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  • Bandera roja para el Central Park

    A más de 2 años de la puesta en marcha de la planeación y construcción del escenario para deportes a motor conocido como Central Park, el proyecto vuelve a hacer un alto en el camino para subsanar los múltiples inconvenientes, no solo entre las partes contratantes y contratistas, sino también con instituciones ambientales, administrativas, de control administrativo y judicial. Los motores seguirán apagados y las tribunas vacías hasta que se cumpla el paso a paso del plan de trabajo próximo que redefinirá el largo proceso de la obra.

     

    Manuela Mesa Restrepo / manuela.mesar@upb.edu.co

     

    Luego de que en 2008 desapareciera el kartódromo José Roberto Guerrero por la remodelación de la unidad Deportiva Atanasio Girardot, Antioquia y en especial el Valle de Aburrá volvieron a soñar con un escenario especializado en deportes a motor. El 29 de agosto de 2019, el Antioquia central park – Parque deportes a motor inició el proceso de construcción en el nororiente del área metropolitana, municipio de Bello. Sin embargo, a la fecha aún la Gobernación de Antioquia e Indeportes Antioquia no han realizado la entrega oficial de la obra a la comunidad por diversos factores: litigios prediales, estructurales de diseño, arqueológicos y de salubridad, que congelaron los avances.

     

    Desde los orígenes, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá tenía planificado, por las condiciones del terreno, un proyecto más ambiental que deportivo, pero, con los avances y la estructuración del mismo, a finales del año 2018 las autoridades decidieron la realización de un escenario multimodal que contara con espacios ecológicos y culturales que apoyaran la integración de los ciudadanos, junto a un circuito de carreras que fomentara la práctica deportiva, no solo a motor, sino también de ciclismo, atletismo, patinaje y otras disciplinas.

     

    En neutra el avance del autódromo

    Desde la administración de Luis Pérez, en el llamado Central park hay faltantes que la actual gobernación debe afrontar para terminar el centro multimodal: “Un tema de redes hídricas y eléctricas, que son muy importantes tenerlas en cuenta y que no se tuvieron en cuenta. Y un tema que a nosotros nos parece importantísimo, que son prediales por definir todavía. Ese tipo de elementos, todos mezclados, generaron unos retrasos que nos parece que, evidentemente, se llevaron junto con otros elementos como la pandemia y el encuentro de unos hallazgos arqueológicos, para que no se tuviese la entrega de dicho escenario”, comentó el gerente de Indeportes Antioquia, Héctor Betancur Montoya.

     

    Anticipos vs desarrollo de la obra

    En la sesión número 07 del 30 de agosto de 2021 de la Asamblea de Antioquia, el secretario de Infraestructura, Hábitat y Sostenibilidad de la Gobernación de Antioquia, Juan Pablo López, expuso las dificultades que presenta el proyecto desde el empalme que se realizó con la administración anterior.

     

    Según el servidor, desde los primeros contratos que se suscribieron en el mes de mayo de 2019 entre Indeportes y la Empresa de Vivienda e Infraestructura de Antioquia (VIVA) vienen los inconvenientes relacionados con las formas de pago. Actualmente, en la contratación de obra pública la ejecución física está por delante de la ejecución financiera, debido a que siempre se paga contra obra ejecutada. En este proyecto se inició con un plan de pago mes a mes, no concordante con el proceso de ejecución física; es decir que el ritmo de los avances constructivos de la obra no correspondía con la cantidad de dinero entregada. Aunque el 9 de julio de 2019 se cambió la forma de pago para que se siguiera haciendo sobre el avance de la obra, en diciembre de ese año, fecha estimada de finalización del proyecto, existía un 50% de ejecución financiera frente a un 36% de ejecución de la obra.

     

    Luego de ese primer convenio de mayo de 2019 entre Indeportes y VIVA, hubo diversas modificaciones: adiciones de recursos, variaciones estructurales al proyecto y se cambió el tiempo de entrega. El 27 de junio de 2019, Indeportes le da la potestad a VIVA para que renuncie a la póliza: “Bajo sesión ordinaria de Consejo de Gobierno, se determinó ‘retirar las garantías en el contrato celebrado entre Indeportes Antioquia y la Empresa de Vivienda de Antioquia para la ejecución del Central Park’”, expuso el secretario Juan Pablo López en su intervención ante la Asamblea. El 27 de septiembre de 2019 se añadieron recursos por un valor de 12 625 millones de pesos para la construcción de las tribunas y edificaciones. Sucede lo mismo el 7 de noviembre de 2019, fecha en el que se adicionaron 5 885 millones de pesos para los alcances adicionales en el proyecto y, el 19 de diciembre de 2019, se realizó la quinta modificación correspondiente a una adición de recursos de 14 717 millones de pesos y se amplía el tiempo del convenio para que pase a la vigencia del próximo año.

     

    Terreno compartido

    Por otra parte, López expresó que Indeportes y VIVA no contaban con la capacidad técnica ni con la experiencia suficiente para cumplir con el tiempo estimado de obra de 4 meses en un proyecto de tanta envergadura. Además, según expuso, se inició la construcción sin resolver las dificultades con los permisos prediales entre municipios y sectores aledaños al llamado Central Park.

     

    La contralora general de Antioquia Elsa González, en la misma sesión de la Asamblea de Antioquia, expuso que: “No se encuentran Actos Administrativos de los Municipios del Valle de Aburrá, solo oficios que indican no estar interesados en ese momento sobre el Derecho Patrimonial […]”. Los actos administrativos son manifestaciones o declaraciones emitidas por una administración pública en las que impone su voluntad sobre los derechos, intereses o libertades con un sujeto público o privado y esto guarda relación con los litigios prediales correspondientes que tiene el proyecto, uno con la unidad residencial La Vida es Bella y otro con un parqueadero colindante. Estas situaciones afectan el recorrido y conexión del circuito, zonas de circulación peatonal y la salida de pits.

     

    El parqueadero en mención, según las autoridades, hace parte del prque Tulio Ospina y su recuperación del uso dado para el aparcamiento, talleres mecánicos, estaderos y hoteles inició desde el año 2018. “Producto de la orden de Policía que indica la recuperación del lote Tulio Ospina, que pertenece a la Gobernación de Antioquia y al Área Metropolitana y en el cual se proyecta ejecutar un megaproyecto, la Inspección con funciones de espacio Público y la Policía Nacional procedieron en la tarde del viernes 22 de junio [de 2018] a cumplir con dicho procedimiento”, informó la Alcaldía de Bello en su página web oficial.

     

    Incluso se sellaron los establecimientos para lograr el desalojo de acuerdo con la orden policial: “Nos acercamos a cumplir con nuestras funciones y a recuperar el lote que pertenece a la Gobernación de Antioquia. Es importante resaltar que nosotros cumplimos con una orden de Policía y es competencia propia responder por dicha obligación, nosotros como entidad del estado actuamos según la ley, siempre buscando no vulnerar las actuaciones por la cuales respondemos y sin agredir, ni afectar a la ciudadanía sino siempre ligados al marco de la norma”, indicó Julián Yepes, Inspector de Policía para la Alcaldía de Bello.

     

    Al respecto, le secretario López explicó en la sesión de la Asamblea de Antioquia que: “Tenemos dos situaciones de gestión predial complejas que tenemos que resolver de dos formas: una es seguir adelante con la gestión predial o dos, hacemos unas modificaciones técnicas menores al proyecto y eso nos evitaría tener que hacer una gestión predial que puede ser dilatante y compleja”.

     

    Redes, restricciones ambientales y hallazgos arquelógicos

    Existen otros condicionantes relacionados con entidades con las que el proyecto tiene interdependencia como Empresas Públicas de Medellín, por ejemplo. Por el predio pasan redes eléctricas con torre de contención, un gasoducto que requiere de un procedimiento de retiro para su protección y una red de conducción de agua de la planta Manantiales. Estas condiciones impiden la terminación del circuito de carreras, la estructuración de algunas entradas de acceso, la conexión de viaductos y sistemas de captación para drenes, lo cual aún se debe diseñar, definir y aprobar con el acompañamiento de EPM.

     

    Para la finalización de la pista, se debe evaluar el estado y los posibles cambios que realizará EPM y, por su parte, la empresa constructora debe entender lo que sucederá para continuar o no con la obra. “Con unos análisis de retrospectiva que ellos tienen de la actualización de sus redes, sobre todo de acueducto y alcantarillado, que pasarían por el medio del proyecto, eso implicaría que, cuando lleguen, tienen que hacer una destrucción de lo construido”, explicó el secretario de despacho de Infraestructura, Hábitat y Sostenibilidad de la Gobernación de Antioquia.

     

    El medioambiental es otro de los factores que ocasionaron los múltiples retrasos del Gran Parque Metropolitano: el personero del Municipio de Bello, Bernando de Jesús García, explicó en la Asamblea de Antioquia que las obras cuentan con permiso de ocupación de cauce otorgado por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) y el permiso de Aprovechamiento Forestal de Árboles Aislados. Sin embargo, el secretario de despacho de Infraestructura, Hábitat y Sostenibilidad de la Gobernación de Antioquia manifestó que: “Hay dificultades en las licencias ambientales porque no habían sido adquiridas y gestionadas en su momento y hoy tenemos multas pendientes por parte de la ANLA por no haber hecho estos procesos en su debida forma”. Por ejemplo, hay algunos especímenes arbóreos que impiden intervenciones en salidas de zona de paddock, que es el lugar en el que se aparcan los camiones, herramientas de mecánica y casetas para los clubes participantes. Esto significa que hay licencias pendientes por resolver con la ANLA.

     

    De otra parte, el 8 de mayo de 2019 el arqueólogo Juan Pablo Diez halló un lugar de vivienda indígena en el que había restos óseos cremados, guardados en una vasija de cerámica. Estas novedades de prospección arqueológica limitan aún la construcción del proyecto porque no se determina la reubicación o no de estos elementos, además las actividades que se realizan involucran el manejo y el tratamiento de los materiales extraídos.

     

    Un recorrido por las obras inconclusas del Central Park en Bello. Fotos: Manuela Mesa Restrepo.

     

    La bandera a cuadros se mantiene abajo

    “Dentro de VIVA creamos la dirección de Control Interno y llevamos todo el proceso en él para que tuviera la mirada disciplinaria que necesitara. También inscribimos el proyecto en el Programa Compromiso Colombia, este es preventivo, para evitar que un proyecto como estos se convierta en elefante blanco. Pero adicionalmente para que la Contraloría nos acompañe porque, cuando vemos todas las actuaciones jurídicas y administrativas, también necesitamos de esa compañía para no tomar ninguna decisión que no esté encaminada en los principios de legalidad”, dijo Juan Pablo López, el secretario de despacho de Infraestructura, Hábitat y Sostenibilidad de la Gobernación de Antioquia.

     

    Compromiso Colombia es una estrategia de Control Fiscal Participativo de la Contraloría General de la República que aspira a ayudar en la ejecución de los proyectos que presentan complicaciones. Además, pretende impulsar el cumplimiento de los objetivos de las entidades que se vigilan para garantizarle a la ciudadanía la entrega oportuna y los beneficios de los contratos y políticas públicas.

     

    No obstante, el proyecto que implica 142 000 millones de pesos no parece tener una fecha concreta de terminación. Betancur explica que: “Es muy apresurado colocar un tiempo. Nosotros primero tenemos que liquidar la fase 1 y fase 2 con la empresa contratista.” Ante la situación, la Contraloría General de la Nación ha anunciado que emprenderá la tarea de acompañar y terminar la obra con el Programa Compromiso Colombia. Incluso, el contralor general Felipe Córdoba comentó, en una visita que realizó al parque junto con pilotos y otros encargados en el mes de agosto de 2021, que: “El secretario general dice que máximo el próximo año, en el primer semestre, va a terminarse la obra”.

     

    El seguimiento de la Contraloría, Gobernación e Indeportes será una estrategia que permitirá acelerar los procesos de terminación del proyecto. “Nuestro reto es, durante el próximo año, poder decirle a la comunidad: terminamos la obra. Estamos muy comprometidos y convencidos de que no va a ser un elefante blanco, que es la preocupación de la Contraloría. En realidad, y en eso yo me uno a los amantes al deporte a motor y a los deportistas, queremos un escenario”, aseguró el gerente de Indeportes.

     

    Así va el centro multimodal

    Para finales de junio de 2021 el último reporte preliminar entregado por la Interventoría, ejercida por la Institución Universitaria Colegio Mayor de Antioquia, expresa que la construcción tiene un avance del 86%, lo que significa que el 14% restante; es decir que la fase 3 es la que está a la espera. “Consideramos que aquí hacemos un corte con la Interventoría para que miremos qué nos queda faltando, qué se ha hecho con respecto a la inversión del valor invertido, cuánto se ha llevado en obra”, y agregó: “Estamos en la etapa de liquidación bilateral entre Indeportes que es la empresa que contrató a VIVA, que es la empresa constructora, y ya empezar a hacer la fase tres”, expuso el gerente de Indeportes Antioquia.

     

    Las entidades implicadas trabajarán en la estructuración pensada desde la funcionalidad y la destinación del espacio. En el momento, no existe un proyecto trazado para la tercera fase. A esta situación, el personero del Municipio de Bello expresa: “Se observa una infraestructura construida que consiste en unas graderías, las cuales en el interior no tienen nada construido y solo guardan escombros, restos de ladrillos y material”.

     

    La construcción hace parada en el Pit stop

    Muchos factores afectan la terminación del Antioquia central park – Parque deportes a motor. Según lo expuesto por Juan Pablo López en la Asamblea de Antioquia, el plan de trabajo apunta a hacer un alto en el camino para superar los condicionamientos técnicos, ajustar los diseños y formular nuevas contrataciones para la ejecución, avanzar en el proceso de liquidación técnica, jurídica y financiera entre las partes, adelantar estudios de mercado que permitan evaluar los diferentes escenarios de sostenibilidad, operación y mantenimiento de la infraestructura y realizar una revisión en el marco de planificación territorial del Norte del valle de Aburrá, que permita realizar inversiones eficientes y acertadas.

     

    Igualmente, la contralora general de Antioquia Elsa González explicó que: “Para la Contraloría General de Antioquia no es posible establecer una fecha hasta tanto no se surtan las diferencias contractuales entre las partes”.

     

    Aspiraciones de los deportistas

    El motociclismo es una de las disciplinas que más anhela el espacio del autódromo. Actualmente, aquellos que practican carreras de alta velocidad deben de realizar largos viajes para acceder a un circuito de carreras o buscar lugares funcionales para el deporte. Brandon Vásquez, motociclista perteneciente al equipo Ducks Stunt de la Liga Antioqueña y líder del equipo juvenil Ride or die, comentó que: “Para poder practicar un deporte como lo es moto velocidad es muy complicado porque hay que viajar hasta Tocancipá. Está demasiado lejos y son gastos demasiado grandes”, y agregó: “Las expectativas que tenemos son grandiosas y queremos educar. Después de que esté el autódromo sé que a la motovelocidad la van a respetar más y los ambientes empíricos como las calles van a salir y se van a abrir más posibilidades”.

     

    Además de ello, la multifuncionalidad del Central Park permitirá que diversas disciplinas tengan un espacio pertinente para el entreno y la dispersión de los jóvenes deportistas. Héctor Betancur explicó que: “Allí, la idea nuestra es inicialmente que las Ligas tengan un muy buen escenario, un escenario que nosotros consideramos muy apropiado, con muy buenas características técnicas para el desarrollo de múltiples actividades deportivas”, y agregó: “Hacemos un llamado para que este no sea un escenario de vocación solamente al automovilismo, sino un escenario de vocación polifacética, pero más que todo, que sea un escenario que permita la integración de la familia”. Por lo pronto, todos los planes dependen de que se desaten los numerosos nudos que tiene el parque metropolitano en Bello.

     

  • Antecedentes y huellas del libro y la lectura en el Valle de Aburrá

     

    Desde su creación, la Fiesta del Libro y la Cultura es un acontecimiento de suma importancia para los habitantes del área metropolitana. ¿Cómo evoluciónó? ¿Cómo creció? ¿Qué otras actividades similares se realizan en la región a partir del esperado certamen septembrino?

     

    Cristian David Gutiérrez Martínez/ cristian.gutierrez@upb.edu.co

     

    Los años 80 y 90 fueron una época difícil para la historia de Medellín. Impulsada por promotores independientes y organizaciones como la Biblioteca Publica Piloto, la lectura parecía verse opacada por la violencia y la criminalidad. Medellín tocó fondo, sí, pero incluso entonces había quienes se resistían a esa suerte: escritores, poetas, filósofos, profesores, libreros, gestores culturales, líderes comunitarios y personas comunes y corrientes que tuvieron la capacidad de pensar una nueva ciudad, mediante la construcción de un nuevo plan de desarrollo. Producto de este cambio en la visión de la ciudad, surgió la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

     

    Primeras páginas

    Medellín fue siempre una ciudad relacionada a la lectura. Como cuenta Reinaldo Spitaletta, “es una ciudad con tradición de lectura, de publicaciones desde el siglo XIX. Una ciudad con periódicos, con revistas de carácter cultural y de otra indolente. Además, recordemos que tuvo grandes empresas productoras de libros, como editorial Bedout que duró muchísimos años en la divulgación de textos de todas las literaturas del mundo”. Estos hechos facilitaron la aparición de ferias del libro en distintos espacios públicos de la ciudad.

     

    Antes de la Fiesta del Libro, se presentaron algunos antecedentes notables en el afán por impulsar la industria y fomentar la lectura. En 1971, el entonces alcalde de Medellín, Óscar Uribe Londoño, inauguró 40 casetas para la venta de libros usados en la plazuela Uribe Uribe. En el Parque Berrío, se realizó durante varios días una feria del libro con un fin más que todo comercial, así lo cuenta Spitaletta: “Se llenaba de quioscos, puesticos con libros (…). Había una gran diversidad, el Parque Berrio se llenaba de estos puestos y la gente se paseaba todo el día por allí. Era un momento también de encuentro”. Otros lugares en los que se desarrollaron ferias del libro en la ciudad fueron el Parque de Bolívar y El Pasaje La Bastilla, que sigue convocando a lectores y escritores.

     

    El primer evento del libro organizado de manera masiva en la ciudad fue la Feria del Libro de Medellín, realizada en el Palacio de Exposiciones desde 1993 hasta 2005. Aunque su enfoque continuaba siendo mayormente comercial, esta feria significó un importante cambio, pues ahora había un espacio organizado para el evento y además había presencia de reconocidos escritores, conferencias y lanzamientos de libros. En 1996, apenas en su cuarta versión, el techo de uno de los pabellones se desplomó durante un aguacero y las pérdidas golpearon con fuerza el bolsillo de los promotores y expositores. Esta y otras circunstancias, entre ellas el declive en los niveles de asistencia, plantearon la necesidad de revaluar el certamen. Jorge Melguizo, Secretario de Cultura Ciudadana en 2006 llamó a una pausa en la actividad para pensar, en compañía de más de cuarenta entidades y gestores independientes del sector cultural, una fiesta en torno al libro y la cultura que lo rodea.

     

    La Fiesta del Libro y la Cultura es, además, un motivo que lleva a miles a conocer el sector de Carabobo Norte, cerca al barrio Moravia. Foto: Diego Aristizábal.

     

    Nuevo capítulo

    La primera Fiesta del Libro se hizo en 2007. Fuertes lluvias que cayeron sobre el entonces recién intervenido Jardín Botánico, no impidieron la visita de más de 90 mil asistentes que recorrieron puestos de venta, pero también presentaciones artísticas, conversatorios con personajes del sector editorial y actividades de promoción de lectura, con un claro mensaje: la entrada ya la había pagado la ciudadanía con sus impuestos. La nueva propuesta y su mensaje tuvieron tal acogida, que la Fiesta del Libro y la Cultura se convirtió en un importante evento para la vida cultural del Valle de Aburrá, con cientos de editoriales y librerías, invitados de talla internacional y por lo menos tres millones de asistentes al 2017, personas que año tras año deciden reunirse alrededor de las letras, en lo que se ha perfilado como uno de los acontecimientos más esperados para los habitantes de la región.

     

    “La Fiesta del Libro es un acontecimiento muy importante para todos. Impulsa las ventas y construye mercado alrededor de los libros, sí, pero también crea un espacio adecuado para que las personas se encuentren con la cultura, para que disfruten de actividades que normalmente uno no se encuentra en la calle. La Fiesta nos permite salir de la monotonía y por eso creo que todos la admiramos tanto”, analiza Marta, una vendedora de libros del Pasaje La Bastilla, asistente de la Fiesta del Libro desde hace varios años.

     

    Secuelas de esta historia

    Más eventos surgieron para afianzar los logros y llevar la cultura del libro y la lectura más allá del Jardín Botánico, reconocida ya como sede para el encuentro con las letras en Medellín: La Feria Popular Días del Libro, realizada habitualmente en mayo en el barrio Carlos E. Restrepo y que cada año inaugura los Eventos del Libro de Medellín, y la Parada Juvenil de la Lectura, celebrada en el mes de julio como preámbulo a la Fiesta del Libro y que este año recibió a su público en la Casa de la Literatura San Germán.

     

    Además de estos Eventos del Libro de Medellín, algunos otros municipios del Área Metropolitana tienen eventos homólogos, que son impulsos locales a la imaginación, la creatividad, el amor por la lectura y las letras. A continuación, interactúe con un recorrido histórico y geográfico por la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín y otros eventos del libro realizados en el Valle de Aburrá.

     

    Click en la imagen para realizar un recorrido histórico por la Fiesta del Libro y la Cultura:

     

    Click en la imagen para realizar un recorrido geográfico por la Fiesta del Libro y la Cultura:

    Click en la imagen para realizar un recorrido geográfico por algunos otros eventos del libro realizados en la región:

     

  • Una tristeza indeleble, un miedo que no se va

     

    Mariana Zapata García / mariana.zapataga@upb.edu.co

     

    La mañana del 11 de septiembre de 2001 comenzó con los afanes de cualquier otra. Ricardo Mauricio Noreña Cárdenas, un residente de Nueva York, se encontraba en su carro dirigiéndose desde su casa en Long Island, hasta su trabajo; pero una noticia en la radio lo paralizó junto con el mundo entero. El vuelo AA11 había sido secuestrado por miembros del grupo extremista islámico al Qaeda y había sido estrellado contra la Torre Norte del World Trade Center (WTC), un rascacielos de 110 pisos que llevaba tres décadas como protagonista del paisaje neoyorquino.

     

    “Al principio me pareció extraña la noticia, pues decían que había sido una avioneta, pero después comenzó a saberse, por los relatos de los transeúntes, lo que en realidad había pasado y sentí muchísima tristeza”. Esa es la sensación que más recuerda Noreña.“Yo vivía como a dos horas de la ciudad, pero amigos y familiares me comentaban que fue muy difícil salir de Manhattan, pues el sistema del metro se paralizó”, cuenta mientras se le anuda la garganta como le ocurrió aquella mañana.

     

    Cuando todas las personas alrededor del mundo estaban viendo esta noticia, y pasados 17 minutos del primer ataque, El vuelo UA175 se estrelló contra la Torre Sur del WTC. “Primero se pensó que era un accidente. Después, con el segundo avión, se notificó que estábamos siendo atacados y fue ahí que llegaron las noticias de Washington y de Pennsylvania”, cuenta Ricardo. Y sí, otro de los cuatro aviones secuestrados, el AA77, chocó contra la pared oeste del Pentágono en Washington, y, pasados 26 minutos del tercer ataque, el vuelo UA93 se estrelló en un campo en Shanksville, Pensilvania.

     

    “Las noticias eran desoladoras, con imágenes y videos espeluznantes de ver y oír”, cuenta Noreña con lágrimas en los ojos. “A los tres días pudimos visitar el área y lloramos viendo de lejos como quedó todo; se podía ver el hollín, sentir el olor a quemado y lo dantesco de la escena. Las paredes tenían cientos de fotos de desaparecidos, y recuerdo muy bien todas las flores y los rostros desencajados de las personas que pasaban por allí”. En este atentado murieron exactamente 2 996 personas: 2 763 en el World Trade Center, 189 en el Pentágono, y 44 en Shanksville, Pensilvania. Además, durante los meses de limpieza y reconstrucción, unas 400.000 personas se expusieron a toxinas y lesiones, las cuales provocaron enfermedades crónicas e incluso la muerte a miles de ellas, según los datos de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU.

    El espacio que antes ocupaban las dos torres del World Trade Center está hoy dedicado a un memorial para las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Fotos: Mariana Zapata.

     

    En medio de la noticia del regreso de los talibanes al poder en Afganistán, se hicieron los homenajes a todas las personas afectadas por estos atentados hace 20 años. “No importa cuánto tiempo haya pasado, estas conmemoraciones traen todo dolorosamente de regreso como si acabaran de recibir la noticia hace unos segundos”, dijo el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, en una entrevista el viernes 10 de septiembre de 2021. Con los actos conmemorativos del sábado 11 de septiembre de 2021, que comenzaron con una ceremonia a las 08:30 (12:30 GMT) en Nueva York, el ya reformado sitio que ocuparan las Torres Gemelas del World Trade Center se convirtió de nuevo un un santuario de peregrinación en memoria de las víctimas del terrorismo al cual se le declaró una guerra que, dos décadas después, muy pocos creen ganada.

  • ¿POR QUÉ ES TAN CONFLICTIVA LA HISTORIA DE AFGANISTÁN?

    Mariana Zapata García / mariana.zapataga@upb.edu.co

     

    Bajo el título “Afganistán: El cementerio de los imperios”, la Universidad Pontificia Bolivariana, organizó una conferencia que ofrece una perspectiva histórica de un territorio protagonista del presente, a raíz de la toma del poder por parte del movimiento talibán y los conflictos en torno a la salida de tropas extranjeras de ese país.

     

    La charla fue orientada por Claudia Avendaño y Ramón Maya, historiadores y profesores de la Universidad, quienes hicieron un recorrido por temas como la geografía de Afganistán y su papel en los conflictos recientes y actuales, los viajes de Alejandro Magno, el imperio mongol, la disputa del territorio entre el imperio británico y el imperio zarista, el papel de Estados Unidos en su historia más reciente, entre otros temas.

     

    “Es muy difícil entender la historia de una cultura si no entendemos la geografía”, la frase del profesor Ramón Maya abrió la conversación y marcó el desarrollo de la conferencia a lo largo de la cual se demostró la importancia de conocer el espacio de los hechos; sus vecindades, su importancia en el entorno y aspectos como su economía, a partir de los cuales se construye la historia. La cultura, de la religión, el papel de las mujeres en la sociedad afgana, hicieron parte de la lista de asuntos abordados en la charla sobre la lección geopolítica que viene desde Afganistán.

     

    La conferencia completa está en la página de Facebook de UPB Colombia y puede verse aquí:

     

    Video

     

  • También la desinformación lleva a los niños migrantes a las calles

     

    Carolina Meneses Botero / carolina.meneses@upb.edu.co

     

    “Empezaron a arrancarme los niños a las malas y yo decía ‘pero, ¿qué estoy haciendo?’ Y ellos respondían ‘la vamos a deportar, mandar para Venezuela y le vamos a quitar los niños’. Yo me puse desesperada a gritar, llorar y preguntar por qué”. En el episodio que relata Edgary Sorely están las causas y conflictos de la presencia de niños migrantes en la calle. Para los padres y madres, es la mejor alternativa ante la necesidad cuidarlos mientras se busca lo necesario para sobrevivir; para las autoridades, se configura una situación de explotación. Estas son las voces que se cruzan en una situación de pobreza y desempleo, agravados por la confusión.

     

    Según la Ley 1098 de 2006, todos los niños, niñas y adolescentes que se encuentren en el territorio colombiano, son sujetos con derechos y deben ser protegidos por las autoridades sin importar su nacionalidad.

     

    Así, los niños que viven el éxodo venezolano deben tener acceso en Colombia a salud, educación y todas las necesidad básicas para su desarrollo. Pero muchas de las circunstancias que llegan al país escapan al control de las autoridades: muchos pasan la frontera solos y en ese tránsito se exponen a ser explotados de muchas formas, a vivir en situaciones de riesgo, en las que, por ejemplo, es difícil distinguir cuándo los niños se encuentran en las calles mendigando o acompañando a sus padres a trabajar.

     

    De un lado a otro

    Colombia es uno de los países que más ha sentido las consecuencias de la crisis venezolana al ser, a la fecha, el mayor receptor de personas de ese país en el mundo. Según el informe de Distribución de Venezolanos en Colombia 2020, realizado por Migración Colombia, a diciembre 31 había en el país un total de 1 729 537 de ciudadanos de ese país, 762 823 con su estado migratorio en regla y 966 714 en la irregularidad. De ese total, se estimó que alrededor de 404 598 son niños, niñas y adolescentes.

     

    Mucho se ha hablado de las diferentes alternativas y programas que se pueden ejecutar y que de los que avanzan actualmente, para mitigar los impactos adversos asociados a la migración forzada por los problemas económicos, sociales y políticos en Venezuela, en beneficio tanto de la población local como migrante y mediante principios de solidaridad.

     

    En los últimos años aumentaron las cifras de niños, niñas y adolescentes migrantes que fueron atendidos por los programas institucionales de Migración Colombia y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Cifras de este último revelan que en 2017 fueron atendidos 22 113 casos, en 2018 la cifra llegó a 62 247 menores y en 2019 la cifra aumentó hasta 66 231. Según Migración Colombia, el 99 % de los menores venezolanos atendidos en 2019 fueron asistidos por los servicios de Primera Infancia y el restante en programas de prevención y protección.

     

     

    El momento en que la Policía traslada a los niños de Edgary Sorely. La desinformación agrava situaciones como las que ella vivió.

    Imagen: captura de Youtube. >>

     

     

    Entre las cifras, la ley y “lo del día”

    En Medellín se conocen casos de diferentes padres y madres migrantes que aseguran haber sido separados injustamente de sus hijos por la supuesta condición de mendicidad en que los encontraron las autoridades en la calle. Muchos niegan haber practicado la mendicidad y denuncian un patrón en la manera cómo las autoridades están manejando sus casos tan solo por ser venezolanos.

     

    CONTEXTO conoció el caso de Yelimar Gallardo, madre migrante de dos niños de uno y tres años de edad, a los que tuvo que llevar a su jornada para vender dulces porque su cuñada no pudo ayudarle a cuidarlos como siempre lo hacía. “Estaba por Buenos Aires vendiendo caramelos y café, y llegó Infancia y Adolescencia y me dijo que no podía estar trabajando con los niños. Llegaron los policías y me montaron en el carro”, contó Gallardo.

     

    La mayoría de los casos en los que interviene la Policía se presentan con padres que salen a trabajar informalmente con sus hijos porque afirman que no tienen dónde dejarlos y no pueden quedarse en casa con ellos.

    La Ley 1098 de 2006 establece que los niños y niñas no pueden trabajar o practicar la mendicidad, sino que deben estar centrados en realizar actividades académicas, deportivas, artísticas y culturales, que deben estar supervisadas por los padres y las autoridades locales. El intendente Jaime Vélez, de la Policía de Infancia y Adolescencia, explica que el ejercicio de la mendicidad aparece a partir del momento en que el padre sale con el niño a trabajar; dice que, incluso en los casos en que los padres aseguran que no tienen con quién dejarlos en casa, “la vulneración existe y se debe hacer el proceso de restablecimiento de derechos”, señala que es por eso que la Policía entra en acción verificando la identidad del niño para realizar el traslado hasta una sede del ICBF e iniciar el proceso administrativo.

     

    Sobre la falta de alternativas de los padres que salen a trabajar con sus hijos, el intendente Vélez explica: “No es lo mismo vender solos que con los niños, porque cuando están con los niños, venden más (…) los seres humanos tenemos compasión y esa es la que hace que nosotros saquemos del bolsillo para que se ayude de alguna manera a ese niño. Pero entonces eso lo han usado como un mercado comercial que realmente lo que hace es poner en riesgo la integridad de los menores y que sean usados con tales fines”.

     

    Al momento de detectar los casos directamente en la calle o por llamadas de ciudadanos, la Policía de Infancia y Adolescencia se acerca a los adultos para explicarles el proceso y por qué se va a hacer el traslado de los niños. El intendente Vélez dice que los niños y niñas no deben estar expuestos y asegura que: “Si uno ve un padre por ahí con sus hijos comiéndose un helado o caminando, en ningún momento va a haber un procedimiento”, señala que es diferente cuando un policía ve a un niño con una bolsa de dulces o recibiendo monedas.

     

    CONTEXTO conoció de primera mano la experiencia de Edgary Sorely, migrante y madre de dos niños, de dos y seis años, que vive en Colombia con su familia hace tres, después de haber pasado la frontera terrestre. Edgary cuenta que estaba esperando que los carros pararan en una glorieta para pasar la calle con sus hijos cuando llegó la Policía de Infancia y Adolescencia diciendo que tenían que llevarse los niños por ejercer la mendicidad.

     

    De la escena existe un video en Youtube donde se puede observar a los niños gritando, mientras uno de los policías jala de los brazos a Edgary para que suelte al niño mientras la niña ya está en manos del otro agente. La madre afirma que no estaba mendigando. Un conocido suyo, que la ha ayudado con mercado y cosas para los niños, confirmó la versión de ella y pidió la reserva de su identidad.

     

    Preguntado por el caso de Edagry Sorely, el intendente Vélez explicó: “Ese cuadro del traslado siempre va a ser de impacto porque, aunque el niño esté vulnerado, él jamás va a querer separarse de la madre, y la madre no va a querer tampoco entregar a sus hijos (…). Nosotros como policías recibimos la preparación para evitar al máximo en esa situación que los niños tengan que sufrir esos escenarios haciendo uso proporcional de la fuerza”.

     

    Vélez cuenta que al momento de hacer el traslado es muy probable que los padres o quienes están alrededor traten de evitar el procedimiento, “entonces ahí somos muy claros en decirle a las personas que prima el interés superior del niño. Es que los niños requieren esa protección, si los padres no están garantizando esos derechos, el Estado no puede hacer caso omiso”. Añade que el Estado, la familia y la sociedad son corresponsables de los derechos de los niños.

     

    Edgary tomó la opción que le dieron los agentes de subir a la patrulla para acompañar a sus hijos, con el objetivo de aclarar la situación. “En ese momento estaba trabajando a tres cuadras de ahí, y yo les dije, pero ellos insistían en que yo estaba mendigando con mis hijos. Yo les decía que miraran cómo estaban vestidos y todo”, explica. Y recuerda que cuando llegó al ICBF, los funcionarios le dijeron que “si le quitaron los niños fue por algo” e inmediatamente se inició un proceso de restitución de derechos.

     

    Los derechos de los niños

    Según el artículo 44 de la Constitución Política de Colombia, son “derechos fundamentales de los niños: la vida, la integridad física, la salud y la seguridad social, la alimentación equilibrada, su nombre y nacionalidad, tener una familia y no ser separados de ella, el cuidado y amor, la educación y la cultura, la recreación y la libre expresión de su opinión”.

     

    La verificación de identidad que se hace al iniciar el proceso busca, en primera instancia, garantizar uno de los derechos fundamentales: derecho al nombre. Las autoridades cuentan que en las verificaciones se han encontrado varios casos en los que los menores ni siquiera han sido registrados, lo cual es una violación de un derecho fundamental que avala el procedimiento oficial. En otros casos la Policía se percata de que los adultos que están con los menores no son sus padres. El intendente Vélez manifiesta que es importante reconocer que la migración venezolana ha aumentado la mendicidad y la explotación de los infantes, que “hasta se alquilan en ocasiones para esas actividades. Son instrumentalizados”.

     

    Según cifras de la Policía de Infancia y Adolescencia, en lo que va del año 2021, en Medellín se trasladaron para su proteción 66 menores venezolanos. Una vez los menores se encuentran bajo la protección del ICBF, la entidad comienza una investigación para hacer la verificación y el restablecimiento de derechos en los casos que lo requieran, proceso que puede durar varios meses puesto que se hace una ratificación de los derechos vulnerados y un proceso con los padres antes de devolver los niños a sus hogares, si la opción aplica.

     

    Por su lado, el ICBF cuenta con un reporte con corte a junio 30 de 2021 según el cual a esa fecha se atendió la restitución de derechos de 308 niños venezolanos, aunque los datos no especifican el motivo de atención.

     

    Edgary Sorely sostiene que hubo errores en su caso. El intendente Vélez aclara que: “Hay muchas excusas por parte de los ciudadanos, incluso hay demandas de que los procedimientos han sido arbitrarios, pero cuando se entra a hacer la verificación, se constata que ha existido la vulnerabilidad”.

     

    Edgary cuenta que, luego de tener varias sesiones, entregar sus pruebas de sus actividades laborales y los certificados educativos de los menores para mostrar que los niños no eran víctimas de ninguna vulneración, el ICBF igualmente consideró que los niños habían practicado mendicidad y devolvió los niños solo tras la firma de un documento donde hacía constar la situación y responsabilizaba a los padres de que el hecho no se repitiera y se brindara a los niños “condiciones mínimas de protección y salubridad”.

     

    El ICBF confirmó que, según la Ley 1878 de 2018, la autoridad administrativa realiza la verificación de cumplimiento de las acciones interpuestas a la familia del menor. Sin embargo, Edgary dice que en su caso “es como si nada pasó”, pues desde el día en que los niños volvieron a su casa no recibieron más llamados o comunicados de la entidad.

    La divulgación de la oferta institucional parece incompatible con la realidad de familias que siguen sin encontrar respuestas para el apoyo que requieren ante su situación de informalidad o desempleo y el cuidado de niños y niñas. Foto: ICBF.

     

    La desinformación, otro estigma

    Yelimar y Edgary manifestaron no haber recibido beneficios o apoyos por parte de Gobierno, cuentan que les han proporcionado varios números telefónicos para obtener servicios de salud para los niños, los cuales ambas consideran como principal prioridad. Pero en las líneas telefónicas nunca econtraron comunicación y todas las ayudas que reciben son de organizaciones o personas particulares.

     

    Cupos dedicados en programas como Buen Comienzo, en convenio entre la Alcaldía de Medellín y el ICBF, e inscripciones especiales en el Sisbén están entre la oferta dedicada a la niñez migrante y que buscan facilitar que los padres puedan ir a trabajar y los niños y niñas eviten la mendicidad. Según el intendente Vélez, en sectores críticos como La Alpujarra se hacen jornadas de información con volantes y otros medios constantemente, explica que los adultos pueden asesorarse con el 123 Social e informarse sobre el acceso a todos los programas.

     

    Un informe del ICBF revela que alrededor del 98.02 % del total de la población migrante atendida en Primera Infancia corresponde a beneficiarios provenientes de Venezuela, el documento aclara que los menores pueden obtener permisos de permanencia y vincularse a los programas de salud, educación y recreación yendo a la Alcaldía de Medellín para ser guiados. La entrada en vigencia del Estatuto Temporal de Protección para Migrantes Venezolanos, que llega ya a su segunda fase, facilita el acceso a estos servicios. Según el ICBF, avanza la etapa de registro y caracterización para determinar el número de beneficiarios y cuántas de esas personas están en mayor grado de vulnerabilidad.

     

    Pero el teléfono sigue roto para padres y madres como Edgary y Yelimar, que no conocen y no acceden a estos beneficios, lo que en últimas reduce las opciones para los niños, que terminan en las calles.

  • Negocios internacionales, el componente que estrenó la UPB en Colombiatex y Colombiamoda

    Estudiantes y profesores suman habilidades a la capacidad de generar negocios de los dos certámenes más importantes en el sector textil y moda del país .

     

    Sara Rodríguez Lopera / sara.rodriguezlo@upb.edu.co

     

    Es reconocida la historia de la relación entre la UPB e Inexmoda, organización promotora de Colombiatex y Colombiamoda, los dos principales certámenes de la moda y el sector textil en el país. La Universidad coordinó por años el Pabellón de Conocimiento, la Facultad de Ingeniería Textil también ha hecho presencia en Colombiatex y la de Diseño de Vestuario presenta sus propuestas en las pasarelas de Colombiamoda. La reactivación por la pandemia fue la ocasión para adelantar un nuevo convenio entre Inexmoda y la Facultad de Negocios Internacionales de la UPB para el acompañamiento de los participantes en las ferias en lo correspondiente a compras internacionales, entendimiento del mercado, traducción, estudio de productos y de oferta exportable.

     

    Estudiantes de la Facultad de Negocios Internacionales de la UPB en labores de promoción de negocios en Colombiamoda y Colombiatex. Foto: Cortesía.

     

    Volver a la pasarela

    La segunda ola de la pandemia por la Covid-19 hizo que Inexmoda decidiera unir Colombiatex y Colombiamoda en una misma ocasión. Habitualmente, la primera feria se hacía en enero y la otra en julio.

     

    Bajo esa fusión continuó el vínculo con la UPB, cuya Facultad de Diseño de Vestuario llegó a sus 20 años y presentó de nuevo su trabajo en la pasarela de Colombiamoda, pero esta vez con la participación de 21 egresados: “Hicimos un proyecto especial, basado no en un asunto académico, sino en un asunto de marcas ya reconocidas en el mercado”, aseguró Rafael Bernal, docente de la Facultad hace 28 años y encargado de la puesta en escena, quien explicó que este año se dio prioridad a la presencia en pasarela, sobre otras participaciones habituales como la de un stand en el recinto ferial. En los 10 desfiles anteriores, el protagonismo era para los proyectos de los estudiantes bolivarianos; pero este año se invirtió la proporción y 21 egresados de diferentes cohortes presentaron sus creaciones en esta ocasión especial: 20 años de la Facultad y una selección de 21 graduados; 2021.

     

    Las convocatorias para participar se abrieron en marzo. El grupo de unos 27 proyectos postulados se depuró por cuestiones de tiempo y ejercicio, porque para la fecha del certamen no estarían listos, entre otros factores por los cuales “marcas muy importantes y buenas no estuvieron, pero igual es más por el ejercicio”, aseguró Bernal.

    Por la calidad de las propuestas, la actividad fue calificada com exitosa, explicó Bernal. Una vez seleccionadas las marcas, continuó una serie de asesorías para revisar el paso a paso del proyecto, qué querían y cómo lo querían mostrar, si era el lanzamiento de una colección o un remake (nueva versión), de lo que ya tenían. “El ejercicio fue tratar un concepto de normalidad, de esta nueva normalidad”, cuenta Bernal sobre las 21 propuestas ya tenían su propio lenguaje y estilo.

     

    Prendas como vestidos de baño, ropa interior, ropa casual y ropa deportiva se vieron en la pasarela; con la excepción, esta vez, del tapabocas, accesorio que ya tuvo su auge el año pasado y que se incluyó en las propuestas de algunas marcas junto con elementos similares como las máscaras, pero ya como parte de la propuesta creativa.

     

    En la muestra hubo marcas debutantes y otras que ya tenían recorrido en la pasarela universitaria de Colombiamoda. “La pasarela UPB siempre ha sido muy ganadora y siempre ha estado llena”, explicó el profesor Bernal. En versiones anteriores de Colombiamoda, había dos pasarelas para mil personas cada una. Este año solo hubo una para 430 personas y los cupos se llenaron de inmediato.

     

    Las condiciones de la pandemia pusieron algunos obstáculos como la imposibilidad de examinar la calidad de la tela en algunos proyectos que debieron trabajar con sus asesores a la distancia; además, por cuestiones de aforo en el backstage, los diseñadores no pudieron acompañar a sus modelos y algunas cosas solo se solucionaron en el momento de recibir la ropa para el fitting (la medición final de las prendas de los modelos seleccionados). “Yo era con la cámara mostrándole al diseñador y él decía: “no, pónganle eso más arriba” o “no, es que eso va así”, cuenta Rafael Bernal.

     

    Como espectadores de los desfiles, los estudiantes de Diseño de Vestuario pudieron acercarse al portafolio de perfiles profesionales que tiene la carrera, y, observar el potencial de las marcas que han crecido como una inspiración.

     

    Propuestas presentadas en la Pasarela UPB de Coombiamoda. De izquierda a derecha y arriba hacia abajo: ropa de Orozco, vestidos tejidos de Oropéndola, ropa de 747 Siete Cuatro Siete, ropa deportiva de Laguna, lencería para hombres de BabyBoy, lencería para mujeres de Nu Lingerie. Fotos: Cámara Lúcida para Inexmoda y UPB.

     

     

    Moda y Negocios Internacionales

    El trabajo de la Universidad Pontificia Bolivariana en Colombiamoda tuvo este año nuevas facetas: “Nosotros como Escuela de Economía, Administración y Negocios, arrancamos desde el semestre pasado a trabajar con ellos, pero en un tema más de acompañamiento en compras internacionales”, contó Jorge Alberto Calle, decano de la unidad académica.

     

    La llegada de esta Escuela al trabajo con Inexmoda tuvo como antecedentes la participación de Calle en una conferencia sobre actividades económicas dirigidas a personas mayores o silver economy, tema en el cual el académico vio una propuesta interesante para implementar en el sector de la moda; además de algunas ponencias en el Pabellón del Conocimiento sobre asuntos como las migraciones y su relación con la moda.

     

    “Me interesé mucho en conocer de cerca el sector moda y empezamos a trabajar en la identificación de intereses comunes y llegamos a una persona llamada Paola Lince (directora de talento humano de Inexmoda). Con ella logramos identificar un punto común en el cual ella quería, con una institución, estar en disposición de trabajar con sus compradores internacionales y nosotros teníamos el interés de darle una oportunidad a nuestros estudiantes de tocar el sector real a través de ese relacionamiento. Entonces unimos los puntos y concretamos esta acción”, explicó el decano Calle.

     

    La Escuela de Economía, Administración y Negocios preparó a los estudiantes en cuestiones de intercambio cultural y negocios; e Inexmoda abrió la plataforma de clientes y compradores para ello, en lo que Calle describe como un laboratorio controlado. “El beneficio para Inexmoda, es que esa plataforma de compradores y clientes se vea respaldada por un talento humano calificado al poderlos acompañar (a los clientes) en su proceso de compra.”, explicó Calle.

     

    Andrés Escobar y Edward Andrés Tamayo, docentes de la Facultad de Negocios Internacionales de la UPB, fueron los encargados de liderar este nuevo convenio. Su tarea era asesorar, guiar y acompañar a los estudiantes que participarían.

     

    Los profesores explican que la trayectoria previa con Inexmoda y el crecimiento de la carrera de Negocios Internacionales en los últimos 14 años de historia, fueron credenciales suficientes para que el instituto organizador de Colombiatex y Colombiamoda, buscara ahora el apoyo de la UPB en otro frente de trabajo.

     

    Veinte estudiantes conformaron el grupo conformado en 2020 y se formaron en competencias de negociación, manejo de bases de datos, atención al público, servicio al cliente, entendimiento de zonas geográficas y usos de horarios. Sin embargo, la segunda ola de la pandemia obligó el aplazamiento de Colombiatex a 2021 y ante el inicio de prácticas y la graduación de varios participantes, el grupo y el convenio quedaron en pausa.

     

    Cuando Inexmoda identificó la posibilidad de tener una feria presencial en junio, la actividad se retomó; pero solo quedaba la mitad del grupo inicial de estudiantes y una nueva convocatorio se abrió con unas competencias específicas: tener un alto nivel de bilingüismo, haber visto algunos cursos como Introducción a los Negocios Internacionales, Gestión Intercultural, Finanzas de la Economía, Precios y Mercadeo. Dos profesores y 18 estudiantes entre cuarto y séptimo semestre conformaron el nuevo grupo que se capacitó en asistencia en evaluación de negocios, negociación de precios, traducción, apoyo comercial, cálculos de precios al cambio de monedas, entre otras

     

    Los profesores Tamayo y Escobar, acompañaron a los estudiantes sin necesidad de intervención. “Ni siquiera hubo la necesidad de entrar a corregir a un estudiante, (…) los chicos se desenvolvieron muy bien”, relata el profesor Escobar para calificar el trabajo de sus estudiantes y destacó los resultados de la preparación, que se hizo en un modelo de alternancia, con un gran componente virtual, a pesar de que ellos hicieron una labor presencial.

     

    Los estudiantes que participaron recibieron capacitación en asuntos socioculturales, relevantes para las negociaciones que podrían acompañar. Foto: Cortesía.

     

    Los profesores integraron la experiencia al trabajo en las clases como contenido y como actividad evaluada. Los estudiantes lograron certificarse como participantes del evento, lo que enriquecerá sus perfiles y sus hojas de vida, en opinión de los docentes, quienes revelaron además que la investigación de marcas, el comportamiento del consumidor en ferias comerciales y mercadeo de moda están entre los temas que marcan el horizonte de la relación entre Inexmoda y la Escuela de Economía, Aministración y Negocios, el nuevo ingrediente del aporte de la UPB al sector moda de la ciudad, pues “tienen la intención de seguir trabajado con nosotros”, afirmó Escobar tras recibir el reconocimiento de Inexmoda por el nuevo aporte de la Universidad.

     

     

     

  • La Fundación Óyeme cumple 55 años de ser un eco de esperanza

     

    · 2.700 niños con hipoacusia han sido acompañados a lo largo de su historia.

    · La institución ofrece apoyo integral, con atención médica y psicosocial.

     

    Por Miguel Arango Rúa / miguel.arangor@upb.edu.co

     

    En las clases, los niños adquieren habilidades para la inclusión. Foto: cortesía Fundación Óyeme.

     

    Según el Ministerio de Salud, a nivel global cinco de cada 1000 niños nacen con discapacidad auditiva. En 2014, Colombia contaba con 455.718 personas con pérdida de la audición, según el Instituto Nacional para Sordos (INSOR), lo que equivalía al 1.1% de la población total del país.

     

    Lamentablemente, en Colombia las estadísticas en torno a este tema son escasas, puesto que, de acuerdo con el Ministerio de Salud, los registros se enfocan en enfermedades no transmisibles; un vacío de información clave ante la necesidad de políticas gubernamentales eficaces, como sostiene el académico Carlos Ruiz Sánchez en su texto Manual para la elaboración de políticas públicas, en el que afirma que la deuda histórica del Estado con la población en condición de discapacidad se hace más patente que nunca.

     

    Por otro lado, la detección temprana de las afecciones auditivas es vital para la calidad de vida de las personas, lo que demanda un sistema de salud bien preparado. En consideración a este reto y a los que enfrentan las personas con hipoacusia o pérdida de la audición, hace 55 años nació en Medellín la Fundación Óyeme, que trabaja cada día para guiar y ofrecer tratamientos médicos a las personas con problemas auditivos, con lo cual se favorece su empoderamiento.

     

    Un recorrido por su historia

    El 16 de julio de 1966 abría sus puertas la Fundación Pro-Débiles Auditivos, el nombre inicial de una institución que hizo historia en Antioquia por ser la primera escuela oralista de la región. Aquí, las personas en condición de discapacidad auditiva aprenderían a comunicarse verbalmente, a leer y a escribir, para sumar posibilidades de inclusión en las comunidades oyentes sin necesidad de recurrir a la lengua de señas.

     

    Beatriz Londoño, directora de la Fundación, narró los diversos momentos que ha atravesado la institución y que la han llevado a fortalecer su labor. En 1994, con la entrada en vigor de la Ley General de Educación, que propendía por la inclusión de las personas no necesidades auditivas especiales en los colegios para oyentes, la Fundación comenzó a trabajar para adaptarse a esta nueva situación. Es así como, en 2003, la organización abrió un centro educativo donde alumnos, en su mayoría con hipoacusia, pudieran compartir con estudiantes con audición normal.

    Esta “escuela a la inversa”, como fue presentada entonces, continuó hasta el 2012, momento en el que tuvo que cerrarse debido a la deserción relacionada con el desplazamiento de los estudiantes a sus clases. Dos años más tarde, en 2014, la institución cambiaría su nombre a Fundación Óyeme.

     

    Los números también cuentan una historia de inclusión. Según cifras reveladas por la directora Londoño, durante los últimos seis años, 125 personas han recibido orientación laboral por parte de la Fundación, 120 han sido acompañadas en su proceso de educación superior y 8 000 usuarios han sido atendidos por la IPS de la institución.

     

    Una niña durante un examen de Potenciales Evocados Auditivos (BERA, por sus siglas en inglés), usado para medir la función auditiva. Foto: cortesía Fundación Óyeme.

     

    Un centro que transforma vidas

     

    De acuerdo con la directora Beatriz Londoño, a lo largo de estos 55 años la Fundación Óyeme ha ayudado a 2 700 niños con hipoacusia, cientos de testimonios cuyo eco suma a un concierto de humanidad: triunfos, obstáculos y esperanza en el futuro como pieza principal.

     

    Santiago Durango, estudiante de Medicina de la Escuela de Ingeniería de Antioquia, llegó a la Fundación a los seis años, luego de que se le diagnosticara pérdida auditiva. A lo largo de su vida, Durango mencionó que ha tenido que “aprender a pronunciar correctamente ciertas palabras, el análisis de textos, las normas ortográficas, y, en la parte social, encontrar la manera de comunicarme en espacios íntimos”.

     

    Pero nada de lo anterior le ha impedido a Santiago sacar adelante su proyecto vital. Detrás de él, dándole el empujón necesario para avanzar, siempre ha estado la Fundación, ya sea con orientación psicológica o en contacto con la universidad para facilitar su proceso de aprendizaje.

     

    Los programas de inclusión escolar y laboral, la enseñanza de la lectura y escritura, y el perfilamiento al momento de pasar a la educación superior, son las apuestas de la institución para mejorar la calidad de vida de los individuos con deficiencia auditiva, según la directora Londoño. Sin embargo, el trabajo que la Fundación hace con sus miembros no serviría de nada sin un pilar fundamental: la familia. El apoyo de los padres es el motor que hace posible el proceso de sus hijos.

     

    Otra historia que también fue posible gracias a la Fundación Óyeme fue la de Jhonatan Durango, hermano de Santiago y estudiante de Contaduría Pública de la Universidad EAFIT. Al igual que Santiago, Jhonatan entró a temprana edad a la institución. Allí, se convirtió en un referente para las demás personas con limitaciones auditivas por su gran manejo del lenguaje oral, de acuerdo con la docente Piedad Cano.

     

    Gracias al apoyo de la Fundación, suma metas superadas en el mundo académico, fue el mejor bachiller de su municipio y obtuvo una beca; ya en la universidad logró convertirse en un mentor para varios de sus compañeros debido a su talento para las matemáticas, según relata el propio Durango.

     

    Y la Fundación siempre ha estado para brindar una mano. Jhonatan relató que, al entrar a la universidad, la institución hizo un proceso pedagógico con los profesores de la carrera para ayudarlos a adaptarse a su circunstancia de limitación auditiva.

     

    Tampoco se puede olvidar el papel de los padres en el proceso de los niños. Miguel Sanguino, cuyo hijo Daniel se encuentra en la institución, enfatizó lo importante que ha sido “asistir a las clases en la Fundación para estar pendiente del desarrollo de mi hijo”. Asimismo, Sanguino aseguró que ha sido gratificante “ver los avances del niño en su tiempo con la institución, y el apoyo que esta le ha dado para conseguir aparatos auditivos”.

     

    Otra pieza esencial de la Fundación son los profesionales de apoyo, cuyo trabajo posibilita la transformación de vidas, las de los usuarios y las del equipo de la Fundación. Haciendo clic en el siguiente botón puede escuchar sus testimonios:

    Una mirada hacia el futuro

     

    A pesar de los logros alcanzados y de las vidas transformadas, la Fundación todavía tiene varios retos por responder. La directora Beatriz Londoño apuntó que desde Óyeme seguirán aumentando la cobertura de la institución y la permanencia de los usuarios en ella, lo cual, según explica, es parte de un propósito mayor: demostrarles a los empresarios de la región que la inclusión laboral de las personas con hipoacusia es posible. Londoño explicó que la idea es que la inserción en los espacios de trabajo se dé por convicción y no por cumplir una ley.

     

    La directora especificó que la Fundación está buscando la sostenibilidad financiera por medio de proyectos de cooperación y prestación de servicios. En este sentido, las alianzas con la Alcaldía de Medellín y las cajas de compensación familiar han ayudado al propósito de que la situación económica no interfiera con la labor social.

    Además, la pandemia puso la tarea de acelerar transformación digital de la Fundación, que actualmente trabaja en la modernización de sus contenidos digitales, la conectividad, equipos y plataformas virtuales. La directora se refirió además a los planes para crear una línea de gestión del conocimiento para organizar el saber acumulado a lo largo de los años y poder compartirlo.

     

    La Fundación Óyeme les ha permitido escuchar el mundo a miles de personas con hipoacusia, llevar vidas independientes y ser parte de la vida en comunidad. Para algunas de ellas, lo más importante es que la institución les ayudada a oírse a sí mismos. El universitario Santiago Durango señaló que, sin la ayuda recibida de Óyeme, “no habría desarrollado el lenguaje oral que hoy tengo, y tal vez me sentiría inferior con respecto a otros”.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Guacharacas: la escuela que en un garaje se refugió del abandono

     

    En zona rural de Yolombó, a 3 horas de Medellín, está la Escuela Guacharacas, que funcionó sin agua y sin sede por dos años. Las clases se dictaron en el garaje de la casa de la profesora porque el río se llevó el puente que era la única vía de acceso para los estudiantes.

     

    El centro educativo estuvo durante años en medio del conflicto armado, el abandono estatal, la indiferencia y disputas jurídicas entre dos municipios. A eso se le suma el apego de la comunidad por la profesora y su papel para que las clases continuaran aun con dificultades. Hoy la escuela espera su cierre.

     

    Por: Sebastián Carvajal Bolívar / periodico.contexto@upb.edu.co

    En este estrecho garaje funcionó por dos años la Escuela Rural Guacharacas. Foto: Sebastián Carvajal Bolívar

     

    En el reportaje La realidad de las escuelas sin agua en Antioquia, Contexto detalló la situación de 539 sedes educativas que no cuentan con este servicio en el departamento. Entre los informes revisados se destacó uno en particular: el de la Escuela Rural Guacharacas, en el municipio de Yolombó, al nordeste de Antioquia. Según el documento: “En la visita de campo se evidenció que el C.E.R Guacharacas no cuenta con infraestructura asociada y que las clases se imparten en un garaje adaptado por el docente para tal fin”.

     

    Más adelante especifica la situación: “No se tiene una infraestructura asociada a la sede educativa, los estudiantes reciben las clases en un garaje ubicado en la vivienda de la docente, el cual no cuenta con conexiones hidrosanitarias ni elementos necesarios para la actividad de enseñanza”.

    En una pequeña construcción rectangular de paredes de adobe y tejas de zinc, que no pasa de los 20 metros cuadrados, Mariela Olarte Álvarez, profesora de Guacharacas, improvisó un salón de clases para recibir a sus 18 estudiantes, luego de que el rio Nus se llevara el puente colgante que los conectaba con la escuela.

     

    El garaje solía ser utilizado por su familia como bodega para guardar los utensilios de trabajo. Queda justo al lado de su casa, sobre la carretera que conecta a Medellín con Puerto Berrío y Santander.

     

    << Así luce el interior del garaje que funcionó como escuela para Guacharacas.

    Foto: Sebastián Carvajal Bolívar.

     

    A pesar del poco espacio, el calor del mediodía y los riesgos de estudiar a solo 5 metros de una carretera nacional, esta fue la única opción que le quedó a Olarte para que las clases siguieran. Desde el 9 de mayo de 2019, cuando el puente se vino abajo, ninguna entidad respondió para hacerse a cargo de la situación, hasta hace unos meses.

     

    Pero no era la primera vez que Olarte y sus estudiantes estaban a la deriva.

     

    Estudiar en medio del conflicto

     

    Originalmente, la escuela quedaba en una vieja estación del Ferrocarril de Antioquia, ubicada en predios de la Hacienda Guacharacas en Yolombó, justo en el límite con el municipio vecino de San Roque. El paso del rio Nus sirve para demarcar la frontera entre los dos municipios y al otro lado viven Olarte y sus estudiantes.

     

    Desde la casa de la profesora se ve la vieja edificación, entre las palmeras y los árboles. Además del río, los separa un camino plano de 400 metros donde pasta el ganado y que se suele inundar con las crecientes.

     

    Durante la época dorada del tren, la estación funcionó como centro de acopio para las personas que provenían del Nordeste antioqueño. Tras la desaparición del Ferrocarril y con el crecimiento de las actividades económicas en la hacienda, se estableció allí la escuela para atender a los hijos de los trabajadores y de la comunidad cercana.

     

    Vale la pena recordar que Alberto Uribe Sierra, padre el expresidente Álvaro Uribe Vélez, fue su propietario del predio desde 1976. Allí fue asesinado en 1983, al parecer, por el Frente 36 de las FARC, tras un intento de secuestro.

    En 1996, llegaría lo que el expresidente denominó “la tragedia final a Guacharacas”: en la noche del 25 de febrero integrantes del ELN incendiaron la casa principal, robaron cerca de 600 reses y media docena de caballos y mulas.

    Olarte tan solo llevaba dos días de haber llegado a la zona, procedente de la zona rural de San Roque. “Esa noche nos hicieron desalojar a todos. Los obreros y sus familias tuvieron que buscar para dónde ir. Algunos se fueron para Medellín y otros cogieron para Cisneros. Mi familia y yo nos fuimos para Medellín y volvimos como a los tres días”, recuerda.

    Los guerrilleros dijeron que solo ella podía permanecer en los predios. Meses después asesinaron a un trabajador que quedó a cargo del lugar.

     

    “De ahí en adelante se vivía siempre mucha tensión. Eso fue militarizado mucho tiempo. Entonces yo vivía rodeada del Ejército. Hasta que una señora que vivía en una de las casas de la hacienda, pero que quedaba sobre la carretera, me dijo ‘profe, yo me voy para Medellín, si quieres te vienes para acá para que no te quedes sola’. Me fui a vivir al otro lado para mayor tranquilidad. Realmente solo iba a trabajar, había que cruzar el puente y lo hacíamos los estudiantes y yo”, relata la profesora Olarte.

     

    La maestra cuenta que por esos días la escuela quedaba en una bodega de la Estación Guacharacas y la familia Uribe Vélez se encargaba de hacerle mantenimiento.

     

    El último puente colgante que hubo en la zona antes de que el río Nus se lo llevara.

    Foto: Mariela Olarte Álvarez. >>

     

     

    El rumbo sinuoso de Guacharacas

     

     

    En julio de 1996 la propiedad pasa a manos de Ganados del Norte S.A., una sociedad de los hermanos Gallón Henao, representada legalmente por Pedro David Gallón Henao, involucrado junto con su hermano Santiago en el asesinato del futbolista antioqueño Andrés Escobar, ocurrido en 1994.

     

    “Los hermanos fueron condenados a 15 meses de cárcel por el delito de ‘determinadores de falsa denuncia agravada’, pero un par de meses más tarde un juez los dejó en libertad tras pagar una irrisoria multa”, indica un informe del CTI publicado por El Espectador sobre el caso de manipulación de testigos contra Uribe Vélez acerca de los hermanos Gallón Henao.

     

    Según los exparamilitares Juan Guillermo Monsalve y Pablo Hernán Sierra, a través de declaraciones dadas al entonces representante Iván Cepeda, en la Hacienda Guacharacas se habría conformado el Bloque Metro de las Autodefensas: “El exparamilitar (Sierra) asegura en la grabación, que los fundadores de aquel grupo paramilitar fueron, además de los hermanos Álvaro y Santiago Uribe Vélez, el empresario ganadero Luis Alberto Villegas Uribe, su hermano Juan Guillermo Villegas Uribe, diputado a la Asamblea de Antioquia, y Santiago Gallón Henao, ganadero y caballista condenado por paramilitarismo”, dice El Espectador en una publicación de 2011.

     

    Las autoridades no han probado la participación de los hermanos Uribe Vélez en la conformación de este grupo paramilitar, mientras que sí se ha relacionado a los hermanos Villegas Uribe y a Santiago Gallón, como lo señala el portal Verdad Abierta.

    A lo lejos se ve la vieja Estación Guacharacas del Ferrocarril de Antioquia, donde funcionaba la escuela.

    Foto: Sebastián Carvajal Bolívar.

    Abandono estatal

     

    A pesar de la presencia de grupos al margen de la ley en la zona, Olarte destaca: “Nunca tuve ningún obstáculo ni con los unos ni con los otros”.

     

    A finales de los años 90 la escuela tenía 45 estudiantes. Entonces hubo un proyecto para la construcción de una sede educativa en la Vereda La Trinidad, en San Roque, al otro lado del río Nus, para que los estudiantes no tuvieran que cruzar el puente que “siempre representó un peligro para la comunidad, por las crecientes, porque se desescolarizaba. Incluso hubo accidentes, no de irse al río, pero sí de quedarse engarzado en la estructura”.

     

    Pero la nueva sede educativa quedaba en San Roque y cuando la docente y la comunidad se reunieron con el jefe de núcleo de Yolombó, pensando en afinar detalles para trabajar en el nuevo predio, el funcionario dictó que la profesora no podía trabajar fuera de su jurisdicción.

     

    La solución fue dividir el grupo de estudiantes: “A los que les quedaba más cerquita la escuela de arriba, entonces se los llevaron para allá y a los que estaban más cerquita para Guacharacas los dejaron en Guacharacas”, explicó la profesora Olarte. El centro educativo, bautizado como La Trinidad, queda a un poco más de kilómetro y medio de la casa de la maestra, sobre la misma carretera principal.

     

    Y así, con casi la mitad de los niños, Mariela Olarte continúo dando sus clases en Guacharacas.

     

    “En el momento en que ellos (los Uribe Vélez) venden la Hacienda, la escuela quedó desamparada. Yo les solicitaba a las administraciones anteriores mantenimiento. Ellos decían que no podían invertir recursos en algo que no fuera del Municipio. Entonces de ahí la escuela se fue cayendo, se fue deteriorando hasta que se cayó del todo”.

    Entonces fue necesario trasladarla para el edificio principal de la estación, que “se utilizaba para los mayordomos que llegaban a la Hacienda. En ese momento estaba desocupada. Los trabajadores me ayudaron pasando el mobiliario. Nos pasamos para allá. Eso fue en el 2006”, explica.

     

    Así continuó operando la escuela durante la primera década del siglo XXI. Los niños y la docente compartían el edificio con los trabajadores del lugar. Al lado del salón donde se dictaban las clases había una habitación y un baño que era compartido por todos.

     

    En ese mismo año, la señora Marta Lucía Ocampo adquiere la Hacienda Guacharacas y en 2013 pasa a Alianza Fiduciaria como vocera del Fideicomiso Lote Gramalote de Yolombó, para que finalmente en 2015 quedara en manos del proyecto minero del que se esperan extraer 350 y 450 mil onzas de oro por año en una mina a cielo abierto en San Roque.

    En el mapa se puede ver la ubicación del río Nus, que separa a Yolombó y San Roque, además se ve la autopista que comunica a Medellín con Puerto Berrío. Mapa: Bing Satellite QGIS

    Una escuela, ¿dos predios?

     

    Aunque la Hacienda Guacharacas siempre fungió como “protectora” de la escuela y rodeaba los terrenos donde se desarrollaba la actividad educativa, no es la propietaria de la estación. Aquí surgen dos elementos que hacen complejo el panorama.

     

    Como se ha mencionado anteriormente, la escuela tenía sede en la Estación Guacharacas. Dicha estructura, al igual que el resto de las estaciones ferroviarias fueron declaradas Monumento Nacional a través del Decreto 746 del 24 de abril de 1996. Hoy en día se les llama “Bien de Interés Cultural de la Nación”.

     

    Al preguntar al Ministerio de Cultura sobre la información disponible acerca de la estructura, remitieron un conjunto de documentos que hacen parte del Plan Nacional de Recuperación de Estaciones del Ferrocarril.

    En el inventario de la Estación Guacharacas se expone que fue inaugurada el 7 de agosto de 1907, su número de matrícula inmobiliaria es 038-7356, cuenta con un edificio de 438 metros cuadrados que es de uso educativo y tiene una bodega aledaña.

     

     

    Niños de la Escuela Rural Guacharacas en la Estación del Ferrocarril. Foto: Mariela Olarte.>>

     

     

    Los registros indican que el predio corresponde a la zona y terrenos de la Estación Guacharacas. Desde 1935 ha pertenecido a las diferentes empresas que han administrado los ferrocarriles nacionales, hasta 2007 cuando pasó a manos del Invías, tras la liquidación de Ferrovías.

     

    Sin embargo, al consultar la base de datos de las escuelas en predios sin legalizar de la Gobernación de Antioquia, aparece que la sede Guacharacas se encuentra bajo la modalidad de comodato en un terreno con matrícula inmobiliaria 038-15481, diferente al de la estación Guacharacas.

     

    Según reza en su certificado de libertad y tradición, esa matrícula corresponde a: “Un lote de terreno con todas sus mejoras y anexidades, área rural del municipio de Yolombo, con un área aproximadamente de tres mil setecientos setenta y ocho metros cuadrados (3.778 mts2) y que presenta en general los siguientes linderos: ‘por todos sus costados con la hacienda guacharacas, propiedad del señor Pedro Gallón’. Lote destinado para Centro Educativo Rural”.

     

    Se evidencia en el documento que el terreno pasó a ser propiedad del Municipio de Yolombó tras un proceso de prescripción adquisitiva de dominio contra personas indeterminadas que se desarrolló en 2011, cuando el Juzgado Promiscuo del Circuito de Yolombó dictaminó que la administración municipal adquiría 25 predios rurales donde funcionaban distintas sedes educativas, entre las que se encontraba, supuestamente, la Escuela Rural Guacharacas.

     

    Según la sentencia el Municipio argumentó en cuanto a la adquisición que: “Yolombó es poseedor material de este inmueble, ya que dicha entidad territorial no posee título alguno registrado, dicha posición la ejerce el Municipio desde hace aproximadamente 25 años”. Además, dice que cuenta con una edificación de aproximadamente 142 metros cuadrados construida por el Municipio para la prestación del servicio educativo.

     

    Lo que se ha podido constatar a partir de los certificados de libertad y códigos catastrales es que este predio es diferente al lugar donde funcionaba la escuela hasta antes de que se cayera el puente. Consultamos en la Secretaría de Educación de Yolombó sobre este tema, pero aún no hay respuesta. Lo que es claro es que Yolombó tiene un predio en el paraje Guacharacas para uso educativo, pero allí nunca ha funcionado la escuela.

    En esta galería:

    -Captura de pantalla del inventario que realizó el Ministerio de Cultura a la Estación Guacharacas del Ferrocarril donde funcionó la escuela hasta 2019.

    -Apartes del fallo del Juzgado Promiscuo del Circuito de Yolombó sobre la pertenencia de 25 predios rurales.

     

    En busca de alguna solución

     

    A pesar de los enredos alrededor del predio, Mariela Olarte Álvarez continuó con sus clases. “Con la comunidad nos tocaba recoger entre todos. Hacer eventos para recolectar dinero y cubrir las necesidades de la escuela”.

     

    Esto se daba porque la administración municipal de Yolombó “no hacía nada”, como ella dice, argumentando que no era un predio de su propiedad. Aunque como lo ha expuesto esta investigación, el Municipio sí tenía una propiedad en el lugar, pero no era en la estación donde funcionaba la escuela.

     

    “Yo iba a Yolombó y ellos me decían que no podían construir en lo ajeno, que no tenían niños de Yolombó. En San Roque me decían que había escuela ahí cerca y decían que nosotros no nos queríamos ir para allá y la comunidad quería quedarse conmigo y si yo me iba para allá, aceptaban”, cuenta la profesora y sobre el puente que conectaba la escuela dice: “Se lo llevó infinidad de veces el río, pero cuantas veces se lo llevó, cuantas veces la hacienda lo reconstruía”.

     

    Pero luego de que fuera arrasado no se volvió a levantar. Olarte explica que como la hacienda ya es propiedad de Gramalote ellos no quisieron reconstruir el puente y tampoco han atendido sus solicitudes para solucionar el problema, a pesar de estar en su área de influencia.

     

    Además, su casa y las de sus vecinos están en un proceso de reasentamiento porque en el futuro se espera que la vía sea doble calzada y Gramalote, dueña de los predios, debe entregarlos desocupados a la ANI. Esto obligó el traslado al garaje y la búsqueda de ayuda de las autoridades locales. Ya son dos años de un llamado sin respuesta.

     

    Para Yolombó, reconstruir el puente no era una opción. “La construcción del puente puede costar entre 300 – 400 millones de pesos. El año pasado había 12 estudiantes —18 según la profesora y el informe de EPM—. Todos pertenecen a San Roque. La población que se está beneficiando es de San Roque”, argumenta Fernando Muñoz, secretario de Educación yolombino.

     

    Una solución era facilitar el transporte de los niños a una sede cercana de Yolombó, pero esto abría la posibilidad de que se perdiera la plaza de Olarte porque a ella no se le daría traslado. Por otro lado, a la estación del ferrocarril, según cuenta el funcionario, habría que hacerle muchas adecuaciones en caso de que los estudiantes pudieran retornar.

     

    “A raíz de eso, solicitamos una visita a la Gobernación y, a partir del tema de las escuelas sin agua, enviaron un comunicado para ver si era viable o no mejorar esa escuela. Yo hablé de que el Municipio no tenía los recursos suficientes para construirla o construir el puente para estudiantes que no son del municipio”, dice Muñoz.

    Los niños de La Trinidad entrenan futbol en una cancha improvisada. Foto: Sebastián Carvajal Bolívar.

     

    La determinación de la Gobernación de Antioquia, a través de una carta firmada el 23 de abril de este año, fue solicitar el trámite a Yolombó para que se cierre la Escuela Rural Guacharacas y se traslade a los estudiantes y la profesora a la Escuela Trinidad de San Roque, “establecimiento educativo que, debido a su cercanía y a las condiciones de infraestructura que se requieren, garantizaría la adecuada prestación del servicio educativo”, expone la misiva. Esa es la misma escuela que fue construida hace más de 20 años y dividió a la comunidad estudiantil.

     

    Según Juliana Diaz, directora de Permanencia Escolar de la Secretaría de Educación departamental y quien firma la carta, la solicitud se hizo el 8 de junio por parte de Yolombó. Ahora se espera que la dirección de Talento Humano haga efectivo el traslado de la profesora.

     

    Rodolfo Franco, secretario de Educación de San Roque, explica que la sede no tiene la capacidad suficiente para recibir a los niños. Lo que se tiene previsto es acomodarlos en el restaurante escolar —que está bajo techo, pero al aire libre— para que no queden confinados en el aula de clases. El funcionario solicitó al ente departamental que se pueda construir una nueva aula en el futuro.

     

    Por ahora, los padres de familia prevén organizarse entre ellos para buscar estrategias de transporte desde Guacharacas hasta la nueva escuela, porque desde la Gobernación aclaran que no hay recursos para ello.

    Aunque los separan menos de 2 kilómetros del lugar de estudio, los estudiantes tienen que caminar por la berma de una vía nacional, a centímetros de vehículos que con frecuencia pasan a más de 80 kilómetros por hora.

     

    << Autopista Medellín-Puerto Berrío a la altura de la entrada a la Escuela La Trinidad.

    Foto: Sebastián Carvajal Bolívar.

     

    A la fecha de esta publicación, no es oficial el traslado de la profesora Olarte. Según indican los funcionarios, el decreto ya está listo, pero falta la firma. Esa es la misma respuesta desde hace un mes, dice ella.

     

    Pero los estudiantes sí están matriculados en La Trinidad desde hace varias semanas, aunque no todos asisten. Es el caso de Juan. Su madre, Luz Álvarez Ruiz prefiere esperar a la profesora. Ella tiene una hija de 12 años que hizo toda la primaria con Olarte y ahora el niño de ojos azules cursa segundo, pero va muy atrasado por las condiciones en las que han estudiado en medio de la pandemia.

    “Como ella no vamos a volver a tener una profesora, eso es lo que me amarra a mí a la vereda. Me he ido a vivir a otras partes y me ha hecho regresar el estudio de los niños”, asegura. Álvarez muestra poco optimismo por el traslado, pero agradece que sea con la maestra de toda la vida.

     

    Durante la pandemia, Olarte trabajó con guías porque en la vereda no hay señal de internet. Hubo que desistir de la alternancia por falta de condiciones sanitarias. Foto: Mariela Olarte. >>

     

    Olarte explica que las familias de la comunidad son muy apegadas a ella. La mayoría de sus estudiantes son hijos de exalumnos que tuvo en el pasado y todos resaltan su labor como docente. Además, señala que ella es la única representación del Estado para aquellos niños que carecen de acompañamiento psicológico y social por parte de otras entidades.

     

    Aún falta por ver cómo se van a acomodar en La Trinidad, pero hay esperanza de que finalmente tengan una sede fija y con la garantía de no quedar a la deriva.

     

    “A mí la intuición me dice que la escuela ha sido un estorbo para todo el mundo. Para la finca, para Gramalote. Porque nadie nos ayudaba, nadie nos daba la mano, a nadie le dolía. Toda la vida hubo un atropello con la escuela”, lamenta Olarte, que sigue a la espera de su traslado.

    Restaurante escolar de la Escuela La Trinidad, de San Roque, donde serán reubicados Olarte y sus estudiantes. Foto: Sebastián Carvajal Bolívar.

     

     

     

  • El cielo de los manatíes

    Por: Tomás Correa Restrepo* / especial para Contexto

     

    No soy un hombre de religiones, pero si el cielo de los manatíes existe espero que Julieta esté en él. La ya conocida historia de Julieta, una manatí de 450 kilos y más de 3 metros de la especie Trichechus manatus, comenzó el 5 de junio (paradójicamente el día del Medio Ambiente). Ese día Julieta cayó en las redes de unos pescadores en el sector de Bonito Gordo cuando nadaba libremente en las bellas aguas del Parque Natural Tayrona. Fueron los mismos pescadores los que avisaron al personal del Centro de Atención, Valoración y Rehabilitación de Fauna Marina (CAV-R) que Julieta había quedado enredada en una de sus redes. A pesar de la asfixia que sintió al tratar de respirar a través de la red, logró mantenerse viva hasta que llegaron los salvadores del CAV-R. Una vez rescatada fue trasladada al Acuario del Rodadero, donde pasaría un mes mientras se rehabilitaba para su liberación.

     

    Video

    Video: Fundación Omacha.

     

    De acuerdo con información de la organización Save The Manatee, los manatíes «…se dedican a comer, descansar y viajar…» (¡qué envidia!) y habitan principalmente ciénagas y aguas costeras someras. Su alimentación está basada en plantas y algunos pequeños peces, respiran el mismo aire que nosotros (aunque pueden contenerlo hasta por 20 minutos) y su expectativa de vida puede llegar a más de 60 años. Su dentadura no sobrepasa los 6 dientes en cada mandíbula, de los cuales ninguno se cataloga como colmillo. En Colombia, los manatíes están protegidos desde 1969 por la resolución nro. 574 que prohíbe la caza, transporte, comercialización y utilización de los manatíes y de sus productos.

     

    Julieta fue liberada en El Rodadero el pasado 7 de julio gracias a los cuidados del personal del CAV-R, quienes antes de liberarla le instalaron un rastreador para monitorear su feliz regreso a la libertad. Sin embargo, el júbilo creado por el éxito de la rehabilitación y liberación de Julieta fue reemplazado por tristeza, rabia, vergüenza e indignación el pasado 15 de julio, tan solo 9 días después, cuando se conoció que, en su viaje hacia el sur a lo largo de la costa entre Santa Marta y Barranquilla, fue interceptada por pescadores que la persiguieron desde el puente de La Barra en Pueblo Viejo (Magdalena), hasta jurisdicción del corregimiento de Tasajera, en donde además de ahogarla, amarrándola por el hocico, la atacaron con machetes y arpones ocasionándole la muerte… Y sí, estimado lector, Tasajera es el mismo corregimiento de Pueblo Viejo que hace poco más de un año sufrió la tragedia del camión cisterna que transportaba gasolina y explotó mientras los pobladores lo saqueaban, dejando como saldo 45 muertos y decenas de heridos.

     

    La de Julieta es una verdadera pérdida para el patrimonio biológico del planeta, pero más allá de buscar venganzas y culpables, su triste final debe generar preguntas cuyas respuestas conlleven a tomar acciones urgentes para evitar que esta apacible mártir, miembro de una especie en grave peligro de extinción, haya muerto en vano. El hecho debe generar conciencia en todos los eslabones de nuestra sociedad, desde los niños más pequeños hasta los encargados de la toma de decisiones, pasando, por supuesto, por los pescadores.

     

    Preguntar por qué un hecho como estos ocurre en Tasajera es desconocer la situación de miseria y abandono que el corregimiento ha sufrido por décadas. Si sus habitantes son capaces de arriesgar la vida por robar gasolina de un camión accidentado, ¿qué esperanzas de sobrevivir tenía Julieta, que virtualmente representaba un pedazo de carne de 450 kilos nadando lentamente frente a ellos? Como dice Wade Davis en su último libro sobre Colombia, Magdalena River of Dreams, las personas matan manatíes porque tienen hambre y necesitan alimentar a sus familias, así que para salvar a los manatíes es necesario salvar primero a las personas.

     

    ¿Por qué un manatí cae en redes de pescadores en las aguas protegidas de un parque natural como el Tayrona? ¿Fue acertado liberar un manatí en pleno Rodadero teniendo en cuenta la actividad turística y pesquera de la zona? ¿Qué acciones están tomando los gobiernos municipal, departamental y nacional para que Tasajera deje de ser fuente de noticias tristes como estas? Esta nueva tragedia exige que las autoridades se pronuncien y den respuestas. No se nos puede olvidar que seres como Julieta, que ojalá nos esté observando hoy desde el cielo de los manatíes, habitan este territorio desde mucho antes que nosotros y, en ese sentido, somos nosotros los invasores.

    * Tomás Correa Restrepo es geólogo, magíster en Recursos Minerales, con especializaciones en Gestión Ambiental y Gerencia de Proyectos. Es amante del buceo y la natación. Trabaja como investigador en el Servicio Geológico Colombiano.

     

  • La niñez entre la calle y la resocialización

    Valeria Ríos Flórez / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    El martes en la tarde era la reunión con Brayan Urrego en la casa de Andrés, la persona que nos presentó y que, además, lo apadrinó por varios años. Yo ya sabía de su existencia mucho antes de ese encuentro y debo advertir que desde el primer momento quise conocer detalles de su historia.

     

    Cuando llegué me estaba esperando sentado en una silla del balcón. Al verlo, lo primero que pensé fue que me había equivocado en todas las imágenes que días atrás había construido en mi cabeza sobre él: que era un muchacho que conocía de cerca los quehaceres de la calle, se acostaba una o varias noches con el estómago vacío y no tenía muy buena relación con su mamá, aunque ella misma haya sido quien lo llevó a que se resocializara en una fundación. Lo imaginaba como la típica nea de barrio, pero en muchas ocasiones la portada del libro poco o nada tiene que ver con su contenido.

     

    Tiene tez blanca, es alto, bastante flaco, de ojos claros, lleva un jean ajustado, una camiseta que le sobrepasa la cintura y tenis que podrían ser talla 40. Portaba un reloj muy llamativo en su mano derecha y lleva las uñas limpias y organizadas, una cuestión poco común en un alguien que tiene 20 años. El cabello perfectamente peinado y asentado con gomina o con alguno de los tantos geles que usan los hombres para arreglarse. Su mirada denotaba una combinación entre nobleza, fuerza y fragilidad.

     

    No podía ocultar que estaba nervioso, el movimiento constante de sus manos lo delataban. Sin embargo, no nos costó romper el hielo. Empezó por decirme que desde pequeño ha sido receptivo, le gusta escuchar a los demás y aunque puede ser tímido al inicio después de un rato logra ser tan abierto como si de un amigo se tratara.

     

    Aunque con el tiempo ha aprendido a ser selectivo con sus amistades, mientras cursaba la básica primaria en la Institución Educativa Fe y Alegría de Manrique, fue una ardua tarea aprender a negarse a hacer lo que él era consciente de que estaba mal hecho. Nunca fue el primero del grupo porque entre muchas cosas, como bien me dijo: “salía y hacía lo que yo quería, muchas veces ni hacía tareas; me iba a hacer cosas con amigos, a jugar en la calle, a gaminear, por así decirlo.”

     

    Los juegos de Brayan no eran precisamente jugar con carros, asistir a un partido de futbol o ir a un parque de diversiones, sino subirse a los buses por la parte de atrás e irse pegado de la puerta con sus amigos hasta pasar cerca de su casa, o, en ocasiones, cuando corrían con suerte, entraban y jugaban en el corredor del bus. “A esa edad uno solo piensa en divertirse y no en que, si uno se cae de ahí, se va a aporrear”, dice entre risas.

     

    En la zona nororiental de Medellín, en la Comuna 3, barrio donde creció, era normal ver cómo robaban, saber dónde y quién distribuía la droga y tener conocimiento de que el vecino podía ser un asesino, el campanero de la zona o una víctima más de las llamadas vacunas. Las bandas criminales no perdían oportunidad para reclutar niños y entrarlos al negocio. Brayan no fue la excepción. Por permanecer tanto tiempo en la calle, en repetidas ocasiones recibió diferentes propuestas para hacer dinero fácil y rápido. Así como también besos, abrazos y sexo a cambio de probar la droga.

     

    De acuerdo con lo dicho por diferentes organismos de la Alcaldía en el Plan Docenal: Medellín, ciudad y ruralidad de niños, niñas y adolescentes: “El reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes en la ciudad de Medellín se sigue presentando a partir de la presión que ejercen los grupos armados para inducirles a pertenecer a sus organizaciones, mediante la tenencia de armas de fuego, conducción de carros y motos y entrega de dinero. Aún en contra de su voluntad son forzados a ingresar a estas estructuras criminales a través de amenazas a ellos/as y sus familias, despojo de propiedades, hechos de violencia física y sexual, entre otros.”

     

    A pesar de que él asegura nunca haber accedido, sí reconoce que las necesidades económicas y el constante “no” de su mamá cada vez que le pedía algo de plata, lo llevaron a robarle en dos ocasiones. “Uno en ese momento siente mucha adrenalina de que lo vayan a pillar, a castigar, a pegar. Y claro, mi mamá se daba cuenta de que le faltaba plata. La primera normal, pero a la segunda no me salvé. Fue a buscar debajo de mi colchón y ahí estaba la plata porque yo la guardaba para gastármela en el colegio. Ese día me pegó tan duro que me sacó sangre en las piernas.” me dijo.

     

    Hay diversas opiniones y explicaciones para remitirse a la idea de “delincuencia”. Desde la mirada de Émile Durkheim, el sociólogo francés que junto a Karl Marx y Max Weber estableció formalmente la sociología como una disciplina académica, propone: “aunque la delincuencia parece ser un fenómeno inherente a cualquier sociedad humana, el valor que se le atribuye depende de la naturaleza y de la forma de organización de la sociedad en cuestión.”

     

    A su vez, afirma Michel Focault: “El hombre al delinquir, no se encontraría fuera de la ley, sino “fuera de la naturaleza” ya que ha roto el pacto social, volviendo a un estado de barbarie. Debido a ello, es considerado un enemigo dentro de la sociedad: “el infractor se convierte en el enemigo común. Peor que un enemigo, incluso, puesto que sus golpes los asesta desde el interior de la sociedad y contra esta misma: un traidor. Un “monstruo”.

     

    En el contexto colombiano, específicamente la “delincuencia infantil”, según la Defensoría del Pueblo, se entiende como aquellos delitos, contravenciones o comportamientos que socialmente son juzgados y que cometen las personas que son consideradas como jóvenes por la ley, en este caso, quienes tienen entre 12 y 18 años, como está expresado en el artículo 34 del código civil colombiano.

    Los procesos de resocialización se fundamentan en afianzar las capacidades de los niños en su autonomía, responsabilidad y sentido crítico. Foto: Cortesía.

     

    En la búsqueda de los motivos por los cuales estos jóvenes deciden cometer actos ilícitos y para entender su reincidencia, la Procuraduría General de la Nación y la Fundación Antonio Restrepo Barco realizaron un estudio en el 2007 que arrojó un alto porcentaje de adolescentes que consumen sustancias psicoactivas y delinquen para poder conseguirlas. Sin embargo, otra parte de la población lo hace por necesidades económicas y, por lo tanto, entre los delitos más frecuentes se encuentran: el hurto, venta de estupefacientes y prostitución.

     

    Andrea Tillares Cifuentes en su tesis de grado El arte como herramienta de mediación. Experiencia artística para la resocialización de menores infractores de la ley en Colombia, explica que esto se debe a la falta de oportunidades educativas, el difícil acceso a ellas y el fracaso escolar. También, se tienen en cuenta factores en términos sociales como el trabajo infantil, “ya que existen registros de niños entre los 6 y 14 años que se encuentran vinculados a trabajos informales y otros casos de niños y jóvenes que han optado por la prostitución y el tráfico de drogas”, asegura.

     

    En respuesta a la escasez y las necesidades económicas, sociales y afectivas, Patrizia Benvenuti, en su texto Violencia juvenil y Delincuencia en la región de Latinoamérica, afirma que: “la asociación de bandas y pandillas, como arma de rebelión contra la falta de oportunidades y como alternativa de ingresos, es otro detonante de este fenómeno, claro ejemplo de ello está en la ciudad de Medellín, en donde hay pandillas juveniles con afiliados de tan sólo 8 o 10 años de edad.”

     

    Asimismo, en el Plan Docenal se menciona que el ICBF, uno de los mayores entes reguladores del bienestar y el cumplimiento de derechos de niños y jóvenes: “ha informado que en los últimos años se registra un aumento de adolescentes infractores —según lo define la Ley 1098— asociados a casos de homicidios, hurtos y expendio de estupefacientes. Es conocido que inician como informantes y con actividades de menor impacto, pero van ascendiendo hasta convertirse en perpetradores de asesinatos, secuestros y violaciones sexuales”.

     

    Un día cualquiera después de muchas discusiones y problemas con su familia, Kelly, la mamá de Brayan, llegó llorando a su trabajo, una casa donde se encarga de hacer el aseo. Sus patrones, que tienen como profesión la docencia, le preguntaron qué le pasaba, que por qué estaba tan preocupada. Ella les contó que tenía muchos problemas en su casa y que su hijo mayor, Brayan, era indisciplinado, mentiroso, irrespetuoso, que siempre que llegaba de trabajar lo encontraba en la calle y que además estaba empezando a robar. Siguieron haciéndole preguntas sobre el trato que le daba a sus hijos, a lo que ella admitió que les pegaba, les gritaba y no les daba confianza; pero que no sabía cómo podía mejorar esta situación si no tenía plata para pagarle a alguien o la colaboración de su mamá para que estuviera al pendiente de ellos.

     

    Ante este panorama, le sugirieron buscar una fundación que no solo ayudara sus hijos sino también a ella, porque no estaba siendo realmente una buena mamá, según ellos “por falta de sabiduría y el desconocimiento sobre cómo afrontar las dificultades.”

     

    Decidió pensarlo esa noche. Entre lágrimas me confesó que se sintió como una basura y que creyó que iba a cometer el peor error de su vida. “Llegué a la casa llorando, no sabía qué hacer”, dice Kelly. Le comentó a quien en ese momento era su pareja y estuvo de acuerdo en que ingresaran a Brayan a la fundación. “Eso es preferible a que se nos pierda y el día de mañana encontrarlo por ahí, muerto” le dijo él. Sin embargo, cuando se lo comentó a su mamá, no estuvo de acuerdo. Su única respuesta fue: “Eso no lo hace uno, eso es una mala madre”. Aun así, se hizo consciente de que no podía ser egoísta y de que iba a ser lo mejor para su hijo.

     

    Los dueños de la casa de familia la ayudaron a buscar la fundación y entre varias opciones, decidieron hacer el proceso con la Fundación niños, niñas y adolescentes de la Divina Misericordia de Envigado. Entidad que se fundó en 1996 por Liliana Suárez, su actual directora, y un joven que se encontró alguna vez en una iglesia. Ella estaba ayudando a un niño, habitante de calle, y él, al ver este gesto, le propuso que formaran una sociedad.

     

    Iniciaron unas salidas los sábados donde hacían recorridos para acudir esta problemática. Empezaron la labor con 3 niños y con ellos trabajaron unos meses. Luego, vieron la necesidad de brindarles un hogar, por lo que alquilaron una casa en La Estrella y la adecuaron con cosas de cada uno: colchones, ollas, platos, cobijas, almohadas, cortinas y productos de segunda necesidad que les sobraban y eran necesarios para brindar el servicio, comentó ella.

     

    Según el Plan Docenal el Censo de habitantes de calle realizado en 2009 en Medellín se identificaron 3.381 habitantes de calle, definidos como las personas de cualquier edad que generalmente han roto sus vínculos familiares y hacen de la calle el lugar único para su supervivencia. Y 20.971 habitantes en calle, es decir, personas de cualquier edad que realizan en calle actividades que le permiten un sustento económico y se alterna con la casa y la escuela y del total de censados, fueron identificados 1.080 niños, niñas y adolescentes, 153 de calle y 927 en calle. Lo que fue aún más alarmante en esa época es que “solo 55 niños, niñas y adolescentes que se encuentran en situación de calle, tienen garantizado la apertura de proceso administrativo de restablecimiento de derechos y, por lo tanto, 16 niños, niñas y adolescentes continúan con sus derechos vulnerados.”

     

    Tiempo después ambos se dieron cuenta que esta era una población que necesitaba una atención especializada por ser niños habitantes de calle. “Ellos respondían con mucha agresividad, violencia y en los colegios no los aceptaban. Nosotros no teníamos capacidad para profesionales entonces fuimos estudiando la idea de mejor prevenir el niño en situación de calle, y esa es la población que atendemos ahora: niños de escasos recursos, que tienen a sus padres en la cárcel, viven con los abuelos, ellos ya son mayores y no pueden hacerse cargo, madres que son internas y manejan horarios muy extensos, por violencia intrafamiliar y desplazamiento forzoso” expresa Liliana.

     

    Según lo dicho por la Personería de Medellín en el Plan Docenal, entre el 1 de enero y el 30 de diciembre de 2014 recibieron “1.774 declaraciones en el Formato Único de Declaración –FUD– por desplazamiento forzado intraurbano; así mismo reporta para el año 2013 las comunas 13 (San Javier), 8 (Villa Hermosa), 1 (Popular), 3 (Manrique) y 7 (Robledo) como las que marcaron la pauta negativa como principales comunas expulsoras, grandes generadoras de desplazamiento forzado intraurbano.”

     

    El proceso para el ingreso tuvo varias condiciones. En primera instancia hicieron una entrevista con los padres, en este caso Kelly y su pareja con el psicólogo, el pedagogo y otros profesionales de la fundación y después, la tuvo Brayan con estas mismas personas. Llenaron un formulario y tras varios papeles, fue aceptado. “Desde ese momento empezaría un reconocimiento del espacio por parte del niño, en el que se identificaría su adaptación y se determinaría bajo qué condiciones se iba a quedar”, dijo la directora. Ya todo estaba listo para empezar este proceso donde él podría formarse y, en especial, resocializarse como persona. “Yo creo que es el paso más duro que he tomado”, comenta la mamá.

     

    El término “resocialización” ha sido definido y estudiado desde la criminología, el derecho penal y la sociología por diferentes autores. En el caso de Focault, en el texto Pensamiento Penal de Michel Foucault, escrito por Edison Carrasco Jiménez, se menciona que el filósofo considera que “la pena resocializadora nace con la prisión moderna, a fines del siglo XVIII. No obstante, sólo alcanzará un desarrollo y dimensión especial en la última parte del siglo XIX, cuando el proyecto de transformación de los individuos se promueva plenamente por las disciplinas vinculadas a la cuestión criminal y se acompañe por creaciones institucionales y reformas legislativas del sistema penal.”

     

    En el mismo texto y similar a las consideraciones anteriores, es citado Rousseau, quien aporta su significado: “Cualquier malhechor, atacando el derecho social, se hace por sus maldades rebelde y traidor a la patria; violando sus leyes deja de ser uno de sus miembros; y aun se puede decir que le hace la guerra. El proceso y la sentencia son las pruebas y la declaración de que ha roto el pacto social y de que por consiguiente ya no es un miembro del estado.”

     

    En sus orígenes, también se tiene en cuenta que Rotman reconoce que la resocialización puede tener cuatro modelos respectivamente: “el modelo penitenciario (que tendría por elementos básicos el trabajo, la disciplina y la educación moral), el terapéutico o médico (sobre el que gira la mayor parte del debate actual sobre la resocialización), el modelo de aprendizaje social, y una concepción de la resocialización orientado por los derechos de los presos.”

     

    Para llegar a la fundación, surgieron varios impases, porque, aunque estaban en la misma ciudad, las calles de Manrique no son iguales a las de Envigado, un lugar que ellos reconocían como el sector donde vive “la gente de plata”, dice Brayan. Se perdieron, no conocían direcciones, pero preguntaron en una tienda cerca a la cancha La Paloma y así fue como pudieron llegar.

     

    Le pregunté a Brayan cómo se había sentido cuando su mamá lo dejó allá. Particularmente reconoció este como uno de los momentos más difíciles desde que inició el proceso. “En el momento fui muy fuerte, no solté ni una sola lagrima, le dije: ‘Hágale ma, te amo, chao’, pero después de que ella pasó esa puerta yo me eche a llorar y pensaba ‘Dios mío, ¿yo qué hago acá?’ Ella siempre me habló de lo bonito, pero nunca de lo malo, de la cantidad de personas que había que tolerar ahí, de los esfuerzos que había que hacer y el montón de pensamientos diferentes que había a los tuyos”, respondió.

     

    A pesar de que él siempre había sido independiente y teniendo tan solo 10 años intentaba salir adelante, estar ahí le produjo una sensación de abandono. Aunque no estaba todo el tiempo con su mamá, pasar de verla en las noches a poder hacerlo sólo cada ocho días, fue un cambio radical.

     

    Ese primer día en la fundación fue determinante. Al entrar, todos los niños lo miraban extrañados y curiosos, pero el primero en acercársele fue Adrián, el que se convirtió en uno de sus mejores amigos. Cuenta que muchas veces trasnocharon y Adrián le contaba sobre su vida, “era de esos niños que tenían a la mamá en la cárcel y había vendido dulces los fines de semana antes de llegar allá” me dijo.

     

    Ese día se la pasó conversando y conociendo, pero cuando llegó la noche admitió que se sintió solo y vacío. “No dormí. Me sentía diferente en la cama y ajeno a todo lo que estaba sucediendo, pero sentí que en parte eso me iba a ayudar” aclara Brayan.

     

    Me inquietó conocer cuáles son las dinámicas que se llevan a cabo en este tipo de lugares porque, como en cualquier institución, deben ser bastante rigurosos, y, en efecto, después de escucharlo, confirmé que así son: “Levantarse a las 5:30 a.m. Tender la cama, lavar la ropa interior. Luego entrabamos al comedor a desayunar y ahí no se hablaba. Yo siempre he sido de hablar mucho y esa era mi mayor debilidad, entonces los llamados de atención eran para mí. Después de terminar de comer, nos cepillábamos los dientes, íbamos a estudiar y luego volvía a la fundación, ya me estaba acostumbrando mentalmente a estar ahí”.

     

    Para él no es complejo adaptarse a nuevos espacios y saber que ya tenía algunos conocidos hizo la situación más llevadera. Además, agrega: “Llegábamos, almorzábamos, nos cambiábamos al uniforme de la fundación, hacíamos las tareas, llegaban las alfabetizadoras, pero como cosa rara, nunca había una para mí. Desde que recuerdo yo era el niño que le tocaba quedarse con la cuidadora; nuevo y encima eso. A las 4:30 p.m. tomábamos el algo y después nos íbamos a hacer cualquier actividad, jugar futbol, por ejemplo. Si estábamos haciendo algo por fuera, llegábamos tipo 6:00 p.m., comíamos, nos cepillábamos y a las 8:30 o 9:00 p.m. nos acostábamos a dormir”, narra con entusiasmo Brayan, como si me estuviera contando un cuento donde él es el protagonista.

     

    El primer viernes que Kelly podía pasar a recogerlo, lo vio e imaginó que su hijo estaba bien, pero la realidad era otra, confesó él. Sin embargo, como era el primer fin de semana y la estaba esperando con tantas ansías, quiso hacerle creer a su mamá que estaba muy feliz, que era un lugar maravilloso. Lo que nunca le contó fue que lo regañaban constantemente, que era el último en dormirse y como sería normal, los castigos no se hicieron esperar: barrer, trapear toda la casa, lavar la ropa de los demás o lavar los platos. Brayan poco a poco pasó por todos, pero asegura que prefería asumirlos que dejarse consumir por la monotonía. “Hubo un momento donde me di cuenta que la rutina no era lo mío. Me agobia, no la soporto”, dice.

     

    El domingo en la tarde cuando volvió de su casa ya sentía más propio el lugar. Se estaba acostumbrando a que ahora ese era su nuevo hogar. “Aprendí a verle cosas diferentes al día a día. Es chévere porque eso te enseña a llevar la vida viviendo el día, lo cotidiano. No ver los días como uno más sino como una oportunidad de que cosas nuevas pueden suceder. Ahí fue donde aprendí a estar conmigo mismo, a construirme y me di cuenta que el mejor proyecto soy yo mismo”, agrega.

     

    Para hablar del término resocialización en Colombia hay que remitirse al Código Penal de 1980, donde se incorporó legalmente este vocablo. Fue de conocimiento público gracias a varios tratados internacionales aprobados por Colombia que se convertirían posteriormente en leyes, como lo son la Ley 74 de 1968 y la Ley 16 de 1972. Antes de este concepto, se usaban las palabras “reforma” y “readaptación social” según Kenny Dave en su texto Resocialización del individuo como función de la pena.

     

    Posteriormente, en 1993, el Código Penitenciario y Carcelario encontraría definida la resocialización como “función, finalidad y tratamiento de la pena, dándole un desarrollo más amplio que el del código penal de 1980” en los artículos 9 y 10 que establecen la finalidad de la pena y el tratamiento penitenciario, respectivamente. En conjunto, de acuerdo con la Corte Suprema de Justicia, “Por resocialización se entiende la acomodación y adaptación de una personalidad al medio del cual se desprendió en razón de la conducta y del delito cometido. Buscase con ella que el hombre vuelva al seno social desprovisto de aquellos motivos, factores, estímulos, condiciones o circunstancias que, contextualmente, lo han podido llevar a la criminalidad, con el propósito de evitar que reincida, es decir, que caiga de nuevo en el comportamiento delictivo”, afirma Dave.

     

    Susana Pineda, trabajadora social de la Universidad Pontificia Bolivariana, señala que el proceso de resocialización tiene varias fases. En la primera de ellas, cuando se trata de un menor de edad, es necesario hacer un diagnóstico donde se determina cuáles son los factores de vulnerabilidad y generatividad y se hace un enlace con el ICBF. Después, se inicia el proceso de intervenciones o ayudas con alta seguridad, paulatinamente, según su progreso, se pasa a media seguridad y finalmente, se determina cuándo puede salir el menor y reintegrarse nuevamente a la vida en sociedad. Además, afirma que “debe hacerse un plan trimestral de acompañamiento psicosocial donde se plantean unos objetivos de trabajo para que el menor pueda cumplir con su resocialización.”

     

    Conforme fue transcurriendo el tiempo, psicólogos, cuidadores y voluntarios conocieron el caso de Brayan y en la escuela de padres, a su mamá, quien, además, me contó que este tipo de espacios le ayudaron para entender que es importante el diálogo, la confianza y el ejemplo que se da en casa para el crecimiento y la buena educación de los niños. “Fue mucho el apoyo en la fundación. Fue una situación muy dura para él y para mí, pero nos educaron como familia”, dice Kelly.

     

    No puede desconocerse que fueron años difíciles y que tanto Brayan como su núcleo más cercano experimentaron cambios como consecuencia de esta nueva vida que empezaba a construir. Para su mamá, recogerlo cada ocho días, pero tenerlo que volver a dejar allá, significaba “un enorme vacío llegar a la casa y saber que no lo iba a encontrar”, dice ella al mismo tiempo que reconoce que es una cuestión que hoy todavía le duele. Y para él era un mundo inexplorado que, aunque quería creer que era una buena oportunidad, le tomó tiempo, esfuerzos y sacrificios recoger los frutos.

     

    Mientras conversábamos, Brayan recordó que justo cuando estaba atravesando esos momentos difíciles, un día se le acercó Jorge Iván Salazar, benefactor de la fundación, y le dijo: “todo lo que usted quiera lograr, está en y depende de usted”. No está seguro si aún vive o si ya habrá muerto, pero de lo que sí tiene certeza es que esas palabras marcaron su vida en ese momento y se convirtieron en aliento para esos días en lo que solo veía el lado negativo de las cosas. “Eso me hizo entender que uno como persona, aunque puede ayudar a los demás, nunca debe olvidarse de sí mismo ni ponerse en segundo plano porque nadie va a ser eso. Las personas vienen y van como la vida misma”, me dijo.

     

    Después de todo, empezó a ser un joven reconocido por ayudar a los demás. Se convirtió en un líder dentro de la fundación y un referente de caballerosidad, respeto, compromiso, solidaridad, compañerismo y, en especial, de superación personal. No solo su mamá dice que es un hombre muy diferente al que entró; sincero, atento, humilde, comprensivo sino también sus amigos, los profesionales que acompañaron su proceso y quienes conocen de cerca su historia de vida.

     

    Desde antes de ingresar a la fundación “soñaba con ser cantante, estudiar Administración de Empresas o Negocios Internacionales”, dice. Pero sus aspiraciones y su forma de ver la vida no son las mismas después de salir de ese proceso. Durante los 6 años que permaneció en la fundación, se reeduco, cambió su forma de actuar, pensar y aprendió a controlar sus emociones. Allí pudo confirmar que hay una gran diferencia entre oír y escuchar, y él ha podido desarrollar las habilidades suficientes para saber muy bien cómo hacer la segunda, así que después de terminar el colegio, se propuso estudiar piscología en la Universidad de Envigado y dice: “no solo lo hago por ayudar a la gente sino por conocerme y ayudarme a mí mismo”, y así lo está haciendo, lo está logrando. Hoy tiene la oportunidad de trabajar, estudiar el pregrado que quería y ser un hombre independiente como siempre lo ha sido.

     

    No omitió añadir que su motivación para elegir esta carrera fue su propio proceso y el conocer personas en la fundación con las cuales logró identificarse. Una de ellas fue Andrés, quien trabajaba allí, conoció de cerca su caso y decidió ayudarlo económicamente. Pero lo que fue aún más valioso es que le permitió conocer detalles importantes de su vida, e incluso, lo llevo a su casa y le presentó a su familia. Dejó de ser un miembro más de este lugar y pasó a ser, con los años, un amigo, confidente y, ahora, es como un hermano mayor.

     

    Al igual que el caso de Brayan, continúan llegando cientos iguales o similares a la fundación. Liliana asegura que atienden actualmente a 1.300 niños y que hay temporadas en que los ingresos aumentan como resultado de las dificultades económicas, cuando los padres se quedan sin trabajo o porque la violencia intrafamiliar crece considerablemente.

     

    A propósito de esta última causa, de acuerdo con lo dicho por el Consejo de niños, niñas y adolescentes del corregimiento de Altavista en el Plan Doctrinal “Hay violencia porque falta dinero, porque la gente no tiene empleo, por el vicio y las mentiras, porque la gente no sabe resolver los problemas”. Conjunto a esto, se analizan otros factores como el alza en los productos de la canasta familiar, la calidad de los empleos y el pago por ellos, pues este es el sustento de muchas familias y, por ende, de niños que terminan en instituciones como el ICBF o fundaciones sin ánimo de lucro.

     

    “La Fundación World Vision reporta en el informe de diagnóstico de la Comuna 1-Popular en 2013, que los niveles de desempleo, especialmente con el grupo poblacional de jóvenes, continúan siendo muy altos en la ciudad, lo que genera decisiones de vida en esta población que condicionan la misma de acuerdo al flujo económico existente, como lo es la vinculación al conflicto, las adicciones, el tráfico y la delincuencia, los embarazos en adolescentes, interrupciones de embarazos y problemas de salud mental”, se informó en el documento realizado por la Alcaldía de Medellín.

     

    Entre estos casos, se encuentra el de Miguel Ángel, un niño que tiene 10 años y ahora, permanece en la fundación de lunes a viernes. Algunos fines de semana va a su casa donde está su mamá, su tío y su hermano.

     

    Aunque por la situación de salubridad que vive la ciudad no fue posible ingresar, conocerlo y tener una charla de forma presencial, con los audios que me hicieron llegar de él por medio de Susana, una de las cuidadoras de la fundación, pude hacerme una imagen de su rostro. Su voz tranquila, segura, inocente y fuerte me hacen pensar que es hábil, despierto y que a pesar de que su mamá no tiene tiempo para cuidarlo, se siente cómodo donde está.

     

    Al fondo de su voz se escucha el bullicio de niños que hablan, corren, juegan y gritan. Tal vez para ellos es un mundo y una realidad más colorida que la que viven afuera. De hecho, de forma implícita él lo reconoció, dice que lo han llevado a varios paseos y que antes casi no salía. También me manifestó que puede conectarse perfectamente a sus clases virtuales, hacer sus tareas, gracias a la ayuda de sus profesoras en la fundación, y genuinamente, al final del audio y casi entre risas, agregó “y aquí hay mucha comida”.

     

    El acompañamiento en la fundación no solo está a cargo de personas que reciben un salario mensual sino también por profesionales que ofrecen su conocimiento de manera voluntaria. Entre abogados, psicólogos, sociólogos, antropólogos y cuidadores velan por el avance de los distintos casos. Estefanía Arango, psicóloga que ha hecho parte de este grupo de voluntarios, resalta: “las principales actividades que se desarrollan radican básicamente desde un acompañamiento psicosocial, desde lo pedagógico o desde lo psicológico. Allí estarían todas esas impresiones diagnosticas, remisiones, ICBF, comisaria de familia y demás. Talleres, habilidades para la vida, conciencia emocional y exploración” A su vez, dice que uno de los puntos más importantes es que a través de todas estas actividades se busca garantizar los derechos de los niños, niñas y adolescentes, bien sea desde el ámbito académico, médico o nutricional.

     

    Parece que la rutina no es muy diferente a la que momentos atrás me narró Brayan. Este pequeño se levanta, tiende la cama, se baña, se viste y espera a que el resto de sus compañeros estén listos para bajar a desayunar. Luego se conectan todos a sus clases. En el primer descanso deben hacer las tareas que les hayan asignado en ese momento y luego volver nuevamente a conectarse. Después almuerzan, tienen diferentes actividades, comen algo en la tarde, continúan en juegos o dinámicas y, finalmente, en la noche comen algo y se van a la cama. El único distintivo es que Miguel lo ha dicho más lento y con unos cuantos “Aaahh sí, y entonces luego…”, como expresiones propias de su edad.

     

    Más adelante, empezamos a hablar de qué era lo más difícil de estar en la fundación y con un tono más bajito, me dice: “separarme de mi papá porque después de que dejé de vivir con él yo me puse muy triste” pero seguidamente lo escucho decir algo que confirma que los niños bajo ninguna situación dejan de ser eso, niños. Y es que dice que su momento más feliz fue cuando llegó a la fundación. Sintió que además de que lo recibieron muy bien, la compañía de su hermano y algunos amigos que hizo después, le hicieron todo más sencillo.

     

    “Extraño a mi papá, a mi abuela, a mi tía, a mi mamá y a mi familia de Gómez Plata”, expresó. Y es que, en definitiva, son personas que no se reemplazan ni con toda la atención, la educación, los juguetes y la comida del mundo.

    De hecho, el psicólogo de la Universidad de Envigado Andrés Felipe Ramírez, afirma que ingresar a este tipo de espacios genera que la vida del menor cambie radicalmente. “El mayor pilar emocional que tiene un ser humano a lo largo de su vida, especialmente en la niñez, es la familia. Al alejarse de ellos debe asumir otros retos, exige que el niño empiece a ser resiliente en su cotidianidad, exige que el niño comprenda su realidad de forma diferente, exige que él dialogue con su entorno de forma diferente y exige, además, que el niño desde temprana edad aprenda el significado de la palabra ‘desapego’. Esto sin mencionar que puede no comprender lo que está pasando y puede detonar en él comportamientos desadaptativos, lo que sería muy comprensible; comportamientos que son generados por la impotencia, el sentirse abandonado y por la frustración”.

     

    Así lo reconoce también la Alcaldía de Medellín en el Plan Docenal cuando explica que es importante tener en cuenta que las necesidades de los menores no solo son económicas sino también afectivas. Es imprescindible elaborar un duelo, reconstruir los proyectos de vida, comprender el desarraigo y esa separación inevitable que se produce con la familia; esto con el fin de cuidar su salud mental y brindar garantías después de la etapa de violencia, maltrato o postconflicto que haya vivido el menor.

     

    Miguel Ángel desea continuar en la fundación porque en su casa no tiene internet para hacer las tareas y, además, así evita pasar tanto tiempo solo. Ahora puede compartir con muchos amigos y personas que lo quieren, según me contó en nuestra conversación virtual pero inolvidable.

     

    Para despedirse de mí, aunque no sepa quién soy yo, quiso dejarle un mensaje a todos los niños que están pasando por una situación igual o similar a la suya: “No se angustien cuando lleguen acá, no tengan miedo porque acá de todas maneras siempre lo van a querer a uno y estén felices por la vida que tienen”.

     

    Reportaje realizado para el curso Periodismo IV, orientado por el profesor Ramón Pineda.