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  • En Sabaneta florecen empresas en pandemia

    Por: Alejandro Ramírez Londoño / alejandro.ramirezl@upb.edu.co

     

    Aceras con cuatro o cinco restaurantes, zonas conformadas por industrias, negocios transitorios o “toldos” y una diversa variedad de comercios, hacían parte del relieve económico sabaneteño en un pasado no muy lejano. Ahora, un recorrido por las calles de este municipio despierta una sensación nostálgica porque hay lugares en los que antes la gente se reunía para pasar el rato o para hacer compras, que han cerrado definitivamente sus puertas. Sin embargo, mientras se continúa con el camino, un fenómeno singular despierta el interés: en medio de la crisis económica, aparecen nuevas tiendas y negocios.

     

    Emprendimiento con aroma a pollo

    No muy lejos del parque principal de Sabaneta, está ubicado el asadero de pollos y restaurante La Pollotería. Su dueña, Angélica María Rubio Castaño, es una administradora de empresas colombo-costarricense, que por veinte años residió con su familia en Costa Rica y que regresó a Colombia con el propósito de explorar el mercado. Su idea inicial de emprendimiento dista mucho de lo que es hoy su negocio.

     

    En octubre de 2019, se asentó en Sabaneta con el fin de crear una empresa de purificación de agua a nivel domiciliario e industrial a base de ozono. Su propuesta surgió debido a la detección de poco desarrollo en dicha industria. Los trámites se realizaron para posicionar a la empresa en Mall Vegas Plaza, ubicado también en Sabaneta; sin embargo, la falta de contactos retrasó el proceso. Mientras documentos iban y venían, la llegada de la pandemia cambió totalmente sus planes.

     

    Pese a que la situación sanitaria actual impidió el desarrollo de su primer proyecto, la mente inquieta de Angélica no se detuvo. Cuenta que recién llegada al municipio, caminó durante largo tiempo en búsqueda de un pollo; y aunque no lo encontró, su espíritu emprendedor y analítico sí halló en esa anécdota, una oportunidad para redirigir radicalmente su negocio hacia otro horizonte. Basado en el conocimiento y recetas adquiridas a lo largo de cinco años en una de las franquicias de La Pollotería en Costa Rica, esa luz que estaba dentro de sí, se avivó.

     

    << La Pollotería era un emprendimiento cuya propietaria tenía en mente desde hace meses.

    Foto: Cortesía.

     

    Cada que Angélica podía recorrer las calles de Sabaneta y encontraba un local desocupado, veía en él, un lugar potencial para su asadero de pollos. Finalmente y entre un repertorio amplio de opciones, seleccionó un establecimiento en la Calle 68 sur con 43C. Señala que para comenzar, la inversión fue superior a los setenta millones de pesos, valor derivado de su ahorro, al que ella llama “capital productivo”.

     

    Aunque contara con un fondo monetario estable, la principal dificultad que se le presentó, fue la de estar realmente decidida a abrir, y más en medio de la crítica situación que atraviesa la economía. No obstante, los permisos otorgados por los entes gubernamentales para la circulación de la ciudadanía, le permitió decidirse por completo. Asegura que, como cualquier negocio, el inicio es la parte más compleja, pero luego de cumplirse, las dificultades cotidianas que se presenten son superadas con facilidad.

     

    La exigencia operativa del restaurante hace que la inversión, según Angélica, no se detenga, pues ciertos gastos deben ser resueltos con la entrada de más capital. Así como algunos recursos demandan dinero, el local en general, requiere de tiempo. Afirma que pasa entre doce y trece horas allí, acompañada de su esposo, quien a su lado, vive esa “aventura” —como lo llama ella— de emprender. Pero él no es su única compañía, están también tres trabajadores que desempeñan una serie de procesos estandarizados que garantizan la calidad del pollo y que son, tal como indica Angélica, la insignia del restaurante. Es por eso que la capacitación a sus empleados es constante.

     

    Para junio estaba prevista la apertura de La Pollotería. Fueron tres meses en los que Angélica pagaba el arriendo del local y las facturas de servicios públicos. Ahora, han pasado dos semanas desde que el establecimiento abrió sus puertas al público sabaneteño, uno que ha acogido con admiración el sabor de los pollos que se preparan al interior de aquel restaurante dirigido por una mujer incansable.

     

    Emprendimientos gastronómicos son importantes fuentes de empleo en Sabaneta. Foto: La Pollotería.

     

    Una “dolche” expansión

    A escasos pasos de La Pollotería, se encuentra la segunda sede de Dolche Helados, sociedad encabezada por Juan Guillermo Álvarez. Fundada en el año 2017, la heladería empezó en un pequeño local del parque principal de Sabaneta. Sin ningún tipo de experiencia en el sector gastronómico, Juan Guillermo, empíricamente, lanzó una propuesta que combinara calidad y accesibilidad para el cliente. Por el diseño vistoso del establecimiento y al ser el único comercio de tal concepto en el sector, los numerosos transeúntes que se movilizan por la zona acuden para hacer su compra.

     

    Detrás del reconocimiento que Dolche Helados recibe por parte del público, hay un proceso que, tanto Juan Guillermo como los otros dueños de la heladería, han atravesado para innovar e idear sus productos. Desde un vaso de helado hasta una banana, debían poseer una identidad única que los representara y distinguiera entre la competencia. Es por ello que fue necesario un asesoramiento intensivo.

     

    La capacitación recogida en la etapa inicial del proyecto, les sirvió a los propietarios de la heladería para construir un proceso productivo esquematizado y con especificaciones claras hasta para servir una bola de helado. Detalles como esos son los que caracterizan la calidad en la oferta de Dolche Helados.

     

    Permanecieron con las puertas cerradas durante la cuarentena inicial, pero aun así sabían que el negocio funcionaba bien y tenía una buena recepción. Su reapertura temprana, en comparación con la de locales aledaños, fue un factor a favor que redujo los perjuicios ocasionados por la pandemia. Adicionalmente, Juan Guillermo afirma que al tener un negocio que no suple necesidades sino que genera satisfacciones y sensaciones, puede lograr que los efectos anímicos negativos en las personas producidos por las circunstancias actuales, se disipen con la compra de un producto de esa índole.

     

    A pesar de que los ingresos en el último trimestre de este año disminuyeron un 20% en comparación con ese mismo periodo del año pasado, los dueños de Dolche Helado tomaron la decisión de expandirse. Con una inversión de cuarenta millones de pesos cumplen esa meta que es generalizada entre los emprendedores: la de crecer.

     

    Grandes ventanales muestran el interior de una nueva sede que posee un diseño colorido, estético y atractivo; unas escalinatas que conducen a disfrutar, dentro de un amplio espacio, de cualquiera de las opciones disponibles de helado, es la apuesta que Juan Guillermo y sus asociados le hacen a los sabaneteños y visitantes.

     

    Un camino que continúa

    Son diversos los casos en Sabaneta, que demuestran la motivación y el espíritu emprendedor que no se extingue por problemáticas como las que acontecen hoy en el mundo. Por el contrario, ese impulso se revitaliza. La nostalgia por el pasado, por ver desaparecer aquellos lugares que antes eran el punto de encuentro para festejar, celebrar o convidar, desaparecen cuando surge la consciencia de que existe la esperanza.

     

     

  • Trabajadoras sexuales: sin censo, sin respeto, sin ayudas

    El desamparo del Estado a las trabajadoras sexuales se dio antes y también ahora, en medio de la pandemia por COVID-19.

     

    Videocolumna de Natalia Tapias, Almacamila Flórez y Juan Sebastián Martínez

     

    Trabajadoras sexuales: sin censo. sin respeto, sin ayudas.

    Trabajo realizado para el curso Periodismo VI, orientado por la profesora Ana Cristina Aristizábal Uribe.

     

     

     

  • Gente formal que tiene sus esperanzas en una ilusión

    Susana Calle Zapata / susana.callez@upb.edu.co

     

    Viven esperando a que alguien los mire, que alguien encuentre en ellos, en sus productos, algo que los deslumbre, que les provoque, que se les antoje. Viven de los impulsos de un desconocido que decida “darse el gusto” de comer un dulce o fumarse un cigarrillo, viven esperando que el pensamiento que atraviese la mente del otro sea a su favor. Habitan en medio de una incertidumbre, de una esperanza, buscando un “hoy que sea mejor que ayer, para no apretar tanto, para sufrir menos”, como dice Cecilia López, trabajadora informal, vendedora de chicles y mecato en Ciudad del Rio.

     

    Sin publicidad, sin una estrategia de marketing o un estudio sobre su público, van por la vida buscando salir adelante, ayudándose del voz a voz, de sus graciosas anécdotas o de su cortesía. Cada uno tan único y tan distinto a los demás, se termina convirtiendo en parte de nuestra rutina, en una parte fundamental; pues, si por alguna razón algún día no están, lo primero que pasa por nuestra mente es: “¿Qué le habrá pasado?”. Solemos identificarlos, saludarlos por su nombre y terminarnos en un intercambio de sonrisas… terminamos siendo eso que hoy en día ellos extrañan, esa interacción humana que se había convertido en parte de su rutina y ahora se ve interrumpida por un tapabocas y un amargo sentimiento, el miedo.

     

    “Los vendedores han estado en cuarentena en la calle durante mucho tiempo, pero en la calle no hay gente”. Esta frase de Boaventura De Saousa Santos de su libro “La cruel pedagogía del virus” cobra sentido en el instante que la empatía nos lleva a descubrir que para ellos los días terminan siendo eternos, insoportables. “No vale la pena salir, gasto más en el pasaje de lo que gano”, asegura Cecilia López y aquí ni el mejor de los planes los puede salvar, pues no hay que ser un economista experto para saber que si no hay demanda no hay ganancia.

     

    El problema radica en que el destino de el 40.4% de la población de Medellín según el DANE queda en manos de un ser superior y creador o de la suerte. Queda en manos de una incertidumbre agobiante que, si antes de la cuarentena era difícil de controlar, ahora ese sentimiento se multiplica, se intensifica; haciéndolos y haciéndonos pensar ¿Cómo se reinventa una persona como Cecilia que lleva 13 años en un mismo puesto, en una época de crisis en que si antes era difícil conseguir trabajo, ahora lo es el doble? ¿Cómo Cecilia duerme por las noches sabiendo que antes ganaba entre 30.000 y 40.000 pesos diarios y ahora si mucho, gana 10.000? ¿Cómo hace Cecilia para mantener la cordura mientras se siente ahogada en las dudas? Si desea, no la llame Cecilia, póngale el nombre del trabajador informal que quiera, el problema es el mismo o muy similar.

     

    Con ayudas insuficientes, los trabajadores informales, parte importante de la fuerza laboral de Medellín, están paliando los efectos de la pandemia. Foto: Daniela Gómez Isaza

     

    Porque estos seres que se habían convertido en parte de nuestro paisaje, tuvieron por mucho tiempo que cumplir con la cuarentena al igual que nosotros, una cuarentena que, como lo dice Boaventura De Sousa en el libro anteriormente nombrado: “parece haber sido diseñada con una clase media en mente”, una clase en la que estos seres simplemente no encajan y que así luchen por hacerlo, no lo lograrán, una clase que no está atrapada entre morir del virus o de hambre.

     

    “¿Cómo hago para creer, si me han fallado tanto?”, dice Cecilia cuando se le habla del Gobierno: “yo fui desplazada dos veces, de Urabá y de la Costa y señorita, ¿usted piensa que se preocuparon? Siempre que llegaba a alguna oficina, porque decían que nos iban a dar una ayuda, me comentaban que no aparecía en el sistema”, dice con la voz quebrada y desviando la mirada, y cómo juzgarla, querido lector, si tantas veces la han ilusionado con ayudas que nunca han llegado.

     

    Cecilia cuenta que hace poco la llamaron a su casa, una niña que decía trabajar para el Estado, pidiéndole unos datos y que esta trabajadora informal le decía: “Usted me llama a mi casa, ya sabiéndose mi cedula, mi nombre completo y mi dirección y me dice que necesita más datos… ¿Qué más quiere que le de?”.

     

    Cecilia nació en Sucre, pero por razones del corazón terminó en Medellín, a pesar de que ella creía haber encontrado el amor de su vida, terminó criando a sus tres hijos sola y sacándolos adelante. “Los tres son estudiantes y durante la cuarentena yo no podía trabajar, porque me daba miedo salir. Además, no valía la pena… el lugar que pago para que me dejen guardar el carro vale 7.500 diarios, más los pasajes desde Envigado hasta acá y acá no había gente… no valía la pena”.

     

    Cecilia sobrevivió la cuarentena, al igual que muchos otros trabajadores informales, por la solidaridad del desconocido, la empatía de ese comprador que solía saludarla, el apoyo de esa persona que pasaba y aunque, probablemente, no sabia su nombre, sabia que ella existía… Cecilia y su familia sobrevivieron esta crisis, por ese sentimiento que invadió el corazón de muchos, un sentimiento que nos recordó nuestra humanidad, nuestra fragilidad. “las personas que menos yo esperaba fueron las que me terminaron ayudando” dice Cecilia con una sonrisa en el rostro, pues en el interior sabe, que terminó encontrando ese apoyo que tanto buscaba en el gobierno en la gente del común.

     

    Como Cecilia existen muchos otros, como por ejemplo Cisto González, un vendedor de micheladas en Ciudad del Rio: “Yo solo pude dejar de trabajar dos meses y me tocó salir porque ya no tenía con que comer”. Cisto ya no tenía dinero suficiente para pagar el alquiler del lugar donde le guardaban el carrito, entonces le tocó empezar a llevárselo a su casa todas las noches y volverlo a traer todas las mañanas… Le puso una bicicleta y desde el Barrio Niquitao hasta Ciudad del Rio pedalea, para tratar de conseguir el dinero suficiente para poder vivir, sobrevivir.

     

    Como la vieja expresión, “en la lucha” viven los trabajadores informales durante esta crisis. Viven con el miedo, no solo el típico y casi cotidiano para ellos al “incierto mañana”, sino por sus posibilidades de contagiarse y salir victoriosos de esta lucha contra un enemigo invisible. Según un estudio de la Universidad de los Andes del 28 de marzo del 2020, un ciudadano que vive en estrato 1 tiene 10 veces más posibilidades de ser hospitalizado o de fallecer por Covid que una persona que vive en estrato 6 y una persona que vive en estrato 2 tiene el doble de posibilidades de ingresar a una UCI que una persona que vive en estrato 6… ¿Y cómo no estar temblando ante una posición como estas?

     

    Puede que las estadísticas no estén de su lado o se sientan abandonados por el Gobierno, pero con personas como Tatiana Cano, una de las fundadoras de “Putamente Poderosas”, un colectivo que trabaja en pro de las trabajadoras sexuales de la ciudad de Medellín y Antonia Galeano, creadora de “Miradas de sueños”, una iniciativa que se centra en ayudar a los trabajadores informales de la ciudad de Medellín, aún queda esperanza.

     

    Ellas se han esforzado por ayudar, por hacer que las historias de estas personas se conozcan y que dejemos de normalizar “la forma tan tibia en la que ha actuado el Estado”. Como afirma Tatiana Cano, han luchado, día tras día, por un cambio de mirada, porque valoremos a estas personas que hemos “obviado” en nuestra rutina y que ahora más que nunca necesitan de nosotros y nosotros de ellos… Pues al final del día, ¿quién mejor profesor que ellos, cuando se habla de resiliencia, de entusiasmo y berraquera?

     

     

     

  • Hasta el saque inicial de la Liga femenina

     

    Por: Laura Rendón Zuleta / laura.rendonzu@upb.edu.co

     

    La cuarta edición del campeonato femenino en Colombia iba a comenzar la segunda semana de abril entre 18 equipos participantes, con cuatro fases de juego: la primera, de diez encuentros, con partidos de ida y vuelta, la segunda fase serían los cuartos de final, a donde avanzaban los dos primeros equipos de cada grupo y los dos mejores terceros, con eliminación directa en partidos de ida y vuelta; la semifinal y la final, el día 23 de agosto.

     

    Sin embargo, por la llegada de la COVID-19, la Dimayor (División Mayor del Fútbol Colombiano) tomó la decisión de suspender temporalmente las competencias el 12 de marzo. A pesar de ello, las jugadoras siguieron adelante con su proceso formativo mediante las plataformas virtuales. Todo el fútbol colombiano estuvo afectado no solo por el encierro, sino por las tensiones dirigenciales en torno a la gestión del presidente de la Dimayor Jorge Enrique Vélez, que derivaron en su salida del cargo, tras la cual se despejó el camino para reprogramar todas las competencias.

     

    Desde ese día, los aparatos tecnológicos fueron parte de la rutina diaria de las jugadoras para entrenar de forma virtual, así sucedió en Atlético Nacional, los miembros del equipo técnico comenzaron a ofrecer varias metodologías de entrenamiento en la jornada de la mañana o la tarde, según las actividades que se iban a realizar, ya fuera para estimular capacidades físicas, técnicas o cognitivas que incluían una formación en valores.

     

    Por otro lado, pese a que la planeación de las prácticas por parte de los equipos colombianos fue un proceso complejo cargado de retrasos y aplazamientos, el club Formas Íntimas, entre el 12 de marzo al 4 de septiembre, logró su objetivo de cumplir con más de 150 sesiones virtuales.

    La pandemia también incidió para que al apoyo del fútbol femenino llegara financiación de la FIFA. No obstante, siguen pendientes muchos retos para mejorar las condiciones laborales de las jugadoras.

    Foto: Deportivo Independiente Medellín.

     

    A medida que transcurrían el tiempo y las prácticas, las jugadoras comenzaron a sentirse inconformes por la falta de definiciones frente al inicio de actividades y la desprotección en que la mayoría de ellas trabajaba, así que a través de un comunicado de Acolfutpro (asociación que reúne a los futbolistas colombianos), expresaron varios requerimientos. La incertidumbre laboral en la que, según plantearon las futbolistas en su comunicado, no tenían los “mínimos vitales asegurados porque en los primeros meses de la pandemia no hubo certezas de la realización de la liga”y la brecha salarial, en la que solamente dos equipos mantenían las condiciones laborales para sus futbolistas, dejaba al 89% de las mujeres expuestas sin cobertura de una EPS. Por todo ello reclaman una duración de contratos laborales y escenarios de negociación justos.

     

    Después de acuerdos y desacuerdos, el día 3 de agosto, se realizó una reunión con la participación de los 24 clubes adscritos a la liga femenina, con la esperanza de reanudar el torneo. Con el paso del tiempo, la conformación de los equipos participantes se fue debilitando por causa de la pandemia que llevó a varios equipos a desistir de dicha participación, como lo afirmó, Orlando Ferreira, presidente de Alianza Petrolera.

     

    “Son 12 los equipos que están listos y se va a organizar, Once Caldas y Tolima no estarán porque el tema presupuestal es muy difícil, y Pasto quedó pendiente porque va a buscar unos recursos”, sin embargo, nunca llegaron a una conclusión.

     

    Los resultados de las rutinas en el encierro se hicieron visibles durante las primeras fechas. Foto: Independiente Medellín.

     

    Las futbolistas colombianas después de expresar y comunicar sus requerimientos nuevamente, comenzaron a ser escuchadas, al punto de que se consideró desde la Dimayor la idea de retomar los entrenamientos de forma presencial y darle un inicio a la cuarta edición del campeonato femenino.

     

    El día 26 de agosto, la Dimayor presentó un comunicado en la cual definieron el sistema de juego en el torneo, con la participación de los 13 clubes confirmados: en el Grupo A, conformado por Fortaleza CEIF, Millonarios FC, La Equidad, Independiente Santa Fe y Llaneros FC; en el Grupo B, Deportivo Cali, Deportivo Pasto, Junior FC y América de Cali; y en el Grupo C estarían Atlético Nacional, Real San Andrés, Independiente Medellín y Atlético Bucaramanga.

     

    En una primera fase hubo partidos de ida y vuelta, tras los que clasifican los dos primeros, los otros dos mejores terceros para 8 partidos en cuartos de final, 2 semifinales y una final.

     

    Esta modalidad implica desafíos, sacrificios y tiene algunas opiniones en contra: Alexandra Restrepo, jugadora de Independiente Medellín señala que: “Con respeto, sigue siendo una modalidad muy mediocre para el nivel del fútbol que mostramos”. Su colega en el DIM, Sara Sofía Martínez, matiza que esta época ha sido compleja: “Siempre vamos a querer que sea más largo, que se nos permita tener una estabilidad algunos meses más; pero bueno, sabemos que ha sido un año muy difícil para todos y que, gracias a Dios, se dio la oportunidad del torneo y a mí la modalidad me gusta, obviamente, esperando que el otro año se pueda ampliar”.

     

    Los entrenamientos de forma presencial se ampararon en la Resolución 1507 de 2020 del Ministerio de Salud y Protección Social sobre las medidas que deben cumplir las jugadoras y entrenadores. Allí se establecen los protocolos de bioseguridad, en materia de salud, limpieza, desinfección, rutina para el entrenamiento y un control para los listados de las jugadoras y el cuerpo técnico. Sara Sofía Martínez, comenta cómo se han vivido los entrenamientos bajo la reglamentación:

     

    “Los protocolos de bioseguridad en las prácticas se han manejado muy bien no es algo fuera de lo normal, cuando entramos nos desinfectamos la ropa, los guayos y las manos, guardamos la distancia y a la hora de empezar los trabajos ya nos podemos quitar los tapabocas y entrenar normalmente”, explicó.

     

    A falta de semanas para darle comienzo al torneo, el 10 de septiembre, la Dimayor compartió un comunicado con los protocolos de operación para los partidos, que contemplaban la limpieza y desinfección de estadios, un puesto de control médico, aspectos arbitrales, la planificación de número y posiciones del personal, publicidad y medios de comunicación y las recomendaciones generales de bioseguridad. El 2 de octubre, la Dimayor divulgó finalmente el calendario de la Liga Femenina de este año.

     

    El 15 de octubre, el presidente de la División Mayor del Fútbol Colombiano, Fernando Jaramillo y el Gerente General de BetPlay, Germán Segura, en una conferencia de prensa, presentaron de manera oficial la Liga Femenina BetPlay Dimayor 2020:

    “Hay patrocinador hasta 2023 que será BetPlay, por Win Sports irá solo un partido por fecha, pero Dimayor habilitará un link para ver todos los partidos, los 1.400 millones de pesos que aportó el Gobierno Nacional alcanzan Justo para realizar este campeonato, el dinero proporcionado por la FIFA para todo el fútbol femenino será destinado para la Liga del otro año, todas las jugadoras deben tener un contrato firmado; las menores de edad ,un permiso especial del Ministerio del Trabajo, para los cupos de torneo internacional se les dará a la campeona y subcampeona que participarán en la Copa Libertadores, la Liga no contará con el VAR en esta temporada. Además, la Dimayor trabaja en que los horarios de los juegos sean más asequibles para la audiencia”.

     

    Sara Sofía Martínez, jugadora de Independiente Medellín, de la Selección Colombia y de la Selección de Antioquia, respecto al anuncio comentó: “Sabemos que las cosas han sido un poco difíciles para todas y para todos por la pandemia y bueno que le apostamos al fútbol femenino este año; es algo importante, que permite que obtengamos un crecimiento de pronto, no muy grande, pero que vemos que se está avanzando. En cuanto al dinero que será proporcionado por la FIFA, claramente es una ayuda muy grande al fútbol, aporta mucho a que se nos haga más fácil tener unas comodidades que de pronto en años anteriores no se han tenido, entonces me parece que es una gran ayuda para el fútbol femenino”.

     

    Para Sara Martínez, el contrato a las jugadoras de este año permite que la sociedad lo vea como una pequeña evolución del fútbol femenino y espera que cambie la decisión que ha tomado Win Sports respecto a la transmisión de un partido a medida que el torneo vaya mostrando que el fútbol femenino da gusto verlo.

     

    Las luchas de las jugadores, la entrega de sus cuerpos técnicos, las dudas y tensiones que se vivieron en todo el fútbol profesional colombiano durante más de la mitd de esteaño, durante la cual se debatió la gestión de Jorge Enrique Vélez, anterior presidente de Dimayor, quien no había dado mayores adelantos del o que pasaría, entre otros asuntos, con la Liga femenina, tuvieron un desenlace satisfactorio con la primera fecha de partidos, jugada el 16 de octubre. Liced Serna, jugadora de Independiente Medellín, espera junto con su equipo seguir haciendo un torneo visible para el país en el que aumente el interés de nuevos inversionistas para esta rama del fútbol profesional.

     

    De los tiempos de encierro, Sara Sofía Martínez, jugadora del Independiente Medellín recuerda que: “Yo entrenaba con mi hermana y tuve la posibilidad de ir a una cancha en donde solamente íbamos ella y yo todos los días, como de 6 a 8 de la mañana a entrenar, salíamos a trotar y hacíamos los entrenamientos del Rojo, nunca estuvimos quietas y, bueno, gracias a Dios tuve como ese privilegio y no me dio tan duro el regreso a las canchas”. En efecto, el equipo que representa al Rojo de la Montaña, conformado por el club Formas Íntimas se destacó por su desempeño en la primera fase de un torneo en el que hay mucho en juego.

     

     

     

     

  • Cierra un año escolar con las aulas en recreo

    La virtualidad en los programas educativos está afectando a los estudiantes que tienen menor oportunidad para acceder a los recursos tecnológicos.

    Por: Juliana Duque Cardona / juliana.duquec@upb.edu.co

     

    Las aulas vacías son la primera descripción de los cambios en la educación durante 2020. Foto: Juliana Duque

     

    La suspensión de clases en todo el mundo, tanto en colegios como en universidades, fue una de las primeras medidas implementadas por los países con la llegada de la COVID-19, y Colombia no fue la excepción. Desde el 16 de marzo, la mayoría de los estudiantes de instituciones oficiales y privadas no tienen clases presenciales, permanecen en sus hogares cumpliendo con la normativa de aislamiento social preventivo.

     

    Según datos de la UNESCO, 185 países han tenido que cerrar sus centros educativos para evitar la propagación de este virus, aunque el problema principal no radica en el cierre de las aulas, sino en el acceso a la educación y a las actividades académicas en estos tiempos. Dicha medida, ha dejado en evidencia las brechas de desigualdad en todo el mundo, pues, si bien estamos en una época en la que abundan los recursos tecnológicos, no todas las personas tienen la posibilidad de adquirir o hacer uso de estos.

     

    De acuerdo con el Sistema de Matrícula, SIMAT, del Ministerio de Educación, aproximadamente, al mes de agosto de 2020, se encontraban 9.395.018 menores registrados en el sistema educativo, no obstante, 102.880 de ellos se han retirado de sus labores académicas, es decir, la deserción escolar a causa de la pandemia por COVID-19 es del 1.1%.

     

    Por su parte, la Encuesta de Pulso Social realizada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, permitió identificar que en el 87,4% de los hogares colombianos se pudieron continuar las actividades académicas desde que se cerraron las instituciones educativas y se pasó a modalidad virtual. En el 4,5% no tuvieron la oportunidad de continuar dichas actividades. El 8,1% restante, hace refencia a los hogares que no participaban en actividades académicas antes de la pandemia.

     

    Asimismo, un informe publicado por el Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, basado con la Gran Encuesta Integrada de Hogares, GEIH, encontró que 77% de las personas con bajos ingresos del país tuvo que dejar sus estudios por la COVID-19, en contraste con el 11% de las personas de nivel socioeconómico alto.

     

     

    Una cosa es el “aterrizaje” a la virtualidad, otro reto es la implementación de protocolos de bioseguridad en los recintos. Foto: Juliana Duque.

     

    “Hemos tomado decisiones con responsabilidad y oportunidad, trabajando con entidades territoriales, pensando en el cuidado y la salud de los niños, jóvenes y maestros e igualmente, dando al sector los lineamientos, recursos y apoyos para responder con metodologías flexibles al proceso de aprendizaje mientras los estudiantes estén en casa” indicó María Victoria Angulo, Ministra de Educación.

     

    El paso de un espacio físico a uno digital puso a prueba la innovación educativa y tecnológica de los docentes, quienes en muchos casos no tenían una formación ni conocimientos en el uso de las TIC, Tecnologías de la Información y de la Comunicación, por lo cual, han debido de recurrir a la implementación de nuevas actividades académicas que sean accesibles para todos sus estudiantes.

     

    La falta de habilidades digitales no sólo es por parte de los docentes. Un estudio realizado por el Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, arrojó que el 96% de los municipios del país no tienen la posibilidad de desarrollar cursos virtuales por falta de disponibilidad de recursos tecnológicos, puesto que en muchos hogares los dispositivos son compartidos entre los integrantes de la familia o no hay cobertura de red Wi-Fi.

     

    Yaneth Herrera, psicóloga de primaria de una institución privada, afirma que, frente al sector público de la educación, el Gobierno se ha olvidado de la necesidad que tienen los estudiantes en el ámbito tecnológico. Según ella, en las instituciones privadas se ha llevado un buen manejo, puesto que se han implementado herramientas tecnológicas que han permitido una comunicación constante entre familia, estudiante y colegio, debido a que el papel de los padres y la familia en el proceso educativo siempre ha sido fundamental pero en estos tiempos su labor obtiene mayor importancia.

    Ante la forma en que han debido funcionar dotaciones como las bibliotecas, ¿en qué priorizar los recursos y esfuerzos para mejorar las condiciones de calidad de la educación? Foto: Juliana Duque.

     

    Por su parte, Alejandro Castaño, docente de una institución oficial de Medellín, indicó que las instituciones educativas están efectuando sus deberes de manera conveniente y oportuna dependiendo del grupo poblacional, y en ese sentido, opinó que “se ha afrontado de una forma adecuada la situación en los colegios oficiales”.

     

    En el mejor de los casos, los padres se involucran en el proceso de aprendizaje de sus hijos, sin embargo, en otros, están ausentes por diversas razones. Castaño, infiere que el poco acompañamiento que reciben los estudiantes de instituciones oficiales se debe a que provienen de “familias que deben continuar buscando su sustento económico”, más cuando tienen el apoyo familiar, en algunos casos, es deficiente, debido a problemas sociales o de familias disfuncionales.

     

    La familia se ha convertido en una extensión de las instituciones; los padres o acudientes se volvieron el complemento de los docentes, debido a que son ellos, los que en múltiples ocasiones, son los receptores directos de las explicaciones de actividades académicas, además, se encargan también de transmitir la información y las instrucciones a los estudiantes.

     

    La educación no sólo se basa en aprender ciencias y matemáticas, sino también en interactuar pero, desde casa, ese es un inconveniente; en el espacio escolar los estudiantes tenían la oportunidad de estar con sus pares y descargar parte de sus emociones en un ambiente diferente al familiar, así lo expresa Dibymar Botero, psicóloga y magister en Salud Pública.

     

    La manera como se han desarrollado los oficios académicos en las instituciones educativas ha llegado, incluso, a limitar los trabajos grupales; para Castaño, la interacción entre pares se ha visto afectada, sin embargo, él menciona que “los estudiantes han manifestado compartir más con sus familias”, por eso, el colegio en el que labora ha tratado de proponer e implementar actividades que generen un mejor ambiente en los hogares por medio de una formación ética y en valores.

     

     

    ¿Qué pasa entonces con las inversiones en infraestructura? ¿Seguirán siendo prioridad en los colegios y universidades? Foto: Juliana Duque.

     

    Según un comunicado del Ministerio de Educación, “se están implementando todas las estrategias de mediación pedagógica disponibles que permitan el desarrollo de los compromisos académicos con la menor alteración posible, garantizando los criterios de calidad y rigor exigidos en el proceso formativo”.

     

    Sin embargo, Cristina Obando, madre de dos hijos que están cursando octavo y cuarto, dice que esta situación está colmada por la improvisación y si bien le ha tocado adaptarse, a sus hijos les hace falta la interacción, la cual, va construyendo la personalidad. Asimismo, enfatiza que las bases sobre las cuales se van a fundamentar todos los conocimientos de sus hijos a futuro se están perdiendo.

     

    El ámbito académico, en materia de lo virtual, necesita trasformaciones urgentes. Si bien en algunas instituciones superiores o en cursos extracurriculares ya se venían implementando los métodos virtuales, los colegios, tanto privados como oficiales, no estaban preparados para esta metodología. Sin embargo, y a pesar de este panorama, la mayoría de las instituciones no tienen la dotación de bioseguridad necesaria para el regreso a clas. No obstante, paso a paso tendremos que ir recuperando la presencialidad pero con responsabilidad.

     

    Nos estamos enfrentando a un nuevo desafío: aminorar los efectos negativos de la pandemia en el ámbito académico. Pero más allá de reducir el impacto, se debe de buscar una ruta para progresar hacia lo digital, mejorar los programas educativos a distancia y brindar las mismas oportunidades para recibir una educación de calidad, tanto fuera como dentro de las aulas de clase.

  • Videojuegos: industria clave durante la pandemia

    Por: Daniela Gómez Isaza / daniela.gomezi@upb.edu.co

     

    Los videojuegos en la actualidad cada vez más se llevan el protagonismo dentro de la industria del entretenimiento, pero, debido a la pandemia, se convirtieron en industria clave por su capacidad de expansión en cuanto a plataformas y géneros. En la actualidad, la mayoría de las personas han entrado en contacto con estos productos, ya sea a través del móvil, computador, tableta o las consolas de PlayStation, Xbox, Nintendo, entre otras. Esta infografía interactiva muestra datos claves y explicaciones sobre el despegue de este negocio.

     

     

  • El arte, un barco salvavidas en la pandemia

     

    “El arte es para consolar a aquellos que están rotos por la vida” (Vincent Van Gogh)

     

    Por: Carolina Moncada Conde / carolina.moncada@upb.edu.co

     

    La soledad bañada de tristeza nos ha tocado el alma y la mente a muchos en estos meses de encierro. Las enfermedades mentales no se han hecho esperar, la tristeza ha invadido el corazón de millones de personas, el desasosiego se baña con algunos, la depresión duerme con otros, y el arte empapa a algunos “locos”.

     

    El miedo que genera enfermarse ha estado latente y ha sido casi un compañero en este tiempo, quizás el más constante que hemos conocido muchos: todo el tiempo está para nosotros. Como afirma la Organización Panamericana de la Salud en su informe sobre salud mental y COVID-19, “El miedo, la preocupación y el estrés son respuestas normales en momentos en los que nos enfrentamos a la incertidumbre o a lo desconocido, o a situaciones de cambios y crisis. Así que es normal y comprensible que la gente experimente estos sentimientos en el contexto de la pandemia COVID-19”.

     

    Frase de la psicóloga Nora Patricia Flórez. Collage por Carolina Moncada Conde.

     

    Entonces, el arte ha impedido que la balanza se desborde del lado de la tristeza y ayuda tanto a los artistas como a aquellas personas que han disminuido los miedos, las tristezas y las preocupaciones gracias al baile, al teatro, a la escritura, al cine, y a las otras artes.

     

    Las prácticas artísticas se han acrecentado en estos últimos meses, la psicóloga de la Universidad Católica del Norte Nora Patricia Flórez afirma que “Durante este tiempo, una buena parte de la población ha hecho uso de sus virtudes y gustos artísticos para tratar de mantener su salud mental”.

    Frase de Anselmo Ríos. Collage por Carolina Moncada Conde

     

    Los seres humanos hemos recurrido a muchos elementos en estos meses para evitar tocar fondo, la psicóloga Eloísa Medina menciona que las redes sociales, el deporte, los juegos y el arte son algunos de los mecanismos que hemos tenido de defensa, sin embargo, Nora Patricia Flórez, también psicóloga, plantea un punto importante respecto al arte, y es que no basta sólo con realizar actividades artísticas, es fundamental disfrutarlas y así se puede lograr con el arte lo que ella plantea como “prevención, sanación, transcendencia y evolución social e individual”.

    “Poema escrito en tiempos pandémicos” por Henri Posada. Collage por Carolina Moncada Conde.

     

    El arte es algo que ha ido e irá más allá de toda pandemia. Sin embargo, como plantea Anselmo Ríos, gestor cultural, “el arte y el entretenimiento han acompañado a las personas todo el tiempo, pero en los momentos como el que vivimos de encierro total, esos espacios de distracción han sido mucho más relevantes”.

     

    En los primeros meses de la pandemia por COVI-19, el sector artístico tuvo un golpe duro, debido a que se tuvieron que cerrar las actividades grupales en las distintas artes, y los procesos que se continuaron fueron más que todo individuales, según afirma Anselmo Ríos, gestor cultural y director del teatro Bitácoras, “la gran mayoría de procesos artísticos, de formación, circulación, se frenaron, entonces los festivales tuvieron que cancelarse, las clases de artes en todas las áreas tuvieron que cancelarse, y también los ensayos y los encuentros”.

     

    Entre las experiencias individuales que han hecho más llevaderos el aislamiento y sus efectos, se encuentran las de poetas, escritores, oradores, músicos, entre otros. Henri Posada, poeta cejeño y periodista de la Universidad del Valle, comenta que: “La pandemia ha propiciado la creación, creo que el artista está familiarizado con la soledad, que de alguna manera fue tremenda para mucha gente”, y es a partir de esa soledad y ese encierro, afirma el mismo artista que: “La expresión artística se ha hecho más poderosa, se ha hecho más esencial, porque Dostoyevski lo decía: ‘es el dolor el que nos lleva frecuentemente a reflexionar’, ¿no?”.

     

    Hemos aprendido, de algún modo, a abrazar la soledad y la tristeza que nos acompañan. Hay salvavidas para sobrevivir a los miedos, la ansiedad, el estrés y los otros “compañeros” que se han posado en la mente de muchos estos meses, y para los que lo crean, lo aman y lo disfrutan, el arte es un barco buscando el horizonte.

     

     

  • De un derecho a un privilegio

     

    9.000 estudiantes están en riesgo alto de deserción, indicó Alexandra Agudelo, secretaria de Educación de Medellín.

    Isabela Henao Garrido / isabela.henao@upb.edu.co

     

    La pandemia nos ha envuelto en una nueva realidad, una balanza en la que en uno de sus extremos suma cada día nuevos contagios y muertes a causa de la COVID-19, y en la otra punta se encuentran cada vez menos personas que pueden acceder a la educación.

     

    En un país como Colombia, las clases virtuales dejaron ver la enorme desigualdad que existe entre la población estudiantil, pues la mitad de los habitantes no cuentan con acceso a internet, tal como lo señaló el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones.

     

    “En sectores como El Poblado (zona de estrato económico alto), los estudiantes ya tienen conectividad casi del 100 por ciento, pero en barrios populares la conectividad es muy reducida, en un 60 por ciento”, explicó Albeiro Victoria, presidente de la Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA). Esto ilustra claramente cómo la educación ha pasado de ser un derecho a un privilegio.

     

    La Secretaría de Educación de Medellín estima que 8.241 niños desertaron del colegio durante la pandemia. Por su parte, la Secretaría de Educación de Barranquilla reportó que 5.000 estudiantes dejaron las clases. Estas cifras demuestran el gran camino que a Colombia le falta recorrer, uno donde ni la guerra, la pobreza o la falta de medios digitales se interpongan en la formación de los que son el futuro del País.

    El confinamiento hizo inaplazable la tarea de transformar los modelos y metodologías de la educación.

    Foto: Juliana Duque.

     

    Diana Marcela Gómez, profesora de la Escuela Normal Superior de Amagá, sede Malabrigo, informó que todos los estudiantes de esta zona rural solo disponen de un celular, sin plan de datos y por esta razón recurren a guías de trabajo que se les envían el día lunes y se les reciben los viernes. Este es un claro ejemplo de la falta de conectividad existente en el país. El que un niño pueda acceder a una buena educación no debería depender de la ubicación geográfica o de qué tan ricos son los padres.

     

    Esta brecha de la conectividad no solo afecta a los estudiantes, sino que también se refleja en los educadores. Un análisis del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana, evidencia que, “el 48% de los rectores de colegios públicos del país considera que sus docentes no tienen las habilidades técnicas y pedagógicas necesarias para integrar dispositivos digitales en la enseñanza, en contraste, con el 12% de los rectores de colegios privados que manifiesta lo mismo”.

     

    Si los docentes no están capacitados para brindar una educación de calidad, ello se verá reflejado en unas próximas generaciones con déficits en campos como la escritura, lectura, lógica matemática, el pensamiento crítico, en fin. Es necesario quitarnos la venda que traemos hace mucho tiempo, la cual no nos deja ver la realidad de la educación en Colombia, y así poder construir una pertinente, de calidad y sobre todo equitativa.

    El país cuenta con un gran desafío para volver a esta emergencia sanitaria una oportunidad para reformar los procesos educativos involucrando las tecnologías digitales.

     

     

  • Comercio electrónico y soluciones a la medida, remedios para la pequeña empresa ante la pandemia

    Por: Alejandro Ramírez Londoño / alejandro.ramirezl@upb.edu.co

     

    Con la llegada de la pandemia, el desafío para evitar que desaparezcan las medianas y pequeñas empresas se acrecienta, más si se tienen en cuenta los problemas estructurales de este sector. Datos de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia indican que una de las principales limitaciones de las microempresas, por ejemplo, es la baja permanencia en el mercado, en el sistema financiero y en la contratación laboral.

     

    Sumado a lo anterior, un reporte entregado por Comfama sobre afiliación de empleados de abril a junio de 2020 en Antioquia, señaló una reducción de 6,4 %, las cifras van de 262.521 empleados afiliados a 246.797, por 12.293 microempresas que disminuyeron sus plantas de personal.

     

    Ante un panorama crítico que afecta directamente a un sector que, según el Registro Público Mercantil CCMA, RUES Confecamaras y el DANE representa 89% del tejido empresarial antioqueño, Olga María Ospina Trejos, Jefe de Investigaciones Económicas en la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, explicó las estrategias que el gremio promueve para evitar la desaparición de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipyme) a causa de la pandemia.

     

    Ustedes como organización le abren un espacio a sus afiliados para que puedan capacitarse. Con la coyuntura sanitaria actual, ¿qué habilidades buscan fortalecer en los empresarios para que puedan seguir a flote?

    Dadas las medidas de confinamiento y de respuesta por la emergencia por COVID-19, una de las cosas más importantes o que tomaron mayor dimensión para las empresas fue todo el tema de comercio virtual, pagos virtuales. Se puso a disposición un conjunto amplio de capacitaciones gratuitas para poder vincular a un mayor número de empresarios a estas dinámicas, porque no todos estaban acostumbrados al tema de comercio virtual.

     

    No tenían capacidades previas, entonces lo que se hizo durante estos meses con los empresarios en general, fue desatrasarlos de esas tareas que teníamos pendientes en el tema virtual y que se postergaban. Esto obligó a muchas empresas a reaccionar y a entender que era lo virtual o era no vender. Las habilidades que buscamos fortalecer en su momento cuando empezó la emergencia, fue básicamente esa: todo el mundo a lo digital, transformación digital básica enfocada en un tema de comercio electrónico.

     

    Pero entonces, si son micro, pequeñas y medianas empresas, ¿qué estrategia virtual resulta más accesible para ellas?

    Nosotros como Cámara tenemos, por ejemplo, una plataforma que ponemos a disposición de los empresarios y se llama Vitrina Empresarial. No todos los empresarios tienen las mismas capacidades, dependiendo si es una micro, pequeña o mediana empresa. A partir de allí se fue desplegando un conjunto de capacitaciones que les permitieran a los empresarios, que estaban en cero en ese mundo digital, empezar a crear esas capacidades. Esa era, básicamente, la mayor urgencia de los empresarios, poder mantenerse conectados con la demanda, por lo menos con esa demanda a distancia, la que antes tenían en la puerta o en local y que ahora está en el mundo digital.

     

    Según el Registro Público Mercantil CCMA, RUES Confecamaras y el DANE, el sector de las mipymes representa 89% del tejido empresarial antioqueño.

     

    ¿Cómo ha sido ese apoyo a distancia y capacitación a los emprendedores de Medellín y el Área Metropolitana?

    Fue poner a disposición muchas de las capacitaciones, que antes teníamos de manera presencial, en nuevos formatos, adaptarlos rápidamente para que también fueran virtuales. La Cámara de Comercio como tal tiene una jurisdicción en 69 municipios del departamento. Estamos específicamente en Medellín y en el Aburrá Norte; el Aburrá Sur es atendido por otra Cámara de Comercio, Cámara de Comercio de Aburrá Sur. Somos Cámaras diferentes con programas independientes, pero que de hecho el enfoque que tienen las instituciones son similares porque las necesidades de los empresarios en ese punto, fue seguir conectados de cierta manera con la demanda a través de los medios virtuales.

     

    Nosotros desde la Cámara de Comercio de Medellín ya teníamos una plataforma desarrollada que se llama Conexión 3E y es cómo acompañamos a los empresarios y a los emprendedores en su proceso de creación de empresa y cómo los conectamos con las instituciones que pueden resolver unas necesidades particulares. Además de Conexión 3E, también pusimos a disposición de los empresarios el tema de Vitrina Empresarial, que es una plataforma para que los empresarios puedan vender sus productos de manera virtual.

     

    Se creó, en el marco de la pandemia, la plataforma de Conexión Financiera, que es una plataforma con la que se acerca a los empresarios y los diferentes recursos: los bancos, las cooperativas. Los pone en un mismo punto para acercarlos. Se desplegó una cantidad de recursos y de capacitaciones gratuitas orientadas muchas de ellas a todo el tema virtual y ya en la medida en que el Gobierno fue dando vía libre a algunos sectores, ya todo el tema de protocolos de bioseguridad. De igual manera para el tema comercial, la Cámara también puso a disposición de los empresarios, la emisora de la Cámara para ofrecer los productos a través de la emisora de manera gratuita.

     

    << No todas las mipymes necesitan las mismas soluciones. Foto: Daniela Gómez Isaza.

     

    Uno de los programas creados por ustedes y la Alcaldía de Medellín consiste en la implementación de 200 tiendas electrónicas que beneficiarán a las mipyme. ¿Cómo era antes esa integración de las micro, pequeñas y medianas empresas dentro de los medios virtuales?

    Nosotros tenemos un proyecto que se llama Mipyme, ese proyecto que con la Alcaldía de Medellín está enfocado, como su nombre lo indica, a las empresas de menor tamaño y a crear capacidades en ellas. Es un acompañamiento desde cero con ellas porque esto se hace gracias a una evaluación diagnóstico porque no todas las empresas están en el mismo nivel de desarrollo, entonces tienen que empezar con ese proceso diagnóstico que les indica en qué punto están y qué tiene que desarrollar para poder llegar a tener toda su oferta montada en una página web.

     

     

     

    ¿Cómo está compuesto ese diagnóstico?

    Hay un área encargada en la Cámara de Comercio que se llama Dirección de Servicios Empresariales y ellos son los encargados de hacer esos tipos de diagnósticos, pero lo que hacen con esos diagnósticos es básicamente medir las capacidades. Evalúan una cantidad de componentes, uno de ellos es la oferta que tienen de empezar. Puede ser que yo le diga a un empresario que me monte sus productos a una página web, pero a la hora de que exista un demandante que le exija a un empresario un volumen ‘x’ de productos por ejemplo, el empresario no estará en la capacidad de suministrarle eso que pide.

     

    Son muchos los lineamientos evaluados y dependiendo de dónde está el empresario, empieza el acompañamiento. Hay unos que están muy avanzados y otros que deben comenzar desde cero. Todo depende de cómo salgan calificados, pero la idea es que todos esos empresarios puedan llegar a tener su oferta en el mundo virtual.

     

    A pesar de las medidas de distanciamiento los emprendedores han visto en las redes sociales y otras soluciones tecnológicas un modo de prevalecer en el mercado pero, ¿qué otra forma podrían hallar con el fin de promocionar sus productos y simultáneamente cumplir con los lineamientos gubernamentales de protección y prevención?

    Aparte del mundo digital, es cómo los empresarios están abordando la nueva realidad. Cómo adaptan su mundo presencial o las ventas físicas a esos requerimientos que les hace el Gobierno para garantizar todos los sistemas de bioseguridad. Para eso específicamente la Cámara de Comercio hizo un trabajo con las ARL para decidir cuáles eran esos protocolos y, de hecho, hicieron capacitaciones sobre protocolos, habilitaron espacios en sus páginas web que pudieran ser consultados por los empresarios para que se adapten a ese nuevo contexto del mundo físico, porque se venía hablando del tema virtual mientras llegaba la apertura y ya que estamos en la apertura ya es cómo adaptan su negocio a esa modalidad para poder operar.

     

    El sector de servicios es la segunda actividad más representativa en Antioquia con 50 empresas en el 2019; registraron unos ingresos operacionales que suman 39,9 billones de pesos. Ante un sector de tal valor, ¿qué se hace desde la Cámara de Comercio para mitigar los perjuicios ocasionados por la pandemia?

    Quiero recordar la composición de la base empresarial del departamento. En Antioquia el 90% de las empresas son microempresas, el 9% son pymes (pequeñas y medianas empresas) y solo el 0.8% son grandes. En ese 0.8% están esas empresas que usted menciona en la pregunta.

     

    Nuestro enfoque de acompañamiento ha sido siempre para las micro, pequeñas y medianas empresas, de hecho las grandes para nosotros son aliadas porque con ellas desarrollamos programas específicos para las empresas de menor tamaño; son socios para nosotros para poder apoyar a las mipyme. El papel de ellos es más representativo en la medida que se convierten en soporte para una institución como la nuestra. Ellas no necesitan del acompañamiento, ese que sí requieren las empresas más pequeñas. Ya para el tema de comercio en general, que representa para la economía más o menos el 15% del valor agregado y más o menos entre el 35 y 40% de la base empresarial, hemos acercado a los empresarios a esos consumidores a través de la virtualidad y los acompañamos en todo el tema de protocolos para la fase de reapertura.

     

    Otro de los retos de las mipymes es la diversificación de su oferta. Foto: Daniela Gómez. >>

     

    Uno de los aspectos de su misión es la de “Impulsar la competitividad en la economía”. ¿Cómo se logra establecer dicha competitividad entre una empresa grande y una empresa emergente?

    Esa es una pregunta compleja porque las realidades de las empresas de menor tamaño, específicamente de las micro y pequeñas empresas, son bastante distintas de una mediana y una grande. Las empresas de mayor tamaño, aquí hablamos de medianas y grandes, tienen acceso a muchas cosas: a mejor recurso humano porque tienen mayor estabilidad; inversión para temas de investigación, innovación; tienen una expectativa de expansión del mercado que no la tiene una empresa micro y pequeña debido a su estructura.

     

    Nosotros nunca trabajamos para que una micro se convierta en una empresa grande. ¿Qué se hace con una microempresa? Revisar cuáles son esas problemáticas que tienen y cómo puedo ir fortaleciéndolas para que puedan acceder a un mayor número de clientes y puedan aumentar sus ventas, cómo pueden tener un producto más atractivo para vender en el mercado, cómo pueden acceder a más recursos para hacer inversiones en sus plantas, comprar nueva maquinaria. Lo que hacemos es que esa microempresa sea mucho mejor, dadas esas estructuras que tiene; nunca se busca la forma en la que se puedan igualar con las grandes, se estaría hablando de muchos millones que se necesitarían para acercar una microempresa a una grande.

     

    De hecho, si se mira el mundo de la microempresa, de un 90%, el 70% registran activos inferiores a 10 millones de pesos. No es lo mismo una microempresa de 10 millones de pesos o de 5 millones, a una microempresa de 478 millones (porque ese es el rango en activos).

     

    Hay una diversidad tan grande, que el reto está en entender qué condiciones tienen, qué es lo que le duele, cuál es su día a día para poder hacerlas mejor desde su condición. No hay una fórmula estandarizada para acompañar a todas las empresas, hay unos proyectos específicos dependiendo de los públicos.

     

  • Buscando el pan debajo del brazo

     

    En el encierro muchas familias han encontrado la oportunidad de retarse a crear. Las impactos extremos de la pandemia han convertido a familias enteras en núcleos de emprendimiento, alimentados por conocimientos tradicionales, talentos y aficiones. Esta es una de esas historias.

     

    Alejandra Quintero Pinto / alejandra.quintero@upb.edu.co

     

    7:30 de la mañana del 16 de marzo del 2020. En la bandeja de entrada del correo institucional hay un mensaje nuevo: “No habrá clases presenciales, unámonos a la virtualidad”, era su asunto. Samuel, en medio de la somnolencia, lee ese mensaje placenteramente. ¿No ir a clases? Una delicia. ¿Por cuánto tiempo? Indefinidamente. Al fin y al cabo, le gustaba estar en casa por un par de días, quizás un par de semanas, ¿qué podría salir mal si en su casa tenía lo estrictamente necesario para estudiar y sobrevivir?

     

    Primera semana, todo muy bien; segunda semana, sin problemas; tercera semana, sin quejas pero bien en general. Un mes después ya todo empezó a tornarse un poquito frustrante, las noticias inundaban la cabeza de Samuel de mucha información abrumadora y la Universidad ya no era divertida virtualmente, quería ver a sus amigos, pasar por el “Venteadero”, que es donde él se reunía con ellos, socializar, tener contacto, todo eso parecía tan extraño ahora… Pero Samuel no era la única persona en su casa que sentía la incertidumbre, su madre Nohelia también pasó por un momento crucial que afectó directamente a toda la familia y fue cerrar el restaurante que durante cuatro años había sido parte de sustento al hogar de los Meza Tabares. El padre, Elkin, tuvo que devolverse a Medellín desde Apartadó, dejando a un lado una obra de la cual él era jefe.

     

    “Un día, Samuel llegaba a su casa y su madre preparó la cena para él y su hermano:

    una hamburguesa casera.”

     

    “¿Ahora qué?”, pensaban Samuel y toda su familia al encontrarse en una situación poco convencional que los llenaba de un sentimiento extraño que nos atemoriza como seres humanos: la incertidumbre. En las noticias, no dejaban de pasar información acerca de los casos de COVID-19 que se presentaban a nivel mundial y el temor por que llegara a Colombia se iba intensificando levemente.

     

    ¿Quedarse de brazos cruzados? ¡Jamás! Samuel no iba a permitir que él y su familia pasaran necesidades así que se le ocurrió la fantástica idea de ser Rappi. Tenía la moto, los papeles al día y qué más que la motivación, así que empezó. Como era de esperarse, daba susto porque era salir a la intemperie corriendo el riesgo de ser contagiado por esa enfermedad que amenazaba a diestra y siniestra, pero Samuel siempre cumplía con las precauciones necesarias. Gracias a este trabajo, Samuel llevaba diariamente a su casa $50.000 y, por otro lado, su madre, Doña Nohelia, vendía almuerzos caseros en la unidad, sin embargo, no era suficiente. Samuel tenía una ambición muy alta.

     

    Un día, Samuel llegaba a su casa y su madre preparó la cena para él y su hermano: una hamburguesa casera. Lo que ellos no sabían es que esa hamburguesa, obra de su madre, iba a ser el primer escalón para una fantástica idea de negocio. “¿Una hamburguesa? Muy normal”, dijeron en el momento, según cuenta Samuel, pero percibió que esa no era cualquier hamburguesa, tenía un sabor sofisticado que, al primer mordisco, se sentía ese cosquilleo en las papilas gustativas, un sabor que nunca Samuel y su hermano habían probado en una hamburguesa. Así reconocieron el talento único de su madre para la idea en mente.

     

    Así fue cómo Samuel y su hermano empezaron con su modelo de negocio a finales de mayo. Estaban en la búsqueda de un producto que no fuera solo bueno, sino que tuviera algo único en el mercado, algo más elaborado, así que Samuel emprendió su búsqueda para encontrar esos elementos atractivos: pan de masa madre, cebollita crispy, queso crema, queso cheddar, vegetales frescos y una salsa de la casa bien elaborada. Unas cuantas mejorías en esa hamburguesa, hasta que llegaron a la prueba final y, como subrayó Samuel: LA hamburguesa.

     

    No solo las recetas estaban entre los talentos ocultos de los Meza Tabares, resultó que también sabían de fotografía y presentación de los productos. Foto: Pan y Pedazo.

     

    Samuel y su hermano Thomas, comenzaron a difundir por redes sociales la nueva creación: “Hamburguesas artesanales por $12.000”, decía el primer aviso publicitario, que rondó por sus estados de WhatsApp y el de sus amigos hasta que llegó su primer comensal: Alejandra, una amiga de Thomas quien les hizo un pedido de ocho hamburguesas, nada mal para empezar. El resultado: ¡Le encantaron! Y así comenzó la película de las hamburguesas. “¿Sí ve, má? Esto va a ser un palo”, le decía Samuel a su madre.

     

    Día tras día, todo iba dando resultado lentamente. “Pongámosle Pan y pedazo”, propuso un día doña Nohelia y ese nuevo chispazo creativo le dio más impulso al proyecto inesperado que, como se dice entre los restauranteros, estaba “salvando las papas” a la familia Meza Tabares. Empezaron con la hamburguesa clásica, después, una double cheese & bacon, otra llamada Philadephia. Así, poco a poco, fueron innovando en sus productos únicos. Todo apuntaba a que iban a ser un éxito, cada miembro de la familia se puso un rol específico: Thomas hace las papas y empaca las órdenes, doña Nohelia en la plancha, Samuel armando hamburguesas y don Elkin con el aseo, armando cajas y comprando provisiones.

     

    Hay ocasiones que la demanda obliga a interrumpir otras tareas para atender Pan y pedazo, las órdenes han superado la imaginación de los dueños de este emprendimiento, que, como en muchos otros casos, no es solo fuente de ingresos, sino de la tranquilidad que produce no quedarse quietos ante la adversidad.