Categoría: Opinión

  • Decisiones

    En la actualidad a un gran número de jóvenes les emociona la idea de alcanzar la mayoría de edad. En Colombia, según la ley de 1977 en su artículo 1, se establece que para todos los efectos legales una persona es considerada mayor de edad a los 18 años y es cuando se supone que ella a lo largo de su formación adquirió una mayor madurez intelectual y física. Es por eso que aumenta la cantidad de responsabilidades que debe asumir como persona y en sociedad, centrándonos más en el sufragio, mediante el cual la persona tiene la posibilidad de acceder libremente al voto en su país y así adquiere un papel más importante en la sociedad.

     

    Según el Dane (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), el porcentaje de la población entre los 18 y 26 años es de un 16 %, aunque al momento de elegir solo 4 de 10 colombianos ubicados en ese rango de edad decide ejercer su derecho al voto. De allí la pregunta: ¿cuántas personas de ese 16 % están dispuestas al cambio al momento de votar? Muchos jóvenes en su mayoría tienen una forma de actuar y pensar muy madura: al momento de elegir se enfocan más en las propuestas de educación, oferta laboral o en las que les favorecen y que pueden ser factibles en su proceso de elaboración. Impresiona lo paradójico que es el hecho de que en la actualidad los jóvenes tienen la posibilidad de informarse y hacerse escuchar como antes no se podía, y que gran parte de esta juventud no decida tomar conscientemente las riendas de su destino y determinar quién trazará su futuro. En algunos casos es porque los jóvenes no confían en las instituciones democráticas o incluso tienen la percepción de que a los gobernantes no les interesan sus opiniones.

     

    No se puede eludir esta problemática. Los jóvenes, desde su primera participación en una elección política, deben tener sus pensamientos claros al depositar la confianza en una persona, aunque gran parte tenga dudas al momento de votar y es por cómo las decisiones políticas afectan a la sociedad y eso interfiera en sus decisiones. Pero esto debe acabar por medio de un cambio colectivo en el cual el futuro de cada colombiano no dependa solo de una persona. Los jóvenes no deben esperar a su mayoría de edad para estar dispuestos al cambio. ¿Por qué esperar para empezar a crear nuestro futuro?.

     

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  • Encuentro

    La mayoría de nuestros días evadimos las situaciones que nos incomodan. Postergamos los deberes, las salidas que nos dan pereza y sobre todo nos abstraemos de nosotros mismos. No me gusta la oscuridad ni el silencio por que son momentos que me permiten estar conmigo. La falta de rutina me ha llevado a preguntarme cuáles son los motivos por los que me levanto de la cama. La ausencia de una agenda y el ruido que la acompaña me han obligado a escuchar todos los pensamientos que quiero callar. Ya no puedo distraerme con el cronograma que era mi día a día, ahora tengo que encararme. El confinamiento me ha llevado a descubrirme, ha puesto a prueba la fragilidad que tiene mi alegría y me ha comprobado que sigo siendo un cuerpo y una mente en guerra.

     

    Video

     

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    Trabajo realizado para el curso Camarografía e iluminación, orientado por el profesor Carlos Sánchez.

     

     

     

  • Diario de un miedo

    Miércoles 25 de marzo 2020

    Hoy fue un día extraño. Es como si el tiempo no pasara, pero a la vez las horas pasan como eternidades y yo no dejo de pensar en si realmente es posible volver a la “normalidad” o si esta es la nueva “normalidad” de mi vida.

     

    Intento respirar, mantenerme en paz, tolerar, pero cada vez el encierro imaginario nos pone a prueba a mi familia y a mí. Hay gritos, peleas, quiero salir corriendo.

     

    Me siento agotada, pero al mismo tiempo no siento el cansancio. Me siento perdida en un laberinto cuya salida conozco, pero es como si no quisiera salir.

     

    Ni siquiera sé cómo me siento, pues todos a mi alrededor anhelan que todo vuelva a ser como antes, pero yo me niego a desperdiciar los días en un anhelar algo cada vez es más lejano.

     

    Todo pasó de repente. No entiendo cómo, ni cuando, ni por qué. Es como una película. Un virus invisible ha sido el único en lograr que las personas dejen descansar a la tierra, por primera vez.

     

    Es la única vez que no haciendo nada se puede salvar a la humanidad. Y yo que pensaba que para salvar al mundo debía tener grandes acciones que dejaran huella. Todo está al revés. Al parecer enloqueciéndome hallaré la razón.

     

     

    Viernes 3 de abril 2020

    Hace días no escribo, me sentía agobiada, como sin fuerzas para enfrentarme a mis pensamientos.

     

    Dejé de anhelar “mi vida de antes” pues esta es mi vida ahora, y no sé hasta cuando vaya a ser mi realidad.

     

    Puede que las cosas nunca cambien… pero sé que no puedo salir de esto siendo igual. Aprovecho el tiempo para analizar que quiero cambiar de mi vida, de mi entorno y me he dado cuenta de que la que debe cambiar soy yo.

     

    Agradezco que mi mayor preocupación del día es estudiar y preguntar “¿qué hay para comer hoy?”, ansiando que no se repitan las recetas. Mientras que otros deben preguntar “¿hoy hay para comer?”.

     

    No es justo que no todos estemos en las mismas circunstancias en esta época tan difícil. No es justo. He ayudado a más de 150 familias a que tengan alimentos en sus casas en estas semanas, pero eso no es nada frente a toda la gente que sufre y la cantidad de pobreza que veo a mi alrededor. Tengo mucha impotencia, mucha, y me niego a quedarme quieta, a callarme. Las palabras se han quedado atascadas en mi garganta.

     

    El planeta descansa y los hombres mueren, sufren y lloran. ¿Todos merecen este castigo?

     

    Sábado 4 de abril 2020

    Hoy recuerdo cuando me ponía el corazón en la nariz para ir al hospital y ya no puedo. Siento impotencia de saber que no puedo visitar a tantos niños que están luchando con sus enfermedades, enjaulados por sus enfermedades. Han vivido el encierro desde hace mucho tiempo. Para ellos no es nueva la monotonía de los días, mientras se agradece la existencia, pues la muerte ronda por los pasillos.

     

    Ahora es mi turno de sentir el encierro de mi alma para fortalecer la esperanza en mi interior, y aprender de los nuevos días. Ahora es mi turno de perderme en mi interior para encontrarme y de permitir que esa nariz de “payaso” continúe salvándome en los momentos en que más lo necesito.

     

    Domingo 12 de abril 2020

    Hace días que no escribo, pues la constancia de los diarios me recuerda el tener que enfrentar la realidad de mis actos, la monotonía de los días, la impotencia del encierro. Ahora mi mente está nublada, cansada, pero al mismo tiempo, libre. Siento como si ahora viviera una nueva vida y los meses pasados se alejan de mí con una rapidez absoluta. Me siento vacía del mundo, pero llena de mí.

     

    Es como si me estuviera conociendo y ya no tengo miedo de pasar el tiempo conmigo, mientras aprendo nuevas cosas no solo del mundo, de mi familia, de la realidad, sino también de mí. Me sorprenden mis actos, por lo bondadosos o llenos de odio que son, dependiendo de la situación. Me sorprenden mis palabras que logran ser tanto sanadoras como rencorosas. Me sorprende la vida que sigue siendo complicada aun dentro de mi habitación de 10 metros cuadrados, donde estoy protegida. Pero sobre todo me sorprende el ser humano, que continúa siendo egoísta a pesar de que ve padecer a los demás a su alrededor.

     

    Martes 14 de abril 2020

    Hoy fue un día tranquilo, como si me hubiera acostumbrado a la monotonía del encierro. Los días pasan, a pesar de todo lo que logro hacer, es como si estuviera en una burbuja deseando conocer lo que hay al otro lado del mundo.

     

    Es como si las plantas crecieran con dificultad, las horas se alargaran y las canciones estuvieran cansadas de tanto ser reproducidas. El ser humano necesita del mundo, pues se ahoga en el silencio de la soledad.

     

    Jueves 16 de abril 2020

    Me siento cansada, abrumada por la vida. Pensé que ya me había acostumbrado al encierro. De nuevo mi debilidad humana me demostró la impotencia que se siente al no manejar la vida, sino esperar a que ésta te de una sorpresa.

     

    Siento que la libertad está detrás de mi ventana, pero me debo limitar a desearla. No solo libertad de salir, sino de la mente, ella se empieza a nublar.

     

    Viernes 17 de abril 2020

    Nunca pensé que podría desconfiar tanto de las personas que me rodean. Siempre intento ver algo bueno en ellas, aunque no las conozca, y trato de que los prejuicios no nublen mi razón.

     

    Pero en esta época es difícil confiar. Y más cuando cualquiera que se acerque puede ser un arma, nuestro enemigo llega sin avisar, es invisible y toma a las personas que más queremos como rehenes.

     

    Ya ni me acuerdo de la última vez que hablé con Óscar, el portero que es como mi tío. En mi casa nos hemos encerrado a convivir entre los que nunca hemos salido. Y como Óscar es el único puente con el mundo, con los domicilios, con las visitas… Mis papás temen cada día que se contagie y tras él todos nosotros. Por lo que no me permiten verlo, ni visitarlo.

     

    He vuelto a crear mi mundo dentro de mi casa, donde las únicas personas que existen son mis papás, mis hermanos y Nubia, que no alcanzó a volver a su pueblo. No sé cuánto tiempo tengamos que vivir esto, solo sé que el ser humano es capaz de acostumbrarse a todo, por bueno o malo que sea.

     

    Sábado 18 de abril 2020

    Creo que estoy aprendiendo a vivir con lo que soy y con lo que son las personas que me rodean. En lo último que pensamos es en arreglarnos, en salir, en comprar… Si salimos iguales después de esta experiencia creo que desaprovechamos una gran enseñanza. No nos define lo que tenemos sino lo que somos, lo que hacemos por los demás, lo que reflejamos. Quiero ser diferente. Tengo que cambiar, tenemos que cambiar, el mundo tiene que cambiar.

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y Literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Medellín y el futuro de sus vías

    Para nadie es un secreto que vivimos en una ciudad con alto índice vehicular. Cada día las calles están más congestionadas. No es solo por la cantidad de vehículos que en ella circulan, sino también por la infraestructura vial.

     

    Según estadísticas, en el RUNT (Registro Único Nacional de Tránsito) se registraron alrededor de 2.2 millones de vehículos en Antioquia, de los cuales 1.3 millones eran motos (59 %), y 777.673 automóviles (34 %). De allí la pregunta: ¿hay suficiente espacio en las calles de Medellín para que transiten tantos vehículos? La respuesta es NO, al igual que muchos comentarios que he apreciado por parte de personas que laboran en este campo, siendo directamente afectados por la situación.

     

    Pero, ¿a qué se debe esto? Los principales argumentos son dos: el primero, que cada año entran miles de vehículos nuevos a la ciudad, según informa el Ministerio de Transporte por medio del RUNT, pero no salen de circulación los que ya han gastado su vida útil, la cual en Colombia es de aproximadamente 30 años. Estos generan más emisiones de dióxido de carbono y, por ende, más daños al ambiente. Lamentablemente el 19 % de buses supera dicho límite de tiempo, según el RUNT.

     

    El segundo argumento, la reducción de las calles como consecuencia de las ciclorrutas; proyecto que es importante y pertinente, pero no fue pensado lo suficiente, ya que esta idea debió construirse poco a poco, analizando la cantidad de vehículos que circulan por las vías, y del mismo modo, la cantidad de ciclistas que pueden hacer uso de estas. Para así determinar si en realidad este proyecto es apto en la zona.

     

    Si volvemos a las cifras, una de las zonas que posee la mayor infraestructura ciclística, como lo es la comuna 11 de Medellín, tan solo alcanza el 2 % del uso planeado según informes de EL COLOMBIANO. Basados en esto, formulémonos esta pregunta: si hoy sufrimos este caos, ¿qué nos espera en los próximos años? Si sigue aumentando la demanda de vehículos, y la presencia de ciclorrutas en vías que en realidad no las necesiten, siendo estas de tamaño desproporcional, aumentará el encogimiento de las calles, en lugar de una ampliación para darle solución al caos vehicular de la ciudad.

     

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    Columna realizada en el curso Introducción a la Comunicación, orientado por el profesor Luis Fernando Gómez Velásquez.

     

     

     

  • Los platos de mamá

    El lunes es parecido al miércoles. El martes al jueves y el viernes a cada uno de los cuatro días anteriores. ¿Sábado y domingo?, sigo pensando que en esos días brilla un poquito más el sol. De resto un poco de lo mismo.

     

    Me levanto a las 7:50 de la mañana, aunque, si me da pereza, apago el despertador y dejo que el azar ponga límite a mi sueño. No todos los días me baño, lo acepto. Voy por un vaso a la cocina, lo lleno de agua y me lo tomo en el balcón. La luz aún me molesta en los ojos y el sonido de unos pocos carros pasando me recuerda que es otro día. Me tomo el agua despacio, como si fuera un vino o un costoso cóctel. En ese rato pienso: ¿qué fue lo que soñé?, ¿por qué soy así?, ¿la tarea es para hoy o es para mañana?, ¿sí le respondí el mensaje a Gabriel?, ¿qué clases tengo hoy? Todo va pasando como un tren de no sé cuántos vagones que no se detiene a saludar. Pero hay una pregunta diferente, hay una que puedo palpar…

     

    Me siento en el escritorio y empiezo a estudiar. Cada tanto mi papá me llama para que lo ayude con “esas cosas tecnológicas”, claro, yo le ayudo. Dos horas, tres horas, cuatro horas, seis, ocho, diez. ¡Carajo! ¿Podrías por favor detenerte por un momento y dejarme ser?, me cuestiono mientras envío ese trabajo que me arrebató todo el día para solo dejarme con algunos fragmentos del día que verdaderamente me pertenecieron. Le envió un mensaje a mi novia diciéndole que estoy bien, que acabé el trabajo, que la extraño -de verdad la extraño-. Me levanto del escritorio, voy a la habitación de mis papás y me tiro en la cama, tratando de dejar el estrés en la mesa del escritorio, pero el muy desgraciado se me pega de la espalda. Luego me siento en el balcón a tomar el aire (ahora que se puede) y pienso, aunque no quiera, pienso… pero no lo que quiero, más bien lo que me toca. Me despido de mis padres y me acuesto en un terremoto de pensamientos que luego se reflejarán en los sueños. Me persigno, pido ayuda y me duermo.

     

    Mi día no se escaparía mucho del dibujo en blanco y negro de un artista que ilustra la portada de un cuento aburrido.

     

    ¿Qué hará hoy mi mamá de almuerzo?

    Esa es la pregunta que faltaba y la que le da color al dibujo, la que permite que el lunes sea lunes y domingo, domingo.

     

    Desde eso de las 10 se empieza a escuchar el ruido de las ollas. ¿Qué hacemos hoy?, a veces me pregunta y con mi silencio, ya sabe que quiero dejarme sorprender porque me gustan sus sorpresas. Hay concentración hasta que el olor llega, ese mismo que anuncia un festín, descanso y reunión.

     

    Un poco pasadas las doce mi mamá empieza desde la cocina a pedir que ponga la mesa y yo corro a hacerlo porque sé que esa es mi humilde ofrenda para hacerme digno de aquello que mis papilas anhelan.

     

    Lunes de frijolitos, martes de lentejas rancheras, miércoles de pasta, jueves de mondongo, viernes de sudado y domingo de… descanso, ese día pedimos domicilio. Cada día hace algo diferente y cada día me gusta.

     

    Nos sentamos los tres en el comedor: papá, mamá e hijo; una copia no tan sagrada de la sagrada familia. Damos gracias por eso que a tantos les falta y me llevo el primer bocado a la boca.

     

    No sé cuál sea la cura del COVID-19, pero al menos la de mi cuarentena me la da mi mamá cuando me sonríe mientras pregunta… ¿Está bueno el almuercito?

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

     

     

     

  • Correspondencia en pandemia

    La libertad desde mi punto de vista no es simplemente el hecho de salir a la calle. La libertad desde el encierro la he experimentado de diferentes maneras, lo que me ha permitido reflexionar y tener el control de mis emociones sin reprimirlas. Ser libre implica vivir y sentir, por eso narraré desde la luz, desde lo positivo y bello que tiene mi día a día en esta cuarentena: dibujar, crear, pintar, meditar, disfrutar de la “soledad”. Esas son formas de libertad.

     

    Click en la imagen para ver el video:

     

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    Trabajo realizado en el curso Camarografía e iluminación, orientado por el profesora Carlos Sánchez Pizarro.

     

     

     

     

     

     

  • Diario de un encierro a prueba de olvidos

    A la mama patria

     

    Te hemos visto gloriosa, manchada y con la guerra besándote las entrañas. Te hemos querido a pesar de tus balas. Perdonamos verte desangrada y violentada. Los perdonaste tú, nos perdonaste tú.

     

    Recuerdo cuando te limpiaste la sangre de los hijos que no diste a luz, cuando con machetazos te partían el alma, cuando los de corbata te robaban en la cara. También te recuerdo hermosa, dibujada en el cielo, en aquellos tiempos cuando te creían santa y tu gente te respetaba.

     

    Tengo miedo de ver por tu ventana y dormir en tu cama porque desde hace años los ladrones te violan en tu propia casa. Todo lo incendian y se lo llevan y tú te quedaste mama-ndo en el país en que nunca pasa nada.

     

    Ilustración de la autora.

     

     

    Banquete

     

    “… Más allá de cualquier zona prohibida

    hay un espejo para nuestra triste transparencia”

    A. Pizarnik

     

     

    La muerte ha entrado en nuestra casa. Llegó despacito, como un viejo amante que ha venido a dejar promesas y regalos. Ha venido con los ojos vendados, porque en esta velada no le ha de importar si eres joven o poeta, prostituta o anciano. Mucho menos se interesa en si vistes fino o llevas los pies descalzos.

     

    La muerte ha entrado en nuestra casa. No le importa si aún hay unos ojos a los que no le hayas dicho te amo. Pasó de largo y se muestra indiferente frente a si la vida no nos ha bastado. Da zancadas cada vez más largas y llega bailando al compás del arrepentimiento de las caricias que nunca jamás quisimos no haber dado.

     

    La muerte ha entrado en nuestra casa. Esta vez ha llegado hasta la sala, y aunque las ropas le importen poco, esta noche ha venido elegante, solo para recordarte que nunca es demasiado tarde cuando es ella quien aplaude.

    Ilustración de la autora.

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y literatura,

    orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

     

     

     

  • Eduquemos para transformar

    Para nadie es un secreto que vivimos en una sociedad con un déficit en el campo educativo, en la que, de 70.000 personas que se presentan a una universidad como la Nacional, solo pasan 3.080, o un déficit de recursos para cubrir las necesidades totales de las instituciones, o de oportunidades para quienes salen del colegio y van a la universidad, pero no están totalmente preparados para afrontarla y muchas veces terminan desertando.

    Si la educación es un derecho fundamental, ¿por qué hay gente que se queda sin educarse porque el costo de la matrícula es impagable?

     

    Educarnos nos obliga a pensar, pensar nos obliga a cuestionar y cuestionar nos obliga a cambiar. Como sociedad necesitamos un cambio, y si la educación es la base para que ese cambio se dé, ¿por qué no luchamos por ella? ¿Será que nuestra primera falencia educativa es la incapacidad de trabajar en equipo? ¿O la razón es que no somos lo suficientemente educados como para unirnos y dejar de hacer sangrar a nuestra propia tierra?

     

    El alcalde Daniel Quintero dice “si transformamos la educación, habremos transformado todo en Medellín” y presentó proyectos para que la misma no sea “un privilegio de pocos sino un derecho de todos”. Él sabe que la educación da criterio, y que tener criterio y mente propia es lo que nos hace falta a los colombianos para dejar de ser las marionetas de una cantidad de personas y al fin ser una sociedad de iguales.

     

    La posibilidad de cambiar nuestra realidad por medio de la educación y ver un lugar en donde las personas sean tratadas con justicia y amabilidad me hace soñar y querer hacer parte del cambio por el que estamos luchando actualmente. ¿Cómo aportará usted en hacer de este un lugar mejor?

     

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    Columna realizada en el curso Introducción a la Comunicación, orientado por el profesor Luis Fernando Gómez Velásquez. Publicada en el periódico El Colombiano.

     

     

     

  • Un trago con el jefe

     

    Imagen de la película Los viajes del viento, dirigida por Ciro Guerra.

     

    Cuando caiga a la tumba por fin seré libre. Te llamaré para hacer una parranda con vallenatos debajo de un palo de mango. Hablaremos tranquilos, sin afanes y sin preocuparnos por usar el celular. Me contarás de tus andanzas con los otros cuerpos, los últimos cinco segundos de sus agonías. Me dirás en quién pensaron, qué sintieron y cómo trascendieron al otro lado. Reflexionaremos sobre lo que hicimos mal y lo que nos faltó por hacer. Compraremos una botella de ron y negociaremos unos minutos más de tiempo. Ese tiempo que solo tú vendes a un precio muy alto, se paga con gotas de sangre. Debatiremos sobre tu sed por el sufrimiento y la desgracia de aquel mundo. Te haré una entrevista sobre cómo seleccionas los virus que utilizaste para matarnos. Me dirás que esa es tu naturaleza, que tienes que regular el mundo; te entenderé. Ya cuando estemos borrachos me reiré en tu cara y seré recordado como aquel que se tomó un trago con la muerte.

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y literatura,

    orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

     

     

     

  • Un día desperté y todo había cambiado

    La naturaleza está más allá de lo que nosotros creamos. Ella, por si sola, tiene los medios para restaurarse y demostrarnos continuamente que no tenemos el control. Esta pandemia fue una de las tantas demostraciones físicas que nos reitera la necesidad del cambio colectivo de conciencia, de volver a los esencial, a la naturaleza, del poder sentirnos, compartir en familia y no vivir en desigualdad. Esto es un llamado a ser conscientes y coherentes en lo que hacemos en nuestro paso por la tierra.

     

    Click en la imagen para ver el video:

     

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    Trabajo realizado en el curso Camarografía e iluminación, orientado por el profesor Carlos Sánchez Pizarro.