{"id":94,"date":"2023-06-16T12:52:15","date_gmt":"2023-06-16T12:52:15","guid":{"rendered":"http:\/\/94"},"modified":"2023-06-16T12:52:15","modified_gmt":"2023-06-16T12:52:15","slug":"los-rebeldes-relato-de-dos-alfares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ncontexto.com\/?p=94","title":{"rendered":"Los rebeldes. Relato de dos alfares"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Dos historias que nacen y crecen en el barro, <\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>dos formas de convertir la vida en un acto de resistencia.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Por: Federico Hoyos Guti\u00e9rrez  y Maria Jos\u00e9 \u00c1njel Cantero <\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En un edificio de apartamentos en el sector de El Poblado hay una habitaci\u00f3n que dej\u00f3 de serlo; ahora es un taller de cer\u00e1mica. Tarde fresca. La ventana est\u00e1 abierta. El viento balancea las cortinas de lino, cuya delgadez permite adivinar el paisaje urbano y el declinar de los colores que llevan el d\u00eda hacia la noche. El piso es de madera, embellecido por las vetas. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay dos m\u00e1quinas de torno y dos estanter\u00edas; una repleta de utensilios de barro, otra con esmaltes, pinceles, paletas de colores, moldes, rodillos, esp\u00e1tulas, <em>estecas<\/em>, <em>desvastadores<\/em>, hilos de nailon y hasta una pistola de calor. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hay una tabla de yeso, la misma donde Mariana Carre\u00f1o Uribe amasa un pedazo de arcilla como si fuera un pan. Lo rueda hacia adelante y hacia atr\u00e1s. Lo comprime y lo alarga con la palma de las manos, lo golpea, lo estruja, lo aplasta y vuelve a empezar. El proceso ha de repetirse una y otra vez hasta asegurarse de que no hayan burbujas de aire que podr\u00edan hacer estallar en pedazos a la futura pieza durante la cocci\u00f3n en el horno.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mariana se sienta frente a la m\u00e1quina de torno, coloca la masa de arcilla en el centro, pisa el pedal y el torno comienza a girar. \u201cEl torno se mueve en espiral. Las hojas nacen en forma de espiral, los huracanes y las galaxias son en forma de espiral\u2026 Entonces t\u00fa est\u00e1s creando con el movimiento del universo\u201d, dice la ceramista.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es una mujer de veinticinco a\u00f1os. Viste de overol y anda descalza. Su piel es de un blanco ros\u00e1ceo. Su rostro p\u00e1lido se colorea apenas le preguntan sobre su oficio como ceramista. Sus brazos est\u00e1n tatuados con figuras de volutas florales. El iris de sus ojos es gris como la arcilla que acarician sus manos. Un <em>piercing<\/em> cuelga de su nariz. Los rizos de su cabello casta\u00f1o son tan movedizos como su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El primer paso para dar forma a cualquier pieza de barro es el centrado. Mariana utiliza la base de la palma de las manos haciendo presi\u00f3n uniforme hacia abajo hasta generar una forma completamente sim\u00e9trica. Su cerebro pregunta y ordena, sus manos responden y hacen.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cCualquier cosa que uses en la vida tiene profundidad, di\u00e1metro y altura. Eso es lo que vamos a hacer en este momento\u201d, dice Mariana con la paciencia de un maestro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Primero, la profundidad. Usa los dedos pulgares para ahuecar la arcilla. Luego, el di\u00e1metro. Toma una esponja, la remoja y esparce un poco de agua por la pieza que gira incesantemente en el torno. Al humedecerla, la hace m\u00e1s maleable, el barro se vuelve m\u00e1s obediente. \u201cEl barro es como las personas, necesita que lo traten bien\u201d, escribi\u00f3 Saramago en <em>La caverna<\/em>. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Coloca la palma de la mano por fuera de la pieza y el dedo pulgar dentro del hueco de la misma. Empuja lenta y consistentemente el pulgar, como si quisiera juntarlo con la palma de las manos. Y as\u00ed, con movimientos y caricias tan ligeros como una seda, el hueco que hace segundos era diminuto, se ha hecho grande. Hecho el di\u00e1metro, Mariana procede a pulir el fondo de la pieza con la espuma. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Finalmente viene la altura. Con el movimiento delicado de los nudillos hacia arriba, comenzando por la base, va levantando las paredes de la pieza, estir\u00e1ndola hasta alcanzar la altura deseada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con las puntas de los dedos \u00edndice y coraz\u00f3n ejerce una presi\u00f3n firme pero suave hasta modelar y definir los bordes de lo que ser\u00e1 un jarr\u00f3n. \u201cNo es solo una pieza, es un contenedor de emociones\u201d, insiste Carre\u00f1o.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es momento del arte, llega la impronta del artista. Aqu\u00ed es cuando las manos de Mariana juegan con el jarr\u00f3n, haci\u00e9ndole una especie de cinturas y barrigas a la pieza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cCuando estoy ah\u00ed (en el torno) estoy siendo mi yo m\u00e1s aut\u00e9ntica. No tengo nada que esconder, soy completamente sincera conmigo. Es como entrar en una meditaci\u00f3n. Es una comunicaci\u00f3n, un baile\u201d. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mariana suelta el pedal, el huracanado torno deja de girar. El jarr\u00f3n queda tan perfecto que dan ganas de ponerle flores. Pero el barro a\u00fan est\u00e1 crudo. Hay que rociar la pieza con una pistola de calor, esperar un tiempo prudente a que se seque para luego cocerla en un horno el\u00e9ctrico a 1200 \u00baC.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class=\"wix-gallery\" style=\"display:grid;grid-template-columns:repeat(auto-fit,minmax(220px,1fr));gap:12px;margin:24px 0;\">\n<figure style=\"margin:0;\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_e224ba6146bf448db0ac78a09fa2d92f~mv2.png\" width=\"760\" height=\"1140\" style=\"width:100%;height:auto;display:block;\" loading=\"lazy\" \/><\/figure>\n<figure style=\"margin:0;\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_939a5a5f7fa149d99e020ecbceb41684~mv2.png\" width=\"940\" height=\"423\" style=\"width:100%;height:auto;display:block;\" loading=\"lazy\" \/><\/figure>\n<figure style=\"margin:0;\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_19029182e4d240d9ba9252dc722f4309~mv2.png\" width=\"940\" height=\"846\" style=\"width:100%;height:auto;display:block;\" loading=\"lazy\" \/><\/figure>\n<figure style=\"margin:0;\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_86c58b97dcff4f13b4cd2cb9ccf99704~mv2.png\" width=\"940\" height=\"1112\" style=\"width:100%;height:auto;display:block;\" loading=\"lazy\" \/><\/figure>\n<\/div>\n<p><strong><em>Ama Estudio Cer\u00e1mico, as\u00ed se llama el taller de Mariana Carre\u00f1o, en donde esta ceramista &#8220;hace el amor\u201d con el barro, seg\u00fan explica. <\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>Fotos: Federico Hoyos &#8211; Mar\u00eda Jos\u00e9 \u00c1njel.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Punto de inflexi\u00f3n <\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para Mariana, el barro significa el antes y el despu\u00e9s de su existencia. De chiquita le encantaba jugar con plastilina, sin embargo sus padres trataron de alejarla de su lado art\u00edstico y llevarla por las sendas de una profesi\u00f3n m\u00e1s intelectual. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mariana era una chica sin norte claro. Cargada de miedos e inseguridades, curs\u00f3 estudios de Negocios Internacionales, Psicolog\u00eda y Comunicaci\u00f3n Social, dej\u00e1ndolos inconclusos todos. \u201cYo no sab\u00eda qu\u00e9 hacer con mi vida, era una persona muy oscurita, un poco deprimida\u2026 Yo no daba ni un peso por m\u00ed\u201d, confiesa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Decidi\u00f3 cambiar de aires. Se fue de intercambio para Canad\u00e1, hizo cursos de maquillaje y se meti\u00f3 a clases de escultura, arte del que se enamor\u00f3 perdidamente. Cuando regres\u00f3 a Colombia, se inscribi\u00f3 a un taller de cer\u00e1mica. La primera vez \u201cMe fue p\u00e9simo. No di pie con bola en el el torno, pero yo dije: \u2018este es mi lugar\u2019 \u201d. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En tiempos pand\u00e9micos compr\u00f3 una m\u00e1quina de torno, luego otra y se pas\u00f3 los meses del confinamiento practicando, dialogando con la arcilla. Con la complicidad silenciosa del tiempo y la paciencia, sus destrezas mejoraron hasta que se independiz\u00f3 de su maestra y fund\u00f3 su propio taller de cer\u00e1mica. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las vivencias moldean los pensamientos como las manos al barro. Mariana nunca se imagin\u00f3 que se convertir\u00eda en profesora. Actualmente cuenta con 13 alumnos. Da clases de lunes a s\u00e1bado. Su inter\u00e9s no es formar ceramistas, sino ayudar a sus pupilos a canalizar sentimientos y emociones mediante la elaboraci\u00f3n de piezas que les sobrevivan a ellos. El taller se llama Ama Estudio Cer\u00e1mico. \u00bfLa raz\u00f3n?  \u201cUno viene ac\u00e1 a hacer el amor con el barro\u201d, dice Mariana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Frente a la pregunta inevitable de c\u00f3mo se siente al ejercer un oficio que cada vez es menos popular, la ceramista contesta: \u201cNosotros, los rebeldes, no dejamos que la cer\u00e1mica muera\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4> Rebeld\u00eda rima con maestr\u00eda  <\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En medio de la reserva natural La Providencia, ubicada en el municipio de Guatap\u00e9, vive otro rebelde de la cer\u00e1mica: Jos\u00e9 Ignacio V\u00e9lez Puerta. Tiene rostro de barba plateada que dibuja una sonrisa de hombre feliz. \u201cLo que yo hago siempre est\u00e1 muy ligado a lo que yo amo\u201d, afirma. Viste su\u00e9ter de rayas horizontales, bluyines, tenis de cuero y un delantal gris. Lleva puesto un sombrero de paja, parecido al de Tom Sawyer.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Su casa y su taller, de paredes de tapia y arquitectura campesina, est\u00e1n rodeados por \u00e1rboles que \u00e9l y su esposa han sembrado durante veinticinco a\u00f1os: saucos, guamos, chaparros, guayacanes, chagualos, guacamayos, aguacateros, ojos de pava y \u00e1rboles siete cueros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes de abrir las puertas del taller, Jos\u00e9 Ignacio se quita el sombrero, con el respeto de un feligr\u00e9s que entra en el templo. Se pone las gafas. Conversa mientras restaura el asa de un jarr\u00f3n, actividad que realiza con la precisi\u00f3n de un cirujano. A los 63 a\u00f1os cada una de las falanges de sus dedos est\u00e1 cargada de ense\u00f1anzas y recuerdos. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEn cer\u00e1mica no hay basura\u201d. Jos\u00e9 explica que una pieza de cer\u00e1mica puede triturarse, convertirse en arena, mezclarse y reciclarse con la arcilla cruda, lo cual da como resultado el chamote, un compuesto que permite construir piezas con mayor resistencia y durabilidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde los doce a\u00f1os tom\u00f3 la decisi\u00f3n irrevocable de ser artista. Primero incursion\u00f3 en el dibujo, luego en la pintura, despu\u00e9s en el grabado, en la escultura y, finalmente, en la cer\u00e1mica. A los diecisiete se enamor\u00f3 del torno gracias a Pablo Jaramillo, profesor suyo en la Universidad Pontificia Bolivariana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fueron tres experiencias que orientaron su trayectoria como artista de la cer\u00e1mica: su formaci\u00f3n en la escuela de Porta Romana en Florencia (Italia) y en la Escuela de Artes de Segovia (Espa\u00f1a). En Sargadelos, Galicia, conoci\u00f3 a Arcadio Blasco, qui\u00e9n se convertir\u00eda en su maestro. Bajo la gu\u00eda de Blasco comprendi\u00f3 que la cer\u00e1mica pod\u00eda sacarse de los espacios cotidianos del hogar y trasladarlos a espacios urbanos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Coherente con su rebeld\u00eda, se gradu\u00f3 como dise\u00f1ador industrial con una tesis en contra de esa profesi\u00f3n: <em>Utensilios inmuebles de zonas rurales colombianas<\/em>. El trabajo, realizado con su esposa, consisti\u00f3 en rescatar los objetos que los campesinos colombianos hac\u00edan en su casa por la necesidad que obliga, en muchos casos, las condiciones de pobreza y olvido estatal. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Un artista amante del oficio <\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Ignacio se autodefine como un artista cer\u00e1mico. Para \u00e9l no hay distinci\u00f3n entre el artesano, el artista y el dise\u00f1ador; son tres actividades que se funden en una sola. Seg\u00fan V\u00e9lez \u201cel oficio es necesario para realizar cualquier trabajo art\u00edstico\u201d. \u00c9l mismo saca la tierra, la mezcla con agua, la bate, amasa la pasta, tornea las piezas, las seca y las pone a cocer en el horno. Al entrar en contacto con el calor, las mol\u00e9culas de barro se vitrifican e impermeabilizan, y algunas se inmortalizan.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Su obra es tan amplia que podr\u00eda hacerse un museo con ella. Los cortes de tierra, las monta\u00f1as, las texturas, las ra\u00edces y las nubes han sido la fuente de inspiraci\u00f3n de sus creaciones, entre las que se encuentran desde tazones diminutos hasta esculturas de mastod\u00f3nticas proporciones. Todas las ideas tienen el mismo punto de partida: una libreta y un l\u00e1piz para dibujar bocetos cuyos trazos reciben inspiraci\u00f3n de las Musas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A finales de los 80 lleg\u00f3 a El Carmen de Viboral, lugar que lo transform\u00f3 a \u00e9l y que \u00e9l tambi\u00e9n transform\u00f3. Contrario a lo que se ha pensado, este municipio no ten\u00eda una vocaci\u00f3n alfarera, sino industrial. Fue Jos\u00e9 Ignacio qui\u00e9n le ense\u00f1\u00f3 a los carmelitanos los secretos del barro: a tornearlo, a modelarlo, a decorarlo y, sobre todo, a dise\u00f1arlo. Una de las satisfacciones m\u00e1s grandes de V\u00e9lez es el hecho de haber contribuido a conceptualizar el arte cer\u00e1mico en este municipio del oriente antioque\u00f1o. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En El Carmen est\u00e1 la impronta de Jos\u00e9 Ignacio. Fue \u00e9l quien dise\u00f1\u00f3 la Calle de las Arcillas, la de la Cer\u00e1mica y el parque principal. Sin embargo, un gobernante miope, carente de cultura (y quiz\u00e1 tambi\u00e9n de inteligencia) no permiti\u00f3 que apareciera el nombre de Jos\u00e9 Ignacio en esos lugares. Pese a ello, la posteridad no es una prioridad para este artista cer\u00e1mico. V\u00e9lez deja claro que: \u201cMi proyecto fundamental no es El Carmen, es mi vida\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class=\"wix-gallery\" style=\"display:grid;grid-template-columns:repeat(auto-fit,minmax(220px,1fr));gap:12px;margin:24px 0;\">\n<figure style=\"margin:0;\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_2e531983f7b643718010541c4324bf6b~mv2.png\" width=\"729\" height=\"1296\" style=\"width:100%;height:auto;display:block;\" loading=\"lazy\" \/><\/figure>\n<figure style=\"margin:0;\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_d677c0ab6e3b44fda8d919c56efebd12~mv2.png\" width=\"940\" height=\"1671\" style=\"width:100%;height:auto;display:block;\" loading=\"lazy\" \/><\/figure>\n<figure style=\"margin:0;\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_d12506e4fecc434c9a2464c45832b38a~mv2.png\" width=\"940\" height=\"529\" style=\"width:100%;height:auto;display:block;\" loading=\"lazy\" \/><\/figure>\n<figure style=\"margin:0;\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_5779261b32ac450d898d0649aedd0f29~mv2.png\" width=\"726\" height=\"1292\" style=\"width:100%;height:auto;display:block;\" loading=\"lazy\" \/><\/figure>\n<figure style=\"margin:0;\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_cbbae5c455f04548b1afd37ad1c97d9e~mv2.png\" width=\"670\" height=\"1193\" style=\"width:100%;height:auto;display:block;\" loading=\"lazy\" \/><\/figure>\n<figure style=\"margin:0;\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_a3313f20971748758f592adc1c2b63dd~mv2.png\" width=\"739\" height=\"1313\" style=\"width:100%;height:auto;display:block;\" loading=\"lazy\" \/><\/figure>\n<figure style=\"margin:0;\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ncontexto.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/e8a84d_898043d37adf46aeb6e9ae00815a4411~mv2.png\" width=\"940\" height=\"529\" style=\"width:100%;height:auto;display:block;\" loading=\"lazy\" \/><\/figure>\n<\/div>\n<p><em>Un recorrido por los espacios y herramientas del arte de Jos\u00e9 Ignacio V\u00e9lez, quien no solo es artista cer\u00e1mico, sino tambi\u00e9n pintor. La maestr\u00eda se hala en los detalles del proceso de sus obras, desde el horno de le\u00f1a, pasando por las herramientas y esmaltes, hasta los primeros acabados de cada pieza y los distintos resultados finales. Fotos: Mar\u00eda Jos\u00e9 \u00c1njel &#8211; Federico Hoyos.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>El camino se hace al andar<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Vive tranquilo porque se levanta todos los d\u00edas a trabajar. No es religioso, pero s\u00ed espiritual. \u201cAmo a Buda, adoro a Lao Ts\u00e9 y adoro a Jes\u00fas\u201d. No le tiene miedo a la muerte. Se refiere a ella con la serenidad de un estoico. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Maria Patricia se llama su esposa, compa\u00f1era de sus d\u00edas. Jos\u00e9 le llama por su apodo: <em>Tati<\/em>. Ella tiene la piel bronceada. Algunas canas se le asoman sobre el cabello, negro como el azabache. Tambi\u00e9n es dise\u00f1adora industrial, tambi\u00e9n es manual y tambi\u00e9n es artista. A diferencia de Jos\u00e9, no se dedica a la cer\u00e1mica, sino al tejido. Quiz\u00e1 ella misma haya bordado las figuras florales que adornan su camisa azul celeste que lleva puesta. Maria Patricia tambi\u00e9n tiene su taller en medio de la reserva natural. All\u00ed hay un telar. Lo quiere tanto como su marido al horno.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jos\u00e9 sale del taller y se dirige al lugar sagrado de todo alfarero: el horno. A diferencia del de Mariana, este no es el\u00e9ctrico, sino de le\u00f1a. Est\u00e1 vac\u00edo pero, al cerrar los ojos, es posible imaginarlo con las puertas cerradas y las piezas arcillosas adentro recibiendo la primera llama de le\u00f1a, las primeras vaharadas de calor rode\u00e1ndolas como una caricia, el aire arremolin\u00e1ndose, el centelleo titilante de la brasa, el deslumbramiento y las llamaradas del fuego, el humo saliendo a borbotones por la chimenea. Para un alfarero en general, y para un artista cer\u00e1mico en particular, alejarse del horno es como alejarse de la vida. Lo m\u00e1s bello de este oficio no es solamente sopesar lo acontecido, sino tambi\u00e9n lo que ha de acontecer.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Frente a la pregunta de por qu\u00e9 prefiere el fuego al momento de cocer las piezas, responde: \u201cLas cosas salen m\u00e1s lindas. Es como si uno tuviera un di\u00e1logo con la pieza\u201d. Cuenta Jos\u00e9 que este horno fue construido con materiales de otro horno: el de Samuel Pareja, ceramista carmelitano. Por eso V\u00e9lez lo cuida con un cari\u00f1o casi humano. Un homenaje a esos hornos que estuvieron y dejaron de estar, porque los derribaron sin piedad. Hay que volver a Saramago: el Nobel portugu\u00e9s dec\u00eda que <em>destruir una creaci\u00f3n ajena ser\u00eda borrar de la faz de la tierra a su creador<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>El material pl\u00e1stico de la naturaleza <\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La arcilla es el resultado de la descomposici\u00f3n de ciertas rocas que se encuentran en las monta\u00f1as. Las lluvias provocan la erosi\u00f3n de \u00e9stas y las part\u00edculas arcillosas son arrastradas por los r\u00edos. Este material, crudo y maleable, capaz de adoptar una infinidad de formas que s\u00f3lo la imaginaci\u00f3n puede limitar, est\u00e1 compuesto de al\u00famina, s\u00edlice potasio, sodio, hierro, calcio, feldespato, y muchos otros componentes que no alcanzar\u00eda el espacio para nombrarlos todos. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cLa cer\u00e1mica es el t\u00e9rmino empleado para referirse a toda pieza de arcilla que ha pasado por un proceso de cocci\u00f3n y que, al perder el agua, se transforma qu\u00edmicamente en un material p\u00e9treo, incapaz de volver al estado arcilloso original\u201d, afirma Claudia Lam Onuma en el libro <em>Cer\u00e1mica a mano<\/em>. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Existen innumerables tipos de cer\u00e1mica, pero hay tres muy comunes: la terracota: opaca y porosa, su estructura qu\u00edmica se compone de \u00f3xido ferroso, que le proporciona el color rojizo. La temperatura de cocci\u00f3n est\u00e1 entre los 700 y 900 \u00baC. El gres: de color gris\u00e1ceo, opaco y p\u00e9treo. Su temperatura de cochura llega hasta los 1250 \u00baC. Y la porcelana, cer\u00e1mica transl\u00facida que se cuece hasta los 1300 \u00baC.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Saramago escribi\u00f3 que las palabras no son cosas pero las designan lo mejor que pueden. El t\u00e9rmino cer\u00e1mica proviene del griego <em>keramikos<\/em>, que significa \u2018alfarer\u00eda\u2019. Sin embargo, \u201cla pr\u00e1ctica de elaborar figuras, vasijas y otros objetos de arcilla es mucho m\u00e1s antigua que la palabra\u201d, cuentan Liz Wilhide y Susie Hodge<strong> <\/strong>en el libro <em>Cer\u00e1mica, un recorrido por la historia, las t\u00e9cnicas y los ceramistas m\u00e1s destacados<\/em>. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>El nexo entre el hombre y el pasado<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La cer\u00e1mica ha sido fiel compa\u00f1era de la humanidad durante siglos en la vida dom\u00e9stica: platos, tazas, vasijas, cuencos, jarrones, teteras, botijos, c\u00e1ntaros, macetas\u2026 Muchas de estas piezas no las vimos nacer y tampoco las veremos morir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cDonde hay humanos, hay cer\u00e1mica\u201d, explica la historiadora Maria Alejandra Gonz\u00e1lez. Todas las civilizaciones han tenido contacto con la arcilla debido a que se trata de la exploraci\u00f3n de un material procedente de la tierra, de la cual proviene la vida. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se ha dicho que en tiempos antiqu\u00edsimos, de los que no queda ni registro ni memoria, Dios model\u00f3 al hombre con el barro de la tierra que \u00e9l mismo hab\u00eda creado. Y despu\u00e9s, con un soplo en la nariz, le otorg\u00f3 la respiraci\u00f3n y la vida. \u201cNada sale de la nada\u201d, afirma el fil\u00f3sofo y escritor Memo \u00c1njel, citando a Arist\u00f3teles.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No hay certeza sobre cu\u00e1l fue la primera civilizaci\u00f3n en descubrir el arte cer\u00e1mico. Cada hallazgo ofrece nuevas pistas y reescribe la historia.  Las objetos m\u00e1s antiguos encontrados hasta el momento son las llamadas Venus, unas estatuillas oscuras, hechas de barro y polvo de huesos que datan entre los a\u00f1os 29000 y 25000 A.C., cuyo hallazgo aconteci\u00f3 en la Rep\u00fablica Checa en 1925. Hasta hoy, su significado ritual contin\u00faa siendo un enigma. Aproximadamente entre los a\u00f1os 6000 &#8211; 2400 antes de nuestra era, se produjo la invenci\u00f3n del torno en Mesopotamia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gonz\u00e1lez explica que la cer\u00e1mica comenz\u00f3 a tener un uso cotidiano en el Neol\u00edtico, especialmente para la cocci\u00f3n de alimentos y la fermentaci\u00f3n de los licores, acontecimientos que favorecieron el sedentarismo, las congregaciones sociales y los ritos religiosos en las comunidades humanas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los chinos jugaron un papel preponderante en la evoluci\u00f3n del arte cer\u00e1mico. Durante la Dinast\u00eda Tang (618 &#8211; 907 d. C.) se populariz\u00f3 el t\u00e9, y en consecuencia, aument\u00f3 la demanda de juegos de porcelana para servir esta bebida. La Ruta de la Seda foment\u00f3 el comercio con Occidente. As\u00ed fue como la porcelana lleg\u00f3 al Viejo Continente y conquist\u00f3 la mirada de los europeos, quienes inicialmente no sab\u00edan c\u00f3mo fabricar este material.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pasaron muchos a\u00f1os hasta que en 1709, un alquimista alem\u00e1n de nombre Johann Friedrich B\u00f6tger, en medio de alambiques inciertos y con el prop\u00f3sito de hacer oro, descubri\u00f3 por accidente la f\u00f3rmula de la porcelana aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hace 15 siglos muchas civilizaciones precolombinas coc\u00edan el barro en hornos abiertos, hechos de piedra. Un ejemplo de ello son los mochicas, pueblos ind\u00edgenas que habitaron en la costa septentrional del Per\u00fa. Ellos construyeron con barro fascinantes inventarios de la flora y la fauna, pero tambi\u00e9n de su mundo real e imaginario.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEl alfarero mochica moldeaba en su materia pl\u00e1stica todo lo que ve\u00edan sus ojos de artista creador: los hombres y los animales, los p\u00e1jaros y las frutas, las legumbres y los objetos m\u00e1s comunes de la vida diaria\u201d, escribi\u00f3 el periodista ecuatoriano Jorge Carrera Andrade en un reportaje para la revista <em>El correo de la UNESCO<\/em>, en 1955. La civilizaci\u00f3n mochica supo vivir en paz con sus vecinos y dedicar tiempo a la agricultura, la construcci\u00f3n de acueductos y el cultivo de las artes pl\u00e1sticas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A su manera, los mochicas eran cronistas de la cer\u00e1mica. \u201cCada objeto de arcilla es un documento fidedigno\u201d, apunt\u00f3 Jorge Carrera. Arque\u00f3logos han descubierto vasijas antropom\u00f3rficas donde se reflejan los conocimientos de anatom\u00eda que pose\u00edan los artistas mochicas, adem\u00e1s de la gran \u201cpenetraci\u00f3n psicol\u00f3gica\u201d y diversidad humana: figuras de magnates ataviados con cetro y corona, agricultores negroides con labios prominentes y nariz aguile\u00f1a, hasta la figura de un mendigo tatuado y tuerto atacado en el cuello por un puma. Tambi\u00e9n elaboraban c\u00e1lices y sonajeros para las festividades religiosas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>El regreso de los rebeldes<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El escritor Memo \u00c1njel ha dicho que las cosas existen cuando se tocan porque el tacto es el m\u00e1s honesto de los sentidos. La direcci\u00f3n e intensidad de la luz afectan la percepci\u00f3n visual de los objetos, la ira y el enamoramiento distorsionan las palabras que se escuchan, el hambre confunde el olfato y exalta el gusto. En otras palabras, el tacto no sucumbe ante los caprichos del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para los rebeldes de la cer\u00e1mica, como Jos\u00e9 Ignacio V\u00e9lez y Mariana Carre\u00f1o, el ser humano siempre tendr\u00e1 que volver a sus principios para recordar de d\u00f3nde viene, reconectarse con su ser interior, y as\u00ed, renacer. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seg\u00fan V\u00e9lez, \u201cEn el mundo cer\u00e1mico est\u00e1n los otros tres elementos que conocemos en el mundo occidental: el agua, es quien hace fluir esa tierra; el aire, es quien la hace permanecer y el fuego, que convierte esos cuatro elementos en algo eterno dispuesto a habitar el planeta por siempre. Eso que es la materia, convierte los sue\u00f1os en realidad\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Dicen por ah\u00ed que del trabajo del hombre dan raz\u00f3n sus manos.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos historias que nacen y crecen en el barro, dos formas de convertir la vida en un acto de resistencia. 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