Categoría: Opinión

  • Monólogos de lo que suele doler

    Alma Flórez / alma.florez@upb.edu.co

     

    “A veces me gustaría no estar tan sola en esta casa, estar con alguien que pueda poner las ollas para las goteras del techo cuando el cielo se rompe, alguien más que cocine, que limpie el cenicero, que haga café…”. Una mirada íntima a eso que es habitarse y sentirse deshabitado; mirarse en el espejo, mirarse por dentro, mirarse estos días. Tres monólogos inspirados en la lectura del libro Voces de Chernóbil de Svetlana Alexiévich.

     

    I

    MONÓLOGO ACERCA DE CÓMO LA SOLEDAD SABE DOLERME
    A veces me gustaría no estar tan sola en esta casa, estar con alguien que pueda poner las ollas para las goteras del techo cuando el cielo se rompe, alguien más que cocine, que limpie el cenicero, que haga café… Y pienso en esto no porque no me guste hacer estas cosas, solo no entiendo, ¿por qué tanta soledad, tanta ausencia? ¿Por qué esto suele dolerme?

    Otras veces suelo ausentarme de mí, despierto, 7:00 a.m., me miro al espejo, no estoy, pregunto, ¿Alma, Alma, Alma…? Me busco, no respondo, solo está ante mi esta figura, pesada, piel morena, cabello crespo, ojos grandes y marrones, pero dónde estoy realmente, a dónde he ido. Llaman a lista en clase, ¿Alma? y yo debo responder, “presente”, porque aparentemente soy yo, soy esa a quien llaman, sin poder decirle al maestro que ella no está, que hoy no quiso despertar, que se quedó en el sueño.

    Que no está, no está… -No estoy-
    Hasta yo misma me ausento.

    Me ausento de la idea de la soledad abrumadora, esa que espanta, que te hace doler los huesos; la piel arde, yo me dopo para no llorar por compañía, me paro de la cama sin despertar, porque a veces en medio de doler, de dolerme, eso que llaman vida, eso que te padezco, vida, debo continuar.

     

    II

    MONÓLOGO ACERCA DE USTED, QUE ME DUELE
    Quiero expresar aquello que me duele con respecto a usted, a usted que me dejó, a usted que está lejos, a usted que no me lee. Me digo que yo no soy escritora, que no sé expresar aquello que quiero, que solo sé dolerme, sé tumbarme en el suelo de esta casa que le espera, donde las paredes le reclaman, aquí hasta las cucharas le echan de menos y me ponen quejas.

    Expresaría si pudiera hacerlo que le odio, que odio sobretodo sus brazos, los odio en las noches que hace tanto frío que quema, odio además sus labios que ahora en medio de la distancia dejan que mi boca se reseque, se agriete.

    Expresar que detesto el día que salió a trabajar y yo pensé que volvería a la hora de la cena, como de costumbre, pero no pasó… No sé dónde dormiste aquella vez, dónde estuviste, me lo pregunté una semana, luego de esa semana supe que era un fin, que esa despedida cuando partías hacia el trabajo no era más que una despedida para siempre, que debía aceptarlo.

    ¡Me confunde esto del amor hacia el otro! Eso de acostumbrarse al tacto, de entenderse con gestos, nunca he comprendido los tipos de apegos.
    ¿Dónde estarás?, ¿con quién?
    Sobretodo con quién…

    Me perjudica, me quejo, me duele, me dueles, le reclamo a usted, a su ausencia. A usted, que me duele.

     

    III

    MONÓLOGO ACERCA DE CÓMO LA DISTANCIA ES PERJUDICIAL PARA EL ALMA

    La distancia es dolorosa sobretodo, cuando en medio de esa distancia está aquello que se extraña. No podemos salir porque estamos en cuarentena, estoy a 304km de distancia en ruta del lugar que suele ser mi hogar.

    Todo se ha transformado, se ha vuelto virtual, mi padre me manda fotos pixeladas de la casa, hacemos videollamadas y todo se ve en mala calidad por la pésima señal de internet, porque el mundo entero está conectado y todo esto por un virus que nos encerró, no encerró de manera virtual.
    -Hay virus afuera y virus informático adentro-

    Siento mucho más la distancia cuando los buenos días están en el chat y en la cocina hay ausencia, nunca había pensado en la distancia como algo malo, siempre fue y estuvo como algo natural, la distancia del cuarto a la sala, la distancia de la casa al trabajo, era normal, natural. Ahora, me pregunto más acerca de la distancia porque está impuesta, porque nos la exigen, no podemos estar a menos de 2 metros de distancia de alguien en el supermercado, en las filas de los cajeros, en todas las filas.

    Entonces el alma siente dolor, siente la ausencia, es algo perjudicial, porque no tiene compañía, ni tacto, todo se ha vuelto impersonal, individual, en solitario, solos, solos… nos dicen que es por nuestra salud y entonces uno se aleja, toma distancia, hace la fila donde debe, saluda con el codo y no con un abrazo o un beso, no sale de la casa, no viaja a su pueblo, olvida a su hogar, permanece en aquella distancia obligatoria, la asume y procura cumplir las normas para no pagar multas, procura no llorar, no volverse loco, no dolerse tanto, además de mantener la distancia.

    Trabajo realizado para el curso Periodismo y literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

  • Kalashnikov, historias del campo atravesado por el conflicto

    Por: Mateo Alexander Salazar Correa / mateo.salazar@upb.edu.co

     

    Esta videocolumna analiza un cortometraje sobre los avatares del conflicto colombiano. Los personajes, los planos, las escenas, la iluminación y muchos otros aspectos toca este análisis que busca interpretar e ir un poco más allá de lo que se ve a la ligera. ¡Alerta spoiler!

     

     

    Realización para el curso Imagen VI, orientado por el profesor Daniel Cortés.

     

     

  • ‘Mujer, no dé papaya, quédese en casa’

    Natalia Mejía, Juan Pablo Mejía, Felipe Hincapié

     

    Esta videocolumna critica los ataques verbales y justificaciones a los agresores cuando una mujer sufre violencia sexual o feminicidio. Repasa casos, conceptos y razones que demuestran de que existan conciencia y rechazo frente a toda forma de violencia contra las mujeres.

     

    Realización para el curso Periodismo VI, orientado por la profesora Ana Cristina Aristizábal

     

     

     

     

  • ¿Quién podrá defender a EPM?

     

    Por: Sebastián Carvajal Bolívar / sebastian.carvajalb@upb.edu.co

     

     

    Empresas Públicas de Medellín es la “joya de la corona” de los Antioqueños. Con 65 años de historia, es la empresa más importante de la ciudad y la tercera más grande del país por ingresos operacionales durante 2019, según el ranquin de la revista Semana.

     

    Todo el conglomerado distribuye el 35% de la energía de Colombia, cifra que se alcanzó con la reciente entrada en operación de Afinia, filial que atenderá cuatro departamentos de la Costa Atlántica, tras la salida de Electricaribe.

     

    Lo más importante es que EPM es una empresa pública y sus dueños son todos los ciudadanos de Medellín. Esto supone importantes ingresos económicos para la administración municipal, que solo para este año recibió en trasferencias 1.3 billones de pesos, el 23 % del presupuesto.

     

    Por esa misma razón está en la agenda de los políticos medellinenses. Gamonales, tradicionales, independientes y alternativos hacen campaña con la empresa y luego, durante su administración, esta cumple un papel importante en la ejecución de propuestas y proyectos claves para la ciudad y la región.

    El conflicto en torno a Hidroituango se mueve entre las figuras que lo protagonizan y las consecuencias de sus decisiones. Ilustración: Jacobo Vélez Ramón.

     

    En los últimos años, la compañía ha estado en el ojo del huracán, no solo en Antioquia sino en todo el país, por cuenta de los inconvenientes en la construcción del proyecto hidroeléctrico de Ituango.

     

    En 2018, un derrumbe en unos de los túneles de desviación de agua generó una crisis que no solo puso en riesgo la estabilidad de las obras y la sostenibilidad de la empresa, sino que alertó a las comunidades aguas abajo ante un eventual derrumbe.

     

    Aunque finalmente no hubo tragedia y las decisiones tomadas por la empresa evitaron una catástrofe aún mayor, la obra sufrió importantes retrasos y un sobrecosto que hoy no se termina de cuantificar. Ahora el debate es por quién va a responder por los daños.

     

    En la ciudad, al igual que en muchos otros lugares del mundo, parece que solo hay dos caminos posibles y antagónicos para solucionar los problemas derivados de la crisis que ya ajusta dos años y medio: quienes defienden los intereses de EPM y quienes no.

     

    Toda una narrativa política que se capitalizó durante las elecciones regionales de 2019 y se consolidó en los últimos meses cuando el alcalde de Medellín, Daniel Quintero, y el gerente general de EPM, Álvaro Guillermo Rendón, anunciaron un proceso de conciliación contra los contratistas de Hidroituango por 9.9 billones de pesos, acción que no fue aprobada por la junta directiva y que ocasionó su renuncia.

     

    En los días posteriores, personas cercanas al alcalde sugirieron que la junta estaba coaptada por el GEA y su accionar respondía a los intereses de sus empresas y los contratistas de la hidroeléctrica.

    Declaraciones que han sido desmentidas por los mismos miembros de esa junta directiva. Solo uno de los integrantes, Luis Fernando Álvarez, tendría un conflicto de intereses por su asesoramiento jurídico a integral, tal como lo ha indicado una investigación de Contexto y De la Urbe.

     

    Seguramente hay argumentos destacables de parte y parte que pudieran dialogar entre sí para buscar una solución integral a la crisis. En últimas, el objetivo es salvaguardar el patrimonio público de los medellinenses, pero el debate se ha reducido a la simplicidad de quienes están a favor y en contra.

     

    Hasta este punto pareciera que el deseo de tener la razón primara sobre el interés de proteger los intereses de EPM por parte de Quintero y de otros actores políticos como el propio exalcalde Federico Gutiérrez, quien también tiene que responder por las decisiones que se tomaron durante su administración.

     

    Una cosa es que lo que se manifiesta en los medios de comunicación y en las esferas políticas de la ciudad, y otra muy distinta es la realidad al interior de la compañía, que por lo general se ha caracterizado por un buen manejo administrativo, técnico y legal.

     

    En ese sentido, el horizonte empresarial de EPM debería estar trazado por decisiones tecnocráticas y no políticas que le garanticen la sostenibilidad en el tiempo y salvaguarden sus intereses económicos, jurídicos y reputacionales.

     

    Las discusiones sobre EPM no se pueden ceñir exclusivamente a los requerimientos del alcalde de turno. Sus determinaciones deben emerger de una correcta administración empresarial que sea respaldada por la ciudad a través de veedurías, organismos de control y el propio Concejo Municipal. Ante ese panorama de incertidumbre… ¿Quiénes podrán defender a EPM de los intereses políticos y económicos?

  • La culpa no es de las redes sociales

    Por: María Alejandra Blanco, Valentina Maldonado, Laura Mejía

    Las redes sociales son positivas. Sin embargo, el reto es enseñarles a los niños a usarlas bien para que los adultos estén enterados de cualquier irregularidad. Una video columna para analizar y que propone actuar.

     

    La culpa no es de las redes sociales

     

    Trabajo del curso Periodismo VI, orientado por la profesora Ana Cristina Aristizábal Uribe.

     

     

     

  • La casa de las dos palmas, la casa de los abuelos

    Juan Manuel Cano / juan.canol@upb.edu.co

     

    “La casa de la infancia, la casa natal (…) un recuerdo nutrido por la imaginación y los sueños”, dice Gaston Bachelard y bajo esa exploración se encuentra este homenaje a la casa de los abuelos; que recorre y se pregunta por esos días y esos tiempos de migración, de inicios, de levantar una vida y una familia… Tantas historias registradas entre tapias, umbrales y parcelas.

     

     

     

     

    La 44-45 de aquella calle empinada en la montaña nororiental del valle guardó consigo cinco generaciones. Les enseñó a caminar, a mamar, a besar y más luego a engendrar a hijos, hijas, nietos y bisnietos. Aguantó lloriqueos, enfermedades y engaños; soportó los gritos agudos de niños correteando por sus vestíbulos. Abrazó no solo a una familia, sino a toda una estirpe.

     

    << Foto: Juan Manuel Cano L.

     

    Mi bisabuelo, que para entonces no lo era, huyó tras la promesa irrestricta de un hombre que amenazó con matarlo debido a un lío de reses y parcelas. Tras de él, abandonaron el pueblo su esposa, su padre y sus hijos. Llegaron a Medellín cargando en sus hombros las escasas pertenencias portables con las que contaban y la incertidumbre de un futuro no prometido.

     

    Suelo imaginarlo —y personificarlo, pues ni siquiera existe de él registro fotográfico— cruzando por primera vez el umbral alto, marrón y ornamentado con espirales de madera, que tantas veces me recibió con agrado. Sonrío mientras imagino a mi abuela y sus hermanos, pequeños y curiosos, descubriendo la que sería su nueva morada. Imagino a la joven pareja sintiéndose vulnerable en una tierra que no conocen, sin dinero y ante la hostilidad de una urbe industrial abriéndose paso.

     

    Aquellos años, evidentemente, no son los de mis recuerdos. Del tiempo en que tengo noción como visitador recurrente de la casa de mi bisabuela, ya todo había pasado. O bueno, casi todo. Aquellas paredes elevadas habían atestiguado el descorche del frasco con veneno que, un lustro después de haber llegado, mi bisabuelo tomó en el patio mientras su esposa e hijos realizaban las compras del mercado, y que lo dejó tendido en una silla sobre el sol inclemente de la una de la tarde. Además de la muerte por viejo del tatarabuelo, que dejó tras de él la tristeza de su cama vacía. Y el entierro de los huesos de Milor, un pastor alemán querido por todos, junto al palo de mango del solar polvoriento.

     

    Mi parte en la Historia corresponde al último rastro de los Uribe Rodríguez en la 44-45 de aquella calle empinada. Años de mi niñez que tienen como banda sonora los bambucos, pasillos y boleros de El cofrecito de los recuerdos de Radio Reloj y que están ambientados con las historias sobre guacas, brujas y duendes de mis tíos abuelos. Años en los que la rinitis pactó con mi nariz y ojos días cargados de mocos, lágrimas y estornudos, ante la complicidad de un techo húmedo que se derrumbaba a pedazos.

     

    De esa casa me queda el recuerdo punzante de mi bisabuela, nonagenaria y medio ciega, que jugaba cartas con el mismo ímpetu que le permitió por décadas criar, amar y educar a ocho hijos, sin mayor apoyo que el de la soledad de su viudez; el canto alegre y repetitivo de la lora que tenían por mascota; y el calor de esa sala en donde festejábamos cumpleaños y navidades. Me emociona la imagen viva que tengo de las dos palmas en el jardín de la entrada, aquellas con las que mi tía fantaseaba señalándolas como la inspiración de Manuel Mejía Vallejo para la creación de su novela costumbrista.

     

    Fue entonces el mío un paso fugaz por aquella casa que pudo acoger a cinco, pero no a seis o siete u ocho generaciones. Ante la partida de la matrona, a escasos meses de cumplir cien años, sus hijos decidieron recibir en partes iguales el cuantioso pago del primer inversionista que se presentó. Viendo —en donde había memoria— tan solo hierro, adobes y cemento.

     

  • Trabajadoras sexuales: sin censo, sin respeto, sin ayudas

    El desamparo del Estado a las trabajadoras sexuales se dio antes y también ahora, en medio de la pandemia por COVID-19.

     

    Videocolumna de Natalia Tapias, Almacamila Flórez y Juan Sebastián Martínez

     

    Trabajadoras sexuales: sin censo. sin respeto, sin ayudas.

    Trabajo realizado para el curso Periodismo VI, orientado por la profesora Ana Cristina Aristizábal Uribe.

     

     

     

  • De un derecho a un privilegio

     

    9.000 estudiantes están en riesgo alto de deserción, indicó Alexandra Agudelo, secretaria de Educación de Medellín.

    Isabela Henao Garrido / isabela.henao@upb.edu.co

     

    La pandemia nos ha envuelto en una nueva realidad, una balanza en la que en uno de sus extremos suma cada día nuevos contagios y muertes a causa de la COVID-19, y en la otra punta se encuentran cada vez menos personas que pueden acceder a la educación.

     

    En un país como Colombia, las clases virtuales dejaron ver la enorme desigualdad que existe entre la población estudiantil, pues la mitad de los habitantes no cuentan con acceso a internet, tal como lo señaló el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones.

     

    “En sectores como El Poblado (zona de estrato económico alto), los estudiantes ya tienen conectividad casi del 100 por ciento, pero en barrios populares la conectividad es muy reducida, en un 60 por ciento”, explicó Albeiro Victoria, presidente de la Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA). Esto ilustra claramente cómo la educación ha pasado de ser un derecho a un privilegio.

     

    La Secretaría de Educación de Medellín estima que 8.241 niños desertaron del colegio durante la pandemia. Por su parte, la Secretaría de Educación de Barranquilla reportó que 5.000 estudiantes dejaron las clases. Estas cifras demuestran el gran camino que a Colombia le falta recorrer, uno donde ni la guerra, la pobreza o la falta de medios digitales se interpongan en la formación de los que son el futuro del País.

    El confinamiento hizo inaplazable la tarea de transformar los modelos y metodologías de la educación.

    Foto: Juliana Duque.

     

    Diana Marcela Gómez, profesora de la Escuela Normal Superior de Amagá, sede Malabrigo, informó que todos los estudiantes de esta zona rural solo disponen de un celular, sin plan de datos y por esta razón recurren a guías de trabajo que se les envían el día lunes y se les reciben los viernes. Este es un claro ejemplo de la falta de conectividad existente en el país. El que un niño pueda acceder a una buena educación no debería depender de la ubicación geográfica o de qué tan ricos son los padres.

     

    Esta brecha de la conectividad no solo afecta a los estudiantes, sino que también se refleja en los educadores. Un análisis del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana, evidencia que, “el 48% de los rectores de colegios públicos del país considera que sus docentes no tienen las habilidades técnicas y pedagógicas necesarias para integrar dispositivos digitales en la enseñanza, en contraste, con el 12% de los rectores de colegios privados que manifiesta lo mismo”.

     

    Si los docentes no están capacitados para brindar una educación de calidad, ello se verá reflejado en unas próximas generaciones con déficits en campos como la escritura, lectura, lógica matemática, el pensamiento crítico, en fin. Es necesario quitarnos la venda que traemos hace mucho tiempo, la cual no nos deja ver la realidad de la educación en Colombia, y así poder construir una pertinente, de calidad y sobre todo equitativa.

    El país cuenta con un gran desafío para volver a esta emergencia sanitaria una oportunidad para reformar los procesos educativos involucrando las tecnologías digitales.

     

     

  • Usted y yo, entre sueños y dudas

     

    Por: Susana Calle Zapata / susana.callez@upb.edu.co

     

    Soñé una gran cantidad de veces que despertaba y el mundo era diferente, que ya no había un virus asesino suelto, un enemigo invisible que nos hace creer en la suerte y en el destino. Uno que hace tiempo dejó de temer y nos puso a temblar a nosotros, los seres creados a imagen y semejanza. Usted no me creería si le dijera que podría jurar que el mundo entero soñó lo mismo que yo, soñó con esa dolorosa ilusión de que todo cambiaría, que el virus desaparecería.

     

    Lastimosamente, a ninguno de nosotros el sueño se nos hizo realidad, al parecer esto solo sucede en los cuentos de hadas, sin embargo, somos tercos por naturaleza y seguimos queriendo habitar en esa utópica fantasía. Pero despertamos, siempre lo hacemos y volvemos a ver cifras de contagios, muertes y recuperados; es aquí cuando ese sueño, esa esperanza sabe a melancolía con dos cucharadas de desilusión, bienvenidos de nuevo a la realidad.

     

    Usted me llamaría “mentirosa” si yo le dijera que a pesar de que el virus nos afecta a todos, que es un problema común que ha sacado a flote nuestras inseguridades, no todos lo vivimos de la misma forma y no hablo de la intensidad ni de la gravedad, sino de la probabilidad. Por favor no me malentienda, no le hablo de fórmulas complicadas que nos agotan, sino de cálculos simples que convierten en cifras a aquellos que en algún momento lucharon por su vida y salieron victoriosos o por el contrario, a los que les faltaron fuerzas o instantes para seguir luchando.

     

    Hace tiempo que usted y yo vivimos en un caos que por alguna extraña razón llamamos monotonía, vivimos en una “rutina” que es todo menos eso pues, aunque no nos demos cuenta, cada vez es más grande la brecha entre unos y otros. Todo a nuestro alrededor cambia, algunas veces para bien otras para mal, pero cambia y nosotros tenemos la valentía de decir que es “una vida aburrida”.

     

    Hoy me gustaría contarle, que según un reciente estudio de la Universidad de los Andes, un ciudadano que vive en estrato 1 tiene 10 veces más posibilidad de ser hospitalizado o fallecer por COVID-19 que alguien que vive en estrato 6 y una persona que vive en estrato 2 tiene el doble de posibilidades de ingresar a una UCI que una persona que vive en estrato 6… es aquí cuando pienso, ¿Dónde están todos esos discursos que nos hacían pensar que el virus era ciego? Que nos da a todos por igual, que no sabe de razas, estratos, etnias, ni religiones, al parecer el virus no es tan justo como pensábamos, tan imparcial.

     

    << En cada negocio en la calle, una historia de humanidad. Foto: Isabel Salazar Ruiz.

     

    Ahora, le suplico que me explique cómo se vende tinto por Zoom, cómo comprar un solo cigarrillo por internet que generalmente viene acompañado de una buena conversación que suele iniciar con “¿Muy movido el día?” o “¡Que es este calor por Dios bendito!”, cómo hago para que en Rappi me salga una empanada de iglesia con ají o papás criollas con salsa rosada, por favor, explíqueme cómo estas personas, que hoy tengo la valentía de llamarlas “Los amigos de todos”, sobreviven a una situación como esta, donde es morir o morir, de hambre o del virus, el mismo efecto pero diferente causa.

     

    Por esto hoy, recuerdo una cita del libro “La pedagogía del virus” de Boaventura de Sousa Santos: “Las recomendaciones de la OMS parecen haber sido diseñadas con una clase media en mente, que es una pequeña fracción de la población mundial.” Y me cuestiono ¿Está el gobierno pensado en las mayorías? Porque ellos, los trabajadores informales, según el DANE, son el 40.4% de la población del área metropolitana de Medellín, entonces por favor dígame ¿Qué clase de pensamientos están en la cabeza de nuestros dirigentes? Ayúdeme a comprenderlos por favor, pues yo ya no entiendo lo que está pasando, al parecer me perdí el momento en el que el mundo empezó a girar al revés y todo parece indicar que usted también.

  • Salud mental: buscar soluciones

    Impresiona cuánto somos capaces de juzgar sin tener en cuenta lo que hay detrás de cada persona. El hecho de no referirnos a temas como la depresión, la ansiedad o el suicidio y todos los trastornos que puede llegar a tener una persona a lo largo de su vida; sabiendo que muchos de ellos los sufrimos a diario, en silencio. Puesto que en esta sociedad nunca estamos solos, siempre estamos conectados, ya sea a través de todas las redes o frecuentados por personas que no nos permiten escucharnos lo suficiente para darnos cuenta de lo que realmente estamos sintiendo, de eso se trata la soledad moderna.

     

    ¿Por qué solo consideramos enfermedades mentales aquellas que inducen al desgaste progresivo?, ejemplo, la epilepsia y el alzhéimer. Vivimos en un mundo donde según las cifras de la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 300 millones de personas están deprimidas, sin contar las que no están diagnosticadas. Muchos son los factores que influyen en la salud mental de una persona: como su entorno, educación y estrato socioeconómico.

     

    Hoy en día muchos no estamos tristes, melancólicos o consentidos, ni mucho menos locos. Estamos ansiosos, llenos de inseguridades y de profundas depresiones. Y el porqué no es la pregunta más adecuada. Si observamos cuidadosamente, podemos darnos cuenta que estamos llenos de gratificaciones instantáneas, que actúan como un sedante ante esta angustiosa realidad. La pregunta es ¿cómo vamos a solucionarlo?

     

    ¿Qué futuro estamos construyendo teniendo que suprimir nuestras emociones para ser normales, hasta el punto de no disfrutar o lo que es peor, decidir terminar con nuestras vidas? Queremos que hasta los robots sientan, pero en cambio, nos negamos esa oportunidad que nos hace más humanos. ¿Qué estamos haciendo? Por qué sentimos otras motivaciones exógenas como factores que decimos buscan nuestra destrucción, cuando ya nos estamos destruyendo a nosotros mismos todos los días, suprimiendo aquellas partes que nos hacen vulnerables, que nos hacen ser humanos. Porque la humanidad se trata de eso, ¿no? El ser, la conciencia; el poder sentir que estamos vivos. ¿Qué pasaría si empezáramos a conversar realmente desde las profundidades de nuestra psiquis, sería este finalmente el mundo soñado?.

     

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    Trabajo realizado en el curso Introducción a la Comunicación, orientado por el profesor Luis Fernando Gómez Velásquez. Publicado en el periódico El Colombiano.