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  • Un deporte en 3D

    Para ella, el agua es existencia, es pasión, es lo “más profundo de su alma”; gracias a los recuerdos de su infancia y trayectoria, el agua pasó a ser su piel, su complemento, ese que ha marcado notablemente su vida y que a diario le evoca sonrisas y triunfos.

     

    Sale de su vivienda, ubicada en el barrio La Floresta, en la carrera 85 # 46 con 35. ¡Sí! Un apartamento, un segundo piso. Ese que está al lado del “Parque La Floresta”, que para ella, “es de los más bonitos que hay en Medellín”.

     

    Los árboles recrean un buen ambiente y paisaje, en compañía de los niños y demás familias que usan dicho espacio, para “mecatear, caminar o pasar la tarde”. Todo es para ella “un paraíso” que puede deleitar por ese ventanal grande, que permite además dejar entrar los rayos de luz a su hogar.

     

    Pero su vista se torna pesada, al recordar dos personajes que le irrumpen su paz: “una señora que tiene alzhéimer, y grita todo el día; y, un niño malcriado que solo vive peleando con su mamá”.

    El reloj marca las 7:20 cuando abandona aquel cuadrado verde, de un tono pastel que contrasta con el verde pasto de los árboles. Cruza las calles rápidamente y camina hasta llegar a su segunda casa, esa que alberga un sinfín de historias, aventuras, risas, llantos, exigencias y unas que otras rabietas.

     

    15 minutos dura su recorrido. Ese que mientras lo realiza, lleva bajo su mano derecha dos aletas azules, que ella llama “sus nuevos pies”, y dentro de su mochila negra de ‘Adidas’, reposa toda su “vestimenta o traje” para dar inicio a su fiesta.

     

    Como de costumbre, se sienta con sus compañeros en el suelo de una cafetería, ya en proceso de terminar sus servicios y cerrar; allí en un ‘círculo’, antes de iniciar sus rutinas, comparten sus historias del día. Cotilleos, risas, chismes o “les tengo la primicia” se oyen cruzar constantemente entre ellos. Pero su algarabía termina, cuando ven pasar a su entrenador en pantaloneta de baño, que es ya para ellos, la señal de que ha terminado el “recreo” y es hora de comenzar la función, de recrear su otra vida, y sumergirse en su pasión: el agua.

     

    El rugby subacuático femenino de Colombia ha tenido recientes figuraciones notables en lo internacional. Aquí, la selección sub-21, triunfadora en el Campeonato Nórdico Abierto de Rugby Subacuático de 2015.

    Foto: Facebook sub21uwrcolombia.

     

     

    ***

    En compañía de las caricias del viento, una gran luna, y el cantar de uno que otro pájaro, que entre la oscuridad no alcanzaba a identificar, me encontraba allí, justo en frente de la ventana. Aún estaba sola; el agua guardaba la calma, y corría por sí sola. Profunda, azul, profunda. Así era, así la observaba, así me sentía. Ansiosa, por ver tal ‘espectáculo’, con la cámara sobre mis manos, esperaba el momento en que comenzaran a aparecer, como ‘pecezuelos’, todos los jugadores.

     

    ¡Y vaya! Primera cosa sorprendente: la cancha. 5 de ellos, descendían a la par con una lámina dividida en dos; a ambos lados, una cesta rígida. La acomodaron y esta quedó completamente sumergida.

     

    Inmediatamente, solo veía por la ventana, aletas y más aletas. Estaban posicionándose para comenzar el calentamiento. Aquella agua que en un principio solo era calma, se turbó y ahora se movía al compás de las aletas, y pequeñas burbujas salían del snórkel de cada participante. Duró 20 minutos, y como lo explicaba Jorge Franco, entrenador de la Categoría Sub 21, “se habían trabajado apneas, velocidad y resistencia, con diferentes series de ejercicios que nosotros vamos coordinando, dándoles las respectivas salidas, y, finalmente realizar los juegos-partidos”.

    Dos equipos. Dos colores. Azul oscuro o negro y blanco. Así estaban divididos aquella noche cálida de jueves.

    ***

    ¿Y quién era ella? ¿Quién era ese número 28?

     

    Una joven. María Camila Henao Marín. Estudiante de segundo semestre de odontología, amante de la música, soñadora, entusiasta y entregada con su familia.

     

    Su historia comenzó aquel 21 de septiembre de 2006, a los 10 años. Pequeña e ingenua, esta chica había iniciado uno de sus grandes anhelos: pertenecer a un grupo de Nado Sincronizado, aquel que ya no era un simple deporte, sino que se había convertido en su más grande pasión.

     

    Día a día, esta joven con su fuerte entrenamiento y dedicación incrementaba su nivel, a tal punto de ser partícipe en grandes competencias, dentro y fuera del país (Bogotá, Cali, Pereira, Perú…), realizando “Solos”, “Equipos” y “Dúos”, de los cuales siempre resultaba triunfante.

     

    Cada oportunidad de crecer la llenaba de gozo y plenitud, pues el esfuerzo que este requería era desmedido; sus entrenamientos diarios sobrepasaban las 6 horas y las rutinas eran complejas. Pese a esto, aquel 20 de marzo de 2012, se vio en la ardua situación de abandonar su sueño, pues las múltiples responsabilidades y cargas estudiantiles, impedían su entrenamiento.

     

    Una en frente de la otra. Ella, siempre con su perspicaz sonrisa, y su mirada profunda. Yo, observando cada detalle y peculiaridad de esta ‘jovencita de 19 años’, que una vida particular tenía. Mientras disfrutábamos de un helado, comenzamos a interactuar y platicar sobre su historia. ¡Sí! sobre su vida, aquella que nunca había planteado mirar, desde afuera. Esa que ahora yo, estaba retratando.

     

    -¿Cuál es el papel qué desempeñas dentro del equipo?- pregunto, observando la pulsera de plata que lleva puesta, y que tiene como dije un delfín.

    -Yo soy portera. Desde que entré mi entrenador me perfiló a eso. No creía que fuera capaz, por mi tamaño y mi peso, pero hasta hora me he desempeñado muy bien.

    -¿Y por tu experiencia, cuál consideras es la principal fortaleza, o cuál debe ser el perfil de una portera?

    -¡Eh…! Bueno… La portera tiene que ser un poco agresiva- deja soltar una pequeña sonrisa, y continúa- la verdad eso a mí, me ha costado bastante, y me ha costado varios regaños, porque eso no hace parte de mi personalidad en la vida cotidiana. Como el deporte es de contacto, tú literalmente le tienes que dar ‘pata’, a todo el que veas que se acerca. Es una actitud más brusca, determinante, fuerte, y de mucha agilidad para girar en el arco.

    -¿Y por qué Rugby Subacuático, y no otro deporte?

    Mira sus manos, mira a su alrededor, y por variar, deja escapar una sonrisa. Piensa durante un par de segundos, y una vez aclaradas sus ideas, dice

    -Cuando estaba en Nado sincronizado, y decidí salirme, me quedé medio año sin hacer nada, intentando buscando otro deporte, porque eso lo tenía muy claro, yo quería seguir con mi disciplina deportiva, pero nada me llamaba la atención. Y decía ‘yo no me puedo quedar sin agua’, pero pensaba: ¿Clavados? No, ya estoy muy grande para eso; Polo, no me llamaba la atención, y rugby al verlo tan diferente, me llamó demasiado la atención. Era algo que yo ni siquiera conocía, y tenía dos conocidos en el deporte que me ayudaron a comenzar, por medio de unos semilleros. Vi que me estaba gustando mucho…

    La interrumpo, y lanzo una pregunta de inmediato

    -¿Pero… no es un cambio bastante fuerte? ¿De nado a rugby?

    -Totalmente. A medida que estaba más inmersa en el deporte, comenzaron a salirme morados en todo el cuerpo, ya la delicadeza del nado sincronizado y toda la parte artística se iba perdiendo. Pero ahí me quedé, seguí intentándolo, hasta llegar al grupo élite, y se ha convertido en una adicción, porque todos los días uno quiere aprender algo nuevo, quiere que lo corrijan, que el entrenador diga ‘muy bien’ o ‘muy mal’, pero que a fin de cuentas, lo importante es seguir intentándolo.

    -¿Y cómo fue ese medio año sin estar en tu pasión, en tu medio, tu columna vertebral si así le podemos llamar? ¿Sentías que te faltaba algo?

    -Era muy duro, porque como te digo, desde pequeña siempre he tenido esa disciplina. Ese medio año sin hacer nada, yo iba a estudiar, llegaba a casa y ya el tiempo no me rendía en absoluto. Las tareas que hacía en dos horas, ya me demoraba todo el día…Cambia mucho la vida.

     

    ***

    Este deporte, como lo confirmaba el entrenador, Jorge Franco, “es el único que se juega en las tres dimensiones: largo, ancho y alto”. Estando allí de nuevo, comprendía mejor la dinámica y los rolesde todos estos jóvenes; ya reconocía quién era quién, porteros, guardas, delanteros… Yo podía sentir e imaginar, los roces de las aletas y el agarre con las manos, esa opción que se tenía de quitar el balón, lo hacía un poco brusco. Tanto mujeres como hombres, se encontraban en el terreno de juego. Iban y venían como tiburones en busca de su presa, que era entonces esa pelota color marrón, rellena de solución salina.

     

    Un juego que no solo requiere de entrenamiento bajo el agua, sino también físico. Un entrenamiento de pesas, en el que se trabaja la potencia, la fuerza de los hombros, brazos, piernas y espalda.

     

    “Acá te dicen que no te van a poner bonito, que te van a poner mejor- dice esta joven, mientras juega con sus dedos, y un anillo de gema negra, que desliza suavemente, y vuelve a ubicar en su sitio. Lo ideal sería las 5 veces a la semana, durante una hora. Yo lo he estado haciendo 3 y 4 veces a la semana, pero tengo días en que por el estudio, no puedo hacerlo, entonces vengo un sábado y trato de compensarlo”.

     

    Para el número 28 del equipo, el agua ha sido su vida, su medio de escape, de descanso. Para ella, su deporte, y más que eso, su pasión, es una forma de salir de todo lo cotidiano, de lo que le rodea, de tal vez, alguna preocupación o problema que tenga. Cuando desciende al agua, siente que está en otro mundo, su mundo, en el que se siente en paz, y guarda todo, en lo profundo de su alma.

     

     

     

  • Prado descubre a qué saben 90 años de historia

    La receta para que un barrio dure 90 años es: que haya vivido el pintor más reconocido de Colombia, que en épocas secas se adorne de flores amarillas caídas de los guayacanes, que haya sido declarado patrimonio arquitectónico, que su fundador se llame Ricardo Olano y haya venido de Yolombó, que esté en el centro de su ciudad y por último, sazonarlo a 25 grados, la temperatura promedio de Medellín.

     

    Para descubrir estos ingredientes, fue necesario nacer en 1927 y estar repleto de familias gigantes, empresarios adinerados, personas de otras regiones del país o que viajaran al exterior. Que aún viva gente que llegó en los años 30 o 40 y, lo más importante, que haya allí curiosos por descubrir la historia, no solo arquitectónica sino gastronómica de este lugar.

     

    ¿A qué sabe prado en 90 años?, se preguntó la Fundación patrimonio para el desarrollo que ganó con su propuesta el estímulo “celebrando el mes del patrimonio” para el arte y la cultura 2017 de la secretaría ciudadana de Medellín. Mónica Pabón, arquitecta y directora de la fundación junto con su esposo Hernán Tobón, cocinero experto en cocina colombiana y coordinador del proyecto se preguntaron con tanta intriga a qué sabe este barrio, que después de dos meses de exploración el 29 de septiembre Medellín se enteró y probó a qué sabe Prado en 90 años.

     

    Talleristas de a qué sabe prado en 90 años, después de finalizar con las actividades propuestas por el proyecto.

    Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.

     

    Fueron 20 personas, residentes de este barrio junto con el cocinero experto, quienes se dieron a la tarea de investigar a qué sabe Prado, para esto realizaron 100 encuestas sobre qué se comía, cuatro talleres teóricos y cuatro prácticos, cada uno en una casa diferente, con el fin también de conocer cómo eran las cocinas anteriormente y la relación que tenía la arquitectura con el tiempo y el tipo de familia. “Para decidir el plato, a parte de las encuestas entre nosotros hablábamos de los ingredientes que usábamos en la casa y los que más se repetían esos usamos,” cuenta María Eugenia Ramírez, que lleva 35 años en el barrio.

     

    Los ingredientes para descubrir el sabor fueron aportados los habitantes del barrio, cada uno decía qué comida, sabor u olor le recordaba los tiempos pasados que donde vivió con su madre, abuela, hermanos y primos. Sin embargo para armar su plato y reconocer en realidad cuál era el sabor necesitaban un cocinero, por eso Hernán Tobón experto en cocina colombiana los acompañó en este trabajo para aportar sus saberes y al respecto comenta que “el objetivo de este proyecto es recuperar la memoria gastronómica y estandarizar una receta a partir de la restauración gastronómica y tradicional de las cocinas de Prado”. Y por esto preguntó entre la comunidad por varios meses ¿a qué sabe Prado?

     

    ¿A qué sabe Prado en 90 años?, a infancia, dice Inés. A mi abuela cometa Maria Eugenia. A finca dice en voz baja Rocio y a mi mamá grita Socorro, con la espontaneidad que la caracteriza. Todo esto se escuchaba en el salón de la Acción comunal mientras entre talleristas y coordinadores del proyecto a modo de conversación mostraban el resultado del trabajo realizado. Después de escuchar varios puntos de vista se evidencia que para ellos lo más importante de descubrir la receta era poder viajar en el tiempo mientras disfrutaban el plato, tener sensaciones y emociones, que aunque no fueras de este barrio te recordara algo o a alguien.

     

    Rocio Correa y Alba García, talleristas, que vestidas de los años 30´s 40´s celebraron la entrega oficial de la receta que les inspiró su barrio. Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.

     

    Para probar el sabor de Prado el salón estuvo acorde con la época en que nació el barrio, estaba acompañado de mujeres, hombres y niños vestidos de los años 30´s y 40´s para evocar la época en que sus antepasados llegaron al barrio para llenarlo de vida, familias elegantes, historias por contar y patrimonio arquitectónico que cuidar. Mientras servían el plato, habían personas preparándolo y el olor de esta comida acompañó a los asistentes durante toda la recepción, por último y para antojarlos más de probar dicha receta, dijeron sus ingredientes.

     

    Mario Pabón, Luz Marina Carvajal y su nieto, vestidos de fiesta para probar en la entrega de este proyecto a qué sabe este barrio del que solo han conocido historias. Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.

     

    Crema de frijoles con zanahoria, plátano pintón, arroz blanco, chicharrón frito con harina -para que sea más crocante,- hogao y nada de sustancia animal, es a lo que sabe Prado. Pero y qué tomaban, quiénes y cómo lo comían fueron preguntas que surgieron después de descubrir el plato, por eso Hernán empezó a indagar más a fondo con los participantes del taller sobre historias en la mesa. “De sobremesa, el guandolo, o aguapanela fría con limón, era lo que se tomaba en las mesas de 12 o más puestos que a las 7 pm hora de la comida siempre estaba llena, decían mientras cocinaban los talleristas”, añade además que para terminar la cena y de paso las conversaciones con todos los integrantes de la familia, sobre sus trabajos, tareas, novios o problemas, estaba como acompañante la torta de pan viejo, receta hecha también en casa, por la servidumbre en unos casos o por las abuelas.

     

    Después de escuchar las anécdotas y el resumen de la metodología que utilizaron los talleristas para elegir los ingredientes, decidieron retar a dos chefs profesionales, Juan Diego Gómez Mesa y Juan Esteban Herrera para que cocinaran en frente de todos la receta que identifica su barrio, para luego evaluarlos. Durante 40 minutos los cocineros dialogaron con la gente, y explicaron cómo se preparaban los alimentos que componían el plato elegido.

     

    El objetivo del reto no era solo hacer la receta, sino que tuviera la sazón del barrio, que su sabor les recordara las historias y emociones, por eso esto, los dos profesionales de la cocina escucharon durante la toda la noche los relatos del barrio y aportaron a este plato su conocimiento y las técnicas explicadas por los talleristas.

     

    Juan Esteban Herrera y Juan Diego Gómez, chefs retados hacer la receta que identifica el barrio Prado de Medellín.

    Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.

     

    Al final todos los invitados a la reunión disfrutaron de la crema de frijoles, con hogao, chicharrón, arroz blanco, tajada de plátano, guandolo y torta de pan viejo. En el cual después de cada cucharada o degustación del plato había que calificar, no solo el sabor si no las sensaciones y recuerdos que había traído ese plato cuando tuvo contacto con sus papilas gustativas.

    Para Maria Victoria Echavarría, quien vive hace más de 20 años en el barrio fue invitada por sus amigas, dice que fue espectacular la experiencia, que lo que más le gustó fue la integración debido a que antes todos eran en sus casas y gracias a estas actividades hay más comunicación y conocimiento entre la comunidad.

     

    Socorro Londoño, 30 años viviendo en el barrio, y Alba García, 40 años viviendo en Prado, prueban de nuevo la receta que trajo a sus memorias su historia en este lugar. Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.

     

    Los talleristas, invitados y expertos en concina en esta noche del 29 de septiembre descubrieron el sabor del barrio que vio crecer a Fernando Botero, aquel declarado único sitio de conservación patrimonial en esta ciudad, ese que por darle vida a la avenida oriental perdió la suya, pero que hoy 90 años después de que se fundó quiere renacer para Medellín y demostrar que su importancia no solo está en los muros sino también en sus gentes.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Una vida tras el éxito paralímpico de Colombia

    En Colombia, a noviembre del año 2015, había un millón doscientos veintitrés mil trecientos setenta y ocho personas en el Registro de Localización y Caracterización de Personas con Discapacidad del entonces llamado Ministerio de Salud y Protección Social; una cifra significativa para un país con 48 millones de habitantes, pero más significativa cuando en tema de deportes hay un grupo que se extiende cada vez más.

     

    El crecimiento de esta tendencia se manifiesta también en Colombia, demostrado en la participación de 39 deportistas que viajaron a Río de Janeiro para los Paralímpicos 2016 y que demostraron que la discapacidad solo está en la mente, que querer es poder y que el deporte es para todos, obteniendo 17 medallas, logro nunca visto en estas modalidades. La delegación de nuestro país logró ser la segunda mejor en toda América del Sur, solo superada por Brasil, país anfitrión, y por encima de países más competitivos como Argentina y Chile.

     

    Yesenia Restrepo junto a su esposo Joe y su hija. Una familia rebosante de capacidades. Foto: María Camila Pizano

     

    La participación de estos deportistas en Río le abrió la puerta a Colombia en el mundo de los deportes bajo condiciones de discapacidad, al ponerloen la mira de estas competencias al pasar de dos medallas en los juegos Paralímpicos Londres 2012 a las 17 medallas en los Paralímpicos Río 2016.

     

    Esta historia sin precedentes tiene 39 episodios, uno en cada deportista; uno de ellos es la vida de Yesenia Restrepo, quien trajo en sus manos una medalla de bronce de los Juegos Paralímpicos Río 2016.

     

    Apenas comenzaba el año 2005, cuando unos fuertes dolores de cabeza confundieron a Yesenia, acudió al médico, pero ellos diagnosticaron estrés. Restrepo sabía que no se trataba de eso, pero quiso no pensar mucho, sin imaginar que la historia se tornaría más difícil, cuando diez días después regresó el dolor, esta vez más intenso. Ya en urgencias se dio cuenta que era tarde, la piel había comenzado a estirarse e hincharse, igual que sus ojos, quedó hospitalizada pero ya no había nada por hacer, sus nervios ópticos estaban muertos. La vida se oscurecía, la luz se iba apagando y solo estarían los recuerdos de las imágenes que vio hasta sus 23 años.

     

    Yesenia tenía a su hija muy pequeña en ese momento, la preocupación era su pan de cada día y veía una salida muy difícil. Gracias al apoyo de algunos compañeros de la empresa donde laboraba, comenzó la rehabilitación y el estudio del braile. Y la vida no se queda con nada, y grandes sorpresas comenzaban a llegar. Fue en el año 2007 que el deporte comenzó a ser luz y un nuevo camino por andar para Yesenia, cuando conoció a Joe González, un deportista en silla de ruedas. Lograron hacer amistad y él la inició en el deporte al reconocer las cualidades y capacidades que tenía para explotar.

     

    Pronto el amor unió estas dos historias de vida. En julio del mismo año se hicieron novios, y la exigencia por parte de Joe para que Yesenia entrenara era más fuerte y finalmente en noviembre del mismo año, tejieron sus vidas para siempre. Hoy llevan 10 años de casados, de complicidad y de complementarse, pues los pies de Joe están en Yesenia y el él, ella tiene sus ojos.

     

    Comenzó para Yesenia un nuevo proyecto de vida, un camino que nunca se imaginó recorrer y triunfos que hoy agradece, pues es el deporte el que la tiene donde está, aprendió a valorar su discapacidad y comprobó que no es ningún obstáculo. Desde ese momento ha sido varias veces medalla de oro en los Juegos Nacionales, medalla de plata en los Juegos Parapanamericanos en Toronto-Canadá en el 2015 y ganadora del oro en el Open Caixa de Atletismo.

     

    Llegan los Juegos Paralímpicos Río 2016 y Yesenia sabía que este era el momento de hacer una historia diferente a la de Londres 2012, donde fue víctima de un fuerte virus que afectó totalmente su rendimiento, pero aprendió de los Juegos Paralímpicos pasados que lo primordial es la seguridad y estar tranquila de lo que sabe y tiene. Quería la medalla en lanzamiento, no la logró, pero tampoco estuvo lejos, obtuvo el quinto puesto y con orgullo el diploma Paralímpico en lanzamiento de disco.

     

    Y luego la medalla de bronce en relevos femenino 4×100 clase T 11-13. Obtener esta medalla para Yesenia fue muy meritorio, porque se preparó al lado de su guía, Juan David Cortés, este fue el premio mayor a la constancia y la dedicación.

     

    Yesenia agradece su discapacidad y lo que ella trajo en sus manos, un matrimonio, conocer tantos lugares del mundo, no tener miedo a nada, convertirse en una gran deportista profesional y ser una mujer plenamente feliz.

     

     

  • La avalancha se llevó mi casa, mi sueño

    Uno de los más recientes desastres naturales en Colombia es el de Mocoa-Putumayo, ocurrido el 31 de marzo de 2017, que dejó 332 muertos y centenares de damnificados. Entre las versiones e historias que hacen memoria de los acontecimientos, está el testimonio de Carlos Alfonso Jácome, un hombre de 38 años que sobrevivió con su familia y que relató así los acontecimientos:

     

    Yo llegué a Mocoa hace 15 años, salí de Buenaventura sin nada, solo con mi esposa y mi hijo mayor, que en ese entonces tenía pocos meses de nacido. Me puse a trabajar en construcción, pero pagaban muy poquito, entonces me conseguí una carreta y me puse a vender verduras ahí en el barrio. Yo siempre viví en San Miguel, eso al principio era una invasión, poco a poco fue mejorando, aunque seguíamos con las calles destapadas, las casas de madera y zinc, matorrales entre una y otra, lámparas que no servían y ríos por todos lados. Pero al menos teníamos eso y estábamos contentos, dígame ahora…

     

    Con el tiempo, comencé a vender en otros barrios, hasta que me recorrí casi todo el pueblo con mi mercancía, así fue como levanté a mis hijos. La gente me distinguía, ya sabían que, Mi So, era el negro de la carreta que vendía las verduras frescas y baratas. Quién sabe dónde habrá quedado mi carretica.

     

    Vea le cuento: yo ese día estaba jugando fútbol con mis so (amigos) en la cancha del barrio y se largó un lapo de agua durísimo, entonces dejamos el partido así y nos fuimos para la tienda. Eran como las 10:30 de la noche y yo pegué (se fue) pa’ mi casa, cuando iba llegando vi el río muy crecido y sucio, eso lo sabe uno que ha vivido siempre al lado de él, si está sucio y baja ramas, es porque arriba se desbordó. Entonces entré a la casa y le dije a mi mujer que nos fuéramos porque ese río se iba a salir y nos inundaba la casita, ella levantó a los niños, yo empaqué lo importante y salimos. Cuando abrimos la puerta, ya el agua estaba en la calle, el puente ya no se veía, entonces pegamos pa’l puente de Villa Rosa, pero tampoco había paso, La Taruca también estaba crecida y no dejaba cruzar.

     

    En ese momento me empezó a entrar miedo, más porque la gente era llorando y gritando que venía una avalancha. Lo primero que hice fue subirme con mi familia a una casa de 3 pisos. De un momento a otro, se fue la luz, eso indicaba que alguna cosa le había pasado a la subestación, que quedaba mucho más arriba del barrio. En esa casa había muchas personas, todas desesperadas porque afuera nos esperaba lo peor. Yo entré al cuarto donde estaban mis hijos y mi esposa, los abracé fuerte y les dije que los amaba mucho, porque sentía que iba a perder a alguno. Mis hijos se aferraban a mi persona, como si yo fuera su salvación, y me gritaban que no los dejara morir, entonces le dije a mi esposa que si ella quedaba viva enterrara a mis hijos, y le prometí que, si el vivo era yo, los enterraría a ellos. La besé y salí al corredor.

     

     

    “Así quedó parte del vecindario de Mi So después de la avalancha”, Carlos Alfonso Jácome. Foto: Maria Camila Tamayo

     

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    Vi cómo bajaban árboles enteros, piedras gigantes, carros con ocupantes, motos, bebés, niños y adultos. También vi cómo las casas de enfrente se derrumbaron con todas las personas adentro, ellos gritaban y pedían auxilio. Por un momento pensé en tirarme a rescatar a esos vecinos de toda la vida, a los bebés que apenas llegaban al mundo, a los niños que jugaban con mis hijos, a los que me compraban mis verduras a diario. Pero no podía, tenía que cuidar a mis 3 pelaos y a mi esposa. Vi las estructuras derrumbándose como si fueran fichas de dominó. Aunque a pedazos, solo quedaron dos viviendas en pie; la de la tienda del barrio y en la que estábamos nosotros.

     

    La avalancha fue disminuyendo y pudimos rescatar a 5 personas que quedaron atrapadas contra la casa; 2 niñas, un niño, un hombre y una mujer. A la señora la conocía, me compraba verduras en el barrio Los Pinos. Los 5 estaban demasiado aporreados, llenos de lodo y de sangre.

     

    Cuando creíamos estar a salvo, ¡taque!, llegó otra avalancha que, aunque menos fuerte, arrasó con lo poquito que quedaba, ustedes no se alcanzan a imaginar el tamaño de las piedras que bajaban, yo no sé de dónde salió tanta piedra, mis so. Cuando yo llegue al cielo, porque allá quiero llegar, lo primero que voy a hacer es agradecerle a mi Dios y a María Santísima por habernos salvado ese día. Lo segundo, va a ser preguntarle de dónde salió tanta piedra, porque se los juro que no me explico eso. Tuvimos pánico toda la noche, llorábamos como unos niños, mucho más, al ver el terror en los ojos de nuestros hijos.

     

    A eso de las 4:00 de la mañana, que estaba medio aclarando, empezó a llegar la Cruz Roja, el Ejército, los Bomberos y la Policía. Ahí fue que pudimos sacar a los heridos y a nuestras familias. Con la luz del día llegó el dolor; yo vi todo mi barrio arrasado, vi muertos por donde caminaba y gente que salía milagrosamente del lodo. Esas imágenes se quedarán el resto de vida conmigo, lo grabé todo en mi memoria, aunque también grabé que Dios me dio otra oportunidad y la tengo que aprovechar.

     

    Después de unos días llegamos a un albergue del gobierno y permanecimos allá un tiempo, me tuve que ir porque por esos días llovía mucho y mis hijos pensaban que se iba a venir otra avalancha. Un amigo nos prestó una pieza para los 5 y allá sobrevivimos hasta que decidí regresar a Buenaventura. Llevaba 13 años sin ver a mi mamá y sentía la necesidad de abrazarla, porque estuve a punto de no poderlo hacer más nunca. Mi So no es el mismo de antes, ahora entiendo que como tengo a mi familia, así mismo los puedo perder en un abrir y cerrar de ojos, en una ida a jugar fútbol.

     

    Esa avalancha se nos vino con fuerza, con rabia, no hizo caso a ninguna condición; allí murieron niños y grandes, negros y blancos, pobres y ricos, buenos y malos. A Mocoa llegué por un sueño –tener casa propia–, yo me vine de allá sin él, porque un año después de cumplirlo, la naturaleza me lo arrebató. Perdí amigos, conocidos y clientes, perdí mi casa, ahora no sé ni siquiera dónde está mi carreta… Y como llegué hace 15 años, así me devuelvo, sin nada, solo con mi familia.

     

     

     

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  • Talento con 15 años de resistencia

    La Comuna 13 se hizo célebre por la operación militar más grande que se haya visto

    en un territorio urbano, en la historia del país. Con el tiempo, los líderes, organizaciones comunitarias y grupos culturales de la zona aprovecharon las notables transformaciones urbanísticas del territorio, para proyectar una nueva vocación, en la que el arte y la cultura transmiten al mundo, el espíritu de estos barrios; la verdadera vocación, podría decirse, porque tres lustros después de la peor violencia armada, permanece vigente y activa, a pesar de que hay amenazas y dolores latentes.

     

    Este reportaje gráfico hace parte del cubrimiento especial de los medios universitarios de Medellín, a propósito de los 15 años de la Operación Orión, ofrecemos un recorrido por las facetas de la cultura, que mueve la vida y la memoria de estos barrios.

     

    Lea más del cubrimiento especial

    15 años después de la Operación Orión

     

     

    – “El talento de la gente en la Comuna 13. 15 AÑOS RESISTIENDO A LA VIOLENCIA”.

    Reportaje en la edición 62 de Contexto (UPB)

    – “Dar clase. El arma de los profesores en la batalla por la 13”.

    Crónica en la edición 88 de De la Urbe (U de A)

     

    -“El encuentro por la verdad”

    Crónica en Sextante digital (U. Católica Luis Amigó)

    -“El renacer de la 13, una historia de contrastes”.

    Reportaje sonoro en Bitácora (EAFIT)

     

  • El conflicto de una plaza para el arte en El Prado

    La lucha jurídica que reta el desarrollo cultural del barrio El Prado.

     

    La Corporación Centro Plazarte se encuentra ubicado en la Carrera 50 59-32; ante la notificación de aplazamiento, Plazarte ha mantenido en pie sus programaciones culturales. Foto: Manuela Rendón Uribe.

     

    Una noche antes del desalojo, y ansiosos por recibir justicia, los defensores de Plazarte decoraron sus paredes con afiches y carteles; la venta de la casa que ocupan los ha acorralado contra la posibilidad de ser desalojados.

     

    La Corporación Centro Plazarte se defiende con lo mejor que tiene: arte y cultura; ante la noticia de que su desalojo se llevaría a cabo, los colectivos dentro de la casa han afrontado la situación con obras de teatro, conciertos y otras actividades como medio de protesta. Sin embargo, nada detuvo la decisión de la Fundación Obra de Jesús Pobre -los demandantes- de convertir la casa en un albergue para personas en situación de calle. Según Daniel Alejandro Miranda, miembro del Colectivo TallerSitio, “cuando la Corporación se creó legalmente, los socios aportaron a su constitución: TallerSitio aportó la labor hecha durante esos cuatro años y los dueños de la casa, aportaron la casa; lo que pasó después es que uno de los socios vendió la casa sin consentimiento del resto de socios de la Corporación, lo que lo hace una venta ilegal. El que la compró (la casa) demandó a la dueña y nunca tuvo en cuenta a Plazarte como persona jurídica”.

     

    Al considerarse a la Corporación Centro Plazarte como habitantes indeterminados y no como poseedores de buena fe, no solo se están vulnerando sus derechos de la persona jurídica, también se atropellan sus derechos colectivos y a continuar en la casa, ubicada en el barrio patrimonial El Prado. Ante la situación, el grupo de artistas ha emitido varios comunicados, uno de los cuales explica: “Actualmente estamos en espera de la respuesta de la Tutela en la que pedimos, como poseedores de buena fe, el derecho a oponernos, que no se nos violen nuestros derechos fundamentales al debido proceso y a la propiedad, puesto que hasta la fecha se nos ha negado el acceso a la justicia y la igualdad de las partes, al no habernos admitido como litisconsorte o como opositores en procesos donde la entidad no ha estado nunca demandada”.

     

    Y aunque ellos se declaren como poseedores de buena fe, para abogados expertos en el tema como Felipe Vélez, es difícil saber si la Corporación es poseedora de buena fe sin algunos documentos y facturas que lo corroboren, “para esto se sigue un método científico que puede arrojar un resultado según algunos documentos que pide la ley para nombrarlos como poseedores de buena fe”.

     

    La obra de la Fundación Obra de Jesús Pobre

    A solo unas casas de diferencia, se encuentra la sede de la Fundación Obra de Jesús Pobre, según Hugo Sánchez, defensor de Plazarte, “es una entidad que se dedica a la atención de indigentes de una manera, para nosotros, y creo que para el Gobierno Municipal de Medellín, indebida, porque a ellos no los escuchan sino que los mantienen; les dan una comida, creo que también pueden entrar a bañarse, pero no les dan una pauta de vida como la que hoy, la alcaldía de Federico Gutiérrez está ejecutando”.

     

    Miranda asegura que la llegada de los habitantes en situación de calle cada tarde en busca de su alimento no solo no permite que la zona se desarrolle en seguridad y medio ambiente, también incomoda a los vecinos que se ven directamente afectados por su presencia. Es el caso de César Augusto Valderrama Gómez, residente de la cuadra que afirma que: “la Fundación Jesús Pobre tiene una casa justo en la carrera 50 con 70, en la esquina, y cualquier persona puede ver el descuido que tiene esa casa. Sus actividades sociales son para darle alimento a habitantes de la calle, esto genera que todos los días al mediodía esta calle está llena de habitantes de la calle. Especialmente, la casa donde habito, tengo que limpiarla una vez a la semana de heces y vómito de personas que se hacen ahí esperando el alimento. Ellos no se encargan de realizar la limpieza de todo esta gente que se moviliza a esta casa en particular, y quieren volver Plazarte una extensión de este lugar”.

     

    Como compradora del inmueble, la Fundación Obra de Jesús Pobre considera que los múltiples aplazamientos por parte de Plazarte no permiten que la decisión del juez se lleve a cabo, lo que los pone, en su opinión, en desacato de la orden judicial. La abogada de la parte demandante, Mónica López Arango, comenta que “el objeto social de la Fundación se ha visto perjudicado. No hemos querido demandar por el principio de la buena fe y por darles tiempo”, afirma que la institución se ha mostrado abierta a concederle opciones a la Corporación frente a la movilización de los bienes muebles dentro de la casa, pues han propuesto dejar en secuestre las obras de arte y bienes hasta darse a conocer el fallo del Tribunal Superior.

     

    Un posible final

    Son numerosos los episodios de esta historia, en uno de los más recientes, a finales del mes de noviembre de 2017, artistas, amigos y vecinos fueron convocados para que entre las paredes dibujadas, las antiguas puertas y los afiches que decoraban con protesta los muros, expresaran sus inconformidades en la sala donde se planeaba llevar a cabo la diligencia de desalojo. Entonces, la Policía llegó bajo órdenes de la inspectora, mientras un grupo de personas prepara sus instrumentos para un concierto – protesta.

     

    Bernardo Ángel Saldarriaga, actor del grupo de teatro “La barca de los locos” presenta una obra de teatro en medio de la diligencia en Plazarte como medio de protesta. Foto: Manuela Rendón Uribe.

     

    Mientras en una sala se discutía el futuro de la diligencia para Plazarte, Miranda observaba desde lo alto de las escaleras, “lo que nosotros hemos estado alegando todo este tiempo es que nos han vulnerado el derecho al reconocimiento de nuestra persona jurídica, que es un derecho fundamental. En este momento, un juez está diciendo que por una orden tenemos que desalojar la casa porque Obra de Jesús Pobre la compró, pero otro juez dice que nosotros somos poseedores de buena fe. Entre los jueces se están contradiciendo y se tendrá que pasar a una instancia superior”, comenta.

     

    Defensores de la Corporación como Hugo Sánchez afirmaban ante las cámaras de medios presentes que “no pueden vender la casa, una entidad sin ánimo de lucro no puede vender sus bienes y no puede sacar utilidades, no hay accionistas ni dueños, solo se componen por miembros…”, para él, ese hecho demostraría vez más la ilegalidad en la venta del inmueble y la inconformidad del colectivo.

     

    Aquella diligencia se aplazó hasta que se conocieran los resultados del fallo. Según María Clara Fonnegra, Representante Legal de la Corporación, “la diligencia se aplazó gracias a la oposición de la ciudadanía, en defensa del interés colectivo y de los espacios de la ciudad. La Policía se retiró y esto ayudó a que la inspectora se retirara aplazando la diligencia”.

     

    Y aunque existen más entidades culturales en la zona, muchos reconocen la labor que durante nueve años ha hecho Plazarte en pro de Medellín y que miembros de la comunidad como César Valderrama reconocen, para él, “Plazarte es una actividad cultural abierta a todos los ciudadanos, y se va a volver un lugar para un grupo especial de personas, privando a la ciudadanía de estos espacios culturales… si tuviera que poner en balance el aporte social de las dos instituciones, Plazarte está más en armonía con la idea del barrio El Prado como un barrio patrimonial, porque aporta actividades culturales; otro tipo de actividades como las que propone Jesús Pobre, acabarían con el barrio”.

     

    Una nueva diligencia de desalojo programada para el 11 de diciembre también se aplazó. De nuevo, los artistas de Plazarte convocaron colegas y vecinos a oponerse al desalojo con una programación artística que continuará mientras el conflicto judicial se resuelve y se define lo que puede considerarse un precedente para el rumbo del tradicional barrio El Prado.

     

     

  • Lecciones del periodismo iberoamericano: “No se puede ser periodista sin ser persona”

    El periodista español Alberto Arce fue finalista en la categoría Texto del Premio Gabriel García Márquez por su trabajo “Los piratas del chavismo: así es la nueva guerra del Caribe” en el cual, junto con el reportero gráfico Rodrigo Abd, recorrieron el estado de Sucre en Venezuela para retratar el estado de una actividad económica como la pesca en un momento de crisis económica y política de dicho país. Aquí el testimonio recogido durante el Festival Gabo 2017.

     

    Foto: Imagen de Los piratas del chavismo.

    ​​”La gente piensa que la escritura es un tipo sentado solo en una habitación frente a una máquina de escribir al que le viene la inspiración y lo suelta porque es un genio. Eso no tiene nada qué ver. En la elaboración de un reportaje, la escritura –en mi caso– 5% es ese paso, el 95% es la reportería en el terreno, y esto es lo que más me gusta y me enseña. Para esto es muy importante el equipo con el fotógrafo, y cada día discutimos sobre lo que hemos visto durante el día. Eso es la escritura, es un proceso vivo que va desde el principio hasta el final. Es la toma de decisiones de cómo me comporto en cada momento”.

     

     

    “Esto no tiene nada qué ver con una gente que se sienta a que los inspiren las musas. Esto tiene que ver con personas que se ensucian, caminando por la calle, hablando y preguntando, sorprendiéndose y contradiciéndose. Y por eso es importante el equipo, hacer todo esto con el equipo; además existe ese mito de que el fotógrafo es una persona que va detrás del reportero y ya. No, ambos son reporteros”.

     

    “También hay que sorprenderse. Si tú ya lo sabes todo, nunca en tu vida vas a aprender nada. Hay que tener curiosidad genuina por la vida. Y como periodista hacer una observación participante. Si ellos comen pescado, tú también comes. O sea, yo no puedo pedirle a alguien que me cuente su historia si me creo mejor que él, porque si me creo así, ¿por qué esa persona confiaría en mí para representar su historia correctamente? Lo que hay que hacer es saber estar en los sitios con respeto. No necesariamente creo que involucrarse. Mi labor es entender, y eso aplica a la vida, a ser persona. Yo creo que puntualmente en el tema de Venezuela por parte del periodismo hace falta dejarse de etiquetas, de solo entender la realidad de esa forma”.

     

    “Convencer a los editores de hacer una historia como esta es prácticamente imposible, lo que tienes que hacer es hacerlo, y cuando ya lo has hecho le dices: ‘mira, tengo esto, ¿me lo quieres publicar?’. Por eso yo creo que hay que tener olfato, por eso ser genuinamente curioso, eso significa detectar qué cosas creo que son interesantes y que podrían coincidir con el criterio de más gente”.

     

    “A las nuevas generaciones de periodistas les haría falta recuperar un poco más de pasión por conocer. Vivimos en una cultura del ruido y la inmediatez, y creo que hay que ser más reflexivo, plantearse más preguntas, no juzgar, no odiar tanto, aprender a hablar con los diferentes. Eso es una actitud vital. Es que persona y periodista es lo mismo, no se puede ser periodista si no se es persona. Nunca dejas de ser persona”.

     

    “Esto no tiene nada qué ver con una gente que se sienta a que los inspiren las musas. Esto tiene que ver con personas que se ensucian, caminando por la calle, hablando y preguntando, sorprendiéndose y contradiciéndose”.

     

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  • Lecciones del periodismo iberoamericano: apuntar al periodismo sin fronteras

     

    Periodismo Sin Fronteras: del lobo estepario al periodismo colaborativo y de impacto global fue uno de los talleres que ofreció la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) entorno a la cuarta versión del Festival de Periodismo celebrada consecutivamente en Medellín. El lema de este año: “una fiesta de historias para mentes curiosas”, demostró las grandes mentes curiosas de quienes estuvieron detrás de la mayor investigación de periodismo de datos de la historia.

     

    Panama Papers fue el nombre asignado a la filtración más grande hecha a través de una fuente anónima que se autonombró John Doe. Este personaje le compartió a dos periodistas alemanes del medio Süddeutsche Zeitung 11.5 millones de archivos. Esta cantidad de documentos de toda índole (fotos,números bancarios, de pasaporte, entre muchos otros) están condensados en 2.6 TB de información. Para ello se unieron con el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación y con otros 370 periodistas de alrededor de 80 países para poder lidiar con la cantidad de datos que obtuvieron.

     

    La filtración tardó un año y su publicación se hizo efectiva el 3 de abril de este año, en el que compartieron una base de datos que permite buscar el nombre de cualquier persona que posea paraísos fiscales en la compañía panameña Mossack Fonseca.

     

    Marina Walker, subdirectora del Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación, junto a Rigoberto Carvajal, el experto en data de la misma organización, fueron quienes dictaron el taller. Durante las 4 horas que duró compartieron la experiencia del trabajo colaborativo como el principal reto para todos los colaboradores del trabajo, además exhortaron la importancia de emprender trabajos en conjunto a través de la data que ofrece Internet.

     

    Las lecciones fueron las siguientes:

    • El paradigma del lobo estepario, reportero tradicional representados por Carl Bernstein y Bob Woodward, debe ser superado para conseguir trabajar por medio de una red en la que el ego de la primicia queda supeditada a la colaboración de todos los implicados.
    • Las gráficas y bases de datos hay que aprender a leerlas. Allí hay muchas historias interesantes por contar. Es importante dejar volar la curiosidad.
    • El trabajo colaborativo no es solo entre periodistas, hay que conjugar la reportería y capacidad de contar historias con la sistematización, organización, sistemas de seguridad y protección de la información y las capacidades técnicas con que cuentan los expertos en data e informática.
    • Es importante, desde ya, comenzar a crear una red de trabajo entre periodistas en que la confianza y el compromiso son los pilares para lograr un excelente trabajo de impacto.

     

    La información está colgada en la red, hay que saber identificarla y filtrar cuál de ellas debe ser de conocimiento público para darla a conocer para una sociedad más informada.

     

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  • Lecciones del periodismo iberoamericano: realidad desde el cómic

     

    Germán Andino es un dibujante mexicano que, a través del cómic, contó la historia de un joven involucrado con las pandillas en Honduras, acudiendo al formato de cómic no ficción. Su trabajo fue el ganador del Premio Gabriel García Márquez en la categoria de Innovación. Durante el Festival Gabo 2017 compartió el testimonio sobre su trabajo.

     

     

     

     

    “El periodismo para mí es solamente una herramienta, yo me considero más un dibujante incluso que un ingeniero de sistemas informático, que fue lo que estudié. Hay todo un trabajo de reporteo detrás de mi trabajo que soporta todo lo que dibujo y escribo, aunque mi enfoque nunca fue el del reportero tradicional; es decir, sí verifico fuentes y todo lo que se hace para no cometer errores, pero no he corrido con las prisas del periodismo. He tenido tiempo para cosas en las que tal vez el periodismo no se detiene”.

     

    “Yo creo que la objetividad como tal no existe. Todo lo que haces pasa por tu filtro mental que le agrega la subjetividad, y empecé a trabajar el tema de pandillas porque estas empezaron a salir en mi barrio, y luego cuando yo me fui me sentí como extraído de lo que pudo haber sido para mí la relidad de pandillero. El intentar mantener la honestidad va también porque conozco la historia. Yo creo que el involucramiento en mi caso me ayudó a contar la historia, y creo que hay que involucrarse con la historia, el periodista no tiene que ser una persona que se mantiene al margen de la historia y que está solo como un visitante externo viendo lo que sucede; hay que involucrarse porque así se conoce lo que se está contando. Aunque sí, hasta cierto punto yo también sentía que tenía que alejarme porque ya estaba afectándome. La cosa está en discernir cuándo se debe tomar distancia y no emitir juicios erróneos”.

     

    “El cómic como formato de no ficción no es tan nuevo, lo que pasa es que se ha mantenido como un objeto de librero. Y ahora irrumpe en las redacciones tradicionales este formato. Pero este aporta que la imagen, en combinación con el texto, genera un lenguaje propio, que no es ni el del texto ni el de la fotografía, y son formas diferentes de contar las mismas cosas. Me parece que el cómic tiene a veces una mayor profundidad y requiere más del lector que cualquier otro medio. Yo creo que el formato sí tiene muchas posibilidades frente a los públicos, porque engancha; yo desde que leí el primero me enganché y no he parado de leer comics. Podría convertirse en una nueva forma tradicional de periodismo. Aunque es difícil al principio que la gente entienda: yo contarle al director del equipo de El País lo que quería hacer era complicado, yo creo que no lo entendimos hasta que no nos sentamos a ver cómo era. Al ser un formato nuevo tiene problemas para ser introducido en las audiencias, pero tiene mucho potencial”.

     

    “… hay que involucrarse porque así se conoce lo que se está contando.”

     

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  • Lecciones del periodismo iberoamericano

     

    ​​En formatos, estructuras, soportes para las nuevas historias y métodos de investigación, el periodismo hoy se transforma. Medellín tiene la fortuna de contar desde hace cinco años con el certamen sobre periodismo más importante en Iberoamérica, que ofrece la posibilidad de escuchar las experiencias de quienes gestan historias que han revelado facetas desconocidas del presente y han influido en el rumbo de los acontecimientos en la actualidad. Aquí compartimos algunas de las lecciones del Festival Gabriel García Márquez de Periodismo en 2017.

     

     

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    El lobo estepario al periodismo colaborativo y de impacto global fue uno de los talleres que ofreció la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) entorno a la cuarta versión del Festival de Periodismo celebrada consecutivamente en Medellín.

     

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    El periodista español Alberto Arce fue finalista en la categoría Texto del Premio Gabriel García Márquez por su trabajo “Los piratas del chavismo: así es la nueva guerra del Caribe” en el cual, junto con el reportero gráfico Rodrigo Abd, recorrieron el estado de Sucre en Venezuela para retratar el estado de una actividad económica como la pesca en un momento de crisis económica y política de dicho país. Aquí el testimonio recogido durante el Festival Gabo 2017.

     

     

    Vice, una idea por el romanticismo

    Desde hace cinco años, el Festival Gabo, reúne lo mejor del periodismo iberoamericano en torno a talleres, conversatorios y conferencias que buscan acercar el público a las nuevas tendencias y trabajos innovadores que puedan inspirar a nuevos talentos a guiarse por un mejor camino. En la última versión del certamen, periodistas de medios y proyectos como En Malos Pasos, Efecto Cocuyo, La Pulla y Pacifista contaron cómo es cubrir Latinoamérica, una región violenta, y cómo lograr sortear la censura, conseguir fondos, y otras realidades que enfrentan los periodistas del continente. Camilo Jiménez, director editorial de Vice Colombia y Pacifista, un proyecto propio de la plataforma, contó cómo lograr una propuesta diferente para públicos jóvenes que parecen tan apáticos a temas más profundos.