Autor: c0ms0ci@l_UPB

  • Los matices del turismo en la comuna 13

     Tras la construcción de las escaleras eléctricas de la comuna 13 en 2011, el barrio Las Independencias se transformó en el eje de todo lo comprendido por la zona. Una comuna compuesta por 21 barrios en los que, llegue o no el turismo, el cambio es un fenómeno latente. 

     

    José Andrés Ramírez Canon / Juan José Ríos Arbeláez  – periodico.contexto@upb.edu.co En colaboración con Lia Da Giau y estudiantes de la organización Make Sense.

     

    La que alguna vez fuera considerada como la comuna más violenta de Medellín, ruta de la ilegalidad, fuente de la guerra urbana y más adelante, el epicentro de las operaciones militares de la llamada “seguridad democrática”; hoy se abraza a la resignificación territorial que trajeron los proyectos de urbanización social y se expone al mundo con el cambio de sus valores a través de la memoria, una memoria aun en construcción, con la que se comercia y se conforma uno de los pasajes turísticos más importantes en la ciudad.  

     

    Según el Plan estratégico de turismo 2018-2024la transformación social es uno de los ejes sobre los cuales la ciudad puede establecerse como “un destino líder en innovación y transformación”, de manera que los proyectos de urbanización social que iniciaron con el programa político de Medellín la más educada en 2004, cuyo fin era mejorar la calidad de vida de los habitantes, hoy se adhieren a la estrategia de promoción turística, haciendo que sectores históricamente excluidos en los planes de desarrollo aparezcan como nuevos destinos. 

     

    Las primeras acciones de esa urbanización social estuvieron orientadas a la conectividad urbana en materia de movilidad y educación, con la construcción de las líneas del metro cable y la inversión en bibliotecas públicas y parques. Estas intervenciones modificaron la manera en la que se pensaba la ciudad y derivaron en 2011, durante la alcaldía de Alonso Salazar, en las primeras escaleras eléctricas concebidas como solución a la movilidad urbana, trayendo consigo una nueva narrativa en la que se consolidaba Medellín como ciudad innovadora. 

     

    En su estancia con organizaciones de la Comuna 13, estudiantes de la organización Make Sense conocieron la percepción de los residentes sobre el turismo en la zona. Fotos: Lia Da Giau.

     

     

    Unas con otras

    Las escaleras pudieron quedarse en eso. En un mecanismo que mejoraba la calidad de vida en una de las siete montañas que conforman Las independencias, y que, de paso, eran la imagen para venderle la ciudad a nuevos inversores. Sin embargo, el proceso artístico y cultural que permeaba a la comunidad como salida de la violencia cambió por completo las dinámicas del barrio popular. La aparición del graffitour como máxima expresión del arte urbano hizo de las escaleras eléctricas y el viaducto Media Ladera un nuevo pasaje comercial en el que se mezclan el arte, la memoria y la gastronomía. 

     

    De las siete montañas que conforman el barrio, apenas tres perciben los efectos del turismo masivo que derivó de la oferta en la comunidad. Pero los más de 3 mil millones de pesos* que registró el sector en el último dato de 2018, según datos consolidados por los investigadores Carolina Muñoz y Santiago Rodríguez sobre el mercado de los grafitis, hacen que la expansión del turismo sea un anhelo para los demás habitantes de la comuna 13.  

     

    En un artículo para El País, Laura Moreno, afirmaba que este fenómeno comercial suele traer alteraciones en las características del territorio y en las dinámicas propias de la ciudad. La apertura comercial a la memoria, la transformación social, el auge económico y la exploración de alternativas similares han hecho de la comuna 13 un eje de referencia mundial en el turismo urbano y de transformación social. Sin embargo, la promoción de este fenómeno se ha enfocado desde una narrativa económica que apremia los ingresos, sin evaluar el impacto en el tejido social de la comunidad.  

     

    La empresa de turismo Zippy Tour, en alianza con la organización Make Sense y un grupo de estudiantes internacionales, realizó una investigación piloto sobre el impacto del turismo en la comuna 13. El estudio tuvo como foco al barrio Las Independencias, haciendo un muestreo a 153 habitantes de la región, abordando temas sobre la calidad de vida de los residentes, seguridad, acceso a servicios, economía, movilidad, manejo de basuras y ruido. 

     

    Economía 

    Al ser preguntados por si consideraban que los visitantes de la comuna estaban informados de su historia, el 39.87% respondía que sí con indiferencia y completaban diciendo: “y si no se la saben acá se las enseñamos”. 

     

    La memoria es la fuente del comercio en la comuna. De ella se desprenden los restaurantes, las tiendas de regalos, las cafeterías, las terrazas, los shows folclóricos y los más de 28 operadores turísticos de la ciudad que ofrecen el recorrido por la comuna en más de 6 idiomas. Sin el atractivo de esa memoria resiliente o el morbo histórico del narcotráfico, que sigue atrayendo turistas a la ciudad, no existiría el corredor comercial del cual depende el 37.3% de los encuestados para sus ingresos. 

     

    Hasta ahora, ese crecimiento económico no ha derivado en la incursión de inversores ajenos a la comuna. El 60.13% coincidió en que las tiendas y restaurantes de la zona son propiedad de los residentes y no de vecinos nuevos de la comunidad. Sin embargo, esta bonanza de terrazas con bares, restaurantes y tiendas de regalo ha traído un encarecimiento de la vida en arriendos y servicios en los que el 48.4% considera que el turismo ha encarecido su vida y un 55% considera que los precios por los bienes y servicios son injustos. 

     

    Sobre la cúspide de la Independencia 2, lejos del Viaducto, por donde apenas se filtraba el ritmo del hip hop, decía Luz Obregón que hasta su casa la vida no había cambiado tanto, salvo por el ruido y la subida de los precios. Cuando hacía la entrevista se cruzó su esposo, que no quiso dar el nombre, y repuso mientras señalaba una botella de Coca-Cola que tenía en la mano: “Dígales, dígales a todos de esos ladrones de ahí abajo en el Viaducto. Esta gaseosa que acá arriba vale dos mil quinientos pesos allá vale cuatro mil”. 

     

    El efecto es una consecuencia simple. El turista que viene y va, que paga en dólares lo que consume y puede pagar cualquiera de esas gaseosas a dólar, termina definiendo el precio de los productos para toda la zona. Tanto para turistas como nativos. Ese desequilibrio económico que suscita el turismo configura el fenómeno de gentrificación que ha ganado cada vez mayor terreno en la ciudad, interviniendo el alza de precios en los bienes y servicios. 

     

    Seguridad 

    La seguridad ha sido siempre un foco de discusión en el territorio. Aunque la guerra urbana había quedado atrás, el estigma de lugar inseguro seguía latente en el sector y se fue transformando igual que los procesos sociales de la comuna tras las operaciones militares en 2002. 

     

    Teniendo en cuenta que el fenómeno del turismo es relativamente nuevo en la comuna, tiene menos de 10 años, la lucha por transformar su percepción está enfrascada en un halo ambiguo. Algunos medios han informado de la modalidad de vacunación de las bandas urbanas a la cual someten a los operadores de turismo para que puedan ejercer con tranquilidad. Sin embargo, el 62.1% de los encuestados afirman que el turismo ha traído beneficios para la seguridad en el sector, tanto para locales como visitantes.  

     

    Basuras 

    La gestión de residuos en Las Independencias tiene dos modalidades. El corredor comercial que comienza entre la carrera 109 y la calle 38A, se extiende ascendiendo por la carrera 110 hasta llegar a las escaleras eléctricas y termina en el viaducto, es limpiado todos los días, pues es el eje turístico del sector. Mientras que, en el resto del barrio, Emvarias recoge los residuos los miércoles y sábados de cada semana.

     

    Más allá del viaducto Media Ladera, la accesibilidad a Las Independencias es compleja porque sus callejones no están demarcados y ascienden en centenares de escaleras hasta las cimas de las montañas y vuelven a bajar. Esta característica hace que la recolección de residuos en el barrio se dé en diversos puntos y no afuera de cada una de las casas, como pasa en gran parte de la ciudad. Para esto, los residentes suelen pagarles a recolectores que desplazan los residuos a los depósitos que están repartidos en el barrio. 

     

    A pesar de que el servicio de aseo diario se limite solo al pasaje comercial, el 56.2% de los encuestados considera que el manejo de basuras en la comunidad es positivo.  

     

    Movilidad 

     

    Movilidad, contraste del colorido turístico de la Comuna 13

    Video: José Andrés Ramírez, Juan José Rios – Lia Da Giau.

     

    La masividad de los visitantes cambió el uso de las escaleras eléctricas, según algunos residentes que afirman tener menos acceso a ellas que los turistas. “Lo que nosotros creíamos que era un beneficio para la comunidad, se ha convertido en un caos”, asegura Alba Cardona, residente de la comuna 13 desde hace veintisiete años. “Más que un uso para nosotros, las escaleras se convirtieron en el destino de los turistas y es normal, pero entonces uno ya no se puede mover igual porque hay mucha gente”, sostiene. 

     

    Según estadísticas de la Alcaldía, en 2021 transitaban veinticinco mil personas mensuales por el tramo de las escaleras eléctricas y el viaducto que llega hasta la Independencia 3. Por otro lado, la agencia de turismo Zippy Tour calcula que durante temporada baja el promedio de visitantes es entre setenta mil y ochenta mil personas, y en temporada alta la cifra puede llegar a los doscientos cincuenta mil transeúntes, como en diciembre de 2022. 

     

    El viaducto Media Ladera compone el tramo de mayor conglomeración en el sector. Por un lado, es el pasaje comercial que contiene restaurantes, bares, tiendas, mercados, grafitis, grupos de danza e improvisación urbana y el mirador hacia la ciudad. Por el otro, la vía del barrio popular que conecta las montañas que conforman Las Independencias.  

     

    Esta última condición hace que el tramo no sea enteramente peatonal, puesto que los residentes y los mismos comerciantes se desplazan en motocicletas a lo largo del viaducto para suministrar los locales y movilizarse por el barrio. Manuel Mosquera, comerciante y residente desde hace más de cuarenta años, considera que debe haber un mayor control para que la situación no genere problemáticas. “Los días en semana se transita bien, pero cuando hay mucha gente, los fines de semana, si es interrumpido y puede haber malos entendidos entre los locales y los visitantes, por eso queremos que en esos días no transiten motos”, argumentó.  

     

    La aglomeración de turistas, las motocicletas que surten el comercio y las dinámicas locales, impactan la movilidad del sector reduciendo las posibilidades de tránsito en los días donde más visitantes hay. Con respecto a esto, algunos residentes se sienten alarmados ante la incapacidad de actuar durante una emergencia. “Es muy complicado recoger un enfermo, un herido o un muerto… En las escaleras eléctricas hay botiquines y camillas, pero cuando uno va los implementos están malos y no se pueden usar”, dice Alexandra Henao, quien vive en la zona desde hace diecinueve años. El 37.3 % de los encuestados considera que la gestión de tráfico en la comuna es deficiente.  

    Resultados del sondeo adelantado por los estudiantes de Make Sense con los habitantes de la Comuna 13.

    Infografía: José Andrés Ramírez, Juan José Rios.

     

    Ruido 

    Desde las nueve de la mañana empiezan a recogerse turistas alrededor de las escaleras eléctricas, en un plan que puede extenderse hasta más allá de la media noche.  

     

    El carácter artístico y cultural de la comunidad está ligado al hip hop y es posible encontrar diversos grupos de baile e improvisación durante todo el recorrido. Usualmente estos grupos paralizan las vías por medio de su arte y su música, que resuena por todas las calles. Sin embargo, ellos no son la fuente principal de ruido que acosa al sector. 

     

    El éxito comercial de la comuna hizo que en poco tiempo los residentes transformaran el entorno y las casas se llenaron de planchas y terrazas con bares. Muchos han visto la oportunidad y consideran seguir la expansión. “Uno canta, el otro rapea, el otro tiene un bar… como que se les olvidó que esto es zona de residencia y como acá la Policía no viene por esos temas, no hay Dios ni ley”, dice Alexandra Henao. 

     

    Para Alba Cardona, residente de La Independencia I, el ruido ha sido detonante para que muchas personas se vayan del territorio. “Esa mezcla de sonidos de todas partes genera un murmullo que no para en todo el día”, asevera. 

    Dentro de las dinámicas del barrio popular, el volumen del sonido siempre ha sido asunto de discusión. Sin embargo, lo que antes era discusión residencial trascendió a lo comercial, en unas dinámicas que perfilan a La Independencia I como un aglomerado de bares, terrazas y cantinas que se juntan una con la otra entre las residencias. El 51.6 % de los encuestados consideran que el ruido impacta en su calidad de vida y es la razón principal para que el 20.9 % quiera mudarse fuera de la comuna 13. 

     

    En la presentación de los resultados de esta investigación piloto, Make Sense y Zippy Tour realizaron una charla con diferentes lideres de la comuna 13, en la Universidad Pontificia Bolivariana, donde abordaron los puntos positivos y negativos del turismo que hoy se centra en el sector. 

     

    Los ejes de esta discusión se enfocaron en la necesidad de fortalecer la cultura en el sector, ampliar la idea de comuna más allá de la imagen hegemónica atribuida a Las Independencias y poner a la comunidad en el centro de la mesa de discusión sobre el turismo en la ciudad. “En la comunidad hay que preguntar y no informar, y la gente, las instituciones y la academia creen y malcreen que la comuna es San Javier, Las Independencias y ya”, concluía David Correa, líder del laboratorio de innovación social de Las independencias. 

     

    La Alcaldía de Medellín refuerza su apuesta por el Plan estratégico de turismo con la formación de 184 guías y la expansión del viaducto a las otras independencias, mientras que se realiza el primer estudio de cargas turísticas del país, para conocer el límite de visitantes en la comuna 13. Al tiempo, la reciente creación de un despacho del alcalde para ese ramo en específico genera expectativas de una labor más efectiva para la regulación.

  • El Trapiche y Cabildo, los peajes que dificultan la vida de los habitantes de Barbosa y Girardota

     

    Al norte del Área Metropolitana del Valle de Aburrá se ubican dos peajes que representan dificultades para las comunidades aledañas a ellos, desencadenado protestas y plantones pacíficos que tienen el fin de trasladar ambas casetas de pago fuera de la zona en la que se encuentran.

     

    Por Sofía Cadavid Foronda / sofia.cadavid@upb.edu.co

     

    A mediados de 1996, los peajes de El Trapiche y Cabildo comenzaron a funcionar con el fin de financiar los proyectos de la modernización de las vías nacionales, y la creación de una doble calzada desde el municipio de Bello hasta la vereda Hatillo, en Barbosa. La concesión privada de creación de ambos peajes se realizó con la entidad Hatovial S.A.S, la cual acordó que desde la fecha de inicio de cobro en El Trapiche y Cabildo se daría un plazo de 25 años para dejarlos en funcionamiento y finalmente retirarlos, perola fecha estipulada se cumplió en 2021 y las comunidades aledañas a ellos se siguen viendo afectadas por ambos peajes.

     

    En 2022, luego de que los alcaldes de los municipios del norte de Área Metropolitana del Valle de Aburrá (Copacabana, Girardota y Barbosa) entablaran conversaciones con el Gobierno nacional sobre las dificultades que generan ambos peajes, se acordó que El Trapiche y Cabildo serían trasladados para el 2023. Sin embargo, estas casetas de cobro siguen funcionando y las comunidades aledañas, especialmente de Barbosa y ciertas veredas de Girardota, se siguen viendo afectadas por los pagos que deben realizar cada que deben entrar o salir de su municipio.

     

    Peaje El Trapiche, ubicado en la doble calzada Niquía – Hatillo a la altura de la vereda La Palma, Girardota. Foto por: Mintransporte.

     

    ¿Qué son los peajes y para qué funcionan en Colombia?

    Los peajes son casetas que tienen como fin cobrar un recaudo a los automóviles que circulan por las vías primarias y secundarias del país, con el objetivo de recaudar dinero destinado al mantenimiento y mejoramiento de las carreteras existentes, y asimismo para la creación de nuevas vías que mejoren la movilidad nacional. Según la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), en Colombia hay 119 peajes en funcionamiento que son concesionados por esta entidad, y que pretenden unir el campo con la ciudad por medio de proyectos carreteros que beneficien a las comunidades ubicadas alrededor de dichas construcciones. Dentro de los beneficios que mencionan, se encuentra una mayor competitividad económica y productividad, junto con la integración regional, cultural y social del territorio.

     

    Los proyectos actuales que se financian con los recaudos de los peajes son las construcciones de vías de cuarta generación (4G), cuyos planes comenzaron en 2013, y las de Concesión Bicentenario o quinta generación (5G), que comenzaron a ser construidas a partir de 2020. Según la ANI, lo que buscan estos tipos de vías es disminuir el tiempo en carretera en promedio un 30% y, por consiguiente, reducir los costos de viajes y operación vehicular aproximadamente un 20%. De igual forma, como indica el portal Autofact, al mejorar la infraestructura de las vías, la comunicación y la economía de las regiones mejora, a la par que se reducen las emisiones de dióxido de carbono (CO2).

     

    En Colombia, los peajes se encuentran aparados por la Ley 105 de 1993, la cual indica que se reglamentan a las entidades nacionales y territoriales para la planeación de proyectos en el sector transporte. En 2002 el artículo 21 de esta ley fue modificado, de manera que se estableció que como método de financiamiento de la construcción, mantenimiento y mejoramiento de las vías, se cobraría por el uso de ellas, estipulando precios a cada peaje de acuerdo con estudios socioeconómicos de la población alrededor de ellos, y de la afluencia de vehículos que por allí circulan.

     

    ¿Qué comunidades son afectadas por los peajes El Trapiche y Cabildo?

    El peaje El Trapiche se ubica en la doble calzada Niquia – Hatillo, a la altura de la vereda La Palma, Girardota, mientras que el de Cabildo se encuentra en la vereda San Diego de dicho municipio. Dada la posición de ambas casetas de cobro, las poblaciones directamente afectadas son las veredas San Andrés, La Palma, Mercedes Abrego, El Socorro, Potrerito y San Diego de Girardota, y de lleno la comunidad de Barbosa, que para entrar al municipio sí o sí, debe pasar por alguno de los dos peajes, que para los vehículos de clase I tiene una tarifa se encuentra de $16.700.

     

    Ubicación de los peajes El Trapiche y Cabildo. Elaboración propia.

     

    Según el secretario de gobierno de Girardota, Joan Saldarriaga, las personas que habitan estos sectores viven mayormente en condiciones de ruralidad y además, algunas veredas son separadas por el Río Medellín y la autopista. Si se suman estas condiciones con ambos peajes, se obtiene como resultado la poca comunicación de los habitantes de la zona con el resto del municipio, ya que estas personas tratan de desarrollar su vida sin tener que pasar de manera recurrente por El Trapiche o Cabildo.

     

    De otra parte, los pobladores de estas veredas se dedican principalmente a las labores agrícolas, siendo ellos quienes surten en mayor parte los víveres del municipio. Esta situación tiene como consecuencia que el precio de los víveres dentro de Girardota incremente, ya que los costos del transporte particular de los agricultores llegan hasta los $32.000, con los cuales llevan los productos desde sus cultivos hasta la zona urbana para finalmente comercializarlos.

     

    Ubicación de las veredas girardotanas afectadas por los peajes El Trapiche y Cabildo. Elaboración propia.

     

    Por otra parte, la comunidad más afectada es de Barbosa, un municipio en el que habitan casi 60.000 personas, y que comprende 206 kilómetros cuadrados, divididos en una zona urbana de 3 kilómetros cuadrados y los 203 restantes están compuestos por 56 veredas y 9 parajes, como indica el presidente del concejo municipal, Diego Castaño. De esta población, el 60% vive con lo necesario en su día a día, mientras que aproximadamente 400 familias o el 25% los habitantes del municipio se encuentran bajo la línea de la pobreza.

     

    En Barbosa la principal actividad económica de las familias es la agricultura, con seis productos característicos: café, mora, fresa, papa, frijol y caña de azúcar, trabajo que se complementa con la industria pesquera, especialmente truchera que representa un atractivo para los visitantes del municipio. Al igual que en Girardota, estas personas son las más afectadas por los peajes, ya que en algunos casos los comerciantes tienen que atravesar El Trapiche o Cabildo para poder vender sus productos en el casco urbano.

    Mapa del municipio de Barbosa, el mayor afectado por los peajes El Trapiche, Cabildo y la talanquera de Vara Linda. Gráfico por: Biblioteca Pública Isolda Echavarría, Barbosa.

     

    ¿Por qué las comunidades exigen el traslado de los peajes El Trapiche y Cabildo?

    La veeduría no mas peajes ha sido la principal promotora del traslado de los peajes existentes dentro del área metropolitana del Valle de Aburra, un proceso que tiene antecedentes desde mediados de los 2000, cuando un comité anterior reclamaba el desmonte del llamado “peajito social” entre los municipios de Bello y Copacabana, además de El Trapiche y Cabildo. Este movimiento se reavivó en el 2016, cuando las comunidades afectadas comenzaron a hablar explícitamente sobre las inconformidades que tenían con respecto a las tres casetas de cobro, amparándose no solo en las afectaciones económicas que les generaban a los municipios, sino también en temas del diseño de las vías y de reglamentación de estas.

     

    A partir de 2019, los alcaldes de Bello, Copacabana, Girardota y Barbosa comenzaron a hacer más eco en el movimiento ciudadano y establecieron conversaciones con el Gobierno Nacional, la ANI y VINUS S.A.S (Concesión Vías del Nus) sobre el retiro definitivo del “peajito” de Bello y el traslado de El Trapiche y Cabildo. Sin embargo, antes de que se pudiera desmontar la caseta de cobro que se ubicaba entre Bello y Copacabana, esta fue quemada por un grupo de manifestantes el 30 de abril en medio del contexto de la protesta social de 2021.

     

    Ese peaje, que surgió como medida provisional en 2004, fue finalmente retirado a finales de 2021, pero los peajes El Trapiche y Cabildo continúan funcionando hasta el día de hoy, a pesar de que en el marco del diálogo para el cambio de lugar de ambos peajes, se acordó que los dos se trasladarían a inicios de 2023. Al ver incumplido el acuerdo al que llegaron, las comunidades afectadas, especialmente los barboseños, han realizado plantones y manifestaciones pacíficas en las que exigen volver a ser escuchados.

     

    “Peajito social”, que se encontraba ubicado entre los municipio de Bello y Copacabana en la noche del 30 de abril de 2021.

    Foto por: captura video ciudadano.

     

    Diego Castaño, presidente del concejo de Barbosa, expresa que el traslado de El Trapiche y Cabildo no se busca únicamente por las afectaciones en la economía del municipio, ya que allí intervienen otros factores claves como lo son el POT y el mapa de riesgos del mismo), sino que también consideran que las obras realizadas con los recursos recolectados se encuentran mal diseñadas. Esto se evidencia en la falta de hidrantes y puentes peatonales, en los retornos ubicados en pendientes que generan alta accidentalidad y la lenta respuesta que tiene la ANI cuando suceden siniestros viales, haciendo que los bomberos de Barbosa o Girardota sean quienes atiendan estas emergencias cuando no debería ser así.

     

    A esta situación se suma el hecho de que en una vía terciaria de Barbosa llamada Vara Linda, se estableció una talanquera en la que los vehículos deben pagar $14.500 para circular. Diego Castaño indica que, a pesar de que el cobro representa un obstáculo en materia económica, en Vara Linda se reconoce la necesidad del peaje para contener el deterioro de esta vía terciaria por los automóviles que buscan evitar el pago en El Trapiche o Cabildo.

     

     

    Línea del tiempo con los puntos clave de la evolución de la lucha por no tener más peajes dentro del Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Elaboración propia.

     

    El 1 de febrero de 2024, la veeduría No más peajes convocó nuevamente a la comunidad para un plantón desde las 5:00 de la mañana. al frente de ambos peajes, para exigir al Gobierno Nacional y a la ANI que los escuchen nuevamente y trasladen las casetas de cobro. La manifestación se extendió hasta el viernes 2 de febrero, en horas de la tarde, cuando finalmente llegó una respuesta por parte de las directivas para tener una reunión en la que se concreten propuestas y acciones que les den fin a las inconformidades de la comunidad.

     

    En una entrevista con Teleantioquia noticias, Óscar Gutiérrez, el vocero de la veeduría No más peajes, mencionó que en el encuentro con la ANI y las directivas nacionales se habló de tres puntos clave: la reducción de la tarifa diferenciaria, el traslado de El Trapiche y Cabildo en un plazo de 15 meses y el retiro de la talanquera Vara Linda. A partir de dicha reunión se estableció una mesa continua de diálogo, en la cual hay reuniones cada dos semanas para discutir sobre las propuestas que tiene la comunidad, y los avances que tienen sobre cada una de ellas el gobierno nacional y la ANI.

     

    De momento, estas negociaciones han logrado que la tarifa diferencial baje de los $3.300 a los $2.000, y que dentro de ella se incluyan los vehículos de categorías III, IV y V, quienes pagarán un 35% del cobro total de los peajes. El presidente del concejo de Barbosa sostiene que esta tarifa no es lo que el municipio necesita, a pesar de que la comunidad ve un alivio en ello. Se otorgaron 5.000 cupos para las personas de Barbosa que tienen vehículo particular, las empresas asentadas allí y sus trabajadores, pero al cierre de esta nota apenas se habían tramitado alrededor de 600 exenciones.

     

    De estos 600 vehículos, solo una pequeña parte es de los pobladores de Barbosa, ya que hay personas que no habitan o trabajan en la zona sino que apenas tienen algún terreno allí. Según los controles vehiculares que realizan dentro de Barbosa, alrededor de 450 automóviles inscritos en la tarifa diferencial pasan por los peajes El Trapiche o Cabildo solo una vez al mes.

     

    Es así como los pobladores de Barbosa y Girardota siguen a la espera de que ambos peajes sean trasladados, ya que El Trapiche y Cabildo cumplieron con su cometido de recaudar los fondos para el mantenimiento de las vías de ambos municipios y para la construcción de la doble calzada Niquía – Hatillo, que a pesar de las fallas que tiene, funciona y ha mejorado la vida de las comunidades.

     

  • Historia de otro entusiasmo: Biblioteca Popular Betsabé Espinal

    La mediación es un problema de comunicación, por lo tanto de poder”.

    J.M. Barbero

     

    El conflicto en torno a la estación el Bosque o la Biblioteca popular Betsabé Espinal, ilustra que la movilización social de 2021 estuvo motivada, entre otras razones, por un reclamo sobre las formas de habitar las ciudades y un debate sobre cuáles de ellas pueden existir. En este espacio de Carabobo Norte, por ejemplo, se confrontan la que reivindica un sector de la juventud que demanda espacios y la de una oficialidad que termina oponiéndosele. Este es un repaso de la situación.

     

    Juan José Rios Arbeláez / juan.riosa@upb.edu.co

     

    “190 eventos, poco más de un año de apropiación, cinco reuniones con el Parque Explora y la Alcaldía de Medellín, contactos con el IPC, universidades, Comfama y esto hemos conseguido: una extensión”, dicen los jóvenes de la Biblioteca Popular Betsabé Espinal, mientras señalan el cable que cuelga de la rendija del muro posterior del Parque Explora, que da con la antigua estación de ferrocarril El Bosque. De esa extensión toman la luz cuando el cielo oscurece, cargan los celulares o el bafle que acompaña la clase de yoga, el taller de grafiti y los días de rap.

     

    Es junio de 2023 y en la biblioteca Betsabé Espinal están dictando un taller de dibujo. “Gangsta” es quien tiene más experiencia en el campo y da instrucciones desde el muro norte del Parque Explora. Lo acompañan cinco o seis integrantes más de la biblioteca, junto con un grupo de jóvenes de Moravia que se han acercado a aprender de perspectiva. El paisaje lo completan los donantes: miembros del Parque Explora, Comfama y docentes universitarios que han traído cuadernos y lápices para la comunidad de Moravia. Están mediando un proceso que inició en 2021 y que se dilatará hasta una nueva alcaldía y tres secretarías de cultura más.  

     

    El paro nacional de 2021 fue una movilización que se extendió por el país como respuesta a reclamos sociales, económicos y políticos que se dieron en el contexto de la pandemia del Covid-19, pero que traían a cuestas un descontento social que se había manifestado a menor escala en noviembre de 2019. Si bien las acciones en cada territorio estaban motivadas por un descontento ante la actuación estatal, no existía una dirección que encabezara el movimiento y en cada ciudad se vivieron diferentes manifestaciones. Desde niveles simbólicos y pacíficos hasta los enfrentamientos más violentos y represivos por parte de la fuerza pública y la población civil.

     

    Poco después del estallido social del 28 de abril se constituyó el campamento del renombrado “Parque de la resistencia”, oficialmente Parque de los Deseos. “Medellín fue la lucha más larga en la calle. La menos violenta, la más performática”, asegura Yisus, miembro de la biblioteca, reconocido por ir a las protestas con un cartón, una bata verde y una cruz. “Yo me cansé del accionar policial y el accionar de la gente en esa obra de sangre. De ese chiste en el que no se lleva a nada, de violencia por violencia”, reflexiona sobre la creación de su performance pacifista en medio de las movilizaciones.

     

    Esa necesidad de actuar más allá de los reclamos y tensiones llevó a Tatiana López a promover la creación de una biblioteca popular como forma participativa dentro del campamento que habitaba el Parque de la Resistencia. Insistió tanto hasta que una parte definitiva del grupo le hizo caso.

     

    Tomaron una caja del programa Palabras Rodantes que estaba en el parque y comenzaron a recibir donaciones, rotar libros y a impartir talleres de lectura, escritura y derechos para todas las personas que se acercaban al campamento.

     

    En el lugar habitaban los hijos de los vendedores ambulantes, niños de las calles que solían tener que arreglárselas con la imaginación y ante la menor oportunidad se devoraban libros. “Uno en particular terminaba libro cada día o dos. Me decía que le diera otro y que otro. A veces yo ni le creía, pero él se llevaba feliz esas sagas de libros gordos entre las manos y volvía por más”, recuerda López, vocera de la Biblioteca. 

     

    Para Didier Álvarez, bibliotecólogo y docente de la Universidad de Antioquia, no es fortuita la iniciativa juvenil con respecto a las bibliotecas. Afirma que “se presenta la biblioteca como una alternativa, como un incentivo a la participación y eso es lo que hace de este proyecto algo popular”.

     

     

     

     

    En esta galería:

    Vista a la antigua estación de ferrocarril El Bosque desde el Parque Norte, con la intervención sobre el drywall separador. 11 de abril de 2024.

    Las laminas de drywall que cierrar la estación de ferrocarril El Bosque son el lienzo de la expresión de los colectivos que proponen una nueva apropiación del espacio. 24 de marzo de 2024.

     

    La ocupación

    Como parte del sistema de ferrocarriles de Antioquia, la estación El Bosque hace parte del patrimonio nacional protegido desde 1996. Su predio pertenece al municipio, sin embargo, el Parque Explora ejerce sobre el mismo un comodato desde 2006.

     

    El 28 de junio de ese año las protestas terminaron en un enfrentamiento con el Esmad en el norte de la ciudad. Según integrantes del grupo que disputaba la zona, la estación del ferrocarril fungía como sitio estratégico entre los avances y repliegues que cada bando ejercía, suponiendo un resguardo para quién tomara el lugar. Esa tarde una menor de edad fue violada en la estación de El Bosque, presuntamente por un agente del Esmad, según denuncias de grupos de manifestantes y socorristas, recogidas por la entonces concejala Dora Saldarriaga y replicadas en las versiones de varios medios de comunicación sobre los hechos.

     

    La concejala Saldarriaga hizo un seguimiento del caso y confirmó la ineficiencia del Código Fucsia, tras asegurar haber “sido testigo de procesos reiterados de revictimización hasta confirmar el caso de abuso sexual”. Saldarriaga se puso en contacto con la empresa que opera las cámaras de seguridad del Parque Norte que alegaron que no había acceso al material debido a que las cámaras habían sido robadas y dañadas en su totalidad.

     

    Ese día no había jóvenes de la biblioteca en el enfrentamiento de la estación. Todos se encontraban en el campamento de la resistencia, pero el rumor se expandió en poco tiempo. Un grupo de manifestantes vandalizó y quemó el lugar en señal de repudio a los hechos denunciados y el espacio mantuvo en pie a pesar de los daños.

     

    A pesar de los enfrentamientos y disturbios que ocurrían tras cada protesta, la biblioteca seguía en pie. No tenía nombre y estaba golpeada por los intentos de desalojo hacia los campamentos. Las donaciones de libros superaban la capacidad de quienes ya apostaban por una biblioteca popular en el sitio y se hacía cada vez más difícil sostener la idea de este proyecto. “Había visto algo en internet sobre las ocupaciones anarquistas en Francia. Una forma de resignificar los espacios. Ellos ponían afuera unas banderas que decían: ocupa y resiste”, recuerda López, sobre las primeras ideas de ocupación que tuvieron.

     

    “Hay una resignificación del espacio que de alguna forma agredió a la sociedad, pero también una resignificación a la biblioteca. Una lucha por la mirada de lo que ha sido la educación”, expresa Didier Álvarez con respecto a las luchas simbólicas que subyacen en el proceso y crean tensión por el ejercicio político.

     

    Paralelamente, la movilización ocupaba un CAI en Cali para convertirlo en biblioteca, al igual que otros más en Bogotá. Viendo que no tenían espacio para meter los materiales y eran desalojados de los campamentos, Tatiana López le pidió a su grupo un mes de respaldo para ocupar la estación y tomarla como sede desde el 6 de octubre de 2021.

     

    La olla comunitaria se consolidó como emblema en el antiguo edificio ferroviario. Continuaron los espacios de lectura, hicieron velatones por cada víctima de la violencia estatal, clases de yoga, grafiti, fotografía, rap, cursos pre universitarios con los que accedieron 17 personas a la Universidad de Antioquia en dos ocasiones y nombraron el proyecto bajo un libro que habían encontrado en el edificio: Betsabé Espinal. A quien definen como la niña descalza que puso en apuros a la oligarquía antioqueña en los años 20.

     

    La ocupación se prolongó durante un año y estuvo plagada de dificultades e intermitencias. El hecho de que cada esfuerzo naciera desde el altruismo contrastaba con el desempleo en el grupo, que resentía el estigma de la primera línea. La cúpula del Parque Explora terminó resintiendo la toma del espacio, las noches prolongadas, los muros pintados y removieron al vigilante que custodiaba la estación. Los libros fueron robados y la ocupación nocturna de los habitantes de calle dificultaba el hábitat del espacio. A finales de 2022 el grupo llegó a un acuerdo con la Alcaldía para activar la póliza de restauración del patrimonio y posteriormente retomar el lugar para las actividades. Todo quedó en palabras.

     

     

     

    En esta galería:

    Una bandera de Colombia con el mensaje: “Solo el pueblo salva al pueblo”, sobre la valla que anuncia la instalación de la sede de lectura infantil de Buen Comienzo en la antigua estación de ferrocarril. Festival “Al calor de la olla”, 27 de abril.

     

    Performance: Traficante de cocos, durante el festival “Al calor de la olla” que conmemora el estallido de 2021. Tomado: 27 de abril de 2024.

     

    Huerta de la Biblioteca Popular Betsabé Espinal. 27 de abril de 2024.

     

    Montaje del festival “Al calor de la olla”, conmemorativo al tercer aniversario del 28A. Tomado el 27 de abril de 2024.

    Los jóvenes de la biblioteca Betsabé Espinal antes de una actividad, con el mural que pintaron a sus espaldas. 5 de julio de 2023.

     

    Intervención sobre las láminas de drywall que contienen la estación de ferrocarril El Bosque. 24 de marzo de 2024

     

    Con una valla respondió la administración de Federico Gutiérrez a la petición pública que hizo el ministro de cultura, Juan David Correa, para sostener el proyecto de la biblioteca Betsabé Espinal. Tomado el 26 de abril de 2024.

     

     

    Mediaciones

    Al final de abril de 2023 el edificio seguía cerrado. Se había estipulado que la entrega sería en marzo pero todavía faltaban adecuaciones en los baños. Durante todo este tiempo la biblioteca continuó su ejercicio en la manga contigua a la estación, fiel a su promesa de los miércoles, sábados y domingos. No hubo mayores afanes hasta una publicación del periódico Q´hubo el 17 de abril, donde informaban la próxima apertura del inmueble patrimonial. El entonces secretario de cultura, Álvaro Narváez, manifestó su apoyo para que “la comunidad se apropie del lugar y se convierta en un sitio cultural activo”.

     

    La noticia despertó la presión de grupos y colectivos que habían acompañado el proceso y se instauró una mesa de diálogo entre la Alcaldía de Medellín, Parque Explora y la biblioteca. “Aquí se han acercado entidades diciendo que nos pueden ayudar. Está bien, pero aquí lo que queremos es autogestión”, señala Yisus, sobre uno de los puntos clave en la negociación.

     

    Pacho y Jaime están prendiendo a leña la lentejada, mientras miran a los donantes que han venido con ropa de turistas. Se ríen un rato. “Esos de la alcaldía no vienen sino a ofrecer boletas”, aseguran. Son dos jóvenes de Moravia. Ninguno tiene más de veinte años. Ninguno es de la primera línea, “ni Petro nos dio ningunos 50 mil por protestar hace dos años”, dicen.

     

    Al principio dicen con seguridad que todas las actividades que hacen son importantes y dejan huella, que están allí porque “esto también es otro frente de la lucha de la revolución”, pero después, con más confianza, Pacho confiesa que, de no ir a la biblioteca, no tendría nada más que hacer.

     

    Los representantes del Parque Explora y otras entidades, así como los académicos se marchan antes de que caiga el sol. No alcanzan a probar las lentejas que alimentarán al transeúnte hambriento que encuentre alivio en la biblioteca. A pesar de la tarde, la clase y los lápices; la mesa de diálogos está tensa: “Creen que somos niños, que no sabemos lo que hacemos o queremos y no saben que muchos no se van a dejar sacar tan fácil”, dijo Jaime recogiendo sus cosas.

     

    Cambio de administración

    Finalmente, las mesas de dialogo fueron infructuosas. El Parque Explora alegaba que no tenía la potestad de ceder a las exigencias de la biblioteca, mientras que los jóvenes acusaban la dilación del procedimiento y la falta de reconocimiento por parte de la institución privada. “Nosotros sabemos que el edificio es patrimonio y no se trata de ocupar y decir que es nuestro y que no jodan. Lo que queremos es que sea educación popular por el pueblo y para el pueblo”, señala Yisus.

     

    Lo que siguió fue el contacto con el ministro de cultura Juan David Correa, que intermedió verbalmente con la alcaldía saliente de Daniel Quintero para asumir el comodato. Ambas partes estuvieron interesadas y realizaron minutas del contrato, según Correa, pero no llegaron a concretar nada finalmente.

     

    El nuevo periodo de alcaldía de Federico Gutiérrez, bajo el lema de recuperar Medellín, supuso un nuevo comienzo en las negociaciones que envuelven al predio. El interlocutor delegado por Gutiérrez fue el secretario de cultura, Manuel Córdoba, quien se mostró dispuesto a la conformación de juntas y el trabajo de la mano del Ministerio. Sin embargo, fue relevado de su cargo poco tiempo después, el 14 de febrero de 2024, tras admitir en un evento que no “sabía muy bien qué era una biblioteca”. En marzo de 2024, Gutiérrez y Correa tuvieron un espacio de diálogo sobre el asunto. En una carta al alcalde de Medellín remitida el 20 de marzo, el Ministro señaló que: “Me gustaría proponerle un diálogo público sobre la entrega de responsabilidad a los ciudadanos”. A esta comunicación no hubo respuesta.

     

    Un mes después llegó la que fue interpretada como una respuesta del alcalde de Medellín, en forma de una valla que anunciaba una sede de lectura de Buen Comienzo en la antigua estación del ferrocarril.

     

    Al momento Santiago Silva ya había asumido la Secretaría de Cultura y fue requerido sobre el asunto a instancias de la alianza Sumando Voces, que aglutina a decenas de organizaciones de la sociedad civil en la formulación de propuestas y la interlocución para la construcción del Plan de Desarrollo. En respuesta, el secretario fijó para el 8 de mayo una reunión en la que el tema de la biblioteca popular estaría en la agenda.

     

    Según el portal El Armadillo, otro despacho involucrado en el proceso es el de Ricardo Jaramillo, secretario de juventud, cuya postura estuvo marcada por el señalamiento al grupo juvenil como parte de la “primera línea” y como “politizados” en su ejercicio.

     

    Qué dice la biblioteca

    Un año atrás, la historiadora y maestra en geografía humana, Ana María Restrepo, encontraba en estos procesos algo “muy diciente de cómo se constituyen las ciudadanías. Del autoritarismo de no dar lugar a estos jóvenes que no se están apropiando del espacio para algo privado, sino para algo de la ciudad”.

     

    Gutiérrez reconoció que fue respetuoso el diálogo con el Ministerio de Cultura, pero, consecuente con el discurso que expresó en 2021 sobre el paro y en una rueda de prensa el pasado lunes 29 de abril, expresó su desacuerdo con la iniciativa y quienes la promueven: “Van y queman cualquier casa en Medellín y después dicen que la quieren para ellos”. Indicó que el espacio se destinaría a un jardín de lectura infantil del programa Buen Comienzo, por considerar que la población del sector lo necesita: “Este es un sitio público y lo que hace la administración es recuperarlo”. En la misma declaración reconoció el clima de respeto en el diálogo con el Ministerio y detalló: “Yo con lo que no he estado de acuerdo es con que me hicieran la solicitud de que lo tuviéramos que entregar como un símbolo a los de la Primera línea que lo habían quemado”. Tatiana López, vocera de la biblioteca, asegura que “el ataque (a la estación) no lo hizo un grupo específico como dice el alcalde. Incluso, las que lo vandalizaron fueron mujeres que se indignaron por la violación”, explicó.

     

    “No sé si lo que molesta es que la biblioteca recuerda un momento de oposición importante”, había dicho la historiadora Restrepo meses antes de que Federico Gutiérrez asumiera la alcaldía y cuando se debatía en torno a la quema de un bien patrimonial como expresión de rechazo a los hechos de violencia sexual que se denunciaron.

     

    Lo cierto es que Moravia requiere un espacio de atención para los jóvenes y es una realidad que admiten todas las partes. “A mí me dicen que Moravia tiene muchos sitios públicos por el Jardín Botánico, el Planetario y el Parque Explora. Pero lo público no es para todos, no es popular”, decía Tatiana López, durante el festival que celebraba el tercer aniversario del estallido de 2021.

     

    De cualquier manera, el anuncio del espacio de lectura infantil de Buen Comienzo deja a un lado cualquier acción que emprenda la biblioteca. “Así, si nosotros luchamos por el lugar somos los malos que no permiten espacio para los niños”, dice Yisus, quien continua: “Eso es como lo que hicieron en Parque de la Resistencia, a unos metros de acá, donde también pusieron un Buen Comienzo. Y después vienen y dicen que nosotros instrumentalizamos niños, cuando en Moravia hay tantos espacios donde pueden ejercer acción”.

     

    Hace más de un año que la estación ha sido restaurada y sigue encerrada en el drywall que narra con pintura morada la historia de una violación de la que aún no se conocen responsables. Los jóvenes de la biblioteca han habitado el prado aledaño como su sede. Sembraron plátano y banano, tienen dos huertas y han terminado de pintar el mural posterior del Parque Explora, “los espacios están siendo habitados y construidos todo el tiempo. Así me he pensado este mural, como algo en construcción, como arte abierto para el público”, dice Gangsta cuando mira la historia que pintaron a brocha, cuyo centro es la olla comunitaria.

     

    El 27 de abril el colectivo promotor de la Biblioteca Popular Betsabé Espinal organizó el festival “Al calor de la olla” como conmemoración al estallido social de 2021. Grupos culturales de Moravia y voluntarios subieron al escenario entre bailes, cantos y poesía. Reprodujeron un cortometraje sobre el estallido, se encomendaron a la olla comunitaria, al performance pacifista de Yisus y reflexionaban: “No va a ser necesario que venga ningún Buen Comienzo. Aquí Buen Comienzo hay desde hace más de tres años. Hay mucho espacio en Moravia de acá para arriba”.

     

  • Ebanistería de El Retiro, ¿saber ancestral en alerta roja?

    Por: Laura Gregory Berrio / laura.gregory@upb.edu.co

     

    Un cambio generacional y en la riqueza forestal en la región, están entre los factores que ponen en riesgo la tradición ebanista que ha hecho famosa esta población del Oriente antioqueño cercano.

     

    El municipio de El Retiro, ubicado en el oriente antioqueño a tan solo una hora de la ciudad de Medellín, ha construido a lo largo de los años una reputación única por su tradición artesanal en la elaboración de muebles y objetos de madera. Esta práctica y saber ancestral, transmitida de generación en generación por familias dedicadas a la ebanistería, representa una pieza fundamental en el patrimonio cultural e identidad de la región.

     

    Actualmente existen alrededor de 100 talleres y negocios dedicados a la carpintería y ebanistería en el municipio, que involucran a cerca de 400 familias que dependen directamente de esta actividad.

     

    Esta tradición encuentra sus raíces en la abundancia de bosques y reservas forestales que rodean el municipio como la Reserva Forestal Nare con 4.165 hectáreas (casi el 17% del territorio municipal) y la Reserva Bilógica El Silencio con un área de conservación de 171 hectáreas en las que se pueden encontrar especies de árboles como: el ébano, el roble y el pino.

     

    A pesar de su importancia cultural y económica, la ebanistería en El Retiro atraviesa hoy un momento crítico. El desinterés por aprender y dar continuidad a estos oficios artesanales vinculados a la madera pone en riesgo que esta tradición milenaria se pierda con el tiempo.

     

    << La tecnificación de los talleres es una de las alternativas para fortalecer el oficio de los ebanistas. Foto: Laura Gregory.

     

    Iván Darío Echeverri, líder de la corporación CorreCaminos y también de la región, lamenta este fenómeno y comparte su preocupación por el futuro de este arte tradicional: “Cuando era joven, la ebanistería era una parte fundamental en la vida del pueblo. Todos queríamos aprender a trabajar la madera, pero ahora ellos están más interesados en trabajar en la ciudad o en actividades más modernas y esa falta de interés pone en peligro nuestra tradición”, expresa con nostalgia.

     

    Frente a esta problemática, diversas organizaciones locales han asumido el reto de reposicionar la ebanistería tradicional y motivar a las nuevas generaciones a reapropiarse de sus raíces artesanales. Una de las iniciativas que se están impulsando es permitir que los visitantes y turistas del municipio puedan ir a los talleres de ebanistería para fabricar sus propios implementos y vivir la experiencia artesanal de manera indirecta.

     

    Según Yolanda de Echeverri, ya hay muchas empresas turísticas que los están buscando para llevar a estos grupos de visitantes a los talleres en El Retiro. “Se están pensando planes para que las personas puedan venir y tener un ‘parche’ para el fin de semana fabricando sus propias piezas de madera con la guía de artesanos locales”, señala.

     

    Esta iniciativa busca no solo promover el turismo en la región, sino también generar ingresos adicionales para los ebanistas y difundir el valor cultural de esta tradición artesanal que lleva más de 60 años en la región. Al vivir la experiencia de cerca, se espera que más jóvenes del municipio se sientan atraídos por aprender a dar continuidad a estos oficios.

     

    Sin embargo, en un entorno donde actividades urbanas, la vida fácil y los lujos tecnológicos resultan más atractivos, las nuevas generaciones se alejan de los caminos artesanales que fueron recorridos por sus antepasados. Ese es el verdadero reto que se presenta actualmente y es ¿cómo demostrar que la ebanistería no es solo un arte valioso en términos culturales, sino también una actividad económica viable a largo plazo?

     

    Correcaminos es un proyecto de formación que busca preservar los saberes de la ebanistería tradicional. Foto: Laura Gregory >>

     

     

    La llegada de gigantes empresariales como Ikea o Homecenter a Colombia, planeta una preocupación adicional, ¿cómo pueden los artesanos locales competir en un mercado dominado por la producción en masa y los estándares internacionales? Esta es una pregunta que resuena en las mentes de quienes luchan por preservar la esencia y la autenticidad de la ebanistería en El Retiro.

     

    Además de las iniciativas mencionadas anteriormente, el SENA está desempeñando un papel fundamental en la producción de programas de capacitación y desarrollo dirigidos a jóvenes y adultos interesados en adentrarse en el mundo de la ebanistería.

     

    Estos programas, desarrollados en colaboración con expertos locales y organizaciones del sector, ofrecen oportunidades de aprendizaje práctico y teórico con el objetivo de cultivar nuevas generaciones de artesanos de la madera.

     

    David Castañeda, quien ha liderado diversas iniciativas de fortalecimiento del sector del mueble y la madera, destacó la importancia de los programas de capacitación en colaboración con el SENA y otras entidades. Señaló que estos programas como Pinochitos, en asociación con la corporación CorreCaminos, están dirigidos a niños que comienzan a explorar el mundo de la ebanistería y las herramientas. Estas iniciativas tienen como objetivo preservar la tradición milenaria de este oficio en El Retiro y fomentar el interés de las nuevas generaciones en la artesanía local.

     

    Desarrollar marcas o sellos que posicionen el origen de la artesanía en madera es otra de las estrategias para preservar la ebanistería de El Retiro. Foto: Laura Gregory >>

     

    También, se han establecido alianzas estratégicas con entidades gubernamentales, organizaciones no gubernamentales y empresas del sector privado para brindad apoyo financiero y técnico a algunos talleres y negocios de ebanistería, como lo es la corporación CorreCaminos. Estas colaboraciones incluyen la facilitación de acceso a recursos, mejora de infraestructura, entre otros.

     

    Estas alternativas, combinadas con el esfuerzo y la dedicación de los artesanos locales, están contribuyendo a revitalizar la ebanistería en El Retiro y a asegurar su continuidad con el tiempo. Sin embargo, el camino hacia la preservación de esta valiosa tradición sigue siendo un desafío constante que requiere compromiso y la colaboración de todos los actores involucrados.

  • Por el bulevar de la 70 pasan los desafíos con la recolección de basura en la comuna 11

    Por Miguel Ángel Álvarez Mejía – Brandon Adrián Bustos Oliveros

     

    Lo que pasa con las basuras en la carrera 70 es la muestra de lo que ocurre en otros sectores de la ciudad. Varias recolecciones al día, barrido permanente, desechos que siguen acumulados o esparcidos. Detrás del problema de las basuras en Medellín hay una alta dosis de inconsciencia de algunos ciudadanos.

     

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    La carrera hacia la consolidación de Medellín como atractivo turístico se ha encontrado en últimos años con las molestias e inconformidades que genera el aumento significativo de basuras en algunas de las vías públicas. Según datos reportados a mitad del año 2023 por la gerencia de la operadora pública de aseo Emvarias, “se tienen identificados 2.200 puntos críticos donde se acopian basuras de forma desordenada y sin ningún tipo de control¨.

     

    Varios de esos puntos críticos están en la comuna 11, Laureles, un territorio que combina los usos residencial, turístico y comercial, atractivo para muchos visitantes. Sin embargo, en los últimos meses, tanto algunos residentes como comerciantes han manifestado un aumento significativo en la cantidad de basura que se encuentra en las vías públicas de la reconocida carrera 70 y sus alrededores; sector tradicional de hoteles, restaurantes y establecimientos nocturnos.

     

    Desde la circular primera hasta la calle 48, turistas, habitantes del sector y comerciantes conviven entre montones de basura que se acumulan varias veces al día en casi todas las esquinas de las 13 cuadras que conforman el emblemático bulevar de la carrera 70, muy visitado durante la Feria de las Flores o durante los encuentros futbolísticos de los equipos de la ciudad, específicamente por los aficionados de Atlético Nacional, que han convertido el lugar en su sitio de encuentro antes y después de los juegos en el estadio, a pocas cuadras de allí.

     

    El manejo de basura ha generado conflictos entre habitantes de calle, comerciantes, autoridades locales y empresas de servicio público. Algunos comerciantes afirman que la proliferación de basuras ha venido en aumento debido a que los habitantes en condición de calle se encargan de esparcirla en búsqueda de comida. Ana María Zuleta, cajera y mesera del establecimiento Los Verdes, afirmó: “Es muy incómodo con los habitantes de calle, que están desesperados porque uno saque la basura, para ver qué comen, dejando todo el reguero por ahí”. Por su parte, los comerciantes entrevistados afirmaron hacer parte de una cultura de reciclaje y tener compromiso con la selección de las basuras.

     

     

     

    Sectores diferentes 

    Pese a que los comerciantes de la carrera 70 zona norte manifestaron su inconformidad ante la crítica situación, algunos de la zona sur, por su parte, expresaron un fenómeno que particularmente caracteriza y marca la diferencia de las demás siete cuadras ubicadas entre la calle San Juan y la circular primera. Katherin Guzmán Rojas, directora operativa del G5, grupo empresarial conformado por La Tienda, Chamaca, Canalón, Rebeca y Wembley, afirmó: “Tú caminas desde San Juan hacia el estadio y la situación con las basuras, la prostitución, los vendedores ambulantes es muy diferente en con respecto a esta zona de la 70. Desde mi perspectiva, son los mismos empresarios quienes han permitido el incremento de la presencia de habitantes de calle gracias al mal uso de los residuos. Es un tema organizacional y administrativo de parte de ellos.”

     

    Por otro lado, en contraste con la versión de los comerciantes, los habitantes de calle aseguran que se ven obligados a esparcir la comida debido a la mezcla de residuos orgánicos con reciclables, lo que dificulta el proceso de selección de residuos que puedan seleccionar para alimentarse. “Los dueños de los negocios son egoístas, ¿qué les cuesta separar la comida del resto de la basura? Les falta un poco más de cultura respecto al reciclaje; los pocos comercios que reciclan es porque nos pagan a nosotros para que lo hagamos con sus desechos”, afirmó Juan Camilo Cardona, habitante de la calle desde hace aproximadamente 12 años. Sin embargo, pese a que según algunos habitantes en condición de calle se quejan de la poca cultura de reciclaje que hay por parte de los comerciantes, sacar la basura a destiempo, es una oportunidad para ellos; Juan Camilo aseguró, “que las empresas de recolección no pasen a recoger la basura es beneficioso para nosotros, porque ese es nuestro trabajo”. 

     

    Quienes residen el el sector sufren las consecuencias de las disparidades ente comerciantes y habitantes de calle. A su turno, Luis Fernando Cano, habitante de calle en el sector hace 2 años señaló: El problema es que no todos los habitantes de calle que son delicados y responsables, no tienen la cultura de destapar, seleccionar y volver a cerrar¨.

     

    Quienes tienen la tarea de limpiar las concurridas calles de la zona tienen su propia visión: “La verdad, la situación es crítica, los comerciantes sacan la basura a lo hora que quieren, los indigentes hacen de las suyas y no se aprecia el trabajo que nosotros hacemos, acá nadie recicla, los comerciantes mezclan la basura”, afirmó una operaria de barrido de la empresa Emvarias, quien pidió la reserva de su identidad.

     

    En 2022, la Alcaldía de Medellín ubicó una serie de contenedores para recolectar la basura de manera organizada, pero meses después desaparecieron. La operaria de barrido de Emvarias indicó: “Los contenedores grandes si  estaban, por supuesto; pero los quitaron debido al mal uso”, y desde su perspectiva ante la crítica situación tal cual como ella misma afirma, “la basura no se recicla, por lo que los habitantes de calle incrementan el desorden, yo pienso que la empresa presta el servicio adecuado pero los comerciantes e indigentes son muy desordenados.”

     

     

    Carrera 70 con circular tercera, febrero 21 de 2024

     

     

    Falta un ingrediente

    John Bedoya, actual jefe de operaciones de Emvarias señaló que en 2022 se buscó, a través de la contenerización, reducir el impacto de los residuos presentados en la vía pública. Se ubicaron exactamente 60 contenedores de 1,100 litros en la carrera 70 y avenida 80. En zonas residenciales, muchos usuarios vieron la estrategia como una herramienta de mejora en su entorno; esto ocurre cuando hay apropiación. Sin embargo, el funcionario explicó que, en sectores comerciales, a pesar de las campañas de pedagogía, no se les dio un buen uso.

     

    A pesar de que los vehículos y el personal de Emvarias redoblan esfuerzos para cumplir con las frecuencias de los recorridos y horarios establecidos en las rutas, la falta de conciencia de algunos ciudadanos echa abajo todo esfuerzo por el correcto manejo de los desechos. Bedoya indicó que “el inadecuado manejo de los residuos es el problema más complejo actualmente; esto se refiere al incumplimiento de los horarios establecidos para la recolección de basura en los establecimientos y a la escasa cultura de reciclaje, lo que fomenta el desplazamiento de habitantes de la calle hacia la carrera 70″.

     

    Según algunos comerciantes, los camiones de basura hacen un recorrido cada 4 horas al día. Por otra parte, agentes de la Policía Nacional en la zona afirmaron que solo se realizan dos veces al día. “Emvarias, como prestador de servicio público de aseo, cumple completamente con las 523 rutas semanales a través de sus 1,150 operarios, mediante las rutas de recolección y transporte de residuos sólidos, así como las acciones de limpieza. Todos los sectores de la ciudad tienen, como mínimo, recolección dos veces por semana, pero en la carrera 70, debido a la gran afluencia de personas y su condición de sector comercial, se lleva a cabo tres veces al día, específicamente por la mañana, tarde y noche, con el objetivo de mitigar el impacto del aumento de residuos sólidos”, indicó Bedoya.

     

    El jefe de operaciones de Emvarias aclara que en algunas ocasiones se han adelantado campañas pedagógicas con los comerciantes en colaboración con la Secretaría de Medio Ambiente y Cultura, con el fin de ser garantes y promotores de la educación sobre residuos para los comerciantes. No obstante, señaló que este es “un problema interminable”. Una de las operarias de barrido de Emvarias afirmó que no ha habido cambios en su quehacer cotidiano, en la frecuencia de barrido: “Yo no he notado ningún cambio, los horarios, las rutas y la responsabilidad es la misma”.

     

    En esta zona concurrida de la comuna 11, la presencia de la seguridad pública es notoria. Jorge Gallo, patrullero adscrito al CAI  de La Macarena afirmó: “Uno trata de hacer el control con los comerciantes, pero ellos deben respetar los horarios para sacar la basura y no cuando se les dé la gana, para ello hay un horario establecido de recolección de basura”.

     

    Todos apuntan a algunos comercios

    Residentes, habitantes de calle, autoridades y voces desde el comercio sostienen que el problema radica en la mala gestión de algunos establecimientos comerciales, tanto en la 70 norte como en la 70 sur. Según el artículo 111 del Código de Seguridad y Convivencia, la Policía puede imponer sanciones a quienes hagan una mala gestión de sus residuos. Además de recibir este apoyo, Emvarias adelanta labores de sensibilización y reeducación. Las herramientas existen pero hay consenso en que es necesario redoblar esfuerzos. “Con quienes cometan comportamientos contrarios a la convivencia ciudadana se le toman medidas correctivas, comparendos monetarios o reeducativos emitidos por parte del inspector de policía”,  señaló el patrullero Gallo.

     

    Según el jefe de operaciones John Bedoya, Emvarias recolecta en promedio 1.900 toneladas de residuos al día en el distrito de Medellín. Sin embargo,  no solo han registrado un aumento significativo en los residuos, sino también en la indisciplina de algunos ciudadanos en el manejo de la basura, especialmente en la disposición para la recogida fuera de los horarios. “Es un tema de corresponsabilidad”, señaló el servidor.

     

    ¿Cuándo se hace el barrido de su sector? Averigüe las frecuencias en el aplicativo de Emvarias disponible AQUÍ.

     

    Las voces de los empresarios del sector son diversas; algunos matizan la postura de sus colegas comerciantes: “Yo la verdad no lo veo así tan alarmante, no. Es normal”, afirmó Juan David Roldán, administrador del hotel Villarreal, ubicado sobre la carrera 70 , quien señaló que suele ver a los operarios de Emvarias “por lo menos cada dos días”, a la vez que marca una diferencia clara en el  manejo que se le brinda a los residuos dentro del establecimiento y el posterior tratamiento que puedan recibir una vez están fuera del hotel.

     

    La situación de la famosa carrera 70 evidencia un conflicto que existe en otras zonas de Medellín y sus municipios cercanos. En general, la falta de cultura de separación y reciclaje, también de compromiso con los horarios y frecuencia de los recorridos de recolección son algunos de los desafíos que hay que superar para volver a los años de “la tacita de plata”.

     

     

    Conozca cuándo pasa el camión recolector por su casa, en el mapa interactivo de Emvarias, disponible AQUÍ.

     

     

    “La verdad la situación es crítica; los comerciantes sacan la basura a lo hora que quieren, los indigentes hacen de las suyas y no se aprecia el trabajo que nosotros hacemos”. Operaria de barrido de Emvarias

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • La política y lo político: más allá de las elecciones

     

     

    Géiner Alexis Rojas Vahos , Jose Andrés Ramírez Cañón / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    La política… una palabra que da vueltas por todas partes los días de elecciones, cuando las ciudades están inundadas de publicidad, las calles y las personas se visten de los colores y pareciera que toda la discusión orbita alrededor de ese tema, hasta el hastío, porque tanto ruido hace que la “fiesta de la democracia” no entusiasme.   

     

    No obstante, la política no deja de ser competencia de todos los ciudadanos. Desde Contexto se hizo una revisión con algunos conocedores del tema para saber cuáles son los diferentes significados de esta, abordar la acción política desde otro ángulo distinto al electoral y ver otras formas de lo político presentes en la ciudad. 

     

     

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    Para Miguel Bernal, estudiante de Ciencia Política de la UdeA (Universidad de Antioquia), “la política es la ciencia del poder, estudia las relaciones de poder que hay en la sociedad y cómo se materializan en las instituciones; pero también a nivel interpersonal, cómo pueden aparecer esas relaciones de poder (…), dentro de una de sus definiciones, terminan siendo estamentos o instituciones que aparecen para regular, de cierta manera, los comportamientos y las relaciones entre las personas”.  

     

    Por su parte, María Fernanda Mora, también estudiante de Ciencias Políticas de la UdeA, concluye que la política es “la actividad que ejercería una persona que se dedica a trabajar sobre lo público”.   

     

    Teniendo eso en mente, quizás lo que más desencanta de la política no es la política en sí misma, sino la politiquería que es “la desviación negativa de la política, es decir, cuando ese ejercicio puro y noble, de velar por los demás se termina perturbando y se guía hacia el engaño, el clientelismo y la corrupción”, dice Mora. Para Bernal es “ese juego sucio en el que se sirve de la demagogia, de mentiras, de pasiones y populismos para obtener adeptos en cuanto a las elecciones, la realización de contratos y de leyes, que se ven atravesadas por unas negociaciones en las que se busca un beneficio propio”.  

     

    Entonces parece que lo que se entiende por política en realidad es politiquería. Las personas piensan generalmente que es el acto de votar y –aunque sí lo es– no lo es todo. “Cuando las personas sienten un rechazo hacia la política, lo que están sintiendo es, sobre todo, un rechazo hacia el ejercicio electoral”, dijo Bernal.  

     

    En un escenario como este es entendible la apatía y el agotamiento, pero con las respuestas de las personas entrevistadas se entiende que, este término difícil de aprehender, no se agota en las urnas y hay muchas otras formas de ejercerla. Para Hugo Buitrago, docente de la facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB, “la política tiene que ver con mucho más (…) digamos que el accionar en sociedad tendría que ser per se un accionar político”. Lo que indica que todos, se quiera o no, estamos insertos en este panorama.  

     

    Otras formas de la político, otras expresiones de lo político

     

    Para Mora “lo político puede ser construido por un actor social, desde un movimiento, por un actor particular, a partir de una demanda, o incluso por las mismas personas que ejercen la política”, señala la estudiante.   

     

    “La convivencia implica vivir con el otro, esa sensación de empatía, de otredad, de alteridad(…), son ejercicios políticos que no se dan a partir necesariamente de la proselyte, sino que se dan a partir de la construcción social, de la autogestión, del camino conjunto, de ese reconocimiento, de esos espacios de diálogo que están por fuera de la elección y por fuera de ese entramado político”, afirma el profesor Buitrago.   

     

    Con todas estas ideas de lo político, se retrataron algunas de esas acciones sociales, populares, comunitarias; que se dan en la ciudad de Medellín y que tienen una fuerte apuesta política sin estar inmersos en el panorama electoral: El Derecho a No Obedecer, La Red Feminista Abolicionista de Medellín y la Huerta Guacamaya.

     

    Les invitamos a enterarse del quehacer de cada una de estas organizaciones a través de Contexto. Esperamos que esta sea una puerta de entrada para reunir más apuestas políticas desde lo comunitario, que sea un espacio para darles visibilidad y, porque no, que las personas se sientan interesadas en ser partícipes de las iniciativas.     

     

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  • El lazo solidario que une a las víctimas en la Rama Judicial

     

    Por: Juan José Yath Granados / juan.granadosg@upb.edu.co

     

    La violencia contra la Rama Judicial deja huellas que ya llevan décadas en la memoria de sus trabajadores y familiares. Por eso hay quienes buscan proteger sus derechos y ayudar a mantener la memoria de las victimas y de la violencia que sufre este sector de la población en Antioquia. Parte de esa labor ha sido documentar y exponer las agresiones sufridas.

     

    “Agradecimiento por la motivación, unión y orientación que nos brindaron para plasmar este sueño. su apoyo y confianza fueron claves para concretar y desarrollar este proyecto, dice el mensaje de gratitud escrito en dichos reconocimientos”. Eso dicen las placas entregadas durante el acto “Antioquia: lugar de memoria y resistencia. En busca de la verdad para transformar el dolor en amor”, organizado por el Fondo de Solidaridad con los Jueces Colombianos – Fasol para presentar un reporte que compila las historias de 210 víctimas de violencia contra la Rama Judicial, registradas en un periodo de cuarenta años.

     

    El informe presentado por la corporación FASOL regional Antioquia, busca hacer memoria en torno a los servidores de la Rama Judicial y la Fiscalía General de la Nación que fueron víctimas del conflicto armado, situación que también afecta a sus familias, de un modo irreversible en muchos casos. Bajo esas circunstancias, afrontan los retos de mantener la memoria de su ser querido, a la vez que tratan de seguir con sus vidas.

     

    La violencia en el país a causa de un conflicto que lleva décadas vivo, ataca a distintos sectores de la sociedad. Esta situación no ha excluido a servidores públicos en temas judiciales como jueces y, desde la actual Constitución de 1991, fiscales y miembros del Cuerpo Técnico de Investigación. 

     

    En el caso de Antioquia, varios miembros de FASOL se dieron a la tarea de consultar en bases de datos las denuncias sobre daños contra servidores judiciales. El estudio se centró en buscar los casos ocurridos entre 1979 y 2019, año en que empezó la investigación. Es así como se encontró que en el departamento se registraron 210 personas como víctimas del conflicto armado. En términos de subregiones, 173 fueron del Valle de Aburrá, 8 del Oriente, 6 del Nordeste y Urabá, 4 de Occidente, y 3 del Bajo Cauca, Norte y Suroeste.

     

    Hay 4 casos en los que se desconoce la locación. Los métodos de violencia varían desde el asesinato, el atentado, la amenaza o el secuestro. De igual manera, fueron amplios los victimarios que incluyen al paramilitarismo, la guerrilla, la delincuencia común, el narcotráfico y los agentes estatales. Temas como el balance de casos, así como el cargo que ocupaban los afectados, cambia de acuerdo al período (1979-1991, 1992-2005, 2006-2019).

     

    El nombre completo del informe es también una declaración de su sentido: Antioquia lugar de memoria y resistencia: En busca de la verdad para transformar el dolor en amor. En el documento no solo se halla el esfuerzo que hicieron aquellos que forman parte de FASOL, también se destaca el papel de los familiares de las víctimas, quienes no solo aportaron sus testimonios, sino que se encargaron de la búsqueda por las bases de datos. el documento tiene además un apartado dedicado a narrar las experiencias que sufrieron algunas de las familias que perdieron a un ser querido de la Rama Judicial por el conflicto armado.

     

    La mayoría de los que testificaron fueron madres, esposas o hijas por el arrebato de su esposo, padre o hermano. Varias de las personas participantes no solo son parte de la columna de los proyectos que organiza Fasol, también ayudaron a organizar el encuentro de presentación del informe que fue una intervención pública para contar lo ocurrido, originada en un ejercicio de diálogos en los que se compartieron las diferentes historias.

     

    Comunicar las vivencias busca mostrar cómo esos actos de violencia tuvieron un fin por parte de los responsables. De ese modo se abre un duro camino para elaborar el duelo y hacer justicia: “Cuando lesionan la justicia están violentando la sociedad [….] si [le ocurre] a una institución, que se supone que es fuerte y garante de derechos, ¿la gente que va a pensar [si se lesiona]:  “Si a ellos lo lesiona imagínese a uno”, como me decía mi esposo”. Explica Fabiola Álvarez Meza, cuyo esposo también fue victima de la violencia contra la Rama Judicial.

     

    En un sitio web se compilaron y publicaron entrevistas a los funcionarios y víctimas sobre casos referidos en el texto. En el evento también hubo la lectura de poemas, una presentación musical de violín y la de una escultura hecha por Mauricio Cortés. Estas formas de expresión tenían como eje común el tema de la memoria, la preservación de esta como una forma de resiliencia ante dificultades como las que vivieron las victimas que hicieron este proyecto posible.

     

     

     

    Con una escultura hecha por Mauricio Cortés, las víctimas organizadas en Fasol han querido reivindicar, por medio del arte, a quienes perdieron la vida por hacer su trabajo. Foto: Juan José Yath.

     

    El encuentro fue el 20 de noviembre de 2023, en el Palacio de Justicia, pero también en el Museo Casa de la Memoria, que colaboró en la construcción del informe y el sitio web, se organizó un recorrido de la exposición “Medellín memorias de violencia y resistencia”, que da cuenta de las agresiones contra los servidores del poder judicial, entre ellas las víctimas nombradas en el informe de Fasol.

     

     

    Recorrido por la exposición “Medellín, memorias de violencia y resistencia”. Foto: Fasol.

     

    El Fondo de Solidaridad con los Jueces Colombianos es una organización sin ánimo de lucro que nació por el ambiente de inseguridad y peligro que vivían los trabadores del poder judicial en Colombia. En un principio, la idea era enviar ayudas económicas a las víctimas y sus familias, pero luego extendió sus alcances con el acompañamiento social, psicológico y jurídico. Ocurrió con Luz Aleida Patiño y su hija Ana María, quienes recibieron apoyos para seguir adelante luego de la pérdida del esposo de la primera, un auxilio que nunca recibieron del Gobierno. Patiño en la actualidad coordina la regional en Antioquia de Fasol.

     

    Nelly del Pilar Jaramillo dice que es gracias a Dios que pudo salir ilesa de la amenaza de los carros bomba y otros explosivos durante los años 80 y principios de los 90, cuando era trabajadora de la Fiscalía. Más recientemente, en 2021, una de sus sobrinas sufrió de amenazas y extorsiones por tener relación con Jaramillo, a pesar de que su familiar no era ya servidora de la Fiscalía. Jaramillo contactó de inmediato a Fasol y recibió asistencia y protección para la afectada. Añade Jaramillo que el trabajo del Fondo es soportado por ASONAL judicial (Asociación Nacional de funcionarios y Empleados de la Rama Judicial).

     

    “El apoyo de Fasol es incondicional. Si usted es empleado de Rama, de Fiscalía, de Medicina Legal y tiene una situación en este momento que requiera denuncia porque lo están amenazando, por su trabajo, por lo que sea, se comunica con Fasol, sea aportante o no sea aportante, e inmediatamente lo atienden. Y el aporte a Fasol son cinco mil pesos mensuales, si usted quiere dar más, de más”, explica Jaramillo.

     

    Carlos Andrés Ojeda, director ejecutivo de la Corporación, dijo a Contexto que espera que la entidad gane mayor influencia en otros departamentos del país como Cauca y Norte de Santander, especialmente en la zona del Catatumbo, donde persiste un gran peligro sobre los trabajadores judiciales. El Chocó es otro territorio clave, por el subregistro de casos de violencia. Sin embargo, Ojeda cree que se trata de un reto que no solo debe incluir a Fasol.

    “La misma rama Judicial, Fasol, los sindicatos y las entidades encargadas del Estado deben ponerles un ojo muy particular a estos departamentos sumado, por supuesto, a la situación del Chocó y de Antioquia”, señaló Ojeda.

     

    Antioquia tiene también camino por avanzar. Patiño comentó que en la región siguen desafíos como “seguir retroalimentando esa memoria, seguir visibilizando, acompañando a las personas que no están en la historia y ayudarles”. Es por eso que Fasol continúa en la tarea de promover seguridad entre quienes ejercen sus labores en la Rama Judicial y ayudar a quienes sufrieron por hacer su trabajo; caminos para mantener una memoria que ningún conflicto haga olvidar.

     

     

     

     

  • Los paisajes de la Explotación Sexual Comercial de la niñez

    Por Mariana Pérez Mesa / periodico.contexto@upb.edu.co

    La explotación sexual de niños niñas y adolescentes se nos hizo paisaje, en medio de otros paisajes: el de las medidas aisladas y policivas, el de la evasión de la realidad del trabajo sexual y de las responsabilidades sociales frente a la situación. Este es un recorrido por esos paisajes que los hechos recientes ponen en discusión.

     

     

     

    La prostitución es un oficio legal en medio del cual, sin embargo, se camuflan delitos como el de la explotación sexual, en especial la que afecta a niñas, niños y adolescentes. Foto: Mariana Pérez Mesa.

     

     

    Desde hace varios años, la comuna El Poblado, de la cual hace parte el histórico barrio homónimo de clase alta, está en el foco de la atención pública por la dinámica que le ha dado la oferta de servicios sexuales que hoy ponen este territorio en el lugar más visible de la agenda informativa en el país. De acuerdo con la sentencia T-629 de 2010, en Colombia, la prostitución es legal siempre que sea ejercida por mayores de 18 años. Sin embargo, los debates de los últimos años y el revuelo generado a partir del caso del estadounidense Tomothy Alan Livingston, han puesto en evidencia que entre esas dinámicas asociadas a los servicios sexuales se presenta el delito de la explotación sexual y comercial de niñas, niños y adolescentes (ESCNNA).

     

    Según la Mesa Intersectorial en contra de la ESCNNA en Medellín, espacio independiente en donde se reúnen diferentes organizaciones (públicas y privadas, universidades, entidades oficiales y hasta la Policía de turismo), este fenómeno social se define como:

    “la utilización sexual de las niñas, los niños y adolescentes para la obtención de ganancias sexuales, económicas, sociales o políticas, fruto del aprovechamiento de una posición de vulnerabilidad, desequilibrio de poder o confianza de la niña, niño o adolescente respecto del adulto, abusador o explotador. Es un delito que lleva a la cosificación y mercantilización de las niñas, niños y adolescentes, vulnerándoles sus derechos y afectando su dignidad e integridad”.

     

    La investigación y el trabajo que por años han adelantado las personas y organizaciones que hacen parte de la Mesa Intersectorial contra la ESCNNA revelan que esta actividad ilegal además tiene vínculos con el microtráfico, la instrumentalización de niñas, niños y adolescentes para delinquir, el abuso sexual y la trata de personas.

     

    En sus declaraciones a partir del caso del estadounidense Livingston, el Alcalde de Medellín Federico Gutiérrez, señaló que este fenómeno es es un gran reto no solo para la administración, las organizaciones encargadas de atender a las víctimas, sino también para la sociedad. Esta es una postura que reafirman las organizaciones como las que trabajan desde la Mesa Intersectorial, que destacan este como un hecho que arrebata la dignidad a las niñas, niños y adolescentes de la ciudad, con los consecuentes daños físicos, psicológicos y emocionales que dejan secuelas que pueden durar por muchos años. Al tiempo, las tendencias del aumento desenfrenado del turismo y la vida en los entornos digitales se constituyen en agravantes de la situación que ocupa a Medellín y otras ciudades del país.

     

     

     

    Las cifras de ESCNNA en Medellín, desde hace diez años, van en aumento. Gráfico1. Fuente: Informe Mesa Intersectorial en contra de la ESCNNA análisis de la Explotación Sexual y Comercial de las Niñas, Niños y Adolescentes en Medellín y recomendaciones de Portal datos abiertos Fiscalía General de la Nación, base de datos conteo de víctimas.

     

     

    En 2023 las cifras de víctimas de ESCNNA disminuyen, lo que hace creer que las acciones adelantadas en la ciudad tuvieron un impacto positivo, pero, según el fiscal Carlos Augusto Rendón, las rutas de atención fueron casi nulas, se atendieron muy pocas víctimas y, a su vez, hay inconsistencia en las cifras de cada entidad de atención (Fiscalía, ICBF, Unidad de Niñez, Policía, entre otras), afirmó el funcionario que cada una tiene reportes diferentes en el número de atención a víctimas, lo cual además deja dudas sobre la restitución de derechos a cada víctima.

     

     

     

    Gráfico 2. Fuente: Informe Mesa Intersectorial en contra de la ESCNNA análisis de la Explotación Sexual y Comercial de las Niñas, Niños y Adolescentes en Medellín y recomendaciones “Casos de víctimas de ESCNNA reportadas por las bases de datos consultadas, período 2020-2022″.

     

    Medidas contra un fenómeno mutante

    La lucha frontal contra la ESCNNA fue uno de los primeros anuncios del nuevo gobierno de Medellín, cuyas acciones comenzaron con el Decreto 0082 de 2024 que limita la circulación de menores de 18 años, todos los días, entre las 7:00 de la noche y las 5:00 de la mañana en sectores como Plaza Botero, la comuna 10 Centro, los bulevares de la 33 y la 70, así como el Parque Lleras, que fue objeto de una nueva medida de reducción de horarios para establecimientos nocturnos y prohibición de la oferta de servicios sexuales por un mes.

     

    No obstante, hasta ahora las medidas suscitan numerosas preguntas como por qué restringir los derechos de las víctimas y no del os victimarios o qué ocurre con las otras zonas de Medellín en donde se conocen denuncias de la misma situación y no solo en la noche, pues las plataformas digitales hacen incluso que las personas sean explotadas sin necesidad de exponerse en las calles.

     

    Para Jazmín Santa, miembro del secretariado técnico de la Mesa en contra de la ESCNNA en Medellín y docente investigadora de la Universidad Pontificia Bolivariana, cualquier acción que se haga vale la pena. Señala que, sin embargo, los operativos que se hacen terminan desplazando a las víctimas del sector, pero en el lugar queda el explotador o proxeneta, “no tiene sentido una criminalización de quien ha sido explotado”, señala. Explica que la medida de toque de queda ha hecho que “este fenómeno se movilice a fincas y establecimientos alquilados por medio de AIRBNB en los municipios cercanos como Copacabana, Guatapé y El Peñol”.

     

    Explica la docente que cada administración crea un Plan intersectorial en contra de la ESCNNA en Medellín, con el que se articula el trabajo de Fiscalía, ICBF, Unidad de Niñez, Secretaría de Educación, Personería de Medellín , 123 Social, Área Metropolitana, entre otras entidades. Señala que, sin embargo, este cada vez tiene menos presupuesto y personas conocedoras y apropiadas del asunto. Por ejemplo, a marzo de 2024, cuando ya se habían anunciado las primeras medidas oficiales en la materia, todavía no tenía una cabeza, solo varias personas adelantando acciones en territorio adelantando acciones, sin un líder que sepa y les dirija.

     

    La más reciente notificación

    El pasado 27 de marzo, en las horas de la noche, en un operativo de la Policía Nacional desplegado a partir de una denuncia ciudadana, se encontró a un extranjero con dos menores de edad, en el hotel Gotham, ubicado en El Poblado. El señalado responsable de abuso sexual pudo evadir a las autoridades y salir del país dos días después. Por este y otros detalles, el caso desató un mediático debate con respecto al ESCNNA en Medellín, los turistas y la acción o inacción oficial frente al tema. En medio de esas circunstancias, desde el 1 de abril, el alcalde Federico Gutiérrez anunció el plan piloto en el que por un mes se prohíbe la oferta de servicios sexuales en la comuna El Poblado y se restringen los horarios de establecimientos comerciales desde las 10 hasta la 1 de la mañana en los sectores del parque Lleras, Provenza y la calle 10.

     

    El encierro y el “paisaje”

    Haciendo un recorrido por el barrio El Poblado, en la noche, más específicamente por el parque Lleras, la calle 10 y Provenza, se aprecian los matices que distinguen cada sector, sus contextos y visitantes. En el parque Lleras la prostitución y la ESCNNA se presentan a ojos de todas las personas y a cualquier hora del día. Mujeres evidentemente menores de edad, en diferentes esquinas o locales, solas o acompañadas entre ellas, hablan y cruzan celulares con hombres evidentemente mayores y foráneos.

     

    En Provenza, las dinámicas son diferentes: la seguridad privada y un consumo mínimo por mesa de unos $200.000 establecen un filtro invisible para los visitantes y sofistican la oferta y demanda de servicios sexuales. En contraste, por toda la calle 10 se logra ver a menores de edad conversando con extranjeros, familias indígenas en estado de mendicidad con niños y hasta bebés que juegan con los residuos que salen de los establecimientos.

     

    Sin embargo, desde hace meses estas zonas están cercadas y en cada ingreso hay, en promedio, dos policías para controlar la entrada y la salida de visitantes. Para entrar al parque Lleras, por la calle 25, al ingreso, y a lo largo del trabajo de observación, únicamente se le hizo la solicitud de documentos a las personas extranjeras, tanto hombres como mujeres. Al ingresar se aprecia una población que puede describirse como un lo que sería un 70-30 entre extranjeros y mujeres, muchas evidentemente menores y que portan cédulas falsas, si no fuera por quienes trabajan en los establecimientos y una que otra pareja local.

     

    -¿Por qué hay tantos policías y en las entradas sobre todo?

    – Por seguridad- dice una uniformada.

    – ¿No es por el cuidado de los niños, por la explotación sexual?

    – Si, también por eso. Pero estamos esperando que el Alcalde quite las vallas, ya solo va a tener más seguridad el sector, pero no control de ingreso en las entradas- explica la mujer con uniforme.

    – ¿Que pueden hacer con las familias y más que todo los niños indígenas?

    – Nada. Ellos están con sus mamás, tienen una casa. No podemos llamar a Policía de infancia y adolescencia porque están con sus familias. Mientras no estén en las zonas que están cercadas no se puede hacer nada.

    -¿Y quiénes tienen permitido ingresar?

    -Se deja ingresar ciudadanos colombianos con cédula o tarjeta de identidad a partir de los 16 años. De ahí en adelante, no se deja ingresar.

    – ¿Qué pasa con las niñas y jóvenes que usan documentación falsa?

    – Se llama al comando y no se deja ingresar, para que verifiquen la identificación, ellos no tienen un lector- responde la policía- y agrega- A los extranjeros se les pide el pasaporte y a las personas venezolanas ls identificación y permiso migratorio.

    -¿Y las niñas menores que hay dentro, en este parque? La verdad, vi varias

    -Son malas trabajadoras sexuales que tienen identificaciones falsas, pero uno no puede hacer nada porque vienen con identificación- corta la uniformada.

     

    La conversación ilustra las dudas sobre el verdadero control detrás de medidas como el cerramiento y otras similares. La Mesa Intersectorial en contra de la ESCNNA en Medellín presentó el más reciente informe de análisis de la Explotación Sexual y Comercial de las Niñas, Niños y Adolescentes en Medellín y recomendaciones, durante su primera reunión del año, el jueves 22 de enero en el Paraninfo de la Universidad de Antioquia, con una asistencia de más de 40 instituciones, entre ellas Secretaría de Turismo, Defensoría del pueblo, Secretaría de Inclusión Social, estudiantes de la UPB y la Universidad de Antioquia, el Sindicato de trabajo sexual, la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, Espacios de Mujer, concejales, periodistas, entre otros actores. La mayoría de los asistentes llegaban por primera vez al espacio y expresaban su compromiso con la erradicación de la ESCNNA.

     

    Con el fin de convertir las recomendaciones del citado informe en propuesta para el nuevo Plan de Desarrollo de la ciudad, el 5 de marzo se adelantó una sesión plenaria en el Concejo de Medellín. El paisaje del recinto parecía una ilsutración de lo que pasa en la ciudad con este fenómeno: aunque el 90 % de los concejales registraron su asistencia, miembros del secretariado técnico de la Mesa y tres niñas representantes de la Corporación Convivamos intervinieron sobre la importancia de erradicar la ESCNNA, muchos de los cabildantes y hasta el presidente de la corporación dedicaron más atención a sus celulares, computadores, periódicos o al agua y los tintos.

     

     

    El paisaje de la sesión del 5 de marzo en el Concejo de Medellín. Foto: Mariana Pérez Mesa.

     

    En medio del escándalo, duele Medellín. Sin duda, la tarea no es solo de las autoridades, pero ciertamente los avances empiezan si se reconoce la complejidad del fenómeno, mediante compromisos más claros de quienes tienen no solo la autoridad, sino la esperanza de una generación que crece en medio del paisaje de la explotación abusiva de sus cuerpos.

     

    Líneas para reportar casos de Explotación Sexual y Comercial de Niñas, Niños y Adolescentes:

    ·         122 (Fiscalía)

    ·         141 (ICBF)

    ·         123 (Polícia)

     

  • La Naviera: un navío que surca un mar de cemento

     

    Por Alejandro Zapata Peña / alejandro.zapatap@upb.edu.co

    Con la colaboración de Estefanía Hernández *

     

    En el centro hay un edificio en forma de barco por el que muchos pasan de largo, este navío esconde secretos que ha ido pescando desde sus inicios a mediados del siglo pasado.

     

     

    Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y de miedos,

    aunque el hilo de su discurso sea secreto,

    sus reglas absurdas, sus perspectivas engañosas,

    y toda cosa esconda otra.

     

    Italo Calvino

     

    De pequeño siempre solía hacer fila con mi mamá para coger el bus de Campo Valdés en la calle Palacé. Algunas veces agarrado de la mano de ella y otras, un poco distraído, con ganas de perderme en la multitud errante del centro. Varias veces me quería escapar por ese cruce entre Palacé y la avenida La Playa —que continúa al occidente como la avenida Primero de Mayo—, siempre me ha generado curiosidad. Es una artería del centro de la ciudad, su sangre la componen los carros, buses y peatones agrestes que buscan una amalgama de direcciones. Grupos de turistas bajan hacia la plazuela Nutibara, para desembocar en la Plaza Botero, otros suben para juniniar, mientras que varios vociferan y ofrecen lo mejor en frutas, verduras, buñuelos, chontaduro y hasta lo último en bluyines de bodega.

     

    Después de recordar los primeros años de infancia y de cómo el centro me tragaba por completo con su hollín de bus, el vocifero de las 10 mandarinas por dos mil y la música decembrina del Loco Quintero o Aicardi, me di cuenta que, en medio del movimiento que genera día a día esta ciudad, hay un edificio.

     

    Es un barco que navega en medio del cemento de la ciudad. Un buque que ha surcado el olvido de una ciudad afanada por el comercio; que va de aquí para allá sin que sepa que hay una nave estacionada en el tiempo y que guarda los secretos de la altamar antioqueña que nunca existió. Se trata del edificio La Naviera, o Edificio Antioquia. Ubicado entre la avenida Palacé y la calle Primero de Mayo hoy renace como un buque al que muchos quieren estar a bordo.

     

    Palacé sigue siendo la misma calle en la que de pequeño cogía el bus de mi barrio. El hollín y el barullo de la calle armonizan una de las entradas del edificio, se trata de una puerta de unos 2 a 3 metros bañada en aluminio, robusta y gorda como pocas en la ciudad. Intento tocar con el puño, pero se hace inútil, pues es tan grueso el portón que hace daño a los nudillos.

     

    Hay seis imágenes que llaman la atención antes de tocarla: la primera muestra un hombre con una maleta que se aleja de un barco; la segunda muestra el vapor, el cielo y un barco en un puerto; las dos del medio dibujan un escudo con una cruz y un ancla; mientras que las dos últimas señalan a tripulantes y barcos conviviendo en lo que alguna vez fue la más próspera empresa de navegación marítima antioqueña.

     

    Este par de puertas que están del lado de la carrera Palacé y otro par al costado de la avenida Primero de Mayo le dan antesala a uno de los edificios más emblemáticos de la historia moderna de esa Medellín con delirios de industrialización y megalomanía del comercio. Al anunciarme con el guardia y al permitirme ingresar al edificio me doy cuenta de que hay grandes joyas que pasan desapercibidas por la bulla del centro.

     

    Esta mole de 8 pisos tiene la forma de la proa de un barco que echó ancla en 1949 con su fundación por parte de la Compañía Naviera Colombiana, una entidad antioqueña que agrupó varias empresas de navegación marítima a principios del siglo XX para impulsar el comercio, el turismo y la competitividad de la industria antioqueña.

     

    En Champanes, vapores y remolcadores Historia de la navegación y la ingeniería fluvial colombiana, de Germán Silva, se cuenta que se trataba de una empresa que con 35 buques a vapor ofrecía viajes de Medellín en tren hasta Puerto Berrío y por el río Magdalena hasta Barranquilla y la costa atlántica del país. Además de ofrecer transporte de mercancías y todo tipo de insumos para la industrialización de principios del siglo pasado.

     

    Para Manuela Bonilla, arquitecta de la Universidad Pontificia Bolivariana. “Esta edificación no se puede entender como una obra arquitectónica aislada, sino como parte de un proyecto urbano alrededor de la plazuela Nutibara. Fue un proyecto impulsado por la Sociedad de Mejoras Públicas que contemplaba el cubrimiento total de la quebrada Santa Elena y la construcción de varias obras arquitectónicas importantes alrededor, como el Hotel Nutibara, para consolidar un nuevo centro urbano que aportara la construcción de una ‘moderna Medellín’”.

     

    Edificios como La Naviera, La Bastilla y Fabricato lideraron esa idea de dejar atrás la arquitectura antigua y republicana que representaba muchos de las edificaciones de esa época, ese afán de destruir y construir lo ‘moderno’ fue la razón por la que muchos edificios en el centro tienen formas parecidas.

     

    Pero al poco tiempo, la tan exitosa empresa de navegación quebró por la desaceleración de la industria marítima en el país y el eventual progreso a mediados del siglo XX con la aviación y nuevas formas de transporte. Por lo que La Naviera pasó a llamarse Edificio Antioquia, administrado por la Gobernación desde 1954. Por sus pasillos se instauraron desde oficinas de las Rentas Departamentales, fiscalía, loterías y en la dictadura de Rojas Pinilla fue residencia del gobernador, brigadier General Pioquinto Rengifo.

     

    Hoy doy los primeros pasos en este buque de historia, todo es ovalado aquí, desde las ventanas en forma de claraboyas hasta las habitaciones que generan una atmósfera de estar a bordo de un barco en medio del cemento citadino.

     

    En 2006 el edificio fue declarado bien de interés cultural de Medellín y pasó a las manos en comodato de la Universidad de Antioquia. Es un edificio que a pesar de su abandono está empezando a recobrar vida. Cuatro facultades reciben clases o hacen presencia en el edificio. En 2021 empezó su renovación a cargo de la Agencia para la Gestión del Paisaje el Patrimonio y las Alianzas Público Privadas, esta le lavó la fachada al ‘buque’, limpió y restauró su interior.

     

     

    Un recorrido por La Naviera y su Museo de la vida. Fotos: Alejandro Zapata Peña – Estefanía Hernández.

     

    Un Museo de la Vida

     

    Estoy adentro del ‘barco’, la puerta estaba en mantenimiento por lo que los martillos y la reparación se escuchaba en todo la primera planta, el piso rojizo de granito pulido parece un tesoro dentro del propio barco pues, como lo dijo Reinaldo Spitaletta, escritor y periodista —quien me acompañó a desentrañar las verdades de este bote— “este tipo de granito ya es escaso verlo”. Las claraboyas y las lámparas conservan figuras ovaladas y redondas que confabulan con el ambiente marinero que alberga el edificio.

     

    Me encuentro con Yésika López, gestora cultural de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, es la encargada de mostrarnos el interior del edificio y la perla que guarda por dentro: un Museo de la Vida, un espacio que acoge los albores y desarrollos de la medicina en el departamento y el país. Al principio de la exposición se encuentran imágenes del edificio y su historia, mientras que en el costado derecho hay un espacio en el que un portillo, que asemeja la ventana de un barco, tiene en su interior el buque a vapor Medellín, uno de los navíos que alcanzó a tener la Naviera Colombiana, junto a la ventana hay una veintena de barquitos de papel.

     

    Después de una bienvenida entre fechas y acontecimientos importantes del edificio y la academia, subimos a un mezanine, ascendemos por unas escalas prolongadas que nos dan pie a la cara de Héctor Abad Gómez, aquel doctor y especialista en Salud Pública que por la defensa de los derechos humanos fue asesinado en Medellín.

     

    Su rostro se proyecta en uno de los cuadros que hay en la sala de la Academia de Medicina de Medellín, fundada el 7 de julio de 1887 por un grupo de médicos en la ciudad, presidido por el doctor Manuel Uribe Ángel y quienes en sus consignas velaban por “(…) El fin de formar una sociedad que, a la vez que se ocupara en el adelanto de la ciencia, especialmente en sus aplicaciones al país, sirviera al Gobierno de cuerpo consultivo para las numerosas cuestiones de higiene pública y de salubridad general, que con no poca frecuencia se le ofrecen”.

     

    Subimos al nivel 2 en un ascensor al que se le notan los años, huele a 1949 y al dejarlo sus puertas casi se tragan a Spitaletta, quien disimula con suspicacia a pesar del estruendo que varios escuchamos. Sin embargo, esto no es impedimento para conocer de las otras 4 salas que hay en el museo, una de ellas dedicada a la anatomía del cuerpo humano, con el nombre de El cuerpo en escena, se pueden ver facsímiles que retratan en dibujo las arterias, venas, músculos y esqueleto humano. Su autor fue Paolo Mascagnni, quien, durante 30 años dibujó un cadáver de 1,70 metros.

     

    Durante el recorrido también se pueden ver partes de cuerpos humanos conservados con la técnica de la plastinación; los hace ver parecidos a momias, pero con rasgos aún conservados como venas, labios y una piel lánguida entre blanca y amarillezca. Además, narices, cerebros, pies, uñas y demás rasgos son el llamativo de esta sala.

     

    Sin embargo, en otras habitaciones las sorpresas aparecen en forma de videos y testimonios de médicos que ha tenido la facultad de la Universidad de Antioquia. Además, se puede ver instrumentación quirúrgica —que parece elementos para deshuesar a un robusto animal que piezas de medicina—.

     

    Finalmente, una de las salas argumenta que el VIH pudo haber pasado de un chimpancé africano a un ser humano a finales del siglo XIX, se trata de la Sala VidaGrandes epidemias de la humanidad, dedicada al virus; sus características, datos y cuidados frente a él.

     

    Los pasillos del navío de vez en cuando dejan ver la rosa de los vientos, grabada en algunos puntos, sus ventanas del occidente dejan ver una plaza en movimiento que armoniza con los rayos mañaneros que pegan contra la plazuela Nutibara, los hermanos del ‘buque’, el Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe y el Hotel Nutibara, lo acompañan desde que surcó los primeros años en este mar de cemento.

     

    Entre algunos de quienes han nacido en este siglo y los pequeños que alguna vez caminamos de la mano de nuestras mamás, hay una percepción dañada del Centro, a los que algunos llaman “Peligroso” o “El sopladero de Medellín”… No saben que en varios edificios hay espacios como este museo que acogen y le dan significado a la ciudad. En medio de tanto narcotour bien valen propuestas para darse un “vueltón” por un Museo de la Vida.

     

     

    Video

    Video: Alejandro Zapata – Estefanía Hernández

     

    *Trabajo desarrollado en Semillero de Periodismo Urbano, bajo la orientación del profesor Juan Esteban Mejía Upegui.

  • La Facultad de soñar

    En el Día del periodista se posesionó el nuevo director de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB en Medellín. De la conversación con una de las estudiantes, surge un retrato de este profesor, de su sello y de los sueños que tiene para la comunidad que llega a liderar.

     

    Valentina Cardona Ortiz / valentina.cardonao@upb.edu.co

     

    En una facultad en la cual las historias son el motor que impulsa una vocación -la de contar- es importante destacar aquellas que aportan al crecimiento de una comunidad unida por sus sueños y proyectos profesionales. Una de esas historias es la de Juan David Suárez y sus sueños nos incluyen a los estudiantes y profesores, sus anhelos se sincronizan con nuestra educación y sus metas también orientan el camino que vamos a recorrer. 

     

    Como el nuevo director de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo, Juanda, como lo llaman sus estudiantes, tiene claro que en el contexto de la educación universitaria y en particular en áreas de la Comunicación, ocurren hechos que pueden ser considerados como crisis y que también se pueden considerar transformaciones. Desde el cargo que asumió en diciembre pasado y en el que se posesionó formalmente el 9 de febrero,  busca aportar a través de la confianza y el respeto a un equipo docente, administrativo y estudiantil al que se une como un líder y como un par (Así lo registró el portal institucional de la UPB). Para Juan David Suárez, “el respeto está siempre ligado a la autoridad en el sentido en que es el único medio para legitimarla” y es, según dice, la única forma de crear un vínculo cercano con una comunidad con la que se siente comprometido y a la que agradece su confianza para llevar a cabo tan importante labor. 

     

    Su trayectoria profesional, que abarca la práctica periodística, la docencia y la ejecución de cargos administrativos en el sector educación, fue uno de los mayores alicientes para su elección como director. No obstante, los valores que proyecta y en los cuales cree firmemente, lo ponen hoy en una posición desde la que espera aportar a la formación de los futuros comunicadores sociales y periodistas que saldrán al mundo a “narrar y a contar historias que no se limiten al ejercicio informativo, sino que también contribuyan a la construcción de país”, señala. 

     

    La faceta familiar y profesional dialogan estrechamente en la visión que tiene Juan David Suárez sobre el futuro de la Facultad de comunicación Social – Periodismo. Fotos: Comunicaciones UPB.

     

    Un profesor de la casa 

    La honestidad y la confianza son pilares y guías para este hombre que declara con orgullo su mayor logro: ser el papá de Pablo y de Isabella, en cuyas vidas ha fomentado los mismos valores que le inculcó su padre. Y es que su papel como educador no se centra en las aulas de clase ni tampoco en la oficina de dirección, su pedagogía nace en su propio hogar y es desde allí que surge lo que luego transmite a sus colegas y estudiantes.

     

    Para Juan David, “el hogar es el grado cero de la educación”, lo cual se hace aún más evidente en la calidad humana que impacta la práctica profesional. La academia en sí misma tiene la obligación de aportar a la construcción humana de los estudiantes, pero esto solo se logra si estos tienen las bases y el interés de asimilar tanto los conocimientos técnicos como las competencias blandas y sociales. Es así como el director ve la necesidad de potenciar aún más la dimensión humana, la tolerancia y el trabajo en equipo, lo cual también se busca con el plan de estudios del programa, en el que estos valores son fundamentales. 

     

    Los primeros retos de la nueva dirección 

     

     

     

    Y el momento de la verdad, como él mismo lo llama, está por llegar. El plan de estudios de Comunicación Social – Periodismo ya no es nuevo, pronto tendrá su primera cohorte de graduados, luego de años de cuidadoso desarrollo y una implementación que, bajo el liderazgo de la directora María Victoria Pabón Montealegre, tuvo que hacerle frente además a un contexto inédito: una pandemia, cuyos efectos todavía estamos conociendo. 

     

    << Así fue la inducción del semestre 2024-1, liderada por el director Juan David Suárez Vera. Foto: Contexto.

     

     

    El director señala que pronto se podrá evaluar desde la labor en las empresas y en el diálogo con los estudiantes y egresados, el carácter humano y profesional de los estudiantes del nuevo plan de estudios, que ya están comenzando sus prácticas. La evaluación de la transición del plan 11 al 12 es para el nuevo director una prioridad; su atención está dirigida al éxito de este cambio y está dispuesto a realizar los ajustes que correspondan para la consecución de un pensum que cumpla con todas las demandas del mercado y con las condiciones necesarias para la formación de profesionales integrales y humanos, rasgo fiel a la trayectoria de nuestra Facultad y a su reconocimiento en el país y en el mundo.

     

    El escritorio del director es el retrato de esta y otras prioridades. Allí están los planes de estudio de la carrera y las notas de todas las tareas que marchan con el equipo de profesores, pero está además la firmeza de su mirada al hablar de su visión para la Facultad. En su mirada fija al hablar, con esa voz que también se escucha a veces presentando músicas de todo tipo en la radio de nuestra Universidad (porque también es un melómano), se hace visible la transparencia de sus palabras. Con calidez, cordialidad y sin titubeos, el director habla de que se sueña la internacionalización de nuestra carrera, que quiere trabajar por contribuir al crecimiento de esta a través de la integración de una segunda lengua y de la doble titulación con universidades extranjeras. Son sus sueños en los que estamos nosotros, los comunicadores sociales y periodistas en formación que hoy desafiamos el caos, armados unos de papel y lápiz, otros de una pantalla táctil, pero ninguno sin preguntas.