Autor: c0ms0ci@l_UPB

  • Lecciones del periodismo iberoamericano: Vice, una idea por el romanticismo

    Desde hace cinco años, el Festival Gabo, reúne lo mejor del periodismo iberoamericano en torno a talleres, conversatorios y conferencias que buscan acercar el público a las nuevas tendencias y trabajos innovadores que puedan inspirar a nuevos talentos a guiarse por un mejor camino. En la última versión del certamen, periodistas de medios y proyectos como En Malos Pasos, Efecto Cocuyo, La Pulla y Pacifista contaron cómo es cubrir Latinoamérica, una región violenta, y cómo lograr sortear la censura, conseguir fondos, y otras realidades que enfrentan los periodistas del continente. Camilo Jiménez, director editorial de Vice Colombia y Pacifista, un proyecto propio de la plataforma, contó cómo lograr una propuesta diferente para públicos jóvenes que parecen tan apáticos a temas más profundos.

     

     

    ¿Cómo nace la iniciativa?

    Nace como un proyecto propio de Vice Colombia, en 2014, cuando estábamos buscando ideas de un proyecto que pudiera ser la oferta de Vice Colombia para la paz. Pacifista nació en la redacción. Lo que ocurrió es que al momento de buscar fondos, los primeros que encontramos fueron unos que estaba ofreciendo de manera abierta la oficina del Alto comisionado para la Paz. De ahí surgió una alianza de financiación que nos permitió trabajar de una manera independiente, autónoma y crítica al proceso. Esa financiación se acabó hace dos años y medio y desde eso Pacifista no recibe dinero del gobierno.

     

    Suena romántico, e inocente, pero, ¿ustedes desde su iniciativa han pensado en querer cambiar el mundo?

    No creo que sea algo inocente o alejado de la realidad. Finalmente, si te fijas, una muy buena parte de la humanidad está intentando hacer eso; el problema es que mucha gente trata de hacerlo para su propio beneficio, o con intenciones no tan benévolas, pero finalmente vemos organizaciones en el mundo entero que están tratando de cambiar la realidad por una buena causa. El periodismo, casi que por definición, en sí mismo es un oficio que busca eso: cambiar las cosas. El problema es que no tiene tanto poder como sí podrían tener otras áreas del conocimiento. Por lo tanto, Pacifista al considerarse un medio periodístico independiente y crítico, sí está intentando cambiar las cosas. ¿Qué puede cambiar el periodismo? Yo creo que siendo muy modestos, nosotros podemos cambiar la forma en como las personas ven el mundo. Con esto no estoy diciendo que nosotros queramos lavar cerebros, sino que queremos formar opinión, es decir, ayudarle a la gente a entender qué sucede en su entorno y qué puede hacer para que las cosas mejoren.

     

    ¿Qué es fundamental para un medio que quiera propiciar una cultura más crítica en las personas?

    Básicamente dos cosas: por un lado, los medios periodísticos deben saber que no pueden perder sus raíces, y eso es algo que se aprende en la universidad o en la práctica. Las raíces del periodismo son cosas muy básicas, el compromiso hacia la ciudadanía, hacia la verdad, o al menos hacia la verificación y un compromiso a la justicia, no en el sentido de querer reemplazar a la justicia, porque no es ni debería ser nuestra tarea, sino en el sentido de darles siempre una oportunidad de hablar a las personas, de contrastar, de escuchar al denunciado, buscar los grises en los asuntos. Debemos ser fieles a la verdad y recordar que nuestro compromiso directo e inicial es con las personas, no con las empresas.

     

    ¿Cómo darle voz a todos en países, como los latinoamericanos, que son tan violentos y en los que suele haber autocensura?

    Uno como periodista necesita hacer tres cosas: ser justo, ser veraz y estar comprometido con el ciudadano. Estas tres cosas empiezan a tambalear cuando uno no puede ejercer su oficio como debería hacerlo.

     

    Yo siento que las circunstancias que están definiendo la realidad de los medios en Colombia están haciendo que seamos menos veraces, menos comprometidos con los ciudadanos, y lamentablemente estamos dejando de ser justos.

     

    En medio de estas circunstancias uno puede seguir siendo un buen periodista si uno, así como los

    católicos no olvidan el padre nuestro, se toma el tiempo de reflexionar todos los días reflexionar sobre sus principios. Si todos hacemos eso, los medios van a mejorar a pesar de las circunstancias. Como dijo Daniel Coronell, el país tiende a tener mejores periodistas que medios, yo creo que eso debería ser una base para seguir fortaleciendo los excelentes profesionales que hay en el país.

     

    ¿Hay espacio para libertad de expresión?

    Es una pregunta cuya respuesta debe ser cuidadosa, porque uno no puede generalizar. Tú comparas la situación nuestra con Alemania, y está difícil, no solo por las presiones de seguridad, sino también las presiones financieras han afectado el nivel de libertad que tenemos para trabajar, pero si tu comparas la situación de Colombia con Venezuela, Cuba o lugares donde casi que ni existe el periodismo, como Corea del Norte, obviamente Colombia no está tan mal.

     

    Depende del punto desde el que uno esté mirando las cosas, y yo creo que eso siempre es saludable para no perder la claridad y la capacidad para ver que las cosas no están tan mal; pero que no estén tan mal, no quiere decir que estén súper bien.

     

    En Colombia tenemos problemas de libertad de expresión y eso no es una opinión, hay investigaciones que lo demuestras, estudios realizados por organizaciones como la FLIP. La libertad de expresión sigue siendo muy afectada en este país, especialmente en poblaciones rurales donde ha habido un abandono por parte del estado y poco interés por parte de los medios grandes por apoyar iniciativas. Tenemos zonas silenciadas, donde no hay medios de comunicación o donde los únicos medios de comunicación del ejército o las fuerzas armadas.

     

    Sin embargo, por un lado tenemos medios que no pueden ejercer la libertad como quisieran, y por el otro tenemos una situación novedosa y es la capacidad de participar de manera más libre plataformas digitales. Todas son cosas que contribuyen a equilibrar la balanza en la libertad de expresión.

     

    Como conclusión todavía hay mucho que hacer, y no es solo responsabilidad del estado sino también de los medios de comunicación.

     

    ¿Cuál es la clave para impactar cuando se quiere ser menos sensacionalista?

    La clave está se encuentra justamente resolviendo el problema que plantea la pregunta. El impulso de impactar muchas veces está afectando la necesidad y el deber de ser serios, ecuánimes y periodísticos, entonces la solución está en buscar una formula que nos permita impactar sin afectar la calidad. Ahí no hay todavía una respuesta a esa pregunta, nadie ha encontrado la fórmula mágica.

     

    Por experiencia, como editor de Vice Colombia y Pacifista, es que parte de la respuesta puede encontrarse en algo muy básico: en el oficio del periodismo, en las premisas fundamentales de la profesión: contar la verdad, ser justos, ser independientes y pensar siempre en los derechos de los ciudadanos. Es algo que no nos va a quitar nadie.

     

    Por otro lado, hay que saber llegar y para eso, uno tiene que tener estrategia y conocimientos. La fórmula trae por un lado, el periodismo, que sean raíces muy fuertes y muy vivas, en las redacciones, pero por otro lado requiere que estemos muy actualizados, preparados por todos los medios que puedan tenerse y sobre todo con los conocimientos más actuales para actuar con estrategia, para saber exactamente como tener una estrategia digital, crear una comunidad.

     

    “El periodismo, casi que por definición, en sí mismo es un oficio que busca eso: cambiar las cosas”.

     

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  • Abandonarse entre objetos

    El síndrome de Diógenes encierra el contraste entre rodearse de cosas y, al mismo tiempo, vivir aislado de los demás. Ahora que la televisión internacional nos acerca historias como estas, las voces y el testimonio gráfico de un caso al sur del Valle de Aburrá, permite asomarse al drama detrás de este trastorno del comportamiento.

     

    La fachada color crema y verde claro se ve desdibujada con las pilas de basura que logran cubrir hasta una parte de la puerta. Cartón, madera, botellas, traperas viejas, comida en mal estado y bolsas son la decoración del pasillo. El olor a pestilencia incrementa al acercarse. Adentro no se ve el piso ni se puede identificar en qué se camina. La basura logra ir hasta el techo en algunas partes. No hay servicio de agua ni de luz, pero igualmente los moscos, zancudos, cucarachas, ratas, dos gatos y dos gallos viven en esa casa donde apenas queda espacio para dos ancianos, de 80 y 98 años.

     

    En medio de toda la basura sale una de las mascotas y también se le dificulta moverse por el lugar. Foto: Laura Restrepo P.

     

    El dueño de la casa, Luciano Gutiérrez, es un quijote al que le hace falta la armadura. Los personajes comparten el bigote y un pensamiento diferente; el uno veía gigantes y el otro recolecta basura de manera compulsiva. El Sancho Panza de Luciano, es su tía, Ana de Jesús Gutiérrez, quien a pesar de no estar de acuerdo con la situación nunca sería capaz de dejar a su sobrino.

     

    Desde hace 12 años empezó a acumular todo tipo de objetos en su casa y el barrio Restrepo Naranjo de Sabaneta, se vio afectado por plagas y malos olores. La situación ocasionó las quejas de sus vecinos. “No nos podemos descuidar con las bolsas de basura porque se las lleva y las entra a la casa”, expresa su vecina de al lado, Cristina Vélez.

     

    En la mayoría de la casa la basura llega hasta el techo obstruyendo el paso. Foto: Laura Restrepo Posada.

     

    En 2008 se iniciaron las intervenciones en la vivienda de Luciano y Ana de Jesús por parte de la Secretaría de Familia, Medio Ambiente y Salud, por medio de las cuales le ofrecieron un acompañamiento psicológico, apoyo económico con el subsidio Colombia Mayor, control de plagas, revisiones médicas, inscripción en el almuerzo comunitario y limpiezas al hogar de donde se han logrado sacar hasta tres volquetadas de basura.

     

    A pesar de los beneficios que se ofrecen la situación no ha mejorado, para algunos antes empeora pues varios señalan que los esfuerzos han sido intermitentes. “Es un círculo vicioso, cada secretaría le pasa el problema a la otra y no salen haciendo nada”, declara Luz Estela Álvarez, otra habitante del barrio Restrepo Naranjo.

     

    Al respecto, el técnico Marlon Pareja, de la Secretaría de Medio Ambiente, explica que son muchos los trámites que se deben hacer para preparar una limpieza, ya que solo hay una volqueta en el municipio y una limitación en las toneladas que pueden sacarse.

     

    En la Secretaría de Familia aclararon que no se ha iniciado de nuevo el proceso de acompañamiento porque esperan respuesta de las directivas de esa dependencia.

     

    La cama de Ana también está llena de ropa, cajas y sobras de comida. Foto: Laura Restrepo Posada.

     

    Entre tanto, algunos vecinos intentan ayudar con las limpiezas. Por ejemplo, en la casa de Luciano Gutiérrez intervino la Asociación de Recicladores de Sabaneta.“El problema se volvió de salud pública, ya que una rata mordió a una niña del frente”, indica la representante de la Asociación, Ana Cecilia Hernández, para quien el trabajo tiene que ser con todas las secretarías.

     

    El psicólogo Juan David Restrepo, al enterarse del caso y analizar las características de Luciano opina que: “está en una neurosis, con un carácter obsesivo compulsivo, que obedece a sus ideas e imaginarios mediante sus acciones, por esto debe tratarse de una manera muy comprensiva, sin obligarlo para que no recaiga”.

     

    Ana de Jesús, la tía de Luciano, por su edad, solo sale de casa los domingos para ir a misa. Foto: Laura Restrepo Posada.

     

    A pesar de las quejas, recomendaciones y labores realizadas por parte del Municipio y los vecinos Luciano continúa su actividad de acumulador. Alega que todo es reciclaje, que es una propiedad privada y que no tiene dónde más almacenarlo que su casa ya desdibujada por las pilas de cartón que cubren hasta la puerta.

     

     

     

     

     

     

     

     

  • TENIS DESDE EL EXILIO

    Sin haber nacido aún, Valentina González tenía a pocos centímetros las pelotas de tenis que la iban a rodear el resto de su vida. Sus padres, ambos con experiencia en los deportes, se ocuparon de que ella interactuara lo más pronto posible con el tenis. Por eso su madre lanzaba con cuidado algunas pelotas a su vientre, como simulando una jugada en la que el abdomen funcionaba como raqueta. Y allí estaba Valentina, incorporando la presencia de ese objeto externo que lucía tan extraño, pero que poco a poco se iba a integrar como parte de ella, a pesar de los obstáculos que se van haciendo más grandes con el tiempo, en lo que parece para ella una estrategia sutil pero efectiva: que año a año el apoyo del gobierno a la actividad deportiva disminuya sin pausa.

     

    Valentina González logró hacer una trayectoria destacada en torneos nacionales e internacionales como representante de Colombia. Foto: Lucía Mora.

     

    Desde los 7 años, Valentina comenzó a hacer parte de la Liga Antioqueña de Tenis de Campo en la que obtuvo las primeras bases que le permitirían ir avanzando en el deporte. A medida de que iba adquiriendo mayor nivel, las invitaciones a torneos empezaron a surgir y desde ahí todo se supo: ante los gastos para asistir, sus padres tendrían que encargarse de una enorme parte y la Liga aportaba el dinero que le fuera posible y que salía de las ganancias de las clases ofrecidas por el organismo. En esta lista de apoyo, el gobierno decidió no anotar su nombre.

    Así fue hasta que en el 2012 comenzó a recibir patrocinio de las Empresas Públicas de Medellín. Para los torneos, tanto dentro como fuera del país, ya no era entonces un inconveniente el dinero. Sus padres pudieron darse un respiro al no tener que pagar tantos gastos como antes, pero su dicha no duró más de un año porque luego de esto la empresa decidió trasladar el apoyo de los tenistas a los ciclistas, argumentando que estos tenían un mayor auge en ese momento y por ende necesitaban más ayudas.

    Sin más apoyo que el de la Liga de Tenis, Valentina continúo siendo una deportista de alto rendimiento, representando a un país que se olvidó de ella en torneos tan importantes como el mundial de tenis en República Checa, las giras Cosat por Suramérica y torneos en Estados Unidos, además de los que se presentaran al interior del país, todo con el dinero que sus padres luchaban por conseguir, ya que, a diferencia de lo que podría ocurrir en las con otros deportistas que integran la Liga, las inversiones en la actividad deportiva implicaban restricciones en los gastos al interior del hogar.

    Una nueva chispa encendió la esperanza cuando en 2015 Indeportes Antioquia decidió brindarle un patrocinio por su buen desempeño en el tenis. Sin embargo, fueron solo 365 días en los que pudo gozar de este apoyo, porque luego de este tiempo volvió a quedar sin otra ayuda más que la que le podía dar la Liga. Indeportes solo podría volverla a patrocinar si lograba una medalla olímpica de oro, algo que Valentina menciona que es bastante difícil de conseguir y además se cuestiona: “¿Cómo quieren que uno progrese si no lo apoyan? Todos los deportistas no tienen los mismos recursos económicos para salir adelante por sí mismos”.

    Este segundo golpe hizo que esta deportista, con más de 250 trofeos y aproximadamente 350 medallas, pensara que lo mejor era abandonar la idea de llegar a ser profesional en tenis, pues no contar con una ayuda que pudiera hacer visible su talento la hizo pensar que este no era su destino, o al menos no en este país.

    Se planteó entonces una meta: conseguir una beca para estudiar y practicar tenis, con la condición de que fuera en un país diferente a Colombia, donde pudiera prosperar y recibir apoyo. Así fue como logró obtener una beca en una universidad de Estados Unidos para financiar tanto sus estudios de Bioquímica como los torneos de tenis. Sabía que tomar esta decisión implicaba alejarse de su familia, amistades y empezar una vida nueva; sin embargo, la poca ayuda que le fue brindada en su país de origen no le dejó otra opción que buscar oportunidades en un lugar diferente, y le sorprende el hecho de que sea el gobierno de otro país el que le esté ayudando en la consecución de sus metas y no aquel al cual representó incansablemente con el sudor en la frente.

    No todos tienen la posibilidad de migrar a otros países y deben buscar la forma de avanzar en Colombia con su deporte. “Los deportistas en Colombia son muy talentosos y muy buenos, pero hasta los mismos deportistas olímpicos cuentan que fue muy difícil llegar hasta allá sin patrocinios”, cuenta Valentina, a quien le decepciona el hecho de que para el próximo año se hubiera anunciado una reducción de un 62,3% del presupuesto nacional para la recreación y el deporte, si ya era difícil conseguir un patrocinio cuando el gobierno destinaba 587 000 millones, ahora será más complejo si el total para los deportistas fuera de 221 000 millones.

     

     

  • Claroscuros de la justicia por mano propia en México

     

    La corrupción policial está asociada al auge del fenómeno de la justicia por mano propia. Foto: Captura Youtube

     

    Antes de que a la lista de dolores de los mexicanos se sumaran los efectos de los recientes desastres naturales, la violencia cotidiana, asociada principalmente a robos, era un rasgo dominante no solo de la agenda informativa, sino de las discusiones del día a día frente a sistemas de policía y de administración de justicia sobre los cuales no hay confianza.

     

    Algunos de los matices de la situación hacen más grave el fenómeno, especialmente uno: el de la justicia por mano propia, un síntoma tan complejo, que deja al descubierto no solo las desconfianzas de los mexicanos, también señala la cantidad de problemas que se están aplazando y que se relacionan con una salida estructural a la crisis de violencia en ese país, tan asociada a la que viviera Colombia en los años ochenta y que fue determinante para el presente del país suramericano.

     

    ¿Qué causas explican el auge de la justicia por mano propia? ¿Qué implicaciones tiene el fenómeno? El caso mexicano, recogido en este reportaje multimedia, sirve como un espejo que resulta más claro que la propia sombra de nuestros problemas.

     

    Laura Angélica Ospina es estudiante de la Facultad de comunicación Social – Periodismo, e integrante de Contexto. Junto a Ana Gamboa, Iván Alejandro López, Pamela Benítez y Carlos Mario Landetta, realizó este trabajo como parte de sus estudios de periodismo especializado en México.

     

     

     

     

     

     

  • LA VISITA INFORMAL

    Con el anuncio de la visita del papa Francisco a Colombia se escucharon voces de beneplácito y no pocas, que cuestionaban la inversión que requiere recibir de una personalidad semejante en el país, en cada una de las ciudades que hacen parte del itinerario. Vinieron entonces aclaraciones: unas explicaron cómo el Gobierno Nacional, los gobiernos locales y la Iglesia Católica compartirían los costos, otras se refirieron a la denominada derrama económica, los ingresos percibidos por la economía a partir del acontecimiento. En junio pasado, el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, estimó los mismos en 23 millones de dólares para el Valle de Aburra.

     

    Pero la llegada del sucesor 266 del apóstol Pedro tiene efectos en la economía que son más cercanos al ciudadano de a pie que esas cifras astronómicas. Un recorrido por el centro de la ciudad en vísperas de la llegada de Francisco permitió escuchar a algunos narrar una escena imaginada con el papamóvil recorriendo la mismísima avenida Oriental, en medio de una muchedumbre ansiosa por ver al personaje,  con los cuellos estirados, “voleándole” mano, mientras una voz en buen acento paisa grita: “¡Lleve la gorra del papa, la camisa, la sombrilla!… ”.

     

    “¡Qué platal!”, exclamaban algunos de esos negociantes informales que esperaban entusiasmados el incremento de sus ingresos, vendiendo cantidad de objetos alusivos al Papa Francisco: camisetas, gorras,  tulas, termos, vasos, denarios, llaveros, camándulas, botones, estampillas, cuadros, sombrillas, libros, ruanas, entre otros. 

     

    Productos exhibidos en un local del centro comercial Villanueva. Los precios van desde los $2.000 hasta los

    $ 40 000mil. Foto: Santiago Uribe .

     

    Versiones posteriores de la información oficial, en torno a la derrama económica de la visita el 9 de septiembre a Medellín, acotaron las cifras a 22,4 millones de dólares, con 176 000 visitantes, con beneficios especialmente sectores como hotelería, transporte, restaurantes, y el comercio sin duda. 

     

    Camilo Bernal, director financiero de la Conferencia Episcopal Colombiana, ha dicho que “Nosotros no tenemos marca registrada de la visita. Preferimos dejarla así para que las personas con necesidades y que se dedican al comercio pudieran beneficiarse esos días vendiendo todo tipo de objetos alusivos a la llegada del Papa”. 

     

    También desde el área de comunicaciones de la Arquidiócesis de Medellín señalaron no estar en contra de que la gente elabore productos comerciales con el fin de recibir ingresos económicos en beneficio propio. La Arquidiócesis, por su parte, con el fin de solventar algunos gastos de la visita del jerarca, sacó a la venta 5 000 mil kits, cada uno por el valor de 40 000 pesos, compuesto por camiseta, gorra, termo, tula, denario, y un botón. 

     

    La cruz de colores es el lema escogido para la visita del pontífice a Medellín. Foto: Santiago Uribe .

     

    El kit es diseñado especialmente para la ciudad, con un slogan propio,  diferente al que se ha estado comercializando en almacenes Éxito, distribuido a nivel nacional y producido en compañía de la Conferencia Episcopal Colombiana, el cual tiene como slogan la frase “Demos el primer paso”.  

     

    Camiseta, gorra y mochila por 21 900 pesos, distribuidos por un almacén de cadena. Su precio inicial ha descendido hasta los 10 000 pesos, “para que más feligreses puedan acceder a este”. Se produjeron 473 000 unidades. Imagen: almacenes Éxito.

     

    Es difícil estimar cifras de la derrama económica informal, así como averiguar si las oficiales serán pronósticos precisos, pero caminar algunas calles y sectores del comercio religioso en los días de la visita para confirmar la “Papamanía” en la ciudad. 

    Vendedor informal exhibiendo una ruana alusiva al Papa en el Parque Berrío.  Foto: Santiago Uribe.

     

    “El costo de la ruana es de $25.000 pesos. En 20 se la dejo. 15mil si me compra varias”, dice Antonio Macías mientras cuenta que en el día ha vendido 3. Son las 2:00 de la tarde y explica que las personas de avanzada de edad, y algunos turistas que van caminando por allí son sus clientes potenciales.  

     

    A diferencia del Islam y algunas otras religiones que prohíben rotundamente hacer representaciones visuales de sus deidades, en el cristianismo abunda la iconografía globalmente y hay numerosas representaciones tangibles de sus ritos. 

     

    Señalan algunos académicos que estás imágenes religiosas han adquirido un efecto fetiche, como lo explica Natalia Patricia Melo Maturana en su investigación sobre la iconografía religiosa como elemento de moda y diseño: “La iconografía religiosa se destaca por su utilidad, y se diferencia así de las demás, ya que no solo busca representar algo, sino que contiene significados para los fieles que la contemplen. Tiene el poder de representar lo divino y así de alguna forma atraerlo hacia la tierra…”.

     

    Por eso es común que las imágenes religiosas se hagan parte de la vida cotidiana y de fenómenos comerciales como el que ha generado la visita del papa Francisco a Colombia, adquiriendo objetos que cada feligrés dota de un sentido propio y los convierten en un baluarte milagroso, a veces mágico, y también un fetiche.

     

    Estatuilla del sumo pontífice exhibida afueras de la iglesia San José, en la avenida Oriental; hechas en yeso, plomo , caucho o marmolina , su valor oscila entre 20 000 y 35 000 pesos dependiendo el tamaño, explica Isabel Arbeláez. Foto: Santiago Uribe.

     

    Leidy Barrientos, otras de las comerciantes con un puesto establecido a las afueras de la iglesia San José, en la avenida Oriental, sector reconocido por la venta de artículos religiosos, lleva 8 años en su “chuzito”, un toldo donde exhibe medallas, botones, credenciales, cadenas…

     

     

    Los artículos que ofrece en su puesto Leidy Barrientos; otros de los productos con representaciones de Francisco, ofrecidos a las afueras de la iglesia San José en la avenida Oriental; los precios oscilan entre 1 000 y 30 000 pesos. Foto: Santiago Uribe.

     

    Dice que “hay llaveros traídos de la China hechos de ámbar, que es una piedra semipreciosa compuesta de resina vegetal. Cuesta 5.000 pesos para el cliente y nosotros la compramos 1.200 pesos… También vendemos la moneda del Papa hecha en acero inoxidable.”

     

    Cuadros hechos de madera y pasta china; cuestan entre 10 000 y 30 000 pesos. Foto: Alejandra Ossa.

     

    En esa masificación agitada de productos religiosos, el kitsch hace su presencia con su saturación de elementos estéticos mediante repetición, exageración y hasta drama en los diseños y formas. 

    Las estatuillas del jerarca por estos días se compiten un puesto entre Jesús, la Virgen María, y demás santos. Foto: Alejandra Ossa.

     

     

    La sonrisa del papa es común en casi todos los artículos alusivos a su visita. Afiches a la venta en el local “El Vaticano”, en inmediaciones de la Basílica Metropolitana. Foto: Santiago Uribe.

     

    “El cruce entre lo celestial y el kitsch es aún una total paradoja. Hoy en día, la imaginería religiosa es considerada kitsch por su desacralización, mientras en el arte, el kitsch es considerado perverso, una especie de reciclador”, explica en su trabajo la investigadora de la Universidad de Palermo, Natalia Melo Maturana.   Pero sin necesidad de teoría, los comerciantes se están haciendo su agosto con las imágenes a veces convertidas en fetiches.

     

    Las tiendas más tradicionales de artículos religiosos se ubican detrás la Basílica Metropolitana. Foto: Santiago Uribe.

     

    En locales o en la calle, “el machete” se mueve. Vendedor ambulante ubicado en la acera, debajo del viaducto del metro, diagonal al centro comercial San Andresito. La camisa cuesta $10.000. Foto: Santiago Uribe.

     

    Sin embargo, también hay comerciantes que deliberadamente optaron por no invertir en productos relacionados a la visita del papa, aun dedicándose habitualmente a la venta de artículos religiosos. “Todo el mundo está vendiendo lo mismo, no vale la pena”, dice Amelia Patiño; sobre todo los que trabajan en el centro comercial Villanueva, donde abundan estos comercios. “No me arriesgo a invertir porque después se me queda todo eso ahí y qué”, explica Gerardo Londoño. Otro de los comerciantes expresa:  “Si al menos viniera a la basílica de acá del parque Bolívar,  llegaría más gente para abrir la venta, pero por acá no arrima”.

     

    “¿Qué tiene a la venta del Papa Francisco?”. A la pregunta, en el local Mater Ecclesial de Villanueva, respondió un anciano de cabello blanco con acento extranjero, mientras una mujer hacía gestos señalando que aquella había sido una mala pregunta: “No vendemos cosas de ese señor. (…) La Iglesia se está llenando de paganos, por eso lo eligieron”. Me exhortó a llevarme con devoción “La Medalla de la Salvación” por $5.000 pesos. 

     

    En cifras, los balances parecen cuadrar, considerando las versiones de prensa que señalan que las visitas recientes de Francisco a México y Ecuador costaron entre 1,7 y 1,3 millones de dólares. Habrá que esperar entonces si el acontecimiento deja huellas positivas más allá de lo económico, en lo que sería el primer paso al que llama el lema de la visita papal de Francisco a Colombia. 

     

     

     

  • A la espera del obispo de Roma

     

    El padre Diego Alberto Uribe, vocero oficial de la Arquidiócesis de Medellín, cuenta cómo vivió la visita del papa Juan Pablo II y qué implica la que se aproxima con el papa Francisco.

     

    La visita del papa Francisco a Medellín movilizó voluntades y esfuerzos articulados de la Iglesia, el Gobierno y la sociedad civil, especialmente del sector empresarial. Este es el diseño oficial con que se promocionó el segundo viaje de un pontífice a la capital antioqueña. Imagen: https://www.unencuentrodefe.com/

     

    El papa Francisco es el tercer papa que visita Colombia y el primero de esos en ser latinoamericano. Estará del 6 al 10 de septiembre y visitará Bogotá, Cartagena, Villavicencio y Medellín, en donde dará la Santa Misa e irá a ver a los niños del Hogar San José.

     

    Será el segundo viaje pontificio que presencia el sacerdote Diego Alberto Uribe. Cuando conversé con él, acababa de cerrar su ejemplar del libro Los viajes de Francisco para decir: “Me estoy preparando”. Hace parte de la Comisión de Teología y Pastoral del evento.

     

    ¿Qué ha generado la visita del papa?

    “La iglesia lo está esperando con la alegría de quien recibe a su pastor, es una visita que está llena de expectativa. Tenemos que estar atentos porque el papa Francisco es de imprevistos: en cualquier momento deja el papel que está leyendo y ahora sí, con mayor razón, porque aquí puede hablar en español”.

     

    ¿Dará el beso al pavimento una vez aterrice?

    “Eso lo usaban los papas antes, ya no”.

     

    ¿Por qué se dejó de usar?

    “El papa Juan Pablo II con los años ya no lo pudo volver a realizar, el gesto lo introdujo el papa Pablo VI cuando llegó de obispo a Milán y después lo siguió utilizando en sus viajes pontificios”.

     

    ¿Qué sucederá en el Hogar San José?

    “Los niños están muy ilusionados, porque el papa los escogió. La gente va a ver su salida en el papamóvil por las calles de un barrio y va a bajar por Mon y Velarde, ¡que es una loma miedosa…yo me lo imagino teniéndose del papamóvil en la bajada!”.

     

    ¿Le tocó la visita del papa Juan Pablo II?

    “Claro que sí, él fue quien me ordenó como sacerdote junto a 91 sacerdotes. No soy solo testigo, sino protagonista de la visita”.

     

    “Siendo estudiante de Arquitectura en la Universidad Nacional en Medellín, Dios me mostró el camino del seminario y me regaló el testimonio de quienes me formaron y acompañaron mi respuesta al Señor”, expresó el padre Diego Uribe a la agencia Gaudium Press. Su ordenación sacerdotal la hizo el hoy santo, Juan Pablo II. Foto: Comunicaciones y Relaciones Públicas UPB.

    ¿Qué cambia entre la iglesia que se encontró Juan Pablo II y la que encontrará ahora Francisco?

    “Juan Pablo II viene en primer lugar por hacer un apostolado de reconciliación en una Colombia que estaba en todo el furor del conflicto por el narcotráfico y la guerrilla. Acababa de pasar lo del Palacio de Justicia y la avalancha de Armero. Ahí hay una anécdota que recuerdo muy bien. Mientras que Francisco viene en medio de un proceso por la paz que ya comenzó, pero quiere recordarle a la gente que hay que emprender un camino de reconciliación”.

     

    ¿Cuál es esa anécdota?

    “Estando en Roma, nos citaron a una Santa Misa por las víctimas del Palacio de Justicia y apareció el embajador temblando con un telegrama. Se lo entregó a quien estaba presidiendo, al Cardenal López. En ese momento llegó la noticia del desastre de Armero y eso aceleró la decisión del papa de venir a Colombia”.

     

    ¿Qué le piden los colombianos al papa Francisco?

    “Muchos piensan que es la garantía de la paz del país. Pero la expectativa es su propuesta de trabajo. Por eso se organizó con ese lema: el papa viene a dar el primer paso. Para el Estado es un logro muy grande, que tiene un valor en el orden político.”

     

    Pero, ¿sus motivos son políticos?

    “No, porque la paz no es un problema político, no la podemos capitalizar”.

     

    ¿Qué puede decir el papa sobre la paz que no se haya dicho ya?

    “El papa no puede decir nada distinto a lo que está en el evangelio: proponerle a la gente el camino del perdón y del reencuentro”.

     

    En Villavicencio… ¿Cómo será ese encuentro con las víctimas?

    “Va a beatificar a dos de ellas: al padre Pedro María Ramírez que murió en la tragedia de Armero y a un obispo antioqueño que fue asesinado por el ELN, allí va a florecer el regionalismo paisa, porque Antioquia ya tiene a Santa Laura”.

     

    Sin ser política su visita, se reunirá con el presidente Santos… ¿cómo está planeado ese encuentro?

    “Es una visita de cortesía, ya no hay actos oficiales. No va a pasar de media hora. Antes eran unas jornadas largas, en las que se hacían condecoraciones muy aparatosas y el papa no es amigo de medallas ni de cosas así”.

     

    ¿Cuál será el mensaje de Francisco para Medellín específicamente?

    “Aquí le va a hablar a los sacerdotes y a las religiosas acerca de la vocación y a la gente en general, les recordará la llamada del bautismo: ser buenos cristianos”.

     

     

     

  • Carlos Ossa EL POETA DE LAS ESCALINATAS

    Hace más de quince años que Carlos Ossa abrió una oficina en el edificio Coltejer. El poeta llega hasta allí todos los días para pensar y escribir.

     

    Entonces, se armó de valor y le preguntó, dejando todo prejuicio a un lado, lo que se había cuestionado desde que se sentó a su lado. No entendía cómo alguien podía vivir de la literatura sin ser un escritor famoso.

    —¿Y vos de qué es lo que vivís? —Preguntó el joven periodista sin pudor alguno.

    El poeta lo miró y calló por unos segundos, el ruido de los carros que pasaban por la avenida La Playa desapareció. Todo fue silencio, silencio que fue interrumpido por la risa del poeta, que se echó a reír y miró al periodista, que tenía cara de ingenuo, y sostenía firmemente una pequeña libreta azul, que perfectamente podía cargar en su bolsillo, y un lapicero Bic, a la espera de la respuesta para escribir rápidamente, con una letra que solo él entendería.

    —¿Que de qué vivo?, pues de milagro —respondió, y los dos comenzaron a reír sin importar nada

    de lo que pasaba a su alrededor.

    Primera escena

    Al periodista le contaron sobre un hombre que era poeta, que tenía una oficina en el edificio Coltejer y abría todos los días de diez de la mañana a cinco de la tarde. Llegó a él, luego de que le mostraran una carta que había escrito sobre el cierre de la librería Nueva, en julio de 2015, que titulaba: “Cerrar librerías, ¡qué vergüenza social!” y estaba firmada por un tal Carlos Ossa. Se la había dado un viejo librero de La Bastilla, don Augusto, quien le dijo que ese hombre se la pasaba

    todos los días ahí, pensando, escribiendo, conversando, viendo pasar la ciudad, que esa era su oficina y ahí lo podía encontrar. “El hombre tiene una prosa muy interesante, vale la pena conocerlo y, por supuesto, vale la pena leerlo”, aseguró don Augusto.

    Le pareció una historia llamativa, un poco loca, pero que valía la pena conocer al poeta. Además, ¿cómo dudar de la palabra de don Augusto?, si este se la pasaba leyendo todos los días y había recorrido las líneas de las obras más importantes de la literatura universal.

    Segunda escena

    Pasaron los días y fue a conocer a Carlos Ossa. Era casi mediodía y hacía calor, las calles estaban llenas de transeúntes, que no tenían tiempo de mirar lo que pasaba a su alrededor, todos tenían afán.

    Llegó al edificio y comenzó a mirar las caras, pero ninguno tenía cara de poeta. “¿Cómo es una cara de poeta? ¿Acaso todos eran como Gonzalo Arango o León de Greiff?”, se preguntó, pero no tenía ni idea, siguió mirando las escalas del Coltejer, las que dan con Junín, al frente de la difunta Nueva, pero no había ningún hombre con cara de poeta.

    Decidió ir a las que dan con la avenida La Playa y tampoco vio alguna cara de poeta. En ese momento dijo, que si Carlos Ossa existía, seguramente debería de estar escribiendo o leyendo, eso quería decir que no estaba.

    Caminó hasta La Bastilla, pasando por la calle del Tuvo (le dicen así, porque todo el que está ahí alguna vez tuvo mujer, tuvo casa y tuvo plata), para ir a hablar con don Augusto, solo él le podía dar razón del poeta. Nada pasó, el librero no estaba, quedó en las mismas.

    Dio una vuelta por Junín, para matar el tiempo, pero no encontró nada para hacer. Volvió a las escalas, las que dan con La Playa y vio a un hombre que no estaba la primera vez. Estaba sentado de carrizo y miraba atentamente todo lo que pasaba a su alrededor, se notaba que no se le escapaba ningún detalle. “Ese debe ser”, exclamó.

    Tenía que estar seguro, no quería hablar con la persona equivocada. Se acercó a un vendedor de lotería y habló con él.

    —Buenas señor, le pregunto, estoy buscando a un tal Carlos Ossa, él es poeta y me dicen que se hace aquí todo el día.

    —Ese es que está allá sentado —dijo el lotero, mientras señalaba al mismo hombre que el periodista había observado.

    Se dirigió lentamente hacia el poeta y mientras subía las escalas, preparó la presentación.

    —Buenos días, ¿Carlos?

    —Mucho gusto, Carlos Ossa.

    —Mucho gusto, soy periodista y don Augusto, de La Bastilla, me habló de usted, me dijo que usted

    era poeta.

    —Eso dice la gente, dicen que yo soy el poeta de las escalinatas —respondió el poeta mientras se reía.

    —Es para ver si me da una entrevista, me contaron sobre usted y quiero escribir su historia.

    El poeta volvió a reírse, miró a su alrededor, miró los carros que pasaban, los vendedores ambulantes y exclamó: “Pues bienvenido, sentate”. De inmediato el periodista tomó asiento, se puso cómodo en la oficina y sacó de su bolsillo una libreta y un lapicero.

     

    Una postal que para muchos desaparece en la rutina del Centro: Carlos Ossa en su escenario de trabajo.

    Foto: Mateo García Agudelo.

    Tercera escena

    Era 1960 y seguramente, en Puerto Berrío hacía calor. Carlos Ossa, que nació en Remedios hace 73 años, llevaba algunos años viviendo en este lugar y la relación con la literatura se hacía cada vez más estrecha. Carlos vio la necesidad de escribir inspirado por las lecturas que venía haciendo. El reposo del guerrero, de Christiane Rochefort, fue una de estas. “Cuando uno se integra con la lectura, aparece el deseo de escribir lo propio”, comentó Ossa.

    Y así fue, el deseo se convirtió en realidad y comenzó a escribir, sin dejar a un lado la lectura. Por

    esa época fue que se conformó el Grupo Puerto, unos amigos medio bohemios y medio intelectuales, que deseaban ser escritores.

    Cuarta escena

    Puerto Berrío, Antioquia, enero de 1964. Al caluroso Puerto llegó el fundador del Nadaísmo, Gonzalo Arango. Estaba de paso, pero se quedó cuando le contaron que existía un grupo de muchachos afiebrados por la literatura.

    Para entonces, el Grupo Puerto, lo único que había hecho era un manifiesto en rechazo a los que comentaban que eran los loquitos del Puerto. Eso llamó la atención de Gonzalo.

     

    Carlos recuerda que era un hombre muy generoso en todo sentido, además, “no hacía alarde

    de nada, parecía como uno más de nosotros, nos hacía sentir bien”. Hablaron de poesía y literatura, ellos estuvieron muy emocionados, pues, “nosotros los leíamos mucho a ellos —a los nadaístas—, comprábamos todos los suplementos, para saber qué estaban haciendo”. Gonzalo Arango los leyó y les dijo que iban por buen camino, los animó a escribir.

    El poeta nadaísta “fue un azar maravilloso, de esos regalos que da la vida, porque con eso no contaba nadie, ni él ni nosotros. Nos estimuló mucho, que siguiéramos escribiendo, que veía talento en todo el grupo”.

    Finalizaba la década del 70 y Carlos Ossa, a sus 35 años, llegó a Medellín. Las posibilidades económicas en el Puerto estaban ahogadas y en la capital paisa podía encontrar algo mejor, además de mejores posibilidades en cuanto sus aspiraciones literarias. Si había vivido por

    la literatura, ahora quería vivir de la literatura.

    Quinta escena

    Encontró trabajo como revistero, pero no aguantó tanta presión. Para lo único que ha servido toda

    la vida es para escribir, por eso declamó alguna vez: “Soy un fracaso en los aspectos prácticos de la vida”. Fue heladero, revistero, bibliotecario y otros oficios relacionados con el arte de escribir. Él es un trashumante de los oficios.

    Ha publicado más de 23 títulos, siete de poesía, siete de narrativa y otros que no tienen un género definido. Su primera publicación fue Poemas del Grupo Puerto, en 1980, desde ahí no dejó de hacerlo, todos los hace por su cuenta, los vende él mismo y unos amigos libreros le ayudan.

     

    Sexta escena

    La llegada a la ciudad le permitió hacerse un espacio como escritor. Comenzó a colaborar con algunos medios, como el suplemento de El Colombiano y la Revista Universidad de Antioquia, pero la cosa no terminó muy bien.

    Séptima escena

    Conoció una Medellín bohemia, la ciudad de la noche que lo fue arrastrando lentamente, trago tras trago. Tal vez ahí terminaron todas sus posibilidades, porque desapareció del mapa literario de la ciudad. Llegó a raspar hielo, para pagar un cuarto en el que vivía.

     

    Octava escena

    Dejó la bohemia, esa vida quedó atrás y volvió al arte de escribir. Tal vez era demasiado tarde. Casualmente por esos mismos años, terminando el siglo, llegó por azar al edificio Coltejer. Y ahí estaba él, más de 15 años después, hablando con un periodista sobre literatura y poesía.

    —Entonces, ¿vos cómo definís la poesía? —Preguntó el periodista.

    — Siempre he dicho que definir ha sido de dioses y si hay algo difícil de definir es la magia.

     

    Cualquier atrevimiento que uno intente con la definición se quedará corto, y no solamente corto, sino que no da la idea exacta de lo que es esa realidad poética —dijo el poeta de una manera muy romántica.

    Novena escena

    Una mañana cualquiera, el periodista lo fue a buscar. El poeta no estaba, pero sabía exactamente en qué lugar se encontraba. Fue al viejo Club Unión y lo encontró en la cafetería escribiendo. No lo quiso saludar, no podía interrumpir su trabajo, mejor se fue a andar por ahí, para luego ir a visitarlo a la oficina.

    Y es que Carlos escribe en el Centro Comercial Unión, aproximadamente dos horas diarias. A las ocho en punto está ahí, es un lugar tranquilo, silencioso. “Porque todo sueño, el más desatinado, el más fantasioso, el más inverosímil, es siempre una realidad que espera su turno”, escribió alguna vez.

     

    Décima escena

    Más de un año había pasado desde su primer encuentro; los dos, por azar de la vida, se siguieron viendo cada vez que el periodista iba al centro, las escalas del Coltejer se volvieron una parada obligada para él.

     

    Era una tarde de noviembre de 2016 y hacía calor. El periodista llegó a buscar al poeta, pero no lo

    encontró. No sabía qué hacer, se sentó a esperarlo, la oficina todavía no cerraba sus puertas y había posibilidades de tener un encuentro con el poeta. Al frente de esta se gritaba a todo pulmón: “Siete maduros por dos mil, traídos desde Armenia”. Esos gritos se combinaban con la voz de Rodolfo Aicardi, que sonaba a lo lejos, anunciando que diciembre estaba a punto de llegar.

    Pasó media hora, el sol se vio amenazado por una leve llovizna, que obligó a los transeúntes a sacar sus paraguas y justo cuando se iba a marchar, apareció el poeta.

    —Mi querido periodista —exclamó alegremente.

    —Carlos, ¿cómo va todo?

     

    Hablaron unos momentos de la vida, de la ciudad, del periodismo, de literatura, de Roberto Bolaño.

    El periodista debía romper el hielo, para poderle decir cuál era el verdadero motivo de su visita.

    —¿Cómo te parece que voy a volver a escribir sobre vos?

    —No jodás hombre, ¿otra vez?, ¿qué más vas a decir? —dijo el poeta con una voz burlesca.

    —Algo me inventaré.

    Epílogo (o continuación de la introducción)

    Las risas terminaron, los dos se pusieron serios. Otra vez imperó el silencio, los carros dejaron de pasar. El poeta miró al periodista y exclamó, o declamó: “aunque parezca irreal, vivo de la literatura, gracias a algunas colaboraciones que me generan un salario… pero, un salario de poeta”.

    Las risas volvieron y ahí comenzó la historia. El periodista se marchó y el poeta se quedó, porque

    apenas era mediodía y la oficina no se cierra hasta las cinco de la tarde.

     

     

  • Los juglares del nuevo siglo

    Tire los dados, arranca “Cacao”. Suena el tiple, trove trove compañero, el tema es: ¿a quién le daría un Premio Nobel de la Paz?

     

    “Yo se lo daría a Hitler

    aunque piensen que jamás,

    porque gracias a ese tipo

    muchos descansaron en paz”

     

    Con esa trova, en una noche del Viernes del Trovador en Astrocol (Asociación de Trovadores Colombianos), Fabio Franco “Cacao”, descrestó al jurado y al público exigente que decidió por tema impuesto El Premio Nobel de Paz, después de cantar el “trove trove compañero”, con unos segundos para entrar al pie del tiple y realizar el primer verso, “Cacao” inició la ronda sin pensar mucho la trova, solo la dijo, simplemente la improvisó.

     

    “Cacao” nació en Támesis Antioquia, es hijo del trovador “Catula”, quién fue su gran impulsador para comenzar a ser un poeta repentista e hizo su primera tanda de trovas con él, ya es trovador por más de 20 años, tiene dos hijas, es humorista del grupo Cark-jada al lado de su amigo y compañero “Carriel”, Rey Nacional de la Trova Ciudad de Medellín 2007 y Rey Nacional de Astrocol 2007, y profesor de grandes trovadores como “Lokillo”, que ahora trabaja como humorista en medios de alcance nacional.

     

    Él es uno de los grandes impulsadores de la trova para los jóvenes, también un trovador que se transforma con el pasar de tiempo y sobretodo, las exigencias que debe tener el repentista actualmente para ser participante de los festivales que se hacen en todo el país. Tiene una carrera muy larga con la trova, vive de hacer humor por medio de las rimas improvisadas, participa activamente de los festivales y realiza programas de televisión para el Oriente antioqueño.

     

    “El cacao representa a mi pueblo”, dice. Su apodo fue muy importante porque fortaleció su carrera artística: “yo me subo a una tarima a trovar y no siento que solamente soy yo, siento que estoy representando a un pueblo”, tanto así que cuando “Cacao” va a Támesis, la gente le agradece y le reitera que en cada trova que hace, deja el nombre del pueblo por lo alto.

     

    “Yo soy de los que sostengo que todos los trovadores somos locos… es que, si usted no es loco, no sirve para trovar”, explica.

     

    “Contéstame Salvo Ruíz,

    que te voy a preguntar:

    ¿cómo pariendo la Virgen

    doncella pudo quedar?”

     

    “Óigame doctor Restrepo

    Que le voy a contestar:

    tire una piedra en el agua,

    se abre y se vuele a cerrar…

    Así pariendo la Virgen,

    doncella pudo quedar”

     

    Las leyendas de la trova nacieron en Concordia, suroeste antioqueño. Antonio José Restrepo “Ñito Restrepo” y Salvador Ruíz “Salvo Ruíz”, en el siglo 19 llevaron la trova a los pueblos de Antioquia, se convirtieron en los primeros trovadores de la trova paisa. “Ñito”, universitario, amante de la poesía y la rima, “Salvo”, un campesino y creador de la trova antioqueña como género musical popular.

     

    La palabra trovar viene del verbo latino tropare, que significa inventar, hablar, encontrar, donde también viene del verbo topar y el sustantivo tope, que es “por salir al encuentro de alguien”, es decir, el trovador sale al encuentro de ideas para poder crear la mejor rima.

     

    Los juglares y trovadores ya existían en la Edad Media, fueron unos de los primeros oficios que promovieron las manifestaciones culturales poéticas y dramatúrgicas, el trovador tenía un estatus de caballeresca, fueron los poetas de la época; a diferencia de los juglares que eran los recitadores populares, contratados por los trovadores para que interpretaran sus creaciones poéticas.

     

    Ellos son algunos de los jóvenes trovadores de hoy. Foto: Sielo Posada.

     

    León Felipe Duque, originario de Marinilla, periodista, investigador sobre las músicas tradicionales y actualmente con estudios en Antropología, hizo su trabajo de grado llamado: Del campo a la ciudad: historia de la trova antioqueña en Medellín.

     

    Su investigación se relaciona con antecedentes como que a principios del Siglo XX, Medellín se estaba trasformando por el desarrollo industrial de la ciudad, por lo tanto, la mano de obra era vital y los campesinos comenzaron a migrar a la ciudad en busca de trabajo y mejoras para su vida. La trova en Medellín se comienza a fortalecer en 1975, cuando se hace el primer festival del género en el Parque Norte. Augusto Vásquez Díaz, admirador del repentismo, decidió organizar un lugar donde la trova tuviera un espacio para ser compartida y poder juntar a los trovadores campesinos con los citadinos, dejando como el primer rey del certamen a un oriundo de Támesis apodado “Becerra”.

     

    Hay diferentes estilos de trova, pero en Colombia, especialmente en Antioquia, se utiliza desde los inicios a la cuarteta, cuatro versos octosílabos, donde riman el segundo y el cuarto de manera consonante; aunque anteriormente la trova no era tan rigurosa como lo es hoy. Los festivales fueron puliendo la manera de trovar, en temas y técnica, la exigencia es mayor.

     

    “Así mismo es una madre

    con su rugir tan prolijo

    cuando un violento se acerca

    hasta el lecho de su hijo”

     

    Eduar Velásquez “Mecato” entonó estas rimas en una de las nuevas modalidades abiertas en el Festival Nacional Ciudad de Medellín del año 2013, inspirado en una| imagen de un león comiéndose a su amo, con la presión de sacar la mejor voz, expresarse bien ante el público y esperar no embarrarla. Considera que esa fue el verso más recordado en su carrera como trovador.

     

    “Mecato” tiene 26 años, vivió y creció en Itagüí, estudió Producción Multimedia, es un apasionado por la música, lanzó su primer disco de salsa hace 8 meses, llamado ¿Y para qué?, también escribe libretos, lleva trovando 8 años y sigue con la meta de ser rey nacional en la Feria de las Flores de Medellín.

     

    Su apodo viene por el gusto a los dulces y la comida chatarra. Cuando iba a las prácticas con otros trovadores, siempre mantenía mecato, dulces, chocolates, papitas y chicles en los bolsillos, y así fue como quedó “Mecato”.

     

    Eduar Velásquez al ser músico y cantante, cree que la voz y la afinación al cantar la trova, la hace más interesante ante el público. Anteriormente, a los trovadores, no les interesaba tener una voz artística o afinada para improvisar. “Todos nacemos con un talento especial, por eso somos tan diferentes”, responde “Mecato” cuando se le pregunta si cree que el trovador nace o se hace, él pone como ejemplo a un trovador de antaño apodado “Ladrillo”, de estilo único y natural: baila, hace chistes dentro de la trova, es uno de los que se ha mantenido intacto en el Festival, aunque añade diciendo que “ahora es difícil encontrar un trovador con esencia a trova”, es decir, uno que cuando se suba a la tarima sepa y se escuche a pueblo, a montañas, a poesía, a más Ñito y Salvo.

     

    “Mecato” caracteriza su trova como una controversia, donde siempre va a la pelea que le proponga el otro, le gusta defender sus ideas por medio de la trova, claro está que según el contexto responde a su compañero, a esto se le suma la voz tan melodiosa que tiene al interpretar una trova.

     

    “El día que yo me muera

    dirá el epitafio mío,

    aquí yace Cardamomo

    y aquí ya-ce mucho frío”

     

    El tema impuesto para esa noche era sobre los epitafios. Orlando Velásquez, un hombre serio, respetable, calmado e inteligente, se ha dedicado toda la vida a investigar sobre la trova y a buscar oportunidades con los nuevos talentos que han aparecido desde que inició con Los Marinillos, grupo humorístico de los años 90, hasta ahora con el apogeo del humor de “Lokillo”.

    Actualmente es el presidente de la junta directiva de Astrocol, gran admirador de la trova, recuerda cómo el trovador “Cardamomo”, con picaresca y humor, hace unos versos divertidos sobre el epitafio, algo tan serio y triste para algunos.

     

    Él cuenta que los trovadores actuales “dejan de un lado la profundidad de la trova y se dedican a construir versos supuestamente bonitos”, hay unos que les interesa es complacer y animar al público. Insiste en que la trova tiene ese encanto de la espontaneidad y la comunicación con el público que hace que se converse entre público y trovadores, de eso se trata el ejercicio de trovar. “Ahora el trovador no es crítico, es gobiernista, se apoya según el gobierno que esté mostrando, no analiza, no busca, simplemente repite lo que escucha en la radio y televisión”, critica Velásquez.

     

    La poesía lírica se ha perdido, esa espontaneidad, esa fluidez con la que el campesino habla, el trovador no es franco, es directo y repetitivo, no está diciendo nada nuevo y diferente de lo que se ha dicho, reitera el líder de Astrocol. Tal vez este sea uno de los problemas que afronta el trovador contemporáneo: innovar, decir algo que no se haya dicho, queda como reto principal.

     

    Astrocol es la Asociación de Trovadores Colombianos, lleva 38 años trabajando con los trovadores de la ciudad y del campo. Como evento principal, organizan el Festival Nacional de Astrocol y el Rey de Reyes que es donde los repentistas que han sido reyes de los festivales nacionales, troven y se confronten con otros que también lo hayan sido.

     

    La Asociación ha logrado que el Gobierno Nacional declarara la trova y el verso improvisado como Patrimonio Artístico y Cultural de la nación por medio de la ley 1174 de 2007, que dice en su primer artículo “Declárese el repentismo en sus diferentes formas y estilos literarios, como patrimonio artístico, social y cultural de la Nación.”

     

    El Festival Nacional de la Trova Feria de las Flores es el más importante por la proyección que ofrece a sus participantes. Foto: Sielo Posada.

     

    La Asociación creó la Escuela Nacional de la Trova y el Verso Improvisado, organiza el Festival Nacional Infantil, creó la Escuela Iberoamericana del Verso y la Asociación de Internacional de Formadores en el Verso improvisado. Para Astrocol, los trovadores de antaño son muy importantes, por eso, para el Festival Nacional Astrocol, se separó en categorías a los trovadores para que los que son mayores de 50 años, pasaran a la final, las eliminatorias de realizan en diferentes municipios de Antioquia.

     

    La organización busca que el trovador joven se forme, pero no solo para ser trovador, sino también para ser poeta como los de la vieja escuela. “El vicio que debería coger un trovador es el de la lectura”, y en efecto, muchos de los trovadores de la nueva generación se apasionan por leer y conocer más sobre la historia del país y del mundo, según cuenta Orlando.

     

    “Gabo en su pentagrama

    era tan imaginario,

    que en vez de notas

    ponía letras del abecedario.”

     

    “Es muy difícil escoger una trova porque es son como los hijos de uno, uno a todos los quiere”, dice James Estiven Alzate “Cartucho”, carmelitano de 20 años, estudiante de Comunicación Social – Periodismo, trovador hace 5 años y ex integrante de la Familia Flores, hacía el papel del hijo menor de la familia llamado como su apodo “Cartucho”, en la celebración de La Feria de las Flores de Medellín. Sus primeros acercamientos a la trova fueron como “Cartucho”, que de vez en cuando trovaba como parte de la puesta en escena de su personaje.

     

    Su llegada a la trova fue influenciada por su hermano mayor, quien tomaba en Marinilla unos cursos de trova, así que James decidió aprender allí algunos aspectos que le dieran más bases en la trova, le fue tomando gusto y siguió practicando hasta conseguir ser uno de los trovadores más jóvenes que ha llegado a una final del 12 Festival Nacional de la Trova de la Feria de la Flores.

     

    “Si no es el mejor tiene que ser muy bueno o uno de los mejores.”, dice “Cartucho” al explicar lo importante que es entrenar, leer y conocer el contexto de la ciudad y el país, porque así, es que se hacen los buenos trovadores.

     

    “Cartucho” no se dedica de lleno a la trova, por el contrario, para él la trova es un hobbie que le ha dado la oportunidad de estar en la Universidad, de conocer expresidentes, exministros, de hacer amigos que nunca imaginó.

     

    “Me parece que la trova llega a un momento que limita mucho, porque son 4 versos, o la trova debletiada 8 versos, pero de ahí para allá no hay nada, en el Festival de la Trova de la Feria de las Flores para adelante no hay nada, no hay un viaje, un reconocimiento, un cargo honorario, un lugar donde se dedique a la investigación de la trova porque esa es una de las grandes dificultades del Folklor, los impedimentos que tiene.”, dice James al responder: ¿cómo ve la trova más allá del Festival?

     

    James cree que la trova da pie a otras cosas, como la creación de libretos y humor, ser escritor, ser un buen empresario, como los casos de Carlos Ignacio Gallego, el presidente del grupo Nutresa, Luis Fernando Macías, escritor, Eugenio Prieto que es el director de Área Metropolitana, Álvaro Vásquez, político, Germán Carvajal, director del Teatrico, Pucheros y Juan Pablo, libretistas, LoKillo, humorista, y el trovador – periodista que próximamente será “Cartucho”.

     

    Toca tiple y guitarra, ha estado ensayando el piano y lo ha combinado con la trova, dice que suena bastante bien. El sueño de James es cantar la trova con una sinfónica o con una estudiantina “ya lo hizo Jorge Velosa, ¿por qué nosotros no?”

     

    El recurso literario que más utiliza en la trova son las metáforas, o ponerles puntuación a los versos, comas, puntos, dos puntos. Es difícil creerlo y realizarlo, pero James es de uno de los que cree que la trova tiene puntuación.

     

    En la generación de “Cartucho” hay un respeto de la trova, una mística por la trova, “los trovadores hemos vuelto a ser más importantes por el festival de la feria, hemos ganado ese espacio de reconocimiento, tenemos ideas y discurso para defender y es más una apreciación cultural.”

     

     

    “La nostalgia del abuelo

    que se saboreaba un tinto,

    y hoy llega el año noventa

    y ve que todo es distinto”

    Cesar Augusto Betancourt “Pucheros”. Tema impuesto: la nostalgia.

     

    El Festival Nacional de la Feria de las Flores de Medellín comenzó en el año 2005, con el objetivo de cambiarle la cara a la trova, donde la familia fuera el principal público, que el niño y el adulto mayor puedan estar, que no esté ligado con el licor, algo más cercano a la cultura de la ciudad.

     

    Desde este punto la trova se convierte en un atractivo para las personas de la ciudad en el marco de la Feria de las Flores, por eso el trovador va siendo un personaje cultural con más renombre en la ciudad.

     

    “La trova, le trova al contexto”, dice León Felipe Duque y explica que es inevitable que los contenidos de la trova cambien, ahora se interpretan las rimas desde un escenario que está delante de mil personas, dice Duque que ya no es en una cantina, o en el pueblo; es en una ciudad y eso hay que aceptarlo como investigador, ya no hay vacas, no hay cafetales. Explica que hubo cambios en el contenido y los temas, ahora es del campo a la ciudad.

     

    La preocupación por musicalizar la trova fue creciendo. Antes era tiple y canto, ahora hay bajo, batería y clarinete para cantar los versos de los trovadores, lo que le dio más fuerza a la trova. La expresión corporal de los trovadores está tomando más importancia, el trovador debe ser un artista completo, debe tener una buena corporalidad.

     

    Ahora los jurados que califican el festival tienen experiencia en aspectos como el teatro, el canto, la literatura; anteriormente hacían el juzgamiento los mismos trovadores, pero también se encontraban políticos en campaña, gobernantes ansiosos de popularidad y reinas de belleza elegidas en los pueblos. La trova ya es más intelectual, requiere de una formación diferente a la anterior que apuntaba a la espontaneidad como base del talento.

     

    “Al Che Guevara le hicieron

    lo que a Jesús en Belén,

    que vino para hacer bien

    pero mal lo recibieron”

     

    León Felipe Duque recuerda mucho una trova que escuchó en Cuba, con el tema del Che Guevara, los comandantes, y la política que se estaba viviendo en este lugar. La frase “hasta siempre comandante” era el pie forzado de la trova, se memorizó los primeros cuatro versos de una décima, él dice que es una trova redonda, que no le falta una palabra. “Creo que eso es lo que debe hacer un trovador, al final de todos los esfuerzos que se hacen para que los trovadores se perfeccionen y busquen llegar a una trova mejor elaborada, es a eso, a que uno pueda llegar y tomar lo que dice el trovador, escribirlo, cerrar ese libro y mandarlo a imprimir”, explica.

     

    William Giraldo “El Mosco” un marinillo, ingeniero de sistemas, trovador desde muy pequeño, ahora director del Festival Nacional de la Trova Ciudad de Medellín, cuenta que su pueblo era muy tradicional en cuanto a la trova. Justamente viendo a los Marinillos fue que le comenzó a gustar el repentismo. El día que se descubrió como trovador fue en tercero de primaria aprendiéndose el “Rin Rin Renacuajo”, pero no se lo aprendió del todo, terminó improvisando desde la mitad, tuvo la fortuna de que nadie se enteró de lo que él estaba haciendo.

     

    Si hay problemas en la trova es que es muy efímera, las trovas pasan, pero queda muy poco registro de ellas. Ahora es más citadina, antes se exaltaba más el campo, al orgullo paisa, hoy es más universal, integra al diferente y no se aprovecha de esto, pero al final la trova conserva raíces, lo que ha cambiado son los personajes, ese es el principal cambio que William ha visto, “al principio era muy difícil ver niños de 16 – 17 años en el festival, y si participaban no eran muy exitosos, ahora hay un montón de niños que vienen entrenando desde los 8 o 9 años y que vienen en escuelas”.

     

    15 años estuvo dedicado a la trova William, participó en el Festival Ciudad de Medellín en el 2007, no ha dejado de trovar, ahora no compite por cuestiones de tiempo porque llevar las riendas de un Festival de la Feria de las Flores no es nada fácil.

     

    Ser director del Festival Nacional de la Trova ha sido uno de los trabajos que menos está acorde con su carrera, pero por pasión y tradición sí lo está, todo comenzó siendo asistente en el 2007 de uno de los directores en ese tiempo, Leonardo Jiménez, con el tiempo Leonardo y Germán Carvajal se fueron dedicando a otros proyectos, quedando William al frente del Festival, ahora es quien vela porque el certamen se haga en las mejores condiciones, intercomunica a los trovadores con las entidades patrocinadoras, escribe las presentaciones de los trovadores y el libreto, él visualiza hacia dónde se quiere llevar a la trova en la ciudad.

     

    El festival tiene varias etapas. Primero, las audiciones donde participan los trovadores nuevos o los que se han retirado un tiempo de la trova; la segunda parte es la clasificatoria, donde están los trovadores que participaron en el festival del año anterior y los que pasaron las audiciones, la tercera parte son las semifinales que se realizan el primer fin de semana de la Feria de las Flores, allí participan los que tuvieron el mejor desempeño de las clasificatorias, y la cuarta es la final del Festival Nacional de la Trova de la Feria de las Flores, donde sale el rey nacional.

     

    “Aquí nadie quiere a Ingrid

    esa vieja es un horror,

    se la mandamos a Francia

    de Colombia con amor.”

     

    En el Parque de los Deseos, durante el Festival Nacional de la Trova Feria de las Flores de 2010, se conoció la demanda de Ingrid Betancur al Estado Colombiano por su cautiverio. La tanda se hizo con pie forzado: el jurado pone el último verso de la cuarteta y de ahí el trovador debe hacer una trova que tenga que ver con el tema y la rima, en este caso el pie forzado fue “de Colombia con amor”.

     

    La trova más elemental y sencilla para Mateo Jiménez “Dinamita”, se convirtió en la mayor ovación que ha recibido en un Festival Nacional de la Trova. Tiene 24 años, es estudiante de Ciencias Políticas, profesor de trova en la Corporación Trovemos y Rey Nacional de la Feria de las Flores en el 2013. Sus inicios llegaron gracias al gusto de su padre por el repentismo, además en el colegio Calasanz, donde estudió, tuvo su primer acercamiento a un trovador y como uno primerizo.

     

    Reitera Jiménez que la esencia de la trova no se ha perdido, ha cambiado, ahora es más urbana que rural, no pierde esas características de la esencia, pero ha evolucionado, ahora la trova está llegando a otro tipo de espacios, a otro tipo de gente, “todavía falta más de conquista de espacio, la trova debe hacerse al trono que merece como reina de las artes en Antioquia”.

     

    La metáfora es el recurso que más se le da a “Dinamita” para crear la trova. El ser rey de la trova ha sido muy satisfactorio tanto para él, como para las personas que lo rodean. Ha tenido numerosas victorias dentro de ese festival, el compromiso es mayor porque ser el rey requiere dejar en alto las habilidades en los festivales más importantes del país: “Ser rey es como un plus que uno siente en el interior”, dice Mateo con seguridad que ha demostrado con triunfos sucesivos.

     

    “Dinamita” se refiere a la Corporación que dirige: “Trovemos es un grupo de amigos con un sueño en común en el que convergen las ideas para llegar al camino de devolverle la trova lo que nos ha dado y entregarle un poco de lo que nosotros creemos que debe ser la trova”.

     

    En un año y medio que lleva Trovemos ya tiene una escuela de niños y de adultos, hay un buen posicionamiento en las redes sociales, “hemos realizado muchos eventos que enaltezca la cultura, la trova y que le aporte desde todos los puntos de vista”. Ahora tienen un CD que se llama Que troven los niños, que muestra las diferentes modalidades de trova en Colombia, está realizado por 15 niños y los 3 líderes de Trovemos.

     

    “Yo soy un puente extendido

    entre dos generaciones,

    al que el tiempo y el olvido

    carcomieron sus tablones”

    Fernando “El godo” Echeverry, habla de la vejez en una trova poética.

     

    Las temáticas y el contexto de la trova van a seguir cambiando, el mundo está en constante movimiento, y aunque la trova sea netamente campesina, se va trasformando según la aptitud que tengan los trovadores de las generaciones venideras. Las características técnicas son muy rigurosas, los trovadores esperan que los jurados exijan más a ellos, aunque hay otros que proponen mayor libertad en la expresión de las trovas, sin tantas reglas, para que los trovadores de antaño regresen a los escenarios.

     

    Cada vez hay más trovadores, por ende, hay muchas escuelas de trova regadas por todo el departamento y festivales como el de Medellín, que pervive como un referente que además dignifica a los trovadores por la amplia proyección de su talento.

     

    “Debemos apuntar valorar más y hacer más por la trova. Todos los trovadores tienen el nombre de la trova, hay que seguirlo cuidando. ¿Qué más podría ser un arte si no es la suma de aquellos expositores?”, dice Dinamita.

     

     

  • Un viaje al pasado

     

    Marta García es una archivista que trabaja y a la vez se devuelve en el tiempo. Ella lo cuenta con entusiasmo: “Uno se encuentra unas cartas y unas comunicaciones que uno dice ¡oh por Dios!, ¿cómo pasaba esto?, y uno imaginariamente se devuelve en el tiempo… Trabajar en el Archivo Histórico es poder transportarse en el tiempo, ¡claro! Poder entender cómo era esta ciudad hace mucho tiempo”.

     

    El Archivo Histórico de Medellín (AHM) es un lugar donde se guardan valiosos documentos del Concejo, la Personería y la Alcaldía. Se creó en 1993 y desde el año 2000 está en una hermosa casa del siglo XIX que perteneció a la adinerada familia Villa Gaviria. La casa está construida en tapia y teja, las maderas de sus puertas y la baldosa de su piso son originales, al igual que las ventanas que dan a la calle Colombia entre las carreras Girardot y el Palo. También, tiene cielorrasos en latón reconstruidos de los originales.

     

    Es un lugar solitario, especialmente los viernes, en un día normal pueden ir de 0 a 5 personas y al año el promedio de visitantes está entre 2000 y 3000 personas. La casa tiene 120 años y su entrada es como las de aquellas tradicionales del campo. Los visitantes, por lo general investigadores o estudiantes que hacen tesis, llegan a una cerca de madera donde los recibe Claudia, una vigilante extrañada de que venga alguien. Ella les dice: “Buenas, qué necesitan”, mientras revisa las cámaras de seguridad que se ven en su computador.

     

    Aparte de las formas de la casa, lo único que queda como una posible huella del campo el ambiente de orden y tranquilidad. Lo único que interrumpe la quietud es el sonido constante del aire acondicionado que suena como una nevera en la noche de cualquier casa silenciosa. A la izquierda de la entrada, al ladito de la silla de la vigilante, hay 40 casilleros para guardar los objetos personales.

     

    Lo primero que se ve al entrar es una gran pila que no tiene agua porque está mala, rodeada de macetas con plantas como: Aloe vera, helecho, palmas, corazón de María y miami. Encima de los casilleros hay 40 ejemplares del periódico Universo Centro que nadie todavía se ha llevado. La casa tiene tres patios, todos ellos al aire libre, no tienen techo y conservan sus pisos en piedra original.

     

    Fotografías: Manuel José Sierra Mejía.

     

     

    Casual mente

     

    Al lado izquierdo de la pila de agua sin agua está Marta García en su escritorio. Tiene una sonrisa en su rostro y las mejillas coloradas,tiene el pelo rubio casi tinturado de rojo, usa unas gafas de marco azul cielo y una blusa azul oscura sin mangas con flores rojas y azules, un jean azul oscuro y unos zapatos rojo vivo. Todo muy artesanal.

     

    — Yo siempre he dicho que soy archivista por accidente… por la casualidad de la vida me encontré con esto— afirma Marta.

     

    Detrás de ella hay tres fotos panorámicas de Medellín tomadas desde el Cerro Nutibara en los años 1928,1955 y 1968. El AHM tiene una página web donde se encuentran 380 mil registros de documentos. Mientras Marta mueve con agilidad sus manos robustas y busca en la web un archivo sobre religión, dice que los términos han cambiado con el tiempo y que en 1700 no se buscaría religión, sino fiestas religiosas. Cuando abre el documento, la letra del mismo es enredada y poco entendible, pero Marta estudió Paleografía y eso la hace descifrar los círculos y garabatos con destreza.

     

    Marta conoce este lugar como la palma de su mano, se desliza por sus pasillos y llega hasta una gran puerta de madera, detrás de ella están los documentos. Cuando entra, cierra la puerta, se pone los guantes de nitrilo para poder tocar los documentos, y siente ese olor tan particular de este lugar: una combinación de aserrín y vejez; como ella lo define, “olor a archivo”.

     

    Comienza a moverse entre todos los estantes de papel y toma el libro de actas del Concejo de Medellín 368-1936 y comienza a leer con emoción. Señala algunos empastados elegantes de color verdoso, pero también muestra “lo no tan bonito”, como dice ella. Unos dos metros a la derecha hay documentos con letras un poco borrosas, hojas rotas y pastas vinotinto rasgadas.

     

    “La restauración es una tarea dispendiosa. Por ejemplo, a aquellos documentos restaurados, folio por folio se les hizo una historia clínica, es como cuando uno va al doctor”, cuenta Marta con seguridad en sus palabras.

     

    El poder de las historias

     

    — Huy esto pesa, esto pesa— dice Marta mientras coge un guion del radioperiódico Clarín.

    — ¿Mucho? —

    — Bastante. Es que está muy gordo — replica Marta, mientras forcejea con el libro, va en busca de una escalera para apoyar el guion del noticiero.

     

    Marta ha llegado a una de las partes que más le gusta de ser archivistas, leer historias: “Se avisa en Dabeiba a Enrique Luis que viaje hoy a Turbo…”, lee Marta en voz alta. En ese tiempo no había celulares tocaba así.

     

    Luego, leyó los servicios sociales del Clarín Matinal: “Se avisa en Salgar a Óscar Herrera que se recibió la encomienda. ¿Qué sería la encomienda?, todos nos quedamos con las ganas del chisme, porque no sabemos cuál era”.

     

    Ella vive por las Torres de Bombona 30, su trato con todos es cariñoso, con su voz dulce y amable no dice Jaime, dice Jaimito, y a ella le dicen Martica. Lee a Saramago, en especial el libro Todos los nombres. Trabajar en el AHM la mantiene sensible y consiente del pasado.

     

    “La mayoría de la gente cree que los archivistas somos las personas que estamos como aburridas cuidando estas montañas de papeles. Es el imaginario que tiene la gente, pero a mí me ha resultado muy divertido”, explica Marta.

     

    — ¡Que no me la coja la tarde mi Martica!— expresa cariñosamente Claudia.

    —¡Ah no! Porque salgo volada, ¿cuánto falta? — Pregunta Marta.

    — 15 minutos, pero ya en 10 cierro la puerta— afirma Claudia.

     

    Esto marcaba el fin de un recorrido por el AHM. Cuando se llega al frente de esa casa es como si se detuviera el tiempo, su acera de piedra sigue siendo la misma, pero la soledad la acompaña. Pero Martica lo explica mejor: “lo realmente importante de un sitio como este es que la gente venga y lo use”.

     

     

  • No hay Tierra sin agua. Un panorama

     

    Uno de los recursos naturales –sino el más- importante para el ser humano es el agua. Este líquido se involucra en muchas de nuestras actividades diarias y no podemos vivir más de una semana sin consumirlo. Nuestro cuerpo está compuesto mayormente por agua y el planeta también.

     

    Aunque Medellín tiene cifras bajas en pérdida de agua, persisten factores que demandan atención al problema.

    Foto: Juan Pablo Sepúlveda P.

     

     

    Lamentablemente, el agua se está acabando. Del total de agua en la tierra solo el 3% es apta para el consumo humano. De esa cantidad solo el 1% es de libre acceso, ya que el 2% restante está en forma de glaciares. Las reservas de ese 1% se están agotando, y es posible que en menos de 50 años tengamos muchos problemas para tener acceso a ella.

     

    Wikileaks reveló un informe en el que científicos de Nestlé –la compañía de alimentos más grande del mundo- aseguran que en 2025 un tercio de la población mundial va a tener dificultades para obtener agua potable, y para 2050 la disponibilidad del líquido será de menos del 40% en todo el mundo. Además, según un documento de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), se estima que para 2050 la demanda mundial de agua va a aumentar en un 55%. Revelaciones hechas en el Foro Económico Mundial más reciente, en 2030 esta demanda habrá aumentado en el 40% en relación a la de la actualidad. Va a haber más necesidad de agua, pero mucha menos cantidad de ella.

     

    El porqué de la falta de agua

    El informe de los científicos de Nestlé advierte que la escasez de agua en el planeta se deberá a factores climáticos, el aumento de su demanda, el crecimiento de la población y las actividades económicas como la minería (que usa el agua para la extracción de metales y la contamina) y la agricultura. El 70% del consumo total de agua de los seres humanos se emplea en los usos agrícolas, y alrededor del 43% de esta agua se pierde por técnicas de riego ineficientes.

     

    Parte de la falta de agua también se da por la dieta a base de carne, que se presenta mayormente en el hemisferio occidental del planeta, y que requiere una alta concentración de agua en cultivos de maíz y soja para alimentar a los bovinos. Una razón más de la próxima escasez de agua es que los contenedores subterráneos del líquido se están agotando, pues los ciclos climáticos afectados por la contaminación no producen recargas para los acuíferos del planeta.

     

    Otro aspecto que hace que el agua se esté perdiendo es el gasto irracional por parte de las personas. En un baño se pueden gastar de 100 a 200 litros, y alrededor del 75% de esta agua se desperdicia. Se usan 7 litros de agua para lavarse los dientes y 6,5 de estos se desperdician. Cada vez que vaciamos el inodoro se gastan hasta 20 litros, y estos son solo algunos ejemplos, dejando afuera otras actividades como el lavado de carros y el riego a jardines.

     

    La falta de agua potable ya es un problema de salud pública, pues causa la muerte de 2 millones de niños al año y un aproximado de 3 millones 500.000 personas debido a enfermedades relacionadas con la calidad del agua. Y con más falta de este líquido, estas cifras solo pueden aumentar.

     

    ¿Colombia y Medellín?

    En Colombia, según cifras de Planeación Nacional y el Ministerio de Desarrollo Económico, se desperdicia del 43 al 50% del agua potable, y aunque cada colombiano cuenta en la actualidad con 43.000 metros cúbicos de agua para su consumo por año, de continuar el despilfarro esta cifra podría caer a 2.000 metros cúbicos por año a partir de 2020.

     

    El Estudio Nacional de agua 2014 expresó que las pérdidas de agua en el país se dan principalmente por la contaminación de esta a partir de cargas de materiales biodegradables y no biodegradables, nutrientes y metales pesados. 205 toneladas de mercurio y 918 toneladas de otras sustancias son vertidas a los ríos colombianos cada año, producto de actividades económicas como la minería, que en muchos casos es ilegal.

     

    Medellín, por su parte, tiene cifras bajas en relación a pérdida de agua en comparación al resto de Colombia. A través de un comunicado, Planeación Nacional expresó que en la ciudad se registran pérdidas de solo el 18%. En Medellín el Índice de Pérdidas por Usuario Facturado (IPUF) fue de 7,3 metros cúbicos por mes en 2015, según otro informe presentado por Medellín Cómo Vamos, al mes, en el Valle de Aburrá se consumen 26 millones de metros cúbicos de agua

     

    Sin embargo, cosas como los lavaderos de carros (sobre todo los informales, que no tienen regulación en cuanto al gasto de agua) siguen aportando a la pérdida del líquido. Empresas Públicas de Medellín detectó que existen al menos 187 lugares de este tipo que despilfarran al mes más de 37 000 litros de agua potable, pues usan mangueras que dejan abiertas y no tienen los filtros necesarios para el ahorro de agua.

     

    El ser humano debe tomar conciencia acerca del agua que necesita y el agua que gasta, para que el despilfarro no conlleve a que las próximas generaciones se queden sin este preciado líquido, o para que no suceda lo que expresó Ismail Serageldin, ex vicepresidente del Banco Mundial, quien dijo en 1995 que “las guerras del próximo siglo se librarán por agua”.