Autor: c0ms0ci@l_UPB

  • La mutación del periodismo en los límites de las palabras

    Maria Clara Medina / maria.medinac@upb.edu.co

     

    El periodismo performático se presenta como una herramienta, hasta ahora de prueba y error, para atravesar las cuestiones que se derivan de la transformación digital que ha cambiado la manera de contar las historias y consumir las noticias. Este trabajo multimedia explica, con voces de sus protagonistas, esa exploración del periodismo que va más allá de los límites de las palabras.

     

    Clic en la imagen para ir al especial:

    Escena del performance Micropolítica de la supervivencia gorda. Captura de video de Revista Anfibia.

     

    Trabajo realizado en el curso Periodismo electrónico, orientado por el profesor Gabriel Lotero

     

     

     

     

     

     

  • En Valledupar, los pequeños negocios cogen el ritmo tras la cuarentena

    Como en el resto del país, los pequeños negocios son parte clave en la dinámica económica de la capital del Cesar. Tras la cuarentena han hecho frente al desempleo, la baja en la demanda de productos y servicios, así como a los problemas de financiación. Hasta la tradición cultural de la región es un recurso para revitalizar la economía.

     

    Por: Luisa M. Ochoa Medina / luisa.ochoa@upb.edu.co

     

    Con el inicio de la cuarentena obligatoria en Colombia, el 24 de marzo de 2020, los ciudadanos han vivido el impacto económico que ha generado la pandemia con el que, hasta hoy, muchos sectores han continuado con el cierre absoluto o con una disminución en la productividad. Pero la capital mundial de vallenato, Valledupar, ha demostrado creatividad y progresos gracias a la producción agropecuaria, el turismo, el emprendimiento, la innovación, el comercio y la actividad cultural en torno a su música tradicional.

    Estadísticas que tienen un papel fundamental son las del desempleo, muchas personas han quedado desempleadas y otras han conseguido recursos monetarios a partir de los emprendimientos. Así lo señala el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas -DANE-, que dijo que para el mes de agosto de 2020, la tasa de desempleo del total nacional fue 16,8%, lo que significó un aumento de 10,8% frente al mismo mes del año anterior.

     

    Además, según la Encuesta de Desempeño Empresarial -EDE- que realizó ACOPI -Asociación Colombiana de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas- en julio de este año, indicó que el 86,2% de estas estructuras no contrató personal durante el segundo trimestre de 2020, mientras que el 12,1% manifestó que generó entre 1 y 5 puestos de trabajo.

     

    Karen Torres es la administradora de un local comercial de accesorios para teléfonos celulares en Valledupar. Ella asegura que desde que comenzó la pandemia, no ha despedido a ninguno de sus tres empleados puesto que, por el excelente desempeño de estos, ha hecho el esfuerzo de pagarles sus salarios a partir de las utilidades que gana.

    Negocios como el de Karen Torres dependen mucho de que las finanzas de las personas puedan cubrir gastos más allá de lo esencial. Foto: Cortesía.

     

    La antes mencionada EDE, también reveló que, de 253 empresas encuestadas en el país, solo el 7,3% de estas manifestó haber realizado alguna inversión durante el segundo trimestre de 2020. Por esto, la pandemia ha causado desconfianza en muchos microempresarios para invertir, como Ismael Ropero, tendero en Valledupar, quien afirma que “para invertir hay que tener claro el mercado. Pero al ser un mercado nuevo no se pueden destinar todas las ganancias en el negocio, por lo que he comenzado a invertir con porcentajes entre el 25% y el 50%”.

     

    En materia de financiación de las Mipymes, el Ministerio de Trabajo en su sitio web publicó que, con la Resolución 2121 expedida el 15 de octubre de 2020, se ordenó la transferencia de los recursos provenientes del Fondo de Mitigación de Emergencias -FOME-, en el presupuesto del Ministerio, traducidos en 220 mil subsidios derivados de recursos de parafiscales y 320 mil auxilios con recursos del Gobierno Nacional -en total, 62 mil 933.280 millones de pesos- que ya están entregando las Cajas de Compensación a los beneficiarios que están en lista de espera.

     

    Sin embargo, los emprendedores valduparenses, en su mayoría, aseguran que se les dificulta acceder a créditos del Gobierno, pues manifiestan que estos son destinados a, más que todo, pequeñas y medianas empresas, por lo cual han tenido que buscar otros recursos aparte de los que brinda el Estado para mantener estables sus ventas y/o aumentarlas. “Mis fuentes de financiación durante la pandemia han sido mis ahorros, ingresos y el apoyo de una cooperativa de préstamos para microempresas”, comenta Milena Rodríguez, vendedora de productos cárnicos.

     

    Pero respecto a esta situación en la que el Gobierno Nacional dice que entrega ayudas a las mipymes y las microempresas manifiestan que el Estado no los ha podido auxiliar como quisieran, José Ignacio Díez, economista agrícola de la Universidad Nacional de Colombia y docente de la Universidad Pontificia Bolivariana -ambas en Medellín-, explica que “una razón es que a los microempresarios les da mucho miedo el Estado porque es corrupto, tiene problemas, es ineficiente… Entonces les es difícil acceder a todos estos beneficios de subsidios, préstamos, oportunidades, etc. Por esto, el Gobierno le tiene que llegar más a cada microempresario, esté o no formalizado, y mostrarle todas estas herramientas que ofrece para que reactiven la economía”.

    El agro es clave en la reactivación de la economía valduparense. Estos productos ponen en marcha numerosos comercios en la ciudad. Foto: Cortesía.

     

    Otros aspectos afectados por la llegada de la COVID-19 fueron la producción y las ventas. De acuerdo con la Encuesta de Desempeño de ACOPI, durante el segundo trimestre de 2020, en lo que respecta a producción, el 88,8% de las empresas encuestadas manifestó una disminución. En cuanto a ventas, solo el 3,8% señaló un aumento. Además, durante el segundo trimestre de 2020, la percepción de aumento de la producción y ventas pasaron de representar el 31% y 46%, respectivamente, de los empresarios en 2019-IV al 4% en 2020-II.

     

    A partir del 31 de agosto de 2020, día en que finalizó el aislamiento obligatorio en el país, los comerciantes valduparenses, dependiendo del bien o servicio prestado, han empleado distintas formas de adquirir su mercancía. Unos se abastecen yendo personalmente a una plaza mayorista, como Yolima Abello, vendedora de frutas y verduras, y otros recibiendo los productos que reparten las empresas nacionales a través de transportadoras, como Mayelis Puentes, vendedora por catálogo.

     

    Por otro lado, el Gobierno Nacional y sus instituciones muchas veces han demostrado confianza en las mipymes para seguir con la reactivación económica. “Se ha demostrado que estas son importantes debido a que les generan empleo a grandes empresas, ya sea porque les compran materias primas, le terminan o adelantan procesos a las grandes corporaciones, etc. Las mipymes están generando más del 60% del empleo en Colombia. Y puede que las grandes empresas también lo hagan, pero es el componente social el imprescindible y el que va a resolver el problema”, analiza José Ignacio Díez.

     

    Y efectivamente. Muchos emprendedores valduparenses han mostrado seguridad al vender pues consideran que esto da confianza e incentiva a los clientes a comprar. Una manera de hacerlo es haciendo publicidad por redes sociales y demostrándoles la satisfacción de otros consumidores a los nuevos compradores. Sin embargo, otros sienten melancolía ante la apertura de supermercados y centros comerciales, ya que sus ventas han disminuido.

     

    Para la administración del alcalde de Valledupar, José Santos Castro González, es primordial fortalecer la educación, sostenibilidad y visión empresarial de uno de los sectores más importantes de este municipio: las empresas creativas y culturales. Por ello, junto a Bancóldex -Banco de Comercio Exterior de Colombia- y a la Oficina de Cultura de Valledupar, empezó a ofrecer un curso virtual nombrado “Estructuración de modelos de negocios para empresas creativas y culturales”, el cual es gratuito e incluye un certificado de participación por asistir las 25 horas que este requiere, distribuido en dos meses a partir del 7 de octubre de 2020.

     

    Giovanni Ochoa Carreño, profesional de Consultoría y Formación de la empresa Bancóldex, afirma que “este curso presenta al empresario los fundamentos para la elaboración de un modelo de negocio, tomando como referente el modelo CANVAS, desarrollado por Alexander Osterwalder y los temas que trata son: conceptos básicos sobre modelo de negocio, cómo generar una propuesta de valor, componentes y diseños de un modelo de negocio, cómo validar el modelo de negocio, guía para la presentación de un modelo de negocio”.

     

  • Daniela la grande

    Por: Daniela González Abad e Isabella Piedrahíta Osorio

     

    Nadie está exento de sufrir una enfermedad huérfana, estas pueden ser genéticas o desarrollarse con el tiempo, este último es el caso de Daniela González Abad. Desde los 14 años, Daniela ha estado atada a una vida de hospitales, medicinas y exámenes, pero esto no la ha detenido en la búsqueda de sus sueños.

     

    Fuerza: esa es la palabra con la que su familia describe a Daniela González Abad. Y es que se necesita mucha fuerza para pasar de 14 años de una vida sin sobresaltos, a una llena de hospitales, exámenes y medicinas.  Mientras el tiempo se detuvo para Daniela y su madre en una habitación fría de paredes blancas, sus familiares y amigos siguieron disfrutando de placeres y de lo que alguna vez fueron sus sueños.

     

    Cada doctor que conocía su caso se rendía y por eso pasaron años antes de que le pusieran nombre a su enfermedad, lo que no fue alentador. “Dados sus antecedentes y los múltiples exámenes realizados, podría considerarse que usted tiene una enfermedad huérfana” – le dijo el doctor Rodrigo Isaza Bermúdez en el 2017. A este tipo de enfermedades se les conocen por afectar a una persona entre cinco mil y porque pueden llegar a ser clínicamente debilitantes y poner en riesgo la vida del paciente. Por eso mismo es que la familia de Daniela vive en constante miedo de perderla, y se lo contagiaban cada día a ella.

     

    Las enfermedades huérfanas suelen tener tratamiento, el problema es cuando se posee una que no está tipificada, como es su caso, pues no hay un diagnóstico que dé un plan a seguir. Al ser tan largo el proceso de diagnóstico, entre 5 y 20 años, a los pacientes se les presenta el peligro de que tratamientos, medicinas o exámenes que buscan ayudarlos, afecten negativamente su salud. 

     

     

    Antes de que la vida le cambiara a Daniela, era una niña muy alegre, le gustaba jugar fútbol, cantar, tocar piano y estudiar. Sin embargo, desde el 15 de julio de 2015 un dolor de cabeza comenzó a atormentarla, era tan fuerte que no podía dormir, como cuenta su madre Mónica. Al principio se pensaba que era un cuadro de sinusitis, pues a los 11 años había tenido una crisis de esto, pero el dolor seguía sin desaparecer y rápidamente fue descartado este diagnóstico. 

     

    << La vida universitaria ha sido una oportunidad para que salgan a flote todas las capacidades cultivadas en familia. Foto: Cortesía.

     

     

    Los otros síntomas más graves vinieron después: perdió el gusto y el apetito, se incrementó su sensibilidad a la luz, los sonidos y los olores. A los doctores también les preocupaba su significativa pérdida de peso, su movilidad reducida y que con los días dejó de sentir sueño. Desde entonces, Mónica pasó de ser su mamá a ser su enfermera, tal y como lo expresa Daniela, ella comenzó a ser una “rata de laboratorio”. 

     

    Desde su primera hospitalización en Armenia, Quindío comenzaron a evaluar todos sus sistemas: inmunológico, nervioso, cardiovascular, entre otros. Sin embargo, esta atención no se dio por los recursos o intenciones de la EPS o los hospitales sino por los contactos de la familia y la tutela puesta en contra de Saludcoop. 

     

    Todos los exámenes que le realizaron salieron buenos, menos uno. Tras haber sufrido una pre parálisis en su brazo derecho, comenzaron a sospechar de un pseudotumor cerebri, consiste en el aumento de la presión dentro del cráneo debido al líquido cefalorraquídeo. Por esto el primero de octubre de 2015 fue internada en el Hospital de la Misericordia de Bogotá.

     

    En el hospital aumentó la desesperación, Daniela recuerda especialmente la punción lumbar que le hicieron para ratificar el diagnóstico del pseudotumor. Durante el procedimiento y seis horas después, ella tenía que mantenerse inmóvil porque existía la posibilidad de quedar inválida, lo que la hacía pensar: “si me muevo, el resto de mi vida no podré hacerlo”.

     

    Este examen en lugar de mejorar su situación, la empeoró, haciendo que tuviera que quedarse internada en La Misericordia un mes más. Durante este tiempo, sus relaciones interpersonales se vieron puestas a prueba, pues la mayoría de sus familiares y amigos dejaron de estar presentes en su vida. Ella cada día se sentía más sola, pero esto la llevó a aprender dos cosas. La primera es que las personas se deben disfrutar cuando están, y cuando no, hay que dejarlas ir; y la segunda es que la persona más importante en la vida es su mamá.

     

    El estado de Daniela mantenía en constante preocupación a su madre y aún más porque no encontraba alivio en las palabras de los doctores. Incluso el doctor Naranjo, un especialista de la Misericordia, le dijo: “Tranquila que si Daniela se le muere, para eso está en un hospital y la podemos revivir”. Con los días el grupo de neurólogos decidió que Daniela debía irse a reposar a su casa ya que allí no había más procedimientos que le pudieran dar algún diagnóstico. 

     

    Desde entonces Daniela regresó a vivir a Medellín con sus abuelos, quienes se encontraban angustiados por ver su estado de salud y no poder hacer nada para ayudarla. Según ellos, cada día que pasaba “parecía como si Daniela muriera lentamente”, la comparaban con una tacita de porcelana porque parecía que cualquier movimiento la fuera a romper.

     

    Al final, las ganas de luchar de Daniela fueron más fuertes que su malestar y poco a poco fue recuperando su salud, lo que para su familia aún es un milagro de Dios. Los dolores de cabeza y las pastillas para dormir siguen estando presentes en su vida, sin embargo, esto no fue un impedimento para que 18 meses después regresara a estudiar.   

     

    Por mucho que haya intentado que su vida sea como la que era antes, en algunos momentos siente que su enfermedad le impide hacerlo y que las personas, en algunas ocasiones, no tienen empatía. Por ejemplo, el colegio en el que estudió primaria, donde se destacó por sus niveles académicos, le cerró las puertas diciendo que “su estado de salud podría retrasar el rendimiento del grupo”. Además, siguen presentándose baches en cuanto a su enfermedad que la hacen cuestionarse el futuro, pues no sabe si tener hijos porque el dolor podría ser hereditario. 

     

    Las personas que han vivido todo este proceso con ella han decidido llamarla “Daniela la grande” por cariño. Una de sus características más destacables es que no se queja de su dolor o de las situaciones que ha afrontado desde pequeña. Por el contrario, aunque no es la misma niña alegre que su familia recuerda, intenta sacarle una sonrisa a los que la rodean y tararea canciones constantemente para ponerle sabor a sus días. 

     

    Cuenta que la enfermedad no solo le ha enseñado sobre el valor de las personas y del tiempo, sino de la importancia de los sueños para anclarse a la realidad y seguir luchando. Actualmente Daniela se encuentra cursando dos carreras en la Universidad Pontificia Bolivariana ya que el estudio es el bote que la acerca cada vez más a sus metas.

     

  • En Sabaneta florecen empresas en pandemia

    Por: Alejandro Ramírez Londoño / alejandro.ramirezl@upb.edu.co

     

    Aceras con cuatro o cinco restaurantes, zonas conformadas por industrias, negocios transitorios o “toldos” y una diversa variedad de comercios, hacían parte del relieve económico sabaneteño en un pasado no muy lejano. Ahora, un recorrido por las calles de este municipio despierta una sensación nostálgica porque hay lugares en los que antes la gente se reunía para pasar el rato o para hacer compras, que han cerrado definitivamente sus puertas. Sin embargo, mientras se continúa con el camino, un fenómeno singular despierta el interés: en medio de la crisis económica, aparecen nuevas tiendas y negocios.

     

    Emprendimiento con aroma a pollo

    No muy lejos del parque principal de Sabaneta, está ubicado el asadero de pollos y restaurante La Pollotería. Su dueña, Angélica María Rubio Castaño, es una administradora de empresas colombo-costarricense, que por veinte años residió con su familia en Costa Rica y que regresó a Colombia con el propósito de explorar el mercado. Su idea inicial de emprendimiento dista mucho de lo que es hoy su negocio.

     

    En octubre de 2019, se asentó en Sabaneta con el fin de crear una empresa de purificación de agua a nivel domiciliario e industrial a base de ozono. Su propuesta surgió debido a la detección de poco desarrollo en dicha industria. Los trámites se realizaron para posicionar a la empresa en Mall Vegas Plaza, ubicado también en Sabaneta; sin embargo, la falta de contactos retrasó el proceso. Mientras documentos iban y venían, la llegada de la pandemia cambió totalmente sus planes.

     

    Pese a que la situación sanitaria actual impidió el desarrollo de su primer proyecto, la mente inquieta de Angélica no se detuvo. Cuenta que recién llegada al municipio, caminó durante largo tiempo en búsqueda de un pollo; y aunque no lo encontró, su espíritu emprendedor y analítico sí halló en esa anécdota, una oportunidad para redirigir radicalmente su negocio hacia otro horizonte. Basado en el conocimiento y recetas adquiridas a lo largo de cinco años en una de las franquicias de La Pollotería en Costa Rica, esa luz que estaba dentro de sí, se avivó.

     

    << La Pollotería era un emprendimiento cuya propietaria tenía en mente desde hace meses.

    Foto: Cortesía.

     

    Cada que Angélica podía recorrer las calles de Sabaneta y encontraba un local desocupado, veía en él, un lugar potencial para su asadero de pollos. Finalmente y entre un repertorio amplio de opciones, seleccionó un establecimiento en la Calle 68 sur con 43C. Señala que para comenzar, la inversión fue superior a los setenta millones de pesos, valor derivado de su ahorro, al que ella llama “capital productivo”.

     

    Aunque contara con un fondo monetario estable, la principal dificultad que se le presentó, fue la de estar realmente decidida a abrir, y más en medio de la crítica situación que atraviesa la economía. No obstante, los permisos otorgados por los entes gubernamentales para la circulación de la ciudadanía, le permitió decidirse por completo. Asegura que, como cualquier negocio, el inicio es la parte más compleja, pero luego de cumplirse, las dificultades cotidianas que se presenten son superadas con facilidad.

     

    La exigencia operativa del restaurante hace que la inversión, según Angélica, no se detenga, pues ciertos gastos deben ser resueltos con la entrada de más capital. Así como algunos recursos demandan dinero, el local en general, requiere de tiempo. Afirma que pasa entre doce y trece horas allí, acompañada de su esposo, quien a su lado, vive esa “aventura” —como lo llama ella— de emprender. Pero él no es su única compañía, están también tres trabajadores que desempeñan una serie de procesos estandarizados que garantizan la calidad del pollo y que son, tal como indica Angélica, la insignia del restaurante. Es por eso que la capacitación a sus empleados es constante.

     

    Para junio estaba prevista la apertura de La Pollotería. Fueron tres meses en los que Angélica pagaba el arriendo del local y las facturas de servicios públicos. Ahora, han pasado dos semanas desde que el establecimiento abrió sus puertas al público sabaneteño, uno que ha acogido con admiración el sabor de los pollos que se preparan al interior de aquel restaurante dirigido por una mujer incansable.

     

    Emprendimientos gastronómicos son importantes fuentes de empleo en Sabaneta. Foto: La Pollotería.

     

    Una “dolche” expansión

    A escasos pasos de La Pollotería, se encuentra la segunda sede de Dolche Helados, sociedad encabezada por Juan Guillermo Álvarez. Fundada en el año 2017, la heladería empezó en un pequeño local del parque principal de Sabaneta. Sin ningún tipo de experiencia en el sector gastronómico, Juan Guillermo, empíricamente, lanzó una propuesta que combinara calidad y accesibilidad para el cliente. Por el diseño vistoso del establecimiento y al ser el único comercio de tal concepto en el sector, los numerosos transeúntes que se movilizan por la zona acuden para hacer su compra.

     

    Detrás del reconocimiento que Dolche Helados recibe por parte del público, hay un proceso que, tanto Juan Guillermo como los otros dueños de la heladería, han atravesado para innovar e idear sus productos. Desde un vaso de helado hasta una banana, debían poseer una identidad única que los representara y distinguiera entre la competencia. Es por ello que fue necesario un asesoramiento intensivo.

     

    La capacitación recogida en la etapa inicial del proyecto, les sirvió a los propietarios de la heladería para construir un proceso productivo esquematizado y con especificaciones claras hasta para servir una bola de helado. Detalles como esos son los que caracterizan la calidad en la oferta de Dolche Helados.

     

    Permanecieron con las puertas cerradas durante la cuarentena inicial, pero aun así sabían que el negocio funcionaba bien y tenía una buena recepción. Su reapertura temprana, en comparación con la de locales aledaños, fue un factor a favor que redujo los perjuicios ocasionados por la pandemia. Adicionalmente, Juan Guillermo afirma que al tener un negocio que no suple necesidades sino que genera satisfacciones y sensaciones, puede lograr que los efectos anímicos negativos en las personas producidos por las circunstancias actuales, se disipen con la compra de un producto de esa índole.

     

    A pesar de que los ingresos en el último trimestre de este año disminuyeron un 20% en comparación con ese mismo periodo del año pasado, los dueños de Dolche Helado tomaron la decisión de expandirse. Con una inversión de cuarenta millones de pesos cumplen esa meta que es generalizada entre los emprendedores: la de crecer.

     

    Grandes ventanales muestran el interior de una nueva sede que posee un diseño colorido, estético y atractivo; unas escalinatas que conducen a disfrutar, dentro de un amplio espacio, de cualquiera de las opciones disponibles de helado, es la apuesta que Juan Guillermo y sus asociados le hacen a los sabaneteños y visitantes.

     

    Un camino que continúa

    Son diversos los casos en Sabaneta, que demuestran la motivación y el espíritu emprendedor que no se extingue por problemáticas como las que acontecen hoy en el mundo. Por el contrario, ese impulso se revitaliza. La nostalgia por el pasado, por ver desaparecer aquellos lugares que antes eran el punto de encuentro para festejar, celebrar o convidar, desaparecen cuando surge la consciencia de que existe la esperanza.

     

     

  • Trabajadoras sexuales: sin censo, sin respeto, sin ayudas

    El desamparo del Estado a las trabajadoras sexuales se dio antes y también ahora, en medio de la pandemia por COVID-19.

     

    Videocolumna de Natalia Tapias, Almacamila Flórez y Juan Sebastián Martínez

     

    Trabajadoras sexuales: sin censo. sin respeto, sin ayudas.

    Trabajo realizado para el curso Periodismo VI, orientado por la profesora Ana Cristina Aristizábal Uribe.

     

     

     

  • Gente formal que tiene sus esperanzas en una ilusión

    Susana Calle Zapata / susana.callez@upb.edu.co

     

    Viven esperando a que alguien los mire, que alguien encuentre en ellos, en sus productos, algo que los deslumbre, que les provoque, que se les antoje. Viven de los impulsos de un desconocido que decida “darse el gusto” de comer un dulce o fumarse un cigarrillo, viven esperando que el pensamiento que atraviese la mente del otro sea a su favor. Habitan en medio de una incertidumbre, de una esperanza, buscando un “hoy que sea mejor que ayer, para no apretar tanto, para sufrir menos”, como dice Cecilia López, trabajadora informal, vendedora de chicles y mecato en Ciudad del Rio.

     

    Sin publicidad, sin una estrategia de marketing o un estudio sobre su público, van por la vida buscando salir adelante, ayudándose del voz a voz, de sus graciosas anécdotas o de su cortesía. Cada uno tan único y tan distinto a los demás, se termina convirtiendo en parte de nuestra rutina, en una parte fundamental; pues, si por alguna razón algún día no están, lo primero que pasa por nuestra mente es: “¿Qué le habrá pasado?”. Solemos identificarlos, saludarlos por su nombre y terminarnos en un intercambio de sonrisas… terminamos siendo eso que hoy en día ellos extrañan, esa interacción humana que se había convertido en parte de su rutina y ahora se ve interrumpida por un tapabocas y un amargo sentimiento, el miedo.

     

    “Los vendedores han estado en cuarentena en la calle durante mucho tiempo, pero en la calle no hay gente”. Esta frase de Boaventura De Saousa Santos de su libro “La cruel pedagogía del virus” cobra sentido en el instante que la empatía nos lleva a descubrir que para ellos los días terminan siendo eternos, insoportables. “No vale la pena salir, gasto más en el pasaje de lo que gano”, asegura Cecilia López y aquí ni el mejor de los planes los puede salvar, pues no hay que ser un economista experto para saber que si no hay demanda no hay ganancia.

     

    El problema radica en que el destino de el 40.4% de la población de Medellín según el DANE queda en manos de un ser superior y creador o de la suerte. Queda en manos de una incertidumbre agobiante que, si antes de la cuarentena era difícil de controlar, ahora ese sentimiento se multiplica, se intensifica; haciéndolos y haciéndonos pensar ¿Cómo se reinventa una persona como Cecilia que lleva 13 años en un mismo puesto, en una época de crisis en que si antes era difícil conseguir trabajo, ahora lo es el doble? ¿Cómo Cecilia duerme por las noches sabiendo que antes ganaba entre 30.000 y 40.000 pesos diarios y ahora si mucho, gana 10.000? ¿Cómo hace Cecilia para mantener la cordura mientras se siente ahogada en las dudas? Si desea, no la llame Cecilia, póngale el nombre del trabajador informal que quiera, el problema es el mismo o muy similar.

     

    Con ayudas insuficientes, los trabajadores informales, parte importante de la fuerza laboral de Medellín, están paliando los efectos de la pandemia. Foto: Daniela Gómez Isaza

     

    Porque estos seres que se habían convertido en parte de nuestro paisaje, tuvieron por mucho tiempo que cumplir con la cuarentena al igual que nosotros, una cuarentena que, como lo dice Boaventura De Sousa en el libro anteriormente nombrado: “parece haber sido diseñada con una clase media en mente”, una clase en la que estos seres simplemente no encajan y que así luchen por hacerlo, no lo lograrán, una clase que no está atrapada entre morir del virus o de hambre.

     

    “¿Cómo hago para creer, si me han fallado tanto?”, dice Cecilia cuando se le habla del Gobierno: “yo fui desplazada dos veces, de Urabá y de la Costa y señorita, ¿usted piensa que se preocuparon? Siempre que llegaba a alguna oficina, porque decían que nos iban a dar una ayuda, me comentaban que no aparecía en el sistema”, dice con la voz quebrada y desviando la mirada, y cómo juzgarla, querido lector, si tantas veces la han ilusionado con ayudas que nunca han llegado.

     

    Cecilia cuenta que hace poco la llamaron a su casa, una niña que decía trabajar para el Estado, pidiéndole unos datos y que esta trabajadora informal le decía: “Usted me llama a mi casa, ya sabiéndose mi cedula, mi nombre completo y mi dirección y me dice que necesita más datos… ¿Qué más quiere que le de?”.

     

    Cecilia nació en Sucre, pero por razones del corazón terminó en Medellín, a pesar de que ella creía haber encontrado el amor de su vida, terminó criando a sus tres hijos sola y sacándolos adelante. “Los tres son estudiantes y durante la cuarentena yo no podía trabajar, porque me daba miedo salir. Además, no valía la pena… el lugar que pago para que me dejen guardar el carro vale 7.500 diarios, más los pasajes desde Envigado hasta acá y acá no había gente… no valía la pena”.

     

    Cecilia sobrevivió la cuarentena, al igual que muchos otros trabajadores informales, por la solidaridad del desconocido, la empatía de ese comprador que solía saludarla, el apoyo de esa persona que pasaba y aunque, probablemente, no sabia su nombre, sabia que ella existía… Cecilia y su familia sobrevivieron esta crisis, por ese sentimiento que invadió el corazón de muchos, un sentimiento que nos recordó nuestra humanidad, nuestra fragilidad. “las personas que menos yo esperaba fueron las que me terminaron ayudando” dice Cecilia con una sonrisa en el rostro, pues en el interior sabe, que terminó encontrando ese apoyo que tanto buscaba en el gobierno en la gente del común.

     

    Como Cecilia existen muchos otros, como por ejemplo Cisto González, un vendedor de micheladas en Ciudad del Rio: “Yo solo pude dejar de trabajar dos meses y me tocó salir porque ya no tenía con que comer”. Cisto ya no tenía dinero suficiente para pagar el alquiler del lugar donde le guardaban el carrito, entonces le tocó empezar a llevárselo a su casa todas las noches y volverlo a traer todas las mañanas… Le puso una bicicleta y desde el Barrio Niquitao hasta Ciudad del Rio pedalea, para tratar de conseguir el dinero suficiente para poder vivir, sobrevivir.

     

    Como la vieja expresión, “en la lucha” viven los trabajadores informales durante esta crisis. Viven con el miedo, no solo el típico y casi cotidiano para ellos al “incierto mañana”, sino por sus posibilidades de contagiarse y salir victoriosos de esta lucha contra un enemigo invisible. Según un estudio de la Universidad de los Andes del 28 de marzo del 2020, un ciudadano que vive en estrato 1 tiene 10 veces más posibilidades de ser hospitalizado o de fallecer por Covid que una persona que vive en estrato 6 y una persona que vive en estrato 2 tiene el doble de posibilidades de ingresar a una UCI que una persona que vive en estrato 6… ¿Y cómo no estar temblando ante una posición como estas?

     

    Puede que las estadísticas no estén de su lado o se sientan abandonados por el Gobierno, pero con personas como Tatiana Cano, una de las fundadoras de “Putamente Poderosas”, un colectivo que trabaja en pro de las trabajadoras sexuales de la ciudad de Medellín y Antonia Galeano, creadora de “Miradas de sueños”, una iniciativa que se centra en ayudar a los trabajadores informales de la ciudad de Medellín, aún queda esperanza.

     

    Ellas se han esforzado por ayudar, por hacer que las historias de estas personas se conozcan y que dejemos de normalizar “la forma tan tibia en la que ha actuado el Estado”. Como afirma Tatiana Cano, han luchado, día tras día, por un cambio de mirada, porque valoremos a estas personas que hemos “obviado” en nuestra rutina y que ahora más que nunca necesitan de nosotros y nosotros de ellos… Pues al final del día, ¿quién mejor profesor que ellos, cuando se habla de resiliencia, de entusiasmo y berraquera?

     

     

     

  • Tan solo medio día de trabajo

     

    Una inmersión a vivir los esfuerzos del día a día campesino

     

    María Antonia Echeverri Garzón / mariaa.echeverri@upb.edu.co

     

    En las jornadas del campo es usual adelantársele hasta al sol. Foto: María Antonia Echeverry.

     

    La neblina cubría las montañas y el sol aún no salía. Eran las 5:30 a.m. una hora que para mí era extraña, pero para los campesinos de la zona ya era tarde. A lo lejos se escuchaba la maquina de abono de la floristería y abajo, en los nacimientos, don Rafael arriando los terneros. Aquel día me esperaba una muestra de lo que un campesino vive día a día, para poder comer y mantener a su familia.

     

    La noche anterior había acordado con Verónica, una de las campesinas de la vereda, en acompañarla a coger la última cosecha de frijol seco hasta medio día. Las botas pantaneras, la camiseta de manga larga, unos buenos guantes, mi sombrero y los jeans más cómodos y desgastados que tenía habían sido mi elección para trabajar. A los campesinos se les suele apreciar con sus ropas desgastadas, y esto es porque trabajar la tierra implica quizás ensuciar, manchar o, en el peor de los casos, rasgar la ropa. Escuchar decir “Ombe, cómo va a utilizar la ropita buena pa’ eso”, se convierte en el sustento para decidir qué vestir para un día de trabajo.

     

    La llegada

    El cultivo donde íbamos a trabajar quedaba unas fincas más allá de la mía. Eran las 5:40 a.m. íbamos por la carretera destapada, evitando los huecos en la moto y tratando que el viento no nos levantara el sombrero. Desde el portillo, doña Marta, la madre de Verónica, nos vio llegar y, con solo bajarnos de la moto, ya nos estaba entregando dos pocillos a rebosar con milo caliente y unos buñuelos en forma de rosca. Yo ya había desayunado, pero por esa alegría de darnos algo para comenzar un día largo y poder tener alientos, lo recibí. Aún no eran las seis y a la vaquita que tenía montaña abajo, don Guillermo, el papá de Verónica, ya la había ordeñado.

     

    Los pocillos fríos y vacíos nos indicaban que ya era de comenzar. Para llegar al entablado que sostiene las enredaderas donde crece el frijol, había que bajar por un camino en zigzag lleno de barro amarillo que parecía una pista jabonosa ya que había llovido durante toda la media noche. Verónica bajaba como si no existiera posibilidad alguna de resbalar y salir rodando. Las botas le daban agarre y la confianza que me la demostraba con su sonrisa simpática y tranquila. Yo no me podía dar esos lujos, baje con cuidado. “Hay caminos peores”, me decía mientras se reía por mi forma de lograr equilibrio cada que medio pisaba en falso.

     

    El cultivo

    El cultivo pertenecía a su familia y esta era la última cogida, el frijol ya seco. El frijol, la papa y el maíz son los tres productos principales del municipio, San Vicente Ferrer. Esto debido al clima frío dado por su altura. A partir del atardecer, la temperatura de esos días descendía hasta 12°C.

     

    El lote estaba cubierto de muchas hileras, con espacios entre cada una. La tierra tenía surcos y al estar inclinadas, se veía a cada hilera como una escalera. Las enredaderas que un tiempo antes tenían un verde vivo, aquel día el café era protagonista. Al caminar entre ellas se podía escuchar el crujir de las hojas que ya secas y marchitas habían caído.

     

    << Se afina también el ojo para reconocer la calidad del grano incluso sin abrir la vaina. Foto: María Antonia Echeverry.

     

    La cogida

    Era frijol cargamanto rojo, tenía una vaina larga y esta vez la semilla que habían sembrado daba un grano menos redondo; pero tal cual se conoce, color café claro con manchitas rojas.

     

    Para empezar, Verónica me dio mi costal, era azul, con una capacidad de entre 50 y 60 kilos y me indicó la hilera, empezamos de abajo hacia arriba. Ella y su papá me enseñaron que el truco para coger las vainas es tratar de arrancarlas de un halón y recoger la mayor cantidad posible en la mano. Al iniciar, la mañana estaba fresca, con el cielo nublado y eso facilitaba todo. Recuerdo que no alcanzaba las enredaderas más altas y don Guillermo me sonreía y me las bajaba. La concentración era fundamental para observar bien que cada rama había quedado totalmente limpia.

     

    Las conversaciones

    Las primeras hileras eran a buen ritmo, hablamos de amor y de las simplezas de este mientras de fondo se escuchaba rancheras de un radio que surcos más arriba habíamos dejado. Ella me contaba que el amor con su esposo había cambiado: “Creen que porque uno ya está casado no le gustan los detallitos”, me decía con el ceño fruncido. Su esposo, Pachito, cuando eran novios la llenaba de regalos y ahora eso escaseaba, todo se había vuelto más complicado. A pesar de todo, ella no había dejado de ver el amor como algo bonito. Yo hacía mis esfuerzos por llevar el hilo de la conversación, pero debía estar atenta a no dejar caer o no arrancar alguna vaina, si hablaba mucho me perdía de la enredadera en la que iba y ya las piernas me estaban empezado a arder.

     

    Al ser la ultima cogida antes de tumbar el entablado, la cosecha era menos, pero sin importar eso, el costal se llenaba y se sentía en mi hombro cada que necesitaba moverlo. 10 kilos, 20 kilos, 30 kilos… eso era mínimo, la velocidad con la que recogía era despaciosa y mi cansancio de estar todo el tiempo de pie era absurdo a comparación con el trabajo que habían hecho los demás.

     

    El paisaje campesino es como una colcha de retazos tejida a golpes de azadón.

    Foto: María Antonia Echeverry.

     

    Huevitos en mantequilla

    Eran casi las 9:30 a.m. y estábamos rellenando los costales, un trabajo que requiere fuerza para tratar de presionar todos los granos en sus vainas y hacer más espacio. El sol se asomaba y con él, el calor de la mañana nos empezaba a debilitar. Verónica había llevado desayuno en su moral. Recostamos un tronco, y ahí nos sentamos. La primera coca era de las arepas, la segunda de un quesito campesino miniatura, la tercera de la mantequilla. Por último, la de los huevos, que eran especiales. Alguna vez escuchó de mi familia que no me gusta el tomate y al entregármela me dijo: “Yo estaba muy animada haciéndole huevitos con tomate y cebolla cuando me acordé que eso a usted no le gusta. Entonces se los hice en mantequilla”. Un gran detalle, yo iba a trabajar, la comida no estaba en mis planes y sin importar, me complacían. La botella del chocolate se le había quedado así que desayunamos con jugo que ella había preparado para estar tomando mientras trabajábamos.

    Mientras comía veía como sus manos se habían agrandado y cómo, sin usar guantes, no tenia ni una sola herida. La costumbre, pensé.

     

    Los bultos

    Habíamos terminado y apenas era medio día. Entre los tres se había logrado recoger casi 200 kilos, pero el camino del lote a la casa con ese peso en las espaldas era una odisea con muchas pausas. Después de un rato se logró subir todo lo recogido y como ellos decían: “Estuvimos de buenas”, habíamos tenido bueno clima, aunque el sol, después del desayuno nos había golpeado un poco fuerte. Porque, aunque el cultivo estuviera un poco lejos de la casa, hay otros más difíciles de acceder. Porque al final lo habíamos logrado y recogimos la última cosecha del cultivo.

  • Hasta el saque inicial de la Liga femenina

     

    Por: Laura Rendón Zuleta / laura.rendonzu@upb.edu.co

     

    La cuarta edición del campeonato femenino en Colombia iba a comenzar la segunda semana de abril entre 18 equipos participantes, con cuatro fases de juego: la primera, de diez encuentros, con partidos de ida y vuelta, la segunda fase serían los cuartos de final, a donde avanzaban los dos primeros equipos de cada grupo y los dos mejores terceros, con eliminación directa en partidos de ida y vuelta; la semifinal y la final, el día 23 de agosto.

     

    Sin embargo, por la llegada de la COVID-19, la Dimayor (División Mayor del Fútbol Colombiano) tomó la decisión de suspender temporalmente las competencias el 12 de marzo. A pesar de ello, las jugadoras siguieron adelante con su proceso formativo mediante las plataformas virtuales. Todo el fútbol colombiano estuvo afectado no solo por el encierro, sino por las tensiones dirigenciales en torno a la gestión del presidente de la Dimayor Jorge Enrique Vélez, que derivaron en su salida del cargo, tras la cual se despejó el camino para reprogramar todas las competencias.

     

    Desde ese día, los aparatos tecnológicos fueron parte de la rutina diaria de las jugadoras para entrenar de forma virtual, así sucedió en Atlético Nacional, los miembros del equipo técnico comenzaron a ofrecer varias metodologías de entrenamiento en la jornada de la mañana o la tarde, según las actividades que se iban a realizar, ya fuera para estimular capacidades físicas, técnicas o cognitivas que incluían una formación en valores.

     

    Por otro lado, pese a que la planeación de las prácticas por parte de los equipos colombianos fue un proceso complejo cargado de retrasos y aplazamientos, el club Formas Íntimas, entre el 12 de marzo al 4 de septiembre, logró su objetivo de cumplir con más de 150 sesiones virtuales.

    La pandemia también incidió para que al apoyo del fútbol femenino llegara financiación de la FIFA. No obstante, siguen pendientes muchos retos para mejorar las condiciones laborales de las jugadoras.

    Foto: Deportivo Independiente Medellín.

     

    A medida que transcurrían el tiempo y las prácticas, las jugadoras comenzaron a sentirse inconformes por la falta de definiciones frente al inicio de actividades y la desprotección en que la mayoría de ellas trabajaba, así que a través de un comunicado de Acolfutpro (asociación que reúne a los futbolistas colombianos), expresaron varios requerimientos. La incertidumbre laboral en la que, según plantearon las futbolistas en su comunicado, no tenían los “mínimos vitales asegurados porque en los primeros meses de la pandemia no hubo certezas de la realización de la liga”y la brecha salarial, en la que solamente dos equipos mantenían las condiciones laborales para sus futbolistas, dejaba al 89% de las mujeres expuestas sin cobertura de una EPS. Por todo ello reclaman una duración de contratos laborales y escenarios de negociación justos.

     

    Después de acuerdos y desacuerdos, el día 3 de agosto, se realizó una reunión con la participación de los 24 clubes adscritos a la liga femenina, con la esperanza de reanudar el torneo. Con el paso del tiempo, la conformación de los equipos participantes se fue debilitando por causa de la pandemia que llevó a varios equipos a desistir de dicha participación, como lo afirmó, Orlando Ferreira, presidente de Alianza Petrolera.

     

    “Son 12 los equipos que están listos y se va a organizar, Once Caldas y Tolima no estarán porque el tema presupuestal es muy difícil, y Pasto quedó pendiente porque va a buscar unos recursos”, sin embargo, nunca llegaron a una conclusión.

     

    Los resultados de las rutinas en el encierro se hicieron visibles durante las primeras fechas. Foto: Independiente Medellín.

     

    Las futbolistas colombianas después de expresar y comunicar sus requerimientos nuevamente, comenzaron a ser escuchadas, al punto de que se consideró desde la Dimayor la idea de retomar los entrenamientos de forma presencial y darle un inicio a la cuarta edición del campeonato femenino.

     

    El día 26 de agosto, la Dimayor presentó un comunicado en la cual definieron el sistema de juego en el torneo, con la participación de los 13 clubes confirmados: en el Grupo A, conformado por Fortaleza CEIF, Millonarios FC, La Equidad, Independiente Santa Fe y Llaneros FC; en el Grupo B, Deportivo Cali, Deportivo Pasto, Junior FC y América de Cali; y en el Grupo C estarían Atlético Nacional, Real San Andrés, Independiente Medellín y Atlético Bucaramanga.

     

    En una primera fase hubo partidos de ida y vuelta, tras los que clasifican los dos primeros, los otros dos mejores terceros para 8 partidos en cuartos de final, 2 semifinales y una final.

     

    Esta modalidad implica desafíos, sacrificios y tiene algunas opiniones en contra: Alexandra Restrepo, jugadora de Independiente Medellín señala que: “Con respeto, sigue siendo una modalidad muy mediocre para el nivel del fútbol que mostramos”. Su colega en el DIM, Sara Sofía Martínez, matiza que esta época ha sido compleja: “Siempre vamos a querer que sea más largo, que se nos permita tener una estabilidad algunos meses más; pero bueno, sabemos que ha sido un año muy difícil para todos y que, gracias a Dios, se dio la oportunidad del torneo y a mí la modalidad me gusta, obviamente, esperando que el otro año se pueda ampliar”.

     

    Los entrenamientos de forma presencial se ampararon en la Resolución 1507 de 2020 del Ministerio de Salud y Protección Social sobre las medidas que deben cumplir las jugadoras y entrenadores. Allí se establecen los protocolos de bioseguridad, en materia de salud, limpieza, desinfección, rutina para el entrenamiento y un control para los listados de las jugadoras y el cuerpo técnico. Sara Sofía Martínez, comenta cómo se han vivido los entrenamientos bajo la reglamentación:

     

    “Los protocolos de bioseguridad en las prácticas se han manejado muy bien no es algo fuera de lo normal, cuando entramos nos desinfectamos la ropa, los guayos y las manos, guardamos la distancia y a la hora de empezar los trabajos ya nos podemos quitar los tapabocas y entrenar normalmente”, explicó.

     

    A falta de semanas para darle comienzo al torneo, el 10 de septiembre, la Dimayor compartió un comunicado con los protocolos de operación para los partidos, que contemplaban la limpieza y desinfección de estadios, un puesto de control médico, aspectos arbitrales, la planificación de número y posiciones del personal, publicidad y medios de comunicación y las recomendaciones generales de bioseguridad. El 2 de octubre, la Dimayor divulgó finalmente el calendario de la Liga Femenina de este año.

     

    El 15 de octubre, el presidente de la División Mayor del Fútbol Colombiano, Fernando Jaramillo y el Gerente General de BetPlay, Germán Segura, en una conferencia de prensa, presentaron de manera oficial la Liga Femenina BetPlay Dimayor 2020:

    “Hay patrocinador hasta 2023 que será BetPlay, por Win Sports irá solo un partido por fecha, pero Dimayor habilitará un link para ver todos los partidos, los 1.400 millones de pesos que aportó el Gobierno Nacional alcanzan Justo para realizar este campeonato, el dinero proporcionado por la FIFA para todo el fútbol femenino será destinado para la Liga del otro año, todas las jugadoras deben tener un contrato firmado; las menores de edad ,un permiso especial del Ministerio del Trabajo, para los cupos de torneo internacional se les dará a la campeona y subcampeona que participarán en la Copa Libertadores, la Liga no contará con el VAR en esta temporada. Además, la Dimayor trabaja en que los horarios de los juegos sean más asequibles para la audiencia”.

     

    Sara Sofía Martínez, jugadora de Independiente Medellín, de la Selección Colombia y de la Selección de Antioquia, respecto al anuncio comentó: “Sabemos que las cosas han sido un poco difíciles para todas y para todos por la pandemia y bueno que le apostamos al fútbol femenino este año; es algo importante, que permite que obtengamos un crecimiento de pronto, no muy grande, pero que vemos que se está avanzando. En cuanto al dinero que será proporcionado por la FIFA, claramente es una ayuda muy grande al fútbol, aporta mucho a que se nos haga más fácil tener unas comodidades que de pronto en años anteriores no se han tenido, entonces me parece que es una gran ayuda para el fútbol femenino”.

     

    Para Sara Martínez, el contrato a las jugadoras de este año permite que la sociedad lo vea como una pequeña evolución del fútbol femenino y espera que cambie la decisión que ha tomado Win Sports respecto a la transmisión de un partido a medida que el torneo vaya mostrando que el fútbol femenino da gusto verlo.

     

    Las luchas de las jugadores, la entrega de sus cuerpos técnicos, las dudas y tensiones que se vivieron en todo el fútbol profesional colombiano durante más de la mitd de esteaño, durante la cual se debatió la gestión de Jorge Enrique Vélez, anterior presidente de Dimayor, quien no había dado mayores adelantos del o que pasaría, entre otros asuntos, con la Liga femenina, tuvieron un desenlace satisfactorio con la primera fecha de partidos, jugada el 16 de octubre. Liced Serna, jugadora de Independiente Medellín, espera junto con su equipo seguir haciendo un torneo visible para el país en el que aumente el interés de nuevos inversionistas para esta rama del fútbol profesional.

     

    De los tiempos de encierro, Sara Sofía Martínez, jugadora del Independiente Medellín recuerda que: “Yo entrenaba con mi hermana y tuve la posibilidad de ir a una cancha en donde solamente íbamos ella y yo todos los días, como de 6 a 8 de la mañana a entrenar, salíamos a trotar y hacíamos los entrenamientos del Rojo, nunca estuvimos quietas y, bueno, gracias a Dios tuve como ese privilegio y no me dio tan duro el regreso a las canchas”. En efecto, el equipo que representa al Rojo de la Montaña, conformado por el club Formas Íntimas se destacó por su desempeño en la primera fase de un torneo en el que hay mucho en juego.

     

     

     

     

  • Cierra un año escolar con las aulas en recreo

    La virtualidad en los programas educativos está afectando a los estudiantes que tienen menor oportunidad para acceder a los recursos tecnológicos.

    Por: Juliana Duque Cardona / juliana.duquec@upb.edu.co

     

    Las aulas vacías son la primera descripción de los cambios en la educación durante 2020. Foto: Juliana Duque

     

    La suspensión de clases en todo el mundo, tanto en colegios como en universidades, fue una de las primeras medidas implementadas por los países con la llegada de la COVID-19, y Colombia no fue la excepción. Desde el 16 de marzo, la mayoría de los estudiantes de instituciones oficiales y privadas no tienen clases presenciales, permanecen en sus hogares cumpliendo con la normativa de aislamiento social preventivo.

     

    Según datos de la UNESCO, 185 países han tenido que cerrar sus centros educativos para evitar la propagación de este virus, aunque el problema principal no radica en el cierre de las aulas, sino en el acceso a la educación y a las actividades académicas en estos tiempos. Dicha medida, ha dejado en evidencia las brechas de desigualdad en todo el mundo, pues, si bien estamos en una época en la que abundan los recursos tecnológicos, no todas las personas tienen la posibilidad de adquirir o hacer uso de estos.

     

    De acuerdo con el Sistema de Matrícula, SIMAT, del Ministerio de Educación, aproximadamente, al mes de agosto de 2020, se encontraban 9.395.018 menores registrados en el sistema educativo, no obstante, 102.880 de ellos se han retirado de sus labores académicas, es decir, la deserción escolar a causa de la pandemia por COVID-19 es del 1.1%.

     

    Por su parte, la Encuesta de Pulso Social realizada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, permitió identificar que en el 87,4% de los hogares colombianos se pudieron continuar las actividades académicas desde que se cerraron las instituciones educativas y se pasó a modalidad virtual. En el 4,5% no tuvieron la oportunidad de continuar dichas actividades. El 8,1% restante, hace refencia a los hogares que no participaban en actividades académicas antes de la pandemia.

     

    Asimismo, un informe publicado por el Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, basado con la Gran Encuesta Integrada de Hogares, GEIH, encontró que 77% de las personas con bajos ingresos del país tuvo que dejar sus estudios por la COVID-19, en contraste con el 11% de las personas de nivel socioeconómico alto.

     

     

    Una cosa es el “aterrizaje” a la virtualidad, otro reto es la implementación de protocolos de bioseguridad en los recintos. Foto: Juliana Duque.

     

    “Hemos tomado decisiones con responsabilidad y oportunidad, trabajando con entidades territoriales, pensando en el cuidado y la salud de los niños, jóvenes y maestros e igualmente, dando al sector los lineamientos, recursos y apoyos para responder con metodologías flexibles al proceso de aprendizaje mientras los estudiantes estén en casa” indicó María Victoria Angulo, Ministra de Educación.

     

    El paso de un espacio físico a uno digital puso a prueba la innovación educativa y tecnológica de los docentes, quienes en muchos casos no tenían una formación ni conocimientos en el uso de las TIC, Tecnologías de la Información y de la Comunicación, por lo cual, han debido de recurrir a la implementación de nuevas actividades académicas que sean accesibles para todos sus estudiantes.

     

    La falta de habilidades digitales no sólo es por parte de los docentes. Un estudio realizado por el Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, arrojó que el 96% de los municipios del país no tienen la posibilidad de desarrollar cursos virtuales por falta de disponibilidad de recursos tecnológicos, puesto que en muchos hogares los dispositivos son compartidos entre los integrantes de la familia o no hay cobertura de red Wi-Fi.

     

    Yaneth Herrera, psicóloga de primaria de una institución privada, afirma que, frente al sector público de la educación, el Gobierno se ha olvidado de la necesidad que tienen los estudiantes en el ámbito tecnológico. Según ella, en las instituciones privadas se ha llevado un buen manejo, puesto que se han implementado herramientas tecnológicas que han permitido una comunicación constante entre familia, estudiante y colegio, debido a que el papel de los padres y la familia en el proceso educativo siempre ha sido fundamental pero en estos tiempos su labor obtiene mayor importancia.

    Ante la forma en que han debido funcionar dotaciones como las bibliotecas, ¿en qué priorizar los recursos y esfuerzos para mejorar las condiciones de calidad de la educación? Foto: Juliana Duque.

     

    Por su parte, Alejandro Castaño, docente de una institución oficial de Medellín, indicó que las instituciones educativas están efectuando sus deberes de manera conveniente y oportuna dependiendo del grupo poblacional, y en ese sentido, opinó que “se ha afrontado de una forma adecuada la situación en los colegios oficiales”.

     

    En el mejor de los casos, los padres se involucran en el proceso de aprendizaje de sus hijos, sin embargo, en otros, están ausentes por diversas razones. Castaño, infiere que el poco acompañamiento que reciben los estudiantes de instituciones oficiales se debe a que provienen de “familias que deben continuar buscando su sustento económico”, más cuando tienen el apoyo familiar, en algunos casos, es deficiente, debido a problemas sociales o de familias disfuncionales.

     

    La familia se ha convertido en una extensión de las instituciones; los padres o acudientes se volvieron el complemento de los docentes, debido a que son ellos, los que en múltiples ocasiones, son los receptores directos de las explicaciones de actividades académicas, además, se encargan también de transmitir la información y las instrucciones a los estudiantes.

     

    La educación no sólo se basa en aprender ciencias y matemáticas, sino también en interactuar pero, desde casa, ese es un inconveniente; en el espacio escolar los estudiantes tenían la oportunidad de estar con sus pares y descargar parte de sus emociones en un ambiente diferente al familiar, así lo expresa Dibymar Botero, psicóloga y magister en Salud Pública.

     

    La manera como se han desarrollado los oficios académicos en las instituciones educativas ha llegado, incluso, a limitar los trabajos grupales; para Castaño, la interacción entre pares se ha visto afectada, sin embargo, él menciona que “los estudiantes han manifestado compartir más con sus familias”, por eso, el colegio en el que labora ha tratado de proponer e implementar actividades que generen un mejor ambiente en los hogares por medio de una formación ética y en valores.

     

     

    ¿Qué pasa entonces con las inversiones en infraestructura? ¿Seguirán siendo prioridad en los colegios y universidades? Foto: Juliana Duque.

     

    Según un comunicado del Ministerio de Educación, “se están implementando todas las estrategias de mediación pedagógica disponibles que permitan el desarrollo de los compromisos académicos con la menor alteración posible, garantizando los criterios de calidad y rigor exigidos en el proceso formativo”.

     

    Sin embargo, Cristina Obando, madre de dos hijos que están cursando octavo y cuarto, dice que esta situación está colmada por la improvisación y si bien le ha tocado adaptarse, a sus hijos les hace falta la interacción, la cual, va construyendo la personalidad. Asimismo, enfatiza que las bases sobre las cuales se van a fundamentar todos los conocimientos de sus hijos a futuro se están perdiendo.

     

    El ámbito académico, en materia de lo virtual, necesita trasformaciones urgentes. Si bien en algunas instituciones superiores o en cursos extracurriculares ya se venían implementando los métodos virtuales, los colegios, tanto privados como oficiales, no estaban preparados para esta metodología. Sin embargo, y a pesar de este panorama, la mayoría de las instituciones no tienen la dotación de bioseguridad necesaria para el regreso a clas. No obstante, paso a paso tendremos que ir recuperando la presencialidad pero con responsabilidad.

     

    Nos estamos enfrentando a un nuevo desafío: aminorar los efectos negativos de la pandemia en el ámbito académico. Pero más allá de reducir el impacto, se debe de buscar una ruta para progresar hacia lo digital, mejorar los programas educativos a distancia y brindar las mismas oportunidades para recibir una educación de calidad, tanto fuera como dentro de las aulas de clase.

  • Videojuegos: industria clave durante la pandemia

    Por: Daniela Gómez Isaza / daniela.gomezi@upb.edu.co

     

    Los videojuegos en la actualidad cada vez más se llevan el protagonismo dentro de la industria del entretenimiento, pero, debido a la pandemia, se convirtieron en industria clave por su capacidad de expansión en cuanto a plataformas y géneros. En la actualidad, la mayoría de las personas han entrado en contacto con estos productos, ya sea a través del móvil, computador, tableta o las consolas de PlayStation, Xbox, Nintendo, entre otras. Esta infografía interactiva muestra datos claves y explicaciones sobre el despegue de este negocio.