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  • “¿No era abril, aguas mil?”  Cambio climático en Medellín

     

    Por: María José Restrepo Vanegas y Valeria Uribe Rengifo  / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    En años recientes, hemos observado cómo el cambio climático ha pasado de ser una amenaza lejana para transformarse en una realidad tangible en nuestra vida cotidiana. Las noticias relacionadas con inundaciones repentinas, oleadas de calor agobiantes y tormentas intensas ya no son la excepción, sino la norma en numerosas regiones del mundo. El aumento de eventos climáticos extremos no es una percepción subjetiva, todo lo contrario, es una realidad cada vez más presente. Según La NASA, el año 2023 fue el más caluroso registrado en la historia, con una temperatura media global de 1.18°C por encima del promedio del siglo XX. 

     

     

    Antes de profundizar en el debate acerca del cambio climático, es vital hacer una diferenciación relevante: a pesar de estar vinculados, el cambio climático y el calentamiento global no son sinónimos. Frecuentemente, estos términos se emplean de manera equivocada, lo que puede generar malentendidos. Para esclarecer esta distinción, Carolina Warren, egresada de Ingeniería Ambiental en la EIA (Escuela de Ingenieros de Antioquia), proporciona una explicación de ambos fenómenos. 

     

     

    Por su parte, Ghisliane Echeverry, directora del IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales), en una entrevista con noticias CM&, planteó que el cambio climático es el calentamiento de la temperatura media y sucede por la emisión de los gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, metano, etc.) y lo que hacen es intensificar este efecto que es natural y debe ocurrir. Sin embargo, debido a la acumulación de gases en la atmósfera, la radiación que normalmente sería emitida queda atrapada, lo que provoca un aumento gradual de la temperatura. Echeverry indica que “es como si nos estuviésemos cocinando de a poquitos” y esto ha estado aumentado desde hace algunas décadas.  

     

    “El calentamiento excepcional que estamos experimentando no es algo que hayamos visto en la historia de la humanidad”, dijo Gavin Schmidt, director del GISS (Instituto Goddard de Estudios Espaciales). “Se debe principalmente a nuestras emisiones de combustibles fósiles, y estamos observando sus impactos en las olas de calor, las lluvias intensas y las inundaciones costeras”. 

     

    ¿Qué es temperatura media? ¿Qué pasa si aumenta? 

     La temperatura media se calcula de los promedios estadísticos obtenidos entre las temperaturas máximas y mínimas registradas. Esa temperatura media incluye la superficie de todos los océanos y las regiones cercanas a los polos. En estos momentos, la temperatura de la tierra gira en torno a los, 13.9 grados Celsius. Pero, según Echeverry, el año pasado hubo un aumento de 1.4 grados de temperatura media y lo ideal es que este no supere los 1.5 grados de temperatura media.  

     

    El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia, IDEAM, indica que: “Hablar de la temperatura media del planeta, no es hablar de la sensación térmica que podemos tener en una región, donde nos resultaría muy sencillo mantener nuestra calidad de vida y confort, soportando un cambio de 18ºC a 20 o 22ºC, algo que con sólo quitarse el saco o tomarse una bebida helada podríamos resolver. Un cambio en la temperatura media del planeta implica un cambio profundo y severo en un sistema calibrado con rangos óptimos de funcionamiento.” 

     

    Del mismo modo, un incremento en la temperatura media mundial podría desestabilizar los sistemas climáticos, que están concebidos para funcionar dentro de umbrales ideales. Esta modificación va más allá de la percepción directa del calor e impacta los balances ecológicos y atmosféricos en la tierra. Las repercusiones de este desequilibrio son graves y empeorarían los fenómenos climáticos. 

     

    Un estudio publicado en Nature Climate Change reveló que las olas de calor extremas son ahora 5 veces más probables debido al cambio climático inducido por el ser humano y, por otro lado, El IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) reporta que, por cada 1°C de aumento en la temperatura global, la atmósfera puede retener aproximadamente 7 % más humedad, lo que intensifica las precipitaciones.   

     

    ¿Cómo se evidencian las repercusiones del cambio climático en la ciudad de Medellín? 

    Según un informe del IDEAM y la Universidad Nacional, “al estar localizado en la franja ecuatorial, el territorio colombiano está en el área de influencia de la ZCIT (zona de convergencia intertropical). Esto es un factor determinante en la distribución espacio – temporal de la precipitación, de la nubosidad y de otras variables climatológicas.”  

     

    Según el Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá (SIATA), una precipitación es cualquier forma de agua que cae de la atmósfera y llega a la superficie de la tierra, estas formas de agua son la lluvia, la nieve y el granizo. Asimismo, este fenómeno se puede presentar con una intensidad baja, moderada, entre moderada y alta, alta y fuerte, tal como lo indica el SIATA.  

     

    Las precipitaciones se forman debido al vapor de agua en las nubes que se condensa y se vuelve lo suficientemente pesado para caer. La cantidad y tipo de precipitación varía según la región, la estación y las condiciones climáticas. 

     

    Según el Instituto Panamericano de Geografía e Historia, “El país con mayor precipitación es Colombia con 3.240 mm por año. El lugar más húmedo del planeta es Puerto López, en Colombia, con una precipitación anual de 12.892 mm.” 

     

    ¿Cómo funcionan las dinámicas de las precipitaciones en Medellín? 

     

    En Medellín, es posible evidenciar que las precipitaciones son mayores en algunos meses que en otros. En el siguiente gráfico se puede evidenciar la tendencia en Medellín a precipitaciones, por meses.  

     

    Las olas de calor 

    Las olas de calor es un fenómeno climático que se caracteriza por períodos de temperaturas anormalmente altas y prolongadas. Luego de que se registran temperaturas máximas y mínimas que superan las habituales, debe durar por lo menos tres días consecutivos para poder hablar de una ola de calor. Es necesario tener en cuenta que estos períodos empiezan y culminan de forma abrupta. 

     

    Usualmente este fenómeno se acompaña de humedad y es ocasionado por el cambio climático. “Las olas de calor responden a situaciones meteorológicas dominadas por la invasión de masas de aire muy cálido o bien por la permanencia durante mucho tiempo de una de estas masas de aire, la presencia de una dorsal o de un anticiclón en superficie”, explica Mar Gómez, física y meteoróloga y coordinadora del área de meteorología de la plataforma El Tiempo, en un informe patrocinado por el grupo BBVA.

     

    La cuestión, según explica Gómez, es que el cambio climático las está haciendo cada vez más frecuentes y extremas. Por eso desencadenan riesgos para la salud humana, especialmente en grupos vulnerables como, aumento del consumo de energía, impacto en la producción agricultura, la sostenibilidad de los ecosistemas y el incremento del riesgo de incendios forestales. 

     

     

    Ahora bien, cuando se contrastan ambos fenómenos, es posible percibir que son un proceso cíclico, uno lleva al otro. Las olas de calor desencadenan la evaporación de fuentes hídricas lo que da paso a la acumulación de gotas de agua en las nubes, cargándolas y provocando las precipitaciones. 

     

    Lo anterior se puede explicar con el ciclo del agua, pues cuando las corrientes térmicas elevan la temperatura, esto agudiza la evaporación de fuentes de agua, tales como ríos, lagos y mares. Este vapor hídrico se eleva a la atmósfera y se enfría, ocasionando su condensación en forma de gotas de agua que se congregan formando nubes. Conforme las nubes se saturan de agua, el proceso finaliza con precipitaciones (lluvia o nieve), restituyendo el agua a la superficie del planeta. 

     

    Según el Instituto Panamericano de Geografía e Historia “El país con mayor precipitación es Colombia con 3.240 mm por año. El lugar más húmedo del planeta es Puerto López, en Colombia, con una precipitación anual de 12.892 mm.” En Medellín, el descontrol de estos fenómenos debido al cambio climático que eleva las temperaturas, desencadena impactos en la biodiversidad, la infraestructura y el crecimiento económico. 

     

    Los siguientes gráficos enseñan la temperatura media anual de Medellín entre los años 1979 y 2023, demostrando la manifestación del cambio climático en Medellín, elevando las temperaturas.  

     

    Actualmente, Medellín se enfrenta a un doble desafío climático importante: la expansión de las islas de calor en la ciudad y la potencial amenaza del fenómeno de La Niña, acompañado de las islas de calor, eventos típicos de las urbes grandes, que causan un incremento constante de las temperaturas durante la noche. Este aumento de la temperatura afecta de manera adversa el bienestar y la salud de los habitantes, especialmente en barrios como Castilla y Buenos Aires, donde, según el SIATA, las edificaciones y la poca vegetación impiden que la temperatura se regule.   

     

    Al mismo tiempo, según la WMO (Organización Mundial de Meteorología), la recurrencia de los fenómenos de El Niño y La Niña en el país hace vital que la ciudad implemente estrategias de mitigación para las islas de calor, las precipitaciones y se prepare para los efectos de estos fenómenos, fortaleciendo los sistemas de prevención de desastres y adoptando una planificación urbana que considere tanto los desafíos climáticos actuales como futuros. 

     

    El clima de Medellín y sus cambios plantean las necesidades para construir una planificación urbana completa y flexible; con estrategias definidas para enfrentar esta situación, que deben incluir la enseñanza y la participación de los ciudadanos desde programas de concientización y procesos de adaptación a nivel comunitario. 

     

     

     

  • Una red que se consolida por La 80

     

     Miguel Ángel Álvarez Mejía & Brandon Adrián Bustos Oliveros / periodico.contexto@upb.edu.co 

     

    En medio de tensiones por la financiación, avanza un nuevo componente del sistema de transporte masivo del Valle de Aburrá. Estos son aspectos clave para entender la importancia del Metro de La 80.

     

     

    Medellín ha sido pionera como la primera ciudad en tener metro en Colombia, con la consolidación de un sistema de transporte masivo de este tipo desde el 30 de noviembre de 1995, cuando se puso en funcionamiento el primer tramo de la línea A, Niquía – Poblado, del Metro de Medellín.  

     

    A lo largo del tiempo, la población creció y la demanda hacia el sistema también lo hizo, es por eso que, desde la inauguración de la primera línea de metro, la ciudad se ha planificado para expandir el sistema e interconectarse de norte a sur y acercar la periferia a la columna vertebral del Sistema Metro de Medellín: la Línea A, que va desde Niquía a La Estrella. Muestra del crecimiento de dicho sistema es que actualmente están en funcionamiento 2 líneas de metro, 6 líneas de metrocable, 1 línea de tranvía, 3 líneas de Metroplús y por lo menos 40 rutas de buses que alimentan el sistema principal. 

     

    Sin duda, esto ha reducido el tiempo de recorrido entre el punto A y el punto B, no solo en la ciudad, sino también en el Área Metropolitana. Así lo manifiesta Dora Ochoa, residente del barrio Granizal, ubicado en la comuna 1, quien, para desplazarse diariamente, utiliza la línea K (Metrocable Parque Arví) y la línea A. Ella afirma que “el sistema brinda la tranquilidad de llegar a tiempo al trabajo; hay excepciones, pero normalmente funciona bien”. Por otro lado, Stiven Atehortúa, estudiante del ITM y usuario diario del sistema, señala que el metro facilita su desplazamiento desde su casa en Santo Domingo hasta la universidad: “Yo utilizo Metrocable, tranvía, metro y un alimentador que me deja casi en la puerta de la universidad, y me demoro 50 minutos. Si el sistema no existiera, el tiempo mínimo sería de 1 hora y 15 minutos”. 

     

    La integración e interconexión no solo ha sido física, sino que también implica una articulación tarifaria que le permite al usuario tener un ahorro significativo en sus finanzas diarias, “yo tomo metrocable y metro, si tuviera que tomar bus para realizar el trayecto al metro, serían 4 pasajes diarios, mientras que con el sistema yo solo pago 2 pasajes diarios”, dice Dora. El sistema en un componente social cuenta con 5 perfiles que permiten una segmentación y clasificación tarifaria: frecuente, adulto mayor, estudiantil, persona con discapacidad y eventual. Stiven Atehortúa resalta la importancia de esta segmentación: “Yo tengo descuento de estudiante así que solo pago más o menos el 50% del pasaje normal, aproximadamente $1.300”. Tanto para Dora Ochoa como para Stiven Atehortúa, usuarios frecuentes del metro, el sistema representa seguridad, confianza y economía.  

     

    La 80, un punto clave

     

    Aunque el panorama muestra un impacto positivo y se ha logrado a grandes rasgos el objetivo de interconexión, el sistema afronta desafíos en materia de oferta y cobertura en la zona occidental de la ciudad, como se expone en el Plan Maestro de Movilidad del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, razón por la cual el corredor la Avenida 80 se considera estratégico para mejorar las condiciones de movilidad en la ciudad y región. 

     

    El corredor de la Avenida 80 y su área de influencia abarca 32 barrios y tiene una localización estratégica y céntrica al occidente de Medellín lo que le permite una conexión ágil y directa con el sur, norte, occidente, centro tradicional, y el corredor multimodal del río. 

     

    A partir de la identificación de este desafío, en los años 2008 y 2009 se hicieron los estudios de prefactibilidad del proyecto Metro Ligero de la 80, se concluyó en la viabilidad de dicho proyecto y se procedió con la ejecución de los diseños de detalle del corredor. Sin embargo, en su momento se priorizaron las inversiones en el Tranvía de Ayacucho y sus cables alimentadores, por lo que el proyecto fue aplazado. En el año 2016, la administración municipal revivió el interés por el proyecto, razón por la cual se retomaron los diseños ejecutados inicialmente y se hizo una optimización del corredor de forma que contempla las nuevas exigencias establecidas en la actualización del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de la ciudad y el estado actual del corredor. En tal sentido, se contrataron los ajustes del diseño del corredor y finalmente se fijó el trazado que será construido que costa de 3 tramos, el primero iniciando en la estación Caribe, Línea A, hasta la estación Floresta, Línea B; el segundo desde Floresta hasta la estación La Palma de Metroplús y el tercer tramo desde La Palma hasta la estación Aguacatala del Metro.  

     

    Cuando se trata de proyectos como este, que por su envergadura y costos sobrepasan la capacidad de los municipios, existe desde 1996, la Ley 310 o Ley de Metros, con el que se sopesan los costos y la Nación aporta hasta un 70% y el municipio el 30% restante. En el caso del Metro Ligero de la 80, se demandan 2,7 billones de pesos según el Consejo Superior de Política Fiscal, CONFIS del proyecto, y la inversión se divide de la siguiente manera: 

     

    El Metro Ligero de la Avenida 80 conectará la zona occidental de la ciudad de Medellín de norte a sur, aportando a un mejoramiento de la calidad de vida a cerca de un millón de habitantes, equivalentes al 38% de la ciudad, según el más reciente censo del DANE. Uno de esos usuarios beneficiados es Carmen Aguirre, quien reside en el barrio Los Colores y dice que tiene muchas expectativas con el proyecto: “Creo que va a descongestionar el tráfico de la 80, esa avenida en horas pico es muy difícil de transitar”, además, resalta los beneficios que dice, le traerá el proyecto a su vida diaria: “Tener una conexión rápida y directa con otros medios de transporte y otras líneas del metro”.            

     

    Lo que lleva sobre rieles

    Ante este panorama, expertos proponen una mirada amplia del contexto y los beneficios económicos que el Metro Ligero de la 80 trae para la ciudad. Andrés Emiro Díez, ingeniero eléctrico y magíster en transmisión y distribución de energía, resalta la importancia de los sistemas de transporte ferroviario al afirmar que “un sistema de transporte ferroviario se caracteriza por funcionar a economía de escala, racionalizando el uso de vehículos y minimizando tiempos de viajes. Esta eficiencia es fundamental en un contexto urbano en crecimiento, donde la demanda por movilidad continúa en aumento. La implementación del Metro Ligero no sólo optimizará el tiempo de desplazamiento, sino que también ofrecerá una alternativa más sostenible al uso de vehículos individuales, contribuyendo así a la reducción de la congestión vehicular y las emisiones de carbono”. 

     

    El experto también destaca que “las mejores ciudades en índice de calidad de vida se caracterizan por contar con sistemas de transporte público de cero emisiones”. Esto subraya la necesidad de que Medellín no solo mejore su infraestructura de transporte, sino que lo haga con un enfoque claro en la sostenibilidad. La construcción del Metro Ligero de la 80 se alinea con esta visión al ofrecer un medio de transporte más limpio y eficiente, que promete transformar la calidad de vida de los habitantes. Este cambio no solo facilitará sus desplazamientos, sino que también contribuirá a la conservación del medio ambiente, generando un entorno urbano más saludable y habitable. 

     

    Díez también menciona la importancia del concepto de red en el transporte: “Las redes tienen matrices que permiten varios desplazamientos”. Este enfoque es crucial para entender cómo el Metro Ligero de la 80 se integrará con los sistemas existentes, creando un tejido de movilidad que facilitará el acceso a diferentes áreas de la ciudad. A medida que el metro se conecta con otras líneas de transporte, se espera que el flujo de usuarios aumente, promoviendo una mayor interconexión entre comunidades y fomentando el desarrollo económico en las áreas circundantes. La creación de esta red no solo responderá a las necesidades actuales, sino que también sentará las bases para el crecimiento futuro de la ciudad. 

     

    En este contexto, la construcción de este proyecto se presenta como un hito en la infraestructura de Medellín, impactando significativamente las dinámicas económicas de la ciudad. Este corredor ferroviario permitirá una conexión eficiente entre el norte y el sur, atravesando el occidente de la ciudad movilizando aproximadamente 179,400 pasajeros diarios. Este incremento en el acceso no solo facilitará el desplazamiento de los habitantes, sino que también estimulará la economía local, mejorando las oportunidades laborales y comerciales en las áreas conectadas.  

     

    Arley Betancur, comerciante de un estanquillo cercano a la estación Miraflores del tranvía de Ayacucho, enfatiza el impacto positivo de este tipo de proyectos, señalando que “este tranvía no solo ha sido de gran impacto para la ciudad, sino que ha sido muy próspero para el sector, especialmente, es una oportunidad para nuestros negocios. Dentro de los beneficios que para todos ha sido claro es el incremento de fluidez de gente, esto hace que seamos mucho más visibles y que para las personas que nos visitan, tengamos mayor probabilidad de ser reconocidos; acá muchos hemos sido beneficiados”. 

     

    Además de mejorar la conectividad, esta nueva línea del sistema contribuirá significativamente a la transformación urbanística del corredor de la Avenida 80. Como indica Alexander Jiménez Laverde, ingeniero encargado del proyecto, “no solo por los grandes impactos positivos en materia ambiental derivados de la transformación que su implementación generará, sino, además, por el desarrollo económico que desencadenará”. La presencia del metro fomentará el desarrollo de proyectos inmobiliarios y comerciales en las cercanías de las estaciones, atrayendo inversiones y promoviendo la creación de empleo, generando así un efecto multiplicador en la economía regional. 

     

    Sin embargo, a pesar de los numerosos beneficios que promete el Metro Ligero de la 80, también enfrenta desafíos significativos, especialmente en términos de inversión inicial. Andrés Emiro Díez señala que “una de las grandes barreras de estos sistemas es que sus costos iniciales son muy altos, pero su ciclo de vida útil sobrepasa los 100 años, así como el metro de Londres o Nueva York, asegurando que los costos de mantenimiento son muy bajos”.

     

    Esta perspectiva es crucial para entender la viabilidad del proyecto a largo plazo. Aunque la inversión inicial puede parecer desalentadora, la durabilidad y eficiencia del sistema podrían resultar en un ahorro sustancial a lo largo del tiempo, beneficiando tanto al municipio como a los usuarios, quienes disfrutarán de un medio de transporte confiable y accesible por generaciones. 

     

     

     

  • Grafiti: un “tour” antes del Siglo XXI

     

    Por: Simón Suárez Gómez / simon.suarez@upb.edu.co

     

    Grafiti, una palabra que en la actualidad suele ser relacionada con el arte, la cultura y nuestra ciudad, Medellín. Esta expresión tiene su historia, con antecedentes remotos y tiene incluso una jerga que le pertenece. Empecemos un breve glosario que ayudará a entender no solo esta historia, sino cuál es el sentido que tiene:

     

    • Crew: grupo de grafiteros que se identifican bajo una misma “chapa”, que suelen salir en conjunto alrededor de la ciudad para “marcar” distintos spots.
    • Chapa: firma que permite identificarse cómo grafitero que suele ser usada cuando se sale a bombardear la ciudad.
    • Bombardear: salir a hacer muchos diseños rápidos y con baja producción que retratan la chapa del grafitero o su crew.
    • Spot: lugares por la ciudad que permiten realizar producciones mucho más complejas, suelen ser lugares muy transitados o de alto valor por su riesgo. Dependiendo de donde se ubique, si es un camión, un bien público cómo el metro o edificios muy protegidos, suele darse mayor respeto a la crew o grafitero que lo rayó.
    • Spot taquilla: se denomina de esta forma a los distintos spots que hay repartidos por la ciudad que tiene una gran cantidad de afluencia de público, suelen ser lugares complicados para rayar y de alto valor, pues muchas personas los verían al transitar por estos lugares.

     

    Tan antiguo como nuestra idea de ciudad

    Desde la Era Antigua, específicamente, en las grandes ciudades del Imperio Romano, se empezaron a formar expresiones artísticas de protesta, garabatos, mensajes de oposición fueron poco a poco llenando distintas paredes de los edificios públicos (de manera ilegal). Por ello, es posible considerar a los autores de estas marcas como los pioneros del grafiti.

     

    Pese a que esta actividad era realizada con finalidades humorísticas y de protesta, estos precursores del grafiti, crearon bases para un estilo de mensaje político que, más de un milenio después, se ha reproducido en cientos de países, incluido Colombia.

     

    Podría pensarse que estos tipos de grafiti eran casos aislados que pasaban desapercibidos, pero no es así. Según el historiador Jerry Torner, en conversación con ABC España, tan solo en la ciudad de Pompeya se han podido rescatar 12.000 ejemplares y aunque en estos tiempos no existían lo que hoy llamamos “chapas” (véase glosario inicial), una gran cantidad de estos estaban firmados.

     

    Estos grafitis solían contener frases de burla como: “Aufidus estuvo aquí, adiós”, dándonos un acercamiento a lo que era la vida del ciudadano romano promedio. También se destacan mensajes referentes al sexo, que era una normalidad en la época: “Teófilo, no les hagas sexo oral a las chicas apoyadas en la muralla como si fueras un perro”.

     

    Pero, ¿Qué es lo que diferencia un muralismo de un grafiti? Hoes GMR, grafitero de Medellín, explica esta distinción:

    Luego de diferenciar los dos conceptos, continuemos con la historia.

     

    Grafiti medieval

    Acercándonos más a la era actual (aunque tampoco tanto), una investigación realizada por la Dra. Laura Hernández Alcaraz, para la Universidad de Alicante, encontró un patrón peculiar en distintas edificaciones religiosas y castillos de la España medieval. Durante las obras de construcción, las personas a cargo solían rayar las paredes e incluso pintarlas dejando mensajes plasmados, algunos en términos de burla con respecto a su señor o simplemente un garabato buscando representar algo de lo que hoy en día desconocemos el contexto. He aquí algunos ejemplos:

     

    Nueva York y el auge del grafiti

    El grafiti moderno, tal cual se ve en las calles de la ciudad en el presente, nació en dos ciudades estadounidenses: Filadelfia y Nueva York. A mediados de los años 60, estudiantes de secundaria de ambas ciudades, empezaron a realizar firmas en sus colegios, siguiendo en sus barrios y expandiéndose, finalmente, por toda la ciudad.

     

    Lo que comenzó como un juego entre amigos, repercutió de una manera muy fuerte, pues cada vez se veían más personas queriendo repartir sus chapas y ser reconocidos alrededor de los principales lugares de la ciudad. A diferencia de cómo los conocimos en la antigua Roma, los grafitis realizados con resaltadores o aerosoles, ahora eran anónimos y no se identificaba fácilmente a los autores.

     

    Algunos nombres que se destacan de esta época son:

     

    • Darryl McCray, un joven afroamericano, que bombardeó la ciudad de Filadelfia con su chapa CornBread. Lo qué el inició como un juego de colegas marcando su escuela con su apodo fue construyendo poco a poco una tendencia replicada por toda la ciudad, siendo el que más chapas tenía, el grafitero más popular de la zona.La chapa de Darryl McCray grafitada sobre un edificio abandonado en Filadelfia.
    • Dimitraki, joven mensajero griego que bombardeo la ciudad y el metro de Nueva York con su chapa Taki 183

    En los inicios del grafiti moderno, se logra observar que las chapas y los garabatos realizados eran realmente sencillos, sin una elaboración muy estructurada y como aún no se había creado una cultura del grafiti, las pinturas apenas generaban alguna conmoción.

     

    No fue hasta 1971 cuando un periódico de Nueva York entrevistó a Dimitraki, pues sus firmas ya eran parte del paisaje urbano de la ciudad, especialmente de los lugares más concurridos cómo el metro, que no solo hacia parte de los lugares donde se encontraba la gente vulnerable, sino que también era frecuentado por la élite privilegiada.

    Durante la década siguiente fueron apareciendo más grafiteros a lo largo de Estados Unidos. Hasta que el movimiento grafitero, en la década de los 80, se incorpora dentro de la cultura Hip-hop como uno de sus tres pilares: baile, pintura y música.

     

    Al adentrarse en la cultura Hip-hop, el grafiti empieza a tomar un rumbo artístico: ya no solo bastaba poner tu chapa. Con diseños más complejos, el uso de distintos colores y formas para sus letras, los grafiteros fueron otorgando una identidad única a sus firmas, generando que los simples garabatos que muchas veces se hacían antes, pasaran a ser diseños más complejos que abarcaban más espacios.

     

    Bogotá, capital del grafiti

    Con la globalización del Hip-hop en los 80 y 90, a Colombia llega todo lo referente a esta cultura y se da un particular encaje, pues de la misma forma que se desarrolló en Nueva York, esa necesidad de hacer ver a las personas de bajo nivel socioeconómico. En Bogotá comenzaron a bombardear la ciudad para dar cuenta de que no solo está habitada por gente adinerada, sino que además de ellos, también existen quienes viven del día a día.

     

    Uno de los mensajes más característicos que se logra identificar cómo el boom del grafiti ochentero, fue cuando estudiantes de la Universidad Nacional atendieron el llamado del presidente Belisario Betancur de empezar a pintar palomas por la paz. Pero, justamente, con ese llamado también salió a destacar Luis Keshava Liévano, un grafitero que bombardeó la ciudad con el mensaje: No más paloMAS” refiriéndose al grupo paramilitar Muerte a Secuestradores. De este modo marcó una tendencia en el grafiti colombiano con la inclusión del mensaje político en este estilo artístico, renovando un rasgo que nació en la antigua Roma.

     

    Fotografía y grafiti por Keshava. Tomado de: cartelurbano.com

     

    Durante la época que llega el grafiti a nuestro país, se estaba viviendo una fuerte oleada de violencia. Lops grupos que la protagonizaban también adoptaron el grafiti. El M-19 y otros grupos guerrilleros marcaban su territorio con escrituras en aerosol en las paredes y otras eestructuras.

     

    Para los años 90, en la ciudad de Bogotá, el grafiti empieza a tomar un rumbo diferente, volviendo a su origen neoyorquino. El Hip-hop destaca como una cultura que se populariza en los lugares más vulnerables de la ciudad, siendo las agrupaciones raperas las que empezarían a poblar las paredes de ladrillo con sus chapas.

     

    Este movimiento de las distintas agrupaciones de rap, se distancia del trabajo realizado anteriormente por grafiteros como Keshava, pues, más que dar un mensaje político con sus chapas (aunque aun continuaban contando las realidades de la calle y la falta de apoyo del Estado en sus canciones), marcaban sus barrios de origen, para dar cuenta a las personas de que ellos hacían parte de su comunidad.

     

    Medellín y el grafiti de resiliencia

    En nuestra ciudad, para los años 90, se introdujo poco a poco lo que se había aprendido de la cultura Hip-hop en Bogotá; cultura que fue apropiada , de igual forma, por muchos jóvenes en situación vulnerable en las zonas periféricas, especialmente, la comuna 13. Todo este movimiento del Hip-hop. acompañado por su escena grafitera fue para muchos una forma de escape de la violencia. Un caso conocido de esto es la historia de fundación de la Casa Kolacho en la Comuna 13, el cual sirvió como proyecto social, brindándole a los jóvenes oportunidades diferentes a través del arte; a las ya conocidas, como la violencia.

     

    Entrando en el nuevo milenio, la ciudad vivió una serie de conflictos armados tras los cuales surgieron proyectos sociales en los que el grafiti legal (que a partir de ahora llamaremos muralismo) cobra un protagonismo como atractivo turístico e identitario de zonas como: La Comuna 13, Provenza y Manrique.

     

    Este muralismo que es percibido por las crew  grafiteras como algo que se distancia cada vez más del grafiti. Pero es innegable que ha permitido que esta subcultura del Hip-hop cambie la connotación negativa que muchos tenían de él, para que ahora se le asocie con iniciativas de resiliencia y memoria colectiva. Universidades, barrios, locales comerciales acogen esta forma de arte como parte de su rasgo distintivo.

     

    Este fenómeno urbano ha evolucionado desde sus orígenes ilegales hasta convertirse en una forma de expresión artística ampliamente aceptada y valorada. Hoy en día, el grafiti en Medellín no solo decora las paredes, sino que también cuenta historias, transmite mensajes sociales y refleja la identidad cultural de la ciudad. Su presencia en el paisaje urbano es un testimonio vivo de la transformación y resiliencia de una comunidad que ha encontrado en el arte una poderosa herramienta de cambio social.

  • Así se abre la brecha que separa a las mujeres del bienestar económico

     

    Por María José González Sánchez / mariaj.gonzalezs@upb.edu.co

    En Medellín persisten desigualdades que afectan especialmente a las mujeres de la ciudad. A pesar de los avances económicos y los esfuerzos de revitalización urbana, ellas siguen enfrentando barreras que limitan su desarrollo y bienestar.

     

    Según Valeria Molina Gómez, secretaria de mujeres del distrito de Medellín, “así ya más de la mitad, del 57% de los hogares en Medellín, sean liderados por mujeres o sea en términos de quienes llevan los recursos en la ciudad de Medellín las mujeres son quienes están ocupadas de eso más que los hombres, pero tenemos más brechas”.

     

    De acuerdo con un estudio de García y Morán acerca de la fuerza de trabajo desde un enfoque de género, que fue publicado en Investigas, revista del Departamento Administrativo Nacional de estad{istica DANE en 2018, “en términos de género, la principal consecuencia de entender el trabajo como sólo el conjunto de actividades que se realizan para el mercado es la visibilización del trabajo no remunerado que realizan principalmente las mujeres para los hogares y la comunidad”.

     

    Aunque el trabajo de las mujeres constituya el principal sustento en la mayoría de los hogares, ellas enfrentan mayores dificultades para acceder a empleos formales y bien remunerados

     

    Uno de los problemas más persistentes en la lucha por la equidad de género es la brecha salarial. A pesar de los avances en la inclusión laboral, las mujeres en Colombia siguen concentradas en los rangos salariales más bajos. Según el artículo de García y Morán, en 2017 la mayor parte de las mujeres se concentró en los dos rangos más bajos de salarios, el 58,5% de las mujeres ganó menos de un salario mínimo mensual legal vigente (SMMLV), y el 30% recibía entre 1 y 2 SMMIV como ingreso laboral.

     

    Esta disparidad no solo produce una desigualdad económica, sino que también perpetúa un ciclo de limitaciones en el acceso a mejores oportunidades y calidad de vida en pleno Siglo XXI para cuando se tenían como referencia los Objetivos de Desarrollo del Milenio, lo que subraya la necesidad de un refuerzo en las normativas como la LEY 1496 DE 2011 acompañados de campañas que aborden el cambio cultural, pues parte del problema todavía radica en la connotación del rol femenino y sus valores asociados. La brecha salarial no es solo una cifra, sino un reflejo de la persistente subvaloración del trabajo de las mujeres en la sociedad colombiana.

     

    Este hecho es algo que la secretaria Molina reconoce como un reto que se debe superar: “Desde la Secretaría de las Mujeres tenemos nuestra política pública de igualdad de género y en esa política […] todavía tenemos las mujeres caminos por recorrer y esto tiene que ver con seis dimensiones una dimensión tiene que ver con todos los temas de autonomía económica de las mujeres y es cómo las mujeres accedemos a recursos a través de empleo y emprendimiento”. Un aspecto crítico es que la autonomía económica de las mujeres no se limita solo al acceso a recursos o a oportunidades de empleo, si no a que las políticas que se enfocan en aumentarlo; pueden pasar por alto la necesidad de garantizar que estos trabajos sean justos y sostenibles.

     

     

    A pesar de los esfuerzos continuos por diseñar e implementar políticas inclusivas para abordar esta problemática, su persistencia en la sociedad puede atribuirse a diversos factores adicionales, como los detallados por el autor del libro Economía, Globalización y Derecho, y profesor de la cátedra de economía, globalización y derecho de la Universidad Autónoma, Manuel González

     

    El de González es un punto de vista adicional sobre la realidad de la situación: no solo es una cuestión de políticas y regulaciones, sino también de la transformación de las prácticas y percepciones cotidianas. La persistencia de esta brecha sugiere que las soluciones actuales a menudo se quedan al nivel de la superficie, abordando síntomas en lugar de causas. Teniendo en cuenta lo que plantea el economista, para lograr una verdadera igualdad es crucial enfocar las políticas no solo en la equidad de salario, sino en la creación de un entorno laboral que desafíe y cambie los prejuicios que perpetúan estas desigualdades. De acuerdo con González, las políticas inclusivas deben acompañarse de una revisión exhaustiva de los procesos de contratación, promoción y compensación, y de un compromiso de las organizaciones para fomentar una cultura de igualdad.

     

    El acceso a la educación y la formación es otro ámbito en el que las mujeres de Medellín enfrentan desafíos significativos. Como explica Valeria Molina Gómez, “otra de las problemáticas es todo lo que tiene que ver con educación y las brechas que existen en las mujeres ya no en básica, primaria y secundaria y en educación superior, sino en términos de las mujeres en doctorado y en las carreras CTIM de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas… las mujeres no están estudiando mucho eso porque creen que no son buenas, o les han dicho que no son buenas para las matemáticas, para las ciencias.”

     

     

    Las estadísticas del Ministerio de Educación sobre la participación de las mujeres en la educación superior refuerzan la afirmación que ha planteado la secretaria Molina y que deja al descubierto una dinámica preocupante: aunque las mujeres han logrado una mayoría en el nivel universitario, su representación en programas de posgrados sigue siendo limitada. Esto sumado al hecho de que las carreras menos elegidas por las mujeres colombianas son las ingenierías o las asociadas comúnmente con roles masculinos en la sociedad, lo cual constituye un llamado a la sembrar una verdadera integración de las mujeres en todos los campos del conocimiento, especialmente en aquellos que tradicionalmente han sido dominados por hombres.

     

    Las barreras que inciden en esta situación también operan desde lo individual y están ligadas a estructuras económicas y sociales más amplias: “En términos de la participación social y política de las mujeres, cómo las mujeres participan en el territorio, pero no están en cargos de representación en las juntas de acción comunal, en las juntas administradas locales y en términos del concejo, pues de 21 concejales solamente cuatro son mujeres. Tenemos mucho todavía por recorrer”, afirma Molina Gómez. Esta declaración pone en evidencia una desconexión entre la participación en sus comunidades y su acceso a posiciones de poder formal. El profesor Manuel González también ofrece una perspectiva interesante sobre esta participación:

     

    González enfatiza en que la distribución desigual de mujeres en puestos de trabajo no es solo un reflejo de la discriminación directa, sino también de un sistema que, de manera sutil pero sistemática, canaliza a las mujeres hacia roles con menos protagonismo. Aunque las mujeres suelen ser las principales impulsoras de iniciativas comunitarias y tienen un rol fundamental en el tejido social de los territorios, sus contribuciones rara vez se traducen en reconocimiento o en oportunidades de liderazgo.

     

    Y a su vez se suma a este árbol de problemas un efecto consecuencia de esta causa ¿cómo será el impacto intergeneracional de esta falta de representación? González y Molina coinciden en que cuando las jóvenes ven pocas mujeres en posiciones de poder, pueden interiorizar la idea de que la política y el liderazgo no son espacios para ellas, lo que perpetúa el ciclo de desigualdad. Fomentar la participación política de las mujeres no solo es una cuestión de bien común, sino también una inversión en el futuro, ya que modelos femeninos de liderazgo pueden inspirar a las próximas generaciones a asumir roles de mayor influencia.

     

    En un contexto donde la violencia de género es una realidad alarmante, como revela Molina Gómez con su cifra de más del 82% de los casos violencia intrafamiliar dirigidos contra las mujeres, el impacto de la falta de modelos femeninos en posiciones de poder se agrava. Por ejemplo, las mujeres, atrapadas en roles de cuidado no remunerado, a menudo carecen de las oportunidades necesarias para salir de la pobreza. Esto es lo que dice experto González referente a la decadencia paulatina del empleo formal:

    Esta tendencia condiciona las oportunidades de las mujeres para acceder a una seguridad social y una protección laboral adecuadas. La expansión del empleo informal no solo implica una reducción en los derechos laborales y beneficios sociales, adicionalmente invita a mejorar el acceso de las mujeres a empleo formal, que se proporcione apoyo a las trabajadoras en el sector informal para que puedan transitar hacia el empleo formal, y se asegure una protección y dignificación adecuada para todos los trabajadores.

     

    Según la investigación Mujeres y hombres: brechas de género en Colombia, “La segregación ocupacional es marcada: las mujeres son el 94,1% del total de personas ocupadas como trabajadoras o trabajadores domésticos. Ellas son el 63,3% de las personas ocupadas sin remuneración, y menos de una tercera parte (27,1%) de las personas empleadoras”. Este estudio del DANE plantea que una perspectiva nueva para abordar esta problemática podría centrarse en la creación de políticas que reconozcan y valoren explícitamente el trabajo doméstico y de cuidado.

     

     

     

     

  • Los desafíos de las mascotas en espacios residenciales

     

    Isabella Giraldo Vélez / isabella.giraldov@upb.edu.co

     

    En los últimos años, la relación entre los habitantes de Medellín y sus mascotas ha crecido, como parte de una tendencia nacional: según una encuesta publicada en marzo de 2024 por Cifras y Conceptos, en colaboración con la Universidad de los Andes y el Instituto Humboldt, “si en 2011 el 38% de los hogares colombianos tenía mascotas, para 2018 la cifra había aumentado al 50%, y en 2024 se estima que el 57% de los hogares en el país tienen al menos una mascota”.

     

    Este crecimiento en la tenencia de mascotas implica dinámicas retadoras de convivencia, principalmente en los entornos residenciales y en ámbitos como la adaptación de espacios públicos y privados para la seguridad de los animales, bajo la responsabilidad de los dueños y con factores como el comportamiento de las mascotas, ruidos, higiene y normas.

     

     

    Por muchas razones, se sigue la misma huella

    La líder de la fundación de rescate animal Dos Almas, María Fernanda Moreno, desde sus 15 años encontró su vocación por los animales. La pérdida de un familiar la llevó a un estado de depresión y encontró respaldo emocional en su perro, cuya compañía no solo mejoró su calidad de vida, sino que también la impulsó a construir su organización sin ánimo de lucro, que actualmente se concibe como “santuario de animales y refugio de humanos”.

     

    “Las mascotas son más que compañeros, son fuentes de amor incondicional que pueden transformar nuestras vidas de maneras profundas. Son miembros de la familia que brindan un apoyo incondicional en su forma más genuina. Son seres que no necesitan de palabras para aportar bienestar”, sostiene Moreno.

     

    Desde esa posición y como resultado de todo este trayecto, María Fernanda Moreno se ha relacionado con los animales en todos los aspectos: conoce sus comportamientos, necesidades, relacionamiento y, sobre todo, las dificultades que representan en la coexistencia con otros dueños y mascotas. La experta en el tema reconoce que Medellín es una ciudad cada vez más petfriendly o amigable con las mascotas, impulsada por el crecimiento en las industrias de alimentos y juguetes. En estos y otos negocios, los colombianos invierten al año 3 billones de pesos, según un informe de Forbes en 2022. Tanto la publicación como la experta, atribuyen como causa de esta transformación a los cambios demográficos, el aumento de población joven con cultura autónoma y empoderada que reconoce la importancia de las mascotas para la salud física y emocional.

     

    Además, un estudio de Fenalco Antioquia reveló en 2021 que los antioqueños aumentaron la adopción y compra de mascotas de manera exponencial durante la pandemia: en 8 de cada 10 hogares habitaban perros o gatos mayormente. Fue un incremento del 15%. No obstante, la soledad y el tiempo en casa que llevaron a este crecimiento, se dio por terminada con el fin de la pandemia y el regreso a la rutina, lo que aumentó el nivel de abandono de los peludos.

     

     

    En un análisis de esta coyuntura, el Ministerio de Salud señaló que: “La tenencia responsable de mascotas es el conjunto de condiciones, obligaciones y compromisos que el dueño de una mascota debe asumir para asegurar el bienestar de esta, no es solo satisfacer las necesidades básicas de la mascota, sino que también como lo indica la frase, se es el responsable de todos los actos que ellos realicen”. Y, como añade Moreno, las personas no están preparadas para las responsabilidades que implica tener una mascota.

     

    Hoy, las mascotas son parte clave de la vida diaria y su presencia es casi que paisaje en zonas comunes y espacios públicos como restaurantes, centros comerciales. En conjuntos residenciales, de una normativa de prohibición, que caracterizaba la convivencia durante los años 70, 80 y 90, se pasó a una la cultura del cuidado de los animales que se ha instaurado en la cotidianidad, debido a la mayor concientización de los beneficios que trae consigo la presencia de los compañeros de cuatro patas. El Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos publicó en 2018 un estudio que: “Se ha demostrado que la interacción con animales disminuye los niveles de cortisol (hormona relacionada con el estrés) y disminuye la presión arterial”.

     

    Adaptación de espacios

    Sin embargo, no todo el panorama es propicio para la tenencia de los peludos. Si bien el avance ha sido significativo, resalta María Fernanda Moreno que aún falta mucho camino por recorrer, especialmente en la adecuación de zonas residenciales, como espacios reducidos, compartidos para otros fines y el conocimiento y difusión de los reglamentos para mascotas en los conjuntos.

     

     Indira Vergara tiene en su vida a Lupita y sugiere que los espacios de su unidad residencial no son aptos para el esparcimiento de su mascota: “No hay delimitación, el mismo parque es para niños y perros, además, queda muy cerca del parqueadero”. Sebastián Aguirre manifiesta la misma dificultad y también comenta que la zona verde destinada para las mascotas en su conjunto fue reducida a la mitad por una reja, para controlar la salida de las mascotas, según argumentó la administración y planteó que las mascotas “no tienen espacio para correr, a fuerzas caben tres perros en la zona”.

     

    Moreno comenta que las urbanizaciones no están listas para albergar la cantidad de mascotas que hay, especialmente en Medellín, a la que describe como una ciudad social y con un clima que permite varios paseos al día. Pero explica que, en contraste, las zonas sin delimitación, espacios estrechos y la falta de difusión de los reglamentos y normativas, crea condiciones hostil para los animales y facilita tensiones entre vecinos y animales.

     

    Factores recurrentes de discordia como los malos olores y el ruido, son particularmente molestos en apartamentos donde las paredes delgadas no logran contener el sonido. Sobre este y otros rasgos de la urbanización actual, María Fernanda Moreno añade la falta de zonas adecuadas para que los perros liberen su energía y eviten así el estrés que incrementa los ladridos y el comportamiento destructivo.

     

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    Clic en los íconos de la imagen para conocer sobre la normas que regulan la tenencia de mascotas.

     

    Conflictos

    Lupita es una perra criolla de 5 años y tamaño mediano, que, según dice Indira Vergara, su responsable, “es parte de la familia, es una alegría y también una gran responsabilidad”.

     

    Vergara lidió con problemas de convivencia en su conjunto residencial, debido, según dice, a la tenencia de más de una mascota por dueño. Relata que, al soltar los perros que viven juntos, estos se comportan como una manada, y tienden a atacar al que está solo. Lo que ocurrió con Lupita en repetidas ocasiones y le impidió paseos tranquilos.

     

    Manuel Salazar tuvo a Rocky, un criollo de dos años, que siempre fue reactivo y conflictivo. En los años que habitó en el conjunto residencial causó repetidos disgustos entre los vecinos. Uno de los episodios más delicados fue cuando empujó a una mujer que padecía de osteoporosis; en otra situación mordió a un niño en el talón y le ocasionó heridas que requirieron sutura. Sucesos que llevaron a que Rocky no pudiera vivir más en dicho vecindario. “El que falló fui yo, era muy nuevo en esto de tener mascotas y no tuve las suficientes precauciones”, reconoce Manuel.

     

    Manuel reconoce su impericia, pero la mayoría de los casos terminan en abandonos. “El tamaño del fenómeno es impresionante. En nuestra fundación, hemos visto un aumento considerable en las adopciones, pero también en los casos de abandono. Muchas veces, las personas no están preparadas para las responsabilidades que implica tener una mascota, lo que puede derivar en conflictos con sus vecinos. Es vital que se trabaje en la educación y concientización sobre lo que significa realmente cuidar de un animal en un entorno urbano,” comenta María Fernanda. El auge de mascotas ha resaltado la necesidad de una mayor sensibilización y mejores regulaciones para evitar problemas de convivencia.

     

    Así lo relata Maribel Vélez, la acompañante de Nena, una perra Sabueso Fino Colombiano, de tamaño grande, con un temperamento activo, de juego, sin embargo, ansioso y temeroso. Ambas residen en un conjunto residencial en Medellín, el cual consta de veinte viviendas, de las cuales, quince tienen mascotas, específicamente caninos. Vélez considera que los perros deben salir sueltos para que tengan un momento pleno de esparcimiento y puedan derrochar su energía. Uno de sus vecinos no comparte dicha propuesta, pues sus tres perros son de conducta agresiva y prefiere evitar posibles riñas.

     

    Sebastián Aguirre, es dueño de Nineta, una perra de raza American Bully y con cuatro años, que reside en una unidad residencial de Medellín. Aunque su temperamento es tranquilo, activo, y pacifico, Sebastián comenzó a tener inconvenientes con un vecino que le reclamaba el uso del bozal para Nineta. El episodio terminó es un proceso judcial del que aguirre terminó absuelto por falta de pruebas. No bostante, él afirma: “Nunca sacamos a Nineta sin correa, por el respeto a las personas que piensan que ella es brava por su raza”.

     

     

    Lo que dice la normativa actual:

     

    Si bien en Medellín, la tenencia de mascotas en zonas residenciales está regulada por varias normativas que buscan garantizar una convivencia pacífica y segura, la bse es el Código Nacional de Policía y Convivencia (Ley 1801 de 2016), que establece algunas de las reglas fundamentales que deben seguir los propietarios de mascotas, tales como: uso de correa y bozal, higiene y limpieza, manejo de ruidos molestos, zonas de esparcimiento, entre otros. El desafío radica en que su cumplimiento no es homogéneo: las formas de educación, rutinas, creencias y perspectivas se modifican en todas las personas, y sus mascotas están a merced de estas variables, por lo tanto, la convivencia de tantas formas en un mismo espacio tiende a ser complicada.

     

    En 2017, el Ministerio de Salud definió la tenencia responsable de mascotas como el “Conjunto de obligaciones que contrae una persona cuando decide aceptar y mantener una mascota o animal de compañía y que consisten, entre otras, en proporcionarle alimento, albergue y buen trato, brindarle los cuidados indispensables para su debido bienestar y no someterlo a sufrimientos evitables”.

     

    En 1997, la Corte Constitucional dictaminó que “la tenencia de mascotas domésticas es parte del derecho al desarrollo de la personalidad y a la intimidad personal y familiar.” Específicamente, en los artículos II y III del Código Nacional de Policía y Convivencia (Ley 1801 de 2016) se establecen medidas enfocadas a la buena convivencia entre propietarios de mascotas y sus vecinos, lo cual incluye definir comportamientos, medidas y medios por parte de las administraciones de los conjuntos para la tenencia de mascotas y propiciar en la comunidad comportamientos que favorezcan la convivencia en áreas comunes.

     

    Desafíos y soluciones

    La apertura de más espacios pet-friendly, la implementación de programas de educación para dueños y vecinos, y la promoción de prácticas responsables son algunas de las soluciones que se recogen entre quienes han dado testimonio aquí.

    Sus experiencias también señalan que el urbanismo de Medellín debe considerar la inclusión de zonas verdes dedicadas específicamente para mascotas, donde los animales puedan moverse libres y socializar sin generar inconvenientes a los demás residentes. No obstante, como lo evidencian los testimonios de Indira, Manuel, Maribel y Sebastián, la tenencia de una mascota supone desafíos de convivencia en los entornos residenciales de Medellín.

    Desde las regulaciones legales y el valor sentimental que han adquirido las mascotas en la actualidad, es posible lograr un equilibrio que permita disfrutar de la compañía de nuestras mascotas sin sacrificar la tranquilidad y el bienestar de los vecinos.

     

    María Fernanda Moreno, de la fundación de rescate animal Dos almas, resume la situación así: “La tenencia de mascotas es un compromiso a largo plazo, que requiere no solo amor, sino una gran responsabilidad. Medellín tiene el potencial para fortalecer los ámbitos de la convivencia con mascotas que aun generan problemas, por la concientización recientemente generada de que son seres sintientes, capaces de llevar bienestar a los hogares y al alma de cada persona”.

  • Un viaje al pasado del Perro Negro

    Un nombre célebre hoy, en tiempos de la “capital mundial del reguetón”, lo fue también en los primeros años de la “bella villa”, en tiempos del viajo Perro Negro. Las plazas de mercado, el licor, las balas y los bailes convivían en un mismo sitio al ritmo de Carlos Gardel y Daniel Santos. Un recorrido histórico de la mano del testimonio del periodista y escritor Reinaldo Spitaletta.

     

    Por: Juan Felipe Ruíz Ríos / juanfelipe.ruiz@upb.edu.co

     

    En la primera mitad del siglo XX, Medellín y Colombia vivieron grandes cambios en su infraestructura y en su crecimiento a nivel territorial y económico. El surgimiento de las diferentes comunas en la ciudad de Medellín, la llegada del Ferrocarril y la consolidación de muchas de las grandes empresas del país como Postobón, Fábrica de Licores de Antioquia, Coltabaco, etc. El auge de industrias como la minería influyó en los espacios y en las características de la ciudad, por ejemplo, la Plaza de Cisneros, que recibió a muchas personas que migraban de otros lugares del país. Hubo un lugar que presenció todos estos cambios, desde el abastecimiento de los comerciantes y obreros, hasta la diversión de los ciudadanos; a continuación, su historia.

     

     

    Abierto en 1917, Perro Negro era, en un principio, una tienda de abarrotes donde se vendía dinamita, escopetas, revólveres, y quienes venían de paso, podían tomarse unos aguardientes y seguir su camino; es más, en un inicio el lugar no tenía ese nombre. Surgió en la Plaza de Cisneros, ubicada en la zona de Guayaquil, en donde queda actualmente el Edificio Vázquez. Aquí durante estas épocas, los comerciantes iban y venían, bajaban mercaderes de los pueblos, salían los ciudadanos a abastecerse y, en general, era una zona con una gran afluencia de personas, esto gracias al ferrocarril que contribuía a que se viera este movimiento.

     

    Esto dijo el escritor y periodista Reinaldo Spitaletta: “Arturo Velázquez, el dueño de Perro Negro, antes de crear el bar tenía una tienda donde vendía un montón de mercancías, pero una particularidad es que también vendía municiones. Medellín era una tierra de cazadores y se vendía todo tipo de armamento como escopetas, dinamita y balas.” 

     

    Con la llegada de empresas mineras extranjeras al país, principalmente desde Europa; hizo que varios sitios de la ciudad comenzaran a vender productos con alta demanda como la dinamita, y Perro Negro no fue la excepción. Los mineros y demás personas compraban lo necesario y, como en aquel entonces las distancias se hacían más largas, Medellín y la zona de Guayaquil era un lugar de paso para los forasteros que iban a trabajar a las minas y solamente se abastecían y buscaban divertirse un rato con un par de copas.

     

    La minería en Antioquia fue tomando fuerza desde el siglo XIX, principalmente por la fundación de la Sociedad Minera “El Zancudo”, que permitió la explotación de diversos recursos minerales como lo es el oro, ya que gracias a “El Zancudo” se crearon empresas como la Frontino Gold Mines en el municipio de Segovia, que se financiaba de capital inglés y francés. La magnitud de esta sociedad minera era tanta que, incluso, tuvo su propio banco en el año 1887, en su época de mayor bonanza; según un capítulo del programa Nuestra tierra, memorias pendientes. Del canal Teleantioquia.

     

    Por otro lado, en el siglo XX y de la mano de la construcción del Ferrocarril de Antioquia, la minería en Antioquia se expande a extraer materiales diferentes al oro, como el cemento, con la creación de la Compañía Cementos Argos en el año 1934, que contribuyó a la expansión y explotación económica de este producto. Todos estos cambios y los auges de estas industrias protagonizaron que, no solo los más importantes comerciantes, sino que, de mismo modo, los obreros de las empresas emergentes pasaran por el sector de Guayaquil, siendo así una zona de dominio popular. Todo esto según un artículo de La red cultural del Banco de la República

      

    ¿Por qué se llamó Perro Negro?

    “A mí me contaron la historia que Arturo Velázquez, de cuando en vez se quedaba bebiendo hasta las altas horas de la noche en su local. Un día, mientras iba para su casa, cuentan que se encontró con un perro negro que le mostró los dientes y le gruñó pegándole una asustada muy verraca. Llegó a su casa y le contó a su esposa lo que pasó con el perro a lo que ella le dijo “Es que vos sos muy malo vendiendo esas municiones pa’ que se mate la gente. Eso fue el diablo que se te apareció”. Entonces él se quedó pensando y le puso de nombre al local Perro Negro convirtiéndolo en un bar”, comentó Reinaldo Spitaletta.

     

    Evolución urbana

    La ciudad con el tiempo cambió su infraestructura, se empezaron a construir barrios al oriente y al occidente, en los cuales empezaron a migrar las personas que vivían en el centro. Barrios como Castilla, Manrique, Robledo y San Javier durante los años 40 empezaron a poblarse; así, creció Medellín en todos sus extremos, ubicándose la zona céntrica como un lugar de comercio, turismo y, obviamente, ocio. Perro Negro comenzó a ser reconocido como una cantina, más que como una tienda de abarrotes. Pero no fue hasta el año 1955 que éste se convirtió oficialmente en bar, según una nota que realizó el periodista Mauricio López Rueda.

     

    El lugar continuó vendiendo dinamita y algunas armas bajo cuerda, pero el negocio de cantina funcionaba, mucho más con la construcción de lugares como el Hotel Nutibara y el aeropuerto Olaya Herrera, que aumentaron la llegada de turistas a la zona y atraían a la clientela al sitio.

     

    “El bar fue cogiendo fama por muchas cosas, buenas y malas. Ahí se armaban peleas y el bar era muy peligroso, entonces fue teniendo una imagen medio prohibida y de lugar maldito. Entonces ese era una especie de “prueba de hombría y de valentía” para muchos malevos, porque en el imaginario de la gente se creía que allá solo entraba el que fuera capaz de tener riñas con el que fuera”, declaró Spitaletta.

     

    Periodo de decadencia 

    Perro Negro mantuvo sus puertas abiertas durante un buen tiempo, fue testigo de la llegada del narcotráfico a Medellín, ésta no vino sola, durante la década de los sesenta y setenta, la zona de Guayaquil y Medellín en general se llenaron de inseguridad, espantando a los clientes y a los pocos que aún vivían en el sector. El bar presenció también el ascenso y caída del Cartel de Medellín, incluso se llega a comentar que Pablo Escobar llegó a frecuentar el sitio.

     

    Y así fue como Perro Negro vivió gran parte de las épocas de la ciudad, desde sus inicios, sus momentos más violentos y los más prósperos. El bar cerró en 1997 por situaciones económicas y por el deterioro del propio Edificio Vázquez.

     

    Según Reinaldo Spitaletta: “En esa época el edificio se estaba cayendo. Era una mezcla de muchas cosas, había inquilinatos, prostíbulos de mala muerte y oficinas de sicariato gracias a esos tiempos que vivió Medellín.”

     

     

    Por medio de la ley 397 de 1997 se dio el proceso de declaratoria de bienes de interés cultural de carácter nacional a los edificios Vázquez y Carré, lo cual inició una restauración de los lugares de la mano de Comfama y otras entidades, llevándose así por delante al bar Perro Negro. Comfama manejó el lugar durante un tiempo, realizando varias actividades para los beneficiarios de la caja de compensación. Sin embargo, en el año 2021 el lugar pasó a dominio de la Alcaldía de Medellín, pero se siguen realizando actividades a nivel cultural de mano de la Secretaría de Cultura y otras entidades que tienen actividad en el sitio.

     

     

     

    La importancia de Perro Negro es vigente hasta la actualidad, ya que existe una discoteca en el sector de Provenza, en El Poblado, que tiene el mismo nombre y ha tomado fama últimamente. No obstante, siempre será importante recordar los orígenes de los lugares representativos que ha tenido Medellín a lo largo de la historia, lugares como Perro Negro, que vio crecer a una ciudad en todas sus facetas, desde la prosperidad, la pobreza y la violencia, vio pasar a gente de toda categoría y almacenará historias que quedarán guardadas en la memoria de los ciudadanos.

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  • Esto pasa con los suelos afectados por incendios

    Los incendios forestales en el Valle de Aburrá y en el resto del país son un fenómeno cuya alerta puede variar por factores como el clima, pero su amenaza ambiental se mantiene. Una quema no se limita a dañar un puñado de árboles, sino que sus efectos pueden perdurar por mucho tiempo, afectando la salud del entorno y de las personas. 

     

    Por Juan José Yath Granados / juan.granadosg@upb.edu.co

     

    En los años ochenta y noventa, un cuerpo de bomberos voluntarios en la comuna 1 de Medellín respondía el llamado de algún fuego sin control en los bosques. Con pocos recursos, la agrupación sirvió a la comunidad por muchos años hasta su disolución en el nuevo milenio. Sin embargo las alertas se mantienen, como un incendio forestal ocurrido en agosto de 2023 dentro de la misma comuna.  

     

    La problemática de las quemas en el bosque no solo afecta a un municipio, sino a todo el país. Según la organización Global Forest Watch , Colombia ha perdido 370 mil hectáreas de cobertura arbórea por incendios forestales entre 2001 y 2023. La situación fue tal que, en el caso del Valle de Aburrá, la corporación Área Metropolitana publicó el día 23 de septiembre de 2023 un comunicado que explicaba la situación de emergencia del problema. 150 hectáreas de bosques fueron arrasadas por el fuego. Dicha organización registró este año varias quemas en sitios como el Cerro Quitasol (Bello), la Vereda Chorrera (Barbosa) o por la Autopista Norte.   

     

    El regreso de las lluvias en el mes de noviembre rebajó el peligro, pero ya a nivel nacional el IDEAM reportó en su informe técnico diario que el 18 de enero de 2025 los departamentos que estaban en alerta roja por riesgo de incendios eran: Amazonas, Antioquia, Arauca, Bogotá D.C., Boyacá, Caquetá, Casanare, Cesar, Cundinamarca, Guainía, Guaviare, Huila, La Guajira, Magdalena, Meta, Norte De Santander, Putumayo, Santander, Vaupés y Vichada. La persistencia de este riesgo se demuestra en varias zonas del país con cicatrices de suelo quemado, por lo que vale preguntarse ¿qué es lo que rodea estos eventos ambientales? ¿Qué viene luego de que ocurren?

     

    ¿Cómo se forma y qué conlleva un incendio forestal?  

    Un ecosistema húmedo tropical no suele encenderse por sí mismo por su alta humedad y vegetación densa, pero es muy sensible a los incendios por cualquier chispa o señal de temperatura intensa. Alexander Ariza, ingeniero forestal, explica que la vegetación puede ser combustible para un incendio. Por ejemplo, las hojas y ramas caídas, al contacto con el fuego, arden fácilmente y expanden las llamas a más organismos en un efecto dominó que termina por dejar una gran herida en el ambiente.   

     

    Los incendios forestales en sí no tienen por qué ser sinónimos de tragedia, ya que es un proceso natural en muchos entornos. De hecho, hay casos en que un fuego promueve la renovación de plantas o disminuye el material combustible, evitando futuras quemas de gran magnitud, explica Ariza. Sin embargo, el ser humano ha alterado estos ciclos al aumentar la frecuencia y el nivel de daño de estos fenómenos. Un fuego descontrolado y violento puede traer consecuencias más allá del desanimo por ver un paisaje carbonizado. En el siguiente interactivo se muestran algunas de los efectos de los incendios forestales (Dale clic a los círculos brillantes para ampliar la información):

     

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    Interactivo hecho con información del Ingeniero forestal Alexander Ariza, la FAO y la OCDE

     

    ¿Cómo se recupera una zona afectada por incendios?  

    Cuando el fuego se termina, el mismo ecosistema se puede recuperar por sí mismo, dependiendo de qué tan severo fue el incendio, lo que se conoce como resiliencia. Si la quema fue intensa y alcanzó temperaturas altísimas, es necesaria la intervención del ser humano en un proceso llamado restauración ecológica, como explica el ingeniero forestal Alexander Ariza. La idea con esta iniciativa es asegurarse de que el ecosistema afectado regrese a su estado anterior al incendio. No se trata solo de sembrar plantas para llenar de verde el suelo, sino de comprender el cuerpo de flora y fauna que compone el ambiente para saber cómo tomar acciones.   

     

    “Los procesos de restauración ecológica tienen en cuenta el tipo de vegetación presente, es decir, no podemos restaurar un suelo que ha sido quemado en una zona con cualquier especie, tienen que ser especies propias del sitio, a eso se le conoce como especies endémicas”, explica Ariza a Contexto y añade que cada organismo cumple un rol en el balance de su ecosistema. Si se incluye alguna planta que no haga parte de esta estructura, el entorno se podría deteriorar aún más, sin tener las mismas condiciones de antes. 

     

    Fotos de una zona afectada por un incendio forestal en el barrio Batallón Girardot en Medellin. Fotos tomadas durante la evaluación del terreno. Area Metropolitana del Valle de Aburrá.

     

    La restauración ecológica es un proceso muy largo y requiere de constante monitoreo de las zonas afectadas para recopilar datos e información sobre cómo avanza el proceso y si se llega a las metas esperadas.  Estos procedimientos, son explicados más a fondo en el libro “Monitoreo a Procesos de Restauración Ecológica Aplicado a Ecosistemas Terrestres”, desarrollado por el Instituto Humbolt y en el que participó el Dr. Ariza. El texto habla de muchos aspectos a tener en cuenta para la restauración del suelo luego de sufrir distintos fenómenos como incendios forestales. Algunas recomendaciones son establecer desde el principio un plan de monitoreo con objetivos definidos. Además, aconseja incluir a comunidades que viven cerca de los sitios afectados en la restauración para que participen en la iniciativa y aprendan de los procesos.  

     

    Por otro lado, el mismo libro reconoce que Colombia no suele realizar restauraciones completas a pesar de la cantidad de casos de incendios que ocurren cada año. Los autores Carolina Murcia, Manuel R. Guariguata y Elena Montes comentaron la falta de recursos y de planeación de los procesos en 2018 (cuando se publicó el texto). Ariza confirmó lo mismo en 2024. Esta clase de campañas se reservan a zonas de gran importancia para la biodiversidad del país. “Realmente los procesos de restauración solo se hacen en donde los ecosistemas son, por sus características naturales, críticos, como un Parque Nacional Natural, o una reserva de la biosfera”, Comenta Ariza. 

     

    Por el lado del Valle de Aburrá, Área Metropolitana aplicó el Protocolo de Evaluación de Impacto Ambiental 9 veces desde el período de 2023 hasta fines de mayo de 2024. Este derrotero busca informar sobre el impacto que tuvo el fuego y así definir los pasos a seguir para una futura restauración. Esta medida aplica a “todos aquellos incendios de gran magnitud, que comprometen ecosistemas estratégicos o que ocurren en la interfaz con las áreas pobladas”, como explica la entidad en respuesta a un derecho de petición. Un ejemplo fueron los procesos realizados luego de una quema en el Cerro Quitasol en 2017, que incluyó un plan de monitoreo del área para analizar poco a poco cómo iba avanzando la recuperación.    

     

    ¿Cuáles son los posibles efectos a largo plazo de los incendios forestales?  

    Cuando un ecosistema que necesita restauración no la recibe, existe el riesgo de que no se recupere correctamente. El suelo puede terminar con una especie de capa que no le permite absorber los nutrientes y el agua de la lluvia, esto hace que poco a poco baje su calidad y erosione. Cuando este se degrada, las especies nativas no son capaces de crecer de nuevo, por lo que todo el ecosistema se desmorona, lo que lleva a la pérdida de bosque.

    En Colombia, muchas zonas que solían ser extensiones de diversos arboles terminaron como pastizales porque no hubo una recuperación completa del suelo. Un informe del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas SINCHI mostró, por ejemplo, que el bosque pasó de representar el 81,65 de la Región Amazónica en 2020 al 81,06 para 2022 (284.286 hectáreas menos). Mientras que el pastizal, en ese mismo período, aumentó su área del 8,87 al 9,28, lo mismo que las tierras degradadas, del 0,16 al 0,40.   

     

    Por otro lado, el fuego descontrolado está relacionado al aumento de temperatura y al cambio climático debido a que el humo de los incendios contiene gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono. “Un mayor aumento de la temperatura o periodos climatológicos más severos como son los fenómenos del niño y la niña provocan o tienen una relación directa con el aumento de la severidad y de la frecuencia de los incendios, sobre todo en zonas donde estos no eran frecuentes”, Menciona Ariza.  

     

    Medellín ha visto poco a poco un cambio en el clima que podría influir en el riesgo de incendios. El servicio meteorológico Meteoblue reportó aumentos en la temperatura anual de la ciudad desde 1979 hasta 2023. Según la gráfica, la escala era mayor o menor entre un año y otro. Sin embargo, mientras que en el sigo XX se registraron en ciertas épocas menos 18 grados centígrados, el nuevo milenio mostró casos en que la temperatura rebasaba los 20 grados.  

     

    Los incendios también liberan material particulado. Estos contaminantes se concentran sitios como Medellín, los cuales quedan a veces atrapados en una formación tan estrecha como es el Valle de Aburrá, lo que pone en riesgo el bienestar de la población. La corporación Área Metropolitana explica que, en meses como marzo y noviembre, las nubes están a baja altura. Por lo que el calor de la radiación solar no logra elevar tan fácilmente las partículas por arriba de las montañas para que se vayan con las corrientes del aire. 

     

    ¿Qué medidas existen para controlar el problema de incendios forestales? 

    Las posibles amenazas que provoca el fenómeno del fuego son de las razones por las que existen sistemas de recopilación de datos sobre zonas afectadas por quemas, como comenta Jesús Adolfo Anaya, doctor en teledetección:  “Nosotros lo que hacemos es observar la ocurrencia de los incendios y hacer, digamos, un registro en dónde ocurrió el incendio, qué área tiene, qué intensidad tuvo”.  

     

     El doctor Anaya explica que es difícil conocer el por qué se provoca cada uno de los incendios forestales. Sin embargo, destacan razones como expandir la zona de pastizal para ganadería, o para limpiar de árboles un terreno potencial para construir casas. Es así, por ejemplo, que el Boletín del IDEAM sobre la detección temprana de deforestación señala que los incendios son parte de las causas en algunos focos de perdida de bosques, especialmente en zonas del Meta. Los datos de la publicación son del primer trimestre del 2024 y hacen evidente el papel de la ganadería y del acaparamiento de tierras en estos fenómenos. El fuego es a veces la solución fácil para arrebatarle espacio a los ecosistemas naturales. Por lo que es necesario que las ciudades tengan un constante sistema que detecte aumentos de temperatura o zonas de quema, como una señal de incendio. 

     

    La cuestión con las quemas no solo depende del municipio, sino también del sector que se trate. Adolfo Taborda fue parte del Cuerpo de Bomberos Voluntario del barrio Santo Domingo Savio en la comuna 1 de Medellín, mencionado al inicio del texto. Ejerció desde 1985 hasta principios de los noventa. Luego trabajó como socorrista de 1993 y se desvinculó luego del terremoto de Armenia en 1999. Participó en la atención de diferentes catástrofes, incluyendo incendios, los cuales ocurrían cada quince días durante el período en que ejerció su labor, fuesen forestales o en zonas urbanas. En ambos trabajos hizo parte de organizaciones que no recibían fondos del gobierno, así que él y su equipo se financiaban por sí solos. Aún sin tener las mejores herramientas, se encargaban de mitigar el fuego antes que nadie, como explica a Contexto: “cuando el Cuerpo Oficial de Bomberos llegaba, nosotros ya habíamos acabado casi toda la quema”. 

     

    Taborda socorría más que todo los fuegos ocurridos alrededor de Popular, pero también en otras partes del Valle de Aburrá. Hizo parte del equipo que combatió un incendio en el Salado, Envigado, en los noventa, que tomó casi veinte días extinguir, así como en una ladera cerca de Santa Elena en los años 2000. Una de sus más agradables experiencias al enfrentar quemas era el salvar vidas, pero no solo de personas o de árboles: “lo más hermoso eran los animales silvestres que salvábamos”. 

     

    Las causas más comunes de las quemas en Popular, según Taborda, eran para arrasar terrenos en laderas que luego serían ocupados como viviendas. Además, también ocurrían casos de descontrol del fuego en sitios donde se encendían llantas de vehículos, que muchas veces eran usados para construir edificaciones.  

     

    En la actualidad, la comuna 1 casi no sufre incendios forestales porque es un territorio que ha sido en gran medida acaparado por el casco urbano, en parte por los sitios arrasados para construir viviendas. Son pocas las zonas verdes que se encuentran. Ahora, las quemas más frecuentes son de tipo estructural, las que ocurren en edificios y casas. Popular pasó de recibir incidentes por fogatas descontroladas y bosque carbonizados, a más casos de fuego por pipetas de gas en las casas o chispas que escapan de basura ardiendo.  

     

    Taborda hace parte de la corporación de Con-vivamos, donde se encarga de coordinar labores que beneficien la paz con el territorio en la zona nororiental de Medellín, que incluye la comuna 1. Una de sus iniciativas es enseñar sobre la prevención de fuegos incontrolados. Que los incendios forestales ya no sean una gran preocupación en Popular evidencia el retroceso de sus zonas naturales, justo como ocurre en otros territorios del país luego de quemas provocadas por manos humanas. 

     

    Los incendios son una problemática que afecta tanto la biodiversidad del país, como la población en corto y largo plazo. Las soluciones tienen que ser un esfuerzo conjunto entre el Estado y la ciudadanía. El primero se debe encargar de aminorar los aportes al cambio climático y de la intervención sobre quienes suelen provocar los incendios forestales, además de reforzar los planes de restauración para evitar el deterioro de los ecosistemas. Por su parte, las personas de a pie les queda más que todo seguir las indicaciones para evitar el riesgo de quemas. Urge saber lo que puede ocurrir por una simple colilla de cigarro o fogata mal apagada en medio de la hojarasca.  

  • Con retoques con sal de mar: postales de Santa Cruz de Islote

    Por Valeria Hernández Martínez / valeria.hernandezm@upb.edu.co

     

    Las lanchas llenas de turistas desembarcan en un pequeño muelle de tablas de madera levemente separadas que permiten ver hacia abajo un mar cristalino y lleno de diminutos peces. Los clavos carcomidos por la humedad y el salitre adornan y mantienen en pie los pocos metros de la plataforma, en cuyo final hay una persona entregando recortes de fomi rosado que cumplen el rol de boleta de entrada a Santa Cruz del Islote, la isla artificial más densamente poblada del mundo. 

     

     

    Se trata de una isla perteneciente al departamento de Bolívar –a pesar de situarse más cerca de Sucre–, cuyo nombre real es Isla de San Bernardo. Mide 10.000 metros cuadrados y, a junio de 2024, cuenta con 816 habitantes: 99 familias, 146 viviendas, una institución educativa, un puesto de salud, cuatro tiendas, diez calles y una iglesia conforman la pequeña, pero unida comunidad del islote.  

     

    Cindy Morelos es una de las 28 guías turísticas de la isla y es quien acompañará el recorrido de mi grupo el día de hoy. Nos saluda jovialmente, mientras dejamos atrás en el muelle a aquellos turistas quienes no tuvieron interés en descender de sus lanchas. Cindy comienza el recorrido hablando sobre la información básica del islote, añadiendo que es importante consultar con las personas y niños antes de tomar fotografías con sus rostros.  

     

    Dirige al grupo a una pequeña plaza, de, aproximadamente, no más de dos metros cuadrados, situada en frente del Centro Educativo Santa Cruz del Islote, en el cual cursan 225 estudiantes. Un par de niños corretean, cuchichean y ríen por lo bajo entre sí al acercarse juguetonamente al que seguramente era uno de los muchos grupos de turistas que ven a diario usando sombreros ostentosos, gafas oscuras y trajes de baño. El chancleteo proveniente de su juego de fútbol se hace cada vez menos audible mientras se quedan quietos para escuchar a Cindy contar aquella historia que ya saben de memoria. 

     

    “Contábamos con un conjunto de paneles solares, pero en estos momentos se encuentran dañados, así que en horas de la tarde, usamos motores. Se prenden desde las 6 de la tarde hasta las 6 de la mañana al día siguiente”, comenta Cindy. No puedo evitar notar que de su cuello cuelga un delicado collar dorado con su inicial. Se acomoda un poco el cabello antes de proseguir: “En el tema del agua, cuando estamos en escasez, nosotros mismos nos encargamos de recoger el agua directamente desde Cartagena. Una empresa (Veolia) tiene unos chicos trabajando acá. Se encargan de recoger toda la basura tres veces a la semana, luego, ellos mandan una embarcación más grande cada 15 o 20 días”. 

     

    Algunas fachadas son una declaración de principios de los isleños. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

     El cariño por su comunidad es notorio en la voz de Cindy al explicar que no es necesaria la presencia de agentes de policía ni de inspectores, puesto que para ello siempre han tenido en mente la sabiduría y opinión de los adultos mayores, quienes obran como mediadores de conflictos en la mayoría de problemas presentados en el islote. “Acá todo el mundo se conoce y todos nos consideramos familia”, añade, para reafirmar su idea de la buena convivencia de la comunidad. 

     

    Levanto la vista para ver un par de niños sacar sus cabezas curiosas por las rendijas y ventanas de los pisos superiores de la escuela del islote. Su fachada se tiñe de colores vívidos y murales con mensajes que no logro descifrar si se dirigen a la comunidad isleña o a aquellos turistas que arribamos a diario: “La basura no vuelve sola. Es parte de tu equipaje, ¡llévatela!”, y un pequeño mapa pintado a mano del archipiélago de San Bernardo ilustra las 10 islas que pertenecen al mismo. Se trata de Múcura, Maravilla, Tintipán, Mangles, Panda, Ceycen, Palma, Cabruna, Boquerón, y por supuesto, el Islote. Debajo del improvisado mapa, cuyo alrededor lo adornan ilustraciones de fauna marina, se lee el mensaje “Sin manglar no hay ecosistema, sin ecosistema no hay vida”.  

     

    Toda la isla es el laboratorio en el que aprenden los niños de la institución educativa local. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

    “Esta callecita por la que acaban de ingresar tiene por nombre ‘la calle del adiós’. Lleva ese nombre porque cuando se nos muere algún ser querido, le damos el recorrido a la isla, le rezamos en la Santísima Cruz que tenemos de aquel lado”, prosigue Cindy, provocando que giremos en todas direcciones en busca de dicha cruz. No hace falta examinarla por un prolongado periodo de tiempo. “Luego, por aquí lo sacamos, por el muelle. Se lleva hacia la isla de Tintipán donde está el cementerio”. 

     

    Los lugares en el islote son reducidos, pero eso no impide que encuentren alternativas para compartir en comunidad. La religión es un pilar importante, por ende, las plazas más grandes, como aquel espacio frente a la institución educativa, son el epicentro de festividades como el 3 de mayo, día de la Santísima Cruz, el 16 de julio, día de la Vírgen del Carmen, el 11 de noviembre, donde comienzan las celebraciones de los carnavales de Cartagena, y por supuesto, las festividades más grande: las decembrinas, como el día de las velitas, las novenas y navidad. 

     

    Los callejones son angostos y las casas de adobe se adornan por letreros que anuncian ventas de comida, jaulas con loros y pájaros inquietos cuyas plumas están constantemente erizadas, y murales elaborados con gran nivel de detalle por artistas locales en pro de avivar los espacios, tanto para los locales como los más de 500 turistas que visitan el islote a diario. 

     

     

    Un santuario en el escaso espacio público y un grupo de pericos que vive en la misma estrechez de sus tenedores. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

    No puedo evitar detallar un mural en particular mientras nos desplazamos. Se trata de una pared cuya pintura se cae a cascarones en la parte inferior. Aparenta ser una ventana modificada para ser sellada con ladrillos pintados de tonalidades coloridas. A su alrededor, la pared blanca se adorna con los nombres de las islas pertenecientes al archipiélago y las huellas de las manos, de acuerdo a Cindy, de los estudiantes de la institución educativa del islote. Lo más destacable son las frases pintadas sobre los ladrillos de la ventana: “yerda”, “espeluque”, “ve a ver esa vaina”, “ajá” y demás llaman mi atención. 

     

    Cindy nota mi interés y pide al grupo detenerse frente al mural. Explica que se trata de frases típicas pertenecientes a la jerga del islote. Asumo el significado de algunas, sin embargo, desconozco la mayoría. Cindy explica que alguien “hueso” es aquel que es aburrido o que trae mala suerte, “vololó” se usa para denominar a un problema difícil y “¿estás socroso?” cuestiona la pulcritud o la higiene de una persona. Las contagiosas carcajadas no tardan en surgir progresivamente en el grupo y un par de personas se acercan a tomarse fotos señalando la frase que hallaron más graciosa o aquella con la que se sienten más identificados. 

     

    Hace más de 200 años, los primeros habitantes llegaron a poblar el islote. De acuerdo con Cindy, eran comunidades de pescadores afrodescendientes de langostas y cangrejos —bastante abundantes en la zona—, apellidados “los Julios y los César”. Estos pescadores llegaron en primera instancia a habitar la isla de Tintipán, pero descansaban en la formación rocosa de a ratos durante el día. Con el tiempo, comenzaron a percatarse de la ausencia de mosquitos en la formación rocosa lo que los llevó a construir poco a poco pequeñas estructuras rellenas con piedras, caracoles y escombros para reubicar a sus familias. Actualmente, la comunidad se sustenta a base del turismo, la pesca, sus comercios y su atracción principal: un acuario improvisado que permite a sus visitantes nadar con tiburones gato. 

     

    Extrañamente, Cindy nos dirige al último punto del recorrido, donde tendremos unos minutos libres antes de volver a abordar las embarcaciones para el regreso. Atónita, miré mi reloj: ¡sólo habían pasado 15 minutos desde nuestro desembarque!, en realidad sí que era rápido recorrer el diminuto islote.  

     

    El grupo se escabulle entre angostos callejones, donde los locales nos miran pasar desde las ventanas de sus aposentos, y esquivamos uno que otro perro cuyo sueño parece no ser perturbado por el bullicio. El marco de una puerta, bastante recóndita, anuncia la entrada al acuario del islote. Se trata de una especie de sótano adaptado para ser un espacio amplio, manteniendo su esencia rústica. Un par de hamacas cuelgan del techo, y la entrada a lo que parece ser una vivienda en los pisos superiores es visible. Un muro se tiñe de azul por completo, mostrando el mensaje “I love Santa Cruz del Islote” pintado junto a un par de elementos alusivos a la vida marina, y un par de turistas me piden tomarles una fotografía frente a este al notarme detallándolo con la mirada. 

     

    El acuario de Santa Cruze Islote. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

    Me acerco a la pequeña —y única— mesa de souvenirs del acuario, y probablemente, de las únicas en el islote. Conchas de caracoles, imanes con los nombres de las islas del archipiélago, bisutería y algunas otras manualidades elaboradas por los locales son expuestas en un pequeño par de mesas. En un inicio, no hay nadie a la vista atendiendo, o al menos hasta que tomo un imán en mis manos. Un hombre se acerca a recitarme los precios de cada cosa como si de un poema se tratara y veo que trae la ropa algo húmeda: huele a sal de mar. Termino por comprar un imán que sé lucirá muy bien en la nevera de mi hogar de regreso en Medellín.  

     

    Cindy nos indica que el acuario es un espacio colmado de tortugas marinas, tiburones, peces de distintas especies y rayas. Son unos pequeños espacios cercados por tablas de madera en el agua de mar que bordea la isla. Unas escaleras improvisadas dan ingreso a los turistas intrigados quienes se animan a nadar con los animales, quienes son resguardados por varios trabajadores de turno. Hoy, el encargado es García: un hombre de tez morena y un poco alto, cubre su cuerpo con una licra negra que lo protege del sol y usa gafas para poder ver el entorno submarino a su alrededor. 

     

    Tiburón gato y peces de varias especies en el acuario del islote. Foto: Valeria Hernández Martínez 

     

    Hay una barca sobre la orilla, estacionada junto a la entrada de una casa, como si de un garaje se tratara. En ella, unos pares de zapatos puestos, probablemente para secarse al sol. Otras barcas se apilan sobre ellas alrededor, y me produce curiosidad ver una cubeta con vísceras de pescado fresco depositada tan despreocupadamente cerca del borde del agua.  

     

    Entro en el agua y García se hunde para levantar uno de los tiburones que nadan arrastrándose sobre la arena del fondo para que quede casi hasta el nivel de la superficie del agua, siendo visible para que los turistas lo vean y lo acaricien. García se hunde de a ratos debajo del tiburón, para no interferir en las fotografías. Me comenta que los tres tiburones llevan un par de años viviendo en el acuario y que no representan una amenaza para los turistas debido al “adiestramiento” que les brindan para no tener un comportamiento hostil. Responde un poco distante y evade tener mayor conversación conmigo: lo comprendo, puesto que puede tratarse de un tema un poco controversial. 

     

    Facetas de tierra de pescadores. Fotos: Valeria Hernández Martínez 

     

    La lancha en la que arribamos hace menos de una hora se asoma para detenerse en un pequeño muelle improvisado junto al acuario, y los guías turísticos nos llaman pidiéndonos embarcar de nuevo. Adentro, un par de compañeros del grupo que no se animaron a bajarse se asoman para buscar caras conocidas y pedirles que se sienten junto a ellos. Doy un último vistazo antes de abordar: Cindy charla y se ríe junto a quienes parecen ser la familia que vive en los pisos superiores al acuario, un pescador se sienta junto a la cubeta con pescado para seguir escarbando la carne tierna con ayuda de un cuchillo (y a veces, sus propias manos) y García sale del agua con lentitud. 

     

    Quiero tener la imagen más vívida posible del panorama tan único y con una esencia magnífica del islote mientras la lancha enciende sus motores. Veo más barcos acercándose al muelle por donde ingresamos y personas adentrándose a conocer una de las antípodas más mágicas que esconde el país, sintiéndome satisfecha. Cierro los ojos, y me digo a mí misma que me quedaré con lo último que vea del islote una vez los abra: un marco de puerta sale directo al mar —sin tierra, sin arena, nada. Sólo agua un par de metros más abajo—. Tiene una tabla de madera en la parte baja, que impide salir a un perro erguido en dos patas que ladra a las lanchas que pasan. Me río para mis adentros, y pienso “ojalá los ojos tomaran fotos”. 

     

  • La Pascasia, un sueño colectivo de cuatro pisos

    Ana Sofía Araque Paneso / ana.araque@upb.edu.co

     

    Así como sucede con las personas, los espacios también evolucionan, crecen y se transforman. Se transforman para ser testigos de las ocurrencias humanas y de sus nuevos objetivos. Aunque los cambios traen nostalgia, cuando se observan los resultados de un sueño materializado, el nuevo entorno cobra un sentido de pertenencia y La Pascasia, la casa cultural de la corporación Común y Corriente, es un ejemplo de ello.

     

    La historia de La Pascasia

    Antes de que existiera la casa, primero estaba una empresa sin ánimo de lucro llamada Común y Corriente que fue la que buscó construir un espacio como centro cultural. La idea nació de unos amigos músicos que querían tener un espacio para hacer conciertos y porque en su momento se identificó que sería bueno tener un espacio independiente para ellos y otros artistas. A su vez, se buscaba un espacio que juntara diferentes disciplinas artísticas como la música, la literatura o las artes plásticas; y se generara un diálogo entre ellas. Jaime Suárez, uno de los corporados explicó que “Común y Corriente es una corporación de artistas que desarrolla proyectos artísticos y culturales que intentan derivarse en un beneficio para la sociedad; ya sea que los artistas tengan unas mejores posibilidades de compartir su trabajo de creación o que los proyectos lleguen al público adecuado en el que se dé un espacio de reflexión”.  

     

    Así pues, el nacimiento del centro cultural, en el 2016, tomó fuerza cuando se instalaron en una casa del centro de Medellín. La adecuaron de acuerdo con sus necesidades y el grupo de amigos, que se conocieron estudiando música, se amplía y se convierten en los 10 corporados de Común y Corriente. El lugar, entonces, recibió el nombre de La Pascasia y pasó de ser el hogar tradicional y antioqueño de una familia que vivió durante varias generaciones allí, a convertirse en una casa cultural; pues, además de los conciertos, se incorporó una galería, un teatro, un café y oficinas para sus creadores.

     

    Juan Felipe Restrepo Cano, un estudiante de periodismo que fue testigo de la magia de La Pascasia desde sus inicios, contó que era una casa patrimonial del centro que con el tiempo fue mutando. “Cuando entrabas, lo primero que te encontrabas era un patio central donde transcurría todo. Un patio que tenía un árbol en la mitad donde había unas especies de muros simulando el corredor de una casa campesina… entrar a esa casa era como olvidarse un poco de que estabas en una ciudad”. 

     

    Patio central de la sede antigua de La Pascasia. Foto: Juan Felipe Restrepo.

     

     La Pascasia recibió su nombre debido a que se encontraba ubicada en la carrera Pascasio Uribe en la comuna 10, La Candelaria; y durante siete años los corporados y el público se encontraron allí nutriendo la casa de lecturas, conversaciones, bailes y exposiciones. Jaime Suárez expresó que el tener este proyecto en el centro era muy importante porque permitía tener conexión a todo su ecosistema cultural y aportar más a eso. Incluso Restrepo confirmó lo dicho por el corporado al haber mencionado que: “Cuando eran los días de orquesta, uno llegaba a allá y a veces no se podía entrar; la fila llegaba hasta las torres de Bomboná de gente esperando a que a alguien le diera por salir. Eso hablaba mucho de lo que se convertía La Pascasia en Medellín”. 

     

    Un día de orquesta en la sede antigua. Foto: Juan Felipe Restrepo.

     

    ¡Hora de mudarse!

    Para 2022, la Corporación consideraba pertinente tener un espacio más grande, que les permitiera incorporar más elementos a su centro cultural, así que ese mismo año empieza la compra de un lugar mucho más amplio a solo dos cuadras de la sede original, diagonal al teatro Matacandelas. Se trata de un edificio de cuatro pisos que antes era un club-sauna gay llamado El Club de Tobi y que, por las circunstancias de la pandemia, cerró en el 2020.

     

    El anuncio oficial de su traslado fue el 22 de julio del 2023, que también contenía la noticia sobre la ayuda económica necesaria para iniciar la remodelación del edificio. Para eso, todos los que quisieran ayudar a que La Pascasia cumpliera un sueño más, podían hacerlo con $20.000. En su página web, para explicar su situación al público, mencionaron que “para hacer tantas ociosidades se necesitan muchos holgazanes. Sí, no fue fácil, pero logramos conseguirlos, y ahora somos muchos. Más aún, cuando consideramos que usted también es uno de nosotros”. El pedido fue bien recibido y para el 10 de octubre de 2023, comenzaron la remodelación y anunciaron que el nuevo edificio de La Pascasia, además de contar con galería, restaurante y una nueva librería, da cabida a proyectos de artistas visuales, músicos, colectivos audiovisuales y periodísticos. Con esfuerzo y manos a la obra, el 17 de febrero de 2024 hicieron oficialmente su apertura.

     

    Al respecto del traslado, el corporado Jaime Suárez dijo de manera segura y con orgullo que: “El tránsito hasta acá no fue inmediato, pero ahora lo más importante es que en este nuevo lugar no solamente nos están visitando las personas que están desde la casa anterior, sino que también veo muchas caras nuevas…lo que hace el proyecto es la gente, entonces yo creo que aquí estamos bien”. 

    Adentro de la nueva Pascasia

    Durante el día, cuando se llega a la calle 47, es inevitable observar el edificio, pues logra distinguirse de los demás. Su color verde esmeralda con toques de rosado que bordean sus ventanas hace que quienes pasen por allí, incluso inmersos en sus propios mundos, alcen la cabeza y contemplen la vida del edificio en su calle. 

     

     

    << Edificio La Pascasia. Foto: Ana Sofía Araque Panesso

     

    Al acercarse a la puerta, por sus rejas se deja entrever un pasillo largo. Al principio es oscuro, pero, a la mitad del recorrido la luz del sol lo deja ver con claridad. Al llegar en la mañana, cuando el público no está mirando, cuando el espectáculo aún no empieza, se siente una atmósfera tranquila y agradable. Al avanzar por el pasillo, lo primero que se ve es un jardín y, al mirar al techo, se puede ver todos los pisos junto con unas pinturas que complementan la decoración. El lugar huele a nuevo por todas partes, la pintura fresca, la madera, la luces; todo se observa en perfectas condiciones. Al lado del jardín esta la librería, un espacio silencioso y propicio para la concentración y desconexión con el ruido de la ciudad.

     

     

     

     

     

     

    Librería de La Pascasia. Foto: Ana Sofía Araque Panesso.

     

    Siguiendo el recorrido natural que propone el lugar, la luces se tornan rojas; inmediatamente el ambiente cambia: así sea de día, una energía nocturna empieza a emerger. Se encuentran los comedores estilo vintage con más pinturas que hacen parte no solo de la decoración, sino que son piezas exposición y se ofrecen al mejor postor; al lado hay un bar. Los trabajadores están, cada uno, inmersos en sus deberes; preparando todo para la hora del almuerzo y el evento en la noche.  

     

    El comedor y la barra están concebidos como puntos de encuentro para los visitantes y no solo como dotaciones del lugar.

    Fotos: Ana Sofía Araque.

     

     Una vez terminado el pasillo, la visión panorámica se amplía. Se trata del lugar donde se desarrollan los eventos, así que es un salón que cuenta con un espacio en forma de rectángulo destinado para el público y al fondo una tarima. Una vez ahí, se pueden ver los detalles: el telón, el jardín que hay detrás y los instrumentos puestos en su lugar a la espera de los intérpretes que les saquen las mejores notas. 

     

    El escenario de La Pascasia acoge una amplia gama de géneros musicales. Foto tomada por: Ana Sofía Araque Panesso.

     

    Un espacio para compartir el arte

    En la red de trabajo de La Pascasia está Mateo López, el Community Manager. Él explicó que el tener un edificio permitía que los enfoques de la Corporación se vieran más en cuanto al espacio que tiene cada uno; no solo La Pascasia como centro cultural, sino toda la organización: el sello de Música Corriente, el sello editorial Verso Libre y la galería de arte Un Ojo Común. También, aclaró que el lugar no sólo sirve para los proyectos propios de la corporación, sino que cuenta con espacios para alquilar, ya sea para eventos, actividades académicas o reuniones empresariales. Incluso, existen entidades que se encuentran allí; como la tienda de discos Surco Récords, la oficina del portal El Armadillo, dos productoras audiovisuales llamadas Mamut y Rara, un estudio de música y dos artistas plásticos independientes. Mateo, también aclaró que para conseguir el edificio fue necesario la ayuda del público, pero no fue la única fuente de apoyo. Ayudaron empresas como Confiar, Comfama, SURA, el teatro Matacandelas, entre otras más.

     

    Dentro de los planes a futuro, el corporado Jaime Suárez reconoce que falta mucho, pero tiene claros los objetivos a mediano plazo. “Estamos en el proceso de tener un auditorio multipropósito, es decir que se pueda tener desde conciertos hasta conversaciones o proyecciones de cine; y tener la galería de arte. Ahora hay una muestra pequeña, pero no es la manera en la que nosotros hacemos exposiciones. También se está buscando crear los medios para que todas las personas, incluyendo a las que tienen movilidad reducida, sean bienvenidas a recorrer todo el lugar”. 

     

    El objetivo es que La Pascasia sea considerado un espacio para el arte y que el centro de Medellín cuente con un lugar dispuesto a compartirla. Como lo dice la misma corporación: “Casa que, aunque actúa como sede de los artistas de la corporación Común y Corriente, obra en trance de la generosidad de todo aquel que crea un mundo propio con el deseo de compartirlo”.

     

     

    Así se creció La Pascasia

     

  • “Huecos” en la gestión de la malla vial de Medellín

     Brandon A. Bustos Oliveros / brandon.bustos@upb.edu.co

     

    Medellín, se había caracterizado por tener una infraestructura vial aceptable tanto en el área urbana como en el área rural, en los cinco corregimientos que la conforman. Sin embargo, la situación de la malla vial que, quizás, pasaba desapercibido ante la mirada de la opinión pública, ahora se convirtió en vox populi e incluso fue tema de interés en las pasadas elecciones locales de 2023.

     

    En ese momento, el informe de Medellín Cómo Vamos evidenciaba una caída de un 30% en la percepción de la ciudadanía respecto si el distrito va por buen camino, pasando de un 68% de los medellinenses que se mostraban optimistas sobre el rumbo de la ciudad en 2020 a un 38% el año anterior.

     

    La administración de Quintero 

    Durante la pasada administración, el entonces alcalde Daniel Quintero, señaló que se duplicarían las cuadrillas de trabajo en la malla vial y que al final de su gobierno dejaría “una Medellín sin huecos” como se puede observar en este tweet del 10 de abril de 2023.

    Fuente: Cuenta de X (antes Twitter) de Daniel Quintero Calle 

     

    No obstante, la promesa se incumplió por una parte y por la otra, en realidad no se duplicaron las cuadrillas de trabajo. En diciembre de 2022, cuatro meses antes de este tweet, el número de trabajadores dedicados a esta labor era de 380, para el 6 de septiembre de 2023, cinco meses después de la promesa, los trabajadores eran 400, es decir solo se aumentó en 5% el número de operarios.

     

    La paradoja: más trabajadores, mismo rendimiento 

    Más allá del tweet, lo importante no es el número de trabajadores sino la ejecución que estos hacen y en este punto, los hallazgos dejan dudas sobre la gestión de la inversión pública pues para el 10 de febrero del 2021 Daniel Quintero decía que 150 trabajadores organizados en 34 cuadrillas taparían 150 huecos diarios. Después de más de 2 años, el 6 de septiembre de 2023 se aumentó el número de trabajadores a 400 pero el número de huecos tapados diariamente eran los mismos 150; es decir, aunque habían 250 trabajadores más, el ritmo de trabajo era el mismo. Esto deja la pregunta: ¿Acaso no debería haber aumentado el ritmo de trabajo si se aumentó el número de trabajadores?

     

    Lo cierto, es que luego de la promesa de duplicar las cuadrillas de trabajo, el entonces alcalde, optó por no enumerar las cuadrillas en siguientes declaraciones y tweets, así que solo afirmaba que “las cuadrillas” estaban trabajando, pero no se sabía cuántas.

     

    Los números no cuadran 

    Por otra parte, las cifras de huecos tapados en el cuatrienio 2020 – 2023 no concuerdan. Mientras que en el informe de gestión de la Alcaldía de Medellín (P.19) se señala que se intervinieron 40.000 huecos, el informe de la Secretaría de Infraestructura Física (P.46), adscrita a la Alcaldía de Medellín, señala la intervención de 35.000 huecos.

     

    Escuche en le siguiente podcast varias miradas sobre el estado de las vías en Medellín:

     

     

    Mayor presupuesto, menor ejecución 

    Según este último informe, entre 2020 – 2023 se intervinieron 183 kilómetros de vías urbanas y terciarias. Jaime Andrés Naranjo, actual secretario de Infraestructura Física de Medellín, señaló que, al término de los cuatro años de gobierno, la inversión fue de $354.547 millones de pesos aprobada para ese rubro. 

    Año Inversión 2021 $ 81.293.395.096 2022 $ 74.840.516.948 2023 $ 89.795.362.560 2024 $ 55.506.945.646 Total $301.490.220.250 

    Fuente: Secretaría de Infraestructura Física de Medellín. 

     

    El presupuesto aprobado para el cuatrienio e inversión total al fin de la administración Quintero, deja una ejecución que solo llega al 85%.

     

    Ese presupuesto, en contrasta con la inversión aprobada de $307.603 millones de pesos (P.15) para el periodo 2016 – 2019, primera administración de Federico Gutiérrez, con el que se intervinieron 300 kilómetros de vías al finalizar el periodo. Es decir, a pesar de que en los cuatro últimos años se aumentó el presupuesto para el mantenimiento de la malla vial de la ciudad, la ejecución disminuyó. 

     

    Las cifras  

    Según las cifras disponibles en Datos Abiertos, plataforma del Estado Colombiano para que los ciudadanos tengan libre acceso a la información pública, solo se encuentran publicados reportes de más de 43.000 huecos hechos a través del Sistema de Información de Registro de Obras (SIRO) y “HuecosMed”, actual App “ReportesMed” del 2012 al 2020, los cuales fueron discriminados por comunas y corregimientos en el siguiente mapa.

     

    Fuente: Elaboración propia con datos de SIRO y HuecosMed 

     

    Para este periodo, las comunas donde más huecos había eran la comuna 14, El Poblado; y la comuna 10, La Candelaria, cada una con reportes de más de 5.000 huecos. La participación ciudadana ha sido relevante en el tratamiento que se le ha dado a esta problemática y el uso de las herramientas tecnológicas como la App HuecosMed o ReportesMed ha facilitado el seguimiento constante de los ciudadanos. Los años que tienen mayor número de reportes son 2017 y 2018 con más de 12.000 reportes cada uno, según la información pública al 18 de septiembre de 2024.

    Fuente: Elaboración propia con datos de SIRO y HuecosMed 

     

    El enorme hueco en los datos públicos 

    Paradójicamente, en Medellín, también existe un hueco, pero no en las vías sino en la información pública de los reportes hechos por la ciudadanía sobre huecos en la ciudad, pues según los datos públicos consultados, no hay información entre diciembre de 2020 y julio de 2023. 

     

    Recientemente en, Medata, plataforma para el acceso de los ciudadanos a la información pública de Medellín, se publicaron datos de reportes ciudadanos de huecos, realizados por medio de la App “ReportesMed” (antigua App HuecosMed) entre agosto de 2023 y agosto de 2024, Las cifras muestran 27.190 reportes, de los cuales se ha gestionado el 62%. Los reportes han disminuido pasando de 4127 en agosto de 2023 a 1418 en el mismo periodo del 2024. 

     

    Fuente: Elaboración propia con datos de Medata 

     

    Lo que falta 

    A pesar de la caída en los reportes, aún existen cientos de huecos por parchar y según la información de la Alcaldía de Medellín, La Candelaria es la comuna que presenta mayor afectación, seguida de Manrique y El Poblado, como se muestra en la siguiente gráfica. 

     

    Fuente: Secretaría de Infraestructura Física 

     

    La nueva administración de Federico Gutiérrez 

    Contexto elevó un derecho de petición ante la Alcaldía de Medellín y la Secretaría de Infraestructura Física indagando por el rubro proyectado para la malla vial en el cuatrienio 2024 – 2027 y en respuesta dada el 18 de septiembre de 2024 se señala que la actual administración de Federico Gutiérrez, tiene un presupuesto proyectado para el mantenimiento, mejoramiento y construcción de la malla vial urbana y rural por $484.517 millones de pesos.

     

    En este momento, hay un contrato de obra en ejecución para el mantenimiento y mejoramiento de la malla vial, que, a corte del 18 de septiembre de 2024, tiene una ejecución que alcanza el 12% y deberá llegar al 100% para el 31 de diciembre de este mismo año, un porcentaje bajo si se toma en cuenta que solo falta 3 meses para que finalice el año.

     

    Para este año 2024, se tiene prevista una inversión de $53.000 millones, en cuanto a la ejecución. En lo que va corrido del año se han intervenido 2180 huecos y se espera intervenir 5000 más en los meses restante. Si el ritmo de trabajo se mantiene de acuerdo a lo previsto, para 2027 se habrán tapado cerca de 40.000 huecos, como en los anteriores dos cuatrienios.

     

    La incógnita está en si esta administración dejará una Medellín sin huecos o por lo menos con una malla vial recuperada en su mayoría, o si esta problemática será nuevamente protagonista en las próximas elecciones.. 

     

     

    Para la ciudadanía siempre el primer barómetro de la gestión vial será la cantidad de puntos de obra en la ciudad. Fotos: Brandon Bustos

     

     

     

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