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  • La realidad de las escuelas sin agua en Antioquia

    Contexto indagó en profundidad esta problemática, examinando bases de datos de la Gobernación y de 5 municipios certificados que facilitaron la información sobre escuelas sin agua. Además, recabó en 538 informes que realizó la Fundación EPM entre septiembre de 2020 y febrero de 2021 para diagnosticar el estado de las sedes. En medio del debate sobre los modelos de alternancia escolar en medio de una pandemia, esta es una realidad de la educación rural en el departamento.

     

    Por: Sebastián Carvajal Bolívar / sebastian.carvajalb@upb.edu.co

    Abril 16 de 2021

    En total, son 539 sedes educativas que están sin agua en Antioquia

    En muchos casos, los sistemas de captación, almacenamiento y distribución están deteriorados. Tanque de agua en la Institución Educativa Murindó. Foto: Leidys Ramos

    Durante todo 2020 se habló sobre las escuelas que estarían sin agua en Antioquia. Finalmente, la cifra se decantó a 538 sedes que no cuentan con el servicio en los municipios no certificados del departamento. Además, Medellín también reportó una escuela sin agua. Esta realidad pasó desapercibida por años, pero ahora es relevante para el regreso a clases en medio de la pandemia por la Covid-19.

     

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    El profesor Víctor Villegas lleva 23 años dando clases en la Institución Educativa Monseñor Escobar Vélez del corregimiento de Damaquiel, en zona rural de San Juan de Urabá. Allí no hay acueducto y para lavar la ropa, cocinar y bañarse, toca sacar el agua de unos pozos.

     

    Ninguna de las cinco sedes de la Institución cuenta con el servicio de agua, una problemática de vieja data que para el docente apenas se ha hecho evidente con la pandemia. “Desde la administración municipal siempre decían que estaban esperando recursos. Primero que estaban en Ley 550 y luego, cuando tenían los recursos, no los invertían”, explica.

     

    Según la información oficial de la Secretaría de Educación departamental, solo una sede de la institución cuenta con agua potable, la Escuela San Nicolás del Río. Pero Villegas contradice argumentando que “le adecuaron un filtro el año pasado, pero ese filtro no está funcionando, no hay agua potable. Hicieron una perforación que conectaron al filtro, pero dejó de salir agua”.

     

    Así, antes de la pandemia, a los estudiantes y docentes de las cinco sedes —y no de las cuatro como indican las bases de datos— no les quedaba de otra que recoger el agua lluvia cuando se podía.

     

    En la temporada seca, la opción era esperar el camión cisterna que mandaba la administración municipal: “El agua no cubría la demanda. Por ejemplo, llenaban el tanque de cinco mil litros y eso no alcanzaba a cubrir la semana y el carrotanque llegaba cada 15 días. Ahí estaba el problema. Pero obligado tenía que cumplir la jornada y los estudiantes permanecer”, cuenta Villegas y complementa: “Si no había con qué lavar los baños (por los malos olores), tocaba ir a buscar al mar”.

     

    Sin agua se encuentran al menos 539 sedes educativas de Antioquia. 538 corresponden a 59 municipios no certificados en educación que dependen de la Secretaría de Educación departamental. La restante se ubica en el corregimiento de Palmitas en Medellín. Esto corresponde al 11,1% de las escuelas del departamento.

     

    Las alcaldías de Envigado, Sabaneta, Itagüí y Rionegro no reportaron tener sedes sin agua, mientras que Apartadó, Bello y Turbo no respondieron a los requerimientos Contexto Todos estos municipios, al igual que Medellín, son certificados en educación según el Ministerio de Educación Nacional.

     

     

    Las cifras son preocupantes en municipios como Necoclí, Arboletes y Frontino, donde hay 96, 46 y 36 escuelas sin agua respectivamente. En términos porcentuales, se destaca la situación de Murindó y San Juan de Urabá, donde el 81% y 69% de las sedes educativas no tienen agua.

     

    En Antioquia, sin contar las cifras de Medellín y los municipios que no reportaron información, hay 32.518 niños, niñas y jóvenes afectados por esta situación. Además de 1.418 docentes que trabajan en dichas escuelas y 147 personas que viven en algunas de ellas, entre profesores y familias que se encargan de cuidarlas.

     

    Que estas instalaciones no tengan agua significa que no poseen una conexión permanente a un acueducto y que dependen de las corrientes cercanas o del agua lluvia para contar con el servicio. Este es el caso de 246 sedes educativas.

     

    Las otras 292 tienen un sistema de abastecimiento por gravedad o motobomba, cuyos mecanismos de recolección son obsoletos o están en mal estado, al igual que el almacenamiento y los sistemas de distribución, si es que cuentan con ellos. Los sistemas de potabilización están disponibles en algunos casos y el deterioro de los equipos hace que el agua no pueda considerarse potable.

     

    La Institución Educativa Rural (I.E.R.) Mulaticos Piedrecitas, en la zona rural de Necoclí, es la que más sedes tiene sin agua en todo Antioquia: 29 de 30, según reporta la base de datos del departamento. Su rector, Reinel Vélez, describe así la situación: “Algunas de esas sedes tienen fuentes hídricas naturales o en esas comunidades se acostumbran a hacer presas que se llenan con aguas lluvias y ahí empiezan a buscar la manera de llevarla a la escuela”.

     

    Y agrega: “No se han desarrollado unos proyectos de impacto de acueductos interveredales para que pueda llegar el agua a las escuelas y a las casas de la comunidad. Por lo general, la mayoría del agua que se consume para preparar los alimentos es de lluvias, que incluso caen de techos que son de asbesto y zinc”.

     

    De hecho, hay sedes como la Escuela Rural La Pitica, también en Necoclí, donde a lomo de mulas transportan el agua en bidones y baldes desde la fuente de abastecimiento hasta los tanques de almacenamiento de la escuela.

     

    El Centro Educativo Rural 19 de Enero, en Carepa, los estudiantes y docentes caminan hasta el río León, a 80 metros de distancia, para recoger agua en canecas, rutina que se repite en decenas de escuelas en todo el departamento.

    Fundacion EPM toma muestras de agua

    << Toma de muestras de agua en Necoclí.

    Foto: Fundación EPM

     

    De 538 sedes diagnosticadas en los últimos meses por la Fundación EPM, que corresponden a municipios no certificados, 69 reportaron usar hipoclorito y 35 emplearon cloro para la potabilización. 84 hierven el agua para mejorar su calidad, incluso algunas combinan ambos métodos.

     

    Nazaria Asprilla Calvo, profesora de la I.E. de Vigía del Fuerte, en la cabecera urbana de ese municipio, cuenta que cuando no había agua, “el rector la hacía bombear del río y la tratábamos con hipoclorito, nosotros mismos lo hacíamos. Algo empírico”.

     

    Estos mecanismos de desinfección ayudan a suprimir los microrganismos existentes en el agua, pero no sirven para eliminar contaminantes como el manganeso, el hierro y el mercurio.

    Los informes del diagnóstico señalaron que el agua de 121 sedes no cumplía con los criterios de calidad relativos a presencia de mercurio en el agua (ver el informe aquí), reglamentados por la Resolución 2115 de 2007 de los Ministerios de Salud y Ambiente.

     

    El informe de la escuela Tomás Carrasquilla en Sonsón reporta que: “Algunos estudiantes manifiestan que han presentado molestias en su salud, como diarrea y dolor de estómago al consumir el agua sin tratar”.

     

    Algo similar relata el documento sobre La Ciénaga, en Zaragoza: “Los niños presentan síntomas de fiebre, vómito, diarrea entre otros, por tomar el agua de charcas estancadas”. Otras tres escuelas informan brotes en la piel de los niños por el consumo de agua.

     

    Las subregiones más afectadas por problemas con el agua en las escuelas son el Urabá antioqueño y el Bajo Cauca con el 54% y 26% de sedes sin agua sobre el total. Mientras que en el Valle de Aburrá la situación es otra y solo el 0.5% de las instalaciones no tienen agua, según los registros oficiales.

     

     

    Albeiro Victoria Cuesta, director de la Asociación de Institutores de Antioquia – Adida-, señala sobre la situación en Urabá que: “La ubicación geográfica y la forma del terreno de las sedes no están en las cercanías de las fuentes de agua. Y el tema de agua potable en la subregión es deficiente”.

     

    El directivo explica que este es un tema de “toda la vida” en el departamento. “Desde el 2001, cuando arrancó la Ley 715 con los procesos de certificación en educación, se asume como problema la brecha en la infraestructura educativa. En las cabeceras municipales se hicieron las adecuaciones, pero la ruralidad quedó en la misma situación”, detalla.

     

    Y es que, si se miran las cifras con detenimiento, se puede ver que, mientras el 99% de las escuelas en la zona urbana tienen servicio de agua, en la ruralidad este valor baja al 87%; una significativa brecha entre el campo y la ciudad.

     

    Para ilustrar la situación, la mediana de la distancia y el tiempo que toma viajar desde las cabeceras municipales hasta las sedes es de 30 km y una hora y media, respectivamente. En 17 casos hay un trayecto superior a un día y 6 quedan a más de 200 km de distancia.

     

    En parte, las cifras se explican por el estado de la vía: 292 están malas, 175 en regulares condiciones y solo 69 reportan estar buenas. Dos no tienen información.

     

    En casos como los de las escuelas Alto Sabalito y Santa Bárbara, ambas en El Bagre, toca viajar primero en vehículo particular por carretera destapada y luego tomar una mula para llegar hasta la sede. En otros, como el de la Indigenista El Salado, en Vigía del Fuerte, es necesario tomar una lancha por tres horas y media en el río.

     

    Otras escuelas, como las cinco que hacen parte de la Institución Educativa Piamonte en Cáceres, sufren no solo el aislamiento por los kilómetros y las horas de travesía sino también por los problemas de orden público, que alejan a la institucionalidad.

     

    Así lo describe Roger López, docente del colegio: “La Institución Educativa queda a una hora de la cabecera municipal y hay que atravesar el río Cauca para poder llegar. Los carros pasan por ferry, pero no hay puente para cruzar. Al otro lado, los ilegales son los que controlan la zona y por eso los funcionarios la piensan dos veces para ir”.

     

    De esta institución solo se reportaron 2 sedes sin agua en la base de datos. Pero el profesor López señala que ninguna de las cinco cuentan con el servicio. Al igual que él, el docente Villegas de San Juan de Urabá, como ya se mencionó, alerta que una sede estaría mal reportada en su institución.

     

    Una profesora de San Rafael, que pidió reserva de su nombre por inconvenientes que ha tenido con otros docentes, relata una situación similar. En este municipio del Oriente antioqueño reportan una sede sin agua porque no hay una manguera para transportarla; pero su caso es que, aunque hay agua, el tanque que la recibe está con grietas y filtraciones.

     

    Frente a un posible subregistro en las escuelas sin agua, Tatiana Mora, subsecretaria de Planeación de la Secretaría de Educación departamental aclara que la información de las bases de datos y de los informes realizados por la Fundación EPM se conformó con respuestas que dieron los rectores y docentes de las escuelas a través de una encuesta el año anterior.

     

    “Igual estamos abiertos a que en algún momento nos llegue una sede que diga que tampoco tiene y hay que evaluar en ese momento cómo hacer la visita. Pero desde ese momento en que comenzaron las visitas, no ha habido ninguna otra sede que diga que no tiene agua”, dijo la funcionaria.

     

    Pero el agua no es el único problema que afrontan la mayoría de estas escuelas. Como alertó en días pasados Fecode, la infraestructura educativa en las zonas rurales de Colombia está en pésimas condiciones y muestra de ello son los resultados del diagnóstico de la Fundación EPM en Antioquia.

     

    En la sede Villegas de la I.E. Monseñor Escobar Vélez, por ejemplo, solo hay 4 baterías sanitarias disponibles, pero por los problemas de agua se tenían que cerrar y los niños debían volver hasta sus casas para ir al baño.

     

    Por su parte, en la Escuela Rural La Línea, a 45 minutos de la cabecera municipal de Zaragoza, como los baños no estaban funcionando, “los niños debían hacer sus necesidades al aire libre”, según se lee en el informe. Incluso, la alternativa de la comunidad era construir una letrina, proyecto que se pausó por el comienzo la crisis por el coronavirus.

     

    En condiciones similares se encontraban 5.630 estudiantes antes de la pandemia, que pertenecen a sedes que no tienen ningún baño (94) o que todas sus baterías sanitarias están malas (102). 17.795 niños, niñas y jóvenes asistían escuelas que no tienen lavamanos (314) o que están malos (82).

     

    La situación no es menor. López en Cáceres, Asprilla en Vigía del Fuerte, Villegas en San Juan de Urabá y la profesora Leidys Ramos en Murindó, reportan que sus escuelas se caen de a poco.

    Tejas quebradas, paredes rajadas, inodoros mal instalados, lavamanos incompletos, paredes despintadas se ven en las imágenes que le hicieron llegar a Contexto. Además, cada informe de la Fundación EPM cuenta con un reporte fotográfico de la escuela, que permite constatar el estado de la infraestructura. Los archivos se pueden consultar en el siguiente el enlace.

     

    En orden de aparición: baterías sanitarias de la sede San Nicolás del Río de la I.E. Monseñor Escobar Vélez en San Juan de Urabá, foto: Víctor Villegas; lavamanos y techo de la sede Agua Linda de la I.E. Piamonte en Cáceres, fotos: Roger López; techo y orinales de la I.E. Murindó, fotos de Leidys Ramos.

    En Vigía del Fuerte, en el colegio de la profesora Asprilla tuvieron que instalar baldes con llaves en diferentes puntos de las instalaciones para que los estudiantes en alternancia se pudieran lavar las manos. Aunque no estaban obligados a regresar, lo hicieron “por sentido de pertenencia, por colaborar con nuestra institución porque se nos estaban yendo los estudiantes”, explicó la maestra.

    Con baldes se lavan las manos los estudiantes de la I.E. Murindó

     

    Balde para lavar las manos en la I.E. Vigía del Fuerte. >>

    Foto: Cortesía.

     

    Para contrastar la situación de infraestructura y falta de agua Contexto buscó a los alcaldes de Necoclí, Arboletes, San Juan de Urabá, Zaragoza y Frontino, que son los municipios con dificultades más evidentes o en donde más estudiantes están afectados.

     

    Solo respondió Jorge Hugo Elejalde, alcalde de Frontino, en el Occidente antioqueño. Al preguntarle sobre las 36 escuelas sin agua del municipio respondió: “No es que estén sin agua, están sin unidades sanitarias acordes para que se pueda estudiar descendentemente (sic)”.

     

    La apreciación del mandatario coincide con el diagnóstico: 25 sedes educativas no tienen unidades sanitarias, 8 las tienen en malas condiciones, a lo cual se suman 35 que no cuentan con lavamanos y 28 que carecen de una cocina.

     

    Al insistir sobre las sedes que no tienen el servicio de agua, según los informes y las bases de datos ya mencionadas, Elejalde dice que: “Eso no obedece a la realidad” y cuando se menciona que son datos de la Gobernación subraya: “Ah, no, pues es que, si están en la Gobernación, entonces qué han hecho para arreglar eso”.

     

    Con respecto a la infraestructura educativa, la subsecretaria Mora reconoce que antes de la encuesta y los posteriores informes, la Gobernación no contaba con sistemas de información pertinentes para conocer la realidad de las 4.305 escuelas del departamento. De hecho, informó que en marzo habilitaron una plataforma para tener información actualizada del estado de las sedes.

     

    “Entendemos que la Secretaría de Educación no va a poder llegar a las 4.000 sedes para su mejoramiento. Evidentemente hay unas que por sus condiciones estamos evaluando la clausura y se estudia cómo prestar el servicio a estos estudiantes en otras escuelas”, aseveró Mora.

     

    El año pasado se invirtieron 20 mil millones de pesos en el mejoramiento de 77 sedes educativas, con la ayuda de fundaciones y empresas privadas que suscribieron el acuerdo “Alianza por el agua”, según explicó la subsecretaria.

     

    Este año esperan entregar mejoras en 49 escuelas con una inversión de $11.200 millones, recursos que provienen del Fondo de Infraestructura del Ministerio de Educación. La apuesta de la Gobernación dice, es mejorar techos, cocinas, baños y lavamanos, más que construir sedes, porque así se aprovechan mejor los recursos.

     

    Consulte al final de este reportaje el estado de la

    infraestructura de cada una de las 538 sedes diagnosticadas.

    Además de los problemas ya mencionados que rodean a las escuelas del departamento, se suma otro que puede complicar la llegada de una pronta solución: 1.539 sedes no están legalizadas. Es decir, los predios no pertenecen a la Alcaldía del territorio donde se ubican. De esas, 129 corresponden a escuelas sin agua.

     

    El rector Vélez lo explica de la siguiente forma: “los terrenos de muchas de estas escuelas (de la I.E.R. Mulaticos Piedrecitas) no pertenecen al municipio. Son donaciones que han dado los mismos miembros de la comunidad, pero no se han legalizado”.

     

    De igual forma, especifica que: “Eso repercute en la llegada de inversión en infraestructura que puede beneficiar a las comunidades, porque, por norma, el Municipio no puede invertir recursos públicos en dichos terrenos”.

    Victoria Cuesta expone que también es un problema de tiempo atrás:Hace unos 10 años existió un proceso de legalización, se contactaron (sic) a los dueños de los terrenos para que se pudieran hacer las escrituras públicas, se pasaron algunas propiedades al departamento o a los municipios. Sin embargo, la inversión fue nula”.

     

    Para el directivo, las inversiones que llegaron en su momento, derivadas de este proceso de legalización, se enfocaron más en las instituciones primarias, “que en las que tenemos en veredas recónditas del departamento, donde solo llega el maestro”.

     

    Mora aclara que esa es una competencia exclusiva de los municipios. “Hemos emitido circulares a los alcaldes para que inicien el proceso en las sedes porque definitivamente, si no está legalizada, no pueden hacer ninguna intervención”, alertó.

     

    Por ahora, la Gobernación de Antioquia puso en marcha el proyecto “Alianza por el agua” con el que esperan, junto con otras 10 empresas del sector privado, dar una solución a las 538 sedes que dependen de esa entidad.

     

    Los informes citados en este reportaje los realizó la Fundación EPM entre septiembre de 2020 y febrero 2021, con el fin de identificar las soluciones más pertinentes para cada lugar. Su costo fue de casi 1.500 millones de pesos e identificaron 163 sedes con un nivel e intervención alto y 100 en nivel medio.

     

    Las fundaciones y entidades aliadas, una vez tengan los resultados finales, apadrinarán las sedes educativas y a través de ellas, se llegará con este servicio y la Secretaría realizará los mejoramientos de las baterías sanitarias. Hay que aclarar que solo se pueden intervenir las sedes que tengan certificado de legalización del predio”, informó Mora.

     

    Algunas fundaciones de empresas como Mineros y Argos ya han adelantado el proceso de adecuación e instalación de soluciones de potabilización. Para este año están confirmadas otras 43 intervenciones.

     

    “De alguna manera iremos avanzando con soluciones pertinentes para cada sede”. En la medida de las posibilidades, aclara Mora, porque debido a la magnitud técnica y de recursos, es un problema que se irá abordando según la urgencia y no es de corto plazo.

     

     

    Metodología:

     

    Para este reportaje, Contexto consultó las bases de datos de instituciones y sedes educativas de la Gobernación de Antioquia y las alcaldías de Medellín, Envigado, Sabaneta, Itagüí y Rionegro. Además, recopiló la información sobre legalización y sedes sin agua de cada una de las entidades mencionadas. Para la extracción de información de los 538 informes de la Fundación EPM, que se pueden consultar aquí, se contó con la colaboración y ayuda ad honorem del científico de datos Pablo Saldarriaga. También se utilizó la herramienta “Pinpoint” del Journalist Studio de Google, una aplicación que facilita la búsqueda de términos en grandes volúmenes de documentos. Toda la información fue compilada y tabulada en Excel y se puede consultar en este enlace. Para la visualización de datos se utilizó la aplicación datawrapper.

     

     

     

     

     

  • En Medellín, la cultura no se deja marchitar por la pandemia

     

    · Las actividades culturales diseñadas en formatos cortos atrajeron al público a la virtualidad.

    · Para los centros culturales, formar alianzas fue fundamental para seguir a flote.

     

    Por: Miguel Arango Rúa / miguel.arangor@upb.edu.co

     

    De entre todos los sectores económicos que se vieron paralizados debido a la pandemia, el cultural fue uno de los más afectados. En 2020, la Industria de producción de eventos y espectáculos, calculó que en Colombia la coyuntura sanitaria le provocaría pérdidas al sector de la llamada economía naranja por más de 253 billones de pesos (haga clic aquí para ver más cifras). Actores, productores, gestores culturales, cantantes y productores de eventos, entre otros, se vieron muy afectados a pesar de que la cuarentena elevó la demanda por los servicios de entretenimiento en casa.

     

    El gremio le ha solicitado ayudas al gobierno y se ha visto obligado a trasladar sus propuestas artísticas a la virtualidad. A pesar de que este panorama pudiera parecer desolador, el sector cultural en Medellín ha hecho gala de su creatividad, explorando propuestas exitosas para introducirse en las casas y corazones de la capital antioqueña. Aquí le explicamos algunos de los proyectos que más frutos han cosechado.

     

    Almas al desnudo es una creación artística hechas durante el confinamiento de 2020. Fue ganadora de los estímulos a la creación del Centro de Desarrollo Cultural de Moravia. Puede verse AQUÍ. Foto: captura de pantalla Youtube Centro de Desarrollo Cultural de Moravia.

     

    Iniciativas públicas siguieron floreciendo en la pantalla

     

    El Centro Cultural de Moravia, corazón artístico de la Comuna 4, se repensó en la virtualidad como un canal de televisión, transmitiendo sus contenidos en franjas a través de Instagram y Facebook, como lo explicó María Juliana Yepes, una de las gestoras del lugar. Programas como Palo de lluvia, Palabras interesantes, además de obras teatrales y conversatorios sobre diversos temas, se pudieron vivir desde la comodidad del hogar. También, las alianzas con otras instituciones y los grupos de WhatsApp formaron parte de la estrategia para la generación y difusión del contenido.

     

    En total, unas 500 actividades fueron realizadas en 2020 por el Centro Cultural de Moravia, de acuerdo con Yepes. Entre estas, se destaca la colaboración con institución con el University College of London, con el que se realizó un encuentro virtual sobre transformación urbana, donde participaron expertos de 13 países y cuyo resultado fue el Atlas de Patrimonio Vivo, un catálogo de estrategias para apoyar el cambio cultural. Adicionalmente, se realizó una alianza con la Cinemateca Municipal de Medellín para la transmisión de películas.

     

    Ayudar a cerrar la brecha digital también fue uno de los retos que asumió el Centro Cultural durante la pandemia. Viendo que varias personas de la Comuna 4 tenían dificultades en el acceso a internet, se creó un grupo en WhatsApp, aprovechando que esta es uno de las plataformas más utilizadas por el público. Sin embargo, la gestora María Juliana Yepes destacó que no sirvió solo para la difusión, pues también hubo espacios de interacción en el chat, donde los participantes podían, por ejemplo, enviar fotografías de sus proyectos. En ese propósito de aumentar la cobertura también fueron esenciales los enlaces comunitarios, personas líderes en la población que se encargaban de replicar la información por todo el territorio. El equipo promotor de la estrategia recalcó el reto de no saturar al público y diseñar los contenidos de acuerdo con las necesidades específicas de cada lugar.

     

    Otra parte importante del traslado de la agenda cultural de Medellín a la virtualidad fue incentivar a la gente a crear, cosa que se hizo mediante el programa de Estímulos al Arte y la Cultura. Aquí, la institución invitó a pensar la pandemia con proyectos musicales, de danza, literarios, audiovisuales y teatrales que contaran cómo se vivió el distanciamiento social.

     

    Las estrategias de la Secretaría de Cultura de Medellín también estuvieron muy alineadas con las convocatorias para otorgar estímulos, para los que se destinaron cerca de 13.343 millones de pesos en 2020, según cifras oficiales. Gracias a esa inversión, se pusieron en marcha 891 proyectos creativos en toda la ciudad. Pese a que estos concursos ya se venían haciendo desde años anteriores, durante el aislamiento tomaron más relevancia por el incentivo monetario que ofrecen.

     

    A pesar de las inversiones desde el sector oficial, el secretario de cultura, Álvaro Narváez, destacó que “no es solamente responsabilidad del Estado sacar adelante la cultura, sino también de la ciudadanía. Una ciudad sensible es una ciudad más culta”. Y es que para reactivar la industria creativa, la Alcaldía decidió apostarle a una nueva carta: el presupuesto participativo, donde los medellinenses deciden en conjunto con las autoridades cómo asignar parte de los recursos públicos destinados a sus comunas. Históricamente, la capital antioqueña le ha dado más peso a los rubros de educación y deportes, pero en este 2021 la ciudadanía votó para otorgarle 16.000 millones de pesos a proyectos creativos, todo un récord, según el propio Narváez.

     

    Adicionalmente, la Secretaría de Cultura actualmente busca fomentar la formación artística por medio de procesos para acompañar el aprendizaje de músicos. También la Alcaldía busca apoyar la conectividad, abriendo centros especiales donde artistas que no tengan un computador o dispositivo para grabar, puedan acercarse para realizar sus contenidos audiovisuales y en línea.

     

    Vea aquí: reflexiones desde el teatro

    Video

    Entrevista de Valentina Muñoz a Alberto Sierra, director del grupo de Teatro Azul Crisálida.

     

    Organizaciones privadas hacen todo y más

    Sin importar si un centro cultural fuese público o privado, todos tuvieron que encontrar una forma de adaptarse a la virtualidad, algunos con mayor facilidad que otros. El Café Rojo, espacio cultural del centro de Medellín, demostró que es posible encontrar nuevas maneras de llegarle a los espectadores a pesar de las dificultades.

    Adriana Hernández, su directora, puso sobre la mesa una apuesta interesante: las píldoras culturales. A través de Instagram, el centro transmite Íntimamente, un programa de tres minutos y medio donde se canta, se declama un poema o se lee un fragmento literario. Aquí se aplica el dicho, “lo breve, si bueno, dos veces bueno”, pues la idea detrás de esta estrategia, al igual que un buen amante, es dejar al espectador con ganas de más.

     

    La financiación, sin embargo, sigue siendo un tema preocupante para los privados. A diferencia de las entidades públicas, que se sostienen gracias a la inversión estatal, centros como el Café Rojo tienen que valerse por sus propios medios. La directora Hernández contó que, a comienzos del aislamiento, la Alcaldía llamó a su fundación para hacer una encuesta y ofrecer apoyo, pero este último no se materializó.

     

    Para solventar el problema económico, Hernández resaltó lo importante que es formar alianzas y buscar patrocinios. Las convocatorias de la Secretaría de Cultura son una buena alternativa, pero desde el Café Rojo se está ideando un proyecto de poetizas y declamadoras colombianas que espera obtener el padrinazgo de la Secretaría de la Mujer de Medellín.

     

    Estos convenios con la administración municipal también le han sido de gran ayuda al Teatro La Hora 25, quienes durante el aislamiento aplicaron a las convocatorias de la Alcaldía. Para continuar llevando la cultura a las Comunas 12 y 13, esta institución se unió a la Red de Creación Escénica. Gustavo Estrada, miembro del equipo directivo, contó que implementaron una metodología basada en laboratorios de creación en casa. Con ella, animaron a los estudiantes a que exploraran su hogar como nueva forma de hacer teatro.

     

    La cuarentena brindó la oportunidad perfecta para repensar lo cotidiano. Además, la participación en eventos de ciudad como el FestivalHito virtual de 2020 le permitió al Teatro La Hora 25 tener una puesta en común con otros centros culturales de la ciudad. La circulación de experiencias fue fundamental para la dinamización del arte en pandemia.

     

    El grupo de teatro Azul Crisálida retomando ensayos en la Universidad Pontificia Bolivariana con todas las medidas de bioseguridad. Foto: cortesía de Azul Crisálida.

     

    Los aprendizajes comunes

    Escuche aquí las experiencias de Música Corriente, La Pascasia

    y el centro cultural del Banco de la República en Medellín:

     

    En definitiva, la cuarentena en Medellín, más que una crisis, fue un periodo de enseñanza para los centros culturales de la capital antioqueña. Sin importar si son públicas o privadas, las entidades aprendieron que los contenidos virtuales, la nuevas formas de narrar en diversas plataformas, entre otras posibilidades para explorar, son importantes para captar la atención de los espectadores, además de una buena producción que ayude a garantizar la calidad.

     

    En una exploración no hay un solo camino al éxito. En el corazón de las iniciativas aquí reseñadas y cientos más que hacen parte de esa búsqueda, están el amor por el arte y deseo de transformar la vida de las personas. Esa búsqueda sin tregua será objeto de discusión pública en el concejo de la ciudad en los próximos días, mientras gestores culturales, artistas y el públicos desde sus casas, esperan que se respalde con más decisión la tarea del artes de transformar vidas, más allá de la llegada del ya no tan nuevo coronavirus.

     

     

     

  • Formación más integral y para proyectos propios, propuestas del nuevo pénsum en Comunicación Social

     

    Por: Carolina Meneses Botero / carolina.meneses@upb.edu.co

     

    “La realidad no es fragmentada; si hay integralidad en el conocimiento, también debe haber integralidad en el proceso formativo”, explica la profesora María Victoria Pabón Montealegre sobre la nueva malla curricular que propone una nueva unión de saberes con la cual los nuevos estudiantes de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín tendrán la posibilidad de aprender la aplicabilidad de las diferentes líneas de la profesión.

     

    María Victoria Pabón, directora de la Facultad de Comunicación Social-Periodismo de la UPB en Medellín y Juan José Osorio, docente miembro de su Comité de Currículo, cuentan cómo fue el proceso para diseñar el pensum que transformará el perfil del comunicador social-periodista de la universidad sin dejar atrás esa característica principal que define la identidad del egresado bolivariano: la integralidad.

     

    Además, explican cómo con el nuevo currículo se aplicarán las nuevas estrategias de formación que proponen más responsabilidad y participación del estudiante en el proceso de aprendizaje, porque “el contenido no es el rey, sino que el estudiante es quien decide qué se hace con ese contenido”, afirmó Maria Victoria Pabón.

    La deliberación y formulación de la nueva malla curricular fue un proceso que tomó cerca de cuatro años.

    Foto: José Luis Vahos.

     

    Conozca el principio de la transformación

     

    La directora de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo de la UPB en Medellín, quien además preside la Asociación colombiana de facultades y programas universitarios de Comunicación – AFACOM, explicó la principal motivación para diseñar el nuevo currículo:

     

    “La Universidad nos pidió hacer una revisión curricular y en el 2016 comenzamos a hacer un ejercicio de consulta en la que nos preguntamos qué cambios se veían en la sociedad, qué cambios se veían en el ejercicio de la comunicación y el periodismo y qué cambios se tenían que generar en la formación. Los resultados arrojaron que, claramente, se estaban dando cambios sociales que estaban generando transformaciones en el ejercicio del comunicador-periodista. Eso nos llevó a entender que el tercer elemento que había que cambiar era el proceso formativo”.

     

    El profesor Juan José Osorio explicó cómo se desarrolló la propuesta desde el Comité de Currículo, encargado de la estructura de asignaturas y contenidos: “Hicimos una consulta por grupos focales: egresados, estudiantes de los últimos semestres, empresas de la ciudad de diferentes enfoques y profesores internos y externos. Esto se hizo para averiguar qué se necesitaba cambiar dependiendo las necesidades del medio”.

     

    Según la directora de la Facultad, el proceso integral del comunicador fue uno de los principales hallazgos de la consulta: “Todas las personas consultadas destacaron que el egresado bolivariano se puede mover en cualquier campo de acción, por lo que definimos que no se podía cambiar la formación integral. Y lo segundo fue entender que la realidad no es fragmentada; si hay integralidad en el conocimiento, también debe haber integralidad en el proceso formativo”.

     

     

    Entérese de los principales cambios estructurales

    El nuevo plan de estudios vincula competencias y capacidades que combinan diversas áreas de la Comunicación desde la formación de los nuevos profesionales. Foto: José Luis Vahos.

     

    El profesor Osorio explicó que la integralidad que venía proponiéndose en la formación de los comunicadores sociales – periodistas de la UPB necesitaba ajustes. Ofrecía cuatro líneas diversas, pero “evaluaban las materias de periodismo por un lado, las de audiovisual por otro y así con todas las líneas. En la revisión descubrimos que estas labores no se hacen de manera separada”.

     

    Sobre esa base, para la construcción del nuevo pensum, “lo que hicimos fue disgregar todos los campos y definir qué era lo que queríamos que tuviese ese nuevo profesional y las nuevas competencias del egresado, respondiendo al modelo pedagógico de la Universidad. Para la definición de los cursos, sus contenidos y la metodología, se conformaron equipos de profesores para conversar sobre los contenidos que se tenían en cada materia del pensum anterior. Eso nos permite que no se repita información y que, si se repite, sea con una intención clara”.

     

    Según la profesora Pabón Montealegre, se definió que cada semestre tuviera un núcleo acompañado de laboratorios y talleres, como “corazón” de cada semestre, que se acompaña de otras asignaturas que desarrollan diferentes habilidades del estudiante dependiendo de la etapa en la que se encuentre.

     

    El nuevo pensum propone cuatro etapas: explorar el mundo, leer el mundo, conceptualizar el mundo y contar el mundo. “Es una división que se hace desde lo pedagógico, a lo que le llamamos intencionalidades formativas”. Según la directora de la Facultad, cualquiera que vea el plan comprende que hay un proceso que fomenta competencias específicas en cada etapa de la carrera.

     

    Vea aquí la nueva malla curricular

     

    “Hay un cambio sustancial porque el estudiante va a tener mucha más responsabilidad en este plan de estudios al ser protagonista de su proceso de aprendizaje, y el profesor se convierte en un asesor de ese proceso”, subrayó Pabón Montealegre y explicó: “Primero, pasamos al modelo pedagógico integrado; segundo, se pasa a un modelo de capacidades y competencias. El contenido no es el rey, sino que el estudiante es quien decide qué se hace con ese contenido”.

     

    “Se fortalece la integración, se implementa la integración de saberes y el trabajo interdisciplinario y colaborativo; tratando de comprender que la comunicación social y el periodismo ya no se ven como cosas separadas, sino que se comprenden como un todo. Y, ese todo no se puede estudiar por partes, sino que, a medida que se comprenden problemáticas sociales, posibilidades expresivas y maneras de análisis, se va a comprender que ese todo tiene diferentes aplicabilidades”, explicó el profesor Juan José Osorio.

     

    En esas condiciones, el estudiante podrá enfocar su trabajo en su línea de interés a lo largo de la carrera en la que, como cuenta el profesor Osorio, se elimina un semestre, “pero a partir de la mitad de la carrera se pueden elegir electivas que sean del interés del estudiante, entonces, se pueden coger materias que sean de las especializaciones que ofrece la universidad, y, si se gradúa con tres electivas que sean de la misma especialización, con un semestre más se pueden ver las materias faltantes y salir con el título de especialista”.

     

    Esta integración con la oferta de posgrados está pensada en fortalecer el interés que los estudiantes irán definiendo desde los primeros semestres. “Dentro del plan de estudios sí hay temarios básicos fundamentales que le apuntan a las áreas más convencionales que se han tenido en la facultad y obviamente la fundamentación teórica. (…) La cosa es que no se verá materia por materia, sino que se verá esa agrupación de saberes con una línea base”, explica el profesor Juan José Osorio.

     

    El vocero del Comité de Currículo puso un ejemplo común: “A todos los estudiantes les ha pasado que encuentran a alguien que le gusta el periodismo quejándose por la utilidad de la clase de Comunicación para el Desarrollo o al revés, entonces en el nuevo pensum se ven nuevos escenarios que hacen que esos cursos que son requisitos no sean completamente específicos y rígidos, sino que se puedan orientar dependiendo de los intereses de los estudiantes porque todos son compatibles”.

     

     

    Así se está dando la transición entre currículos

    Los profesores serán orientadores del trabajo de los estudiantes. Además trabajarán en equipo en torno a núcleos y laboratorios, en los que se privilegia la experimentación y el trabajo por proyectos.

    Foto: José Luis Vahos.

     

    Siempre que hay un plan de transformación debe haber un plan de transición. Según los voceros de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo, solo pueden hacer transición los estudiantes que estaban en primero y segundo semestre académico en el segundo semestre del 2020. “Es importante aclarar que se tiene una estrategia para que ellos no pierdan la calidad del aprendizaje y el dinero que ya pagaron. Todas esas materias ya se les reconocieron, pero no como materias principales que hacen parte de los núcleos y ejes fundamentales, sino como parte de las materias complementarias y optativas de diferentes semestres”, explicó el profesor Osorio.

     

    Sobre la transición hacia un trabajo de los profesores enfocada en la asesoría, mediación y acompañamiento, Juan José Osorio explicó que resulta fundamental la disposición de los docentes: “Se están haciendo unas estrategias que envuelven los contenidos, las formas de trabajo y las actividades que definen cómo trabajaremos y que acompañarán el trabajo a partir del primer semestre del 2021”.

     

    De acuerdo con la directora de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo, con este nuevo pénsum, el comunicador social – periodista que egresa de la UPB en Medellín sigue siendo un profesional integral: “Los cambios más significativos tienen que ver con que, antes el egresado era quien unía los conocimientos en el mundo laboral, y con este pensum, el egresado ya va a estar acostumbrado a unir las diferentes áreas. (…) El nuevo egresado va a ser mucho más fuerte como gestor de proyectos porque las finanzas se verán desde el principio. Nosotros queremos formar un comunicador social periodista que pueda hacer empresa y que no depende tanto de un medio de comunicación tradicional o de una empresa, sino que pueda gestionar sus propios proyectos”.

     

     

  • Un adversario de la informalidad

    Por: Alejandro Zapata Peña y Camilo Pérez Montoya

     

    El mundo despertó este 2020 junto con un nuevo enemigo que iguala a la familia humana en una misma lucha: prevenir el contagio por el SARS-CoV-2 al costo de evitar la vida social y el ritmo frenético al que la sociedad estaba acostumbrada. El reto desde entonces ha sido salvaguardar la vida no solo de las personas, sino también de los estados. Esto ha llevado a que en los últimos meses los gobiernos hayan centrado su atención y esfuerzos en el sector económico puesto que, según el Fondo Monetario Internacional, el crecimiento económico a escala global para este año se estima en un – 4,9 %.

     

    Dentro de este panorama, el sector informal de la economía se constituye como uno de los más afectados. Para la Organización Internacional del Trabajo se estima que de los 2000 millones de trabajadores informales que hay en el mundo, cerca de 1600 millones están siendo afectados por las medidas de aseguramiento implementadas por varios de los estados. «“Morir de hambre o por el virus” es el dilema que enfrentan muchos trabajadores de la economía informal», asevera la OIT en su informe sobre la crisis por la COVID-19 y la economía informal.

     

    De acuerdo a cifras del DANE de la Gran Encuesta Integrada de Hogares GEIH (febrero 2020), en Medellín la tasa de desempleo es de 40.8 %. Dentro de aquel porcentaje se encuentran Egidio Peña y Luz Mila Ossa que con su emprendimiento han construido 42 años de tradición zapatera y seguidamente Clara Montoya, que junto a su familia ha levantado un negocio de comidas rápidas en el barrio Manrique, el cual ha perdurado como uno de los más exitosos del sector. Sus historias le ponen rostro al reto que ha representado la coyuntura para los trabajadores informales, el vaivén y los esfuerzos por sobrevivir a la pandemia.

     

    Máquinas bajo sábanas

    Un buen tiempo se silenciaron estas máquinas en el taller de Creaciones Elizabeth. Foto: Camilo Pérez.

     

    “El arte más olvidado y despreciado”, así denomina Peña a la actividad que por más de 40 años le ha dado de comer a su esposa y a sus hijos. En tiempos de confinamiento: suelas, plantillas, empeines y demás fragmentos del zapato parecen estar desapercibidos en el corto pero fructuoso taller situado en la comuna 9 (Buenos Aires), al oriente de la ciudad. Los dos se encuentran lijando en el taller una silla de madera destinada para su hija Elizeth, no es la primera vez en los últimos meses que se ven obligados a ocuparse de otro tipo de oficios diferentes al de estar pegando, cosiendo y ensamblando calzado.

     

    Ellos hacen parte de los 1600 millones de trabajadores que hoy en el mundo están obligados a producir o vender menos a lo que estaban habituados. Corría el año de 1985 y Creaciones Elizeth, —como llamaron su microempresa— producía la suma de 500 pares de zapatos elaborados a su totalidad y paso a paso cada semana, en ese entonces la microempresa fue altamente reconocida por la gran calidad de zapatos que fabricaba la pareja junto a sus 25 trabajadores, llegando así a ganarse Ossa el reconocimiento a la mejor microempresaria de Antioquia.

     

    La suerte que hoy corre Peña y Ossa en cuanto a la manufactura del calzado no es la mejor, las cerca de seis máquinas con las cuales fabricaban el zapato completo, hoy permanecen bajo sábanas, “Aquí no apoyan al pequeño, nunca lo apoyan, lo tratan de asfixiar y ahogar”, son algunas de las frases en las que enfatiza Peña al estar lijando la silla de su hija con mirada concentrada y cavilando qué le deparará el futuro de su negocio en plena coyuntura pandémica.

     

    A lo largo de la pandemia de 20 a 50 pares semanales de tan solo la parte superior del calzado es lo que logran producir, de este rendimiento gran cantidad va a parar a vendedores de locales comerciales del centro de la ciudad, —uno de los sectores últimamente más afectados por cierres y contagios—. Tanto para Peña como Ossa las esperanzas de una reapertura fija del comercio están intactas para poder así tratar de alcanzar aquellos números de zapatos que producían antes de todo el desbarajuste.

     

    Con el miedo en un lado y la necesidad en el otro

     

     

    “Como si estuviera por allá encerrado”, así describió Clara Montoya la calidad de la llamada telefónica cuando se disponía a contar la historia de su negocio, casi haciendo una metáfora de la situación actual. Desde hace 15 años, doña Clara junto con otros socios, entre ellos su hija, trabaja en su negocio de comidas rápidas ubicado en el barrio Manrique Oriental. Con sus empanadas, papas y pasteles se han hecho reconocidos entre la comunidad que, asegura Montoya, gusta mucho de su producto.

     

    << Con menores volúmenes de ventas, este nogocio en Manrique se ha mantenido en pie.

    Foto: Alejandro Zapata.

     

    “Hay que volear mucho, pero da para que le quede a uno algo… Eso antes de la pandemia”, expresa Clara refiriéndose a un tiempo de abundancia del que ya se dista mucho, puesto que durante el confinamiento muchas han sido las consecuencias. Los clientes tradicionales del negocio tienen miedo de salir a comprar y no cuentan con los mismos recursos de antes para hacerlo, puesto que el desempleo ha aumentado y “la gente va a preferir comprar un paquete de arepas que un pastel”, dice Juan Pablo, el hijo de Clara.

     

    El negocio ha podido seguir funcionando gracias a un permiso expedido en la acción comunal del barrio. Montoya y su familia intentan mantener las medidas de seguridad como el lavado de manos; el uso del antibacterial, guantes, tapabocas y distanciamiento social, asimismo usan cintas señalizadoras para separar a la gente. Sin embargo, el trato con las personas se ha vuelto más complicado, puesto que en el intento de cumplir con las medidas de seguridad y a la vez brindar un buen servicio, las personas se molestan por lo que ven como trabas para comprar el producto.

     

    A las dificultades se le suman las constantes intervenciones de la policía para establecer controles en las actividades del negocio a pesar del permiso con el que cuentan. Son frecuentes los llamados de atención por el funcionamiento durante el confinamiento y la aglomeración, y constante la amenaza de un comparendo. Continuar trabajando representa un riesgo y un miedo constante que esta madre de dos hijos describe como una confusión horrible, pero que aún así está dispuesta a tomar porque “usted sabe que uno tiene que reinventarse”, dice ella.

     

    Para Clara Montoya las medidas que ha tomado el Gobierno no responden a las necesidades de negocios como el suyo. Ella y su hijo concuerdan en que la apertura parcial de la economía emprendida desde la Administración Nacional han estado encaminadas a otro tipo de comercio, pero no a ayudar a las personas que no tienen un trabajo estable, quienes como ellos deben continuar laborando atenidos a las diferentes consecuencias de desacatar la ley.

     

    El negocio conocido como Empanadas de Trasmayo ha tenido que despedir a los tres trabajadores con los que contaba antes de la coyuntura por la COVID-19. “Ahora solo trabajamos nosotros (ella y sus hijos) para lo poquito que se hace, a veces no se vende todo”, asegura Montoya. A pesar de todo, Clara es consciente del enemigo al que se está enfrentando: sabe que el riesgo de contagio es real y que la clausuración de la economía responde a un intento por salvaguardar el bienestar general.

     

    Clara Montoya reconoce que recuperarse de los efectos de la pandemia será un proceso difícil, sin embargo, invocando la gloria de su Dios, expresa la vibrante esperanza de que una vez se reabra la economía puedan empezar a reconstruir lo que perdieron. Ella y su hijo saben que “eso no va a ser para mañana ni para pasado mañana”, pero está expectante de que para el bien de todo el mundo la situación empiece a ofrecer un mejor semblante.

     

    Los Peña y los Montoya reflejan el drama de un sector económico golpeado por una situación que socava las bases del trabajo informal. El sentimiento es compartido: la añoranza de épocas no muy lejanas donde sus negocios daban los frutos del trabajo de muchos años, la sensación del abandono estatal en medio de la zozobra y la expectativa de un mejor porvenir. Son estos los pensamientos que abundan en el quehacer de muchos de los trabajadores informales que en medio de la pandemia articulan diferentes estrategias para sobrevivir a una lucha entre el temor y la carencia.

     

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  • LOS GRITOS DEL SILENCIO

    Hay luchas que no se ven mediante ojos ajenos, que son silenciosas y hasta quitan el aliento. Caminos que terminan abruptamente cuando el cuerpo es joven pero el motor se apaga, por una historia rota, un sueño lejano o una guerra sin fin. Hay pesadillas de las que aún es posible despertar si el guía del camino es el adecuado, pero sobre todo si en una pequeña parte de la noche, aún se anhela un rayo de sol.

    Por: Sara Escudero y Tatiana González

    Siempre se ha dicho que las personas vienen y van, que el ciclo de la vida consiste en nacer, desarrollarse y fallecer, pero ¿qué sucede con aquellas personas que lo alteran y, simplemente, un día deciden desaparecer? ¿Aquellos que les falta el sueño, aquellos que albergan miedo en su mente y corazón, aquellos que disimulan la ansiedad y la depresión, aquellos que, abrumados por las dificultades, deciden quitarse la vida?

    El suicidio es un fenómeno global que afecta cerca de 800.000 personas en todas las regiones del mundo según la Organización Mundial de la Salud – OMS. En Colombia, es la cuarta causa de muerte más frecuente según la Alcaldía de Medellín. Sin embargo, con el 2020 llegó un enemigo más para aquellas personas, un organismo microscópico que resultó ser más fuerte que nadie, pues cuenta con el superpoder de ser invisible al ojo humano y con la capacidad de acabar con la única vida que cuentan en el juego al que llaman “pandemia”. Este enemigo, conocido como Coronavirus, llegó a complicar la situación con pánico, estrés, depresión y ansiedad en medio de un encierro que parece no tener fin y una enfermedad que cambió nuestro estilo de vivir.

    Así fue como Carlos perdió a su hijo de tan solo 16 años, quien con una sonrisa y una carta de despedida decidió saltar a un vacío de silencio y oscuridad en medio de una crisis mundial.

    UN POEMA QUE ABRIÓ UN CANDADO Y CERRÓ UNA VIDA
    Era la tercera vez que el señor Carlos entraba a la reunión virtual de La Cajita de Colores, un espacio liderado por el doctor Jorge Gómez Calle tras la iniciativa de la Gobernación de Antioquia, para a personas de Colombia y el mundo a afrontar y a entender el proceso de duelo tras la pérdida de un ser querido en medio de la pandemia por el coronavirus.

    La esposa de Carlos había participado desde el primer día que iniciaron las charlas, pero fue en esta ocasión cuando él tomó la palabra y contó su historia.

    Aquella noche del 24 de julio del 2020 se encontraba al lado de su mujer y su hija, terminando el rosario por el alma de su hijo de 16 años, quien se había quitado la vida hacía 24 días. Cuando comenzó a recordar la última vez que vio a su hijo, su rostro expresaba dolor. Según él, era un niño ansioso que se vio mucho más afectado por cuestiones de la pandemia y el encierro.

    Al ver que su hijo se comportaba un poco extraño, por prevención, Carlos tomó la decisión de cerrar con candado en el lugar donde vivían todas las terrazas, pero el día que esto ocurrió la actitud del joven se mostraba normal. Fueron a hacerle unos exámenes de sangre por la mañana y el resto de la tarde transcurrió como si nada.

    —Papi déjame cerrar la terraza —le dijo su hijo—. Confía en mí.

    Carlos le dijo que no confiaba y que, por favor, le diera la tranquilidad de hacerlo él mismo para poder leer el poema que su hijo les había hecho sin preocuparse. Al cerrar la terraza se fue a su habitación donde se encontraba ya su esposa y leyeron la primera línea del poema. “Esta es mi carta de suicidio”. Inmediatamente, ambos padres salieron corriendo y se encontraron con su hijo mirándolos desde el vacío de su balcón en la urbanización donde residían en Bogotá. Era una altura de once pisos. Él les sonrió y se lanzó.

    La expresión de Carlos manifestaba el dolor y las dudas que sentía, pero, más que todo, una necesidad de ser fuerte por su familia, a pesar de culparse de lo que pasó. Recibieron el apoyo de muchos amigos y conocidos, pero lejos de su familia que vive Venezuela.

    Heridas difíciles de sanar
    El señor Carlos aún no ha podido asimilar todo lo que esta situación entraña. Por esto es necesario entender más a fondo esta situación. El Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, en el Boletín de salud mental, afirma que el suicidio se define como la “muerte derivada de la utilización de cualquier método […] con evidencia, explícita o implícita, de que fue auto-inflingida y con la intención de provocar el propio fallecimiento”; fue entonces cuando Carlos se quebrantó porque su hijo simplemente no aguantó más.

     

    Sin embargo, hay que tener en cuenta que muchas familias en el mundo estuvieron al borde de esta situación, con la diferencia de que aún no han perdido a sus seres queridos. De esta manera, el intento suicida es incluso mayor. Según el Ministerio de Salud, se estima que el “4.9 % de la población en Colombia ha intentado suicidarse en algún momento de su vida y esto consiste en una “conducta potencialmente lesiva autoinflingida y sin resultado fatal”.

    Ni los primeros ni los últimos
    Desde el momento en que nacemos, conocemos la felicidad, el amor, la tristeza, la ira y las situaciones buenas y malas que rodean la vida. Sin embargo, el poder sobrellevar estas situaciones lo aprendemos con el paso de los años, pero llega un punto de debilidad, un punto donde creemos que nada tendrá solución y pensamos en una vida triste y sin razón. Es en este momento cuando una pequeña idea para acabar con el sufrimiento puede ser fatal para los seres que dejamos atrás. Este proceso de aprendizaje existe desde hace muchos años y, por lo tanto, esta problemática no es nueva.

    Desde el año 1999, el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses comenzó a revelar cifras de los fallecimientos autoinfligidos en Colombia. Hasta ese momento esta problemática no era una prioridad, pero el aumento constante de aquellas personas que un día decidieron desaparecer, con el paso de los años permitió exteriorizar la situación y darle relevancia. La Alcaldía de Medellín afirma que desde el año 2000 hasta el 2006 la tendencia de mortalidad en Colombia por suicidio era descendente, pero en este punto y hasta la actualidad los números muestran un incremento constante de familias que lloran y se preguntan a diario qué hicieron mal.

    El Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Lesiones de Causa Externa del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia reportó 18.618 suicidios ocurridos desde el 2006 hasta el 2015, en promedio se presentaron 1.862 casos por año.

    Los problemas que las personas enfrentan son muchos, todo depende de la calidad de vida, de las oportunidades que recibe, de la felicidad que lo rige y de la fortaleza para enfrentar los malos momentos. Sin embargo, nadie dijo que esto fuera tarea fácil y, al parecer, a los paisas se les complicó más las cosas. En Medellín, el panorama no era nada bueno, desde el año 2000 hasta el 2010 esta ciudad “ha presentado tasas de mortalidad por suicidio superiores que la tasa promedio del país y similares a las de Antioquia, encontrando que el 38 % de los casos de Antioquia los aporta las personas de Medellín”.

    Para el 2017, la cifra de suicidios tuvo una reducción de 100 casos, mientras que el intento de suicidio aumentó llegando a 25.835, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE); al parecer, el destino tiene un papel importante en estos casos, a veces ofrece una segunda oportunidad y deja ver la precaria situación que viven muchas personas para tomar una decisión como esta. Según la Alcaldía de Medellín, en esta ciudad “en promedio se presentan 1.100 intentos de suicidio y 120 muertes por esta causa anualmente”.

    Para el año 2019, el Instituto Nacional de Salud reportó 30.539 casos de intento de suicidio, lo que demuestra un aumento constante de lo que podríamos llamar un intento de desaparición auto-infligida, es claro que la situación sigue siendo problemática.

    Una enfermedad silenciosa, sin preferencias
    De todos los problemas que en la vida debemos afrontar, hay unos que representan un dolor más fuerte para el corazón, un dolor que parece no tener un fin, un dolor que lleva a tomar una decisión como el suicidio. El Ministerio de Salud y Protección Social asegura que los intentos de suicidio presentados en el año 2017 fueron resultados de situaciones como conflictos amorosos, problemas económicos, problemas escolares y maltrato físico, psicológico o sexual respectivamente. Enfrentar estas situaciones no solo altera los sentimientos sino también la salud, aquella que no se trata con inyecciones u hospitalizaciones, aquella que se deteriora y genera trastornos psiquiátricos como el depresivo y el abuso del consumo de sustancias psicoactivas que aceleran el pensar en la opción del suicidio.

    Ante la pregunta: ¿quiénes sufren más de este mal silencioso? Se debe decir que el suicidio afecta a toda la población, sin embargo, la población más vulnerable, según un informe de la Alcaldía de Medellín, es la de los hombres, pues tienen el número más alto de suicidios en el país e incluso en Antioquia y Medellín. Pese a esto, las mujeres también se ven afectadas con esta situación siendo las que más intentos de suicidio han cometido, abarcando más del 50 % de las cifras anuales. La OMS afirma que “la frecuencia del intento de suicidio es 20 veces mayor que la del suicidio consumado” y el grupo de edad más afectado va desde los 15 hasta los 34 años.

    Se sabe que en Colombia “las personas que padecen trastornos mentales y del comportamiento y aquellas que tienen trastornos por consumo de alcohol u otras sustancias psicoactivas, tienen mayor probabilidad de presentar conducta suicida, al igual que quienes han tenido eventos críticos en su vida, como pérdidas de un ser querido, del empleo, han tenido experiencias relacionadas con conflictos, “peleas con los padres, separación, rompimiento con la pareja, cambio de vivienda”, madre con trastornos mentales, historia familiar de suicidios, maltrato, desastres, violencia y abuso sexual; personas con factores genéticos o biológicos que se asocian con mayor frecuencia del evento; entre otros”.

    Una batalla invisible
    En diciembre de 2019 llegó un enemigo más a esta situación. Para el 11 de marzo de 2020, el brote pandémico ya había llegado a 100 países en todo el mundo. Fue así como se comenzó a vivir una situación que muchas generaciones jamás se hubieran imaginado, desde entonces se declaró como pandemia. En Colombia, el mayor miedo llegó el 6 de marzo de 2020 con el primer caso confirmado con la enfermedad y para el 25 de este mismo mes el Gobierno Nacional decretó cuarentena obligatoria para evitar que la propagación aumentara. Los riesgos para la salud mental que ya venían haciendo mella aumentaron con el encierro.

    Jeff Huarcaya-Victoria, en su texto Consideraciones sobre la salud mental en la pandemia de Covid-19, asegura que las emociones negativas, como la ansiedad y la depresión, se incrementaron con la situación. La desinformación, los mitos, el distanciamiento entre las personas por la cuarentena, entre otras cosas, incrementaron el deterioro en la salud mental de las personas, generando problemas psicológicos y mentales.

     

    Como con todas las situaciones difíciles de la vida, hay una que predomina más que otras y Huarcaya define cuáles son las principales afecciones mentales que presentan los individuos en medio de la pandemia.
    En primera instancia, asegura este experto, la ansiedad no se hace esperar, esta “ocurre cuando algunos cambios o sensaciones corporales son interpretados como síntomas de alguna enfermedad”. El enemigo de esta historia, más conocido como la Covid-19, generó miedo en las personas pues todos los días aumentaban los números de fallecidos por la enfermedad, lo que dio paso a esta condición. Esta sensación que daña los sentimientos positivos, que los satura y que llena de tristeza el corazón influye negativamente en la capacidad para tomar decisiones y en el comportamiento de las personas.

    Por otro lado, está la depresión que se relaciona con situaciones como la pérdida de algún ser querido por la Covid-19, con problemas de salud, con el diagnóstico de personas cercanas y con el impedimento de relacionarse socialmente por la cuarentena.

     

    Las reacciones de estrés son otro factor que influye en el deterioro de la salud mental en medio de la pandemia. Un estudio realizado en China en 52.730 personas reveló que esta condición se presentaba más entre los rangos de edad de 18 a 30 años, por el acceso a la información suministrada por las redes sociales, y las personas mayores de 60 años al ser los más afectados con la Covid-19.

    Así mismo, hay que resaltar también que ciertas felicidades de la vida contribuyen a disminuir el riesgo de padecer aquellas enfermedades silenciosas que pueden terminar en un suicidio. Para Huarcaya, “el vivir en un área urbana, tener estabilidad económica familiar y vivir con los padres fueron factores protectores frente a la ansiedad. No obstante, el tener un conocido diagnosticado con la Covid-19 empeora los niveles de ansiedad”.

    Los héroes también lloran mientras salvan vidas
    ¿Quién ayuda a quienes nos ayudan? ¿Quién ayuda al personal de salud que se encuentra expuesto al virus y son quienes mejor conocen la delicadeza del contagio? Teniendo en cuenta el aumento del estrés laboral, el miedo a las circunstancias, el poco sueño, entre otros factores, la salud mental de tantos médicos, auxiliares y enfermeras se ha venido deteriorado.

    Lina María Álvarez, psicóloga especialista en seguridad laboral de SURA, comenzó, desde el mes de abril, un acompañamiento a nivel nacional de teleconsultas para las personas que se han visto afectadas por la Covid-19; esto con el fin de ayudarlos a manejar la angustia, el temor, la ansiedad e incluso la depresión. Con un promedio entre ocho a once consultas diarias, como balance: la mayoría de los pacientes dieron positivo a la prueba y tuvieron que aislarse indefinidamente.

    Tras el inicio del confinamiento obligatorio en el mes de marzo, los casos positivos de Covid-19 fueron aumentando en varias regiones del país, obligando al gobierno nacional y local a tomar medidas y precauciones para evitar que la población se contagiará y se generará una cadena de pacientes esperando una cama en las UCI, las cuales son limitadas, y, así mismo, a crear conciencia sobre la responsabilidad social que se tiene como individuo en la comunidad ya que el enemigo es invisible y se mueve además de rápido con facilidad.

     

    Más de 18 horas extras de trabajo, la angustia de saber que están constantemente expuestos al virus, conocer la complejidad de este, saber las dificultades por las que pasan muchos de los pacientes, más la angustia de estos y sus familiares, conforman un escenario que ha superado la ficción.

    Para salvaguardar la salud mental del personal de salud, entidades como SURA han tomado la iniciativa de crear una red de apoyo telefónica con especialista en psicología y psiquiatría para apoyar, escuchar y fortalecer, desde el distanciamiento social, las necesidades emocionales que presentan los médicos, enfermeras y auxiliares del sistema de salud a nivel nacional.

    Fue desde el 26 de marzo del año 2020 que la psicóloga Lina María Álvarez inició el acompañamiento en salud mental por teleconsulta a las personas que se habían visto afectadas por el encierro en la cuarenta, también quienes dieron positivo para coronavirus y al personal de salud.

    —Este proceso ha sido de muchos retos y desafíos, porque es entrar en realidades muy complejas. Finalmente, uno ve una parte de su vida reflejada en el otro, al compartir experiencias que de alguna forma tocan las emociones de uno y lo impactan —explica Álvarez.

    Así mismo, para ella fue un proceso de aprendizaje y para sus colegas debido a las circunstancias dadas por la cuarentena y las medidas de distanciamiento ya que debían prepararse para los casos más crudos, difíciles o extremos. La contención de comportamientos depresivos, ansiosos, maníacos, ataques de ira y desesperación o posibles intentos de suicidio o violencia fueron los más comunes. Aunque estos dos últimos se han presentado con poca frecuencia, cuando aparecen, se ha involucrado a las autoridades pertinentes y se ha intervenido bajo los protocolos del Ministerio de Salud y Protección Social y los lineamientos de la administración local.

    En las consultas diarias la mayoría de estas llamadas pertenecen al personal de salud de cualquier ciudad del país que, por motivos de contagio o estrés, necesitan acompañamiento en salud mental. Para esta psicóloga, atender a esta población ha sido todo un reto debido a que son personas con mucha carga emocional y laboral, y que se sabe de antemano lo expuestos y vulnerables que están ante circunstancias difíciles, como la de la pandemia.

     

    Por otra parte, muchos centros no cuentan con el equipo de atención necesario para recibir a los pacientes y ayudarlos debidamente, lo que genera una sensación de impotencia y estrés sobre los médicos.

    Otra situación que genera miedo en el personal médico es que no todos han recibido los elementos de protección para evitar contagiarse. Se sabe que están en riesgo debido a que tienen contacto directo y constante con personas que poseen el virus, pero, aun así, se espera que por parte del centro de salud y las ARL se les brinde el equipo idóneo para la realización de su labor sin ningún riesgo. La psicóloga Álvarez cuenta que cuando ha atendido a médicos que han sido contagiados por el coronavirus, “ellos mismo me han manifestado el miedo que sienten por la enfermedad, porque de alguna forma son muy conscientes del riesgo de los síntomas. Ellos necesitan ser escuchados, porque cargan y guardan muchas cosas que poco a poco se les van sumando hasta que colapsan. Como todos, ellos lloran y sienten que a veces no pueden más”.

    Entre cardiólogos, anestesiólogos, internistas, enfermeras, personal administrativo, auxiliares, entre otros, se han enfrentado directamente contra un enemigo invisible. El salvar vidas y cuidar de los enfermos dentro de esta pandemia los ha llevado al rechazo y a la discriminación por parte de muchas personas que, por miedo, ignorancia, desespero o desconocimiento, reaccionan de forma impulsiva y hasta violenta. Incluso en el lugar en donde viven, muchos de ellos han sido vulnerados por sus propios vecinos.

    —Cuando el médico cucuteño Roberto Claro falleció por Covid-19, al día siguiente atendí a una pareja de médicos, ambos contagiados, que fueron cercanos a él. La esposa me dijo que lloró bastante y que aún no podía creerlo. Era uno de los mejores médicos del país. Es duro para ellos, porque saben que están en riesgo constante y que, fácilmente, al siguiente puede ser uno de ellos” —agregó Lina María Álvarez.

    El objetivo de la línea en salud mental de SURA es brindar equilibrio, ser compañía y apoyo para quienes más lo necesitan en medio de la pandemia, sea por cuestiones de contagio, personales, soledad, entre otras circunstancias que pueden afectar o alterar las emociones de las personas.

    Cabe resaltar que, según los boletines brindados por el Ministerio de Salud y Protección Social, a los profesionales de la línea de SURA, el cuidado de las emociones y sus manifestaciones han pasado a ser un tema de atención prioritaria en medio de la pandemia, debido a todas las medidas que se han tomado que han

    transformado las dinámicas personales y sociales. Por esto, las campañas a nivel nacional y local sobre el cuidado de la salud mental han aumentado.

    La inteligencia emocional y el control de los impulsos en tiempos de crisis son clave para la supervivencia y la plenitud del ser humano en medio de las dificultades ya que las repercusiones no son netamente mentales, sino que también se pueden dar manifestaciones físicas o somatizaciones que limiten la realización de la persona en sus ambientes y espacios.

    Para algunos, el golpe es más fuerte
    Cuando el ser humano enfrenta circunstancias o eventos amenazantes que ponen a prueba la forma en la que afronta o ve la realidad, desde lo emocional se puede experimentar una sensación de crisis y alteración, debido a que es algo que se sale del control propio e incluso es difícil de comprender porque le da un giro de 180 grados a la vida y las dinámicas de las personas.

    Según una comunicación del Ministerio de Salud y Protección Social, con la llegada de la Covid-19 en el 2020, un mar de emociones sacudió a la población, retándola a enfrentarse a una realidad difícil y casi ficticia para la que nadie estaba preparado. Estos cambios, que de alguna forma han sido inmediatos y radicales, han generado múltiples reacciones en las personas, llevándolas a estados de alteración emocional, perturbación, sensaciones de cansancio, agotamiento, desamparo, confusión, ansiedad, afección del funcionamiento de sus relaciones laborales, familiares y sociales, y síntomas físicos asociados al síndrome ansioso y depresivo generado.

    La intensidad varía dependiendo del individuo, desde el impacto hasta los trastornos mentales previos que potencializan o no la emoción. Puede llegar a ser crítico cuando la persona pone en riesgo su vida acudiendo al suicidio y al amenazar la integridad de los demás. Según los datos brindados por el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública – SIVIGILA (Vigilancia rutinaria histórica 2007-2019 y Boletines Epidemiológicos Semanales de 2020), en la semana epidemiológica 8 a la 16, se presentaron un total de 8.431 casos los casos de intento de suicidio en el 2020; una disminución en comparación con el 2019, año en el que durante las mismas semanas se presentaron un total de 9.013 casos en el país.

    No todos los casos quedan en la intención o el intento fallido de hacerse daño. Las muertes por suicidio registradas en el Sistema Integrado de Información de la Protección Social-SISPRO indican que para el 2019, entre enero y abril, fueron 909 personas las que perdieron la vida bajo esta condición, cifra mayor en comparación con el 2020, en los mismos meses, con 798 fallecidos. No obstante, la llegada y la influencia del coronavirus al país ha encendido las alarmas para el desarrollo de acciones que ayuden a la prevención de la conducta suicida en medio de la cuarentena, generando estrategias que fortalezcan la salud mental de las personas frente a los cambios en las dinámicas sociales e individuales.

     

    Importancia a lo importante
    Los trastornos mentales han sido catalogados con el pasar de los años de diferentes maneras, han sido llamados posesión, brujería, actuación, locura, entre otros calificativos. La invisibilidad de los síntomas los ha llevado al olvido en muchas sociedades y épocas, debido a que como no hay una manifestación física directa es poca la credibilidad que ha recibido, y mucho menos la atención y la importancia.

    Lenta y progresivamente, los estudios sobre estas temáticas han aumentado, otorgándoles una posición en las ciencias de la salud y en la conciencia de la población. Pero, a pesar de que se ha avanzado bastante en comparación con la antigüedad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha presentado un problema crónico, incluso desde antes de la llegada de la Covid-19, en la financiación que los países han realizado a las entidades y programas de salud mental. Menos del 2 % del presupuesto nacional de 130 naciones se ha destinado a esta causa tras el estudio que realizaron.

    Debido al contagio por coronavirus se pueden presentar también complicaciones neurológicas y mentales que pueden ser delicadas para el paciente, entre estas está el delirio, accidentes cerebrovasculares y agitación, según la Organización Mundial de la Salud.

    “Una buena salud mental es absolutamente fundamental para la salud y el bienestar en general”, así lo manifestó el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS. Y es que, la sintomatología de los trastornos mentales no es invisible, ya que las repercusiones de un desorden mental, sin la atención y los cuidados adecuados, puede manifestarse a partir de somatizaciones físicas que pueden causar dolor y malestar constante en el cuerpo.

    Los centros y los servicios de atención a la salud mental se vieron fuertemente afectados por la crisis actual, ya que, si antes de todo esto no tenían los medios o los recursos financieros y estructurales suficientes para atender debidamente a la población, tras la llegada de la Covid-19, el colapso de atención fue mayor. Según el estudio de la OMS en los 130 países se pudo evidenciar que más del 60 % de los países señaló perturbaciones de los servicios de salud mental destinados a las personas vulnerables. Además, más de un tercio señaló perturbaciones en las intervenciones de emergencia, incluidas las destinadas a personas afectadas por convulsiones prolongadas y síndromes de abstinencia severos relacionados con el consumo de drogas y estados delirantes, “que con frecuencia son la señal de graves trastornos médicos subyacentes” dice el estudio.

    Se han tomado diversas alternativas para sobrellevar las problemáticas en la atención en tiempos de pandemia, las teleconsultas han sido una opción determinante para varios países, de tal forma que no se arriesgue la salud física tanto del paciente como la del profesional. Además, teniendo en cuenta las medidas de bioseguridad establecidas en cada territorio y el distanciamiento social, muchas instituciones han considerado la atención por llamada, la solución más sensata.

     

    Por otra parte, Colombia es uno de los países que ha implementado la teleconsulta, un servicio de telemedicina como medida de intervención. En el caso de la ciudad de Medellín, hace poco se presentó una estrategia por parte del Metro en alianza con Alcaldía de Medellín y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá debido a que el bienestar emocional de las personas se vio directamente afectado tras la llegada del coronavirus. Bajo estas circunstancias y en conmemoración del mes del cuidado y la prevención de la salud mental, crearon un espacio en la estación San Antonio llamado El Escuchadero, cuya finalidad es que las personas que hacen uso de este medio de transporte, se acerquen voluntariamente si desean ser escuchados.

    Una luz al final del túnel
    Hay un inicio y un final en la historia de cada persona, uno que para aquellos que creen en el destino está predeterminado. Pero hay quienes retan esta ley y buscan adelantar, bajo sus propios medios, procesos como el de la muerte para acabar con dolores que no les permite, según ellos, vivir con plenitud. Según el psicólogo antioqueño Jaime Carmona Parra, en uno de sus trabajos para la Universidad Luis Amigó, afirma que “concebir la subjetividad humana como una estructura de auto-interacciones permite entender que en su interior puedan presentarse conflictos, incluso auténticas batallas interiores, que pueden implicar gastos enormes de energía y derivar en patologías graves y, por supuesto, en suicidios. La capacidad de conciliar y facilitar la coexistencia más o menos armónica y pacífica entre las diferentes personalidades es un indicador de salud mental”.

    Entender el comportamiento humano es todo un reto, pero lentamente se han logrado avances que le permiten a los especialistas, acercarse a la realidad de muchos individuos que pasan por situaciones conflictivas, pero sobre todo cómo y mediante cuáles estrategias mitigar el riesgo del suicidio y mucho más ahora en tiempos de pandemia.

     

    Tras la llegada de la Covid-19, el Ministerio de Salud y Protección Social estableció una serie de lineamientos para salvaguardar la salud mental de la población en medio de la crisis. Teniendo en cuenta que, las realidades son diferentes en cada departamento, ciudad, sector y comunidad, el Gobierno Nacional, permitió que cada administración local, siguiendo los protocolos generales, adoptará las medidas de prevención de acuerdo a las necesidades de las personas. Con respecto a las medidas para la prevención del suicidio, se realizó de la misma manera.

    Según la Resolución 518 de 2015, del Ministerio de Salud y Protección Social, de la mano de las autoridades y las instituciones gubernamentales, por medio de procesos de vigilancia en la salud pública, coordinación intersectorial, desarrollo de capacidades y participación social se busca la identificación temprana y el cómo abordar a las personas que están en riesgo de cometer suicidio. Así mismo, cómo será el proceso de ayuda y rehabilitación para la persona, y el de educación, comunicación e información de la comunidad frente a esta situación.

    Teniendo en cuenta los protocolos de bioseguridad, se espera que de la mano de el Plan de Beneficios en Salud (PBS) de las Entidades Promotoras de Salud (EPS) y de las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS), se fortalezca el acompañamiento en las comunidades y que estas mismas estén preparadas dentro de sus servicios para valorar las conductas riesgosas, incluyendo el suicidio. La idea con esto es que por medio de educación constante y los programas de prevención, mejore la calidad de vida de las personas.

    Pero aún…
    Tristemente, aunque se han presentado estrategias para mitigar el impacto de pandemia en la salud mental de las personas y de alguna forma evitar el suicidio, la situación actual también es desalentadora, incluso desde el mismo distanciamiento, por la soledad que se puede sentir. Así mismo, las garantías económicas, laborales, en salud, seguridad, entre otras, para sobrellevar la crisis por parte de algunas instituciones y el Gobierno Nacional no son suficientes, y la calidad de vida de las personas se ha visto afectada. Por otra parte, las camas de las unidades hospitalarias fueron adoptadas solo para pacientes Covid, muchas personas que buscaban ayuda inmediata por alteraciones emocionales severas en urgencias, tuvieron que recurrir a la teleconsulta y con un apoyo familiar, mas no profesional, para manejar la crisis directamente.

    También la red de apoyo con la que cuente una persona puede ser un factor de riesgo o un factor protector.Llo cierto es que no contar con el apoyo de alguien puede ser fatal. Si ese círculo cercano es uno de los generadores de crisis, la persona, abrumada, en medio de la desesperación y la emoción, puede entrar en un estado de riesgo. Si la red de apoyo es una compañía constante, de ánimo y de escucha, el impacto en la persona es positivo.

    La salud mental es clave para que el ser humano se desarrolle plenamente en la sociedad y como persona. Permite la sostenibilidad y el equilibro en todos los ámbitos que se le presenten, incluso, como ya se mencionó, es crucial para el bienestar de la salud física. Lo que pasó de ser un tabú años atrás, se ha convertido en un arma clave para el funcionamiento del mundo. Por ello, es necesario cuidar de esta bajo la supervisión adecuada, ya que, de no ser así, las repercusiones y consecuencias son varias, algunas permanentes e incluso fatales.

     

    Es posible prevenir el suicidio si se dejan de lado los mitos, si se educa a la sociedad desde la empatía, el respeto y la responsabilidad social. El suicida pide ayuda en silencio, es responsabilidad de todos detectar tempranamente esos gritos y, ahora, en pandemia, mucho más.

    Trabajo realizado para el curso Periodismo V, orientado por la profesora Jazmín Santa Álvarez.

     

  • Cuarentena criminal

    Por: Valentina Aramburo y Juan Manuel Cano

     

    El aislamiento social a causa de la COVID-19, durante los primeros meses del año, hizo que los gobiernos decretaran cuarentenas para sus habitantes. Mientras tanto, las bandas criminales que delinquen en las comunas de Medellín continuaron activas.

     

    Clic en la imagen para navegar el especial multimedia que relata en detalle algunos de los fenómenos protagonizados por la delincuencia en Medellín durante la cuarentena.

    Trabajo para el curso Periodismo V, orientado por la profesora Jazmin Santa.

     

     

  • Nuevos emprendimientos en cuarentena

    Por: Mariana Arcila y Andrea Patiño

     

    Los emprendimientos durante la pandemia aumentaron significativamente gracias al auge de las redes sociales y a la necesidad de migrar hacia la virtualidad. Especialmente en lo laboral, el teletrabajo se convirtió en una obligación para muchas empresas. Este trabajo multimedia ahonda en las motivaciones de estos emprendedores digitales y en el porqué de hacerlo durante el confinamiento.

     

    Clic en la imagen para navegar el especial.

     

    Trabajo realizado para el curso Periodismo V, orientado por el profesor Gabriel Lotero Echeverri.

     

     

     

     

  • El medio ambiente en redes sociales

    Por: Daniela Morales Medina / daniela.moralesm@upb.edu.co

     

    El medio ambiente se ha vuelto un tema cada vez más relevante y del que se habla en redes sociales. De allí la pregunta: ¿Cuáles y cómo son los propósitos que encaminan a las juventudes a actuar por su futuro?

     

    Clic en la imagen para navegar la multimedia:

    Las redes sociales se han convertido en un factor clave en la formación de conciencia ambiental.

    Foto: Virtual Climate Strike.

     

    Trabajo para el curso Periodismo Electrónico, orientado por el profesor Gabriel Lotero Echeverri.

     

  • Acoso y abuso sexual: realidades y retos en todas las escuelas

     

    La escuela es un espacio en el que se desarrollan los niños y jóvenes, no solo académicamente sino también en lo personal. De allí la importancia de que sean ambientes seguros, libres de violencia, especialmente de violencia sexual. ¿Las instituciones educativas de Medellín cumplen este requisito?

     

    Por: María Paula Mejía y Paola Cañas

     

    El lunes, 15 de mayo de 2017, a las dos de la tarde, un grupo de estudiantes de grado once, pertenecientes a una Institución Educativa pública de la Comuna 8 de Medellín, comienzan su jornada escolar. El profesor de matemáticas acostumbra saludarlas de beso en la mejilla y en algunas ocasiones les acaricia el rostro, mientras que les recuerda lo lindas que han ido hoy al colegio ¿Es esto acoso sexual?

     

    En la hora del descanso presencian cómo otro docente y su novia, que es una estudiante del grado once, se acarician en el patio. Al mismo tiempo, el profesor de matemáticas invita a una de las estudiantes que saludó esta mañana a tomar un café y a tener una conversación en la que la estudiante se siente incómoda, pero que acepta porque cree que eso la ayudará a ganar la materia ¿Es esto acoso sexual?

     

    Pero, ¿qué es el acoso sexual?

    Según el Código Penal Colombiano, el acoso sexual está clasificado dentro de las violencias sexuales en el artículo 210 y se define como: “El que en beneficio suyo o un tercero y valiéndose de su superioridad manifiesta –como la relación maestro alumna– acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente con fines sexuales no consentidos incurrirá a prisión de uno a tres años”.

     

    Según Medicina Legal, en Colombia, en el año 2017, se realizaron 20.072 exámenes medicolegales por presuntos delitos sexuales hacia mujeres. En Medellín se realizaron 1365 exámenes. En 2020 de enero a mayo ya se han realizado 6400 exámenes de este tipo en mujeres a nivel nacional, en Medellín se han realizado 224.

     

    ¿Entonces quién protege a las y los menores de edad cuando sufren acoso sexual en sus colegios?

    La protección de los menores de edad en las instituciones educativas se regula por medio de la Ley 1620 de 2013, con la cual el Gobierno Nacional “reconoce que uno de los retos que tiene el país, está en la formación para el ejercicio activo de la ciudadanía y de los Derechos Humanos, a través de una política que promueva y fortalezca la convivencia escolar”.

     

    En esta ley se estructura la Ruta de Atención Integral para la Convivencia Escolar, mediante la cual se garantiza la protección integral a los menores de edad por medio del establecimiento de un comité que debe “coordinar la armonización y articulación de políticas e implementación de planes, programas y acciones relacionadas con la promoción, ejercicio y garantía de los derechos sexuales y reproductivos”. Además, en las acciones que establece la Ley, se precisa la importancia de realizar las medidas de prevención para evitar la afectación de los derechos humanos, sexuales y reproductivos en el contexto escolar.

     

    Una de estas acciones dirigidas a la protección de las y los menores es la creación de protocolos para las situaciones en las que se vulneren los derechos mencionados. El diseño de estos, en especial los que van dirigidos a la atención y prevención de las violencias sexuales, se regulan bajo lo establecido en la Ley 1146 de 2007, mediante la cual se expiden normas para la prevención de la violencia sexual y la atención integral de las niñas, niños y adolescentes abusados sexualmente.

    Ilustración: María Paula Mejía Vélez.

     

    Ahora bien, ¿cómo funciona esta ley en nuestra ciudad?

    En Medellín, se creó el Programa Escuela Entorno Protector (PEEP) en el año 2007. Su objetivo era acompañar a las instituciones de la ciudad mediante un proceso que permita el mejoramiento de las prácticas enfocadas a la convivencia escolar, el ejercicio de derechos humanos, sexuales y reproductivos, la construcción de ciudadanía y la protección integral de niñas, niños y adolescentes.

     

    El Programa instauró tres líneas de acción: en el campo de la convivencia, promoviendo procesos de mediación y liderazgo, prevención de la violencia sexual y la intervención con las familias.

     

    Jorge Iván Ríos, quien fue el subsecretario de Educación de Medellín desde 2016 hasta 2019, afirmó que desde la Ley 1620 se reconoce en la ciudad la necesidad de la creación de un programa porque “es bastante notoria la afectación de la vida en las escuelas como reflejo de la sociedad en la que estamos participando”.

    El PEEP, que antes se conocía como Escuelas para la Vida, se replanteó con base en lo establecido en la Ley y se enfocó en educar a las niñas, niños, madres, padres, y a las y los maestros en lo que implica resolver los conflictos y tratar las emociones.

     

    Ríos también expuso que entre los criterios de contratación de los psicólogos que hacen parte del PEEP se exige una sensibilidad hacia el territorio, lo cual se relaciona con el enfoque de género. Además, comentó que el funcionamiento del Programa es designar un psicólogo por institución educativa. Sin embargo, algunas de las instituciones de la ciudad se dividen en sedes, es decir, cuentan con varios establecimientos físicos y un solo psicólogo o psicóloga.

     

    Cuando hablamos de una Institución Educativa con varias sedes, es importante precisar la cantidad de estudiantes que hacen parte de estas. Un ejemplo de esto es que en el barrio Belén San Bernardo de la Comuna 16, hay una I.E. que cuenta con cuatro sedes. Al agrupar los estudiantes de todas estas, resulta un aproximado de 4.000 estudiantes y solo un psicólogo que estaría encargado de acompañar a las y los estudiantes, personal de apoyo, docentes y acudientes o padres de familia.

     

    El Programa buscaba profesionales sensibles a las problemáticas de la humanidad, quienes tuvieran conocimiento sobre la construcción de competencias ciudadanas, “porque el género hace parte de estas competencias y porque la mayor violencia es una violencia de género: una violencia de la cotidianidad y eso había que enseñarlo”, apuntó Ríos.

     

    Por otra parte, precisó también que las comunas 1, 2, 3, 6, 8, 13, presentaron en 2019 las tasas más altas en los indicadores rojos. Uno de ellos es el abuso sexual, por este motivo, desde el Programa, se logró integrar a un psicólogo o psicóloga en cada sede de las instituciones educativas de estas comunas, es decir, ya no sería un profesional por institución, sino uno por cada sede.

     

    Para los casos de violencias sexuales y basadas en género el PEEP permite que cada Institución diseñe protocolos mediante los cuales se intervienen y se activan las rutas necesarias para la atención.

     

    Clara Inés Casas García, quien fue líder territorial del Programa, dijo que la primera ruta de atención es el colegio, pues allí es donde se brinda apoyo psicológico y orientación por parte del profesional de apoyo. Si el caso es de abuso sexual, de inmediato se activa la atención desde el sector salud y judicial, haciendo la conexión con la Policía de Infancia y Adolescencia.

     

    Casas afirma también que en algunas I.E. existen “esquemas muy arcaicos, porque la capacidad de profesionales no es suficiente para la demanda de los estudiantes”.

     

     

    ¿Y qué pasa con la población rural y campesina de Medellín?

    Aura Leonor Morales, quien trabaja en el Programa hace siete años como psicóloga asignada al Centro Educativo rural Las Playas y sus sedes ubicadas en el corregimiento de San Cristóbal, aclaró que la violencia más común en los territorios rurales es la intrafamiliar. Esta se caracteriza por ser poco visible, debido a que las denuncias no se realizan a tiempo.

     

    Además, puntualizó que para la atención de estos casos “deberíamos acudir a la Comisaría de Familia, pero lamentablemente, la atención en los corregimientos es bastante mala. Entonces lo hacemos con la línea 123 Mujer”.

     

    También explicó que, cada año, en el Centro Educativo se realiza un diagnóstico de convivencia para determinar las problemáticas que necesitan más atención por parte del PEEP. Asimismo, reconoció que el Programa ha contribuido a la transformación de los manuales de convivencia escolar. Uno de los más grandes aportes de este es “que ahora no se hable de castigo, sino de correctivo; actualmente, es importante tener en cuenta el protocolo que se debe seguir, evaluando las situaciones y por qué el chico actuó de tal manera. Ahora se trata más de ayudar al estudiante”, resaltó Morales.

    ¿Qué sucede dentro de las Instituciones Educativas?

    Nadie mejor que los miembros de la comunidad educativa para responder a esta pregunta.

    Las relaciones de poder que se van generando como dinámica propia de los diferentes entornos de aprendizaje, sean escuelas, colegios, universidades u otros espacios, han llevado a miles de estudiantes, mujeres y hombres, a sentir intimidaciones, abusos del poder y sometimientos que se convierten en asuntos normalizados dentro de estos espacios que, generalmente, no han sido oportunamente intervenidos.

     

    Una de las situaciones que se encuentra más normalizada dentro de los ambientes educativos se refleja en las relaciones entre los y las estudiantes con el personal docente. La mayoría de ocasiones las personas adultas se aprovechan de la autoridad que pueden ejercer dentro de las aulas para someter a una o un estudiante bajo sus intereses personales; muchas veces estas situaciones terminan convertidas en casos de acoso o incluso abuso sexual.

     

    La historia de Sofía Aguirre*, una joven que se graduó en 2017 de un colegio público de la Comuna 9 de la ciudad, da cuenta de ello. Durante los últimos tres años de su permanencia en la Institución fue víctima de una relación de poder que ejerció un docente de matemáticas sobre ella y que, según su testimonio, califica como un acto de acoso.

     

    La llegada de Sofía a su nuevo colegio fue muy difícil pues venía de una ciudad pequeña y, por algún motivo ‒dice ella‒ la mentalidad de las niñas de una ciudad grande es muy diferente, son muy abiertas para hablar de ciertas cosas, hasta el punto de utilizar expresiones morbosas para referirse a temas de sexualidad. La adaptación a este nuevo ambiente no le fue fácil, ella contó que considera que para lograrlo terminó volviéndose partícipe de estas dinámicas con sus compañeras.

     

    Por otra parte, Sofía recuerda que la relación de poder de los docentes de la institución era totalmente dominante, según ella, “podían hacer lo que les diera la gana en sus clases”. Además, resulta extraño que nunca alguna estudiante hubiese alzado su voz al sentirse acosada por un profesor, sin embargo, nunca presenció que amonestaran o despidieran a alguno por esta situación.

     

    Desde cualquier perspectiva era fácil percibir cómo los docentes humillaban a las estudiantes por la relación jerárquica o por sus conocimientos, situación que, además de incómoda, era normalizada.

     

    Dentro de las instituciones educativas, además del personal docente, existen otras funciones que deben ser cumplidas por otras personas, como el acompañamiento psicológico a las y los estudiantes, a cargo de un profesional graduado en psicología. El colegio de Sofía no era la excepción, nos cuenta que la psicóloga era “una buena mujer”, amable y querida con sus compañeras, pero casi siempre estaba ausente.

     

    “Existían de a tres a cinco cursos por grado, cada uno con 35 niñas en cada curso, una cantidad impresionante de niñas, que tal vez tenían muchos problemas, pero que no se atendían porque la psicóloga debía estar en otras sedes. Es muy preocupante porque un colegio que tiene tanto personal debería tener a más personas que brinden atención psicológica, más en una época en que las estudiantes pasan por muchos problemas hormonales, de su desarrollo o familiares”, dijo.

     

    Una de las problemáticas más grandes de la institución era las relaciones entre las estudiantes y los docentes, había un exceso de confianza entre ambas partes, era común presenciar prácticas inusuales, tales como abrazos, caricias y tocamientos incómodos. Ahora Sofía las ve desde afuera y las considera extrañas, pero que en su momento las percibió normales.

     

    Ella vivió una situación que no se alejaba mucho de la realidad narrada anteriormente, se vio involucrada en un abuso de poder por parte de su profesor de matemáticas, tal vez esta era la asignatura más compleja para ella, en la que le costaba mucho esfuerzo sacar buenas calificaciones.

     

    En cuanto a la relación que tuvo con el maestro de 47 años, ella, con tan solo 16, recuerda que al principio sentía que era muy romántico y respetuoso. No le parecía que fuera una situación muy grave porque se sentía atraída por él, así que creía que los acercamientos que tenían eran normales. “Él me invitaba a comer, hablábamos muy de cerca, nos abrazábamos. Ahora esas cosas no me parecen bien”.

     

    Sofía confiesa que le parece normal que una estudiante idealice a un docente, porque le parece inteligente o bonito físicamente, pero esto no debería trascender del simple hecho de la idealización de las niñas, ni mucho menos cuando estas acciones las impulsa el docente.

     

    Cuando se graduó del colegio e ingresó a la universidad, Sofía decidió terminar la situación, rompió ese vínculo al darse cuenta que no estaba bien. Cuenta que en algunas ocasiones su profesor intentó contactarla por redes sociales.

     

    Sofía es consciente de que esta situación aún sucede en su colegio y que no solo es el profesor de matemáticas quien acostumbra realizar este tipo de acciones abusivas y de acoso, además de que las y los otros docentes saben qué pasa, se callan, otros intimidan a las estudiantes y perpetúan un comportamiento sistemático y normalizado.

     

    “Mi percepción sobre el acoso se ha transformado ahora que soy una persona adulta porque antes yo no entendía mucho este tema de cómo eran las relaciones de poder y cómo estas pueden afectar de manera inconsciente las percepciones que uno tenga sobre un acercamiento del docente”, explicó Sofía.

    Su historia hace parte de los tantos casos de abuso de poder dentro de las I.E. y que no son denunciados, ya sea por desconocimiento, miedo, amenaza o, incluso, por falta de apoyo institucional y de orientación en el tema.

     

    Este tipo de historias suceden a diario en los colegios públicos de la ciudad, solo para hacerse a una idea de lo delicada de la situación, se presentan algunas cifras: en el último año, el Programa Escuela Entorno Protector, de la Alcaldía de Medellín, atendió un total de 405 casos relacionados con presuntas violencias sexuales, solo en los colegios públicos de la ciudad, y el 75.55 % de las personas acompañadas por los profesionales de apoyo institucional (psicólogos y psicólogas) fueron niñas, adolescentes y mujeres jóvenes, población vulnerable sobre la que se ejercen más comportamientos de presuntas violencias sexuales.

     

    Relatos cortos

    Antonia Orozco* se graduó de un colegio público de Medellín en el 2017, afirma que nunca conoció el PEEP y tampoco identificó quién era el psicólogo o la psicóloga de su institución. “Supe de un caso de acoso en el que se tomaron acciones correctivas con un docente, pero él alegó que por ser costeño y de piel negra, cualquiera de sus comentarios los tomaba como acoso, cosa que no ocurría cuando sus compañeros docentes hacían comentarios subidos de tono. Las directivas sabían, pero no se iban a poner en el proceso de sacar a los docentes, supuestamente encontrar un reemplazo rápido era imposible, entonces las cosas se quedaban en un regaño verbal. Esto era repetitivo con cada generación, los mismos tres profes y siempre lo hacían con las niñas: las que no eran buenas en esas materias y eran demasiado fácil de persuadir con comentarios y regalos”, contó.

     

    Johanna Osorio, quien fue docente de la Institución Educativa Perpetuo Socorro en la Comuna 13 hasta el 2019, cuenta según su experiencia en el PEEP que la formación a los docentes por parte del Programa era insuficiente, al punto de que estos solicitaban que la formación fuera real para estar preparados y poder acompañar a los estudiantes.

     

    Afirmó que una de las razones por las cuales los procesos en cuanto a educación sexual tenían poca visibilidad era porque las directivas de la institución pertenecían a una comunidad religiosa y argumentaban que hacer énfasis en esta formación solo generaba “que los estudiantes exploraran”. Entonces, dentro del proceso pedagógico de educación sexual, temas como el acoso se abordaban, pero solo de forma muy general.

     

    Otra de las situaciones en las que Osorio hizo un énfasis especial fue sobre las dinámicas socio-culturales del entorno, dentro de las cuales estaban normalizadas acciones de violencia tanto verbal, psicológica y física, tales como piropos, nalgadas… Lo que se convertía en un asunto polémico a la hora de realizar jornadas formativas en cuanto a violencias sexuales y de género.

     

    Finalmente, Johanna aseguró que “el Programa es bueno, pero se debe repensar cómo se implementa y cómo se lleva a las instituciones, sobre todo qué nivel de importancia se le da en la aplicación con los estudiantes”.

    Andrea Salazar* fue personera y se graduó de un colegio público femenino de la Comuna 9 de Medellín en el 2017. “En el colegio siempre había un psicólogo o psicóloga de Entorno Protector enviada por la Alcaldía. La verdad, que yo me acuerde, no hacía énfasis en temas de acoso y abuso. Cuando hablaban de educación sexual se referían solo a los embarazos y al uso de los condones. Yo era la personera y sabía que no había afectaciones de tal tipo en la institución. Me dijeron que el portero les decía cosas a las niñas”, contó.

     

    La voz de una experta

    ¿Cómo se debe atender un caso de acoso o abuso sexual? y ¿qué instituciones del Estado deben acompañar estas situaciones?

     

    Mariana Ochoa Monterrosa, quien ha trabajado como analista de violencia sexual, dijo que cuando se conoce un hecho relacionado con estos delitos se debe activar la ruta, lo primero es recurrir a la pirámide o triada, que se compone de tres sectores articulados: salud, justifica y protección. Por su parte, el sector salud es muy importante, independiente del tiempo que haya sucedido el hecho. Por ejemplo, si una persona fue víctima de violencia sexual y esta ocurrió en menos de 72 horas puede acudir a un servicio de urgencias, un servicio que es gratuito y al que no debe tener una barrera para acceder a él.

     

    Todos los hospitales deben activar el código fucsia, definido como el triage uno que es el que cobija las violencias ocurridas en un periodo inferior a las 72 horas. El triage dos se activa si ha pasado más del tiempo establecido. En cuanto a la parte de justicia, las personas pueden acercarse a los CAIVAS, Centros de Atención Integral a Víctimas de Abuso Sexual y las Unidades de Reacción Inmediata-Uri.

     

    Por último, se activa el sector de Protección, que tiene dos entidades importantes: Comisaría de Familia, en la que se puede denunciar casos de violencia intrafamiliar, y el ICBF, en el que se reportan hechos que ocurren de forma externa.

     

    En cuanto a las activaciones de la ruta, se pretende no revictimizar a la persona, de esta forma, lo ideal es que no tenga que contar lo que pasó en todas las instituciones a las que acuda.

     

    “Es algo real que este proceso se vuelva tedioso por los tiempos de espera, por los trámites, se puede volver pesado. Depende del caso, muchas veces poder finalizar un proceso permite la sanación de una persona que fue víctima de violencia sexual”, precisó Ochoa.

     

    Dentro de las instituciones educativas es el rector el encargado de realizar la activación de ruta y de estar al tanto de todo el proceso, así como de acompañar a la víctima en cada una de las instituciones donde se le atienda.

    Además, señaló que muchas veces la violencia sexual se da por medio de la intimidación, de la coacción o de la amenaza, así que puede suceder que el psicólogo o el docente sientan miedo de activar la ruta por posibles retaliaciones de algún grupo armado. Por ende, es importante la forma en la que la institución los acompaña. También hay que tener en cuenta que hay activaciones que se pueden hacer de manera anónima, realizando una lectura del contexto.

     

    ¿Cómo se vive la educación sexual en las instituciones educativas?

    En Colombia, para los proyectos de educación sexual en los colegios públicos y privados existen unos lineamientos establecidos a nivel nacional, donde se subraya que estos deben ser de cumplimiento obligatorio. Dentro de la normativa que rige estos proyectos, se otorga a los rectores de cada institución la responsabilidad de construir, delegar un maestro encargado y poner en práctica toda acción que vaya enfocada a su adecuado cumplimiento.

     

    El Programa Escuela Entorno Protector cumple la función de fortalecer y acompañar las actividades en el marco del proyecto de educación sexual de cada institución. Sin embargo, debe ser creado desde la junta directiva con el apoyo de algunos docentes, quienes lo direccionan según el contexto sociocultural de la institución.

     

    Alex Jaramillo, profesional de apoyo institucional del PEEP, recalcó que en algunas instituciones el proyecto de educación sexual no recibe el valor y la importancia que tiene, además, a veces se lo entregan como en una rifa al profesor que sobra. Entonces, como es algo que le impusieron, el proyecto no va a tener mucho alcance y lo que se va a encontrar es algo solamente escrito con una o dos acciones en el año en las que se trabaja todo de forma general.

     

    Por otra parte, al mencionar las violencias basadas en género, Jaramillo indicó que se trata de “un proyecto que requiere formación en todo ese tema de género donde en el aula hay vulneraciones y agresiones. Donde a veces el docente las minimiza, incluso algunas de las acciones que hace el docente y que a veces tratan de pasarlo como que es algo normal (SIC)”.

     

    Esta realidad no es la misma en todas las instituciones, también hay algunas donde se generan procesos interesantes a partir de campañas y formaciones a todo el plantel educativo: madres y padres de familia, estudiantes, docentes y personal de apoyo. Con base en estos procesos han podido evidenciar que se tiene un efecto positivo en lo académico.

     

    Las instituciones que han realizado estos proyectos se han dado cuenta de que enfatizar en temas de género, en relación con las violencias y su prevención, ha permitido generar un ambiente de paz y de sana convivencia dentro y fuera del aula.

     

    Delitos sexuales: una realidad que también hace parte de los entornos digitales

    Con el surgimiento de las nuevas tecnologías de la información y el uso cotidiano de aplicaciones digitales y de internet podemos encontrar nuevos riesgos relacionados con el ciberacoso, estos afectan la integridad física y/o mental de las personas, algunos de ellos pueden ser incluso delitos que atenten los derechos sexuales de los y las usuarias de internet. Así lo expuso Edwin Alexander Amaya, magíster en comunicación digital, quien resaltó que hay públicos más vulnerables frente a estas situaciones y estos, por lo general, son personas que no tienen una alfabetización digital o no cuentan con información sobre las plataformas virtuales con el fin de prevenir estos eventos.

     

    Si bien hay personas que son más propensas, ninguno está exento del asunto porque todos estamos metidos en el ciberespacio y eso nos denota cierta exposición al tema”, afirmó Amaya. También resaltó que es necesario que se implementen unos protocolos que permitan mejorar la situación lo mejor posible para velar por la integridad de las y los estudiantes.

     

    La Ley 1620 aclara que es importante promover el desarrollo de las competencias ciudadanas, el ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos, el fomento de estilos de vida saludable y la prevención del acoso escolar y el ciberbullying. De esta forma, las instituciones educativas deben atender este tipo de situaciones bajo lo establecido en el manual de convivencia, no solo desde una parte correctiva, sino de una forma integral, involucrando en este proceso a los diferentes actores de la comunidad educativa, es decir, a las y los maestros, padres y madres de familia y los y las estudiantes, incluso a los cuidadores: las trabajadoras domésticas y la familia extendida.

     

    “Se deben involucrar a los papás para que identifiquen estas situaciones y a los docentes porque estos a partir de la observación identifican cambios en los comportamientos de los estudiantes. El simple uso de un computador nos da múltiples ventajas, pero también nos deja expuestos a muchos riesgos”, dijo Amaya.

     

    Según el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de Colombia hay diferentes tipos de delitos en entornos digitales, uno de ellos es el grooming, definido como una nueva forma de acoso y abuso que se ha venido popularizando con el auge de las TIC. Surge desde los chats en redes sociales, sucede cuando una persona adulta se hace pasar por otra, generalmente menores de edad con el objetivo de obtener una satisfacción sexual, mediante imágenes comprometedoras del menor o incluso como preparación para un encuentro sexual.

     

    Por otro lado, está la práctica conocida como el sexting, muy normalizada entre adolescentes, se da cuando alguien toma una foto de sí mismo (sugestiva o sexualmente explícita), y la envía a alguien vía teléfono celular o Internet. El archivo con fotos o videos de corte sexual se conoce como pack y hoy se ha viralizado su intercambio entre los menores de edad.

     

    El Programa Escuela Entorno Protector expone que durante el 2020 se han presentado 42 casos de ciberacoso, de los cuales 15 han requerido activación de protocolo de intervención. Además, informa que 33 de estas denuncias han sido realizadas por mujeres, lo que representaría el 78,5% de los casos.

    Amaya asegura que estos temas se merecen incluso políticas públicas por parte del Estado que permitan la formación, porque nada hace un colegio si ni la secretaría de educación ni el Ministerio de educación empiezan a promoverlo.

    Gráfico tomado de: Estudio Uso y apropiación de las TIC en Colombia 2016, MinTic

     

    Posibles soluciones

    En consecuencia, es relevante que las instituciones educativas faciliten espacios de encuentro en los que se cuestionen los estereotipos de género, se hagan visibles conceptos relacionados con las violencias sexuales y basadas en género, se divulguen y compartan los diferentes protocolos de atención para los casos de presuntas vulneraciones y crear espacios educativos que complementen el proceso de formación integral de toda la institución. Más allá de pensar en los mecanismos de denuncia o activaciones de ruta, se pueda hacer énfasis en la prevención de estas situaciones o si ya sucedieron en el acompañamiento de las víctimas y sus cercanos, y en la no revictimización.

     

    Es importante incluir dentro de estas estrategias diferentes métodos de comunicación, desde carteleras en los colegios, redes sociales oficiales, conferencias con expertos o expertas, espacios de diálogo con las madres, padres de familia, cuidadores y el resto de personal que haga parte de la comunidad educativa.

     

    *Algunas de nuestras fuentes han pedido que sus nombres no sean mencionados. Todos estos testimonios que hemos recibido bajo esta condición están señalados con un asterisco.

     

    Trabajo realizado para el curso Periodismo V, orientado por la profesora Jazmín Santa.

     

     

  • Las ruinas del colegio

     

    Por: Santiago Úsuga Bustamante / santiago.usuga@upb.edu.co

     

    Las instalaciones de nueve instituciones educativas públicas en Itagüí fueron demolidas hace más de dos años y las nuevas construcciones no han sido terminadas. Esta investigación repasa las causas y consecuencias de la parálisis en las obras. Los testimonios en texto e imagen además exponen los problemas que padecen las comunidades educativas a raíz de los incumplimientos.

     

    Clic en la imagen para navegar el reportaje:

    Foto: Santiago Úsuga Bustamante.

     

    Reportaje realizado para el curso Periodismo I, orientado por la profesora Diana Milena Ramírez.