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  • Trabajar por los sueños, así no se cumplan en vida: el activismo y las letras de Gioconda Belli

    En el Hay Festival Jericó, conversamos con Gioconda Belli sobre el contexto actual de la región y las resistencias latinoamericanas, su obra, y cómo esta va de la mano con su labor activista en Centroamérica.

     

    Esta entrevista es un trabajo en conjunto entre Contexto (UPB), Bitácora (EAFIT) y De la Urbe (UdeA) como parte del cubrimiento de medios universitarios al Hay Festival Jericó 2025, con el apoyo de Comfama.

     

    Valeria Hernández Martínez (Contexto), Natalia Penagos Mesa (Bitácora) y Santiago Bernal Largo (De la Urbe).

     

    El calor en Jericó golpea con fuerza a los más de 13.000 asistentes del Hay Festival 2025, el cual se realiza hace siete años en este municipio del Suroeste antioqueño. El sol se filtra por el pozo de luz del museo MAJA, donde se reúnen periodistas de un sinnúmero de medios de comunicación que esperan su turno para entrevistar a los invitados de la jornada: escritores, artistas y periodistas que se sientan a conversar y cuestionar.

     

    Es inevitable notar la presencia de una imponente mujer en el recinto. Su larga y frondosa cabellera clara resalta en su vestimenta oscura, y un par de lentes de sol adornan su rostro mientras cruza las piernas y bebe un poco de café. Habla en un tono bajo, casi como si sus respuestas fueran un secreto entre ella y el entrevistador. Hace señas para invitarnos a pasar junto a ella en una pequeña mesa y agradece nuestra presencia conjunta. Así empezó nuestra conversación con Gioconda Belli.

     

    Poeta y novelista nicaragüense que, durante la dictadura de Anastasio Somoza, en los años setenta, hizo parte de las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional, lo que la llevó a ser perseguida. Tras el triunfo de la revolución Sandinista hizo parte del Frente de Liberación Nacional de Nicaragua, pero se separó de este en 1993 y tomó una postura crítica frente a las políticas del gobierno. En 2021 se exilió en España y en 2023 la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo le quitó su nacionalidad, por lo que adoptó la chilena en ese momento, y posteriormente, en 2024 la española.

     

     

    Su obra, influenciada por sus experiencias como activista y marcada por el ambiente político tan complejo de Centroamérica, abarca el feminismo y las luchas por la justicia social. Estas son algunas de las reflexiones que deja Gioconda frente al panorama actual de América Latina al que se enfrentan jóvenes escritores.

     

    Partiendo de la realidad latinoamericana y más específicamente de lo que pasa en Centroamérica, ¿cómo ha influido eso en su obra como escritora?

     

    Yo siempre les recomiendo a los que quieren escribir que lo primero que tienen que hacer es vivir. Entonces, mi trabajo está inspirado en lo que yo he vivido. ¿Y qué es lo que yo he vivido como latinoamericana? Viví una época muy tormentosa, una época de muchos cambios que fueron los 70, los 80, los 90… y entonces esa vivencia me ha dado la clara idea de que en América Latina todavía estamos en cambios geológicos, que todavía estamos en erupción, hay magma.

     

    Todavía estamos en desarrollo y tenemos procesos bien complicados, pero también tenemos pueblos que son maravillosamente ingeniosos, inteligentes y que saben lo que quieren. Entonces pienso que es un reto para la estructura que hay en la mentalidad política de América Latina y que todavía le falta evolucionar mucho.

     

    De la mano de toda esa influencia, ¿qué implican para usted, como mujer, todas esas realidades y todas esas vivencias al momento de escribir?

    Bueno, es que me inspiran. Porque la poesía para mí es mágica, es como un algo que se va alimentando de mi propia experiencia y de repente quiere salir en forma de palabras. Entonces, en ese momento lo escribo. Pero, claro, ¿qué implica para mí? Implica tener un corazón, tener la capacidad de sentir y de tener empatía de lo que está pasando. Y eso es una cosa que no se las puedo explicar. La razón que es el detonante para mi literatura creo que ha sido la lectura en gran parte. Todo lo he tenido que experimentar, y creo mucho en la capacidad de la palabra para cambiar el mundo.

     

    Precisamente, ya que hablamos un poco de ese papel, del contexto social y político de Latinoamérica, desde su perspectiva como mujer y como activista, ¿qué papel juega la literatura en la construcción de identidades femeninas y en la lucha contra los estereotipos de género?

    Juega un papel sumamente importante, porque, además, las mujeres jóvenes la tienen que seguir haciendo. Y para que persista, también tienen que seguir esa revolución personal, porque ahorita la mujer está sujeta a un montón de demandas consumistas de la sociedad que no nos quiere dejar avanzar, nos tiene miedo.

     

    Entonces, las mujeres tienen la responsabilidad, para mí fundamental, de lo que va a pasar en el futuro en América Latina. Porque si cambia la relación hombre-mujer, va a cambiar la cultura. Y eso es lo que tenemos que hacer que cambie, porque todavía existe esa dominación, esa subordinación de la gente tiene que ver con esa primera subordinación y explotación que es la de la mujer.

     

    ¿Cómo cree que su obra ha contribuido a visibilizar esas experiencias de mujeres tanto de Nicaragua como de toda América Latina?

    Yo no soy quién para decir cómo ha contribuido, pero sí siento que mis lectoras y mis lectores me han apreciado. Me lo dicen con mucha frecuencia, que lo que yo he hecho les ha hecho sentirse de otra manera, que les ha hecho percibirse a sí mismos de otras maneras. Por ejemplo, los hombres ven a las mujeres de otra manera porque mi posición feminista no es contra los hombres, sino es más bien invitarlos a cambiar el mundo con la mujer. Porque parte de todo lo que nos pasa tiene que ver con esa lucha.

     

    ¿Cómo ha sido para usted esa combinación que tiene el activismo feminista y político junto con sus creaciones literarias y de qué manera usted piensa que eso puede impactar a sus lectores?

    A mí me parece que el activismo y mi actividad política tiene que ver con quién soy. Yo soy un animal político. Todos somos y todos estamos vinculados a la política, porque es lo que pasa alrededor nuestro y no podemos vivir ignorantes a lo que nos pasa y de la responsabilidad que tenemos de lo que pasa en cercanía nuestra.

    Yo creo que muchos nos refugiamos en la indiferencia, en la apatía, en pensar que no podemos cambiar el mundo… y les voy a decir un dicho que es fantástico: “si crees que sos muy pequeño para cambiar el mundo, nunca has estado en la cama con un mosquito.” Y es verdad, si uno pica, pica y pica… Lo que pasa es que queremos resultados demasiado rápido.

     

    Hay que tener la paciencia para darse cuenta de que la historia es muy larga, que los procesos históricos son muy largos y que nuestros sueños a lo mejor no se van a cumplir en nuestra vida, pero que, si se van a cumplir, tiene que ser porque nosotros vamos a trabajar por ellos desde ahora.

     

  • 40 años de la señal que nos cambió la vida

    La televisión colombiana acaba de cumplir 70 años. En 2025 es el momento de celebrar 40 años de televisión regional en el país, con Teleantioquia, más precisamente, señal pionera que hoy busca alternativas de expansión.

     

    Por Mariana Giraldo Correa / mariana.giraldoc@upb.edu.co

     

    La televisión colombiana ha sido un hito en el desarrollo socio-cultural, político, económico y tecnológico del país, marcando un antes y un después en la forma en que se comunican e informan las comunidades. Desde sus inicios, ha reflejado y moldeado la identidad nacional, sirviendo como un espejo de las realidades sociales y como motor de cambio en los procesos educativos, culturales y de participación ciudadana. 

     

    El domingo 13 de junio de 1954 a las 7de la noche, se realiza la primera transmisión televisiva, en la que se usaron equipos de transmisión alemanes y cámaras estadounidenses, en una producción a blanco y negro en la que el teniente general Gustavo Rojas Pinilla se dirigió al pueblo colombiano en honor a uno de los eventos de la “Fiesta Cívica Nacional”, que se preparaba en homenaje a su primer año en el poder. La transmisión no sólo representó un avance técnico, sino que también significó un paso simbólico hacia la modernización del país. Colombia, al unirse al selecto grupo de países latinoamericanos que ya contaban con esta tecnología, empezaría a recorrer un camino que transformaría para siempre la manera en que se informaba, educaba y entretenía a su población. 

     

     

    A medida que la televisión se expandía por el territorio colombiano, su impacto se hizo notar en distintos aspectos de la vida diaria. Luis Fernando Gutiérrez Cano, docente investigador de la Universidad Pontificia Bolivariana, enfatiza en el impacto inicial de la televisión en Colombia desde su llegada en 1954, destacando, desde otra perspectiva, cómo “transformó el consumo de información y entretenimiento al centralizar estos medios en el hogar, además de ofrecer programación educativa y cultural, aunque limitada en su capacidad pedagógica”. En este contexto, se reconoce que la primera transmisión posicionó a Colombia como un pionero precursor en la región de Antioquia, introduciendo una herramienta poderosa para la modernización y el acceso a la información​. 

     

    Esa capacidad de transmitir imágenes en tiempo real, produjo que las noticias llegarán a los hogares a una velocidad sin precedentes, cambiando la forma en que la ciudadanía se relaciona con la actualidad nacional e internacional. Programas de entretenimiento, telenovelas y contenidos educativos se convirtieron en parte integral de la cultura popular, a lo largo y ancho del país. De otra parte las noticias llegaban al público a través de  noticieros cinematográficos, lo que implicaba largos tiempos de espera, dado que las filmaciones debían ser procesadas y distribuidas físicamente. La llegada de la televisión revolucionó este modelo al acortar significativamente los tiempos de difusión.  

     

    Los noticieros televisivos de la época combinaban imágenes pregrabadas con narradores en vivo que relataban los hechos desde los estudios. Este avance técnico no solo aceleró la difusión de noticias, sino que también transformó el formato y la narrativa, adaptándose a la inmediatez y el lenguaje visual de la televisión. En Colombia, la aparición de programas como El Reportero Esso consolidó esta nueva forma de informar, conectando al público con los acontecimientos de una manera más directa y transformando la televisión en una herramienta clave para la comunicación masiva. 

     

    Teleantioquia: ventana regional hacia el mundo 

     

     

     

    La creación de Teleantioquia, el primer canal regional de Colombia, fue el resultado de un esfuerzo conjunto liderado por personalidades influyentes de Antioquia, tanto del ámbito político como cultural. Gobernantes locales, como los integrantes de la Asamblea Departamental de Antioquia, jugaron un papel crucial en gestionar los recursos y las autorizaciones necesarias para este proyecto. La iniciativa también recibió apoyo del Ministerio de Comunicaciones y de figuras clave en el gobierno nacional, quienes vieron en este canal una oportunidad para descentralizar la televisión colombiana, hasta entonces dominada por emisoras de Bogotá, puesto que antes de la creación de este canal regional, compañías como Producciones PUNCH y RTI Colombia operaban en franjas horarias asignadas por el Estado, pero la programación y el control de contenidos seguían siendo dominados por los canales nacionales.

     

    Dicho proceso implicó debates en la Asamblea Departamental, donde se promovió la idea de un canal que reflejara las necesidades y la identidad cultural de Antioquia. Finalmente se formalizó la constitución del canal,  Teleantioquia, como el primer medio regional de televisión en Colombia. Este avance requirió una inversión inicial de 100 millones de pesos y dos pasos fundamentales: la firma de las escrituras y la creación de la sociedad de Televisión de Antioquia. 

     

    El proyecto contó con el respaldo crucial de la ministra de Comunicaciones, Noemí Sanín, y del ex-presidente Belisario Betancur; ambos antioqueños y comprometidos con la descentralización de los medios en el país. Tras meses de preparación y organización, el canal inició transmisiones el 11 de agosto de 1985, una fecha elegida simbólicamente por coincidir con el aniversario de la independencia de Antioquia, consolidando así su identidad regional desde su lanzamiento. 

     

    El Asesor Urquijo Morales afirma que esa primera transmisión por Teleantioquia “fue y es un hito importante en la región, en la cultura, en la identidad, en la representación de los grupos sociales de las regiones; es un impacto muy grande que tenemos que ver no a la luz de ahora sino a la luz de lo que había en ese momento, que eran dos canales centrales, estatales que, aunque Teleantioquia es estatal; eso generó la primera vitrina que tienen las regiones para mostrar sus propias identidades y de aquí en adelante se formaron los otros siete canales regionales”. 

     

     

    Este canal permitió la producción de contenidos locales que abordaban temas específicos de la región, como su historia, costumbres y realidades. Además, su creación inspiró la formación de otros canales regionales en Colombia, lo que trajo una mayor diversidad en la oferta televisiva y reflejó las particularidades de cada zona del país. Las producciones locales , que han contribuido a reflejar la identidad cultural de Antioquia, incluyen dramatizados como Cosiaca, una serie que a la fecha se encuentra en producción y que busca recrear la vida y obra de un personaje emblemático antioqueño de finales del siglo XIX. Este proyecto, respaldado por una inversión significativa del Ministerio TIC, es un ejemplo del compromiso del canal con la calidad narrativa y visual, al tiempo que resalta aspectos históricos de la región. Igualmente, programas como Serenata, Venga a mi pueblo, De fiesta por Antioquia y El Taller han destacado por su enfoque en las tradiciones y eventos locales, fortaleciendo el sentido de pertenencia y el reconocimiento de las raíces culturales entre los antioqueños.  

     

    Este impulso en las comunicaciones también estimuló el desarrollo de la industria audiovisual en Colombia. Los avances tecnológicos se complementaron con la creación de talentos locales, que con el tiempo no solo influirían en el contenido nacional, sino que también tendrían un impacto en las producciones internacionales. El asesor de la comisión de regulación de comunicaciones (CRC) en el área de contenidos audiovisuales, Sergio Andrés Urquijo Morales, menciona que: “Los canales regionales están haciendo un esfuerzo muy grande por proyectarse y Teleantioquia también es un pionero en esto, junto con otros canales como Telepacífico y Canal Capital, por proyectarse a las nuevas plataformas, a los nuevos servicios audiovisuales, a las redes sociales, a las nuevas audiencias y eso es muy difícil, es un gran desafío, porque la televisión abierta y la regional específicamente la tenemos muy identificada con poblaciones mayores o adultas, entonces digamos que el desafío es vencer esa idea que se tiene de lo regional como algo para personas más tradicionales y encontrar un nicho importante en la juventud y en las nuevas generaciones, y eso pasa por las nuevas plataformas y los servicios”. 

     

    Alternativas a futuro 

    Actualmente, Teleantioquia continúa en evolución para convertirse no solo en un referente de la televisión regional, sino en un pionero de la convergencia entre los medios tradicionales y digitales. Hoy en día, el canal ha logrado expandir su alcance más allá de la televisión convencional, gracias a la incorporación de plataformas digitales como Teleantioquia Go, que permite a los antioqueños acceder a contenidos locales desde cualquier lugar, en cualquier momento. Esta evolución también se ve reflejada en el impulso de producciones locales que no solo mantienen la esencia de la región, sino que amplían las posibilidades de consumo de contenido en línea. 

     

    A través de sus redes sociales como Facebook, Instagram, X y YouTube, Teleantioquia facilita la interacción directa con su audiencia, lo que le ha permitido fortalecer su vínculo con el público, atraer nuevas audiencias y diversificar su oferta. 

     

    El docente Luis Fernando Gutiérrez Cano destaca que la televisión en Antioquia “debería enfocarse más en representar a diversos sectores sociales y minorías de la región, incluyendo campesinos, afrodescendientes e indígenas, para ofrecer una imagen más completa de la realidad antioqueña actual”. Aunque reconoce el rol de Teleantioquia en fortalecer la identidad regional, señala la falta de representaciones amplias y contenidos que resuenen con todas las comunidades y generaciones. Para asegurar la sostenibilidad del canal, Gutiérrez propone invertir en contenidos innovadores que capten el interés de las nuevas generaciones y reflejen sus realidades, además de incorporar espacios de co-creación juvenil que revitalicen la programación frente a la competencia global. 

     

    En la misma línea, Sergio Andrés Urquijo Morales resalta la importancia de incluir a las nuevas audiencias en los procesos creativos, afirmando que “no se trata solo de decidir qué hacer para los jóvenes, sino de traerlos al proceso, junto con representantes de redes sociales y plataformas, para entender qué quieren ver y cómo lo quieren consumir”. Además, subraya la necesidad de abarcar a toda la población, involucrando a grupos étnicos, rurales, y especialmente a niños y adolescentes, quienes frecuentemente no encuentran contenido que les interese en televisión. “Esta audiencia, aunque más digital, no rechaza la televisión; simplemente no ve propuestas pensadas para ellos”, afirma. Urquijo también enfatiza el potencial de formatos como concursos, desafíos y retos, así como la integración de contenidos educativos y de interés general adaptados a redes sociales y transmedia. Así mismo, resalta que, la atención a una audiencia adulta no debe descuidarse, pues representa una fortaleza de los canales regionales. “Esa audiencia merece ser entendida y atendida. No es una debilidad, es una gran fortaleza”, afirma. 

     

     

    El periodismo y las noticias son pilares fundamentales para informar a las audiencias, independientemente de su contexto. Noticieros como Teleantioquia Noticias  siguen siendo una fuente confiable de información para los antioqueños, con un enfoque regional que abarca temas locales, nacionales e internacionales. Por su parte, una propuesta local como el programa Nos Cogió la Noche, emitido por el canal privado Coosmovisión,  demuestra la importancia de espacios para el análisis y debate de temas de interés público, política y sociedad, fomentando la diversidad de voces y perspectivas. Además, la programación cultural y deportiva mantiene un fuerte vínculo con la identidad regional, destacándose eventos como la Feria de las Flores, que continúan siendo ampliamente populares. 

     

    Pero la televisión regional enfrenta retos económicos y tecnológicos significativos. Según el docente Luis Fernando Gutiérrez Cano, no es un secreto que Teleantioquia depende, en gran medida, del presupuesto estatal y “necesita innovar para atraer nuevas audiencias en un panorama dominado por la cibercultura y las plataformas de streaming”. Así mismo, el asesor de la CRC Urquijo Morales señala que: “La regulación actual no tiene competencia sobre lo digital” y explica que esto limita el aprovechamiento de servicios como plataformas OTT y medios digitales. Urquijo señala que la ley TIC de 1978 no consideró adecuadamente estas nuevas herramientas, dificultando el desarrollo de estrategias digitales para maximizar el impacto de Teleantioquia. 

     

    A pesar de estas limitaciones, Urquijo también destaca que los avances como la resolución 74-23 de 2024, “buscan reducir la carga regulatoria del canal, permitiendo mayor autonomía en la comercialización de sus contenidos y flexibilizando las repeticiones de programas. Esto no solo genera más ingresos, sino que también brinda a Teleantioquia oportunidades para reestructurar su programación y adaptarse mejor a las demandas de sus audiencias”. 

     

     

     

    El reto de la financiación 

    Gabriel Levy, asesor del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, subraya que en cuanto al financiamiento, Teleantioquia enfrenta desafíos para mantener una sostenibilidad estable. Para 2024, el canal tenía un presupuesto proyectado de 113,560 millones de pesos, con una asignación del Fondo Único de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (FUTIC) que representa un 13.5% de los recursos asignados a los operadores públicos. A pesar de este apoyo, Levy explica que el fondo es “medianamente concursable”, con un mínimo garantizado para cada canal y el resto distribuido según el desempeño. De los 250 mil millones de pesos disponibles anualmente, la mayor parte se destina al Sistema de Medios Públicos Nacional, mientras que los canales regionales reciben entre 9 y 15 millones de pesos para la producción de contenidos. 

     

    Sobre la expansión de contenidos digitales el asesor Levy también destaca que las estrategias deben implementarse de manera adecuada para que los medios, incluido Teleantioquia, funcionen de manera más expansiva y eficaz. No obstante, también asegura que “la esencia de Teleantioquia, su ADN, no debe perderse. Para lograrlo, es necesario innovar en los formatos y narrativas, adaptándolos a cada plataforma”. Según Levy, “la Transmedialidad sería la solución más adecuada, porque permite que las piezas se expandan conforme a la lógica de cada plataforma, sin que la pantalla principal de televisión pierda la esencia de lo que es”. 

     

    Teleantioquia sigue siendo una fuerza vital en la cultura y la información de la región y con su enfoque en la innovación digital, la producción de contenido local y la cobertura de eventos regionales, el canal se adapta continuamente a las demandas del mercado mediático actual. Como lo destaca Gabriel Levy, asesor del MinTic: “Uno observa que Teleantioquia es el canal que más aceptación tiene. Por supuesto, esto varía entre administraciones, pero en general, se ha mantenido como el canal regional que más se ve en su propia región. Y eso responde también a un sentido de regionalismo fuerte que tienen los ciudadanos”. Esa fortaleza a través de los años demuestra que los antioqueños se sienten orgullosos de su canal. 

  • La Pascasia, un sueño colectivo de cuatro pisos

    Ana Sofía Araque Paneso / ana.araque@upb.edu.co

     

    Así como sucede con las personas, los espacios también evolucionan, crecen y se transforman. Se transforman para ser testigos de las ocurrencias humanas y de sus nuevos objetivos. Aunque los cambios traen nostalgia, cuando se observan los resultados de un sueño materializado, el nuevo entorno cobra un sentido de pertenencia y La Pascasia, la casa cultural de la corporación Común y Corriente, es un ejemplo de ello.

     

    La historia de La Pascasia

    Antes de que existiera la casa, primero estaba una empresa sin ánimo de lucro llamada Común y Corriente que fue la que buscó construir un espacio como centro cultural. La idea nació de unos amigos músicos que querían tener un espacio para hacer conciertos y porque en su momento se identificó que sería bueno tener un espacio independiente para ellos y otros artistas. A su vez, se buscaba un espacio que juntara diferentes disciplinas artísticas como la música, la literatura o las artes plásticas; y se generara un diálogo entre ellas. Jaime Suárez, uno de los corporados explicó que “Común y Corriente es una corporación de artistas que desarrolla proyectos artísticos y culturales que intentan derivarse en un beneficio para la sociedad; ya sea que los artistas tengan unas mejores posibilidades de compartir su trabajo de creación o que los proyectos lleguen al público adecuado en el que se dé un espacio de reflexión”.  

     

    Así pues, el nacimiento del centro cultural, en el 2016, tomó fuerza cuando se instalaron en una casa del centro de Medellín. La adecuaron de acuerdo con sus necesidades y el grupo de amigos, que se conocieron estudiando música, se amplía y se convierten en los 10 corporados de Común y Corriente. El lugar, entonces, recibió el nombre de La Pascasia y pasó de ser el hogar tradicional y antioqueño de una familia que vivió durante varias generaciones allí, a convertirse en una casa cultural; pues, además de los conciertos, se incorporó una galería, un teatro, un café y oficinas para sus creadores.

     

    Juan Felipe Restrepo Cano, un estudiante de periodismo que fue testigo de la magia de La Pascasia desde sus inicios, contó que era una casa patrimonial del centro que con el tiempo fue mutando. “Cuando entrabas, lo primero que te encontrabas era un patio central donde transcurría todo. Un patio que tenía un árbol en la mitad donde había unas especies de muros simulando el corredor de una casa campesina… entrar a esa casa era como olvidarse un poco de que estabas en una ciudad”. 

     

    Patio central de la sede antigua de La Pascasia. Foto: Juan Felipe Restrepo.

     

     La Pascasia recibió su nombre debido a que se encontraba ubicada en la carrera Pascasio Uribe en la comuna 10, La Candelaria; y durante siete años los corporados y el público se encontraron allí nutriendo la casa de lecturas, conversaciones, bailes y exposiciones. Jaime Suárez expresó que el tener este proyecto en el centro era muy importante porque permitía tener conexión a todo su ecosistema cultural y aportar más a eso. Incluso Restrepo confirmó lo dicho por el corporado al haber mencionado que: “Cuando eran los días de orquesta, uno llegaba a allá y a veces no se podía entrar; la fila llegaba hasta las torres de Bomboná de gente esperando a que a alguien le diera por salir. Eso hablaba mucho de lo que se convertía La Pascasia en Medellín”. 

     

    Un día de orquesta en la sede antigua. Foto: Juan Felipe Restrepo.

     

    ¡Hora de mudarse!

    Para 2022, la Corporación consideraba pertinente tener un espacio más grande, que les permitiera incorporar más elementos a su centro cultural, así que ese mismo año empieza la compra de un lugar mucho más amplio a solo dos cuadras de la sede original, diagonal al teatro Matacandelas. Se trata de un edificio de cuatro pisos que antes era un club-sauna gay llamado El Club de Tobi y que, por las circunstancias de la pandemia, cerró en el 2020.

     

    El anuncio oficial de su traslado fue el 22 de julio del 2023, que también contenía la noticia sobre la ayuda económica necesaria para iniciar la remodelación del edificio. Para eso, todos los que quisieran ayudar a que La Pascasia cumpliera un sueño más, podían hacerlo con $20.000. En su página web, para explicar su situación al público, mencionaron que “para hacer tantas ociosidades se necesitan muchos holgazanes. Sí, no fue fácil, pero logramos conseguirlos, y ahora somos muchos. Más aún, cuando consideramos que usted también es uno de nosotros”. El pedido fue bien recibido y para el 10 de octubre de 2023, comenzaron la remodelación y anunciaron que el nuevo edificio de La Pascasia, además de contar con galería, restaurante y una nueva librería, da cabida a proyectos de artistas visuales, músicos, colectivos audiovisuales y periodísticos. Con esfuerzo y manos a la obra, el 17 de febrero de 2024 hicieron oficialmente su apertura.

     

    Al respecto del traslado, el corporado Jaime Suárez dijo de manera segura y con orgullo que: “El tránsito hasta acá no fue inmediato, pero ahora lo más importante es que en este nuevo lugar no solamente nos están visitando las personas que están desde la casa anterior, sino que también veo muchas caras nuevas…lo que hace el proyecto es la gente, entonces yo creo que aquí estamos bien”. 

    Adentro de la nueva Pascasia

    Durante el día, cuando se llega a la calle 47, es inevitable observar el edificio, pues logra distinguirse de los demás. Su color verde esmeralda con toques de rosado que bordean sus ventanas hace que quienes pasen por allí, incluso inmersos en sus propios mundos, alcen la cabeza y contemplen la vida del edificio en su calle. 

     

     

    << Edificio La Pascasia. Foto: Ana Sofía Araque Panesso

     

    Al acercarse a la puerta, por sus rejas se deja entrever un pasillo largo. Al principio es oscuro, pero, a la mitad del recorrido la luz del sol lo deja ver con claridad. Al llegar en la mañana, cuando el público no está mirando, cuando el espectáculo aún no empieza, se siente una atmósfera tranquila y agradable. Al avanzar por el pasillo, lo primero que se ve es un jardín y, al mirar al techo, se puede ver todos los pisos junto con unas pinturas que complementan la decoración. El lugar huele a nuevo por todas partes, la pintura fresca, la madera, la luces; todo se observa en perfectas condiciones. Al lado del jardín esta la librería, un espacio silencioso y propicio para la concentración y desconexión con el ruido de la ciudad.

     

     

     

     

     

     

    Librería de La Pascasia. Foto: Ana Sofía Araque Panesso.

     

    Siguiendo el recorrido natural que propone el lugar, la luces se tornan rojas; inmediatamente el ambiente cambia: así sea de día, una energía nocturna empieza a emerger. Se encuentran los comedores estilo vintage con más pinturas que hacen parte no solo de la decoración, sino que son piezas exposición y se ofrecen al mejor postor; al lado hay un bar. Los trabajadores están, cada uno, inmersos en sus deberes; preparando todo para la hora del almuerzo y el evento en la noche.  

     

    El comedor y la barra están concebidos como puntos de encuentro para los visitantes y no solo como dotaciones del lugar.

    Fotos: Ana Sofía Araque.

     

     Una vez terminado el pasillo, la visión panorámica se amplía. Se trata del lugar donde se desarrollan los eventos, así que es un salón que cuenta con un espacio en forma de rectángulo destinado para el público y al fondo una tarima. Una vez ahí, se pueden ver los detalles: el telón, el jardín que hay detrás y los instrumentos puestos en su lugar a la espera de los intérpretes que les saquen las mejores notas. 

     

    El escenario de La Pascasia acoge una amplia gama de géneros musicales. Foto tomada por: Ana Sofía Araque Panesso.

     

    Un espacio para compartir el arte

    En la red de trabajo de La Pascasia está Mateo López, el Community Manager. Él explicó que el tener un edificio permitía que los enfoques de la Corporación se vieran más en cuanto al espacio que tiene cada uno; no solo La Pascasia como centro cultural, sino toda la organización: el sello de Música Corriente, el sello editorial Verso Libre y la galería de arte Un Ojo Común. También, aclaró que el lugar no sólo sirve para los proyectos propios de la corporación, sino que cuenta con espacios para alquilar, ya sea para eventos, actividades académicas o reuniones empresariales. Incluso, existen entidades que se encuentran allí; como la tienda de discos Surco Récords, la oficina del portal El Armadillo, dos productoras audiovisuales llamadas Mamut y Rara, un estudio de música y dos artistas plásticos independientes. Mateo, también aclaró que para conseguir el edificio fue necesario la ayuda del público, pero no fue la única fuente de apoyo. Ayudaron empresas como Confiar, Comfama, SURA, el teatro Matacandelas, entre otras más.

     

    Dentro de los planes a futuro, el corporado Jaime Suárez reconoce que falta mucho, pero tiene claros los objetivos a mediano plazo. “Estamos en el proceso de tener un auditorio multipropósito, es decir que se pueda tener desde conciertos hasta conversaciones o proyecciones de cine; y tener la galería de arte. Ahora hay una muestra pequeña, pero no es la manera en la que nosotros hacemos exposiciones. También se está buscando crear los medios para que todas las personas, incluyendo a las que tienen movilidad reducida, sean bienvenidas a recorrer todo el lugar”. 

     

    El objetivo es que La Pascasia sea considerado un espacio para el arte y que el centro de Medellín cuente con un lugar dispuesto a compartirla. Como lo dice la misma corporación: “Casa que, aunque actúa como sede de los artistas de la corporación Común y Corriente, obra en trance de la generosidad de todo aquel que crea un mundo propio con el deseo de compartirlo”.

     

     

    Así se creció La Pascasia

     

  • El hombre que escuchó a los niños

    Cristian David Gutiérrez Martínez / cristian.gutierrez@upb.edu.co 

    A Javier Naranjo le pidieron ser profesor estando en su taberna, mientras atendía a uno de los papás del Colegio El Triángulo, en el barrio Gualanday de Rionegro. Los papás solían frecuentar ese lugar: se tomaban sus tragos y conversaban con Javier. Fue así como supieron que al tabernero le gustaba leer y escribir y entonces uno de sus clientes, que pertenecía a la junta directiva del colegio, le propuso dictar unas clases: “como te gusta la agropecuaria, vení organizá una huerta órganica”, dijo el papá; “como te gusta la fotografía, vení montamos un cuarto oscuro”; “y como leés y te encanta la lectura, mirá a ver cómo podés desarrollar algo que se llama creación literaria”.

     

    Javier había estudiado dos años de antropología en la Universidad de Antioquia, pero en ese momento había muchos paros y dejó la carrera a medias. Desde pequeño le interesaban las plantas, así que terminó estudiando una tecnología en agropecuaria. Se fue a trabajar al Vaupés, en los límites entre Brasil y Colombia; allá, al amparo de los árboles, escribió sus primeros poemas. El oficio de la fotografía, dice él, era algo como la magia: entrar al cuarto oscuro y revelar las fotografías lo convertía en una suerte de alquimista. Pero la creación literaria… no sabía qué era eso.

     

    Así que decidió inventar. Creó un taller libre, en que los estudiantes se sentaban en la manga y conversaban, leían y, lentamente, introdujo el ejercicio de la escritura. Aunque trabajaba con estudiantes de todos los grados, notó que había algo especial en las narraciones de los más pequeños. Cuando llegó el Día del Niño, Javier le propuso a sus estudiantes que definieran la palabra “niño”. “Un niño es un amigo, tiene el pelo cortico, juega bolas. Puede jugar y puede ir al circo”, respondió uno. “Tiene huesos, tiene ojos, tiene nariz, tiene boca, camina y come y no toma ron y se acuesta más temprano”, propuso otra. Con respuestas como estas, Javier comenzó a construir Casa de las Estrellas: el universo contado por los niños, un libro en que infantes antioqueños definían, en sus palabras y al estilo de un diccionario, las palabras que él les proponía.

     

    Taller de creación literaria dirigido por Javier Naranjo en Caracolicito, departamento del Cesar. Para presentar su labor, Javier prefiere talleres antes que charlas y exhibiciones de libros. Foto: Archivo Javier Naranjo.

     

    Taller de creación literaria dirigido en la vereda Nazareth, de El Retiro, Antioquia. Foto: Archivo Javier Naranjo.

     

    “Más o menos a los doce años alguna cosa se pierde”, explica, “no sé si se pierde el asombro, no sé si se si ya hemos incorporado a esa edad lo que nos dicen que debe ser el mundo… Algo se pierde, de ese desenfadado, de esa tranquilidad, de ese asombro y sobre todo de ese nombrar por primera vez”. Las palabras de Javier dan cuenta de un hombre que cree y, de cierta manera, envidia la particular voz poética de la infancia.

    ***

    Javier vive en una vereda de El Carmen del Viboral, el mismo pueblo de José Manuel Arango, quien en tres versos condensó como ningún otro la añoranza de la infancia (Infancia / vuelta a encontrar, al morder una fruta / en su sabor olvidado). Los días los dedica a cuidar de su jardín. Entre tanto, junto a su esposa Orlanda, continúan impartiendo talleres de creación literaria en diversos lugares de Antioquia. Aunque el trabajo con los niños es, quizás, su irremediable sello, ahora enfatizan también en adultos y adolescentes que, desde sus cuerpos en apariencia maduros, narran y rememoran lo lúcido de la niñez.

     

    Al inicio, Javier no pretendía hacer un libro, aunque sí tuvo la sensibilidad para notar que en las definiciones de sus estudiantes había algo que merecía ser recogido. La idea de compilarlas en un libro apareció después de que El Espectador y una revista de Argentina publicaran algunas de las definiciones. “Me voy maravillando cada vez más, por ejemplo, cuando un niño dice que adulto es ‘alguien que en toda cosa que hable primero ella’ (…) o que una niña diga que sombra ‘son los movimientos de cada persona en la oscuridad’. ¡Eso es poesía pura!”. Finalmente, en 1999, la Universidad de Antioquia publicó la compilación. El resultado es un libro que respira infancia incluso en el título: Casa de las estrellas, fue la definición que uno de los niños entregó a la palabra “universo”.

     

    Presentación del libro Casa das Estrelas en favela da Maré, Río de Janeiro. Foto: Archivo Javier Naranjo.

     

    Desde entonces, Javier ha adelantado varios proyectos que, a través de la creación literaria, extienden el modelo propuesto en Casa de las estrellas. Los niños piensan la paz, por ejemplo, es un proyecto promovido por el Banco de la República en el que Javier Naranjo recorrió 22 municipios del país a lo largo de dos años, recogiendo historias de vida de más de 800 niños alrededor de la violencia, la guerra y la paz. “Sacaban cinco palabras de una bolsa y escogían una para contar su historia de vida, o de la familia, o del barrio, pero una historia verdadera”, explica.

    Los niños piensan la paz, publicado en 2015, es un trabajo que, de alguna forma, narra nuestra historia desde un lugar distinto al habitual: no desde el estado ni la academia, sino desde la niñez. “Ahí está la historia del país, en estos niños que cuentan que la violencia empieza en casa, que la guerra empieza en casa, que es en la familia donde se instala una guerra inicial y llenos de dolor, de odio, de imposibilidades de hablar, salimos a expandir la guerra afuera”, señala Javier.

     

    Los niños piensan la paz, editado en 2015 por el banco de la república. Foto: Cristian Gutiérrez.

    ***

    “Así estemos hablando con adolescentes y con adultos, nunca hemos dejado de hablar con niños”, expresa. Entonces, demostrando que su biblioteca no es decorativa, comienza a citar poetas que reproducen esa lógica: Manoel de Barros, Mário Quintana… “Fernando Pessoa, por ejemplo con un heterónimo como Alberto Caeiro, que era pastor y es una belleza…”.

     

    En su opinión, es indiferente si lo que los niños hacen en sus talleres es literatura o no: “No importa si le otorgamos ese calificativo (…), llámese como se llame, son capaces de expresiones de profunda revelación de la condición humana, de la condición del ser”.

     

    “Como los niños apenas vienen al mundo y se están incorporando a la realidad, es como si ellos estuvieran conectados a una especie de cordón umbilical al alma del mundo, al anima mundi”, reflexiona Javier, haciendo honor a su profesión, “y el alma del mundo es lo que ellos nos anuncian cuando en sus palabras precarias, porque no dominan el lenguaje, son capaces de asociaciones maravillosas”.

     

    Lo anterior, dice, parece sugerir que los niños nacen aparejados con la poesía, lo cual lo hace pensar a uno que la poesía está en lo esencial, al estilo de Pessoa o Whitman. “Eso me ha llevado a conclusiones en el sentido de que, aquellos que se creen dueños de lo poético, o que se creen poetas muy grandotes y muy sabios están equivocados, siento que la poesía está en el mundo y que los niños son capaces de traernos noticias de ella”. Y no escatima palabras para elogiar a sus infantes poetas: “gracias a sus palabras, donde se mezclan oralidad y escritura, traen unas cosas increíbles. Entonces yo me deslumbré con eso”.

     

    La obra de Javier Naranjo da cuenta de la filosofía de un hombre que cree en el poder transformador de la palabra, y en la oportunidad de que los niños se apropien de ella para conmovernos con sus frescas, sabias y despreocupadas visiones del mundo. Actualmente, junto a su esposa, Javier está desarrollando un libro de dos tomos en el que, de nuevo, recogerá las narraciones de niños, niñas, adolescentes y adultos, esta vez alrededor de preguntas más amplias sobre el cuerpo, la tristeza, la alegría y otros tantos temas. La premisa del libro es la misma de todos sus talleres: “no somos psicólogos, pero hemos encontrado en el lenguaje, en la palabra, una herramienta poderosísima para expresarse y que sea una suerte de bálsamo que ayuda a cicatrizar algunas heridas”.

     

    Infancia viene del vocablo latín infans, que significa “incapaz de hablar”. En una sociedad en la que incluso los diccionarios parecen negar y relegar la relevancia social de la niñez, Javier intenta demostrar, día tras día, que el sentido también se construye con los niños. “Si el lenguaje es la casa del ser, como dice Heidegger, pues ellos vienen a mostrarnos algunas de esas habitaciones cuando por primera vez son habitadas”.

     

    “Yo nunca he tenido afán, y no porque me crea inmortal, sino porque creo que las cosas tienen que crecer de una manera como orgánica, no forzada (…). Mejor dicho, yo no estoy haciendo una carrera literaria. Me enorgullece y me da muchísima más alegría lo que he recogido con comunidades que lo que yo mismo escribo. Eso se va haciendo paralelo a lo otro, pero me da mucha más alegría esto que he ido recogiendo”, concluye Javier, con la mesura de un hombre que se sabe satisfecho.

  • Postales de los tiempos cotidianos

     

    Por: Valeria Bilbao Córdoba y María Clara Ortiz Ossa. Edición Contexto / periodico.contexto@upb.edu.co 

     

    “Los ritos, actos repetidos invariablemente, son una forma de honrar o reconocer la importancia y el significado de un momento en específico (…) Quiero mantener la memoria de estas técnicas y eso es lo que me llena”.  Carlos Felipe Ramírez Mesa. 

     

    El que habla es Carlos F. Ramirez, más conocido como “Cafera “, destacado investigador y creador artístico que ha dedicado su carrera a explorar las profundas intersecciones entre la fotografía, el archivo, la visualidad y diversos campos del pensamiento y el lenguaje. Desde 2014, ha viajado por todo el mundo, reviviendo y perfeccionando procesos fotográficos analógicos, históricos, con un enfoque particular en el colodión húmedo.  

     

    Por años, Cafera ha logrado plasmar en sus obras la belleza que oculta lo cotidiano, lo cual acaba de compartir en la exposición: Todo acto es un ritual, en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. Mediante la fotografía en película y colodión húmedo, una técnica del siglo XIX, da cuenta de los actos que conforman la memoria individual y colectiva, las creencias, experiencias, gustos y oficios que materializan la cotidianidad.  

     

    Carlos Felipe Ramírez combina su trabajo como fotógrafo y realizador audiovisual con la docencia. Foto: Cortesía.

     

    “El día a día se encuentra lleno de pequeños rituales, si se presta atención. La cantidad de procesos involucrados en las acciones diarias como servirse un café, secar el arroz y sentarse a la mesa se convierten en paisaje. Lo cotidiano es merecedor de verdad o asombro”, explicaba el texto introductorio de la exposición. 

     

    ¿Qué lo hizo inclinarse a su carrera como fotógrafo?  

     

     “Desde que tengo memoria, llevo una cámara en la mano. Esa cámara era de mi abuela. Los álbumes que ven en la exposición no son míos, sino que pertenecen a mi abuela, quien me sentaba a ver el álbum familiar con tarjetas de visita y empezaba a mostrarme retratos de todos mis antepasados. La fotografía siempre ha estado en mi”.  

     

    Hablando de su formación artística, ¿por qué decidió enfocarse en técnicas antiguas, sabiendo que hoy en día hay miles de posibilidades para retratar personas y espacios?  

     

    “Como siempre estuvo en mi la fotografía, se volvió un paisaje. Un día, mientras estudiaba guion en Los Ángeles, llevaba mi cámara digital y tomé más de 10.000 fotos; cuando me senté a ver todo lo que había capturado, nada me gustaba. El acto fotográfico me dejó de llenar. Luego me empecé a devolver a cuando mi papá me enseñó a hacer en cuarto oscuro, blanco y negro, cómo revelar una imagen; y empecé a retroceder bastante y ya llevo 10 años trabajando y especializándome en estas técnicas antiguas”. 

     

    ¿Cómo surgió la idea de hacer la exposición con base a lo ritual y a lo cotidiano?  

     

    “Se dio gracias a un momento muy coyuntural de nuestras vidas [refiriéndose a Camila, su compañera] donde nos fuimos a vivir juntos, nos casamos y empezamos a tener unas conversaciones trascendentales sobre nuestros ritos, los espacios que empezamos a habitar y los recuerdos más importantes”. 

     

     

    << Todo acto es un ritual, en la Biblioteca Pública Piloto. Foto: Contexto.

     

    ¿Qué siente al ver plasmados estos rituales que pueden ser tan personales en la exposición?  

     

     “Yo siento que es como un filtro de mis vivencias personales, para lograr que sean lo más genéricas posibles y que el espectador resuene con ellas. Cuando se empieza a mostrar detalles tan íntimos en una exposición, nos hacemos vulnerables a la idea o concepción que los demás pueden tener de cada uno”.  

     

    ¿Por qué los círculos son elemento clave en la exposición? 

     

    “Es una forma primogénita del rito, como se puede ver desde el fuego al ser una manera natural, porque en la naturaleza no hay línea recta, las cosas biológicas son muy circulares. Así por medio de los círculos se da un acto de fe”.  

     

    ¿Por qué ritualizar la rutina? 

     

    “La rutina está compuesta de micro ritos de los cuales no nos damos cuenta o que tal vez ya están demasiado interiorizados. La manera en que desarrollamos nuestro día es un rito, pero lo volvemos paisaje. Por ejemplo, las cosas que son súper bacanas y que tienen magia, comienzan a perderla. Esto es un llamado a que todos esos pequeños lugares, acciones y cosas que cuando se vuelven rutina, pierden también el encanto, pierden lo que les da sentido”.  

     

    ¿De que se trata la técnica fotográfica del colodión húmedo? 

     

    “Es coger nitrocelulosa (explosivo plástico), ponerlo en eter y nitrato de plata en una superficie no porosa (vidrio o aluminio), aplicarla, de nuevo colocarla en nitrato de plata y dispararlo en una cámara de placas para dejarlo 16 minutos como máximo y revelarla para que no se dañe la imagen y así obtenerla”. 

     

    ¿Por qué utilizar técnicas antiguas? 

     

    “Yo podría estar tomando fotos en digital como actualmente se hace, pero el hacer fotografía con técnicas del siglo XIX, es la razón más grande por la cual quiero mantener la memoria y porque es lo que verdaderamente me llena”.  

     

    La experiencia de Todo acto es un ritual incluye propuestas en video y paisaje sonoro. Foto: Contexto.

     

    ¿Tiene otro proyecto en mente o que ya esté realizando?  

     

     “Dos charlas, un taller, la siguiente serie que apenas estoy escribiéndola, estoy haciendo un montón de cosas audiovisuales profesionales y unos tres videojuegos. Uno no deja de vivir la experiencia creativa, siempre es el proceso de uno y a veces también son momentos de silencio. Llevaba 2 años sin exponer”.  

     

    A veces hay muchos prejuicios frente a las personas que se dedican al arte, ¿usted qué les diría a esas personas que desaniman a los futuros artistas con estos comentarios?  

     

     “El artista en los últimos tiempos se poetizó mucho, siempre han sido personas muy tesas en su oficio. Usted tiene que ser juicioso, trabajar el arte como si fuera una oficina y buscar sus maneras de querer hacerlo, esa es la diferencia de quien lo hace por hobbie y quien es artista de verdad. Yo no me considero artista, yo soy fotógrafo. Del arte sí puede vivir la gente, pero no es fácil”.  

     

     

    La propuesta ded Cafera incluyed también objetos que rafirman el sentido de la reflexión sobre lo cotidiano. Foto: Contexto. >>

     

     

     

    La persistencia de Cafera es prueba de su compromiso con un trabajo que no es simplemente una reproducción del pasado, sino una reflexión profunda sobre la visualidad, la memoria y el presente que hay en lo cotidiano. En un tiempo donde lo efímero predomina, especialmente en la imagen, este fotógrafo recuerda que la imagen, al igual que la vida misma, es un acto ritual lleno de significado y propósito.  

     

  • De tendencia en Netflix a titular en prensa: ¿cómo nos cuentan sobre una serie de narcotráfico?

     

    Por: Andrea Montoya Posada / andrea.montoya@upb.edu.co  

     

    Era martes de sala de redacción de Nemózine en la casa de mi amiga SH. Siempre tomamos té, café y galletas. Su perrita Flor nos hace compañía. Nemózine es un medio gestionado a través de redes sociales que lanzamos como excusa para expresar nuestra opinión libremente, cuando en nuestros círculos sociales o día a día no podemos. La charla del tema de la semana se vio interrumpido por un Reel que vi sobre la polémica entrevista que le hicieron a Sofía Vergara a raíz de la premiere en Colombia de “Griselda Blanco”, serie que protagoniza. No había oído hablar de ella hasta ese momento. SH, en cambio, aprovechó para desahogarse. La había visto la noche anterior con su novio y me comentaba bastante indignada lo que le generaba ver a íconos del cine como Sofía Vergara y la mayor estrella femenina del reggetón en ella.  

     

    La curiosidad me pudo y comencé a leer comentarios en redes, titulares en Google News y TikToks sobre lo “chimba”´que es la dirección de arte de la serie. Vi el primer capítulo. También me pregunté por el legado histórico de Griselda Blanco, solo la había oído mencionar en una serie mexicana de narcotraficantes.  

     

    “Griselda Blanco” es una serie producida por Netflix que retrata la vida de esta narcotraficante desde que comienza sus labores en Colombia, hasta que llega a Miami en la década de los 70s a los 80s. Se estrenó el 25 de enero del 2024 y con tan solo seis capítulos logró posicionarse en el top 10 a nivel nacional e internacional de la plataforma por más de una semana. En redes de opinión cinematográfica, como Google, tiene una calificación de 7.7 estrellas y en IMDb 7,2 de 10 estrellas entre 31mil usuarios.  

     

    Desde el año 2000 se registran más de 50 series de televisión o plataformas de streaming sobre narcotráfico en el mundo, sin contar cortometrajes, películas y documentales. En definitiva, es un tema de interés popular en crecimiento. 

     

    En esa primera búsqueda no encontré ni un solo comentario histórico en medios nacionales sobre la vida de aquel personaje que los titulares sensacionalistas valoraban como la mujer más temida de la década de los 80, que hasta Pablo Escobar le obedecía. ¿Qué comunicaba el cubrimiento que hacían los medios de comunicación en Colombia sobre esta serie?, ¿hasta qué punto la seria debía ser un tema de la sección de entretenimiento?, ¿debería haber una diferencia en el cubrimiento periodístico de un tema de baila entre memoria y entretenimiento? Me hice muchas preguntas, tal vez demasiadas.  

     

    Tras el rastro de un relato

    Para tratar de darles respuesta a estas inquietudes, emprendí una investigación con unos de los principales medios de comunicación de formato digital en Colombia según un estudio de la Unión Colombiana de Empresas Publicitarias: 1.El Tiempo, 2.El Espectador, 3.Semana y 10.El Colombiano (elección por mi ubicación geográfica).  

     

    Para darle un componente científico y estadístico al asunto, recopilé, bajo el término de búsqueda “Griselda Blanco”, cada una de las publicaciones de los anteriores medios entre el 1 de enero y el 20 de febrero del 2024. En una tabla, que puede revisar a continuación, organicé los datos por: medio, fecha de publicación, titular, palabras clave seleccionadas por una IA y el enlace. Los resultados se presentan en los siguientes gráficos:  

     

    Número de publicaciones entre el 18 de enero y 17 de febrero del 2024 

     

    Cantidad de publicaciones por medios investigados entre el 18 de enero y 17 de febrero del 2024 

     

    Fig. 1 Nube de palabras clave de la recopilación de medios investigados 

     

     

    Fig. 2 Número de apariciones de las palabras clave de medios investigados 

     

    Entre otras conclusiones, observé que todas las notas periodísticas bajo el término de búsqueda de ‘Griselda Blanco’ entre enero 1 y febrero 20 del 2024 de los medios que investigué, eran alusivas a la nueva serie de Netflix. Si bien gran parte de ellas contiene información histórica sobre la vida de Griselda Blanco y la guerra del narcotrafico en Colombia, todas parten de una relación o comparación directa entre la serie y hechos reales. Las únicas dos temáticas diferentes a esta son: el escándalo de la primera dama y la oposición de Roy Barreras sobre el tema de producciones audiovisuales sobre narcotráfico. El único medio que publicó columnas de opinión alusivas a la serie y el narcotráfico en el entretenimiento fue El Espectador.  

     

    Destaco, entre los datos que obtuve, que casi la mitad de las notas informativas de El Tiempo son en formato de audio, video o contienen hipervínculos a publicaciones en redes sociales. Este hecho puede tener relación con el posicionamiento del medio como el de mayor alcance en formato digital del país.  

     

    Una mirada más cercana

    Ya lista la parte de investigación cuantitativa, necesitaba la opinión de un experto. Conversé con José Guarnizo, cofundador y director general y periodístico de Vorágine y autor de una ardua investigación sobre la vida de Griselda Blanco, cuya reedición se publicará próximamente en un libro.  

     

    Su investigación nació hace 12 años como producto de la casualidad de una denuncia sobre el barrio Antioquia, la cual llegó al medio en que trabajaba . La historia cautivó su curiosidad periodística y le llevó a conocer el personaje principal de este reportaje: Griselda Blanco. Siguió investigando y su trabajo fue publicado por El País de España, años más tarde con la editorial Planeta, luego como base para el guion de Griselda con Televisa y próximamente en una nueva edición.  

     

    Después de hacer mi ejercicio mediático me generó curiosidad el origen de sus fuentes. Guarnizo cuenta que la mayoría fueron testimonios humanos, pero que tuvo que corroborar en un ejercicio periodístico juicioso con archivo judicial, informes de la fiscalía, bases de datos del FBI y notas informativas de la época. Llamaba su atención, en especial, las publicaciones del New York Times y el Miami Herald, por el tono fuerte y severo con el que se referían a Griselda cuando estaba en el radar de CIA en Estados Unidos.  

     

    Existen muchos mitos alrededor de la figura de Griselda Blanco y el narcotráfico en general. Esta es una de las premisas principales de Guarnizo y coincidencialmente, la pregunta que me llevó a hacer este trabajo, pero relacionado al cubrimiento de este en los medios de comunicación.  

     

    Guarnizo afirma que, por ejemplo, los medios de la década de los 70-80 no se referían a Griselda Blanco como la “Reina de la cocaína”, sino “La señora Griselda Blanco”. También, encontró que los libros y publicaciones anteriores a su investigación inventaron datos, se basan en información transmitida a través de comunicación oral. Un ejemplo es la acusación que se le atribuye a la narcotraficante de haber matado a sus tres maridos. Sin embargo, del otro lado, Guarnizo pudo corroborar mitos como que la modalidad del sicariato en moto sí puede estar vinculada a la estructura criminal de Griselda y que, de hecho, fue como terminó su vida en 2012.  

     

    En definitiva, a personajes como Griselda Blanco y otras figuras del narcotráfico se les atribuyen carácterísticas heroícas que nacen de la tradición oral y pueden reforzarse a través de productos audiovisuales. Conversé con Guarnizo sobre la evolución de este tipo de productos para entretenimiento, que insiste, tienen una finalidad diferente al documental informativo y ejercicio periodístico y considera que la industria no debería decir qué se puede publicar y qué no porque iría en contra de la libertad de expresión. Anota que, en series como el ´Cartel de los sapos´ y las demás de inicios de los 2000, hacen una caricaturización del narcotráfico. Las series contemporáneas como Griselda, Narcos, entre otras, proponen otra mirada, otro discurso. 

     

    Guarnizo afirma que lo problemático, aquello que refuerza los mitos heróicos de la criminalidad, es la publicidad que se hace y que, en ocasiones, desconsidera el dolor de las víctimas. En este punto es que se cruza la delgada línea entre documentar, retratar la realidad, hacer ejercicios de memoria, y el entretenimiento, que tiene un fin puramente productivo sujeto a la demanda de la audiencia.  

     

    Todo esto me lleva a preguntar, ¿qué es lo que quiere ver esa audiencia?, ¿cuál es esa nueva propuesta estética y discurso que proponen las series del narcotráfico?, ¿por qué pareciera ser una temática en crecimiento? Estas inquietudes necesitarían otra investigación. Hoy 6 de marzo del 2024 hice de nuevo una búsqueda de las notas publicadas en medios, de los tweets, publicaciones en redes y me tomó un poco más de tiempo y scrolling. Tampoco vi la serie en el top 10 de Netflix. Es como si se hubiera tratado de una moda efervescente. Además, hice un ejercicio rápido de vox pop en la universidad para saber si los estudiantes conocían la serie y el personaje histórico de Griselda Blanco. Se lo presento a continuación:  

     

    Entre tendencia en Netflix y titular en prensa: el caso de Griselda Blanco

     

    Una conversación con amigos me generó mil preguntas que se tradujeron en este trabajo. No tengo una conclusión definitiva, sino todavía más preguntas acerca del tema. Sin embargo, lo más importante, fue entender que el deber ser de los medios de comunicación es diferente al del mundo del entretenimiento. Es el periodista como individuo quien decide qué mirada darle a la audiencia de la realidad, que, a su vez, no está libre de la volatilidad de las tendencias. Tenemos la capacidad de darle otros puntos de vista a las personas a través de las palabras. Por tanto, algún día sueño con no tener que escribir sobre “El sicario que tenía sexo desde la prisión y redujo la pena de Griselda”, sino sobre la memoria histórica de mi país hasta agotar los signos de interrogación de mi teclado.  

     

  • Desde una mirada blanca: crónica sobre una crónica de los saberes ancestrales indígenas

     

    Sara Rodríguez Lopera  / sara.rodriguezlo@upb.edu.co

     

    Estoy segura de que, por lo menos una vez en la vida, has ido a una feria artesanal y pedido rebaja: “Si le compro un bolso y dos manillas, ¿me le encima un llavero?”, diría cualquiera, ¿no? Lo curioso es que la artesana no gana ni la mitad de lo que realmente vale el producto y tú, comprándole sus artesanías, no le estás haciendo ningún un favor: “Que peca’o, ayudémosle, venga comprémosle algo”. Pero no te preocupes, yo hacía y pensaba exactamente lo mismo, de hecho, me adjudicaba la responsabilidad de dizque “continuar con su tradición” de “no dejarla morir” … Luego me daría cuenta de que esto no dependía de mi compra, sino de su cultura. Específicamente, de sus saberes ancestrales.  

     

    “¿Los saberes ancestrales permanecen por su cultura o por la fuente de ingresos que generan?”, me pregunté. Comencé a buscar en artículos científicos, páginas web de turismo, trabajos de grado. Pura información basada en una perspectiva blanca y colonial, como siempre se ha escrito y leído la historia, por eso, encontré términos como “revalorizar” o “sacar de la pobreza”. Sin embargo, me di cuenta de que la respuesta no la encontraría en internet, sino afuera, en la Sierra Nevada de Santa Marta, en La Guajira, en Córdoba y en el Mercado San Alejo. 

     

    Mis términos no encajaban con sus significados. Por eso, dejando atrás días de rastreo documental, comencé por el principio: ¿Qué es un saber ancestral? Un saber ancestral es un conjunto de saberes o prácticas tradicionales que han sido transmitidas de generación en generación dentro de una comunidad indígena. Estos saberes son las costumbres que dejaron sus ancestros y que se ven representadas desde un saludo a un mayor hasta la alimentación, el vestido, la danza, los rituales espirituales, la medicina y las artesanías. Y ojo, esta definición la pude construir gracias al testimonio de tres indígenas que conoceremos más adelante, nada de artículos científicos, investigaciones o algo por el estilo.  

     

    La permanencia de los saberes ancestrales está directamente relacionada con su transmisión. Puede ser a través de la tradición oral o por acto imitativo: “No todos los niños del mundo juegan como los niños occidentales. Si yo le regalo un Hot Wheels a un niño de una comunidad, él no sabe qué hacer con ese carrito, porque el juego para él es acompañar al papá al sembrado, a pescar o a cazar. Es de esa manera que se transmiten los saberes ancestrales”. Gregorio Henríquez, antropólogo e indígena miembro de la comunidad Wayuu, en la Guajira, del clan Epinayú, me hablaba sobre cómo algunos de estos saberes son concebidos o elegidos. Por ejemplo, “Nadie se vuelve chamán porque levantó la mano y dijo ‘yo quiero ser chamán’ ”, el tema de la medicina ancestral tiene que ver con un elemento específico que signa a la persona como chamán, como un sueño o una visión. Por el contrario de otros saberes, como teñir textiles, elaborar máscaras o tejer mochilas, sí puede ser una elección por gusto o talento.  

     

    Los saberes ancestrales están relacionados con la madre tierra, con la ley de origen de los indígenas. Es la base de su cultura, de su existencia. “Los saberes ancestrales son parte del alma de la comunidad, por eso, cuando se pierde un saber es como si arrancáramos hojas de un libro”, afirma Gregorio. Los indígenas preservan sus saberes ancestrales para no desaparecer, para no tener una crisis de identidad en medio de un mundo tan globalizado y moderno. Yo, por lo menos, seguía sin entender: ¿Por qué insistir tanto en preservar eso tan antiguo? “Mantener esos vínculos con el pasado nos dicen de dónde venimos, para entender lo que somos hoy y que nos permita proyectarnos a dónde queremos llegar”, me respondió Gregorio. “Básicamente son las bases”, le dije, y él asintió, satisfecho. Pensar nuestra historia y nuestro patrimonio como un activo es algo que aún no terminamos de concebir los blancos.  

     

    Pero… No creas, esa base indígena se tambalea de vez en cuando. Los saberes ancestrales se han ido transformando por varios factores como la influencia de la modernidad, la globalización, el cambio climático, la violencia, el turismo, las redes sociales y demás. “Los mestizajes se nos cuelan, a nuestro territorio llegan otras costumbres”, me contaba Bellanira por teléfono “Nosotros estamos enfocados en esa juventud, ´que no se nos contaminen´ decimos”. Bellanira Esther Izquierdo, lideresa y representante de las mujeres de la Comunidad de Jewrwa, de la etnia Arahuaca de la Sierra Nevada de Santa Marta, me explicaba que, más que un problema, este tipo de cambios representaban un reto para la comunidad “tenemos que concientizar a nuestros jóvenes que eso no es lo de nosotros”, refiriéndose específicamente a las redes sociales. 

    Clic en la imagen para escuchar el testimonio

     

    Gregorio, quizás un poco más abierto a tomar esos cambios a su favor, proponía que “se puede estar en diálogo sin perder lo que somos”, pues, aunque haya elementos que puedan mejorar sus ritmos de producción y ayuden a optimizar recursos, eso no le quita “artesanalidad” a sus elaboraciones. Sin embargo, no se puede dejar atrás que hay factores que quizás impactan de manera más directa sobre esos saberes. Por un lado, cuando se habla de violencia se refiere al desplazamiento forzado y esto hace que la conexión con el territorio, comunidad y tradiciones se rompa. El turismo, por su parte, llega a invadir y a tomar por la fuerza el espacio privado si no está lo suficientemente informado. El cambio climático desvía los saberes ancestrales relacionados con la agricultura, los fenómenos de el Niño y la Niña no estaban en sus planes. Así mismo, las redes sociales influencian a los jóvenes a tener otro tipo de tradiciones, como decía Bellanira, que no están relacionadas con su comunidad. “Frenar los procesos de aculturación implica apropiarse del conocimiento y saberes de la ciencia y tecnología” afirma Gregorio, por eso no descarta la idea de que el joven indígena pueda ser, en un futuro, generador de contenido valioso en las redes sociales para difundir su conocimiento y costumbres hacia el resto del mundo.  

     

    Bueno y, entonces, ¿por qué venden sus saberes ancestrales si esto no contribuye a preservar su cultura? Simple: es una fuente más de recursos económicos. “Es mi sustento día a día”, dice sin más Liliana, indígena de la Casta Epiayú y perteneciente también a la etnia Wayuu. En algunas ocasiones, incluso, comunidades recogen el dinero obtenido de la venta de artesanías y lo llevan a un fondo común para enviar a los jóvenes a estudiar a otras regiones o para apoyar iniciativas de la misma comunidad como el sostenimiento de las emisoras, entre otras. El problema aquí es que la artesanía continúa viéndose como un arte menor. Pero la artesanía no es sinónimo de pobreza. La artesanía es elaborada por alguien con un pensar y un sentir que le da un valor agregado superior al de un proceso de manufactura. 

     

    Clic en la imagen para escuchar el testimonio

     

    “Hace aproximadamente 40 años mi familia se dedica a la venta de nuestras artesanías al turismo”, me contaba Liliana a través de un audio por WhatsApp. Si es una sola persona la que teje la mochila se puede demorar 1 semana, pero si es un trabajo en equipo, hasta 3. “Por ejemplo, si vamos a tejer una docena de mochilas nos unimos, compramos los materiales y nos repartimos: tú haces las gazas, tú el cuerpo, otra adelanta el forro y así sucesivamente”. Liliana reconoce que los precios han variado con el tiempo, pues anteriormente una “pelotica” de hilo salía en 1.000 pesos, pero ahora valen 3.000. Las mochilas están hechas de 25 peloticas de hilo y son vendidas, aproximadamente, en 70 u 80 mil pesos… Si hacemos cuentas, ¿cuánto ganan?  

     

    Infografía: sara Rodríguez Lopera

     

    Ahora hablemos de su sistema de venta; o, mejor dicho, de su sistema de intercambio con el intermediario. “Nuestro territorio queda a 3 horas pueblo” me contaba Bellanira, “entonces que pasa: que vienen muchos intermediarios a traernos víveres como la sal o el aceite y lo cambian con nuestras artesanías”. Recuerdo que al escuchar esto pensé “¿será esto justo?” y como si Bellanira hubiera leído mis pensamientos a los más de 500km de distancia que nos separan me dijo “yo digo que no es justo. Me las cambian [las artesanías] con víveres y a un precio menor” ¿Quién se está beneficiando ahí? Y bueno, no digo que sea el caso de todos los intermediarios; sin embargo, en la Guajira y en Córdoba, tienen la misma famita: Gregorio, en la Guajira, dice que una mochila en el territorio puede costar 50, 70 o hasta 100 mil pesos, pero si lo compra el intermediario, afuera las puedes ver a 130, 140 y hasta 180 mil pesos. En Tuchin, Córdoba, se maneja el tema del sombrero vueltiao. Una familia (de 6 u 8 personas) en una semana hace un sombrero fino para venderlo en 60 o 70 mil pesos, pero los intermediarios al comprarlos salen y los venden a 300 y 500 mil pesos.  

     

    “Nosotras por eso estamos hablando de una empresa propia a futuro. Para nosotras mismas poder vender nuestro trabajo, nuestras artesanías y ponerle el verdadero valor con que se hace”, me decía Bellanira, “¿y qué hace falta?” le pregunté, “Plata”, me respondió ella. Plata. Todo es plata. Plata que llueve en la ciudad pero que ni gotas quedan para los territorios. Plata para proveer de alimento y suministros a familias indígenas que, cuando escasea el cultivo del guineo o café y baja la venta, el hilo y la aguja se convierten en las únicas herramientas para poder sobrevivir. Aun así, como decía anteriormente, no es el caso de todos los intermediarios: Jorge Carmona, trabajador independiente y vendedor de mochilas arahuacas, es uno de los que por lo menos conoce el valor cultural y, por tanto, económico del producto.  

     

    Caminando por los corredores que forman los toldos en el Parque de Bolívar todos los primeros sábados de cada mes, me encontraba en el Mercado San Alejo buscando algo bonito para colgarme en el cuello. Sin embargo, entre tantas opciones, un toldo que nada tenía que ver con mis intenciones llamó mi atención: repartidas por todo el stand, don Jorge exhibía y ofrecía las mochilas típicas arahuacas. “¿Usted las hace?” le pregunté, “No, las hacen las mujeres artesanas de la Sierra Nevada de Santa Marta”. A partir de entonces se desplegó la otra parte de la historia, continuamos la conversación por WhatsApp: “Mi madre (QEPD) vendió artesanías en general, incluyendo las mochilas arahuacas. Fue una actividad económica para el sostenimiento de nuestro hogar”, Jorge me contó que desde allí nació su interés por su venta, “es un gusto para mí poder ofrecerles a las personas productos hechos a mano, donde se plasma mucha energía y sobre todo la creatividad”, las mochilas arahuacas le atraen, además, por su especial componente cultural y representación de un país. Es así como desde hace 15 años vende exclusivamente este producto.  

     

    Jorge le compra, con dinero, las mochilas a la comunidad donde pertenece Bellanira. Los precios a los que ofrece las mochilas afuera varían de acuerdo con el tamaño y las comercializa en ferias de ámbito local y nacional, principalmente en el Mercado San Alejo, en los parques de Belén y Sabaneta, en el almacén de Jumbo, en la Feria de las flores y en cualquier otra que se le presente.  Jorge me contaba que muchos de sus compradores reconocían ese valor cultural que trae consigo la mochila, pero que otra parte, aunque no la conocía, se mostraba interesado por hacerlo. “Se vuelve un intercambio interesante. Además de que estoy vendiendo estoy transmitiendo cultura”, afirma. Bellanira agradece profundamente el apoyo de Jorge con su compra, sin embargo, le sigue faltando algo: “A mí sí me gustaría tener una persona o alguien que conociera más de nuestro trabajo y se le diera un valor en verdad a nuestras artesanías como artesanos y como artesanías tradicionales”.  

     

    Y tengamos en cuenta que, aun vendiendo la mayor parte de sus artesanías, no conocemos toda su historia completa. Resulta que toda esa cultura, esa artesanía, ese conocimiento ancestral, a penas y es una parte de lo que si quiera los indígenas muestran y/o venden. “El tejido de las mochilas es un saber ancestral que es propio de nosotras las mujeres arahuacas, no solamente los que don Jorge vende”, Bellanira me contaba que son alrededor de 30 tejidos y puntadas propias que tiene la comunidad y que no conocemos los de afuera. Aquellas que salen al mercado están bajo el permiso de los mayores, MAMɄS, sabedores y hombres que portan el poporo.  

     

     

     

     

    El tejido ya estaba antes de que llegáramos. El tejido es, además de mochilas: vestiduras, manillas y chumbes. Nuestra moneda no compra, vale o si quiera cuenta al lado de la tradición. El tejido no muere, pero tampoco se termina de valorar. “Yo diría que un 50% o 60%”, calificaba Bellanira. “Yo creo que un 70% valoran nuestros saberes ancestrales”, afirmaba Liliana, “ya sea por falta de conocimiento o porque no tienen ese amor, esa iniciativa de querer saber cómo la cultura es de suma importancia”. Y aún así, cuán orgullosos nos sentimos cuando Gabo rindió tributo a América Latina y al Caribe al ganar el Premio Nobel de Literatura o cuando el sombrero Vueltiao fue declarado símbolo cultural de la nación en 2004 … Pero ¿comprar a un precio justo? ¿aprender de nuestra cultura? ¿escuchar al artesano? Jamás.  

     

    Y ojo, que no se confunda la mochila de patrones o figuras geométricas con la mochila que tiene en su cuerpo la cara de Frida Kahlo, la lengua de los Rolling Stones o el escudo del Nacional. Aunque el tejido al final se distingue, se ha visto sumamente permeado por la globalización. Terminamos de alguna u otra manera apoyando lo que no es, modificado a nuestro gusto, con colores, formas y tamaños, la mochila occidental, la que nada tiene que ver con la original. “Se van a volver es vallas ambulantes”, dice Gregorio, “la globalización está convirtiendo casi que al producto artesanal en una especie de coleccionismo”. El antropólogo me contaba de marcas que llegaban a comprar mochilas indígenas, les cosían un logo y se las adjudicaban como creaciones propias. Es más, me decía que en algún momento una entidad había llegado a su territorio con el fin de “certificar” a los artesanos, “¿y quienes son ustedes para decirme si mi mochila está o no calificada?”, se preguntaba. Esa necesidad de nosotros de certificarlo todo, de hacerlo más “original”, más mejor. Básicamente, más igual: más nada.  

     

    Se pierden personas, pero no saberes. La transmisión de los saberes ancestrales a la siguiente generación es lo que permite la supervivencia de ellos. Se puede aprender del tejido, crear uno nuevo, incluso imitarlo, pero el sistema de pensamiento que trae consigo la mochila indígena, jamás. En cada mochila está plasmado el estado de ánimo de la persona, su percepción de la naturaleza, “y eso jamás se va a poder imitar”, afirma Gregorio. Pero ¿las próximas generaciones indígenas sí están interesadas en continuar con la tradición?

     

    Conozcamos ahora a Alfonso Manuel Méndez, locutor e investigador de la seguridad y soberanía alimentaria, altamente relacionado con la agricultura y por ende conocedor de primera mano del proceso de construcción del sombrero vueltiao en Tuchín, Córdoba.  “Ese es un tema que nos preocupa mucho a nosotros porque la tendencia del indígena es migrar a la ciudad y convertirse en independientes o en empleados de un almacén”, me contaba Alfonso que el indígena se ve envuelto en un mar de expectativas frente a la gran polis: “los indígenas se van porque no les dan [los compradores] el valor a sus artesanías. Se ilusionan por todas las oportunidades que supuestamente le ofrece la ciudad”.

     

    Así mismo, Bellanira me contaba que entre más crecía la comunidad, más relacionamiento tenían sus jóvenes con los jóvenes blancos y así es más fácil o llevar sus costumbres a su territorio o irse tras ellos a la ciudad. La incidencia de las redes sociales es más grande de lo que se piensa, pero los discursos que se han llevado desde tiempo atrás no mejoran la situación: “uno encuentra que hay comunidades que tienen muchos problemas con los jóvenes para aceptarse como indígena. No quieren manejar su lengua, incluso la niegan”, Gregorio afirma que al indígena se le ha visto como un estorbo, un guerrillero, una persona maliciosa, “de ahí viene el término de malicia indígena”. El joven se ve inmerso una serie de rechazos, estereotipos y miedos culturales que lo hacen negar su indigenismo.  

     

    ¿Entonces no quieren conservar sus saberes ancestrales? Claro que sí, solo que en medio de la discusión hay una serie de desafíos que los mayores, mayoras y autoridades indígenas deben afrontar. “Ese es nuestro reto: que nuestros hijos lleven muy bien desde su pensamiento y sangre el conocimiento” Bellanira me intenta explicar, desde su mejor español y mi peor ignorancia, que eso está en ellos: lo llevan desde el vientre, como madres que dan vida, alimentan y nutren a sus hijos del conocimiento de su territorio. Por eso no es difícil. “En términos generales los jóvenes hoy están más apropiados, más orgulloso y más comprometidos en mantener sus comunidades”, afirma Gregorio. Desde hace más de 500 años los indígenas se están organizando, resisten. Nosotros les hemos cobrado vidas, territorio, participación. No los hemos dejado en paz. Y, aun así, ellos continúan, sus bases crecen y las de nosotros se desmoronan.  

     

    Medellín es una colcha de retazos: apropiamos culturas que no nos pertenecen y pretendemos comprar, a un precio absurdo, la poca que nos queda. Se nos olvida lo que hay aquí. Lo que consideramos “típico”, como la bandeja paisa, surge apenas en los 60. Nuestros héroes representan las élites urbanas capitalistas, la participación del negro y del indígena ha sido negada en la construcción de nación. “También construimos la historia de Colombia y también narramos la historia de Colombia. Pero si a la gente nunca se la enseñaron, hoy la labor de las comunidades es narrarla”, dice el antropólogo. La labor aquí es del sistema, de nosotros como ciudadanos escuchar, aprender y volver a conocer la historia, nuestra historia. ¿Recuerdas por qué los indígenas preservan sus saberes ancestrales? Para saber de donde vienen, entender lo que son hoy y proyectarse hacia donde quieren llegar.  

     

    Sentada desde mi casa, con una taza de café al lado e Internet estable escribo la historia de aquellos que la hacen día a día desde la Sierra Nevada de Santa Marta, Córdoba y la Guajira. Aquellos que la tejen, la viven y la conmemoran. A mí solo me quedan palabras para contarlas, pero sigo siendo solo una espectadora. Esto no termina aquí, hay mucha tela por cortar, o, mejor dicho, mucho hilo por tejer. Cuando decidí investigar sobre este tema, no sabía nada y ahora declaro que sé aún menos. Somos responsables de preservar esto, de cuidarlo como parte de nuestra identidad. Y cuidarlo implica el respeto, la memoria y el valor por la artesanía en términos de precio y propiedad intelectual, una correcta apropiación social del conocimiento.  

     

    “¿Deseas agregar algo más?” es una pregunta que le suelo hacer a las personas que entrevisto cuando termino de hacer mis preguntas. Casi ninguna me suele decir o hacer algo más que un gesto de negación. Sin embargo, Bellanira, entre graznidos de gallinas y una señal intermitente, sí tenía algo más por decir:   

    “Mi recomendación es que ojalá esta conversación usted la conserve y de pronto de allí le saque lo que usted necesita. Yo como mayor, persona mayor lideresa, somos muy celosos con nuestro conocimiento. Gracias porque pude compartir algo, un poquito de nuestros conocimientos, de nuestros saberes. Entonces en usted va a quedar algo muy interesante, muy valioso de nuestro territorio. Consérvelo.” 

     

    Mitos y Realidades sobre los saberes ancestrales  

     

     

     

  • Ebanistería de El Retiro, ¿saber ancestral en alerta roja?

    Por: Laura Gregory Berrio / laura.gregory@upb.edu.co

     

    Un cambio generacional y en la riqueza forestal en la región, están entre los factores que ponen en riesgo la tradición ebanista que ha hecho famosa esta población del Oriente antioqueño cercano.

     

    El municipio de El Retiro, ubicado en el oriente antioqueño a tan solo una hora de la ciudad de Medellín, ha construido a lo largo de los años una reputación única por su tradición artesanal en la elaboración de muebles y objetos de madera. Esta práctica y saber ancestral, transmitida de generación en generación por familias dedicadas a la ebanistería, representa una pieza fundamental en el patrimonio cultural e identidad de la región.

     

    Actualmente existen alrededor de 100 talleres y negocios dedicados a la carpintería y ebanistería en el municipio, que involucran a cerca de 400 familias que dependen directamente de esta actividad.

     

    Esta tradición encuentra sus raíces en la abundancia de bosques y reservas forestales que rodean el municipio como la Reserva Forestal Nare con 4.165 hectáreas (casi el 17% del territorio municipal) y la Reserva Bilógica El Silencio con un área de conservación de 171 hectáreas en las que se pueden encontrar especies de árboles como: el ébano, el roble y el pino.

     

    A pesar de su importancia cultural y económica, la ebanistería en El Retiro atraviesa hoy un momento crítico. El desinterés por aprender y dar continuidad a estos oficios artesanales vinculados a la madera pone en riesgo que esta tradición milenaria se pierda con el tiempo.

     

    << La tecnificación de los talleres es una de las alternativas para fortalecer el oficio de los ebanistas. Foto: Laura Gregory.

     

    Iván Darío Echeverri, líder de la corporación CorreCaminos y también de la región, lamenta este fenómeno y comparte su preocupación por el futuro de este arte tradicional: “Cuando era joven, la ebanistería era una parte fundamental en la vida del pueblo. Todos queríamos aprender a trabajar la madera, pero ahora ellos están más interesados en trabajar en la ciudad o en actividades más modernas y esa falta de interés pone en peligro nuestra tradición”, expresa con nostalgia.

     

    Frente a esta problemática, diversas organizaciones locales han asumido el reto de reposicionar la ebanistería tradicional y motivar a las nuevas generaciones a reapropiarse de sus raíces artesanales. Una de las iniciativas que se están impulsando es permitir que los visitantes y turistas del municipio puedan ir a los talleres de ebanistería para fabricar sus propios implementos y vivir la experiencia artesanal de manera indirecta.

     

    Según Yolanda de Echeverri, ya hay muchas empresas turísticas que los están buscando para llevar a estos grupos de visitantes a los talleres en El Retiro. “Se están pensando planes para que las personas puedan venir y tener un ‘parche’ para el fin de semana fabricando sus propias piezas de madera con la guía de artesanos locales”, señala.

     

    Esta iniciativa busca no solo promover el turismo en la región, sino también generar ingresos adicionales para los ebanistas y difundir el valor cultural de esta tradición artesanal que lleva más de 60 años en la región. Al vivir la experiencia de cerca, se espera que más jóvenes del municipio se sientan atraídos por aprender a dar continuidad a estos oficios.

     

    Sin embargo, en un entorno donde actividades urbanas, la vida fácil y los lujos tecnológicos resultan más atractivos, las nuevas generaciones se alejan de los caminos artesanales que fueron recorridos por sus antepasados. Ese es el verdadero reto que se presenta actualmente y es ¿cómo demostrar que la ebanistería no es solo un arte valioso en términos culturales, sino también una actividad económica viable a largo plazo?

     

    Correcaminos es un proyecto de formación que busca preservar los saberes de la ebanistería tradicional. Foto: Laura Gregory >>

     

     

    La llegada de gigantes empresariales como Ikea o Homecenter a Colombia, planeta una preocupación adicional, ¿cómo pueden los artesanos locales competir en un mercado dominado por la producción en masa y los estándares internacionales? Esta es una pregunta que resuena en las mentes de quienes luchan por preservar la esencia y la autenticidad de la ebanistería en El Retiro.

     

    Además de las iniciativas mencionadas anteriormente, el SENA está desempeñando un papel fundamental en la producción de programas de capacitación y desarrollo dirigidos a jóvenes y adultos interesados en adentrarse en el mundo de la ebanistería.

     

    Estos programas, desarrollados en colaboración con expertos locales y organizaciones del sector, ofrecen oportunidades de aprendizaje práctico y teórico con el objetivo de cultivar nuevas generaciones de artesanos de la madera.

     

    David Castañeda, quien ha liderado diversas iniciativas de fortalecimiento del sector del mueble y la madera, destacó la importancia de los programas de capacitación en colaboración con el SENA y otras entidades. Señaló que estos programas como Pinochitos, en asociación con la corporación CorreCaminos, están dirigidos a niños que comienzan a explorar el mundo de la ebanistería y las herramientas. Estas iniciativas tienen como objetivo preservar la tradición milenaria de este oficio en El Retiro y fomentar el interés de las nuevas generaciones en la artesanía local.

     

    Desarrollar marcas o sellos que posicionen el origen de la artesanía en madera es otra de las estrategias para preservar la ebanistería de El Retiro. Foto: Laura Gregory >>

     

    También, se han establecido alianzas estratégicas con entidades gubernamentales, organizaciones no gubernamentales y empresas del sector privado para brindad apoyo financiero y técnico a algunos talleres y negocios de ebanistería, como lo es la corporación CorreCaminos. Estas colaboraciones incluyen la facilitación de acceso a recursos, mejora de infraestructura, entre otros.

     

    Estas alternativas, combinadas con el esfuerzo y la dedicación de los artesanos locales, están contribuyendo a revitalizar la ebanistería en El Retiro y a asegurar su continuidad con el tiempo. Sin embargo, el camino hacia la preservación de esta valiosa tradición sigue siendo un desafío constante que requiere compromiso y la colaboración de todos los actores involucrados.

  • Cuando a las historias les salen patas, cola y van por el monte

    Juan José Rios Arbeláez / juan.riosa@upb.edu.co

     

    Irene Solá, artista catalana, ganadora del Premio de Literatura de la Unión Europea en 2020, visita Colombia por primera vez como invitada del Hay Festival que realizado en Jericó, Medellín y Cartagena. Desde Jericó habló sobre los lugares que habitan sus historias, la necesidad de narrar y su proceso de creación. Esta es la conversación exclusiva para la audiencia de Contexto:

     

    “¿Qué poder tiene el contar historias por encima de ser contado en las historias?, a mi el folclor me gusta por entender cómo los distintos grupos hemos mirado el mundo desde hace tanto y hemos intentado contarlo”, empezó diciendo Irene Solá en un conversatorio con la autora Sara Jaramillo Klinkert sobre  las historias que habitan los montes, la correlación entre la literatura de ambas autoras, la necesidad de narrar, la presión del éxito editorial y las bases como artista plástica de la novelista nacida en Malla, Cataluña.

     

    Solá, de 33 años, es una artista plástica formada en la Universidad de Barcelona con posteriores estudios en literatura, cine y cultura audiovisual en la Universidad de Sussex. Ha escrito tres novelas: Els dics (2018), Canto yo y la montaña baila (2019), Te di ojos y miraste las tinieblas (2023), traducidas a mas de veinte lenguas por lo que concluye que finalmente “al libro le van a salir patas y cola, y se va a casas y lenguas que no voy a ver ni entender”.

     

    Solá es una artista polifacética. En conversación con la escritora Sara Jaramillo profundizo sobre su faceta con las letras. Foto: @hayfestival

     

    Tras el éxito de Canto yo y la montaña baila (2019), en su última novela cuenta una historia familiar desde un pacto entre una mujer y un diablo de carácter pagano, decantando la narrativa de Solá por el folclor que la abraza.

     

    ¿Cómo encuentra Jericó en comparación con los pueblos a los que está habituada?

    A pesar de que yo he crecido en un pueblo, no toda la vida he vivido allí. He vivido en grandes ciudades y me gusta vivir en grandes ciudades. Sin embargo, cuando veo a Jericó en comparación con el lugar donde crecí, diría que vengo de un pueblo diseminado. No hay calles. Solamente hay campo y casas y bosque. Mientras que en Jericó hay una plaza de donde hay mucha vida, es el centro de donde aparece mucha actividad.

     

    Con respecto a las grandes ciudades… en la charla hablaba de una búsqueda de universalidad en sus inicios y como esas ciudades hacían parte de eso. ¿Esa búsqueda persiste en los textos?

    En un momento dado me doy cuenta de que no hace falta buscar esa universalidad o que cualquier historia es universal y yo puedo contar una historia, la que sea, y situarla donde sea y que esta historia se va a entender desde todas partes. Que no hace falta situarla en una gran ciudad ni buscar universalidad. Sino que si estas escribiendo una historia que a ti te interese profundamente y que sea honesta con tus intereses, creo que eso se puede entender y conectar en todas partes.

     

    Mencionaba a Wolfe, Faulkner, Rulfo como unos de tus referentes literarios más potentes, sin embargo, cada vez hay menos lectores de la novela clásica y nuevos formatos toman fuerza en la narración, ¿cómo aparece eso a la mirada de una artista plástica?

    ¿Tu crees que cada vez la gente lee menos?, yo no estaría tan segura. Evidentemente hay de todo. Pero yo no pondría en mi boca la idea de que la gente consume solamente reels o tik tok y ya no lee. Considero que hay personas que consumen otros medios y leen a la par. Bueno, no tengo datos a la mano. Pero yo creo que la gente hace muchas cosas y entre esas está leer.

     

    ¿Cómo apareció esta necesidad de la escritura dentro de todas las líneas de expresión que podía manejar?

    Me di cuenta de que quería usar la palabra como materia prima de la misma manera que estaba usando otros como el video. Y entendía que en mi obra había una necesidad de lo narrativo y las historias. Algo que había comprendido realmente en mi formación de Bellas Artes, era el proceso de realización de una obra y lo que implica dedicarse por un tiempo indefinido, con toda la intensidad posible a realizar un proyecto que nadie te ha pedido que lo hagas.

     

    A los asistentes del Hay Festival en Jericó, Solá les habló de la forma en que trabaja y las rutinas de conexión que exige una creación como un libro. Foto: tomada de @hayfestival

     

    Hablaba de manera enfática sobre el proceso que venía antes de escribir, la investigación…

    Que para mi no es antes, ¿eh?, es algo que se da al mismo tiempo.

     

    ¿Cómo manejar la extensión que pueda tener esa idea y no permitir que se escape antes de terminar la obra?

    Todo forma parte del proceso aunque no forme parte de la misma manera. A veces en tu proceso encuentras caminos y descubres cosas que crees van a formar parte de la novela y que en otro punto te das cuenta de que eso no va ni queda. Pero para mi eso no es malo. Es aprender que va y no va.

     

    ¿En el proceso de escritura cómo funciona su método a nivel temporal?

    Intento trabajar cada día. Si estoy viajando no siempre se puede estar escribiendo cada día. Pero cuando tengo el tiempo de trabajar debo vivirlo, conectarme tan a menudo como pueda. Porque si pasas días afuera, luego tienes que volver a conectarte.

     

    ¿Qué es lo importante de venir a Jericó a un festival como el Hay?

    Hay algo paralelo al trabajo de promoción, que es empaparse de un lugar que no conocías antes. Entender cosas que no se entienden solamente desde el cerebro, sino desde las percepciones. Hay muchas cosas que te impregnan. Autores de otros contextos. Yo siempre me llevo libros y comida, para cocinar en mi casa.

     

    ¿Y qué creería que le queda a Jericó del Festival?

    Bueno, eso tendríamos que preguntárselo a la gente de acá, por supuesto. Porque yo hago parte de toda esta cosa que viene y luego se marcha. Pero es cierto que hablando con las personas que había a mi alrededor, tenía la sensación de que muchos habían asistido históricamente al festival y tenían en su cabeza conversatorios de otros años y autores en el festival.

     

    Solá tiene serias dudas sobre la idea de que hoy se lee menos, señala que este hábito se mueve no solo por los libros. Probablemente por eso que sus historias con patas y cola pasaron a gusto por Las Nubes y El Salvador, los cerros tutelares de Jericó.  

     

    *Contexto estuvo en el Hay Festival Jericó 2024 por invitación de Comfama a medios universitarios de Medellín.

     

  • Inteligencia artificial: ¿génesis o apocalipsis?

    Pablo Montoya Escobar / pablo.montoyam@upb.edu.co*

    *Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto.

    La inteligencia artificial se ha presentado como una amenaza desde sus primeras apariciones en el mundo de la ficción; desde la fuerza imparable de la creación del Dr. Frankenstein, hasta los robots rebeldes de Asimov, cualquier ente creado por el hombre pero que obre por su propia voluntad ha representado un miedo irracional a caer bajo la dominación de estas criaturas. Ahora, en la segunda década del siglo XXI, la inteligencia artificial ya no solo vive en los mundos distópicos de la ciencia ficción, sino que está presente en la cotidianidad en más aspectos de los que podríamos pensar.
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    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

     

     

    ¿Cuáles son los riesgos?

    Aunque no represente la misma amenaza que Skynet, las inteligencias artificiales del mundo contemporáneo no son completamente inofensivas. Más que actuar de manera hostil desde su propio libre albedrío, los avances tecnológicos y herramientas que han brindado las I.A. permiten que se abran brechas cada vez más rápido en lo que respecta a seguridad informática, lo que pone en riesgo a los usuarios de internet.

     

    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

    Quizás la amenaza más evidente que supone la inteligencia artificial hoy en día es la de la desinformación. Con el boom de las redes sociales, también vino el boom de las noticias falsas, las redes sociales permitían difundir de manera masiva información manipulada, que en muchos casos podía llegar a presentar incluso riesgos democráticos o sociales por el contenido de esta. En ese entonces podía bastar con una breve búsqueda en Google para desmentir lo que se presentaba, pero hoy, con el uso de herramientas que hacen uso de I.A. se vuelve cada vez más difícil discernir entre la realidad y la ficción.

     

    Herramientas para generar textos permiten la creación de campañas de desinformación masivas, los deepfakes y las plataformas de creación de imágenes a base de texto como Midjourney han permitido crear imágenes y videos casi imposibles de diferenciar de la realidad, son los casos de las recientes imágenes del “arresto” de Donald Trump, la creación de un anuncio por el partido de oposición polaco en el que se recrea la voz del primer ministro o el video de Zelenski haciendo un llamado a que el pueblo Ucraniano se rindiera ante las tropas rusas. Si bien estos casos representan la manera en la que se difunde desinformación nociva a gran escala, estás mismas herramientas se pueden utilizar para suplantar la identidad y atentar contra el buen nombre de ciudadanos comunes de formas antes inconcebibles: llamadas de extorsión usando la voz de familiares o la difusión de fotos íntimas generadas por computadora son ejemplo del peligro de la I.A. para los usuarios de internet.

    En el imaginario popular, los hackers son individuos retraídos con la capacidad de acceder a cámaras de seguridad o redes gubernamentales solo con digitar rápidamente una serie de números y letras incomprensibles que se presentan en una pantalla de color verde neón, pero el proceso del hacking es en realidad mucho más tedioso a lo que se presenta en Hollywood, o tal vez lo era. Las I.A. han facilitado en gran medida el proceso de los hackers y ha diversificado su arsenal de armas digitales.

     

    Si bien no está en el punto de suplantar la creatividad de los seres humanos, la I.A. ha hecho que procesos que antes pudieron tardar horas para una persona, se realicen en cuestión de segundos; el desarrollo de redes neuronales permite analizar las acciones de individuos de maneras tan precisas que incluso se ha llegado a un algoritmo que permite robar contraseñas con simplemente escuchar los sonidos producidos al teclear. Otro caso un poco más alarmante es la creación de nuevos malware con la ayuda de la I.A. que cuentan con la capacidad de adaptarse a diferentes antivirus, robar grandes bases de datos personales y volverse más poderosos con el tiempo, incluso se han dado casos en los que se han creado virus solamente con brindarle un prompt u orden a Chat GPT.

    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

    Pero ¿qué significa todo esto? ¿Debemos resignar a nuestra humanidad y prepararnos para vivir dentro de la Matrix? ¿Hay alguna solución a la inminente conquista de las maquinas pensantes? El futuro no es tan oscuro como los párrafos anteriores hayan podido indicar, así como la I.A. es utilizada con fines nefastos, también puede ser utilizada para proteger los derechos de los humanos. Antes de comprender el cómo se puede utilizar a las I.A. en pro de la humanidad es necesario comprender el funcionamiento de estas. ​​​​​​​

     

    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

    ¿Qué es una inteligencia artificial?

    Primero, es necesario desmitificar un poco el concepto de inteligencia artificial. Esta no es “inteligente” en el sentido estricto de la palabra; por lo general, cuando nos referimos a inteligencia artificial hablamos de un software que ha sido diseñado y entrenado para cumplir tareas específicas; las inteligencias artificiales generales (todavía una hipótesis en el mundo tecnológico) son aquellas que tanto tememos, las que desarrollan consciencia y capacidades superiores a los humanos. Por ahora, sigamos con las inteligencias artificiales.

    Un ejemplo cotidiano de cómo se entrena a una I.A. son los CAPTCHA, esas pruebas que muchas veces saltan en la pantalla y piden identificar semáforos, hidrantes o motocicletas para confirmar que el usuario es un humano; paradójicamente son utilizados con el fin de entrenar algoritmos, en este caso usados para vehículos autónomos. Básicamente es así como se crean diferentes I.A, Chat GPT se entrena con textos, MidJourney con imágenes e ilustraciones, Amper con música.

    Así que es necesario comprender que detrás de las I.A no hay un ser consciente que da respuestas producto de su conocimiento, sino más bien es un programa que recibe datos y calcula la respuesta adecuada según la instrucción dada.

     

    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

    ¿Cómo la IA puede protegernos?

    Aunque existan quienes usen la I.A. con fines maliciosos, es necesario resaltar las formas en las que esta es usada para proteger a los usuarios de internet.

    Con el boom de las I.A, el mercado está en una constante búsqueda por aprovechar al máximo las posibilidades que brindan estas tecnologías, y aquí está incluida el área de seguridad informática. Son muchos los algoritmos que se han creado para combatir softwares maliciosos y proteger la privacidad de los usuarios.

    En el caso de los malware, las inteligencias artificiales operan escaneando permanentemente grandes cantidades de datos en busca de discrepancias que puedan indicar la presencia de algún riesgo para el usuario. Estas no solo funcionan al momento de descargar un archivo, sino que también monitorean la forma en la que se comporta el programa al momento de ser ejecutado. Al momento de identificar una anomalía la I.A se encarga de proceder de distintas maneras según el caso, ya sea alertando al usuario, poniendo el archivo en cuarentena o simplemente eliminándolo.

    Otra forma en la que se puede usar para proteger los derechos informáticos, es a través de la encriptación de datos, es decir transformar la información a un formato ilegible incluso para otras I.A. Si bien estas no son directas “responsables” del proceso de encriptación, son herramientas utilizadas para reforzar la fuerza de estos algoritmos, generando claves seguras, analizándolos en busca de anomalías o brechas en el sistema y mitigando ataques que se lleven en contra del sistema. De esta manera se mantienen seguras las bases de datos de compañías que manejan información delicada y también la información de usuarios archivadas e plataformas como redes sociales y bancos.​​​​​​​

     

    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

    El mundo esta cambiando, la tecnología parece desarrollarse cada vez más rápido y es inútil resistirse al hecho de que la humanidad tendrá que convivir con la inteligencia artificial en muchos aspectos de la cotidianidad. Este cambio probara ser complicado, muchas labores serán automatizadas y otras nuevas surgirán, será esencial comprender a la I.A de modo que se pueda aplicar en áreas que faciliten la vida personal y laboral. La línea de la propiedad intelectual será cada vez más borrosa, no sería raro encontrarse con un nuevo libro de Shakespeare o un nuevo álbum de Queen, e incluso se puede dar el caso de que las nuevas celebridades sean avatares virtuales que conecten de una manera más cercana con el público.La educación y la conciencia sobre la seguridad en línea serán pilares fundamentales para navegar con éxito en este nuevo paradigma tecnológico y garantizar que la convivencia con la I.A sea beneficiosa y enriquecedora para la sociedad en su conjunto.

     

    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

    Todas las imágenes utilizadas en este reportaje fueron materializadas por Midjourney plataforma de generación de imágenes a basa de texto. Prompt: Pablo Montoya.

     

    ¿Qué discusiones abre la inteligencia artificial para la propiedad intelectual y los derechos de autor cuando logra emular las voces de los artistas? Escuche aquí cómo suena este dilema.

     

     

    ** Versión original publicada en el blog del autor para el curso Proyecto I.