Autor: c0ms0ci@l_UPB

  • Migraciones solidarias

    El proyecto Migraciones Solidarias es una propuesta basada en las manifestaciones de solidaridad que han vivido algunos migrantes, que cuentan cómo ellas sirvieron para lograr su adaptación en el lugar de destino.

     

    Manuela Mesa, Mateo Urrego y Alejandro Ramírez / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Este especial multimedia, apoyado por diversos testimonios e historias, tiene como contenido principal un álbum musical de cinco canciones originales, compuestas por jóvenes músicos de la ciudad, a partir de las historias relatadas.

     

    Clic en la imagen para navegar el especial multimedia:

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    Trabajo realizado para el curso de Núcleo II (Narrativas) y sus laboratorios, orientados por los profesores Ana Maria López Carmona, Daniel Santiago Cortés, Joaquín Gómez Meneses.

     

  • Redes sociales: motor de las pequeñas y medianas empresas

    Una investigación permitió analizar los principales factores que influyen en la manera como las pymes de la ciudad de Medellín articulan se apoyan en las redes sociales para sus labores de mercadeo y para consolidar su identidad empresarial, como elementos distintivos que las consoliden y las conviertan en proyectos exitosos.

     

    ¿Cuales son esos factores? ¿Cómo se apoyan las pymes de Medellín en las redes sociales? ¿Cuáles fueron los casos estudiados?

     

    Clic en la imagen para descargar el informe de investigación completo.

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    Trabajo realizado para el curso Investigación II, orientado por la profesora Ana María López Carmona.

     

  • Los protocolos de la muerte

    Antes de atender esa llamada, sabía que la muerte de mi papá me esperaba al otro lado de la línea. Habían pasado 29 días desde el accidente en carretera y 26 desde que se le indujo al coma del que creíamos que iba a salir, que eran los mismos que yo llevaba viviendo en Montería bajo la incertidumbre de si sobreviviese o no.

     

    Helena Botero / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    La tarde anterior el doctor nos comunicó el desesperanzador resultado de los exámenes que anunciaban a una peligrosa infección adquirida en esa camilla de cuidados intensivos debido a la debilidad de su sistema; que sobreviviera habría sido un milagro en muchos sentidos. Después de varias batallas conectado a varios aparatos e intervenciones en distintas zonas de su cuerpo, mi papá “abrazó la muerte”, en palabras que él hubiese usado.

     

    No podía desmoronarme, tenía que darle la noticia a mi hermana menor, quien vive en Boston (Estados Unidos) hace más de un año. Se lo dije yo, por teléfono, mientras ella tomaba un tren a Nueva York. La esperarían aproximadamente 5 horas de asimilar la noticia sola, pero hubiera sido peor que la sorprendiera un pésame de otra persona. Mi mamá, quien llevaba una buena relación con mi papá a pesar de haberse divorciado hacía 20 años, estaba deshecha y me pasó el teléfono cuando la llamó con esa intención.

     

    Cuando digo que mi papá era mi mejor amigo no lo digo porque sea bonito hablar bien de los muertos, sino porque cuando estábamos juntos podíamos ser nosotros mismos, había una complicidad especial que quien nos haya visto juntos, notaría. Siempre se mostró genuino conmigo: me habló de su debilidad por el alcohol, a veces por las mujeres y en el pasado por el juego. Hablábamos del peso de la culpa y del miedo. Me enseñó a respetar el mar y el fuego. Fue honesto conmigo sobre su pavor a los payasos, y no dudó en derramarme sus recuerdos tristes bajo los efectos del aguardiente en más de una ocasión.

     

    Era comerciante y comediante por naturaleza, lo reflejaba cuando en el pago de las matrículas pedía “rebaja” y cuando negociábamos mesadas o citas con mi psicólogo. También era soñador y arriesgado; la mejor prueba de ello son los asuntos pendientes que sus decisiones nos dejaron a mi hermana y a mí.

     

    Vivía su vida al límite. De hecho, tiene sentido que me hubiera recomendado con insistencia el documental Mi maestro el pulpo, de Netflix, curiosamente ganador al Oscar tres días antes de su deceso y al que solo le di una oportunidad cuando su muerte me hizo buscar respuestas.

     

    En este filme, Craig Foster, realizador audiovisual y conservacionista sudafricano, establece una relación muy peculiar con un pulpo al que visita a diario y que le devela sus misterios a través de su comportamiento. Camuflaje, adaptabilidad, peligro y estrategia hubiesen descrito a ese animal y a Alejandro Botero, mi papá, en la misma medida.

     

    El pulpo es un animal solitario, vive en la mira de varios depredadores peligrosos. Es instintivo y sobrevive porque se ve obligado a desarrollar una inteligencia superior a la de sus depredadores y sus víctimas. Su capacidad de camuflaje también lo hace una especie inquietante, y todo lo anterior me lo transmitía, en su medida, la vida llena de experiencias de mi papá. Y su partida repentina.

     

    Sobre todo, la frase: “vive rápido, muere joven”, que aparece casi al final del filme.

     

    ***

     

    Cuando llegué a la sala, para despedirme de su cuerpo, recordé que poco más de un mes antes del accidente hablábamos del suicidio de su hermano mayor, del cual escribí una crónica que nos permitió una última conversación acerca de la muerte, de tantas que tuvimos. Le pregunté cómo sintió la pierna de mi tío cuando la agarró, y la describió “sin vida, como una masa inerte sin vibración, como un pedazo de carne del mercado”, y así sentí yo su brazo cuando lo toqué por encima de la sábana, y su pecho cuando descansé mi cabeza en él por última vez.

     

    Mirando su expresión recordé la serenidad con la que describió la muerte de mi tío, y la comprendí. Le pasé la mano por la cabeza con ternura para aminorar el dolor y supe que así fuera la última vez que tocara su cuerpo, lo iba percibir a él en cada árbol del que me enseñó el nombre y no aprendí, y en cada chiste interno que la cotidianidad me recordaría y que tendría que guardarme.

     

    En la puerta de la habitación nos vigilaba a mi mamá y a mí la psicóloga de la clínica, encargada de darle ánimo a los pacientes de la UCI y, en los casos desafortunados, a los parientes de los fallecidos. Nos repetía que él era un luchador, que había aguantado mucho hasta el final, que ella venía todos los días a darle ánimo.

     

    Después de pedirle a ambas que me dejaran a solas un momento, le recordé a mi papá que estaría bien, porque creo que a las almas hay que soltarlas y porque así se lo prometí en un viaje que hicimos con mi hermanita, curiosamente a la costa y en carretera, dos años antes.

     

    ***

    Aunque él quería que sus cenizas fueran “echadas al aire”, si una muerte lleva algún tipo de responsabilidad penal, el cuerpo no puede incinerarse sin autorización del fiscal. Esto se debe a la posibilidad de que dentro del proceso de investigación sea requerido para aclarar dudas. Y es, por lo general, una autorización muy compleja cuando hay una investigación de por medio. “Debe ser muy clara la causa de la muerte”, indica Gloria Ledy Arboleda, fiscal 108 de Medellín.

     

    “…siempre encontrábamos de qué reírnos, de qué conversar, con qué entretenernos. Tomábamos tinto recalentado y fumábamos juntos mientras conversábamos con algún extraño…”.

    Foto: Cortesía >>

     

    Cuando un accidente de tránsito deja heridos, el proceso fiscal que se abre es el de lesiones personales culposas. Luego, deben ser evaluadas las circunstancias, pues si bien se responsabiliza al conductor, es importante tener en cuenta que hay agravantes cuando, por ejemplo, este conduce bajo los efectos de bebidas alcohólicas, cuando no respeta los límites de velocidad. O si, por el contrario, existiese un agente externo (como un animal que se atravesó en el camino, aceite regado en el suelo, entre otras) el nivel de responsabilidad podría reducirse, como lo explica la fiscal.

     

    El accidente ocurrió en carretera, llegando al municipio de Necoclí, un poco antes de las 5 de la mañana. De allí fueron trasladados a la Clínica de Traumas y Fracturas en Montería, mi papá en un carro particular y el conductor, quien era incapaz de moverse, en ambulancia.

     

    Al principio no parecía ser más que un brazo roto y un dolor en el pecho, luego encontraron las cuatro costillas fracturadas y el pulmón colapsado; a los tres días descubrieron que las anteriores eran todas nimiedades en comparación con el verdadero impacto, que fue el que recibieron sus vísceras que por el trauma mostrarían indicios de necrosis y que demandaría una serie de cirugías delicadas.

     

    El conductor, amigo de mi papá hace muchos años y con quien prestó servicio militar en el pasado, sobrevivió al siniestro y a la cirugía de más de 12 horas que tuvo que soportar debido a múltiples fracturas y una reconstrucción de párpado. Su recuperación viene cargada de duras terapias y mucha paciencia.

     

    ***

    Un día antes del deceso, el socio más cercano de mi papá viajó a Montería. Fue entonces de gran ayuda a la hora de firmar papeles, pedir permisos y llamar a distintas funerarias para averiguar cuáles serían los trámites, pues de repente un cadáver se convierte en una responsabilidad que no da espera. Recordé la muerte de mi tío nuevamente, y como mi papá me decía “Ese era mi muerto. No de la esposa, los hijos o la mamá”, porque así se sentía haciendo lo que a mí me tocaba esta vez.

     

    En Colombia, el SOAT asegura la muerte y gastos funerarios por 750 salarios mínimos diarios legales vigentes (S.M.D.L.V), que hoy serían 22.713.150 pesos. Puede haber variaciones en los documentos para hacer esta reclamación, pero, por lo general, los requeridos son: Formulario específico de reclamación (FURPEN); epicrisis o historia clínica; Registro Civil de Defunción; certificación de inspección de cadáver de parte de la Fiscalía; Registro Civil de Matrimonio (si estaba casado); registros de nacimiento que demuestren el parentesco de quien reclama y una manifestación de que estas personas son las únicas beneficiarias.

     

    Es un proceso largo y tedioso, sobre todo por los documentos que deben ser solicitados a entidades oficiales y que en ocasiones pueden tomar mucho tiempo. En especial cuando es un proceso que está en la fiscalía de otro municipio y requiere de solicitudes y documentos, me explicó Luis Eduardo Barón, de Medicina Legal de Montería, quien hizo la necropsia y se puso a mi disposición para los trámites con los que pudiera ayudarme.

     

    Decidimos no hacer el pago de los gastos funerarios mediante el SOAT porque este requería documentos que solo podían ser solicitados en Necoclí y que toman varios días. Visitamos dos funerarias antes de tomar como opción a otra distinta que tenía convenio con una en Medellín y en la que haríamos uso de una póliza de mi tía que cubría todos los servicios menos el traslado terrestre. El alma descansa en paz, pero al cuerpo, después de la muerte, le esperan una serie de procesos que para los vivos es exhaustiva.

     

    Luego seguiría “reclamar” el cuerpo en Medicina Legal de Montería con una orden de la Fiscalía para que pudiera llevárselo la funeraria que lo prepararía para el viaje a Medellín. Todo lo anterior con el afán de que volaríamos en la noche y que debíamos salir antes de las cinco para el aeropuerto.

     

    También había que registrar la defunción en notaría, que se hace en la ciudad del deceso; de repente, de alguna manera, le pertenecía esa muerte a una ciudad ajena, para nosotros conocida como un lugar de paso para ir al mar. Parecía irreal estar firmando y solicitando papeles que llevaban el nombre y cédula de mi papá en todas partes, reafirmándome una muerte que yo no había tenido tiempo de sentir y de llorar.

     

    Morir lejos de casa significó acelerar una serie de trámites y diligencias para los que las personas suelen esperar varios días, por el dolor y por el luto. Nosotros, que no queríamos permanecer más tiempo en esa ciudad extraña en la que no teníamos recuerdos felices, corríamos de un lado a otro con una firmeza inexplicable que nos daba el afán, y que nos ayudaba a omitir el verdadero peso de las circunstancias.

     

    Solo en el avión, en el que iba sola, pude llorar con tranquilidad mientras veía por la ventana las luces de una ciudad que había esperado abandonar junto a mi papá, en otras condiciones.

     

    El cadáver llegó a Medellín en coche fúnebre en la madrugada del día siguiente, vestido con una bata blanca que “escogí”, aunque realmente no había opción, pues la ropa con la que viajaba ya había sido enviada a Medellín. Luego supimos que sus fluidos estropearían la prenda en el camino y sería reemplazada por ropa informal puesto que no era un hombre de trajes elegantes y costosos.

     

    Cuando se murió mi tío me habló de los guantes que le pusieron y que nunca hubiera usado en vida, pensé en que quizá él no hubiese querido ser enterrado con ese “vestido”, casi oí su risa cuando me enteré de que le llevarían su ropa informal.

     

    ***

    Los rituales de las funerarias, a raíz del COVID-19 han cambiado notoriamente, también para aquellos que no mueren por esta causa, pues es un peligro real que se manifiesta en el tiempo y la asistencia de estos eventos. Así lo sostiene Isabel Cristina Arango, directora general de la Unidad de Duelo de la Funeraria San Vicente en un video en la página web de la institución.

     

    La situación es aún más compleja para los familiares de quienes mueren debido al coronavirus o de quienes se tenga sospecha que lo padecieron en vida, pues por asuntos de salubridad no es permitido ningún tipo de ritual, que es tan necesario para cerrar ese ciclo adecuadamente.

     

    El toque de queda, como consecuencia del pico del virus, aplazaría la velación de mi papá al lunes y ese día en la mañana se cancelaría porque el cuerpo “no aguantó a tanto” a pesar de hacer todo lo posible, como informó la funeraria Plenitud, que fue la contratada.

     

    En una misa con aforo limitado, en Campos de Paz, poco menos de las 50 personas permitidas honraron su vida y presenciaron el entierro bajo las medidas de bioseguridad entorpecidas por los abrazos y las lágrimas. Otros tantos, desde sus casas, pudieron asistir al evento de forma virtual, en la emisión continua de la página web de Campos de Paz.

     

    Se acompaña con mensajes y llamadas, se abraza con emoticones y se asiste únicamente con invitación y dependiendo de la cercanía con el fallecido.

     

    En medio del duelo hay quien se resiste al consuelo físico por precaución, además, los espacios deben abandonarse con el tiempo medido porque el templo atiende muchas misas seguidas. En la página web hay una trasmisión fija de la iglesia, con un horario y un nombre distinto cada media hora. En especial en ese mes, abril del 2021, que fue el más letal en Antioquia por COVID-19 (2.697 muertes).

     

    También se recortan las conversaciones del final, las que prometen encuentros que no llegan y un apoyo cortés al que nunca se acude. Luego vienen las llamadas de “Disculpa que te moleste”, pero lo hacen; “Sé por lo que estás pasando”, pero lo ignoran y “Es que tu papá me debía…” o “Es que se había comprometido conmigo…”. Y a las responsabilidades de uno se le suman las del difunto y de nuevo hay que dejar lo de estar triste para después.

     

    También aparecen en buena cantidad un montón de promesas, y responsabilidades que quedaron a medio hacer y el “Es que él me prometió”, “Es que él decía que si un día se iba…”. Y de repente la palabra del muerto va por encima de la paz de los vivos. Y aparecen firmas, cartas, mensajes de WhatsApp y deudas con intereses que no dan espera.

     

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    A los bancos a los que se les debe hay que avisarles rápido, algunos solo piden el registro de defunción y la fotocopia de la cédula; otros requieren también el historial clínico y el registro de nacimiento de quien notifica (o un documento que demuestre algún parentesco). La mayoría de las deudas obligan al deudor a adquirir un seguro de vida que cubra el monto en caso de muerte, algunas cuentan con un saldo un poco mayor a favor y unas pocas se valen de los seguros adquiridos.

     

    La sucesión es el proceso por el cual los herederos pueden adquirir lo que por ley les corresponde. Si se hace pronto y sin inconvenientes podría estar lista antes de los seis meses. Pero entre los factores comunes que podrían complicarla está, por ejemplo, el desacuerdo entre las partes herederas. Otro es que los documentos legalmente idóneos (como el registro civil de nacimiento o partidas de bautismo) presenten inconsistencias en los nombres, documentos de identidad, fechas, entre otros. Y, en algunos casos, la aparición de herederos que no se hubieran reconocido. Explica Adriana Jiménez abogada que nos solucionó algunas dudas del proceso de sucesión.

     

    Si el fallecido tenía deudas con el Estado, como por ejemplo multas o impuestos, estas deben estar al día para iniciar los trámites.

     

    Las demás deudas se enlistan y se incluyen en el proceso de la sucesión, así como los muebles e inmuebles. “Es importante que estén debidamente acreditados y las obligaciones deben estar claras, expresas y exigibles”, sostiene la abogada.

     

    Mi papá, en el 2019, decidió tomar un seguro que cubriera todas sus deudas; sin embargo, con la pandemia, dejó de pagar la póliza y este fue cancelado por la compañía. Pienso en él diciéndome “Los hubiera no existen en la historia de la humanidad”, frase que repetía frecuentemente y que aún sirve para darme aliento, en especial en estos momentos.

     

    Hacer vueltas con él nunca era aburrido o tedioso, siempre encontrábamos de qué reírnos, de qué conversar, con qué entretenernos. Tomábamos tinto recalentado y fumábamos juntos mientras conversábamos con algún extraño, almorzábamos frijoles con chicharrón en un taller mecánico al que le gustaba ir. No había monotonía en su cotidianidad, tenía una buena actitud casi todo el tiempo y era una tarea difícil la de hacerlo enojar.

     

    Me recordaba que nunca tendremos la certeza de lo que pasa por la cabeza de los otros cuando en un mal día, quizá, desquiten su rabia con nosotros, por eso escasamente se dejaba provocar. Quizá también porque en su infancia y adolescencia se metió en muchos problemas por hacerlo.

     

    Recuerdo sus enseñanzas cuando debo tratar con todas las personas con las que nos dejó asuntos por resolver, con todos los funcionarios que me han atendido y con mi familia, pues todos tienen opiniones y una forma distinta de sugerir cómo hacerlo todo.

    “De alguna manera, le pertenecía esa muerte a una ciudad ajena,

    para nosotros conocida como un lugar de paso para ir al mar”. Foto: Cortesía.

     

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    Hoy, todavía tenemos asuntos pendientes. Mi hermana hizo un poder en el Consulado de Colombia en Nueva York y mi mamá me ayuda a seguir dándole la noticia a los bancos, a los acreedores, a buscar seguros para pagar la universidad. El socio de mi papá que hizo vueltas con nosotras, mi tía y mi primo también están ahí con nosotras, ayudándonos a llegar a acuerdos, a cumplir lo que mi papá prometió, a cerrar las historias que dejó inconclusas, a buscar la mejor manera de cerrar sus negocios y que podamos volver a dormir con tranquilidad.

     

    “Fui al otro lado y volví”, me dijo la última vez que hablamos por teléfono, un día después del accidente y un día antes de la primera operación que lo induciría al coma del que no saldría, que lo llevaría, efectivamente, al otro lado, y para no volver. Recuerdo que me angustiaba el saber que algo le dolía, no dimensionaba la magnitud real de la situación y aún así me preocupaba. Esa fue la última vez que hablé con él, la última vez que le dije que lo amaba y la última que escuché su voz.

     

    Después de su muerte encontré una carta que me hizo desde Necoclí meses antes, con la atemporalidad de su voz me dio la despedida que necesitaba, y me recordó que iba a estar siempre en mí, y conmigo:

     

    “He” picaresca

    Desde el litoral atlántico te pienso, te escribo, te siento,

    Vuelo contigo con cada pelícano que cruza el cielo,

    Lleno el espacio de la remembranza

    Con tu risa, tu humor, tu amor.

    El mar me trae tu presencia irrevocablemente y es como si nunca nos separamos y como una danza de dos almas que danzan fantasmagóricamente, como si fuésemos padre e hija

    Me alegra evocarte, pensarte como te pienso y saberte tan cerca de mi corazón, es mañé, pero lindo, alguna vez lo vi o escuché en una película: El lado oscuro del corazón › que la muerte decía que el amor es cursi…

    Desde aquí y desde siempre tuyo.

    Trabajo realizado en el curso Periodismo IV, orientado por el profesor Ramón Pineda.

     

  • Rápidos, tenderos… ¿Empleados?

    Las empresas de intermediación digital se han convertido en una fuente de trabajo para los colombianos. Sin embargo, estas dinámicas laborales traen consigo una serie de retos legislativos, dado que en el país no existe una normatividad especial que se encargue de regular estos nuevos modelos de negocio. 

     

    Natalia Ceballos y Felipe Restrepo / periódico.contexto@upb.edu.co

     

    Rappi es una plataforma digital colombiana que busca servirles a sus usuarios en la compra y entrega de bienes mediante una aplicación móvil. Esta se caracteriza por la supuesta flexibilidad laboral que le brinda a sus rappitenderos, pero también por las numerosas quejas que estos mismos realizan a la empresa por la falta de garantías laborales. Lo anterior se debe a que Rappi no reconoce a sus tenderos como empleados, sino como ‘colaboradores independientes’ y los ejecutivos argumentan que la plataforma sirve únicamente como intermediaria entre el cliente y el rappitendero. No obstante, los domiciliarios consideran que sí sostienen una vinculación directa con la empresa y por eso, deben ser reconocidos como trabajadores de esta. 

    Ilustración: Natalia Ceballos . Felipe Restrepo.

     

    Por lo tanto, el problema radica en que Rappi, al no reconocer una relación laboral con los colaboradores, no se ven en la obligación legal de afiliar a los tenderos a la seguridad social. La ausencia de un contrato laboral explícito hace que estos trabajadores digitales sean considerados parte de la informalidad del país, pues no cuentan con los derechos laborales de un trabajador habitual. Esta situación no es nueva, puesto que Rappi desde sus inicios tuvo claro cómo quería operar y relacionarse con sus ‘emprendedores independientes’. 

     

    Rappi nació en Bogotá en 2015 y a los pocos meses de operación ya era reconocida a nivel nacional. Y es que el modelo de negocio que esta introdujo al mercado era algo completamente nuevo para el público. La plataforma no solamente les ofrecía a sus usuarios pedir comida de restaurantes a domicilios, sino también la posibilidad de realizar retiros de dinero, mandar paquetes o hacer el mercado. Tanto fue el éxito de la aplicación que, para el 2017, Rappi ya contaba con más de diez mil rappitenderos y con una inversión de Silicon Valley que le permitió expandirse a otros países latinoamericanos. 

     

    Desde el 2018 y hasta el día de hoy, el número de rappitenderos sigue aumentando debido a lo fácil que es afiliarse a la empresa, pues solo solicitan un documento de identificación. A pesar de su popularización, los domiciliarios empezaron a protestar por la vulneración de sus derechos laborales, buscando la posibilidad de regularizar la situación de las plataformas digitales en el país. 

     

    Este modelo de trabajo se ha convertido en uno de los mayores retos en materia de derecho laboral y seguridad social en Colombia. Tanto así, que el artículo 205, publicado en 2019, del Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, buscaba regular y garantizar un trabajo digno a las personas que realizan esta labor, mediante un proyecto de ley. A pesar de que hubo varios intentos cursando en el Congreso de la República, ninguno ha logrado radicarse como ley. Asimismo, la ex ministra de Trabajo, Alicia Arango, después de varias reuniones con los dueños de Rappi, se pronunció frente al tema diciendo que el “sistema de contratación de Rappi es legal, pero tremendamente injusto”.

     

    El siguiente año, nació la organización y primer sindicato de domiciliarios en el país, Unidapp: Unión de Trabajadores de Plataformas, la cual cuenta con más de mil miembros. Este movimiento, además de convocar a marchas, también se encarga de realizar incidencia jurídica con el fin de mejorar las condiciones laborales en uno de los países más desiguales de América Latina. En Colombia, según una encuesta realizada por la Universidad del Rosario a 318 rappitenderos, un 53% de ellos no están afiliados al sistema de salud, el 45% vive en estrato 2 y casi el 93% no cotizan pensión.

     

    Juan Carlos Zuluaga, venezolano que trabaja con Rappi hace más de dos años, es una clara representación de estas estadísticas. Zuluaga nació hace 29 años en Mérida y vino a Colombia en busca de mejores condiciones de vida. Al llegar, se enteró por medio de un familiar que para ser rappitendero solo necesitaba, en su caso particular, el permiso de permanencia y asistir a una capacitación en la sede central de la ciudad. Casi 30 meses después de su llegada, ha logrado remuneraciones mensuales que se aproximan a los dos millones de pesos. Pero esto le implica laborar diez horas diarias, los siete días de la semana, pedir baños prestados y trabajar permanentemente a la intemperie. Además, ellos deben asumir los gastos de la gasolina, el plan de datos de su celular e incluso los implementos propios de Rappi como el maletín. Por lo tanto, sus ganancias representan una disminución significativa y si no fuera por el trabajo de su esposa que permite vincularlo a la EPS, a él también le tocaría cubrir este gasto adicional. 

     

    Juan Carlos es consciente de que puede activar o desactivar su disponibilidad en la aplicación cuando desee, pero siente que es necesario trabajar un mínimo de horas específicas para subsistir diariamente. Por el otro lado, los ejecutivos de Rappi sostienen que el trabajo en la plataforma no se da por jornadas, sino de manera flexible, lo que le permite al domiciliario trabajar cuando quiera. Además, su discurso plantea que los rappitenderos trabajan en la aplicación porque esta funciona como una fuente complementaria para sus ingresos, más no como su única fuente de estos. No obstante, la independencia que Rappi les promete a sus trabajadores es cuestionable, pues el 81,4% de los 318 rappitenderos encuestados por la Universidad del Rosario se ganan la vida solamente haciendo domicilios en esta aplicación de forma precaria. Y es que para que un rappitendero pueda garantizarse el salario mínimo, debe trabajar más de 10 horas diarias, cuando en Colombia, la jornada laboral no debe superar las 8 horas.

     

    Además de sentir la necesidad de cumplir con un horario mínimo de trabajo, los domiciliarios deben aceptar los términos y condiciones establecidos por la plataforma digital. Al hacer esto, los rappitenderos dependen exclusivamente de la aplicación móvil para poder trabajar, pues deben esperar a que esta les asigne un pedido y también bloquean, sancionan y monitorean al prestador del servicio. En este sentido, el trabajador estaría cumpliendo órdenes y horarios (existe tiempo límite para la entrega de pedidos) establecidos por parte de la plataforma, lo cual se puede traducir en subordinación. 

     

    Como lo explica Karina Zuluaga, abogada de la Universidad EAFIT, dicha subordinación es uno de los elementos necesarios para reconocer legalmente una vinculación laboral. El segundo es la remuneración, que en otras palabras viene siendo el salario que reciben como retribución del servicio. Y el tercero es la actividad personal del trabajador, es decir, la exigencia de que la labor a ejercer sea realizada única y exclusivamente por la persona contratada.

     

    El hecho de que Rappi no reconozca una relación laboral con sus tenderos significa que estos no van a estar afiliados a la seguridad social por parte de la empresa. Según Gabriela Pérez, abogada especialista en Derecho Laboral y Seguridad Social de la Universidad Externado, si los rappitenderos se asumen como independientes, deben responder por su propia seguridad social, lo cual rebaja sus ingresos mensuales. 

     

    Esta ha sido una de las razones para que los tenderos salgan a reclamar garantías laborales, pues sienten que su labor cumple con las condiciones necesarias para reconocer un contrato de trabajo. Sin embargo, los ejecutivos de Rappi prefieren tratar a los domiciliarios como ‘emprendedores independientes’ porque consideran que ninguno de los tres elementos se cumple para vincularlos laboralmente. Esto es una forma en la que la empresa deslaboraliza a sus trabajadores, dejándolos desprotegidos y aumentando la precariedad laboral. La deslaboralización es una forma de subcontratación que le permite a la empresa eludir responsabilidades legales y reducir gastos administrativos, pero para los trabajadores significa inestabilidad y ausencia de contrato de trabajo.

     

    En resumen, la facilidad en la contratación, la precarización en las jornadas y la falta de garantías laborales son las principales razones por las que se considera que Rappi vulnera los derechos de los trabajadores. Además, no es justo que, bajo el título de flexibilidad, se normalice la explotación laboral en las clases bajas que, por necesidad, se deben ver sometidos a estas condiciones.

     

    También hay que considerar que el Gobierno no ha realizado una buena gestión sobre la legislación laboral de las aplicaciones digitales como Rappi. Debido a retrasos con la pandemia y otros asuntos nacionales, el proyecto que busca garantizar mejores condiciones laborales a estos trabajadores se retrasó y, por ende, siguen siendo vulnerados hoy en día.

     

    En Colombia, el significado del concepto ‘contrato de trabajo’ es antiguo, lo cual hace que las nuevas modalidades de empleo no tengan regulación establecida. Esto evidencia la necesidad de adoptar una normatividad más flexible que tome en cuenta a las nuevas categorías laborales que surgen a partir de las tecnologías cambiantes. Lo ideal sería que la vinculación laboral se diera siempre a través de un contrato de trabajo, pero en Colombia esto no sucede, pues esto trae altas cargas económicas para las empresas. No se trata entonces de disfrazar contratos de trabajo, pero sí de que el gobierno se encargue de definir la relación laboral que los trabajadores tienen con la empresa de intermediación digital. Por esto, es necesario que la legislación colombiana encuentre otras alternativas y nuevas modalidades de contratación que permitan dinamizar el empleo a través de plataformas digitales, para así asegurar condiciones dignas de trabajo.

     

    Trabajo realizado para el curso Periodismo V, orientado por el profesor Juan Esteban Mejía.

     

  • El cantor que echa su alma a volar

    John Jairo Torres de la Pava necesita a su guitarra como el cielo a las estrellas y el invierno al frío.

     

    Federico Hoyos Gutiérrez / federico.hoyos@upb.edu.co

     

    Fueron precisamente los sonidos armónicos de sus cuerdas, combinados con el de su melodiosa voz, los protagonistas de aquella noche del miércoles 15 de julio de 1998, fecha del concierto de lanzamiento de su álbum Lo que amo, en el Teatro Metropolitano José Gutiérrez Gómez, de Medellín.

     

    Entre los espectadores estaba Lina María González, una joven simpática, esbelta y sonriente. Lo que ni ella ni John sabían era que el destino quería unirlos desde esa noche para siempre. “Mi mamá fue literalmente obligada. Una amiga le dijo: ‘Tenés que ir. Si querés, comprá la boleta más barata’”, cuenta Gabriela Torres, hija de John Jairo y Lina. “Eso hizo mi mamá, compró la más barata y se hizo bien atrás, en el ‘gallinero’. Al principio estaba muy aburrida”. Pese a que el recinto estaba a reventar, había algunos puestos libres más adelante y, en el intermedio del concierto, su amiga le dijo: ‘Váyase pa’delante, allá en esos puestos que sobraron’.

     

    << La tradición como elemento de contrastes está en las bases de la obra de John Jairo Torres. Foto: Cortesía.

     

    De repente, el aburrimiento de Lina se transformó en un mar de lágrimas al escuchar Tu llegada, una canción que John Jairo compuso cuando nació Catalina, su primera hija. “Mi mamá se puso a llorar, le llegó muchísimo la música de mi papá. Al final, la amiga de mi mamá le dijo: ‘¿Quieres conocer a John Jairo?’”. Lina accedió y se fue con ella y otra amiga a saludarlo… “La amiga de mi mamá quería presentarle a mi papá la otra amiga, no a mi mamá”. Sin embargo, John se enamoró perdidamente de Lina desde el primer instante que la vio, “tanto así, que ni siquiera se acuerda de la otra amiga.”, dice Gabriela. “Al mes de conocidos, mi papá le hizo la primera canción a mi mamá (Mi alma gemela)”.

     

     

    Para entonces, John Jairo ya se había divorciado de Maria Eugenia Bayona, la fuente de inspiración de obras como No es tan fácil y Fantasmas. “Las canciones tristes de John Jairo vienen de esa época, y las alegres vienen de su segundo matrimonio con Lina”, recuerda Jaime Betancur, amigo de John desde hace más de dos décadas. “Él ha pasado por muchas etapas de la vida, por eso es tan buen compositor. El noventa porciento de lo que produce es muy bueno y, lo demás, muy aproximadamente bueno”, agrega.

     

    De aspecto bonachón, tez blanca, cabello negro entremezclado con canas, nariz gruesa y redondeada. Sus ojos cafés reflejan una mirada sincera y penetrante. Sus 188 centímetros de estatura le permitieron ser un habilidoso basquetbolista en la adolescencia.

     

    Nacido un Día de Brujas de 1958 en el Seguro Social de Itagüí, es tecnólogo en Sistemas de Cedesistemas y gestor cultural de la Universidad EAN. No obstante, “la música es la que ensancha su espíritu y la que purifica las aguas cristalinas de su inspiración”, como escribió alguna vez Rubén Darío Barrientos. Desde la cuna, su corazón palpita al ritmo de bambucos, pasillos, guabinas, danzas y valses.

     

    Es hijo de doña Gabriela de la Pava, mujer sabia y serena; y de don Heroel Torres, hombre de carácter fuerte, con quien mantuvo una relación difícil durante algún tiempo. Paradójicamente era don Heroel quien le regalaba instrumentos, pero no quería que fuese músico. Las diferencias entre ambos se subsanaron con una composición conciliatoria: una danza titulada Para decirte te quiero. Dice Betancur que “llegó el momento de la vida en que él (Heroel) estaba enfermo y John Jairo le quiso escribir una canción diciéndole que no quisiera perderte sin decirte te quiero’.

     

    Su abuelo tiplista, Antonio ‘el Negro’ Torres, fue quien le legó la vena artística. A los ocho años incursionó en la guitarra. En ese entonces le decía a su profe, Rodolfo Marín, que había escuchado por radio los que en verdad eran sus primeros poemas musicalizados.

    Aquí, Joh Jairo Torres celebra su reconocimiento a Canción Inédita. Foto: Cortesía. >>

     

    Prolífico compositor, su repertorio supera las 200 obras escritas, muchas de ellas interpretadas y grabadas por reconocidos artistas. Ha triunfado en diversos eventos tales como el Festival Mono Núñez, el Festival Nacional del Pasillo Colombiano, el Concurso Nacional de Duetos de Ibagué y el Concurso Nacional del Bambuco Luis Carlos González, por tan solo nombrar algunos. “No me quiero perder ningún festival, ni concierto”, afirma John Jairo.

     

    “Es un defensor incansable de nuestra música”, dice Carlos Andrés Mesa, licenciado en Dirección Musical. En marzo de 1998, la Cámara de Representantes le condecoró con la Orden de la Democracia en grado de Caballero “por su labor en la creación y difusión de la música colombiana”. El municipio antioqueño de San Pedro de los Milagros “instituyó el Concurso Nacional del Bambuco John Jairo Torres de la Pava”.

     

    Jairo Moreno, excuñado de John, resalta que él “tuvo muy claro siempre que si queríamos rescatar y manejar una música colombiana folclórica que perdurara, teníamos que hacer que los jóvenes se involucraran con esas músicas”. Una de las condiciones que puso Torres cuando asumió la dirección ejecutiva de Antioquia le Canta a Colombia en 2007, era que los niños también pudieran participar en el festival. Cuando fue director artístico y presentador del programa televisivo Serenata, les exigía a los artistas que la mitad de su repertorio fuera de músicas andinas colombianas.

     

    Pese a que su rostro ya no aparece en las pantallas, todavía hay muchos que le demuestran simpatía en la calle y le piden que les cante un pedacito de alguna de sus canciones. “Mis fans son, en este momento, mayores de setenta”, bromea John Jairo.

     

    Está en contra de los estereotipos, de que haya que ponerse sombrero, salir de ruana, de carriel y alpargatas para pararse a cantar en un escenario. Esa fue la idea que lo sedujo a escribir Quién dijo, el icónico bambuco que despertó amores y odios, pero que, al fin y al cabo, lo catapultó como cantautor. John Jairo es un convencido de lo que hace. En la fiesta de premiación del Mono Núñez de 1987, “aposté 30 mil pesos con el que ganó ese año la obra inédita a que yo ganaba el año siguiente”; y así ocurrió: fue precisamente Quién dijo la canción que le dio el triunfo en ese festival.

    Video

    John Jairo Torres de la Pava interpreta “Quién dijo”. Video: Teatro Metropolitano.

     

    Dice la verdad sin tapujos. Un reconocido artista de antaño le dijo alguna vez: ‘Tus canciones son muy bonitas, pero eso no es comercial. Eso no le gusta al pueblo’. Y John Jairo le contestó: ‘Mis canciones no las van a olvidar los que las han oído. En cambio, de las tuyas, mañana no se va a acordar nadie’.

     

    Torres de la Pava tiene muchos conocidos, pero pocos amigos. Eso sí, los que tiene son entrañables. “A mí me han tocado muchas tertulias que casi siempre son en la casa de Lina y John. Ellos tienen un grupito de amigos que son Jaime Betancur, Gustavo Díez y Alfonso Grosso (acompañados de sus esposas Esperanza, Davinia y María Elena, respectivamente). John es el líder del equipo. Es el que pone el tema de conversación.”, cuenta Pedro Pablo Zuluaga, novio de Gabriela. Se reúnen a reírse y a contar historias, al sabor de unas copas de aguardiente. “En cualquier momento llega alguno y dice: ‘¡Vamos a tocar!’. Y John saca su guitarra”, una Yamaha traída desde Japón. “La cuida como un tesoro… solamente la saca cuando ellos van y, de vez en cuando, me la presta por ahí a mí”, dice Zuluaga. “A él le han ofrecido plata por ella, la que quiera… le han ofrecido cambiarle la guitarra, pero él no la cambia por nada del mundo”, agrega.

     

    Gustavo Díez, hombre carismático y locuaz, es el guitarrista de cabecera de John Jairo. Dice que las anécdotas con él dan para escribir un libro. ‘Tavo’ describe a su amigo como “una teta auténtica”. Mamagallista y dicharachero, “siempre está echándole vainas a todo el mundo… Es insoportable en el estudio de grabación (risas)” y “Termina por imponer su criterio frente a lo que él quiere que se haga”. Díez destaca que las diferencias de pensamiento nunca han sido un obstáculo para ser amigos. “Yo le digo a John: ‘Una de las razones por las que más te quiero a ti es que cuando esté verraco contigo te lo puedo decir en la cara y no me da miedo’. No nos guardamos nada”.

     

    Como auténtico perfeccionista, le sacan de quicio las cosas mal hechas. “No admite el fracaso”, recalca Díez. “Él es muy nerd. No descansa hasta hacer las cosas bien. Me acuerdo muchísimo cuando hizo la segunda carrera (Gestión Cultural), que se despertaba como a las tres de la mañana a estudiar… Se acostaba muy tarde por hacer trabajos”, recuerda Gabriela.

     

    No está satisfecho con lo que ha logrado; aún tiene varios pendientes. “Me falta componer mi mejor canción, me falta escribir mi mejor libro, me falta conocer a mis nietos…” Está finalizando su tercer libro y planea montar un podcast y un canal de YouTube. “Me apasiona mucho la comunicación”, enfatiza John Jairo.

     

    No tiene peros ni reparos a la hora de darle gusto al paladar. “Come mucho, como yo”, dice Gaby, jocosamente. “Le encanta la carne. Intentó ser vegetariano, pero no le dio”. No puede vivir sin Coca-Cola y sin comer leche en polvo.

     

    Dicen que es reticente a dar consejos, pues considera que la vida la vive cada uno. Que lo entristece la injusticia y la indiferencia… y, según Díez, que “le da mucho terror el escenario antes de tocar”. Pero cuando está parado en él, echa su alma a volar.

     

    Trabajo realizado en el curso Periodismo III, orientado por l profesora Claudia Patricia Sánchez Aguiar.

     

     

     

     

     

     

     

  • Los ojos que registran el Paro Nacional

    Cristian David Gutiérrez Martínez / cristian.gutierrez@upb.edu.co

     

    Desde el 28 de abril, decenas de fotógrafos han salido a las calles para registrar los hechos que se desarrollan en el marco del Paro Nacional, sus registros fotográficos son elementos fundamentales para entender el ambiente caótico que vivimos. ¿Cuál es el papel del fotoperiodismo en las protestas? ¿Qué anima a los fotógrafos a realizar su labor? ¿Qué problemáticas enfrentan los fotoperiodistas por estos días?

     

    Cuando el ambiente en las calles es tenso y las noticias falsas abundan en las redes, los registros fotográficos se hacen claves para entender lo que ocurre. Desde el 28 de abril, las protestas contra decisiones gubernamentales han generado choques con fuerzas del Estado y otros grupos, que derivaron en caos y desinformación. Con el ánimo de mostrar en detalle lo que ocurre, decenas de personas se vuelcan a las calles con cámaras, la mayoría de las cuales cabe en los bolsillo de quienes asumen el papel de periodistas.

     

    El fotoperiodismo surgió en 1880, cuando el Daily Graphic de Nueva York comenzó a utilizar fotografías en el periódico. Desde entonces, la imagen se ha convertido en un elemento fundamental para entender los hechos que se presentan, al punto que hoy se pueden encontrar reportajes conformados enteramente por imágenes, casi sin necesidad de palabras para ilustrar la realidad.

     

    En la necesidad de relatar los hechos con la contundencia y elocuencia de una imagen, han surgido propuestas como la de la Agencia Colectiva Amalias, un grupo de mujeres de distintas ciudades que a través de la fotografía, pretende reclamar espacios comúnmente masculinos y a su vez contar la realidad social del país a través de sus registros. “Tres Ojos”, como se hace llamar para proteger su identidad, es una de las mujeres pertenecientes a este colectivo. “El tercer ojo es el ojo de la conciencia”, dice ella, “lo cual en mis fotos trato de reflejar”; a través de su labor, esta fotógrafa busca mostrar la realidad de lo que sucede en las noches de Bogotá.

     

    << Manifestantes bogotanos sosteniendo un par de escudos. Foto: @tresojos666

     

     

    Tres Ojos cuenta que fotografiar lo que acontece en las protestas no es una labor fácil. En sus sesiones se ha tenido que enfrentar a imágenes y situaciones difíciles, e incluso ataques directos en contra de la prensa: “Una vez nos cayó un gas a toda la prensa y lo único que hizo el ESMAD fue atravesarse en nuestro camino mientras decían ‘eso ahóguense’”, cuenta la reportera gráfica. A pesar de todo lo anterior, Tres Ojos dice que ver a jóvenes luchando sin importar si pueden salir heridos, le da ánimos para continuar informando desde las calles aquello que sucede en la Capital.

     

    Muchos de estos fotorreporteros deciden hacer una labor independiente de algún medio; este es el caso de Mateo Builes, conocido como Teo Builes Itg, oriundo de la ciudad de Bello, quien ha registrado desde actos culturales, hasta crudos enfrentamientos desarrollados las últimas semanas en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Aunque en tiempos anteriores Teo no se había dedicado a la fotografía periodística, él se sintió en la responsabilidad de utilizar sus herramientas para concientizar a su entorno más cercano acerca de lo que sucedía en las protestas; así, se vio motivado para salir a las calles y servir como prensa alternativa.

     

    Mateo cuenta que hacer fotografía en el contexto del paro es una tarea difícil: “Son muchas horas caminando, el cansancio, la fatiga, la sed… de hecho he tenido quemaduras en mi piel, no solo por el sol, sino también por los gases”, dice. La labor se hace más difícil cuando no hay el respaldo de algún medio, pero por fortuna entre fotógrafos independientes se crean grupos con el fin de protegerse mutuamente y capturar sin manipulaciones los hechos que se desarrollan.

    Manifestantes reunidos en la estación Estadio del Metro de Medellín. Foto: @teoitg

     

    “Me anima saber que he logrado transmitir emociones, he logrado transmitir sensaciones; he mostrado la furia, la ira, la rabia del momento. He podido llegar a personas a las que jamás creí que iba a llegar”, dice Teo. “Mi trabajo es informar, pero desde el arte”. Así, como el de Mateo, son varios los casos de personas comunes que, impulsadas por su necesidad de informar, deciden salir a la calle y poner sus equipos al servicio de quienes creen que necesitan saber lo que ocurren en las calles.

    Martín Ángel, conocido en redes como Neoyuzek, ha participado también en las manifestaciones, informando a través de fotografías tomadas en Popayán y otros sectores del departamento del Cauca. Aunque Martín trabaja como fotoperiodista, él expresa que salir a las calles es también una muestra de que los fotógrafos no pueden ser indiferentes a la situación del país. “Tenemos esta generación de prensa y periodistas independientes que se viene forjando hace pocos años, personas que salen a hacer trabajo de campo y con su celular registran toda esta situación. Es algo que antes era impensable, ahora tienes horas y horas de registro en vivo que dan otra visión de la situación actual”, expresa Martín Ángel, al describir la ola de fotoperiodismo que el Paro Nacional impulsó.

    Hombre sosteniendo la bandera de Colombia en medio de una protesta en el departamento del Cauca.

    Foto: @neoyuzek

     

    Pese a que Martín pretende capturar escenas que informen a la ciudadanía de forma imparcial, afirma que en muchas oportunidades no hay garantías para desarrollar la labor de prensa: “Me han amenazado, insultado y agredido”, cuenta el fotógrafo. Por lo anterior, Martín dice que en Colombia es necesario concientizar más acerca de la labor de la prensa, pues además de ser infravalorados económicamente, los fotoperiodistas sienten que tener un distintivo de prensa representa muchas veces un riesgo que los hace objeto de agresiones.

     

    Según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), para el 25 de mayo eran 165 los casos de agresión en contra de periodistas en el marco del paro nacional, 89 agresiones más que las ocurridas en las protestas del 2019 en sus primeros 40 días. De estas 165 agresiones, 87 fueron cometidas por miembros de la fuerza pública, presentándose incluso 16 casos de disparos directos en contra de la prensa. Esta violencia puede afectar especialmente a los fotoperiodistas, pues su labor exige un gran acercamiento al lugar de la noticia, y es posible que se agudice más cuando quien hay detrás de la cámara es un fotógrafo independiente sin ningún distintivo de un medio reconocido, a pesar de estar amparados por leyes y tratados, algunos de alcance internacional.

     

    Jonathan Bock, director de la FLIP, piensa que la situación en el país para la prensa es preocupante: “Las jornadas de protestas sociales que se han llevado a cabo desde el 28 de abril han expuesto la vulnerabilidad y desprotección de los periodistas en el país. La libertad de expresión y prensa se ha visto gravemente afectadas por el alto nivel de violencia que se ha vivido en Colombia en los últimos días. Es urgente que se implementen acciones diferenciadas para garantizar su seguridad. El trabajo de una prensa libre es un imperativo para salvaguardar el Estado democrático” señaló en un informe de la organización que lidera.

     

    Los repetidos actos de violencia han causado que un grupo de fotoperiodistas y reporteros lanzaran el 1 de junio un comunicado en el cual exigen garantías por parte del Estado y de los grupos en choque durante las protestas para ejercer libremente la labor fotoperiodística, además hicieron un llamado a la Comunidad internacional para que se creen condiciones que permitan el libre ejercicio de la prensa. El comunicado cuenta con 104 firmas, muchas de ellas provenientes de fotógrafos independientes.

    Fotógrafos reunidos en una protesta cerca al Parque de los Deseos. Los registros fotográficos han jugado un papel fundamental en las protestas llevadas a cabo desde el 28 de abril. Foto: @teoitg

     

    El fotoperiodismo siempre ha estado ahí para contar lo que las palabras no alcanzan relatar. Las protestas del último mes dejan un balance que señala además un largo recorrido para reivindicar su labor, liberarla de estigmatizaciones que los han convertido en objetivo agresiones y que el contenido que publican sea valorado de manera acorde a lo que implica buscarlo.

     

  • LDS y RXN, cerca de la vuelta

    La pandemia apartó a los hinchas paisas de sus equipos y del estadio. Las principales barras organizadas de los dos equipos de Medellín hicieron durante meses numerosos esfuerzos por buscar formas seguras de regresar a las graderías. Se acaba de anunciar la reapertura del fútbol al público de la ciudad y presentamos un resumen de ese partido que se jugaron por volver.

     

    Claudia Villa Hoyos / maria.villah@upb.edu.co

     

    Los hinchas de de los equipos en Colombia, poco más de 14.000 personas que se presentaban a cada partido en 2019, se quedaron sin la ilusión de ir al estadio. Medellín, sus equipos y la gente que se reunía para cada uno de los encuentros antes de la pandemia, encabezaban la lista de asistencias.

     

    Las barras de Atlético Nacional y Deportivo Independiente Medellín no se manifestaron sino hasta principios de este año. Según Felipe Muñoz, líder de Los del Sur, entendían que la situación aún no se prestaba. Solo lo creyeron pertinente en el momento en el que entendieron, desde su propio raciocinio, que al ya estar reactivándose los sectores económicos tales como bares y discotecas, que son espacios cerrados, el estadio podría abrirse y permitir la entrada.

     

    Los del Sur y Rexixtenxia Norte son las dos principales barras organizadas de Medellín y se unieron por un mismo propósito: regresar periódica y escalonadamente a los estadios, para ver el progreso y que se decidiera si era posible una entrada masiva con el pasar de los días.

     

    En distintas ocasiones el presidente de la Dimayor, Fernando Jaramillo, se pronunció en favor de la economía de los clubes, para los que la taquilla es uno de sus ingresos más importantes además de los derechos deportivos y de televisión. Ambos rubros significaron para la Dimayor ingresos 58 mil (26,1% del total) y 10 mil millones de pesos (19,3%) respectivamente. Las taquillas constituyeron el 16,7% de los ingresos totales, con alrededor de 9 mil millones de pesos.

    Desde las protestas de fines de 2019, las barras organizadas de fútbol en la ciudad y el país, ocuparon un lugar muy visible en las movilizaciones sociales. Foto: Claudia Villa Hoyos.

    Prueba piloto para volver al Atanasio

    Las dos barras unieron fuerzas para presentar un proyecto a la Alcaldía de Medellín, esperando que se diera alguna respuesta rápida y positiva a una petición elevada a finales de enero de 2021 para tratar de volver a los estadios bajo las condiciones que definieran las autoridades.

     

    Un mes después, la solicitud tuvo visto bueno del gobierno local, que consideró además los antecedentes de trabajo conjunto y sana convivencia demostrado en los últimos años por las dos hinchadas. Una prueba se hizo en el partido que disputó Deportivo Independiente Medellín por la final de la Copa BetPlay 2020, en el que entraron solo 30 personas. A Nacional le tocó el turno en un encuentro por Liga ante América de Cali.

     

    La autorización obligaba a considerar factores dentro y fuera del escenario del evento, conocidas las aglomeraciones propias de estos eventos, especialmente en los alrededores del Estadio y en establecimientos donde suelen proyectarse los partidos en pantallas gigantes.

     

    Aún con todo esto, la Alcaldía otorgó el permiso de comenzar con unas pruebas piloto con pocos hinchas y ensayos en las tribunas para establecer los detalles logísticos y analizar el comportamiento de la gente.

     

    La aprobación del proyecto se dio a principios de marzo del 2021 y las directivas de los equipos estaban apoyando el proceso. El sábado 30 de enero Daniel Ossa, presidente del Deportivo Independiente Medellín, anunció una reunión con su par de entonces en Nacional, Juan David Pérez, para buscar maneras de apoyar la iniciativa de los aficionados.

     

    El plan se ejecutó de manera muy rápida. El 15 de marzo, las dos barras populares y la Alcaldía de Medellín anunciaron por redes sociales los simulacros de ingreso y ocupación de las tribunas para el clásico paisa que se jugaría el 27 de marzo. Según Felipe Muñoz, de Los Del Sur, ingresaría un integrante por cada “combo” dentro de la barra.

    Las barras de los dos equipos de Medellín han debido repartir su agenda para movilizarse ante su descontento con la situación del país y la de sus equipos, que no pasan por buenos momentos en lo deportivo. Foto: Claudia Villa.

     

    Suma de frustraciones y descontento

    El 17 de marzo, a días del reencuentro de los 400 hinchas seleccionados con sus equipos, el aumento de casos de COVID-19 impidió que el Ministerio de Salud diera la aprobación a la propuesta. Y la asistencia de hinchas al clásico paisa debió cancelarse.

     

    “En un espacio para 45.000 personas, no entrarían más de 500. La reactivación económica es un hecho, y hay aglomeraciones en los espacios cerrados de la ciudad. El fútbol mueve masas, y debería tomarse con importancia, porque es por y para la gente”, declaró entonces el líder de Los del Sur, Felipe Muñoz. Sus pares de Rexixtenxia Norte agregaron que se había trabajado muy duro para que este fuera un “espectáculo con público y un ejemplo a nivel internacional”.

     

    La promesa de las autoridades fue revisar la propuesta de nuevo después de Semana Santa, pero las cifras de contagios siguieron en aumento. La situación afectó incluso a los planteles de los dos equipos, que tuvieron además reveses en lo deportivo y quedaron fuera de la competición nacional.

     

    En esas circunstancias, llegó el debate nacional por el proyecto de reforma tributaria y el fútbol terminó de irse a un segundo plano de importancia. Las dos hinchadas se sumaron a las protestas, avivadas por los altos niveles de violencia y denuncias de abusos por parte de la Fuerza Pública.

     

    El proyecto de organizar todo para un eventual regreso a las canchas no era tema de conversación hasta el primero de junio, cuando al amparo de un decreto nacional de reactivación económica el Alcalde de Medellín anunció el ‘Plan Joven y de Reactivación’ para la ciudad que, en medio de una ocupación de Unidades de Cuidados Intensivos superior al 95%, contempla el regreso de progresivo y controlado de eventos y espectáculos masivos a partir del 8 de junio, entre ellos el fútbol, con un partido que se jugaría la primera semana de julio entre los dos equipos locales, en un estadio al 50% de su capacidad.

  • ¿Qué tan saludable está el mercado? Una mirada al consumo en pandemia

    Por Miguel Arango Rúa / miguel.arangor@upb.edu.co

     

    · Un 59% de las empresas está creciendo, según una medición del CESA e INCUBA.

    · La ansiedad y el miedo, dos emociones que están influenciando las compras.

     

    Amazon, Rappi y Netflix han cambiado la forma como se consumen productos y servicios. Ya desde antes de la pandemia el mundo vivía una transformación tecnológica y social que tocó las formas de comprar. Sin embargo, la llegada del coronavirus ha trastocado el panorama, acelerando algunos procesos y ralentizando otros. El comercio electrónico ahora es la tendencia, a medida que las empresas se digitalizan.

     

    Un vendedor ambulante ofrece sus alimentos en pleno toque de queda en el barrio de Buenos Aires. Foto: Miguel Arango Rúa. >>

     

    Negocios que antes se resistían a la virtualidad han tenido que evolucionar de la noche a la mañana para sobrevivir. Además, el 40% de los consumidores a nivel global ha perdido ingresos, de acuerdo con el informe de la empresa de auditoría PwC Consumer. Pero las consecuencias de la pandemia no solo le han pasado al comprador una cuenta de cobro económica, sino también psicológica. En Colombia, el índice de confianza del consumidor, en el segundo trimestre del 2020, estuvo en 77 puntos, bajando 25 unidades con respecto al mismo periodo del 2019, según mediciones de la empresa Nielsen.

     

    Cabe entonces preguntarse: ¿qué comportamientos de los compradores se han modificado durante la presente coyuntura? ¿Qué hacen las empresas para adaptarse a los nuevos hábitos de sus clientes? ¿Son las personas conscientes de cómo y por qué compran? Más allá de decisiones políticas como reformas tributarias, que afectan el poder adquisitivo, hay hilos invisibles que desde lo psicológico y lo social propician ajustes en el mercado. Descúbralos a continuación.

     

    Tiendas locales: una oportunidad para crecer

    Para Juan Esteban Valencia, profesor de Mercadeo y Comunicación de la Universidad Pontificia Bolivariana, las empresas no supieron aprovechar todo el potencial de las redes sociales. Antes de la pandemia, estas eran usadas por las marcas para posicionarse, para mostrarle a su público su imagen. Sin embargo, la coyuntura ocasionó que las redes se saturaran con contenido promocional.

     

    Valencia también explicó que las empresas que venden artículos como ropa o joyería tienen un reto por delante, pues sus productos son difíciles de vender online, ya que al cliente le gusta probárselos y examinarlos detalladamente. Para solventar esto, los negocios deberán invertir en innovación para crear mejores tecnologías 3D y de realidad aumentada. En contraste, las tiendas y comercios locales tienen una gran oportunidad para crecer, pues en época de cuarentena los consumidores buscan desplazarse lo menos posible para adquirir productos.

    Iván González, psicólogo del consumidor, concuerda con la posibilidad que se les ha abierto a los negocios locales para fortalecerse. De acuerdo con el experto, cada generación vive momentos históricos que modifican sus comportamientos. Los jóvenes, sobre todo, son los más vulnerables ante las coyunturas. González dijo que no hay que olvidar que el coronavirus se expandió rápidamente gracias a la globalización, así que cabe la posibilidad de que los consumidores tomen conciencia de sus peligros y prefieran los productos nacionales.

     

    PwC Consumer corroboró en su informe de 2020 que los comercios locales están tomando fuerza, en especial las empresas de comida orgánica y saludable. Aunque esta tendencia en el consumo alimenticio ya era algo que se veía desde antes de la llegada del coronavirus, la pandemia parece haber impulsado esta moda.

     

    << A la izquierda, una tienda de barrio en Buenos Aires abre sus puertas un domingo por la mañana, en medio del toque de queda. A la derecha, un vendedor de mercancía deportiva en el barrio La Castellana. Fotos: Miguel Arango Rúa.

     

     

    Para conocer qué medidas se estaban tomando desde el sector oficial para apoyar a los emprendimientos de Medellín, Contexto se puso en contacto con la Secretaría de Desarrollo Económico. Aunque el despacho no concedió una entrevista, sí respondió en un documento a las preguntas formuladas. Durante el 2020, esa dependencia realizó capacitaciones, asesorías personalizadas y talleres para fortalecer la digitalización de 200 micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes). En este caso, se les ayudó a adecuar canales de venta virtuales y se les enseñó a posicionar su marca y a dinamizar e incrementar sus procesos de venta. Además, mediante el concurso Programa Capital Semilla, la secretaría le otorgará incentivos económicos de entre 5 y 10 millones de pesos a las mejores ideas de negocio.

     

     

    Escuche testimonios de grandes y pequeñas empresas: ¿cómo se han adaptado al cambio? >>

    El consumidor: un rompecabezas de factores

    Las personas están inmersas en un contexto personal, familiar y social que define cómo se van a comportar al momento de adquirir un producto o servicio.

     

    La maestría en Comportamiento del Consumidor de la Universidad Pontificia Bolivariana, encabezada por la socióloga Diana Múnera, ha identificado por medio de un estudio tres vectores de cambio que modifican las acciones de los compradores. Primero, están las nuevas vulnerabilidades, como la falta de motivación y paciencia que experimentan las personas en asuntos como el teletrabajo. Segundo, está la omnipresencia de la virtualidad, que ocasiona una relación angustiosa con el manejo del tiempo. Por último, está la autoedición, proceso mediante el cual los individuos se administran a sí mismos, buscando rutinas que les permitan llevar un equilibrio y tomar conciencia de lo que está pasando en sus vidas.

     

    De acuerdo con Múnera, el tema de las nuevas vulnerabilidades ha provocado que los consumidores busquen en las marcas algo más que solo productos. Esto se ha visto reflejado, incluso antes de la pandemia, en una nueva publicidad: aquella que se enfoca en vender estilos de vida por encima de artículos.

     

    También hay que tener en cuenta que el mercado crece: de acuerdo con un estudio realizado en 2020 por el Centro de Innovación y Emprendimiento (INCUBA) y el Grupo de Estudios en Administración del CESA, con una muestra de 154 negocios, 59% de las empresas encuestadas se encuentran en crecimiento. Este aumento en la oferta hace que los consumidores se vuelvan más exigentes a la hora de elegir.

     

    Sin embargo, Múnera se toma este panorama con precaución. En Colombia, donde el desempleo ha venido en aumento, y la cobertura de internet sigue siendo relativamente baja (44% no tiene acceso a la red de acuerdo con el Centro Nacional de Consultoría), muchas personas continuarán buscando las empresas que ofrezcan los precios más bajos.

     

    Pero más alternativas en el mercado no siempre se traducen en mejor calidad en los productos. Juan Carlos Bañol, presidente de la Asociación de Consumidores de Medellín, afirmó que ha habido un aumento en los reclamos interpuestos por los compradores, sobre todo en lo relativo a las compras en línea. Publicidad engañosa, sobrecostos en los domicilios y la clonación de tarjetas de débito o crédito, son problemas que la asociación ha visto crecer con la pandemia.

     

    Bañol indicó que los consumidores están teniendo dificultades con el manejo de las plataformas de compra, sobre todo al momento de utilizar los medios de pago. También se han presentado casos donde las personas han comprado tiquetes aéreos en páginas extranjeras por descuido, lo cual puede ocasionar problemas al momento de reclamar por el producto.

     

    Debido a esto, la Asociación de Consumidores trabaja para educar a los compradores, subiendo contenido explicativo a sus redes sociales, donde enseñan a resolver diferentes situaciones como las descritas anteriormente. Identificar la vigencia de las promociones, fijarse muy bien en las condiciones y tiempo de envío, así como verificar en qué moneda están los precios, son las recomendaciones de Bañol para una compra en línea segura.

    Si quiere conocer más sobre cambios en el consumidor durante la pandemia, vea la siguiente infografía y escuche la encuesta a los compradores.

     

    Más detalles sobre cambios en el comportamiento de nuestro consumo en la pandemia en la siguiente infografía. Haga clic en la imagen para verla.

    En resumen

    El aislamiento social ha traído consecuencias económicas y psicológicas para la población, que afectan su capacidad adquisitiva y hacen que emerjan diversos tipos de consumidores. Dependiendo de los factores individuales, durante esta pandemia, una persona puede volverse compulsiva a la hora de comprar o más mesurada.

    << Escuche aquí las voces de los consumidores.

     

     

    Pero si algo ha quedado claro, es que ahora las empresas han tenido que acelerar su digitalización, lo cual implica idear nuevas estrategias de marketing. En un mercado cada vez más lleno de opciones, el cliente se vuelve más exigente. También, en este panorama, las redes sociales se han visto sobresaturadas de contenido promocional. Sobrevivirán entonces los negocios que sepan adaptarse a los estilos de vida de sus clientes y les ofrezcan productos o servicios que los complementen.

     

  • SANTA FE: DE ZOOLÓGICO A PARQUE DE LA CONSERVACIÓN

     

    Valeria Trujillo Arenas / valeria.trujillo@upb.edu.co

     

    “Siempre me pregunto qué pasa, por qué este animal está acá y es importante que todo el mundo lo entienda… a ninguno de nosotros nos gustaba ver la fauna cautiva. Ahora, eso no significa que esta no cumpla una función”. Hace poco más de un año Jorge Aubad Echeverri se reunió con la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín para discutir el rumbo que le darían al antiguo Zoológico de Santa Fe; el resultado fue un cambio profundo y estructural que involucraría más que el nombre del lugar y era una necesidad para la ciudad, los animales y el equipo del establecimiento.

     

    Darwin Ruiz Murcia lleva 9 años trabajando en el antiguo zoológico. Es zootecnista y se desempeña en el área nutricional del Parque: sabe qué deben comer los animales, cómo y cuándo; además, lidera el área de Investigación y Proyectos, nueva unidad encaminada con la reciente filosofía del lugar.

     

    Hace 2 años había decidido irse del Zoológico Santa Fe; no veía venir el cambio que él creía necesario, pero antes de tomar una decisión definitiva, se reunió con el nuevo director. “Yo había optado por dar un paso al costado, después conocí el proyecto y me motivó mucho…yo dije: ‘sí, quiero ser parte de eso’, tomé la decisión de volver y estoy feliz porque va con la necesidad que yo tengo para mi vida”, recuerda Darwin.

     

    “Somos muy ambiciosos, tenemos muchos sueños, estamos convencidos de que llegaremos a ello. El parque sabe para dónde va”. Jorge Aubad Echeverri.

     

    Una parte fundamental del cambio en el Parque de la Conservación, se relaciona con la modificación de los hábitats de los animales en cautiverio; no solo se busca ampliarlos, sino que los recintos estén hechos bajo estándares clave de bienestar animal.

     

    Las decisiones se toman teniendo en cuenta la voz y voto de todos los miembros. Darwin Ruiz ve un cambio de una estructura piramidal a una circular, donde se decide conjuntamente en los comités en los que participan representantes de las diferentes áreas.

    Hábitat del oso de anteojos. Se encuentra en proceso de ampliación. Según el Parque, se han logrado 6 nacimientos de esta especie en el recinto. Foto por Valeria Trujillo Arenas.

     

    El nacimiento de un zoológico

    El Concejo de Medellín guarda la historia del Zoológico de Santa Fe, fundado el 11 de marzo de 1960, después de que Mercedes Sierra de Pérez donara en 1951 su hacienda a la Sociedad de Mejoras Públicas, si esta se comprometía a conservar la casa principal como un museo y a que el resto del terreno fuera un parque recreativo.

     

    Darwin Ruiz recuerda que, en el antiguo zoológico, se hacía un trabajo de conservación, pero no en la magnitud actual, que involucra directamente a los ciudadanos en las dinámicas de la naturaleza y lleva a la gente a comprender que sus acciones afectan directamente la fauna y flora.

     

    En vallas por todo el parque los visitantes encuentran información valiosa para comprender la función del espacio, el animal que están contemplando, la biohistoria (por qué el animal está allí), la problemática que amenaza la especie, su distribución y lo más importante: qué podemos hacer para conservarla.

     

    Conservar las especies depende de todos

     

    Jorge Aubad hace un énfasis en lo riesgoso que es traer especies invasoras que desequilibran todo un ecosistema, como actualmente se vive en el Magdalena con los hipopótamos. Una situación como esta puede traer consecuencias fatales para el ser humano u otras especies, pues cada una tiene sus propias enfermedades y el contacto indiscriminado puede conducir a situaciones como la transmisión del SARS-CoV-2 u otras enfermedades zoonóticas.

     

    << Gracias a la información de las vallas del Parque, sabemos que estas guacamayas fueron remitidas por la autoridad ambiental, víctimas del tráfico de fauna. También conocemos el nombre de las 5 variaciones de la especie. Foto por Valeria Trujillo Arenas.

     

     

    Otra situación es el tráfico de fauna. La mayoría de los animales que se encuentran en el Parque de la Conservación han sido víctimas de este delito.

     

    Silvia Pezzetta, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, escribe en su artículo, La disputa sobre los derechos de los demás animales: El caso del zoológico de la ciudad de Buenos Aires (Argentina) que: “Para los animales salvajes, la vida en un zoológico nunca podrá satisfacer sus necesidades porque su característica fundamental es que viven sus vidas sin necesidad de la asistencia humana”.

     

    Por ello, el Parque de la Conservación proyecta un trabajo también fuera de sus muros: “Nuestra filosofía es hacer investigación para poder salvar animales que están en peligro de extinción, hacer conservación y no solamente a nivel de fauna sino también ecosistémico y, por encima de eso, tener un muy buen bienestar animal de los individuos que están aquí y que seguramente van a continuar con nuestro programa de conservación”, explica Darwin Ruiz.

     

    El zootecnista Darwin Ruiz resalta que en el país se han hecho varios proyectos de conservación ex situ como el Plan Nacional para la Conservación del Cóndor Andino. Al respecto, Ruiz aclara: “No vale de nada que yo esté reproduciendo cóndores si finalmente los voy a liberar y no sé si van a sobrevivir, de qué se van a alimentar… es súper importante desarrollar estrategias in situ, allá donde el animal pertenece para saber cómo es la ecología, las dinámicas poblacionales, las amenazas que tienen, si tienen espacio para vivir, animales para reproducirse”, afirma el zootecnista del Parque.

     

    El director Jorge Aubad también señala su compromiso con esta propuesta de trabajar por fuera del Parque; decidió que todo el conocimiento que se ha generado puertas adentro gracias a muchos años de manejo de fauna silvestre se debía poner al servicio de la conservación más allá de las hectáreas que pertenecen al Parque.

     

    A mediano plazo, otra de las metas es la creación de otras sedes que fortalezcan los programas de conservación, como cuando se presenta la necesidad de llevar a ciertos individuos a un lugar más tranquilo, fuera de la vista del público para su monitoreo.

    La biohistoria que permite ver la valla en el recinto del león y la leona, deja saber que este ejemplar fue incautado en 2010 por las autoridades en el Bajo Cauca antioqueño. Foto por Valeria Trujillo Arenas.

     

    ¿Y la liberación de los animales en cautiverio?

    “Las normas no deben decir qué tanto dolor podemos administrar a un animal, ni las dimensiones del lugar de encierro, el material del que estará hecho su infierno o cuán largas habrán de ser las cadenas. Por el contrario, el derecho debe ser la herramienta concreta que finalice esa situación de subyugación, pues el reconocimiento de una dignidad que está presente también en los animales debería llevarnos a una autolimitación de la libertad en favor de su integridad y de su vida”, afirma Juan Camilo Rúa Serna, abogado de la Universidad de Antioquia en su artículo Liberar un ruiseñor: una teoría de los derechos para los animales desde el enfoque abolicionista.

    Frente a lo anterior y los demás interrogantes sobre la liberación de los animales que están en cautiverio, el zootecnista del Parque de la Conservación considera que esto tiene muchísimos limitantes por el mismo estado de los animales.

     

    El dragón barbudo se comercia como animal de compañía. El problema tiende a aumentar, estimulado por el cine, la televisión y las redes sociales. Foto por Valeria Trujillo Arenas. >>

     

     

    Darwin Ruiz explica que todos los animales que han estado en zoológicos o bioparques han generado una impronta, es decir, se han acostumbrado a sus cuidadores, a las personas, al público.

     

    “Es crear como un vínculo donde el animal ya no ve al humano como una amenaza y va a huir, sino que lo buscará porque es quien lo alimenta y lo cuida, es difícil liberar un animal en estas condiciones porque pueden ocurrir accidentes”, indica el zootecnista.

     

    Según Ruiz, el acondicionamiento que se hace con los animales busca su bienestar; en los procedimientos médicos, anteriormente se tenía que capturar al animal a la fuerza, anestesiarlo. Hoy, el acondicionamiento en que se premia al animal, se pueden tomar muestras o hacer una curación o revisión en algunos casos

     

    En su artículo El futuro de los zoológicos del siglo XXI. Una propuesta para tiempos de extinción, José Miguel Esteban y Armando Martell, citan el plantemiento del filósofo ambiental a Jozef Keulartz, según la cual el fin de toda cautividad animal “equivale a resignarse a la extinción antropogénica de especies”.

     

    “Seguramente ningún animal del Parque se va a poder liberar porque es muy complicado por la serie de comportamientos que ya han adquirido, hay animales que llevan 30 40 años acá. No sería responsable por parte de nosotros ni de la autoridad ambiental hacer ese tipo de liberaciones”, Darwin Ruiz.

     

    La autoridad ambiental es quien gestiona las liberaciones de los animales en cautiverio, no el Parque pues los animales están encargados de su tenencia y cuidado; no son propiedad y, en algunos casos, sirven como reproductores para que sus hijos puedan ser posteriormente liberados y ayuden a aumentar la población de sus especies.

     

    “Nosotros nos encargamos del bienestar, le decimos a la comunidad por qué ese animal está ahí, cómo llegó y eso es lo importante, porque hay animales que no pueden ser devueltos a su medio natural y no es culpa nuestra ni de las autoridades sino de una cultura que no ha sabido convivir con su entorno natural y ha retenido estos animales y después estos tienen una serie de traumas y enfermedades que no les permite ser liberados, no podrían sobrevivir, no saben convivir con miembros de la propia especie”, afirma Jorge Aubad Echeverri.

     

    La tarea de educar

     

    La sensación de que el zoológico necesitaba una transformación drástica la sentían los miembros del Parque. Estos cambios implicaban un público con la misma disposición. Aunque el director del Parque de la Conservación esperaba un poco más de resistencia, considera que la acogida de las novedades ha sido buena entre los visitantes e incluso algunas organizaciones animalistas.

     

    << Ejemplar de iguanidae o iguana, se encuentra en casi todo el Parque deambulando. Foto por Valeria Trujillo Arenas.

     

     

    Darwin Ruiz apunta que todavía hay personas que intentan tocar a los animales; hablan de un zoológico, no de un Parque, creen que los animales deben hacer un show, les tiran comida, golpean los vidrios, a pesar de lo letreros que prohíben hacerlo; hay quienes pasan de largo y solo se deslumbran con la presencia del animal. Según Ruiz, son cada vez más las personas que leen con detenimiento e incluso preguntan por detalles.

     

    “El Parque no es para todo el mundo sino para aquellos que quieran disfrutar realmente de la naturaleza, la biodiversidad y entiendan que hay una problemática en la que estamos todos trabajando. No es un circo y es importante definir ese público el cual queremos que sea cada vez más amplio”, considera Jorge Aubad.

     

    El Parque tiene convenios con universidades para las pasantías en diferentes áreas como veterinaria, biología, nutrición e incluso comunicación; sin embargo, espacios como los voluntariados aún no serán posibles ya que hay muchas restricciones a nivel legal por la existencia de riesgos, las condiciones y conocimientos del voluntario para el manejo de fauna, entre otras circunstancias.

     

    No obstante, la gran meta es consolidar este espacio como símbolo del compromiso que debe tener la comunidad en contra de la comercialización de la fauna silvestre. Por ello, la prioridad es la mejora de las instalaciones, para lo cual la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, como autoridad ambiental en la ciudad, han hecho aportes significativos.

     

     

  • Del miedo al encuentro

    Hugo Andrei Buitrago Trujillo / hugo.buitrago@upb.edu.co

     

    Es poderoso este asunto del temor latente, lo saben quienes lo usan para violar toda norma social y de convivencia: para meterse en contravía, evadir una fila, asaltar a otro, acosar sexual o laboralmente… saben que quien los padece, seguramente, preferirá callar porque teme una reacción violenta, porque teme que se le acuse de quisquilloso, porque teme perder su trabajo.

     

    Resulta insoportable vivir atemorizado. Agobia, agota. El miedo es paralizante y catastrófico.

     

    Quienes usan las armas contra personas inermes quieren generar miedo y, con éste, propiciar silencio. Acallar unas voces que, curiosamente, les causan pavor. Un pánico terrible a que les muestren que no pueden simplemente meterse en contravía, saltarse la fila, quedarse con lo ajeno, arrebatar dignidades.

     

    Por eso, resulta particularmente trágico que el temor se meta en los espacios educativos, porque lo contrario al miedo es la confianza y las aulas deben ser el escenario donde, a partir de esa confianza en que son un espacio de respeto y tolerancia, se encuentren y debatan las distintas ideas, soportadas en quienes antes, también desde diversos puntos, se han dedicado a interpretar a nuestra humanidad.

     

    La confianza y el respeto, antítesis del miedo, son los cimientos sobre los cuáles le apostamos al fortalecimiento del pensamiento crítico como una de las herramientas esenciales para la consecución del cambio social: la posibilidad de leer el entorno, poner esa lectura en contexto y actuar en consecuencia con aquello que suponemos, como individuos o como colectivo, debe cambiar para tomar el rumbo de lo que como sociedad definimos como deseable. Un encuentro que posibilita reconocer a los otros y reconocerse en ellos, no por nuestras similitudes, sino por nuestras diferencias. Cada encuentro nos cambia, cada diálogo nos toca y alimenta.

     

    La educación está signada como un llamado constante a subvertirse, a transformarse y transformar (el espacio, la sociedad, el entorno…) dinámica y constantemente; estas características hacen que la educación sea una de las voces que la inamovilidad social se esfuerza por acallar. No es gratuito que nuestros maestros en los barrios y en las escuelas rurales sean constantemente amenazados por agentes fuera de la ley.

    << “… lo contrario al miedo es la confianza y las aulas deben ser el escenario donde, a partir de esa confianza en el respeto y la tolerancia, se encuentren y debatan las distintas ideas…”.

    Foto: José Luis Vahos.

     

     

     

     

     

    No obstante, hay formas más sutiles y cotidianas de instauración del miedo, algunas de ellas acentuadas gracias a la permanente conectividad de estos días, otras delatadas gracias a éstas, todas lamentables por ir en contravía de lo que se espera de un encuentro entre estudiantes y docentes: la discusión de ideas de manera libre.

     

    El desprecio por el pensamiento que dista del propio, la construcción del otro como enemigo, ha resultado un contagioso mal que ha traído formas más o menos solapadas de censura. Así, un ejercicio en clase es concebido como un ataque político; un docente es enfrentado a un cacique político de cuenta de un trino de un estudiante, que privilegia señalarlo de activista antes que defender y debatir sus ideas dentro del aula; o un padre de familia ofende en medios sociales a una docente que considera indeseable por suponerla en otra orilla ideológica. De igual manera, el uso de estos medios sociales también ha permitido identificar cómo hay docentes que censuran, irrespetan, descalifican y agreden a los estudiantes de cuenta de sus posturas y símbolos políticos, traicionando su rol y el espacio del diálogo diverso que supone la educación.

     

    No es factible justificar un espacio de educación en el que los estudiantes sientan miedo de expresar sus ideas, que omitan el esfuerzo de fortalecer sus argumentos y escuchar los contrarios, por miedo al escarnio, la nota o el menosprecio; pero tampoco es posible pensar en un docente que llegue al encuentro con sus estudiantes con temor de abordar temas espinosos, de exponer contrargumentos (que no necesariamente serán los de su convicción), ante la posibilidad de verse inmerso en un conflicto mediático de proporciones nacionales en el que, una vez más, los argumentos se pierden bajo una lluvia de manifiestos viscerales en cuyo ruido es imposible la construcción, nuevamente, del diálogo.

     

    Inocular el miedo en ese escenario que debiera ser el de confianza y respeto por excelencia, el de la enseñanza, es la estrategia más efectiva para garantizar la inamovilidad de la sociedad, con el miedo atando el debate, el diálogo, la presentación de ideas, la construcción conjunta del conocimiento, lo único que se garantiza es que se pierda el pensamiento en favor de la repetición acrítica de fórmulas, es la receta para evitar la transformación, es la condena de no conocernos, reconocernos y permearnos. Es el fin de la esperanza.

    “No es factible justificar un espacio de educación en el que los estudiantes sientan miedo de expresar sus ideas, que omitan el esfuerzo de fortalecer sus argumentos y escuchar los contrarios…”. Foto^: Diario del Paro