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  • La casa, un gimnasio moderno

     

    Los últimos incrementos del coronavirus en abril y los vaivenes a los que nos vamos acostumbrando, hicieron que cientos de personas que frecuentaban los espacios deportivos de la ciudad hoy se encuentren haciendo sus rutinas desde sus hogares.

     

    Alejandro Zapata Peña / alejandro.zapatap@upb.edu.co

     

    Ante el constante incremento de casos Covid-19 y la alta ocupación de camas UCI en la ciudad las autoridades gubernamentales ordenaron nuevamente varios confinamientos. A las medidas se sumó el Instituto de Deportes y Recreación de Medellín (INDER) que suspendió el pasado 6 de abril las prácticas de conjunto en sus escenarios y programas, lo que obligó a las personas a trasladar las actividades de recreación, actividad física y deporte a sus hogares.

     

    Sin embargo, a principios de este año, el deseo de volver a los escenarios deportivos y públicos de la urbe se hacían cada vez más grandes ya que alrededor de 148.556 personas volvieron entre febrero y marzo a los escenarios deportivos del INDER a ejercitarse y cambiar la rutina de la actividad física en el hogar.

     

    Espacios como las ciclovías, unidades deportivas y otros lugares de recreación similares se poblaron incluso más que antes. El público reclamó los espacios y llenó los vacíos que dejó el encierro.

     

    A pesar de la serie de restricciones, el mismo instituto normalizó el 12 de abril algunos de los servicios presenciales en semana hasta las 6:00 de la tarde, antes de los toques de queda. Uno de los principales fue el anillo interno del estadio, con ciclovía entre las 7:00 y 9:00 de la mañana de los domingos, solo con prácticas individuales.

     

    Grupos y chats en las redes sociales, nuevos escenarios del deporte. Foto: Captura de pantalla.

     

    Un sinfín de alternativas

    En tiempos colmados de cierres y pocas reaperturas, todo tipo de ayudas tecnológicas cuentan. A solo unos cuantos clics, diversas aplicaciones aparecen con rutinas de entrenamiento, clases en vivo por YouTube de diversos ejercicios; yoga, sesiones grupales de aeróbicos, rodillo en la bicicleta, clases de gimnasio e incluso pausas activas para hacer durante el trabajo en casa. Todo desde una computadora, un celular o una tableta y llegan para quedarse.

     

    Una de las alternativas es Ejercítate en Casa, una serie de clases virtuales de acceso gratuito que organiza el INDER a través de la plataforma de Facebook con el fin de promover alternativas para ejercitarse en casa y aprovechar el tiempo libre. La iniciativa consta de 3 a 4 actividades durante el fin de semana. Entre las modalidades hay una gran variedad inclusiva como clases de madres gestantes bajo modalidad de pilates, aeróbicos para todas las edades, trabajo en circuito para adultos mayores. También hay oferta para actividades con diferentes públicos en general como espacios para la Rumba – Abdomen, Rumba Taebo y Full Body.

     

    “La propuesta con este aislamiento es que vamos con un tema de virtualidad con toda nuestra oferta de deporte, recreación y actividad física. Vamos a estar enviando a nuestros usuarios el link para que puedan ser partícipes activos de nuestras clases”, indicó Isabela Luna, subdirectora del Fomento del INDER Medellín.

     

    Sentirse acompañado más allá de una pantalla

    Para muchas personas, seguir las rutinas y hábitos con relación a la actividad física no es solo cuestión de tener un dispositivo electrónico sino también alguien que oriente y haga motivar a los que buscan bajar algunos kilos, distraerse o quizá desestresarse en las clases. Catalina Castaño, profesional en Deporte del Politécnico Jaime Isaza Cadavid y actual tutora en Comfama, enfatiza en que el buen acompañamiento en el deporte es esencial en tiempos de pandemia. “El éxito de una clase virtual para uno como docente es ponerse en los zapatos del que quiere entrenar”, explica Castaño.

     

    Asimismo, lo que la motiva a trabajar es saber que la gente se interesa por estar saludable. “También me entusiasma entregar mi conocimiento e impactar positivamente a los que están detrás de la pantalla. En este momento la práctica de ejercicio físico es más importante que nunca, es reforzar la salud mental y el sistema inmunológico. Ahora más que nunca los profes y docentes de entrenamiento estamos llamados a impactar en la vida de las demás personas”.

     

    Una de las muchas personas a las que llega el trabajo de Catalina Castaño es Daniela Ospina, nutricionista y dietista de la Universidad de Antioquia, quien día por medio, después de atender en consulta a sus pacientes, se conecta a las clases virtuales de Castaño.

     

    “Lo que más me gusta es seguir ejercitándome en mi casa. Al principio, el no tener los implementos adecuados para la clase me puso a dudar, pero me di cuenta que realmente para recibir mis clases de combat y otras que me gustan, no necesito un mundo de cosas”, contó Ospina.

     

    Las aplicaciones y sus cifras en pandemia

    En la oferta de actividades físicas en casa no solo existen clases dirigidas en las que el entrenador físico lleva el ritmo. También se hallan diversas aplicaciones que están diseñadas para el entrenamiento personalizado, las cuales incluyen material de estimulación física acorde a ejercicios que se puedan desarrollar fácilmente en el hogar. Estas aplicaciones se hicieron más necesarias y por supuesto esenciales al principio de la cuarentena. Para muchas personas al igual que el lavado de manos y llevar el tapabocas, la actividad de recreación o actividad física fue vital a principios de cuarentena.

     

    Según reportó AdColony —una de las plataformas de publicidad más grandes en teléfonos— en su informe Staying Home and Staying Active with Mobile Apps, a principios del confinamiento en marzo de 2020 aumentó en 25% el número de personas que utilizaron aplicaciones móviles para hacer ejercicio o cuidar la salud. Los teléfonos inteligentes comandaron el uso de dispositivos con un 54% siguiéndole los relojes inteligentes con 26% y las tabletas electrónicas con un 7%.

     

    En el estudio que se basó en una encuesta a más de 600 personas entre los 14 y los 75 años ,se destaca que, entre las sesenta aplicaciones más conocidas para descargar, los usuarios prefieren My Fitness Pal, Fitbit ySamsung Health. Además, el 80 % de las personas tienen descargadas entre una y tres aplicaciones de salud y actividad física en sus teléfonos.

     

    Entre objetivos y nuevos escenarios

    Paisaje del confinamiento en los escenarios deportivos de los barrios. Foto: Alejandro Zapata.

     

    La OMS advierte que la falta de actividad física es un factor de riesgo considerable para las enfermedades no transmisibles (ENT) como accidentes cerebrovasculares, la diabetes y el cáncer. Así lo dio a conocer en un informe especial en su página web, en el cual resalta 10 datos relevantes sobre la actividad física en niños, jóvenes, adultos y mayores. Entre ellos se destaca que hacer actividad física reduce el riesgo de cardiopatías coronarias y accidentes cerebrovasculares, diabetes, hipertensión, diferentes tipos de cáncer, como el de colon y mama, así como la depresión.

     

    De igual forma, se resalta que en el Plan de acción mundial de la OMS para la prevención y el control de las ENT, se hace un llamado a reducir a un 10% la inactividad física al 2025 lo que también aportará a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

     

    Medellín no se queda atrás en el cumplimiento de esta meta, pues es una de las ciudades pioneras en el país con escenarios DRAF, (Deporte, Recreación y Actividad Física) los cuales ya suman 964 en todo el municipio. En menos de un año, se han presentado cierres, restricciones a los deportes de conjunto y a la práctica recreativa y competititva de la mayoría de disciplinas. La ciudad y sus deportistas se adaptan a los ritmos del virus y sus contagios mientras avanza la vacunación. Ahora que se levantan nuevamente los impedimentos para los deportes de conjunto, vuelve a ser importante la reserva previa en el portal web SIMON del INDER.

     

    Ya sea al estar en los rodillos con una bicicleta, alzar pesas o moverse con el propio cuerpo, la actividad en casa sigue aumentando con el apoyo en medios electrónicos que ofrecen experiencias al alcance de niños, adultos, y mayores, que buscan “cogerle el ritmo” a la pandemia.

     

    Nuevas dotaciones deportivas. Foto: Alejandro Zapata.

  • Carta abierta de los docentes internos de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB

    Medellín, 10 de mayo de 2021

     

    La facultad de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín quiere compartir con la comunidad en general la siguiente reflexión a raíz de la forma cómo, en los últimos días, los medios de comunicación nacionales han procesado, para la Sociedad, los acontecimientos que está viviendo Colombia:

     

    El vértigo de los acontecimientos, la coyuntura y la zozobra que deviene de la incertidumbre, quizá hace que las cosas básicas y simples se pierdan en la memoria, y que se desdibujen, en medio de un panorama atiborrado, las funciones que nuestras vocaciones nos han llamado a asumir dentro de la sociedad.

     

    Incursos en los días turbulentos que enfrenta el país, en medio del agotamiento tras más de un año de lejanía social por causa de la pandemia y las movilizaciones surgidas de las problemáticas socioeconómicas agudizadas durante ésta, nos enfrentamos a nuevas acciones violentas que se suman a esas otras, regadas, inmersas y obstinadas que afectan día a día a esas regiones colombianas que no siempre parecen asumirse como parte constitutiva de quienes somos.

     

    En este marco del miedo, la desconfianza y el desconocimiento del otro (mujer, afro, indígena, migrante, joven, institucionalidad, policía, soldado, ese otro que termina siendo parte de uno, de nosotros); el llamado que se hace a los periodistas, a los medios de comunicación y comunicadores, debiera ser sencillo: volver a lo básico de nuestro quehacer.

     

    Pero, ¿qué entender por lo básico? Lo primero sería la sinceridad con quien nos escucha. Determinar claramente lo que obedece a una opinión, a la que se tiene derecho y que por supuesto nutre el debate, diferenciada de los hechos narrados en clave de la información periodística, una información que se brinda a partir de la vinculación de múltiples fuentes, con diversos puntos de vista, que se contrasta con los hechos presentados a partir de la recolección de datos. La mezcla indistinta de supuestos y opiniones con hechos noticiosos termina favoreciendo el apasionamiento irreflexivo, la asunción de una sola opinión, como la verdad, anula la voz del otro y favorece que éste, en efecto, sea anulado.

     

    Comunicadores sociales, periodistas y, en general, la academia, debemos estar también en función de facilitar el acceso a la información, estudiar y entender cómo los fenómenos que se viven en la actualidad son una forma de expresión de los actores sociales ¿qué nos están queriendo decir?, ¿dónde está el mensaje que no entendemos para que la resolución de los conflictos a los que se debe se dé de manera pacífica?, ¿cuáles son las expresiones y canales adecuados que fortalecerán los diálogos para la consolidación de una ciudadanía que asuma su convivencia en paz y democracia?

     

    Mucho queda por preguntarnos y por entender, por ejemplo: el rol de los medios y plataformas sociales en estos días signados por la ausencia del cara a cara, sus potencialidades para la democratización de la información y los riesgos que presentan por mensajes simplistas y homogeneizantes; las reacciones suscitadas por esta falta del abrazo y la caricia como formas esenciales de la comunicación del amor, la solidaridad y la amistad; los mecanismos que permitan el reconocimiento de tantos otros, diferentes, pero constituyentes de este espacio llamado Colombia.

     

    Las facultades de comunicación somos las primeras llamadas a atender estas preguntas y sin duda alguna es nuestra responsabilidad recordarles a nuestros estudiantes, docentes y egresados el compromiso que asumimos con nuestra sociedad en el fortalecimiento de sus relaciones, de las decisiones que tomarán a futuro, en la consolidación de la democracia. Por eso mismo, también, debemos decirlo en voz alta de tanto en tanto para recordárnoslo también a nosotros, porque sí, porque debemos volver a lo básico.

     

    Los docentes internos de la facultad de Comunicación Social – Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín.

     

    Aspecto de las protestas del 4 de diciembre de 2019 en Medellín. Foto: Martín Villaneda.

     

  • Querer y poder, el dilema de la música en Medellín

    Sebastián López Ortiz / sebastian.lopezo@upb.edu.co

     

    Medellín, una ciudad con herencias musicales que vienen desde la colonización española, además de los sonidos entrantes por los Andes, huellas de figuras como la de Carlos Gardel, fue incluso núcleo de la industria musical de Colombia, como sede de la mayoría de casas disqueras a mediados del Siglo XX. Tango, ranchera, salsa y el tan popularizado reguetón, entre otros ritmos, son muestras de la diversidad musical de esta urbe.

     

    Medellín es melómana, pero ¿es verdadero refugio para los músicos? ¿Qué pasa con esa persona que invierte años formándose no solo para que su instrumento suene perfecto, sino también para crear su visión de la música, para entender sus posibilidades y sus alcances, ese gran fenómeno que después de largos procesos, finalmente todos podemos escuchar transformada en una canción?

     

    Medellín y la música, una relación de amor y odio

    Es un sábado en la noche, la ciudad suena, la gente canta. En el barrio Manrique se escuchan de fondo algunos de los más famosos tangos gardelianos. En El Poblado, en el renombrado Parque Lleras, las juventudes bailan al ritmo de los bajos de una canción de reguetón. También se escuchan los sonidos provenientes de las improvisaciones de un conjunto de Jazz, mientras que al vaivén de las botellas de cerveza se canta a todo pulmón una canción de protesta al ritmo del punk en bares de las Torres de Bomboná. Entre tanto, la armonía de la Orquesta Filarmónica de Medellín toca sus conciertos de temporada en el Teatro Metropolitano.

     

    A lo largo del año, en la ciudad se celebran muchos festivales musicales como: Medejazz, Festitango, Festival Altavoz, FestiAfro, Festival La Solar, entre otros. También es muy importante mencionar que con recursos públicos se financia la Red de Escuelas de Música de Medellín, en la cual actualmente hay cerca de 5 mil estudiantes y 27 escuelas aliadas, según el sitio web de la organización. A su vez, en Medellín hay siete centros educativos para hacer estudios superiores de música, bajo diferentes nombres y enfoques. Hay también centros privados como Iberacademy, Pianissimo y El Cubo Parque Cultural, que se proponen además como plataforma para hacer visibles a los músicos, junto a los festivales y medios especializados como la Revista Música, que busca darle voz a todos estos músicos y bandas de tendencias no dominantes o fuera de lo que se denomina el Mainstream. La publicación, nacida en 2003, tiene ya 61 ediciones.

    La Revista Música es además animadora de la Unión del Sector de la Música, que tiene fines gremiales. Foto: Cortesía. >>

     

    Entre los espacios más destacados para la actividad musical en la ciudad está el Teatro Metropolitano y el Pablo Tobón Uribe. A ellos se les unen los teatros universitarios y algunos espacios privados, además de un circuito de bares con música en vivo. Pero como cuenta Fernando Gallego, “en Medellín el circuito de música en vivo, la llamada chisga, normalmente funciona en los bares y los bares no tienen infraestructura real para los conciertos en vivo, pero modifican su estructura para poder ofrecerlo. Algunos bares tienen escenarios pequeños y no están acústicamente pensados para eso”.

     

    Por su lado, Sebastian Almánzar también tiene su postura frente a este tema: “hace mucha falta un teatro en Medellín, uno acústicamente construido para eventos musicales. Me parece que el problema en Colombia es que los teatros se hacen pensando en dos cosas, es decir, cumplir dobles tareas: teatros toderos”. Pero el problema no solo está en los teatros que hay, sino en los que ya no hay, el maestro Posada cuenta: “en Medellín cometimos grandes pecados con la idea del modernismo y progreso: y fue tumbar el teatro Junín, ¡era una joya!, fue una tremenda equivocación de la sociedad en su momento y eso dio pie a muchos de los problemas que acoge hoy el centro”.

     

     

    <<Nepentes es una de las bandas con más dinámica en festivales dentro y fuera del país. Foto: Cortesía.

     

     

    ¿Y cuál es el apoyo que la música tiene realmente en la ciudad? “Medellín es una ciudad que ha venido de menos a más. Hace unos 20 años se ha venido fortaleciendo todo ese tejido cultural a través de muchas más oportunidades, equipamientos, procesos, recursos y se ha venido trabajando. Los artistas han sido cogestores, además de la ayuda de empresa privada. También se ha venido generado un portafolio importante de oportunidades para mucha gente en términos de presupuesto participativo, becas de creación, los eventos de ciudad y todos los procesos de desarrollo económico para el fortalecimiento de las industrias creativas. Cuando yo empecé no había nada”, cuenta Juan Carlos Sánchez. El contraste lo explica Fernando Gallego, al referirse a festivales gratuitos que han contribuido a la divulgación, pero han desincentivado entre las audiencias la cultura de pago por ver en vivo los artistas de su preferencia: “Y eso para los músicos es un problema, porque pagar un cover que valga lo que realmente justifica el concierto, les duele pagarlo. [Para] Un concierto bueno, por 30 o 40 mil pesos, la gente se ofende, que es lo más complicado. En la época del streaming, cuando uno está acostumbrado que todo esté en línea y las cosas en línea son gratis ya de entrada hay un problema grande y ¿cómo le haces entender a una persona de 13 años que tiene que pagar por la música?, es un problema de esta generación”.

     

    El análisis de Gallego pone en discusión el papel de la educación para el arte. Andrés Escobar cuenta que “hay una falta de educación. Es una cuestión que va desde más abajo. Si los niños desde los 3 a los 10 años tienen una formación musical que por lo menos les dé una noción, van a lograr cogerle un cariño y un gusto a la música y, aunque no se dediquen a ella, van a aprender y entender de música y eso les va a ayudar en cualquier otro proceso de aprendizaje”. Y Almánzar añade: “Es necesario crear un hábito de querer escuchar música. Que realmente la gente tenga muchas ganas de oír su orquesta tocar y esto es algo que debe impulsarse desde los niños”.

    El director Sebastián Almánzar durante una de sus presentaciones en Europa. Foto: Cortesía.

     

    Son muchos factores entre no querer ir al concierto y no tener con qué ir. Sebastián Almánzar también es consciente de esto: “El salario mínimo está en poco más de un millón de pesos y de ese dinero se te van 800 mil pesos en el día a día, lo que tienes que pagar y sí mucho lo que te queda. Imagínate uno estar pagando 30 o 40 mil pesos en una boleta cada fin de semana; es muy complicado”. Al resultado de ese balance financiero se le denomina capital de consumo. Según el profesor Luis Fernando Aguado, hay tres formas de fortalecer capital de consumo cultural: la crianza en una familia que valore las expresiones como la música, educación artística en nivel de primaria y efecto rebaño; que el voz a voz o el gusto de quienes son cercanos lleve la música a cada persona. Según esto, que la música tenga espacio además de la idiosincrasia, depende de la economía del país.

     

    ¿Vale la pena estudiar?

    Para muchas de las personas que quieren dedicar su vida a la música es difícil la decisión de si hacer estudios profesionales o comenzar una carrera empírica basada en el mejoramiento de la técnica con el instrumento. ¿Qué aporta profesionalizarse en la música? Para Andrés Escobar es importante porque: “De acuerdo con el amor, pasión u obsesión que tenga uno por la música, el estudiar la carrera te permite entender un montón de cosas históricas que han sucedido con la música. Además, te da herramientas útiles. No sólo es perfeccionarse uno con un instrumento, sino un entendimiento de la música desde un punto de vista teórico, histórico y estilístico”.

     

    Para Fernando Gallego, la decisión de hacer la carrera va ligada a la intención que tenga el músico: “Si lo que uno quiere es proyectarse desde el ámbito académico y seguir haciendo carrera académica, hacer su maestría y luego aspirar a otro posgrado, pues tienes que hacer una profesionalización”. Y agrega: “Ahí hay un problema grande porque una persona de 17 años que recién pasa a su pregrado todavía no tiene claro esto, porque luego uno puede cambiar de opinión. Lo que yo le digo a los estudiantes jóvenes que me plantean el asunto de estudiar es: trate de hacer la técnica pensando después en profesionalizarse, porque se puede hacer la técnica y mientras estás trabajando puedes hacer la profesionalización, que es algo completamente normal en una ciudad que tiene una gran población en estratos bajos”.

    Entre el rock y el jazz, el profesor y músico Fernando Gallego recorre los bares de la ciudad con proyectos como Green Monkey y Slow Hands. Foto: Cortesía.

     

    ¿Y si me voy del país?

    Se dice que, si los artistas quieren alcanzar una mejor calidad de vida, obtener mayores logros profesionales y personales, se deben ir del país. Pero León Giraldo no está de acuerdo: “no creo que mi realización esté ligada a una posición geográfica. Se debe más a la labor que se realiza de acuerdo con las necesidades de la sociedad que habitas. Los proyectos de vida se construyen uno a uno. Además, puede que en otros países haya más orquestas filarmónicas, pero también más profesionales, más músicos que ya ocupan esas plazas. Después de vivir tres años en Europa me doy cuenta de que las realidades son muy parecidas, pero en diferente dimensión”.

     

    Todos los entrevistados coinciden en la ganancia que ofrece un acercamiento y una mirada internacional en la música, porque, como lo plantea el maestro Alejandro Posada, “el mundo es la casa de los músicos”. Juan Carlos Sánchez agrega al respecto: “Celebro cuando pueden estudiar afuera y celebro más cuando regresan a compartir sus conocimientos”.

     

    Pero hay también una tercera mirada que ve en el “salir del país” una necesidad. La maestra Ana Orduz dice que: “Lo de irse depende del género que quieras tocar y del perfil profesional y artístico que quieras tener”, opinión que sintoniza con la de Gallego:“Cuando uno va muy en contra de la corriente es muy difícil vivir de la música. Por ejemplo, si tienes una banda de punk en Medellín probablemente no vivas de la banda”.

     

    Soy músico y soy una empresa

    “El artista hoy en día debe buscar su espacio en la sociedad (…). El músico debe saber venderse, crear la necesidad de lo él hace”, comenta Alejandro Posada. Pero esto no es un mero discurso de emprendimiento y de gestión cultural. Sara Melguizo, directora de la Revista Música cuenta que: “Los músicos pertenecemos a un sector en el que no somos asalariados. Somos supuestamente emprendedores, pero a veces no alcanzamos ni siquiera a auto emplearnos de manera digna porque nuestras empresas son estacionales, entonces nos toca ser multi perfil. Es cierto que tenemos una capacidad adaptativa maravillosa, pero ¡eso no es saludable!”. Desde su experiencia, Juan José Trejos añade: “Es un poco peligroso eso de ser toderos porque uno no se ve obligado a no solo desenvolverse profesionalmente en algo y hacerlo muy bien, sino que le toca hacer muchas cosas, entonces pierde calidad el arte y finalmente el producto”.

    Juan José Trejos tiene como instrumento principal el trombón, pero también toca la guitarra. Foto: cortesía.

     

    Talento migrante

    En los últimos años, según cuenta Alejandro Posada, dentro de la Filarmónica de Medellín más del 50% de los integrantes vienen de municipios cercanos a la ciudad. Una tendencia similar a la que se observa entre los aspirantes a programas académicos cono el de la Universidad EAFIT. León Giraldo es oriundo de El Retiro; Fernando Gallego, de La Unión; Juan Carlos Sánchez de Támesis y de Riosucio en Caldas es Juan José Trejos.

     

    En el exterior cada vez es más común escuchar que compatriotas son reconocidos o incluso ganan becas por su labor musical. Un ejemplo es Sebastián Almánzar, quien alcanzó el segundo puesto en la edición 2020 de la Competencia de la Unión Europea para Directores de Orquesta, realizada en Sofía y en Pazardzhik, Bulgaria; esto sin referirnos al reconocimiento de artistas de la música en facetas más comerciales.

     

    Hay otro factor fundamental. Un factor más discreto pero potente: “Algo muy importante es que se tiene la música como la oportunidad salir de situaciones difíciles”, cuenta el maestro Alejandro Posada, para quien esta expresión muestra a los jóvenes otro estilo de vida, otra posibilidad de salir adelante ,sobre la base de valores como la disciplina. “Los músicos en Latinoamérica en general son buenos o podemos llegar a ser buenos primero por la disciplina que uno pueda tener, pero, el más importante aún, me parece que es porque nos toca lucharla tan difícil”, afirma Almánzar, a lo que la maestra Ana Orduz le agrega una gran capacidad para soñar.

    La Fundación Pianíssimo abre espacios para que los estudiantes de este instrumento tengan contacto con el público y perfilen su talento y su vocación. Foto: Cortesía.

     

    ¿Y de dónde saco los pesos?

    El soporte económico es una constante en la preocupación de los músicos para desarrollar sus proyectos. La financiación pública es una carta cada vez más visible y, por ejemplo, la Alcaldía de Medellín cuenta con varios mecanismos como estímulos que vienen desde el programa de Presupuesto Participativo, hasta los conciertos gratuitos como el Festival Altavoz . Pero puede ser complicado acceder a estas ayudas. Andrés Escobar cuenta que: “La Alcaldía da subsidios, pero uno debe hacer un papeleo extenso y ser muy cuidadoso para lograr acceder a ellos, debe presentar una propuesta sólida”. Y ahí está la cuestión, mientras más solida sea la propuesta, más posibilidad hay de contar con esas ayudas.

     

    Organizaciones y centros culturales particulares hacen lo propio. El Teatro Pablo Tobón Uribe tiene varias actividades de apoyo a los músicos y a los artistas en general, de eso habla su Director: “tenemos varios proyectos. El primero, Matraca: donde asisten bandas más consolidadas que venden boletas y son sostenibles. También tenemos un programa alrededor del Café Teatro donde permitimos que bandas emergentes toquen. Les ponemos un sonido, iluminación, backline, tarima y desarrollamos ejercicio de coproducción o de producción”. Se busca que lo que se recoja en boleterías vaya en mayor porcentaje para estas bandas. Y con la reactivación económica el Teatro busca generar más espacios y, con ello, más ganancias para todos estos músicos.

    << El modelo de la escuela Iberacademy se basa en la búsqueda de los mejores profesores alrededor del mundo para sus estudiantes. Foto: Cortesía.

     

     

    Y, ¿cuánto cobro?

    Una queja generalizada en el gremio de la música es que algunos colegas porque “regalan su trabajo”, lo que genera un desbalance en el mercado laboral. Una clase de piano por hora y media a la semana, oscila entre los 40 y los 300 mil pesos.

     

    Sara Melguizo, quien también está a la cabeza de la Corporación Unión del Sector de la Música (USM) ha venido generando proyectos que impulsen a un pago digno por la labor musical e invita a que se respeten ciertas tarifas para que no se presenten esos quiebres entre lo que se paga por la labor artística. Para eso, dentro de la Corporación realizaron una tabla dinámica de tarifas para que un músico pueda tener una idea de lo que debe cobrar por su trabajo. Un estudio de la USM encontró que los ingresos que provenían del ámbito digital sólo correspondían al 8% de los ingresos de los proyectos musicales, lo que desmitifica la idea de que lo digital es la panacea para los músicos.

     

    A lo anterior es importante agregar que los impuestos de importación de los instrumentos son muy altos, Ana Orduz cuenta que traer un piano de cola cuesta desde 35 millones de pesos, en gran medida por los llamados aranceles de importación sobre los instrumentos musicales, que están considerados por las normas aduaneras como artículos de lujo y ocio, no como parte de las herramientas de la llamada industria creativa. “Son unas políticas contradictorias”, afirma Orduz.

     

    La payola

    Pagar para sonar es, más que una queja, otro de los fenómenos que preocupa a los músicos que en ella ven el fin de los méritos. “La payola son las prácticas restrictivas de la competencia. Eso hace que suene siempre la misma música tanto en la radio como en las listas de reproducción. Incluso existe la contra-payola, que es pagar para que los otros no suenen. O la hiper-payola, pagar para ser parte de las listas de las sociedades de gestión colectiva por parte de las emisoras. Es decir que llenan las listas con música que no sonó y las sociedades de gestión colectiva reciben esas listas y les pagan a los asociados. Son situaciones muy complejas que no se cuentan”. Lo que se busca es que haya un impuesto sobre la payola y que se sepa con completa claridad cuándo una reproducción es publicidad musical pagada.

     

    ¿Para qué la música?

    El arte es necesario para el desarrollo de sociedades sanas y maduras, en eso coinciden los músicos entrevistados. Para Ana Orduz, el arte genera bienestar, que finalmente, derivará en paz. Pero el maestro Alejandro Posada lo explica desde las tres dimensiones de lo humano: “La parte de la mente, el cuerpo y el espíritu. El arte nos ayuda a desarrollar esos tres constantemente. Cuando el niño está estudiando música, está desarrollando constantemente cuerpo mente y espíritu y, cuando una sociedad la mayoría de sus habitantes ha podido nivelar esos tres aspectos fundamentales se logra una sociedad más madura, empática, incluyente y comprensiva. Eso hace posible que avancemos como sociedad”.

     

    Por su parte, Juan José Tejos, opina que todo depende del enfoque que se le quiera dar a la expresión artística. “Todo nace de una necesidad de expresar algo. Si estoy enfocado en llevar un mensaje social, un cambio o simplemente un producto”, explica.

    << Juan José Trejos combina su trabajo entre agrupaciones como Jetsemaní, El Tropicombo o presentaciones en El Balcón de los Artistas.

    Foto: Cortesía.

     

     

    Mijo, la bendición y hágale

    Como si de un coro se tratara, ante la pregunta de si se puede vivir de la música en Medellín, todos los entrevistados dijeron que sí. Un sí rotundo. Rotundo como los aplausos del público al terminar la última nota de su canción favorita en una presentación en vivo. Ninguno desconoce los grandes retos que representa escoger la música no solo como profesión sino como estilo de vida.

     

    “Hay algo que se está dando finalmente en Medellín y es entender que la música es una profesión, es un oficio serio en el que se trabaja como cualquier otro y hay muchas oportunidades como en cualquier otro. La cuestión está en si definitivamente quiere ser músico meterse de lleno. Ser muy bueno en su instrumento y, haga lo que haga, perfeccionarlo”, argumenta Fernando Gallego.

     

    Para Andrés Escobar también es fundamental dejar de buscar esa falsa ilusión de que se es músico para ser famoso y que la fama es el éxito. “El éxito, para mí, está en hacer un trabajo reconocido y respetado por mis colegas y también por mis seguidores”.

     

     

  • Sí a las nuevas voces. No a la nueva sangre

    Joaquín Gómez Meneses / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Un medio universitario como Contexto no es solo una escuela de periodistas. Por años, este proyecto académico y periodístico también ha sido tribuna para observar el lugar que tiene la juventud en la vida de la ciudad, en la dinámica del mundo.

     

    En los últimos años hemos visto su protagonismo en las manifestaciones que reclaman cambios en los destinos del país: desde el simbolismo y las nuevas formas de elevar voces de protesta, hasta el núcleo de expresiones violentas desde todas las orillas, las cuales nos llenan de dolor y no cesaremos en deplorar.

     

    En 2019, participamos en el proyecto #DiarioDelParo, una experiencia que acercó a nuestros periodistas universitarios a las causas de la movilización, al relato de las marchas y los excesos que en ellas ocurrieron, a la agenda de conversaciones sin epílogo hasta la irrupción de la pandemia por Covid-19. Todo bajo una premisa de nuestras labores de formación e información: el deseo de entender.

     

    Como académicos, como formadores de personas facultadas para comunicar, nos corresponde la esperanza, como empeño, como causa. Por ello creemos en el deseo que, a pesar de los riesgos de una pandemia, convocó a cientos de miles a manifestar su descontento en las calles. Muchos de los estudiantes y profesores que conformamos este equipo vivimos esas circunstancias, además las conocemos y las contamos en nuestra labor periodística.

     

    Gracias a las sesiones de clase, a los consejos de redacción, sabemos que son incesantes las preguntas jóvenes sobre los problemas que persisten y frente a los que parece no haber más que resignación. Gracias a esa escucha entendemos que el fenómeno de protestas de nuestro país es un rechazo a la indiferencia, a la indolencia; un mensaje con el que la juventud de hoy es particularmente contundente.

     

    El objetivo de expresarlo se logró con creces. Ya se abrieron los espacios en que son decisivos los argumentos y, fieles al espíritu de la academia, queremos subrayar la importancia del diálogo para construirlos. Ahora más que nunca, se necesita que este sea edificante, que nos muestre caminos más efectivos que los de la fuerza que nos horroriza durante estos días y con la que nos hemos encargado de aplazar por décadas las soluciones necesarias, porque las agresiones a periodistas, el abuso de autoridad, el daño a bienes materiales, las golpizas y mucho menos los asesinatos, no han resuelto los problemas por los que alzamos nuestra voz.

     

    La conmoción de estos días nos llama a entender que, si tenemos un país de conflictos, es porque es diverso y, bajo esa condición, es insostenible proceder por la fuerza. Las nuevas generaciones del país tienen más que nuestra atención. En lo que a este proyecto académico toca, tienen nuestra fe en lo que sus acciones nos puedan enseñar en adelante. Desde nuestra experiencia, reiteramos el llamado al diálogo, el que implica escuchar, expresarse para el otro, preguntarse, construir. A nuestro alcance está disponer este espacio, al que son bienvenidos todos los aportes.

     

    Imagen de las movilizaciones por la paz en octubre de 2016. Foto: Enrique Mena.

     

     

  • Cruz y piedad, mirada de otra vida en la ciudad

    A propósito de la conmemoración católica en torno a la Santa Cruz, una serie notas y postales de la religiosidad en el Centro de Medellín, duranta la pasada Semana Santa y en medio de la pandemia.

     

    Por Alejandro Zapata Peña y Karen Bueno Estrada

     

    Las muestras de religiosidad popular en la capital antioqueña se destacan por toda suerte de ritos y representaciones en diferentes celebraciones del calendario católico.

     

    La pasada Semana Santa que se vivió en un Centro más deshabitado de lo usual, las iglesias y parroquias se guardaron las ganas de hacer lo tradicional. Adoptaron prácticas inéditas en lugares para la reconciliación y el encuentro espiritual. Tapabocas iban y venían, geles en cada atrio y carteles de bioseguridad como si fueran las imágenes de un nuevo Jesucristo.

     

    El día de la adoración a la Santa Cruz se une a aquellas jornadas de reflexión católica; está, con la cruz como signo redentor de Cristo sobre la muerte y el pecado. El siguiente es un recorrido gráfico que registra para la posteridad las conmemoraciones de la pasión de Jesús, la religiosidad medellinense en medio de las restricciones por una pandemia sin parangón.

     

    Entre ramos y tapabocas

     

    Dieron las once de la mañana y a la entrada principal de la Catedral Basílica Metropolitana se acercaban varios adultos mayores, algunas mujeres y pocos niños que iban tomando algún que otro ramo que al principio les daban en la entrada. Era un Domingo de Ramos solitario, lejos de alcanzar el aforo que la Arquidiócesis permitió del 35%. Por toda la catedral rodaban cables, cámaras y luces esperando la palabra del arzobispo. En el templo no solo estaban los de carne y hueso, también estaban los que miraban desde lejos, probablemente desde muy lejos.

     

    A la catedral se le sumó una Iglesia San José más poblada, sin un lugar en el cual poder caminar. Un bazar de velones, figuras de Jesús y geles antibacterial con estampillas de la Virgen recibían a la entrada. En medio de lágrimas y penas, la gente alzaba sus manos, su rostro y su máxima expresión de fe se delataba en su cara. El olor a incienso se apoderaba de cada rincón del recinto que data del siglo XIX. Los tapabocas parecían eran como las cruces, estaban por todas partes.

     

    De izquierda a derecha en la galería:

    -A las puertas de la Catedral Basílica Metropolitana varias mujeres entregan el ramo minutos antes de la ceremonia de del Domingo de Ramos.

    -Los feligreses se arrodillan junto a los monumentos en los pasillos de la Iglesia San José, durante el evangelio de Domingo de Ramos a las 12:05 del mediodía.

    -Creyentes escuchando el evangelio del Domingo de Ramos, en medio del distanciamiento físico y la cercanía espiritual.

    -Venta de velones y piezas religiosas en San José al mediodía del Domingo de Ramos.

     

    Cuaresma, tiempo de cambio

     

    Faltaba menos de una hora para las 3 de una tarde nublada que sacaba del letargo a los comerciantes esperanzados en vender algo a los fieles que tomaban un poco de aire y lejitos de la entrada se asentaron antes de la ceremonia que seguía; eran familias recogidas en la oración, ancianos solitarios y usuarios pasajeros de las bancas para descansar de todo.

     

    La espera cesó y la asamblea se levantó al observar al sacerdote recorrer los pasillos del templo mientras los fieles se disponían a recibirlo. Unas cuantas personas se acercaron a él para rozar el manto blanco que llevaba puesto y recibir bendiciones rápidamente. Se dirigió al centro donde unos jóvenes lo esperaban y estando de pie frente al público compartió unas cortas palabras llenas de serenidad, dando la señal para empezar una simple pero solemne procesión.

     

    De izquierda a derecha en la galería:

    -A la 1:56 de la tarde del jueves 1 de abril de 2020 empezó la representación tradicional de la Última Cena en la Iglesia San José. Como discípulos a la mesa, los feligreses ponen el contraste con los celulares y tapabocas, tan propios de estos tiempos.

    -Bendición del Jueves Santo en la Iglesia San José. Las miradas de los fieles siguen la procesión que abrió puntual el inicio del Triduo Pascual

    Estampa de Jesús en el monumento de la Iglesia San José, que ambientaba la espera de los feligreses para recordar la Última Cena.

    -Ya pasadas las 3 de la tarde, fieles y vendedores se esparcían en el atrio de la Iglesia de San José, escuchando a la distancia la ceremonia del Jueves Santo que avanzaba puertas adentro.

     

    Carga con tu cruz y ponte el tapabocas

     

    La Veracruz luce como siempre, como si estuviera detenida en el tiempo, pero ahora recibe a sus creyentes con 3 carteles sobre bioseguridad, un gel antibacterial desapercibido y un sacristán con una botella de alcohol como si fuera el celador contra el virus. A la par, se escucha la oratoria del sacerdote que va en la décimotercera estación del Viacrucis. La pequeña iglesia recibe unas veinte personas, sin contar a los menesterosos a los que tanto les niegan la entrada.

     

    El ambiente era diferente en la Metropolitana. El arzobispo pasaba por cada una de las estaciones alrededor de la catedral. Al paso del clérigo le seguían las cámaras tanto de teléfonos celulares como de televisión, cada lente se esmeraba por conseguir el mejor ángulo para encapsular una de las Semanas Santas más solitarias.

     

    De izquierda a derecha en la galería:

     

    -Bienvenida en La Veracruz en la mañana del Viernes Santo, con carteles de bioseguridad que se ven por todo el recinto, con el mismo mensaje en sillas, en paredes y en algunos monumentos.

    -Pasillo de La Veracruz alrededor de las 10:30 de la mañana del Viernes Santo. Algo de distancia, algunos tapabocas mal puestos, pero con los ojos pegados al altar.

    -El aire de la Basílica Metropolitana durante la ceremonia del Viacrucis del Viernes Santo, encabezada por el Arzobispo de Medellín.

    -Recorrido liderado por el arzobispo de Medellín Ricardo Tobón, junto a diáconos y seminaristas que lo acompañan en la quinta estación del Viacrucis. Un equipo de producción de televisión transmite el momento.

     

    La pascua no se contagió

     

    En la mañana fría del Sábado Santo, al exterior de la Iglesia la Candelaria se encontraban unos pocos vendedores, quienes ofrecían a los transeúntes sus productos de segunda mano. El templo se encontraba abierto y recibía a todo fiel que quisiera entrar para celebrar la esperada Vigilia Pascual que iniciaba a las 10 de la mañana. La mayoría eran adultos mayores que contemplaban los monumentos o esperaban su turno en el confesionario.

     

    La campana sonó y por la puerta de la sacristía salió el clérigo con unos cuantos servidores del altar, para con celebrar la resurrección de Jesús. Se dio el saludo inicial, el acto penitencial, la gloria, la oración colecta, las lecturas, los salmos y el centro del rito que enmarca el evangelio y la homilía, el mensaje sobre un resucitado que quita todo sufrimiento humano.

     

    De izquierda a derecha en la galería

    -Pasillo central con algunas personas en las bancas de la Candelaria mientras escuchan la predicación del sacerdote en la Vigilia Pascual del 3 de abril.

    -Un feligrés escucha desde su lugar seguro en la iglesia de San José, la homilía del sacerdote en torno al Domingo de Pascua.

    -Fieles recibiendo la comunión. La mayoría recibía en sus manos el trozo del pan ázimo.

    -La feligresía al cierre de la ceremonia del Domingo de Resurrección en la Iglesia de San José.

     

  • La pandemia impulsa el auge de los eSports

    El COVID-19 puso un alto al mundo del deporte. Sin embargo, los videojuegos han pasado de ser el hobby de muchos niños, jóvenes y adultos para convertirse en una pasión que se eleva a niveles competitivos gracias a los deportes electrónicos.

     

    Por Sebastián Rodríguez Carmona / sebastian.rodriguezc@upb.edu.co

     

    En Colombia, el crecimiento de este fenómeno no se ha visto afectado por la pandemia y, por el contrario, ha tomado un nuevo aire. La creación de torneos como la Golden League le ha abierto las puertas a cerca de 8 equipos y 576.511 nuevos espectadores que buscan llevar su pasión por los deportes a nuevos niveles.

     

    La evolución del software y los equipos tecnológicos, así como su masificación, le han dado vía libre a la consolidación de los ESports. Foto: Sebastián Rodríguez.

     

    Los eSports son una serie de torneos realizados alrededor de distintos videojuegos. Cada uno de estos certámenes incluyen distintas disciplinas, estas llevan al máximo la destreza de los jugadores e incluso, llegan a generar un desgaste físico y mental similar al que sufren distintos atletas. Un estudio realizado por Phil Birch, docente de la Universidad de Chichester en Inglaterra, destaca que los jugadores profesionales de videojuegos comparten 51 factores de estrés con futbolistas durante partidos importantes y afrontan problemas en común como la comunicación asertiva durante el juego. Estos factores compartidos han hecho que esta nueva tendencia sea catalogada por muchos como un deporte.

     

    Pero esto no es lo único destacable de los deportes electrónicos, pues su popularidad ha reunido a millones de personas entorno a estos eventos masivos que se realizan tanto de forma presencial como virtual. En el 2018 la ELEAGUE Boston Major (competencia del videojuego CS: GO) logró reunir a 1.1 millones de espectadores simultáneos en una transmisión realizada en la plataforma Twitch.

     

    Ha sido tal la popularidad de los eSports que. a pesar de las restricciones a eventos masivos de diversos deportes ocasionadas por la pandemia, estas competencias siguieron su curso desde la virtualidad, un ámbito que está en sus orígenes y que permitió que grandes espectáculos como la Fórmula 1 realizaran una competencia paralela con grandes premios de manera virtual y la participación de pilotos como Charles Leclerc y Alexander Albon.

     

    Grandes personalidades del fútbol también incursionaron en este mundo, uno de ellos es Sergio ‘el kunAgüero, quien aprovechó la pandemia para crear su club de eSports ¾KRܾ, enfocado en el videojuego FIFA. Jugadores como Sergio Reguilón y Thibaut Courtois se han convertido en accionistas de distintos clubes de eSports.

     

    Una mirada nacional

    A pesar de que Latinoamérica sea conocida como una región emergente en el tema de los eSports, la realidad es que Colombia ha sido clave en el crecimiento de esta actividad y asumió un nivel protagónico frente a otros países. Esta popularidad se debe al aumento tanto de audiencia como de jugadores que participan en ligas y torneos locales, como la Golden League, la cual reúne a los mejores gamers del videojuego League of Legends.

     

    También ha sido clave la llegada de marcas que patrocinan este tipo de eventos, como es el caso de la multinacional VISA, la cual, en unión con la Liga de Videojuegos Profesional se ha encargado de publicitar y de apoyar el desarrollo de los eSports en el país cafetero. Para la Country Manager de VISA en la región María Cristina Forero, esta alianza permitirá el cumplimiento acelerado de los objetivos para la liga y la posibilidad de brindar un producto con mejor calidad a la audiencia.

     

    Otro punto que hace de Colombia un país referente en este tema es la creación y representación de equipos tradicionales en este tipo de competencias. Conjuntos como Atlético Nacional, Deportivo Cali y Once Caldas ya cuentan con sus propias escuadras de eSports y hacen parte de entidades como la IESA (International Esports Asociation). Estos clubes buscan no solo mantener su nombre y representación en este tipo de torneos, sino ampliar esta cultura en el país y lograr el apoyo de otras entidades como la Dimayor.

     

    El talento local, la otra cara de los eSports

    Existe otro panorama protagonizado por los propios jugadores, aquellos que decidieron dar el paso de convertir su hobby en algo más. Este es el caso del estudiante de la facultad de Ingeniería en Diseño de Entretenimiento Digital de la Universidad Pontificia Bolivariana, Juan Pablo Correa, que en compañía de cinco amigos, decidieron crear NPC’S eSports, un club multiplataforma y multijuego, el cual hoy tiene participación en videojuegos como: Call of Duty, FIFA, Fortnite, Rocket League y próximamente representación en League of Legends.

     

    De la mano de su presidente, Sebastián Gaviria, este equipo busca con hacerse un nombre en este extenso mundo mediante la participación en torneos internacionales y oficiales. A su vez, Sebastián resalta la composición de su plantilla y menciona que: El equipo está conformado por cerca de 15 talentos que provienen de diferentes regiones del país, pero también contamos con jugadores que provienen México y Estados Unidos principalmente. NPC’S busca brindarle una oportunidad y un entrenamiento competitivo estos jóvenes que están entre los 14 y los 28 años.

     

    Sin embargo, edificar este equipo no ha sido una tarea sencilla, pues desde su creación en el año 2021, este proyecto compromete una dedicación que va más allá de lo competitivo, pues a medida que su comunidad se expande, se han visto en la necesidad de generar contenido para la misma. Esto implica una mayor regularidad en términos de atención y creación de contenidos en plataformas como Instagram, YouTube o Twitch junto a sus públicos.

     

    Para NPC’S, este proceso de crear y gestionar el material que se publica en redes sociales también se apoya en el trabajo conjunto con sus jugadores, un trabajo, el cual, al puro estilo de un equipo de cualquier disciplina, se busca coordinar al grupo y desarrollar el talento de cada jugador con miras a prepararse para competir en torneos oficiales o privados.

     

    Un estudio en casa puede ser el escenario de práctica de profesionales en estos nuevos deportes.

    Foto: Sebastián Rodríguez.

    Una senda que apenas comienza

    Este conjunto ha sido testigo del crecimiento de los eSports en el país, de hecho, entre sus miembros destacan el apoyo de distintos medios de comunicación que, mediante la creación de torneos y ligas, les han abierto las puertas a distintos equipos del país y han apoyado la creciente comunidad gamer en Colombia. Los integrantes de NPC’S resaltan que parte de ese apoyo y crecimiento se debió a la pandemia, pues esta impulsó y atrajo a muchas personas amantes al deporte que decidieron incursionar en este mundo y ampliaron las distintas comunidades.

     

    No obstante, mencionan que aún queda mucho camino por recorrer y dejan en claro que: “Los eSports no hacen parte de la cultura colombiana en términos deportivos. Tampoco hay un órgano de gobierno que cuente con algún programa o plataforma que permita que los eSports se desarrollen con una ruta clara”.

     

    En definitiva, no cabe duda de que la cultura de los eSports seguirá creciendo en Colombia porque han sabido sobreponerse a la pandemia y cada vez se posicionan mejor en el mundo del deporte, ya sea a través de las comunidades o de conjuntos como NPC’S que, con su competencia, ofrecen también un contenido nuevo que es más que un entretenimiento.

  • Está verde la implementación del nuevo código de colores para separar residuos en Medellín

     

    Juan Pablo Mejía Dussán / juan.mejiad@upb.edu.co

     

    Desde el primero de enero de este año está en vigencia la Resolución 2184 de 2019, la cual establece que en todos los municipios del país que cuenten con un plan activo de aprovechamiento de residuos sólidos, los usuarios del servicio público de aseo deberán realizar la separación de estos de acuerdo con el código de colores implementado en dicha resolución.

     

    Empresas Varias de Medellín (Emvarias, perteneciente al Grupo EPM), la organización prestadora del servicio público de aseo en la ciudad, tiene como deber acogerse a los lineamientos de esta resolución, además de lo establecido en el Decreto 2981 del 2013. Este último dicta que uno de los principios básicos para la prestación del servicio de aseo es que este se desarrolle de acuerdo con lo definido en el Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos (PGIRS) vigente en cada municipio.

     

    El PGIRS vigente en Medellín es el actualizado en 2016, por lo que no está articulado aún con el nuevo código de colores. Por ello, “seguimos dando continuidad a la prestación del servicio tal y como lo veníamos haciendo desde antes de que saliera esta resolución (la 2184 de 2019)”, explica el ingeniero ambiental Jhony Serna, profesional de aprovechamiento de Emvarias.

     

    La normativa está y debe ser cumplida

     

    ¿Significa entonces que el código de colores no se implementará en Medellín hasta que no se actualice el PGIRS con todos los lineamientos y normativas? No estrictamente. Aunque no se haya tramitado la actualización del PGIRS, la Resolución 2184 debe ser acatada por los usuarios de este servicio público.

     

    Según el ingeniero Serna, “el hecho de que no se haya actualizado el PGIRS no exime al usuario de cumplir la implementación de la norma”. Además, advierte que, si en el tiempo que ha transcurrido desde que entró en vigencia la resolución no se ha dado la implementación del código de colores, deberían verse esos meses reflejados en la preparación, pedagogía, planeación y elaboración de planes internos por parte de cada uno de los usuarios, de modo que, una vez actualizado el PGIRS, la adaptación a este sea más rápida.

     

    Se espera que para finales de mayo del presente año se presente la actualización del nuevo Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos, de tal modo que para esa fecha avancen de manera progresiva los programas y jornadas de pedagogía por parte de las autoridades ambientales y de las entidades correspondientes.

     

    A principios de marzo de 2021 la secretaria de Medio Ambiente, Diana Montoya, informó sobre la sensibilización en cuatro comunas y dos corregimientos de la ciudad sobre la adecuada separación de los residuos sólidos en la fuente. Según Montoya, esta campaña de pedagogía identificó los sectores a intervenir y se realizó mediante alianzas con organizaciones de recicladores.

     

    Estos últimos dos elementos se cohesionan en el plan de aprovechamiento de residuos sólidos articulado por Emvarias y las autoridades y entidades ambientales, pues implica que la correcta separación de los residuos sólidos agilice dos procedimientos que se desarrollarían según el nuevo código de colores: por un lado, está el de la labor de los recicladores de oficio que recolectan puerta a puerta el material aprovechable. Para Serna, “ese es el momento de entregar el reciclaje, y no entregarlo junto con los demás residuos ordinarios porque lo que va a pasar es que irá a parar al relleno sanitario y no podrá ser aprovechado”.

     

    El segundo procedimiento depende de la adecuada separación. Corresponde a la implementación de rutas selectivas de recolección de residuos sólidos, lo cual está contemplado en el ya mencionado Decreto 2981 y en lo que Emvarias ya está trabajando, que cuenta desde 2017 con una ruta selectiva para materiales aprovechables y, según el ingeniero Serna se estudia otra para residuos orgánicos: “Estamos en pruebas piloto para poder tener a mediano plazo una ruta que recoja solamente este tipo de residuos”.

     

    Las jornadas de sensibilización y la pedagogía desde diferentes sectores han sido los focos de trabajo desde la actual administración para la transición hacia el nuevo código. A pesar de ello, la implementación plena del mismo en la ciudad es incierta, por lo menos, para 2021.

     

    Además, la aplicación del código de basuras se cruza con uno de los proyectos planteados en el PGIRS para este año: el control de puntos críticos en cuanto a la recolección y la generación de residuos sólidos en la ciudad. Por ello, no habría capacidad operativa para poner en marcha las rutas selectivas.

     

    Este es el esquema de colores para la separación de residuos sólidos que está vigente desde enero de 2021. Ilustración: Ministerio de Medio Ambiente.

     

     

    Implementación en organizaciones: dos casos

     

    Sin embargo, los generadores de residuos son quienes adquieren la parte activa en la aplicación de la nueva norma mediante una correcta separación de residuos sólidos en la fuente, que ya está reglamentada por una normativa anterior. La nueva dictamina los colores que identifican los diferentes residuos sólidos generados.

     

    En las organizaciones generadoras de residuos, asumir el nuevo código de colores no depende solo de ajustar su Plan de Manejo Integral de Residuos Sólidos (PMIRS). “La gestión es todo lo que tiene que ver con la separación, el transporte y la disposición adecuada con los gestores”, como indica Jhon Alexander Chalarca, profesional de Sostenibilidad de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), quien además señala la importancia de un acompañamiento en comunicación y capacitaciones.

     

    La UPB recibió en febrero de este año la certificación plata en el Sistema de Gestión Basura Cero del ICONTEC, por sus acciones de aprovechamiento y disminución en la generación de residuos sólidos. La Alcaldía de Medellín, por su parte, logró la certificación oro en este mismo sistema de gestión y “bajo ese proceso logramos aumentar los porcentajes de aprovechamiento de los residuos sólidos reciclables generados dentro del Centro Administrativo Municipal (CAM). Cuando empezamos con la implementación del PMIRS en 2020, la taza de aprovechamiento de residuos sólidos era del 23% y ahora es del 43%”, comentó Róbinson Mesa, contratista de la Unidad Ambiental de la Secretaría de Suministros y Servicios.

     

    Ambas instituciones integraron este sistema de certificación mediante sus PMIRS para dar vía al nuevo código para la gestión de residuos. Sin embargo, ambas certificaciones y procesos se lograron a lo largo del año pasado, es decir, durante el comienzo de la pandemia por Covid-19, caracterizada por el teletrabajo y la consecuente baja en la generación de residuos.

     

    ¿Se puede mantener los estándares que exige la nueva norma con los espacios de trabajo nuevamente ocupados? Gabriel Jaime Foronda, tecnólogo ambiental de la jefatura de Servicios Generales de la UPB considera que “con el tema de la alternancia se ha ido implementando poco a poco el código de colores, es algo que se tiene que hacer paulatinamente”.

     

    En la UPB las estrategias de aprovechamiento continúan bajo los nuevos lineamientos. En las medidas adoptadas por la Secretaría de Suministros y Servicios para el CAM, el primer paso para ajustarse a las nuevas regulaciones fue la dotación de implementos como contenedores y recipientes. Según Mesa, “se hizo un análisis que dio como resultado la identificación de aquellos espacios que mejor aportarían en el CAM al proceso de separación en la fuente”.

     

    Pero lo pedagógico es una cuenta pendiente. Robinson Mesa explica que la nueva forma de separación requiere preparar al personal de aseo y funcionarios. Con estos últimos están los mayores retos, para la separación en la fuente, según el servidor.

     

    Ambas instituciones han complementado sus PMIRS con estrategias para la disposición final de los residuos, una vez separados en el centro de acopio, con planes de identificación de gestores de recolección. La Alcaldía estableció un “proceso de aprovechamiento de residuos orgánicos a través de compostaje en el vivero municipal y también tenemos un proceso de reciclaje de todos los residuos reciclables que genera el CAM”, expresa Mesa.

     

    Chalarca aclara también que la UPB ha hecho “un contacto más formal con los gestores y proveedores de este tipo de residuos y lo que hacemos es identificarlos, hacerles un sondeo según las propuestas que ellos tienen, hacemos las visitas a sus instalaciones para el reconocimiento del manejo de residuos y toda la gestión ambiental y social que tengan. Así los identificamos y seleccionamos”.

     

    ¿Qué pasa con los usuarios que no cumplen y cuál es el vacío en la norma?

     

    Aunque ambas instituciones no han logrado implementar al 100% el nuevo código de colores, sus planes internos ya concuerdan con la nueva normativa. Pero para aquellos usuarios generadores de servicios que no desarrollen o implementen debidamente dicha resolución, ¿qué hay que tener en cuenta?

     

    Lo primero es que el Decreto 2981 de 2013 dicta dentro de las obligaciones de los usuarios el cumplimiento de la separación de los residuos en la fuente tal y como lo ordene el PGIRS vigente en el municipio. Actualmente, el código de colores vigente en este plan establece que los residuos deben ser depositados en recipientes o bolsas de color azul, gris, negro y verde.

     

    Aunque la resolución ya entró en vigencia, no obliga al usuario a que deba separar los residuos en los colores que establece: blanco, negro y verde; sino que determina que se debe implementar el código según lo que plantee el PGIRS. Por este motivo, el código de colores no es de obligatorio cumplimiento para las diferentes actividades económicas, hasta que no se presente la actualización del PGIRS.

     

    Hasta aquí, lo viable es que la ciudad la separación tal y como se viene haciendo, mientras se crean y organizan las capacidades operativas que la nueva norma requiere.

     

    En la Alcaldía de Medellín se implementaron puntos intermedios como estos, ubicados en cada piso y en el centro de acopio, con recipientes blanco y negro para separar los residuos orgánicos de los que no lo son. Los primeros resultados no fueron satisfactorios revelaron voceros institucionales.

    Foto. cortesía. >>

     

     

     

    Otro punto es el que tiene que ver con el incumplimiento de la norma. Según un Abecé del código de colores lanzado por el Gobierno Nacional, las entidades municipales son las encargadas de establecer las sanciones para aquellos usuarios que no cumplan con el código de colores. A marzo de 2021 no se ha actualizado el PGIRS municipal que estipula las medidas de control y sanción, por lo que estas aún se desconocen. Sin embargo, hay sanciones económicas establecidas en el Código Nacional de Policía y Convivencia para aquellos usuarios que no separen en la fuente los residuos sólidos ni los depositen selectivamente en el lugar destinado para su recolección.

     

    La implementación del código de colores en la ciudad está en desarrollo. Depende de la actualización del Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos -PGIRS -, mientras los usuarios se adaptan a la nueva separación en la fuente y la pedagogía continúe de forma correcta y constante.

     

    ESCUCHE AQUÍ UNA EXPLICACIÓN DE LOS AVANCES EN MEDELLÍN

    DE LA NUEVA NORMATIVA PARA SEPARACIÓN DE RESIDUOS

     

     

     

  • La realidad de las escuelas sin agua en Antioquia

    Contexto indagó en profundidad esta problemática, examinando bases de datos de la Gobernación y de 5 municipios certificados que facilitaron la información sobre escuelas sin agua. Además, recabó en 538 informes que realizó la Fundación EPM entre septiembre de 2020 y febrero de 2021 para diagnosticar el estado de las sedes. En medio del debate sobre los modelos de alternancia escolar en medio de una pandemia, esta es una realidad de la educación rural en el departamento.

     

    Por: Sebastián Carvajal Bolívar / sebastian.carvajalb@upb.edu.co

    Abril 16 de 2021

    En total, son 539 sedes educativas que están sin agua en Antioquia

    En muchos casos, los sistemas de captación, almacenamiento y distribución están deteriorados. Tanque de agua en la Institución Educativa Murindó. Foto: Leidys Ramos

    Durante todo 2020 se habló sobre las escuelas que estarían sin agua en Antioquia. Finalmente, la cifra se decantó a 538 sedes que no cuentan con el servicio en los municipios no certificados del departamento. Además, Medellín también reportó una escuela sin agua. Esta realidad pasó desapercibida por años, pero ahora es relevante para el regreso a clases en medio de la pandemia por la Covid-19.

     

    ***

     

    El profesor Víctor Villegas lleva 23 años dando clases en la Institución Educativa Monseñor Escobar Vélez del corregimiento de Damaquiel, en zona rural de San Juan de Urabá. Allí no hay acueducto y para lavar la ropa, cocinar y bañarse, toca sacar el agua de unos pozos.

     

    Ninguna de las cinco sedes de la Institución cuenta con el servicio de agua, una problemática de vieja data que para el docente apenas se ha hecho evidente con la pandemia. “Desde la administración municipal siempre decían que estaban esperando recursos. Primero que estaban en Ley 550 y luego, cuando tenían los recursos, no los invertían”, explica.

     

    Según la información oficial de la Secretaría de Educación departamental, solo una sede de la institución cuenta con agua potable, la Escuela San Nicolás del Río. Pero Villegas contradice argumentando que “le adecuaron un filtro el año pasado, pero ese filtro no está funcionando, no hay agua potable. Hicieron una perforación que conectaron al filtro, pero dejó de salir agua”.

     

    Así, antes de la pandemia, a los estudiantes y docentes de las cinco sedes —y no de las cuatro como indican las bases de datos— no les quedaba de otra que recoger el agua lluvia cuando se podía.

     

    En la temporada seca, la opción era esperar el camión cisterna que mandaba la administración municipal: “El agua no cubría la demanda. Por ejemplo, llenaban el tanque de cinco mil litros y eso no alcanzaba a cubrir la semana y el carrotanque llegaba cada 15 días. Ahí estaba el problema. Pero obligado tenía que cumplir la jornada y los estudiantes permanecer”, cuenta Villegas y complementa: “Si no había con qué lavar los baños (por los malos olores), tocaba ir a buscar al mar”.

     

    Sin agua se encuentran al menos 539 sedes educativas de Antioquia. 538 corresponden a 59 municipios no certificados en educación que dependen de la Secretaría de Educación departamental. La restante se ubica en el corregimiento de Palmitas en Medellín. Esto corresponde al 11,1% de las escuelas del departamento.

     

    Las alcaldías de Envigado, Sabaneta, Itagüí y Rionegro no reportaron tener sedes sin agua, mientras que Apartadó, Bello y Turbo no respondieron a los requerimientos Contexto Todos estos municipios, al igual que Medellín, son certificados en educación según el Ministerio de Educación Nacional.

     

     

    Las cifras son preocupantes en municipios como Necoclí, Arboletes y Frontino, donde hay 96, 46 y 36 escuelas sin agua respectivamente. En términos porcentuales, se destaca la situación de Murindó y San Juan de Urabá, donde el 81% y 69% de las sedes educativas no tienen agua.

     

    En Antioquia, sin contar las cifras de Medellín y los municipios que no reportaron información, hay 32.518 niños, niñas y jóvenes afectados por esta situación. Además de 1.418 docentes que trabajan en dichas escuelas y 147 personas que viven en algunas de ellas, entre profesores y familias que se encargan de cuidarlas.

     

    Que estas instalaciones no tengan agua significa que no poseen una conexión permanente a un acueducto y que dependen de las corrientes cercanas o del agua lluvia para contar con el servicio. Este es el caso de 246 sedes educativas.

     

    Las otras 292 tienen un sistema de abastecimiento por gravedad o motobomba, cuyos mecanismos de recolección son obsoletos o están en mal estado, al igual que el almacenamiento y los sistemas de distribución, si es que cuentan con ellos. Los sistemas de potabilización están disponibles en algunos casos y el deterioro de los equipos hace que el agua no pueda considerarse potable.

     

    La Institución Educativa Rural (I.E.R.) Mulaticos Piedrecitas, en la zona rural de Necoclí, es la que más sedes tiene sin agua en todo Antioquia: 29 de 30, según reporta la base de datos del departamento. Su rector, Reinel Vélez, describe así la situación: “Algunas de esas sedes tienen fuentes hídricas naturales o en esas comunidades se acostumbran a hacer presas que se llenan con aguas lluvias y ahí empiezan a buscar la manera de llevarla a la escuela”.

     

    Y agrega: “No se han desarrollado unos proyectos de impacto de acueductos interveredales para que pueda llegar el agua a las escuelas y a las casas de la comunidad. Por lo general, la mayoría del agua que se consume para preparar los alimentos es de lluvias, que incluso caen de techos que son de asbesto y zinc”.

     

    De hecho, hay sedes como la Escuela Rural La Pitica, también en Necoclí, donde a lomo de mulas transportan el agua en bidones y baldes desde la fuente de abastecimiento hasta los tanques de almacenamiento de la escuela.

     

    El Centro Educativo Rural 19 de Enero, en Carepa, los estudiantes y docentes caminan hasta el río León, a 80 metros de distancia, para recoger agua en canecas, rutina que se repite en decenas de escuelas en todo el departamento.

    Fundacion EPM toma muestras de agua

    << Toma de muestras de agua en Necoclí.

    Foto: Fundación EPM

     

    De 538 sedes diagnosticadas en los últimos meses por la Fundación EPM, que corresponden a municipios no certificados, 69 reportaron usar hipoclorito y 35 emplearon cloro para la potabilización. 84 hierven el agua para mejorar su calidad, incluso algunas combinan ambos métodos.

     

    Nazaria Asprilla Calvo, profesora de la I.E. de Vigía del Fuerte, en la cabecera urbana de ese municipio, cuenta que cuando no había agua, “el rector la hacía bombear del río y la tratábamos con hipoclorito, nosotros mismos lo hacíamos. Algo empírico”.

     

    Estos mecanismos de desinfección ayudan a suprimir los microrganismos existentes en el agua, pero no sirven para eliminar contaminantes como el manganeso, el hierro y el mercurio.

    Los informes del diagnóstico señalaron que el agua de 121 sedes no cumplía con los criterios de calidad relativos a presencia de mercurio en el agua (ver el informe aquí), reglamentados por la Resolución 2115 de 2007 de los Ministerios de Salud y Ambiente.

     

    El informe de la escuela Tomás Carrasquilla en Sonsón reporta que: “Algunos estudiantes manifiestan que han presentado molestias en su salud, como diarrea y dolor de estómago al consumir el agua sin tratar”.

     

    Algo similar relata el documento sobre La Ciénaga, en Zaragoza: “Los niños presentan síntomas de fiebre, vómito, diarrea entre otros, por tomar el agua de charcas estancadas”. Otras tres escuelas informan brotes en la piel de los niños por el consumo de agua.

     

    Las subregiones más afectadas por problemas con el agua en las escuelas son el Urabá antioqueño y el Bajo Cauca con el 54% y 26% de sedes sin agua sobre el total. Mientras que en el Valle de Aburrá la situación es otra y solo el 0.5% de las instalaciones no tienen agua, según los registros oficiales.

     

     

    Albeiro Victoria Cuesta, director de la Asociación de Institutores de Antioquia – Adida-, señala sobre la situación en Urabá que: “La ubicación geográfica y la forma del terreno de las sedes no están en las cercanías de las fuentes de agua. Y el tema de agua potable en la subregión es deficiente”.

     

    El directivo explica que este es un tema de “toda la vida” en el departamento. “Desde el 2001, cuando arrancó la Ley 715 con los procesos de certificación en educación, se asume como problema la brecha en la infraestructura educativa. En las cabeceras municipales se hicieron las adecuaciones, pero la ruralidad quedó en la misma situación”, detalla.

     

    Y es que, si se miran las cifras con detenimiento, se puede ver que, mientras el 99% de las escuelas en la zona urbana tienen servicio de agua, en la ruralidad este valor baja al 87%; una significativa brecha entre el campo y la ciudad.

     

    Para ilustrar la situación, la mediana de la distancia y el tiempo que toma viajar desde las cabeceras municipales hasta las sedes es de 30 km y una hora y media, respectivamente. En 17 casos hay un trayecto superior a un día y 6 quedan a más de 200 km de distancia.

     

    En parte, las cifras se explican por el estado de la vía: 292 están malas, 175 en regulares condiciones y solo 69 reportan estar buenas. Dos no tienen información.

     

    En casos como los de las escuelas Alto Sabalito y Santa Bárbara, ambas en El Bagre, toca viajar primero en vehículo particular por carretera destapada y luego tomar una mula para llegar hasta la sede. En otros, como el de la Indigenista El Salado, en Vigía del Fuerte, es necesario tomar una lancha por tres horas y media en el río.

     

    Otras escuelas, como las cinco que hacen parte de la Institución Educativa Piamonte en Cáceres, sufren no solo el aislamiento por los kilómetros y las horas de travesía sino también por los problemas de orden público, que alejan a la institucionalidad.

     

    Así lo describe Roger López, docente del colegio: “La Institución Educativa queda a una hora de la cabecera municipal y hay que atravesar el río Cauca para poder llegar. Los carros pasan por ferry, pero no hay puente para cruzar. Al otro lado, los ilegales son los que controlan la zona y por eso los funcionarios la piensan dos veces para ir”.

     

    De esta institución solo se reportaron 2 sedes sin agua en la base de datos. Pero el profesor López señala que ninguna de las cinco cuentan con el servicio. Al igual que él, el docente Villegas de San Juan de Urabá, como ya se mencionó, alerta que una sede estaría mal reportada en su institución.

     

    Una profesora de San Rafael, que pidió reserva de su nombre por inconvenientes que ha tenido con otros docentes, relata una situación similar. En este municipio del Oriente antioqueño reportan una sede sin agua porque no hay una manguera para transportarla; pero su caso es que, aunque hay agua, el tanque que la recibe está con grietas y filtraciones.

     

    Frente a un posible subregistro en las escuelas sin agua, Tatiana Mora, subsecretaria de Planeación de la Secretaría de Educación departamental aclara que la información de las bases de datos y de los informes realizados por la Fundación EPM se conformó con respuestas que dieron los rectores y docentes de las escuelas a través de una encuesta el año anterior.

     

    “Igual estamos abiertos a que en algún momento nos llegue una sede que diga que tampoco tiene y hay que evaluar en ese momento cómo hacer la visita. Pero desde ese momento en que comenzaron las visitas, no ha habido ninguna otra sede que diga que no tiene agua”, dijo la funcionaria.

     

    Pero el agua no es el único problema que afrontan la mayoría de estas escuelas. Como alertó en días pasados Fecode, la infraestructura educativa en las zonas rurales de Colombia está en pésimas condiciones y muestra de ello son los resultados del diagnóstico de la Fundación EPM en Antioquia.

     

    En la sede Villegas de la I.E. Monseñor Escobar Vélez, por ejemplo, solo hay 4 baterías sanitarias disponibles, pero por los problemas de agua se tenían que cerrar y los niños debían volver hasta sus casas para ir al baño.

     

    Por su parte, en la Escuela Rural La Línea, a 45 minutos de la cabecera municipal de Zaragoza, como los baños no estaban funcionando, “los niños debían hacer sus necesidades al aire libre”, según se lee en el informe. Incluso, la alternativa de la comunidad era construir una letrina, proyecto que se pausó por el comienzo la crisis por el coronavirus.

     

    En condiciones similares se encontraban 5.630 estudiantes antes de la pandemia, que pertenecen a sedes que no tienen ningún baño (94) o que todas sus baterías sanitarias están malas (102). 17.795 niños, niñas y jóvenes asistían escuelas que no tienen lavamanos (314) o que están malos (82).

     

    La situación no es menor. López en Cáceres, Asprilla en Vigía del Fuerte, Villegas en San Juan de Urabá y la profesora Leidys Ramos en Murindó, reportan que sus escuelas se caen de a poco.

    Tejas quebradas, paredes rajadas, inodoros mal instalados, lavamanos incompletos, paredes despintadas se ven en las imágenes que le hicieron llegar a Contexto. Además, cada informe de la Fundación EPM cuenta con un reporte fotográfico de la escuela, que permite constatar el estado de la infraestructura. Los archivos se pueden consultar en el siguiente el enlace.

     

    En orden de aparición: baterías sanitarias de la sede San Nicolás del Río de la I.E. Monseñor Escobar Vélez en San Juan de Urabá, foto: Víctor Villegas; lavamanos y techo de la sede Agua Linda de la I.E. Piamonte en Cáceres, fotos: Roger López; techo y orinales de la I.E. Murindó, fotos de Leidys Ramos.

    En Vigía del Fuerte, en el colegio de la profesora Asprilla tuvieron que instalar baldes con llaves en diferentes puntos de las instalaciones para que los estudiantes en alternancia se pudieran lavar las manos. Aunque no estaban obligados a regresar, lo hicieron “por sentido de pertenencia, por colaborar con nuestra institución porque se nos estaban yendo los estudiantes”, explicó la maestra.

    Con baldes se lavan las manos los estudiantes de la I.E. Murindó

     

    Balde para lavar las manos en la I.E. Vigía del Fuerte. >>

    Foto: Cortesía.

     

    Para contrastar la situación de infraestructura y falta de agua Contexto buscó a los alcaldes de Necoclí, Arboletes, San Juan de Urabá, Zaragoza y Frontino, que son los municipios con dificultades más evidentes o en donde más estudiantes están afectados.

     

    Solo respondió Jorge Hugo Elejalde, alcalde de Frontino, en el Occidente antioqueño. Al preguntarle sobre las 36 escuelas sin agua del municipio respondió: “No es que estén sin agua, están sin unidades sanitarias acordes para que se pueda estudiar descendentemente (sic)”.

     

    La apreciación del mandatario coincide con el diagnóstico: 25 sedes educativas no tienen unidades sanitarias, 8 las tienen en malas condiciones, a lo cual se suman 35 que no cuentan con lavamanos y 28 que carecen de una cocina.

     

    Al insistir sobre las sedes que no tienen el servicio de agua, según los informes y las bases de datos ya mencionadas, Elejalde dice que: “Eso no obedece a la realidad” y cuando se menciona que son datos de la Gobernación subraya: “Ah, no, pues es que, si están en la Gobernación, entonces qué han hecho para arreglar eso”.

     

    Con respecto a la infraestructura educativa, la subsecretaria Mora reconoce que antes de la encuesta y los posteriores informes, la Gobernación no contaba con sistemas de información pertinentes para conocer la realidad de las 4.305 escuelas del departamento. De hecho, informó que en marzo habilitaron una plataforma para tener información actualizada del estado de las sedes.

     

    “Entendemos que la Secretaría de Educación no va a poder llegar a las 4.000 sedes para su mejoramiento. Evidentemente hay unas que por sus condiciones estamos evaluando la clausura y se estudia cómo prestar el servicio a estos estudiantes en otras escuelas”, aseveró Mora.

     

    El año pasado se invirtieron 20 mil millones de pesos en el mejoramiento de 77 sedes educativas, con la ayuda de fundaciones y empresas privadas que suscribieron el acuerdo “Alianza por el agua”, según explicó la subsecretaria.

     

    Este año esperan entregar mejoras en 49 escuelas con una inversión de $11.200 millones, recursos que provienen del Fondo de Infraestructura del Ministerio de Educación. La apuesta de la Gobernación dice, es mejorar techos, cocinas, baños y lavamanos, más que construir sedes, porque así se aprovechan mejor los recursos.

     

    Consulte al final de este reportaje el estado de la

    infraestructura de cada una de las 538 sedes diagnosticadas.

    Además de los problemas ya mencionados que rodean a las escuelas del departamento, se suma otro que puede complicar la llegada de una pronta solución: 1.539 sedes no están legalizadas. Es decir, los predios no pertenecen a la Alcaldía del territorio donde se ubican. De esas, 129 corresponden a escuelas sin agua.

     

    El rector Vélez lo explica de la siguiente forma: “los terrenos de muchas de estas escuelas (de la I.E.R. Mulaticos Piedrecitas) no pertenecen al municipio. Son donaciones que han dado los mismos miembros de la comunidad, pero no se han legalizado”.

     

    De igual forma, especifica que: “Eso repercute en la llegada de inversión en infraestructura que puede beneficiar a las comunidades, porque, por norma, el Municipio no puede invertir recursos públicos en dichos terrenos”.

    Victoria Cuesta expone que también es un problema de tiempo atrás:Hace unos 10 años existió un proceso de legalización, se contactaron (sic) a los dueños de los terrenos para que se pudieran hacer las escrituras públicas, se pasaron algunas propiedades al departamento o a los municipios. Sin embargo, la inversión fue nula”.

     

    Para el directivo, las inversiones que llegaron en su momento, derivadas de este proceso de legalización, se enfocaron más en las instituciones primarias, “que en las que tenemos en veredas recónditas del departamento, donde solo llega el maestro”.

     

    Mora aclara que esa es una competencia exclusiva de los municipios. “Hemos emitido circulares a los alcaldes para que inicien el proceso en las sedes porque definitivamente, si no está legalizada, no pueden hacer ninguna intervención”, alertó.

     

    Por ahora, la Gobernación de Antioquia puso en marcha el proyecto “Alianza por el agua” con el que esperan, junto con otras 10 empresas del sector privado, dar una solución a las 538 sedes que dependen de esa entidad.

     

    Los informes citados en este reportaje los realizó la Fundación EPM entre septiembre de 2020 y febrero 2021, con el fin de identificar las soluciones más pertinentes para cada lugar. Su costo fue de casi 1.500 millones de pesos e identificaron 163 sedes con un nivel e intervención alto y 100 en nivel medio.

     

    Las fundaciones y entidades aliadas, una vez tengan los resultados finales, apadrinarán las sedes educativas y a través de ellas, se llegará con este servicio y la Secretaría realizará los mejoramientos de las baterías sanitarias. Hay que aclarar que solo se pueden intervenir las sedes que tengan certificado de legalización del predio”, informó Mora.

     

    Algunas fundaciones de empresas como Mineros y Argos ya han adelantado el proceso de adecuación e instalación de soluciones de potabilización. Para este año están confirmadas otras 43 intervenciones.

     

    “De alguna manera iremos avanzando con soluciones pertinentes para cada sede”. En la medida de las posibilidades, aclara Mora, porque debido a la magnitud técnica y de recursos, es un problema que se irá abordando según la urgencia y no es de corto plazo.

     

     

    Metodología:

     

    Para este reportaje, Contexto consultó las bases de datos de instituciones y sedes educativas de la Gobernación de Antioquia y las alcaldías de Medellín, Envigado, Sabaneta, Itagüí y Rionegro. Además, recopiló la información sobre legalización y sedes sin agua de cada una de las entidades mencionadas. Para la extracción de información de los 538 informes de la Fundación EPM, que se pueden consultar aquí, se contó con la colaboración y ayuda ad honorem del científico de datos Pablo Saldarriaga. También se utilizó la herramienta “Pinpoint” del Journalist Studio de Google, una aplicación que facilita la búsqueda de términos en grandes volúmenes de documentos. Toda la información fue compilada y tabulada en Excel y se puede consultar en este enlace. Para la visualización de datos se utilizó la aplicación datawrapper.

     

     

     

     

     

  • En Medellín, la cultura no se deja marchitar por la pandemia

     

    · Las actividades culturales diseñadas en formatos cortos atrajeron al público a la virtualidad.

    · Para los centros culturales, formar alianzas fue fundamental para seguir a flote.

     

    Por: Miguel Arango Rúa / miguel.arangor@upb.edu.co

     

    De entre todos los sectores económicos que se vieron paralizados debido a la pandemia, el cultural fue uno de los más afectados. En 2020, la Industria de producción de eventos y espectáculos, calculó que en Colombia la coyuntura sanitaria le provocaría pérdidas al sector de la llamada economía naranja por más de 253 billones de pesos (haga clic aquí para ver más cifras). Actores, productores, gestores culturales, cantantes y productores de eventos, entre otros, se vieron muy afectados a pesar de que la cuarentena elevó la demanda por los servicios de entretenimiento en casa.

     

    El gremio le ha solicitado ayudas al gobierno y se ha visto obligado a trasladar sus propuestas artísticas a la virtualidad. A pesar de que este panorama pudiera parecer desolador, el sector cultural en Medellín ha hecho gala de su creatividad, explorando propuestas exitosas para introducirse en las casas y corazones de la capital antioqueña. Aquí le explicamos algunos de los proyectos que más frutos han cosechado.

     

    Almas al desnudo es una creación artística hechas durante el confinamiento de 2020. Fue ganadora de los estímulos a la creación del Centro de Desarrollo Cultural de Moravia. Puede verse AQUÍ. Foto: captura de pantalla Youtube Centro de Desarrollo Cultural de Moravia.

     

    Iniciativas públicas siguieron floreciendo en la pantalla

     

    El Centro Cultural de Moravia, corazón artístico de la Comuna 4, se repensó en la virtualidad como un canal de televisión, transmitiendo sus contenidos en franjas a través de Instagram y Facebook, como lo explicó María Juliana Yepes, una de las gestoras del lugar. Programas como Palo de lluvia, Palabras interesantes, además de obras teatrales y conversatorios sobre diversos temas, se pudieron vivir desde la comodidad del hogar. También, las alianzas con otras instituciones y los grupos de WhatsApp formaron parte de la estrategia para la generación y difusión del contenido.

     

    En total, unas 500 actividades fueron realizadas en 2020 por el Centro Cultural de Moravia, de acuerdo con Yepes. Entre estas, se destaca la colaboración con institución con el University College of London, con el que se realizó un encuentro virtual sobre transformación urbana, donde participaron expertos de 13 países y cuyo resultado fue el Atlas de Patrimonio Vivo, un catálogo de estrategias para apoyar el cambio cultural. Adicionalmente, se realizó una alianza con la Cinemateca Municipal de Medellín para la transmisión de películas.

     

    Ayudar a cerrar la brecha digital también fue uno de los retos que asumió el Centro Cultural durante la pandemia. Viendo que varias personas de la Comuna 4 tenían dificultades en el acceso a internet, se creó un grupo en WhatsApp, aprovechando que esta es uno de las plataformas más utilizadas por el público. Sin embargo, la gestora María Juliana Yepes destacó que no sirvió solo para la difusión, pues también hubo espacios de interacción en el chat, donde los participantes podían, por ejemplo, enviar fotografías de sus proyectos. En ese propósito de aumentar la cobertura también fueron esenciales los enlaces comunitarios, personas líderes en la población que se encargaban de replicar la información por todo el territorio. El equipo promotor de la estrategia recalcó el reto de no saturar al público y diseñar los contenidos de acuerdo con las necesidades específicas de cada lugar.

     

    Otra parte importante del traslado de la agenda cultural de Medellín a la virtualidad fue incentivar a la gente a crear, cosa que se hizo mediante el programa de Estímulos al Arte y la Cultura. Aquí, la institución invitó a pensar la pandemia con proyectos musicales, de danza, literarios, audiovisuales y teatrales que contaran cómo se vivió el distanciamiento social.

     

    Las estrategias de la Secretaría de Cultura de Medellín también estuvieron muy alineadas con las convocatorias para otorgar estímulos, para los que se destinaron cerca de 13.343 millones de pesos en 2020, según cifras oficiales. Gracias a esa inversión, se pusieron en marcha 891 proyectos creativos en toda la ciudad. Pese a que estos concursos ya se venían haciendo desde años anteriores, durante el aislamiento tomaron más relevancia por el incentivo monetario que ofrecen.

     

    A pesar de las inversiones desde el sector oficial, el secretario de cultura, Álvaro Narváez, destacó que “no es solamente responsabilidad del Estado sacar adelante la cultura, sino también de la ciudadanía. Una ciudad sensible es una ciudad más culta”. Y es que para reactivar la industria creativa, la Alcaldía decidió apostarle a una nueva carta: el presupuesto participativo, donde los medellinenses deciden en conjunto con las autoridades cómo asignar parte de los recursos públicos destinados a sus comunas. Históricamente, la capital antioqueña le ha dado más peso a los rubros de educación y deportes, pero en este 2021 la ciudadanía votó para otorgarle 16.000 millones de pesos a proyectos creativos, todo un récord, según el propio Narváez.

     

    Adicionalmente, la Secretaría de Cultura actualmente busca fomentar la formación artística por medio de procesos para acompañar el aprendizaje de músicos. También la Alcaldía busca apoyar la conectividad, abriendo centros especiales donde artistas que no tengan un computador o dispositivo para grabar, puedan acercarse para realizar sus contenidos audiovisuales y en línea.

     

    Vea aquí: reflexiones desde el teatro

    Video

    Entrevista de Valentina Muñoz a Alberto Sierra, director del grupo de Teatro Azul Crisálida.

     

    Organizaciones privadas hacen todo y más

    Sin importar si un centro cultural fuese público o privado, todos tuvieron que encontrar una forma de adaptarse a la virtualidad, algunos con mayor facilidad que otros. El Café Rojo, espacio cultural del centro de Medellín, demostró que es posible encontrar nuevas maneras de llegarle a los espectadores a pesar de las dificultades.

    Adriana Hernández, su directora, puso sobre la mesa una apuesta interesante: las píldoras culturales. A través de Instagram, el centro transmite Íntimamente, un programa de tres minutos y medio donde se canta, se declama un poema o se lee un fragmento literario. Aquí se aplica el dicho, “lo breve, si bueno, dos veces bueno”, pues la idea detrás de esta estrategia, al igual que un buen amante, es dejar al espectador con ganas de más.

     

    La financiación, sin embargo, sigue siendo un tema preocupante para los privados. A diferencia de las entidades públicas, que se sostienen gracias a la inversión estatal, centros como el Café Rojo tienen que valerse por sus propios medios. La directora Hernández contó que, a comienzos del aislamiento, la Alcaldía llamó a su fundación para hacer una encuesta y ofrecer apoyo, pero este último no se materializó.

     

    Para solventar el problema económico, Hernández resaltó lo importante que es formar alianzas y buscar patrocinios. Las convocatorias de la Secretaría de Cultura son una buena alternativa, pero desde el Café Rojo se está ideando un proyecto de poetizas y declamadoras colombianas que espera obtener el padrinazgo de la Secretaría de la Mujer de Medellín.

     

    Estos convenios con la administración municipal también le han sido de gran ayuda al Teatro La Hora 25, quienes durante el aislamiento aplicaron a las convocatorias de la Alcaldía. Para continuar llevando la cultura a las Comunas 12 y 13, esta institución se unió a la Red de Creación Escénica. Gustavo Estrada, miembro del equipo directivo, contó que implementaron una metodología basada en laboratorios de creación en casa. Con ella, animaron a los estudiantes a que exploraran su hogar como nueva forma de hacer teatro.

     

    La cuarentena brindó la oportunidad perfecta para repensar lo cotidiano. Además, la participación en eventos de ciudad como el FestivalHito virtual de 2020 le permitió al Teatro La Hora 25 tener una puesta en común con otros centros culturales de la ciudad. La circulación de experiencias fue fundamental para la dinamización del arte en pandemia.

     

    El grupo de teatro Azul Crisálida retomando ensayos en la Universidad Pontificia Bolivariana con todas las medidas de bioseguridad. Foto: cortesía de Azul Crisálida.

     

    Los aprendizajes comunes

    Escuche aquí las experiencias de Música Corriente, La Pascasia

    y el centro cultural del Banco de la República en Medellín:

     

    En definitiva, la cuarentena en Medellín, más que una crisis, fue un periodo de enseñanza para los centros culturales de la capital antioqueña. Sin importar si son públicas o privadas, las entidades aprendieron que los contenidos virtuales, la nuevas formas de narrar en diversas plataformas, entre otras posibilidades para explorar, son importantes para captar la atención de los espectadores, además de una buena producción que ayude a garantizar la calidad.

     

    En una exploración no hay un solo camino al éxito. En el corazón de las iniciativas aquí reseñadas y cientos más que hacen parte de esa búsqueda, están el amor por el arte y deseo de transformar la vida de las personas. Esa búsqueda sin tregua será objeto de discusión pública en el concejo de la ciudad en los próximos días, mientras gestores culturales, artistas y el públicos desde sus casas, esperan que se respalde con más decisión la tarea del artes de transformar vidas, más allá de la llegada del ya no tan nuevo coronavirus.

     

     

     

  • Formación más integral y para proyectos propios, propuestas del nuevo pénsum en Comunicación Social

     

    Por: Carolina Meneses Botero / carolina.meneses@upb.edu.co

     

    “La realidad no es fragmentada; si hay integralidad en el conocimiento, también debe haber integralidad en el proceso formativo”, explica la profesora María Victoria Pabón Montealegre sobre la nueva malla curricular que propone una nueva unión de saberes con la cual los nuevos estudiantes de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín tendrán la posibilidad de aprender la aplicabilidad de las diferentes líneas de la profesión.

     

    María Victoria Pabón, directora de la Facultad de Comunicación Social-Periodismo de la UPB en Medellín y Juan José Osorio, docente miembro de su Comité de Currículo, cuentan cómo fue el proceso para diseñar el pensum que transformará el perfil del comunicador social-periodista de la universidad sin dejar atrás esa característica principal que define la identidad del egresado bolivariano: la integralidad.

     

    Además, explican cómo con el nuevo currículo se aplicarán las nuevas estrategias de formación que proponen más responsabilidad y participación del estudiante en el proceso de aprendizaje, porque “el contenido no es el rey, sino que el estudiante es quien decide qué se hace con ese contenido”, afirmó Maria Victoria Pabón.

    La deliberación y formulación de la nueva malla curricular fue un proceso que tomó cerca de cuatro años.

    Foto: José Luis Vahos.

     

    Conozca el principio de la transformación

     

    La directora de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB en Medellín, quien además preside la Asociación colombiana de facultades y programas universitarios de Comunicación – AFACOM, explicó la principal motivación para diseñar el nuevo currículo:

     

    “La Universidad nos pidió hacer una revisión curricular y en el 2016 comenzamos a hacer un ejercicio de consulta en la que nos preguntamos qué cambios se veían en la sociedad, qué cambios se veían en el ejercicio de la comunicación y el periodismo y qué cambios se tenían que generar en la formación. Los resultados arrojaron que, claramente, se estaban dando cambios sociales que estaban generando transformaciones en el ejercicio del comunicador-periodista. Eso nos llevó a entender que el tercer elemento que había que cambiar era el proceso formativo”.

     

    El profesor Juan José Osorio explicó cómo se desarrolló la propuesta desde el Comité de Currículo, encargado de la estructura de asignaturas y contenidos: “Hicimos una consulta por grupos focales: egresados, estudiantes de los últimos semestres, empresas de la ciudad de diferentes enfoques y profesores internos y externos. Esto se hizo para averiguar qué se necesitaba cambiar dependiendo las necesidades del medio”.

     

    Según la directora de la Facultad, el proceso integral del comunicador fue uno de los principales hallazgos de la consulta: “Todas las personas consultadas destacaron que el egresado bolivariano se puede mover en cualquier campo de acción, por lo que definimos que no se podía cambiar la formación integral. Y lo segundo fue entender que la realidad no es fragmentada; si hay integralidad en el conocimiento, también debe haber integralidad en el proceso formativo”.

     

     

    Entérese de los principales cambios estructurales

    El nuevo plan de estudios vincula competencias y capacidades que combinan diversas áreas de la Comunicación desde la formación de los nuevos profesionales. Foto: José Luis Vahos.

     

    El profesor Osorio explicó que la integralidad que venía proponiéndose en la formación de los comunicadores sociales – periodistas de la UPB necesitaba ajustes. Ofrecía cuatro líneas diversas, pero “evaluaban las materias de periodismo por un lado, las de audiovisual por otro y así con todas las líneas. En la revisión descubrimos que estas labores no se hacen de manera separada”.

     

    Sobre esa base, para la construcción del nuevo pensum, “lo que hicimos fue disgregar todos los campos y definir qué era lo que queríamos que tuviese ese nuevo profesional y las nuevas competencias del egresado, respondiendo al modelo pedagógico de la Universidad. Para la definición de los cursos, sus contenidos y la metodología, se conformaron equipos de profesores para conversar sobre los contenidos que se tenían en cada materia del pensum anterior. Eso nos permite que no se repita información y que, si se repite, sea con una intención clara”.

     

    Según la profesora Pabón Montealegre, se definió que cada semestre tuviera un núcleo acompañado de laboratorios y talleres, como “corazón” de cada semestre, que se acompaña de otras asignaturas que desarrollan diferentes habilidades del estudiante dependiendo de la etapa en la que se encuentre.

     

    El nuevo pensum propone cuatro etapas: explorar el mundo, leer el mundo, conceptualizar el mundo y contar el mundo. “Es una división que se hace desde lo pedagógico, a lo que le llamamos intencionalidades formativas”. Según la directora de la Facultad, cualquiera que vea el plan comprende que hay un proceso que fomenta competencias específicas en cada etapa de la carrera.

     

    Vea aquí la nueva malla curricular

     

    “Hay un cambio sustancial porque el estudiante va a tener mucha más responsabilidad en este plan de estudios al ser protagonista de su proceso de aprendizaje, y el profesor se convierte en un asesor de ese proceso”, subrayó Pabón Montealegre y explicó: “Primero, pasamos al modelo pedagógico integrado; segundo, se pasa a un modelo de capacidades y competencias. El contenido no es el rey, sino que el estudiante es quien decide qué se hace con ese contenido”.

     

    “Se fortalece la integración, se implementa la integración de saberes y el trabajo interdisciplinario y colaborativo; tratando de comprender que la comunicación social y el periodismo ya no se ven como cosas separadas, sino que se comprenden como un todo. Y, ese todo no se puede estudiar por partes, sino que, a medida que se comprenden problemáticas sociales, posibilidades expresivas y maneras de análisis, se va a comprender que ese todo tiene diferentes aplicabilidades”, explicó el profesor Juan José Osorio.

     

    En esas condiciones, el estudiante podrá enfocar su trabajo en su línea de interés a lo largo de la carrera en la que, como cuenta el profesor Osorio, se elimina un semestre, “pero a partir de la mitad de la carrera se pueden elegir electivas que sean del interés del estudiante, entonces, se pueden coger materias que sean de las especializaciones que ofrece la universidad, y, si se gradúa con tres electivas que sean de la misma especialización, con un semestre más se pueden ver las materias faltantes y salir con el título de especialista”.

     

    Esta integración con la oferta de posgrados está pensada en fortalecer el interés que los estudiantes irán definiendo desde los primeros semestres. “Dentro del plan de estudios sí hay temarios básicos fundamentales que le apuntan a las áreas más convencionales que se han tenido en la facultad y obviamente la fundamentación teórica. (…) La cosa es que no se verá materia por materia, sino que se verá esa agrupación de saberes con una línea base”, explica el profesor Juan José Osorio.

     

    El vocero del Comité de Currículo puso un ejemplo común: “A todos los estudiantes les ha pasado que encuentran a alguien que le gusta el periodismo quejándose por la utilidad de la clase de Comunicación para el Desarrollo o al revés, entonces en el nuevo pensum se ven nuevos escenarios que hacen que esos cursos que son requisitos no sean completamente específicos y rígidos, sino que se puedan orientar dependiendo de los intereses de los estudiantes porque todos son compatibles”.

     

     

    Así se está dando la transición entre currículos

    Los profesores serán orientadores del trabajo de los estudiantes. Además trabajarán en equipo en torno a núcleos y laboratorios, en los que se privilegia la experimentación y el trabajo por proyectos.

    Foto: José Luis Vahos.

     

    Siempre que hay un plan de transformación debe haber un plan de transición. Según los voceros de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo, solo pueden hacer transición los estudiantes que estaban en primero y segundo semestre académico en el segundo semestre del 2020. “Es importante aclarar que se tiene una estrategia para que ellos no pierdan la calidad del aprendizaje y el dinero que ya pagaron. Todas esas materias ya se les reconocieron, pero no como materias principales que hacen parte de los núcleos y ejes fundamentales, sino como parte de las materias complementarias y optativas de diferentes semestres”, explicó el profesor Osorio.

     

    Sobre la transición hacia un trabajo de los profesores enfocada en la asesoría, mediación y acompañamiento, Juan José Osorio explicó que resulta fundamental la disposición de los docentes: “Se están haciendo unas estrategias que envuelven los contenidos, las formas de trabajo y las actividades que definen cómo trabajaremos y que acompañarán el trabajo a partir del primer semestre del 2021”.

     

    De acuerdo con la directora de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo, con este nuevo pénsum, el comunicador social – periodista que egresa de la UPB en Medellín sigue siendo un profesional integral: “Los cambios más significativos tienen que ver con que, antes el egresado era quien unía los conocimientos en el mundo laboral, y con este pensum, el egresado ya va a estar acostumbrado a unir las diferentes áreas. (…) El nuevo egresado va a ser mucho más fuerte como gestor de proyectos porque las finanzas se verán desde el principio. Nosotros queremos formar un comunicador social periodista que pueda hacer empresa y que no depende tanto de un medio de comunicación tradicional o de una empresa, sino que pueda gestionar sus propios proyectos”.