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  • Medellín se prepara para lo que debería ser una crisis migratoria

     

    “Los gobiernos regionales están tardíos para declarar esta situación como una crisis migratoria”, es el análisis que hace Luz Ángela Álvarez Henao, de la Secretaría de Inclusión Social de Medellín, sobre el flujo y la situación de migrantes provenientes de Venezuela en la capital antioqueña y la región.

     

    El éxodo de más de 4 millones de ciudadanos venezolanos es sin duda el más numeroso en la historia de América Latina. Equiparable al flujo de sirios que arriban al Viejo Continente escapando de la guerra civil que atraviesa su país y el de judíos que emigraron de Europa durante la Segunda Guerra Mundial entre 1939 y 1945, la migración venezolana repercute significativamente en todos los países de la región, especialmente en Colombia, no sólo por la proximidad geográfica, sino también por la extensa y porosa frontera que ambos estados comparten. Miles de venezolanos llegan al país (aproximadamente dos mil al día, según Migración Colombia) huyendo de la crisis social, política y económica sin precedentes que experimenta un territorio que paradójicamente posee la mayor cantidad de reservas petroleras del planeta.

     

     

    Colombia, que no cuenta con pocos problemas, asume un reto enorme al recibir a más de 1.700.000 venezolanos. 78.626 de ellos han encontrado refugio en Medellín. ¿Qué significado tiene para la ciudad acoger a un número tan elevado de migrantes?, ¿está Medellín preparada para ello?, ¿son suficientes los recursos para atenderlos? Estos fueron algunos de los interrogantes planteados durante la conversación con Luz Ángela Álvarez Henao, líder de la Unidad de Programas Especiales de la Secretaría de Inclusión Social de Medellín. La funcionaria dejó claro que aún hace falta elaborar políticas migratorias claras que permitan solventar los efectos que genera esta situación.

    Federico Hoyos: ¿Cuáles son las implicaciones sociales de la llegada de más de 78.000 migrantes venezolanos a la ciudad de Medellín?

     

    Luz Ángela Álvarez: Bueno… Obviamente tiene un impacto sobre todo en la agudización de algunos problemas sociales que ya tenía la ciudad. La migración no viene a generar otros problemas, siempre y cuando la manejemos bien. Se agudizan problemas tales como la demanda en salud, cupos de estudio y asistencia humanitaria, obviamente. Eso pasa cuando la migración no es bien manejada.

     

    Cuando vienen las personas en condiciones regulares, es decir, que cuentan con un permiso de permanencia, una visa, un documento legal; la situación con ellos es un poco menos compleja. Más de la mitad de los 78.000 migrantes venezolanos que viven en Medellín lo hacen de manera regular, lo que significa que tienen permisos de trabajo. A eso me refiero cuando hablo acerca del buen manejo de la migración. Si llegan personas con capacidad de trabajo que se pueden vincular al sistema de seguridad social, traen desarrollo para la ciudad. Ahí está la experticia, lo que tenemos que hacer como ciudad para darle un buen manejo a esa realidad de flujo migratorio que viene.

     

    Una falsa cadena de Whatsapp convocó a decenas de

    venezolanos a hacer filas por supuestos subsidios y mercados

    en plena cuarentena, el 24 de marzo de 2020. Foto: @QuinteroCalle

     

     

    “La migración no viene a generar otros problemas, siempre y cuando la manejemos bien. Se agudizan problemas tales como la demanda en salud, cupos de estudio y asistencia humanitaria, obviamente. Eso pasa cuando la migración no es bien manejada”.

     

    F.H.G.: ¿Es posible considerar este fenómeno como una crisis migratoria?

     

    L.Á.Á.: Yo diría que sí. Porque si miramos las cifras de otras migraciones en el mundo, este flujo migratorio va a ser uno de los más altos en la historia de la humanidad. Los gobiernos regionales están tardíos para declarar esta situación como una crisis migratoria, una crisis humanitaria.

     

    F.H.G.: Para finales del año pasado, Migración Colombia reportó que había unos 78.626 venezolanos en nuestra ciudad. ¿Tienen ustedes cifras nuevas al respecto?

     

    L.Á.Á.: La fuente oficial nuestra es Migración Colombia. Somos la quinta ciudad en el país con el mayor número de migrantes venezolanos. Hace poco salió el reporte del 31 de diciembre, donde se incrementan a casi 86.000 personas. Esa cifra es considerada como un subregistro, porque Migración Colombia sólo cuenta a las personas que pasan legalmente por la frontera.

     

    F.H.G.: Para nadie es un secreto que gran parte de los venezolanos que arriban a Medellín se encuentran en condiciones económicas difíciles, algunos incluso presentan serios quebrantos de salud. ¿Qué clase de asistencia les brinda la Secretaría de Inclusión Social a estas personas?

     

    L.Á.Á.: En general, hablamos de la Alcaldía. Existen unas normas que requieren a los entes territoriales atender la situación de salud de estas personas que llegan con deterioros importantes, pero también tenemos unos límites frente a la atención desde lo presupuestal. Actualmente sólo se están atendiendo situaciones de emergencia, pero no se están atendiendo situaciones de estabilización, de control o de prevención desde la parte territorial, o sea, desde Metrosalud y las instituciones públicas.

     

    Hay una alta presencia de cooperación internacional que está complementando esta atención en salud a la población migrante. Ellos (los migrantes venezolanos) vienen con unas cargas altas de enfermedad, dado que en su territorio no les estaban garantizando ni los medicamentos ni la atención requerida. Se le brinda prioridad especialmente a los niños, a las madres en embarazo y a las madres lactantes, quienes son atendidos en toda la red pública de Metrosalud.

     

    F.H.G.: ¿Cuáles son las implicaciones para el sistema de salud local al atender a migrantes irregulares, teniendo en cuenta que estos no contribuyen económicamente al mantenimiento de dicho sistema?

     

    L.Á.Á.: Es un impacto financiero bastante alto, porque a estas personas hay que atenderlas en situaciones de emergencia de salud y los recursos se le cobran a la nación. A las grandes ciudades de Colombia, le retiraron precisamente esos recursos. En este momento estamos pasando por una situación crítica en el sector salud. El año pasado solamente, el impacto fue de aproximadamente 9.000 millones de pesos que se facturaron en asistencia a esa población.

     

    F.H.G.: ¿Cuáles son los programas que promueve la Alcaldía desde la Secretaría de Inclusión Social para fomentar la vinculación de los migrantes venezolanos a la sociedad medellinense?

     

    L.Á.Á.: En este momento, estamos en la construcción del Plan de Desarrollo. No estábamos preparados para recibir migrantes, por eso no tenemos una política migratoria clara. Ese es el reto que tenemos este año, generar esa política migratoria y así poder estar preparados de aquí en adelante para cualquier situación.

     

    La propuesta también consiste en no generar programas alternos para atender a la población venezolana, ya que esto, por el contrario, podría generar brotes de xenofobia.

     

    F.H.G.: Una encuesta elaborada por el Proyecto Migración Venezuela, de la revista SEMANA, reveló que el 34% de los ciudadanos venezolanos encuestados se habían sentido discriminados. Desde la Secretaría de Inclusión Social, ¿qué políticas concretas se han implementado con el fin de mitigar y prevenir el rechazo y la xenofobia contra estas personas?

     

    L.Á.Á.: Siempre las estrategias de cualquier proyecto que se implemente para atender la realidad migratoria acogen a tres tipos de población: los migrantes, los colombianos retornados de Venezuela y, por supuesto, a la población local, que es la comunidad de acogida. Como ya se dijo, no se aplican programas alternativos para los migrantes venezolanos. Esto no tendría sentido porque son personas que también necesitan la misma asistencia que requieren los locales. Lo que hacemos es incluirlos dentro de la oferta local en programas como Buen Comienzo, en la oferta de atención de albergues, de emergencias, en la entrega de posibles ayudas humanitarias, etc. Todos son incluidos. Somos seres humanos en igualdad de condiciones.

     

    Tenemos que iniciar un trabajo de sensibilización con la sociedad civil frente a la acogida de esta población migrante. Ya tenemos la experiencia de acoger a personas en condición de desplazamiento. Se trata de promover una vinculación de esta población a través de una integración económica y cultural. Por más que a veces digamos que somos muy parecidos, culturalmente existen algunas diferencias que es importante trabajarlas también.

     

    “No estábamos preparados para recibir migrantes, por eso no tenemos una política migratoria clara. Ese es el reto que tenemos este año, generar esa política migratoria y así poder estar preparados de aquí en adelante para cualquier situación.”

     

    F.H.G.: ¿Cuál es el presupuesto destinado por la Alcaldía para atender las necesidades de la población venezolana que llega a Medellín?

     

    L.Á.Á.: El presupuesto es el mismo que tenemos para el resto de los programas. Como en este momento no se ha aprobado el Plan de Desarrollo, todavía no hay un presupuesto avalado. Por ahora, estamos haciendo la inversión con los mismos programas que tenemos dentro de toda la administración. Estamos trabajando con recursos de cooperación internacional y apoyándonos mucho en esas intervenciones de asistencia. Estamos tratando de pasar de la fase de emergencia, a una fase de estabilización de la población migrante venezolana en la ciudad.

     

    F.H.G.: ¿Con qué organizaciones cooperan ustedes?

     

    L.Á.Á.: En la ciudad hay cerca de 17 organizaciones que nos están apoyando, empezando por ACNUR y OIM, que son quienes están liderando la estrategia de coordinación a través del Grupo Interagencial de Flujos Migratorios Mixtos. Entre otras organizaciones está la Cruz Roja Colombiana, la Cruz Roja Internacional, el Comité de Rescate Internacional, MERCICORPS, Corporación Ayuda Humanitaria, Minuto de Dios, Humanity and Inclusion, el Consultorio Jurídico de la Universidad de Antioquia, etc. Estamos gestionando con ONU Mujeres para que ingrese y nos apoye. También tenemos organizaciones del orden local apostándole a proyectos de atención e integración a esta población.

     

    F.H.G.: Se calcula que aproximadamente el 3% de los estudiantes en las escuelas de la ciudad son venezolanos. ¿Cuáles estrategias se han implementado desde la Secretaría de Inclusión Social para garantizarle a todos los migrantes menores de edad, el acceso a la educación?

     

    L.Á.Á.: Cuando tenemos acceso a las familias migrantes por cualquier motivo, ya sea a través de la línea de emergencia, de las unidades móviles de niñez o de familia, activamos las rutas; es decir, indagamos dónde viven, les entregamos la información para que vayan al colegio más cercano y acudan a hacer la inscripción. Eventualmente se les hace un seguimiento para verificar si estas personas fueron a la institución educativa, y si se matricularon o no.

     

    Nuestro trabajo consiste en activar esas rutas, porque es la Secretaría de Educación quien pone a disposición los cupos escolares.

     

    F.H.G.: ¿Cuál son los requisitos mínimos para que los niños venezolanos puedan ingresar al colegio?

     

    L.Á.Á.: Cero. El mero hecho hecho de ser niño, niña o adolescente, prima. No existe algún requisito adicional para que una persona de estas pueda acceder a un cupo educativo.

     

    F.H.G.: ¿Ni siquiera se necesita el Permiso Especial de Permanencia?

     

    L.Á.Á.: No. Ese tipo de barrera no tendría sentido. Los niños tienen derecho a la educación, independientemente de su condición social o migratoria; de su edad, sexo o género.

     

    F.H.G.: Estadísticas del DANE indican que, para el último trimestre de 2019, la tasa del desempleo en Medellín estaba en un 12%, superando la del promedio nacional, que se situaba en un 10,9%. ¿Cómo interpreta usted estas cifras? ¿Es prudente atribuirle a los migrantes venezolanos el aumento de estas cifras?

     

    L.Á.Á.: No. Para nada. Esta situación migratoria lo que hace es agudizar unos problemas que teníamos instaurados en la ciudad. Ya veníamos con esa tendencia. Tampoco tenemos contados a todos los migrantes. Se trata de una situación propia de la ciudad y de la población local. ¿Qué se agudice el desempleo? Probablemente sí, si no hacemos una gestión adecuada. Tenemos que hacer un trabajo conjunto, generar fuentes de empleo para todos, incluyendo a los migrantes y a los no migrantes.

     

    Si miramos las cifras globales del país, si bien hay unas tasas de desempleo, también hay unos índices de crecimiento que de alguna manera han evidenciado que sí se les puede atribuir a la migración. Esto no depende solamente del Gobierno local. Si a nivel nacional no se toman otras medidas más contundentes, si no abren, por ejemplo, los permisos de permanencia, nunca vamos a superar que más de la mitad de la población venezolana que está en el país se encuentre en situación irregular. Eso dificulta el acceso al empleo, a la educación superior y a los servicios de salud.

     

    “¿Qué se agudice el desempleo? Probablemente sí, si no hacemos una gestión adecuada. Tenemos que hacer un trabajo conjunto, generar fuentes de empleo para todos, incluyendo a los migrantes y a los no migrantes”.

     

    F.H.G.: En la encuesta anteriormente mencionada del Proyecto Migración Venezuela, también se indica que más del 90% de los inmigrantes venezolanos residentes en Medellín no pueden ejercer su profesión. Esa cifra se traduce en altos niveles de informalidad e inestabilidad laboral. ¿Qué clase acciones se han tomado al respecto para evitar que esa mano de obra calificada se pierda?

     

    L.Á.Á.: Esa situación no está al alcance del nivel territorial. El Gobierno Nacional nos da las directrices, pero no nos da los recursos. La legalización de los títulos universitarios está a cargo del Ministerio de Educación. Mientras en el Ministerio no tengan mecanismos ágiles para convalidar títulos, por un lado, no es posible y por el otro, muchas personas que provienen de Venezuela ingresan sin la documentación requerida. Allá no le están colocando visado a sus títulos. Para hacer el trámite legal en condiciones normales de la homologación de un título, es necesario acudir a la embajada del país de origen, apostillar los títulos, expedir documentos legales, traerlos al país donde se migra (en este caso a Colombia) y finalmente llevarlos al Ministerio de Educación.

     

    En este momento Venezuela no está realizando ese tipo de trámites, por lo que podríamos decir que a los migrantes se les presenta una dificultad de carácter legal, tanto en su país de origen, como en Colombia, puesto que quienes logran llegar con su título, las homologaciones se están demorando años. Entonces, la alternativa que tiene esta mano de obra calificada es ingresar a la informalidad, o si cuentan con el PEP (Permiso Especial de Permanencia), trabajar en un oficio de menor remuneración.

     

    F.H.G.: ¿De acuerdo con las condiciones actuales, considera usted que Medellín está preparada para sortear los efectos de esta crisis migratoria?

     

     

    L.Á.Á.: Nos estamos preparando. Todavía nos hace falta consolidar estrategias. Lo hemos hecho bien, de una manera un poco más ordenada que lo han podido hacer otras ciudades del país. Ya han venido observadores de organizaciones internacionales a mirar cómo Medellín se ha venido preparando. Se han visto resultados comparados con otras ciudades que tienen poca claridad frente a qué es una persona migrante, quién es, por qué está aquí y cómo deben ser esos mecanismos de atención que muchas veces los tenemos, pero que, en ocasiones por desconocimiento, no se implementan. Si bien nos hace falta organizarnos un poco más, generar otras estrategias y jalonar algunos recursos, estamos tratando de hacer las cosas de la mejor manera.

     

    F.H.G.: ¿En qué momento considera que podría darse por terminada esta intervención con la población migrante, al menos en una fase inicial? ¿Hacia dónde debería “moverse” este proceso?

     

     

    << Desde diversas modalidades de trata de personas hasta manipulación con rumores falsos sobre subsidios y cooptación por grupos ilegales, son fenómenos a los que son vulnerables los migrantes venezolanos. Foto: @QuinteroCalle

     

     

    L.Á.Á.: Según las estadísticas, esta situación no va a mejorar ni en el corto ni en el mediano plazo. Se estima que este año puedan llegar al país cerca de dos millones de personas más, unas cuantas de ellas aquí a Medellín. Se deben generar más proyectos de estabilización, medios de vida y empleo para la población migrante. Hay que aprovechar más los mecanismos como el Permiso Especial para el Fomento de la Formalización. Hay que generar mayor sensibilización y capacitación con los empresarios para que podamos vincular más y más personas migrantes. Este año pasaremos de la etapa de emergencia a la fase de estabilización.

     

     

     

     

  • Cuarentena con razón. Opiniones jóvenes sobre la pandemia

    Es innegable que la pandemia por coronavirus significa un giro en la historia. La cuarentena, las decisiones estatales e individuales para hacer frente a la emergencia sanitaria dejarán impactos profundos que se verán con el tiempo. ¿Qué dicen de todo esto las nuevas generaciones? ¿Qué ha llamado su atención? ¿Qué les preocupa? ¿Qué esperan después de los tiempos de prevención, de enfermedad, de emergencia?

     

    La situación de los más vulnerables, las lecciones que debeos aprender sobre esta experiencia, los cambios en su entorno inmediato, entre los puntos de reflexión del os jóvenes periodistas en este especial. Foto: Alcaldía de Medellín.

     

    Contexto comparte con sus lectores una selección de textos realizados por periodistas en formación que nos muestran el significado de la emergencia sanitaria global para los principales convocados a todo lo que sigue después de superarla.

     

     

    “Tal vez la pandemia por coronavirus que vivimos hace parte de ese grupo de situaciones en las que no hay mal que por bien no venga, porque nos reunió en casa, nos puso a reparar vínculos…”

     

    Un virus moral – Julián David Henao Castaño

     

     

    “Sin embargo, gracias a esto, el pueblo está más unido. Alcaldía, bomberos, policías y demás trabajan con un mismo objetivo: detener el coronavirus.”

    No se pudo evitar lo inevitable – Néstor David Gómez Salazar

     

     

     

    “En momentos como este, los habitantes necesitan de la solidaridad de los otros, es cuando la ciudad necesita estar unida, debemos de ayudar a aquellos que son más vulnerables, no solo a padecer el virus, sino con aquellos que son vulnerables a padecer los efectos secundarios de este.”

     

    Cuarentena, el drama de los más vulnerables – Juan Camilo Hernández Hernández

     

     

    “Esto es un problema de todos, debemos ser responsables y dejar de pensar por solo un momento en nosotros primero, pues de nada sirve que estemos bien si el otro no lo estará, puesto que podrá contagiar a los demás. Como dicen por ahí: “la unión hace la fuerza”.”

     

     

    No es coeficiente intelectual, sino inteligencia emocional

    Sara Vélez Guerra

     

    “Es importante recalcar que, en tiempos de crisis, y sobre todo ahora tratándose de una emergencia sanitaria, todos tenemos una responsabilidad social que debemos asumir y cumplir. Hay que dejar ese individualismo y egoísmo y empezar a ponernos en los zapatos del otro.”

     

    La empatía en tiempos de crisis – Daniela Morales Álvarez

     

     

    “Se esperaría que la consecuencia de esta pandemia sea no volver a lo mismo cuando todo acabe, es decir, dejar la preocupación superficial y afán de consumo, que si se genera un cambio y es bueno, que sea permanente.”

    Una realidad para transformar – Laura Idárraga Giraldo

     

     

     

     

     

     

     

     

  • La empatía en tiempos de crisis

    Debido a la crisis sanitaria por la que está pasando el mundo con el Covid-19, el presidente Iván Duque decretó aislamiento obligatorio en todo el país desde el 25 de marzo hasta el 26 de abril, señalando que se trata de “una medida para la salud y para la vida”. Dicho decreto presenta 34 excepciones, entre las que se encuentran asistencia médica y adquisición de bienes de primera necesidad. Igualmente, quien no acate estas instrucciones será sancionado de acuerdo con el artículo 368 del Código Penal, el cual afirma que: “El que viole medida sanitaria adoptada por la autoridad competente para impedir la introducción o propagación de una epidemia, incurrirá en prisión de cuatro (4) a ocho (8) años.”

     

    Ahora, si bien la manera más efectiva para combatir el virus es el aislamiento social, ¿es posible aplicar esta medida en la Colombia desigual en la que vivimos?

     

    Hasta los animales callejeros han sido objeto de las medidas tomadas durante la emergencia sanitaria.

    Foto: Alcaldía de Medellín.

     

    Aun estando en toque de queda, cientos de colombianos salieron a las calles, entre esos muchos trabajadores informales que, en diferentes ciudades del país, fueron trabajar normalmente o a exigir ayudas al Gobierno, sin tener presente las decisiones tomadas por este último frente a la amenaza del Covid-19. Ante esto, las críticas no se hicieron esperar, porque es cierto que salir a las calles es una irresponsabilidad y es ponerse en riesgo a sí mismo y a los demás. Sin embargo, es fácil echar culpas y criticar esta situación cuando se está en una posición de privilegio; es fácil decir “yo me quedo en casa” para el que tiene un trabajo estable y un sueldo mensual, además de estar en condiciones para acatar el aislamiento. Pero hay que dejar un poco de lado ese egocentrismo y el “primero yo, segundo yo y tercero yo”, y entender que afuera de la burbuja hay una realidad desigual en la que viven otras personas que no cuentan con las mismas condiciones ni pueden acceder a cosas tan básicas como un mercado. Un poquito de empatía, por favor.

     

    “La medida es necesaria”, ¡claro que es necesaria! Es lo mejor que se puede hacer para reducir el riesgo de contagio. No obstante, implementar un aislamiento obligatorio en Colombia y lograr que toda la población lo asuma de manera apropiada es más complejo de lo que pensamos, porque esto no se trata simplemente de poner un hashtag en redes. No podemos olvidarnos de la desigualdad y pobreza que vive el país, o de que el desempleo está alrededor del 13%, ni podemos ignorar que hay personas dependientes de sus ventas diarias para conseguir los alimentos que llevan al hogar (donde en muchos casos son más de 4 personas), y que no pueden permitirse quedarse en su casa mientras escasea la comida y aumentan las deudas. Estas personas -entre ellas los vendedores ambulantes- no salen porque quieren o porque están en contra de esta medida, lo hacen porque se ven obligados, y sí, son conscientes del riesgo al que se exponen al salir de casa, pero también expresan que, si se encierran, no van a tener con qué vivir.

     

    Es obligación del Estado proveer las condiciones adecuadas para que todos los colombianos podamos responder correctamente a esta cuarentena, y aunque al principio las decisiones fueron tomadas buscando un bien general, pero ignorando necesidades particulares, ahora se está mostrando apoyo a la gente en condición de vulnerabilidad. Se han visto ayudas con el fin de garantizar, por lo menos, un ingreso para el sustento de los colombianos vulnerables durante estos días. El Primer Mandatario anunció un auxilio económico de $160 mil pesos para los trabajadores informales debido a la emergencia. Asimismo, la Alcaldía de Bogotá destinará un monto de $423 mil pesos para familias que se encuentren en condición de pobreza, y un auxilio de $178 mil para hogares vulnerables que no puedan acceder a una canasta mínima de alimentación; todo esto con el propósito de seguir debidamente el proceso durante la cuarentena.

     

    Es importante recalcar que, en tiempos de crisis, y sobre todo ahora tratándose de una emergencia sanitaria, todos tenemos una responsabilidad social que debemos asumir y cumplir. Hay que dejar ese individualismo y egoísmo y empezar a ponernos en los zapatos del otro. Con un Estado presente y el esfuerzo de todos, seguro que podremos manejar bien la crisis y pasará pronto, en lo posible. Es hora de demostrar nuestra solidaridad y empatía.

     

     

  • No es coeficiente intelectual, sino inteligencia emocional

     

    Gran parte de las decisiones que tomamos son influenciadas en mayor o menor grado por las emociones. Si pensamos detenidamente en la trascendencia de nuestras emociones en nuestra vida cotidiana, nos daremos cuenta que estas influyen casi siempre en nuestro día a día, aunque no nos demos cuenta. Se podría decir que la inteligencia emocional es como un catalizador para afrontar diferentes situaciones de la mejor forma. La empatía es un factor clave en este modelo, debido a que nos ayuda a entender la manera en la que podemos influir no solo sobre nuestras emociones, sino también sobre las de los demás.

     

    Un concepto clave de este tema es el cerebro social, según explica Daniel Goleman, psicólogo, periodista y escritor estadounidense, quien se refiere a las neuronas espejo, que tienen como función conectarse con otros cerebros para entablar puentes entre las emociones de las personas. Este tipo de neuronas se activan desde el nacimiento y comienzan a operar en las primeras interacciones del bebé, proceso que se extiende a la escuela. En Singapur, el gobierno decidió que en todas las escuelas se debía incluir un programa sobre competencias de la inteligencia emocional, para así seguir estimulando y motivando su proceso con el capital humano.

     

    Y… ¿Qué sucede con Colombia?

     

    La inteligencia emocional es una gran falencia en la mayoría de los colombianos, debido a la intolerancia y el individualismo en el que vivimos. Siempre pensamos primero en nosotros cuando estamos en situaciones diferentes a nuestras creencias o forma de pensar y vivir la vida. Nos llevamos por delante a los demás, sin tener autocontrol emocional y empatía. En conclusión, no reconocemos sus emociones. Diría que por estas razones realizamos y apreciamos tantos comentarios ofensivos en publicaciones de redes sociales, presenciamos agresiones en las calles por diferencias, somos víctimas de robos y huertos por parte no solo de otros, sino por nuestro mismo gobierno.

     

    Tenemos una gran necesidad de educación en inteligencia emocional en el país. Por ejemplo, en Medellín la intolerancia es la segunda causa por muertes violentas, entre el 2016 y 2018 el Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia (Sisc) de la Alcaldía arrojó que en la ciudad hubo 1.759 asesinatos, de estos 339 incidentes ocurrieron por problemas de convivencia, violencia intrafamiliar y de género.

     

    Si bien el comportamiento que cada uno tiene se adquirió durante la infancia, son modificables tanto por el entorno como por el aprendizaje de las habilidades blandas (habilidades que están asociadas a la personalidad y naturaleza del individuo) que la persona va adquiriendo en su adultez. Sin embargo, la ignorancia del tema y la cultura en los colombianos han hecho que crezcamos con desconfianza y con un estado de necesidad defensivo, porque nos sentimos todo el tiempo atacados, esto hace que automáticamente se produzca una reacción que nos hace decir frases como “no me la dejo montar por nadie”.

     

     

     

    Justo en esta situación que vivimos actualmente de emergencia sanitaria, en la cual las personas salen a abastecerse más de lo necesario y dejan los supermercados y las farmacias sin muchos de los productos que son indispensables en los hogares, como el tapabocas, antibacterial y algunos medicamentos; nos damos cuenta que no solo es intolerancia, sino también egoísmo, tomamos una actitud de “sálvese quién pueda”, sin pensar que, si los demás no tienen cómo abastecerse, les tocará salir a la calle a rebuscarse lo que los otros descaradamente compraron sin necesidad, por lo que podrán contagiarse del virus y la propagación de este seguirá. Esto es un problema de todos, debemos ser responsables y dejar de pensar por solo un momento en nosotros primero, pues de nada sirve que estemos bien si el otro no lo estará, puesto que podrá contagiar a los demás. Como dicen por ahí: “la unión hace la fuerza”.

     

    En Colombia deberíamos fortalecer este ámbito como en Singapur, tener un plan de estudio en donde se le dedique unas horas no sólo en los colegios, sino también, en el entorno familiar. Está comprobado por investigadores y corporaciones que las personas exitosas no son las de alto coeficiente intelectual, sino las que tienen autoconocimiento y autocontrol emocional, empatía y habilidades sociales. Esto no sólo reduciría los conflictos y problemáticas del país, también reduciría la tasa de mortalidad por suicidios y los trastornos mentales en los ciudadanos.

    ¿Qué estamos esperando?

     

     

     

     

     

  • Cuarentena, el drama de los más vulnerables

     

    Dada la cuarentena nacional obligatoria, decretada por el Gobierno Nacional para encarar la propagación del Covid-19, miles de familias en Medellín quedaron perplejas. Los vendedores ambulantes, las personas que viven de lo producido en el día, el desempleo y los altos índices de pobreza fueron una alarma para que el alcalde Daniel Quintero tomase ciertas medidas respaldando a la mayor cantidad de personas.

     

    Según el DANE, en Medellín y su área metropolitana unas 792.000 personas son trabajadores informales. En medio de la ya decretada cuarentena por la vida, la duda de qué comer, dónde quedarse y qué hacer, pasa por la cabeza de estas personas. Pero ¿qué está haciendo la Alcaldía por ellas?

     

    Al trabajo que hace el gobierno local para el control de la epidemia se suma la mitigación de los efectos sociales y económicos en las familias más vulnerables. Foto: Alcaldía de Medellín.

     

    El 26 de marzo, en un pronunciamiento vía Twitter, el alcalde se refirió por primera vez a este tema:, “Estamos elaborando brigadas para poder ayudar a las diferentes personas en el Valle de Aburrá, para esto, la Secretaría de inclusión social ha apoyado con medidas de apoyo, brindando un techo e insumos a los diferentes habitantes”, Daniel Quintero también afirmó que apuesta por la solidaridad de los paisas, felicitando a iniciativas como Jóvenes en acción, una fundación que entrega dinero e insumos a los vendedores ambulantes en la (desolada) ciudad.

     

    La secretaria de Inclusión Social, Mónica Alejandra Gómez, dijo por medio de la página oficial de la Alcaldía que las instalaciones Centro Día, abrieron otros sitios en el sector conocido como el Bazar de los Puentes para la atención integral de habitantes de calle, migrantes y residentes de inquilinatos; también expresó “En las carpas se ofrece, cada día, 3.400 alimentaciones completas en dos servicios: desayuno y almuerzo-comida. Además, 15 educadores se rotan en tres turnos para acompañar a la población con pautas de protección y prevención. A partir del martes, se integrará el equipo de médicos, cuidadores, digitadores, expertos en sistemas de información, entre otros profesionales.”

     

    En momentos como este, los habitantes necesitan de la solidaridad de los otros, es cuando la ciudad necesita estar unida, debemos de ayudar a aquellos que son más vulnerables, no solo a padecer el virus, sino con aquellos que son vulnerables a padecer los efectos secundarios de este. Pasar hambre, tener frío, vivir en la incertidumbre de no saber qué hacer, son apenas unos pocos de ellos. Por eso vale la pena unirnos a los mecanismos de ayuda dispuestos por personas e instituciones de toda la ciudad, entre ellos, los liderados por el gobierno local. Ningún esfuerzo es poco.

     

     

  • No se pudo evitar lo inevitable

     

     

    Es increíble cómo calles que anteriormente estaban llenas de personas yendo para sus lugares de trabajo, dando una vuelta conversando con sus amigos o incluso paseando a sus mascotas, hoy no son solo más que calles deshabitadas, son calles fantasmas.

     

    Parque principal de El Santuario, Antioquia. Foto: Alcaldía de El Santuario.

     

    Ese es el caso de un pueblo ubicado en el Oriente antioqueño llamado El Santuario. Con cerca de 30.000 habitantes, es un municipio caracterizado por su increíble movimiento en el sector textil y agropecuario; o bueno, lo era. Desde que se confirmó el pasado sábado 14 de marzo el primer caso de coronavirus en el Oriente antioqueño en la ciudad de Rionegro, la Alcaldía de El Santuario velozmente tomó cartas sobre el asunto y acogió de manera inmediata el Decreto N’. 064 el 16 de marzo de 2020, tomando así las recomendaciones del Ministerio de Salud y Protección Social con el fin de mitigar los riesgos de contagio en la población santuariana.

     

    En el transcurso de la semana, las medidas se fueron intensificando cada vez más, al punto de optar también por el simulacro de cuarentena desde el día viernes 20 de marzo hasta el día martes 24 del mismo mes, cuarentena que después se extendería hasta el lunes 13 de abril respaldada por el Gobierno Nacional. El lunes 23 de marzo en horas de la noche el alcalde también decidió cerrar las fronteras con los municipios aledaños para prevenir que el virus fuera importado.

     

    Lo frustrante de todo esto es, que pese a todas las labores de prevención que se realizaron lo que más se temía sucedió: alguien infectado con coronavirus en el municipio de El Santuario. Un joven de 15 años proveniente de Frontino, quien por el receso escolar vino al pueblo a pasar vacaciones al lado de su mamá traía consigo el virus. Después de manifestar los síntomas y hacerse los respectivos exámenes médicos se confirmó el martes 24 de marzo que este joven era positivo para Covid-19. Desde ese momento los rostros de los habitantes se notaban agobiados, se podía evidenciar ese pánico en los pobladores santuarianos, pues cosas que hacían antes con normalidad hoy son casi que prohibidas. La gente que anteriormente se saludaba en los supermercados al hacer las compras para abastecer sus hogares en medio de esta crisis ya solo se mira, son desconfiadas a la hora de tocar un producto y de recibir el dinero, en los hogares ya se evita en la mayor medida de lo posible el contacto con los familiares y se juzga de manera inmediata a alguna persona que medio tosa, se percibe la angustia que sienten porque son conscientes de que en cualquier momento puede aparecer un nuevo caso, o peor aún, pueden ser ellos.

     

    Sin embargo, gracias a esto, el pueblo está más unido. Alcaldía, bomberos, policías y demás trabajan con un mismo objetivo: detener el coronavirus. Pues saben que con la ayuda de la Virgen de Chiquinquirá y el Corazón de Jesús podrán superar esta y cualquier adversidad, tienen presente que son personas que pueden lograr lo que sea si trabajan en equipo y que ,a pesar de no poder ir a misa por la cuarentena, todos los días le piden a Dios que la situación mejore lo más pronto posible, deseando que después de la tormenta finalmente llegue de nuevo la calma que por tanto tiempo tuvieron.

     

     

  • Una realidad para transformar

    No somos inmunes al miedo, a la ignorancia y mucho menos al Covid-19. Estamos viviendo días de pánico que nadie esperaba pero que a todos incumben. Se afectaron los empleos, la economía, las relaciones internacionales, nos abastecemos, nos aislamos, nuestro mayor contacto es por redes sociales; le creemos al miedo y, además, los que no estamos contagiados suponemos ser inmunes a esta pandemia, y nadie está exento. Parecemos en un futuro distópico, es decir, “una sociedad ficticia indeseable en sí misma”, la diferencia es que es real y es ahora.

     

    Hemos llegado al punto de depender de un distanciamiento social para poder sobrevivir y seguir relacionándonos. Es irónico cómo debemos entrar en soledad para unirnos todos hacia una misma causa. Lo particular es que no es si se quiere, no es voluntario; es una obligación, como si se tratara de una realidad “de vida o muerte”. La pandemia ha sido de las pocas situaciones que trata con igualdad a la población, no sabe de clase sociales, no tiene distinción entre ricos y pobres. Por esto, es tan peligrosa como justa.

     

    Y no hace falta buscar profundamente para darse cuenta que es algo que nos está cobijando a todos. Las consecuencias del mal comportamiento de la población bajo las normas de aislamiento impuestas no solo por el Gobierno sino también por la OMS, son evidentes en el aumento de la cantidad de infectados y hasta muertes. Pareciera que incluso con una emergencia mundial, el rebelde que sale de su casa, considera su propio mundo más relevante que en el que vive realmente. Les dicen egoístas.

     

    Sin embargo, se unieron artistas, empresas, organizaciones, se crearon campañas, fundaciones y hasta hospitales destinados estrictamente para el trato de esta situación. Fue necesario recibir un golpe de la realidad para abrir los ojos y ser conscientes de la importancia del bien común por sobre todo lo material. Se esperaría que la consecuencia de esta pandemia sea no volver a lo mismo cuando todo acabe, es decir, dejar la preocupación superficial y afán de consumo, que si se genera un cambio y es bueno, que sea permanente.

     

    Nos contagiamos de Covid-19 pero también de algo positivo: se expandió la creatividad. Ahora el que no sabía cocinar intentó algo nuevo en la cocina, el que había dejado de pintar desempolvó sus pinceles de nuevo, el que había dejado el libro a medias lo acabó y empezó el siguiente. En tiempos de tragedia se volvió necesario volver a lo simple y cercano, lo superficial y material ahora está en un tercer plano, nos tocó ponerle pausa a la carrera en la que vivíamos y apreciar el tiempo en soledad.

     

     

    El trabajo en línea y otras formas de coordinar nuestra labor hacen parte de las transformaciones producto del aislamiento. Foto: Alcaldía de Medellín.

     

     

  • Un virus moral

     

    Si bien se dice que no hay mal que dure 100 años, ni persona que lo tolere, definitivamente esta cuarentena para muchos ya parece un siglo. Sin embargo, nuestro deseo de sobreponernos es admirable. Esta situación nos demuestra cuán importante es el valor de la libertad, del cual perdimos el sentido real. Tal vez lo vivíamos escogiendo ir a un centro comercial o un restaurante para comer; pero hoy lo entendemos verdaderamente cuando añoramos la posibilidad de abrazar con tranquilidad a alguien, sentarse al menos en la acera a tener una charla con un amigo o visitar a los abuelos. Nos damos cuenta que perdimos el sentido de compartir, disfrutar con nuestros seres queridos o amigos, del valor de las cosas simples.

     

    La pandemia ha puesto nuestros ojos y pensamientos en personas y situaciones que solíamos pasar por alto.

    Foto: Alcaldía de Medellín.

     

    Albert Camus, en el libro La Peste, hace referencia a que las peores epidemias no son biológicas sino morales. Que en tiempos de crisis, de encierro sale lo peor del ser, pero también lo mejor y aprendemos de ello. El truco está en no seguir cometiendo los mismos errores que nos llevaron a donde estamos en este momento. Este encierro nos ha demostrado lo frágiles que somos, además, que quienes sacrifican su bienestar por el de los demás para cuidarnos, son los verdaderos héroes de la historia. Estos días de confinamiento nos muestran también que todo vuelve a donde empezó: la naturaleza reclama lo suyo, baja la contaminación, vuelven los peces a los canales de Venecia, los animales corren por la calle sin temor a ser arrollados por un carro, vuelve la calma y esta vuelve porque nosotros ahora somos nosotros los animales encerrados.

     

    Tal vez la pandemia por coronavirus que vivimos hace parte de ese grupo de situaciones en las que no hay mal que por bien no venga, porque nos reunió en casa, nos puso a reparar vínculos, permitió que la tierra tomara un muy profundo respiro y pudiera volver a retoñar, mientras valoramos sencilleces como salir, caminar, desempolvar los juegos de mesa y compartirlos en familia. Estamos aprendiendo a las malas que esta humanidad, más que un virus biológico, tiene virus morales y era momento de parar y reparar tanto desde lo ambiental, lo familiar, lo personal y lo moral. Por nuestro propio bien y el de todos, es mejor que se vean los resultados.

     

     

  • “INFORMACIÓN INCORRECTA LLEVA A QUE SE TRANSMITA EL CORONAVIRUS: A TENER ‘100’ ASUSTADO

    En medio de una cuarentena y el debate sobre su posible extensión, Colombia dimensiona la magnitud y los impactos de la pandemia por coronavirus. Aunque la vida de todos los colombianos ha tenido impactos en aspectos diversos, todavía falta información para actuar, evitar el pánico y comprender en detalle qué originó la emergencia sanitaria que hoy vivimos.

     

    La pandemia por coronavirus ha puesto a prueba las habilidades y conocimientos del personal médico y científico del país. Foto: Alcaldía de Medellín.

     

    Contexto comparte con sus lectores la entrevista de La Silla Académica con Zulma Rueda, médica, Doctora en Epidemiología y profesora de la Universidad Pontificia Bolivariana. Rueda ha publicado múltiples artículos sobre enfermedades respiratorias y estudios de factores de riesgo, así como, tuberculosis, otra enfermedad infecciosa como lo es el coronavirus.

     

    Uno de ellos “Myths and realities about knowledge, attitudes and practices of household contacts of tuberculosis patients” (que se traduciría como “Mitos y realidades sobre el conocimiento, las actitudes y las prácticas de los contactos domésticos de pacientes con tuberculosis”), justamente pone de presente los estigmas que se dan en estos casos y sus consecuencias.

     

    Rueda, junto con José Luis Albarracín, médico internista que está haciendo su subespecialización en enfermedades infecciosas y aporta la perspectiva clínica, arrojan luces que pueden ayudar a redimensionar la epidemia y prevenir el pánico. Porque no solo las instituciones deben estar preparadas sino la gente.

     

    La Silla Académica: La pregunta fundamental ¿nos vamos a morir todos?

     

    Zulma Rueda: La respuesta es No.

     

    Esto opera para cualquier enfermedad infecciosa: exposición no es igual a infección, infección no es igual a enfermedad y enfermedad no es igual a muerte.

     

    Las enfermedades infecciosas son producidas por microbios: parásitos, bacterias, hongos y virus, principalmente. Hay unos virus muy infecciosos y otros no tanto. Unos con altas tasas de mortalidad y otras con menores.

     

    Un ejemplo de un virus altamente infeccioso es el sarampión: 9 de cada 10 personas que no tienen la infección, pero se exponen -tienen contacto- con alguien que está infectado, se infectan de igual manera.

     

    La rabia, por su parte, es un virus con una alta tasa de enfermedad. Todas las personas que se infectan, se enferman, es decir, presentan síntomas.

     

    Y el mejor ejemplo de un virus muy letal es el ébola. Aunque hay varios tipos, tiene una tasa promedio de muerte del 50 por ciento y en algunos casos ha llegado al 90 por ciento.

     

    Lo que han dicho los números hasta ahora sobre el coronavirus es que no es tan letal. El 3.3 por ciento de los que se han enfermado en China, se han muerto. En otras palabras de 100 personas que se enferman, poco más de tres se pueden morir. Y ese porcentaje se reduce a un 1.5 por ciento por fuera de China.

     

    LSA: Las personas fantasean (y el cine o las series ayudan) con el fin de los tiempos. Usted es especialista en enfermedades infecciosas como la tuberculosis, por ejemplo. ¿Este tipo de virus es cómo otros que ha habido a lo largo de la historia o tiene unas características que podrían dar sustento a esas fantasías?

     

    Z.R.: El coronavirus no es apocalíptico. No es un virus que vaya a acabar con la humanidad. Aunque puede causar muchas muertes si se esparce por todo el mundo, varios estudios señalan que el 81 por ciento de los casos son leves y no llegan a cuidados intensivos: se pueden manejar quedándose en la casa y tomando las precauciones que las personas habitualmente toman cuando tienen una gripa.

     

    LSA: ¿Qué sustenta entonces que estén prendidas todas las alarmas?

     

    Z.R.: No se prenden porque sea letal, sino porque es nuevo, se está transmitiendo activamente de humano a humano, se está esparciendo en el mundo y se están produciendo unas muertes. Las alertas son porque hay que estudiar cuántas personas hay enfermas, de éstas cuántas se mueren, cómo se transmiten, de manera que los Estados puedan estar preparados y prevenirlo.

     

    Hasta el momento lo que hemos aprendido es que quienes se mueren y parecen ser más vulnerables principalmente son adultos mayores de 65 años y personas que tienen otras enfermedades de base como la diabetes, presión alta o problemas cardíacos.

     

    LSA: ¿Por qué el coronavirus ataca más fuerte a adultos mayores que a niños, siendo ambos vulnerables?

     

    José Luis Albarracín –J.A.-: No lo sabemos con certeza. Posiblemente los niños no tienen los receptores que necesita el virus para unirse a las vías respiratorias, o su sistema inmune no está tan desarrollado entonces el virus no actúa tan agresivamente.

     

    LSA: Uno de los vacíos de información que tenemos es cuántas personas que se exponen al virus desarrollan los síntomas ¿cómo se puede saber esto?

     

    Z.R.: No sabemos cuántos expuestos hay y de esos cuántos están infectados porque no a todos los evalúan.

     

    Piense en un estadio de fútbol que tiene un aforo de 40 mil personas. Si una persona asiste al estadio de fútbol y está infectada, no podemos saber quiénes se expusieron porque todos mostraron la boleta pero no su cédula, para entrar.

     

    Aún si supiéramos quiénes se expusieron, habría que hacerles a todos pruebas para saber si están infectados y no hay ningún país en el mundo que tenga los recursos para hacerlo de forma masiva.

     

    Estudios de modelación matemática -que harán mejores predicciones cuando se tenga más información- estiman que una persona enferma por coronavirus puede infectar a 2.6 personas.

     

    En todo caso, tampoco es posible saber cuántos de esos se enferman tras el período de 14 días en que deben aparecer los síntomas (período de incubación).

     

    LSA: ¿Por qué lo dice?

     

    Z.R.: Por lo general solo alguien que tiene síntomas puede transmitirle el virus a otro, pero esto no es siempre así.

     

    Se reportó que una familia de cinco personas se enfermó de una familiar que tenía el virus pero que siempre estuvo sin síntomas. Esta persona viajó de Wuhan para visitarlos a Anyang en China. La segunda razón es que se han conocido tres casos en que el tiempo desde que el virus infectó a estas personas hasta enfermarlas fue de 19 días, 24 días y otro en que fue de 21 días. No es lo común de todas maneras.

     

    LA LUPA AL VIRUS

     

    LSA: En varios medios hacen referencia al coronavirus como “misterioso virus”. ¿Está de acuerdo? ¿No lo son todos en un comienzo…?

     

    J.A.: Lo de misterioso es porque no se sabe de dónde proviene. Inicialmente se dijo que de murciélagos y recientemente que de un pangolín.

     

    Hay más de 100 coronavirus, todos de origen animal, pero de esos, sólo siete pueden afectar al ser humano hasta ahora. Se llaman así porque su envoltura parece una corona.

     

    De los siete, cuatro afectan solo las vías respiratorias superiores: la nariz, la laringe y la tráquea, y son causa común de gripas.

     

    Los tres restantes sí afectan las vías respiratorias inferiores (de la tráquea hacia abajo) y son: el SARS que apareció en 2002 en Asia y se atribuye a los murciélagos, el MERS que apareció en 2012 en Medio Oriente y se atribuye a los camellos, y ahora el coronavirus que aparece en 2019 en Wuhan, China.

     

    LSA: ¿Siempre ha habido virus en animales que después se transmiten entre personas o eso es algo nuevo?

     

    J.A.: Todos los virus tienen esa posibilidad. Los organismos vivos: los hongos, las bacterias, los virus, están reproduciéndose y teniendo mutaciones constantemente. Para reproducirse tienen que hacer copias de su material genético, supongamos que son celdas que se multiplican, pero ocurren errores por azar y una celda queda en otra posición. Puede que no ocurra nada pero puede que ese cambio le dé una ventaja y le permita saltar de un animal a un humano.

     

    Es muy difícil que pase lo contrario, que un humano contagie un animal. Por eso las fotos en China de perros con tapabocas muestran la paranoia.

     

    LSA: Algunos culpan a los chinos porque dadas sus costumbres fue posible la transmisión de este virus ¿Está de acuerdo?

     

    Z.R.: Probablemente hay cuestiones culturales detrás como los hábitos alimenticios. Aunque además de comer ciertos animales que para ellos tienen propiedades ancestrales, la transmisión de microbios depende mucho de la cocción pues varios se mueren en este proceso.

     

    Pero no se puede estigmatizar a los chinos por esto. La Influenza H1N1 que surgió en 2009 apareció en México y se atribuye a unos cerdos. El Ébola apareció en África y se atribuye a micos, gorilas y chimpancés.

    Persisten los debates sobre el uso de tapabocas, mientras se siguen tomando medidas para evitar que los elementos de protección escaseen. Foto: Alcaldía de Medellín.

     

     

    LA MEDICACIÓN TAMBIÉN EXIGE CUIDADO

     

    LSA: En redes han circulado memes en torno a que el único mecanismo de defensa que tenemos los colombianos frente al coronavirus es el acetaminofén, que constantemente lo prescriben los médicos de las EPS…

     

    Z.R.: La mayoría de las gripas son causadas por virus, y la mayoría de los virus no tienen tratamiento para curarlos.

     

    El 99 por ciento de la gente que consulta al médico por una gripa en efecto le prescriben acetaminofén o ibuprofeno. Y la gente se molesta muchísimo, pero ¡eso es lo que deben recetar! porque no se puede hacer mucho más que ayudar a bajar la fiebre y disminuir el dolor en el cuerpo con alguno de esos medicamentos.

     

    Así que varios terminan en la droguería comprando antibióticos como Amoxicilina, Benzetacil, Azitromicina -en Colombia no requieren fórmula médica- y creyendo que fue “bendito” pero generalmente es que coincide con el período en que pasa la gripa. Y además les causa diarrea y les genera un montón de resistencia.

     

    De manera que el 81 por ciento de las personas que lleguen a estar enfermas por coronavirus y a menos que no puedan respirar, deberán quedarse en su casa tomando acetaminofén o ibuprofeno, evitando infectar a otras personas montando en el transporte masivo o yéndose para el trabajo o estudio.

     

    LSA: Usted menciona el problema del abuso de los antibióticos, ¿el surgimiento de enfermedades como el coronavirus tiene algo que ver con eso?

     

    Z.R.: La mayoría de la gente hace un uso irracional de antibióticos y por eso hay una alerta mundial, pues cada vez hay más bacterias resistentes, multirresistentes (a varios antibióticos) e, incluso, panresistentes (a todos).

     

    El uso de los antibióticos en casos de virus respiratorios, además de que no mata el virus, daña la flora buena del intestino.

     

    J.A.: Mata las bacterias buenas, que han estado con nosotros desde el principio, y hace que las bacterias malas desarrollen mecanismos de resistencia, mutan para que ya no las maten.

     

    Z.R.: Así que no es que el coronavirus sea una consecuencia del abuso de los antibióticos, sino que una persona que se enferma por un virus puede sufrir daños en las células de una parte de las vías respiratorias, y eso facilita que algunas bacterias que tiene en su cuerpo lo pueden enfermar a su vez, eso se llama infección sobreagregada. También puede pasar que lleguen más fácil otras bacterias y quizá no hay antibióticos para atacar unas u otras.

     

    J.A.: La penicilina se creó en 1928 y ha salvado muchas vidas. Tras su descubrimiento y durante los 50 años siguientes se descubrieron muchos más antibióticos que se podían usar para bacterias que iban desarrollando resistencia, pero nos estamos quedando sin antibióticos para usar en bacterias que tengan resistencia a muchos o a todos los antibióticos.

     

    Empresas, comercios y establecimientos públicos han tomado medidas desde el cierre hasta la intesificación de procedimientos de de desinfección. Aquí, e la plaza de mercado de La América. Foto: Alcaldía de Medellín.

     

    COLOMBIA SE HA PREPARADO

     

    LSA: El coronavirus se manifiesta en su fase más crítica como una neumonía. En uno de sus artículos dice que la probabilidad de identificar las causas de una neumonía varía entre el 30 y el 70 por ciento… ¿Cómo va a la gente a poder distinguir cuál es la causa de los síntomas que tiene?

     

    J.A.: Los síntomas que las personas experimentan son fiebre, tos y dificultad para respirar. Eso hay que cruzarlo con factores de riesgo como: si la persona ha viajado a China o ha tenido contacto con personas que estuvieron en China. Y ahora a este país se le han sumado otros como Corea del Sur, Malasia, Japón, Singapur, Irán, Emiratos Árabes, Italia y más recientemente Brasil.

     

    El Instituto Nacional de Salud -INS- ya tiene además una prueba molecular que identifica el material genético del virus para hacer el diagnóstico en los casos sospechosos. No tendrá 50 millones de pruebas así que tendrá que seleccionar muy bien.

     

    LSA: A partir de los problemas que tiene nuestro sistema de salud ¿cuáles son los principales problemas que tendremos para afrontar el coronavirus?

     

    J.A.: Tenemos todavía muchas dudas pero el tiempo que se limitó la epidemia a China ha hecho que las entidades de salud se puedan ir preparando.

     

    En todo caso es muy probable que nuestra capacidad hospitalaria (aunque eso también se puede decir de otros países), se vea rebasada, tanto en las unidades de cuidados intensivos como en la hospitalización. Además sería muy grave tener las salas de urgencias llenas de personas con gripa no por coronavirus sino por otras causas.

     

    El desafío está en priorizar la gente a la que uno va a estudiar, que, en el momento actual, deberían ser aquellos que tengan una infección respiratoria grave o que sean sospechosos por las razones que mencionamos antes; y el otro desafío está en detectar muy rápido a los que estén infectados.

     

    Sólo en un escenario caótico de tres mil casos reportados, por poner un ejemplo, la gente ya podría adquirir el virus en el país de una forma más directa y, aun así, la recomendación sería que la mayoría de la gente que no necesita atención hospitalaria, se quede en su casa. Que de ser posible no comparta su habitación, use tapabocas, evite el contacto con otros menor a un metro y se lave frecuentemente las manos.

     

    Pese al impacto que pueda tener en la economía, las empresas deberán, por ejemplo, permitirles a los empleados que tengan síntomas, así sea algo leve, quedarse mínimo 14 días en su casa.

     

    LSA: ¿Está Colombia preparada?

     

    Z.R.: Colombia está preparada. El Ministro de Salud, anunció un presupuesto de 15 mil millones para hacerle frente a la epidemia, por ejemplo. Hay que recordar que en casos anteriores como la influenza porcina o el SARS, y, en general, cuando ha habido diferentes brotes, el país ha respondido bien a través del INS, de la red de laboratorios y de las instituciones de salud.

     

    Ahora bien, no podemos compararnos con EE.UU. que invierte en los Centers for Disease Control and Prevention -CDC- billones de dólares, porque es un país con recursos enormes.

     

    En todo caso, cuando haces un estudio de brote (como lo es el coronavirus) un punto crítico es la comunicación: quién da la información, cómo compartimos información en tiempo real sin generar zozobra, cómo evitamos que haya información errónea sin esconderla.

     

    El virus no es tan letal como el pánico que genera la circulación de información falsa. La información incorrecta lleva a que se transmita la enfermedad, a que se congestionen los servicios de salud innecesariamente: “100” personas asustadas en urgencias. Y en esto, los medios de comunicación son muchas veces responsables.

     

    Todas las personas y no solo el personal de salud, deben saber cómo se evita que el virus se propague.

     

    LSA: ¿Por qué lo dice?

     

    Z.R.: El caso más gracioso y que muchas personas recuerdan es el del transeúnte en Citytv que se puso mal el tapabocas.

     

    No entiendo por qué no buscan expertos que les ayuden a resolver sus dudas. No se me olvida, porque me impresionó, que Daniel Coronell, a quien admiro por sus investigaciones, criticó a Gustavo Petro porque en su alcaldía se habían incrementado supuestamente los casos de VIH, cuando lo más probable que había sucedido era que, producto de proyectos o programas de búsqueda activa, se pudo aumentar el número de personas a las que se les podía hacer la prueba de tamizaje para detectar el virus, y por ende, esto hizo que también aumentara el número de positivos. El que busca encuentra.

     

    EL RETO ES CAMBIAR HÁBITOS Y ELIMINAR PREJUICIOS

     

    LSA: ¿Qué debe hacer la gente para prevenir la transmisión? ¿Hay factores culturales que nos dificultan la prevención?

     

    Z.R.: Con el coronavirus las precauciones no son muy diferentes a las que se deben tener con las infecciones respiratorias, en general, que se disparan además con la oleada de lluvias.

     

    En efecto, los latinos somos dados a tocar mucho. A saludarnos de pico en la mejilla, de abrazo o estrechando las manos. Para llamarte: voy y te pongo la mano en el hombro. Y no sólo eso, los latinos se viven sacando los mocos o llevándose los dedos a la nariz y la boca y cogiendo después el celular, por ejemplo. Esos comportamientos favorecen la transmisión, así que será un reto modificarlos, pero hay que hacerlo.

     

    Las principales medidas de precaución consisten en no llevarse las manos a los ojos, a la nariz o la boca. En lavarse constantemente las manos durante 20 segundos con agua y jabón, o en su defecto con un desinfectante que tenga al menos 60 por ciento de alcohol, y en limpiar las superficies de contacto como llaves, el celular, las chapas de las puertas, con alcohol desinfectante. Esta medida ha demostrado disminuir la transmisión de virus respiratorio en el 50 por ciento de los casos.

     

    Si la persona tiene síntomas de gripa debe sonarse con pañuelos desechables y botarlos a la basura inmediatamente. Estornudar o toser cubriéndose con el ángulo del brazo. No escupir y usar mascarilla normal (que nosotros la llamamos quirúrgica). Es cuestión de pura higiene respiratoria.

     

    Zulma Rueda y Jose Luis Albarracín. Foto: Jauder Cardona. La Silla Académica.

     

    LSA: ¿Todos deberíamos usar tapabocas? hay gente preocupada porque se agoten…

     

    Z.R.: Si vivo en Wuhan y monto en metro o en un medio de transporte masivo, probablemente usaría uno. Pero las imágenes de toda la ciudad usando tapabocas sólo generan una sensación de falsa seguridad, además de que hacen entrar a la gente en pánico. Ni el INS ni ningún país va a recomendar que toda la gente use mascarilla.

     

    LSA: En redes he visto mensajes de personas que por ejemplo “pedían a Dios” que se cayera el avión que traía a los colombianos de Wuhan. Usted ha estudiado la estigmatización que sufren por ejemplo pacientes con tuberculosis de forma innecesaria ¿qué puede enseñar eso en el caso del coronavirus?

     

    Z.R.: El desconocimiento lleva a medidas extremas. Contraproducentes por muchas razones, entre otras, porque las personas enfermas se deprimen lo cual dificulta, por ejemplo, que sigan el tratamiento, e incluso empiezan a tener pensamientos suicidas.

     

    En eso nuestros hallazgos en materia de tuberculosis, otra enfermedad contagiosa, son reveladores. Encuestamos a 878 personas que conviven con enfermos de tuberculosis en Villavicencio, Pereira, Cúcuta, Bucaramanga y Bosa, cinco de los ocho lugares con más casos en el país. Para que la gente se haga a una idea, una de cada cuatro personas en todo el mundo tiene la bacteria que causa la tuberculosis en los pulmones, sólo que entre el 5 y 10 por ciento de estos se enferma y solo quien tiene síntomas la puede transmitir.

     

    90 por ciento sabía que la enfermedad se transmite por vía aérea. Es un porcentaje muy alto, la sorpresa es que de esos 52 por ciento creía que también se transmitía si compartían los platos, los cubiertos, la ropa con el enfermo o si le daban la mano. Conclusión: la gente realmente no sabía. La tuberculosis no se transmite por eso. El que está enfermo tiene que hablar, toser, estornudar, cantar, reírse, en otras palabras, requiere una acción que convierta su saliva en gotas muy pequeñas que puedan viajar más de un metro y llegar a las vías respiratorias inferiores.

     

    Entonces aíslan a los enfermos en sus casas. Les sacan todo a parte, lo cual es ilógico.

     

    Los otros dos hallazgos fueron que el 60 por ciento tiene miedo de que lo diagnostiquen por lo que muchos no buscan atención médica, y el 85 por ciento de convivientes dice que evitaría o rechazaría a una persona con tuberculosis. ¡Estamos hablando de personas que han tenido contacto, y de una enfermedad que tiene cura! Solo que el tratamiento es largo, dura seis meses y requiere reclamar un medicamento diariamente porque los puestos de salud tienen que verificar que la persona se lo tome.

     

    Estas actitudes no sólo son frecuentes en los familiares sino en los estudiantes de medicina, de enfermería y en general, el personal de salud.

     

    LSA: Para no incurrir en este tipo de estigmatizaciones ¿Cómo se transmite exactamente el coronavirus?

     

    J.A.: A partir de la información que hay disponible, lo más probable es que el coronavirus se transmite igual que la influenza, que es uno de los virus respiratorios más comunes.

     

    Y a diferencia de la tuberculosis, la influenza se transmite por gotas de saliva un poco más grandes que no viajan más de un metro (que es como la distancia que se necesita para abrazar a alguien). Por ende, se necesita estar muy cerca de la persona enferma para infectarse o de las secreciones de su boca. Por eso hay que insistir en no saludar de beso, ni abrazo ni apretón de manos, y en lavarse frecuentemente las manos, así como, limpiar las superficies de contacto.

     

    LSA: ¿Qué tan lejos estamos de que desarrollen una vacuna contra el virus?

     

    Z.R.: Ya se anunció que la Universidad de Nebraska en EE.UU. y muchas otras instituciones en el mundo están haciendo ensayos clínicos a diferentes medicamentos para tratar el coronavirus. Incluyendo medicamentos que ya están disponibles en el mercado, y que están evaluando si sirven para el coronavirus.

     

    Pero hay que tener esperanzas moderadas. Para que un compuesto llegue al mercado han ensayado 100.

     

    Desarrollar una vacuna no es como cocinar un arroz: tardaría mínimo 18 meses y eso que es poco probable.

     

    Las vacunas tienen muchas fases de estudio y requiere una gran cantidad de dinero, hablamos de cientos a miles de millones de dólares aproximadamente: primero se tienen que probar en animales para verificar si atacan el virus y para constatar si tienen pocos efectos adversos. Solo si se superan estas etapas, se pasa a humanos y hay que agotar tres fases. Primero se experimenta en personas sanas para evaluar la seguridad, después en sospechosos (personas que hayan tenido contacto con infectados), para ver la eficacia y seguridad, por último, en grandes muestras para comprobar la real eficacia del medicamento o la vacuna.

     

    La complejidad de los microorganismos es además muy alta porque como dijimos mutan, por eso nos tenemos que vacunar cada año contra la influenza. En la vacuna contra el VIH se han invertido miles de millones de dólares por más de 30 años sin suerte. Algo parecido ha pasado con la malaria o la tuberculosis.

     

    “La UPB aportará con un equipo y personal científico capacitado a la Universidad Nacional, sede Medellín, como una estrategia de articulación y cooperación que permitirá iniciar esta semana con el procesamiento de muestras del COVID-19.”

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    LSA: ¿Implica algún desafío el movimiento antivacunas?

     

    Z.R.: Lo que hace una vacuna es activar las defensas para generar “memoria inmunológica”, es decir, que en el evento que me exponga al virus sepan cómo reaccionar. La protección promedio de las vacunas está alrededor del 90 por ciento.

     

    Los posibles efectos adversos que pueden tener son de una probabilidad similar a que a uno le caiga un rayo. Y tienen el efecto progresivo de que ciertas enfermedades desaparezcan en el mundo con el tiempo como pasó con la viruela.

     

    A diferencia de los antibióticos su consumo no genera resistencia. Lo que ha generado el movimiento antivacunas más recientemente es que los CDC de EE.UU. donde, por ejemplo, el sarampión había prácticamente desaparecido, estén reportando más de mil casos al año.

     

    LSA: Una noticia llamaba la atención sobre que el dengue debería ser la principal preocupación de los latinoamericanos y no el coronavirus ¿estamos mirando hacia donde no es?

     

    Z.R.: Como el dengue, hay muchas enfermedades infecciosas que causan millones de enfermos y muertos en el mundo.

     

    En Colombia, puntualmente en Medellín, en los últimos tres años ha habido una reducción ostensible a partir de un programa de investigación que ha venido adelantando la Universidad de Antioquia con apoyo de científicos australianos y que a grandes rasgos consiste en infectar a los mosquitos que transmiten el dengue con una bacteria que evita que les transmitan el virus a los humanos. La solución no puede ser acabar con los mosquitos.

     

    El mensaje es que muchos microbios como el dengue, el VIH, la malaria, la tuberculosis subsisten y siguen causando muchas muertes, pero eso no quiere decir que no se esté haciendo nada.

     

    Volviendo al coronavirus, hay que tener paciencia, esperar que surjan las investigaciones: universidades en el mundo entero están acompañando a la Organización Mundial de la Salud -OMS- y agencias estatales, y muchos científicos están trabajando para tener mejores respuestas.

     

    –*El texto ha sido publicado con autorización escrita de sus autores. Para más cobertura sobre la pandemia por coronavirus con voces desde la academia, visite:

    https://lasillavacia.com/silla-academica

     

     

     

     

     

     

     

  • Medellín: “UNA OBSESIÓN GENERALIZADA POR ESTAR SIEMPRE EN OBRA”, GREGORIO HENRÍQUEZ

    Medellín es una ciudad sin centro histórico, que se ha encargado de sistemáticamente erradicar los espacios patrimoniales para continuar con una expansión urbana enfocada hacia la modernidad y la innovación. Se ha transformado a costo de la eliminación de la historia arquitectónica. El antropólogo, escritor y asesor cultural Gregorio Henríquez ha dedicado sus investigaciones a la reconstrucción histórica y a incentivar la conservación patrimonial de eso que nos dejaron.

     

    Numerosos espacios del Centro de Medellín han desaparecido sin que se conozca su verdadero valor histórico.

    Foto: Matín Villaneda

     

    ¿Qué se entiende por centro de Medellín?, ¿cómo han influido las élites de la ciudad en esa conformación de centro?

     

    Va desde la Avenida de Greiff hasta el Centro Administrativo La Alpujarra. Y del Río, detrás del SENA, hasta el Museo Casa de la Memoria. Es la comuna 10, La Candelaria. En las élites estaba ese centro. Lo que es hoy Parque Berrio, era su plaza principal. También eran importantes la Calle Real (actual Boyacá) y el antiguo barrio San Benito, actual La Candelaria, también arrasado.

     

    Existía una triada de iglesias que marcaba la pertenencia a una élite establecida. La Veracruz, La Candelaria (antigua catedral) y la del barrio San Benito. Después se van moviendo a la Villa Nueva, que es la Catedral Metropolitana, Parque de Bolívar. Y hacia la época de 1920, con don Ricardo Olano, se establecen en el barrio Prado. Cerca, pero no metidos en el centro. Fueron de Prado a Laureles y de ahí a El Poblado. Hoy se siguen alejando.

     

    ¿Ese alejamiento de las élites corresponde a los movimientos migratorios que llegaron a ocupar también el centro de la ciudad?

     

    Claro, porque una de las características de la élite es no revolverse. Antes se relacionaban, pero empezaron a tomar distancia en la primera parte del siglo XX.

     

    Es claro que el centro se ha transformado de manera constante. ¿Cómo es esa transformación y con qué frecuencia se realiza? Partiendo de la premisa de que -a excepción de la última- con cada administración se hace una intervención.

     

    Los periodos de transformación son cada vez más cortos. Antes pasaban varias administraciones sin que se hiciera una gran intervención. En la década de los 70’ se construye la Avenida Oriental, que modifica el patrimonio. Es a partir de los 90’ que se interviene periódicamente. El Metro es un referente para ello, porque el trayecto centro implicó tumbar gran parte de la ciudad. Desde ahí, cada administración tiene una idea de qué debe ser la ciudad para ser moderna y cosmopolita. Existe una arquitectura del descreste o monumental. Se crea un mercadeo de ciudad: entre más condecoraciones tenga, es mejor y más exitosa.

     

    También influye que el alcalde ya no gobierna para la ciudad, sino para su propia carrera política en camino hacia la presidencia. Están en campaña todo el tiempo, y para estar en campaña hay que mostrar obras. La última administración fue un punto culminante. Siempre es el nuevo alcalde el que tumba lo que hizo el anterior. Él tumbó lo que había hecho. Sobre las pirámides hizo las jardineras, y sobre las jardineras, las estaciones de Metroplús. Es la primera vez que un alcalde se hace eso a sí mismo.

     

    La Alcaldía de Luis Pérez es un punto de inicio de ese modelo. Es la responsable del Parque de Las Luces, para construirlo se demolió el Pasaje Sucre, que estaba en el inventario de patrimonio y era lo que quedaba del antiguo mercado de Guayaquil. Fue derribado irregularmente un puente festivo, a espaldas de la ciudad. A partir de ahí empieza una especie de piñata con las licencias. Caen casas de bahareque y edificios antiguos. Medellín dice haber sido fundada en 1616, ¿dónde está la ciudad de 400 años?

     

    ¿Cómo convergen esos métodos para destruir la ciudad con la ley de patrimonio actual?

     

    En Medellín, epicentro de la industria constructora, ese tema es muy flexible y laxo. Las licencias se otorgan, los permisos se dan abiertamente. También se enferman edificios, se cierran casas y se dejan caer. Aquí no hay sanción ni accionar de las curadurías, no se está legislando para defender el patrimonio.

     

    Medellín es una ciudad sin referentes más allá de la moda de la época. ¿A qué se le puede atribuir esa mentalidad constantemente modernista?

     

    Es siempre estar en el panorama, llevando la delantera. Lo que representa esa mentalidad modernista es el Edificio Coltejer. Tumbar el teatro Junín para construirlo justo ahí y no en cualquier otro punto, es un símbolo de ciudad. Medellín no tiene una identidad.

     

    Todo inicia con la visita de Mon y Velarde. Él llega a estas tierras, enviado por la corona, para ver qué estaba pasando. Encuentra que en Medellín las únicas construcciones dignas de relevancia son la Veracruz y la Candelaria. Por ello, prohíbe que se construyan casas con techos pajizos. Por decreto, las casas debían construirse con materiales y tener una determinada configuración. A partir de ahí se perpetúa esa percepción de estar siempre en desarrollo. ¿Cómo quedará de bonita Medellín cuando la terminen? porque no hemos podido. Es como una obsesión generalizada de estar siempre en obra, siempre en una serie de proyectos.

     

    ¿Cuáles son los factores específicos que hacen que Medellín no tenga centro histórico?

     

    Nuestra falta de sentido de pertenencia hacia lo patrimonial. Nosotros en lo histórico, sino en lo viejo, y lo viejo hay que tumbarlo: “aquí se hace un edificio, esto es un lote”. Pesa más ese rédito del lote, que lo colonial de la casa. No sabemos lo trascendental que puede ser conservar un casco histórico. No tenemos esa idea de preservar para las generaciones futuras. Uno de nuestros líderes dio la visión que tenemos todos nosotros cuando le preguntaron por las pirámides de la avenida Oriental y su opinión porque las iban a tumbar. Él dijo: “ah, es que ya cumplieron su ciclo”. Si todas las sociedades tuvieran esa visión, hoy muchos monumentos no existirían porque cumplieron su ciclo. Tenemos un problema para construir identidades, no lo hemos logrado hacer como sociedad.

     

    ¿Cómo logra Medellín aún contar una historia?, ¿Cómo se logra escudriñarla a partir de lo que queda?

    Son retazos, somos un relato fragmentado. Estamos apenas descubriendo qué nos dejaron. Podemos narrar el subsuelo, porque alguien se preocupó por restaurar el acueducto y el alcantarillado. Hoy aprovechamos para contarnos a partir de lo que nos queda.

     

    ¿Cómo puede haber equilibrio entre desarrollo y conservación de la memoria histórica?

     

    Es un diálogo, un equilibrio a la hora de decir: esta es una ciudad y esta es su historia. Ese es el gran reto para las administraciones futuras, continuar con ese avance que se necesita, pero no con la demolición. En Ayacucho volvieron a abrir la casa del maestro Efe. Gómez. La convirtieron en una pizzería, pero está conservada. Converge la preservación con los nuevos usos y almas de los espacios.

     

    Por último, ¿cuál sería la ruta para combatir la indolencia de los ciudadanos respecto a su patrimonio, y que se cree un sentido de pertenencia hacia la historia?

     

    Cátedras ciudadanas. Hay que apropiarse del espacio y el entorno. Recorrer la ciudad y descubrir lo maravilloso que hay en ella. Volver a contar su historia. Por los vacíos históricos ha pesado más la cultura Narco que la historia antigua de la ciudad, porque es lo que se tiene más a la mano. Hay que promover la ciudad y su patrimonio. Se debe empezar con los propios habitantes. Muchos medellinenses no conocen Medellín, y yo no defiendo lo que no conozco, porque no lo he apropiado. Por eso es un trabajo ciudadano.