Sublime, fino, de pureza impecable, pasional y envolvente es el sonido que reproducen los discos de vinilo o también conocidos como LP. Aquel que tenga un oído para reconocerlo, sabe que no hay dispositivo electrónico que lo pueda reemplazar e igualar. El audio es mágico, cálido e íntimo que, quien lo escuche, no se puede despegar de la melancolía al poner un vinilo a sonar.
Rojos, azules, blancos y negros, sobre todo negros, son los discos de vinilo que tiene Alvaro Amaya. Este hombre es un coleccionista apasionado de los discos. “Tengo discos de salsa, románticos, de vallenato, de los que más tengo es de vallenato. A mí siempre me ha gustado el vallenato, recuerdo que los discos que más compré eran de Diomedes Díaz, Pastor López, Joe Arroyo y Fruco y sus Tesos”, contó Alvaro Amaya, mientras miraba su colección de discos de vinilo de color negro.
Se pueden hacer discos de cualquier color, pero la razón por la cual la mayoría de discos de vinilo son negros es porque están hechos de partículas de carbono que se añaden a la mezcla para reforzar el vinilo. Estas partículas son de color negro, por ello, la gran cantidad de LP que son comercializados en todo el mundo son de esa tonalidad, según explica la Comunicadora Científica americana, Eleanor Spicer en un documental de tv producido por DMAX.
Entre el polvo y humedad están guardados la mayoría de discos de colección de Alvaro. Después de pasar décadas sin poder escuchar sus discos por la llegada del internet y los CDs, el armario marrón derecho de su habitación es el lugar donde los discos permanecen día y noche. Cubiertos por carátulas arrugadas de cartón, por dentro el disco envuelto con plástico para que no le entre polvo, sino podrían dañarse.
“Yo ya casi no escucho los discos de vinilo porque tengo el tocadiscos dañado, sino los escucharía, es una bacaneria como suena, es muy fino y delgado el sonido. Es bonito volver a escuchar esas canciones porque me hace recordar los viejos tiempos”, expresa Alvaro viendo la carátula de un disco de Rocío Durcal, álbum lanzado en 1984 y producido por la casa disquera Sonolux, que hace más de 50 años producen música en Colombia.
La tienda de vinilos donde Álvaro compró los discos que tiene coleccionados son de Disco de Oro, una tienda que en el 2020 sigue vigente. En los años 70 las casas disqueras vendían los LP de los nuevos éxitos de cada agrupación. Su precio oscilaba entre los mil quinientos pesos a 20 mil pesos por unidad. En pleno siglo XXI todavía existen productoras como Discos Fuentes, Sonolux, Codiscos y demás disqueras que venden LP después de parar la producción por la crisis de los vinilos a finales de los ochenta.
Surco Records es una de las tiendas en que se vive el nuevo furor por los discos de vinilo en Medellín.
Foto: Radiónica
Los tocadiscos se silencian
Por décadas los discos de vinilo estuvieron en el olvido. Los avances tecnológicos que aparecen año tras año son causa para que la pasión analógica se silenciara un tiempo. Ya no se podía escuchar el chasquido de la aguja rozando con el vinilo, la magia y experiencia de escuchar un LP desvaneció con los años. Los tocadiscos no daban vuelta tras vuelta propiciando la melancolía que enamoró a muchos.
Alrededor de 1999 cuando se creía que era el fin de los vinilos, los CDs y el DVD los reemplazaron. “En los años 90 el CD desbancó al LP y su uso se amplió a nuevas aplicaciones como el CD Rom y el DVD, luego salió el video disco y este fracasó por grande y costoso, también salió el MP3 su música era muy comprimida y no suena igual”, explicó Mariana Lara, una mujer que expresa felicidad cuando habla de los vinilos, de rasgos asiáticos, propietaria de Vinilos y Café, lugar donde se reúnen fanáticos y coleccionistas de discos en Medellín.
El vinilo llegó para quedarse
El amor por los discos negros y analógicos, los hizo resurgir de las cenizas hace unos años. Es tanto el gusto por ellos que existen lugares como Vinilos y Café, un espacio ubicado en la ciudad de Medellín, donde se reunían diariamente jóvenes y adultos de la tercera edad apasionados por coleccionar y escuchar los discos de vinilo. Es un lugar que nace hace más de 20 años para dar solución a la necesidad que tiene la comunidad de la música, en donde pueden compartir historias y experiencias musicales.
Un olor particular a café, paredes decoradas con discos de vinilo en los que predomina salsa y rock, van desde artistas como John Coltrane hasta las de Queen, también Celia Cruz o Nina Simone, de Frank Sinatra o Beny Moré y un sin fin de grupos musicales. Un sitio acogedor para todos sus visitantes, el sonido que reproducen los tocadiscos es elegante gracias a la pequeña aguja brillante que se choca con los surcos que tienen los discos y que permiten la reproducción de la música.
El panorama de Vinilos y café cambió desde que cerraron todos los establecimientos en la ciudad de Medellín debido al coronavirus el 15 de marzo del 2020. Un lugar lleno de vida, música, olor a café colombiano, amantes a los discos entrando y saliendo con un LP en la mano, risas y cantos suaves de los fanáticos se fueron silenciando con los días. Sin embargo, Mariana Lara, propietaria del lugar, una mujer que desde su juventud es enamorada de los vinilos, de 40 años de edad, estatura promedia y ojos de color café oscuro vende discos de vinilo por internet desde su casa.
En pleno 2020 los discos de vinilo crecen a un nivel superior que los CD, tanto que se puede decir que igualan las ventas como en los años 80 en su apogeo, según lo establece la auditora Deloitte en 2017. Cada vez son más las personas que se interesan por volver a escuchar música en los tocadiscos. Incluso algunos músicos y orquestas prefieren grabar un LP y no un CD, primero porque se vende más fácil y segundo, porque su sonido es mejor y los instrumentos musicales no se pierden.
Los LP aumentan ventas sin parar
Sony Music, una de las compañías que se encarga de producir CD y anteriormente discos de vinilo, vuelve a retomar la fabricación de los LP. Esta disquera maneja el 70% del mercado musical en el país e implementa de nuevo en su mercado los discos de acetato o de vinilo, debido al auge que tuvo en los últimos 13 años. La venta de los vinilos aumentó la tasa entre el 5 y 7% anual, en el 2016 vendió casi 200.000 unidades en este formato, según los datos de la página de la productora Sony Music.
Las fábricas de vinilos vuelven a resurgir del olvido. La venta de discos aumentó un 70% en la ciudad de Medellín, todo gracias a que volvieron a batir récord por el sonido particular del scratch, que siguen siendo las motivaciones para los fanáticos y coleccionistas que todavía escuchan música en los tocadiscos. El vinilo se niega a morir y cada vez resurgirá con más fuerza.
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Trabajo realizado para el curso Periodismo IV, orientado por el profesor Juan Carlos Ceballos Sepúlveda.
Dos testimonios sobre el oficio de habitar la palabra, pasando páginas, revisando historias, recomendando autores…
Por: Paola Cañas
“…Había contraído contigo compromisos imprudentes y la vida se encargó de protestar: te pido perdón, lo más humildemente posible, no por dejarte, sino por haberme quedado tanto tiempo”.
Con aquellas últimas líneas del libro Alexis o el tratado del inútil combate, el librero Wilson Mendoza descubrió que para leer una historia debe dirigirse al punto final y retroceder, solo un poco, hasta los penúltimos renglones porque allí encuentra confesiones que lo impulsan a querer apreciar completamente el relato.
“Me gustan los finales”, nos dijo, mientras con sorpresa abríamos nuestros ojos que querían indagar como detectives por los detalles de la “fracción del paraíso”. Como lo definió el librero Luis Alberto Arango, quien entre risas quiso conversar por un momento con Borges.
“Acuérdate que él se imaginaba el paraíso bajo la forma de una biblioteca”, señaló. Entonces respondí: “¡Borges, estamos de acuerdo!”
Aquella mañana soleada, aún sin esos diálogos en mi memoria, me dirigí cerca de la estación Estadio del metro, específicamente a una entrada delimitada por un rectángulo grande de color rojo oscuro, en el que leí “Librería Grámmata” con letras delgadas como si estuvieran escritas por un lápiz, también gigante, que decidió unir las dos M para que se sostuvieran.
Al lado, casi tocando el balcón del segundo y último piso de la casa que admiraba en silencio, noté la existencia de un barco dibujado, tal vez con el mismo lápiz, contenido en un cuadrado de color madera claro, que acompañaba a las letras: Palinuro, Libros leídos.
No pude detenerme en los detalles, pues fui interrumpida por alguien que corría hacia mí intentando acortar una distancia nombrada hacía seis meses en los noticieros. Karol, una amiga cuyo nombre sonoro me hace recordar el mar, me abrazó con fuerza olvidando miedos y recomendaciones, emocionada por aquella invitación que le había hecho para que descubriera un lugar ubicado tan solo a dos cuadras de su casa.
Asombro, asombro, sentimos al entrar juntas a un espacio rodeado por más de 75 mil libros. Protocolos, protocolos, eso experimentamos cuando la primera persona que vimos nos pidió levantar los pies para que cada zapato fuera rociado por un líquido transparente.
El paisaje que asombró a las cronistas.
Foto: Paola Cañas. >>
Luego de los torpes movimientos que conlleva aquel procedimiento caminamos con una curiosidad que al instante determinó los libros que exploramos por unos segundos, retirándolos suavemente de los estantes de madera, también de tono claro, cuya única diferencia a simple vista se encontraba en los letreros encima de ellos que actuaban como direcciones.
Entre la calle del Ensayo y teoría literaria, cerca de la cuadra de Comunicación y Periodismo y al lado de la carrera Latinoamericana, encontramos un libro sobre el horóscopo chino, cuya pasta azul clara y su dibujo de un pequeño cerdo que parecía feliz me hizo abrirlo. Karol se acercó con dudas y al no encontrar interés en este decidió mirar otro libro grande de color naranja. “Nunca he sabido de dónde son esas rocas”, me dijo mientras lo miraba.
Nos sentamos en un mueble oscuro en el centro de muchos colores rodeadas por el intento de empezar a conversar, acabó pronto por la llegada de Wilson Mendoza, el librero, que, al notar cómo nuestra mirada lo perseguía, recordó su cita y tomó una silla de madera oscura.
Con tono firme me pidió que le explicara mejor sobre lo que indagaría. El librero, interesado por el desarrollo de la entrevista, no le realiza tantas preguntas a las personas que acuden a él de forma cotidiana porque sabe que su oficio se sustenta en el diálogo fluido.
“En las librerías de los centros comerciales no hay tiempo para conversar. En aquellos lugares contratan a vendedores que no evalúan el contenido”,dijo.
Wilson nos contó que en su oficio a veces solo tiene la función de escuchar y haciéndolo se ha dado cuenta de que a las personas les gusta que los libros acompañen sus emociones. “Es que son muy buenos acompañantes”, nos confesó.
A él, por ejemplo, lo han guiado desde hace 28 años, en los que gran parte de estos trabajó en varias bibliotecas hasta que hace poco realizó lo que él define como su proyecto de vida: su propia librería; su propio espacio para conversar.
Ante mi pregunta por la relación que tiene con las personas, me dijo que la función principal de un librero no es ayudarlas, pues aquello se hace de forma inesperada, porque realmente lo que más le gusta es estar entre libros, entre historias. “Un librero es quien recomienda los libros porque ya los conoce, entonces quiere que otros también pasen por ellos”, definió.
Algo confundidas, le preguntamos entonces si había leído todos los libros que nos rodeaban. De forma amable, con un poco de gracia, nos dijo que eso es casi imposible, casi, casi, porque el librero que hace su trabajo con pasión sí debe leer una parte del contenido de todos los textos, como una sinopsis y una breve biografía de cada autor o autora.
Me conmovió comprender que cada día conoce el mundo por medio de un escritor nuevo porque constantemente nacen editoriales, algo que él relaciona como un auge de las librerías independientes en Colombia que surgen por gusto, no solo enfocadas en vender. “La lectura te da un espacio en dónde habitar y es un espacio muy amable”, nos explicó.
En cuanto al lugar físico, al que todos los días acude, este se compone de recuerdos que se conectan con la biblioteca del bloque 22 de la Universidad de Antioquia, el primer sitio donde trabajó. “Yo intenté buscar algo más pequeño para hablar con la gente, pero internamente siempre quise buscar algo que fuera similar a donde inicié a leer”, contó.
Otro aspecto que lo convenció de alquilar aquella casa fue el árbol grande que con hojas brillantes se ubica al frente y parece cuidar lo que él define como su “librería de barrio”.
Considerando esto, se inspiró para crear una cafetería que resguarda a los lectores, incluso a los que no compran nada y le hacen sacar hasta 20 libros de los estantes. Aquello no le hace juzgarlos. Incluso afirma que cosas como esta le han permitido fijarse en los detalles.
“La mejor forma de desarmar a alguien enojado es atenderlo bien. A veces cuando los clientes vienen tristes me doy cuenta de que no buscan un libro, buscan una conversación”. Entonces, hacer un perfil del lector para saber qué libros recomendar es difícil, porque las personas nos componemos de características inusuales, a veces contradictorias. Como las que sustenta Wilson cuando nos contó que a un médico que conoce no le gusta leer sobre medicina y que a un economista le fascina el psicoanálisis.
Entre aquellas elecciones reconoce que su observación le ha permitido saber que existen reglas específicas para comprar un libro, por eso le parece importante entregarlos abiertos. Hay quienes se fijan en el tamaño de las letras, si la edición es especial o si la pasta es dura.
“A veces el último paso para que alguien se lleve un libro es acercar su cara y olerlo. Si no les huele bien, no se lo llevan”, cuenta Wilson. Otras personas se basan en el contenido y leen la primera página. Las más atrevidas, como las interpreté, de forma aleatoria leen una frase y así toman la decisión.
Concentradas en el diálogo le preguntamos qué es lo que tiene en cuenta para comprar un libro y así fue como nos contó que leyendo los finales decide si quiere conocer el porqué de toda la historia. Con este método, descubrió que aquel hombre que pide perdón por haberse quedado tanto tiempo, durante las 69 páginas del relato, se da cuenta de que le atraen los hombres hasta que, finalmente, se lo confiesa a su esposa.
Por estas características tan diversas le parece justo que las personas se trasladen de acuerdo con sus intereses y así ha descubierto la importancia de Palinuro, su vecino.
Así llegamos donde Luis Alberto Arango, quién se encontraba en su oficina en el segundo piso y aceptó hablar con nosotras en su propio mundo de libros leídos imaginado por el artista Elkin Obregón, al que graciosamente y con admiración define como un mago, quien en tono de juego comentaba que quería tener su propia librería de libros viejos, como también se les conocen. “En Europa y Estados Unidos le dicen librerías de viejo. Son anticuarias de libros”. Nos confesó que con ayuda de Sergio Valencia y Héctor Abad Faciolince empezaron este proyecto en el que le tocó aprender mucho.
“Si los libros son una mercancía para ti esto no sirve. Porque no hay un pregrado de librero, no existe ni podrá existir, ¿a quién le enseñan a ser librero?”, pregunta. Entre las historias de aquel inicio recordó que en los estantes se encuentra una fotografía de la revista Cromos publicada en 2005, dos años después de la fundación de la librería.
“Karol, mirá esta foto”. Asombrada, Karol la miró con detenimiento y se rió ante el comentario inusual de Luis Alberto: “Elkin aquí parece Gandalf, el de El señor de los anillos”.
Foto: Paola Cañas.
Mirando los estantes, nos comentó que la librería cuenta con literatura universal de la A a la Z, haciendo un garabato con su mano que no comprendí muy bien, pero que intentaba mostrar el orden en el que se ubican los libros. “Literatura de Colombia, de la A a la Z, ta, ta, ta…”, dijo haciendo el gesto.
Mientras nos explicaba esto yo le apuntaba con mi celular grabando cada frase. Pero hubo algo que no pude captar: el asombro que percibí en sus ojos cuando admiraba los detalles del sitio que todos los días recorre y que le ha dado, según él, los 17 años más gratificantes de su vida.
“Hay una querencia por los libros, por quién llega, por los autores. En nuestro caso particular es amor, porque esto no genera plata”, dijo. Incluso nos confesó que en dos ocasiones estuvieron a punto de quebrar. En la primera, unos amigos cercanos los ayudaron y en la segunda, en 2015, tuvieron que dejar su lugar en el centro, cerca de Bellas Artes y alquilar con Wilson la casa donde se encuentran ahora.
A pesar de esto, nos afirmó que la librería tiene más de 500 amigos, incluso nos dijo que, si nos fijamos en la página de Facebook o Instagram, podemos encontrar que tienen 3.500 seguidores. Con su celular nos mostraba aquel número con emoción mientras Karol tomaba de una mesita cinco portavasos que le llamaron la atención. “Son muchas las cervezas que han puesto encima, ¿oíste?”, le dice.
Entre sonrisas que se nos desprendían por su personalidad cálida le preguntamos el origen del nombre de la librería. Palinuro nos sonaba un poco raro, en cambio para él es un término cercano. Al parecer, tanto Virgilio como Cervantes mencionaron la palabra en sus obras, pero fue el escritor Fernando del Paso quien lo terminó de convencer de proponer el nombre por su libro Palinuro de México, uno de sus favoritos, el cual se encuentra en una de sus repisas firmado por el autor el mismo año que fundaron la librería. “Toda una hazaña”, pensé.
En comparación con el trabajo de Wilson, ante Luis Alberto acuden personas con ideas más claras sobre lo que quieren, pero en ocasiones simplemente le recomiendan autores. Es un acto recíproco, así lo define, porque ambos aprenden.
“Uno ama esto porque estamos contenidos en esos amigos que son las palabras. Hay un texto de Neruda muy bello, que se llama…ese lo deberían conocer ustedes…Que se llama… Juliana, ¿recuerdas el texto de Neruda que trata sobre las palabras?”, le preguntó a su hija que de forma rápida encuentra un video en Youtube.
Al ver aún mi celular apuntándole decide acercarse para que las ideas del escritor queden también grabadas. “Oigan esto, este es Pablo Neruda, el poeta chileno”, dijo.
Mirando a un punto fijo sonreía por las frases que escuchaba. Nosotras, concentradas ,nos miramos con complicidad ante ideas que nunca habíamos considerado.
“¿Y usted ha escrito?2, le pregunté con un poco de confianza luego de escuchar aquel texto.
“Tengo tres libritos publicados. Velos, aquí están”, dijo mientras los sacaba de una estantería.
Realmente sí son libritos, porque tienen un tamaño pequeño. Uno de ellos nos llamó la atención porque tenía un dibujo que su hijo menor hizo cuando tenía cuatro años. “Me pintó”, nos dijo.
“Desorden alfabético”, uno de los “libritos” de Luis Alberto. Foto: Paola Cañas. >>
Aquel libro contiene reflexiones sobre las definiciones de palabras arbitrarias. Una de ellas era librero, cuyo texto es de los más largos. Con libertad me dejó tomarle una fotografía así que luego de leerlo con más calma, encontré en este fragmento una esencia:
“Un librero puede salvar vidas. Un buen libro, recomendado a tiempo, puede ser la tabla del náufrago y la isla del edén de un desesperado”.
La idea de publicar este A-Z, como se les conoce, fue de su hija Juliana, quien en Navidad imprimió algunos textos, los unió en forma de libro y se los dio como regalo. Nos cuenta que lloró al verlo y se animó a sacar más copias.
Tal vez Karol y yo experimentamos la sensación de que pronto terminaría la conversación, incluso estábamos caminando hacia la salida, pero una foto de Leila Guerriero nos detuvo de pronto.
“Es que su escritura me compró”, admitió cuando le indagamos por qué entre libros leídos y fotografías de escritores un poco viejos ella se encontraba allí en su foto a color.
“En 2007 leí un texto sobre ella y me gustó tanto que le escribí a la revista El Malpensante, donde publicaba. No pensé que me contestaría y como al mes recibí un correo: “Querido Luis Alberto, perdón por la demora, pero estaba viajando…” ¡Dizque perdona la demora!”, exclamó emocionado.
Cuando se conocieron en persona, el librero le regaló sus tres libritos. Él también tiene sus textos, todos firmados por la periodista argentina. “Ella goza mucho porque yo le digo: ‘Leila, aquí está tu club de Leilófilos’”.
Dicho club, ante nuestra sorpresa, realmente existe, pues cada 15 días Luis Alberto, sin falta, le comparte a sus amigos las columnas de opinión que ella escribe para El País de España. “Vea, ellas conocen a Leila, ¡eso me alegra más! “, le dice a su hija emocionado.
Creo que los tres nos sorprendimos ante la idea de conocer a la misma Leila. Tal vez nos veíamos distantes a Luis Alberto y sus libros leídos. Pero entre tantos relatos, al verla, nos reconocimos ante una escritura que nos unía sin saberlo y que nos permitió habitar aquella “fracción del paraíso”.
Antes de irnos, el librero nos recomendó varias de las obras que no conocíamos de ella. Finalmente nos preguntó de nuevo nuestros nombres asegurando que podíamos volver cuando quisiéramos.
<< El rincón para Leila Guerriero. Foto: Paola Cañas.
“Ya saben que por aquí estamos los Leilófilos”, dijo levantando la voz para las que íbamos de salida.
Alzar la voz se ha convertido en la lucha constante de las mujeres a través de sus redes. En el trabajo colectivo han encontrado la forma de llegar a nuevos espacios para evidenciar lo que pasa, educar y concientizar a una sociedad que normaliza situaciones que, en definitiva, no son normales. El análisis, los testimonios y los casos, encuéntrelos en el siguiente especial multimedia.
Clic en la imagen para ir al especial:
Trabajo realizado en el curso Periodismo V, orientado por el profesor Gabriel Lotero.
Las clases mediadas por la tecnología se convirtieron en una forma de contener y prevenir el contagio a causa del nuevo coronavirus. No obstante, la educación a distancia es una metodología empleada en Colombia desde 1947 y comenzó para la alfabetización integral de los campesinos colombianos, como señala la Universidad Católica del Norte en su artículo “Evolución de la educación superior a distancia: desafíos y oportunidades para su gestión”. En el momento actual es importante revisar algunos aspectos que permiten visualizar dificultades en la implementación de un modelo educativo virtual de calidad en nuestro país.
Las cifras del Sistema Nacional de Información de Educación Superior (SNIES) indican que la educación virtual pasó de 16.042 alumnos en el año 2012 a 200.742 en el año 2018, cifra que permite pensar que la decisión del Ministerio de Educación Nacional frente al sector educativo fue pertinente. Sin embargo, al revisar la conectividad existente encontramos que en el país una de cada dos personas no tiene acceso a internet, según un informe del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC).
El cambio en la modalidad educativa resalta la importancia de la colaboración entre los padres y el colegio para el proceso de los estudiantes. Foto: Isabela Henao.
En las zonas rurales de Colombia, las cifras de la conectividad se vuelven mucho más alarmantes. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) indica que aproximadamente solo un 26% de los estudiantes en zonas rurales tiene conectividad. Wilfer Ruiz, profesor de la Institución Educativa Belisario Betancur sede El Cedro, en el municipio de Amagá, manifestó no poder tener encuentros sincrónicos con sus estudiantes por la falta de este recurso, siendo WhatsApp el único medio de comunicación que tiene con sus alumnos.
Por su parte, el analfabetismo digital es un fenómeno latente, que puede darse por la falta de acceso a los recursos, pero también por la dificultad de aprender el manejo de las nuevas herramientas. Un análisis del Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana evidenció que en Colombia el 76% de los directivos informaron que el número de dispositivos digitales para la enseñanza existentes es insuficiente. Adicionalmente, que el 23% de los docentes en colegios públicos son mayores de 60 años. Una encuesta realizada por el MinTIC en el 2017 arrojó que el “46% de la población mayor a 55 años manifiesta no usar internet porque no saben cómo usarlo”.
La inequidad entre la población estudiantil es otra falencia de la educación colombiana que se ha hecho notar con mayor fuerza a raíz de la pandemia. “En sectores como El Poblado (zona de estrato económico alto), los estudiantes ya tienen conectividad casi del 100 por ciento, pero en barrios populares la conectividad es muy reducida, en un 60 por ciento”, explicó Albeiro Victoria, presidente de la Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA).
Juan Carlos Ceballos, docente de la facultad de Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Pontificia Bolivariana, señaló que “el término equidad en todos los sentidos es clave, tanto para la educación en general como en el acceso a las tecnologías y manejo de la información. Esta debe establecerse con políticas públicas muy claras que la garanticen”. Adicionalmente, resaltó que en Colombia falta el fortalecimiento de la equidad en todos los aspectos: en la formación de los profesores, en el acceso por parte de los estudiantes a bibliotecas muy bien dotada y a equipos de cómputo.
Son innegables las diversas realidades que han afrontado los estudiantes de nuestro país. Vanesa Úsuga, estudiante de décimo grado de la Institución Educativa Rosario (colegio público del país), mencionó que ha tenido grandes problemas de conexión, además siente que no ha aprendido durante este tiempo, pues fuera de sus limitaciones al acceso de internet, también sus maestros han presentado inconvenientes durante los encuentros sincrónicos y muchos se han limitado a solo enviarles trabajos sin ningún tipo de retroalimentación.
Por otro lado, Carolina Londoño, estudiante de décimo del Colegio María Auxiliadora Norte (Institución Educativa de carácter privado), manifestó que, aunque al principio fue un poco tedioso el proceso de cambio de la presencialidad a la virtualidad, el Colegio supo actuar para optar por metodologías más adecuadas y su rendimiento académico no se ha visto afectado.
Esta inequidad permanente en el País es uno de los factores causantes de la deserción de aproximadamente 8.241 estudiantes durante la pandemia, según estimaciones de la Secretaría de Educación de Medellín. Para afrontar esta situación, tanto la Secretaría como los colegios han tenido que implementar diversas estrategias.
El paisaje de las aulas durante 2020, un signo de las transformaciones de la educación bajo la pandemia. Foto: Isabela Henao >>
Carlos Adiel Henao, rector de la Institución Educativa Escuela Normal Superior de Medellín, indicó que ha sido todo un reto acompañar la deserción que se ha presentado en el primer semestre de Formación Complementaria, pues en este aproximadamente un 35% de los estudiantes ha tomado la decisión de suspender su proceso formativo. Ante esta situación “se ha tenido que pensar en acompañamiento tanto grupal como individualizado, casi que una consejería o un padrinazgo directo con cada uno de los maestros en formación para mostrarles por qué es importante mantenerse en el proceso”.
Sin embargo, la educación virtual no solo ha implicado un gran compromiso de los profesores, directivos y estudiantes, sino que los padres de familia han entrado a jugar un papel fundamental. Saray Acosta, profesora del Colegio Chicos Ingeniosos, -el cual adopta un modelo constructivista, método que permite que los estudiantes construyan su propio saber, hacer y ser- señaló que el rol de los padres es sumamente importante para un correcto desarrollo de las clases virtuales, pues es notorio cuando sus alumnos están en un ambiente acogedor y con acompañamiento constante, debido a que se evidencia en diversas situaciones como lo son el entrar a clases sincrónicas y el cumplimiento con la entrega de trabajos.
Este nuevo reto para las familias a implicado un proceso de adaptación en diversos aspectos. Mónica Gutiérrez, madre de familia de Sarah Sierra, estudiante de quinto de primaria del Colegio Carpinelo, mencionó que “al principio tuvimos que prepararnos buscando ayuda en videos, para poder saber cómo eran los pasos para que Sarah tuviera todas sus clases virtuales. También nos tuvimos que adaptar, desocupando una habitación para tener un estudio donde todos estuviéramos cómodos y en un ambiente tranquilo. Además, nos vimos en la necesidad de comprar un nuevo computador”.
Sin embargo, aunque el padre de familia es esencial para el éxito en la educación virtual, entran a jugar sus propios valores como la honestidad. “El hecho de que el papá sea honesto y no le haga la tarea al hijo también influye. Deben permitir que este piense de manera crítica, pues ello se nota en los resultados”, señala la docente Saray Acosta.
La COVID-19 puso en evidencia la importancia del buen funcionamiento de la triada de la educación (conformada por maestro, alumno y padre de familia), pues esta permite un correcto desarrollo del proceso de enseñanza – aprendizaje. Adicionalmente, se encargó de mostrarnos las enormes brechas existentes en la educación virtual en Colombia, las cuales hay que solucionar con urgencia para poder que esta se le garantice de calidad a toda la población.
Tras 30 años de democracia con una carta política de la dictadura, el país austral eligió la opción del cambio al convocar a una convención constitucional. Al camino, que ya ha sido largo, aún le falta mucho por recorrer. Un análisis de Contexto sobre lo que pasó y lo que vendrá.
Por: Sebastián Carvajal y Juan Manuel Cano
La pandemia por la COVID-19 y seis meses de retraso no fueron impedimento para que casi seis millones de chilenos salieran a las calles a aprobar la redacción de una nueva carta constitucional. El 25 de octubre de este año atípico quedará inscrito en la historia de Chile como el día en que se decidió dejar atrás uno de los últimos vestigios de la dictadura de Augusto Pinochet: la Constitución de 1980.
En total, fueron 7 562 173 personas que con tapabocas y distanciamiento social ejercieron su derecho democrático, de los cuales el 78,2% aprobó el llamado a una convención constitucional. Asimismo, optaron por que sus 155 miembros sean elegidos mediante voto popular, el próximo 11 de abril.
No era la primera vez que Chile enfrentaba un plebiscito histórico. En 1988, en medio del temor que reproducía la dictadura, pero con un incipiente espíritu democrático, la ciudadanía le dijo “No” a un nuevo mandato de Pinochet.
Así se iniciaría un proceso de transición para dar fin a la dictadura militar que gobernó Chile desde 1973 tras el golpe de Estado al entonces presidente Salvador Allende. Un periodo antidemocrático marcado por las sistemáticas violaciones de los derechos humanos y la persecución a quienes se oponían el régimen.
Lo relata Ricardo Lagos, presidente chileno entre 2000 y 2006, en su libro Así lo vivimos: “Vivir en Chile en esa época era vivir en el miedo; no en el terror abyecto, sino en el estrés constante ante el peligro que nos mantiene con los nervios de punta siempre”.
En el centro de Santiago las paredes recogen frases y consignas anti policiales, antigubernamentales.
Foto: Juan Manuel Cano y Juan Pablo Estrada.
El modelo de Pinochet
Salvador Allende fue el primer mandatario socialista elegido democráticamente en América Latina. Llegó al Palacio de La Moneda en 1970 en medio de vientos revolucionarios —y preocupaciones por parte de los estadounidenses— y desde entonces inició una serie de reformas económicas que buscaban cambios estructurales: nacionalizó empresas, aprobó incrementos salariales, impuso el control de precios, entre otras medidas.
Al comienzo, la economía creció rápidamente e incluso pudo satisfacer las demandas sociales del país. Pero para 1973 Chile “afrontaba situaciones de escasez, racionamiento y mercado negro, el crecimiento dio lugar a la recesión y las reservas internacionales apenas alcanzaban para cubrir tres semanas de importaciones”, señala Michael Reid en su libro El continente olvidado.
El país entró en una profunda división social debido al caos económico. El 11 de septiembre de 1973, aviones de la Fuerza Aérea bombardearon el palacio presidencial y la junta militar encabezada por Pinochet tomó el mando, tras el suicidio de Allende en medio de la confrontación. Desde entonces se instauró un gobierno de extrema derecha, autoritario, en un país con una reconocida trayectoria democrática.
Años más tarde, en 1980, se promulgó una nueva Constitución que no fue concertada con la oposición ni mucho menos con el pueblo chileno. Por el contrario, fue redactada por el mismo gobierno y validada por un plebiscito que ni siquiera contó con registro electoral ni campaña por el “No”. Lagos la describió como “una apuesta para solidificar el autoritarismo de la dictadura”.
En efecto, el proceso constituyente se caracterizó por la prohibición de partidos de izquierda, consagró la inamovilidad del comandante en jefe; es decir, que el presidente no lo puede destituir y se instauró el Consejo de Seguridad del Estado.
Tomás Hirsch, actual diputado chileno por el movimiento Acción Humanista describe que esa constitución “Fue hecha a la medida” y señala que en ella se “instauró un modelo económico, político y social que se viene arrastrando hasta el día del hoy y que ha generado un país con una inequidad social brutal”.
Precisamente ese modelo económico fue el que Pinochet implementó a partir de 1975 con los “Chicago Boys”, un grupo de élite que había estudiado los postulados del economista Milton Friedman en Estados Unidos, el primer experimento de libre mercado en el hemisferio.
En los años posteriores se bajaron los impuestos, disminuyeron los aranceles, se recortó el gasto público y se redujeron los puestos de funcionarios del Estado.
Pero el modelo entró en crisis en 1982 cuando el sistema bancario colapsó debido a la desregularización. Entonces el PIB disminuyó un 14,3% y el desempleó alcanzó el 23,7% de la población. Sin embargo, no fue su fin.
Dos años más tarde, Pinochet emprendió con un nuevo equipo de economistas un conjunto de reformas más graduales que le permitieron establecer su programa de libre mercado que perduraría hasta la actualidad.
El “cordón umbilical” a la dictadura
Aunque Pinochet perdió el plebiscito del 88 —una herramienta que ofrecía su Constitución para el cambio democrático—, continuó en el poder hasta marzo de 1990, cuando el nuevo presidente Patricio Aylwin tomó posesión.
Durante ese periodo, la Concertación de Partidos por la Democracia, una coalición de centroizquierda; los partidos de derecha y la Junta Militar pactaron un acuerdo para reformar la Constitución y garantizar la transición democrática.
A pesar de esta reforma y de las elecciones presidenciales de 1989, tanto la Constitución del 80 como el modelo neoliberal no tuvieron grandes transformaciones.
Francisco Estévez, director del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile afirma que la reforma corresponde a un periodo de democracia política, pero “con una economía que sigue siendo neoliberal y, por lo tanto, es una Constitución que generó un tipo de democracia elitista, la cual ocasionó muchas exclusiones”.
Para Estévez, “no hubo fuerzas políticas para que se estableciera una nueva Constitución. Se pensó que al ser reformada era una Constitución que ya no era de la dictadura, lo que es cierto y a la vez seguía siendo una Constitución funcional”.
Con el paso de los años se le añadieron más reformas. Una de las más significativas fue en 2005 durante la administración de Ricardo Lagos, cuando se le hicieron 58 modificaciones y el mandatario reemplazó la firma de Pinochet con la suya.
En términos económicos, Chile continuó destacándose a nivel internacional por su modelo neoliberal que le permitió un crecimiento sostenido durante muchos años. Eso se ha traducido en la reducción de la pobreza que pasó del 29,1% de la población en 2006 al 8,6% en 2017 y en un PIB per cápita muy superior al de la región.
No obstante, la desigualdad social también aumentó. Por ejemplo, según explica un estudio de movilidad social de la OCDE de 2018, se necesitan seis generaciones para que un descendiente de una familia de bajos recursos alcance el ingreso promedio en Chile.
Hirsch describe un conjunto de condiciones que han acrecentado este fenómeno: “La educación pasó a ser un bien de consumo; para acceder a salud había que endeudarse por años; a los pueblos originarios (indígenas) se les siguió arrebatando su territorio, su dignidad y su cultura; las mujeres siguen siendo discriminadas; la diversidad sexual ha tenido luchas enormes para poder avanzar en sus derechos y el agua y otros recursos se privatizaron”.
Para el diputado lo que pasó fue que se acumuló la ilusión del “ya me va a tocar” y así emergió una clase media aspiracional, con altas deudas, alcanzada para llegar a fin de mes, pero con un alto nivel de consumo.
La Constitución de 1980 es uno de los últimos vestigios que queda de la dictadura de Augusto Pinochet.
Foto: Juan Manuel Cano y Juan Pablo Estrada.
Pero más allá de las difíciles condiciones socioeconómicas que enfrentan miles de chilenos, asevera que: “La Constitución actual es el cordón umbilical que nos ata, nos mantiene unidos a la dictadura” y eso, en parte, explica lo que ha ocurrido en el último año.
El estallido social
A principios de octubre de 2019, cientos de jóvenes evadieron masivamente, a modo de protesta por el incremento de 30 pesos en la tarifa del metro de Santiago, el sistema de transporte más importante del país.
De las 136 estaciones que tiene la red ferroviaria, alrededor de 80 presentaron afectaciones producto de las protestas, según informaron medios internacionales. El descontento social fue creciendo a medida que pasaban los días. Para noviembre de ese año, los trabajadores, obreros, maestros, jubilados y demás sectores civiles se sumaron a los requerimientos de los más jóvenes: millones de chilenos salieron a las calles.
El diputado Hirsch considera que “el hecho en sí es puntual y bastante menor, el metro subía de precio todos los años 30 o más pesos y sin embargo no se generaba una respuesta social frente a eso”. Lo que ocurrió en 2019, según él, fue una acumulación de “hastío, enojo, una sensación de abuso” que tenía el pueblo por las condiciones sociales de las últimas décadas.
La consigna de las protestas, para entonces, era: “No se trata de los 30 pesos del metro, sino de los 30 años en democracia con una Constitución de la dictadura”, como se leía en banderines y pasacalles de los manifestantes.
Treinta años, además, de gobiernos, políticas públicas y un modelo económico con el cual la mayoría de las personas no se sentían representadas. “El descontento en Chile no viene del año pasado, ni mucho menos, es algo que venía acumulándose desde hace varios años, incluso décadas”, dice Sebastián Hurtado, abogado y politólogo colombiano, que ha estudiado el caso del país austral. “El pueblo chileno, aunque tuvo un proceso de transición de la dictadura de Pinochet a la democracia, todavía no ha sanado muchas de las cosas que sucedieron durante este periodo”, comentó.
La Plaza Italia, ubicada en el corazón del centro de Santiago y que cuenta con una escultura del General Baquedano, líder de la victoria chilena en la Guerra del Pacífico, se convirtió en el punto de encuentro de los manifestantes.
Las multitudes que allí se congregaron durante semanas —pidiéndole al gobierno un cambio sustancial, a la vez que entonaban al unísono el clásico del rock latino El baile de los que sobran— hizo que el mundo virara sus ojos a lo que ocurría en Chile. Su simbolismo es tal que los manifestantes la renombraron y hoy es conocida como la Plaza Dignidad.
Aunque Santiago fue el epicentro de las protestas, el “despertar” —como muchos llaman a lo ocurrido entre octubre y noviembre de 2019— se expandió rápidamente en todo el territorio nacional. Tanto en Antofagasta, sobre el desierto de Atacama, como en Valdivia, en la Patagonia, era evidente la tensión social.
En las principales ciudades del país, los locales de comercio y las grandes cadenas se atrincheraron con láminas de madera que cubrían sus vitrinas. Sin embargo, sostenían carteles en la fachada del establecimiento aclarando que apoyaban los reclamos sociales. Los muros recogían frases y consignas antipoliciales, antigubernamentales. Las esculturas, como la de Baquedano, se convirtieron en estandartes de banderas erguidas, como la mapuche o la nacional de la estrella solitaria.
Los enfrentamientos entre los manifestantes y los carabineros se hicieron cada vez más cruentos. La Oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, liderada por la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet, documentó, durante el 18 de octubre y el 6 de diciembre de 2019, 28.000 personas detenidas temporalmente, 113 casos específicos de tortura, 24 casos de violencia sexual y 26 víctimas mortales durante las manifestaciones.
“Hace un año habría dicho que [en comparación con la dictadura, en Chile] cambió la situación de derechos humanos, pero ya no puedo decir eso, porque en este último año hemos tenido violaciones sistemáticas”, apunta Hirsch.
<< Alrededor de 200 personas fueron heridas en sus ojos durante las protestas de 2019, según el Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile. Una frase que denota no solo el costoso nivel de vida del país, sino también la fuerza desmedida de los carabineros. Foto: Juan Manuel Cano y Juan Pablo Estrada.
Las protestas, que acumulaban más de cinco meses, se encontraron en marzo de 2020 con un obstáculo: el covid-19. La pandemia obligó al mundo entero a confinarse, y Chile no fue la excepción.
“La tensión social de las manifestaciones en la plaza se ha visto muy reducida este año por el tema del virus”, comenta Sebastián Hurtado. A pesar de que las movilizaciones se detuvieron, para el diputado Tomás Hirsch la pandemia puso en manifiesto la precariedad del modelo: “Evidenció que lo que se estaba planteando era así, era correcto. Es decir, que se vive la pandemia de la salud, pero se experimenta con mucha más fuerza la pandemia social.”
Las protestas de 2019, sumadas a la presión por redes sociales en 2020 y la situación de vulnerabilidad de gran parte de la población, que salió a flote gracia a la pandemia, generaron que las demandas y peticiones encontraran una salida política.
“No necesariamente todos los que participaron en las movilizaciones tenían como idea principal en sus requerimientos tener una nueva Constitución, más bien era una movilización en contra de lo que se consideraban injusticias”, dice Francisco Estévez. “La idea de que eso se asociara a una nueva Constitución fue una idea que se fue imponiendo políticamente. Y al final fue la idea que primó. El estallido social pudo ser canalizado a través de la demanda de una nueva Constitución”, agregó.
Una nueva carta magna que, el 25 de octubre de este año, el pueblo chileno decidió que se debía redactar. Aquella noche el clásico de Los Prisioneros volvió a corearse en la Plaza Dignidad y Chile celebró el comienzo de lo que muchos denominan “el cambio social”.
Lo que viene para Chile
Luego del contundente triunfo del “Apruebo” en el plebiscito, el país austral inició lo que, según Hirsch, será “un proceso largo y complejo”. Para el diputado, existe un problema entre expectativa y realidad: “Hasta que se efective un cambio real en la vida de la gente va a pasar mucho tiempo”.
Tras haber votado por una convención constitucional como la encargada de redactar el texto, el siguiente paso es la elección de los representantes. Para Hurtado, las elecciones “van a significar políticamente un juego de poder”, una disputa por las temáticas y la manera en la que serán abordadas en el nuevo ordenamiento. Estévez, por su parte, también cree que “lo que viene es muy complicado porque hay que ver si la política es capaz de dar cuenta de esta gran demanda”, debido a que, según él, “hay un grave cuestionamiento de los partidos políticos”.
La elección de los integrantes de la convención se convertirá en un hito para Chile y el mundo. Será la primera vez que una Constitución sea redactada por la misma cantidad de hombres y mujeres, además de tener una amplia participación de las comunidades originarias. Hurtado considera que el hecho de que la convención sea paritaria da mayor garantía: “Se podrá asegurar mayor representatividad y un debate más nutrido”.
Una vez esté conformado el órgano constituyente, este tendrá un periodo de nueve meses —prorrogable a tres más— para redactar la nueva carta magna, lo que significa que la pugna será, en esa fase del proceso, por el contenido del texto.
“La nueva Constitución debe formarse en derechos fundamentales, pero, más complejo aún, la nueva Constitución tiene que hacerse cargo de realidades emergentes, socioculturales, que antes no eran tan urgentes, tan evidentes. Por ejemplo, la autonomía de las regiones, los pueblos indígenas, los temas de género, las demandas feministas… hay grandes temas que son inéditos constitucionalmente y que hay que ser abordados en este proceso”, como lo cree Estévez.
En el Campamento por un Chile Digno decenas de personas se congregaron para pedirle al gobierno de Sebastián Piñera el llamado a una convención constitucional. Foto: Juan Manuel Cano y Juan Pablo Estrada.
El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile propone que sean reconocidos dos aspectos como derechos constitucionales: “Primero, la memoria como un derecho humano, en el cual nos reconocemos como ciudadanos y ciudadanas. Segundo, el deber a recordar. Este obliga al Estado y eso implica la atención social: qué es la verdad, qué es la justicia…”, comenta su director.
Tomás Hirsch considera que los principales debates que se deben dar durante la redacción de la Constitución se pueden agrupar en tres grandes temas: la organización del Estado, los derechos garantizados y el modelo económico. Temáticas que ayudarían a solventar los “desequilibrios” que, según él, existen en la Carta Fundamental de 1980.
Finalmente, para que cada una de las leyes y normas sean aprobadas en la nueva Constitución, estas deben de contar con un quorum de dos tercios de la plenaria. Una vez el texto definitivo haya sido redactado, será el pueblo chileno quien lo apruebe o no en un referendo.
Durante los próximos meses América Latina y el mundo tendrán los ojos puestos en el proceso constitucional que inició Chile. El punto de partida de lo que podría convertirse en el capítulo final de los años oscuros de una dictadura que aún tiene heridas abiertas en gran parte de la población, a través de una Constitución que les permitirá a los chilenos estar a la altura de los desafíos del siglo XXI.
El periodismo performático se presenta como una herramienta, hasta ahora de prueba y error, para atravesar las cuestiones que se derivan de la transformación digital que ha cambiado la manera de contar las historias y consumir las noticias. Este trabajo multimedia explica, con voces de sus protagonistas, esa exploración del periodismo que va más allá de los límites de las palabras.
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Escena del performance Micropolítica de la supervivencia gorda. Captura de video de Revista Anfibia.
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Trabajo realizado en el curso Periodismo electrónico, orientado por el profesor Gabriel Lotero
Como en el resto del país, los pequeños negocios son parte clave en la dinámica económica de la capital del Cesar. Tras la cuarentena han hecho frente al desempleo, la baja en la demanda de productos y servicios, así como a los problemas de financiación. Hasta la tradición cultural de la región es un recurso para revitalizar la economía.
Por: Luisa M. Ochoa Medina / luisa.ochoa@upb.edu.co
Con el inicio de la cuarentena obligatoria en Colombia, el 24 de marzo de 2020, los ciudadanos han vivido el impacto económico que ha generado la pandemia con el que, hasta hoy, muchos sectores han continuado con el cierre absoluto o con una disminución en la productividad. Pero la capital mundial de vallenato, Valledupar, ha demostrado creatividad y progresos gracias a la producción agropecuaria, el turismo, el emprendimiento, la innovación, el comercio y la actividad cultural en torno a su música tradicional.
Estadísticas que tienen un papel fundamental son las del desempleo, muchas personas han quedado desempleadas y otras han conseguido recursos monetarios a partir de los emprendimientos. Así lo señala el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas -DANE-, que dijo que para el mes de agosto de 2020, la tasa de desempleo del total nacional fue 16,8%, lo que significó un aumento de 10,8% frente al mismo mes del año anterior.
Además, según la Encuesta de Desempeño Empresarial -EDE- que realizó ACOPI -Asociación Colombiana de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas- en julio de este año, indicó que el 86,2% de estas estructuras no contrató personal durante el segundo trimestre de 2020, mientras que el 12,1% manifestó que generó entre 1 y 5 puestos de trabajo.
Karen Torres es la administradora de un local comercial de accesorios para teléfonos celulares en Valledupar. Ella asegura que desde que comenzó la pandemia, no ha despedido a ninguno de sus tres empleados puesto que, por el excelente desempeño de estos, ha hecho el esfuerzo de pagarles sus salarios a partir de las utilidades que gana.
Negocios como el de Karen Torres dependen mucho de que las finanzas de las personas puedan cubrir gastos más allá de lo esencial. Foto: Cortesía.
La antes mencionada EDE, también reveló que, de 253 empresas encuestadas en el país, solo el 7,3% de estas manifestó haber realizado alguna inversión durante el segundo trimestre de 2020. Por esto, la pandemia ha causado desconfianza en muchos microempresarios para invertir, como Ismael Ropero, tendero en Valledupar, quien afirma que “para invertir hay que tener claro el mercado. Pero al ser un mercado nuevo no se pueden destinar todas las ganancias en el negocio, por lo que he comenzado a invertir con porcentajes entre el 25% y el 50%”.
En materia de financiación de las Mipymes, el Ministerio de Trabajo en su sitio web publicó que, con la Resolución 2121 expedida el 15 de octubre de 2020, se ordenó la transferencia de los recursos provenientes del Fondo de Mitigación de Emergencias -FOME-, en el presupuesto del Ministerio, traducidos en 220 mil subsidios derivados de recursos de parafiscales y 320 mil auxilios con recursos del Gobierno Nacional -en total, 62 mil 933.280 millones de pesos- que ya están entregando las Cajas de Compensación a los beneficiarios que están en lista de espera.
Sin embargo, los emprendedores valduparenses, en su mayoría, aseguran que se les dificulta acceder a créditos del Gobierno, pues manifiestan que estos son destinados a, más que todo, pequeñas y medianas empresas, por lo cual han tenido que buscar otros recursos aparte de los que brinda el Estado para mantener estables sus ventas y/o aumentarlas. “Mis fuentes de financiación durante la pandemia han sido mis ahorros, ingresos y el apoyo de una cooperativa de préstamos para microempresas”, comenta Milena Rodríguez, vendedora de productos cárnicos.
Pero respecto a esta situación en la que el Gobierno Nacional dice que entrega ayudas a las mipymes y las microempresas manifiestan que el Estado no los ha podido auxiliar como quisieran, José Ignacio Díez, economista agrícola de la Universidad Nacional de Colombia y docente de la Universidad Pontificia Bolivariana -ambas en Medellín-, explica que “una razón es que a los microempresarios les da mucho miedo el Estado porque es corrupto, tiene problemas, es ineficiente… Entonces les es difícil acceder a todos estos beneficios de subsidios, préstamos, oportunidades, etc. Por esto, el Gobierno le tiene que llegar más a cada microempresario, esté o no formalizado, y mostrarle todas estas herramientas que ofrece para que reactiven la economía”.
El agro es clave en la reactivación de la economía valduparense. Estos productos ponen en marcha numerosos comercios en la ciudad. Foto: Cortesía.
Otros aspectos afectados por la llegada de la COVID-19 fueron la producción y las ventas. De acuerdo con la Encuesta de Desempeño de ACOPI, durante el segundo trimestre de 2020, en lo que respecta a producción, el 88,8% de las empresas encuestadas manifestó una disminución. En cuanto a ventas, solo el 3,8% señaló un aumento. Además, durante el segundo trimestre de 2020, la percepción de aumento de la producción y ventas pasaron de representar el 31% y 46%, respectivamente, de los empresarios en 2019-IV al 4% en 2020-II.
A partir del 31 de agosto de 2020, día en que finalizó el aislamiento obligatorio en el país, los comerciantes valduparenses, dependiendo del bien o servicio prestado, han empleado distintas formas de adquirir su mercancía. Unos se abastecen yendo personalmente a una plaza mayorista, como Yolima Abello, vendedora de frutas y verduras, y otros recibiendo los productos que reparten las empresas nacionales a través de transportadoras, como Mayelis Puentes, vendedora por catálogo.
Por otro lado, el Gobierno Nacional y sus instituciones muchas veces han demostrado confianza en las mipymes para seguir con la reactivación económica. “Se ha demostrado que estas son importantes debido a que les generan empleo a grandes empresas, ya sea porque les compran materias primas, le terminan o adelantan procesos a las grandes corporaciones, etc. Las mipymes están generando más del 60% del empleo en Colombia. Y puede que las grandes empresas también lo hagan, pero es el componente social el imprescindible y el que va a resolver el problema”, analiza José Ignacio Díez.
Y efectivamente. Muchos emprendedores valduparenses han mostrado seguridad al vender pues consideran que esto da confianza e incentiva a los clientes a comprar. Una manera de hacerlo es haciendo publicidad por redes sociales y demostrándoles la satisfacción de otros consumidores a los nuevos compradores. Sin embargo, otros sienten melancolía ante la apertura de supermercados y centros comerciales, ya que sus ventas han disminuido.
Para la administración del alcalde de Valledupar, José Santos Castro González, es primordial fortalecer la educación, sostenibilidad y visión empresarial de uno de los sectores más importantes de este municipio: las empresas creativas y culturales. Por ello, junto a Bancóldex -Banco de Comercio Exterior de Colombia- y a la Oficina de Cultura de Valledupar, empezó a ofrecer un curso virtual nombrado “Estructuración de modelos de negocios para empresas creativas y culturales”, el cual es gratuito e incluye un certificado de participación por asistir las 25 horas que este requiere, distribuido en dos meses a partir del 7 de octubre de 2020.
Giovanni Ochoa Carreño, profesional de Consultoría y Formación de la empresa Bancóldex, afirma que “este curso presenta al empresario los fundamentos para la elaboración de un modelo de negocio, tomando como referente el modelo CANVAS, desarrollado por Alexander Osterwalder y los temas que trata son: conceptos básicos sobre modelo de negocio, cómo generar una propuesta de valor, componentes y diseños de un modelo de negocio, cómo validar el modelo de negocio, guía para la presentación de un modelo de negocio”.
Aceras con cuatro o cinco restaurantes, zonas conformadas por industrias, negocios transitorios o “toldos” y una diversa variedad de comercios, hacían parte del relieve económico sabaneteño en un pasado no muy lejano. Ahora, un recorrido por las calles de este municipio despierta una sensación nostálgica porque hay lugares en los que antes la gente se reunía para pasar el rato o para hacer compras, que han cerrado definitivamente sus puertas. Sin embargo, mientras se continúa con el camino, un fenómeno singular despierta el interés: en medio de la crisis económica, aparecen nuevas tiendas y negocios.
Emprendimiento con aroma a pollo
No muy lejos del parque principal de Sabaneta, está ubicado el asadero de pollos y restaurante La Pollotería. Su dueña, Angélica María Rubio Castaño, es una administradora de empresas colombo-costarricense, que por veinte años residió con su familia en Costa Rica y que regresó a Colombia con el propósito de explorar el mercado. Su idea inicial de emprendimiento dista mucho de lo que es hoy su negocio.
En octubre de 2019, se asentó en Sabaneta con el fin de crear una empresa de purificación de agua a nivel domiciliario e industrial a base de ozono. Su propuesta surgió debido a la detección de poco desarrollo en dicha industria. Los trámites se realizaron para posicionar a la empresa en Mall Vegas Plaza, ubicado también en Sabaneta; sin embargo, la falta de contactos retrasó el proceso. Mientras documentos iban y venían, la llegada de la pandemia cambió totalmente sus planes.
Pese a que la situación sanitaria actual impidió el desarrollo de su primer proyecto, la mente inquieta de Angélica no se detuvo. Cuenta que recién llegada al municipio, caminó durante largo tiempo en búsqueda de un pollo; y aunque no lo encontró, su espíritu emprendedor y analítico sí halló en esa anécdota, una oportunidad para redirigir radicalmente su negocio hacia otro horizonte. Basado en el conocimiento y recetas adquiridas a lo largo de cinco años en una de las franquicias de La Pollotería en Costa Rica, esa luz que estaba dentro de sí, se avivó.
<< La Pollotería era un emprendimiento cuya propietaria tenía en mente desde hace meses.
Foto: Cortesía.
Cada que Angélica podía recorrer las calles de Sabaneta y encontraba un local desocupado, veía en él, un lugar potencial para su asadero de pollos. Finalmente y entre un repertorio amplio de opciones, seleccionó un establecimiento en la Calle 68 sur con 43C. Señala que para comenzar, la inversión fue superior a los setenta millones de pesos, valor derivado de su ahorro, al que ella llama “capital productivo”.
Aunque contara con un fondo monetario estable, la principal dificultad que se le presentó, fue la de estar realmente decidida a abrir, y más en medio de la crítica situación que atraviesa la economía. No obstante, los permisos otorgados por los entes gubernamentales para la circulación de la ciudadanía, le permitió decidirse por completo. Asegura que, como cualquier negocio, el inicio es la parte más compleja, pero luego de cumplirse, las dificultades cotidianas que se presenten son superadas con facilidad.
La exigencia operativa del restaurante hace que la inversión, según Angélica, no se detenga, pues ciertos gastos deben ser resueltos con la entrada de más capital. Así como algunos recursos demandan dinero, el local en general, requiere de tiempo. Afirma que pasa entre doce y trece horas allí, acompañada de su esposo, quien a su lado, vive esa “aventura” —como lo llama ella— de emprender. Pero él no es su única compañía, están también tres trabajadores que desempeñan una serie de procesos estandarizados que garantizan la calidad del pollo y que son, tal como indica Angélica, la insignia del restaurante. Es por eso que la capacitación a sus empleados es constante.
Para junio estaba prevista la apertura de La Pollotería. Fueron tres meses en los que Angélica pagaba el arriendo del local y las facturas de servicios públicos. Ahora, han pasado dos semanas desde que el establecimiento abrió sus puertas al público sabaneteño, uno que ha acogido con admiración el sabor de los pollos que se preparan al interior de aquel restaurante dirigido por una mujer incansable.
Emprendimientos gastronómicos son importantes fuentes de empleo en Sabaneta. Foto: La Pollotería.
Una “dolche” expansión
A escasos pasos de La Pollotería, se encuentra la segunda sede de Dolche Helados, sociedad encabezada por Juan Guillermo Álvarez. Fundada en el año 2017, la heladería empezó en un pequeño local del parque principal de Sabaneta. Sin ningún tipo de experiencia en el sector gastronómico, Juan Guillermo, empíricamente, lanzó una propuesta que combinara calidad y accesibilidad para el cliente. Por el diseño vistoso del establecimiento y al ser el único comercio de tal concepto en el sector, los numerosos transeúntes que se movilizan por la zona acuden para hacer su compra.
Detrás del reconocimiento que Dolche Helados recibe por parte del público, hay un proceso que, tanto Juan Guillermo como los otros dueños de la heladería, han atravesado para innovar e idear sus productos. Desde un vaso de helado hasta una banana, debían poseer una identidad única que los representara y distinguiera entre la competencia. Es por ello que fue necesario un asesoramiento intensivo.
La capacitación recogida en la etapa inicial del proyecto, les sirvió a los propietarios de la heladería para construir un proceso productivo esquematizado y con especificaciones claras hasta para servir una bola de helado. Detalles como esos son los que caracterizan la calidad en la oferta de Dolche Helados.
Permanecieron con las puertas cerradas durante la cuarentena inicial, pero aun así sabían que el negocio funcionaba bien y tenía una buena recepción. Su reapertura temprana, en comparación con la de locales aledaños, fue un factor a favor que redujo los perjuicios ocasionados por la pandemia. Adicionalmente, Juan Guillermo afirma que al tener un negocio que no suple necesidades sino que genera satisfacciones y sensaciones, puede lograr que los efectos anímicos negativos en las personas producidos por las circunstancias actuales, se disipen con la compra de un producto de esa índole.
A pesar de que los ingresos en el último trimestre de este año disminuyeron un 20% en comparación con ese mismo periodo del año pasado, los dueños de Dolche Helado tomaron la decisión de expandirse. Con una inversión de cuarenta millones de pesos cumplen esa meta que es generalizada entre los emprendedores: la de crecer.
Grandes ventanales muestran el interior de una nueva sede que posee un diseño colorido, estético y atractivo; unas escalinatas que conducen a disfrutar, dentro de un amplio espacio, de cualquiera de las opciones disponibles de helado, es la apuesta que Juan Guillermo y sus asociados le hacen a los sabaneteños y visitantes.
Un camino que continúa
Son diversos los casos en Sabaneta, que demuestran la motivación y el espíritu emprendedor que no se extingue por problemáticas como las que acontecen hoy en el mundo. Por el contrario, ese impulso se revitaliza. La nostalgia por el pasado, por ver desaparecer aquellos lugares que antes eran el punto de encuentro para festejar, celebrar o convidar, desaparecen cuando surge la consciencia de que existe la esperanza.
Las aulas vacías son la primera descripción de los cambios en la educación durante 2020. Foto: Juliana Duque
La suspensión de clases en todo el mundo, tanto en colegios como en universidades, fue una de las primeras medidas implementadas por los países con la llegada de la COVID-19, y Colombia no fue la excepción. Desde el 16 de marzo, la mayoría de los estudiantes de instituciones oficiales y privadas no tienen clases presenciales, permanecen en sus hogares cumpliendo con la normativa de aislamiento social preventivo.
Según datos de la UNESCO, 185 países han tenido que cerrar sus centros educativos para evitar la propagación de este virus, aunque el problema principal no radica en el cierre de las aulas, sino en el acceso a la educación y a las actividades académicas en estos tiempos. Dicha medida, ha dejado en evidencia las brechas de desigualdad en todo el mundo, pues, si bien estamos en una época en la que abundan los recursos tecnológicos, no todas las personas tienen la posibilidad de adquirir o hacer uso de estos.
De acuerdo con el Sistema de Matrícula, SIMAT, del Ministerio de Educación, aproximadamente, al mes de agosto de 2020, se encontraban 9.395.018 menores registrados en el sistema educativo, no obstante, 102.880 de ellos se han retirado de sus labores académicas, es decir, la deserción escolar a causa de la pandemia por COVID-19 es del 1.1%.
Por su parte, la Encuesta de Pulso Social realizada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, permitió identificar que en el 87,4% de los hogares colombianos se pudieron continuar las actividades académicas desde que se cerraron las instituciones educativas y se pasó a modalidad virtual. En el 4,5% no tuvieron la oportunidad de continuar dichas actividades. El 8,1% restante, hace refencia a los hogares que no participaban en actividades académicas antes de la pandemia.
Asimismo, un informe publicado por el Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, basado con la Gran Encuesta Integrada de Hogares, GEIH, encontró que 77% de las personas con bajos ingresos del país tuvo que dejar sus estudios por la COVID-19, en contraste con el 11% de las personas de nivel socioeconómico alto.
Una cosa es el “aterrizaje” a la virtualidad, otro reto es la implementación de protocolos de bioseguridad en los recintos. Foto: Juliana Duque.
“Hemos tomado decisiones con responsabilidad y oportunidad, trabajando con entidades territoriales, pensando en el cuidado y la salud de los niños, jóvenes y maestros e igualmente, dando al sector los lineamientos, recursos y apoyos para responder con metodologías flexibles al proceso de aprendizaje mientras los estudiantes estén en casa” indicó María Victoria Angulo, Ministra de Educación.
El paso de un espacio físico a uno digital puso a prueba la innovación educativa y tecnológica de los docentes, quienes en muchos casos no tenían una formación ni conocimientos en el uso de las TIC, Tecnologías de la Información y de la Comunicación, por lo cual, han debido de recurrir a la implementación de nuevas actividades académicas que sean accesibles para todos sus estudiantes.
La falta de habilidades digitales no sólo es por parte de los docentes. Un estudio realizado por el Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, arrojó que el 96% de los municipios del país no tienen la posibilidad de desarrollar cursos virtuales por falta de disponibilidad de recursos tecnológicos, puesto que en muchos hogares los dispositivos son compartidos entre los integrantes de la familia o no hay cobertura de red Wi-Fi.
Yaneth Herrera, psicóloga de primaria de una institución privada, afirma que, frente al sector público de la educación, el Gobierno se ha olvidado de la necesidad que tienen los estudiantes en el ámbito tecnológico. Según ella, en las instituciones privadas se ha llevado un buen manejo, puesto que se han implementado herramientas tecnológicas que han permitido una comunicación constante entre familia, estudiante y colegio, debido a que el papel de los padres y la familia en el proceso educativo siempre ha sido fundamental pero en estos tiempos su labor obtiene mayor importancia.
Ante la forma en que han debido funcionar dotaciones como las bibliotecas, ¿en qué priorizar los recursos y esfuerzos para mejorar las condiciones de calidad de la educación? Foto: Juliana Duque.
Por su parte, Alejandro Castaño, docente de una institución oficial de Medellín, indicó que las instituciones educativas están efectuando sus deberes de manera conveniente y oportuna dependiendo del grupo poblacional, y en ese sentido, opinó que “se ha afrontado de una forma adecuada la situación en los colegios oficiales”.
En el mejor de los casos, los padres se involucran en el proceso de aprendizaje de sus hijos, sin embargo, en otros, están ausentes por diversas razones. Castaño, infiere que el poco acompañamiento que reciben los estudiantes de instituciones oficiales se debe a que provienen de “familias que deben continuar buscando su sustento económico”, más cuando tienen el apoyo familiar, en algunos casos, es deficiente, debido a problemas sociales o de familias disfuncionales.
La familia se ha convertido en una extensión de las instituciones; los padres o acudientes se volvieron el complemento de los docentes, debido a que son ellos, los que en múltiples ocasiones, son los receptores directos de las explicaciones de actividades académicas, además, se encargan también de transmitir la información y las instrucciones a los estudiantes.
La educación no sólo se basa en aprender ciencias y matemáticas, sino también en interactuar pero, desde casa, ese es un inconveniente; en el espacio escolar los estudiantes tenían la oportunidad de estar con sus pares y descargar parte de sus emociones en un ambiente diferente al familiar, así lo expresa Dibymar Botero, psicóloga y magister en Salud Pública.
La manera como se han desarrollado los oficios académicos en las instituciones educativas ha llegado, incluso, a limitar los trabajos grupales; para Castaño, la interacción entre pares se ha visto afectada, sin embargo, él menciona que “los estudiantes han manifestado compartir más con sus familias”, por eso, el colegio en el que labora ha tratado de proponer e implementar actividades que generen un mejor ambiente en los hogares por medio de una formación ética y en valores.
¿Qué pasa entonces con las inversiones en infraestructura? ¿Seguirán siendo prioridad en los colegios y universidades? Foto: Juliana Duque.
Según un comunicado del Ministerio de Educación, “se están implementando todas las estrategias de mediación pedagógica disponibles que permitan el desarrollo de los compromisos académicos con la menor alteración posible, garantizando los criterios de calidad y rigor exigidos en el proceso formativo”.
Sin embargo, Cristina Obando, madre de dos hijos que están cursando octavo y cuarto, dice que esta situación está colmada por la improvisación y si bien le ha tocado adaptarse, a sus hijos les hace falta la interacción, la cual, va construyendo la personalidad. Asimismo, enfatiza que las bases sobre las cuales se van a fundamentar todos los conocimientos de sus hijos a futuro se están perdiendo.
El ámbito académico, en materia de lo virtual, necesita trasformaciones urgentes. Si bien en algunas instituciones superiores o en cursos extracurriculares ya se venían implementando los métodos virtuales, los colegios, tanto privados como oficiales, no estaban preparados para esta metodología. Sin embargo, y a pesar de este panorama, la mayoría de las instituciones no tienen la dotación de bioseguridad necesaria para el regreso a clas. No obstante, paso a paso tendremos que ir recuperando la presencialidad pero con responsabilidad.
Nos estamos enfrentando a un nuevo desafío: aminorar los efectos negativos de la pandemia en el ámbito académico. Pero más allá de reducir el impacto, se debe de buscar una ruta para progresar hacia lo digital, mejorar los programas educativos a distancia y brindar las mismas oportunidades para recibir una educación de calidad, tanto fuera como dentro de las aulas de clase.
Los videojuegos en la actualidad cada vez más se llevan el protagonismo dentro de la industria del entretenimiento, pero, debido a la pandemia, se convirtieron en industria clave por su capacidad de expansión en cuanto a plataformas y géneros. En la actualidad, la mayoría de las personas han entrado en contacto con estos productos, ya sea a través del móvil, computador, tableta o las consolas de PlayStation, Xbox, Nintendo, entre otras. Esta infografía interactiva muestra datos claves y explicaciones sobre el despegue de este negocio.