Autor: c0ms0ci@l_UPB

  • Trabajo sexual recibe apoyo por aislamiento

    El trabajo sexual es de las actividades que más se han visto afectadas por la pandemia. En Medellín las mujeres cisgénero y transgénero que ejercen este oficio no han tenido la posibilidad de laborar y, en consecuencia, no están teniendo los ingresos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas como la alimentación, dormir en un lugar cubierto o acceder a servicios de salud.

     

    Según Isabella Villegas, historiadora en formación y miembro del colectivo Putamente Poderosas, las trabajadoras sexuales en la ciudad son una población ignorada, pero histórica. Se puede rastrear desde finales del siglo XIX cuando Coriolano Amador fundó la plaza de mercado cubierta en Guayaquil. “Cuando Guayaquil cayó en desgracia porque la plaza se quemó, el trabajo sexual se trasladó a Lovaina y allí tuvo su época gloriosa. Eran burdeles donde se tomaban decisiones de índole nacional entre los años 50 y 60”, comentó Villegas.

     

    Hacia los años 70 y 80 Lovaina perdió su acogida entre las élites del país debido a prohibiciones de los gobiernos municipales que llevaron a que la prostitución se tuviera que desempeñar en la clandestinidad. Así las trabajadoras sexuales empezaron a migrar a zonas del centro como La Veracruz, La Candelaria, Calibío y los alrededores del Museo de Antioquia, hasta hoy es una zona que se conserva como “el lugar con más prostitución callejera de Medellín”, explicó Villegas.

     

    Para apoyar a esta población que ejerce en el centro de la ciudad, varios colectivos no gubernamentales y entidades del Estado han generado campañas y programas para recoger fondos y ayudar tanto a las trabajadoras sexuales como a todos los que viven de la informalidad, del diario.

     

    El colectivo Putamente Poderosas vincula mujeres preparadas para diferentes profesiones en favor de trabajadores informales del Centro de Medellín. Foto: @evelinessesvelev

     

    Yo me quedo en casa y Noche a 10 mil: Putamente Poderosas

     

    Uno de los colectivos es Putamente Poderosas, que desde el 17 de marzo adelanta una campaña con la que, para el 8 de junio, lograron recaudar 310 millones de pesos. La iniciativa con el nombre Yo me quedo en casa, comenzó de la mano del director del periódico Universo Centro, Juan Fernando Ospina, y tuvo seis etapas.

     

    En la primera fase se hizo una campaña de concientización, con la participación de voluntarios del colectivo que recorrieron las calles del centro, lugares como el Parque Bolívar, el Parque Berrío y La Veracruz, repartieron geles antibacteriales y volantes a las trabajadoras sexuales y vendedores ambulantes. Los datos que contenía el papel se referían al autocuidado ante la contingencia de salud de la COVID-19 y recomendaciones específicas para ejercer la prostitución.

     

    Además, se elaboró un rastreo de información de las personas que serían beneficiadas con mercados y auxilios de alojamiento. La segunda y tercera etapa consistieron en la repartición de los recursos. Fueron posibles gracias a la ayuda de entidades como la Gerencia del Centro, la Policía Nacional, el Museo de Antioquia y la Subsecretaría de Espacio Público, que citaron a las personas inscritas previamente a un punto de encuentro.

     

    Para los siguientes ciclos de entregas, el colectivo decidió implementar estrategias que les permitieran seguir apoyando a esta población, pero sin generar aglomeraciones que se pudieran convertir en un riesgo de salud pública. Seleccionaron a cinco mujeres del Área Metropolitana que pertenecían al programa de beneficiados y les entregaron 21 mercados para que los repartieran en su comunidad. También establecieron relaciones directas con cinco inquilinatos del centro para enviar directamente las ayudas humanitarias y pagar el valor de alojamiento a los administradores.

     

    El proyecto no finalizó allí, se transformó con el nombre de Noche a 10 mil, que consiste en realizar mínimo una donación de 10 mil pesos (el valor de una noche en un inquilinato), la meta de 25 millones de pesos semanales.

     

    Tatiana Cano, miembro del colectivo, acotó que “las campañas se basan en la empatía de las personas, lanzamos la campaña Noche a 10 mil y ya estamos trabajando en otra. La idea es que mientras el aislamiento inteligente siga, nosotras vamos a seguir en campaña”.

     

    Putamente Poderosas con sus diversas campañas, hasta el 8 de junio, logró impactar a más de mil familias, no solo a trabajadoras sexuales ligadas al colectivo, sino también a algunos miembros de la Red Popular Trans y trabajadores informales.

     

    ¿Qué es Putamente Poderosas?

    Putamente Poderosas es un colectivo joven que se lanzó el 5 de marzo de este año. Este busca resignificar la palabra puta y dar voz a las trabajadoras sexuales de Medellín, para que estas se empoderen de su labor y su dignidad humana. Lo conforman nueve mujeres, la mayoría hacían parte del voluntariado de la corporación Guerreras del Centro.

     

    Apoya a una guerrera

     

    La organización Las Guerreras del Centro, conformada por mujeres que ejercen o ejercieron el trabajo sexual, también se está viendo afectada por la contingencia. Luz Mery Giraldo, representante legal del colectivo, comentó que las guerreras han logrado subsistir gracias a unas ayudas entregadas desde la Secretaría de las Mujeres y a unos auxilios de quienes las sigue y conoce.

     

    En las redes sociales del colectivo hay una convocatoria llamada Apoya a una Guerrera, consiste en una invitación a la comunidad para ayudar a estas mujeres, la mayoría vive del trabajo informal. Solicita apoyo económico o en especie y está siendo recolectado en la Galería Divas en la calle Barbacoas, gracias a que su propietario Miguel Gallardo.

     

    Además, esta comunidad de mujeres se está reinventando, trasladó sus performances de las calles a las redes sociales, comparten videos bailando o cantando, podcast con sus historias y las costuras que han realizado en este tiempo de cuarentena. “No todas tenemos el conocimiento en tecnologías, la virtualidad es lo que se impone entre nosotras y nos estamos capacitando en el manejo de las TIC”, dijo Giraldo.

     

    Para ello, están solicitando a las personas que tengan computadores y teléfonos inteligentes que les donen. También piden voluntarios que las acompañen a adaptarse a las nuevas tecnologías. “Este es nuestro nuevo reto, que todas tengan acceso a esta tecnología. Siempre estamos pensando en diferentes alternativas que nos permitan seguir en contacto y trabajando por dignificar el trabajo sexual”, aseguró Giraldo.

     

    La estrategia es de ayuda e información. Las mismas trabajadoras sexuales son cogestoras del trabajo.

    Foto: Putamente Poderosas.

     

    Acompañamiento por parte del gobierno

     

    Ismaria Zapata, representante en el Concejo de Medellín del movimiento político Estamos Listas, afirmó que desde la Alcaldía sí existe un programa para atender a las personas en situación de calle. “Desde la concejalía revisamos cómo se distribuyeron estos recursos, y en las comunas 10 y 4, que son históricamente en las que se ha concentrado el trabajo sexual, se repartieron más de dos mil y ocho mil ayudas respectivamente. Pero no tenemos conocimiento de cuántas de esas personas ejercen el trabajo sexual”, aclaró Zapata.

     

    Según ella, Estamos Listas realizó unas bases de datos de las mujeres trabajadoras sexuales que viven en los inquilinatos. “La Alcaldía sabe muy bien dónde están las mujeres trabajadoras sexuales de Medellín, pero le hemos preguntado a la Subsecretaría de Seguridad cuáles de esas ayudas han llegado a esta población y no tiene conocimiento de estas cifras”.

     

    Por parte del Estado no existe un programa de ayudas específico a esta población y el acompañamiento que se ha percibido en esta cuarentena se ha enfocado en estratos socioeconómicos, no en poblaciones específicas. Para Villegas, “los colectivos particulares han estado tratando de tapar los huecos que se hacen mientras llega el Estado eficientemente”.

     

    Más sobre las Guerreras del Centro

    Guerreras del Centro es una corporación que busca resignificar a las trabajadoras sexuales de Medellín. Son ocho mujeres adultas que ejercen o ejercieron esta labor. Mediante expresiones artísticas como el baile, la poesía, la actuación, marroquinería y tejeduría, cuentan sus historias de vida para devolver el respeto y la dignidad a las mujeres trabajadoras sexuales.

     

    Estas son las recomendaciones que reciben las trabajadoras sexuales del Centro, por parte de colectivos ciudadanos.

    Foto: cortesía.

     

    Panorama general del trabajo sexual en Colombia

    El último censo de prostitución que se realizó en el país data del año 1963. Por lo tanto, no existen cifras actuales que expongan el panorama del trabajo sexual en Colombia. Esta es una labor permitida y reconocida como un trabajo válido y digno por la Corte Constitucional como se admite en la sentencia T-629 de 2010, sin embargo, no hay un marco jurídico específico que regule el oficio.

     

     

     

     

     

     

  • Violencia intrafamiliar, virus silencioso

     

     

    Colombia lleva más de 30 días de confinamiento. Un mes que para algunas familias colombianas ha sido de unión familiar, de descanso, de pasar momentos divertidos compartiendo juntos. Pero desafortunadamente no todos tenemos la misma suerte de vivir en armonía con nuestros seres queridos. La violencia intrafamiliar, ese virus silencioso que ataca a las familias de puertas para adentro.

     

    Un informe del observatorio colombiano de las mujeres señala que se han presentado 1.011 denuncias en 10 días; es decir, 101 llamadas diarias a la línea 155, creada para orientar a mujeres víctimas de violencia. Bogotá registra el mayor número de llamadas (42 %), Antioquia (11 %), Valle del Cauca (9 %), Cundinamarca (6 %) y Santander (4 %). Las mujeres somos las más perjudicadas en este aislamiento preventivo, pero ser las más vulnerables a estos hechos no nos convierte en las únicas afectadas de las familias. Los niños, tema de gran preocupación por los entes de control, son la otra parte vulnerable en la violencia intrafamiliar, ellos son, de acuerdo con el informe del observatorio, agredidos física y psicológicamente por otros miembros de su familia.

     

    Es el aislamiento una medida para evitar que el virus se propague, pero ¿cómo evitamos que millones de familias se agredan entre ellas durante estos días de estrés y encierro? Debemos actuar en consecuencia para evitar que mujeres sean asesinadas y maltratadas, que los niños dejen de ser violentados y haya paz en las familias; suficiente tenemos con vivir preocupados y con miedo a que la covid-19 toque a nuestros hogares y acabe con nuestras vidas. Según la Academia Nacional de Medicina, Colombia debe lograr un cambio cultural profundo, iniciado desde las etapas primeras de la vida, para que la violencia deje de ser culturalmente aceptada para solucionar los conflictos. Solo así se podrá desarrollar una cohorte de colombianos solidarios, no violentos, que puedan vivir en paz.

     

    Vivir en aislamiento es todo un reto para las familias afectadas por la violencia intrafamiliar; las mujeres no saben qué puede acabar con sus vidas primero, si quedarse en casa esperando a ser asesinadas por sus parejas o salir a la calle y exponerse a que el coronavirus las contagie. Hay que actuar. Es el momento de acabar con la violencia en nuestro país, de cuidarnos y estar juntos para ganarle la batalla al verdadero virus.

     

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    Columna realizada en el curso Introducción a la Comunicación, orientado por el profesor Luis Fernando Gómez. Publicada en la sección Taller de Opinión del diario El Colombiano.

     

     

     

     

     

     

    Sección: Opinión

  • Un recogimiento diario

     

     

    La tarde oscurece.

    Las aves se guardan,

    los grillos cantan.

     

    Por estos días en los que el tiempo se ha estirado y la sensibilidad ha llenado de colores mis ojos e intensificado mis sentidos, veo la vida pasar un poco más lento y todo comienza a tener sentido. Aquella ceiba pentandra, que tiene cuatro veces mi edad y adorna mi vista cada que miro por la ventana, es la majestuosa culpable de que cada año por esta época de abril sufra de severas crisis de alergias y estornudos constantes. Por las lluvias del mes, este inmenso árbol suelta unas lanitas a través de sus frutos llamadas capok. Según me contó un tío, eran utilizadas hace muchos años como rellenos de almohadas. Seguramente si hubiese nacido en aquella época habría muerto ahogada mientras dormía.

     

    Capok de la ceiba pentandra.

    Foto: Melisa Gómez Vanegas >>

     

     

     

     

     

    Los días pasan,

    la cuarentena aumenta.

    La mente no descansa.

     

    El miércoles 08 de abril fue reportado el primer caso de COVID-19 en el municipio de Copacabana, donde vivo. Las calles comenzaron a verse más solas al pasar de los días, el silencio que siempre había anhelado escuchar al fin ocurrió, pero en unas circunstancias que jamás hubiera deseado.

     

    El corazón se rompe

    Su fachada muere

    Vuelve a sentir

     

    Las bases de la cultura oriental nos enseñan una vez más que es tiempo de sentir, de fluir, de excavar en los adentros de nuestra mente y ser, conocernos a nosotros mismos y dejar de mecanizar de una vez por todas nuestra vida, a nosotros mismos, lo que sentimos y nos rodea. No estamos acostumbrados a sentir, queremos controlarlo todo y tal vez esta es la oportunidad que necesitábamos para volver a nacer, para vivir de verdad. No para sobrevivir como estábamos acostumbrados.

     

     

    Los besos no lo entienden,

    los abrazos se entristecen.

    El virus espera.

     

    Este período enclaustrada en casa me ha invitado de una manera sutil a conocer más a fondo a mi familia. Por ejemplo, descubrí que mi madre tiene una paciencia infinita y súper poderes, pues además de ser profesora universitaria de economía internacional, es madre cabeza de familia: se acuesta a la 1 de la mañana y se levanta cinco horas después, de lunes a viernes. A las 7, ya tiene listo el desayuno, el almuerzo y media casa organizada.

     

     

    Además de todo esto, se baña con agua fría, por no decir helada, sin hacer ruidos de congelamiento ni quejarse, esto sí que es un súper poder. Corrige torres y torres de exámenes repletos de gráficas y números que se ven terriblemente tediosos de hacer -imagino que es peor revisarlos- mientras lo hace prepara sus siguientes clases y las próximas actividades evaluativas. Atiende las inquietudes de sus alumnos por correo y grupos de WhatsApp mientras recibe llamadas de sus hermanas por el teléfono fijo de la casa, lava los trastes en cuestión de segundos y por donde quiera que pasa todo reluce. Le queda tiempo para regañarnos a mi hermano y a mí por no hacer determinada labor a la velocidad de la luz como lo hace ella. También se maquilla y organiza para entrar en la virtualidad a dictar sus clases. Lo sé, es increíble que se bañe con agua fría a esas horas de la mañana y lo disfrute.

     

    << Una oportunidad para reconocernos. Foto: Melisa Gómez Vanegas.

     

     

    Descubrí también que mi hermano no es un robot (sus extraordinarias habilidades matemáticas, agilidad en video juegos, responder solo lo preciso, moverse mecánicamente y ejercitarse como si fuera una máquina) sino que tiene sentido del humor, una novia y de vez en cuando me abraza. La verdad me alegró saber que tenía sentimientos y que, por lo menos, uno de los dos puede triunfar en el amor.

     

    Este aislamiento ha sido un recogimiento para mí, además de observar mi alrededor con detenimiento, he tenido la posibilidad de adentrarme en lo más profundo de mi ser y descubrir quién soy en realidad. Hay que tener tiempo y agallas para querer escuchar lo que tiene por decir el crítico más despiadado de todos: la conciencia, pero también mucho amor para abrazar esa oscuridad y recordarle que no es tan mala como uno cree. Solo espero que, cuando esto pase, nada vuelva a ser igual y que todo lo que está ocurriendo valga la pena para replantear nuestro estilo de vida y empezar de nuevo, con más humildad, con más respeto, con solidaridad, amor y sobre todo, conciencia.

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

     

     

     

     

     

  • ¿Y en tiempos de pandemia, dónde queda la salud mental?

     

     

     

     

    Ya casi son tres meses desde que nuestra realidad cambió. Dejamos de salir y tuvimos que encerrarnos en nuestras casas, los abrazos quedaron prohibidos y las video llamadas se convirtieron en nuestra mejor compañía. Mucho se ha hablado de todos los riesgos y obstáculos que ha traído esta pandemia para todos, pero lo que aún no entendemos es que estamos en el momento preciso en que nuestra salud mental se puede deteriorar. El “Estudio de Solidaridad” de Profamilia, que contó con la ayuda del Imperial College of London, encontró que el 75 % de los 3.549 encuestados habían sufrido afectaciones a su salud mental. De ellos el 54 % sintió nervios, el 53 % cansancio, el 46 % impaciencia y el 34 % rabia o ira.

     

     

    ^^ La salud mental necesita también cuidado preventivo. Ilustración: Freepik.es.

     

    Pero ¿qué es lo que hace que esta cuarentena nos afecte? En un primer lugar, debemos tener en cuenta que vivimos en una sociedad donde la salud mental ha estado en un segundo plano, no se le da importancia y se ignoran muchas señales de alerta. Es por esto que Liliana María Vásquez Peláez, directora del programa de televisión Salud para el Alma de Teleantioquia, dijo que “como es un tema al que no se le pone atención, estar encerrados, estar en aislamiento puede poner en evidencia alteraciones emocionales que no hemos considerado, asuntos trascendentales que no los hemos evaluado y que los habíamos confundido con el trabajo, con la familia o con el transporte”.

     

    Además, afirmó que este es un momento que nos puede servir para conocernos mejor al evidenciar los asuntos de la salud mental que pasaban desapercibidos. Y que pueden desembocar en un problema si no son tratados de la manera correcta.

     

    En segundo lugar, estamos en un momento en que somos bombardeados por información las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Abundan las noticias falsas buscan generar pánico y desesperación entre sus lectores. No fue hace mucho que por las redes sociales circuló la supuesta noticia de un niño que se había suicidado en Cauca a causa de la cuarentena, fue compartida por la cuenta de twitter @TodosporCali_ y mostraba la supuesta carta de suicidio del menor. Pero no tardó en ser desmentida por las autoridades de la zona y la Revista Semana.

     

    “La sobreinformación y sobre todo la sobreinformación de mentiras y de un montón de cosas que no comprendemos lo que puede generar es ansiedad, miedo, conductas obsesivo-compulsivas, pánico y miedo social”, explicó Vásquez. Una de las principales recomendaciones presentadas por diferentes organizaciones como el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, el Colegio Colombiano de Psicólogos e incluso la misma Organización Mundial de la Salud, es a que las personas limiten el acceso a la información para no saturarse. Además de recurrir siempre a fuentes confiables para informarse y evitar compartir información no verificada.

     

    Otra de las recomendaciones en las que coinciden es en que no debemos perder la conexión con nuestros seres queridos. Aunque para muchos esta cuarentena ha sido un periodo difícil respecto a la convivencia con quienes viven ha sido un reto. Para Vásquez “jamás la convivencia hará daño, siempre y cuando sea una convivencia conversada, atendida y con acuerdos. Que la convivencia sea favorecedora es un factor de protección porque tengo con quien conversar, relacionarme, hablar y sentir”.

     

    Es por esto que en estos momentos debemos apoyarnos en los otros, permitirnos sentir porque este es un momento en que todos somos vulnerables emocionalmente “y esta situación de aislamiento, de tensión, de incertidumbre, de miedo puede hacer mella o puede afectar a cualquiera de nosotros”, aseguró Vásquez.

     

    La salud mental de la que tanto hablamos, pero que poco atendemos, es uno de los factores que también está en la cuerda floja en estos momentos, incluso cuando esto pase. Según el artículo de la revista Semana, Ansiedad y miedo en tiempos de cuarentena: cómo controlarlos¸ cuando se supere la contingencia lo más probable es que nos enfrentemos al estrés postraumático, trastorno de ansiedad y depresión. Pueden durar hasta tres años después de terminar la cuarentena.

     

    Hay que tener en cuenta lo anterior, además de las diferentes publicaciones que vemos a diario sobre cuidar nuestra mente, todas las líneas de ayuda que abrieron al público e incluso el programa de Teleantioquia Salud para el Alma (que fue creado para hablar de salud mental durante la cuarentena). Porque estamos en el momento preciso para que nuestra salud mental se deteriore y es tiempo de prestarle atención.

     

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    Columna realizada en el curso Periodismo VI, orientado por el profesor Javier Restrepo.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • La novela de la ventana

    Un relato corto a partir del ejercicio de observar y entender.

     

    Hago lo que hago porque me gusta. Hago lo que hago para saciar una curiosidad monstruosa. Y hago lo que hago para tratar de entender”. Leila Guerriero.

     

     

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    La vida se mira por la ventana de una finca. Los perezosos pastos solo se mueven cuando los golpea el viento. Las palomas son las cantantes que despiertan al sol. Las gallinas actúan de comadres que solo hablan cuando ponen un huevo y están a punto de tirarse del nido. El gato es el vigilante, aunque durante el día se duerme. La quebrada es la mejor atleta, nunca se detiene y siempre llega a la meta. Los orgullosos patos estiran el pescuezo y miran con cierto asco. A las antisociales vacas solo les interesa comer y luego se encierran. Los cerdos son los que amenizan las parrandas, sin importar que a veces desafinen. El perro es el periodista que tiene información del patrón, pero cuando muerde la mano se queda sin comer. El que vive en la casa tiene un tapabocas, tose sin fuerza y se toca la garganta. Abre la ventana y se queda entretenido en la novela mientras muere lentamente.

     

     

    ^^ En el campo la vida está rodeada de metáforas. Foto: Contexto.

     

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    Relato elaborado en el curso Periodismo y Literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

     

     

  • La otra cara de la moneda

     

     

    Sobran adjetivos para referirnos a lo que está sucediendo en el mundo, pero si digo miedo y caos, bastan para enmarcarlo. Con la aparición del covid-19 la vida se ha vuelto de color gris para la raza humana. Sin embargo, no todo ha sido malo. Llevamos años hablando de contaminación ambiental, años realizando campañas, foros, actividades para concientizar a las personas que debemos cuidar el planeta, pero nada ha sido suficiente para crear conciencia; hoy pareciera que la naturaleza nos estuviera cobrando el daño que le hemos hecho. La tierra está desintoxicándose. Mientras estamos encerrados en cuarentena protegiéndonos de un virus, la polución ha disminuido en muchos países, los animales disfrutan tranquilamente de su espacio, no hay residuos en las calles, millones de kilómetros de selva empiezan a recuperarse. El mundo ha vuelto a respirar. Esto nos debe llevar a pensar ¿quién es el verdadero virus? ¿somos los seres humanos una plaga? La pandemia acabará, y entonces volveremos a salir de casa, y si aprendimos la lección esta situación deberá marcar un cambio en nuestras vidas, nuestro país y los gobiernos. Que no sea temporal este respiro que le hemos dado a la naturaleza.

     

    De otro lado, pero en el mismo cuadro, mientras el mundo se toma un descanso, aparecen los aprovechados: un tapabocas que costaba $600 ahora tiene un valor de $3.000 -si lo consigue-. Me lleva a pensar que no servimos como sociedad. Nos quejamos de la corrupción, pero cuando nos dan tiro, empezamos a aprovecharnos de cualquier situación.

     

    Es la otra cara de la moneda, esa que muchos se esfuerzan en no mirar, pero que ahí está. Mientras unos gozan de un encierro privilegiado, otros no tienen dónde dormir; mientras algunos suben un tutorial gourmet a sus redes sociales, otros desearían tener algo para comer; mientras unos gozan de servicios de salud prepagados, a otros solo les queda rezar para que el virus no les llegue. Es momento de empezar a mejorar como humanidad, reconocer que lo material no es lo importante, que el dinero es papel, que el planeta, la salud y nuestras familias, es lo que realmente vale la pena cuidar. Si la pandemia no nos cambia como personas habrá sido un tiempo dolorosamente perdido.

     

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    Esta columna fue realizada en el curso Introducción a la Comunicación, orientado por el profesor Luis Fernando Gómez Velásquez. Publicada en la sección Taller de Opinión de El Colombiano.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Relatos de la perplejidad

    Una descripción emotiva de los días: sentimientos, recuerdos y pensamientos para afrontar el encierro.

     

    Foto: Freepik. Lic. Creative Commons.

     

     

    “Escribo por perplejidad. Tengo serias limitaciones para entender al ser humano y mediante la escritura las intento mitigar”, FERNANDO ROYUELA.

     

    25/03/2020

    A veces no me lo creo. Recuerdo la vez en la que nos robaron el carro justo frente a la puerta de mi casa. Yo estaba dormido y para cuando me desperté ya se habían ido. Entramos a la casa y me senté en la sala, ahí comencé a entender lo que había sucedido.

    Siento que, en este momento, apenas estoy abriendo la puerta.

     

    29/03/2020

    ¿Qué sentirá la gente que está sola? Quisiera poder estar con tantas personas cuya única compañía residía en las calles con sus vecinos, tenderos, conocidos. Llegar a sus casas significaba poderse preparar para el siguiente día de vida en sociedad, en la calle, donde todo pasa y todo se aprende. Ahora es la preparación más larga que hayan conocido.

     

    2/04/2020

    Esto es real. Está sucediendo. El mundo entero se detuvo y parece que los segundos durarán más de ahora en adelante. Hablo con mis conocidos, los que están en la ciudad me cuentan que es desesperante y puedo imaginarlo. Cuatro paredes con forma de apartamento deben haber comenzado a tomar forma de cárcel.

     

    Ahora resta un extraño sentimiento de culpa. Yo estoy en el campo, acá puedo ir a bañarme en el río, caminar por la carretera, plantar y muchas otras cosas. Ahora me siento sucio. No es agradable poder hacer, cuando sé que hay tantas familias en la ciudad que están pasando hambre porque viven de lo que logran producir diariamente, en la calle. Ahora no hay ni calle ni diario.

     

    Es la culpa del privilegio y sé que las donaciones, aunque ayuden, no son la solución, sólo luchan contra los síntomas, pero no acaban con la enfermedad. Desigualdad. Desigualdad que grita. Le grita en la cara a todos, mientras el hambre se frota las manos.

     

    10/04/2020

    Esta Semana Santa he sentido una mezcla entre impotencia y desánimo. Es el tiempo de descanso, pero la virtualidad ha vuelto todo muchísimo más lento, en especial para las personas que no tienen mucha voluntad, como yo.

     

    Ahora los deberes se vuelven una capa permanente que se pega a cada actividad del día. Siempre hay algo por hacer. Tareas, tareas, tareas. La sensación de impotencia llega cuando veo el atardecer, el río a 10 metros. Está ahí, el mundo está ahí y yo no puedo ir a recorrerlo por tener que obtener un desgraciado cartón. No nací para la academia, pero no estudiar era impensable para los que quieren lo mejor para mí. Lo entiendo, sin un título es casi imposible que me contraten. Pero ¿qué más puedo pensar cuando he tenido que evitar a toda costa las expediciones monte adentro por tener que terminar una investigación que también sé que hago sólo para graduarme?

     

    A veces quisiera dejarlo todo, en especial en momentos como este en los que el disfrute y la vida están tan cerca, pero tan lejos. El conocimiento no debe entrar así. Lo peor de todo es que me enseñaron a que sentirme así era ser perezoso o un bueno para nada. Un juego perfectamente elaborado, en el que te castigan también por no querer jugar.

     

    14/04/2020

     

    Los días empiezan a cualquier hora

    Las noches ya no tienen ritual para irse a dormir

    No se ponen la pijama

    No se cepillan los dientes

    Sólo hay que hacer tareas

    Y desayunar, para hacer más tareas

    No es calma

    Es letargo.

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y Literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez.

     

     

     

     

  • Sentimientos en cuarentena

    Recordar, ver fotografías, jugar dominó y hacer una torta son formas de mostrar los sentimientos y lo humano en medio de la cuarentena. Los intentos de darle toques distintos a la rutina, abren camino a las reflexiones. Un padre de espíritu silente es el eje de esta ruta.

     

    Click en la imagen para ver el documental en Youtube.

     

     

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    Trabajo realizado en el curso Realización documental, orientado por la profesora Ana María López.

     

     

     

  • AISLAMIENTO PENSANTE

    Once y dos minutos de la mañana. Hace una hora que me desperté y durante ese tiempo solo he estado en mi cama pensando qué libro leer mientras miro hacia el techo blanco que tengo sobre mí. Dejo que la imaginación me lleve a cualquier rincón de mis pensamientos. Una gran casa en medio de un terreno verde y lleno de flores de tantos colores, una alberca de unos diez metros cuadrados con el agua tan cristalina que puedo ver sus azulejos e identificar su patrón. Dos esculturas algo abstractas en toda la entrada de la lujosa construcción y unos ventanales que hacen de muros a su alrededor. Eso es lo que veo mientras observo la plana pared.

     

    El encierro necesita también sus refugios. Foto: Alcaldía de Medellín

     

    Luego…

     

    “Procure quedarse en casa, solo salga de ser completamente necesario, no exponga su salud y cuide a sus familiares. Recuerde que hay unos días estipulados para poder salir y siempre lleve su documento de identidad. Recuerde también que tiene veinte minutos al día para sacar a pasear su mascota”, y bla, bla, bla…

     

    La imagen de mi mente es reemplazada por palabras y más palabras. Las mismas que mi mente conoce bien. Y cómo no saberlo si son dichas todos los días a las mismas tres horas: once de la mañana, cuatro de la tarde y ocho de la noche. La verdad es que estoy considerando que son lo más cercano a una conferencia que tendré por un tiempo. Una conferencia muy aburrida. Y es que el recordatorio tan constante hace que se graben hasta los pequeños detalles. Qué débil es mi mente, pienso, o qué tan normal era y no me había percatado.

     

    De cualquier forma, no lo puedo evitar. Cada persona de Medellín estamos atrapadas en nuestro propio encierro, amarrados a nuestras casas y condenados “temporalmente” a nuestra propia compañía. Pienso en mi abuelita, que vive a siete cuadras, y estaba acostumbrada a mantenerse en la calle con sus amigas vecinas. Los adolescentes con sus insaciables ganas de salir de rumba o a cine, o a comer. Las personas que todos los días se levantan temprano de su cama para dedicarle como mínimo una hora para caminar, trotar o hacer ejercicio al aire libre. Todos estamos encerrados.

     

    Desde pequeño, a mi mente siempre han llegado ideas de cómo puede ser el final de la vida humana. Ideas se sumaban a las de otros, a los finales de las películas y de los libros. ¿Por qué pensaba ese tipo de cosas? ¿Qué tanta importancia le daba a lo que conocía como para centrarme en pensamientos así? Ese es uno de los muchos dilemas de la vida de Alejandro Múnera Gallego, de mi vida, aburrida, normal y mundana.

     

    El final siempre encuentra la manera de presentarse en nuestra mente. Cada situación por la que pasamos es una nueva oportunidad para crear un posible fin.

     

    El final está presente desde que nacemos hasta que morimos, esto en sí mismo es un ejemplo. Me doy cuenta de ello mientras organizo la ropa de mi armario de tonos claros a oscuros. Supongo que es una posible explicación de por qué pensamos en ello cotidianamente. Todo tiene inicio y un final: cada hora, minuto, palabra, actividad realizada, película vista, libro leído, el simple abrir y cerrar de ojos, cada acción que ejercemos por más demorada que sea.

     

    Este confinamiento me hace pensar que la muerte por aburrimiento puede ser posible. Es una enfermedad que nunca habría pasado por mi mente y a la que el encierro le da origen por ser mi realidad y la del mundo.

     

    Esto se lo debemos a la muy mencionada enfermedad Covid-19, de la que hubo noticias primero a finales de 2019 en Wuhan (China), como lo informó la Organización Mundial de la Salud con sus reportes de cuadros graves que iniciaban con fiebre, cansancio, tos seca y, en algunos pacientes, congestión nasal, dolor de garganta o diarrea.

     

    Después se supo que la enfermedad se contrae por simple contacto físico con una persona infectada, luego que tiene un índice de mortalidad muy bajo, comparado con enfermedades como la tuberculosis, el VIH/SIDA, el cáncer, entre otras. Mas su fácil propagación y la ausencia de una vacuna contra ella, han desestabilizado el orden económico, político, religioso y sociocultural. Algo así no se veía desde 1919 con la gripe española, enfermedad que fue causada por una bacteria y que forzó situaciones similares a la de hoy.

     

    Inusual para muchos, terrorífica para otros, un caos total para el modo de vida de la mayoría. El mundo se detuvo de repente: no más conciertos, conferencias, juegos olímpicos (que justo se celebraban este año en Tokio, Japón), no más desfiles de moda, estrenos de películas, viajes o excursiones a otros países. Unas cuantas actividades entre muchísimas más que no se darán en mucho tiempo. “Es más fácil hacer la lista de lo que se puede hacer en este momento”, me dijo una tía ayer mientras me enseñaba a hacer un postre por videollamada.

     

    Voy al estudio de mi padre e intento elegir uno de los muchos libros. Me concentro en la sección de historia donde hay unos que me recomendó, pero que no había visto personalmente. Paso mis dedos por encima de varios de ellos sin ninguna razón y sin leer sus títulos elijo dos: Una breve historia de casi todo, escrita por Bill Bryson y Momentos estelares de la humanidad, por Stefan Zweig. Ambos nombres son llamativos para mí, me siento en el sillón del escritorio y leo la sinopsis de uno de ellos… Antes de seguir con la segunda, me distraigo.

     

    Noto cómo al otro lado de la puerta veo a mi gato sigiloso dirigirse a la sala. Posiblemente motivado por el hambre, guiado por su olfato o simplemente porque sí. Me percato del silencio que me acompaña en este momento. Solo escucho el silbido del viento que recorre la habitación y choca con las paredes. Cierro los ojos y me concentro en su olor. Intento identificar algún aroma, lo que sea que rompa con la soledad que estoy comenzando a sentir. Deja a un lado lo que quiero pensar por lo que imagino, me da la sensación de estar soñando y me hace cuestionar algunos aspectos de mi vida que no estoy de humor para analizar.

     

    Concentrado en la idea de encontrar un olor me doy cuenta de que el aire se siente ligero y eso me hace pensar en la contaminación. Miro por la ventana, la vista de la ciudad desde un piso dieciocho no está nada mal. Puedo ver Itagüí, algunos sectores de Envigado y El Poblado.

     

    Veo todo nítidamente los tonos de la montaña, los edificios que están a una distancia considerable se logran captar con cierto grado de detalle y el cielo está de un color azul claro sin ninguna nube a su alrededor. Me encanta ver días así porque es alentador y tranquilizante. Algo muy positivo que ha traído esta crisis es la recuperación medioambiental.

     

    Nuevamente vuelvo a estar consciente de mi alrededor, estoy sentado en el sillón del estudio de mi padre con el libro “Momentos estelares de la humanidad” en la mano, abierto en la página donde inicia la sinopsis. Aquí mismo donde me centré en mi gato, el silencio, los olores y todo esto de la contaminación; es como si hubiera abandonado mi cuerpo y entrara a un mundo donde las ideas están ahí y solo llegan al azar. Me quedo unos minutos así, inmóvil, pensante, vacío.

     

    Ahora que lo medito, este constante proceso podría ser la descripción más cercana de lo que vivo un día tras otro durante este encierro. En el pasar de los días están presentes estos lapsos en los que mi subconsciente es el único lugar diferente a mi casa a donde puedo viajar.

     

    Crónica realizada en el curso Periodismo IV, orientado por la profesora Adriana López.

     

     

     

     

  • Sesenta días de cuarentena en números

     

    En los dos primeros meses de cuarentena, sectores económicos como venta de vehículos, moda, deportes y el inmobiliario han recibido el principal impacto negativo de las medidas de contención de la Covid-19. En el mismo período, sectores como alimentos, las farmacias y almacenes por departamentos, han tenido mejores comportamientos que en el mismo período de 2019.

     

    Click en la imagen para ir a la gráfica interactiva.

     

     

    Trabajo realizado en el curso Infografía, orientado por la profesora Beatriz Marín Ochoa. Fue publicado en el periódico El Mundo.