prote\u00ednas y fibra, se utiliza como abono para la huerta de la finca. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los granos despulpados se dejan fermentar durante 24 horas en un tanque. Luego se lavan en un canal de correteo, donde se clasifican y seleccionan los granos de acuerdo a su peso. Se separan los de \u00f3ptima calidad y los de segunda, a los que se les conoce como pasilla. Los granos finos son m\u00e1s densos y se quedan en el fondo del canal de correteo, mientras que los de menor calidad permanecen en la superficie. A los primeros se les conoce como caf\u00e9 excelso, porque son almendras que cuentan con todos los atributos f\u00edsicos y sensoriales (y son dignos de exportaci\u00f3n).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los granos selectos se secan a una temperatura de 40 \u00baC. Luego se procede a la trilla, proceso industrial en el cual se le retira la c\u00e1scara al caf\u00e9 pergamino, convirti\u00e9ndolo en caf\u00e9 verde. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los granos verdes se tuestan a 180 \u00baC. Con la complicidad del calor, el caf\u00e9 se vuelve caf\u00e9, se altera su composici\u00f3n qu\u00edmica y se despiertan una pirotecnia de sabores y aromas, entre ellas las m\u00e1s de 55 sustancias vol\u00e1tiles que hacen que, servido en la taza, su olor colonice las narices de quienes lo consumen.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Finalmente, llega el momento del empaquetado. El caf\u00e9 de La Dorada se vende en envolturas de color oro. Tiene un sabor de cuerpo balanceado, con notas frutales, florales y cacao. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"wix-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_dee20e064e4a402aabc5ad568eace978~mv2.jpg\" alt=\"\" width=\"881\" height=\"492\" style=\"max-width:100%;height:auto;\" \/><\/figure>\n<p><em>De cada saco exportado se destinan seis centavos de d\u00f3lar para financiar el Fondo Nacional del Caf\u00e9. Foto: Federico Hoyos &#8211; Mar\u00eda Jos\u00e9 \u00c1njel C.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Una biograf\u00eda del caf\u00e9<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dec\u00eda Umberto Eco que las palabras son signos, y que estas son a su vez signos de signos. Caf\u00e9 es la palabra para designar un lugar, una fruta y una bebida, la m\u00e1s consumida universalmente despu\u00e9s del agua. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seg\u00fan la Organizaci\u00f3n Internacional del Caf\u00e9, diariamente se consumen alrededor de 2.500 millones de tazas de ese l\u00edquido oscuro que, en palabras de Jos\u00e9 Mart\u00ed, \u201ces jugo rico, fuego suave, sin llama y sin ardor, aviva y acelera toda la \u00e1gil sangre de mis venas. Tiene un misterioso comercio con el alma; dispone los miembros a la batalla y a la carrera; limpia de humanidad el esp\u00edritu; aguza y adereza las potencias\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta bebida tiene sus or\u00edgenes en Etiop\u00eda, entre los siglos XII y XIII. La tribu n\u00f3mada de los Kaffa dejaba a su paso plantaciones de caf\u00e9. En los monasterios isl\u00e1micos los monjes suf\u00edes se percataron de que sus cabras comenzaban a saltar despu\u00e9s de comerse las cerezas de los cafetos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los monjes empezaron a hacer ensayos con las frutas. Las tostaban, las mol\u00edan y mezclaban con miel. Como si fueran tocados por la magia, se les aceleraba el coraz\u00f3n, empezaban a ver cosas, el cerebro se les pon\u00eda l\u00facido y se sent\u00edan m\u00e1s j\u00f3venes que nunca. As\u00ed que los monjes comenzaron a beber infusiones durante las oraciones de madrugada. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El caf\u00e9 pas\u00f3 de Etiop\u00eda a Yemen, de ah\u00ed a Egipto y en 1554 lleg\u00f3 a Constantinopla. Se dice que en la capital del Imperio turco los imanes (equivalente del islam a los sacerdotes cristianos) se enojaban porque muchos fieles dejaban de ir a rezar a las mezquitas por quedarse tomando tinto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta bebida tiene propiedades terap\u00e9uticas, entre ellas la detenci\u00f3n de la salida de l\u00e1grimas. Homero lo sab\u00eda muy bien cuando escribi\u00f3 La Odisea. En el Canto IV, Helena de Troya toma caf\u00e9 para no llorar ante la muerte de Ulises.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El fil\u00f3sofo y galeno \u00e1rabe Avicena (980-1037), llamado \u201cel pr\u00edncipe de los m\u00e9dicos\u201d y considerado como uno de los m\u00e1s sabios de Oriente, introdujo el caf\u00e9 en el segundo libro del Canon de Medicina, describi\u00e9ndolo como una sustancia vegetal a la que llam\u00f3 bunchum. Fue el primero en referirse a ella como un estimulante y por ello la recomend\u00f3 especialmente a los militares y a los hombres pensantes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una de las leyendas recogidas por sir Thomas Herbert, viajero ingl\u00e9s del siglo XVII, en su obra Relaci\u00f3n de algunos viajes por diversas partes de Asia y \u00c1frica, cuenta que el arc\u00e1ngel Gabriel era un cafetero celestial. Un d\u00eda en el que el profeta Mahoma se encontraba terriblemente cansado, se le apareci\u00f3 este \u00e1ngel y le hizo tomar una bebida negra que expulsaba un humo serpenteante, la cual le ayud\u00f3 al profeta a recobrar fuerzas para seguir escribiendo los versos del Cor\u00e1n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el mundo cat\u00f3lico muchos enemigos del caf\u00e9 escrib\u00edan cartas al papa Clemente VIII pidi\u00e9ndole que prohibiera esta bebida de musulmanes, es decir, de infieles. Santiago Lascasas Monreal en el libro Biograf\u00eda del caf\u00e9 dice que el sumo pont\u00edfice se neg\u00f3 tajantemente, declarando que \u201cser\u00eda una pena privar a los cristianos de una bebida tan deliciosa\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cLa afici\u00f3n al caf\u00e9 de algunos papas fue muy grande, hasta tal punto que en 1740, Benedicto XIV se hizo construir un caf\u00e9 de estilo ingl\u00e9s en los jardines del Palacio del Quirinal, lugar donde se refugiaba para descansar de sus obligaciones\u201d, escribe Lascasas Monreal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Otro amante del tinto fue el compositor alem\u00e1n Ludwig van Beethoven, quien ten\u00eda la impajaritable costumbre de prepararlo \u00e9l mismo, sin confiarle a ning\u00fan criado esta tarea. Dicen que utilizaba 60 granos por taza, los cuales contaba y recontaba muchas veces. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1683, tropas del ej\u00e9rcito turco-otomano sitiaron la ciudad de Viena. Al retirarse, los invasores dejaron al olvido un enorme cargamento de caf\u00e9. Un esp\u00eda polaco al servicio de los austr\u00edacos, llamado Kolschizky, descubri\u00f3 el cargamento y como pago por sus servicios le permitieron qued\u00e1rselo. Kolschizky hab\u00eda vivido en Turqu\u00eda y conoc\u00eda de primera mano los secretos de esta bebida. Ni corto ni perezoso, aprovech\u00f3 su descubrimiento para fundar uno de los primeros establecimientos de caf\u00e9 en la capital austr\u00edaca, llamado Zur Blauden Flasche (La Botella Azul).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seg\u00fan Lascasas, \u201cKolschizky modific\u00f3 la forma turca de saborear el caf\u00e9 endulz\u00e1ndolo con miel y col\u00e1ndolo para evitar que los posos aparecieran en la taza, adem\u00e1s de a\u00f1adirle leche. Tambi\u00e9n se le atribuye la invenci\u00f3n del cruas\u00e1n al haber encargado a un panadero que le hiciera un dulce con la forma de la media luna turca, es decir el \u00abcuarto creciente\u00bb o croissant en franc\u00e9s.\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El caf\u00e9 lleg\u00f3 por barco. Primero, al puerto de Venecia en el siglo XVII, y desde ah\u00ed a todos los rincones del Viejo Continente, hasta desembarcar en Am\u00e9rica hacia el siglo XVII gracias a los holandeses, quienes no quer\u00edan depender m\u00e1s del comercio de los \u00e1rabes. Ellos lo introdujeron en el territorio que hoy es Surinam y ser\u00edan los franceses y espa\u00f1oles quienes a principios del siglo XVIII lo expandieron por Brasil y Colombia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El matrimonio entre Colombia y el caf\u00e9 tiene 300 a\u00f1os de historia, cuando los misioneros jesuitas trajeron las primeras matas en el siglo XVIII. Cuenta la leyenda \u2013le\u00edda en la p\u00e1gina web de la FNC\u2013 que el aumento de producci\u00f3n de caf\u00e9 en estas tierras se remonta a 1834, \u201cgracias al sacerdote jesuita Francisco Romero en un pueblo de Norte de Santander llamado Salazar de las Palmas. Cuando sus fieles se confesaban, el sacerdote les impon\u00eda como penitencia para redimir sus culpas, sembrar caf\u00e9\u201d. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1835 ya se exportaban desde la aduana de C\u00facuta los primeros sacos producidos en el oriente del pa\u00eds y para 1850 la caficultura se expandi\u00f3 a departamentos como Cundinamarca, Antioquia y Caldas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Lo que fue ser\u00e1 <\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En La Dorada el cielo se pinta con el declinar de los colores que desequilibran el d\u00eda y se rinden ante la noche. Dec\u00eda Manuel Mej\u00eda Vallejo que el futuro es un regreso, porque seremos lo que hemos sido. El caf\u00e9 siempre ser\u00e1 caf\u00e9.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>Un paseo por La Dorada<\/h2>\n<p>Haga un recorrido virtual por La dorada y los paisajes y rutinas del caf\u00e9.<\/p>\n<div class=\"wix-html-embed\" style=\"margin:24px 0;\"><iframe src=\"https:\/\/uploads.knightlab.com\/storymapjs\/938bfd9484a76d1526c7446cfd6b6f6a\/las-manos-magicas-del-cafe-pueblito-de-san-jose\/index.html\" width=\"100%\" height=\"471\" frameborder=\"0\" allowfullscreen loading=\"lazy\"><\/iframe><\/div>\n<p><a href=\"https:\/\/uploads.knightlab.com\/storymapjs\/938bfd9484a76d1526c7446cfd6b6f6a\/las-manos-magicas-del-cafe-pueblito-de-san-jose\/index.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Abrir contenido interactivo<\/a><\/p>\n<p><em>Infograf\u00eda: Federico Hoyos Guti\u00e9rrez &#8211; Mar\u00eda Jos\u00e9 \u00c1njel Cantero<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Federico Hoyos Guti\u00e9rrez  y Maria Jos\u00e9 \u00c1njel Cantero  \u201cNadie duda que el honor no se deba en parte a la feliz revoluci\u00f3n del tiempo, al&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13],"tags":[26,31,50,57],"class_list":["post-87","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-rastros","tag-cultura-1","tag-economia-1","tag-oficios-1","tag-tradiciones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/87","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=87"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/87\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=87"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=87"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/ncontexto.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=87"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}