Autor: c0ms0ci@l_UPB

  • El arte de mover las fichas

     

    Vivir y financiar las apuestas creativas en Medellín es, como en los juegos de mesa, una actividad donde no importan las cartas con la que se comienza, sino cómo se juegan. Las diferentes propuestas que se pueden encontrar en la ciudad no se sostienen por sí solas y es cuestión de cada jugador encontrar su propio recorrido a la meta.

     

    Por Manuela Rendón Uribe / manuela.rendonu@upb.edu.co

     

    Sección de la exhibición colectiva ‘La belleza será convulsa o no será’ del MAMM. Foto por Manuela Rendón

    Sacar pares para empezar a jugar

    No existen dos jugadores que empiecen la partida desde el mismo punto de salida. Algunos cuentan con estudios técnicos o profesionales que les otorgaron herramientas, conexiones o aprendizajes que han hecho más llevadero el viaje, otros por su parte, llegaron al arte por vías más empíricas y experimentales.

     

    Dentro del circuito del arte en la ciudad podemos encontrar publicistas, ilustradores, tatuadores, artistas plásticos, fotógrafos, artistas visuales, diseñadores gráficos, comunicadores sociales e inclusive profesores o ingenieros, todos viendo el concepto del arte desde sus propias perspectivas que les permiten llegar a una conclusión general sobre este: ya sea desde la técnica, el mensaje o el talento, el arte es algo de lo que se puede vivir si se sabe jugar la mano que le toca. Otras cartas importantísimas en la baraja deben ser la dedicación, el conocimiento de la industria, la presencia, la exposición, y, sobre todo, entender que detrás del arte hay un negocio que se mueve y tiene sus propios trucos y atajos.

     

    Las fichas y las casillas

    Pero no todos los jugadores observan el tablero de la misma forma. Carlos Daniel Álvarez (también conocido como @carlosdaniel.jpg en redes sociales) es un artista visual que ha expuesto en espacios como el Museo de Antropología y Artes de Jericó (MAJA), el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) y el Salón Nacional de Artistas y que, como trabajo oficial, se dedica a pasear perros, hacer domicilios y trabajar en plataformas de transporte como Picap.

     

    La gente se extraña cuando escucha esta mezcla: un artista visual con exposiciones en grandes centros culturales que por amor y placer vive de pasear perros y llevar gente en su moto. “El arte es algo que me pasa mientras hago mi vida”, dice.

     

    Nos hemos encontrado cerca de Unicentro después de un largo día de trabajo. Con los años ha adquirido la disciplina de sacar a caminar a sus clientes por dos horas tres días a la semana. Lunes, miércoles y viernes. Esta costumbre le ha permitido ampliar su conocimiento de la ciudad y tomar las fotografías por las que es reconocido.

     

    Sus dos exposiciones en el MAMM ocurrieron tiempo después de presentarles su portafolio, no fue una oportunidad instantánea, sino algo que se presentó por su persistencia en redes y la calidad de su trabajo, detalles que llamaron la atención de los museos para sus grandes exposiciones temporales.

     

    No todas sus muestras han sido financiadas por centros culturales, menciona Daniel. Cuando los museos cuentan con bolsas de financiación para los montajes y la producción es más fácil para los artistas obtener una ganancia del pago; cuando no, la producción corre a expensas de los artistas que deben hacer uso de créditos, ahorros o recaudaciones para lograr su exposición.

     

    ¿Cuáles son las cartas que Daniel adicionaría a la baraja de cualquier artista en la ciudad? Tener un excelente portafolio, una rutina, un objetivo, y ser persistente con la exposición en redes sociales.

     

     

    << Obtenido de @carlosdaniel.jpg en Instagram.

    Aunque el portafolio es esencial para cualquier artista, la búsqueda de nuevas oportunidades y el trabajo colectivo son, para Nube, artista plástica de la Universidad de Antioquia, la base del arte en la ciudad.

     

    Nube se llama Laura Henao, y durante ocho años hizo parte del colectivo de la Editorial Zarigüeya y la Librería Mutante, espacios que a través de la venta de obras autopublicadas, ahorros y becas internacionales logró sostener durante años su espacio en el pasaje La Bastilla y su casa para artistas en el centro de la ciudad.

     

    Para Nube es importantísimo aprovechar los recursos que ofrece la institucionalidad sin caer completamente en ella. “Nosotros sostuvimos la librería durante un año con nuestro propio trabajo. Nos parecía importante tener un espacio físico que fuera coherente con lo que buscábamos, que era permitir que los artistas obtuvieran el cien por ciento de comisiones sobre su trabajo”.

     

    La idea de Mutante obtuvo más fuerza cuando, después de meses viviendo de impartir talleres y una ardua investigación a través de conocidos e Internet, encontraron la beca internacional Prince Claus Seed Awards la cual les otorgó un beneficio aproximado a los $80.000.000, con los cuales sostuvieron y gestionaron la casa Mutante por más de un año y a todos los artistas residentes que aprovecharon su proyecto.

     

    Sin embargo, y como sucede en Medellín, muchos proyectos se vuelven insostenibles con el tiempo y tras la separación del equipo, Nube se dedicó a la ilustración de manera independiente gracias a todos los contactos en proyectos que generó durante los años de trabajo y gestión en Mutante. Al día de hoy Laura es profesora de arte en una empresa de carácter social en la ciudad. “Me cansé del rebusque, de la precariedad que hay en ciertos proyectos y de lo indigno que puede ser a veces el arte. Ahora soy profesora, lo que había sido siempre mi sueño y estoy muy feliz”.

     

     

    Obtenido de @_nube en Instagram>>

     

    En sus tiempos libres, Nube se dedica a tatuar sus diseños en una de las habitaciones de Un Nuevo Error, un espacio para artistas y no artistas en Belén, que en el transcurso de esta reportería cumplió cinco años de funcionamiento. “Preferimos llamarnos ingenuos”, dice Alejandro Metaute, cofundador de la Casa Error donde la principal característica es la autogestión y el autosustento. “La idea es que la casa se sustente sola con los proyectos y los eventos que se hacen dentro de ella, sin poner de nuestro bolsillo; si alguien hace un taller, recibir una comisión, prestarles el espacio a colectivos o hacer un evento y cobrar las polas,” afirma Metaute, dando así una respuesta o solución a uno de los grandes problemas del arte en Medellín como lo es la precarización en la financiación de espacios creativos de la ciudad.

    Los espacios de Un nuevo error están abiertos para charlas, talleres y exposiciones.
    Imagen tomada de @unnuevoerror en Instagram.

     

    ¿Cuáles son las cartas que Nube adicionaría a la baraja? Pagos justos. Pagarse y reconocer el arte como un trabajo que debe ser cobrado y pagado de manera digna. Saber manejar los tiempos, el dinero y los ritmos de trabajo.

     

    No pausar partida ni salirse sin guardar

    Varios artistas coinciden en la importancia de tener presencia en redes sociales, saber de marketing, administración de empresas, finanzas básicas e inclusive legislación sobre derechos de autor. Pero en lo que más han coincidido es sobre la importancia de presencia en el circuito.

     

    María Paulina Restrepo se hace llamar ‘La señora que dibuja’ en redes sociales. Es ilustradora desde hace más de quince años y su fuerte es la ilustración infantil. “Claro que se puede vivir del arte”, dice. Lo más importante es darse a conocer y no desaparecer de la industria. “Yo no empecé viviendo de esto, me tomó más de cinco años poder vivir del arte, pero sé que ha sido porque me he desaparecido y no he sido constante con mi trabajo”.

     

    En medio de la entrevista, María Paulina cuenta lo difícil que ha sido lidiar con su salud mental en medio de una industria que no siempre maneja pagos a tiempo y donde la demanda de trabajos es incierta. “Ya tengo clientes fijos, pero me tomó tiempo establecerme, antes tenía otros trabajos al mismo tiempo e ilustraba lo que los demás necesitaban y no lo que yo quería. Sé de colegas que les tomó menos tiempo, pero considero que todos manejamos tiempos y procesos distintos y esto no está mal”.

    Entre las obras de las que más orgullosa se siente está El Gato Mambrú, un cuento infantil financiado gracias al Estímulo para la Creación de Obra Literaria para Público Infantil del Museo de la Casa de la Memoria, el cual le otorgó un premio económico por su obra con el que debía de sacar el proyecto Mambrú adelante y subsistir por un par de meses.

     

    El Gato Mambrú narra la historia de un gato pequeño que es obligado a irse para la guerra a combatir.

    Imagen tomada de @lasenoraquedibuja en Instagram. >>

     

    ¿Cuáles son las cartas que María Paulina agregaría la baraja? Siempre estar presente (ya sea en la web o en eventos del gremio), movilizar y buscar nuevos espacios para sus obras y no desestimar el poder que el voz a voz tiene en el circuito.

     

    Rifas, juegos y espectáculos

    No a todos los jugadores se les entregan los mismos billetes al iniciar la partida, o se les paga cada vez que pasan por la salida de nuevo. Aunque el arquetipo del artista que proviene de un entorno económico estable aún ronda por ahí, la verdad es que cada día son más los artistas que buscan diferentes oportunidades, espacios y convocatorias que les permitan financiar su arte a largo plazo.

     

    Algunas de las convocatorias más conocidas son la Convocatoria de Fomento y Estímulos para el Arte y la Cultura en la ciudad de Medellín; las convocatorias de Circulación Artística, Encuentros y Festivales Artísticos y Culturales, y el Portafolio Departamental de Estímulos para el departamento de Antioquia y el Programa Nacional de Estímulos para el resto de Colombia, todas disponibles en la red pero no accesibles para todos los artistas de la ciudad y el país.

     

    Aunque las convocatorias son muy claras con sus requisitos, inscripciones, documentación, fechas de desembolso y cronogramas, son los recursos a distribuir los que hacen el trámite complejo o poco rentable para muchos artistas. En muchos de los procesos el desembolso solo se hace a un proyecto ganador por categoría o inclusive región, generando así un desbalance entre la cantidad de proyectos presentados y la cantidad financiada, y aunque las cuantías a desembolsar siempre van por encima del salario mínimo legal vigente, a la hora de repartirla entre los diferentes costos, inversiones y participantes, la ganancia puede bajar considerablemente de modo que el artista debe buscar una nueva oportunidad o convocatoria en otro sector para financiar su próxima idea.

    Tabla tomada del Manual para la Convocatoria del Programa Nacional de Estímulos 2023.

     

    Para artistas como Gelatina, una ingeniera industrial por diploma pero fanzinera por vocación, las convocatorias pueden ayudar por un par de meses pero no pueden ser la única fuente de sustento: “Eso rinde dos o tres meses, y uno también trata de invertirlo en otros proyectos, pero vivir de incentivos es imposible, es una ayuda”, afirma, pues siendo ganadora en dos ocasiones diferentes de estímulos de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín, ha tenido que invertir la mitad del desembolso en la elaboración, edición, producción, distribución y exhibición de la obra terminada. “Se puede [vivir del arte] pero no es la regla, hay personas que deciden tener vidas muy complicadas por dedicarse al arte y hay otros que logran tener suerte, talento y contactos que le permiten poder vivir del cuento”. Afirma la fanzinera, pues, entre rifas, trabajos freelance y creación de contenido para redes se encuentra financiando su próximo gran proyecto.

     

    ¿Qué incluiría Gelatina a la baraja? Saber de mercadeo, entender tendencias, expandir la oferta y ahorrar.

     

     

    << Aunque la creación de fanzines es un proceso relativamente barato, los gastos no permiten financiar un proyecto más allá de un par de meses. Imagen tomada de @gelatinacomicstar en Instagram.

     

    Con el panorama de estímulos públicos trazado de esta forma, son muchos los artistas que prefieren la ruta de las convocatorias de índole privado como lo son la Convocatoria Nuevos Talentos en el Arte de la Cámara de Comercio (la cual ofrece formación y aprendizaje sobre la industria del arte en la ciudad con estrategias como las Maletas Culturales) o la Bienal de Arte Joven de Comfenalco (que ofrece premios a más de un proyecto a la vez) o pasan directamente a recurrir de la autofinanciación por medio de rifas, sorteos, crowdfunding, o donaciones para sacar sus obras adelantes.

     

    Pese a que son cada vez más escasos, la lámina de los mecenas aún es vigente en el mercado de los artistas. Difíciles de encontrar, existen mecenas dispuestos a apoyar financieramente a sus artistas consentidos en diferentes proyectos, residencias o exhibiciones. Para los no afortunados de encontrar esta rareza, aún estarían disponibles mecenazgos más actuales como lo son plataformas como Ko-fi y Patreon, donde un grupo de personas puede apoyarlos económicamente a cambio de contenido exclusivo.

     

    ¡Tapo!

    A Alejandro Montoya Fuentes lo reconocen más fácil como Alejo Fuentes porque así aparece en sus redes sociales. Fue ilustrador sin pago, luego director creativo de SADOI Toys y actualmente se encuentra incursionando en el arte plástico.

     

    —Nada Manu, ando buscando trabajo ahora mismo.

    — ¿Qué estás buscando?

    —Algo corporativo, muy rutinario, que me permita sacarle tiempo y energía a mis obras.

     

    Desde que lo conozco, Alejandro ha sido estudiante, ha trabajado en las comunicaciones de universidades públicas y dirigido estrategias en empresas prestadoras de servicios de Internet en la ciudad. Aunque aún puede considerarse como un artista emergente, no se ha decantado por vivir del arte completamente.

     

    —Yo me lo he pensado, pero todavía no me lo puedo permitir del todo. Por eso ando buscando algo que me permita tener un ingreso fijo mientras hago mis cosas.

     

    El artista participó con tres de sus obras en la Bienal de Arte Jóven de Comfenalco. Imagen tomada de @alejomfuentes en Instagram. >>

     

    Montoya ha trabajado con entidades privadas que necesitan ilustraciones y arte para sus propias campañas, artistas del género urbano que buscan portadas para sus nuevos lanzamientos y revistas culturales que requieren la portada de su próxima edición. Aunque son comisiones que hace por decisión y gusto, todos estos ingresos representan una manera de financiar las obras que requieren un mayor músculo financiero para su producción y elaboración; con trabajos como estos ha financiado obras plásticas como El Rey David donde la elaboración de varias piezas sin financiación hubiese sido casi imposible.

     

    —De veinte que hice, un comprador de arte se llevó nueve.

    —Imagino que las revenderá.

    —Obvio, y más caras.

     

    El verdadero interés de este artista es poder financiar, a través de un arte más asequible para sus seguidores, proyectos más grandes como esculturas u obras que requieren más materiales y tiempo de elaboración, uno de estos, para el momento en que el reportaje fue escrito, se encuentra en exhibición y venta en Bunker Galería, espacio que se quedaría con un porcentaje de la venta, si esta se realiza.

     

    Espacios como La Bruja Riso y Bombón Oficina de Cosas le han permitido a los artistas de la ciudad mostrar su trabajo en exposiciones colectivas o individuales. Imagen tomada de @alejomfuentes en Instagram. >>

     

    La zona segura que ofrece el ingreso fijo no es algo fácil de encontrar dentro del circuito del arte, siendo los primeros meses del año más lentos debido a que la mayoría de desembolsos de convocatorias se generan en los siguientes trimestres del año.

     

    ¿Qué cartas le ofrece Alejandro a la baraja de los artistas? Conocer y separar los nichos. Buscar oportunidades que, si no ofrecen un pago, por lo menos otorguen una exposición significativa del trabajo. Y, sobre todo, aprender a cobrar.

     

    Cóbrales $10.000 cada vez que caigan aquí

    ¿Qué pasa entonces con los espacios y actividades que no les generan ganancias económicas a los artistas? Según Juli Zapata Rincón, curadora en el Museo de Antioquia, aunque los museos casi siempre logran garantizar el pago de regalías a los artistas, su papel en el mercado va más allá. “Son validadores de obras y artistas” puesto que, entre más conocido y expuesto sean, más relevante resulta su obra para los ojos de los espectadores. Algunas de las propuestas que el Museo de Antioquia ofrece para los artistas son residencias, exposiciones temporales o convocatorias abiertas para alguna de sus escuelas y cursos.

     

    Juli también es docente de cátedra de Variables Económicas en el Mercado del Arte en el ITM (Instituto Tecnológico Metropolitano) y se enfrenta semestre a semestre a nuevas generaciones de artistas a los que explica cómo, dónde y de qué manera se pueden financiar y gestionar propuestas artísticas en la ciudad. “Una de las ventajas en el arte es que es un campo muy abierto y brinda muchos espacios más allá de la creación”, está consciente de que dentro de la carrera se encuentran estudiantes interesados en ser artistas, gestores, curadores y muchos otros papeles necesarios en la cadena del arte y debe enseñarles cómo funciona el negocio.

     

    ¿Qué cartas aconsejaría Juli adicionar a la baraja? Un excelente portafolio, aprovechar los espacios y dinámicas alrededor de la creación artística en la ciudad y consumir arte para educar el ojo.

     

    Terna, terna, cuarta

    El último jueves de cada mes, el Palacio Nacional abre sus puertas desde las 7:00 de la noche para dar inicio a la Noche de Galerías, un espacio donde las galerías del tercer, cuarto y quinto piso del Palacio se abren al público en horario nocturno para atraer curiosos, fanáticos del arte y posibles compradores. Hay música en vivo, se ofrece vino y otros licores y los artistas exhiben sus mejores obras al público sin costo extra alguno.

     

    En una de las esquinas del cuarto piso, hay una galería con música en vivo y una mesa con aperitivos y vinos. Es la noche es la más importante para muchos artistas en la ciudad, entre ellos el asistente de iluminación H. Carvajal, que en el evento de hoy inaugura su obra en la galería Duke Pimienta como fotógrafo. “El asunto es dividir la carrera de uno en dos aspectos. El primero es el laboral y el otro netamente artístico. Ya cuando llega el punto en que coinciden y el artístico empieza a financiar es una belleza. Pero el punto para llegar ahí es difícil, es muy complejo porque a veces uno duda, uno quiere dejar el proceso, decantarse por cosas más seguras, pero no, en el fondo algo lo sigue llamando a uno. Uno es terco.”

     

    La obra de Carvajal se caracteriza por hablar de su intimidad. Foto por Juan José Cadavid.

     

    Aunque la venta de las obras no está asegurada, tener un espacio físico de referencia, codearse con más artistas de la ciudad y contar con el respaldo de organizaciones como Amor y Arte Fundación son algunas de las atracciones que posee el hacer parte de este conglomerado de galerías y artistas de la ciudad.

     

    Pero no cualquiera puede exponer aquí. Los artistas deben de pasar por un proceso de calidad y exhibir sus obras con parámetros museográficos definidos. Para artistas jóvenes como Mara Botero, el espacio en el Palacio Nacional le permitiría darse a conocer y validar su obra como artista visual. Por ahora, su pago por el espacio serán dos obras mensuales, la cuales entrarían al mercado del arte en la ciudad para ser vendidas o revendidas por expertos en el rubro.

     

    Sin embargo, el pago con obras no puede ser su única fuente de financiación para sus proyectos artísticos. Además de estos, Botero es maestra de arte y planea crear merchandising con sus obras: pequeños productos como botones, camisas, posters, postales y artesanías donde pueda plasmar su mensaje. “Vivir del arte es lo que he intentado, pero ese arte toca transformarlo a la enseñanza para poder tener más ingresos y ya para vivir de obras es un proceso que apenas estoy intentando, pero creo que si es posible si se le mete todo el amor, inversión y tiempo para poder ver resultados con el tiempo”.

     

     

    Obra de Mara Botero. La Noche de Galerías del mes de mayo sería su primera exposición en el Palacio Nacional. Imagen tomada de @mara_botero en Instagram. >>

     

    ¿Qué le adicionaría Rubén Agudelo, subdirector ejecutivo de Amor y Arte Fundación a la baraja de los artistas paisas? Trabajo en equipo, verse a sí mismos como una empresa y mejorar la técnica artística.

     

    La meta del dónde, por qué y con quién

    Aunque el juego es el mismo para todos los jugadores, la manera en que artistas y colectivos buscan y encuentran fondos en la ciudad, varía según el nicho al que pertenezcan. Para artistas plásticos como Hebert Rodríguez, el hecho de que un artista decida crear productos asequibles para el público no lo separa de su proceso artístico: “Lo importante es que el artista tenga claro qué es lo que quiere decir y saber dónde, por qué y con quién decirlo”.

    Exposición temporal del MAMM ‘Temporada de eclipses’ por Luisebastián Sanabria. Para incentivar el aforo y la exhibición de las exposiciones, el día inaugural la entrada es libre con aporte voluntario. Foto por Manuela Rendón

     

    Unos le llaman ‘estar atento a las convocatorias’, otros lo mencionan como ‘no quedarse quietos’, otros como ‘darse a conocer’ y otro grupo lo llama ‘rebusque’, sea como sea, todos los artistas llegan a la misma celda del juego: es imposible financiar proyectos en Medellín de una sola forma, lo que en muchos casos genera deterioro en la calidad de vida de los artistas, la necesidad de contar con más de un ingreso o proyecto a la vez y la precarización de su profesión. Aunque el futuro del juego se vea incierto siempre hay un par de jugadores listos para darle otra vuelta al tablero.

     

     

     

  • El Clan del Golfo en Colombia, un reto para la “Paz total”

     

    El Clan del Golfo, también llamado Autodefensas Gaitanistas de Colombia, es una de las organizaciones criminales más poderosas del país; para comprenderla es importante conocer el origen de estos fenómenos. Inicialmente, en los años 60 nacen las guerrillas colombianas, grupos insurgentes con ideologías políticas y sociales populares. Se empezaron a radicar en zonas como Córdoba, Sucre, Urabá y el sur del país, lugares caracterizados por ser ganaderos, mineros y agroindustriales.

     

    Paulina Serna Lopera y Maria Paula Colorado Villa / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Según el Centro Nacional de Memoria Histórica en la Cátedra Basta Ya: Orígenes, dinámicas y crecimiento del conflicto armado “las guerrillas han tenido tres etapas a lo largo de este medio siglo. La primera, de nacimiento y anclaje en sus territorios hasta finales de los años 70. La segunda, a principios de los años 80 cuando se proponen acumular fuerzas combinando todas las formas de lucha con miras a una insurrección y a la toma del poder. La tercera ocurre durante los siguientes 20 años, cuando abandonan los espacios políticos y buscan a través de las armas el colapso del Estado, y de las élites económicas y políticas regionales y nacionales, por la vía exclusivamente violenta”. Como respuesta, sectores de las Fuerzas Armadas de Colombia, todavía permeados por los ideales radicales del Frente Nacional, tomaron medidas igual de violentas para combatir a estos grupos. Además, los enfrentamientos tomaron fuerza con la aprobación de “la Ley 48 de 1968 que autorizaba las autodefensas de civiles auspiciadas por las fuerzas militares, y que fueron la semilla de los grupos paramilitares”, afirma el CNMH.

     

    El paramilitarismo surge a finales de los años 70 como una lucha de los sectores radicales de las élites para evitar cualquier tipo de competencia política de izquierda, en este caso, representada por las guerrillas, además defendían a los terratenientes de las extorsiones y secuestros realizados en la época. El CNMH plantea que estos primeros grupos “nacen con el enemigo adentro: el narcotráfico, (…) un núcleo central de estas autodefensas, en el Magdalena Medio, derivó en un grupo paramilitar cuando ganaderos, políticos y narcotraficantes buscaban contrarrestar la expansión territorial de las FARC, sabotear sus intenciones electorales y bloquear las reformas estructurales que se llevarían a cabo ante un eventual acuerdo con las guerrillas”.

     

    El Urabá ha sido un punto importante en el conflicto, pues allí se han radicado diferentes grupos armados. La influencia de grupos guerrilleros en el sector se dio en los 80, cuando ayudaban a los sindicatos de trabajadores bananeros: Sintrabanano y Sintagro, quienes se fusionaron luego en Sintrainagro. Según el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales –Clacso-, los trabajadores laboraban en condiciones inhumanas pues “las relaciones laborales se configuran en medio de la precaria presencia institucional del Estado por su lejanía con respecto a los trabajadores, el desconocimiento de los empresarios bananeros de la normatividad laboral vigente y la precariedad de las condiciones laborales. Esto creó las condiciones para que la acción de los sindicatos se diera en coordinación con grupos guerrilleros y siguieran sus orientaciones”. Los sindicalistas se levantaron ante esta situación, sin embargo, también fueron perseguidos y asesinados. Durante años seguía su lucha, acompañada de masacres a sus líderes y la presencia de grupos armados en el territorio bananero.

     

    Por su parte, el negocio del narcotráfico como es ahora, se considera la herencia del Cartel de Medellín y el Cartel de Cali, quienes tuvieron auge en los 90. En esta misma época la máxima expresión del paramilitarismo como se conoce hoy aparece con las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá al mando de Carlos Castaño, quienes tras años de violencia derrotaron a las FARC en Urabá, explica el CNMH. Luego, se agruparon como Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), seguían los mismos ideales pero también se sostenían por medio del narcotráfico. Como dice Natalia Chaparro en El Crimen en la globalización contemporánea: el caso del “Clan del Golfo” en Colombia, “este grupo financió su lucha armada contra las guerrillas y su ejercicio de poder, a través de la extorsión, del secuestro y principalmente del narcotráfico, consolidando rutas propias y un mercado estable a nivel transnacional.” Los enfrentamientos constantes, además del crecimiento del narcotráfico promovido también por los diferentes grupos paramilitares y guerrilleros, desembocaron en minería ilegal, extorsiones, secuestros, masacres y demás acciones que afectan a la población civil.

     

    Aunque los Carteles desaparecen, el narcotráfico toma cada vez más poder, pues se considera la fuente principal de ingresos en grupos insurgentes y contrainsurgentes quienes luchan por el dominio de los territorios como el Urabá y otros donde pueden asentarse, liderar el negocio y a su vez expandir sus ideologías.

     

    Dentro de las organizaciones paramilitares se generaron disputas especialmente entre el Bloque Metro, representado por Carlos Castaño y el Bloque Cacique Nutibara con nexos con la oficina de envigado, más cercano a Vicente Castaño. Se vivió un “conflicto entre un modelo clásico y político de paramilitarismo (presuntamente encarnado por el Bloque Metro) y un modelo corrompido por el narcotráfico (presuntamente encarnado por el Bloque Cacique Nutibara y otros)”, explica Juan Diego Restrepo en su libro Las vueltas de la Oficina de Envigado.

     

    Es decir, para Carlos Castaño era contradictorio trabajar en alianza con el narcotráfico que representaba lo que en principio se consideraba una de las problemáticas Nacionales con las que pretendían acabar. Estas disputas terminaron en el asesinato de Carlos el 16 de abril de 2004, según el portal Verdad Abierta, testimonios de exparamilitares como Elkin Casarrubia Posada, afirman que Vicente Castaño, su hermano, ordenó matarlo.

     

    Capturas e incautaciones en operativo contra el Clan del Golfo en Tarazá, Antioquia, en enero de 2021. Foto: Fuerza Aeroespacial Colombiana.

     

    Los orígenes del Clan

    Ahora bien, los inicios del Clan del Golfo, encabezado por Vicente Castaño, se remontan específicamente al año 2006 con la desmovilización de las AUC, sin embargo, desde una mirada más profunda es una consecuencia de la historia del narcotráfico y el paramilitarismo en Colombia. Lo que le ha permitido sobrevivir durante tantos años ha sido su capacidad de expansión, por medio de alianzas estratégicas con otros grupos delincuenciales, desde las bandas de los barrios hasta otros más organizados como la Oficina de Envigado.

     

    En su prólogo al libro Las vueltas de la Oficina de Envigado, la periodista MaríaTeresa Ronderos expone que: “Luego de los acuerdos de Santa Fe de Ralito entre el gobierno Uribe y las AUC, cuando Murillo Bejarano oficialmente desmontó sus bloques paramilitares, no se acabó la Oficina. Mientras entregaban armas en las pantallas de la televisión (…) la Oficina seguía tras bambalinas operando el crimen de la ciudad, entonces ya sin contrincantes.”

     

    La desmovilización de las AUC no dejó solo a una disidencia, sino que el poder del negocio y el dominio sobre los territorios en los que tenía presencia se disputaba entre Maximiliano Bonilla Orozco, alias “Valenciano”, y Ericson Vargas Cardona, alias “Sebastián”. Valenciano quedó a cargo de las rutas de narcotráfico en “ciudades clave para el tráfico de drogas como Montería, Cartagena, Barranquilla, Riohacha, Valledupar y San Andrés”; para tomar fuerza generó alianzas con Los Paisas y diferentes bandas armadas del sur del Valle de Aburrá. Por su parte, Sebastián, para competir contra Valenciano armó tropas con gran cantidad de desmovilizados de las AUC, bandas del norte del Valle de Aburrá y posteriormente se alió con Los Rastrojos. Al final, ambos se debilitaron y el poder quedó entre La Oficina y Los Urabeños, quienes en el 2013 intentaron llegar a un acuerdo para coexistir en los territorios, pero tan solo meses después, en el 2014, rompieron el pacto y volvieron a confrontarse con menos intensidad, así lo explica Restrepo, periodista e investigador.

     

    Luego de la muerte de Vicente Castaño en 2007, Daniel Rendón Herrera, alias “Don Mario”, empezó a liderar a los entonces llamados “urabeños”, quienes a mediados de los 2000 fueron considerados por las autoridades como un tipo de BACRIM (Bandas Criminales), dedicados principalmente al narcotráfico y a la minería ilegal. Víctor Barrera, investigador del CINEP, explica que esta denominación se da luego de los acuerdos de Ralito como una forma de aclarar que la desmovilización paramilitar había sido un éxito y los grupos que quedaban eran delincuencias comunes, pues a nivel judicial acaparar al Clan del Golfo en esta denominación le restaba estatus político y a su vez limitaba las respuestas defensivas del estado quienes solo podían accionar por medio de la policía. Según Aura Hernández, Alejandra Ripoll, y Juan C. García, investigadores de relaciones internacionales y estudios políticos, en su artículo “El Clan del golfo”: ¿el nuevo paramilitarismo o delincuencia organizada? publicado en 2018, este tipo de organizaciones surgieron por “la ausencia de un plan de contingencia estatal efectivo pos desmovilización de los grupos paramilitares”, específicamente de las AUC entre el 2003 y 2006.

     

    Posteriormente en el 2016 la organización, ahora llamada Clan del Golfo, es considerada por el Estado como un Grupo Armado Organizado (GAO), lo cual permite que las Fuerzas Armadas se encarguen de combatirlos. Barrera comenta que esta iniciativa empieza a discutirse en 2011 con el proyecto de ley presentado por el excongresista Juan Lozano, debido al impacto violento que estaban teniendo en los territorios y la poca eficiencia de las acciones defensivas de la Policía que no podían ser proporcionales a la amenaza según el estatus de la organización. En el artículo 2 de la Ley 1908 de 2018, definen a los Grupos Armados Organizados como “aquellos que bajo la dirección de un mando responsable, ejerzan sobre una parte del territorio un control tal que les permita realizar operaciones militares sostenidas y concertadas”, es decir, estas organizaciones se caracterizan por usar la violencia armada contra instituciones del Estado, civiles o contra grupos armados, generan más que disturbios y tensiones internas, y tienen un mando definido que dirija a sus miembros.

     

    Con la captura de Don Mario en el 2009, siguió al mando Dairo Antonio Úsuga, alias “Otoniel”. Este cabecilla se enfrentó al operativo Agamenón I y II considerado “el más grande en toda la historia en contra de una organización criminal y en articulación y con la unión de esfuerzos de diferentes actores del sistema nacional e internacional”, explica Jhonatan Salazar, magister en relaciones internacionales. En junio de 2017 inició la operación Agamenón II, para la cual según la Fundación Ideas para la Paz “se destinaron cerca de 250 soldados de la Séptima División del Ejército. Asimismo, se incrementó el pie de fuerza policial a 2.500 uniformados y se aumentó el radio de acción de la operación a los departamentos de Chocó, Córdoba, Cauca y Bolívar”. Esta estrategia tuvo fin luego de 6 años con la captura de alias Otoniel en 2021, ese mismo año “se capturaron 2.139 integrantes de esta organización. A esta cifra se le suman los logros reportados entre 2015 y 2020, donde se adelantaron 4.013 capturas y 146 neutralizaciones (bajas), entre las cuales se encuentran las de 33 cabecillas”, afirma INDEPAZ.

     

    Como una hidra

     

    Actualmente, el Clan del Golfo se encuentra al mando de Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias “Chiquito malo”, como explica Natalia Chaparro, profesional en relaciones internacionales y estudios políticos, en su tesis El Crimen en la globalización contemporánea: el caso del “Clan del Golfo” en Colombia, se denominan a sí mismos como “una organización Político Militar de resistencia civil en armas, de carácter social, transitoriamente en la ilegalidad, defensora de la población vulnerable víctima del conflicto social armado”, sin embargo, su ideología política no trasciende en la práctica más allá de las actividades violentas e ilegales que realizan con fines económicos.

     

    Los líderes que han pasado de generación en generación y de un grupo armado a otro, permiten que exista una continuidad del negocio. Los momentos en diversos territorios de Colombia en los que políticos y empresarios han acudido a la ilegalidad por medio de estas estructuras criminales, les da fuerza, contactos y alianzas. Víctor Barrera explica que el Clan del Golfo no incide profundamente en los procesos electorales a favor de un sector político determinado, sino que apoyan al candidato que lo solicite y pueda asegurarles que al ser elegido les permitirá seguir realizando sus acciones ilegales en los territorios. Además, realizan soborno con dinero a funcionarios públicos, miembros de la policía y ejército.

     

    Para INDEPAZ en el Informe sobre presencia de grupos armados en Colombia 2021-2022, el Clan del Golfo es considerado el grupo armado más grande del país, para el 2022 “se identificó actividad de este grupo en 326 municipios -incluyendo municipios advertidos por la Defensoría-, la más alta registrada durante los dieciséis años del seguimiento realizado por Indepaz” lo que hace casi impredecible su forma de operar. Investigaciones de USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) mencionan que lo hacen como grupos estructurados en red con determinados papeles internos, su fuerza radica en las alianzas estratégicas que le permiten tener control sobre diversos territorios.https://view.genial.ly/6467eb6d2007eb001844503d/interactive-content-estructura-del-clan-del-golfo

     

    Esta gráfica describe la forma organizativa que ha tomado el Clan del Golfo a la actualidad. Clic en la Imagen para navegar la infografía. Paulina Serna – María Paula Villa.

    Según esta estructura, cada uno de los cabecillas cuenta con una organización autónoma, con capacidad militar y conocimiento territorial excepcional que les ha permitido diversificar las actividades criminales, de las cuales provienen significativas utilidades para su mantenimiento. Como expone el Centro Nacional De Memoria Histórica, sus líderes y cabecillas no son indispensables para la supervivencia de la organización, haciendo difícil para el Estado establecer los nexos y conexiones que existen entre los diferentes tipos de organizaciones. “El Clan del Golfo es una organización sofisticada que tiene una estructura estable, un ancla en negocios legales como la ganadería y un portafolio amplio de actividades criminales que incluyen la extorsión o la venta de servicios de coerción”, dice Víctor Barrera, investigador del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), en Bogotá.

     

    Las Autodefensas Gaitanistas de Colombia operan por medio de una “tercerización criminal”, se contactan con grupos delincuenciales de diferentes barrios y comunas para formar alianzas que promueven el microtráfico, la extorsión y los homicidios. Según Chaparro, “la forma en que el Clan del Golfo recluta a estos grupos bien puede ser eliminando al jefe de la pandilla de su interés y enviando un mensaje a sus miembros para que se adhieran a su organización, o a través del reclutamiento de 3 o 4 personas con un pasado criminal para formar una nueva banda delincuencial, donde ofrecen de 1 a 2 millones por cada persona adicional que se integre al grupo en cuestión”. No tienen una ideología que cohesione a sus miembros, “la permanencia de sus integrantes obedece, más que todo, a una lógica económica, ya que integran esta agrupación a cambio de un sueldo”, dice la Fundación Ideas para la Paz.

    En el recuento realizado por INDEPAZ, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia se encuentran presentes tanto en los territorios selváticos como en zonas rurales y urbanas, teniendo su estructura de “mando y control” en el Urabá antioqueño, con operaciones que se extienden desde el Bajo Cauca antioqueño, el Valle de Aburrá, Chocó, Córdoba, Guaviare y Vichada, Norte de Santander, la Costa Caribe, Putumayo, Magdalena Medio, Buenaventura, hasta la frontera con Ecuador. Como explica Chaparro, la organización cuenta con dos tipos de componentes: el primero es el componente armado, compuesto por el Urabá antioqueño y chocoano, sur de Córdoba y zonas urbanas y semiurbanas del Bajo Cauca, y el segundo es el componente de subcontratación, que está distribuido en otras regiones del país.

    Presencia AGC en Colombia en 2022. Mapa: Indepaz.

     

    Es de resaltar el caso de Medellín, “donde han logrado pasar de alianzas con la Oficina y otros grupos, a tener presencia propia en varias comunas y a participar en la matriz cívico-militar que regula la violencia y el orden en la ciudad. Según datos de la Fiscalía y la Policía Nacional, para el 2017, el Clan del Golfo poseía el control del 30 % de las bandas que operan en Medellín y en el resto del Valle de Aburrá, y controlaban con sus bandas a La Estrella, Caldas, el barrio La Sierra (de Medellín) y Barbosa”, explica INDEPAZ.

     

    Según el informe Desafío a la Paz Total, su estrategia es ubicar su gestión y producción en zonas de bajo riesgo, donde poseen un control relativo del entorno institucional, mientras buscan unos mercados preferentes en zonas de demanda más rica, a fin de cobrar precios más altos. Por su parte, su estructura base se encuentra en Urabá. Sin embargo, en muchas regiones la banda opera con estructuras descentralizadas que están armadas y que no necesariamente siguen las directrices de alias “Chiquito malo”. .

     

    En Medellín, por ejemplo, contrataron pandillas locales para enfrentarse y ganar territorio de la debilitada “Oficina de Envigado”. Así mismo, reclutan a colaboradores para que informen sobre los movimientos de las fuerzas de seguridad en zonas claves como puertos marítimos en la Costa Caribe y lugares donde se compra la base de coca como Tarazá y Caucasia, en Antioquia. Barrera explica que las AGC usan un modelo de subcontratación que no es ocasional sino que es un intercambio donde se distribuyen responsabilidades entre las dos agrupaciones porque resulta más eficiente para ambas partes, no pierden su individualidad y buscan lugares donde existan intereses estratégicos. Menciona el ejemplo de Nariño con alias Matamba quien “trabajaba para el Clan del Golfo, pero no era el Clan del Golfo, tenía una estructura mutada de redes de corrupción, de redes logísticas de transporte y de mercancías que ponía al servicio del Clan del Golfo a cambio de mayor capacidad militar en el territorio y los apoyos que requería ocasionalmente”.

     

    Olmer Muñoz, experto en seguridad, defensa nacional y seguridad urbana, habla sobre la criminalidad en Medellín con relación al Clan del Golfo, la subcontratación y las situaciones sociales que inciden en esta problemática:

     

    La presencia del Clan del Golfo en Colombia ha resultado en un aumento de violencia en las áreas donde opera la organización. Por ejemplo, en el paro armado realizado por esta organización durante 6 días consecutivos en mayo de 2022, según la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), en el informe Desafíos a las Garantías de no repetición. Un balance general de las acciones violentas cometidas por el clan del golfo durante seis días de paro armado, mayo de 2022, se registraron por lo menos “398 hechos de violencia que sucedieron en 194 municipios de 13 departamentos”, que hacen alusión a homicidios, secuestros y extorsiones. Ejecutaron 26 homicidios a líderes sociales, políticos y demás personas de las regiones en municipios de Antioquia, Bolívar, Cesar, Chocó, Córdoba, Magdalena, Santander, Sucre, La guajira; y 165 acciones en contra del libre tránsito y expresión en 139 municipios de Antioquia, Córdoba, Atlántico, Bolívar, Cesar, Chocó, Magdalena, Santander, Sucre, Valle del Cauca, Norte de Santander y La Guajira, lo cual afectó la economía en los territorios y la movilidad de ciudadanos incluso para ir a trabajar o estudiar. El siguiente mapa da cuenta de las acciones criminales vividas en cada departamento:

     

    Clic en la imagen para navegar la infografía. Elaboración: Paulina Serna – María Paula Villa.

    El Clan del Golfo afecta negativamente el desarrollo económico y social del país. Una de las razones es que se ha infiltrado en instituciones gubernamentales y empresas privadas en Colombia, lo que ha llevado a un aumento de la corrupción y la impunidad. Además, llegan a distintos lugares donde existen oportunidades estratégicas para asuntos logísticos, un punto en común es que son territorios periféricos en los que logran tener mayor control. Víctor Barrera habla de una problemática que se da en estos sectores, pues la droga que no sale del país se mueve internamente a través del microtráfico, un negocio rentable para las AGC pero que tiene consecuencias sociales negativas como el aumento en niveles de drogadicción y plazas de droga en el sector. Explica que, con el tiempo, el consumidor se vuelve alguien peligroso para la comunidad y para el mismo Clan del Golfo, quienes terminan castigando a los jóvenes asociados a la problemática.

     

    El actual gobierno sancionó la modificación y prórroga de la Ley 418 de 1997, con el enfoque de Paz Total. En ella se define “la política de paz como una política de Estado. Será prioritaria y transversal en los asuntos de Estado, participativa, amplia, incluyente e integral, tanto en lo referente a la implementación de acuerdos, como con relación a procesos de negociación, diálogo y sometimiento a la justicia. Los instrumentos de la paz total tendrán como finalidad prevalente el logro de la paz estable y duradera, con garantías de no repetición y de seguridad para todos los colombianos”. Esta ley se encarga entonces de brindar las normas bajo las cuales se llevan a cabo los procesos de búsqueda de convivencia y justicia en el país.

     

    Este discurso ha estado presente desde su campaña en el gobierno Petro, y ahora por medio de la JEP y demás entidades encargadas, trabajan para establecer diálogos y acuerdos con los diferentes grupos armados. En el caso del Clan del Golfo, se habla de “firmar términos de sometimiento a la justicia”, debido a sus características como organización criminal. Esto implica unas garantías y deberes específicos, pues, a diferencia de otras organizaciones que hacen parte del proceso de paz y realizan negociaciones, ellos deberán “entregarse y aceptar su responsabilidad penal por todos los delitos que hayan cometido”, además serán procesados igual que otros grupos delincuenciales y deberán procurar ser desmantelados. El problema surge en la disposición de las AGC para aceptar estos términos pues, como otros actores del conflicto armado, para ellos es más factible hacer parte de las negociaciones de paz.

     

    Además, Barrera comenta algunos retos para la Paz total: el primero es que “estas AGC no tienen la misma cohesión de antes”, es decir, comprometerse a algún acuerdo sería más difícil de garantizar pues ahora están repartidos en diferentes subgrupos de narcotráfico que no necesariamente siguen las órdenes del actual cabecilla. En segundo lugar “es un reto político que trae costos muy altos” y el tercer reto es que “no hay una ley de sometimiento que se haya aprobado en el Congreso; va a ser muy difícil que salga una ley de sometimiento atractiva para ellos, y que además no depende del Gobierno sino de la Fiscalía y el Congreso”. También es un grupo que necesita un manejo especial y riguroso. Sin embargo, “una ley de sometimiento no puede presentarte para un grupo específicamente” sino que debe seguir funcionando en el tiempo para otros actores del conflicto armado.

     

    En el siguiente podcast, el investigador Luis Fernando Trejos habla sobre el Clan del Golfo, el proceso de paz y explica elementos claves de actualidad sobre esta organización criminal:

     

     

    La multiplicidad de frentes en los que este grupo infiltra su accionar e impone dinámicas criminales. aumenta la posibilidad de violaciones a los derechos humanos de los civiles, lo que debilita la capacidad del Estado para proporcionar garantías básicas a los ciudadanos, lo que deteriora las relaciones de confianza de la población en las instituciones gubernamentales y amenaza la estabilidad del país. El gran reto del Gobierno es garantizar que, por medio de unas estrategias efectivas para la Paz total, se lleve un seguimiento y se lleguen a acuerdos claros con esta organización, para darle fin a la guerra que por años se ha prolongado en Colombia y que continúa multiplicándose.

     

     

  • Gentrificación: ¿tan grave como creemos?

     

     

    La gentrificación ha cobrado relevancia en los últimos meses en Medellín y muchos apuntan a ella como una explicación del aumento en el costo de vida. Estas y otras discusiones en torno a los cambios que ocurren en muchos sectores de Medellín muestran todo lo que falta por entender de este fenómeno, relativamente nuevo en la agenda pública de la ciudad.

     

    Por Camilo Pérez Montoya / camilo.perezm@upb.edu.co

     

     

    Como un monstruo que se dibuja impreciso sobre la sombra, la gentrificación apareció en la conversación pública de Medellín recientemente. De repente, un término antes poco conocido parecía ser el ideal para nombrar el imprevisto aumento en el costo de la vivienda y de la vida en general. Más aún, los índices del debate en redes apuntaban a nuevos actores en la ecuación: los migrantes.

     

    Así, en los humos de un acalorado debate, el concepto apareció una y otra vez y del mismo modo parece diluirse en la conversación cotidiana, sin saber muy bien a qué se refiere. Porque, a todas estas, ¿Qué es eso de la gentrificación? Escuche algunas respuestas en el siguiente podcast:

     

    Un concepto, cuando menos, complejo

    El término viene del inglés. El vocablo gentry, que se empieza a usar en el mundo anglosajón desde el siglo 14, se retoma del francés para referirse a la nobleza, a los de buena familia, los de la alta cuna. Desde la década de 1960, la sociología empieza a hablar del concepto de gentrificación para referirse a los procesos de transformación y renovación en los barrios londinenses que traían consigo el desplazamiento de las clases obreras.

     

    Clemencia Escallón, arquitecta de la Universidad de los Andes y miembro del Observatorio de Vivienda de la misma universidad, asegura que la discusión alrededor de la gentrificación es una cuestión de derechos, el derecho de los habitantes de determinado sector “a una buena localización, derecho a tener acceso a servicios y facilidades urbanas, derecho a estar en un lugar que han construido y en el que tienen un entorno de confianza y de soporte”, precisa Escallón.

     

    El fenómeno del que se habla en Medellín, sin embargo, ha tomado una cara distinta a las acepciones más tradicionales de gentrificación, puesto que la raíz del problema en la ciudad no radica en las renovaciones urbanas que desplazan a los habitantes del sector, sino en un cambio en el uso del suelo o, en palabras más concretas, el aumento del uso de la vivienda turística, fenómeno para el que muchos otros usan el término “turistificación”.

     

    Escallón señala que en el escenario global existen casos parecidos al que, como se alega, se presenta en Medellín. Ciudades como Ámsterdam, Barcelona o París han atravesado procesos similares. En Porto, por ejemplo, “el turismo es violento y estaba pasando que en sectores urbanos en el borde del centro histórico estaban teniendo unas dinámicas terribles. Las personas que estaban en alquiler durante toda su vida en zonas centrales que eran cómodas para el empleo, la movilidad y la empleabilidad se empezaron a ver empujadas y no sabían para dónde irse”, cuenta Escallón y termina señalando que, en casos como este, es la ciudad y la institucionalidad la que debe tomar cartas en el asunto. ¿En qué van los debates sobre vivienda turística y gentrificación en la legislación colombiana?

     

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    La gentrificación no existe como concepto jurídico en Colombia. Sin embargo, para los fenómenos sociales en los que se refleja la gentrificación sí existen leyes que le apuntan a la regulación. Por ejemplo, Maria Alejandra Pérez, abogada de la Universidad de Antioquia con diplomado en Derecho Inmobiliario y Urbanístico, afirma que “hay diferentes situaciones que han llevado a lo que hoy estamos presentando como la disminución de la oferta del mercado de inmuebles para el mercado de arrendamientos”, entre ellas, el uso de la vivienda turística. “No es porque todos los inmuebles ya estén en Airbnb, pero ese sí es parte de si es uno de los factores”, precisa la abogada.

     

    La vivienda urbana en Colombia está regulada por la Ley 820 de 2003, la cual solo rige para arrendamientos mayores a 30 días. Un arrendamiento menor a este tiempo empieza a considerarse como vivienda turística, cuya regulación está estipulada en el Decreto Único Reglamentario del Sector Comercio, Industria y Turismo. La legislación de vivienda turística exige que el arrendatario tenga un registro como operador de turismo expedido por la Cámara de Comercio. Además, si el inmueble es propiedad horizontal, el reglamento de dicha propiedad debe permitir expresamente el arriendo para renta corta.

     

    Respecto a este último requisito, Pérez explica que “hoy en día esa es la parte que difícilmente se cumple ya que es raro que la vivienda turística esté permitida en la propiedad horizontal. Entonces los propietarios lo hacen por debajo y le dicen al administrador que son arriendos de meses, cuando en realidad son de días, y esa es la manera en que se empiezan a saltar la ley”.

     

    El precio de la vivienda urbana, a diferencia del de la turística, solo puede tener un incremento máximo correspondiente al IPC. La vivienda turística, al no tener este tipo de topes, resulta mucho más rentable para los arrendatarios. Incluso, las rentas permanentes se empiezan a ver influenciadas por estas dinámicas del mercado y presentan incrementos por encima de lo permitido. “No creo que estemos ante un fenómeno de gentrificación ya, pero si estamos empezando a ver dinámicas como esta que, de no controlarse, van a llegar a allá”, anota Pérez.

     

    Así, la complejidad legal de la gentrificación radica en que no surge de comportamientos ilegales sino de una tergiversación y aprovechamiento de los vacíos normativos respecto al uso de la vivienda urbana. En busca de evitar dichos comportamientos, el Decreto 1836 de 2021 les exige a los operadores de plataformas electrónicas de servicios turísticos que deberán solicitar a los prestadores, como mínimo, varios datos sobre su actividad económica y entre ellos el número del Registro Nacional de Turismo y, de no tenerlo, los operadores deberán negar o retirar los anuncios de los prestadores.

     

    En sitios como la Comuna 13 se habla de gentrificación. Las famosas escaleras eléctricas son un ejemplo de otro matiz: el de la turistificación, el cambio de las dinámicas territoriales e infraestructuras de uso público hacia usos más orientados al turismo. Foto: Juan José Rios.

     

    Entre el anticolonialismo y la xenofobia

    A finales del mes de abril, en redes sociales se popularizó una campaña en contra de la gentrificación. Con carteles pegados en distintos puntos de la ciudad que rezaban “gentrifyer, go home” (vete a casa, gentrificador) o “gentrificación es el nuevo colonialismo”, el video original de la campaña alcanzó las 18 mil reacciones en TikTok y canalizó el sentir que desde semanas anteriores se identificaba en redes sociales. El pico de búsquedas del término gentrificación en Google en Colombia coincide con los días de auge de la campaña.

     

    Detrás de esta manifestación, estuvo Ana María Valle y su equipo. Valle es politóloga de la Universidad Nacional de Colombia y fue secretaria de las Mujeres de la administración de Daniel Quintero. Desde el primer momento, el gesto de Valle y su equipo generó debates en torno a sus verdaderos objetivos en un ambiente preelectoral. Ella sostuvo que la intención era “aprovechar los discursos que se están en redes sociales para crear una conversación alrededor del turismo y las consecuencias de la llegada de nómadas digitales a la ciudad”. El representante a la Cámara por Antioquia Daniel Carvalho, replicó que los discursos políticos que culpaban a los extranjeros de todos los males impiden la proposición de soluciones integrales.

     

    Meses después, los hechos muestran que Valle terminó aspirando al Concejo de Medellín y que la gentrificación y sus signos evidentes son asunto de casi todos los debates y diálogos protagonizados por los candidatos a la Alcaldía de Medellín. Más allá de las agendas electorales, el tema está en discusión.

     

    ¿Hay o no hay gentrificación?

    La Lonja, gremio del sector inmobiliario en Medellín, asegura que el aumento de los precios de la vivienda en la ciudad responde únicamente a fenómenos de oferta y demanda. “En general, no hemos encontrado crecimientos importantes en la demanda efectiva de vivienda en Medellín o el Valle de Aburrá, por parte de ciudadanos colombianos o extranjeros que impulse los precios de los inmuebles”, respondió el gremio. Por el contrario, señalan que el incremento de los precios está más relacionado con fenómenos como el aumento de la población en la ciudad y la demanda que esto genera.

     

    Por su parte, la Universidad Eafit publicó un análisis académico donde se precisa que la gentrificación ya representa un obstáculo para el acceso a vivienda en el Valle de Aburrá. Para enfrentarlo, se propone que el primer paso para contrarrestar las consecuencias de este proceso es “la creación de un observatorio y [la recolección de] datos rigurosos” que permitan un entendimiento más integral de la problemática y permita tomar acciones sobre ello.

     

    Al respecto, en un debate que tomó lugar en el Concejo de Medellín en el mes de abril, la directora de Planeación Distrital, Jasblleidy Pirazán, aceptó que la falta de acciones por parte de la administración distrital para enfrentar la gentrificación se debe a la falta de datos actualizados que permitan comprender su dimensión. En el mismo debate, los citantes Jaime Cuartas y Aura Arcila reconocieron los beneficios del auge turístico en la ciudad al mismo tiempo que relacionaron el mismo con la turistificación y el desplazamiento de los habitantes locales que esta conlleva.

     

    Aun así, en los anteriores puntos de vista parece haber un lugar común: la gentrificación es una situación de vieja data y hace parte de las dinámicas naturales de cualquier ciudad. Clemencia Escallón aconseja que “la ciudad hay que mirarla con mucho cuidado. No hay que no hay que estigmatizar ningún proceso sino reconocerlo y, en la medida de lo posible, entenderlo para ver qué es lo que hay que hacer”.

     

    El debate alrededor de este fenómeno, entonces, parece indicar que está alejado de los extremos. Según los expertos, comprender la gentrificación es el primer paso para afrontarla y evitar posibles consecuencias mayores como el desplazamiento masivo de habitantes de determinado sector o una crisis en la oferta de vivienda en la ciudad.

     

  • La privación de la libertad: una decisión humana que no da frutos en Colombia​​

    Matías Orduz Machado / matias.orduz@upb.edu.co

    El sistema penitenciario y carcelario en Colombia ha estado en crisis desde su creación. Los problemas de orden, administración y fondos parecen parte de su naturaleza y han hecho que la justicia pierda credibilidad. En febrero de 2023, el Ministerio de Justicia y el Ministerio de Interior presentaron al Congreso de la República la reforma del sistema penitenciario, con la cual buscan fortalecer la justicia restaurativa, agilizar la concesión de beneficios judiciales y reacomodar las penas máximas y sus objetivos.

     

    ¿Qué recorrido ha atravesado el país en temas carcelarios para llegar hasta este punto? ¿Cuáles son los problemas que tiene la privación de la libertad desde su raíz?

     

    En este reportaje multimedia realizado para el curso de Laboratorio de producción periodística y publicado en el sitio personal del autor, conozca los antecedentes históricos, los datos clave y las explicaciones de los expertos sobre los problemas a los que parece condenado el sistema carcelario colombiano.

     

     

  • Reír para pensar: un recorrido a las distintas posturas del humor

     

    Actualmente, al humor se le han exigido unas transformaciones debido a las dinámicas actuales de consumo de información. Una comedia ahora se personifica en el artista, su público y un contexto social que mide el sentido de la risa.

     

    Por: Karen Vanesa Bueno Estrada – Susana Katich Restrepo / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Definir el humor es un trabajo casi limitante. No se puede precisar porque no es solo una cosa y hay casi una infinidad de relatos diversos y complejos dentro de esta palabra. Es algo que no tiene forma y, aunque tenga sus bases, se ha transformado con el tiempo y espacio. No obstante, sí hay una característica que ha perdurado en todos los formatos, relatos y formas de hacer humor: el objetivo de alivianar la cotidianidad.

     

    A pesar de mencionar que el humor es abstracto, incompleto y somero, muchos autores se han dado a la tarea de definirlo en algún punto. Rúben Dario Ruiz Vega, menciona en su ensayo Los límites del humor…¿Existen?, que el humor es “la capacidad para percibir algo como gracioso, lo cual activa la emoción de la hilaridad que se expresa a través de la sonrisa o risa”.

     

    Es un ritual que comienza a través de una emoción placentera que da como finalidad una expresión de sonrisa y una carcajada intensificada que, hasta en los momentos más arriesgados para el humano, es una necesidad irremplazable. Como lo menciona Freud en su libro El chiste y su relación con lo inconsciente (1905), el humor es “la más elevada operación defensiva frente a la posibilidad de sufrimiento. Se caracteriza por ser liberador, grandioso y patético”.

     

    En sus diferentes tratados, el filósofo Henri Bergson, relata que la risa es una reacción intrascendente, tan humana que no puede hacerse con base en juicios morales, es decir, una palabra que no transita entre el bien y el mal. Por otro lado, Andreu Buenafuente, uno de los referentes de humor español, expresó en una entrevista para el proyecto Mejor conectados de Movistar, que “la comedia es una forma de contar la vida sin tanta impostura, adquiriendo una capacidad de sacar de túneles, pozos o cuevas a las personas a través de una risa”.

     

    Por tanto, el humor es un eje liberador para el hombre desde la cotidianidad hacia los diferentes contextos sociales y culturales en que nos desenvolvemos. Sin embargo, ¿hasta qué punto se debe llegar para hacer reír a alguien?, ¿el humor es controlable? o, por el contrario, ¿no se debe limitar?

     

     

    Humor en el ámbito digital y las redes sociales

     

    Actualmente el humor digital se ha convertido en la principal herramienta de comunicación. Los diferentes universos en las redes sociales han permeado el humor como un arma poderosa en los relatos que hoy conceden a la tecnología y que van más allá del mero entretenimiento. Temas controversiales como la política, la religión, la sexualidad, entre otras más, han sido acogidas en sus líneas y tipos de producciones que otorgan, generando no solo un impacto en la sociedad, sino también una conexión y fidelización con los públicos.

     

    A través de él, hemos transformado nuestras visiones y narrativas del mundo en toda la saturación de memes, sátiras, parodias y personajes que hacen de su arte un símbolo de expresión fresca y genuina en los ámbitos socioculturales. Pese a ello, romper el hielo, aliviar el estrés y compartir experiencias, se ha vuelto una odisea completa en una cultura del internet que hoy por hoy invita a reírse de manera informada y respetuosa en dichas plataformas, donde la libertad de expresión no parece tener límites.

     

    Por eso, ahora la sociedad le pide a los ‘influencers’ contenidos de valor basado en conocimiento, que por el contrario muchas veces lo light o lo efímero sobresale por encima de la realidad y lo divertido por medio de las plataformas. En este caso, muchas de estas personas salen a decir cualquier cosa, sin conectar con el público y generando choques.

     

    El humor en las redes sociales ha apostado por compartir con sinceridad y honestidad la figura de diversas personas que se dedican a esto, directamente mostrándose como ejemplo de lo que ellos quieren sentir y disfrutar. Hay muchas formas de hacer reír por medio de diferentes productos y canales, como los videos y las fotografías, los podcast o las canciones, los memes y las caricaturas, hasta los shows en vivo y el stand up comedy, que al fin de cuentas, se han trasladado todos al entorno digital.

     

    James Alzate, trovador ,y Juandy, creadora de contenido digital, comparten sus ideas y experiencias sobre lo que es el humor.

     

     

     

    El humor se ha transformado desde diferentes perspectivas en un producto expresado con unas características particulares. Actualmente, uno de los más grandes cambios en el humor es lo digital y cómo el público lo está consumiendo a través de las redes sociales. En general existen muchos tipos de humor, que en definitiva se identifican y se diferencian por medio del canal qué se quiere transmitir la información.

     

    La censura en la era digital del humor

     

    “El mejor termómetro para una sociedad es el sentido del humor”, expresa James Alzate, Rey nacional la trova de la Feria de Manizales 2023, mientras reflexiona acerca del poder en el humor y sus limitantes en la sociedad.

     

    Desde pequeño se interesó por el arte y la cultura, empezando por el teatro hasta llegar a la trova gracias a Germán Carvajal, quien era su profesor. Durante 2005 y 2006 participó del proyecto “La familia Flores”, una iniciativa para promocionar la feria, que terminó en más de una década representando al personaje Cartucho. Desde ese momento, James comenzó a trovar y nunca se alejó de esta composición.

     

    Composición: Karen Bueno – Susana Katich

     

    Para James, lo digital en el humor es un simple apellido que acompaña algo que ya existía, un humor que ha evolucionado en la masificación de las redes y sus particularidades. Sin embargo, el trovador destaca el lado riesgoso de este panorama: “Cuando hay tantos espacios y canales de comunicación cualquier persona sale y dice cualquier cosa”. Es decir que, los humoristas tienen una responsabilidad ante sus comentarios por estos medios, “es más un llamado a la ética de lo que hacen y cómo lo hacen”, expresa Alzate.

     

    Un acto humorístico fácilmente llega a lo digital desde el mismo instante en que que se graba cualquier evento de comedia dentro de un bar, teatro, café, entre otros espacios que sin estas herramientas no tendrían la misma proyección. Ejemplos de ellos son espectáculos como Perros criollos o Del Humor y Otros Demonios, el contraste es que hay un público que paga por una boleta, firmando un tipo de contrato, como lo explica James, quién destaca que al comprar esa entrada, las personas están pagando por algo que ya deben saber a lo que van. Por su parte, en las redes sociales el panorama está abierto a cualquier interpretación sin ese preámbulo.

     

    Estos rasgos describen los riesgos del entorno digital, tanto para el humorista como para la sociedad. Dentro de una puesta en escena, el humorista y el público hacen un pacto de complicidad humorista positiva, en cambio dentro de las redes existe el riesgo de “la vulneración de unos derechos sobre una población que tiene unas luchas reivindicativas”, menciona James.

     

    Desde su perspectiva como creador humorista, Alzate sostiene que no solo existe ese riesgo de la diversificación del humor a lo digital, también entra en discusión lo peligrosas que pueden llegar a ser la censura y la cancelación. Recientemente, este concepto ha tomado protagonismo en lo digital por el efecto que puede llegar a producir la audiencia al consumir cualquier tipo de contenido. En consecuencia, la amenaza está realmente en la segmentación de los públicos, quiénes al exigir lo contrario a la reflexión, le dan paso al humorista para que radicalice más su discurso.

     

    Por eso, James Alzate insiste en que “hay que exigirle a los humoristas una mayor ética y no viceversa, no socialmente censurar a los humoristas o sea que cada uno sea dueño de sus límites y reconozca hasta dónde puede llegar”. En efecto, cada quién acomoda su narrativa según lo que le conviene, pero finalmente, en vez de generar una unión en la conversación, el público se pone en la posición de oprimir y quitar la libertad de expresión del otro. El joven rey de la trova cita como ejemplo el portal Actualidad Panamericana, quienes han llegado a “un humor mucho más consensuado” por la cancelación que han tenido en las redes sociales, concluye Alzate, e interpreta como desalentadores los cambios que le han restado un poco el chiste en este tipo de humor.

     

    Una revolución a través de los trazos

     

    Malbuena desde pequeño siempre se ha interesado por el arte. Su lugar preferido en el descanso siempre fue el salón, un espacio solo para él y sus garabatos. Actualmente, a sus 26 años, se encuentra estudiando Diseño Gráfico, sin dejar de largo su trayectoria como un joven revolucionario e interesado en las dinámicas políticas y sociales.

     

    Composición: Susana Katich – Karen Bueno.

     

    Desde 2015 comenzó en el mundo del activismo político, pero no de la manera convencional, sino a través de la caricatura, un formato donde la sátira y crítica se expresan sin miedo a nada. Fue así como en el Paro Nacional de 2021, Valbuena tomó fuerza entre aquellas voces que no desean ser silenciadas. Por medio de sus redes pudo desarrollar con fuerza los reclamos de todo un pueblo colombiano que estaba siendo censurado.

     

    Es un propósito que hoy en día mantiene en un vínculo amoroso por sus creaciones que brindan de una manera más digerible el contexto violento e injusto del país. “Siempre he pensado que este tipo de trabajos de humor gráfico no van a tener gran relevancia para hacer una revolución o transformar la conciencia colectiva de todo un país, pero sirven para un modo de reflexión, es un escape triste de la realidad que uno vive. Creo que te permite dar un respiro de todo lo agobiante que vives de distintas maneras”, menciona.

     

    Sin embargo, no todo ha sido color de rosa, porque a pesar de hacerse popular por la dura crítica hacia el Gobierno de Iván Duque, los comentarios de odio en las redes sobresalieron al manifestar desacuerdos con el Gobierno actual de Gustavo Petro. Fue un golpe que lo afectó pero que, pese a todo, le permitió dar un nuevo inicio a lo que hoy se ha convertido en su público: un espacio para confrontar y dialogar de temáticas incómodas.

     

     

    Los esfuerzos de Malbuena apuntan a un humor cero facilista y que va mucho más allá de ofender con estereotipos o problemas personales que solo nacen de la vulnerabilidad, como él lo menciona: “Hay humor para todo…Por ejemplo a mí me gusta el humor negro, es un tipo de humor que consumo por mi cuenta y nunca lo hago público pero lo disfruto. El humor no debe tener ningún limitante pero en mi caso siempre hay líneas rojas”.

     

    Por ello, manifiesta la importancia de abrir espacios en las dinámicas que envuelve el humor, en una actualidad que vive y se comunica a través de él de distintas maneras. “Cuando se toman posiciones muy radicales o extremas, se debe ir al debate, porque son temas que se deben hablar y cuestionar. Yo creo que no se debe cancelar a nadie por su opinión porque estamos en una democracia”, expresa el bogotano, con un timbre de voz elocuente y tranquilo.

     

    Tragedia, realidad y dolor: la esencia del stand up comedy

     

    Le apasiona la radio, la comedia, el cine y el teatro. Ella es Estefanía Useche, una comediante que actualmente se dedica al stand up comedy desde su cotidianidad en Medellín. “Está la forma en la que desde tu tragedia puedes aterrizar la información a la gente y cómo logras contarla”, explica la habitante de Bello, quien desde su humor sutil y picante se pone de ejemplo ante diferentes asuntos que la rodean en su día a día.

     

    Ser de Bello, haber tenido un Twingo, montar en taxi y pertenecer a la comunidad LGTBIQ+, son algunas de las temáticas que utiliza Estefanía como decisión personal, basado en lo que ella quiere sentir y finalmente disfrutar. El humor se ha transformado en un instrumento para llevar la información desde una crítica social acompañada de una postura individual. Esta fue la forma de empezar a contar las historias de una manera más entretenida y estructurada, dando origen a la creación de los monólogos humorísticos.

     

    Composición: Karen Bueno – Susana Katich

     

    “A mí no me gusta hacer comedia a costillas del dolor del otro”, menciona la comediante mientras enfatiza cómo la postura de ella, al igual que la de todos los comediantes, se puede convertir en un instrumento de información con la posibilidad y el permiso de ponerse como ejemplo ante muchos temas difíciles desde sus propias vidas y tragedias. La esencia del stand up comedy, al igual que la de cualquier persona, se resume en la realidad y el dolor.

     

    Además de la comedia, Estefanía es comunicadora social y periodista de Uniminuto, premiada como la mejor egresada de su facultad. Desde su profesión, sin limitar las cinco principales formas de ejercer la carrera, ella también desempeña la tarea de observar. Desde un parque o cualquier otro lugar o situación, esto se convierte en fuente de información al ver qué pasa en frente de sus ojos para transformarlo en material de comedia.

     

    Sin embargo, entre más íntimo se haga el humor, más funciona para el público que también vive cualquier situación similar. Ser de Bello se convirtió en un puente para “matar esos prejuicios”, aunque en un comienzo la gente se ofendió pero terminó siendo un forma de comparación donde las personas se divertían, expresa ella. Incluso, el humor es la posibildad de ser sinceros y honestos, sin caer en un bucle o burbuja de esconderse detrás del papel del comediante.

     

    A fin de cuentas, para Estefanía es innecesario entrar en la discusión de explicar su comedia ante quienes no entienden el humor y suelen ofenderse. Esto se reduce a sacar la realidad a un contexto divertido, algo que la inteligencia artificial todavía no podría reemplazar por la cuota de humanidad que utiliza el humor, la esencia del stand up comedy.

     

    Finalmente, ponerse como ejemplo logra empatizar con el público, quien se puede sentir identificado. La comedia es la forma de hacer reflexión y voltear el panorama ante esas situaciones de la cotidianidad. Useche afirma que la dificultad más grande es que “no nos enseñaron a reír de lo cotidiano, constantemente había una castración ante la comedia”, concluye, con la idea de que cada día se aprende a desbloquear nuevas formas de hacer reír desde la tragedia o lo inesperado.

     

    Una muestra genuina de los 2000

     

    No hay día en que Juandy no se muestre como ella es. A través de sus relatos de desamor, su vida con el centro de Medellín, sus reinados de moda y su encanto por las telenovelas viejas la han posicionado como una digna tía que hoy en día reina en las redes sociales, como una mujer auténtica que da inspiración a su comunidad de cibernautas.

     

    Composición: Susana Katich – Karen Bueno

     

    Juandy comunica por medio de sus contenidos un humor negro, pero más encaminado a mostrar lo gracioso y lo honesto de su propia tragedia, que termina siendo una conexión transparente y liviana con un público que se siente identificado y cercano con lo que comparte en su día a día.

     

    Su humor sarcástico ha logrado conectar con una audiencia que justamente se siente representada en esa imagen que muestra. Desde la personificación y lo divertido de su humor, Juandy ha identificado situaciones donde “la gente no encuentra la manera de unir las palabras o exponer algo”, menciona con un sentimiento de orgullo ante lo que ha logrado sus contenidos. De hecho, para ese tipo de público que no sabe cómo expresar lo que siente, la risa se convierte en un medio para alcanzar esa representación de sí mismo, siendo “la sátira un buena herramienta comunicativa en el humor para lograr llegar un poco más a la gente”, agrega.

     

    Reírse de la complejidad siempre ha sido algo característico en los años que lleva compartiendo sus narrativas de vida. Desde los once se ha construido a través de los recuerdos de infancia de muchos de nosotros. Artistas, series, accesorios y ropa se visten en aquella personalidad espontánea que ríe en la trágica ciudad de las montañas, sin necesidad de atacar y sacar de los dolores ajenos unas risas pasajeras. “Yo creo que hay que saber cuándo sí y cuándo no. Antes de dar una información hay que corroborar, porque uno no opina de lo que no sabe”, expresa con un tono paciente.

     

    Para Juandy la moda y sus referentes han sido un acercamiento a crear esa identidad que le apasiona y la representa. “Siempre he sido muy fiel a mí misma, siempre he sido muy yo”, enfatiza al conversar sobre su autenticidad y originalidad dentro de una red saturada de personajes y contenidos. Para ella, la moda y las tendencias “dosmileras” fueron una canal para crear, tomar y hacer de esos gustos, una persona auténtica que disfruta cuando le llega a otras personas que se inspiran de ella. Esto la hace entender que su audiencia está disfrutando y le está gustando lo que les llega finalmente.

     

    Referentes como Britney Spears, Paris Hilton, Anahí y Mia Colucci, han sido el camino que Juandy ha tomado para mostrarse como realmente se siente y disfruta, pero Britney Spears será un referente que siempre estará en el primer lugar como su favorita. Con estas referencias, ella consigue retratar el humor desde un ámbito íntimo, dinámico y cercano que inspira a los demás a alzar su voz de una manera auténtica, como siempre lo han querido.

     

    Los retos del humor en las plataformas digitales

     

    La comedia y el mercadeo se han convertido actualmente en una compañía de negocios para muchas empresas que quieren prosperar. Es un eje central que genera emoción, recuerdo y ayuda a la estrategia de muchas marcas, las cuales han buscado un campo de éxito a través de la temática humorística.

     

    Paola Hincapié, docente de la Universidad Pontificia Bolivariana y directora de contenidos de El Grifo, se ha interesado en investigar las comunicaciones a través de la tecnología y sus tendencias; las cuales permean constantemente nuestras relaciones no solo como audiencias sino también como personas de la cotidianidad.

     

    Composición: Susana Katich – Karen Bueno.

     

    Las herramientas que las marcas pueden utilizar no son las más efectivas en algunas ocasiones en las que no hay conexión con el tipo de público en las redes. Hincapié señala que: “El humor puede hacer parte de la estrategia pero a veces, teniendo en cuenta la coherencia de la marca, no puede estar en gran porcentaje”.

     

    Un ejemplo claro es Billie, una cuenta dedicada a la promoción de rasuradoras, que, con base en las contratendencias, convierte la experiencia del vello como un espacio para reír a través del empoderamiento y el feminismo. Es una forma diferente de expresar la belleza, a través de un trato divertido pero respetuoso que incluye a todas las usuarias en temáticas que a veces son incómodas y caóticas. “Me encanta poner de ejemplo esta marca porque es coherente con los tiempos de hoy y comprende las tendencias que hay. No señala a la nena que no se quiere motilar sino que la reconoce; generan conversación y un juego lindo y divertido”, resalta Paola.

     

    A partir de este ejemplo, Paola menciona la importancia de entender el humor y su complejidad como una perspectiva que no se puede tomar a la ligera. “El humor termina siendo una herramienta que ayuda a la conexión de las audiencias pero el humor no es fácil, digamos que hacer una conexión en ese sentido implica un talento y una habilidad, que se empieza a perfilar desde la comunicación”.

     

    La cultura de la cancelación, ha sido el miedo latente de muchas empresas, las cuales, a pesar de su deseo de ganar corazones, han hecho todo lo contrario al no conocer las macrotendencias, como un elemento clave que hace entender el entorno y los límites que este expone en los universos digitales.

     

    “El tema de la cancelación siempre ha existido y es una consecuencia de las tendencias que estamos teniendo ahora. Por eso es importante que la marca tenga claro su valor diferenciador, sus audiencias y que siempre esté comunicando su valor para que puedan ser audiencias coherentes. Tú nunca te puedes fijar en la competencia y es uno de los cambios que ha tenido el marketing”. expresa Paola, sobre la importancia de investigar el comportamiento del consumidor en un mundo cada vez más acelerado y de cambios repentinos.

     

    De remate

     

    Desde internet y las redes sociales, los límites del humor se cruzan con el algortimo, que arroja todo tipo de contenido, aunque no sea de agrado para el usuario. En realidad, el humor desde el entorno digital está generando pequeños nichos de consumo en las audiencias, imposibilitando crear conversaciones incómodas o reflexivas que son necesarias para la construcción y sentido del humor dentro de estas plataformas.

     

    Para el trovador James Alzate, el humor finalmente termina siendo a la larga un producto, con su línea gráfica, su público objetivo, su mensaje, sus estrategias digitales, entre otros factores que se dedican a llevar el mensaje a su usuario o cliente final. Esto, en definitiva, termina siendo limitante ante una diversificación y masificación de contenidos en la red que solamente le están hablando a su nicho específico, como en su momento lo fue Juanpis González.

     

    Los límites del humor terminan siendo un paradigma ético que no debe censurar, sino, por el contrario, abrir nuevos espacios que permitan exponer la voz y posición del otro, como propósito de aprendizaje y entendimiento en espirales violentos y caprichosos que hoy tenemos el derecho de manejar como usuarios en nuestros diferentes contextos.

     

     

     

  • Convocadxs: una selección que siempre será ganadora

    Manuela Mesa, Paulina Serna, Isabel Salazar, Laura Cortés y Alejandro Ramírez / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Hay deportistas para quienes la competencia no solo continúa fuera del tiempo de juego, sino que se hace más retadora. Contexto presenta Convocadxs, un álbum interactivo con una fascinante colección de historias sobre deportistas que, más que vencer sus contrincantes, desean superarse a sí mismos y echar abajo toda barrera de exclusión.

     

    Además, tú también estás convocadx y podrás tener tu espacio en esta selección que siempre será vencedora.

     

    Explora el álbum aquí:

     

     

  • Una historia del Deporte rey en Colombia

    Por Juan Esteban Raigoza, Manuela Echeverry, Juanita Zapata, Tomás Fernández / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    El fútbol es una disciplina deportiva que hoy en día también convoca pasiones, intereses económicos y conflictos sociales. Por ejemplo, los jugadores son figuras presentes hasta en las conversaciones cotidianas: desde la cafetería, las universidades, los colegios, el transporte público, las filas de los trámites y muchos más espacios en donde hoy se sabe y se vive el fútbol. La gran cantidad de contenido deportivo al que hoy nos exponemos a diario es solo una evidencia de cómo día a día el fútbol se afirma en su trono como deporte rey en las preferencias del público en todo el mundo.

     

    ¿Cómo se dio ese ascenso al trono en Colombia? De la mano Willy, un jugador que encarna todos los momentos del balompié colombiano, recorra todo un mundo virtual que le permitirá conocer cómo este deporte se convirtió en una industria capaz de movilizar una innumerable cantidad de influencias.

     

    Clic en la imagen para navegar el especial:

     

     

     

     

     

  • El café café

    Federico Hoyos Gutiérrez y Maria José Ánjel Cantero

    “Nadie duda que el honor no se deba en parte a la feliz revolución del tiempo, al gran hecho que creó nuevas costumbres y modificó incluso los temperamentos: el advenimiento del café”.
    Jules Michelet

     

     

    El sol centellea, hace un calor como aquel que le derritió los sesos a Don Quijote. Velos de nubes pintan el cielo. Los cerros se miran unos a otros en la lejanía. La camioneta de José Fernando Montoya Ortega serpentea por una carretera destapada y levanta polvaredas a su paso mientras sube por el lomo de la montaña con destino a su finca. No hay barandas, el campero anda al borde del precipicio. En algunos tramos del camino los árboles forman túneles fantasmagóricos.

     

    Al mirar hacia abajo se ven los meandros de la quebrada Sinifaná. El horizonte se desequilibra con la cima puntiaguda del cerro Tusa, aquella que inspiró el logo de la Federación Nacional de Cafeteros; también con el Cerro Plateado, tutelar de Salgar; el Cerro Bravo, de Fredonia y la Piedra Pelona, de Amagá, municipio donde queda la finca de José Fernando: se llama La Dorada.

     

    La finca está a 1830 metros sobre el nivel del mar, en la vereda Pueblito de San José. Una casa artesanal, hecha con pilares de guadua y techo de caña brava, en medio de un lote de catorce hectáreas, seis de ellas pobladas por un bosque protegido, abundante de guayacanes, piñones, cerezos, guaduales, nogales, ciruelos, y un sembrado de platanales. José parquea su camioneta y apaga el motor. Se escucha el canto de los pájaros, el relincho de los caballos, el graznido de los gansos y el cacareo de las gallinas.

     

    Los vientos silbantes se cruzan y generan cambios de temperatura. Unos vienen del Cauca; otros, de la cuenca de la quebrada Sinifaná y del Alto de Minas. Aquí son veraniegos los días y otoñales las noches.

     

    El clima nunca ha sido de fiar. Cada vez son más frecuentes las procesiones de nubes que dejan su impronta con lluvias y rocíos en los cafetos: los protagonistas de la finca. Están esparcidos alrededor, en la ladera de la montaña. Son tantos que contarlos resulta imposible, ubicados a diferentes alturas; unos a 1800 metros, y los de más abajo, a 1500.

     

    Caminante se hace camino al andar

     

    Después de desayunar chocolate, huevos revueltos y arepa, José Fernando inicia el recorrido por los senderos laberínticos entre cafetales. Lleva puesto un sombrero y camina con bastón de alpinista mientras explica los secretos del café. Lo acompañan dos perros: Vida y Alegría. Los caninos olfatean el suelo como si estuvieran leyendo un pergamino.

     

    Los cafetales están en una pendiente inclinada, semejante a una pared. El sendero es del ancho de los pies y las piedras traviesas obligan a caminar con lentitud. En las orillas de la senda se siembra vetiver, una planta con raíces profundas que amarran la tierra y evitan la erosión de la misma, además de liberar un olor agradable que coloniza el lugar. Las gotas de sudor comienzan a perlar el rostro y los mosquitos aparecen.

     

    Caminante se hace camino al andar, canturrea José. Tiene ojos color miel, pelo blanco y manos arrugadas como la corteza de un árbol. Su cuerpo habla con gestos acompasados para no incomodar al viento. Es sociólogo de profesión y caficultor por afición. Ejerció la docencia por más de cuarenta años y ocupó durante dos periodos la vicerrectoría académica de la Universidad Pontificia Bolivariana: de 1984 a 1992 y nuevamente entre 2005 y 2010. Se jubiló hace siete años y ahora se dedica completamente a la caficultura, obsesión que comparte con su esposa Blanca Ochoa, de quien sobresalen unas cuantas canas perdidas entre sus castaños cabellos.

     

    El café comienza su andadura con el mimo del germinador. Lo primero es el chapoleo, el sembrado de las semillas de café en bolsas con tierra abonada. Por tratarse de una planta muy delicada, hay que cultivar la chapola —nombre que recibe el cafeto cuando tiene pocos meses de crecimiento— cuando no sea época de sequía intensa. Las chapolas son dispuestas durante cuatro meses en una almaciguera, espacio pequeño donde las semillas adquieren las condiciones óptimas para su crecimiento, hasta alcanzar el tamaño apropiado para ser trasladadas al lugar definitivo donde se desea plantar el café.

     

    “Sólo las que tengan la raíz derechita y que no vayan a tener quebrados ni nada se pasan al germinador. Y el germinador con un palo y un ahoyador las va sembrando, les pone tierra y sombra”, cuenta Luis Gonzalo Mejía, ingeniero civil y caficultor aficionado.

     

    Finca La Dorada, ubicada en el municipio antioqueño de Amagá. Foto: Federico Hoyos

     

    “La tierra da comida y paciencia”

     

    Juan Carlos Rojas Gómez es uno de los veinte recolectores de La Dorada. Sobre la espalda carga el sol y en la cintura un canasto. Su rostro está bronceado como una nuez. Viste de gorra, camisa de rayas, bluyines y botas de caucho. Mira con una sonrisa que hace centellear fugazmente el blanco de sus ojos. Trabaja de seis de la mañana a cuatro de la tarde. Bebe un café antes de empezar la jornada. Al despuntar el día toma la taza, como si tomara una parte del alba.

     

    Sus ojos y sus manos solo piensan en esos surcos donde ostentan los cafetos en coro, con sus flores blancas olor a jazmín y hojas verde oscuras, tan brillantes como si las aceitaran de noche. Cafetos o cafetales: esos árboles donde nacen frutos verdes que trabajan en silencio, absorbiendo la humedad y los olores del campo. Tardan alrededor de ocho meses en madurar, se vuelven rojos y adquieren el tamaño de una cereza.

     

    Dentro de esos frutos se contienen los granos diminutos del café crudo, la materia prima para elaborar esa bebida negra que cuenta con más de novecientas sustancias químicas, entre ellas la cafeína: aquella que despierta la mente, restaura el espíritu e incita a la conversación.

     

    No todos los granos maduran al mismo tiempo. Hay que recogerlos manualmente, uno a uno, sin lastimar las ramas. Juan desviste los cafetales con la rapidez de un relámpago. Desgrana el árbol como tocando un arpa. Cada una de las falanges de sus manos parece tener un cerebro propio para identificar las pepas maduras y dejar las verdes tranquilas, hasta que llegue el momento de su recolección. “La tierra da comida y paciencia”, asevera este caficultor de 39 años, de los cuales ha dedicado más de la mitad al campo.

     

     

     

    << Juan Carlos Rojas, caficultor de la finca La Dorada.

    Foto: Federico Hoyos – María José Ánjel.

     

    ¿Quién es un caficultor?

     

    Según la Federación Nacional de Cafeteros, es aquel que posee un área de tierra igual o superior a media hectárea y que, además, tiene como mínimo 1.500 árboles de café sembrados en ese terreno.

     

    Las personas que cumplen con estas dos condiciones reciben una cédula cafetera, es decir, un documento de identificación gremial y de transacciones bancarias. Cuando la persona no cumple con esas condiciones, tiene derecho a una tarjeta cafetera que también le permite acceder en igualdad de condiciones a todos los servicios de la Federación. La única diferencia es la restricción de no poder elegir ni ser elegida en los cargos representativos de los diferentes comités municipales, departamentales y nacionales asociados a la FNC.

     

     

    No todos son iguales

     

    El antropólogo Pompeyo José Parada Sanabria, en una de sus investigaciones para la Revista Colombiana de Sociología, establece cinco perfiles de caficultores colombianos. Existen, por ejemplo, los pequeños propietarios, en quienes “predomina una estructura de la propiedad compuesta esencialmente por el minifundio y son altamente dependientes del trabajo manual y familiar”. Este grupo concentra el 95% del total de caficultores del país.

     

    También se encuentran los jornaleros, quienes no son necesariamente caficultores, sino que en épocas de cosecha “venden su fuerza de trabajo a vecinos o fincas cafeteras de mayor tamaño para solventar, subsanar y asegurar gastos familiares”.

     

    Otro perfil son los recolectores urbanos, quienes habitan en las cabeceras municipales y centros poblados. “Su trabajo es complementario a las actividades y aspiraciones del habitante urbano”. Estas personas asumen la recolección de café como una alternativa para huir al fantasma del desempleo citadino.

     

    Existen los llamados “caucanos”, procedentes de los departamentos del sur del país. “Su traslado a las zonas cafeteras centrales está dado en función de una estrategia de ahorro que les permita invertir su salario en las pequeñas fincas que poseen. Su trabajo y rendimiento es apetecido y valorado en las fincas cafeteras”.

     

    Finalmente están los andariegos: “una población flotante que se mueve de región en región, de municipio en municipio, generalmente a la caza de cosechas y oportunidades de trabajo”. Estas personas no tienen contrato de trabajo, ni seguridad social ni cuentas bancarias. Pactan con la palabra, sobreviven al día y su patrimonio cabe en un morral.

     

     

     

    Vista del Cerro Tusa, inspiración del logo de la Federación Nacional de Cafeteros.

    Foto: Federico Gutiérrez, María José Ánjel Cantero >>

     

     

    Los enemigos del café

     

    Mucho se huele y se degusta el café, poco se sabe de aquellas manos que se lastiman para recogerlo. Uno de los enemigos de los recolectores son las orugas peluche, también conocidas como gusanos pollo. Blancas como motas de algodón, las orugas peluche dejan de ser bellas cuando pican.

     

    Los cafetos les tienen pavor a los hongos de la roya. Por eso la genética los ha hecho resistentes a ellos. También temen a la broca, un insecto que horada las semillas y se cría en las cerezas caídas. Esa plaga es culpable de la desaparición de miles de hectáreas de cafetales en Colombia, especialmente en tiempos secos.

     

    Por eso un caficultor no solo debe saber de café, sino que también debe cuidar de sus árboles como si fueran sus propios hijos. Para ello realiza tareas como la poda, fertilización y control de plagas y así mantiene la salud de los cafetos. “Si sabemos una sola cosa, nos estancamos”, dice Eduardo Granados Tangarife, otro de los recolectores de La Dorada, de 52 años y piel tostada, como los granos que se producen en la finca.

     

    El canasto que Juan Carlos lleva atado a su cintura se llena con 12 kilos. Cuando el balde está repleto, procede a depositar los granos cosechados en un costal de fique. En épocas de cosecha Juan puede recoger hasta 250 kilos en un día, mientras que en épocas normales recolecta entre 50 y 70 kilos, aproximadamente.

     

    La producción cafetera en Colombia tiene dos ciclos al año. La cosecha principal corresponde a los meses entre septiembre y diciembre, y la llamada “mitaca” o “traviesa”, de menor producción, se da entre abril y junio.

     

    José Fernando explica que cuando un caficultor de su finca cosecha más de 50 kilos diarios, se le pagan mil pesos por kilo recolectado, mientras que si recoge menos de esa cantidad, se le paga un salario de 47 mil pesos por jornada.

     

     

    << Eduardo Granados Tangarife, caficultor de La Dorada. Foto: Federico Gutiérrez, María José Ánjel C.

     

    Rentabilidad en declive

     

    El café es un commodity, es decir, una materia prima como el acero, el cobre o el petróleo. En 1989 se acabó el Pacto Internacional del Café, un acuerdo de cooperación entre los países productores firmado en 1962 para limitar la producción y estabilizar los mercados. A partir del 89, el café se cotiza en la bolsa de valores de Nueva York, generando una volatilidad en los precios que, sumada a los efectos del cambio climático, se convierte en un dolor de cabeza para los productores.

     

    De acuerdo con la Organización Internacional del Café (OIC), en el mundo hay 25 millones de productores y 125 millones de personas que dependen directa o indirectamente de este. Latinoamérica es la cuna del café al producir el 70% del total mundial.

     

    Pese a que Colombia es el tercer productor en el mundo, después de Brasil y Vietnam, la industria cafetera dejó de ser la espina dorsal del desarrollo económico nacional. Nuestro país tiene 590 municipios cultivadores de café. Se calcula que de esta actividad dependen cerca de 560.000 familias. Esta industria representa el 15% del PIB agropecuario y demanda alrededor de 2.5 millones de empleos directos e indirectos, según el Ministerio de Agricultura.

     

    La mayor parte de los cultivadores “representan más de un cuarto de la población rural en Colombia, se ubican a lo largo y ancho del territorio nacional, desde la frontera con el Ecuador en Nariño hasta las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta, con presencia de cultivos del grano en 22 departamentos sumando en estos un total de 877.143 hectáreas cultivadas y distribuidas en aproximadas 664.062 fincas”; afirma el sociólogo William David Martínez Chimbi, en un artículo de investigación para la Universidad Externado.

     

    Los caficultores colombianos están agremiados a través de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC). Cada libra exportada aporta seis centavos de dólar que son destinados al Fondo Nacional del Café, una cuenta parafiscal administrada por la FNC. Estos recursos se invierten en procesos de investigación científica, extensión agropecuaria, desarrollo social, promoción del café colombiano y garantía de compra para garantizar un mayor margen de ganancias para los recolectores.

     

    Antioquia representa el 15% de la producción nacional. De sus 125 municipios, 94 son cultivadores y el valor de su cosecha representa 1,3 billones de pesos anuales. En el departamento existen cuatro cooperativas de caficultores, entidades con patrimonio y personería jurídica que, bajo el patrocinio de la FNC, ofrecen los programas de beneficio social a los caficultores asociados. Entre ellas está la la Cooperativa de Caficultores de Antioquia, a la cual pertenecen José Fernando y los empleados de su finca. “La unión hace la fuerza”, afirma.

     

    José Fernando Montoya Ortega, entre los caminos laberínticos de La Dorada. Foto: Federico Hoyos Gutiérrez – María José Ánjel Cantero.

     

    Un paso a la vez

     

    Después de tres horas y cuatro kilómetros recorridos entre los cafetos de La Dorada, el cuerpo suda a mares, la sangre late en los oídos y se entrecorta la respiración. “La clave es un paso a la vez. Quién no afronta la dificultad nunca podrá encontrar la felicidad”, dice José Fernando. Al levantar la mirada aparece, coqueta, la fachada de la finca como un premio al esfuerzo del caminante.

     

    Montoya suspira. Ha vuelto a casa. Se refugia en los brazos de Blanca. “Uno se muere, pero no se siente”, bromea. Es momento de restaurar el estómago. El almuerzo es sopa de verduras, acompañada de pollo a la plancha, arroz, plátano maduro y ensalada. Para calmar la sed, una cerveza con una corona de espuma, servida en un vaso de cristal.

     

    Del cafeto a la taza

     

    La época de los arrieros y las mulas quedó cubierta por el polvo del olvido. Ahora los costales de café llegan a la finca gracias a la garrucha, un sistema de transporte con un mecanismo de cuerdas de acero con extensión de 400 metros que, con ayuda de poleas, es capaz de llevar hasta 120 kilos de carga por trayecto sobre la ladera.

     

    Los granos son depositados en una máquina despulpadora que les quita la cáscara rojiza, desprendiéndolos de la mitad de su peso. La pulpa, rica en antioxidantes, minerales, proteínas y fibra, se utiliza como abono para la huerta de la finca.

     

    Los granos despulpados se dejan fermentar durante 24 horas en un tanque. Luego se lavan en un canal de correteo, donde se clasifican y seleccionan los granos de acuerdo a su peso. Se separan los de óptima calidad y los de segunda, a los que se les conoce como pasilla. Los granos finos son más densos y se quedan en el fondo del canal de correteo, mientras que los de menor calidad permanecen en la superficie. A los primeros se les conoce como café excelso, porque son almendras que cuentan con todos los atributos físicos y sensoriales (y son dignos de exportación).

     

    Los granos selectos se secan a una temperatura de 40 ºC. Luego se procede a la trilla, proceso industrial en el cual se le retira la cáscara al café pergamino, convirtiéndolo en café verde.

     

    Los granos verdes se tuestan a 180 ºC. Con la complicidad del calor, el café se vuelve café, se altera su composición química y se despiertan una pirotecnia de sabores y aromas, entre ellas las más de 55 sustancias volátiles que hacen que, servido en la taza, su olor colonice las narices de quienes lo consumen.

     

    Finalmente, llega el momento del empaquetado. El café de La Dorada se vende en envolturas de color oro. Tiene un sabor de cuerpo balanceado, con notas frutales, florales y cacao.

     

    De cada saco exportado se destinan seis centavos de dólar para financiar el Fondo Nacional del Café. Foto: Federico Hoyos – María José Ánjel C.

     

    Una biografía del café

     

    Decía Umberto Eco que las palabras son signos, y que estas son a su vez signos de signos. Café es la palabra para designar un lugar, una fruta y una bebida, la más consumida universalmente después del agua.

     

    Según la Organización Internacional del Café, diariamente se consumen alrededor de 2.500 millones de tazas de ese líquido oscuro que, en palabras de José Martí, “es jugo rico, fuego suave, sin llama y sin ardor, aviva y acelera toda la ágil sangre de mis venas. Tiene un misterioso comercio con el alma; dispone los miembros a la batalla y a la carrera; limpia de humanidad el espíritu; aguza y adereza las potencias”.

     

    Esta bebida tiene sus orígenes en Etiopía, entre los siglos XII y XIII. La tribu nómada de los Kaffa dejaba a su paso plantaciones de café. En los monasterios islámicos los monjes sufíes se percataron de que sus cabras comenzaban a saltar después de comerse las cerezas de los cafetos.

     

    Los monjes empezaron a hacer ensayos con las frutas. Las tostaban, las molían y mezclaban con miel. Como si fueran tocados por la magia, se les aceleraba el corazón, empezaban a ver cosas, el cerebro se les ponía lúcido y se sentían más jóvenes que nunca. Así que los monjes comenzaron a beber infusiones durante las oraciones de madrugada.

     

    El café pasó de Etiopía a Yemen, de ahí a Egipto y en 1554 llegó a Constantinopla. Se dice que en la capital del Imperio turco los imanes (equivalente del islam a los sacerdotes cristianos) se enojaban porque muchos fieles dejaban de ir a rezar a las mezquitas por quedarse tomando tinto.

     

    Esta bebida tiene propiedades terapéuticas, entre ellas la detención de la salida de lágrimas. Homero lo sabía muy bien cuando escribió La Odisea. En el Canto IV, Helena de Troya toma café para no llorar ante la muerte de Ulises.

     

    El filósofo y galeno árabe Avicena (980-1037), llamado “el príncipe de los médicos” y considerado como uno de los más sabios de Oriente, introdujo el café en el segundo libro del Canon de Medicina, describiéndolo como una sustancia vegetal a la que llamó bunchum. Fue el primero en referirse a ella como un estimulante y por ello la recomendó especialmente a los militares y a los hombres pensantes.

     

    Una de las leyendas recogidas por sir Thomas Herbert, viajero inglés del siglo XVII, en su obra Relación de algunos viajes por diversas partes de Asia y África, cuenta que el arcángel Gabriel era un cafetero celestial. Un día en el que el profeta Mahoma se encontraba terriblemente cansado, se le apareció este ángel y le hizo tomar una bebida negra que expulsaba un humo serpenteante, la cual le ayudó al profeta a recobrar fuerzas para seguir escribiendo los versos del Corán.

     

    En el mundo católico muchos enemigos del café escribían cartas al papa Clemente VIII pidiéndole que prohibiera esta bebida de musulmanes, es decir, de infieles. Santiago Lascasas Monreal en el libro Biografía del café dice que el sumo pontífice se negó tajantemente, declarando que “sería una pena privar a los cristianos de una bebida tan deliciosa”.

     

    “La afición al café de algunos papas fue muy grande, hasta tal punto que en 1740, Benedicto XIV se hizo construir un café de estilo inglés en los jardines del Palacio del Quirinal, lugar donde se refugiaba para descansar de sus obligaciones”, escribe Lascasas Monreal.

     

    Otro amante del tinto fue el compositor alemán Ludwig van Beethoven, quien tenía la impajaritable costumbre de prepararlo él mismo, sin confiarle a ningún criado esta tarea. Dicen que utilizaba 60 granos por taza, los cuales contaba y recontaba muchas veces.

     

    En 1683, tropas del ejército turco-otomano sitiaron la ciudad de Viena. Al retirarse, los invasores dejaron al olvido un enorme cargamento de café. Un espía polaco al servicio de los austríacos, llamado Kolschizky, descubrió el cargamento y como pago por sus servicios le permitieron quedárselo. Kolschizky había vivido en Turquía y conocía de primera mano los secretos de esta bebida. Ni corto ni perezoso, aprovechó su descubrimiento para fundar uno de los primeros establecimientos de café en la capital austríaca, llamado Zur Blauden Flasche (La Botella Azul).

     

    Según Lascasas, “Kolschizky modificó la forma turca de saborear el café endulzándolo con miel y colándolo para evitar que los posos aparecieran en la taza, además de añadirle leche. También se le atribuye la invención del cruasán al haber encargado a un panadero que le hiciera un dulce con la forma de la media luna turca, es decir el «cuarto creciente» o croissant en francés.”.

     

    El café llegó por barco. Primero, al puerto de Venecia en el siglo XVII, y desde ahí a todos los rincones del Viejo Continente, hasta desembarcar en América hacia el siglo XVII gracias a los holandeses, quienes no querían depender más del comercio de los árabes. Ellos lo introdujeron en el territorio que hoy es Surinam y serían los franceses y españoles quienes a principios del siglo XVIII lo expandieron por Brasil y Colombia.

     

    El matrimonio entre Colombia y el café tiene 300 años de historia, cuando los misioneros jesuitas trajeron las primeras matas en el siglo XVIII. Cuenta la leyenda –leída en la página web de la FNC– que el aumento de producción de café en estas tierras se remonta a 1834, “gracias al sacerdote jesuita Francisco Romero en un pueblo de Norte de Santander llamado Salazar de las Palmas. Cuando sus fieles se confesaban, el sacerdote les imponía como penitencia para redimir sus culpas, sembrar café”.

     

    En 1835 ya se exportaban desde la aduana de Cúcuta los primeros sacos producidos en el oriente del país y para 1850 la caficultura se expandió a departamentos como Cundinamarca, Antioquia y Caldas.

     

    Lo que fue será

     

    En La Dorada el cielo se pinta con el declinar de los colores que desequilibran el día y se rinden ante la noche. Decía Manuel Mejía Vallejo que el futuro es un regreso, porque seremos lo que hemos sido. El café siempre será café.

     

    Un paseo por La Dorada

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    Infografía: Federico Hoyos Gutiérrez – María José Ánjel Cantero

  • El cuidador de la Corona de Córdova

     

    En una bolsa de manila llegó al custodio de Álvaro Arteaga una guirnalda elaborada en 18 quilates de oro. Era la corona de José María Córdova. Empoderado por el alcalde Hugo Castaño, Arteaga depositó la pieza en la caja fuerte del Museo de Arte Religioso, donde la exhibió durante más de veinte años.

     

    Juan José Ríos Arbeláez / juan.riosa@upb.edu.co

     

    Se dice que la suntuosidad de la corona movió a que Bolívar a regalarla a Sucre, quien a su vez declinó recibirla y la entregó a Córdova como verdadero merecedor del reconocimiento. Foto: Wikimedia Commons.

     

    En la nave central de la Concatedral de San Nicolás el Magno de Rionegro se siente fresco, casi frío cuando penetran unas ráfagas de viento desde la plazoleta. Las ventanas son altas y dejan que se cuele una diáfana luz teñida de azul gaseoso. Afuera, el parque arde, lo delata Córdova requemado sobre su caballo de lanceros, inmortalizado por Rodrigo Arenas Betancourt desde mediados de los sesenta.

     

    Por la nave derecha del recinto reverbera el eco de las pisadas, aminoradas por las contadas plegarías de nueve o diez creyentes que se tomaron las bancas. Bajo los nichos de santos, cerca de la tumba del dictador Juan del Corral, se abre una puerta que adivina a un hombre menudo, de escasos cabellos plateados recogidos en coleta. Es Álvaro Arteaga, historiador del municipio desde hace más de cincuenta años, encargado del Museo de Arte Religioso de Rionegro.

     

    Tras el arco del retablo espera otro aire, de historia condensada en el olvido, polvoriento a la luz, olor a guardado. Al costado derecho, en el primer rincón de la sala, contra la pared y sobre una mesa coja de madera las primeras alhajas de metal, dispuestas en oxidación. En esta sala, el suelo abandonó el semblante de baldosa curtida de gris para convertirse en baldosín granate, casi impecable si se compara con el de la catedral.

     

    -¿Espera más personas?, le pregunté, pensando en posibles interrupciones.

    -Casi nadie viene – respondió, negando con la cabeza, como restándole importancia a la cosa. – Si mucho, tres o cuatro personas por día, la semana pasada vinieron tres.

     

    El Museo de Arte Religioso de Rionegro es uno de los más ricos en su género en Colombia. La colección comprende pinturas y esculturas, en mayor cantidad de la escuela Quiteña; orfebrería, ornamentos, retratos, libros, instrumentos, un solideo usado por un papa, los báculos de los cinco obispos nacidos en Rionegro, ofrendas del siglo XVIII, capas tejidas con hilos de oro y cuantas coronas de vírgenes pudo comprar la opulencia cristiana hace más de dos siglos.

     

    Entran tres mujeres. Álvaro sale a atenderlas al instante. Las invita a la primera sala, les indica el recorrido por el segundo piso y vuelve sonrojado y con una risa de lado a lado. “Ya se libró la semana”, dice con una carcajada. Al principio parecía que se le ahogaba la voz, pero luego entonaba fuerte, con un seseo inconfundible de paisa de pueblo. Luego lanzaba una sarta de palabras y se emocionaba hablando de historia, condenando bandidos y bajando a Bolívar de su “pedestal”.

     

    Llegan cinco jóvenes con el uniforme del Colegio Las Cuchillas de San José, lo saludan eufóricos, se ríen y charlan, luego se sientan en el piso mientras él los instruye. Cuando Álvaro regresa le pregunto:

    -¿Quiénes son los muchachos?

    -Los estudiantes de Las Cuchillas que vienen a prestar el servicio social. La alfabetización que llamaban.

    -¿Y qué los pones a hacer?, le pregunté.

    Me hizo una mueca en el aire, de desconcierto.

    -Pues ahí los ponemos a limpiar, a que organicen, a que cuiden mientras entran las personas porque uno nunca sabe. A que escuchen también, a ver si de pronto se les queda algo de tanto escuchar lo mismo.

    -También aprenden, ¿no?, le dije. Afirmando más que preguntando y se burló con una carcajada sorda.

    -Eso no aprenden nada, a los jóvenes como ustedes no les interesa eso.

     

    Antes que nada, Álvaro no se considera historiador porque como tal no lo es, nunca estuvo en la academia ni se acogió a metodologías ni generó constantes productos académicos o dirigió investigaciones. En Colombia, la profesionalización de la disciplina histórica se dio en la década del sesenta y los limitados programas académicos hasta 1990 hicieron que la mayoría de aspirantes a la profesión migraran a diferentes países donde se establecieron.

     

    Arteaga se acercó a la historia por un motivo muy simple: “En los sesentas un niño no tenía nada que hacer en Rionegro, terminé de acólito”, cuenta Álvaro, con las manos en los bolsillos de una chaqueta caqui, luego va a resolver dudas a las tres visitantes, que se contoneaban viendo las joyas artesanas y la explicación bañada de sátira que les daba el guía.

     

    “En esa época el cura era Samuel Álvarez y era el putas. Se metía al consejo, mandaba todo lo que usted quiera, la máxima autoridad. Entonces metido acá, de acólito, atrás me fueron gustando todos esos monumentos, esos muñecos, todo lo que había, aunque esto era muy diferente pues… Yo me mantenía aquí y un día, cuando comenzó Coltejer, unos sacristanes que acá se ganaba una miseria se fueron para allá. Entonces, no había quien trabajara aquí en el museo y como a mí me gustaba todo lo religioso yo quería quedarme”, cuenta Álvaro, y sigue: “Entonces acá arriba, en una de las que hoy son salas de exhibición, dormía uno de esos sacristanes y yo le dije que yo me quedaba acá y que dormía ahí, pero él me dijo: es que su papá es muy bravo, su papá no lo deja. Mi papá era liberal de esos de extremo, anticlericales… pero me dejó venir al fin y al cabo, y ahí cogí el museo. Hace cincuenta y tres años”.

     

    Casi todos estudiantes de Las Cuchillas de San José siguen tirados en el piso con los bolsos puestos. Están vestidos de sudadera impermeable color verde y una camiseta blanca. Dos de ellos pasan los trapos con acidia sobre los marcos de exhibición, como si estuvieran sacudiendo mugre. El custodio Arteaga se dispone a mostrarnos las únicas dos piezas del museo que se podrían considerar obras de arte, en palabras del guía. Un cuadro del pintor ecuatoriano Víctor Mideros, elaborado utilizando únicamente las yemas de sus dedos. Y un cristo tallado en marfil, hecho por un autor anónimo.

     

    Imagen de los actos de traslado de las joyas a su actual sitio de exhibición.

    Foto: Pa’ que vea Oriente. Vea la galería completa AQUÍ.

     

    La Corona de Córdova

    El nueve de septiembre de 1799 nació en una vereda de Rionegro José María Córdova; en el mismo lugar donde está establecido el municipio de Concepción en la actualidad. Está transformación ha generado diferentes disputas a lo largo de los años entre los historiadores de los municipios por el lugar natal del libertador. A los siete años, la familia de Córdova migra a San Vicente y posteriormente se asientan en Santiago de Arma Rionegro, donde El héroe de Ayacucho pasa el resto de su niñez y juventud antes de partir a la campaña libertadora.

     

    Desde los dieciséis años Córdova participó en las batallas más decisivas de la independencia: la de rio Palo en 1815, la de Cuchilla de Tambo en 1816, la de Apure en 1819, la de Chorros Blancos en 1820 (vital para imponerse en Boyacá). Posteriormente, el 9 de diciembre de 1924 se proclama como el héroe de Ayacucho en una de las más grandes batallas de la historia, acorralando al Virreinato español en Perú.

     

    Arteaga se emociona hablando de Córdova, la explicación es casi dramatúrgica, “el verdadero libertador de Antioquia”, enorgullecido, levantando los brazos. Se presume que la de Ayacucho, era una batalla perdida desde el planteamiento: los españoles estaban en la parte alta de la cordillera y los independentistas miraban desde abajo, en la planicie. Pero Córdova se anuncia diciendo: “armas a discreción, paso de vencedores”, el Custodio afirma con toda certeza que se trata de la primera vez que se dice esta frase en una batalla y espera que le crea, y embiste con éxito a las tropas del Virrey obligando a los realistas a capitular.

     

    Sucre confesó como consecuencia de la batalla 370 muertos y 609 heridos. Mientras que el Ejército Realista estimó 1800 muertes y 700 heridos. Dice Arteaga que al finalizar la batalla, el Comandante Sucre se quita las charreteras (que son los bordados que llevan los militares en los hombros de sus chaquetas), se las pone a Córdova y lo nombra General de División.

     

    Un año más tarde, cuando Bolívar entra a La Paz, es proclamado como libertador y lo coronan con una guirnalda elaborada en 18 quilates de oro y más de doscientos diamantes. Está compuesta por dos hojas entrelazadas, una de laurel y la otra de palma. Símbolos de la cultura griega y de la cultura judía, debido al fanatismo religioso que abundaba en Bolivia.

     

    La coronación concluyó con largas fiestas. En medio de la noche, Bolívar quiso reconocer la labor de Sucre y le otorgó la corona. Este la rechazó y respondió diciendo que quien la merecía realmente era Córdova, pues había sido el héroe de la batalla clave. Cuenta la leyenda, porque ninguno se anima a asegurar, que entre Sucre y Bolívar coronaron a Córdova en medio de esa noche de fiesta. Un mes después, en Septiembre de 1825, José María le regala la corona a la Ciudad de Santiago de Arma Rionegro, por medio de una carta en la que nombra al municipio como su tierra natal.

     

    Durante 58 años la diadema se pasó entre las manos de las familias prestantes y celebres del municipio, hasta la fundación del Banco Oriente en 1883. El banco se comprometió al cuidado y exposición del tesoro histórico dedicado a la ciudad. A partir de 1964, el Banco de Oriente pasó a tener numerosas transformaciones que terminaron derivando en su compra por parte del Banco Santander, quien seguía cuidando la corona en 1999.

     

    Un día, Arteaga entraba y salía de la catedral del parque cuando se encontró con una fila de camiones que estaban siendo cargados de cajas por trabajadores del banco. Cuando fue a preguntar si habían cerrado el banco, le respondieron que iban a terminar con el museo. En ese entonces, Álvaro ya llevaba más de veinticinco años metido en el museo, no había muchas más personas interesadas por la historia en el pueblo. Se metió a lo oficina del gerente del banco.

     

    -Señor, disculpe, ¿por qué se acabó del museo?

    -¿Y quién es usted?

    -Yo soy Álvaro Arteaga, el que maneja allí el Museo de Arte Religioso.

    -Vea, muy fácil. Yo tengo orden desde gerencia nacional de enviar todas estas cosas a Bogotá. No sé qué harán con eso. Tenga la bondad y retírese.

     

    Álvaro, que toda la vida había sido gomoso con la historia, salió corriendo para la Alcaldía donde Hugo Castaño. Entró rápido, sin cita, como a la oficina de un amigo. Porque era un amigo.

     

    -Hugo, se están llevando el museo del Banco de Oriente.

    -¿CÓMO ASÍ?, saltó el ex alcalde y se paró de la silla.

     

    Después, Arteaga pasó a notificar en la Personería y luego en Procuraduría – Explica dónde quedaban las dos en esa época. – Hicieron un reclamo para identificar cuáles de las piezas eran propiedad del pueblo de Rionegro, entre las que figuraba la corona, un retrato de José María pintado sobre marfil, un relicario que tenía Fanny Henderson; novia de Córdova, y otras piezas. Se realizó un acta de entrega, firmada por los funcionarios públicos. Desde ese momento, Álvaro Arteaga pasó a ser el custodio de la corona, pensando el Museo de Arte Religioso como lugar propicio para su cuidado.

     

    Los estudiantes de Las Cuchillas de San José siguen impertérritos, aunque a veces sueltan lentas carcajadas. “Ya, vea la hora, acabamos”, dice uno, señalando la muñeca sin reloj. Álvaro se ríe, los ignora. Las tres visitantes terminan el recorrido y se despiden. El guía les ofrece cartoncitos con fotos de la Corona de Córdova y las invita a ir al MAR, donde ahora se exhibe la corona, bajo la plazoleta principal. Les explica que tenía tantos cartoncitos desde que la tenía como custodio que todavía no se le han terminado, entonces que no ve de otra que seguir entregándolos.

     

    En noviembre de 2017, la alcaldía de Andrés Julián Rendón presentó al nuevo parque de Rionegro, bautizado como la Plaza de la Libertad. Tras dos años de remodelación, se entregó un espacio público con zona verde, comercial y de descanso; rodeado por más de 60 árboles. La inversión fue cercana a los 22.000 millones de pesos y en el 2018 se estrenó el Museo de Arte de Rionegro (MAR), donde la administración pretendía exhibir los objetos históricos del municipio.

     

    La última carta que envió la alcaldía, en ese entonces, era una amenaza al Obispo y al encargado del Museo de Arte Religioso con demandarlos penalmente si no entregaban la corona junto con otras 32 piezas. “El obispo llamó, hubo reunión del sanedrín a nivel diocesano y finalmente me dijeron que tenía que entregar la corona, porque ellos no se planteaban entrar en una disputa legal”, explica calmado Arteaga, y luego se altera como si estuviera en la sala donde discutió hace tres años: “¿Pero es que quién de ustedes recibió algo?, ¿cuál de ustedes firmó algún acta?, fui yo quien recibió todo eso”.

     

    A finales de diciembre de 2019, el destino de la corona fue devuelto al municipio, mismo al que Córdova había regalado siglos atrás. Arteaga batalló hasta el final, reunió 6 300 firmas para evitar que trasladaran el tesoro histórico, pero la carta escrita por José María era irrefutable, la corona era del pueblo (más bien del alcalde de turno). El custodio argumentaba que el Museo de Arte Religioso había hecho de buena manera la tarea de exhibir y cuidar las piezas, además del evidente abandono que tuvo el municipio con la corona durante más de veinte años.

     

    -¿Por qué les dio el despertar por la corona después de tanto tiempo?

    -El ego de ese tipo, ¿qué más va a ser?, responde moviendo las manos, mostrándome la obviedad de la pregunta y luego complementa:

    -Pero él quería… él quería llevar a Álvaro Uribe allá, para que visitara su museo y ahí lo tiene. ¿Ya lo vio?

    -Sí, ya estuve. Está la corona. ¿Y las otras 32 piezas?

    -Ahí tiene papito, -responde con ironía.- Están guardadas. Que para la casa de la convención, que le están escribiendo el guion desde hace cuatro años y vea que nada.

     

    Los estudiantes de Las Cuchillas de San José comienzan a marcharse lentamente, Álvaro les dice que salgan de a dos y que no interrumpan la eucaristía que acaba de comenzar. Antes les había dicho que mañana les firmaba las horas de trabajo de hoy. No hicieron nada en toda la tarde. Tal vez, el cuidador tenía razón cuando dijo que a los jóvenes no nos interesaba nada de eso. Aunque no podría culparlos, la cátedra de Historia dejó de ser una materia autónoma en 1984 y en 1994 desapareció del plan de estudios de formación básica educativa en el estado social de Colombia.

     

    No fue sino hasta el 20 de enero de 2020 que se implementó la ley 1874 de 2017, en la que se establece que Historia de Colombia debe ser obligatoria en todos los colegios del país. ¡La historia de la nación!, veinticinco años fuera del aula de clases. Me volteo y le pregunto a Álvaro por el pasado. Cierra los ojos y responde, sereno, pero con pasión: “Si no sabemos la historia perdemos nuestra identidad, y si perdemos la identidad… es tierra de nadie”.

     

     

  • Muerte en un tiroteo de rutina

    Hace nueve años mataron al soldado Vallejo y todavía no se sabe por qué. Las circunstancias del combate fueron inusuales, así lo cuenta el testimonio de Johan Van Den Enden, su “compañero rana”. Aún así, el caso se archivó sin dar respuesta a los implicados.

     

    Juan José Rios Arbeláez / juan.riosa@upb.edu.co

     

    A mediados de marzo de 2013, el Batallón de Infantería #2 de Cartagena nos envió en un patrullaje de rutina a los Montes de María, en Sucre. Yo hice parte del grupo de 22 soldados que realizaban expedición como práctica de salida.

     

    Habían pasado cinco meses desde que me había presentado a la Base Naval #3 de Barranquilla y había pasado por tres meses de entrenamiento en la Base de Infantería de Sucre; luego tuve un traslado al Batallón #2 de Cartagena, y de un momento a otro, de nuevo aquí, a Sucre, en los Montes de María.

     

    “Nuestra zona” estaba compuesta por numerosas montañas verdes y áreas extensas a menos de mil metros de altura sobre el nivel del mar, montecitos redondos y alargados que parecen formar raíces inmensas, donde hace un calor que se siente el el aire cada vez que se respira.

     

    El paisaje de los Montes de María, la zona de patrullaje de Van den Enden y Vallejo. Foto: Sociedad Concesionaria Vial Montes de María.

     

    Caminábamos y el cielo era gris, pero no era frío. Parecía advertir que, cuando las nubes se abrieran, un sol rabioso nos iba a chamuscar. Hicimos dos paradas administrativas durante el patrullaje: una a las seis de la mañana; otra a las nueve y media de la mañana; y ahora habíamos encontrado un río en medio de una zona plana, ideal para la tercera parada, a las doce del día, para descansar y comer.

     

    A mi lado se encontraba Diego Leonardo Vallejo Morales, un soldado que había entrenado conmigo en la Base de Infantería desde el ingreso. Vallejo no le hablaba a nadie; era un tipo problemático, serio, fuerte. Se había peleado con su “compañero rana” a los puños y yo fui el sustituto. Desde ese momento todo lo hicimos siempre juntos: dormir, entrenar, mear y ‘darnos en la jeta’. Lo que fuese lo hacíamos juntos porque éramos dos tipos muy parecidos.

     

    En el argot militar, el “compañero” rana es una pareja inseparable que se asigna a efectos de la seguridad durante las operaciones. La táctica se inspira en la reproducción de las ranas Arlequín, en la cual el macho pasa hasta 5 días pegado al lomo de la hembra fecundando los huevos. Imagen de referencia: patrullaje de comandos Jungla. Ejército de Colombia.

     

    Apenas se hizo un perímetro de seguridad de 400 metros, nos relajamos sobre la manga, bajo la sombra. Estábamos en una gran superficie plana, alrededor de las montañas pero lejos de ellas. El cielo se había abierto hacía unas horas y nos quemaba con una luz que obligaba a mirarse los pies. Unos se quitaron todo y se metieron al río, otros se acostaron bajo los árboles a dormir. Yo me quité la guerrera y comencé a desarmar mi arma para realizarle mantenimiento. Vallejo me vio y me preguntó por lo que hacía, me dijo que era apenas para que nos prendieran a plomo, se rio y se fue a recostar sobre un tronco.

     

    Pasados diez minutos, mientras terminaba de limpiar el fusil, escuché un disparo de una AK-47. Pasaron varios segundos, mientras me preguntaba quién podría haber disparado esa arma, hasta que se escucharon otros dos disparos seguidos y de golpe entendí que era imposible que alguno del batallón hubiese podido disparar ese fuego, [el fusil AK-47] es un arma soviética y el Ejército colombiano compra armas americanas o israelíes.

     

    Los disparos se intensificaron mientras todos los soldados nos cubríamos en el suelo. Me escondí tras un tronco mientras intentaba armar el fusil y engrasar nuevamente las partes que había limpiado hacía unos minutos. Pasó minuto y medio mientras terminaba de armarlas y me di cuenta que Vallejo estaba al lado mío.

     

    El combate continuó, los insurgentes disparaban desde una zona al mismo nivel de altura, lejana, ideal para la ventaja que tenían sus armas contra las nuestras.

     

    Durante el tiroteo, Vallejo y yo nos conversamos. Cada tanto echaba la mano hacia atrás para tocarlo y preguntarle cómo se encuentra; “manazos” duros, para sentirlo porque no lo podía ver. En una de esas mando la mano y no lo siento. Miro al suelo, a mi derecha y estaba ahí, tirado en el piso con el arma en la tierra. El combate terminó después de otro eterno minuto. Ellos eran menos, nos habían hostigado pero dejaron de disparar por que se vieron en inferioridad.

     

    Todavía aturdido por el ruido, me volteé a ver a Vallejo y sabía que estaba muerto. Fui al suelo y lloré, lloré de verdad. Vallejo se había convertido en mi amigo, en mi “compañero rana”; todo lo hacía con él y lo confiaba a él. Diego entró a la institución temiendo por su vida, había estado en el mundo del narcotráfico de Cartago, lo habían amenazado de muerte y entró a la institución para salvarse. Murió a los cinco meses, en una operación de rutina, apenas rozado por una bala que parece que la hubieran bañado en cianuro, porque cuando lo encontramos, apenas tenía un rasguño al costado del cuello, como si la muerte lo hubiera besado.