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  • Las cifras de la violencia intrafamiliar durante la pandemia

    De acuerdo con las cifras sobre hechos de violencia intrafamiliar en seis países del mundo, Colombia tiene un lamentable registro de casos de agresión, generalmente contra las mujeres. Encuentre los detalles en la siguiente infografía.

     

    Haga click en ella para ampliar la imagen.

     

    Infografía con cifras sobre la violencia intrafamiliar en el mundo durante la pandemia

     

    Trabajo elaborado por María Alejandra Espitia Martínez y Alfonsina Botero León en el curso: Infografía Periodística, orientado por la profesora Beatriz Elena Marín.

    Publicado en el periódico El Mundo el 25 de mayo de 2020.

     

     

     

     

     

     

  • El medioambiente en Medellín en tiempos de cuarentena

     

    Video

     

    Antecedentes y cifras que no solo ponen en evidencia los efectos del encierro sobre el medioambiente en la ciudad, sino que plantean preguntas muy serias sobre nuestra relación con él a futuro. Son datos y hay que darlos.

     

    Videocolumna elaborada por Ana María Restrepo, Juan Ricardo Duque, Yuri Morelos y Alejandro Rodríguez, para el curso Periodismo VI, orientado por la profesora Ana Cristina Aristizábal Uribe.

     

     

     

     

     

  • La incertidumbre, lección principal

     

     

    << #SomosMásComunicación es la muestra con lo más destacado en los trabajos de los estudiantes de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB en Medellín.

     

    ​Debido a la pandemia por COVID-19, desde el pasado16 de marzo los estudiantes de Colombia dejaron de asistir presencialmente a las clases y pasaron a la modalidad virtual. Por esta razón, los colegios se vieron obligados a buscar rápidamente estrategias y presentar soluciones para lograr suplir las necesidades, lo cual ha generado nuevos desafíos para el sistema educativo del país.

     

     

    Antes de esta contingencia, la educación en Colombia ya presentaba fallas, que han sido analizadas tanto desde el punto de vista económico como social. Un artículo de opinión escrito por el político Ángel Pérez para la revista Dinero en 2019, señala las diferentes falencias que tiene el sistema —sin contar el porcentaje de niños y jóvenes que no acceden a la educación— e incluso menciona que han sido omitidos procesos pedagógicos y la gestión educativa. “…Nuestros mejores estudiantes, quienes pertenecen a los colegios privados (donde estudian los hijos de las élites del país), no alcanzan a los escolares con más bajos resultados de otros países”, dijo Pérez.

     

    A estas problemáticas se suman la falta de simulacros o implementación de modalidades virtuales en los colegios. Es decir, son pocas las instituciones que, antes del aislamiento preventivo, ya habían desarrollado actividades para capacitar tanto a los estudiantes como a los profesores para enfrentar este tipo de eventualidades.

     

    En vista de las limitaciones que se han presentado, el Gobierno suspendió provisionalmente las pruebas Icfes como requisito para la educación superior, mientras se definieron mecanismos para efectuarlas mediante herramientas digitales y se han creado planes de apoyo para brindar apoyos a las personas más afectadas. Desde el Ministerio de Educación y las instituciones, tanto privadas como públicas, se ha intentado acompañar a los profesores para que continúen con el contenido propuesto para el año en curso.

     

    Sin embargo, las estrategias que se deben implementar en cada colegio son distintas, acordes a las necesidades de cada comunidad educativa y a los conflictos y demás situaciones particulares a ellas. En los establecimientos públicos, el 90 % de los estudiantes son de estrato 1,2 y 3, según datos del DANE citados por Pérez en otro artículo de Dinero en 2019. Por eso, lo más probable es que tengan inconvenientes con la nueva modalidad, en comparación con los privados, debido a que no todos los niños y jóvenes cuentan con dispositivos tecnológicos o conexión a internet en sus hogares. Tampoco se pueden dirigir a bibliotecas o cafés internet puesto que están cerrados, lo que les imposibilita hacer uso de las plataformas online que han sido creadas para afrontar la contingencia.

     

    Un reciente estudio de la Universidad de los Andes expuso los diversos conflictos que puede tener la educación virtual en Colombia, los cuales se manifiestan entre las personas cuyos ingresos no son suficientes para suplir necesidades básicas. “Aunque estas estrategias son efectivas en reducir la tasa de contagio, tienen consecuencias sociales y económicas importantes, especialmente en lugares donde las condiciones socioeconómicas de los ciudadanos son una de las principales barreras para poder adquirir bienes y servicios de la población”, afirmó el estudio.

     

     

    Educación en el mundo

    De acuerdo con la Unesco, 1370 millones de estudiantes y 60,2 millones de maestros se han visto afectados por el confinamiento. Las dificultades de estos son mayores en los países menos desarrollados. 26 millones de estudiantes no cuentan con dispositivos tecnológicos y 706 millones que no tienen acceso a internet.

     

    Escuelas rurales en la contingencia

     

    Las zonas rurales del país también presentaban inconvenientes antes de la situación actual. Según un artículo de El Espectador en 2019, los resultados de las pruebas estatales, casi siempre, muestran un rendimiento menor al que se da en los colegios de las ciudades, especialmente en asignaturas como ciencias y matemáticas. Además, un estudio de la Universidad de los Andes de 2019 expuso la problemática de que en Colombia el 70% de los niños y jóvenes que no acceden a la educación pertenece a estas zonas, al igual que el 50 % de la población analfabeta.

     

    En estos territorios se han tenido que utilizar alternativas diferentes a la de la virtualidad, puesto que la mayoría de los escolares no cuentan con los dispositivos necesarios ni con las capacitaciones para estudiar online. Por ejemplo, en las escuelas de Apartadó se está trabajando por medio de cartillas entregadas a los alumnos para que posteriormente las devuelvan ya desarrolladas y en algunos casos se pueden interactuar las respuestas vía WhatsApp con aquellos que tienen la facilidad.

     

    Uno de los rectores de Apartadó, Efrén Pineda, afirmó que: “Desafortunadamente en cuanto al tema de equipos es muy difícil, todos los años mandamos requerimientos, pero no pasa nada y para esta emergencia tampoco han respondido. Se supone que van a brindar talleres para trabajar con los estudiantes, pero aún no han llegado”. También mencionó que por parte de la comunidad del municipio sí se han hecho donaciones o recolectas para ayudar a los residentes del pueblo que lo necesiten. En cuanto a la educación dice que se han visto gratamente sorprendidos por el compromiso que han recibido por parte de los padres de familia y acudientes.

     

    Infografía: Isabel Cano Agudelo.

     

    Connotaciones psicológicas

     

    La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha resaltado que el confinamiento está causando fuertes impactos psicológicos. El estrés, la depresión y la ansiedad se han visto incrementados por factores como: el miedo, la falta de socialización y de relaciones interpersonales, la soledad, la preocupación por las dificultades económicas que se pueden dar en este momento, los problemas intrafamiliares, entre otros.

     

    Todas estas situaciones también traen consecuencias en la educación de los niños y jóvenes. Catalina Díaz, psicóloga de la Universidad de Envigado, dijo que: “El cambio abrupto y el no poder hacer las actividades que se realizaban anteriormente genera malestar. Se empiezan a presentar estos trastornos que limitan a nivel académico, no se rinde de la misma manera en las exigencias escolares, sociales ni laborales”. También expuso que, tanto con los jóvenes como con los padres de familia, se debe hacer contención de crisis durante y posterior a la contingencia actual.

     

    Ante situaciones como estas, el Ministerio de Salud abrió líneas de atención para ayudar a las personas que puedan presentar alguno de estos desórdenes y ha dado recomendaciones para evitar el aumento de los mismos en el aislamiento. Los sicólogos de algunos colegios se han dispuesto para atender estas situaciones y guiar a los acudientes. Principalmente a quienes tienen niños pequeños, puesto que necesitan una disposición mayor de su parte.

     

     

    Opiniones de los padres de familia

    “Hay muchos niños acá en Montería que los han sacado de estudiar porque no están capacitados para recibir las clases virtuales o no tienen un computador”.

    Juan Carlos Cano Jaramillo.

     

    “Mi hijo que está en once se ha visto agobiado porque se ha perdido de muchas cosas de su último año, con la menor que está en primero ha sido más difícil porque no tienen esa parte didáctica (…) no se concentra más de una hora al día”.

    Paola Andrea Patiño.

     

    “… otro aspecto muy importante es que la interacción humana de los niños se debilita muchísimo y hace falta para mantener la motivación”.

    Adriana Zuleima Alzate.

     

    ¿Qué sigue para la educación del país?

     

    En diciembre de 2019 en declaraciones al diario Portafolio, el Ministerio de Educación Nacional resumió las apuestas para mejorar la educación en Colombia. Estas consistían en la construcción de nuevos espacios educativos, una mejora de la infraestructura de las escuelas de la zona rural y el fortalecimiento de la jornada única. Lo que beneficiaría a más de 500 mil estudiantes, según lo expresó María Victoria Angulo, actual ministra de Educación.

     

    De manera oficial no se han determinado los impactos de la contingencia sobre estos planes, pues la prioridad son las soluciones por la suspensión de las clases presenciales. Los colegios hacen nuevas estimaciones y las universidades, entre ellas la UPB, adelantan planes a partir del impacto de la emergencia sobre sus matrículas y sus finanzas. Las universidades privadas han formulado solicitudes al gobierno, así como han planteado junto a sus pares de lo público, iniciativas para el trabajo en red, como lo anunciaron las universidades del llamado G8 en Medellín.

     

    La vicepresidenta Marta Lucía Ramírez expresó en la plataforma Twitter: “La pandemia nos afecta a todos y requiere sociedad e instituciones que actúen con ética y solidaridad. Duele oír padres de familia que retiran a sus hijos de los colegios porque su ingreso se frenó por cuarentena…”.

     

    Aunque en algunos de los centros educativos ya se ha anunciado una baja de los precios, persisten las dudas e inconformidades con el cambio a la virtualidad, sumadas a la incertidumbre sobre cómo continuará el año lectivo en el segundo semestre. Como ya lo ha expresado el Gobierno, las decisiones y las medidas son tomadas con base en las nuevas necesidades que surgen y los avances que se vayan presentando. Oficialmente, la emergencia sanitaria sigue decretada hasta el 31 de agosto.

     

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    Trabajo elaborado por Isabel Cano Agudelo para el curso Periodismo II, orientado por la profesora Claudia Sánchez Aguiar.

     

     

     

     

     

  • Virtualidad preescolar

     

    Desde el miércoles 25 de marzo se declaró la cuarentena obligatoria como medio de protección ante la pandemia del coronavirus en Colombia. Como muchos ya lo hemos percibido, este aislamiento ha afectado el trabajo y rutina de muchos sectores, a estos se suman aproximadamente 41.041 establecimientos de educación preescolar que, según el DANE, existen en el territorio nacional. Una gran cantidad de infantes están aprendiendo hoy desde sus casas.

     

    La educación ha entrado a trabajar aún más en conjunto con el sector de la salud, puesto que son las instituciones educativas las encargadas de orientar también a sus estudiantes frente a las prevenciones que demanda esta pandemia, incluso desde los hogares. Para la comunidad infantil es indispensable el acompañamiento educativo y, tanto los colegios como las guarderías, cumplen un papel de segundo hogar, donde se dan pasos clave en el proceso vital de una persona, que definen grandes rasgos afectivos, cognitivos y corporales, en otras palabras, definen la vida de los más pequeños.

     

    Para casi el millón trescientos mil estudiantes de preescolar que según la UNESCO hay en Colombia, se requieren entornos de aprendizaje seguros y saludables; estos espacios deben permitir aprender a ser, convivir, hacer y conocer; desarrollar capacidades para la comunicación, interacción y contacto con el otro y el entorno. Si este proceso se ve afectado, podría haber consecuencias que impedirían un mejor desarrollo para el niño y, en una escuela, estos procesos son guiados por el acompañamiento de un docente y la posibilidad de contacto e interacción física con el otro.

     

    Sin embargo, debido a la contingencia, la educación preescolar se ha visto en el deber de seguir fortaleciendo vínculos entre profesores y alumnos mediante la virtualidad. Asimismo, las instituciones educativas se convirtieron en agentes que previenen la propagación del virus. UNICEF ha publicado una cartilla sobre prácticas de cuidado, higiene personal y crianza, además de actividades de juego, arte, comunicación, consejos para disminuir la ansiedad y evitar el contagio que son clave para las instituciones académicas. Según la OMS, los niños son especialmente vulnerables a las enfermedades infecciosas; los detalles del documento dejan ver que, cuando se habla del bien y la salud de los estudiantes, se debe tener mucha precaución con la información.

     

    ¿Cuál es el papel del “jardín”?

     

    “Generar empatía, saber su situación, escucharlos para entonces saber qué están viviendo”, es la metodología y acompañamiento que aplica la Supervisora administrativa de Comfama, Jineth Gaviria, hacia sus alumnos, desde párvulos a transición. El proceso de atención y apoyo a sus estudiantes ha sido continuo y esta situación les ha permitido a los docentes enterarse un poco más a profundidad de las situaciones de cada niño, pues el apoyo familiar es indispensable en estos momentos. Para un niño de cero a 6 años es imposible manejar por sí solo las plataformas virtuales para su aprendizaje, cuenta Gaviria.

     

    La rectora del Colegio Palermo de San José, Hermana Adela María Duque Pineda, también se adaptó a las circunstancias y creó un espacio de encuentro virtual llamado “Venga y le Cuento”, donde se discuten temas para afianzar el proceso actual de los alumnos con los padres de familia. “Palermo es humanizante por todas sus vertientes, está basado en la formación del ser y eso significa que la persona es el centro de la formación, tanto el niño como su hogar; así que nuestro papel es tranquilizar”, dice la directiva.

     

    Tanto Duque como Gaviria concuerdan en que las condiciones de estas semanas propician situaciones de descuido y violencia intrafamiliar en los hogares, gracias al aumento de estrés. Coinciden también en que los centros educativos deben hacer parte cada vez más activa de la atención en estos casos. Resaltan las profesionales que las mismas familias son las que dan la pauta o límite para que los docentes conozcan a profundidad la intimidad de la familia. Se procura que la prioridad sean siempre los niños, su bienestar y educación.

     

    Aunque pueden ser más adaptables al uso de los dispositivos tecnológicos, los niños en edad preescolar necesitan acompañamiento constante en sus actividades. Foto: Contexto.

     

    La mirada del docente

     

    Sandra Pérez y Mónica Giraldo, licenciadas en educación preescolar y profesoras de Comfama, afirman que han cambiado toda su metodología para lograr un efectivo trabajo con sus pequeños. señalan sin embargo que: “Nunca se va a poder comparar con el niño el beso y el abrazo que comunican, ponerse a su altura para poder saber sus necesidades, entender a los niños que aún no hablan por medio de sus gestos y sus ojos”, argumenta Pérez. Además, los talleres, actividades, videos y canciones que envían a sus familias para realizar con los alumnos, se envían desde la intención, porque no todas las familias se comprometen a realizarlas, indica Giraldo.

     

    Gracias a la autoexigencia que debe haber dentro de los hogares, se esperaría que se estimara más la labor de los educadores. Con la metodología virtual, estos trabajadores experimentan un aumento de estrés gracias a inconvenientes con las plataformas digitales, por buscar reinventarse para crear estrategias nuevas pero efectivas que lleguen a cada alumno y también por lo difícil que es evaluar un proceso formativo en ellos, basándose solo en evidencias enviadas por las familias que sí estén comprometidas, como lo expresa Sandra Pérez, pues ha tenido casos de familias que no reportan un proceso de acompañamiento a sus hijos y esto le genera preocupación.

     

    Así se vive desde los hogares

     

    Las medidas de prevención y otros asuntos relacionados con la pandemia por Covid-19 han entrado en los currículos escolares. Foto: Consejería Presidencial para la Niñez y la Adolescencia.

     

    Contexto sondeó la opinión de algunos padres de familia de preescolar en el Colegio Palermo de San José en Medellín, sobre la efectividad de las clases virtuales para los pequeños. Varias de las respuestas, entre ellas la de Carolina Estrada, madre de familia, se inclinaron hacia lo difícil que es lograr una atención total del niño hacia la pantalla, otras personas como la familia Saldarriaga Londoño señalaron que deberían tener más de un solo encuentro a la semana con los profesores. La familia Bernal Tangarife relató a partir de su experiencia que no sólo generaban estrés las tareas, aunque eran sencillas, sino el espacio encerrado en contraste con la energía del niño. Todos concordaron en resaltar el papel del docente, que consideran indispensable.

     

    La gran novedad para las familias es cambiar sus rutinas: tener que lidiar con sus labores de trabajo, las responsabilidades en el hogar y el estudio de los hijos al mismo tiempo todos los días. El ambiente familiar se ha convertido en una oportunidad para experimentar y crear hábitos nuevos, pues el acompañamiento familiar es indispensable en las labores de la escuela.

     

    Paola Andrea Patiño es una madre que desde su hogar acompaña la educación virtual de su hija Celeste de 5 años y señala que ahora trata de quemar las energías de su hija con actividades motivadoras que también la distraigan del encierro pero en la seguridad de su hogar, además se comunican también con sus familiares y amigos, hacen encuentros virtuales que generan efectos positivos en la niña.

     

    “La educación es desde el hogar y, aunque se han brindado diversos canales de comunicación entre las instituciones y las familias, es responsabilidad de cada padre y madre hacer un trabajo más exhaustivo sobre el autocuidado, estar atentos a la conexión con las clases virtuales, variar las actividades que puedan desarrollar la motricidad, atención y coordinación guiadas de las indicaciones de los profesores, pero sobre todo, comprender que el estilo y ritmo de aprendizaje de cada niño es diferente y requieren de su acompañamiento”, añade Patiño, quien además de ser madre, es docente en educación media.

     

    Docentes, directivas y familias están en la tarea de contribuir al proceso formativo de los niños que, como todos, sufren de un aprendizaje en un confinamiento que puede no ser de total entendimiento para ellos. La perspectiva de estos educadores varía, puesto que cada niño y cada hogar son una situación diferente, pero concuerdan en que existe un interés común por generar un beneficio en sus niños y contribuir con su desarrollo.

     

    Según los testimonios aquí recogidos, estos días de aislamiento son una muestra de que la educación en guarderías y colegios se encarga de brindar no solo herramientas, sino compañía y afecto, que se interesa por el bienestar de los niños y que además busca mejorar y aportar de forma positiva en la vida de los pequeños. La educación virtual ha sido un cambio del panorama estudiantil, pero sigue siendo una necesidad para todos como sociedad.

     

    Lea también de la serie La educación desde el encierro:

    “En la virtualidad, nuevos desafíos laborales”

     

     

     

     

     

  • En la virtualidad, nuevos desafíos laborales

    La virtualidad no funciona igual en todos los sectores económicos. Este recorrido muestra contrastes en su aplicación en sectores como el educativo respecto de otros sectores como la publicidad. Datos que revelan lo que implica el nuevo lugar que tienen las tecnologías digitales como apoyo a la producción y testimonios sobre los cambios de las rutinas de trabajo.

     

    La tecnología se ha encargado de desaparecer diversas barreras y configurar un “espacio” para todos, al facilitar la información y rapidez de la comunicación. Durante el confinamiento, en diversos ámbitos pasó de ser cuestionada y desdeñada, a cobrar un nuevo valor como elemento de apoyo a las actividades humanas.

     

    Más de 180 países están atravesando una emergencia sanitaria de impactos sin precedentes. La situación atípica producida por el virus SARS-CoV-2 y la enfermedad que produce (COVID-19), ha traído consecuencias que influyen en las actividades cotidianas en todo el mundo. El sector productivo, la economía, el sector de la salud, los colegios y universidades, el ámbito laboral y los eventos sociales, entre otros, se han visto afectados y obligados a acatar los protocolos que han dictado los gobiernos con el fin de combatir la pandemia. En el caso de Colombia, el presidente Iván Duque decretó el Aislamiento Preventivo Obligatorio con 34 excepciones, de las cuales se excluyen cerca de 6 millones de personas que actualmente trabajan desde casa.

     

    De acuerdo con esto, el Gobierno Nacional invitó a implementar el teletrabajo y el uso de herramientas virtuales como una alternativa durante el confinamiento, pues no implica aglomeración de personas ni interacciones presenciales, lo que ayuda a evitar la exposición al virus. Estas medidas se han convertido en un reto para continuar con la rutina a la que están acostumbrados miles de colombianos.

     

    Virtualidad y aprendizaje: ¿compatibles?

     

    Los colegios y universidades están realizando sus clases virtualmente con la ayuda de diferentes plataformas digitales, lo que ha limitado el aprendizaje, la interacción y las diferentes actividades que se hacían en esos espacios a una reunión por videollamada.

     

    Esta metodología de trabajo ha traído ventajas y desventajas; y estas últimas engloban factores como la falta de capacitación de los docentes y estudiantes, la diferencia de condiciones por falta de recursos, además de que las plataformas suelen colapsar por la congestión de la red.

     

    Yurby Álvarez, profesional en Microbiología y docente de la Universidad Francisco de Paula Santander Ocaña, hace énfasis en el compromiso que tiene como trabajadora de la educación para hacer llegar el conocimiento a sus estudiantes de la manera más clara y precisa. “El mayor reto ha sido tratar de mantener activos a los estudiantes en el momento de las clases virtuales y mantener el contacto directo con ellos a través de todas las herramientas que tenemos. Otra dificultad ha sido la desigualdad de condiciones que encuentro en mis estudiantes ya que no todos tienen acceso a un computador o a conexión de internet. Yo tengo grupos de 22 estudiantes y alcanzo a conectarme máximo con 7 u 8 por clase”, dice la docente.

     

    Asimismo, los estudiantes también han compartido sus pensamientos y experiencias respecto a la modalidad virtual. El tema de las clases virtuales es algo con lo que no todos están familiarizados, por lo que llevar este proceso ha presentado varios inconvenientes.

     

    “Aprender por medio de una clase virtual no se compara con la presencialidad ni con la interacción entre las personas”, cuenta Johan Achury, estudiante de Derecho de la Universidad de Antioquia. De igual modo, el joven comenta que el cambio de entorno —de un aula a un lugar en la casa— también influye en el aprendizaje, puesto que a veces en el hogar se pueden presentar distracciones que interfieren en la explicación de algún tema. Además, laboratorios o actividades al aire libre que, como parte importante de la formación académica se hacían dentro de las instituciones educativas, no se han podido practicar.

     

    El trabajo virtual varía sus dinámicas según el sector productivo al que corresponda. Foto: Daniela Morales.

     

    El teletrabajo: ¿eficiencia o una pérdida de tiempo?

     

    El mercado laboral también se ha visto sometido a los cambios repentinos en las rutinas. Según el Ministerio de Trabajo, más de 100 empresas protegieron el empleo de 41 871 colombianos, utilizando diferentes estrategias en medio de la cuarentena como el trabajo en casa, teletrabajo, garantía y restablecimiento de contratos laborales, vacaciones anuales o anticipadas, jornadas flexibles, aseguramiento de un mínimo vital, entre otros.

     

    Es complicado determinar si el uso de los dispositivos digitales y los servicios que ofrece la virtualidad han repercutido de manera completamente positiva o por el contrario han traído consecuencias negativas sobre los deberes laborales, porque cada caso es particular. Para muchos, el trabajo remoto ofrece más beneficios, como el ahorro de tiempo y dinero que antes se perdía en el desplazamiento hacia los lugares de trabajo.

     

    Por ejemplo, Juan David Cardona, Publicista y Community Manager de la agencia DDB Colombia, afirma que la pandemia y las medidas tomadas para laborar en la cuarentena no lo afectan porque está a “una llamada, un mensaje de WhatsApp o un correo electrónico de distancia”.

     

    No obstante, para otras personas esta opción ha resultado tediosa y poco eficiente, incluso por las mismas razones que otros consideran como ventaja. El espacio en la casa no es el apropiado para realizar las tareas, la interacción personal se hace necesaria, la conectividad a veces tiende a ser lenta y la comunicación no se logra efectivamente. Martha Liliana Álvarez, profesional del Grupo de Asistencia Técnica del ICBF Norte de Santander, a pesar de haberse adaptado a esta nueva modalidad, encuentra ciertos factores que impiden que el trabajo desde casa sea reconfortante. “Se nos olvida muchas veces hacer las pausas activas que en la oficina uno tenía. Estamos terminando una reunión cuando ya empezó la otra. Ya no miramos horarios, se hacen las 8 de la noche y seguimos trabajando”.

     

    Una alternativa no tan viable

     

    Mientras unos pueden hacer home office, a otros se les hace imposible, como ocurre con los trabajadores vinculados a actividades del sector salud, cadena de producción y comercialización de bienes básicos, servicio público, el sistema financiero y seguridad, entre otros encargados de actividades esenciales.

     

    “Aquí los que hacen teletrabajo son las personas que no atienden al público, los del centro de operaciones que son los que verifican créditos, algunos están en teletrabajo, lo que es la parte jurídica está en teletrabajo. Es por secciones. Pero realmente los que tenemos atención al público no”, comenta Beatriz López, Asesora Comercial de la Cooperativa financiera Cotrafa, quien desde que empezó la cuarentena no ha dejado de dirigirse a su oficina para trabajar, —a veces bajo horarios flexibles— en la sede Avenida Oriental de Medellín.

     

    La cuarentena inteligente

     

    Desde el pasado 27 de abril, se han sumado 12.000 empresas del sector de la construcción y la manufactura que empezaron a laborar bajo estrictos protocolos de seguridad, con el fin de reactivar la economía del país.

     

    A partir del 11 de mayo comenzaron a operar otros sectores de la manufactura relacionados con muebles, vehículos, maquinaría, papelerías, librerías y algunos sectores del comercio al por mayor, entre otros. José Manuel Restrepo, Ministro de Comercio, Industria y Turismo, resaltó que, si bien el Gobierno Nacional da el permiso y las instrucciones para reiniciar estas actividades, son los gobernantes locales quienes “tienen la llave de la gradualidad” y pueden indicar cómo se va dando el proceso ya que conocen el contexto de su realidad.

     

    Los gobernantes tienen indudablemente una gran responsabilidad en sus manos en estos momentos de incertidumbre. La coyuntura del COVID-19 los ha obligado a actuar al paso acelerado con el que va el virus y a tomar decisiones convenientes para garantizar la protección del pueblo colombiano. La virtualidad tiene sus beneficios y sus complicaciones; hay personas que están familiarizadas y para otros quizá es difícil de manejar, pero por ahora la mejor opción es adaptarse y hacer uso de ella tanto para clases como trabajo remoto, quienes puedan, y respetar las instrucciones del aislamiento.

     

    Lea también de la serie La educación desde el encierro:

    “Los vericuetos de una nueva educación”

     

     

     

  • Los vericuetos de una nueva educación

     

    A las contrariedades que hasta ahora ha ocasionado el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, que produce la tan mencionada enfermedad COVID-19, se suman, según la UNESCO, aproximadamente 13 millones de estudiantes matriculados a lo largo del territorio nacional en educación básica y media. Desde las primeras semanas del mes de marzo, docentes, directores, coordinadores y alumnos de todas las escuelas públicas y privadas se ocuparon en resolver uno de los retos más significativos en la historia de la educación de nuestro país: dictar y recibir clases completamente virtuales.

     

     

    << Los profesores han tratado de mantener el equilibrio entre el rigor, el método y la comodidad de los nuevos espacios de trabajo. Foto: Alejandro Zapata.

     

    Se necesitaron alrededor de 4 semanas para que el Ministerio de Educación Nacional, —con la orden de Iván Duque de suspender las clases desde el 15 de marzo—, decidiera reanudar el pasado lunes 20 de abril las clases desde los hogares con un paquete amplio para solventar la necesidad y el derecho fundamental a la educación de los jóvenes colombianos, sin desconocer la expectativa de revivir el día a día de profesores y estudiantes, tanto de zonas urbanas como de espacios rurales.

     

    De acuerdo con la Secretaría de Educación de Medellín, cerca de 424.373 estudiantes de instituciones oficiales, de cobertura y privadas retomaron clases desde sus viviendas, a través de medios como celulares, tabletas, computadoras e incluso televisores y radios.

     

    Las cifras no favorecen

     

    No todos los trece millones de niños y jóvenes tienen acceso a las variadas formas de aprendizaje por medio del internet. Wilson Andrés Grajales hace parte de la junta docente de la Institución Educativa Rural Porfirio Barba Jacob, de la vereda El Caney en Santa Rosa de Osos, al norte de Antioquia. Relata que menos del 30% de los estudiantes tienen la posibilidad de conectarse a internet. El fenómeno de desconexión se extiende al municipio de Medellín. De acuerdo con la secretaria de Educación local, Alexandra Agudelo, solo el 30% de los alumnos cuenta con conectividad en sus hogares.

     

    El Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Pontificia Universidad Javeriana, acota que el 96% de los municipios del país no podrán implementar lecciones virtuales en colegios oficiales. Asimismo, el 63% de los estudiantes de educación media de colegios públicos no poseen conexiones a computadores o dispositivos electrónicos, esto teniendo en cuenta que alrededor del 75% de los estudiantes matriculados pertenecen a instituciones públicas.

     

    Luz Karime Abadía, codirectora del Laboratorio de Economía de la Educación, narra que, en el caso de Bogotá, el 68% de los estudiantes tienen una conexión satisfactoria, mientras que en otras regiones sería un reto casi que imposible: “En todo el suroriente del país menos del 5% de estudiantes tiene acceso a internet”. Abadía afirmó que, si el Ministerio de Educación y Tecnologías no establece estrategias rápidas y eficaces para contrarrestar estas cifras, se comprometería el rendimiento de estudiantes en las próximas pruebas PISA y Saber Pro.

     

    Una mirada desde los educadores

     

    La profesora Nidia Peña, durante una de sus sesiones de clase. Foto: Alejandro Zapata.

     

    Nidia Peña hace parte de los casi 437.219 docentes a nivel nacional que venían desempeñando actividades pedagógicas en el aula, 91,4% del total de los docentes censados en el boletín de Educación formal del Departamento Nacional de Estadística (DANE) para el 2018. Según la misma entidad, cada docente en promedio cuenta con 22 alumnos al interior del aula de clase, pero en la Institución Educativa La Pastora de Buenos Aires, comuna 9 de Medellín, en la cual labora Nidia, más de 30 estudiantes conformaban su grupo.

     

    “En mi trayectoria por más de 30 años como profesora, trabajando formalmente nunca me he ocupado de menos de 22 estudiantes en un mismo curso, es difícil encontrar instituciones públicas aquí en Medellín que en los salones tengan menos de 20 estudiantes, en varias escuelas en las que he estado sobrepasan los 40 muchachitos en un mismo salón. Muchas veces a principio de los periodos académicos llegan a pasar de 45 hasta 50 estudiantes en una misma sala”, explica la docente.

     

    Desde su casa, utilizando su pequeño y versátil computador portátil, la profesora prepara los primeros seguimientos y talleres de Emprendimiento para 11 grupos que van desde primero de bachillerato (sexto) hasta media básica (undécimo). A su vez, aún duda cómo podrá dictar clases a sus estudiantes a través de plataformas con las cuales no cuenta su colegio, cómo organizar y enviar talleres a cada estudiante sin saber el correo de muchos de ellos.

     

    “Varios de mis estudiantes no tienen conexiones buenas a un computador, puede llegar a ser para muchas familias un objeto supremamente difícil de conseguir. Eso sí, la mayoría tienen celulares y otros aparatos más accesibles, que en los últimos tiempos se han estandarizado más. Ellos hasta usan mejor los celulares que uno, pero el problema es que no hay métodos tan buenos como lo es el computador”.

     

    Para Nidia y los 63 millones de pedagogos en primaria y secundaria a nivel mundial, es un enorme desafío trasladar todos sus métodos didácticos a las pantallas, no solo los problemas de conectividad afectan, sino también los niveles de capacitación e instrucción en manejo de herramientas electrónicas, aspectos claves que hacen de la interconexión un asunto más abstracto para algunos de ellos.

     

    Volver a los medios tradicionales

     

    Jairo Zapata también desempeña la labor de docente en la Institución Educativa Alfonso López Pumarejo, situada al oriente de la ciudad, comuna 8 (Villa Hermosa). Reconoce que su capacitación en las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) no es la mejor: “Hay generaciones que vienen con el chip, soy de otra generación que no posee la habilidad y la destreza para manejar las nuevas tecnologías; digamos que hay un 20 % de colegas en el colegio sin tanta soltura, pero eso no quiere decir que nos varemos”.

     

     

    << “En casa aprendemos” es el espacio con el que Telemdellín busca apoyar el trabajo con los escolares y sus familias en la ciudad. Foto: captura de pantalla.

     

    Al mismo tiempo, resalta que los medios de comunicación desde las primeras semanas de abril vienen transmitiendo contenidos educativos. En Medellín, el programa televisivo En Casa Aprendemos, es transmitido por el canal municipal Telemedellín, con apoyo de la Secretaría de Educación de la ciudad. La presentadora Paola Sánchez conduce el espacio los martes entre las 10:00 y las 11:00 de la mañana, mientras que los jueves la clase televisada es entre las 2:30 p.m. a 3:30 de la tarde.

     

    Las emisiones incluyen temas como orientación psicológica, contenidos para la pedagogía, entornos protectores, rutinas escolares y aprendizajes. Además, actividades lúdicas e interactivas para niños entre los 0-5 años, vinculados al programa Buen Comienzo.

     

    Educación virtual para estudiantes con discapacidad visual fue el tema del programa del 5 de mayo en el cual invitados como el tiflólogo Juan Bernardo Hoyos narraron las prácticas que apoyan y acompañan a personas con discapacidades visuales. El programa conecta a diferentes estudiantes y padres de familia. Es el caso de Camila Gómez Rivera, estudiante con discapacidad visual junto con su madre Cecilia Rivera que comparten su experiencia en torno al aprendizaje que les ha dejado el confinamiento.

     

    La radio también hace su apuesta en varias universidades, la Universidad de Antioquia con su Sistema de Radio Educativa estimula sesiones de interés cultural a lo largo de su programación. La misma Universidad, con una red de apoyo de voluntarios, articulada por 80 docentes universitarios de inglés, buscan apoyar cerca de 800 profesores de 229 escuelas oficiales incluyendo programas de bilingüismo que se explican por vía telefónica.

     

    Profe en tu casa, es otro de los proyectos radiales y televisivos a nivel nacional que se incorpora a la educación a distancia. Hace parte de la franja educativa Mi Señal, que el pasado 4 de mayo lanzó el Ministerio de Educación Nacional junto con el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

     

     

    El sistema nacional de medios públicos también desarrolló una franja educativa que recuerda los primeros tiempos de este tipo de contenidos. >>

     

    Descubramos STEM y las habilidades 4.0 es el vigésimo octavo programa que se sintonizó en la emisora Radio Nacional de Colombia que entre 9:30 de la mañana hasta la 1:00 de la tarde presenta las voces de invitados como Jennifers Romero, socióloga con maestría en Ciencias Sociales y certificada en Maketing Digital y Nuevas Tendencias, que comentó temas como los principales cambios tecnológicos en los últimos 20 años, las redes sociales y el acceso a la información. Medios análogos para trabajar temas de vanguardia.

     

     

    Nuevos compromisos

     

    Cerca de 20 sedes educativas del corregimiento de Santa Elena, al oriente de Medellín, adoptaron guías físicas de apoyo al trabajo pedagógico. Estrategia que también fue adoptada en los 117 municipios no certificados del departamento de Antioquia. Según Alexandra Peláez, secretaria de Educación, estos materiales ayudarán con las dificultades que en muchos niños y jóvenes aún persisten en cuanto a conectividad. Son 172.000 guías que abarcan los niveles esenciales de escolaridad: lectoescritura y razonamiento crítico a lo largo del territorio rural de forma especial.

     

    Los análisis de Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, señalan que los retos y desafíos de más de 1.500 millones de estudiantes y 63 millones de docentes en más de 190 países, van más allá de la conectividad: “Para reducir las desigualdades existentes, también debemos respaldar otras opciones, como el uso de programas de emisoras de radio y televisión comunitarias, y la creatividad en todas las formas de aprendizaje. Estas son soluciones que estamos estudiando con nuestros asociados de la Coalición Mundial para la Educación”.

     

     

     

  • ¿Por qué la música nos hace sentir?

    En épocas de aislamiento, la música cobra un papel fundamental para preservar la salud mental de las personas. No se trata simplemente de una actividad artística y un medio de entretenimiento, sino también de un lenguaje que comunica, evoca y refuerza emociones.

     

    ¿Cómo se produce la música?

     

    En fracciones de segundo, los sistemas de nuestro cuerpo son capaces de recoger las señales acústicas -es decir, de sonido- y enviarlas al cerebro, para que este las decodifique y les dé significado.

     

    Daniel Joseph Levitin, psicólogo cognitivo, neurocientífico y músico estadounidense, afirma que “lo increíble de la música es que no existe fuera del cerebro. Una sola nota empieza cuando las vibraciones viajan por el aire, lo que hace que el tímpano vibre. Dentro del oído, las vibraciones se convierten en impulsos nerviosos que viajan al cerebro donde se perciben como varios elementos de la música, por ejemplo, tono y melodía. Cuando esos elementos se recombinan, forman un patrón que reconocemos como música. En otras palabras, el cerebro procesa los sonidos que creemos percibir en un todo perceptual que llamamos música”.

     

    El poder de esta expresión artística para sensibilizarnos tiene una explicación: la música es capaz de atraer la atención de una manera más potente que otros estímulos sensitivos. Josefa Lacárcel Moreno, investigadora de la Universidad de Murcia, plantea que “el oído es el más cualificado de los estímulos sensoriales cerebrales. De estos: el 20% corresponden a la vista, el 30% corresponden al gusto, olfato y tacto, el 50% corresponden al oído, que despierta e impulsa al cerebro, además de protegerlo contra el deterioro”.

     

    La música en vivo refuerza la experiencia sensorial que beneficia las funciones cerebrales. Foto: UPB Colombia.

     

    La relación entre la música y la salud mental

     

    “Es un colchón de salvación para no darse tan duro contra el mundo”, dice Carlos Andrés Mesa, director musical y especialista en Guitarra Clásica de la Universidad de Antioquia. Para él, el arte de la musa Euterpe es un elemento “vital” para el ser humano que “nos permite hacer la realidad un poco más llevadera y nos saca del confinamiento mental en el que estamos inmersos, que es incluso más peligroso que el físico”.

     

    Durante la cuarentena, existe una mayor propensión a manifestar sentimientos de soledad, ansiedad y depresión. Para Astrid Arrieta Morales, presidenta de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, “el 40% de la población tiene mayor probabilidad de padecer algún tipo de problemas relacionados con la salud mental y se van a duplicar las cifras de padecimientos como la depresión”.

     

    Es importante tener presente que “cuando nos acompaña la depresión es porque andamos muy atentos a lo que nos ocurrió en el pasado. Cuando nos acompaña la ansiedad es porque estamos muy atentos a lo que pasará en el futuro. La soledad aparece cuando no sabemos estar con nosotros mismos. El confinamiento genera precisamente esa necesidad de mirar hacia adentro y encontrarnos con las cosas que no son tan fáciles de abordar en nuestro ser interior. Todo esto se puede explicar de esta manera si no existe un trastorno de salud mental de base”, afirma la psicóloga Ana Mercedes Restrepo.

     

    Las patologías mencionadas anteriormente “pueden desencadenar en crisis agudas, afectando la salud mental del individuo y demás personas alrededor de este, alterando la dinámica familiar y de pareja, si se cuenta con ella”, reafirma la psicóloga y especialista en trabajo social familiar, Claudia Elena Arteaga Valderrama.

     

    “Cuando un ser humano tiene la habilidad, está en el aprendizaje y entra en contacto con el instrumento musical, este le permite de alguna manera contactarse consigo mismo para permitirse sentir, canalizar y hacer catarsis con las emociones que lo acompañan”, agrega Restrepo.

     

    Carlos Andrés Mesa cuenta que el entrenamiento musical no solo lo mantiene mentalmente sano a él, sino también a otros miembros de su familia. “Las amigas de mi hija le escriben diciéndole que se están enloqueciendo, que andan muy aburridas en la casa. Le preguntan que si también está aburrida, y ella les dice que no, porque ella está en un ambiente muy diferente en el que todo el tiempo está tocando el violín, escuchando música o bailando ballet… Las amiguitas de ella están que se enloquecen, pero es porque en sus hogares no les ofrecen ese espacio para que estimulen el cerebro desde otro punto de vista, en este caso con la música”.

     

    Un arte mágico

     

    Debido al abrupto cambio de rutinas que implica el confinamiento, Carlos se dedica a estudiar música todo el día, desde las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche. Se sumerge en una realidad totalmente diferente, tanto que a veces “ni me acuerdo de qué es lo que está pasando afuera del mundo”.

     

    “No es lo mismo estar sentado viendo televisión y pensando en tantas cosas. Mientras vos estás tocando un instrumento, por tu cabeza solo pasan notas y melodías. Se rompe el mundo exterior y se queda la música. Ella te transporta a otra dimensión y cuando terminas de tocar, vuelves al espacio donde estabas”. Ese, según Mesa, es el efecto más “teso” que tiene este arte.

     

    En 2011, un estudio realizado por la Universidad McGill de Canadá descubrió que escuchar e interpretar música incrementa la producción de dopamina en el cerebro. Este químico contribuye al mejoramiento del estado de ánimo, ofreciendo una sensación de placer.

     

    “Cuando estás haciendo algo divertido, en este caso interpretar un instrumento, de entrada, esa información llega al cerebro y se activa la dopamina, un neurotransmisor que nos permite sentir placer, motivación, seguridad, tranquilidad y bienestar. Incluso está demostrado que ayuda en la toma de decisiones y en la liberación del estrés. La dopamina también potencializa los procesos de aprendizaje”, dice Restrepo.

     

    Según Arteaga, esta sustancia “regula funciones importantes en nuestro cuerpo como la memoria, el sueño, el movimiento, el estado de ánimo, entre otros. El exceso o falta de dopamina puede ocasionar problemas en la salud como Parkinson y/o esquizofrenia”.

     

    “Con la música también hay una muy bonita liberación de serotonina y endorfinas. La serotonina genera cosas muy interesantes. Es conocida como la hormona de la felicidad”, dice Restrepo. “En este caso, la música se va a parecer a otras cosas, como por ejemplo comer chocolate, hacer ejercicio o estar enamorado”, dice Jairo Moreno Ramírez, profesor del colegio San José de Las Vegas.

     

    De acuerdo con Arteaga, además de las anteriores sustancias químicas que se generan en el organismo como efecto de la actividad musical, otra hormona que se libera es la oxitocina, la cual “nos lleva a sentir confianza con nosotros mismos y con los demás”.

     

    “Yo pongo los dedos en el piano y van saliendo noticas, y esas noticas pareciera que son una cosa. Y puede que sean una cosa, pero es el alma la que está sonando… Tuvimos la fortuna de haber sido tocados por el hada de la música”, dice Moreno, quien a pesar de que al momento de compartir su testimonio para este reportaje llevaba 50 días solo en su casa, manifiesta que la música lo llena espiritualmente: “Me nutre, me abraza, me asombra”, dice. La mayor parte del tiempo se le va componiendo canciones y dictando clases virtuales desde su lugar preferido, su estudio de grabación, al cual considera como un “santuario”.

     

    “Cuando escuchamos o hacemos música, hacemos que en nuestro ser y en nuestra alma se evoquen emociones y recuerdos, los cuales se conectan con las emociones y viceversa. Al llegar el mensaje musical, el cerebro lo recibe, lo interpreta y detonará en cada persona cosas distintas. La música comunica, hace recordar y sentir cosas”, concluye Restrepo. “Es algo que no se puede hacer sin el alma, sin el corazón”, enfatiza Moreno.

     

    La relación entre la música y las emociones es evidente, según Arteaga, ya que esta “puede influir de una manera positiva o negativa según el trastorno y el tipo de música que se escuche, es decir que para una persona con ansiedad no es recomendable cierto tipo de música como el rock pesado o el heavy metal, ya que genera mayor ansiedad. Las personas que presentan trastorno de depresión deben escuchar un tipo de música alegre. En estos casos se recomienda música relajante, clásica, ya que pueden relacionar lo que están escuchando con la situación que están viviendo”.

     

    ¿Puede la música hacernos más sociables?

     

    “Cuando se libere esta situación, cuando la gente pueda reunirse, la música va a convertirse en un imán muy teso para reunir a la gente que hoy está con mucho miedo”, dice Carlos Andrés Mesa, guitarrista clásico.

     

    Arteaga agrega que el contacto frecuente con la música “ayuda a tener habilidades sociales, fortalece los vínculos con los demás personas, desarrolla la capacidad de sensibilidad, fomenta la disciplina, reduce los niveles de estrés y fortalece la autonomía”.

     

    Stefan Koelsch, profesor de Psicología de la Música de la Universidad de Berlín, resalta la capacidad de la música para generar sentimientos de imitación y empatía. “Mientras hacemos música, volvemos a vivir todas esas experiencias y ponemos en marcha todas esas funciones sociales, es decir, averiguamos qué quiere el otro o qué intenta o qué desea o qué cree, sin que nos lo diga explícitamente. Hay experiencias emocionales en las que después de hacer música juntos, todos nos sentimos felices mientras antes, en cambio, quizás estábamos enfadados”.

     

    El resultado de todo ello es una especie de cohesión social donde “nos gustamos más que antes, estamos más unidos que antes, confiamos más los unos en los otros, pensamos que el otro nos ayudará cuando nos sintamos solos o tengamos un problema”, enfatiza el investigador alemán.

     

    La unidad social que provoca la música se debe a la universalidad de este arte. “Todos tenemos música, porque todos somos música. La respiración tiene un ritmo, el corazón produce ritmo, la circulación produce ritmo, nuestro acento tiene melodía… Somos músicos de nacimiento, así no lo asumamos”, manifiesta Moreno.

     

    “La música es el arte más global. No la podemos evitar, es inherente al ser humano. Todas las personas que hay en el mundo se conectan con la música de diferentes formas”, dice Mesa Cano. “Si tú estás por ahí en algún lugar, lo primero que el cerebro hace es silbar, cantar una canción, palmotear un ritmo o sonar algo. No tienes que ser músico para eso. Es una de las artes más sublimes; está impresa en nuestra piel y la encuentras en cualquier momento. Antropológicamente hablando, lo primero que surgió fue el sonido”.

     

    La sincronía con un ritmo y una melodía se produce al interpretar y escuchar y es prueba de los efectos sensoriales de la música. Foto: UPB.

     

    ¿Nos hace más inteligentes?

     

    El entrenamiento musical frecuente implica la interacción de diversas estructuras cerebrales que favorecen el desarrollo cognitivo. Es utilizado en bebés y niños para la estimulación del aprendizaje. Según Anita Collins, experta en educación neuromusical, “tocar un instrumento involucra prácticamente todas las áreas del cerebro a la vez, en especial las cortezas visuales, auditivas y motoras”.

     

    Collins también asevera que reproducir música “aumenta el volumen y la actividad del cuerpo calloso, elemento que sirve como puente entre los dos hemisferios (izquierdo y derecho)”. Mientras mayor sea el tamaño de esa estructura, más rápido se produce el intercambio de información interhemisférica. En pocas palabras, la práctica musical desarrolla ambos hemisferios de manera simultánea.

     

    Esto permite entender porqué los que interpretan algún instrumento con frecuencia son capaces de resolver problemas de manera más creativa tanto en entornos académicos como sociales, a la par que crean, recorren y recuperan recuerdos con mayor rapidez y eficacia. “Tocar música es el equivalente cerebral de un entrenamiento de cuerpo completo en el gimnasio”, concluye la investigadora.

     

    “Tienes que estar pendiente de que tu sonido y tus golpes estén en el lugar indicado, que estés tocando la nota que es, los acordes que son, y a la vez leyendo la partitura, mientras escuchas lo que está haciendo el resto. Es un proceso muy grande, como una especie de rompecabezas”, afirma Simón Henao Zuluaga, estudiante de música de Eafit y docente de batería en la academia Musicreando. Para él, la música es como aprender otro idioma puesto que “tienes que aprender a leerlo, escribirlo, hablarlo y convivir con él”.

     

    Por ello, Moreno considera a este arte como “la disciplina más completa de la humanidad”.

     

    La terapia musical

     

    Esta manifestación artística también es utilizada como un valioso recurso para mejorar la calidad de vida de los pacientes a través de la musicoterapia. Según la World Federation of Music Therapy (WFMT), “la musicoterapia consiste en el uso de la música y/o de sus elementos musicales (sonido, ritmo, melodía, armonía) por un musicoterapeuta, con un paciente o grupo, en el proceso diseñado para facilitar y promover la comunicación, el aprendizaje, la movilización, la expresión, la organización u otros objetivos terapéuticos relevantes, con el fin de lograr cambios y satisfacer necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas. La musicoterapia busca descubrir potenciales y restituir funciones del individuo para que este alcance una mayor organización intra e interpersonal y, consecuentemente, una mejor calidad de vida a través de la prevención y rehabilitación en un tratamiento”.

     

    La musicoterapia se ha constituido en los últimos años como un método bastante efectivo para el tratamiento de patologías tales como el autismo y la afasia (pérdida o trastorno de la capacidad del habla). De acuerdo con un informe del Centro Alemán de Investigación de la Musicoterapia, “la música implica comunicación y, como tal, se puede emplear para entrenar habilidades de comunicación no verbal, lo que puede ser muy útil en el caso de alteraciones conductuales y autismo”.

     

    Si bien la terapia musical no ha demostrado resultados concluyentes en el tratamiento de pacientes con demencia, los neurólogos españoles Gema Soria Urios, Pablo Duque y José García, afirman que “la práctica de la musicoterapia con las personas con demencia nos ha permitido ver que la música influye en su comportamiento y su humor, ya que puede hacer que estén más tranquilas”.

     

    ¿Nos sonará igual después de la cuarentena?

     

    Carlos Mesa prevé un auge muy grande de la música. “Cuando se libere esta situación, cuando la gente pueda reunirse, la música va a convertirse en un imán muy teso para reunir a la gente que hoy está con mucho miedo. Miedo de acercarse al otro, de saludarlo, de hablarle… En este momento, todo el mundo sospecha dónde estuvo el otro y si esa persona los va a enfermar o no. Para romper esos temores, creo que va a ser infalible la utilización de la música. La música te lleva a bailar con el otro, a cogerlo, a tomarlo de la mano. Seguramente vamos a presenciar el surgimiento de grandes orquestas después de esta coyuntura”.

     

    Como dice la canción de la compositora española Lucía Gil que se ha hecho famosa por estos días, difundida mediante las diferentes redes sociales y plataformas digitales, “volveremos a juntarnos, volveremos a brindar. Un café queda pendiente en nuestro bar.” Llegará ese momento en el que “romperemos ese metro de distancia entre tú y yo, ya no habrá una pantalla entre los dos”.

     

    Jairo Moreno considera que las diferentes manifestaciones de las estéticas musicales se han hecho presentes de una manera vistosa en todo el mundo, desde muchos puntos de vista. Desde los músicos mismos que en España y en Italia han salido a los balcones a tocar su chelo o su guitarra. Sin embargo, para él, este arte “no necesita más relevancia de la que tiene. Seguirá siendo lo que es, una compañía impresionante, parte de la ropa de la humanidad, parte de lo que nos ponemos todos los días. Más bien, yo lo que creo es que la gente después de esto va a aprender a valorar las cosas que se habían vuelto paisaje”.

     

    La figura de los artistas se convierte en una ícono evocador de las emociones suscitadas por sus composiciones. Otro elemento clave de la experiencia en vivo. Foto: UPB.

     

    El concierto de la esperanza

     

    El pasado 1 de mayo, se transmitió por la televisión nacional un concierto llamado “Colombia cuida a Colombia”, con el fin de llevar un momento diferente a cada hogar, además de recaudar donaciones destinadas a las personas más necesitadas. Esta iniciativa ha logrado entregar alrededor de 10 mil toneladas de alimentos, beneficiando cerca de 1.3 millones de personas en condición de vulnerabilidad, en más de 150 municipios del país.

     

    Entre los artistas que participaron en el evento estuvo Fonseca, quien interpretó una de sus más recientes producciones, la canción titulada “Lo que ayer era normal”, en la cual sus versos expresan algunas de las situaciones y emociones que muchos pueden estar sintiendo en esta época de crisis:

     

    “Ahora es que entiendo lo que el tiempo vale,

    Y vale más cuando tú lo compartes,

    ¿Cómo no nos dimos cuenta antes?

     

    Cierra los ojos, para encontrarnos frente a frente,

    Y que este abrazo, dure en el alma para siempre.

    Nunca sentí, esta necesidad urgente

    De que supieras, lo importante que es tenerte.

    Esta lejanía, duele cada día…”

     

    Porque para el artista bogotano, “Lo que ayer era normal, hoy es lo más grande de esta vida”.

     

    “El arte es eso: lo que nos hace llorar, reír, recordar muchas cosas y nos aísla un poco de la realidad que estamos viviendo, que es muy dura, pero es una realidad en la que si nos quedamos de brazos cruzados, nos vamos a enloquecer”, puntualiza Henao.

     

    “Soportaré los golpes y jamás me rendiré… Me volveré de hierro para endurecer la piel, Y, aunque los vientos de la vida soplen fuerte. Soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie”. Así versa la icónica canción “Resistiré”, relanzada en el mes de abril e interpretada en esta ocasión por artistas como David Bisbal, Álex Ubago, Rosana, Carlos Baute, Manuel Carrasco, Melendi, entre otros, como mensaje de resiliencia frente a las peripecias que hoy experimenta el mundo.

     

    Además, por estos días, algunos artistas como Residente, sacan canciones que acompañan la coyuntura actual, tratando de acercarse a las personas por medio de la música. ‘Antes que el mundo se acabe’ envía un mensaje de amor y esperanza para hacer más llevadera la situación. “Ni la pandemia más fuerte que anda matando personas me separa de ti, por eso contigo la distancia social no funciona. Y si estás lejos no importa, porque la luz de la tarde nos une”.

     

    Lo que queda claro es que hoy más que nunca, la gente se aferra a la música como herramienta para escapar de la monotonía y el encierro, para hallar en sus melodías sosiego a partir del mero hecho de sentir.

     

     

     

     

     

     

     

  • Confinamiento mayor: entre el aislamiento y el olvido

    La vida en los centros de bienestar para adultos mayores durante el confinamiento por el nuevo coronavirus no ha sido precisamente agradable. A pesar de los esfuerzos de algunos cuidadores por sobrellevar la situación con alegría, algunos centros de este tipo luchan por sobrevivir en medio de la pandemia en medio de un mayor nivel de riesgos y diversas formas de olvido, que no distinguen condición social.

     

    El inicio de una nueva forma de confinamiento “inteligente” incluye el anuncio de que los adultos mayores seguirán obligados a permanecer aislados. Cuidados especiales, explican algunos; un atropello al libre albedrío de los que precisamente son más expertos, opinan otros. El debate sobre la situación de estas personas durante la pandemia se avivó con las imágenes de un anciano vendedor callejero, detenido en las calles de Bogotá, en un procedimiento de fuerza desproporcionada, como lo sostuvieron la alcaldesa Claudia López y el comandante de la Policía Metropolitana. El cuidado de los adultos mayores ha sido un elemento clave de la emergencia sanitaria en varios países y en nuestro país está compuesto de facetas diferentes que muestran el impacto social de la llegada del virus.

     

    Descuido mundial

     

     

    << Un hogar geriátrico en Quebec se convirtió en triste ejemplo de los riesgos de abandono de los adultos mayores en la pandemia. Foto: Radio Canada.

     

    Cifras oficiales citadas por la BBC, indican que en España se cuentan por docenas las muertes en las residencias para adultos mayores, muchos de los cuales se encuentran en condiciones deplorables, como se pudo constatar en abril pasado durante inspecciones de la Unidad Militar de Emergencias (UME) cuando acudía a desinfectar uno de los asilos y encontró cadáveres de algunos ancianos abandonados en las camas del lugar, mientras los demás residentes se encontraban conviviendo con los cuerpos.

     

    Los hogares geriátricos ya no dan abasto, de hecho, durante el mes de abril, uno de cada tres muertos a causa de coronavirus en España, vivía en un centro de este tipo. Por todo esto, las autoridades, aseguran que están haciendo todo lo posible para asistir estos lugares, no solo para desinfectarlos, sino también para brindarles implementos médicos.

     

    En el ancianato Herron en Quebec, encontraron a 31 adultos mayores muertos en los primeros días de la emergencia por la Covid-19. Según el diario Montreal Gazette, los funcionarios de entidades sanitarias gubernamentales que participaron en el rescate encontraron pacientes que parecían no haber sido alimentados en varios días, pañales llenos de excremento y enfermos en el piso. De estos 31 casos, se confirmaron 5 muertes por coronavirus.

     

    Un pequeño hogar para ancianos llamado Centro de Cuidados de la Vida, de Kirkland, en el Estado de Washington, se convirtió en un foco de propagación cuando el virus comenzaba a esparcirse por Estados Unidos: en las últimas semanas de febrero el establecimiento reportó mediante llamadas al 911 que estaba siendo golpeado por otra gripe.

     

    Los equipos médicos fueron enviados como se hace de manera rutinaria, pero lo que no sabían, es que estaban ante casos de Covid-19 que ocasionaron que, en pocos días, docenas de personas en este pequeño suburbio de Seattle entraran en cuarentena, incluyendo estudiantes universitarios, policías y bomberos.

     

    Italia es uno de los países en peor estado a causa de la Covid-19, los ancianatos tuvieron que cerrar sus puertas, enfermeros y asistentes médicos tuvieron que recluirse con sus pacientes para protegerlos a ellos, a sí mismos y a sus familias.

     

    Zlatka Vargova-Carai, residente de Roma que internó a su tía en Cagliari Casa di Riposo, en la isla Cerdeña. Afirmó que “en las casas de reposo se come, duerme (tanto el personal que solo sale para abastecer el lugar, como los residentes) y se paga la mensualidad”, sin embargo, afirma que el gobierno “no ha cerrado las visitas familiares a tiempo, por lo que, lograron entrar muchos portadores del virus a estos establecimientos, causando la muerte de muchísimos ancianos de adentro”.

     

    Vargova – Carai afirma también que, en el caso del ancianato de su tía y unos que otros asilos italianos, “han cerrado a tiempo las visitas familiares, además de que entre pacientes tampoco pueden visitarse, por lo que,algunos como su tía que se encuentra en privado, están muy bien porque tienen jardines y parques: están bien, pero sin visitas”.

     

    Los refuerzos en Colombia

     

    Colombia cuenta con diferentes iniciativas para la protección del adulto mayor. De acuerdo con el Fondo de Solidaridad Pensional (FSP), “El Programa de Protección Social al Adulto Mayor “Colombia Mayor”, busca aumentar la protección a los adultos mayores que se encuentran desamparados, que no cuentan con una pensión o viven en la indigencia o en la extrema pobreza; por medio de la entrega de un subsidio económico”. EL FSP, vinculado al Ministerio de Trabajo, cuenta con el principal objetivo de destinar subsidios a grupos de poblaciones sin acceso a los Sistemas de Seguridad Social por sus condiciones económicas.

     

    No obstante, los hogares y centros de cuidado para la vejez no hacen parte del programa puesto que no pueden ser tratados como particulares y las personas que se encuentran internadas, se enfrentan con los retos de la soledad al no poder ver a sus familias y del abandono gubernamental al no ser tenidos en cuenta en medio de una pandemia que los pone en un riesgo mayor que al resto de la población.

     

    Según el censo realizado por el DANE en 2018, en Colombia hay 48.258.494 personas aproximadamente, de las cuales 329.093 habitan en Lugares Especiales de Alojamiento (LEA) como cárceles, asilos, entre otros. 9.1% tienen 65 años o más, lo que genera una gran necesidad de protección a los LEA y al porcentaje de adultos mayores que habitan en estos hogares.

     

    Antioquia y el reto de salud física y mental

     

    Las comodidades de recintos como el Refugio Bernarda Uribe de Restrepo en Envigado son un complemento de la compañía que necesitan las personas mayores. Foto: Refugio Bernarda Uribe de Restrepo.

     

    En la comodidad de un complejo para seniors o en la austeridad de un hogar auspiciados con dineros de los gobiernos locales, el aislamiento va haciendo mella. Las estrictas medidas que, al menos hasta fines de abril mantuvieron a raya el virus en estos lugares, también aumentan la soledad.

     

    El Hogar Girasol en San Antonio de Prado, Antioquia, es uno de los de los 1.216 hogares para ancianos en Colombia que se vio obligado a tomar medidas preventivas debido a la llegada de la Covid-19 al país: la restricción de visitas y el refuerzo en la limpieza fueron unas de las primeras prevenciones que tomó el establecimiento con el comienzo del aislamiento preventivo decretado por el Gobierno.

     

    A pesar de los esfuerzos, muchos ancianos, al ver que sus familias ya no los visitaban, se desesperaron, incluso algunos se tornaron violentos; tenían días en los que su estado de ánimo se vio afectado por el hecho de no poder ver a sus seres queridos, no entendían qué estaba sucediendo y fue por medio de las noticias que comprendieron que se trataba de un nuevo virus exportado y que la tasa de mortalidad en los adultos mayores era más alta, por lo que terminaron cediendo.

     

    Gracias a las distracciones que les brindan las trabajadoras del asilo, los adultos del Hogar Girasol han logrado entretenerse para no generar estrés y depresión como consecuencia de la situación. Con el confinamiento se suspendieron muchas de las actividades que se realizaban con frecuencia, como las visitas domiciliarias de los médicos, actividades con los voluntarios y religiosas que ofrecían la comunión cada 8 días, con las enfermeras y auxiliares, se han visto obligadas a realizar turnos de 12 y 24 horas, cuando antes laboraban normalmente en turnos de 8 horas.

     

    Sin embargo, económicamente el hogar ha tenido inconvenientes debido al incumplimiento de los pagos por parte de las personas encargadas de los ancianos y el aumento en el precio en algunos productos de comida, implementos de limpieza y medicamentos que son necesarios para el tipo de labor que desempeñan. “No obstante, la institución logra sostenerse pagando los gastos básicos a medida que ingresa dinero y tratando en lo posible de no acumular gastos de un mes para él otro”, aseguró Estella Montaño Acevedo, gerontóloga y directora del Hogar Girasol. Las principales causas de atraso en los pagos por parte de los familiares de los internos, se debe a que algunos de los acudientes toman el dinero de la pensión de los abuelos y lo utilizan para cubrir sus gastos personales, dejando en último lugar las necesidades del usuario que reside en la institución.

     

    Mientras tanto, en el Refugio Bernarda Uribe Restrepo de Envigado, se vive una situación muy similar a la del Hogar Girasol, con la única diferencia de que los ancianos solo salen de sus habitaciones al restaurante para comer y dar un paseo al día por el establecimiento, todo esto con el distanciamiento adecuado para evitar contagio. Los únicos que tienen autorizado salir del asilo son los miembros del personal médico, que lo hacen para abastecerse tanto de comida, como de medicamentos. Los habitantes de este refugio se comunican con sus familiares mediante videollamadas desde dispositivos brindados por los trabajadores del lugar.

     

    El Ancianato Nazareth en Sabaneta, el cual se hace cargo del cuidado de 57 abuelos, es uno de los muchos centros de bienestar en Antioquia que se vio obligado a suspender sus actividades y el ingreso de personas externas al hogar. La jefa de enfermería Girlesa Quintero, aseguró que “los adultos mayores que se encuentran en el establecimiento son conscientes de lo que estamos viviendo y lo han sabido llevar de muy buena manera”. Los 22 trabajadores que se encuentran laborando estuvieron internos el primer mes del confinamiento obligatorio; entre estos se encuentran practicantes, enfermeras, terapeutas físicos, nutricionistas, cocineras y personal de servicios generales. Para abastecerse, el establecimiento pide los alimentos a domicilio y los desinfectan en la portería, la medicina de los abuelos corresponde llevarla al centro la respectiva EPS de cada uno.

     

    Los residentes de Senior’s Club San Lucas, en Medellín, se han visto obligados a permanecer encerrados en sus apartamentos desde que el establecimiento comenzó a tomar las medidas decretadas por el Gobierno Nacional en la semana del 15 de marzo. “La residencia nos mandó un comunicado en donde nos informaban que no podíamos salir y que muchas de las zonas comunes quedaban cerradas hasta nuevo aviso, además debemos mantener una distancia prudente y no podemos realizar visitas entre los que vivimos acá”, comenta Consuelo Peláez, habitante de este centro de bienestar, un complejo de apartamentos en los que se encuentran aislados sus habitantes desde el inicio del confinamiento.

     

    El Club ha buscado la manera de seguir atendiendo y ayudando a sus adultos mayores, por lo que servicios básicos de restaurante y enfermería siguen laborando, incluso a algunos de sus trabajadores les fueron cedidos apartamentos para residir de manera temporal y evitar el riesgo de contagio. Consuelo, en la comodidad solitaria de su apartamento, busca distraerse de diversas maneras, como, por ejemplo, cocinar, escuchar música, tejer, limpiar y desempolvar, hablar con sus amigas y familiares por teléfono y con sus vecinas desde el balcón o la puerta de su hogar.

     

    La Política Colombiana de Envejecimiento Humano y Vejez afirma que “las políticas públicas orientadas a garantizar un envejecimiento activo buscan promover condiciones que permitan a las personas tener una vida larga, satisfactoria y saludable”. Sin duda, la emergencia sanitaria ha puesto a prueba este propósito mientras la vida que hoy llevan los adultos mayores es un recordatorio de que la gestión de servicios de salud no es solamente evitar el contagio de la Covid-19.

     

     

     

     

  • Covid-19, una mirada desde la periferia

    Impactos locales de la crisis global. Una mirada desde dos puntos diversos de la geografía nacional que deja en evidencia los rasgos de cada región y los problemas del centralismo predominante en el país.

     

    Las crisis por la pandemia han marcado con huella imborrable la vida de todas las personas a lo largo y ancho del globo. En medio de la aflicción y la alerta por lo que sigue siendo una amenaza incógnita sobre la salud integral, sino también sobre los hábitos y costumbres de una sociedad que ha visto de frente muchos de sus peores problemas en estas semanas, como ha sucedido en nuestro país con el hambre, la falta de servicios públicos y la escasez de hospitales e insumos médicos.

     

    Colombia es uno de los países latinoamericanos menos afectados, a juzgar por las cifras de personas enfermas y fallecidas, respecto de lo que pasa con vecinos como Brasil o socios comerciales como México y Chile. Desde el 18 de marzo, el presidente Iván Duque anunció un conjunto de medidas que el Gobierno Nacional ha precisado, para contrarrestar el virus en medio de la declaratoria de Estado de Emergencia.

     

    Algunas de las medidas consisten en la provisión de recursos para el sistema de salud para los requerimientos en materia hospitalaria; giros adicionales para más de 10 millones de colombianos beneficiarios de Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Colombia Mayor y otros que ahora necesitan ayuda al quedarse sin fuentes de ingresos; servicio gratuito de agua para un millón de familias que carecían de ello por falta de pago; devolución del IVA para la población más vulnerable del país y créditos mediante el Fondo Nacional de Garantías para el acceso financiero de las pequeñas y medianas empresas.

     

    Aún cuando se anunció para el 31 de mayo el fin de la cuarentena obligatoria, todavía es incierto el comportamiento del virus; más en contextos en los que el riesgo se mezcla con otros problemas. Riohacha, Buenaventura, Montería, Valledupar, Sincelejo, Ciénaga, para mencionar solo ciudades capitales e intermedias son ejemplos de localidades donde la pandemia y las medidas de prevención llegó mientras persisten situaciones de hambre, falta de aguas limpias e instalaciones de salud adecuadas. Realidades que como la de Leticia, principal foco del virus por estos días debido a la debilidad de su sistema sanitario, contrastan con las de grandes capitales que incluso se proyectan como modelos o respaldo para otras regiones como Medellín o Bogotá.

     

    Cisneros, con la “rienda cortica”

    Por su historia con el ferrocarril, Cisneros es uno de los principales puntos de referencia del Nordeste antioqueño.

    Foto: Juan Guillermo Arenas.

     

    Este municipio ubicado al nordeste del departamento de Antioquia limita al norte con el municipio de Yolombó y al sur con Santo Domingo, con una superficie de 46 kilómetros y una altitud de 1050 metros sobre el nivel del mar.

     

    El 3 de febrero de 1910, fue fundado por Francisco Javier Cisneros, el ingeniero cubano gestor del Ferrocarril de Antioquia, cuya obra dio paso al mercado de las industrias y comercios de Medellín, transformando el territorio habitado años atrás por indígenas Tahamíes, en una ruta para las actividades económicas.

     

    Su categoría como municipio fue tomada en 1923 y desde entonces sus actividades financieras han crecido en sectores como el turismo, la agricultura de caña de azúcar y café, la ganadería de leche y carne, la minería de oro y plata y, por supuesto, el comercio que beneficia a sus 9.775 habitantes, según cifras del censo de 2018.

     

    Ante la pandemia por coronavirus, el alcalde del municipio ha impuesto medidas de aislamiento para toda la población, apoyado en la vigilancia y gestión de la Policía Nacional. Los controles estrictos no impidieron que el virus se presentara. Álvaro Helvert Isaza Cadavid, conductor de la ambulancia del municipio, fue testigo de excepción en la llegada del virus en esta pequeña localidad del nordeste antioqueño.

     

    Un paciente procedente de la vereda La Manuela del vecino municipio de Santo Domingo, fue trasladado en una de las ambulancias de la compañía minera Antioquia Gold, el pasado siete de abril al hospital E.S.E. San Antonio Cisneros; su ingreso se dio en las horas de la mañana con un registro de síntomas de dolor abdominal.

     

    Al momento del ingreso se realizó la respectiva valoración por parte del equipo médico en servicio. Después de diversos análisis se llegó al diagnóstico de una hernia inguinal, razón por la cual debía ser trasladado a la ciudad de Medellín, donde se cuenta con mayor capacidad para un diagnóstico preciso y los procedimientos quirúrgicos adecuados para el caso que se había identificado al momento. El paciente en cuestión fue trasladado en las horas de la tarde y recibido en el hospital La María, con todas las precauciones necesarias.

     

    Un día después de la operación de hernia, el paciente comenzó a presentar dificultad respiratoria y reveló que días antes había fiebre y gripe. Los médicos encargados procedieron a realizar una prueba de rayos x que mostró que los pulmones estaban congestionados. La prueba para COVID-19 que se realizó de inmediato dio positivo, lo que obligó a envíar la información al hospital remitente, a 86 kilómetros de camino.

     

    Las cinco personas que tuvieron contacto con el paciente fueron puestas en cuarentena, la empresa VINUS (vías del Nus) se dio a la tarea de realizar la desinfección tanto del hospital como de las calles del municipio.

     

    La noticia también tuvo efectos indeseados, como actos de acoso al personal médico, originados en el temor de la comunidad. Ane la situación, la gerente del hospital, Claudia Lucía Barrera, hizo un llamado al respeto, con el apoyo de medios locales de comunicación como Mi Cisneros. “Algunos establecimientos se negaron a atender al equipo médico. Esto me causó mucho dolor y por dicha razón me ofrecí públicamente con un amigo a gestionar las necesidades de compras de estas personas; al fin de cuentas, somos la prensa al servicio de la comunidad, tenemos la ventaja de estar libres las 24 horas para informar, con la característica de reciprocidad que apoya a todo el personal de comercio, autoridades y Alcaldía”, relató Juan Guillermo Arenas Marín, director del medio informativo.

     

    Los rumores hablaban de confinamiento del hospital y azuzaban los ánimos a partir de algunas inconformidades que surgieron por las medidas de cuarentena. Los chismes hicieron más difícil el trabajo de las autoridades.

     

    Juan Camilo Ortiz Pérez, coordinador médico del hospital de Cisneros explica:

    “Cuando se tuvo la información de que el paciente atendido dio para positivo, de inmediato les informamos a todas las personas que tuvieron contacto con él por más de 15 minutos; en este caso fueron cinco funcionarios y la persona que lo acompañaba. Se les dice que deben estar en cuarentena, que vamos a realizar el seguimiento”. El equipo constató la información sobre el paciente para verificar si era el mismo diagnóstico de la persona que había dado positivo para el virus y evitar un error del momento.

     

    “Durante los días de aislamiento preventivo obligatorio se hizo un seguimiento forzoso, yo fui el encargado de hacerlo vía telefónica y se les preguntó si tenían tos, fiebre, dificultad para respirar, fatiga o incluso síntomas menos comunes como diarrea; nadie presentó síntomas. Con esta información se diligenció una ficha que es tipo encuesta y se enviaba todos los días a la Dirección Departamental de Salud Pública, donde están los encargados de hacer los seguimientos de los casos”, reveló Ortiz.

     

    En aquellos siete días se realizaron las pruebas de COVID-19, la espera fue corta y al cabo de tres días los resultados esperados dieron negativo. Sin embargo, el proceso de prueba no terminó ahí, puesto que la cuarentena debía durar 14 días , ya que muchas veces suelen salir “falsos negativos”. Ese fenómeno suele ocurrir cuando el paciente tiene una carga viral muy baja, por lo tanto, los 14 días son lo más recomendable para estudiar los síntomas del paciente y descartar de un vez los posibles microorganismos.

     

    Un martes llegó el paciente al hospital en Medellín, el miércoles se efectuó la prueba y en cuatro días se conocieron los resultados positivos del virus. “No es muy común que un paciente manifieste el virus tan rápido; es posible, pero creemos que el paciente ya traía el virus con antelación y no contagió a nadie porque no presentó secreciones respiratorias”, señaló Juan Camilo Ortiz.

     

    “Nosotros como colombianos somos muy olímpicos y creemos que el virus no puede llegar a nosotros, pero el virus ya no es algo que esté tan lejos. Ya he tenido la oportunidad de salir a varios sectores del municipio para atender pacientes y puedo notar como muchas personas no se cuidan de manera adecuada. Sin embargo, creo que el 90% de la población se cuida bien, pero no nos podemos relajar porque ese 10% nos puede contagiar”, añadió el coordinador médico de la localidad que reportó ya un nuevo caso, esta vez en un poblador local.

     

    La cosa se puso seria en San Juan del Cesar

     

    Las calles vacías son una novedad tardía en la localidad, que tomó de otra forma las restricciones tras el primer caso confirmado de Covid-19. Foto: Yusselys Daza.

     

    Ubicado en el departamento de La Guajira, el municipio San Juan del Cesar se sitúa en el valle del río Cesar, entre la sierra nevada de Santa Marta y la serranía del Perijá.

     

    El territorio, a 56 kilómetros de distancia de Valledupar, capital del vecino departamento del Cesar, y a 87 de su propia capital departamental, Riohacha, está conformado por 35 barrios, 10 corregimientos y 24 veredas, en una superficie de 1.415 kilómetros cuadrados y una altitud de 250 metros sobre el nivel del mar.

     

    Alguna vez la zona fue habitada por los indígenas Tupes, Coyaimas, Conopans y Marocazos, no fue reconocida como San Juan del Cesar hasta 1701, a la llegada del sargento español Félix Arias. Históricamente, la región formó entre los españoles y criollos un nuevo sistema cultural, social y económico, basado en la agricultura y ganadería que actualmente sigue destacándose en las actividades de sus pobladores.

     

    Además, cuenta con un desarrollo industrial para productos lácteos; la creación de artesanías como mochilas, alpargatas, güaireñas y la actividad comercial, con más de 285 establecimientos y 536 empleos directos con establecimientos de calzado, muebles, electrodomésticos, medicamentos, materiales de construcción, insumos de ganadería y agricultura, etc.

     

    Las medidas para el cuidado ante el coronavirus han dejado sin movimiento económico al territorio y ha reducido el sustento de la población que habita allí. Los casos reportados en zonas vecinas y los rumores sobre episodios locales contrastan con el incumplimiento que ocasionalmente se nota entre algunos pobladores. Entre el temor y la resistencia a la norma han vivido los 38.751 habitantes esta cuarentena.

     

    “La Guajira no está preparada para los efectos graves de esta pandemia, las instituciones de salud no cuentan con lo necesario para poder afrontar las complicaciones de estas infecciones”, expresó el Doctor Moisés Daza Mendoza, Ginecólogo y propietario de la clínica Someda (Sociedad Médica Humanizada), en San Juan del Cesar.

     

    Son varios los médicos de la localidad que tratan de llamar la atención de los habitantes, para que sean conscientes del cuidado que se debe tener mediante las precauciones e indicaciones que informa el Gobierno. A pesar de esto, muchos salen a la calle porque necesitan conseguir el diario y otros, no pocos, porque aún no toman con seriedad la situación.

     

    El pasado 27 de abril ingresó al Hospital San Rafael una bebé indígena de la etnia Wiwa, de ocho meses de nacida, con un cuadro respiratorio agudo, por lo que, a raíz de su diagnóstico, el caso fue atendido como sospechoso de coronavirus y se le realizó la prueba de Covid – 19 para confirmar o descartar el contagio, teniendo en cuenta los lineamientos del Ministerio de Salud.

     

    La niña estuvo hospitalizada en la UCI alrededor de cinco horas, donde falleció. Se realizaron todas las indicaciones para sepultar su cuerpo, manteniendo los protocolos de bioseguridad. No obstante la comunidad cercana al cementerio no permitió el sepelio y otros habitantes comenzaron a exigir que cerraran las entradas del pueblo, protestando además por la falta de agua potable, pues aunque la cobertura es del 82,09%, el líquido llega cada 4 días, situación que se suma al hecho de que, según el DANE, el 56,2% vive del sustento diario.

     

    El primer caso positivo que pudo confirmarse fue el 23 de abril, cuando ingresó al Hospital San Rafael una señora de 81 años, con artritis degenerativa y secuelas de Enfermedad Cerebrovascular, que se agravaron por síntomas de problemas respiratorios de dos semanas de evolución. Las pruebas para SARS COVID – 19 confirmaron la sospecha previo al fallecimiento de la paciente.

     

    El 29 de abril, el gobernador de la Guajira Nemesio Roys Garzón, anunció en su cuenta de Twitter la segunda muerte por coronavirus en el departamento: “Lamentamos el fallecimiento de la persona de 81 años con Covid -19 reportada el 28 de abril. El deceso ocurrió en una clínica de Valledupar, a la cual fue remitida en días pasados. Extiendo mi solidaridad con sus familiares en este difícil momento”.

     

    Sin rumores de por medio, la noticia hizo que los sanjuaneros asumierna con más seriedad la situación. La Policía Nacional se desplegó con patrullajes por todo el pueblo para que se cumplieran los decretos y se adelantaron labores de desinfección y fumigación en todas las áreas del municipio, que hoy sigue confinado con sus problemas pendientes.

     

    Así como los sanjuaneros y los cisnereños, el país entero también está en el reto de sobrellevar la situación con los recursos disponibles. La decisión de una apertura constituye una solución, pero también un riesgo, especialmente en las poblaciones más vulnerables.

     

  • Chequeo en Contexto: el conflicto armado y el gremio ganadero

    Un chequeo a varias afirmaciones hechas durante la presentación de un informe preparado por el gremio ganadero sobre los impactos que le ha ocasionado el conflicto armado en Colombia, permite comprender las dimensiones del fenómeno y varios aspectos sociales e históricos de su desarrollo. Los detalles, en este chequeo hecho en Contexto.

     

    Dos volúmenes componen la investigación Acabar con el olvido, elaborada por Fedegan sobre la perspectiva de este gremio del conflicto armado. Foto: @Fedegan.

     

    Durante la última junta nacional de la Federación Colombiana de Ganaderos, celebrada el lunes 24 de febrero del 2020, se realizó una rueda de prensa en la que se anunció un posible convenio entre el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). Además, desde el gremio se entregó el libro Acabar con el olvido a la institución que tiene como objetivo recuperar y conservar la memoria histórica del país. La publicación consigna más de 6.000 historias de ganaderos que fueron víctimas del conflicto armado.

     

    En el encuentro con medios estuvieron José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán; María Fernanda Cabal, senadora de la República y ex presidenta de la Fundación Colombiana de Ganaderos (Fundagán); y Darío Acevedo, director del CNHM.

     

    En la rueda de prensa José Félix Lafaurie y Darío Acevedo aclararon dudas sobre la posible alianza entre las instituciones que lideran, precisando qué actividades podría implicar en el futuro. El presidente de Fedegán aprovechó la oportunidad para hacer, con datos y cifras, algunas anotaciones sobre temas como el conflicto armado, el estado actual de la ganadería en Colombia e instituciones como la Comisión de la Verdad (la transcripción se puede leer AQUí).

     

    Dada la necesidad de comprender el fenómeno de manera precisa, se sometieron a verificación varias de las afirmaciones:

     

    Relación entre cabezas de ganado y población colombiana

     

    “Colombia tenía un animal, o sea un bovino, por cada colombiano hasta la década del 60. A partir de allí, cuando se intensifica la acción violenta frente al ganadero como objetivo militar, perdió esa relación y hoy en día hay casi 50 millones de colombianos y 28 millones de cabezas de ganado”, afirmó Lafaurie (19:37 de la grabación).

     

    La afirmación es verdadera, pero algunos de los datos no son exactos. Por ejemplo, aunque en el país no hay registros de un animal bovino por cada colombiano, la brecha estuvo relativamente cerca de cerrarse en los años 1938 y 1951.

     

    El número de colombianos en el país en esos años está registrado en el documento Las estadísticas sociales de Colombia (1993). En el texto se establece que para 1938 la población del país era de 8’701.816 personas. Por otra parte, el Banco de la República publicó el trabajo de Jorge García García Las políticas económicas y el sector ganadero en Colombia en 2006. El texto establece que, según datos proporcionados por la académica Katherine H. Wylie, el número de bovinos en el país para ese año era de 8.100.000. Esto quiere decir que hicieron falta 601.816 animales para que las cabezas de ganado igualaran el número de la población colombiana.

     

    El censo de 1951 indicó que el número de colombianos para esa fecha fue de 11’228.509. Al comparar esta cifra con el número de cabezas de ganado presentadas por el texto Los ciclos ganaderos en Colombia, 1950-2001 (2004) realizado por Gerson Pérez, el documento establece que el número de bovinos para ese año fue de 10’840.360. Estos datos señalan que hubo 388.149 personas más que cabezas de ganado en el país para esa época.

     

    Otro dato que no fue del todo exacto, una aproximación que no altera en esencia el planteamiento de José Félix Lafaurie es la relación entre animales bovinos y la población colombiana en la actualidad. Él afirmó que hoy en día hay casi 50 millones de Colombianos y 28 millones de cabezas de ganado. Las cifras exactas son 48’258.494 de colombianos, según el último censo del DANE realizado en el 2018, y 27’234.027 bovinos, según datos del censo pecuario de 2019 del Instituto Colombiano Agropecuario.

     

    Según el presidente de Fedegán, la brecha entre el número de cabezas de ganado y colombianos se intensificó en la década del sesenta. La afirmación es verdadera y se puede comprobar a través del primer censo que realizó el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), XIII Censo Nacional de Población. Según este censo, la población para 1964 en el país era de 17’484.508 de colombianos. Esta cifra es contrastada con el inventario publicado por Pérez (2004) en el cual se indica que para ese año había 14’586.250 bovinos. A través de esos datos se puede llegar a la conclusión de que la brecha aumentó considerablemente, con 2.898.258 personas más que cabezas de ganado.

     

     

    Porcentaje de colombianos que viven en el sector rural

     

     

    A su turno, el director del CNMH, Darío Acevedo señaló: “En las conversaciones que hemos tenido, ha surgido la idea de estudiar la posibilidad de firmar un convenio, teniendo en cuenta la inmensa gravedad, la inmensa dimensión de la gravedad, de los hechos ocurridos en el agro colombiano a lo largo de más de 50 años de conflicto armado. En este sector de la vida colombiana, donde habita entre el 30 y el 40 por ciento de la población nacional, se produjeron no solamente despojos, abusos de propiedad, sino también conductas delincuenciales que afectaron los niveles de empleabilidad en la medida en la que se produjeron secuestros en gran escala contra todos los sectores productivos del campo como bananeros, caficultores, ganaderos, entre otros” (5:20 min).

     

    La afirmación es verdadera en el sentido de que gran parte de los sectores del campo y la agricultura colombiana fueron golpeados fuertemente por el conflicto armado. No obstante, el dato acerca del porcentaje de colombianos que habitan el sector rural es falso. Según el director del DANE, Juan Daniel Oviedo, durante la presentación de los resultados del censo del 2018 el 5 de julio del 2019 (ver video). Semana Rural, un proyecto de la revista Semana, citó al funcionario: “Colombia tiene 48’258.494 colombianos de los cuales poco más de 11 millones de personas viven en las zonas rurales”.

     

    La cifra además contrasta con los resultados del censo de 2018 realizado por el DANE. En el texto se establece que el 7,1 por ciento de la población vive en centros poblados, el 15,8 por ciento en zonas rurales dispersas y el 77,1 por ciento vive en cabeceras municipales. Según estas estadísticas, el 23 por ciento de la población vive en el sector rural: esto equivale a 14’477.548 colombianos. El porcentaje real es considerablemente menor al que planteó Darío Acevedo.

     

    Legalidad de las Cooperativas Convivir y el rol de víctimas de los ganaderos

     

    “Los ganaderos fuimos víctimas. A los ganaderos, cuando el Estado colombiano se sintió en la incapacidad para poder responder frente a las dinámicas violentas del sector rural, fue el mismo Estado el que ayudó, en su momento, a construir este tipo de cooperativas (Convivir). Cooperativas que estaban bajo la legalidad. Pero la inmensa mayoría de los ganaderos lo que han sido son víctimas. Rechazamos cualquier intento de cuestionar, especialmente de la famosa Comisión de la Verdad, el papel del ganadero. (…) Porque el ganadero no es victimario, el ganadero fue víctima, incluso del mismo Estado que no lo protegió”, aseguró el presidente de Fedegán (22:01 de la conferencia de prensa).

     

    La afirmación no presenta ningún dato o cifra como respaldo y resulta cuestionable debido a que utiliza afirmaciones que son verdaderas para llegar a una conclusión que puede ser interpretada de varias maneras. Si bien es cierto que las juntas civiles y los grupos de autodefensa, como las Cooperativas Convivir, fueron favorecidas y tienen un soporte legal amparado por el Estado, eso no quiere decir que el papel del ganadero haya sido únicamente de víctima y no de victimario.

     

    El informe Justicia y paz: los silencios y olvidos de la verdad, publicado por el CNMH bajo la dirección de Gonzalo Sánchez Gómez narra y explica los antecedentes de grupos de autodefensa como las convivir. El documento explica que el antecedente jurídico de este tipo de organizaciones fue el decreto 3398 de 1965 expedido por el presidente Guillermo León Valencia, en uso de las facultades que le otorgó el estado de sitio. El objetivo de este decreto era coordinar las acciones gubernamentales con “la fuerza viva de la nación”, ante la carencia de un reglamento que permitiría conformar planes de seguridad.

     

    El artículo número 25 del decreto establece que: “Todos los colombianos, hombres y mujeres no comprendidos en el llamamiento al servicio militar obligatorio, podrán ser utilizados por el Gobierno en actividades y trabajos con los cuales contribuyan al restablecimiento de la normalidad”. Bajo ese decreto, más la Ley 48 de 1968, se dispuso la creación de los grupos de autodefensa. Estos tenían un número de reglamentos que quedó registrado en diferentes manuales de contraguerrilla publicados por las Fuerzas Armadas.

     

    A partir del Decreto 3398, el término autodefensas pasa a ser utilizado para identificar “grupos de civiles autorizados para usar armas y que actuaban al amparo de la ley, bajo la tutela del Ministerio de Defensa, con el propósito de apoyar las Fuerzas Armadas en la defensa contra los ataques de los grupos subversivos”, según el informe del CNMH.

     

    Estas juntas civiles y grupos de autodefensa pasaron a ser conocidos como grupos “paramilitares” en la década de los ochenta, debido a que a través del uso de las armas y la fuerza, en ciertos territorios reemplazaron los organismos estatales encargados de mantener el orden público. El primer antecedente de este tipo de organizaciones fue la creación en 1981 del grupo Muerte a Secuestradores, creado y financiado por narcotraficantes para rescatar a la hermana de uno de estos y tomar represalias contra la guerrilla que realizó la acción.

     

    Este proceso de creación de cuerpos privados que utilizaban las armas para sustituir a las autoridades se multiplicó hasta llegar a 1987. En el informe del CNMH se cita un artículo de la Revista Semana en el que se relata que ese año, César Gaviria Trujillo, ministro de Gobierno, reconoció frente al Congreso de la República la existencia de centenares de grupos paramilitares en el país, que eran difíciles de combatir, debido a su legalidad.

     

    Este evento dio como resultado la suspensión de la vigencia del Decreto 3398 y de la Ley 48 en 1989, bajo el mandato del presidente Virgilio Barco. Además, se expidió el Decreto 813 de 1989, donde “se dictan disposiciones tendientes a combatir los escuadrones de la muerte, bandas de sicarios o grupos de autodefensa o de justicia privada”.

     

     

    << La investigación de los ganaderos recoge 1.936 testimonios y registra 6.202 víctimas del conflicto.

    Foto: @Fundagan

     

    Las cooperativas Convivir aparecen en 1994, paradójicamente, bajo la presidencia de César Gaviria Trujillo. En el Decreto 365 de ese año se establece que: “El presente decreto tiene por objeto establecer el estatuto para la prestación por particulares de servicios de vigilancia y seguridad privada”. El decreto define seguridad privada como servicios que pueden ser remunerados o no en beneficio de una organización pública o privada realizada por una persona natural o jurídica con el fin de evitar perturbaciones a la seguridad.

     

    Debido a que estos grupos de vigilancia fueron tomando mayor autonomía y se convirtieron en grupos paramilitares sin mayor control, la Corte Constitucional tomó la decisión de corregir el Decreto 365 y lo modificó a través de la Resolución 7164, de octubre 22 de 1997. La resolución abolió el nombre “Convivir” y separó las cooperativas en Servicios Especiales (privados) y Servicios Comunitarios (seguridad pública).

     

    Si bien todos los datos recogidos por el informe del CNMH respaldan la afirmación de Lafaurie sobre las Cooperativas Convivir y otras organizaciones como las juntas civiles y grupos de autodefensa, esto no quiere decir que el papel de los ganaderos haya sido exclusivamente de víctimas. De hecho, hay varias investigaciones y fallos contra ganaderos por nexos con líderes paramilitares e, incluso, financiamiento y asesoría.

     

    Uno de los ejemplos más conocidos fue la condena proferida el 20 de junio del 2018 contra Jorge Visbal Martelo, ex presidente de Fedegán entre 1991 y el 2004, condenado a nueve años de prisión por nexos con paramilitares. Según una noticia publicada en El Tiempo, la condena se la impuso “un juez de Bogotá por apoyar a las autodefensas, especialmente en la Costa Atlántica, y, sobre todo, por hacer parte del ‘grupo especial asesor’ que hablaba al oído de Carlos Castaño, máximo jefe de las Auc”. En la página web de consultas de procesos judiciales de todos los organismos de la rama judicial no aparece la sentencia. Sin embargo, se puede consultar el proceso que le sucede a esta. En el documento se indica que el 15 de noviembre de 2018 se “confirma la sentencia condenatoria proferida el 20 de junio de 2018 por el Juez 5 Penal del Circuito Especializado de Bogotá contra Jorge Aníbal Visbal Martelo”.

     

    De otra parte, en 2009, Camilo González, como presidente del Instituto de estudios para el desarrollo y la paz – Indepaz, en declaraciones recogidas por El Espectador aseguró que “el actual presidente de Fedegán (en el 2009), José Félix Lafaurie, dijo que desde el gremio ganadero se auspició a los paramilitares y lo justifica como una medida de autodefensa”. El medio respaldó la afirmación indicando que un repaso de los medios de comunicación constata que en noviembre del 2006: “efectivamente el presidente de Fedegán admitió que en el pasado los ganaderos financiaron a grupos paramilitares, al tiempo que exhortó a los miembros del gremio a comparecer ante la justicia si tienen alguna responsabilidad”.

     

    Aunque no se pudo encontrar el discurso original del presidente de Fedegán, versiones de otros medios corroboran la afirmación de El Espectador. Uno de ellos es La Silla Vacía, que aseguró en un artículo que Lafaurie declaró a RCN el 19 de noviembre de 2006 que “el gremio (ganadero) tiene la valentía de asumir la responsabilidad de que en el pasado financió el movimiento paramilitar del país”. El Equipo Nizkor, organismo de derechos humanos especializado en derechos internacional, humanitario, civiles, económicos y sociales, también reseñó la declaración a la cadena radial y de ella citó un fragmento en el que Lafaurie señaló que: “si los jueces llaman a esos ganaderos, ellos tendrán que responder ante la sociedad”.